Sueños
Ajenos
ANDRES URREGO
Sueños Ajenos
©Andrés Urrego, 2011
Ilustración de Caratula:
Remolinos. Acuarela sobre madera. Sara Urrego López. 2010
Copyright Andrés Urrego
[email protected]
www.aurrego.blogspot.com
ISBN-13: 978-958-44-9137-4
Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier
medio sin el permiso previo por escrito del autor.
A Isa, Martín y Sara. Su apoyo, mi luz, mi vida, mi inspiración.
A Pablo Jaramillo mi profesor, su insistencia para salirse de la
fila y ser feliz. Éste trabajo le apunta a eso.
A Elsa Vásquez, del Dpto. de Desarrollo artístico de EAFIT, su
reflexión.
SUEÑOS AJENOS
Estaba atrapada. Me sentía más sucia que nunca. Había faltado
por enésima vez a la promesa hecha, pero Nico me lo había
pedido y yo, no había tenido la valentía de frenarlo y mandarlo
para la mierda. Ah, pero es que es tan lindo, tan especial, y lo vi
tan arrepentido, que terminé cayendo en su cuento y envuelta
entre las sábanas esperando a que el mundo se me viniera
encima.
Había ido con Caro a la casa de Carlos, para celebrar su
cumpleaños número veinte con todos los amigos de la barra.
Había ido porque quería reiniciar mi vida después de un
intermitente y largo “noviazgo” con Nico, que no me trajo sino
problemas y decepciones. Quería cambiar, darme la
oportunidad de salir, de divertirme, de conocer a otras
personas, de ver el mundo.
Mis amigas me tenían hasta el cuello con la cantaleta de:
No se encierre, búsquese otro.
No piense en ese bobo que no la hecho sino sufrir.
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Andrés Urrego
Salga a ver si cambia esa cara de postre amargado que mantiene
de tanto pensar en él.
Aquello, junto a largas noches de insomnio, rabia, y desazón,
me llevaron a tomar la decisión de olvidar por completo los
últimos tres años vividos con Nicolás Restrepo.
Disfrutaba la fiesta entusiasmada.
Mis amigas que parecían jugar al hada madrina en búsqueda de
príncipe azul, esculcaban con la mirada a todo el que pasaba,
tratando de hallar a alguien que me pudiera ofrecer la
posibilidad de vivir un futuro tipo “felices para siempre”.
Ninguno se salvó del juicio:
Mira aquel tan lindo. Que ojos.
Fíjate en aquel otro. Que cuerpo.
Está muy gordo.
Cuidado con el rubio, tiene novia.
Al de cuadros ni te le acerques! Huele mal!
Todos pasaron por el cedazo de su refinado gusto femenino. A
mí no me quedó más que seguir el juego para no terminar en
una cantaleta que ni mi madre la hubiera echado. Asentía con la
cabeza todo lo que decían.
Mucho gusto, Felipe, me sorprendió Carito presentándome a su
amigo.
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SUEÑOS AJENOS
Lucía, respondí mirándola seca, incómoda con la situación.
Sabía que no me gustaban las cosas así. Que para eso era
tímida, algo formal. Sin embargo no puedo negar que el tipo
me atrajo de una. Algo en su forma de hablar, de moverse, de
vestirse, le dieron un toque especial que me puso a latir el
corazón más fuerte.
Quedamos en el aire sin saber que hacer viendo cómo se iba.
Nos miramos como diciéndonos ahora que, y traté de romper
el hielo preguntándole que hacía.
Sexto semestre de sociología, respondió. Y tú?
Quinto de negocios.
Como sin querer la cosa buscamos un sitio donde sentarnos.
No fue sino acomodarnos para comenzar hablar como si
fuéramos amigos de siempre, como si estuviéramos
esperándonos de tiempo atrás para contarnos los pormenores
de nuestra vida. El deporte, el rock, el medio ambiente, la paz
mundial, los hombres, fueron algunas de las cosas que pasaron
por nuestra boca. Parecíamos un par de desaparecidos recién
encontrados. Solo parábamos para tomar aire, o para escuchar
lo que el otro decía.
La pasaba súper bien.
Aquella noche parecía diferente. Me sentía cómoda a su lado.
Una sensación de paz, de tranquilidad, nos aislaba de lo que
pasaba alrededor. Era como si estuviéramos solos. Aunque
prematuro decirlo, me sentí enamorada.
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Andrés Urrego
Al filo de la media noche, Carito algo inquieta, se acercó y me
dijo:
Te voy a contar algo pero prométeme que lo tomaras con
calma.
Qué pasó? Pregunté confundida al verla casi transparente.
Prométeme que vas a estar tranquila, insistió hablando lento y
abriendo los ojos.
Te lo prometo, pero dime ya, contesté desesperada.
Nico está acá, terminó diciendo en voz caída.
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SUEÑOS AJENOS
El solo hecho de saber que estaba allí me dejó viendo al aire.
Cambié de colores hasta degradarme en la palidez pensando en
la promesa hecha. Las piernas cobraron el susto temblando
hasta casi tumbarme al piso. Tuve que sentarme. Con falso
disimulo perdí la mirada tratando de encontrarlo. Pipe, quién
seguro intuyó lo que sucedía, se retiró con tanta prudencia que
no supe cuando lo hizo.
Respira profundo. Enfréntalo sin miedo. No pasa nada, me
decían mis amigas corriendo y revoloteando de un lado para el
otro tratando de calmar la situación.
No demuestres debilidad, alcancé a escuchar a otra cuando sus
ojos se cruzaron con los míos.
Me puse fría.
Quieta, cuando vi que se acercaba.
Mi reacción contraria a la que había planeado para cuando
llegara ese momento, echo al traste todo lo que le había dicho
el día anterior sobre lo inapropiada y dañina que era nuestra
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Andrés Urrego
relación, una que no me había hecho sino sufrir, una donde era
yo la que halaba y poco veía que a él le importara.
Hola, me dijo seco, cortado, mirándome con la actitud de
tensión que mantenía cuando me veía con alguien.
Hoolaaa, contesté largo, con voz temblorosa, tratando de
disimular lo nervios.
Con quien viniste? Se apresuró a preguntar sin darme tiempo
de nada.
Sola, respondí.
Sola? Te vi conversando con alguien, reclamó en tono medio
aireado.
La dureza del rostro cambió cuando le dije que era un amigo de
Caro. Que no lo conocía de antes y que acaban de
presentármelo. Apresurado pregunto: Te gustó?
No respondí.
Aproveché el momento para tomarme un trago que me ayudara
a pasar la tragada de saliva que hace una cuando está nerviosa,
encerrada y sin saber que decir.
Cuidado con lo que haces. Cuidado, me dijo en tono
amenazante.
Iba a encararlo para decirle que me respetara, que no tenía por
qué pedirme cuentas, que si se le había olvidado la
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SUEÑOS AJENOS
conversación del día anterior donde le dejaba claro que no
quería seguir pues lo nuestro no tenía sentido, cuando casi
empujada me metió a la improvisada pista de baile, y me puso a
bailar.
Pipe pasó a lo lejos y se despidió deseándome suerte con las
manos.
Respondí con la cabeza.
Quise sonreírle pero Nico me cogió la cara y con sus ojos en
los míos me dijo: Te amo Lucy. Te amo de verdad.
No digas bobadas, le dije evadiendo su mirada.
Es cierto mi amor. No quiero que terminemos. Dame una
oportunidad.
No Nico. No hay otra. Cuantas veces lo hemos intentando y
llegamos a lo mismo?
Pero...te prometo que ésta vez va ser diferente. Te lo aseguro.
Negué con la cabeza.
Es que ya no me quieres?
Quise mentir diciéndole que sí, que no lo quería, pero me faltó
valor.
Aunque sabía que aquella relación me hacía daño, que siempre
terminaba sufriendo, hecha un trapo y al borde de la depresión,
me pudo la ilusión de pensar que me decía la verdad, que ésta
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Andrés Urrego
vez sí cumpliría lo prometido, y que por fin terminaría todo en
felicidad como en el cuento de hadas que había soñado y
deseado toda mi vida.
Sonó nuestra canción. Aquella que traía encima el recuerdo de
nuestro primer beso, que me ponía a soñar despierta, a ver la
vida color de rosa, a suspirar como loca y a terminar doblada.
Apenas la oí, se acercó. Me susurro al oído prometiendo de
nuevo esta vida y la otra. Insistió en lo de siempre. En un
discurso hechizo, barato, que no sé porque terminaba
convenciéndome de que las cosas en realidad podrían ser
diferentes.
Me abrazó fuerte.
Intenté zafarme sin hacer fuerza. Sin ganas. Como quién quiere
y no la cosa. Quise tirármelas de fuerte mostrando lo segura
que estaba de la decisión que había tomado, sin embargo ya
entregada, con los ojos cerrados, recosté la cabeza en su pecho.
Te amo. Te extraño. Discúlpame, me habló con suavidad al
oído minando por completo lo último que me quedaba de
voluntad.
Me sorprendió con un beso.
Lo seguí tirando a un lado el juramento hecho de no volver a
caer en su juego. Como por arte de magia olvidé lo que había
sufrido. Olvidé las bolsas colgando debajo de mis ojos después
de llorar toda la noche. Olvidé a la boba esperando una
llamada, una visita, una carta, cualquier cosa que me diera la
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SUEÑOS AJENOS
seguridad de que nuestro noviazgo o lo que fuera tenía sentido
y era real. Todo se borró a medida que sus besos recorrieron
los labios, las mejillas, el cuello y el calor subía descontrolando
mi sentido común.
Salimos de la pista para tomarnos un trago.
Es hora de irnos. Te estamos esperando, me detuvo Caro.
Dame un minuto, contesté
Recuerda que llevamos afán, insistió ella.
Entonces vete, le dije subiendo la voz.
Con sus ojos clavados sobre mí y sobre Nico, se dio vuelta y se
perdió entre la gente de la fiesta. Amagué con alcanzarla pero
justo en aquel momento, Nico me abrazo y me fundió en un
largo beso que logró distraerme. Contrariada respondí con Caro
en la cabeza. Sin embargo me dejé llevar por aquel torrente de
amor que recorrió mi cuerpo con la fuerza de un impulso que
se tomó los controles de mi alma evitando que pudiera cumplir
con lo prometido, que pensara con la razón y el juicio la
decisión que había tomado.
Cedí. De la mano me llevó a un cuarto de la casa.
Desvístete, casi ordenó al cerrar la puerta.
Oculta a la realidad obedecí. Lo hice desmoronándome con
lentitud al ver que todo era lo mismo. Maldije lo ingenua que
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Andrés Urrego
fui al dejarme rebajar por unas palabras que ni siquiera
cambiaban el orden en el que las decía.
Miré al techo y me reproché a punto de insultos el haber fallado
por enésima vez a la promesa de no volver a caer en su trampa.
Me cargué de rabia al verme diciendo en la mente que no más,
que se bajara, que me dejara tranquila pues no tenía ningún
derecho de usarme, de hacerme sufrir, de gozarme aduciendo
un amor que no me tenía, y de lo arrepentido que estaba por
haberse alejado de nuevo.
Iba a hacerlo cuando con la misma ligereza de siempre,
terminó. De nuevo no hubo besos ni caricias. Ni un te quiero o
un te extraño. Solo la música de la fiesta sonó opaca al fondo
detenida por la puerta y la luz de la calle iluminaba a medio
tono la habitación.
Vístete. No quiero que nos descubran, fue lo último que dijo
sin mirar, disculpando la rapidez y la impotencia de
responderme como mujer.
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SUEÑOS AJENOS
Salí del lugar apenas pude. Lo hice con el alma en la mano
sin despedirme de nadie.
Una noche fría, silenciosa me recibió después de que Caro
intentó frenar mi salida.
Por qué? Por qué? Me pregunté caminando sin saber para
donde.
Se había vuelto costumbre desde que comencé a sentirme
sucia, huir apenada escondiéndome de mí y de los ojos de
los demás. Afanada salía sin despedirme deambulando por
la zona jurando que no habría próxima vez, renegando del
amor pues era el culpable de mis caídas.
Pero si el amor no es para sufrir, me decía con el taco de
dolor en la garganta hablando entre dientes.
Distraída crucé la calle.
Lo hice derecho, sin parar a pesar del ruido del frenado de
un carro que pasó a mi lado como en cámara lenta. La rabia
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Andrés Urrego
y el dolor me tenían en un callejón sin salida y me llevaban
como un zombi. Quería quitarme la piel. Arrancarla y
desprenderme de los besos, del olor de su piel que
impregnado como el pecado, parecía no quererse ir.
Necesita ayuda? Me sorprendió un oficial de policía quién
se acercó posiblemente al verme caminando al azar.
No Gracias. Quiero estar sola, contesté. Es de adentro.
Segura estas bien? Casi te atropella el carro. Te podemos
llevar hasta tu casa.
La repetí que gracias, que estaba bien y que podía llegar sin
su ayuda. Lo hice hablando duro, seria y con la cara
arrugada.
Continué mi camino sin mirar atrás.
Llegué a la casa sin darme cuenta.
Puse la llave en la cerradura. Lo hice despacio, sin hacer
ruido.
Abrí la puerta esperando encontrar a mi madre escondida
entre las sombras de la casa. Casi pude escucharla gritar
preguntando que donde estaba, pero para mi sorpresa un
silencio ensordecedor me dio la bienvenida mientras un
rayo de luz proveniente de mi habitación, iluminaba el
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SUEÑOS AJENOS
reflejo de mi cara en el espejo de la sala. Me espanté al ver
lo hinchada que estaba de tanto llorar.
En un esfuerzo por cambiar lo imposible, traté de mejorar
mi imagen al suponer que ella me esperaba recostada sobre
la cama lista a reclamar por mi hora de entrada, y formar un
problema sin fin por la facha con la que llegaba. El corazón
latió duro. Miré hacia al espejo de nuevo y al ver que no
tenía salida, tome aire con fuerza, y decidí a enfrentarla por
primera vez con la valentía que me daba un corazón herido,
lleno de rabia, rencor, dispuesto a cobrar su fracaso ante lo
primero que lo encarara.
Una a una, subí las escalas en la punta de los pies. Suspiraba
a cada paso buscando tranquilizar los descontrolados
latidos del corazón, que casi podían sentirse retumbar en la
casa. Avancé decidida a lo peor. A enfrentarla. A hacerme
valer.
Llegué hasta la puerta de la habitación. Y entré.
No había nadie.
Una solitaria nota me esperaba sobre la cama diciendo:
NO NOS ESPERES. ESTAMOS EN LA FINCA DE LA
ABUELA.
Papa y mamá
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Andrés Urrego
En la ducha restregando mi cuerpo hasta lastimarlo.
Busqué limpiarlo pensando en las manchas de la vida que
no salen con el jabón. Las no se borran ni se olvidan con
facilidad, y que se esconden con el paso de los días,
semanas, meses, años, volviéndose como una cicatriz
transparente que no se ve al primer vistazo, pero que
sobresalta al recordar que sigue allí cuando aparece en el
momento más inesperado.
Me sequé frente al espejo. Lo hice con lentitud como
reconociéndome el cuerpo de nuevo, esculcando célula por
célula asegurándome de no encontrar las huellas sucias del
cercano pasado. Cansada me vestí, me tiré sobre la cama, y
cerré los ojos queriendo dormir, tratando de buscar alivio,
calma, a través del olvido que produce el sueño.
Con la mente inquieta, me levanté a caminar por la pieza.
Imágenes de engaño, desolación, dolor, iban y venían
confundidas con las de un Nico arrepentido implorando
perdón, prometiendo no fallar y jurando amor eterno no
me dejaban dormir. Pensé en lo extraño de aquel
sentimiento que me hacía sufrir:
Hasta donde llega el amor?
Cuando es una obsesión?
Porque produce tanto vacío, tanta soledad?
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SUEÑOS AJENOS
Como podía amar y arrepentirme a la vez?
Me preguntaba pero las respuestas que llegaban carecían de
lógica alguna.
Esculqué mi alma, mi espíritu. Busqué en aquel rincón
donde la mentira no cabe. Donde la vida, Dios, en lo que se
crea, le responde a uno con contundente sinceridad.
El mensaje llegó. Sin espera. Concluyente. Comprenderlo
era mi tarea.
Recordé la definición de pecado que alguna vez mi padre
me dio:
Lo que te perturbe, me dijo. Es de cada uno. Depende del
momento, aclaro.
Perturbada seguí pensando.
La luz del alba ganó terreno. El gris de la madrugada me
acabó de hundir en la soledad. El tiempo pasó y se había
vuelto testigo implacable de mi error pero como él, debía
pasar.
Volví a la cama con la idea de borrarlo y desaparecerlo de
mi vida. Cerré los ojos. Las imágenes volvieron
desordenadas sacando un par de lágrimas que cayeron
sobre la almohada.
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Andrés Urrego
No más. No más, grité golpeando el colchón con toda mi
fuerza.
Exhausta abrí el baúl de recuerdos por enésima vez. Guardé
lo vivido aquella noche, y lo cerré asegurando lanzar la
llave al infinito mundo del pensamiento con el fin de no
volverlo abrir. Nico, del que esperé fuera mi amor, a quién
entregué mi alma de niña enamorada con la esperanza de
convertirme en mujer, a quién no había podido dejar por
esas cosas de la vida aun sabiendo que la relación no
convenía, quedaba encerrado con el propósito de no
volverlo a ver.
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SUEÑOS AJENOS
Nico salió primero de la habitación como lo habían
dispuesto para evitar sospechas. Lo hizo huyendo,
evadiendo, para no tener que encontrarse de nuevo con ella
y responder por algo de lo que no era capaz.
Había ido a la fiesta de Carlos después de que éste le
insistiera que lo acompañara el día de su cumpleaños.
Seremos pocos, le dijo ante lo difícil que era para estar en
reuniones llenas de gente.
Quienes van? Insistió en preguntar.
Mis amigos más cercanos: Caro, Natalia, José... Lucia.
Escuchar su nombre lo hizo subir las cejas.
Llegó a la media noche. Verla conversar de forma animada
con un desconocido llamó su atención. Una descarga de
calor lo recorrió por completo. Fue de celos. No de los que
da el amor, sino la posesión. De los que siente uno cuando
se meten con lo suyo.
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Andrés Urrego
Con naturalidad, como si estuviera acostumbrado a ello,
disimuló la ansiedad con un incansable y repetido
repiqueteo de pies que le ayudaron a dominar la situación.
Pudo ver lo bien que la pasaba con aquel desconocido del
que nadie daba cuenta. La vio reírse, bailar, conversar,
moverse de un lado para el otro de forma nerviosa, pero
fue solo hasta cuando comenzó a enroscarse el cabello, que
las alarmas se dispararon acelerando el pulso, la respiración,
como resultado del leve e imperceptible aumento del ritmo
cardíaco que le produjo el cuerpo para mantenerlo en
equilibrio.
Culpó a los tres tragos de licor que había ingerido para
entrar en ambiente.
En el fondo como si no existieran, la voz de sus amigos
hablaba de nada importante. Simulaba mirarlos atento,
acreditando lo que decían, pero sus ojos, oídos, sentidos,
estaban sobre ella.
Actúo con rapidez antes de que fuera tarde.
Un acuerdo con el DJ le permitió asegurar el primer golpe
de la noche. El otro lo daría con su presencia.
Conquistar a Lucía no era difícil para él. Sabía de lo débil y
sumiso que eran su corazón y oído ante sus palabras de
amor y arrepentimiento. Siempre lograba recuperarla a
punto del mismo discurso sacado como de un guión de
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SUEÑOS AJENOS
película de amor barata, que repetía cada que necesitaba
para endulzar y martillar el alma de la joven de manera
certera.
En actitud dominante y orgullosa, se acercó a ella después
de cruzarle la mirada.
Hola, saludo.
Lo hizo corto, seco, pues lo movía el afán de saber con
quién estaba.
Un amigo de Carito, respondió Lucía nerviosa cuando le
pregunto quién era su amigo.
La respuesta lo tranquilizó de cierta manera. En apariencia
no había de que preocuparse. Sin embargo el silencio que
quedo en el aire después de preguntarle si le había gustado,
le dejó revoloteando el alma.
La canción sonó después de la señal. Era el momento de la
reconquista.
Los ojos de Lucía brillaban llenos de recuerdos, de
ilusión...de amor. Nico aprovechó para acercarse y al oído,
decirle lo que ella quería oír. Nada más que eso. Era su
secreto. Decir lo que ella quería escuchar. Sabía que su
discurso era vano, repetido, hasta vulgar, pero siempre
terminaba convenciéndola de que sus palabras eran reales,
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Andrés Urrego
que las cosas cambiarían, cuando en el fondo buscaba
satisfacer su propio placer.
La llevo a un cuarto del segundo piso.
Desvístete, le dijo mientras cerraba la puerta y le colocaba
seguro.
Fue de forma brusca, como una orden que no se puede
evitar.
Sin mucho preámbulo la hizo suya. En silencio. No en el
que se da cuando dos almas enamoradas se juntan y
revolotean cargadas de amor, sino en el que no hay nada
para decir y éste se vuelve cómplice para apresurar el
momento.
Lucía con la mirada perdida en el techo.
Nico luchando contra sí mismo con la cara clavada contra
la almohada.
Un débil y corto gemido dio cuenta del fin. De su fin. Era
lo normal.
Vístete. No quiero que nos descubran, dijo terminando
apresurado el romance.
Salió primero de la habitación según lo acordado. Lo hacía
siempre para evitar tener que dar explicaciones que no tenía
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SUEÑOS AJENOS
preparadas o que no quería dar. Huía con el hastío que se
lleva por dentro después de fingir un acto de amor, y que
solo provoca rechazo y fastidio hacía aquella persona con la
que solo se buscaba botar la calentura momentánea de la
pasión, y de la que no se quiere volver a saber hasta la
próxima vez.
Nico hablando con sus amigos de nada importante.
Lo hacía con la mirada de Caro encima. Una recriminadora,
juzgadora y afilada. Una que le preguntaba porque le hacía
eso a su amiga, si él sabía que ella lo amaba. Él respondió
con actitud burlona, sarcástica, escondiendo una falsa
sonrisa tras la copa de licor.
Lucía bajando con los ojos perdidos.
Caro quiso detenerla, pero el zombi estaba apoderado de
ella. Salió sin mirar a nadie. Conociéndola la dejó ir. No
quería problemas y sabía por las que pasaba. No era la
primera vez. Nico observaba atento la situación.
Cobarde, le dijo Caro al regresar y encontrárselo de frente.
Dio un trago largo de licor. Lo hizo para disimular el
movimiento de garganta que se hace cuando uno está
intimidado. Aunque quería largarse de allí, se quedó
aguantando el desafío que Caro y sus amigas le hacían con
los ojos.
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Andrés Urrego
Salió con el corazón acelerado apenas pudo. Se escondió en
el carro y huyó a lo que le daba la potencia del motor.
