YANESHA
El pueblo yanesha es también conocido como amuesha y la lengua que utilizan forma parte de
la familia lingüística arawak. El término ´yanesha' significa, en su propia lengua, ‘nosotros la
gente’ y, a diferencia de los otros nombres bajo los cuales se ha conocido a este pueblo, ésta
es una denominación propia.
Tradicionalmente, el pueblo yanesha se ha asentado en los valles del río Huancabamba,
Chorobamba, Paucartambo y Perené. El mítico Cerro de la Sal, lugar de intercambio comercial
y ritual que permitió el encuentro entre varios pueblos amazónicos, ocupaba parte del territorio
yanesha. La cercanía de su territorio a los Andes centrales, permitió además, que este pueblo
tuviera contacto con poblaciones andinas, antes de la conquista, y un contacto más o menos
continuo con colonizadores después.
Actualmente, las comunidades yanesha se ubican principalmente en la zona amazónica de los
departamentos de Huánuco, Pasco y Junín. Según el Censo de Comunidades Indígenas de la
Amazonía, realizado en 2007, la población de las comunidades autoidentificadas como
yanesha era de 7523 personas
HISTORIA
del pueblo yanesha se remonta a la época prehispánica, la evidencia de ello se encuentra en
algunos mitos o relatos que aún se encuentran dentro de las comunidades y en palabras de
origen quechua dentro del vocabulario yanesha (Santos Granero 1994, Smith 1999). El vínculo
con las poblaciones andinas, sin embargo, no habrían estado exento de conflictos, Smith
(1999) recoge un relato en la comunidad yanesha Tsachopen de Oxapampa donde se cuenta
una “historia llena de resentimiento hacia el Inca por el maltrato sufrido por los amuesha”.
La relación entre los incas y los yanesha se caracterizó por la hostilidad que ambos pueblos se
tuvieron, pero también por el intercambio comercial. Los yanesha establecieron también
contacto comercial con otros pueblos amazónicos; el famosos Cerro de la Sal, ubicado en el
límite del territorio ancestral yanesha y asháninka, sirvió para el establecimiento de una red de
intercambio entre los distintos pueblos, además de ser un lugar de importancia ritual para los
pueblos amazónicos (Santos Granero 2004).
Los primeros documentos etnográficos que mencionan a los yanesha datan de mediados del
siglo XVI, entre 1533 y 1576, cuando Diego de Porres ingresó a la selva central desde la zona
andina. Los misioneros contactarían por primera vez al pueblo yanesha durante esta
expedición (Smith 1999, Santos Granero 2004).
Entre los siglos XVI y XVII, los misioneros franciscanos y dominicos intentaron establecer
misiones en territorio yanesha; estos intentos tuvieron poco éxito debido al rechazo por parte
de las poblaciones indígenas. Recién a inicios del siglo XVIII, los franciscanos lograron
asentarse en el territorio ancestral de los yanesha estableciendo, hacia 1715, cinco misiones.
La incursión de misioneros produjo cambios importantes en la sociedad yanesha, siendo uno
de los impactos más importantes la disminución de la población nativa debido a enfermedades
(Santos Granero 1994).
En 1742, tuvo lugar el levantamiento indígena más importante de la región, liderada Juan
Santos Atahualpa. Los yanesha participaron de esta rebelión junto a otros pueblos indígenas,
logrando expulsar a los misioneros de la región. Desde esta época, hasta un siglo después la
selva central se mantuvo inaccesible (Santos Granero 1994).
Posterior a la independencia peruana, se fundó el fuerte militar de San Ramón en 1847 y la
ciudad de La Merced en 1869 en territorio yanesha. Parte de la política estatal fue impulsar la
colonización de la Amazonía, propósito con el cual se fundó la Sociedad de Inmigración y
Colonización. Bajo el auspicio de esta organización, se asentaron en Pozuzo inmigrantes
tiroleses alemanes, en el extremo norte del territorio yanesha (Santos Granero 2004).
El incremento de los precios del café y de la caña de azúcar atrajeron a un gran número de
migrantes campesinos, y en 1891 se fundó el pueblo de Oxapampa. Con la ola de colonización,
el territorio yanesha fue confinándose a espacios más reducidos. El momento cumbre fue
cuando el Estado peruano concedió 500,000 hectáreas de la selva central a la Peruvian
Corporation Company, la misma que se estableció en las dos márgenes del río Perené hasta
su confluencia con el río Tambo, entre los territorios de los yanesha y asháninka. Esta empresa
continuaría promoviendo la expansión de los colonos en la selva central hasta la primera mitad
del siglo XX.
A partir de la década de 1940, se aceleró el proceso de integración de la población yanesha al
mercado nacional, primero como peones estacionales de las haciendas o patrones, y luego
como pequeños productores independientes de café y ganado (Santos Granero 2004).
Finalmente, dentro de la historia más reciente, en la década de 1980 el pueblo yanesha se vio
amenazado por dos fenómenos de características diferentes: por un lado, por el programa
masivo de construcción de carreteras y promoción de la colonización en la Selva Central que
se impulsó desde el Estado peruano.
