IES VIERA Y CLAVIJO
KANT (resumen)
Nace en Königsberg, hoy Kaliningrado, actual Rusia, 1724 – 1804. Filósofo alemán. Hijo de un
modesto guarnicionero, fue educado en el pietismo. En 1740 ingresó en la Universidad de
Königsberg como estudiante de teología y fue alumno de Martin Knutzen, quien lo introdujo
en la filosofía racionalista de Leibniz y Christian Wolff, y le imbuyó así mismo el interés por la
ciencia natural, en particular, por la mecánica de Newton.
Su existencia transcurrió prácticamente por entero en su ciudad natal, de la que no llegó a
alejarse más que un centenar de kilómetros cuando residió por unos meses en Arnsdorf como
preceptor, actividad a la cual se dedicó para ganarse el sustento luego de la muerte de su
padre, en 1746. Tras doctorarse en la Universidad de Königsberg a los treinta y un años, ejerció
en ella la docencia y en 1770, después de fracasar dos veces en el intento de obtener una
cátedra y de haber rechazado ofrecimientos de otras universidades, fue nombrado por último
profesor ordinario de lógica y metafísica.
La vida que llevó ha pasado a la historia como paradigma de existencia metódica y rutinaria. Es
conocida su costumbre de dar un paseo vespertino a diario, a la misma hora y con idéntico
recorrido, hasta el punto de que llegó a convertirse en una especie de señal horaria para sus
conciudadanos; se cuenta que la única excepción se produjo el día en que la lectura de Emilio o
De la educación, de Jean-Jacques Rousseau, lo absorbió tanto como para hacerle olvidar su
paseo, hecho que suscitó la alarma de sus conocidos.
1.LÍNEAS PRINCIPALES DE SU PENSAMIENTO
Kant hace hincapié en el lema “Sapere aude!”, que es una invitación a que el individuo se
atreva a pensar por sí mismo, por cuenta propia, única forma de liberarnos de los fanatismos,
dogmatismos, prejuicios y supersticiones. Kant es consciente de la dificultad que entraña
ilustrar a toda la sociedad, pero nos invita a dejar atrás a la figura de los “tutores” (maestros,
médicos, políticos, sacerdotes…) que impiden la emancipación intelectual de las personas, el
“abandono de la minoría de edad”. La mayoría de edad se alcanza con la razón, el uso de la
razón.
La razón, en Kant, va unida la libertad. Kant distingue entre lo que llama “uso público” y “uso
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privado” de la razón. El “uso público” alude a la libertad que todo individuo tiene de usar la
razón manifestando aquello que le dicte su inteligencia y razón, partiendo de que es
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conocedor del tema; el “uso privado” alude a la necesidad de obedecer ciegamente los
mandatos y leyes del Estado cuando se forma parte de él.
Así pues, Kant se mostrará contrario a la desobediencia civil, pues temía las consecuencias
sangrientas de las revoluciones. Para él, los cambios político-sociales debían venir de la mano
del reformismo. No obstante, siempre comulgó con las ideas revolucionarias de Francia, la
declaración de independencia de Estados Unidos o el alzamiento en Irlanda.
2.EL CONOCIMIENTO: ¿Qué puedo conocer?
En la “Critica de la razón pura” Kant analiza las condiciones que hacen posible el conocimiento
y determinan los límites de lo que puede ser conocido científicamente. Así estará en
disposición de responder a la pregunta de si la metafísica puede ser una ciencia.
Kant aborda el problema del conocimiento desde una perspectiva diferente a la propuesta por
el racionalismo y por el empirismo:
a. los racionalistas aseguran que conocemos ideas por medio de la razón.
b. los empiristas, en cambio, plantean que el conocimiento empieza captando impresiones a
través de los sentidos.
A lo largo de la historia del pensamiento y de la ciencia se venía asignando al sujeto un papel
pasivo; éste se limitaba a reproducir los objetos del mundo. Kant propondrá invertir el enfoque
en el estudio del conocimiento y da un “giro copérnicano” al darle un papel activo al sujeto;
dice Kant que debemos situarnos en la perspectiva del sujeto, en cómo conocemos, en vez de
centrarnos en el objeto del conocimiento, es decir, en qué conocemos.
Para Kant, el sujeto no refleja pasivamente la realidad tal cual es, sino que la construye,
porque necesita ordenarla para poder comprenderla. La información del mundo que recibimos
a través de los sentidos es filtrada por reglas y formas innatas que existen en nuestra mente.
