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FREUD, Schlomo Sigismund
Llamado Sigmund
(1856-1939)
Médico vienés, fundador del psicoanálisis
Sobre Sigmund Freud se han escritos centenares de obras en todo el mundo, y se le han dedicado
algunas decenas de biografías, desde la de Fritz Wittels hasta la de Peter Gay, pasando por las de Lou
Andreas-Salomé, Thomas Mann, Siegfried Bernfeld, Ernest Jones, Ola Andersson, Henri F. Ellenberger,
Max Schur, Kurt Eissler, Didier Anzieu y Carl Schorske. En cuanto a su obra, traducida a una treintena
de idiomas, la componen veinticuatro libros propiamente dichos (dos en colaboración: uno con Josef
Breuer y el otro con William Bullitt), y ciento veintitrés artículos. A este conjunto hay que añadir
prefacios, notas necrológicas, intervenciones diversas en congresos y contribuciones a enciclopedias. En
este diccionario catalogamos los veinticuatro libros.
Kurt Eissler ha estimado en quince mil las cartas escritas por Freud, y aproximadamente en diez
mil las depositadas en la Library of Congress: se han perdido aproximadamente cinco mil piezas. El
historiador alemán Gerhard Fichtner propuso otras cifras. Según él, Freud habría escrito
aproximadamente veinte mil cartas. Diez mil habrían sido destruidas o se habrían extraviado, cinco mil
se conservaron, y cinco mil tendrían que encontrarse en el siglo XXI: diez mil en total. Observemos que
el propio Freud destruyó, perdió o extravió una parte de las cartas recibidas de sus corresponsales, sobre
todo las de Wilhelm Fliess.
Se han publicado tres mil doscientas cartas de Freud, entre ellas las dirigidas a Eduard
Silberstein, Wilhelm Fliess, Lou Andreas-Salomé, Ernest Jones, Carl Gustav Jung, Sandor Ferenczi,
Romain Rolland, Arnold Zweig, Stefan Zewig, Edoardo Weiss, Oskar Pfister (expurgadas), Karl
Abraham (expurgadas).
Hay dos ediciones completas de la obra de Freud en alemán. Una en vida del autor, los
Gesammelte Schriffiten, y la otra después de su muerte, las Gesammelte Werke (GW), publicadas
primero en Londres, y después en Francfort. Las GW se han convertido en la edición de referencia en el
mundo entero, complementadas con otros dos volúmenes: un índice, y un tomo de suplementos
(Nachtragsband) realizado por Angela Richard e llse Grubricli-Sirnitis. A esto hay que añadir una
edición llamada de estudio, la Studienalisgabe, iniciada por Alexander Mitscherlich, y compuesta por
textos escogidos. A pesar de todos los esfuerzos de Mitscherlich e llse Grubrich-Simitis, en Alemania no
ha podido ver la luz ninguna edición "crítica" de las GW (con notas, comentarios, presentaciones,
etcétera).
La edición inglesa, realizada por James Strachey con el título de Standard Edition of the
Complete Psychological Works of Sigmund Freud (SE), es la única edición crítica de la obra de Freud.
Por ello, más aún que las Gesammelte Werke, se le atribuye autoridad en el mundo entero.
En razón de la oposición de los herederos (Ernst Freud y Anna Freud), ninguno de los textos de Freud
anteriores a 1886 forma parte de las diversas ediciones de las obras completas. Ahora bien, en ese
período llamado prepsicoanalítico, que se extiende desde 1877 hasta 1886, Freud publicó veintiún
artículos sobre temas diversos: neurología, medicina, histología, cocaína, etcétera. Esos artículos fueron
inventariados en 1973 por Roger Dufresne.
En 1967, Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis aislaron aproximadamente noventa conceptos
estrictamente freudianos en el seno de un vocabulario psicoanalítico compuesto por cuatrocientos treinta
términos. Esos conceptos fueron objeto de revisiones múltiples, realizadas por los grandes teóricos y
clínicos del freudismo: Sandor Ferenczi, Melanie Klein, Jacques Lacan, Donald Woods Winnicott,
Heinz Kohut, y otros.
