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David E. Aune, El NT en Su Entorno Literario 2

El libro de David E. Aune explora el Nuevo Testamento en su contexto literario, analizando los géneros y estilos literarios de los primeros escritos cristianos en comparación con la literatura helenística y otras tradiciones. Aune argumenta que el cristianismo primitivo fue un movimiento que evolucionó rápidamente, adaptándose a diversas influencias culturales y literarias mientras mantenía sus raíces judías. Este estudio busca eliminar barreras entre disciplinas académicas y ofrecer una comprensión más profunda de la literatura cristiana primitiva.

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David E. Aune, El NT en Su Entorno Literario 2

El libro de David E. Aune explora el Nuevo Testamento en su contexto literario, analizando los géneros y estilos literarios de los primeros escritos cristianos en comparación con la literatura helenística y otras tradiciones. Aune argumenta que el cristianismo primitivo fue un movimiento que evolucionó rápidamente, adaptándose a diversas influencias culturales y literarias mientras mantenía sus raíces judías. Este estudio busca eliminar barreras entre disciplinas académicas y ofrecer una comprensión más profunda de la literatura cristiana primitiva.

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David E.

Aune

,,

EL NUEVO TESTAMENTO
EN SU ENTORNO LITERARIO

DESCLÉE DE BROUWER
BILBAO - 1993
').
'
INDICE

Prólogo por Wayne P<.. Meeks . 11


Abreviaturas 13
Introducción 15

1. El Género de los Evangelios «Paralelos» No Li-


terarios y Literarios . 23
«El Evangelio» como Forma Literaria . 24
La Moderna Erudición y los Evangelios . 25
Crítica del Género y los Evangelios . 30
Los Evangelios como un Género «No Literario» . 31
Literatura Biográfica Antigua . 36
Literatura Biográfica Greco-Romana . 38
Literatura «Biográfica» Israelo-Judía . 48

2. Los Evangelios como Biografía Antigua y el De-


sarrollo de la Literatura de Jesús . 61
La Forma de los Evangelios . 62
El Contenido de los Evangelios . 71
La Función de los Evangelios . 77
Los Evangelios como Biografía Greco-Romana . 82
Literatura Posterior de Jesús . 88

3. Locas-Hechos y la Antigua Historiografía . 101


11
,1
El Problema del Género . 101
Historiografía Helenística . 105
Forma y Contenido de la Historia . 110
Formas Literarias Constitutivas . 117
La Función de la Historia . 124
10 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Historiografia Israelita . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125


Historiografia Judía Helenística . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 135
Comparación de las Historiografias Antiguas . . . . . . . 141

4. Características Genéricas de Locas-Hechos y el


Desarrollo de .la Literatura Apostólica . 151
La Forma de Lucas-Hechos . 151
Formas Orales Constitutivas . 156
Formas Literarias Constitutivas . '. . 156
El Contenido de Lucas-Hechos . 170
·"' La Función de Lucas-Hechos . 177
Lucas-Hechos como Historia General . 180
Los Hechos Apócrifos . 184
5. Las Cartas en el Mundo Antiguo . 207
Cartas Greco-Romanas . 209
Epistolografia Aramea y Judía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ' 227

6. Cartas y Homilías Cristianas Primitivas . 239


Análisis Literario Formal . 239
Análisis Crítico de Forma . 250
Estilos de Discurso Epistolar . 257
Tipos de Cartas Cristianas Primitivas . 264
Cartas y .Homilías Circunstanciales ~ . 265
Cartas y Homilías Generales . 282
7. El Apocalipsis de Juan y la Literatura Antigua
Revelatoria . 293
Q , A 1· . . . ?
¿ ue es poca ipncísmo'; . . .,294
Tipos de Literatura Antigua Revelatoria . 300
Apocalipticismo Cristiano. .Prirnitivo . 308
El Apocalipsis de Juan .. :\, . 311
Apocalipsis Cristianos de Tráqsición . 318
Prólogo

Esta serie de Ubros representa una maniobra de eliminación


de barreras. Durante muchos años, el estudio del antiguo cris-
tianismo, y especialmente del Nuevo Testamento, ha sufrido de
aislamiento, pero por fortuna esa situación está cambiando. Por
una serie de razones, hemos empezado a ver la convergencia
de intereses y, en algunos casos, una verdadera colaboración de
especialistas a través de diferentes fronteras académicas: entre
historiadores romanos e historiadores del Cristianismo, entre
especialistas del Nuevo Testamento e historiadores de la Iglesia,
entre historiadores del Judaísmo y del Cristianismo, entre es-
pecialistas históricos y literarios.
La Biblioteca del Primitivo Cristianismo cosecha el fruto de
esa colaboración, en varios aspectos en los que los enfoques
más recientes han cambiado la visión predominante de lo que
fueron los primeros cristianos. Gran parte de lo que aquí se
presenta no se ha reunido antes de esta manera. A fin de hacer
esta información lo más asequible posible, no hemos cargado
los libros con esa clase de argumentos y documentación que es '
necesaria en las monografias eruditas, que es como ordinaria-
mente se presenta un nuevo trabajo como éste. Por otro lado,
los autores no condescienden con sus lectores. Los estudiantes
de universidad y de seminarios y los de niveles más avanzados
hallarán en estos libros una oportunidad de participar en una
conversación en el filo creciente de la actual erudición.
Hubo un tiempo en el que casi todos los especialistas del
Nuevo Testamento se educaban en los clásicos griegos y latinos.
Para ellos era natural y obvio comparar los géneros y estilos de
los primeros escritos cristianos con otras obras de la literatura,
aunque tal comparación no siempre producía una mejor com-
prensión. Las diferencias entre los libros del Nuevo Testamento
y las obras literarias de la Edad de Oro eran tan grandes que a
menudo el resultado de la comparación de ambos fue que a los
12 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

documentos cristianos se les colocara en una clase por sí mis-


mos. Pero al paso de los siglos, el descubrimiento de grandes
cantidades de papiros largo tiempo escondidos en Egipto, y
décadas de trabajo en la revisión de los autores menos conocidos
de los períodos helenístico y romano añadió una creciente cons-
ciencia de la gran variedad de estilos y formas literarias y del
lenguaje popular en el tiempo en el que empezó el Cristianismo.
Los pioneros, corno Eduard Norden, exploraron el lugar de los
tipos característicos y de otros documentos aislados de la lite-
ratura cristiana primitiva dentro de esa variedad, y Hans Wend-
land, Martin Dibelius y otros reunieron los resultados de tales
estudios en excelentes manuales sobre el contexto literario de
los primitivos escritos cristianos.
Ha habido un enorme avance en el estudio de la literatura
primitiva cristiana y de los clásicos desde que estos manuales .
fueron escritos. Hoy, lamentablemente, el estudiante del Nuevo
Testamento con una educación clásica adecuada para ubicar con
,:;, exactitud los textos en su contexto literario, es una rara excep-
ción. David Aune es esa excepción, y su análisis de las formas,
géneros y estilos utilizados por los primitivos escritores cristia-
nos, y la forma en que ellos mismos los modificaron y hallaron
soluciones especiales a sus problemas literarios específicos, va
mucho más allá de lo anteriormente existente.
WAYNE A. MEEKS

')
·1..
Abreviaturas

RAF Revista Americana de Filología


,t
AMM David Hellholm, Apocalipticismo en el Mundo Me-
diterráneo y el Cercano Oriente (Tübingen: J.C.B.
Mohr [Paul Siebeck], 1983)
ANRW Aufstieg und Niedergang der romischen Welt, rev.
por H. Temporini y W. Ha:ase (Berlin y Nueva
York: Walter de Gruyter, 1972-)
RTA Revista Teológica Anglicana
Comienzos F.J. Foakes-Jackson y Kirsopp Lake, Comienzos
de la Cristiandad, Parte I: Los Hechos de los Após-
toles. 5 vols. (Londres: Macmillan Co., 1920-33)
BBJR Boletín de la Biblioteca John Rylands
RTBC Revista Trimestral Bíblica Católica
CPJ Corpus Papyrorum Judaicarum
CRINT Compendia Rerum Iudaicarurn ad Novum Testa- '
mentum, por S. Safrai y M. Stern et al. (Fortress
Press, 197 6.)
RTH Revista Teológica de Harvard
RAAR Revista de la Academia Americana de Religión
RLB Revista de Literatura Bíblica
REH Revista de Estudios Helénicos
REJ Revista de Estudios Judíos
RR Revista de Religión
RER Revista de Estudios Romanos
14 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

BCL Biblioteca Clásica .Loeb


ENT Estudios del Nuevo Testamento
NovT Novum Testamentum
RAC Reallexikonfür Antike und Christentum, Stuttgart,
1950-72
RE A. Pauly, G. Wissowa, y W. Kroll, Real-Ency-
1•1
! clopádie der klassischen Altertumswissenschaft,
1893-
.. ,
,1111
AAFA Actas de la Asociación Filológica Americana
.1 BT Boletín Tyndale
.,,
ve Vigiliae Christianae
ZNW Zeitschrift Jür die neutestamentliche Wissenschaft
"
':~;
:;:t
..•1
·:~~
..:;¡
::¡
Introducción

El Cristianismo empezó como un movimiento de reforma


religiosa judía impulsado por Jesús de Nazaret, maestro rural
palestino y hombre 'santo que fue ejecutado como revolucionario
por las autoridades de ocupación romana en tomo al año 29
d.C. Sus seguidores creían que Dios le había librado de la muerte
y le había exaltado al cielo y le consideraban el Mesías que el
judaísmo esperaba que apareciese en los últimos días. El Cris-
tianismo se extendió rápidamente. En dos décadas la congre-
gación cristiana se hallaba diseminada por casi todas las zonas
urbanas del mundo romano, y los conversos del paganismo
empezaban a exceder en número a los cristianos judíos.
Ocurrieron muchos cambios dramáticos durante este relati-
vamente corto período: El Cristianismo cambió (1) de un mo-
vimiento confinado a Palestina a uno que se hallaba en todo el
mundo mediterráneo; (2) de un escenario cultural oriental a uno
occidental; (3) de un escenario principalmente rural a uno ex-
clusivamente urbano; ( 4) de una circunscripción arameo-parlante
a una predominantemente greco-parlante; y (5) de una secta
exclusivamente judía a una que admitía un creciente número de
paganos conversos. Pero lo más significativo de todo, es un '
factor teológico: el primitivo reconocimiento de Jesús como
Mesías Judío se transformó en un tiempo notablemente breve
en la convicción de que Jesús el Cristo era el preexistente Hijo
de Dios, enviado para redimir y transformar a aquellos. de todos
los orígenes nacionales que creyeran que Dios había actuado a
través de él para llevar a cabo la salvación del mundo.

Nota del Traductor: David E. Aune, autor de este libro, ha utilizado la


Versión Standard Revisada de la Biblia aprobada por la División de Educación
Cristiana del Consejo Nacional de las Iglesias de Cristo de E. U .A. (Copyright
1946, 1952, 1971, 1973). En la traducción española se ha utilizado la Biblia
de Jerusalén (DDB 1975 -nueva edición revisada y aumentada).
16 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Los documentos cristianos más primitivos que han llegado


hasta nosotros y que nos permiten vislumbrar cómo fueron los
primeros cristianos (las auténticas cartas de Pablo, escritas entre
aprox. el 49 y el 64 d.C.) indican que la totalidad de los prin-
cipales cambios mencionados arriba se estaban efectuando ya.
Un término inclusivo para la dirección que estos cambios estaban
tomando es el de «helenización». De hecho, el judaísmo del
que emergió el Cristianismo ya estaba helenizado. El judaísmo
primitivo ne sólo era religiosamente diverso, sino también había
sufrido un proceso creciente aunque irregular de helenización
desde finales del cuarto siglo a.c. El Cristianismo reflejado en
"I las cartas de Pablo está conscientemente enraizado en la teología
de este judaísmo y con todo lucha para desechar los indicadores
culturales de la identidad étnica judía (e.g. circuncisión, obser-
vancia del Sábado, restricciones dietéticas, y el uso de toda la
parafernalia religiosa). Las cartas de Pablo fueron escritas en
una forma popular del griego literario, empleando argumentos,
estilos y formas helenísticas. De hecho, cada uno de los libros
del Nuevo Testamento refleja en diversos grados una adaptación
entre valores y tradiciones judías, éticas y religiosas y las formas
helenísticas de expresión linguística, literaria, retórica y con-
ceptual. El Cristianismo del Nuevo Testamento es una cornbi-
nación creativa de tradiciones helenísticas y judías transfor-
madas en un tertium quid («un tercer algo»): es decir, una
realidad relacionada con dos cosas conocidas pero trascendiendo
a ambas. ·
El grado de la influencia que la cultura literaria helenística
tuvo en el Cristianismo del primer siglo está apenas empezando
a ser reconocida. El propósito de este libro es comparar los
géneros y formas literarias halladas en el Nuevo Testamento
con las de las culturas literarias del antiguo mundo mediterráneo,
particularmente el Helenismo. Hace una generación, esta labor
habría sido considerada difícil, si no imposible. Los eruditos
del Nuevo Testamento del siglo diecinueve contrastaron llenos
de confianza la Hochliteratur (<<literatura culta»), producida por
y para las educadas clases altas ·d~l mundo greco-romano, con
la Kleinliteratur («literatura popular»), que tuvo origen en las
clases más bajas y a quienes iban destinadas las composiciones
del Nuevo Testamento. La mayor parte de la literatura griega
INTRODUCCION 17

y latina que ha llegado hasta nuestros días fue producida y


preservada por las clases altas educadas. Puesto que gran parte
de la antigua literatura escrita para consumo popular ha desa-
parecido, esta dicotomía produjo el efecto de colocar al Nuevo
Testamento por sí mismo en una única categoría.
Los estudios recientes han hecho cada vez más aparente el
hecho de que las categorías antitéticas de la Hochliteratur y la
Kleinliteratur tienen valor sólo como tipos ideales en extremos
opuestos de un complejo espectro de estilos y niveles linguísticos
y literarios. El carácter piramidal de la sociedad antigua tuvo
un impacto en la cultura literaria al igual que en otros aspectos
de la vida social y cultural. Los convencionalismos y estilos
literarios de las clases altas penetraban hasta los niveles infe-
riores, y aparecen en formas atenuadas y simplificadas en la
literatura popular. Como las formas y estilos literarios elevados
no se guardaban bajo llave en las bibliotecas y salones de los
ricos y cultos, se exhibían públicamente. Durante los siglos
primero y segundo d.C. las demostraciones públicas de los re-
tóricos tenían gran demanda, y ellos ( como las estrellas de cine
o los músicos de rock contemporáneos) recibían, junto a la fama,
riqueza y prestigio. Escuchar un recitado público de obras li-
terarias tambiénera una forma popular de diversión. Todos los
niveles de la población del mundo romano estaban expuestos a
la variedad de estructuras y estilos hallados en los retóricos, en
la literatura y en el arte de pública exhibición en todo el imperio.
En tanto que muchos de los sofisticados estilos de la literatura
y retórica de las clases altas está ausente en la literatura popular
(por ejemplo, el aticismo lingüístico - una tentativa de escribir
al estilo de la literatura griega de los siglos quinto y cuarto a.C.
está ausente en los escritos del Nuevo Testamento), existen
algunos modelos y géneros literarios y retóricos básicamente
similares, hallados en todos los estratos de la sociedad antigua.
Los géneros y formas literarias no son simplemente reci-
pientes neutrales usados como formas convenientes de embalaje
de diversos tipos de comunicación escrita. Son convencionalis-
mos sociales que proporcionan significado contextual para las
unidades más pequeñas del lenguaje y texto que contienen. El
significado original que tenía un texto literario tanto para el
autor como para el lector está vinculado con el género de ese
18 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

texto, de forma que el significado de la parte depende del sig-


nificado del todo. Cuatro tipos literarios principales se repre-
sentan en el Nuevo Testamento: evangelios, hechos, cartas y
apocalipsis.
Obviamente corresponden a literatura antigua biográfica,
histórica, epistolar y apocalíptica. Estos tipos literarios serán
analizados con detenimiento en los siguientes capítulos. En tanto
que la forma tiene su complejidad, todos tienen en común una
·1:
característica importante. Cada uno es un género literario «com-
plejo» o «inclusivo» usado como marco de una variedad de
!~ , formas literarias más breves. Se puede definir un género literario
.
1<1
como un grupo de textos que muestran una configuración co-
herente y recurrente de rasgos literarios que implican forma (que
incluye estructura y estilo), contenido y función. Por otra parte,
las formas literarias, al manifestar rasgos literarios recurrentes
similares, integran principalmente elementos de los géneros que
11 los enmarcan.

¡ Aún cuando el Nuevo Testamento se publica entre dos cu-
i'
iJ
biertas como cualquier otro libro, no es tan absolutamente ho-
:¡ mogéneo como a primera vista aparece. De hecho, no es un
«libro» en el sentido habitual, sino una colección de veintisiete
composiciones en varios géneros literarios escritos por escasa-
mente unos doce autores, en un período de más de cien años
(aprox. del 50 al 150 d.C.) en un lenguaje antiguo (griego) y
dentro de una cultura distinta ( el mundo mediterráneo antiguo).
A menos que entendamos las formas en las que estos factores
históricos condicionaron la producción de la literatura del Nuevo
Testamento, permanecerá como un libro cerrado. Las veintisiete
diferentes composiciones que conforman el Nuevo Testamento
no fueron consideradas canónicas por la mayor parte de las ramas
de la iglesia Cristiana hasta bien entrado el siglo cuarto d.C. A
pesar de que muchos escritos relativamente primitivos el!l'an te-
nidos en gran estima, fueron excluidos del cánon del Nuevo
Testamento. ·\ .
Puesto que el cánon fue determinado por decisiones ecle-
siásticas basadas principalmente' en consideraciones teológicas,
cualquier estudio de carácter literario de los escritos del Nuevo
Testamento no puede razonablemente excluir un debate sobre
la primitiva literatura cristiana no-canónica. Entre la literatura
INTRODUCCION · 19

cristiana primitiva más aplicable a nuestros propósitos está la


de los Padres Apostólicos (una colección heterogénea de quince
composiciones por nueve autores cristianos, escritas desde
aprox. 90 al 140 d.C.) y la gran cantidad de evangelios apó-
crifos, hechos y apocalipsis escritos desde aprox. 125 a 400
d.C.

Para un posterior estudio

Sobre Literatura y Géneros Literarios: Para un estudio


general de la teoría literaria, véase la obra Teoría de la Lite-
ratura, de René Wellek y Austin Warren, tercera edición (Har-
court Brace Jovanovich, 1977). También, de W.W. Robson,
La Definición de Literatura y Otros Ensayos (Cambridge: Uni-
versity Press, 1982), y La Teoría de la Crítica Literaria: Un
Análisis Lógico, de J.M. Ellis (University of California Press,
1974). Existe un valioso diccionario de términos y conceptos
literarios, el de C. Hugh Holman, Manual sobre Literatura,
tercera edición ( Odyssey Press, 1972). Una popular introducción
a la crítica del género es Género, de Heather Dubrow (London:
Methuen, 1982). Puede encontrarse un importante tratamiento
de la teoría del género en Validez de la Interpretación, de E.O.
Hirsch (Yale University Press, 1967). Ver también su obra Ob-
jetivos de la Interpretación (University of Chicago Press, 1976).
Un útil estudio sobre la crítica del género en relación con es-
tudios bíblicos es el de M. Gerhart, «Estudios Genéricos: Su
Importancia Renovada en la Interpretación Religiosa y Litera-
ria», RAAR 45 (1977), 309-325.
Sobre el Nuevo Testamento y la Literatura Primitiva
Cristiana: La mejor introducción a la historia y literatura del
cristianismo primitivo en su escenario histórico y cultural es
Introducción al Nuevo Testamento, 2 vols., de Helmut Koester
(Fortress Press, 1982). También importantes son, Introducción
al Nuevo Testamento, de W. G. Kümmel, ed. rev. y tr. por H.
C. Kee (Abingdon Press, 1975), y Geschichte der urchristlichen
Literatur, de Philip Vielhauer (Berlín: Walter de Gruyter, 1975),
que también trata de literatura primitiva no-canónica. La versión
normal de la traducción inglesa e introducción a la literatura
20 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

apócrifa del Nuevo Testamento es de Edgar Hennecke, Apó-


crifos del Nuevo Testamento, rev. por Wilhelm Schneemelcher,
tr. por· R. McL. Wilson et al. , 2 vols. (Westminster Press, 1963-
66).
Sobre los Géneros y Formas del Nuevo Testamento: Para
un tratamiento enciclopédico de las formas literarias helenísticas
con una extensa bibliografía, ver la obra «Hellenistische Ga-
ttungen im Neuen Testament», de Klaus Berger, ANRW 11.25.2
:: 1
'" (1984), 1031-1432, 1831-1885 (índice). Igualmente importante
,,,,
:•, es Formgeschichte des Neuen Testaments, de Berger (Heidel-
berg: Quelle & Meyer, 1984).
:;::
Sobre el Cánon del Antiguo y Nuevo Testamento: El
,1
,,, estudio reciente más extenso del cánon del Antiguo Testamento
del Judaísmo y del Cristianismo primitivo es El Cánon del Anti-
guo Testamento de la Iglesia del Nuevo Testamento, de Roger
"' Beckwith (Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1985), con amplia
·:~-1
::1 bibliografía y un detallado análisis de textos importantes. El
,,,,1
mejor y más reciente debate sobre el cánon del Nuevq Testa-
..
::1,
"lj mento es obra de Harry Y. Gamble, El Cánon del Nuevo Tes-
, :¡
,.,, tamento: Su Elaboración y Significado (Fortress Press, 1985).
Ver también un análisis más detallado de Robert M. Grant, La
Formación del Nuevo Testamento (Harper & Row, 1965). Anti-
guo pero indispensable es el libro de B.F. Westcott, Estudio
General de la Historia del Cánon del Nuevo Testamento, 6ª
edición (Baker Book House, 1980 [originalmente publicado en
1889]) ..
Sobre Literatura y Cultura Helenística: Dos valiosos es-
tudios con muchos artículos sobre diversos aspectos de literatura
por especialistas son El Mundo Clásico, de David Daiches y
Anthony Thorlby (London: Aldus Books, 1972) y El Legado
de Grecia: Una Nueva Evaluación, de M.I. Finley (Oxford:
Clarendon Press, 1982). Una obra más antigua aún importante
es la de Paul Wendland, Die hellenistisch-romische Kultur in
ihren Beziehungen zum Judentum und Christentum, 4" edición
(Tübingen: J.C.B. Mohr [[Link]], 1972). El mejor estudio
en inglés sobre literatura griega es el de Albin Lesky, Historia
de la Literatura Griega, tr. por J. Willis y C. de Heer (Thomas
Y. Crowell Co., 1966). El manual ordinario sobre literatura
latina que recoge la reciente investigación es ahora el de E.J.
INTRODUCCION 21

Kenney y W. V. Clausen, Literatura Latina, vol. 2 de La His-


toria de Cambridge de la Literatura Clásica (Cambridge: Uni-
versity Press, 1982). También importante es B.P. Reardon,
Courants littéraires Grecs des /le et /lle siécles aprés J.-C.
(Paris: Belles Lettres, 1971). Ver también de B.A. Van Gro-
ningen, «Tendencias Literarias Generales en el Siglo Segundo
D.C.» Mnemosyne 18 (1965), 41-56, y de E.L. Bowie, «Los
Griegos y Su Pasado en el Segundo Sofístico», en Los Estudios
en la Antigua Sociedad, rev. por M.I. Finley (London: Rout-
ledge & Kegan Paul, 1974), pp. 166-209.
Sobre la Educación y Retórica Greco-Romana: Uno de
los estudios más competentes de la educación Greco-Romana
es la obra de Stanley F. Bonner, La Educación en la Antigua
Roma (University of California Press, 1977). También impor-
tante es el libro de M.C. Clarke, Educación Superior en el
Mundo Antiguo (London: Routledge & Kegan Paul, 1971) y el
de H.I. Marrow, Historia Sobre la Educación en la Antiguedad
(Mentor Books, 1974). George Kennedy ha escrito varios libros
importantes sobre retórica antigua, entre los que se encuentran:
El Arte de la Persuasión en Grecia (Princeton University Press,
1963), El Arte de la Retórica en el Mundo Romano: 300 a.C.-
300 d.C. (Princeton University Press, 1972), Retórica Clásica
y Su Tradición Cristiana y Secular desde la Antiguedad hasta
la Actualidad (University of North Carolina Press, 1980), y
Retórica Griega Bajo los Emperadores Cristianos (Princeton
University Press, 1983). También importante es Declamación
Griega, de D.A. Russell (Cambridge: University Press, 1983).
Sobre la Literatura Israelo-Judía: Dos extensas introduc-
ciones al Antiguo Testamento son de George Fohrer, Introduc-
ción al Antiguo Testamento, tr. por D. Green (Abingdon Press,
1968), y Otto Eissfeldt, El Antiguo Testamento: Introducción,
tr. por P. R. Ackroyd (Harper & Row, 1965). Un amplio estudio
de desarrollos en la erudición del Antiguo Testamento entre 1950
y 1979 se encuentra en la obra de G. W. Anderson, Tradición
e Interpretación: Ensayos por Miembros de la Sociedad para
el Estudio del Antiguo Testamento (Oxford: Clarendon Press,
1979). El análisis más reciente e importante de la literatura judía
post-bíblica es ahora el extenso manual publicado por Michael
E. Stone, Escritos Judíos del Período del Segundo Templo:
22 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Apócrifos, Seudoepígrafes, Escritos Sectarios de Qumran, Fi-


lón, Josefo, vol. 2, sección 2, de CRINT (1984). Otra compe-
tente introducción a esta literatura es Literatura Judía Entre la
Biblia y el Mishnah de George W. E. Nickelsburg (Fortress
Press, 1982). Un excelente análisis centrado en la literatura de
la Diáspora es Entre Atenas y Jerusalén: La Identidad Judía en
la Diáspora Helenística, de John J. Collins (Crossroad Publis-
tll'
hing Co., 1983). La traducción ordinaria de los seudoepígrafes
del Antíguo Testamento, con extensas introducciones y biblio-
,,1,.
grafías, es Los Seudoepígrafes del Antiguo Testamento, 2 vols.
11::
-•11 .
de J. [Link] (Doubleday & Co., 1983-85). Una selec-
ción de textos más limitada se halla en El Antiguo Testamento
•1
., Apócrifo, de H.F.D. Sparks (Oxford: Clarendon Press, 1984).
Charlesworth también recopiló una extensa bibliografía sobre el
tema: Los Seudoepígrafes y la Investigación Moderna: Con un
Suplemento (Scholars Press, 1981). Igualmente importante es
··:~1
::1 la obra de Charlesworth: Los Seudoepigrafes del Antiguo Tes-

: :¡,: tamento y el Nuevo Testamento (Cambridge: University Press,
·¡¡ 1985).
,;¡
Sobre Judaísmo y Helenismo: El estudio más importante
es el de Martín Hengel, Judaísmo y Helenismo, 2 vols. (Fortress
Press, 1974). Hengel expresó sus opiniones de manera más
sucinta en: Judíos, Griegos y Bárbaros: Aspectos de la Hele-
nizacion del Judaísmo en el Período Pre-Cristiano (Fortress
Press, 1980). Ver también La Civilización Helenística y los
Judíos, 'de Víctor Tcherikover (Atheneum Publishers, 1970).
Sigue siendo importante la obra de S. Lieberman, Helenismo
en la Palestina Judía (Jewish Theological Seminary, 1950). Una
opinión opuesta puede verse en la obra de D. Flusser, «Paga-
nismo en Palestina», El Pueblo Judío en el Siglo Primero: Geo-
grafía Histórica, Historia Política, Vida e Instituciones Socia-
les, Culturales y Religiosas, vol. 2, secc. 1 de CRINT 0976),
pp. 1065-1100.
'\.,
1
El Género de los Evangelios:
«Paralelos» No-Literarios y
Literarios
,,

La palabra «evangelio», originalmente un término anglo-


sajón que significa «buena nueva», traduce literalmente el sus-
tantivo griego del Nuevo Testamento euangelion, que aún sub-
siste en la palabra inglesa «evangelista» y sus derivadas. Euan-
gelion fue un término religioso importante para Pablo; emplea
el nombre 52 veces, y el verbo 19. En su sentido cristiano, el
término aparece primero en sus cartas, aunque ciertamente lo
extrajo de un anterior uso cristiano. De hecho, el concepto
«evangelio» se halla en la esencia de su teología. Pablo usa a
menudo la expresión «evangelio de Cristo», una abreviatura
teológica de «la buena nueva ( del sentido de salvación de la
muerte y resurrección) de Cristo» (e.g. Rom. 15:19; I Cor. 9:12;
Gál. 1:7; Fil. 1:27; I Tes. 3:2). Favorece el uso absoluto o
incondicional del término «evangelio», que él usa 22 veces (e.g.,
Rom. 1:16; 1 Cor. 4:5; Gál. 2:5, 14; 1 Tes. 2:4), un término
técnico incluso más abreviado que él y sus congregaciones en-
tendían como «el mensaje salvador sobre Jesús».
Como Pablo, el autor de Marcos usa el término técnico
«evangelio» (Me. 1:15; 8:35; 10:29; 13:10; 14:9). Sin embargo,
aquí la palabra implica el curso de la vida de Jesús, además de
su muerte y resurrección, como lo sugiere Marcos 1: 1: «El
comienzo del evangelio de Jesucristo» --es decir, el mensaje
de la buena nueva sobre Jesús el Cristo proclamado por la iglesia
(13:10; 14:9). Los paralelos literarios antiguos indican que Mar-
cos 1: 1 no es el título de un libro ( «comienzo» significa el punto
en el que empieza la narrativa). Pero la frase «el evangelio sobre
Jesús el Cristo» es la descripción de Marcos de su tema central.
24 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Al transformar lo que había sido una proclamación oral sobre


Jesús en una obra literaria, es básicamente responsable del con-
siguiente uso del término «evangelio» como designación ge-
nérica.
Esto no tuvo efecto alguno en Mateo y Lucas. Ambos se
inclinaron por términos literarios más convencionales. Mateo
clasificó su genealogía introductoria como «libro» (biblos, Mt.
1:1) y designó el kerigma (término griego que significa «pro-
::1' clamación [ del evangelio]») como «el evangelio del reino»
,.1,
;•¡,; (4:23; 9:35; 24:14), pero no consigue dar al total de su obra
,MI,;'
ninguna designación específica. Lucas describió la suya como
una «narrativa» tdiegésis, Le. 1:1) y se refiere al evangelio oral
,1
.,
como «la palabra» (logos, Le. 1:2), un término adecuado tanto
para el discurso oral como el escrito.

El «Evangelio» como Forma Literaria


:~~. ! Justino Mártir (m. 165 d.C.) fue el primero en referirse a
"11 · los «evangelios» en plural, queriendo decir textos literarios más
,;¡
que proclamación oral (J Apología 66, escrita aprox. 155 d.C.).
Bien entrado el siglo segundo, el nombre en singular euangelion
se refiere a un evangelio escrito (Justino, Diálogo con Trifo
10.2; 100.1; Ireneo, Contra Las Herejías 3.1.1; Clemente de
Alejandría, Stromateis 1.21). Los autores cristianos durante todo
el siglo quinto pusieron la etiqueta de «evangelio» a casi cin-
cuenta composiciones. Orígenes (m. aprox. 254 d.C.) consideró
necesario clasificar la variedad de significados que el término
«evangelio» tuvo en su día (Comentario sobre Jn. 1.1-9). Para
los antiguos cristianos, los «Evangelios» eran literatura de Jesús;
es decir, composiciones que contenían narraciones de las pa-
labras y/o hechos de Jesús. Empleando como criterio el con-
tenido, los evangelios se distinguían de los hechos de los após-
toles, apocalipsis, hechos 9e mártires, cartas y sermones u ho-
milías. Pero desde la perspectiva de lo que actualmente se
entiende por género, el Cristianismo primitivo produjo pocas,
si es que las hay, obras plenamente comparables a los evangelios
canónicos.
Los cuatro Evangelios fueron escritos de forma anónima
entre 70 y 100 d.C., y reunidos en una colección en tomo al
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 25

125 d.C. Los autores no los entregaron con títulos; otros los
añadieron después. Los títulos ·más antiguos de los Evangelios
consistían de sólo dos palabras, la preposición griega kata, «se-
gún», seguido por el nombre del Evangelista en acusativo. La
semejanza en la forma sugiere que fueron formulados y añadidos
a todos los evangelios al mismo tiempo, i.e., cuando formaron
colección (125 d.C. aprox.). Ya no es posible saber las razones
para asociar un Evangelista en particular con cada Evangelio,
pero es de suponerse que tales atribuciones se basaban en la
anterior tradición. Puesto que los títulos de los libros antiguos
generalmente consistían en un corto epígrafe y el nombre del
autor en genitivo (al final del rollo de papiro), los títulos más
antiguos de los Evangelios resultan extraños. Con todo, y puesto
que la preposición griega kata con el acusativo puede funcionar
como genitivo de posesión, los títulos reflejan un uso familiar.
Los sencillos títulos de dos palabras pronto se extendieron a,
por ejemplo: «el Evangelio según Marcos», que debía entenderse
como «El Evangelio por Marcos». El sentido original de estos
títulos ampliados parece ser «el (único) evangelio (en la versión)
de [e.g. Marcos].» Copistas posteriores ampliaron aún más los
títulos.

La Moderna Erudición y los Evangelios

Casi todos los aspectos del estudio de los Evangelios han


sido nuevamente valorados durante los últimos veinte años. No
es de sorprender que exista desacuerdo en casi todos los puntos
importantes. No obstante, algunos resultados de investigaciones
anteriores han demostrado ser notablemente duraderos. Estos
pueden ser suplementados por subsiguientes desarrollos y re-
sumidos bajo encabezados de crítica literaria, crítica histórica,
crítica de forma, y crítica de redacción.

Crítica Literaria

La crítica literaria trata de la interpretación y evaluación de


una obra literaria a través de un meticuloso examen y análisis
de la obra misma en base a factores tanto internos (e.g., género,
26 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

estructura, contenido, estilo, fuentes) como externos (e.g. es-


cenario histórico, escenario social, datos biográficos, informa-
ción psicológica). En el pasado, los eruditos del Nuevo Testa-
mento se han preocupado del problema de las fuentes de los
Evangelios a expensas de otros intereses literarios. Los tres
primeros Evangelios (Mateo, Marcos y Lucas) manifiestan una
interdependencia literaria y por esa razón se les designa como
Evangelios Sinópticos porque pueden ser «vistos juntos» si se
les coloca en columnas paralelas, debido a las extensas con-
cordancias verbales. Marcos (aprox. 90 d.C.) fue el primer
.i1.: .
Evangelio. Mateo (aprox. 85 d.C.) y Lucas (aprox. 90 d.C.),
. ~n 1~ independientemente de cada uno, incorporaron casi la totalidad
;1 de Marcos en sus composiciones (a excepción de sólo treinta y
un versículos de Marcos, que no se encuentran ni en Mateo ni
en Lucas). Si bien mantienen intacto el perfil de Marcos, aña-
dieron material al principio (narrativas sobre el nacimiento, ge-
nealogías) y al final (apariciones de la resurrección, la historia
de la Ascensión en Lucas). Mateo insertó colecciones [Link]
:;¡ . de Jesús en forma de cinco sermones artificiales (Mt. 5- 7, 10,
.; ¡ 13, 18, 23-24), en tanto que Lucas puso gran parte del mismo
material en diversos momentos, entre una narrativa sobre viajes
igualmente inventados (Le. 9-18). En la antiguedad, cuando los
derechos de autor no existían y el plagio no se consideraba un
delito, Mateo y Lucas simplemente siguieron procedimientos
literarios comúnmente aceptados. Ambos comparten muchos
pasajes paralelos no hallados en Marcos (hasta 250 versículos),
colectivamente designados como «Q» (del término alemán Que-
lle, que significa «fuente»). Esta colección de dichos de Jesús,
en general datados aprox. en el año 50 d.C., situados en Pa-
lestina, y existieron probablemente en forma escrita. La depen-
dencia de Mateo y Lucas-de Marcos y «Q» se llama Teoría de
las Dos Fuentes. i

La situación en relación con Juan es algo diferente. Antes


de los años 1950, muchos eh,iditos pensaban que Juan conoció
y a la vez dependió de los Evangelios Sinópticos. Ahora la
opinión que prevalece es que Juan es independiente de los Si-
nópticos, pero que ambos son dependientes de tradiciones pa-
ralelas. Si esto es así, significa que tanto Marcos como Juan
desarrollaron la forma de evangelio independientemente. Los
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 27

eruditos han sugerido que Juan empleó dos fuentes importantes,


la de los Signos ( colección de siete historias de milagros) y la
del Discurso.

Crítica Histórica
La crítica histórica hace hincapié en el examen y evaluación
de las fuentes útiles en la reconstrucción del pasado. Aplicada
a textos específicos como los Evangelios, este método se centra
en puntos como: cuándo, dónde, por qué, por quién, y a quién
fueron escritos, factores preliminares a la evaluación de la his-
toricidad de los acontecimientos descritos.
Después del Siglo de las Luces, la suposición de que la
divina inspiración garantizaba la verdad teológica e histórica de
las Escrituras fue progresivamente abandonada por los Protes-
tantes liberales. Durante el siglo diecinueve, la confianza en el
método histórico alentó a los eruditos a la tentativa de separar
hecho de fantasía en los Evangelios, con el objeto de producir
l
1 una biografía históricamente fidedigna de Jesús. El Evangelio
¡
de Juan, con sus marcados énfasis teológicos y sorprendentes
r
diferencias de los Sinópticos, fue ampliamente considerado
l.
como casi totalmente carente de valor histórico. Los eruditos
l
1 se volvieron cada vez más escépticos sobre las identidades tra-
dicionales de los autores del Evangelio y sobre el supuesto
~.• carácter de «testimonio ocular» de sus relatos. En 1906 Albert
Schweitzer escribió un famoso libro que exponía el carácter '
subjetivo de esta «búsqueda del Jesús histórico». Más que lograr
1
separar al verdadero Jesús de los legendarios embellecimientos
1 de la credulidad y piedad cristiana primitiva, los eruditos fa-
1 bricaron sin pretenderlo un Jesús «histórico» que reflejaba (y
por tanto, justificaba) sus propias opiniones filosóficas y teo-
lógicas; idearon un Jesús a su propio gusto e imagen. La bús-
queda del Jesús histórico había llegado a un punto muerto, y
muchos eran escépticos sobre si existía la más mínima posibi-
lidad de escribir una biografía de Jesús. Un contemporáneo de
Schweitzer, Wilhelm Wrede, demostró que incluso Marcos (el
Evangelio que se consideraba el más antiguo e histórico) era
una interpretación de Jesús altamente teológica (y por tanto
históricamente tendenciosa).
28 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Tras la primera guerra mundial, emergió, como reacción al


idealismo de la teología liberal, la teología dialéctica. Asociada
a teólogos protestantes europeos tales como Karl Barth, Emil
Brunner y Friedrich Gogarten, la teología dialéctica empezó a
tener influencia en los estudios del Nuevo Testamento al com-
binarla con el existencialismo de Rudolf Bultmann. A pesar de
los errores de la Biblia, sus imperfecciones y formas míticas de
pensamiento, se discutió si la Biblia, y el evangelio que trans-
mite, podía mediar en un encuentro con la trascendente Palabra
de Dios. Con el Cristo kerigmático de este modo aislado de la
posibilidad o necesidad de calificación o desaprobación histó-
rica, había pocos motivos para preocuparse del llamado Jesús
histórico.

Crítica de Forma

Y a que una descripción veraz de Jesús no era ya hisjórica-


mente posible o teológicamente necesaria, los especialistas del
Nuevo Testamento se centraron en las tradiciones del Evangelio
con sus míticos adornos como reflejos de la respuesta de la fe
cristiana primitiva a Jesús. De aquí surgió la critica de forma.
Fue un método para identificar y analizar formas orales preli-
terarias (i.e. unidades de folklore) que habían sido incorporadas
a la literatura (como los Evangelios), en la que las tradiciones
comunitarias desempeñaron un papel más importante que la
autoría creativa. V arios tipos de formas orales se identificaron
y clasificaron (tales como refranes de Jesús, historias magistra-
les, historias sobre milagros, parábolas, e historias sobre Jesús).
Los Evangelistas hicieron las veces de editores que incorporaban
estas tradiciones orales en · sus Evangelios, prácticamente sin
alterarlas. Al igual que el autor-editor del primer Evangelio,
Marcos creó un marco temporal y geográfico en el que insertó
las tradiciones de Jesús donde lo creyó oportuno.
Siendo que originalmente 'l~s diferentes tradiciones circu-
laron de forma independiente, (se ha sostenido que) Marcos no
escribió una «biografía», puesto que no existía previamente un
perfil coherente o estructura de la vida de Jesús. Los críticos
de la forma se interesaban más en cómo y por qué los cristianos
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 29

primitivos modificaron o incluso crearon tradiciones Evangéli-


cas, que en el mismo Jesús histórico. Los Evangelios, en una
palabra, revelan más sobre el cristianismo post-pascual que so-
bre el Jesús histórico.
Antes de la mitad de los años 1950s, se inició una nueva
búsqueda del Jesús histórico, basada en la convicción de que
había que demostrar algunos de los vínculos históricos entre el
Jesús de Nazaret y el Cristo proclamado por la iglesia, para que
el Cristianismo no -se disolviese en un mito. En tanto que la
posibilidad de escribir una biografía de Jesús siguió siendo con-
siderada como imposible, dada la insuficiencia de los Evangelios
como fuentes históricas, se hicieron tentativas de quitar las capas
de adornos legendarios de cada unidad tradicional con la pre-
tensión de reconstruir el mensaje y actividades de Jesús. El
resultado fue un torrente de libros que intentaban reconstruir las
enseñanzas· del Jesús histórico.

Critica de Redacción

Antes de la mitad de los 1950s los Evangelistas empezaron


a ser percibidos como autores creativos, y no sólo como indo-
lentes coleccionistas y organizadores de las primitivas tradicio-
nes de Jesús. La resultante disciplina de critica de redacción (o ,
composición) se centró en distinguir la tradición recibida, de
las contribuciones de los Evangelistas a la redacción (i.e., edi-
toriales). Esto fue más fácil con Mateo y Lucas, lo que podría
compararse con Marcos y una «Q» reconstruída, que con Mar-
cos. Se creyó que los rasgos de redacción revelarían las inten-
ciones teológicas y literarias de cada autor-editor. Pronto se vió
claramente que el simple hecho de distinguir tradición de re-
dacción era insuficiente para entender los Evangelios como com-
posiciones literarias, ya que no se podía dar por sentado que las
tradiciones no modificadas eran superfluas para el propósito de
cada composición. El valor de formas más convencionales de
crítica literaria se hizo evidente durante la mitad de los años
1970s.
30
EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Crítica del Género y los Evangelios.

Los lectores modernos probablemente están de acuerdo con


la Enciclopedia Columbia en cuanto a que los Evangelios son
«biografías de Jesús». Podrían sorprenderse al saber que, hasta
hace muy poco, los eruditos del Nuevo Testamento eran casi
1 •" ,,., unánimes en la opinión de que, fuesen lo que fuesen, los Evan-
¡ ,i:1;
,'.i 'l-
gelios no eran ciertamente biografías. El anterior estudio de las
;;:;,; opinionys históricas y· críticas de la forma de los Evangelios
!1 :JH explica algunas de las razones ocultas en esta curiosa opinión.
.111.::1
J1¡!;
Sin embargo, la biografía antigua es un género complejo cons-
,1
tituido por varios subtipos. Es razonable que los Evangelios se
..,. , ..' comparen a ellos. Este capítulo razona acerca de que los Evan-
;~ gelios canónicos constituyen un tipo característico de biografía
•;::: antigua que conjuga (simplificando un tanto excesivamente) la
~, ·~•
·~¡ ~; forma y función helenística con un contenido judío. Se presentan
: ~I ~:
varios problemas metodológicos al comparar el resultado de
.;/,;;
..... estas conclusiones, algunos de los cuales se tratan en los si-
11 ·: guientes párrafos.
,:¡ ¡
,.,, ... , Primero, al comparar la literatura biográfica greco-romana
con los Evangelios no presupone que las formas literarias (más
que en otros géneros culturales) se adoptaban sin modificación.
El Libro Segundo de los Macabeos es un ejemplo de un escrito
histórico judío (segundo o primer siglo a.C.) que es helenístico
en su forma, pero judío en el contenido. Adaptaciones análogas
de formas literarias judías y helenísticas con contenido cristiano
característico se encuentran en los Evangelios y cartas del Nuevo
Testamento.
Segundo, la composición literaria greco-romana a menudo
se basaba en prescripciones de teoría retórica y literaria antigua
(aunque la tradición isra~lo-judía está casi totalmente despro-
vista de dichas consideraciones teóricas). A principios &e este
siglo, los especialistas clásicos asumían ampliamente que la
individualidad y creatividaq, de un autor eran manifiestas sólo
en las desviaciones de las riopnas genéricas prescritas por la
teoría antigua. Hoy se aprecia 'más fácilmente que la teoría no
ejerció tal completo dominio sobre la creatividad. A la teoría
antigua, valiosa en sí, no debe permitírsele que impida la com-
prensión de los textos reales.
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS
31

Tercero, existen muchos peligros en cualquier empresa com-


parativa: ¿qué comparamos con qué, y cómo llevamos a cabo
la comparación? En los estudios del género de los Evangelios
existen dos tendencias. Una insiste en que los análogos literarios
de los Evangelios deben ser casi iguales. Resultado: ningún texto
puede pasar la prueba. Esta posición alcanzó su punto más bajo
con la afirmación de que Marcos es el único Evangelio «autén-
tico» (según Norman Perrin). La otra tendencia ignora o des-
virtúa importantes'diferencias entre los Evangelios y potenciales
paralelos genéricos, y salta a la conclusión de que los Evangelios
son, por ejemplo, aretalogías (listas de logros), o encomios
(alabanza formal), o tragedias griegas, o biografías de filósofos,
1 etc. Es preciso gobernar cuidadosamente el rumbo entre estos
1 dos peligros gemelos.

"¡.
'
Los Evangelios como un Género «No Literario»

Los que consideran los Evangelios como algo sin preceden-


tes en la literatura biográfica o histórica judía o greco-romana,
proponen generalmente que constituyen un género literario único
que inherentemente evolucionó a partir de las potencialidades
del kerigma («proclamación»), o evangelio oral. Tras discutir
esa hipótesis, consideraremos la opinión menos popular, pero
potencialmente significativa de que los Evangelios se estruc- ,
turaron como lecciones de lectura semanal.

Los Evangelios como Kerigma Expandido

A partir del cambio de siglo hasta hace muy poco, Marcos


era considerado como composición única sin auténticas cone-
xiones con las formas literarias israelo-judías o greco-romanas.
La singularidad de la forma del Evangelio se explica al suponer
que es una expresión literaria del kerigma oral de los primeros
cristianos. Aunque no se conserva ninguno de los sermones
primitivos, este kerigma se ha reconstruido basándose en la
evidencia de las cartas y Hechos de Pablo. En Pablo, el kerigma
es una narración del significado de la muerte y resurrección de
32 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Jesús dentro del marco del cumplimiento de. las predicciones


del Antiguo Testamento, su exaltación a la derecha de Dios e
inminente retomo en gloria (Romd:1-4; 1 Cor; 15: 3-8; 1 Tes.
1:10; 2:8). Muchos discursos de los primeros capítulos de He-
chos manifiestan un modelo kerigmático (e.g. 2:14-39; 3:12-
26; 4:8-12; 5:29-32; 10:34-43; 13:16-41). Este kerigma podía
empezar con referencias opcionales a Juan el Bautista (Hch.
. ....... 10:37b; 13:24-25) y al ministerio terrenal de Jesús (2:22; 10:36-
i<I t~~·
:1.. , ,:,, 39a; 13:31), pero siempre destacó la muerte y resurrección de
.1,.u
,,,.;J Jesús, in~luyó pruebas del Antiguo Testamento, y se refirió a
:1:•t
.,¡/ ;¡
la exaltación de Jesús a la derecha de Dios e inminente retomo
J'J;:: para salvar y juzgar, concluyendo con un llamado al arrepen-
,1 .•
_,' timiento y a la fe. A través de la predicación evangélica e
.,-
., instrucción catequética, según esta opinión, el kerigma básico
se extendió, ilustró y comentó, con el añadido de historias y
-~· ..
.,.,,,
.• ,:•'4, refranes de Jesús. El movimiento del kerigma oral al evangelio
··~l -~;
::1 .:: escrito fue gradual e inevitable. Cuando Marcos produjo el pri-
::.,n,,i., mer «evangelio» escrito, simplemente estaba realizando las po-
•1

11:
·01
tencialidades del kerigma oral. '
.~1 .; En tanto que hay continuidades entre los kerigmas orales
•'11··•1

(jque existen sólo de forma escrita!) y los Evangelios escritos,


también existen considerables discontinuidades. Las diferencias
cualitativas y cuantitativas entre kerigma y evangelio no son
menos importantes que el contraste entre ideas en el cuaderno
de notas de un escritor y una novela terminada. El género con-
siste en ·los elementos interrelacionados de forma, contenido y
función, y se puede extraer un contraste entre el kerigma oral
y el evangelio escrito en cada una de estas áreas.
Con respecto a laforma de los kerigmas en Hechos, todos
ellos son discursos adaptados por Lucas a los diversos contextos
y oradores (usando siempre la primera persona para dirigirse a
audiencias en la segunda ·persona del plural). En las categorías
retóricas griegas, los antiguos discursos tienen un fuerte ele-
mento legal, pero al final [Link] persuasivos con instancias
al arrepentimiento (2:38-49;''l 19-26; 4: 12). Los discursos de
Hechos 1 O y 13 tienen como prppósito la fe y no la acción.
El contenido del kerigma reconstruido es problemático tam-
bién porque el ministerio de Jesús se incluye en una composición
kerigmática sólo en Hechos 10:36-39 (aunque brevemente men-
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS
33

cionado en Hch. 2:22 y 13:31). Además, los elementos como


la exaltación de Jesús a la derecha de Dios, su inminente retomo
como salvador y juez, y el llamado al arrepentimiento y a la fe
son temas kerigmáticos ausentes de los Evangelios . Hechos
10:34-43 es un texto crucial para la hipótesis del origen kerig-
mático de los Evangelios, ya que tiene muchas similitudes con
el perfil de Marcos. Tiene incluso correspondencias más cer-
canas a Lucas, sugiriendo sin embargo que aún si el discurso
contiene una tradic'ión anterior a Lucas, ha sido «adaptado» a
su actual contexto. Por otra parte, las secciones de narrativa de
los discursos kerigmáticos carecen de argumento. Proporcio-
nalmente, la historia de la pasión en Marcos (14-16) ocupa cerca
de un 20 por ciento de la narrativa, absorbiendo el ministerio
de Jesús un 80 por ciento (por eso a Marcos se le ha calificado
como historia de la pasión con una extensa introducción). En
Hechos 10 la breve mención de Juan y Jesús ocupa 20 por ciento
y el resto 80 por ciento ( una historia de la pasión con una breve
introducción). Finalmente, en cuanto a la función, Marcos no
es un sermón evangélico con la intención de producir arrepen-
timiento y fe, ya que su principal función es (como veremos
más adelante) la legitimación histórica del significado salvador
de Jesús.

La Hipótesis del Género Litúrgico

Se reconoce que los Evangelios tienen una estrecha relación


con la liturgia y culto cristiano primitivo. Algunos segmentos
de la tradición preliteraria del Evangelio no solamente se sitúan
en un escenario de culto cristiano antes de su incorporación en
Evangelios escritos (e. g. , la Oración del Señor y las palabras
eucarísticas de Jesús), sino que los Evangelios mismos llegaron
a ser leídos en los servicios de culto (Justino, 1 Apologia 67;
escrito en tomo al 155 d.C.), aunque no se puede determinar a
partir de cuándo. No obstante, los que proponen diversas formas
de hipótesis sobre el género litúrgico, sugieren que los Evan-
gelios fueron intencionadamente estructurados para comple-
mentar o sustituir el Sábado judío, o las lecturas festivas de la
Torah (llamadas sedarim, «divisiones») y los profetas (llamadas
34 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

haphtaroth, «conclusiones») dispuestas eÍJ. ciclos lectivos anua-


les o trienales. El sistema más antiguo de lectura en serie de la
Torah (lectio continua) practicada al menos antes del 70 a.D.
(cf. M. Meg. 3.6), fue el ciclo trienal que tuvo su origen en
Palestina. Este sistema, que empezó quizás el 1 Nisan (Adolf
Büchler) o el 1 Tishri (Jacob Mann), consistía de 154 sedarim,
y es dificil determinar si había haphtaroth fijos. El ciclo trienal
'1 ':~·
fue sustituido por el anual ( desarrollado en Babilonia y aún
"1 .•
utililizado en el Judaísmo), que consiste de 54 perícopas (pa-
. ,.,i
•• ,,.u

rashiyoth); y que empieza y termina en Simhat Torah, 23 Tishri,


:,111::" el último día de la Fiesta de Sukkoth (17-22 Tishri).
;~¡ ¡!:
.1 ..
Esta propuesta ofrece un escenario muy específico del origen
•• ¡ • de los Evangelios, al señalar que constituye un género litúrgico,
más que literario. Esta hipótesis plantea dos supuestos de amplia
...... repercusión: (1) el Judaísmo desarrolló ciclos fijos de lecturas
., '.'
de la Torah y los profetas antes del siglo primero a.C. (2) El
..·1 ..,
'~t ~;

'I .,
,
Cristianismo primitivo asumió esta práctica lectiva, comple-
:J~ '1.l
mentándola o sustituyéndola por los Evangelios, dispuesto en
¡¡ ·: lecciones semanales con temas que correspondían a las lecturas
.,
''"'1 j

'" " del Antiguo Testamento que suplantaban.


Philip Carrington, pensando en la posibilidad de que .Ias
perícopas de Marcos, aisladas por la crítica de forma, pudieran
explicarse de manera diferente, propuso que el recopilador de
Marcos las proyectó como lecciones. Sugirió correlaciones te-
máticas entre Marcos y las festividades del año litúrgico judío,
como la Alimentación de los Cinco Mil y la Pascua (explíci-
tamente relacionada en Jn. 6:4) y la Alimentación de los Cuatro
Mil y Pentecostés. Marcos 1-13 se basó en el calendario litúrgico
judío, que empezaba el 1 Tishri (el séptimo mes, que corres-
ponde a Septiembre/Octubre), sustituyendo las lecturas de las
escrituras judías con una presentación de la vida de Jesús que
tiene correlación con un año eclesial que aún conserva cone-
xiones temáticas con las festividades agrícolas judías.
Michael Goulder sostiene que Mateo escribió su Evangelio
para una lectura secuencial duriante el año eclesial basando sus
lecciones en el ciclo festivo judío, no el ciclo sabático. Goulder
propone que los sesenta y nueve párrafos marcados en el Códice
Alejandrino (importante manuscrito del siglo quinto que con-
tiene todo el Nuevo Testamento) para el texto de Mateo refleja
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 35

la idea original del Evangelista, Lucas plantea un problema algo


distinto, y Goulder ha argumentado que su Evangelio fue es-
tructurado en lecturas que destacaban el cumplimiento de los
textos del Antiguo Testamento, siguiendo un ciclo anual de
lecturas de la Torah, más que el ciclo festivo.
Eileen Guilding sugiere que el Evangelio de Juan posee una
estructura litúrgica. Al contrario que Carrington y Goulder, ella
no propone que las perícopas Juaninas fuesen proyectadas para
lectura en los servicios cristianos, sino que Juan es un comen-
tario cristiano de los textos del Antiguo Testamento del ciclo
trienal. El Evangelio de Juan muchas veces menciona, más aún,
destaca, festividades judías (2:13; 5:1; 6:4; 7:2; 10:22; 11:55-
56; 12:1; 13:1). Además, los comentaristas correlacionan ha-
bitualmente la proclamación juanina de Jesús sobre el agua viva
(7:37-38) con la ceremonia de verter el agua en la Fiesta de
Sukkoth (M. Sukk. 4.9), y su afirmación de ser la luz del mundo
(8: 12) con la iluminación ritual en el Patio de las Mujeres durante
la Sukkoth (M. Sukk. 5.2-4).
La dificultad con estas teorías es que suponen más conoci-
miento sobre práctica lectiva judía en el primer siglo d.C. del
que la evidencia permite. Esto es particularmente cierto cuando
las teorías lectivas se remontan a siglos más antiguos de lo que
los eruditos judíos están dispuestos a ir. Las teorías sobre el
género litúrgico tienden a ignorar o minimizar algunos puntos
críticos. Primero, la evidencia de la influencia del culto de la
sinagoga en el culto cristiano primitivo se ha exagerado con
frecuencia (según Justino, Diálogo con Trifo 10, los cristianos
no observaban ni las fiestas judías ni el Sábado judío), y no
existen pruebas en el primer siglo de que el Antiguo Testamento
se leyese en los oficios religiosos. Segundo, la evidencia de
lectura de escritos cristianos en la iglesia primitiva es fragmen-
taria o tardía (1 Tes. 5:27; Col. 4: 16; Ap. 1 :3; 22:8; cf. 1 Tim.
4:13; Justino, 1 Apología 67). No hay testimonios del uso de
lecturas en serie antes del siglo cuarto. Tercero, la sacrosanta
condición, necesaria para la inclusión regular de un libro en la
adoración cúltica (como la Torah) hace improbable que los Evan-
gelistas tuviesen la intención de redactar un libro para una in-
mediata sustitución de la Torah. Cuarto, mientras que la teoría
del género litúrgico explica (aunque de forma inadecuada) la
36 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

estructura episódica de los Evangelios, no justifica el empleo


de la vida de Jesús como marco lectivo, ni los elementos dra-
máticos y temáticos que unifican cada Evangelio.

Literatura Biográfica Antigua

El término «biografía» (griego: biographia) como concepto


genérico no se acuñó hasta bien entrado el siglo quinto d.C.
¡
(Damascio, Vida de Isidoro 8). Los escritores griegos usaban f
bios y los romanos vita (ambos significan «vida», «modo de 1

vida», o incluso «curso de vida») como designaciones no téc-


nicas de literatura biográfica. Una biografía narra el significado
de la vida de una persona famosa (i.e., su carácter y sus logros),
opcionalmente enmarcada por una narrativa de orígenes y ju-
ventud, por un lado, y la muerte y su profundo significado, por
otro. Los especialistas en literatura antigua mediterránea han
hecho hincapié en el valor histórico, las fuentes escritas y los
oscuros orígenes de la biografía, que con frecuencia ofende las .
consideraciones literarias, el género, entre otras. Los conven-
cionalismos biográficos greco-romanos e israelo-judíos deben
estudiarse por separado, pero eso es más fácil en la teoría que
en la práctica. El Judaísmo fue sólo una de las culturas nativas
del mundo mediterráneo que tomó mucho más de lo que con-
tribuyó al· Helenismo. El historiador judío Josefo escribió su
extensa obra Arqueología Judía para una audiencia griega, des-
cribiendo figuras como Saulo y Salomón con convencionalismos
biográficos helenísticos. La Vida de Moisés de Filón es real-
mente una biografía elogiosa, dispuesta de forma particular
bajo los títulos de rey, legislador, sumo sacerdote y profeta.
Además de las complicaciones de la asimilación cultural,
existen cuatro rasgos de litertura biográfica antigua que <lideren
notablemente de la biografía moderna. (1) Las necrológicas fue-
ron importantes en el desarroÚo de la biografía antigua. En los
cantos fúnebres de Grecia y Roma, los panegíricos y epitafios
proporcionaban bosquejos de las vidas de las personas. En Egip-
to, las inscripciones biográficas se grababan en las tumbas de
los altos oficiales del tercer milenio a.C. al período romano. En
epitafios del este y del oeste, el difunto habla a la posteridad
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 37

en primera persona. Sin embargo, en Israel la «biografía» se


anticipa en memorias de visiones proféticas y en colecciones de
leyendas proféticas, pero sólo en una fase posterior en el tes-
tamento en el lecho de muerte. (2) Los antiguos tipos de lite-
ratura biográfica, como muchos otros géneros narrativos, tien-
den a ser complejos, o simbióticos, sirviendo de marco literario
a una diversidad de formas más breves (anécdotas, máximas,
discursos y documentos). En la tradición greco-romana, labio-
grafía adoptaba generalmente la forma de textos autónomos, en ::,,
tanto que en la tradición judía, la literatura biográfica tendía a
ser usada como insertos episódicos en textos narrativos más
complejos. (3) Las antiguas biografías se centran en la vida
pública del individuo y destacan las fases de la vida profesional.
( 4) En la antigua biografía, las personas se estilizan como tipos, ',
no se les describe en cuanto a su particularidad o individualidad
histórica. A menudo se considera que la aparición de escritos
biográficos en el mundo antiguo refleja un progresivo indivi- ,..
dualismo. Sin hacer caso de los méritos de esta opinión, debe ,,
1
hacerse hincapié en que el «individualismo» se percibía entonces
de diferente manera que ahora. Para entender la biografía anti-
gua, se debe ser consciente de los conceptos antiguos de per-
sonalidad. Hoy se supone que la conducta humana sólo puede
entenderse en términos psicológicos. En el desarrollo de la per-
sonalidad individual, los factores genéticos y ambientales in-
teractúan desde la infancia hasta la edad adulta, siendo la in-
fancia el periodo más crucial. En el mundo antiguo, al igual
que en algunas culturas modernas del tercer mundo, la gente
era definida por los grupos a los que pertenecía. Los factores
psicológicos eran insignificantes como explicaciones de la con-
ducta humana. La personalidad humana era considerada fija e
inamovible como los grupos sociales y de parentesco, fuentes
primarias de identidad. La buena gente que se hacía mala, no
había «cambiado», simplemente se había desenmascarado (Livio
3.36.1-2). Los romanos, por ejemplo, creían que cada nacio-
nalidad tenía su propio e indeleble carácter (Quintiliano
5. 10.24); estereotipaban a lós griegos como perezosos, velei-
dosos, mentirosos, tontos e ineptos (Cicerón usa la mayor parte
de estos estereotipos raciales en A Favor de Flaco 10, 14, 42,
62-63). La biografía moderna se interesa esencialmente en la
38 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARiú

evolución de la personalidad y el marco cronológico en el que


ocurre. Los antiguos, con su concepción estática de fa perso-
nalidad, rara vez expresan interés en tal suerte de desarrollo.
Además, la cronología para los antiguos funcionaba principal-
mente para organizar los hechos externos de la vida de una
persona, no como justificación de conducta, Los antiguos apro-
baban al «individuo» que representaba normas y valores de
grupo; los occidentales modernos valoran a aquellos que des-
tacan de la multitud.

Literatura Biográfica Greco-Romana


I ,.. ,
,-
"'
La biografía es un género específico de literatura histórica
greco-romana con amplios rasgos genéricos. La biografía puede
ser definida como una discreta prosa narrativa dedicada de
manera exclusiva a la descripción de la vida entera de una
persona en particular percibida como histórica. Nunca alcanzó
una forma fija, pero siguió desarrollándose desde tiempos anti-
1 ·:.
¡ ,¡. guos hasta los modernos. Los textos biográficos e históricos son
•• 1 •
difíciles de describir de forma genérica, principalmente porque
son géneros complejos. En tanto que la biografía griega tiene
raíces en el siglo quinto a.C. (e.g., secciones biográficas en
Herodoto; colecciones de refranes de hombres sabios y filóso-
fos), las. primeras biografías que han llegado hasta nuestros días
son productos del siglo cuarto: Evágoras de Isócrates y Agesilao,
Memorabilia, y Educación de Ciro, de Jenofonte (las dos pri-
meras son alabanzas en prosa según el modelo de panegíricos
poéticos; las dos últimas mezclan realidad y ficción). No se han
conservado biografías de los siglos tercero y segundo, salvo
algunos fragmentos de papiro de la Vida de Euripides, de Satiro,
escrita (sorprendentemente) en forma de diálogo (P. Oxy. ll 176).
Algunas biografías del escritor romano Cornelio Nepo se han
conservado (primer siglo a.·<;,.). Existen biografías de los siglos
primero al cuarto d.C. que haq llegado hasta nosotros, por Plu-
tarco, Suetonio, Luciano, Diógenes Laercio, Filóstrato, Porfirio
y Jámblico, así como las veinticinco novelescas biografías im-
periales, Historia Augusta (395 d.C. aprox.). Entre las biogra-
fías anónimas que reflejan gustos .populares está la de Segundo
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS
:.. < 39

el Filósofo Silencioso y Vida de Esopo. Además, hay numerosas


vidas de poetas anónimos (incluso seudónimos), la mayor parte
muy breves, enormemente novelescas, bosquejos basados en
conclusiones de las obras literarias mismas y que frecuentemente
se pretendió usar como introducción a las obras del autor (e. g.,
Vida de Pindaro, P. Oxy.2438; Seudo-Hesíodo, Vida de Ho-
mero).

,,
Biografía e Historia

A Herodoto se le ha llamado, de manera no del todo acertada,


padre de la biografía (además de su más indudable reputación
como padre de la historia), pues la descripción de personajes
fue importante para su concepción de la historia. Tucídides (que
normalmente excluye todo detalle biográfico de su narrativa)
incluyó unas cuantas disgresiones «biográficas» (e.g. 1.126.3-
12 sobre Quilón; 1.128-134 sobre Pausanias; l. 138 sobre Te-
místocles), y Jenofonte incluyó unos cuantos epílogos «biográ-
ficos» en su Anábasis (e.g. 1.9 sobre Ciro). Con todo, estos
esbozos biográficos se subordinan claramente a los intereses
históricos suprapersonales de estos autores. Ocasionalmente los
escritores griegos y romanos distinguen teóricamente biografía
de historia en cuanto a contenido (Polibio 10.21.5-8; Plutarco,
Alejandro 1.1-3; Nicias 1.5; Cornelio Nepo, Pelópidas 1.1), En
los períodos helenístico y romano, el carácter era un ingrediente
importante de la historiografía; en la biografía, los logros de
una persona ilustran su carácter, en tanto que en la historia, los
logros son parte de un marco histórico más amplio. Para Polibio,
el panegírico (i.e., discurso o escrito en alabanza de una persona)
era propiamente apologístico en la alabanza del carácter y logros
de las personas (i.e. idealizándolas), en tanto que la historia era
más pragmática y objetiva. Plutarco y Nepo no querían escribir
relatos completos de los hechos de sus súbditos (eso sería his-
toria), sino que deseaban destacar selectivamente los dichos que
revelaran carácter (lo cual es biografía). Plutarco sugiere que lo
trivial (el hecho insignificante, el comentario casual) revela ca-
rácter, aunque tal material no sería el adecuado para una his-
toriografía. Cuando Jenofonte usa una anécdota sobre Terá-
i
i
1

40 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO l.


[
menes en un relato histórico, se siente inquieto por su propiedad
genérica (Hellenica 2.3.56). Después de todo, sí que habló en
dos ocasiones de la vida de Agesilao, apologéticamente, en la
biografía de Agesilao, e históricamente en Hellenica 3-6.
Sin embargo, las diferencias entre historia y biografía eran
más teóricas que prácticas. Durante el último período helenís-
tico, historia y biografía se movieron hacia una unión más es-
trecha y con creciente énfasis sobre el carácter en la historio-
::
, ,,
:;
grafía. La bíografía e historia se hicieron cada vez más difíciles
,
1•
~ de distinguir; el encomio podía impregnar, y de hecho las im-
,:
1. pregnaba, a ambas. Dionisia de Halicarnaso (retórico, historia-
I.
:!'
dor y anticuario) consideró apropiado incluir discusiones sobre
-l
la vida tbios ) de figuras públicas llenas de virtudes y vicios
. ·' además de sus logros públicos (5.48.2-4 sobre Publicola; 8.60-
62 sobre Coriolano). Diodoro consideraba que los historiadores
: ~ debían incluir los hechos de estados o reyes que «son plenos en
~.~

sí mismos de principio a fin» (16.1). Esto podía incluso sig-


é!,.,,J, nificar la inclusión de leyendas sobre el nacimiento (cf. sµ tra-
""
tamiento del tirano de Siracusa, Agatocles, 19.2.1-7, siglo cuar-
.
•' to a.C.). Desde el punto de vista biográfico, Plutarco dependió
,. de historiadores para la mayor parte de su información biográfica
y pudo usar una .«disgresión» (ekbole o parekbasis, términos
historiográficos técnicos, cf. Tucídides l. 97 .1; Polibio 1.15.13;
Plutarco, Moralia 855D), que él sabía eran apropiadas sólo para
la historia (Dion 21). La historiografía patriótica romana que
denigraba a otras naciones le amargaba la vida a Josefo (Guerra
Judía 1. 7) y era peyorativamente etiquetado por Luciano como
«encomio» (Cómo Escribir Historia 7). Prácticamente toda la
historia greco-romana fue escrita bajo la fuerte influencia de la
retórica. La forma dominante de oratoria era la declamación en
la que predominaba la retórica epidíctica con sus tendencias
panegíricas. Estos ejemplos (que podrían ser muchos más) re-
velan que ni la historia ni la biografía estaban constreñidas por
estáticos cánones literarios. '\

Biografía y Retórica
La representación del carácter tprosopopoiía o éthopoiias
era convencional para ejercicios retóricos elementales (progym-
nasmata) y ejercicios avanzados (melete, o declamación, i.e.
. EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 41

un discurso completo). Los discursos jurídicos compuestos por


un escritor fantasma tenían, para ser convincentes, que reflejar
el carácter del orador (bien fuese un viejo, un joven, un rico,
un pobre, etc.). Aristóteles da ejemplos de cómo hacer esquemas
verbales de carácter y correlacionados con emociones particu-
lares como la ira, lástima, indignación, deseo, etc. (Retórica
2 .12-14). (A propósito, en estas secciones Aristóteles emplea
un estilo paratáctico, i.e., el uso de «y» para enlazar cláusulas,
una característica de 1'res de los cuatro Evangelios.) En los ejer-
cicios escolares, el estudiante tendría que hablar como un famoso
personaje histórico o mítico en situaciones críticas, e.g. Andró-
maco o Héctor. Teofrasto, alumno y sucesor de Aristóteles,
escribió Caracteres, una serie de dibujos paratácticos en mi-
niatura, o notas (hypomnemata ), sobre treinta defectos carac-
terísticos personificados (e.g. Estupidez, Locuacidad, Adula-
ción). Puesto que los biógrafos, al igual que los anticuarios e
historiadores, eran principalmente educados en retórica, esa es
la fuente de sus habilidades para la descripción de caracteres,
habilidades más relacionadas con la credibilidad que con la
verdad.

Tipos de Biografía

De acuerdo con Friedrich Leo, la biografía plutarquiana se


originó con los primeros peripatéticos (seguidores de Aristóte-
les) y adoptó la forma de una extensa narrativa con ambiciones
literarias, ordenada cronológicamente, adecuada para describir
a estadistas, generales y filósofos. La otra variedad de biografía
tuvo su origen en los humanistas alejandrinos bajo la influencia
aristotélica. Particularmente adecuados para escritores y artistas,
esta clase carecía de pretensiones artísticas, y contenía siste-
máticamente dispuesto el relato sobre una persona y sus reali-
zaciones (Suetonio, Diógenes Laercio).
Esta doble distinción puede encontrarse también en textos
antiguos. Es implícito en el panegírico de Jenofonte Agesilao,
cuya primera parte (1-2) es un relato cronológico de sus hazañas,
en tanto que la segunda es un relato sistemático de sus virtudes.
Este modelo se halla también en los epitafios de antiguos dig-
42 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

natarios egipcios, de los que la primera parte es una descripción


(en primera persona) de la vida del difunto en forma, de cum-
plimiento de idealistas normas de conducta, . en tanto . que Ia
segunda parte ofrece una idea general. de. la vida de la persona.
Quintiliano distingue explícitamente entre dos enfoques básicos
del encomio o panegírico (equivalente de la oratoria en la bio-
grafía), cronológico y temático (3.7.10-18). El relato cronoló-
gico empezó con temas tales como nacimiento, padres, ances-
tros, y profecías prenatales, mientras que la alabanza de la per-
sona en sí se basaba en el carácter, rasgos físicos y circunstancias
externas. En este marco, las palabras y los hechos pueden cons-
tituir la base del elogio. El enfoque temático, por otro lado, se
centraba en diversas virtudes como el valor, la justicia y el
control de sí mismo, tal como lo ilustran los hechos. La biografía
plutarquiana se desarrolló a partir de la historiografía helenística
( con su énfasis en el tratamiento cronológico de asuntos políticos
y militares), mientras que el otro tipo era una aplicación del
enfoque temático de los anticuarios, o «enciclopedistas» (que
incluyen todo desde costumbres y ceremonias hasta nombres de
personas y lugares). Los títulos de muchas de las obras perdidas
de Suetonio sugiere que él mismo fue un anticuario (e.g. Ludiera
historia, sobre juegos y festivales romanos, y De variis rebus,
«Sobre Varias Cosas», un título abarcalotodo, si es que alguna
vez ha existido). Sin embargo, no se trata de dos géneros bio-
gráficos distintos, sino de dos variables complementarias dentro
de la biografía greco-romana.

Rasgos Genéricos

· La diversidad y complejidad de la literatura biográfica greco-


romana requiere otro enfoque. Más que proponer otra tipología
imperfecta, consideraremos cada aspecto genérico de la biogra-
fía greco-romana (i.e. contenido,.,.forma y función) por lo que
se refiere a sus componentes prirriapos y secundarios. La bio-
grafía greco-romana es un género únieo que manifiesta una gran
variedad. Los biógrafos se enfrentaron a muchos elementos obli-
gatorios, cada uno de los cuales daba opción a una alternativa
en todo un espectro de posibilidades, dependiendo del tema
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 43

central o contenido (i.e., el tipo específico del individuo a des-


cribir), la forma (i.e., la naturaleza de la evidencia disponible),
y la función (i.e., el propósito del autor).

Contenido

El rasgo más característico de la biografía y el que le permite


ser clasificada en varios -subtipos es el tema mismo, i. e. , el
contenido de la biografía greco-romana. En 'tanto que el con-
tenido puede ser descrito de forma abstracta como una narración
de la estilizada vida y significado de una variedad de tipos
públicos de personalidades ( opcionalmente enmarcados por de-
talles relacionados a sus orígenes y juventud y después por la
muerte y el significado profundo), la importancia del tipo es
sugerida por el hecho de que grupos de biografías fueron escritas
sobre tipos particulares, e.g. estadistas (Plutarco), filósofos
(Diógenes Laercio), emperadores, figuras literarias, oradores
(Suetonio). El tipo particular del sujeto elegido determinaba en
gran manera los topoi empleados para hacer que el individuo
fuese descrito conforme al tipo. La presentación estilizada del
sujeto biográfico tiene dos aspectos relacionados; un cometido
social encasillado y las virtudes y/o vicios estereotipados aso-
ciados con ese cometido. Destacaron dos tipos de «héroes» en
las biografías greco-romanas, los hombres públicos (buenos ciu-
dadanos) que vivían dentro de, y muchas veces controlaban, las
estructuras de la sociedad, y los filósofos que vivían fuera de
esas estructuras. Estos últimos se constituyeron en modelos cada
vez más importantes en la más reciente antiguedad. Y como
estos sujetos de biografía eran conceptualizados con respecto a
los tipos ideales (e.g. monarcas, estadistas, generales, filósofos,
poetas, oradores) el grupo de rasgos estereotipados asociados
con cada tipo ideal, constituían un tema o topos. Esto sugiere
otro vínculo entre biografía e historia: los rasgos convencionales
que constituyen el topos de un rey o general ideal, por ejemplo,
se usan tanto en la historia como en la biografía. En la Hellenica,
por ejemplo, Jenofonte mide a los generales por los topoi aso-
ciados al jefe militar ideal: se gana y mantiene la lealtad de las
tropas; las alimenta, cuida y paga; comparte su herencia; es
44 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

afable y accesible, un ejemplo físico y moral, un orador con-


vincente, un estratega experto. Jenofonte emplea estos topoi al
esbozar las carreras militares de Hermócrates, Agesi1ao, Teleu-
cias, Ificrates y Jasón. En último término, la breve caracteri-
zación de Temístocles, extraída de Tucídides (1.138-1-3), los
mismos topoi describen a Alejandro en la obra de Arriano,
A nabas is 7. 27, obra en la que se funden la historia encomiástica
y la biografía.
El filósofo como hombre santo fue un tipo ideal importante
que se convirtió en sujeto biográfico popular al final de la anti-
guedad. Los griegos asumieron siempre la proximidad de la
sabiduría y de la deidad. Pitágoras y Platón, de forma comple-.
;1 .,¡ tamente natural, se convirtieron en hombres divinos prototípicos
"''
~1 ·•
al final de los períodos helenístico y romano. Seis biografías de
Platón han llegado hasta nosotros, de las cuales la que mejor
se conoce se halla en Diógenes Laercio 3 .1-4 7. Aristóteles fue
~1 -~; Mi
•¡ ., ..•. considerablemente menos ilustre que Platón en la antiguedad.
:1 :: ;; De las doce vidas que se han conservado (dos en sirio; cuatro
:i .,. 11~

11 ·:,;
en árabe; cinco en griego, una en latín), la de Diógenes Laercio
:¡ . ¡ ~~ (5.1-37) es la más famosa. Antes del siglo segundo d.C. la
filosofía se había convertido en una empresa religiosa. Entre las
biografías que tratan de sabios santos (todas escritas durante los
siglos tercero y-cuarto d.C.) se encuentran (1) La Vida de Apo-
lonio de Filóstrato; (2) la Vida de Pitagoras, de Porfirio; (3) la
Vida de Plotino ; (4) La Vida de Pitágoras, de Jámblico; y (5)
la «Vida de Orígenes» de Eusebio, Historia Eclesiástica 6.
Patricia Cox, que ha investigado minuciosamente este tipo de
biografía, propone dos paradigmas biográficos esenciales; hom-
bres santos considerados como dioses o hijos de dioses (nos. 1,
2 y 4) y los que eran tan sólo semejantes a dioses (nos. 3 y 5).
Ambos tipos eran dechados de sabiduría y seguían estilos de
vida ascética. A los sabios del primer tipo se les adjudicaban
historias de milagros desde su nacimiento (que confirmaban su
origen divino), se les describía como taumaturgos (que confir-
maba su rango divino) y debido a su singularidad, eran incom-
prendidos igualmente por amigos y enemigos. Ninguno de estos
rasgos caracterizan al segundo tipo.
El contenido, al igual que la forma y la función, se sometían
a las normas o convencionalismos tradicionales del género bio-
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 45

gráfico. Estas normas representaban una serie de opciones je-


rárquicas, presentando cada selección otro nivel de alternativas,
pero de nuevo aquí las opciones deben hacerse siguiendo una
gama de posibilidades: (1) del hecho a laficción, (2) de lo serio
a lo cómico, (3) de la alabanza a la culpa, (4) de lo didáctico,
a lo divertido, y (5) de la aprobación a la desaprobación .

Forma

Gran parte de las antiguas biografías se escribieron con pre-


tensiones literarias y reflejan un nivel estilístico conveniente-
mente elevado, e.g. el uso de sintaxis y vocabulario adecuado
y las complicadas frases del estilo periódico. La estructura for-
mal de la biografía greco-romana consiste fundamentalmente en
un marco cronológico proporcionado por la vida de una persona
(verdadero en las vidas de Suetonio y Plutarco), ampliado por
anécdotas, máximas, discursos y documentos. La «Anécdota»
(el término griego anekdotos significa «inédito») es un término
general que incluye lo que los griegos llamaban chreiai ( «anéc-
dotas»), gnomai («máximas»), apomnémoneumata ( «rerninis-
cencias»), y novelas (i.e. breves historias genéricamente rela-
cionadas con chreiai). Puesto que los antiguos consideraban las
acciones y palabras de una persona como revelaciones de ca-
rácter (cf. Jenofonte, Memorabilia 1.1.20), las colecciones de
chreiai (i.e., palabras y hechos del sabio), tuvieron una función
fundamentalmente biográfica a partir del siglo quinto a. C. Las
biografías podían inspirarse en el material de tales colecciones.
Sin embargo, los refranes de Platón no circularon en colecciones
independientes sino que fueron transmitidos individualmente en
las fuentes literarias. Las gnomologia (colecciones de máximas)
fueron extractadas posteriormente (siglo quinto d.C.) de las vi-
das de Platón. Algunas biografías eran completamente ficticias,
fabricadas a partir de deducciones basadas en chreiai (tal como
la Vida de Heráclito en Diógenes Laercio 9 .1-17). Otras eran
colecciones de chreiai enmarcadas por convencionaismos bio-
gráficos (Demonax de Luciano). En el caso de Platón, las 148
anécdotas que se conservan ( 144 en las vidas de Platón que han
llegado hasta nosotros) son extrapolaciones ficticias de los es-
46 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

critos de Platón forinulados para glorificar o vilipendiar a Platón.


Las chreiai eran transferibles. Un intercambio entre Diógenes y
Aristipo se cuenta en Metrocles y Teodoro (Diógenes Laercio
2.68, 102); una historia sobre Tales por Hermipo, también se
cuenta de Sócrates (Diógenes Laercio 1.33). Una anécdota de
los Sarnianos contada por Herodoto (3.46) es subsiguientemente
aplicada a los Quianos por Sexto Empírico (Contra los Maestros
...
2.25).
En el área de la forma, un biógrafo tenía al menos cuatro
opciones (las dos últimas son involuntarias porque dependen del
• nivel social), cada una con un espectro de posibilidades: (1)
desde narrativa continua a narrativa episódica, (2) desde na-
'
}
rración cronológica a exposición temática, (3) desde dicción
elevada a dicción popular, y (4) desde estilo periódico (con
frases complicadas) a estilo paratáctico ( con frases sencillas).
El estilo continuo era característico de la historiografía ( a pesar
del uso de disgresiones), en tanto que el episódico tipifica otros
tipos de narrativa (etnografía, antiguedades, novelas). La or-
.: ganización cronológica caracterizaba a la historia política y mi-
.1
litar, en tanto que la organización temática se fomentaba en las
clases de textos que se acaban de mencionar. El estilo y la
dicción eran alternativas que dependían del nivel social del autor.

Función

La biografía greco-romana tiene funciones a la vez obvias


y latentes. Entre las funciones manifiestas o conscientes, la
demostrativa (epidíctica) es quizás la más común, aunque con
ella las biografías pueden mezclar elementos deliberativos y
legales. La retórica epidíctica, limitada generalmente a alabar
o culpar, es de hecho una categoría más amplia, esencialmente
preocupada por convencer a una audiencia para que adopte o
mantenga un determinado punto de vista en el presente. La
retórica deliberativa se usa para persuadir a una audiencia a que
lleve a cabo algún tipo de acción futura en tanto que la retórica
legal emplea estrategias de defensa o acusación para convencer
a una audiencia de tomar una decisión sobre hechos o circuns-
tancias pasadas. Las funciones inconscientes de la biografía
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 47

greco-romana entrañan la legitimación histórica ( o descrédito)


de un sistema de creencias/valores sociales personificados en el
sujeto de la biografía.
En el mundo antiguo la biografía era un poderoso instru-
mento de propaganda. Teniendo en cuenta la antigua opinión
sobre el significado de ciertos individuos prominentes (tales
como fundadores o progenitores), la biografía se adaptaba ideal-
mente a una crítica directa o indirecta, o al apoyo de un orden
establecido. Catón el Joven (95-46 a.C.) fue una de esas figuras.
Se constituyó en símbolo ideológico de las virtudes de la Roma
Republicana, y se convirtió en foco de una guerra propagan-
dística, en panfletos elogiosos sobre él por Cicerón, Bruto, Fadio
Galo y Munacio Rufo, y hostiles por Julio César, Aulio Hircio,
y Augusto (desaparecidos todos). La descripción positiva en la
Eneida de Virgilio y la Odisea de Horacio se convirtió en modelo
para autores posteriores.
En el mundo griego, Sócrates era una imagen de propaganda
especialmente significativa, no para un sistema político ( como
lo fue Catón el Joven), sino para los sistemas filosóficos de las
contendientes escuelas socráticas de pensamiento. El Sócrates
de Jenofonte se presenta en varios escritos, Apología de Sócra-
tes, Symposium, Memorabilia (una defensa de Sócrates en estilo
legal), y Oeconomicus, mientras que el Sócrates platónico es el
sujeto de la Apología (autobiografía en forma de novela), el
Symposium y más de una docena de diálogos en los que pre-
dominantemente figura Sócrates. Además está el Sócrates de
Aristófanes y Aristóteles, formando un total de cuatro primitivas
imágenes-mito de Sócrates. Cada «Sócrates» es una figura com-
puesta que consta de las diversas opiniones de cada autor que
se legitiman por su proyección sobre el Sócrates histórico.
Las biografías greco-romanas contienen a menudo una fun-
ción ilustrativa o didáctica, presentando al sujeto como para-
digma de virtud. Muchas biografías griegas son, por tanto, en-
comiásticas, i.e. el sujeto es alabado en cuanto a su conformidad
con modelos ideales de virtud. Autor y audiencia se interesaban
más en el sujeto como ejemplo moral y personificación de vir-
tudes profesionalmente adecuadas que en su particularidad his-
tórica. En la composición biográfica e histórica griega existía
una constante tensión entre la descripción histórica y la des-
48 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

cripción paradigmática de personas. Los biógrafos greco-ro-


manos suponían que las acciones revelaban carácter (Plutarco,
Alejandro 1.1-3; Pompeyo 8.6), dando ejemplo de virtud
(arete), vicio (kakia), o una combinación de ambos. Plutarco
eligió a estadistas y jefes militares como sujetos para sus vidas
paralelas por sus ejemplares virtudes, aunque dos sujetos, De-
metrio y Antonio, eran ejemplos negativos. Suetonio inauguró
la biografía imperial, un subtipo de biografía greco-romana anti-
;¡;;; cipada por Tácito. Sus sujetos presentaban restricciones inevi-
..... ..
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~i ,:l ~: tables. Describía a los emperadores en cuanto a sus virtudes y
~: :,1 •.
iJ ;1 ~ vicios, correlacionando carácter con fisonomía (eres lo que apa-
Jli::! rentas). Obvia decir que muchos emperadores fueron modelos
•1 .. 1
., ' negativos.
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Literatura «Biográfica» Israelo-Judía
~t ;:·:.
, .,JI
,¡,,i .•. Pocos estudios sobre el Antiguo Testamento y literatura judía
¡ ·: .• postbíblica consideran el término «biografía» como categoría
, .. ,.,, literaria útil. Es verdad que la «biografía» en el sentido de forma
literaria independiente, que narra los logros e importancia de
una persona desde el nacimiento hasta la muerte, es muy rara.
Pero allí no acaba. Puesto que el cristianismo primitivo empezó
como movimiento de renovación religiosa dentro del Judaísmo,
y sólo de forma gradual se forjó una identidad independiente,
muchos han propuesto que los antecedentes de la forma del
Evangelio residen en la literatura israelo-judia.

