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La Filosofia de Descartes

La filosofía de Descartes representa un cambio radical hacia la modernidad, proponiendo un sistema de conocimiento basado en la razón y un método riguroso. Su obra abarca la duda metódica, el cogito como primer principio indudable, y la existencia de Dios como garante de la verdad, estableciendo un dualismo entre mente y cuerpo. Además, su enfoque mecanicista redefine la física, describiendo el mundo como una máquina regida por leyes naturales.
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La Filosofia de Descartes

La filosofía de Descartes representa un cambio radical hacia la modernidad, proponiendo un sistema de conocimiento basado en la razón y un método riguroso. Su obra abarca la duda metódica, el cogito como primer principio indudable, y la existencia de Dios como garante de la verdad, estableciendo un dualismo entre mente y cuerpo. Además, su enfoque mecanicista redefine la física, describiendo el mundo como una máquina regida por leyes naturales.
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LA FILOSOFÍA DE DESCARTES

La obra cartesiana, escrita a menudo de forma autobiográfica, constituye un


intento personal pero de valor perdurable de explicar el nuevo mundo que se abre
ante el hombre de la modernidad. Supone un cambio de óptica respecto a la
filosofía y la ciencia anteriores. De ahí que, a veces, se hable de Descartes como el
“padre de la filosofía moderna”. Entre sus escritos filosóficos más destacados cabe
citar: Discurso del método (1637), Meditaciones metafísicas (1641), libro del que el
alumno debe leer un fragmento, Principios de Filosofía (1647), Las pasiones del
alma (1649), Tratado del hombre y Tratado del mundo (póstumos).

1. Concepción de la Filosofía

Descartes se esforzó por construir un amplio y riguroso sistema de saber de


carácter a la vez filosófico y científico. Creía que toda la sabiduría de su época -la
vieja filosofía medieval aristotélica- era inservible y había que sustituirla por una
nueva. Proyectaba iniciar una nueva filosofía, que se basara en el dictamen de la
razón; una razón, eso sí, guiada por un método único y seguro.
Según una célebre metáfora suya, la filosofía es un árbol “cuyas raíces son
la metafísica, el tronco es la física y las ramas que salen de este tronco son todas
las demás ciencias, que se reducen a tres principales, a saber, la medicina, la
mecánica y la moral” (Principios de filosofía). Concibe, así, la filosofía como un
todo unitario y orgánico –mathesis universalis-, como un sistema en el que los
distintos saberes, todas las ciencias, están internamente relacionadas, siendo la
metafísica el fundamento por contener los primeros principios del conocimiento y de
la realidad, y la física su inmediata consecuencia en el orden de generalidad de sus
principios; el resto son derivaciones más lejanas de aquella.
Esta visión unitaria de las ciencias que tiene Descartes se asienta en la
unidad básica de la razón y su forma de proceder; pues, en efecto, todas las
ciencias son obra de la razón, pese a la variedad de los objetos de que se ocupan.

2. El método cartesiano

La exigencia de un método –nuevo, único, común- es una constante de la


filosofía cartesiana. Descartes consideraba el método como un instrumento
necesario para nuestra razón, que le garantizaría poder llegar a conocer de modo
seguro todas las verdades y desarrollar la ciencia. La confianza de los racionalistas
de que todo puede o podrá ser conocido por la razón pivota precisamente sobre la
posibilidad de encontrar un método adecuado. Sin método, en cambio, el uso de la
razón podría llegar a ser infructuoso.
Ahora bien, qué entiende por método y en qué se concreta el que él propone.
a) Noción. Método es un conjunto de reglas “ciertas y fáciles” que hay que
seguir para llegar al verdadero conocimiento. Tiene, al menos, dos ventajas: nos
evita caer en el error y nos permite aumentar los conocimientos, es decir, descubrir
nuevas verdades.
b) Características. 1. Matemático: Descartes apuesta por un método, que,
basado en las matemáticas, pueda ser aplicado a cualquier saber y lo vuelva igual
de riguroso y exacto que aquéllas. 2. Deductivo: El método debe permitir -al modo
de la geometría- establecer unos principios simples e incuestionables (hallados por
la razón en sí misma) de los que se deduzcan o deriven con evidencia y necesidad
el resto de las verdades.
c) Reglas. En el Discurso del método Descartes expone sintéticamente las
cuatro reglas que componen su método –y que él mismo dice haber utilizado con
provecho en las investigaciones científicas que presenta a continuación, la
Geometría, la Dióptrica y los Meteoros-:
Primera regla: de la evidencia. Establece que sólo se ha de aceptar como
verdadero aquello que es absolutamente evidente o, lo que es igual, claro y distinto.
A través de esta regla Descartes expone un nuevo criterio de verdad: la evidencia,
que es aquello tan clara y distintamente concebido que no puede ponerse en duda.
Y para que una idea sea clara y distinta (o evidente) ha de estar presente ante la
mente, ha de ser intuida. La intuición es un tipo de conocimiento por el que
captamos de modo inmediato y transparente una idea; equivale a un “ver”
intelectual.
Segunda regla: del análisis. Impone dividir el problema a estudiar en sus
elementos más simples hasta que sean intuidos con evidencia.