Observemos que Freud publicó cinco grandes historiales clínicos, que fueron comentados o
revisados por sus sucesores: Ida Bauer (Dora), Herbert Graf (Juanito), Ernst Lanzer (el Hombre de las
Ratas), Daniel Paul Schreber, Serguei Constantinovich Pankejeff (el Hombre de los Lobos). Según el
cuadro de las filiaciones establecido por Ernst Falzeder en 1994, Freud formó en el análisis didáctico a
más de sesenta profesionales, en su mayoría alemanes, austríacos, ingleses, húngaros, holandeses,
norteamericanos, suizos, a los cuales habría que añadir los pacientes cuya identidad se ignora.
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Fue sin duda Stefan Zweig quien, en 1942, trazó uno de los retratos más realistas de Freud: "No
se podría imaginar un ser de espíritu más intrépido. Instante tras instante, Freud se atrevía a expresar lo
que pensaba, aun cuando sabía que inquietaba y perturbaba con sus declaraciones claras e inexorables;
nunca trató de hacer menos difícil su posición recurriendo a concesiones, así fueran mínimas o
puramente formales. Estoy convencido de que Freud habría podido exponer las cuatro quintas partes de
sus teorías sin encontrar ninguna resistencia de la universidad, si hubiera estado dispuesto a cubrirlas
prudentemente, a decir «erótico» en lugar de «sexual», «Eros» en lugar de «libido», y no ir siempre al
fondo de las cosas, sino limitarse a sugerirlas. Pero cuando se trataba de su enseñanza y de la verdad, no
abandonaba la intransigencia; cuanto más firme era la resistencia, más se afirmaba él en su resolución.
En los momentos en que busco un símbolo del coraje moral (el único heroísmo del mundo que no exige
víctimas), veo siempre ante mí el hermoso rostro de Freud con su claridad masculina, sus ojos oscuros y
la mirada directa y viril.
Nacido en Freiberg, Moravia (o Pribor, en la República Checa), el (6 de mayo de 1856, recibió
como nombres de pila Schlomo (Salomón) Sigismund. Era el hijo de Amalia Freud y Jacob Freud, el
mayor del tercer matrimonio del padre, comerciante en lana y textiles. Del primer matrimonio de Jacob
con Sally Freud, Sigmund tenía dos hermanos: Emanuel Freud y Philipp Freud. Del matrimonio de
Jacob y Amalia nacerían siete hijos más: Julius, Anna, Debora (Rosa), Marie (Mitzi), Adolfine (Dolfi),
Pauline (Paula) y Alexander.
Circuncidado poco después de nacer, el joven Sigmund recibió una educación judía no
tradicionalista y abierta a la filosofía de las Luces. La madre, que lo llamaba "mi Sigi de oro", lo
adoraba, y también lo amaba el padre, que le transmitió los valores del judaísmo clásico. Él sentía un
afecto particular por su nodriza checa y católica, Monika Zajic, llamada Nannie, que lo llevaba a visitar
iglesias, le hablaba del "buen Dios" y le reveló un mundo distinto del mundo del judaísmo y la judeidad.
Sin duda, ella desempeñó también un papel en su aprendizaje de la sexualidad.
En octubre de 1959 Jacob dejó Freiberg, donde sus negocios declinaban debido a la introducción
del maquinismo y el desarrollo de la industrialización. Se instaló entonces en Leipzig, esperando
encontrar en esa ciudad mejores condiciones para el comercio de textiles. Emanuel y Philipp, por su
lado, emigraron a Manchester. Un año después, sin haber podido mejorar su mala situación económica,
Jacob decidió establecerse en Leopoldstrasse, el barrio judío de Viena. Entre 1865 y 1873 el joven
Sigmund asistió al Realgymnasium, y después al Obergymnasium, donde conoció a Eduard Silberstein,
con el cual mantuvo su primera gran correspondencia intelectual, sobre todo a propósito de Franz
Brentano. En esa época se enamoró de Gisela Fluss, hija de un comerciante amigo de su padre. Más
tarde se hizo amigo de Heinrich Braun (1854-1927), quien suscitó en él un interés por la política (más
tarde, Braun se orientó hacia el socialismo).