El Carácter en la Narrativa Lsraelo-Judia

Un ejemplo de la narrativa unificada, un tipo de narrativa


rara vez hallado en la literatura israelo-judía (denominada «cuen-
to corto» como crítica de forma), se halla en estructuras tan
breves, independientes y dramáticas como Ruth, Ester y Jonás
dentro del canon (cf. Dan. 1-6), y Judit, Tobías y las versiones
ampliadas de Ester y Daniel en la Septuaginta. Como muchos
episodios de Génesis-2 Reyes, estas composiciones se centran
en las aventuras de un protagonista principal. Con todo, al con-
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 49

trario que ellas, circularon independientemente y muestran una


-estructura dramática. ·. ·
1·1·1· Lá narración episódica, que refleja el estilo paratáctico de
prosa bíblica, domina la Torah (de Génesis a Deuteronomio) y
los Anteriores Profetas (de Josué a 2 Reyes). La categoría crítica
de forma que corresponde estrechamente con el tipo de narrativa
episódica es la «saga», que es en sí misma episódica y puede
incorporar otras formas literarias tales como el cuento, la novela,
la leyenda, la historia, el informe, la fábula, etiología y mito.
En tanto que la secuencia narrativa que se extiende desde el
Génesis hasta 2 Reyes ( el Eneateuco) no está unificado en cuanto
a trama o acción, en cambio los distintos episodios dentro de
ese marco sí lo están. Además, estos episodios son a menudo
(aunque muchas veces de forma ilógica) dominados por un in-
terés «biográfico». Las narrativas patriarcales son sucesivamente
dominadas por Abraham (Gen. 12-25), Jacob (Gen. 25-,36) y
José (Gen. 37-50), en tanto que el resto del Pentateuco (Exodo
a Deuteronomio) está dominado por la figura de Moisés y en-
marcada por relatos de su nacimiento y muerte. Josué es el
personaje central del libro que lleva su nombre, mientras varios
jefes carismáticos aparecen de forma sobresaliente en el libro
de los Jueces. Este sentido biográfico sigue a través de los libros
de Samuel y los Reyes, cuando el ciclo Elías-Eliseo (anticipando
tendencias posteriores a destacar las vidas de profetas) contiene
numerosos paralelos a los Evangelios canónicos tanto en forma
como en contenido (ver más abajo). Este estilo episódico de
composición histórica halló continuidad en el canon hebreo en
la obra de las Crónicas (1 y 2 Crónicas, Esdras, Nehemías) así
como en el postcanónico 1 Macabeos. La misma técnica epi-
sódica se manifiesta en la llamada recomposición midráshica de
la historia Israelita en Jubileos, y en Arqueología Judía de Jo-
sefo.
El interés biográfico en las figuras proféticas de Génesis-2
Reyes caracteriza también porciones de los Ultimos Profetas ( de
Isaias a Malaquías), en los que las colecciones de oráculos se
enmarcan o destacan a menudo por episodios de las vidas de
los profetas a los que se les atribuían los oráculos o colecciones
de oráculos. Esta oscilación entre narración y oráculo impregna
a los Ultimos Profetas.
50 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Los personajes descritos en las narrativas históricas de la


Biblia (en particular de Josué a 2 Reyes) son principalmente
jefes del pueblo en la capacidad de líderes carismáticos, profetas
y reyes. El concepto israelita de los jefes nacionales los con-
templa como portadores de mandatos divinos, uno detrás de
otro, a través de la historia mediante un plan providencial. La
historia de la nación es inseparable de la historia de sus jefes.
No obstante, al contrario que los historiadores romanos, que
adulaban a los emperadores contemporáneos con historias en-
comiásticas, los historiadores israelitas describían a sus jefes
l1:Jl•· con más objetividad, sin duda porque eran figuras del pasado.
. ,, ;1,,.
Jl¡~:: Pero en realidad no se trata de una biografía, en comparación
•• 1 .,
con sus análogos greco-romanos.
OII ""'.I
Los que se inclinan por un modelo del Antiguo Testamento
como ideal(es) literario(s) para los Evangelios, se centran ge-
neralmente en los relatos de Moisés en el Pentateuco, o en el
·~1 :~;
:~I ~:-.::
ni
ciclo Elías-Eliseo. Antes de considerar estas posibilidades, des-
:._1 ~, JII cribiremos primero un tipo de solución más genérica al proble-
. ~l
.... , ,Jl. •....
111
ma.
·:i1 ·: ,;
:¡ .¡ ,;4
~1-~ •.•• ,

La Biografía Ideal» en el Antiguo Testamento

Klaus Baltzer ha identificado recientemente una forma li-


teraria del Antiguo Testamento (usando material comparativo
de Mari y Egipto) que califica de «biografía ideal». El oficio y
función del sujeto son de importancia esencial en esta forma, y
manifiesta poco o ningún interés en su personalidad. Como
ejemplos de la biografía ideal: la breve biografía titular de David
(2 Sam. 23: 1- 7, muy parecida a los epitafios biográficos de los
visires egipcios), la más extensa biografía narrativa de Gedeón
(Jueces 6-8), y la biografía de Moisés (de Exodo 2 a Deutero-
nomio 34), con muchos topoi constitutivos.
Baltzer sostiene específicamente que los Evangelios com-
parten el género de la «biografía ideal». Marcos empieza con
un anuncio de instalación (el bautismo de Jesús, Me. 1:9-11),
que contiene una referencia a tiempo y lugar (1:9), una fórmula
de instalación («Tú eres mi hijo. muy amado», v. 11), y un
llamado ( «en tí me complazco», v. 11). Las palabras y hechos
EL GENERO DE LOS EV ANGEUOS 51

de Jesús constituyen la más extensa biografía. Los exorcismos


pueden ser un equivalentedel topos de «garantía de paz>~! y la
limpieza del Templo encaja con el topos de la restauración de
la pureza de culto.

Las Historias deMoisés como Paradigmas Literarios

Moisés, en la opinión judía, destaca sobre todas las demás


figuras de la historia israelo-judía. La figura de Moisés influyó
en las presentaciones y opiniones primitivas cristianas de Jesús
de dos maneras principalmente, como paradigma en la presen-
tación de Jesús como un nuevo Moisés (modelo hallado en el
Evangelio de Mateo), y como medio de conceptualizar a Jesús
como el profeta mosaico escatológico, un modelo que se refleja
en el Cuarto Evangelio. Con todo, la cuestión más importante
no es si se describió a Jesús usando metáforas mosaicas, o si
la expectativa del antiguo Segundo Templo de un profeta es-
catológico como Moisés se usó para conceptualizar el signifi-
cado de Jesús, sino si el marco literario de la historia de Moisés
en el Pentateuco influyó en la conformación de los rasgos ge-
néricos de los Evangelios como literatura.
El problema esencial al relacionar los Evangelios con tipos
literarios antecedentes, de acuerdo con Meredith Kline, es la
presencia de dos tipos diferentes de material yuxtapuestos en
los Evangelios, discurso docente Y, narrativa histórica. Kline
tiene razón lógicamente en que el Exodo muestra una combi-
nación de tradición narrativa y de refranes en una forma no
enteramente distinta de los Evangelios. Con todo, considerar el
comienzo de una alianza como el centro de gravedad en los
Evangelios como hace Kline, es como comprimirlos en un molde
en el que no encajan.
Por otro lado, si examinamos (al contrario que Kline) el
complejo total de tradiciones y leyendas de Moisés desde el
Exodo hasta el Deuteronomio, emergen ciertas semejanzas sig-
nificativas con los Evangelios que no se pueden echar por tierra
tan simplemente. Primero, la vida completa de Moisés desde el
nacimiento hasta su muerte enmarca los libros del Exodo hasta
el Deuteronomio. Además, Moisés niño es salvado de forma
52 EL NUEVO .TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

milagrosa de la destnicción pretendida por el Faraón, y más


tarde como adulto debe huír hacia Madián para· escapar de la
muerte (Éx. 1-4). En Mateo, Jesús es salvado de los asesinos
designios de Herodes cuando sus padres huyen a Egipto tras
una advertencia divina (Mt. 2). Nuevamente, la muerte de Moi-
sés es un asunto misterioso que posteriormente es transformado
en una tradición de asunción. El marco narrativo de Éxodo a
Deuteronomio es esencialmente una narrativa de viajes que em-
.•.. ,
"'"'' . piezan en Egipto y concluyen en la parte oriental del Jordán.
~;;
,, ~
~, ••
Con todo y a pesar de los paralelos que se acaban de men-
::
:.1.,
cionar, el sentido de la versión final del Pentateuco reunida por
., ..
.,., los autores es la presentación y explicación de la Torah, a la
"' que la vida de Moisés es esencialmente tangencial. Como Jesús,
Moisés hace milagros (e.g. lasdiez plagas de Éx. 7-12), pero
;;
los rasgos genéricos básicos de Exodo a Deuteronomio son esen-
::-= cialmente distintos a los de los Evangelios, aunque en ambos
..•. •
".;¡,
se da el proceso de embellecimiento e idealización legendaria.
••••·
.,11
,1 •• Mientras que los paralelos entre la vida de Moisés y la vida de
"1
·: .• Jesús (particularmente en Mateo) son llamativos a primera vista,
.¡., los paralelos con otros ciclos de héroes con los que no tienen
-4·•1,
relación genérica, reducen considerablemente su significado.

El Ciclo Elias-Eliseo y los Evangelios

El ciclo de Elías en los libros de los Reyes consta de seis


narrativas episódicas ( 1 Reyes 17-19, 21; 2 Reyes 1: 1-17), a
las que se añadieron seis anécdotas, mientras que el ciclo de
Eliseo se encuentra en 2 Reyes 2; 3:4-27, 4:1-8, 15; 9:1-10;
13: 14-21). Designar a estos ciclos originalmente independientes
como ciclo Elías-Eliseo sugiere que en el judaísmo primitivo
estas figuras se fusionaron en la tradición popular. Como en el
caso de Moisés, Elías (= Eliseo) funcionó como figura para-
digmática en las conceptualizaciones cristianas primitivas de
Jesús. Las tradiciones populares sobre el redivivus del Elías
escatológico se consideraban cumplidas en Jesús de Nazaret. El
regreso del profeta E lías fue una forma popular de expectativa
de un profeta escatológico venidero, una noción que fue fo-
mentada por el párrafo final de los Ultimas Profetas (Mal. 4:5s.).
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 53

La antigua expectativa judía de un Elías que volvía, se basaba


en la tradición de que había sido llevado vivo al cielo en un
torbellino (2 Reyes 2:9-12; Eccles. 48:9, 12a; 1 Enoch 89.52;
1 Mac. 2:58). Antes del mismo tiempo que Jesús, Elías había
llegado a ser considerado el precursor del Mesías (Me. 9: 11; 1
Enoch 90.31; Justino, Diálogo con Trifo,f,.3s.; 49.1; 110.1).
Algunos elementos en la tradición de los Evangelios sugiere
que Jesús era considerado por algunos de sus contemporáneos
como el Elías escatológico (Me. 6:14s.; 8; 28; Jn. 1:19-21). J.
Louis Martyn ha sostenido durante mucho tiempo que una de
las fuentes del Cuarto Evangelio conceptualizó a Jesús como el
Elías escatológico. Sin embargo, la primitiva identificación de
Juan el Bautista como el Elías escatológico que sirvió como
precursor del Mesías Jesús, hizo que la más antigua conceptua-
lización de Jesús como Elías inherentemente problemática de
modo que se suprimió la identificación.
Raymond Brown sugiere que una tipología de Eliseo ejerció
influencia de forma en las narrativas Evangélicas. No deja de
insistir en: (1) A Eliseo se le describe viajando por todo el Reino
del Norte (Sunem, Guilgal, Jericó, Dotán), un paralelo al mi-
nisterio peripatético de Jesús. (2) En tanto que Elias y Eliseo
proporcionan paralelos de la clase de milagros atribuidos a Jesús,
se atribuyeron a Elíseo el doble de milagros atribuídos a Elias.
(3) Los paralelos específicos entre los milagros de Jesús y los
de Eliseo incluyen los siguientes: (a) La milagrosa cura de lepra
por Jesús (Me. 1:40-45 y paralelos; Mateo 11:4-5; Le. 7:21-22;
cf. 17:11-19) se comparan con la cura de Naamán el Sirio por
Eliseo (2 Reyes 5). (b) La multiplicación de los panes de Jesús
(Me. 6:30-44; 8:1-10 y paralelos; Jn. 6:1-15) se parece a la
multiplicación de Elíseo de veinte panes para cien hombres (2
Reyes 4:42-44), incluyendo adornos tales como el uso de panes
de cebada, la presencia de un niño en la escena, y la objeción
a que con tan poco no se podía alimentar a tantos. (c) La re-
surrección del joven de Nain (Le. 7: 11-17) se parece a la rea-
nimación de Elías del hijo de la Viuda de Sarepta (l Reyes
17:17-24) y la resurrección por Elíseo del hijo de la Sunamita
(2 Reyes 4:18-37). Además, Brown observa que hay muchos
elementos en los milagros de Jesús que no tienen paralelo en
las historias de Elíseo (exorcismos, curaciones de ciegos y pa-
54 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

ralíticos), al igual que algunos rasgos de las historias de Eliseo


no tiene paralelo en los Evangelios (el hacha flotante, la puri-
ficación del agua de Jericó, el éxtasis inducido de Eliseo, etc.).
En conclusión, Brown discute la reciente investigación que su-
giere que una aretalogía ( colección de historias de milagros que
muestra que diversas figuras eran de hecho «hombres divinos»)
se prefijó antes de la narrativa de la pasión por Marcos para
oponerse a una opinión incorrecta de Jesús como hacedor de
milagros. Brown propone que la concepción cristiana primitiva
de Jesús como profeta escatológico que realizaba maravillas
tiene un modelo más apropiado en el ciclo de milagros de Eliseo
que en las aretalogías greco-romanas. Sugiere también que la
'
historia de Jeremías es también oportuna, ya que incluye orá-
~· .'
culos poéticos relacionados con una biografía en prosa de un
profeta cuya vida empezó con una divina llamada y concluyó
con su sufrimiento y virtual martirio.

Tradiciones Biográficas Post-bíblicas


·:"
.; ••
• , ... , El interés «biográfico» en grandes figuras proféticas del pa-
sado de Israel hallaron renovada expresión en el período post-
bíblico con la composición de las Vidas de los Profetas en
Palestina durante el primer siglo d.C. Estas Vidas son breves
esbozos de veintitrés profetas israelitas, que ofrecen hechos bá-
sicos sobre sus nacimientos y muertes e incluyen algunas anéc-
dotas generalmente basadas en tradiciones no-bíblicas. La su-
perscripción o título de la obra proporciona un perfil básico de
cada vida: «Los nombres de los profetas, su origen, dónde mu-
rieron, y cómo y dónde fueron enterrados». Hay algo de énfasis
en el valor y uso de la tradición oral por el autor (Vidas de los
Profetas: Jeremías 5; Daniel 19), y muchas anécdotas (chreiai)
se incluyen en algunas de las más extensas composiciones. En
algunos casos los bosquejos funcionan como un resumen de los
logros del profeta (Vidas de los Profetas: Zacarias Hijo de lddó
1-6; Ahijah 1-5). Las vidas de los poetas griegos son el paralelo
literario más aproximado en forma y función, mientras que el
contenido de ambos tipos de vidas es culturalmente distinto.
Filón de Alejandría (aprox. del 20 a.C. al 50 d.C.) fue un
erudito judío helenístico que interpretó la Torah judía desde el
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 55

punto de vista de una filosofía helenística ecléctica. Entre sus


muchos escritos están las vidas de Abraham, José y Moisés (sus
vidas de Isaac y Jacob se perdieron). Cada patriarca es la en-
carnación alegórica de aspectos de sabiduría (Sobre José 1;
Sobre Abraham 56). Abraham es la sabiduría a través del es-
tudio, Isaac es la sabiduría a través de la naturaleza, y Jacob es
la sabiduría a través de la práctica. Estas vidas combinan na-
rrativas cronológicas fundamentadas en el texto bíblico con el
análisis sistemático de cualidades morales ejemplares como la
hospitalidad, la amabilidad, el valor, el autodominio (Sobre
Abraham 1-4 7; Sobre José 1-156). A pesar del hecho de que
los protagonistas son héroes del Judaísmo, el tratamiento bio-
gráfico es completamente helenístico.
Louis H. Feldman ha demostrado recientemente que Josefo,
en su recuento de las narrativas bíblicas del Génesis a 2 Reyes
(mezclado con la obra del Cronista), introdujo en la narrativa
temas biográficos helenísticos. Su descripción de Saúl, por
ejemplo, destaca las cualidades morales griegas tradicionales de
sabiduría, valor, templanza y justicia.
Durante la formación del Mishnah y los Talmuds de Babi-
lonia y Jerusalén (de los siglos segundo al sexto d.C.), el ju-
daísmo rabínico no produjo literatura biográfica. Los escritos
rabínicos (ninguno de los cuales se atribuye a autores particu-
lares) contienen muchos refranes atribuídos a autoridades par-
ticulares y relatos sobre determinados rabinos. Sin embargo, no
existen colecciones de refranes atribuidos a individuos concretos
o narrativas ininterrumpidas que incorporen grupos de historias
sobre diversos sabios. Antes de los tiempos tanaíticos (segundo
siglo d.C.) el énfasis sobre halakah (cuestiones legales) no logró
eliminar los intereses biográficos de períodos anteriores. La
mayor parte de las tradiciones rabínicas se atribuyen a autori-
dades específicas, pero incluso éstos se han ajustado general-
mente a formas literarias estereotipadas, eliminando en conse-
cuencia la indivualidad. Las atribuciones que en efecto existen
en el material no son por tanto históricamente fidedignas (los
mismos refranes pueden ser atribuidos a diferentes autoridades),
una situación no distinta de las anécdotas griegas. La conexión
de tradiciones con nombres específicos del pasado sirven para
subrayar la antiguedad y autoridad de las tradiciones mismas.
56 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Resumen

Se han propuesto dos modelos principales «no-Iiterarios»


para los Evangelios: Los Evangelios como el kerigma en forma
expandida y los Evangelios como secuencias escritas de ense-
ñanzas con las que se pretende sustituir el ciclo del Sábado del
Antiguo Testamento y las lecturas de los días solemnes del
Judaísmo. La hipótesis del kerigma expandido falla porque en
cuanto a forma, contenido y función, existen importantes di-
,,¡
,~, "
.;1: ferencias entre los Evangelios escritos y las versiones recons-
truidas del kerigma oral. La teoría del género litúrgico es igual-
;1,
mente deficiente en cuanto a que tampoco puede explicar las
cualidades literarias de los Evangelios.
'.
~· J·
No existe forma o tradición del Antiguo Testamento que
pueda ser adecuadamente calificada como «biografía». Mientras
muchos de los ingredientes están presentes en la «biografía
ideal» descrita por Klaus Baltzer, nunca están plenamente de-
sarrollados hacia un género biográfico. Antes del período he-
lenístico, la literatura biográfica judía producida por escritores
-:"
.;.• como Filón y Josefo refleja una fuerte dependencia de la cultura
.. ,,.,¡,.
literaria helenística. Antes del último período tanaítico (aprox.
150-200 d. C.), el judaísmo rabínico había perdido todo su in-
terés en la biografía.
Por otra parte, los rasgos de la biografía greco-romana arriba
estudiados ofrecen muchosparalelos aproximados, si no exac-
tos, de las principales cualidades y características literarias de
los Evangelios. En el capítulo 2 analizaremos los Evangelios en
cuanto a sus cualidades literarias distintivas en los aspectos de
forma (incluyendo estructura y estilo), contenido y función. Los
resultados de este análisis se compararán posteriormente con los
principales rasgos de las formas y tradiciones biográficas greco-
romanas e israelo-judías arriba examinadas para ver si es posible
proponer una genealogía literaria de los Evangelios.

Para posterior estudio


Sobre la Biografía Greco-romana: El estudio clásico es
Die griechisch-romische Biographie nach ihrer litterarischen
Form, de Friedrich Leo (Leipzig: Teubner, 1901). También
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 57

importantes· son, Die Personlichkeit in der Geschichts-


schreibung der Alten: Untersuchungen zur Technik der antiken
Historiographie de lvo Bruns (Berlín: Wilhelm Hertz, 1898), y
Las Épocas de la Biografía Griega y Romana, de Duane Reed
Stuart (University of California Press, 1928). Biografía Griega:
El mejor estudio en inglés es El Desarrollo de la Biografía
Griega, de Amaldo Momigliano (Harvard University Press,
1971). Importante por el período más reciente es Biografía en
/a Más Reciente Antiguedad: Una Búsqueda del Hombre Santo,
de Patricia Cox (University of California Press, 1983). Entre
otras obras importantes se encuentra la de Albrecht Dihle, Stu-
dien zur griechischen Biographie (Góttingen: Vandenhoeck &
Ruprecht, 1956); la de Janet Fairweather, «La Ficción en las
Biografías de los Escritores Antiguos», Sociedad Antigua 5
(1974), 231-275; de Mary R. Lefkowitz, Las Vidas de los Poetas
Griegos (Johns Hopkins University Press, 1981) (los apéndices
contienen traducciones de las vidas de Homero, Píndaro, Es-
quilo, Sófocles, Eurípides y Aristófanes); Wolf Steidle, Sueton
und die antike Biographie, Zetemata, 1 (Munich: C.H. Beck,
1951); Fritz Wehrli, «Gnome, Anekdote und Biographie», Mu-
seum Helveticum 30 (1973), 194-208. La Imagen del Hombre
Santo: Un extenso análisis del problema y de la literatura se
encuentra en G. Fowden, «El Hombre Santo Pagano en la Re-
ciente Antiguedad», REH 102 (1982), 33-59. Otro tratamiento
importante es de Peter Brown, «Origen y Función del Hombre
Santo en la Reciente Antiguedad», RER 61 ( 1971), 80-1 O 1,
reproducido en La Sociedad y Lo Santo en la Reciente Antiguedad
(University of California Press, 1982), pp. 103-152. Apolonio
de Tiana: Para un excelente repaso de la literatura véase de E.
L. Bowie, «Apolonio de Tiana: Tradición y Realidad», ANRW
11.16.2 (1978). Particularmente importante es la obra de G.
Petzke, Die Traditionen uber Apollonius von Tyana (Leiden:
E.J. Brill, 1970). Aristóteles: Ingemar Düring, Aristóteles en
la Tradición Biográfica Antigua (Góteborg: Almqvist & Wik-
sell, 1957). Platón: Alice Swift Riginos, Platónica: Anécdotas
Relacionadas con la Vida y Escritos de Platón (Leiden: E.J.
Brill, 1976). Plutarco: Barbara Bucher-Isler, Norm und Indi-
vidualitat in den Biographien Plutarchs (Bem and Stuttgart:
Verlag Paul Haupt, 1972); Alan Wardman, Vidas de Plutarco
58 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

(University of California Press, 1974); y el estudio clásico por


Ulrich von Wilamowitz-Moellendorff, «Plutarch als Biograph»,
en idem, Reden und Vortráge: 4ª edic., vol. 2 (Berlin: Weid~
mannsche Buchhandlung, 1926): Suetonio y la Biografía Latina:
T.A. Dorey, Biografía Latina (Londofi: Routledge & Kegan
Paul, 1967). Uno de los mejores estudios recientes de Suetonio
es la obra de Andrew Wallace-Hadrill, Suetonio: El Erudito y
Sus Césares (Yale University Press, 1983).
Sobre el Género de los Evangelios: La Hipótesis del Ke-
rigma Expandido: Dos competentes análisis del problema, con-
cluyendo ambos que los Evangelios son únicos, i.e., kerigmá.
ticos en origen, son R.A. Guelich, «El Evangelio Como Gé-
. j: nero», en Das Evangelium und die Evangelien, rev. por P.
Stuhlmacher (Tübingen: J.C.B. Mohr [Paul Siebeck], 1983),
:, pp. 183-219, y Robert H. Gundry, «Investigaciones Recientes
w.•
•• del Género Literario «Evangelio», en Nuevas Dimensiones en
:-~ el Estudio del Nuevo Testamento, rev. por R. N. Longenecker
1 f
". ••
y M.C. Tenney (Zondervan Publishing House, 1974), pp. 97-
~ 114. La Hipótesis del Género Litúrgico: Tres importantes va-
~
•• ,,,., riantes de la hipótesis del género litúrgico incluyen P. Carring-
ton, El Calendario Cristiano Primitivo: Estudio de la Elabo-
ración del Evangelio de Marcos (Cambridge: University Press,
1952); dos libros de M. Gouder, Midrash y Lección en Mateo
(London: S.P.C.K., 1974), y El Calendario del Evangelista:
Explicación Leccionaria del Desarrollo de las Escrituras (Lon-
don: S.P.C.K., 1978), y Aileen Guilding, El Cuarto Evangelio
y el Culto Judío (Oxford: University Press, 1960). Esta teoría
es duramente criticada por Leon Morris en dos estudios, El
Nuevo Testamento y los Leccionarios Judíos (London: Tyndale
Press, 1964), y «Los Evangelios y los Leccionarios Judíos», en
Perspectivas Evangélicas, vol. 3: Estudios en Midrasn e His-
toriografía, rev. por R.T. France y D. Wenham (Sheffield:
JSOT Press, 1983), pp. 129-156. Ver también de W.D. Davies,
«Reflexiones sobre El Calendario Cristiano Primitivo del Ar-
zobispo Carrington», en idem, Orígenes Cristianos y Judaísmo
(Westminster Press, 1962), pp. 67-95. Modelos del Antiguo
Testamento: Raymond Brown, «Jesús y Elías», Perspectiva 12
(1971), 85-194; Meredith Kline, «Los Orígenes del Género
EL GENERO DE LOS EVANGELIOS 59
il r
Evangélico en el Antiguo Testamento», Westminster Theolo-
gical Journal 38 (1975), 1-27. 111

Sobre los Evangelios como Biografía Greco-Romana: Al-


brecht Dihle ofrece una valoración negativa en «Die Evangelism
und die biographische Tradition der Antike», Zeitschrift für
Theologie und Kirche 80 (1983), 33-49. Arthur Droge, «Relatos
de Llamada en la Biografía Griega y en los Evangelios», en
Sociedad de Literatura Bíblica: Documentos del Seminario
]983, rev. por Kent H. Richards (Scholars Press, 1983), pp.
245-254. Dos importantes artículos que apoyan la comprensión
del Evangelio como biografía greco-romana: Hubert Cancik,
«Die Gattung Evangelium: Das Evangelium des Markus im Rah-
men der antiken Historiographie», y «Bios und Logos: For-
mengeschichtliche Untersuchungen zu Lukians 'Demonax'», en
Markus-Philologie, rev. por H. Cancik (Tübingen: J.C.B. Mohr l •. ,
[Paul Siebeck], 1984). La dudosa opinión de que el Evangelio ;
de Mateo es un encomio es discutida por Philip L. Shuler, Un
Género para los Evangelios: El Carácter Biográfico de Mateo
(Fortress Press, 1982). Charles H. Talbert, ¿Qué es un Evan-
gelio? El Género de los Evangelios Canónicos (Fortress Press,
1977), usa falsos argumentos para demostrar que los Evangelios
se ajustan a las antiguas vidas de filósofos; cf. David E. Aune,
t'il
,1
«El Problema del Género de los Evangelios: Crítica de la obra 11
•I
de C.H. Talbert ¿Qué es un Evangelio? en Perspectivas Evan-
gélicas: Estudios de Historia y Tradición en los Cuatro Evan- 11

¡:
gelios, rev. por R.T. France y D. Wenham, vol. 2 (Sheffield: !
i
JSOT Press, 1981).
Sobre la Biografía Israelo-Judía: Uno de los pocos estu-
dios de biografía israelita es de Klaus Baltzer, Die Biographie
der Propheten (Neukirchen-Vluyn: Neukirchener Verlag,
1975). Ver también de Charles C. Torrey, Las Vidas de los
Profetas: Texto Griego y Traducción (Philadelphia: Society of
Biblical Literature and Exegesis, 1946). Josefo: Louis H. Feld-
man ha escrito varios artículos importantes sobre las tendencias
helenísticas en las biografías de Josefo: «Josefo como Apologista
del Mundo Greco-Romano: Su Descripción de Salomón», en
Aspectos de Propaganda Religiosa en el Judaísmo y el Cristia-
nismo Primitivo, rev. por Elisabeth Schüssler Fiorenza (Uni-
versity of Notre Dame Press, 1976), pp. 68-98, y «'Descripción
60 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

de Saúl' por Josefo», Hebrew Union College Annual 53 (1982)r


45-99. Filón: Anton Priessnig, «Die literarische Form [Link], ,
triarchen-biographien des Philon von Alexandria», Monatsch;ift :ftt·
far Geschichte und Wissenschaft des Judentums 37 (1929), 143.., :j;~1
155. Sobre la ausencia de la biografía en la literatura rabjnica, J~
véase de W.S. Green, «¿Qué hay en un Nombre?-:- La Proble, · ?i;\/
mática de la 'Biografía' Rabínica», en Aproximaciones al Anti-
guo Judaísmo: Teoría y Práctica, rev. por W. S. Green (Scho-
lars Press, 1978), pp. 77-96, y Jacob Neusner, En Busca de la
Biografía Talmúdica: El Problema del Aforismo Atribuído
l••
~-
(Scholars Press, 1984).

'

.
~•

"
.~
... , .,,
·2
Los Evangelios como Biografía
Antigua y la Evolución de la
Literatura de Jesús

Los Evangelios no tienen análogos exactos en la antiguedad.


Aunque cierta, esta afirmación es incongruente y engañosa. Es
incongruente porque afirmaciones semejantes se pueden hacer
a cuenta de composiciones helenísticas, muchas de ellas bio-
gráficas en su carácter (e.g., la Vida de Apolonio de Filóstrato,
Demonax de Luciano, la vida anónima de Segundo el Filósofo
Silencioso, y Agrícola de Tácito). Es engañosa por la falacia
de la comparación holística. La biografía greco-romana fue un
complejo género en constante desarrollo con rasgos cambiantes.
Un análisis de los rasgos literarios constitutivos de los Evan-
gelios los sitúa cómodamente entre los parámetros de los con- ':1·.·
vencionalismos biográficoas antiguos de forma y función. Cons- !"• ··.:
tituyen un subtipo de biografía greco-romana principalmente
determinada por el contenido, que refleja supuestos judeo-cris-
¡::
/

tianos. Los Evangelios (y otros tipos de literatura cristiana pri- 1


mitiva) están vinculados con tradiciones literarias tanto judías !
como greco-romanas. La literatura helenística judía y cristiana
primitiva manifiestan invariablemente varios grados de sincre-
tismo literario. La adaptación, no la copia total, era la norma.
Después de considerar la forma, contenido y función de los
Evangelios en cuanto a rasgos genéricos primarios y secunda-
rios, examinaré las razones intrínsecas y extrínsecas para ca-
tegorizar los Evangelios como un tipo de biografía antigua.
Marcos es el principal foco de atención. Siendo el primer Evan-
gelio escrito, no manifiesta cualidades literarias antiguas como
resulta evidente en los otros Evangelios. Y como la producción
de literatura relacionada con las palabras y hechos de Jesús no
62 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

cesó con la composición de los Evangelios canónicos, conclu(){i


remos este capítulo con un estudio de la posterior literatura de ;i!
Jesús. · · > . ·. · , ; Jt
-·~; ~,
La Forma de los Evangelios ·%\
La forma de los Evangelios incluye cuestiones como len-
guaje y estilo, estructura y formas constitutivas orales y lite-
rarias.
~1-.!1,.
Jli!!!'.
Lenguaje y estilo
"I '.
MI"'/

· La clase de griego encontrado en Marcos y en los otros


Evangelios ha sido evaluada de diversas maneras como el len-
guaje de las clases bajas (como se refleja en los papiros), o un
griego judío similar al hablado por los traductores de la Sep-
¡ ·:" tuaginta (de las Escrituras Hebreas) griega, o un griego de «ghe-
¡ ,¡ •• tto» que refleja las perspectivas y condición social del grupo
1•'"1·•1, .• a
minoritario de los cristianos primitivos. Recientemente Marius
Riesner ha demostrado que muchos de los llamados «semitis-
mos» en Marcos (i.e., expresiones hebreas o arameas torpe-
mente expresadas en griego) son comunes en la literatura popular
griega. El estilo de Marcos, por tanto, es un estilo literario
popular, aún cuando no se eleve a las normas literarias de los
muy cultos.

Estructura

Estructuralmente los Evangelios consisten en una presen-


tación cronológica de la vida pública de Jesús (aquí la forma es
difícil de distinguir del contenido). Sólo una vez se trata de un
relato coherente sacado de la secuencia cronológica como una
«escena retrospectiva»: la historia del destino de Juan el Bautista
en Marcos 6:17-29. Esta «escena retrospectiva» en Marcos es
esencialmente una «disgresión» importante, en este caso, una
novela, un relato desarrollado. Ninguno de los Evangelistas hace
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 63

presentación tópica o sistemática de las palabras o hechos


Jesús.·Desde luego el estudio moderno de los Evangelios ha
reconocido desde hace tiempo la artificialidad del marco tem-
poral de Marcos, en el que insertó una diversidad de refranes
\ y hechos tradicionales de Jesús, y existe una ambiguedad tem-
.poral en los nexos redaccionales entre algunas unidades por
separado. En tanto que cierto, es claro que los Evangelistas
. decidieron mantener la apariencia de una narrativa cronoló-
gicamente ordenada. Mientras algunas tradiciones orales en su
origen aún manifiestan rasgos preliterarios, a menudo los Evan-
gelistas les han dado forma literaria convencional. Formalmente
los Evangelios no se distinguen de las biografías grego-romanas.
Eso no debe sorprender, porque las biografías discretas tienen
lugar sólo de vez en cuando en el Judaísmo (e.g. Vidas de los
Profetas; Filón, Vida de Moisés, de Abraham, y de José), y
luego tienden a combinar rasgos judíos y helenísticos.
Marcos y Juan comienzan sus narrativas con la actividad de
Juan el Bautista y el bautismo de Jesús. Algunas versiones de
la proclamación oral de Jesús, o kerigma, aparentemente em-
pezaron de este modo (cf. Hechos 10:37; 13:24s.), y eso puede
haber determinado el punto de partida de Marcos. Sin embargo
existe otra razón por la que este punto de partida es adecuado
en una composición biográfica en una atmósfera judía. La es-
cena bautismal (Me. 1:9-11), da legitimación divina a la iden-
tidad de Jesús «hijo de Dios», o «Mesías», de una manera que
sirve igualmente para definir la proporcionada por el linaje,
nacimiento y educación en la biografía greco-romana. Además,
la palabra «comienzo» en Marcos 1:1 es prácticamente un tér-
mino técnico en la composición biográfica e histórica, basado
en la noción de que la explicación completa de un fenómeno
histórico debe fundamentarse en sus orígenes (Polibio 5. 31.1-
2; Tácito, Historias 1.1.1; Dionisio de Halicamaso 1.8.4; Po-
libio 1.5.1). La frase «En el principio» (Jn. 1:1) es un juego de
palabras que se refiere tanto al Gén. 1 : 1 como al adecuado
comienzo para la historia de Jesús.
Marcos y Juan tienen una estructura dramática que algunos
han asociado estrechamente con la tragedia griega. Marcos no
simplemente narra la historia de Jesús poniendo varios episodios
en orden cronológico. Impone una trama que conecta diferentes
64 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

episodios en una secuencia causal. Esta imposición de estructufü\f•


dramática ha simplificado y estilizado el relato. Marcos, seguido!{
por Mateo y Lucas, describe a Jesús en su actividad en Galilefti:
durante un año, seguido por un sólo viaje decisivo a Jerusalén:{{
donde pasa su última semana. Juan, sin embargo, presenta efcf:
ministerio de Jesús en un lapso de dos a tres años, interrumpido'~
por varios viajes a Jerusalén (2:13; 5:1; 7:10). En el último viaje ]j
él le sitúa en Jerusalén durante medio año largo. La trama se,:;;
111 l~~·~

.1,,u •
~¡,:l;
.
:1.. , ~;_,, ; mueve por varios grados de conflicto entre Jesús y los otros (¡
personajes (entre los que están los discípulos) sobre el tema de 1i
~1 :•i ,, su verdadera identidad y significado. Éstos se manifiestan me-
. 1i11.!L.
:;¡·¡¡=:: diante palabras y hechos que revelan su rango y autoridad (aun-
. .. que de forma ambigua). La trama de Marcos (estrechamente
.. ,,
seguida por Mateo) incluye rasgos formales de la tragedia griega:
(1) Introducción o exposición: El Antiguo Testamento predice
la llegada de Juan el Bautista, que bautiza a Jesús, a quien una
voz desde el cielo (i.e., Dios) identifica como «mi Hijo muy
amado». Jesús es llevado luego al desierto y tentado por Satán
11 -:~
(1: 1-13). (2) Acción ascendente o complicación: tras anunciar
,;¡ .: •.• la inminente llegada del Reino de Dios y la necesidad de creer
·~1 ·~· •• , , ~·,
el evangelio, y por la implicación de su proclamador, Jesús
recorre toda Galilea enseñando y haciendo milagros de curación
y exorcismo. · Aunque generalmente es bien recibido, un con-
flicto creciente con los jefes religiosos judíos provoca en ellos
el tramar su muerte (1:14-8:21). (3) EL clímax o crisis: Esta
parte central, enmarcada por dos relatos de la curación de los
ciegos (8:22-26; 10:46-52) es un fatídico viaje desde Betsaida
hasta Jerusalén marcado por la frase recurrente «por el camino»
(8:27; 9:33, 34; 10: 17, 32, 52). Pedro, en representación de los
discípulos, identifica a Jesús como el Mesías (8:27-30), después
de lo cual Jesús predice explícitamente la pasión y resurrección
del Hijo del Hombre (8:31; 9:31; 10:33s.). En cada caso el
malentendido de los discípulos resulta en discursos sobre el
discipulado (8:22-10:52). (4) Acción descendente: Jesús llega a
Jerusalén y por sus acciones (expurgar el Templo) y enseñanzas
antagoniza a los jefes religiosos, que traman su muerte ( 11: 18)
y tratan, sin lograrlo, de arrestarlo (12: 12). En el capítulo 13
predice la caída del Templo y los eventos de los últimos días
(11: 1-13:37). (5) La Catástrofe: Jesús y los discípulos celebran
~;,;, LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 65

,;já;:p,asc::ua; .seguida de la traición y arresto, juicio y cruc~ixión


ÍJ~il;;,:.15;39); ,(6) D_~senlace: Se descubre la tu~~a vacía y ~e
anúnciala resurreccion (15:40-16:8). La resurreccion final, mas
·'./W~1ffwropiacla:ala co~edia, _hace de Marcos _Y los otros Evangelios
}/. ¿; iinaJ;~<µag1comedia». Mientras que la biografía greco-romana
}}.· rara ye~_muestra una trama, la «trama» de Marcos parece haber
j · ~ido generada por la explicación apologética cristiana primitiva
; dela penosa muerte del Mesías. El relato de la muerte de Jesús,
¡ la 'nárrativa de la pasión, que probablemente existía antes de
1if Marcos, fue vertida en el dramático topos literario de la per-
secudón y justificación de una persona inocente.
Mateo sigue esencialmente la trama de Marcos, aunque in-
corpora extensas secciones de material de enseñanza que tienden
a oscurecer la claridad de la estructura de Marcos. Mateo ha
iinpuesto una «división» retórica en su material de una clase
enteramente inexistente en Marcos, concluyendo cada uno de
los cinco extensos discursos de Jesús con la frase «Y sucedió
que, cuando acabó Jesús» (7:28, 11: 1; 13:53; 19: 1; 26: 1). Jack
Dean Kingsbury sugiere la siguiente estructura para Mateo: ( 1)
La Persona de Jesús el Mesías (1:1-4:16); (2) La Proclamación
de Jesús el Mesías (4:17-16:20); (3) El Sufrimiento, Muerte, y
Resurrección de Jesús el Mesías (16:21-28:20)- El Evangelio de
Juan está dispuesto en dos partes casi iguales, según C. H. Dodd,
elLibro de los Signos (1: 19-12:50), en el que Jesús realiza siete
nÜlagros y la oposición judía a él aumenta consistentemente a
partir del capítulo 5 hasta el 8, hasta que se trama su muerte en
11:53, y el Libro de la Pasión (13:1-20:31), en el que Jesús,
rechazado por todos, excepto por sus propios seguidores a pesar
de los milagros, se aparta del mundo, y a través de una serie
de discursos prepara a los discípulos para su partida (13-16),
seguidos por su arresto, juicio, ejecución y resurrección. Esto
está encuadrado entre un prólogo (1:1-18) y un epílogo (21:1-
25).

Formas Orales Constitutivas

Los Evangelios manifiestan una calidad episódica recono-


cida anteriormente en este siglo reflejando la incorporación de
unidades de material constituido por relatos y refranes origi-
66 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

nalmente independiente: Los Evangelistas hacían las veces apa~,


rentemente de autores-editores, ya que usaron muchas tradicin,
nes originalmente independientes y (sin introducir modificacio-
nes radicales) les dieron forma en composiciones coherentes que
reflejaban sus propias perspectivas. Pero Juan es una excepción
parcial, porque él y sus fuentes reformularon más a fondo tra-
diciones recibidas, fraguando paneles más coherentes de ma-
, ~ .. terial. La crítica de la forma es un método que intenta (1) cla-
sificar la unidad o forma, (2) reconstruir la forma original, y
(3) establecer el escenario original de las formas orales que
fueron incorporadas en los Evangelios. Los antiguos defensores
de crítica de forma usaron términos retóricos greco-romanos
~. r para diferentes tipos de refranes, así como el análisis directo de
las formas halladas en los Evangelios Sinópticos. Los esquemas
de clasificación han demostrado ser relativamente útiles, aunque
el segundo y tercer cometidos son problemáticos. De igual for-
ma, las que se han preservado no son las palabras exactas de
Jesús sino la estructura básica o sentido de sus palabras. Los
folkloristas ahora reconocen que la misma tradición puede ser
"'4 ••••••
usada y re formulada en muchos escenarios diferentes. La bús-
queda de un solo escenario «original» no puede salir bien, ya
que la misma forma pudo haber tenido escenarios, tanto en el
ministerio de Jesús como en la primitiva iglesia. La recons-
trucción del marco original y la función de las tradiciones del
Evangelio ha sido, por tanto, el aspecto menos logrado de la
crítica de forma. Las formas orales constitutivas de los Evan-
gelios pueden clasificarse basándose en si predomina la historia
(narración), o los refranes (discurso). Los tipos de narrativa
incluyen (1) relatos de milagros, (2) relatos de posicionamiento,
y (3) relatos sobre Jesús, en tanto que los tipos de discurso
incluyen (4) parábolas (i.e. refranes narrativos) y (5) dichos o
aforismos.
Los relatos de milagros a menudo constan de tres elementos
estructurales: (a) circunstancias de la curación, (b) la curación
en sí, y (e) la confirmación de la cura y/o impresión causada a
la audiencia (e.g., Me. 1:23-27, 29-31, 40-43; 3:1-6; 5:1-20;
7:24-30; 10:46-52; juntos los cuatro Evangelios contienen vein-
tinueve milagros, entre los que están cinco exorcismos, diecio-
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 67

cho curaciones y seis . milagros «naturales», sin contar el de


Jesús caminando sobre las aguas, que es un relato de epifanía).
Los relatos de posicionamiento son breves marcos narrativos
(a menudo mini-diálogos con un escenario específico) que se
centran en un aforismo culminante de Jesús (e.g., Me. 2:15-17;
3:22-27; 10:17-22; hay unas treinta y seis en los Evangelios).
Los relatos sobre Jesús, una mezcla de historia y leyenda,
manifiestan una gran variedad de formas y carecen de carac-
terísticas formales consistentes (e.g., Me. 1:9-11, 12-13; 6:30-
44; 8:1-10).
Las Parábolas, quizás las formas en los Evangelios que más
intensamente se han investigado, son refranes narrativos me-
tafóricos de Jesús que insisten en un punto central. Las sesenta
y cinco parábolas de los Evangelios Sinópticos constituyen el
35 por ciento de la enseñanza de Jesús. La parábola (término
griego que significa «colocar junto a», es decir, una «compa-
ración») se distingue de la alegoría en cuanto a que la última
tiene muchos significados distintos pero relacionados. Se pueden
distinguir cuatro tipos de parábolas, aunque algo artificialmente:
(a) el símil, que describe una situación o evento típico (por
ejemplo, las parábolas del sembrador y el grano de mostaza en
Marcos 4; la oveja perdida y la moneda extraviada, Cucas 15: 1-
10); (b) la parábola en sí, o analogía, que describe un deter-
minado acontecimiento o incidente (Me. 12: 1- 11; Le. 14: 16-
24; 16:1-9; Mt. 21:28-32); (e) el relato ejemplar (e.g. el buen
Samaritano, Le. 10:29-37; el rico insensato Le. 12:16-21; el
rico y Lázaro, Le. 16:19-31); y (d) la alegoría (e.g., Me. 4:13-
20; 12:1-12; Mt. 22:1-14).
Los dichos de Jesús, o aforismos, carecen del marco narra-
tivo típico de las relatos de posicionamiento, aunque se pueden
ampliar para formar relatos de posicionamiento. Los refranes o
dichos se pueden clasificar por su contenido como: (a) refranes
de sabiduría, o proverbios (e.g., Mt. 6:34; 12:34; 22:14); (b)
refranes proféticos y apocalípticos (Me. 1:15; Le. 6:20s.;
10:23s.); (e) normas legales y eclesiales (Me. 3:4; 7: 15; Mt.
18:15-17); y (d) Los refranes «YO», en los que Jesús habla de
sí mismo, de su trabajo o destino (Me. 10:45; Mt. 5: 17; 15:24).
El Cuarto Evangelio contiene material tradicional refundido
en un claro idioma juanino y es consiguientemente menos sus-
68 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

ceptible al análisis crítico de forma. Juan incluye siete relatos


de milagros, aunque al contrario que sus equivalentes Sinópti-,
cos, a veces éstos se convierten en puntos de partida para ex-
tensos discursos. Las dos primeras señales se numeran (2: 11;
4:54), una indicación de que Juan utilizaba una «fuente de se-
ñales». Juan empieza citando un himno (1:1-18) con algunas
modificaciones en la prosa (vs. 6-8). Juan también contiene
varios discursos relativamente largos· de Jesús, más unificados
en forma y contenido que cualquier otra cosa comparable en los
Sinópticos. Muchos discursos juaninos empiezan como diálogos
y evolucionan hacia monólogos (e.g., 3:1-21, 31-36; 13:31-
14:31). Típicamente empiezan con una afirmación de Jesús,
seguida por una respuesta que indica incomprensión o malen-
tendido, que se convierte en la base para un monólogo (3:1-21;
4:31-38; 9:38-41). El autor usa también monólogos puros (5: 19-
47; 12:20-36, 44-50; 15:1-16; 15), monólogos encuadrados en
un diálogo (16:16-30), diálogos dramáticos (4:7-27; 6:25-59),
y cerca de ocho breves diálogos de controversia (7: 14-24, 25-
36, 37-44, 45-52; 8:12-20, 21-30, 31-40; 10:22-39). Juan vin-

cula con frecuencia una sección de narrativa a un discurso me-
diante un diálogo (caps. 5; 6; 9; 11). La estructura y composición
de algunos discursos juaninos tienen paralelos con diálogos Her-
méticos y discursos de revelación Gnóstica ( en particular las
predicaciones del «Yo Soy»), pero otros son similares en es-
tructura a las homilías de sinagogas judías. Muchas porciones
de los discursos juaninos pueden haberse originado como ela-
boraciones homiléticas de las tradiciones de Jesús.
La calidad irregular, episódica de las narrativas Sinópticas
refleja la utilización de las tradiciones existentes de Jesús con
sólo algunas pequeñas modificaciones. El material común en
Mateo y Lucas, pero inexistente en Marcos, llamado «Q» y el
posterior Evangelio de Tomás publican material de discursos en
forma fragmentada, sin usar la vida de Jesús como marco (re-
franes, parábolas y relatos de posicionamiento; Q contiene úni-
camente tres unidades narrativas: la tentación en Lucas 4: 1-13
= Mateo 4:1-11; un milagro de curación, Lucas 7:1-10 = Mt.
8:5-13; un exorcismo, Lucas 11:14 = Mt. 12:22s.). Los pri-
meros tres Evangelios tienden, ya sea a hacer uso de las colee-
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 69

ciones existentes de las tradiciones de Jesús, o a adaptar tra-


diciones a nuevas unidades literarias.
La identificación de colecciones anteriores a Marcos con
frecuencia estriba en el juicio que se haga de la creatividad de
Marcos. Entre las posibles colecciones pre-marquianas están
2:1-3:6 (cinco relatos de posicionamiento o de conflicto); 4:1-
34 (tres parábolas), 4:35-5:43 (cuatro relatos de milagros); 6:32-
52 (dos relatos de milagros); 10:1-45 (tres relatos conflicto); y
13:5-27 (un discurso apocalíptico que contiene muchos refranes
de Jesús). Aunque los escenarios originales de estas colecciones
siguen siendo especulativos, parecen haberse formado inicial-
mente tomando como base formas y funciones similares, temas
y tópicos comunes. En sí mismas, estas colecciones no traicio-
nan ninguna tendencia para describir la vida de Jesús, y por
tanto no sugieren la inevitabilidad de la forma evangélica.

Formas Literarias Constitutivas

Los Evangelistas emplearon también tradiciones anteriores


para construir las formas literarias convencionales, aunque no
se ha dedicado suficiente atención a este fenómeno literario.
La narrativa de la Pasión en Marcos 14-16, quizás la na-
rrativa continua más antigua de los Evangelios, presenta temas
similares a los asociados a relatos de persecución y justificación
de personas inocentes de la literatura judía (e.g., Gen. 37ss.;
Ester; Dan. 3 y 6; Susana; Sabiduría de Salomón 2-5; 3 Mac.;
2 Mac. 7). La secuencia de los temas comunes en tales relatos
constituye un topos literario. La estructura dramática de este
topos, que se centra en la resolución del conflicto entre la víctima
inocente y las autoridades, puede haber generado la trama esen-
cial de Marcos, apoyando la descripción de Marcos como un
relato de la Pasión con una extensa introducción. Secuencias
similares de temas aparecen también en las aventuras de los
romances griegos. Durante el último período helenístico existía
un enorme interés en las muertes de hombres famosos. Esto se
refleja en las vidas de los filósofos por Dionisio Laercio, en las
vidas anónimas de los poetas griegos, y como un subgénero de
biografía sobre las muertes de hombres famosos (cf. Plinio,
70 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Carta 5.5.3). · Además, la imagen de Sócrates como mártir tuJÜ{2}


un' poderoso impacto en la literatura cristiana, incluyendo,1os:::ii
hechos de los mártires y los apologistas. Por otra parte; las'.1?~
i extensas escenas de juicios en Hechos, en las que Pablo es la
i figura central, reflejan también este topos. ·
1

1 Otra forma literaria, el diálogo del templo, aparece en el


¡
1
discurso apocalíptico en Marcos 13. El marco introductorio tiene
¡;.~ .
"i J.I !~l·t dos rasgos principales: un diálogo peripatético (ambulante) de
!:1 t: introducción (vs. 1-2), y un diálogo sentado, con el Templo a
: ::.;; ~
: ~i ,:j = la vista (vs. 3-4). Estos convencionalismos se combinaron en
11::,11•
1•1!!;, muchos diálogos greco-romanos (cf. Plutarco, Sobre el Cese de
)l;!l:·
Oráculos; Sobre la E de Delfos; Varrón, Sobre la Agricultura).
"' ~·,.
,o¡ ••. Varios eruditos han propuesto que los Evangelios Sinópticos
contienen ejemplos del midrash homilético o sermón. Se trataba
de explicaciones, en forma de sermón, de lecturas para el Sábado
y las solemnidades de la sinagoga sacadas de la Torah y los
Profetas. Generalmente se distinguen dos modelos: (1) La ho-
milía «proemio» consiste en un texto de la Torah para el día,
un segundo texto como «proemio» o parte inicial de la homilía,
•!'11·'"'"1, •• , una exposición que emplea textos bíblicos adicionales, entre los·
que está el texto haphtarah de los Profetas (que a menudo
comienza con !a frase «Su interpretación es»), reunidos como
tópicos, y un texto de conclusión vinculado con el texto ade-
cuado de la Torah (e.g. Me. 12:1-12; Mt. 21:33-46). (2) La
homilía «yelamme denu rabbenu» (literalmente, «que nuestro
maestro nos enseñe») empieza con un problema o pregunta que
se contesta en la exposición que sigue el formato del «proemio»
(e.g., Me. 12:28-31; Le. 10:25-37). Sin embargo, existe el
peligro del anacronismo al usar formas homiléticas judías en
siglos posteriores, ya que los eruditos judíos sitúan el comienzo
de estas formas en el tercer siglo d.C.
Las Genealogías, como las de Mateo 1 y Locas 3, ilustran
una forma especial de lista fomentada por las culturas Cercano-
orientales. Las genealogías bíblicas pueden servir de varias ma-
neras: para establecer una identidad, legitimar la categoría social
de un individuo o de una serie de magistrados, o dar cuenta del
carácter de un descendiente.
Marcos contiene una serie de informes abreviados, con los
que el autor pretende hacer afirmaciones generales sobre las
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 71

2} actividades de Jesús que van más allá de los ejemplos específicos


ii incluidos en la narrativa. Su principal función literaria es ayudar
?~ a que la narrativa fluya suavemente. Marcos 1:39 es un ejemplo
típico de un informe abreviado: « Y recorrió [Jesús] toda Galilea,
predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios». Ocho
informes abreviados se encuentran en Marcos (todos ellos em-
pleados por Mateo): 1:14-15, 32-34, 39; 3:7-12; 6:6b, 34, 53-
56; 10: l. Otros pasajes con carácter de generalización sirven
para introducir perícopas (e.g., 1:4-5; 2:1-2; 4:1-2; 10:1) o para
concluirlas (1:28, 45; 4:33-34; 6:12-13). Los informes abrevia-
dos en la Vida de Apolonio de Filóstrato ilustran la función de
los informes abreviados de Marcos: (1) informes abreviados
independientes (e.g., 3.24; 3.58); (2) introducciones de gene-
ralización (e.g. 3.41; 4.1; 6.35); (3) conclusiones de generali-
zación (3.40; 5.43; 6.43); y (4) transiciones de generalización
(4.10; 5.18; 7.28). Las semejanzas entre estos pasajes y los de
Marcos revelan una técnica literaria común en la composición
narrativa en prosa helenística.

El Contenido de los Evangelios

El contenido de los Evangelios es una presentación estereo-


tipada de la vida pública de Jesús que empieza, ya sea con su
divino cometido por mediación de Juan el Bautista (Marcos,
Juan), o con su genealogía y nacimiento (Mateo y Lucas), y
concluye con su muerte y resurrección (todos los Evangelios),
su encomienda a los discípulos (Mateo y Lucas) y ascensión
(Lucas). Las biografías greco-romanas se centraban en personas
con un papel social como reyes, jefes militares, filósofos, poetas
y artistas, mientras que la composición biográfica israelo-judía
destacaba a dirigentes carismáticos, reyes y profetas. Las figuras
del Antiguo Testamento como Moisés, Elías y Elíseo (conver-
tidos en héroes con legendarios realces postbíblicos) sirvieron
de modelos para conceptualizar a Jesús en fases tanto prelite-
rarias como literarias de la tradición evangélica. Las tradiciones
monárquicas judías, en ausencia de la independencia nacional
y la supresión de la monarquía nativa, fueron idealizadas y
proyectadas hacia el «tiempo final» ansiosamente esperado, el
72 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

futuro escatológico. El papel en el que se encasilla a Jesús en


los Evangelios es una amalgama de conceptos existentes de las
categorías dé profeta escatológico· y rey mesiánico.
La afirmación religiosa fundamental hecha por Jesús, qué
desempeñó un papel en el kerigma o proclamación, domina la
presentación literaria de sus actividades y enseñanzas en los
cuatro Evangelios Canónicos. La posición de Marcos se ma-
nifiesta claramente cuando designa el contenido de su trabajo
como «el evangelio de Jesús el Mesías, el Hijo de Dios» (Me.
1: 1). De forma similar, Mateo describe la genealogía al principio
de su Evangelio «El libro de la genealogía de Jesucristo, el hijo
::
de David, el hijo de Abraham» (Mt. 1:1). El Cuarto Evangelista
.. resume su propósito en su último párrafo: «para que creáis que
Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios» (Jn. 20:30-31). Por tanto,
, en el contenido de Marcos y los otros Evangelios predomina la
.•
, intención de demostrar y confirmar el supremo significado de
·:
J la identidad de Jesús conceptualizado en función de los diversos

tipos de libertadores escatológicos. Términos como «Mesías» e
~ «Hijo de Dios» eran ambiguos entre los judíos de aquel tiempo,
.,,, •. ,, ,
y quizás por esta razón se vierten otros muchos términos y
conceptos en la narrativa. Entre éstos, Hijo de David, el profeta,
Hijo del Hombre, Rey de Israel, Señor, Hijo, Palabra, etc.
Debido a que estos cometidos se le atribuyen a Jesús, no se
otorgan a competidores potenciales ( cf. Me. 13 :21 s.). Dios iden-
tifica a Jesús como «su amado Hijo» en el bautismo y transfi-
guración de Jesús (Me. 1: 11; 9:7). Los demonios le llaman «el
Santo de Dios» (Me. 1:24), el «Hijo de Dios» (Me. 3:11), y el
«Hijo de Dios Altísimo» (Me. 5:7). Pedro, hablando en nombre
de los discípulos, le llama el «Mesías» (Me. 8:29). En Marcos
12:6, Jesús mismo se designa como «el hijo amado» pero en
discurso parabólico. En la escena central del juicio, cuando se
le pregunta si él es «el Mesías, el Hijo del Bendito», Jesús
contesta positivamente (Me. 14:61-62). Pilatos y sus guardias
irónicamente le identifican como «Rey de los Judíos» (Me. 15:9,
12, 18), un título inscrito en el cartel de acusación puesto en la
cruz (15:26). Finalmente, después de su muerte, un centurión
exclama, «[Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!»
(Me. 15:39).
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAAA ANTIGUA 73

Este énfasis en la identidad de Jesús se refuerza por el uso


. de varios temas literarios de apoyo o motivos, entre los cuales
está (1) la descripción de los discípulos como obtusos, temerosos
y de lento entendimiento; (2) el rechazo del cargo de que Jesús
practicaba magia; y (3) el secreto en tomo a la verdadera iden-
tidad de Jesús (esto último falta en Juan). Cada uno de estos
puntos requiere elaboración.
- 1. Recientemente los eruditos han argumentado que los
discípulos son presentados de forma poco favorable en Marcos
porque representan, bien una herejía de aquel tiempo que Marcos
quiere refutar, o la dirección de la iglesia de Jerusalén a la cual
él se opone. En el mundo antiguo, la lentitud de entendimiento
se tomaba como una característica respuesta humana a la re-
velación divina. Esto es evidente en los diálogos de revelación
greco-romanos, en los que el recipiente humano de la divina
revelación es generalmente descrito como obtuso (e.g. Her-
metica 13; cf. Pastor de Hermas). Incluso ·1a revelación en el
lenguaje humano (e.g., los oráculos y la profecía) era consi-
derada en general como enigmática y ambigua. En las poste-
riores biografías de hombres santos (La Vida de Apolonio de
Filóstrato y las vidas de Pitágoras por Porfirio y Jámblico), la
lentitud de entendimiento de los discípulos y la hostilidad de
las autoridades son temas corrientes. En los Evangelios, la ig-
norancia y temor de aquellos que están en contacto con Jesús
son recursos literarios que subrayan el carácter revelatorio de
sus palabras y el evidente poder sobrenatural de sus hechos. En
Marcos, la ignorancia de los discípulos se destaca a menudo en
pasajes de edición o redacción aportados por el mismo Marcos
(Me. 4:13, 41; 6:52; 8:17-21; 9:10, 19). Esta ceguera a menudo
plantea preguntas a las que Jesús da respuestas en particular
(4:10; 7:17; 9:11, 28; 10:10, 26; 13:3-4). En contraste, Mateo
y Lucas tienden a moderar o eliminar la crítica de Marcos a los
discípulos (cf. Me. 6:51s. con Mt. 14:32s.; Me. 4:13 con Mt.
13:18 y Le. 8:11; Mateo eliminó Me. 8:17s.). El tema de la
lentitud de entendimiento se desarrolla mucho más aún en Juan,
donde se amplía para abarcar a otros, además de los discípulos
(los judíos, Nicodemo, la multitud y la mujer samaritana). Las
confusiones son el resultado de las ambiguedades o de los dobles
significados en las discusiones de Jesús (e.g., 2:19-21; 3:3-5;
74 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

4:10-15, 31-34; 6:32-35). Ocho de un total de dieciocho ejem-


plos de lentitud de entendimiento tienen qué ver con la muerte
y/o resurrección de Jesús (e.g., 7:33-36; 8:21-22; 13:36-38) ..
2. Todos los Evangelios contienen apologías contra los
cargos de que Jesús era un mago. Una acusación semejante, si
es verdadera, estaría en oposición con las supremas afirmaciones
de Jesús hechas por los Evangelistas. Refutar una imagen ne-
lt~·~
gativa refuerza una positiva. Este tema es también una carac-
t;
<! ,t
terística común en las biografías de hombres santos. En Marcos
1,.u•
1,:1: esto sale a la superficie en la perícopa de Belzebú, en la que
1:ti •.
1:1. Jesús afirma ser un instrumento de Dios, no de Satán (3:20-30);
];~: en la atribución de un lenguaje contraexorcístico para con los
1 .)
I .• , .~
demonios (1:23-28, 32-34; 5:1-20); en la noción de Herodes de
"., que Jesús podría ser un nigromante ( 6: 14-15). En Mateo y Lucas
esto se amplía para abarcar el relato de la tentación derivada de
::::,
,:'\4,J Q (los magos vuelan y transforman la materia; Mt. 4: 1-11; Le.
~·~I'
,1,
•l·' 4: 1-13), y aparece en las recriminaciones de que Jesús es un
I,11 •• «impostor», quizás haciéndose eco de Deut. 13: 1-11; 18:20 (Mt.
.• •••

1 ·:; 27:63). La polémica en contra de la magia en Hechos (8: 14-24;


.:.,
..••• ,1,., ••
13:4-12; 19:11-20) puede estar ligada al énfasis de Lucas sobre
la corporeidad de la resurrección de Jesús, pues a los que mu-
rieron violentamente se les consideraba «disponibles» para fa-
cilitar proezas mágicas (como curaciones «en el nombre de Je-
sús»). En Juan, esta polémica antimágica se expresa cuando a
Jesús se le atribuye en tres ocasiones de tener demonios (7:20,
8:48-53; I0:20s.).
3. En Marcos se destaca el tema de que Jesús ocultaba su
identidad, el secreto Mesiánico, Lucas lo adopta, en Mateo está
ligeramente atenuado, y no aparece en Juan. Este punto abarca
los mandatos de Jesús a los demonios (1:24-25, 34; 3:11-12),
y de los discípulos (8:29-30; 9:9) y la exigencia a los curados
de guardar silencio sobre el milagro (1 :43-44; 5:43; 7:36; 8:26),
para mantener secreta su verdadera identidad. La función del
tema del secreto es implícita en Marcos [Link] «Cuando bajaban
del monte, les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto,
hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos».
Sólo cuando la misión de Jesús se complete con su sufrimiento,
muerte y resurrección, será posible la plena comprensión de su
identidad. Aunque el tema del secreto es usado de manera in-
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 75

consistente por Marcos (aparece solamente en tres milagros de


curación), complementa sin embargo el tema de la lentitud de
entendimiento y la apologética antimágica al centrarse en la
identificación de Jesús como el Mesías, el Hijo de Dios.
Los principales vehículos para la caracterización biográfica
en los Evangelios, al igual que en la biografía greco-romana,
son los relatos de milagros, los refranes y las anécdotas (i.e.
los relatos de posicionamiento y los relatos sobre Jesús) que
apoyan y demuestran la conveniencia del papel estereotipado
asignado a Jesús. En tanto que no sirvan principalmente como
revelaciones de carácter (como en la biografía greco-romana),
son vehículos literarios que legitiman la presentación de Jesús
como Mesías, o Hijo de Dios. La realización de milagros de
curación y la expulsión de espíritus malignos (exorcismo) nunca
fue una característica importante en las percepciones populares
de los papeles escatológicos asignados a Jesús -e.g. Mesías,
Hijo de Dios, Hijo del Hombre, profeta (escatológico), etc.-
pero deben haber surgido por otras razones. Ya que existen
pocas dudas respecto a que el Jesús histórico fue un exorcista
y un sanador, este factor histórico ha ayudado a dar forma a los
componentes del papel estereotipado que desempeña en las pre-
sentaciones de los Evangelios. La importancia de los relatos de
milagros en la historia de Jesús de Marcos salta a la vista por
los resúmenes editoriales del autor (1:32; 3:7-12; 6: 12-13, 53-
56), y por el hecho de que los dieciséis relatos de milagros de
Marcos (unidos a los resúmenes de afirmaciones sobre la rea-
lización de milagros de Jesús) constituyen más del 25 por ciento
de la narrativa. Gerd Theissen ha destacado la relación entre
los milagros y la actividad misionera, tanto en la vida del Jesús
histórico como en la iglesia primitiva. La tarea de los apóstoles
era predicar y curar (Me. 3:14-15; 6:7, 12-13; c. Mt. 10:7; 2
Cor. 12:12; Heb. 2:4). Los informes sobre los milagros de Jesús
atraían a la gente de todas partes (1:45; 2:2; 3:7-8; 5:27; 6:13-
14; 7:25; cf. 10:47). Los que experimentaron curación o exor-
cismo se convirtieron presumiblemente en seguidores de Jesús
(1:45; 5:17-20; 10:52), pues la confianza en Jesús estaba vin-
culada a los buenos resultados (6:5-6). La aclamación de los
espectadores que concluye muchos de los relatos de milagros
apoya su función evangelística (1:27; 2: 12; 4:41; 5:42; 7:37).
76 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERAR10

Al igual que los informes orales de los milagros mencionados


en Marcos atrajeron gente hacia Jesús, así las narraciones de
milagros en Marcos toman el lugar de los milagros mismos e
inculcan la fe en el lector. Con todo, los milagros también
pueden ser provocadores, dando divina legitimación a la vio-
lación de costumbres religiosas (2:1-12, 23-28; 3:1-6; 5:17). En
• ~, •• h., .•
Marcos no se encuentra ninguna crítica de milagros como medio
para despertar la fe (Jesús rechaza las señales sólo por falta de
:::
.,.,- fe, 8:11-13). Para Juan, la fe no vinculada a los milagros es
.u•
digna de elogio (Jn. 4:48; 20:29) aunque los signos revelan la
verdadera identidad de Jesús (5:36; 20:30-31). Sin tener en cuen-
ta hasta qué punto los relatos de milagros pueden haber servido
en hipotéticas colecciones anteriores a Marcos, Marcos las usa
para demostrar que Jesús es el emisario de poderes sobrenatu-
rales (4:35-41; 5:25-34; 6:47-52), y para dar legitimación divina
a su proclamación. El Espíritu apareció sobre Jesús en su bau-
tismo (1:10), y Marcos implica que el Espíritu le dió poder para
realizar exorcismos (3:22-30).
Los refranes y anécdotas usadas por Marcos sirven princi-
•·•1, •• , ••
palmente de dos maneras. Primera, su contenido proporcionaba
a los lectores cristianos una enseñanza y una conducta ejemplar
de Jesús sobre muchos aspectos importantes y situaciones di-
versas. Segunda, destacan la sorprendente sabiduría y autoridad
de Jesús (necesaria a la luz de su postura crítica hacia las au- , .,·
toridades judías convencionales), subrayando el carácter reve- ·
lador de su discurso, enfatizado por las aclamaciones o por el
mudo asombro con el que terminan varias de las anécdotas (Me.
1:22, 27 y paralelos; 10:24; 12:17 y par.; 12:34; Mt. 22:33, 46;
Le. 20:39-40). Jesús es designado como «maestro» doce veces
en Marcos (tres veces como «rabino», equivalente al término
· griego de «maestro»), un énfasis adoptado por los otros Evan-
gelistas. A los seguidores de Jesús se les designa consiguien-
temente como «discípulos», i.e., «alumnos», cuarenta y seis
veces en Marcos. Para el antiguo mundo Mediterráneo, este
énfasis en la enseñanza es más característico de las escuelas
filosóficas que de las sectas religiosas. Con todo, es congruente
con los énfasis de las cartas del Nuevo Testamento, que revelan
más sobre la ética y teología cristiana que sobre prácticas reli-
giosas. Un 40 por ciento del Evangelio de Marcos se dedica a
.. LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 77

la enseñanza de Jesús, que subraya: (1) Las relaciones con el


Judaísmo, sin olvidar el problema de la legítima asociación;
(2: 15-17), la práctica del ayuno (2:18-20), la pureza ritual judía
(7:1-23), y el discipulado que va más allá de la observancia de
la ley (10:17-22). (2) Las implicaciones del discipulado, entre
las que están las recompensas por la perseverancia, en oposición
al resultado del fracaso (4:2-21), importancia de la misión (6:7-
12; 13:10), discipulado y sufrimiento (8:34-38; 13:9, 11), im-
portancia de la humildad (9:33-37; 10:43-45), responsabilidad
por los demás (9:42-50), y las recompensas al discipulado
(10:29-31). (3) Otros varios asuntos, tales como la indisolubi-
lidad del matrimonio (10:2-12), la naturaleza de la verdadera
piedad (12:38-44), la verdadera identidad de Jesús (8:27-33 y
passim), y el programa de Dios para el final de la era (cap. 13).
Al mismo tiempo, la información reunida por Marcos des-
cribe diversos aspectos de la vida profesional de Jesús: su con-
ducta respecto al Sábado (2:23-28), su relación con los cobra-
dores de impuestos y. pecadores (2: 13-17), su revolucionaria
actitud hacia lo ritual, las reglas de pureza y los tabús alimen-
ticios (2: 18-28; 7: 1-23); su porte lleno de dignidad ante los
sumos sacerdotes y Pilatos (14:53-15:5), su fino ingenio en las
controversias (2:23-28; 3:1-6; 7:1-13; 10:2-9; 11:27-33; 12:13-
17), diferencias con su familia (3:21, 31-35), y su amor por los
niños (9:36; 10:16). Los relatos de milagros en Marcos no de-
muestran la divinidad de Jesús ( una noción ajena al Evangelista),
sino que confirma su condición como emisario de Dios (i.e.,
Mesías).

La Función de los Evangelios

La función de los Evangelios tiene dimensiones conscientes


e inconscientes, aunque no siempre es posible separarlas.

Despertar o Fortalecer la Fe

Una función consciente presupone el propósito explícito e


implícito por el que fueron escritos. Retóricamente, los Evan-
gelios son principalmente litertura persuasiva, que emplea varias
78 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

estrategias para convencer a sus audiencias de que el Jesús


crucificado y resucitado es el Mesías, el Hijo de Dios. Los
Evangelios, pues, son fundamentalmente propaganda literaria
cristiana. Este propósito implícito de Mateo y Marcos se hace
explícito en Juan (20:30-31): «Estas [señales] han sido escritas
para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios». El
Cuarto Evangelio puede así ser considerado como un documento
para reforzar la fe cristiana, o un tratado misionero para judíos
y paganos del mundo helenístico. Ni Marcos ni Mateo ofrecen
una afirmación explícita de sus intenciones literarias.
Ninguno de los Evangelios ( o de los otros libros del Nuevo
Testamento) puede ser considerado como un tratado misionero
para evangelizar a los paganos. Antes del 125 d.C., la primitiva
literatura cristiana se escribió exclusivamente para uso de los
cristianos. Sin embargo, esto no debe impedir el reconocimiento
de que la agresiva orientación conversionista de los primeros
cristianos configuró profundamente su comprensión de la misión
y mensaje de Jesús y se grabó de forma indeleble en la tradición
de los Evangelios. Para esclarecer el propósito de los Evangelios
debemos preguntar quiénes fueron los primeros lectores cristia-
nos de los Evangelios, y por qué los Evangelios aparecen de
una forma tan propagandística.
La unidad social básica del antiguo mundo mediterráneo era
la familia (en griego oikia, oikos; en latínfamilia, domus) una
extensa familia en la que había esclavos, libertos, trabajadores
a sueldo, y otros clientes. Todos estaban unidos por una red de
mutuos deberes y obligaciones bajo la considerable autoridad
del cabeza de familia, generalmente el padre. La solidaridad de
la familia y el papel autoritario de su cabeza significaban que
la «conversión» al cristianismo muchas veces representaba a las
familias como unidades (1 Cor.1:16; Hch. 10:2, 48; 11:14;
16:15; 16:31-34; 18:8; cf. 2 Tim. 1:16). Una familia cristiana
podía formar el núcleo de una iglesia (Rom. 16:5; 1 Cor. 16: 19;
Filemón 2), proporcionando un lugar de encuentro y organi-
zación, y quizás también la base de una potencial rivalidad con
otras iglesias domésticas (1 Cor. 1: 11-16; 3 Jn 9s.). Desde luego,
había conversos al cristianismo que eran miembros de familias
no cristianas (Fil. 4:22; 1 Cor. 7:13-14; cf. 2 Tim. 1:5), y
miembros no-cristianos de familias cristianas (e.g. el esclavo
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 79

Onésimo, Filemón 10-16; cf. Mt. 13:24-30). Además, la con-


versión al cristianismo, individual o de grupo no incluía auto-
máticamente la cristianización de normas y valores paganos.
Eso representaba la clase de programa intensivo de resociali-
zación implícitamente pretendida por Pablo. Estos factores so-
ciales sugieren que los Evangelios fueron conscientemente di-
señados para reforzar las implicaciones personales y sociales de
la fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios; y convencer a
miembros no-cristianos de familias cristianas (algunas de las
cuales sirvieron indudablemente como centros eclesiales) del
supremo significado religioso de Jesús. Se podría estar «dentro»
en un sentido social, y ser un «extraño» en materia de fe per-
sonal.

La Paradigmática Función de Jesús

Un punto de interés para los críticos de redacción, estudiosos


que tratan de determinar el punto de vista teológico de los autores
de los evangelios ( complementados por un reciente interés en
la investigación sociológica del cristianismo primitivo), ha sido
la descripción de las comunidades cristianas dentro de las cuales
surgieron los Evangelios. Este enfoque presupone que los Evan-
gelios revelan más sobre las situaciones de los autores que sobre
la situación histórica de Jesús. En tanto no se puede admitir que
cada relato evangélico refleja con exactitud la situación de la
comunidad del evangelista, cada evangelista escribió a dos ni-
veles. Uno fue la presentación «histórica» de la historia de Jesús,
en tanto que el otro supone la superposición de intereses y
circunstancias del propio tiempo del autor sobre la narrativa
( ocasionalmente con reveladores anacronismos). La proclama-
ción de Jesús en Marcos l:14s., por ejemplo, es una mezcla de
los propios términos de Jesús ( «reino de Dios») y los de la
iglesia primitiva («creer», «evangelio»). Jesús habla «la pala-
bra» (Me. 2:2; 4:33; 8:32) como lo hacen los misioneros cris-
tianos. A él se le presenta enseñando «en la casa» (Me. 2: 15;
9:33; 10:10), y las casas eran los lugares de encuentro para las
comunidades cristianas primitivas. Los debates judeo-cristianos
sobre la pureza ritual se reflejan en Marcos 7. La enseñanza de
80 EL NUEVO TESTAMENTO [Link] ENTORNO LITERARIO

Jesús en parábolas (Me. 4:2-9) se .expresa desde el punto


vista de la experiencia cristiana posterior (4:14-20). Con todo,
son ejemplos . relativamente triviales de la composición. ~ . dos
niveles. Ha habido muchos más intentos sostenidos (a veces
contradí[Link] sí) de realizar un perfil de las comunidades
que se reflejan en los Evangelios. El carácter carismático iti-
nerante de la comunidad Q, por ejemplo, se ha extrapolado de
la tradición Q del envío de los Doce (Mt. 10:5-42; Le. 9:1-6).
Mateo es ampliamente considerado como parte implicada en una
disputa con una facción profética dentro de su comunidad. Al-
gunos estudiosos han afirmado que la comunidad de Mateo era
un grupo carismático errante, mientras otros sostienen que él
representa una iglesia sedentaria urbana no excesivamente in-
teresada en actividades carismáticas.
Los eruditos han argumentado recientemente que Marcos
escribió para resolver varios conflictos teológicos dentro de su
comunidad. Algunos piensan que Marcos escribió para oponerse
a los creyentes que veían a Jesús como un hacedor de milagros
al estilo de los magos helenísticos llamados «hombres divinos».
Para Marcos, el auténtico mesianismo se basa en el sufrimiento
que conduce a la crucifixión. En función de los títulos cristo-
lógicos, «Hijo de Dios» refleja la cristología del hombre divino
y requiere la corrección del título «Hijo del Hombre», que re-
presenta el sufrimiento del Mesías. Otros eruditos han propuesto
que Marcos podría estar en oposición con aquellos que· creían
que la rebelión judía contra Roma desempeñó un papel clave
en el plan de Dios para el «final de los tiempos». Al escribir
poco después del año 70 d.C., Marcos representaba al cristia-
nismo galileo en oposición al cristianismo errante de Jerusalén-
Judea, presa de la inquietud apocalíptica generada por la rebelión
judía del 66-73 d.C. Sus profetas relacionaron equivocadamente
la Parusía con la rebelión y con el Templo de Jerusalén. La
Parusía, según Marcos, ocurrirá en Galilea, no en Jerusalén, en
la generación siguiente a la rebelión,
El Evangelio de Juan, de acuerdo con Louis Martyn, es el
producto de los escritos de un teólogo cristiano en respuesta a
temas contemporáneos. Sostiene que el Evangelio de Juan es
un drama a dos niveles, consistente de varios episodios históricos
que reflejan la vida de Jesús, en cuya presentación han influido
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 81

'i';\:'.\ las. experiencias de la comunidad juanina. Juan 9: 1- 7 narra la


)fi ( , historia de un ciego que recobra milagrosamente la vista, seguida
,:::;;/ por una dramática ampliación (vs. 8-41) que refleja una crisis
contemporánea en la comunidad de Juan. Esta crisis implica la
. expulsión de miembros de la comunidad de las sinagogas locales
(hacia el 85 d.C.) anacrónicamente reflejado en la «excomu-
nión» (aposynagogos) del ciego de la sinagoga (Jn. 9:22, 34s.,
cf. 12:42; 16:2). Martyn propone que esta expulsión de la si-
nagoga refleja la adopción por el Judaísmo (después de aprox.
85 d.C.) del birkat ha-minim (Bendición contra los herejes),
una revisión de la oración judía reglamentaria que pretende
descubrir a los judíos que mantuvieron una doble alianza con
Moisés y Jesús el Mesías.
Los biógrafos e historiadores helenísticos antiguos escribían
también en dos niveles, combinando ideas de su propio tiempo
con acontecimientos del pasado. Esto puede explicarse de dos
formas complementarias: ( I) Carecían de la imaginación his-
tórica para representar mentalmente las diferentes experiencias
de aquellos cuyas acciones estaban describiendo, y proyectaban
su propia experiencia cultural en el pasado. (2) La mayor parte
de los historiadores y biógrafos del período helenístico consi-
deraban el pasado como normativo para la conducta del presente,
i.e., proporcionaba guía moral para el presente y el futuro (Isó-
crates, Nicocles 35; A Demonicus 34; Polibio 1.1.2; Livio 1,
prefacio 10-11; Plutarco, Emilio Paulo 1.1; Luciano, Demonax
2). La historia y biografía se centraban en el pasado como fuente
de lecciones para el futuro. La historia y biografía helenísticas,
no menos que los Evangelios, tendían afusionar el pasado con
el presente. Si los Evangelios y los Hechos merecen la desig-
nación (exagerada) de «teología en forma narrativa», entonces
la historia greco-romana y la biografía merecen plenamente el
calificativo «ideología en forma narrativa». Funcionalmente las
diferencias son mínimas.
Pasado y presente se funden en las narrativas de los Evan-
gelios porque los evangelistas consideraban la historia de Jesús
como un ejemplo para la fe cristiana. Los valores y creencias
cristianas estaban personificadas e históricamente legitimadas
en la persona de Jesús de Nazaret. Esto es consecuente con el
significado que las comunidades antiguas griegas y romanas
82 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

concedían a sus fundadores. El progenitor o fundador se con-


vertía muchas veces en una imagen-mito que resumía las cua-
lidades y carácter de sus descendientes o seguidores, convir-
tiéndose en una personalidad colectiva. Mientras los Evangelios
Sinópticos, en particular Mateo y Lucas, tienen un destacado
elemento didáctico ratificado por su atribución a Jesús, no su-
brayan explícitamente la imitación de Jesús. De forma similar,
existen muy pocos pasajes en las Vidas de Plutarco, por ejemplo,
donde él hace explícitas sus paradigmáticas intenciones. La ra-
zón de esta reticencia es simplemente que este uso del pasado
se entendía de forma implícita.
Alguna literatura cristiana aparte de los Evangelios señala
el papel paradigmático de Jesús en los Evangelios. Se destaca
el carácter ejemplar de su sufrimiento y proceder ante sus jueces
(1 Pedro 2:21-23; 1 Tim. 6:13). Su ejemplar a humildad se
refleja en el uso que Pablo hace del himno de los Filipenses
(Fil. 2:5-11). La Carta a los Hebreos refleja un gran interés en
el Jesús histórico. Las pruebas experimentadas por Jesús (po-
siblemente relacionadas con el relato de las tentaciones en los
Sinópticos) significa que comprende la debilidad humana y pue-
/.
de dar ayuda (Heb. 2:18; 4:5). En un precepto que es reminis-
cencia de las posteriores «etapas de la cruz», se les exhorta a
los lectores a salir al exterior y experimentar el oprobio como
lo hizo Jesús (13: 12-13). Jesús fue perfecta y clara obediencia
a través de su sufrimiento, al igual que los cristianos lo pueden
ser ahora (2:10; 5:8). Este papel ejemplar de la historia de Jesús
se expresa claramente en Hebreos 12:lb-4; Jesús «soportó la
cruz, sin miedo a la ignominia, y está sentado a la diestra del
trono de Dios».

Los Evangelios como Biografía Greco-Romana

Biografía Antigua vs. Biografía Moderna

La moderna erudición ignora o subestima a menudo el ca-


rácter biográfico de los Evangelios. Es verdad que los Evan-
gelistas no se interesaban en la educación, apariencia, perso-
nalidad, motivaciones y desarrollo de Jesús, todos ellos puntos
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 83

de interés en la moderna biografía. Sin embargo, muchos de


estos rasgos eran extraños en la biografía antigua. Un énfasis
en la personalidad de Jesús o un interés en sus motivaciones y
desarrollo no puede razonablemente esperarse de las antiguas
culturas que suponían que las personalidades eran estáticas. Aún
el interés de la biografía greco-romana con carácter no tenía
equivalente en las antiguas culturas de Oriente Próximo. Incluso,
puntos de aparente interés biográfico moderno tales como orí-
genes y educación, estaban estrechamente vinculados en la bio-
grafía greco-romana con el carácter.
El Nivel Literario de los Evangelios
La literatura griega y latina preserva los valores y tradiciones
de la clase culta. Las biografías greco-romanas analizadas en el
capítulo 1 son principalmente productos de autores con ambi-
ciones literarias que escriben en el escenario de un cuerpo tra-
dicional altamente estructurado de convencionalismos literarios
y retóricos. Los Evangelios (y la mayor parte de los escritos del
Nuevo Testamento) reflejan la cultura literaria popular de las
clases bajas. El estilo lingüístico y retórico y las normas de los
autores y oradores cultos de la antiguedad eran atenuadas e
imitadas en la literatura popular. El Nuevo Testamento en sí
manifiesta varios niveles de calidad literaria. Muy pocos ejem-
plos de literatura popular han sobrevivido a la antiguedad. Sin
embargo no carecemos totalmente de información sobre su ca-
rácter esencial. La literatura biográfica popular, como la Vida
de Esopo, algunas vidas de poetas griegos (muchas escritas sin
pretensiones literarias, como la Vida de Homero y las muy
parecidas Vidas de los Profetas judíos), la vida de Segundo el
Filósofo Silencioso y la «vida» compuesta de Heracles (Apo-
lodoro, Biblioteca 2.4.6-2.7.8). Estas vidas populares compar-
ten una característica estructural con los Evangelios. Todas ellas
manifiestan una disposición completamente cronológica y evitan
una exposición temática.

La Biografía como «Historia»


La noción de que los Evangelios no pueden ser biografías
es a veces sustentada por el argumento de que las biografías
(antiguas o modernas) se interesan intrínsecamente en la his-
84 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

toria. Como los Evangelios se centran en la proclamación, el


argumento es válido, no se interesan en la historia y no pueden
ser «biográficos». Esta opinión está muchas veces apoyada por
la posición teológica de que, como la fe no puede depender de
acontecimientos históricos contingentes (haciéndola superflua),
la verdad del Evangelio es inmune a la confirmación o anulación
histórica. Desde esta perspectiva, el kerigma y la historia son
categorías recíprocamente exclusivas. Esta opinión es incorrecta
por dos razones: ( 1) «kerigma» e «historia» correctamente en-
tendidos, son conceptos que se superponen, y (2) no es legítimo
permitir que los supuestos teológicos determinen los resultados
de la crítica literaria.
La opinión que aquí se propone de que los Evangelios son
un subtipo de biografía greco-romana, supone que los Evan-
gelistas escribieron con intenciones históricas. Desde luego, lo
que los antiguos consideraban «historia» difiere considerable-
mente de las normas historiográficas modernas ( con las excep-
ciones de Tucídides, Polibio y Amiano Marcelino), y las «in-
tenciones» no siempre producen los resultados deseados. Para
los griegos, la historia era la arena en la que los valores tras-
cendentes se encamaban en personajes y estados excepcionales
que podían servir de modelos para el presente y el futuro. Este
idealismo tuvo una tendencia «anti-histórica» que valoraba a
personas como tipos y paradigmas más que como personas
históricas. La ficción desempeñaba un papel importante en la
historiografía y biografía helenística, cuyos autores tenían edu-
cación retórica. La credibilidad era el principal medio de separar
la verdad de la falsedad (más que el análisis crítico de las
fuentes), y el requisito más importante de la narrativa. Puesto
que tanto historiadores como biógrafos se interesaban en pro-
porcionar incentivos para la virtud, a menudo escribían con
propósitos y técnicas retóricas. A pesar de la «intención histó-
rica» implícita en la tarea biográfica, algunas biografías antiguas
son casi completamente novelescas, como la vida de Heráclito
en Diógenes Laercio (9. 1-16), casi enteramente basadas en fal-
sas deducciones de anécdotas tradicionales sobre Heráclito. La
ficción también penetra en las vidas de los poetas griegos, re-
sultado de deducciones defectuosas extraídas de sus obras. El
énfasis en la credibilidad más que en la verdad y una marcada
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA· 85

carencia de imaginación histórica frustraba las intenciones his-


tórico-biográficas. También había una cantidad indefinida de
ficción intencionada en la biografía antigua. Los antiguos lec-
tores reconocían, apreciaban, y podían desechar la exageración
retórica, en tanto que los lectores modernos encuentran difícil
esa tarea. Menandro Retor (tercer siglo d.C.) recomendaba que
se inventaran signos milagrosos antes del nacimiento de un em-
perador en discursos en su alabanza (371.3-14). Afirmar que
los Evangelistas escribieron una biografía con intenciones his-
tóricas no garantiza, pues, que preservaran uno solo de los
hechos históricos. Esto sugiere de que se restringía el grado de
la invención para adecuarla a la tarea biográfica de la forma en
que se entendía popularmente.

El Proceso de «Literaturizacion»

En tanto que los paganos cultos reaccionaron negativamente


a Marcos, Mateo y Lucas respondieron positivamente aunque
de manera algo ambivalente. Usaron a Marcos como modelo y
fuente principal, pero introdujeron material suplementario e hi-
cieron numerosas mejoras linguísticas, estilísticas y de com-
posición. Si bien ni Mateo ni Lucas es literatura elevada según
las normas retóricas greco-romanas, estos Evangelios sí que
reflejan el uso literario popular, que atenuaba las normas lite-
rarias más elevadas. El movimiento hacia una mayor confor-
midad con convencionalismos literarios elevados puede llamarse
«literaturización». En Mateo y Lucas el proceso de literaturi-
zación se manifiesta de muchas maneras. Primera, Mateo y
Lucas han seguido la aproximación antigua convencional a la
composición biográfica e histórica al hacer de una sola fuente
la columna vertebral de la narrativa, suplementada por otras
fuentes. Segunda, añadiendo material de fondo, genealogías y
narrativas de nacimientos al principio y las apariciones de la
resurrección y otros materiales al final, Mateo y Lucas se han
acercado más a las expectativas biográficas e historiográficas
de los lectores paganos. El juicio de Papías que Marcos no
«estaba en orden», i.e., carecía de una disposición artística
(Eusebio, Historia Eclesial 3. 39. 15), es similar a la crítica de
1 86
EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Dionisio de Halicarnaso de qlle Ia historia de Tucídides no e


en Orden porque no empezaba y terminaba adecuadamente
bre TUcídides IO; cf. Luciano, Verdadera Historia 47s.).
cos no empieza con los tópicos recomendados de nacimie
genealogía (cf. Theon, Progymnasmata 8), y leonina de pr
en 16:8. Tercera, Mateo y Lucas han introducido muchas
joras lingnisticas y estilísticas en Marcos. Marcos tiene
.. ,.••" ejemplos del presente histórico; Mateo retiene 21 de ello
1
Luca, sólo uno. Juan tiene 164 ejemplos deJ presente histór
Lucas tiende a eliminar las parataxis (tendencia a evitar cláusu
suborcf½'adas y unÚ- cláusulas con ~y~) de Marcos, favorecien
1 las PartJcuJas equ11tbrantes y part1c1p1os subordmativos de est
perió<Jico. Mientras Marcos transcribe palabras arameas, Mat
conserva una frase (27:46) y Lucas las elimina por complet
Se suaviza eJ estilo repetitivo de Marcos (compárese Marc
1:32 con Mateo 8:16 y Lucas 4:40). Las expresion_es poco el
gantes son sustituidas (compárese Marcos 2:4 con Mateo 9:2
Lucas _5:18)_._ Unidos, todos estos factores sugieren que el us
y mod¡ficac,on de Marcos hecho por Lucas y Mateo, Junto co
otras tradiciones, constituyó una concienzuda empresa literaria

Antiguas Nociones de los Evangelios

Los paianos cultos, como CeJso, eJ filósofo de] siglo se-


gundo, nunca se impresionaron demasiado por las cualidades
literarias de los Evangelios (Orígenes, Contra Ce/so 6, 1-2; et.
Lactancio, Instituciones Divinas 5. l. 15-16). No obstante, dos
cristianos cultos de la primera mitad del siglo segundo, Papías
de Hienípolis (que murió en tomo al año 156 d.C.) y Justino
Mártir (muerto hacia el 165 d.C.) entendieron los Evangelios y
las tradiciones
tóricas que contenían en función de las categorias re-
helenísticas.