A sus veintidós años, estudiaba sistemas. Hijo único de una
familia de clase acomodada dedicada al comercio, era hábil
para los negocios, malo para el estudio. Las fiestas, la
rumba eran su pasión. La vida lo había dotado de no pasar
desapercibido entre las mujeres: El físico y el dinero, los
dos principales atributos con los que consiguió casi lo que
quiso.
Su padre desde muy temprano le enseñó cómo se divierten
los hombres. Jennifer, con la que soñaba cada que clavaba
la cabeza en la almohada, se encargó de romper la ligadura
de la niñez.
Si quieres ser un verdadero macho, disfruta la vida, disfruta
a las mujeres, que para eso están, le repetía el padre con
insistencia ante el silencio cómplice de su madre.
Marcó el teléfono celular y al otro lado de la línea su novia
contestó. A pesar de ser tarde, habían quedado de salir
después de ir a la inevitable reunión familiar a la que debió
asistir y que se prolongó por más tiempo de lo planeado.
Me has hecho falta, le decía cuando de la nada de manera
sorpresiva, como si la hubieran puesto allí, una persona
cruzó la calle haciéndole perder el control del vehículo y la
llamada.
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SUEÑOS AJENOS
Quiso parar para insultar al imprudente pero la hora no era
propia para andarse en problemas que pusieran en riesgo su
vida.
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Andrés Urrego
El azul del cielo se extendía en el reflejo de la piscina.
Suspendida, elevada, esperaba observando a través de aquel
túnel líquido que parecía unir dos mundos. Dos mundos
azules, claros, limpios, que contrastaban con el color que
llevaba en el alma y que se reflejaba en el par de bolsas
negras que me colgaban de los ojos, los cuales trataba de
mantener abiertos.
Algo más de tres horas, quizás cuatro, duré en la cama
enredando y desenredando cobija, acomodando almohada,
empujando con los ojos el tiempo que parecía estar quieto
cada que los abría, luchando contra una pesadilla de
imágenes sin sentido que iban y venían como si fuera un
boomerang que no quería detenerse.
Con los ojos en el túnel líquido, espero a mis compañeras
del equipo de natación.
Nos preparábamos para participar en el campeonato
departamental, con miras de llegar a los nacionales
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SUEÑOS AJENOS
universitarios y lograr algunos cupos en el seleccionado del
país, como lo habían hecho por tradición algunos
miembros del equipo, mi madre entre ellos, durante los
últimos quince o veinte años.
Hola, me sorprendió Caro. Como estas?
Podría estar mejor, contesté
Lo sé.
Mira yo... Intenté explicar algo que posiblemente no tenía
sentido hacer. Lo hice por hablar, por no quedarme callada,
por botar la pena de verle la cara a mi amiga y sentirme
culpable de lo que había hecho.
Caro interrumpió hablando en tono suave, dulce, reflexivo:
A mí no me tienes que explicar nada. Soy tu amiga, dijo.
Pero piensa que sigue en tu vida. Ponle pilas. Quiérete.
Valórate. Hazte respetar, terminó.
La miré sorprendida pues esperaba algo peor conociendo
su temperamento. Igual que antes quise hablar pero entendí
que el silencio respondía mejor a sus palabras.
Una lagrima recorrió mi cara como acompañando la
soledad en la que me encontraba.
Caro me abrazó con fuerza. Sentí su apoyo.
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Andrés Urrego
Anímate. Vamos a entrenar. Las finales son pronto y tú eres
la mejor, dijo sonsacándome una risa que seguro mejoró la
imagen de mi rostro.
El entrenador gritaba instrucciones al equipo: Lo hacía
indicando metros, tiempos, estilos. Corrigiendo técnica.
Exigiendo fuerza y agresividad. Yo lo escuchaba y golpeaba
a Nico en cada brazada y patada que daba.
Técnica de respirar profundo durante el descanso. Yo lo
hacía para tranquilizarme.
Con esfuerzo nadé lo que Raúl exigió. Después de cada
brazada me sentí nadando en algo espeso, como en aceite,
como llevando a Nico colgado de mis brazos, piernas y no
lo pudiera soltar. Parecía no avanzar.
Con cara de preocupación Raúl me llamó a un lado.
Qué te pasa? Preguntó señalando el cronometro. Estás lejos
de tu marca personal. Estás perdida. Esfuérzate más.
Preparadas? gruño mirando al grupo.
Sonó el silbato.
Nadé tan fuerte como pude pero Nico seguía colgado de
mí. Pesaba como un ancla impidiendo que avanzara.
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SUEÑOS AJENOS
Vamos Lucy, escuché a Carito animarme. No te rindas. No
te rindas.
Quise decir lo intento pero el taco en la garganta me ahogo
la voz.
El silbato tronó en mi cabeza.
El entrenamiento había reiniciado con una prueba de
relevos. Una donde la perfecta sincronización entre los
miembros del equipo, puede marcar la diferencia de una
medalla o de un campeonato.
La prueba era combinada. Una donde los cuatro estilos de
la natación se muestran en todo su esplendor: mariposa,
espalda, pecho y libre el orden de salida. 4 x 50 señaló Raúl
en el argot del deporte, quedando claro que cada una
nadaba cincuenta metros, en el estilo que le correspondía.
El mío era libre. La última en partir. El remate. Salía,
después de que Caro, la antepenúltima relevo, tocará el
muro con ambas manos.
No fue porque salí tarde. Ni porque no espere a que la
segunda mano tocara el muro. La paciencia de Raúl tocó
fondo cuando sin saber porque, salí sin ni siquiera esperar a
que Caro llegara. Me di cuenta cuando nadando en procura
de la meta, vi que alguien chocaría conmigo.
LUUCIIIAAA Escuché el grito desesperado de Raúl
QUE HAS HECHO? Preguntó.
27
Andrés Urrego
NADA, contesté con cara de tonta golpeando el agua. O a
Nico tal vez.
Dejemos por hoy, sentenció retirándose de la sesión de
entrenamiento.
Los ojos de mis compañeras sobre mí. Me miran filosos
como diciendo increíble lo que hiciste..
Raúl me llama a un lado de nuevo y me dice de nuevo que
estoy perdida y que eso le preocupa.
Tengo la cabeza en otro lado. No volverá a ocurrir,
contesto con la cara roja y los ojos en el agua.
Lucía, me dijo en tono cambiado y con un brazo sobre mí.
Las directivas tienen sus ojos puestos en nosotros. Ganar el
campeonato garantiza que el nombre de la universidad siga
en alto. Es una buena forma de atraer nuevos estudiantes.
Además de lograrlo, seremos la base de la selección
departamental para los nacionales. Tú sabes lo importante
que es para mí llegar a ser su entrenador. No me falles.
Cámbiate rápido. Tus amigas te dejan, terminó dándome
una palmada en la espalda.
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SUEÑOS AJENOS
Sentada en la cama mirando al aire mientras como un
sanduche.
Comiendo sin deseo, sin ganas, la comida no sabe a nada. A
mí no me sabía a nada. Lo hacía para evitar la fatiga, por
tener algo en el estómago y porque de todos modos debía
mantenerme en pie así en el fondo no lo quisiera.
Con el eco de las palabras de Raúl en la cabeza, la imagen
de Nico seguía allí. Logré pensar algo sobre la nueva
responsabilidad que tenía, la del futuro de la universidad, la
de ayudarlo él, y me dije que no faltaba más. Lo hice en voz
alta.
Sobre la cama, parecía no estar allí. Mi mente daba vueltas
sobre lo mismo. En lo que había pasado y yo cansada pues
no quería pensar más en ello. Encendí la radio buscando
compañía. Aquella balada sonaba y fue como una máquina
del tiempo que me llevó a tres años atrás, al desfile de los
juegos deportivos de la ciudad.
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Andrés Urrego
Nicolás Restrepo. Puedes llamarme Nico, se presentó de
manera sorpresiva.
Lucía Pérez. Puedes llamarme Lucy, sonreí imitándolo para
contrarrestar la confusión pues no lo conocía.
Mucho gusto. Y que te trae por acá? Preguntó arrugando la
frente.
Lo mismo que a ti, contesté balanceando la cara.
Tú? O…yo? Presumió con una sonrisa.
Hago parte del equipo de Natación del colegio, aclaré con
la cara caliente. Y tú?
Soy el capitán del equipo de Vóley de mi universidad.
Deportista?
Un par de deportistas, dijo. En qué curso te encuentras?
Terminando Once. Me gradúo a final de año.
Embobados nos alejamos de la gente sin darnos cuenta.
Que escuchabas? Preguntó señalando el I pod.
Marea. Un grupo español de rock duro, respondí.
De qué?
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SUEÑOS AJENOS
De rock duro. Ja ja ja, te asombra?
Rock? Te gusta el rock? Preguntó como si fuera la primera
vez que escucha la palabra.
Sí, porqué?
Estee… No. No. Simplemente que...contestó desviando su
mirada, perdiéndola en el espacio.
Que te extraña? El rock? O que una mujer lo escuché, lo
interrumpí ante lo asombrado que estaba con mi respuesta.
Nada. Es que...
Sigue siendo una sorpresa en nuestro medio que haya
mujeres a quienes les guste el rock, el heavy, rap, el metal, el
fútbol, la cerveza, en fin, cosas que tradicionalmente han
sido de hombres.
Bueno lo que pasa es que... quiso hablar sonrojado.
No te preocupes, le dije. No es la primera vez que me
sucede. Mi madre piensa igual. Sobre todo cuando esta con
sus amigas, atiné a decir para relajar el asunto. Y a ti que te
gusta?
Con el pulso acelerado escuché lo que decía.
31
Andrés Urrego
Lo hice como encerrada en una caja mágica que solo
producía sus palabras. Desenredando el cabello con los
dedos y con la bobada del príncipe azul encima.
Lucy. Lucy, escuché en la distancia en sonido opaco.
Era la voz de Caro.
Llamaba haciendo eco con una mano mientras corría
apresurada por alcanzarme agitando la otra.
Hola, saludó entrecortada cuando llegó. Donde has estado?
dijo estirando la cara.
Ni me he movido de acá, contesté a la ligera. Mira te
presento a Nico.
Carolina, contestó estirándole la mano mientras me miraba.
La profe está nerviosa porque no te encuentra. Y como tú
eres la abanderada...
Dame un segundo, contesté haciendo señas con la mano
por debajo de la cintura y guiñándole el ojo.
Se despidió tal y como vino.
Mucho gusto en conocerte, grito en la distancia mirando
hacia atrás despidiéndose de Nico. Llega pronto, insistió en
un tono tragado por la distancia.
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SUEÑOS AJENOS
Es mi mejor amiga, me disculpé por ella. Nos conocemos
de toda la vida, le dije enroscando mi cabello y haciendo
figuras en el piso con la punta del tenis mientras me movía
de un lado para el otro.
En silencio nos miramos.
Un silencio que aparece cuando una no sabe que decir ni
que hacer de lo embobada que esta.
Bueno...me despido. El deber deportivo me llama, le dije
Nos veremos de nuevo? Dijo en tono melodioso acercando
su cuerpo al mío.
Claro. Por acá estaré, contesté con la cara roja.
Me refiero a que si nos volveremos a ver. En otro sitio.
Fuera de acá, aclaró acalorándome más.
Estee..., traté de contestar pero mi mente estaba aturdida.
O...Tienes Novio?
Sí. Claro. Digo. No, contesté con torpeza viendo cómo se
confundía con mis respuestas.
Lucy…Lucy… me interrumpió en la distancia el coro de
mis amigas que me llamaba con desespero pidiendo mi
presencia a punta de gestos y movimientos.
33
Andrés Urrego
Le estire la mano para despedirme.
La aprovechó para jalarme y plantarme desprevenida un
beso en la mejilla que me duro el resto de día. Roja corrí
hacia el “uy” que hicieron todas al verme despedir de una
manera tan poco usual en mí.
Te puedo llamar? Escuché su grito mientras me alejaba.
34…05...5...3, respondí sobre la carrera.
Oye. Y podemos vernos. No tengo novio, alcancé a gritar
para aclarar, antes de perderme entre la algarabía y gritos de
aquella masa que no perdía tiro para burlarse de una cuando
la veían flechada por Cupido.
Bueno amigos, escuché la voz del DJ despedir la canción,
sacándome del letargo del recuerdo.
Quedé con los ojos en el techo. Sola, vacía, mirando al
techo.
34
SUEÑOS AJENOS
Contesta amor, sonó por quinta vez el timbre en el celular
con la voz que había grabado de Marcela.
El calor de la pieza, la rígida luz del sol entrando por las
hendiduras de la persiana, ayudaron a que se levantara a
contestar.
Alo..., contestó seco, en tono grave y con la voz arrugada
aun sabiendo quién era..
Como esta mi precioso? dijo ella hablando como una niña
chiquita.
Bien, cortó Nico con rapidez.
Te pasa algo? Reclamó la muchacha
Nada. Por qué?
Porqué te siento extraño. Como agresivo.
Para nada. Seguro es el guayabo.
35
Andrés Urrego
Pobre. Quieres que te mime? dijo ella.
No.
Voy a tu casa y te hago algo.
No. No. Quédate tranquila. Ya se me pasara. Solo necesito
dormir.
Sabes que no hay problema. Voy y te preparo un caldo o...
No Marce. De verdad te lo agradezco, la interrumpió.
Déjate ayudar. No hay problema.
Ya te dije: Quédate tranquila que estaré bien, insistió Nico
No me quieres ver?
El corazón latió fuerte en la cabeza.
Martillaba como para explotarla ante el monótono y
repetido discurso de: ya no me amas, o, no quieres verme,
que mantenía a flor de boca cada que necesitaba presionar
para que estuviera con ella...
Otra vez lo mismo. Piensa lo que quieras Marcela, terminó
diciendo antes de despedirse y tirar el teléfono contra la
cama.
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SUEÑOS AJENOS
Nico acalorado, con rabia, mirando al techo con el corazón
palpitando en la sien.
Nico preguntándose cómo había quedado enredado en
aquellas garras que le quitaban la libertad, en aquel cerco de
propiedad privada del que tanto huía pues era todo un
varón, y los varones no se dejan encerrar, y menos de las
mujeres.
Nico preguntándose y respondiendo que a pesar de todo
valía la pena, así tuviera que estar pensando y cavilando a
toda hora como hacer de las suyas sin poner en riesgo la
reputación de hombre bueno y fiel que tenía ante la familia
de ella, una potentada dedicada al cultivo y exportación de
flores, dueña de grandes extensiones de tierra, y de la que
Marcela era única hija.
Cavilando cosas como la de la noche anterior, uando supo
que Lucía iría a la fiesta de Carlos, y armó en su mente una
reunión familiar en la que se iba a despedir a un primo
lejano, tan lejano que ni siquiera él conocía, pero a la que
debía de asistir con su familia por eso de las relaciones
familiares, y del qué dirán, que tanto pregonaba su madre
cuando de esos asuntos se trataba.
No fue fácil convencer a Marcela de que iría sin ella.
Seguro no me quieres llevar, fue alguno de los comentarios
que escuchó, pero que supo acallar ante la promesa de que
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Andrés Urrego
haría lo posible por llevarla, aunque no le garantizaba nada
pues como le había dicho eran familia lejana, una a la que
no le tenían la confianza suficiente como para llegarle con
un invitado sorpresa.
A regañadientes accedió.
La tranquilizó cuando le dio la palabra de que pasarían la
noche juntos antes de ir a la fiesta, de que solo iría un rato
por cumplir, y que después se verían de nuevo para ir de
remate a un after party y hacer algo.
Mirando al techo con los pensamientos en Lucia y Marcela,
se admiraba la capacidad que tenía para inventar y enredar
según su conveniencia.
Dos pájaros de un tiro, se dijo recordando.
Dos hembras.
Dos novias.
Dos mozas, se adulaba acariciando su miembro
felicitándolo, agradeciéndole, por haberle cumplido con tan
álgida tarea sin fallar, sin ni siquiera dudar, de satisfacer a
dos mujeres en la misma noche.
Satisfacer creía él.
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SUEÑOS AJENOS
Lucía volvió a su memoria. Lo inquietaba la posibilidad de
que lo dejara. La última llamada dejaba claro que ella no
estaba satisfecha con la relación y que empezaba a sentirse
utilizada. Algo debía de hacer para no perderla.
Marcó a su celular.
La voz de la muñeca diciendo que Lucia no estaba
disponible, que si quería dejara un mensaje. Colgó antes de
hacerlo.
Marcó de nuevo.
La voz de la operadora diciendo que Lucia no estaba
disponible, sonó otra vez. Deje el mensaje, dijo.
Permaneció en silencio escuchando la nada.
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Andrés Urrego
Entre dormida escuché el timbre del celular.
Quise despertarme pero seguro lo confundía con el de mis
sueños, así que lo dejé sonar.
Lo hizo de nuevo.
Alo? contesté
Lucía? Escuché la voz desconocida al otro lado de la línea
Sí. Con quién hablo?
Como estas?
Con quién hablo? Insistí al no ubicar el tono de voz.
Con quién crees?
La verdad? No sé.
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SUEÑOS AJENOS
La adivinanza se prolongó por unos segundos. Al ver que
no lograba descifrarlo ordené en tono amenazante que se
identificara o colgaría.
Espera. Espera, dijo la voz. Con Nicolás Restrepo. Nico.
Escuchar su nombre me desacomodó el cuerpo.
Hoola. Cómo estás? dije sonrojada escudada en la línea
telefónica.
Bien. Como acabo de irte?
Puees bieen, contesté todavía en shock. El día fue largo.
Casi no regreso a casa. Oye, qué pena no haber reconocido
tu voz.
Tranquila. Es apenas lógico.
Me acomodé en la cama con la imagen en mis ojos.
Y a qué se debe el honor?
Pueees...te he pensado mucho y quería escucharte.
Y eso? Respondí con la cara encendida.
Te lo mereces. No lo crees?
No sé. Tú lo dirás… dije sorprendida con el cumplido.
41
Andrés Urrego
Pienso que sí.
Gracias
Oye: crees que podamos vemos hoy?
Vernos?
Sí. Vernos. Encontrarnos. Tener una cita. Algún
Problema?
Problema no. Me coges desprevenida. Debo pedir permiso,
contesté sintiéndome una niña.
Despreocúpate. Busca el permiso y te llamo luego. Te
parece?
Casi sin colgar llamé a Carito. Aunque sabía lo quisquillosa
que era para ese tipo de cosas, su opinión era importante y
la necesitaba.
Adivina quién llamó? le dije apenas contestó
Tu ex, aseguró
Nooo. Nico. El del desfile
Si? El que te voltio los ojos?
No molestes, reclamé. Imagínate que me invito a salir.
42
SUEÑOS AJENOS
Y que le dijiste?
Que debía pedir permiso.
Y que dijo?
Que tranquila. Que lo hiciera. Que él me llamaba después.
Es buena señal. Y tú quieres?
Sí. Sabes lo mucho que me gustó.
De todos modos tómalo con calma Lucy. No te ilusiones a
la primera. Recuerda la última vez. Y la anterior.
Si pero algo me dice que Nico es diferente.
Todos son diferentes cuando una se enamora a primera
vista. Siempre es bueno ir precavida.
No te preocupes. Él parece ser distinto.
De todos modos vete con calma, fue lo último que escuché
antes de desearme suerte y despedirnos.
Quedé sentada al lado del teléfono meditando en sus
palabras. No podía negar que en algo fueran ciertas y que
las hubiera vivido en carne propia. Sin embargo pensé que
no todos los hombres eran iguales, y que merecía una
oportunidad con Nico.
43
Andrés Urrego
Responder a: Quién es? Donde lo conociste? Donde
estudia? fue suficiente para que mi madre accediera a que
saliera con él. La rapidez y facilidad con la que me dio el
permiso, me permitió pensar que las cosas iban por buen
camino.
El timbre del teléfono sonó de nuevo sacándome del
letargo de los recuerdos.
Era el número de Nico. Siete llamadas pérdidas desde su
número marcaban la pantalla.
No quise contestar.
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SUEÑOS AJENOS
Mamá gritando histérica, desesperada a todo pulmón.
Reclamaba la razón de porque había subido los tiempos
durante el último entrenamiento.
De días atrás, parecía ser su única obsesión.
No había tema diferente al cronómetro, al campeonato, a
las medallas, a la beca.
Sí. A la maldita beca que tengo por ser nadadora.
Una que le permite a ella mantener vivo su pasado, uno de
glorias, de apariencias, de fama, pues me tiene estudiando
en una universidad de clase alta de la ciudad, y eso le aviva
el ego ante sus amigas.
Qué te pasa? Gritó con desespero y con la cara como un
tomate. No seas irresponsable.
No pasa nada. Solo fue un mal día. Estaba cansada.
45
Andrés Urrego
Cansada? Recuerda que ahí está tu futuro, reclamó todavía
roja como un tomate. No lo olvides.
Decía eso por la beca que me ofreció la Universidad de
Negocios cuando quedé campeona de natación en los
juegos nacionales intercolegiados. Lo hicieron con el
compromiso de que hiciera parte de su equipo, y nosotros
con orgullo en el pecho, aceptamos.
Incluso mi padre me animó al ver la posibilidad de acceder
a una universidad privada dadas las condiciones económicas
que teníamos.
Había perdido el puesto de director de producción que
tenía en una reconocida empresa de confecciones que cerró
operaciones por culpa de la globalización, teniéndose que
dedicar a la gerencia de su empresa, una fabricante de
muebles que montó con el pago de la liquidación, y unos
ahorros que tenía de toda la vida.
Aunque las cosas no iban mal, el negocio lograba
mantenernos sin angustias a cuenta del tiempo familiar y de
llevar una vida sin lujos ni excesos.
Aceptamos la beca sin saber en la que nos íbamos a meter.
No fue sino firmar los documentos de respaldo, el pagaré,
la matrícula y cuanto formalismo exigieron, para que mamá
convirtiera la casa en un regimiento militar. Me puso los
pelos de punta, al borde del odio, del fastidio, cada que
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SUEÑOS AJENOS
repetía a modo de exigencia que no la podía perder y que el
mundo se acabaría si eso pasaba.
Como por arte de magia se volvió el cordón que la unía a su
pasado.
Al lleno de gloria, de fama, de reconocimiento.
El que permitía que se sentara con sus amigas con la frente
en alto sin ser discriminada por los temores que ella misma
alimentaba.
Y es que caer en desgracia para una persona educada por lo
alto, que ha sido ganadora, que lo ha tenido casi todo en la
mano, no debió ser cosa fácil. Sobre todo cuando se queda
creyendo que el tiempo no pasa, y que la felicidad es un
estado que dura para toda la eternidad..
No fue sino que a papá se le viniera el mundo encima para
que ella sacara a flote los fantasmas del temor, los vacíos
existenciales que cargaba quién sabe desde cuándo, para que
se convirtiera en una juez implacable, perfecta sabelotodo,
que acabó por separarla de la familia y en particular de mi
padre, a quién dejó tirado sin apoyo incumpliendo la
promesa de en las buenas y en las malas, hasta que la
muerte los separe, que hicieron hace cerca de veinticinco
años.
