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Documento Sin Título 69

Durante el primer tercio del siglo XX, el sistema de restauración en España enfrentó una crisis debido a la intervención de Alfonso XIII, el debilitamiento de los partidos dinásticos y el fortalecimiento de la oposición. Los gobiernos de Maura y Canalejas intentaron implementar reformas para modernizar el sistema, pero enfrentaron protestas y crisis sociales que llevaron a la inestabilidad política. La oposición se consolidó a través de movimientos republicanos, carlistas y nacionalistas, mientras que la crisis económica y militar culminó en el golpe de Primo de Rivera en 1923.

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Durante el primer tercio del siglo XX, el sistema de restauración en España enfrentó una crisis debido a la intervención de Alfonso XIII, el debilitamiento de los partidos dinásticos y el fortalecimiento de la oposición. Los gobiernos de Maura y Canalejas intentaron implementar reformas para modernizar el sistema, pero enfrentaron protestas y crisis sociales que llevaron a la inestabilidad política. La oposición se consolidó a través de movimientos republicanos, carlistas y nacionalistas, mientras que la crisis económica y militar culminó en el golpe de Primo de Rivera en 1923.

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TEMA 5

Durante el primer tercio del siglo XX el sistema de la restauración entró en crisis. Esto se
debió a los siguientes factores:
1)​ El intervencionismo de Alfonso XIII, debilitó el prestigio de la monarquía
constitucional.
2)​ El debilitamiento de los partidos dinásticos, provocó inestabilidad política.
3)​ El fortalecimiento de la oposición al sistema, que derivó en extremismos y
violencia
4)​ La incapacidad de democratizar el sistema y ampliar su base social.

(Reformismo de Maura)

En 1903 el conservador Francisco Silvela abandonó la presidencia ante el fracaso de sus


políticas regeneracionistas. Tras un paréntesis liberal, comenzó el “gobierno largo”
(1907-1909) presidido por el conservador Maura. Su gobierno estuvo marcado por las
siguientes políticas:

1)​ Políticas reformistas para hacer una “revolución” desde arriba para evitar una
“revolución” desde abajo. Estas estuvieron centradas en acabar con el caciquismo
(Ley electoral de 1907), reformar la administración (Ley de administración local,
1907), hacer reformas sociales (Mejora de condiciones laborales y creación del
Instituto Nacional de Previsión), acabar con el intervencionismo del Rey, e impulsar
la economía (Ley de colonización y fomento de la industria).

2)​ Intervención militar en Marruecos, que dependía de España desde la Conferencia


de Algeciras (1906). Los intereses económicos y de prestigio que España tenía en
Marruecos, llevó a Maura a aumentar la defensa española ante los levantamientos
bereberes. Sin embargo, las muertes y derrotas del ejército español (Barranco del
Lobo, 1909) obligaron a aumentar el reclutamiento, produciendo protestas.

Del 18 de julio al 8 de agosto de 1909 (Semana Trágica) se iniciaron movilizaciones contra


de la guerra en Barcelona, que derivaron en revueltas, reprimidas con la declaración del
estado de guerra, el ejército, y condenas a muerte (Ferrer y Guardia). Debido a ello Maura
dimitió ante la presión interna y externa que criticaba sus políticas represivas.

(Reformismo de Canalejas)

El gobierno liberal José Canalejas (1910-1912), trató de llevar a cabo otro programa
reformista para modernizar el sistema. Sus objetivos fueron los siguientes

1)​ Aumentar su base social con reformas sociales. Un impuesto progresivo aumentó
los impuestos a las clases acomodadas. La Ley de Reclutamiento (1912) suprimió la
redención en metálico. Concedió derechos laborales, aunque se mostró represivo en
las movilizaciones de 1911 y 1912.

2)​ Quitar poder a la iglesia apartándola de la educación y renovando su financiación.


La ley Candado (1910) limitó el establecimiento de órdenes religiosas en el país.
3)​ Estabilizar el sistema intentando incorporar en él el nacionalismo catalán. Así,
la Ley de Mancomunidades permitió la unión de diputaciones provinciales,
formándose la Mancomunidad de Cataluña.

4)​ Solucionar el conflicto en Marruecos cediendo a las iniciativas francesas como la


firma del Tratado Hispano-francés en 1912, que sentó las bases del protectorado
franco-español.

El asesinato de Canalejas en 1912 inició una etapa en que empeoró la crisis de los partidos
dinásticos. El Partido Liberal fue liderado por Figueroa y Alba, y el Conservador por Dato.

(Gobierno de Eduardo Dato)

El gobierno de Eduardo Dato (1913-1915) hizo neutral a España en la 1º Guerra Mundial.


Durante la guerra, parte de la población española se dividió en germanófilos, partidarios de
los imperios centrales; y aliadófilos, partidarios de los aliados. El anarquismo y el
socialismo se opusieron al conflicto.

La neutralidad de España motivó un auge económico con la exportación de sus productos,


ante el deterioro de la industria europea. Sin embargo, las operaciones especulativas
impidieron el desarrollo económico e industrial, empobreciendo a las clases obreras. Esto
llevó a una crisis general:

1)​ Crisis militar → Los militares de bajo y medio grado , inconformes con los que
ascendían por méritos de guerra, crearon Juntas de Defensa denunciando los males
del ejército.
2)​ Crisis política → Tras el cierre de las Cortes la Lliga convocó una Asamblea de
Parlamentarios en que se reunieron opositores que reclamaron cortes
constituyentes.
3)​ Crisis social → La CNT y la UGT convocaron huelgas exigiendo la bajada de
precios y la convocatoria de cortes constituyentes.