Papías es una figura enigmática de cuyas obras sólo algunos


fragmentos han llegado hasta nosotros. Además de ser obispo
de Hierápolis, fue un historiador emdito que ávidamente colec-
cionaba tradiciones orales y escritas sobre Jesús. Hacia el 125
d.C. escribió una obra en cinco volúmenes llamada «Intel]Jre-
taciones de las Logia del Señor» (logia = «el Evangelio», i.e.
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFJA ANTIGUA 87
estaba
te (So-
lo que Jesús dijo e hizo). En un fragmento que revela un co-
Mar-
nocimiento de términos y convencionalismos técnicos y retó-
ento y ,
ricos, Papías ( citando al Presbítero) defiende el carácter literario
ronto Ñ
de Marcos contra detractores desconocidos (Eusebio, Historia
s me- ·¡'.i' Eclesial 3.39.15; mi trad.):
151 C
os, y ¡:
Marcos, que fue intérprete de Pedro, escribió con exactitud,
rico. ;
aunque no en orden [ou mentoi taxei], lo que recordaba que el
ulas ¡ Señor había dicho y hecho. Como él no había oído al Señor, o
n_do /. ·,. no le siguió sino hasta más tarde, siguió, como ya he dicho, a
t!lo .• Pedro, quien formulaba sus enseñanzas a manera de anécdotas
ateo 1 [chreiai], no como una composición acabada [syntaxis] de los
eto. 1 refranes del Señor, de modo que Marcos no cometió errores al
cos 1 consignarlos por escrito separadamente a medida que los iba
recordando [apomnemoneuein].
le- 1,
y ¡-
so , El Evangelio de Marcos, en opinión de Papías, consistía en
on : apomnemoneumata («reminiscencias») previamente diseñadas
a. como anécdotas o chreiai por Pedro. El término apomnémo-
neumata es una aproximación sinónima de hypomnémata (que
significa «notas», o «borrador», que connota forma inacabada,
o «comentario») pero en singular puede significar «libro». Cle-
mente de Alejandría se refería a los hvpomnémam de Marcos
(A Teodoro 1.20), que entendía como las notas que se conver-
tirían en la base de su Evangelio, mientras Eusebio (Historia
Eclesial 2.15) identificó los hypomnemata con el Evangelio de
Marcos en sí. Pero Papías consideró el Evangelio de Marcos
como apomnemoneumata (= hypomnémaiay, en contraste con
Mateo, al que consideró como composición acabada (Eusebio,
Historia Eclesial 3.39.16). El estilo paratáctico y asindético son
características de hvpomnémaia (cf. Teofrasto, Caracteres), am-
bos, rasgos de Marcos. La evaluación de Papías de Marcos como
apomnemoneumata indica, pues, que la consideró como una
obra sin acabar ni perfeccionar. Esto también se refleja en su
afirmación de que Marcos «no está en orden», un término re-
tórico que significa «no dispuesto estéticamente». Sobreviven
partes del prefacio histórico (prooimion ) de la obra extraviada
de Papías junto con referencias a fuentes y método, según los
convencionalismos historiográficos (Eusebio, Historia Eclesial
3.39.2-4, 15; nótese los paralelos formales con Le. 1:1-4). Esto
88 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

revela el conocimiento de Papías de los convencionalismos re-


tóricos de la historiografía helenística. Su preferencia explícita
por la tradición oral sobre la escrita (Eusebio, Historia Eclesial
3.39:3-4) tipifica a los antiguos historiadores desde Herodoto
hasta Plutarco (cf. Plutarco, Demóstenes 2.1).
Justino Mártir (que escribió hacia el 155 d.C.) describió los
Evangelios como «reminiscencias [apomnemoneumata ] de los
,¡ ••..•••- •• apóstoles (1 Apología 66.3; 67.3) y «reminiscencias de Pedro»
11: (Diálogo con Trifo 106.3). De este modo, Justino, al igual que
,.
11:;
Mateo, Lucas y Papías, prefiere designar a los Evangelios por
I!
1· un término literario reconocido. Aunque los apomnémoneumata
'1-"
11%
no se definen detalladamente en los manuales de retórica, son
chreiai esencialmente ampliadas, i.e. dichos y/o acciones de, o
acerca de determinados individuos, puestos en un marco narra-
tivo y transmitidos de memoria (por tanto, «fidedignos»). Al
contrario que Papías, Justino no considera inacabado a Marcos,
porque usa el término de todos los Evangelios Sinópticos. Jus-
tino fue un cristiano filósofo de profesión (en un tiempo en el
que los cristianos cultos empezaron a considerar su fe como una
filosofía) y un ardiente admirador de Sócrates. Su uso del tér-
mino «reminiscencias» sugiere por lo tanto una conexión con
la obra de Jenofonte Memorabilia (en griego apomnémoneu-
mata), una «biografía» de Sócrates. Para Justino, los Evangelios
son apomnemoneumata porque preservan las enseñanzas autén-
ticas de Jesús, el verdadero maestro de filosofía.
Estos ejemplos revelan que los primitivos cristianos cultos
una o dos generaciones después de la «publicación» de los Evan-
gelios, los entendieron dentro de los cánones de la retórica
antigua. Si bien esto no demuestra que Marcos compartía su
p~rspectiva, existen razones para sospechar que Mateo y Lucas
Sl.

Literatura Posterior relativa a Jesús

La producción de literatura relativa a Jesús constituyó una


creciente industria cristiana durante la más reciente antiguedad.
Aparecían grandes cantidades de composiciones, muchas cali-
ficadas explícitamente como «evangelios». Algunos de éstos
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 89

evangelios «apócrifos» (literalmente: «secretos», pero con una


connotación de «falsos») contienen refranes de o relatos sobre
Jesús (e.g. los evangelios de Tomás y Pedro); otros son homilías
incoherentes con poco parecido a los Evangelios canónicos (e.g.
los evangelios de Felipe y la Verdad). Consiguientemente,
«Evangelio» como término literario en el Gnosticismo puede
incluir la hazaña de la redención en un escenario cósmico. Esta
ensanchada perspectiva es ya operativa en el Cuarto Evangelio
(cf. Jn. 1:1-18) así como en los primitivos himnos cristológicos
(Fil. 2:5-11; Col. 1: 15-20).
Muchas composiciones antiguas acerca de Jesús existen sólo
como títulos o citas fragmentarias en autores cristianos poste-
riores, con la afortunada excepción de la biblioteca de Nag
Hammadi (ver más abajo). No obstante, la tarea de recopilar o
mejorar las biografías de Jesús iniciada por Marcos y hecha más
respetable literariamente por Lucas, era de poco interés para los
cristianos cultos del siglo segundo y posteriores. Papías y Ta-
tiano fueron excepciones, pero el trabajo del primero ha perecido
y el Diatesaron (los cuatro Evangelios tejidos en una única
narrativa continua) del segundo, ha sobrevivido sólo en traduc-
ciones recientes. La literatura cristiana de los siglos segundo al
cuarto refleja varios niveles culturales. Los cristianos educados
retóricamente produjeron una extensa literatura apologética o
protréptica (Quadratus, Arístides, Justino, Tatiano, Atenágoras
y Teófilo). Los menos cultos produjeron gran cantidad de ima-
ginativos evangelios y hechos apócrifos de forma anónima o
seudoepigráfica, en los que hallaron expresión el folklore cris-
tiano, la leyenda y la romántica ficción. Un desarrollo impor-
tante fue el de las diversas direcciones que tomaron la narrativa
y el discurso. Uno u otro tiende a dominar determinadas com-
posiciones, casi nunca ambas. Quizás la función más común de
la literatura de Jesús, en particular las colecciones de refranes,
es legitimar las distintas formas del cristianismo.
La veracidad histórica de las tradiciones de Jesús ha sido
una cuestión destacada en el estudio de los evangelios apócrifos.
La difundida opinión de que los evangelios apócrifos son falsos
y heréticos ha roto el vínculo entre ellos y los Evangelios ca-
nónicos. Con todo la reciente insistencia en la posibilidad de
una posterior circulación de primitivas y posiblemente auténticas
90 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

tradiciones de Jesús (en particular en algunos tratados de Nag


Hammadi) ha fomentado la evaluación de estos escritos como
fuentes potenciales de una más primitiva evolución de tradicio-
nes de Jesús. Sin embargo, el análisis de esta literatura es por
su propio derecho una labor importante, aunque desatendida.

, ...... - El Diatesarón de Tatiano

Tatiano fue un sirio educado en retórica y filosofía griega.


Convertido en Roma hacia la mitad del siglo segundo, fue dis-
cípulo de Justino Mártir. En el Discurso a los Griegos, Tatiano
vilipendia la civilización y cultura helenística, una postura que
se consolidó sólo después de su regreso a Siria en 172 d.C. Los
primitivos heresiólogos le consideraron (por error, probable-
mente) fundador de los encratitas ascéticos y (más exactamente)
estrechamente relacionado con el Gnosticismo Valentiniano. La
principal reivindicación a la fama de Tatiano reside en su re-
copilación del Diatesarón, una biografía de Jesús basada en la
fusión de los cuatro Evangelios canónicos, posiblemente con
!··- algunos añadidos apócrifos. El Diatesaron fue ampliamente usa-
do en el cristianismo sirio hasta el siglo quinto, cuando el obispo
! sirio Teodoreto (aprox. 393-466) destruyó todas las copias exis-
tentes, sustituyéndolas por los cuatro Evangelios por separado.
El Diatesaron originalmente escrito en griego o sirio, se ha
preservado parcialmente en un pequeño fragmento griego (que
data del 220 d.C.), varias· traducciones (entre otras, al árabe,
persa y latín), y un comentario sirio del siglo cuarto sobre el
Diatesaron por Efraín (aprox. 306-373).
Al recopilar el Diatesarón, Tatiano conservó la mayor parte
del contenido de los cuatro Evangelios en una sola narrativa,
según el orden de Mateo antes del relato de la Pasión, y a partir
de ésta, según el de Juan. Omitió algún material, como las
genealogías de Mateo y Lucas (una omisión que Teodoreto im-
pugnó de estar motivada por la herejía) y la introducción a Lucas
(1:1-4). También corrigió a Juan valiéndose de los Sinópticos
y viceversa. De acuerdo con las prácticas retóricas de los anti-
guos historiadores, el principal método de Tatiano para deter-
minar cual de los datos conflictivos era histórico, fue el criterio
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 91

de la verosimilitud. Los antiguos historiadores que escribieron


nuevas versiones de narrativas existentes, propendían a seguir
una fuente más o menos de forma exclusiva (muchas veces de
memoria) antes de cambiar a otra. La venerada condición de
los Evangelios probablemente hizo que Tatiano se desviara de
este procedimiento convencional.
¿ Cuál fue la motivación de Tatiano para producir un solo
relato de la vida de Jesús? Eusebio no aprobó la pretensión de
Tatiano de «corregir sus [i.e., las de los apóstoles] formas de
expresión» (Historia Eclesial 4.29.6). Con todo, a Tatiano, que
admiraba el estilo sin afectación de la literatura cristiana (Dis-
curso a los Griegos 29.2), probablemente no le motivó el simple
deseo de mejorar el lenguaje y estilo de los Evangelios. El
fenómeno de la existencia de varias biografías de la misma
persona, una junto a otra y con igual crédito, no tenía equivalente
en la antiguedad, una situación potencialmente molesta para una
persona culta, en vista de las numerosas discrepancias en orden
y contenido entre los Evangelios. Puesto que Tatiano era pro-
fundamente crítico respecto a las contradicciones de la filosofía
e historia griega (Discurso 4.3; 31.4), es probable que su edu-
cación griega le condujese a recopilar una narrativa creíble de
la vida de Jesús, libre de contradicción e incongruencia.

Las Narrativas sobre Jesús

Los evangelios apócrifos que dieron un marco general de


narrativa a los refranes y relatos de Jesús continuaron escri-
biéndose. Estos incluye (1) un evangelio desconocido (conser-
vado en Papiro Egerton 2), redactado antes de 150 d.C. que
contiene cuatro perícopas entre las que se encuentran dos refra-
nes de Jesús anteriormente desconocidos, un diálogo fragmen-
tario de estilo «Juanino», y el relato nuevo de un milagro; (2)
el Evangelio de los Nazarenos, aparentemente una forma re-
escrita de Mateo (antes de 150 d.C.), presente sólo en treinta
y seis citas fragmentarias en autores cristianos; (3) el Evangelio
de los Ebionitas, escrito aprox. en 180 d.C. y presente sólo en
nueve citas de Epifanio (hacia 315-403 d.C.); (4) el Evangelio
de los Hebreos (entre 120 y 140 d.C.), usado por los cristianos
92 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

judíos en Egipto y presente en sólo siete citas fragmentarias;


(5) el Evangelio de los Egipcios (principios del siglo segundo)
usado por los cristianos gentiles en Egipto y presente en sólo
unos diez fragmentos.
Un tipo más restringido de narrativa sobre Jesús se centró
en reconstrucciones imaginativas de las lagunas de los relatos
canónicos. Entre los llamados evangelios de la infancia, hay
- dos que pueden destacarse: (1) el casi totalmente fabulado Pro-
toevangelio de Santiago, originado quizás en Egipto después
del 150 d.C., que promueve la doctrina de la perpetua virginidad
de María, y (2) la Historia de la Infancia de Tomás (finales del
siglo segundo d.C.). El final de la vida de Jesús es la esencia
del Evangelio de Nicodemo , que consiste en los Hechos de
Pilatos (una forma original de lo que existía antes del 150 d.C.),
y el Descenso de Cristo al Infierno. Muchos otros evangelios
escritos en nombre de figuras del Antiguo Testamento, após-
toles, y mujeres prominentes de los primeros tiempos del cris-
tianismo, fueron escritos entre los siglos segundo y quinto, y
posteriores.
El Evangelio de Pedro es la narrativa evangélica no canónica
más importante y más antigua. Escrito aprox. en 125 d.C. en
griego, narra brevemente la pasión y resurrección de Jesús; tanto
el principio como el final se han perdido. El fragmento empieza
a partir de que Pilatos se lava las manos, y concluye justo
después de una aparición de resurrección a Pedro y su hermano
Andrés, cuando salían a pescar. Mientras los Evangelios ca-
nónicos ( excepto Marcos) contienen tradiciones de las aparicio-
nes de Jesús a sus seguidores, el Evangelio de Pedro sólo men-
ciona la experiencia de los guardias que ven salir a Jesús de la
tumba, ayudado por dos misteriosas figuras (una posible alusión
al relato de la transfiguración). Aunque evidentemente, depen-
diente de los Evangelios canónicos, Pedro puede preservar tam-
bién tradiciones primitivas extracanónicas. Eusebio consideró
inaceptable el Evangelio de Pedro, y cita un libro de Serapión
de Antioquía (escrito hacia el 200 d.C.) refutándolo (Historia
Eclesial 3.3.2; 3.25.6; 6.12).
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 93

Colecciones de Aforismos

Al final del siglo primero, los aforismos o refranes de Jesús


circularon en forma oral y escrita. Cuando en la literatura cris-
tiana primitiva se cita o alude a algún refrán en forma aislada
(como en la heterogénea colección del siglo segundo de los
Padres Apostólicos o en Justino Mártir), el modo informal de
cita hace difícil determinar si los autores usaban (1) fuentes
escritas que ya no existían, (2) textos escritos citados de manera
imperfecta, o (3) la tradición oral. Los refranes de Jesús que no
están en los Evangelios (llamados agrapha) se siguieron incor-
porando en los textos cristianos durante todo el siglo segundo.
Ocasionalmente dichos refranes se insertaban en manuscritos
evangélicos (e.g. Jn. 7:53-8:11, y adiciones antes de Le. 23:34 1

'
1,,,
y después de Le. 9:55). Por ejemplo, el códice Beza tiene estas
chreia en lugar de Lucas [Link] «En aquel día, cuando él [Jesús]
vió a un hombre que trabajaba en Sábado, [él] le dijo, «Buen
hombre, si sabes lo que estás haciendo, seas bendecido; pero si
no lo sabes, eres un desventurado y un transgresor de la ley».
Es imposible determinar la autenticidad de tales dichos.
Cuatro «evangelios» formaban parte de un escondrijo de
cincuenta y dos opúsculos en trece códices descubierto en Nag
Hammadi, Egipto, en 1945. Enterrados en la segunda mitad del
siglo cuarto d.C., esta diversísima biblioteca copta incluía los
Evangelios de la Verdad, de Felipe, de los Egipcios y de Tomás.
El Evangelio de La Verdad (escrito hacia el 140 d.C.) es una
incoherente homilía del Gnosticismo Valentiniano que no con-
tiene tradiciones explícitas de Jesús. El Evangelio de Felipe es
una colección de cerca de cien refranes o meditaciones ilógi-
camente asociados, en gran parte subordinados a los Evangelios
canónicos. Mientras que muchos de los «refranes» de Felipe
carecen de atribución, uno de ellos se le atribuye a Felipe (II,
73.8-19), y trece a Jesús (e.g. 64.3). Los refranes citados del
Evangelio se intercalan a menudo en el comentario (e.g. 55.24-
36; 56.26-57.22; 63.30-64.9; 68.26-29). El Evangelio de los
Egipcios copto se ha conservado en dos versiones. El título se
le da en la conclusión (III, 69 .6), aunque el tratado se introduce
y concluye por lo que aparece como un título anterior ( «El Santo
Libro del Gran Espíritu Invisible»). El término «evangelio» es
94 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

probablemente un añadido cristianizante (comparando «evan-


gelio» con «libro santo»), ya que la obra es sólo marginalmente
cristiana. La redacción, atribuída a Set, narra una cosmogonía
mítica que abarca el origen y preservación de la línea de Set y
su obra redentora en la forma del Jesús terrenal.
El Evangelio de Tomás, una colección de 114 refranes que
generalmente empiezan con la frase «Jesús dijo», es la colección
no-canónica más extensa que existe de los refranes de Jesús.
Tomás fue probablemente traducido de un original griego (hacia
el 140 d.C.; algunos sostienen que data del siglo primero) y
escrito en Siria donde se originó otra literatura de Tomás. Una
cuestión importante es la relación del Evangelio de Tomás con
la tradición sinóptica, pues casi la mitad de los refranes tienen
paralelos sinópticos. Algunos refranes pueden reflejar auténticas
tradiciones extracanónicas de Jesús (como las parábolas en los
logia 8, 9, 64, 65). Otros son refranes sinópticos reformulados
(72, 79, 99, 100, 104, 113), mientras hay otros que son ente-
ramente nuevos (7, 10, 15, 30, 52). Además del uso ocasional
de tópicos (cf. logia 28 y 29), no existe un orden lógico en los
refranes. No se menciona en Tomás la cruz o la resurrección,
ni tampoco es tema de ninguno de los refranes el futuro esca-
tológico (en consonancia con el carácter gnóstico de la obra),
y el título «Hijo del Hombre» no aparece nunca. Jesús es im-
plícitamente presentado ( como en Q) como maestro de sabiduría
y revelador. Tomás contiene unos veintidós relatos de posicio-
namiento (e.g. 6, 12, 37, 51-53), tantas corno veinticuatro pa-
rábolas (e.g. 8, 20, 63-65, 96-98, 109), once bienaventuranzas
(e.g. 7, 19, 54, 68, 79, 103), dos calamidades (102, 112), más
de una docena de proverbios introducidos en las proverbiales
formulaciones: «si alguno», o «aquél que» (e. g. 1, 24, 41, 80,
94, 105), y seis refranes que empiezan por «Yo» (e.g., 10, 23,
71).

Diálogos con el Jesús Resucitado

El uso más revolucionario de las tradiciones de Jesús después


de los Evangelios canónicos fue el desarrollo del diálogo re-
velador Gnóstico en el que los refranes de Jesús se enmarcaban
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA . 95

en una conversación entre el Jesús resucitado y sus discípulos.


Estos diálogos fueron modelados, no en los diálogos filosóficos,
sino en erotapokriseis («preguntas-y-respuestas») pedagógicas,
que eran vehículos de instrucción religiosa esotérica. Los Evan-
gelios canónicos, con excepción de Marcos (aparte del final
apócrifo 16:9-20), narran encuentros entre el Jesús resucitado y
sus seguidores. En tanto que a Jesús se le atribuyen sólo unas
breves afirmaciones en Mateo (28:9-10, 18-20), en Lucas 24 '·!""'•

(cf. Hechos 1:3-9) y Juan 20-21 se presentan conversaciones


mucho más extensas como algo característico. Hechos 1 :3 men- .,..-;::
ciona crípticamente una serie de apariciones a lo largo de cua- .~•...~·
·~·}·
renta días en los que la conversación se centra en el Reino de .....,
11'"'1~
'"-"''
Dios. Los cristianos gnósticos utilizaron el período entre la re- ..•.•••...
surrección de Jesús y su ascensión (extendida a 550 días en el
Apocrifón de Santiago 1,2.19-20, y ¡once años en Pistis Sophia
1.1 !) como escenario de seminarios inventados presididos por
Jesús (El Concepto de Nuestro Gran Poder VI, 42.18-31). El
diálogo revelador fue una forma gnóstica popular de la literatura
de Jesús que transmitía ostensiblemente las verdaderas inten-
ciones de Jesús, a veces presentadas como reinterpretaciones de
sus refranes terrenales (Carta de Pedro a Felipe VIII, 135.5-
8). La literatura gnóstica relativa a Jesús dió énfasis al período
post-resurrección, en contraste con el sentido esencial del pe-
ríodo pre-resurrección de la principal corriente del cristianismo.
Los diálogos gnósticos no se improvisaban nunca comple-
tamente. A menudo preservaban y modificaban tradiciones an-
teriores, por lo que tenían una historia literaria complicada. Tres
prácticas de orden redaccional son evidentes: (1) Algunos diá-
logos empezaban como tratados que fueron modificados en for-
mato de conversación (la Sofía de Jesucristo). (2) Los diferentes
dichos podían conectarse para formar diálogos (el Apocrifón de
Santiago V, 2.21-35; 4.22-37; 5.31-6.1). (3) Los diálogos se
construían también basándose en lo que originalmente habían
sido colecciones de parábolas interpretadas o dichos de Jesús
(Diálogo del Salvador; Libro de Tomás el Contendiente II,
142.26-145.23). De los once diálogos hallados en la colección
Nag Hammadi, dos son no-cristianos: Zostrianos (VIII,1) e Hi-
póstasis de los Arcontes (II,2). El contenido de los diálogos
gnósticos cristianos se centra en la salvación después de la muer-
96 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

te por la elevación del alma, y en una defensa del gnosticismo.


Las Forinas literarias constitutivas de los diálogos incluyen
varias formas breves de liturgia (fórmulas teológicas; himnos y
credos); instrucciones exegéticas y doctrinales (erotapokriseis);
y sermones parenéticos. El contenido de los diálogos se centra
en la enseñanza sobre el mito de Sofía, la necesidad del co-
nocimiento revelado (gnosis), ascetismo, bautismo, la elevación
l..,,_, del alma, y exégesis del Nuevo Testamento.
Un importante tratado, recientemente examinado por Ron
Cameron (1984), es el Apocrifón de Santiago copto-gnóstico,
un diálogo entre el Jesús resucitado y Santiago y Pedro, que
empieza como una carta. El tratado contiene diez complejos
refranes, varios con componentes notoriamente similares a los
refranes canónicos. En otras partes, tres parábolas no autenti-
cadas: (1) el vástago de palmera que se secó (1,7.22-35), (2) el
grano de trigo (8.16-27), y (3) la espiga de cebada (12.22-30).
Dos refranes sobre el reino se encuentran en 2.29-33 y 13.17-
19, una profecía sobre el juicio en 9.24-10.6, y algunos refranes
de sabiduría y proféticos en 12. 31-13. l.

Para un Posterior Estudio

General: Para una referencia bibliográfica general en inglés:


David E. Aune, Jesús y los Evangelios Sinópticos: Guía para
un Estudio Bibliográfico (Theological Students Fellowship,
1980). Una colección importante de ensayos que reflejan la
investigación más reciente sobre los Evangelios es la de: W. O.
Walker, Jr., Las Relaciones Entre los Evangelios: Un Diálogo
Interdisciplinario (Trinity University Press, 1978). También:
Howard Clark Kee, Jesús en la Historia: Aproximación al Es-
tudio de los Evangelios, 2ª edic. (Harcourt Brace Jovanovich,
1977); John Reumann, Jesús en los Evangelios de la Iglesia:
La Moderna Erudición y las Fuentes más Antiguas (Fortress
Press, 1968).
Sobre cada uno de los Evangelios: Para una aproximación
equilibrada que interactúa con la última década de erudición:
Emest Best, Marcos: El Evangelio como Relato (Edinburg: T.
& T. Clark, 1983). Una anterior investigación es estudiada por
LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 97

Ralph Martin, Marcos: Evangelista y Teólogo (Zondervan Pu-


blishing House, 1973). El mejor comentario sobre Marcos es
de Rudolf Pesch, Das Markus Evangelium, 2 vols. (Friburgo,
Basilea y Viena: Herder, 1976-77). Ver también: Howard Clark
Kee, Comunidad de la Nueva Era: Estudios del Evangelio de
Marcos (Westminster Press, 1977). Dos estudios de la función
de Marcos: T. J. Weeden, Marcos: Tradiciones en Conflicto
(Fortress Press, 1974), y Wemer Kelber, El Reino en Marcos
(Fortress Press, 197 4). Mateo: J ack Dean Kingsbury, Mateo:
Estructura, Cristología, Reino (Fortress Press, 1975). Juan:
Una de las mejores presentaciones es de Stephen S. Smalley,
Juan: Evangelista e Intérprete (Thomas Nelson & Sons, 1984).
Un comentario indispensable es el de Raymond Brown, El Evan-
gelio según Juan, 2 vols. (Doubleday & Co., 1966-70). Tam-
bién, de C.H. Dodd, La Interpretación del Cuarto Evangelio
(Cambridge: University Press, 1965), y R. Alan Culpepper,
Anatomía del Cuarto Evangelio: Un Estudio de Diseño Literario
(Fortress Press, 1983). Dos estudios de la función de Juan:
Raymond E. Brown, La Comunidad del Discípulo Amado (Pau-
list Press, 1979), y J. Louis Martyn, Historia y Teología en el
Cuarto Evangelio, ed. rev. (Abingdon Press, 1979).
Sobre Lenguaje y Estilo: Abraham J. Malherbe, Aspectos
Sociales del Cristianismo Primitivo (Louisiana State University
Press, 1977), hace un estudio de los problemas en la evaluación
del griego del Nuevo Testamento en pp. 29-59. Ver también:
Marius Reiser, Syntax und Stil des Markusevangeliums (Tíibin-
gen: J.C.B. Mohr [Paul Siebeck], 1984), y Nigel Tumer, Estilo,
vol. 4 de Una Gramática del Griego del Nuevo Testamento,
por J. H. Moulton et al. (Edinburg: T. & T. Clark, 1976).
Sobre Formas Orales: General: De Jan Harold Brunvand,
Folklore: Estudio y Guía de Investigación (St. Martin's Press,
1976). Los dos tratamientos antiguos más importantes sobre
crítica de forma son de Rudolf Bultmann, Historia de la Tra-
dición Sinóptica, trad. por John Marsh (Harper & Row, 1963;
2ª edic., Oxford: Basil Blackwell, 1968) y Martin Dibelius, De
la Tradición al Evangelio (Charles Scribner's Sons, 1985). Ver
también: Vincent Taylor, La Formación de la Tradición Evan-
gélica (London: Macmillan & Co., 1953). Relatos de milagros,
por Robert W. Funk, Relatos de Milagros Cristianos Primitivos,
98 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Semeia, 11 (1978); Gerd Theissen, Lbs Relatos Milagrosos de


la Tradición Cristiana Primitiva, trad. por J:': McDonagh (For-
tress Press, 1983). Parábolas:foachiinJeremias,Las Parábolas
de Jesús, ed. rev. (Charles Scribner's Sons, 1963); Eta Lin-
nemann, Parábolas de Jesús: Presentación y Exposición (Lon-
don: S.P.C.K., 1966). Relatos de Posicionamiento: John Do-
'minie Crossan, En Fragmentos: Los Aforismos de Jesús (Harper
& Row, 1983); Arland J. Hultgren, Jesús y Sus Adversarios:
Forma y Función de los Relatos de Conflicto en la Tradición
Sinóptica (Augsburg Publishing House, 1979); R.C. Tannehill,
ed.: Relatos de Posicionamiento, Semeia 20 (1981); R.C. Tan-
nehill, «Tipos y Funciones de los Apotegmas en los Evangelios
Sinópticos« ANRW II.25.2, 1792-1829; R.F. Hock y E. N.
O'Neill, Las Chreia en la Antigua Retórica, I (Scholars Press,
1986).
Sobre Formas Literarias: Hans Dieter Betz, «El Sermón
en la Montaña (Mt. 5:3-7:27): Su Género y Función Literaria»,
Ensayos sobre el Sermón en la Montaña, trad. por L. L. Welbom
(Fortress Press, 1985), pp. 1-16. Sermones u Homilías : Peter
Borgen, Pan del Cielo: Un Estudio Exegético del Concepto del
Maná en el Evangelio de Juan y los Escritos de Filón (Leiden:
E.J. Brill, 1965); Morton Smith, Paralelos Tanaíticos con los
Evangelios (Society of Bíblica} Literature, 1951). Discursos
Juaninos: George W. MacRae, «Discursos del Revelador Gnós-
tico», Actas del Coloquio Internacional sobre Gnosticismo
(Stockholm: Almqvist & Wiksell; Leiden: E.J. Brill, 1977), pp.
111-122. Genealogías: W. S. Kurz, «Lucas 3:23-38 y las Ge-
nealogías Bíblicas Greco- Romanas», en Lucas-Hechos: Nuevas
Perspectivas de la Sociedad del Seminario de Literatura Bíblica,
ed. por C. H. Talbert (Crossroad Publishing Co., 1984), pp.
169-187; Robert R. Wilson, Genealogía e Historia en el Mundo
Bíblico (Yale University Press, 1977). Diálogo: C. H. Dodd,
«La Forma de Diálogo en los Evangelios», BBJR 37 (1954).
Narrativa de la Pasión: Donald Senior, La Pasión de Jesús en
el Evangelio de Marcos (Michael Glazier, 1984). Resúmenes:
W. Egger, Frohbotschaft und Lehre: Die Sammelberichte des
Wirkens Jesu im Markusevangelium (Frankfurt: Knecht, 1976);
C.H. Hedrick, «El Papel de las «Declaraciones Sumarias» en
. LOS EVANGELIOS COMO BIOGRAFIA ANTIGUA 99

la Composición del Evangelio de Marcos: Un Diálogo con Karl


Schmidt y Norman Perrin», NovT 26 (1984), 289-311.
Sobre las Antiguas Nociones de los Evangelios: Robert
M. Grant, Los relatos más Antiguos sobre la Vida de Jesús
(Harper & Brothers, 1961), es un estudio importante que analiza
la relación entre los Evangelios y la antigua retórica. Ulrich H.
J. Kórtner, Papias von Hierapolis: Ein Beitrag zur Geschichte
des fruhen Christentums (Góttingen: Vandenhoeck & Ruprecht,
1983). R.O.P. Taylor, El Fundamento de los Evangelios (Ox-
ford: Basil Blackwell, 1946), toma muy en serio las formas
constitutivas del Evangelio como chreiai (pp. 75-90) e incluye
traducciones de oportunos fragmentos de Theón, Hermógenes
y Nicolás el Sofista.
Literatura Posterior relativa a Jesús: Ron Cameron, ed.,
Los Otros Evangelios: Textos Evangélicos No-Canónicos (West-
minster Press, 1982). Marvin W. Meyer, Las Secretas Ense-
ñanzas de Jesús: Cuatro Evangelios Gnósticos (Random House,
1984), incluye traducciones y notas sobre el El Apocrifón de
Santiago, el Evangelio de Tomás, el Libro de Tomás el Con-
tendiente, y el El Apocrifón de Juan. Ver también de Elaine
Pagels, Los Evangelios Gnósticos (Random House, 1979).
Colecciones de Refranes: Sobre el Evangelio de Tomás,
ver de William A. Beardslee, «Proverbios en el Evangelio de
Tomás», en Estudios del Nuevo Testamento y de la Literatura
Cristiana Primitiva: Ensayos en Honor de A/len P. Wikgren,
ed. por D.E. Aune (Leiden: E.J. Brill, 1972), pp. 92-102; Ste-
ven L. Davies, El Evangelio de Tomás y la Sabiduría Cristiana
(Seabury Press, 1983); Joseph A. Fitzmyer, «El Manuscrito
Oxirrinco de Jesús y el Evangelio Copto Según Tomás», en
idem, Ensayos sobre el Trasfondo Semítico del Nuevo Testa-
mento (Scholars Press, 1974), pp. 355-433. Ver también de
Robert M. Grant y David Noel Freedman, Los Refranes Secretos
de Jesús (Doubleday & Co., 1960); Ron Cameron, Tradiciones
de Aforismos en el Apocrifon de Santiago (Fortress Press, 1984).
Sobre Diálogos Gnósticos: Pheme Perkins, El Diálogo
Gnóstico: La Iglesia Primitiva y la Crisis del Gnosticismo (Pau-
list Press, 1980).
UNiVERSIOtd) üE Ni\VAHírn
FACULTAD Ci:: Tf:O!.OGi;\

3
Locas-Hechos y la Historiografía
Antigua

Lucas-Hechos es una «historia general» popular escrita por


un historiador helenístico aficionado con credenciales en retórica
griega. Los historiadores se entrenaban en retórica, no en his-
toriografía, y apoyaban su afición con medios independientes o
eran clientes pagados por ricos patronos. El patrón de Lucas fue
Teófilo, aunque sólo sabemos su nombre (Le. 1:3; Hechos 1:1).
Lucas era también un converso al cristianismo. Esta combina-
ción de habilidad literaria greco-romana y fe cristiana resultó
en una original obra literaria. Usando sus habilidades retóricas,
Lucas adaptó el género de historia general; uno de los géneros
más eclécticos de la antiguedad, como vehículo literario ade-
cuado para describir los orígenes y desarrollo del cristianismo.

El Problema del Género

El Evangelio de Lucas y los Hechos de los Apóstoles cons-


tituían originalmente una obra en dos volúmenes por un solo
autor. A comienzos del segundo siglo, Lucas fue separado de
Hechos y combinado con los otros Evangelios para formar el
Tetraevangelio (Evangelio cuádruple). Esta separación la faci-
litó el hecho de que Lucas y Hechos se escribieron en rollos
individuales de papiro (pero el autor, como algunos antiguos
historiadores, pudo haber publicado cada libro por separado).
Lucas es comúnmente considerado como un «evangelio» debido
a semejanzas evidentes con los otros Evangelios, y Hechos está
ampliamente clasificado como «historia», aunque carente de
análogos literarios exactos greco-romanos o israelo-judíos. Por
sí mismo, Lucas podía (al igual que Marcos, Mateo y Juan) ser
.. 102 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

clasificado como una clase de biografía antigua. Pero Lucas,


aunque puede haber circulado separadamente, estaba subordi-
nado a una estructura literaria más amplia. Lucas no pertenece
a un tipo de antigua biografía ya que forma parte de Hechos, y
Hechos no puede ser encajado en un molde biográfico.
Hace más de cincuenta años Henry J. Cadbury comparó
Lucas-Hechos tanto con la biografía como con la historia. Llegó
a la conclusión de que estaba probablemente más próximo a la
historia en cuanto a forma, pero no encajaba en las caracteristicas
¡·
.,;
formales de una y otra categoría. Con todo, el hecho de que
111: ninguna obra histórica es exactamente como Lucas-Hechos no
. .' significa que Lucas no trabajara dentro de los parámetros acep-
¡:· tados de los convencionalismos historiográficos antiguos, pues
la historiografía greco-romana presenta una gran variedad. Lu-
.¡ cas también manifiesta familiaridad con los convencionalismos
11
de la historiografía israelita y judía.
,,
,.

Hechos y la Antigua literatura Praxeis («Hechos»)

El título griego praxeis apostolon ( «Hechos de los Após-


toles») se agregó a los Hechos antes del 150 d.C. A partir de
entonces se le cita con este título (Canon Muratoriano, línea 34;
Ireneo, Contra las Herejías 3.12.11; 3.13.3) o la forma abre-
viada «Hechos» (Acta, con frecuencia en Tertuliano). Aunque
no desde su origen, este título quedó adherido porque caracterizó
de forma apropiada la obra para lectores antiguos. Lucas des-
cribió su primer libro como una obra que trataba sobre «todo
lo que Jesús hizo y enseñó desde un principio» (Hechos 1: 1).
El segundo libro tiene qué ver con los hechos y enseñanzas de
los apóstoles. Praxeis ( «hechos» o «logros») fue un término
aplicado a obras históricas enteras (Polibio 1.1.1; 9 .1.5-6; Dio-
doro Sículo 1.1.1) o a parte de ellas (Jenofonte, Educación de
Ciro 1.2.16; Polibio 4.1.3; Josefo Arqueología Judía 14.68;
Diodoro Sículo 3.1.1; 16.1.1; Dión Casio 62.29). El emperador
Augusto escribió su propio obituario resumiendo sus logros pú-
blicos, llamados Res Gestae Divi Augusti, «los hechos del divino
Augusto». La frase latina res gestae («logros») se traduce por
praxeis en una antigua traducción griega de la inscripción. El
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 103

término se usa también como título de, tres. o cuatro obras anti-
guas, entre las cuales están los Hechos de Alejandro, de Calís-
tenes (siglo cuarto a.C. y los Hechos de Aníbal, de Sósilo (siglo
segundo a.C.). Algunos eruditos han sostenido que praxeis era
una forma literaria establecida. La literatura de praxeis, al con-
trario que la biografía, no trata del carácter y evolución, sino
que más bien describe los hechos más relevantes de un personaje
destacado, como por ejemplo un rey, un general o un héroe.
Praxeis es un término no-técnico, descriptivo en narraciones
sobre los logros de personajes o ciudades notables (míticos,
históricos o de novela). El término ofrece poca ayuda en la
definición del género de Hechos.

Lucas-Hechos como Narrativa Biográfica de Sucesión

Charles Talbert argumenta que Lucas-Hechos es una narra-


tiva de sucesión, un tipo de biografía greco-romana. Talbert
propone un triple modelo en este género biográfico: (1) la vida
del fundador, (2) una lista o narrativa sobre los discípulos y
sucesores, y (3) un resumen de la enseñanza de la escuela. El
género tuvo origen -sugiere- cuando posteriores seguidores
consideraron necesario legitimar sus vínculos con el fundador.
Los únicos ejemplos de este género son las Vidas de los Filósofos
de Diógenes Laercio, un extenso compendio de las vidas y
enseñanzas de ochenta y dos antiguos filósofos desde Tales hasta
Epicuro, escrito hacia el 250 d.C. como fecha más antigua.
Talbert considera notables las semejanzas entre las Vidas de
Diógenes y Lucas-Hechos, ya que ambas contienen la vida del
fundador de una comunidad religiosa, una lista o narrativa de
sucesores, y un resumen de las enseñanzas de la comunidad.
El-análisis que Talbert hace de Diógenes Laercio no satisface
por varias razones: 1) aunque afirma que las vidas de Diógenes
«generalmente» consisten de tres elementos ( vida + sucesor +
enseñanzas), de hecho sólo seis de las ochenta y dos vidas siguen
este modelo (Aristipo, Platón, Zenón, Pitágoras, Pirrón, Epi-
curo). (2) La opinión de Talbert de que una lista de sucesión o
narrativa revela dónde se halla la auténtica tradición no encuentra
confirmación en Diógenes, que sólo se interesa en quién estudió
104 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

con quién, y quién sucedió a quién, no en la legitimidad de sus


puntos de vista. (3) El uso que Talbert hace de la frase «narrativa
de sucesión» es una descripción inadecuada de las breves listas
de estudiantes o sucesores. Con todo, la propuesta de Talbert
tiene el mérito de pretender encontrar una analogía en género a
Lucas-Hechos en su totalidad.

Hechos y la Novela Greco-Romana


~~
Las· historias helenísticas son vehículos para narrar eventos
'. '
dignos de dejar constancia en la memoria. Las biografías he-
: - lenísticas se centran en las vidas de personas prominentes dignas
de ser recordadas y emuladas. Las novelas helenísticas narran
J relatos dignos de ser contados. Los historiadores y biógrafos
i
1
escribían sobre hechos que realmente ocurrían y gente que real-
mente vivía; tenían intenciones históricas. Los novelistas na-
rraban eventos imaginarios que podían haber sucedido pero no
fue así; tenían intenciones novelescas. Sin embargo, las claras
diferenciaciones pueden llevar a confusión. Los historiadores
dramáticos manipulaban y bordaban los acontecimientos his- -
tóricos hasta unpunto inaceptable para la historiografía moder-
na, en tanto que las novelas antiguas (como la ficción histórica
moderna) trataban de aventuras de gente imaginaria o real en
escenarios conocidos o al menos históricamente verosímiles.
Muchos eruditos han propuesto una relación genérica entre
Hechos y las antiguas novelas, pero ninguno ha discutido el
caso más ampliamente que Richard Pervo. Puesto que Hechos
carece de exactitud objetiva, afirma, debería ser clasificado
como novela histórica no como historia. El principal propósito
de Hechos es de edificación (la demostración empírica de que
la virtud es superior al vicio) en una forma entretenida (un
propósito que el libro canónico de Hechos comparte con las
novelas y los cinco Hechos apócrifos más antiguos). Lucas logra
ésto usando los mismos temas y asuntos que los novelistas.
Pervo encuentra 33 episodios en Hechos (23 en Hechos 12-28)
que ofrecen milagrosas y excitantes escapadas de última hora
de peligros (e.g. 14:2-6; 16:16-40; 22:22-24). Estos episodios,
con analogías semejantes en las novelas antiguas, se dividen en
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 105

cinco categorías: (1) arrestos y encarcelamientos (3: 1-4:31; 5: 12-


42); (2) persecución y martirio (21:27-22:29); (3) escenas de
multitud (once, incluyendo 16:19-23; 18:12-17; 19:23-41); (4)
relatos de juicios (nueve, incluyendo 4:5-22; 18:12-17; 25:6-
12); (5) viaje y naufragio (e.g. 27:1-28:16). Pervo se centra en
rasgos novelescos de éstos y otros elementos en Hechos y en
las conexiones que tienen con temas y asuntos novelísticos.
La principal aseveración de Pervo es correcta: Hechos es
entretenido y edificante. No obstante, resulta incierto que He-
chos deba ser clasificado como novela histórica con vínculos
más estrechos con la ficción que con la historia. Sus argumentos
tienen varios puntos débiles: (1) Aunque los historiadores anti-
guos escribían para entretener, no consideraban que la verdad
y la utilidad tuviesen que ser sacrificadas. (2) El término «novela
histórica» debe reservarse a las novelas que siguen una secuencia
histórica de acontecimientos ( como la Educación de Ciro de
Jenofonte o Romance de Alejandro de Pseudo-Calístenes), más
que aplicada a narrativas de ficción encuadradas en el mundo
real. (3) La exactitud objetiva de Hechos (evaluada de diversas
maneras) no viene al caso para la clasificación genérica si Lucas
pretendió narrar acontecimientos reales. El uso de Lucas de
prefacios históricos y su mención de fuentes no se encuentra en
las novelas. (4) Lucas-Hechos debe ser tratado como afiliado a
un género, pero Pervo trata Hechos aisladamente. (5) Muchos
de los episodios que analiza, con sus temas y asuntos consti-
tutivos lejos de ser exclusivos en novelas y Hechos, se encuen-
tran en narrativas objetivas y de ficción en el mundo helenístico.

Historiografía Helenística

La diversidad de los escritos helenísticos sugiere que consiste


de no uno sino muchas formas genéricas interrelacionadas aun-
que claramente separadas. Luciano de Samosata, un satírico
griego del siglo segundo d.C. afirmaba que «no hay un solo
escritor que no escriba historia» (Cómo Escribir Historia 2).
Aunque obviamente exageraba, la evidencia sugiere que griegos
y romanos se interesaban mucho en literatura histórica durante
el período helenístico y que se escribía un número extremada-
mente elevado de historias, aunque pocas han sobrevivido.
106 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

«Historia» ( del griego: historia, «pesquisa») es un término


que originalmente se usaba para cualquier clase de investigación
pero a la larga quedó restringida al estudio del pasado. Como
\ '
designación para un tipo de obra escrita, «historia» pone énfasis
en un método que describe un rasgo principal de este tipo de
literatura. «Historia «, pues, abarcaba no sólo la «historia» como
la entendemos, sino la información de todos los aspectos del
mundo y sus habitantes basada en la investigación o descubri-
miento.
·.;,

·<
Métodos y Fuentes Históricas

Desde Herodoto ( que murió hacia el 420 a. C.) hasta Amiano


Marcelino (aprox. 330-395), los antiguos historiadores preferían
• las fuentes orales a las escritas. El acceso a las fuentes era a
través de ojos y oídos, ya que «los ojos son testigos más seguros
que los oídos», que quiere decir que la experiencia directa es
preferible a saber de oídas (Heráclito, citado en Polibio 12.27 .1).
Los antiguos escritores afirmaban a menudo haber sido testigos
presenciales de los acontecimientos que describían. El conoci-
miento visual-personal, i.e., la evidencia presencial (autopsia),
se consideraba la fuente histórica más fidedigna (Herodoto 2. 99;
Polibio 12.27 .1-6; 20.12.8; Luciano, Historia 47). Polibio pen-
saba que los historiadores debían ser «hombres de negocios»
que participaran realmente en los acontecimientos que narraban
(3 .4. 13; 12. 25 g .1; 12. 28 .1-5). Los historiadores romanos desde
Q. Fabio Píctor (finales del siglo tercero a.C.) hasta Dión Casio
(hacia 40-112 d.C.) eran o bien senadores, o sus clientes. El
estudio de la historia fue una de las mejores formas de adquirir
experiencia en la guerra y en la política.
El requisito de la experiencia visual personal produjo varias
restricciones. Primera, el historiador estaba limitado ala historia
contemporánea. Entre los historiadores que se auto-limitaron a
acontecimientos contemporáneos o casi contemporáneos, se ha-
llan: Tucídides, Jenofonte, Polibio, Salustio y Tácito. Livio es
el único historiador antiguo «importante» que es una excepción.
Segunda, los historiadores no podían estar en todas partes, te-
niendo necesidad de otras formas de reunir evidencia. Tercera,
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAAA ANTIGUA 107

una dimensión importante de la evidencia presencial era el co-


nocimiento de las regiones donde habían tenido lugar eventos
históricos. Heródoto (según el ejemplo de Recateo de Mileto)
fue uno de los historiadores antiguos que más extensamente
viajó, visitando importantes lugares desde Grecia hasta Babi-
lonia. Viajar (que requería tiempo libre y medios) era, pues,
una necesidad para el historiador consumado (Apiano, prefacio
12).
Escuchar era también indispensable para la investigación
histórica. Primero, el historiador podía oir hablar de eventos
mediante entrevistas a testigos presenciales (Polibio 4.2.2). Se-
gundo, podía obtener información oral de autoridades fidedig-
nas, generalmente viajando a la escena (Heródoto 2.52; Polibio
3.48.12; 4.38.11; 10.11.4). Tercero, podía escuchar y evaluar
las tradiciones populares. Cuarto, podía leer y comparar narra-
ciones escritas por aquellos que habían sido testigos presenciales
(puesto que los antiguos leían en voz alta, los relatos escritos
eran «oídos»; cf. Polibio 28.4.8; 38.4.8).
La forma en la que los historiadores redactaban sus obras
puede entenderse en los teóricos historiográficos antiguos (e.g.
Dionisio de Halicarnaso y Luciano de Samosata), en disgresio-
nes o metodología de los antiguos historiadores (e.g. Polibio),
y comparando las obras acabadas con sus fuentes cuando ambos
sobreviven. La primera fase al escribir la historia implicaba la
preparación de un bosquejo preliminar de los eventos (hypom-
nema) en orden cronológico (Josefo, Contra Apión 1.47-50;
Luciano, Historia 16, 48). Como característica, los Hypomne-
mata carecían de discursos, episodios dramáticos, disgresiones,
y organización temática, todo lo cual se redactaba e insertaba
posteriormente. La narrativa debe también tener una dicción
apropiada, estilo periódico (el uso de frases complejas), y suaves
vínculos entre unidades narrativas (Luciano, Historia 48, 55).
«Sin añadir o borrar nada», es un lema que algunos histo-
riadores antiguos aplicaron al uso exacto de fuentes o hechos
(Dionisio de Halicamaso, Antigüedades Romanas 5, 8; Luciano,
Historia 47; Josefo, Arqueología Judía 1.17). Esto significaba
ajustarse al sentido general de las fuentes, no transcribiéndolas
literalmente (cf. Porfirio en Eusebio, Preparación para el Evan-
gelio 4.7.1). Los antiguos historiadores libremente acortaban,
108 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

omitían o ampliaban material, .sustituian de otras fuentes, daban


forma y color a la narrativa e inventaban en detalle pequeñas
mejoras. Es aleccionador el uso de inscripciones publicadas.
Decretos, edictos y cartas inscritas en piedra representaban la
esencia de los originales ( depositados en archivos como el Ta-
bularium en Roma o el Metroon en Atenas) y no eran copias
exactas. Si las inscripciones públicas de documentos oficiales
r·,---' transmitían sólo la sustancia general, ¿por qué debían los his-
1
toriadores ambicionar una servil imitación? El discurso de Clau-
dio transmitido por Tácito (Anales 11.23-25) es la mitad de
,,
extenso que la versión inscrita. De manera similar, cuando Jo-
.
·<
sefo copió el texto de un tratado de 1 Mac. 8:23-32, redujo el
texto griego de 154 a 81 palabras (Arqueología Judía 12.417s.).
Fueron característicos Tácito y Josefo. Cuando los autores grie-
, gos y romanos «citaban» inscripciones, nunca verificaban los
1 ,' originales de los archivos.
t
Si los historiadores preferían una disposición temática a la
cronológica de las fuentes, libremente hacían los cambios ne-
cesarios (Josefo, ArqueologíaJudía,4.197; Guerras 7.42). Sha-
ye Cohen sostiene de manera convincente que tanto Vida como
Guerras de Josefo se basan en un bosquejo anterior (hypom-
nema) hecho en Palestina. Guerras es una bien escrita narración
temática de acontecimientos, mientras Vida es considerable-
mente menos refinada y ordenada cronológicamente. Los dis-
cursos en Dionisio, Antigüedades Romanas 8.1.1-63 .4, fueron
omitidos o radicalmente compendiados por Plutarco en su Vida
de Coriolano . Generalmente los historiadores antiguos seguían
una fuente a la vez, aunque a menudo suplementaban su fuente
principal insertando material de otras fuentes donde fuese de-
seable una ampliación o un mayor detalle.

Historia y Retórica

La historia no se hallaba en el programa de educación de


las escuelas griegas y romanas. Sin embargo, muchos de los
historiadores tuvieron una educación retórica formal y emplea-
ron este entrenamiento para escribir historia. De acuerdo con
los manuales de retórica, las narrativas debían ser veri si milis,
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 109.

«como la verdad». Los retóricos (y en particular los sofistas)


se interesaban más en la verosimilitud que en la verdad, y la
verosimilitud (combinación de lógica y sentido común) fue el
único método del historiador antiguo para determinar la credi-
bilidad histórica. Dada la clase de educación formal, era ine-
vitable que las normas de oratoria influyesen profundamente en
la historiografía. Los historiadores se interesaron a menudo en
convencer a sus lectores que su relato de los acontecimientos
era más fidedigno que el de los demás -un propósito similar
al de la oratoria legal y consultiva. Los historiadores helenísticos
trataron de influir en la actitud y conducta de los lectores des-
cribiendo a determinados individuos como ejemplos de virtud
o vicio. Esa tarea fue esencialmente la de persuasión. La teoría
retórica distinguía tres categorías de narración: ( 1) historia (his-
toria), para narrar hechos verdaderos; (2) ficción (plasma o
argumentum), para narrar hechos similares a los verdaderos; (3)
mito o leyenda (mythos o fabula), para narrar eventos que no
podían ocurrir (Quintiliano 2.42; Cicerón, Sobre la Invención
Retórica 1.27; Sexto Empírico, Contra los Maestros 1.263s.).
En la práctica estas categorías se fusionaron (Estrabón 1.2.17,
35).
Dionisia de Halicarnaso fue un historiador retórico que em-
pleó exageraciones retóricas en relatos de batallas (Antigüedades
Romanas 8.89.1-2; el número de lanzas en un escudo las hundía
por su propio peso), presentaba situaciones hipotéticas para con-
trastar con la realidad (2.3.7; 8.86.2; 9.45.1), y usaba antítesis
(no ... sino) al describir escenas emotivas y llenas de inspiración,
como Bruto castigando a sus hijos (5.8.5). Un uso importante
de la retórica en la historiografía fue la composición de discursos
o declamaciones falsificadas. Dionisia de Halicamaso y Livio
pueden haber publicado por separado los discursos incluidos en
sus historias. A veces éstos se leían más como ejercicios de
clase que como discursos adecuados a situaciones verdaderas
(Polibio 12.25a.5; 25b.4; 25k.8, 26.9).
Otra influencia de la retórica en la historiografía adoptó la
forma de episodios dramáticos que capacitaban al lector para
participar emocionalmente en los acontecimientos y situaciones
del relato. Muchos eruditos consideran la «historia trágica» o
la «historia dramática» como un género literario aparte, o un
110 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

producto de una determinada escuela de pensamiento. Polibio,


que acuñó la frase «historia trágica» (para él combinaba de
manera inadecuada el drama: novelesco con la historia objetiva),
criticó a los historiadores que empleaban excesivamente dichas
técnicas (2.2.56-63; 3.47.6-48.12). Polibio se declara en contra
del exceso, no de la eliminación, como su propio uso de epi-
sodios «trágicos» lo sugiere (15.25-33; 16.30-34; 23.10-11).
Luciano también se quejaba del uso masivo de los rasgos trágicos
de la historia, pero aprobaba su uso moderado (Historia 7-10).
F. W. Walbank ha sostenido convincentemente que la historia
trágica es un estilo que se origina con Heródoto más que en un
género o escuela historiográfica.

La Forma y Contenido de la Historia


,.
::
,,
Hay cinco principales géneros de escritos «históricos» he-
1,
lenísticos en la antiguedad, cada uno caracterizado por un con-
tenido especial correlacionado con una forma estructural com-
plementaria: (1) genealogía o mitografía, (2) descripciones de
viajes (etnografía y geografía), (3) historia local, (4) cronogra-
fía, y (5) historia. Todos ellos son géneros en prosa que pre-
tenden distinguir el hecho de la ficción.
Los cinco tipos de composiciones históricas pueden subdi-
vidirse en tipos que están cronológicamente dispuestos (historia
en el sentido moderno), y los que están sistemáticamente dis-
puestos (investigación culta en el pasado o estudios de anticua-
rios). Entre los tipos cronológicos de composición histórica están
la historia local, la cronografía, y la historia política y militar.
La genealogía, mitología, etnología y geografía, y los temas
relacionados eran de interés básico en la tradición anticuaria
antigua (en griego: archaiologiai ; en latín antiquitates), los
temas mejor presentados sistemáticamente. Los anticuarios se
interesaban en las instituciones sociales, culturales, legales, eco-
nómicas y religiosas de la antiguedad, en el lenguaje y las
costumbres; en resumen, todo aquello que podía ser tema de
investigación racional. Polibio designó primero las narrativas
históricas de eventos políticos y militares como pragmatiké his-
toria, i.e., «historia político-militar» (6.5.2), que distinguía de
. LUCAS-HECHOS Y LA HiSTORIOGRAFIA ANTIGUA 111

la investigación anticuaria (9.1.2). En términos modernos, los


anticuarios eran historiadores sociales y culturales, cuyos es-
tudios invadían frecuentemente las historias en forma de dis-
gresiones.

Genealogía o Mitografia
La genealogía o la mitografía fue un tipo primitivo de com-
posición «histórica» que pretendía integrar a los héroes del mito
y la leyenda en familias y clanes históricos, muchas veces para
vincular a los descendientes con virtudes y cualidades de im-
portantes progenitores. Inspirado por las listas épicas de dioses
y héroes de Hesíodo, este tipo de historia es un eco del interés
griego por el pasado heroico. Servía al propósito de separar la
«prehistoria» de la «historia», y muy frecuentemente sobrevivió
como una forma literaria breve incluida en composiciones más
extensas.

Descripciones de Viajes ,,1,,

Las descripciones de viajes (etnografía) se escribieron desde


principios del siglo quinto a.C. hasta la más reciente antiguedad,
y generalmente se centraban en un grupo étnico determinado en
su hábitat nativo. Se incluían de forma característica cuatro tipos
de información: (a) geografía, i.e., una descripción de una re-
gión, (b) historia dinástica, o una descripción de la sucesión de
gobernantes nativos, (c) las maravillas o prodigios de la región,
y (d) las costumbres de los habitantes. La etnografía fue carac-
terísticamente más tolerante con los informes exagerados e im-
probabilidades que otras formas de historia. Como los antiguos
daban por hecho que lo ambiental determina los rasgos de ca-
rácter del grupo (cf. Hipócrates, Aires, Aguas, Lugares), la
geografía era una presuposición para la historiografía.

Historia Local
La historia local (horografía, «composición analística»), que
se originó a finales del siglo quinto a.C. en Atenas, narraba los
eventos anuales restringidos de una ciudad-estado en secuencia
112 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

cronológica. Mientras los griegos mismos mantenían una dis-


tinción entre historia propia y horográfica (historia local), los
romanos las mezclaron. En Roma la práctica de recopilar «Gran-
des Anales» (annales maximii por el sacerdote mayor, el «Pon-
tifex Maximus, tuvo una influencia decisiva en la historiografía
romana (e.g. Q. Fabio Píctor, Libio, Dión Casio). La historio-
grafía analística versaba sobre acontecimientos en segmentos
.•••••..•.•.
anuales, una técnica que propendía a interrumpir la continuidad
histórica.

Cronografía

La cronografía, o la crónica, en su forma más simple con-


sistía en unas listas cronológicamente ordenadas de sacerdotes,
sacerdotisas, reyes, magistrados, oficiales y triunfadores olím-
picos. Éstas se empleaban para la datación anual; un año se
'I 1, identificaba por los oficiales que habían desempeñado su cargo
1 ~ en ese año (e.g., arcontes en Atenas, éforos en Esparta, step-
hanephoroi en Mileto). Antes del siglo quinto los griegos usaban
la datación numérica basándose en las Olimpiadas (períodos de
cuatro años que empezaron con el 776 a.C.). En ausencia de
un esquema cronológico universalmente reconocido, las «cró-
nicas» (que, al contrario que las historias, no explican los he-
chos) eran indispensables para escribir las historias locales.
Cuando éstas se coordinaban con las cronografías de otras ciu-
dades y regiones, se hizo posible la composición de la historia
general. La datación del ministerio de Juan el Bautista en Lucas
3: 1-2 (la fecha resultante es el 28 ó 29 d.C.) es un ejemplo de
la coordinación de las listas cronográficas.
La medición científica del tiempo empezó en Alejandría con
las hoy perdidas Chronographiai de Erastótenes de Cirene (siglo
tercero a.C.), que abarcaban la historia griega desde la guerra
de Troya con Alejandro el Grande y que se basaban en las
Olimpiadas como criterio cronológico. El, y cronógrafos pos-
teriores se interesaron principalmente en los juegos, tratados,
vidas de hombres grandes, destrucción de ciudades, grandes
batallas y victorias, eventos políticos, y fenómenos naturales
como cometas y terremotos. En los conflictos culturales de los
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAAA ANTIGUA 113

períodos helenístico y romano, la cronografía se convirtió en


un instrumento de propaganda. Los historiadores helenísticos
Beroso y Manetón (ambos del siglo tercero a.C.) sostenían que
la cultura griega era secundaria y derivativa, usando argumentos
basados en la prioridad cronológica de sus culturas nativas. El
judaísmo también reclamó superioridad cultural y religiosa, afir-
mando la antiguedad de Moisés sobre Platón. Los apologistas
cristianos emplearon la cronología apologética del judaísmo para
sostener la prioridad y superioridad de la revelación bíblica sobre
la filosofía y religión griegas (Justino, 1 Apología 54-59; Ta-
tiano, Discurso a los Griegos 31-42; Teófilo, A Autolico 3.16-
29). El mundo Cristiano Crónica por Eusebio de Cesarea (aprox.
260-340 d.C.) combinaba las cronologías clásicas y nativísticas
en forma y estilo que influyeron en la erudición cristiana durante
siglos.

Historia

La Historia en sí es un género historiográfico único ya que


es mimético, i.e., pretende dramatizar e interpretar las memo-
rables hazañas de gente del momento. Los otros cuatro tipos
descritos anteriormente reunían y presentaban datos sin inter-
pretación o dramatización, Por otro lado, el historiador creaba
la ilusión de que él era un observador de los acontecimientos
que describía. Como las hazañas colectivas de la gente son
enormemente significativas, la guerra (lucha entre estados) y
la política ( conflictos faccionarios entre estados) vinieron a ocu-
par un lugar de vital interés en la historiografía greco-romana
a través de la influencia de Heródoto y Tucídides. La historia
fue subdividida por Polibio y otros antiguos críticos en dos sub-
géneros: (1) kata meros, «monografías históricas» y (2) kat-
holou, «historia general» (Polibio 2.37.4; 12.23.7; 29.12.2-5;
Dionisio de Halicamaso, Sobre Tucidides 5). A éstos añadimos
un tercer sub-género: (3) la historia anticuaria. En tanto que los
esquemas cronológicos sencillos eran propios de monografías
históricas, la historia anticuaria y general normalmente tenía que
ver con diversos teatros históricos, empleando cronologías dis-
tintas para cada región (e.g. Romaika de Apiano).
114 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Monografías Históricas .

Las monografías históricas se centraban en una secuencia


importante de acontecimientos (típicamente una guerra) durante
un período limitado de tiempo. Heródoto y Tucídides (aprox.
455- 400 a.C.) escribieron monografías históricas sobre la gue-
rra, bajo la convicción de que el tipo más significante de cambio
..-, ....
humano era político y militar en su naturaleza. Heródoto trataba
el tema memorable exclusivo del conflicto entre Oriente y Oc-
.,. cidente, culminando en las guerras entre Persia y Grecia. He-
·< ródoto se interesó en el problema de la causalidad (etiología),
..,,. . basado en una antigua noción de que la clave para comprender

.
la conducta individual y de grupo está vinculada con la cuestión
de los orígenes. en 430 a.C. terminó una historia de las guerras
. .í'. entre griegos y persas publicada posteriormente a título póstumo.
" En ella se centró en el período de la rebelión Jónica (499 a.C.;

l
5.28ss.) por medio de las victorias griegas finales en las batallas
l.
de Platea y Mícale (479 a.C.; 9.1-106), combinando la historia
~." constitucional con la etnografía (que dominan la primera mitad
de su obra) con historia militar en un intento de describir y

explicar los acontecimientos. Su obra tiene calidad episódica


porque emplea una técnica folklorista de composición, uniendo
episodios discretos en una cadena, y también porque proyectó
que su obra fuese leída públicamente en segmentos manejables.
Tucídides, al contrario que sus predecesores, eligió el tema
innovador de la guerra contemporánea entre Atenas y Esparta
(431-404 a.C.). Se centró en los asuntos políticos y militares y
su interrelación. Su obra quedó incompleta, terminando en el
invierno del 411, aunque el autor intentó terminarla con el cese
de hostilidades en 404 (5.26.1). Tucídides fue criticado en la
antiguedad por sus desatinos retóricos y por no prestar una
atención conveniente a los «comienzos» adecuados, i.e. la cau-
salidad histórica (Dionisio, Sobre Tucidides 9-20).
El autor anónimo de la Hellenika Oxyrhynchia imitó a Tu-
cídides y continuó su historia abarcando el período 411-386 a. C.
Esta historia, reconstruída de fragmentos de papiro descubiertos
en este siglo, es (aparte de Tucídides) la única obra histórica
griega que usa las «divisiones» cronológicas (diaireseis) de «ve-
rano e invierno» para estructurar su narrativa. Otros sucesores
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 115

e imitadores de Tucídides como Teopompo y Jenofonte, escri-


bieron historias griegas (Hellenika, literalmente «Asuntos Grie-
gos») que subrayaban como esenciales las cuestiones políticas
y militares y, con todo, se centraban en las proezas de un sólo
gran personaje, como Alejandro el Grande. Este fue, en efecto,
un movimiento en dirección hacia la historia biográfica, con un
énfasis en rasgos de personalidad, emociones, atavíos, virtudes,
vicios, sueños y portentos, todo lo cual se convirtió en temas
adecuados y regulares de narración. Esta clase de historia pro-
pendía a ser laudatoria o encomiástica. Guerras de los Judíos,
de Josefo, es la única monografía histórica que ha llegado hasta
nuestros días desde el primitivo Imperio.

Historia General

Las historias generales narraban las experiencias históricas


importantes de un sólo grupo nacional desde su origen hasta el
pasado reciente. Esto por lo general implicaba contactos con
otras naciones (en su mayor parte a través de la guerra). La
historia general es un género que apareció primero en el período
helenístico. En un sentido, Heródoto se anticipó a la historia
general debido al alcance de su empresa (Dionisio, Sobre Tu-
cidides 5). Con todo, par~ los antiguos, la historia general em-
pezó con las Historiai de Eforo (aprox. 405-330 a.C.), una obra
en treinta volúmenes que sólo sobreviven en autores posteriores
( epitomizadcs en Diodo ro 11-16). Esta obra fue «general» en
el sentido de que trataba sobre la historia griega desde los pri-
meros tiempos, sin olvidar los contactos con naciones bárbaras.
La «historia general» traduce frases como koinai historiai, koi-
nai praxeis (Diodoro Siculo 1.1.1; 1.4.6; 4.1.3; 5.1.4), y kat-
holou praxeis (Polibio 12.23.7; 29.12.2-5). Estas expresiones
a menudo son traducidas confusamente como «historia univer-
sal». En tanto que algunos historiadores tardíos trataron sobre
«el mundo habitado» (oikoumene), otros se centraron en la his-
toria de un solo grupo nacional en relación con las naciones
vecinas. Polibio (aprox. 200-118 a.C.) fue el primer historiador
general cuya obra ha sobrevivido parcialmente. Su historia fue
continuada hasta casi el 60 a.C. por Posidonio (135-50 a.C.),
116 EL NUEVO TESTAMENTO EN su ENTORNÓ LITERARIO
cuyo trabajo fue a suvez continuado hasta eÍ 30 a.c. por Es-
trabón (aprox. 64 a.c.· a 21 d.C.). Otros escritores griegos de
historia general entre los que están Diodoro Sículo (primer siglo
a.C.) y Nicolas de Damasco (nacido en 64 a.C.), que escribió
quizás la historia más extensa en 144 volúmenes. De las muchas
historias generales escritas en latín, sólo parte del trabajo de
Amiano Marcelino (final del siglo cuarto d.C.) se ha conservado.
.•••..•••
En el período helenístico muchas historias generales fueron
escritas por intelectuales «bárbaros» que deseaban comunicar a
.,
•4,.,
los griegos los logros (y superioridad) de sus tierras nativas. La
•("'. composición de tales historias refleja una consciencia nacional
.,.
', .
.. de un pueblo unido (particularmente en oposición a los griegos
..•. ,.
y después a los romanos) por la lengua, la geografía y las
costumbres. El modelo de tales historias apologéticas y pro-
.i: pagandísticas fue la Historia de Egipto por Hecateo de Abdera
" (aprox. 300 a.C.). Fue seguido por una multitud de imitadores,
entre los que se hallan Manetón (Historia de Egipto, aprox. 280
1 : a.C.), Beroso (Historia de Babilonia), y varios historiadores
"
I '· judíos helenísticos (Artapano, Eupolemo y Pseudo-Eupolemo),
El historiador judío Josefo escribió Arqueología Judía emplean-
do como modelos estas [Link] generales nativísticas y la his-
toria anticuaria ecléctica de Dionisio de Halicarnaso.

Historia Anticuaria

La historia anticuaria es realmente una forma más ecléctica


de historia general, que combina los intereses de estudios de
anticuarios (mitología, genealogía, historia local, etnología,
geografía) con un estudio cronológico de estados en función de
conflictos tanto internos (política) como externos (militares),
desde tiempos míticos hasta el pasado reciente. Dionisio de
Halicarnaso (final del siglo primero a.C.), que enseñó retórica
en Roma después del 30 a.C., y escribió Antigüedades Romanas,
describe extensamente el carácter inclusivo de su historia ( 1. 7 .1-
4 ). Quiere empezar con los mitos más antiguos (evitados por
muchos historiadores) y conducir la narrativa (diegesis) hasta
la Primera Guerra Púnica (264 a.C.). Incluye guerras extranjeras
y contiendas civiles durante ese período, mostrando sus causas
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 117

y las acciones y argumentos (discursos) que produjeron su final.


También estudia los diversos tipos de constituciones que evo-
lucionaron junto a las características leyes y costumbres ro-
manas, i.e., toda la vida colectiva de los antiguos romanos. No
desea limitar su tratamiento ni a guerras o formas de gobierno,
o a relatos analísticos, sino que conscientemente presenta una
«combinación [miktos] de cada tipo, legal, especulativo y na-
rrativo» para proporcionar satisfacción y divertimento a todo
tipo de lectores. Dionisio, en suma, fue escribiendo conscien-
temente una historia mezclada incluyendo rasgos que normal-
mente caracterizaban a una serie de géneros históricos y anti-
cuarios.

Formas literarias Constitutivas

Prefacios Históricos

La historia fue el primer tipo de composición en prosa que


desarrolló un tipo de prefacio tprooimion ) característico. Los
temas en los prefacios de Heródoto y Tucídides se convirtieron
en topoi convencionales para los subsiguientes historiadores: la
alabanza de la historia, la afirmación de imparcialidad y el valor
permanente del tema. El uso de capítulos de presentación como
introducción de diversos libros se convirtió en un convencio-
nalismo historiográfico (Polibio 11.1 conoce, aunque rechaza,
esta práctica). En dichos prefacios, el autor podía revelar sus
opiniones y prejuicios (e.g., alabando o condenando a impor-
tantes figuras, o extrayendo lecciones morales), estudiar obje-
tivos y métodos, criticar a anteriores historiadores y demostrar
habilidad retórica. Un uso de prefacios en libros de obras ex-
tensas tenía que recapitular el libro anterior y resumir el siguiente
(e.g., Diodoro 1.42; 2.1.1-3; 3.1.1-3; 18.1.1-6).
Luciano destaca tres funciones de los prefacios retóricos:
(1) asegurarse la buena voluntad de la audiencia, y (2) ganar su
atención; (3) disponerlos a recibir instrucción (Historia 53).
Varios topoi, o temas comunes, venían a asociarse con los pre-
facios de la historiografía helenística: ( 1) peticiones y dedica-
ciones (la obra de Isócrates A Nicocles contiene la primera de-
118 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

dicación existente en un prefacio en prosa); (2) excusas por un


defectuoso estilo; (3) comentarios sobre el valor y utilidad de
la historia; (4) mención de predecesores (a veces crítica); (5)
promesa de imparcialidad; ( 6) uso de una apropiada metodo-
logía; y (7) razón(es) para la elección del tema.

El Uso de Episodios

' El éxito de una extensa narrativa de ficción (épica, novelas)


·.,'
·< y no-ficción (historias) depende de la correcta conexión de los
·;,:
; .•... episodios por separado, para formar una composición unificada.
,:,. Los tres géneros históricos principales (monografías históricas,
historia general e historia anticuaria) son todos ellos géneros
;::
complejos que constan de diversos episodios. La historia implica
., acontecimientos que ocurren en un período determinado sin im-
•.-,.,. portar una aparente desconexión (cf. Aristóteles, Poética
-·'
'·· 1459a). Los historiadores trataban a menudo sobre temas que
~." se prestaban para una presentación unificada (e.g., sobre ciu-
dades o reyes; cfr. Diodoro 16.1), a menudo coincidentes con
la división de una obra en volúmenes (Diodoro 5.1.6). Luciano
recomendaba que los historiadores unieran episodios como una
cadena para evitar rupturas y disgregaciones (Historia 55; cf.
Quintiliano 7 .1.1). Por otra parte, Polibio reconocía y defendía
sus narrativas «incompletas e inconexas», argumentando que la
· variedad era indispensable (38.5.1-8). Los episodios dramáticos
carecen de un detalle extrínseco y subraya la creciente tensión
justo antes de la resolución o desenlace.

Discursos

La historia para los antiguos consistía de acciones (praxeis)


y palabras (logoi); Homero fue el modelo de ambos. El discurso
directo en la épica homérica (la mitad de la Jlíada y tres quintas
partes de la Odisea) juega un importante papel dramático pre-
sentando acontecimientos pasados como si fuesen presente. En
esto y en otros aspectos, Homero ejerció una perdurable in-
fluencia en la historiografía griega. En cuanto a contenido, las
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 119

oraciones homéricas, simples o pareadas (obviamente, todas de


ficción) suponen mandatos (e.g. llíada 1.321-325; 4.192-:197),
consejo (2.23-34; 5.347-351), súplicas, incluyendo plegarias
(1.36-42; 3.250-258), y anuncios (1.442-445; 5.102-105). Las
oraciones de mandato, consejo y súplica sirven generalmente
para motivar a la acción, i.e., mostrar por qué la gente hizo lo
que hizo. Las oraciones de anuncio, por otro lado, explican
generalmente las acciones del orador o prefiguran hechos que
están por venir. En la épica, tragedia, comedia e historia de
Heródoto, la caracterización 'no incluye la individualización lin-
guística; la alocución directa refleja de manera uniforme el estilo
del autor (nótese el «inoportunamente» elegante discurso de
Polifemo, el gigante caníbal salvaje en la Odisea 9.447-460).
La disertación desempeña un importante papel en Heródoto,
el primer historiador que empleó la oración directa para dra-
matización. Según Mabel L. Lang, su historia contiene 861
oraciones en forma tanto directa (El general dijo, «Gané»), como
indirecta (El general dijo que había ganado). Menos de la mitad
( 4 7 .5 por ciento) es oración directa. El papel importante de la
oración en forma directa en Heródoto contrasta con la prefe-
rencia de la oración directa en Homero (como en la narrativa
del Antiguo Testamento). Las noventa y dos oraciones simples
en forma directa de Heródoto, similares en contenido y función
a las de Homero, que encontró en sus fuentes orales la diser-
tación combinada con los acontecimientos, trató de diferente
manera las palabras y las acciones. En tanto que ocasionalmente
ofrece diferentes versiones de los eventos (erga), no ofrece
nunca diferentes versiones de las palabras ([ogoi). Esto sugiere
su creatividad al componerlas y usarlas como recursos narrati-
vos, no sólo para dramatización, sino también para proporcionar
motivaciones y explicaciones de conducta.
El uso de la disertación en historiografía alcanzó un nivel
nuevo y significativo de desarrollo en Tucídides, en un tiempo
en el que la oratoria empezaba a hacer grandes progresos en la
Atenas clásica. Por un cálculo anterior, existen cuarenta y un
oraciones en forma directa en Tucídides (24 por ciento de la
narrativa), que reflejan uniformenente su propio lenguaje y es-
tilo. De acuerdo con el reciente cálculo de W.C. West, hay
cincuenta y dos oraciones en forma directa, ochenta y cinco en
120 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

forma indirecta (tres que combinan discurso directo e indirecto),


y el diálogo de los Melios, que comprende 141 oraciones, cua-
renta y cuatro de las cuales están pareadas. En un pasaje inter-
minablemente debatido, Tucídides comenta sobre su uso de las
oraciones (1:22.1; trad. por J.H. Finley, Jr.):

Con referencia a las oraciones en esta historia, algunas fueron


formuladas antes de que empezara la guerra, otras a lo largo de
---·- su desarrollo; algunas Ias he oido yo mismo, otras las obtuve
de varios lugares; fue en todos los casos difícil llevarlas palabra
por palabra en la propia memoria, así que mi costumbre ha sido
: hacer que los que hablan digan lo que en mi opinión se les exigió
[ta deonta epein] en las diversas ocasiones, desde luego ciñén-
dose lo más estrechamente posible al sentido general [he xym-
pasa gnome] de lo que realmente dijeron.

La ambigüedad de esta afirmación se centra en dos frases


1¡ :;~
ta deonta epein y he xympasa gnomé. La primera puede sig-
, ..
¡¡,.,,
nificar «lo que los oradores necesitaban decir» (i.e., realmente
dijeron). La segunda frase puede significar «la intención ge-
neral» de lo que se dijo, o «la opinión general» expresada. En
ambos casos la segunda alternativa es preferible. Tucídides pro-
pone hacer un relato fidedigno de lo que los oradores originales
necesitaban decir para cumplir sus objetivos respecto a deter-
minadas audiencias en determinadas situaciones. Sin embargo,
existe una cierta duda de que llevara a cabo plenamente sus
intenciones. El lenguaje de las oraciones es claramente tucidi-
diano. El análisis de las oraciones mismas, algunas de las cuales
son claramente anacrónicas o inadecuadas, sugiere que no son
históricas ni auténticas, pero son vehículos para analizar situa-
ciones históricas desde perspectivas diversas.
Durante los siglos cuarto y tercero existió una reacción al
historicismo racional de Tucídides. Los historiadores como Efo-
ro escribían historias más inclusivas imitando a Heródoto. Los
discursos eran inventos que mostraban la habilidad retórica del
escritor, más que los comentarios reales o epitomizados de los
oradores. También servían como modelos de oratoria. Polibio
reaccionó contra este rasgo de la historia dramática y revivió lo
que él creyó era la norma tucididiana de la precisión. Como
todos los historiadores antiguos, empleó frecuentemente los dis-
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 121

cursos (aproximadamente cincuenta en las partes de su historia


que perviven). En 12.25a.5-25b.1, comenta acerca del uso ade-
cuado de los discursos en una polémica contra Timeo (trad.
BCL modificada):

Y a que él [Timeo] no ha consignado por escrito las palabras


habladas ni el sentido de lo que realmente fue dicho, sino que
habiendo tomado una decisión respecto a lo que debería haberse
dicho, recuenta todos estos discursos y todo aquello que es
consecuencia de los acontecimientos, como un hombre en una
escuela de retórica que pretende hablar sobre un tema deter-
minado, y hace gala de su poder de oratoria, pero no informa
de lo que realmente se dijo. La peculiar función de la historia
es descubrir, en primer lugar, las palabras realmente dichas,
sean cual fueren, y después determinar la razón por la que lo
que se hizo o dijo llevó al fracaso o al éxito.

Aquí Polibio censura a Timeo por componer libremente alo-


cuciones basadas en probabilidad situacional, en lugar de con-
signar por escrito la esencia de las verdaderas alocuciones en
sí. Para Polibio la diferencia está entre la posibilidad de tragedia,
«lo que pudo suceder», y la verdad de la historia, «lo que de
hecho ocurrió» (2.56.10; cf. Aristóteles, Poética 145Ia-b). En
otras partes Polibio parece decir que el historiador debe elegir
los argumentos adecuados a un orador en una situación deter-
minada, que en apariencia contradice la opinión arriba citada
(12.25i.3-9). Con todo, en 12.25i.3-9, Polibio se interesa pro-
bablemente en la revisión o extractación de las verdaderas alo-
cuciones, i.e., con argumentos seleccionados de las verdaderas
alocuciones (o extractos de ellas) para incluirlos en su narrativa.
Como aparentemente Polibio evitaba presentar discursos como
modelos retóricos (como los llamados historiadores trágicos),
muchos de sus discursos carecen de estructura retórica apropiada
y se centran en un punto.
Aparte de Tucídides y Polibio, los discursos escritos para
obras históricas no se basaban en discursos auténticos sino que
eran composiciones retóricas consideradas «adecuadas» (to pre-
pon) a la persona a la que se atribuían en la particular situación
representada. Los historiadores helenísticos de salón encontra-
ban discursos en sus fuentes y libremente los adaptaban para
122 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

sus propias composiciones. Dionisio fue un retórico e historiador


práctico que fomentó el uso de discursos (constituyen el 30 por
ciento de sus Antigüedades Romanas). Calificó los discursos de
Tucídides como retóricamente «inadecuados» (Sobre Tucídides
37-41). Diodoro Sículo criticó el uso excesivo de la retórica para
enmarcar discursos, pero pensó que el embellecimiento retórico
tenía de hecho un lugar en la historiografía (20.1-2). Luciano
sugiere que los discursos deberían primero ajustarse a la persona
y al tema, y sólo después podían ser configurados para reflejar
las habilidades retóricas del historiador (Historia 58). Está claro
que tanto Luciano como Dionisio entendieron la problemática
.. _
1'''• frase de Tucídides ta deonta epein para significar «lo que la
·,. • , .. situación exigía», i.e., los discursos podían ser apropiados para
el orador y la situación.
1 ~: .

.
1" .,_,
....,.,,. ,
Disgresiones
~ ..
¡ ".
:. ~.-1 En la historiografía greco-romana, la narrativa se reserva
para describir las proezas de la gente, en tanto que los discursos
proporcionaban explicación y análisis. Sin embargo, los histo-
riadores griegos incluyeron también comentarios personales de
redacción e insertaron material entre paréntesis de naturaleza
descriptiva o explicativa en forma de «disgresiones» de diversa
extensión (desde una línea a un libro, e.g. Heródoto 2; Polibio
6, 12, 34). Una «disgresión» (en griego: parekbasis, ekbolé; en
latín: egressus, digressio) no es una forma literaria, sino una
técnica que suspende temporalmente la narrativa para incluir
material temático extrínseco de diversos tipos. Sin embargo, las
formas literarias, como la gran cantidad de novelas de Heródoto,
podían insertarse como disgresiones.
Las disgresiones sirven a varios propósitos: ( 1) Son los anti-
guos equivalentes de las notas a pie de página, apéndices, y
exposiciones detalladas -generalmente al final- de la erudi-
ción moderna. De ahí que corrijan opiniones erróneas, como
las disgresiones de Tucídides sobre Temístocles (6.2-5) y los
Pisistrátidas (6:54-59), o critiquen a anteriores historiadores,
como lo hace Polibio en sus debates con Filino (1.15), Filarco
(2.56-63), Teopompo (8.9-11) y Timeo (en todo el volumen
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 123

duodécimo). (2) Pueden proporcionar importante información


de fondo necesaria para entender la narrativa (e.g. información
geográfica, descripciones de instituciones y costumbres, estu-
dios de las condiciones), o para entender las causas de los acon-
tecimientos, como la disgresión de Tucídides sobre el Pente-
contecia («Cincuenta Años»), que habla de las causas de la
guerra del Peloponeso ( 1. 89-118). (3) Pueden tener una función
didáctica, destacando las lecciones de moral y de política que
se han de extraer de la narrativa, una función importante de las
disgresiones polibianas (4.31; 4.74). (4) Las disgresiones pue-
den ofrecer variedad y divertimento, para aliviar una narrativa
extensa y tediosa (Polibio 38, 5-6; cf. Diodoro 20.2.1) - Dionisio
las llama «descansos» (anapauseis; A Pompeyo 3) - y por la
inclusión de relatos entretenidos (Polibio 38.6.2). Heródoto
debe tener el récord en número (unas 200) y extensión de dis-
gresiones (todo el libro 2 es una disgresión sobre Egipto, que
en sí mismo contiene disgresiones como las novelas sobre el
astuto ladrón, 2.121). Plutarco, crítico de Heródoto, consideró
que la disgresión histórica debía limitarse a mitos y alabanzas,
i.e. aduladores bosquejos biográficos (Sobre la Malignidad de
Heródoto 855D; cf. Polibio 38.6.2). Luciano recomendaba que
se evitaran ambos (Historia 8). Las disgresiones proporcionaban
al mito un puerto de entrada en la historia.
Había una tendencia entre algunos lectores cultos a tomar a
mal las desviaciones de la narrativa principal (Polibio 38.5.1-
3), aunque Dionisio criticaba a Tucídides por no incluir más (A
Pompeyo 3). Así, algunos historiadores helenísticos evitaron (o
pretendieron evitar) las disgresiones. Dión Casio expresamente
pretende evitarlas, pero de todos modos incluye una gran can-
tidad de ellas. Josefo intentó evitar rupturas en la narrativa
(Guerras 4.496), y por esa razón evita a veces las disgresiones
(Arq. 11.68). La preferencia de la «narración indirecta» de Livio
se refleja en su omisión de las disgresiones polibianas (Polibio
18.35; cf. Livio 33. l 1.8ss.; Polibio 29.8-9; cf. Livio 44_24. 7
26.2). Muchas veces, los historiadores identificaban cuidado-
samente las disgresiones (Tucídides 1. 97 .1; Polibio 2.36.1;
3.2.7; 4.9.1; Dionisio de Halicamaso 1.53; Diodoro Siculo
1.37). Las disgresiones eran un importante y entretenido recurso
retórico en oratoria, en la que el truco consistía en hacer una
124 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

elegante reanudación (epanodos) que hacía posible al lector u,


oyente a retomar los hilos de la narrativa principal (Cicerón,
Sobre Oratoria 3.53.203; Luciano, Demonax 6). Tales reann,
daciones se realizaban muchas veces mediante la repetición al
final de la disgresión de las últimas líneas que antecedían a la
disgresión, formando una especie de «composición circular» (cf,
Arriano, Anabasis, donde, tras una disgresión en 5.1.1-5.3.4,
la narrativa interrumpida en 4.30.9 se resume en 5.3.5) .

La función de la Historia

En general, todos los historiadores greco-romanos escribie-


ron con tres propósitos combinados, aunque el énfasis podía
variar enormemente. La historia debía ser verdadera, útil y
entretenida, pero no debía ser entretenida a costa de la verdad
o de la utilidad. Al menos esa era la opinión de muchos his-
toriadores antiguos. Luciano de Samosata (nacido hacia 120
d.C.) fue un gran satírico del siglo segundo que escribió un
•.' breve manual titulado Cómo Escribir Historia. La segunda gue-
rra parta (162-165 d. C.) atrajo la atención de muchos historia-
dores de poca monta, ansiosos por hacer la descripción de un
importante acontecimiento contemporáneo. Al escribir poco an-
tes del final de la guerra, (Historia 31), Luciano satiriza a estos
historiadores, burlándose de sus deficiencias metodológicas y
estilísticas. Luciano en especial subraya lo inadecuado del elogio
en la historia, ya que éste representa la clase de exageración y
falsedad que son más propias de la poesía (7-8). Los historia-
dores contemporáneos, observa, proporcionan disfrute a su au-
diencia, una función que divorcia la potencial utilidad de la
historia. Luciano afirma que la historia tiene un propósito: uti-
lidad o factibilidad, que es producto de la verdad sola (9). Si
una narrativa histórica verdadera proporciona incidentalmente
disfrute, a la vez que utilidad, tanto mejor.
El énfasis que Luciano hace sobre la utilidad de os verda-
deros relatos históricos del pasado fue axiomático entre los anti-
guos historiadores, aunque podía entenderse de varias maneras.
Tucídides consideraba que la historia escrita por un hombre de
negocios para otros hombres de negocios podía proporcionarles
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 125

un análisis de eventos históricos que les dieran la clase de in-


tuición necesaria para tratar situaciones semejantes en el futuro
(l.22.4). Dionisio de Halicamaso también hacía hincapié en la
utilidad de la historia (Antigüedades Romanas 1.2.1), así como
de la necesidad de que los estadistas comprendiesen las causas
de los acontecimientos (1.6.4; 5.56.1; 11.1.1, 4). Dión Crisós-
tomo también consideraba provechosa para los estadistas la lec-
tura de la historia (Discurso 18.9). Todos estos historiadores
escribieron para beneficiar a los hombres de Estado porque ellos
mismos eran o habían sido anteriormente hombres de Estado,
o escribieron como clientes suyos.
La utilidad de las monografías históricas de guerra para los
hombres de Estado es un punto de interés esencial para Polibio,
que pensó que los historiadores debían realmente participar en
los acontecimientos que narraran (3. 3 l. 1-13; 9. 9. 9-1 O;
12.25b.3). Fue principalmente a través de la influencia del re-
tórico Isócrates (436-338 a.C.) como se entendió el valor de la
historiografía helenística en función de los valores morales. Isó-
crates escribió Evagoras, el primer encomio biográfico que ex-
plícitamente proporcionaba un paradigma moral de emulación
(Discurso 9. ?7). Este programa lo continuaron dos influyentes
estudiantes, Eforo y Teopompo. Anteriormente Heródoto había
encontrado significado ético en los dramáticos reveses de for-
tuna. Polibio extrajo muchas lecciones morales en la compen-
sación del mal y la caída de los soberbios. De manera similar,
Apiano excribió artículos de fondo sobre las desastrosas con-
secuencias de la arrogancia (Historia Samnita 3.4.2), e impiedad
(3.12.1-2), así como sobre la envidia divina de la prosperidad
humana (Historia Macedonia 9.19.1).

