revive.
) No temas, hermana, no es muerto quien llora, es una princesa
que en este lugar se lamenta.
IMA-SÚMAC.- ¿Vive todavía aquella mujer?
PITU-SALLA.- Acércate, auxíliame, mira que todavía vive.
Alcánzame agua y aprieta bien la puerta. ¿Por qué no te alimentas
hermosa princesa? Aquí tienes agua y comida; descansa un poco, que
ahora regresaré.
IMA-SÚMAC.- ¿Quién eres hermosa paloma, que estás aquí
prisionera?
PITU-SALLA.- Come algo todavía, no sea que te desmayes.
CUSI-CCOYLLUR.- Después de tantos años sin ver más que tu
cara, me traes ese rostro nuevo, y me siento feliz.
IMA-SÚMAC.- ¡Ay princesa! ¡Bella escogida! ¡Hermoso pajarillo
de oro! ¿En qué has pecado, corazón? ¿Por qué tan oprimida? ¿Por qué
tan angustiada? ¿Deseas la muerte arrastrándote como un reptil?
CUSI-CCOYLLUR.- ¡Bella hija! ¡Fruto adorado! ¡Soy una mujer
como la semilla del panti arrojada al campo. Me casé con uno a quien
amé como a la niña de mis ojos, sin que el Inca supiera; pero él se
volvió ingrato conmigo. Ollanta, antes tan querido por el Inca, le
expulsa, y después enfurecido me mandó acá prisionera. Ya hace
muchos años que vivo en este lugar; mira como estoy sin ver a nadie:
en este calabozo no hay felicidad; ¡aguardo en él, diez veces la muerte,
atada entre cadenas de hierro y olvidada de todos!... Mas, ¿quién eres
corazón, tan niña y tan tierna?
IMA-SÚMAC.- Siempre te he buscado, traspasada de dolor; y
desde el instante que te sentí en esta casa, lloraba, y mi corazón saltaba
dentro de mi pecho, pues no tengo padre ni madre; ni a nadie conozco
por tal.
CUSI-CCOYLLUR.- ¿Qué edad tienes?
IMA-SÚMAC.- Acaso tengo muchos años que abomino esta casa,
y a no vivir en ella los hubiera contado.
PITU-SALLA.- Como cosa de diez años, así calculo que tenga.
CUSI-CCOYLLUR.- ¿Cómo te llamas?
IMA-SÚMAC.- Me llamo Ima-Súmac, aunque tal vez no he
correspondido a mi nombre.
CUSI-CCOYLLUR.- ¡Ay hija mía! ¡Ay palomita! ¡Acércate a mi
pecho! ¡Tú eres mi única felicidad! ¡Hija mía! ¡Ven! ¡Ven! Mi
regocijo es sin límites. Sí, yo te puse ese nombre.
IMA-SÚMAC.- ¡Ay madre mía, no me desampares! ¿Te habré
conocido sólo para llorar? ¿Me dejarás en la orfandad? ¿En quién me
refugiaré? ¿A quién volveré mis ojos? ¿Quién me ha de proteger?
Alcánzame tu mano, auxíliame.
PITU-SALLA.- No grites, ¡no! Para mí será el tormento. Camina:
¡vámonos! Tal vez nos oigan las matronas.
IMA-SÚMAC.- Sufre un poco más en esta cárcel maldita. Quédate
que yo te he de sacar de aquí. Pasa en ella algunos días. ¡Ay madre
mía, me voy sin aliento y desearía un veneno para mi corazón!
(Vanse IMA-SÚMAC y PITU-SALLA; luego, retirase CUSI-
CCOYLLUR.)
Escena III
Sala en el palacio del Inca.
(Salen TÚPAC-YUPANQUI y HUILLCA-UMA.)
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Grande y noble Huillca-Uma! ¿Sabes algo
de Rumi-Ñahui?