El gobierno decretó la Ley Marcial, persiguiendo a los huelguistas, disolviendo la Asamblea


de Parlamentarios y las Juntas de Defensa. Así, se inició una etapa en que la oposición se
debilitó, y siguió el declive de los partidos dinásticos. Debido a ello se formó el gobierno de
concentración de Maura que integró partidos dinásticos y opositores. Con la caída de este
gobierno se retomó el turnismo de 1918 a 1923, con gran inestabilidad política.

Con el fin de la gran guerra las exportaciones españolas cayeron y la crisis empeoró. De
1918 a 1921 los sindicatos convocaron movilizaciones denunciando el empobrecimiento de
los obreros y el reparto desigual de tierras. La radicalización de algunos sectores, sobre
todo anarquistas, desembocó en revueltas y el pistolerismo. Para combatir a la fuerza se
creó la Federación patronal y el Sindicato Libre, que hicieron uso del pistolerismo. El
gobierno declaró el estado de guerra, y persiguió a los líderes de las revueltas (Ley de
Fugas) e ilegalizando las organizaciones obreras.
En 1919 se inició un proceso de expansión en Marruecos. El General Berenguer dirigió un
ejército para conquistar territorio, sometiendo en 1920 la zona occidental y en 1921 la
oriental. La mala planificación llevó a la derrota española en Annual, provocando una gran
impresión. Los partidos opositores iniciaron una investigación de lo ocurrido, dirigida por el
General Picasso. En ella quedaron afectados el Rey, los partidos dinásticos y el ejército.
Para evitar la caída del sistema se hizo el golpe de Primo de Rivera en 1923.

(Fortalecimiento de la oposición)

La oposición al sistema era ejercida por los movimientos republicanos, carlistas,


nacionalistas, y obreristas.

1)​ El republicanismo era la principal fuerza opositora. En 1903 se creó la Unión


Republicana, dirigida por Nicolás Salmerón. En 1907 se unió a la coalición
Solidaritat Catalana. Esto provocó la fundación del Partido Radical en 1908 por
Alejandro Leroux, de ideas revolucionarias. Otra escisión fue la de Vicente Blasco
Ibáñez, populista y anticlerical. En 1912 se fundó el Partido Reformista, con
intelectuales como Manuel Azaña y José Ortega y Gasset.

2)​ El movimiento obrero socialista era representado por el PSOE, liderado por Pablo
Iglesias, Julián Besteiro y Largo Caballero. Su rechazo a la internacional comunista
motivó la creación del Partido Comunista de España en 1921. La UGT emergió
como un sindicato de masas.

El anarquismo se extendió, creándose en 1907 Solidaridad Obrera, que derivó en


1910 en la Confederación Nacional del Trabajo, un sindicato revolucionario,
apolítico y anticapitalista. Sus líderes fueron Salvador Seguí, Ángel Pestaña y Joan
Peiró.

Los sindicatos promovieron un movimiento huelguístico con un auge de 1902 a 1911


para denunciar la pobreza de las clases obreras y sus malas condiciones laborales.

3)​ El carlismo, dirigido desde 1909 por Jaime de Borbón, se escindió fundándose en
1919 el Partido Tradicionalista, liderado por Juan Vázquez de Mella. En 1931,
todos los partidos carlistas se unieron en la Comunión Tradicionalista. Sus apoyos
se ubicaban en zonas periféricas del país.

4)​ Entre los nacionalismos, el catalán fue el más relevante. La Lliga Regionalista,
defendía la autonomía catalana, y la regeneración del sistema. La presidencia de la
Diputación de Barcelona y la creación de la Mancomunidad de Cataluña permitió a la
Lliga hacer sus políticas. En 1907 se creó el Centre Nacionalista Republicà,
conservador. Con el incidente del Cu-cut (1905) y la Ley de Jurisdicciones (1906) se
creó Solidaritat Catalana en 1907, formada por diferentes movimientos opositores.
Los movimientos independentistas fueron representados por Acció Catalana.

A inicios del siglo XX los partidos nacionalistas vascos mas importantes eran el PNV
(1930); y la Acción Nacionalista Vasca (1930). Además se fundó el sindicato
Solidaridad de Obreros Vascos.
TEMA 4

Durante los últimos años de la república, los conservadores, dirigidos por Cánovas
prepararon la restauración de la monarquía en la persona de Alfonso XII. Su objetivo era
crear un régimen liberal moderado que acabase con la inestabilidad y el intervencionismo
militar.

Para darle una base social al proyecto se creó el partido alfonsino, que aglutinó a los
monárquicos descontentos con el sexenio, al ejército y a la iglesia. El paso definitivo se dio
cuando Alfonso XII publicó el Manifiesto de Sandhurst en que establecía las líneas del
régimen. A continuación, el 29 de diciembre de 1874 el general Martínez Campos realizó un
pronunciamiento en Sagunto en el que proclamó la restauración de la monarquía.

