Esteban Levin
Capítulo 3 acontecimiento desarrollo e infancia:
La temporalidad del niño ¿Cuál es la urgencia?: en los tiempos de los
acontecimientos durante la infancia son una temporalidad fundante y originaria. El
acontecimiento marca e inscribe una diferencia con el tiempo anterior y el
posterior, divide aguas y enuncia un momento silencioso escritural, entre el tiempo
de la anticipación simbólica y el de la resignificación. Es un acto escénico que se
olvida para quedar registrado como hecho de memoria, Como huella infantil de un
recorrido de escritura, olvido y saberes. La infancia olvida para recordar y saber
punto el deseo de saber del niño procurará satisfacer el olvido, la pérdida que el
acontecer produjo. Todo conocimiento se origina para él como desconocimiento.
Reconocerse será entonces conocerse en la singularidad de la diferencia. La
temporalidad de la infancia está asaltada por acontecimientos que le suceden,
resignicándose en un devenir lógico que toca y trastoca el tiempo cronológico del
desarrollo. El niño, el tiempo es un constante devenir un "siendo" sin pausas, una
temporalidad que le cuesta organizar, Ya que lo arrastra en lo intempestivo de los
sucesos sucediéndose. Los días, las horas, las semanas y los años son hechos
temporales difícil de aprehender, ubicar y sin resignificar para todo niño.
Procuramos exponer En un suscinto esquemas los tiempos infantiles. Como ya
firmamos, está el tiempo cronológico, unidireccional, que durante la infancia el
marca el desarrollo y tiene peso de existencia en la estructuración subjetiva. Por
ejemplo, para un niño, sus padres, el contexto familiar y social no son lo mismo si
se lanza a caminar y explorar al mundo en primer año de vida que si lo hace
recién a los 2 años. Habíamos ubicado también los tiempos lógicos de la
anticipación simbólica -1 y la resignificación 2. Colocaremos en nuestro esquema
referencial un cuarto tiempo: la temporalidad lógica del acontecimiento
produciéndose, inscribiéndose y anudándose en la infancia. Es un tiempo
fundamental en el campo de la niñez. Remite a la apropiación y singularidad de los
sucesos infantiles que marcan incorporando e inscribiendo nuevos
posicionamientos subjetivantes. El acontecimiento delimita, instala y realiza
diferencias, detensiones que en el niño anuncia el espacio por venir y el tiempo
que ya fue. Es un espacio-tiempo que transforma, crea, modifica y abre la
novedad de lo desconocido por conocer punto en este sentido es una apropiación.
Retomando El ejemplo, cuando un niño se lanza al Abismo Que para él significa
por primera vez caminar, el andamiaje y el montaje psicomotor se transforma en el
sexto dado a ver al otro, en un don de amor y afirmación de él en su cuerpo. Él
existe apropiándose del caminar y apropiándose de la organicidad para
reconocerse en esa conquista. El acontecimiento de caminar da origen y funda
una nueva posición simbólica, a la vez que ella determina un espacio corporal
todavía inexplorado a vivenciar y resignificar como experiencia e instituyéndose
punto en este tiempo fundamental el que queremos destacar. Situaremos ahora el
tiempo en constante de venir hipermutación significante propio de la niñez,
estructurándose entre silenciosas y sin copas que se acomodan y desacomodan
en una temporalidad inconclusa, lo opuesto al tiempo fijo coagulado y congelado;
lo que Nietzche denominó con grandilocuencia la "inocencia del devenir". El
tiempo que colocamos en nuestro esquema con él para diferenciar lo de los otros,
es un tiempo inacabado, en tránsito, en un devenir no concluido, un todavía no. En
esa búsqueda, la temporalidad móvil del niño es un signo en articulación