HUILLCA-UMA.- Salí ayer por la tarde hasta Huil-canota:
encontré allí muchos prisioneros, que eran todos de la nación anti, la
cual se dice que ha sido vencida, sus campos talados y sus hogares
incendiados.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Han tomado a Ollanta? ¿Tal vez si ese
hombre se ha escapado?
HUILLCA-UMA.- Ya Ollanta ha sido vencido, destrozado y
devorado por las llamas.
TÚPAC-YUPANQUI.- Nuestro padre el Sol nos ha favorecido,
como que soy de su linaje. Sí, los hemos de rendir a nuestros pies; para
eso estoy aquí.
Escena IV
Sale un INDIO CAÑARI.
INDIO.- Rumi-Ñahui me ha mandado muy de prisa con este quipu.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Ve qué dice!
HUILLCA-UMA.- (Descifra el quipu.) ¡En este quipu hay carbón,
que indica que ya Ollanta ha sido quemado! Estos tres... cinco quipus
atados dicen que Anti-Suyu ha sido sometido, y que se encuentra en
manos del Inca; esos tres... cinco, que todo se ha hecho con rigor.
TÚPAC-YUPANQUI.- Y tú que has estado allí, ¿qué cosa has
hecho?
INDIO.- ¡Poderoso Inca, hijo del Sol! Mira que soy el primero
trayéndote la noticia de que has triunfado, subyugado y derramado la
sangre de esos traidores.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Cómo! ¿no he amonestado con frecuencia
que no se derrame la sangre de aquella gente, pues bien saben que la
amo y compadezco?
INDIO.- ¡Padre mío! No; no se ha vertido la sangre de nuestros
enemigos; que corra esta noche.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Qué has visto?
INDIO.- Yo estuve allí junto con todo mi ejército, durmiendo en la
confluencia del Qqueru y escondido en Yanahuara. Como en este valle
hay muchas selvas para celadas, permanecí oculto en una casa por
espacio de tres días, con sus noches, soportando el hambre y las
intemperies. Rumi-Ñahui vino a verme y me declaró todo su plan: que
nosotros debíamos venir de noche, luego que él regresase a su puesto,
pues se iba a celebrar en el cuartel real una gran fiesta, y, cuando todos
estuviesen entregados a la embriaguez, podíamos cargar durante la
noche con el ejército de los veteranos. Después de haberme
descubierto su estrategia, se regresó y aguardamos aquella noche.
Mientras tanto, Ollanta pasaba divirtiéndose en la celebración de la
fiesta del Sol, junto con los suyos, y el ejército entregado a la beodez
por espacio de tres días.
Nosotros les caímos a media noche, y nuestro ejército entró por
sorpresa, sin que el enemigo lo percibiera y estalló sobre él como la
tempestad. De esta manera fue al punto sobrecogido de espanto, y
cuando volvió en sí, se encontró prisionero en nuestras manos. Rumi-
Ñahui se hallaba todavía enfermo; aunque Orcco-Huarancca marchaba
muy triste, sin embargo empuñaba con furia, la cadena. De este el Inca
condujo a Ollanta, con su séquito; Ancco-Allu con sus mujeres y como
cerca de diez mil antis prisioneros. Sus mujeres convertidas en un mar
de lágrimas los seguían de cerca. Por esto, en verdad, has visto a
Huilcanota entregada al llanto.
Escena V
RUMI-ÑAHUI sale victorioso, con la cabeza descubierta.
RUMI-ÑAHUI.- ¡Postrado a tus pies, poderoso Inca, te adoro mil
veces! Escucha mis palabras, pues estoy bajo tu amparo.
TÚPAC-YUPANQUI.- Levántate; aquí tienes mi mano: regocíjate
porque has salido bien en tu empresa; echaste tu red y has pescado.
RUMI-ÑAHUI.- Sí, ese traidor con sus piedras ha muerto muchos
nobles y un sin número de plebeyos; mas yo Rumi he sido para él un
peñasco; como Rumi he acabado con él y sus compañeros.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Se ha derramado mucha sangre?