Antes de irse aquella noche me recordó hasta el restriego
que ella y sus hermanos habían representado a la
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Andrés Urrego
universidad, al departamento, al país, como parte del equipo
de natación; que mi abuelo había llegado a ser un alto
dirigente deportivo; que ella misma se había colgado varias
medallas de oro en unos juegos nacionales y que si no fuera
por la lesión que tuvo en la columna después de una caída
en bicicleta durante una prueba de triatlón, hubiera
participado en unos juegos olímpicos.
Todos esperamos seas la próxima ganadora del torneo,
sentenció antes de salir de la habitación y perderse entre la
sombra que separaba mi mundo del de ella.
Todos? o tú mamá, refuté haciéndola aparecer de nuevo
por el túnel negro.
A qué te refieres? Preguntó con los ojos abiertos.
Tú sabes a qué me refiero. No creo necesario explicarlo.
Explícalo. No tengo afán.
Guardé silencio.
Lo hice por aquello de honrar a padre y madre. Pero no
niego que la lengua me picaba para cantarle la tabla sin
tomar aire y aclarar asuntos pendientes.
Después será, me dije a mi misma mientras aspiraba
profundo por la nariz.
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SUEÑOS AJENOS
Quiso hablar pero los músculos de la barbilla lo impidieron.
Le saltaban como si tuviera un descontrolado tic que no
podía parar.
Con la cara tensa sus ojos se volvieron amenazantes.
Insolente, me dijo con los dientes hablando lento, roja
como un tomate, asegurándose que el mensaje había
llegado.
Pensé en Nico mientras lo hacía.
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Andrés Urrego
10
La práctica matinal me dejó como una muñeca de trapo.
Como una de esas que no es capaz de sostenerse sola.
Lo días habían pasado y aunque Nico pesaba menos, casi
no pude caminar ni mover los brazos cuando salí del agua.
El cronometro pareció darse cuenta de ello.
El cronómetro, y alguien que seguía con inusitado interés
los movimientos de mi práctica desde la tribuna, como lo
supe después.
Buena práctica, me dijo Carito con un abrazo.
Admiraba en ella la capacidad de ver el vaso medio lleno.
No creo. No logro llegar a mis tiempos, dije con la voz
caída.
El vaso medio vacío.
Date tiempo. Tómalo con calma.
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SUEÑOS AJENOS
El vaso medio lleno.
Sí, pero la cantaleta de Raúl me desespera. Está igual a mi
madre.
El vaso medio vacío.
No le prestes atención. Él sabe que eres buena. Por eso te
exige. Pero concéntrate en estar a tono para los
campeonatos. Los entrenamientos no dejan de ser eso,
entrenamientos, comentó haciéndome ver el vaso medio
lleno. A propósito, dijo. Que haces ahora?
Nada. Voy para la casa. Porque?
No. Solo quería saber.
Quieres que hagamos algo? Propuse.
No solo pregunté por preguntar.
Entré sola a los camerinos. Caro iba hacer no sé qué
diligencia o una llamada y siguió por otro camino.
Aproveché el momento para despejar la mente Para
alejarme de la ansiedad y la tensión. Pensé en los tranquilos
que habían sido los últimos días sin la presencia de Nico,
aunque seguían apareciendo llamadas perdidas en la pantalla
del celular.
Se revolvió algo en el estómago.
51
Andrés Urrego
Solté una débil carcajada al verlo.
Qué haces acá? Fue lo único que pude decir con la cara roja
como un tomate.
Observar a la próxima campeona mundial, respondió
entonando cada palabra de la frase.
Siiii? Y donde ésta?
Al frente mío.
La cara seguro se puso más roja.
Que te trae por acá? Pregunté de nuevo con las piernas en
un solo temblor.
Tú.
Yo?
Si. Tú.
Y eso?
Vine a invitarte a una deliciosa, cremosa y caliente taza de
chocolate, dijo a la vez que levantaba el brazo para que lo
cogiera de gancho.
No hay como una deliciosa, cremosa y caliente taza de
chocolate, después de un duro entrenamiento, acepté con
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SUEÑOS AJENOS
sorpresa dejándome llevar por él como si fuera una muñeca
de trapo, como una de esas que no se pueden sostener
solas.
Caminamos juntos hacia la puerta.
Lo hicimos como cuando una sale de la iglesia después de
haberse casado. No quedó faltando sino la marcha nupcial,
pues por esas cosas raras femeninas, llámese sexto sentido,
intuición o brujería, volteé la cabeza. En la distancia, como
fisgoneando entre las cortinas, Caro y mis amigas del
equipo no se perdían la movida de un catre mirando ocultas
tras el marco de una puerta. El eco de sus risas golpeó
contra las tribunas cuando me despedí de ellas alzando el
brazo y tirando la cabeza hacia atrás. Conociéndola algo
tuvo que ver con aquel inesperado encuentro.
A qué se debe éste milagro? Pregunté mientras
esperábamos el pedido.
Haciendo un poco de inteligencia deportiva.
No entiendo. Como así?
Es que soy el entrenador del equipo de natación de la
Universidad del Sur, y analizo a mis posibles competidores
para planear una buena competencia.
QUE? TU?
53
Andrés Urrego
Si. Yo.
No es justo. Me estabas espiando?
Para nada. Solo observando.
Pero eso es trampa.
Trampa? Si te hubiera engañado con mentiras. Pero mira
que te lo estoy diciendo, anotó con certeza.
Quedamos en silencio mientras servían el pedido. Sus ojos
eran dos rayos de luz que parecían tenerme toda entre ellos.
Sin embargo lo veía algo inquieto.
La verdad quería verte. No veía la hora de hacerlo, dijo
aclarando el tono de su voz.
Sus palabras me obligaron a pasar el chocolate caliente.
Puse la taza sobre la mesa de inmediato al escucharlo decir:
me gustas.
Ahogada, tratando de controlar la respiración, aireándome
la boca con las manos, traté de hablar para agradecerle el
cumplido, pero la sensación de que algo se movía en el
estómago me produjo un nudo en la garganta que evitó que
las palabras fluyeran solas, libres, y solo pudo escucharse el
sonido estrangulado, sofocado y agobiado de: Sí? De
verdad? que salió como desde lo profundo del pecho.
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SUEÑOS AJENOS
Te disgusta que lo haga? Preguntó posiblemente
preocupado por mi cara de asombro.
No. Para nada, respondí aclarando la voz todavía con el
fastidio en la tráquea. Me halaga que lo hagas. Lo que pasa
es que me coges desprevenida. Acabo de pasar por una
relación algo...tormentosa, y no me siento preparada para
una nueva. No todavía, terminé aclarando.
Entiendo, dijo lento, bajando los hombros y acomodándose
en la silla mientras daba un sorbo a su taza de chocolate.
No te preocupes. Solo quería que lo supieras. Soy
consciente de que las cosas deben llevar su ritmo.
Continúo con Pipe hablando de nuestras vidas después del
achante.
Ambos lo estábamos. Yo, por lo halagada, sorprendida, y
porque en el fondo el tema de Nico no lo tenía superado.
Él, porque con toda seguridad esperaba una respuesta
diferente.
Me contó que era hijo de ingenieros que lo mantenían al
rojo vivo porque había decidido estudiar lo que él quería,
sociología, y para la familia era una deshonra, pues era una
carrera para vagos, locos y desubicados mentales, y que
ceñidos al discurso popular, era una que no daba dinero, ni
prestigio social.
55
Andrés Urrego
Me contó también que su pasión era la música, y que fue
por medio de ella, que conoció al hermano de Caro, cuando
tocaban juntos en una banda que participó en un festival de
rock, unos años atrás. Que componía canciones para
cantare al amor, a la paz, al cuidado de la tierra, criticaba sin
ofender a nadie, y que llamaba a la reflexión de lo vacío
materialista del mundo hoy.
Decía eso y dos rayos de luz aparecían en sus ojos.
A pesar de sus veinticuatro años, había tenido tres novias,
dos de ellas en los últimos seis años, creía en el amor a
primera vista, que tenía el palito para los intercambios, para
los viajes al exterior, pues a toda a la que se le acercaba, le
quedaban meses para irse a otro país, y el compartía el
dicho de que amor de lejos amor de pendejos, por lo que
decidía dar todo por terminado. A parte de eso, me dijo que
le gustaban las cosas tranquilas, estables, pero que
infortunadamente el mundo estaba en otra tónica por lo
que era mejor solo que mal acompañado.
Para decirte la verdad, continuó, te conocí porque algún día
le dije a Caro que necesitaba una buena niña de novia, una
que me quisiera bastante, que me cuidara como un bebé y
ella contestó: te la tengo y me invito a la fiesta de Carlos
donde te conocí.
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SUEÑOS AJENOS
Todo se planeaba por días pero en el último momento, ya
cuando íbamos a tu encuentro, algo pasaba, dijo mirando a
la distancia.
Nico apareció en mi cabeza cuando escuché aquello.
57
Andrés Urrego
11
Sentada, peleando con los ojos, disimulo estar en clase de
teoría económica.
El sistema económico, es la estructura de producción, de
asignación de recursos, de distribución y consumo de
bienes y servicios en una economía, fue lo último que
alcancé a escucharle al profesor, antes de entrar en un
estado letárgico que confundía imágenes de los primeros
días con Nico, con los conceptos básicos de los diferentes
tipos de sistema económico.
Un chocolate salido de sus manos con un acto de magia.
Una rosa saludando al abrir la puerta, o su cara cuando
menos lo esperaba.
Un te extraño en la pantalla del teléfono en mitad de una
clase.
Su voz en la primera llamada deseándome feliz día, y en la
última dulces sueños, me hicieron creer que el príncipe azul
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SUEÑOS AJENOS
había llegado para salvar mi vida. Mi vida amorosa. Aunque
no pasábamos mucho tiempo juntos dado sus obligaciones
familiares, el poco que se podía tener, se disfrutaba al
máximo.
Nunca tuve porqué dudar de sus intenciones. Mi sentido de
tener relaciones libres, espontaneas, sin ningún tipo de
ataduras ni compromisos, no me hicieron extraño el hecho
de que no me visitara tanto. Además siempre había una
disculpa debido al compromiso que tenía con los negocios
familiares, en especial con aquellos que quedaban por fuera
de la ciudad.
El profe hablando de mercantilismo, interrumpe mis
pensamientos.
Explicaba qué se fundamentaba en promover el comercio
exterior, y que se dio por allá en los siglos diez y seis, diez y
siete y mitad del diez ocho, y nosotros apenas comenzando
hablar del asunto, con razón el atraso, me digo para mí,
cuando el profesor me cogió fuera de base, preguntando
que en países se había dado.
Me puse a mirar el ventilador del salón a ver si encontraba
la respuesta, pero al ver que no respondía, me dijo:
Señorita Pérez, la veo mal. Muy mal. Le Pasa algo?,
preguntó y continuó con la clase mirándome de reojo cada
vez que podía.
59
Andrés Urrego
Seguí escuchándolo u oyendo más bien, pues su voz sonaba
como metida entre una caja, con los recuerdos de Nico
retumbando en mi cabeza.
Pensaba en aquel momento donde todo comenzó a
cambiar.
Fue en una fiesta de amigos.
Bailaba con Nico el tema: Una Canción, de Los de Adentro,
que sonaba en ritmo de bossa nova. Lo hacíamos de
manera lenta, con sus brazos alrededor de mi cuello, los
míos en su cintura, mirándonos a los ojos, rozándonos los
labios, y yo con la piel erizada por completo.
Llegué a pensar que eran las vueltas del baile y lo torpe que
era Nico para hacerlas, lo que me tenían los ojos dando
vueltas. Casi me voy de espaldas en una de ella y si no fuera
porque estábamos abrazados, me voy al suelo. Lo hice con
fuerza como para asegurarme de no caer.
Te sientes bien? Preguntó.
No te preocupes, conteste con dificultad pues sentí la
lengua pesada.
Quieres que nos sentemos?
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SUEÑOS AJENOS
Sí. Vamos a tomar un poco de aire por favor, le dije
cogiendo su mano y dirigiéndonos hacía la terraza del
apartamento.
Me abrazó apenas nos sentamos.
Lo hizo acariciando mi cabeza como si me arrullara para
hacerme dormir. La verdad fue que al hacerlo me mareaba
más, pero el momento ameritaba un esfuerzo mayor a pesar
de lo indispuesta que estaba. Cerré los ojos para sentir su
cuerpo, sus caricias, su calor, su voz diciéndome tranquila,
ya va a pasar, te vas a mejorar, y yo pensando tan lindo, tan
especial, cuanto te amo, mientras él me besaba en la frente,
en la nariz, en las mejillas, en la boca, en el cuello y quise
meterme dentro de él, y ser parte de él, y sentí que aquel
momento era único, creado para nosotros, para nuestro
amor, o lo que tuviéramos, así que me acomodé mejor, lo
miré a los ojos y lo besé.
Sus dulces labios mordisqueando con suavidad mis labios.
Su lengua tibia rozando con libertad la mía.
El mareo, la música, el bullicio, la gente, desapareciendo
como por arte magia.
Una ráfaga de escalofrío recorriendo y estremeciéndome el
cuerpo.
Yo húmeda. Inquieta. Impaciente.
61
Andrés Urrego
Lo alejé de mí.
Esquivando sus brazos me levanté, y me dirigí hacia el
balcón tratando de calmar aquello. Que va a pensar? Me
dije para adentro caminando indecisa, alineando con
esfuerzo mis pasos uno tras del otro, nerviosa al creer que
sus ojos estaban sobre mí, y con la cara roja como un
tomate al pensar que la humedad era evidente.
Pasa algo? Susurró a mis espaldas besándome el cuello
mientras me abrazaba.
No pasa nada, contesté en tono seco escurriéndome entre
sus brazos. Voy al baño, dije huyendo a paso ligero.
Me quedé un buen rato encerrada ante lo incómodo de la
situación. Divagué al imaginar sus pensamientos. Nada
buenos deben ser, llegué a pensar. Ahora creerá que soy
fácil, que soy una cualquiera, y quise huir del lugar y no
volverlo a ver cuando sonó un golpe en la puerta y una voz
se escuchó al otro lado diciendo:
Estas Bien?
Con voz entrecortada, dudosa respondí:
Sssi. Creo que me pase en el licor. No estoy acostumbrada a
tomar.
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SUEÑOS AJENOS
Pero si no has tomado mucho, dijo. Te serví tal y como lo
pediste: Poco ron y muuucha Coca Cola. Además solo
fueron dos vasos.
Si pero no me cayeron pesados, contesté apenada. Creo que
es mejor que me lleves a la casa, dije saliendo apresurada del
baño.
No nos dirigimos la palabra. Avergonzada todavía, clavé la
cara contra el vidrio de la ventana del carro, buscando huir
de aquella realidad, y me limite a mirar pasar la ciudad
durante el camino. Hice fuerza porque Nico no dijera nada.
No quería escucharlo preguntar las mismas estupideces de:
que te pasa? estas bien? Te molesta algo? Que le hacen a
una cuando la ven callada, ida, o elevada pensando cosas.
Es un vicio que nos pica en la lengua a todos pues nos
molesta el silencio, o simplemente nos carcome la duda por
meternos en la cabeza del otro y conocer sus pensamientos,
su privacidad, como una forma de marcar nuestro territorio
y no perder el dominio de él.
Por eso respondí de mala gana cuando me preguntó que si
estaba bien.
Agradeciéndole el haberme invitado, me despedí
aclarándole que la había pasado bien y que me disculpara
por el malestar.
63
Andrés Urrego
Él me dijo que tranquila, que no fue nada, que eso le
pasaba a cualquiera máxime cuando no se estaba
acostumbrado a la bebida.
Se acercó como para besarme. Recuerdo que alcancé a
cerrar los ojos esperando el encuentro, pero éste no llegó.
Solo sentí su voz en mi oído diciéndome en tono de
secreto que si quería ser su novia.
Con la cara roja como un tomate le respondí que no. Que
no me sentía preparada y que no era el momento.
Discúlpame, terminé diciendo.
Intenté bajarme apresurada del carro ante lo sorprendida
que quedé con mi respuesta, pero él me agarró y preguntó
que porque no. Era claro que si quería ser su novia pero el
miedo, la pena, quien sabe que, se impuso en aquel
momento.
Por qué no? Pregunto de nuevo. Por qué? Yo pensé que
nos gustábamos, me dijo con las cejas arriba.
Por qué no? preguntó el profesor sacándome del recuerdo,
sin poder darle una respuesta ante lo despistados que
estaban mis pensamientos.
La veo mal señorita Pérez, la veo mal...terminó diciendo
mientras se alejaba hacia su escritorio, aconsejándome que
debía cambiar aquella actitud tan poco conocida en mí.
64
SUEÑOS AJENOS
12
Sentado con Carlos, Nico compartía una cerveza hablando
de cómo había terminado la fiesta, mientras como si fueran
jurados de reinado, calificaban las niñas que pasaban por el
frente.
Sabías que Lucy está saliendo con el amigo de Caro?
Preguntó con algo de ingenuidad Carlos.
Con quién? Respondió Nico con acento de asombro.
Con Pipe. El amigo que Caro llevó a la fiesta. Me enteré
que han salido un par de veces. Pensé que lo sabías.
No. Pero me alegra, terminó diciendo con esfuerzo,
incómodo con la noticia.
Quiso cambiar de tema.
Trató de hablar de fútbol, de política, de la mujer que acaba
de pasar, de su nueva relación, de tomarse otro trago, sin
embargo el desconcierto que tenía le jugó una mala pasada,
y lo obligo a preguntar que como se había enterado.
65
Andrés Urrego
Habló sin aire. Con los labios blancos.
Carlos extrañado contestó que Caro le había contado que
en el último entrenamiento, el man le había caído por
sorpresa, invitándola a salir. Lo mejor hermano, le dijo, fue
que Lucy se puso feliz y le dijo que sí.
Los vio besándose.
Los vio en la cama.
Imaginarlos le puso los pelos de punta, le alborotó el
estómago, le inquietó el alma divagando en su mente de
modo repetido, con los mismos pensamientos. Ya no
estaba allí. Las palabras de su amigo eran como ecos lejanos
que apenas podía escuchar. Las oía sin sentido pues no
entendía lo que decía, asintiendo con la cabeza cada frase
que éste decía.
Con el teléfono entre sus dedos, Nico lo gira con rapidez.
Amor, contesta, suena el timbre agudo de la voz de Marcela
en su celular.
Nico sobresaltado presiona la tecla de colgar y pierde la
llamada.
La voz aguda se escucha de nuevo. Nico se disculpa con
Carlos, se levanta de la mesa y simula contestar el teléfono.
66
SUEÑOS AJENOS
Alo? Alo? Dice en voz alta mirando a su amigo. Habla pero
lo hace presionado la tecla de colgar. Quejándose por la
mala señal, aparenta marcar el número y se aleja del lugar.
Hola preciosa, saludó con falsa zalamería
Hola.
Cómo vas?
Bien, contestó Lucía.
Qué pasa? Te siento seca y distante…
Nada. Que necesitas? Estoy ocupada.
Nos podemos ver? Quiero hablar contigo.
Hablar? No creo que tengamos nada para decirnos. Fui
clara en nuestra última conversación.
Uf muy clara. Y que pasó después? Que paso en la fiesta de
Carlos?
Bueno es que…
Es que nada Lucy, la interrumpió. Yo te conozco. Sé que
me amas y yo te quiero. Tratemos de aliviar nuestras
diferencias. Te prometo que esta vez las cosas van a
cambiar.
67
Andrés Urrego
Un silencio de duda quedo en la línea. El instinto de Nico
le indicó que iba por buen camino. Lucía luchaba con ella
misma. La racionalidad del sufrimiento, el recuerdo del
vacío, del dolor del después, le decían que no aceptara pero
su debilidad emocional y la absurda pasión, terminaron por
hacerla ceder.
No pasará nada, le prometió. Te recojo a las ocho.
Pasó por ella a la hora acordada. Fueron a la fiesta de un
amigo en común, sin mediar palabra en el trayecto. En el
sitio Nico estuvo atento como siempre. El licor, lo volvía
diferente. Especial, meloso, romántico. Bailaron en la
improvisada pista de baile como si fueran una pareja de
recién casados. Abrazados con todas su fuerzas. Ojos
cerrados. Lucía recostada sobre su pecho. Parecían en una
película de amor donde todo era perfecto, tranquilo,
pausado.
Nico acariciaba su cabello entre los dedos. Buscó sus labios
para besarla. Lucía huyó diciéndole que cumpliera lo
prometido. Él insistió con suavidad cogiéndola por la
barbilla, acercando sus labios a los suyos. Ella lo besó por
cumplir y se apartó de él.
Que querías decirme? Preguntó Lucía.
Nico le dio un beso.
Te extraño Lucy. No quiero perderte.
68
SUEÑOS AJENOS
Siempre dices lo mismo. No te creo.
Sé que soy raro para esas cosas del amor pero seguro te
amo.
Como será eso, contestó Lucía mostrando apenas una leve
sonrisa.
La abrazó fuerte y la besó.
Me amas? Le susurró en el oído.
Qué crees? Contestó ella.
Tú sabes que creo.
Qué?… cuéntame, Insistió.
Que me amas, alcanzó a contestar carraspeando la voz
Salieron al balcón.
Con sus ojos sobre los de ella le dijo:
No olvides que te amo Lucy. Nunca lo olvides.
Lucía trato de decirle que entonces porqué era así. Que por
qué no era especial con ella, pero Nico no la dejó modular
una palabra, dándole un beso que la dejó mirando para el
páramo, doblegando el ímpetu de su alma que terminó
69
Andrés Urrego
entregándose en un apasionado beso que no le trajo sino
problemas.
Intentó llevarla a un cuarto.
No. esta vez no, dijo ella ante el asombro de ambos.
Lo dijo con la certeza, con la seguridad que tenía de no
volver a repetir aquel ritual que le ensuciaba el alma y la
hacía sentir auto engañada.
Nico la sujetó con fuerza por lo hombros e insistió.
Eres mía, le dijo sacudiéndola de manera violenta. No lo
olvides. O es que te estás acostando con tu nuevo amigo?
Le preguntó abriendo los ojos de tal forma que casi podía
verse en ellos la fuerza de la ira que tenía.
Respétame, contestó extrañada con el reclamo.
Simplemente no quiero ser tu objeto de placer, contestó
con el susto en la mano al verle la reacción.
Nico se nubló en la rabia encegueciéndose por completo.
Sus ojos parecían echar fuego cuando la miraba. Sus ojos
desencajados parecían hablarle a otra persona cuando la
miraba.
Eres una perra. Quién sabe con cuantos te estás acostando.