permanente. El pequeño vive la niñez en ese dinamismo de realización y vivencia
propiamente infantil que lo determina en su avidez deseante. Por último,
ubicaremos el tiempo de la urgencia, Qué es una temporalidad de la actual
modernidad que atraviesa todo el universo infantil. Es la urgencia para que el niño
aprenda y se desarrolle lo antes posible. Exigencias urgente para que en el menor
tiempo posible sea más eficaz y logre más conocimiento. Lo ubicaremos en
nuestro esquema como una tenaz e incipiente lluvia que invade en inunda todo el
desarrollo del niño en la actual modernidad: el niño hijo, Como representante de
sus padres y de la sociedad moderna, se ha transformado en un objeto de
consumo. Tiene que realizar el desarrollo con la exigencia y la presión de ser
espejo moderno de sus padres, de lo social, de lo institucional. En esta realidad
sin tiempo, la temporalidad infantil se acelera velozmente para que sea el mejor
representante de ese mundo moderno. Se aceleran el tiempo de las adquisiciones
y el desarrollo psicomotor. El niño tiene que sentarse como a caminar, hablar,
escribir leer, conocer y saber lo antes posible, y para ello instrumentan todas las
técnicas, objetos, objetivos, contenidos y elementos didácticos-pedagógicos para
que sean los mejores representantes del mercado global punto de este modo,
sumarán más elementos para competir en el mercado. Un niño bueno, competidor
para el ideal de la gran aldea global, será el que sepa más idiomas por supuesto,
inglés aprenda más rápido, denomine más computación y acumule más
conocimiento. En esta moderna realidad, no es de extrañar que en los jardines
maternales sale de 18 meses se instrumenten técnicas de computación, primeros
esbozos de inglés y didácticas de lectoescritura Para ir preparando a los más
pequeños en la competencia del mercado. Muchas escuelas se enorgullecen de
estas propuestas y afirman aquí vienen los niños porque se estudia inglés desde
que son muy pequeños, en la sala de 3 años es obligatorio inglés y computación,
en sala de 4 y 5 ya no se juega más, trabajan con cuadernillos muy avanzados.
Todos tienen que avanzar, ésta es una escuela modelo, por eso se la elige,
termina diciéndole la correcta directora.
El tiempo veloz de la urgencia atraviesa cualquier actividad del niño, y, por
supuesto, en la práctica clínica y educativa, tiene incidencia fundamental. Padres,
madres y profesionales exigen resultados cada vez más rápidos, en un tiempo
siempre breve y acotado por las innumerables exigencias. Urgencia para que
hable bien, para que dibuje y escriba las letras, para que lea coma para que pase
de grado, para que no se atrase, para que esté siempre atento, para que domine
el inglés y la computación y hasta exigencias para que sea feliz. Si presenta algún
retraso en el desarrollo, problema o síntoma como la exigencia de solucionarlo
cuanto antes se duplica. El temor al fracaso escolar o la dificultad en alguna de
sus funciones motrices,cognitivas, sensoriales o verbales propias de la
desarmonía lógica de la estructuración subjetiva, conllevan el gran temor al
fracaso de la función del hijo, que en el mundo global y competitivo resulta
ciertamente intolerable. Paradójicamente, los efectos de esta urgencia exigencia
generan en la infancia nuevos y famosos síntomas (anorexia y bulimias infantiles,
niños hiperkineticos, síndrome desatención, crisis nervioso-agresivas, adicciones,
insomnio). Lo que en esta sintomatología está en juego es siempre el gran temor y
la angustia del niño de perder el amor parental, temor acrecentado ante
semejantes exigencias que no puede cumplir. Si un hijo-niño no alcanza a cubrir
