Sufragios DV
Sufragios DV
Luisa Picarreta
La pequeña hija de la Divina Voluntad
VIRGEN MARÍA REINA Y MADRE DE LA DIVINA VOLUNTAD
EFECTOS DE UN SUFRAGIO
MARZO 14, 1919. V12
“Mientras me encontraba en mi habitual estado, me he encontrado fuera de mí
misma y veía a mi confesor difunto; un pensamiento me ha pasado por la mente:
“Pregunta si aquello que no has dicho al confesor estás obligada a decirlo, y por
tanto a escribirlo, o no.”
Yo le he preguntado diciéndole qué cosa era y él me ha dicho:
“Ciertamente estás obligada.”
Después ha agregado: “Tú una vez me hiciste un bello sufragio, si supieras el bien
que me hiciste, el refrigerio que sentí, los años que desconté.”
Y yo: “No recuerdo, dime cuál fue y te lo repito.”
Y él: “Entraste en el Querer Divino y tomaste su Poder, la inmensidad de su Amor, el
valor inmenso de las penas del Hijo de Dios y de todas las cualidades divinas, luego
viniste y todo lo derramaste sobre mí y conforme tú me lo derramabas, yo recibía el
baño del Amor que contiene el Poder Divino, el baño de la Belleza, el baño de la
sangre de Jesús y de todas las cualidades divinas; ¿quién te puede decir el bien que
me hiciste? Todos eran baños que contenían un poder y una inmensidad divina;
repítemelo, repítemelo.”
Antes de iniciar fundirnos en Jesús:
Papito Dios, inflama, inflama, inflama y dilata nuestro corazón con tu amor hasta
desbordar, para ser puro amor, Oh Espíritu Santo, enciende en nosotros el fuego de
Tu amor, continuo y siempre nuevo, Mamita María enciende nuestros corazones con
tu llamita de amor.
Ven Jesús en tu Divina Voluntad:
- A Pensar en mis pensamientos, me revisto de tu corona de Espinas.
- A Mirar en mis ojos, me revisto de tus lágrimas.
ORACIONES INICIALES
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
OFRECIMIENTO:
“Amadísimo Jesús mío, te ofrezco mi corazón para tu satisfacción y como eterna
alabanza, y te ofrezco todo mi ser, aun las mínimas partículas de mi cuerpo, como
tantos muros para ponerlos ante Ti para impedir cualquier ofensa que te sea hecha,
aceptándolas todas sobre mí si fuese posible y a tu placer hasta el día del juicio, y
porque quiero que mi ofrecimiento sea completo y te satisfaga por todos, en especial
por las almas del purgatorio, tengo intención de que todas las penas que sufriré al
recibir sobre mí las ofensas, te recompensen de toda aquella gloria que te debían
dar los santos que están en el Cielo cuando estaban en la tierra, aquella que te
debían dar las almas del purgatorio, y aquella gloria que te debían dar todos los
hombres pasados, presentes y futuros, te la ofrezco por todos en general y por cada
uno en particular.” Amén.
PROFESIÓN DE FE
Creo en Dios Padre, Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en
Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del
Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó
de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre,
todopoderoso, desde allí ha de venir a juzgar a vivos y a muertos.
"Dulce Mamá, estréchame entre tus brazos como me estrechabas siendo niño.
Dame tu corazón que es todo mi contento. Madre mía, Magdalena, mis queridos
apóstoles, ustedes todos los que me aman, ayúdenme, confórtenme, no me dejen
solo en estos momentos extremos, háganme todos corona a mi alrededor, denme el
consuelo de su compañía y de su amor.”
Jesús, amor mío, ¿quién puede resistir viéndote en estos extremos? ¿Qué corazón
será tan duro que no se rompa viéndote ahogado en tu sangre? ¿Quién no
derramará a torrentes amargas lágrimas al escuchar los dolorosos acentos con que
buscas ayuda y consuelo? Jesús mío, consuélate; veo que ya el Padre te envía un
ángel como consuelo y ayuda, para que puedas salir de este estado de agonía y
puedas entregarte en manos de los judíos.
Celestial Madre mía, vengo a Ti para que juntos vayamos a todas las almas y les
demos la sangre de Jesús. Dulce Mamá, Jesús quiere consuelo, y el mayor consuelo
que podemos darle es llevarle almas.
Jesús mío, mientras bebes el cáliz lleno de intensas amarguras que el Padre te ha
enviado, oigo que suspiras más, que gimes y que deliras, y con voz sofocada dices:
"¡Almas, almas, vengan a aliviarme, tomen sitio en mi Humanidad! ¡Las quiero, las
suspiro! ¡Ah, no sean sordas a mi voz, no hagan vanos mis deseos ardientes, mi
sangre, mi amor, mis penas! ¡Vengan almas, vengan!".
Delirante Jesús mío, cada uno de tus gemidos y suspiros es una herida para mi
corazón, herida que no me da reposo, por lo que hago mía tu sangre, tu Querer, tu
celo ardiente, tu amor, y recorriendo cielos y tierra quiero ir a todas las almas para
darles tu sangre como prenda de salvación y llevártelas a Ti para calmar tus anhelos,
tus delirios y endulzar las amarguras de tu agonía, y mientras hago esto,
acompáñame Tú mismo con tu mirada...
Madre mía, vengo a ti porque Jesús quiere almas, quiere consuelo; dame, pues, tu
mano materna y recorramos juntos todo el mundo en busca de almas...
Encerremos en su sangre los afectos, los deseos, los pensamientos y obras, los
pasos de todas las criaturas e incendiemos sus almas con las llamas de su Corazón
para que se rindan, y así, metidas en su sangre y transformadas en sus llamas las
conduciremos en torno a Jesús para endulzarle las penas de su amarguísima
agonía.
Ángel mío de mi guarda, precédenos tú y prepáranos las almas que han de recibir
esta Sangre para que ninguna gota se quede sin su copioso efecto.
PRIMER SUFRAGIO:
María, Madre mía. Luisa. Magdalena. San Nicolás de Tolentino. Todos los santos y
ángeles, vayamos al purgatorio y démosles la Sangre de Cristo a las almas que ahí
penan, pues están siempre llorando y pidiendo con insistencia su liberación por
medio de la Sangre de Jesús. ¿No oyen cómo se lamentan, no ven sus delirios de
amor, sus torturas y cómo se sienten insistentemente atraídas hacia el Sumo Bien?