RUMI-ÑAHUI.- No noble, no en verdad; he cumplido todo como
me has mandado; así he tomado toda la nación anti prisionera; sus
montañas están allanadas e incendiadas.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Dónde están esos enemigos?
RUMI-ÑAHUI.- Todos aguardan en el campo perecer con terrible
castigo. Cada cual se apresura en buscar la muerte; pero es menester
separar a las mujeres que están embarazadas, pues ellas bastan para la
propagación de la especie.
TÚPAC-YUPANQUI.- Así ha de ser infaliblemente. Que todos los
niños y mendigos sean destruidos sin excepción; aun cuando todo el
Cuzco sucumba con ellos. Conduce a mi presencia a esos traidores.
Escena VI
Traen a OLLANTA, ANCCO-ALLU y ORCCO-HUARANCCA
cargados de cadenas con los ojos vendados; con ellos salen PIQUI-
CHAQUI y HUILLCA-UMA.
TÚPAC-YUPANQUI.- Quítales la venda. Dime: ¿dónde estás,
Ollanta? ¿dónde, Orcco-Huarancca? Ahora sin remedio seréis
ejecutados. ¿Quién te ha metido en esto?
PIQUI-CHAQUI.- Sabes que entre los yuncas hay muchos piques
que producen úlceras graves, que se curan con agua caliente; por esto,
quítame a mí también la vida.
TÚPAC-YUPANQUI.- Ancco-Allu, respóndeme: ¿por qué te has
perdido con Ollanta? Desátale. ¿No es cierto que el Inca te ha
venerado como a un padre; y no es cierto que en él has hallado cuanto
has querido? Tu palabra ha imperado en su voluntad; cuanto has
pedido se te ha concedido y aún más. ¿Había algo oculto para ti?
¡Hablad, traidores! ¡Respóndeme, Ollanta! ¡Responde, Orcco-
Huarancca!
OLLANTA.- ¡Padre mío, nada me preguntes!; nuestro crimen
rebosa por todas partes.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Veamos la muerte que deban recibir! Di
tu parecer, Huillca-Uma.
HUILLCA-UMA.- ¡El Sol me ha concedido un corazón muy
benigno!
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Rumi!, habla entonces.
RUMI-ÑAHUI.- Siendo esta grande traición, el castigo debe ser el
último suplicio. El Inca enrostra muchos crímenes a esta gente; así,
que se les ate de uno en uno, ahora mismo, a cuatro estacas para que
todos sus siervos pasen por encima de estos traidores; y que su ejército
sea traspasado a flechazos, en castigo de su rebeldía. De este modo se
vengará con sangre la muerte de sus padres.
PIQUI-CHAQUI.- Así se ha de destruir la nación anti; que se haga
también una hoguera para quemar su gente.
RUMI-ÑAHUI.- ¡Calla!, si no te he de lanzar una piedra, pues
ahora tengo corazón de piedra.
TÚPAC-YUPANQUI.- Habéis oído que se ha mandado que muráis
en la estaca. ¡Condúcelos acá! ¡Muerte a los traidores!
RUMI-ÑAHUI.- ¡Arrastrad a esos traidores al lugar donde deben
ser escarmentados! ¡Estiradlos! ¡Arrastrad, arrastradlos hechos
pedazos!
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Pon en libertad a esos prisioneros! ¡Que
se aparten de mi presencia! ¡Habéis contemplado de cerca la muerte!
¡Ahora huid como el ciervo en el bosque! Ya que estáis rendidos a mis
plantas, mi corazón me dicta que sea generoso con vosotros y que os
eleve; aunque sea un millón de veces más. Tú, que has sido el valeroso
gobernador de Anti-Suyu, sabrás que es mi voluntad que le continúes
mandando para que conserves siempre tu fama. Huillca-Uma, toma el
yelmo y aquellas insignias y pónselas de nuevo a este desgraciado que
se ha libertado de la muerte.
