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Imperio Rojo - Gleen Black

Imperio Rojo es una novela de ficción que explora la vida de Avery, una mujer atrapada en un mundo de violencia y crimen, mientras lucha por sobrevivir y lidiar con su oscuro pasado. La historia aborda temas sensibles como abuso, violencia y conflictos morales, presentando a personajes complejos que enfrentan decisiones difíciles en un entorno hostil. A medida que Avery intenta escapar de su vida anterior y de Vladimir, un antiguo amor que ahora es su enemigo, se ve envuelta en una espiral de caos y confrontaciones.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
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Imperio Rojo - Gleen Black

Imperio Rojo es una novela de ficción que explora la vida de Avery, una mujer atrapada en un mundo de violencia y crimen, mientras lucha por sobrevivir y lidiar con su oscuro pasado. La historia aborda temas sensibles como abuso, violencia y conflictos morales, presentando a personajes complejos que enfrentan decisiones difíciles en un entorno hostil. A medida que Avery intenta escapar de su vida anterior y de Vladimir, un antiguo amor que ahora es su enemigo, se ve envuelta en una espiral de caos y confrontaciones.
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SECUELA DE BRATVA

IMPERIO ROJO
GLEEN BLACK
Copyright © 2023 Gleen Black
Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser
reproducida o transmitida de cualquier forma o por cualquier medio, electrónico
o mecánico, incluyendo fotocopia, grabación, o por cualquier sistema de
almacenamiento y recuperación, sin permiso escrito del propietario del
copyright.
Esta es una obra de ficción. Cualquier parecido con la realidad es mera
coincidencia. Todos los personajes, nombres, hechos, organizaciones y diálogos
en esta novela son o bien producto de la imaginación del autor o han sido
utilizados en esta obra de manera ficticia.

ISBN: 9798374131147
Diseño De Portada: Asterielly
Corrección: Isaura Tapia

No se permite la reproducción total o parcial de la obra, ni su incorporación a


un sistema informático, ni transmisión de cualquier forma o medio, sea este
electrónico, mecánico, por fotografía, grabación u otros métodos, sin el permiso
previo y por escrito de la autora. La infracción de los derechos mencionados
puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y
siguientes código penal).
Tabla de contenido
MAFIA ROJA, PARTE DOS
DEDICATORIA
ADVERTENCIA
CAPÍTULO 01
AVERY
CAPÍTULO 02
VLADIMIR
CAPÍTULO 03
VLADIMIR
CAPÍTULO 04
AVERY
CAPÍTULO 05
VLADIMIR
AVERY
CAPÍTULO 06
AVERY
CAPÍTULO 07
AVERY
CAPÍTULO 08
VLADIMIR
CAPÍTULO 09
VLADIMIR
CAPÍTULO 10
AVERY
VLADIMIR
CAPÍTULO 11
AVERY
CAPÍTULO 12
VLADIMIR
CAPITULO 13
VLADIMIR
CAPÍTULO 14
AVERY
CAPÍTULO 15
VLADIMIR
AVERY
CAPÍTULO 16
AVERY
CAPÍTULO 17
VLADIMIR
CAPÍTULO 18
VLADIMIR
AVERY
CAPÍTULO 19
VLADIMIR
AVERY
CAPÍTULO 20
AVERY
CAPÍTULO 21
AVERY
CAPÍTULO 22
AVERY
CAPÍTULO 23
AVERY
VLADIMIR
CAPÍTULO 24
AVERY
CAPÍTULO 25
Vladimir
CAPÍTULO 26
Vladimir
CAPÍTULO 27
AVERY
CAPÍTULO 28
Avery
CAPÍTULO 29
Avery
CAPÍTULO 30
Vladimir
CAPÍTULO 31
Avery
CAPÍTULO 32
Avery
CAPÍTULO 33
AVERY
CAPÍTULO 34
AVERY
CAPITULO 35
Vladimir
Avery
CAPITULO 36
Vladimir
CAPITULO 37
AVERY
“You know I`m no Good”
Avery Ivanova
BIOGRAFÍA DEL AUTOR
DEDICATORIA
Para quienes disfrutamos de un buen villano.
ADVERTENCIA
Esta novela contiene temas sensibles como abuso y
violencia explícita, escenas sexuales descriptivas, drogas,
lenguaje ofensivo, problemas psicológicos y psiquiátricos,
torturas, comportamientos sociales inaceptables y temas
políticos y religiosos polémicos. Son puntos controversiales
y no reflejan ni mi opinión ni mis ideales como persona. Por
eso te pido comprensión y te aconsejo que disfrutes la
novela como lo que es: ficción.

Imperio Rojo es una historia para mayores de 21 años


que no pretende romantizar ninguno de los temas
anteriormente mencionados.

Si no te sientes preparado para leer sobre esta clase de


contenido o si lo que menciono anteriormente toca algún
punto sensible para ti, te recomiendo que no sigas adelante
con esta historia. Si, por el contrario, te sientes bien y en
total capacidad para leerla, hazlo con la mente abierta y, de
nuevo, recuerda que es ficción.
La crueldad es un hábito, Zaria, y yo me he perfeccionado
en ejecutarla de forma pulcra.
¿Quieres que sea el villano?, aquí estoy.

~Vladimir Ivanov ~
CAPÍTULO 01
AVERY
A él no le importan las reglas, solo obtener su venganza.
Yo soy la contraparte, aquella que merece un castigo,
aunque eso no evite que gima descaradamente su nombre
en la bañera, lo sueñe constantemente y me cause placer
recordando al hombre que me tenía en sus brazos dos años
atrás, quien seguro ya no me recuerda como la mujer que
fui, sino como una asesina. Recobro el aliento y la
compostura enderezándome, terminando de limpiar la
sangre de mi cuerpo. Quería ser libre, porque conocía al
monstruo que traigo encima.
Tengo que luchar doble, ganarme el respeto de cada
hombre y mujer, no dejarme pisotear y mantener la cabeza
en alto, incluso cuando sea lo que menos quiera en muchas
oportunidades.
Estoy cansada, física y mentalmente, harta de correr de
Vladimir, de mantener un perfil bajo y al mismo tiempo
fuerte no dejándome vencer. Me he portado mal, no lo
puedo negar.
Me apoderé de un campo secreto militar de Dimak
Trivianiv al cual renombré para mi uso personal, de ese
lugar extraje a Noor Winter. Una mujer activa en la milicia,
quien ahora es mi sombra. Debía sobrevivir y mis opciones
se reducían con el tiempo, no estoy orgullosa de mis
acciones, ni de las consecuencias que pagaré por ellas
eventualmente.
No me interesa lo militar, no es lo mío, no soy un alma
buena y caritativa para servir al pueblo, sin embargo, debía
tener personal que me protegiera a mí sobre nadie más y en
ese centro lo encontré.
De todos modos, a Dimak Trivianiv alias el muerto, no le
harán falta, obteniendo La Mamba -como lo bauticé en
honor a mi obsesión-, tengo chicos leales dispuestos a morir
por mí, no son muchos, pero ellos podrán reclutar a otros.
No están bajo ningún efecto de químicos y no tienen una
vida a la cual regresar. Decidieron quedarse por voluntad
propia.
—Estás retrasada —advierte Winter, como me gusta
llamarla.
Es una afroamericana de piel morena, pelo rizado hasta
sus hombros y ojos marrones. Está en nuestra habitación
compartida en un hotel de mala muerte a las afueras de
Chicago, ¿lujos y galas? No, no tengo nada de eso. No
mientras esté en guerra, peleando contra las bandas
callejeras y huyendo de los cazadores que Vladimir tiene
buscando mi cabeza. Mayormente nos mantenemos fuera
de Chicago, pero anoche intercepté un cargamento de
dinero dirigido a Vladimir. Necesitaba ese efectivo, ya que
me estoy quedando sin recursos.
No tengo dinero, mi hermano se encargó de destruir lo
poco que tenía en su poder, y al matarlo solo heredé deudas
del negocio. No tengo nada con lo cual trabajar y he
sobrevivido con algunas carreras y apuestas, no más de
eso. Ahora tengo unos buenos billetes en mi poder gracias a
mi exmarido, de todos modos, sobrevivirá sin ellos.
—¿Ese es para mí? —cuestiono señalando el cuchillo al
cual le saca filo. Es uno bonito, curvo, con dientes en la
parte superior. Un cuchillo letal.
—Sí, Patrona.
Me encanta ese apodo, me hace sentir poderosa.
Dicen que no puedes huir del mal todo el tiempo, que
tarde o temprano te atrapa. Es por ello por lo que tomo la
corona de diamantes, alistándome para cometer una
bajeza. Una que ella no merece, sin embargo, es necesario
para hacer retroceder al hombre que me busca viva o
muerta.
No quería convertirme en uno de ellos y terminé siendo
mucho peor…

La bala pasa sobre mi cabeza, escucho la llamada de


Winter desde el yate. Tengo el cargamento de Vladimir, pero
su seguridad me pisa los talones. No quiero herirlos, vine
por las joyas, porque necesito el dinero. Demasiados
dependen de mí, no puedo parar.
—Usaré los explosivos —avisa Winter en la línea de
comunicación conectada en mi oído.
—¡No! —ordeno saltando un taque de desperdicios. Estoy
cerca, solo debo correr un poco más y saltar. Estaremos
sobre el agua donde no me alcanzarán. Nadie debe salir
herido.
—¡Están sobre ti!
—¡Winter, no! —chillo.
Es tarde, demasiado. Salto del puente de embarque al
agua, sintiendo la onda expansiva golpear mi espalda y
hacerme girar en el aire. Abro la boca mientras caigo en el
agua de forma abrupta debido a la ola de poder de la
detonación. Emerjo, viendo lo que acabo de hacer, ¡no! ¡No
quería ningún herido! La moto de agua se detiene a mi lado.
Uno de mis hombres me levanta, porque estoy perpleja
observando el fuego y los destrozos.
«¿Qué tanto más debo causar?». Nos movemos hacia el
yate en la moto acuática, estoy empapada en agua cuando
salto, buscando a Winter en la proa. Mi furia es demasiada,
no miro mis acciones y antes de que pueda justificarse le
giro el rostro de un fuerte golpe. Estoy jadeando,
desenfrenada. Estos dos años de huir, de luchar por
sobrevivir se acumularon en mis hombros y ahora revientan
en una fracción de segundo.
—¡Te dije que no detonaras! ¡Solo era una precaución que
nunca usamos!
Ella se endereza, sin quejarse. Es su instinto militar, lo
que está acostumbrada a hacer, pero no deja de ser algo
inhumano, acabo de cometer una masacre.
—Eras tú o ellos, una decisión de factores.
—¡No me estaban disparando! —rujo—. Nunca lo hacen,
¡porque Vladimir me quiere viva!
Discutir con ella es un tiempo desperdiciado. Así funciona
para lo que fue entrenada. Dios mío, siento que el aire se
encapsula y no soy capaz de respirar. Me giro bajando al
camarote, ordenando nuestra marcha. Cada día que pasa
todo se complica. Las bandas callejeras recaen sobre mí con
fuerza. «No debería estar pasando esto». Me quito la ropa,
molesta, lastimándome en el proceso. Necesito sacar esto,
la frustración, el desespero. Busco mi móvil, observando sus
fotos nuevamente. Mi pequeña Alaska, su entrada radiante.
Es la sensación de los medios, todos la mencionan. Muchas
marcas reconocidas quieren que ella sea el rostro exclusivo
de sus anuncios. Está estudiando, sin embargo, no sé
dónde, ni qué carrera. No puedo averiguar esa información,
es extremadamente confidencial. Vladimir ha hecho un
buen trabajo en protegerla.
«Si le hubiera hecho caso cuando me pidió quedarme».
Esto no es libertad.
Necesito neutralizar las emociones ilógicas. No dejo de
equivocarme y pagar las consecuencias.
—Actuó bajo presión. —Escucho la voz varonil bajando a
mi camarote.
—Tenía una orden, Mason. No heridos, esa es siempre mi
misión.
El hombre ha sido muy cercano a mí en los últimos
meses, al igual que Winter. Los tres dirigimos el destino de
los hombres a nuestro cargo.
—Me adelantaré esta noche con los demás, Patrona.
—Cuídate la espalda —ordeno. Sabe que es una pieza
clave en mi juego. Sus ojos negros detallan mi cuerpo antes
de inclinar la cabeza y marcharse.
Desembarcamos en la playa de Ford Myers al amanecer.
No suelto la bolsa donde traigo la diadema que anoche era
la exclusiva de la gala, la atracción principal ¿la guardó para
dársela a ella? No me importa, tampoco me aqueja, es su
vida. «Llegaron juntos, igual que en las presentaciones
anteriores». Son la familia feliz, mientras yo huyo. Cargo la
camioneta y regreso al yate por la última parte del dinero.
Tengo suficiente, entre efectivo y prendas, las cuales
venderé en el mercado negro, con esto no tengo que
atacarlo en un buen tiempo. Además, con la carrera de
autos que se acerca, mi mente estará libre de estos
tormentos por una temporada. Salto del yate, viendo dos de
tres vehículos alejarse, siempre nos dividimos, así somos
menos notorios hasta reencontrarnos en el punto indicado.
Winter cierra las puertas cuando lanzo la última maleta.
Hemos estado separadas desde anoche, no logré
descansar y me encuentro exhausta. Quiero llegar al motel
de paso, bañarme, comer algo y dormir.
—Winter, sobre anoche… —Corto mis propias palabras
cuando veo el arma que me apunta. Parpadeo, no
procesando del todo qué sucede—. Oh, vamos, ¡lo siento!
Estaba molesta. No debiste detonar esa carga.
—Sí debí —rectifica apretando los dientes sin perder el
agarre en su AK 47—. Demostraste que no eres como
nosotros, tienes piedad del enemigo. Permanece tranquila,
desde aquí, yo soy la líder de mis hermanos.
Entonces aprieta el gatillo.

Existen cadenas fuertes, te mantienen sujeto a condenas


que quizás no deberías cargar sobre tus hombros, pero al
final del día esas cadenas te hacen quien eres. «Esta vida es
una cadena y querer salir de ella una condena eterna».
El disparo resuena entre ambas, pero logro ser más
rápida desviando su destino a mi cabeza cuando golpeo su
brazo. Siento el ardor distintivo de la ráfaga en mi hombro.
La diferencia entre un militar común y otro entrenado en la
Bratva es el destino final. El soldado regular solo quiere
disparar y matar; en cambio, en la Bratva nos enseñan que
la recompensa no es el disparo, sino el dolor de la muerte,
agonizante y sangrienta. Los comunes disparan, no tienen
un propósito más allá de ese; sin embargo, en la Bratva
queremos más, siempre egoístas y hambrientos.
—Mala jugada —gruño golpeando su pecho de una
patada, cae en la arena, el arma a mis pies, la empujo. No
quiero más personas heridas.
—Esa debilidad te matará —se burla, su boca cubierta de
sangre.
—No es debilidad —reviro presionándome el hombro.
Maldita sea.
Winter no está dispuesta a quedarse tranquila y ataca,
saca su navaja y viene con la fuerza de su cuerpo,
empujándome hasta rodar por la playa, termina sobre mí,
dándome un puñetazo en la cara.
Con el mango me abre la carne sobre mi ceja, siento la
sangre fresca rápidamente.
«No quiero herir a nadie…».
—¡Creí que eras una líder! —reclama enfurecida—. No
puedes matar a nadie, ¡acabaré con tu arrepentimiento y tu
miseria!
Las lágrimas se acumulan en mis ojos… «Ese es el
problema, Winter».
—No me obligues —suplico escupiendo mi propia sangre.
Con mi mano libre bajo a mi pantalón militar negro, sacando
el arma del bolsillo—. No lo entiendes.
—¡Eres un fraude! —Alza ambas manos, dispuesta a
clavar su navaja en mí, cuando con fuerza entierro el
cuchillo curvo que tomé del motel en su quijada,
hundiéndolo hasta sacarlo entre sus labios y nariz. Una
lluvia de sangre salpica mi cara y medio cuerpo. Los ojos de
ella se abren, suelta su cuchillo, luchando con la potencia de
mi agarre.
—No es debilidad, Winter, estaba protegiendo al mundo
de la sed en mí —digo girándolo. Oh, ese demonio se
regocija en mi interior. Gruñe, como si tuviera vida propia—.
Una vez que pruebo la sangre, no puedo parar.
Su corazón deja de latir, es como si mis sentidos fueran
simplificados. Cae a mi lado y sonrío girando el rostro para
verla.
—También soy difícil de matar —señalo levantándome.
Muevo mi cuello, haciendo que suene. No puedo dejar el
cuerpo en la playa, pronto habrá turistas en el área. La
arrastro, mi hombro sangrando y ardiendo, es un raspón
considerable teniendo en cuenta la capacidad de una AK 47.
Dejo el cuerpo en la parte trasera, tapándola con las
bolsas de dinero. Borro el rastro de sangre en la arena y me
llevo el arma. Manejo a otro punto, ya no puedo fiarme de
los demás.
¿Sabían de Winter? ¿Mason estaba enterado? ¿Están
esperando que ella llegue? Me instalo en una cabaña al este
de Ford Myers. Me baño, limpiando mi hombro, es un
desastre de carne. No puedo seguir así. Maldigo dejando a
la hija de puta en la bañera. Cargo los galones de ácido y
baño el cuerpo, derritiéndolo. El hedor es horrible, salgo
tosiendo fuera de la cabaña. ¡Es una mierda! Frustrada,
pateo la silla. ¡No tengo nada!, ¡a nadie!
Vladimir estará furioso, llamar la atención es una cosa,
explotar a sus hombres una muy distinta y lo merezco.
Maldita sea, soy culpable de esta idiotez. No sé lo que
debería hacer, me encuentro en un tablero de ajedrez sin
ningún poder, soy un simple peón. Se acabó.
Dejo caer mi culo en el último escalón, el hombro sin
dejar de sangrar gotea hasta las puntas de mis de dedos, la
sangre marcando la madera. Tengo el número de Laska, fue
lo único que me empeñé por conseguir una vez estuve por
mi cuenta. La he llamado un par de veces antes, pero
colgaba llena de miedo sin permitir que sonara el timbre.
Esta vez quiero escucharla por ello aguardo.
—No tienes que llamar privado si quieres hablar conmigo
—murmura molesta. Tapo mi boca, guardando silencio—.
¿Hola? ¿Avery, eres tú? Él no llama privado —medita.
¿Quién es él? Es magnífico escucharla. Nos quedamos en la
línea más del tiempo que debería—. Regresa, la vida con él
no es mala. Si tan solo te explicaras, sé que tienes alguna
razón… Vladimir no es malo y lo que estás haciendo es peor.
Regresa lo que robaste, si necesitas dinero puedo darte, no
es mucho, pero tengo algo guardado. Vivimos cosas juntas,
sé que no eres mi hermana, aun así, no quiero que sufras.
Voy a interceder…
Corto la llamada, gritando de impotencia a la nada. Volver
no es tan fácil, reconocer que cometí un error es peor. No va
a perdonarme la muerte de Dimitri, ¿cómo voy a explicarlo?
¿De qué manera le haré frente? La Bratva es clara. Se debe
marcar un precedente con mi persona. Asesinarme no es la
opción que tomará, sino algo mucho peor. Reducirme,
convertirme en lo más bajo delante de sus hombres.
¿Vale la pena con tal de estar con ella? ¿Podría ganarme
el perdón de Ivanov? Si reuniera pruebas… No tengo nada.
Busco una chaqueta y peino mi pelo subiendo a la
camioneta. Un paso a la vez, devolver la corona es lo más
sensato. Enviar un mensaje de paz.
Busco en Internet las últimas fotografías de Kassia, entre
una columna encuentro una academia de patinaje que llama
mi atención, es para pequeños. Medito golpeando el volante
con mi mano sana. Es uno de los lugares donde podría
entrar. No lo pienso, actúo bajo el instinto de supervivencia.
Quiero enviar un mensaje de paz, y termino formando una
guerra.
Entrar no me toma nada a pesar de toda la seguridad que
maneja Vladimir, ubicar mi objetivo es fácil. Cubro mi
cuerpo con la gabardina y oculto mi mano mala, en mi bolso
traigo la corona. La veo saltar, dando unas vueltas en el
aire. Me asombro de la perfección que muestra, no
interrumpo su entrenamiento. Y me mantengo en las
sombras siendo espectadora hasta que se sienta a tomar
agua, jugando con sus piernas, mechones de pelo salen de
su recogido casi perfecto. Tiene prendas, cadenas,
brazaletes y tres anillos en sus dedos.
—Hola —susurro sentándome a su lado en el banquillo.
Alza su rostro, esos ojos verdes característicos de los Ivanov
—. Eres muy buena en tus prácticas, felicidades.
—Quiero aprender más —pronuncia observando la pista
admirada. Los demás siguen entrenando.
—¿Sabes? Veo que no traes corona, ¿por qué?
Pensativa se le forman arrugas chistosas en la nariz
respingona.
—Mmmm, no lo sé.
—Ah, qué tonta soy. ¡Tengo una perfecta para ti! —chillo
metiendo la mano en mi bolso. Se ilumina al ver la prenda.
Como puedo se la acomodo en la coronilla. Es aquí donde
pertenece—. Las reinas siempre deben de llevar diamantes,
¿entendido?
—Quiero verla, ¿me tomas una foto?
Quisiera decirle que sí, sacar mi móvil y tomarle la foto,
en cambio sonrío tomando su mejilla manchada. Le limpio el
carmesí del líquido que gotea de mi brazo. Intercambia unas
palabras más, haciéndome rebosar de alegría. En estos dos
años huyendo, este momento es el mejor de todo ese
tiempo. Es fácil hablar con ella, es simple, sin problemas, ni
dolor. Todo lo bueno y bonito en mi vida es efímero, llega a
su fin antes de poder saborearlo. Me despido cuando
empiezo a sentirme mareada, hasta que ella sale a los
brazos que la han cuidado, cuando vienen a recogerla. Y no
tengo derecho a sentirme mal, fue un puesto que yo misma
desprecié y no le tomé valor. Estoy saliendo por la puerta
trasera cuando dos camionetas frenan delante de mí.
La pérdida de sangre me tiene un tanto mareada, aun así,
mi sistema se alerta y el instinto de correr me supera. Salto
en el cofre de una de ellas, deslizándome hasta caer en la
calle. Es entonces cuando hombres armados empiezan a
salir. ¿Cazadores? No me importa, corro por el callejón,
saltando la valla de hierro. Sus pisadas detrás de mí, no
tengo opciones hacia dónde correr. Es el centro de Chicago,
no lograré escabullirme. Estoy muy débil, cansada. Sin
dormir adecuadamente, sobreviviendo de comida chatarra
en la calle. Me rindo. Paro, viendo las personas al final del
callejón, la calle donde quizás tendría una oportunidad de
escapar, pero ¿a dónde? Ya no tengo un lugar a donde ir.
—¡Date la vuelta! —ordenan. Levanto las manos tanto
como puedo y me giro lentamente. Ninguno de los nueve
hombres detrás es conocido para mí. Suspiro, ladrando una
sonrisa descarada.
—Ganaron la recompensa, chicos.
Se miran entre ellos, confundidos. Hasta que su líder
avanza y dos de ellos me toman de las manos,
reduciéndome al piso. El dolor es un hijo de puta, me lo
trago para que nadie diga que fui vencida llorando. Una
bolsa negra me cubre la cabeza antes de llevarme a los
vehículos en donde llegaron. Por la forma en que soy
esposada de manos y pies parece que me temieran, me
sientan en el medio en la parte trasera y aceleran sin saber
mi destino. Manejan por un buen tiempo, hasta que, sea
donde sea que hemos llegado, me tiran de un lado a otro,
abren una puerta y me lanza a un sillón. Quitándome la
bolsa negra del rostro. Parpadeo, desorientada.
Estoy en mi cabaña, ¿por qué? ¿Cómo averiguó este
lugar? Me siento con dificultad. Mis manos están atadas a
mi espalda y mis pies por ambos tobillos. Sigo sintiendo la
sangre ahora mojando mi blusa, bajando por mi pecho y
vientre. Estoy en mi cabaña…
Cuando creo que el corazón se me saldrá por la boca. La
puerta principal se abre y él entra haciéndome temblar al
instante de verlo. Retrocedo en mi lugar por inercia y me
desespero.
—¡Odio que seas tan molesta! —ruge sentándose en una
silla frente a mí, un traje elegante, al cual le abre los
botones para acomodarse.
—¿Cómo…? —Jadeo aterrorizada.
—La corona tenía un rastreador —revira aburrido—. Estoy
decepcionado. Eres demasiado predecible. Y yo no te
enseñé eso, ¿por qué me dejas en vergüenza? Siento que
desperdicié mis valiosas enseñanzas en alguien mediocre.
Mírate, buscada por la CIA, metida en carreras callejeras,
siendo una burla para las pandillas, ¿eso fue lo que te
enseñé? ¿Así es como dejas mi nombre y honor? ¿Además
de poner a mi familia en riesgo también me condenas a ser
una vergüenza? Estoy decepcionado de ti, Avery Ivanova.
Bajo la cabeza cuando pronuncia dicho apellido.
—Entonces, ¿qué tienes en mente para hacerme feliz?
Usualmente cuando me aburro cometo demasiados
asesinatos y estoy tratando de portarme bien. Así que, ¿por
dónde empezarás?
CAPÍTULO 02
VLADIMIR
—El ginecólogo dice que, si quieres, ya podemos intentar
tener un bebé —continúa detallando sus sueños y
aspiraciones a mi lado. Sabe que no le presto la atención
que merece—. Cuando estés listo, mi cuerpo espera por ti.
Es una decisión que llevo meses posponiendo. Debo tener
un heredero varón, quien continúe mi legado. Mis socios ya
me llevan ventaja, sin embargo, ¿traer a un bebé al mundo
para beneficio propio? ¿En qué sentido me hará mejor?
Excusas, excusas…
Agradezco cuando la limosina se detiene, hablar no está
siendo uno de mis fuertes, no con Kassia en los pasados
meses. Arreglo los gemelos del traje cuando el chofer abre
mi puerta, los flashes desde múltiples direcciones son
molestos, pero he aprendido a soportar la farándula creando
un nombre con bases, reconocido y respetado. Esta noche
no estoy para hacer negocios, sino para finalizar algunos
más… Atractivos. Ella sale perfecta, sonriendo, incluso si
por dentro siente el dolor de mi rechazo. Fue un acuerdo
mutuo, de apariencias y beneficios. Ella tiene a un hombre
dándole todo, yo a una mujer calentándome la cama y
ocupándose de mi casa y familia. Kassia posee cualidades
que la hacen ser una mujer única, solo que esas cualidades
no llenan mis expectativas por completo, siento atracción y
disfruto del placer de sus curvas, pero esa pasión explosiva
no se encuentra entre ambos. Es cómodo mantenernos
juntos, aunque no sé qué tan idóneo sea al final.
Es una buena madrastra para Becca, una hermana para
Alaska… No más que eso.
Quizás me he convertido en un hombre rencoroso y
amargado, disfrutando solo el placer de asesinar.
Caminamos en medio de los reporteros a la gala del museo,
donde parte de la colección de joyas se muestra esta noche.
Sigo siendo el magnate para la sociedad, el adinerado
hombre de las piedras preciosas y el petróleo, sin revelar mi
verdadero yo; el ángel de la muerte, un asesino, un ejecutor
que disfruta del poder y la gloria.
—Bienvenidos, señor Ivanov. —Somos recibidos con dos
copas de champagne. Kassia siempre bebe el líquido, yo
prefiero fingir que lo hago, nunca se sabe si mi principal
enemiga estará al acecho buscando envenenar a su esposo.
Cuando evoco su recuerdo, involuntariamente partes de mi
cuerpo reaccionan a dichas memorias que no quiero tener
presentes.
Eso me lleva a un mal humor insufrible.
La arpía mayor aparece. La viuda de Dimitri, quien a
menos de seis meses ya estaba anunciando su nuevo
matrimonio con un capitán de los que trabajan para mí.
Claro, no sin antes heredar una buena fortuna. La cual no
merece tener.
—¡Kassia! —saluda efusivamente a mi acompañante,
dándole dos besos sonoros. El hombre que trabaja para mí,
su víctima, se mira aburrido de llevarla del brazo. Inclina su
cabeza discretamente en un saludo silencioso. Me aparto
del grupo, tengo un compromiso mayor. Apresuro el paso al
ascensor privado, digitando mi código de seguridad antes
de subir a mi oficina privada.
Adquirí el museo un año atrás, usándolo para crear un
interés social y una pantalla de donde procede mi dinero.
Funciona a la perfección.
Antes de que las puertas se cierren, una sombra
femenina ingresa. Ella se posiciona a mi lado, sonriendo
cuando el elevador empieza a moverse.
—Creí que eso de perseguirme quedaría en el pasado,
¿no?
—Engaño a mi marido contigo, ni yo misma sé ya qué
creer.
—Tuvimos sexo ocasional, no es un engaño como tal…
—Quiero más, la vida con Scott es aburrida, el sexo
mediocre —murmura caprichosa girándose para verme de
frente, le gusta que sea rudo con ella, sin embargo, en este
momento no acerca su cuerpo, ya que este le sigue gritando
que soy una amenaza, después de todo, desconoce mi
mundo, pero la supervivencia humana es magnífica.
Inconscientemente sabe el peligro que corre.
Maeve y Scott Fletcher, son la pareja de médicos que
conocí en la única gala donde asistí con mi enemiga, esa
maldita noche de tragedias. Me acerqué a Maeve buscando
las conexiones que ella manejaba, de las cuales me enteré
un par de meses más tarde cuando Kassia me comentó una
de sus tantas salidas a tomar el té. Ellos no saben que están
involucrándose directamente con la mafia.
—Es el esposo que elegiste —me burlo. El ascensor se
abre en mi planta. Ella tiene los documentos que le pedí la
semana pasada, sabía que los traería.
Si quieres mantenerte como el cazador más alto, debes
tener poder sobre tus presas.
Eso es lo que Maeve me otorga con archivos repletos de
información, fiscales, abogados, altos rangos en el sistema
judicial. Cada detalle que necesito para ser intocable.
Esta vez le he pedido algo más directo… California. Mis
últimas pistas sobre Avery Kozlova me han guiado a ese
distrito, donde una mujer está gobernando bajo el apodo de
La Patrona, la misma mujer que ha interceptado dos de mis
cargas. Una de dinero, otra de un material más tóxico.
Si recurrió a robarme, es porque apenas está
sobreviviendo.
—Quiero irme contigo —susurra mirándome con esos ojos
soñadores, llenos de esperanza. Es un reflejo de Kassia, una
mujer más libre, pero atrapada—. Le pediré el divorcio…
—Entonces ya no me servirías —sentencio inclinándome
hacia ella. Cuando estoy así, burlando sus deseos, su mente
se cierra y se somete. Primero sus ojos observan mi boca,
sus pezones se ponen duros, luego se pega hacia mí—. No
sería igual si fueras libre, se perdería la magia, además,
estoy casado.
—Ella escapó.
—Detalles, Maeve. Esos son simples detalles. —Subo mi
mano por su escote haciendo que su piel se estremezca—.
¿Has follado en el cielo, Maeve?
Niega a duras penas respirando.
—Yo…
—Es donde quiero cogerte, en el puto cielo. Reserva una
suite, el hotel más alto. Porque voy a follarte duro contra el
cristal y con la vista de Chicago a tus pies, tal y como lo
mereces. —Sus ojos se abren de par en par, traga saliva y
asiente nerviosa. Bajo acariciando con la punta de mi nariz,
haciendo que su pulso aumente. Cuando manipulas a
alguien debes conocer esa línea donde está cediendo a todo
y la otra de dejarla esperando, siempre ansiosa por más.
Me retiro imponiendo una distancia prudente. Ella mueve
esas manos expertas suyas en su pequeño bolso
extrayendo la memoria que introduce en mi bolsillo.
—Aquí está lo que me pediste. Esta vez casi se percata.
—Lo has hecho bien —halago. Está sobornando a alguien
para conseguirme lo que le pido. Sé lo que hace para
tenerme feliz. Por ello cierro mi mano en su cuello e inclino
su rostro, bajando el mío para besarla duro. No siento nada,
trato desesperado de agarrarme de algo.
El deseo, la llama, alguna chispa de pasión… Nada. Ella
en cambio siente de todo.
—Hora de irse, Maeve. Tengo negocios que seguir.
—Mañana te envío la ubicación del hotel.
Claro que lo hará. Digito el código de seguridad para
enviarla al primer nivel y sigo mi camino por el pasillo hasta
llegar al salón principal donde la seguridad es notable. Giro
mis ojos viendo a las dos parejas hablando tranquilamente
mientras disfrutan de mi espacio.
La Trinidad lleva dos años formada, si bien no creo que
seamos el trío de armonía perfecto, hemos logrado
congraciar las diferencias o al menos evitarlas.
Funciona bien para mí, tengo un lugar en la mesa
redonda, soy respetado porque llevo la misma cantidad de
tiempo doblegando Chicago y el sistema, además de tener
un poco de territorio extra conseguido por mis propios
medios.
Roth Nikov está agarrando la mano de su esposa, quien
tiene un vientre visible bajo el vestido verde, según me
cuentan, es una pianista muy reconocida hoy en día. El ruso
no se cohíbe de demostrarle afecto delante de mí, después
de todo, ambos luchamos en Brasil unidos para recuperar a
su hija, fueron meses duros, complicados, llenos de
frustración por su parte donde una especie de amistad
extraña se creó entre ambos.
Eso ha hecho este balance ecuánime. Roth Nikov es el
centro que nos mantiene a Dominic y a mí unidos sin que
las ganas de matarnos asalten, bueno ¿para qué mentir?
Siempre voy a querer la cabeza del italiano, sea mi medio
hermano o no, algo que nunca se ha discutido, ni puesto en
la mesa, tampoco a Alaska. Ella se quedó conmigo y no sé si
el italiano sepa de su parentesco, porque cada que tiene
oportunidad la observa demasiado. Si lo sabe, es bueno
fingiendo.
—Te encanta hacerme esperar —bufa el Capo. Su esposa,
como siempre a su lado, le acaricia el pecho. Los años solo
logran hacerla más hermosa, elegante.
—De hecho, sí, me encanta —respondo escuchando su
resoplido—. No sabía que era noche familiar.
—Las chicas querían comprar algo de joyería —dice Roth
estrechando mi mano. Nicklaus emerge de un lateral, un
tanto nervioso. Quizás pensaba ver a Alaska a mi lado. No
conozco muy bien el asunto entre ellos, estuvieron unas
semanas juntos, luego mi pequeña terminó llorando y
pidiéndome ir a la universidad. Ahora es una chica feliz,
tiene un novio a quien quiero romperle el cuello cada tanto,
el cual espero que no esté pensando que puede ponerle un
dedo encima si antes no están debidamente casados. Lucho
por darle una vida normal. Seguridad discreta, salidas de
una mujer de su edad, amigos. Diría que su mundo es
bueno, tiene todo lo que merece y más.
—Dicen que soy el mejor en el continente americano.
Encojo mis hombros liderando el camino a la sala de
juntas. Tenemos un pequeño juego de poder, una mesa
realmente redonda para que nadie esté en la cabeza,
porque es un acuerdo justo para todos. A veces vamos a
Rusia, otras a New York. Esta vez ellos vinieron, porque no
puedo dejar esta exhibición desprotegida. Roth ayuda a su
esposa a sentarse en el sofá, ella no es parte de la Trinidad
como tal, pero todos confiamos -lo que se puede- en los
demás. Nicklaus permanece en la puerta, de pie haciendo
guardia, con las tres docenas de hombres afuera.
Emilie Cavalli se sienta al lado de su esposo, en el centro
de sus dos hombres en la vida, Roth y Dominic. Ella sí es
parte activa de la organización, aunque no de las cosas
sucias y sangrientas.
—Esta reunión de emergencia es muy importante. —
Empieza hablando. Si es quien sirve de mediadora, es
porque el tema es algo que no me gustará—. Tenemos un
problema, si no se actúa rápido esto terminará escalando.
Vladimir, sé que dijiste que era tu responsabilidad, pero el
tiempo ha transcurrido y…
—Al grano, señora Cavalli —pido moviendo mis dedos en
la mesa.
El Capo deja caer una carpeta y la primera foto es de ella.
No muestro emoción alguna mientras deslizo los
documentos. Es una imagen reciente, sigue estando igual.
Cuerpo curvilíneo, pelo negro y largo suelto, cruzando la
calle usando una gabardina marrón.
Los papeles pertenecen a la CIA, algo que ya sabía. Está
siendo tan descuidada en sus negocios que las agencias
gubernamentales la buscan. Eso no sería un problema, de
no estar la segunda foto.
Don siendo investigado también.
—Es un riesgo —sentencia Cavalli—. Estábamos de
acuerdo en que ella era tu problema, pero ahora es el de
todos. Han pasado dos años, y parece que la dejas jugar
contigo. Es hora de tomar una medida más… Extrema.
—¡Don! —chilla su esposa.
—No la vas a tocar y no me gusta ese tono amenazante
que usas conmigo.
—Tenemos que proteger a nuestras familias, ¡ese es
nuestro acuerdo! —gruñe golpeando la mesa.
—Te recuerdo que ella sigue siendo mi esposa. La tocas, y
todo esto se va al carajo.
—No me digas que volverás a cometer las mismas
acciones del pasado, creí que habías dejado eso detrás,
Vladimir.
—No vamos a pelear —interviene Roth—. Don, Vladimir
tiene razón. Avery sigue siendo su esposa, confiemos en
que buscará la mejor manera de proseguir.
—¡Claro que vas a ponerte de su parte! —ruge el italiano.
—Aquí no existen partes, esto es de todos —corta Emilie.
—Está nuestra familia en juego.
—Todos en esta habitación somos familia, eso incluye a
Vladimir.
—¡Oh, claro! Ahora le quitamos el título de santo a Roth y
se lo colocamos a Ivanov, solo porque…
—Salvó a Roth en Brasil. —Ella le recuerda retándolo—. Y
si él estuvo dispuesto a morir por mi hermano, es
merecedor de llamarlo familia. Avery no está siendo
“descuidada” ella busca exactamente esto. Dividirnos.
—Quiere venganza. Yo haría lo mismo —concuerdo—.
Para ella, Dominic la involucró en esto y yo la terminé de
llevar a la vida que no quería. Está sola, teniendo que robar
para sobrevivir y privada de la libertad que tanto buscaba.
—No me importa lo que busca, tienes un mes para
encontrarla. Si no, seré yo quien lo haga.
Algo que he aprendido con los años es que, el Capo
pierde la compostura rápido cuando actúo indiferente.
Repito, ya no soy el Vladimir de antes. Me pongo de pie
arreglándome el traje.
Antes hubiera saltado sobre él, tirado palabras ridículas
de hombre macho alfa sin inteligencia, un cavernícola.
Ahora uso algo mucho más poderoso. Sus propias técnicas.
—Esto es un acuerdo hasta que una de las partes lo
rompe, si decides ir contra Avery, irás sobre mí. La Trinidad
se va a disolver y sería una lástima, creo que ahora soy
quien tiene las rutas que usas, Cavalli, también manejo mi
sociedad con el Nikov más pequeño. Sí, ese, Raze. A
ninguno nos conviene, porque todos tenemos que perder,
pero tocar a lo que solo yo tengo derecho, nos enviará a la
guerra. Y estoy muy confiado en que saldría vencedor.
Y ese es el punto ahora. Antes Cavalli estaba sobre mi
cabeza, era una presa demasiado alta para mí, pero ahora
he construido un terreno donde todos somos iguales. Él
tiene mucho más que perder y lo sabe.