Padre Nuestro…
ANTÍFONA:
Almas santas, almas purgantes; Rogad a Dios por nosotros, que nosotros rogaremos
por vosotras, para que Él os dé la Gloria del Paraíso.
Se dice 10 veces:
***Jesús mío, Misericordia. Por las almas del purgatorio
- Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…
OFRENDA:
SEGUNDO SUFRAGIO:
¡Mira cómo Jesús mismo quiere purificarlas para que cuanto antes estén junto a Él!
Jesús las atrae con su amor y ellas le corresponden con continuos ímpetus de amor;
pero al estar en su presencia, no pudiendo todavía sostener la pureza de la Mirada
Divina, se sienten obligadas a retroceder cayendo de nuevo en las llamas del
purgatorio. Derramemos la Sangre de Cristo sobre estas almas para que puedan ir
rápidamente al encuentro de su Sumo Bien y se queden con Él para siempre.
Padre Nuestro…
ANTÍFONA:
Almas santas, almas purgantes; Rogad a Dios por nosotros, que nosotros rogaremos
por vosotras, para que Él os dé la Gloria del Paraíso.
Se dice 10 veces:
***Jesús mío, Misericordia. Por las almas del purgatorio
- Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…
OFRENDA:
TERCER SUFRAGIO:
Madre mía, descendamos a las profundidades de esta cárcel y derramando sobre
estas almas la sangre de Jesús, llevémosles la luz, mitiguemos sus delirios de amor,
extingamos la sed y el fuego que las quema, purifiquémoslas de todas sus manchas,
para que libres de toda pena, vuelen a los brazos de nuestro Sumo Bien.
Padre Nuestro…
ANTÍFONA:
Almas santas, almas purgantes; Rogad a Dios por nosotros, que nosotros rogaremos
por vosotras, para que Él os dé la Gloria del Paraíso.
Se dice 10 veces:
***Jesús mío, Misericordia. Por las almas del purgatorio
- Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…
OFRENDA:
Almas santas, almas purgantes; Rogad a Dios por nosotros, que nosotros rogaremos
por vosotras, para que Él os dé la Gloria del Paraíso.
Se dice 10 veces:
***Jesús mío, Misericordia. Por las almas del purgatorio
- Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…
OFRENDA:
QUINTO SUFRAGIO:
Demos a todas, oh Madre, esta sangre; no dejemos que nadie se quede sin
recibirla, para que en virtud de ella todas hallen alivio y sean liberadas. Tú que eres
Reina, cumple tu oficio en estas regiones de llanto y de lamento; extiende tus manos
y sácalas, una por una, de estas llamas ardientes para que todas emprendan su
vuelo hacia el cielo.
Padre Nuestro…
ANTÍFONA:
Almas santas, almas purgantes; Rogad a Dios por nosotros, que nosotros rogaremos
por vosotras, para que Él os dé la Gloria del Paraíso.
Se dice 10 veces:
***Jesús mío, Misericordia. Por las almas del purgatorio
- Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo…
OFRENDA:
Padre Eterno; os ofrecemos la Sangre, Pasión y Muerte de Jesucristo, los dolores de
la Santísima Virgen María y los de San José; por la remisión de nuestros pecados, la
libertad de las almas del purgatorio y la conversión de los pecadores.
ORACIONES FINALES
ORACIÓN DE LA SIERVA DE DIOS LUISA PICCARRETA EN SUFRAGIO POR
LAS ALMAS DEL PURGATORIO
¡Oh patrono y protector de las almas del purgatorio, San Nicolás de Tolentino! Con
todo el afecto de mi alma, te ruego que interpongas tu poderosa intercesión en favor
de todas las almas benditas, consiguiendo de la Divina Clemencia, la condonación
de todos sus delitos y sus penas; para que saliendo de aquella tenebrosa cárcel de
dolores, vayan a gozar en el cielo de la visión beatífica de Dios. Y a mí, tu devoto
siervo, alcánzame, ¡oh gran santo!, la más viva compasión y la más ardiente caridad
hacia aquellas almas purgantes. Amén.
ENSEÑANZAS PARA CADA DÍA
PRIMERA ENSEÑANZA
LA CARIDAD QUE MAS AGRADA A DIOS
“La caridad más aceptable a Mí es la que se hace por aquellos que me están más
cercanos, y los más cercanos a Mí son las almas purgantes, porque ya están
confirmadas en mi gracia y no hay ninguna oposición entre mi Voluntad y la suya,
viven continuamente en Mí, me aman ardientemente, y estoy obligado a verlas sufrir
en Mí mismo, impotentes por sí mismas para darse el más mínimo alivio. ¡Oh! cómo
es lacerado mi corazón por el estado de esas almas, porque no están lejos de Mí
sino cerca, no sólo cerca, sino dentro de Mí y, cómo es acepto a mi corazón quien se
interesa por ellas.
Supón tú que tuvieras una madre, una hermana, que convivieran contigo en un
estado de dolor, incapaces de ayudarse por sí mismas, y un extraño que viviera
fuera de tu habitación, también en un estado de dolores pero que se puede ayudar
por sí mismo, ¿no agradecerías más si alguna persona se ocupara en aliviar a tu
madre o a tu hermana, que al extraño que puede ayudarse por sí mismo?”
Y yo: “Ciertamente, oh Señor.”
SEGUNDA ENSEÑANZA
CREAR LOS CAMINOS PARA RECIBIR LOS SUFRAGIOS
“Hija mía, por cuanto más estuvieron sometidas a mi Voluntad las almas que han
pasado a la otra vida, por cuantos más actos hicieron en Ella, tantos más caminos se
formaron para recibir los sufragios de la tierra.
Así que por cuanto más hicieron mi Voluntad, formándose las vías de comunicación
de los bienes que hay en mi Iglesia, y que me pertenecen, no hay camino que se
hayan hecho que no les lleven, a quien un alivio, a quien una oración, a quien una
disminución de penas.
Los sufragios caminan por estos caminos regios de mi Querer para llevar a cada una
el mérito, el fruto y el capital que se han formado en mi Voluntad, por eso sin Ella no
hay caminos ni medios para recibir los sufragios. Si bien los sufragios y todo lo que
hace la Iglesia descienden siempre al purgatorio, pero van a aquellos que se
formaron los caminos, para los demás que no hicieron mi Voluntad los caminos están
cerrados o bien, de hecho no existen, y si se salvaron es porque al menos en el
punto de muerte reconocieron el supremo dominio de mi Querer, lo han adorado y se
han sometido a Él, y este último acto los ha puesto a salvo, de otra manera no
podrían ni siquiera salvarse.