HUILLCA-UMA.- ¡Ollanta! Conoce desde hoy el poder de Túpac-
Yupanqui; desde este instante aprende a obedecerle y amarle como a tu
protector. Todo mi poder está en esas insignias, ahora te las ciño y
sabrás que son las armas del Inca.
OLLANTA.- Con las lágrimas en mis ojos, protesto que te he de
amar y que he de ser tu humilde siervo. ¿Quién será igual a ti?
Humillado a tus pies desataré tu calzado y desde ahora estoy cierto que
todo mi poder depende de tu palabra.
TÚPAC-YUPANQUI.- Ven acá Orcco-Huarancca. Ollanta te hizo
general y te dio ese yelmo, para que estuvieras contra mí; sin embargo
mi furor se ha aplacado: tú quedarás gobernando Anti-Suyu, para que
salgas a la conquista de nuestro enemigo. Recibe este yelmo, para que
te portes con valor; y ya que te he libertado de la muerte me contarás
en el número de los que te aman.
ORCCO-HUARANCCA.- ¡Postrado a tus pies, poderoso Inca, te
adoro mil veces; aunque extraviado, ahora te he de auxiliar!
HUILLCA-UMA.- El poderoso Túpac-Yupanqui te hizo noble,
concediéndote ese yelmo y esas flechas; así pues serás valiente como
el joven tunqui.
RUMI-ÑAHUI.- ¿Habrá entonces dos Incas en el belicoso Anti-
Suyu?
TÚPAC-YUPANQUI.- No, Rumi; no habrá dos: Orcco Huarancca
gobernará a Anti-Suyu, y Ollanta se quedará en el Cuzco, ocupando el
trono para que gobierne en vez del Inca, y así permanecerá siempre
aquí.
OLLANTA.- ¡Oh Inca! ¡Enalteces demasiado a este hombre que
nada es! ¡Vive mil años! ¿Qué habéis hallado en mí?
TÚPAC-YUPANQUI.- Saca, Huillca-Uma, la grande insignia real;
ponle pronto la borla amarilla; dale el cetro y hele aquí representando
al Inca. Ahora debo comunicarte mis órdenes: tú, Ollanta,
permanecerás en mi lugar; pues yo marcho al Collao dentro de un mes;
por eso lo he dispuesto así. Me iré lleno de complacencia, dejando a
Ollanta sobre el trono.
OLLANTA.- Deseo partir contigo a cualquier parte que sea; pues
sabes muy bien que soy varón diligente; supuesto que soy tu siervo, sin
duda alguna he de ser el primero que marche en tu compañía.
TÚPAC-YUPANQUI.- Cásate de una vez; con eso estarás
contento y descansarás tranquilo. Escoge la que quieras.
OLLANTA.- ¡Oh noble! Soy casado; mas he sido desgraciado.
TÚPAC-YUPANQUI.- Todavía no conozco a tu esposa.
Preséntamela para venerarla. Nada me ocultes.
OLLANTA.- ¡En el Cuzco se ha perdido mi adorada paloma! En
un solo día desapareció volando a otros lugares; la he buscado aquí y
allá, preguntando a todos; pero ella se perdió, como si la tierra se la
hubiera tragado. ¡Tal es mi situación!
TÚPAC-YUPANQUI.- No te entristezcas, Ollanta; aunque sea eso
y mucho más: cumple con mis órdenes sin retroceder. Huillca-Uma,
haz lo que te he dicho.
HUILLCA-UMA.- ¡Pueblo! Sabed que Ollanta representa al Inca y
que gobierna en su lugar. ¡Salve, Inca Ollanta!
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Vosotros, acatadle!
RUMI-ÑAHUI.- Te felicito por tu ventura de que hagas las veces
del noble Inca. Que todo Anti-Suyu se regocije y la comarca entera te
sea propicia.
MUCHAS VOCES.- (Afuera.) ¡Atrás! ¡Atrás! ¡Fuera! ¡Fuera esa
niña!