(Pilares del sistema)

El sistema canovista se basó en 4 pilares: la monarquía, como institución incuestionable y


árbitra de la política; la constitución de 1876, moderada, abierta y flexible; los partidos
dinásticos, garantes de la estabilidad política y el régimen y alternantes en el poder; y el
ejército, fuera de la política, dirigido por el Rey y por debajo del poder civil.

(Pilar de la Constitución)

La constitución de 1876 defendía principios tradicionales y algunos democráticos de 1868.


Establecía co soberanía entre el Rey y las Cortes. El Rey tenía el poder ejecutivo, tenía
derecho de veto y nombraba a los ministros. Las cortes eran bicamerales, con un congreso,
elegido por la ciudadanía; y un senado elegido entre el Rey y las elecciones. El sufragio se
determinó en 1878 que fuera censitario masculino, y en 1890 se hizo universal masculino.
Se establecía tolerancia religiosa con la primacía del catolicismo, por lo que había
financiación estatal de la iglesia. La constitución no concretaba algunos derechos que con el
tiempo fueron reducidos.

(Pilar de los partidos dinásticos)

Los partidos dinásticos tenían una base social en las élites económicas, las clases medias y
los terratenientes. El partido conservador, liderado por Antonio Cánovas, defendía el
inmovilismo político, la iglesia y el mantenimiento de las clases sociales establecidas, y era
apoyado por los sectores conservadores, salvo los carlistas y los integristas. El partido
liberal-fusionista, dirigido por Práxedes Sagasta, defendía el reformismo progresista y el
laicismo, y era defendido por progresistas y unionistas.

El Rey alternaba el poder entre ambos partidos, cambiando de gobierno cuando se


desgastaba el que había. Esta dinámica (Turnismo) se mantuvo mediante el fraude electoral
masivo promovido por el gobierno en el que actuó el caciquismo: individuos con poder
lograban controlar una circunscripción electoral, principalmente en núcleos rurales. Sin
embargo, el desgaste de los partidos dinásticos con la crisis del 98 y la aparición de partidos
opositores al régimen debilitó el turnismo, que continuó decadente hasta 1923.
El partido conservador gobernó en los primeros años de la restauración, sentando las bases
del sistema con la Constitución de 1876. Los liberales accedieron en 1881 y con la muerte
del Rey en 1885 impulsaron el Pacto del Pardo asegurando la continuidad del sistema.
Durante el “Parlamento largo” (1885-1890) los liberales aplicaron su programa reformista
incorporando elementos relacionados con la revolución del 68.

(Elementos fuera del sistema: Partidos opositores)

Más allá de la actividad de los partidos dinásticos existían las fuerzas opositoras del
régimen que, aisladas por el turnismo, nunca llegaron a gobernar.

Los carlistas, tras su derrota en la III Guerra Carlista, se presentaron como una fuerza
política católica. Sin embargo, el apoyo de la iglesia a Alfonso XII y al sistema dificultó el
trabajo a los carlistas. En 1886, Vázquez de Mella intentó modernizar el carlismo aceptando
el liberalismo (Acta de Loredan). Esto provocó en 1888 la escisión del sector Integrista,
liderado por Ramón Nocedal y defensor del tradicionalismo y el antiliberalismo. En los 90 el
carlismo perdió apoyos siendo un movimiento localizado en zonas concretas.

Los republicanos, tras el fracaso de la república, se dividieron en posibilistas, dirigidos por


Castelar; y en progresistas, liderados por Ruiz Zorrilla. Los demás republicanos se
organizaron en torno a Salmerón y los federales con Pi i Margall. En 1893 se fundó la unión
republicana, que reunió a los progresistas, centralistas y federalistas.

El obrerismo se dividía tras la escisión de la I Internacional en socialistas, defensores del


marxismo y de la creación de un partido obrero; y anarquistas, políticos y revolucionarios.
La Nueva Federación Madrileña se transformó en 1879 en la Agrupación Socialista
Madrileña, fundada por Pablo Iglesias, que dio paso al Partido Socialista Obrero Español.
En 1888 los socialistas crearon la Unión General de Trabajadores, que fomentó
negociaciones y movilizaciones obreras. El PSOE se definió como un partido marxista,
obrerista y partidario de una revolución social. Se afilió a la II Internacional y convocó
huelgas. El anarquismo permaneció ilegalizado hasta que en 1881 se creó la Federación de
Trabajadores de la Región Española.

(Elementos fuera del sistema: Nacionalismos)

Frente a las pretensiones uniformadoras del estado surgieron distintos movimientos


regionalistas y nacionalistas. Surgidos ante los cambios sociales provocados por la
revolución industrial y la experiencia federal republicana.

El Catalanismo se originó a inicios del siglo XIX con el auge de una nueva burguesía que
estimuló la cultura catalana. El movimiento adquirió un carácter político con la fundación en
1882 del Centre Català, progresista, defensora del autogobierno de Cataluña y denunciaba
la opresión del estado hacia Cataluña. En 1891, se creó la Unió Catalanista, conservadora,
defensora de la restauración de las instituciones históricas catalanas y el autogobierno. En
1901 se creó la Lliga Regionalista, liderada por Francesc Cambó, conservadora y defensora
de la autonomía de Cataluña.
El nacionalismo vasco se originó con la abolición de los fueros y en el inconformismo con el
concierto vasco de 1878. Sabino Arana dirigió el Partido Nacionalista Vasco en 1895. El
defendía la superioridad étnica vasca, la independencia del país vasco y el integrismo
religioso.

