Introducción
Democracia y ciudadanía
Concepto:
Como se considera que la ciudadanía y los proyectos de sociedad y país incluidos
en los proyectos educativos del Ministerio de Educación requieren de la
participación y aporte de todos, este boletín tiene como objetivo principal difundir
la propuesta de Formación Ciudadana.
Definición:
La ciudadanía plena de todos los ciudadanos es imprescindible para el buen
funcionamiento de una democracia. Si algunos ciudadanos no pueden votar (por
cuestiones de religión, etnia, sexo, etc.), la democracia falla y los postulados de la
ciudadanía no se cumplen.
Lee todo en: Definición de ciudadanía - Qué es, Significado y
Concepto [Link]
Democracia como sistema y cultura
Generalmente, se suele pensar en la democracia solamente como un sistema
político de organización del Estado. Es importante ampliar esta concepción de
democracia y no reducirla a la idea de un sistema político con instituciones y
mecanismos legales que organizan o regulan la vida de una sociedad o país.
Idealmente, la democracia es, sobre todo, una cultura (es decir, una forma de vida
en común) en la que las personas se relacionan entre sí con el fin de construir y
consolidar una convivencia humana armónica que permita el bienestar y desarrollo
pleno de todos. Una cultura con estas características debe estar sustentada en un
sistema de instituciones, mecanismos y leyes que buscan garantizar los derechos
de las personas y de los pueblos.
La democracia, como sistema y como cultura, se manifiesta de diferentes formas
en distintos contextos. Así, hay muchos países cuyo sistema se reconoce como
democrático y que, sin embargo, no despliegan la misma “intensidad” de
democracia (sea como sistema o como cultura) en los distintos ámbitos de sus
realidades sociales. Por ello, se puede afirmar que hay países con mayor o menor
libertad de expresión, con mayor o menor tolerancia y reconocimiento de las
diferencias, con más o con menos mecanismos reales de participación ciudadana,
etc.
Así mismo, en ciertos ámbitos de la realidad social de algunos países, se puede
encontrar una cultura más democrática que el sistema mismo que la sustenta. Por
ejemplo, existen sistemas cuyas instituciones democráticas no son sólidas, pero
en cuya cultura se encuentran muchos ejemplos de participación, organización y
solidaridad en la búsqueda de proyectos comunes de desarrollo. En otras
palabras, un sistema democrático no necesariamente garantiza una cultura
democrática, pero esta sí puede ser la base suficiente para que se desarrolle y
consolide el primero. Lo ideal, evidentemente, es desarrollar y fortalecer ambos,
cultura y sistema, de modo simultáneo.
¿Qué significa ciudadanía para la democracia en el Perú?
Ciudadanía para la democracia significa que los ciudadanos y ciudadanas de una
sociedad o de un país se comprometen con determinados principios e ideales
democráticos, como la justicia, la equidad, la libertad, la solidaridad, la
interculturalidad, entre otros. En este sentido, ser ciudadano exige reflexionar y
tomar conciencia sobre el entorno, la sociedad y el país, y sobre lo que se
pretende ser y se quiere que el país sea. Sobre la base de esta reflexión continua,
permanente, los ciudadanos y ciudadanas toman posturas y decisiones respecto
de sus acciones y participación en la vida pública. De acuerdo con cómo se ven
los ciudadanos peruanos y cómo asumen su ciudadanía, y de acuerdo también
con la interpretación que se hace de la realidad social nacional, se comprometen,
de una u otra forma, con esta.
Hoy, los peruanos hemos reconocido que uno de los problemas más graves es
que no se ha logrado consolidar una cultura y un sistema democráticos que
sostengan el desarrollo de una sociedad más justa y digna para todos, que
permita ejercer plenamente los derechos ciudadanos y asumir las
responsabilidades consiguientes. No obstante, mientras más difíciles sean los
desafíos a la democracia, mientras más corrupción exista y más crisis de valores
se observe, mientras mayores sean las desigualdades entre las personas, más
responsabilidad tendrán los ciudadanos y ciudadanas de construir y fortalecer, en
el diario actuar, una cultura y un sistema diferentes, donde se respeten y se
promuevan los derechos de todos.
a) Reflexionar sobre la historia y realidad social peruanas y sus grandes
desafíos: la exclusión, la pobreza, la discriminación y el racismo históricos,
el autoritarismo y el machismo, la corrupción, el abuso y mal manejo del
poder y de nuestros recursos, el uso de la violencia como solución a los
problemas, la falta de identificación con la cultura nacional y la poca
valoración de la que es objeto, entre otros.
b) Comprometerse, a partir de la reflexión anterior, con la construcción de un
país mejor, con sólidos principios democráticos. Este compromiso debe ser
asumido por cada persona, desde su propio contexto, desde su propio
proyecto de vida.
c) Actuar para construir bienestar propio y colectivo, y para contribuir, así, con
el desarrollo y democratización de la sociedad.