IMA-SÚMAC.- (Afuera.) Por lo que más améis, dejadme hablar;
no me impidáis; mirad que he de morir en este momento.
TÚPAC-YUPANQUI.- (A un INDIO en la puerta.) ¿Quién llora
afuera?
INDIO.- Una niña viene llorando y quiere hablar con el Inca.
TÚPAC-YUPANQUI.- Condúcela acá.
(Vase el INDIO.)
Escena VII
Sale IMA-SÚMAC.
IMA-SÚMAC.- ¿Cuál de vosotros es el Inca, para arrojarme a sus
pies?
HUILLCA-UMA.- Él es nuestro Inca, bella niña; ¿por qué lloras?
IMA-SÚMAC.- ¡Inca mío! tú eres mi padre, perdona a tu hija.
Favoréceme, pues eres hijo del Sol. Mi madre habrá muerto ya, presa
en una cárcel de granito. Un feroz enemigo la confinó allí, para que
muriera lentamente. Estará ya bañada en su sangre.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Quién es aquel tirano? ¡Ollanta! ¡Ollanta!
¡Levántate pronto! ¡Ve eso!
OLLANTA.- Vamos, niña, llévame presto. ¿Quién ha muerto a tu
madre?
IMA-SÚMAC.- Tú no vayas; el Inca que la vea, pues él la conoce,
mientras que tú, no. Inca, levántate pronto; no sea que encuentre a mi
madre muerta; ya me parece ver su cadáver. Sí, obedéceme.
HUILLCA-UMA.- ¡Poderoso Inca! Pues hasta ti llegan sus
tormentos, ¿quién osará impedir que seas su libertador?
OLLANTA.- ¿Dónde está tu madre cautiva?
IMA-SÚMAC.- En un rincón de aquella casa.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Vamos! ¡Vamos! Todos juntos; ya que
hallándonos en medio de los placeres, esta niña ha venido a rasgar mi
corazón.
IMA-SÚMAC.- (Señala la puerta.) ¡Padre mío! Aquí está mi
madre. ¡Aquí! ¡Quién sabe si ya se encuentra muerta!
OLLANTA.- Me parece que te engañas: ésta es la casa de las
princesas.
IMA-SÚMAC.- Mi paloma padece en esta casa diez años.
OLLANTA.- ¡Abrid aquella puerta! ¡El Inca viene!
Escena VIII
PITU-SALLA abre la puerta.
IMA-SÚMAC.- ¡Hermana mía Pitu-Salla! ¿Todavía vive mi
madre? Entremos, que se abra esa puerta. (Señala la caverna.)
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Qué puerta hay aquí?
IMA-SÚMAC.- Padre mío, ésta es la puerta. Pitu-Salla, ábrela que
nuestro Inca está aquí.
(Ábrese la segunda puerta por la que sale, cerrándola, MAMA-
CCACCA.)
MAMA-CCACCA.- ¿Es una realidad o un sueño, que vea al Inca
en estos lugares?
TÚPAC-YUPANQUI.- Abre esta puerta.
(Ábrela MAMA-CCACCA y se ve a CUSI-CCOYLLUR.)
IMA-SÚMAC.- ¡Ay madre mía! Mi corazón me anuncia
encontrarte muerta. He temido por momentos ver tu cadáver. Pitu-
Salla, alcánzame mucha agua; procura que mi madre vuelva a vivir.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Qué caverna es aquélla en la roca? ¿Qué
mujer es ésa? ¿Qué significa todo esto? ¿Es una cadena de hierro que
la aprisiona? ¿Qué tirano la ha cargado así? ¿Dónde estaba el corazón
del Inca? ¿Había engendrado por ventura a un reptil? Mama-Ccacca
ven acá. ¿Quién es aquella mujer que viene? ¡He aquí que se ha
transformado en un espectro esa desgraciada!