En el otoño de 1873 Freud comenzó sus estudios de medicina. Lo apasionó la ciencia positiva, y
sobre todo la biología darwiniana (que le serviría de modelo en todos sus trabajos). En 1874 pensó en
viajar a Berlín para asistir a los cursos de Hermann von Helmholtz. Un año después, impulsado por Carl
Claus, su profesor de zoología, obtuvo una beca que le permitió estudiar en Trieste la vida de las
anguilas macho de río. Publicado en 1877, ese texto demuestra que Freud trabajaba en la elaboración de
una teoría del funcionamiento específico de las células nerviosas (las futuras neuronas), teoría cuyas
huellas se encontrarán en el "Proyecto de psicología” de 1895.
Después de esa experiencia, Freud pasó del instituto de zoología al de fisiología, para
convertirse en alumno de Ernst Wilhelm von Brücke, eminente representante de la escuela antivitalista
fundada por Helmholtz. En ese instituto, donde permaneció seis años, se vinculó con Josef Breuer. Entre
1879 y 1880, obligado a pedir licencia para cumplir con su servicio militar, se distrajo traduciendo
cuatro ensayos de John Stuart Mill (1806-1873), bajo la dirección Theodor Gomperz (1832-1912),
escritor y helenista austríaco, responsable de la publicación alemana de las obras completas de ese
filósofo inglés, teórico del liberalismo político.
En 1882, después de haberse recibido, se comprometió con Martha Bernays (Martha Freud),
quien sería su mujer. Por razones económicas, renunció entonces a la carrera de investigador, y decidió
ejercer la medicina. Los tres años siguientes trabajó en el Hospital General de Viena, primero en el
servicio de Hermann Nothnagel, y después con Theodor Meynert. Allí conoció a Nathan Weiss (1851-
1883), y cuando ese nuevo amigo se suicidó, ahorcándose, Freud quedó profundamente conmovido: "Su
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vida -le escribió a Martha- parece haber sido la de un personaje de novela, y su muerte una catástrofe
inevitable”.
Soñando con lograr celebridad y dejar de ser pobre para poder casarse, creyó descubrir las
virtudes de la cocaína, y la administró a su amigo Ernst von Fleischl-Marxow, afectado de una
enfermedad incurable. No advirtió la dependencia inducida por la droga, e ignoró su acción anestésica,
que iba a ser descubierta por Carl Koller.
En 1885, designado Privatdozent en neurología, Freud obtuvo una beca para viajar a París. Ardía
en deseo de conocer a Jean Martin Charcot, cuyas experiencias sobre la histeria lo fascinaban. Esa
primera estada en Francia marcó el inicio de la gran aventura científica que lo llevaría a la creación del
psicoanálisis. En el teatro Saint-Martin, Freud asistió maravillado a la representación de una obra de
Victorien Sardou interpretada por Sarah Bernhardt: Nunca una actriz me ha hecho dudar tan poco, yo
estaba dispuesto a creer todo lo que ella dijera". Después de París, se dirigió a Berlín, donde siguió la
enseñanza del pediatra Adolf Baginsky.
De retorno en Viena, inició la práctica privada, abriendo su consultorio en la Rathausstrasse.
Tres tardes por semana trabajaba también como neurólogo en la clínica Steindlgasse, primer instituto
público de pediatría dirigido por el profesor Max Kassowitz (1842-1913). En septiembre de 1886 se
casó con Martha, y el 15 de octubre dio una conferencia sobre la histeria masculina en la sociedad de
médicos, donde tuvo una acogida glacial: no en razón de sus tesis (etiológicas), según él dijo más tarde,
sino porque le atribuyó a Charcot la paternidad de ideas ya conocidas por los médicos vieneses.
En 1887, un mes después del nacimiento de su hija Mathilde (Hollitscher), Freud conoció a
Wilhelm Fliess, brillante médico judío berlinés que realizaba amplias investigaciones sobre la fisiología
y la bisexualidad. Ése fue el comienzo de una larga amistad y una excepcional correspondencia íntima y
científica. A pesar de haber realizado varios intentos, Fliess nunca logró curar a Freud de su pasión por
el tabaco: "Comencé a fumar a los 24 años -escribió en 1929-, primero cigarrillos y muy pronto
exclusivamente cigarros [...]. Estimo que le debo al cigarro un gran crecimiento de mi capacidad de
trabajo y un mejor dominio de mí mismo”.