Las personas disfrutan de la exhibición, la pieza central es


una corona con varias Turmalina Paraíba, una piedra más
preciosa y costosa que el diamante. Una sola de esas piezas
puede valer entre treinta y tres mil y ochocientos mil
dólares por quilate. La corona tiene un valor de veinte
millones de dólares. Estaba planeada para ser vendida en
esta gala, pero la mujer que ha puesto su mirada en ella es
Emilie Cavalli y, claro, su marido hará todo por complacerla.
Me gusta molestarlo, solo por eso doy la orden de no
venderla. Está fuera del mercado para ese comprador en
específico. Alguien tiene que ponerle un alto a su soberbia,
¿no?
Pido un vaso de escocés, observando alrededor, las
personas distraídas en su mundo. Kassia hablando con la
arpía y Maeve.
Uno de mis hombres se acerca cauteloso.
—La señorita Alaska acaba de llegar —informa discreto.
Frunzo el ceño, no creí que vendría. Le gusta estar en las
galas, ser la modelo principal que usa las joyas, sentirse el
centro de atención, pero más temprano me había informado
su poco ánimo de asistir. Despido con la mano al hombre y
me muevo buscando la puerta, cuando la veo caminar entre
las personas, colgada del brazo de su novio. Ella es una
estrella brillante, no puede ser opacada.
Tiene el poder bajo sus pies y es consciente de ello.
Vestida de rojo, su color favorito, recibe las miradas de
todos los hombres en la sala, casados, solteros, viejos,
jóvenes, inclusive las mujeres la ven pasar y es lo que ama.
El rubio, Ryan Hansen, hijo del dueño de la respetable firma
de abogados -su padre a quien he sobornado por ciertos
videos- Hansen & Hanks, la trae a su lado, orgulloso. Solo
dicho orgullo al traerla del brazo lo mantiene respirando,
eso y la sonrisa que ella porta a su lado.
—Creí que no vendrías.
—Me dijeron que tienes una corona de millones, no iba a
desperdiciar la oportunidad de verla —responde. Alaska es
efusiva, cariñosa. Siempre me abraza, sin importar el
público o la soledad de la casa. Sus manos rodean como
pueden mi cadera, y se alza un poco besando mi mejilla—.
No quiero llenarte de labial.
—Tú puedes hacer lo que quieras conmigo —reviro
tomándola del rostro y besando su frente—. Cavalli está
aquí —susurro solo para ella. Sus pupilas se dilatan, esa
parte activa en su sistema.
No le podía mentir, fue la primera en enterarse de dónde
procede. Le enseñé la prueba de ADN y también le narré su
relación con el Capo, ella decidió que no quería esa parte de
su vida, prefirió mantenerse a mi lado. Egoísta o no, me
alegro de que alguien me pusiera en primer lugar.
—Me portaré bien —musita sonriendo. A veces tengo
miedo de su potencial. Alaska es una máquina de presión, lo
que está en su interior lucha por salir. Ella es como él.
Fríos, sin sentimientos reales, adoptan actitudes y se
engañan a sí mismos creyendo que pueden sentir amor…
Sin embargo, no es así. Ellos dos solo pueden obsesionarse
de forma enfermiza de alguien, mientras son capaces de
jugar con otros. Y no los juzgo, algo de eso tengo yo.
Ryan es su juguete de turno, el niño bonito que ella
quiere lucir.
Me temo que su verdadera obsesión es el hombre a quien
acaba de mirar. No pestañea, baja la mirada o se cohíbe por
como Nicklaus la reta. Ella es un ángel oscuro.
Por eso sé que somos hermanos, traemos el mismo gen
del mal encima.
La dejo irse a mostrarse, a lucirse como única y perfecta
entre la sociedad que la reconoce como una Ivanova.
—Es muy hermosa, ¿no? —señala Nikov dándome una
palmada en la espalda—. Tienes un gran desafío en ella, lo
veo.
—Controlarla no es opción, simplemente la dejo ser lo que
desea.
—Esa es una buena iniciativa. No se puede dominar a las
fieras.
—Si vienes por lo de la oficina. —Empiezo a decirle, ya
que no quiero discordias con él—. Dominic no se contiene.
—Ya lo conoces, solo está preocupado.
—Si fuera yo quien amenazara a Emilie, estaríamos
despedazándonos vivos —le recuerdo caminando al bar,
donde se para a mi lado, pidiéndole al chico detrás de la
barra una copa de coñac.
—¿Quieres atraparla realmente? Porque sé que
oportunidades has tenido, pero la dejas ir. Entiendo tu
posición y sabes que puedes hablar conmigo. No soy tu
enemigo, Vlad. Ni siquiera Don lo es.
—¿Alguna vez tuviste algo que te hacía daño, pero de
igual manera no podías sacar de tu vida? Odio tanto a
Avery, y a la misma vez… —alego con dolor, recordando eso
que tanto me duele—: Mi hermano murió —gruño
bebiéndome el vaso de escocés de un golpe—. Tiene un hijo
y no lo conoció, ese niño crecerá sin tenerlo en su vida por
ella. Dimitri hubiera sido un excelente padre. No uno de
esos malditos que tuvimos nosotros, sino de los buenos.
Cuando veo a Tristán, siento decepción de mí.
En nuestro tiempo en Brasil una de las cosas que disfruté
de su compañía fue el silencio, que no dice las cosas por
decirlas, es reservado, medita antes de hablar. No posee
esa impulsividad de Dominic de atacar en la primera
oportunidad. Pide otra ronda para ambos mientras no deja
de observar a su esposa caminando por la sala, ella admira
las prendas a la par que acaricia su vientre.
—Cuando dijo que estaba embarazada me volví loco, no
de una buena manera. Quería encerrarla, pero ella tenía un
sinnúmero de presentaciones. Fue muy difícil para mí
dejarla ser ella sin asfixiarla. Mi propósito fue ir a cada
presentación, mientras mi mujer creía que no estaba allí en
las sombras protegiéndola. Rianna estaba conmigo, por
supuesto. —Sonrío al escucharlo. No dejaría a esa niña fuera
de su mirada nunca—. Es lo que te sucede a ti con Avery. La
odias, según tus palabras, pero estás en las sombras
protegiéndola —expone, desmenuzándome como solo él
sabe hacerlo y como a nadie más se lo permitiría—. El
hombre que habló allá arriba hace minutos, tiene una
conexión con la mujer que defendió, ¿asuntos sin arreglar?
Quizás.
—Si la tengo en mi poder, voy a herirla. La voy a lastimar,
vengar la muerte de mi hermano… Y me pregunto, ¿qué
haría Alaska? ¿Se quedaría a mi lado?
He allí todo, lo único que me detiene de atraparla. La
primera vez, dije que era muy pronto y mi relación con
Laska demasiado reciente, las veces que le siguieron a esa,
me engañé diciéndome que lo haría la próxima, y luego la
próxima a esa… Así pasaron dos años.
—Ella quiere llamar tu atención, ¿el motivo? No lo sé,
pero no iría por la cabeza de Don de no ser porque quiere
ser cazada. Tengo conocimiento de dónde se encontrará en
dos días, te lo estoy diciendo exclusivamente a ti. La
información es real, en nombre de la amistad que se
construye entre ambos, quiero mostrarte esto como un
detalle personal.
Deja el papel en la barra, lo tomo mirando la dirección. Es
una mierda de lugar, Nevada. Carreras callejeras. De lo que
ha estado sobreviviendo este tiempo. Cuando no está
robándome.
—Podrías habérselo dado a Dominic.
—No se lo di, pero eso no quita que lo indague él por su
cuenta. Sabes lo neurótico que es con su familia, y Avery es
una amenaza para su tranquilidad.
—Hazle entrar en razón, por el bien de nuestros hijos —
digo. Mis ojos vagando de un punto a otro, observando a
todos, a aquellos que me importan y a los que no.
—Lo hará… Eventualmente —responde indeciso. Ambos
sabemos hasta dónde somos capaces de llegar por el
bienestar de nuestros hijos. Lo vi comerse al mundo para
rescatar a la suya y él sabe que yo haría el doble de
destrucción por la mía.
La noche transcurre perfecta. Ellos disfrutan en su
mundo, muchos compran, Kassia entretiene a todos, es su
especialidad. Es dulce y servicial, consigue saber el nombre
de todos y conecta con ellos de forma amistosa.
Regresamos a casa con Alaska pasada la medianoche. Ella
ha hecho su recorrido tocando las joyas, probándose
algunas y festejando junto a Ryan quien dejó la gala antes.
No le voy a preguntar, aprendí que cuando pasa algo
importante, vendrá a mí a contarme aquello que le moleste.
Se despide al llegar a casa subiendo las escaleras,
apresurada. Kassia se queda a mi lado ayudándome con los
gemelos y la corbata. Odio andar tan formal.
—Saldré de la ciudad unos días —comunico, su pelo cae
en mi mano y está muy cerca de mí. Buscando, como
siempre, ese lugar que no tengo para darle.
—¿Iremos contigo o…?
—Se quedarán aquí, son negocios por resolver.
—¡Ibeck! —llama a la ama de casa mientras me recuesto
en el asiento de la sala, quitándome la chaqueta.
—Señora.
—Tráele uvas y queso al señor como le gusta, ¿la joven
Becca ha dormido a su hora? ¿Se ha terminado la cena?
—Sí, señora, todo ha quedado debidamente, como me
indicó.
—Gracias, Ibeck.
El ama de casa se aleja por la cocina. Kassia se sienta en
el piso, quitándome los zapatos. Es algo que le place,
tratarme bien, se siente útil al hacerlo. Le otorgo una
recompensa tomando algunos mechones de su pelo y
jugando con estos en mis dedos.
—¿Te hago feliz? —pregunta en voz baja.
—Eres una buena mujer.
—No es lo que pregunté —musita nerviosa—. Hago todo
lo que puedo, pero siento que no eres feliz.
—La felicidad es relativa —respondo sincero—. Es un ideal
que nos enseñaron a perseguir, pero no existe. Tienes
momentos felices, aunque no una vida de felicidad.
—Es cierto —medita cabizbaja—. Tú me has dado una
familia y muchos momentos felices, me gustaría retribuir
cada uno de ellos.
—Ya lo haces.
—Te veo y te percibo triste, amargado. Perdóname —se
corrige al sentir que me alejo—. No quiero incomodarte, solo
intento entenderte.
—No lo hagas, ambos sabemos nuestro papel. Buscar
más allá de eso, terminará lastimándote. Ordénale a Ibeck
subir a mi habitación —gruño molesto conmigo por convertir
a Kassia en una segunda Dalila. Subo al segundo nivel,
directo a la recámara de Alaska, intento con la cerradura
encontrándola con seguro. Suspiro, quiere espacio. Voy a la
de mi pequeña Becca, quien duerme tranquila. Tiene su
cajita de música encendida, la patinadora girando en un
bloque de hielo, y las luces tenues iluminando el techo.
Camino a su cama, subiendo la sábana rosa que se ha
deslizado. Tiene el pelo sobre la cara y la boca abierta, una
pierna sobre una de sus muñecas de juguete y un brazo
fuera de la cama. Habla mucho cuando está despierta, es
un pequeño terremoto que no para de saltar.
Hace tres semanas inició el colegio fuera de casa, un
instituto de alta seguridad. Es muy inteligente y sueña con
volar, le gustan las bailarinas y patinadoras, por eso la
inscribí en el instituto, le están enseñando a ser una chica
del hielo.
—Buenas noches, hermosa —musito acomodándola—.
Duerme, pequeña, es papi. No quería despertarte.
—¿Puedo dormir contigo? —cuestiona soñolienta
estrujando sus ojos.
—Ya hablamos sobre esto.
—Okey… Te quiero, papi.
—Y yo a ti, pecosa. Yo a ti.
Vuelve a cerrar sus ojos y la dejo descansar.
Me baño y cambio, después dejo la puerta de mi
habitación medio abierta, sé que ambas aparecerán en
algún punto. Entro a la cama, pensando en cierta mujer.
Minutos más tarde, mi puerta se cierra, primero sube una
niña muy traviesa y segundo Alaska del otro lado. Cuando
ella está triste le gusta venir conmigo. Becca es más por ser
cómplice de su tía.
Con las dos chicas que me importan, por quienes haría de
todo en el mundo, logro conciliar el sueño, inquieto con la
posible captura de Avery. Sin saber a dónde me llevará eso,
no quiero ser uno más en la lista de los que le han fallado a
Alaska. Y en el proceso no quiero fallarme a mí.
CAPÍTULO 03
VLADIMIR
Aparto el brazo de Becca de mi cara cuando me
despierto. Busco a Alaska a mi lado, pero ya se ha
levantado. Tiene un trastorno del sueño y duerme pocas
horas, la comprendo. Otro detalle a la lista. Salgo de la
cama y voy directo a mi clóset tomando el pantalón
deportivo -el cual se encuentra perfectamente doblado- en
el mueble acolchonado. Dejando de lado los tenis y la
playera, Kassia sabe que no los usaré, igual siempre están
allí. No sé a qué hora se encarga de tenerlos en orden, si
soy sincero conmigo mismo tampoco me importa. Aseguro
a Becca en la cama, para que no termine en el piso, antes
de bajar trotando al primer nivel, calentando mis músculos.
—¡Lilith, Lucifer! —rujo llamando a mis compañeros de
ejercicios fuera de la casa, cuando la pequeña figura viene
junto a ellos—. No has dormido nada.
—Estaba esperando para ir a correr juntos —revira
lanzándome una botella de agua. Es su señal de “quiero
hablar contigo y no sé cómo”. Doy el silbido que les anuncia
a mis perros emprender la marcha. Ellos lideran el camino,
mientras Laska y yo corremos a la par. Los cuatro vivimos
llenos de energía que necesitamos liberar. Rodeamos el
terreno tres veces y cuando hablo de “terreno” me refiero a
hectáreas de tierra. Ella tiene más energía, porque yo tengo
diversas formas para drenarla, pero Alaska aún no. Los
perros se detienen a tomar agua en el estanque de peces
Koi. Y yo me siento en el pasto, tirándome de espalda,
refrescándome un poco con la botella de agua. Ella se
queda trotando, luego empieza a sostenerse sobre sus
manos y a saltar en el aire para caer sobre sus pies.
—En el psiquiátrico no me dejaban correr, eso me
mantenía ansiosa —relata esta vez saltando hacia atrás—.
Era demasiado para mí.
—No estás en ese lugar.
—Gracias a Dios, si no, hubiera terminado loca realmente.
Deja de ponerme nervioso con esas piruetas y se sienta
frente a mí, con sus piernas dobladas bajo su cuerpo.
—Debemos tener esta conversación, ¿quieres empezar tú
o yo? —pregunto en tono juguetón—. ¿Debo matar a
Ryan…?
—Me gusta pasar tiempo con él, es guapo, inteligente…
—Pero no es Nicklaus —termino por ella.
—¿Es así como te sientes tú? ¿Vacío? Existiendo y punto.
—Ya te conté lo que sucede con nosotros.
—El 1% —murmura triste—. Deberíamos ser capaces de
elegir con quién nos pasa.
—Ojalá fuera de ese modo, todo sería más sencillo.
—¿Has pensado que quizás a ella le suceda igual…?
—No es lo mismo, buscas exonerarla, sin embargo, Avery
es una asesina, Laska. Y tengo un compromiso que cumplir,
un ejemplo a mostrar. La he dejado escapar incontables
veces para protegerte a ti, pero su tiempo ya acabó. Y
tienes que saberlo, estar lista para ello.
Aguarda en silencio. Se apegó a Avery, crearon una unión
con base en lo que Avery le hizo creer.
—Te utilizó para su beneficio —continúo—. Sabes eso.
Asesinó a Dimitri.
—Me cuesta creerlo, no es la persona que conocí.
—Es porque nunca lo hiciste.
—No la lastimes, hazlo por mí. Si es el dinero que robó,
trabajaré para ti y lo repondré, me casaré con alguien, no
sé. Vladimir, quisiera tener una respuesta a lo que hizo,
pero solo recuerdo que ya fuera para su bienestar o no, ella
me rescató. Hubiera muerto en ese burdel de no ser por
Avery Kozlova. Y al menos quiero agradecerle eso.
—Lo siento, Laska. —Me sincero levantándome del piso—.
Se acabó el tiempo de las oportunidades para ella. Es hora
de tomar acción, soy el Pakhan, el jefe de Chicago. Las
decisiones que tomo son evaluadas por el bien de la
organización entera. La mayoría de los soldados eran parte
de Dimitri, ellos me miran, juzgan mi poca capacidad de
actuar. Debe ser condenada por sus acciones, es el camino
elegido por ella. No nosotros.
—¡Señor! ¡¡Señor!! —gritos provenientes de la mansión
empiezan a escucharse. Observo a mi hermana extrañado,
ambos corriendo hacia donde me llaman. Los perros se
adelantan, ladrando hasta que los hago detenerse. Varios
de mis hombres se apresuran hacia nosotros.
—¿Qué sucede?
—La galería, el museo fue saqueado —dice el primero
haciéndome mirar a Alaska. Por supuesto que sé quién fue.
Avery Kozlova, otra vez creyendo que puede ir sobre mí.
—Y ha pasado algo peor, los hombres…
—¿Qué? ¡Habla, carajo!
—Hubo una explosión, hay muertos y heridos, es una
zona de desastre. La policía acudió, todo está en las
noticias.
¡Genial! ¡Absolutamente genial! ¿Hasta cuándo le
permitiré joderme la puta vida?
Estoy de mal humor, eso de por sí no es algo bueno.
Añadiéndole que no desayuné como me gusta para
enfrentarme al desastre que causó.

Las pérdidas en el museo son millonarias, este fue un


ataque grande, no algo pequeño como las veces anteriores.
Visito el muelle, cuerpos calcinados, la edificación destruida.
Gracias al contacto en la policía, no debo levantar un
reporte. Y llamo a la firma de abogados del papá de Ryan -el
novio de Alaska- quien se encarga de mantenerme fuera de
estas acusaciones. Logra esconder la noticia y lanzo una
cantidad considerable de dinero para que salgan unas fotos
de una celebridad y así tapar lo sucedido con otro escándalo
más fuerte. La sociedad está más preocupada de si su
artista favorito es gay que de una decena de heridos y
fallecidos.
Es por ello que los periódicos mueren y los programas de
farándula crecen.
¿Los problemas terminan? No, solo se detonan. Tengo a
una asustada Kassia en el teléfono. Alguien ha contactado a
Becca en el jodido instituto. Esa es la gota que derrama
todo, si tuviera a Avery frente a mí, la estrangularía. Puede
meterse con todo, mi vida, mis hombres, el dinero, lo que
sea, menos con Becca. Conduzco apresurado, porque
esperar a que alguien me lleve con esta adrenalina no es
una opción. Kassia está nerviosa en el salón cuando ingreso,
conoce ya mi temperamento.
—La niña está bien —asegura Alaska, eso no es lo que me
tiene así.
—Se atrevió a respirar cerca de mi hija, ¡mi hija! ¿Tienes
idea de lo que he pasado haciendo toda la mañana?
¡Conteniendo su desastre! ¡Soy el hazmerreír de mi gente
por su culpa! Oh, Alaska. Avery no tiene idea del infierno
que ha creado. Morir ya no es suficiente para ella.
No tiene ni una sola palabra que rebatirme, no tiene cara
para defender aquello visible para todos. Avery es un mal.
Atravieso la casa hacia el patio de juegos de Becca. Se
encuentra jugando con sus muñecas al té, la corona
millonaria en su pequeña cabeza.
Respiro varias veces, buscando serenarme.
—Hola, papi —saluda con su voz risueña. Para ella el
mundo real es un cuento hermoso, donde su papá siempre
va a protegerla. Tiene una madrastra de las buenas y una
tía consentidora volviéndola una princesa.
—¿Y esa corona? —cuestiono ingresando a su lugar de
juegos. Alza una taza de té vacía para que tome—. Ummm,
delicioso ¿me sirves un poco más? Así puedes contarme de
esa prenda.
—Me la regaló la señora bonita, me dijo que las reinas
como yo merecen diamantes brillantes.
—Vaya, no se equivocó. Eres una reina, mereces y
tendrás muchos diamantes.
—¿Y mis muñecas igual?
—Claro que sí, cuéntame ¿dijo algo más la señora bonita?
—No. —Frunce el ceño, pensativa. Es joven para entender
lo que sucede—. ¿Ella puede ser mi amiga?
—¿Quién?
—La señora bonita, papi.
¿A qué estás jugando, Avery? ¿Cuál es el propósito de
esto?

Es hora de darle un fin. Avery Kozlova se burló de mí, me


traicionó y se la ha pasado jugando, convirtiéndome en su
títere. Ya no más. Entro al bar, mis soldados giran sus
rostros, no quieren demostrar cuán furiosos se encuentran.
Sé que han estado hablando a mis espaldas sobre este día
de mierda. El hombre en el bar ladea su rostro, sabe que
estoy aquí porque lo necesito.
—Lo más fuerte —gruño. Abre la botella de licor y gira el
vaso frente a mí.
—Bienvenido, Pakhan. Todo un honor.
—Vienes conmigo. Organicé una reunión con los soldados.
—¿Un día agotador?
—Visité veintitrés familias, diciéndoles que sus hijos o
esposos murieron. Otros once se encuentran en el hospital,
ocho de ellos quizás no sobrevivan. Tu niña se lució esta
vez, ¿no?
—Mi bebé solo estaba jugando —responde sonriendo con
orgullo el muy cretino. Maldito hijo de puta.
—Si no fueras el hombre en quien más confío, en este
momento te arrancaría la cabeza.
—Eso te dejaría sin sucesor y no quieres eso cuando aún
no confías en tus capitanes.
—No estoy buscando ningún sucesor por ahora —reviro
tomándome el licor de un trago y sirviéndome otro. Cuatro
putas se cuelan alrededor, buscando satisfacer a su jefe -o
sea yo-, muevo la mano apartándolas. Tengo una cita con
Maeve, y a Kassia esperando por mí en casa. Lo que menos
busco es un coño con quien joder.
—Deberías, ya estoy muy viejo. Además, no entiendo por
qué confías en mí, si sabes que sería capaz de todo por
proteger a mi niña.
—Mañana a medianoche, Dante —informo obviando a
propósito sus palabras—. Actúa como lo que eres, mi mano
derecha.
Me giro dejándolo detrás. Con la muerte de Dimitri, no
tenía a nadie en quién confiar. Dante intentó encontrar a
Avery, tiene un cariño especial por ella. No la dejaría sola y
desprotegida. Es algo que tengo bastante claro, de igual
manera, es un hombre que conoce las leyes y costumbres
de la Bratva. Uno de esos pilares que en estos tiempos son
difíciles de encontrar. Le concedí el lugar de Dimitri a mi
lado, uno que ha portado y ejecutado a su nivel.
Los hombres me observan, ellos quieren algo que debo
darles. Venganza, la sangre de la persona que ha lastimado
la organización. Ella ha hecho sangrar a mis hermanos.
—¡Pakhan! —exclama uno de los ejecutores inclinándose.
Mi organización se divide en tres partes, lo soldados,
quienes luchan sin poder para tomar decisiones; los
ejecutores están un nivel arriba, son los encargados de
hacer las visitas sociales a quienes están endeudados con la
Bratva y los capitanes, estos últimos tienen un poco de
poder, todos siguen mis órdenes, desde un simple soldado
hasta mi mano derecha. Cada capitán es responsable de un
sector y grupo de ejecutores y soldados.
—Mi hermano es uno de los fallecidos…
—Todos eran nuestros hermanos, miembros de la Bratva
—corto apretando la mandíbula. Afirma sacando una foto de
su cartera. Entonces entiendo a qué se refiere. La imagen es
de un chico de diecinueve, uno de los más jóvenes en
fallecer.
—Tenía poco más de un año siendo parte de la
organización, soñaba con estar en sus filas, mi Pakhan.
Quería algún día estar a su lado, hablaba con gran
admiración sobre usted —dice entregándome la fotografía
—. Merece ser vengado, como cada uno de los hermanos
que fallecieron protegiendo a la Bratva.
Percibo los ojos de todos en mi persona. No me giro a
inspeccionar el bar, que de repente permanece en silencio.
—¡He vivido para la Bratva desde mi primer suspiro! —
rujo alto, para que todos escuchen—. La organización es lo
primero. Traeré al responsable de esto a los pies de cada
uno de ustedes, se llevará a juicio donde cada hombre
tendrá poder de decidir el futuro.
—Es una “Ella” —contradice uno de mis capitanes. Uriel
es su nombre, se para al lado del ejecutor. Es uno de los
afectados. Su padre falleció anoche—. Y es su esposa,
señor.
—Quien traiciona a la Bratva o a mí, no es nada mío. Las
leyes son en igualdad para todos —sentencio apretando mis
puños. Maldita sea, Avery, mi poder se ha visto empañado
por tus faltas.
—Pero ¡¿qué es esto?! —rebate Dante tirando la botella
de alcohol contra la pared—. ¿Cómo se atreven?
¡¿CUESTIONAR A NUESTRO PAKHAN?!
Quiero sonreír abiertamente cuando se detiene a mi lado
y los hombres abren sus ojos, comprendiendo lo que
significa tal hecho.
—No es…
—¡Es lo que es! ¿Cuándo nos dejó solos? ¿O quieren
volver a la dictadura de Igor Kozlov? —ruge pareciendo que
ha crecido una cabeza más alto y eso que el hombre es
enorme—. Vladimir Ivanov es el Pakhan que está delante de
nosotros, lucha en las filas, no se esconde, antepone a la
organización ante todo. Quien tenga pruebas contra Avery
Kozlova que las traiga —dictamina.
Todos retroceden avergonzados.
—Perdone, nuestro Pakhan.
Se arrodillan, cada uno de ellos cae sobre sus piernas
doblegándose para mí, incluso Dante lo hace. Esta es mi
gente, por quien debo luchar y demostrarles día con día por
qué soy el hombre que los lidera.
—Las transgresiones cometidas serán pagadas, al costo
que se elija mañana —gruño caminando en medio de ellos,
quienes se mantienen inclinados. Mi círculo de seguridad
me sigue.
Agarro las llaves de mi deportivo, quiero estar solo. Jason
Weller, un hombre de veintiocho años quien es mi nuevo
jefe de seguridad me entrega una hoja con la información
que solicité más temprano. Un grupo de los mejores se
mantuvo persiguiendo al Capo. Mi sonrisa se ensancha
cuando veo la trayectoria que utilizó a lo largo del día. Y me
place enviar el mensaje que escribo.
Ninguno sabe en el juego de quién está, y él ha caído en
mi trampa. La Trinidad fue formada para que yo la rompiera,
así tendrían una excusa en mi contra. Sin embargo, trabajé
en las tácticas de los demás. Fui útil para Nikov,
convirtiéndolo en mi aliado.
—¿Cómo sabías que lo haría? —cuestiona Jason
maravillado.
—Meterse donde no debe, es su estilo.
—¿Quieres atacar esta noche?
—En la madrugada cuando no nos estarán esperando.
Reúne a los mejores, sin ninguna indicación.
—Sí, señor, y ¿la corona? También tenía el rastreador.
—Viejas tácticas del lobo —digo riendo. Entro a mi
vehículo, dejando el club detrás e introduciendo la dirección
del hotel donde veré a Maeve. Aunque, primero, como cada
día voy con mi familia. Es el momento de la cena, cuando
me recuerdo que dentro de todo soy un ser humano.
Estaciono en la entrada y subo las escaleras de dos en dos,
Alaska es la primera en recibirme. Trata de hacerme sentir
bien, luego del día complicado.
—Tu cena favorita está lista.
—¿Vísceras? —me burlo.
—Uy. —Mete dos dedos en su boca como si fuera a
vomitar—. Tenía entendido que ese era tu desayuno.
—Mientras más frescas mejor. —Remuevo su pelo castaño
solo para molestarla, aun así, no pierde la sonrisa. Es bueno
tenerla, con Kain no disfruté de una relación normal de
hermanos. Alaska es muy diferente en comparación. Becca
es la segunda en saltar sobre mí. No se ha quitado la
diadema, dice que es su regalo. Le gustan mucho las joyas y
esta se ha convertido en su favorita.
Vamos al comedor, me siento a la cabeza de la mesa
cuando Kassia ingresa. Una de sus manos oprime mi
hombro antes de inclinarse y darme un corto beso. Alaska
se aclara la garganta abriendo la servilleta de tela sobre sus
muslos mientras la hindú se sienta a mi lado.
—¿Sucede algo? —pregunto partiendo un pedazo de
ternera.
—Nada, habibi. —Sirve vino tinto en una copa para mí—.
Esta casa se alegra cuando entras, ¿cierto?
Mis dos mujeres concuerdan, si ellas son felices lo demás
no importa. Comemos platicando. Laska quiere viajar de
vacaciones y Becca se une, Kassia es más tranquila, ella
acepta cualquier decisión que sea dictada por mí. Esta vez,
no sé por qué quiero darle un incentivo. Lo merece, se ha
quedado conmigo, incluso cuando mis días estaban
demasiado oscuros.
—Kassia debería elegir el destino —propongo.
—¿Yo, habibi? —Sus ojos se iluminan mientras el asombro
inunda su rostro.
—Sí, pónganse de acuerdo. Iré a donde mis mujeres
prefieran.
Me disculpo, abandonando el comedor primero. Ella me
sigue hasta la puerta principal, suele estar descalza en la
fortaleza, portando sus vestidos de colores, con el pelo
suelto y algunas de las prendas que le he regalado.
—¿Quieres que baile para ti a tu regreso?
—Estaré de vuelta hasta el amanecer.
—Oh… —Su alegría decae un poco, pero se repone de
inmediato—. Le leeré un cuento por ti.
Estas cosas son las que me confunden. Me gusta su
genuina preocupación por mi hija, por el bienestar de la
casa y el mío propio. En dos años no he tenido una sola
queja, ni reclamo.
Es tan simple y sencillo… Ojalá pudiera sentir lo que ella
espera recibir.
La tomo por la cintura en un descuido, sorprendiéndola
de mi fuerza. Empieza a temblar y levanta el rostro, ilusión
y amor. Reconozco los sentimientos en su rostro. Acaricio su
mejilla, antes de bajar mi boca y obligar a la suya a
tomarme. Me corresponde, dejándose guiar por mi
salvajismo. Queda hirviendo de deseo cuando separo mis
labios de los suyos, sin soltarla del todo.
—Si tuvieras que elegir entre Becca y yo ¿cuál sería tu
elección?
—Habibi. —Jadea desconcertada—. ¿Por qué…?
—Respóndeme.
—No me hagas esto —suplica. Sus ojos humedeciéndose,
aleja mis manos por primera vez, bajando su avergonzado
rostro—. Becca no ha vivido, tiene algo valioso: libertad.
Yo… la elegiría a ella. Lo siento, lo siento si no es lo que
esperas de mí, ¡habibi!
Me marcho, escuchando su llamado. No puedo decirle que
ha elegido de forma correcta. Es lo que esperaba recibir,
tener seguridad de que, independientemente de todo,
alguien estará para mi hija.
Quizás esa parte fue muy pronta para Avery, pero a ella
no la vi queriendo ser parte de mi vida, se empeñó en un
destino, luchó por perseguirlo. Admiré eso, aún en el fondo
de mí lo hago. Tiene una determinación inquebrantable. Es
arriesgada y luchadora, sus errores mancharon la imagen
que tenía, por la cual sentía esta obsesión que aún consume
mi día a día.
Acabará, cuando la organización la envíe a morir
cobrando la sangre derramada.
He luchado por retrasar lo inevitable, no sé por qué tengo
este instinto de protegerla. Confieso ser quien ha mirado
esa cinta una y otra vez. ¿Quién más estuvo allí?
Los primeros meses el odio creció y creció, pero le
buscaba una opción lógica. Pensaba que estaba
secuestrada, luego, a su regreso, donde se autoproclamó
“La Patrona” esa excusa no fue válida.
Todos los actos siguientes gritan que ella es culpable y
debo tratarla como tal.
Cuando deje a Maeve en este hotel, iré directo por Avery
Kozlova. La tendré frente a frente, viéndome en la
obligación de ser el Pakhan, al cual sus hombres le confían
sus vidas.
El valet parking se lleva mi deportivo, ingreso en el hotel
solo, directo a la suite indicada en la recepción por la chica
nerviosa. Voy quitándome los gemelos y la corbata, no
tengo deseos de juegos previos, ni de perder el tiempo.
Quiero acabar esto ya mismo. Deslizo la tarjeta en la
ranura, entrando al mundo de Maeve. Le gusta imitar a
Kassia, quizás crea que esto es lo que me gusta. La música
árabe me recibe, así como las velas que iluminan el piso. La
mujer está bailando frente a los cristales, con la ropa
tradicional de la India. Me quito los zapatos y la chaqueta,
abriéndome la bragueta y sentándome en el sofá de dos
plazas, donde puedo deleitarme con el baile. Mueve las
caderas, dejando ese aire sensual y erótico en el ambiente,
su pelo recogido en una cola alta, mientras mueve el velo y
su cuerpo al ritmo de la música. Mi polla recibe las
indicaciones correctas, deleitándose con el show.
Parece que ella se esfuerza por vivir esa aventura en el
cielo. Viene hacia mí, moviendo el velo en mi rostro
mientras se sienta abierta de piernas en mi regazo, girando
las caderas y restregándome el culo sin recato. La
electricidad se adueña de mi cuerpo… Quizás las respuestas
estaban en Maeve y no las he visto venir.
—Jesús, Maeve. ¡Tengo que follarte ahora! —gruño.
Se levanta antes de que pueda tomarla del cuello y
empieza a girar y girar, el velo al mismo compás. Es
increíble la forma en como domina y hace latir mi corazón,
mi pulso, los vellos de la nuca erizados. Dios, la deseo.
Ahora mismo. Cuando me paro, ella retrocede doblándose
hacia atrás, su cintura brilla recibiendo la luz de las velas,
luego, cuando se levanta, el velo ha caído y tiene algo en la
mano. Lanza la bola de un tamaño considerable en el piso,
esta gira hasta tocar mis pies. Entonces aplaude
encendiendo las luces de la suite. No es una bola lo que
está a mis pies, sino la cabeza de Maeve, la alfombra persa
arruinada con la sangre que emerge.
—¿Para qué querías ir al cielo, Perúm?, cuando bien
puedes arder en el infierno conmigo. Tu hembra.
Esa voz, ese cuerpo y todas las malditas sensaciones que
vienen con ella. Zaria.
Dejo de mirar los ojos vacíos de Maeve y me concentro en
la condena que traigo sobre mis hombros, tiene mirada de
hechicera, cuerpo de demonio y el alma de Lucifer. Es como
volver al pasado, la diferencia es que esta vez no me mueve
la curiosidad, sino la ira. En un segundo estoy sobre ella, mi
mano rodeando su cuello. Tiene que agarrar mi muñeca,
porque la fuerza que aplico es descomunal.
—También te extrañé —se burla clavándome las uñas,
desesperada por respirar.
—Hola, Zaria. Te concederé algo, es un infierno al cual te
condenaré a vivir.
—A los demonios nos encanta el infierno —reta sin
descaro, como siempre.
CAPÍTULO 04
AVERY
Tenerlo cerca aviva ese coctel peligroso. Sus dedos
presionan fuerte, mientras sus ojos verdes se oscurecen.
Este es el momento, debería hacerlo ahora. En menos de un
minuto moriría. Cierro los ojos, riéndome de mi patética
existencia. Abro la mano, dejando caer la jeringa con el
ácido contenido en ella, ese que vine a inyectarle en el
cuello. «Soy una cobarde».
—Has ganado —gruño tosiendo. En esta partida ha
demostrado quién lleva la delantera. Moriré si ese es mi
destino, sintiéndome completa de que, al final, Vladimir
Ivanov tiene todo lo que merece.
Dejo de luchar, mientras me lanza a la cama, amarrando
mis manos con su corbata. Ambos conocemos mi
capacidad, podría luchar, quizás incluso intentar matarlo, tal
vez lo conseguiría, pero ¿Alaska? ¿Becca? ¿Qué sería de
ellas? Basta de que otros paguen por mis errores. Es hora
de darle la cara a la Bratva.
—Jason, envíame un equipo ¡Ahora! —ordena al teléfono.
Golpea el mueble, girándolo de una patada, mientras
escondo mi rostro entre las sábanas—. ¡¿Por qué, Avery?!
¡¡¿Por qué maldita sea?!!
—Está bien, puedes hacerlo —susurro atragantándome.
—¡Cállate! ¡No te dirijas a mí! —demanda.
Sus soldados llegan en minutos, todos sorprendidos de
encontrarme y de la escena sangrienta en sí. Vladimir no
puede mirarme y le ordena llevarme a un tipo que no
recuerdo. No lo hacen por tierra, sino que un helicóptero nos
espera en la azotea del edificio. No debería sentir orgullo de
verlo, pero es inevitable al palpar la magnitud de lo que ha
creado después de ser un borracho en las calles de Rusia,
ahora es un hombre poderoso, respetado. Aterrizamos en el
patio de la mansión Kozlova, los soldados se reúnen
sorprendidos y el Pakhan lidera. Los hombres lanzan insultos
en ruso, algunos me tiran objetos, pero no bajo la cabeza.
Seré crucificada sin tener ninguna defensa. Nadie creerá
que no asesiné a Dimitri. Hice las paces con la muerte hace
mucho, tal vez por ello escapé de Cavalli buscando a
Ivanov, aun sabiendo que no iba a tener el valor de
asesinarlo, fue solo una maldita pantalla para entregarme.
Me llevan al calabozo, lucho contra las lágrimas mientras
avanzo, recordando la infinidad de veces que fui castigada
en estas paredes por no ser lo que se esperaba de mí. Dos
de los soldados me lastiman el hombro sangrando cuando
atan mis manos del techo; casi colgando, las puntas de mis
zapatos apenas tocan el suelo.
—Corre la voz de que se encuentra con nosotros —ordena
Vlad, su voz ronca, fuera de alguna emoción que me sea
capaz registrar—. Y haz algo con Maeve, que no quede
como una mala mujer, inventa algo creíble.
—Sí, señor —concuerda el hombre. Es de un tamaño
promedio, de corte bajo, pelo castaño y ojos marrones, sé
que es ruso por su acento, pero no lo reconozco de nada.
Mucho ha cambiado en dos años. Se marcha, dejándome
sola con mi aún esposo.
—¿Puedo pedir una cosa? —suplico cuando pretende irse
—. Quiero ver a Laska, antes de mi ejecución.
Sé que esa es la ley, sangre por sangre. Debo pagar a la
Bratva el soldado que le fue arrebatado y aquellos que se
perdieron anoche. Muevo mi cuerpo, las cadenas suenan
cuando se marcha sin decirme una palabra. Lo llamo, clamo
su nombre, porque cumplir esa petición es lo único que
necesito para ir al infierno tranquilamente.
No soy quién para exigir tal cosa, sin embargo, no
descansaré hasta lograr aquello. Verla una última vez. Las
horas pasan, logrando alterarme más. Odio el calabozo, es
oscuro desde que las luces se apagan, dejando todo en unas
sombras temibles, levantando tus muertos, cada alma que
te has llevado regresa para atormentarte.
No sabes si es de día o de noche, luego la pesadez de la
posición es una tortura, si tuviera mi brazo en condiciones,