En consecuencia, el conocimiento es el resultado, por un lado, de las formas a priori o innatas
que poseemos (que son el espacio, tiempo y categorías), y por otro, la información que nos
proporcionan los sentidos.
Kant piensa, entonces, que el sujeto está imposibilitado para conocer cómo es la realidad en sí
misma (que él llama noúmeno); solo conocemos fenómenos, es decir, datos sensoriales
filtrados por las condiciones innatas (espacio, tiempo y categorías). La ciencia, pues, es
conocimiento de fenómenos.
El límite del conocimiento es lo que podemos percibir; solo de ello podemos tener
conocimiento. La metafísica supera ese límite y no es posible como ciencia porque su objeto
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de estudio (dios, alma, mundo…) son ideas que no se apoyan en la experiencia.
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3. LA ÉTICA: ¿Qué debo hacer?
La razón humana tiene una doble dimensión: teórica, que se ocupa del conocimiento, como
acabamos de ver, y práctica, vinculada a la acción, que nos indica cómo debemos
comportarnos.
En su obra “Crítica de la razón práctica” Kant explica cómo funciona la conducta moral. Parte
de un hecho: los seres humanos actuamos movidos no solo por intereses, deseos o
sentimientos, sino también por principios o valores morales que nos orientan a la hora de
elegir y decidir. La libertad va ligada a la razón, porque necesitamos pensar para elegir nuestro
modo de comportarnos, para decidir qué debemos hacer.
La bondad o maldad del ser humano no reside en sus actos, es decir, en lo que hace, sino en la
intención con la que actúa. Dicho de otra forma, la bondad de una acción no está ligada a su
contenido, sino a la forma en la que se actúa, a la voluntad o intención que nos mueve a
realizarla. La voluntad que nos mueve es, pues, el criterio para juzgar la bondad o la maldad de
una acción concreta.
En ese sentido, la voluntad moral, la buena voluntad, es aquella que actúa por deber. Así, el
valor moral de una acción no reside en los fines o consecuencias que pueda producir esa
conducta, sino en si se ha realizado por deber. Ahora bien, ¿quién nos puede decir lo que
debemos hacer? La razón. Es la razón de cada uno la que nos dice cómo debemos actuar, una
razón autónoma que se da a sí misma la ley moral que debe obedecer.
Esta ley se construye con Imperativos, mandatos u órdenes; pero mandatos categóricos; es
decir, no sometidos a ningún fin o condición, sino solo por respeto al deber. El deber se
expresa en forma de imperativo categórico. Para saber si una norma es una ley moral, Kant
propone las tres formulaciones del imperativo categórico:
a. Lo que mueve a actuar es universalmente deseable (universalidad).
b. Las personas pueden darse leyes morales a sí mismas y obligarse a cumplirlas (autonomía).
c. Las personas han de ser consideradas un fin en sí mismas, nunca un medio (respeto a la
dignidad humana).
Podemos resumir estas formulaciones en una sola: “Actúa solo según una regla, de tal forma
que puedas desear al mismo tiempo que se torne en ley universal”. (Imperativo Categórico).
La ética de Kant representa un importante cambio en la historia de la ética: el deber sustituye
al bien, a la felicidad, al placer… como fundamento de la acción moral. Pasamos de unas éticas 11
de contenido o éticas materiales (Aristóteles, Epicuro, el cristianismo…) a una ética de la
intención o ética formal.
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4. LA POLÍTICA: ¿Qué me cabe esperar?
La respuesta a este interrogante la aborda Kant en la filosofía de la religión, la filosofía de la
historia y la filosofía política. Nos vamos a centrar en esta última.
En su escrito “Sobre la paz perpetua”, Kant diseña un proyecto político cosmopolita en el que
sean efectivas las libertades en el campo moral y político de toda la humanidad. Esta tarea
tiene como meta la paz, fruto del acuerdo entre ciudadanos libres, que es el sentido último de
la historia y del progreso. Para favorecer la paz, la igualdad y las libertades políticas, se
necesita una forma de gobierno adecuada: el modelo que Kant propone es la constitución
republicana, ya que es el único que puede garantizarlo porque requiere del consentimiento de
la ciudadanía para declarar la guerra, al tiempo que garantiza los principios de libertad,
ciudadanía e igualdad de sus miembros. Además, el modo de gobierno republicano responde a
los criterios de representatividad y división de poderes, que lo distinguen del modo despótico
de gobernar.