Tercera regla: de la síntesis. Exige a continuación recomponer el problema


desde sus elementos más simples de forma ordenada y deductiva, es decir
encadenando sus elementos entre sí. De este modo, tomando lo simple como
punto de partida se puede proceder deductivamente a conocer todo lo demás. La
deducción es un modo de conocimiento consistente en derivar necesariamente (i.e.
siguiendo reglas lógicas) a partir de unas pocas verdades simples y elementales el
resto de los conocimientos.
Cuarta regla: de las enumeraciones. Impone que se hagan frecuentes
comprobaciones del análisis y revisiones del proceso sintético, para no perder de
vista ningún paso en la deducción y garantizar que no hay saltos en la misma.
Desde la óptica cartesiana, estas cuatro reglas del método pretenden ser
expresión del proceder espontáneo y natural de nuestra inteligencia o razón al
conocer. Esa es su justificación.
Una vez establecido el método para emprender la búsqueda de su filosofía,
Descartes afirma que puesto que, incluso antes de haber llegado a ninguna verdad
firme, uno ha de seguir viviendo de la mejor manera posible, le fue necesario
aceptar una moral provisional, compuesta de algunas normas básicas por las que
guiarse, hasta tanto no llegara a descubrir de forma segura las verdades que
estaba buscando. Estas normas se concretan en las siguientes cuatro reglas tal
como las expresa Descartes:
a) Obedecer las leyes y costumbres de mi país, conservar la religión en la
que he sido instruido y regirme por opiniones moderadas, huyendo de los
excesos.
b) Ser lo más firme y resuelto posible en mis acciones, siguiendo los
conocimientos más probables.
c) Tratar de cambiar mis deseos antes que el orden del mundo y aceptar
que nada está en nuestra mano salvo nuestros pensamientos
(estoicismo).
d) Dedicar toda mi vida al cultivo de la razón y la búsqueda de la verdad.

3. Metafísica

Para Descartes la Metafísica es un saber que debe contener los principios


del conocimiento y por ello mismo ha de constituir la “raíz del árbol de la filosofía”.
Al desarrollarla va a proceder metódicamente, es decir, intentando establecer
verdades absolutamente evidentes, a partir de las cuales poder deducir todo lo
demás.
Su metafísica constituye así un sistema deductivo de explicación de la
realidad basado, como se verá, en la noción de sustancia.

3.1. La duda metódica.- El punto de partida de la Metafísica no puede ser otro


que la duda. En efecto, constituye un mandato de su método el no aceptar como
verdadero nada mínimamente dudoso, sino sólo lo evidente. Además, al tener el
proyecto de fundar una nueva filosofía que no contenga más que certezas, no se
puede permitir el lujo de aceptar más que aquello que haya pasado indemne por el
proceso de duda. En las Meditaciones Metafísicas expone tres motivos para dudar
de nuestros conocimientos, de carácter cada vez más general:
1º Los sentidos.- Comienza dudando de la información ofrecida por los
sentidos. Puesto que los sentidos me han engañado alguna vez, no es ilógico
pensar que me puedan engañar siempre. Ahora bien, dado que hay conocimientos
inmediatos de los no cabe razonablemente dudar -como que estoy aquí, es de día,
etc.- establece a continuación un nuevo motivo de duda.
2º Los sueños.- Afirma que no tenemos ninguna razón definitiva para saber
si soñamos o no, ya que muchos sueños son tan vivos que no tenemos manera de
conocer si estamos dormidos o despiertos. Sin embargo, aduce que, aún dormidos,
hay nociones simples de las que no podemos dudar -la noción de cuerpo, número,
etc.-. En este segundo nivel se salvan de la duda ciencias como la aritmética y la
geometría por ocuparse de cosas muy simples y generales, pero no el resto de las
ciencias.
3º El Dios engañador o el genio maligno.- Tal vez, se plantea, haya un Dios
omnipotente que me engañe constantemente acerca de todo lo que estoy seguro
de saber. Con esta hipótesis la duda se hace universal: no habría nada, parece, de
lo que no yo pudiera dudar. Pero suponer la existencia de un Dios falaz incomoda a
Descartes (de hecho, esta expresión no aparece en el Discurso del método), por lo
que transforma esa conjetura en la de un ser sumamente poderoso y astuto –no
Dios- que se dedica a engañarme siempre. Así la hipótesis del genio maligno
cumple la misma función que la de un Dios engañador, sin ser irreverente, y sirve
para mantenerse en la duda universal hasta tanto no se encuentre algo
absolutamente cierto e indudable.
Los motivos de duda siguen un orden de radicalismo creciente hasta llegar a
considerar como falsos todos los conocimientos adquiridos. Pero la naturaleza
radical e, incluso extravagante, de estos argumentos no debe llamar a engaño
sobre la intención última de Descartes: encontrar verdades firmes e indubitables.
Se trata de una duda no escéptica sino metódica, establecida como recurso
metodológico para encontrar la verdad