Por otro lado, a mediados de la década de 1980, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru
(MRTA) comenzó a expandirse hacia la región amazónica, desarrollando sus acciones
subversivas, principalmente en las provincias de Oxapampa y Chanchamayo, territorio del
pueblo yanesha y asháninka. La acción violenta de este grupo tuvo consecuencias nefastas
sobre la población mestiza e indígena asentada en esta zona. Una acción importante se dio en
el año 1989, cuando los líderes yanesha se unieron a los asháninka para expulsar de su
territorio al grupo armado, logrando su cometido en el año 1990 (CVR 2003).
INSTITUCIONES SOCIALES, POLITICAS Y ECONOMICAS
El tipo de horticultura que practican los yanesha es de roza y quema, típico de los pueblos que
habitan el bosque tropical, mediante el cual se abre un pedazo del bosque, desbrozando la
maleza y los árboles para instalar la chacra de cultivo. La apertura y cuidado de una chacra
involucra el trabajo del hombre y la mujer, cada uno de ellos con roles definidos. Así, en
general, la tala de árboles es una tarea masculina; mientras que la siembra es una tarea de las
mujeres, aunque esta actividad también la pueden desarrollar los hombres, sobre todo para el
cultivo de ciertos alimentos. Una actividad que parece ser exclusiva de las mujeres es el
deshierbe, a tal punto que la primera tarea de las mujeres púberes después de su
confinamiento ritual es ir a la chacra de sus padres a deshierbar, demostrando así su fortaleza
y destreza (Santos Granero 2004).
La caza es una actividad masculina, pero tampoco es exclusiva, pues en esta actividad pueden
participar mujeres y niños. Los yanesha tienen cuatro técnicas de caza, las más tradicionales
son aquellas que utilizan arco y flecha y trampas; luego se han introducido otras prácticas,
como el uso de perros, y el uso de escopeta, siendo esta una práctica bastante reciente, a
partir de la década de 1980. La poca disponibilidad de animales en la zona alta del territorio
yanesha, habría cambiado ciertas prácticas rituales asociadas a esta actividad (Santos Granero
2004).
La pesca es una de las actividades de mayor importancia en las comunidades ubicadas en la
zona baja del territorio yanesha debido a una mayor disponibilidad de recursos en esta zona.
Los yanesha cuentan con numerosas técnicas de pesca, entre las más tradicionales se
encuentra la pesca con arco y flecha, pero cada vez es más raro encontrar esta técnica entre
los varones adultos. Además de ella se encuentra el uso de la tarrafa o atarraya, el uso de
anzuelos metálicos, el uso de trampas, canastas y cercos. Además se encuentra el uso de
tóxicos naturales como barbasco, cube y huaco, este tipo de técnica implica una actividad
colectiva que puede ser llevada a cabo por hombres y mujeres, o solo por mujeres (Santos
Granero 2004, IBC 2005).
La recolección es una actividad desarrollada tanto por hombres como por mujeres y de tipo
aleatoria; es decir, no se trata de una actividad planificada, sino se da de manera fortuita y de
manera simultánea con otras actividades, durante la expediciones de caza o pesca, viajes,
camino a la chacra, entre otras (Santos Granero 2004).
Santos Granero (2004) señala que anteriormente el pueblo yanesha era más dependiente de
los recursos naturales para su subsistencia; si bien, cada vez más las familias yanesha han
adoptado actividades económicas articuladas al mercado regional como el cultivo del café y la
crianza de ganado, esto no significa que hayan dejado de lado sus actividades de subsistencia
tradicionales como la horticultura, la caza, la pesca y la recolección.
CREENCIAS Y PRACTICAS RELIGIOSAS
Como muchos otros pueblos de la Amazonía peruana, los yanesha tienen una estrecha
relación con la naturaleza. En este contexto, Santos Granero (2004) señala que este pueblo
considera que el éxito de las actividades productivas depende en gran medida de un conjunto
de saberes basados en la observación y la experiencia, pero además, en cuestiones “mágicas”.
Así por ejemplo, la selección de un sitio para la chacra requiere, según la tradición yanesha,
que se observe y palpe la tierra, y que además se realice un acto adivinatorio para confirmar si
el sitio elegido es una buena elección. La adivinación con hojas de coca puede confirmar esta
decisión, o por el contrario, indicar que se trata de un mal sitio para sembrar, ya que en él
rondan “sombra errantes” o es un lugar donde habita un espíritu.
Siendo esta una cultura oral, el papel que juegan los mitos para la preservación de la memoria
colectiva es muy importante. Según Santos Granero (1994), para el pueblo yanesha el
conocimiento de los mitos realza el prestigio de una persona. Por esta razón, no cualquiera
puede contar un mito, sino tiene que ser una persona que posee el conocimiento suficiente
para narrarlo en público. La mitología yanesha está divida en dos tipos de narrativas: la primera
hace referencia a sus dioses y los principales sucesos históricos; y la segunda, hace referencia
a un gran número de relatos donde los personajes son animales o personajes míticos
secundarios, los cuales suelen tener una moraleja escondida.
Para los yanesha, los chamanes son centrales en la vida humana y social, ya que son ellos los
mediadores con divinidades mayores y menores, así como entidades demoníacas que
tradicionalmente pueblan el cosmos yanesha (Santos Granero 2004).
Los estudios realizados por Richard Smith (1982) entre los yanesha, demuestran que la música
juega un papel bien importante en su cultura. Tal es así que, uno de sus mitos relata que antes
que conocieran la música vivían en guerra y sin vínculos sociales entre ellos.