Trabajo de Investigación Final
Concepción de variaciones lingüísticas y etnias
En la Ciudad de Buenos Aires
Irina Ng
Candela Monzón Fernández
Etnolingüística 2C2024
Resumen
El siguiente trabajo da cuenta de la investigación llevada a cabo por Irina Ng y Candela
Monzón en el marco de la materia de Etnolingüística de la carrera de Letras,
Universidad de Buenos Aires. Nos propusimos indagar en la relación entre prejuicios
lingüísticos y sociales y en sus diferentes manifestaciones en el AMBA, teniendo en
cuenta los conceptos de comunidad de habla de Hymes y de convenciones de
contextualización de Gumperz.
Palabras clave
Comunidad de habla. Convenciones de contextualización. Prejuicios lingüísticos.
Fundamentación
A partir de la observación de las vivencias de personas cercanas, reflexionamos sobre la
discriminación lingüística hacia variedades lectales no rioplatenses y, posteriormente,
sobre su relación con la discriminación racial. ¿Cómo perciben, en el AMBA, los
hablantes nativos de la variedad rioplatense a los lectos no hegemónicos? ¿De qué
manera cambia su percepción cuando su actitud hacia las distintas variedades no
coincide con la del hablante del lecto? ¿Cuál es la relación de estos conflictos con los
prejuicios étnicos?
Identificación del problema
Con estas preguntas en mente, proponemos nuestra hipótesis: tomando como referencia
la variedad rioplatense del español, existe una relación directa entre las apreciaciones de
diversas variedades del habla que existe en el Área Metropolitana de Buenos Aires y los
prejuicios hacia sus hablantes, en relación al racismo y las prácticas discriminatorias.
Buscamos indagar, en los casos en los que corresponde, sobre el rol del racismo en las
prácticas discriminatorias basadas en prejuicios sobre variedades de habla que tienen
lugar en el AMBA.
Objetivos
Demostrar la relación entre los prejuicios lingüísticos y los prejuicios sociales, en el
contexto específico de poblaciones migrantes en el AMBA.
Marco teórico
Para este trabajo retomamos la definición de ideología lingüística desarrollada por P.
Kroskrity en “Ideologías Lingüísticas” (2004). Las mismas “(…) son un conjunto
ubicuo de creencias diversas, independientemente de lo implícitas o explícitas que
puedan ser, usadas por hablantes de todo tipo como modelos para construir evaluaciones
lingüísticas e involucrarse en actividades comunicativas.”, así como “El sistema cultural
de ideas sobre las relaciones sociales y lingüísticas, junto con la carga de intereses
políticos y morales.”.
Reflexionamos también sobre la idea de distintas interpretaciones del intercambio
comunicativo como como es descrita por Gumperz. Las mismas se basan en un esquema
de claves, o indicadores contextualizantes, que dirigen la elección de interpretación en
una u otra dirección de acuerdo con las convenciones comunicativas con las que está
familiarizado el oyente. De esta forma, al encontrarse dos interlocutores provenientes de
distintos esquemas, pueden darse malos entendidos. Rescatamos el concepto de
comunidad de habla de Hymes para describir a estos distintos grupos.
Metodología
Nuestro grupo de estudio está compuesto por dos consultantes, ambas hablantes de
variedades del español distintas a la variedad estándar rioplatense. Se trata de personas
con las cuales las autoras del trabajo mantienen vínculos personales y con las cuales
gozan de la confianza necesaria para observar de cerca la relación que guardan con la
sociedad bonaerense.
Para este trabajo seleccionamos a personas que hayan migrado al AMBA entre los 20 y
los 24 años de edad, cuya su lengua materna sea el español pero que su lecto de origen
no sea la variedad lingüística rioplatense, y con nivel de escolaridad de universitario en
curso o incompleto. Son personas que no pertenecen a la comunidad de habla
bonaerense; una pertenece a la variedad esmeraldeña ecuatoriana y otra a la santiagueña
argentina. Seleccionamos dos variedades distintas debido a que consideramos que el
contraste étnico y lingüístico nos permitirá realizar contrastes en tanto diferencias como
similitudes en experiencias y observaciones.
Teniendo en cuenta el rango de selección, contamos con la participación de dos
consultantes: una, por un lado, tiene actualmente 61 años; su lugar de origen es Santiago
del Estero. Migró a la Ciudad de Buenos Aires a los 21 años, viviendo actualmente en el
Conurbano bonaerense. Su variedad dialectal es del norte argentino, específicamente de
Santiago del Estero. El nivel de escolaridad es universitario incompleto; es de género
femenino y con estatus socioeconómico bajo. La otra tiene 20 años, es oriunda de la
provincia de Esmeraldas, en la costa de Ecuador. Se encuentra residiendo en Ciudad de
Buenos Aires desde los 18 años, y actualmente estudia en la UBA. Su variedad dialectal
es el español esmeraldeño. Es de género femenino, y de origen afroecuatoriano.
Análisis
Para este análisis, seleccionamos dos entrevistas realizadas a dos distintas consultantes,
ambas residentes del AMBA y ambas hablantes de variedades del español no
rioplatense. Las entrevistadoras son dos estudiantes de la materia de Etnolingüística,
siendo una proveniente de la carrera de Letras y en la orientación de Neuro y
Psicolingüística, y la otra de la carrera de Ciencias Antropológicas, con orientación
Sociocultural. Esta colaboración nos ofrece un amplio rango de perspectivas y nos
permite realizar un análisis interdisciplinario de las dos situaciones de habla
seleccionadas para este análisis. Decidimos tener en cuenta ambas entrevistas con el fin
de contrastar nuestra hipótesis de manera más efectiva. A continuación, analizaremos
por separado ambas instancias, las cuales concebimos como dos situaciones
comunicativas distintas, compuesta cada una por un único evento de habla. Luego
realizaremos un análisis de los elementos en común entre ambas entrevistas y las
comparaciones pertinentes.
Entrevista a “L”
La entrevista es realizada por una persona cercana a la consultante. Se trata de dos
amigas y compañeras de piso en una residencia estudiantil. Nos encontramos en la
habitación de “L”, alrededor de las seis de la tarde, sentadas en la cama frente a frente
tras una charla respecto al proyecto de investigación, y al terminar la entrevista, nos
dedicamos a planear la cena de ese día. Estamos hablando de una situación
decididamente casual y cotidiana. Con el permiso de “L”, comenzamos la grabación de
una entrevista previamente definida como informal. A lo largo de la consulta, ambas
participantes son conscientes de que alguien más leerá la transcripción en el futuro, por
ende se realizan ciertas aclaraciones a la “audiencia”, como la explicación del nombre
de una pizzería que ambas participantes conocen, o la misma introducción de la
consultante. Vale también la pena señalar que, durante los primeros minutos de la
entrevista, la consultante habla en tono más “suave”, y a medida que esta avanza y se va
relajando, su voz se vuelve más “seca”. Este cambio no se aprecia en la transcripción,
pero vale la pena señalarlo dado el tema de la conversación. Sabemos que la consultante
suele hablar en un tono más “suave” de lo que a ella le resulta natural de manera
inconsciente dependiendo del contexto, y este es un claro ejemplo: sin darse cuenta, está
pensando en la audiencia, sabiendo aún que solo se presentará una transcripción del
encuentro, y no la grabación en sí.
Desde un principio, la consultante tiene pleno conocimiento de los detalles de la
investigación, y muestra entusiasmo en participar. Está interesada en compartir sus
experiencias con la discriminación social y lingüística que enfrenta todos los días
viviendo en la Ciudad de Buenos Aires como estudiante extranjera y afrodescendiente.
A pesar de ser hablante nativa de español, constantemente se encuentra con malos
entendidos por parte de sus interlocutores, quienes perciben distintas interacciones con
ella a través de un esquema de interpretación distinto al suyo. Estamos hablando de dos
comunidades de habla distintas: una de ellas puede definirse como “la comunidad de
habla bonaerense”, de la cual son miembros la mayoría de las personas que “L” describe
en su relato. La otra podría definirse como “comunidad de habla esmeraldeña”, y está
compuesta por los hablantes de la variedad esmeraldeña del español, tanto en la
provincia de Esmeraldas, en Ecuador, como su diáspora en el AMBA. Estas dos
comunidades presentan diferentes reglas de interacción, comunicación e interpretación:
algunas convenciones que pueden ser consideradas educadas en una comunidad pueden
parecer maleducadas en la otra. Un ejemplo de esto es la percepción porteña del tono
“seco” del esmeraldeño como un “tono enojado”, cuando este mismo tono, para un
hablante de español esmeraldeño, sería considerado normal. He observado situaciones
en las cuales un hablante de español esmeraldeño no percibe malos tratos por interpretar
un tono hostil, por parte de un porteño, como un tono neutral.