(Guerra de Cuba)

A finales del siglo XIX, España contaba con las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Cuba aportaba grandes ingresos a España. Su economía se basaba en la plantación y
exportación de azúcar de caña, café y tabaco. Sin embargo, los aranceles impuestos por
España limitaban su economía. Por ello en la Paz de Zanjón (1878) se prometieron medidas
para dar autonomía a Cuba y abolir la esclavitud. Sin emabrgo, no se apoyó la autonomía
de Cuba, los liberales abolieron la esclavitud en 1880 y los aranceles siguieron, afectando a
las economías cubana y estadounidense.

En Cuba existían dos partidos: Unión Constitucional, conservador y formado por una élite
económica y españoles contrarios a las reformas; y el Partido Liberal Cubano, progresista y
formado por criollos defensores de la autonomía de Cuba. En 1892 José Martí fundó el
Partido Revolucionario Cubano, defensor de la independencia de Cuba.

Los independentistas cubanos realizaron una insurrección (Grito de Baire) que acabó con la
guerra de Cuba. El conflicto se divide en tres fases: en la primera (1895-1896) los
revolucionarios Antonio Maceo y Máximo Gómez extendieron la guerra hacia el oeste de la
isla y el ejército español, dirigido por el General Martínez Campos, no pudo detener el
avance; en la segunda (1896-1897) el General Weyler nuevo líder del ejército español,
destruyó infraestructuras de la isla y concentró a los campesinos en aldeas para aislarlos de
los insurrectos, provocándose enfermedades por las malas condiciones de vida; en la
tercera (1897-1898) el gobierno liberal dió en 1897 la autonomía a cuba y eliminó los
aranceles, sin embargo, los cubanos aliados con Estados Unidos declararon la guerra a
España.

En Filipinas, la presencia española era menor y su economía se basaba en la explotación


de recursos, plantación de tabaco y el comercio con China. En 1892 José Rizal fundó la
Liga Filipina que buscaba la independencia. Su persecución dio lugar al radical Katipunan
que promovió la insurrección armada en 1896. Sin embargo, las negociaciones calmaron los
conflictos en la isla.

En 1898 el presidente Estadounidense McKinley apoyó a Cuba, y con motivo del


hundimiento de uno de sus buques declaró la guerra a España. El 18 de abril los
americanos intervinieron en Cuba y Filipinas con una guerra rápida que derrotó al ejército
español. El 10 de diciembre se firmó el tratado de París en que España renunció a sus
colonias, que quedaron bajo influencia estadounidense.

(Desastre del 98)

La pérdida de las colonias provocó una crisis moral por la pérdida del mito del imperio
español que generó frustración y desencanto con el régimen (desastre del 98), aunque no
afectó apenas a la economía y a la dinámica del sistema. Su consecuencia cultural fue la
Generación del 98, un conjunto de intelectuales que plasmaron su pesimismo y su crítica
con el atraso del país; y el regeneracionismo, que demandaban reformas para regenerar el
país. Los militares optaron por el intervencionismo en la política.

TEMA 3

En 1868 España se hallaba en un momento de crisis política, desprestigio de la monarquía


y crisis económica. Esta última a nivel financiero (Poca rentabilidad en las inversiones
ferroviarias), industrial (Subida de precios de la materia prima) y de subsistencias (malas
cosechas).

Así, en septiembre de 1868 comenzó en Cádiz un movimiento “revolucionario”, liderado por


el Almirante Topete. Esto desencadenó revueltas y formación de juntas revolucionarias que
demandaban reformas sociales y políticas, por todo el país. Finalmente la Junta de Madrid
apoyó la formación de un Gobierno Provisional encabezado por el General Prim.

Las políticas del gobierno provisional estuvieron dirigidas a la democratización del régimen
mediante la aprobación del sufragio universal, ampliación de las libertades básicas y la
democratización de los ayuntamientos. También se propuso liberalizar la economía
impulsando el librecambismo, la Ley de Bases sobre Minas, la creación de la peseta y la
eliminación del impuesto de consumos.

En enero de 1869 se convocaron elecciones por sufragio universal maculino que dieron
lugar a unas cortes constituyentes que elaboraron una nueva constitución. La nueva carta
magna establecía una monarquía democrática en la que el poder del Rey era limitado por la
soberanía nacional a través del poder legislativo. El poder ejecutivo residía en el gobierno y
el poder judicial adquirió independencia. Además en ella garantizaban amplios derechos y
libertades, la abolición de la pena de muerte y descentralización administrativa.

Aprobada la constitución, el General Serrano fue nombrado regente del reino y el General
Prim presidente del gobierno provisional. Entonces se inició la búsqueda de un rey y se
eligió a Amadeo de Saboya, hijo de Victor Manuel II, por su concepción democrática de la
monarquía. Su convocatoria fue votada en cortes y fue proclamado Rey en enero de 1871,
poco después de que el General Prim fuera asesinado, su principal apoyo. Su muerte
significó la fragmentación de la coalición monárquico-democrática que apoyaba al Rey en el
partido Radical, de Ruiz Zorrilla y el Partido Constitucionalista de Sagasta.