Historiografía Israelita

Los restos de la antigua historiografía israelita se hallan


exclusivamente en la Biblia. Las tres composiciones históricas
más importantes del Antiguo Testamento son el Pentateuco, o
Torah (Génesis a Deuteronomio, al que se le dió forma definitiva
en el siglo quinto a.C.), la Historia Deuteronómica (abreviado
HD), o los Antiguos Profetas (de Josué a 2 Reyes. acabado antes
126 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

del 550 a.C.), y la Historia de las Crónicas, abrev. HC {l-2


Crónicas y Esdras-Nehemías, terminado antes de aproximada-
mente 350 a.C.). La Torah y los Antiguos Profetas presentan
un relato selectivamente contínuo de la historia israelita desde
la Creación hasta el 561 a.C,

Estructura y Contenido

I: Hace casi cincuenta años que Gerhard von Rad, un promi-


[
:
•,
nente especialista del Antiguo Testamento, propuso que las na-
¡,

rrativas que subyacen desde el Génesis hasta Josué (el Hexa-
"' teuco) fueron ampliaciones de un antiguo modelo confesional
hoy hallado en Deuteronomio 26:5-9:

Tú pronunciarás estas palabras ante Yahveh tu Dios: «Mi padre


era un arameo errante que bajó a Egipto y residió ahí como
inmigrante siendo pocos aún, pero se hizo una nación grande,
fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron
.. y nos impusieron dura servidumbre. Nosotros clamamos a Yah-
veh, Dios de nuestros padres, y Yahveh escuchó nuestra voz,
¡..,
vió nuestra miseria, nuestras penalidades y nuestra opresión, y
Yahveh nos sacó de Egipto con mano fuerte y tenso brazo en
medio de gran terror, señales y prodigios. Nos trajo aquí y nos
dió esta tierra, tierra que mana leche y miel.

Este credo recita acontecimientos que Israel consideró como


hechos de Dios: (1) la promesa de muchos descendientes y la
Tierra, (2) opresión en Egipto y liberación divina a través del
Exodo, (3) la realización de la promesa en la posesión de Ca-
naan. A esto ha de añadirse ( 4) la alianza confiada a Israel en
el Sinaí, y (5) la alianza de David (2 Sam. 7:4-16). A pesar de
algunas objeciones a la teoría, a su idea central, la relación de
las principales fases en la pasada relación entre Dios e Israel,
fue ciertamente una característica especial de la perspectiva re-
ligiosa israelo-judía. Estos cinco eventos, considerados por Is-
rael como constitutivos de su existencia e identidad nacional,
proporcionaban un paradigma para comprender el significado
de la historia. La fidelidad a la alianza se convierte en una
bendición nacional (paz y prosperidad); la infidelidad se con-
vierte en un desastre nacional (plagas, hambrunas, conquista).
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAAA ANTIGUA 127

La estructura y contenido de la historiografía, por tanto, se


determina por la perspectiva _ con la que está configurada la
historia por las vicisitudes de la relación de Israel con Dios. En
cuanto a forma, esta historiografía usa una narrativa cronológica
que se centra en las administraciones de los jefes israelitas (jue-
ces, profetas, reyes) y eventos de importancia nacional. También
es evidente una fuerte tendencia biográfica. La organización
temática se halla ampliamente en las obras influídas por el he-
lenismo. En cuanto a contenido, los acontecimientos de Israel
(que se centran en Jerusalén) ocupan la escena central. Esto se
debe al significado religioso de la posesión de la Tierra por
Israel. No es, pues, sorprendente que a pesar de la enorme
experiencia de Israel en el exilio después del 721 a.C., ninguna
obra histórica trata seriamente sobre la experiencia Juera de
Palestina.

El Pentateuco
Aún cuando incorpora fuentes y tradiciones anteriores, el
Pentateuco es un producto del período post-exílico (finales del
siglo quinto a.C.). Tres ramales combinados de la tradición van
a través de Génesis-Números: el documento Y (Yaveísta - hacia
el 950 a.C.), el documento E (Elohísta - hacia el 750 a.C.) y
el documento S (Sacerdotal - hacia el 515 a.C.). Originalmente
todas eran historias narrativas independientes. Y y E se com-
binaron antes del 700 a.C., siendo S la que proporcionó el marco
esencial. Esta narrativa compuesta, y la adición del documento
D (Deuteronomista), el Deuteronomio (aprox. 620 a.C.) fue a
su vez revisado y determinado dentro del más incluyente do-
cumento S, el actual marco de Génesis-Deuteronomio. El Deu-
teronomio sirve de transición desde la Torah hasta los Antiguos
Profetas; al haber sido determinado en el período mosaico, con-
tiene muchos temas de interés esencial en el HD.

La Historia Deuteronómica
La Historia Deuteronómica (Josué-2 Reyes) es el producto
de la «escuela» deuteronómica, que aportó una clara perspectiva
teológica a la interpretación de la historia israelita. Esta «es-
128 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

cuela» que empezó hacia el 650 a.C., se componía, bien de


Levitas (sacerdotes) rurales, sacerdocio de Jerusalén, o bien de
círculos oficiales de escribas en Jerusalén. Esta redacción reunió
una diversidad de géneros históricos tales como listas de reyes
(nunca citadas pero importantes para la cronología), genealo-
gías, anales reales (listas de oficiales, cartas) y crónicas. Tam-
bién se incluían varios tipos de tradiciones populares, oráculos
y relatos proféticos. Los autores-editores unieron todos estos
materiales en un marco cronológico integrado, animados por
una clara comprensión teológica de la historia.
La HD empleó una teoría teológica de la divina retribución
para explicar la historia de Israel. Esta perspectiva, expresada
en repetidos ciclos de desobediencia, opresión, arrepentimiento
y liberación (en particular en Jueces), se resume en dos «dis-
gresiones» escritas para el lector (Jueces 2: 11-3:6 y 2 Reyes
17:7-23). La obediencia a los mandamientos hallada en el libro
de la ley tiene como resultado la bendición (Deut. 28: 1-14),
mientras que la desobediencia ocasiona el juicio (Deut. 27: 15-
il, 26; 28: 15-68). Esta perspectiva teológica se convirtió en parte
del entramado del pensamiento teológico judío. La conquista de
Samaria en 721 a.C. fue entendida como la consecuencia de la
persistente idolatría y dejar de prestar atención a las advertencias
proféticas (2 Reyes 17:7-23). La conquista de Jerusalén en 597
a.C. fue entendida de manera semejante (2 Reyes 24:3; cf.
21: 11-15). Se subrayan a menudo los efectos colectivos del
pecado; el pueblo puede ser castigado por los pecados del rey
(2 Sam. 21:1-9; 2 Reyes 23:26-27), descendientes del pecado
de un ancestro (1 Sam. 3:12-14; 1 Reyes 21:29; 2 Reyes 5:27).
De vez en cuando el castigo divino se presenta, según el prin-
cipio de la lex talionis, o venganza en el linaje (Jueces 9:56s.;
1 Reyes 21:17-19; 2 Reyes 5:27).
Los temas principales que se hallan en toda la obra incluyen
la obligación de Israel a ser fiel y obediente a Dios, las con-
secuencias desastrosas de la infidelidad (sobre todo la idolatría),
y la función paliativa del arrepentimiento (1 Reyes 8:46-53).
Otro tema central es el permanente compromiso de Dios con
Israel basado en la alianza incondicional de David (Jueces 2: 1;
1 Sam. 12:22; 2 Sam. 7: 16). La función de la profecía es también
importante. Algunos oráculos se buscan para guía en situaciones
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 129

particulares (2 Sam. 2:1; 5:19; 24:12). Otros son vehículos para


la opinión de los autores-editores de que la retribución divina
aguarda a aquellos que son infieles a la alianza de Israel con
Dios (Jueces 6:8-10; 1 Sam. 2:27-36). Reyes 1 y 2 subrayan el
cumplimiento de anteriores profecías (2 Reyes 1:17; 7:17-20;
9:36-37; 15: 12).
Muchos de los discursos del deuteronomista interpretan la
historia de Israel desde la perspectiva teológica del ciclo de
obediencia/desobediencia (Josué 1 :2-9; 22: 1-6; 23:2-16; 24:2-
27; 1 Sam. 12:1-25; 1 Reyes 8:54-61). Son expresiones del
propósito teológico de los autores-editores atribuido a figuras
históricas, más que verdaderos discursos. Lo mismo ocurre con
las extensas plegarias de Salomón (1 Reyes 8:22-53) y Ezequías
(2 Reyes 19:15-19), y los discursos proféticos de Isaías (2 Reyes
19:20-34) y Juldá (2 Reyes 22: 15-20).
La narrativa de 1-2 Reyes está regularmente interrumpido
por resúmenes regios que presentan (1 Reyes 14:21-24; 2 Reyes
14:1-4) o concluyen un reinado (1 Reyes 21:41-44; 2 Reyes
13:8-9). Ocasionalmente se habla de reinados sin incidentes
notables sólo a través de un resumen regio combinado de pre-
sentación y conclusión (2 Reyes 13:10-13; 15:1-7). Los juicios
teológicos sobre el carácter de determinados reyes se expresan
regularmente con la fórmula «hizo lo que estaba mal [o bien] a
la vista del Señor». Cuando la administración de un rey es
considerada mala, con frecuencia se narra un evento de castigo
(típicamente, una invasión enemiga o un asesinato) (2 Reyes
16:1-5; 17:2-3; 23:31-33).
Aunque los milagros desempeñan un papel subordinado en
la HD, muchos se narran en el ciclo Elías-Eliseo (1 Reyes 17-
2 Reyes 13). Estos profetas se describen como milagros vivos
en virtud de los poderes que poseen como hombres santos.
Cuatro milagros realizados por Elías se refieren a la sequía
durante el reino de Ajab (1 Reyes 17:3-7, 8-16, 17-24; 18:1-
46). Muchos relatos de milagros se cuentan de Elíseo, inclu-
yendo la división de las aguas del Jordán (2 Reyes 2: 14), el
agua sucia convertida en potable (2: 19-22), la resurrección del
hijo de la Sunamita ( 4: 18-37), la curación de Naamán el leproso
(5:1-14), y la resurrección del muerto que tocó los huesos de
Elíseo (13:21).
130 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

La Historia de las Crónicas

La anónima Historia de las Crónicas (1-2 Crónicas y Esdras-


Nehemías) se terminó antes del final del período persa (331
a.C.). Las diferencias entre las Crónicas y Esdras-Nehemías
sugiere la existencia de una «escuela» Cronística que existía en
1
515-300 a.C., quizás constituida por personal del culto del Se-
~- gundo Templo, ya que el trabajo fomenta sus intereses. La
1
historia abarca el período desde Saúl hasta Esdras, con una larga
~:: genealogía introductoria que empieza por Adán y concluye con
¡: . los judíos repatriados de Babilonia (1 Cron. 1: 1-9:34). Aunque
-.~~··
1-•"
1 .•• , el Cronista cita dieciséis fuentes distintas, su principales fuentes
~.,I
,, para el período pre-exílico fueron Samuel y Reyes, que modifica
y aumenta, revelando su perspectiva histórica y teológica. La
HC idealiza a David (descrito como el verdadero fundador del
culto del Templo) y Salomón, destaca las reformas de Ezequías
y Josías, manifiesta un especial interés en la función de los
Levitas y se centra exclusivamente en el reino sureño de Judá
( al que él llama «Israel»), tratando al reino del norte de Israel
con benévolo descuido. Los acentos en la interrelación de la
monarquía israelita, la alianza de David, y la soberanía de Yavé
entrelazan política con religión. Los juicios del pasado son con-
siderados como retribución divina repartida a aquellos que fue-
ron culpables de la violación de las leyes de Dios (2 Cron. 25:4).
Los efectos colectivos del pecado se ignoran. En la HD, la
conquista de Jerusalén en 597 a.C. es la consecuencia de los
pecados de Manasés (2 Reyes 24:3s.), en tanto que en la HC
Manasés es castigado por sus propios pecados (2 Cron. 33:10-
13).
El discurso directo en 1-2 Crónicas ocupa aproximadamente
un 20 por ciento de la narrativa. Hay pocos ejemplos de discurso
indirecto (1 Cron. 15:16; 21:18; 2 Cron. 15:12s.; 30:1, [Link],
11). Gran parte del discurso directo consiste en afirmaciones o
diálogos breves. Los discursos más extensos incluyen un salmo
(1 Cron. 16:7-36), un mensaje revelador a David (17:3-14), con
su plegaria responsoria (17:16-27), una plegaria de Salomón (2
Cron. 6: 14-42), y un discurso de Abías (13:4-12). Ejemplos más
breves de discurso directo incluyen varios oráculos proféticos:
mensajes de Dios a un profeta (2 Cron. 11:2-4; 12:7s.), mensajes
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA • 131

dados por por un profeta (2 Cron. 12:5; 15:1-7; 18:18-22), y


una carta profética (2 Cron. 21:12-15). El discurso directo tam-
bién se presenta en forma de cartas (e.g. 2 Cron. 2:11-16) y
plegarias (e.g., 2 Cron. 6: 14-42).
Los resúmenes regios desempeñan un papel importante al
inicio (2 Cron. 33:1-9; 34:1-7) y final (1 Cron. 29:26-30; 2
Cron. 13:18-20) relatos sobre reinos. También hay importantes
resúmenes de generalización como 1 Cron. 14: 17: «La fama de
David se extendió por todas las regiones, pues Yahveh le hizo
temible a todas las naciones» (cf. 1 Cron. 6:31s., 49; 12:2Is.;
18:14-17). Los resúmenes teológicos a menudo evalúan hechos
como muertes, plagas e invasiones en función del principio de
la divina retribución (e.g., 1 Cron. 10: 13: «Saúl murió a causa
de su infidelidad», o 1 Cron. 9: I: «Judá fue deportado a Ba-
bilonia por sus infidelidades»).
La HC hace alusiones frecuentes a la influencia de Dios en
los acontecimientos históricos, particularmente en función del
principio de la retribución divina. Aunque los milagros ocurren
raras veces (2 Cron. 7: 1; 32:21 ), el Cronista menciona a menudo
a Dios como el que concede la victoria y ocasiona la derrota
(e.g., 2 Cron. 13:15s.; 14:12; 25:20; 26:7). La profecía juega
una función importante en la narrativa. Los profetas divinamente
inspirados señalan ejemplos de infidelidad a Dios (generalmente
la idolatría o la soberbia) por lo que sobrevendrá el castigo
divino, a menos que se produzca el arrepentimiento (e.g., 1
Cron. 7:3-14; 2 Cron. 11:2-4).
Los libros de Esdras y Nehemías, que concluyen la HC,
tienen varios rasgos especiales. Estos libros contienen fragmen-
tos de narrativas autobiográficas en primera persona del singular
(«memoria») de Nehemías (1:1-2:20; 4:1-7:5; 11:1-2; 12:27-
13:31) y Esdras (7:11-9:15). Los posibles paralelos literarios
son las inscripciones cercano-orientales de reyes que narran sus
hazañas en primera persona, y las inscripciones autobiográficas
egipcias. Notablemente, tanto Nehemías como Esdras escribie-
ron sobre eventos contemporáneos como testigos presenciales y
participantes hacia el mismo tiempo en que Tucídides experi-
mentaba la misma táctica en Grecia. Las reformas post-exílicas
132 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

reflejadas en Esdras-Nehemías produjeron un clima para la ado-


ración de Dios totalmente aceptable a la escuela Cronística y
superior ala situación pre-exílica.

Formas Literarias Constitutivas


Muchas de las formas literarias halladas en historias israelitas
compendiadas después de 539 a.c. son de hecho fuentes lite-
rarias y documentales de un período anterior ( como la Canción
de Débora en Jueces 5). Con todo, el estudio de las formas
literarias en la historiografía israelita no tiene por qué limitarse
'~.•
I•·,¡ al análisis de las fuentes o a la crítica de forma. Sin discutir el
complejo problema de las fuentes, pues, destacaremos los tipos
de formas literarias más importantes de la historiografía israelita.
La Disertación desempeña un papel muy importante en las
narrativas históricas israelitas. De hecho, la narración está su-
¡..,,.
l.~·
bordinada al discurso, frecuentemente en forma de diálogo. Ade-
más, la narraciónen tercera persona repite a menudo lo que ya
1::
,J,, han dicho los participantes del diálogo (e.g., 1 Sam. 21:2-11),
subrayando así el significado central de la disertación. Incluso
el pensamiento tiende a ser presentado como discurso directo
(e.g., 1 Sam. 20:26; 27:1; 1 Reyes 12:26s.; 2 Reyes 20:19). El
diálogo es importante en la narrativa histórica por el impulso a
dramatizar escenas usando sólo dos personajes ( ocasionalmente
tres). Las conversaciones privadas eran recursos literarios usa-
dos por el historiador israelita para «reconstruir» hechos his-
tóricos. El discurso directo a menudo tiene un carácter obvia-
mente estilizado y ficticio (cf. Jueces 10: 10; 2 Cron. 22:9).
Los Documentos citados de manera extensa en Esdras-Ne-
hemías, 1-2 Macabeos, y Josefo, reflejan la existencia de ar-
chivos oficiales mantenidos por el altamente burocrático Estado
persa, de los que finalmente se posesionaron los griegos (cf.
Esdras 5:6-6:2). Los documentos de Esdras-Nehemías, que son
probablemente auténticos ( «auténticos» no significa literalmente
copias), incluyen cuatro cartas (Esdras 4:7-16, 17-22; 5:6-17;
7:11-26) y dos decretos (Esdras 1:2-4; 6:2-12). El uso de do-
cumentos públicos no sólo presuponía la existencia de archivos
y una burocracia estatal; también muestra un interés por las
fuentes históricamente fidedignas.
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 133

Las Disgresiones, aunque nunca designadas como tales, apa-


recen ocasionalmente. Pueden variar desde breves notas entre
paréntesis hasta explicaciones dirigidas al lector. Los ejemplos
incluyen la explicación de por qué Josué circuncidó al pueblo
(Josué 5:4-7), el uso de los términos «vidente» y «profeta» (1
Sam. 9:9), y por qué Amasías no mató a los hijos de los asesinos
de su padre (2 Reyes 14:6- 7). Ocasionalmente las explicaciones
adoptan la forma de escenas retrospectivas (2 Reyes 7 :6- 7),
interrumpiendo la cronología de la narrativa. Entre las disgre-
siones más extensas está la de las prácticas paganas de los
samaritanos (2 Reyes 17 :23-41 y un breve esbozo de los romanos
en 1 Macabeos 8: 1-16 presentadas como información en discurso
indirecto dada a Judas.
Los informes sumariales se emplean frecuentemente para
unir acontecimientos y presentar material no narrado. En la
Historia Deuteronómica los monarcas son muchas veces pre-
sentados con un resumen general del carácter y logros de sus
reinos. Aparte de los resúmenes regios, existen otros resúmenes
generales usados para conectar o concluir episodios o grupos de
episodios.
Los resúmenes y comentarios teológicos por los autores-
editores son una de las formas más importantes en las que a los
eventos históricos se les da una interpretación religiosa. Uno de
los ejemplos más extensos se encuentra en Jueces 2: 11-3:6, que
ofrece una sinopsis de la experiencia de Israel durante el período
de los jueces en función del ciclo de desobediencia, opresión,
arrepentimiento y liberación, palabras que aparecen con alguna
frecuencia.
Los episodios dramáticos aparecen frecuentemente en las
narrativas históricas, en parte debido a la calidad episódica esen-
cial del estilo paratáctico hebreo y en parte por la tendencia a
dramatizar escenas falsificando extensos diálogos. Los episodios
dramáticos tienen una trama que consiste en una tensión que se
mueve hacia una resolución. Los ejemplos incluyen la dote de
la hija de Caleb (Jueces 1:11-15), el asesinato de Eglón a manos
de Ehud (Jueces 3:15-30), la historia de Tamar (2 Sam. 13:1-
39), y la ejecución de la casa de Saúl (2 Sam. 21:1-14).
Las Descripciones de la lujosa ornamentación del Templo
y del edificio en sí, se ofrecen debido a la importancia esencial
134 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

del Templo (1 Reyes 6:14-36; 7:15-50). El Deuteronomista in-


cluye también u~a descripción de la residencia de Salomón (1
Reyes 7:2- 12). Estas corresponden a las ekphraseis («descrip~
ciones») de la literatura griega empezando con la disgresión de
1
Homero en la que se describe el escudo de Aquiles (Ilíada
\ 18.478-607). La Carta de Aristeas 51-82 contiene una extensa
L. descripción de regalos que Tolomeo Filadelfo envió a Jerusalén,
una ekphrasis copiada por Josefo (Arqueología Judía 12.60-84).
' También embelleció las descripciones en 1 Reyes del Templo
i::
y sus ornamentaciones (Arqueología Judía 8. 63-98) y de la
1·'' residencia de Salomón (8 .133-140).
r;'.
,,
¡,.
Función

En tanto que los historiadores greco-romanos explicitaban a


menudo su propósito a través de prefacios y disgresiones, los
historiadores israelo-judíos rara vez revelan directamente sus
propósitos. Uno de los objetivos esenciales de la Historia Deu-
teronómica es exhortatorio, presentar el pasado en función de
ejemplos positivos y negativos de la conducta religiosa nacional.
La idolatría es la forma principal de infidelidad de Israel en la
Historia Deuteronómica. Este énfasis colectivo encaja en el uso
que se hizo de la Historia Deuteronómica como literatura sagrada
nacional leída cíclicamente en las sinagogas. Este énfasis de
grupo está en gran parte ausente de la historiografía greco-
romana, que se interesa en la conducta ejemplar de los indivi-
duos. En la tradición judía este énfasis cambió con la influencia
helenística. El Cronista destacó el hecho de que los individuos
que pecan son castigados. La lista de valerosos héroes israelitas
del pasado atribuída a Matatías en su lecho de muerte (1 Mac.
2:50-68) tiene la intención de alentar una conducta semejante
en sus hijos.
La frecuencia con la que se recitan los resúmenes de la
relación histórica de Israel con Y ahveh sugiere una función para
los más extensos informes que adoptan la forma de narrativa
histórica. El recitado de uno o más de los acontecimientos cons-
titutivos de la existencia nacional de Israel es a menudo usada
en la oración para convencer a Dios de que actúe de una manera
LUCAS-HECHOS Y LA IDSTORIOGRAFIA ANTIGUA 135

. determinada, o en discursos con los que se pretende persuadir


al pueblo a seguir un determinado proceder.
La historiografía israelita también tiene la función latente de
proporcionar una definición para el pueblo judío a través de los
innumerables cambios de fortuna nacional. Esa definición, en
la que se enredan factores religiosos y políticos, se centra en el
tema de las consecuencias de la fidelidad e infidelidad a Y ahveh
y la alianza de Yahveh. La recompensa es la posesión de Je-
rusalén y de la Tierra, mientras que el dominio de los enemigos,
la persecución y la dispersión son el precio de la desobediencia.

Historiografía Helenística Judía

El desarrollo de la historiografía helenística judía (del siglo


tercero a.C. al siglo segundo d.C.) refleja el creciente dominio
de la cultura retórica y literaria helenística, que sustituyó pau-
latinamente la mayor parte de las características distintivas de
la historiografía israelita. Entre las obras importantes más re-
presentativas está 1 Macabeos, 2 Macabeos, y las Guerras y
Arqueología Judía de Josefo. El Seder Olam Rabbah, la más
antigua obra cronológica judía, fue escrita hacia el 150 d.C., y
una de las últimas historias por el judaísmo primitivo fue el
Seder Olam (hacia el 225 a.C.), una sinopsis histórica desde
Adán hasta Alejandro el Grande. A partir de ahí la historiografía
judía desapareció durante siglos.
El control político directo de Palestina por los griegos em-
pezó en 331 a. C. cuando Alejandro el Grande ocupó la región,
poniendo fin a dos siglos de gobierno persa. Después de la
muerte de Alejandro en 323 a.C., su imperio fue dividido por
sus sucesores griegos, cada uno de los cuales quería todo el
pastel. Palestina cayó bajo el control de la dinastía tolemaica
de Egipto. En 200 a.C., Palestina pasó a manos del imperio
seléucida. Pero los judíos palestinos sólo eran una de las muchas
naciones sometidas a las monarquías griegas. Todos los pueblos
sojuzgados estaban profundamente afectados por la cultura he-
lenística, un potente mecanismo griego para pacificar y unificar
las muy diversas nacionalidades, lenguas y culturas del antiguo
imperio persa.
136 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

La propaganda fue un medio básico por el que las nuevas


dinastías griegas consolidaron y legitimaron sus territorios del
Cercano Oriente. Hecateo de Abdera, por encargo de Tolomeo
1, escribió Aegyptiaka ( «Historia de Egipto»), una influyente
historia apologética y lisonjera de Egipto (hacia el 300 a.C.),
que popularizaba la idea de que Egipto era la cuna de la civi- ·:l
lización. Esta historia popular (parcialmente preservada en Dio-
doro 1.10-98) se convirtió en modelo para intelectuales orien-
tales que popularizaron la historia y cultura nativa para consumo
griego. Los historiadores judíos helenísticos Artapano, Eupo.
lemo y Seudoeupolemo intentaron demostrar la antiguedad y

.¡:
superioridad de la cultura y civilización judía dentro de un marco
helenístico cosmopolita. Como muchos historiadores helenísti-
cos contemporáneos, manipularon datos para el interés local
. .. ~ nacional y por motivos propagandísticos.
1

••• ,.J

:~:· .:.
... ,;
1 Macabeos

i
F:
El primer libro de Macabeos es una monografía histórica
r-·· anónima escrita hacia el 100 a.C. por un judío palestino, po-
! siblemente como resultado de la Historia Cronística. Compuesta
originalmente en hebreo en un estilo bíblico intencionadamente
arcaizante, y con todo mostrando la influencia helenística, la
obra sobrevive sólo en traducciones, de las que es especialmente
importante la versión griega. La narrativa se centra en las causas
de la rebelión macabea (la llegada al trono y política de represión
de Antíoco IV, 175-164 a.C.), cómo Matatías y sus hijos Judas,
Jonatán y Simón (llamados Asmoneos) liberaron a los judíos,
y concluye con la muerte del último hijo sobreviviente, Simón
(134 a.C.), un período de cerca de cuarenta años. Un propósito
central del autor es el de apoyar y defender la legitimidad de la
dinastía asmonea.
El discurso directo se encuentra de dos formas: (1) afir-
maciones, conversaciones, discursos y plegarias, y (2) docu-
mentos citados como cartas, inscripciones y poemas. Muchas
de las afirmaciones más breves, de acuerdo con el estilo de
narrativa hebrea, son creadas por el autor con fines dramáticos,
e.g., 1 Mac. [Link] «Se dijeron: 'Hagamos nosotros también
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 137

célebre nuestro nombre, saliendo a combatir a los gentiles de


los alrededores'». Con todo, el autor evita el convencionalismo
bíblico de usar el diálogo como recurso dramático. Tampoco es
bíblico el uso ocasional del discurso directo.
El amplio uso de documentos públicos es una herencia del
período persa, probablemente en imitación de la HC. El autor
cita doce cartas (e.g., 1 Mac. 10:3-5, 25-45; 11 :30-37; 12:6-
18; 15:2-9), dos inscripciones (8:22-32; 14:27-45), tres men-
sajes, o cartas transmitidas verbalmente (10:3-5, 52-54, 55-56),
y seis poemas (1:24-28, 36-40; 2:7-13; 3:3-9, 45; 14:4-15).

2 Macabeos

Es probable que 2 Macabeos fuese originalmente escrito en


cinco libros por Jasón de Cirene, pero posteriormente sometidos
a una anónima abreviación y embellecimiento entre 124 y 63
a.C. (2 Mac. 2:23). La obra narra la historia judía desde el sumo
Sacerdote Onías III (hacia 180 a.C.), hasta la derrota del general
sirio Nicanor (161 a.C.), combinando un contenido judío con
forma helenística. El lenguaje y estilo del recopilador refleja
una educación retórica formal, y 2 Macabeos es un ejemplo de
la historia dramática. Las cartas de introducción alientan a la
observancia de la fiesta judía de Hanukkah entre los judíos
egipcios. El tema central es el helenístico de la deidad que
defiende su templo. De acuerdo con Robert Doran, la obra tiene
tres partes estructurales, todas ellas representando ataques contra
el Templo: (1) El ataque contra el Templo por Heliodoro fracasa
porque los judíos observan la ley de Dios (3:1-40). (2) En 4:1-
10:9, la maldad del pueblo judío produce la conquista del Tem-
plo por Antíoco IV. (3) En 10:10-15:36, Dios responde con
compasión a los judíos que sufren, concediéndoles la victoria
sobre el ejército sirio; la muerte de Antíoco IV y posteriormente
la rápida restauración del Templo. Tanto las formas directa e
indirecta de discurso constituyen cerca del 40 por ciento del
texto, bastante elevado para una historia greco-romana.
El recopilador presenta su obra con dos extensas cartas,
seguidas por un prefacio típicamente helenístico (2: 19-32), tam-
bién añade una conclusión ( 15:38-39). Usa informes sumariales,
138 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

generalmente para concluir una sección (4:50; 5:27; 6:3-6; 7:42),


pero una sola vez como transición (8:5-7). Las disgresiones son
relativamente pocas. Una proporciona una información de fondo
(13:5-6), otra explica que la finalidad del castigo divino a los
judíos es la disciplina, no la destrucción (6: 12-17), y una tercera
explica por qué Antíoco no fue castigado de inmediato por
profanar el Templo (5: 17-20; en el capítulo 9 se habla del castigo
que finalmente se le impone). El autor disfruta señalando ejem-
plos de la lex talio nis, i. e., la venganza en el linaje: «El Señor,
pues, le pagó con el castigo que merecía» (4:38b; cf. 5:10; 8:33;
~ .. :· 9:5-6; 13:8), proporcionando lecciones morales de la conducta
previamente narrada.

... ,, Josefo

Josefo (aprox. 37-100 d.C.) fue un prolífico historiador judío


cuyas obras han sobrevivido casi en su totalidad. Miembro de
una familia aristocrática sacerdotal, probó las tres «filosofías»
judías antes de convertirse en fariseo (Vida 10-12). Al principio
de la primera rebelión judía (66-73 d.C.), fue de mala gana
(afirma él más tarde) puesto al mando de Galilea, pero fue
capturado por los romanos en Jotapata en el 67. Liberado por
Vespasiano en el 69, acompañó a Tito y fue testigo del sitio y
conquista final de Jerusalén (Vida 414-421). Recibió una pen-
sión de los emperadores flavianos y se estableció en Roma para
escribir sobre historia (Vida 422-430).
Josefo escribió dos obras históricas principales, Guerras de
los Judíos, sobre la rebelión judía de 66-73 d.C., y Arqueología
Judía, sobre la historia y cultura judías desde la Creación hasta
la víspera de la rebelión del 66 a.D. Josefo fue un historiador
dramático como muchos de sus contemporáneos y predecesores
inmediatos. Utilizó la exageración retórica (Arqueología 2.324;
5.64; 6.129; Guerras 2.598) e incluyó muchos pasajes sangrien-
tos (Guerras 3.248-249; Arq. 14.168, 354-358). Hace un amplio
uso de los episodios dramáticos, e.g., el sacrificio de Isaac (Arq.
1.222-236) y la historia de José (2.39-167). En la historia de
José, el episodio de la mujer de Putifar (Arq. 2.41-59, basada
en Gén. 39:7-20) ha sido embellecida con adornos extraídos de
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 139

cuentos populares que también se encuentran en los relatos grie-


gos de Fedra e Hipólito, Hipólito y Peleo, y el más antiguo de
todos en Homero, bajo los nombres de Antía y Belerofonte
(Ilíada 6. 156-205). También hay muchos episodios dramáticos
que se ubican en el período posterior al 300 a.C., tales como
la historia paulina (Arq. 18. 66-80) y la historia de Fulvia ( 18. 81-
84).
Guerras de Judíos fue la primera obra de Josefo (escrita
entre el 75 y el 79; la palabra «Guerras» en plural es reflejo de
su título griego). Es la única monografía bélica en la tradición
de Tucídides que sobrevive del primer Imperio. Como Tucídi-
des, Josefo narró una guerra contemporánea de gran importan-
cia, primero como participante y después como observador
(Guerras 1.1- 30; Contra Apión 1.47-56). La comparación de
sus prefacios históricos sugiere que Josefo imitó consciente-
mente a Tucídides (Guerras 1.13-15; Tucídides 1.21). Josefo
se refiere a notas que hizo mientras observaba la rebelión judía
(Contra Apión 1.49s.). Tales hvpomnemata excluían probable-
mente episodios o discursos dramáticos. Estos fueron añadidos
posteriormente. Josefo siguió la práctica helenística mejorando
el lenguaje de· sus fuentes (Guerras l. 15). Se tomó ciertas li-
bertades al rehacer narrativas, pero en general fue fiel al con-
tenido y orden de sus fuentes.
Josefo incluyó 108 discursos en Guerras (excepto algunas
afirmaciones y conversaciones muy breves). Todos uniforme-
mente moldeados según el estilo y lenguaje del autor, todos son
deliberativos o consultivos, y todos sirven de vehículos a su
particular punto de vista. Trata de mostrar, por ejemplo, que la
mayor parte de los judíos no deseaban la rebelión pero se vieron
forzados a involucrarse en ella por un fanático grupo de rebeldes
relativamente pequeño. Usa varios discursos extensos para acu-
sar a los rebeldes de crueldad, pecado y tiranía ( 4. 162-192;
4.239-269; 6.99-112). Además, sostuvo que fue la disensión
interna y no la oposición externa lo que condujo a la derrota de
Jerusalén (Guerras 1.10). Varios discursos destacan la locura
de resistir a Roma (2.345-401; 5.362-419), y la única idea que
se sostiene en toda la obra es la necesidad de reconciliación con
el gobierno romano. Reconciliar a los griegos con el gobierno
romano fue también una preocupación para Dionisia de Hali-
140 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

carnaso; un modo por el que pretendió conseguirlo fue mos-


trando que los fundadores de Roma eran de hecho griegos (Anti-
güedades Romanas 1.2.1-2; 5.1-2). Puramente retóricos son los
discursos a favor y en contra del suicidio. Josefo discurre contra
el suicidio (Guerras 3.362-382) y el jefe rebelde Eleazar arguye
a favor de él (Guerras 7.341-388); tales discursos son una téc-
nica practicada en ejercicios de la escuela retórica (Polibio 36.1-
5). El discurso de Agripa es un ejemplo de propaganda pro-
romana, como lo es el discurso de Tito (6.328-350). El alto
porcentaje de discursos en forma indirecta (55 por ciento) es
considerable, ya que se usan para transmitir un contenido más
que exhibir las habilidades retóricas del autor.
La obra más extensa de Josefo, Arqueología Judía, en veinte
volúmenes (publicados en 93-94; cf. Arq. 20.267), siguió el
modelo de los veinte libros de Antigüedades Romanas de Dio-
nisio de Halicamaso (final del primer siglo a. C.), un historiador
dramático que a su vez emuló a Heródoto. Josefo fue un oriental
helenizado que interpretó la historia de su pueblo para los grie-
gos. Al mismo tiempo intentó demostrar la antigüedad y su-
perioridad de la civilización y cultura judía (Contra Apión l.1-
46, 69-160). En Arqueología Judía, Josefo se basó fundamen-
talmente en la Biblia, probablemente alguna versión de la Sep-
tuaginta griega (Arq. 1-11), llenando lagunas de la Biblia Hebrea
con 1 Macabeos y 1 Esdras (apócrifo de los Setenta), suple-
mentada por otros historiadores (e.g., Nicolás de Damasco, en
Arq. 14-17; Alejandro Polyhistor) y literatura cuasi-histórica
(e.g., la Carta de Aristeas enArq. 12.12-118). La lección moral
que Josefo extrae de la historia es que aquellos que son obe-
dientes a la voluntad de Dios prosperan, mientras que el desastre
es resultado de la desobediencia (Arq. 1.14, 20). Pone a la vista
a determinados personajes como ejemplos de virtud o vicio (Arq.
17.60; 18.128s.).
Josefo estaba muy familiarizado con los convencionalismos
de la historiografía helenística. Esto es evidente en los prefacios
históricos de Guerras (1.1-30) y de Arqueología Judía (1.1-
26), ambos plagados de convencionalismos y clichés helenís-
ticos. Promete no añadir u omitir nada de sus fuentes bíblicas
(Arq. 1.17; 4.196; 8.56; 10.218), usando una fórmula a menudo
aplicada a la precisión histórica. Con todo, añade el fantástico
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 141

relato de la mujer etíope de Moisés (Arq. 2.238-253) y omite


la embarazosa historia del becerro de oro. Al igual que otros
historiadores helenísticos, Josefo afirma interesarse por la ver-
dad y por el estilo literario (Arq. 14.1-3). Se esfuerza sobre-
manera para describir la cultura judía en categorías griegas.
Describe los grupos sectarios judíos (fariseos, saduceos, ese-
nios) como tres «filosofías». Los más importantes héroes bí-
blicos como Abraham, José, Moisés, David y Salomón los pre-
senta como ejemplos de virtudes helenísticas. Josefo empleó el
concepto de tyche, «fortuna», de la historiografía helenística
como forma de conceptualizar la voluntad de Dios en la historia.
Estaba convencido de que «la fortuna había sido transferida a
los romanos» (Guerras, 3.354; cf. 2.360), pero sólo temporal-
mente (5.367). Lo sabía por la profecía de Daniel (cf. Arq.
10.206-210). Además de los discursos arriba analizados, tam-
bién usó numerosas técnicas y recursos historiográficos como
la ekphrasis, o descripción de una obra de arte (Arq. 12.60-84,
sacado de Aristeas 51-82). También incluyó varias chreiai, re-
velando el grado en el que biografía e historia se habían fundido
(Guerras 1.91-92, 272, 651-653; 3.207-210; 6.409-411; Arq.
l 1.300s.; 12.210-214; 18.174-175).
Una de las principales contribuciones de Josefo fue intro-
ducir en la historiografía helenística el papel desempeñado por
Dios en la historiografía israelita (Arq. 1.14-17). Josefo narra
milagros hallados en la Biblia, pero siguió la práctica de los
historiadores helenísticos, añadiendo una etiqueta de advertencia
al consumidor, instando a los lectores a decidir la verdad por
sí mismos (Arq. 1.108; 2.348; 3.81, 322; 4.158).

Comparación de Historiografías Antiguas

Teniendo en cuenta a las antiguas naciones de forma general,


las formas literarias comparables de historiografía surgieron sólo·
en Grecia e Israel. Estas eran tendencias casi contemporáneas
en Israel (siglos sexto y quinto a.C.), y en Grecia (siglo quinto
a.C.). Aparecieron sin el beneficio del contacto cultural directo.
Pero los historiadores de ambas culturas se vieron profunda-
mente afectados por la influencia persa (539-331 a.C.). Algunas
142 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

1 de las semejanzas y diferencias más importantes entre estas dos


'
tradiciones historiográficas requieren comentario.
1 1. El estilo de narrativa episódica del Pentateuco y la His-
torta Deuteronómica se organizan paratácticamente de forma
muy similar a la historia de Heródoto. Heródoto usó la parataxis
1 arcaica ( «colocando uno junto a otro») como técnica de com-

l. .1
posición en la que se ensartan breves unidades literarias de varios
tipos en secuencias que forman composiciones más extensas.
La estructura externa la proporcionan frases introductorias y
r· concluyentes que enmarcan la gran unidad. Esta técnica de com-
; posición produce un efecto de discontinuidad, puesto que falta
~: ·
,. la unidad dramática. En el mundo griego el desarrollo del estilo
1'··•
periódico («unido») en la retórica, proporcionaba esquemas uni-
'
formes de organización que rechazaban el estilo paratáctico. Al
emplear este estilo, los historiadores griegos preferían narrar
secuencias limitadas de acontecimientos contemporáneos que
~,, pudiesen ser descritos de manera unificada. No obstante, las
)
~ historias generales y de anticuarios siguieron empleando el estilo
paratáctico para conectar grandes unidades literarias a menudo
r
i coextensivas con los «libros». En la historiografía israelo-judía,
~ el estilo paratáctico (que refleja el carácter paratáctico de la
sintaxis hebrea) siguió caracterizando el estilo narrativo en el
período helenístico.
2. En ambas culturas los historiadores eran proclives a
continuar las anteriores historias. Entre los griegos, esas obras
en serie generalmente conservaban una identidad independiente,
si bien muchas sucumbían en manos de los recopiladores. Tanto
el autor de Hellenika Oxyrhynchia como Teopompo fueron con-
tinuadores de Tucídides, y Polibio fue continuado por Posidonio
y después por Estrabón. La práctica de continuar historias an-
teriores revela una creciente preferencia por la historia general.
En el Judaísmo, las obras anónimas más antiguas fueron incor-
poradas en composiciones cada vez más incluyentes, entre las
que están el Pentateuco y la Historia Deuteronómica, que en
forma definitiva presentan un relato continuo desde la Creación
hasta el primer período post-exílico. Josefo incluyó subsiguien-
tes fuentes y cubrió el período a partir de la Creación hasta la
primera rebelión judía. El autor de 1 Macabeos, más dentro de
la tradición griega, escribió una continuación independiente de
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 143

la Historia de las Crónicas. Sin embargo las diferencias son


evidentes en cuanto que, mientras las obras históricas en la
Biblia son anónimas y también dan pruebas de haber pasado
por numerosas redacciones, las historias griegas se atribuyen a
autores específicos y, aunque evitando una radical revisión,
fueron muchas veces objeto de recopilación.
3. La disertación fue indispensable tanto para la historio-
grafía greco-romana como para la israelita. En ambas, el diálogo
era un mecanismo importante para dramatizar determinados epi-
sodios y para revelar el carácter de las personas descritas. Los
discursos ( en contraste con el diálogo) aparecen en la historio-
grafía hebrea, pero son mucho menos importantes como reve-
lación de por qué la gente actúa como lo hace, en comparación
con la historiografía greco-romana. Los historiadores griegos
usaron tanto el discurso directo como el indirecto, que fomen-
taron igualmente. La historiografía israelita muestra una mar-
cada preferencia por el discurso directo.
4. Al contrario que sus homólogos griegos, los historia-
dores israelitas nunca discutían convencionalismos historiográ-
ficos, y sólo rara vez e indirectamente insinuaban indicaciones
sobre el alcance, propósito y métodos de investigación y com-
posición histórica. En la Historia Deuteronómica, dos veces
resume el autor en forma de «disgresiones» su perspectiva teo-
lógica acerca del control de Dios sobre los acontecimientos
históricos (Jueces 2:11-3:6; 2 Reyes 17:7-23). Esto significa que
los especialistas modernos deben examinar inductivamente la
historia antigua de Israel con el fin de hacer teóricamente ex-
plícito lo que para los antiguos autores era reflexivo e implícito.
5. Otra diferencia reside en las opiniones de mito, leyenda
e historia sostenidas por historiadores israelitas y griegos. En
tanto que los historiadores e intelectuales griegos distinguían el
período mítico (para el que las fuentes eran confusas y nada
fidedignas), del período histórico (para el que se disponía de
fuentes exactas), los historiadores israelitas no hacían tal dis-
tinción. Los historiadores griegos a veces expresaban opiniones
sobre la veracidad de fuentes conflictivas o registraban diversos
relatos conflictivos para dar opción a que el lector decidiese.
pero ningún titubeo semejante nubla las narrativas de los his-
toriadores israelitas. La preocupación por la veracidad de las
144 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

fuentes condujo a los historiadores griegos a centrarse en acon-


tecimientos contemporáneos, aunque los historiadores israelitas
escribieron confiadamente sobre el distante pasado, al igual que
los anticuarios griegos y romanos.
6. ¿Son reales o ficticias las tres obras históricas bíblicas,
el Pentateuco, la Historia Deuteronómica y la Historia de las
Crónicas? ¿O son una combinación en la que predomina un
elemento u otro, i.e., historia fabulada o ficción historizada?
Esto implica realmente dos problemas. Primero, ¿pretendieron
narrar los historiadores israelitas hechos que realmente ocurrie-
ron? Segundo, si lo hicieron, ¿qué valor tienen sus obras como
····"
fuentes para los historiadores modernos? Los especialistas se-
.:::. ::; ñalan a menudo el relato del ascenso de David al poder ( l Sam.
.~, - 1 ·-

17-2 Sam. 5), y la historia de la corte de David (2 Sam. 9-20;


1 Reyes 1-2), como puntos culminantes de la historiografía

. . ,., .
.:
't,

......•.
israelita. El uso que el historiador deuteronómico hace de tales
fuentes, al igual que el uso que hace el Cronista de las fuentes
tt ·: .
·::·.;-1
... 1
autobiográficas de Esdras-Nehemías, sugiere un interés funda-
mental en narrar hechos reales, ya que el producto final es sólo
1 :1 •..•. tan veraz como las fuentes empleadas. Si lo lograron o no, debe
¡-....
1 ser juzgado por la crítica histórica. Recientemente el énfasis en
el arte de la narrativa de las obras históricas bíblicas ha con-
ducido a que sean tratadas como ficción. Pero los estilos y
estructuras literarias asociadas con la ficción por los modernos
eruditos no puede excluir el uso del arte narrtivo en las antiguas
culturas para transmitir una visión histórica de la realidad.
7. Los especialistas bíblicos han contrastado muchas veces
los conceptos israelitas y los conceptos paganos de la historia.
Los israelitas, afirman, tenían una visión «lineal» de la historia
y entendían el tiempo como la progresión de acontecimientos
moviéndose en linea recta (o inclinada), con un punto de partida
(creación) y una meta (escatología). La revelación ocurre dentro
de la historia a través de actos divinos que llevan el plan de
Dios a su supremo cumplimiento. Los teólogos bíblicos han
calificado esta combinación de fe e historia como «historia de
salvación». En cambio, el pensamiento histórico pagano (bien
sea griego o del Oriente Próximo) es considerado «cíclico», i.e.,
se entendía el tiempo como una eterna serie de ciclos sin pro-
pósito fijo. Para las naciones del Cercano Oriente en particular,
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 145

el mito y no la historia es el supuesto medio para narrar la


actividad divina. Sin embargo el pensamiento histórico en Israel
no era esencialmente diferente del de las naciones del antiguo
Cercano Oriente y Grecia. La historiografía del Antiguo Tes-
tamento también utilizaba modelos de recurrencia, y la historia
entre los hititas y mesopotámicos se consideraba como res-
puestas divinas a acciones humanas.

Para posterior estudio

Sobre Historiografía Greco-romana: Una bibliografía bá-


sica sobre el estudio de la historia e historiografía antigua es la
obra de Hermann Bengtson, Introducción a la Historia Antigua,
tr. por R.I. Frank y F.O. Gilliard (University of California Press
1979), que debería complementarse con la obra de Michael
Crawford. Las Fuentes de la Historia Antigua (Cambridge: Uni-
versity Press, 1983). La mejor introducción general a la histo-
riografía greco-romana es la de C. W. Fornara, Naturaleza de
la Historia en la Antigua Grecia y Roma (University of Cali-
fornia Press, 1983). Sigue siendo indispensable, de Ulrich von
Wilamowitz-Moellendorf, «Hellenische Geschichtsschrei-
bung», en ídem, Reden und Vortráge, 4ª edic., vol. 2 (Berlín:
Weidmannsche Buchhandlung, 1926). Un estudio popular, aun-
que de erudición se encuentra en Michael Grant, Los Historia-
dores Antiguos (London: George Weidenfeld & Nicholson,
1970). Una obra útil y más antigua (1909) es la reimpresión de
Los Historiadores Griegos Antiguos, de LB. Bury (Dover Pu-
blications, 1958). Una importante colección de artículos rela-
cionados con el siglo cuarto d.C. es de B. Croke y A.M. Emmett:
Historia e Historiadores en la Reciente Antigüedad (Sydney:
Pergamon Press, 1983). Un excelente análisis de la historio-
grafía Alejandrina y de los escritos geográficos se encuentra en
la obra de P.M. Fraser, La Alejandría Tolemaica (Oxford: Cla-
rendon Press, 1972), I, 495-553. Sobre la influencia Homérica,
ver H omer und die Geschichtsschreibung ; de Hermann Stras-
burger (Heidelberg: Carl Winter, 1971 ). Sobre la relación entre
los desarrollos políticos Griegos y los comienzos de la historio-
grafía, véase: Die Entstehung des Politischen bei den Griechen,
146 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

de Christian Meier (Frankfurt: Suhrkamp Verlag, 1980), pp.


326-499.
Sobre Historiadores Greco Romanos: Arriano: Philip A.
Stadter, Arriano de Nicomedia (University of North Carolina
Press, 1980). Dión Casio: Fergus Millar, Un Estudio de Cassio
Dión (Oxford: Clarendon Press, 1964). Eforo: G. L. Barber,
Éforo el Historiador (Cambridge: University Press, 1935). He-
llenika Oxyrhynchia: I.A.F. Bruce, Un Comentario Histórico
sobre Hellenica Oxyrhynchia (Cambridge: University Press,
1967). Heródoto: La mejor introducción con extensa bibliogra-
fía es ahora la de K. H. Waters, Heródoto el Historiador: Sus
Problemas, Métodos y Originalidad (University of Oklahoma
Press, 1985). Para análisis literarios, véase la obra de H. R.
Immerwahr, Forma y Pensamiento en Heródoto (American Phi-
lological Association, 1966), y de Charles W. Fornara, Heró-
doto: Un Ensayo Interpretativo (Oxford: Clarendon Press,
1971). Livio: T. J. Luce, Livio: La Composición de Su Historia
(Princeton University Press, 1977).Filón de Biblos: R.A. Oden,
«Filón de Biblos y la Historiografía Helenística», Palestine Ex-
ploration Quarterly 110 (1978), 115-126. Polibio: Kenneth
Sacks, Polibio en la Composición de la Historia, Classical Stu-
dies, 24 (University of California Press, 1981); F. W. Walbank,
Polibio (University of California Press, 1972). Tácito: Ronald
Martin, Tácito (University of California Press, 1981); Ronald
Syme, Tácito, 2 vols. (Oxford: Clarendon Press, 1958). Tuci-
dides: A.W. Gomme et al., Comentario Histórico Sobre Tu-
cidides, 5 vols. (Oxford: Clarendon Press, 1945-81), contiene
importantes ensayos en Apéndices 1 y 2 del volumen 5 sobre
«Indicios de lo Incompleto» (pp. 361-383), y «Estratos de la
Composición», (pp. 384-444). Sobre la perspectiva política de
Tucídides, ver la obra de David Grene, Teoría Política Griega:
La Imagen del Hombre en Tucídides y Platón (University of
Chicago Press, 1965), pp. 3-92 (primera edición 1950 bajo el
título EL Hombre en su Orgullo). Jenofonte: W.P. Henry, Com-
posición Histórica Griega: Ensayo Historiográfico Basado en
la Hellenica de Jenofonte (Argonaut, 1966).
Sobre Historia Universal: S. Accame, «De l'histoire uni-
verselle», Cahiers d' histoire mondiale 4 (1958), 464-470; Ar-
naldo Momigliano, «Orígenes de la Historia Universal», en Se-
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 147

ttimo contributo al/a storia degli studi classici e del mondo


antico, Storia e Letteratura, 161 (Rome: Edizioni di Storia e
Letteratura, 1984), pp. 77-103 (una extensa bibliografía).
Sobre Investigación Anticuariana: Amaldo Momigliano,
«Historia Antigua y el Anticuario», en ídem, Estudios de His-
toriografía (London: George Weidenfeld &- Nicholson, 1966),
pp. 1-39; G. Maslakov, «Tradición Anticuaria Romana en la
Reciente Antigüedad», en Historia e Historiadores en la Re-
ciente Antiguedad, rev. por B. Croke y A. M. Emmet (Sydney:
Pergamon Press, 1983), pp. 100-106.
Sobre Métodos Históricos: Gert Avenarius, Lukians Schrift
zur Geschichtsschreibung (Meisenheim: Verlag Anton Hain,
1956); Amaldo Momigliano, «Historiografía sobre Tradición
Escrita e Historiografía sobre Tradición Oral» en ídem, Estudios
de Historiografía (London: George Weidenfeld & Nicholson,
1966), pp. 211-220.
Sobre Historia y Retórica: O.A. Russell, Declamación
Griega (Cambridge: University Püress, 1983); K. Sacks, Po-
libio en La Composición de la Historia (University of California
Press, 1981), pp. 144-170 (sobre la «Historia Trágica»); B. L.
Ullmann, «Historia y Tragedia», Transacciones y Actas de la
Asociación Filológica Americana 73 (1942), 25-53; F.W. Wal-
bank, «Historia y Tragedia», Historia 9 (1960), 216-234. Un
estudio particularmente excelente y extenso se halla en la obra
de T.P. Wiseman, Los Cosméticos de Clio: Tres Estudios de
Literatura Greco-Romana (Leicester: Leicester University
Press, 1979).
Sobre Formas Literarias Constitutivas: Prefacios: Donald
Earl, «La forma-prólogo en la Historiografía Antigua», ANRW
1.2 (1972), 842-856; Georg Engel, De Antiquorum epicorum
didacticorum historicorum prooemis (Marburg: Koch, 191 O);
Tore Janson, Prefacios latinos en Prosa: Estudios de Conven-
cionalismos literarios (Stockholm: Almqvist & Wiksell, 197 4).
Discursos: C.W. Fornara, Naturaleza de la Historia en Grecia
y Roma Antiguas (University of California Press, 1983), pp.
142-168 ( «El Discurso en la Historiografía Griega y Romana»),
insiste que los antiguos adoptaron de manera unánime el prin-
cipio de Tucídides de la exacta información de los discursos.
Ver también de A. W. Gomme, «Los Discursos en Tucídides»,
148 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

en idem, Ensayos sobre Historia y Literatura Griega (Oxford:


Basil Blackwell, 1937), pp. 156-189; idem, Comentario His-
tórico sobre Tucídides, l (Oxford: Clarendon Press, 1945), pp.
139-150; A.W. Gomme, A. Andrewes, y K.J. Dover, Comen-
tario Histórico sobre Tucidides, V (Oxford: Clarendon Press,
1981), pp. 393-399. Para un minucioso análisis de los discursos
de Herodoto, con comparaciones homéricas, véase la obra de
Mabel L. Lang, Narrativa y Discurso de Herodoto (Harvard
University Press, 1984). Ver también de Kenneth S. Sacks,
«Aproximaciones Retóricas a la Composición de Historia Griega
en el Período Helenístico», en Sociedad de Literatura Bíblica:
Documentos de Seminario 1984. rev. por Kent H. Richards
(Scholars Press, 1984), pp. 123-133. Una muy importante co-
lección de ensayos con una extensa bibliografía es la de Philip
A. Stadter, Los Discursos de Tucídides (University of North
Carolina Press, 1973). Ver también de F. W. Walbank, Los
Discursos en los Historiadores Griegos (The Third J .L. Myres
Memorial Lecture, 1965).
Sobre Historiografía Israelita: B. Albrektson, La Historia
y los Dioses: Un Ensayo Sobre la Idea de los Acontecimientos
Históricos como Manifestaciones Divinas en el Antiguo Cercano
Oriente y en Israel (Lund: Gleerup, 1967). R.C. Dentan, El
Concepto de Historia en el Antiguo Cercano Oriente (Yale Uni-
versity Press, 1955), en particular Millar Burrows, «Israel Anti-
guo», pp. 99-131. Una buena introducción a la Historia Deu-
teronómica es T.E. Fretheim, Historia Deuteronómica (Abing-
don Press, 1983). Ver también de H. Gese, «El Concepto de
Historia en el Antiguo Cercano Oriente y el Antiguo Testa-
mento», Journalfor Theology and the Church 1 (1965), 49-64;
A. Momigliano, «Elementos Orientales en la Historiografía Ju-
día Post-Exílica y Griega», y «El Tiempo en la Antigua His-
toriografía», en idem, Ensayos de Historiografía Antigua y Mo-
derna (Wesleyan University Press, 1977), pp. 25-35, 179-204;
M. Noth, La Historia Deuteronomista (Sheffield: JSOT Press,
1981); J.R. Porter, «Historiografía del Antiguo Testamento» en
Tradición e Interpretación: Ensayos por Miembros de la So-
ciedad de Estudio del Antiguo Testamento, rev. por G.W. An-
derson (Oxford: Clarendon Press, 1979), pp. 125-165, un es-
tudio de la investigación desde 1950; J.J.M. Roberts, «Mito
LUCAS-HECHOS Y LA HISTORIOGRAFIA ANTIGUA 149

versus Historia: Poniendo Nuevos Cimientos Comparativos»,


RTBC 38 (1976), 1-13. En En Busca de la Historia: Historio-
grafía en el Mundo Antiguo y los Orígenes de la Historia Bíblica
(Yale University Press, 1983), John Van Seters compara la
historiografía griega, israelita, mesopotámica, hitita y egipcia,
e incluye una extensa bibliografía. Ver también de G. W.
Trompf, El Concepto de Recurrencia Histórica en el Pensa-
miento Occidental desde la Antigüedad hasta la Reforma (Uni-
versity of California Press, 1979). Para el período antiguo,
Trompf compara cuidadosa y convincentemente a Polibio con
Lucas y la historiografía bíblica.
Sobre Historiografía Judía: H. W. Attridge, «Historio-
grafía», y «Josefo y sus Obras», en Escritos Judíos del Período
del Segundo Templo, vol. 2 de sec. 2, CRINT (1984), pp. 157-
184, 185-232, Elias Bickerman, De Esdras al Ultimo de los
Macabeos (Schocken Books 1962); John J. Collins, Entre Ate-
nas y Jerusalén: Identidad Judía en la Diáspora Judía (Cross-
road Publishing Co., 1983), pp. 23-59; Robert Doran, Propa-
ganda del Templo: Propósito y Carácter de 2 Macabeos, Mo-
nografías RTBC, 9 (Asociación Bíblica Católica de América,
1981 ); Martín Hengel, Judaísmo y Helenismo, tr. por John Bow-
den (Fortress Press, 1974). Para una muy reciente edición de
historiadores que se han conservado sólo fragmentariamente con
un comentario, véase de Car!. R. Holladay, Fragmentos de
Autores Judíos Helenísticos, vol. l: Historiadores (Scholars
Press, 1983); los textos griegos con traducción inglesa acom-
pañados de excelentes introducciones y comentarios. Ver tam-
bién de Peter Schafer, «Zur Geschichtsauffassung des rabbinis-
chen Judentums», REJ 6 (1975), 177-188; Emil Schíirer , La
Historia del Pueblo Judío en la Era de Jesucristo (175 a.C.-
135 d.C.), rev. por G. Vermes et al., I (Edinburgh: T.& &.
Clark, 1973), pp. 17-122 (extensa bibliografía y discusión de
las fuentes del período).
Sobre Formas Literarias: Robert Alter, El Arte de la Na-
rrativa Bíblica (Basic Books, 1981); George W., Coats. Gé-
nesis, con una introducción a la Literatura Narrativa, Las For-
mas de la Literatura del Antiguo Testamento, I (Wm. B. Eerd-
mans Publishing Co., 1983); J. P. Fokkelman, El Arte Narrativo
en Génesis (Assen: Van Gorcum, 1975); Leonard Greenspoon,
150 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

«El Relato de Posicionamiento en Filón y Josefo», Semeia 20


(1981), 73-80; Burke O. Long, 1 Reyes, con una introducción
a la Literatura Histórica, Las Formas de la Literatura del Anti-
guo Testamento, 9 (Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1984);
Horst R. Moehring, «Elementos Novelísticos en los Escritos de
Flavio Josefo» (Ph. D. dissertation, University of Chicago,
1957).
Sobre Historiadores Judíos: Artapano: Carl H. Holladay,
Theios Aner en el Judaísmo Helenístico (Scholars Press, 1977),
pp. 199- 232. Demetrio el Cronógrafo: E. J. Bickerman, «El
Historiador Judío Demetrio», en Cristianismo, Judaísmo y Otros
Cultos Greco-Romanos, rev. por J. Neusner (Leiden: E. J. Brill,
.,. 1975), III, pp. 72-84. Eupolemo: Ben Zion Wacholder, Eu-
polemo: Estudio de Literatura Judea-Griega (Hebrew Union
College Press, 1974). Josefo: La mejor introducción reciente a
~· ~
_,_ Josefo es de Tessa Rajak, Josefa: El Historiador y Su Sociedad
_,., (Fortress Press, 1983). Sigue siendo valiosa la obra de H. St.
,'. }
., ¡ John Thackeray, Josefa; el Hombre y el Historiador (Ktav Pu-
J, .• blishing House, 1967; originalmente publicado en 1929). Tres
obras indispensables son las de Richard Laqueur, Der judische
Historiker Flavius Josephus (Giessen, 1920); H. W. Attridge,
La Interpretación de la Historia Bíblica en Antiquitates Judaicae
de Flavio Josefa (Scholars Press, 1976); y Shaye J. D. Cohen,
Josefa en Galilea y Roma: Su Vida y Desarrollo como Histo-
riador (Leiden: E. J. Brill, 1979). Para una extensa y clasificada
bibliografía, ver la obra de Louis H. Feldman, Josefa y La Mo-
derna Erudición (1937-1980) (Berlín: Walter de Gruyter, 1984).
Ver también de Willem Comelis van Unnik, Flavius Josephus
als historischer Schriftsteller (Heidelberg: Verlag Lambert Sch-
neider, 1978), y Helgo Lindner, Die Geschichtsauffassung des
Flavius Josephus im Bellum Judaicum (Leiden: E. J. Brill,
1972).
4
Los Rasgos Genéricos de Locas-
Hechos y el Desarrollo de la
Literatura Apostólica

El prefacio histórico que presenta su obra (Le. 1:1-4) es una


clara señal de que Lucas conscientemente sigue pautas literarias
helenísticas. Califica su composición como diégésis, «narrativa»
(Le. 1:1), un término usado tanto en ficción como en no-ficción.
Theón define diégésis como «un tratado explicativo de eventos
que ocurrieron o pudieron haber ocurrido» (Progymnasmata 4;
cf. Cicerón, Sobre La Invención Retórica 1.19.27; Quintiliano
4.21.31). Posteriormente, los retóricos distinguieron entre die-
gema, una narrativa de un solo acontecimiento, y diégésis, un
relato que narra muchos eventos, de lo que Herodoto y Tucídides
eran ejemplos (Hermógenes, Progymnasmata 2; Aphthonius,
Progymnasmata 2). Al sustituir el término «narrativa» por el de
«evangelio» de Marcos, Lucas indicaba su intención de escribir
historia.

La forma de Locas-Hechos

Después de que Lucas entró a formar parte del cuádruple


Evangelio (hacia el 125 d.C.), se tituló «Según [i.e., por] Lu-
cas», un título que más tarde se amplió a «El Evangelio según
Lucas». Hechos, una parte de una obra más extensa, probable-
mente no tuvo título en su origen (a menos que hubiese sido
publicado por separado). No obstante, su status literario inde-
pendiente después de 125 d.C. aprox., hizo necesario un título
determinado, y fue etiquetado «Hechos de los Apóstoles» hacia
el 150 d.C.
152 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Lenguaje y Estilo

Jerónimo (hacia 327-420) describió a Lucas como el Evan-


gelista más culto en lengua griega (Carta 20.4). El dominio de
Lucas del estilo griego es evidente ya desde la primera frase.
Lucas 1: 1-4 es una sola y equilibrada oración periódica cuida-
dosamente estructurada en dos partes con tres frases del mismo
estilo y color, llevadas en un lenguaje literario formal (Le. 3:1-
2 y Hch. 15:24-26 son las otras únicas oraciones periódicas en
Lucas-Hechos). Y como es la oración más literaria de toda su
obra, Lucas obviamente quería obtener una impresión inicial
favorable. El resto de su composición es más coloquial. En
Lucas 1-2, y Hechos 1-12, el autor emplea una forma de ar-
caismo linguístico usando un griego «septuagíntico» como un
equivalente deliberado de la tendencia aticista de los escritores
griegos contemporáneos. El resto de Lucas-Hechos está escrito
}
en el griego Koine literario ampliamente usado en el período
1 helenístico. Al reescribir sus fuentes (Marcos y Q), Lucas in-
. troduce mejoras estilísticas reflejando unas elevadas normas li-
__ terarias.

Organización en DOs Libros

Lucas consideraba las dos partes de su composición como


«libros», ya que se refiere a la primera parte como un lagos,
«libro» (Hch. 1: 1). Un «libro» antiguo era idéntico al contenido
de un rollo de papiro. Este convencionalismo se preserva en la
palabra inglesa «volumen», derivado del término latino volumen
( «rollo de papiro»). Lucas empleó dos «libros» porque los rollos
de papiro venían en tamaños normales con una extensión má-
xima de 35 a 40 pies (un rollo de un promedio de treinta pies
podía contener cerca de 100 columnas de escritura con 30 ó 40
líneas por columna y 20 letras por línea). Las dimensiones de
las hojas de papiro variaban considerablemente ( de 8 a 12 pul-
gadas de alto: de 4 1/3 a 9 pulgadas de ancho; cf. Plinio, Historia
Natural 13.77-78). De modo que no es posible determinar la
longitud de los rollos utilizados por Lucas - aunque, empleando
tamaños promedio, 35 y 32 pies debió bastarle a Lucas y Hechos
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 153

respectivamente. Los antiguos historiadores publicaban ocasio-


nalmente libros por separado (Dionisio, Antigüedades Romanas
7.70.2), en particular si la obra era muy extensa.
De acuerdo con un convencionalismo opcional, Lucas pre-
sentó Hechos con un prefacio secundario (1:1-5). Muchos his-
toriadores simplemente empezaban el siguiente libro donde ter-
minaba el último (e.g., Arriano, Anabasis; Josefo, Guerras).
Otros usaron varios recursos literarios para empezar y terminar
libros. Para entretejer Lucas-Hechos, Lucas empleó las técnicas
literarias de recapitulación y continuación, usadas también por
Polibio, Estrabón, Diodoro, Josefo y Herodiano. La frase inicial
de Hechos contiene una breve recapitulación del contenido del
libro anterior: «El primer libro lo escribí, Teófilo, sobre todo
lo que Jesús hizo y enseiio desde un principio». Lucas combina
esta recapitulación con la técnica de la continuación, parafra-
seando la conclusión de Lucas (24:36-53) en Hechos 1:2-5.
Lucas (19.404 palabras; 2.900 versículos) y Hechos (18.374
palabras; 2.600 versículos), las composiciones primera y se-
gunda más largas del Nuevo Testamento, se escribieron origi-
nalmente en rollos de papiro de casi igual longitud. Los autores
greco-romanos a menudo intentaron mantener el tamaño de los
libros aproximadamente simétricos (Diodoro 1.29.6; 1.41.10;
Josefo, Contra Apión 1.320). Diodoro consideraba que los es-
critores debían incluir acciones completas de ciudades o reyes
en libros o rollos separados, aunque su longitud pudiese variar
( 16 .1). Por tanto dedicó el libro 16 a Filipo y el 17 a Alejandro
el Grande. Lucas, obviamente, presenta un relato de la vida de
Jesús «desde el principio. hasta el final» en su primer libro, y
una descripción de la propagación del cristianismo desde Je-
rusalén hasta Roma en el segundo, con más de la mitad de la
narrativa dedicada a Pablo. A juzgar por los paralelos literarios
entre Lucas [Link], el autor pretendió dar a su segundo libro
la unidad manifestada en el primero. Las simetrías dentro de
Hechos y entre Lucas y Hechos confirman la intención del autor
de proporcionar una estructura narrativa «completa».
154 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

El final de Lucas-Hechos

Lucas-Hechos tiene una conclusión aparentemente inade-


cuada. Pablo está en Roma bajo arresto domiciliario de dos
años, esperando el juicio. Eusebio pensó que este final era brus-
co, y concluyó que Lucas terminó allí su narrativa porque así
era como estaban las cosas cuando dejó de escribir (Historia de
la Iglesia 2.22.6). Eusebio redondeó después la historia rela-
tando la tradición de que Pablo fue liberado, fue a otra misión
de predicación, y después llegó a Roma una segunda vez y allí
sufrió martirio (2.22.2-8). La Historia Deuteronómica termina
de forma análoga a Lucas-Hechos (2 Reyes 24:27-30). La Vida
,. de Apolonio de Filóstrato acaba también de manera insatisfac-
toria porque las fuentes consultadas por el autor terminaban
,
,J
insatisfactoriamente.
Estos textos sugieren dos posibles razones para el brusco final
.. ,
-.> de Lucas-Hechos: (1) El autor terminó su relato cuando Pablo
,, aún estaba bajo el arresto de dos años. (2) El autor acabó su

.• narrativa donde su fuente terminaba, pero al contrario que Fi-
lóstrato, no terminó la narrativa. Ninguna de las posibilidades
,_,.
es factible. Lucas relata en dos ocasiones dos revelaciones a
Pablo, al efecto de que «dará testimonio en Roma» (Hch. 23: 11),
y «comparecerá ante el César» (27:24). Esto debe haber ocurrido
después de los «dos años» mencionados en 28:30. El resultado
de ese juicio fue probablemente la condena y ejecución de Pablo,
ya que anteriormente ponen en sus labios las palabras que dirige
a los Efesios de que no le volverán a ver nunca (20:25, 38).
Este final indica que no es la intención del autor presentar una
vida de Pablo, sino destacar la proclamación universal del evan-
gelio paulino.

Modelos Literarios

La recurrencia de hechos o modelos similares de hechos en


las narrativas históricas pueden funcionar de varias maneras.
Una obvia función literaria de esquemas de correspondencia es
la de unificar la composición. Una función histórica de tales
esquemas es demostrar que la historia en sí tiene un modelo.
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 155

Para ambas razones, los antiguos historiadores buscaron a me-


nudo obtener modelos de recurrencia histórica en sus narrativas.
Apiano (aprox. 95-165 [Link]) observó paralelos históricos entre
la derrota romana en Cannas y la derrota de Asdrúbal el car-
taginés (Las Guerras de Aníbal 7 .8.53).
Puesto que Lucas-Hechos habla de varias personalidades
importantes, los paralelos se elaboran muchas veces entre, por
ejemplo, Jesús y Pablo, Jesús y Pedro, y Pedro y Pablo. G.W.
Trompf ha propuesto cinco casos en los que se vuelven a re-
presentar hechos significativos en Lucas-Hechos: (1) las muertes
de Jesús y Esteban, (2) las apariciones de la resurrección de
Jesús y la milagrosa liberación de Pedro de la prisión, (3) las
alocuciones de despedida de Jesús y Pablo, (4) los viajes de
Jesús a Jerusalén y de Pablo a Jerusalén y Roma, junto con las
predicciones de la pasión, y (5) los juicios de Jesús y Pablo,
cada uno de cuatro audiencias. Dentro de Hechos hay sorpren-
dentes paralelos entre dos curaciones de hombres cojos de na-
cimiento, una por Pedro (3:1-10), y otra por Pablo (14:8-18),
y las curaciones efectuadas por la sombra de Pedro (5:14-16),
y pañuelos o delantales tocados por Pablo (19:11-12). Se han
propuesto esquemas mucho más elaborados, pero mientras más
elaborados, menos convincentes. En tanto que los historiadores
greco-romanos hacían pausas para observar el modelo recurrente
de los acontecimientos, Lucas deja esta tarea al lector.
La proporcionalidad de Lucas-Hechos requiere algún co-
mentario. Cada libro narra un período de treinta años. La pre-
sentación que Lucas hace de los acontecimientos de los últimos
días de Jesús, desde su llegada a Jerusalén (Le. 19:28) hasta su
ascensión, constituye aproximadamente el 23 por ciento de su
primer libro. Hechos 21 :27 hasta 28:31, que habla del arresto
de Pablo (aprox. 56 d.C.), juicios, llegada a Roma (aprox. 60
d.C.) es un período de cuatro años que constituye un 24 por
ciento de la narrativa. Si bien el gran énfasis de los últimos días
de Jesús en Jerusalén fue sacado de Marcos, Lucas mismo puso
casi igual énfasis en los últimos días de Pablo.
156 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Formas Orales Constitutivas

Para toda esta sofisticación literaria, el autor de Lucas hizo


en gran parte el mismo uso de las fuentes escritas Marcos y Q
que Mateo. Las formas orales ocultas en Marcos y Q aún son
visibles en Lucas. Además, incluso e1 empleo de material tra-
dicional hallado sólo en Lucas manifiesta la misma estructura
.•..•. -
pericopada. Joseph Fitzmyer, en su comentario 1979 sobre Lu-
cas, cuenta sesenta y seis perícopas, partes de perícopas, o frases
que pertenecen a «L». Éstas incluyen parábolas (e.g., el Buen
Samaritano, 10:29-37; el Rico Necio, 12:13-21; el Hijo Pródigo,
15:11-32; el Juez Injusto, 18:1-8), relatos de milagros (e.g., el
... Hijo de la Viuda de Naín, 7:11-17; los Diez Leprosos, 17:11-
19), relatos de posicionamiento (e.g., 10:38-42; 11 :27-28;
13:.1-5, 31-33; 16:14-15; 19:1-10, 30-44; 22:35-38), y refranes
..,.,,1. de Jesús (6:24-26; 21:34-36). Lucas también incluye varias com-
:,:} posiciones más extensas como los relatos de infancia (1 :5-2:52),
_ .1
la genealogía (3:23-38), partes del rechazo en Nazaret (4: 16-
U., 30), y la historia del camino de Emaús (24: 13-35).
El aislamiento de las formas orales incorporadas en el texto
de Hechos es una tarea compleja. Varios relatos de milagros se
encuentran en Hechos. Cinco tienen qué ver con Pedro (3: 1-10;
5:1-11; 5:12-16; 9:32-35; 9:36-43). Siete se asocian con Pablo
(13:6-12; 14:8-18; 16:16-18; 19:11-12; 20:7-12; 28:1-6; 28:7~
11). También están dos fugas milagrosas de prisión (5:17-21;
12:1-17; cf. 16:25-34) y la muerte de castigo de Herodes Agripa
producida por el ángel del Señor (12:20-23).

Formas Literarias Constitutivas

Las formas literarias complejas como la historia general tien-


den a desarrollar una variedad de formas literarias más breves.
El carácter episódico de estructuras narrativas extensas facilita
relativamente esa inserción. Los paralelos de cada una de las
siguientes formas aparecen frecuentemente en las historias y
novelas greco-romanas, puesto que las técnicas de narrativa de
ficción y no ficción se superponen considerablemente.
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 157

Prefacios Históricos

Al ajustarse a los convencionalismos· de la historiografía


helenística, Lucas empieza su obra con un prefacio principal
que describe la obra entera (Le. 1:1-4), y prefija un prefacio
secundario a Hechos, recapitulando brevemente el contenido de
Lucas (Hch. 1:1-5). Lucas 1:1-4 constituye una sola oración
periódica:

Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas


que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han trans-
mitido los que desde el principio fueron testigos oculares y
servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de
haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, es-
cribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la
solidez de las enseñanzas que has recibido.

Los prefacios históricos permitían a un autor exhibir su ha-


bilidad retórica, y esto es lo que de Lucas manifiesta esta frase
cuidadosamente elaborada. De hecho, la frase «las cosas que
se han verificado entre nosotros», el tema de la composición de
Lucas, indica un punto focal histórico, más que biográfico, aún
cuando (según la práctica histórica helenística) en ambos libros
predominen destacadas personalidades. Los prefacios habían
sido desde hacía tiempo rasgos convencionales de la historio-
grafía greco-romana con una clara constelación de topoi o temas
tradicionales (Luciano, Historia 23, 52-55). Entre los topoi usa-
dos por Lucas está la dedicación a Teófilo, la exagerada mención
de «muchos» predecesores (i.e., Marcos y Q; las fuentes de
Hechos ya no existen ni es posible su reconstrucción), la men-
ción de fuentes de testigos oculares, el énfasis en un adecuado
método y precisión histórica, e interés en la utilidad. Entre los
paralelos más cercanos a Lucas 1: 1-4 está Josefo, Contra Apión
1.1-5 y 2.1-2, una obra en dos volúmenes con dos prefacios,
principal y secundario, muy similares a los de Lucas-Hechos.
Las notables semejanzas entre los prefacios históricos de Papías
(Eusebio, Historia de la Iglesia 3.39.2-4, 15) y Lucas 1: 1-4
sugieren que éste imitó a Lucas. La convencionalidad de tales
prefacios hace dificil determinar simplemente hasta qué punto
Lucas quiere decir lo que dice.
d58 EL NUEVO TESTAMENTO EN [Link]

Genealogía . , .

, .,,; : , La genealogía en Lucas 3:23-"38, que se remonta hasta Adán,


;«el hijo de Dios», es totalmente apropiada en la historia general·
o anticuaria. Extraordinariamente larga para una genealogía he-
lenística (77 nombres, 36 desconocidos en la tradición bíblica),
· aparece en una disgresión. El autor usa la técnica de reanudación
para desarrollar la disgresión entre Lucas 3:22 y 4: l. La ge-
nealogía es reflejo de las tradiciones tanto bíblicas como hele-
nísticas. Lucas mantiene la forma semítica de los nombres,
evitando finales griegos (Luciano, Historia 21, ridiculizó a los
.;.:::~
,..,11
puristas áticos que sustituían nombres latinos por equivalentes
,:;~:: griegos). Muchas genealogías bíblicas se organizan en orden
descendente (del más antiguo al último descendiente). Mateo
" "'
.:·::~ 1: 1-17 presenta un orden descendente, como una genealogía
helenística ocasional (cf. Plutarco, Pirro 1; Licurgo 1.4). Lucas
•... ;
ti··.

•••••• :1 3:23-38, no obstante, está dispuesto en orden ascendente (del


:~:.)
último descendiente al más antiguo), característico de las ge-
nealogías greco-romanas, pero a veces encontrado en literatura
judía reciente (cf. Esdras 7:1-5; Judit 1:8; Tobías 1:1; Josefo,
"' .• , __ . Arq. L3.2 [Noé]; 2.9.6 [Moisés]). La genealogía de Lucas se
remonta hasta Adán «el hijo de Dios» (Le. 3:38), un fenómeno
sin igual en las-genealogías judías bíblicas o post-bíblicas. Las
genealogías greco-romanas no pocas veces se remontan hasta
los dioses (se dice, por ejemplo, que Hecateo de Mileto remontó
su genealogía dieciséis generaciones hasta un dios; Heródoto
2.143).

Symposia

El simposium en la antigüedad greco-romana era una cos-


tumbre social al tiempo que una forma literaria estructurada de
manera imprecisa. Como costumbre social los symposia eran
fiestas de bebidas, a las que seguía la principal comida de la
tarde tsymposion significa literalmente «beber juntos»). Como
género literario el symposium pudo servir de marco para diá-
logos ( «charlas de sobremesa»), alocuciones, y otras formas
literarias cortas (cf. Plutarco, Charlas de Sobremesa).
. RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS />' •. 159

·.. En tanto que los Evangelios mencionan .de vez en cuando


comidas que Jesús hacía con sus compañeros, sólo Lucas y
usan el symposium como recurso literario. Lucas tiene tres
ejemplos dél symposium usado como recurso de encuadre: (1)
En Lucas 7:36-50, una cena (con el topos del huésped no con-
vidado; cf. Plutarco, Charlas de Sobremesa 707 A) es la ocasión
para un relato de posicionamiento (los paralelos en Me. 14:3-9
y Mt, 26:6-13 indican que Lucas amplió el material en el es-
cenario de la cena). (2) En Lucas 11:37-54; varios refranes de
Jesús están encuadrados en una cena y un diálogo que Lucas
añade a Q incluyendo un relato de posicionamiento (vs. 38-41),
una serie de infortunios contra los fariseos (vs. 42-48, 52), y
un refrán (vs. 49-51). (3) Finalmente, en Lucas 14:1-24 una
cena enmarca cuatro unidades literarias: (a) la curación del hom-
bre con edema (vs. 1-6), (b) la parábola de la fiesta nupcial (vs.
7-11), (e) la enseñanza de Jesús sobre la humildad (vs. 12-14),
y (d) la parábola de la Gran Cena (vs. 15-24). Lucas puede
haber elegido el escenario del symposium ya que la segunda y
tercer unidades hablan de la etiqueta del banquete, y la cuarta
usa un banquete como escenario de una parábola. En tanto que
estos tres pasajes están estructurados como symposia por Lucas,
debe observarse que el symposium fue comúnmente una forma
literaria independiente.

Narrativas sobre Viajes y los Pasajes «Nosotros»

Una de las semejanzas estructurales esenciales entre Lucas


y Hechos es que ambos están dominados por extensos informes
sobre viajes (Le. 9:51-[Link] 37 por ciento de Lucas; Hch.
12:25-21: 16; 27:1-28; 16: 38 por ciento de Hechos). Probable-
mente Lucas empleó como modelo la narrativa de viajes más
breve de Marcos 10: 1-52. En todo el pasaje de Lucas 9:51-19:44
se le recuerda a menudo al lector que Jerusalén, donde deben
morir los profetas, es el objetivo del viaje de Jesús (9:51, 53;
13:22, 33; 17:11; 18:31; 19:11, 28, 41). Los recordatorios son
necesarios porque las referencias al itinerario son vagas (Le.
9:57; 10:38; 11:53; 13:22; 14:25; 17:1 lb; 18:35; 19:1, 29). Al
contrario que en la sección de viajes en Lucas, los de Hechos
;J60 , EI:NUEVO TESTAMENTffENSUENTORNO LITERARIO

·(2 l:25-28: 16)· están .bien organizados y son· esenciales, al


Las .tres .gíras misioneras dePablo .y . sus compaíierosse narran
en Hechosl2:2S-21:16; yel viaje marítimo-de Pablo [Link]
[Link] 27:1-[Link] En contrasteconJainsuficiencia:de.
referencias geográficas en Lucas, existen muchas notas de viajé
. en Hechos; tanto 'por tierra . ( diecinueve . notas)" corno. por: mar
(diez notas); las dos más largas son 20:3-6, 13-16. Sin embargo
hay sólo un informé de viaje ininterrumpido, Hechos 27: 1-28: 16~ ,
sobre un viaje marítimo y un naufragio ..
· · · Los relatos literarios de viaje adoptaban varias formas. La
marcha (anabasis, «expedición al interior») fue una estructura
narrativa adecuada para campañas militares descrita por Heró-
doto (su sección de marcha más larga es 7.26-130, la marcha
de Jerjes a Grecia), Jenofonte (Anabasis), César (Comentarios)
y Arriano (Anabasis). Gran parte del Pentateuco está también
.,.·.
.,_,~ estructurado como marcha (desde Éxodo 13.:17 en adelante).
;;::::,J
•.• ,.}
La «descripción del viaje», (periegesis) describía el viaje por.
1. •.. ,1 tierra, interesándose en la geografía y la etnografía (cf. las des-
cripciones de viajes en Filóstrato, Vida de Apolonio 2.1-20;
, __ , __
2.42-3.12;' 3.50-58; 4.47- 5.10; 6.1-6, 23-27). El «relato del
viaje por mar (periplous) se centraba en viajes costeros (los
relatos que sobreviven incluyen los de Hanno, Arriano y Scy-
lax). Estos tres -tipos podían existir independientemente o como
formas dentro de géneros más complejos. En muchos relatos el
viaje se llevaba a cabo tanto por tierra como por mar ( como en
Hechos). Estos relatos literarios varían en carácter desde des".'
cripciones históricas (Arriano, Indica 18-42), y mito historizado
(Dionisio, Antigüedades Romanas 1.49-53), hasta ficción pura
(Odisea 9-12; Luciano, La Verdadera Historia).
La segunda mitad de Hechos contiene tres secciones donde
el narrador cambia de pronto de tercera persona a la primera
persona del plural: (1) 16:10-17; (2) 20:3-15; 21:1-18; (3) 27:1,.
28:16. En ninguna otra parte en Lucas-Hechos usa el narrador
la primera persona, excepto en los prefacios. Varias explica-
ciones se han sugerido: ( 1) El autor quiere subrayar su parti-
cipación en los acontecimientos narrados (lreneo, Contra las
Herejías 3.14.1). (2) El autor utilizó una fuente escrita (itinerario
de viaje, o memorias de un viajero, hypomnématay compuestas
por él mismo o por otro. (3) El autor usa los pasajes «Nosotros»
orn /\ .>LRASGOS GENERICOS: DE LUCAS-HECHOS . /. .161

como iecurscrestilísticoparadramatizarla narrativa: En lenguaje


. y;·estilo /los '[Link]<nósotrós»··no· difieren del resto de Hechos.
c,; l~ás jfropúe'stas'de 'qúe los 'pasajes «nosotros» reflejan el. uso. del
1

,. autor, de un «diario de viaje» [Link]án/'por el hecho de que


contenían sólo unitinerario detallado; no una narrativa.
t{:_ ,Todqs)~s' P~ªJ~S~<~o'[Link]>~: combinan viajes po_r ,iu1r (Hch.
16:11.;· 12a; 20:6, 13:.15; 21:1-3, 7; 27: 1-44; 28:11-13) con viajes
tierrl
; f}Ó( (7(): _l~3~;; "? 1:15_;17; 28: 14~ 16) ,- interrupidos por so-
bréstádía.n 16: 126; 20:6b':.12, 17; 21:4-6, 7b-8; 28:1-2, 7, 14).
VernonRobbins hademostradoque los' relatos literarios de los
viajes:(y'torrlientas)'fuarítifi1:0S a menudo empleaban la narración
en primera' persona. Existen.' no obstante, muchas excepciones:
Luciano Los Sabios Subordinados 1-2; Filóstrato, Vida de Apo-
lonio 3.52'-58; 8.15; Hch. 13:13; 14:26; 15:39; 18:18, 21-22.
Dos relatos sobresalientes de tormentas, la Odisea 5.291-473 y
faEneida de Virgilio 1.34-179, son narrativas en tercera per-
sona. Con todo, los relatos de aventuras en primera persona,
ésta es naturalemte empleada en viajes también (Odisea 12.402-
425). Robbins da muchos ejemplos de narrativas en primera
persona (singular y plural) de viajes marítimos (Dión Crisós-
tomo, Discurso 7,2, 10; Petronio 114; Josefo, Vida 3.14-16;
Luciano, La Verdadera Historia 1.5-6; Aquiles Tacio 2.31.6;
3. Ll; 4,9.6). Los historiadores preferían la narración en tercera
persona, aunque de ve: en cuando aparece la primera persona
en narrativas de .viajes marítimos y batallas, Robbins sólo en-
cuentra dos ejemplos en la literatura histórica que confirmen su
argumento de que la narración en primera persona era estilís-
ticamente apropiada para relatos de viajes marítimos. Una ob-
servación de Polibio viene al caso en este punto. En una dis-
gresión sobre estilo, después de usar la primera persona de
plural en una narrativa histórica (36.11), Polibio discute su uso
de primera y tercera persona del singular y plural en narración
histórica (36.12; BCL trad. con modificaciones):

No debería producir sorpresa si en ocasiones uso mi propio


nombre al hablar de mí mismo, y en otras partes uso expresiones
generales como «después de que dije esto» o de nuevo, «y
cuando estuvimos de acuerdo con esto». Puesto que estaba per-
sonalmente muy implicado en los acontecimientos que estamos
a punto de describir, es necesario cambiar las frases cuando se
162 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

refieren a mí mismo, pues el nosotros no se ofenderá por la


frecuente repetición de mi nombre, ni por decir una y otra vez
«cuando yo» o «para mí», que surge intencionadamente por una
viciosa costumbre al hablar. · · ·· ·

Aunque el uso que hace Polibio de la. primera persona de


singular y plural señala la participación personal en los acon-
tecimientos narrados, su cambio a la tercera persona es estilís-
ticamente motivado y no indica ausencia de implicación per-
sonal. Concluimos que la aparición de los pasajes «nosotros»
en Hechos constituye una afirmación implícita de que el autor
no es un historiador de salón, sino alguien que ha visitado
personalmente las regiones que describe (cf. Polibio 12.27. l-6;
12.28,6; 20.12.8; Luciano, Historia 47). De hecho, los pasajes
«nosotros» sugieren que el autor ha experimentado personal-
mente los acontecimientos narrados (cf. Le. 1:2-3), o al menos
pretendía producir esa impresión.