Así, aunque la ciudadanía democrática es idealmente ejercicio y práctica
dentro de una cultura y un sistema democráticos, en el caso peruano, se
trata, más bien, del ejercicio y la práctica transformadores que buscan
construir democracia a partir de una cultura y un sistema que aún no se han
consolidado como democráticos.
Ciudadanía democrática intercultural en el Perú
El ejercicio ciudadano democrático requiere de reflexión y conciencia históricas.
Como se argumenta en la fundamentación del área de Personal Social del
currículo vigente5, esta conciencia contribuye “a una mejor toma de decisiones
respecto de los problemas históricos (identidad, democracia y desarrollo) no
resueltos en nuestro país y respecto de sus posibles soluciones”. Conceptos como
democracia, ciudadanía, interculturalidad, pertenencia e identidad están
necesariamente relacionados y se construyen en la complejidad del proceso
histórico. El aprendizaje con proyección histórica supone plantear una vinculación
significativa entre la historia, la vida cotidiana y los problemas presentes.
Desde el presente enfoque de Formación Ciudadana, por tanto, la conciencia
histórica y la valoración de la diversidad en el Perú y en el mundo están
íntimamente ligadas. Más aun, el desarrollo de la conciencia histórica e
intercultural7 de los niños y jóvenes determina en gran medida su convivencia y
participación como ciudadanos y ciudadanas en el país. Es decir, la comprensión
que los niños y los jóvenes tienen de la historia es un factor determinante de la
manera en que se relacionan consigo mismos y con los otros, y del modo en que
reflexionan sobre la realidad social y proponen acciones o alternativas de solución
a problemas sociales.
Construir ciudadanía para el proceso de descentralización
El proceso de descentralización en el que el Perú se encuentra inmerso, intenta
consolidar el sistema democrático una expresión latente de esta característica es
la apertura de espacios de encuentro entre Sociedad Civil y Estado, pese a la
serie de dificultades que ha encontrado en cuanto a plasmar su lógica democrática
en el marco normativo de los mismos, y a la no obtención de una respuesta
sustantiva por parte de quienes constituyen Sociedad Civil.
En este contexto, Sociedad Civil, y Estado, enfrentan problemas y limitaciones
distintas y complementarias, y deberán ser asumirse y resolverse en miras a la
viabilidad y sostenibilidad del proceso, marcando una dinámica de sinergia y no de
confrontación, hacia la construcción y consolidación de una real democracia. En
un proceso para consolidar la democracia, resulta necesario preguntarnos y
consensuar en torno al significado de aquello que pretendemos consolidar.
Individualismo y comunitarismo
Como la ciudadanía se da al interior de una comunidad, resulta relevante la
interacción que las y los ciudadanos tienen al interior de ella, es por ello que es
importante la reflexión que se deriva del análisis del ejercicio ciudadano, la que
nos permite distinguir los aspectos formales de la ciudadanía, definidos por la
pertenencia pasiva a una comunidad política y la denominada ciudadanía real,
vinculada a la participación cívica en las instituciones democráticas. Estos dos
aspectos deberían ser claramente diferenciados:
“El segundo peligro para una teoría de la ciudadanía surge como resultado de la
frecuente confusión entre dos conceptos que aparecen en la discusión: la
ciudadanía-como-condición-legal, es decir, la plena pertenencia a una comunidad
política particular, y la ciudadanía-como-actividad-deseable, según la cual la
extensión y calidad de mi propia ciudadanía depende de mi participación en
aquella comunidad.” 8 Con respecto a lo anterior es importante tener en cuenta
que los ciudadanos delegan en el Estado la capacidad de decidir, organizar y
normar la vida en la sociedad, pero ello no implica que los ciudadanos/as no
puedan influir en la toma de decisiones, ya que tienen la potestad de organizarse
en instituciones políticas y también en los espacios de la sociedad civil.