las expectativas de los padres. ¿Cuál será el futuro que le queda?. La respuesta
paradójica del niño a esta acuciante interrogante lo lleva a crear y recrear nuevos
síntomas, Como un modo de generar una demanda de amor encubierta ante la
imposibilidad de otra respuesta posible. Frente a lo imposible, que sería quedarse
si en el sustento del amor parental, los niños inteligentemente invierten la
demanda y crean síntomas como modos enmascarados de Recuperar el amor
parental, que los causa Como hijos y niños. He allí uno de los dilemas cruciales de
la urgencia moderna que coloca ante el escenario del mundo de la infancia. Desde
el saber de las neurociencias, muchas veces se le atribuye a este síntoma un
problema neurológico y eléctrico en la información interneuronal. Nuestro recorrido
clínico nos ha llevado por otros Laberintos y nos hemos encontrado, en todos los
casos, con niños muy angustiados. Uno de los modos que tienen los niños de dar
a ver, de dar a leer la angustia, es a través de su irrefrenable movimiento, de la
vorágine motriz. Esa motricidad imparable, suficiente, erotizada y gozosa, es la
apuesta en escena del sufrimiento y la angustia infantil que, como tal encierra una
demanda, no respondida o escuchada, de amor. No se trata de una simple o
compleja malformación eléctrica o neuromotriz que se cura con medicación, ni con
descargas catárticas o expresivas, pues ella anuncia un pasaje destinado a la
acción sin pausa la enorme densidad del sufrimiento que, sin salida, el malestar
reproduce una y otra vez. La angustia encarnada en el cuerpo y en la motricidad
devasta el Horizonte simbólico y representacional del Niño. La problemática la cual
Tendremos que enfrentarnos en el campo clínico será ¿Cómo desdramatizar,
enlazar, historizar y resignificar la angustia sintomática que el niño nos da a ver a
través de la aceleración constante y continua del movimiento corporal?. A través
de estos interrogantes, que indudablemente procuran ir más allá del desfreno
motor y corporal, nos encontramos con la historia viva y sensible de un sujeto-niño
en malestar constante. Justamente, es ese "estar mal" entrelazado en la historia
singular lo que aparece sin resignificación posible, reproduciéndose
indiscriminadamente. Relataré brevemente una viñeta clínica, donde se desenlaza
la trama de un niño diagnosticado como "Severo síndrome disatencional" los
padres de Tomás consultan por su hijo de 7 años, quien posee todos los signos
descritos por el DSM 5 del síndrome disatencional. Los padres afirman no prestan
atención, no hace caso, se mueve siempre, es muy huidizo. A veces afirmala
madre "dan ganas de matarlo", que genera un odio terrible punto por suerte ya
sabemos lo que tiene, el neurólogo nos dijo que era un problema eléctrico de la
información neurológica. Esperamos que la medicación local me un poco, nos
vuelve locos a todos. Es adoptado, pero la verdad no sé porque lo adoptamos. Si
hubiéramos sabido esto.... "
La hermana es bonita, no nos da problemas en la escuela, se porta bien, es un
ejemplo; él es el Terrible, imparable. El padre agrega Yo estoy esperando que
algún día se encarrile, estoy convencido de que él es inteligente, hay que
encarrilarlo. En las entrevistas que tengo con Tomás registro en su gestualidad la
tristeza de un niño angustiado. No para de moverse, va de un lado a otro del
consultorio, Abre todo lo que se encuentra, sin detenerse.
Los tiempos instituyentes en la primera infancia:
Procuramos ahora tomar un ejemplo de los inicios del desarrollo psicomotor del
bebé, donde colocaremos los tiempos instituyentes de las infancias en el
fundamental pasaje del reflejo arcaico al gesto.