me sujetaría de las cadenas logrando una mejor resistencia.
Las ganas de luchar se han evaporado. El calor se suma a la
tortura silenciosa, tiempo más tarde empiezo a sudar
cuando escucho el inconfundible ruido de zapatillas de
tacón, alzo el rostro o al menos lo intento. Las luces se
encienden y aprecio mucho mejor a la persona que ingresa.
Los zapatos negros de vestir, sus piernas largas, el vestido
azul real resaltando sus curvas y el color de su piel. Sonrío,
sintiendo felicidad solo con una pequeña mirada de la chica.
Esto es para lo que nació, brillar, verse poderosa y
altanera. Las prendas al igual que en Becca resaltan en ella.
Tiene diamantes en su cuello, las argollas, pulseras en su
muñeca y una curiosa de estilo árabe que se une con un
anillo. El de su brazo izquierdo llama mi atención, está
colocado donde debería ir una de boda, es idéntico al que
portaba Vladimir. De oro, cubierto de negro y con dos letras
en el interior VI, parecen ser un sello especial de la Bratva.
—Es el sello Ivanov —responde fría, moviendo dicho anillo
—. Becca lo lleva en el cuello, las empresas y las mansiones
los tienen, nos hace intocables.
—Estás muy hermosa, es bueno verte…
—Y tú estás de la mierda —revira sacudiéndose las manos
tomando asiento en una mesa arrinconada—. ¿Por qué? Eso
es todo lo que quiero saber, ¿por qué te empeñas en
lastimarlo?
—Lamento lo que hice —musito sincera.
—¿Qué parte? ¿Mentirme a mí?, ¿asesinar a Dimitri?,
¿traicionar a Vlad?, ¿o los hombres que murieron por tu
culpa?, ¿qué parte lamentas?
—No tengo moral para verte a la cara, sin embargo,
quiero que sepas que lo que hice fue por ti. No sabía que
eres hermana de Vladimir, de haberlo sabido las cosas
serían diferentes.
—¿Cómo puedo creerte? Planeabas alejarnos…
—No podías estar cerca de Cavalli.
—¡Mentira! —gruñe levantándose enfurecida—. ¡Hiciste
esto por ti!
—¡Sí! —grito liberando las lágrimas finalmente—. ¡No
quería estar sola! Esa es la verdad, te necesitaba, eras lo
único que tenía idéntico a mí. Sola, abandonada, rechazada.
—Te pedí que te quedaras conmigo, te supliqué esa noche
que no hicieras nada, ¡y mira dónde te trajo! Morirás frente
a nosotros, y no podré evitarlo. ¿Entiendes eso? No pude
mirar a mi hermano esta mañana, porque sé que te
asesinarán para marcar un precedente contigo.
—No importa, no es su culpa, Laska. Es mía, solo quería
verte. No importa si muero…
—Sigues mintiendo —asevera apartándose el pelo del
rostro. Es idéntica a ellos, a ambos, tiene en sus venas la
sangre de dos hombres poderosos, su control de las
emociones se ha potenciado. Es un espectáculo verla—.
Ibas a matarlo. Sus hombres encontraron el ácido.
—Yo no…
—Asesinarías a la única persona que tengo, ¡y yo que creí
que poseías algo rescatable! Quieres un perdón que no
pienso otorgarte, no cuando pretendes dañar a mi familia.
Me salvaste, gracias, pero te fuiste y él se quedó. Me hizo
quien soy, decías que sería nuestro verdugo… A la final has
sido tú.
—¡Laska! ¡Alaska! ¡Escúchame! —grito con desespero,
moviendo las cadenas, queriendo perseguirla. Se aleja, se
marcha, me deja detrás clamando su nombre. Sin nada por
lo que seguir luchando, esta vida es una mierda la cual elegí
a base de tropiezos. Odio cómo terminaré, cuando pude
tenerlo todo.
Me he levantado de las cenizas, luchado con fuerza
guiada por mis propósitos. Eso me hizo ir con Vladimir, logré
lo que se requería de mí, convertirlo en el hombre reinando
parte de la mafia más poderosa y sangrienta del mundo, ¿a
qué precio?
Revolcarme en la miseria no es lo mío, me paro firme,
esperando el futuro. Si es la muerte entonces la llevaré con
orgullo. Mi cuerpo se encuentra debilitado, la sangre
derramada me lleva a la inconsciencia varias veces, hasta
que despierto por las terribles ganas de tomar algún líquido.
Pedirlo no es una opción. A los desterrados no se les trata
bien, si pido agua quizás consiga vinagre. Me sorprende que
aún nadie haya venido a torturarme.
Las manos empiezan a dolerme horrible y mis piernas a
fallarme cuando es su turno de ingresar, mi pelo se
encuentra húmedo de tanto sudor, mi aspecto no es el
mejor, la mitad de mi cuerpo tiene sangre seca.
—Me enseñaste a tenerlo todo, Zaria. —Levanta mi rostro,
tocando mi mejilla. ¿Cómo puede ser más guapo de lo que
lo recordaba? Las cicatrices en su rostro lo hacen más
hermoso, pero de una forma oscura, pues son una
advertencia de lo que puede sucederte si decides ir en su
contra.
—¿No vas a explicarte?
—No tengo nada que decir —bufo triste—. Acaba con
esto, dales el show que tus hombres necesitan. Soy
culpable.
Sus dedos se clavan en mi mejilla, el tic en su ojo derecho
aparece, mientras ladea la cabeza. El fuego en su mirada, la
sed de sangre y sus demonios, se revelan frente a mi
persona.
—Somos tal para cual —me burlo—. Quieres odiarme,
pero no puedes. Sí, conozco el sentimiento.
—Eres una maldición.
—Debiste deshacerte de mí y no creer en una Kozlova. La
traición corre en nuestro ADN.
—¡Pequeña perra! —brama acercándose a mí.
—Estamos obsesionados, aun sabiendo lo que he hecho
solo quieres hundirte en mí ¿no es así, señor Pakhan? Estás
preguntándote si le permití a alguien tener lo que es tuyo,
¿ah? —Lamo mis labios resecos antes de saltar, reuniendo
la poca fuerza existente en mí. La uso para sostenerme y
rodear su cadera, una de sus manos me agarra el culo,
apretándome sobre su polla. El gemido fuera de mis labios
es un suplicio, Vladimir Ivanov tiene todo para volverme una
puta a niveles irreconocibles.
—Vas a morir —gruñe soltando mis glúteos antes de
romperme la blusa, descubriendo mis pechos, los pezones
endurecidos. El coño se me vuelve agua, baboso y
necesitado.
—Me llevaré el secreto de que follaste a tu hembra por
última vez.
—Te arrancaré la lengua si no te callas la puta boca —
amenaza.
—Tu polla es lo suficientemente grande para
atragantarme con ella —chillo cuando se prende de mi
pecho y me muerde; tiro de la cadena, jodiéndome las
manos y dejando caer mi cabeza hacia atrás. Los amasa, es
duro, castigador. Odiándose a sí mismo por desear a su
condena de la forma en la cual lo hace. Su mano entra
dentro de mi pantalón, abriéndome los labios y moviendo
sus dedos en mi centro. Joder, joder. Hunde dos de ellos.
Suelto un alarido.
Aquí la ternura está sobrevalorada, busca saciar su
necesidad. La morbosidad que lo mueve, a ambos, de
hecho. Mis piernas cuelgan cuando se aleja, me saca el
pantalón en cuestión de segundos y alza estas hasta
llevarme sobre sus hombros y abrirme, chupándome con
hambre. Grito y me retuerzo desesperada. He soñado con
este toque por dos largos años y tenerlo antes de perecer es
un pronóstico del paraíso. No me importa dónde estaré, si
me llevaré conmigo este recuerdo.
El orgasmo es muy rápido, entre el dolor y los mordiscos
termino volviéndome gelatina moldeable en brazos de
Ivanov. No sé cuándo se ha abierto el pantalón, pero al
bajarme las piernas de sus hombros termino ensartada por
mi Vikingo. Clamando su puto nombre, mi carne duele,
habiendo olvidado el grosor de su miembro y el tamaño de
este. Su cabeza recae en mis pechos, mordiéndolos hasta
que el dolor empieza a incrementarse. Sabe que, cuando
ese punto llega, mis paredes se cierran haciendo que
disfrute más. Golpea una y otra vez, acelerado, gruñendo
maldiciones, arrebatado por el deseo y la pasión que solo él
despierta en mí.
—¡Más! —suplico desesperada.
Me abre las nalgas con sus manos, buscando mi culo e
introduciendo dos dedos en mi interior, sin dejar de
moverse. Es un maldito demonio del sexo y las
perversiones. Juntos somos infierno, purgatorio y paraíso.
Es capaz de hacerme recordar con tan solo su presencia
todo lo que perdí buscando algo que podría haber tenido a
su lado.
Su mano libre tapa mi boca, silenciando mis gritos de
desenfreno. Se entierra profundo, golpeándome el fondo del
coño, mis ojos se giran sucumbiendo a todo, explotando y
botando los chorros de líquido que nos empapan. Gruñe por
última vez, llenándome con el semen caliente que resbala
inmediatamente fuera al ser tanta su carga. Mi cabeza cae
en su hombro, respirando agitada. La mano cubriendo mi
boca me libera y esa misma recoge parte del desastre que
hemos hecho en mi coño, luego me toma por la nuca
jalando mi cabeza hacia atrás. Sus ojos verdes lucen casi
negros.
—Trágalo todo —ordena.
Esa voz autoritaria me hace temblar. Abro la boca,
recibiendo su semen, lamo su palma, recogiendo lo máximo
posible. Me duele cuando sale de mi interior, ese vacío
desde aquella noche regresa.
—Vlad…
—La hermandad está aquí, quieren tu ejecución esta
misma noche. No están dispuestos a esperar. Ahora están
organizando tu muerte, y yo su líder estoy aquí follándote.
Alaska estará a mi lado, verá cómo te asesinan porque no
debe mostrar debilidad —informa arreglándose la ropa, el
pantalón está salpicado de nuestro encuentro. Mis piernas
siguen sin dejar de temblar—. Lastimaste a las personas
que lucharon por ti. Eso es lo que has hecho. Dimitri…
¡joder! Él no merecía esa muerte cobarde.
Bajo la cabeza, el pelo cubriéndome la vergüenza hasta
que mis cadenas son liberadas y mi cuerpo cae en el piso
sucio sin fuerzas para mantenerme de pie. Luego retrocedo
cuando el golpe de agua fría llega.
—¡Vladimir! —chillo. La presión del agua es mucha, me
lastima entre la temperatura y su fuerza, hasta que termino
acorralada contra la pared, como una rata asquerosa. El
agua deja de golpear y caigo, acurrucándome.
—Tienes cinco minutos para vestirte —anuncia dejando
caer la manguera.
—C-Cua-ando… —Mis dientes se golpean uno a otro—.
Quieras torturar, recuerda que sea caliente. Es lo que papá
hacía conmigo, caliente hasta que la piel se enrojece. Crees
que morirás hervido vivo —explico sin mirarlo.
—Yo no quería torturarte, mi intención hace dos años fue
venerarte, convertirte en mi mujer, planeaba voltear el
mundo para ti. Eres quien buscó este futuro, ahora no me
señales como el villano, ¡cuando nunca intenté serlo!
Me muerdo el labio, porque las palabras “yo no lo hice”
quieren abandonar mi boca. Y sería más cruel de mi parte
intentar convencerlo. Me llevarán a morir y si le digo la
verdad siempre se cuestionará si hizo lo correcto. «Ya no
quiero lastimarlo».
Me tambaleo hasta la mesa, donde tiene la ropa. Parada
frente a ella, desnuda, sintiéndome una mierda de ser
humano hasta que escucho la maldición del hombre a mi
espalda. Dejo de respirar cuando se para a mi lado, sin decir
una palabra toma la playera y la coloca sobre mi cabeza, le
ayudo con los brazos sintiendo mis ojos humedecerse.
Luego se inclina, casi de rodillas me ayuda con los vaqueros
azules. La playera blanca transluce mis pechos, los cuales
observa. Sus ojos también han caído sobre mi herida varias
veces. Dejo el desastre de mi pelo suelto, los zapatos están
mojados, no sirven de nada. Me ordena seguirlo y es lo que
hago, descalza arrastro mis pies tras los suyos. Conozco la
mansión Kozlova. Antes de abrir las puertas dobles que nos
llevarán a la superficie se detiene, respirando agitando hace
la pregunta que me duele las entrañas responder.
—¿Valió la pena?
Intento tocar su antebrazo, sin embargo, se aleja con
rapidez.
—No —sentencio. Nada de lo que hice valió la pena, al
final terminaré siendo olvidada en la memoria de todos—.
Lamento causarte esto…
—No estás causando nada. Eres la asesina de mis
hermanos, nada más. Y como tal, decidirán tu destino.
Espero que a donde vayas recuerdes tus decisiones y
errores, que no tengas un segundo de descanso. Eso es lo
único que mereces.
Empuja la puerta, la noche siendo el principal testigo, la
oscuridad que corre entre todos. Hui de la mafia, para
terminar muriendo en sus raíces. Ordena al mismo tipo a
quien llamó cuando nos reencontramos, a quien ahora
identifico como Jason, llevarme. Ivanov entra primero al
gran salón. A mi padre le gustaba demostrar su poder
delante de decenas y decenas de sus hombres, infundirles
miedo, por ello hizo un salón donde podían torturar a los
traidores delante de los demás. El tal Jason vuelve a
encadenarme, apretando fuerte, al punto de que mis
muñecas rápido enrojecen. Y tira de la soga, caigo hacia
adelante, de frente a la tierra sin esperar la fuerza que
emplea. Me levanto con dificultad, cuando me escupe en la
cara.
—Asesina —pronuncia en ruso.
Me limpio la mejilla con mi hombro y no muestro más
reacción que esa. El imbécil me provoca esperando una
respuesta que no le daré. Tira y empezamos a caminar
hacia el salón. Los hombres están gritando, enfurecidos,
celebrando cuando soy empujada a pasar en medio,
algunos me empujan, tiran de mi pelo hasta que alguien
clama orden. No puede ser. Lucho por mirar al frente, pero
me tapan entre los tropezones que me dan, finalmente soy
capaz de avanzar y ver a Dante, a la derecha de Vlad, quien
está sentado en un trono de calaveras, su silla tiene cráneos
humanos, el anillo reluce entre ellos, me atrevería a decir
que brilla, y Alaska se encuentra parada a su izquierda, con
un vestido rojo sangre, su pelo suelto, mirándome
impasible.
Me lanzan frente a ellos, me rehúso a caer de rodillas,
hasta que alguien golpea mis piernas con un hierro y me
doblo, tiran del cordón que ata mis manos, haciendo que
termine a cuatro patas en el piso. Dante está con él, es su
mano derecha. Quien lo guía, sonrío como una estúpida por
ese hecho. Debo decir que me ha sorprendido. Vlad usó el
poder de una forma precisa, muy bien ejecutado. Ahora
entiendo por qué Dominic me ha buscado.
Vladimir Ivanov ya no es un pelele a quien dominar, ahora
es su amenaza.
Su igual, en poder y ejecución. El Capo buscaba darle
migajas e Ivanov terminó obteniendo el pastel completo. Es
un rey de reyes.
—¡Asesina! ¡Asesina! —gritan al unísono. Busco al
hombre que me importa, sus dedos clavándose en uno de
los cráneos, es la única señal de cuánto esto le afecta.
Viendo a Laska a su lado, me pregunto cómo no noté ese
parecido antes. Ella y él son iguales a Don, ¿por qué el Capo
no hizo nada para tenerla? Y decidió dejarla junto a Ivanov.
¿Qué planea?
—¡Silencio! —truena Dante sobre la multitud
embravecida. Su poder de contener las emociones de los
demás es un punto a favor de Vlad—. Empezaremos el
juicio.
—¡Queremos sangre! ¡La perra debe morir!
—Se ha proclamado silencio —gruñe mi Vikingo
poniéndose de pie. Siendo imponente y marcando su
territorio. El poder se siente en sus palabras, se percibe en
su actitud. Y solo por ello me arrodillo como se debe, sé que
las personas me están mirando. Clavo una de mis rodillas y
levanto la otra, afincando mi brazo en ella, bajo la cabeza
en señal de respeto.
Este hombre sí merece ser llamado… El Pakhan.
Para Igor Kozlov nunca me arrodillé, no se merecía
tenerme doblegada. Muchos de los que se encuentran
presentes entienden lo que significa esta acción. Me
levanto, siempre con la cabeza en alto, escuchando los
murmullos, allí están, son débiles entre la multitud, sin
embargo, están presentes. Ahora la duda ha recaído en
muchas de sus mentes, ¿soy la enemiga del Pakhan o su
aliada? ¿Por qué acepto y respeto su reinado? ¿A qué estoy
jugando?
Aquí está la razón más poderosa de Igor para temerme.
Sabía que el día que me doblegara, sus hombres podrían
dividirse. Dentro de la multitud un porcentaje de ellos me
seguiría si decidiera alzarme ahora mismo, y la mayoría son
los antiguos, aquellos a quienes se les respeta por su
sabiduría.
—¿Culpable o inocente? —cuestiona Dante moviéndose al
frente. Ivanov retoma su lugar, tranquilo, impasible, y con
ese aire cruel que lo caracteriza.
La pregunta es dirigida hacia mí, incluso respondiéndola
se interpretaría mi comportamiento como un soldado.
—Culpable —respondo mirando a Laska—. Mis acciones
incorrectas hicieron que la sangre fuera derramada, aunque
no fueron mis manos las que cometieron tal barbarie.
—Dices que eres culpable, pero ¿no asesinaste a ninguno
de los hermanos con tus propias manos?
—No soy inocente —corto—. Hagan lo que debe ser
hecho.
—¡Muerte! ¡Queremos su muerte! —gritan un tercio de
los soldados. Dante alza su puño, silenciando a la multitud.
Quiere salvar a una niña que no existe.
—Según mi investigación, una mujer asesinó a Roman
Kozlov hace año y medio en un club, las personas reunidas
allí la nombraron “La Patrona” ¿Eres esa persona?
—¡¿Eso qué tiene que ver?! —interfiere Jason, el maldito
que me escupió minutos atrás—. Si mató o no a su hermano
es su problema, no nuestro.
—Es nuestro, si castigamos a la persona incorrecta. No
perderé a un soldado eficiente, lo más justo sería una
votación. Si ella merece un castigo o la muerte, antes quiero
manifestar unas palabras —murmura parándose delante de
mí—. Conozco a esta mujer, la vi crecer, y ser el blanco de
los ataques de su padre, actos a los cuales sobrevivió.
Nunca la vi mostrarle respeto y muchos de los aquí
presentes saben que mis palabras son ciertas. Su hermano,
Roman Kozlov, fue quien atacó hace dos años, asesinando a
decenas de trabajadores, curiosamente el día que perdimos
a Dimitri, también Roman estuvo involucrado… ¿Por qué
Avery Kozlova mataría a su única familia? Recordemos de
igual manera que, ella entregó a su padre, salvando a los
hermanos de la dictadura Kozlov, esta chica ha vivido por y
para la Bratva cada segundo desde que respira.
—¡No debe morir! —grita Laska detrás paralizando a
Vladimir—. ¡Merece sufrir! —ruge alentando a toda la
multitud que empezaba a estar molesta con las palabras de
Dante—. Queremos que no soporte este mundo, que sienta
la herida que nos ha abierto a todos ¡debe sangrar bajo la
tortura! La muerte sería un trofeo que no merece, ¡¡quería
asesinar a nuestro Pakhan!!
—Laska —suplico dando un paso al frente, uno de los
hombres que me resguarda gruñe un detente, pero no hago
caso, entonces siento el golpe en mis piernas desde atrás,
el hueso cruje y el dolor estalla en mi rodilla mientras caigo
hacia adelante mordiéndome la lengua para no gritar.
—¡Que sienta el sadismo de la Bratva! —exclama
agarrando la marca de hierro caliente. Grito cuando los
soldados me agarran, empleando toda su fuerza. Dante
intenta detenerla, pero el Pakhan lo paraliza con una simple
orden de aguardar en silencio. Me quiebro cuando rompe la
playera en mi espalda y ella sonríe, esa sonrisa del Capo en
su rostro angelical demostrando el placer que le da hacer
esto.
—¡Por favor! —Nunca he suplicado.
Tira de mi pelo, doblándome la cabeza a un lado, así
puedo mirarla a los ojos cuando afinca el hierro caliente en
mi hombro, marcándome con la estrella de la muerte.
Reduciéndome a ser una cucaracha. Esto es peor que morir.
Grito, es un grito que sale de mi alma, desde lo más
profundo de mis entrañas. El dolor de la traición es más
elevado que el físico mismo. Empuja mi cuerpo, los hombres
soltándome. Acaba de quemar la señal en mi hombro, se
encuentra en carne viva, la blusa rota apenas cubre mis
pechos. Los hombres celebran, ahora pertenezco a cada
uno de ellos, pueden hacer conmigo lo que quieran. Soy de
la Bratva, sentenciada a la esclavitud por la chica a quien
juré proteger, con quien me encapriché en darle una mejor
vida.
—En buena voluntad a nuestro Pakhan, le otorgaremos la
mujer en ofrenda ¡¿alguien se rehúsa?!
—Mi niña —susurra Dante tomándome en sus brazos. La
busco, visualizándola al lado de él, deja caer su mano en el
hombro de su hermano y este la cubre, dándole un apretón.
Ella… Dominic. El Capo es conocido por ser paciente, deja
trabajar sus planes poco a poco, de forma silenciosa, sin
causar ruido, hasta que hace estallar todo en un segundo.
Ella sabe que son hermanos, ¿por qué mi mente los
vincula? Quizás el dolor me hace mirar conspiraciones
donde no existen. Ellos son un equipo, una sociedad
fundada a espaldas del Capo, algo que no pudo controlar
por su cuenta, un equipo donde no es el líder nato como
desea ser conocido por los demás.
El collar de esclavitud es puesto en mi cuello, cerrándose,
se siente pesado, pareciera robarme el aire y con eso el
orgullo de mi persona. Termino soltándome de Dante,
parándome como puedo sobre uno de mis pies, mientras el
otro late de dolor, la sangre mojando el vaquero que me dio
más temprano. Manteniendo el collar en mi cuello, levanto
la cabeza.
Soy un soldado, sin importar las circunstancias me
mantendré de pie.
—Empecemos las votaciones —gruñe Ivanov,
arreglándose el traje avanza hacia la mesa, donde se
encuentra el libro de la Bratva, aquel donde los acusados
que llegaron a ser sentenciados aparecen, en él está escrito
cada nombre de aquellos que murieron en traición. Mi
nombre es grabado en la hoja, de su puño y letra. Luego tira
la primera semilla en el tarro de mi ejecución. Aun luego de
ser marcada, él quiere mi muerte.
Permanezco en mi postura la siguiente hora, el sudor
cubriendo mi cuerpo por soportar el dolor de estar en una
pierna y la quemadura en mi espalda ardiendo, mientras mi
pierna sangra. Los veo tomar su decisión, la mayoría elige
dejarme vivir, lo cual no será vida y ellos lo saben.
Quiero reírme alto de mi desgracia; tanto luchar,
aferrarme a la libertad, buscar a Ivanov, hacer tratos con
Dominic, combatir del lado de ellos, para terminar siendo
una inservible esclava.
Una inmundicia… Lo veo una última vez, mientras me
arrastran de regreso al calabozo.
Y sabe que, si tengo la oportunidad de dejar estas
paredes, puede considerarme una enemiga.
Luego está ella, la marca en mi espalda indica
subordinación, es un castigo, la sanción de mis
transgresiones cometidas, pero su traición tiene un peso
más grande.
Alaska me ha castigado, llevándome a ser lo único que
temía en mi vida. ¿Ahora quién es la traidora?
CAPÍTULO 05
VLADIMIR
—¡Habibi! —Jadea arañando mis brazos, curvando su
cuerpo sudoroso bajo el mío.
Hundo la cabeza en la curvatura de su cuello, furioso
conmigo mismo. Salgo de su interior, girando hasta caer
sobre mi espalda en la cama. Ella continúa tratando de
recobrar el aire. Estrujo mi rostro, buscando desentrañar la
confusión en mi mente. Sé y conozco mi deber, dónde están
mis prioridades.
No debería… ¡Maldita sea! Hastiado de los
acontecimientos con esa jodida mujer, quien no abandona
mi mente, salgo de la cama directo al baño, tomando un
aseo rápido. Al salir el desayuno está preparado en mi
habitación, Kassia descalza con una bata cubriendo su
desnudez, me transmite su alegría. Es tan dedicada y
perfecta, que me aterra la forma en la cual no merezco que
me trate de esta manera. Agarro la taza de té, tiene la
temperatura adecuada, aunque demasiado dulce. Me siento
con la toalla tapándome el miembro, se disculpa para
retirarse, cuando la detengo.
—Desayuna conmigo —ordeno sentándola en mis piernas.
Sus mejillas enrojecen, retirándose el pelo de la cara. Huele
a mí, cuando le acaricio con la nariz su hombro descubierto.
—Saldré con Alaska y la Joya Cavalli.
—No tienes que pedirme permiso —murmuro alcanzado
una de las fresas que colocó para la decoración.
—Mmmm, no pedía permiso, habibi —revira
sorprendiéndome de forma grata. Su mano sube por mi
pecho, jugando conmigo—. ¿Cómo dices que es…? Oh,
informándote.
—Eso me gusta —halago besando su piel—. No puedes
confiarte, serás la cabeza de esta casa ahora que no esté.
—No te voy a defraudar —garantiza seria—. Además,
tengo información, ella dijo que se quedaron para
vacacionar en la nueva propiedad del Capo, se marchan
dentro de dos días.
—Recuerda no decirle nada de nosotros.
—Sí, solo temas irrelevantes, aunque ella no pregunta.
Becca es feliz jugando con Damon y las princesas.
Me tenso momentáneamente, no me gusta esa parte.
Mantengo en mi memoria que ellos son inocentes, tampoco
conocen sus lazos sanguíneos. Trato de serenarme,
repetirme que no existe problema en ellos.
—¿Y Alaska? ¿Qué hace ella?
—Se mantiene a mi lado —responde frunciendo el ceño—.
Es como un animal protector, no deja de observar a Becca y
está alerta todo el tiempo. Creo que le teme al Capo, se
siente incómoda… el miércoles entró a saludar y ella estaba
nerviosa, asustada.
Sopeso sus palabras, tengo entendido que se siente
incómoda, le da un cierto temor. Ella cree que Dominic sabe
la verdad de su relación sanguínea, aunque de ser así ¿por
qué no la reclamaría? Quizás le haga sentir incómoda su
escrutinio, es muy normal en Cavalli analizar a las personas,
además, tiene que percatarse de que Laska no tiene un
desarrollo semejante a otra mujer, todo en ella es diferente
a una chica de su edad.
Desecho las ideas de mi cabeza, las palabras de Avery en
el calabozo están haciendo que vea cosas donde no están.
Continúo hablando con Kassia, desconoce el destino de mis
negocios y la parte de que Avery ha regresado. Es algo que
quiero mantener dividido, Alaska guardará silencio por el
bien de todos. Termino de comer y me arreglo,
despidiéndome de Becca, quien permanece dormida. Laska
está corriendo, se ha mantenido alejada de todos esta
semana, supongo que las emociones de sus actos la han
superado. He dejado la transgresión de Cavalli en un
segundo plano, hasta la oportunidad de usarla a mi favor,
aunque la tercera parte, Roth Nikov, esté enterado de todo.
Estoy actuando con la cabeza fría, esperando ese momento
idóneo para mi beneficio.
—Estamos listos, señor —anuncia Jason mientras observo
a mi hermana correr.
—Transporta a la esclava —ordeno—. Nos uniremos en el
aeropuerto.
—Como ordene.
Dejo a Laska, tengo mucho que preparar antes de partir.
El deportivo está listo, mi seguridad igual, cada hombre
pendiente de mis movimientos. Dante no se mira feliz, no
tiene más opciones y le falló -siente él- a su niña. Está viva,
las cosas marcharon como yo las quería, todo quedó en el
lugar perfecto. Dante y Alaska fueron mis peones, moviendo
sin entender las fichas hacia el lugar que yo buscaba
dirigirlas. Ella está viva y me pertenece, como está
destinada a ser. Solo necesito ser paciente, antes de
cuadrar el juego a mi favor por completo.
El hombre intentó salvarla, haciéndola ver inocente,
mientras Laska se inclinó por la culpa, buscando que los
soldados liberaran su vena sádica.
Es mejor jugar con tu enemigo, que matarlo al instante.
No hice nada, consiguiendo todo.
Tenía plena confianza en Alaska, la deuda que la
mantiene atada a Avery la haría actuar, buscaría cualquier
ley de la Bratva para exonerar a su salvadora. Quizás Avery
no podrá mirarlo ahora con claridad, pero Laska le dio
tiempo de vida que los soldados buscaban acortar.
Estoy subiéndome al vehículo, cuando la puerta de
pasajero se abre.
—Tenemos un trato, recuérdalo —demanda mientras me
coloco mis lentes. Sonrío de lado, inclinando la cabeza.
—Siempre hago honor a mi palabra, ¿o te he fallado?
—No, pero…
—Déjame esto a mí.
No le gustan mis palabras, pero no tiene otra manera de
hacer las cosas. Esto es la mafia, debes tejer un mundo
dentro de otro para conseguir tus objetivos. El mío es dar
con el único hombre que misteriosamente desapareció
aquella noche, quien estoy seguro tiene la verdad de todo lo
ocurrido. Mientras, tengo una linda compañía que me
otorgará lo que siempre busqué; poder.
AVERY
Me tiran en el calabozo, en la misma mazmorra donde
Ivanov me follaba por última vez y donde sus soldados
pretenden hacer lo mismo. Tengo las manos atadas, sin
poder luchar cuando uno de ellos sube sobre mí terminando
de romper la poca tela de la playera restante.
—Señor, no puede hacer eso…
—¡¿No oíste?! ¡La puta es de la Bratva! ¡Mía!, ¡tuya!, ¡de
todos nosotros! —se burla sacándome el pantalón, alcanzo
a darle una patada con mi pierna buena, rompiéndole la
nariz. Saca su arma para disparar, cuando es su cabeza la
que explota delante de mí, giro el rostro para no llenarme la
boca de su sangre y los trozos de cerebro del segundo
impacto. El cuerpo del maldito cae sobre mí, hasta que
alguien lo retira con extrema violencia.
—¡¡No se toca lo mío!! —gruñe la voz del Pakhan. Parado
detrás de la persona quien ha detonado el arma. Ella da
saltos de felicidad, mirando al segundo hombre quien
prácticamente tiembla viendo el entusiasmo de la demente.
—¿Puedo matarlo a él? —pregunta haciendo pucheros.
—No —revira su hermano.
—Ah, estaba divirtiéndome. —Se limpia la mejilla
lamiendo la sangre que acaba de recoger en su palma—.
Uhmm, dulce. Vamos, nene, alguien debe cargar ese
cuerpo.
El soldado se mueve cargando a su capitán o lo que
queda de él, Alaska le sigue dándole órdenes y Vladimir se
acerca a desatar mis manos, liberándome. No me mira a la
cara, se mantiene de perfil y con el rostro duro, sus
facciones mostrando el desagrado.
—No confíes en ella, es una Cavalli —musito débil. La
quemadura en mi hombro acrecienta mi dolencia, el olor a
sangre, por primera vez me produce arcadas en el
estómago.
—Te acaba de salvar la vida —rebate—. ¿Ahora cuál es el
plan? ¿Volvernos enemigos?
Atrapa mi mandíbula, clavando sus dedos en ella. El odio
irradiando en sus ojos, perdiéndose en sus ganas de ser
quien me asesine de una buena vez.
—Don-n… —Trato de explicarme, pero no se me permite.
—Alaska no es una traidora como tú, así que Don nada. Tu
única salvación depende de mí, te dejo vivir para asegurar
delante de ellos el poco valor que tienes. No me importa tu
vida, Avery. Dejó de hacerlo desde esa noche.
Me suelta dejándome sola, entre el dolor y la sangre. Soy
quien se limpia el pie, mirando donde la carne ha cedido
abriéndose, parece que mi hueso no está roto, pero necesito
coser la herida. Me duermo por unas horas acurrucada en
un rincón, hasta que ingresan dos esclavas vestidas de
blanco, con unas túnicas largas, ellas me cubren y me
ayudan a ir a la mansión Kozlov. Donde tienen una tina
preparada con agua aromatizante.
Me ayudan a sumergirme y gimo ante la sensación del
agua.
—El señor quiere que esté preparada —dice una de ellas
enjabonando mis brazos.
—El señor —grazno apretando los dientes.
—No se le mira a la cara y debes permanecer de rodillas a
su lado, donde le requiera obediente —instruye la mayor,
tiene el pelo blanco platinado, entrando en sus treinta y
tantos, aunque bien conservada.
—Esta pomada ayuda a secar la quemadura —susurra la
más joven. La señora se gira y cuando lo hace su marca ya
sanada de años es visible en su hombro, ya que la túnica
solo se ata en uno, dejando al descubierto dicha cicatriz. Mis
ojos inevitablemente se humedecen, ¿es este mi destino?
Tengo una semana para sanar mis heridas, es así como
me indican las mujeres. Ambas son mi contacto con el
mundo, una se llama Leticia, la mayor; la joven es Ginebra.
La túnica es el único trapo que cubre nuestros cuerpos, no
llevamos ropa interior para que tengan mejor acceso.
Ginebra es quien más habla conmigo, me cuenta que es una
esclava guardada, nadie le ha tocado, mientras las demás
son destinadas a un hombre en particular, cumplen el deber
de servir a la Bratva y también a sus “maridos”. Esta parte
de la mafia era desconocida para mí, sí sabía que mi padre
tenía a mujeres trabajando para él, erróneamente creía que
se debía a un tipo de trabajo remunerado. Que eran
empleadas domésticas y punto, la realidad es mucho más
profunda y deplorable.
Se creería que el dolor es cuando te queman la piel, quien
piense eso no entiende que, la curación de la quemadura es
un dolor cuatro veces peor, más cuando se encargan de
volver a quemarte la piel, para lograr dejar la marca más
permanente y profunda.
Lloro, me rompo en miles de partículas cada vez que veo
esa marca, porque me recuerda dónde he terminado. Mis
heridas evolucionan hasta que una mañana Ginebra y
Leticia entran más temprano que de costumbre a la
recámara donde se me mantiene secuestrada.
Me bañan como cada mañana, pero la ropa es diferente.
Sigue siendo una túnica, solo que ahora de satín y en color
rojo.
—¿Por qué es diferente?
—Saldrás con el señor.
—¿Dónde…? —pregunto sintiendo mi corazón latir más
rápido.
—No somos dignas de tal información. Ginebra irá con
ustedes, ella te limpiará para mantenerte aseada —explica
Leticia, abriendo mi collar. Es un hierro horrible, un metal
negro, con mugre en muchas partes. Respiro al no tenerlo,
pero este es reemplazado por otro, si bien no es una joya
extravagante, al menos es más decente. Tiene un tipo de
seguro magnético, porque a diferencia del otro que se
cerraba con un candado, este es con un sonido al vacío. Me
maquillan y peinan mi pelo en una cola alta, la marca es
visible, gritando la realidad.
Mi pierna no está del todo sana, aun así, debo usar unos
tacones plateados. Cuando salgo de la habitación donde me
han traído, dos guardias están listos, nos siguen
custodiándome. Es extremo incluso para trasladarnos por la
carretera, como si temieran que planeara algo. Si pudiera
hacerlo, si tuviera gente… Con mucho gusto lucharía por
escapar, incluso si perdiera la vida en el intento.
«Siempre terca, no aprendes». Ginebra es la más
emocionada, lanzándole miradas al tal Jason.
Cuando me obligan a salir de la camioneta, reconozco la
pista de aterrizaje privada y el jet en la misma. El deportivo
rojo abre su puerta del chofer, emergiendo la indudable
figura del único hombre que me ha hecho temblar, con su
traje negro, el pelo peinado hacia atrás, unos lentes oscuros
cubriendo sus ojos. Le lanza las llaves a uno de sus
hombres, es quien sube primero a la aeronave, intento
seguirlo y Jason me pega suave en el estómago con la punta
de su AK 47.
—Recuerda tu lugar, esclava —demanda.
—Tenemos que esperar a que suban —indica Ginebra—.
Somos las últimas, cuando entres debes ubicar a tu señor y
arrodillarte a su lado. Tiene acompañantes, es necesario
que hagas lo que se te dice, de lo contrario, Leticia pagará
las consecuencias.
—¿Por qué ella pagará lo que yo haga?
—Incluso yo puedo pagar por cualquier error que
cometas. Somos tus maestras, tus errores recaen sobre
ambas.
—Eso no es justo…
—La vida en sí misma no lo es —concuerda. Se nos grita
avanzar. Ginebra es empujada por uno de los idiotas, si
pudiera les arrancaría la cabeza a mordidas. La sigo,
esperando ir tras ella cuando nos cambian de lugares y voy
al frente. El jet es espacioso, de lujo. Hay hombres sentados
frente a Vlad a los cuales no reconozco, el Pakhan no me
otorga ninguna mirada. Cuando llego a su lado, mis manos
están sudando y todo el caos que siempre despierta en mí,
está sacudiéndome por dentro.
«Debería odiarlo…» Inclina su cabeza, esperando. No sé
cómo estar de rodillas y me duele el estómago solo de
pensar en reducirme, los hombres presentes están
esperando, como si ellos sí supieran quién soy. Quizás lo
saben y esta es la primera demostración de su poder sobre
mí.
—La pequeña princesa rusa no ha cambiado —se burla
uno de ellos, ni siquiera levanto la mirada para intentar
saber quién es, aunque su tono de voz se me hace
extrañamente conocido de mi niñez.
Discretamente veo a Ginebra «Ella pagará por mis
errores». Trago saliva, entre el nudo en mi garganta y el
dolor termino arrodillándome al lado de Ivanov, bajando mi
cabeza.
—¡Increíble! —Aplauden delante. Realmente quiero llorar.
Me siento sucia… Sacrificada—. Que abra las piernas,
queremos verle el coño.
—El espectáculo principal siempre es mejor si se hace
esperar, ¿no, señores?
Escucho su voz, es diferente. Cruda y determinada.
Aprieto mis puños controlando las ganas de levantarme,
tomar el cuchillo de mesa de uno de los que se ríe, mientras
unta un pan de mantequilla y clavárselo en el cuello, podría
llevarme a tres, quizás a cuatro de ellos antes de que me
disparen. Aquellos pensamientos se disipan con un acto, su
mano en mi pelo, la caricia otorgada a una mascota. El amo
y el perro, debo ser su cachorro fiel. Es por lo cual estoy
aquí.
Si muestra una debilidad sus hombres dudan, sus
negocios igual.
—Qué empiecen los negocios —ordena el Pakhan
mientras anuncia nuestro siguiente destino.
Petra, Jordania. Mi mundo jamás será igual.