Recuerda que yo fui el primero en tu vida y eso no va a
cambiar, continuó diciendo.
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SUEÑOS AJENOS
Cada palabra, cada insulto que lanzaba le perdía el
pensamiento. Le apretaba el estómago de odio llevándolo a
perder cualquier noción de cordura y respeto. Sintió deseos
de golpearla, de cobrarle la humillación por la que lo estaba
haciendo pasar.
Nadie juega conmigo, le dijo amenazante. Nadie. No ha
nacido la primera que se me niegue.
La jalo fuerte hacia el cuarto.
Lucía sin saber de dónde, sacó fuerzas y logró zafarse de él.
Pretendió correr en busca de ayuda, cuando una luz blanca
grisácea le cerró los ojos.
Nico estaba a su lado cuando llegaron los demás
preguntando extrañados que paso.
Lucía espantada estiro el brazo y pidió ayuda.
Perdóname. Perdóname, imploraba el desgraciado con la
cara llena de lágrimas.
Aléjate. Aléjate de mí, ordenaba entrecortada, abrazada por
alguien que le decía que se tranquilizara confundiéndose
con él: No quise hacerlo. No quise hacerlo, que escuchó
antes de perderse entre la gente.
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Andrés Urrego
13
Con dificultad me puse de píe.
Casi no lo hago a pesar de que alguien me ayudó.
Por orgullo, por no darle gusto, me aguante la llorada. Pero
el dolor de alma que casi me quiso tragar guardó lo que
sentí. Aquello llegó al máximo. Todos los desplantes, lo
prostituta y sucia que me había hecho sentir me llamaron a
la realidad e impidieron que la evadiera como otras veces.
Era tiempo de vivirla y encararla. Dentro de mí, sabía que
algún día eso iba a pasar. Ya había recibido algunas señales
cuando no se hacía su voluntad. Pero una enamorada
siempre piensa que todo puede cambiar, en especial cuando
se cree haber encontrado el príncipe azul.
Boba ilusa.
Continué escuchando su voz entre la gente. No quise
hacerlo, decía. Perdóname pero me llevaste a eso, gritaba.
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SUEÑOS AJENOS
Como si fuera yo la que debiera, agarré mi bolso y salí
sobre los pasos. Con ironía pensé en cómo era la vida.
Ahora resultaba que la culpable era yo. Culpable por
hacerme respetar. Por hacerme valer. Por ponerle fin a algo
que me hacía daño y me tenía sufriendo de tiempo atrás.
Llegué a casa entrada la madrugada después de caminar por
horas. Esperé la reprenda de mi madre por llegar tarde pero
como la última vez, no apareció. Subí las escalas pisando en
puntas huyendo del ruido. Entré al cuarto y me encerré en
aquel ennegrecido mundo que oculto el dolor con el que
llegaba. A tientas me tiré sobre la cama. Cogí la almohada y
escondí mi llanto hasta que el cansancio me pudo.
Suena el despertador con un zumbido que se mete en tu
cabeza. Suena y me hace doler más el cuerpo. Suena y
pienso en el entrenamiento. Suena y me avisa que estoy
demorada para hacerlo. Suena y me duele todo.
QUE. TE. PASO? Preguntó Carolina al verme.
Dormí mal, contesté con la voz hecha un temblor.
Dormí mal? O no dormiste...querrás decir.
Si lo hice pero no logré conciliar el sueño.
No me engañes Lucy, que te pasó? Mírate, insistió.
73
Andrés Urrego
La voz de Raúl intercedió por mí. El entrenamiento iba a
comenzar y su grito dando órdenes se metió entre nuestra
conversación.
Caro me miró como diciéndome que el asunto quedaba
pendiente y que no me iba a salvar de contarle. Yo contesté
bajando la cabeza, escondiendo mis ojos de mirada perdida,
rabiosa, que no daba más, mientras escuchaba a medias en
el fondo las indicaciones de lo que debíamos de hacer.
Para que negarlo sino me veía bien. Para que negarlo si era
obvio que no estaba allí, y los problemas me tenían abatida.
Para que negarlo si él me conocía desde niña y sabía a la
perfección cuando los cosas andaban por camino
equivocado.
Como el golpe de Nico recibí la noticia de que estaba
retirada del equipo. Esta vez el golpe fue adentro y acabó
por hundirme.
Los campeonatos están cerca y no te veo preparada, inició.
Tengo entendido que no vas bien en tus estudios. Algunos
profesores se han quejado por tu falta de atención. El
director dio la orden de suspenderte hasta que no cambies
tu comportamiento. Más importante Lucia, recuperarte a ti
misma, habló en tono paternal. No sé qué es lo que te pasa.
Has cambiado mucho. Analízate, solo tú tienes la respuesta.
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SUEÑOS AJENOS
Sus palabras me apachurraron el alma. Lo único que faltaba,
pensé caminando hacia los vestidores. Mi única vía de
escape, mi desahogo.
Los ojos de Caro me acompañaron hasta perderme. Intento
decir algo pero Raúl la llamó para continuar con el
entrenamiento.
En la puerta de salida me volteo a mirar.
Cabizbaja miré a mis compañeras, me despedí de ellas con
el golpe de Nico en el pecho. Ellas me responden con
medio cuerpo afuera, apoyadas en sus codos. Me gritan que
ánimo, que yo puedo, que lo voy a lograr y que me estarán
esperando para salir campeonas. El golpe de Raúl lo siento
en el alma.
Una lágrima rueda por mi cara. Son como mis hermanas,
pienso.
Caro sale del agua y me alcanza. Me abraza y me dice en el
oído:
Cuenta conmigo.
Que me pasa? Sollozo abrazándola con fuerza.
Tienes que ser fuerte. Hay que superar este momento. Eres
capaz. Eres una campeona no solo en el agua. Se sincera
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Andrés Urrego
contigo misma y busca tus propias respuestas. Ahí está la
clave. Sabes dónde encontrarme.
Salió corriendo con los ojos encharcados.
Sola, apesadumbrada, con la lluvia sobre mi cabeza, inicié
el regreso a casa. Lo único que mantenía equilibrado mi
atormentado mundo, se esfumaba de mis manos. Algo
debía de estar haciendo mal para que las cosas se
derrumbaran de esa manera. Primero Nico. Ahora Raúl,
cada uno a su manera, golpeaba de forma certera mi
esencia, mis sueños, mis ideales, tumbándolos como un
castillo de naipes que cae ante el mínimo movimiento del
viento.
Que fragilidad de vida, pensé.
Avanzaba en mi ruta cuando la imagen de mi madre cayó
en mi cabeza. Un escalofrío subió por la espalda pensando
en lo que iba a decir a penas le contara lo que pasó.
76
SUEÑOS AJENOS
14
Debo aclarar mi vida, me dije con la lluvia en la cara
caminando hacia mi casa.
Las consecuencias de mi desbordada pendejada eran claras.
Pendeja por creer en un amor eterno e idílico que no me
cansaba de esperar. Por creer que todo era puro y que podía
cambiar. Por tener un oído débil fácil de convencer ante la
primera palabra de amor que escuchaba.
Me sentí sola.
Más sola que nunca.
Sola porque pensaba que era algo mío, de nadie más, y que
la solución estaba dentro de mí, y que como fuera la debía
77
Andrés Urrego
de encontrar. Ese era mi próximo fin. Aunque sabía que iba
a ser duro, el tiempo me ofrecía una oportunidad, un
espacio para indagar y aclarar muchas cosas.
Bajo un pequeño alerón que lo invitaba a no mojarse de la
lluvia, me esperaba con un ramo de flores y una caja de
chocolates en la mano. Le sonreí por cumplir, por no
desplantarlo por ser atenta, pero los rezagos del llanto me
evidenciaron con rapidez.
Que cara la que traes. Estas bien? Saludó Pipe
recibiéndome en sus brazos.
No alcancé a decir que si cuando su hombro me recibió
para llorar.
Caí en él como si lo esperara toda una vida. Lloré
exorcizando mi tristeza mientras él acariciaba mí cabello
con suavidad, escuchando en silencio el collar de lágrimas
que colgaba de mi alma.
Llora tranquila, me dijo. Llora que llorar cura el alma.
Traté de decirle que no daba más pero el dolor en la
garganta no me dejó hablar con claridad. El llanto
acumulado evitó sacarme las palabras y parecía más bien
hacérmelas tragar, cuando quería decirlas y expresar algo.
Toma aire, me dijo. Respira profundo.
78
SUEÑOS AJENOS
Nada me sale bien. Tengo la vida enredada, le dije
tomando aire entre las palabras.
Qué fue lo que pasó?
Prefiero no hablar del tema. No todavía....Por favor.
Entramos a la casa. Recordé que mis padres se encontraban
de descanso en la finca de los abuelos, lo que me dio un
poco de respiro al saber que aplazaría la discusión con mi
madre para otro momento. Aproveché para subir y
cambiarme de ropa.
Quieres tomar algo? Ofreció él mientras subía las escaleras.
Si por favor. Café podría ser.
La cocina?
Por aquella puerta, señalé.
Dos tazas servidas sobre la mesa echaban humo cuando
bajé. Qué bien huele, dije por hablar y romper el silencio
que había. Sentado me miró como si quisiera estar dentro
de mí y saber qué pasaba. Estiró el brazo y me invitó a
sentar.
Lucía, dijo aclarando la voz. Sé que apenas nos conocemos
y no quiero entrometerme en tus asuntos. Dime en que te
puedo ayudar. Qué te pasa?
79
Andrés Urrego
No Pipe. Es algo mío. De adentro. No puedes ayudarme en
nada. Es algo personal que debo de atender sola, contesté
con taco en la garganta.
Los problemas se atienden mejor cuando puedes
compartirlos con alguien, insistió. Es lo mejor. Te lo
sugiero, terminó diciendo pero no contesté nada de
inmediato.
Jugué con la taza de café girándola para calentarme las
manos. Como encajonada entre su cuerpo quise abrazarlo y
darle un beso, pero me dije que no era prudente. En
realidad estaba preocupado. Se notaba en su cara.
No soy sicólogo pero si tú crees…,
Gracias Pipe, pero atenderé esto sola, interrumpí ante la
insistencia.
Guardó silencio de nuevo.
Lo hizo solo por un momento. Luego explotó.
Nada ni nadie tiene porque hacerte sufrir. Por lo que sé y
he visto eres una mujer bella, sensible, que cualquier
hombre quisiera para él. Para su futuro. Para siempre. Vales
mucho para estar sufriendo con los desmanes de alguien
que no te valora, ni te quiere, me dijo como si supiera lo
que pasaba. Es justo que te des una oportunidad en la vida.
El amor no es para sufrir. Aunque se terminé sufriendo.
80
SUEÑOS AJENOS
La verdad no sé cuál es tu problema. Pero quiero ser parte
de la solución. Por grave que sea o pienses que es, debe
tenerla, de lo contrario, no sería problema.
Escucharlo hablar me movió el corazón. Lo abracé fuerte.
Como para que sintiera mi corazón latir.
Gracias por lo que dices. Por tus palabras tan bellas. Pero
sigo segura que la tarea la debo de hacer sola. Ten la
seguridad que cuando solucione mis asuntos vas hacer el
primero en saberlo. Extraño o no. Oportuno o no, no
quiero perderte. Por eso es mejor tomar mi tiempo.
El momento no pidió menos.
Un beso profundo, apasionado, lleno de amor, de amor
verdadero nos dimos sin mediar palabra.
Que cómo sé que fue de amor verdadero?
Por como lo sentí: Cálido, dulce, suave, esponjoso, podrían
definir algo. Pero fueron los latidos de mi corazón los que
lo aseguraron. Y el brillo de sus ojos lo confirmó.
Con la vista enlagunada, lo vi partir. No hubo necesidad de
palabras, ni de promesas. El beso de amor selló nuestro
pacto. Uno que se mantendría hasta que fuera necesario.
Al regresar a la sala, en la mesa, un ramo de flores tapaba la
caja de chocolates con una tarjeta. La abrí. A su puño y letra
81
Andrés Urrego
decía: Para la más bella y hermosa. Para una que vale la
pena amar por quién es…Lloré.
82
SUEÑOS AJENOS
15
Aquella tarde durante el almuerzo familiar las cosas con su
madre, se subieron de tono. Ella se había enterado por
medio de una de sus amigas, que Lucía había sido retirada
de forma temporal de equipo de natación, y aprovechó el
momento para reclamar acerca del bajo rendimiento
académico y deportivo que tenía en la universidad.
Sentimientos de indignación e ira salieron de Nora, quién le
reprochó su actitud y comportamiento.
Quién sabe en que estas metida. Seguro consumiendo droga
con los vagos de tus amigos, le dijo. O acostándote con el
uno y con el otro si medir consecuencia. Crees que no sé
qué en los últimos días llegas en la madrugada? Haciendo
83
Andrés Urrego
nada bueno, respondió ella misma. No sirves para nada.
PARA NADAAAA, Grito dejando en el aire el eco de las
injurias.
Humillación sintió Lucía después de cada frase lanzada por
su madre.
Tristeza fue lo que la embargo a medida que escuchaba la
retahíla de insultos.
Mantuvo la boca cerrada con las palabras para responder a
cada improperio, y decirle que la respetara, que las cosas no
eran así, que en el fondo era porque estaba sufriendo y no
tenía con quién compartir, y que ella también era
responsable pues nunca se preocupó por sus problemas, ya
que solo vivía pendiente del qué dirán, de no caer en la
boca de nadie, y de fingir un estatus que no había ayudado a
construir, pero sabía que era meterse camisa de cuatro varas
en una discusión de nunca acabar y como siempre,
terminaría sin ser escuchada o como la culpable de todo lo
malo que pasaba en su casa.
Al ver el cuadro Luis, su padre, intervino para controlar la
situación, que ya se salía de cauce.
Tú no te metas, dijo Nora en tono amenazante, con mirada
de piedra. Los fracasados no hablan aquí. Eres responsable
de lo que le está pasando a ella.
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SUEÑOS AJENOS
De qué es lo que soy responsable? Sabes que es lo que le
pasa? Le has preguntado? Te lo has preguntado siquiera?
Porque para tu sorpresa, yo sí...
Ja. Ja. Ja, interrumpió Nora. No vengas ahora con
preocupación por las cosas de la niña cuando nunca te han
importado. No te las tires de ángel guardián.
Nunca? Siempre lo he hecho. En la distancia, pero lo he
hecho. Pero tú manía posesiva y egoísta no me ha dejado
acercar a ella. Siempre hay una disculpa para alejarla de mí:
Porque es una niña. Porque ya no lo es. Porque son cosas
de mujeres. Siempre mal pensando...
Que tal. Como se te ocurre decir eso, volvió a interrumpir
carraspeando la voz. Demuéstralo.
No tengo porque hacerlo. Eso lo sabes adentro de ti. No
puedo negar que hasta para eso tienes habilidad. Para hacer
creer a los demás que son culpables de todo lo malo que te
pasa. Que siempre mal interpretan lo que dices o haces y
terminas siendo la víctima.
Demuéstralo te digo. Mentiroso. Embaucador. Mira lo que
has hecho, dijo dirigiéndose a Lucía, quién observaba
atónita lo que pasaba.
La sensación de desespero en la boca del estómago, le
dobló si esencia. Nunca había visto a sus padres discutir de
aquella manera. Y menos por su culpa.
85
Andrés Urrego
No eres responsable de esto Lucía, expresó Luis todavía en
tono tranquilo. La vida misma se encargara de demostrar lo
que digo. Lo hará en su momento. Volteó sus ojos hacia
Nora y le dijo: Por ahora te ordeno dejar a la niña tranquila.
No la presiones más.
Miró de nuevo a Lucía y le dijo con voz temblorosa: Cuenta
conmigo hija. Busca tu felicidad. No la de los demás. Por tu
estudio no te preocupes. Es mi obligación ofrecértela y no
pienso incumplirla. Piensa en ti. Recuerda. Está en juego tu
felicidad, no la nuestra ni la de nadie más. Lo que no hagas
por conseguirla, créeme, nadie lo hará por ti. No hemos
sido buenos amigos. Por ahora solo te digo que eres mi hija
e independiente de lo que te pase, lo seguirás siendo. Te
amo desde lo más profundo de mí ser y puedes contar sin
condiciones con mi apoyo.
Lucía quedo sorprendida con lo que dijo su padre.
Siempre tuvo la idea que era un ogro exigente e
incomprensivo, a quién nadie se le podía acercar.
Escucharlo la movió por dentro. Su corazón acongojado,
abatido, latió más fuerte que nunca. Con Pipe también lo
había hecho pero de manera diferente.
Lo miró a los ojos.
Los suyos llenos de lágrimas pero sin caer.
86
SUEÑOS AJENOS
Lo miraba esperando una señal que le permitiera lanzarse
sobre él. Lo hacía con los ojos del gato con botas cuando
quería desarmar a Shrek, en el momento en que se
encontraron en el bosque. Luis lo notó. Abrió sus brazos,
esbozó una leve sonrisa, y con la cabeza la invito a que se
acercara.
Sintió el calor de su amor cuando la abrazó.
Uno que no quema, ni deja enfriar. Uno qué casi puede
palparse, saborearse y que parece decirte: no te vayas.
Recordó la falta que le hacían. Recordó cuando de niña se
enroscaba entre su cuerpo buscando calor en medio de una
noche fría, o su protección en medio de una tormenta de
truenos, o simplemente cuando el temor por las sombras, o
los ruidos extraños, no la dejaban dormir.
Recordó todo aquello y le dijo:
Te amo Papá. No quiero perderte.
Nunca me has perdido, contestó Luis con la cara roja,
aguantando en la garganta las ganas de llorar. Nos alejamos
un poquito tal vez. Cuenta conmigo. No olvides lo que te
dije. Solo tú. Primero tú y luego los demás.
No lo haré papá, respondió ella sollozando con suavidad,
estrechando su cuerpo contra el de él.
Nora observaba la escena.
87
Andrés Urrego
Sentada en posición recta, con los ojos abiertos por
completo, cruzada de brazos, vio a su hija envolverse en
los brazos de su padre.
Ahora resulta que la mala soy yo, comentó levantándose del
lugar a paso ligero.
Nadie ha dicho eso mamá, dijo lucía abriendo sus brazos
para que ella llegara al lugar, pero Nora continuó su camino
sin voltear a mirar.
Por primera vez no se preocupó por la reacción de ella. El
amor, respeto y respaldo de su padre, le dieron confianza
en aquella oportunidad. Se sentó en sus piernas, recostó la
cabeza en sus hombros, y vinieron imágenes de cuando era
pequeña y simulaba estar dormida para que la cargara y la
llevara al cuarto.
Hace tiempo no me lees un cuento, le dijo hablando como
niña pequeña.
Estas hecha una mujer, respondió Luis.
Sabes que lo extraño? Nunca supe porque dejaste de
hacerlo.
Su cara denotó que no tenía respuesta. O que tal vez
teniéndola era mejor guardarla para siempre.
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SUEÑOS AJENOS
Lucy: no te vas a pelear con tú mamá. Trata de entenderla.
Su vida no ha sido fácil. Es una mujer buena llena de
miedos y eso ha hecho que su forma de ser en algunas
ocasiones, no sea... la mejor
Pero papá siempre...
Pero siempre nada. Prométeme que no vas a ser grosera
con ella y la vas a entender. Es tu madre de todos modos.
Promételo.
Haré el esfuerzo, terminó diciendo en tono de rendición.
Pero...
Pero nada, terminó por decir Luis. Quieres que te lea un
cuento?
Subieron las escalas cogidos de la mano, con la risa en sus
caras.
Nora los miraba oculta en una habitación, con lágrimas en
sus ojos.
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Andrés Urrego
16
Un día que lucía diferente.
Un día nuevo para cosas nuevas.
Eso sentí al despertar en la mañana.
El inesperado respaldo de mi padre opacó por completo la
tristeza que llevaba encima. Era el momento de iniciar mi
liberación, mi nueva vida. Voy a cambiar, me dije con
sinceridad. Personas y cosas por las que luchar, esperaban a
que lo hiciera.
Sobre la cama mirando al techo.
Sobre la cama los recuerdos llegan a mi cabeza.
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SUEÑOS AJENOS
Como los de aquella tarde.
Llegó más especial de lo normal. No lo esperaba ese día.
Una pequeña rosa entretuvo mi mirada mientras entraba. El
ritmo de la sangre en mi cuerpo, se aceleró. Le di un beso y
un abrazo de agradecimiento por el detalle.
La tarde era soleada y el sol se despedía mostrando un
profundo naranja que se mezclaba entre sus rayos. Había
decidido que de aquella tarde no pasaba. Que no aplazaría
más el momento, pues con creces sabía que lo amaba.
Hablábamos de nada en particular. Hablábamos de cosas
que no llevaban a nada, que no tenían fin, ni sentido, pero
que no eran más que la excusa para huirle al momento. Era
el susto que imagino les da a los hombres cuando le van a
caer a una mujer. Sé que eso no se usa, pero para mí era
importante hacerlo.
De un arrebato tomé la iniciativa. Un beso robado, corto o
largo que sé yo, para mí fue corto, le di para su sorpresa.
Lo besé con dulzura, suavidad. Lo besé declarando mi
amor. Diciéndole que lo quería para mí, solo para mí.
Besé sus labios. Su cuello. Su cara.
Susurré al oído te amo, cuando besaba su cuello.
Que dices? Preguntó con la cara roja como un tomate.
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Andrés Urrego
Que te amo, le dije entregada a su mirada.
No digas eso que tú sabes que a mi……
No te gusta. Lo sé, dije terminando la frase. Quería que lo
recordaras.
El brillo de mis ojos lo miraba diciendo te amo.
Mi cara con el sol encima le decía te amo.
Mi voz pidiendo que fuéramos novios le decía te amo.
Mi abrazo esperando la respuesta le decía te amo.
Me separó de su cuerpo con suavidad. Una sonrisa
incómoda me recibió cuando vi su cara. Una sonrisa que
contestó que no. Que simplemente no, cuando pregunté
porque.
Perdiste la oportunidad el día que yo te dije y te negaste a
ser mi novia.
Qué? Recriminé sorprendida con lo que decía.
Yo no soy plato de segunda mano, enfatizó cada silaba.
Me ofendes. No pienses eso. En aquel momento no me
sentía preparada. Acababa de tener una relación difícil. Ya
te lo he contado.
92
SUEÑOS AJENOS
De todos modos. Todo se da en el momento que es… Ni
antes ni después.
Entonces solo vale para tu tiempo? No el mío?
Las cosas son así. Podemos seguir siendo amigos como lo
hemos sido hasta ahora. Pero novios? Ya no, se respondió.
No me interesa. Tu por tu lado, yo por el mío, sin
compromiso, acabó diciendo.