En septiembre de 1891, Freud se instaló en un departamento ubicado en 19 Berggasse. Allí
permaneció hasta su exilio en 1938, rodeado de sus seis hijos (Mathilde, Martin, Oliver, Ernst, Sophie
Halberstadt y Anna) y su cuñada Minna Bernays. En su práctica se ocupaba esencialmente de mujeres
de la burguesía vienesa calificadas de “enfermas nerviosas” y afectadas de trastornos histéricos.
Dejando de lado el nihilismo terapéutico tan corriente en el ambiente médico vienés de la época, trataba
ante todo de atender y curar a sus pacientes, aliviarlas de sus sufrimientos psíquicos. Durante un año
utilizó los métodos terapéuticos aceptados en la época: masajes, hidroterapia, electroterapia. Pero pronto
constató que esos tratamientos no tenían ningún efecto. Empezó entonces a emplear la hipnosis,
inspirándose en los métodos de sugestión de Hippolyte Bernheim, a quien visitó en ocasión del primer
congreso internacional de hipnotismo realizado en París en 1889. En 1891 publicó una monografía,
"Sobre la concepción de las afasias", en la cual se basaba en las tesis de Hughlings Jackson para
proponer una comprensión funcional, y no sólo neurofisiológica, de los trastornos del lenguaje.
Reemplazaba la doctrina de las localizaciones cerebrales" por la del asociacionismo, preparando el
camino para la definición de un "aparato psíquico" tal como se lo encuentra en la metapsicología: lo
formuló por primera vez en 1896 y postuló sus fundamentos en el capítulo VII de La interpretación de
los sueños.
Trabajando junto a Breuer, Freud abandonó progresivamente la hipnosis en beneficio de la
catarsis, y después creó el método de la asociación libre, para desembocar en el psicoanálisis: la palabra
fue empleada por primera vez en 1896, y su creación se atribuye a Breuer. En 1897, sobre la base de un
informe favorable de Nothnagel y Richard von Kraffi-Ebing, Freud fue propuesto para recibir el título
prestigioso de profesor extraordinario. Su designación fue ratificada por el emperador Francisco José el
5 de marzo de 1902.
Contrariamente a muchos intelectuales vieneses marcados por el "auto-odio judío", Freud, judío
infiel e incrédulo, hostil a todos los rituales y a la religión, nunca renegó de su judeidad. Como lo ha
subrayado Manes Sperber, siguió siendo un "judío consciente, que nunca disimulaba su origen ante
nadie; por el contrario, lo proclamaba con dignidad, a menudo con orgullo. Muchas veces dijo que
detestaba a Viena y que se sentía liberado siempre que se alejaba de esa ciudad en la que había crecido y
a la que debía seguir ligado por vínculos indestructibles. Su conciencia de la identidad judía no se
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eclipsó nunca, porque su origen no fue jamás para él una fuente de sentimientos de inferioridad, aunque
le creara problemas y le causara dificultades adicionales, sobre todo en su vida profesional”.
En el marco de su amistad con Fliess se produjeron varios acontecimientos principales de la vida
de Freud: su autoanálisis, la derivación de una paciente (Emma Ekstein), la publicación de un primer
gran libro, Estudios sobre la histeria, en el que se relataban varias historias de mujeres (Bertha
Pappenheim, Fanny Moser, Aurelia Ohm, Anna von Lieben; Lucy, Elisabeth von R., Mathilde H.,
Rosalie H.), y finalmente el abandono de la teoría de la seducción, según la cual toda neurosis se podría
explicar por un trauma real. Esta renuncia, fundamental para la historia del psicoanálisis, se produjo el
21 de septiembre de 1897. Freud se la comunicó a Fliess en un tono enfático, en una carta que iba a
hacerse célebre: "Ya no creo en mi neurótica".