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KANT PARA LA PAU 2025
TEXTO DE KANT: ¿Qué es la ilustración? (extracto). (Trad. de Roberto R. Aramayo. Alianza Editorial)
Ilustración significa el abandono por parte del hombre de una minoría de edad cuyo
responsable es él mismo. Esta minoría de edad significa la incapacidad para servirse de su
entendimiento sin verse guiado por algún otro. Uno mismo es el culpable de dicha minoría de
edad cuando su causa no reside en la falta de entendimiento, sino en la falta de resolución y
valor para servirse del suyo propio sin la guía del de algún otro. Sapere aude! ¡Ten valor para
servirte de tu propio entendimiento! Tal es el lema de la Ilustración. Pereza y cobardía son las
causas merced a las cuales tantos hombres continúan siendo con gusto menores de edad
durante toda su vida, pese a que la Naturaleza los haya liberado hace ya tiempo de una
conducción ajena (haciéndoles físicamente adultos); y por eso les ha resultado tan fácil a otros
el erigirse en tutores suyos. Es tan cómodo ser menor de edad. Basta con tener un libro que
supla mi entendimiento, alguien que vele por mi alma y haga las veces de mi conciencia moral,
a un médico que me prescriba la dieta, etc., para que yo no tenga que tomarme tales
molestias. No me hace falta pensar, siempre que pueda pagar; otros asumirán por mí tan
engorrosa tarea. El que la mayor parte de los hombres (incluyendo a todo el bello sexo)
consideren el paso hacia la mayoría de edad como algo harto peligroso, además de muy
molesto, es algo por lo cual velan aquellos tutores que tan amablemente han echado sobre sí
esa labor de superintendencia. Tras entontecer primero a su rebaño e impedir cuidadosamente
que esas mansas criaturas se atrevan a dar un solo paso fuera de las andaderas donde han sido
confinados, les muestran luego el peligro que les acecha cuando intentan caminar solos por su
cuenta y riesgo. Mas ese peligro no es ciertamente tan enorme, puesto que finalmente
aprenderían a caminar bien después de dar unos cuantos tropezones; pero el ejemplo de un
simple tropiezo basta para intimidar y suele servir como escarmiento para volver a intentarlo
de nuevo. Así pues, resulta difícil para cualquier individuo el zafarse de una minoría de edad
que casi se ha convertido en algo connatural. Incluso se ha encariñado con ella y eso le hace
sentirse realmente incapaz de utilizar su propio entendimiento, dado que nunca se le ha dejado
hacer ese intento. Reglamentos y fórmulas, instrumentos mecánicos de un uso racional —o
más bien abuso— de sus dotes naturales, constituyen los grilletes de una permanente minoría 11
de edad. Quien lograra quitárselos acabaría dando un salto inseguro para salvar la más
pequeña zanja, al no estar habituado a semejante libertad de movimientos. De ahí que sean
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muy pocos quienes han conseguido, gracias al cultivo de su propio ingenio, desenredar las
ataduras que les ligaban a esta minoría de edad y caminar con paso seguro. Sin embargo, hay
más posibilidades de que un público se ilustre a sí mismo; algo que casi es inevitable, con tal de
que se le conceda libertad. Pues ahí siempre nos encontraremos con algunos que piensen por
cuenta propia incluso entre quienes han sido erigidos como tutores de la gente, los cuales, tras
haberse desprendido ellos mismos del yugo de la minoría de edad, difundirán en torno suyo el
espíritu de una estimación racional del propio valor y de la vocación a pensar por sí mismo.