Quise decir algo pero nada salió. Me quedé con la boca
abierta intentando responder, pensando, rebuscando
palabras para enfrentar aquello, pero nada salió. Fue como
si me hubiera entrado el mutismo, como si la mente se
pusiera en blanco para defenderme, para no dejarme sufrir,
y escapar de aquel inmundo silencio que dejó su respuesta,
una que no lograba entender pues sus hechos, su
comportamiento, daban a entender lo contrario:
Visitas sorpresa. Llamadas inesperadas. Una flor, un
chocolate, una canción. Una escena de celos. Que más
quería? Sus mensajes eran claros o yo los quise ver así.
Guardé silencio.
La noche cambió el semblante de la cita. Al igual que ella,
se nubló. La alegría con la que había comenzado se
convirtió en un sombrío momento en donde los
pensamientos y las palabras, no sabían qué hacer. Con la
mirada perdida, simulé ver el cielo.
93
Andrés Urrego
No hubo más abrazos. Más caricias. Más besos.
Con los días junto con ellos se fueron las llamadas y las
visitas.
No lo quise perder. Mentalmente asumí el rol de novia que
no tenía. Aproveche la cotidianidad de nuestros días para
estar juntos, verlo, oírlo, amarlo. Amarlo en silencio como a
nadie más. Por mucho tiempo mantuve una relación que
nunca existió, y que se volvería tormentosa y oscura como
aquella noche en la que su rechazo me dejo vuelta nada.
Por aquellas cosas que una nunca logra entender, el destino
se encargó de “fortalecerla’. Los encuentros casuales o no,
se incrementaron en sitios en los que nunca pensábamos
coincidir. Estuviéramos con quién estuviéramos, un juego
de miradas, reclamos y actitudes coquetas alimentaron mi
ilusión.
Mí noviazgo con Nicolás Restrepo, había nacido.
94
SUEÑOS AJENOS
17
Las cosas entre Nico y Lucía cambiaron desde el no de la
primera vez.
Su orgullo, el de él, llegó al suelo pues nunca antes una
mujer se le había negado. Controló con esfuerzo los
impulsos de aquella noche en que con estupidez le declaró
su amor.
Nico aburrido al frente de la televisión.
Al frente de sus ojos, pero sin ver nada. Mirando como si
algo se interpusiera entre ellos. Pasando imágenes en su
cabeza buscando que hacer, pues el tedio se lo quería
comer. Una de ellas fue la figura de Lucía. Llevaba días sin
saber de ella. Pensó en sorprenderla.
95
Andrés Urrego
Dada la cercanía prefirió hacerlo a píe. El aire le caería bien
y la tarde ameritaba la caminada. Faltando poco para llegar,
entró en el ante jardín de una casa cercana, y cogió una
solitaria rosa que colgaba del arbusto para con ella
sorprender a su amiga.
El timbre sonó.
Su voz, la de ella, contestó preguntando quién es. Lo hizo
tres veces pero no encontró respuesta. Despreocupada
abrió la puerta El rojo intenso de la flor se robó sus ojos.
La cogió entre sus manos, lo abrazó y lo recompensó con
un beso. Sintió que se iba a morir. Que su corazón se iba a
parar de lo fuerte que palpitaba. Que Nico era el hombre
más lindo y especial del mundo. Se sintió volar.
Nico la sintió cursi y aburrida. Trató con sutileza de
separarla pero no fue capaz. No pudo con el desborde de
alegría que Lucía le ofrecía.
Observando el atardecer.
Lo hacían en silencio, admirando los colores que produce la
naturaleza en un atardecer de verano, cuando de manera
sorpresiva recibió a Lucía en sus labios. Un beso largo,
carnoso, suave, libidinoso le estremeció el cuerpo.
Respondió llevándola hacia él. Estirando su cuerpo sobre el
suyo. Besándola apasionado con su lengua.
96
SUEÑOS AJENOS
Se acomodan en el mueble.
Se acomodan con Lucía arriba de él.
Lucía lo besa entregada. Apasionada.
Le besa el cuello. Lo hace mordisqueando con la punta de
sus labios. Lo hace y Nico se estremece de nuevo. Lo hace,
y la siente mover. Lo hace, y él se mueve también.
Lucía besando su oído. Con la lengua sobre él. Le muerde
el lóbulo, y Nico la abraza con fuerza, y la aprisiona con los
brazos.
Ella lo siente. Se siente ella. Lo siente a él y se mueve para
bajar la tensión. Le dice susurrado te amo, pero a Nico le
dice frenar en seco en la cabeza y le pregunta qué fue lo que
dijo? Lucía sin entender el momento repite, y él la
interrumpe con el comentario de que no le gusta escuchar
eso, y por dentro se siente incómodo, plástico, como si la
voz proviniera de un muro, pues el interés por ella no
trasciende a lo afectivo. A lo romántico. A lo amoroso.
Ella dice que sean novios, y el estómago de Nico se
revuelve. Se revuelve con solo recordar el día que ella le dijo
que no, y lo dejó mirando para el páramo, como si él fuera
un estúpido, un don nadie.
No. Ya no. Contestó templando los dientes.
97
Andrés Urrego
Lucía pidió una explicación, y Nico pensó en su padre, en
lo que decía respecto a que a un Restrepo no se le niega
nadie, y que en cosas del amor todo tenía su momento, por
lo que nunca se debía arrodillar ante una mujer para
suplicar amor, a insistir que lo quisiera, o que fuera su
pareja, pues eso era caer muy bajo, y un Restrepo no estaba
para eso.
En silencio sintiendo el momento.
Lucía desolada con la mirada perdida sin saber qué hacer.
Nico sin ver el momento de salir de allí.
No lo hizo pensando en el futuro. En la posibilidad de que
otras cosas pudieran ocurrir. No quiso cometer un acto de
descortesía que le pudieran cobrar más adelante. Pensando
en eso, se quedó acompañándola en aquel silencio que se
tornaba pesado y tedioso.
Después de aquel día Nico decidió alejarse de ella. Con las
palabras de su padre en la mente, huyó para enfriar las
cosas y evitar exponerse a una situación como la vivida.
Sin embargo se dio cuenta que los encuentros se volvieron
comunes.
Nico entendió que las coincidencias no eran producto del
azar. Que ella le seguía los pasos sin saber cómo.
Aprovechando aquello su mirada cambio de perspectiva. La
98
SUEÑOS AJENOS
oportunidad que tanto buscó se presentaba ante sus manos
sin forzarla, y el destino la ofrecía en bandeja de plata.
Con miradas de coquetería la mantuvo en la mira.
Con las llamadas ilusionada.
Todo lo que hacía apuntaba a que Lucía se convenciera de
que la amaba, y que seguro era su orgullo el que no permitía
que las cosas avanzaran entre ellos.
El plan empezaba a funcionar. Uno construido como tejido
en filigrana, que cambiaría las cosas entre ellos.
99
Andrés Urrego
18
Llevaba días en modo reflexivo. Con facilidad perdía la
concentración en lo que hacía con recuerdos de aquellos
momentos que quería borrar. Mi madre reclamó varias
veces al encontrarme con la vista perdida, aduciendo que
quién sabe en que estaba metida, o que de quién estaba
perdida de amor, que ya no la sorprendería con nada, y que
como yo ya era la niña consentida del papá, ella no era
importante para mí.
Al principio la enfrenté diciendo que dejara de ser boba,
que parecía una niña con ese tipo de actitudes, que me
dejara tranquila pues no ayudaban para nada, pero quise
entender que lo hacía para descomponerme, hacerme sentir
mal, así que aprendí hacer oídos sordos a lo que decía y
100
SUEÑOS AJENOS
encarar mi proceso sola, y verla a ella y sus actitudes como
parte de él.
En una de esas perdidas, cayó en mi mente aquella noche.
Como era común en él, me sorprendió con su visita. Había
pasado tiempo de no vernos y la discordia generada por
nuestros rechazos era historia.
Por casualidad, aquel día la familia estaba completa y
dispuesta a cenar. Mi madre lo invitó a pasar a la mesa. De
días atrás quería tener una conversación seria con él, una a
la que yo me había opuesto por razones obvias, pues no
veía que reclamar dado que el enredo era mío, pero ella
insistía que cuando tuviera la oportunidad para hacerlo,
aclararía con él las cosas.
Aquel fue el día.
Sentados a la mesa, hablando de temas triviales, la cena se
vio interrumpida con la pregunta de madre.
Nico ustedes dos tienen algo?
Mamá, atiné a decir con el bocado en la boca sorprendida
con el comentario, roja como un tomate.
A que se refiere con tener algo señora? Respondió Nico
encarándola con los ojos.
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Andrés Urrego
Me refiero a que ustedes que son? Amigos. Novios,
enfatizó ella.
Solo amigos. No tenemos nada más que una buena relación
de amigos, respondió con los ojos sobre mí. Por qué lo
pregunta señora? Respondió cambiando la mirada hacia a
ella.
Con voz débil, aclarada con un ahogado carraspeo. Con los
ojos como buscando ayuda, respondió que no preguntaba
por nada en especial, que preguntó pues era mi madre, y las
madres lo quieren saber todo, y que como él me visitaba y
me llamaba con relativa frecuencia, quería aclarar nuestra
situación.
En el fondo lo que buscaba era la razón de mis cambios.
Unos que me alejaban de mis amigos, que me encerraban
en el cuarto por horas, por días, pero que parecían no tener
culpable aparente, pero que en el fondo le aseguraban que
Nico era el responsable.
En silencio terminamos la cena comiendo a los trancazos.
Casi podría asegurar que todos aceleramos el ritmo para
hacerlo. Mi padre incluso, permaneció con los ojos clavados
sobre el plato, con los dedos de los pies encogidos como lo
había hecho siempre que mi madre cometía una
imprudencia.
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SUEÑOS AJENOS
Salí de la mesa tan rápido como pude. No podía esperar a
que Nora saliera con otra de las suyas. Nos retiramos hacia
al estar del jardín. No fue sino sentarnos cuando Nico
arremetió con el asunto.
Tu madre porqué salió con eso? Le has dicho algo?
No. No he dicho nada. Mis cosas son mis cosas. Sin
embargo piensa en cómo las ve ella. Tu llamas, me visitas,
salimos juntos…Que más podría pensar?
A propósito de salidas. Con quién bailabas la última vez que
nos encontramos? Preguntó haciendo referencia a nuestro
último encuentro en una discoteca.
Con un amigo, respondí
Y...él te invitó?
No. Hacía parte del grupo con los que estaba. Porque?
Me parece que bailaban muy pegados. Como
muy…insinuante.
Insinuante para quién? Yo no le vi nada de malo. Además el
baile es así.
Ten cuidado, no me gusta eso.
Que dices? Y Porque?
103
Andrés Urrego
No. Simplemente no me gusta.
Y desde cuando tu opinión es importante aquí? No veo el
derecho a reclamar. Tú sí?
Pueees no...Peero...contestó entrecortado, con voz gangosa.
Y sabes qué? … no lo vuelvas hacer, me envalentoné a
decirle interrumpiéndolo. Yo salgo con quién quiera y
cuando quiera. Así como también lo puedes hacer. No
crees?
Hablaba en serio. Sin embargo aquella escena de celos me
gustaba pues alimentaba mi ego haciéndome sentir amada,
importante. Los celos eran una forma clara de manifestar su
amor, llegué a pensar.
Algo disgustado se levantó de la silla y se dirigió hacia la
puerta sin despedirse. Lo acompañé y justo antes de partir,
se volteo y me dijo:
No quiero volver a verte con nadie.
Cerré la puerta feliz con lo que había pasado. Nico me
amaba y acababa de demostrarlo. Con la felicidad iba hacia
mi cuarto cuando de las sombras de la sala, salió la voz de
mi madre.
Lucia. Cuál es tu interés con ese muchacho? Estoy
preocupada…preguntó en tono de reclamo.
104
SUEÑOS AJENOS
Interés de que mamá? No quedo clara la respuesta que te
dio?
La verdad, no. Crees que no escuché lo que te dijo al salir?
Con esa respuesta no queda nada claro. Ese muchacho no
me gusta. Se nota a leguas que te tiene envenenada.
No exageres mamá. Ya te dijo que no tenemos ningún
compromiso. El comentario lo hizo porque no le gustó un
amigo con quién bailaba la última vez pues lo conoce y dice
que no es de buena reputación.
No quedo muy segura. No quiero verte sufrir más adelante,
por no tener precaución. Concéntrate en tus estudios y en
la natación.
No te preocupes, terminé diciendo.
En la intimidad de mi cuarto, recordé las palabras de mamá.
En el fondo tenía razón. Pero mantenía la esperanza de que
Nico fuera mi príncipe azul. Estaba celoso y eso era bueno,
me dije animando a mi alma a seguir esperando. Es tímido y
orgulloso. Con el paso del tiempo cambiará. Me aseguré.
Un golpe en la puerta me trajo de nuevo al presente.
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Andrés Urrego
19
El teléfono timbra una y otra vez.
Timbra desesperado porque lo contesten.
Lo miraba repiquetear. No corrí como siempre pues ya no
esperaba su llamada, ni quería hacerlo, pues su golpe aún
me dolía.
No corrí como aquella tarde cuando llamó para invitarme...
Un amigo suyo hacia una fiesta según recordé y quiso que
asistiéramos juntos. No lo dudé.
Y por qué diría que no lo iba a hacer, si cada que sonaba
corría como una loca afanada por contestar, convencida de
106
SUEÑOS AJENOS
que era él para decirme que me había pensado mucho, que
estaba arrepentido y que ya venía para arreglar las cosas?
Porque le iba a decir que no si por eso me mantenía
dispuesta, emperifollada como una reina para no perder
tiempo en caso que llegara de afán y me dijera nos fuimos, y
me cogiera fuera de base hecha un trapo sin maquillarme y
perdiera todo el impulso, porqué el amor entra y se sostiene
por los ojos, y era mejor evitar.
Al borde de la locura me llegué a sentir.
Muchas veces fue así.
Loca esperando una llamada que no llegaba.
Esperando un amor que no aparecía. Locuras que la vida
recompensa en el momento en que una menos la espera.
Por eso lo esperaba lista. Esperando la mía. Así es el amor.
Impredecible. Demente. Irracional. Cuando no es que una
termina enamorada del hombre equivocado, o que no sirve
para nada.
Le dije que sí.
Que contara conmigo así me tocara llegar sola pues él no
podía recogerme esa noche.
Como me iba a corresponder hacerlo tantas veces más por
la misma razón.
107
Andrés Urrego
Llegué tarde.
Aunque estuve lista con tiempo, demoré la llegada pues no
quería ser evidente. No quise que pensara que me tenía
entre sus manos, que podía llamar cuando quisiera y que la
boba corría dispuesta para él así en el fondo fuera verdad,
pero siempre era mejor hacerse la dura, la desinteresada,
teniendo en cuenta que ni tanto que queme al santo ni tan
poco que no lo alumbre.
Recorrí las habitaciones de la casa como si nunca hubiera
estado allí. Como león enjaulado entraba y salía de ellas
como si buscara algo, como si con eso lograra que el reloj
se moviera más lento, o la espera más larga, pues la cosa no
era de afanar sino de frenar, escondiendo el nudo de la
ansiedad que se da en el estómago cuando una quiere que
las cosas se den de inmediato.
Con zalamera atención me recibió presentándome ante sus
amigos. Lo hizo colocándome en un pedestal como la más
de las más, como su amor platónico, como si fuera la
primera vez que tenía la oportunidad de verse conmigo.
Con sorpresa recibí tanto elogio, en especial después de que
las cosas se habían enfriado lo suficiente como para que la
relación idílica que me había metido en la cabeza, solo fuera
sostenida a punto de señas, miradas y voces silenciosas que
se emitían en la distancia.
Sentí licor en la boca cuando me besó.
108
SUEÑOS AJENOS
Quieres tomar algo? Me dijo con voz enredada.
Estas bien? Pregunté algo inocente.
Sí. Un poco prendolo pero bien. Quieres tomar algo?
Repitió
Esteee. Bueno. Gracias
Que se te ofrece: Ron. Vino. Whisky. Aguardiente.
Ron con muuuucchha Coca Cola está bien.
Me entregó el vaso de ron por la espalda. Lo hizo como si
me abrazara.
Con los labios en el oído me dijo:
Estas muy linda.
Te parece? Contesté intentando mirar hacia atrás sin
lograrlo.
Sí. Mucho. Más que linda, hermosa. Que te hiciste?, susurró
en mi oído.
Las notas de su voz recorrieron mi cuerpo, dejando un
cosquilleo a su paso que bajo hasta la punta de los pies.
Nada especial, respondí. Será porque me recogí el cabello?
Pregunte con la cara roja como un tomate.
109
Andrés Urrego
No lo sé. Estas hermosa, dijo reparando mi cuerpo con la
mirada de arriba a abajo, y con un beso que me acabó por
doblar el corazón apenas se separó.
En corrillo, separados, departiendo con los demás.
Yo con ellas hablando de moda, de música, de estudio, de
amigas en común, de nadie, pues no conocía a ninguna.
Él con ellos de fútbol, de carros, de culos, de tetas, de la
cara tan linda, de negocios.
Continuó galante, especial. Un par de tragos me sirvió al
ver al vaso vacío.
Sus ojos me buscaban con frecuencia para darme un guiño,
una mirada coqueta. Sus labios se movieron para preguntar
si la pasaba bien, mal, o para enviarme un beso con el aire.
Aunque separados, nos tuvimos el uno al otro durante la
noche.
Se acercó de nuevo.
Agarró mi mano, me llevo a la terraza.
Me rodeo con sus brazos. El tibio calor de su cuerpo cubrió
el frío de la noche. Me llevó hacia a él con fuerza, y me
preguntó al oído por el novio.
Quién? Sabes que no tengo, contesté tratando de zafarme.
110
SUEÑOS AJENOS
El man del otro día en la discoteca.
Qué? Como te atreves? Te aclaré que no éramos nada. Que
era parte del grupo de amigos con el que iba.
Verlo celoso me animó. Percibir lo especial y entregado que
estaba me llevo a pensar en lo mucho que me amaba y que
aquella noche iba a ser especial.
Simplemente para recordarte que no me gustó, dijo
No me tienes porque recordar nada. Es mi vida. Te repito
lo que ya te he dicho: Yo salgo con quién quiera y tú no
tienes por qué meterte en eso, terminé diciendo entonada,
con la cara rígida y tiesa, pero animada pensando que aquel
era el día.
A propósito ya que estamos de reclamo, veo que desde
hace días sales con la misma persona. Quien es ella?
Nadie. Una amiga de la universidad que al igual que tú, va
dentro del grupo de amigos con el que salgo, sonrió Nico
de manera incómoda.
Ah sí? Al igual que tú? Qué tal que reclame la forma como
bailan. Y algo te debe mover ella, pues hasta donde sé, a ti
no te llama mucho la atención el baile. Así que...
Estee….eh…..bueno….dijo con la voz enredada y rojo
como un tomate.
111
Andrés Urrego
Debe de ser alguien muy especial para que hagas esee….
Sacrificio? Insistí al verlo contrariado para fastidiarlo más.
Nnnoo. No es eso. Es que estoy tratando de cambiar.
Cambiar? Ay….mi amor. Qué respuesta es esa?
Bueno, interrumpió. Y tú que reclamas? No tienes por qué
hacerlo.
Nada. No reclamo nada. O tal vez sí: lo mismo que tu…lo
encaré sonriendo con picardía.
112
SUEÑOS AJENOS
20
Abrazados, besándonos.
Besándonos con el calor subiendo por mi cuerpo.
Subiendo y bajando en armonía con sus besos. Con los
míos. Con los trompazos del corazón que quería salirse.
Te amo, dijo de forma súbita, seca después de besarme los
labios.
Todavía entre sus brazos, me metí un trago largo de licor
para pasar el comentario. Lo hice abriendo los ojos,
subiendo las cejas, frunciendo la frente, apretando con tanta
fuerza el vaso que llegué a pensar que lo iba a volver harina
113
Andrés Urrego
entre mi mano. Lo hice con la sensación de nudo en la boca
del estómago, la cual calmé metiéndome un trago más.
No quiero perderte, enfiló mordisqueando el oído.
El calor seguía subiendo y bajando, agitando mi respiración.
Besé los suyos y le dije:
Por qué dices eso si a ti no te gusta? Y lo besé de nuevo.
Me separo colocando con suavidad su mano sobre mi
barbilla, y como si me aconsejara me dijo que no me quería
dejar, que lo perdonara pues había sido un guevón, y que el
orgullo le pudo, pero que seguro no iba a volver a pasar,
que le diera una oportunidad, y yo comencé a sentirme
redimida, a tragármela entera creyendo en sus palabras, y en
la mente le decía tan lindo, tan hermoso, lo sabía, y dejé el
vaso sobre la mesa, y con ambas manos, con la punta de los
dedos le estire las mejillas y le dije:
Te amo. Tú lo sabes. Eres mi vida, y le di un beso como
para que no se me fuera el momento, para que no se fuera
él.
Perdóname Lucy, insistía acariciándome la cara, el cuello,
los senos con sus besos, labios, con su lengua, y yo lo
correspondía abrazándolo con fuerza aprisionándolo hacía
mí.
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SUEÑOS AJENOS
Respirando profundo y fuerte.
Apasionada con el alma entregada.
Sus manos sujetando con firmeza mis caderas por entre los
pantalones. Sus labios besando los pezones por encima de
la camisa, y la cálida humedad latió al ritmo de su erección
que me puso las piernas a punto de desfallecer cuando me
llevaba hacia él.
Todo pareció detenerse a nuestro alrededor. Entregados el
uno al otro, a nuestra pasión, a nuestra emoción, a nuestra
excitación, perdimos el control del tiempo, del sonido, de
los que nos rodeaban.
Me cogió de la mano y subimos al segundo piso. Era claro
hacía donde nos dirigíamos. No quise preguntar pues lo
obvio del momento tornaba estúpidas las respuestas, las
cuales no dependían de la razón, ni de la lógica, sino del
amor y del delirio, o de la irracionalidad de la pasión y el
instinto humano.
Abrió la primera puerta que encontramos. Lo hizo sin
esfuerzo mientras me besaba. El reflejo de la luz de afuera
nos mostró la habitación: Una rosada con una cama grande
acompañada de dos nocheros, era vigilada por la mirada fija
de las muñecas que se encontraban sentadas sobre un
mueble de madera.
No enciendas la luz, le dije antes de que lo hiciera.
115
Andrés Urrego
Me cogió de la mano y me sentó.
Uno a uno ganó los botones de mi camisa mientras me
besaba. Uno a uno desabrochó los del pantalón acariciando
mi cuerpo, mi piel. La cálida humedad seguía latiendo
dentro de mí, fuera de mí, y me tenía con los sentidos
despiertos, abiertos, esperando el momento.
Sus labios mordisquearon mis senos. Mi cuerpo se tensó y
quiso decirle te amo, pero la voz se ahogó en el placer, y
solo emití un leve gemido que apenas se escuchó, y solo
pude cogerlo por la cabeza mientras mi cuerpo se doblaba
de emoción, y le acariciaba el cabello como si tratara de
guiarlo, orientarlo y controlar su movimiento sobre mi
cuerpo, llevándolo por aquellas zonas que me excitaban
más.