Comenzó entonces a elaborar su teoría del fantasma, y después concibió una nueva teoría del
sueño y del inconsciente, centrada en la represión y el complejo de Edipo. Su interés por la tragedia de
Sófocles fue contemporáneo de su pasión por Hamlet. En efecto, Freud era un gran lector de literatura
inglesa, y se nutrió particularmente en la obra de Shakespeare: “Una idea me ha cruzado por la mente -le
escribió a Fliess en 1897-, la de que el conflicto edípico puesto en escena en el Oedipus Rex de Sófocles
podría estar también en el corazón de Hamlet”. No creo en una intención consciente de Shakespeare,
sino más bien que un acontecimiento real impulsó al poeta a escribir ese drama, y que su propio
inconsciente le permitió comprender el inconsciente de su héroe".
Después de 1926, y a pesar de una larga discusión con James Strachey, Freud terminó por ceder
a la creencia de que Shakespeare no era el autor de su obra. Este tema del desplazamiento de la
atribución de una paternidad o de una identidad fue retomado varias veces por Freud, sobre todo en
Moisés Y la religión monoteísta, donde convierte a Moisés en un egipcio.
De la nueva teoría del inconsciente nacerá un segundo gran libro, publicado en noviembre de
1899, La interpretación de los sueños, donde se narra el sueño de la inyección a Irma, que se produjo
cuando Freud se encontraba en Bellevue, en julio de 1895, en un pequeño castillo de los bosques de
Viena: -¿Crees tú -le escribió a Fliess el 12 de junio de 1900-, que algún día habrá en esta casa una placa
de mármol en la que podrá leerse: «En esta casa, el 24 de julio de 1895 le fue revelado el misterio del
sueño al doctor Sigmund Freud»? Hasta hoy, tengo pocas esperanzas."
Entre 1901 y 1905, Freud publicó su primer caso clínico (Dora), y otras tres obras:
Psicopatología de la vida cotidiana (1901), El chiste, N, su relación con lo inconsciente (1905), y Tres
ensayos de teoría sexual (1905). En 1902, con Alfred Adler, Wilhelm Stekel, Max Kahane (1866-1923)
y Rudolf Reitler (1865-1917), fundó la Sociedad Psicológica de los Miércoles, primer círculo de la
historia del freudismo. En los años que siguieron, numerosas personalidades del mundo vienés se
unieron al grupo: Paul Federn, Otto Rank, Fritz Wittels, Isidor Sadger. En el curso de esas reuniones, él
elaboró la idea de una posible aplicación del psicoanálisis a todos los ámbitos del saber: la literatura, la
antropología, la historia, etcétera. El propio Freud defendió la idea del psicoanálisis aplicado,
publicando una fantasía literaria: El delirio y los sueños en la “Gradiva" de Jensen (1907).
En 1907 y 1908, el círculo de los primeros discípulos freudianos se amplió aún más con la
adhesión al psicoanálisis de Hamis Sachs, Sandor Ferenczi, Karl Abraham, Ernest Jones, Abraham
Arden Brill y Max Eitingon.
Durante el primer cuarto de siglo, la doctrina freudiana se implantó en varios países: Gran
Bretaña, Hungría, Alemania, la Costa Este de los Estados Unidos. En Suiza se produjo un hecho
principal en la historia del movimiento psicoanalítico: Eugen Bleuler, médico jefe de la Clínica del
Burghölzli en Zurich, comenzó a aplicar el método psicoanalítico al tratamiento de las psicosis, mientras
elaboraba la noción de esquizofrenia. De tal modo se abrió una nueva -tierra prometida- a la doctrina
freudiana: en adelante ella pudo incorporarse también al saber psiquiátrico, y tratar de solucionar el
enigma de la locura humana.
El 3 de marzo de 1907, Carl Gustav Jung, alumno y asistente de Bleuler, viajó a Viena para
encontrarse con Freud. Después de una entrevista de varias horas, ese nuevo maestro vienés lo
conquistó. Jung fue el primer discípulo no judío de Freud.
En 1909, por invitación de Grandville Stanley Hall, Freud, en compañía de Jung y Ferenczi,
viajó a los Estados Unidos, para dar cinco conferencias en la Clark University de Worcester,
Massachusetts. Esas conferencias fueron reunidas y publicadas con el título de Cinco conferencias sobre
psicoanálisis. A pesar del encuentro fructífero con James Jackson Putnam y de un éxito considerable,
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Freud no apreciaba mucho al continente americano. Durante toda su vida desconfió del espíritu
pragmático y puritano de los Estados Unidos, un país que acogió sus ideas con un entusiasmo ingenuo y
desconcertante.