Ahora, así como las almas purgantes para recibir los sufragios debían haberse
formado los caminos, así los vivientes, para mandar los sufragios deben hacer mi
Voluntad para formarse los caminos y hacer llegar los sufragios al purgatorio; si
hacen sufragios y de mi Voluntad están alejados, sus sufragios, faltando la
comunicación de Ella, que es la única que une y vincula a todos, no encontrarán el
camino para llegar, los pies para caminar, la fuerza para dar el alivio, serán sufragios
sin vida, porque falta la verdadera Vida de mi Querer, que es el único que tiene
virtud de dar vida a todos los bienes.
Por cuánto más de mi Voluntad posee el alma, tanto más valor contiene sus
oraciones, sus obras, sus penas, así que más alivio puede llevar a esas almas
benditas.
Yo mido y doy valor a todo lo que puede hacer el alma por cuanto de mi Voluntad
posee, si en todos sus actos corre mi Querer, la medida que hago es grandísima, es
más, no termino jamás de medir y le doy tal valor que no se puede calcular su peso;
en cambio, si no se tiene tanto de mi Querer, la medida es escasa y el valor es de
poca monta. Y si no se tiene nada, por cuanto el alma haga, Yo no tengo qué medir
ni qué valor dar, por lo tanto, si no tienen valor ¿cómo pueden llevar el alivio a esas
almas, que en el purgatorio no reconocen otra cosa, ni pueden recibir sino sólo lo
que produce mi Fiat Eterno? ¿Pero sabes tú quién puede llevar todos los alivios, la
luz que purifica, el amor que transforma? Quien en todo posee la Vida de mi Querer
y Éste domina triunfante en ella, ésta ni siquiera tiene necesidad de caminos, porque
poseyendo mi Voluntad tiene derecho a todos los caminos, puede ir a todos los
puntos porque posee en sí misma el camino regio de mi Querer para ir a aquella
cárcel profunda, para llevarles todos los alivios y las liberaciones.
Mucho más que al crear al hombre, Nosotros le dimos como su heredad especial
nuestra Voluntad, y es reconocido por Nosotros todo lo que ha hecho en los confines
de nuestra heredad, con la que lo dotamos, todo lo demás no es reconocido por
Nosotros, no es cosa nuestra, ni podemos permitir que entre en el Cielo ninguna
cosa que no haya sido hecha por las criaturas, o en nuestra Voluntad o al menos
para cumplirla. Dado que la Creación salió del Fiat Eterno, nuestra Voluntad, celosa,
no deja entrar ningún acto en la patria celestial que no haya pasado dentro de su
mismo Fiat.
¡Oh, si todos conocieran qué significa Voluntad de Dios, y que todas las obras, tal
vez aparentemente buenas pero vacías de Ella son obras vacías de luz, vacías de
valor, vacías de vida, y en el Cielo no entran obras sin luz, sin valor y sin vida, oh,
como estarían atentos a hacer en todo y para siempre mi Voluntad!”
TERCERA ENSEÑANZA
LA EXISTENCIA DEL PURGATORIO
“… Amado mío, dame a mí el poder y te haré ver cuánto sé hacer por amor tuyo,
porque en la medida que me das, en esa misma medida te daré. Él escuchaba con
sumo placer mi hablar disparatado y casi queriéndome poner a prueba me ha
transportado fuera de mí misma, cerca de un lugar profundo, lleno de fuego líquido y
tenebroso, daba horror y espanto el sólo verlo.
“Todo por amor tuyo, estoy dispuesta, pero debes venir Tú junto conmigo, de otra
manera, si me dejas, no te dejas encontrar más, y después me haces llorar mucho.”
Y Él: “Si voy junto contigo, ¿cuál sería tu purgatorio? Esas penas con mi presencia,
para ti se cambiarían en alegrías y en contentos.”
Y yo: “Sola no quiero ir; y además, mientras estemos en ese fuego Tú estarás
detrás de mis espaldas, así no te veo y aceptaré este sufrimiento.”
Así he ido a ese lugar lleno de densas tinieblas, y Él me seguía por atrás, y yo por
temor de que me dejase le he tomado las manos, teniéndolas estrechadas a mis
hombros. Habiendo llegado abajo, ¿quién puede decir las penas que sufrían
aquellas almas? Ciertamente son inenarrables a personas vestidas de humana
carne.
“Dime mi Bien, ¿por qué te lamentas? Amada vida mía, ¿tal vez he sido yo la causa
porque no he querido ir sola a ese lugar de penas? Dime, dime, ¿habéis sufrido
mucho al ver a esas almas sufrir? ¿Qué cosa sientes?”
Y Jesús: “Amada mía, me siento todo lleno de amarguras, tanto, que no pudiéndolas
contener más, estoy por derramarlas sobre la tierra.”
Y yo: “No, no mi dulce amor, las derramarás en mí, ¿no es verdad?”
“Contigo hay que ceder por fuerza, te vuelves tan molesta que me siento casi con la
necesidad de contentarte.”
CUARTA ENSEÑANZA
LA NECESIDAD DEL PURGATORIO
“…si las almas, muriendo no están llenas hasta el borde de Amor y de Voluntad mía,
las confirmo, sí, pero no entran al Cielo, las mando al purgatorio a llenar estos vacíos
de amor y de Voluntad mía por caminos de penas, de ansias y de suspiros, y cuando
del todo se han llenado, de modo que se ve en ellas que están ya todas
transformadas en mi Amor y en mi Voluntad, entonces toman el vuelo hacia el Cielo.”
Septiembre 4, 1902. V.4
“Hija mía, ¿qué haces? ¿No sabes que si la muerte te sorprende encontrándote
inquieta te deberá tocar el purgatorio? Porque si la mente no se encuentra unida a la
mía, si la voluntad no es una con la mía, los deseos no son mis mismos deseos, por
necesidad te conviene la purgación para transformarte toda en Mí; por eso está
atenta, piensa sólo en estarte unida conmigo y yo pensaré en lo demás.”
Marzo 10, 1935. V. 33
“Hija mía, la criatura fue creada por Nosotros toda en orden a Nosotros, por eso es
su deber sacrosanto, que en cada acto que hace llame a Aquél que la ha creado
para darle el dominio y el puesto real en su acto, que por derecho le corresponde, y
así el acto de la criatura recibiría el honor de poseer en su acto una Fuerza, una Luz,
un acto divino.