Es necesario señalar el papel de la discriminación étnica en las elecciones de
interpretación por parte de los oyentes. Gumperz (1982) menciona que los
malentendidos en las distintas interacciones comunicativas suelen interpretarse en
términos actitudinales. Cuando “L” nos cuenta su experiencia en Buenos Aires, nos dice
que muchos suelen asumir que está enojada, y para evitar eso, ella debe recurrir a ciertas
estrategias comunicativas y adquirir competencia en las convenciones de habla de la
“comunidad de habla bonaerense”, hablando en un tono más agudo y alargando las
palabras, ya sea de forma consciente o inconsciente. Las repetidas asunciones de una
“mala actitud” no pueden dejar de recordarnos al estereotipo de la “mujer negra
enojada”, que debe controlar su forma de hablar para no incomodar a los blancos. Vale
la pena mencionar que, en la provincia de Esmeraldas, la mayor parte de la población es
negra, y que nuestra entrevistada nunca se había encontrado con los malentendidos con
los que se encuentra residiendo en Ciudad de Buenos Aires. De hecho, en su provincia,
consideraban que ella tenía un “buen” tono de voz, “bueno para la oratoria”. Parece
imposible demostrar empíricamente que estos malentendidos son racialmente motivados
debido a nuestra imposibilidad de encontrar un informante esmeraldeño blanco en
Buenos Aires para contrastar la hipótesis, pero conociendo la prevalencia de este
fenómeno, y teniendo en cuenta las experiencias de nuestra consultante en relación con
los tratos que recibe debido a su cabello, sería deshonesto ignorar la relación entre los
malos tratos y la multiplicidad de marcadores de otredad que se le atribuyen. En este
caso, mantenemos que los prejuicios étnicos y lingüísticos se exacerban mutuamente, y
una estrategia para mitigar la discriminación racial y la relación de otredad es el uso de
cambio de código y la adecuación a las convenciones comunicativas de la comunidad de
habla local.
Análisis de entrevista a “M”
La entrevista se desarrolló en una reunión familiar que suele darse de modo semanal. Se
realizó entre madre e hija. Dichos encuentros suelen ser relajados y de conversaciones
casuales y paseos.
Previo a este día, se le informó a M sobre el trabajo de campo que debíamos realizar -en
una de estas reuniones- y se le consultó si deseaba ser parte. Las diferencias en la
variedad lingüística norteña y rioplatense es un tema de interés particular para M; este
fue uno de los motivos para aceptar ser parte. Al mostrarse entusiasmada y dando su
consentimiento, se organizó realizar la entrevista el día habitual de encuentro.
Previamente a iniciar la entrevista, llegaron a una plaza a la que acostumbran ir y
prepararon un desayuno; en paralelo, dialogaron sobre cómo llegaría la entrevista a los
docentes de la cátedra, que sólo se transmitiría la transcripción, sin datos personales, a
quiénes llegaría, y demás detalles pertinentes. Derivó el diálogo en características
culturales de Santiago del Estero, provincial orígen de “M”; no solo por ser un tema en
relación a la entrevista, sino además por ser una temática habitual. La situación, citando
a Hymes, es importante aquí. Va ligada a otro aspecto planteado por el mismo autor: la
escena. Se ha seleccionado este momento para la entrevista entendiendo que es un
encuentro familiar, que se hace semanalmente, y que las involucradas lo conciben, valga
la redundancia, como una situación relajada y cómoda. De este modo, las respuestas
serían menos estructuradas, y habría mayor comodidad para la entrevistada. Esto se
refleja en el momento en que ella deriva en una anécdota: aquella donde la entrevista se
desvía para narrar sobre la primera vez que fue a visitar a una vecina apenas habiéndose
mudado a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Luego, dimos inicio a la entrevista.
Muchas respuestas de “M” eran reflexivas. Realizaba pausas breves, a veces más
extendidas, y repeticiones de palabras para darse unos segundos para pensar aquello que
iba a responder. La forma del mensaje dió lugar a estas pausas; en una entrevista, tanto
el hablante como el oyente presuponen que las respuestas deben ser elaboradas, o al
menos lo más acertadas a lo verídico posible. Otro elemento recurrente es el énfasis en
ciertas palabras. A lo largo de la entrevista fue enfatizando algunas específicas; sea para
afirmar que alguna pregunta era acorde a su experiencia, o para acentuar alguna
expresión que fuera relevante para contar sus experiencias. Retomando su interés
mencionado ya que tiene sobre las diferencias en la variedad lingüística entre la norteña
y la rioplatense, cuando nos cuenta sobre cómo se utilizan los verbos en Santiago del
Estero dice:
M: Claro. “Vos haces”. Haces.
I: Ahí está, “vos haces”.
M: “Vos haces”, “vos tiemblas”, “vos hablas”. En Uruguay es al revés totalmente.
Del mismo modo usa los alargamientos de vocal y los gestos no verbales. Usa uno solo;
para narrar una palabra quichua y que se comprenda qué significa. Esto expresa un
elemento relevante; la variedad lingüística norteña contiene un léxico amplio del
quichua, y surge aquí. A raíz de la mención de la palabra chuschar, la entrevistadora ha
reflexionado sobre su propio uso de las palabras; incluso en la entrevista esto se ve
reflejado cuando conversan sobre la palabra chui, que refiere a un escalofrío por un
clima fresco, y que genera piel de gallina. Allí logró observar en ella misma -la
entrevistadora- una parte de su variedad lingüística. Al releer la transcripción,
relacionamos esta reflexión sobre los verbos con lo que Kroskrity desarrollaba sobre los
grados de consciencia sobre la ideología lingüística local. “M” que ha sentido y
observado cierta arrogancia del porteño, marcada al notar el dialecto norteño. También
se expresaba, según nos narra, cuando se daban diálogos sobre su variedad lingüística;
allí los prejuicios de su cultura surgían a raíz de su habla. Esta forma de habla es
dialecto; nos cuenta que la comunicación con la comunidad de habla bonaerense nunca
se vió impedida, pero la reconocían como ajena. Pasa lo opuesto con aquellas personas
con las que se oye hablar en el colectivo o en otros espacios públicos: el dialecto
norteño es reconocible, y por lo tanto, se identifican como pertenecientes a una misma
comunidad de habla. El dialecto no implica inteligibilidad sino el no formar parte de
una unidad social. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el dialecto norteño no es la
variante dominante, y sin embargo se comprende, pero al no ser la hegemónica, existen
sobre ella prejuicios, además de haberlos sobre los mismos hablantes por ser
provenientes del norte. El prejuicio hacia los hablantes nativos de la variedad de habla
norteña, según nos cuenta “M”, no son del todo desacertados: suelen hablar pausado, y
aparentan ser más confiados que los bonaerenses. Sin embargo, hay otra ideología
lingüística que deducimos de esta entrevista; cuando “M” habla de una charla sobre
política entre su hermano, santiagueño, y su futuro marido, porteño, nos comenta que
este último desmerecía las opiniones del primero, por “sentirse piola por ser de Buenos
Aires”. Esto se relaciona con la arrogancia porteña que percibía. La variación de habla
rioplatense está construida, en la ideología lingüística porteña, como superior a los otros
dialectos. “M” nos cuenta que le produjo un sentimiento de tristeza ser consciente de la
pérdida de su variedad de habla. Ha manteniendo ciertos rasgos, como un
pronunciamiento suave de las r, o el uso de perífrasis verbales o frases verbales, y algo
de léxico quichua, pero la pérdida de aspectos de la clave (Kroskrity, 2004), al
internalizar la clave porteña, produce la sensación de pérdida de identidad en la
comunidad de habla. Es un traspaso de un dialecto a otro, con la ideología lingüística
que esto implica; la ideología lingüística de que hay uno superior a otro. Esta
implicación de jerarquías de dialectos refleja necesariamente una división en la lengua,
y la existencia de distintos grupos sociales de habla relacionados con zonas geográficas.