Pero aquí se da una circunstancia muy especial: aquel público, que previamente había sido
sometido a tal yugo por ellos mismos, les obliga luego a permanecer bajo él, cuando se ve
instigado a ello por algunos de sus tutores que son de suyo incapaces de toda ilustración; así de
perjudicial resulta inculcar prejuicios, pues estos acaban por vengarse de quienes fueron sus
antecesores o sus autores. De ahí que un público sólo pueda conseguir lentamente la
ilustración. Mediante una revolución acaso se logre derrocar un despotismo personal y la
opresión generada por la codicia y la ambición, pero nunca logrará establecer una auténtica
reforma del modo de pensar; bien al contrario, tanto los nuevos prejuicios como los antiguos
servirán de rienda para esa enorme muchedumbre sin pensamiento alguno. […] Un hombre
puede postergar la ilustración para su propia persona y sólo por algún tiempo en aquello que le
incumbe saber; pero renunciar a ella significa por lo que atañe a su persona, pero todavía más
por lo que concierne a la posteridad, vulnerar y pisotear los sagrados derechos de la
humanidad. Mas lo que a un pueblo no le resulta lícito decidir sobre sí mismo, menos aún le
cabe decidirlo a un monarca sobre el pueblo; porque su autoridad legislativa descansa
precisamente en que reúne la voluntad íntegra del pueblo en la suya propia. A este respecto, si
ese monarca se limita a hacer coexistir con el ordenamiento civil cualquier mejora presunta o
auténtica, entonces dejará que los súbditos hagan cuanto encuentren necesario para la
salvación de su alma; esto es algo que no le incumbe en absoluto, pero en cambio sí le compete
impedir que unos perturben violentamente a otros, al emplear toda su capacidad en la
determinación y promoción de dicha salvación. El monarca daña su propia majestad cuando se
inmiscuye sometiendo al control gubernamental los escritos en que sus súbditos intentan
clarificar sus opiniones, tanto si lo hace por considerar superior su propio criterio, con lo cual se
hace acreedor del reproche: Caesar non est supra Grammaticos, como —mucho más todavía—
si humilla su poder supremo al amparar, dentro de su Estado, el despotismo espiritual de
algunos tiranos frente al resto de sus súbditos.
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ESQUEMA RESUMEN
En Kant se valora una forma de hacer filosofía, rigurosa, honesta, analítica, que se hace cargo de todos los
fenómenos de la vida humana.
El objetivo prioritario de Kant es el de examinar la facultad característica de la condición humana, la
razón, y el papel que desempeña en todas las facetas de la vida; estas facetas pueden quedar resumidas en
tres preguntas esenciales: ¿Qué puedo conocer? Se refiere a los principios que posibilitan el
conocimiento científico de la naturaleza. ¿Qué debo hacer? Se refiere a los principios y condiciones que
determinan las acciones y modos de proceder de los seres humanos como seres racionales. ¿Qué puedo
esperar? Se refiere a aquello que nos está permitido esperar cuando hemos cumplido con nuestro deber.
Posteriormente, Kant las resumió en una sola: ¿Qué es el hombre? El hombre, para Kant, es un ser
racional, moral y esperanzado.
1. Comentario de texto.
a) Relaciona el texto con el contexto filosófico de la época a la que pertenece.
Nos encontramos ante un fragmento perteneciente a la obra ”¿Qué es la Ilustración?”. Kant se
identificó plenamente con los ideales de la Ilustración europea: la razón y el progreso. Este
párrafo recoge la contestación de Kant a la pregunta ¿Qué es la Ilustración?; en ella expresa su
compromiso por la emancipación del ser humano. El lema de la Ilustración es: “Atrévete a
pensar por ti mismo” (Sapere Aude). La emancipación del ser humano por medio de la razón
es el programa de la Ilustración y forma parte de los ideales de la Revolución francesa. Este
lema también el núcleo del proyecto filosófico de Kant.
b) Identifica y explica la tesis o idea principal del texto.
La tesis del texto describe las causas que generan la carencia de ilustración en el ser humano.
La situación que Kant diagnostica es la de una mayoría de personas que continúa sin
emanciparse, acomodados en una posición de cierto infantilismo, es decir, como menores de
edad, incapaces de pensar por sí mismos y de guiar sus propias vidas, dejando este trabajo en
manos de algunos hombres a los que les resulta fácil erigirse en tutores y utilizar la razón para
guiar a los demás (maestros, sacerdotes, políticos, tutores…).
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c) Relaciona el texto con el siguiente concepto central de la filosofía del autor: mayoría de
edad
En relación con el concepto de MAYORÍA DE EDAD, Kant cree que los seres humanos son
responsables de esta situación de dependencia. Las causas de que no quieran utilizar la razón
son la cobardía y la pereza, y ello a pesar de que la naturaleza nos ha dotado de la capacidad
(la razón) para ser libres de toda tutela ajena y ser nosotros mismos: la pereza, porque es muy
cómodo no estar emancipado y no tener más responsabilidad sobre la propia vida que la de la
obediencia; la cobardía porque la emancipación, el pensar por sí mismo para decidir el camino
que ha de seguir la propia vida, entraña más riesgos y responsabilidades que la dependencia.