Es nuestra Voluntad que debe estar llena toda del Ser Divino, y si esto no hace nos
niega un derecho nuestro, nos pone fuera de sus actos, y sus actos quedan actos
humanos, vacíos de Fuerza y de Luz divina, con unas tinieblas tan densas, que su
inteligencia ve tantas sombras negras, que a tientas da algún paso; justa pena de
quien puede encender la luz y no la enciende, de quien puede llamar la fuerza y no
la llama, y mientras se sirve del acto y de la obra conservadora y actuante de Dios, lo
pone fuera de su acto.
Ahora, es nuestro decreto que ninguno entra al Cielo si su alma no está llena hasta
el borde, toda de nuestra Voluntad y de nuestro Amor, basta un pequeño vacío de
esto, para que el Cielo no se abra para ella, he aquí la necesidad del Purgatorio,
para vaciarse por vía de penas y de fuego de todo lo que es humano, y llenarse por
vía de ansias, de suspiros y de martirios, de puro amor y de Divina Voluntad, para
poder entrar en la patria celestial, y sin adquirir con tantas penas, ni mérito, ni gloria
mayor, sino sólo las condiciones que se necesitan para ser admitido en la morada
celestial. En cambio, si lo hubieran hecho en la tierra con llamar nuestra Vida en sus
actos, cada acto sería una gloria mayor, una belleza de más, sellado por las obras de
su Creador.
¡Oh! con cuánto amor son recibidas estas almas que en sus actos han dado lugar al
acto divino; al encontrarse con Nosotros, Nosotros nos reconocemos en ella y ella se
reconoce en Nosotros, y reconociéndonos mutuamente es tal y tanta la felicidad de
ambas partes, que todo el Cielo queda sorprendido al ver las alegrías, la gloria, las
bienaventuranzas que el Ente Supremo derrama sobre esta afortunada criatura.
“¡Cómo, oh mi buen Jesús! Volteaste tu rostro de aquellas almas benditas que tanto
te suspiran, mientras que bastaba sólo hacerte ver para hacer que quedaran libres
de las penas y quedaran beatificadas.”
Y Él: “Ah hija mía, si Yo me mostrase a ellas, como no están del todo purgadas no
habrían podido sostener mi presencia, y en vez de arrojarse entre mis brazos,
confundidas se habrían retirado y no habría hecho otra cosa que acrecentar mi
martirio y el suyo. Por eso hice así.”
Dicho esto ha desaparecido.
SEXTA ENSEÑANZA
ALIVIOS A LAS ALMAS DEL PURGATORIO
“Amor mío y vida mía, tu Voluntad tiene virtud de multiplicar tu Vida por cuantos
seres existen y existirán sobre la tierra, y yo en tu Querer quiero formar tantos Jesús
para darte todo entero a cada una de las almas del purgatorio, a cada
bienaventurado del Cielo, a cada uno de los vivientes sobre la tierra.”
Septiembre 14, 1899. V1.
“Mi dulce Jesús mostraba tal contento y alegría al crucificarme, que sólo por darle
ese contento a Jesús, no sólo habría sufrido la cruz, sino otras penas aun. ¡Ah, me
parecía que el Cielo hacía nueva fiesta por mí al ver el contento de Jesús! Muchas
almas del purgatorio fueron liberadas emprendiendo el vuelo hacia el Cielo, y
algunos pecadores fueron convertidos, porque mi divino Esposo a todos hizo
partícipes del bien de mis sufrimientos”.
Agosto 30, 1900. V 3
Luisa va al purgatorio para aliviar al difunto rey de Italia.
“Después de esto la Mamá Reina me ha dicho:
“¿Quieres ir al purgatorio para aliviar al rey de las penas horribles en las cuales se
encuentra?”
Y yo: “Mamá mía, como Tú quieras.”
SÉPTIMA ENSEÑANZA
LOS EFECTOS DE LAS HORAS DE LA PASIÓN
“Hija mía, cada vez que la criatura se funde en Mí, da a todas las criaturas el influjo
de Vida Divina, y según tienen necesidad obtienen su efecto: Quien es débil siente la
fuerza, quien es obstinada en la culpa recibe la luz, quien sufre recibe el consuelo, y
así de todo lo demás.”
Al oír esto decía entre mí: “Tal vez mi amado Jesús para mantener la palabra dada,
que por cada palabra de las horas de la Pasión daría un alma, no hay alma que se
salve que no se sirva de estas horas.” Después he vuelto en mí misma y habiendo
encontrado a mi dulce Jesús le he preguntado si eso era verdad.
Y Él: “Estas horas son el orden del universo y ponen en armonía el Cielo y la tierra,
y me disuaden de no destruir al mundo; siento poner en circulación mi sangre, mis
llagas, mi Amor y todo lo que Yo hice, y corren sobre todos para salvar a todos. Y
conforme las almas hacen estas horas de la Pasión, me siento poner en camino mi
sangre, mis llagas, mis ansias de salvar las almas, y me siento repetir mi Vida.
¿Cómo pueden obtener las criaturas algún bien si no es por medio de estas horas?
¿Por qué lo dudas? La cosa no es tuya sino mía, tú has sido el esforzado y débil
instrumento.”
OCTAVA ENSEÑANZA
EN EL PURGATORIO SE CONOCE Y SE ESTÁ EN LA VERDAD
“Continúa casi siempre lo mismo. Esta mañana veía al buen Jesús más afligido que
de costumbre, amenazando con una mortandad de gente, y veía en ciertos lugares
que muchos morían.
Después he pasado por el purgatorio y reconociendo a una amiga difunta le
preguntaba varias cosas sobre mi estado, especialmente si es Voluntad de Dios este
estado, si es verdad que es Jesús el que viene, o bien el demonio, porque le decía:
“Como tú te encuentras delante de la Verdad y conoces con claridad las cosas, sin
que te puedas engañar, puedes decirme la verdad acerca de mis circunstancias.”
Y yo, diciéndole algunas de mis dudas, le he pedido que viera ante la luz de la
Verdad si eran verdaderas o falsas y me hiciera la caridad de venírmelo a decir, y
que si esto hacía, yo en recompensa le mandaría celebrar una misa en sufragio, y
ella ha agregado:
“Si lo quiere el Señor, porque nosotros estamos tan inmersos en Dios, que no
podemos ni siquiera mover las pestañas si no concurre Él; nosotros habitamos en
Dios como una persona que habitara en otro cuerpo, que tanto puede pensar, hablar,
ver, obrar, caminar, por cuanto le viene dado por aquel cuerpo que la circunda por
fuera, porque en nosotros no es como en vosotros que tenéis el libre albedrío, la
propia voluntad; para nosotros toda voluntad ha terminado, nuestra voluntad es sólo
la Voluntad de Dios, de Ella vivimos, en Ella encontramos todo nuestro contento y
Ella forma todo nuestro bien y nuestra gloria.”