A partir de ello, quienes residan en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y no hablen la
variedad lingüística bonaerense, se vuelven el “otro”, entendiendo ese concepto como el
planteado por Golluscio. La doctora se pregunta “¿Quién es el otro?” (Golluscio,
2021:5); la respuesta que brinda es que, en Argentina, serían los migrantes de países
vecinos. La otredad en este país se construye con la imagen de los migrantes
latinoamericanos. A raíz de su planteo queremos sugerir, a través del análisis de esta
entrevista, que también se crea una imagen del otro dentro de Argentina por zonas,
según la ideología lingüística de que existe un dialecto “dominante” y otros “inferiores”.
A partir de esto, quien hable otro lecto que no sea el bonaerense es el otro, el extranjero.
Esto entra en relación con la identidad social y cultural (Kroskrity, 2004).
Es relevante también en concepto de canal. Este, junto a otros aspectos de la forma del
mensaje -ambas nociones planteadas por Kroskrity-, serán retomados luego debido a
que son puntos en común con la entrevista a “L”.
Elementos en común
Los elementos del modelo SPEAKING que observamos en común en ambas entrevistas
son, por un lado, la forma del mensaje, y por el otro, el canal.
El formato de entrevista informal implica reglas particulares. Al ser una entrevista, se
presupone una estructura específica de pregunta-respuesta; esto se refleja en ambas
instancias.
Las entrevistadas no realizan preguntas, sino que las esperan para avanzar en las
narraciones. También las respuestas tienden a ser concisas. En el caso de “M”, las
contestaciones tienden a ser breves y con pausas para pensar las respuestas. Esto refleja
otras características del formato: se espera que el entrevistado responda a conciencia lo
más acertadamente posible. Este presupuesto es compartido; durante una entrevista,
quién realiza las preguntas espera que las respuestas sean fieles a la realidad vivida y
concebida por las personas, y a su vez, el entrevistado tiene la intención de responder lo
más honestamente posible. Sin embargo, esta forma se ve flexibilizada en una entrevista
informal. Las respuestas pueden desviarse y no seguir ninguna estructura específica. El
elemento del canal es clave. Para los propósitos de este trabajo, la entrevista debía ser
necesariamente oral y presencial, lo cual también se relaciona con el concepto de
situación. La fusión de un canal oral y presencial y una situación en ambientes
familiares y encuentros cotidianos permite una conversación desestructurada, relajada, y
produce un contexto informal. Esta combinación permite una mayor comodidad a las
consultantes para hablar de sus experiencias.
Respecto a las experiencias compartidas por nuestras consultantes, queremos señalar
una diferencia importante: mientras que los porteños perciben a “M” como alguien no
perteneciente a la comunidad de habla y cultural bonaerense luego de oírla hablar, y no
antes, “L” relata que, en su caso, esta calificación se da desde un principio. Vale la pena
comparar su situación con un caso compartido por “M”, sobre una amiga suya que, al
tener tez oscura y un cabello poco habitual en Ciudad de Buenos Aires, era confundida
por extranjera, al punto a asumir su pertenencia a una comunidad de habla equivocada.
Estos datos sirven para reforzar nuestra hipótesis: existen, en el AMBA, prejuicios
lingüísticos asociados a la etnia.
A partir de las apreciaciones de los habitantes del AMBA sobre las diversas variedades
lingüísticas no pertenecientes a la sociedad de habla rioplatense, en relación con la etnia
del hablante, observamos la presencia de representaciones de identidades sociales y
culturales de los lectos que, en ocasiones, pueden estar ligados a identidades étnicas y
raciales. Cuando le preguntamos a “L” si, al llegar a la Argentina, le ha costado hacerse
entender o comunicarse, la respuesta fue:
“También cambió como mucho [...] mi tono de voz, muchísimo, con el entorno, porque
acá hablan como más finito, como [con voz aguda] “ay, boluda”, cosas así. Pero allá
en mi país es como más diferente, y decían que hablaba como si estuviera enojada, y
cosas así."
De este fragmento nos interesa resaltar dos cosas: la necesidad de modificar el léxico y
el tono, y la interpretación de su lecto como un “tono enojado”. Esta situación la
relacionamos con la representación de identidades sociales y culturales planteada por
Kroskrity, y con el concepto de significación simbólica de variables lingüísticas de
Gumperz; partimos de la idea de que, en el grupo social de habla bonaerense, se forma
una opinión sobre ciertos patrones de habla característicos del español esmeraldeño a
basada en los malos entendidos y diferencias en las claves de contextualización. El
contraste que se produce entre este preconcepto y la escucha fáctica de una persona
hablante nativa de esta variedad lingüística implicaría una interpretación que rompe con
el preconcepto. Este quiebre implica una interpretación negativa de esa variante.
Observemos lo mencionado por “L”:
¡Y eso la hermana me dijo justamente la otra vez! Porque le dije [en tono finito] “hola,
hermana:, hola hermana:” ((se ríen)) super alargado, y antes yo decía [en tono grave y
“seco”] “hola, hermana. Vengo a pagar.”
El quiebre dado refleja que en todas las culturas y en los grupos sociales lingüísticos
existe la noción de cómo debe ser una lengua y su discurso; de qué modo debe ser o
cómo debe ser para ser estéticamente placentera. En otras palabras, cómo debe estar
compuesta una lengua para ser lo ya mencionado. Se crea un codigo de cómo debe ser
una variante lingüística no bonaerense, y se espera que los hablantes de esa variante
cumpla con esos códigos.
Esta ideología lingüística, ligada a lo que debe ser y lo que es estético, al ser justamente
un prejuicio, no tiene necesariamente una correlación con la realidad de su variedad
lingüística.
Así, cuando una persona nativa de otra variante lingüística a la bonaerense habla, y esa
variante no cumple con esa ideología lingüística, ese código supuesto, resulta en una
concepción negativa de la persona. Y si esa persona modifica su código para adaptar su
variante lingüística a la concepción que se tiene de ella, la actitud de los bonaerenses
cambia positivamente.
Conclusiones
Analizando ambas entrevistas, podemos observar una relación entre los prejuicios
basada en el lugar de origen del hablante, y las interpretaciones de sus formas de habla
por parte de sus interlocutores cotidianos. Ambas consultantes relatan experiencias de
alienación en Buenos Aires, con el caso de “L” contando con la dimensión agregada de
prejuicios racistas. Los malos entendidos y las asunciones personales, nacidos de los
contrastes entre distintas comunidades de habla, son un elemento más de la
reproducción de relaciones de extranjerización y otredad, y estos se retroalimentan junto
con otros factores de discriminación social: los prejuicios étnicos previos a la
identificación de la variedad lingüística del hablante influyen en las elecciones de
interpretación de interlocutor. Para navegar este nuevo escenario social, estos hablantes
adquieren una doble competencia comunicativa en múltiples variedades de habla, la
propia y la de su nuevo entorno. El conocimiento que posee este “otro” extranjerizado
es, por ende, más amplio que el conocimiento del hablante local, al poder contrastar las
distintas variedades de habla y observar las relaciones entre estas desde una perspectiva
privilegiada. Recursos como la entrevista nos permiten a los investigadores acceder a
estas reflexiones con facilidad.
Bibliografía
● Duranti, A. (2000) “Métodos Etnográficos”, en Antropología Lingüística, 125-
172.
● Golluscio, L., Migración y multilingüismo en contextos urbanos: desafíos de la
interculturalidad en la Ciudad de Buenos Aires
● Kroskrity, P. (2004) “Languaje ideologies”, en Duranti, A. (ed) A companion to
linguistic anthropology, 496- 514. Oxford: Blackwell Publishing. Traducción de
Brenda Steeb para la cátedra de Etnolingüística. Supervisión y corrección de Florencia
Ciccone.
● Gumperz, J. 1982: “Convenciones de contextualización”. En Gumperz, J.
Discourse strategies. Cambridge: Cambridge University Press, págs. 130-152. (Título
original: "Contextualization Conventions". Traducción interna para uso de la Cátedra)
● Hymes, D. 2019 [1972]: “Modelos de interacción entre el lenguaje y la vida
social”. En Golluscio, L. y colaboradoras (comps.) Etnografía del habla. Textos
fundacionales. Buenos Aires.: EUDEBA, 2da. Edición.