En vista del antisemitismo, y temiendo que el psicoanálisis fuera asimilado a una "ciencia judía",
Freud decidió "desjudaizarlo", ubicando a Jung a la cabeza del joven movimiento. Después de un primer
congreso que reunió en Salzburgo, en 1908, a todas las sociedades locales, él creó con Ferenczi, en
Nuremberg, en 19 10, una asociación internacional: la Internationale Psychoanalytische Vereinigung
(IPV). En 1933 fue abandonada la sigla alemana. La IPV se convirtió entonces en la International
Psychoanalytical Association (IPA).
Entre 1909 y 1913 Freud publicó otras dos obras: Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci
(1910) y Tótem y tabú (1912-1913). A partir de 1910 la expansión del movimiento se tradujo en
disidencias en las que estaban en juego disputas personales y a la vez cuestiones teóricas y clínicas. Las
rivalidades narcisistas se mezclaban con críticas sobre la duración de las curas, la cuestión de la
transferencia y la contratransferencia, el lugar de la sexualidad y la definición del inconsciente. En 1911
Adler y Stekel se separaron del grupo freudiano. Dos años más tarde, Jung y Freud interrumpieron toda
relación entre ellos. Freud, que no soportaba las desviaciones respecto de su doctrina, publicó en
vísperas de la Primera Guerra Mundial un verdadero panfleto, -Contribución a la historia del
movimiento psicoanalítico---, en el cual denunció las traiciones de Jung y Adler. Después creó un
Comité Secreto, compuesto por sus mejores paladines, entre los cuales distribuyó un anillo de fidelidad.
Lejos de impedir las disidencias, esta iniciativa generó nuevas disputas. Apoyados por Jones, los
berlineses (Abraham y Eitingon) preconizaban la ortodoxia institucional, mientras que los austro-
húngaros (Rank y Ferenczi), se interesaban más por las innovaciones técnicas. Una nueva disidencia
marcó también la historia de ese primer freudismo: la de Wilhelm Reich.
Alrededor de 1930, el fenómeno de la disidencia fue reemplazado por el de las escisiones,
característico de la transformación del psicoanálisis en un movimiento de masas. En adelante se
enfrentaron grupos, y no ya los discípulos o los pioneros en rivalidad con su maestro. Aislado en Viena,
pero célebre en todo el mundo, Freud continuó su obra sin poder controlar la política de su movimiento.
Entre 1919 y 1933, la IPA se transformó en una verdadera máquina burocrática, encargada de regular
todos los problemas técnicos relativos a la formación de los psicoanalistas.
Al final de la Primera Guerra Mundial, con la aparición de las neurosis de guerra, se reinició la
discusión sobre el carácter traumático de las afecciones psíquicas. Freud se vio entonces enfrentado a su
viejo rival Julius Wagner-Jauregg, acusado de haber sometido a inútiles tratamientos eléctricos a
soldados a los que se les atribuía simulación. En ese debate Freud intervino de manera magistral para
demostrar la superioridad del psicoanálisis sobre todos los otros métodos.
Con el derrumbamiento del Imperio Austro-Húngaro, Berlín se convirtió en la capital del
freudismo, según lo atestiguan la creación del Berliner Psychoanalytisches Institut (BPI) y las
numerosas actividades del Instituto de Francfort en torno a Otto Fenichel y la "izquierda freudiana".
Mientras que a Viena afluían los norteamericanos para formarse en el diván del maestro, éste tomó en
análisis a su propia hija, Anna Freud. Anna no tardaría en convertirse en jefe de escuela y oponerse a
Melanie Klein, su principal rival en el dominio del psicoanálisis de niños. En este sentido, la oposición
entre la escuela inglesa y la escuela vienesa, que se desarrolló en la IPA a partir de 1924, y que giraba en
torno a la cuestión de la sexualidad femenina, puso de manifiesto el lugar cada vez más importante que
ocupaban las mujeres en el movimiento psicoanalítico. En el corazón de esa polémica, Freud mantuvo
su teoría de la libido única y del falocentrismo, pero sin mostrarse misógino. Apegado en su vida
privada a una concepción burguesa de la familia patriarcal, en sus amistades con las mujeres
intelectuales adoptaba sin embargo una actitud perfectamente cortés, moderna e igualitaria. Por su
doctrina y su lugar de terapeuta, desempeñó un papel en la emancipación de las mujeres.