Y mostrando un contento indecible por esta Voluntad de Dios, nos hemos
separado”.
NOVENA ENSEÑANZA
TODO EL CONTENTO Y BIEN DE LAS ALMAS
DEL PURGATORIO ES LA VOLUNTAD DE DIOS
DÉCIMA ENSEÑANZA
EN EL PURGATORIO, LAS ALMAS LLENAN SUS VACÍOS
DE AMOR A DIOS
Ahora, tú cuando estás privada de Mí, la privación del objeto amado hace duplicar el
amor, y con esto vienes a llenar los vacíos que hay en tu alma.”
Ahora, esto me parecía que se podría hacer también en el curso de nuestra vida
para ahorrar trabajo al fuego del purgatorio y a nosotros la pena, y así ser
introducidos inmediatamente, sin ninguna dificultad, en nuestro sumo Bien Dios.
Entonces me parecía que el alimento del fuego es la leña, y para estar seguro que
la leña se ha convertido en fuego, es cuando se advierte que ya no produce humo.
Ahora, principio y fin de todas nuestras acciones debe ser el fuego del amor de
Dios; la leña que debe alimentar este fuego son las cruces, las mortificaciones; el
humo que se eleva entre la leña y el fuego son las pasiones, las inclinaciones, que
muy frecuentemente asoman la cabeza; entonces la señal de que todo en nosotros
se ha consumido en fuego, es si nuestras pasiones están en su lugar y no sentimos
más inclinaciones a todo lo que no se refiere a Dios.
Parece que con esto pasaremos libremente, sin ningún obstáculo a habitar en
nuestro Dios, y llegaremos aun desde acá a gozar el paraíso anticipado”
“Recuerdo que otro día, continuando con mi sufrimiento, veía que el confesor
rogaba a Nuestro Señor que me tocara donde yo sufría para calmarme los
sufrimientos, y Jesús bendito me ha dicho:
“Hija mía, tu confesor quiere que te toque para aligerar las penas, pero entre tantas
cualidades mías Yo soy puro dolor, y tocándote, en vez de disminuir puede aumentar
el dolor, porque mi Humanidad en la cosa en que más se deleitó fue en el dolor, y se
deleita aún en comunicarlo a quien ama.”
Y parecía que en realidad me tocaba y me hacía sentir más dolor, entonces yo he
agregado:
“Dulce bien mío, en cuanto a mí, no quiero otra cosa que tu Santísima Voluntad, yo
no miro ni si me duelo, ni si gozo, sino que tu Querer es todo para mí.”
Y Él ha agregado: Y esto es lo que Yo quiero y es mi mira sobre ti, y esto me basta
y me contenta, y es el culto más grande, más honorable que me puede hacer la
criatura, y que me debe como a su Creador, y el alma haciendo así, se puede decir
que su mente vive y piensa en mi mente; sus ojos, encontrándose en los míos, miran
por medio de mis ojos; su boca habla por medio de mi boca; su corazón ama por
medio del mío; sus manos obran en mis mismas manos; los pies caminan en mis
pies, y Yo puedo decir: “Tú eres mi ojo, mi boca, mi corazón, mis manos y mis pies.”
Y el alma puede decir al revés: “Jesucristo es mi ojo, mi boca, mi corazón, mis
manos y mis pies.”
Entonces, entre estas almas parecía que había sacerdotes, uno de los cuales
parecía que sufría más que los otros, y éste me ha dicho:
“Mis graves sufrimientos provienen de que en vida fui muy apegado a los intereses
de la familia, a las cosas terrenas y un poco de apego a alguna persona, y esto
produce tanto mal al sacerdote, que forma una coraza de fierro enfangada, que
como vestido lo envuelve y sólo el fuego del purgatorio y el fuego de la privación de
Dios, que comparado con el primer fuego, desaparece el primero, puede destruir esa
coraza. ¡Oh, cuánto sufro! Mis penas son inenarrables, ruega, ruega por mí.”
Y yo he quedado diciendo: ¡Ah! ¿Él mismo me lo dice? Que sólo Él es todo para mí,
sin embargo tiene el valor de dejarme privada y sin Él.”
“Hija mía, ¿por qué te afliges siendo Yo el dueño de toda tú? Cuando un alma llega a
hacerme dueño de su mente, de los brazos, del corazón y de los pies, el pecado no
puede reinar, y si alguna cosa involuntaria entra en ella, siendo Yo el dueño, el alma
estando bajo el influjo de mi dominio está en continua actitud de expiación y
rápidamente sale. Además de esto, siendo Yo santo, resulta difícil retener en sí
cualquier cosa que no sea santa, además, habiéndome dado a toda sí misma en
vida, es justicia que Yo le dé a todo Yo mismo en la muerte, admitiéndola sin ninguna
tardanza a la visión beatífica. Así que a quien todo a Mí se da, las llamas del
purgatorio nada tienen que hacer con ella.”
Pero a mis almas queridas, no quiero, habiéndose dado todas a Mí, que su
bienaventuranza tenga principio allá en el Cielo, sino que tenga principio acá en la
tierra, y no sólo quiero llenarlas de la felicidad, de la gloria del Cielo, sino que quiero
llenarlas de los bienes, de los sufrimientos, de las virtudes que tuvo mi Humanidad
en la tierra, por eso las despojo no sólo de los gustos materiales, que el alma llega a
considerar como estiércol, sino también de los gustos espirituales, para llenarlas
todas de mis bienes y darles el principio de la verdadera bienaventuranza.”
“Después de esto veía a un alma del purgatorio que al vernos se escondía y nos
rehuía, y era tal la vergüenza que ella sentía que permanecía como aplastada. Yo he
quedado asombrada, porque en vez de correr hacia el niño, huía; Jesús ha
desaparecido y yo me he acercado a ella preguntándole la causa de esta actitud,
pero ella estaba tan avergonzada que no podía decir palabra, y habiéndola forzado
me ha dicho:
“Justa Justicia de Dios, que ha sellado sobre mi frente la confusión y tal temor de su
presencia, que estoy obligada a rehuirlo; obro contra mi mismo querer, porque
mientras me consumo por quererlo, otra pena me inunda y huyo de Él. ¡Oh Dios,
verlo y huir de Él son penas mortales e inexpresables!