El reinado de Amadeo I estuvo marcado por la inestabilidad política. Estalló la III Guerra
Carlista (1872-1876), en defensa de Carlos VII; y en 1868 una insurrección colonial en Cuba
(Grito de Yara). La oposición republicana, especialmente la federal, organizó revueltas en
las que se reclamaba el federalismo, el reparto de tierras y la abolición de las quintas y la
esclavitud. El movimiento obrero provocado por la comuna de París en 1871 fue ilegalizado.
Las élites tradicionales se reunieron en torno al liberalismo conservador de Cánovas,
defensor del regreso de los borbones. Todo esto inclinó a Amadeo I a renunciar al trono el
10 de febrero de 1873.
Tras la abdicación, las cortes proclamaron la república, siendo mayormente monárquicas;
conservando la constitución de 1869, sin los artículos que hacían referencia a la monarquía
hasta que unas nuevas cortes constituyentes creasen otra nueva. La I República se inició
con el gobierno de Estanislao Figueras, del Partido Radical que acabó rompiéndose por la
confrontación política; creando uno nuevo totalmente republicano. Entonces se convocaron
cortes constituyentes que acabaron con una mayoría republicana.

Para aquel entonces los republicanos se habían dividido en unitarios, defensores de una
república unitaria, la continuación de la constitución de 1869 y liderados por Ruiz Zorrila; y
los federales, defensores de una república federal, ampliación de derechos democráticos,
reducción del intervencionismo militar, abolición de la esclavitud y dirigidos por Pi i Margall.
Los federalistas, a su vez, se dividían en benévolos, defensores de alcanzar el federalismo
mediante reformas conforme a la legalidad; y los intransigentes, defensores de una
revolución popular que diera origen al federalismo.

En junio de 1873 comenzó el gobierno de Pi i Margall, que se propuso elaborar una nueva
constitución que estableciera el federalismo y reformas sociales. El intento de constitución
proponía una nueva división territorial consistente en 17 cantones con una gran autonomía
económico-administrativa y una constitución propia.

Mientras tanto, la república tuvo que hacer frente a la intensificación de los conflictos
preexistentes afrontando el avance del frente carlista y la continuación de la insurrección
cubana. Por otro lado la impaciencia de los republicanos intransigentes provocó la
proclamación de cantones federales con su propia legislación; y por otra parte el
movimiento obrero reclamó reformas sociales mediante huelgas y revueltas que fueron
reprimidas. Por último, España sufrió aislamiento internacional al no ser reconocida la
república, salvo por Suiza y Estados Unidos.

Pi i Margall dimitió ante la represión ejercida para acabar con las revueltas. Ante ello fue
sustituido por Salmerón, que nombró a distintos militares conservadores para frenar el
movimiento cantonal, pero dimitió ante su desacuerdo hacia la aplicación de las penas de
muerte contra los cantonalistas.

Entonces llegó al gobierno Emilio Castelar, unitario, que gobernó sin tener en cuenta las
cortes. Debido a ello se le planteó una moción de censura que impidió mediante el golpe de
Estado del general Pavía, en el que la guardia civil irrumpió en el parlamento. Tras ello, el
poder pasó a una coalición de unionistas y progresistas liderada por el general Serrano que
impuso un régimen autoritario restringiendo libertades y garantías constitucionales.

Finalmente, el 29 de diciembre de 1874 se realizó un pronunciamiento en Sagunto por el


general Martínez Campos en que se proclamó la restauración de la monarquía, en la figura
de Alfonso XII

TEMA 2
A la muerte de Fernando VII (1833) le sucedió su hija Isabel II, bajo la regencia de su madre
María Cristina. Ante la oposición absolutista hacia Isabel, la Regente pactó con los liberales
y formó un gobierno reformista (Cea Bermúdez) que amnistió a los liberales exiliados y
realizó reformas administrativas.

Los absolutistas o carlistas defendían a Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII,
como Rey; y los principios y leyes del antiguo régimen. Así comenzaron un conflicto (I
Guerra Carlista) que se desarrolló en zonas rurales del noreste del país. La guerra fue
apoyada por los perjudicados y contrarios a las reformas liberales, y, exteriormente, por
potencias contrarrevolucionarias. La causa Isabelina fue defendida por afectos y
beneficiados por las reformas, y por Reino Unido y Francia.

La guerra comenzó con el Manifiesto de Abrantes, en el que Carlos defendía sus derechos
sucesorios. Tras esto, los carlistas comenzaron a organizar insurrecciones y partidas
armadas, al mando de Zumalacárregui. De 1833 a 1835 se configuró y expandió el bando
carlista hasta la muerte de Zumalacárregui. De 1835 a 1837 los carlistas realizaron distintas
expediciones por el país que contaron con poco apoyo civil. De 1837 a 1839 las tropas
isabelinas, lideradas por Baldomero Espartero, lograron hacer retroceder y escindirse a los
carlistas en Intransigentes y Transaccionistas. Con estos últimos Espartero firmó la Paz de
Vergara (1839), en la que, entre otras cosas se conservarán las provincias vascas y navarra
y sus fueros. Los Intransigentes fueron derrotados y exiliados en 1840. La guerra tuvo
terribles consecuencias económicas y demográficas, y escindió a los liberales en
Moderados (defensores de una transición reformista) y progresistas (defensores de la
constitución de 1812).