Discursos

Los discursos jugaron un importante papel en la historio-


grafía helenística, constituyendo a menudo entre 20 y 35 por
ciento de la narrativa. Las treinta y dos alocuciones de Hechos
(excluyendo las afirmaciones breves) suponen el 25 por ciento
de la narrativa. Ocho alocuciones se atribuyen a Pedro, once a
Pablo y el resto,'uno cada uno, a Esteban, Santiago y Santiago
con los ancianos. Seis se atribuyen a no-cristianos: Gamaliel,
Demetrio, el magistrado de Éfeso, Tértulo y Festo. Además hay
dos plegarias, dos cartas, y cerca de dieciséis secciones breves
de diálogo. En tanto que las alocuciones ocupan el 24 por ciento
de Tucídides, y el 25 por ciento de Hechos, funcionan de formas
diferentes. Los escenarios narrativos de las alocuciones de Tu-
cídides son muy breves; las alocuciones y escenarios representan
el 25 por ciento de la narrativa. En Hechos, las estructuras
narrativas son más importantes; con las alocuciones, constituyen
el 74 por ciento de la narrativa. En Tucídides, las alocuciones
sirven como comentario a los acontecimientos. En Locas-He-
chos, las alocuciones son un rasgo esencial de la acción misma,
que es la propagación de la palabra de Dios.
RASGOS GENERICOS DE LOCAS-HECHOS 163

¿Representan las alocuciones de Hechos una aproximación


de lo que realmente se decía, o el autor los redactaba libremente?
Si Lucas era un historiador helenístico típico, no podríamos
esperar que las alocuciones fueran informes exactos, extractos
o incluso aproximaciones de lo que realmente se dijo, sino más
bien invenciones limitadas solamente por la necesidad de con-
veniencia para el orador, la audiencia y la circunstancia. Con
todo, es difícil -si no imposible- demostrar que determinadas
alocuciones no se hubiesen efectuado por aquellos a quienes les
fueron atribuidas; en particular si el autor es hábil en proso-
popoiia, el arte de escribir alocuciones de carácter. Lucas pro-
bablemente se enfrentó al mismo problema que Tucídides, u
otro historiador de, acontecimientos recientes. En tiempos de
Tucídides, en general las alocuciones no se transcribían y pu-
blicaban. Los historiadores helenísticos, no obstante, hallaron
una gran cantidad de material discursivo en sus fuentes y se
enfrentaron a varias opciones. Podían omitirlas (normalmente
impensable), transcribirlas fielmente (casi impensable), o mo-
dificarlas. La mayoría (como Dionisio de Halicarnaso) eligió la
última opción. Puesto que Lucas escribió sobre acontecimientos
de la generación anterior, es improbable que hallara alocuciones
en fuentes escritas. Sus opciones eran tres: (1) entrevistar a los
que habían estado presentes o (si él estaba presente) recordar la
esencia de lo que realmente se dijo, (2) improvisar libremente
las alocuciones según el principio de idoneidad, o (3) combinar
la investigación y la memoria con una composición libre. Lucas
siguió la última vía.
Las alocuciones de Lucas-Hechos pueden examinarse desde
dos perspectivas, crítica histórica (¿son históricas?) y crítica
literaria (¿son contextualmente adecuadas?). Varias preguntas
importantes se plantean y que deben ser consideradas con el fin
de responder a ellas.
1. Si bien el estilo de las alocuciones no es uniforme, es
consecuente con el estilo general del autor. Aunque la mayoría
de los historiadores imponían su propio estilo a las alocuciones
(e.g., Tucídides, Polibio y Dionisio de Halicarnaso), hay im-
portantes excepciones (e.g., Heródoto). Escribir alocuciones en
estilos adecuados a diversos oradores fue ampliamente practi-
cado por los escritores helenísticos (Luciano, Historia 58; Teón,
164 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Progymnasmata 10). Si alguno afirmaba que las alocuciones


que reflejaban el estilo del historiador no eran auténticas, las de
Tucídides no pasarían la prueba (erróneo), pero si alguien decía
que las alocuciones que mostraban una variedad estilística eran
auténticos, las alocuciones de Heródoto podrían ser consideradas
históricas (igualmente erróneo). Las alocuciones de Lucas se
hallan entre estos dos extremos, y ningún juicio histórico es
posible basándose solamente en criterios estilísticos.
2. Las alocuciones de Hechos muestran una considerable
variedad en forma y contenido: (a) seis son las alocuciones
evangelísticas a simpatizantes judíos y gentiles, (b) dos son las
alocuciones evangelísticas a paganos, (e) cinco son alocuciones
legales, cuatro por Pablo y uno por Tértulo. Son varias las
observaciones que pueden hacerse sobre cada tipo: (a) Según
Eduardo Schweizer, las seis alocuciones evangelísticas a los
judíos despliegan una estructura uniforme: tratamiento directo,
llamada de atención, mención del problema de la lentitud de
entendimiento, cita inicial de las Escrituras, la crucifixión y
resurrección de Jesús, prueba de las Escrituras, proclamación
de la salvación, y llamada al arrepentimiento. Estas semejanzas
sugieren que el autor ha escrito los discursos, aunque no hay
forma de afirmar o negar la antigüedad de los elementos esen-
ciales. (b) Los dos discursos a audiencias paganas omiten con-
venientemente las pruebas de la Escritura, y en su lugar citan
a un poeta griego (17:28). (e) Ninguno de los discursos legales
manifiestan una completa estructura retórica tradicional (tres de
ellas son interrumpidas). El discurso de Hechos 22: 1-21 empieza
por una breve introducción, y consiste en una narratio autobio-
gráfica ( que también sirve como argumentatio) hasta que . es
interrumpido. La alocución de Tértulo (24:2-8) empieza por una
captatio benevolentiae (i.e., un preámbulo que pretende ase-
gurarse la buena voluntad adulando al gobernador) in vs. 2-4,
seguido de una doble acusación (vs. 5-8): Pablo es un cabecilla
de los conflictivos nazarenos, y ha profanado el Templo. La
respuesta de Pablo (24:10-21) empieza por una captatio bene-
volentiae (v. 1 O) y continúa con una breve narratio ( «exposición
de los hechos»; v. 11) y propositio («propuesta»; v.12). La
alocución de defensa de Pablo en 26:2-23 también empieza por
una captatio benevolentiae (26:2-3), continúa con una narratio
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 165

(vs. 4-18), seguida por la argumentatio («prueba»), que es in-


terrumpida (vs. 19-23). Todas estas alocuciones sugieren que
Lucas conoce .las estructuras de la retórica judicial.
3. Algunos de los discursos son contextualmente inade-
cuados. El perfil que Esteban hace de la historia israelita en
Hechos 7:2-53 no encaja la acusación de 6:13-14. Los elementos
apologéticos de la alocución de despedida de Pablo en Hechos
20: 18-35 (i.e. vs. 20-21, 27, 33-34), no encajan en el escenario.
El discurso de Pablo en el Aerópago (Hch. 17:22-31), v. 22
está en tensión con el contexto (v. 16). La alocución de Pablo
a la tripulación en 27:21-26 pertenece al convencionalismo li-
terario de una tormenta en el mar (Odisea 5.299-312; Virgilio,
Eneida 1.92-101) y es adecuada literariamente, más que his-
tóricamente. Esta tensión entre algunos discursos y su contexto
puede deberse al hecho de que los discursos se insertaban en
una fase final de la composición, o al hecho de que el autor se
ha centrado en los discursos, descuidando los escenarios de la
narrativa. Los historiadores de forma característica recopilaban
un borrador (hypomnemai, y más tarde reescribían el conjunto,
de acuerdo con las normas literarias aceptadas (Luciano, His-
toria 47-48; Josefo, Contra Apión 1.49-50). Los episodios y
alocuciones dramáticas normalmente se insertaban en una fase
final de la composición, a juzgar-por su ausencia de los frag-
mentos de historias «inacabadas» (los discursos están totalmente
ausentes en Tucídides 5 .10-83 y todo el libro 8; Herodiano 5-
8 contiene solo seis alocuciones). Éste fue probablemente el
procedimiento de Lucas en Hechos.
Los historiadores griegos redactaban a menudo discursos
usando el estilo indirecto, que es una forma más exacta de
redactar discursos, en tanto que el estilo directo es un medio
más vivo y potencialmente dramático. Hay historiadores (e.g.
Herodiano) y muchos de los novelistas que preferían el estilo
directo casi de manera exclusiva, probablemente por su valor
dramático. El estilo indirecto está totalmente ausente del Nuevo
Testamento, aunque aparece de vez en cuando en Lucas-Hechos.
No obstante, los discursos de Hechos están casi totalmente en
forma de estilo directo. Lucas empieza algunas alocuciones en
forma indirecta y luego cambia al estilo directo (Le. 5: 14; Hch.
1:4; 17:3; 23:22-24; 25:4-5). El mismo fenómeno se halla en
166 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

autores clásicos como Heródoto (1.118, 125, 153; 3.156.2-,J;


5.31, 39; 6.1; 9.2) y Tucídides (sólo tres discursos combinan
estilo directo con indirecto, 1.137.4; 3.113; 8.53). Josefo tam-
bién se desliza del estilo indirecto al directo en discursos simples
(Guerras 4.40-48; 4.238-269; 4.272-282), como lo hacen He-
rodiano (8.3.4-6) y Arriano (Anabasis 5.11.4).
Lucas usa en los discursos dos técnicas literarias distintas.
La primera es la interrupción intencionada, por causa muchas
veces de ira o disensión (Le. 4:28; Hch. 2:36; 4:1; 7:53; 10:44;
17:32; 19:28; 22:22; 23:7; 26:34). Dichas interrupciones son
recursos literarios comunes a historiadores y novelistas. Se des-
taca el drama de determinados episodios (Josefo, Guerras 1.629;
2.605; 3.485; 7.389; Herodiano, 2.5.8; Aquiles Tacio 8.1.2;
8. 7 .1; 8 .11.1). Segunda, Lucas concluye algunos discursos su-
giriendo que más adelante se harían observaciones (Le. 24:27;
Hch. 2:40; 13:43; 15:12; cf. 28:23). Este es también un recurso
literario que acorta la extensión de un discurso y sugiere el
carácter transcriptivo de la parte «citada». Conclusiones se-
mejantes se encuentran en discursos de historiadores helenísticos
(Arriano, Anabasis 3.9,8; Josefo, Guerras 1.638; 2.33; 3.383)
y novelistas (Longo 1.16).

Cartas

En las narrativas históricas, las cartas citadas funcionan en


gran manera como discursos. También dan autenticidad y ve-
rosimilitud a la narrativa. Hechos contiene dos cartas insertadas
(15:23-29; 23:26-30). Hechos 15:23-29 es una carta encíclica
oficial escrita por los apóstoles y ancianos; el sobrescrito y nota
final son más típicamente helenísticos que cualquier otra carta
del Nuevo Testamento, excepto Hechos 23:26-30 y Santiago.
En cuanto a forma, el cuerpo de la carta es un decreto helenístico
para promulgar las decisiones de los consejos y asambleas de
las ciudades provinciales. Aquí el consejo (boule) y la asamblea
(ekklesia) o el pueblo (demos) lo constituyen los apóstoles y
ancianos con el pueblo. La importancia literaria de esta carta
para Hechos se señala ya desde la primera frase (vs. 24-26), la
única oración periódica en Hechos. La carta emplea varios tér-
RASGOS GENERICOS DE LOCAS-HECHOS 167

minos técnicos. La frase «hemos decidido» (edoxe, 15:22, 28)


se traduciría mejor por «se resolvió», una fórmula helenística
de «señal de aprobación» que aparece en decretos. El término
epeidé ( «puesto que») en 15:24 debe traducirse por «en tanto
que», en correspondencia con el lenguaje legal. Al igual que
las asambleas provinciales podían escribir a otras asambleas, de
ese modo la iglesia en Jerusalén es presentada por Lucas en-
viando emisarios con un «decreto» para otras comunidades cris-
tianas. Los convencionalismos helenísticos que se reflejan en
Hechos 15 parecen ser el estilo de Lucas de conceptualizar las
deliberaciones colectivas de la iglesia de Jerusalén.

Episodios Dramáticos

Las extensas narrativas helenísticas, ficticias o reales, ten-


dían a ser colecciones de episodios relativamente independien-
tes. Las narrativas históricas, al menos en forma de notas (hy-
pomnémata), eran lineales más que estructuradas; los aconte-
cimientos se colocaban en una secuencia, más que dispuestas
en tomo a la acción. Los historiadores usaban convencionalis-
mos retóricos para reorganizar secuencias lineales a fin de sacar
partido a sus posibilidades dramáticas. Los episodios dramáticos
destacan el conflicto dramático justamente antes de una reso-
lución, manifestando a menudo la unidad estructural de relatos
breves (novelas). Lucas fue un historiador dramático que en-
marcó su primer libro con dos episodios dramáticos, el Sermón
en Nazaret (Le. 4:16-30), prefigurando el rechazo, ejecución y
resurrección de Jesús, y el relato de la aparición de Jesús tras
la resurrección, en el camino de Emaús (Le. 24:13-35). Lucas
incluyó muchos más episodios dramáticos en Hechos, donde
estaba menos limitado por sus fuentes. De acuerdo con Eckhard
Plümacher, varios episodios dramáticos de Hechos expresan
afirmaciones programáticas: (1) Hechos 25:13-26:32, con dos
escenas dramáticas, demuestra que el estado no puede com-
prender o decidir en cuestiones religiosas. En la primera escena
(25:13-22), el procurador romano Festo consulta al rey judío
Agripa, haciendo mención de la inocencia de Pablo (v. 18), y
en la segunda (25:23-26:32) Pablo se defiende a sí mismo. Su
168 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

inocencia es dos veces afirmada por Agripa y Festo (25:25;


26:30-32). (2) Hechos 10:1-11:18, el episodio de Comelio, prue-
ba que la misión gentil es parte . del plan de Dios a través de
una narrativa dramática más que de una argumentación teoló-
gica. (3) En Hechos 18: 12-17, Galión afirma la inocencia de
Pablo y arroja a los judíos del tribunal. (4) Hechos 22: 17-21
narra una visión de Pablo que atribuye la conversión de los
gentiles a la providencia de Dios. (5) en Hechos 8:26-40, la
conversión y bautismo del eunuco etíope es atribuída a la re-
velación divina.
Hechos 27: 1-28: 16 es una escena dramática de tormenta que
enmarca tres afirmaciones breves y un discurso de Pablo. Los
antiguos autores describían a menudo situaciones características
en función de los convencionalismos literarios tradicionales. La
tormenta en el mar y el naufragio era una escena con una tra-
dición larga y compleja. Las tormentas en el mar de Homero
se convirtieron en modelos para descripciones narrativas pos-
teriores (Odisea 5.291-473; 12.402-425): vientos huracanados,
mares encrespados con una ola más grande que el resto, oscu-
ridad, nubes, relámpagos y truenos, destrucción del navío, de-
sesperación de la tripulación, y la casi total pérdida humana.
La escena de tormenta en la Eneida de Virgilio 1.34-179; cons-
cientemente copiada de Homero) se convirtió en modelo de
tormentas marinas en la literatura romana (Livio 21.58.3-11;
Séneca, Agamenón 465-578; Lucano 4.48-120). Las escenas de
tormenta aparecen también en las novelas antiguas (Caritón
3.3.10-18; Jenofonte de Efeso 3.2.11-15; Heliodoro 1.22.3-5;
Aquiles Tacio 3 .1-5). En un punto del diario del sofista Elio
Arístides (aprox. 117-181 d.C.), narra una verdadera tormenta
en el mar empleando lenguaje de la Odisea de Homero (Discurso
48.65-68). De este modo los antiguos podían conceptualizar
experiencias reales con topoi literarios tradicionales. En Hechos
27 :41, el autor compara el término obsoleto naus («barco») con
el poético verbo epikellein («hacer encallar»). Estas palabras
aparecen juntas en la Odisea 9 .148, 546, sugiriendo que Lucas
siguió la tradición de la escena homérica de la tormenta.
Uno de los temas de Hechos es la inocencia de Pablo ( 18: 12-
17; 25:18, 25; 26:30-32). Los historiadores antiguos usaban el
tema de la retribución divina como se ejemplifica en los destinos
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 169

de varios individuos; los buenos son recompensados y los mal-


vados castigados. Los antiguos se inquietaban por los riesgos
que representaba viajar por mar, en particular, el peligro de ser
arrojado al agua junto con compañeros de viaje ritualmente
contaminados con los que los dioses están enojados (Jonás 1:7-
15). Se consideraba que el naufragio era producido por la im-
piedad (Esquilo, Siete contra Tebas 602-604), la injusticia (Odi-
sea 3.133), y la polución (Antífono 5.82; Eurípides, Electra
1350). Se pensaba que se incurría en polución tras cometer un
asesinato (Antífono 5. 81), un sacrilegio ( Odisea 11.110-113;
12:374-449), o perjurio (Eurípides, Electra 1355). Desde esta
perspectiva, si Pablo se hubiese contaminado o fuese culpable
de impiedad, ciertamente se habría hundido con el barco. El
hecho de que sobreviviera, y que incluso saliera ileso al ser
mordido por una víbora (Hch. 28:3-6), subrayó su inocencia
para los antiguos lectores.

Disgresiones

Lucas, como Libio y los historiadores del Antiguo Testa-


mento, prefiere la técnica de la narración indirecta y por lo tanto
evita las disgresiones. Cuando las emplea, nunca las califica
como disgresiones. Entre algunos ejemplos se halla la genea-
logía de Jesús (Le. 3:23-38), las mini-disgresiones sobre la cu-
riosidad ateniense (Hch. 17:21), la identidad de Apolo (Hch.
18:24s.), la razón por la que Pablo fue acosado en el Templo
(Hch. 21:29), y las creencias saduceas (Hch. 23:8). El hecho
de evitar estas disgresiones se refleja en la inoportuna inserción
de una lista de naciones y nacionalidades en un discurso atri-
buído a los judíos de la Diáspora en Pentecostés (Hch. 2:7-11),
o en una desmañada mini-disgresión sobre Judas en el discurso
de Pedro (Hch. 1:18s.). Lucas omite la novela disgresiva de
Marcos sobre el destino de Juan el Bautista (Me. 6: 17-29). El
más amplio papel desempeñado por discursos en Lucas-Hechos
en comparación con la mayor parte de las historias helenísticas
facilita a Lucas insertar en su narrativa gran cantidad de material
explicativo en forma de discursos. Además, Lucas nunca usa
una disgresión para teorizar sobre métodos o valores históricos
170 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

como lo hicieron muchos historiadores helenísticos. En esto


actúa según el precedente israelita, y no el de la historiografía
greco-romana.

Sumarios

Los sumarios en Hechos, como los de los Evangelios Si-


nópticos, sirven como uniones entre segmentos de narrativa y
no como indicadores de estructura literaria. Lucas empleó su-
marios para generalizar sobre incidentes y también como tran-
siciones que introducen y concluyen episodios. Lucas empleó
uno solo de los sumarios de Marcos (1 :28) en tres lugares di-
ferentes (Le. 4:14, 37; 7:17), al igual que el Cronista usó el
resumen regio de Salomón (1 Reyes 10:23-29) en dos lugares
distintos (2 Cron. 1:14-17; 9:22-28). Lucas asumió cinco su-
marios de Marcos (cf. Me. 1:28 en Le. 4:37; Me. 1:32-34, 39
en Le. 4:40-41, 44; Me. 3:7-12 en Le. 6:17-19; Me. 6:12-13
en Le. 9:6). También creó varios propios (Le. 1:80; 2:40, 52;
7:21). Hechos contiene tres importantes sumarios que tratan del
carácter ideal de la comunidad cristiana primitiva de Jerusalén
(2:43-47; 4:32-35; 5:11-16). Además, Hechos contiene muchas
frases sumarias breves (e.g. 1:14; 8:lb-4; 9:31; 11:19-21; 19:11-
12; 28:30-31). .

El Contenido de Lucas-Hechos

Las estructuras dramáticas que caracterizan los otros Evan-


gelios no tienen un equivalente real en Lucas y/o Hechos. Los
otros Evangelistas describen el creciente conflicto entre Jesús y
sus adversarios, que culmina con su muerte (su aparente victoria
sobre él), y su resurrección (su victoria sobre ellos). En ausencia
de la clase de relaciones causales entre episodios necesaria para
un argumento, Lucas emplea dos complejos temas que se en-
trecruzan para dar movimiento al relato. Un tema es la respuesta
típica a los mensajeros de Dios o los profetas: rechazo (prin-
cipalmente por los judíos) y aceptación (principalmente por los
gentiles). Este tema configura la imagen profética de Jesús,
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 171

estructura muchos episodios diferentes, y determina la estructura


básica de ambos libros.
El segundo tema es el de la guía divina, que dispone los
acontecimientos humanos de acuerdo a un plan predeterminado
que se llama «la voluntad de Dios» (Le. 7:30; Hch. 2:23; 4:28;
5:38s.; 13:36; 20:27). En todo Lucas-Hechos, los aconteci-
mientos son llevados por varios tipos de revelación sobrenatural
propia de un escenario judeo-cristiano (signos, sueños, visiones,
oráculos proféticos). Estos elementos aparecen en los otros
Evangelios, pero en Lucas-Hechos establecen el escenario para
la vida y ministerio de Jesús, y marcan las fases críticas en el
crecimiento y desarrollo del cristianismo primitivo. El concepto
greco-romano de «destino» tiene un equivalente funcional en
Lucas-Hechos en la necesidad de cumplimiento de las predic-
ciones proféticas de las Escrituras.

El Profeta como Especie en Peligro de Extinción

Después de narrar el bautismo de Jesús (presentado como


la efusión del Espíritu sobre un profeta) y la tentación, enmar-
cados por una genealogía (Le. 3:21-4:13), Lucas incluye un
breve resumen de las actividades y éxitos de Jesús por medio ·
del Espíritu (4:14-15). Inmediatamente después viene un epi-
sodio dramático sobre-Jesús en la sinagoga de Nazaret (4:16-
30), ampliamente considerado como programático para Lucas-
Hechos. Jesús lee el pasaje de Isaías 61:1-2, luego hace una
homilía en la que afirma estar ungido por el Espíritu (i.e., un
profeta). Cuando la audiencia se muestra ofendida, replica:
«Ningún profeta es aceptado en su propio país», y cita los pasajes
del Antiguo Testamento que hablan de cómo Elías y Eliseo
fueron enviados a los gentiles y no a los israelitas. La ira trans-
forma a los devotos en una turba violenta. Empujan a Jesús y
le arrastran fuera de la ciudad hasta un precipicio, con intención
de lanzarle y que muera. Milagrosamente, pasa ileso por en-
medio de la multitud y se va, súbita y misteriosamente. Este
primer hecho público de Jesús une su rechazo a un pretendido
linchamiento, prefigurando el triunfo de su supremo rechazo,
ejecución y resurrección.
172 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

En Lucas-Hechos se le da mayor énfasis a la condición


profética de Jesús que en los otros Evangelios (cf. Le. 4:24;
7:16, 39; 9:8, 19; 24:19). Se conservan las tradiciones que
describen a Jesús como el profeta mosaico escatológico del
Deuteronomio 18:15-18, aunque no aprovechadas, en Hechos
3:22-23; 7:37. El interés de Lucas en la condición profética de
Jesús está relacionada con el tema del violento destino de los
profetas, i.e., la universal opinión judía de que el sufrimiento
y el martirio eran inevitables para el verdadero profeta (Hch.
7:52; cf. Ne. 9:26). Lucas usa varios refranes de Q para pro-
mover esta opinión (6:22-23; 11:47-48, 49-51; 13:34-35). Jesús
es rechazado y enviado a la muerte, no principalmente porque
sus palabras y conducta provocan enemistad con las autoridades
judías, sino porque es un profeta de Dios.

Guía Divina

Los dos primeros capítulos de Lucas narran una extraordi-


naria cantidad de actividad reveladora que incluye señales mi-
lagrosas, visiones y profecías. El Espíritu Santo (al que en Lucas
se hace referencia 17 veces y 57 en Hechos) se menciona siete
veces en estos dos capítulos. Los ángeles aparecen y anuncian
a Zacarías el nacimiento de Juan, y el de Jesús, a María y a un
grupo de pastores. Isabel, Zacarías, Simeón y Ana publican
profecías inspiradas por el Espíritu Santo. Zacarías se queda
mudo de golpe como resultado de su incredulidad. Isabel da a
luz a Juan a pesar de su avanzada edad, y Jesús es concebido
por una virgen por mediación del Espíritu Santo. Todo esto, en
idioma judeo-cristiarro, es un reflejo de la opinión greco-romana
de que el presagio de todo gran acontecimiento se acompaña de
signos sobrenaturales y oráculos (en particular los nacimientos
de grandes hombres). Los anuncios angélicos y proféticos de
los nacimientos de Juan (1: 13-18, 68-79) y Jesús (1:32-33; 2:29-
35, 38) hacen las veces de sumarios de valoración del curso de
sus vidas y de sus logros. El estilo de vida nazareno de Juan y
el ministerio profético y la predicación de arrepentimiento son
destacados, al igual que los cometidos de Jesús como eterno rey
davídico, salvador de judíos y gentiles, y los conflictos que
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 173

provocará. Polibio observó que la mayor parte de los historia-


dores utilizaban los prefacios para. valorar · a reyes y hombres
prominentes (10.26.9-10). Lucas lo hace de manera indirecta.
Lucas 1-2 es preliminar porque 3:1'-2 contiene un sincronismo
cronológico,·un convencionalismo histórico que marca una nue-
va fase narrativa (Tucídides 2.2.1; Dionisio de Halicamaso 9. 61;
Josefo, Guerras 2.284;Arq. 20.257). Lucas 3:1-3 también con-
tiene la segunda de dos extensas frases periódicas en Lucas-
Hechos, un rasgo que confirma su importancia estructural. Lucas
presenta las vidas de Juan y de Jesús con similares recursos
porque sus intenciones son históricas, más que biográficas. El
resto de la narrativa evangélica presupone que Jesús, Heno del
¡··
Espíritu en su bautismo (Le. 3:22), siguió su ministerio con el
poder del Espíritu (Le. 4:1, 14, 18).
El tema del poder y actividad del Espíritu Santo continúa
en Hechos (1:5, 8). El Espíritu se derrama en los creyentes
judíos en una dramática experiencia inicial (Hechos 2), que es
correspondiente al bautismo de Jesús. Como en Lucas 1-2, los
discursos proféticos son pronunciados por gente llena del Es- l,¡.f

píritu (4:8; 7:55s.; 13:9-11). Los gentiles son atraídos a la fe


mediante visiones (9:1-9; 10:3-6). La guía divina es otorgada a
los jefes cristianos a través de visiones ( 1O:10-16; 16:9-1 O; 18:9-
10; 22: 17-21; 23: 11; 27:23-24). Inspirados profetas entregan
oráculos proféticos (11:27-28; 13:1-3; 15:28; 20:23; 21:4, 10-
11). Pablo, la única persona de mayor influencia en la difusión
del cristianismo entre los gentiles, se convierte mediante una
epifanía de Jesús glorificado (Hechos 9:1-9; 22:3-21; 26: 12-23).
Las tres giras evangélicas de Pablo y sus compañeros tienen
como introducción una comisión profética de Bernabé y Pablo
(13:1-3). Pablo y Silas fueron dirigidos por el poder divino para
abarcar en su segunda gira evangelizadora a Europa mediante
una visión (16:9-10). Pablo permaneció dieciocho meses en
Corinto en obediencia a una visión (18:9-10).

Cumplimiento de Las Profecías


El tema del cumplimiento de la profecía bíblica impregna
Lucas-Hechos, aunque no aparece en Lucas 1-2. Al contrario
que Mateo y Juan, Lucas (prefiriendo una narración indirecta)
174 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

no inserta comentarios editoriales para indicar el cumplimiento


de la Escritura en y a través de los diversos acontecimientos de
la vida de Jesús. No obstante, de todos los evangelistas es él
quien más claramente afirma la base teórica del cumplimiento
profético (Le. 24:26), un programa que se repite en la aparición
de Jesús a sus seguidores en Lucas 24:44-47. Cuando Jesús
predice su muerte y resurrección, se subraya la necesidad de
que se cumpla la Escritura (Le. 9:22; 18:31; 22:22; cf. 24:7).
Los apóstoles y evangelistas afirman no sólo que Jesús es el
Mesías (Hch. 5:42; 9:22; 17:3; 18:5, 28), sino que también el
sufrimiento del Mesías ocurrió en cumplimiento de la Escritura
(Hch. 2:23; 3:18, 4:28; 13:36; 17:3; 20:27; 26:23).
Durante el período helenístico, los historiadores greco-ro-
manos narraban acontecimientos con la convicción de que la
voluntad del hombre estaba controlada por la Oportunidad de
la Suerte, personificada como Tyche, una diosa universal para
los griegos (Plinio, Historia Natural 2.5.22), y como Fortuna,
una diosa romana para determinados individuos y ciudades (Tá-
cito, Anales 6.22). Los antiguos conceptos de Fortuna variaban
desde un determinismo mecánico hasta deidades personales que
podían intervenir en los asuntos humanos. El papel del destino
en la determinación de los acontecimientos humanos en la his-
toriografía greco-romana tuvo sus comienzos en la épica y la
poesía dramática griega. Allí las deidades antropomórficas in-
tervenían de manera regular en los asuntos humanos. En tanto
que el concepto épico de los dioses que controlan los hechos
humanos desaparece de la historia en prosa, no se desvanece
toda la influencia sobrenatural. Por ejemplo, el oráculo profético
se convirtió en un recurso literario común sirviendo de «fuerza
excitante» en las tramas de épicas como la /liada y la Odisea,
la Argonautica de Apolonio de Rodas, la Eneida de Virgilio,
la Guerra Civil de Lucano, y otros. Los oráculos funcionaban
de forma similar en la tragedia.
Heródoto asumió que los acontecimientos humanos eran
configurados por los dioses (7.139; 8.13; 9.65). Creyó en los
oráculos y en su cumplimiento, e incluyó más de ochenta, vein-
tisiete de ellos en verso (e.g. 8.77). También incluyó veinte
sueños reveladores (e.g. 1.34; 2.141; 3.124; 7.19), y cuarenta
presagios de desastre inminente (6.27; e.g. 9.120). Estas co-
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 175

municaciones sobrenaturales revelaban el propósito divino en la


historia humana. Para Tucídides y Polibio, lo sobrenatural no
representaba ningún papel en absoluto. Con todo, para Polibio,
Tyche era una forma de explicar factores ajenos al control hu-
mano y no sujetos a un entendimiento racional (36.17), i.e., a
lo que las pólizas de seguros en la actualidad se refieren como
«actos de Dios».
..... .,

Intervención Divina

Los milagros saturan Lucas-Hechos, y el autor los usa sin .. ,


apología. Luciano aconsejó a historiadores en ciernes hablar de
mitos, pero sazonándolos con escepticismo (Historia 60). Esto
refleja la tendencia de los historiadores helenísticos a relatar
maravillas, pero aconsejar a los lectores que juzgasen la verdad
por sí mismos (Heródoto 2.123; 5.45; Dionisio, Antigüedades
,,.·: .
Romanas 1.48.1), una práctica seguida por Josefo (Arq. 1 108; ...
2.348; 3.81). Frente al escepticismo helenístico, Lucas insiste . ·t,¡.r'

en que Jesús determinó su resurrección de los muertos «con


muchas pruebas convincentes» (Hch. 1:3). Incluso losmilagros
que se hallan bajo el apartado de «información exacta» (asp-
haleia), y que promete proporcionar en Lucas 1:4. Lucas-He-
chos contiene seis exorcismos ( cuatro en Lucas, dos en Hechos), 1

dieciocho curaciones (doce en Lucas, seis en Hechos), seis epi-


fanías (tres en Lucas, tres en Hechos), cinco milagros de sal-
vamento (uno en Lucas, cuatro en Hechos), un milagro de don
(Lucas), y cuatro milagros de castigo (uno en Lucas, tres en
Hechos). La importancia de los milagros en Lucas-Hechos se
indica también por la frecuencia con la que se mencionan en
los sumarios (Le. 4:40-41; 6:17-19; 7:21; Hch. 2:43-47; 5:12-
16; 19:11-12). Un relato de epifanía, la conversión de Pablo,
se halla en tres versiones (Hch. 9:1-22; 22:4-16; 26:9-18), mien-
tras que el relato de la Ascensión se halla en dos versiones
colaterales (Le. 24:44,..53; Hch. 1:6-11). Los historiadores grie-
gos a menudo redactaban versiones con variantes de una tra-
dición, bien expresando su propia preferencia por la más ve-
rosímil, o bien dejando esa decisión al lector (Heródoto, 3.3;
4.11, 179; 7.150, 167,214; Polibio 1.36.4; Dionisio, Antigue-
:::tc.:f.
1
176 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

dades Romanas 4.2.1). Es posible que Lucas, como otros his-


toriadores helenísticos, haya transmitido versiones variantes sin
hacer explícito su procedimiento.

Retribución Divina

Otro rasgo que Lucas-Hechos tiene en común con la his-


toriografía greco-romana e israelo-judía es el interés en el tema
de la retribución divina. En los antiguos sistemas legales había
un interés esencial en que el castigo fuese proporcional al cri-
men. Los antiguos códigos criminales hacían uso a menudo del
principio de la lex talionis ( «ley de revancha»), i. e., el principio
de revancha, infligiendo el mismo daño (básicamente una forma
de responsabilidad limitada). La frase bíblica «ojo por ojo, y
diente por diente» (Ex. 21:24), es una famosa expresión de este
principio. En las Doce Tablas, la primera forma codificada de
ley romana que data del 450 a.C. aproximadamente, se en-
cuentra el mismo principio. En el mundo antiguo había una
creencia universal en un orden moral en el que el destino o los
dioses repartían justicia por crímenes no castigados por las au-
toridades civiles, o fuera de su jurisdicción. Dicha retribución
divina podía asumir la forma de lex talionis, o un castigo si-
milarmente adecuado.
La retribución divina es un tema frecuente en Hechos. He-
rodes Agripa es herido por el ángel del Señor por su arrogancia,
al aceptar alabanzas por sus divinas capacidades retóricas
(12:20-23). El ángel del Señor, como agente de la retribución
divina, es una figura del Antiguo Testamento (2 Sam. 24: 16; 2
Reyes 19:35), pero el incidente en sí se basa en la tradición
histórica (Josefo, Arq. 19.343-350). Hechos también cuenta la
muerte de Judas (1:18-19), aunque el tema de la retribución
divina no es explícito. Entre los otros milagros retributivos de
Hechos están las muertes de Ananías y Safira (5:1-11), la ce-
guera de Elymas (13:6-12), y el ataque demoníaco a los siete
hijos de Esceva (19:13-16).
Igual que el monótono modelo de desobediencia e infidelidad
a Dios manifestado por Israel tuvo como resultado la división
del reino y la conquista de Samaria y Judea, según el historiador
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 177

deuteronómico (2 Reyes 17:7-23; 21: 11-15), así Hechos destaca


el sostenido rechazo judío del evangelio y sus proclamadores
(e.g., 4:1-3; 7:54-8:3; 9:23-25; 13:45; 14:2, 19; 17:5, 13; 18:12-
17; 19:8s.; 21:27-36). El discurso de Esteban resume la historia
Israelita desde el punto de vista del rechazo judío de la revelación
divina; ellos «se resisten siempre al Espíritu Santo» (Hch. 7:51).
Por esta razón, Pablo y los otros abandonan a los judíos y llevan
el Evangelio a los gentiles de Asia Menor (13:46-47), Grecia
(18:6), y Roma (28:25-28). No obstante, Pablo vuelve a otras
sinagogas (14: 1; 18:19). La ceguera judía y la receptividad de
los gentiles cumplen la profecía de lsaías citada por Pablo en
Hechos 28:26-27 (Is. 6:9-10). La frase concluyente de Pablo en
Hechos 28:28 indica que Israel ha sido rechazado y en lo su-
cesivo el Evangelio se dará sólo a los gentiles.

La Función de Lucas-Hechos

Los eruditos han propuesto una serie de posibles objetivos


de Lucas-Hechos: (1) defender el cristianismo de la herejía,
posiblemente el gnosticismo, (2) defender la legitimidad y anti-
güedad del cristianismo como la auténtica continuación del ju-
daísmo para beneficio de las autoridades romanas, (3) limpiar
la empañada reputación de Pablo, (4) edificar a los lectores
cristianos demostrando la verdad y superioridad del cristianismo
sobre el judaísmo y helenismo, (5) solazar a los lectores cris-
tianos, y (6) continuar la historia bíblica.
En tanto que hay cierta validez en muchas de estas pro-
puestas, debe destacarse la afirmación explícita del propósito
del propio Lucas a Teófilo en Lucas 1 :4: «Para que conozcas
la solidez (asphaleia) de las enseñanzas que has recibido». Quie-
re proporcionar a su patrono «información exacta» (asphaleia)
sobre la base histórica y teológica de la fe cristiana. Sin embargo,
aún esta afirmación explícita puede ser entendida de varias for-
mas. Dos maneras complementarias de entenderla son que Lucas
pretendió (1) despertar o fortalecer la fe, y (2) presentar a Jesús
y a los apóstoles como paradigmas de la vida y pensamiento
cristianos. Aunque los Evangelios de Marcos, Mateo, y Lucas
funcionaron de forma semejante (ver cap. 2), el segundo punto
178 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

requiere ampliación al aplicarse a Lucas-Hechos, ya que el autor


no se limitó a una narrativa centrada en Jesús sino que da igual
espacio a la descripción de importantes desarrollos en el pri-
mitivo cristianismo.
Antes del 50 d.C. aproximadamente, el cristianismo era un
movimiento religioso que necesitaba definición, identidad y le-
gitimación. (1) El cristianismo necesitaba definición porque du-
rante la primera generación de su existencia, mostró un amplio
espectro de creencias y prácticas, a veces manifestadas en grupos
disidentes que hacían afirmaciones exclusivas. Las numerosas
controversias intracristianas que se reflejaban en las cartas pau-
linas siguieron hasta el siglo segundo. La crítica hostil como la
del filósofo Celso (final del siglo segundo d.C.) naturalmente
agrupa a todos los «cristianos». Orígenes, al querer refutarle,
consideró necesario hacer distinciones «nosotros»/«ellos» entre
diferentes clases de cristianos: los ortodoxos y los herejes. (2)
El cristianismo necesitaba identidad porque, al contrario que
otras religiones mediterráneas, había dejado de estar vinculado
a un grupo étnico determinado (i.e., cada vez menos conexiones
con el judaísmo). Algunos judíos cristianos, como Pedro y Pa-
blo, defendían en apariencia que los cristianos (judíos o gentiles)
ignoraban o no consideraban esenciales los signos tradicionales
de la identidad social y religiosa judía (circuncisión, el Sábado
y la observancia de las fiestas, restricciones dietéticas, y el uso
de la parafernalia religiosa como las filacterias y los flecos). La
ocasional adopción de costumbres judías por los cristianos gen-
tiles indica un deseo de indentificación con el judaísmo. Por
otro lado, las luchas contra los «judaizantes» por Pablo y otros
refleja una crisis de identidad cristiana (Gál. 5:2-12; Fil. 3:2-3; ·
Col. 2:16; Ignacio, Magnesios 8.1; 10.3). Además, las congre-
gaciones cristianas no eran del todo comparables ni a los grupos
religiosos ni a las escuelas filosóficas. La mayoría de los grupos
religiosos se centraban en prácticas rituales características, con
escaso o nulo interés en temas éticos o teológicos. El cristia-
nismo, que destaca tanto la ética como la teología, se parecía
superficialmente a una escuela filosófica (e.g., cinismo, estoi-
cismo, o epicureanismo). Algunos maestros cristianos, como
Justino Mártir (muerto hacia 165 d.C.), consideraba al cristia-
nismo como la verdadera filosofía y ellos mismos como filósofos
RASGOS GENERICOS DE LOCAS-HECHOS 179

cnstíanos. (3) El cristianismo necesitaba legitimación, porque


ningún movimiento religioso o secta filosófica era digna de
crédito a menos que estuviese enraizada en la antiguedad. Lucas
proporcionó legitimación demostrando los orígenes judíos del
cristianismo y enfatizando la providencia divina que se reflejaba
en todos los aspectos del desarrollo y expansión de la iglesia
primitiva.
Lucas-Hechos proporcionó definición e identidad histórica
así como legitimación teológica al concepto de autor del cris-
tianismo modélico. Lucas 'define al Cristianismo no sólo por lo
que se refiere a un determinado concepto de Jesús, sino también
por lo que respecta al papel de los doce apóstoles como grupo
oficial que garantiza la tradición (la sustitución de Judas re-
constituye a los Doce, Hechos 1: 15-26). Sin embargo, no conoce
la clase de sucesión apostólica que aparece por primera vez en
1 Clemente 44 (Santiago el mártir no es sustituido, cf. Hch.
12:2). Si bien Lucas equiparaba regularmente a «los apóstoles»
con «los doce», esta equiparación no existe en otras partes salvo
en Mt. 10:2 y Ap. 21:14. Originalmente los apóstoles y los
Doce, aparentemente constituían grupos diferentes (cf. 1 Cor.
15:3-7). Pero aparte del relato de Pentecostés y la designación
de siete «diáconos» (Hch. 2:14; 6:2, 6), no desempeñan ningún
papel en Hechos. Subraya el rito de la imposición de manos
como medio institucional para extender el cristianismo (Hch.
6:6-7; 8:17-19; 9:12, 17; 13:3; 19:6). El don del Espíritu (a
veces vinculado con la imposición de las manos) sólo ocurre
cuando está presente uno de los Doce o su representante. Esto
se suma al énfasis sobre la guía divina en la expansión de la fe,
anteriormente estudiada. Además, Lucas desacredita implíci-
tamente las formas divergentes de cristianismo, como las que
en su día consideraron a Simón el Mago una figura fundamental
(Hch. 8:9-24; cf. las posteriores evaluaciones del papel clave
de Simón en la producción de herejías en Justino, J Apología
1.26, 56; Ireneo, Contra las herejías 1.27 .1 ), o aquellos que
aún seguían a Juan el Bautista (Hch. 18:24-26; 19:1-7), o los
que usan el nombre de Jesús con fines mágicos (Hch. 19:13-
16).
Más de la mitad de Hechos se centra en Pablo, no biográfica
o personalmente, sino como representante del tipo de cristia-
180 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

nismo gentil apostólico que Lucas mismo representaba. La mi-


sión de Pablo a los gentiles provocó conflictos con algunos de
sus iguales judíos cristianos durante su propia vida, como lo
atestigua Gál. 2; Fil. 3:2-11; y 2 Cor. 10-13. Bien entrado el
siglo segundo, algunos grupos de judíos cristianos, arrastrados
a una postura defensiva por el creciente predominio de gentiles
en la iglesia, expresaron su oposición mediante escritos anti-
paulinos (e.g., el Kerygmata Petrou, o Predicación de Pedro,
y las Homilías y Reconocimientos seudo-clementinos, cuyas
secciones esenciales se originaron antes del 300 d.C.). Vieron
a Pablo como el fundador de una forma divergente de cristia-
nismo, en tanto que Pedro y Santiago eran fundadores del ver-
dadero camino. Lucas (que escribe hacia el 90 d.C.) permanece
enmedio del camino· entre los conflictos ocasionales experi-
mentados por Pablo y las oposiciones endurecidas «sectarias»
que aparecieron en el siglo siguiente.

Locas-Hechos como Historia General

Lucas fue un historiador cristiano helenístico ecléctico que


narró la primera historia del cristianismo desde sus orígenes
judíos con Jesús de Nazaret, a través de su aparición como
movimiento religioso relativamente independiente y abierto a
todos los grupos étnicos. No se propuso, es verdad, narrar todos
los aspectos del cristianismo primitivo desde el año 4 a.C. hasta
el 60 d.C. aproximadamente. Se centró en la misión y mensaje
de Jesús y los doce apóstoles, que se fusionaron con la actividad
de Pablo. Silenciosamente pasó por alto las tradiciones que debe
haber conocido respecto a la inicial penetración del cristianismo
en Siria, en el Oriente, Egipto, Roma y España. Desde los
comienzos del cristianismo hasta aprox. 325 d.C., cuando Eu-
sebio de Cesarea supuestamente creó el «nuevo» género de his-
toria eclesial (Historia de la Iglesia 1.1.30), ninguna obra li-
teraria había aparecido que pretendiese narrar los orígenes y
desarrollo del cristianismo primitivo, con excepción de Lucas-
Hechos. Los principales logros de Eusebio, además de rectificar
algunas de las omisiones de Lucas (Historia de la Iglesia 2),
fueron: destacar la pureza de la iglesia hasta el tiempo de Trajano
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 181

(98-117 d.C.), cuando varias herejías empezaron a aparecer con


la ausencia de los apóstoles (Historia de la Iglesia 3.32.7-8),
y ampliar la historia cristiana hasta su propio tiempo. A Lucas,
y no a Eusebio, se debe la creación del «nuevo» género de
historia eclesial. Su hazaña es notable en vista de la antiguedad
a la que se remonta su obra (90 d.C. aprox.) y el largo período
que transcurrió antes de encontrar un imitador y continuador en
Eusebio.

Modelos Literarios Empleados por Lucas

Los principales modelos empleados por Eusebio fueron Lu-


cas-Hechos y Josefo. Pero ¿cuáles fueron los modelos de Lucas?
Un modelo y fuente muy importante fue el Evangelio de Marcos,
que Lucas modificó en cuatro formas significativas: ( 1) Desa-
rrolló el evangelio de Marcos en grandes bloques de material
narrativo. (2) Reescribió el contenido de Marcos en un estilo
literario más elevado. (3) Siguiendo un convencionalismo he-
lenístico de usar una fuente a un tiempo, intercaló una gran
sección de las enseñanzas de Jesús de otra fuente (Q) en mitad
de Marcos (9:51-18:14). (4) Los numerosos paralelos literarios
entre Lucas y Hechos revelan la intención del autor de dar la
clase de unidad literaria a su segundo libro que había logrado
en el primero. Marcos fue un modelo directo para el primer
libro de Lucas, y un modelo indirecto para el segundo.
Un segundo modelo importante, que configuró toda la com-
posición de un modo más inclusivo, fue la historia general, un
género ecléctico de historia greco-romana. Las historias gene-
rales y de anticuarios se centraban en la historia de un deter-
minado pueblo (típicamente los griegos o los romanos) desde
míticos comienzos hasta un punto en el pasado reciente, inclu-
yendo contactos (generalmente conflictivos) con otros grupos
nacionales en varios teatros geográficos. La historia general de
los griegos, por ejemplo, no fue la historia de los griegos en
Grecia, sino la historia de los griegos en las partes del mundo
mediterráneo donde vivieron (principalmente Grecia, las islas,
Italia central, Asia Menor occidental). En el Próximo Oriente,
Israel desarrolló una forma de historia general antes que los
182 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

griegos, pero que se centró geográficamente en Palestina, en


particular Jerusalén. El judaísmo de la Diáspora (judíos que
vivieron fuera de Palestina) nunca fue tema de la historiografía
israelita ni de la primitiva historiografía judía (aunque fue des-
tacada en piadosa ficción, e.g. Ester, Daniel, Tobías). ·
Según los convencionalismos de la historia general helenís-
tica, Lucas trató selectivamente la historia del cristianismo pri-
mitivo fuera de Palestina, allá donde sus representantes contac-
taron con personas de relieve en importantes lugares de todo el
mundo mediterráneo. Con todo, combinó ésto con los conven-
cionalismos historiográficos israelitas al destacar a Palestina ( en
especial a Jerusalén) en mayor grado que sus fuentes. Al con-
trario que los escritores de los otros Evangelios, Lucas empieza
y termina su primer libro en Jerusalén, que se convierte en el
punto de partida para la evangelización universal (Hch. 1:8).
Al dar un énfasis al Antiguo Testamento y la herencia judía del
primitivo cristianismo, subraya tanto su antigüedad como su
legitimidad.

La «Consciencia Nacional» de Lucas-Hechos

La «consciencia nacional» es la conciencia de unidad de los


miembros de un grupo nacional (generalmente basada en una
lengua, una tierra y unas costumbres comunes) que les separa
de otros pueblos. La historia general refleja el despertar de la
consciencia nacional, un fenónemo que apareció en el mundo
helenístico sólo después de la muerte de la ciudad-estado como
entidad política independiente. Durante el período helenístico,
los géneros de historia general y anticuaria fueron adoptados
por intelectuales nativos ( como Manetón, Beroso y Josefo) en
regiones controladas primero por los griegos y posteriormente
por los romanos. Escribieron narrativas propagandísticas y apo-
logéticas haciendo hincapié en el papel clave que sus naciones
desempeñaban en la civilización del mundo. Estas historias en
su totalidad reflejan una consciencia nacional aclarada y definida
por los conflictos de sus culturas nativas con el helenismo.
La dependencia de Lucas de los convencionalismos de la
historia general hizo que resultara natural la conceptualización
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 183

del cristianismo en la analogía con un grupo étnico. Presenta al


cristianismo como movimiento religioso independiente en pro-
ceso de salir del judaísmo del que es legítimo sucesor. Su uso
del término «cristianos» facilitó este concepto (Hch. 11:26; cf.
26:28). Christianoi se formó usando la terminación adjetival
latina -anus ( «que pertenece a»), en analogía con grupos polí-
ticos en el mundo antiguo como los pompeyanos ( «seguidores
de Pompeyo»), Sulianos («veteranos de Suli»), o Herodianos
( «seguidores de Herodes»). Intencionadamente, Lucas usa Chris-
tianoi por primera vez cuando cambia el enfoque de su narrativa
de Palestina y Jerusalén al mundo greco-romano. Los cristianos
también son etiquetados, generalmente por los forasteros, como
seguidores del «Camino» (Hch. 9:2; 19:9, 23; 22:4; 24:14, 22),
como «los nazarenos» (Hch. 24:5), y como una «secta» ihai-
resis, Hch. 24:5, 14; 28:22), análoga a las sectas de los fariseos
y saduceos (Hch. 5:17; 15:5; 26:5). Todas estas etiquetas sirven
para identificar a los cristianos como un grupo distinto, análogo
a grupos políticos o partidistas, y un tema digno de tratamiento
histórico.
Lucas-Hechos proporciona justificación histórica al concep-
to teológico de «consciencia nacional» del cristianismo, ya que
Lucas entiende el cristianismo como un grupo distinto e iden-
tificable que surgió del Judaísmo. No inventó esta idea. Pablo
fue el primero en expresar la opinión de que los cristianos eran
un pueblo con una consciencia histórica y política de sí mismos.
Empleó las tres categorías de judíos, griegos, y la iglesia de
Dios (1 Cor. 10:32). También consideró como extranjeros a los
cristianos, cuya verdadera ciudadanía se halla en el cielo (Fil.
3:20; cf. 1 Pedro, 1:17; 2:11). Contempló en el cristianismo
diferencias raciales trascendentes (Gál. 3:28; 5:6; 1 Cor. 12: 13;
cf. Col. 3: 11; Ef. 2: 11-12). Ignacio también se refirió a la iglesia
como un solo cuerpo compuesto de judíos y gentiles (Esmirn.
1.2). El carácter distintivo e independiente de los cristianos fue
reconocido por extraños (cf. Orígenes, Contra Celso 8.2) y
propios (1 Pedro 2:9; Justino, Diálogo con Trifon 119), cul-
minando en la concepción de los cristianos como una «tercera
raza». (tertium genus; cf. Epístola a Diogneto 5-6; Tertuliano,
A las Naciones 1.8).
184 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Los Hechos Apócrifos

Antes de terminar el primer siglo, los doce apóstoles se ·


habían convertido en veneradas figuras fundamentales del pa-
sado (Ap. 21:14), que dieron ejemplo (J Clemente 5.5-7) y
proclamaron el evangelio y fueron guardianes de la verdad cris-
tiana. La palabra griega apostolos significa «enviado», y en las
narrativas apócrifas (i.e., no canónicas) en las que figuran de
manera sobresaliente, son presentados regularmente como mi-
sioneros itinerantes. Los cinco primeros hechos apócrifos, los
Hechos de Pablo, Tomás, Pedro, Andrés y Juan, fueron escritos
de forma anónima entre 17 5 y 225, y son ejemplos de literatura
popular escrita por y para cristianos de clase baja. Los nueve
fragmentos existentes de papiro y pergamino de los hechos apó-
crifos del tercero y cuarto siglos d.C. están todos en forma de
códices, una indicación de popularidad. Esta literatura ha sido
muchas veces calificada de herética (i.e., gnóstica), aunque
probablemente surgió en el cristianismo «popular», en el que
tanto la «ortodoxia» como la «heterodoxia» pueden ser etiquetas
engañosas. La mayor parte de los hechos apócrifos se produjeron
en Asia Menor, aunque los Hechos de Tomás se originaron en
Siria. No son totalmente novelescos, sino que combinan tradi-
ciones orales ( en algunos casos remontándose hasta el primer
siglo) con imaginación creativa. Un importante problema para
entender este género literario es la enigmática relación entre los
hechos apócrifos, el libro canónico de Hechos, la novela antigua,
y las posteriores vidas de filósofos.

El Contenido de los Hechos Apócrifos

Los Hechos de Juan fue escrito en griego aproximadamente


el 150 d.C., quizás en Asia Menor, y fue Eusebio quien la
mencionó por primera vez (Historia de La Iglesia 3.25.6), ca-
lificándola de herética. Cerca de un 70 por ciento de la obra
original ha llegado hasta nuestros días. El orden reconstruido
del texto en Hennecke-Schneemelcher coloca los capítulos de
la siguiente manera: 18-37a, 87-105, 37b-86, 106-115. La com-
posición se divide en tres partes: (1) La primera estancia de Juan
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 185

en Éfeso (18-37a, 87-105, 37b-55); (II) su viaje a Esmima (55-


61); y (III) su segunda estancia en Éfeso (62-115). La primera
sección tiene siete episodios: (1) la curación de Cleopatra y la
resurrección de Licomedes (19-25); (2) la descripción de Juan
(26-29); (3) la curación pública de un grupo de ancianas (30-
37); (4) un extenso «sermón» de Juan empleado para enmarcar
varias tradiciones de Jesús; (87-105); (5) la plegaria de Juan que
destruye el templo de Artemis (37-45); (6) la resurrección de
un sacerdote pagano (46-47); (7) la resurrección de un hombre
muerto por su hijo (48-54). La sección de Esmirna contiene tres
episodios: (1) el relato de posicionamiento sobre Juan y la perdiz
(56-57; el único relato de este tipo en los hechos apócrifos); (2)
discurso de despedida de Juan (58-59); y (3) el milagro de la
expulsión de las chinches, o Juan como exterminador temporal
(60-61). La tercera sección, segunda estancia de Juan en Efeso,
consta de tres episodios: (1) la muerte y resurrección de Calí-
maco, Drusiana y Fortunato (63-86); (2) último discurso y eu-
caristía de Juan (106-110); y (3) su martirio (111-115).
Los Hechos de Andrés (final del siglo segundo) sobreviven
en varios fragmentos importantes. Existen dos secciones, el
relato de un viaje y el martirio de Andrés. A Andrés se le
describe viajando por todo Asia Menor y Grecia, predicando,
haciendo conversos y realizando un milagro. Un fragmento con-
tiene un solo episodio, el exorcismo del soldado Variano, her-
mano de una piadosa virgen cristiana (9.7-10.11; 14.24-15.28).
La tensión de esta escena aumenta por el discurso de Andrés
que intercala las circunstancias que conducen al exorcismo, in-
cluyendo el intento de un brujo de seducir a la virgen mediante
magia, utilizando un paredros daimon, «deidad ayudante»
(10.11-14.24). En este intento, el procedimiento impicado en
la magia amorosa tiene un paralelo exacto en los Papyri Graecae
Magicae IV .1850-1859. Otro fragmento empieza con un sermón
de Andrés desde la prisión. Una conversa suya, Maximila, vive
en continencia para consternación de su marido, el procónsul
Egeates, quien encarcela a Andrés. En prisión, Andrés entrega
una larga homilía a Maximila y Stratocles (5-10); más tarde,
Maximila vuelve y escucha otro sermón (15-18; aquí el texto
se interrumpe repentinamente). En el martirio reconstruido de
Andrés, el apóstol hace varias homilías desde la cruz antes de
186 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

morir. Después de su muerte, Maximila permanece tenazmente·


célibe; Egeates se suicida arrojándose desde un lugar elevado:
Los Hechos de Pablo fueron escritos, según Tertuliano, por.
un presbítero de Asia Menor (Sobre el Bautismo 17), hacia 190.
d.C. Dennis R. MacDonald propone que las tradiciones que\_
encierra la obra fueron transmitidas por mujeres para legitimar ?
su ministerio célibe. Sugiere que las cartas pastorales se oponían
a esta legendaria imagen de Pablo (1 Tim. 4:3 se opone al
celibato; v. 7 advierte contra las historias contadas por ancianas).
El fragmentario comienzo describe la conversión de Pablo y sus
primeros viajes. En la sección sobre Pablo y Tecla (que circuló
independientemente), Pablo predica un evangelio de continencia
en Icono, y Tecla se convierte (5-6). Ella adopta una vida de·
continencia, interrumpiendo repentinamente su compromiso. Un
novio iracundo excita a la multitud contra Pablo, que es encar-
celado (15-17). De noche Tecla soborna a los carceleros y visita
a Pablo en prisión pero es descubierta (18-19). Pablo es luego
expulsado de Iconio y Tecla condenada a la hoguera (20-21).
La lluvia impide la ejecución, Tecla es liberada y sigue a Pablo
(22-24). Juntos viajan a Antioquía, donde Alejandro (un noble
antioqueno) se enamora de Tecla pero es rechazado y pública-
mente humillado por ella, y por ésto es condenada a muerte (26- .
27). Ella encuentra protección provisional en Trifena (una reina ., ''
histórica de Ponto de mediados del primer siglo d.C., según lo
atestiguan inscripciones en monedas), una mujer acaudalada por
cuya hija muerta reza Tecla (28-29). Cuando Tecla es arrojada
a las bestias, éstas se atacan entre sí en vez de a ella (33). Tecla
se lanza a un pozo de agua, lo que constituye su bautismo (34).
Más animales y más tortura resultan inútiles, y finalmente cuan-
do Trifena se desmaya y la consideran muerta, Alejandro se
apiada y libera a Tecla (36-39). Después de reunirse con Pablo
en Myra, vuelve sola a su casa de Iconio para predicar el evan-
gelio, y después a Seleucia, donde finalmente muere (40-43).
Las siguientes secciones de los Hechos de Pablo relatan su
misión en Myra, Sidón, Tiro, Éfeso, Filipo (en este punto se
citan las cartas que intercambia Pablo con los corintios, inclu-
yendo la carta apócrifa 3 Corintios), Corinto, Italia y finalmente
Roma, donde sufre martirio.
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 187

Los Hechos de Pedro, por primera vez mencionados en


Eusebio, Historia de la Iglesia 3.3.2, fueron escritos en griego
hacia finales del segundo siglo y de ellos sólo sobreviven tres
fragmentos y un extenso pasaje. Los fragmentos contienen la
historia de la hija de Pedro ( está paralítica, pero Pedro se niega
a curarla definitivamente pues su condición física garantiza su
virginidad); la historia de la hija del campesino (a quien Pedro
resucita); y unas pocas líneas de un discurso de Pedro. La sección
más larga trata sobre Pedro y Simón Mago. Cuando Pablo va
a España (1-3), Simón llega a Roma e importuna a la iglesia.
Pedro llega también ( en obediencia a una visión) y restaura a
la iglesia. El conflicto entre Simón y Pedro incluye un debate
(23-24) y un concurso de milagros (25-29). Simón vuela por el
aire, pero la oración de Pedro hace que caiga y finalmente muera
(32). Cuatro concubinas de Agripa hacen voto de celibato, al
igual que Jantipa, mujer de Albino, un amigo del César (33-
34). La obra termina con el martirio de Pedro (36-40).
Los Hechos de Tomás fueron escritos en lengua siria en
, ..
Siria, hacia el 225 d.C., los únicos hechos apócrifos que se
conservan en forma completa. En ellos se describe la misión de
Tomás en la India. El texto consta de catorce episodios (todos,
excepto el último, designados como praxis, un «hecho» en la
traducción griega). Muchos de los episodios están relacionados
de manera imprecisa con el viaje a la India (e.g., 30-38, 39-
41, 42-50, 51-61). En el primer «hecho», el Señor (disfrazado
de Tomás) termina una luna de miel (11-13). Tomás entonces
abandona la India con Abán el mercader y llega al palacio del
Rey Gundaforo (17-29). Al aceptar construir un palacio para el
rey, en su lugar él reparte el dinero a los pobres, construyéndole
de este modo un palacio en el cielo (por fortuna, el hermano
fallecido del rey ha visto el palacio y vuelve a la vida para
contarlo al rey, antes de que Tomás sea castigado). Los siguien-
tes episodios tratan de animales parlantes (30-41), exorcismos
(42-50; 62-81), la resurrección de una doncella asesinada (51-
61), y de la propagación del evangelio de la continencia (82-
133); el libro concluye con el martirio de Tomás (159-170, una
sección que pudo haber circulado de manera independiente).
188 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Características Literarias de los Hechos Apócrifos

Forma Literaria

Los hechos apócrifos carecen de argumentos convenciona-


les. El núcleo literario es el episodio individual. Estos episodios
están enmarcados de manera imprecisa por relatos cronológicos
de los viajes y aventuras de los apóstoles, que generalmente
culminan en el martirio. El carácter episódico de estas obras
facilitan relativamente la repentina interrupción de las secciones
para una circulación independiente (e.g. Hechos de Pablo y
Tecla, Martirio de Pablo). Cada uno de los episodios se centra
en curaciones milagrosas o resurrecciones, y hay una tendencia
a prolongar la tensión y subrayar el potencial melodramático de
las narrativas que hablan del dolor y sufrimiento humano (e.g.
Hechos de Juan 19-25, 30-37; Hechos de Andrés [Pap. Copt.
Utrecht 1], pp. 9-15). Aunque los autores usan generalmente la
tercera persona, de vez en cuando aparece la primera persona
de plural (Hechos de Juan 19, 60-62, 72-73).

Formas Literarias Constitutivas

La proclamación del evangelio es un rasgo esencial de los


hechos apócrifos, y (como los Hechos canónicos), los discursos
son los vehículos literarios empleados. De este modo los ser-
mones misioneros que destacan el evangelio de la continencia
aparecen frecuentemente (e.g., Hechos de Tomás, 33-36, 39;
Hechos de Juan 33-36, 39). Las Homilías que destacan virtudes
y vicios dirigidas a los cristianos son aún más comunes (Hechos
de Tomás, 28, 82-86, 94; Hechos de Juan 29, 67-69, 103-104,
106-107; Hechos de Pedro 2, 7, 20). Otros tipos de discursos
incluyen (1) los discursos explicativos (discurso de Pedro en
Hechos de Pedro 17 proporciona una información de fondo sobre
Simón; Juan relata experiencias con el Jesus terrenal en Hechos
de Juan 87-102); (2) alocuciones de despedida (Hechos de Juan
58-59; 106-107; Hechos de Tomás 142- 149); y (3) un encomio
(Hechos de Juan 67-69).
Las porciones que existen ~e Hechos de Pedro contienen
tres sumarios similares a los de los Hechos canónicos; e.g.,
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 189

Hechos de Pedro 29: «Desde esa misma hora le veneraron [a


Pedro] como a un dios, y pusieron a sus pies a todos esos
enfermos que tenían en casa para que él los sanara» (Hennecke-
Schneemelcher, 11, 313; cf. Hechos de Pedro 31; 33; 34; Hechos
de Tomás 59). En general, rara vez se usa esta técnica narrativa.
Las formas litúrgicas incluyen (1) oraciones (Hechos de Juan
22, 41, 82, 85, 108, 109, 112-114; Hechos de Pedro 2); (2)
himnos (Hechos de Tomás 6- 7, el Himno Nupcial; 108-113, el
famoso Himno de la Perla); y (3) liturgias relacionadas con la
crismación, i.e., la unción con óleo (Hechos de Tomás 27, 121,
132, 157), la eucaristía (Hechos de Tomás 50, 133, 158; Hechos
de Pedro 5; Hechos de Juan 109s.), y el bautismo (Hechos de
Tomás 157). .. , .,

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Te mas Literarios '


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Los Apóstoles como Hombres Santos

· .. ,_,,_,
Cada uno de los hechos apócrifos se centra en las actividades
de un determinado apóstol comprometido en una misión itine-
rante de propagar el evangelio de la continencia (en los Hechos
de Pablo el centro oscila entre Pablo y Tecla). Los apóstoles
son presentados usando antiguas imágenes de «hombres santos».
Esta imagen estereotipada incluye los siguientes rasgos: (1) La
enseñanza y conducta del hombre santo son congruentes y por
lo general se traducen en un estilo de vida ascético y continente
(cf. Hechos de Juan 113; Hechos de Tomás 20, 96, 139 -
reflejando una libertad tanto interna como externa). (2) El estilo
de vida itinerante del hombre santo es correlativa a su ascesis
(desapego de los placeres y posesiones normales) a la vez que
un medio necesario para comunicar un mensaje divino a la gente.
(3) El poder espiritual inherente en el hombre santo se expresa
por la clarividencia (Hechos de Pedro 2; Hechos de Pablo 11.1;
Hechos de Juan 46, 56s.) y la capacidad de realizar milagros
que legitiman su santidad y el carácter divino de su misión. (4)
Los hombres santos generalmente tienen un status social mar-
ginal, expresada por su estilo de vida ascético e indicada por
190 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

las acusaciones de que practican magia (ver más abajo). (5) El


principal escenario social del hombre santo es el círculo de sus
discípulos y seguidores.

El Evangelio de la Continencia

Todos los hechos apócrifos comparten la opiniión de que la


continencia sexual y el ascetismo son rasgos esenciales del cris-
tianismo (Hechos de Tomás 84). Una parte fundamental de la
proclamación del evangelio es el requisito de ascetismo sexual
como expresión conductual del compromiso con la verdad del
evangelio (aunque la castración se desaprueba; cf. Hechos de
Juan 53s.). En Hechos de Tomás 101, Carisio cita el mensaje
de Tomás (Hennecke-Schneemelcher, II, 495): «Es imposible
para vosotros entrar en la vida eterna que os proclamo, salvo si
os deshacéis de vuestras esposas, y de igual modo las mujeres
de sus maridos» (cf. Hechos de Pablo 3.12). Este evangelio de
continencia se refleja también en un resumen de la forma en
que la gente respondía a la predicación de Pedro en Hechos de
Pedro 34 (trad. de Hennecke-Schneernelcher):

Y otras muchas mujeres se enamoraron de la doctrina de la


pureza y se separaron de sus maridos, y los hombres también
dejaron de dormir con sus propias mujeres, porque querían ado-
rar a Dios en sobriedad y pureza.

Un previsible modelo ofrece una trama con muchos episo-


dios: una mujer prominente, una vez convertida, o permanece
virgen, o se retira de su matrimonio, practicando la abstinencia
sexual (Maximila en Hechos de Andrés; Tecla en Hechos de
Pablo; Migdonia y Tercia en Hechos de Tomás; Jantipa en
Hechos de Pedro; y Drusiana en Hechos de Juan). Los amantes
o maridos desairados comprensiblemente se indignan y buscan
la manera de hacer arrestar y ejecutar a los apóstoles. Los res-
cates milagrosos resuelven de forma regular el conflicto, salvo
en el último episodio, que narra el martirio del apóstol. Un tema
similar se encuentra en las leyendas en torno a los filósofos
(Diógenes Laercio 6.96, trad. de BCL):
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 191

Ella [Hiparquia] se enamoró de los discursos y la vida de Crates,


y ya no prestaría atención a niriguno de sus pretendientes, ni a
sus riquezas, su alta cuna o su belleza. En cambio, para ella
Crates lo era todo.

La diferencia, obviamente, es que Hiparquia se casó con


Crates, y supuestamente, desde entonces filosofaron juntos por
siempre.

Visiones, Sueños y Oráculos

Como en el libro canónico de Hechos, la guía divina a través


de sueños y visiones es un recurso literario común en los hechos
apócrifos. En Hechos de Pedro, a Pablo y Pedro se les ordena
en visiones ir a España y Roma (1, 5). Teón, el piloto del barco
que lleva a Pedro a Roma, tiene una visión (5). A Aristón le
ordena Pablo en una visión que abandone Roma. El éxito que
tendrá Pedro sobre Simón es revelado por Jesús en una visión
nocturna ( 16). Después de morir, Pedro se aparece en una visión
a Marcelo (40). Las epifanías de Jesús se experimentan en vi-
siones lúcidas (Hechos de Pedro 5, 21, 35). De manera similar,
Juan es guiado por visiones y sueños (Hechos de Juan 18, 48).
A Tomás se le ordena en una visión nocturna a ir a la India
(Hechos de Tomás 1) y recibe guía en todo el trayecto (30). Las
voces celestiales predicen la muerte de Pablo en manos de Nerón
(Hechos de Pedro 1) e informan a Juan que dará gloria al Señor
en Efeso (Hechos de Juan 18; cf. Jn. 12:28s.).

Milagros y Prodigios

Los milagros y los prodigios son tan esenciales a este género


que los hechos apócrifos se han descrito como «aretalogías»
cristianas ( colecciones de relatos de milagros contados con fines
propagandísticos) enmarcados por viajes misioneros. Los mi-
lagros de curación, exorcismo y resurrección son a menudo el
tema de episodios dramáticos que acentúan el elemento de pathos,
y las multitudes están generalmente presentes (e.g., Hechos de
192 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Juan 19-25). Dichos milagros, a menudo acompañados de ser-


mones, tienen como resultado conversiones dramáticas (e.g.
Hechos de Juan 37- 45, 63-86; Hechos de Tomás 30-38). Las
resurrecciones aparecen frecuentemente. En Hechos de Juan,
Juan resucita a cuatro personas (23, 51, 75, 80) y delega a otros
a hacer lo mismo (24, 46s., 82s.). Cura a Cleopatra y resucita
a su marido Licomedes en una extensa escena melodramática
llena de pathos y de emotivos discursos (19-24). Cuando Simón
mata a un niño mediante brujería, Agripa el prefecto le resucita
por orden de Pedro (Hechos de Pedro 25-26); Pedro resucita al
hijo de una viuda (27) y también al fallecido senador Nicostrato,
a quien Simón no pudo volver a la vida (28). Un joven que
mató a su novia la resucita de entre los muertos con la ayuda
de Tomás (Hechos de Tomás 53-55), y ella empieza a describir
el infierno (55-57). Dos mujeres exorcizadas mueren y son re-
sucitadas de entre los muertos (75-81).
Ocurren también milagros más convencionales de curación.
Pedro cura a una anciana ciega, y luego a un grupo de ancianas
ciegas (Hechos de Pedro 20-21). Juan cura a varias ancianas en
el teatro tras predicar primero a la asamblea (Hechos de Juan
30-37). Los exorcismos aparecen también y se caracterizan fre-
cuentemente por complicados y cambiantes discursos en forma
de diálogo entre el apóstol y el demonio. Tomás (con los obli-
gatorios discursos dramáticos) libera a una mujer de un íncubo
demoníaco (Hechos de Tomás 42-49). El único milagro en los
fragmentos existentes de los Hechos de Andrés es un exorcismo.
Los milagros de castigo aparecen con alguna frecuencia. En
Hechos de Pedro, la adúltera Rufina sufre un repentino ataque
de parálisis cuando intenta comulgar (2). Un infante que habla
hace que Simón se quede sordo (15). En Hechos de Tomás 51,
las manos de un asesino que recibe la eucaristía se secan. Un
ejemplo de lex talionis aparece cuando un león mata al copero
que abofeteó a Tomás, y un perro trae su mano seccionada a la
fiesta, tal como lo predijo Tomás (Hechos de Tomás 5,8).
Entre los prodigios reflejados en los hechos apócrifos se
hallan los animales parlantes, entre ellos un león (Hechos de
Pablo 7), un perro (Hechos de Pedro 9, 12), una serpiente
(Hechos de Tomás 31-33), un potro (39-40), y un asno que
predica (78-79). Un niño prodigio de siete meses reprende a
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 193

Simón (Hechos de Pedro 15). Marcelo, actuando por indicación


de Pedro, restaura una estatua rota (Hechos de Pedro 11); Pedro
hace que un pez ahumado viva y se mueva en el agua (Hechos
de Pedro 13). Tomás convence a una serpiente para que cure a
. un hombre muerto por su causa, y la serpiente misma muere al
extraer el veneno (Hechos de Tomás 30- 33). Las puertas de la
prisión se abren milagrosamente (Hechos de Tomás 151), y
aparecen brillantes luces de noche (Hechos de Tomás 153, 155).

Acusaciones de Brujería

Los antiguos tenían una actitud ambivalente hacia la magia


,,,,,_1
(que consistía en hechicería, una habilidad aprendida, y bru-
1 -~

jería, un «talento» inherente). La magia era a la vez temida por


sus malignos efectos, y necesaria como protección y como medio
para lograr fines antisociales (sin que nadie fuese más sabio).
Las acusaciones de hechicería que aparecen en los cinco hechos ,1:, .f.
apócrifos constituyen un tema literario empleado en relación con
lo siguiente: (1) A los apóstoles se les califica a menudo de
hechiceros por los oponentes, sin que se den razones específicas ,/.,_I

(Hechos de Pablo 7; Hechos de Pedro 4). (2) La continencia


sexual se considera como efecto de brujería (Hechos de Tomás
96, 98, 101, 134; Hechos de Pablo 15, 20). (3) Los apóstoles
y otros cristianos virtuosos se hallan en conflicto con los magos
paganos (Hechos de Andrés 10.11-40; Hechos de Pedro 16-29).
(4) El agua, el pan y el aceite eucarísticos empleados para ungir
son vistos por los paganos como materia magica (Hechos de
Tomás 152). (5) El uso cristiano del nombre de Jesús es con-
siderado como mágico (Hechos de Juan 31; Hechos de Tomás
96).

Función Literaria

La intención implícita aunque consciente de los autores de


los hechos apócrifos era el de la edificación y el entretenimiento.
Los principales vehículos de edificación son los discursos de
los apóstoles, que dan expresión a creencias y prácticas cristianas
194 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

características que separan a los autores y sus audiencias del · ·


mundo del paganismo. De este modo legitiman la visión uní-,
versal cristiana recurriendo a los relatos paradigmáticos dé.los,
apóstoles fundadores. Los Hechos de Pablo tienen una función
especial en relación con la figura de Tecla. Esta obra legitima
la predicación, enseñanza y quizás ministerios bautismales de.
las mujeres en la iglesia de finales del primer siglo y principios
del segundo.
Los episodios de los hechos apócrifos tienen muchas veces
un fuerte matiz alegórico que encaja en el énfasis que se da a·
la edificación. El episodio de la descripción de Juan (Hechos
de Juan 26-29) proporciona al apóstol la oportunidad de revelar
los verdaderos colores que deben ser empleados para expresar
el interior de la persona: amabilidad, bondad, y amor fraterno.
Cuando Juan hace que un sacerdote de Artemis resucite, le dice
que no estará realmente «vivo» hasta que crea en Jesús (Hechos
de Juan 47; cf. 52), lo cual hace de inmediato. Pedro da un
sermón mientras se halla suspendido cabeza abajo en una cruz,
usando esa postura como metáfora de la caída de cabeza del
primer hombre en la tierra, lo cual se repite en el nacimiento
humano (Hechos de Pedro 38-39).

La Novela Antigua

La «novela», i.e., narrativas de ficción en prosa que destacan


temas como el amor, los viajes, y la violencia (generalmente
dentro del marco de una historia de dos amantes separados y
finalmente reunidos después de muchas pruebas), apareció por
primera vez a finales del período helenístico o principios del
período imperial romano (del siglo primero a.C. al primero
d.C.). La Odisea, una especie de proto-novela, tiene muchos
rasgos novelísticos aunque está en verso, y presenta una es-
tructura más complicada que cualquier novela griega existente.
A través de la influencia de Erwin Rohde hace un siglo, las
novelas griegas se consideraron tardías (siglos quinto o sexto
d.C.), mediocres, y serias. Todos estos juicios se han corregido
desde entonces. El hallazgo de papiros sugiere que las anteriores
novelas tuvieron su origen no más tarde del 150 d.C., y la más
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 195

antigua de todas, Quéreas y Calirroe de Caritón, se data ac-


tualmente entre el primer siglo a.C. y el primer siglo d.C. Otros
importantes ejemplos del género que han llegado hasta nuestros
días incluyen la Ephesiaka de Jenofonte (siglo segundo d.C.),
laBabyloniaka de Jámblico (siglo segundo d.C.), Dafnis y Cloe
de Longo (segunda mitad del siglo segundo d.C.), Leucipa y
Clitofonte de Aquiles Tacio (final del siglo segundo d.C.) y
Ethiopika de Heliodoro (siglo cuarto d.C.). Aunque las novelas
latinas no tienen mucho que ver con los propósitos de este libro
como las novelas griegas, dos importantes ejemplos son Me-
tamorfosis de Apuleyo (siglo segundo d.C.) y Satyricon de Pe-
tronio (siglo primero d.C.).
Los griegos no tenían un término genérico especial para la
novela, que diversamente designaban como «cuento» (ainos,
diegema), «relato»_ o «ficción» (mythos), «narrativa» (logos),
«historia» (historia), o «informe» (akousma). En la reciente
antiguedad se hablaba comúnmente de las novelas como «cuen- :,:;,
tos ficticios» (plasmatika), o «cuentos dramáticos» (dramatika).
Las novelas griegas, al contrario que sus equivalentes romanas,
nunca fueron realmente aceptadas en los círculos literarios, a
pesar del hecho de que las primeras novelas probablemente
fueron escritas para círculos cultos de la Asia Menor helenística,
en un tiempo en el que el período clásico (480-330 a.C.) era
recordado con nostalgia. Muchas novelas emplearon la edad
clásica como referencia cronológica (salvo la Ephesiaka de Je-
nofonte ). La crítica antigua consideró la poesía como el vehículo
literario más apropiado para la ficción, y consideró las narrativas
imaginativas, que carecían de los elementos de edificación e
instrucción (latín: utilitasi, como inadecuadas para consumo
adulto (Macrobio, Comentario sobre el Sueño de Escipion 1.2.6-
16).
Aunque en la novela griega influyeron géneros anteriores
como historia, biografía, descripciones de fabulosos viajes, y
poesía erótica, Ben Perry la consideró como la más informe de
las formas literarias antiguas, reflejando la sociedad abierta en
la que tuvo su origen. Según B.P. Reardon, la novela hizo las
veces del mito en la sociedad greco-romana, con su tema central
del viajero solitario en busca de su amada como expresión del
sentido individual de aislamiento en el mundo. La novela al-
196 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

canzó el cenit de su popularidad en los siglos segundo y tercero


d.C., y a veces circuló en forma de códice (i.e., libro), en vez
de la forma literariamente más aceptable de rollo, una posible
indicación de popularidad. De los treinta y dos fragmentos de
novelas que sobreviven del primero al tercer siglo d.C., tres
están en forma de códice: Aquiles Tacio (un fragmento del siglo
segundo, otro del tercero), y la recientemente descubierta Phoi-
nikika de Loliano (siglo segundo). La heroína es realmente el
personaje central en muchas novelas, sugiriendo su popularidad
entre las mujeres. Algunas pueden incluso haber sido escritas
por mujeres. A. Scobie argumenta que los contadores de cuentos
itinerantes leían novelas a las familias o grupos de clase baja,
aunque la evidencia de esta atractiva propuesta es escasa (Quin-
tiliano, Institutos 5.11.19; Plinio, Carta 2.20.1). El auge de la
novela griega coincidió con la popularidad de los hechos apó-
crifos cristianos de los apóstoles (siglos segundo y tercero d.C.),
y muchos eruditos (entre los que se hallan Emst von Dobschütz,
Rosa Sóder y Richard Pervo) han destacado su conexión ge-
nenca.

El Género de los Hechos Apócrifos

Los Hechos Apócrifos y la Novela Griega

La afinidad genérica entre los hechos apócrifos y la novela


griega ha sido minuciosamente examinada por Rosa Sóder. Ella
eligió cinco rasgos «novelísticos esenciales» que aparecen en
varias combinaciones en la literatura novelística antigua: ( 1) las
demostraciones de poder sobrenatural por el héroe (i.e., el ele-
mento aretalógico), (2) el tema de los viajes, (3) propaganda
religiosa o filosófica, (4) el tema del amor, y (5) interés en lo
exótico y desconocido (el elemento teratológico). En tanto que
los elementos aretalógicos y teratológicos aparecen muchas ve-
ces en los hechos apócrifos, en las novelas griegas son inexis-
tentes. Con todo, el elemento erótico, que es prominente en las
novelas griegas, no existe en los hechos apócrifos. Según Sóder,
la relación entre las novelas antiguas y los hechos apócrifos es
sólo indirecta. Estos últimos tienen vínculos más estrechos con
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 197

un género literario que por otro lado no ha sobrevivido: las


narrativas populares que se centran en las aventuras, prodigios
y romances de héroes reales o imaginarios.
El tema del amor, que es esencial en las novelas, es tratado
de una forma totalmente diferente en los hechos apócrifos. Mien-
tras la novela griega na:r,ra la separación involuntaria temporal
y una reunión final de los amantes, los hechos apócrifos hacen
hincapié en la separación permanente de los amantes (vírgenes
de novios, esposas de esposos). Pero mientras la separación
temporal de los amantes mueve la trama en las novelas griegas
(sirviendo como fuerza excitante), el tema de la separación per- ., ..
manente en los hechos apócrifos aporta una tensión dramática
sólo en ciertos episodios. En muchos episodios de los hechos
apócrifos, la tensión es generada por el deseo de abstinencia
sexual de parte de mujeres conversas y el deseo de amantes o
maridos no conversos de unas normales relaciones sexuales o
conyugales. Los apóstoles, descritos como hombres santos, ac-
túan como agentes del mundo sobrenatural al facilitar esta «ena-
jenación del afecto» por motivos religiosos. Los hechos apó-
crifos, en contraste con la novela griega, muestra una visión
negativa del mundo, que se refleja en la actitud de las comu-
nidades cristianas que los produjeron.
El tema de los viajes funciona de diferentes formas en ambos
tipos de literatura. En la mayor parte de las novelas griegas,
viajar a lugares distantes prolonga la tensión de la trama, que
se mueve por la separación de dos amantes ( analizando y po-
niendo a prueba su mutua fidelidad). Los relatos de viajes tam-
bién proporcionan entretenimiento a los lectores con descrip-
ciones de rasgos exóticos de lugares y pueblos distantes. Con
todo, el tema de los viajes no es indispensable. No aparece en
Dafnis y Cloe de Longo, apenas sale en los Hechos de Pedro,
e incluso en los Hechos de Tomás sólo se menciona tres veces
(3-14, 16-17, 68-71). Aún en los hechos apócrifos que destacan
en mayor grado los viajes (Hechos de Pablo, Hechos de Juan,
Hechos de Andrés), los itinerarios conectan episodios dramá-
ticos de manera imprecisa, mientras que la globalmente com-
posición carece de unidad dramática.
198 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Hechos Apócrifos y Hechos Canónicos

Los títulos de los hechos apócrifos imitaron el título Praxeis;


que fue añadido a los Hechos canónicos antes de 150 d.C. Los
vínculos genéricos entre los hechos canónicos y apócrifos van
más allá de la imitación de un título, ya que es probable que
los primeros inspiraran la producción de los segundos. Existen
importantes semejanzas y diferencias entre los Hechos canónicos
y los hechos apócrifos. (1) El autor de los Hechos canónicos
presenta su obra como historia, mientras que es claro que los
autores de los hechos apócrifos escribían básicamente ficción.
(2) En tanto que los apóstoles son descritos como hombres santos
estereotipados en los hechos apócrifos, estas imágenes son sólo
marginales en los Hechos canónicos (e.g., las cualidades cu-
rativas de la sombra de Pedro, Hechos 5:15; los pañuelos mi-
lagrosos de Pablo, 19: 12). (3) Mientras que el punto central
literario de los hechos apócrifos es el episodio individual, los
Hechos canónicos, aunque carecen de «trama» en el sentido
convencional, sin embargo posee un movimiento cronológico
hacia un objetivo, la proclamación del evangelio en Roma. Pero
a pesar de estas diferencias superficiales, parece claro que los
Hechos canónicos aportaron un paradigma literario a los hechos
apócrifos.

Los Hechos Apócrifos y las Vidas de Filósofos

Los hechos apócrifos no son biografías, ya que muestran


escaso interés directo en las vidas de los apóstoles antes de la
muerte y resurrección de Jesús. La figura del apóstol es de interés
principalmente como mensajero de Dios que da ejemplo, a la
vei que proclama la verdad cristiana. Hay, por tanto, muchas
semejanzas entre los apóstoles descritos en los hechos apócrifos
y las biografías contemporáneas de filósofos ( e. g., Vida de Apo-
lonio, de Filóstrato, y las vidas de Pitágoras por Jámblico y
Porfirio). Hay, por ejemplo, notables semejanzas entre los He-
chos de Tomás y la Vida de Apolonio de Filóstrato (nacido aprox.
170 d.C.). Tanto Tomás como Apolonio viajan a la exótica
tierra de la India; ambos se relacionan con la nobleza (Tomás
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 199

visita al rey hindú Gundaforo); ambos predican, realizan mi-


lagros y experimentan persecución y sufrimiento. Pero el ero-
tismo suprimido de Hechos de Tomás no tiene equivalente en
la Vida de Apolonio, y la estructura de Hechos de Tomás es
más. compleja [Link] de las novelas.

Conclusiones

Richard Pervo, en su intento de vincular genéricamente los


hechos apócrifos con los Hechos canónicos y la novela antigua,
es contrario a la opinión de que los temas de amor y viajes sean
sellos distintivos genéricos de la novela (Metamorfosis de Apu-
leyo no es una historia de amor, y en Dafnis y Cloe de Longo
no aparece ningún viaje). Pervo aporta una definición amplia
de las antiguas novelas como entretenidas narrativas extensas
de ficción en prosa, que proyectan el ideal individual y las
aspiraciones sociales de los lectores en personajes que llevan a
cabo estos ideales, trascendiendo los límites de la vida ordinaria.
En esta definición, sólo el término ficción distingue a la novela
de las diversas formas de historiografía antigua. Dicho de otro
modo, la definición de Pervo es tan amplia que lo que ha sido
definido es más bien un tipo y no un género de literatura antigua.
Los hechos apócrifos tienen varios rasgos en común con la
novela griega, los Hechos canónicos, y las vidas de filósofos
del segundo y tercer siglos. Las tradiciones características del
cristianismo popular se han combinado con la forma y función
de la ficción tradicional para proporcionar un nuevo vehículo,
para entretenimiento y edificación de los cristianos ordinarios
de la reciente antiguedad.