Anexo
El método de recolección de datos que empleamos fue la entrevista informal con
preguntas guía. El objetivo de las preguntas fue guiar el diálogo. Escogimos este
método considerando que los consultantes son personas conocidas y cercanas a las
entrevistadoras. Por tanto, este formato y el vínculo estrecho con las entrevistadas puede
permitir una mayor fluidez para expresar y desarrollar las respuestas.
Nos basamos en la denominación observación participante de A. Duranti; ya que “la
observación de una comunidad específica no se lleva a cabo desde un lugar distante y
seguro, si no desde el interior de las cosas, esto es, participando en tantos eventos
sociales como sea posible. A esta combinación difícil, pero necesaria, de formas de estar
con otros y observarlos la denominamos observación participante (...)” (2000:131).
Aquí nuestro trabajo fue, en vez de acercarnos y ser parte de los participantes, tomar
distancia de ellos. En otras palabras, debimos tomar la suficiente distancia como para
poder realizar las observaciones necesarias como para realizar un estudio, siendo
conscientes de que el vínculo no solo era cercano sino, además, estrecho y que podría
generarnos supuestos y presupuestos particulares.
Preguntas guía:
● Al llegar a Buenos Aires, ¿percibiste un trato distintivo hacia vos? ¿En qué
situaciones? ¿Alguna vez sentiste que te resultaba difícil la comunicación o que los
locales te malinterpretaban más de lo normal?
● ¿Notás que, desde el primer mes que llegaste y ahora, tu forma de hablar es más
parecida a la forma típica de Buenos Aires? En caso de que sí, ¿en qué lo notás?
● Si notás que tomaste el modo de hablar de Buenos Aires, ¿notás tratos distintos a
cuando recién llegaste? Si es así, ¿a qué crees que se debe?
● Al oírte hablar, ¿te han mencionado algo sobre tu modo de hablar o sobre vos?
¿Qué te han dicho?
● ¿Sentís que la gente en Buenos Aires suele hacer asunciones sobre vos o tu
personalidad que no te hubieras esperado en tu lugar de orígen?
● ¿Alguna vez sentiste que te trataban distinto antes y después de oírte hablar?
Transcripción de las entrevistas:
Entrevista a “L”
Entrevista realizada por Candela Monzón Fernández dentro del marco del trabajo final
de investigación de la materia de Etnolingüística, 2024. Nos referiremos a la consultante
como “L” para preservar su identidad. L es una estudiante de medicina de la UBA de
origen afroecuatoriano, amiga de una de las entrevistadoras. Tiene 20 años y vive desde
hace 2 años en Capital Federal. La entrevista fue realizada en su lugar de residencia.
Convenciones de transcripción:
(()) acción no verbal
: alargamiento de vocal
C: Bueno… eh… como te decía… es una entrevista que estamos realizando dentro del
marco de la materia de Etnolingüística. Muchas gracias por tu ayuda. Ni se si querés
empezar diciendo tu nombre, contándonos un poco sobre vos… introduciéndote…
L: Eh…
C: Hablá normal, hablá suelto, como hablás todos los días.
L: Hola, mi nombre es L, soy de Ecuador, la parte de la costa, por así decirlo, de
Esmeraldas… hace dos años que ya vivo acá en Buenos Aires, Capital, y estudio
medicina en la UBA.
C: Muchas gracias, L, acá vamos con las preguntas… es una entrevista informal, así
que, nada, vos contestá como quieras, básicamente. La primera pregunta que te quería
hacer era si al llegar a Buenos Aires percibiste que la gente te daba como un trato
distinto al resto de las personas, o distinto a como vos sentías que te trataban en tu
provincia.
sí, o sea, he recibido distintos tipos, por así decirlo, de trato, buenos y malos. He
recibido... bueno, nada, el primer trato que tuve directamente fue cuando llegué acá y
pasé, nada, por migración, un trato horrible, más o menos. Eh… no creían que viniera a
estudiar, me decían que no es posible que yo viniera a estudiar.
C: Y… ¿sobre qué base…?
L: Y yo le decía, no, mirá, sí vengo a estudiar, vengo a la UBA, y a la UNA a estudiar
cine y a la UBA a estudiar medicina, y le digo, voy a vivir en una residencia de monjas.
Y me dice, no, porque no existen acá las residencias de monjas, ¿cómo es eso posible? y
yo le digo, bueno, y me dijo, ay, te vamos a tener vigilada, ahorita lo esto y lo otro, para
ver si es verdad, recuerda que información falsa… después de eso salí y… nada, tomé el
taxi, y el taxista super amable, se dió el recorrido más largo, me enseñaba varios puntos,
eh… y eso.
C: ¿Y en qué situaciones hoy en día sentís como… como que te tratan disto? ¿Sentís,
por ejemplo, que en la residencia donde vos vivís te tratan distinto? ¿Ahí te sentís más
cómoda? O en la facultad… vos dijiste que habías recibido un trato muy feo en
migraciones, que son como trámites y todo eso, ¿cómo… cómo te sentís?
L: Bueno, en trámites, cuando yo llegué al país me fue mal, pero después me fue muy
bien, me ayudaron demasiado, incluso cuando había enviado mi DNI a otro lugar, que
fue Bahía Blanca, y vivía en Capital Federal, me ayudaron demasiado con eso, se
encargaron de todo, pero nada creo que he tenido tanto tratos buenos como tratos malos,
por así decirlo. En la facultad, pues también, con mis compañeros siempre fue todo
super tranquilo, super amable. Puede ser, capáz, porque no socializaba mucho y me
rodeaba más de extranjeros que de personas argentinas pero de las pocas personas
argentinas que me rodeaba estando en la facultad, pues, todas eran amables. Los
profesores también fueron amables conmigo, solo tuve a una que hizo un comentario
fuera de lugar, que me dijo que si no sabía la respuesta de eso para qué estaba aquí,
pero… pero bueno, pero fuera de eso tuve profesores muy buenos, mi profesor de
biología fue increíble, y eso.
C: Y lo que es la comunicación y todo eso, vos, nada, como en distintos países hay
distintos vocabularios, distintas palabras, distintas expresiones, bueno, ¿vos sentiste
alguna vez que te costaba comunicarte, hacerte entender, o que te costaba entender a los
otros?
L: Sí, al principio yo tuve que ver cómo… hacerme una… todo una… o sea, volver
como a armar un vocabulario más o menos de dialectos, por así decirlo, de acá. Porque
yo, tipo, en mi casa, cuando alguien te llamaba, era decir la palabra “mande”, pero acá
yo llegaba y decía “mande, mande, mande”, y todos me decían “¿qué? ¿qué? ¿qué?” y
yo decía, uh, bueno, y entonces yo dije “sí, diga. Sí, diga”, o, yo decía, “aló”, cuando
contestaba el celular, decía “aló”, y me decían “¿disculpe?” y yo decía “ah, hola”, o sea,
como que muchas cosas…
C: ¿Pero no entendían, porque dijeras “aló”?
L: Yo creo que no entendían y pensaba que capaz estaba como… cualquier cosa, tu
sabes que cuando una persona como que dice una palabra y tú dices… sí me estás
insultando por si acaso te digo… o sea, yo creo que más o menos era así.
C: Claro…
L: Entonces… nada, y eso. También cambió como mucho la forma de comuni… eh…
mi tono de voz, muchísimo, con el entorno, porque acá hablan como más finito, como
[con voz aguda] “ay, boluda”, cosas así. Pero allá en mi país es como más diferente, y
decían que hablaba como si estuviera enojada, y cosas así.
C: Y… ¿y eso cómo lo manejaste? ¿Asumen mucho que estas enojada, o que…? ¿O se
malinterpretan muchas situaciones…?
L: Se presta para que se malinterpreten muchas situaciones, eh… por eso, cada vez que
hablo con alguien, trato de hablar como que… tranquilo, pausado, con sonrisa en la
cara…
C: Cosa que no harías allá.
L: Sí. Es algo para que entiendan que no estoy enojada, que estoy normal.