Durante la guerra, la Regente formó un gobierno con los moderados (Martinez de la Rosa) y
aprobó el Estatuto Real en 1834. Este establecía cortes bicamerales subordinadas al
monarca y su sufragio censitario masculino. Sin embargo, el cólera y las malas condiciones
de vida motivaron las revueltas del verano de 1835 y la formación de juntas revolucionarias
progresistas que demandaban reformas. Así, la Regente nombró un gobierno progresista
liderado por Mendizábal.

El nuevo gobierno hizo frente a la guerra carlista, reformó el Estatuto Real, y comenzó una
nueva política económica con la disolución y desamortización de bienes eclesiásticos de
órdenes eclesiásticas. Sin embargo, la Regente cedió ante la oposición y formó un nuevo
gobierno moderado. Ante esto se sucedieron las revueltas y formaciones de juntas que
culminaron con el Motín de Sargentos de la Granja (1836) en que hicieron que la Regente
aceptara la constitución de 1812 y formara un nuevo gobierno progresista, liderado por
Calatrava.

El nuevo gobierno continuó la política económica de Mendizábal, dedicada a la destrucción


de las estructuras económicas del antiguo régimen para introducir el capitalismo, la
propiedad privada y la libertad de industria. Así se abolieron los señorías, la mesta, los
gremios y los diezmos; se desvincularon los mayorazgos y se prosiguió con la disolución de
órdenes religiosas y la desamortización y subasta de sus bienes.

Tras las elecciones de 1837 se formaron unas cortes constituyentes de mayoría progresista
que aprobaron la constitución de 1837. De corte progresista, establecía cortes bicamerales,
soberanía compartida y financiación del culto católico. Posteriormente, nuevas reformas
extendieron el derecho a voto, reinstauraron la Milicia Nacional y dieron libertad de prensa.

Tras la aprobación de la Constitución se convocaron nuevas elecciones que fueron ganadas


por los moderados. Estos paralizaron algunas de las reformas progresistas como la
desamortización y la libertad de prensa; y optaron por el centralismo político, visible en la
Ley de Ayuntamientos (1840) según la cual, la Corona elegía a los alcaldes de las grandes
ciudades y el Gobernador Civil al de las pequeñas. Sin embargo, las revueltas y la
formación de juntas revolucionarias progresistas apoyadas por Espartero lograron hacer
renunciar a Maria Cristina de su cargo de Regente y exiliarse en 1840 al apoyar a los
moderados.

Espartero asumió la regencia, realizando políticas progresistas con un carácter personalista:


Aislando a sus opositores y aupando a sus afines. Durante su gobierno se derogó la Ley de
Ayuntamientos, retomó la libertad de prensa y la desamortización, y desarrolló políticas
económicas librecambistas que permitieron la entrada de productos extranjeros en el
mercado español. En 1841 O'Donnell dirigió un movimiento militar contra Espartero fracasó
No fue hasta 1843 cuando se produjo un levantamiento por parte de la oposición progresista
y moderada que acabó con el exilio de Espartero. Tras ello, las cortes adelantaron la
mayoría de edad de Isabel II y tras un breve gobierno de Olózaga comenzó su reinado.

Tras las elecciones de 1844 salió un gobierno moderado dirigido por el General Narváez.
Este se propuso alcanzar la estabilidad política del país mediante la represión y reformas
como la centralización y jerarquización de la administración, una ley electoral basada en
distritos uninominales, un orden jurídico unitario, una reforma fiscal y la creación de la
guardia civil. Para ello se apoyó en las clases beneficiadas y afectas a las reformas liberales
para formar un nuevo orden social que permitiese la consolidación de las instituciones
liberales.

Aprobaron una nueva constitución en 1845 que establecía el voto censitario masculino.
Posteriores leyes restringieron el derecho de voto y la libertad de voto. En 1851 hicieron un
nuevo concordato con la Santa Sede en el que la iglesia reconocía lo desamortizado,
España se establecía como un estado católico, se acordaba la financiación del culto y se le
destinaba la tarea de la educación.

A pesar de las reformas, no lograron la estabilidad política por culpa del intervencionismo y
la corrupción de la Reina y de distintas camarillas de la corte. También afectó la II Guerra
Carlista (1847-1849), con la formación de partidas militares dirigidas por Carlos VI. El ciclo
revolucionario de 1848 fue reprimido con violencia por Narváez. En 1849 se fundó el Partido
Demócrata con propuestas progresistas extremistas.

En 1854 O’ Donnell lideró un pronunciamiento militar fallido. Tras ello redactó el manifiesto
de Manzanares con demandas progresistas que desembocaron en la revolución de 1854.
Debido a ello la Reina formó un gobierno liderado por Espartero y con O'Donnell de ministro
de guerra. El nuevo gobierno reinstauró la legislación anterior de 1845 y fracasó al intentar
aprobar una constitución nueva en 1856. Se retomó la desamortización, ampliándose a los
bienes municipales y de propios (desamortización de Madoz, 1855); y se aprobó la Ley
General de Ferrocarriles (1855) que estableció una regulación para su construcción y
permitió que capitales extranjeros invirtieran en ellos. Ante esto surgieron nuevas entidades
de créditos y bancos y se cometieron escándalos de corrupción.