Desnuda me acostó.
Tendido a medias sobre mí, rozó con su dedo mi vida, mi
energía y volví a doblarme en dos. Un lamento de placer
opaco, como escondido, alargado, dije con los labios de él
sobre los míos. La respiración entrecortada era fuerte y
profunda. La cara roja como un tomate, gesticulaba de
placer a medida que lo movía.
Se desnudó sin darme cuenta. Noté el calor de su piel sobre
la mía cuando intentó abrirme las piernas, pero la tensión
que tenía no lo dejó.
116
SUEÑOS AJENOS
Tranquila, susurró con sequedad intentándolo de nuevo,
pero los músculos respondieron con el efecto contrario.
Sentí un cambio en su actitud.
La respiración se hizo fuerte y como si hubiera tomado
impulso, me abrió las piernas con toda su fuerza y se metió
entre ellas.
Con suavidad, le dije en tono de reclamo.
Sus ojos, sus otros ojos, me miraron de frente. La
respiración hacía fuerza. Una mano apoyada sobre la cama,
la otra sosteniendo su miembro calculando a tientas el lugar
para entrar.
No lo logró.
Qué pasa? Reclamó con algo de rudeza.
Eran las primeras palabras que me dirigía desde que
entramos al cuarto.
Tranquilízate, contesté hablando suave.
Lo intentó de nuevo y el desespero pudo notarse en su
actitud.
Me subió las piernas, y lo intentó una vez más.
117
Andrés Urrego
Una sensación de desagarre y ardor me recorrió. Quise
gritar pero me lo tragué.
Nico con la cabeza clavada en la almohada, me lastima con
su movimiento.
Lo siento quejar mientras lo hace.
En silencio, para mi sola le digo te amo. Te deseo, pero
quiero que acabes ya.
Su cuerpo se sigue moviendo con fuerza. Al mío le da pena.
La cálida humedad se va perdiendo con el paso de los
segundos. Solo quiero que se baje y me deje respirar.
El movimiento aumenta de ritmo. Nico estira sus brazos y
sube la cabeza como si fuera un lobo listo para aullar. El
choque de las pieles produce un ruido frío. Plástico, que
aumenta de cadencia cada ya.
Nico deja de respirar con la cabeza casi sobre su espalda.
Pasan uno, dos segundos y aúlla. Respira. Pasan uno, dos,
tres segundos, y gime entrecortado. Sus brazos ceden al
embate y clava de nuevo la cabeza contra la almohada
después de una larga exhalación.
Lucía con la vista en la pared, en el mueble con las
muñecas mirando impávidas como su alma se marchita.
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SUEÑOS AJENOS
Vístete. No quiero que nos descubran, dijo colocándose los
pantalones de manera apresurada.
Lo hice desolada, vacía, con el sueño de sentirme amada
intacto todavía.
Disculpé sus afanes pues era nuestra primera vez, y las
primeras veces no eran siempre buenas, y además el lugar
no se prestaba para hacerlo pues no había intimidad y
seguro que eso lo afanó, pues no quería que nos vieran, tan
lindo, preocupado por mí pensé, y lo vi esperando
impaciente en la puerta, insistiendo que me moviera.
Salí del cuarto con la cara roja como un tomate esperando
encontrar a los demás. En el fondo sabía que había pasado
pero la ilusión, el amor, distrajeron mis pensares.
Un par de parejas haciéndolo a punto de bluyín, quedaban
en la sala.
Salí de lugar huyendo a los sentimientos encontrados de
amor y suciedad que sentía.
Con los ojos aguados volví al presente recordando lo duro
del momento.
119
Andrés Urrego
21
Desde que supo de la fiesta lo planeó.
Sabía que llevaban tiempo sin salir y que con seguridad no
le iba a decir que no. Máxime después de mantener vivo su
amor a punto de miradas, celos, de reclamos injustificados,
que para ella eran algo supremo, pues le permitía seguir
soñando con un mundo de amor casi poético sostenido a
punto de sueños e ideales.
Por eso no desperdició la oportunidad que ofrecía la fiesta
en la casa de su amigo, una donde podría cumplir con las
pretensiones de estar con Lucía, contando con la discreción
de todos pues iban tras lo mismo, y calcular con fría cabeza
cada momento de la noche para lograr su prometido.
120
SUEÑOS AJENOS
Llegó primero según lo acordado.
Con la copa en la mano esperó a que ella lo hiciera.
Recorrió el lugar con los sentidos en la puerta, en la
ventana, en el teléfono, expectante a que apareciera, pero
Lucía no llegaba. Un trago de más, uno extra, se sirvió cada
que pasaba por el bar buscando que el tiempo corriera más
rápido y la espera se hiciera más soportable.
Ella por su lado no perdió detalle mientras se vestía y
maquillaba para el encuentro.
Pensaba en Nico antes de que cada raya de lápiz, de labial,
cada gramo de rubor se plasmara en su cuerpo para
adornarlo. Lo hizo lento, puliendo al detalle cada línea
buscando la perfección, una que lograra impactarlo de
primera, pues no había segunda oportunidad, ya que
quería dejarlo con la boca abierta, chorreando babas
dispuesto a jurarle amor eterno.
Se demoró para salir de la casa.
La recorrió de un lado para el otro como si la midiera con
los pasos, con los ojos en las manecillas del reloj pendiente
de que no se movieran o adelantaran, pues no quería salir
antes de lo previsto, y evitar caer en la trampa que cae la
enamorada que en su afán de mostrar amor al amado, se
expone a la manipulación, al chantaje emocional, a la burla,
121
Andrés Urrego
y en cambio era mejor no mostrar la bobada y ponerse
dura para tener al otro entre las manos.
Lucía llega y todo el mundo la mira.
Los ojos sobre ella, sobre Nico, y la belleza es la
reina de la noche.
Saludó con timidez.
Nico asombrado se apresuró para besarla y dejarle
el amargo sabor del trago que llevaba en la boca.
Orgulloso lo hizo con los ojos abiertos, mirando de
reojo a sus amigos, y a las que estaban con ellos,
como queriendo asegurar que se dieran cuenta que
era suya, que venía con él, y que nadie debía fijar sus
ojos más allá de lo propio.
Ella voló en la nube de la ilusión con la vista en
negro, mirándolo desde adentro, desde de su alma,
y la cosa no duró nada porque lo bueno es así, y él
se apartó para recorrerla con la mirada de arriba a
abajo, de abajo arriba, y decirle como estas de linda,
que linda, hermosa, y Lucía sintió felicidad en la
boca del estómago, y la sintió más cuando la
presentó ante sus amigos como la mejor de lo
mejor, como su amor platónico, su cuasi novia, y la
cautivada echando babas fue ella, quién quedó
122
SUEÑOS AJENOS
dispuesta a jurar amor eterno y enredada entre sus
brazos después de tanta palabra.
Los ojos de Nico vueltos libido.
Miran, detallan, desean.
Observaban diciendo como estas de buena, te
quiero para mí, solo para mí, pero su voz ofrece un
trago cuando quiere hablar.
Salió a buscar un trago con actitud de ángel
agradecido, de lo logré ya es mía, desfilando por la
sala con la mirada por encima del hombro,
simulando no ver a los demás como lo observaban
y envidaban su suerte.
Por la espalda la arropó entre sus brazos.
Le entregó la bebida, se acercó a su oído, y le
recordó lo bella que estaba. Quiso besarla, chuparle
con pasión el cuello, pero reconoció que no era el
momento ni el lugar apropiado, no para Lucía, no
para alguien a quién la discreción y la prudencia son
parte de su vida, pues no era de manifestar
sentimientos en público, y se dijo así mismo
tranquilo, calmado, no la vas a cagar, y la abrazó
123
Andrés Urrego
más fuerte al sentir que su piel y su cuerpo se
estremecieron.
Nico con sus amigos.
Habla con ellos. Solos. En corrillo.
Lo hacían de fútbol, de carros, de negocios, de
mujeres. De lo buena que estaba Lucía, que no iba a
esperar más, así que pilas hermano no me vayan a
dañar el parche, voy a subir y todo bien.
Como es la vuelta? Preguntó al anfitrión de la fiesta,
su amigo, con quién tenía todo cuadrado.
En cualquier habitación hermano, le contestó
indicando que como no había recibido reservación,
tocaba a la jura y todos muertos de la risa. No en la
de mis papás por favor, terminó anotando.
No la perdió de vista mientras hablaba con sus
amigos. Un guiño, una mirada coqueta, un beso
lanzado, le envió cada que sus ojos se encontraban.
Lo hizo hasta que se separó de ellos y fue a su
encuentro.
La llevó a la terraza.
Con el frío de cómplice, la abrazó. Quiso asegurarse
que nadie estuviera en su corazón antes de hacerla
124
SUEÑOS AJENOS
suya. Una fingida escena de celos inició
reclamándole por el novio, el de la discoteca, el de
la última vez, pero la respuesta lo dejó tranquilo al
saber que las cosas con él no habían trascendido.
Incómodo quedo en la boca del estómago al ver la
mordaz sonrisa que ella le dio cuando indagó por la
nena con la que salía. Aunque le dijo que no era
importante, su corazón latió con fuerza al saber que
su respuesta no era cierta.
La besó para calmar el momento.
Por distraerla, por desviar sus pensamientos, actuó
como un galán enamorado que llevaba tiempo
esperando la oportunidad para hacerlo, y concentró
la lujuria guardada en sus labios, elevando la
temperatura de ambos.
Te amo Lucy. Perdóname. No te quiero perder, fueron
algunas de las palabras que dijo de forma fría, calculada
pensando en la cama, y asegurando que entrarían al corazón
de la joven de manera certera doblegando cualquier amago
de duda o rechazo.
La besó de nuevo para ratificar que el mensaje había sido
copiado. Que los dos tragos con los que ella respondió no
eran problema y que la noche terminaría en la exitosa faena
de amor que había planeado por meses, y que no dejaría ir
125
Andrés Urrego
de ninguna manera pues no quería ser la burla de sus
amigos a la mañana siguiente.
La tomó por la barbilla.
Sin pestañear la miró a los ojos y entonó con suavidad que
lo perdonara, que no la quería perder, que la amaba, y todo
fue explosión de alegría y amor, más de amor que alegría,
pues Lucía sorprendida se la tragó toda y pensó tocar el
cielo con las manos, pues confirmó sus dudas en el fondo, y
Nico la besó, le besó lo senos, le tocó las nalgas
humedeciéndola hasta el cuello, y no fue capaz de pensar
más pues todo le temblaba, las piernas desfallecían y el
instinto de Nico le indicó que era el momento, que el alma
era suya y en silencio agarró su mano llevándola al segundo
piso.
Con el peso de la excitación en la boca del estómago
subieron asegurando que nadie los viera. Ingresaron en la
habitación, se sentaron en la cama y con dedos mágicos,
desabrochó uno a uno los botones de su camisa, del
pantalón, dejándola en la luz del desnudo.
Recorrió la humedad de su cuerpo con la mano mientras le
besaba los pechos. Una corriente de sangre subió por su
miembro y quiso que todo pasara. Se desvistió con el afán
en la mano e intentó con el entrar en ella. Tranquila, le dijo
con la respiración fuerte, pesada, en tanto lo intentaba de
nuevo, pero el impulso se frenó ante lo rígida y nerviosa
126
SUEÑOS AJENOS
que estaba Lucía, quién se vio sin aire al sentir la tromba
penetrando en sus entrañas.
Sus ojos cambiaron al hacerlo. Olvidó por completo las
frases de amor, de perdón, las caricias hechas a Lucía, las
cuales fueron cambiadas por la mirada ajena de la auto-
satisfacción, y la rapidez propia del egoísmo.
Vístete. No quiero que nos descubran, fue lo último que
dijo de manera seca, áspera, hastiado por salir de allí.
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Andrés Urrego
22
Caminando con el alma enlodada.
Cabizbaja, como si no quisiera avanzar, con la angustia en la
boca del estómago, cargaba con la pena y el vacío de una
noche equivocada. En la cabeza la ilusión, el deseo de una
noche llena de amor y pasión, sobre todo amor, seguía
intacto. Mil excusas me di para justificar aquella violación,
aquel atropello, buscando huirle a la culpa, a una realidad
que era así, y que no iba a cambiar pues fue creada e
idealizada por mí, y que oculté en un disfraz de amor que
solo yo podía entender.
Envuelta en mis pensamientos recordé cuando llegué a la
casa aquel día.
128
SUEÑOS AJENOS
Metí la llave en la cerradura y la giré lento. Abrí la puerta
con cuidado, despacio para no producir ruido y entré.
Que tal la fiesta? Me sorprendió mi madre oculta entre sus
sombras.
Bien, contesté sobresaltada apoyada en un sillón.
Quién te trajo?
Nadie. Llegué sola.
No estabas con Nico en una fiesta?
Sí. No. Bueno nos encontramos allá, contesté incómoda
con las preguntas.
Se encontraron? o fuiste con él. Es diferente.
Nos encontramos. Por qué? Respondí altanera, ofuscada
nerviosa con el interrogatorio..
Por nada. Solo por saber, anotó en tono de ironía
encendiendo la luz. Solo por saber, repitió mirándome en
detalle.
Un trago de saliva aguanté pasar.
Su mirada parecía decirme lo sé todo, no me engañas y te
vas ahogar de seguir así.
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Andrés Urrego
Recuerdas lo que te dije sobre Nico? Observó de nuevo.
Si mamá lo recuerdo, dije entre dientes.
Ojala sea así. No vaya ser que me decepciones, dijo
abriendo sus ojos y clavándolos sobre mí.
Quédate tranquila. No lo vas hacer pues no hay nada que
esconder. Pero tampoco me aislaré del mundo por eso.
Puedo seguir yendo a lugares en donde incluso él esté,
contesté haciendo lo mismo.
Con las manos aferradas a la cabecera de un sillón, las uñas
blancas de la fuerza que hacía, con el susto en la boca del
estómago, nos quedamos en silencio sosteniendo las
miradas. Un silencio tosco, pesado mantuvimos por un
rato. Ansiosa esperaba a que dijera más, que me
desenmascarara con lo que sabía, o con lo que yo creía que
sabía, que no era más que mi sentimiento de culpa
acusando y señalando mi pecado.
Voy a ducharme. La caminada me produjo calor, informé
sin motivo rompiendo la tensión del silencio. Que
descanses mamá, terminé diciendo mientras me volteaba.
Caminé con la seguridad de que sus ojos seguían sobre mí.
Lo hice indecisa, con algo de torpeza, apresurada sin afán,
por perderme de su vista. Una a una subí las escalas. La
tentación de saber dónde estaba, que hacía, casi me jalaba el
cuello.
130
SUEÑOS AJENOS
Oye, la escuché decir a mitad de camino.
Con la corriente de escalofrío por mi cuerpo, tragando
saliva del susto, la miré sin contestar. El sonido de aclarar la
garganta sonó en mis oídos. Con acento dulce y delicado,
como me hubiera gustado me hablara siempre, me dijo:
Descansa tú también.
Respondí con una sonrisa sincera al escucharla. Suspiré de
alivio ahogando un grito de emoción que quiso salir para
botar el enredajo que llevaba de sentimientos de rabia,
impotencia y estrés de una noche desafortunada.
Subí lo que faltaba a paso acelerado perdiéndome entre las
sombras del segundo piso de la casa. Iba roja como un
tomate.
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Andrés Urrego
23
Ojala sea así. No vaya ser que me decepciones, retumbó en
mi cabeza en eco, como si me hablara dentro de un tubo
mientras me desnudaba. Retumbaban en mi cabeza cada
que recordaba aquel día y los que vendrían después. La voz
de mi madre me persiguió hasta el último momento.
Entré a la ducha dispuesta limpiar y a borrar mi pecado. Un
chorro de agua fría me apachurró la piel. La restregué con
firmeza intentando quitar los residuos de los besos, las
huellas de las caricias, de la humedad del sudor producido
por el roce de la piel. Delicada froté mi vagina queriendo
perder cualquier marca que me indicara que él estuvo ahí.
Recordé el momento mientras lo hacía. El amargo sabor de
la decepción cruzó por mi boca. Quité el jabón con fuerza,
132
SUEÑOS AJENOS
y vi como la espuma blanca se llevaba consigo la sucia
noche por el sifón.
Me sequé mirándome al espejo. Desde afuera todo seguía
igual. Poro a poro reparé en el cuerpo tratando de
encontrar alguna maldita marca que pudiera recordar lo
vivido.
Con la nostalgia en la boca del estómago apagué la luz y caí
sobre la cama. El silencio de la alcoba me aturdió. Trate de
sosegar el revoloteo del alma poniendo la mente en blanco,
pero fue inútil. Mi mente recordaba su respiración, sus
gemidos, su grito lastimero cuando acabó con él, conmigo,
con el amor. Llena de luz pasé una a una las imágenes de la
noche como si se tratara de un carrusel de fotos que parecía
no tener fin.
Una sensación de soledad, vacío y frustración me acusó con
desdén y menosprecio. Sentí la fuerza de su peso arrugar mi
espíritu, presionarme el pecho, llevarme al taco de dolor
que da en la garganta cuando una quiere gritar, llorar,
explotar, pero por esas cosas de la vida nada sale, y todo se
queda adentro convirtiendo tu vida en un infierno.
Lo hecho, hecho está, me dije golpeando la cama duro para
calmar la cosa. No me dije con la intención de fresca, no
pasó nada, sino de pasar la página del pasado, pues lo que
importa es el futuro, y nadie más que yo me debía una
oportunidad.
133
Andrés Urrego
Reflexioné en mi relación con Nico.
Todo lo que esperé aquel momento para que saliera con
eso. Pero es que no era el lugar, me disculpé. Protegía mi
honra de los demás. Mi reputación, tan lindo, seguro la
próxima será diferente, y ahí sí se mostrará como es, un
dulce, un amor, un primor.
Las cosas van a cambiar, terminé por consolarme. Puedo
estar afectada y sensible, concluí con tonta e inocente
premura.
El cansancio, el desconsuelo, pudo con mis fuerzas. Eran
las primeras horas del día domingo y los recuerdos de la
noche anterior se asomaban prometiendo que no serían
fáciles de olvidar. Traté de organizar las cosas en mi mente
buscando algún dejo de especialidad que no encontré.
Dispuse en mi cabeza una versión que valiera la pena, que
mantuviera vivo el amor, pero las disculpas y excusas que
me daba solo lograron tirarme a aun profundo y monótono
letargo que terminaron por dormirme.
La imagen de un hombre haciéndome el amor una y otra
vez, de manera repetida, se iniciaba de forma recurrente en
mi sueño. Parecía como si fuera un rollo de película que no
quería acabar. La figura de mi padre y la de Nico aparecían
de manera intempestiva, confundida, una sobre otra. Con
vista profunda, penetrante, como si el mismísimo demonio
hubiese aparecido ante mí, abrí los ojos. Asqueada,
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SUEÑOS AJENOS
fastidiada, quise asegurarme que tal momento no existía.
Que no era más que una imagen de locura producto del
desespero y bajón que tenía.
Un pavoroso detalle terminó inoportuno con el sueño.
Nico, mi padre, o el que fuera, no llevaba condón mientras
remedaba hacerme el amor. Apreté los ojos arrugándolos
tratando de recordar si Nico lo llevaba en aquel momento.
Esforcé la memoria pero la verdad no logré ver nada.
Preocupada me senté en la cama. Susto, ansiedad, afán en la
boca del estómago, me impulsaron a llamarlo pero la hora
que tenía el reloj me detuvo para hacerlo. Debía esperar.
En el tic tac recién pasaban las tres de la mañana.
No faltaba más. Como no me di cuenta. Como no fui
precavida al momento de hacerlo. Como me dejé llevar por
la emoción, gritaba en mi cabeza agarrándome el cabello
como si quisiera arrancarlo.
Reclamándome intenté dormir.
Dos horas más peleé con la almohada, con la cobija, con la
cama, hasta que el cansancio pudo vencerme y me dejó
dormida.
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Andrés Urrego
24
El teléfono timbra cuatro, cinco veces.
Timbra y son las once y media de la mañana.
Es el día después de la primera vez entre Nico y Lucy y ella
sigue dormida.
Su madre ingresó a la habitación, la despertó y a punto de
señas, murmuraciones, le dijo: Nicolás en la línea.
Su cara con color de susto se ocultó en la habitación semi
oscura. La piel se erizó de frió al saber que era él. La
sensación de explosión de un rayo atravesó la boca del
estómago. Con el teléfono en la mano espero a que su
madre saliera del cuarto.
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SUEÑOS AJENOS
Alo? Contestó Lucía con la voz todavía gruesa.
Hola Lucy, como estas? Preguntó Nico en tono animado.
Dormida todavía. Apenas me levanto
Qué pena. Quieres que te llame más tarde?
No. No hay problema. Que quieres? Respondió con
sequedad.
Saber cómo estabas, repitió Nico.
No he dormido bien.
Y eso? Qué te pasa?
La verdad?
Sería lo mejor. No crees?, carraspeó la voz.
Lo de ayer no me gustó mucho. Pensé que sería diferente.
Y no lo fue? Presumió Nico
No. Para nada.
Y qué pasó? Porque?
Pensé que iba a ser más íntimo, más especial… Nico era
nuestra primera vez, reclamó
137
Andrés Urrego
Si...pero...Trató de hablar él.
Me ha dolido mucho. Entraste como una tromba
lastimándome el cuerpo, el alma. No tuviste ni una palabra
especial, ni un beso. Me hiciste sentir como un trapo sucio.
Como una cualquiera.
La primera vez siempre es difícil. Espera que la próxima
será mejor, explicó en tono convencido.
Era nuestra primera vez. Debiste ser más especial,
interrumpió. A propósito. Quiero saber algo? Continuó ella
Dime.
Te cuidaste? Utilizaste condón?
Su madre entró en la habitación en el preciso momento,
obligando a suspender la conversación. Simuló recoger
algunas cosas pero era claro que trataba de hilar lo que
pasaba con la pareja. Los ojos humedecidos de su hija,
llamaron su atención. Era evidente que estaba en
problemas.
Pasa algo? Preguntó
No mamá. Todo está bien.
Seguro? Enfatizó.
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SUEÑOS AJENOS
No contestó. No tuvo aliento para hacerlo. Apenada y
temerosa esperó a que su madre saliera del cuarto.
Disculpa Nico. Donde íbamos?, continuó.
Tranquila. Era tu madre?
Sí. Ya sabes como es.
Se dio cuenta de algo?
No lo creo.
Ella es hábil para detectar cosas.
Es verdad. Pero no creo que sospeche nada.
Lucy, me gustó mucho lo de ayer. Espera y veras que las
cosas cambiaran entre nosotros. Sabes que te amo como a
nadie. No te quiero perder y estaba un poco nervioso
también, dijo como hablando al vacío.