C: Y suelen ser… o sea, vos dijiste que te juntabas mucho, en la facultad, con
extranjeros y todo eso… ¿suelen ser la gran mayoría de las personas o sentís que los
argentinos se lo toman peor?
o sea, con extranjeros me pasó pero como que más con una persona de Colombia, pero
hasta ahí, el resto super tranquilo, todos los que conocí, y conocí de Chile, incluso,
muchas personas de Chile, y super tranqui con eso, super normal. Ya cuando es
personas de Argentina, pues, me pasó justamente con las monjas, que decían que
hablaba como que muy enojada, o como que decía ¡esto y esto!, como que regañando, y
entonces yo decía, ah, bueno, y eso. Y ahora cada vez que voy para pagar la residencia,
el cuarto, digo [en tono agudo y suave] “ho:la, Hermana:, vengo a pagar la residencia:”
[en tono normal] para que vea que no estoy como que enojada tampoco. Pero sí, me ha
costado más con personas de acá que con personas extranjeras. Casi no he tenido esa
experiencia de que dicen que estoy enojada y otras cosas.
C: Eso básicamente contesta la segunda pregunta, que también iba a preguntarte si
notabas que tu forma de hablar cambiaba, y en qué lo notabas exactamente, ¿hay alguna
otra forma en la que sientas que cambia tu forma de hablar? ¿Sentís que, por ejemplo,
que es siempre intencional o sentís que cambia solo tu acento, o algo así?
L: Cambia. Cambia sin yo darme cuenta. Cambié… incluso yo muchas veces estoy
tranquila y de la nada como que me veo la voz como chillona y digo, no puede ser en
serio esto.
C: ¿Pero vos sentís que es como subconsciente?
L: Subconsciente.
C: O sea, como que…
L: Inconscientemente.
C: O sea… ponele que te ves como en una situación en la que vos sabes que, por así
decirlo, te conviene hablar en un tono más finito, ¿entonces automáticamente lo hacés?
¿O en cualquier situación como en un “cambio de acento”...?
L: En cualquier situación.
C: Claro.
L: En cualquier situación. Yo creo que también depende mucho con las personas que
este… hablando, por ejemplo, yo tengo muchas personas de Ecuador que también que
están acá, en especial mi amiga M, y con ella hablo super normal, super tranquila, y ella
tiene la voz un poco más fina que la mía, pero que igual nos entendemos, por así
decirlo, y también… nada. Con personas de Brasil me ha ido super bien con eso. Tipo…
no ha como que cambiado.
C: Claro. Eh… a ver la siguiente pregunta que te quería hacer… ¿sentís que con este
nuevo “modo de hablar”, por así decirlo, te dan como un trato distinto acá en Buenos
Aires que al principio?”
L: Sí y no. Muchas veces me tratan de ver como que… no se, como que tratan como de
aprovecharse, por así decirlo, las personas porque hablo como que con la voz fina. Tipo
que yo esté haciendo un trámite, y yo le digo “mirá, vengo a hacer esto y esto y este
trámite”, y de la nada me salta con que, ay, esto y lo otro, y entonces yo tipo hablo con
mi voz un poco más normal y le digo, bueno, sabes qué, que es como un tono como…
como seco, por así decirlo. Y le digo, bueno, mirá, esto, sabes esto y lo otro. O sea,
depende la situación también lo utilizo. Tipo cuando voy a estar con personas como de
autoridad, o si yo necesito algo lo suelo utilizar. Por qué, porque también soy una
persona jóven, y obviamente nos tratan un poquito de complicar la vida más de lo
normal cuando hay que hacer trámites, y más cuando uno está fuera del país, por
ejemplo, en migración, o el banco.
C: ¿Crees que se deba como a algo específico, como al cambio de trato?
L: Puede ser que sí. Muchas personas, cuando les hablo con mi tono de voz normal,
como que se sienten como que atacadas, ofendidas. Lo más reciente es la hermana de la
residencia, otra vez, que decían “ay, si, anteriormente tu hablabas así,” me lo dijo hace
unos meses, “y ahora hablas como que ahora estás más tranquila, más finita tu voz” y yo
tipo… Dios santo, o sea, un montón.
C: Claro. Bueno, precisamente te iba… la otra pregunta… son todas preguntas como en
esta misma línea, más o menos. Que nada, que si al oírte hablar te han mencionado algo
sobre tu tono de voz, sobre tu forma de hablar y sobre todo si te han dicho algo sobre
vos, como que haciendo asunciones sobre vos.
L: Sí, como que hablo como que enojada, más que todo. Dice, ay, tu hablas como si
estuvieras enojada.
C: ¿Te ofende mucho eso?
L: O sea, no, no me ofende, pero digo, si me conoces, si me estás tratando si sabes que
no estoy enojada, eh… tipo… creo que basta con saber que no estoy enojada para eso. O
sea, no hace falta el comentario.
C: Entonces, nada, bueno, también como, nada mucho teniendo que ver con la siguiente
pregunta… em… disculpame si es como muy estructurado esto, pero me doy cuenta
como que fluye más o menos como que en esa dirección, que te quería preguntar si,
nada, si son asunciones que no harían en tu lugar de orígen, en Esmeraldas.
L: Pues, a mi nunca en Esmeraldas me dijeron nada sobre cómo yo hablaba, por así
decirlo. Incluso a mis profesores les gustaba como yo hablaba, decían que era muy
bueno para oratoria mi tono que más o menos tenía, y eso. No se sabe evaluar, no se
sabe apreciar acá eso.
((Se ríen))
C: ¿Ahora estás hablando como en tu tono normal de allá, de tu provincia?
L: Sí, ahora estoy hablando en mi tono normal.
C: ¿O estás hablando en un tono finito?
L: No, no, no, no. Ahora estoy hablando en mi tono normal.
C: Está bien, este es tu tono normal. Esta sos vos.
L: Sí.
C: Cien por ciento.
L: Sí.
C: Okey. ¿Y sentís que tu acento es como…? No se como decirlo, ¿como el promedio
de Esmeraldas, como el que habla todo el mundo allá? O sea, no se si tu acento, por así
decirlo, sino como tu forma de hablar.
L: No, hay mucha variedad, ¿sabes?
C: ¿Sí?
L: Sí, sí. Hay mucha variedad.
C: Y allá, ¿cómo se considera como tu forma de hablar?
L: Normal. Porque, o sea, desde hace mucho tiempo, o sea, desde hace demasiado
tiempo, pues Esmeralda es conocido como un lugar donde se hace sonar, por así decirlo.
C: ¿Cómo que se hace sonar?
L: Que las personas tienen, eh… tono como yo, en pocas palabras.
C: ¿Entre comillas “fuerte”?
L: Mhm.
C: Claro.
L: Aunque yo no siento que hablo fuerte, la verdad. Para que te voy a mentir. Solo
siento que la voz es como… que es como muy seco al hablar, entonces eso lo hace sonar
como que enojado.
C: Claro.
L: Porque incluso cuando estoy hablando con la voz finita, igual hablo como que muy
seco. Tipo, no es como que tiendo a estirar las palabras, tipo, si:, bue:no.
C: ¿Y así sentis que hablan acá?
L: Un poquito. Entonces… nada, entonces eso.Yo como que, hola, ajá, bueno, okey. ¡Y
eso la hermana me dijo justamente la otra vez! Porque le dije [en tono finito] “hola,
hermana:, hola hermana:” ((se ríen)) super alargado, y antes yo decía [en tono grave y
“seco”] “hola, hermana. Vengo a pagar.” ((Se ríen)) entonces… nada, entonces eso me
decía anteriormente, [en tono finito] “anteriormente hablabas como muy enojada:, muy
de go:lpe.”
C: Claro. Y vos decís que estos cambios son como subconscientes, casi.
L: Sí, sí.
C: Como automático.
L: Sí, ya están como automático.
C: ¿Hubo una época en la que lo hacías como de forma premeditada? Tipo que llegabas
y decías, voy a hablar así.
L: ¡Sí! Normalmente cuando iba a migración, decía [en tono finito] “ho:la, mira,
discu:lpa, es que tengo un inconvenie:nte:” [en tono normal] ¿viste? Estiro las palabras
((se ríen)).
C: ¡Claro! Em… ah, y esta otra pregunta, también interesante… si alguna vez sentiste
que te trataban distinto antes y después de escucharte hablar. O sea que, no se, ponele
que ir a un local, o a hablar con alguien, hacer un trámite, y te miraban y te trataban de
cierta forma, y después de escucharte hablar, te miraban o te trataban de otra forma.