Los tutores se convierten en guías espirituales de una gran mayoría de personas porque así lo
quieren y lo permiten. La cultura, la religión y la medicina pueden ejercer este papel de
tutelaje. Además, los tutores alimentan la cobardía humana al presentar la emancipación
como peligrosa, porque de esa manera siguen siendo necesarios. Por eso, Kant propone el
lema “Sapere Aude” (Atrévete a pensar) para salir de este estado de infantilismo.
La emancipación (liberarse) de esta tutela implica tener el valor de servirse de la propia razón;
depende de que cada uno asuma el riesgo y la dificultad que supone renunciar a ser guiados
por otros y llegar a ser autónomos. En esto consiste la Ilustración: en la liberación de aquella
situación de sometimiento y de minoría de edad. Ser ilustrado es usar la razón para que sea la
guía de la propia vida.
2. Relaciona la filosofía de Kant con la de los siguientes autores: con Aristóteles, el
racionalismo-empirismo, Nietzsche, Beauvoir.
ARISTÓTELES: A continuación, voy a proceder a relacionar la teoría ética de Aristóteles
con la de Kant. Aristóteles propone una ética racionalista y teleológica o finalista. La vida
buena puede alcanzarse si logramos desarrollar nuestra naturaleza racional. Se trata de llevar
a cabo una vida conforme a esa naturaleza, una vida razonable. Esto requiere el ejercicio
cotidiano y continuado de la excelencia o virtud de nuestras acciones.
La virtud moral consiste en situarse en el término medio como resultado de un proceso de
deliberación racional en el que se evitan los extremos (tanto el exceso como el defecto). En
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este proceso es clave la virtud intelectual de la prudencia, que nos orienta en la elección de los
medios convenientes para conseguir la felicidad.
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El debate ético con Kant parte de la crítica de éste a las éticas materiales. Aristóteles dota de
contenido concreto al bien (ética material) e indica qué hacer para lograrlo. Kant califica esta
ética de heterónoma, pues la norma moral deriva de instancias ajenas al propio sujeto: el
contenido del bien radica en la búsqueda de la felicidad. Por el contrario, Kant propone una
ética autónoma en la que la norma moral derive de la propia razón del sujeto. Es una ética
formal que no indica qué hacer, sino cómo debemos actuar. Para Kant, una conducta tiene
valor moral si la ha guiado la buena voluntad o ha sido una acción por puro respeto al deber,
esto es, a la ley moral, que está en la razón y a la que la voluntad se une. Así, la ley moral se
convierte en un imperativo categórico: “obra de tal forma que tu máxima pueda convertirse en
ley universal”.
RACIONALISMO-EMPIRISMO: La teoría del conocimiento de Kant intenta resolver
la oposición entre racionalismo y empirismo. Para el racionalismo todo nuestro conocimiento
tiene su origen en la razón, y ésta, aplicando el método correcto, puede aspirar a conocerlo
todo. Para el segundo, el origen y el límite de nuestro conocimiento es la experiencia y por
ello, siguiendo a Hume, la sola razón es imposible. La solución kantiana pasa por realizar una
síntesis de racionalismo y empirismo. Esta consiste en afirmar que sólo hay conocimiento
cuando a los elementos racionales del conocimiento se les suma la experiencia sensible. Kant
despertó del «sueño dogmático» tras leer las críticas de Hume al racionalismo, y quedó
convencido de que nuestro conocimiento no puede extenderse más allá de la experiencia.
Pero respecto a los conceptos que no proceden de la experiencia afirma que son útiles en la
medida en que no son aplicados fuera de los límites de la experiencia. Sin un concepto como el
de sustancia no podríamos hablar de ningún objeto del universo y la ciencia y el estudio de la
naturaleza sería imposible. De este modo Kant toma distancia frente al racionalismo y frente al
empirismo. Mientras el empirismo sostiene que todos nuestros conceptos proceden de la
experiencia, Kant sostiene que el entendimiento posee conceptos que no proceden de la
experiencia, aunque solamente puedan ser aplicados en el ámbito de lo empírico.
