DIOS DE LA HISTORIA
Dios de la historia, nos muestras tu gloría
Dios omnipotente, tu fama trasciende
Dios victorioso, Todo Poderoso
Nada te detiene, siempre permaneces.
Adorado eres tú, exaltado eres Dios
Sobre todo, reinas tú, digno de adoración.
CORO
La tierra proclama, al único digno
Los cielos cuentan de tu gloria
La tierra proclama, al único digno
Principio y fin eres tú.
Soberano
Soberano
CUENTOS
EL ARBOL MÁGICO
Hace mucho mucho tiempo, un niño
paseaba por un prado en cuyo centro
encontró un árbol con un cartel que
decía: soy un árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás.
El niño trató de acertar el hechizo, y probó
con abracadabra, supercalifragilisticoespialidoso, tan-ta-ta-chán, y
muchas otras, pero nada. Rendido, se tiró suplicante, diciendo: "¡¡por
favor, arbolito!!", y entonces, se abrió una gran puerta en el árbol. Todo
estaba oscuro, menos un cartel que decía: "sigue haciendo magia".
Entonces el niño dijo "¡¡Gracias, arbolito!!", y se encendió dentro del
árbol una luz que alumbraba un camino hacia una gran montaña de
juguetes y chocolate.
El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la mejor
fiesta del mundo, y por eso se dice siempre que "por favor" y "gracias",
son las palabras mágicas.
LOS ULTIMOS DINOSAURIOS
En el cráter de un antiguo volcán, situado en
lo alto del único monte de una región perdida
en las selvas tropicales, habitaba el último
grupo de grandes dinosaurios
feroces. Durante miles y miles de años,
sobrevivieron a los cambios de la tierra y
ahora, liderados por el gran Ferocitaurus,
planeaban salir de su escondite para volver
a dominarla.
Ferocitaurus era un temible tiranosaurus rex que había decidido que
llevaban demasiado tiempo aislados, así que durante algunos años se
unieron para trabajar y derribar las paredes del gran cráter. Y cuando
lo consiguieron, todos prepararon cuidadosamente sus garras y sus
dientes para volver a atermorizar al mundo.
Al abandonar su escondite de miles de años, todo les resultaba
nuevo, muy disitinto a lo que se habían acostumbrado en el cráter,
pero siguieron con paso firme durante días. Por fin, desde lo alto de
unas montañas vieron un pequeño pueblo, con sus casas y sus
habitantes, que parecían pequeños puntitos. Sin haber visto antes a
ningún humano, se lanzaron feroces montaña abajo, dispuestos a
arrasar con lo que se encontraran...
Pero según se acercaron al pueblecito, las casas se fueron haciendo
más y más grandes, y más y más.... y cuando las alcanzaron, resultó
que eran muchísimo más grandes que los propios dinosaurios, y un
niño que pasaba por allí dijo: "¡papá, papá, he encontrado unos
dinosaurios en miniatura! ¿puedo quedármelos?".
Así las cosas, el temible Ferocitaurus y sus amigos terminaron siendo
las mascotas de los niños del pueblo, y al comprobar que millones de
años de evolución en el cráter habían convertido a su especie en
dinosaurios enanos, aprendieron que nada dura para siempre, y que
siempre hay estar dispuesto a adaptarse. Y eso sí, todos demostraron
ser unas excelentes y divertidas mascotas.
EL PINGÜINO Y EL CANGURO
Había una vez un canguro que era un
auténtico campeón de las carreras, pero al
que el éxito había vuelto vanidoso, burlón y
antipático. La principal víctima de sus burlas era un pequeño pingüino,
al que su andar lento y torpón impedía siquiera acabar las carreras.
Un día el zorro, el encargado de organizarlas, publicó en todas partes
que su favorito para la siguiente carrera era el pobre pingüino. Todos
pensaban que era una broma, pero aún así el vanidoso canguro se
enfadó muchísimo, y sus burlas contra el pingüino se intensificaron.
Este no quería participar, pero era costumbre que todos lo hicieran, así
que el día de la carrera se unió al grupo que siguió al zorro hasta el
lugar de inicio. El zorro los guió montaña arriba durante un buen rato,
siempre con las mofas sobre el pingüino, sobre que si bajaría
rondando o resbalando sobre su barriga...
Pero cuando llegaron a la cima, todos callaron. La cima de la montaña
era un cráter que había rellenado un gran lago. Entonces el zorro dio
la señal de salida diciendo: "La carrera es cruzar hasta el otro lado". El
pingüino, emocionado, corrió torpemente a la orilla, pero una vez en el
agua, su velocidad era insuperable, y ganó con una gran diferencia,
mientras el canguro apenas consiguió llegar a la otra orilla, lloroso,
humillado y medio ahogado. Y aunque parecía que el pingüino le
esperaba para devolverle las burlas, este había aprendido de su
sufrimiento, y en lugar de devolvérselas, se ofreció a enseñarle a
nadar.
Aquel día todos se divirtieron de lo lindo jugando en el lago. Pero el
que más lo hizo fue el zorro, que con su ingenio había conseguido
bajarle los humos al vanidoso canguro.
EL HADA FEA
Había una vez una aprendiz de hada
madrina, mágica y maravillosa, la más lista y
amable de las hadas. Pero era también una
hada muy fea, y por mucho que se esforzaba
en mostrar sus muchas cualidades, parecía que todos estaban
empeñados en que lo más importante de una hada tenía que ser su
belleza. En la escuela de hadas no le hacían caso, y cada vez que
volaba a una misión para ayudar a un niño o cualquier otra persona en
apuros, antes de poder abrir la boca, ya la estaban chillando y
gritando:
- ¡fea! ¡bicho!, ¡lárgate de aquí!.