L: La verdad, no.
C: ¿No? ((se ríe)) ¡nos quedamos cortas entonces! Yo esperaba a lo mejor una
elaboración, o algo… L: No, no.
C: Okey, no. Listo. Em… algo que quieras contar, que quieras comentar, así tu
experiencia…
L: Em… no se si cuente mucho para tu entrevista, por ejemplo, yo cuando llegué acá,
yo tengo el cabello rizado, y entonces yo lo tenía como que amarrado porque yo
tampoco tenía tiempo como para arreglármelo.
C: Claro.
L: Entonces, cuando yo no me arreglaba como, yo solo lo tenía amarrado, el trato sí era
diferente.
C: Ah, ¿y eso?
L: Pero cuando yo comencé a utilizar los rizos, mis rizos, el trato era diferente, también,
o sea, era mucho mejor.
C: O sea, te trataban mejor con el pelo suelto que con el pelo… L: Amarrado, sí.
C: ¡Que raro eso!
L: Yo creo que también depende mucho… yo creo que más se basa esto en el cabello.
Que tipo, como lo tenía muy amarrado, o sea, hace ver como que si fuera un afro, pero
cuando ya lo saco, me saco el moño y todo, es rizado, y pues, nada, la textura es bonita.
C: Aclaremos que… o sea, por la entrevista, que afro y rizado son dos cosas distintas.
L: Sí, sí, afro y rizado son dos cosas distintas.
C: Claro. Y… ay, había un término, creo que era como texturismo, o algo así… L: Sí,
exacto.
C: Tiene que ver con el pelo…
L: ¡Obvio! Ya viste… ((se ríe)) a la hermana otra vez, el comentario que me hizo
anoche… que mi cabello era super bonito, a pesar de que yo también soy afro rizada,
tengo afro, pero más prevalece el rizado, y dijo que las hermanas del Congo tenían el
pelo duro, y malo y feo… C: ¿Así dijo? ¿Malo y feo?
L: O sea, dio “duro y feo”.
C: Ay, dios.
L: Y que lo tenían siempre trenzado. Entonces… yo digo, como que no da, ¿sabes? no
da.
C: Mm, claro. ¿Y vos sentís que el cambio es como muy drástico, es como más sutil?
¿En qué situaciones se da?
L: Yo siento que es muy drástico. O sea, va como que de un nivel a otro.
C: Pero, ¿en qué situaciones? Tipo, en la verdulería, en la facultad, en…?
L: No, es que yo me hice el corte de pelo y ya no salgo más con el cabello amarrado,
entonces yo estoy comparando la situación cuando llegué, y actualmente, que lo tenía
siempre amarrado, y duré como, qué, ¿un año así? Sí, un año aproximadamente. No…
C: Medio año había sido.
L: Medio año, no, con el pelo amarrado. Medio año con el cabello amarrado, y… y el
trato era muy diferente al trato de ahora. Tipo, la gente no me saludaba, o yo saludaba y
la gente no me respondía el saludo con el cabello amarrado. Pero yo llego a un lugar y
la gente me mira y me saluda. O comienza a decirme “¡ay, que lindo pelo!” en todos
lados donde voy.
C: ¿Es muy seguido eso?
L: Tú no sabes la cantidad de veces. Yo estoy en una… el recuerdo más reciente fue
cuando acompañé a una amiga a hacer un trámite, y nos pasó en el lugar donde fuimos a
hacer el trámite y nos pasó en la papelería y nos pasó de camino a la residencia. Y
también cuando fui a Plaza Francia, un señor, que era calvo, es calvo, me dijo que le
regalara pelo porque mi pelo era muy bonito, y comenzó a gritarme que le regalara pelo
y le regalara pelo, que era muy bonito el pelo, que le regalara pelo ((se ríen)), y toda la
gente me miraba y me decían “¡ay, que bonito pelo!” ¡Me sentía como un caniche
vestido bonito! Y así.
C: Qué incómodo eso.
L: O sea, está bien, pero no para tanto. Yo digo que… C: Es como extraño.
L: Que una, dos veces está bien. Por día. Pero no… C: ((Se ríe)) ¡una dos veces por día!
L: Porque, o sea, ¡es como muy seguido!
C: Claro…
L: Pero ya como que… tantas veces… como una vez me pasó como siete veces en una
salida que había tenido en la tarde. O cuando estoy yendo a la facultad… también me
pasó que había como dos tipos, y los dos se giraron y me dijeron “¡que bonito pelo!
¡Que bonit…!” O había también una señora en Vinnies, y comenzó a gritar…
C: Vinnies es… L: La pizzería.
C: Ah, okey.
L: Y la señora estaba comprando en Vinnies, y comenzó a gritarme desde adentro
“¡oye! ¡Oye! ¡Qué bonito pelo! ¡Qué bonito pelo!”
C: O sea, te gritaba desde adentro de la pizzería… L: Estaba comiendo en la pizzería.
C: Ah, estaba comiendo en la pizzería.
L: Adentro.
C: Adentro de la pizzería.
L: Y salió.
C: ¿Salió?
L: Y dijo “¡que bonito pelo!” C: ¿¡Salió para gritarte eso!?
L: “¡Oye! Oye! ¡Qué bonito pelo! ¡Qué bonito pelo!” Y yo estaba… C: ¿Y eso?
L: O sea… a eso voy, son como que, o sea… es como… está bien, pero como que ya se
va mucho al extremo.
((Se ríen))
C: Me lo contás y parece como salido de un dibujito.
L: Justamente eso también me pasó estando con una amiga de Colombia, y nada, y ahí
comenzaron a gritarme.
C: ¿Quienes comenzaron a gritarte?
L: La de la pizzería.
C: Ah, okey, la señora esta.
L: Y si, siempre recibo como comentarios más o menos así. O cuando fue una vez, fui a
una verdulería… había recién llegado, más o menos, y me dijeron que parecía de la
India, como una muñeca india, y yo fui a la hermana y le dije “¿sabe lo que me
dijeron?”, “¿qué te dijeron, L?”, y yo, “que parezco una muñeca india”, “¡ay, es que sí
lo pareces!” Y yo…
C: Parece que tenés una experiencia muy curiosa.
L: Sí, o también… o la vez que llegué y había un bus turístico, y yo estaba parada para
cruzar, y venía a la residencia, venía a conocer esta residencia específicamente, y
comenzaron a sacar fotos. Yo miraba para ver si había algo, algo a que le estaba
tomando fotos, pero solo era, literalmente, la calle abierta y el semáforo.
C: Y te estaban sacando fotos a vos.
L: Sí. Porque todos me miraban y me apuntaban. Y yo como que… eh… O cuando voy
a estas celebraciones como Celebra Ecuador, Celebra Colombia, Celebra Panamá,
Celebra Honduras…
C: Todos estos eventos de…
L: Sí, sí, sí, sí, sí. Y que hay muchos fotógrafos, y… fuiste conmigo, y que me dijeron si
me podían tomar fotos, y siempre hay, siempre hay… C: Me acuerdo.
L: Siempre hay alguien que tipo, dice, “¿te puedo tomar una foto? ¿Te puedo tomar una
foto?”
C: Claro. Y… ¿y a qué sentís que se deba esto? Tan… tanto exceso de atención?
L: Yo creo que es por el pelo, y ya. Que no es la gran cosa, es un pelo rizado, pero
bueno.
C: O sea, no me malinterpretes, es muy bonito, pero me parece que es como… L: En
exceso. Sí.
C: Ni que fuera… arcoíris, brillante, con chispas…
L: También. Pero igual también es porque… es una textura que a la gente le gusta
mucho, y también viendo que yo tengo demasiadas texturas, 3A, 3B, 3C, 4A, o sea…
literalmente, está como el patrimonio de Dios en este cabello. Es una textura que a
mucha gente le gusta.
C: Y antes de hacerte el corte de pelo esto no pasaba.
L: No pasaba.
C: Nada pasaba.
L: Nada pasaba.
C: Nadie te miraba, nadie te sacaba fotos…
L: Nadie me miraba, nadie me saludaba…
C: Pero vos decías que te habían sacado fotos cuando acababas de llegar.