Las medidas del gobierno no mejoraron las condiciones de vida, además hubo malas
cosechas y crisis de subsistencia. Esto derivó en la primera huelga general (1855) y en
múltiples revueltas que fueron reprimidas por O’ Donnell, lo que hizo que se enfrentara con
Espartero. Ante esto, la Reina nombró a O'Donnell presidente del gobierno realizando un
golpe contrarrevolucionario.

En 1856 la Reina nombró presidente del gobierno a Narváez, moderado. Durante su


gobierno se aprobó la Ley de Instrucción pública (1857). Sin embargo, el descontento
popular derivó en revueltas acabando con el gobierno de Narváez.

En 1858 la Reina nombró presidente del gobierno a O'Donnell (XD), presidente de Unión
Liberal: Un partido surgido por la unión de moderados y progresistas. El nuevo gobierno
continuó con algunas de las políticas del anterior. Además, hubo hasta 1866 un periodo de
bonanza económica que fue aprovechado por el gobierno para realizar una intensa política
exterior con el objetivo de recuperar la imagen del país de potencia colonial. Así se realizó
una expedición a Cochinchina (1858-1863), campañas militares en Marruecos (1859-1860)
y una intervención en México (1862).

Sin embargo, el autoritarismo llevado a cabo por O’ Donnell desde 1863, el


intervencionismo de la reina y de sus camarillas dio lugar a inestabilidad política. La
oposición se organizó y se desarrolló en los ambientes universitarios (Noche de San Daniel,
1865) y en el militar (Sublevación de los Sargentos del cuartel de San Gil, 1866).
Finalmente, la situación desembocó en el Pacto de Ostende por el cual se acabó con la
monarquía de Isabel II y le hizo exiliarse.

TEMA 1

En 1788 Carlos IV fue nombrado Rey de España. En 1789 comenzó la revolución francesa,
lo que obligó al rey a aislar al país de Francia para evitar la entrada de ideas
revolucionarias. A esto se le sumó el detener las reformas ilustradas, el deponer a todos sus
ministros, accediendo Manuel Godoy a la Secretaría General del Estado en 1792.

En 1793 España entró en la Coalición Europea contra Francia, lo que le hizo entrar en
guerra con el país galo. La guerra terminó en 1793 con la Paz de Basilea. Tras ello Godoy
centró sus políticas en la búsqueda de buenas relaciones con Francia. Esto se tradujo en la
subordinación de España a los intereses franceses, sobre todo tras la llegada de Napoleón.
En 1796 se firmó el Tratado de San Ildefonso, que establecía a España y a Francia como
aliados militares. Así, España entró en guerra contra Inglaterra, enemiga francesa, que
terminó con la derrota franco-española.

La victoria supuso la pérdida del control español del Atlántico. Para reducir la gran deuda
producida Gody decidió emitir deuda, iniciar una desamortización eclesiástica y subir
impuestos. Estas políticas lo enfrentaron con las clases privilegiadas y provocaron un
descontento en las clases populares ante las malas condiciones de vida, los altos impuestos
y la crisis. Esto motivó una sucesión de motines y revueltas.
En 1807 Godoy firmó el tratado de Fontainebleau, por el que se permitía la entrada de
tropas a la península para invadir Portugal, y el reparto de los territorios lusitanos entre
España y Francia. En febrero de 1808 comenzó la entrada de tropas francesas a España,
las cuales comenzaron a tomar plazas importantes como Madrid, Gerona o Vitoria. Ante
esto comenzó una sucesión de motines en contra de la presencia francesa que terminaron
con el de Aranjuez el 18 de marzo de 1808. En él se consiguió la abdicación de Carlos IV en
su hijo Fernando VII y la dimisión de Godoy. Tras ello Carlos IV pidió ayuda a Napoleón y
este decidió invadir el país.

A principios de mayo de 1808, Carlos IV y Fernando VII se reunieron en Bayona con


Napoleón. Allí, cedieron el trono de España a Napoleón, quien lo cedió a su hermano José
Bonaparte. Tras ello, el nuevo rey convocó cortes en Bayona en las que ratificó su puesto y
aprobó el Estatuto, una carta otorgada en la que se establecía la igualdad de los españoles
ante la ley, los impuestos y el acceso a la administración.

La llegada de José I fue recibida por los españoles con pasividad y una mayoritaria
oposición. Él dirigió sus políticas a la abolición del antiguo régimen.

El 2 de mayo de 1808 estalló en Madrid un motín en contra de la presencia francesa que fue
reprimido por las tropas francesas dirigidas por Murat. Sin embargo su ejemplo se expandió
por el país, organizándose Juntas de Defensa destinadas a resistir la invasión francesa y
que acabaron formando la Junta Central Suprema.

Entonces los españoles se dividieron en dos posturas: los afrancesados defendían la


presencia francesa y las reformas de José I y Napoleón; los patriotas estaban en contra de
la presencia francesa y defendían el retorno de Fernando VII, aunque diferían en qué
ocurriría tras su vuelta.