3.2. El primer principio: el cogito.-Del interior mismo del acto de dudar surge algo
que resiste toda duda: es el hecho de que estoy dudando o, lo que es igual, que
estoy pensando. Así Descartes establece: ”Pienso, luego existo” (cogito, ergo sum).
Éste será el primer principio absolutamente evidente de su filosofía, y desde el cual
va a pretender deducir todo lo demás.
El cogito cartesiano constituye una intuición, es decir, una evidencia
inmediata, una idea clara y distinta. Es una verdad simple, inmediatamente
conocida por la razón. Con ella el sujeto, el “yo” se capta como pensamiento (no
como cuerpo, que sigue siendo objeto de duda). Y Descartes concibe el
pensamiento, de forma amplia, como todo aquello que ocurre en nosotros en
cuanto somos conscientes de ello, es decir, cualquier operación de nuestra mente:
“dudar, entender, afirmar, negar, querer, imaginar, sentir” es lo mismo que pensar.
Al preguntar Descartes acerca de la naturaleza o esencia del yo, cuya
existencia acaba de descubrir en el cogito, concluye que es una “sustancia o cosa
pensante” (res cogitans) puesto que puedo fingir que no tengo cuerpo pero no
dudar de mi pensamiento. Y define el término “sustancia” como “aquello que
capaz de existir por sí mismo”. Por lo cual el sujeto pensante es una sustancia
independiente que no necesita de ninguna otra sustancia para existir -salvo de
Dios, apostillará-, es decir, que no necesita del cuerpo para existir.
Este planteamiento conduce al dualismo, puesto que escinde tajantemente
mente y cuerpo.

3.3. El criterio de certeza.- Tras establecer la primera verdad -el cogito-


Descartes, basándose en ella, propone como criterio general de certeza o de
verdad, es decir, como criterio para distinguir lo verdadero de lo falso “que todo
aquello que se conciba muy clara y distintamente es verdadero”.

3.4. Dios o la sustancia infinita.-A continuación Descartes se propone investigar


si no conoce ninguna otra realidad aparte de sí mismo. Comienza así el proceso de
síntesis propuesto en el método.
Su argumentación es la siguiente. Sólo cuento con la evidencia de que “soy
una sustancia pensante” y lo que pienso son “ideas”. Las ideas constituyen el
contenido del pensamiento. Distingue tres tipos de ideas según su origen: innatas
(las que brotan de la propia mente o espíritu), adventicias (las que se derivan de la
experiencia externa) y facticias (las construidas por nosotros a partir de otras
ideas). Teniendo en cuenta la existencia de tales ideas, Descartes se propone
demostrar la existencia de Dios y posteriormente de las cosas materiales, del
mundo en definitiva.
Demostración de la existencia de Dios.- Descartes lleva a efecto, al menos,
dos demostraciones de la existencia de Dios. La primera (que el alumno lee en el
texto de la Meditación tercera) parte de la existencia en mí de la idea de un ser
infinito y perfecto; tal idea no puede haber sido construida por mí mismo, ni venir
de fuera, ya que ni yo ni las cosas del mundo somos perfectos; concluye entonces
que tiene que ser una idea innata, puesta en mí o causada por un ser realmente
perfecto. Dios, por tanto, existe y es definido como sustancia infinita. Otra
demostración que aporta Descartes -en la quinta meditación- es el viejo “argumento
ontológico” de Anselmo de Canterbury.
Dios como garantía de nuestras evidencias.- La existencia de Dios permite a
Descartes superar definitivamente la duda y asegurarse de la existencia de otras
realidades además de mi propio yo. Sólo Dios garantiza que nuestras evidencias
sobre las realidades externas son verdaderas, porque Dios, que es perfecto ha de
ser por ello mismo bueno y veraz, y no puede hacer que cuando percibimos algo
clara y distintamente no sea verdad. El criterio de veracidad divina es un
complemento del de certeza: asegura, en última instancia, el buen funcionamiento
de nuestra razón.