L: Sí, pero ese día yo tenía el pelo suelto.
C: Aaah.
L: Porque yo me hacía peinados pero no tenía el corte y me hacía pelo suelto. Tipo me
había puesto como una vincha… una pañoleta, y nada, me había amarrado acá adelante,
atrás lo había dejado suelto. A pesar de no tener el corte lo utilizaba suelto algunos días.
C: ¿Hay alguna otra situación en la que hayas sentido tratos distintos? Algo… Nada
bueno, la entrevista originalmente era como un… nada, un corte más… L: Sí, la forma
de hablar.
C: Sí, la forma de hablar, lo lingüístico… nada, estamos partiendo de esta hipótesis, y
todo esto que te contaba…
L: Sí, nada, para terminar, yo creo que venirme acá fue una experiencia que me tocó
modificar como que muchas cosas, porque también me encontré con muchas personas
como sensibles a la forma mía de hablar, sentía que yo los regañaba a los trataba mal o
los trataba feo. Y obviamente, yo quería ser como que empática con estas personas, así
que también traté como que modificar, pero también les explicaba, porque tampoco
puedo hacer como todo el cambio yo. Porque muchas veces, nada, voy a hablar como
normalmente hablo. Entonces, eso, o sea, eh… me tocó ser muy empática, arreglar
algunas cosas, cambiar algunas cosas, esto, lo otro… pero bueno, son cosas que pasan.
Uno cuando se viene a otro país tiene que estar como un poco más abierto a que se den
ciertas situaciones. No puedes venir con la mente cerrada.
C: Entiendo. Bueno, ¿cerramos acá?
L: Sí ((se ríe))
C: ¿Ya te querés ir? ((se ríe)) Bueno, ¡muchas gracias!
Entrevista a “M”
Entrevista realizada por Irina Ng, dentro del marco del trabajo final de investigación de
la materia de Etnolingüística, dictada en el segundo cuatrimestre del 2024. Nos
referiremos a la consultante como “M” para preservar su identidad.
“M” es una jubilada de orígen santiagueño, madre de una de las entrevistadas. Tiene 61
años; vivió en Caba desde los 21 hasta los 27. Luego se mudó al sur argentino y luego al
AMBA. La entrevista fue realizada en una plaza.
Convenciones de transcripción:
(()) acción no verbal
: alargamiento de vocal
Subrayado énfasis
I: Te comentaba de esta chica que tenía este contraste. ¿A vos te pasó alguna vez? ¿A
qué edad viniste?
M: A los veintiuno.
I: Claro, ya de grande. Por ejemplo, cuando vos llegaste acá, ¿Notaste algún contraste?
Porque tu apariencia es bonaerense.
M: Sí.
I: ¿No veías mucha diferencia en el trato de la gente?
M: No.
I: ¡Claro! Siendo tan bonita y modelo… pero cuando hablabas, ¿Notabas alguna
diferencia de trato?
M: No. Me decían/ que tenía una tonada rara.
I: Te lo hacían saber…
M: Sí
I: Cuando te lo hacían saber, ¿Tenían curiosidad de saber de dónde eras…?
M: Sí, si
I: ¿Se generaba toda una conversación?
M: Sí, de generaba. Sí, sí./ Porque tenía más tonada que ahora.
I: ¡Eso te digo! Porque ahora ya no, pero ¿el primer mes en el que viniste, acá a Buenos
Aires?
M: Por supuesto que tenía…
I: A eso me refiero; tenías mucha tonalidad, ahora es más bonaerense. Aún así conservás
algo. Sobre está curiosidad que te digo,
M: No, no, tenía muy linda aceptación. La gente que me preguntaba// I: ¿Qué te decía?
M: Decía “ay qué lindo”, y me decía, eh, “los santiagueños son tan solidarios…”, em…
“ellos tranquilos, trabajan, duermen la siesta”...
I: Ja ja, claro, como que enumeraban los prejuicios…
M: ((sonriendo)) claro, claro
I: ¿Y vos sentías que esas definiciones que te decían eran verdad o…?
M: No, sentía que eran verdad porque, eh, un ejemplo, eh: yo el primer día que/ que me
quedé sola en el departamento de recién casada…
Sí…
M: quise hacer un pastel de papas.
I: ¡Sí!
M: Pero no sabía cocinar. I: Porque la abuela cocinaba… M: Claro.
I: ¡Y no podía venir la abuela a cocinar! En tono de broma
M: ¡Claro! Yo nunca había aprendido… entonces yo dije “¡Ningún problema! Acá al
lado, alguien vive.” Salí de mi apartamento, toqué el timbre, y apareció en una rendija:
una señora mayor. Y le dije “Eh, señora, mire: yo recién me mudo. Quiero hacer un
pastel de papas, ¿Usted me podría enseñar?” y recibí un portazo.
I: ¡Qué mala onda!
M: sí. Recibí un portazo. Desconfianza. En Santiago, eso hubiera sido motivo para que
la vieja/ venga a mi casa, me lo ayude a hacer, y…
I: y después unos mates… M: Totalmente.
I: Si, me habías contado esa anécdota…
M: Pero eso fue muy darme cuenta quién era el porteño, ¿Eh?
I: Eso sí. Una primera imagen del porteño.
M: Tienen miedo.
I: Claro… Bueno, una gran ciudad… Pero, me hacés pensar, si te pasó… no sé, por ahí,
este entendimiento de lo que me contás, a ver si entendí: al saber que sos santiagueña
por tu tono, como que entra en confianza automáticamente, la gente.
M: ¡Sí!
I: Entonces, eso es un cambio de actitud, por ahí, ¿no?
M: Genera ese cambio de actitud.
Entonces, ese cambio por ahí es seco, hasta que saben que sos santiagueña y se vuelven
como más cálidos. M: Claro, ¡Sí! nos conciben como… // I: ¿Cómo sentiste que te
percibían?
M: Este… lenta, ehm… un poco// hay un poco en el porteño de arrogancia.
I: ¡Mirá! No… no me había dado cuenta de eso.
M: Eh, en donde siempre, y me pasó en los tres meses desde que lo conocí hasta que me
casé con Marcelo. Ehm… tenían una especie… tenía él una especie de eh… idea
peyorativa /de el santiagueño, porque era del interior.
I: Mirá qué interesante…
M: Sí. Políticamente hablaba con mi hermano / I: ¿Y no con vos?
M: No,no, no: hablaba con mi hermano de cosas políticas/ y siempre / siempre le
parecía que él era el piola porque era de Buenos Aires aquí con “él” se refiere a
Marcelo; que se consideraba a sí mismo piola. De Capital.
I: ¡Claro! De Capital, no… M: Capital, capital.
I: Todo lo que es provincia es otra cosa, ¿no?
M: Acá, en San Fernando, hay enormidad de gente santiagueña, tucumana… I: ¡No
sabía!
M: ¡Yo lo sé por el colectivo! Y, eh, escucho.
I: Lo reconocés…
M: ¡Lo reconozco! Y yo le digo “¿Tucumán o Santiago?”
I: ¿Y ahí qué se genera? Digo, ¿notás…? Cuando te dás cuenta de la tonada, y hablás
con la otra persona…
M: ¡Ah, se afloja mucho todo!//
¿Hay alguna sensación de identidad en común?
M: Sí.
I: El lugar en común…
M: “¿En dónde? En capital”, eh, “Yo, en la calle Buenos Aires entre Mitre y Urquiza”,
“¡Uy yo en la calle Belgrano!”
I: ¡Uy, qué lindo! Qué interesante… Y cuando vinieron a vivir acá, vinieron primero a
Capital, ¿no?
M: ¡En capital!
I: Claro… y en los primeros meses que viviste acá, sobre todo cuando todavía tenías
más la tonada, ¿sentís que eso que viste en Marcelo también se replicaba en el resto de
la gente porteña? Esta cuestión de la arrogancia o peyorativa… M: No porque nunca/
nunca confronté.
I: Claro// Claro. Si, no, porque por ahí me hacés pensar; o sea, es una lectura mía, por
eso te pregunto; vos sos la que lo viviste en carne propia, me corregirás… eh, esta
cuestión de verte como alguien amable, o como alguien cálida, como alguien tranquila,
si no lo tomaban los porteños como una cosa de que por ahí eras muy confiada, ¿o no
tanto?