NIETZSCHE: Kant tuvo una repercursión impresionante por sus revolucionarias teorías
epistemológicas: para asegurar la posibilidad de la ciencia, dijo que se debía imponer el sujeto
cognoscente (sus estructuras a priori, categorías e ideas) al objeto conocido para que el
conocimiento de éste sea universal. Además dijo que sólo habrían de ser científicos los juicios
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sintéticos a priori (sintéticos porque amplian información del objeto, son extensivos, y a priori
porque son universales y necesarios, nunca contigentes) que cumplan las condiciones formal y
empírica. Nietzsche negará la objetividad de la ciencia: dirá que al afirmar que el
entendimiento impone sus leyes a la naturaleza, Kant tendrá razón, pero el resultado no será
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conocimiento empírico, sino un conocimiento que nos hemos inventado para hacer de los
objetos algo útil, pues las leyes no provienen del objeto en sí, provienen de nosotros. La
ciencia no explica las cosas, las hace manipulables e identificables. Además, Nietzsche dirá que
no sólo ya la ciencia sino hasta el lenguaje son siempre subjetivos pues dice que todo
pensamiento humano, incluso científico, se expresa, lo que arruina para siempre su pretensión
de objetividad, es decir, al expresar cualquier idea, le añadimos inconscientemente nuestra
particular visión y la objetividad se pierde.
Kant dirá que la metafísica no es una ciencia por no cumplir la condición material, pero que es
de interés moral pues el hombre tiende a ella por naturaleza. Nietzsche dirá que precisamente
ese interés moral es el que hace falsa la Metafísica: el hombre la crea para hacer más llevadera
su vida y sentirse acogido bajo un manto de mentiras.
La ética kantiana se caracteriza por carecer de contenido y ser una ética formal que se articula
en imperativos categóricos por los que la razón consigue ser heterónoma (pues es ella quien
crea la ley moral). Es una ética racional del deber. Nietzsche dirá que una ética basada en el
deber será una farsa, pues dirá que ese "deber" es en realidad la idea de "Bien en sí" platónica,
universal y perfecta, la cual concibe como una ficción cerebral que expresa la decadencia del
hombre y como una forma de nihilismo pasivo. Así, se posicionará en la postura en la que cada
uno defienda su propio deber frente al concepto de deber en general
El ideal político de Kant será el republicanismo que asegure la representatividad del pueblo,
así como la separación de poderes que asegure a los ciudadanos libertad, dependencia de la
legislación e igualdad. Desechará, eso sí los despotismos como la democracia (el despotismo
del pueblo) o cualquier otro sistema en el que el gobierno posea todos los poderes y cree y
ejecute leyes a su antojo (aquel sistema en el que el gobierno posea el Estado). Nietzsche
desecharía rotundamente este sistema ya que él estaba en contra de la igualdad y del
socialismo, pues decía que el superhombre no tiene miedo a las diferencias y que así se
reduciría todo lo que es original y extraordinario a corriente y mediocre. Por ello, separa el
concepto de igualdad del de justicia (pues veía la igualdad predicada por el cristianismo como
algo repugnante). El autor no denfendió ninguna postura política concreta, si bien criticó
muchas, pero de su filosofía salieron argumentos para defender desde totalitarismos hasta
anarquismos. Otro tema sería qué legitimidad que le hubiera dado Nietzsche a estos
argumentos si hubiese tenido ocasión.
Beauvoir: Kant, en su ética, propone el imperativo categórico, un principio moral universal 11
que nos dice que debemos actuar de acuerdo con aquellas máximas que podríamos desear
que se convirtieran en leyes universales. Para Kant, la autonomía moral, es decir, la capacidad
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de autodeterminación racional, o sea, la libertad, es esencial para la dignidad humana.
Beauvoir también valora la autonomía individual y la libertad, pero critica las limitaciones
impuestas a las mujeres por las estructuras sociales, como el patriarcado. Argumenta que las
mujeres han sido históricamente relegadas a un estado de "otredad" en relación con los
hombres, lo que limita su capacidad para ejercer plenamente su autonomía moral y su
libertad. Además, Kant defiende una ética universalista, basada en principios y deberes
morales que se aplican de manera consistente a todas las personas, independientemente de
las circunstancias. No obstante, Beauvoir adopta un enfoque más contextualista y situacional
en su ética. Reconoce que las experiencias y situaciones de las personas varían
considerablemente según factores como el género, la clase social y la cultura, y sostiene que
los principios éticos deben tener en cuenta estas diferencias para ser verdaderamente justos y
relevantes
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