Pero me he merecido estas penas distintas de las de otras almas, porque llevando
una vida devota dejé muchas veces de comulgar por cosas de nada, por
tentaciones, por frialdades, por temores, y también, alguna vez, para poder
acusarme de ello ante el confesor y hacerme oír que no recibía la comunión. Entre
las almas esto se tiene como una nada, pero Dios hace de ello un severísimo juicio,
dándoles penas que superan a las otras penas, porque son faltas más directas al
amor. Además de todo esto, Jesucristo en el Santísimo Sacramento arde de amor y
por el deseo de darse a las almas, se siente morir continuamente de amor, y el alma
pudiendo acercarse a recibirlo y no haciéndolo, es más, se queda indiferente con
tantos inútiles pretextos, es una afrenta y un desprecio tal que Él recibe, que se
siente delirar, quemar, y no puede dar desahogo a sus llamas, se siente como
sofocar por su Amor, sin que encuentre a quien darle parte, y casi enloqueciendo va
repitiendo:
“Los excesos de mis amores no son tomados en cuenta, más bien son olvidados,
aun aquellas que se dicen mis esposas no tienen ansias de recibirme y de hacerme
desahogar al menos con ellas, ¡ah, en nada soy correspondido! ¡Ah, no soy amado,
no soy amado!”
Y el Señor, para hacerme purgar estas faltas me ha hecho tomar parte en la pena
que Él sufre cuando las almas no lo reciben. Esta es una pena y un tormento, es un
fuego que comparado al mismo fuego del purgatorio, se puede decir que éste es
nada.”
“Hija mía, cómo es necesario que el alma sea constante en hacer el bien que ha
comenzado, porque si bien tiene principio, pero no tendrá fin, y no teniendo fin es
necesario que se uniforme a los modos del Eterno Dios: Dios es justo, es santo, es
misericordioso, es Aquél que contiene todo, ¿pero tal vez por un solo día? No,
siempre, siempre. Así el alma no debe ser un día paciente, humilde, obediente, y otro
día impaciente, soberbia, caprichosa, éstas son virtudes rotas, es un mezclar negro y
blanco, luz y tinieblas, todo es desorden, todo es confusión, modos todos diferentes
a los de su Creador.
En tales almas hay guerra continua, porque las pasiones le hacen guerra, porque
viéndose nutridas frecuentemente esperan que la victoria sea de ellas; guerra por
parte de los demonios, de las criaturas y aun por parte de las mismas virtudes, las
que viéndose desilusionadas le hacen guerra encarnizada y terminan con nausearla,
y si se salvan estas almas, ¡oh! Cuánto tendrá que trabajar el fuego del purgatorio.
En cambio para el alma constante todo es paz, ya la sola constancia hace que todo
esté en su puesto, las pasiones se sienten morir, y ¿quién es aquél que estando
cercano a morir piensa en hacer guerra a alguien? La constancia es espada que
pone todo en fuga, es cadena que ata todas las virtudes, de modo que se siente
acariciada continuamente por ellas, y el fuego del purgatorio no trabajará nada
porque la constancia ha ordenado todo y la ha hecho similar a los modos del
Creador.”
“Hija mía, si el alma hace todo por Mí, imita a aquellas pequeñas mariposas que
giran y giran en torno a una llama y quedan extintas en aquella misma llama. Así el
alma, según el perfume de sus acciones, de sus movimientos y deseos ofrecidos a
Mí, así gira en torno a Mí, ahora en torno a los ojos, ahora al rostro, ahora a las
manos, ahora al corazón, según los diversos ofrecimientos que me va haciendo, y
con su continuo girar en torno a Mí permanece toda extinta en la llama de mi amor,
sin tocar las llamas del purgatorio.”
Después ha desaparecido, y habiendo regresado ha agregado: “El pensar en sí
mismo, es lo mismo que salir de Dios y regresar a vivir en sí mismo. Además, el
pensar en sí mismo jamás es virtud, sino siempre vicio, aunque fuera bajo aspecto
de bien.”
Yo continuaba pidiéndole diciendo: “Pero dulce amor mío, quien tendrá corazón
para ver sufrir a mi mamá en el purgatorio, a ella que ha sufrido tanto, que ha llorado
tanto por causa mía. Es el peso de la gratitud lo que me empuja, lo que me apremia
y me fuerza, en todas las demás cosas haz lo que quieras, pero en esto no, no cedo.
Me contentarás y harás lo que quiero.”
Y Él: “Pero amada mía, no te vuelvas demasiado fastidiosa, eres incansable, y con el
volverte incansable en pedir me obligas a contentarte.”
Pero sin embargo no me daba una respuesta precisa, y yo insistía y lloraba como
una niña, y pidiéndole y volviéndole a pedir iba ofreciendo minuto a minuto, hora tras
hora todo lo que Él sufrió en su Pasión, aplicando todo esto al alma de mi madre
para hacerla quedar purificada y embellecida, y así poder obtener lo que yo quería.
“Hija mía, consuélate, porque quiero decirte y hacerte ver dónde está tu madre y
como tú, tanto antes como después de habérmela Yo traído me has ofrecido
continuamente lo que Yo merecí, hice y sufrí en el curso de mi Vida en su favor, por
esto ella ahora se encuentra tomando parte en todo lo que Yo hice y goza de mi
Humanidad, quedándole aún oculta mi Divinidad, que en breve le será también
develada, y el fuego que tú sientes y tus oraciones han servido para exentarla de
cualquier otra pena de sentido, que a todos corresponden, porque mi Justicia
tomando de ti la satisfacción, no podía tomarla de las dos.”
En ese momento me parecía ver a mi madre dentro de una inmensidad que no tenía
confines, y en esta inmensidad había tantos gozos y alegrías por cuantas palabras,
pensamientos, suspiros, obras y sufrimientos, latidos, en suma, todo lo que contenía
la Humanidad Santísima de Jesucristo.
Comprendía que es un segundo paraíso para los bienaventurados, y que todos para
entrar al paraíso de la Divinidad deben pasar por éste de la Humanidad de Cristo.
Así que para mi madre había sido un singularísimo privilegio reservado a
poquísimos, el no haber tocado otro purgatorio; sin embargo comprendía que si bien
no estaba en tormentos, sino más bien en gozos, su felicidad no era perfecta, sino
casi a la mitad. Sean dadas las gracias al Señor por esto.