El vuelo es agotador, aunque para mi tranquilidad soy


ignorada la mayor parte del tiempo. Entro en el papel de ser
obediente, incluso recibiendo las miradas lujuriosas de dos
de los hombres principales, quienes escuchan a Ivanov a la
par que se mantienen pendientes de mí. Van sobre los
cincuenta, probablemente de la misma generación de mi
padre. Aterrizamos en un aeropuerto privado.
El aire es pesado, caliente. La humedad pegajosa. En esta
ocasión viajo al lado de Ivanov, en la parte trasera de la
caravana de vehículos lujosos. La noche es el estelar entre
las edificaciones esculpidas en rocas, las luces iluminan la
ciudad, parecemos retroceder al tiempo antes de Cristo, se
percibe ese misterio en las calles de tierra amarilla.
—Para ahorrarnos la incomodidad a ambos, no intentes
escapar. La seguridad es extrema —dice cuando abren su
puerta.
—Como digas —murmuro sin mirarlo.
Por varios segundos se queda en la misma posición,
supongo que mi obediencia lo confunde. Estoy cansada,
hambrienta, mi cuerpo ansía recuperar fuerzas, la herida en
mi pierna sigue provocándome dolor.
El recibimiento es asombroso, las mujeres desfilando con
bebidas sin dejar mucho a la imaginación en sus vestuarios,
como los hombres que tocan arpas enormes. Mesas repletas
de alimentos y la seguridad rodea a los tres hombres que
encabezan la caminata. Escucho a duras penas de lo que
hablan, una línea de contrabando desde Petra hasta Israel
para las armas es en lo que Vladimir está posicionándose. El
que ubico como Rudolf Larov insiste en las mujeres, ya que
ese es su punto. Quiero saltar sobre su cuello, asesinarlo
aquí delante de la multitud, mucho más por sus miradas
hacia Ginebra, quien tiene que soportar que ese maldito la
toque. Identifico al cuarto integrante como Nazar Orlov, es
quien le dice unas palabras en bajo que hacen soltar a la
chica, mientras lo observa con ira. Es el más guapo, luego
de Vlad, a pesar de su edad. Ginebra se exalta cuando se
dirigen directo hacia su persona.
—Avanza con la otra esclava —ordena el hombre. Su tono
de voz, incluso a mí me hace estremecer. Es del tipo de
hombre que con la edad consigue volverse más guapo y
caliente.
Alguien me agarra del hombro, sorpresivamente. Alzo la
vista de golpe, con la muralla Ivanov frente a mí.
—¿Se te perdió algo? —truena en un gruñido para mí.
—Ese de allá —digo señalando a Larov—. Tocó
indebidamente a Ginebra —digo sin pensar. Su ceño se
frunce y discretamente lanza una mirada al viejo gordo—.
Pensé que las esclavas como yo solo pertenecemos a la
Bratva, tu lado ¿o si aquel -señalo a Nazar- decide follarme
no pasará nada?
Sus dedos me lastiman, clavándose con fuerza en mi
antebrazo.
—Los dos hombres que te tocaron en mi presencia están
muertos, ¿no?
—Para satisfacer tu ego de macho, supongo —rujo.
—Parece que ya se te olvidó la obediencia, demasiado
rápido ¿o prefieres que te suba sobre la mesa y te golpee el
trasero con mi cinturón…?
Mis ojos y mis piernas se cierran casi en sincronía,
evocando ese maldito momento donde su cinturón me
marcó el culo y lo mucho que me gustó. No debería
mojarme con las palabras golpeadas que acaba de soltar.
—Ginebra —llama a mi acompañante—. Dirige a la
esclava a mi habitación y prepara su cuerpo para mí.
Tiemblo y olvido momentáneamente cada cosa hecha y
dicha con solo tenerlo delante. Hasta que se aparta y me
doy cuenta de las miradas de burla sobre mí. Lo ha hecho a
propósito, demostrando su dominio sobre la princesa rusa
desobediente.
Ganas de dejarlo en ridículo no me faltan, me aguanto
levantando el mentón y caminando al lado de la chica, es
entonces cuando miro sobre mi hombro cómo las mujeres
empiezan a caer sobre los invitados. Tendrán su propia
fiesta, para joder a esas mujeres.
—¿Qué te dijo Nazar? —cuestiono caminando por los
pasillos de roca, esculpidos con luces blancas en el techo
que nos conducen a una habitación digna de un palacio. Ella
prefiere mantenerse en silencio. Las pertenencias están
siendo acomodadas. La cama es amplia con las telas
decorativas en color crema que caen de los cuatros postes,
las cuales la hacen lucir elegante, las sábanas parecen de
seda blanca y los muebles con detalles en oro. No tiene
ventanas, solo un balcón con vistas hacia las dunas de
arena. De día tiene que ser una preciosidad. Me gustaría
aborrecer que me bañen, pero es tan relajante sentir
mimos, lo contrario a un motel de paso, pequeño, con agua
no muy potable y jabones sin ningún tipo de olor, a recibir
espumas, pétalos de rosas acariciándome la piel, aceite de
jazmín perfumando todo. Estoy frente al espejo, peinando
mi pelo cuando Ginebra toma una cantidad considerable de
una crema blanca e introduce su mano en mi intimidad. Me
quedo sorprendida hasta que me aparto dejando caer el
cepillo.
—Es para que no te duela —avisa asustada.
—¡¿Qué?!
—¿Qué crees que hará contigo esta noche? ¿Jugar? Hasta
yo sé que va a penetrarte y lamento romper tu ilusión, pero
el Pakhan no luce como un hombre amigable, no te
preguntará si estás lista…
—Ginebra… ¿Qué te dijo ese hombre? ¿Qué pretende
hacer?
—¡Lo que todos esperan de nosotras! Abre las piernas y
deja que te desgarremos hasta luego tirarte a un lado. —Se
quiebra dejándose caer en la cama llorando—. El griego dijo
que no tuviera miedo y que si me tocaban le dijera, ¿pero
de qué sirve?
—Nazar es el ¿griego? —pregunto cubriéndome con la
bata mullida y atando el cinturón en mi cadera.
—Sí, ¿no sabes quién es? Su padre es ruso, aunque su
madre según sé es griega. Tiene mucho poder, no es un
Pakhan, pero sí es alguien a quien temer.
—¿Cómo sabes todo esto?
—A veces escucho detrás. Somos tan insignificantes que
no nos notan, hablan como si no estuviéramos.
—Vladimir no es como ellos, no permitirá que te usen —
digo sin saber cuán ciertas son o no mis palabras. Quiero
creer que no lo permitiría.
—Soy joven, de gran valor por mi falta de experiencia
dentro de un aposento. Sé que terminaré siendo un lindo
regalo para alguien, solo me gustaría que no fuera un
hombre como Rudolf Larov. Me conformo con cualquiera,
incluso un simple soldado, alguien más joven, más
comprensible.
Las puertas se abren de par en par y ella se recompone,
saltando a mi lado, donde baja la cabeza, ocultando la
evidencia de su arrebato. Vladimir Ivanov entra seguido de
unos meseros quienes traen comida. Jason deja un maletín
en la cama, buscando con la mirada a la esclava a mi lado y
pareciendo confundido.
—Ginebra, Jason te guiará a tu recámara. Vigilará tu
puerta esta noche —explica Ivanov. La chica asiente, dando
un débil gracias, señor, antes de marcharse. El corazón se
me queda prendado de ella, al menos tendrá supervisión y
ese maldito decrépito no podrá tocarla. Las mesas son
arregladas, la comida organizada y la boca se me hace agua
con los manjares que acomodan. Cuando la gente se va, el
ruso abre una de las sillas, esperando que avance. Estoy
confundida, sin entender cómo sentirme.
—¿Vas a envenenarme?
—La comida es deliciosa, estoy hambriento, si quisiera
matarte usaría algo más doloroso que el veneno. Te colgaría
del techo y empezaría a cortar trozos de tu piel, con
adrenalina en tu sistema así no podrás desmayarte y
cortaría partes que guardaría inmortalizadas para mí, como
tu corazón en un frasco, lo marcaría como la segunda
esposa que tuve y asesiné yo mismo.
—¿Así guardas a Dalila? —rujo en un golpe bajo.
—Oh, no. Ella es mucho más especial que tú. Tiene un
lindo lugar, a diferencia de lo que anhelo para ti.
Me siento en la silla, dejando que la cierre para mí,
cuando agarra el cuchillo de cortar carne y coloca el filo de
este en mi cuello.
—No me hagas cortarte esa lengua parlanchina —
amenaza paseando la punta por este hasta bajar dentro de
mi pecho—. Ah, odio atrasar mis planes. No quiero
adelantarme al futuro, querida esposa. Además, ¿no
deberías agradecerme? He dado protección a Ginebra, solo
por ti.
Clava el cuchillo en el trozo de ternera y se aleja, respiro
cuando impone una distancia segura. Esta sensación a su
lado solo incrementa. No debería ser así, y no entiendo a mi
cuerpo y cerebro. Quiero que esto pare, pero es un mal que
nos está controlando a los dos.
Esa cuerda que se tensa, una y otra vez, sin descanso. Lo
veo buscar en sus pertenencias hasta que sostiene un
frasco negro, se sienta en la silla a la cabeza de la mesa y
me ordena levantar mi pie encima de sus piernas.
—El que tienes herido —truena furioso cuando me
equivoco. Al levantar el pie la bata que me cubre se abre y
Vlad lame sus labios con la vista clavada entre el vértice de
mis muslos. Abre el frasco extrayendo una cantidad
considerable de crema, la cual unta en mi piel. Es un tanto
fría y me hace jadear, hasta que sus manos, ambas,
empiezan a untarme la crema en mi pierna lastimada. No sé
cómo sentirme con el acto de cuidarme, lo mejor es
morderme la lengua y no cuestionar nada. De algún modo,
Vladimir Ivanov lucha entre la parte que me odia y la cual
me desea. Cuando queda satisfecho baja mi pie con
delicadeza y se levanta de su silla.
—Come —ordena. Esa voz suya ronca y sus ojos no me
observan. Entra al baño, donde escucho el agua correr.
Empiezo a comer agradecida internamente del gesto, pues
mi pierna dolía demasiado.
Regresa a la habitación y abre su maletín que no es más
que una especie de dispositivo, tiene una pantalla que
empieza a encenderse, cuadrado a cuadrado dándole vista
de las demás habitaciones, del interior de ellas y sus
ocupantes. «¿Qué carajos? ».
—Mis invitados son enemigos, solo uno de ellos es de mi
agrado: Nazar Orlov, ese que tú me señalaste. Pensé que
como te gusta asesinar gente, estarás feliz de atacar a
Rudolf, el que tocó a Ginebra, dentro de unos minutos, ¿qué
te parece eso, querida esposa?
Oh, maldito infeliz.
—¿Quieres que yo asesine a uno de tus invitados? ¿De
esclava terminé siendo una matona? —ironizo, aunque la
curiosidad es mayor y me levanto, mirando lo que está
haciendo en dicho dispositivo.
—¿Recuerdas cuando me contaste sobre tu amiga
universitaria y cómo terminó? Siendo vendida. Rudolf es uno
de esos hombres, era amigo y socio de Igor. —Saca una
carpeta que me entrega, entiendo por qué me era tan
familiar su voz—. Fuiste ofrecida a su hermano, si mal no
recuerdo.
La ira vuelve a resurgir viendo la cara del maldito.
—Si lo asesino aquí, te culparán.
—No necesariamente. —Extrae un objeto cubierto con un
pañuelo, desenvolviéndolo veo un cuchillo muy antiguo—.
Es de mi otro invitado, asesinas a Rudolf con él y lo dejas en
el lugar, que parezca un descuido al salir apresurada de su
habitación. Tienes un minuto para decidir.
No puedo evitar sonreír agarrando el cuchillo. ¿Asesinar a
un maldito degenerado? Sí, estoy lista para ello.
—Se enfriará mi cena —lamento quitándome la bata—.
Entonces, ¿cuál es el plan?
—Tan loca como siempre, Zaria —susurra bajo, creo, si no
soy yo delirando, ha dejado salir el orgullo en la simple
oración.
—Si puedo viajar y divertirme, por qué elegir lo uno o lo
otro cuando puedo obtener ambos.
—Solo que esto tiene un precio, te doy un lugar de
entrada, pero si te atrapan y te asesinan diré que actuaste
por tu cuenta.
Claro, las letras pequeñas del contrato. ¿En esto me
convertiré?, ¿en la mujer que aniquila a sus enemigos?
—Quiero algo a cambio si salgo con vida.
—No —sentencia.
—Lo hablaremos cuando regrese.
—Aún puedo cortarte esa lengua…
—No lo creo, parece que ahora me necesitas ¿no? Me
pregunto, ¿tus hombres saben esto? No, claro que no. Por
eso soy tu opción, no lanzarás esta mierda sobre Laska.
Segunda pregunta, ¿qué maldito plan te traes?
CAPÍTULO 06
AVERY
—Estarás sola —repite ayudándome a colocar los guantes
protectores.
Solo tengo ropa interior, ya que entraré por un orificio
casi en el techo el cual me guiará hasta la habitación de
Rudolf, pasando la de Ginebra por la ventilación instalada
dentro de la roca. Aprieta las cuerdas, demasiado cerca de
mí, otra vez alterando mis sentidos y mi mente. Cuando se
agacha a ponerme el cinturón en el muslo, donde introduce
el cuchillo asegurándolo. Respiro profundo a la par que
siento su nariz en mi intimidad aspirando mi olor. Es difícil
no humedecerme bajo tan simple acto, aún más cuando
aprieta mis nalgas. Cierra los ojos y niega alejándose.
—¿C-cuánto tiempo-o tengo? —tartamudeo. Agarra un
mechón de mi pelo y juega en su dedo con él, acercándose
a mi boca, poniéndome nerviosa y caliente. ¿Por qué soy
una hoja frágil cuando se trata de su persona?
—Veinte, ocho para ir, cuatro para asesinarlo y ocho para
regresar. Se darán cuenta muy rápido de que no está vivo.
Cuando regreses, tienes que seguirme y fingir
consternación, si incluyes un desmayo sería excelente. Eres
buena actriz, así que lo harás perfecto.
—¿Qué te hace pensar que soy buena actriz? —rebato
moviendo la silla por donde subiré.
—Durante meses me hiciste creer que te importaba —
gruñe detrás. Me quedo congelada unos segundos—. Ahora
sé que no podías, no está en tu sistema sentir ninguna
emoción.
—Somos más iguales de lo que deseamos, ¿no?
—Un proverbio chino dice: “Aunque el ángel sea perfecto,
siempre deseará una mancha en él”.
—¿Qué carajos significa eso?
—¡Veinte minutos! —ruge alzando mi cuerpo
sorpresivamente, mi trasero quedando en su hombro. Alzo
mis manos hasta sostenerme de la placa de metal e
impulsar mi cuerpo dentro, una vez que lo hago sus manos
desaparecen. El lugar es demasiado angosto, no puedo girar
para verlo, me toca avanzar arrastrándome con ayuda de
mis codos y mis pies. El calor se siente de forma inmediata,
al menos la piedra no es rústica, sino más bien resbalosa.
No tengo forma de saber si voy con buen tiempo o malo,
porque solo tengo la intuición de mi parte. Empiezo a sudar
y sentir que las paredes se cierran, pero muevo la cabeza
ahuyentando parte de los traumas pasados en mi cabeza.
Estoy llegando a una parte donde veo luz y escucho voces.
—Te ofreciste, estar rodeada de esa perra te afecta.
—¿Debo ofrecerme, Jason? Hasta donde sé, soy una
esclava. Si quiero o no, no será tomado en cuenta. —Es la
voz de Ginebra, seguido de un sollozo, cuando escucho un
golpe. Me muevo más rápido. Llego a la rendija de hierro,
donde la chica está en el piso, sosteniéndose el rostro.
¡Infeliz! La ha golpeado, no siendo suficiente la patea y ella
se encoge suplicándole que no la maltrate.
—¿Cuándo entenderás que soy tu único dueño?
—Te juro que no he sido yo…
—Más te vale, pequeña puta. Hablaré con el Pakhan,
pronto estarás a mi lado, ocupando mi cama —advierte. Más
temprano creí que Ginebra le lanzaba miradas enamoradas
a Jason y ¿si me equivoqué? Y lo estaba mirando asustada,
atemorizada de su persona. La impotencia me embarga,
pero no puedo ocuparme de ella en este momento, debo
seguir mi camino hasta la próxima grieta, la cual no logro
visualizar aún. Hablaré con ella o descubriré qué mierda se
trae el tal Jason. Continúo mi camino empezando a sudar y
estresarme por permitir lo anterior… «No puedes salvar a
todos» me recuerdo, ya que eso me condenó a tener la
marca en mi espalda. Mis acciones al ansiar tener libertad,
una donde Alaska fuera parte, me llevaron a terminar
doblada con un hierro caliente en mi espalda por su propia
mano. Lo peor es sentir aún este jodido instinto lo más
parecido al amor por ella. Odio ser una debilucha. Winter
tenía parte de razón, dejo que lo que pretende ser culpa me
doblegue, cuando no debería ser así. Si explotara mi
potencial… Ninguno volvería a doblegarme.
Llego a la segunda salida, primero no sé si debo quitar la
placa de hierro, sin embargo, al hacerlo esta se mueve lo
cual indica que estaba así desde hace tiempo. Ivanov tenía
todo esto preparado, ¿desde cuándo? Una tonta teoría
asalta mi mente, pero no puede ser ¿o sí?
No, su voto fue para mi muerte. Lo hizo delante de todos,
sabiendo que los demás seguirían su deseo, entonces ¿Por
qué la balanza se inclinó a que fuera una esclava y, por
ende, viviera?
Maniobro en el diminuto espacio, para salir con mis
piernas colgado, el techo es un poco alto, suelto mis manos,
cayendo con agilidad sobre la alfombra. La persona en la
cama se mueve, pero no se despierta. No tengo tiempo para
hacer un espectáculo de su muerte y es la parte triste, me
gustaría divertirme. Camino de puntas, sacando el cuchillo.
Acaricio las sábanas sonriendo. Lo curioso de la muerte, es
que llega cuando menos la esperas, sea natural o
provocada, a pesar de tenerla segura, no sabes el momento
exacto de la misma. Solo puedo distinguir la silueta, no
mucho más cuando sostengo el cuchillo con fuerza, agarro
la cortina que cuelga y entonces clavo el filo en su cuello.
Abre la boca para gritar cuando le introduzco la tela, es
fuerte y lucha por liberarse, pero está confundido. Giro el
cuchillo, la explosión de sangre emerge. Se sostiene de mi
muñeca, perdiendo la poca fuerza restante hasta que sus
manos caen y su respiración se apaga. Saboreo la muerte,
la oscuridad, y dejo que fluyan en mi interior. Me gusta la
sensación desquiciada y enferma que brota en mí, es estar
sediento, medio vaso de agua no es suficiente. Disfruto el
éxtasis antes de movilizarme, abriendo las puertas del
balcón, tiro el cuchillo junto a este y poso mi mano en el
marco, así queda la huella de sangre del fugitivo. Corro al
baño, encendiendo las luces y lavando la sangre de mis
guantes, luego la del contacto de luz, me amarro la toalla en
el tobillo así no queda evidencia y salgo a la habitación, la
pared esculpida está inclinada, corro por el muro hasta
saltar y lograr sostenerme del borde. Entro por completo,
cubriendo la placa e incrustando tanto como puedo.
Me arrastro con más rapidez, desesperada, el corazón me
late deprisa, así como la necesidad de sacar esta energía
que se acumula cada vez que alguien muere por mis manos.
Veo a Ginebra en su cama, acurrucada llorando, al menos
está sola. Continúo hasta llegar a la boca de salida. Vlad
está con el pecho descubierto, haciendo lagartijas en el piso
y descalzo, cuando empiezo a emerger, deja de hacer eso
para atraparme en sus brazos al saltar. Sus músculos se
encuentran cubiertos de sudor y su frente igual.
—¿Lo hice a tiempo? —cuestiono quitándome la toalla de
mi tobillo.
—¿El cuchillo…?
—Lo dejé en el balcón, pensarán que huyó.
—Límpiate el polvo, ¡vamos! —apremia lanzándome un
trapo húmedo, rápido hago lo que me indica mientras él
retira la correa alrededor de mi muslo, lanza todo dentro del
maletín en la cama, las sábanas se encuentras
desorganizadas, el escenario donde se creería que estuvo
follando.
Cierra con un código de seguridad donde tiene la
evidencia de todo y se levanta quitándose el cinturón,
revuelve mi pelo dejándome confundida.
—Recuerda seguirme, Zaria —demanda antes de tirarme
en la cama. Chillo por la sorpresa del movimiento y luego
por el primer azote violento del cuero moliéndome la piel de
mi trasero.
—¡Vlad! —grito sin entender un carajo—. ¡No!
Mis demandas no son escuchadas, su hombro aprisiona
mi espalda obligándome a mantener la posición de mi culo
alzado mientras no deja de golpear varias veces.
—¡Maldito…!
Entonces las puertas se abren, son hombres desconocidos
y Vlad retrocede, me muevo para taparme con las sábanas.
—¡¿Quién se atreve a interrumpir cuando castigo a mi
esclava?! —ruge, mueve el cinturón cual fusta de tiras en el
aire, el sonido que realiza me hace encoger. Jason emerge
desde atrás, abriéndose paso entre el grupo de
desconocidos. Mirando la escena que ha fabricado su
Pakhan.
—Tenemos un problema, señor —anuncia—. Alguien atacó
los aposentos de uno de los invitados.
—¿Qué…? —sisea el ruso. Si no supiera que ha sido él
mismo quien me envió dudaría de mi cordura—. ¡¿Por qué
coños están aquí?! ¡Movilícense!
De la mesa agarra dos armas y su camisa, la cual me tira
con rapidez. «Recuerda seguirme».
Me coloco la camisa parándome en la cama antes de
saltar tras él, el culo me arde horrores y tengo la mente
nublada por lo que acaba de pasar, mi pelo es un desastre
desordenado y la camisa no cubre mis glúteos por
completo. Es él quien sale de la habitación, guardando sus
armas en la espalda y yo prácticamente me arrastro,
seguido de los hombres. Pregunta a quién han atacado,
como si no lo supiera ya, nos encontramos en el salón
principal, donde Nazar discute con el otro invitado, Petrov es
su apellido, recuerdo del avión que así le llamaban.
—¿Dónde está Rudolf? —llama Ivanov, cuando la figura
del viejo gordo sale, cubierto de seguridad, quienes le
apuntan a Petrov. Nazar ordena a sus propios hombres alzar
sus armas y parece que el puto salón será una masacre.
Intento pararme a la par de Ivanov, aunque no entienda un
carajo de por qué el supuesto muerto esté de pie, en una
bata de dormir ridícula, pero Vlad me mueve, siendo un
muro delante de mi persona.
—¡Querías asesinarme! —acusa Rudolf hacia Petrov—.
¡Con el cuchillo que murió tu hijo!
—Son acusaciones muy fuertes —arremete Nazar. Dios,
está en calzoncillos y su cuerpo se puede admirar. No se
compara con Vlad, pero eso no quita que su físico esté muy
trabajado para su edad, la cual no aparenta físicamente.
—¡Aquí está la prueba! —Tira dicho puñal al piso, donde
todos pueden verlo—. ¡Sabía que no podía fiarme aquí!
—Me ofendes —habla Vlad—. Te brindé un aposento
distinto, aquí estás vivo. No puedes creer que alguno de los
presentes quiso hacerte daño, ¿cómo podríamos tener dicho
cuchillo alguno de nosotros? Hasta donde alardeaste, estaba
en tu casa ¿no?
Rudolf duda y yo no entiendo una mierda.
—Me parece que alguno de tus hombres ha hecho tal acto
—revira Nazar observando la sala. Rudolf tiembla
patéticamente.
—¡No me quedaré un segundo más con ustedes!
—Hablemos, hombre —pide Vlad—. Irte en medio de la
noche supondría peligro para tu vida.
—Escúchanos —secunda Nazar.
—Por mucho que anhelé tu muerte en el pasado, por mi
única hija respirando juro que no he cometido tal acto en tu
contra. Estamos aquí por un bien mayor, nuestras
organizaciones necesitan la paz —murmura Petrov
sentándose en una silla, parece cansado, como si sus días
estuvieran agotados por alguna enfermedad, las ojeras en
sus ojos lo confirman.
—En la mafia existen enemigos, Petrov, pero nunca paz.
Cuando se trata de poder y mujeres, la paz no se sirve en el
plato.
Se gira ordenando a sus hombres seguirle, dejará el lugar.
Petrov se lamenta tosiendo.
—Mi pequeña necesita tener el camino adelantado —
habla en medio de su ataque.
—Estoy seguro de que Nazar está dispuesto a ocupar
dicho privilegio —susurra Vlad dándole un vaso de agua al
hombre enfermo—. Será un honor para tu princesa. Sabes
que, si no estuviera legalmente casado, tomaría la mano de
tu hija, Petrov.
—Lo sé, amigo. Lo sé.
Los ojos del griego recorren mi cuerpo con el ceño
fruncido ahora que he quedado descubierta.
—¿Qué estabas haciendo, Vladimir? —cuestiona al
Pakhan, quien no se inmuta.
—A punto de follar a mi esclava, ¿tú qué hacías, Nazar?
—No busquemos enemistad entre nosotros, Rudolf tiene
tantos enemigos dentro de sus propios hombres que no
dudaría de que alguno de ellos fue quien intentó asesinarlo.
—Mañana hablaremos con él, seguro entrará en razón.
Somos la seguridad que necesita —determina Vladimir.
Empieza a caminar, pero estoy petrificada en mi lugar hasta
que se para y me observa sobre su hombro y luego a Nazar
—. Dejaré algo claro…
—Vlad, digo… Señor —rectifico bajando mi cabeza.
—Mis propiedades son como mis joyas, las dejo a la vista
de todos para que sean admiradas, ¡pero no permito que se
toquen sin mi consentimiento! —ruge agarrándome del
antebrazo, me cuesta mantenerme sumisa, pero creo
entender lo que ha hecho—. Quien toca a mis joyas termina
sin manos, cuidado, no me hago responsable si alguno de
los presentes termina sin ojos o sin extremidades.
Nazar aleja su mirada de inmediato, preocupándose por
el anciano enfermo. Vlad dura unos segundos más hasta
que tira de mí y nos marchamos a la habitación donde se
nos llevó en primer lugar. Ordena que se traiga comida
fresca en una hora antes de cerrar las puertas, cuando se
gira es el mismísimo Vikingo frente a mí.
—¿Por qué me golpeaste? Querías que todos pensaran
cuán ocupado te encontrabas follando, ¿no?
—¡Bingo, Zaria! —gruñe molesto, abriéndose el pantalón
y caminando, acorralándome contra la cama. Tira su móvil
en esta y luego rompe la camisa que tengo en mi cuerpo,
los botones quebrándose con su fuerza.
—Sabías que era otro hombre en esa habitación.
—Estás hablando mucho —murmura agarrándome de la
mandíbula—. ¿Te gusta que Nazar te mire? ¿Que observe lo
que me pertenece?
—¿Celoso? —me burlo, tentando al diablo.
—Si así fuera, ¿qué?
Ambos nos retamos con la mirada, con esa tensión
jodiendo el ambiente y mandando señales a mi cuerpo
donde mis pezones parecen querer traspasar el sostén y mi
coño mojar el piso por completo. Caigo en la cama, abriendo
mis piernas, suplicando sin palabras que me joda hasta el
final de los tiempos. No debería querer dicho acto…
Rompe mi braga, empujando mis piernas hasta tener a la
vista lo que desea.
—Quiero ponerle una joya a ese bonito coño, Zaria.
Debería asesinarte ahora, una parte inmensa de mí imagina
las maneras en las cuales acabaría con tu vida, pero otra…
—¿Qué quiere esa otra? —Jadeo introduciendo mi mano y
sobando su polla, es tan gruesa que me hace humedecer y
la boca se me vuelve agua, queriendo saborearla.
—Follarte hasta que no puedas soportar más.
Sin mediar ni previo aviso, me abre la carne mojada con
sus dedos, tocándome el clítoris, mandado mi cabeza hacia
atrás, provocando un grito descomunal que abandona mi
boca al ser penetrada con fuerza, creo que acaba de
romperme el coño o mi interior al golpear cual salvaje. Es un
círculo jodido, donde nos atraemos, nos dañamos y luego
terminamos así, metidos uno en el otro.
Mueve sus caderas, golpeando mi coño y bajando su
cabeza para morder mis pechos. No ha olvidado su gusto
preferido por mi cuerpo. Su móvil empieza a vibrar y sin
disminuir sus penetraciones contesta, la persona en la línea
seguro escucha mis quejidos y me vale mierda, quiero que
siga follándome, necesito subir y caer del precipicio.
Vladimir Ivanov es el único con la capacidad de lograrlo.
—Está hecho, señor —dice la persona en altavoz un poco
incómodo. Grito cuando recibo una embestida cruel a la par
que su mano palmea mi mejilla, encendiéndome con su
dominio.
—¿Confirmado? —ruge mi Vikingo latiendo dentro de mí.
Dios, quiero que se derrame en mi interior, que caliente mis
entrañas, arañe mi piel, muerda mis pechos y joda mi coño
hasta no soportar.
—La camioneta ha volado por los aires, Rudolf murió y
ahora usted tiene su terreno. Felicidades, señor.
Maldice y arroja el aparato en alguna parte, tomándome
del pelo me levanta hasta el borde, donde se sienta y me
lleva a horcajadas sobre su cuerpo, anclándose en mi
cadera, pidiendo con sus manos que me mueva. En medio
del placer entiendo el maldito plan tan bien ejecutado.
Asesiné a un cualquiera para hacer quedar la muerte de
Rudolf como un atentado por sus propios hombres y
Vladimir Ivanov ha quedado como el buen hombre, quien les
dará un control.
Sonríe, cuando la claridad de lo que ha hecho cae entre el
medio de ambos.
—No me conoces, Zaria. No solo soy más fuerte, sino más
inteligente, siempre tendré lo que quiero, cuando y donde
quiera. Rudolf solo fue el primero de una larga lista. La
guerra se acerca, pero, tranquila, mientras eso sucede
estaré llevándote al cielo o al infierno… Tu elección, jodida
mujer.
Es mi turno de maravillarme. Moviendo mis caderas,
busco su boca, robándome un beso de sus labios. Este
hombre cruel, sin sentimientos y ahora un maldito hijo de
puta quien solo piensa en sí mismo, me trae loca.
—Soy la única que tiene lo que necesitas: solo yo, Perúm.
—¡Maldita! —ruge azotándome el culo, mis paredes se
contraen mientras río en voz alta, cabalgando su polla cual
demente.
—Me pregunto… ¿Dominic Cavalli figura en tu lista?
Sus ojos se encienden, mostrándome el odio profundo en
sus orbes.
CAPÍTULO 07
AVERY
La sensación de tener el cuerpo flotando y a la par
adolorido es una de las razones por las cuales abro mis ojos
un tanto desorientada. La otra se debe a que mi pierna está
en el hombro de Ivanov, su boca en mi coño al igual que sus
dedos, dándome una necesidad de ir al baño confusa hasta
que entiendo el grito de mi cuerpo, no es ir a hacer pis, sino
venirme del placer donde me tenía mientras dormía. Curvo
mi cuerpo, suplicando que se detenga, porque no aguanto.
Mi cuerpo es la evidencia de cada encuentro, tengo semen
seco en mi vientre y pecho, mordidas en mi cuello, la marca
del collar de la última vez que me tenía de espaldas, tirando
de este y hundiéndose en mi trasero.
He caído en la inconsciencia en el momento que recuerdo
me estaba castigando.
Esta vez no es muy diferente, cuando grito extasiada
doblándome, los dedos de mis pies encogiéndose y las
piernas temblándome. Retuerzo las sábanas en mis manos,
gritando su jodido nombre a los cuatro vientos hasta que da
la última lamida, observándome con esos ojos de felino.
Verdes, intensos, salvajes. Un jaguar y la bestia Ivanov no
poseen mucha diferencia entre uno y otro. Cuando se pone
de pie, descubro que está desnudo.
—Prepárame el baño, has dormido demasiado —demanda
y regaña al mismo tiempo, antes de salir al balcón desnudo
en toda su gloria levantando el móvil que lanzó anoche al
piso.
Me quedo recuperando el aliento, las ganas de luchar y
no rendirme a suplicarle que me mantenga así
permanentemente. Al sentarme en la cama termino
enderezando la columna y jadeando debido al ardor en mi
coño. Es un dolor… agradable y confuso.
El semen se desliza por mis piernas al caminar hacia el
baño, «¿me folló mientras estaba desmayada?» Es la única
explicación para tan abundante y fresco líquido.
Preparo la tina, con agua cálida y aromatizante, el baño
tiene una pared de cristales a una altura alarmante, me
acerco desnuda observando el precipicio de rocas y la arena
extensa a lo largo de montañas marrones. Es una vista
maravillosa.
Siento su presencia, es abrumadora, arrolladora, sin lugar
de escape.
—¿Qué estás planeando? —pregunto sabiendo que no
obtendré ninguna respuesta real, ya que soy una traidora
enemiga.
Empuja mis manos hacia arriba en el cristal, mis pechos
se pegan a este y su cuerpo me cubre. Siento su polla en
medio de mis nalgas. Dios, sigue duro. Lamo mis labios
sedienta. Cuando guía una de mis manos en medio de mis
piernas, sus dedos y los míos humedeciéndose de su
éxtasis, el cual ha dejado en mi coño.
—Lámelo —ordena.
—Deberías estar torturándome, tratándome mal ¿no?
Empuja los dedos en mi boca y cierro mis labios,
chupando el líquido.
—Existen muchos tipos de tortura —musita bajo lamiendo
la marca de esclavitud en mi hombro. Cualquier rastro de
deseo se esfuma con ese acto pequeño pero poderoso de
recordarme mi nuevo estatus—. Ven a bañarme.
Me deja en paz y camina a la tina, introduciéndose en ella
alza la esponja, lo cual observo sobre mi hombro, apretando
mis manos. Hago lo que me indica, no quiero tentar a mi
suerte, ya que Vladimir Ivanov ahora es un completo
desconocido para mí. Sus acciones son controladas, no
puedo adivinar sus pensamientos o planes a futuro, no es el
hombre que conocí.
Estoy de rodillas, a la orilla de la bañera enjabonando su
pecho cuando empieza a hablar.
—Una gota de agua es capaz de abrir un hueco en una
piedra, ¿sabías? El golpeteo incesante es tanto que termina
agrietando la superficie dura. Es una metáfora que nos
definiría en el pasado, eras la gota que pasó meses
golpeando la roca hasta formar lo que estás viendo delante
de tus ojos.
Detengo mi mano, la esponja cubierta de jabón sobre la
piel llena de tinta.
Un nudo crece en la boca de mi estómago, porque sus
palabras son un cuchillo directo a mis equivocaciones y a
las acciones de las cuales me arrepiento.
—Ambicionaba una mejor vida para Alaska —susurro
prosiguiendo con mi deber—. No sabía que era tu hermana,
de haberlo hecho…
—Hubieras actuado igual, porque no querías estar en la
mafia ¡como si existiera forma de salir vivo de ella!
—No sirvió de mucho, ¿no? —me burlo de mi patética
existencia—. Ella se encargó de marcarme a lo más
deplorable y bajo de la Bratva.
—Tu espíritu de lucha es una flama brillante. Alaska
siempre ha visto eso en ti, quizás no deseaba extinguirla.
Estás viva, te dio una oportunidad…
—De ser tu puta —corto logrando que el mafioso se ría.
—No parecías estar sufriendo anoche o esta mañana en la
cama, tampoco ahora pareces encadenada. Eres más bien
la rana en la olla.
—¡Jódete con tus estúpidas metáforas! —gruño tirándole
la esponja. ¡Qué se vaya a la mierda!, entro a la lluvia de
agua, importándome un carajo si se molesta o decide
torturarme de verdad. Se la puede meter por el culo o
donde le entre. Me baño y el ruso hace lo mismo.
Ginebra toca la puerta cuando el hombre ya está
cambiado y yo sentada en la cama, ya que mis pertenencias
no se encuentran como deberían en esta habitación, ayer
solo era un bolso de mano, creí que mis maletas estaban
aquí.
—Los invitados ya están esperándolo —informa la chica.
—Alista a la esclava, quiero el vestido azul escotado en la
espalda y su pelo recogido de lado —ordena como si yo no
pudiera elegir mi propia vestimenta.
—Usaré lo que…
—¡Cuida y mide tus palabras! —ruge haciendo saltar a
Ginebra—. Te meteré una mordaza en la boca y te colgaré
del techo como a un animal para que todos vean lo que
sucede al desobedecer o contradecir mis órdenes, ¿quedó
claro, Avery? ¡¿Quedó claro?! —grita cuando no respondo.
No me muevo, lo reto, si piensa que un simple grito
logrará doblegarme está muy equivocado. Sonríe de lado,
en una advertencia mientras les ordena a los hombres a su
espalda pasarle su látigo. Lo sacan de una de sus maletas,
muestro mi sonrisa ampliamente. El dolor es mi aliado, esa
nunca será una forma de domesticarme. Me preparo para
recibir el golpe, cuando le entregan el instrumento.
Entonces el tiempo se paraliza, al tirar de la túnica de
Ginebra, la tela cae, revelando su desnudez, la piel
inmaculada y perfecta que posee, ninguna mancha dañando
su tono moreno claro, aunque ella coloca su mano sobre su
intimidad en un intento torpe de cubrirse. Hasta que el
látigo se agita en el aire y golpea su espalda.
—¡No! ¡No! —suplico sosteniendo el cuerpo de la esclava
que cae hacia delante dejando salir un alarido de dolor. La
atrapo, ambas precipitándonos al piso. Ella llora en mi
hombro, y no sé qué hacer, encuentro la impotencia como
una fea aliada.
—Tu único deber es obedecer, Avery. Tan sencillo como
eso —dice acuclillándose. El látigo golpea el piso, mientras
no sé qué hacer—. Si pones a una rana en una olla de agua
hirviendo esta se quedará dentro hasta morir lentamente
sin darse cuenta, no es lo que tengo en mente para ti. Mi
plan es mucho más cruel, deberías empezar a mirarme con
miedo. Ginebra, alista a mi esclava, ¡ahora!
La pobre criatura tiembla en mis brazos, el mafioso se
larga sin importarle lo que acaba de cometer.
—Lo siento, lo siento —sollozo cubriéndola con el pedazo
de tela—. No quería…
—Debo cumplir mi deber. —Llora limpiándose el rostro.
Niego, puedo cambiarme sola. Busco el maldito vestido
en las cosas que trajo, poniéndomelo mientras tiemblo de
rabia. Ella se cubre sin dejar de llorar, está claro que es la
primera vez que se enfrenta a la fuerza de Vladimir.
—Me portaré bien —prometo arrodillándome a sus pies—.
Lo siento tanto, olvidé tu advertencia, no creí… Oh, Dios
mío, ¿qué he hecho?
—La señora Kassia dijo que alguien lastimó al señor, que
esa mujer lo hizo un ser sin alma, borró la humanidad del
Pakhan —susurra limpiándose las mejillas—. La condena de
un hombre bueno es una mujer mala.
—Solo buscaba ser libre —digo con sinceridad.
—No importa, de igual manera terminó aquí.
—Déjame ayudarte, ponerte una pomada o algo.
Declina mi ofrecimiento, ordenándome sentarme,
aturdida lo hago. Me peina de lado como se le ha ordenado,
haciendo muecas al levantar los brazos y amarra el lazo del
vestido en mi cuello, su diseño deja al descubierto mi
espalda y hombros, con las marcas de la bestia. Ahora me
asquean.
Desayuno en un salón pequeño con ella, no es el mismo
donde se encuentran los hombres, luego se me ordena
acompañar al Pakhan y a sus invitados en un recorrido por
la ciudad. Ginebra se queda y el tal Jason igual, no me gusta
para nada, pero ha quedado claro que debo guardar silencio
y trabajar en mi mierda.
Petrov se queda, según entiendo está en una enfermedad
terminal y Vladimir junto a Nazar deciden el futuro de sus
bienes y la hija que le queda al viejo. Ivanov tiene sus
acostumbrados lentes, vestido de blanco en esta ocasión,
sube a unos carritos especiales para recorrer las calles de
piedra y arena. Me sienta a su lado, con Nazar al frente.
—Una llamada cordial a Rudolf no estaría mal, ¿qué
opinas, Ivanov?
—Por supuesto, lo llamaremos al llegar, así le mostramos
el futuro de Israel —murmura el ruso sin culpa. Nazar no
sabe que Rudolf falleció.
—Perder la oportunidad de una alianza con Rudolf es un
error descomunal.
—Nuestros negocios quedaron arreglados antes de salir
de América —sentencia, intentando tranquilizarlo.
—¿Cómo? —Nazar se observa confundido.
—Londres es parte de mi plato, eso digo, Nazar. Te
aseguré que obtendría Londres como muestra de
solidaridad con tu persona, ¿por qué dudarías de mí?
Su mano cae abierta en mi muslo, no creo que se percate
de que está tocándome, es solo un mecanismo de
distracción. Necesita un puto contacto dónde enfriar su
mente y no equivocarse. Los ojos curiosos de Nazar caen en
la piel expuesta y traga saliva, obligándose a apartar sus
ojos de mí. Con los lentes cubriendo los orbes de Ivanov,
me pongo nerviosa, ya que no sé si ha notado lo que acaba
de pasar.
—El viejo no parecía querer ceder.
—¡Patrañas!, solo necesitaba a un hombre capaz de tener
control sobre las almas rebeldes y descarriadas, quería ver
el legado de Igor. Y lo obtuvo arrodillado de mi lado.
La humillación golpea fuerte mi orgullo, el poco restante,
e inevitablemente bajo la cabeza. Está hablando de mi
persona, todos fueron testigos de cómo le otorgué honor a
su mandato, y luego en el avión me incliné dócil. Ahora
estoy aquí, sentada a su lado, la muñeca manejable
cubierta de moretones y mordeduras evidenciando que,
Avery Kozlova, es la esclava del Pakhan.
—Por supuesto, es bueno ver cómo un simple soldado
ahora es uno de los hombres más poderosos; pasar de la
nada a un todo, más aún, viendo su buen gusto, no solo en
diamantes, sino en las féminas.
—A veces los de abajo solo necesitan un impulso para
brillar, eso es lo que sucedió conmigo.
Llegamos al destino donde se les espera, le muestran la
edificación antigua hasta la última planta, donde una mesa
está repleta de joyas preciosas, las cuales el Vikingo admira
con buen gusto. Me siento, obviando las cosas que hablan
hasta que Vlad es quien recibe la llamada.
Rudolf está muerto, finge de tal manera que no sé cómo
se atreve a echarme en cara la acusación de que soy una
gran actriz. Dios, es un mentiroso de primera. Promete
mover a sus hombres inmediatamente para dar con el
responsable. ¡Su socio ha muerto! Qué conveniente, lo peor
es ver a Nazar convenciéndolo de no tomar ninguna
represalia ya que el viejo tenía demasiados enemigos. Esa
no es la forma de actuar, deben ser más inteligentes.
Es el colmo de la ironía.
—Petrov morirá en días —insiste Nazar—. Buscar vengar a
Rudolf no tiene solución, es más comprensible planear dicha
boda con la princesa de Petrov y quedarnos como aliados,
piénsalo, Vlad. Tus enemigos se han reducido con esto…
—No es honesto, soy un hombre de palabra.
—El viejo no lo merece, si fuera otro, yo mismo buscaría a
los responsables —sentencia Nazar.
—Tienes razón en esa parte —lamenta Vlad, ¡qué maldito
actor! Alguien debería darle un Oscar.
—Mi respaldo está contigo, Ivanov. Ahora alguien debe ir
con Petrov e informarle. Iré yo, si no te importa.
—Claro, claro —concuerda el ruso meditando. Parece a
punto de hervir de ira—. Terminaré de supervisar la obra por
mi cuenta y nos reunimos, Nazar, por favor lleva la mitad de
la seguridad contigo, no puedo perder a otro socio o esto se
irá a la mierda.
—Por supuesto, también cuídate.
El griego se denota genuinamente preocupado, cuando
dividen la seguridad prometiendo reunirse en la casa antes
del anochecer. Se marcha.
—Quiero a un profesional —demanda Vlad al hombre que
nos recibió. No entiendo un carajo, pero tampoco hablaré
con ese imbécil. Si quiere una esclava, pues, son obedientes
y calladas ¿no?
Aunque no le hace falta que hable, me lleva de un lado a
otro, como le da la regalada gana. Nos sentamos solos en
un palco a comer y, aunque me gustaría hacerme la digna,
y no probar bocado. Degusto la comida en su presencia,
mientras no deja de responder llamadas y resolver asuntos
en su celular. Es un hombre ocupado, nada parecido al de
aquellos años.
Quiero al de la playa, al que estuvo dentro de mí por
primera vez… cierro los ojos negando. No puedo obviar lo
que está sobre la mesa. Yo soy la culpable, punto.
—Si yo…
—No —corta sin levantar la vista de su dispositivo.
—No sabes lo que te iba a decir —reviro.
—A veces —suspira dejando el aparato en la mesa y
prestándome atención—, conocemos a nuestros enemigos
mejor que a los amigos. Ibas a soltar el discurso de que si
hubiera forma de regresar al pasado y todas esas idioteces,
has estado sentada con la vista perdida en tus ilusiones
¿soñando con lo vivido? Probablemente. Sin embargo, no se
puede cambiar, ambos lo sabemos. Tengo a una buena
mujer en casa ocupándose de mi hija, adorando a mi
hermana y a mi persona. Tú solo eres una maldita condena
que debo pagar, Avery.
—Señor, lo que solicitó está listo.
Me trago el dolor que han generado sus palabras. Incluso
aprendió a herir sin levantar un dedo. En otro momento
estaría orgullosa de él, si no fuera yo su blanco de ataque.
—Vamos —demanda tirando la servilleta de tela en su
plato. Me pongo de pie y le sigo, el hombre le entrega una
cajita y saca la joya que tanto miraba cuando llegamos, solo
que ahora está unida a una especie de argolla. El metal es
plateado, pero no parece plata u oro blanco.
—Es un placer, señor Ivanov —saluda una mujer joven,
con aretes en la nariz y su labio. Su pelo blanco platinado,
es muy linda. Aunque no se presenta y Vlad tampoco.
—¿Podemos hacerlo aquí?
—Sí, Aston ha despejado una recámara.
—Perfecto, hábleme de la curación —ordena el ruso.
—Dura unas cuatro semanas.
—¿Me dice que no puedo follar por un mes?
—Mmmm… —La chica se mueve incómoda—. No, quiero
decir…
—Sea directa, ¿puedo follar o no?
¿Qué carajos…?
—Sí, puede hacerlo a las horas, aunque se recomienda
que no, ummm, esto… Chupe esa parte.
—¿Durante cuánto tiempo? —revira directo. El sujeto
indica el camino a la habitación y Vlad espera una respuesta
caminando al lado de la joven.
—Unos cinco días.
—Bien, cinco días es razonable. Lo quiero en el prepucio
de forma vertical, que el diamante cuelgue y haga fricción.
—Claro, claro… este… puedo hacer eso.
—La prepararé —indica antes de tomar mi mano e
introducirme al aposento indicado. Me lleva hasta la cama y
no soporto quedarme callada.
—¿Te pondrás una argolla?
—Boca cerrada —gruñe abriendo el resto del contenido
de su caja misteriosa, extrae una bala, no de las que matan,
sino un juego erótico, negra y con un mando. Frunzo el ceño
aún más, quizás la comida tenía drogas—. En la cama, abre
las piernas.
—Vlad…
—Si lo repito una vez más, llamaré a Jason y le diré que
azote a su prima hasta hacerla sangrar, ¿qué tal eso?
—«¿Prima? ¿Ginebra es prima de ese imbécil?».
—¡Eres un maldito!
—Gracias, ahora abre las malditas piernas.
Hago lo que me indica, empuja la tela y mi sexo queda a
su disposición. Solo un gruñido es suficiente para que abra
más dándole acceso por completo. Siento vergüenza porque
mi cuerpo reaccione a cosas para las que incluso ahora
mismo no estoy de humor. Jadeo cuando me introduce dicho
aparato. Su pulgar me toca el clítoris y me muerdo el labio.
—Si te lo sacas, será a ti a quien voy a azotar, ¿quedó
claro?
—Sí, muy claro, bastardo de mierda.
—Me lo agradecerás luego ¡Pase! —grita. Ha perdido la
cabeza, al menos es la mujer y no otro hombre, vuelve a
indicar mantener mis piernas separadas, mientras se sienta
a mi lado en la cama y la chica abre su maletín. La bala no
es incómoda, por el contrario, me gusta la sensación pesada
que me produce, por ello mis mejillas están rojas. Me
levanto sobre los codos, abriendo mi boca para replicar
cuando hace entrega de la caja aterciopelada. Prepucio,
vertical.
«Quiero una joya en este coño». Oh, Cristo. La chica se
coloca guantes y se sienta en una silla que coloca frente a
mí, como si no tuviera el coño abierto con una bala sexual
dentro.
—Listo, vamos a comenzar.
No puede ser…
CAPÍTULO 08
VLADIMIR
Inspecciono el trabajo de la chica, tocándole la
protuberancia ante lo que Avery gime, no es que pueda
sentir mi tacto, ya que el área fue adormecida para realizar
la abertura. El diamante rojo cae justo donde lo imaginé. Es
una joya preciosa ahora adornando a la mujer que debería
asesinar. Tiene seis, coma dos millones de dólares
decorándole el coño. Si se atreve a dejar que alguien más la
tome, que no sea mi persona, su cabeza será un lindo
recordatorio que por generaciones la humanidad recordará.
Acomodo su vestido y la ayudo a levantarse, está muy cerca
de mí, sus ojos refulgen oscurecidos, ya que la experiencia
ha sido muy satisfactoria.
Extraigo el celular de mi bolsillo para hacerle la
transferencia a la chica y finalizar. Escucho el chillido de
asombro cuando verifica la cantidad, no tengo tiempo que
perder. Debo hacer un recorrido más, luego regresar con
Petrov y Nazar, concretar los siguientes movimientos de mi
plan.
—Se ha equivocado, señor, esto es mucho dinero.
—Cien mil dólares —respondo guardando todo, tengo
prisa. Estas cosas no estaban en mi itinerario. Perder el
tiempo colocándole una argolla a Avery, pero, joder… me
encanta el resultado y las cosas que haré—. Muévete —
demando hacia la pelinegra, quien me sigue.
Las siguientes horas me las paso revisando las entradas y
salidas para las rutas desde España, Israel y Londres. No
estoy interesado en los países latinoamericanos, no
cometeré la misma idiotez de Kain. Ese fue su error, pelear
terrenos bajo el poder de Don, prefiero explorar nuevos
horizontes, aquellos donde mis adversarios son
insignificantes.
Avery no puede sentarse correctamente en el vehículo de
regreso a la villa y finjo que no me percato de su
incomodidad, pero me hago una nota mental de limpiarla y
colocarle la crema curativa cuando estemos solos.
Tengo un acuerdo de ventas con Raze Nikov el cual
favorece a mis planes. Nazar tiene más fascinación por las
armas, que por las mujeres. Es al único que pretendo
conservar a mi lado. Petrov atraviesa cáncer terminal,
vengo desde hace meses dándole un flujo constante de
dinero, se ha creado un cúmulo de deudas, cuando llegue su
hora de partir, Nazar se encontrará casado con su hija y las
deudas pasarán a él. Será mi momento de cobrar,
obteniendo así participación en el corporativo griego.
He construido mi edificación en las sombras, despacio,
calculando los posibles movimientos de todos y me
encuentro a nada de tener el poder absoluto. Quizás se
deba a esa primera oportunidad que Avery me cedió años
atrás, por lo cual me mantengo buscando a Aldrik. Dándole
un voto de confianza único, sufragio que no merece.
Desde el inicio se encargó de traicionarme, junto a
Dominic se fue burlando de mi persona.
Llegamos a la villa y sube a prepararse junto a Ginebra,
quien está esperando en la puerta por ella. Voy al despacho
que pedí se me asignara, indicándole a la esclava traer a
Avery cuando esté lista. Realizo unas llamadas, necesito
agilizar esa boda a la voz de ya. Cuento el tiempo de
diferencia en casa antes de llamar, odio estar lejos de Becca
tanto tiempo, me pierdo demasiado por estas situaciones.
—¡Habibi! —grita emocionada Kassia en la línea.
—No creí que responderías —digo, es demasiado tarde en
América.
—Esperaba tu llamada, te extraño. La casa es triste sin tu
presencia, habibi.
—Confío en que Becca haga alguna travesura que te
mantenga entretenida, ¿alguna salida en especial?
Tengo un reporte de lo que hacen, sin embargo, me gusta
escucharla contarme lo que han estado inventando cuando
no estoy en casa.
—Becca es una niña muy inteligente, sus travesuras
alegran mi corazón —suspira—. Gracias, habibi, por pedirme
quedarme a tu lado. Fue la mejor decisión.
—¿Por qué estás triste? —cuestiono genuinamente
interesado.
—Hablé con mi prima Somalia, no es feliz en su
matrimonio. En fin, mejor te hablo de cosas agradables. Ya
sé a dónde iremos de vacaciones —revira entretenida—.
Hemos ido de compras, seguridad en todo momento… Unm,
nos fotografiaron.
—Sí, tengo unas lindas fotografías en mi poder —
confirmo. Me enviaron unas fotos para pedir autorización de
ser sacadas en la farándula—. ¿Ese traje de baño es debido
a mi color favorito?
—Siempre quiero complacerte.
—Y lo haces —concuerdo—. Si eligieron el destino e
incluyeron trajes de baño ¿a dónde iremos?
—El Caribe, ¿te gusta? Becca quiere conocer el mar, jugar
a ser Sirenita en la arena.
—¿Es a donde tú quieres ir?
—Claro que sí, habibi —murmura.
—Entonces será nuestro destino.
—Umm, ¿vendrás pronto? Sé que no debo preguntar…
—Extenderé mi viaje unos días —informo. Alguien toca
suave la puerta y subo la mirada. Maldita sea. No es a quien
espero encontrar delante de mí, tampoco vestida de esa
manera—. Debo colgar, llamaré mañana, ahora ve a dormir.
—De acuerdo, habibi. Espero tu llegada —susurra
cortando la llamada.
Dejo el móvil en el escritorio, moviendo la mano para que
entre ella. Zaria, la diosa de la belleza. Tiene el pelo
recogido, mechones cayéndole alrededor del rostro,
maquillada como solía en el pasado, sus mejillas han
tomado el color de cuando regresó en Chicago. Y tiene un
vestido dorado pegado a su cuerpo, sé que no lleva ninguna
ropa interior, sus pezones se marcan fruncidos en la tela
extremadamente delgada.
—La cena está lista —gruñe apretando sus puños. Quiero
reírme por la incomodidad que sale en sus palabras.
—Quiero un trago —demando señalando el bar en la
esquina. Sabía que esa advertencia sobre Ginebra valdría
completamente la pena. Avery y su tonta necesidad de
proteger al mundo, exponiéndose a sí misma.
—Cuando fui a cumplir con el asesinato del hombre, te
pedí algo a cambio.
—Y no recuerdo haberte concedido tal cosa —corto sus
palabrerías. Deja el vaso frente a mí y lo agarro, oliendo el
ron dulce, antes de saborearlo.
—Como decía —prosigue—. Es algo mínimo, solo una
respuesta de tu parte. No gastarás dinero, ni tiempo.
—Adelante, vamos, sorpréndeme o ridiculízate.
—Esa noche. —Empieza tomando un jodido camino
oscuro—. ¿Si yo hubiera hecho las cosas distintas? Quiero
decir, salir todos ilesos, ¿qué futuro imaginabas? Solo
necesito esa respuesta, y aceptaré mi destino. Si es ser esto
para ti, un objeto al cual puedes adornar o usar cuando
dictes, que así sea.
Juego con mis dedos en la madera… Puedes darle unas
migajas de verdad a tu enemigo, ver su reacción y sacarle
ventaja. Me termino el vaso de ron de un solo golpe,
poniéndome de pie. La resignación de no tener respuesta la
hace bajar la cabeza, ¿por qué quiere remover el pasado?
¿Martirizarse con los posibles escenarios que ya no van a
ocurrir?
—Si tu intención era quedarte a mi lado, te hubiera
perdonado y aceptado. Imagino que, para este momento
tendrías al menos un hijo nuestro en tus brazos. Si era lo
que querías, claro. Tu error fue el no mirar que nunca te
obligué a nada, eras libre, Avery. Buscabas algo que ya
tenías a mi lado, pero no supiste ver.
—La mafia… —murmura negando.
—Es donde nacemos, crecemos y morimos, tú tenías una
ventaja. Hubieras sido la cabeza de la mafia y no un peón.
—Me detengo a su lado, ambos en direcciones opuestas del
camino. Ella nos guio de esta manera—. Confiaste en
Dominic, en el hombre del cual deberías haber huido. Todos
me tildan de malo, lo soy, nunca me he escondido detrás de
la máscara de empresario. Sé quién soy, lo que hago y lo
que quiero, no siento culpa por ser una amenaza. En
cambio, Don se esconde. Te muestra la cara amigable y a tu
espalda te clava un puñal. Miente, guarda secretos que solo
revela cuando él decide oportuno. Busca la manera de salir
victorioso, sin importar a quién tenga que hacer caer.
Se aferra a mi antebrazo, dejando caer su cabeza allí.
Está cansada, lo sé. Un cansancio emocional, de huir, de
esconderse, de la carga que le tocó llevar en sus hombros,
de no tener nada. De la gran princesa rusa, Avery Kozlova,
no queda nada. A veces el cansancio mental es más fuerte
que el físico. Allí es donde se encuentra.
—¿Y si te dijera que yo no lo hice? Que no fui quien jaló…
—Te diría que no importa lo que yo sé, la Bratva necesita
tu sangre, tu dolor, y no descansarán hasta obtenerlo.
Alaska te dio días, pero no podrá darte años de vida.
Eventualmente serás el sacrificio de la mafia roja.
—Moriré —susurra bajo.
—Sí —sentencio. Es algo que debe saber. Su vida tiene
una fecha de caducidad—. A menos que decidas matarme,
pero no tuviste valor en el hotel. Y sé que no lo tendrás más
adelante porque la culpa te está ahogando.
—Quiero que seas feliz. Te robaba porque necesitaba el
dinero…
—No quiero saber nada.
—Los explosivos los detonó alguien más, ¡sabes que no
dañaría a nadie…!
—¡A mí! —gruño alejándome de su persona. Esto no debe
pasar, no quiero hablar y cuestionarme nada. Sé qué debe
ser hecho y ella viene convertida en su forma de bruja a
hechizarme—. ¡Me dañaste a mí! ¡Quien quería joder al puto
mundo por ti! El universo si hubiera hecho falta, pero ya es
tarde. ¡Para ti, para mí y para todos! Lo único que me queda
es…
—¿Qué? —desafía con esos ojos grises humedeciéndose.
«No puedo decirlo».
—Hacer respetar las leyes de la Bratva.
—La organización es primero, no existe la familia sin ella,
vives, respiras y levantas la honra por y para la Bratva.
Recita el juramento casi atragantándose.
—La Bratva no te dañó, Avery. Fue Igor Kozlov. Ese fue tu
verdugo, no la mafia roja.
No tengo más que hablar, porque terminaré diciendo
cosas de las cuales me arrepentiré en el futuro inmediato.
Tiene derecho a saber su destino, si pretende luchar o
aceptarlo ya será cosa de ella.
Me persigue por los pasillos hasta el salón donde Nazar y
Petrov esperan sentados, el primero no intenta observarla y
más le vale, como dije, no me gusta que mire mi propiedad
sin autorización. Y Avery es parte de eso que no estoy
dispuesto a compartir con nadie.
Me siento a la cabeza de la mesa, Avery en mi lado
izquierdo y Nazar a mi derecha, Petrov opta por estar al lado
de la mujer, para comodidad con su tanque de oxígeno. Su
situación está empeorando.
—¿Podemos hablar delante de la esclava? —cuestiona
Nazar con el ceño fruncido.
—No veo por qué no, ella conoce la mano dura de su amo
¿qué te sucedería si decides repetir lo que escuchas?
—El señor me colocará una mordaza en la boca y me
colgará desnuda del techo, para que todos vean cómo trata
a los animales.
Sonrío de lado, sabía que repetiría lo que mencioné. Es
una mujer inteligente, elige cuáles batallas luchar, además,
apuesto mi cabeza a que ha entendido mi juego hace
mucho tiempo. Por eso estoy disgustado, ¿cómo puede una
mujer de su calibre terminar de esta manera?
Nos sirven la cena, mientras Petrov habla sobre su hija y
Nazar finge escuchar. Sabe que para el bien de todos es su
obligación contraer matrimonio con la joven. No me agrada
en demasía dicha acción, ya que termino inevitablemente
recordando el pasado con Dalila, la forma en la cual fracturé
quien era y la llevé a terminar muerta. La carne viene
cubierta de papel en oro, giro mis ojos cortando un trozo
mientras busco la aplicación en mi móvil. Si no lo tiene
dentro, voy a azotarle el culo en esta misma mesa cuando
los demás se retiren.
Lo enciendo cuando está llevándose una copa de vino
blanco a los labios y lanza un gritito asustado agarrándose
de la mesa de inmediato.
—¡Por Cristo! —murmura dejando la copa. Petrov la
observa confundido y Nazar se para.
—¿Le sucede algo? —pregunta. Continúo comiéndome la
carne, pacífico.
—Creí ver algo en la esquina… una cucaracha.
—No me digas que la gran Kozlova le tiene miedo a una
cucaracha —me burlo luego de tragar el bocado. Sus
mejillas empiezan a acumular la sangre al igual en su cuello,
la tela del vestido hace que destaque más—. Siéntate,
Nazar, mejor hablemos de esa boda.
La bala en su coño está vibrando, es una intensidad in
crescendo, poco a poco se volverá casi insoportable. Y estoy
disfrutando imaginar los jugos que debe estar soltando
entre sus piernas.
—Sería prudente en pocos días, me gustaría presenciar su
boda —indica Petrov tosiendo al finalizar.
—Viajaremos a Canarias mañana, si están de acuerdo.
—¿No vamos a rendir nuestras condolencias a la familia
de Rudolf? —interviene Nazar.
—Como dijiste más temprano, querido amigo, Rudolf no
merece nuestro tiempo. Ya se le enviará una corona a su
viuda, aunque seguro estará feliz por la muerte de mi socio.
Su reciente esposa tiene diecinueve años, no la imagino
llorando por obtener un bien con la muerte del hombre.
—Ya que hablamos de bodas, ¿cuándo te casarás
nuevamente?
Subo la intensidad de la bala, y Avery mueve el cuello de
un lado a otro.
—Una nueva mujer no es mi prioridad en estos
momentos, además ya estoy casado.
—Es bueno tener una mujer a tu lado, que te represente
—dice Petrov—. Duré cincuenta años con la misma mujer,
no la amaba, pero supe que era la indicada-a. —Tose
colocándose la mascarilla de oxígeno—. El matrimonio es
una transacción, algunos hacen un buen negocio y otros no.
—Sin duda alguna —concuerdo observando de reojo a
quien hasta ahora sigue siendo legalmente mi esposa—.
Algunos tienen más suerte que otros.
—¿Para qué quieren una esposa obediente y desabrida?
—explota Avery. Sabía que iba a estallar, con ella siempre es
cuestión de tiempo—. Tener llamadas ridículas que no
despiertan nada en ustedes, cuando pueden disfrutar una
mujer de verdad.
—¡A la habitación! —grito golpeando la mesa. Los demás
creerán que estoy furioso con ella, cuando en realidad me
encanta este jodido juego de poder. Se levanta alarmada,
abriendo los ojos, asustada—. Si dices una sola palabra… —
Dejo la amenaza en el aire. Se apresura a salir y me
disculpo con los hombres, corriendo detrás de la pequeña
guerrera asustada. La atrapo en una curva del corredor,
subiéndomela en el hombro.
—No la lastimes —suplica con verdadera preocupación—.
Pégame a mí, no a ella.
Empujo de una patada la primera puerta que encuentro,
detrás los trabajadores detienen sus quehaceres en la
cocina. Es todo rústico, hornos de barro y piedras ancladas
en el piso.
—¡Largo! —ordeno a todos, quienes salen despavoridos.
Dejo el cuerpo de Avery en la mesa, tirando los platos al
piso. Le subo el vestido hasta la cintura, abriéndole las
piernas como me gusta. Los labios le brillan, está mojada
mientras se nota la vibración interior que tiene—. Qué coño
tan bonito, Zaria.
Está hinchado, y el diamante reluce justo como lo
imaginé, apenas me abro el pantalón.
—¿Qué…? —Jadea confundida.
Con la cabeza de mi polla divido sus labios, empapando la
punta con sus jugos. Abro sus piernas amplio, viendo el otro
destino que me encanta de su cuerpo. Coloco mi miembro
en su entrada y empujo fuerte. Grita curvándose,
llamándome hijo de puta. La delgada pared me permite
sentir la vibración que lleva dentro. Sostengo ambas piernas
por sus tobillos y las dejo en mi hombro, moviéndome en su
culo con desenfreno. La odio, pero más me repudio a mí por
desearla de esta forma tan arrebatadora como lo hago.
—Me matas o te mato, ese es el único destino que
tenemos, Zaria. ¡Y yo tengo muchas razones por las cuales
vivir! —rujo, goleándole la mejilla izquierda de sus nalgas.
—Más, ¡más! —Llora descargando crema desde su coño
que cubre mi polla al entrar.
La follo, soy un demente y no me importa. Voy a tomarla
cada vez que necesite saciar mis ganas por ella hasta que
llegue al punto en donde me harte y no deba vivir buscando
una excusa en la cual sea inocente, imaginando ningún
jodido pasado diferente. Es mi oscura, retorcida y
desenfrenada obsesión, pero le prometí a Dimitri que sería
la última. El juramento a mi hermano es mayor que
cualquier deseo absurdo.
Ella morirá, punto, o desataremos un apocalipsis ambos.
Me vengo en su interior, bañándole las paredes internas,
ella se deshace en un alarido. Salgo para ver cómo mi
semen la cubre, cómo gotea fuera. Los recojo con mis
dedos, metiéndoselos en el coño, buscando la bala
vibratoria.
Extraerla ocasiona que su propio orgasmo se muestre.
Oh, pudimos ser perfectos.
—A cumplir tu deber, quiero que me bañes.
—¿No estás molesto conmigo? ¿Azotarás a Ginebra?
—Si me bañas como se debe, no —aseguro guardándome
el miembro.
Baja de la mesa, caminando gracioso. Supongo que
deberé dejarla descansar hasta que se le cure. Una lástima,
planeaba divertirme más. Camino detrás suyo jugueteando
con mi móvil, hasta que el mensaje que esperaba aparece.

Sujeto encontrado.
Ubicación: Praska, Cracovia. Rusia.

Con un anexo de información detallada, sabía que el


coronel Nathan lograría ubicar a mi presa. Respondo un
agradecimiento, levantando la vista hacia la mujer que abre
la puerta de nuestra alcoba, no me importa si es inocente o
no, eso no puedo manejarlo en mi control, sin embargo,
cobrar a quienes se burlaron de mí, sí.
Sea quien sea… Caerá.
CAPÍTULO 09
VLADIMIR

—¿Por qué estás dejando todo apresurado?