Para un Posterior Estudio

Sobre Lucas-Hechos: Henry J. Cadbury, La Elaboración


de Lucas-Hechos (Macmillan Co., 1927); Leander E. Keck y
J. Louis Martyn, Estudios sobre Lucas-Hechos (Abingdon
Press, 1966). Un estudio fechado en 1960 pero aún valioso es
de C. K. Barrett, Lucas el Historiador en un Reciente Estudio
200 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

(Fortress Press, 1970). Ver también l. Howard Marshall, Lucas:


Historiador y Teólogo (Exeter: Patemoster Press, 1970), y Ro-
bert Maddox, El Objetivo de Lucas-Hechos (Edinburgh: T. &
T. Clark, 1982). C. H. Talbert ha publicado dos volúmenes de
valiosos estudios sobre Lucas-Hechos: Perspectivas sobre Lu-
cas-Hechos (Association of Baptist Professors of Religion,
1978), y Lucas-Hechos: Nuevas Perspectivas del Seminario de
la Sociedad de Literatura Bíblica (Crossroad Publishing Co.,
1984). Dos colecciones de importantes ensayos por Jacob Jervell
son Lucas y el Pueblo de Dios (Augsburg Publishing House,
1972), y El Pablo Desconocido: Ensayos sobre Lucas-Hechos
y la Historia Primitiva Cristiana (Augsburg Publishing House,
1984).
Sobre Locas: Para un repaso de la investigación sobre Lu-
cas, ver de [Link], «Das Lukas-Evangelium: Ein Forschungs-
bericht». ANRW II.25.2, 2258-2328. El comentario más im-
portante es de Joseph A. Fitzmyer, El Evangelio Según Lucas,
2 vols. Anchor Bible (Doubleday & Co., 1981-85). Otro ex-
celente comentario reciente es de l. Howard Marshall, El Evan-
gelio de Lucas: Un Comentario sobre el Texto Griego (Wm.
B. Eerdmans Publishing Co., 1978).
Sobre Hechos: La historia de investigación erudita sobre
Hechos es revisada por W. Ward Gasque, Una Historia de la
Crítica de los Hechos de los Apóstoles (Wm. B. Eerdmans
Publishing Co., 1975). Para una perspectiva conservadora sobre
la investigación de Hechos, ver F. F. Bruce, «Los Hechos de
los Apóstoles: Informe Histórico o Reconstrucción Teológica»,
ANRW II. 25. 2, 2569-2603. Eckhard Plümacher resume y critica
la reciente investigación, «Acta-Forschung 1974-1982», Theo-
logische Rundschau 48 (1983), 1-56; 49 (1984), 105-169. Los
mejores comentarios sobre Hechos incluyen los de Gerhard Sch-
neider, Die Apostelgeschichte, 2 vols. (Freiburg: Herder, 1980-
82); Emst Haenchen, Los Hechos de los Apóstoles, Un Co-
mentario (Westminster Press, 1971); Martin Dibelius, Estudios
en los Hechos de los Apóstoles, rev. por H. Greeven (London:
SCM Press, 1956).
Sobre el Género de Locas-Hechos: Richard l. Pervo, Uti-
lidad con Placer: El Género Literario de los Hechos de los
Apóstoles (Fortress Press, 1987); S.P. Schierling y M. J. Schier-
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 201

ling, «La Influencia de los Romances Antiguos en los Hechos


de los Apóstoles», Boletín Clásico 54 (1978), 81-88; Charles
H. Talbert, Modelos Literarios, Temas Teológicos y el Género
de Lucas-Hechos (Scholars Press, 1974).
Rasgos Formales de Locas-Hechos: Lenguaje y Estilo: H.
J. Cadbury, El Estilo y Método Literario de Lucas, Harvard
Theological Studies, 6 (Harvard University Press, 1920); John
C. Hawkins, Horae Synopticae: Contribuciones al Estudio del
Problema Sinóptico, 2ª edic. (Oxford: Clarendon Press, 1909),
pp. 174-197. Modelos Literarios: W. Radl, Die Parallelen von
Lukas-Evangelium und Apostelgeschichte (Frankfurt: Lang,
1979); Charles H. Talbert, Modelos Literarios, Temas Teoló-
gicos y el Género de Lucas-Hechos (Scholars Press, 1974). Un ..)
·- ·~
volumen que contiene una mina de información sobre Lucas- '. '-~

Hechos en conexión con las formas literarias y epigráficas anti-


guas es: Bienechor: Estudio Epigráfico de un Campo Semántico ;·!
· ~,
Greco-Romano y el Nuevo Testamento, de Frederick W. Danker
(Clayton Publishing House, 1982).
Sobre la Crítica de Forma en Hechos: Martin Dibelius, '.j
«Crítica de Estilo del Libro de los Hechos», en id., Estudios i '!
:,;...¡,.,.J..
en los Hechos de los Apóstoles, rev. por H. Greeven (London:
SCM Press, 1956), pp. 1-25; Eduard Norden, Agnostos Theos:
1 ¡
Untersuchungen zur Formengeschichte religioser Rede (Darms- i![. 1

tadt, 1956).
Sobre los Prefacios de Locas-Hechos: H. J. Cadbury, «Co-
mentario sobre el Prefacio de Lucas», Comienzos, vol. 2, 489-
510. Un excelente estudio reciente con referencias bibliográficas
completas es el libro de Richard J. Dillon, «Visión Anticipada
del Proyecto de Lucas desde su Prólogo (Lucas 1:1-4)», RTBC
43 (1981), 205-227. Ver también de Vemon K. Robbins, «Los
Prefacios en la Biografía Greco-Romana y en Lucas-Hechos»,
Perspectivas en Estudios Religiosos 6 (1979), 94-108. Un im-
portante y reciente artículo de Loveday Alexander, «El Prefacio
de Lucas en el Contexto de la Composición de Prefacios Grie-
gos», NovT 28 (1986), 48-74.
Sobre Genealogías: Las dos obras básicas sobre genealogía
bíblica son de M.D. Johnson, El Propósito de las Genealogías
Bíblicas (Cambridge: University Press, 1969), y de Robert R.
Wilson, Genealogía e Historia en el Mundo Bíblico (Yale Uni-
202 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

versity Press, 1977). Sobre genealogía griega, Estudios en Ge-


nealogía Griega, de Molly Broadbent (Leiden: E.J. Brill, 1968).
El trasfondo greco-romano se destaca en W, Speyer, . «Genea-
logías», RAC, IX, cols. 1145-1268. Véase en particular la obra
de W. S.. Kurz, «Lucas 3:23-38 y las Genealogías Bíblicas
Greco-Romanas», en Lucas-Hechos: Nuevas Perspectivas del
Seminario dela Sociedad de Literatura Bíblica, rev. por C. H.
Talbert (Crossroad Publishing Co., 1984), pp. 169-187_.
Sobre Episodios Dramáticos: El estudio más importante
es de E. Plümacher, Lukas als hellenistischer Schriftsteller (Go-
ttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1972), pp. 80-136. Sobre
Hechos 27:1- 28:16, véase de M.P.O. Morford, El Poeta Lu-
cano: Estudios de Épica Retórica (Oxford: Basil Blackwell,
1967), pp. 20-36, y S.M. Praeder, «Hechos 27:1-[Link] Viajes
Marítimos en la Literatura Antigua y la Teología de Lucas-
Hechos», RTBC 46 (1984), 683-706, que se refiere a las opor-
tunas fuentes principal y secundaria. También véase de G. B.
Miles y G. Trompf, «Lucas y Antífono: La Teología de Hechos
27.,.28 a la Luz de las Creencias Paganas Sobre la Divina Re-
tribución, Contaminación y Naufragio», RTH 69 (1976), 259-
267, ampliado y criticado por D. Ladouceur, «Preconcepciones
Helenísticas del Naufragio y la Contaminación como' un Con-
texto para Hechos 27-28», RTH 73 (1980), 435-449.
Sobre Discursos: Un anterior estudio esencial es de H. J.
Cadbury, «Los Discursos de Hechos», Comienzos, vol. 5, 402-
427. Un estudio moderno y básico es el de Martin Dibelius,
«Los Discursos en Hechos y la Historiografía Antigua», en id.,
Estudios de los Hechos de los Apóstoles, rev. por H. Greeven
(London: SCM Press, 1956), pp. 138-185. En particular ex-
celente es la obra de Paul Schubert: «El Ciclo Final de Discursos
en el Libro de Hechos», RLB 87 (1968), 1-16. Ulrich Wilckens,
Die Missionsreden der Apostelgeschichte (Neukirchen-Vluyn:
Neukirchener Verlag, 1961), duda de la autenticidad de los seis
discursos a audiencias judías pero halla modelos tradicionales
en aquellos dirigidos a paganos. Dos valiosos artículos son el
análisis de los discursos de misión por Edward Schweizer, «Re-
lativo a los Discursos en Hechos», en Estudios en Lucas- He-
chos, rev. por L.E. Keck y J.L. Martyn (Abingdon, 1966) pp.
208-216, y los discursos de defensa de Pablo por Jerome Neyrey,
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 203
',~

«El discurso de Defensa Legal y los discursos del Juicio de


Pablo en Hechos 22-26: forma y función», en Lucas-Hechos,
rev. por por C. H. Talbert (Crossroad Publishing Co., 1984),
pp. 210-224.
Sobre Simposia: Se cita importante literatura secundaria y
se discuten tres pasajes de Lucas en E.S. Steele, «Lucas 11:37-
54 - ¿ Un Simposium Helenístico Modificado?» RLB 103 ( 1984),
379-394. El único y más importante análisis del género es de
Josef Martin, Symposion: Die Geschichte einer literarischen
Form (Paderbom: Verlag Ferdinand Scheningh, 1931). Sobre
symposion y el Seder Judío, véase de S. Stein, «La Influencia
de la Literatura de Symposia en la Forma Literaria del Pesah
Haggadah», REJ 8 (1957), 13-44. Una revisión crítica reciente
de la propuesta de Stein es, Los Orígenes del Seder, de Baruch
M. Bokser (University of California, 1984), pp. 10-12, 50-66.
Sobre los Pasajes «Nosotros»: Un importante artículo re-
ciente que examina las posibles interpretaciones es de E. Plii- .)
macher, « Wirklichkeitserfahrung und Geschichtsschreibung bei
Lukas: Erwágungen zu den Wir-Stücken der Apostelgeschich-
te», ZNW 68 (1977), 2-22. Jacques Dupont, Las Fuentes de
Hechos, tr. por K. Pond (Herder & Herder, 1964), pp. 75-165,
revisa la investigación y apoya la hipótesis del itinerario. Vemon
K. Robbins, «Por Tierra y por Mar: Los Pasajes 'Nosotros' y
los Viajes Marítimos Antiguos», en Perspectivas sobre Lucas-
Hechos, rev. por C. H. Talbert (Association of Baptist Profes-
sors of Religion, 1978), pp. 215-242. Las propuestas de Robbins
son convincentemente cualificadas por Colin J. Hemer, «Na-
rrativa en Primera Persona en Hechos 27-28», BT 36 (1985),
79-109. E. Haenchen, «'Nosotros' en Hechos y el Itinerario»,
Revista de Teología y La Iglesia 1 (1965), 65-99. G. l. Davies,
«Los Itinerarios en el Desierto: Un Estudio Comparativo», BT
25 (197 4), 46-81, es una mina de información sobre literatura
itineraria greco-romana y del Cercano Oriente.
Sobre las Novelas Antiguas: La mejor introducción general
a la novela griega es de Thomas Hágg, La Novela en La Anti-
guedad (University of California Press. 1983), con una amplia
bibliografía en pp. 235-250. Un tratamiento excepcionalmente
importante es el de B.P. Reardon, Courants Littéraires Grecs
des /le et lle siécles aprés J.C. (Paris: Les Belles Lettres, 1971),
204 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

pp. 309- 405. También importantes son Ben Edwin Perry, Los
Antiguos Romances: Un Relato Literario-Histórico de Sus Orí-
genes (University of California Press, 1967) y A. Scobie, As-
pectos del Romance Antiguo y su Patrimonio (Meisenheirn/
Glan, 1969). El estudio clásico sobre el tema es de Erwin Rohde,
Der griechische Roman und seine Vorliiufer, 2ª ed. (Leipzig:
Teubner, 1900). Para una guía a la reciente investigación véase
de G. N. Sandy, «Erudición Reciente en la Ficción en Prosa de
la Antiguedad Clásica», Mundo Clásico 67 (1974) 321-359.
Sobre diversas novelas, véase de Albert Henrichs, Die Phoi-
nikika des Lollianos: Fragmente eines neuen griechischen Ro-
mans (Bonn: Rudolf Habelt Verlag, 1972), que debe ser leída
juntamente con Jack Winkler, «Lollianos y los Desesperados»
REH 100 (1980), 155-181. Véase también de B.P. Reardon,
«Tema, Estructura y Narrtiva en Caritón», en Literatura Griega
Tardía, rev. por John J. Winkler y Gordon Williams, Yale
Classical Studies, 27 (Cambridge: University Press, 1982), pp.
1-27; Gareth L. Schmeling, Caritón (Twayne Publishers, 1974);
Sophie Trenker, La Novela Griega en el Período Clásico (Cam-
bridge: University Press, 1958); John J. Winkler, Autor & Actor:
Lectura Narratológica del Asno Dorado de Apuleyo (University
of California Press, 1985).
Sobre los Hechos Apócrifos: Indispensable por sus extensos
artículos de introducción y traducciones al inglés de los hechos
apócrifos más importantes es el libro de Edgar Hennecke, Apó-
crifos del Nuevo Testamento, rev. por Wilhelm Schneemelcher,
tr. por R. McL. Wilson et al, vol. 2 (Westminster Press, 1966).
Francois Bovon et al., Les actes apocryphes des apotres: ch-
ristianisme et monde paien (Geneva: Labor et Fides, 1981), es
una obra indispensable que contiene muchos artículos impor-
tantes y bibliografía reciente. Idiosincrática pero valiosa es la
obra de Steven L. Davies: La Rebelión de las Viudas: El Mundo
Social de los Hechos Apócrifos (Southern Illinois University
Press, 1980). E. von Dobschütz, «Der Roman in der altchrist-
lichen Literatur», Deutsche Rundschau 111 (1902), 87-106, pro-
puesto en primer lugar como vínculo genérico entre los hechos
apócrifos y la novela. Importantes análisis de la imagen del
«hombre santo» se hallan en Peter Brown, «Surgimiento y Fun-
ción del Hombre Santo en la Reciente Antiguedad», RER 61
RASGOS GENERICOS DE LUCAS-HECHOS 205

(1971), 80-101, y G. Fowden, «El Hombre Santo Pagano en la


Sociedad Antigua Reciente», REH 102 (1982), 33-59. Ver tam-
bién de A. F. J. Klijn, Los Hechos de Tomás (Leiden: E. J.
Brill, 1962). Dennis Ronald MacDonald, La Leyenda y el Após-
tol: La Batalla por Pablo en Relato y Cánon (Westminster Press,
1983), es un excelente estudio en el que las tradiciones orales
que se encierran en los Hechos de Pablo se ven reflejadas en
(y contrapuestas a) las Cartas Pastorales del Seudo-Pablo. Ver
también de Richard l. Pervo, Utilidad con Placer: El Género
Literario de los Hechos de los Apóstoles (Fortress Press, 1987);
E. Plümacher, «Apokryphe Apostelakten», RE, vol. supl. XV ,.,1

(Munich, 1978), cols. 11-70; S.M. Praeder, «Lucas-Hechos y ~


la Novela Antigua», Sociedad de Literatura Bíblica: 1981, Do-
,,.1
cumentos del Seminario, rev. por K. H. Richards (Scholars
Press, 1981), pp. 269-292; William M. Ramsay, «Hechos de
Pablo y Tecla», en id., La Iglesia en el Imperio Romano Antes
de 170 d.C. (London: Hodder & Stoughton, 1897), pp. 375- .•. ·:
428; S.P. Schierling y M. J. Schierling, «La Influencia de los :.:i
Romances Antiguos en los Hechos de los Apóstoles», Boletín
Clásico 54 (1978), 81-88; Rosa Sóder, Die apocryphen Apos-
telgeschichten und die romanhafte Literatur der Antike (Stu-
ttgart: W. Kohlhammer, 1932); R. McL. Wilson, «Apokryphen,
11. Apokryphen des Neuen Testaments», Theologische Rea-
lenzyklopadie, 111, 341-348.
5
Las Cartas en el Mundo Antiguo·

·-t,.. .•.
li
,:1
;I
La forma de carta desplegó una gran flexibilidad en el mundo
antiguo. Prácticamente cualquier tipo de texto escrito podía ser
enviado a personas o grupos en un formato epistolar. Muchas
de las cartas, antiguas o modernas, son comunicaciones escritas
que se dirigen a personas o grupos de los que el remitente está
separado por la distancia o por la condición social. La carta es
por tanto un substituto de la comunicación oral y podía servir
en casi tantas formas como el discurso. En los tiempos antiguos,
las cartas eran llevadas generalmente por mensajeros, pero no
todos los mensajeros llevaban cartas. Los mensajeros también
transmitían mensajes orales o elaboraciones orales de cartas
escritas. La palabra griega epistolé («epístola») originalmente
se refería a una comunicación oral enviada por un mensajero
(Herodoto 4 .10 .1; Tucídides 7 .11.1). Bien fuera que la gente
se conociese personalmente o enviara mensajes (orales o escri-
tos), la etiqueta prescribía una salutación inicial y una frase de
despedida. Lt
i:
La superposición entre carta y discurso sugiere dos dimen-
siones importantes para entender la primera. En primer lugar,
la oratoria era muy importante en el mundo greco-romano y la
retórica ocupaba un lugar esencial en la educación antigua. Aun-
que principalmente conectada con la entrega oral, la retórica
tenía un profundo efecto en todos los géneros de la literatura,
incluyendo las cartas. Un conocimiento de la teoría de la retórica
antigua puede, por tanto, contribuir a comprender las cartas
escritas por los antiguos (como Pablo e Ignacio) que tenían una
educación más que básica. En segundo lugar, en todo el mundo
antiguo había un alto grado de estratificación social. En con-
secuencia, los sistemas de etiqueta prescribían formas de con-
ducta y de lenguaje socialmente apropiadas para relacionarse
208 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

con personas de condición social más alta, igual o más baja, en


diversas situaciones. En las cartas, en las que el remitente se
comunica con una persona o grupo, la condición social y relación
del remitente y receptor influirán inevitablemente en lo que se
dice y cómo se dice.
Sin embargo, la relación entre comunicaciones escritas y
orales puede exagerarse. En tanto que existen muchas semejan-
zas entre cartas escritas y comunicaciones orales, también hay
importantes diferencias en lenguaje, estilo y estructura. No es-
cribimos de la manera que hablamos. Tampoco los antiguos.
La comunicación oral, por ejemplo, tiende a ser lineal o se-
cuencial. El contexto inmediato de una afirmación es la afir-
mación anterior, y los rasgos paralinguísticos «interpretativos»
de gestos, tempo, inflexión, ritmo y calidad de voz. Al tiempo
que los textos escritos pueden también ser lineales, el lector
tiene la ventaja de poder releer anteriores secciones del docu-
mento no totalmente entendidas, o no del todo apreciadas en la
primera lectura. Con todo, y puesto que los textos escritos tienen
que prescindir de los rasgos paralinguísticos del discurso, deben
ser escritos de un modo especial para funcionar sin «intérprete»
(Platón, Fedro 275c).
La «carta» fue la forma literaria más popular en los principios
del cristianismo. También es la más problemática ya que pre-
senta más variedad y flexibilidad que cualquiera otra forma
literaria. En el Nuevo Testamento hay veintidós «cartas». Veinte
son escritos independientes; dos están insertados en el texto de
Hechos. Incluyen (1) comunicaciones escritas entre personas (1-
2 Timoteo, Tito, 2-3 Juan); (2) comunicaciones escritas entre
personas y grupos específicos (la mayoría de las cartas de Pablo);
(3) cartas circulares enviadas a varias comunidades (Gálatas,
Efesios, Santiago, 1-2 Pedro, Judas); (4) la forma de carta usada
como recurso estructural para otro género (Apocalipsis); (5) una
homilía anónima con una conclusión epistolar, pero sin una
disposición epistolar (Hebreos); y (6) cartas «insertadas» (He-
chos 15:23-26; 23:26-30). Las siete «cartas» incorporadas en
Ap. 2-3 no son realmente cartas, sino proclamaciones proféticas
modeladas según antiguos edictos reales e imperiales. La pri-
mera de Juan fue llamada carta, pero carece de saludo y con-
clusión característicos de las cartas antiguas.
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 209

De las quince diferentes composiciones de nueve autores de


los Padres Apostólicos (escritas entre 90-140 d.C. aprox.), doce
están en forma de carta. Las siete cartas de Ignacio incluyen
cartas parenéticas escritas a cinco iglesias y una persona (Po-
Iicarpo de Esmirna), y una carta de consejo escrita a la iglesia
romana. La carta de Policarpo a los Filipenses es principalmente
parenética. La Primera de Clemente es una extensa carta de
consejo escrita desde Roma a la iglesia Corintia. La Epístola a
Diogneto es una carta protréptica («persuasiva») que intenta
convencer al lector de la verdad del Cristianismo. Bernabé es
una larga homilía basada en una exégesis alternada del Antiguo
Testamento. El Martirio de Policarpo es un relato de las cir-
cunstancias que condujeron a la ejecución de Policarpo, escrito )
como carta circular. La gran diversidad evidente en este breve .,
,1
estudio de las cartas cristianas primitivas subraya la ambigüedad
de la forma de «carta».

Cartas Greco-Romanas
·., .. ,¡
;...¡, •••....• ¡¡
Las primitivas cartas cristianas tienen muchas semejanzas
formales con las antiguas cartas en papiros recuperados de Egip-
to por miles entre montones de basura donde habían sido de-
sechados y de los forros de cartón para ataúdes en que fueron
reciclados. Con todo, mientras casi la totalidad de las cartas de
papiro son relativamente breves, muchas de las primitivas cartas
cristianas son bastante extensas. Su misma extensión sugiere
una comparación con las más extensas cartas literarias y oficiales
de la antiguedad preservadas en colecciones epistolares, incor-
poradas en narrativas literarias o inscritas en piedra.
Adolf Deissmann, un pionero en el análisis comparativo de
cartas antiguas, las definió como conversaciones personales y
privadas entre personas separadas por la distancia. Debido a que
él vió semejanzas entre las cartas griegas comunes en papiro
recuperadas y las auténticas cartas de Pablo, distinguió las ver-
daderas cartas (que son naturales, espontáneas y privadas) de
las cartas literarias o epístolas (mecánicas, artísticas y públi-
cas). Deissmann consideró como verdaderas cartas, todas las
cartas auténticas de Pablo, junto con 2-3 Juan, pero las Pasto-
210 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

rales y la mayoría de las cartas Cat~~as (Hebreos, Santiago,


1-2 Pedro, Judas) como epístolas. L~iriftuyente diferenciación
de Deissmann entre cartas y epístolas ha obscurecido más que
aclarado el espectro de posibilidades que separaban la breve
carta personal de las cartas literarias de la antiguedad. Por ejem-
plo, no existen cartas realmente privadas entre las cartas autén-
ticas de Pablo. Deissmann tampoco era sensible a las diferencias
de estilo entre las cartas de papiro y las cartas paulinas. Las
cartas de Pablo y Séneca, como ejemplo, despliegan un estilo
dialogístico muy diferente de cualquier otro hallado en las cartas
en papiro.

Las Cartas y la Retórica


La gran mayoría de las cartas antiguas eran relativamente
breves comunicaciones escritas en una ocasión específica y de-
sechadas poco después. Antes del siglo primero a.C. la retórica
vino a ejercer una fuerte influencia en la composición de cartas,
particularmente entre la gente culta. Sus cartas servían no sólo
como medio de comunicación sino también como sofisticados
instrumentos de persuasión y medios para hacer un despliegue
de habilidad literaria.
Los primitivos manuales retóricos greco-romanos tienen
poco qué decir sobre el arte de la composición de cartas. Los
dos tratamientos más importantes de la teoría epistolar son Sobre
el Estilo 4.223-235 (hacia el siglo primero a.C.) incorrectamente
atribuido a Demetrio de Palero, y Estilos Epistolares (siglos
cuarto al sexto d.C.) erróneamente atribuido a Proclo o Libanio.
El conocimiento. de Cicerón de la teoría epistolar griega indica
que los manuales sobre epistolografia circulaban durante el siglo
primero a.C. También es importante Tipos Epistolares de Pseu-
do-Demetrio (siglo primero a.c. o posterior), y un apéndice
titulado «Sobre la Escritura de Cartas» en Artes Retóricas de
Julio Víctor (siglo cuarto d.C.).

Tipos de Cartas
Aparte de la distinción de Deismann entre cartas verdaderas
y epístolas literarias (que tenían la ventaja de la simplicidad),
pocas tipologías de cartas greco-romanas o cartas primitivas
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 211

cristianas han sido propuestas y ninguna ampliamente adoptada.


Las diferencias entre cartas privadas y oficiales, documentales
y no documentales, han demostrado ser sólo ligeramente menos
problemáticas que la distinción de Deissmann entre cartas no-
literarias y literarias.
Un método antiguo para categorizar cartas fue el de conte-
nido. Cicerón, por ejemplo, distinguió entre cartas de noticias,
cartas domésticas, cartas de recomendación, cartas de consuelo, -·-"·•
y cartas con promesa de ayuda (A los Amigos 2 .4 .1; 4 .13 .1;
5.5.1). A.N. Sherwin-White (1966), sintetizando hasta trece
tipos antiguos, sugiere ocho tipos: (1) asuntos públicos (historia,
anécdotas, habladurías); (2) bocetos de carácter; (3) patrocinio;
(4) admoniciones; (5) asuntos domésticos; (6) asuntos literarios
(e.g. composición, crítica); (7) artísticos; y (8) cortesía social.
Los tratados sobre teoría epistolar antigua proporcionaban
extensas listas de tipos de cartas junto con ejemplos breves. A
saber, los Tipos Epistolares de Pseudo-Demetrio, describe vein-
tiun tipos (e.g., amistad, elogio, acusación, amonestación, con-
suelo, censura). Seudo-Libanio estudia cuarenta y un tipos de
epístolas en Estilos Epistolares. Estos tipos epistolares gene-
ralmente se ajustan a diecinueve aspectos de la oratoria epidíctica
elaborada por Quintiliano (3.4.3), y muchos de ellos son sutiles
variantes de la carta griega de consejo (logos protreptikos o
lagos parainetikosi. Todos estos tipos se centran en el propósito
del cuerpo de la carta e ignoran los rasgos epistolares formales
hallados en los principios y finales (en las cartas modelo anti-
guas, generalmente se omiten las fórmulas de comienzo y final).
Pseudo-Libanio recomienda que los sobrescritos de una epístola
sean muy llanos: «De X a Y, saludos» (Estilos Epistolares 51).
Recientemente, Stanley Stowers (1986) ha propuesto una
tipología de seis tipos epistolares de cartas greco-romanas am-
pliamente basadas en la teoría epistolar antigua: ( 1) cartas de
amistad; (2) cartas familiares; (3) cartas de elogio y acusación
(funciones de la retórica epidíctica); (4) cartas exhortativas (con
siete subtipos: cartas parenéticas, protrépticas, de consejo, de
reprensión, de censura, de reproche y de consuelo); (5) cartas
de recomendación (o mediación); y (6) acusadoras, apologéticas
y explicativas (funciones de la retórica jurídica), hallados en
cartas de petición. Stowers reconoce que mientras algunos tipos
212 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

epistolares se ajustan a una de las tres clases de retórica (judicial,


deliberativa, epidíctica), otras se resisten a dichas categorías
(e.g., las cartas de exhortación). Según los teóricos epistolares,.
Stowers contempla las cartas de manera funcional, i.e., desde
el punto de vista de las acciones que la gente pretendió llevar
a cabo a través de ellas. En consecuencia, se deben entender
las ocasiones sociales cara~rísticas que proporcionaron el con-
texto para la composición de artas, i.e., los convencionalismos
sociales greco-romanos para, omunicarse con iguales o con gen-
te de condición social más elevada o más baja. La tipología de
Stowers es significativa porque es aplicable al espectro completo
de las cartas greco-romanas, desde lo más bajo hasta lo más
elevado de la sociedad antigua. Las cartas de exhortación y
consejo constituyen una categoría compleja y muchas de las
cartas de este tipo presentan mezclas de varios tipos de exhor-
tación.
La tipología epistolar propuesta por Stowers tiene desven-
tajas y también ventajas. Las cartas oficiales antiguas, un im-
portante e influyente tipo de correspondencia, desempeña un
escaso o nulo papel en esta tipología. Además, no se han con-
siderado muchos tipos de cartas literarias, cartas insertadas, o
el uso de convencionalismos epistolares para desarrollar obras
literarias. Por estas razones estudiaremos las cartas greco-ro-
manas en función de tres categorías adicionales --cartas pri-
vadas o documentales, cartas oficiales, y cartas literarias- aun-
que entre estas categorías no pueden ponerse limites rígidos.

Cartas Privadas o Documentales

Las cartas privadas documentales (i.e., no-literarias) cons-


tituyen la tradición de las cartas comunes de la antigüedad, una
tradición que permaneció estable desdé el período tolemaico
(siglo tercero a.C., la fecha más antigua de las cartas de papiro)
al período romano (siglo tercero d.C. y posterior). Los miles
de cartas de papiro antiguas que se han preservado por el seco
clima egipcio proporcionan la mayor parte de nuestro conoci-
miento de la antigua tradición de cartas comunes griegas. Dichas
cartas funcionaron fundamentalmente de tres maneras: para
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 213

mantener el contacto con familia y amigos, para comunicar


información, para pedir información o favores. Las cartas pri-
vadas incluyen, por lo tanto, varios tipos determinados según
la función: (1) cartas de solicitud o petición; (2) cartas de in-
formación; (3) cartas de presentación; (4) cartas de orden e
instrucción; (5) cartas familiares; y (6) cartas de negocios (con-
tratos, arrendamientos, recibos, etc.). Aunque algunas cartas
presentan sólo una función, otras funcionan de varias maneras.
Los convencionalismos de las cartas modernas personales y
de negocios americanas son relativamente fijos. Las cartas pri-
vadas en el mundo greco-romano eran incluso más estereoti-
padas. La antigua carta griega constaba regularmente de tres
partes: fórmulas de comienzo, parte principal o cuerpo, y fór-
mulas finales. Esta estructura básica con sus rasgos y fórmulas
constitutivas estereotipadas cambió sólo ligeramente al paso de
los siglos.
El sobrescrito de la carta antigua contenía típicamente tres
elementos, título (remitente), adscripción (destinatario), y sa-
ludo: «X [nominativo] a Y [dativo], saludos Uairein]». Una
variante más formal (usada en peticiones, quejas y solicitudes)
es «A Y [dativo] de X», omitiendo generalmente la salutación.
Estos dos modelos se encuentran entre el siglo tercero a.c. y
el siglo tercero d.C. También se han encontrado muchas va-
riantes. El modelo básico de sobrescritos epistolares griegos
estaba sujeto a diversas formas de ampliación y elaboración. El
título y la adscripción podían ampliarse con la adición de epí-
tetos, títulos, términos de relación («X a su hermana Y»), grado
de afecto ( «X a mi queridísimo amigo Y»), y ubicación geo-
gráfica. La salutación podía también ampliarse usando adjetivos
o adverbios que destacaban grado ( «saludos afectuosos») o aña-
diendo un deseo de salud («saludos y deseos de bienestar»).
Esta capacidad <le ampliación permitía que la carta cristiana
desarrollara sus propios rasgos característicos.
La formula valetudinis o deseo de salud (hygiainein - que
también se encuentra al final) seguían a menudo al sobrescrito:
«Si estás bien, sería excelente. Yo también me encuentro bien.»
Puesto que hay varias fórmulas de salud que presentan alguna
variación, el deseo de salud puede describirse mejor como topos
o tema. El deseo errosthai (del siglo tercero a.C. en adelante)
214 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

podía ocupar una posición separada al principio del cuerpo de


la carta, separada del sobrescrito, o bien unirse sintácticamente
a la salutación del sobrescrito: «saludos y mejores deseos» Uai-
rein kai errásthañ.
Laformula proskynéma, es una oración (a menudo de acción
de gracias: proskynéma significa «acto de adoración»), que fre-
cuentemente sigue a, o está mezclada con la fórmula de salud.
Compárese Hunt-Edgar, nº 97: «Isias a su hermano Hefestión,
saludos. Si estás bien y las otras cosas marchan correctamente,
estaría en consonancia con la oración que hago continuamente
a los dioses». Otro ejemplo de Hunt-Edgar nº 120: «Antonio
Longo a Nilous su madre, muchísimos saludos. Ruego siempre
por tu salud; cada día hago súplicas por tí ante el Señor Serapis».
Esta fórmulaque da cuenta de una oración aparece en el siglo
\
primero d.C. y sigue siendo popular hasta el siglo cuarto.
El saludo final, o deseo aspazesthai, aparece algunas veces
en lugar del deseo hygiainein al principio del cuerpo de la carta,
pero antes del siglo primero a.c. se colocaba generalmente al
final de la carta.
Las fórmulas finales que más comúnmente se usaban eran
erroso o errásthe («despedida»), y también el verbo (di)eutychei
( «adiós» o «con los mejores deseos»), frecuentemente con la
fecha. La fórmula final podía también omitirse.
Las fórmulas en la conclusión de la parte principal incluyen
«cuídate para que estés bien» (del siglo tercero a.C.). Esto fue
gradualmente sustituido por la fórmula aspazesthai ( «recuer-
dos»), a partir del siglo segundo a. C., en el que el escritor pide
al receptor que salude a los conocidos, a los que no se dirige
de manera directa, y/o transmita recuerdos a otros. También
está la fórmula iletrada ( «X escribe en nombre de Y»), gene-
ralmente en cartas de negocios y oficiales. La fórmula de ju-
ramento aparece al final de ciertos tipos de cartas de negocios,
como las declaraciones juradas y otras declaraciones oficiales.

Cartas Oficiales
Las cartas oficiales son aquellas que se escriben de un jefe
o representante de gobierno a otros en carácter oficial. La forma
y estilo de cartas oficiales es similar a las cartas privadas. Los
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 215

antiguos conocían bien dichas cartas puesto que a menudo se


publicaban fijándolas o grabándolas en piedras colocadas en
lugares destacados a la vista del público. La publicación sig-
nificaba que eran instrumentos para influir en la opinión pública.
Antes del siglo segundo a.C. las monarquías helenísticas en
el oriente griego habían desarrollado burocracias con cancillerías
reales, cuyo personal redactaba y conservaba correspondencia
oficial gubernamental y mantenía copias de archivo de todos
los edictos reales. De forma característica, los embajadores pre-
sentaban la petición de una ciudad al rey. La petición podía ser
la aceptación de honores ofrecidos al monarca, por los que a su
vez quizás se pedían diversos favores (e.g., el arbitrio en una
disputa, la solución de un problema legal). Después, el rey
elaboraría una respuesta a la que el personal de la cancillería
daría forma definitiva. El rey mismo añadía una «despedida»
al final. Los jefes de estas cancillerías reales daban a dichas
cartas una forma y estilo distintivo. Los sobrescritos son un
reflejo de los convencionalismos de la carta privada: «X [no-
minativo] a Y [dativo], saludos Uairein]», y concluye con un
errásthe («despedida»), escrito en el documento original por el
rey mismo. Los retóricos influyeron en la correspondencia de
cancillería, aunque muy lentamente. C. Bradford Welles, editor
de la colección regular de estas cartas reales, distinguía dos
formas básicas de cartas oficiales, una que contenía una decla-
ración o anuncio solamente (e.g., elogio, decisión real, o un
favor), y otra que contenía una declaración que es la base de
un orden.
Durante la República, la correspondencia oficial romana
adoptó la forma de cartas enviadas por el Senado Romano o
magistrados a los oficiales de ciudades extranjeras que expli-
caban en términos generales una norma oficial en asuntos par-
ticulares. Durante el Imperio, la correspondencia diplomática
era muy común. Las epistulae principum ( «epístolas imperia-
les») y las rescripta (respuestas escritas por el emperador a las
peticiones de los oficiales) eran los medios principales del em-
perador para crear ley y transmitir su voluntad a las ciudades
provinciales. Las epistulae principum se emitían sólo por la Ab
epistulis, la oficina imperial (con departamentos tanto griego
J
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;
216 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO
!
como latino) se ocupaba de la correspondencia privada y oficial
del emperador.
Las cartas oficiales romanas del fin de la República y prin-
cipio del Imperio que se dirigían a las ciudades griegas, seguían
modelos helenísticos. Los decretos senatoriales y otras comu-
nicaciones oficiales se traducían al griego (una medida que no
se tomaba para ningún otro grupo lingüístico bajo la autoridad
romana) y publicada en forma de inscripciones. Generalmente
empiezan con un sobrescrito epistolar característico: «X [no-
minativo] a Y [dativo], saludos Uairein]». La adscripción in-
cluye el nombre de la ciudad en genitivo y el nombre o nombres
de los oficiales de la ciudad o entidades gubernativas en dativo.
Después del 150 a.c. las cartas oficiales a veces incluyen la
fórmula de salud tras la salutación. Entonces se mencionaban
los motivos de la carta, tales como información o peticiones de
enviados griegos. También se incluían los nombres de los en-
viados griegos, el lugar en el que se reunirían con el magistrado,
y la información que llevaban. El cuerpo de dichas cartas incluía,
pues, asuntos como (1) la concesión de diversos beneficios, (2)
la restauración de la tierra, (3) decisiones y edictos, (4) arbitrio,
(5) comunicación de senatus consulta ( «resoluciones del sena-
do»). Las cartas diplomáticas terminan con un deseo de bienestar
para el destinatario, generalmente errosthe («despedida») en
imitación de las cartas helenísticas.

Cartas Literarias

Las cartas literarias son aquellas que se conservaban y trans-


mitían a través de canales literarios, y se valoraban bien como
modelos epistolares, como ejemplos de arte literario, o como
viñetas de estilos de vida y costumbres más antiguas. Presentan
una amplia variedad, a saber: (1) cartas auténticas escritas por
una persona cul~a sin pensamiento de publicación (e.g., muchas
de las epistulae commendaticidae o cartas de recomendación
escritas por Cicerón, Plinio y Frontón); (2) cartas auténticas con
un público más amplio en perspectiva ( Cicerón, Plinio, Libanio);
(3) cartas ideales usando un «elevado» estilo y escritas con la
perspectiva de la publicación (Horacio, Ovidio, Séneca, Esta-
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 217

cio ); (4) cartas ficticias usando convencionalismos epistolares


para desarrollar relatos de interés humano o anécdotas intere-
santes (Alcifrón, Eliano, Filóstrato); (5) cartas ficticias escritas
para ser insertadas en narrativas históricas y novelescas y/o
aquellas escritas como ejercicios retóricos, como si fuesen de
una persona famosa (Aquiles Tacio, Caritón); (6) ensayos en
forma de carta (syggrammata; Pseudo-Demetrio, Sobre el Estilo
4.228), en las que los ensayos o tratados sobre diversos temas .¡.......•. ,,
empiezan por un sobrescrito epistolar (Plutarco, Frontón).

Cartas de Recomendación

Las commendationes o cartas de recomendación desempe-


ñaban una función cada vez más importante en la sociedad de
clase superior desde el fin de la República romana hasta la
reciente antigüedad. Son el equivalente romano de la carta griega
de presentación mencionada en los teóricos epistolares (Pseudo-
Demetrio, Tipos Epistolares 2; Pseudo-Libanio, Estilos Epis-
tolares 8). Muchas cartas de este tipo se han conservado en las
colecciones epistolares de Cicerón (106-43 a.C.), Plinio (61-
112 d.C. aprox.), Frontón (100-166 d.C.), y Libanio (314-393
d.C.). La colección de cartas de Cicerón, hecha durante el prin-
cipado de Nerón (aprox. 60 d.C.), contiene numerosas cartas
de recomendación que sirvieron de modelos para posteriores
escritores ( cf. las diez commendationes a Acilio en A Sus Amigos
13.30-39). El imperio romano fue fundamentalmente un sistema
de patrocinio en el que los vínculos verticales entre la gente de
diferentes clases u órdenes tomó precedencia sobre las relaciones
horizontales entre iguales (de este modo se evitaba eficazmente
una antigua «conciencia de clase»). La ética de la reciprocidad
(los favores concedidos incurrían en obligación) saturaban todos
los aspectos de la vida, entre la gente y los dioses, en las
familias, y entre amigos. Los patronos influyentes podían re-
comendar a sus clientes para puestos administrativos bajo el
control de aquellos (como el emperador) que podían ejercer una
atención personal en tales designaciones. El sistema de patro-
cinio significaba que los oficiales usaban de manera caracterís-
tica su posición para asegurarse beneficios para la familia y los
218 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

amigos. Los hombres influyentes como Cicerón, Plinio y Fron-


tón recomendaban a sus protégés en base a sus cualidades mo-
rales (e.g., rectitud, sobriedad, inteligencia, diligencia; cf. Fron-
tón, A Marcos 5.37; cf. A los Amigos 1.1-5, 8; A Pío 9) más
que a sus habilidades profesionales. El concepto romano de
amistad tenía un importante aspecto utilitario -i.e., el inter-
cambio de mutuo beneficio de diversos tipos de bienes y ser-
vicios- ya que no existían medios institucionales impersonales
de distribución. Una carta de recomendación era en efecto un
acto de amistad, dirigida a un amigo en representación de otro
amigo.

Ensayos en forma de Carta

Los ensayos en forma de carta son tratados que sólo hacen


un uso limitado de algunos convencionalismos epistolares, en
particular en las fórmulas iniciales. Por ejemplo, los prefacios
epistolares aparecen por primera vez en los tratados científicos
de Arquímedes (287-212 a.C.), dirigidos y dedicados a amigos.
Séneca fue el primer escritor retórico que usó prefacios epis-
tolares (todas sus Epístolas Morales los tienen). Quintiliano
presenta sus Institutos con un doble prefacio, uno epistolar y el
otro retórico (lo que revela una estrecha relación entre los dos
tipos). La Historia Natural de Plinio el Viejo también tiene un
prefacio epistolar en prosa. Las Vidas de los Sofistas de Filós-
trato {escritas después de 202 d. C.) tiene una carta a manera de
prólogo. La Retórica a Alejandro, un manual retórico de finales
del siglo tercero, tiene como prólogo una falsa carta con el
sobrescrito «Aristóteles a Alejandro, los mejores deseos [eu
prattein]», y concluye con un simple «adiós» (erroso).
Plutarco escribió varios ensayos en forma de carta. Sobre
la Tranquilidad es un ensayo deliberativo, escrito en respuesta
a la petición del destinatario. Otros dos ensayos-carta son Con-
suelo a Su Esposa (escrito al enterarse, estando ausente, de la
muerte de su hijo) y Preceptos Conyugales (consejos a los recién
casados). Un cuarto ensayo-carta es Sobre la Generación del
Alma (un tratado sobre la doctrina de Platón acerca del alma,
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 219

solicitado por sus dos hijos). Plutarco siempre usa eu prattein


(«los mejores deseos») como salutación, una fórmula usada con
mucha frecuencia en las cartas literarias.

Cartas Filosóficas

El siglo primero d.C. fue un período en el que los filósofos


morales emplearon cada vez más la forma de la carta como
vehículo de instrucción. Las cartas de Platón y Aristóteles fueron
modelos importantes en este desarrollo (por ejemplo, la Carta
7 de Platón influyó en escritores posteriores). Las cartas de
Epicuro estaban entre los modelos más importantes de este de-
sarrollo. Varias de sus cartas han llegado hasta nosotros (de
hecho, tratados filosóficos en forma epistolar), aunque la que
dirige a Pitocles es de dudosa autenticidad. Tres cartas se con-
servan en Diógenes Laercio 10.34-83, a Herodoto (un extracto
de la filosofía de la naturaleza de Epicuro), a Pitocles (resumen
de la meterología a petición de Pitocles), y a Meneceo (resumen
de la moralidad de Epi curo). La Carta a Meneceo es una carta
(protréptica) instándole al estudio de la filosofía.
Muchas cartas seudoepigráficas y colecciones de cartas hi-
cieron su debut, incluyendo la extensa colección atribuida a
Hipócrates (algunas de las cuales presentan el estilo de diatriba),
y las colecciones de cartas cínicas atribuidas a filósofos como
Sócrates, Anacarsis, Crates, Diógenes y Heráclito. La diatriba
se transforma en forma epistolar en el siglo primero d.C. por
medio de Séneca por un lado, y las numerosas colecciones de
cartas cínicas seudoepigráficas por el otro (e.g. Diógenes, He-
ráclito, Crates).

Cartas Novelísticas

Las cartas novelísticas son ficticias, con frecuencia intentos


seudoepigráficos de presentar relatos y anécdotas sobre grandes
personalidades del pasado. Algunas de estas cartas tuvieron su
origen probablemente como ejercicios retóricos en prosopo-
poiia, i.e., escribiendo un discurso en la caracterización de una
220 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

persona histórica famosa o mítica. Durante la primera parte del


período imperial (siglo primero d.C.), un autor desconocido
versado en retórica asiática escribió varias cartas emulando a
Hipócrates. El autor aparece como un médico y un retórico
(Carta 23.1); es diestro en prosopopoiia. Las cartas de Seudo-
Hipócrates están escritas con un motivo básicamente apologé-
tico, reflejando la rivalidad entre las escuelas médicas de Cos
y Cnido, representadas por Hipócrates y Ctesias, respectiva-
mente. Los rasgos novelísticos de las cartas hipocráticas se evi-
dencian en Cartas 3-5 (que circularon en forma extractada ade-
más de la parte principal). Fueron populares por la imagen del
médico ideal representada por Hipócrates: Artajerjes escribe a
Histanes ofreciendo una recompensa a Hipócrates, si viene a la
corte persa (Carta 3), e Histanes retransmite el mensaje a Hi-
pócrates (Carta 4). Hipócrates responde a Histanes rechazando
la oferta y añadiendo que no ayudará a los enemigos de los
griegos (Carta 5). El código moral de Hipócrates, que le lleva
a tratar a los enfermos desamparados en vez de al rico rey persa,
hizo popular este intercambio.

Cartas Imaginativas

El principal objetivo de este tipo de carta es entretener y


deleitar al lector. Las más antiguas colecciones de dichas cartas
se remontan a los siglos segundo y tercero d.C. Entre los autores
que escriben este género están Alcifrón, Eliano, Aristeneto y
Teofilacto (de los siglos segundo al séptimo d.C.). Las cartas
de Filóstrato, aunque similares, pretenden ser las suyas propias.
La epistolografía novelística tuvo muchas reglas implícitas,
como el aprovechamiento de anteriores escritores, y el uso de
ciertos tipos de nombres para los corresponsales (nombres ver-
daderos del pasado histórico, nombres de personajes de la co-
media griega, y nombres adecuadamente metafóricos). Alcifrón
escribió una colección de 122 cartas novelescas en cuatro libros
(siglo tercero d.C. aprox.). Siguiendo el arcaísmo nostálgico de
su tiempo, las atribuyó a pescadores atenienses, granjeros, pros-
titutas y estibadores del siglo cuarto a.C., en un intento de
capturar imaginativamente las vidas y actitudes de la gente de
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 221

muchos siglos antes. Filóstrato escribió una colección de 73


chispeantes cartas de amor, tanto a hombres jóvenes como a
mujeres.

Cartas Insertadas

Los autores de narrativas históricas, biográficas y novelescas


del período helenístico a menudo insertaban cartas por razones
documentales o dramáticas. Aún cuando los sobrescritos y las
notas finales epistolares tienden a abreviarse o eliminarse en
colecciones revisadas de cartas, a menudo se dejan intactas en
las cartas insertadas. Es, por lo tanto, difícil determinar si son
genuinas, genuinas pero abreviadas, o simplemente invenciones.
Las cartas insertadas en historias y biografías pueden ser tan
ficticias como las de las novelas. Diógenes Laercio, en sus vidas
imaginarias de los sabios que precedieron a los filósofos, inserta
regularmente cartas falsas donde se encuentra una lista de es-
critos para posteriores filósofos (Tales, 1.42-44; Solón, 1.64-
67; Quilón, l. 73; Pitaco, 1.81). Uno de los historiadores griegos
más antiguos que empleó las cartas insertadas ( que sirven como
discursos) fue Tucídides. La carta de Nicias (7 .10-15), por ejem-
plo, se lee como un discurso y no contiene fórmulas epistolares
de comienzo ni de final. Nicias, según se sabe, escribió una
carta en vez de confiar en la memoria del mensajero, de modo
que envió a la vez mensajes escritos y orales (7.8.2). De manera
similar, Tucídides cita la esencia de una carta de Pausanias a
Jerjes (1.128. 7), de nuevo sin fórmulas iniciales ni finales, pero
la respuesta de Jerjes (1.29.3) tiene el típico sobrescrito persa:
«Así habla el Rey Jerjes a Pausanias». Una carta de Temístocles
hallada en Tucídides 1.137. 4 es transformada posteriormente en
discurso por Plutarco (Temistocles 28.1-2) y Diodoro Siculo
(11.56.8).
Las cartas se usan regularmente como recursos dramáticos
por los novelistas griegos (Aquiles Tacio 1.3.6; 5.18.2-6;
5.20.4-5; Caritón 4.5.8; 8.4.2-3, 5-6). La Vida de Apolonio de
Filóstrato, que combina elementos biográficos y novelísticos,
contiene 20 cartas (e.g., 2.46; 4.27; 4.46 [cuatro cartas]; 6.29;
8.7.3), incluyendo extractos de tres cartas (1.7, 24; 4.22). La
222 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

mayoría de estas cartas tienen una forma convencional: «X [no-


minativo] a Y [dativo], saludos Uairein]», y las cartas terminan
con erroso o erriisthe («despedidas»). Algunas de éstas pueden
ser auténticas.

Las Cartas como Recursos Estructurales

Los sobrescritos y notas finales epistolares podían emplearse


para desarrollar casi cualquier tipo de composición. Los con-
vencionalismos epistolares de muchos ensayos-carta, cartas fi-
losóficas, y cartas novelísticas y ficticias funcionaron con fre-
cuencia de este modo. En cartas ficticias y seudoepigráficas,
los convencionalismos epistolares a menudo funcionan como
recurso legitimador, situando la composición en un tiempo an-
terior o atribuyéndola, obviamente, a una persona famosa del
pasado. La forma de carta se usó con frecuencia para varios
tipos de documentos legales. Según la ley romana, una carta
que contiene un documento legal entra en vigor sólo si el des-
tinatario (o su secretario o mensajero) la recibe. Las ventas, por
ejemplo, se podían concluir por carta, o una persona podía
expresar algunos deseos a un heredero en una carta, que entonces
asume el rango de codicilo. Las cartas podían también servir
para reconocer deudas.
En estos casos, la forma de carta es la más conveniente para
indicar el remitente y el destinatario y para formalizar la tran-
sacción. Muchos documentos legales, como los contratos ma-
trimoniales, decretos de divorcio, arrendamientos y testamentos,
se escribían con los convencionalismos formales de principio y
final epistolares.

Colecciones de Cartas

Los romanos eran escritores y coleccionistas de cartas más


ávidos que los griegos. Si bien Cicerón, Horacio, Séneca y
Plinio tenían intenciones de publicar una parte o la totalidad de
sus cartas, el primer autor griego que publicó una colección de
sus propias cartas fue Gregorio de Nacianzo (329-389 d.C.
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 223

aprox.). El clasicista inglés del siglo diecisiete Richard Bentley


demostró convincentemente que las colecciones antiguas de car-
tas griegas atribuidas a Fálaris, Temístocles, Sócrates y Eurí-
pides eran falsificaciones. En consecuencia, la sombra de la
duda cayó sobre otras colecciones similares, aunque algunas
contienen al menos una parte de cartas auténticas.
Algunas importantes colecciones representantivas de las car-
tas antiguas griegas incluyen las de Isócrates, Demóstenes, Epi-
curo, Apolonio de Tiana y Libanio. Las cartas de Aristóteles,
de las que sólo se conservan fragmentos, fueron coleccionadas
y publicadas después de su muerte (384-322 a.C.). Una colec-
ción de nueve cartas de Isócrates (436-338 a.C.) aún existe,
aunque la autenticidad de algunas es debatida. Una colección
de seis cartas de Demóstenes (384-322 a.C.) se ha conservado,
cuatro de las cuales son auténticas y las otras dos dudosas. De
igual manera, se formó una colección de cartas de Epicuro (341-
270 a.C.), que ejercieron gran influencia como modelos de
cartas filosóficas.
Una colección de 97 cartas y fragmentos de cartas componen _¡,

la correspondencia de Apolonio de Tiana (m. hacia 97 d.C.);


algunas pueden ser auténticas (e.g. Carta 71). Además, 20 cartas
(Cartas 98-117), según la numeración de Hercher) se citan en
la Vida de Apolonio. Filóstrato afirma haber usado cartas de
Apolonio como fuentes (1.2, 23-24, 32). Eso sugiere la exis-
tencia de una colección. Filóstrato también conoce una colección
de cartas que Apolonio intercambió con Eufrates (5.39; Cartas
1-8, 14-18, 60). En tanto que todas las cartas de Apolonio tienen
frases iniciales abreviadas (i.e., el nombre del destinatario en
dativo, o «a la misma persona»), los saludos finales (erráso o
erriisthe¡ aparecen sólo cuatro veces (Cartas 14, 43, 47, 53).
Uno de los grandes escritores paganos de cartas de la reciente
antiguedad fue Libanio el retórico de Antioquía, que escribió
más de 1.600 cartas. Libaniotenía una extensa red de conexiones
personales, mantenidas en gran parte por correspondencia. Mu-
chas de las cartas recomendaban a antiguos estudiantes para
empleos con los gobernadores provinciales (Cartas 154, 161,
807). Otras eran cartas de presentación pidiendo hospitalidad
privada para estudiantes y amigos viajeros (Cartas 268, 704).
También informaba sobre el progreso de los estudiantes escri-
224 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

hiendo cartas tranquilizadoras a los padres (Cartas 141, 190,


324). Para Libanio, escribir cartas fue un arte. Siguiendo con
rigidez la convención epistolar, limitó las cartas a un solo tema.
Las noticias y la información ajenas a la carta las dejaba al
portador (Cartas 753, 1429). Muchas de sus cartas tienen tres
secciones: (1) expresiones de amistad al destinatario, (2) elogio
al portador, y (3) asunto principal de la carta. Era convencional
omitir todo lo que fuese ajeno al propósito principal de la carta.
Los sentimientos personales (experiencias personales, ideas y
opiniones privadas, etc.) no se expresaban en las cartas excepto
mediante topoi convencionales como añoranza, amistad, celos
por la preferencia de otro amigo, consuelo en la muerte de un
pariente. No escribir cuando alguien iba a ver al amigo de una
persona era una injuria (Cartas 212,326,419). También era de
mala educación escribir a un extraño, y el comienzo de una
amistad exigía especial justificación (Cartas 95,448, 645, 836),
ya que tal relación podía conducir a la demanda de favores.
Libanio y sus cultos amigos escribieron con la amplia perspec-
tiva de un público, ya que leían públicamente las cartas recibidas
(Carta 1264; Discurso 1.175), y esperaban que los destinatarios
de las ~ hiciesen lo mismo. Libanio intentó conscientemente
dar a sus cartas una calidad atemporal para que tuviesen un valor
permanente que trascendiera las circunstancias originales de su
composición.
A Cicerón y Plinio el Joven se atribuyen importantes colec-
ciones de cartas latinas. Las 931 cartas de la correspondencia
existente de Cicerón entre 68 y 43 a.c. se publicaron a título
póstumo (hacia el 60 d.C.) en cuatro colecciones (A los Amigos,
A Atico, A Quinto, 27 cartas; A Bruto, 25 cartas). Cicerón
pretendía publicar una pequeña selección de sus cartas (A Atico
16.5) que serían ejemplo de sus habilidades literarias (A Sus
Amigos 16.17 .1), pero murió sin realizarlo. Cicerón guardó
copias de algunas de sus cartas (A los Amigos 7. 25 .1), y los
destinatarios como Atico se quedron con ellas, quizás uniéndolas
en rollos. Comelio Nepote (Atico 16.2-4) se refiere a once rollos
de las cartas de Cicerón propiedad de Atico. Estos constituían
quizás once de los dieciséis libros de cartas a Atico publicadas
más tarde.
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 225

Plinio (61-112 d.C.) publicó nueve libros de 358 cartas or-


denadas cronológicamente. Generalmente limitó las cartas a un
tema, evitó una excesiva extensión, y empleó un estilo adecuado
al tema. El carácter distintivo de sus cartas sugiere un origen
en la disgresión oratoria, que trataba de forma característica el
elogio a las personas o lugares, descripciones de lugares, y
narrativas de acontecimientos históricos o legendarios (Quinti-
liano 4.3.12). El carácter literario de las cartas de Plinio resulta
también evidente en su empleo de frases iniciales estereotipadas
que indicaban el tema de las mismas.

Topoi Epistolares

Los topoi ( «temas» o «tópicos») de las antiguas cartas amis-


tosas han sido investigados principalmente por Heikki Kosken-
niemi (1956) y Klaus Thraede (1970). Todos los topoi que
examinan giran en tomo al tema de la amistad, quizás el tipo
más importante de carta antigua. Koskenniemi analizó las pers-
pectivas de los teóricos epistolares greco-romanos y concluyó
que la carta ideal debe presentar tres rasgos básicos, relacionados
todos con la tradición griega de la amistad: (1) philophronésis,
la «amistad» entre el escritor y el receptor, (2) parousia, la
«presencia» anticipada o «reunión» del escritor y el receptor
después de un período de separación, y (3) homilia, una con-
versación entre el escritor y el receptor que conduce al com-
pañerismo y la comunión. El estudio de Thraede de las cartas
literarias (Cicerón, Ovidio, Séneca, Plinio, las cartas cristianas
de la reciente antigüedad) se centra en los topoi de la carta como
(1) una conversació[Link] amigos, (2) un sustituto de la pre-
sencia de un amigo, (3) un consuelo por la separación, que
incluye (4) consiguientes expresiones de añoranza, y (5) expre-
siones de alegría al recibir una carta. Aún siendo todos estos
temas importantes, existen muchos otros que requieren inves-
tigación.
El término griego topos (latín locusi. significa literalmente
«lugar» y fue usado por los antiguos para referirse a un «tema»,
o a un «argumento». La frase koinos topos (latín: communis
locus) significa «lugar común» y se refiere a un tema recurrente
226 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

(e.g. la amistad), que consiste de un grupo de temas estereo-


tipados constitutivos que desarrollan varios componentes te-
máticos (los temas de amistad incluyen igualdad, reciprocidad;
confianza mutua, ayuda ilimitada en· tiempos de necesidad, vo-
luntad de hacer el mayor sacrificio, franqueza y lealtad). Un
topos, por tanto, no es una forma literaria, ni es exclusivamente
una línea de argumentación ( ver más abajo), sino un tema común
asumido en una variedad de formas literarias (máximas, ejem-
plos, relatos, códigos domésticos, epítetos comunes, temas para
ampliación, etc.). Aunque los topoi en sí no son necesariamente
trillados y vulgares, los temas que los constituyen sí pueden
serlo. Los topoi son reconocibles porque se encuentran en mu-
chos autores distintos. La perspectiva de que los topoi son es-
tereotipados y tienen aplicabilidad universal se entiende a veces
que significa que no encajan en la situación específica en la que
se han empleado. Sin embargo, el arsenal de temas que proponen
los retóricos bajo cada topos sugiere lo contrario. El orador
dispone de una gran cantidad de temas para adaptar sus co-
mentarios a la situación retórica (Cicerón, Divisiones de la Ora-
toria 3.8).
Esta forma de entender el topos tuvo su origen en Aristóteles,
que empleo la frase idioi topoi ( «tópicos particulares») para
describir los temas principales adecuados a ciertos tipos de ora-
toria (Aristóteles, Retórica 1.4-15). Afirmaba que en la oratoria
persuasiva o deliberativa existen cinco tópicos principales en
los que un orador debe tener un profundo conocimiento: maneras
y medios, guerra y paz, defensa nacional, importaciones y ex-
portaciones, y legislación. Más tarde los manuales de retórica
perfilaban la estructura y los topoi adecuados para varias clases
de discursos. Menandro (siglo tercero d.C.) escribió un manual
sobre tipos de discursos epidícticos en los que sugiere cuatro
topoi para un epithalium («discurso nupcial»): (1) la familia del
novio, (2) la familia de la novia, (3) la pareja nupcial, y (4)
descripción de la cámara nupcial (2.6). Bajo cada uno de estos
topoi sugiere varias clases de temas que el orador puede usar
para extenderse sobre el tema principal.
Aristóteles también usó el término topos para dar a entender
«argumento» (topos significa literalmente «lugar» donde se ha-
llan los argumentos apropiados). Para Aristóteles, enthymemes
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 227

(i.e. afirmaciones con razones fundamentales, introducidas por


«ya que» o «porque»), los equivalentes retóricos de los silogis-
mos lógicos, se construyen a base de topoi. Empleó la frase
koinoi topoi ( «tópicos generales») para designar los argumentos
que podían ser usados en cualquier clase de discurso (Aristóteles,
Retórica 2). Consisten en cuatro topoi: (1) lo posible y lo im-
posible, (2) hecho pasado, (3) hecho futuro, y (4) grado. Otra
clase de topos no tiene relación con el tema central, pero abarca
estrategias de argumentación adecuadas para todos los tipos de
oratoria (veintiocho topoi se examinan en Aristóteles, Retórica
2.22-23; cf. sus Tópicos ; Cicerón, Tópicos; Sobre Oratoria
2.30.36). Según Aristóteles, los retóricos antiguos distinguían
entre topoi como «temas» o «argumentos» (Quintiliano 5.10.20;
10.5.12).

Epistolografía Aramea y Judía

En el Cercano Oriente, los arqueólogos han descubierto mu-


chos escondites con cartas antiguas en tablillas de arcilla. Tres
de los hallazgos más importantes incluyen miles de cartas Mari
descubiertas en Tell Hariri en Siria ( del reino de Zimrilim, 1730-
1700 a.c. aproximadamente), las cartas Ras Shamra del norte
de Siria (1400 a.C. aprox.), y las cartas de Tell el-Amarna en
Egipto (1400-1360 a.c. aprox.). La dicción de estas cartas tiene
estrechos vínculos con el mensaje oral, ya que los mensajeros
las leían en voz alta a los destinatarios. Pero las tradiciones
epistolares del antiguo Cercano Oriente que vienen más al caso
para entender las primitivas cartas cristianas, son aquellas que
se conservan en arameo, hebreo y griego.

Cartas Arameas

Las cartas arameas son importantes porque el arameo se usó


ampliamente en la diplomacia y el comercio desde el siglo oc-
tavo a.C. hasta el período helenístico (336-331 a.C.), cuando
de forma paulatina fue sustituido por el griego. Más de 120
cartas arameas se han preservado en papiro, pergamino y óstrak:a
228 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

(trozos de cerámica rota), casi todas del siglo quinto o cuarto,


a.C. Entre éstas hay varias cartas insertadas en porciones ara-,
meas del Antiguo Testamento (cuatro en Esdras 4:8-6:18; 7:12<
26; dos en Daniel 2:4b-7:28), y en la literatura rabínica. Casi'
todas las cartas arameas son privadas u oficiales: Muy pocas
son cartas literarias como Dan. 4: 1-37 y 6:25-27, escritas para'
publicación. :
Joseph Fitzmyer ha propuesto un esquema de cinco partes
de la carta aramea: (1) sobrescrito, (2) saludo inicial, (3) saludos
secundarios, (4) parte principal, (5) frase de conclusión. El
sobrescrito de las cartas arameas presenta cinco modelos dife-
rentes: (a) «A Y, de su sirviente/hermano/hijo X, [saludos]»
(e.g., Esdras 4:11-16); (b) «A Y de X, [saludos]»; (c) «De X
a Y, [saludos]»; (d) «X a Y, [saludos]» (e.g. Esdras 7:12-26);
y (e) «A Y, [saludos]» (e.g., Esdras 4:17-22; 5:7-17). En al-
gunas cartas de papiro el sobrescrito empieza con «Saludos al
Templo Y», una aparente invocación a la deidad del lugar al
que se dirige. El saludo inicial se omitía a veces en la corres-
pondencia oficial. El saludo adopta dos formas: la fórmula sha-
lom («paz», «saludos») y la fórmula berakah («bendecir»). Los
saludos secundarios (transmitidos por el escritor para otros) se
encuentran de vez en cuando. Un ejemplo de una carta aramea
es ésta de Bar Kosiba (Bar Kochba), escrita hacia 132-135 d.C.
(Yadin, p. 126):

Carta de Shimeon Bar Kosiba, [paz!


A Yehonathan hijo de Be'aya [ordeno] que
todo aquello que Eliseo
Te diga que hagas en su favor y le ayudes
así como a aquellos que están con él.
Que estés bien.

Cartas Hebreas

Las cartas hebreas incluye 48 cartas documentales, casi todas


escritas en óstraka (y por lo tanto, muy breves) del 630-586
a. C. Las únicas cartas existentes en hebreo del período romano
son cinco de las quince cartas de Bar Kosiba (132-135 d.C.; de
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 229

las otras, ocho están en arameo y dos en griego). Todas son de


papiro excepto una en arameo escrita en una tablilla de madera.
Además hay muchas cartas insertadas en el Antiguo Testamento.
Las cartas griegas que más hacen al caso aquí son las que fueron
escritas por judíos en griego ( como las dos cartas griegas de Bar
Kosiba) y las que están insertadas en la literatura narrativa griega
que son, o bien traducciones de cartas hebreas o arameas, o
·~..........•..
pretenden serlo. Algunas de estas cartas son eco de los con-
vencionalismos epistolares del judaísmo helenístico, de gran
importancia por la potencial influencia en la composición cris-
tiana de cartas.
De acuerdo con el análisis de Dennis Pardee (1982), las
cuarenta y ocho cartas documentales hebreas existentes presen-
tan los siguientes rasgos convencionales: (1) el tratamiento (que
puede duplicarse como saludo con nombre y epíteto del remi-
tente, pero sólo rara vez el nombre y epíteto del receptor); (2)
saludos (que pueden ser parte del tratamiento, aparecen aún
cuando no exista tratamiento, o pueden omitirse); (3) fórmula
de transición a la parte principal; (4) saludo final: shalom (sólo
en las cartas de Bar Kosiba). No existen saludos finales, fechas
o firmas antes del tiempo de Bar Kosiba (132-135 d.C.). Al-
gunos de estos elementos requieren comentario: (1) el sobres-
crito en las cartas contiene una dirección (remitente y receptor)
y una fórmula de saludo inicial. El tratamiento en las cartas
hebreas del 630 al 586 a.C. presenta generalmente una de dos
formas: (a) «A Y [ +epíteto o título], saludos», o (b) «De X a
Y, [saludos]». Sólo cuatro cartas hebreas antes de 135 d.C.
contienen el nombre del remitente ( el mensajero que lleva el
ostracon transmitiría la información). Las cartas de Bar Kosiba
presentan una fórmula inicial diferente: «De X a Y [ +epíteto o
título], saludos [shalom]». Tanto el nombre del remitente como
el del receptor son parte de frases preposicionales que usan la
fórmula mn- ... l- («de ... a»). (2) La palabra exclusiva de saludo
inicial en todas las cartas de Bar Kosiba es el término shalom
(«paz», «saludos»). (3) La transición del sobrescrito a la parte
principal de la carta se marca generalmente por una palabra
especial que puede ser traducida por «y ahora,» o «ahora», o
en las cartas de Bar Kosiba, «que».
230 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Un ejemplo posterior de carta hebrea es esta carta de Bar


Kosiba (Yadin, p. 133):

De Shimeon bar Kosiba a los hombres de En-Gedi A Massabala


y a Yehonathan bar Be'ayan, paz. Cómodamente os sentáis,
coméis y bebéis en la prosperidad de la Casa de Israel, y nada
os importan los hermanos.

También existen trece cartas o porciones de cartas en hebreo


mishnaico intercaladas en literatura tanaítica ( que se establece
en el siglo primero d.C.). He aquí una de las varias cartas de
Gamaliel (Pardee, 1982, p. 187):

De Simeon b. Gamaliel y de Yohanan b. Zakkai a nuestros


hermanos en la Alta y Baja Galilea y a Simonía y a Obed Bet
Hillel: ¡Bienestar! [shalom]. Que sepáis que el cuarto año [del
ciclo septenial] ya está aquí. Pero hasta ahora los objetos sa-
grados no han sido trasladados. Ahora pues, traed con presteza
montones de olivos pues éstos impiden la Confesión. Tampoco
somos nosotros quienes empezamos a escribiros. Han sido más
bien nuestros ancestos que acostumbraban escribir a los vues-
tros.

El modelo «De X a Y, ¡ bienestar! [~halom]» se halla también


en las cartas hebreas de Bar Kosiba. Esta y las otras dos cartas
arameas de Gamaliel son encíclicas escritas para asegurar un
correcto cumplimiento del diezmo. ··
En el Antiguo Testamento hebreo se hallan insertadas once
cartas en la literatura narrativa. Se han eliminado todas las fór-
mulas iniciales (no se usaron las fórmulas finales hasta el período
romano), dejando solamente la parte principal o un resumen de
la carta original. Un fragmento de la carta más antigua del
Antiguo Testamento es la única frase citada de una carta de
David a Joab sobre Drías (2 Sam. 11:15). (Para otros ejemplos,
véase 1 Reyes 21:8-10; 2 Reyes 5:5-6; 10:1-3, 6; 19:10-13 [=Is.
37:10-13]; Jer. 29:4-23, 26-28; Ne. 6:6-7; 2 Cron. 2:10-15;
21:12-15). De manera similar la Carta apócrifa de Baruc (al
final de 2 Baruc) tiene comienzo y final epistolar. Es una carta
festiva falsificada, parecida a las existentes en Ester 9:20-32
(Purim) y 2 Macabeos 1:1-2:18 (Hanukkah).
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 231
:' '

1ir.
Cartas Judías Helenísticas ,i ¡·'
(r
,¡i.
La Septuaginta (traducción griega de la biblia Hebrea) abarca i¡ ~
una serie de escritos religiosos judíos colectivamente designados IH
como «Apócrifos» (algunos de los cuales se incluyen en el
Antiguo Testamento de la Ortodoxia Oriental y el Catolicismo
Romano). Los Apócrifos y los «Seudoapócrifos» (documentos
:a
; l
escritos bajo un seudónimo) contienen muchas cartas insertadas
que presentan una gran variedad. Algunas fueron simplemente
traducidas del hebreo o arameo al griego. Otras (algunas autén-
ticas, otras falsas) fueron escritas originalmente en griego y
reflejan una variedad de convencionalismos y funciones epis-
tolares.
El libro primero de Macabeos, originalmente escrito en he-
breo, contiene doce cartas oficiales, dos de las cuales se atri-
buyen a judíos. Una es de un grupo de judíos sitiados a Judas
y sus hermanos (1 Mac. 5:10-13), y otra de Jonatán a los Es-
partanos (12:6-18). El sobrescrito de esta última dice: «Jonatán
el sumo sacerdote, el senado de la nación, los sacerdotes y el
l
resto del pueblo judío a sus hermanos Espartanos, saludos». ; •• J.
• i
Este es un sobrescrito típicamente griego. Ninguna de estas
cartas termina con una fórmula epistolar.
El libro segundo de Macabeos, una obra griega anónima
extractada y embellecida por Jason de Cirene, contiene la in-
serción de siete cartas, dos de las cuales son judías (2 Mac. 1:1-
9; 1:10-2:18). La primera es una carta festiva judía auténtica, 11:

originalmente en hebreo o arameo, con un sobrescrito en un


conveniente estilo epistolar hebreo: «A los hermanos judíos que
viven en Egipto, les saludan sus hermanos judíos que están en
Jerusalén y en la región de Judea, deseándoles una paz dichosa»
(1: 1). El sobrescrito va seguido de una oración que viene par-
ticularmente al caso para entender la acción de gracias de las
cartas paulinas:

Que Dios os llene de bienes y recuerde su alianza con Abraham,


Isaac y Jacob, sus fieles servidores. Que a todos os dé un corazón
para adorarle y cumplir su voluntad con corazón grande y ánimo
generoso. Que abra vuestro corazón a su ley y a sus preceptos,
y os otorgue la paz. Que escuche vuestras súplicas, se reconcilie
232 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

con vosotros, y no os abandone en tiempos de desgracia. Esto


es lo que estamos ahora pidiendo por vosotros.

La segunda carta, que se encuentra en 1:10-2:18, es falsa.


Tiene un típico sobrescrito griego: «X [nominativo] a Y [dativo].
saludos [ =fórmula de salud]». Esta carta viene también al caso
en el estudio de las cartas paulinas porque contiene una oración
de acción de gracias inmediatamente después del sobrescrito,
que es un estrecho paralelo de la acción de gracias paulina (1: 11 ):
«Salvados por Dios de grandes peligros, le damos rendidas gra-
cias [ eucharistoumen], como a quien nos ha guiado en la batalla
contra el rey».
La llamada Carta de Aristeas, escrita aprox. 100 a.c. (que,
a pesar de su título tradicional, no es una carta), contiene tres
cartas (29-32, 35-40, 41-46). Sólo la tercera es judía, aunque
su forma es completamente helenística: «Eleazar el Sumo Sacer-
dote a su verdadero amigo el Rey Tolomeo, saludos. Bienestar
a Vos y a la Reina Arsinoe vuestra hermana, y a los niños; que
todo os sea propicio como deseamos; también nosotros estamos
en buena salud». El saludo final es «adiós» terrosor.
El primer libro de Esdras (*) contiene versiones de cuatro
cartas (de las que ninguna es judía) citadas en forma ligeramente
distinta en Esdras: (1) 1 Esdras 2: 17-24 (LXX 2:13-18), que
presenta una mayor conformidad con la característica forma
epistolar aramea que su paralelo en Esdras 4: 11-16; (2) 1 Esdras
2:26-29 (LXX 2:20-24), paralelo a Esdras 4:17-22; (3) 1 Esdras
6:7-22, interesante porque muestra que jairein puede traducir
slm: «Al rey Darlo, saludos Uairein]; paralelo a Esdras 5:7-17:
«A Darío el rey, paz [shelama]»; (4) 1 Esdras 8:9-24 (=Esdras
7:12-26; aquí Esdras es más semítico, ya que el comienzo del
cuerpo es introducido con «y ahora»; los «saludos» Uairein] en
1 Esdras 8:9 no tiene equivalente en el Esdras hebreo).
En la Septuaginta, la forma expandida de Ester contiene dos
cartas: 3:13a-g; 8:12a-x. Ambas son cartas oficiales del rey persa

(*) N. del T.: Al citar 1 Esdras se hace referencia al libro apócrifo griego
que con esta denominación aparece en La Biblia de los Setenta (LXX =
Septuaginta), mientras que 2 Esdras incluye los libros de Esdras y Nehemías
reunidos.
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 233

Artajerjes. Los Paralipómenos de Jeremías (hacia 125 d.C.)


contienen una carta profética de Baruca Jeremías (6.19-25). El
sobrescrito y la plegaria inicial son notables (mi trad.):

Baruc, el siervo de Dios, escribe a Jeremías en la cautividad de


Babilonia: Regocíjate Uaire] y tendrás alegría en abundancia,
ya que Dios no nos ha permitido abandonar este cuerpo afli-
giéndonos por la ciudad que fue devastada y ultrajada.

Aunque no es un paralelo exacto a la acción de gracias


paulina, es muy parecido. La carta no tiene fórmulas finales.
Intimamente relacionada es la apócrifa Carta de Jeremías (hacia
el siglo segundo a.C.), supuestamente una copia de una carta
que Jeremías envió a los exiliados babilonios «para darles el
mensaje que Dios le había ordenado» (prefacio). Ni la fórmula
inicial ni la final son parte del texto. La Carta de Jeremías tiene
la característica de ser una de las pocas cartas literarias preser-
vadas de forma independiente de la inserción narrativa. Final-
mente, 1 Enoch 91-108 ha sido calificada como «La Carta de
Enoch» por la firma hallada en la versión griega ( confirmada
por una referencia interna a «esta carta» en 100.6). Toda la
sección está en la forma de un testamento final (y por tanto
comparable a 2 Pedro). Más recientemente se ha propuesto en
base a los fragmentos arameos que la carta se limita a 1 Enoch
92.1-93.2. Sin embargo, ninguna de las dos unidades textuales
se caracteriza por las formas epistolares.
La siguiente es una traducción de una de las dos cartas
griegas de Bar Kosiba (Yadin, p. 132):

Ailianos a Y onanthes el hermano, saludos Uairein]. Simon Kho-


siba me ha escrito que debes enviarme el. .. para las necesidades
de los hermanos ... [Ailia]nos. Que estés bien, hermano mío
ferroso adelphe].

Cincuenta y tres cartas de papiro griegas escritas por o sobre


judíos en el Egipto greco-romano (a partir del siglo tercero a.C.
hasta el período bizantino) se hallan reunidas en el Corpus Papy-
rorum Judaicarum (que incluyen trece peticiones). La mayor
parte de estas cartas reflejan las formas y temas característicos
de las cartas de papiro paganas. El sobrescrito contiene por lo
234 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

general el modelo «X a Y, saludos» (CPJ, nºs. 4-6, 135,424.


436, 439, 444). Algunas de las cartas contienen interesantes
rasgos (CPJ mº 4; 257 a.C.):

Tobías a Apolonio, saludos. Si tú y todos tus asuntos son flo-


recientes y todo lo demás es como tú lo deseas, ¡ muchas gracias
a los dioses! Yo también he estado bien, y he pensado en tí todo
el tiempo, como era lo correcto.

La frase «muchas gracias a los dioses» es sorprendente en


una carta judía. Esta fórmula acostumbrada se halla también en
la primera línea de una carta falsa atribuída a Periandro: «Mu-
chas gracias a Apolo Pitio» (Diógenes Laercio 1.99).
Josefo también incluye muchas cartas en sus obras históricas.
Los mensajes intercambiados por Salomón e Hiram ( 1 Reyes
5:1-9) se transforman en cartas en Arq. 8.50-54, la primera con
un período de acción de gracias (8.52). Eupolemo rehace estas
cartas (añadiendo algunas) en otras aún más típicamente hele-
nísticas, aunque la bendición (Eusebio, Preparación para el
Evangelio 9.34) se deriva de 1 Reyes 5:7 (=2 Cron. 2:12).
Arqueología Judía 16.166-173 contiene cinco cartas. Dos son
del rey judío Agripa, y tres de oficiales romanos. Todas tienen
el sobrescrito griego característico «X a Y, saludos»; ninguna
tiene fórmula final. En Arqueología Judía 17.134-139, Josefo
cita tres cartas judías, una sin sobrescrito, dos con el modelo
«X a Y» (sin salutación), ninguna con fórmulas finales.

Resumen

En contraste con la gran cantidad y variedad de cartas griegas


y latinas de la antigüedad, muy pocas cartas documentales cla-
ramente judías (en arameo, hebreo o griego) han sobrevivido.
Un número relativamente elevado de cartas fue insertado en
narrativas escritas en griego (o traducidas al griego) por judíos
helenísticos. Casi todas estas cartas presentan convencionalis-
mos epistolares helenísticos.
En el siguiente capítulo resultará evidente que también las
primitivas cartas cristianas se debieron en mayor medida a los
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 235

convencionalismos epistolares helenísticos que a los orientales.


A pesar de todo, un tipo importante de carta judía, la encíclica,
tuvo una considerable influencia en la epistolografía cristiana
primitiva. Tales cartas eran llevadas por emisarios (saliahim) y
eran un importante medio por el que las autoridades judías en
Palestina se comunicaban con las comunidades de la Diáspora
(cf. Hch. 9:1; 28:21). Las encíclicas se usaban para gran can-
tidad de fines administrativos, entre los cuales estaban la re-
gulación de la observancia del día santo. Los mensajeros eran
enviados desde Palestina con cartas anunciando la aparición de
la Luna Nueva en seis meses festivos importantes con el pro-
pósito de que los días festivos fuesen determinados con exactitud
(M. Rosh Ha-Shanah 1.3-4; 2.2). Los textos de algunas de estas
cartas han sido preservados en T. Sanhedrin 2:6. También eran
comunes las cartas festivas más generales alentando la obser-
vancia de diversos días santos (2 Mac. 1:1-10; 1:11-2:18; Ester
9:20-32).

Para un estudio posterior

Sobre Cartas Antiguas en General: J. Schneider, «Brief»,


RAC II (1954), cols. 563-585; l. Sukutris, «Epistolographie»,
RE, vol. supl. V (1931), pp. 210s. La única y mejor introducción
a las cartas greco-romanas, con muchas cartas antiguas entra-
ducción y numerosas observaciones sobre las cartas primitivas
cristianas, es de Stanley K. Stowers, Composición de Cartas
en la Antigüedad Greco-Romana (Westminster Press, 1986).
Varios importantes ensayos se encuentran en John L. White,
Estudios sobre la Antigua Composición de Cartas, Semeia 22
(1981).
Sobre las Cartas de Papiro Greco-Egipcias: La mejor y
más reciente introducción a las cartas documentales de papiro,
incluyendo muchas traducciones, es de John L. White, Luz de
las Cartas Antiguas (Fortress Press, 1986). También importante
es ídem, El Cuerpo de la Carta Griega, Serie de Disertaciones
SBL, 2, 2ª edición (Scholars Press, 1972). Indispensable para
identificar las colecciones de papiros publicados es la obra de
J.F. Oates, R.S. Bagnall, W.H. Willis y K.A. Worp, Listas de
236 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Ediciones de Papiros y Óstraka Griegos, 3ª ed., Boletín de la


Sociedad Americana de Papirólogos, Supl. 4 (Scholar Press,.
1985). Todavía indispensable es la obra de F. J. Exler, La Forma
de la Carta Griega Antigua: Un Estudio sobre Epistolografia
Griega (Catholic University of America, 1923). Los estudios·
clásicos sobre el tema son los de Adolf Deissmann: Estudios
Bíblicos, tr. por A. Grieve (Edinburgh: T. & T. Clark, 1901),
en especial pp. 3-59, y Luz del Antiguo Oriente, tr. por L.R.M.
Strachan (London: Hodder & Stoughton, 1927), pp. 143-246.
En relación con muchas de las cartas griegas, con traducciones,
véase la obra de A.S. Hunt y C.C. Edgar, Papiros Selectos, 2
vols. (Harvard University Press, 1932-34). Ver también de Clin-
ton W. Keyes, «La Carta Griega de Presentación», RAF 56
(1935), 28-44, y Chan-Hie Kim, La Carta Familiar de Reco-
mendación (Scholars Press, 1972).
Sobre Cartas Oficiales: Robert K. Sherk, Documentos Ro-
manos del Este de Grecia: Senatus Consulta y Epistulae hasta
la Era de Augusto (Johns Hopkins Press, 1969); C. Bradford
Welles, Correspondencia Real en el Período Helenístico (Yale
University Press, 1934).
Sobre las Cartas Literarias Greco-Romanas: La colección
más amplia de textos sigue siendo Epistolographi Graeci, de
Rudolf Hercher (Paris: Didot, 1873). Dos importantes análisis
formales son de Heikki Koskenniemi, Studien zur Idee und
Phraseologie des griechischen Briefes bis400 n. Chr. (Helsinki:
Akateeminen Kirjakauppa, 1956), y Grundzüge griechisch-ro-
mischer Brieftopik, de Klaus Thraede (Munich: C.H. Beck,
1970). Un estudio común de las cartas literarias romanas, aunque
se omite a Séneca, es Der Brief in der romischen Literatur, de
Hermann Peter (Leipzig: Teubner, 1901). Sobre la teoría epis-
tolar antigua, con textos traducidos, y un prefacio en forma de
estudio, es «Teóricos Epistolares Antiguos» de Abraham J. Mal-
herbe, Revista de Estudios Religiosos de Ohio 5 (1977). 3-77.
Cartas de Recomendación: Para el entorno social, véase Patro-
cinio Personal Bajo el Antiguo Imperio de Richard P. Saller
(Cambridge: University Press, 1982); de Hannah Cotton, Cartas
Documentales de Recomendación en Latín del Imperio Romano
(Kónigstein: Rain, 1981); Clinton W. Keyes, «La Carta Griega
de Presentación» RAF 56 (1935), 28-44; Chan-Hie Kim, La
LAS CARTAS EN EL MUNDO ANTIGUO 237

Carta Familiar de Recomendación (Scholars Press, 1972). Car-


tas Cinicas: Harold W. Attridge, Cinismo del Quinto Siglo en
las Epístolas de Heráclito (Scholars Press, 1976); Abraham J.
Malherbe, Epístolas Cínicas (Scholars Press, 1977). Demóste-
nes: Jonathan A. Goldstein, Las Cartas de Demóstenes (Co-
lumbia University Press, 1968). Hipócrates: A. E. Hanson,
«Papiros de Contenido Médico» en Papirologia, rev. por Naph-
tali Lewis, Yale Classical Studies, Cambridge: University Press,
1985), pp. 25-47; O. Philippson, «Verfasser und Abfassungszeit
der sogennannten Hippokratesbriefe», Rheinisches Museum 77
(1928), 293; Dimitrios T. Sakalis, «Beitráge zu den Pseudo-
Hippokratischen Briefen», Formes de pensée dans la collection
Hippocratique, rev. por F. Lasserre y P. Mudry (Geneva: Li-
brairie Droz, 1983), pp. 499-514. Horacio: W. Allen et al.,
«El Primer Libro de Horacio de Epístolas como Cartas», Clas-
sical Journal 68 (1972-73), 119-133. Libanio: J. H. W. G.
Liebeschuetz, Antioquia: Ciudad y Administración Imperial en
el Imperio Romano Tardío (Oxford: Clarendon Press, 1972),
pp. 17-23; O. Seeck, Die Briefe des Libanius zeitlich geordnet.
Texte und Untersuchungen, 15 (1906). Plinio : A.N. Sherwin-
White, Las Cartas de Plinio: Un Comentario Histórico y Social
(Oxford Clarendon Press, 1966). H. W. Traub, «Tratamiento
de la Historia en Forma Epistolar de Plinio», AAFA 86 (1955),
213-232. Pitágoras y los Pitagóricos : Alfons Staedele, Die
Briefe des Pythagoras und der Pythagoreer (Meisenheim: Ver-
lag Anton Rain, 1980). Séneca: Hildegard Cancik, Untersu-
chungen zu Seneca Epistulae Morales (Hildesheim: Georg Olms
· Verlag, 1967).
Sobre Cartas y Retórica: Abraham J. Malherbe, «Teóricos
Epistolares Antiguos», Revista de Estudios Religiosos de Ohio
5 ( 1977). 3- 77. Educación Antigua: S. F. Bonner, La Educación
en laAntiguaRoma (University ofCalifomiaPress, 1977); A.D.
Booth, «Educación Elemental y Secundaria en el Imperio Ro-
mano», Florilegium 1 (1979), 1-14; idem, «La Escolarización
de Esclavos en la Roma del Siglo Primero», AAFA 109 (1979),
11-19; M.L. Clarke, Educación Superior en el Mundo Antiguo
(London: Routledge & Kegan Paul, 1971); R.A. Kaster, «Notas
sobre Escuelas 'Primaria y Secundaria en la Reciente Antigue-
dad», AAFA 113 (1983), 323-346.
238 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Sobre Cartas Arameas e Israelo-Judías: A. Cowley, Pa~


piros Arameos del Siglo Quinto A.C. (Oxford: Clarendon Press,
1923), contiene los textos y traducciones de 25 cartas arameas)
Ver también de Joseph A. Fitzmyer, · «Algunos Comentarios
sobre Epistolografia Aramea» RLB 93 (1974), 201-225. Para
una extensa bibliografía y textos y traducciones de las cartas .
existentes, junto con un comentario, véase de Dennis Pardee,
Manual de Cartas Hebreas Antiguas (Scholars Press, 1982), y
su anterior artículo «Una Perspectiva General de la Epistolo-
grafia Hebrea Antigua», RLB 97 (1978), 321-346. Ver también
de Yigael Yadin, Bar Kokhba (Random House, 1971). Cartas
Judías Helenísticas: V. A. Tcherikover, A. Fuks, y M. Stem,
Corpus Papyrorum Judaicarum, 3 vols. (Harvard University
Press, 1957-64).
6
Cartas y Homilías Cristianas
Primitivas

Desde Adolf Deissmann, la investigación sobre las cartas


greco- romanas ha tomado tres vías diferentes: el análisis lite-
rario formal, el análisis temático y el análisis retórico, estu-
diado cada uno en detalle en el capítulo 5. Además, los eruditos
del Nuevo Testamento han empleado otro método, la crítica de
forma, aplicada por primera vez a los Evangelios Sinópticos
para identificar y analizar diversos tipos de formas tradicionales
fijas, tanto orales como escritas, que se han preservado en las
cartas y homilías cristianas. En este capítulo, cada uno de estos
enfoques será aplicado a la literatura epistolar y homilética del
Nuevo Testamento y los Padres Apostólicos.