En este trayecto lo sensorio-motor se separa y anuda una experiencia significante
transformándose en un espejo. Marcamos, entonces, un primer tiempo donde el
otro materno, del reflejo que realiza el bebé, arma una escena en un escenario
simbólico por eso le habla, le canta, lo acaricia jugandole, donde anticipa un futuro
en una anterioridad lógica, ya que el niño todavía no habla, ni canta, ni puede
jugar. Toma un simple reflejo y lo transforma en un gesto. Ese tiempo que
denominamos futuro anterior, en este caso anticipa un gesto donde solo hay un
puro reflejo. Gráficos página 34
Tenemos así dos tiempos de un mismo movimiento escénico, el agente maternal
juega escenificando y produce la anticipación simbólica en futuro y el niño
responde resignificándolo retroactivamente al reflejo como gesto, o sea, la
separación entre los sensitivo y lo motor. A partir de esta verdadera
transformación del reflejo al gesto, el movimiento como pura respuesta refleja
automática Se ha perdido y recuperado como gesto escénico significante. Cuando
el otro responde a esta llamada gestual del niño se produce una doble afirmación:
del lado del niño, la respuesta materna reafirma su existencia en el gesto
demandante que provoca la respuesta. La madre acude a su gesto, él es
comprendido punto del lado de la madre el gesto y del niño reafirma su
funcionamiento materno y confirma el sentimiento que ella le adjudicó a ese
movimiento. Se produce un nuevo movimiento escénico donde el niño desde su
posición anticipa con el gesto la respuesta materna, por eso lo realiza, ya que al
ser un movimiento dado al ver a otro, el anticipa simbólicamente que ese otro lo va
a mirar y lo va a responder. La anticipación está ahora del lado del niño. Desde el
punto de vista de los enciomotor se ha establecido una diferencia, un
acontecimiento, que se inscribe a través del escenario y la escena que el otro y el
niño producen. Al mismo tiempo que se estableció esta diferencia se configuró un
puente significante.
Del cuerpo a la representación: apropiación e incorporación:
Recordemos que hasta este momento lógico de ese otro materno quien unifica y
unariza el cuerpo fragmentado del niño a través del montaje escénico que se
construye en la relación. Es justamente esta construcción la que provoca en el
niño una experiencia de satisfacción, de placer, o sea, una huella significante que
transforma en un espejo punsional en una brújula interna a partir de la cual
comienza a ordenarse y diferenciarse de la experiencia sensoriomotriz del bebé.
Los diferentes estímulos sensoriales, (táctiles, propioceptivos, intereceptivos,
cenetésicos, visuales, olfativos, entre otros). Que llegan al cuerpo se empiezan a
ordenar y a organizar en función de ese espejo interno funcional, desde donde se
lanza la motricidad. Resumiendo: el escenario y la escena que monta el otro
producen en el niño un acontecimiento que, como efecto, provoca una experiencia
de satisfacción inscribiéndose como marca-espejo pulsional, a partir del cual se
organiza y unifica la motricidad. El primer espejo corporal y simbólico que
incorpora el Infante representa el saber y la escena que el otro construyó para
unificar y humanizar el cuerpo fragmentado del niño. A partir de allí El pequeño
puede anticipar y existir sin que el otro materno tenga que estar presente, pues lo
ha comenzado a incorporar como huella. Para que un niño cumpla su
funcionamiento de hijo tendrá que separarse de su madre y ella tendrá que
renunciar a ser uno con él, para que ese lazo madre-hijo re-afirme la filiación y
descendencia. Finalmente, si el niño existirá con el referente ya incorporado. Se
produce, de este modo, la pérdida del reflejo motor como tal, que ha quedado
metamorfoseado, transformado y configurado en gesto. Es en la ausencia y el
anudamiento del reflejo donde el gesto, la postura y el movimiento adquieren el
estatus de apropiación representacional. El gesto se instala como un tercer
momento escénico dado a ver en el cual el niño se reconoce en el hacer, en la
realización en función de constituir y construir un lazo social que excede el cuerpo
y la motricidad. Pues siempre quieren más de lo que pueden tener, por eso no
dejan de invocar al otro. En estos tiempos lógicos y momentos escénicos
ordenados en diferentes escenarios, los sensitivos se separa irreductiblemente de
lomotor, creando el espacio necesario para que advengan la representaciones del
cuerpo y el movimiento del sujeto niño. Indudablemente los sensorio-motor
ubicado de modo queda enunciado como un encuentro azaroso y a la vez
determinado entre la estructura subjetiva y el desarrollo neuromotor del niño.