Lucía apretó el teléfono contra su pecho.
No sé... Vaciló en contestar con el recuerdo de lo dicho
todavía fresco.
Espera y veras. Date tiempo, la primera vez no es fácil…te
repito, le dijo tratando de calmarla.
139
Andrés Urrego
Esperemos a ver como se dan las cosas. No me contestaste
la pregunta que te hice ahora.
Cuál?
A cerca de si te habías protegido.
Si claro.
Me lo aseguras?
Sí. Quédate tranquila.
OK creo que nos hablamos luego. Estoy cansada. Te
parece? Colgó antes de escuchar la respuesta.
Colgó con sentimientos encontrados. Sabes que te amo
como a nadie. No te quiero perder y estaba un poco
nervioso, fue lo que quedó en la mente como si fuera lo
único que se dijo, y pensó en que tan lindo Nico, me ama, y
seguro estaba preocupado por mí, pues sino no, no me
llama.
Con la ilusión y la fantasía viva se despertó aquel día. La
pesadilla de la noche había terminado. Una oportunidad le
daría para comenzar de nuevo.
140
SUEÑOS AJENOS
25
Después de aquella llamada llegué a pensar que las cosas
serían diferentes. Sin embargo no volvió a aparecer sino
hasta casi dos meses después.
Ese es el recuerdo de nuestra primera vez, de la segunda, de
la tercera, y de no sé cuantas más en las que caí en lo
mismo, en la misma promesa incumplida.
Me di cuenta que cada que había un reencuentro, era repetir
un monólogo que no había cambiado en su guión.
Solo recordándolo aquella vez, caí en cuenta de ello. O
seguro que en el fondo lo sabía, y me hacía la boba, la
desentendida creyendo que todo no iba a cambiar.
Promesas hechas, promesas falsas de te quiero, te amo,
perdóname, voy a cambiar, eran el inició de nuestra
141
Andrés Urrego
conversación. Una que me ponía los pelos de punta, el
corazón a latir, y que terminaba creyéndolas pues tenía las
disculpas perfectas, por lo menos para mí, de modo que
todo concordaba, los datos, las fechas, las palabras, las
cuales salían a la medida de lo que quería escuchar.
Los encuentros no tenían nada de especial. Siempre fueron
en la casa de un amigo o conocido. Nunca solos. No en la
mía, no en la de él. Una improvisada invitación de último
momento me llegaba por teléfono e incluía llegar sola, pues
siempre había una excusa para no recogerme.
Con un amoroso saludo quiebra arranques de orgullo, me
recibía al llegar. Aunque no borracho, pasado de licor, tenía
los suficientes encima para doblegar su alma machista y
ponerme en un pedestal que me elevaba a la máxima
potencia haciéndome sentir como una diva, como la reina
de la noche ante mis ojos y los de los demás.
Su forma de tratarme era especial. No lo puedo negar. No
sé decir si era ese contraste el que llamaba mi atención. El
del déspota e hijo de puta que era cuando me dejaba como
una puta tirada con el alma sucia, versus el galán apuesto de
televisión que me recibía antes de hacerme sentir así.
Me enredaba a punto de atenciones, lengua y trago. Así me
llevaba de forma discreta, cauta, sin ningún tipo de
presiones a la cama.
142
SUEÑOS AJENOS
Baile aquí, baile allá. Beso aquí, beso allá. Caricia aquí,
caricia allá.
Los te amo, te extraño, perdóname, garantizaban cual
flecha punzante, asegurarme como presa. Las fibras y
nervios de mi cuerpo se doblaban como si fueran plástico
expuesto al calor. La confusión de sentimientos de amor, de
quererme sentir amada, mujer, de él, contradecían los de
no más, no quiero, no sufras, que aparecían opacados por
las deseos del goce que me elevaba hacia lo inevitable.
La rutina de cama no variaba substancialmente.
Entrada a la pieza, desvestida, revolcada, eyaculada, y
vístete rápido que nos van a atrapar, era el guión
argumental de nuestra película. Creo que me demoré más
narrando lo anterior que lo que pasaba en realidad. Siempre
terminaba solo, aullando en seco, opaco como un lobo, en
menos de lo que un segundero avanza al minuto. Tan poco
para cargar por días con la soledad, depresión y sucieda con
la que terminaba untada mi alma, que no eran fáciles de
llevar.
Siempre fue así. Nunca diferente. Asumo lo que me
corresponde pues por más que había intentado evitarlo, el
poder, la fuerza de la ilusión del amor terminaba
imponiéndose.
Salir del lugar era lo peor.
143
Andrés Urrego
Cargar con los ojos de los demás cuando volvía a aparecer
era cosa de locos. No había sito donde pudiera esconderme
y pasar la pena. Me sentía señalada, burlada, cuando no era
que todos los demás andaban encerrados haciendo lo
mismo, o en la misma sala como me tocó ver alguna vez.
Nunca le pedí explicaciones por eso, pero ahora entiendo.
La culpa es mía. Solo mía. Por ilusa, por boba, por lo que
sea, pero mía.
Huir era mi opción. Salir con el alma sucia, renegando de
mi existencia, de haber fallado a las promesas hechas,
inconforme conmigo misma de sentirme auto traicionada,
auto engañada, habían sido mis fieles compañías durante
aquellos momentos.
La última vez después de cumplir la rutina, decidí no
acceder más. Justo antes de hacerlo dije no más. Estaba
harta de lo mismo. Pero sobretodo de seguir siendo la
culpable, la humillada en una situación que como dije era
buscada por mí.
Aquella noche no seguí más el juego. Cuando lo obvio
mostró la ruta, le dije: No. no más.
Qué te pasa? Fue lo único que escuché decir. Tranquilízate.
Simplemente no quiero más. Ya te he dicho que estoy
cansada de lo mismo y hoy no quiero repetirlo.
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SUEÑOS AJENOS
Pero no me puedes dejar así…. Se acercó intentando
abrazarme y besarme de nuevo.
Aléjate. Te dije que no más, y estiré el brazo para evitar que
me tocara.
Su voz, su cara, su semblante cambió por completo. El
Nico amable, farfullero, que tenía todas las palabras en su
boca desapareció.
No seas perra. Como me vas a dejar así? Grito
agarrándome fuerte del brazo.
Suéltame. No quiero. No quiero. Te lo advierto Suéltame.
Logré zafarme con fuerza. En la disputa por soltarme le di
un golpe en la cara sin querer. Salí corriendo del cuarto, de
la casa y fui hacia la calle. Intenté correr y huir de allí, pero
para mi sorpresa Nico me haló del brazo y me tiró al suelo.
Sus sentidos estaban perdidos. Su voz olía a licor. Con
odio, ira, me miraba un Nico que no conocía.
Bajo el tono de su voz y dijo:
Espera Lucy... no te vayas... no me dejes. Me salí de casillas.
Aléjate. No quiero que me toques, grité llorando débil,
desesperada.
Juro que todo cambiara…va a ser diferente...
145
Andrés Urrego
No le creí. Intenté seguir mi camino.
No me provoques, amenazó hablando entre dientes al ver
que me iba.
Que vas a hacer Cobarde? Me vas a golpear? , lo enfrenté.
Volvió a tomar aire. Amago con irse pero se devolvió. De la
nada, como si fuera un fantasma, un golpe chocó de
manera seca, potente contra mi pecho. Caí al suelo. Por
protección, muerta de miedo me quedé quieta. No
reaccioné. Ni si quiera lloré. Acurrucada, espere lo peor.
Perdóname, perdóname, escuché sus gritos, con la
brutalidad en sus ojos y ante la mirada fisgona, morbosa de
sus amigos quienes no tuvieron el reparo de ayudarme.
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SUEÑOS AJENOS
26
La mañana amaneció diferente.
La sensación de vida, luz, claridad, despejó los momentos
de angustia, oscuridad que había vivido. Llevaba días con la
mente en el pasado, encerrada en sí misma indagando,
cuestionando su vida, y las cosas parecían cambiar. Los
momentos de reflexión surtieron efecto. El ánimo para
enfrentar lo incambiable, lo que se venía producto de sus
decisiones, era diferente.
Reinició las actividades de su vida personal.
Volvió a las prácticas de natación.
Al verla, sus compañeras sonrieron saliendo en su
búsqueda. Un nudo de abrazos que no quiso desatarse, las
amarró a todas. Hola como estas?.. Vuelves del todo?....Te
ves mejor... Bienvenida… nos has hecho mucha falta,
Fueron algunas de las frases que se escucharon en el
barullo.
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Andrés Urrego
Estabas muy perdida, la saludó Carito, ofreciéndole un
abrazo.
Sesiones de auto encuentro, contestó con una sonrisa.
Me alegra verte. Te ves diferente y eso me pone feliz.
Sí. Reconstruí mi vida. Sola. Fue doloroso pero valió la
pena.
Hola Lucía- interrumpió Raúl, el entrenador.
Hola Raúl, contestó seca pero atenta.
Viniste a entrenar?
Sintió pena. Roja como un tomate contestó:
Sí. Quiero recuperar mi puesto en el equipo.
Crees que lo mereces?
No lo merezco. Por eso vengo a trabajar para recuperarlo.
Si cumplo con las expectativas, entro. Si no… no…Es un
reto personal
Y cuando piensas iniciar?
Cuando suene el pito le parece bien?
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SUEÑOS AJENOS
Recibió las indicaciones de lo que sería el programa de
entrenamiento. Sus ojos que brillaban de manera especial
escucharon con atención las indicaciones.
Entonces, listas? Preguntó con grito de batalla.
El silbato sonó. El equipo comenzó a entrenar. La meta de
ganar el campeonato, parecía volver.
El entrenamiento estuvo movido. Para sorpresa de todos,
Lucía mostró las condiciones que le sostenían como una de
las mejores nadadoras de la región. Los tiempos marcados
estuvieron cerca de los de las demás a pesar de llevar días
sin entrenar.
Al final de la jornada Raúl la llamó a parte y le dijo:
Estuviste muy bien. Creo que puedes recuperar el tiempo
perdido.
El tiempo no se recupera, contestó sorprendiendo con el
comentario. Dime el plan que debo seguir para recuperar
mi forma en los próximos días.
Que tan inactiva estuviste?
No hice nada de deporte.
149
Andrés Urrego
Ok. Un plan duro de entrenamiento durante las próximas
dos semanas y de mantenimiento, en la última, te puede
llevar al pódium. Tienes las condiciones.
Cuente con eso.
Recuerda Lucia que las expectativas del director de la
universidad y las mías frente a la posibilidad de dirigir la
selección, siguen vigentes, dijo Raúl ensombreciendo el
momento.
No pudo creer lo que escuchó.
Afuera las cosas no habían cambiado y eso le dolió.
Continuó entrenando con el comentario de Raúl entre las
cejas. Éste no hizo sino confirmarle las sospechas frente a
que siempre sus conocimientos, habilidades...su cuerpo era
utilizado por otros para satisfacer sus intereses personales.
La semana continuó con entrenamientos fuertes y
exhaustivos que la enviaban para la casa directo a la cama.
Con la meta entre sus cejas, con el reto entre sus manos,
dio todo de sí para recuperarse antes de lo planeado.
Vamos bien. Vamos bien, dijo el entrenador en un
comentario que logró sacarla de casillas. Estas recuperando
tú nivel y eso nos conviene a todos, terminó diciendo en
tono mezquino, sobrador, casi hipócrita.
150
SUEÑOS AJENOS
Cuando lo logre me avisa, respondió con una sonrisa
irónica, sarcástica pensando en la sorpresa que le iba dar.
Se esforzó al máximo por cumplir su promesa. Las palabras
de Raúl la animaron a cumplir la meta antes de lo previsto.
Recuperaría sus tiempos, el puesto, para demostrarse que
era capaz de lograr lo que ella se propusiera. No lo que
otros esperaban. Quitarse de encima aquello se había vuelto
una prioridad.
Concentración absoluta.
Entrega total.
La mente unida al cuerpo.
Lucía nadando con las palabras de Raúl en sus oídos, sus
ojos, su piel, sus sentidos. Lucía nadando con todo por
mejorar su marca.
Sorprendido paró el cronometro. Raúl anunció lo
registrado.
Sería un nuevo récord de haber sido tiempo oficial,
anunció saltando de la alegría. Estas de vuelta Lucy. Estas
de vuelta. Eres increíble. Vamos muy bien…
El vamos la volvió a molestar. Prevenida o no, vio en sus
ojos, en los de él, la satisfacción que le producía la noticia.
La cara de Raúl le hizo una descarga de adrenalina que
151
Andrés Urrego
subió por la cabeza y le revolvió la boca del estómago. Se
salió de la piscina.
Para dónde vas? Preguntó asombrado el entrenador
Me voy. Me largo de acá, dijo con el pesado de la rabia en la
boca sin explicar mayor cosa.
Como así? Mira los tiempos. Has superado los que tenías…
Lo sé. Solo quería eso. Era un reto personal
Sus amigas miraban atónitas lo que pasaba. No podían
creerlo.
Piensa bien la decisión. No puedes hacerme esto. No me
puedes dejar así, gritó con desespero al verla partir decidida
hacia los camerinos.
152
SUEÑOS AJENOS
27
Carito esperando a Lucía.
La esperaba sentada en la entrada de su casa.
El tiempo que llevaba sin ver ni hablar con su amiga le
parecieron eternos. Era consciente del proceso lo que ella
debía vivir, y no quiso llamarla. Tenía claro dentro de su
filosofía de vida que a un amigo se le apoya, no se le ayuda.
Cada uno debe salir adelante por sus propios medios, con
sus propias experiencias.
Porque será que no me siento tan sorprendida con tu
decisión? Le dijo Caro al verla llegar.
Porque me conoces mejor que nadie.
Un fuerte abrazo cargado con lágrimas de emoción se
dieron por un buen rato.
Que haces acá? Preguntó Lucía escurriendo la nariz.
Quería saber si estabas bien y que supieras que te
acompaño en tu decisión, respondió haciendo lo mismo.
153
Andrés Urrego
Decidieron caminar por el barrio. Lucía le contó lo reflexiva
que había estado en los últimos días, donde había
aprovechado su soledad para recorrer su vida, su historia,
en búsqueda de encontrar aquellas cosas que la tenían como
un enredo de anzuelos.
Me aislé del mundo y sus placeres, continuó. Me
desconecté. Quise aclarar mi mente, encontrar las
respuestas acerca del porqué me pasan tantas cosas. Saber
por qué siempre termino siendo la marioneta de los sueños
de otros, de sueños ajenos y no de los míos. Descubrí cosas
muy tesas de entender, terminó diciendo con un suspiro
largo y profundo.
Lucía dueña de la palabra hablaba como si nunca lo hubiera
hecho en la vida. Hablaba cargada de odio, de amor, de
tristeza.
Continuó explicando lo débil y poco sustentada que era su
vida. Dijo que vivir para otros, beneficiar sus intereses,
metas y sueños, era su constante. Que tenía claro que nadie
la había obligado. Que era su propia decisión. Una que se
soportó en la búsqueda de amor, comprensión, aceptación
y respeto por parte de otros, pero que habían terminado
siendo la gran causa de su desgracia.
Nadie hace lo que una no quiere que le hagan, le dijo
mirándola a los ojos, en tono reflexivo, con dolor en la
garganta.
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SUEÑOS AJENOS
Con nostalgia, dolor, habló de su madre. Una vida viviendo
de la imagen, del que dirán, del nombre, de un maldito
nombre que no dice nada sino entre los de tu propio
círculo, un círculo que solo sirve para criticar, condenar, y
aplaudir con falsas manos tus éxitos, y llorar con lágrimas
de cocodrilo tus fracasos. Una vida donde sus retos
invitándola a ser la mejor, no era para ofrecerle un futuro
superior, con más proyección personal o profesional, sino
para mantener el estatus que le permitía caminar con la
frente en alto por donde andara.
Le contó la realidad económica de su familia. De los
sacrificios de su padre. De la forma como su madre lo
trataba como si fuera un fracasado mal padre mal marido.
Se había encargado de separarla de él, con la disculpa del
honor y la imagen...
Crees eso? Interrumpió Carito. Si siempre los he visto
juntos. No solo como pareja sino como familia feliz.
Por eso te dije. Hay cosas difíciles de asumir. De entender.
Esa es una de ellas.
Si supieras como me trató el día que me suspendieron del
entrenamiento. Si no hubiera sido por mi padre, para
sorpresa mía, me hubiera hundido en el fango Caro. Incluso
ese día él me cargó en sus piernas, terminó recordando
entre risas.
155
Andrés Urrego
Como es posible? Si no te conociera diría que son mentiras.
Nadie sabe lo de nadie, dijo Caro.
Sí. Tampoco me explico. Si no fuera por la forma como me
defendió aquel día, no lo hubiera descubierto, repitió.
Tan bello, lo alabó su amiga
Sí. No sabes cómo me sentí. Lo abracé y sentí el calor de su
amor arropando mi ser. Un calor que nunca antes había
sentido. Limpio, puro.
Ver el apoyo de mi padre me invitó a redescubrirme.
Encendió en mí una luz de esperanza, de guía para ver para
donde debía seguir.
Caro, le dijo mirando al cielo. La gente siempre ha esperado
conmigo lograr sus objetivos. Antes de ser retirada del
equipo el entrenador Raúl me dijo que las directivas de la
universidad esperaban un triunfo nuestro para atraer
estudiantes para el próximo semestre. Eso no me molestó.
Entiendo que de cierta manera nos patrocinan, para
promoverla. Pero al decir me las esperanzas de ser técnico
de la selección departamental estaban en mí triunfo, me
sentí desfallecer. Era mucho para mí. Me sentí traicionada,
usada con descaro.
Él te dijo eso? Reclamó Caro sorprendida.
Lucia asintió con la cara apesadumbrada.
156
SUEÑOS AJENOS
Caro la abrazó con fuerza. La miró a los ojos y le dio un
beso en la mejilla.
Al oído le dijo:
Y que has pensado de Nico?
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157
Andrés Urrego
Solo café, dijo Mirando al mesero para confirmar el pedido.
Lucía sentada en un café cerca de la universidad hablando
con Nico.
Le había aceptado la invitación por cortesía. Porque en el
fondo lo esperaba. No para escuchar una clase de retórica
en disculpas que fueran a cambiar las cosas, su pensar, sino
porque de una u otra forma, Nico actuaba como
representante de su pasado, y lo quería confrontar.
Lucy, discúlpame. No sé qué fue lo que pasó…Se me salió
de las manos, inició sin preámbulo siguiendo la retirada del
mesero.
No hay nada que perdonar Nico. Faltaste a la regla más
sencilla que existe en el trato hacia las mujeres: No tocarlas
ni con el pétalo de una flor, dijo hablando desde adentro.
Lo que hiciste fue humillante. Arrastraste con mi alma,
barriste con mi orgullo de mujer. El golpe fue lo de menos.
Fue lo que sentí adentro, acá adentro… señaló el corazón.
No se…me deje llevar por el momento, me sentí
rechazado, no debiste hacerlo…
158
SUEÑOS AJENOS
Como que no debí de hacer qué? Ahora resulta que la
culpable soy yo? Ironizó con una risa.
La dejó perpleja la respuesta. El comentario en sí mismo
mostró la otra cara de Nico. Reveló sus verdaderos
intereses. Íntimamente ratificó las sospechas que tenía pero
que no había sido capaz de enfrentar por miedo a quedarse
sola, o perder la oportunidad de que alguien por primera
vez, la amará de verdad.
No. No es eso...pero si hubieras accedido las cosas serían
distintas. A un hombre no se le deja así…
No se le deja cómo? Refutó. Que tanto respetas la decisión
de una mujer…Ya habíamos hablado de eso, te había dicho
que no quería más. Que estaba cansada de lo mismo, le dijo
negando con la cabeza.
Si pero accediste a salir de nuevo conmigo… es por algo…
Lucía se ofendió más. No encontró en las palabras de Nico
el menor asomo de arrepentimiento sustentado en el propio
error. La justificación hecha le propiciaba un golpe más
bajo que el que había recibido.
Accedí porque tú mismo aseguraste que no iba a pasar nada
LO PROMETISTE. Lo olvidaste? y lo que hice fue
precisamente para garantizar eso.
Pero yo te vi excitada…dijo
159
Andrés Urrego
Y que piensas, que soy de palo? Que no siento? Además
con qué derecho supones que por estar excitada, lo tengo
que hacer contigo.
La conversación quedó atrapada en una discusión sin salida.
Nico defendiendo su postura de macho herido ante el
rechazo de una mujer.
Lucía el derecho que tienen las mujeres de hacer respetar su
cuerpo, su decisión.
Se quedó esperando una disculpa que no llegó.
Te amo Lucy. Discúlpame. No volverá a pasar. Todo
cambiará…espera y veras…
Sabes Que Nico? Dijo en tono conciliador. LARGATE.
No quiero saber más de tus disculpas. De que me amas. De
que todo será diferente. Lárgate porque eres un patán y
cobarde. De algo si estoy segura ahora: No te amo y no te
quiero volver a ver, terminó diciendo para su propia
sorpresa mientras se levantaba de la mesa.
Considera por lo menos que fui el primero en tu vida.
Iniciemos desde ahí, presionó al ver que las cosas se salían
de sus manos.
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SUEÑOS AJENOS
29
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Andrés Urrego
El comentario volvió a sentarme.
En silencio, con la cabeza inclinada, recordé la reflexión de
aquellos días. Sin dudarlo, en tono irónico, con una sonrisa
de Mona lisa encima, me senté de nuevo, lo miré a los ojos
y dije:
El primero? Tú de verdad crees que fuiste el primero en mi
vida?
El pasado se volvió presente en cuanto hablaba.
Los pensamientos retornaron con levedad a la primera vez.
Juan, mí segundo novio.
Pero fue con Tavo cuando las cosas comenzaron a cambiar.
Lo hice después de que alguna anoche haciendo el amor mi
corazón le dijo a gritos: te amo. Tavo suspendió lo que
hacía y me dijo: No me digas te amo… me siento ridículo.
Aquello me enseñó algo. Que hacer el amor no era más que
una ilusión. Lo que pasa es que apenas me vine a dar cuenta
de ello. Siempre le huí a esas conclusiones pues la verdad
me daban miedo. Sin embargo de manera inconsciente,
automática si lo quieres ver así, aprendí a amar a mi modo.
A sentirme amada en los instantes previos a la desnudez,
162
SUEÑOS AJENOS
cuando el hombre en su afán de por no perder la presa es
capaz de jurar amor eterno, entrega y fidelidad permanente.
Por instinto aprendí a seguir el juego. A participar de él. A
utilizar las mismas artimañas y herramientas que usaban mis
compañeros cuando tenían ganas de cama. De manera
ingenua, desarrollé las mías y obtuve lo que quise cuando lo
quise.
Descubrí el amor secreto que existe en los momentos
previos al sexo.