En la década de 1920, Freud publicó tres obras fundamentales, a través de las cuales definió su
segunda tópica y reestructuró totalmente su teoría del inconsciente y del dualismo pulsional: Más allá
del principio de placer (1920), Psicología de masas - y análisis del yo (1921), y El yo y el ello (1923).
Este movimiento de refundición conceptual ya había comenzado en 1914, con la publicación de un
artículo dedicado a la cuestión del narcisismo. Se había confirmado en 1915, con la elaboración de una
metapsicología y la aparición de un ensayo sobre la guerra y la muerte, en el cual Freud subrayaba la
necesidad que tiene el sujeto de "organizarse con vistas a la muerte a fin de soportar mejor la vida". De
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tal refundición, centrada en la dialéctica de la vida y la muerte, y en una acentuación de la oposición
entre el yo y el ello, nacerán las diferentes corrientes del freudismo moderno: el kleinismo, la Ego
Psychology, la Self Psychology, el lacanismo, el annafreudismo, los Independientes.
Para postular la existencia de una pulsión de muerte, Freud revaloriza dos grandes figuras de la
mitología griega: Eros y Tánatos. Esta revisión de la doctrina original se produjo en un momento en que
la sociedad vienesa, ya obsesionada por su propia muerte desde fines de siglo, enfrentó la negación
absoluta de su identidad: la Austria de esa época, como lo ha subrayado Stefan Zweig, no era ya en el
mapa de Europa más que "una luz crepuscular", una "sombra gris, incierta y sin vida de la antigua
monarquía imperial".
En febrero de 1923 Freud descubrió en el lado derecho de su paladar un pequeño tumor que
debió ser extirpado de inmediato. En un primer momento, Félix Deutsch, su médico, le ocultó la
naturaleza maligna de ese tumor. Freud se malquistó con él. Seis meses más tarde, Hans Pichler,
cirujano vienés, procedió a una intervención radical: la resección parcial de los maxilares y de la parte
derecha del paladar. Después, bajo el control de Max Schur, Freud debió soportar treinta y una
operaciones. Se vio obligado a llevar una prótesis, a la que llamaba "el monstruo": "Con su paladar
artificial -escribió Zweig-, era visible que le costaba hablar [...]. Pero no abandonaba a sus
interlocutores. Su alma de acero ponía una ambición particular en demostrar a sus amigos que su
voluntad seguía siendo más fuerte que los tormentos mezquinos que le infligía el cuerpo […]. Éste era
un combate terrible, y cada vez más sublime, a medida que se prolongaba. Cada vez, que yo volvía a
verlo, la muerte había arrojado una sombra más nítida sobre su rostro [...]. Un día, en una de mis últimas
visitas, llevé conmigo a Salvador Dalí, para mí el pintor más dotado de la joven generación, que tenía
por Freud una veneración extraordinaria. Mientras yo hablaba, él hizo un dibujo. Nunca tuve el valor de
mostrárselo a Freud, pues Dalí, con su clarividencia, había ya figurado la muerte en la obra".
La enfermedad no le impidió a Freud continuar con sus actividades, pero lo mantuvo alejado de los
asuntos del movimiento psicoanalítico, y fue Jones quien presidió los destinos de la IPA a partir de
1934, fecha en la que Max Eitingon se vio obligado a abandonar Alemania.
Apasionado de la telepatía, Freud, entre 1921 y 1933, no vaciló en entregarse con Ferenczi a
experiencias llamadas "ocultas" que iban en dirección opuesta a la política de Jones, quien apuntaba a
darle al psicoanálisis una base racional, científica y médica. En 1926, a continuación de un proceso
seguido a Theodor Reik, Freud asumió vigorosamente la defensa de los psicoanalistas no médicos,
publicando ¿Pueden los legos ejercer el análisis? Al año siguiente mantuvo una polémica con su amigo
Oskar Pfister, al publicar El porvenir de una ilusión, obra en la que comparaba la religión con una
neurosis. Finalmente, en 1930, con El malestar en la cultura, examinó la capacidad de las sociedades
democráticas modernas para dominar las pulsiones destructivas que llevan a los hombres a perderse.