—No te he dado permiso de hablar, ¿cierto? ¿O te hice
alguna pregunta? —gruño ordenándole subir al jet privado.
No tengo tiempo que perder, Aldrik podría moverse de un
lugar a otro dentro de Rusia y si Nikov está encubriéndolo
será imposible para mí localizarlo. Petrov y Nazar viajan en
otro avión hacia Canarias, mientras yo a Cracovia. Elijo un
quipo de los mejores, silenciosos y rastreadores en su
mayoría. Analizo el plano de la granja donde se está
escondiendo, parece que pertenece a un parque del
gobierno. La primera señal, alguien poderoso le ayuda para
estar en una reserva. En el vuelo evito contacto directo con
Avery, llamo a casa en Chicago, asegurándome de que
están bien, también indico nuevas medidas en caso de que
las cosas sean jodidas en Rusia.
—Haz lo que te digo, Laska. Eviten salir.
—Sería bueno saber el motivo.
—No puedo hablar —señalo clavando la mirada en la
mujer que finge dormir en la segunda línea de asientos
frente a mí.
—¿La has maltratado…?
—Tenemos un acuerdo, ¿no? Cumpliré mi parte.
—Solo estoy nerviosa —confiesa estrujando mi pecho—.
He buscado cualquier regla, algo que pueda y… Nada.
—La palabra mágica: olvídalo. Empieza a vivir con ello.
—No quiero que muera, Vlad. Ella es como una hermana
para mí —se lamenta quedándose en la línea en silencio.
—Si estuviera en mi poder… —Juego con vaso que
contiene jugo tratando de no decir las palabras, pero que
todos tienen que acostumbrarse—. Viviremos con las
consecuencias de nuestras decisiones.
—Te quiero —termina susurrando, porque enfrentar lo
inevitable es muy doloroso para ella.
—Cuando esto acabe, irás a ese viaje que planeas, serás
feliz y el recuerdo se mantendrá en el pasado.
—Sí, se superará… No la hagas infeliz, lo prometiste.
—Y tengo palabra —reviro—. Debo colgar.
—¡De acuerdo! ¡Te quiero!
—Bye, Laska —pronuncio aclarándome la garganta.
Escucho su risita de traviesa previo a colgar. Dejo el móvil
antes de acariciarme la barba con mis dedos, sin perderla
de vista a ella. Ginebra termina colocándole una manta y el
vuelo trascurre así, perdido en mi cabeza, en miles de
escenarios ridículos que no valen la pena expresar.
Aterrizamos al siguiente día, en el mapa cerca de la
ubicación encontré una casa de granjeros, la cual me servirá
para organizarme.
—Tomaremos la casa —informo a los hombres—. No
quiero ningún herido, los atrapan y reúnen en un área, con
las cabezas tapadas, sin daños ¿quedó claro?
—Sí, señor.
Ellos van por delante, tengo poco más de veinticuatro
horas antes de que Nikov esté enterado. Me quedo con
Ginebra y Avery en un restaurante, a la segunda se le
ilumina el rostro viendo el menú. No importa si estamos
fuera de Rusia, estas tierras tienen algo sagrado que nos
hace pertenecer a ella, querer glorificarla y comparto el
sentimiento de sentarnos en un restaurante pequeño a
degustar un plato tradicional. Dalila odiaba los condimentos
fuertes, pero incluso de esa manera ella aprendió las
comidas favoritas que me gustaban, solo para hacerme
feliz. Aunque es muy tarde para revertir mis errores,
recordar esos detalles me hacen entender cuán erróneo fue
mi comportamiento.
—¡Quiero un Pelmeni y un Borsch frío! —chilla. La mesera
la mira confundida a lo cual Ginebra se ríe tapándose la
boca—. ¿Qué? ¿Por qué te ríes?
Repito la orden en ruso, ya que Zaria ha estado
demasiado emocionada para entender que habló en inglés y
no en ruso.
—Ha sido la emoción de comer algo que no sea pollo frito
—susurra negando. Nos traen la comida y una hora después
marchamos a la casa indicada. Mis hombres no han herido a
la pareja, quienes se encuentran atados en el granero, con
bolsas en la cabeza y tapones de oídos. Así no verán ni
escucharán nada.
—Deberíamos llevar a la esclava —propone Jason,
mientras estoy cubriéndome. Mis soldados levantan la
mirada, atentos a mis movimientos.
—No llevaré al enemigo armado a mi lado —respondo
cargando el arma que me engancho en el muslo sin perder
la tranquilidad. Sé lo que hace, es su oportunidad de
cobrarse a Avery en medio de un fuego cruzado, ya que
cualquiera puede salir herido.
—Es un soldado de la Bratva, hasta donde Dante habla es
la mejor, ¿por qué no llevarla?
—Me da igual —murmuro sin interés—. Si es lo que
quieres, adelante, búscala.
Está adentro de la casa seguro hecha una furia notando
que acabo de secuestrar a personas inocentes, esa culpa
nunca la dejará desarrollar quien es, es un potencial
desperdiciado. Termino de ejecutar el plan con los demás,
porque Jason tarda mucho, cuando regresa casi arrastrando
a Avery. Las ganas de volar su cabeza aumentan, más por el
hecho de que ella tenga un golpe en su mejilla.
—Se resistió —dice encogiéndose de hombros. No me
gusta que toquen lo mío, nadie. Nadie.
Ella se detiene a mi lado, con ese temperamento altanero
que tanto admiro. No se deja quebrar por nadie y si el
caminar de Jason delata algo, es que ella tuvo que haberse
defendido. De igual manera no lo dejaré pasar.
—Es hora de irnos.
Subo a una de las camionetas del lado del chofer dándole
una mirada a ella, para que aborde de copiloto, antes de
que nadie pueda subir, arranco el vehículo dejando a los
demás detrás, que me sigan como debe ser.
Avery no habla por diez minutos de trayecto hasta que se
encoge ligeramente, seguro la argolla está doliéndole.
—¿Duele? —cuestiono genuinamente interesado.
—¿El golpe que me dio tu salvaje?
—Seguro se la devolviste.
—Claro que sí, ¡no dejaré que ningún hijo de puta me
toque! —ruge. Al menos tiene puesto un vaquero.
—Atrás está una chaqueta, póntela.
—¿Es antibalas? Si no, no sirve de nada. Moriré en las
próximas horas —musita casi a punto de quebrarse. Ella
sabe lo que Jason ha hecho. Traerla al matadero.
—No lo harás —digo bajando la mano por mi pantalón,
sacando el arma cargada. Ella no tiene nada con lo cual
defenderse—. Le prometí a Laska que te vería una vez más,
no rompo mis promesas… Pero si me traicionas, intentas
huir o burlarte, yo mismo te meteré esa bala en la frente
¿entendido?
—Si te quisiera asesinar lo haría cuando estás dormido a
mi lado. Eso me daría más tiempo de poder huir, no en el
medio de Rusia donde no tengo a nadie —bufa. Le entrego
el arma sintiéndome tonto.
—Y tampoco puedes dispararle a Jason.
—Ahh, ¡me quitas la diversión! —se lamenta y me causa
risa, aunque disimulo—. Entonces, ¿a dónde vamos y qué
haremos?
Es hora de que sea yo quien sonría en la oscuridad,
bajando la velocidad para igualarme con mis hombres,
cuando el camión militar que robaron más temprano nos
pasa, derrumbar el portón de seguridad de la reserva para
que pasemos, es su misión. Avery observa el aparato pasar
del lado de su ventana y luego aumentar su potencia
estrellándose contra el hierro que rompe como si fuera
nada, desde que eso sucede una serie pequeñas luces
revientan a lo largo del perímetro.
—¡Agárrate! —advierto pisando el acelerador y pasando a
través del desastre del muro en el piso, freno casi en la
entrada girando el volante. La camioneta queda atravesada
cuando le ordeno a Avery mantenerse cerca de mí. De atrás
saco la AK 47 saltando de la camioneta, soy quien derrumba
la puerta principal. Mis hombres disparan a la seguridad que
aparece, no estaban solos y es algo que ya sabía, pero
esperaba menos de lo que verdaderamente encuentro.
Disparo a la cabeza a los dos primeros que salen del lateral,
no se encuentran en alerta porque nadie pudo avisarles
antes. Avery viene a mi espalda, porque sabe su debilidad
con un arma de pocas balas. Muevo mi mano indicándole a
dos de mis soldados subir las escaleras.
—¿A quién buscamos? —repite Avery.
—Aldrik —aviso paralizándola.
—¿Cómo…?
—¡Movimiento en el muelle!
Acelero el paso hacia la parte trasera de la casa,
memoricé el plano, sé del pequeño muelle, pero según la
vía aérea no tenía ningún barco o lancha donde huir.
Escucho que algo cae a mi espalda, pero la adrenalina de no
perder al hombre que requiero me hace avanzar, saltando
una pequeña separación del balcón y el patio trasero. Hay
movimiento en el agua, apunto el arma disparando a ciegas
a la embarcación sin luces que huye a toda velocidad,
escucho los tiros y gruñidos de peleas en la casa, luego por
una línea de mi visión alcanzo a ver a un hombre corriendo
en el patio, se está dirigiendo apresurado hacia algo, pero
distingo quién es y muevo mi arma, la AK 47 apuntándole
bajo y entonces disparo. La persona cae y no, no me he
equivocado.
—Nadie toca lo mío, Jason —susurro ya que no puede
oírme. «Ups, lo confundí con el enemigo».
—¡Vlad! —grita desesperada Zaria. Me giro para detectar
lo que sucede, cuando me topo con un hombre casi frente a
frente y su escopeta—. ¡No! ¡NOOO…!
Escucho su grito de desesperación, sin embargo, es tarde
cuando la descarga se detona y el tiro me pega,
enviándome hacia atrás, mi arma se cae de mis manos,
mientras intento sostenerme el pecho, el puto dolor de la
detonación aturdiéndome por segundos. Avery salta desde
el balcón, cayendo sobre el sujeto y sin ningún tipo de
remordimiento le dispara a la cabeza mientras está sobre él,
alguien viene hacia mí cuando ella le tira la última bala que
tiene. El hombre cae rodando por la pendiente. Creo haber
reconocido su rostro, mientras me siento, tengo sangre de
los trozos de la detonación, los cuales me dieron en partes
del cuello y una astilla en mi brazo izquierdo, estoy tratando
de respirar cuando su cuerpo cae a mi lado, no mide su
fuerza, y deja salir el terror fuera de su cuerpo tirando de mi
chaqueta.
—Tengo… —Intento hablar.
—¡No, no, no! —niega hasta romper la tela y encontrar el
chaleco antibalas, cuando ve el negro se cuelga de mi
cuello, tumbándonos a ambos en el piso.
—Estoy bien —gruño rodeando con mi mano su cintura.
—¡Oh, mi Dios! ¡Creí…!
—Estoy bien, Zaria.
Se aleja acunándome la cara, es entonces cuando la
empujo despacio, porque no estamos solos aquí y todos mis
actos son evaluados y juzgados. Unos pocos soldados están
de pie, confundidos. Reacciono cuando me paro,
alejándome de la mujer llorando por mí, ella está demasiado
nerviosa con la escena como para entender lo que sucede.
—¡Busquen al médico para el Pakhan! —ruge uno de mis
hombres, otro está levantando el cuerpo de a quien Avery le
dio un tiro, es el rostro de Lev, un soldado directo de Roth
Nikov y a quien reconozco.
—No dejen morir al maldito —ordeno. Tendré que ir con
Nikov, aunque no estaba en mis planes, ya que son sus
hombres y este no hablarán una mierda para proteger a su
jefe, ¿qué coños hacía aquí? ¿Quién huyó en la
embarcación?
—¡Jason está herido en una pierna! —añade uno de los
rastreadores. Avery es observada, pero descartada con
rapidez debido a que se encuentra muy lejos del hombre.
—¡Limpien el desastre y ayuden a los heridos! Debemos ir
con Nikov a llevarle a su chico y exigir explicaciones.
Ella se pone de pie y camina detrás de mí, cuando
levanto el arma del piso. No podemos hablar y se mantiene
cerca, callada, temblando y no sé de qué mierda. La miro
cada que puedo por si tiene alguna herida que no pueda
ver, pero no es aquello que la tiene así. Mis hombres
intentan que Lev, la mano derecha de Roth, hable, pero
como predije es un asunto perdido. Regreso a la casa,
limpiando el desastre y liberando a la familia sin ningún
daño.
Nos trasladamos por carretera hasta Moscú, para ir con
Nikov. Reservo la suite en un hotel, puede que deba
quedarme un poco más si se extiende todo esto, también
necesito ropa y provisiones. Hago llamadas para una casa
donde mis hombres puedan recuperarse, incluido Jason
quien está llorando por el tipo que casi le destroza la pierna
derecha. Para Avery es demasiado cansancio, con la ropa
cubierta de sangre y su rostro lleno de tierra termina
durmiéndose, su cabeza cayendo en mi hombro. Observo al
rastreador por el espejo, quien tiene los ojos en ella.
—Una palabra…
—Nunca veo nada, señor —pronuncia con rapidez dejando
de estar entrometiéndose.
—Más te vale que seas ciego, sordo y mudo.
Afirma, manteniendo la vista en la carretera, no debo
decirle nada a Ginebra, porque ella sabe perfectamente su
lugar. Cansado, sucio y hastiado llego a Moscú, sin haber
comido, sintiéndome pegajoso por la falta de aseo, bajo de
la camioneta y subo a mi suite sin que ella se entere de que
ha descansado por horas sobre mí. No quiero verla, así que
me mantengo apartado en otra habitación. Me baño en la
ducha de lujo, con la polla en mi mano mientras me exprimo
el miembro con esa jodida mujer en la cabeza, jadeando y
viniéndome cual cerdo necesitando sus curvas, esos jodidos
gemidos que suelta, la forma en cómo me monta o me la
chupa. ¡Joder! El líquido se desparrama en mi mano y el
agua lo limpia. Ginebra está en mi habitación cuando salgo
desnudo goteando agua por todas partes, una toalla
pequeña en la mano secándome a penas el pecho. Gira el
rostro, volviéndose una esfera roja de vergüenza. Mujeres.
Giro mis ojos dirigiéndome a la cama, donde ya está mi
ropa.
—¿Desea que arregle a su esclava?
—Sí, vendrá conmigo esta noche —sentencio. Espero que
se marche, pero se queda jugando con sus dedos—. Habla,
Ginebra, odio perder el tiempo y lo sabes.
—Quería solicitar algo, sé que no tengo voz para pedir
nada que no quiera darme mi señor, pero por favor no me
entregue a Jason, a cualquiera menos a él.
—Es tu primo… —susurro guardando silencio cuando
entiendo sus palabras, el mensaje entre líneas. Ella mueve
la cabeza suavemente, como si tuviera miedo de que no
entienda lo que dice.
—¿Te ha tocado? ¿Ha querido dañarte? —cuestiono
poniéndome un bóxer.
—Algunas veces, cuando está molesto me pega, pero no
más que eso.
—Tienes que ser sincera conmigo, comprende que eres
una esclava y él un soldado de alto rango. No puedo lanzar
acusaciones, y en caso de que pidiera llevarte con él no me
podría negar delante de los hombres, al menos no sin
alguna prueba.
Ella se alza la falda de su túnica, sollozando, las lágrimas
caen en sus mejillas mostrándome el golpe en su muslo,
cuando pienso que va a detenerse, sigue mostrando su zona
íntima, ya que no usan ropa interior, tiene una cicatriz en
forma de J gradaba en dicho lugar, es antigua por lo que veo
-la cual no distinguí al azotarla anteriormente- y en su
vientre se encuentran las manos de un hombre.
—Mientras estuvo en Petra el último día, intentó ir más
allá, el señor Nazar lo detuvo. Dijo que hablaría con usted,
pero quizás lo olvidó. Es mi testigo si es que llegase a
recordarme —solloza.
—Ve a preparar a Avery, hablaré con Nazar sobre lo que
vio, pero por el momento quiero que permanezcas cerca de
mí, donde sea que yo vaya, vienes detrás, ¿entendido?
—Gracias, señor —solloza cayendo de rodillas, besando
mis pies. Hago que se levante y se marche, apretando mis
puños. Es un problema al que le daré solución inmediata.
Jason no puede andar violentando a nadie, mucho menos si
es parte mía. Es una falta de respeto total lo que ha hecho y
será puesto en la mesa. Me termino de arreglar de mal
humor y bajo al lobby principal para esperar a Avery,
cuando la recepcionista indica que tengo un mensaje y me
da una tarjeta.

Si vienes a mi ciudad, lo que menos espero es un hola.


Ven al club, amigo… O pensaré que tus intenciones son
otras.

Nikov.

Veo la letra en cursiva en negro, sobre la tarjeta blanca


sin ningún tipo de teléfono o dirección. Bufo tirándola en el
florero central de lirios blancos, cuando Avery Kozlova sale
del ascensor, seguida de Ginebra. Intento, lucho contra ello,
con que mis ojos no miren a la diosa que camina hacia mí,
vestida de rojo, extravagante, elegante y totalmente siendo
ella. Su pelo lacio, la abertura dejándome ver su pierna y las
zapatillas de tacón alto plateadas. Me aflojo la corbata del
traje cuando se detiene a mi lado.
—Estoy lista, señor —avisa con la voz tremendamente
seductora. Maldita mujer.
—Vamos —gruño de mal humor por no poder follarla
ahora mismo contra cualquier puta pared del lobby, o del
jodido coche donde vamos hacia el club de Roth. Ginebra
también va, más recatada en un vestido de coctel blanco y
su pelo rizado recogido. Es una chica muy bonita, no soy un
hombre ciego para no verlo. Ellas se mantienen en silencio y
agradezco eso, ya que debo acomodarme la polla más
veces de las que me gustaría. Arribo al club, donde sus
hombres por supuesto saben de mi llegada y abren la línea
para dejarnos pasar. No vengo armado, y mis soldados se
quedan afuera. Tengo dos ventajas, no será él quien rompa
nuestro acuerdo y tampoco lo hará si tengo a su mano
derecha en mi poder.
La gente se gira a vernos, no es para menos, las dos
mujeres son una atracción que admirar. No es difícil ubicar
al hombre, porque tiene la silla principal, donde sí o sí debes
mirar. Sus soldados se mueven, dejándome subir a la
tarima. Le ordeno a Ginebra quedarse y le doy la mano a
Avery para subir conmigo. Sus ojos resplandecen con ese
simple acto. Es una bandera de paz, al menos esta noche,
en ofrenda por haberse preocupado por mí. Pudo haber
dejado que me dispararan, el chaleco cubría mi pecho, pero
no mi cabeza. Y ella gritó con tal desesperación, como si le
estuvieran desgarrando el alma.
—No me hagas retractarme —musito suave, apretándole
ligeramente el antebrazo.
—Me portaré bien —confirma sonriéndome—. Me alegra
tenerte a mi lado con vida, no sé lo que…
—Cuida lo que dices, Zaria, o creeré que me amas.
—Pero qué agradable sorpresa —saluda Nikov poniéndose
de pie—. Ivanov, bienvenido a mi territorio. No sabía que
tenías negocios en mi lugar, digo, sin que yo supiera.
—No me gusta pedir permiso, ya sabes cómo soy —
contraataco respondiendo al saludo de su mano. Mira a
Avery una fracción de segundo, antes de volver a
enfrentarme impasible. Eso es lo jodido de tratar con Roth
Nikov, nunca delata nada de lo que sabe, es tan calculador,
analítico, inteligente y meticuloso que, para este momento,
sabe todo lo que ha ocurrido. Puede que esta noche sea un
infierno.
—No necesitamos salidas de emergencia, Nikov es un
aliado —le susurro. Avery está tensa, observando el bar,
parece analizar en caso de tener que salir huyendo.
—Siempre es bueno estar prevenidos.
—Con él no —reitero.
—Aquí son libres, señora Ivanova —dice Roth sirviendo
vodka en dos vasos para ambos. Zaria entrecierra los ojos.
Hay una historia que ella desconoce entre Nikov y mi
persona—. ¿Desea algo de tomar?
—Un Moscuw Mule sería perfecto, si no es molestia.
—Para la mujer de mi aliado todo lo que ella desee.
Uno de sus hombres se marcha recibiendo la indicación.
Me siento en la silla principal, solo para molestarlo, aunque
Roth no es de esa manera, el estatus no es algo que
deslumbre sus acciones. Además, es un dominante; el
poder, el don de mando no lo representa gráficamente con
un objeto como ese, se sabe quién es él y que es el que
manda. Punto. Es el hombre capaz de sobrevivir en una
cabaña en medio de la selva, sin ninguna comodidad,
buscando días y más días entre las condiciones más difíciles
a su pequeña. Le advirtieron que sería imposible, sin
embargo, no lo vi dudar de su decisión en cada paso del
camino.
—¿Recuerdas cuando moríamos por un trago de alcohol?
—cuestiono jugando con el líquido dentro del vaso.
—Sí —murmura sonriendo de lado. Se acomoda frente a
mí, mientras Avery se queda en alerta. El ambiente es
bueno, la música no es alta y estruendosa, te permite
hablar. La iluminación otorga discreción. Acaricio el oro
grabado, simulando las alas del cuervo.
—Si supieras la ubicación de alguien a quien busco… Me
lo dirías, ¿cierto, Roth?
—No soy de los que andan en las sombras, pensé que lo
sabías.
—Ummm, algunas acciones me hacen preguntar —
respondo moviendo mis dedos.
—Como el hecho de que tienes a mi mano derecha en tu
poder —declara. Es mi turno de reír, conozco a este hombre,
demasiado tiempo juntos nos unió, nos volvió especialistas
en el otro.
—Fue una grata sorpresa —señalo levantando mi vaso, ya
que permanece de pie, con una de sus manos en el bolsillo
y otra tomándose tu trago. Las personas en el club nos
observan, ya que supongo que soy el primero en sentarme
en la silla del Gran Pakhan.
—Me pregunto cómo lo sabe —murmura Avery
sentándose en el reposabrazos.
—El insulto fuera no saberlo —contraataca Nikov—.
Aunque esperaba que viniera caminado a tu lado, Ivanov.
—Creo que está indispuesto, ya sabes cómo son los
disparos en la oscuridad.
—Atacar a uno de los…
—Yo lo hice —corta Avery—. Iba a dispararle a Vladimir,
entenderás que no permitiría a nadie herir a mi Pakhan.
—Tu Pakhan, ¿o tu señor?
La ira en Avery se siente de inmediato. Claro que la marca
es visible y Nikov solo la está tomando para ponerla en su
lugar.
—Ve con Ginebra —le ordeno antes de que diga cosas
indebidas. Gira su rostro, observándome con esos ojos
furiosos, entrecerrados.
—¿Cómo puedes confiar en esta gente? —gruñe.
No obtiene respuesta, mi silencio dicta todo. Su trago
llega, pero se levanta apresurada a cumplir mi orden.
Zaria necesita entender una lección más importante… No
dejes de aprender de tus enemigos. Ellos te muestran
dónde eres fuerte o débil.
—No te equivocas con su carácter —dice divertido según
la ve alejarse—. Me gusta, parece buena para ti. Si está
dispuesta a causar una guerra para mantenerte vivo.
—Lev está con vida —reviro cambiando de tema—. Lo
hirió porque él sacó un arma.
—Irrumpiste en su casa, ¿qué esperabas que hiciera?
—La pregunta que no has respondido es, ¿cómo lo sabes?
—Su novia llegó a mi poder, asustada porque no entiende
qué sucede.
—Qué bueno que la conoceré cuando me invites a dormir
en tu casa, los hoteles son horribles, por cierto, ¿cómo está
Rianna? —Hago señales a uno de sus chicos para que
rellene mi vaso. El tic en el ojo derecho de Nikov salta, solo
es obvio cuando se trata de sus hijos—. Quiero lo mismo
que tú, paz para mi hija.
Esto es empujar su límite, pero debe entender hacia
dónde me dirijo. Quiero la igualdad en todo o nada.
—Debemos partir ahora, si quieres saludarla —claudica.
Ellos han ido a mi casa, Nikov, sin embargo, ha mantenido
la suya secretamente escondida, igual a su mujer e hija.
Acomodo la chaqueta de mi traje poniéndome de pie, y saco
la dirección escrita en papel, pongo mi palma en el pecho
de uno de sus guardias, dándole unos golpecitos leves.
—Tus hombres deberían ir por tu chico —indico—. Vamos,
tengo un lindo deportivo que te gustará.
Su voto mayor, acompañarme sin ninguno de ellos.
Fueron meses donde tuve la oportunidad de asesinarlo,
nunca pasó por mi mente, tampoco en este momento.
Enfrentamos, luchamos, sobrevivimos a lo impensable.
Con solo una señal, su gente se moviliza. Caminamos
hombro con hombro, saliendo de su club unidos, con las
mujeres detrás. Ambos tensos, un poco incómodos.
Me gusta recibir esta muestra de lealtad, la cual me
otorga al no negarse. Por ello le lanzo las llaves, el carro se
encuentra parqueado a doble vía donde lo dejé al frente del
club, las personas que intenta ingresar se muestran
admirados de la extravagancia del coche.
Sube de piloto, lo acompaño luego de asegurar a las
chicas en la parte trasera. Enciendo la música, ya que no es
de mi interés hablar y por la cara de Avery, se encuentra en
la misma sintonía. Nikov se desplaza por las calles sin
problema, confiado, la tensión alejándose. Tiempo más
tarde toma un desvío oscuro en la carretera, mantengo la
misma posición, ya que es una buena táctica tener su casa
en una entrada que nadie sospecharía.
Quince minutos después, tres camionetas nos interceptan
de frente, Roth se encarga por medio de su móvil
anunciando que es él, aunque la seguridad lo verifica
bajando de los vehículos y caminando hacia nosotros.
—Tienes un ejército aquí, hombre.
—Demasiados enemigos, pocos aliados ¿no? —ironiza
acelerando.
CAPÍTULO 10
AVERY
La mansión de Nikov nos recibe, es una estructura
grande, con soldados monitoreando todo. Esa sensación de
mantenerme alerta no se va, no puedo hacerlo luego de los
acontecimientos previos. De cómo casi… Se me estruja el
pecho por dentro solo de evocar dicho recuerdo. Bajamos
del vehículo y subo las escaleras detrás de los hombres,
acompañada de Ginebra, quien observa todo maravillada,
negar la admiración es estúpido, la mansión es elegancia
pura. Parece el castillo de una princesa. Abre la puerta
colocando su rostro frente a un aparato, que parece solo
abrir con el código de su rostro o quizás sea su pupila. La
seguridad es jodidamente increíble.
Y eso me hace emocionar, siempre me han gustado este
tipo de cosas. Ingresamos, siguiendo al hombre hasta el
salón, de donde viene la música magistral de una pieza
exclusiva de piano, la cual no logro reconocer, parece algo
inédito, melodioso. La vista es aún más preciosa, Britney
Nikova delante, de pie, acariciándose un vientre
pronunciado. Está embarazada.
La pieza finaliza y ella le aplaude a la pequeña intérprete
quien hace una dulce reverencia. Su pelo negro le cae largo
y abundante hacia adelante, demasiado para su cuerpo
diminuto.
—Rianna —llama Nikov haciendo que ella salte corriendo
a sus brazos—. Mira quién vino a visitarte.
—¡Tío Vlad! —chilla emocionada—. ¿Y Becca?
—Ella no ha venido, pero te envió un regalo —responde
Vladimir y no entiendo un carajo, hasta donde sabía esta
gente se odiaba a morir. Mi Vikingo saca una bolsita de
terciopelo, de donde cae una gema en su mano. Rianna
grita de júbilo, haciendo que a Roth le brillen los ojos de
orgullo y amor.
—¡Se verá linda en mi colección!
—¿Cómo se dice? —regaña su madre amorosa
acercándose—. Bienvenidos, no sabía que tendríamos
visitas.
—Estaba en la ciudad —dice Vlad besándole el dorso de
la mano con respeto. Ella le sonríe a su marido.
Ese dolor de más temprano se intensifica, viendo a la
familia delante de mí, arrepintiéndome de mis malas
decisiones en el pasado. Pude haber tenido esto, con
Vladimir y Becca, siendo nosotros.
Nos invitan al comedor a sentarnos a compartir. Rianna es
un rayo de sol, alegre, no deja de hablar. Me quedo
admirada porque tiene un ruso perfecto. Se nos asignan
habitaciones para descansar luego de comer unos
aperitivos, Vladimir se queda abajo con Roth.
—Me alegra verte, luces muy feliz —señalo hacia Britney
cuando entro a la recámara donde dormiré.
—Perdón, no creo recordarte…
—Avery Kozlova —susurro sonriendo triste—. Es normal,
no me conoces.
—Oh, ¿esa Avery? Ayudaste a mi esposo, y eres la mujer
de Vladimir.
—Sí a lo primero, no estoy segura en lo otro. Solo es
bueno verte bien.
—Gracias… Ha pasado un tiempo ¿necesitas algo para
descansar más cómoda?
—No, todo es perfecto, aunque podrías, ¿desde cuándo
Roth y Vlad son amigos? —Me veo preguntando, ya que es
difícil de digerir, sé de la Trinidad, pero eso solo es un hilo
que puede romperse en cualquier segundo, en cambio la
actitud de ellos dos, Vlad y Roth, me muestra algo duradero.
—Tu esposo ayudó al mío a encontrar a nuestra hija,
estuvieron meses juntos donde se hicieron amigos.
—¿Y Dominic? ¿Qué piensa Don de eso?
—Aunque me gustaría responderte, no me siento cómoda
hablando sobre Dominic… Espero que lo entiendas.
—Claro, lo siento, no quería verme como una
entrometida.
—No lo has hecho. —Me tranquiliza amigable—. Feliz
noche.
—Descansa, felicidades por el bebé —murmuro
sintiéndome una mierda de ser humano. Sonríe antes de
cerrar la puerta y dejarme en una habitación descomunal,
haciéndome sentir más sola que nunca. Triste, agobiada,
cuestionándome el mundo entero, notando ese el peso en
los hombros que no me deja respirar. Me quito el vestido,
las zapatillas y me refresco un poco en el baño antes de
entrar en la cama.
No soy alguien de llorar, de quebrarse, pero las lágrimas
no piden permiso cuando manchan mi cara, mis puños se
aprietan en la almohada donde grito de dolor y es extraño
que no sea físico, sino un dolor del alma.
Mucho tiempo después, en absoluto silencio entra Ivanov,
sentándose en la cama enciende la luz de la mesa de
noche. Quiero esconderme para que no vea mis ojos
hinchados y lo patética que seguro estoy, sin embargo, no
permite tal cosa, inspecciona mi rostro, con aquellos ojos
verdes deslumbrantes.
—¿Por qué llorabas? —cuestiona frío.
—El destino es cruel, te muestra lo que pudo ser tu
futuro, si tomabas otras decisiones.
—Ya… —grazna soltándome. Se quita la ropa y entra a la
cama, me quedo en la misma posición y él boca arriba,
mientras le doy la espalda. Es la única noche donde
dormimos en el mismo espacio sin ningún tipo de sexo, ni
cercanía. Me despierto entre la pesadilla de su muerte que
me jode la cabeza de mil formas.
Desayunamos y acompañamos a la familia en la mesa, mi
pesadez solo en aumento. Dejamos la casa cuando ambos
han discutido sus asuntos, no sé nada, ya que no me cuenta
ninguna de las decisiones tomadas. Solo entiendo que, lo
que sea que vino a resolver, lo ha conseguido. El destino
que no quería llega, Chicago. El vuelo es largo, duermo la
mayor parte del tiempo y empieza a cortarse esa cuerda.
Ahora regresará a casa, donde tiene a alguien que lo
espera, no sé qué será de mí, mucho menos mi futuro.
Jason se la pasa de mal humor, maldiciendo y queriendo
desquitarse con Ginebra, hasta que Vlad le ordena estar a
mi lado. Aterrizamos en Chicago, los hombres se movilizan y
vamos a la fortaleza de Ivanov.
—Nosotras no nos quedaremos aquí, ¿verdad? —pregunto
hacia Ginebra. Vlad va en otra camioneta apartado.
—No sé lo que haya decidido el señor.
Eso me asusta más… No puedo, Dios sabe que no puedo.
Sin embargo, lo enfrento. El momento donde ella sale a
recibirlo, cómo grita feliz de tenerlo de regreso. Lo peor es
la forma de cómo es recibida. Los deseos asesinos florecen
y mueren de inmediato. «Yo construí esto…».
Luego, cuando me mira a mí se paraliza, pierde el color
de su rostro y se aferra al hombre que hace dos días me
follaba como loco, giro el rostro. Sencillamente no puedo
verlos.
—Habibi, ¿qué…?
—Vamos, quiero que veas tus regalos —corta Vlad
depositando su mano en la cadera de ella.
Uno de los soldados me empuja para caminar. La lleva de
la mano cuando ella gira el rostro, observándome sobre su
hombro. Es la señora de la casa, yo una maldita esclava.
VLADIMIR
Nikov se hace a un lado, permitiendo que la dama ingrese
detrás de su persona. Ella baja la blusa que vuelve a
subirse, porque es muy corta para ocultar su embarazo de
cinco o seis meses. Ejerzo fuerza con mi mano en el
escritorio. «Embarazada». Un maldito límite para mí.
—¿Lo encontró…? —susurra hacia Roth. Quien me
observa, asiento enfurecido conmigo mismo.
—Sí, está bien. Trata de descansar, pronto estará aquí —
asegura—. Fue solo un malentendido.
Agradece antes de retirarse. Esta vez se limita a deslizar
la botella. Un simple trago no es suficiente para aplacar mi
ira. El alcohol es gloria en mi garganta.
—Quiero la cabeza de Aldrik.
—Ya viste con tus propios ojos que estabas equivocado.
—¡No lo estoy! —rujo golpeando su escritorio. Me pongo
de pie, viendo esa cara de molestia, pero me importa un
coño. ¡No soy un tonto!
—¿Cómo estás tan seguro? —revira tranquilo.
—Porque mi información es verídica. Aldrik estaba en esa
ubicación…
—No puedes saberlo.
—Me la entregó el único hombre capaz de decir dónde
estaba Rianna, de darnos una ubicación en el medio de la
nada, ¡Nathan no se equivoca! —Cuando exploto se
tambalea, su defensa cae, ya que ambos sabemos que
Nathan descubriría incluso la dirección del mismísimo
Lucifer de ser necesario—. Júrame que no sabes dónde está
ese traidor.
—No sé dónde está, lo juro —declara sin pensar, directo,
como siempre.
—No quiero recordarte esto, Nikov… Sin embargo, Raze te
dijo que era una locura lo que hacías; Don se hizo a un lado,
prefirió a su propia familia antes que la tuya, yo estuve para
ti ¡Yo!
—¿Quieres a Aldrik para que tus soldados tengan
venganza o para salvar a Avery?
Es la pregunta que me detiene. Cierro la boca, tomando el
whisky y dándole un trago más fuerte.
—Estoy obsesionando con ella, nunca me he mentido
sobre eso. No la amo, lo sé, pero ¿dejarías a un inocente
morir?
—Ella no es completamente inocente e incluso con la
cabeza de Aldrik no podrías salvarla de su destino.
—No hablo de ella —bufo—. Tengo una deuda, no me
gusta deber.
—Si quieres mi ayuda debes ser más claro —refuta. Se
pone de pie quitándose la chaqueta y atizando el fuego de
la chimenea—. No esperaba que fueras tú quien llegara al
aeropuerto.
—No quería sacar en cara nada, es solo que…
—Te entiendo “Medidas desesperadas” —murmura
caminando hacia mí y arrebatándome la botella—. Soy un
hombre de palabra, no me gusta jurar en nombre de nada,
pero haré una excepción en muestra de tu lealtad, de la
amistad construida y de tu futuro, porque en parte gracias a
ti yo tengo uno.
—Con Aldrik sabré la verdad de esa noche.
—Creo que ya la sabes, hermano. Ella no jaló el gatillo. —
Se sienta en su silla, jugando a medio girar y observar la
botella, meditando… esa es su forma—. Respóndeme esto,
dijiste que Kassia era la mujer que te conviene, ¿eso
cambió?
—No —respondo. Sé quién es Kassia, el significado que
tiene en mi vida.
—¿La quieres?
—No esta en mi… querer.
—¿Por qué no? —cuestiona, una esquina de su labio se
levanta, mientras sus ojos negros me analizan—. Tiene todo
lo que necesitas ¿no?
—Sí.
—Pero no es la mujer de arriba.
—No lo vas a entender —gruño.
—Explícate —pide pacífico.
—Kassia es lo que debería necesitar… Tiene esa chispa
de alegría, esa luz. Avery nunca iluminará un lugar de la
forma en la cual Kassia podría, pero entonces Kassia
tampoco me hará perder el nervio, querer matarla y a la vez
doblarla en mis rodillas… —Me paso los dedos por el pelo,
confundido.
Dos años, ese es el tiempo que he convivido con Kassia,
su manera y forma me hacen tenerle respeto, sí. Es
tranquila, alguien en quien confiar, no me esconde nada, es
transparente, pregunta si tiene dudas. Cuida de mí y los
míos, se preocupa por mi vida más que la suya propia,
¿Avery? Egoísta, sádica, una maldita loca. Un dolor de
cabeza… Y, sin embargo, la necesito. Existen dos tipos de
personas cercanas a ti, aquellos indispensables y otros,
como Kassia están allí, son útiles, pero si no están no harían
diferencia alguna para ti. Avery es indispensable, la detesto,
odio la posición en la cual me ha conducido y aquí estoy
siendo un maldito pendejo que reconoce necesitar de una
forma enfermiza.
—La razón por la cual no atacaste a Don… ¿Fue ella?
¿Kassia? ¿Tu hija?
—¿Crees que las quiero con miedo? ¿Escondidas? Alaska
es capaz de cuidarse, Avery lo es, aunque eso no evita que,
si Don sigue empujando mi límite, reaccionaré. Es una
advertencia, no quiero dirigir la misma hacia ti, así que, si
tienes a Aldrik, es mejor dejarlo claro.
—Por mi honor como un hombre de la Bratva, mi palabra
como un padre de familia y esposo, te prometo yo mismo
buscar a Aldrik y entregártelo, con la condición de que me
dejes juzgarlo a mí, después de todo es mi soldado.
Sus palabras siempre tienen peso, no creería nada de
Dominic Cavalli, pero sí de Roth Nikov.
—Mis soldados no la van a perdonar —reviro observando
el licor—. Ellos quieren su cabeza, como el jefe debo
entregarla, como hombre…
—Quieres protegerla —finaliza—. El inocente —murmura
comprendiendo mi comentario.
—Tú desertaste de la Bratva y ahora gobiernas sobre
Rusia.
—Es un caso completamente diferente, si bien deserté,
para los soldados seguía siendo alguien respetado y de
valor. Estar con Dominic ayudó, ya que siempre he sido un
animal y nunca lo oculté.
—Tráeme a Aldrik, de los demás me encargo yo —
sentencio acabándome el licor.
Acuerdo ante sus palabras, solo necesito saber lo
ocurrido, luego puede quedarse al soldado y hacer justicia
por su propia cuenta a la mejor forma que decida. Con esa
promesa voy a la habitación donde Avery descansa, quien
parece haber estado llorando.
Sus ojos se muestran irritados, me recuesto a su lado ya
que no existe nada en mi poder que cambie su posición. Las
consecuencias de sus actos apenas comienzan. En la
mañana despierto temprano, buscando los productos para
desinfectarle el piercing, se despierta conmigo entre sus
piernas, mientras dejo todo cuidado. No puedo follarla como
me gustaría, y ella no lo pone fácil al estar abierta de
piernas retorciéndose. Me baño y bajo antes en busca de
Nikov, es hora de partir. Rusia no tendrá nada que
ofrecerme.
En el salón el hombre está sentado con Rianna frente a él
en un escritorio pequeño tomando al parecer algunas de sus
clases del día. En cuanto la niña me percibe corre a
saludarme, subiendo a mi regazo. Tiene la energía de diez
adultos, es muy inteligente y receptiva. Promete viajar a
América y llevarle un regalo a Becca.
Nos marchamos, dejando a la familia detrás. Confiando
en que Roth cumplirá su palabra.
Pasamos al hotel a cambiar nuestras ropas, empiezo el
alejamiento, porque soy un hombre que mantendrá un lugar
donde cada uno merece estar. Debido al incidente de Jason
y Ginebra, esta última va conmigo a la fortaleza, por
consecuencia Avery también. Llamo a Nazar, la fecha de
dicha boda ha sido elegida y debo ir. Informo a Laska, es
quien deberá organizar ese viaje. También aprovecho en el
vuelo para contactar a Nathan.
—El objetivo no estaba donde señalaste —gruño en la
línea, sin rodeos. Se queda en silencio unos segundos.
—Es imposible —revira.
—Solo encontré a la mano derecha de Nikov.
—Sí, Lev y ¿una chica?
—¿Cómo sabes de ella? —cuestiono extrañado.
—Es la mujer de ambos, embarazada, la chica es la
encargada de la reserva.
Las palabras calan, y el momento con Nikov se manifiesta
delante de mí. ¿Será posible?
—Nikov dijo que no tiene conocimiento sobre ello —
escupo.
—Entiendo, ¿qué más dijo?
—Traerá a Aldrik para mí.
—Entonces lo hará —resuelve sin complicaciones—.
Volveré a hacer un rastreo, ¿te parece?
—Sí, es lo mejor en caso de recibir una traición por su
parte.
—No lo hará, es Nikov. Si dijo que Aldrik es tuyo, lo es.
Tengo que colgar, pero haré ese encargo y te enviaré
cualquier información… ¡Ah! Por cierto, tengo un registro de
un grupo de militares cerca de Chicago, están causando
estragos. Tienen las características de los de Trivianiv.
—De acuerdo, me haré cargo.
—Bien —concuerda. Ambos colgamos.
Sobre mi hombro recae el mundo, no puedo retroceder, ni
agachar la cabeza. Soy quien soy, lo elegí, es mi turno de
enfrentar lo que sea necesario. No puedo confiar, en nuestro
mundo no es permitido. Por eso he construido mi propio
frente, donde si la Trinidad se quiebra -algo que sucederá
eventualmente- estaré en una posición de cuidar a mi
gente.
Llego a mi hogar con ella esperando por mí, esta emoción
que demostró desde la primera vez es igual ahora. La llevo
dentro de la casa, no quiero dar explicaciones ahora mismo.
Tiene mil dudas, que más tarde responderé.
—¿Dónde está Alaska?
—Salió con su novio…
—Le dije que no la quería fuera —gruño. Intento subir la
escalera cuando me agarra de la muñeca deteniéndome.
—Bienvenido a casa, habibi —susurra subiendo un
escalón, aún sigue siendo baja para mí—. Te extrañé mucho.
Sus manos tocan mi pecho, subiendo hasta mi cuello. Sé
lo que busca, pero la imagen de otra mujer no me permite
avanzar. Ella es una maldición embrujando mi cordura. Bajo
inclinándome para acercarme, estoy a punto de besarla
cuando retrocede, ya que el tornado de mi hija lanza un
grito al final de la escalera. Becca es mi mayor relámpago,
ilumina cada puto rincón.
Me llama dando saltos a lo cual me alejo de Kassia,
caminando hacia mi hija. La mujer ha sido una figura
maternal para Becca, pero no he querido confundir a la
niña. Por ello tiene bastante claro el nombre de su madre
Dalila, no permitiré que se olvide su recuerdo.
Me pongo al corriente con sus actividades recientes, y le
entrego su nueva cadena. Ama las joyas y las cosas
“brillantes”, como bien mencioné, para su edad sabe acerca
de Dalila, de una forma delicada y meticulosa.
Laska hace su aparición para la cena, acompañada de su
novio, lo hace para que no pueda regañarla, meto en la
cama a Becca observándola detenidamente. Ella es mi
futuro, cada pieza que mueva en mi vida, le afecta de forma
directa. Es por quien tengo que velar, e incluso Avery lo
entiende.
Becca es mi legado.
CAPÍTULO 11
AVERY
Los empleados tienen un recinto apartado de la mansión
principal, donde desde mi ventana tengo la vista de la
casona principal, observo desde la distancia a Vlad y Alaska
salir, a ella jugar con él y luego ambos correr para empezar
su día de entrenamiento. La punzada de dolor es profunda y
lacerante, me recuerda lo perdido. Las traiciones
ocasionadas y aquello que no tendré jamás: ser la señora
del Vikingo. Niego ante las ideas estúpidas y me preparo
para hacer unas lagartijas, necesito mantener mi cuerpo
activo, si no, terminaré perdiendo mi mente en el proceso.
Mi lugar es pequeño, sin lujos, sintiendo todo frío y las
paredes semejantes al psiquiátrico, parecen cernirse sobre
mí. Horas más tarde estoy alistándome para empezar el día,
cuando la puerta se abre.
—Ya estoy lista, Ginebra… —Cierro la boca teniendo a
Kassia delante de mi persona—. No deberías estar aquí.
Da varios pasos apresurada, sus manos rodeándome
mientras es ella quien solloza. La abrazo en la misma
magnitud, de todos es la única que no me falló.
—¿Cómo…?
—Tengo una deuda —susurro separándome de ella. Acuno
su rostro, viendo la felicidad que transmite—. Él te hizo esto,
¿cierto? Verte feliz, radiante.
—Sí —confiesa bajando el rostro—. Le conté la verdad.
Es un golpe esperado, sabía que ella no sería capaz de
traicionar al Vikingo. No cuando conociera la persona detrás
del mafioso. Asiento sentándome en la silla de madera
vieja, me sorprende tomando el cepillo y empezando a
peinar mi cabello.
—¿Y cómo es? ¿Qué han hecho estos dos años?
—Becca es hermosa —musita iluminándose—. Él quedó
muy triste, desolado. Quise irme, una prima iba a acogerme
en su casa, le dije la verdad y me pidió quedarme. Es muy
bueno conmigo.
—Es justo como es —la regaño parándome para sujetarla
de los hombros. Me duele el alma, el peso de mis errores, el
nudo que vive ahogándome continuamente desde que
entendí por completo mis fracasos—. Soy quien lo traicionó,
quien no vio lo que tenía en frente. Pude hacer tantas cosas
diferentes. Te vi en la academia con Becca, los vi en cada
fotografía del periódico disponible, yo…
—Hablaré con habibi, encontraré la manera.
—¡No! Te lo prohíbo, no harás tal cosa. Este problema no
es de Vlad, es con la Bratva.
—No entiendo.
—Justamente por eso no te quiero empañar —hablo claro
y directo, necesita alejarse de esto, involucrarse dañará lo
único bueno que parece tener Vlad en su vida—. Merezco
esto.
—¿Qué?, ¡no! —chilla molesta—. Solo querías libertad,
buscabas tener tu voz.
—Era libre —reviro retrocediendo. El dolor, el puto dolor
del infierno que me consume al saber que debo decir las
palabras en voz alta—. Tenía libertad con él, pero no lo vi,
estaba ciega y errada, perdí todo buscando algo que ya
poseía. Vladimir Ivanov me liberó el día que trajo la cabeza
de mi padre en sus manos, ese día fui libre. Tenía la opción
de contarle todo, de recuperar a Laska a mi lado ¡oh, Cristo!
He usado a todos para mi beneficio, incluso a ti. Te pedí que
te quedaras a su lado, para que tuviera a una pobre y
desvalida mujer que ayudar, así no iría tras de mí cuando
partiera luego de la gala. ¡Usé a Laska! Lo hice para que
Dominic me diera la libertad que buscaba, usé a Vlad…
Roman tenía razón, soy demasiado egoísta para ver por
alguien más que no sea yo misma.
—No me importa lo que hiciste, no puedes terminar
muriendo…
—Y es allí donde te equivocas, sí debo acabar así porque
la Bratva buscará mi muerte. Los traicioné a ellos y eso es
imperdonable.
Intenta volver a abrazarme, pero cruzo los brazos debajo
de mi pecho, desviando la mirada, no me atrevo a hacerle
frente. No hay salida de la mafia roja, era algo que supe
desde que aprendí a balbucear palabras. Siempre
perteneces a ella, Dominic me iba a dar protección, pero
cuando esa opción pendía de un hilo debí ser honesta o
incluso desde que conocí a Vlad y empezó a mostrarse tal
cual era. No lo sé, solo estaba buscando una mejoría en mi
vida. Me equivoqué y arrepentí, sé que no cambiará este
destino que ya está marcado, lo acepto.
—¡Kassia, este no es lugar para ti! —ruge una voz
autoritaria.
—Estaba viendo a la señora de la casa —responde Kassia
a lo cual Laska bufa.
—Ese es tu lugar —respondo—. Tú eres la mujer del
Pakhan, yo soy su esclava.
—¡Eso! —Aplaude Laska entrando por completo a la
habitación diminuta, Kassia suspira dándome una última
mirada antes de marcharse—. Te pedí una sola cosa, Avery.
¡Una sola!
—Tengo deberes que entender —trueno queriendo
pasarla.
—Te odio —arremete. A veces una palabra es más fuerte
que un puñetazo.
—Únete a la lista, muchos ya están haciendo cola.
—No puedo aceptar la posición en la que nos has puesto,
tener que ver sufrir a Vlad por ti, a mí… No nos mereces.
La ignoro arreglándome el pelo en una cola alta, no tengo
la cara, ni las ganas para rebatir nada.
—¡Maldita sea! —grita pegándome, llevando mi cuerpo
hasta la pared.
Me giro, actuando como el soldado entrenado que soy, no
pretendo herirla y tiene tanta ira acumulada que al final
puede ser ella quien termine dañándose a sí misma. Atrapo
sus manos, aplicando mi fuerza, reduciéndola, pero el puto
piercing en mi vagina me tiene sensible y cuando lanza su
rodilla entre medio de mis piernas fallo encorvándome.
Laska termina sucumbiendo al verme encogida de dolor y
actúa como la niña que recuerdo. Me abraza, escondiendo la
cara en mi pecho y entonces se deja ir al llanto. Ambas
tiradas en el piso, la abrazo fuerte, como tantas veces hice
antes. Si he sentido amor en mi vida, quizás ha sido esta
criatura quien lo despertó.
—¡Sabías sus códigos! —Llora—. ¿Cómo puedes hacerme
esto? ¿Cómo te veré morir?
—Shhh, mi niña. Calma —suplico.
—¡Te odio! ¡Te odio!
—Está bien, lo entiendo… Puedes odiarme, bebé, es
mejor. Amarme es demasiado doloroso.
Llora, me explica lo que intentó hacer al marcarme, pide
perdón, uno que no debería pedir, ya que soy yo quien ha
fallado. La abrazo, besándole la frente. Ha crecido tanto, ya
no es la niña en aquellas paredes, ahora tiene respeto, una
imagen que mostrar.
—Perdóname por no entender a tiempo que ya era libre,
incluso tú lo viste primero que nadie.
—Dante me está ayudando. —Sorbe limpiándose el rostro
—. Las leyes son claras y estrictas, te fuiste, desertaste y
debes pagar eso con sangre, ¿y si hablas con Dominic? Él te
ayudaría, ¿no?
—Sí —susurro triste. Es el único con los medios para
alejarme de la mafia roja, de darme una identidad y un
futuro.
—Entonces hablemos con él…
—Significaría traicionar a Vladimir, y si lo haces estarías
en la misma condena que yo. Ya eres de la Bratva, no
juegues a salvarme, ¿de acuerdo, Laska? Este es tu lugar,
junto a tu hermano. Te va a necesitar, requiere de una mujer
fría y calculadora a su lado.
—No quiero perderte.
—Y tampoco puedes ponerlo en una posición tan difícil.
Prométeme, Laska, que no harás ninguna estupidez.
—Esas son tuyas. —Intenta bromear.
—Júralo, bebé.
—No haría nada que lastimara a Vlad, es mi hermano, mi
familia —asegura.
—Eso quería escuchar, ahora ve a brillar a donde
perteneces y no estés aquí derrumbada conmigo.
—De hecho, vine a buscarte —confiesa—. Hoy saldrás
conmigo. Haremos compras…
—Eso no estaría bien visto. Y no se necesitan más
problemas.
—Si le digo a Vlad, él…
—Te lo cumpliría, sin embargo, se mantendría en la mira
de los soldados. No le des problemas, suficiente tiene
conmigo —le hago notar. No es que esté muy de acuerdo,
sigue teniendo esa vena berrinchuda y un tanto caprichosa.
—De acuerdo, me portaré bien ¿puedo venir a dormir
contigo?
No le veo el rostro cuando hace la pregunta, pero me
siento de la mierda conociendo las razones por las cuales lo
hace. Mi mano tiembla acariciando su hombro.
—Creí que ya lo habías…
—Becca y yo dormimos con él cuando no se queda con
Kassia.
Carraspeo incómoda, separándonos. No quiero imaginar
el “cuando se queda con Kassia”, aunque la entiendo,
respeto, e incluso diría la admiro, la vena que hierve en mi
sistema es un poco pesada. Parpadeo, dándome cuenta de
que, cuando me enteré de la tal Maeve, despertaron
pensamientos asesinos y mortales con ella, a comparación
de con Kassia que es un sentimiento distinto, si bien duele,
entiendo por qué ella está donde está.
—No es adecuado y mira dónde duermo, no es lugar para
ti.
—Pero…
—Vamos, no des dolores de cabeza. Ya eres una mujer.
Estoy segura de que Vlad siempre le cederá un lugar
dónde aplacar los demonios interiores, ya no puedo ser yo.
Y no es que no quiera, sino es reconocer… que dentro de
poco no estaré aquí. Y ella necesita entender eso.
Se marcha y termino de acomodarme ya que soy un
desastre. Ginebra me indica mi obligación temprana, la
comida de los soldados, puedo manejar un cuchillo para
degollar a cualquiera menos para pelar una papa. ¡Ah! Pero
sí sé cortar pollo perfectamente, y así es como termino
apilando trozos de pollo.
Me gusta ayudar en la cocina, no soy de mucho hablar,
pero las escucho platicando de los “señores”, al parecer
Kassia es buena compañera; Laska es un poco más dura, sin
embargo, hablan de ella con mucho amor al igual de Becca,
la niña que les ha robado el corazón. Vladimir no se acerca
por varios días donde lo vigilo desde la distancia. Mantengo
una rutina simple, levantarme y realizar ejercicios en mi
recámara, ayudar en todo lo que pueda y evitar a Jason,
quien a la primera provocación le encanta joderme.
Me tira la comida, ha decidido que es buena idea
escupirme cuando me ve. Lo odio, los deseos asesinos que
tengo solo consiguen incrementarse. Al cuarto día golpea a
Ginebra cuando es esta quien le lleva su cena. Estoy
sentada en el pasto con Lilith y Lucifer a mis pies
haciéndome compañía cuando veo el altercado. «No
entrometerme», me digo, todo lo que debo hacer es esperar
el día de mi sentencia, el cual eventualmente llegará.
Ginebra sale llorando por un lateral de la casa y yo me paro,
llamando a mis perros. Desde que llegué, no se han
separado de mí. Empezamos a correr hacia los bordes del
terreno. Sé que Jason me está mirando, sin embargo, no
permito que eso me atemorice. Tiene la pierna vendada y
jura que soy la culpable de esa bala, por mucho que me
gustaría ser quien le propinó el disparo, esta vez no es mi
mérito.
Dejo a los perros en su lugar, asegurándome de que
tengan suficiente agua antes de dejarlos. Mientras camino
hacia el ala de empleados, siento una mirada en mi espalda,
podría jurar que es él, pero no quiero pecar de ilusa.
No he conseguido dormir adecuadamente ya que estoy
en alerta, esperando a que me ataquen, por ello cuando una
figura se cuela en la madrugada tengo mis alertas al
máximo; luego de la primera, una segunda se une y mi
corazón se acelera. Me muevo, abriendo espacio para la
niña y Alaska. Ellas se acomodan en el espacio diminuto.
—Señora bonita —susurra la niña frotándose sus ojos.
—Hola, princesa, ¿qué haces visitando el calabozo a estas
horas?
Quiero llorar cuando se acurruca contra mi persona, sus
cabellos me hacen cosquillas en la piel y su manita cae en
mi cintura, aferrándose a mí, sin embargo, lo que trae en la
mano no le permite sostenerse como quiere.
—Traje tu corona —cuchichea levantando la joya preciosa,
incluso en la oscuridad los diamantes brillan. La respiración
se me acelera y acepto lo que me da. Laska no dice una
sola palabra y el nudo en mi garganta no hace sino crecer.
—Pero es tuya…
—Te pertenece, señora bonita.
Sostengo la joya con mis ojos empañándose debido a las
lágrimas. Por mucho tiempo soy capaz de dormir sin estar
alerta, solo dejarme ir a la calma de las respiraciones que
me acompañan, con Vlad también es fácil sentirme
protegida. Allí no debo esperar un ataque, mi cuerpo se
relaja en totalidad.
El día empieza con la energía de Becca, quiere que la
bañen y consigue sus propósitos. Estoy nerviosa de que mi
Vikingo aparezca furioso al tener a su hija en una tina de
servicio y no en la casa principal. Respiro cuando Laska se la
lleva y aprovecho para desayunar algo.
—Te crees la dueña de esta casa —gruñe Jason tirándome
del pelo. Levanto el codo y giro haciendo que se tambalee
por mi vuelta. Me suelta inmediatamente, enfurecido de que
yo no sea la víctima con quien puede jugar. Sé que repudia
eso, soy un soldado, puedo responder cualquiera de sus
ataques al doble, quizás no en fuerza, pero sí en agilidad. Le
molesta, odia el no poder pisotearme.
—Dicen las malas lenguas que sigo siendo la señora
Ivanova, deberías tener cuidado ¿no?
—¡Maldita perra!, lo tienes embobado con tu coño, pero la
Bratva…
—¡Uy! Precaución, Jason. La Bratva no perdona la traición
y mucho menos cómo te diriges hacia tu Pakhan —advierto
viéndolo bullir de ira. Ginebra y las esclavas domésticas
están pálidas del susto viendo el enfrentamiento. El hombre
resopla.
—Se te ordena limpiar los baños y los camarotes de los
soldados —sisea enfrentándome. Sé que Vladimir nunca
ordenaría tal cosa, por mucho que quiera humillarme no le
pones una joya a una mujer y luego la arrodillas a limpiar
mierda. Muestro mi sonrisa amplia apartándome el pelo del
hombro y entrecerrando los ojos.
—Lo que ordene mi Pakhan —me burlo destilando
veneno. Me giro para irme, me tocará volver al recinto
Kozlov donde los soldados viven—. ¿Sabes qué es curioso,
Jason? Algunos podemos limpiar mierda y no sentirnos
parte, en cambio otros, en sus mejores perfumes no dejan
de destilar putrefacción.
Voy caminando a la salida donde están tres de los
soldados más grandes y robustos, los cuales consiguen que
mi sonrisa aumente. Me temen, saben que soy una
amenaza real. Me gustaría tanto tener a Winter de frente y
restregarle esto. La Bratva tirita con mi presencia, no solo
soy el ejemplo de las tradiciones quebrantadas, sino la
amenaza latente de lo invencible. Me escoltan en la parte
trasera mientras Jason ocupa otro vehículo, tratará de
humillarme y lo compruebo al bajar de la camioneta en la
mansión Kozlov. Uno de los soldados me empuja, no me
caigo puesto que ya esperaba la acción. Me enderezo
cuadrando mis hombros a lo que el hombre saca los dientes.
—¡Bienvenida a tu palacio, princesa rusa! —ironiza con
desdén Jason. Empiezan a silbar y a llamar a los demás,
«esto se pondrá feo». Me empujan, parece que no saben
hacer otra cosa. En segundos estoy rodeada de los
soldados, algunos riéndose de tenerme como carnada y
otros disgustados con la situación.
—Sabes que esto te traerá problemas —manifiesto
advirtiéndole.
—¿Qué deberíamos hacer contigo? ¡¿Follarte en grupo?!
No me intimidan sus palabras y, aunque muera por
hacerlo, no podrá tocarme.
—Lástima, soy intocable, pero podrían intentar si quieren
morir.
Los observo a todos, al menos aquellos al frente del
círculo donde me han encerrado. Se alarman y murmuran
en voz baja, saben que no miento. Aquí conocen la furia del
ángel de la muerte, cuando el Vikingo se revela nadie quiere
su rabia.
—Pelea con el más fuerte, ¿o tienes miedo? —reta.
—Puedo pelear con cualquiera —garantizo—. ¿Pero serás
tú quien me tiene miedo? ¿Por qué no peleas tú conmigo,
Jason?
El silencio reina, domina el ambiente. Sus hermanos
esperan que acepte, Jason, sin embargo, tuerce el gesto,
todos sienten su miedo.
—Pelearé yo —dice aquel que me empujó al salir del
vehículo.
Jason lo detiene, perderá estatuto si permite dicha acción.
—Lo haré yo —confirma sacándome una sonrisa—. Esta
perra se cree la dueña de nuestras vidas, como si fuera
Dios.
—No soy Dios, sin embargo, deberías tener presente que
estoy a la derecha de uno.
Me paso la lengua por los labios con emoción, alzándome
el pelo en una coleta rápida, porque sé que usará mi pelo
como una ventaja en mi contra. Me quito los zapatos,
quedando descalza. Los hombres rugen y se golpean en el
pecho. Jason, como el pendejo que es, saca una navaja. Soy
demasiado ágil, siempre lo he sido. Y tengo unas ganas
tremendas de golpear al hijo de puta. Lanza el primer golpe,
inestable. Me agacho, lanzando una patada a sus pies, lo
cual lo hace caer al segundo. Todos enmudecen, y es solo el
primer movimiento. Le doy ventaja de levantarse, pero en
cuanto lo hace avanzo y con mi codo golpeo su mandíbula.
Gruñe y tira la mano con el cuchillo hacia mi garganta, no
obstante, tengo mis manos listas esperando. Predecible y
aburrido.
Quizás sea bueno con las armas, pero pésimo
contrincante. Doblo su muñeca, haciendo que el cuchillo
caiga en la tierra. El grandote intenta entrar a defenderlo,
pero los soldados de la Bratva lo detienen.
Ahora necesitan ver mi potencial, están entre la
admiración y la sorpresa.
—No soy una princesa rusa, ¡yo soy la maldita reina de la
Bratva! —rujo.
Un puñetazo va a su pecho, luego un derechazo en su
cuello lo cual lo marea, tengo tantas ganas de asesinar que
me aterra y ese poder oscuro en mí se revela. Golpeo y
golpeo, la vista se me nubla, los sentidos se me disparan, el
corazón se me revoluciona y no paro. Las exclamaciones no
me importan, la gente a mi alrededor mucho menos. Jason
me devuelve los golpes, consiguiendo impactarme en el
hombro. Lo cual me hace reír, me detengo dejando caer los
brazos a los lados, sin temor ni preocupaciones, inclino la
cabeza mirando y a la vez saboreando el puto miedo en sus
ojos. Oh, joder, es un elixir de excitación.
Sin que el imbécil lo espere, levanto mi pierna buena y
golpeo su tórax, la fuerza de mi ataque lo hace recular y
caer en la tierra. No veo venir el arma que saca de su
cinturilla. Ni la muerte me detiene, salto sobre su cuerpo,
cayendo sobre su pelvis de piernas abiertas y sostengo la
mano con el arma sobre su cabeza. Jason llora algo, pero el
infierno ya se ha adueñado de mi jodida alma. Abro la boca
y con fuerza cierro mis dientes en su cuello, casi en su oreja.
Jason grita, se revuelve mientras mis dientes atraviesan la
piel y rompen la carne. Su sangre llena mi boca entre sus
pataleos. El arma en su mano cede y por mucho que quiera
terminar lo que empecé, reculo.
—¡Alto! —ordena la única voz que me hace vibrar.
Me siento en la tierra y retrocedo, viendo a Jason
doblarse, luchar desesperado con las manos en su cuello,
sintiendo emanar de ese lugar la sangre que ahora no solo
está en mi boca y mentón, sino que empaña la tierra.
Ivanov en su traje negro mira la escena. Me pongo de pie,
los soldados asombrados. El cuerpo me arde, necesito
pelear más duro, esto no es suficiente para mí. El Vikingo se
me acerca amenazante y levanto la cabeza, no voy a
amedrentarme. Esto no es mi culpa, si invocas al diablo te
atienes a las consecuencias.
Sus dedos me sostienen el mentón, girándome el rostro
para verificar lo que sea que tengo en la mejilla, quizás un
golpe o algún arañazo. No lo sé. Sus ojos están oscuros,
como un reflejo de los míos.
—A mi coche —declara. Esa voz autoritaria no permite
ninguna réplica.
—¡¿Solo harás eso?! —demanda Jason sosteniéndose la
herida. Escupo el trozo de carne que me traje en la boca—.
Ha humillado a tus hermanos, ¡a tu gente!
Vlad se acomoda el traje, no está prestándole atención
mientras se le acerca. Parece aburrido de tener que
explicarse.
—Te has humillado solo —sisea Vlad, frente a la
mierdecilla—. Creías que estabas tratando con un gusano y
te salió un jaguar, ese es tu problema, Jason. No conocer a
tu enemigo, ¡¿alguien más aquí está dispuesto a pelear con
ella?! ¡Se las entrego ahora! El que decida pelear con Avery
Kozlova a muerte, adelante, ¡dé un paso al frente!
Vladimir hace una ronda, se mueve en círculos esperando
ver al primero de sus guerreros dar un paso al frente y
aceptar pelear conmigo. Todos se quedan en sus posiciones,
parece que no respiran. Me limpio la boca con el dorso de
mi mano, esperando, ansiando que alguien se atreva.
—Eso creí —se mofa Ivanov regresando su interés en
Jason—. Elige cuáles batallas pelear, Jason, así no tendrás a
tu culo lamentándose y llorando porque has sido derrocado.
Eso hace un líder, cuando realiza un movimiento sabe que
ganará. Todos aquí saben quién es el único que puede
pelear con ella. Retrocede a tu jodido lugar.
Por un instante temo que Jason lo rete a pelear conmigo,
es un punto donde sé que mi agilidad en comparación con
la del Vikingo es muy pareja. Cuando se gira hacia a mí me
inspecciona nuevamente y señala que haga lo que me ha
ordenado. Camino entre los hombres que me abren paso, no
están en actitud de burla, sino con respeto, creo que
algunos incluso con admiración. Entro al deportivo rojo
sangre, colocándome el cinturón. Cuando arranque sé que
lo hará violento. Así es como procede, acelera colina abajo.
Está furioso, lleno de ira conduce sobre el límite.
Sospecho que Ginebra le ha contado que Jason me tenía,
no hace alusión a nada y solo atraviesa la ciudad hasta el
recinto. Dante está en la puerta cuando llegamos, temo
conseguir otra discusión porque no creo poderme controlar.
Así que me apresuro, omitiendo el llamado de Dante, Vlad
es quien termina detenido por su mano derecha. Corro a mi
habitación, Ginebra en alerta me hace un millón de
preguntas que no puedo responder. Voy al baño
encerrándome y quitándome la ropa.
Me percato de que estoy descalza ya que dejé mis
zapatos en la mansión Kozlov. Me baño en automático,
quitándome la sangre y luchando contra la vibración furiosa
que arde en mi sistema. Necesito correr, matar o follar ¡en
cualquier puto orden! El agua fría no me calma las
revoluciones del pecho. Nada lo hará, frustrada salgo del
baño desnuda destilando el agua por mi cuerpo y pelo. Él
está allí, de pie, encorvado contra la pared.
—Eso fue una estupidez…
—Jason lo inició —corto furiosa—. Más te vale que te
largues, porque mis deseos de matarte son iguales de
potentes que mis ganas de follarte.
Se ríe de mí, ¡tiene el descaro de soltar una carcajada! Me
obliga a soltarle un golpe, que no llega a tocarlo porque me
gira y aprisiona contra la pared, su cuerpo sobre mí, sus
labios a centímetros de los míos. Siento la polla dura que
me gusta pegada a mi vientre, sus manos rodean mi cuello,
levantándome la cabeza. Saca un trozo de tela que me
confunde y no entiendo qué carajos tiene que ver en esto.
Quiero que me folle, no que me enseñe esa mierda.
—Misteriosamente empezaron a aparecer aquí y allá —
dice lamiéndome los labios—. Hace dos putos años que no
tenía un pañuelo en mi ropa, pero llegas y ellos también
¿coincidencia, Avery?
Me muerdo el labio, no le diré que ordené a Ginebra
colocarlos mucho antes de ir de viaje. No le diré que me
preocupa cada mínimo detalle de su persona.
—No sé de qué hablas.
—Tampoco yo cuando digo que debería matarte, pero mi
condena es desearte más. Eres una hija de puta,
proclamándote reina de la Bratva.
—¿Acaso es una mentira? —reto. Empujo su cuerpo,
haciendo que termine sentado sobre mi cama. Traga saliva
viendo mis curvas frente a él, teniendo la tentación que soy
—. Soy tu maldita catedral, Ivanov. La única reina que jamás
olvidarás.
CAPÍTULO 12
VLADIMIR
Los leones se dejan quietos, en su estado de armonía, si
no puedes domarlos o controlar su temperamento. Cuando
eres fuerte, la gente tratará de derrumbarte, no asimilan
que alguien no sea frágil y débil como ellos, ambicionan
verte en el fango, es ahí cuando debes demostrarles lo
contrario. Levantarte y seguir igual o más fuerte que antes.
Así las hienas no tendrán de qué alimentarse, mientras
sigues siendo un depredador.
Funciona en la Bratva y en la vida, algunos son
sanguijuelas, se alimentan de ti, mientras otros son
depredadores, fuertes e indomables. Luego las hienas
fingen ser tus amigas, estar de tu lado frente a ti y cuando
das la espalda sacan sus dientes podridos. Avery es un
depredador, por mucho que se resista está en ella dominar.
Se sienta sobre mis piernas, sus uñas se clavan en mi
cuello obligándome a levantar el rostro. Sonrío, retándola
con ese simple acto. Sus ojos se encuentran más diabólicos
que nunca. Mi polla dura y los pensamientos coherentes
fuera de mi mente, ella nubla mi buen juicio. Nuestros
rostros cerca, tanto que respiramos el aire del otro. Mis
manos le acarician la espalda desnuda, su piel suave bajo
mi tacto. Tiene un pequeño roce en la mejilla el cual hace
hervir mi sangre. Odio que alguien la toque.
—¿Tienes miedo de que pueda dominar a la Bratva? —
reta tentándome, su cadera se mueve causando que un
gemido brote de mis labios. Cierro los ojos gruñendo, ¿por
qué es tan intenso con ella? Todo se multiplica y
potencializa.
—¡Es mi hermana! —Se escucha la voz de Laska en el
pasillo. Empujo a Avery en la cama, levantándome con
rapidez mientras ella se cubre y la puerta se abre
sorpresivamente. Froto las manos en mi rostro, tratando de
pensar en cadáveres -aunque conociéndome debería pensar
mejor en flores, ya que los cadáveres no ayudarán a
controlar mi polla, por el contrario, la animarán- o duendes
verdes, para así ocultar la erección malditamente evidente
—. Oh… —dice estupefacta.
—Laska.
—No quería molestar, no sabía que Vlad estaba aquí —
murmura.
—Vine a comprobar a Avery. —Muevo las piernas,
metiendo la mano en el bolsillo—. Sin embargo, ahora estás
tú, puedes explicarle cómo provocar a los soldados no es
una solución.
—Sabes tan bien como yo, que no los provoqué.
La observo haciéndola callar en el acto, sé cuánto odia
ser reprendida, pero no puede ver lo que trato de hacer
aquí.
—Volveré más tarde —anuncia Laska, antes de que diga
algo sale como un vendaval por la puerta.
Quisiera terminar riéndome de la ridícula escena. Acabo
de asustar a mi hermana, no lo he hecho mientras asesino o
amenazo, pero sí por encontrarme a punto de follarme a mi
propia esposa. Probablemente creía que hacía solo torturar
a Avery en una especie de calabozo, cuando no he hecho
algo más que no sea entrar en su cuerpo como un poseso
que no tiene bastante de ella. «Nunca es suficiente».
—Debes irte —indica pudorosa cubriéndose hasta la
barbilla. Ni siquiera puede mirarme—. Tienes a una mujer
decente que te espera, no deberías estar planeando follarte
a la servidumbre.
Me trago las palabras y el amargo de estas, siendo quien
siga el camino de Alaska. Y con ello dándole la razón.