El que surge cuando dos personas quieren dar y recibir
goce.
El de los amantes que llega a su máxima expresión en el
dolor del estallido del placer.
El que desaparece ante el embate del hastío y la gana
satisfecha.
Debo reconocer que es un amor de dolor, de vació, de
soledad, efímero. Así es y así lo aprendí. Así lo busqué
oculto en mi mente.
Nico callado quiso descubrir una mentira que no había en
aquella respuesta. Lo vi como arrugarse. Las ilusiones de
ser él primero en mi vida, se esfumaron como el viento.
163
Andrés Urrego
Que quieres decir con primero?, preguntó Nico arrugando
la cara.
Que quieres saber? Que es lo que no entiendes?
Hablas dejando la sensación de que antes de estar conmigo,
estuvieras con otro, comentó mientras los dedos de sus
manos se movían al ritmo galopante de un caballo y su vista
lucía impávida, esperando a que se abriera la caja de
pandora.
Y qué pasa si fuera así? Que sería lo extraño?
El engaño Lucia. Me habrías engañado.
Ja.ja.ja.ja. Sonreí con risa seca y fingida.
De que te ríes?
De tu cinismo… Engaño?
Yo pensé que era tu primer amor. Tu primer hombre…
De donde sacaste eso? Lo cuestioné desfigurando su cara.
Cuando hablamos por teléfono. Después de la primera vez.
Me dijiste que te había dolido...
Hablaba de nuestra primera vez. No de la primera vez,
interrumpí. Me dolió. No porque fuera virgen sino por tu
atarbanería y brusquedad.
164
SUEÑOS AJENOS
Me siento engañado, dijo bajando la cabeza.
Como te atreves a decir eso? Piensas que no sé quién eres?
Un egoísta, egocéntrico, de los que cree que las mujeres no
son más que objetos para divertir a los hombres? Que
tienes novia, que supuestamente la amas y que a la vez me
celas?
De donde sacas eso? Revoloteó saltando de la silla con la
cara descompuesta, la mirada perdida, hablando entre
cortado y reclamó: Mientes. Estas dolida conmigo por lo
que paso. Por eso mientes y te inventas cosas.
No tengo porque hacerlo. Nunca lo he hecho contigo. Eso
se lo dejo a tu cabeza. Tu sabes que es y qué no. Se lo dejo
a tu cabeza, Sentencié firme apoderada de la situación.
Es por otro cierto? Como se llama? Pipe? Quieres estar
con él?
No tengo porque darte explicaciones. Es mi vida. Lo cierto
como te dije, es que no te amo y no te quiero volver a ver.
Cada segundo que hablo contigo lo confirma. Eres un
patán.
Perra, me dijo levantándose de la mesa, empuñando sus
manos.
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Andrés Urrego
No creo que tengamos más que decirnos. Te agradezco el
café, terminé diciendo y me marché con la sombra de un
golpe de nuevo por la espalda.
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SUEÑOS AJENOS
Nico caminando con el ego entre las piernas.
Con taco en la garganta. Con odio en la boca del estómago,
pensaba en la humillada que Lucía le acababa de dar. Perra,
se decía entre sus dientes empuñando las manos. Quiso
golpear al primero que apareciera entre sus ojos y cobrar la
ira, el odio, la impotencia que produjo aquel momento.
Se preguntó desde cuando habían cambiado las cosas.
Seguro el Pipe ese era el culpable de todo, pensó. Metido
hijo de puta, le dijo.
Recordó cuando conoció a Lucía. Tres años atrás. En el
desfile deportivo.
Como en cámara lenta, apareció ella desfilando entre sus
compañeras atrapando sus ojos como si fuera un imán del
que no podía desligarse.
La miró con ojos de deseo. De pasión.
Quién es esa? Le preguntó a su compañero de fila.
Quién? Contestó Carlos, su amigo.
Aquella. La tercera de la fila…
167
Andrés Urrego
Lucia? Se llama Lucia. Es nadadora. La conozco vive cerca
de mi casa. Es un ponquesito. Porque?
Está buenísima. La quiero conocer.
Querés que te la presente?
Se las arregló para hacerlo solo. No le gustaba deber
favores a nadie. Menos en campos del amor donde un
metido afortunado puede ganar más que el cazador.
Tengo su número, dijo dándose ínfulas ante la sorpresa de
su amigo. Que niña tan hermosa, dijo mientras cerró sus
ojos para traer su imagen, su olor de nuevo.
Es una niña buena, comentó Carlos.
Buena? Buenísima.
No me refiero en ese sentido.
Puede ser un ángel, pero será mía, prometió con el signo de
la cruz entre sus dedos llevados a la boca.
Lo dudo mucho. Conozco a un fulano que la dejó porque
no quiso estar con él.
No me conoces, amigo, no me conoces, dijo golpeando
varias veces el hombro de su amigo. Donde pongo el ojo,
168
SUEÑOS AJENOS
pongo… y agarró con disimulo su miembro, indicando sus
verdaderas pretensiones.
No te lleves una sorpresa… no te lleves una sorpresa…le
respondió su amigo, imitando el gesto hablando lento. Vaya
ser que no salgas con el ojo morado.
Recordó aquellas palabras y las vio como una profecía. Una
que creyó tener entre sus manos, bajo su poder y en la que
no contaba pasar de ser el marionetero, el director, el
artífice de la obra, a ser la obra misma, el títere y actor
principal.
Cuando cambió todo? Se preguntaba una y otra vez. Quién
pudo hablarle de Marcela? Desde cuando actuaba así?
Un universo de preguntas sin respuesta llegaron a su cabeza
dejándolo sin piso ni fundamento de lo que hacía.
Dudo de todos.
De Marcela. De sus amigos. Quién diría a verdad?
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Andrés Urrego
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SUEÑOS AJENOS
31
Juan fue el primer amor de mi vida.
Uno que se fue y no regresó.
Uno que me enseñó que el amor con respeto y pasión si
existe. Un amor que sigo esperando, idealizando, soñando,
aun sabiendo que no volverá, pero que aparece en mi
cabeza cada que la soledad y el vacío de sentirme sucia,
utilizada, aparece en la puerta del alma dispuesto a cobrar la
falsa promesa de no caer de nuevo.
Pero es que la previsibilidad de los hombres me permitió
diseñar como en formato de franquicia, paso a paso, beso a
beso, caricia a caricia, la forma como debía dejarme de amar
por ellos. Como caen, pensé muchas veces refiriéndome a
lo fácil que era engañar a quién solo piensa con el pene.
Reconocí con dolor al principio y resignación al final, que
así me gustaba. Sin compromiso, sin condiciones. Por
primera vez en mí vida fui consciente de que en el fondo
no buscaba nada. Que el juego del sexo me gustaba tal y
como era: crudo. Pasional. Animal. Sin sentimientos. Sin
amor
171
Andrés Urrego
Fue difícil aceptarlo. Al fin y al cabo había sido criada en
una sociedad que es capaz de tildar de puta a la mujer que
busca placer sexual. Una sociedad que se escuda en la
religión para juzgar los pecaminosos placeres de otros. Una
religión represora, falsa, que todavía considera la
satisfacción de los instintos humanos, como pecado. Una
que acepta que ellos puedan satisfacer y saciar sus deseos,
pero nosotras no.
Con lo que nunca pude y me apachurraba la vida, era
cuando faltaba a mi filosofía. Cuando idealizaba que el
amor llegaría de nuevo. Cuando creía en la palabra y engaño
de otro que prometía que un espacio de su corazón sería
para mí como lo hizo Nico.
La tarde abrió la cortina de nubes grises que la opacaba.
Un asomo de rayos solares calentó el ambiente,
clarificando el cielo y la vida de los de abajo.
Del encuentro con Nico, salí triunfal. Haberlo
desenmascarado me dejó en el alma una sensación de éxito
que nunca había sentido. Controlar el impulso de ofensa, de
golpearlo, humillarlo y no caer en su sucio juego, me exaltó
el ánimo sosegando mí ser, haciéndome sentir que iba
navegando por la mareta rumbo a aguas más serenas y
plácidas.
172
SUEÑOS AJENOS
Me senté en el pasto del parque. Aspiré de nuevo el olor de
los árboles de la ciudad, observando lo verde que eran. Casi
lo había olvidado. Una mirada gris y nublada, llevé en mi
vista por días.
Con los ojos hacia el cielo, pasé revista a cada uno de mis
ex amantes. Mi primer amor también llegó. Reconocí en
ellos el engaño recíproco de los instantes de la pasión y la
lujuria vividos. No perdoné. Tampoco pedí perdón. No era
necesario. Caí en cuenta que aunque sin decirlo, un
complaciente acuerdo de engañoso amor acompañó cada
relación, como cuando se acepta algo solo porque si, sin
preguntar razones ni motivos.
Reconocí en mí misma no superar a Juan, mí primer y
verdadero amor. Aquel que me hizo mujer. Aquel que no
he podido olvidar durante cada relación. El que llevo
presente en los instantes de máximo placer, solo para
sentirme amada en lo mínimo, y a quién esperé encontrar
en todos y cada uno de los hombres que pasaron por mi
vida. Era con él con quien los engañaba haciéndoles creer
que el amor que daba, decía y profesaba, era para ellos.
Juan, mí único e idílico amor, también pasó revista. Lo
despedí permitiéndome buscar uno nuevo, puro, sincero,
pero real, que se construyera a partir de la experiencia
propia.
173
Andrés Urrego
Observé el falso amor, el engaño, la angustia, naufragar con
Tavo, Pedro, Lucho, Diego, Nico y el monologo de amor.
De manera déspota y sarcástica, los miré en aquel último
instante, invitándolos a permanecer en el profundo y
desolado mar de los recuerdos. Para siempre.
Grité de felicidad.
Un grito reprimido se escuchó por todo el parque.
Las aves volaron espantadas, algunos transeúntes me
miraron como si estuviera loca y sonreían con picardía al
ver que era de alegría y felicidad.
Me levanté con insurgente fuerza y corrí libre. Casi volé.
Una sonrisa que no dejaba dudas que como aquella tarde el
sol había vencido las nubes, me acompañó aclarando el
camino, permitiéndome escoger uno nuevo de manera clara
y precisa.
Detallé como no lo hacía de tiempos lo verde que era la
ciudad.
Lo bella que era su gente.
Saludé con llamativa sonrisa a todo el que se cruzó en mí
camino. Me atreví a abrazar a otros, como agradeciéndoles
poder haber encontrado la verdad. Mi verdad.
174
SUEÑOS AJENOS
Pipe estuvo conmigo. Pude sentirlo dentro de mi alma.
Quise abrazarlo. Besarlo, decirle que era su momento, su
presente, nuestro presente para construir un nuevo amor.
Pensé en mis padres. En la tarea que tenía por delante de
ser la llamada por recuperar la unión familiar. No iba a ser
fácil pero perdía más no intentándolo.
La felicidad suspendió la noción del tiempo y el espacio.
No supe cómo ni cuándo. Solo estaba allí, parada frente a
ellos, tratando de hacer algo que no salía, algo atrancado
que me ahogaba para hablar.
Eh, mm, dudé como empezar.
Frotando las manos con ansiedad.
Es que…eehhh
Mi cuerpo se balanceaba de lado a lado.
Los pies torcidos mirando hacia adentro.
Ojos con brillo en el fondo.
Manos enroscando la camiseta.
Los amo, solo pude decir.
175
Andrés Urrego
Mi padre dejó el libro que leía. Se dirigió hacia mí y me
resguardó entre sus brazos. Me besó la frente y dijo:
Nosotros también.
Vi cuando miro a mamá guiñándole el ojo y la invitó a
compartir de aquel momento. Con imperturbable actitud
ella se levantó. Se dirigió hacia mí y me abrazó acariciando
mis hombros.
No dijo nada.
176
SUEÑOS AJENOS
32
He tenido días difíciles, inició. He reflexionado sobre mi
vida, mi pasado, mi presente, mi futuro. Soy consciente de
que debo cambiar algunas cosas… O muchas, Sonreí. Entre
ellas, mi vida familiar.
Familiar? reviró mi madre
Si mamá. Familiar. Te parece extraño? Tú crees que
tenemos una familia aquí?
Le argumenté mi posición recordando todo lo que hemos
vivido y dejado de vivir. Sinceré el corazón expresando mí
inconformismo de ver como anteponía sus intereses en
mantener el nombre e imagen de una familia que ya vivió lo
suyo.
Esta familia es tu presente, manifesté hablando suave. No
es la continuación de la historia de la otra. No nos puedes
exigir que vivamos como tú quieres, sin contar con nuestros
votos, reclamé.
177
Andrés Urrego
Me miraba con distante atención. Era claro que no se sentía
a gusto con lo que pasaba.
Una gota de humillación descendió por su cara
resintiéndole el alma.
Como madre debes unirnos. No separarnos que es lo que
has estado haciendo, Continué
Nunca he hecho eso, contra argumento indignada con la
cara roja a punto de llorar.
Si lo has hecho. Me has distanciado de papá, aduciendo que
es un ogro. Un incomprensivo. Y preciso en el momento
que más necesito de ustedes, eres la primera que evade la
atención, que me da la espalda, justificando que mi única
obligación es la de ganar los campeonatos para poder
sostenerme la carrera y guardar el nombre de tu familia y el
único que me respaldó, fue el incomprensivo de mi padre.
No pudo controlar el dolor.
El nudo que seguro tenía en la garganta, en el corazón se
deshizo en un controlado llanto que invadió la habitación.
Ahora resulta que la mala soy yo, dijo sollozando. No he
hecho sino cuidarte. Protegerte. Velar por que tengas lo
mejor. Que seas la mejor. Eso no tiene validez para ti?
preguntó defendiéndose.
178
SUEÑOS AJENOS
Te lo agradezco mamá. Pero alguna vez te tomaste la
molestia de preguntarme si me interesaba ser la mejor? Si
me interesaba lo que hacía? Si me hacía feliz? Lo pensaste si
quiera?
No seas desagradecida Lucía. No permitiré que demerites
mi esfuerzo, expuso caminado de un lado para el otro
dentro de la habitación apoderada de la palabra.
La discusión parecía no tener fin.
Mi madre sostenida en un discurso de corte clasista,
societario, ego céntrico y del qué dirán, trataba de
convencerme de que lo hecho, era por mi bien. Yo le
contestaba que seguro, que en el fondo tenía razón, pero
insistía en que quería saber si alguna vez se había
preguntado cuales eran mis gustos, mis intereses. Que si
alguna vez se había preguntado por mi felicidad.
Encerrada, sin argumentos, nos sorprendió desviando la
atención de mis preguntas tildando a mi padre de fracasado,
y lo sentenció cual juez implacable, culpable de la crítica
situación familiar, enfatizando eso sí que de no ser por ella,
el fondo era corto para lo que hubiéramos vivido.
Ojala tu apoyo hubiera sido otro, atinó a decir mi padre
haciendo referencia a que lo que esperaba no era la ayuda
económica de su familia, ni la presión de mantener un
estatus que no era posible tener. La ayuda era el soporte
179
Andrés Urrego
moral, espiritual que debe ofrecerse una pareja en las
buenas y en las malas, concluyó.
Hizo una pausa de reflexión.
Nos miró a ambas a los ojos.
Cuenta conmigo hija, me dijo. No tengo resentimientos, le
dijo. Me gustaría contar con el apoyo de las dos. Empezar
de cero sí es del caso, sugirió papá con los ojos hechos
agua.
Mi madre permaneció en silencio.
Incólume la vi mirar al aire, a la nada superando su
debilidad.
La vida iba a demostrarnos a futuro que éste no era
precisamente de apoyo.
180
SUEÑOS AJENOS
33
Los días de soledad y reflexión habían llegado a su fin.
Quedé de encontrarme con Caro en un café. Desde mi
renuncia al equipo de natación, no nos veíamos. Me hacía
falta verla y conversar con ella. Contarle mis asuntos, mis
cambios, mis decisiones, mí nueva vida.
Sabía que muchos de ellos no los iba a apoyar pues tiraban
al traste los prejuicios y las reglas sociales con el ánimo de
perderme, rebelarme y cambiar para mí. Solo para mí. Para
nadie más. Al fin y al cabo la única que podía luchar por mi
propia felicidad era yo.
Aunque era mi amiga, no estaba segura que pudiera
entender la trascendencia de mis decisiones. Éstas se salían
de los parámetros normales bajo los cuales actúa una mujer
dentro de una sociedad machista e hipócrita como la
nuestra.
181
Andrés Urrego
Caro no era la excepción. Recatada, sumisa y conservadora,
siempre se encargó de darme el toque de alerta y mesura
que necesitaba. Desde ese punto de vista las monjas
hicieron buen trabajo.
Te ves muy bien, dijo mientras saludaba. Te hiciste algo?
Sí. Mucho. Los cambios de adentro siempre ayudan.
Preguntó por mi vida sentimental. Por Nico.
Le dije que no, que no estaba con él, que no me interesaba
más y que la decisión de no volverlo a ver, estaba tomada.
Ojala esta vez sea verdad, me previno dudando de la
seriedad de lo que decía. No es la primera vez que te
escucho decir lo mismo. La cuestión es que por ti, solo por
ti cumplas con la promesa. Eres la única que se hace daño
cuando falla. A mí me duele como amiga pero no siento lo
que tú por dentro...
Esta si es definitiva, la interrumpí. Lo enfrenté diciéndole
que era patán y cobarde. Que no lo quería volver a ver. Que
sabía de sus mañas. De su novia. Estoy segura que él
mismo no querrá verme más, resumí. Tuvo que quedar
avergonzado. Quédate tranquila que esta vez será distinto.
Para la decisión que tomé, lo mejor que pudo haber hecho
fue golpearme. Eso me dio duro en el alma.
182
SUEÑOS AJENOS
Cambiando de tema. Qué hay de Pipe? Has vuelto hablar
con él? Preguntó.
No. La verdad no. Lo he pensado mucho. He querido
llamarlo y verlo de nuevo pero…
Pero qué? Porque no lo haces? Tienes dudas?
No. Es muy lindo. Muy especial. Un caballero. Pero
siento...no sé: pena. Vergüenza. Pienso en que pensara de
mí después de todo esto. En el fondo me gustaría darme
una oportunidad con él peero...
Y porque no lo haces? Deja el temor y enfrenta esa nueva
vida con alguien que te pueda aportar.
Mmm. Lo pensaré, Le dije que cuando clarificara mi vida lo
llamaría.
Estas segura?
Sí. Con lo que me dices sí.
Pues díselo. Habla con él. Explícale. Dile lo que quieras.
Haz algo…me movió.
Voy hacerlo. Apenas llegue a casa, lo llamo.
Sabes que soy tu amiga. Me tomé el atrevimiento de venir
con él. No tienes que esperar tanto. Allá viene.
183
Andrés Urrego
Miré hacia atrás muerta de susto.
Mi cuerpo se enfrío al saber que estaba cerca. Cari roja
como un tomate, con la emoción en la boca del estómago,
con los ojos abiertos como si hubiera perdido algo, lo vi.
Mi corazón palpitó de alegría al sentir su presencia.
Corrí hacía él, como si fueran a quitármelo.
Latió más fuerte a medida que me acercaba.
Los ojos sintieron el peso de las lágrimas que salían de
felicidad. Mi cuerpo se cargó de energía después de cada
paso que daba.
Frené justo en su cara.
No hubo palabras.
Nos miramos fijamente a los ojos con una mirada que
transmitió todo lo que queríamos decir. Pipe abrió sus
brazos como queriendo tenerme toda, me llevó hacia él y
con algo de temor se acercó para besarme.
El sol iluminaba el momento.
La imagen de nuestra sombra abrazada, besándonos con el
poniente en el fondo, fue la última que tuvo que tener Caro
184
SUEÑOS AJENOS
antes de irse. Una brisa tranquilizadora recorrió el lugar
llevándose por completo los últimos indicios de mi pasado.
El futuro, comenzaba en aquel momento. Mi futuro.
No supimos que decir.
Todo y nada estaba dicho. Reconocimos en el silencio un
buen método de comunicación. Porque será que muchas
veces acabamos con los momentos de verdad, de romance,
de amor, con palabras que no tienen por qué decirse?
No conocemos su poder, pensé.
Mi piel sintiendo el frío de la mañana.
Mi cuerpo frente al ventanal con la sensación de estar
volando al ver la niebla mezclarse con el bosque.
Los primeros rayos de luz apareciendo en la distancia.
Mi mente recordando la noche de amor.
Habíamos llegado después de tomar la decisión de ir juntos
a la cabaña que tenía su familia en las montañas y recuperar
el tiempo perdido. El viaje, interrumpido por apasionadas
escenas de besos y caricias en medio de la carretera, fue
largo y ansioso. Viajamos entrada la noche.
185
Andrés Urrego
Un reguero de ropa esparcido por el camino dejó el ardor
de la llegada. Una botella de vino, dos copas sacadas como
por arte de magia, acompañaron la timidez. Sin mediar
esfuerzo encendió la chimenea. El calor del fuego invadió la
habitación.
Acercó sus labios hacía mí y me besó en la boca. El cuello.
Los senos, los pezones, el abdomen mientras sus manos
acariciaban la tersa piel de mi pubis, y el cuerpo erizado se
estremecía en un poderoso y placentero dolor que casi me
doblaba al moverlas.
Cerré los ojos y comencé a menearme con lentitud. Un
suspiro sacado desde lo más profundo de mí, di pues me
sentí ahogada respirando de forma irregular, entrecortada,
pensando que el mundo se iba acabar.
Con pausada entereza, me hizo el amor. Lo hizo con
libertad, impidiéndome sentir dolor.
Cómo te sientes?, preguntó con dulzura en varias ocasiones.
Te amo, repitió cada que pudo, cada que quiso
entregándome una verdadera noche de amor.
Recorrimos la cama por todos sus extremos.
Intercambiamos posiciones que ofrecían placer, amor,
entrega, sentimiento.
186
SUEÑOS AJENOS
Te amo, susurró de nuevo mientras lo aseguraba con mis
brazos, mis piernas, y las caderas se contraían en un
delicado y corto vaivén que aceleré cuando sentí que todo
iba a reventar.
Un gemido de satisfacción oculté entre la noche al sentir la
sensación de haberme quedado sin fuerzas, mientras su
sexo emitía las últimas señales de lo que fue mi primera y
verdadera noche de amor y placer.
Ven para acá. Hace frío, me dijo alejándome del recuerdo.
No. Levántate y vístete. Tenemos cosas por hacer, contesté
sacándolo de sus románticos pensamientos.
FIN
187
Andrés Urrego
SOBRE EL AUTOR
Andrés Urrego nació en la ciudad de Medellín, Colombia.
Escritor de oficio, administrador de profesión, hace consultoría y
da clases en la universidad. Le gusta leer, el metal, el punk y el
rock and roll en general. Voz líder de un grupo los jueves, monta
en bicicleta casi diario y ve futbol cuando puede.
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