Análisis Literario Formal


. Los rasgos formulares de las antiguas cartas (en particular
las cartas documentales de papiro) se han analizado exhausti-
vamente en comparación con las cartas del Nuevo Testamento.
Se ha avanzado enormemente no sólo respecto a las fórmulas
iniciales y finales, sino también en materia de formas epistolares,
que tienden a ser encontradas al principio y final del cuerpo o
sección central de las cartas antiguas. Sin embargo existen li-
mitaciones en este enfoque, ya que el análisis de la sección
central de las primitivas cartas cristianas sigue siendo proble-
mático.

Fórmulas Estructurales
Puesto que las cartas paulinas son las cartas cristianas más
antiguas y complejas, los convencionalismos epistolares halla-
dos en ellas pueden proporcionar un sistema para estudiar las
240 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

fórmulas epistolares cristianas. Estas cartas, como muchas cartas


antiguas, consisten en tres elementos básicos: las fórmulas ini-
cial y final y la sección central de la carta que encierran. En
gran parte de las cartas paulinas, cada uno de los ·elementos
básicos del sobrescrito epistolar ·se han· amplificado de manera
característica. El cuerpo consta de la sección central, que a
menudo se cierra con planes de viaje y exhortación. El
incluye doxología, saludos y bendición. Muchos de estos rasgos
se derivan de convencionalismos epistolares greco-romanos o
judíos.

Fórmulas Iniciales

La apertura formular de las cartas paulinas la constituyen


dos elementos básicos: el sobrescrito (título o remitente, ads-
cripción o destinatario, y salutación) y la acción de gracias.
En los títulos, Pablo se identifica generalmente con epítetos
como «apóstol» y «siervo» (excepto en 1 y 2 Tes.). Gran parte
de las cartas de Pablo mencionan a co-remitentes; Romanos,
Efesios y las Pastorales son excepciones. En todas se identifica
como apóstol, salvo en cuatro (Filipenses, 1-2 Tesalonicenses,
Filemón). El término «siervo» se usa en combinación con «após-
tol» (Tito 1: 1; cf. 2 Pedro 1: 1) o bien solo (Fil. 1: 1; cf. Santiago
1:1; Judas 1), y el término «prisionero» se usa una vez (Filemón
1). Tres veces se identifica Pablo con la frase «U!} apóstol de
Cristo, Jesús por voluntad de Dios» (2 Cor. 1: 1; Ef. 1: 1; Col.
1: 1). Este se amplía en 2 Timoteo l: 1: «Para anunciar la promesa
de vida que está en Cristo Jesús». Entre las cartas auténticas
destacan como características Gálatas, y en particular Romanos,
con frases excepcionalmente extensas que describen su condi-
ción (Gál. 1:1-2a; Rom. 1:1-6), porque su status era polémico
para los Gálatas y desconocido para los romanos. En las epis-
tulae diplomáticas romanas, el remitente se identificaba gene-
ralmente con títulos apropiados, subrayando su carácter oficial.
Las cartas oficiales enviadas por emperadores romanos conte- c
nían impresionantes retahílas de títulos imperiales. De forma e
semejante, el uso de epítetos en las primitivas cartas cristianas D
sugiere su función como correspondencia «oficial». y
a
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 241

Todas las cartas paulinas, excepto las Pastorales, tienen sa-


lutaciones parecidas, halladas en la forma más simple en las
cartas más antiguas de Pablo: «A vosotros gracia y paz» (1 Tes.
1:1). Pablo pudo haber usado el término «gracia» (charis) como
un juego de palabras en los habituales «saludos» (jairein) epis-
tolares. El paralelo más cercano se encuentra en una carta seu-
diepigráfica atribuída a Baruc, originalmente escrita en hebreo
hacia el 100 d.C. (2 Baruc 78.2): «Misericordia y paz para tí».
El uso que hace Pablo de la palabra «paz» probablemente refleja
el saludo arameo y hebreo slm. En las cartas del Nuevo Tes-
tamento, la simple salutación jairein aparece sólo en Santiago
1: 1 y en dos cartas insertadas (Hch. 15:23; 23:26). La salutación
«a vosotros gracia y paz» fue ampliada haciendo explícita la
fuente (cf. Col. 1:2; «Gracia a vosotros y paz de parte de Dios
nuestro Padre») y fue posteriormente ampliada en las otras ocho
cartas a: «Gracia a tí y paz de parte de Dios nuestro/el Padre y
el/nuestro Señor Jesucristo». Gálatas 1:3-5 es singular, ya que
el saludo se extiende a una doxología.
La presencia de un verbo optativo en la salutación de 1-2
Pedro, Santiago, 1 Clemente, Filipenses de Policarpo, y el Mar-
tirio de Policarpo reflejan otro modelo distintivo: «A vosotros . .,, ...• ,. ···~·
gracia y paz abundantes» (1 Pedro 1:2; cf. 1 Clemente, prefacio).
Este modelo se amplía en 2 Pedro 1 :2 por el añadido «en el
conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor». Judas 2 (cf.
Policarpo, Filipenses, prefacio), es una variante de 1 Pedro: «A
vosotros misericordia, paz y amor abundantes». Un saludo pa-
recido aparece en tres cartas atribuídas a un Rabbi Gamaliel (¿I
ó Il?), escritas en arameo, posiblemente el lenguaje preferido
en la comunicación escrita en. la Diáspora oriental: «[Que tu
bienestar [selam] aumente!» (J. Sanh. 18d; B. Sanh. 18d; Tos.
Sanh. 2.6). Dos cartas de la sección aramea de Daniel tienen
la misma salutación (Dan. 3:31; 6:26). El texto griego teodo-
ciano de Daniel 4:1 y 6:26 («a vosotros paz abundante») es
verbalmente idéntica a 1 Pedro 1:2 (aunque falta el término
cristiano «gracia»). Además, las tres cartas de Gamaliel eran
encíclicas dirigidas a tres grupos regionales de judíos de la
Diáspora, los hermanos de la Alta y la Baja Galilea, del Alto
y Bajo Sur, y de Babilonia. Santiago, 1-2 Pedro, y Judas poseen
algunas de las características de éstas y otras cartas encíclicas
242 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

judías. La primera de Pedro está explícitamente dirigida «a los


exiliados de la dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia
y Bitinia», en tanto que Judas y Segunda de Pedro se dirigen a
todos los cristianos en general. Otra carta presentada como en-
cíclica ( dos copias fueron enviadas a diferentes grupos) es la
carta seudoepigráfica de Baruc a los hermanos en Babilonia y
a las nueve tribus y media, más allá del Eufrates (2 Baruc 77 .17-
19; 78.1-86.3).
Todas las cartas paulinas auténticas, salvo Gálatas y 2 Co-
rintios incluyen una oración de acción de gracias inmediatamente
después de la salutación (e.g., Rom. 1:8-17; 1 Cor. 1:4-9; Fil.
1:3-11). La segunda Corintios 1:3-7 tiene una bendición donde
debería estar una acción de gracias. Todas estas oraciones em-
piezan con la frase «Doy gracias a Dios siempre por vosotros»
(o su equivalente), usando el verbo griego eucharistein («dar
gracias») que rápidamente se convirtió en un término técnico
para la Cena del Señor (Ignacio, Efesios 13.1; Justino, 1 Apo-
logía 65-66). Las acciones de gracias en dos de las cartas Pas-
torales (1 Tim. 1:12-17; 2 Tim. 1:3-5) emplean un idioma en-
teramente distinto, y la oración en 1 Pedro 1:3-12 es realmente
una «alabanza» o bendición, puesto que empieza, igual que 2
Cor. 1:3-7, con el término eulogetás («alabado [sea]»). Efesios
1:3-14 es una «alabanza», seguida de una acción de gracias
(1:15-23).
La inclusión de una oración o una expresión religiosa o no
religiosa de gratitud después de la salutación tiene paralelos· en
las antiguas cartas. La fórmula proskynéma sigue a la salutación
en los papiros griegos a partir de comienzos del siglo primero
d.C. Plegarias parecidas se encuentran en la misma posiciónen
algunas cartas judías helenísticas (2 Mac. 1:1-9; 1:10-2:18, el
paralelo más cercano a la acción de gracias paulina; Paralipó-
menos de Jeremías 6.19-25). Los discursos empiezan ocasio-
nalmente con una expresión de gratitud (Dión Crisóstomo, Dis-
curso 48 .1, agradece al magistrado municipal que autorizó la
asamblea). Séneca empieza una carta expresando gratitud por
recibir cartas frecuentemente de un amigo (Epístolas Morales
40.1).
La cláusula de acción de gracias no es solamente ornamental.
A menudo elogia a los destinatarios, funcionando como un exor-
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 243

dio con objeto de asegurar su buena voluntad. Como tal es un


equivalente funcional de las secciones introductorias de las car-
tas oficiales que elogian a los. receptores'. La acción de gracias
paulina generalmente encapsula los temas principales de las
cartas, como las cláusulas. de acción de gracias en cartas de
papiro e introducciones de discursos. La extensión de la acción
de gracias refleja el grado de intimidad entre escritor y desti-
natarios. Las más extensas acciones de gracias de Filemón y 1
Tesalonicenses reflejan unas relaciones cordiales. Están ausentes
de Gálatas y 2 Corintios, lo que refleja unas relaciones tensas.

Fórmulas Finales

Las cartas de Pablo terminan siempre con una bendición


charis. Antes se encuentran con frecuencia diversas fórmulas
epistolares opcionales, en este orden: (1) deseo de paz, (2)
petición de oración, (3) saludos secundarios, (4) beso santo, (5)
saludo autografiado (varias posiciones).
Pablo sustituía las fórmulas habituales de saludos finales ,, ...•. ,, ......•
(erroso o errosthe) con una bendición charis («gracia»): «que
la gracia [ charis]... sea con vosotros», que caracteriza a todas
las cartas Paulinas, excepto Efesios (y sólo otras seis cartas
cristianas en todo el siglo sexto d.C.). Esta bendición siempre
aparece al final (excepto en 1 Cor. 16:23). La bendición contiene
tres elementos básicos: (a) «gracia», (b) la fuente divina de esa
gracia, y ( c) aquellos que se benefician de esa gracia. La ben-
dición de la carta más antigua de Pablo presenta el modelo
básico: «La gracia/ de nuestro Señor Jesucristo/ sea con voso-
tros» (1 Tes. 5:28; cf. Rorn. 6:20; 1 Cor. 16:23; 2 Cor. 13:14;
Gál. 6:18; Fil. 4:23; 2 Tes. 3:18; Filemón 25). Este modelo
paulino también se sigue en Apocalipsis 22:21 y 1 Clemente
65.2. Este último une la bendición a una doxología epistolar.
Solo dos elementos se encuentran en Colosenses y en varias
carias no-paulinas: «Que la gracia/ esté con vosotros» (seguida
de ligeras variaciones en 1 Tim. 6:21; 2 Tim. 4:22; Tito 3:15;
cf. Heb. 13:25). Una forma distinta de bendición termina Ber-
nabé 21.9: «Que seáis salvos, hijos del amor y de la paz. El
Señor de la gloria y toda gracia [estén] con vuestro espíritu».
244 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Un deseo de paz típicamente paulino se encuentra en Fil.


[Link] «y el Dios de la paz estará con vosotros». Esta fórmula se
encuentra cerca del final de todas las cartas paulinas, salvo 1
Corintios y Filemón.
Una petición de oración se hace de vez en cuando al final
de las cartas paulinas y deutero-paulinas (Rom. 15:30-33; 1 Tes.
5:25; 2 Tes. 3:1; Col. 4:3; Ef. 6:18-20; cf. Heb. 13:18).
Las salutaciones secundarias (transmitidas a los receptores
por el autor de parte de otros) se encuentran frecuentemente al
final de las cartas helenísticas después del siglo primero a.C.,
usando la fórmula aspazesthai ( «enviar saludos a»). Las pri-
mitivas cartas cristianas usan a menudo esta forma, e.g., File-
món 23-24: «Te saludan [aspazetai] Epafras, mi compañero de
cautiverio en Cristo Jesús, Marcos, Aristarco, Demas y Locas,
mis colaboradores». Las salutaciones secundarias aparecen en
toda carta paulina auténtica excepto Gálatas; están ausentes de
la dudosa 2 Tesalonicenses y de las deutero-paulinas Efesios y
1 Timoteo. La sección más extensa de salutación secundaria se
encuentra en Rom. 16:3-16 (se saluda a veintiséis personas); la
más breve es 2 Cor. [Link] «Todos los santos os saludan». Entre
las cartas no-paulinas del Nuevo Testamento, las salutaciones
secundarias finales aparecen en Heb. 13:23-24; 1 Pedro 5:13-
14; 2 Juan 13; 3 Juan 15.
Varias veces, a los receptores de las cartas paulinas se les
pide que se saluden con el «beso santo» (Rom. 16:16, 1 Cor.
16:20; 2 Cor. 3:12; 1 Tes. 5:26). Este saludo exclusivamente
cristiano, que en otras partes aparece sólo en 1 Pedro 5:14, es
quizás simplemente una representación de los saludos de Pablo
a cada uno de ellos. La práctica es más tarde confirmada como
parte de la liturgia primitiva cristiana (Justino, 1 Apología 65;
Tertuliano, Sobre la Oración 14); Cuando Ignacio dice «el amor
de X te saluda» (Trallianos 13. l;Romanos9.3;Filadelfos 11.2),
puede estar aludiendo a esta costumbre.
Un «saludo autografiado» personal se encuentra al final de
cinco de las cartas de Pablo (1 Cor. 16:21; 2 Tes. 3:17; Col.
4:18; Gál. 6:11; Filemón 19), e.g., 1 Cor. [Link] «Yo, Pablo,
escribo este saludo con mi propia mano». En muchas cartas de
papiro el saludo final hace con una escritura manual distinta a
la del resto de la carta, lo que sugiere que fue añadido por el
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 245

autor (para distinguirlo del escriba). Incluso las cartas literarias


reflejan esta práctica (Cicerón, A Atico 12:32; 13:28; 14:21).
La afirmación de Pablo en 2 Tes. 3: 17 sugiere que regularmente
hacía uso de un secretario (cf. Rom. 16:22).

La Sección Central

La sección central ( o cuerpo) de la carta es la parte que


contiene la información que constituye el propósito por el que
la carta fue escrita. También es la sección que se ha mostrado
más resistente al análisis formal. La sección central de las cartas
antiguas también contiene frases y sentimientos formulares, al-
gunas de las cuales aparecen hacia el comienzo (transiciones de
la sección inicial a la central) y otras hacia el final (transiciones
de la parte principal a la final). Aquí estudiaremos cinco tipos
diferentes de material encontrado en las secciones centrales de
las cartas cristianas primitivas: (1) fórmulas internas de transi-
ción, (2) topoi epistolares, (3) frases autobiográficas, (4) planes
de viaje, y (5) parenesis concluyente.

Fórmulas internas de Transición

Los cuerpos de dos de las cartas de Pablo empiezan con una


fórmula declaratoria «Quiero que sepáis, hermanos» (Gál. 1: 11;
Fil. 1:12), otras dos empiezan con una frase conexa «Yo/No-
sotros no queremos que ignoréis» (Rom. 1:13; 2 Cor. 1:8).
Ambas frases pueden aparecer en las cartas como una manera
de iniciar la discusión de un punto importante (1 Cor. 123; 15: 1;
1 Cor. 10:1; 12:1; 1 Tes. 4:13).
Carl Bjerkelund ha mostrado que las frases que empiezan
con «Os ruego fparakalo] a vosotros (hermanos)», o «Os suplico
[eroto] a vosotros (hermanos)», constituye una fórmula epistolar
fija de origen griego que se encuentra en cartas privadas y
oficiales de la antiguedad. Aparece diecinueve veces en Pablo
(e.g. Rom. 15:30; 16:17; 1 Cor. 4:16; 16:15); el ejemplo más
revelador es Filemón 8-10, en la que Pablo subraya el hecho
de que él ruega a Filemón, más que ordenarle, i.e., escribe en
246 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

una forma amistosa más que autoritaria. Estas frases tienen una
función transicional indicando un cambio de tema y a menudo
revelan el propósito principal de la carta (2 Tes. 2: 1; 1 Cor.
1:10; 1 Tes. 4:1-2, lüb-12). Los paralelos más cercanos se
encuentran en la correspondencia diplomática de los reyes he-
lenísticos, en la que las frases parakalo subrayan la dimensión
amistosa, personal de la relación entre el rey y sus súbditos.
Aunque la fórmula puede introducir una parenesis (Rom. 12:1;
1 Tes. 5:12, 14), sigue siendo transicional, no relacionada con
la parenesis en sí.
Lafórmula de confianza, que contiene expresiones de con-
fianza, aparece varias veces en Pablo (Rom. 15:14; 2 Cor. 7:4,
16; 9:1-2; Gál. 5:10; 2 Tes. 3:4; Filemón 21). La segunda Co-
rintios 7:16 es característica: «Me alegro de poder confiar to-
talmente en vosotros». Stanley Olson encuentra cuatro variantes
en estas expresiones de confianza, las cuales tienen paralelos
en las antiguas cartas de papiro: (1) confianza en la conformidad
del receptor (Gál. 5:10; 2 Tes. 3:4; Filemón 21); (2) petición
basada en la confianza (2 Cor. 9:2); (3) confianza fingida como
excusa para hacer una petición (Rom. 15:14; 2 Cor. 9:1-2); y
(4) expresión de confianza como una petición amable (Rom.
15:24).

Topoi Epistolares

Un tema importante pero descuidado es la identificación y


estudio comparativo de los topoi epistolares, i.e., temas y asun-
tos constitutivos empleados en las cartas antiguas. Una com-
paración entre las cartas no literarias de papiro y las cartas
cristianas primitivas revela que comparten una serie de temas
epistolares comunes y asuntos constitutivos. Entre los topoi más
usuales están: (1) la escritura de cartas (Rom. 15:14; 1 Cor.
4:14; 5:9; 7:1; Filemón 21); (2) la salud (2 Cor. 1:8-11; Fil.
2:25-30; 3 Juan 2); (3) negocios (1 Cor. 16:1-4; 2 Cor. 9:1-5;
Fil. 4:14- 18); (4) hechos domésticos (1 Cor. 5:1-6:11; Fil. 2:25-
30; 4:2-4, 14-18); (5) reunión con el (los) destinatario(s) (Rom.
15:14-33; Fil. 3:19-24; 1 Tes. 2:17-3:13; 2 Jn. 12; 3 Jn. 13-
14), y (6) asuntos de gobierno (Rom. 13:1-7; Tito 3:1-2; 1 Pedro
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 24 7

2: 13-17). Varias combinaciones de estos temas aparecen fre-


cuentemente tanto en las cartas de papiro como en las cartas
primitivas cristianas.
En varias de las secciones exhortativas de las cartas de Pablo
(Rom. 12:1-15:13; Gál. 5:13-6:10; Col. 3:5-4:6; 1 Tes. 4:1-
5:22), las exhortaciones destacan el alejamiento del mal y la
búsqueda del bien. Estas secciones contienen una serie de topoi
sobre varios temas comunes. Romanos 13, por ejemplo, con-
tiene una serie de cuatro topoi sobre la autoridad (vs. 1-5), sobre
el pago del tributo (vs. 6-7), sobre el amor (vs. 8-10), y sobre
la hora escatológica (vs. 11-14). De manera similar en 1 Te-
salonicenses 4:9-5: 11 hay tres topoi distintos estudiados y de-
sarrollados, sobre el amor de los hermanos (4:9-12), sobre el
destino de los muertos cristianos (4:13-18), y sobre tiempos y
estaciones (5:1-11).

Afirmaciones Autobiográficas

En todas sus cartas, Pablo hace con frecuencia afirmaciones


autobiográficas. Se encuentran dos extensas en 1 Tes. 1:2-3:13 ,,, .. ,,,., ... ,
y Gál. 1:10-2:21. Muchas de estas afirmaciones aparecen al
principio de sus cartas, a menudo después de la acción de gracias
(Rom. l:14-16a; 2 Cor. 1:12-2:17, continúa en 7:5-16; 10:7-
12:13; Gál. 1:10-2:21; Fil. 1:12-26; 3:2-14; 1 Tes. 2:1-12).
Dichas afirmaciones (que faltan sólo en 1 Corintios y Filemón)
se entienden a menudo como intentos de Pablo por defenderse
a sí mismo y a su evangelio de las acusaciones de los contrarios.
Con todo, en la oratoria greco-romana uno de los argumentos
más importantes lo proporcionaba la determinación del carácter
. y conducta moral del orador (ethos: cf. Aristóteles, Retórica
1415a; Cicerón, Divisiones de la Oratoria 6.22; 8.28; y la Re-
tórica a Herennio 1.4.8-5:1). El carácter (ethos) era importante
por varias razones: ( 1) el orador deseaba proyectar una imagen
aceptable y digna de confianza de sí mismo; (2) deseaba fo-
mentar una impresión correcta (y por tanto tenía que conocer
los intereses y situación de su audiencia); y (3) deseaba presentar
el carácter de sus contrarios de manera verosímil pero de forma
tal que su propia versión fuese más persuasiva.
248 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Según Gregory Lyons, la sección autobiográfica en


1: 10-2:21 está estructurada de acuerdo con los topoi. autvuu
gráficos convencionales: (1) prooimion - el divino evangelio de
Pablo (1:10-12); (2) anastrophé («conducta») - el carácter ·
Pablo (a) como perseguidor (1:13-14); (b) como predicador
evangelio (1: 15-17); (3) praxeis («hechos») :.: la conducta
Pablo (1:18-2:10); (4) synkrisis («comparación»)-Cefas y Pablo
(2: 11-20); (5) epilogas («epílogo») - Pablo no rechaza la gracia
de Dios (2:21). Las antítesis retóricas en este pasaje y en 1 Tes.
1:2-3:13 no reflejan necesariamente una refutación punto por
punto de hipotéticas acusaciones. ·

Planes de Viaje

Como las cartas son un medio primario de comunicación


entre los que se hallan separados, el topos del encuentro aparece
con frecuencia. Robert Funk ha descrito una forma epistolar que
se centra en _tales charlas de visita, que designó como «Parusía
Apostólica» («llegada»). Habitualmente concluye la parte prin-
cipal de las cartas de Pablo. Los tres modos de presencia apos-
tólica de Pablo son la carta, los emisarios, y 1a presencia per-
sonal. No obstante, la ausencia de una estructura consistente
sugiere que tratamos con un topos o tema con una serie de
asuntos subordinados. Funk define la Parusía Apostólica en base
a cinco elementos, algunos con varios rasgos subordinados: (1)
mención de la actividad de composición de cartas de Pablo; (2)
mención de su relación con los destinatarios; (3) expresión de
planes de hacer una visita ( deseo de visitar, retrasos en la lle-
gada, el envío de un emisario, anuncio de una visita); (4) in-
vocación de la divina aprobación y apoyo de la visita; y (5)
beneficios de la inminente visita: Hay unos doce ejemplos de
Parusía Apostólica en las cartas de Pablo, aunque en todas ellas
se encuentran pocos de los elementos arriba citados (e.g., Rom.
1:8-15; 15:14-33; 1 Cor. 4:14-21; 16:1-11; Gál. 4:12-20; Fil.
2:19-30; 1 Tes. 2; 17-3:13; Filemón 21.22). Se encuentran des-
cripciones de viajes en varias cartas deutero-paulinas (Ef. 6:21-
22; 2 Tim. 4:6-18; Tito 3:12-14), así como en otras cartas cris-
tianas (Heb. 13:18-19, 22 23; 2 Juan 12; 3 Juan 13-14).
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 249

Parenesis Final

Uno de los rasgos característicos de las cartas paulinas y de


las cartas escritas bajo la influencia de la tradición paulina es
la presencia de una sección de parenesis final (cf. Rom. 12:1-
15:13; Gál. 5:1-6:10; 1 Tes. 4:1-5:22; cf. Col. 3:1-4:6). Pero
existen otras cartas en las que la parenesis no se concentra en
la sección final, sino que se entreteje en toda la composición
(1-2 Corintios, Filipenses; cf. Santiago, Hebreos). La parenesis
es un tema complejo que sólo recientemente se ha convertido
en el foco de atención de la erudición neotestamentaria. Sin
embargo, en este punto resulta útil distinguir entre parenesis
epistolar, que se encuentra en secciones finales definidas de
algunas cartas cristianas, y estilos parenéticos, que impregnan
las cartas (e.g., 1 Tesalonicenses, Gálatas, Colosenses).
Parenesis significa «consejo» o «exhortación» y se refiere a
una instrucción general moral y religiosa que cae entre la retórica
epidíctica y la deliberativa. Desde el judaísmo, con su rica
tradición de monoteísmo ético, y las más importantes escuelas
helenísticas de filosofía (Estoicos, Cínicos, Epicúreos) existía
un énfasis general en la ética, la exhortación moral era un fe-
nómeno común en todo el mundo antiguo. El consejo (monitio)
incluye, según Séneca, consuelo, advertencia, exhortación, re-
prensión y elogio (Carta 94.39). La parenesis es realmente una
forma indirecta de abordar un problema conductual. Como la
sociedad aprueba generalmente el contenido de la parenesis,
proporciona una base de. acuerdo en situaciones que potencial-
mente producen división. --
La parenesis posee varias características importantes: ( 1) La
parenesis es tradicional, refleja una sabiduría convencional ge-
neralmente aprobada por la sociedad (Isócrates, Nicocles 40-41;
Seudo-Libanio, Estilos Epistolares 5; cf. Fil. 4:8). (2) Lapa-
renesis es aplicable a muchas situaciones (Séneca, Carta 94.32-
35). (3) La parenesis resulta tan conocida que a menudo se
presenta como «recordatorio» (Séneca, Cartas 13.15; 94.21-25;
Dión Crisóstomo, Discurso 17.2, 5; 1 Tes. 4:1-2; 2 Tes. 3:6;
Fil. 3: 1). (4) La parenesis puede ejemplificarse en personas
excepcionales que son modelos de virtud (Séneca, Cartas 6.5-
:::\./:·y,.:i.,i·:'
250 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO ,}(1:;f;Jfi~
6; 11.9-10; 95.72; 2 Tes. 3:7; Fil. 3:17; 4:9). (5) La parenesis'Y·'•"''
generalmente se transmite por personas que social y moralmente<
son superiores a aquellos a los que se dirigen. ·

Análisis Crítico de la Forma

Las secciones centrales de las cartas cristianas [Link]~~


contienen una variedad de otras formas literarias que no son
típicas de las cartas antiguas, pero que recibían su forma a través
del uso, en gran parte oral, en otros escenarios. El hecho de
que las cartas funcionaran en parte como sustitutos de la co-
municación oral fomentó la preservación de estas tradiciones.
Otro factor coadyuvante son las cualidades de elasticidad e in-
clusividad del formato de la carta. Aunque la crítica de la forma
se ha aplicado principalmente a los Evangelios Sinópticos, tam-
bién ha facilitado la identificación de las formas orales incor-
poradas en las cartas primitivas cristianas. En contraste, las
formas literarias constitutivas de las cartas griegas y romanas
siguen siendo una zona inexplorada. Las categorías principales
de las formas literarias estudiadas a continuación incluyen las
formas litúrgicas y parenéticas.

Formas litúrgicas

Pablo y otros epistológrafos cristianos primitivos pretendie-


ron que sus cartas fuesen leídas en voz alta a las congregaciones
a las que iban dirigidas (1 Tes. 5:27; Col. 4:16; Ap. 1:3, 22:18;
para una práctica análoga en el judaísmo, cf. 2 Baruc 86.1).
Este pretendido escenario justifica la inclusión de fórmulas li-
túrgicas en las cartas cristianas. Puesto que estas fórmulas se
derivaban del culto cristiano, hacía posible que las cartas en-
cajaran cómodamente en escenarios litúrgicos. Un escenario
litúrgico se indica por la primitiva tendencia a insertar un
«amén» final. Aunque el «amén» final en Gál. 6:18 (cf. Rom.
15:33) es incontestable en la tradición manuscrita, fue añadido
probablemente en fecha muy remota. Sólo las cartas relativa-
mente tardías presentan un «amén» final original (Santiago 25;
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 251

cf. 2 Pedro 3:18; 1 Clemente 65.2; Policarpo, Filipenses 14; y


lecturas variantes en Ignacio, Magnesios 15; Filadelfos 11).
Algunos eruditos argumentan que los finales de varias de las
cartas cristianas primitivas son eco de una secuencia litúrgica
que conduce a la celebración de la eucaristía después de la
lectura. Por ejemplo, 1 Corintios 16:20-24 (con paralelos en
Ap. 22:14-21 y Didache 9.1-10.7) se entiende a menudo como
reflejo de una secuencia litúrgica fija: (1) beso santo, (2) invi-
tación a los creyentes para que vengan, (3) exclusión de los
indignos, (4) Maranatha (palabra aramea que significa «Señor
nuestro, ¡ven!»), (5) promesa de gracia. Una desventaja de esta
propuesta es que se conoce muy poco sobre la liturgia cristiana
primitiva. Las formas litúrgicas halladas en las cartas de Pablo,
además de las cláusulas de acción de gracias arriba estudiadas,
incluyen (1) bendiciones charis («gracia»), (2) beneficios, (3)
doxologías, (4) himnos, (5) confesiones y aclamaciones, y (6)
secuencias litúrgicas.
1. Las salutaciones epistolares típicamente cristianas y los
saludos finales arriba estudiados son bendiciones-charis. La fór-
mula «la gracia de Dios» que encierran estas bendiciones es una
abreviación teológica de salvación. Las bendiciones-charis ge- , .. ,.,
neralmente carecen de verbos, que deben suplirse. Cuando se
usa un verbo (como en 1-2 Pedro y Santiago) es un optativo de
deseo, indicando que estas salutaciones y saludos finales no son
afirmaciones declaratorias, sino plegarias. Como tales, tienen
un carácter litúrgico, aunque no podemos reconstruir su papel
específico en la liturgia.
2. Las bendiciones cristianas primitivas fueron heredadas
del judaísmo, que empleaba el término hebreo baruk («bendito»)
para empezar, tanto las bendiciones como las doxologías (cf.
Gén. 24:27; Ex. 18:10). En las bendiciones del Antiguo Tes-
tamento Dios es normalmente mencionado en tercera persona,
i.e., «Bendito sea el Señor, que ... » (1 Reyes 1:48; Salmos
66:20; 2 Cron. 2:12). El uso de la segunda persona, «Bendito
seas, Señor. .. » (la forma más característica de oración del ju-
daísmo rabínico), se encuentra sólo dos veces en el Antiguo
Testamento (Salmos 119:12; 1 Cron. 29:10). El adjetivo griego
eulogétos («bendito») lo usaron los primeros cristianos en for-
mas parecidas a las fórmulas berakah judías. Pablo sigue estre-
252 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

chamente el modelo judío en tres pasajes: «¡[Dios] sea bendito


por siempre! Amén» (Rom. 1:25; 9:5; 2 Cor. 11:31). Esta fonna
básica pudo también amplificarse, como en 2 Cor. 1 :3-4: «Ben-
dito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo ... » (cf. Ef.
1:3s.; 1 Pedro 1:3ss.; Bernabé 6.10; Ignacio, Efesios 1.3) ...
3. Una doxología es una fórmula o himno breve que atri7
buye gloria u honor (doxa) a Dios. La forma básica de la do-
xología tiene tres elementos: «¡A El/ la gloria [doxa ]! por los
siglos! Amén» (Rom. 11:36; cf. Gál. 1:5; Fil. 4:20; 1 Tim. 6:16;
2 Tim. 4:18; Heb. 13:21; 1 Clemente 32.4; 58.2). Cada elemento
puede ser amplificado en una variedad de maneras (Ef. 3 :21; I
Tim. 1:17; 1 Pedro 4:11; Judas 24-25; 1 Clemente 20.12; 65.2).
Dichas doxologías generalmente concluyen una sección de tex-
to, una práctica aparentemente derivada del judaísmo helenístico
(4 Mac. 18:24; 1 Esdras 4:40, 59), ya que no hay paralelos
exactos en el judaísmo palestino. Las doxologías terminan fre-
cuentemente en la sección central de las cartas (Fil. 4:20; 2 Tim.
2:18; Heb. 13.21; 1 Pedro 5:11). En tres ejemplos, una doxo-
logía termina de hecho una carta (Rom. 16:25-27; 2 Pedro 3:18;
Judas 24-25; 1 Clemente 65.2). El escenario original de la ben-
dición pudo ser al final de un sermón.
4. El canto, o más exactamente, la salmodia, fue un ele-
mento importante en los servicios de culto de los primeros cris-
tianos (1 Cor. 14:26; Col. 3:16; Plinio, Carta 10.96). Una serie
de himnos o fragmentos hímnicos se han preservado en las cartas
primitivas cristianas. En tanto que no son métricos como los
himnos griegos, sí que presentan un paralelismo poético semí-
tico. Las cartas cristianas incluyen algunos himnos dirigidos a
Dios (Rom. 11:33-36; Ef. 1:3-14; 1 Pedro 1:3-5; Col. 1:12-14).
Varios himnos narran la misión de Cristo, a menudo mencio-
nando temas de pre-encarnación y post-resurrección (Fil. 2:6-
11; Col. 1:15-20); Tim. 3:16; posiblemente Ef. 2:14-16). Ig-
nacio de Antioquía cita dos himnos de Cristo (Efesios 7 .2; 19 .1-
3).
5. Muchas confesiones ( o bien «homologías», según una
palabra griega que significa «confesión») y aclamaciones que
presuponen un escenario cúltico se citan en cartas. Una fórmula
de creencia muy importante es «Jesús es el Señor» (Rom. 10:9;
1 Cor. 12:3; 2 Cor. 4:5; Fil. 2:11; Col. 2:6; cf. Hechos 2:39;
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 253

19:5). Otra es «Jesús es el Hijo de Dios» (Rom. 1:4; Heb. 4:14;


cf. 6:6; 7:3; 10:29; 1 Juan 4:15; 5:5). También aparece una
fórmula confesional del judaísmo helenístico, «Un solo Dios»
(Rom. 3:30; Gál. 3:20; 1 Cor. 8:4; Ef. 4:6; 1 Tim. 2:5; Ignacio;
Magnesios 8.2). Una formula conexa es «Un solo Señor» (1
Cor. 8:6; Ef. 4:5). Una afirmación de fe más extensa, diver-
samente fraseada, yuxtapone la muerte y resurrección de Jesús
como hechos salvíficos (1 Cor. 15:3-5; 2 Cor. 5:15; Rom. 4:24- ....
:: '

25; 8:34; 10:8-9; 14:9; 1 Pedro 3:18; 2 Tim. 2:8). En 1 Cor.


15:5-8 aparece también la fusión de dos listas originales de
creencias distintas, centrándose en testigos de las apariciones
de la resurrección, una encabezada por el nombre de Pedro, la
segunda por Santiago. Otra fórmula, desarrollada en las cartas
deutero-paulinas, tiene una doble estructura basada en la idea
de que lo que anteriormente estaba oculto ahora se revela (Col.
1:26-27; Ef. 3:4-5; 2 Tim. 1:9-10; Tito 1:2-3).
· 6. Las secuencias litúrgicas son muy escasas, aunque Pa-
blo de hecho preserva una liturgia de la Cena del Señor en 1
Cor. 11:23-26 que también se ha preservado en versiones va-
riantes en los Evangelios Sinópticos (Me. 14:22-25; Mt. 26:26-
, ..•...•.. , ...
29; Le. 22:15-20). Algunos han afirmado que 1 Pedro 1:3-4:11
preserva una liturgia bautismal, pero es probablemente inco-
rrecto.

Formas Parenéticas

Además de los diversos estilos exhortativos que caracterizan


la parenesis, hay tres formas parenéticas estereotipadas: listas
de defectos y virtudes, códigos de ética doméstica, y la tradición
de los dos caminos.

Listas de Defectos y Virtudes

La lista es una forma literaria común usada para hacer in-


ventario de casi todo. Los catálogos de virtudes y defectos son
un tipo de lista relativamente común en la literatura cristiana
primitiva y presentan tres formas principales: (1) polisindéticas,
256 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

que tuvieron su origen en el estoicismo. Pero los estoicos des-


tacaban los deberes del individuo más que los del individuo· en
sociedad. Recientemente David Balch ha proporcionado un con- ·
vincente análisis del origen e historia de esta clase de enseñanza
moral. Balch se remonta a los orígenes del código doméstico
hasta Platón y Aristóteles y los análisis de los tres topoi conexos,
«Sobre el gobierno doméstico», «Sobre el matrimonio», y «So-
bre la constitución» (cf. Aristóteles, Política 1.2.1-2; 1.5.1;
Dionisio de Halicarnaso, Antigüedades Romanas 2.24.2-
2.27 .6). Se consideraba que el orden y fuerza del estado de-
pendían del orden y fuerza de la familia ( el desorden en una
familia produce desorden en el estado). El código doméstico se
usa como defensa apologética frente a la persecución potencial,
demostrando que el cristianismo no es subversivo. Los códigos
domésticos no tienen un propósito misionero, se dirigen prin-
cipalmente a cristianos. Alientan la sumisión de los miembros
paganos de las familias (especialmente las esposas) al cabeza
de familia, y también alientan a los miembros cristianos de
familias paganas a evitar una conducta subversiva a los intereses
y autoridad del cabeza de familia.

La Tradición de los Dos Caminos

La figura de los dos caminos o senderos fue ampliamente


usada en el mundo antiguo como metáfora para una vida de
vicio o de virtud. En el cristianismo primitivo la tradición de
los dos caminos se encuentra sólo en dos cartas, Ignacio, Mag-
nesios 5.1-2, y Bernabé 18-21 (hacia 125 d.C.). Una metáfora
muy popular, aparece en el Libro de los Dos Caminos egipcio,
en la literatura griega y romana (Hesíodo, Trabajos y Días 286-
292; Jenofonte, Memorabilia 2.1.21-33; Cebes, Tabula), y en
la literatura israelo-judía (Jer. 21:8; Salmos 1:1; Prov. 2:12-15;
Sirac 21:10, Testamento de Asher 1-6; Regla de la Comunidad
de Qumran, lQS 3.13-4.26). La tradición se refleja en las dos
entradas de Mt. 7:13-14, pero más claramente en la Didache 1-
6 y Bernabé 18-21, ambos sacados de una fuente común. Los
dos empiezan de manera similar: «Hay dos caminos, el de la
vida y el de la muerte, y hay una enorme diferencia entre ambos»
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 257

(Didache 1.1; cf. Bernabé 18.1). Ignacio subraya la vida y la


muerte como las dos alternativas supremas, pero (sorprenden-
temente) no incluye ninguna exhortación moral.

Estilos Epistolares del Discurso

En el mundo antiguo las cartas escritas y el discurso oral


(conversaciones, alocuciones) estaban estrechamente relacio-
nadas (Seudo-Demetrio Tipos Epistolares 223; Cicerón, A los
Amigos 2.4.1; Séneca, Carta 75.1). Ignacio describió una de
sus cartas como una «conversación» (Efesios 9.2), y otra como
un «discurso» (Magnesios 1.1). Pablo también empleó las cartas
para comunicar lo que quizás hubiese preferido decir, predicar,
o enseñar en persona. La predicación, la proclamación del evan-
gelio a los paganos y la exhortación moral y espiritual de los
creyentes fue una institución de importancia esencial en el cris-
tianismo primitivo. La predicación y la enseñanza cristiana
adoptó inicialmente la forma de las tradiciones homiléticas ju-
días helenísticas, que fue gradualmente sustituida por formas de ,,, ... ,., ...
discurso más típicamente helenísticas.
Los eruditos modernos han calificado muchas composiciones
cristianas primitivas como «sermones» u «homilías». Con todo,
estos términos intercambiables no son realmente calificativos
para un género literario, ya que los estudiosos del Nuevo Tes-
tamento aún no ha podido definir lo que es un sermón. Un
obstáculo importante es el hecho de que no existen textos cris-
tianos primitivos que puedan ser identificados con certeza como
versiones razonablemente exactas de los sermones cristianos
primitivos. Algunos sermones (i.e., composiciones con un ca-
rácter generalmente didáctico) están estructurados como cartas
(Hebreos, Santiago, 1 Pedro, J Clemente, Bernabé), mientras
que otros carecen de rasgos epistolares formales (1 Juan, 2
Clemente). Algunos fueron respuestas escritas a una situación
determinada (Hebreos, 1 Pedro, 1 Clemente), en tanto que otros
fueron en general escritos para cristianos (Santiago, Bernabé,
2 Clemente).
Tres tipos de discurso contribuyeron a los estilos de predicación
y enseñanza en el cristianismo primitivo: (1) tipos de retórica
258 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

greco-romana (oratoria legal, deliberativa y epidíctica); (2) la


diatriba greco-romana o el estilo de aula, y (3) la homilía de la
sinagoga judía. ,

Tipos de Retórica Greco-Romana

Un componente importante del análisis literario es la crítica


retórica, tema de un reciente libro de George Kennedy (1984).
La crítica retórica pretende entender el efecto de las formas
convencionales de argumentación y estructura usada en el mun-
do greco-romano en la primitiva composición literaria cristiana.
Al analizar las cartas primitivas cristianas, entre las fuentes
importantes de información están los manuales de los teóricos
retóricos y epistolares, y las cartas auténticas. Entre las cartas
auténticas están las documentales y las privadas que nunca fue-
ron publicadas, pero que revelan convencionalismos epistolares
antiguos, y las que se hicieron públicas, bien en inscripciones,
inserciones en autores antiguos, o en colecciones que propor-
cionaron modelos para la antigua composición de cartas.
El tema de la retórica es lo probable, en tanto que en filosofía
es lo demostrable, y en religión lo revelado. Al contrario que
su' equivalente pagano, la retórica cristiana usaba argumentos
basados en la verdad revelada. Los sofistas pragmáticos, prac-
ticantes tradicionales de la retórica, abandonaron la búsqueda
de la verdad por la búsqueda de los argumentos más convin-
centes, y rivalizaron con los filósofos.
Siguiendo a Aristóteles, los antiguos teóricos retóricos di-
vidieron la oratoria en tres tipos, de acuerdo con el efecto que
se pretendía en el oyente: judicial (el tipo más popular por la
sencilla razón de que a la larga muchos se veían implicados, de
una manera o de otra, en litigios), oratoria deliberativa o epi-
dictica. Oratoria judicial (dicánica), la oratoria de los tribunales,
que pretendía convencer a los jueces sobre eventos pasados.
Tenía dos tipos básicos, de acusación y de defensa. La oratoria
deliberativa (de consejo) era la oratoria de la política y se cen-
traba en persuadir a la asamblea sobre una línea deacciónfatura.
También tenía dos tipos básicos, de persuasión (protréptica) y
de disuasión (apotréptica). La oratoria demostrativa (epidíctica)
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 259

es una oratoria de ceremonial y no pide a la audiencia que juzgue,


sino que intenta proporcionar un deleite en el presente cele-
brando valores comunes. También consiste en dos tipos básicos,
elogio y acusación.
El problema con esta clasificación retórica es que es de-
masiado pulcra. Aristóteles y los teóricos que le sucedieron no
analizaron inductivamente los discursos en sí, sino que pres-
cribían la forma en que debían ser construidos los discursos
ideales. En tanto que eso no significa que no existiese coinci-
dencia entre teoría y práctica, sugiere de hecho que los verda-
deros discursos podían ser más complejos y eclécticos de lo que
podían sugerir los manuales de retórica. Algunos teóricos re-
tóricos tuvieron problemas con la rigidez del sistema y querían
expandirlo (Cicerón, Sobre Oratoria 1-32.145-147; 2.10.40-
16. 70; 2.23, 98). La mayoría conservaba el sistema como pe-
dagógicamente importante, pero trataba las categorías con fle-
xibilidad (Quintiliano 3.4.1-16). Los discursos cuyo propósito
fuese, por ejemplo, reprender, alentar, consolar, enseñar y ad-
vertir, no tenían un lugar lógico en el triple sistema retórico
(Cicerón, Sobre Oratoria 2.12.50; 2.15.64).
Cada tipo de discurso puede constar de cuatro elementos:
(1) exordio (introducción), (2) narración (expresión de hechos),
(3) probatio (argumento), y (4) peroratio (conclusión). Intro-
ducción y conclusión pretenden influir o incluso manipular a la
audiencia, asegurando inicialmente su interés y buena voluntad
y terminar recapitulando los argumentos y haciendo un llama-
miento emocional. El cuerpo del discurso ( narratio y probatio)
pretende establecer el caso. Los discursos deliberativos muchas
veces abrevian u omiten la introducción y omiten la narratio,
puesto que es una acción futura lo que constituye el propósito,
no una decisión sobre el pasado (Cicerón, Divisiones de la
Oratoria 4.13). En la retórica deliberativa, con el fin de motivar
a la audiencia a aceptar y actuar en una recomendada línea de
acción, era importante apelar a su honor y ventaja, o al propio
interés (Quintiliano 3.8.1; Cicerón, Sobre Oratoria 2.81.333-
337). Estas motivaciones estaban apoyadas por tres clases de
argumentos: éthos: apelación al buen carácter de la audiencia;
pathos: apelación a sus emociones; logos apelación a su razón
(Aristóteles, Retórica 1.2.3; 2.4-7; Quintiliano 6.2.9-12).
260 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Salvo pocas excepciones, las cartas cristianas primitivas fue-..


ron escritas, o bien con un propósito básicamente deliberan-
o incluían elementos deliberativos importantes. Las dos formas··.
básicas de retórica deliberativa, persuasión y disuasión, incluían
no sólo consejo, sino también la mayor parte de los rasgos
asociados con la exhortación moral y religiosa: aliento, admo.
nición, consuelo, advertencia y reprensión. La mayor parte de
las cartas de Pablo, aparte de las fórmulas epistolares de prin-
cipio y final, constan de tres elementos. El primero es conci-
liatorio; elogia a los destinatarios por sus pasadas realizaciones.
La sección central contiene consejos. La sección final contiene
una parenesis.

La Diatriba Greco-Romana

La diatriba se ha considerado durante mucho tiempo como


género literario que refleja el estilo público de predicación oral
de los filósofos itinerantes cínicos y estoicos. Durante el período
helenístico, los filósofos y los retóricos eran rivales, razón por
la cual los manuales retóricos antiguos nunca hablan de la dia-
triba. Puesto que el estilo de diatriba impregna Romanos 1-11
y aparece de manera fragmentaria en otras cartas del Nuevo
Testamento (1 Cor. 15:29-41; Gál. 3:1-9; 19-22; Santiago 2:1-
3; 12; 4: 13-5:6), los especialistas han supuesto que este estilo
fue adaptado y cristianizado a partir del estilo de predicación
pública de los filósofos populares, quizás mediatizado por la
sinagoga helenística. Recientemente, Stanley Stowers (del que
depende en gran manera el siguiente estudio) ha demostrado
que las diatribas no se originaron como conferencias públicas,
sino como constancia de discusiones orales en las aulas y dis-
cursos de escuelas filosóficas en los que el maestro empleaba
los métodos socráticos de «censura» (elenktikos) y «persuasión»
(protreptikos). El rasgo característico de la diatriba es su carácter
de diálogo o conversación, un método pedagógico basado en el
modelo de Sócrates (Dión Crisóstomo, Discurso 13.14-29; Epí-
teto 2.12). El estilo literario de la diatriba (esencialmente pa-
ratáctico) es el resultado de transformar un género retórico en
un género escrito, que varía estilísticamente desde el borrador
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 261

de un apunte de conferencia, hypomnémata (los Discursos de


Epiteto son en realidad los apuntes de Arriano para una con-
ferencia), o en forma re-escrita o pulida, apomnémoneumata
(Musonio Rufo, Plutarco). Entre los antiguos autores que usaron
este estilo están Bion y Teles (ambos del siglo tercero a.C.),
Musonio Rufo, Dión Crisóstomo, Horacio, Filón, Séneca, Plu-
tarco, Epíteto, y el escritor de las cartas seudoepigráficas de
Heráclito.
El estilo dialogal de las diatribas hace uso frecuente de opo-
nentes imaginarios, objeciones hipotéticas, y falsas conclusio-
nes. Las preguntas y objeciones del oponente imaginario y las
respuestas del maestro oscilan entre la censura y la persuasión.
La censura manifiesta contradicción, error e ignorancia. La per-
suasión vence a éstos con un llamado a la vida «filosófica»
mediante la descripción e ilustración de la virtud. El oponente
imaginario no es un oponente real contra el que el autor pole-
miza, sino que representa una síntesis de posibles objeciones en
boca de los estudiantes a quien trata de enseñar.
El oponente imaginario juega un papel esencial en la dia-
triba: (1) Es aludido bruscamente (Epíteto 2.6.16; Plutarco, Mo-
,., ......•.
ralia 525c; Rom. 2:1, 17; 9:19). (2) Es frecuentemente aludido
en el vocativo como un «hombre» anónimo, o un «necio» (Rom.
2: 1, 3; 9:20), menos comúnmente como figura de la historia o
mito que representa un ejemplo negativo o personificación (Sé-
neca, Carta 24.14; Rom. 11:19). (3) El oponente es aludido
con frecuencia como segunda persona del singular (Rom. 2:4,
17; 11:19). (4) Un representante imaginario de un grupo es
singularizado y acusado de inconsistencia (Epíteto 2. 9. 17;
2.21.11-12; 3.2.8-10; Rom. 3:1). (5) El autor responde a la
objeción de un oponente (Epíteto 4.9.5-6; Séneca Carta 7.5).
(6) La alusión a un oponente empieza por afirmaciones acusa-
doras o preguntas retóricas que enfatizan su ignorancia (Epíteto
1.12.24-26; Rom. 2:4), error (i.e., conducta equivocada o forma
de pensar errónea; Epíteto 3.22.81s.; Rom. 2:3; 9:20-24), o
inconsistencia (Epíteto 2.1.28; Séneca, Carta 77.18; Rom.
2.21-22). (7) Se usan listas de defectos (Epíteto 4.9.5-6; Rom.
2:8, 21-23).
Las objeciones dialogales y falsas conclusiones caracterizan
también a la diatriba, en la que se usan principalmente con el
262 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

propósito de acusar: (1) Muchas veces las objeciones se intro-


ducen por expresiones como «¿Cuál pues?» (Rom. 3:1) o «ahora
bien, vosotros los que decís» (Santiago 4: 13), o el objetor es
mencionado en la tercera persona del singular o plural: «Pero
dirá alguno» (1 Cor. 15:35) o «Dicen». (2) La partícula adver-
sativa alla («pero») introduce con frecuencia la objeción del
oponente (1 Cor. 15:35; Santiago 2:18). (3) Las conclusiones
falsas se formulan como preguntas (Séneca, Cana 14.15; Plu-
tarco, Moralia 527a; Epiteto 1.29.9; Rom. 3:9, 6:1, 15; 7:7;
9:14). (4) Las objeciones hipotéticas se plantean por el autor
(Dión Crisóstomo, Discurso 74.8, 23; Rom. 3:1), o atribuidas
a un interlocutor imaginario («Pero me dirás», Rom, 9:19;
11:19). (5) Las objeciones y falsas conclusiones se rechazan
con expresiones como «¡en absoluto!» o «¡de ningún modo!»
(Epíteto 4.8.26-28; Rom. 3:4; 6:2; 9:14; 11:1), y citando ejem-
plos (Abraham en Rom. 4:1). (6) Las objeciones o falsas con-
clusiones se colocan en los sesgos principales del argumento
(Rom. 3:1; 6: 1; 7:7; 9: 14), y a menudo son expuestos de manera
más convincente en subsecciones (3:9; 6:15; 7:13; 9:19). (7)
Son frecuentes los imperativos irónicos y subjuntivos de ex-
hortación usados irónicamente (e.g., «Si los muertos no resu-
citan, 'comamos y bebamos, que mañana moriremos'»; 1 Cor.
15:32).
Pablo fue un maestro cristiano de judíos y gentiles. El estilo
de diatriba es un estilo de enseñanza que usó al tratar con di-
versos grupos característicos, oralmente y por medio de cartas.
Usa ampliamente el estilo de diatriba en Romanos, ya que co-
noce menos la situación de los receptores de lo que sabe de
otras comunidades que él mismo fundó. Su enseñanza en Ro-
manos no es por tanto motivada específicamente por la situación
epistolar sino por su pasada experiencia como un maestro de
judíos y gentiles. El estilo de diatriba aparece sólo ocasional-
mente en 1 Corintios y Gálatas porque conoce mejor la situación
local y da su consejo más directamente adaptado a la situación
epistolar. La presencia del estilo de diatriba en Santiago es
coherente con el amplio uso del autor de material parenético
general, no específicamente formulado para ajustarse a una si-
tuación epistolar específica. ·
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 263

La Homilía de la Sinagoga Judía


La exégesis homilética de la Escritura fue, desde luego, un
rasgo característico del Judaísmo, pero antes de la formación
del Mishnah (hacia el 200 d.C.) no existían modelos sermónicos
fijos. El origen del sermón de la sinagoga judía está envuelto
en obscuridad, pero antes del 70 d.C. la predicación exegética
era una costumbre establecida en Palestina y en la Diáspora
(Filón, Moisés 2.215s.; Leyes Especiales 2.62; Le. 4:20-27;
Hch. 13:15). Los sermones predicados en sinagogas o casas de
estudio en Sábados y fiestas se basaban en la lectura del día de
la Torah. Las grandes colecciones de Midrashim (i.e., comen-
tarios bíblicos como Genesis Rabbah y Exodus Rabbah) se de-
rivaron probablemente de miles de sermones predicados durante
el período Amoraico (200-500 d.C.), aunque casi todos fueron
radicalmente abreviados y combinados con otros para formar
homilías literarias.
Los sermones se inician de varias maneras. Un tipo (hallado
en Tanchuma Midrashim) empieza con la fórmula Yelammedenu
rabbenu («Que nuestro señor nos enseñe»), seguida de una pre-
gunta halákica («legal»). Otro tipo que probablemente refleja
los auténticos sermones orales es la homilía «proemio», del que
se conservan unos 2.000. Las homilías proemio empezaban con
una cita de un texto «remoto» de los Escritos (la tercera división
de la Escritura Hebrea). El propósito era vincular el primer texto
con el primer versículo de la lectura del día de la Torah, i.e.,
resolver la tensión entre dos pasajes aparentemente no relacio-
nados, mostrando la manera en que eran complementarios. El
modelo de proemio apareció en el período Tanaítico (primeros
dos siglos d.C.), y se hizo popular en el período Amoraico (200-
500 d.C.). Sólo existen unos diez sermones proemio Tanaíticos,
y son variantes de modelos posteriores. Antes del final del pe-
ríodo Tanaítico (200 d.C.), aún no se usaba el proemio gene-
ralmente y aún no había alcanzado un formato fijo. Las homilías
Yelammedenu son muy posteriores. El «descubrimiento» de las
homilías proemio en el Nuevo Testamento (e.g., Jn. 6:31-58;
Hch. 13:16-41; : Rom. 1:17-4:25; 1 Cor. 1:18-3:20) es anacró-
nico (i.e., estos pasajes pueden contener exégesis homiléticas
de la Escritura, pero no se ajustan ni al tipo de proemio ni al
de yelammedenu).
264 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Tipos de Cartas Cristianas Primitivas

Las primitivas cartas cristianas tienden a oponerse a una


clasificación rígida, bien sea en términos de tres tipos principales
de oratoria, o en términos de las muchas categorías enumeradas
por los teóricos epistolares. Muchas de las primeras cartas cris-
tianas son multifuncionales y tienen un carácter «mixto», que
combina elementos de dos o más tipos epistolares. En suma,
cada carta primitiva cristiana debe ser analizada en sus propios
términos. Seudo-Libanio concluye su lista de cuarenta y un
estilos de cartas ·con el mixto, compuesto de diversos estilos
(Estilos Epistolares 45, 92, con una carta muestra en la que se
combina alabanza y acusación). Los intentos de clasificar una
u otra de las cartas de Pablo ya sea como judiciales, delibera-
tivas, o epidícticas (uno de sus subtipos), corren el riesgo de
imponer categorías externas sobre Pablo y, por tanto, obscurecer
el verdadero propósito y estructura de sus cartas. Pablo en par-
ticular fue un escritor de cartas a la vez creativo y ecléctico.
Las situaciones epistolares a las que se enfrentó fueron a menudo
más complejas que las situaciones retóricas ordinarias enfren-
tadas por la mayoría de los retóricos. Muchas cartas, por tanto,
presentan combinaciones de estilos. La amenaza y la admonición
se combinan en 2 Cor. 4:14-21. En 1 Tes. 4:13-18 se encuentra
consuelo. Se mezclan recomendaciones con otros estilos epis-
tolares en una serie de pasajes (Rom. 16:1-2; 1 Cor. 16:15-18;
2 Cor. 8:16-23; Fil. 2:29-30; 4:2-3; 1 Tes. 5:12-13; Heb. 13:17;
Policarpo, Filipenses 14.1). 1 Corintios es una combinación
compleja de parenesis (3:5-4:21) y consejo (5:1-6:11; 7:1-8:13;
10:1-14:39).
Algunas cartas tienen una sola función o propósito domi-
nante reflejado en un estilo imperante. Filemón y 3 Juan, por
ejemplo, son cartas de recomendación tepistolé systatiké, Seu-
do-Demetrio, Tipos Epistolares 2; Seudo-Libanio, Estilos Epis-
tolares 55; cf. 2 Cor. 3:1). Tales cartas desempeñaron un im-
portante papel para los cristianos que visitaban comunidades
donde personalmente eran desconocidos (Hch. 9: 12; 22:5; 1 Cor.
16:3). Romanos incorpora el discurso protréptico en una carta
epidíctica; 1a primera Tesalonicenses es una carta parenética. /
Clemente es una carta deliberativa (en 58.2 el autor usa el tér-
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 265

mino técnico symboulé, «consejo») en la que el autor aconseja


a la congregación corintia díscola y contradictoria para alcanzar
la paz y la concordia (cf. 57.1-2; 63.2; un discurso deliberativo
análogo en el que se insta a los Nicomedianos a buscar la con-
cordia con los Nicenos se encuentra en Dión Crisóstomo, Dis-
curso 38). La carta de Ignacio a los Romanos es principalmente
una carta deliberativa de consejo (una petición), que carece
ampliamente del énfasis exhortativo hallado en sus otras cartas.
En tanto que es importante ser capaz de ubicar las cartas
cristianas en el contexto más amplio de una tipología de la
epistolografía greco-romana ( como lo ha hecho Stanley Sto-
wers), y la epistolografía judía (de la que existe escasa evi-
dencia), los rasgos sociales característicos del cristianismo pri-
mitivo sugieren una tipología más amplia en la que las cartas
cristianas primitivas puedan entenderse. El análisis de diferentes
cartas que viene a continuación, está dispuesto, por tanto, si-
guiendo una tipología de dos tipos epistolares ideales. Estos
tipos están en los extremos opuestos de un espectro: constan de
(1) cartas circunstanciales o dialogales, estrechamente vincu-
ladas a situaciones históricas específicas, y (2) cartas generales
o monologales, no relacionadas con contextos históricos espe-
cíficos.

Cartas y Homilías Ocasionales

La carta circunstancial u ocasional es una comunicación


escrita entre dos partes que se conocen directamente y reflejan
una situación histórica particular. Generalmente se puede de-
ducir con relativa facilidad la «situación epistolar» a partir del
texto. El mensaje tiene un carácter dialogal, i.e., el carácter de
la comunicación se determina por la relación entre remitente y
destinatario. Dichas cartas tienden a restringirse a formas y
estilos típicamente epistolares. En esta sección examinaremos
las cartas paulinas e ignacianas en general, y en más detalle 1
Tesalonicenses, Gálatas, 2 Corintios, Filipenses, Filemón y He-
breos.
266 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Las Cartas Paulinas .

Pablo es el primer escritor cristiano cuyas obras han llegado


hasta nosotros. Se le atribuyen trece cartas en el Nuevo TeS-
tamento. No todas son auténticas. Las que lo son (al menos
Romanos, 1-2Corintios, Gálatas, Filipenses, JTesalonicenses,
y Filemón), fueron escritas en un período de más de quince
años (del 49 al 64 d.C. aprox.). Se ha sostenido ampliamente
que son cuatro las cartas seudónimas (i.e., escritas por una
persona desconocida en el nombre de Pablo): Efesios, 1-2 Ti-
moteo, y Tito. La autenticidad de Colosenses y 2 Tesalonicenses
es dudosa. Antes de 100 d.C., un grupo de diez cartas paulinas
(todas excepto las Pastorales, 1-2 Timoteo y Tito) formaba una
colección. Las pastorales, escritas aproximadamente entre 100
y 125 d.C., finalmente pasaron a formar parte del corpus pau-
lino, pero es probable que no fuese hasta bien entrado el siglo
segundo (no estaban incluidas en la colección de cartas paulinas
de Marcion, hacia el 150 d.C., y faltan de los códices de papiro
más antiguos de las cartas paulinas, P46). Una colección de
cartas paulinas, formó pues, un primitivo núcleo para el desa-
rrollo del cánon neotestamentario. No todas las cartas de Pablo
se conservaron (1 Cor. 5:9 se refiere a una «anterior carta»; 2
Cor. 2:4 menciona una «carta pesarosa»; Col. 4: 16 se refiere a
una carta a los Laodiceos), al menos no en su forma original.
Varias cartas paulinas muestran señales de haber sido revisadas,
i.e., de tener importantes interpolaciones o de constar de dos o
más cartas desprovistas de rasgos epistolares de introducción y
conclusión (entre algunos ejemplos están Romanos, 2 Corintios,
y Filipenses).
El actual orden canónico de las cartas de Pablo puede revelar
los perfiles de una colección original. Romanos es la primera
y más extensa (7 .094 palabras o 920 stichoi -un stichos es una
línea de aproximadamente dieciséis sílabas), en tanto que Fi-
lemón es la última y la más breve (328 palabras; 38 stichoi).
Aparte de Efesios y las Pastorales, las cartas entre Romanos y
Filemón están dispuestas en orden decreciente de extensión: 1
Corintios (6.807 palabras; 870 stichoi), 2 Corintios (4.448 pa-
labras; 590 stichoi). Gálatas (2.220 palabras; 293 stichoi), Fi-
lipenses (1.624 palabras; 208 stichoi), Colosenses (1.577 pa-
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 267

labras; 208 stichoi), 1 Tesalonicenses (1.472 palabras; 193 sti-


choi), 2 Tesalonicenses (824 palabras; 106 stichoi). Esta
disposición mecánica sugiere que estas nueve cartas pueden
haber existido en una colección coherente de fecha anterior a
la colección canónica que incluye Efesios y las Pastorales. El
códice de papiro más antiguo de las cartas paulinas (hacia 200
d.C.) carece de las Pastorales y en general sigue un orden de
extensión decreciente, invirtiendo Gálatas y Efesios, aunque
Hebreos (4.942 palabras) está insertada después de Romanos.
Este principio de organización no es desconocido en el mundo
antiguo. Los Profetas Recientes de la Biblia hebrea (lsaías,
Jeremías, Ezequiel, los Doce) están dispuestos en orden de lon-
gitud descendente, como los tratados en cada una de las seis
divisiones del Mishnah. De manera similar, los 114 surahs del
Qur' an están dispuestos de forma que el surah más extenso está
al principio (AI-Baqarah, «La Vaca»), y el más breve al final
(Al-Nas «Humanidad»).
Las Pastorales constituyen una breve colección organizada
en sentido decreciente según su tamaño: 1 Tirnoteo (1.586 pa-
labras; 230 stichoi), 2 Tirnoteo (1.235 palabras; 172 stichoi),
, ... , ....
Tito (663 palabras; 97 stichoi). La fecha relativamente tardía de
estas obras (hacia 125 d.C.), su homogeneidad, y la evidencia
de 2 Tim. 4: 13 se combinan para sugerir que fueron escritas
originalmente en un códice, probablemente con la expresa in-
tención de suplementar el antiguo corpus paulino. La adición
de cartas seudónimas a un corpus existente tiene analogías en
colecciones epistolares tanto cristianas corno paganas (e. g. , co-
lecciones de cartas atribuidas a Platón, Isócrates, Demóstenes
e Ignacio de Antioquía).

1 Tesalonicenses: Una Carta Parenética

1 Tesalonicenses, la primera carta que escribió Pablo (hacia


50 d.C.), presenta algunos rasgos distintivos. El título y la
salutación son más breves y más simples de lo habitual y tiene
la cláusula de acción de gracias más extensa de todas sus cartas
(1 :2-3: 13). Además, es la única carta paulina en la que la sección
exhortativa «final» (4: 1-5:22) constituye la parte principal. Lo
268 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

·. . : :i&;t}ti~
significativo de la carta se expresa de manera sucinta en 4:l"'.2¡:';\:'.':)
lüb-12: Practicad lo que habéis hecho, pero más y más. L~.ll,;~,;}i
secciones «Respecto a los que murieron» (4:13-18) y «En 1 '\';':S:V)
0
que se refiere al tiempo y al momento» (5:1-11) parece tratarse·~{)?~
de respuestas a preguntas de la congregación transmitidas.::.a)f:)i\t
Pablo. Abraham Malherbe argumenta que la carta presenta dos ;· ,: :¡
estilos parenéticos parecidos a la filosofía moral popular. Uno · ·,
es una exhortación moral parenética (claramente evidente en
caps. 4-5), y la otra es el estilo antitético que también cumple
una función parenética (evidente en caps. 1-3). El uso que Pablo
hace de la antítesis retórica es evidente en 1 Tes. 2:3-4:
Nuestra exhortacion no procede del error ni de la impureza, ni
con engaño, sino que así como hemos sido juzgados aptos por
Dios para confiamos el evangelio, así lo predicamos, no bus-
cando agradar a los hombres sino a Dios que examina nuestros
corazones.
Este estilo antitético no debe ser interpretado como la defensa
de Pablo de acusaciones hipotéticas. Más bien es una técnica
que amplifica el pensamiento contrastando ideas mediante el uso
de la negación, antónimos, y otros recursos (Aristóteles, Re-
tórica 1409b- l 41 Oa; Seudo-Aristóteles, Retórica a Alejandro
1435b; Hermógenes, Sobre las Invenciones 4.2). Esto cuadra
con la tendencia de la parenesis, que también combina el im-
perativo positivo «haz esto» con el negativo «deja de hacer
aquello». Especialmente en 2:1-12, Pablo usa un lenguaje tra-
dicional en respuesta a la crítica común a los filósofos itineran-
tes, aunque no en respuesta a ataques específicos. Primera Te-
salonicenses 1-3 contiene muchos rasgos autobiográficos en los
que Pablo ensaya su anterior relación con la comunidad y en-
fatiza su propio cometido como ejemplo a seguir (1:6; 2:14).
La exhortación 4:1-5:22 se basa en 1:2-3:13. En este estilo de
discurso parenético, Pablo destaca el hecho de que no les dice
nada nuevo, sino que les recuerda lo que ya saben (1:5; 2:1-
10).

Gálatas: Una Carta Deliberativa


La situación epistolar reflejada en Gálatas es que después
de la marcha de Pablo, llegaron extranjeros («judaizantes») a
Galacia y convencieron a algunos de que para ser cristiano,
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 269

había que convertirse primero al Judaísmo. En consecuencia,


algunos fueron circuncidados. Cuando Pablo se enteró de ésto,
se sintió molesto. Escribió a los gálatas para convencerles de
que el verdadero tema subyacente era la gracia contra la ley, y
que la fe era a la vez antes que; y superior a la ley como principio
de salvación:
Gálatas es a menudo considerada, en su totalidad o en parte,
como una carta apologética. En su comentario 1979 sobre Gá-
latas, Hans Dieter Betz expresa enérgicamente la opinión de
que Gálatas es una carta apologética que manifiesta una estruc-
tura de oratoria legal antigua. El planteamiento apologético de
Gálatas se basa en la suposición de que los judaizantes extran-
jeros se oponían también a Pablo y le calumniaban para desa-
creditar su mensaje.
El problema de identificar las acusaciones contra Pablo se
complica por el uso que él hace de la antítesis retórica (e.g.,
Gál. 1:1): «Pablo, apóstol, no de parte de los hombres ni por
mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y Dios Padre».
Pablo usa la antítesis de nuevo en el importante pasaje de Gál.
1: 11-12: «Porque el evangelio anunciado por mí no es de orden
humano, pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino
por revelación de Jesucristo». A veces se piensa que una lectura
inversa de éstas y otras declaraciones negativas (e.g., 1:16-17;
4:14; 5:1, 6, 13; 6:15) revela las acusaciones positivas de los
oponentes de Pablo. Al contrario que la situación en 1 Tesa-
lonicenses, en este caso Pablo sí tiene oponentes a los que
distingue de los mismos Gálatas (1:7, 9; 5:10, 12; 6:12). No
obstante, y puesto que Pablo probablemente refuta acusaciones
tanto reales como posibles, no podemos perfilar a los oponentes
de Pablo o sus acusaciones. Normalmente, en los discursos
legales de defensa, los cargos son expresados claramente; en
Gálatas deben deducirse.
Por otro lado, Gálatas puede leerse como carta deliberativa
con algunos rasgos apologéticos. Pablo intentó convencer a los
gálatas para cambiar su forma de pensar y su conducta. Intentó
ayudarles a entender la verdadera relación entre fe y ley y per-
suadirles para dejar de practicar el judaísmo como si fuese una
matriz necesaria para la fe cristiana. La cláusula de acción de
gracias que Pablo inserta normalmente después del sobrescrito
270 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

ha sido sustituido por la manifestación de una reprensión, que


tiene paralelos en las cartas de papiro. Gálatas 1:6-12 es la
introducción en la que Pablo critica a los gálatas por cambiarse
a otro evangelio y presenta el stasis o tema esencial de la carta:
el evangelio de Pablo viene de Dios, no del hombre. La narrativa
de Gál. 1:13-2:21 muestra un tono defensivo y pretende esta-
blecer la credibilidad de Pablo, ya que en la retórica deliberativa
el éthos o carácter moral y conducta del orador, si se desconocen
o son dudosos, deben ser establecidos. Gálatas 3:1-4:31 usa una
gama de argumentos comunes en estilo de diatriba (de aula) que
Pablo desarrolló en su ministerio de enseñanza para declarar
que los gálatas deben entender que la fe era a la vez anterior y
superior a la ley. La ley estaba destinada por Dios a ser sólo
una medida provisional para señalar la necesidad de la fe en
Cristo. A partir de ésta, no tiene ningún objetivo válido. Fi-
nalmente, Gál. 5:1-6:10 es una sección parenética en la que
Pablo exhorta a los gálatas a cambiar su conducta (i.e., aban-
donar la circuncisión y todo lo que ésta conlleva) basándose en
la adecuada comprensión de la verdad de la fe en oposición a
la ley. En tanto que la parenesis puede funcionar tanto en la
retórica deliberativa como en la epidíctica, dependiendo de si
se preve un cambio de conducta (deliberativa) o de si se subraya
una serie de valores comunes (epidíctica), la parenesis de Gál.
5:1-6:10 funciona principalmente de una forma deliberativa.

2 Corintios: Una Carta Compuesta

La relación de Pablo con los cristianos corintios fue muy


compleja y supuso muchos intercambios de mensajes escritos y
orales desde 54-56 aproximadamente. Pablo se refiere a una
«carta anterior» en 1 Cor. 5 :9, y a una «carta triste» en 2 Cor.
2:4 y 7:8. Éstas no sobrevivieron o fueron incluidas, en forma
modificada, en 2 Corintios. Por cuanto 1 Corintios no está am-
pliamente considerada como carta compuesta, 2 Corintios puede
ser una fusión de dos o seis composiciones distintas reunidas
por un editor desconocido antes de su inclusión en la colección
paulina. Éstas abarcan (1) 2 Cor. 1:1-2:13; 7:5-16; 13:11-14;
(2) 2 Cor. 2:14-6:13; 7:2-4; (3) 2 Cor. 6:14-7:1 (el único seg-
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 271

mento posiblemente no-paulino); (4) 2 Cor. 8; (5) 2 Cor. 9; y


(6) 2 Cor. 10:1-13:10 (a menudo identificado como la «carta
triste» mencionada en 2:4). Desde luego, mientras más com-
plicadas se vuelven dichas teorías de partición, más especula-
tivas y menos creíbles parecen. Por esta razón, muchos eruditos
abogan por la unidad de la carta o por una división más simple
en dos cartas originalmente separadas representadas por 2 Cor.
1-9 y 10-13.
Lo que algunos han llamado la «carta de reconciliación» se
ha preservado en 2 Cor. 1:1-2:13; 7:5-16; 13:11-13. El sobres-
crito epistolar ( 1: 1- 7) y nota final ( 13: 11-13) han proporcionado
la estructura redaccional a toda la carta compuesta. La «acción
de gracias» (1 :3- 7) no es característica de las cartas de Pablo
ya que no empieza por «doy gracias» (eucharistein) sino con
una fórmula de bendición (eulogétosi. Con todo, funciona como
las acciones de gracias de Pablo al señalar el tema principal: el
mismo consuelo divino que Pablo recibe al compartir los sufri-
mientos de Cristo puede ser experimentado por los corintios en
sus aflicciones. La sección central de esta carta consta de una
extensa narrativa autobiográfica que establece, a la vez que
defiende, el carácter y conducta de Pablo (1:8-2:13 y 7:5-16).
Los fragmentos de la carta que tienen al menos una inte-
gridad epistolar se preservan en 2 Cor. 2:14-; 13; 7:2-4. Una
posible explicación de esto es que estos fragmentos no consti-
tuyen realmente una carta originalmente independiente, sino más
bien una extensa disgresión apologética en la que Pablo defiende
su apostolado. Empieza con una oración de acción de gracias
(2: 14-17), pero no como la forma habitual de las acciones de
gracias introductorias de Pablo. La sección principal que sigue
consiste en una defensa de su apostolado (3:1-6:13 y 7:2-4).
Dentro de esta sección apologética, Pablo inserta una disgresión
sobre la manera judía y la cristiana de entender el Antiguo
Testamento (3:12-18). En esta carta truncada se insertó 2 Cor.
6: 14- 7: l. En su actual contexto literario también funciona como
disgresión, como lo revela la comparación de los versículos
estructurales 2 Cor. 6:13 y 7:2.
Recientemente, Hans Dieter Betz (1985) ha tratado de jus-
tificar la opinión de que 2 Corintios 8 y 9 eran originalmente
dos cartas distintas en bases más firmes y objetivas. Argumenta
272 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

que cada carta presenta una estructura epistolar coherente ( ca-


rente solo de sobrescrito y nota final) que revela su indepen-
dencia original. La segunda Corintios 8 (dirigida a Corinto) es
una carta en la que mezcla consejo (8:1-15) con asuntos ad-
ministrativos (8: 16-23), como lo sugiere el siguiente análisis:
(1) Introducción (vs. 1-5): Los macedonios, a pesar de la aflic-
ción y la pobreza, han contribuido más allá de sus medios. (2)
Declaración de hechos (v. 6): Tito ha sido designado para re-
coger su contribución. (3) Proposición (vs. 7-8): Como sobre-
salen en muchas virtudes espirituales, también pueden destacar
en generosidad. (4) Pruebas (vs. 9-15): Es a la vez honroso y
conveniente para ellos que a su promesa siga un regalo. (5)
Recomendación de delegados (vs. 16-22). (6) Autorización de
delegados (v. 23). (7) Epílogo: instancia a la aceptación de
delegados (v. 23). Betz compara 2 Cor. 8 con cartas de nom-
bramiento dadas a enviados (cf. Hch. 9:12; 22:5). Básicamente
2 Cor. 8 es una carta de consejo, comparable a las antiguas
cartas «oficiales» de recomendación, que refleja los convencio-
nalismos legales y administrativos de esa era (cf. 1 Cor. 16:3).
Segunda Corintios 9 ( dirigida a los cristianos de Acaya; cf.
2 Cor. 1: 1) es una carta deliberativa que presenta la siguiente
estructura: (1) Introducción (vs. 1-2): Pablo se enorgullece de
su disposición para dar. (2) Declaración de hechos (vs. 3-5b):
Pablo envía a emisarios a recoger su contribución para que no
estén desprevenidos cuando Pablo mismo llegue y para que nadie
se sienta violento. (3) Proposición (vs. 5b-c): La prometida
contribución aún no ha sido recogida. (4) Pruebas (vs. 6-14):
Razones para dar y los consiguientes beneficios espirituales y
materiales. (5) Epílogo (v. 15): Oración de acción de gracias.
Segunda Corintios 1 O: 1-13: 1 O (posiblemente la «carta triste»
mencionada en 2 Cor. 2:4 y 7:8) es un tipo característico de
carta apologética escrita para refutar las acusaciones de los opo-
nentes que habían influido en la opinión corintia contra Pablo.
Cuando Pablo niega ( en una pregunta a la que no se espera
contestación) que se defiende a sí mismo, en realidad sólo pre-
tende retraerse de la argumentación característica de la retórica
legal. En lugar de ello, elabora su defensa según las apologías
filosóficas de la tradición socrática. La acusación contra la que
hace una defensa, se cita en 2 Cor. 10: 10: «Porque se dice [i.e.,
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 273

los oponentes] que 'sus cartas son severas y fuertes, mientras


que la presencia del cuerpo es pobre y la palabra despreciable'».
En la tradición socr.ática, Pablo usa el sarcasmo, la parodia, y
la ironía como armas de defensa, «vanagloriándose» en un dis-
curso de necios (11:1-12:18) de su rechazo a aceptar ayuda
económica (11:7-12), y de visiones extáticas (12:2-4), de no
lograr· curarse (12:7-10), y de signos apostólicos (12:12).

Filipenses: Una Carta de Gratitud y Parenesis

Filipenses fue escrita desde la prisión ( 1: 12-14) y mezcla la


gratitud (apeucharistikos typos; Seudo-Demetrio, Tipos Epis-
tolares 21) con la parenesis. Pablo expresa gratitud a Dios por
la fe ejemplar de los cristianos de Filipo y a la comunidad por
su ayuda económica y por enviar ayudas como Epafrodito (1 :3-
11; 4:10-18). [Link] de parenesis impregnan también la
carta: exhortación positiva (1:27-2:4, 12-18; 3:1; 4:1, 4-8), ad-
vertencia (3:2), los ejemplos positivos dados por Pablo (1: 12- ..,,,., ..... ,
26; 3 :4-17) y Cristo (2:5-11), y los ejemplos negativos dados
por otros a quienes Pablo no menciona (3:18-19; 4:9).
Uno de los principales problemas al interpretar Filipenses
es el de la unidad de la carta. Se piensa frecuentemente que
Filipenses consta no de una, sino de tres cartas paulinas distintas,
unidas por un editor desconocido: (1) 1:1-3:1; (2) 3:2-4:1; (3)
4:10-20 (a menudo etiquetada como carta de agradecimiento).
Filipenses 3:2 sí que se desvía del tono anteriormente empleado,
pero esos cambios pueden explicarse como disgresiones epis-
tolares. EL plan de viaje en 2:19-30, aunque normalmente de-
biera estar en la conclusión de la parte principal de una de las
cartas de Pablo, también puede aparecer en cualquier otro lugar
(cf. 1 Cor. 4:14-21; Gál. 4:12-20; 1 Tes. 2:17-3:13). Además,
según la práctica antigua, la edición de cartas generalmente
representaba quitar sólo los sobrescritos y firmas espistolares.
Sin embargo, si Filipenses está compuesta de tres cartas pau-
linas, el editor también eliminó las cláusulas paulinas de acción
de gracias, lo que parece improbable. Además, el carácter om-
nipresente de la parenesis sugiere la unidad de la carta.
274 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Filemón: Una Carta de Recomendación

La situación· epistolar reflejada ~n Filemón, la carta má~


breve de Pablo (escrita desde una prisión romana), concieme'a
Onésimo, un esclavo fugitivo. Al llegar a Roma conoció a Pablo
y se convirtió. Pablo le envió de vuelta a su amo con una carta
de recomendación para facilitar · la reconciliación. Una carta
pagana de recomendación que a menudo se ha comparado con
Filemón es la Carta 9.21 de Plinio, en la que éste apela a
Sabiniano para que deponga su ira y acepte de nuevo a un liberto
arrepentido (Carta 9.24 es una subsiguiente carta de gratitud a ·
Sabiniano por aceptar su consejo). Filemón no es realmente una
carta privada, ya que está dirigido a Filemón, Apfia, y Arquipo
y «la iglesia de tu [singular] casa», aunque no es claro si la
carta está dirigida principalmente a Filemón o Arquipo (i.e., no
se sabe a quién se refiere el «tu» en singular). En tanto que la
sección de petición en Filemón (vs. 8-16) tiene algunas seme-
janzas con cartas de papiro de petición, su estructura y argu-
mento están en línea con los convencionalismos de la retórica
deliberativa. Filemón consta de cinco partes: (1) sobrescrito (vs.
1-3), (2) exordio o introducción (vs. 4-7), (3) parte principal
con pruebas (vs. 8-16), (4) epílogo o resumen final (vs. 17-22),
y (5) nota final (vs. 23-25). Las acciones de gracias de Pablo
(aquí vs. 4-7) indican generalmente los temas principales de sus
cartas, y ésta también funciona como una captatio benevolentiae
(un exordio que afianza la buena voluntad del receptor). Al
elogiar a Filemón, establece una buena voluntad mutua y destaca
cualidades a las que puede apelar a continuación (e.g., amor,
que estimula los corazones de los santos). En vs. 8-16, Pablo
anticipa un argumento y también hace una petición. Al hacer
uso de una apelación emocional en vs. 8-10, Pablo afirma tener
el status para dar órenes a Filemón, pero en lugar de ello decide
apelar a su amor cristiano. Propone que es ventajoso para Fi-
lemón reconciliarse con Onésimo, empleando un juego de pa-
labras: él que era «inútil» ahora será «útil» (Onésimo significa
«útil»). En los vs. 12-14 apela al honor de Filemón. Finalmente
en el epílogo vuelve a expresar su petición (v. 17), la amplía
(vs. 18-19), apela a las emociones de Filemón (v. 20), y se
asegura su favor (vs. 21-22). Varios temas cruciales se repiten
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 275

en el exordio, en la parte principal y en el epílogo: amor (vs.


5, 7, 9), bien (vs. 6, 14), compañerismo (vs. 6, 17), «corazón»
(vs. 7, 12, 20). Estas tres partes forman un silogismo: si Filemón
alivia el corazón de los cristianos (v. 7), y si Onésimo estimula
el corazón de Pablo (v. 12), entonces para aliviar el corazón de
Pablo, Filemón debe aliviar el corazón de Onésimo (v. 20).

Hebreos: Un Sermón Exhortativo

La situación retórica de Hebreos, según muchos eruditos,


fue la posibilidad de que un grupo particular aunque desconocido
de cristianos judíos pudiese deslizarse de nuevo al judaísmo.
En consecuencia, el autor les insta a permanecer firmemente en
la fe cristiana, que es superior al judaísmo. La antigüedad de
esta opinión se refleja en el título «A los Hebreos», extraído
del contenido y posteriormente añadido hacia el 150 d.C. Sin
embargo, algunos comentaristas ocasionales, desde James
Moffatt (1924) hasta Herbert Braun (1984), justamente han afir-
mado que esta opinión se basa en suposiciones no explícitamente
halladas en el texto. Mejor dicho, los receptores originales de
Hebreos fueron probablemente gentiles cristianos en peligro de
caer de nuevo en el paganismo. En una u otra opinión, retóri-
camente Hebreos es epidíctica. El autor insta a la audiencia a
seguir manteniendo los valores y opiniones sostenidas hasta
entonces. Hebreos fue escrita en 70-85 d.C. aproximadamente
(fue usada por el autor de 1 Clemente) y dirigida a una comu-
nidad local desconocida con problemas particulares y experien-
cias específicas (5:11-12; 6:1-12; 10:25, 32-34; 12:4; 13:7).
Escrita en un excelente griego aticizante (aparte del capítulo
parenético final), Hebreos es la única composición del Nuevo
Testamento que merece plenamente el calificativo de Kunstpro-
sa, «prosa eufónica» (cf. Eusebio Historia de la Iglesia
6.25.11). Como Lucas, Hebreos empieza con una complicada
frase periódica (1:1-4); muchas otras están distribuidas en toda
la composición, dando a la prosa una cualidad flúida (e.g. 2:2-
4; 3:12-15; 5:1-3, 7-10). El autor evita cuidadosamente el hiato
(breve interrupción producida cuando dos vocales se juntan en
palabras o sílabas sucesivas) y el anacoluto (interrupciones en
276 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

la secuencia gramatical). Presta una minuciosa atención a los


modelos del ritmo de prosa al final de las oraciones. Un ela-
horado uso de anáforas (serie de líneas que empiezan eón la
misma palabra), se halla en Hebreos 11, en donde dieciocho
frases, un encomio que detalla una serie depasados modelos de
fe israelita y judía apropiados para imitación, empieza cada· una
con la palabra pistei ( «mediante la fe»), evolucionando hacia
una conclusión emotiva y elocuente (11:32-39). La repetición
de pistei trae a la mente el uso que el autor hace de la aliteración.
Emplea seis palabras que empiezan con «p» en Hebreos 1: 1
(cinco en 11:28; cuatro en 12:11). Es evidente que el autor
gozaba de los beneficios de una educación retórica helenística
a través del nivel terciario.
El autor califica su obra como «una palabra de exhortación
fparaklesis]» (13:22), una frase empleada en otras partes de un
sermón de sinagoga (Hch. 13:15), una charla dinámica de Judas
Macabeo (2 Mac. 15: 11), y la substancia de un decreto apos-
tólico enviado por carta (Hch. 15:31). El autor espera de sus
lectores la mutua exhortación (3: 13; un topos parenético hallado
en Rom. 15:14; 1 Tes. 4:18; 5:11; cf. Rom. 14:19; Judas 20).
Esta mutua exhortación tiene lugar en el escenario del culto
comunitario (10:25), confirmando el carácter homilético de He-
breos. Varios rasgos señalan hacia el origen retórico más que
literario de Hebreos: el uso de preguntas retóricas (1:5, 13; 3:16-
18; 9:14; 10:29; 11:32), los destinatarios son aludidos como
«hermanos» (3:1, 12; 10:19; 13:22), la presencia de expresiones
retóricas como « Y ¿A qué . continuar?» y «Pues me faltaría el
tiempo si hubiera de hablar.' .. » (11 :32):. .
Pero ¿es Hebreos una carta? Si lo es,' ~s atípica, ya que tiene
nota final epistolar, pero no sobrescrito. El anonimato de He-
breos hace suponer que el sobrescrito epistolar original fue eli-
minado (en la antigua epistolografía, el anonimato era atípico),
o bien que un sobrescrito epistolar secundario (13:18-25) fue
añadido. Ninguna de estas propuestas es probable. A pesar de
la conclusión epistolar original, Hebreos probablemente se ori-
ginó como sermón (o serie de sermones) pronunciado oralmente,
al que se le dió forma literaria y distribuyó mediante la inclusión
de una nota final epistolar. Además, la sección final parenética
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 277

en 13: 1-17 tiene carácter epistolar, siguiendo el modelo de al-


gunas (aunque no todas) cartas paulinas.
La estructura de Hebreos sigue siendo un problema sin re-
solver. A pesar de la educación retórica del autor y de su in-
tención epidíctica, Hebreos no está estructurada de acuerdo con
los modelos característicos de la retórica epidíctica o de la de-
liberativa (con la que está estrechamente relacionada). Toda la
obra es exhortativa, basada en el tema central expresado en
Hebreos 2:2-4: debemos tomar nuestra revelación más en serio
de lo que lo hemos hecho. La estrategia retórica del autor se
basa en una comparación (synkrisis) entre lo viejo y lo nuevo.
Si Israel fue castigada por Dios por descuidar la revelación en
Sinaí, ¿cuánto más seremos castigados por descuidar nuestra
revelación, dada su superioridad? Esta superioridad es evidente
principalmente en Jesucristo el Hijo de Dios, que es la revelación
final de Dios. Jesús (y la nueva alianza) es superior a los ángeles
(1:1-2:18), la antigua alianza representada por Moisés (3:1-
4:13), y el sacerdocio (4:14-10:31). Hebreos 10:32-12:29 se
centra en pasados modelos de fe y resistencia para futura imi-
tación: la pasada conducta de la comunidad a la que se dirige
(10:32-39), una lista de héroes judíos de la fe (11:1-12:1), y
Jesús mismo ( 12:2~6). Se incluye una sección parenética con
una estructura informal ( 13: 1-17). Aquí el autor relaja el carácter
literario del griego que emplea. Por lo tanto, todo el capítulo
(y no sólo 13: 18-25) presenta un carácter epistolar. La doxología
de Hebreos (13:20-21) es una doxología epistolar ya que no
concluye directamente el cuerpo de Hebreos (de lo contrario,
tendría que estar después de 12:29), pero está estructurada por
los convencionalismos de la nota final epistolar (13: 18-25; cf.
1 Clemente 65:2) y está después de la parenesis epistolar en
13:1-17.
La parte principal de Hebreos (1: 1-12:29) es, por tanto, una
mezcla compleja de argumentos teológicos basados en la exé-
gesis del Antiguo Testamento interrumpidos por instancias ex-
hortativas. Las principales secciones exhortativas (aunque existe
desacuerdo sobre su alcance) incluyen 2:1-4; 3:7-4:13; 4:14-16;
5:11-6:12; 12:1-17; 13:1-17. Las porciones exhortativas de 1:1-
12:29, que reflejan el interés esencial del autor, son principal-
mente religiosas en su carácter y se centran en temas de resis-
278 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

tencia y fe, e.g., [Link] «Mantengamos firmes la fe que profe-


samos» (cf. 2:1; 4:1, 11; 10:23). Las exhortaciones positivas
están reforzadas con numerosas advertencias (2:1-4; 3:7-4:13;
6:4-8; 10:26-39; 12:25-29). Las advertencias son moderadas por
la garantía del autor de que son apenas necesarias (6:9; cf, Rom.
15:14-15). El hecho de que gran parte de la exhortación es un
recordatorio (2: 1) es un topos exhortativo característico.