VIGÉSIMA ENSEÑANZA
EL SUFRAGIO POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO
CUMPLE SU EFECTO
“Dulce Amor mío, dime adonde la has llevado. Yo estoy contenta con que te la
hayas llevado porque la tienes contigo, pero si no la tienes contigo, esto no lo tolero
y llorare tanto hasta que me contentes.” Y Él parecía que gozaba con mi llanto y me
abrazaba, me sostenía, me secaba las lágrimas y me decía:
“Hija mía, los bienaventurados en el Cielo me dan tanta gloria por la unión perfecta
de su voluntad con la mía, que su vida es una reproducción de mi Querer, hay tanta
armonía entre Mí y ellos, que su aliento, su respiro, los movimientos, los gozos, y
todo lo que constituye la bienaventuranza de ellos, es efecto de mi Querer; sin
embargo te digo que el alma aún viadora, si está unida con mi Querer de modo que
no se separa jamás de Él, su vida es de Cielo y Yo recibo de ella la misma gloria,
pero tomo más gusto y complacencia de ella, porque lo que hacen los
bienaventurados lo hacen sin sacrificios y con gozos, mientras que lo que hacen los
viadores lo hacen con sacrificio y con padecimientos, y donde hay sacrificio Yo tomo
más gusto y me complazco de más, y los mismos bienaventurados, viviendo en mi
Querer, como el alma también viviendo en mi Voluntad forma una misma vida,
participan en el gusto que tomo del alma viadora.”
“... Continúo diciendo que no apenas habían pasado unos diez días de la muerte de
mi madre, mi padre cayó gravemente enfermo y el Señor me hacía comprender que
también él iba a morir; yo le hice el don anticipado y repetí lo que había hecho por mi
madre para que tampoco a mi padre lo hiciera tocar el purgatorio, pero el Señor se
mostraba más reacio y no me escuchaba, yo temía mucho, no por su salvación
porque el buen Jesús me había hecho la solemne promesa, desde hace casi quince
años, de que de todos los míos y de aquellos que me pertenecen ninguno se
perdería, pero temía mucho por el purgatorio. Yo le rogaba continuamente, el buen
Jesús casi no venía, sólo el día en que mi padre moría después de una enfermedad
de quince días, el bendito Jesús se hizo ver todo benigno, vestido de blanco, como si
estuviera de fiesta y me dijo:
“Hoy espero a tu padre, y por amor tuyo me haré encontrar no como juez, sino como
padre benigno, lo acogeré entre mis brazos.”
Yo insistí por lo del purgatorio pero no me prestó atención, y desapareció.
Muerto mi padre, no me vino ningún sufrimiento nuevo como sucedió con mi madre,
y por esto entendí que había ido al purgatorio. Yo rogaba y volvía a rogar, pero
Jesús se hacía ver sólo como relámpago, sin darme tiempo de nada, y por añadidura
ni siquiera podía llorar, porque no tenía con quien hacerlo, y Aquél que es el único
que podía escuchar mi llanto me rehuía. Adorables juicios de Dios en sus modos.
Y Él: “Palabra más bella no podría decirte que un te amo, este mi te amo llena Cielo
y tierra, circula en los santos y reciben nueva gloria, desciende en los corazones de
los viadores, y quién recibe gracia de conversión, quién de santificación; penetra en
el purgatorio, y como benéfico rocío cae sobre las almas y sienten refrigerio; los
mismos elementos se sienten investir de nueva vida en el fecundar, en el crecer, así
que todos advierten el te amo de tu Jesús…”
LOS TE AMO
“Otro día me dijo: “Hija mía, quien hace mi Voluntad, absolutamente no puede ir al
Purgatorio, porque mi Voluntad purga al alma de todo, y habiéndola tenido en vida
tan celosamente custodiada en mi Querer, ¿cómo podré permitir que el fuego del
Purgatorio la toque? Además, a lo más le podrá faltar algún adorno, y mi Voluntad
antes de develarle la Divinidad, la va adornando de todo lo que le falta y luego me
develo.”
El cielo la reclamaría con su amor, el sol hablaría con su luz, el viento con sus voces
lastimeras, el mar con sus olas ruidosas, todos tendrían una palabra para defender a
aquélla que ha hecho vida común con ellas.
“¡Oh! cuántos gemidos de dolor salen de las prisiones del purgatorio, cuántos gritos
de desesperación se oyen desde el infierno porque mi Querer no ha sido encontrado
en la tierra, por eso hija mía, tu primer acto sea de encontrarte con mi Querer; tu
primer pensamiento, tu latido sea de encontrarte con el latido eterno de mi Querer,
para que tú recibas todo mi Amor. En todo trata de hacer continuos encuentros, a fin
de que quedes transformada en mi Querer y Yo en el tuyo, para poderte disponer a
hacer el último encuentro con mi Voluntad en tu última hora; y así no tendrás ningún
encuentro doloroso después de tu muerte.”
¡Ah sí, me era negado el pedir y desear a Jesús! ¡Ah! a las almas benditas del
purgatorio les es permitido pedir, desear, arrojarse hacia el sumo Bien, sólo que les
está prohibido el tomar posesión de Él, a mí, no, a mí me era negado aun este
consuelo.”
“Ahora hija mía, hasta en tanto que no comienza la culpa en la criatura, todo es
Voluntad mía, y en cuanto comienza la culpa, así comienzan las lágrimas, los
dolores de esta Madre Celestial.
¡Oh, cómo llora por su hijo! Pero no lo deja, su Amor la ata a vivir en aquella criatura
para darle vida, y si bien se siente como sofocar su Vida Divina, la cual ni siquiera es
conocida ni amada, su Amor es tanto que sigue su Vida aunque la ofendiese, para
darle una sorpresa de amor para salvar a su hijo. Nuestra Bondad, nuestro Amor es
tanto, que intentamos todos los caminos, usamos todos los medios para arrancarlo
del pecado, para ponerlo a salvo, y si no lo logramos en vida, le hacemos la última
sorpresa de amor en el punto mismo de la muerte. Tú debes saber que en aquel
punto es la última espía de Amor que hacemos a la criatura, la circundamos de
gracias, de luz, de bondad; ponemos tales ternuras de amor, de ablandar y vencer
los corazones más duros, y cuando la criatura se encuentra entre la vida y la muerte,
entre el tiempo que termina y la eternidad que está por comenzar, casi en el acto en
el que el alma está por salir del cuerpo, Yo, tu Jesús, me hago ver con una
amabilidad que rapta, con una dulzura que encadena y endulza las amarguras de la
vida, especialmente las de aquel punto extremo; después la miro, pero con tanto
Amor de arrancarle un acto de dolor, un acto de amor, una adhesión a mi Voluntad.