La guerra de independencia se divide en 3 etapas: La primera (1808) está marcada por la


forma en que se defendieron los españoles: la guerrilla. Ésta dificultó el avance francés por
el país (Bailén); la segunda (1808-1812) en la que Napoleón trajo más tropas a España que
lograron obtener el control teórico de la mayoría del país e intentaron implantar las reformas
de José I; y la tercera (1812-1814) en la que Napoleón tuvo que destinar tropas a la guerra
de Rusia, permitiendo el avance de la guerrilla, apoyada por las tropas inglesas. A finales de
1813 se firmó el tratado de Valençay, por el que se terminaba la guerra y se determinaba el
retorno de Fernando VII al país. La guerra tuvo efectos devastadores en la demografía, la
agricultura y ganadería, la industria y el comercio del país.

Durante el conflicto, ante las derrotas sufridas, la Junta Central Suprema delegó sus
poderes en una regencia ejercida por el Obispo de Orense (enero de 1810). Él convocó a
cortes en Cádiz, en la que hubo una mayoría liberal. Estas se proclamaron sede de la
soberanía nacional, aprobaron la separación de poderes y la libertad de poderes, y
proclamaron a Fernando VII Rey de España. El 19 de marzo de 1812, día de San José,
aprobaron una constitución (La Pepa) en la que se establecía en España un régimen liberal,
mediante el desmantelamiento del sistema absolutista.
A la vuelta de Fernando VII, cedió a la oposición absolutista (Manifiesto de los persas) y
abolió la Pepa y todas las reformas realizadas por las cortes de Cádiz, mediante un decreto
el 4 de mayo de 1814. Esto obligó a exiliarse a los liberales y afrancesados.

Frente al contexto europeo del Congreso de Viena y la Santa Alianza, España tuvo que
hacer frente a las consecuencias de la guerra de independencia. La demografía, la
agricultura, la ganadería, la industria y el comercio habían quedado gravemente afectados.
A esto hay que sumarle la pérdida de los ingresos de las colonias ante las guerras de
independencia y una deuda inasumible. Debido a todo ello España entró en bancarrota.

Por otro lado se sucedieron protestas campesinas ante el retorno de los impuestos
señoriales y los diezmos. Los que habían adquirido tierras de la desamortización
reclamaban que se les devolvieran. La industria exigía libertad de actuación frente a los
gremios y la administración.

La incapacidad del gobierno para solucionar estos problemas motivaron numerosos


pronunciamientos: acciones lideradas por jefes militares y apoyadas civilmente con el
objetivo de modificar el gobierno. De todos ellos acabó triunfando el del Coronel Rafael de
Riego, el 1 de enero de 1820, el cual recorrió Andalucía proclamando la pepa. Ante la
pasividad del ejército y la neutralidad de los campesinos, Fernando VII se vio obligado el 10
de marzo de 1820 a proclamar la constitución de 1812, proclamándose rey constitucional.

El gobierno liberal aplicó una amnistía general que permitió la vuelta al país de liberales y
afrancesados. Además, realizó un conjunto de reformas que buscaron el fin del régimen
absolutista, consistentes en la abolición de los señoríos y gremios, desvinculación de
mayorazgos, secularización desamortización eclesiástica, reforma fiscal, y la creación de un
código penal y la Milicia Nacional. Ésta última era un cuerpo civil armado encargado de
mantener el orden ciudadano.

Fernando VII se opuso a las reformas liberales e intentó paralizarlas mediante su derecho a
veto. Por otro lado, surgió el descontento entre los campesinos con la repartición de la
propiedad de las tierras y los nuevos impuestos estatales. Ello dio paso a revueltas en los
sectores periféricos del norte del país que fueron apoyadas y aprovechadas por los
privilegiados, afectados por las reformas liberales.

Por otro lado, los liberales se dividieron en moderados, defensores de reformas que no
enfrenten al Rey con los estamentos privilegiados; y exaltados, que defendían el desarrollo
pleno de la constitución de 1812, en beneficio de las clases populares y burguesas.

Finalmente, Fernando VII apeló a la Santa Alianza en el congreso de Verona y en 1823 un


ejército francés (Cien mil hijos de San Luis) dirigido por el Duque de Angulema llegó al país
y acabó el régimen liberal. Tras un Consejo de Regencia, Fernando VII recuperó el poder
absoluto y derogó la constitución de 1812 y todas las reformas liberales.

El regreso del absolutismo lo acompañó una fuerte represión hacia los liberales
(Fusilamientos de Torrijos, 1831) que les obligó a exiliarse; una depuración de la
administración y del ejército y la creación de los voluntarios realistas, que perseguían a los
liberales.
Fernando VII se encontró ante el problema de evitar hacer reformas que dieran pie al
liberalismo, y hacer cambios mínimos para procurar la continuación del funcionamiento del
país. Así, hay que destacar las reformas económicas realizadas a partir de 1825 por el
ministro de hacienda, López Ballesteros, que realizó una Ley de presupuestos, un código de
Comercio y creó el Banco de San Fernando. Estas reformas produjeron descontento entre
los absolutistas, que se agruparon en torno a Carlos María Isidro, hermano del Rey.

(...)

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