M: ¡Sí:! Era, era como… lo que pasa es que yo vine a Buenos Aires, a Capital,/ sin
cambiar esa idea. Entonces yo confiaba en como la señora de al lado.
I: Como la señora mala onda.
M: Claro. Confiaba… en… en todos… y no, no cambié mi idea de la gente. Y yo seguí
viviendo acá como si vivera en Santiago.
I: Claro… Y la gente, ¿tenía ese como ese perjuicio o nada que ver? Porque por ahí nada
que ver, no tenían ese prejuicio del santiagueño, de la persona del interior confiada. Te
pregunto porque por ahí es una idea errónea mía de que existe ese prejuicio.
M: No, existe ese prejuicio y sobre todo una sensación del porteño de superioridad.
Porque es más cosmopolita… porque…
Claro, y lo sentiste… Bueno, ¡qué pesado! / Digo, ¡qué pesado debe haber sido vivir
así,con esa sensación!
M: El fin con esa señora mala onda es que, dos años después, cuando me mudé, salió y
me dijo “Perdón”.
I: Aww…
M: Me dijo “perdón, realmente pensé que alguien venía a robarme.”
I: Claro, es que acá en Buenos Aires es mucho más… habitual… M: Pero me pidió
perdón. El pastel de papa me salió horrendo. ¡Era líquido!
I: ¡Ja! ¿El que me dijiste que te había salido todo el puré todo líquido?
M: ¡Todo el puré líquido! Y toda la parte de la carne también llena de líquido, salsa.
Con cucharón había que servirlo.
I: ¿Pero estaba rico cuando lo comiste?
M: ¡Sí! Pero con cucharón.
I: Y bueno, sopa. Sopa de pastel de papa. Pero, mirá, qué interesante… a ver, ¿qué más?
// Sí, bueno, otro tema que me parecía interesante tocar es… porque viste que a medida
que pasaron los años vos tomaste, no del todo por este tema que hablábamos de la r…
M: R y cierta conjugación de verbos.
I: ¡Claro! Porque allá en Santiago, ¿cómo era? porque siempre me confundo con
Uruguay. M: Voceo y /
I: El tu.
M: El tú. El verbo en tu.
I: Ah, el pronombre en tu y el verbo en vos.
M: Claro. “Vos haces”. Haces.
I: Ahí está, “vos haces”.
M: “Vos haces”, “vos tiemblas”, “vos hablas”. En Uruguay es al revés totalmente.
Ahí va. Bueno, eso me parece super interesante,digo; me parece que, en general,
siempre te escuché hablando en porteño, pero que tenés estas cuestiones de Santiago
todavía… y lo que me interesa, digo: porque a comparación de cuando recién empezaste
a vivir acá, que tenías más el tono de allá, a que se te fue como “porteñizando” el habla;
no del todo. ¿Ahí notaste algún pasaje? Porque, digo: vos me contás que cuando
escuchaban tu tono, no cuando te veían; cuando escuchaban tu tono te decían “tu tono
no es de acá”...
M: Me dió pena perder el… Tengo una amiga que hace/ muchísimos años que vive acá,
Cecilia.
I: ¡Cecilia, sí!
M: Bueno, y/ se propuso mantener la tonada.
I: ¡Qué genia!
M: Y a los hijos/ ¡se las pasó! Es morocha, con el pelo ondulado, largo, muy bonita/ y
todos le dicen “¿sos venezolana?”, “¿sos ecuatoriana?”, “¿sos…”
I: Bueno, qué interesante ese prejuicio. Si es morocha, con ese pelo, no es argentina.
M: Sí.
I: Qué interesante la decisión de mantener la tonada.
M: Totalmente.
I: Entiendo que te dé pena, es perder una identidad o algo así… M: Sí, sí.
I: ¿Y notaste alguna diferencia de trato con la gente ahora que tenés más tonada
porteña? Me pregunto…
M: Si//
I: O sea, si comparás ese recuerdo del primer mes con esa señora, ese primer mes que
viviste en Buenos Aires a ahora cuando vas a algún local.
M: No/ No, porque es como que me he mimetizado/
I: Claro, ahora te tratan más como porteña.
M:Totalmente.
I: Digo, te pregunto porque por ahí te siguen preguntando si sos de otro lado…
M: Algunos notan, algu→nos notan y me dicen “¿vos no sos de acá, no?”. A veces, muy
a veces.
I: Ya no lo notan, no hacen diferencia… es “porteña”.
M: Porteño no. De Provincia de Buenos Aires.
I: Es verdad, Capital y Provincia… Bueno, es interesante para preguntarte: ¿notás
alguna diferencia de tono entre porteños y mn la gente de provincia?
M: Total. Total.
I: ¿Ah, sí? ¿Qué notás?
M: La gente de provincia está muy influenciada por la gente del interior que ha venido,
¿no? Lo escucho en el colectivo todo el tiempo. / Y la gente de Capital/ tiene un tono/
diferente. Como Belén y Justina cuando viene de estar con Belén.
I: Claro, es un tono diferente. Ahora que lo decís… Me hacés pensar que yo me
relaciono mucho con gente de provincia, incluso en la facultad… M: Es notable la
diferencia.
I: Claro, ahora que lo decís lo noto. No sabría definirla, pero la noto.
M: Sí.
I: Y hoy en día, ¿tenés contacto con gente porteña o no mucho?
M: No, no. / No, toda gente / De / Mucha gente del interior. Porque me hago amiga de
los jardineros, de los cartoneros, de… que ya sabés que son los menos privilegiados y
los que han venido del, eh, del norte digamos…
I: Sí, lamentablemente, en las urbes cuando hay más gente que laburo…
M: Gente que ha venido en búsqueda de/ de/
I: De laburo…
M: De traer a su familia y que no ha podido. Que no ha podido te digo.
I: Sí, estaba notando eso… Que mantenés la conjugación verbal de Santiago… M: Sí.
Eso te quería explicar y no sabía cómo.
I: ¡Ahí va!
M: Ehm… Ha… Que no pudo, sería a la porteña.
I: A favor tuyo, que sentís esa pena de perder el tono, no lo perdiste del todo.}
M: No, la conjugación de los verbos no. Y ciertas frases, eh, donde el gerundio/ eh, está
presente, muy presente. El habla del santiagueño es un habla de gerundios. Por ejemplo,
“uy, he venido olvidando”... o “¿querés comer?”, “¡no, he venido comiendo!”. No es
que vino comiendo en la bicicleta; no, comió y después fue. “He venido comiendo”.
¡: ¡Qué interesante!
M: Sí. Eso se deriva del formato de la oración quichua.
I: ¡Te iba a decir! Hay mucha… hay muchas palabras quichuas allá.
M: ¡Muchas! “¡Seño me están chusteando!” ¿qué es “chustear”? ¡Chuschas! ((se tira del
pelo)). Por eso el peludo, el chico que no se corta el pelo es chuschalo. “¡Eh chuschalo
ándate a cortar el pelo!” I: Bueno, a mí me quedó el chui.
M: ¡Ah, sí, chui!
I: Pero me quedó así, me sale decir eso. Me quedó de vos.
M: ¡Chui, chui! ((se frota los brazos)) Ah, no, eso siempre.
I: Me gusta mucho eso… En etno nos mostraban un libro quichua español.
M: Yo tenía uno…
I: ¿El diccionario? Me lo diste a mí.
M: Tenía un estudio, donde te transcribía el diálogo entre dos nenitas. Y las dos en una
hamaca./ Y una le decía: “¿has ido a la escuela?”, “he ido.”/ “¿después qué haces?”
“suelo comer, suelo…” // no, no: sé. “Sé comer, suelo darle comida a las gallinas”, eh, y
así es el diálogo. Y al lado estaba la transcripción en quichua. No hay que prestar libros.
Ese libro era valiosísimo. Es más, lo voy a buscar en internet.
I: ¿Algo más que quieras contarme sobre tu experiencia? ¿Alguna anécdota que te
acuerdes…?
M: No. Yo noto que la conjugación de verbos es algo que me ha quedado. Eh, a veces en
las preguntas la tonada. Sobre todo las erres que no me salen tan fuertes. Ferrocarril.
I: Bueno, ¡Gracias!
M: ¿Eso es todo?