Dante está nervioso, sabe que esta ofensa significa un


arma filosa. Los soldados pueden respetar o temer a Avery.
Cuando te respetan te siguen, en cambio el miedo lleva a
tomar decisiones imprudentes.
—¿Estás seguro de eso? —cuestiona por onceava vez.
—Haz lo que te digo —siseo caminando en mi despacho.
Son piezas arriesgadas, planes inestables que pueden
fracasar antes de ser ejecutados.
—Si sale mal… Perderás tu Imperio —me recuerda. Me
detengo frente a mi computador, golpeando los dedos en mi
escritorio. Las palabras que quiero decir danzan en mi
mente, en cambio, sonrío malévolo.
—O puedo volverlo intocable.
Es mi mano derecha, sabe que me encuentro en esa línea
delgada donde todo se puede ir a la mierda.
—Empezaré a ejecutar tu orden, el conteo se inicia.
—Perfecto —concuerdo escuchándolo irse.
Desde mi ventana veo a la mujer que corre con mis
perros, la loca se ha adueñado de todo. Su presencia me
descontrola. Parece mejor en estas horas que ha podido
estar apartada luego del incidente con Jason, a quien el
médico le ha dado varias puntadas en el cuello. Frunzo el
ceño viendo a Lucifer a su lado demasiado territorial. Ella le
lanza la pelota, para que el animal la busque y se la traiga,
pero es Lilith quien se mueve.
«¿Será posible?», cuestiono en mi interior ante las ideas
absurdas. Niego despejando mi mente. Ella empieza a trotar
de forma calmada y dejo de observarla, tengo negocios a
los cuales prestar atención.
Petrov está muriendo, la agilización de la boda es
inminente. Y tengo otros compromisos con la joyería. Estoy
trabajando desde casa, ya que es un día libre para Becca.
Quiero, en la medida de lo posible, pasar tiempo con ella,
por ahora atiende su práctica de natación. La vigilo desde
mi despacho hasta que observo mi reloj, pronto será la
hora. Bajo a ver mis perros, Lucifer ha sido entrenado por mí
durante años y Lilith es su fiel compañera. Acaricio al animal
dándole su recompensa.
—¿Por qué estás siendo un guardián con ella?
El animal no podrá responder mis inquietudes, no en este
momento aún. Sin embargo, será algo que eventualmente
se descubrirá. La sonrisa me infla el ego al instante, el
pecho se me revienta ante esa posibilidad. Joder, mis planes
empiezan a alinearse. Dejo a los caninos y regreso a mi
despacho con un mejor humor. Trabajo durante unas dos
horas perdido en mi mente hasta que me anuncian la
disponibilidad de Becca, su clase de natación ha terminado
y está lista para pasar un rato con su padre.
Planeo ir por mi pequeña dejando los dolores de cabeza
detrás, sin embargo, al salir de mi despacho, Kassia pasa
corriendo por el pasillo hasta su habitación. Extrañado de
esa actitud voy detrás a paso apresurado, no se interesa por
cerrar la puerta y la encuentro doblada ahogándose frente
al inodoro mientras intenta vomitar. Lo que llama mi
atención por completo es la mancha de sangre en su
vestido.
¿Qué coños? La sostengo, sobando su espalda.
—Respira, vamos.
—Ella… tienes que ir por ella.
—¿Qué? ¿Se atrevió a tocarte?
Avery es una bomba explosiva, nunca sé cómo va a
reaccionar, esperaba que no fuera un dolor en el trasero con
Kassia, pero de igual manera no la imagino lastimándola…
¿Qué pasó? Cuando estoy tratando de hacer la pregunta, la
mujer en mis brazos se desmaya perdiendo el conocimiento.
—¡Kassia! —la llamo, pero es inútil. La levanto en mis
brazos llevándola a la cama y vigilando sus signos, tiene las
pupilas dilatadas y la piel fría perdiendo color. Llamo desde
mi celular a su doctor.
—¡Señor! —Jadea Ginebra exaltada, es otra que parece
huir de un puto fantasma. Se apresura a la cama para
ayudar.
—¿Qué está pasando?
Es otra con las manos sucias del mismo líquido.
—Avery está herida —contesta.
—¿Qué? ¿Cómo que está herida? ¡Quédate con Kassia! —
ordeno movilizándome. Bajo corriendo al primer nivel, por
suerte Alaska está haciéndose cargo de Becca quien no deja
de llorar por algún motivo. La verifico, está mojada ya que
salió de la piscina, por lo demás no tiene ninguna herida y
Laska tampoco. El alboroto viene de la cocina y cuando
entro, el panorama no es bueno.
Ella tiene su mano bajo el grifo de agua y la sangre está
por todas partes. El líquido nunca me ha escandalizado
como tal, pero sí lo hace el verla tratando de luchar contra
la herida. Aunque de pie, se le mira inestable cuando me
acerco a ayudarla. Levanta la cabeza en alerta
observándome con esos ojos grises que tiene, aquello
oscuro que aparece cuando tiene ira o excitación. Sostengo
su mano, viendo la herida abierta en la muñeca, está
perdiendo demasiada sangre y tiene alguna vena
comprometida.
—¿Ahora planeas suicidarte? —gruño haciendo fuerza y
agarrando una toalla de la cocina para crear un torniquete
—. ¿Quién coños te hizo esto? ¿Cómo carajos pasó?
—Lilith y Lucifer… —Jadea. Otra perdiendo el color. La
cargo sentándola en la encimera.
—¿Los perros te atacaron?
Es una pregunta absurda, aunque han pasado años la
reconocerían. Y son obedientes, solo responden ante una
amenaza. Además, la adoran, se han convertido en sus
guardianes.
—Ve con los perros —musita débil.
No logro detener el sangrado hasta que hago el nudo
doble. El corazón me late deprisa y sin control. Meto mi
brazo bajo sus piernas y la cargo moviéndola a la sala, las
empleadas están alarmadas, más pálidas entre todas en
conjunto.
Laska baja los escalones deprisa, parece que ha dejado a
Becca en la protección de su habitación. Escucho las
palabras de Avery, el nombre que dice mientras el mundo
se vuelve rojo, el tic en mi ojo se intensifica, mis puños se
cierran. «Jason, Jason». Dos fallas en un día, ¡dos!
No pregunto cómo fueron los hechos, solo tengo la
oración en mi mente que no me permite digerir nada más.
La hirió, tocó lo mío, por segunda vez, sin mi puto permiso.
¡Voy a matarlo!
La matrona de las esclavas se la lleva para coser su
herida, Laska se marcha con ella y yo subo a atender a
Kassia quien apenas está recobrando el sentido, lo primero
que hace es preguntar por Avery. Su doctor llega para
verificarla, explicando que se le ha bajado la tensión.
—¡Avery! —chilla—. Él la golpeó, habibi, lo vi ¡No puedes
permitir que nadie la toque! —grita.
—Me conoces —gruño sosteniéndole el rostro—. ¿Crees
que lo dejaría pasar?
—Iré contigo y…
—¡No! —rujo deteniéndola—. Quédate aquí, descansa.
—No me quedaré quieta si se trata de ella —sentencia
levantándose de la cama—. Quizás no entienda de mafias o
leyes, pero Alaska sí y esto ocurrido hoy, no se dejará pasar,
habibi. No quiero ser un dolor de cabeza, pero fue cruel e
inhumano.
—Entonces ayúdame a hacer esto…
CAPITULO 13
VLADIMIR
Mis ganas de asesinar se encuentran en ebullición, veo
negro, un oscuro y profundo hoyo. Jason se encuentra
sentado, con algunos soldados hablando y riendo cuando
uno de ellos levanta la cabeza y me ve venir, no tiene
tiempo de advertir un carajo. Lanzo una patada a la mesa
haciendo que caiga rompiéndose el cristal. Los demás me
observan sorprendidos cuando arremeto contra el maldito
hijo de puta.
—¡Te cortaré las manos! —rujo y sin importarme una
mierda su herida lo agarro del cuello llevándolo a la pared.
Trata de zafarse de mi violencia, su rostro tomando esa
tonalidad púrpura debido a la falta de aire. Nadie se mete,
porque al primero que opine le sacaré el puto corazón.
—Aih, yo-o —tartamudea hasta que lo dejo caer. No
puede sostenerse sobre sus pies y termina en el piso
tosiendo.
—¡No vuelvas a tocarla! —amenazo conteniendo la rabia
que siento, aquella que me asfixia.
—¡Dijiste que solo era una esclava más!
—Tócala y te enviaré a descubrirlo —gruño inclinándome
hasta que puede ver las facciones de mi rostro duro frente a
su persona. Traga, sabiendo que ha detonado el camino
directo al infierno—. ¡Yo soy el Pakhan! —exploto
poniéndome de pie. Giro observando a los pocos presentes
que tienen la valentía de mirarme—. ¡No se toca, no se
desea, no se mira lo que es mío! ¡Y quien lo hace tendrá su
castigo!
—Ella se metió conmigo —susurra no tan valiente.
—Lo averiguaremos —musito sonriendo de lado.
No me quedo a perder el tiempo, me encargaré de todos,
buscaré la manera, siempre lo hago. No importa quién luche
contra mí, soy un puto vencedor. Tírame el mundo y tendré
el universo para responder. Jason lleva ya dos advertencias,
a la tercera voy con todo, sin piedad, incluso sobre la Bratva
de ser necesario.
Leticia está en su habitación cuando ingreso y Avery se
encuentra dormida en una cama diminuta.
—Perdió mucha sangre, la he sedado para que reponga
energía.
Asiento hacia la mujer, indicándole marcharse.
—Prepara su habitación en la casona —ordeno. No la
dejaré un puto día más apartada de mí.
—Como ordene, mi señor.
Aseguro la puerta, sentándome en la cama que se hunde
bajo mi peso. «Las cosas serían tan diferentes», pienso
apartándole el pelo negro del rostro. Cuando duerme es un
pequeño ángel, se mira hermosa, esa belleza destaca.
Suspiro cansado, no importa nada, el futuro es como es,
punto.
Por ahora solo puedo quitarle la ropa, limpiar su cuerpo y
dejarla descansar mientras me quedo a su lado organizando
todo entre llamadas y llamadas, el día con mi hija se ha ido
a la mierda ya que se ha quedado con Laska. Al oscurecer,
Leticia llama a la puerta con cena para Avery. Lo que menos
me apetece es comer, así que declino lo mío. Dejo en una
mesa su alimento y la despierto despacio. No sirve de
mucho cuando se asusta, termina sentándose de golpe en
la cama. Vive en esa constante alerta.
—Soy yo. —La tranquilizo tomándola de los hombros—.
Debes comer algo.
Enciendo las luces y vuelvo a sentarme donde estuve
todo el rato.
—¿Y Kassia? ¿Lucifer y Lilith?
—Están bien —gruño levantando la cuchara con sopa y
llevándola a sus labios.
—Puedo comer sola…
—¡No estoy de humor para hablar! —rujo molesto, no es
con ella, sino con toda la situación. Debería estar cuidando
a mi familia… Observo esos ojos y sé que Avery también es
parte de ello, un tormento o no, es parte de quien soy. Me
jode no tener una manera de cambiar nuestras vidas, de
hacer algo por todos.
—Puedo hacerlo sola —insiste.
—Pero yo quiero hacerlo —reviro bajando la voz—. Debes
comer para que vengas conmigo.
Traga saliva, asintiendo, probablemente creyendo que el
día llegó.
—No quería darte problemas.
—¿Sabes qué odio, Avery? —cuestiono dejando la cuchara
de lado—. ¡Esto! ¿Por qué no intentas escapar? ¡Es lo que
esperaba que hicieras! ¡Apuñálame y huye! ¡En cambio
estás siendo la víctima y yo el villano! Como si yo tuviera
idea de esta mierda de futuro, como si lo hubiera planeado
o fuera yo quien te obligó a irte, ¡cuando no fue así! Quiero
ser feliz, descansar, ¿es que acaso no lo merezco? Soy el
maldito de todos, el que debe pagar cargando la puta cruz.
Golpeo la pared con furia, lastimándome, pero me vale
mierda eso con el coraje interior que me consume.
—¿Quieres saber qué esperaba del futuro, Avery? Cuando
coloqué ese anillo en tu dedo esperaba tener a una guerrera
a mi lado, juraba haber conseguido a esa mierda de alma
gemela perfecta, creí que tenías todo lo que se acoplaba a
mí, y luego ¿qué? Me dejaste tirado, tus manos clavaron ese
puñal, tus traiciones pasadas, estaba dispuesto a perdonar
todo eso y más, pero esa noche llamaste a Roman ¡Lo
llamaste! Sabiendo que destruiría todo, porque yo había
asesinado a su padre para que tú fueras libre. Construí mi
vida, ¿por qué iba a esperar a que Zaria viniera? ¿La misma
que se burló de mí incontables veces? Tú pisoteaste el
respeto, la admiración y cualquier otro sentimiento que
albergué por ti, ¡tú!
—Estoy aquí para pagar, ¿qué más puedo hacer? —
murmura poniéndose de pie, extrañada se mira el vestido
suelto que trae hasta que parece entender que la he
cambiado de ropa, desvía la mirada. Al menos tiene esa
cortesía—. Reconozco mis errores, no te culpo de mi
destino.
—¡Sería el colmo! —bufo pasándome la mano por el pelo.
Se acerca y odio que la furia se sosiegue, cuando me toca
con su mano buena la mejilla, pegándose a mi cuerpo.
—Son mis equivocaciones, lamento que ellas te estén
perjudicando porque no lo mereces. Debes dejarme ir, Vlad,
ese es el destino que tendré y estoy bien con ello porque
entendí que lo tenía todo y yo misma lo dejé escapar. —En
vez de besarme, me abraza.
Tengo mi arma en la espalda, podría tomarla y
asesinarme, es Avery, encontraría un lugar de escape, pero
ella solo me abraza, buscando no sé qué o quizás me niegue
a entenderlo, subo mi mano a su espalda, correspondiendo
su abrazo, mueve su cabeza sobre mi corazón y suspira.
Esto me está matando. Quería ese futuro con ella, esos
hijos, la vida que soñé cuando coloqué ese anillo de sangre
en su dedo, ¡y todo se ha ido al carajo!
—A veces sueño cosas estúpidas, tonterías que cometen
los adolescentes o la gente normal —susurra empezando a
balancearse—. ¿Puedes hacer unas de esas tonterías
realidad?
—¿Cuál?
—Baila así, conmigo, sin música… Imagínala, es todo. Sé
que es tonto, ¿recuerdas cuando me cantaste al oído?
—No esperarás que cante mierda romántica, ¿verdad?
Esa noche fue sobre follar…
—No —responde riéndose. Empiezo a balancearme con
ella, el gesto es suave e íntimo.
—Cuéntame más de esas tonterías —pido cediendo ante
los deseos del hombre que vive en mi interior. El hombre
que quedó prendado de esta loca.
—Quiero ir al cine… Son bobadas, no valen la pena.
Seguimos moviéndonos, su cuerpo mostrándose
tranquilo, dejando que sea yo el hombre que la proteja por
una vez en su vida, soltando la carga de ser la que lleva el
mundo en la espalda. Esto era lo que quería, y siento que
me lo cede demasiado tarde, pero seré egoísta disfrutando
el momento, tomando los pocos respiros que nos da la vida.
Me separo sosteniendo su mano y haciéndola girar, se ríe
pareciendo la chica que es, no el soldado.
—¿Y si soy yo quien quiere hacer una tontería? —musito
tan bajo, que creo no es suficiente para que me escuche.
—No te veo en el cine —apostilla levantando el rostro,
con las mejillas rojas.
—Avery.
—¿Qué…? —El móvil junto a la mesa empieza a sonar,
cortando las idioteces que pienso. Sé quién llama sin
necesidad de mirar la pantalla, solo con la melodía.
—Tenemos que irnos.
—¿Ya es hora? ¿Ta-an pronto?
Con ambas manos tomo su cara, enterrando mis dedos
en sus hebras e inclinando su cabeza, bajo la mía para
besarla. Lo ansío, es una necesidad en mi sistema cada
tanto que la tengo cerca, ese maldito hechizo que me ha
condenado a su lado, al latido de su puto corazón.
Introduzco mi lengua saboreando y apretándola contra mí.
Las ganas de follarla siempre latentes, sin embargo, tengo
asuntos importantes.
En contra de mi voluntad y deseo me separo, jadeante
por más.
Agarro el móvil, acomodándome la camisa salgo primero,
dejando la puerta abierta para ella. Sigue pálida por la
sangre perdida y porque no terminó de cenar, pero no tengo
más tiempo. Nos movilizamos hasta la fortaleza, vamos
directo a uno de los deportivos, mientras conduzco y
reconoce el sitio donde nos dirigimos, se vuelve más y más
pequeña en el asiento. No tengo seguridad siguiéndome,
porque ellos están reunidos esperando por su Pakhan.
Estaciono el vehículo en la casa de los Kozlov, donde fue
su juicio, es aquí donde nos reunimos, como un recuerdo de
lo que no quiero ser en el futuro. Apago el vehículo, bajando
primero y mirando el cielo. No sirve de nada retroceder…
Rodeo el vehículo abriendo su puerta. Nunca he percibido
miedo en ella, pero cuando me da su mano está temblando,
incluso su labio.
Sale parándose a mi lado, observando la línea de
camionetas listas.
—Te amé —dice claro mordiéndose el labio inferior,
aguantando para no quebrarse—. Te amo ahora, estoy
segura de que te amaré a donde sea que vaya luego de
morir. No tengo miedo de eso, pero sí de irme sin que lo
sepas. No es tu culpa, nunca te culpes por esto.
—En algún mundo paralelo, estamos discutiendo por la
pintura de nuestra casa, tú vas a querer crema y yo rojo —
respondo con una de las tonterías que imaginé al tenerla en
mis brazos minutos atrás.
—Estamos listos, señor —murmura alguien a mi espalda.
Por supuesto, las sanguijuelas están a la espera.
—Espero que ella te haga feliz por mí. —Es lo último que
dice antes de caminar hacia adelante, lo más derecha que
puede, sin quebrarse. Siendo la guerrera que conocí. La
sigo, varios pasos detrás, inclinando mi cabeza al soldado.
Nadie podría hacerme feliz, desgraciadamente esta maldita
mujer es quien desencadena aquello que hace latir mi
corazón.
Ella continúa, incluso en medio de quienes escupen a un
lado cuando pasa, se para en la puerta y me mira sobre el
hombro hasta que igualo su paso. La empujo delicadamente
por la espalda, ambos ingresando al mismo tiempo, eso ya
en sí es una declaración, porque debería ir tras de mí, no a
la par. La vista para ella debe ser confusa, ya que Jason se
encuentra en el lugar de los procesados, porque este no es
un juicio para Avery, sino para él. Kassia se levanta en
cuanto la ve entrar a mi lado.
—Y ahora que estamos todos unidos, pido al testigo que
hable —ordena Dante, dándole la palabra a Kassia.
—Estaba llamando a los animales, cuando vi con mis ojos
la crueldad de Jason, él atacó a la esclava de Vladimir.
—¡Así no sucedió! —chilla Jason. Camino a mi silla,
dejando a Avery de pie junto al segundo hombre que daría
su vida por ella, porque el primero siempre seré yo. Laska se
para a mi lado, su mano en mi hombro.
Haré lo que deba, por y para mi familia. Y Avery es parte
de ella.
—¿Te atreves a negarlo en mi cara? ¡Golpeaste a Lilith y a
Lucifer!
—¡Estaban violentos, intentaron atacarme! —Jason se
mira desesperado.
—Los perros son guardianes, ellos te conocen, ¿por qué
van a atacarte? —cuestiona confundido uno de mis líderes.
—Dentro de mis soldados, mi organización —rujo
hablando sobre los demás—. Atacan lo que es mío, ¡de su
Pakhan! ¿Cómo puedo confiar si parece que estoy rodeado
de enemigos y no de aliados?
—Mi señor. —Es el jadeo colectivo.
—¡Les he dado todo! —grazno poniéndome de pie, se
inclinan, como debe ser, incluso ella lo hace—. ¡Sus familias
están seguras! ¡No falta alimento en sus mesas! ¡Ni
protección! ¡¡Les di a una mujer!! Mostré mi lealtad a mis
hermanos sobre cualquier cosa y, ¿es así como me pagan?
—Ella hizo esto —atribuye Jason—. Estoy seguro de que
me hirió en Rusia, ¡y ahora me culpa!
—Es imposible —habla uno de los pocos soldados que
estuvieron allí—. Estaba cubriendo al Pakhan, la vi matar
hombres por nuestro jefe.
—Sí.
—Es cierto.
—También lo vi.
Continúan los murmullos entre ellos. El asombro y la
confusión son parte de los hombres. Incluso ella me observa
impasible, entendiendo que, mientras soñaba con tonterías,
yo buscaba las piezas adecuadas para cambiar el juego a mi
favor. No me importa lo que manipulo para conseguir mi
objetivo.
—Conozco los rostros de la mayoría —continúa Kassia—.
Han venido a casa, han comido junto a nosotros, se les ha
tratado como a un igual, exijo en nombre de Vladimir
Ivanov, que este hombre pague.
—¡Eres una aparecida! —grita Jason, haciendo justo lo
que esperaba, quiero burlarme, soltar la risa que controlo.
Sus palabras molestan a todos, porque ella no pertenece a
la Bratva, pero se ha mostrado amigable con cada hombre
en guardia, sean su seguridad o los soldados rondando.
—Sí, soy la “aparecida”, pero incluso yo, sin conocer su
mundo, no traicionaría a su Pakhan.
—Unas palabras de gran peso que pocos cumplen —
murmura Alaska escupiendo el piso hacia Jason.
—¿Lo dices por ti o por mí?, ¡todo sabemos que quieres a
esta perra! —corta Jason mirando a mi hermana. Mi gruñido
suena en todo el espacio, meterse con ella libera mis
demonios.
—Puedes pisotearme, empujarme, golpearme —brama
Avery moviéndose antes de que yo asesine al maldito—. Sin
embargo, no te permitiré que cuestiones a Alaska, no a ella.
¡Retráctate, ahora!
—Eres una puta esclava… —Entonces ella levanta su
pierna y patea la cara de Jason, haciendo que caiga hacia
atrás, las cadenas que le agarran las manos son lo único
que evita que su cabeza golpee el asfalto, sé que con esa
potencia lo hubiera matado.
—¡Acepto que me crucifiquen! ¿Quieren matarme?
¡Adelante!
—¡¡No!! —chilla Kassia agarrándola—. No tienen por qué
tocarla, no ahora… Dijeron que tenía meses, si la tocan
tendrán que matarme a mí.
—¡El único que morirá será Jason! —trueno mirando a
Dante—. Y si alguno está en contra, que hable mañana.
Sin esperar ninguna réplica, empiezo a caminar fuera,
inclinando la cabeza a mi mano derecha. Quien ordena la
seguridad de mis mujeres. Me voy a dar una vuelta a la
ciudad, fumando con el cristal abajo, pensando en toda la
mierda que estoy jugando, en los miles de escenarios donde
mi vida y las de los míos se joderán. La Bratva es clara.
Entras, pero no sales.
Llego a casa al anochecer, buscando a mis fieles amigos.
Están descansando, Lucifer tiene una pata cubierta, ya que
es allí donde Jason lo hirió. Le acaricio la cabeza, cuando la
sombra de la mujer aparece. Tan idéntica a sus hermanos,
tiene lo mejor de ambos.
—Lucifer y Lilith no atacarían a Jason… Me pregunto qué
sucedió —canturrea con ironía haciéndome un puchero en
cuanto se para detrás del animal. Me duelen, pero existen
sacrificios en la guerra.
—No lo sé, quizás estaban en calor.
—Pobre Jason, no debió meterse en donde no debía,
¿cierto?
Sonrío palmeando la cabeza de mi chico.
—Será un recordatorio para los demás…
Nadie se mete con lo que es mío y ella es intocable.