Aunque pequeña, su magia era muy poderosa, y más de una vez
había pensado hacer un encantamiento para volverse bella; pero
luego pensaba en lo que le contaba su mamá de pequeña:
- tu eres como eres, con cada uno de tus granos y tus arrugas; y
seguro que es así por alguna razón especial...
Pero un día, las brujas del país vecino arrasaron el país, haciendo
prisioneras a todas las hadas y magos. Nuestra hada, poco antes de
ser atacada, hechizó sus propios vestidos, y ayudada por su fea cara,
se hizo pasar por bruja. Así, pudo seguirlas hasta su guarida, y una
vez allí, con su magia preparó una gran fiesta para todas, adornando
la cueva con murciélagos, sapos y arañas, y música de lobos aullando.
Durante la fiesta, corrió a liberar a todas las hadas y magos, que con
un gran hechizo consiguieron encerrar a todas las brujas en la
montaña durante los siguientes 100 años.
Y durante esos 100 años, y muchos más, todos recordaron la valentía
y la inteligencia del hada fea. Nunca más se volvió a considerar en
aquel país la fealdad una desgracia, y cada vez que nacía alguien feo,
todos se llenaban de alegría sabiendo que tendría grandes cosas por
hacer.
EL ARPA
Un rey adoraba tanto la música que buscó por
todo el mundo el mejor instrumento que hubiera,
hasta que un mago le entregó un arpa. La llevó a
palacio, pero cuando tocó el músico real, estaba
desafinada; muchos otros músicos probaron y
coincidieron en que no servía para nada y había sido un engaño, así
que se deshicieron del arpa tirándolo a la basura. Una niña muy pobre
encontró el arpa, y aunque no sabía tocar, decidió intentarlo. Tocaba y
tocaba durante todo el día, durante meses y años, siempre
desafinando, pero haciéndolo mejor cada vez. Hasta que un día, de
repente, el arpa comenzó a entonar las melodías más maravillosas,
pues era un arpa mágica que sólo estaba dispuesta a tocar para quien
de verdad pusiera interés y esfuerzo. El rey llegó a escuchar la
música, y mandó llamar a la niña; cuando vio el arpa, se llenó de
alegría, y en aquel momento nombró a la niña como su músico
particular, llenando de riquezas a ella y a su familia.
LEYENDAS
La Llorona
Por generaciones se ha relatado la historia de María
de los Remedios, una mujer que vestida de negro o
blanco camina por los lugares por donde corre agua,
como ríos, lagos o lagunas.
La narrativa indica que es una mujer que sufrió un delirio mental y
ahogó a sus hijos. Aunque otros indican que por un amor prohibido y
pecaminoso mató de esta manera a su bebé recién nacido en las
aguas de un río.
Por ello, vaga por las calles en busca de la tumba de su primogénito
con el grito largo y agudo “¡Ay, mis hijos!”. Se relata que quienes la
escuchan les cuesta caminar, ya que su paso se vuelve lento y
pesado.
La Siguanaba
La Siguanaba es una mujer que se hace seguir por
los hombres y luego de una larga persecución, los
pierde en algún barranco. Por eso se dice que su
nombre deriva de tziguán, que significa barranco en
quiché.
La narrativa indica que cuando los hombres la
comienzan a seguir no muestra la cara, sino que lo
hace cuando ya se los ha “ganado”. Es decir, que ya
le ha arrebatado el alma. En ese momento, el
hombre se perturba al ver que su rostro es de caballo.
Esta mujer suele aparecer en cualquier tanque de agua a altas horas
de la noche y a quien la ve busca causarle daño. Usualmente, los
hombres la ven bañándose y peinándose con un peine de oro. El
hombre que la mira se vuelve loco por ella, por lo que la sigue.
El Sombrerón
Es conocido también como Tzipitío, Tzipe, Duende o
Tzitzimite. Se trata de un hombre de baja estatura, no
mide más que un dedo de la mano. Viste de negro
con cinturón brillante y usa un sombrero gigante.
Suele perseguir a las mujeres de pelo largo y ojos
grandes, ya que le gusta hacer pequeños nudos en su
cabello. Les enreda el pelo, les baila y les canta
acompañado de su guitarra. Cuando su “amor” es correspondido, las
mujeres se enferman y hasta pueden morir.
La Tatuana
Es considerada una de las
leyendas más bonitas de
Guatemala y de América. Una de
las narrativas de esta historia
cuenta que en los pueblos
aparecía una mujer muy bella
que era muy sabia en el amor. En
las calles colocaba un puesto
para vender ensalmos, para que hombres y mujeres se enamoraran.
Debido al revuelo que causaba, las autoridades la capturaban y
encarcelaban. Cuando esto sucedía, sacaba un trozo de carbón, con
el que pintaba un barquito de papel en la pared. En este se subía y
salía volando por los barrotes.
Otra variación de esta leyenda indica que era una mujer mulata que
era rechazada por el pueblo, debido a su dudosa reputación. Se
especulaba que atraía a los hombres con hechizos, por lo que era
encarcelada. En su celda, pintaba un barquito en la pared, en el que
huía.
El Cadejo
Cuenta la leyenda que, en forma de perro, con
casquillos de cabra y ojos de fuego, el Cadejo se
presenta en dos formas ante las personas:
cuando es de color blanco, tiene buenas
intenciones y suele cuidar a los ebrios y niños
ante cualquier maldad que les pueda ocurrir en
la noche; pero si es de color negro, sus
intensiones son malignas, por lo que trata de
lamerle el rostro a las personas ebrias para robarles su espíritu.
REFRANES
RONDAS