Dos años más tarde, en un intercambio epistolar con Albert Einstein (1879-1955), subrayó que el
desarrollo de la cultura es siempre un modo de trabajar contra la guerra. Entre 1929 y 1939 llevó una
crónica de sus entrevistas (Kürzeste Chronik, crónica mínima) que iba ser publicada por Michael
Molnar en Londres, en 1992.
Cada vez más pesimista sobre el futuro de la humanidad, Freud no se hacía ninguna ilusión
acerca de la manera en que el nazismo trataba a los judíos y al psicoanálisis: "Como un hombre
verdaderamente humanitario -escribió Zweig-, estaba profundamente conmovido, pero el pensador no se
sorprendía en absoluto de la espantosa irrupción de la bestialidad". No obstante, el día siguiente al
incendio del Reichstag decidió con Eitingon mantener la existencia del BPI. Aunque no aprobaba la
política de "salvamento" del psicoanálisis preconizada por Jones, cometió el error de privilegiar la lucha
contra los disidentes (Reich y los adlerianos), en lugar de rechazar cualquier compromiso con Matthias
Heinrich Göring, lo que habría llevado a suspender todas las actividades psicoanalíticas desde la llegada
de Hitler al poder.
No obstante, en marzo de 1938, en el momento de la invasión de Austria por las tropas
alemanas, Richard Sterba actuó en otro sentido; decidió rechazar la política de Jones y no crear en Viena
un instituto "arianizado" según el modelo del de Göring en Berlín. Se tomó entonces la decisión de
disolver la Wiener Psychonalytische Vereinigung (WPV) y llevarla a "donde Freud resida". Gracias a la
intervención del diplomático norteamericano William Bullitt (1891-1967) y a un rescate pagado por
Marie Bonaparte, Freud pudo abandonar Viena con su familia. En el momento de partir lo obligaron a
firmar una declaración en la cual afirmaba que ni él ni sus allegados habían sido importunados por los
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funcionarios del Partido Nacionalsocialista. En Londres se instaló en una hermosa casa de 20 Maresfield
Gardens, futuro Freud Museum. Allí redactó su última obra, Moisés y la religión monoteísta. No llegó a
conocer la suerte reservada por los nazis a sus cuatro hermanas, exterminadas en campos de
concentración.
A principios del mes de septiembre de 1939 escuchaba radio todos los días. A quienes a su
alrededor le preguntaron si ésa sería la última guerra, él respondió simplemente: "Mi última guerra".
Inició entonces la lectura de La piel de Zapa, de Honorato de Balzac (1799-1850): "Es precisamente lo
que necesito -dijo-; este libro habla de encogimiento y muerte por inanición". El 21 de septiembre tomó
la mano de Max Schur y le recordó lo que habían convenido en su primer encuentro: "Usted me
prometió entonces que no me abandonaría cuando llegara el momento. Ahora, esto es sólo una tortura, y
ya no tiene sentido." Después añadió: "Háblele de esto a Anna, y si ella piensa que es justo,
terminemos". Consultada, Anna quiso posponer el instante fatal, pero Schur insistió, y ella aceptó su
decisión. Le aplicó a Freud tres inyecciones espaciadas de tres centigramos de morfina. El 23 de
septiembre, a las tres de la madrugada, después de dos días de coma, el anciano se extinguió
apaciblemente: "Fue la conclusión sublime de una vida sublime -escribió Zweig-, una muerte
memorable en medio de la hecatombe de esa época asesina. Y cuando nosotros, sus amigos,
depositamos su féretro, sabíamos que abandonábamos a la tierra inglesa lo que nuestra patria tenía de
mejor”.
Las cenizas de Freud reposan en el crematorio de Golder's Green.
ROUDINESCO, E.; PLON, M.: “Diccionario del Psicoanálisis”.