Desde esta enunciación no se trata de los aspectos motores en detrimento de los
sensorial ni de los sensoriales en oposición a los motores. Son escenas
acontecimientos claves en la metamorfosis y como tres del niño. Las impresiones
de las huellas en el cuerpo son los investiduras (al decir freudiano "el montaje de
afecto") que posibilita el tránsito, el encadenamiento de nuevas representaciones.
Es decir, no tiene valor por la acción en sí misma, sino como parte de una historia
que el niño necesita representar, resignificar y subjetivar. Es jugando como el niño
representa esta historia. Al jugar coloca en escena el cuerpo y la motricidad; de
este modo experimenta y conoce su cuerpo. El jugar crea al niño y a la infancia.
Las representaciones psicomotrices del niño se inscriben como representantes de
esas huellas del origen y articulando el aparato sensitivo la sensibilidad
propioceptiva, interceptiva, cenetésica, táctil y kinestésica con su historia singular.
Pues se trata de una representación en escena que implica necesariamente al
cuerpo como producción y realización psicomotriz. Al jugar y poner en escena la
representaciones psicomotrices el niño produce su desarrollo, o sea, el
funcionamiento de la función motriz y la representación es del esquema corporal y
del proyecto motor, de los cuales, en las resignificación va tomando conciencia.
Como afirmamos las representaciones psicomotrices se estructuran en tránsito, en
escena a modo de ligadura y puente, entre una representación y otra. Llegamos
así a plantearnos una nueva concepción de lo sensoriomotor. Pues si el niño tiene
bloqueada la realización, la puesta en escena del cuerpo, correría el riesgo de que
la investidura libidinal no se desencadene en una escena representacional y, por
lo tanto, quede fijado en el propio cuerpo. Se podría pensar en una hipertonía
paratonía o inhibición que impide la puesta en escena de la representación, o, del
mismo modo, se podría considerar la inestabilidad e hiperkinesia psicomotriz como
pura acción de descarga, sin posibilidad de apropiación y representación corporal.
En ambos síntomas psicomotrices psicomotores la representación psicomotriz No
cumpliría su función de tránsito, articulación y apertura. Esta nueva concepción de
lo sensoriomotor nos permite incluir en nuestro análisis del campo de las
estereotipias de la infancia, con todas las problemáticas y dimensiones que las
mismas conllevan.
Capítulo 4: el niño y lo otro
La incertidumbre del origen: discapacidad y sexualidad.
¿Cuáles son los interrogantes y las dudas fundamentales frente al nacimiento de
un hijo?. El momento del nacimiento de un niño es un instante crucial, no solo para
él, sino para el otro punto ese otro que lo espera, lo desea y le demanda amor, se
plantea algunos interrogantes que para él son cruciales. El primer interrogante
será saber si su hijo nació bien o, si por el contrario, hay algún problema, es
fundamental preguntar acerca de la salud o la enfermedad de su hijo. Esta
pregunta enmarca los primeros instantes del nacimiento, pues ambos padres
necesitan saber si todo está bien punto al hacerlo, despejan el temor y el miedo de
que algo de ese nuevo ser no funcione o lo haga con problemas o dificultades.
Inmediatamente, surge la segunda pregunta acerca de la identidad sexual del
bebé, o sea, saber si es nena o nene. Aunque los padres, por diversos estudios,
pudiera ya saber el sexo del Pequeño, necesitan confirmar en ese recién nacido la
identidad sexual que el estudio científico había anticipado. El niño en su cuerpo
puerta saberes qué, si bien Él desconoce, para esos otros causan preguntas,
dudas e interrogantes. A partir de ese segundo interrogante surge un tercero que,
por supuesto, se articula con los otros dos y se refieren al reconocimiento de sus
progenitores en ese recién nacido. Es un reconocimiento esencial, que
corresponde a las preguntas a quién se parece. ¿se parece a mí cuando era
bebe? ¿es igual a su hermano? ¿tiene ojos parecidos a lo de la familia?.
Interrogantes todos que vienen a situar un primer espejo identificatorio con los
rasgos corporales del bebé, incorporándolo de este modo a una fecunda
genealógica del orden de lo familiar