Ella está frente al espejo, peinando su pelo y yo me


quedo como un acosador en el marco de la puerta. Tiene la
mano vendada, su piel brilla con la pálida luz del techo que
golpea sus hombros, el color del camisón azul oscuro hace
resaltar todo lo demás. Hay tantos problemas y
malentendidos entre nosotros, conversaciones pendientes.
Sus palabras antes de entrar al salón de la Bratva golpean
en mi mente; te amo dijo sin titubeos. Fue sincera, directa.
Lo sentí cuando me compartió los sueños que tiene a futuro.
Y mi vida está jodida cuando no la tengo, dividido entre el
hombre y el jefe.
Entro cerrando la puerta a mi espalda, la quiero en mi
recámara, no en esta habitación lejos de mí. Donde
cualquiera podría lastimarla, irónico, busco mantenerla
segura cuando el principal peligro que corre es mi mera
presencia.
—Alaska me dijo que debía ocupar esta recámara —habla
cuando se percata de que estoy en su espacio.
—¿Lo que dijiste fuera del coche es cierto? —pregunto
tocando la superficie de la cama, donde no la dejaré dormir.
—Sigues vivo, creí que esa era una prueba —responde
restando importancia a su declaración. Por supuesto que
esa altanería suya no la dejaría volver a decirlo. Me hace
sonreír.
—Ven conmigo —ordeno. Ella parpadea antes de ponerse
de pie y tomar la mano que le ofrezco. Aprieto sus dedos,
con el corazón marchando violentamente en mi pecho.
Camino hasta mi recámara, dejándola pasar adelante.
—¿Por qué me traes aquí, Vlad?
—A mi lado estás protegida —respondo asegurando la
puerta. No quiero que mi hija o mi hermana aparezcan en el
medio de la madrugada en mi cama.
—Es difícil seguirte el paso…
Me siento en la cama, quitándome los botones de mi
camisa. Ella se queda de pie, mirando alrededor de mi
recámara, retiro mi camisa y enfrento a la mujer que deseo.
De pie, agarro su rostro, ella intenta no observarme, pero
estoy cansado de este círculo.
—Estoy aquí, jugándome todo por ti. Lo que soñé tener, lo
que conseguí, esta familia que me costó construir, todo eso
y más estoy poniendo en tus manos, Avery Kozlova. —Abre
los ojos alarmada—. Esta familia nunca estará completa si
faltas tú, y estoy luchando para conseguir tenerte, pero
necesito tu compromiso de querer quedarte, de aceptar
todo lo que ofrezco. Soy hijo de la mafia, no puedo
renunciar a ella y espero que puedas vivir con eso.
Otra traición más y rompería el último gramo de
esperanza que tengo en ella. Quiero creer que ha entendido
aquello que tenía y perdió, que su mente ha logrado
visualizar un mundo a mi lado, sin tener que huir. Le prometí
una vez destrozar todo por ella y estoy dispuesto, Chicago o
el mundo pueden arder en el infierno, si ella continúa a mi
lado, no me importa.
—¡Vlad! —gime pálida, sus ojos humedeciéndose—. ¿Tú
me aceptas? ¿Eso es lo que significa? ¿Y la Bratva?
—Buscaremos una salida, si es lo que tú quieres… o
puedes elegir irte.
—¿Me dejarías ir?
—Sí —respondo con dolor. Si es lo que elige.
—¿Estás dispuesto a perdonarme? —Ella es quien se pega
a mi pecho—. Vlad… No te merezco.
—¡Hey, Zaria! —suplico apartándole la mano colocando
mis dedos en su mentón—. Sé que te has equivocado, yo lo
hice muchas veces, pero ¿no es eso los que nos hace
mejores?, ¿conocer dónde nos equivocamos y rectificar?
—No puedo dañarte, no puedo ser yo quien te quite todo,
no otra vez —murmura, por segundos temo que no
responda lo que espero, sin embargo, se ríe en medio de las
lágrimas—. Prométeme que, si no hay solución para mí, solo
viviremos los mejores momentos y luego dejarás que pase
lo que se deba.
—Puedo prometer vivir el día a día —reviro besándola,
acallando cualquier queja.
Le limpio las lágrimas y, aunque mi cuerpo arde por
enredarnos en la cama y dejarla exhausta hasta más no
poder, la llevo al baño, quitándole la ropa y limpiando su
cuerpo, le curo la mano, cubriendo la herida como se debe.
Leticia ha hecho unos puntos enormes que, sin duda,
dejarán una marca. Me baño por igual y luego entramos en
la cama. Beso su hombro, su rostro, mis manos le acarician
la piel de su vientre y pierna. La abrazo, pegándola a mi
pecho y suspiro. Ambos necesitamos descansar, mañana
podremos explotar y enfrentar la organización.
Esta noche, necesito silencio y a ella.
Cierro los ojos, durmiendo como hacía años no podía.
Avery se mantiene pegada a mí, por ello al despertar,
tiene una pierna sobre mi polla dura, un brazo de los suyos
bajo el mío y la cabeza escondida en mi cuello.
Sé que se ha despertado cuando su respiración cambia y
su mano herida busca mi miembro, siseo al sentir sus dedos
cerrarse.
—Si levantaste a la bestia, tendrás que domarla —
amenazo a la mujer a mi lado. Se sienta a horcajadas,
torturándome cuando deja a mi polla sobre su trasero.
Percibo el frío del metal en mi vientre, así como la miel que
suelta de entre sus piernas, esos jugos que quiero beberme
como un demente—. Mi Zaria quiere dominarme, eh…
—Eso lo he conseguido hace rato, Vikingo.
—¿Eso crees? —rujo tomando su cintura y empujándole el
cuerpo hacia atrás, hasta encajarla. La cabeza de mi
miembro en su entrada. Gime al bajar, tragándome
despacio. Y Dios, no puedo contenerme de dejar caer mi
cabeza hacia atrás gruñendo ante la sensación que
despierta en mí.
—¿Aún lo dudas? —se burla inclinándose sobre mi pecho,
siento su sonrisa descarada en mi cuello. Maldita mujer. Sé
que no estaba equivocado al desear tenerlo todo.
Lucharé contra la misma Bratva para mantener lo que
quiero.
He sido todo lo que se espera que sea, y seguiré jugando
los movimientos a mi favor, para hacerme de más poder y
mantener seguras a las mujeres que me importan. Ellas lo
son todo en mi maldita vida.

—Buenos días, hermano —saluda Laska en cuanto entro


al comedor. Seguro ha escuchado el cantar de la excitación
en la mañana. Tiene puesta la sonrisa de querer burlarse—.
Fatigado, ¿no?
—Diría renovado. Hola, princesa. —Cargo a la mujer más
importante del planeta. Recibiendo besos por doquier.
—¡Señora bonita! —chilla a la figura de Zaria. Dejo ir a
Becca, quien corre a los pies de Avery.
—Mira quién está aquí —susurra igualando su tamaño—.
Me gusta tu diadema.
—¿Cómo está tu mano?
—Mejor, mira. —Le muestra la venda—. El señor Ivanov
me curó, así que pronto estaré bien.
—Seguro, es el mejor contando cuentos y sanando
raspones, ¿comerás con nosotros? ¡Siéntate a mi lado!
Le abro la silla a Avery, quien parece rebozar de alegría.
Me gusta mirar así a mi familia, porque todas lucen alegres,
sonriendo. Es demasiado perfecto, si quito el tema de la
Bratva, esto es tan tranquilo que me aterra. En nuestro
mundo nada es sencillo y calmado, todo es caos y tormenta.
Muevo la cabeza apartando esos pensamientos, disfrutando
lo que tengo.
Comemos, reímos de las ocurrencias de Becca, para Zaria
es más difícil. Nosotros hemos vivido este ambiente por dos
años y es parte de nuestra rutina, para ella es nuevo,
incluso el cariño puro de Becca. Veo el agradecimiento, el
afecto en su rostro y a Alaska feliz de tenerla en la mesa…
En lo más profundo de mí, desearía que esto fuera eterno,
tener el poder de quedarnos para siempre así. La vida en sí
no es perfecta, lo sé.
—Kassia está visitando a su médico, ¿no? —pregunta
Avery jugando con lo que queda en su plato. Alaska se
aclara la garganta incómoda.
—Sí —respondo. Es un tema delicado que debo tratar con
Kassia por mi cuenta. Ella tenía conocimiento sobre Avery y
me ayudó en mis planes, espero que la noticia pueda ser
tomada de buena manera y no crear un conflicto
innecesario.
—¿Puede la señora bonita llevarme a mis clases de
patinaje? —suplica Becca. Surge un segundo tenso tras su
pregunta.
«Confiar, un nuevo comienzo, desde cero».
—Claro que sí, vayan todas. Yo me encargaré de algunos
asuntos.
—Vamos a prepararte —susurra Laska sacándola del
comedor.
—No tienes que…
—Vayan a divertirse —respondo hacia Avery—. Las
esperaré para el almuerzo, luego tengo que ir a la joyería.
—¡Te quiero, papi! —dice mi hija, se para de su silla y
corre a la mía para besarme la mejilla. Me pongo de pie
cuando Laska y Avery lo hacen, mi hermana se retira con la
niña siguiéndole. Atrapo a mi fugitiva, quien parece querer
huir de mí.
—¿Y tú no dices te quiero?
—Nah, luego te acostumbras ¡Ay! —chilla. Le pego una
nalgada antes de morderle los labios.
—¿No dejarás de ser un dolor de cabeza?
—Empiezo a creer que eres masoquista, ¿sabes?
—Y tú una loca —reviro entre mordiscos.
—Seguro me quieres así, loca y todo…
—Es molesto, pero sí, Zaria. Loca y todo, con tonterías de
adolescentes.
—¡Ay, basta! ¡No recuerdes eso!
—¿No quieres fogatas y follar detrás de las camionetas?
—No lo había pensado, lo añadiré.
—Dime que es broma —suplico serio.
—Deberás descubrirlo —desafía dándome un beso fugaz
antes de salir del comedor.
Suspiro viéndola marchar, y convenciéndome de que no
me preocupa. Con los soldados ocupados, no tendrán quejas
por ver a Avery salir. La revelación de algunos
defendiéndola, es una ganancia de tiempo para mí. Voy a mi
despacho y Dante llega justo a tiempo para coordinar
algunas entregas, mi principal fuente es Montreal, y las
cosas marchan bien, además, Raze ya trajo un gran
cargamento, del cual otorgué un tercio para Nazar.
—Me gustaría ver a mi niña, si no te importa.
—Salió con las chicas —le informo analizando los gráficos
de ventas.
—¿Para cuidarlas?
—No, como una más de ellas. —Bajo las hojas para
mirarlo.
—No entiendo…
—Está conmigo —confieso relajado.
—¿Y Kassia? —Es divertido ver su confusión.
—Ella es una conversación pendiente, salió temprano a su
cita médica.
—Significa entonces…
—Que Avery está de regreso, estamos juntos y que no
tengo idea de nada más. Todo es muy nuevo, los soldados
no se calmarán.
—Sí, respecto a eso. Están formando grupos, empiezan a
dividirse.
—Era algo que esperaba —bufo. Odio que estén
mezclados con los antiguos y nuevos hombres.
—Asesinar a Jason les dará una razón más, creo que
deberías pensarlo.
—La hirió —gruño—. ¡Lo viste! No está a discusión, lo
quiero muerto.
—Puedes castigarlo unas semanas y luego lo matas.
—¿No es eso lo que lucho por evitar con Avery y me pides
que lo haga con Jason?
—Actúas desde lo emocional, pero tienes que ver la
guerra delante de tus narices. Yo mismo quisiera su corazón
en mi mano por tocar a mi niña, sin embargo, se trata de un
bien mayor.
—Solo le daré una, máximo dos semanas. Y yo mismo lo
destripo, estés o no de acuerdo.
—Bien, ese tiempo es prudente.
—Odio que seas tan racional, viejo.
—Me lo agradecerás después —revira suspirando. Esta
situación nos está llevando al límite a todos. Solo quiero
encontrar una maldita salida ¡Ya!
CAPÍTULO 14
AVERY
Las sensaciones, el deseo que se maneja… Dios, mi
Vikingo es capaz de dejarme minutos donde soy quien
controla el placer, pero su dominación es fuera de este
mundo. Me castiga con su mano, el goce multiplicado por
millones, cada vez que me toca el piercing lanzo un grito
estrepitoso. Vladimir se encuentra a mi espalda de rodillas,
su miembro sale y entra con desespero. Llevo mis manos a
su cuello, curvando mi cuerpo, una de sus manos cubiertas
de distintos tatuajes viaja por mi vientre hasta mis labios,
sus dedos torturando mi clítoris, jadeo desesperada, mis
piernas temblando ya que estoy a punto de irme de bruces
contra el glorioso final del camino.
Los dientes de mi hombre se clavan en mi hombro.
—Lléname de ti —suplico.
Vlad me agarra ambas manos en mi espalda, con una de
las suyas, termino doblada hacia adelante, grito cuando me
despedaza de una sola estocada. La forma en la cual me
tiene hace que me encuentre totalmente dominada,
logrando que no me pueda mover, restringiéndome de tal
modo que mi Vikingo tiene mi coño al cien. Crece dentro de
mí, sus venas marcándose.
No lo soporto, es demasiado, sus manos, la restricción y
esos golpes violentos.
—¡Por favor! —estallo, las lágrimas brotan de mis ojos.
—Te expande, ¿cierto? Quieres que me detenga y a la par
que continúe…
—¡Sí! —grito.
—¿Estás desesperada por venirte? —gruñe a mi espalda.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Sííí!
—Me perteneces, Zaria, tú jodidamente me perteneces.
—Lo hago —sollozo. Ya no puedo más—: ¡Soy tuya!
El manantial de semen baña mi interior en cuanto las
palabras salen de mis labios, desmadejada caigo hacia el
frente, mi cabeza contra la almohada. Mis piernas están
temblando sin control y estrujo las sábanas en mis puños.
Somos dos cuerpos demostrándose los sentimientos y las
emociones sin palabras. Terminamos jadeantes, Vlad sobre
su estómago, a mi lado, dejando su espalda expuesta. Subo
en esta, pegándole mis tetas y empiezo a besarle la piel, me
siento en paz, tranquila, un peso menos con el cual cargar.
Es una nueva oportunidad de iniciar desde cero, no quiero
dejar ir estos momentos jamás.
—Debes comer más, Zaria. Estás muy delgada, casi no te
siento —regaña.
A veces tenemos mucho tiempo junto a alguien, a quien
no detallamos, porque vamos por la vida ocupados en mil
cosas a la vez. No somos capaces de detenernos y apreciar
lo que a simple vista podría ser insignificante, sin embargo,
cuando le miras a detalle termina siendo extraordinario.
Delineo los tatuajes de su espalda, grabándome sus
diseños.
Hasta que es hora de levantarse, nos bañamos o más
bien, él cuida de mí. Lava mi pelo, cura mi herida
cambiando el vendaje, me carga hasta el tocador. Lo beso,
lo beso mucho porque ¡Dios!, estoy muy asustada de
despertar en la puta realidad de que esto no está pasando.
Me estoy cambiando cuando Vladimir me sorprende con
varias tarjetas y una chequera.
—No lo necesito —susurro. Tengo todo aquí, me da un
techo, comida, ropa.
—Es tuyo, Laska tiene su propio dinero.
—No quiero tu dinero.
Se ríe antes de tomarme de la cintura y pegarme a su
cuerpo. Gracias a Cristo ya tiene ropa, de lo contrario
terminaríamos follando encima del tocador.
—Cuando aceptas que eres mía, eso significa que soy tu
hombre —gruñe chupándome el labio—. Yo soy quien te
cuida, folla, alimenta, complace y te llena de detalles, ¿nos
vamos entendiendo, señora Ivanova?
Me tiembla todo cuando me llama de esa forma. Y luego
me besa tan suave, despacio, tomándose todo el tiempo del
mundo en deleitarme con sus labios.
—¿Cómo haremos esto? —cuestiono al apartarme. Kassia
se filtra en mis pensamientos—. Laska lo entenderá, Becca
es tan pequeña, pero ¿Kassia? Por, Dios… No pensé en ella.
—Becca sabe que tiene a su mami en el cielo, también te
conoce a ti, aunque para ella eres “la señora bonita” y
Alaska estará feliz. Sobre Kassia, es un tema del cual debo
encargarme yo.
Sinceramente tengo miedo respecto a Becca, no soy
buena con los niños. Quiero aprender, y claro que me
gustaría compartir con ella, tal vez con mucho esfuerzo sea
su segunda mami. Esa criatura lo merece. Con la niña todo
es diferente, no puedo decir que he cultivado su afecto,
cuando solo estuve dos segundos en comparación del
tiempo que Kassia ha estado junto a ella, pero me gustaría
demostrar que son mi familia y me importan.
—Kassia ha estado contigo…
—Le aclararé todo, enfrentaré este tema yo. Le explicaré,
me encargaré de su protección y seguridad. No la dejaré a
la deriva. Lo prometo.
—Ese es un buen plan —concuerdo.
Desayunamos y compartimos antes de que Becca
pregunte si podemos llevarla a sus clases, incluyéndome a
mí. Ando convertida en toda una sensible. La emoción que
experimento al sentirme parte de ellos es sublime, única,
algo que jamás he tenido.
Le aplaudimos desde lejos, en sus vueltas y
deslizamientos, tiene un toque especial, eso que la hace
diferente dentro de los demás. No actúa como ellos, es más
segura y libre, no baja la mirada, siempre con su espalda
recta.
Vladimir viene por nosotras, llevándonos a comer a un
restaurante de su poder.
Nos mantiene a su lado, sin perder detalle de ninguna,
portándose como un caballero.
—No deberías estar así, los soldados… —Empiezo
comentándole bajo a Vlad, sostiene mi mano negando.
—Recuerda mis palabras, Zaria. Yo soy el encargado de
protegerlas.
—Es extraño no estar a la defensiva.
—Es relajante, ¿no? Mira la vista —dice señalando el lago
Michigan—. Me parece que esto es parte de la vida que
anhelas tener, tu familia, un restaurante normal y ninguna
preocupación.
Jadeo abriendo los ojos sorprendida, mirando a las chicas
hablando en las otras mesas, a las personas degustando sus
platillos tranquilos, algunos en pareja, otros en grupo. Cada
uno de ellos ríe, habla, el ambiente con una música baja.
Sin ninguna seguridad. Esto era parte por lo cual luchaba y
me lo está dando, los detalles simples, mundanos.
—No es tan difícil, con la persona correcta —susurra
besándome la mejilla.
Vladimir es atendido como un rey, las personas desfilan a
su alrededor pendientes de cada mínimo detalle, y yo poco
a poco me voy relajando
No puedo creer que pasemos una tarde hablando, riendo
de las ocurrencias de Becca. Laska debe marcharse a
cumplir un compromiso con su novio, vamos a la feria.
Comiendo dulce de algodón, Vlad se queda vigilante y yo
corro con Becca, saltando de un juego a otro. Su papá gana
un oso gigante por buena puntería. Es enorme, la seguridad
se encarga de andar con el oso de un lado a otro. Son horas
felices, valiosas como ninguna otras. Hasta que él recibe
esa llamada, no responde, solo escucha en la línea.
Tampoco dice qué sucede, entiendo que para no alterar a
Becca. Tenemos que irnos rápidamente a la fortaleza y no
deja de observar por el espejo retrovisor. Ginebra se hace
cargo de Becca mientras él discute al teléfono desde que
pisamos la mansión.
—¡Te quiero ahora en la casa! ¡Ya! —Cuelga molesto.
—¿Qué sucede? —pregunto angustiada.
—Debo ir a Montreal con urgencia, Ginebra, organiza algo
de ropa rápido.
—Claro. —Ella concede movilizándose con la niña
agarrada de manos.
—Prepararé la mía —anuncio dispuesta a ir detrás de ella.
—No, tú te quedas.
—Me necesitas y lo sabes, no puedes confiar en los
soldados. No tienes idea de quién está de tu lado o en tu
contra, ¿qué carajos pasó en Montreal para que estés así?
—Quieren castigar a Jason, pero no asesinarlo —gruñe. Lo
detengo, frenando su descarga de ira.
—Si tú me sostienes yo te sostengo, así funciona ¡Habla
conmigo!
—Atacaron el almacén, el FBI se involucrará.
—Tranquilo, respira ¿quién sería capaz…?
—Tengo tantos enemigos —se burla alejándose—. ¡Podría
ser cualquiera!
—No, no cualquiera, quien hizo esto te quiere fuera de la
jugada. Involucrar al FBI es hacerte un fugitivo, no
cualquiera hace eso. Déjame ir contigo, en caso de
necesitar huir, Dante representará a la Bratva.
—Tengo certeza de que podrías apuñalarme, pero no a
ellas. —Acuna mi rostro, intentando que sus palabras no
sean una punzada letal clavada en mi tórax—. Necesito que
cuides a Becca, porque no confío en nadie más. Yo puedo
cuidarme solo, ellas no.
Asiento besándolo, haré lo que sea por él. Subo hacia la
recámara para ayudar a Ginebra a preparar lo necesario, sé
de armas y lo que necesita para joder a cualquiera que se
meta con él. No tengo miedo de que vaya solo, y si decide
que me necesita al frente del cuidado de las chicas, aquí
estaré. Sin embargo, encuentro algo en todo esto que no
está siendo “correcto” esa sensación hormigueando en mi
cuerpo, presentimiento o no, la situación no me cuadra.
Me detengo en el balcón, observando el panorama. Todo
luce bajo normalidad, seguridad alrededor de la casa, la
cual debería ser dividida sorpresivamente para llevarse una
parte con él…
¿Quién haría esto? Se persiguió a Aldrik en Rusia, pero no
creo que él tenga tanto respaldo y poder, por otro lado
¿Roth Nikov? ¿Sería tan cínico de llamarlo su amigo? No lo
espero de su persona, hasta donde sé, es alguien que va de
frente. ¿Dominic Cavalli? Sí, son sus jugadas, pero ¿las
mujeres? No, no atacaría a mujeres inocentes, iría por la
cabeza de Vladimir.
Ingreso a la habitación, estoy segura de que necesitan
que Vlad deje estas paredes y si estoy equivocada, no me
quedaré a averiguarlo.
—¿Puedo ayudar en algo?
Me sorprende encontrar a Kassia, está de pie en la
recámara un tanto incómoda, rascándose el cuello que
parece lleno de ronchas. No sé cómo abordarla, me siento
horrible.
—Kassia…
—Regresaron —susurra con una sonrisa que no alcanza
sus ojos—. Habló conmigo abajo, en su despacho. Vine a
despedirme.
—¿Qué? ¡NO! —exclamo acortando la distancia—. No
puedes irte.
—Estuve aquí porque me lo pediste, estaba cuidando lo
que te pertenece y ahora debo hacerme a un lado. Es lo que
sucede con las mujeres como yo, un día están planeando
dejarte embarazada y al siguiente te desechan.
—¡Kassia! —Jadeo abrazándola. Me duele que se sienta
de esta manera, ella se derrumba a llorar en mi pecho. Dios,
no quiero hacer que nadie más sufra.
—Voy a quedarme sola, me duele tener que apartarme de
tu lado.
—No lo harás, hablaré con Vladimir.
—No merezco nada, debes ser feliz y él es tu felicidad —
solloza más fuerte—. Debí irme cuando tenía la oportunidad,
ahora me he encariñado con Becca, con Alaska y contigo
¿cómo me alejo luego de dos años?
—Hablaré con él, si quieres quedarte serás bienvenida.
—¿En serio? —murmura entre hipidos.
—No te dejaré a la deriva, eres mi responsabilidad, pero
ahora necesito tu ayuda para comunicarme con Laska —
explico desesperada frente a Kassia. Ella tiene un móvil el
cual rápidamente me pone en contacto con Alaska—. No
vengas —gruño ni bien ha respondido.
—¿Ah?
—Soy Avery, ¿dónde estás?
—A minutos de la fortaleza.
—No vengas —repito—. Espéranos en un lugar seguro, un
punto donde tú y Vlad conozcan sin que me digas ahora.
—De acuerdo, dile que iré… Él sabrá dónde.
Cuelgo la llamada entregándole el celular a Kassia.
—¿Qué estás haciendo?
—Haz una bolsa para todos, algo rápido, ropa ligera.
—¡Avery! —chilla.
—¡Debo hablar con Vlad! —grito apresurándome fuera de
la recámara.
Está dándole órdenes a un grupo de sus soldados,
quienes giran el rostro para no verme cuando entro al
despacho. No me importa, si mis ideas son correctas, ¡me
vale mierda lo que opinen!
—¡Largo! —demando solo entrar.
—Zaria.
—¡Váyanse, ahora!
Esperan a que él secunde mi orden antes de empezar a
retirarse.
—¡No puedes irrumpir así! —gruñe molesto.
—Atacarán esta casa o a ti, estoy segura. Por favor,
hazme caso. Piensa, ¿quién coños delataría un almacén en
Canadá si no fuera para moverte de la fortaleza, dejar a tu
familia vulnerable? Algo está pasando, y no lo vemos con
claridad, pero no puedes irte.
—Dante se quedará contigo, no tienes que temer. No
dejaría a nadie lastimarte.
—¡No! —reviro alto—. Confía en mí —suplico
desesperada.
—Zaria. —Jadea contrariado. Sé que lo pongo en una
batalla con un protocolo que seguir.
—Salgamos de esta casa, confía en mí. Solo dame esta
noche, mañana puedes irte a Montreal.
Me aferro a su camisa, suplicando que confíe en una
traidora. Podría pensar que es una treta mía, algo que no es
cierto y solo por ello equivocarse. La paz llega a mi cuerpo
cuando afirma rodeándome con sus brazos.
—Esta noche —concede.
—Tengo una cabaña, eso podría servir si no tienes un
lugar.
—Hay un departamento, allí podemos ir todos.
Nos movemos, carga a Becca mientras guardo algunas
pocas pertenencias, Kassia tiene una maleta para nosotras
y otra para Laska. Subimos a la niña a la parte trasera de
una camioneta, cargo a Lilith, mientras Vlad a Lucifer, no los
vamos a dejar atrás y partimos sin seguridad para
encontrarnos con Laska en un parque, también viene con
nosotros al centro de la ciudad. Vladimir no deja de darme
miradas interrogantes, entre confiar y dudar.
—¿Alguien me dirá qué sucede?
—Ahora no, Laska —corta mi Vikingo. Entramos a la línea
de apartamentos lujosos, es un edificio de sesenta y seis
pisos, teniendo los dos últimos para él, carga a Becca y dos
bolsas de nuestras pertenencias y subimos al penthouse.
Nos instalamos, Laska ordena una pizza y miran la televisión
fingiendo que todo está en orden. Vladimir no pasa bocado,
solo se queda mirando la ciudad oscurecer debajo, yo giro
caminando de un lado a otro.
Si me equivoqué, esto costará lo poco construido, pero el
teléfono en la mesa suena.
Y todos observamos el aparato. Responde sin decir
palabra y espera, recibiendo algún reporte. Respiro cuando
cuelga.
—Atacaron la fortaleza.
¡Lo sabía! Alguien planeó esto, la cuestión es ¿quién?
CAPÍTULO 15
“Todos los caminos me llevan al infierno. Pero ¿si el
infierno soy yo?
¡Si por profundo que sea su abismo, tengo dentro de mí
otro más horrible!”
VLADIMIR