MAMA-CCACCA.- Tu padre lo ha ordenado, queriendo sólo
escarmentarla.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Sal de aquí, Mama-Ccacca! ¡Arrojad
afuera a esa montañesa, a esa fiera y que nunca mis ojos la vuelvan a
ver!
(Le obedecen, y sacan a CUSI-CCOYLLUR.)
CUSI-CCOYLLUR.- ¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ésos? ¡Hija
mía, Ima-Súmac, ven acá palomita! ¿De dónde esa gente aquí?
IMA-SÚMAC.- Madre mía, no temas, aquí está nuestro Inca. El
poderoso Yupanqui viene: habla, no duermas.
TÚPAC-YUPANQUI.- Mi corazón se desgarra, al presenciar tanto
infortunio. Descansa, y dime después ¿quién eres? Dime, ¿cómo se
llama tu madre?
IMA-SÚMAC.- ¡Padre mío! ¡Piadoso noble! Manda todavía que
desaten a esa prisionera.
HUILLCA-UMA.- Yo debo desatar y auxiliar a esta infeliz.
OLLANTA.- ¿Cómo se llama tu madre?
IMA-SÚMAC.- Cusi-Ccoyllur es su nombre.
TÚPAC-YUPANQUI.- Me parece que te equivocas. Ella está en la
sepultura, donde tendrá felicidad.
OLLANTA.- ¡Ay poderoso Inca Yupanqui! Esta niña es hija de mi
esposa.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Todo me parece un sueño! ¡Esta felicidad
hallada! ¿Esta mujer Cusi-Ccoyllur es mi hermana?... ¡Hermana mía!
¡Cusi-Ccoyllur, querida paloma, ven acá, abrázame y consuélame para
que pueda vivir!
CUSI-CCOYLLUR.- Ya sabrás, hermano mío, los infinitos
tormentos que padezco aquí, desde hace tantos años. Tú eres, pues,
quien me ha de libertar de la muerte.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¿Quién eres, mujer, que tanto te angustias?
¿Quién te ha puesto aquí? ¿Qué crimen te ha arrastrado? Muy bien
hubieras podido perder el juicio. ¿Tendré corazón para presenciar
sufrimientos tan inexplicables? ¡Debiera morir con esta mujer, como si
fuera la madre que la dio a luz! ¡Su rostro está marchito, su hermosa
boca incognoscible: se acabó para siempre su beldad!
OLLANTA.- ¡Cusi-Ccoyllur, yo te perdí primero, mas ahora vives!
Y tú eres su padre que le puedes quitar la vida; mas entonces arráncala
a los dos juntos: ¡no me dejes que sobreviva! ¡Mi corazón entero está
llagado! ¡Cusi-Ccoyllur! ¿Dónde está tu risueño semblante? ¿Dónde
tus lindos ojos? ¿Dónde tu belleza? ¿Eres acaso una hija maldita?
CUSI-CCOYLLUR.- ¡Ollanta! ¡Ollanta! ¡Un veneno abrasador ha
sido la causa que nos haya separado por espacio de diez años; mas
ahora nos vuelve a unir, para que vivamos de nuevo! ¡Tú has de contar
tantos años de goces y de pesares, cuantos el poderoso Inca viva, y con
esta nueva vida, tu existencia se ha de prolongar!
HUILLCA-UMA.- Alcánzame ropa nueva para vestir a nuestra
princesa.
TÚPAC-YUPANQUI.- ¡Ollanta! ¡He aquí a tu esposa; desde hoy
venérala. Y tú Ima-Súmac, ven a mi pecho: ven, hermosa paloma, a
devanar esos ovillos. ¡Sí, tú eres la prole de Ccoyllur!
OLLANTA.- ¡Oh noble! ¡Tú eres nuestro amparo! ¡Tus manos
apartan todo dolor! Tú eres nuestra sola y única ventura.
TÚPAC-YUPANQUI.- No te aflijas; vive contento con tu dicha,
pues ya posees a tu esposa y te has libertado de la muerte.
(Tocan música de flauta y tambor.)