3.5. La existencia del mundo.- Hasta ahora, Descartes posee constancia de su


existencia (sustancia pensante) y de la de Dios (sustancia infinita). Le queda
demostrar la existencia del mundo, de los cuerpos materiales (sustancia extensa).
Para ello parte Descartes también de las ideas de los objetos materiales que
encuentro en mí; por inclinación natural suelo atribuir la causa de tales ideas a las
cosas mismas y Dios garantiza aquí también esta inclinación. Luego los cuerpos
(incluido el mío) existen como causas de mis sensaciones.
En resumen, Descartes procediendo metódicamente, siguiendo las reglas
establecidas por su método universal, llega al descubrimiento del sujeto pensante y
desde él procede a demostrar deductivamente, primero, la existencia de Dios y,
después, la realidad objetiva del mundo que percibo a través de los sentidos. Estas
son las tres realidades, las tres sustancias de su metafísica. Sólo con la
mediación de Dios puede superar la subjetividad en la que se había instalado con el
cogito.

4. Física y antropología

Una vez expuesta la raíz del árbol de la filosofía, procede pasar al tronco,
que es la Física. La física cartesiana es deudora de su Metafísica, es decir se
asienta sobre los principios metafísicos descubiertos. Se trata de una Física
deductiva, pues partiendo de las causas primeras (Dios y las leyes de la
naturaleza), mediante una larga serie de cadenas deductivas pretende poder
demostrar sus efectos prácticamente sin recurrir a la experiencia.
Más importante que el intento de elaborar una física deductiva es el
mecanicismo. El mecanicismo es un modelo explicativo del mundo opuesto al
modelo biológico (finalista) de la Antigüedad y el Medievo. Si hasta ahora el mundo
era concebido como un organismo (Aristóteles, por ej.), ahora es entendido como
una máquina. Todo se reduce a materia y movimiento. Pero la materia no es sino
extensión (res extensa), incluso en el sentido geométrico, por lo que no puede ser
divisible indefinidamente, no puede existir el vacío y tampoco ningún otro principio
activo interior a las cosas. Para explicar el hecho de que la máquina del mundo se
mueva Descartes recurre a Dios. Dios es la causa (eficiente) primera del
movimiento, Él lo comunica a la materia y dentro de ésta se transmite
sucesivamente por choque según el principio de conservación y la ley de la inercia.
Este esquema mecánico explica todos los cambios en la naturaleza, que, por tanto,
podrían ser deducidos con antelación.

Descartes da también una explicación mecanicista de los organismos


vivos, a los cuales concibe como máquinas muy complejas. Los animales se
explican como simples autómatas sin mente. Con lo cual el hombre, que es
identificado con su alma espiritual (o el pensamiento), queda netamente separado
del mundo animal y al margen de la determinación de las leyes mecánicas de la
naturaleza. La relación del alma humana con su propio cuerpo-máquina queda sin
aclarar suficientemente por Descartes. Éste plantea el problema de cómo pueden
comunicarse dos sustancias incompatibles, una extensa y otra no física; por
ejemplo cuando por nuestra voluntad libre movemos uno de nuestros brazos. Pero
la única respuesta que ofrece a esta cuestión -que recibirá una considerable
atención en la filosofía y la ciencia posterior- es que esa relación se produce a
través de la impar glándula pineal (¿extensa y pensante a la vez?), situada en el
cerebro, sin aclarar cómo. Un racionalista posterior, el alemán Leibniz, criticaría con
un célebre ejemplo esta solución cartesiana al problema de la comunicación de las
sustancias, al afirmar que, para Descartes, lo físico y lo mental son como dos
relojes distintos que, sin embargo, están sincronizados (o sea, armonizados) pero
no sabemos ni cómo ni por qué.
Llevando más lejos el planteamiento mecanicista cartesiano, otro
racionalista, el holandés Spinoza llegaría a elaborar una “geometría de las
pasiones, sentimientos y acciones humanos” y a afirmar que la creencia del hombre
en su libertad no es más que el fruto de la ignorancia de las causas que actúan
sobre él. El mecanicismo que en Descartes aún no afecta al hombre y su libertad,
en Spinoza lo determina plenamente (determinismo) porque, para éste, no existen
dos tipos de sustancias, extensas y pensantes, sino sólo una (los dos relojes no
son más que dos esferas con una misma maquinaria). Esta perspectiva es también
la que se acabaría imponiendo en la ciencia moderna y contemporánea.
CONCLUSIÓN: 1ª) la filosofía de Descartes constituyó un rico caudal de ideas
novedosas respecto de la filosofía anterior y sentó las bases de la filosofía moderna
posterior; 2ª) su propósito consistió en empezar a filosofar de nuevo desde los
fundamentos y para ello se sirvió de un método que le permitió construir una nueva
teoría sobre la realidad, conformada por tres sustancias; 3ª) tras su metafísica
dedujo una física mecanicista, se adhirió al dualismo antropológico y, con ello, dejó
en herencia a la filosofía posterior el difícil problema de la comunicación de las
sustancias.

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