A veces no quieres saber la verdad, porque eso quiebra


todo y a la misma vez no se puede vivir eternamente en
una mentira. Cuelgo el móvil, apartándome el pelo de la
frente. Vago de un lado a otro en el pequeño espacio,
pensando en cada mínimo detalle, las acciones a tomar. Mi
gente necesita tener claro quién gobierna esta organización,
quién los dirige y les ha dado todo, sacándolos de la miseria
en la cual se encontraban. Avery pudo haberme facilitado el
camino de entrada, pero yo me forjé las riendas paso a
paso.
Con la sospecha de las palabras de Nathan cuando dejé
Rusia, me quedo analizando esa parte. Me sirvo una copa de
vino, porque no tengo alcohol más fuerte en el penthouse.
—Los códigos de acceso se cambiaron —informa en el
umbral de la puerta. Se nota igual de cansada y agobiada—.
Dante está en la fortaleza, no pudieron entrar a la casa
principal, ¿quieres ir esta noche?
—Intenté ser bueno —susurro sentándome en el
escritorio, levanto el rostro para observarla—. Te disgusta
ver inocentes morir, luché por no ocasionar daños
colaterales, sin embargo, no puedo seguir siendo ese
hombre.
—He amado a Vladimir Ivanov, las mujeres en aquella
recámara aman a ese mismo hombre. No me importa si eres
bueno o malo para el mundo, mientras tenga a Vladimir al
final del día.
Dejo la copa de lado, sosteniendo el arma de la mesa y
guardándola a mi espalda. Permanece en su lugar, sin
amedrentarse por mi cercanía.
—Esta es nuestra familia, haré todo por mantenerla
intacta —prometo acunando su rostro—. Desgraciadamente
nacimos en esta vida, no existe libertad, solo vínculos
fuertes que jamás romperemos.
—Ahora lo comprendo, la libertad solo son momentos
como los de más temprano, los tenemos, los disfrutamos y
luego se evaporan.
—«Eres la espada que me hará más fuerte. Yo soy la
piedra de donde nadie podrá liberarte. Viviremos y
moriremos por el otro». Eso pensé el día que te hice mía,
esas palabras me recordé cada vez que Alaska te defendió
delante de mí. Mantenlo presente a partir de este momento.
—Así será —garantiza besando mis labios. Por mucho que
quiera ir conmigo, es una batalla que debo librar en
solitario. Vamos a la recámara principal, donde se marcha a
bañarse pensando que la esperaré. Mis chicas están
durmiendo en la cama. Las contemplo dormir, ellas dos
viven alejadas de la mierda del mundo de la mafia,
comprendo a Avery más de lo que puede imaginar. Empujo
las sábanas, cubriendo a Laska, quien medio abre sus ojos y
sonríe.
—Ven a dormir —pide soñolienta. Me inclino besando su
frente.
—Pronto —prometo devolviéndole el gesto.
Laska tiene a Becca bajo su pecho, abrazándola fuerte,
con fiereza.
Coloco el seguro de la puerta, cerrando esta para que no
se pueda abrir desde el interior. Deben mantenerse las tres
dentro, hasta mi regreso o el de Dante.
Kassia se encuentra encerrada en otra de las
habitaciones, hablé más temprano con ella y pareció
entender mis palabras. Al menos es un problema menos en
mi cabeza. Hablaré con Dante para que me ayude a ubicarle
un lugar propio y ver un trabajo que pueda desempeñar.
Acaricio a mis fieles compañeros, dejándoles agua para
tomar. Lilith se acurruca contra Lucifer, no quería dañarlos,
pero necesitaba una excusa perfecta para tomar el control
que se me tambaleaba en los dedos, justo como esta noche.
Un precedente debe ser marcado. Me toman por quien soy o
no, nada es a medias; la Bratva debe inclinarse, no yo, ni los
míos.
Alisto mi AK 47 en el estacionamiento subterráneo, los
cuchillos en mis tobillos. Conduzco de regreso a la fortaleza,
donde parte de mis hombres se encuentran sorprendidos
del ataque, la fortaleza es impenetrable, eso no quiere decir
que los daños sean menores. Los cuerpos desmembrados
fueron apilados frente a la puerta principal, la mayoría de
mis mejores hombres, aquellos en quienes podía confiar.
—¡Jason no está! —Jadea Leticia sosteniéndose el
abdomen—. Se llevó a Ginebra con él.
—Esto no es obra de Jason —gruño mirando a los
hombres cansados, son letales, sí, pero no contra lo
desconocido, contra aquellos que no poseen alma—. Siento
vergüenza de decir que debo protegerme de aquellos a
quienes he cuidado, de aquellos llamados hermanos.
—Jefe…
—¡Silencio! No quiero escuchar palabras vacías, promesas
que me causan repulsión. Esto lo ha hecho uno de sus
propios hermanos, masacrando a otros. Esta vez no pueden
culpar a Avery Kozlova de sus acciones.
Levanto las restricciones de la fortaleza, ingresando a
buscar lo que necesito. Dejo que se encarguen de la mierda
que produjo Jason, él no es el enemigo, sino los militares
detrás de su cabecilla. Ellos no saben trabajar por sí solos,
siempre necesitan una guía para demostrar lo sangrientos
que se pueden tornar. Jason solo ha tomado la oportunidad
de salvarse de su destino. Y ahora no solo tiene a mi
esclava, sino a un ejército que seguirá sus órdenes.
Todo por no matarlo cuando debía. Dicen que recibes las
noticias en los momentos más inesperados, desde que supe
del ataque planeé mi siguiente jugada, está volando desde
Rusia para llegar casi al amanecer.
Tengo una banda que necesita ser erradicada, unos
militares desorientados y dirigidos por Jason, la Bratva
dividida -algo que espero solucionar en las próximas horas-
un aliado dudoso, Nazar. Bonito, todo es un desastre.
Salgo cuando el camión nevera se encuentra cargado,
detengo a los encargados de llevarse los restos.
—Los quiero en el centro de Chicago —ordeno. Sin un
ápice de duda. Los hombres alzan sus cabezas asombrados
—. Todo el que murió esta noche, lo hizo por no saber qué
defender, ni dónde estaban sus lealtades. Ninguno merece
ser honrado.
Estupefactos cumplen mi orden, retienes a las personas
por respeto o miedo, usé el respeto por dos años, esta vez
mi aliado será el miedo. Ellos comprenderán que soy el
único hombre a quien podrán servir, la compasión no puede
ser demostrada jamás.
Las personas creen que pueden pisotearme, lo han creído
desde antes. Siempre interponiéndose delante de mis
planes, manipulando todo mi entorno para su beneficio.
Nadie esperaba nada de mí, debía ser la basura, el
delegado, a quien si querías joder… Lo hacías y punto. Lo
que tengo me ha costado, me lo gané en sudor y sangre,
peleé para tener este puesto, enfrenté lo que otros no
querían y me mantuve en pie incluso con las traiciones más
letales.
No debo demostrar nada a nadie, aun así, corto las
cabezas del pequeño club dándome problemas. Sangriento
y cruel, despedazando cuerpos y amontonando lo que
quiero llevar conmigo.
Tengo la información de Mason, el soldado cabecilla,
quien al parecer fue cercano a Avery, también el dato de
una mujer llamada Winter, ellos tres figuran en los
documentos de la CIA.
Regreso al penthouse, siendo recibido entre alegrías por
ellas observando a mi condena desde lejos. Me concentro
en Becca, es la pequeña, quien requiere un mundo más
equilibrado y no enterarse de aquello que ha hecho su
padre para mantenerla protegida.
En mi vida cualquier indicio de tranquilidad solo presagia
tormenta, es tan efímero como aterrador.
Más tarde me reúno con Dante, tomando el control de los
acontecimientos próximos. Le ordeno los detalles de mi
viaje a Canarias. Debe estar todo listo, asiente anotando lo
que demando.
Nos dividimos cuando recibo la llamada que esperaba, mi
paquete está en la fortaleza. Conduzco hasta dicho lugar
llegando primero. Los soldados están ansiosos, pero
cautelosos. No saben qué esperar de mí, aunque se está
respetando mi autoridad. Esta mañana tuvieron una
probada simple de los actos que puedo cometer. Los
murmullos en las esquinas ya no están y en cambio tengo
inclinaciones de respeto en la mayoría.
—Hasta que apareces —saluda Nikov recostado en la
puerta de mi casa.
—Espero que no hayas venido solo.
—Directo al asunto, como me gusta.
—Ya me conoces —rebato moviendo mi pierna. No
aguanto tanto misterio, saco un cigarrillo y lo enciendo.
Niega bajando la escalera, siendo consciente de todo lo que
se mueve entre mis hombres.
—Vamos al vagón, traje a tu testigo.
Eso era lo que quería escuchar. Camino a su lado, ha
traído consigo un camión de carga, algunos de sus hombres
están custodiándolo. Subo por la parte trasera, uno de sus
hombres me abre la puerta, alguien viene sobre mí desde la
oscuridad del metal, pero también me empujan por la parte
trasera, un golpe en mi espalda. La puerta se cierra justo
cuando el cuerpo me impacta con un gruñido salvaje.
Levanto mi brazo, golpeando con mi codo la mandíbula de
la persona. Una serie de luces empiezan a encenderse,
revelando quién está frente a mí. Parpadea desconcertado.
—¡Abre esa puta puerta, Nikov! —ruge.
Niego sonriendo, ¡a la mierda! Tiene una deuda conmigo
y quiero el maldito pago ahora. Tiene su camisa remangada,
parece que lleva tiempo encerrado dentro de las paredes de
metal. Sus ojos fríos me observan, suspirando, casi hastiado
de lo que ambos sabemos pasará. Me quito mi chaqueta,
aflojando los primeros botones de mi camisa azul.
—Te dije que no te metieras, fui jodidamente específico
¡pero no! ¡Siempre creyéndote el amo y señor!
—Oh, ¡vete a la mierda, Ivanov!
—No sin antes llevarte al infierno —gruño lanzándome
sobre él.
El camión se inclina hacia un lado cuando nuestros
cuerpos chocan con el metal. Soy quien golpea, porque la
ira explota en demasía. Ha jodido mi vida en cada sentido
posible, pasando sobre mi cabeza y convirtiéndome miles
de veces en su puto esclavo, en el sirviente que debía sí o sí
seguir sus dictaduras.
—¡Soy tu igual, no una basura!
—¡Vamos, soldado! Actúas como uno más, ¡eso es lo que
odio de ti! —revira lanzándome una patada que me obliga a
retroceder, caigo sobre mi espalda y salto rápidamente,
golpeando con el doble de fuerza.
Yo sí estoy furioso con él, son años aguantando sus
mierdas, soportando ser declinado a la maldita nada. Los
días en la montaña, sobreviviendo apenas con el dolor de
toda la tortura… ¡Sabía que éramos hermanos! Y ni eso le
inspiró una mierda para ayudarme. Él dio paso a esto, a una
guerra de rivalidades que ahora debe tragarse.
—¡Soy más que tú! —rujo.
—¡Porque yo te he dejado! ¡¡YO!!
—Voy a matarte, hijo de puta —amenazo. Ambos rodamos
por el piso, hasta que saco el arma de mi espalda y se la
coloco en la cabeza. Sonríe, como si no me creyera capaz
de disparar.
—¡¡Hazlo!! —reta con las pupilas dilatándose.
Convirtiéndose en la bestia maldita que cargamos dentro—.
Enséñame de lo que estás hecho, vamos… Dispara.
Demuestra que eres idéntico a Kain.
—¡Ahh! —Golpeo a un lado de su rostro, con la culata de
mi arma. Lo dejo salir de mi agarre, ambos sentándonos en
el piso en sentido contrario, frente a frente, porque no
confiamos en el otro.
Escupe hacia un lado la sangre que le he ocasionado,
doblando sus piernas y estirándose. Nikov sabe que, aunque
nos odiemos, no existe forma de que terminemos
matándonos uno a otro, al menos no así.
—No luces como un buen testigo —digo tronándome los
nudillos.
—Nikov es un hijo de puta…
—¿Por qué, Dominic? —corto cualquier palabrería. Gira el
rostro para no enfrentarme, guardando silencio más del
tiempo que me gustaría. Casi espero que permanezca
mudo, hasta que empieza a hablar.
—Incluso algunos de mis actos más atroces fueron para el
bienestar de otros. Sinceramente no importa lo que hagas,
ni cómo lo hagas… Siempre serás el villano en el cuento de
los buenos.
—Eres el villano, joder, has hecho de mí tu maldito títere,
me quitaste a la mujer que deseaba…
—No la metas en esto —demanda taladrándome con la
mirada fiera.
—Curioso, tengo prohibido hablar de ella, en cambio tú
amenazas a la mía —me burlo ante el cabrón.
—Está contigo, ¿no? ¡Regresó porque me teme! Tener una
deuda conmigo es más peligroso que enfrentarse a la
Bratva. De nada, te devolví a la mujer, ¿no deberías estar
agradecido?
—¡Jódete! —rujo levantándole el dedo medio—. Tú eres el
culpable de esto, inmiscuyéndote en mi vida, arreglándola y
dirigiendo como si fueras mi padre.
—Quería hacer lo mejor para ti…
—¡Pues no resultó! —estallo.
—Creí que Dalila era la mujer correcta. Era dócil,
educada.
—¿Sabes lo que es no poder dormir porque eres el
culpable de asesinar a una luz hermosa destinada a brillar
en este puto mundo de mierda? Ella me odiaba, le causaban
asco las cicatrices en mi rostro, ¡las mismas que tú creaste!
Y te pido una sola cosa, ¡una! No interferir en mi vida,
entonces decides que es bueno hacer que pierda la maldita
cabeza por otra mujer a quien también me envías ¡deja de
controlarme! ¿No tienes hijos que cuidar? ¿Una mujer?
¡Porque pasas demasiado tiempo con las narices metidas
hasta en lo último de mi vida!
Se siente liberador soltarle las verdades en su cara, más
aún ver que no puede rebatir lo que hablo. Porque sabe
cuán real es todo lo que causó. Me paro golpeando la jodida
puerta. Si me quedo aquí le volaré la cabeza al infeliz de un
solo plomazo. Lo odio, es algo enfermizo que se encargó de
sembrar con cada mierda que me hizo.
Humillación tras humillación, quitándome mis derechos y
convirtiéndome en un hazmerreír.
—Vi en Avery alguien que te daría pelea, sí, pero también
a una mujer que podría soportar cualquiera cosa. Estaba
desesperada por una libertad imposible, si no la enviaba
contigo estaría muerta en estos momentos.
—E iba a importarme menos porque no tendría
conocimiento de quién era, a cambio fui traicionado. Es lo
que haces con tus actos de “buen samaritano” arruinar la
vida de los demás. Lo dijiste, está en nuestras venas,
seremos enemigos a muerte… Solo aléjate de mí y todos
viviremos en paz.
—Bueno, aceptaste la Trinidad, una sociedad donde soy
parte. Donde nuestros hijos…
—¿Qué? —gruño molesto, tenso, girándome para verlo de
pie, mientras se limpia la boca que le rompí—. ¿Pretendes
unir a nuestros hijos? ¿De verdad serías capaz?
—Falta mucho para decidir tal cosa —murmura apretando
sus puños. Ni siquiera tiene los malditos pantalones de
hablar con la verdad. Aporreo la puerta con más insistencia,
si respiro un minuto el mismo aire que él, terminaré
cometiendo una jodida estupidez.
—¡¡Abre la puerta, Nikov, si no quieres limpiar los sesos
de ambos!!
Sabe que no hablo por hablar así que no me sorprende
cuando sus hombres hacen lo que ordeno. Don entrecierra
sus ojos. Salto fuera, enfrentándolo a él sin que nadie se
meta.
—Quiero lo que pedí, no un juego de niños —escupo en su
cara, no se inmuta con mi furia, porque ha llegado a
conocerme más de lo que le gustaría admitir.
—Sabes que deben dejar las diferencias y entenderse.
—¿Con ese animal? —bufa Dominic—. Es que míralo,
parece un salvaje.
—¡Cállate la boca, maldito italiano de mierda, si no
quieres que lo haga yo a plomazos! ¿Salvaje? ¡Hasta para
quejarte eres una nena! ¡El gran Dominic Cavalli teme dañar
su manicure y ensuciar su ropa a medida! Pero… ah, sí, creo
que el que sangra no soy yo —interrumpo burlándome de
sus quejas, a pesar de la rabia que me embarga.
—No ayudas, Don —revira el ruso.
—Te dije que no funcionaría, pero confías demasiado en
los métodos de mi esposa —se queja Dominic, ¿es que
acaso no puede cerrar la boca?
—¡Traigan al testigo! —ordena Nikov aplacando mi ira.
Sus hombres arrastran el cuerpo de otro, con la cabeza
tapada por una bolsa de tela negra. Esto era lo que quería
en primera instancia y no al imbécil del Capo—. Si nos
mostramos unidos los tres, nadie dudará de lo que esta
noche suceda, ningún hombre te llevará la contraria, porque
será tener a un trío de enemigos en su espalda. Aplaca tus
diferencias con Don, muestra la unión y verás cómo lograrás
que los hombres teman, ahora toca que sea el mundo.
Sonrío viendo al testigo… Aldrik está en mi poder y eso es
todo lo que me importa.
AVERY
Nos ha dejado encerradas en la recámara, maldito, mil
veces maldito ¡debería estar a su lado! Sin poder encontrar
una manera de liberarnos sin asustar a las demás me siento
en el piso, cabeceo de esa forma unas horas hasta que la
puerta es abierta, pero no es Vlad al otro lado, sino Dante,
salgo a la sala para no molestar a las demás, preguntando
por Vladimir. No vendrá, se está tirando todos los problemas
él solo, enfrentándose por mi culpa. Gruño, la ira
nublándome la cabeza. Me duele todo de pensar que no
puedo estar a su lado, pero si me ha dejado aquí, al menos
seré de ayuda. Me encargo de la niña, preparo su cereal y la
siento en una butaca; Laska se baña recibiendo las órdenes
de Dante, debe irse junto a Becca con su prometido, estarán
en una reserva fuera de Chicago. Kassia viene con nosotros,
se tiene que viajar para la boda de Nazar. Como si aquello
fuera de interés en estos momentos.
—Se fue sin mí ¡Y me necesita!
—Mi niña, compréndelo, él sabe que proteges a su
decendencia mientras se encarga de hacer lo que debe —
responde Dante de pie en la cocina. Kassia anda por su
habitación y las chicas preparándose para irse a la reserva.
—Me calmaré cuando entre por esa puerta.
—Lo sé, eres una terca. Bueno, debo irme a preparar un
departamento…
—¿Departamento? —interrumpo.
—Para Kassia, Vladimir me lo pidió.
—Se quedará con nosotros —respondo agarrándome de la
encimera. Me siento nerviosa y frustrada de no tener a Vlad
conmigo.
—¿Qué? ¿Por qué?
—No la vamos a desechar, ella se quedó a su lado por mí.
—Hija… ¿quieres bajo tu casa a la mujer que estuvo con
tu marido por dos años?
Dante me observa como si hubiera perdido la razón.
—Por su cultura esto es distinto. No quiero lastimar a
nadie más.
—Que cada cual esté donde debe no es culpa tuya. Y no
te engañes, esa chica se quedó con Vladimir porque era
algo que le convenía.
—No hables así, podría escucharte —lo regaño viendo
hacia la sala.
—Iré a cumplir mi deber, piensa bien lo que haces. A
veces los lobos se visten de dulces abuelitas.
Giro mis ojos mientras se calla cuando Kassia sale a
prepararse algo de comer. Entiendo que para él es difícil
comprender de lo que hablo. Yo involucré a Kassia en esto,
ahora no puedo venir y tirarla a un lado simplemente
porque sí. Las chicas se unen en la sala encendiendo la
televisión. Estoy partiéndome la cabeza en la cocina cuando
Becca grita que está en la televisión. Todos corremos a ver
lo que ella. Son las noticias de los medios locales. Alguien
ha aterrorizado la ciudad.
—Saquen a Becca, ¡ahora! —grito paralizada. Dante es
quien la toma en brazos. Me tapo la boca entendiendo a qué
se refería anoche. Ya no será el de antes, no después de
esto.
—¿Él hizo eso? —Jadea Kassia sin poder creerlo.
Han dejado decenas de pedazos humanos en la calle
principal de Chicago, la sangre está en todos lados,
mientras el símbolo emblemático a su espalda refleja la
desastrosa escena.
—Una lluvia de sangre, así lo han llamado las autoridades
—narra la periodista—. Al parecer Chicago amaneció sumida
en la oscuridad del crimen organizado. Es algo nunca visto,
decenas de hombres masacrados. Ha llegado a nuestras
instalaciones la noticia de que un segundo ataque se originó
en Englewood, una banda local fue aniquilada, el único
sobreviviente dijo que, el ángel de la muerte había
extendido sus alas… La policía trata de entender sus
palabras, desafortunadamente la víctima murió segundos
más tarde.
«El ángel de la muerte». Las alas de Vladimir en su
espalda se extienden cuando se mueve. Hizo esto, estoy
segura.
—Alguien se divirtió anoche —canturrea su hermana
entre divertida y sorprendida, pero llena de emoción.
—¡Laska! —reprendo su burla.
—¿Qué? Es lo que debió hacer mucho tiempo atrás. Los
malditos deben temerle, no crear revuelo en su contra, era
hora de que alzara esa bestia. Deja de ser una hipócrita,
hubieras matado a más si con ello él viviera. Oh, genial, mi
suegro en las noticias —señala girando sus ojos.
—El gobernador Hansen, quien acaba de tomar el poder
hace poco luego de que Scott Priet fuera encontrado en su
casa, quien falleció de formas naturales por un infarto
fulminante.
—Otro muerto de mi querido brother —murmura
orgullosa. Hansen es el papá del prometido de Laska, un
respetable abogado y ahora gobierna esta ciudad. Tengo
que sentarme, porque el mundo gira demasiado rápido, las
piezas caen una sobre la otra. Maeve, estaba follando con
ella no por calentura. La usó para ganar conexiones, creó
este tablero donde está manejando las cabezas grandes.
Ellos le sirven a él.
—¡Vlad está a su lado! —gime Kassia observando.
Mi hombre está allí, tranquilo, viéndose imponente en
silencio, al lado de Hansen, un viejo con el típico aire de
político. Habla sobre la lamentable tragedia, promete volcar
todos sus “pocos” recursos de la ciudad para la
investigación, recalcando en más de una oportunidad la
falta de dinero para llevarlo a cabo.
—Mi buen amigo, Vladimir Ivanov, también ha sido
víctima de la delincuencia, su joyería ha sido robada en dos
ocasiones. Es mi deber con él y todos los afectados buscar
culpables.
—Me gustaría extender unas palabras a la comunidad —
habla Vlad, tomando su lugar. Es que, si no supiera que ha
hecho él mismo aquellos actos, creería cada palabra dicha
—. Primeramente, al gobernador Hansen, en nombre de la
unión de nuestras familias, extiendo un donativo a la
investigación de estos terribles y lamentables actos. Quien
aterrorice la ciudad de nuestros hijos, merece enfrentar la
justicia. Todo aquel que ataque estas calles, es declarado
enemigo. Como un padre de familia, esposo y hermano, me
he comprometido a mantener seguras a nuestras familias.
Pronto mi hermana se unirá a los Hansen, como la esposa
del hijo del gobernador…
—¡NOO! ¿Qué acaba de decir…? —Laska pierde el color
tratando de retroceder sus palabras, termina cambiando de
canal. Le quito el control, desesperada—. ¡No voy a casarme
con Ryan! ¿Cómo se atreve?
—¡Maldición! —grazno buscando el canal, cuando lo
encuentro están bajando y el hombre del noticiero es quien
ahora tiene la palabra, cambiando a otra noticia. Vladimir
acaba de comprometer públicamente a Laska, mostrándose
como un buen ciudadano y empresario. Estallo en una risa
histeria—. ¡Es un hijo de puta! —celebro.
Le dio un golpe a la Bratva, esto será visto como
extraordinario, escaló, se hizo un nombre público al cual no
se le puede manchar, porque es el bueno. Cualquiera que
señale a Ivanov será condenado, nadie creería ni siquiera al
mismísimo papa, que ese ruso, es el jefe de la Bratva y el
mismo que proclama justicia.
—Pero es tu prometido. —Está mediando Kassia.
—¡Ustedes no saben nada! ¡Nada! ¡No puede decidir mi
vida así!
Se marcha rabiosa, encerrándose en una de las tantas
habitaciones. No entiendo qué la tiene así, parecía estar
feliz con Ryan, quizás no esperaba un matrimonio
anunciado en la televisión nacional o que alguien eligiera su
destino.
Me centro en ayudar a Kassia con la comida, él vendrá
hambriento y es tal como sucede. Salto a sus brazos, feliz
cuando traspasa la puerta. No puedo pensar en nadie que
no sean las personas bajo este techo, aunque me duela
saber que Jason se ha llevado a Ginebra, Vlad no da más
detalles. Solo ese antes de que Laska se vaya con todo
sobre él, me aparta para enfrentarla. Ella tiene las pupilas
dilatadas y el coraje a flor de piel.
—¡No debiste hacer eso! —grita lanzándole un golpe con
su puño, Vladimir la hace girar, sosteniendo sus manos le
aplica una llave para contenerla.
—Era necesario…
—¡Lo condenaste! ¡Sabes que no podré amarlo! Sentir lo
que Ryan siente por mí.
—¡Sabías que pasaría! —ruge—. Querías hacer de todo
por salvar a Avery, ¡este es tu sacrificio!
Ella se desmorona, gritando la frustración fuera de su
cuerpo. Odio ser quien dañó a todos, la causa de fractura en
estas personas, a veces pienso que mi destino muriendo en
las manos de la Bratva sería una bendición.
Nadie tiene humor de nada, prefiero estar en solitario y
escucharlos a ellos compartiendo. Al menos Becca es feliz
teniendo a Vlad para ella, juegan en el comedor. Me traslado
a la habitación de Laska, quien llora sentada en el piso de
su balcón. Solo la abrazo, no quiere compartir nada más,
porque es su dolor y no tengo palabras de aliento. No
cuando es mi culpa.
Estoy con ella hasta que se cansa y termina entrando a
bañarse. Debemos partir todos en la madrugada, con
destinos distintos. Creo que estaré sola y tranquila hasta
ese momento, pero Dante entra a buscarme. Vlad se ha
marchado en algún momento, algo importante. Yo viajo con
Dante a la fortaleza desde que anochece.
—Mi niña, no debes estar triste. Todo está mejorando,
Vladimir se ha encargado.
—De problemas que no debió tener —reviro.
—Son pruebas que vence, esta noche deberías celebrar.
—¿Qué? —cuestiono. No veo ningún motivo de felicidad.
—Ya verás, desde esta noche, regresas a ser la princesa
rusa. Y como un consejo, deja esas culpas de lado y solo
preocúpate por ti y tu familia.
CAPÍTULO 16
AVERY
Intento observar sobre las cabezas de los soldados, todos
se apilan unidos. Gritando y silbando alrededor del fuego. Es
lo único que alumbra la noche fría, el viento de casi otoño
golpeando nuestros rostros. Mi acompañante se mueve,
tirando de mi mano para posicionarnos más cerca. Abro la
boca, queriendo tener una explicación coherente. Un
hombre está arrodillado, con la cabeza baja, herido en cada
parte visible de su cuerpo. Los ojos fríos del Capo caen
sobre mi persona y esa mirada letal ocasiona que retroceda.
Dante es quien me estabiliza… Ellos se han reunido para mi
muerte. Roth Nikov destaca, sentado despreocupado a la
derecha de Vladimir.
Sus ojos van de un punto a otro, parece analizar contra
quién debe ir o rebatir. Ese hombre me da escalofríos,
mucho más que Dominic, ya que para mí es sencillo
interpretar al Capo, en cambio Nikov es un lienzo oscuro,
que no deja ver ninguna grieta.
—Tu declaración tiene consecuencias sobre otros —
sentencia Vlad.
—¿Qué ha dicho? —Jadeo haciendo que todos me noten.
Los dedos de Dante se clavan en mi antebrazo, pero me
zafo de su agarre—. ¡Merezco saberlo!
—No mereces nada, eres una simple esclava, Zaria —
revira. Continúa hablando sin importarle nada, incluso el
“Zaria” no disminuye la herida—. Como muestra de
hermanad, Roth Nikov ha entregado a Aldrik, el infiltrado en
mis filas, quien presenció la muerte de nuestro hermano.
Estoy tan enfocada en Vladimir, que no veo a la pequeña
mujer delante de mí hasta que ella me escupe los pies, de
no ser por el bulto que arrucha en sus brazos la golpearía
por tal insolencia. No me importa si está herida o no, el
único que se atrevió a cometer tal acto… Pusieron su
cabeza en mis manos.
—¡Asesina! —gruñe.
—Todos aquí lo somos, estás rodeada de ellos.
—Avery —reclama Dante haciendo que me mueva, pues
me conoce demasiado, no por nada soy su “niña”.
Nikov camina hasta su hombre, quedando a su espalda.
Saca un lindo cuchillo, colocándolo en su hombro, en el
hueco donde, si llegara a enterrarlo, este moriría. La
impresión de ver ese rostro me causa escalofríos, busco los
ojos negros del ruso y luego a Vladimir… No sería tan tonto,
nunca lo es, entonces ¿cuál es su juego?
—Dimitri murió por la mano de Roman Kozlov, él fue
quien disparó el arma —habla el testigo. Todos se
impresionan, murmurando bajo. Esas palabras me
exoneran, hacen culpable a la Bratva y me victimizan.
Esto es un tablero de poder, todos quieren ser el más
alto, el cazador más temido.
—¿Y dónde estaba la princesa? —cuestiona Dante.
—En el muelle, intentaba salvar a su hermana. —Eso es
una mentira en parte, estaba enfrentando a Roman.
—¿Y tú? ¿Cuál era tu posición? —cuestiona impasible
Nikov.
El testigo parpadea, abre su boca, se nota desequilibrado
con dicha pregunta… Porque no tiene una respuesta.
Entonces el ruso muestra su verdadera cara, sin dudar
entierra el cuchillo en la carne de Aldrik. Este abre los ojos,
asombrado. Mueres y vives por la mafia, simple. Algunas
veces, recibes traiciones de quien menos esperas…
Lo retira solo para atravesarle la carótida, asegurando así
que su testigo no tendrá nada más que decir. El cuerpo es
tirado hacia adelante, desplomándose en la tierra. Las
personas enmudecen hasta que es Vladimir quien se
levanta de su silla, parece ser el más grande entre todos.
—Que esta noche sea un ejemplo para todos, no se
cuestiona o traiciona a la hermandad. Kozlova aún tiene
pendientes con la Bratva…
—¿Los tiene? —interviene Dante haciendo una reverencia.
Es mi momento de morderme la mejilla interna, haciéndome
sangrar para aguantar los deseos enfermizos de curvar mis
labios—. Condenamos a alguien inocente, un soldado que
demostró ser leal al reinado de nuestro Pakhan ¿no merece
más que solo disculpas?
Los soldados gritan eufóricos, quieren ver justicia de
quien nos gobierna. Los labios de Don se curvan, es un hijo
de puta que no tiene que esconder sus intenciones, un niño
bonito lleno de poder que no le teme a nadie. Vlad no
muestra nada, solo permanece escuchando a los demás.
Es consciente de que, Dante es la vieja escuela, el pilar al
cual muchos siguen.
—Debería ser un soldado, volver a luchar con nosotros —
dice alguien de la multitud.
—Ha demostrado merecer más —continúa Dante—. Opino
que, a votación, ella debe ser el Obshchak o en su defecto
la Sovetnik.
Nadie votaría para que sea el cobrador de la Bratva,
demasiado poder para una mujer. Los ojos esmeraldas me
enfocan, dándome esa mirada letal, presagiando el castigo
que se me impondrá por esto, ya que no dejará pasar mis
actos tan fácilmente. «Si no puedes ser libre, entonces sé
una reina entre leones».
Cuando el cordero se muestra manso, puede crear su
cama, poco a poco, con perseverancia.
—¡Un consejero! —exclama Dominic aplaudiendo. Roth
niega y Vladimir lo deja ser—. Nada como el susurro de una
mujer al oído, ¿no? Sé que Avery Kozlova tiene todo para
aconsejar a mi buen amigo. Apoyo la moción.
—Nadie te preguntó —rebate Vladimir sin apartar su vista
de mi persona. La llama de fuego ha sido encendida y no
podrá ser apagada—. Por el momento, Avery Kozlova es
nuestro Sovetnik —anuncia sin votaciones ni preguntas,
demostrando que los cuestionamientos han quedado en el
pasado.
Dante se gira abrazándome entre la algarabía de aquellos
que gritan y celebran, la antigua niñera se aparta entre la
multitud y Vlad hace lo mismo con Nikov siguiéndole. Don
finge felicitarme por volver a ser la princesa rusa, aunque
claramente solo quiere recordarme a quién debo cuidar. No
trabajo para él, tampoco actué en una especie de trampa,
pero me permitió regresar a los brazos de Vladimir con la
condición de proteger a su sangre, aquello que le pertenece.
—Ya puedes desaparecer de nuestras vidas —gruño a su
oído. Tiene un golpe en el labio, no dudo que sea Vladimir
quien se lo ha roto.
—Te entrené con un propósito, princesa rusa. Recuerda
que, traicionas a mi sangre, y volveré por ti.
—No sabía que lo amabas tanto.
Se retira con una sonrisa engreída.
—Ambos son mis hermanos, siempre veré por su
bienestar, incluso si los odio.
La vida me enseñó que tratar de comprender a este
hombre es imposible. No lucho por descifrarlo, ni buscar los
motivos detrás de sus actos, porque al final él siempre va
sobre cada uno de nosotros, fingiendo que nos deja tener
una onza de poder, cuando todos dependemos del suyo. He
pagado mi deuda y Cavalli la suya, su hermano tiene el
poder que quería darle, sin embargo, se ha empeñado en
hacerle creer al mundo que lo odia.
—¿Qué quieres hacer, mi niña? ¡¡Eres libre!! —celebra
Dante, como la mano derecha mía que siempre será.
Don se marcha, encendiendo un habano se pierde entre
los hombres que han empezado a beber y saltan alrededor
de la fogata.
—Ve a descansar, Dante. Este conflicto solo acaba de
empezar. Los enemigos de Vladimir están en las sombras,
allí se encuentran acechando. Esta es solo una batalla —
aseguro. Gané mi cabeza, pero no he aniquilado a aquellos
que aún piensan que pueden acercarse a mi hombre y vivir
para contarlo.
Beso las mejillas de mi fiel guerrero, antes de ir en busca
del infierno que representa mi Perúm. El cadáver del testigo
es tirado al fuego y desvío la mirada, caminando a la
fortaleza, donde ellos se están despidiendo. Vlad
desaparece en la bodega de sus coches, ¿no piensa
esperarme? Apresuro el paso, el brazo del ruso me detiene.
—Si sabes lo que te conviene, muérdete esa lengua.
—No eres quién para amenazarme —siseo apartándome,
desafiando mi temor por él.
Me causa escalofríos, es algo que no puedo evitar. Odio el
miedo en mi sistema, porque puedo ver cómo se alimenta
de este, es capaz de analizarme y saber que, dentro de mí,
le temo.
—No me interesas, la verdad si morías o no, no
presentaba un problema para mí.
—Ambos sabemos que ese no era Aldrik, dudo que
engañaras a Vladimir.
—Por supuesto que no lo engañé, ¿crees que él es un
estúpido? Es un arma letal, más de lo que puedes observar
a simple vista. —Se inclina haciendo que se me estruje el
alma por completo. Cuando me mira a los ojos no encuentro
nada, solo vacío. Roth Nikov es más peligroso y oscuro que
todos nosotros, solo es el lobo que no se delata—. Te daré
un consejo, niña, no lo subestimes. Ivanov es capaz de
asesinarte con sus propias manos.
—Nunca me lastimaría —reviro demasiado rápido,
arrepintiéndome cuando sus labios se curvan. Una sonrisa
suya es temible, sobre todo cuando tras de ese gesto hay
verdad.
—Si eres una amenaza para sus planes, sí. Apenas estás
viendo los bordes oscuros, no lo conoces.
Retrocede, como si no hubiera dicho esas palabras. Se
arregla el traje y se larga con Dominic quien está más allá
fumando y observando la interacción que acabo de tener.
Las piernas me tiemblan, no por excitación, aunque no es
un hombre feo a la vista, ni Cavalli lo es. Ambos son
hermosos en un sentido perverso y oscuro. Todo me tiembla
de terror, porque estoy segura de que él sí conoce a la
verdadera bestia que es Ivanov. ¿Qué vivieron juntos? ¿Qué
hizo que Roth Nikov respetara a Vlad?
Con más fuerza camino a encontrarme con Vladimir, está
encendiendo su Aston rojo cuando me detengo frente al
coche.
—¿Pensabas irte sin mí? —Es uno de sus coches lujosos,
estacionado contra la esquina. Baja del vehículo apagándolo
y cierra la puerta principal, aunque desde atrás pueden
ingresar. Tiene ese aire asesino, molesto, seguro conmigo—.
Debía…
Mis palabras son cortadas cuando su mano se presiona en
mi cuello, nos mueve acorralándome contra la pared, su
cuerpo sobre el mío. Me corta la respiración, pero no lucho.
—Que seas perdonada por la Bratva no te otorga libertad,
Avery Kozlova… Sigues siendo mía —grazna con su nariz
expandiéndose. Levanto una de mis piernas, rodeando su
cadera y luego la otra, hasta que mi centro ansioso causa la
fricción de mi coño contra su cuerpo.
—Era la u-única forma —pronuncio con dificultad. Relaja
su agarre.
—Te di un poder imaginario —sentencia.
—No quería morir en manos de la Bratva, ¿puedes
culparme por eso?
—No voy a advertirte lo que ya sabes —murmura
acercándose, su aliento me respira sobre los labios. Ambos
nos miramos, el deseo de lamer los míos nace y no puedo
evitarlo, paso la lengua, humedeciéndolos.
—El demonio que llevas dentro está obsesionando con el
mío, me necesitas a mí, no a ellos y lo sabes. Yo soy tu
maldita droga —aseguro lo que ya sé—. Estamos llenos de
enemigos, los cuales estaré a tu lado para destruir.
—No dejas de ser mi esclava, mi mujer y mi tormento.
—¡Tuya! —Jadeo. Nos gira dejándome sobre el capó.
Aparta mi braga, introduciendo su mano hasta mi coño
húmedo y deseoso de él, caliente como el puto infierno,
deseando tener el mundo para entregárselo.
—Vladimir… —Nos separamos inmediatamente cuando
escuchamos la voz de Dante. Me escondo tras la espalda de
Vlad—. Fue cosa mía, mi niña no tenía idea.
—Ya lo arreglaré con ella, Dante.
—Por favor…
—Está bien —digo cortando a Dante, saliendo de mi
escondite. Puede notar mi forma desarreglada y el rostro
rojo.
—De acuerdo, no quería interrumpir… Yo… voy a
desaparecer por allí, sí, eso —murmura contrariado. En otra
ocasión esto sería divertido.
—Dante, esto que hiciste esta noche. —Le agarro el brazo
a Vlad, no quiero que pague mis errores contra el hombre
que es más que un padre para mí.
—No vuelve a repetirse —garantiza poniéndose serio.
—Acorrálame, sea por la razón que sea, y será la última
vez. —Dante asiente, viendo el monstruo real de Ivanov—.
Tú, al coche —ordena. No reviro ni discuto, hago lo que me
indica. Viendo que se acerca a Dante y le susurra algo
apretando sus puños. Sube al vehículo y mi protector
aprovecha para irse.
Con el mando abre la puerta del garaje y luego acelera.
No quiere hablar conmigo, es más que obvio. En el
penthouse seguramente solo está Kassia esperándonos y
pronto se debe embarcar para viajar a Canarias. Cuando
entra a la autopista, me muevo colocando música. La que
encuentro me pone los vellos del cuerpo en alerta, es esa
que hace dos años me tarareó al oído. Follándome en aquel
balcón, con invitados abajo quienes podían escucharnos.
Aprieto las piernas de inmediato, mientras la respiración se
me acelera.
—Ese hombre no era Aldrik —susurro, aunque Nikov dijo
que Vlad lo sabía, no quiero ocultar nada.
—Lo sé, yo le pedí hacerlo. Hablé con el real hace unas
noches, en donde me detalló lo vivido.
—¿Por qué lo perdonaste? ¿Y Nikov qué historia tiene?
—Aprende a tener una balanza, Avery. Algunas cosas se
dejan pasar para enfocarte en lo que vale la pena. Nikov no
es una amenaza para mí, yo no lo soy para él. Funcionamos
mejor de esta manera, además, no quiero atacarlo. Planeé
lo que sucedió esta noche, necesitaba unir a mi gente para
pelear contra lo que sí es importante.
Su frialdad y la forma calculadora con la cual está
manejando todo me parece… Terrorífico.
—¿Qué? ¿Sorprendida? —se burla.
—Sí —concedo aclarándome la garganta.
Se pasa la mano por el rostro, aquella que hace unos
minutos estaba entre mis labios, llenándose de mis jugos.
Aspira el olor cerrando sus ojos, lo siguiente que hace es
girar el volante a la orilla de la autopista, los demás coches
le tocan el claxon al deportivo. Yo me sostengo de la puerta
cuando se detiene bruscamente. Nos quedamos a oscuras,
solo iluminados por la corta luz del estéreo. Sin tiempo a
registrar nada más, tengo su cuerpo casi sobre el mío, sus
labios sobre mi boca y su lengua abriéndose paso entre mi
cavidad entreabierta para fundirse con la mía.
Ataca mi boca con desesperación, escucho cómo me
suelta el cinturón de seguridad para un segundo más tarde
llevarme encima de él sin dejar de exigir con sus labios en
los míos en ningún momento, tomando todo lo que puede,
todo lo que estoy dispuesta a dar y mucho más.
Me tiene a horcajadas sobre él, sus labios asaltando mi
boca dejando salir susurros de placer, gruñidos roncos que
me dicen lo deseoso que está de mí, lo desesperado que se
siente. Sus manos viajan por todo mi cuerpo, mi espalda, mi
cuello y al fin donde ambos queremos, mis pechos. Saca mi
vestido empujándome un poco hasta que mi espalda pega
con el volante.
Sus labios vuelven a atacar mi cuello sin perder tiempo,
dejando un camino de besos hasta mi pecho, el cual mete
en su boca y succiona, mis manos corren a su cabello
enterrando mis dedos en él y atrayéndolo hacia mí.
El placer me consume olvidando por completo dónde
estamos, que alguien podría vernos.
—Sigue, sigue, por favor —ruego. Siento sus dedos rasgar
la diminuta braga. Sus labios curvándose en una sonrisa
sobre mi seno. Lo alejo de mi pecho y en el acto consigo
que sus dientes muerdan mi pezón.
»¡Ahh! —gimo. Con la poca luz miro su rostro, sus ojos
más oscuros ahora. Empiezo a quitarle la camisa
desesperada, el diamante causa doble placer en mi clítoris
cada vez que me rozo.
Me sostiene de la cintura tocando mi piel desnuda, sus
dedos acariciando mi espalda desde abajo hacia arriba. Me
arqueo como puedo dejándome hacer por él. Tiene el
control de todo, yo solo tengo que dejarme llevar por sus
órdenes. Él es mi hombre, yo su mujer, somos iguales, pero
en este momento él manda y yo obedezco. No importa el
lugar, ni la hora. Jadeo al sentir su pulgar derecho acariciar
mi clítoris hinchado.
—Fóllame, Vlad… Por favor.
Su glande invade mi entrada y se empuja un poco a la
misma vez que dos dedos entran. La fricción es inigualable,
el deseo empieza a quemarme la piel, sus dígitos y su pene
dentro de mí y el pulgar que forma círculos en mi clítoris no
me dejan pensar con claridad.
—¿De quién eres? ¿Quién es tu maldito dueño?
—¡Tú! —chillo.
Mi mano cae en el cristal marcándose en él mis dedos.
Mientras lo sigo montando desesperada.
El estallido es caótico, su boca se cierra en mi pecho,
succionando. Su polla empieza a latir y siento el semen
desparramándose en mis paredes. El orgasmo me golpea a
mí también, lanzando gritos con su nombre. Estamos tan
unidos que incluso respiramos el aire del otro. Mi cabeza
cae en su hombro, mientras su brazo rodea mi espalda.
Saca los dedos y me empuja hacia atrás abriéndome los
labios, demanda que chupe mi sabor y el suyo, saco la
lengua limpiando sus dedos, saboreándonos.
Se queda prendado de mí, pareciera querer decir algo,
pero niega. Al final me ayuda a regresar a mi puesto, soy un
desastre pegajoso. Acomodo mi vestido, no sé por qué, pero
tengo la necesidad de preguntar… Sin embargo, opto por el
silencio y la tranquilidad. Se acomoda la polla y vuelve a
retomar el camino a casa. Hace algo que no espero, agarrar
mi mano y llevarse los nudillos a su boca, besando estos.
Las miles de mariposas colegialas que viven en mi
estómago, se revolucionan.
—Puedo vivir sin muchas cosas —garantiza con la voz
suave—. No eres una de ellas. Por eso tenía que buscar una
manera de asegurar que no ibas a morir por la Bratva.
—Yo intenté vivir sin ti, no funcionó… ¿Qué significa eso?
Se siente como estar drogado, es extraño.
—Lo sé, Zaria. Lo sé.
Algunas cosas no necesitan ser dichas para entenderse.
Mi mano y la suya descansan juntas, unidas, ambas
entrelazadas, como debe ser. No moriría por la Bratva, pero
sí por él.
CAPÍTULO 17
VLADIMIR
Vigilo a las dos mujeres que caminan en las hileras del
viñedo. Las observo desde la terraza de la villa, fumándome
un habano. Avery se ha empeñado en mantener a Kassia a
nuestro lado, luego de mi conversación privada con ella creí
que su idea era irse lejos de nosotros, por otro lado, sé que
mi mujer vive con un sentido de culpa extremo. No quiero
que esta situación se convierta en un conflicto a futuro, y
mientras siga manejándose de esta manera sin interferir
puedo dejar pasar la familiaridad que tienen entre ellas.
Nazar y Petrov hablan a mi espalda, francamente estoy
ensimismado en la belleza de mi esposa. Quisiera ir a la
playa, tomar sol y relajarme un momento. Estoy hastiado de
tanta carga. No he descansado en el vuelo ya que mantenía
un ojo en ella quien dormía intranquila, al aterrizar me vi
forzado a reunirme con Nazar. Está oficialmente casado por
el civil con la hija de Petrov, sin embargo, para consumar
todo debe llevarse a cabo la ceremonia religiosa.
El viejo como puede me pregunta sobre mis negocios,
trata de hacer un cuestionamiento amistoso, por ello me
giro para responderle. Comparto unas cuantas palabras,
cada tanto le cuesta más respirar, ha perdido una cantidad
considerable de peso y se nota acabado. Y eso es todo, no
importa lo que hagas en la vida, cada uno de nosotros
tendrá ese final, la muerte. Quizás recordaremos los
pequeños momentos, la felicidad efímera de la que tanto
hablo… Y luego la nada.
—Creo que… —Cierro la boca apagando el habano en el
cenicero—. Estoy aquí en apoyo a Petrov y mi buena
voluntad para contigo, Nazar, sin embargo, han sido horas
complicadas.
—Ente-endible —murmura Petrov tosiendo entre palabras.
Inclino la cabeza cortés hacia el viejo, Nazar se encuentra
en su propio mundo y no es para menos, acaba de casarse
con una mujer a quien conoció hace solo días. De este lado
al menos todo va fluyendo de la manera esperada, en
cambio Chicago se ha hundido en el infierno. Dejo atrás a
los hombres, buscando a mi mujer, su risa guiándome a ella.
Le han preparado una manta en el pasto, con comida y una
botella de vino de la cosecha. Kassia y ella están
recostadas, Avery sobre sus brazos con los ojos cerrados
dejando que el sol golpee su rostro. El collar de esclava aún
se encuentra en su cuello, ella parece no percatarse de ello,
como si se hubiera acostumbrado al peso extra. Kassia tiene
su cabeza en el vientre de la otra y es quien me ve llegar.
Se aleja sentándose inmediatamente.
—¿A qué debemos el honor de su presencia? —cuestiona
Avery divertida, buscando cortar la incomodidad en el
ambiente. Le sostiene la mano a Kassia, quien le dedica una
sonrisa débil.
—Vamos de compras a conocer Tenerife —propongo
inquieto. Avery se sienta sorprendida y Kassia se percata de
su entusiasmo, incluso cuando lo intenta ocultar.
—¡Claro! —chilla iluminándose—. Kassia, ven con
nosotros.
—Vayan ustedes dos, yo dormiré un poco más…
—Oh, ¡vamos! No puedes pasártela encerrada.
—No me siento muy bien —murmura mintiendo,
obviamente estaban bien mientras yo no era parte del
panorama. No digo nada, porque me place pasear con Zaria
y sería extremadamente incómodo ir los tres.
Nos despide desde la puerta principal en la villa,
moviendo su mano y sonriendo.
—Estás feliz de que no venga —acusa Avery mirando
hacia atrás.
—Sí —reviro.
—Eres insoportable…
—Soy honesto, que es diferente. No sé cómo a ti esta
situación no te incomoda.
No importa lo que hagas, al final una parte del mundo
siempre odiará tus decisiones. Al menos trata de tomar las
que te hacen feliz a ti, así te odiarán por lo que eres y no
por aquello que pretendes ser. Y no seré hipócrita conmigo y
mis deseos, quiero a Zaria a mi lado e hice lo imposible por
tenerla. No me importa quién fue usado o no, en el camino.
Obviamente no soy una buena persona, y nunca he
intentado serlo.
—Ella es mi responsabilidad.
Giro mis ojos, a veces quiero sacudirla.
—Kassia no es tu hija.
—Yo le pedí que se quedara…
—¿Y qué? —corto. Odio que sea la excusa que usa—. ¿Ella
te dijo eso? ¿Te reprochó el haberse quedado por ti?
Me suena a una manipulación pasiva, hacer sentir
culpable a alguien para conseguir lo que se desea.
—Dejemos esta plática —sisea, intenta abrir la puerta,
pero la detengo, siendo yo quien lo haga para ella, tomando
su mano y besándole los nudillos.
Algo que parece gustarle, deja a la guerrera y pasa a ser
mi Zaria, la chica a quien se le enrojecen las mejillas. Dejo
la conversación por el momento, pero sin duda es una que
debemos terminar. Y lo mejor es que Kassia tenga su propio
espacio, apartada de nosotros.
El GPS nos guía desde Santa Cruz hacia las calles
comerciales. Ella baja el cristal, sacando su mano y
sintiendo el viento. Nunca la he visto tan relajada, soltando
cualquier carga y dejándose guiar simplemente.
Sin seguridad o guerras detrás, apartados fingiendo ser
dos personas más en el mundo. No conozco la isla, solo la
visité una vez de noche para un cargamento cuando Kain
aún vivía. Es una zona neutral para mí, y parece serlo para
ella también.
Caminamos agarrados de las manos viendo las diferentes
tiendas, entrando en algunas donde elige detalles para las
chicas. Laska obtiene un cofre, Becca una cadena de oro
para su tobillo, Kassia una especie de tela roja en seda de
esas que usa para bailar.
—¡Mira! —chilla señalando una tienda de helados. Frunzo
el ceño, pero no me da ninguna opción cuando está
saltando hacia dicho lugar. Gira en el centro, mirando las
diferentes golosinas y frutas. Una pareja de adolescentes la
observan sonriendo por lo bajo. Claro que destacamos, no
tenemos ninguna señal de ser españoles—. Quiero uno de
chocolate, con chispas de chocolate, cerezas y nueces.
El hombre atendiendo la mira, ensimismado en su belleza
como atontado de sus palabras rápidas. Es que resulta
tierno de ver a la mujer loca que puede asesinar sin
parpadear, ilusionada con algo tan simple como un helado.
Obviamente él solo ve a una mujer hermosa a la cual no
entiende, ambos obsesionados con la misma persona, pero
por diferentes motivos.
«Ella quiere un mundo normal». Busca tener estas cosas
que para los demás no significan nada, en ella es un mundo
diferente. La princesa rusa obligada a sufrir desde que tiene
memoria ahora es libre.
La chica joven le traduce al señor, logrando que Avery
obtenga su helado y un cono de vainilla. Se ofrece a pagar
los de ellos, pero los chicos niegan. Como el huracán que es,
viene corriendo hacia mí que no le he perdido detalle. Tiene
mechones fuera de su recogido, las mejillas sonrosadas, los
labios de un rojo natural y un brillo en sus ojos que no
estaba allí antes. Un brillo que la hace… Única.
—Yo no quiero. —No hay forma de que chupe en público
un cono de helado.
—Es para mí —dice con una risilla—. Vamos a sentarnos
en las palmeras.
—Como ordene la señora Ivanova.
Soy premiado con un beso fugaz en la mejilla antes de
caminar a sentarnos en unas sillas de hierro bajo palmeras
improvisadas, es un jardín a mitad de la calle, donde los
transeúntes pasan de un lado a otro.
Analizo nuestro entorno con unas miradas discretas, mi
acompañante está disfrutando y abandonando la armadura,
algo que esperaba experimentar hace bastante tiempo. La
escucho hablar sobre la historia de España, parece que
tengo a una cerebrito amante de la historia en general. Pasa
de la colonización a aquellos países invadidos, la primera
guerra mundial y cómo todo se desencadena por el poder y
el tema religioso. Habla del patriarcado, demuestra su
coraje con la esclavitud que han padecido las mujeres
década tras década.
Escuchar es entender desde su punto de vista la aversión
que siente al creerse presa de alguien o algo. Quizás se
deba a sus abuelos, espero que ellos fueran quienes le
enseñaron todo esto, a defenderse y luchar. No menciona a
Igor, pero es claro… Ese maldito la maltrató de tal manera
que la hizo dudar de todos. Está tan acostumbrada a las
traiciones, recibirlas y darlas, que la línea se ha desdibujado
para ella.
—¿Estoy aburriéndote? Lo siento, no me percato…
—Me parece fascinante —corto—. No sabía que hablabas
tanto, aun así, sigue siendo fascinante esa pasión reprimida,
pareces una enciclopedia. Desconocía mucho de lo que has
hablado.
—¿No fuiste a un colegio privado?
—No —respondo negando—. Estudiábamos lo esencial en
casa… Rusia es más complicada que Estados Unidos.
—Mi abuela me regalaba libros a escondidas, se supone
que no servía de nada tener educación.
—Porque ibas a casarte con un hombre de la Bratva, ser
un vientre para sus hijos… —Baja la cabeza aseverando lo
que ya sé—. Si lo piensas no somos tan distintos. Los
hombres deben servir a la mafia incluso si no lo desean.
—Pero son más libres.
—¿Lo somos? —cuestiono. Desde donde lo observo
parecemos tener la misma esclavitud, diferentes cadenas.
—Olvidemos a la Bratva hoy —propone—. ¿Qué tal si
comemos algo? No te he visto dar bocado alguno.
—Una señora de hogar, ¿eh? Cuidando de tu marido —me
burlo haciéndole cosquillas.
Se suelta a reír en público, sin importarle quién la vea y
empiezo a desear lo mismo, Avery Ivanova merece ser tan
libre como ella así lo quiera.
Al atardecer cenamos en un restaurante acogedor y
pintoresco, no sabemos ordenar y terminamos eligiendo al
azar palabras del menú que no entendemos y que ella
medio traduce en internet. El ambiente es alegre, las
personas serviciales y no tienen idea de quiénes somos.
Disfrutamos de la bebida y comida hablando sobre algunas
cosas bonitas que recuerda de su niñez. Omito la mía, ya
que me la pasé entre cuerpos desmembrados, sexo y
sangre.
Una pareja cercana a nuestra edad baila una música rara
de la cual no entiendo la letra y ella les observa soñadora…
Este día somos personas sin pasado, simplemente Perúm y
Zaria.
—Um, ¿me concede esa pieza extraña, Sra. Ivanova?
—¿Qué? —Abre la boca sorprendida—. ¿En público?
—¿Quieres bailar? —pregunto sabiendo la respuesta, la
dicta el brillo en su mirada—. Hasta donde sé, estamos solo
nosotros en este momento.
Me pongo de pie, sin dejar caer mi mano, la cual acepta
temblando ligeramente. Sorprendida y maravillada a partes
iguales. Se mira más pequeña de lo que es o quizás siempre
la visualicé tan fuerte, que no fui capaz de ver lo vulnerable
es. Rodeo su cintura y empiezo el balanceo suave, dejando
que la letra lata entre ambos.
«Regálame tu risa, enséñame a soñar».
Ella coloca su cabeza en mi pecho, siendo testigo del
martilleo frenético que trae consigo este momento.
«Haces que mi cielo vuelva a tener ese azul. Pintas de
colores mi mañana, solo tú. Navego entre las olas de tu
voz».
«Enseña tus heridas y así las curarás. Que sepa el mundo
entero, que tu voz guarda un secreto».
«Tú, y tú, y tú… Y solamente tú haces que mi alma se
despierte con tu luz».
Está pasando, aquellas emociones que se mantienen
ocultas rebotan y piden a gritos salir, ser dichas, ser
entregadas a la otra persona. Esas emociones que ahogan y
te vinculan quitándote la libertad que tanto buscas.
Volvemos al pasado, a una playa donde dos locos se besan
por primera vez, a donde luchamos una guerra entre
nosotros mismos por no ser capaces de sucumbir a lo obvio,
aquello que miles buscan y nosotros siempre hemos tenido
frente al otro. La beso como nunca lo he hecho, delicado,
tomándome el tiempo, cada segundo en saborear sus labios
y dejar que entienda… Tiene parte de mi corazón, aunque
no digo las palabras.
Regresar a la realidad es inminente, incluso si lo hemos
retrasado. Pido la cuenta y vamos al auto, donde la beso un
poco más contra la puerta. Muero por hacerla mía, tomarla
y no dejarla ir nunca. Reuniendo todo mi control me aparto
para abrirle la puerta. Sus labios rojos de tantos besos, sus
mejillas sin perder ese rosado, quizás se deba al calor, pero
quiero pensar que es por mí. La ayudo con el cinturón de
seguridad, escuchándola refunfuñar que puede hacerlo sola.
Como si no lo supiera.
—Es una excusa pobre para seguirte tocando. —Cedo a
las palabras que quería decir.
—Gracias por este día, he sido normal. Un sueño que no
pensé ver materializado.
—Si dices algo, ya sabes. —Muevo las manos jugando—.
Te arrancaré la lengua y todo eso.
—¡Ya sé! Es usted un temido mafioso, nunca me creerían
si lo dijera.
—Con que lo creas tú, es suficiente.
—Sé que eres real —susurra acariciando mi barba, antes
de venir a mí y besarme suave, como en el restaurante.
A regañadientes la dejo ir, rodeando el vehículo para
conducir hacia la villa. El camino de regreso se trata de ella
cantando las canciones que ha buscado, soltándose el pelo
con la ventanilla abierta y toda una orquesta de su voz, que
no es muy afinada que digamos, al menos es feliz. Y es lo
que cuenta.
Apago el coche en la entrada, viendo la villa, las luces
encendidas. Se gira pidiéndome una foto y termino
cediendo a su pequeño deseo. Es con mi celular y allí se
guarda, estamos a oscuras, la observo serio mientras ella
sonríe abiertamente.
—Recordaré este día, Perúm… Cada segundo de mi
existencia.
—Igual yo, lo prometo —juro dándole un beso en el cuello
—. Quiero que sepas que… Me hice fuerte e intocable, no
por mí, sino para ti.
—Vlad. —Jadea tocándome el rostro.
—Dentro de mí sabía que te iba a necesitar toda la vida,
Zaria. Viste algo en mí que nadie más hizo, antes de
aparecer en mi vida y tener la osadía de secuestrarme, sin
embargo, yo veo mucho en ti. Y ahora no me entenderás,
pero en el futuro… Serás lo que proclamaste ser delante de
todos.
No puedo decir más, ni delatar mis planes del futuro, así
que, antes de que diga algo salgo del auto dejándola
confundida y me encargo de las bolsas. Ella está muy
animada, sostiene esa donde está la tela que se ha
comprado, como si tuviera alguna idea perversa. Entramos
a la casa, una señora mayor de la servidumbre nos abre. Me
informan que Kassia está en el comedor principal.
Asombrado de escuchar su risa en fuertes carcajadas vamos
hasta el lugar. Está hablando con Nazar, concentrados, ella
ríe de algo que él le ha dicho.
—Buenas noches —digo aclarándome la garganta. La
mujer enrojece levantándose de su lugar.
—Estaba haciéndole compañía a Nazar, su esposa se
siente indispuesta.
—Yo no diría indispuesta, las palabras correctas son que
prefiere suicidarse antes que estar casada conmigo. Oh, ya
sabes, mi buen amigo Ivanov… Detalles técnicos.
El ánimo de Avery decae inmediatamente con dichas
palabras.
—Kassia, ve con Avery —ordeno. La última no pone
ninguna objeción, sosteniendo las compras insiste en irse.
Las veo desaparecer del comedor antes de enfrentar a mi
futuro socio—. Es una mujer, Nazar. Busca la manera de
tenerla contenta.
—¿Funciona así de fácil? —se mofa.
—No, pero eres un hombre mayor e inteligente, algo
sabrás hacer.
—Puedo matarla yo y solucionar el problema… En fin,
espero que no te incomode mi compañía con una de tus
mujeres. Estaba sola cenando y me acerqué unos minutos.
—Si pasaras alguna línea con ellas, Avery te mataría,
Nazar. Para el momento en que me entere estaría
recolectando tus huesos, créeme.
No lo saco de su error, para ellos Avery es parte de mi
ganado y no la dueña de la finca completa. Dejo que
sobreentienda lo que desee en este momento; con la
muerte de Petrov, entonces dejaré claro lo que sea
necesario.
Tomamos una copa, paso unos minutos platicando de sus
negocios. No hablo de que a partir de mañana tendrá una
buena deuda conmigo, es mejor vivir en la ignorancia, por
ahora. Salgo en busca de mi mujer, para disfrutar unas
horas y luego descansar ya que mañana debemos estar
temprano preparándonos para la boda religiosa. Envío un
mensaje para tener una actualización de Laska y Becca,
están pasando unos días seguras con la familia de su
prometido. Tienen seguridad de mi parte, quienes se
encargan de mantenerme informado de todo. Gracias a lo
divino encuentro a Avery sola en la cama, con el pelo
mojado, al parecer se ha dado una ducha. Algo que voy
directo a hacer. El clima es húmedo y me hace sentir el
cuerpo pegajoso. Dejo la puerta abierta en caso de que
planee unirse, sin embargo, termino mi baño y ella no entra.
Salgo dispuesto a reprenderla cuando me detengo. Avery
juega a seducirme, como si lo necesitara, toma mi mano
haciendo que termine sentado en la silla que ha posicionado
en el centro de la habitación. La música es baja, pero
presente. Mi mujer sabe mover las caderas y juega con su
pelo al mismo ritmo. Me quito la toalla mostrando mi polla,
la cual ha tenido un trabajo duro todo el día. Me toco,
masturbándome a propósito para que vea.
—¿Cuándo empezarás a usar esa linda boquita que
tienes?
Me mira lamiéndose los labios antes de verme a mí.
Intento tocarla, pero retrocede, arrodillándose a gatas
abriendo la boca y sacando la lengua. Mis bolas se aprietan
cuando me chupa. Joder.
¡Carajo! Es mi cabeza volando hacia atrás, sintiendo esa
lengua y manos tocarme, darme placer. No puedo estar sin
verla, por lo que vuelvo a mi posición inicial, agarrándola de
la cabeza y observando a mi diosa devorándose a su
hombre. El sexo es increíble, de alguna manera nos
acoplamos perfecto, sabiendo lo que uno u otro necesita.
Caemos saciados luego de minutos y minutos de placer,
gritos, orgasmos, mordidas, penetraciones violentas y
súplicas. Nos dormimos enredados en un sueño merecedor.
Dicen que tienes algo en tu interior que incluso
inconsciente puede decirte que algo está terriblemente mal.
Son unos sollozos los que me obligan a abrir mis ojos. Al
principio se escuchan bajo, pero mientras más vuelvo a la
realidad toman fuerza. Me doy cuenta de que ella falta en la
cama, así que salgo de esta y me pongo un bóxer
frotándome los ojos.
Aún sigue oscuro afuera y el reloj dicta que son las cuatro
de la madrugada. Un golpe bajo es lo que me pone alerta y
sin perder tiempo camino al baño donde se encuentra la luz
encendida y la puerta entreabierta, la empujo cauteloso ya
que no quiero invadir su intimidad. Por supuesto, la imagen
no es lo que espero, nunca lo es. Me petrifico, dejo de
respirar y la postura desgarbada se endereza de inmediato.
Parpadeo y como idiota miro sobre mi hombro, esperando
vernos en la cama, de esa manera estaría soñando, metido
en una jodida pesadilla. Y no de frente a esto…
Su frente sudada, las lágrimas en sus ojos, los mismos
que se encuentran rojos evidenciando que lleva horas en
dicho estado. Nunca pensé ser yo quien se arrastre por el
suelo a nada. Está sentada en el piso, con una toalla entre
sus piernas, como si aquello pudiera detener lo que sucede.
Se quiebra mientras intento agarrarla, girando su rostro
para que no la vea llorar, sin darse cuenta de que yo mismo
estoy rompiéndome jodidamente mal delante de ella.
—Estaba esperando que pudiera ser real, quería tener
algo tuyo. —Llora, se ahoga y no puedo más, la traigo a mi
pecho, siendo el hombre que deja salir el dolor, porque no
tengo palabras ¡No las tengo! Sus uñas se clavan en mis
brazos. Su grito es tan desgarrador, eclipsando el día más
feliz de mi vida, convirtiéndolo en uno de mis peores
miedos, volviendo al maldito pasado—. Estoy maldita,
incluso mi matriz sabe que no debo tener descendencia.
—¡Por favor!, ¡por favor! —suplico meciéndola entre la
sangre que ha perdido de algo que no pudo disfrutar.
CAPÍTULO 18
VLADIMIR
—Se encontraba en las primeras semanas, es natural en
estos casos.
—¿Influye si estuvo bajo estrés? —cuestiono entre
dientes. Kassia me toma del brazo del cual me zafo de
inmediato, estoy perdiendo el control