Ahora, en aquel punto de desengaño, al ver, al tocar con la mano cuánto la hemos
amado y la amamos, sienten tal dolor que se arrepienten de no habernos amado, y
reconocen nuestra Voluntad como principio y cumplimiento de su vida, y como
satisfacción aceptan la muerte, para cumplir un acto de nuestra Voluntad, porque tú
debes saber que si la criatura no hiciera ni siquiera un acto de Voluntad de Dios, las
puertas del Cielo no son abiertas, ni es reconocida como heredera de la patria
celestial, ni los ángeles, ni los santos la pueden admitir entre ellos, ni ella quisiera
entrar, porque conocería que no le pertenece.
Por eso, sin nuestra Voluntad no hay ni santidad verdadera ni salvación. Y ¡oh!
cuántos son salvados en virtud de esta nuestra última espía toda de amor, excepto
los más perversos y obstinados, si bien les convendrá hacer una larga etapa de
purgatorio. Por eso el punto de la muerte es nuestra pesca diaria, el reencuentro del
hombre extraviado.”
“¡Cómo has cambiado! ¿Será posible que ni siquiera el sufrimiento sea ya para mí?
Todos sufren, sólo yo no soy digna de sufrir; es verdad que supero a todos en
maldad, pero Tú ten piedad de mí y no me niegues al menos las migajas del sufrir
que tan abundantemente no niegas a ninguno. Amor mío, cómo es terrible mi estado,
ten piedad de mí, ten piedad.”
Mientras esto decía, mi dulce Jesús se ha movido en mi interior diciéndome:
“¡Ah hija mía, cálmate, de otra manera me haces mal, abres heridas más profundas
en mi corazón! ¿Me quieres tú tal vez superar? También Yo habría querido encerrar
en Mí todas las penas de las criaturas, era tanto el amor hacia ellas, que habría
querido que ninguna pena las tocara, pero esto no lo pude obtener, debí someterme
a la Sabiduría y a la Justicia del Padre, que mientras me permitía satisfacer en gran
parte a las penas de las criaturas, no quiso mi satisfacción por todas las penas, y
esto por decoro y por equilibrio de su Justicia. Mi Humanidad habría querido sufrir
tanto, para poder poner término al infierno, al purgatorio y a todos los castigos, pero
la Divinidad no quiso y la Justicia dijo a mi Amor: „Tú has querido el derecho del
Amor, y te ha sido concedido, Yo quiero los derechos de la Justicia.‟ Yo me resigné a
la Sabiduría de mi Padre, la vi justa, pero mi gimiente Humanidad sentía la pena por
las penas que tocaban a las criaturas.
Ahora al oír tus lamentos por no poder sufrir, escucho el eco de mis lamentos y corro
a sostener tu corazón para darte fuerza, sabiendo cómo es dura esta pena. Pero
debes saber que ésta es una pena también de tu Jesús.”
TRIGÉSIMA ENSEÑANZA
PURGATORIO, DECRETO DEL CIELO.
En cambio, si lo hubieran hecho en la tierra con llamar nuestra Vida en sus actos,
cada acto sería una gloria mayor, una belleza de más, sellado por las obras de su
Creador.
¡Oh! con cuánto amor son recibidas estas almas que en sus actos han dado lugar al
acto divino; al encontrarse con Nosotros, Nosotros nos reconocemos en ella y ella se
reconoce en Nosotros, y reconociéndonos mutuamente es tal y tanta la felicidad de
ambas partes, que todo el Cielo queda sorprendido al ver las alegrías, la gloria, las
bienaventuranzas que el Ente Supremo derrama sobre esta afortunada criatura.
CONCLUSIÓN
APOSTOLADO DE ORACIÓN POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO
“hija mía, todo lo que se hace en mi voluntad es como sol que se difunde a todos, y
conforme se reza en mi voluntad, se ofrece mi sangre, mis penas, mis llagas, todo se
convierte en tantos rayos de luz que se difunden a todos, descienden con rapidez en
la más profunda cárcel del purgatorio y convierten sus penas y tinieblas en luz.”
(Marzo 10, 1922. v14.)
Que alegría saber la cantidad de almas que en este mes emprendieron el rumbo al
Cielo y tú ayudaste con tu oración, con tu dedicación. Dios está feliz y estas almas
también están felices porque por este pequeño sacrificio ellas pudieron entrar a la
Patria Celestial, ¿habrá una caridad más alta que ésta? bien nos dice El Señor que
no, que esta es la más Alta Caridad, otras cuanto alivio recibieron, cuanto gozo,
cuanto escalafonaron, pero no pudiendo alcanzar, esa pureza que se necesita para
estar en el Cielo, han retrocedido, cayendo nuevamente en este suplicio de dolor y
de pena.
¿Y nosotros? ¿Nos vamos a ir tranquilo? Sabiendo que estas almas están a punto.
No hermanos, no podemos seguir en este mundo y ellas en aquel penando y
sufriendo. No has entendido que tu oración, que tu sufragio, no es solo un alivio sino
que será la Cuota para que estas almas suban al Cielo, no podemos privarlas a ellas
y a Dios de este regalo.
Dios llora, un Dios que llora por nosotros, un Dios que suplica, El Todo Poderoso, el
más Grande, El Mismo Dios suplicando a criaturas miserables como nosotros, que
amor tan inaudito. Pues hoy nos está suplicando eso, que sigamos orando por estas
almas.
Únete todos los días en estos sufragios mandando a celebrar la Eucaristía por ellas.
Como aprecian estas almas la caridad a ellas desde el mundo les demos.
Almas del Purgatorio, Almas Santas, Almas Purgantes, sigan orando por nosotros,
que nosotros continuaremos orando por ustedes, para que El Señor les conceda la
Gracia de la Bienaventurada Vida Celestial.
Virgen del Carmen, Reina y Madre de este Reino, gracias porque estas cumpliendo
tu oficio de Reina allí. Sacando una por una a estas Almas del Purgatorio. Que por tu
intercesión el Señor nos conceda más ardor, más caridad en este Apostolado a las
Almas.
Y tu Magdalena que tanto lloraste, que tus lágrimas se conviertan en rocío para que
estas almas reciban la frescura del Amor de Dios.
Luisa Piccarreta