La ciudadanía diferenciada
Las reflexiones contemporáneas han planteado nuevos temas en relación a la
existencia de determinados grupos que por su diferencia cultural se ven
imposibilitados de ejercer la ciudadanía en las mismas condiciones que el resto de
la población. Es así que surge la noción de la ciudadanía diferenciada, la cual
reflexiona sobre el acceso a los derechos de los grupos tradicionalmente
discriminados como las mujeres, los pueblos originarios, las minorías étnicas,
sexuales y religiosas, entre otros, los cuales tienen necesidades específicas y
particulares que se hacen invisibles cuando se asume la premisa que todos los
ciudadanos somos iguales. En este sentido, la única manera de garantizar
condiciones de equidad es reconocer que se accede a los derechos como
individuo y también como integrante de una colectividad, es decir, no solamente
hay un reconocimiento de derechos individuales, sino también de derechos en
virtud a la pertenencia a un grupo específico:
Un creciente número de teóricos, a los que llamaremos ‘pluralistas culturales’,
sostienen que el concepto de ciudadanía debe tener en cuenta estas diferencias.
Los pluralistas culturales creen que los derechos de ciudadanía, originalmente,
definidos por y para los hombres blancos, no pueden dar respuesta a las
necesidades específicas de grupos minoritarios.”10 Esta perspectiva se debe al
aporte de la desaparecida profesora en la Universidad de Chicago Iris Marion
Young, quien sostenía que debido a variables culturales hay grupos que tienen
necesidades diferentes, muchos de ellos en una situación de desventaja social,
por tanto deben gozar de derechos especiales de manera temporal hasta que las
situaciones de inequidad desaparezcan. Además plantea que la idea de una
ciudadanía universal y homogénea termina haciendo invisible la exclusión y las
condiciones de discriminación. Un ejemplo de lo anterior son las mujeres
trabajadoras, las cuales necesitan normas legales que las protejan del despido en
caso de estar embarazadas, del acoso sexual y otras situaciones que se generan
por el hecho de ser mujeres.
Los derechos políticos
La preocupación por garantizar el derecho de todos los ciudadanos a participar en
la vida política y la toma de decisiones públicas llevó al surgimiento del concepto
de derechos políticos, que tienen su eje en la relación entre gobernantes y
gobernados. Es así que se producen los procesos de ampliación del derecho de
sufragio y el reconocimiento progresivo de los derechos políticos para el conjunto
de la población. Pero será recién en el siglo XX que los Estados comienzan a
reconocer de manera progresiva los derechos políticos de las mujeres. En este
proceso hubo diversos movimientos femeninos de reivindicación del derecho al
voto. Sin duda, el más conocido de la época fue el de las sufragistas británicas,
que en 1918 lograron el derecho al voto para las mujeres mayores de 30 años.
Los derechos económicos, sociales y culturales (DESC)
En las primeras décadas del siglo XX los trabajadores de los países de Europa
acceden progresivamente a un conjunto de derechos sociales, los cuales se van
integrando a las legislaciones nacionales. Este proceso de ampliación de derechos
plantea una nueva relación entre los ciudadanos y el Estado, nuevos marcos de
exigibilidad y cambios en el sistema de derechos: “Los derechos sociales
constituyen un ingrediente importante en la construcción y desarrollo de la
ciudadanía en la medida en que le asignan contenido. Se presentan como
relaciones sociales cambiantes que se construyen como resultado de la
interacción entre participación social e intervención del Estado.”
A mediados del siglo XX, Thomas H. Marshall planteó que pese al avance en los
derechos civiles y políticos, el tema de superar la desigualdad social era
fundamental para el ejercicio pleno de la ciudadanía. Es así que toma cuerpo la
denominada tercera generación de derechos, los denominados derechos
económicos, sociales y culturales (DESC). En 1966, la Asamblea General de las
Naciones Unidas, adopta y abre a la firma el denominado “Pacto Internacional de
Derechos Económicos, Sociales y Culturales” (PIDESC), en cuyo preámbulo se
plantea la necesaria conexión entre las tres generaciones de derechos: “[Con]
arreglo a la Declaración Universal de Derechos Humanos, no puede realizarse el
ideal del ser humano libre, liberado del temor y de la miseria, a menos que se
creen condiciones que permitan a cada persona gozar de sus derechos
económicos, sociales y culturales, tanto como de sus derechos civiles y políticos”.
Conclusiones
Todos los ciudadanos tenemos nuestros derechos que deben ser respetados por
todos los estados y por el gobierno que por cultura nos han establecidos y por
ende cada religión sexo rasa nacionalidad debe ser respetada.
Bibliografías
Asociación Civil Transparencia (2000). Democracia, ciudadanía y educación cívica
en la escuela peruana. Asociación Civil Transparencia, Lima.
Asociación Civil Transparencia (1999). Para ser ciudadanos. Texto de Educación
Cívica. Asociación Civil Transparencia, Lima.
Frisancho, S. (2002). Educación en valores. Ministerio de Educación del Perú,
Lima.
Touraine, A. (2003). ¿Podremos vivir juntos?: iguales y diferentes. Fondo de
Cultura Económica, México.