Las Cartas de Ignacio

Ignacio, Obispo de Antioquía, fue arrestado hacia el 115


d.C. y llevado por tierra y por mar a Roma, para su ejecución.
Sus cartas, escritas ante la expectativa de una muerte inminente,
leídas como un testamento a las iglesias de Asia Menor. Al
contrario que las cartas paulinas, escritas en un espacio de quince
años, Ignacio escribió siete cartas en sólo unas pocas semanas.
Ignacio y su escolta militar llegaron al sur de Asia Menor y se
dirigieron al noroeste hacia Tróada (probablemente recogiendo
a otros prisioneros en el camino), deteniéndose en Esmirna. Allí
se le permitieron visitas de delegaciones de Efeso (Efesios 1.32),
de Esmirna (Magn. 15:1), de Magnesia (Magn. 2.1), y Tralles
(Trall. 1.1). Escribió cartas a cada una de las congregaciones
representadas (salvo Esmirna), y una a Roma (Rom. 10.1). Al
viajar al noroeste, Ignacio visitó Filadelfia (Filad. 7 .1). Desde
Tróada, antes de cruzar a Europa, escribió a Filadelfia (Filad.
11.2), Esmirna (Esmir. 12.1), y a Policarpo, obispo de Esmirna
tPolic. 8.1). Con excepción de las cartas a Roma y a Policarpo,
las demás fueron escritas a comunidades que habían enviado
representantes para encontrarse con Ignacio a lo largo del ca-
mino. Son, implícitamente, cartas de gratitud. ·
La popularidad de las siete cartas genuinas de Ignacio animó
a la adición de seis cartas falsas por una sola persona desconocida
antes del siglo quinto d.C. Sin embargo, la colección actual,
dispuesta, no en el orden encontrado en los manuscritos, sino
en el mencionado por Eusebio (Historia de La Iglesia 3.36.1-
10), sugiere que originalmente formaban dos grupos, las escritas
desde Esmirna (Efesios, Magnesios, Trallianos, Romanos), y
aquellas que fueron escritas desde Tróada (Filadelfos, Esmir-
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 279

nenses, Policarpo). Eusebio fue probablemente el responsable


de que se dispusieran en general en un orden de extensión de-
creciente. La colección empieza por Efesios (la más extensa,
1778 palabras) y concluye con Policarpo (la más breve.: 785
palabras). Entre ellas están Magnesios (1.063), · Trallianos
(950),. Romanos (1.032), Filadelfos (1.019) y Esmirnenses
(1.147). Estas cartas fueron reunidas por Policarpo a petición
de la congregación cristiana de Filipo (Policarpo, Fil. 13.1-2).

Fórmulas de Comienzo y Final

Las fórmulas epistolares de comienzo y final usadas por


Ignacio difieren del estilo epistolar de cartas cristianas anterio-
res. El título en todas las cartas es breve y sin pretensiones:
«Ignacio, llamado t~bién Teóforo». El adscrito esencial «a la
iglesia» fue ampliado por tres elementos estructurales: (1) par-
ticipios pasivos que describen los beneficios que cada iglesia ha
recibido de Dios (e.g., bendecida, predestinada, unida, elegida);
(2) adjetivos que describen la grandeza espiritual de cada iglesia
(e.g., digna de bendición); (3) mención del lugar de cada iglesia.
Esta traducción del prefacio a los Efesios presenta esta estructura
con los participios y adjetivos arriba mencionados, en cursiva:

Ignacio, llamado también Teóforo, a aquella que es bendecida


con grandeza por la plenitud de Dios el Padre, predestinada
antes de las edades para ser por siempre destinada a una gloria
permanente e inamovible, unida y elegida en verdadero sufri-
miento por la voluntad del Padre y Jesucristo nuestro Dios, a
la iglesia digna de bendición que está en Efeso de Asia, los
saludos más afectuosos en Jesucristo y con gozo intachable.

El adscrito más largo y adornado se halla en Romanos, donde


(entre otros floridos rasgos) tiene Ignacio una lista asindética de
seis adjetivos compuestos, empezando todos ellos por axio-
(«digna»): «digna de Dios, digna de respeto, digna de bendición,
digna de alabanza, digna de éxito, digna de santidad». Puesto
que Romanos es esencialmente una carta de petición, es obvio
que Ignacio trabaja en la presunción de que la adulación surtirá
el efecto deseado.
280 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

El saludo esencial que Ignacio elige emplear es «los saludos


más afectuosos» (ple is ta jairein), una fórmula que aparece por
primera vez en cartas de papiro a finales del primer siglo a.c.
En general lo amplía con frases preposicionales con carga teo-
lógica. El saludo falta en Filadelfos, aparentemente por des-
cuido. Tres veces incluye Ignacio en los sobrescritos la fórmula
aspazesthai ( «saludar» - normalmente colocada en las secciones
finales de las cartas paulinas), una fórmula epistolar que se
confirma en las cartas de papiro de los siglos del segundo al
cuarto d.C. (Magnesios, Trallianos, Romanos ). En tanto que
las acciones de gracias no se colocan después de los sobrescritos,
Ignacio sí que incluye una acción de gracias hacia el final de
varias de sus cartas, quizás para modificar conscientemente la
práctica paulina (Efesios 21.1; Filad. 1 L l; Esmirnenses 10.1).
Las notas finales de las cartas ignacianas presentan varios
rasgos formales: (1) Un final epistolar típicamente helenístico,
«adiós» ( errásthe), ampliado por varias frases preposicionales
como «en el Señor» (Polic. 8.3), o (la más larga)» en la con-
cordia de Dios que posee un espíritu resuelto que es Jesucris
to» (Magn. 15.2; cf. Ef 21.2; Rom. 10.3; Filad. 11.2; Esmirn.
13.2). (2) Saludos tanto personales como secundarios aparecen
frecuentemente (e.g., Magn., 15.1; Tral. 13. l;Rom. 9.3; Filad.
11.2; Esmirn. 11.1; 12.1; 13.1-2). Ignacio usa ocasionalmente
el verbo aspazomai en primera persona de singular ( «envié sa-
ludos»), una forma que se confirma sólo en el siglo segundo
d.C. y posteriormente (Tral. 12.l;Esmirn. 11.1; 12.2; 13.1, 2;
Palie. 8.2,3). (3). A menudo aparecen peticiones de oración
(EJ. 20.1; 21.1-2; Magn. 14.1; Rom. 8.3; Esmirn. 11.1). (4)
Ignacio emplea por lo general el verbo graphein («escribir») en
sus notas finales, y menciona el lugar desde donde escribe (un
rasgo inusual en las cartas helenísticas), e.g., EJ. 21.1; Tral.
12.1- 3; Rom. 10.1; Filad. 11.2. (5) Una nota final contiene la
fecha de la carta (Rom. 10.3), raro en las cartas helenísticas,
pero probablemente con la intención de facilitar a los cristianos
romanos el cálculo del tiempo aproximado de la llegada de
Ignacio.
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 281

La Parte Principal

Las secciones iniciales de las cartas de Ignacio presentan


paralelos estructurales con la correspondencia diplomática real
helenística, que empieza de manera característica con una sec-
ción elogiando a los destinatarios (i.e., una captatio benevolen-
tiae). La mayor parte de las cartas de Ignacio empiezan de este
modo. Aparte del preámbulo, las secciones centrales de las . .~ ., '
cartas de Ignacio son principalmente exhortativas y consisten
de varios tipos de parenesis, incluyendo una exhortación positiva
(Ej. 4, lO;Magn. 3-9);advertenciasnegativas(Ef. 5.2-3;Magn.
11; Tral. 7; Filad. 2-3; Esmirn, 6-7), ejemplos positivos (Ef
12), ejemplos negativos (Ej. 7). El estilo exhortativo de Ignacio
es amable, nunca autoritario (Tral. 3.3). Una forma caracterís-
tica de resumir sus exhortaciones es, por ejemplo, la frase im-
personal «por lo tanto es conveniente que hagáis (ésto o lo otro)»
(EJ. 2.2; Magn. 3.2; Rom. 12.2; Esmirn, 7.2; Palie. 5.2). Si-
guiendo otra suave técnica exhortativa, Ignacio insta con fre-
cuencia a sus lectores a continuar con lo que ya están haciendo
(EJ. 4.1; Tral. 8.1; 12.l;Esmirn. 4.1). A Ignacio le gusta la
', .
antítesis retórica y, al igual que Pablo, hace un amplio uso de
ella en parenesis (Ef 12.1-2; Magn. 3 .1; 7 .1; 11.1; Rom. 4.1-
3; Filad. 1.1). Ignacio caracteriza varias de sus propias cartas
como «llamamientos» o «exhortaciones» (parakalein, Ej. 3.2;
Magn. 14- l~Polic. 7.3), un término sinónimo de parenesis
(Magn. 6. r ; Esmirn. 4.1). Ignacio sabe que un llamamiento
(apropiado para los de condición social más o menos equiva-
lente) es una forma más suave de aproximación que una orden,
tal como lo haría un apóstol (Ef 3.1; Tral. 3.3; Rom. 4.3). En
Filemón 8-9, que Ignacio usó probablemente como modelo,
Pablo también suplica a Filemón, más que darle una orden. Uno
de los modos de exhortación con los que complementa su suave
estilo es el uso frecuente de subjuntivos exhortativos en primera
persona de plural, e.g., «Temamos el largo sufrimiento de Dios»
(Ej. 11.1); «Amémosle» (Ej. 15.3).
La esencia de las exhortaciones y los consejos de Ignacio
varía poco de una carta a otra, un hecho que sugiere que la
situación epistolar era principalmente determinada por las pro-
pias circunstancias de Ignacio. En una aplicación eclesiástica
282 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

del principio de sumisión característico de los códigos domés-


ticos, Ignacio aconseja a los cristianos el respeto y obediencia
al obispo y el concilio de los ancianos, representantes terrenales
de Dios o Jesucristo y los apóstoles (Ej. 4.1-6.2; Magn. 6.1-
7.2; Tral. 2.1-3.3; Esmirn, 8.1-9.2). «Concordia», «unidad»,
y «paz» son palabras clave en la sumisión al obispo ( EJ. 13 .1-
2; Filad. 8.1-2), en tanto que «disensión», «soberbia», y «dis-
cordia», son provocadas por los que se resisten a la sumisión
(Ef 8.1; Magn. 6.2). Ignacio también aconseja a los cristianos
que eviten a los maestros descarriados que difunden la herejía
(Ej. 9.1; 17.1; Tral. 6.l-2;Esmirn. 4.1), y que sean ejemplos,
siguiendo al Señor, de amabilidad, fe, amor, humildad y resis-
tencia (Ej. 10.1-2; Magn. 1.2; Tral. 4.1-2). Tiene un primordial
interés teológico en que los auténticos cristianos acepten ple-
namente el verdadero nacimiento, sufrimiento y resurrección de
Cristo. Por lo tanto, intercala con frecuencia fórmulas doctri-
nales que resumen una fe correcta (Ej. 7.2; 18.2; Magn. 11.1;
Tral. 9.1-2; Esmirn. 1.1-2). Lo que más se aproxima a una lista
de virtudes es una lista de aquellas por las que los herejes no
muestran predilección (Esmirn. 6.2).

Cartas y Homilias Generales

La carta u homilía general es una comunicación escrita entre


dos partes conectadas sólo de forma indirecta o imprecisa. Su
«relación» es distante y formal (e.g., generalmente falta el topos
de la amistad); la carta habla de asuntos que tienden a trascender
las situaciones históricas específicas; y pone énfasis en valores
ampliamente compartidos por los cristianos. La situación del
autor determina el contenido de la comunicación; la situación
de los destinatarios es generalmente desconocida y el mensaje
tiene el carácter de un monólogo. ·Dichas cartas tienden a evitar
o incluso suprimir formas y estilos típicamente epistolares para
otros tipos de discurso. Entre las cartas generales del Nuevo
Testamento están: Romanos, Efesios, las Pastorales, 1-2 Pedro,
Santiago y Judas. No hay homilías generales en el Nuevo Tes-
tamento, y sólo una entre los Padres Apostólicos: 2 Clemente.
En el análisis de las diversas composiciones que se mencionan
más abajo, nos centraremos en Romanos, Santiago y 1 Pedro.
1
~
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 283

Las cartas generales ( excepto Romanos) tienden a ser a la


vez tardías y seudónimas. La iglesia del siglo segundo prefería
entender las cartas apostólicas en función de su aplicabilidad
universal, más que de las situaciones particulares en las que
tuvieron origen. El Canon Muratoriano (hacia 170 d.C.) expresa
esta opinión. Después de observar que Pablo escribió a siete
iglesias (un símbolo de la Iglesia universal), el desconocido autor
continúa: «sin embargo una Iglesia se ha extendido por toda la
tierra». De manera semejante, Tertuliano, sosteniendo que
«Laodiceos» de Marción realmente debería llamarse «Efesios»,
concluye: «Pero el título no importa, ya que cuando el apóstol
escribía a algunos, escribía para todos» (Contra Marción
5 .17 .1). Esta tendencia a entender las cartas de Pablo en un
sentido general alentó la producción de cartas seudiepigráficas
(e.g., Efesios, Santiago, 1 Pedro) en las que el consejo apos-
tólico del pasado se entendió como igualmente susceptible de
ser aplicado a situaciones y condiciones subsiguientes.
Un grupo de las cartas del Nuevo Testamento que pertenece
a la categoría de cartas generales son las llamadas cartas católicas
o epístolas generales. Éstas incluyen siete composiciones de
otros autores aparte de Pablo: Santiago, 1 Pedro, 2 Pedro, 1
Juan, 2 Juan, 3 Juan, y Judas. La designación de «católica»
(i.e., «universal»), que se confirma por primera vez en Eusebio
(Historia de la Iglesia 2.23.24), fue empleada porque la mayor
parte de ellas carecen de destinación específica. Sin embargo,
las «cartas» Juaninas no encajan bien en la categoría. La Primera
de Juan es una homilía deliberativa más que una carta, y está
orientada al problema teológico específico de las creencias he-
réticas de los cristianos secesionistas. La Segunda y Tercera de
Juan son cartas circunstanciales. Es posible que las cartas ca-
tólicas hayan sido incorporadas separadamente a una colección
existente de cartas paulinas, o pueden haber sido agrupadas en
pequeñas colecciones. El recuento de palabras en cada carta
sugiere que una colección de cartas Juaninas se ha colocado
dentro de una anterior colección de cartas, con Hebreos como
introducción a ambas colecciones: Hebreos (4.942 palabras),
Santiago (l. 735), 1 Pedro (1.669), 2 Pedro (1.103), 1 Juan
(2.137), 2 Juan (245), 3 Juan (219), Judas (456).
284 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Romanos

Romanos es la única carta de Pablo escrita a una coinuñidad


cristiana que no había sido fundada ni visitada por él. · En otras
cartas en general, se puede inferir la situación histórica de los
destinatarios con cierta fiabilidad. Un problema esencial eri el
estudio de Romanos es si se trata de una carta circunstancial
escrita en respuesta a la verdadera situación de los cristianos
romanos (i.e., con un propósito deliberativo), o si el argumento
teológico de Pablo simplemente refleja su posición sobre cues-
tiones importantes, sin ninguna conexión con la situación de
Roma (i.e., con un propósito epidíctico). Sin embargo, no re-
sulta muy útil examinar Romanos en términos de categorías
deliberativas o epidícticas. El principal propósito de Pablo al
escribir Romanos fue presentar el evangelio que él proclamaba
(Rom. 1: 15) como un medio de presentarse a sí mismo y su
misión a los cristianos romanos, porque tenía la intención de
hacerles una visita (1:10-15; 15:22-29), y utilizar Roma como
zona de organización de una misión a España (15:24). Si Ro-
manos tenía la intención de presentar el evangelio a los desti-
natarios para convertirlos a la fe cristiana, la carta sería pro-
tréptica (i.e., de consejo), como la posterior Epístola a Diog-
neto. No obstante, y como su intención era presentar su
evangelio para que conocieran más sobre la naturaleza del mismo
y su modo personal de argumentación, Romanos es principal-
mente epidictica en intención. Pero Romanos debe ser com-
prendida a dos niveles. Mientras la presentación que Pablo hace
de su evangelio en Romanos 1-11 es epidíctica en su contexto
actual, en el anterior escenario de su ministerio, predicando y
enseñando, era protréptica, i.e., su· principal función era de-
mostrar la verdad del evangelio cristiano y convencer a los
oyentes a comprometerse con él y convertirse en cristianos. La
compleja argumentación teológica presentada en Romanos 1-11
y la sección parenética en Rom. 12:1-15; 13 debe haber sido
desarrollada por Pablo durante muchos años de predicación y
enseñanza (la misma tarea de redactar Romanos debe haber
tomado muchos meses);
Romanos es también única en cuanto a que en ella Pablo
hace un amplio uso del estilo de diatriba en la totalidad de Rom.
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 285

1-11. La diatriba era un estilo de aula que presenta el método


socrático de acusación y persuasión para sacar de la ignorancia
y el error a los estudiantes y conducirlos a la verdad. Los opo-
nentes imaginarios, objeciones hipotéticas, y conclusiones falsas
que impregnan la retórica de diatriba no reflejan la posición de
oponentes específicos a quienes el maestro ataca, sino que se
trata más bien de una gama de posibles objeciones. Por lo tanto,
la presentación que Pablo hace de su evangelio en Romanos 1-
11 no la ocasiona la situación epistolar especifica, presenta más
bien sus opiniones teológicas generales y su estilo de enseñar.
Pablo se presenta a sí mismo como maestro y predicador cris-
tiano, y la carta que envía es un sustituto para «predicar el
evangelio» (1: 11-15). La concentrada exposición del Antiguo
Testamento en Romanos (particularmente densa en Romanos 9-
11) subraya el carácter didáctico de la carta. El uso de la diatriba
en Romanos sugiere que Pablo no polemiza, por ejemplo, en
contra de los judíos o judaizantes en Rom. 2. Los enemigos
hipotéticos no pueden ser usados para reconstruir la situación
epistolar en Roma.
La sección parenética de Romanos (12: 1-15: 3) es introducida .. ... ,.
por una cláusula epistolar parakalein que sirve como transición:
«Yo apelo pues a vosotros, hermanos». Puesto que Pablo usa
el término parakalein para dirigirse a aquellos que considera
hermanos (cf. Filemón 8-10), es ésa la forma de aproximación
que emplea en Romanos. Algunos consideran general la ex-
hortación de Rom. 12:1-13:14 (sobre las responsabilidades que
los cristianos tienen unos con otros, resistencia ante a la per-
secución, sumisión a la autoridad gubernamental, y amor en el
cumplimiento de los mandamientos), pero contempla la pare-
nesis de 14:1-15:13 como específicamente dirigida ala situación
en Roma (el problema de los cristianos «fuertes» y los «débi-
les»). Pero el énfasis en Rom. 14: 1-15:3 no se basa en problemas
y polaridades particulares entre los cristianos romanos, sino en
una forma generalizada de un problema que Pablo ya ha tratado
en 1 Corintios 8-10 (el problema de comer o no la carne de los
animales sacrificados a los ídolos paganos). Los que lo consi-
deraban impropio eran los «débiles», y los que pensaban que
estaba permitido eran los «fuertes».
286 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

En el preámbulo (Rom. 1: 1-15), Pablo inserta una expansión


(vs. 2-6) dentro del sobrescrito epistolar (vs. 1, 7), que describe
la misión apostólica de Pablo a las naciones y la naturaleza de
su evangelio, anticipando dos asuntos principales en el cuerpo
de la carta. El preámbulo concluye con una acción de gracias
(vs. 8-12). Al comienzo, el preámbulo expresa el problema o
tema (quiere hacerles una visita y fortalecerles con algún don
espiritual), y en el epílogo (14:14-16:23) lo repite al final. Ro-
manos 1: 16-17 es la tésis o proposición de la carta: el evangelio
trae la salvación a todos los que creen, primero los judíos y
después los gentiles. Las noticias de la inminente visita de Pablo
enmarcan la carta (1: 10-15; 15:22-29), y la parte principal puede
entenderse como una detallada auto-presentación.
La historia textual de Romanos es más complicada que la
de cualquier otra carta paulina. Muy pronto (hacia 100 d.C.)
Romanos circuló de tres formas diferentes. El texto revisado
más extenso (y más original) constaba de los actuales dieciséis
capítulos. También circularon dos versiones apocopadas, una
de catorce y otra de quince capítulos. La frase «en Roma» (Rom.
1:7, 15) que falta en algunos manuscritos, fue omitida de la
versión del texto de catorce capítulos. Todas estas modificacio-
nes sugieren un primitivo intento de universalizar una carta que
ya tenía un carácter general. Romanos concluye con una do-
xología secundaria (16:25-27); Por lo general, las doxologías
paulinas no se encuentran al final, ni tampoco son extensas. La
doxología fue añadida como conclusión al texto abreviado de
Romanos (varios manuscritos la colocan después de 16:24, des-
pués de 14:23, después de 14:23 y 16:24, después de 15:33, o
bien la omiten completamente). Aunque a menudo considerada
como parte de una carta originalmente distinta a Efeso, Romanos
16 perteneció probablemente al texto original y más extenso de
Romanos.

I Pedro: Una Encíclica Parenética

El autor de 1 Pedro se preocupó no sólo de la conducta de


los cristianos que sufrían persecución (1:; 6, 3:13-17; 4:1-2, 12-
19) sino también en la experiencia inherente del ostracismo y
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 287

alienación social (1: 1, 17). Las extensas secciones parenéticas


de 1 Pedro proporcionan catálogos de una conducta recomen-
dada en situaciones de oposición y persecución (con Cristo sir-
viendo como modelo). Desde un punto de vista teológico, se
hace frente a la experiencia de alienación aclarando la herencia
celestial y escatológica de los cristianos. Esta situación epistolar
era compartida en apariencia por muchas congregaciones cris-
tianas diseminadas por toda la parte occidental de Asia Menor
hacia el final del siglo primero d.C. En consecuencia, 1 Pedro
tiene el carácter de una encíclica dirigida a los «exiliados de la
dispersión en Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia» (todas
ubicadas en Asia Menor, posiblemente reflejando la ruta del
emisario que llevaba la carta). Las encíclicas se usaron en el
judaísmo tanaítico (70-200 d.C.) para una variedad de propósitos
religiosos y administrativos. La designación de cristianos en la
«diáspora» está obviamente moldeada en conceptos judíos.
El autor desconocido de esta carta seudoepigráfica eligió un
modo indirecto de abordar la situación de los cristianos de Ana-
tolia hacia finales del siglo primero d.C. La atribución de esta
carta al Pedro de una generación anterior, no sólo revela un
problema de autoridad en el cristianismo de aquel tiempo, tam-
bién sugiere cómo debían entenderse las cartas escritas antes
del 70 d.C.: paradigmáticamente, en cuanto a los tipos limitados
de situaciones que se repiten en la experiencia cristiana.
El griego de 1 Pedro (escrita entre 70 y 90 d.C.), junto con
Santiago y Hebreos, es de lo mejor del Nuevo Testamento.
Muchos eruditos han considerado la mayor parte de 1 Pedro
1 :3-4: 11 como un sermón bautismal (muchas alusiones al bau-
tismo impregnan los primeros tres capítulos: 1:3, 18, 22-23; 2:2-
3,9-10, 21, 24-25; 3:21), aunque, de hecho, no se ha conservado
ninguna liturgia bautismal en la carta .. Las alusiones al bautismo
se emplean como base para las inquietudes parenéticas del autor.
Por tanto, la parenesis impregna 1 Pedro 1 :3-4: 11 ( 1: 13-17, 22-
25; 2:1-3; 2:11-3:22), casi tanto como en 4:12-5:11. A este
sermón bautismal se añadió una sección exhortativa (4: 12-5: 11),
junto con un sobrescrito epistolar (1:1-2) y nota final (5:12-14),
convirtiendo el conjunto en una carta encíclica.
288 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Para un posterior estudio

Sobre Las Cartas Cristianas Primitivas en General: Nils


A. Dahl ha escrito el breve pero importante artículo «Carta» en
Diccionario del Intérprete de la Biblia, vol. supl. (Abingdon
Press, 1976), pp. 538-541. El mejor análisis, en realidad el
) informe de una investigación, es de W. G. Doty, Las Cartas
en el Cristianismo Primitivo (Fortress Press, 1973). Un buen
estudio reciente es el de J .L. White, «Literatura Epistolar del
Nuevo Testamento en el Marco de la Epistolografia Antigua»,
ANRW II.25.2 {1984), 1730-1756. Un estudio más antiguo y
detallado centrándose en las cartas paulinas es el de Otto Roller,
Das Formular der paulinischen Briefe: Ein Beitrag zur Lehre
vom antiken Briefe (Stuttgart: W. Kohlhammer, 1933). Para una
perspectiva global más reciente, véase de John L. White, «San
Pablo y la Tradición de Cartas Apostólicas», RTBC 45 (1983),
433-444.
Sobre Fórmulas Epistolares: Klaus Berger, «Apostelbrief
und apostolische Rede: Zum Formular frühchristlicher Briefe»,
ZNW 65 (1974), 191-207; Carl J. Bjerkelund, Parakalo: Form,
Funktion und Sinn der Parakalo-Satze in den paulinischen Brie-
fen (Oslo: Universitetsforlaget, 1967); John L. White, «Fór-
mulas Introductorias en el Cuerpo de la Carta Paulina», RLB
90 (1971), 91-97. Firmas: Gordon J. Bahr, «Las Firmas en las
Cartas Paulinas». RLB 87 (1968), 27-41. Acción de Gracias:
Peter Thomas O'Brien, Acciones de Gracias Introductorias en
las Cartas de Pablo (Leiden: E.J. Brill, 1977); Paul Schubert,
Forma y Función de las Acciones de Gracias Paulinas (Berlin:
Tópelmann, 1939).
Sobre Formas Literarias Constitutivas: Declaraciones au-
tobiográficas: George Lyons, Autobiografía Paulina: Hacia una
Nueva Comprensión (Scholars Press, 1985). Bendiciones: L.G.
Champion, Bendiciones y Doxologías en las Epístolas de Pablo
(Bristol, 1934); Robert Jewett, «Forma y Función de la Ben-
dición Homilética»RTA 51 (1969), 18-34. Confesiones: Vemon
H. Neufeld, Las Más Antiguas Confesiones Cristianas (Wm,
B. Eerdmans Publishing Co., 1963). Doxologías: J.K. Elliot,
«El Lenguaje y Estilo de la Doxología Final en la Epístola a los
Romanos», ZNW 72 (1981), 124-130. Himnos: J.H. Charles-
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITIVAS 289

worth, «Prolegómeno a un Nuevo Estudio del Trasfondo Judío


de los Himnos y Plegarias en el Nuevo Testamento», REJ 33
(1982), 265-285; Reinhard Deichgráber, Gotteshymnus und Ch-
ristushymnus in der fruhen Christenheit (Góttingen: Vanden-
hoeck & Ruprecht, 1967). Formas Parenéticas: David L. Balch,
Que las Esposas Sean Sumisas: El Código Doméstico en 1 Pedro
(Scholars Press, 1981); Abraham J. Malherbe, Exhortación Mo-
ral, Colección Greco-romana de Documentos Para un Estudio
Histórico (Westminster Press, 1986); N. J. McEleney, «Las
Listas de Defectos de las Epístolas Pastorales», RTBC 36 (1974),
203-219; M. Jack Suggs, «La Tradición Cristiana de Los Dos
Caminos: Su Antigüedad, Forma y Función», en Estudios de la
Literatura Primitiva Cristiana y del Nuevo Testamento, rev. por
D.E. Aune (Leiden: E.J. Brill, 1972), pp.60-74; David C. Ver-
ner, La Familia de Dios: El Mundo Social de las Epístolas
Pastorales (Scholars Press, 1983). Topoi : El tratamiento más
conciso de los topoi helenísticos es de T. Conley, «El Uso de
los Topoi en Filón», y Dos Tratados de Filón de Alejandría,
por David Winston y John Dillon (Scholars Press, 1983), pp.
171-178. Hay diversos análisis de topoi en Pablo: David G.
Bradley, «El Topos como Forma en la Parenesis Paulina». RLB
72 (1953), 238-246; Terrence Y. Mullins, «El Topos como una
Forma del Nuevo Testamento», RLB 99 (1980), 541-547 (pen-
sando en corregir a Bradley, define una forma que es realmente
un entimema); John C. Brunt, «Nuevas Ideas sobre el Topos
como Forma del Nuevo Testamento», RLB 104 (1985), 495-
500 ( que sostiene que topos sólo significa «argumento»). P Janes
de Viaje: Robert W. Funk, «La Parusía Apostólica: Forma y
Significado», en Historia e Interpretación Cristiana: Estudios
Presentados a John Knox, rev. por W.R. Farmer, C.F.D. Mou-
le, y R.R. Niebuhr (Cambridge: University Press, 1967), pp.
249-268. Ver también de Terrence Y. Mullins, «Charlas de
Visita en las Cartas del Nuevo Testamento», RTBC 35 (1973),
350-358.
Sobre Estilos Epistolares de Discurso: Retórica Greco-
Romana: Los libros de George Kennedy son valiosos: El Arte
de la Persuasión en Grecia (Princeton University Press, 1963),
El Arte de la Retórica en el Mundo Romano (Princeton Uni-
versity Press, 1972), y Retórica Griega Bajo los Emperadores
290 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Cristianos (Princeton University Press, 1983). Particularmente


oportuna es la Interpretación del Nuevo Testamento A Través
de la Crítica Retórica (University of North Carolina Press,
1984). Ver también de W. Wuellner, «Retórica Griega y Ar-
gumentación Paulina», Literatura Primitiva Cristiana y la Tra-
dición Intelectual Clásica, rev. por W. R. Schoedel y R. L.
Wilken (Paris: Editions Beauchesne, 1979), pp. 177-188. Dia-
triba: Anteriormente el estudio general fue obra de Rudolf Bult-
mann, Der Stil der paulinische Predigt und die kynisch-stoische
Diatribe (Góttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1910). El tra-
tamiento más importante es ahora el de Stanley K. Stowers, La
Diatriba y la Carta de Pablo a los Romanos (Scholars Press,
1981); ver también su artículo, «El Diálogo de Pablo con un
Hermano Judío en Romanos 3:1-9», RTBC 46 (1984), 707-722.
Sermones u Homilías: Joseph Heinemann, «Predicación: En el
Período Talmúdico», Encyclopedia Judaica, XIII, cols. 994-
998; idem. «El Proemio en el Midrashim Agádico - Estudio
sobre Crítica de la Forma», Scripta Hierosolymitana 22 (1971),
100-122; Folker Siegert, Drei hellenistisch-jildische Predigten
(Tübingen: J.C.B. Mohr [Paul Siebeck]. 1980); Hartwig Thyen,
Der Stil der jüdisch- hellenistischen Homilie (Góttingen: Van-
denhoeck & Ruprecht, 1955).
Colecciones de Cartas: Pablo: C.P. Anderson, «La Epís-
tola a los Hebreos y la Colección de Cartas Paulinas», RTH 59
(1966), 429- 438; J. Finegan, «La Forma Original de la Colec-
ción Paulina», RTH 49 {1956), 85-104; H.Y. Gamble, «La
Redacción de las Cartas Paulinas y la Formación del Corpus
5 Paulino», RLB 94 (1975), 403- 418; E.J. Goodspeed, Intro-
ducción al Nuevo Testamento (University of Chicago Press,
1937), pp. 210-329; C.L. Mitton, La Formación del Corpus
Paulino (London: Epworth Press, 1955); L. Mowry, «La Pri-
mitiva Circulación de las Cartas de Pablo», RLB 63 (1944), 73-
86.
Sobre Pablo: Uno de los instrumentos más útiles en el
estudio de las formas, temas y estructuras de las cartas paulinas
es Paralelos Paulinos, por Fred O. Francis y J. Paul Sampley,
2ª edic. (Fortress Press, 1984). Un tratamiento excelente de
Pablo es de J. Christiaan Beker, Pablo el Apóstol: El Triunfo
de Dios en la Vida y el Pensamiento (Fortress Press, 1980). Ver
CARTAS Y HOMILIAS CRISTIANAS PRIMITNAS 291

también de Ronald F. Hock, El Contexto Social del Ministerio


de Pablo: Fabricación de Tiendas y Apostolado (Fortress Press,
1980); E.A. Judge, «San Pablo y la Sociedad Clásica», Jahrbuch
für Antike und Christentum 15 (1972), 19-36; y de Wayne A.
Meeks, Los Primeros Cristianos Urbanos: El Mundo Social del
Apóstol Pablo (Yale University Press, 1983).
Sobre Cartas y Homilías Selectas del Nuevo Testamento:
Romanos: Harry Gamble, Jr., La Historia Textual de la Carta
a los Romanos (Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1977); Ro-
bert Jewett, «Romanos como una Carta Embajadora», Inter-
pretación 36 (1982), 5-20; R.J. Karris, «Rom. 14:1-15:13 y la
Situación de Romanos» RTBC 25 (1973), 155-178; W. woen-
J ner, «La Retórica de Argumentación de Pablo en Romanos:
Alternativa al Debate de Donfried-Karris Sobre Romanos»,

1
;~
RTBC 38 (1976), 330-351. I-2 Corintios: Hans Dieter Betz, La
Segunda a Corintios 8 y 9: Comentario sobre Dos Cartas Ad-
ministrativas del Apóstol Pablo (Fortress Press, 1985), contiene
·i
t una excelente bibliografía e historia de la investigación. Ver
también de Rudolf Bultmann, La Segunda Carta a los Corintios,
tr. por R. Harrisville (Augsburg Publishing House, 1985); Hans
Conzelmann, 1 Corintios: Comentario a la Primera Epístola a
los Corintios (Fortress Press, 1975); Robert M. Grant, «Ele-
mentos Helenísticos en 1 Corintios», en Orígenes Primitivos
Cristianos: Estudios en Honor de Harold R. Willoughby, rev.
por A.P. Wikgren (Quadrangle Books, 1961), pp. 60-66; y
Robert Jewett, «La Redacción de 1 Corintios y la Trayectoria
de la Escuela Paulina», RAAR 46 (1978), 398-444. Gálatas:
Hans Dieter Betz, Gálatas: Comentario a la Carta de Paulo a
las Iglesias de Galacia (Fortress Press, 1979); idem. «La Com-
posición Literaria y la Función de la Carta de Pablo a los Gá-
latas», ENT 21 (1974-75), 353-379. Filipenses: David E. Gar-
land, «La Composición y Unidad de Filipenses: Algunos Fac-
tores Literarios Descuidados», NovT 27 (1985), 141-173
(extensa bibliografía actualizada sobre el tema); Gerald F. Hawt-
home, Filipenses, Comentario Bíblico a la Palabra, vol. 43
(Word Books, 1983). 1-2 Tesalonicenses: H: Boers, <<El Estudio
de la Crítica de Forma de las Cartas de Pablo: 1 Tesalonicenses
como Ejemplo a Estudiar», ENT 22 (1976), 140-158; Helmut
Koester, « 1 Tesalonicenses - Experimento de Composición Cris-
:~
292 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

tiana», Continuidad y Discontinuidad en la Historia de la Igle-


sia: Ensayos Presentados a George Huntston Williams~ rev. por
F.F. Church y T. George (Leiden: E.J. Brill, 1979), pp. 33-44;
A.J. Malherbe, «Exhortación en la Primera Tesalonicenses»,
NovT 25 (1983), 238-256; idem: «Dulce como una Nodriza:El
Trasfondo Cínico de 1 Tesalonicenses 2», NovT 12 (1970), 203-
2}3; B. A; Pearson, «1 Tesalonicenses 2:13-16: Una Interpo-
lación Deutero- Paulina», RTH 64 (1971), 79-94. Filemón: F.F.
Church, «Estructura y Proyecto Retórico en la Carta de Pablo
a Filemón», RTH 71 (1978), 17-33; Norman R. Petersen, Re-
descubriendo a Pablo: Filemon y la Sociología del Mundo Na-
rrativo de Pablo (Fortress Press, 1985); John L. White, «Aná-
lisis Estructural de Filemón: Punto de Partida en el Análisis
Formal de la Carta Paulina», en Sociedad de Literatura Bíblica:
Documentos del Seminario 1971 (scholars Press, 1971), I, 1-
47. Hebreos: Dos excelentes comentarios: James Moffatt, Co-
mentario Crítico y Exegético a la Epístola a los Hebreos (Edin-
burgh: T. & T. Clark, 1924) y Herbert Braun, An die Hebráer
(Tübingen: J.C.B. Mohr [Paul Siebeck], 1984). Un importante
estudio reciente es el de Graham Hughes, Hebreos y la Her-
menéutica: La Epístola a los Hebreos como Ejemplo de Inter-
pretación Bíblica del Nuevo Testamento (Cambridge: University
Press, 1979). El importante estudio anterior de Ernst Kásemann
(1957) puede obtenerse en inglés: El Pueblo Errante de Dios:
Investigación de la Carta a los Hebreos, tr. por R.A. Harrisville
y I.L. Sandberg (Augsburg Publishing House, 1984). J Pedro:
F.W. Beare, La Primera Epístola de Pedro (Oxford: Basil
Blackwell, 1970); J.H. Elliott, Un Hogar para los Sin Hogar:
Exégesis Sociológica de 1 Pedro, Su Situación y Estrategia
(Fortress Press, 1981). ·
Las Cartas de Ignacio: El mejor comentario reciente con
una extensa bibliografía es de William R. Schoedel, Ignacio de
Aniioquia: Comentario a las Cartas de Ignacio de Antioquía
(Fortress Press, 1985). Antiguo pero indispensable: J.B. Light-
foot, Los Padres Apostólicos: Clemente, Ignacio y Policarpo,
2 partes en 5 volúmenes (Baker Book House, 1981; repr. de la
ed. 1889-90). Ver también de Hermann J. Sieben, «Die lgna-
tianen als Briefe: Einige formkritische Bemerkungen», VC 32
(1978), 1-18.
7
El Apocalipsis de Juan y la
Literatura Revelatoria Antigua

El Apocalipsis ( o Revelación) de Juan pertenece a un tipo


de literatura revelatoria antigua llamada «apocalipsis». La pa-
labra misma «apocalipsis» es una transcripción del sustantivo
griego apokalypsis (el término latino revelatio es un sinónimo)
que significa «destapar». Antes del siglo primero a.C. denotaba
«revelación (de secretos)», o «revelación (divina)». La primera
aparición del término en la literatura apocalíptica es en Ap. 1:1-
2 (escrito hacia el 95 d.C.), una oración que pretendía ser un
título:

Revelación de Jesucristo; se lo concedió Dios para manifestar


a sus siervos lo que ha de suceder pronto; y envió a su Angel
para dársela a conocer a su siervo Juan, el cual ha atestiguado
la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo: todo lo que
vió.

Cuando el Apocalipsis fue copiado en rollos de papiro, al


principio de su historia textual, una forma simplificada de esta
oración inicial, «Apocalipsis de Juan» (usando el título más
breve posible y el nombre del autor en genitivo, siguiendo los
convencionalismos antiguos), se usó como firma al final (Canon.
Cuando el Apocalipsis fue copiado en forma de página, el título
se cambió al principio. Debido a que el Apocalipsis fue llamado
el «Apocalipsis de Juan» (Cánon Muratoriano 71), o simple-
mente «Apocalipsis» (lreneo 5.30.3; Tertuliano, Contra Mar-
cion 4.5.2), durante el siglo segundo, el término apokalypsis
fue usado en textos cristianos de tipo semejante (Hermas, Visión
5, título). Mientras que un apocalipsis es el informe de una
visión en primera persona de una realidad trascendente, los
294 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

antiguos usaron el término más ampliamente (e.g., entre los


apocalipsis Copto-Gnósticos, el Primer Apocalipsis de Santiago
es un diálogo revelatorio y el Segundo Apocalipsis de Santiago
es un discurso revelatorio). El apokalypsis en Ap. 1:1 guarda
relación con una experiencia reveladora, no con una obra lite-
raria (cf. el uso que Pablo hace de una frase idéntica en Gál.
1:12). El autor describió su obra como una «profecía» (Ap. 1:3)
o un «libro profético» (22:7, 10, 18-19). Los antiguos textos
ahora llamados «apocalipsis» que antedatan al Apocalipsis de
Juan no contienen el término ni mucho menos lo usan para un
determinado género literario. Sólo los apocalipsis judíos pos-
teriores como 2 Baruc y 3 Baruc usan el término apokalypsis
como designación literaria en sus títulos. El Códice Colonia
Mani del siglo quinto d. C. se refiere a las obras de Adán, Setel,
Enós, Sem y Enoch como apocalipsis. ·

¿Qué es Apocalipticismo?

«Apocalipticismo», término que los eruditos alemanes in-


trodujeron a principios del siglo diecinueve, se emplea para los
tipos de sistemas de creencia escatológica reflejados en los apo-
calipsis, con los bíblicos de Daniel y el Apocalipsis de Juan
como modelos principales. El tema se aclara si el apocalipti-
cismo se divide en cuatro aspectos relacionados: (1) «escatología
apocalíptica», un sistema de creencias religiosas ; (2) «apoca-
lipticismo» y «milenarismo», formas de conducta colectiva ba-
sadas en esas creencias; (3) «apocalipsis», tipo de literatura que
da expresión escrita a esas creencias; y (4) «imaginería apoca-
líptica», el lenguaje y conceptos de la escatología apocalíptica
hallados fragmentariamente en una serie de marcos literarios
antiguos.

Escatología Apocalíptica

Como sistema de creencia, la e-;catología se centra en un


drama cósmico basado en un dualismo escatológico pesimista.
El actual orden del mundo del mal (controlado por los cola-
EL APOCALIPSIS DE JUAN 295

boradores humanos de un ser sobrenatural perverso y sus aliados)


terminará en breve por la intervención divina y será sustituido
por un orden nuevo y perfecto. El pueblo de Dios, una minoría
oprimida durante la presente era, espera fervientemente una
inminente visita de Dios o la aparición de su emisario o mesías
especialmente elegido. El cambio de era ocurrirá de manera
violenta mediante una serie final de luchas entre las fuerzas de.
luz y las de la oscuridad. El resultado no se cuestiona nunca,
ya que las segundas están destinadas a ser derrotadas y des-
truídas. La nueva era será precedida por un tiempo de sufri-
miento seguido por el juicio y castigo de los malvados y la
resurrección y recompensa de los justos. «Escatología», término
que significa «relato de las últimas cosas», es una escatología
apocalíptica sin el dualismo pesimista y la esperada crisis.
El escenario que se acaba de describir, con muchas variantes,
se debe en gran parte a las ideologías monárquicas de los rituales
de entronización del Cercano Oriente. En Asiria, Egipto, Israel
y Persia, la coronación de un nuevo monarca era míticamente
entendido como símbolo de una renovación cósmica, basada en
el triunfo divino sobre el caos, y la creación de un nuevo orden
de paz y prosperidad. La escatología apocalíptica, la ideología
de resistencia y protesta, fue una respuesta al derrocamiento y
supresión de una monarquía nativa divinamente constituida por
una dinastía extranjera, acompañada a menudo por cambios
forzados en las costumbres y leyes nativas, degradación social
y explotación económica. Más que centrarse en el significado
cósmico de un cambio de gobernantes o en el advenimiento de
una nueva dinastía en el presente, la escatología apocalíptica
fantaseaba sobre la restauración del orden, proyectando una
liberación en el futuro.

Apocalipticismo y Milenarismo

Como sistema de creencias, la escatología apocalíptica no


se puede separar del espectro de las conductas colectivas reli-
giosamente motivadas, de las que es expresión ideológica. Pues-
to que la «conducta colectiva» abarca cualquier cosa desde una
moda pasajera hasta movimientos sociales organizados, el tér-
296 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

mino «apocalipticismo» puede usarse para representar formas


más elementales de conducta colectiva, y «milenarismo» para
las más complejas. El apocalipticismo es una respuesta colectiva
sobrenaturalista a la experiencia compartida de «privación re-
lativa», i.e., percepciones grupales de discrepancia entre ex-
pectación legítima y realidad, y el sentimiento de alienación
resultante, producido por la dominación extranjera, supresión
de la monarquía nativa, y explotación económica. La comuni-
cación e interacción de varios tipos son esenciales a la conducta
colectiva, y la composición apocalíptica es una forma de co-
municación en la que las creencias rudimentarias del grupo en-
cuentran expresión y orientación. Otros tipos de «comunica-
ción» pueden incluir gestos, rumores, motines, graffiti, discur-
sos, circulación de panfletos y actos terroristas. Se ha sostenido
de manera verosímil que Daniel 7-12 es un manifiesto apoca-
líptico relacionado con la rebelión macabea (hacia el 165 a.C.).
Los escenarios sociales de otros apocalipsis judíos son mucho
más especulativos. Es probable que la literatura de resistencia
en forma de apocalipsis fuese un medio de expresión totalmente
separado de los movimientos milenarios mismos, i.e., un fe-
nómeno de eruditos y escritores que sin embargo dió expresión
y forma a un sentimiento religioso popular.
«Milenarismo», término que describe una forma compleja
de conducta colectiva ampliamente usado en estudios contra-
culturales de movimientos religiosos inspirados por la visión de
una sociedad utópica, debe su uso al Apocalipsis de Juan. Apo-
calipsis 20:4-6 habla del reino mesiánico de Cristo durante el
intervalo de 1.000 años entre la Segunda Venida y el Juicio
Final. El término «milenio», que significa literalmente «(período
de) 1.000 años», connota la era de la perfección y felicidad
esperada por ciertos tipos de movimientos religiosos. Los mo-
vimientos de milenio ( designados alternativamente como nati-
vísticos, revitalísticos, y movimientos de carga) han sido inten-
samente estudiados en años recientes por científicos sociales.
Estos movimientos están animados por la fantasía de una sal-
vación que se ha de llevar a cabo de manera inminente por los
miembros de un grupo, sobre una tierra totalmente transformada,
y efectuada por medios sobrenaturales.
EL APOCALIPSIS DE JUAN 297

El sociólogo británico Bryan Wilson ha sintetizado nume-


rosos estudios de movimientos religiosos de protesta. Centrán-
dose en los movimientos sociales estimulados por reacciones
sobrenaturalistas al cambio social, ha propuesto una tipología
ideal de siete clases basada en la forma en que estos movimientos
responden al mundo: (1) la respuesta «conversionista» (la gente
debe transformarse), (2) la respuesta «revolucionaria» (el mundo
debe ser transformado), (3) la respuesta «introversionista» (el
mundo debe ser abandonado), (4) la respuesta «manipuladora»
(las percepciones deben ser transformadas), (5) la respuesta
«taumatúrgica» (ciertas enfermedades pueden ser curadas mi-
lagrosamente), ( 6) la respuesta «reformista» (el mundo debe ser
reformado), y (7) la respuesta «utópica» (el mundo debe ser
reconstruido). Algunos de estos movimientos tienden a crista-
lizar en torno a un líder carismático que proporciona una cierta
dosis de estabilidad organizativa.
Los movimientos milenarios no eran raros en el Judaísmo
durante los períodos helenístico y romano. Josefo describe varios
de los movimientos revolucionarios que aparecieron desde la
conquista romana de Palestina (63 a.C.), hasta la primera re-
belión judía (66-74 d.C.). La rebelión judía contra Roma en el
año 66 d.C. fue seguida poco después por la cristalización del
partido revolucionario zelota (67-68 d.C. aprox.), La comunidad
de Qumran, una secta esenia separatista, fue un movimiento
introversionista, en tanto que el movimiento de Juan el Bautista
tuvo un énfasis conversionista. El movimiento de Jesús mezcló
acentos conversionistas y taumatúrgicos, llamando a la gente al
arrepentimiento y curando milagrosamente sus enfermedades.

Los Apocalipsis

Los apocalipsis judíos florecieron en el período tardío del


Segundo Templo, del 200 a.C, al 100 d.C. Daniel 7-12, con-
siderado 'durante mucho tiempo como el apocalipsis judío más
antiguo (hacia 165 a.C.), pudo haber sido antecedido por las
secciones más antiguas del apocalipsis compuesto J Enoch, el
Libro de los Vigilantes (1-36), y el Libro de las Luminarias
Celestes (72-82), ambos del tercer siglo a.C. Se escribieron
298 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

muchos más apocalipsis . durante la generación siguiente a la


destrucción de Jerusalén por los romanos en el 70 d.C. (e.g.,
2 Enoch, 2 Baruc.. y 4 Esdras). Algunos textos judíos posterio-
res, carentes de inquietud política y que subrayan la especulación
cosmológica, reflejan la transformación del misticismo apoca-
líptico en misticismo Merkabah (Chariot). Incluyen Hekalot
Rabbati, Merkaba Rabba, y 3 Enoch (tercer siglo d.C. y pos-
terior). De los tres apocalipsis cristianos más primitivos, el Apo-
calipsis de Juan (hacia 95 d.C.) sigue muchos convencionalis-
mos de los apocalipsis judíos, y el Pastor de Hermas (escrito
en etapas desde aprox. 90 a 150 d.C.) mezcla tradiciones re-
velatorias judías y helenísticas. El Apocalipsis de Pedro (hacia
135 d.C.) sigue muy de cerca los convencionalismos helenís-
ticos. Composiciones parecidas a los apocalipsis judíos se pro-
ducían en Persia y Egipto. En Egipto, la literatura de resistencia
escatológica escrita durante los períodos helenístico y romano
incluye la Crónica Demótica, el Cordero de Bokkhoris (ambos
del tercero al segundo siglo a.C.), y el Oráculo del Alfarero
(hacia 130 a.C.). La primera evidencia que se ha encontrado de
escatología apocalíptica en Persia (i.e., pre-Sasania, antes· de
221 d.C.) en el Oráculo de Histaspes (siglo primero a.C.) y
Plutarco, Sobre Isis y Osiris, 369F-370C (m. hacia el 120 d.C.).
Mientras que la escatología apocalíptica impregna la literatura
religiosa iraní, no se han encontrado apocalipsis independientes
en la tradición iraní, aunque aparecen como partes de compo-
siciones más extensas.
Los muchos rasgos literarios característicos de los apocalip-
sis se enumeran a veces en forma de serie bajo la dudosa su-
posición de que esas listas describen adecuadamente el género.
Los rasgos importantes de los apocalipsis enumerados de forma
característica incluyen la seudoepigrafia (uso del nombre de una
persona famosa como seudónimo), análisis históricos presen-
tados como predicciones (que a menudo implican la periodi-
zación de la historia), informes de visiones o sueños, el uso de
imaginería extraña, la presencia de un revelador sobrenatural
que explica el significado de las visiones (particularmente im-
portante cuando las visiones se tienen sobre la tierra y contienen
un mayor simbolismo), énfasis en la revelación de misterios
cósmicos que incluyen un conocimiento especial sobre el fin
EL APOCALIPSIS DE JUAN 299

del mundo, y viajes guiados a regiones superterrestres y/o sub-


terrestres.
El género apocalíptico debería más bien ser descrito en tér-
minos de un paradigma de los rasgos interrelacionados de forma,
contenido y función. En cuanto aforma, un apocalipsis es un
recitado en prosa en primera persona de visiones revelatorias o
sueños, enmarcados por una descripción de las circunstancias
de la experiencia revelatoria, y estructurados para enfatizar el
mensaje revelatorio esencial. El contenido de los apocalipsis
implica, en términos más amplios, la comunicación de una pers-
pectiva trascendente, a menudo escatológica, de la experiencia
humana. Los apocalipsis manifiestan una triple función: (1) le-
gitimar el mensaje (y/o al mensajero) mediante el llamamiento
a una autorización trascendente, y (2) crear un sustituto literario
de la experiencia revelatoria para los oyentes o lectores, (3) de
forma que los destinatarios del mensaje se sientan motivados a
modificar sus opiniones y conducta para ajustarse a las pers-
pectivas trascendentes. La densidad de esta definición requiere
una explicación más amplia en nuestro análisis del Apocalipsis
de Juan, que viene a continuación.

Imaginería Apocalíptica

Aunque la escatología apocalíptica es el lenguaje tanto del


milenarismo como de los apocalipsis, no se limita a esos con-
textos. Varios temas y adornos, bien sea aisladamente o en
grupos, aparecen en una variedad de montajes literarios que no
deberían en ese sentido ser considerados como apocalipsis o
reflexiones de movimientos milenarios. Por ejemplo, las nocio-
nes como la visita de Dios, el Reino de Dios, la resurrección
de los muertos, la tribulación, y conceptos apocalípticos simi-
lares pueden aparecer en varios textos, bien sea aisladamente o
en grupos. ¿Sugiere su presencia la de la escatología apocalíp-
tica, o pueden estos conceptos separados ser simplemente re-
petidos formalmente, aún cuando hayan perdido su vitalidad?
Por ejemplo, el lenguaje y los temas apocalípticos pueden apa-
recer frecuentemente en las enseñanzas de Jesús y en las cartas
de Pablo, pero los especialistas han negado a veces que uno o
300 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

ambos sean apocalipsistas. Esto sugiere un problema de defi-


nición que la naturaleza limitada de los textos que se han con-
servado hasta nuestros días nos impiden resolver.

Tipos de Literatura Revelatoria Antigua

Todas las cultura~ del mundo· mediterráneo antiguo y el


Cercano Oriente tenían una visión mundial revelatoria. Se su-
ponía que la comunicación entre los mundos humano y divino
era necesaria para alcanzar y mantener un bienestar social e
individual. Esta necesidad de un conocimiento especial, ina-
sequible por los canales convencionales, se oculta en el difun-
dido fenómeno de la adivinación, la interpretación de los men-
sajes simbólicos de los dioses. La adivinación oracular o pro-
fética, Ios mensajes de los dioses en lenguaje humano, se
convirtieron en la base de muchos tipos de literatura revelatoria.
«Oráculo» es un término derivado de la palabra latina oraculum,
aplicada a una opinión divina sobre lo desconocido o sobre el
futuro, y al lugar en el que tal opinión se daba. Los términos
«profecía» y «profeta» se derivan de una familia de palabras
griegas usadas para traducir la raíz hebrea nb' («profeta», «pro-
fetizar»). Tanto el Judaísmo como el Cristianismo evitaron en
general usar mantis, el término pagano griego para profeta. El
término «oráculo» ha llegado hasta nosotros a través de la li-
teratura griega y latina, y a menudo se asocia con las respuestas
inspiradas a las preguntas. Por otro lado, las palabras «profecía»
y «profeta» han sido transmitidas por medio de la tradición
judeo-cristiana y muchas veces· se relacionan con un discurso
inspirado no solicitado. De hecho; ambos se refieren al mismo
fenómeno contracultural, si bien reflejan diferentes idiomas cul-
turales. Los estudios antropológicos modernos de las culturas
del tercer mundo usan alternativamente los términos.

Literatura Revelatoria Israelo-Judía


En el antiguo Israel y Canaán, la profecía fue un fenómeno
oral hasta el siglo octavo, cuando aparecieron los grandes pro-
fetas clásicos, empezando por Amós y Oseas en Israel, y Mi-
EL APOCALIPSIS DE JUAN 301

queas e Isaías en Judá. Por lo general, estos profetas no eran


escritores, sino que tenían seguidores que escribían diversos
aforismos y discursos que más tarde se organizaron en com-
posiciones más extensas, que a su vez se convirtieron en la base
para la formación de los libros proféticos del Antiguo Testa-
mento (Is. 8:1; 30:8; Jr. 30:2; Ez. 43:11). Una de las razones
originales para dejar constancia de los oráculos proféticos fue
la de autenticar las palabras de los profetas en anticipación a su
cumplimiento (Is. 8:16-22; 29:11-12; 30:8-14; Ha. 2:2-3; Jr.
30:2-3). Otra razón fue la de proporcionar un sustituto de la
presencia del profeta (cf. las tres cartas proféticas de Jeremías,
Jr. 29:1-23, 26-28, 31-33). La profecía funcionaba de varias
formas en la antigua Israel, ya que había profetas de la corte
(pagados por el rey), profetas del templo (pagados por las au-
toridades del templo), y los profetas independientes tanto de la
corte como del templo. El auge de los profetas libres se extendió
desde el siglo octavo al sexto a.C., cuando Israel estaba pro-
fundamente afectada por sus vecinos expansionistas, Asiria, Ba-
bilonia y Persia. La profecía libre era en parte un movimiento
conservador de protesta que pretendía revitalizar los antiguos
ideales teocráticos que se consideraban en peligro por una mo-
narquía acomodaticia que buscaba complicadas alianzas extran-
jeras en interés de la seguridad nacional. Por tanto los profetas
independientes cuyos oráculos se han preservado en el Antiguo
Testamento constituyeron una poderosa fuerza política y social
en Israel, sin análogos reales en la historia griega o romana.
Antes del siglo segundo a.c. los escritos proféticos recibie-
ron una especie de status sacrosanto, anteriormente concedido
al Pentateuco. Fue en esta etapa cuando las obras apocalípticas
judías (los fragmentos de 1 Enoch y Daniel 7-12) empezaron a
escribirse. La sección profética de las escrituras judías no fue
venerada por curiosidad anticuaria, sino porque la ambigüedad
asociada con la profecía convirtió estos libros en una continua
fuente de revelación (cf. el uso de Jeremías en Dan. 9:2 y la
reinterpretación escatológica de Habacuc en el Comentario so-
bre Habacuc [4QpHab] en el Qumran). Filón de Alejandría,
autor de extensos comentarios bíblicos, consideraba el Penta-
teuco como una colección de oráculos. Las escrituras judías,
302 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

por tanto, sirvieron como paradigma para la revelación escrita


de forma única en el mundo antiguo. , , ; • ·
Se sigue debatiendo la relación entre profecía y lo apoca-
líptico en el judaísmo. Algunos destacan el carácter remoto de
lo apocalíptico y sugieren una influencia extranjera (por lo ge-
neral iraní), en tanto que otros opinan que lo apocalíptico es un
fenómeno interno israelita que se desarrolló a partir de la sa-
biduría mántica (en contraste con la sabiduría proverbial) o de
la profecía misma. La sabiduría mántica incluía la habilidad
para interpretar los sueños atribuida a los sabios como José y
Daniel en el Antiguo Testamento, en tanto que la sabiduría
proverbial se ejemplifica por los aforismos de la sabiduría con-
vencional hallados en los libros de los Proverbios y Sirac. La
fuerte presencia judía en la Diáspora oriental (Babilonia) durante
más de un milenio, a partir de principios del siglo sexto a.c.,
sirvió de conducto a las tradiciones mesopotámicas en el ju-
daísmo palestino. Ahora se reconoce ampliamente que la pro-
fecía no cesó con el último de los profetas israelitas (Haggaí,
Zacarías y Malaquías), sino simplemente adoptó formas dife-
rentes, adecuadas a las diversas circunstancias sociales y polí-
ticas. Los escritores apocalípticos afirmaron a menudo tener
inspiración ya sea explícita o implícitamente (J Enoch 91.1;
93. l; 2 Enoch 22.4-13; 4 Esdras 14; 2 Baruc 6.3; 10.1-3), pero
esto no siempre debe ser entendido como un desafío al status
de las escrituras «canónicas».
La literatura revelatoria en el primitivo judaísmo está enor-
memente limitada a géneros estrechamente asociados con la
escatología apocalíptica: (1) los apocalipsis, cuyo rasgo esencial
es la información de un sueño o visión (como unidades distintas
o enmarcadas por géneros-anfitrión como el testamento), (2)
discursos revelatorios, (3) diálogos revelatorios, y (4) revisiones
revelatorias de la Escritura. ·
El testamento, discurso de un patriarca moribundo modelado
según el discurso en el lecho de muerte de José (Gén. 49), puede
encontrarse solo o incorporado en otros géneros ( cf. el testa-
mento de Abraham en Jubileos 20-22). Los testamentos constan
de tres elementos básicos: (1) una biografía del patriarca, (2)
exhortación a sus descendientes, y (3) un pronóstico del futuro
desde el lecho de muerte. Esto se relaciona obviamente con la
EL APOCALIPSIS DE JUAN 303

triple estructura de las leyendas, .visiones, y admoniciones, ca-


racterísticas de muchos apocalipsis (e.g., 2 Enoch y 2 Baruc;
Daniel carece de admoniciones; el Apocalipsis carece de leyen-
das), y revela una compatibilidad básica entre el testamento y
el apocalipsis. Entre los testamentos con marcados segmentos
apocalípticos están los Testamentos de los Doce Patriarcas, el
Testamento de Abraham, y el Testamento de Moisés. El Tes-
tamento de Levi contiene los siguientes elementos constitutivos:
(1) narración de una visión espiritual (caps. 2-5), (2) narración
de una visión terrenal (cap. 8), (3) sección de admoniciones
(caps. 10-13), (4) profecía del futuro (caps. 14-18), todas ellas
fraguadas y marcadas por leyendas biográficas ( caps. 1, 6- 7, 9,
19).
Un discurso revelatorio es un discurso «profético» que puede
contener un repaso histórico presentado como predicción de
hechos futuros y/o una descripción escatológica de los aconte-
cimientos inmediatamente anteriores y posteriores al final de la
era. No es un apocalipsis porque no se presenta como el informe
de un sueño o visión. Los discursos revelatorios generalmente
son parte de una forma de testamento hallada en todos los Tes-
tamentos de los Doce Patriarcas (cf. Test. de Simeón 5.4-6;
Test. de Levi 14- 18; Test. de Judá 22-25; Test. /sacar 6; Test.
de Zabulón 9), y el Test. de Moisés 2-10; Test. de Adán 3.1-
12; Test. de Salomón 15.8-12, aunque no en los Testamentos
de Abraham, Isaac, Jacob y Job. También pueden incluirse en
las revisiones revelatorias de la Escritura (cf. Jubileos 23). En
el Nuevo Testamento, el Discurso del Monte de los Olivos
hallado en Marcos 13 y paralelos tiene esta forma.
Un diálogo revelatorio es una conversación entre un receptor
humano de revelación y un revelador sobrenatural, para expresar
no necesariamente una serie de opiniones, sino para usar al
receptor humano como contraste para la presentación del men-
saje revelatorio. Los diálogos son adecuados en el contexto de
viajes visionarios guiados al cielo o al infierno (cf. 1 Enoch 21-
36; Apocalipsis de Abraham 12-14), o visiones simbólicas (Dn.
7:15- 28; 8:15-27). El uso substancial del diálogo en 4 Esdras
y 2 Baruc entre el vidente y un ángel de Dios, en el que se
plantean verdaderos problemas por los videntes en una discusión
sobre la teodicea, no parece ser una evolución en línea recta
304 EL NUEVO TESTAMENTO EN .su ENTORNO LITERARIO

desde los antiguos diálogos revelatorios judíos pero muestra una


influencia greco-romana.
Las revisiones revelatorias de la Escritura son un modo
creativo de hacer frente al status normativo de la Tora y los
Profetas, que sólo dejaron caminos limitados para justificar las
prácticas disidentes: eisegesis (manipular el significado del texto
para reflejar la opinión del intérprete), modificación (pretender
cambiar los sagrados escritos, bien para añadir u omitir, o para
redactar documentos que puedan suplementar la colección) o la
verdadera revisión (re-escribir las partes ofensivas para que re-
flejen una opinión «correcta»). Eisegesis es, desde luego, el
planteamiento menos radical, en particular en ausencia de mé-
todos histórico-críticos, y se refleja en los comentarios bíblicos
de los Esenios de Qumran, el Mishnah del judaísmo rabínico,
y la primitiva interpretación cristiana del Antiguo Testamento
en el Nuevo. La modificación es más radical, y es evidente en
los cambios introducidos en el Pentateuco Samaritano, las adi-
ciones griegas a Daniel y Ester, y quizás la redacción de algunos
apocalipsis. La revisión es la solución más radical de todas, ya
que implica la sustitución de un escrito revelatorio anterior por
una versión actualizada; un ejemplo es la recomposición de
Génesis 1 hasta Éxodo 12 por el autor de Jubileos, so capa de
una revelación secreta.

La Literatura Revelatoria Greco-Romana

La literatura revelatoria de los períodos helenístico y romano


se basa ampliamente en los oráculos. Los romanos, herederos
de la complicada ciencia etrusca de adivinación, utilizó poco
los oráculos, en tanto que los griegos le dieron un elevado valor,
aunque también emplearon muchas otras formas de adivinación.
Los oráculos podían reunirse en colecciones ( en analogía con
las primeras fases de la formación de los libros proféticos del
Antiguo Testamento) y se ampliaron en discursos o diálogos
oraculares. Estos cuatro tipos literarios presuponen el fenómeno
del trance de posesión, i.e., posesión por un ser sobrenatural
que hace posible al medium hablar en nombre del dios. Una
quinta forma literaria, el informe de una visión (rasgo esencial
EL APOCALIPSIS DE JUAN 305

de los apocalipsis judíos y cristianos), se basa en el fenómeno


del trance de visión, i.e., visiones, alucinaciones, o experiencias
extracorporales. .
Los oráculos griegos eran generalmente breves ( dos cuatroo
líneas) y eran posicionamientosde la deidad inspiradora (Apolo,
por lo general), en verso o prosa expresados en primera persona
(Apolo, por lo general), en respuesta a preguntas hechas en los
santuarios del oráculo por personas o representantes de los es-
tados. Cuando algunos griegos tenían problemas al cavar un
canal, enviaban mensajeros a Delfos para preguntar a Apolo la
razón. Al parecer respondía en verso (Herodoto 1.174):

El istmo ni vallar con torres ni cavar por medio


pues Zeus lo habría convertido en isla, era ese su deseo.

Este oráculo está en forma de enthymeme, una afirmación


acompañada por una razón de fundamento. La mayor parte de
los oráculos tenían que ver con asuntos de ritual, como el si-
guiente oráculo en prosa citado por el orador ateniense Demós-
tenes (Discurso 21.53):

El profeta de Zeus en Dodona ordena: A Dionisio que ofrezca


sacrificios públicos y mezcle vino en un recipiente y cree danzas;
a Apolo el Previsor que sacrifique un buey y que todos lleven
guirnaldas tanto los hombres libres como los esclavos, y ob-
serven un día de descanso; a Zeus, dador de riquezas, un toro
blanco.

Con frecuencia el que pregunta recibe una copia escrita de


la respuesta oral. Si el que pregunta fuese un emisario de una
ciudad-estado, las respuestas podrían ser guardadas en los ar-
chivos del estado. El personal al servicio del oráculo a veces
guardaba respuestas oraculares en los archivos del templo. Los
oráculos particularmente importantes podrían ser grabados en
piedra a la vista de todos, y muchos de estos han sobrevivido,
aunque ninguno de Delfos, el más importante de los antiguos
santuarios oráculo de Apolo. La mayoría de los oráculos que
se han conservado se localizaron en escenarios literarios como
relatos oraculares, una forma que fue fomentada por Herodoto.
La ambigüedad de los oráculos proporcionaba un mercado para
306 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

los intérpretes profesionales de oráculos (exegetai), que ope-


raban en las cercanías de los santuarios oráculo.
Muchas colecciones de oráculos existieron en el mundo anti-
guo, pero sólo algunos de los Oráculos Sibilinos han sobrevi-
vido. Puesto que el sentido ambiguo de los oráculos significaba
que su cumplimiento era incierto, éstos eran coleccionados por
chrésmologoi («intérpretes de oráculos») itinerantes, quienes
proporcionaban lecturas e interpretaciones. Las colecciones, que
circularon bajo los seudónimos de Orfeo, Museo y las diversas
Sibilas y Bakides, no eran colecciones de respuestas, sino de
oráculos no solicitados que se creían pronunciados por una Sibila
o un Bakis (nombres genéricos para legendarios tipos proféticos
itinerantes, la primera siempre mujer, el segundo siempre varón)
y podían ser muy extensos. En cuanto a forma, muchas secciones
de los Oráculos Sibilinos son en realidad discursos revelatorios.
Los romanos guardaban una colección oficial de oráculos si-
bilinos para consultar en tiempos de emergencia nacional. El
legendario carácter de las diversas Sibilas (se distinguió a más
de cuarenta en la antigüedad) significa que los oráculos atri-
buídos a ellas eran realmente productos literarios seudónimos.
El diálogo oracular tiene una genealogía literaria compli-
cada como uno de los muchos tipos de diálogo que se desarrolló
en la cultura greco-romana. Los diálogos filosóficos de Platón
y Aristóteles se convirtieron en modelos literarios en todo el
resto de la antigüedad. Fueron emulados en Roma durante el
siglo primero a.C., más tarde por Plutarco y Luciano. Muchos
diálogos son ensayos vertidos en una forma dialogal artificial.
Como forma literaria independiente, los diálogos se ubican ge- .
neralmente en un escenario convencional (e.g., los diálogos del
templo ocurren en, o cerca de, un santuario, los diálogos de
simposio son diálogos de cenas, y los diálogos peripatéticos
sitúan la conversación en el marco de un paseo). Una forma
especial de diálogo es la erotapokrisis («pregunta-y-respuesta»),
una forma didáctica modelada en la conversación maestro-alum-
no. Este tipo de diálogo omitía todo escenario y se adaptaba
como vehículo literario para enseñanza revelatoria de un ser
sobrenatural en estilo catequético (e.g., muchos tratados Her-
méticos y los tres diálogos Copto-Gnósticos Hipostasis de los
Arcontes, Tomás el Contendiente, y Diálogo del Salvador). Más
EL APOCALIPSIS DE JUAN 307

que desarrollarse directamente a partir de diálogos convencio-


nales, o eriitapokriseís, los diálogos oraculares se derivaban del
simple esquema oracular pregunta-y-respuesta. Las preguntas
oraculares tenían a menudo dos partes, e.g., ¿Tendré que hacer
o no tal-o-cual cosa? y ¿A qué dios o diosa debo ofrecer sacrificio
para garantizar el éxito? (Tucídides 1.134.4; Jenofonte, Cami-
nos y Medios 6.2-3; Anábasis 3.1.5-7; Dionisio, Antigüedades
Romanas 1.23.4). Luciano ha preservado un diálogo oracular
entre un rico romano y la deidad oracular Asclepio-Glicón (Ale-
jandro 43). Muchos de los sortilegios revelatorios de los papiros
mágicos proporcionan instrucciones sobre diálogos que llevan
a preguntas-y-respuestas con los reveladores sobrenaturales.
Una adaptación literaria del diálogo oracular se encuentra en el
sexto libro de 1a Eneida de Virgilio, en la que el héroe Eneas
es llevado en un viaje guiado al Hades por la Sibila y su padre
fallecido Anquises, y pregunta sobre algunas de las escenas.
Virgilio usó como modelo la Odisea 11, donde Odiseo, sin guía,
mantiene conversaciones con una sucesión de espíritus en Ha-
des. Aunque la forma de diálogo no está realmente presente en
el Apocalipsis de Juan, se encuentra de forma altamente desa-
rollada en El Pastor de Hermas.
El discurso oracular fue otra forma de expandir las res-
puestas oraculares convencionales. El discurso oracular pudo
fácilmente transformarse en un diálogo oracular, es la historia
de algunos diál ogos Copto-Gnósticos. Los discursos proféticos
ficticios aparecen en la literatura griega, como el oráculo de la
suerte de Teoclimeno (Odisea 20.351-357), y los discursos del
inframundo que predicen las futuras aventuras de varios héroes
épicos (e.g., Odisea 11.90-137; Eneida de Virgilio 6.756-859).
El Libro 3 de los Oráculos Sibilinos (mitad del segundo siglo
a.C.) contiene varios discursos oraculares (97-161; 162-195;
196-294; 350-380; 381-387; 388-400; 401-488; 545-656; 657-
808). Tiende a haber dos tipos de discursos oraculares, los que
predicen el juicio, a menudo relacionados con un repaso his-
tórico presentado como pronóstico (e.g., Oráculos Sibilinos
3.97-161, 401-488) y los que presentan un esquema de dos
partes, la predicción de la tribulación seguida de la liberación
(e.g. Or. Sib. 3.350-380; 545-656; el Oráculo del Alfarero).
308 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Los informes de sueños o visiones son comunes en la lite-


ratura greco-romana, y manifiestan sorprendentes semejanzas
con los de las culturas del antiguo Cercano Oriente. Las ex-
periencias revelatorias pueden tener lugar en un escenario te-
rrenal (como en la mayoría de los sueños) o podrían implicar
una ascensión (al cielo) o un descenso (al inframundo). Además,
tienden a ser narrados en discurso indirecto e insertados en una
variedad de géneros-anfitrión, como la historia, biografía, no-
velas, y cartas (e.g., Dionisio, Antigüedades Romanas 1.57.3-
4; Plutarco, Lucullus 12.1-2; Eumenes 6.4-7; Filóstrato, Vida
de Apolonio 4.34). Una clase de forma literaria que tiene muchos
puntos de semejanza con los apocalipsis judíos y cristianos es
la narrativa de una ascensión o descenso al mundo sobrenatural
(descrito por los griegos con latitudes características como myt-
hos, «relato»). En su totalidad estas narraciones son seudónimas
y ficticias, hechas en primera persona por un informante su-
puestamente fidedigno. Ejemplos de ello son El Mito de Er de
Platón (República 10.13-16), el Sueño de Escipión (Cicerón,
República 6.9-26), las visiones de Timarco (Plutarco, Sobre el
Genio de Sócrates 21- 22), Tespesio (Plutarco, Sobre las De-
moras de la Justicia Divina 22-31), y Menipo (Luciano, lea-
romenippus). Muchos de estos apocalipsis consisten en viajes
en los que la recompensa tras la muerte a la rectitud, y/o el
castigo a los malvados, son vistos y relatados con el propósito
de inculcar un temor que tenga como consecuencia una correcta
conducta cuando estas experiencias sean contadas (Diodoro
1.2.2). Al contrario que muchos apocalipsis judíos, no están
relacionadas con la conducta colectiva basada en la experiencia
de una relativa privación. Además, son siempre elementos cons-
titutivos de formas literarias más extensas, a la inversa que en
sus análogos judíos y cristianos (aunque el Sueño de Escipión
se preservó de manera independiente debido al comentario que
sobre él hace Macrobio).
El Primitivo Apocalipticismo Cristiano
Juan el Bautista y Jesús
El cristianismo primitivo empezó como un movimiento mi-
lenario judío que sobrevivió a la muerte de su líder, Jesús de
Nazaret. Si el movimiento iniciado por Juan el Bautista fue un
EL APOCALIPSIS DE JUAN 309

movimiento conversionista ( cambiar el mundo cambiando a la


gente), el de Jesús -su sucesor- combinó el conversionismo
con la taumaturgia ( cambiar las condiciones del mundo mediante
los milagros). Por supuesto, estos movimientos fueron sólo dos
de las muchas posibles respuestas a las experiencias de alie-
nación y privación. La comunidad de Qumran fue introversio-
nista (abandonó el mundo), en tanto que los zelotas eran re-
volucionarios (intentaron cambiar el mundo). La escatología
apocalíptica proporcionó una base ideológica para estos movi-
mientos así como formas más elementales de apocalipticismo
halladas en la Palestina del siglo primero. Los judíos fuera de
estos círculos eran considerados tan enemigos como los roma-
nos. Como Juan, Jesús fue un apocalipticista que proclamó la
llegada inminente del Reino de Dios, lo que implicaba que la
aceptación de su credibilidad como proclamador fuese crítica-
mente importante. Excepto el extenso discurso revelatorio de
Marcos 13 y paralelos (ver abajo), las predicciones de Jesús que
reivindican historicidad incluyen (1) anuncios de la llegada in-
minente del Reino de Dios (Marcos 1:15; Mateo 10:7-8; Marcos
13:30); (2) predicciones de la destrucción de Jerusalén y el
Templo (Me. 13:2; 14:58; Le. 13:34-35; Mt. 23:37-39; Le.
19:41-44; 23:28-31); (3) predicciones de la llegada del Hijo del
Hombre (Mt. 10:32-33 y par.; Le. 12:8-9; Me. 8:38 y pars.).
Todas ellas se centran en una inminente visita divina que con-
lleva juicio y salvación, el rasgo central de la escatología apo-
calíptica. El mensaje de Jesús es epitomizado por la estructura
de dos partes de muchos de sus refranes, refiriéndose la primera
parte a la decisión presente del hombre, y la segunda a la res-
puesta futura de Dios (Mt. 23:11-12; Me. 8:35; Mt. 5:7; 18:3).
Estos refranes son adecuados en un movimiento conversionista,
ya que la humana transformación se considera como un preludio
necesario para la transformación del mundo.

El Cristianismo más Primitivo

La ideología apocalíptica de los movimientos de Juan el


Bautista y Jesús de Nazaret fue el marco en el que los primeros
cristianos de Palestina entendieron la misión y el mensaje de
310 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Jesús y su propia actitud en el mundo que terminaría de forma


inminente. La llamada «Comunidad Q», que en apariencia flo:-
reció aproximadamente entre los años 30-60 d.C. en Palestina,
recopiló la fuente de los refranes Q que tiene una fuerte orien-
tación apocalíptica. De los seis refranes sobre la futura venida
del Hijo del Hombre, cinco destacan el tema del juicio (Le.
11:30=Mt. 12:40; Le. 12:40=Mt. 24:44; Le. 17:24=Mt. 24:27;
Le. 17:26=Mt. 24:37-39; Le. 17:28=Mt. 24:37-39), mientras
que uno tiene a la vez salvación y juicio (Le. 12:8-9=Mt. 10:32-
-~ · j
, 33). Muchos refranes sobre juicio se encuentran también (cf.
f).,
::~' Le. 10:12=Mt. 10:15; Le. 10:14-15=Mt. 11:22-23; Le.
13:35=Mt. 23:38-39). Puesto que estos refranes se presentan
en su totalidad como dichos por Jesús, no es posible distinguir

J1/1
..•..•.•.•.~.···¡( ~!!¡
claramente entre las palabras originales de Jesús y las creaciones
o embellecimientos por la comunidad primitiva.
El discurso escatológico de Jesús en Marcos 13 es el discurso
),:ii¡,J,
1:, 1 apocalíptico más extenso de los Evangelios (uno más breve
,J,c¡
aparece en Le. 17:20-37, basado en Q). Tanto Mateo (24:1-37)
;¡¡¡;1, como Locas (21:5-36) rehicieron extensamente Marcos 13:1-37.
:ili:l'.:.
'[i\•J:
En Marcos 13, la parenesis se mezcla con la predicción. La
parte más larga del discurso describe los infortunios que pre-
·ti.• ii,1 f''i.1
,,¡1¡ j: cederán el final (vs. 5-25). El final en sí mismo es presentado
¡-¡ll.'' por el Hijo del Hombre, que viene entre nubes y reúne a los
¡n elegidos (vs. 25-27). El discurso concluye con una extensa sec-
:,¡¡ ción que subraya la necesidad de vigilar (vs. 28-37). Otro dis-
1jl curso escatológico anterior (hacia el 100 d.C.) se encuentra en
J!I
~ ,¡
il·lJ Didache 16. Empieza con una exhortación a la vigilancia (vs.
fr;¡', 1-2) seguida de la descripción de los sufrimientos del tiempo
)¡(i,
fl,, J! final (vs. 3-5), y después por la aparición de tres señales: la
¡1,¡ :1,
primera en el cielo, la segunda el sonido de la trompeta, y el
n/ tercero la resurrección de los muertos (vs. 6-7). Finalmente el
Señor viene en las nubes (v. 8). Aún cuando este discurso
ri¡J' aparece como una imitación de elementos de Marcos 13 y pa-
ralelos, su estructura básica es independiente. Como en el Apo-
ii'/' calipsis de Juan, los males de los últimos días reciben gran
atención.
EL APOCALIPSIS DE JUAN
311
El Apocalipsis de Juan

Aún parece probable la fecha tradicional del Apocalipsis,


más o menos 95 d.C., hacia el final del reino de Domiciano
(Ireneo, Contra las Herejías 5.30.3). Aunque todos los apo-
calipsis judíos y la mayoóa de los greco-romanos son seudó-
nimos, la afirmación del autor de ser «Juan» suena a verdad
(1:1, 4, 9; 22:8). Ya que su obra es un apocalipsis auténtico,
el seudonimato no es un rasgo invariable del género. Si bien la
tradición identifica a este Juan (a menudo llamado el Mayor)
con Juan el Apóstol, es estilísticamente improbable que la misma
persona escribiera el Evangelio y el Apocalipsis. Aunque de
otra manera este Juan es desconocido, el hecho de que fuese un
exiliado voluntario o involuntario en la isla de Patmos (1 :9)
sugiere un rango de clase alta (de otra manera el castigo podría
haber sido la muerte). Juan no se llama a sí mismo profeta (se
acerca en 22:9), pero sí designa su libro como «profecía» (1:3;
22:7, 10, 18, 19). Parece ser miembro de un círculo profético
(22:9 comparado con 22: 16) y puede haber viajado en un circuito
definido, ya que estaba íntimamente familiarizado con las si-
tuaciones de las siete comunidades cristianas a las que se dirige.

La Forma del Apocalipsis

Estructuralmente, el Apocalipsis es el amplio informe de


una visión (1:9 a 22:9), enmarcado por un sobrescrito epistolar
(1:4-8) y nota final (22:10-21), y convencionalmente presentado
por un título (1:1-2, vinculado con una bendición al lector y
oyentes en v. 3). En la parte principal de la obra, el autor utiliza
una variedad de técnicas de composición de segmentación que
son características de las estructuras episódicas.
El título en 1:1-2, que introduce el sobrescrito epistolar,
sugiere el significado secundario del marco de la carta. El Apo-
calipsis no presenta una estructura epistolar, con excepción de
las unidades de texto que sirven de armazón en 1 :4-8 y 22: 10-
21. En este sentido el Apocalipsis es único: ningún otro apo-
calipsis está enmarcado por convencionalismos epistolares,
pues el seudonimato de otros apocalipsis necesitaría un desti-
312 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

natario ficticio al igual que un remitente. Las cartas proféticas


se encuentran en el antiguo Cercano Oriente (e.g., las cartas
Mari), y en relación con las figuras israelitas Jeremías y Baruc
(Jr. 29:1-23; 2 Baruc 77.17-19; Paraleipomena de Jeremías
6.18-25; 7 .24-34). El sobrescrito mismo es bastante inusual.
Aunque contiene las convencionales referencias al remitente,
destinatario(s), y saludos, se añade una doxología (en otras
partes sólo en Gál. 1 :5), terminando con el acostumbrado
«amén» (cf. Fil. 4:20; Rom. 11:36; 1 Tim. 1:17). El sobrescrito
concluye con la inserción de dos oráculos proféticos (1:7-8). Su
uso poco convencional en este punto, presenta repentinamente
a los oyentes los dos temas centrales del autor: lafunción juridica
de la inminente Parusía (v. 7) y la autoridad divina de este libro
profético (v. 8): ««Yo soy el Alfa y el Omega», dice el Señor
Dios, el que es y el que era y el que ha de venir, el Todopo-
deroso» (Dios mismo habla sólo aquí y en 21:5-8). No existen
paralelos epistolares a este complejo sobrescrito, aunque las
teofanías del juicio pueden introducir textos proféticos y apo-
calípticos (cf. Miqueas 1:2-4 y 1 Enoch 1:3-9).
El final del Apocalipsis (22: 10-21) puede ser interpretado
como una nota final epistolar, un cometido generalmente li-
mitado al v. 21. Las notas finales de las cartas griegas antiguas
resumían a menudo el cuerpo, es como funciona 22: 10-21. Las
instrucciones de publicación en v. 10 ( «No selles las palabras
proféticas de este libro») tiene un equivalente en la conclusión
de Daniel (12: 10), al igual que los numerosos paralelos de la
«fórmula de integridad» en vs. 18-19 se colocan generalmente
al principio o final de las composiciones (cf. las maldiciones en
condicional en Gál. 1:8-9). La mención de la Parusía y una
formulación de «Yo soy el Alfa y el Omega» aparecen en vs.
12-13, como en Ap. 1:7-8, y los destinos de los justos (inclusión)
y de los malvados (exclusión) se mencionan en vs. 14-15, rei-
terando las palabras de Dios en 21 :6b-8. La autorización del
mensaje (Y o Jesús he enviado a mi ángel a las iglesias con este
mensaje, v. 16, reiterando Ap. 1:1) pasa a hacer una invitación
a «venir» (v. 17).
El Apocalipsis de Juan es estructuralmente más complejo
que cualquier otro apocalipsis judío o cristiano, y aún tiene que
ser analizado satisfactoriamente. Como otros apocalipsis, consta
EL APOCALIPSIS DE JUAN 313

de una secuencia de episodios marcados por varios indicadores


literarios como la repetición de frases formulares ( «Vi», «Oí»,
etc.), y por recursos literarios como la composición en círculo,
intercalaciones (aunque sin interrumpir jamás la secuencia na-
rrativa), la técnica de entrelazado (el empleo de textos de tran-
sición que concluyen una sección e introducen otra), y varias
técnicas de estructuración ( el uso de septetos y disgresiones).
Apocalipsis 1:19 se toma con frecuencia como el reflejo de la
estructura básica del Apocalipsis: «Escribe pues, lo que ves, lo
que ya es y lo que va a suceder más tarde», con «lo que ya es»
representando Ap. 2-3 y «lo que va a suceder más tarde» refi-
riéndose a Ap. 4:1-22:9. Esto es aceptable, pero no muy escla-
recedor.
Apocalipsis 1 :9-3:22 constituye una narrativa de llama-
miento profético colocada en una posición inicial, al igual que
se colocaban las visiones iniciales de los profetas del Antiguo
Testamento antes de las colecciones de sus oráculos (Ez. 1:1-
3:11; Is. 40:1-11; Jr. 1:4-10). Quizás un paralelo aún más cer- ·
cano es el de los encargos divinos de escribir, narrados fre-
cuentemente al principio de las composiciones greco-romanas
(Pausanias 1.21.2; Elio Arístides, Discurso 48.2; Calímaco,
Causas 1.1.21-24). Como muchas antiguas visiones de llama-
miento, ésta consiste en una descripción de circunstancias (1:9-
10), la visión en sí (1:11-20), incluyendo un encargo de escribir
( 1: 11, 19), y una respuesta ( 1: 17). La visión inicial continúa
hasta el final del capítulo 3, con reiterados mandatos de escribir,
al principio de cada una de las proclamaciones a las siete iglesias.
Desde 4:1 hasta 22:9, el escenario cambia de la tierra al
cielo (aunque la perspectiva oscila entre cielo y tierra). El autor
subraya cuatro series de siete: las siete proclamaciones (2: 1-
3:22), el rollo de los siete sellos (4:1-8:1); las siete trompetas
(8:2-9:21; 11: 15-18), y las siete copas (15: 1-16:21). Apocalipsis
10: 1-11: 14 está intercalada en la secuencia de las trompetas.
La visión concluye con 17:1-22:9, que se compone de la visión
de Babilonia (18:1-19:10) y la visión de la Nueva Jerusalén
(21:9-22:9), con la visión de la Parusía y el Juicio (19:11-21:8)
como una intercalación, y por tanto enfatizada. La visión de
Babilonia y la visión de la Nueva Jerusalén empiezan y terminan
con tantas semejanzas que la visión principal debe extenderse
314 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

hasta 22:9. Dentro de este esquema, Ap. 11:18-14:20 contiene


tres disgresiones ( empleando material mitológico adecuado para
disgresiones, cf. Plutarco, Moralia 855D; Quintilíano 4.3.12),
centrándose en el pasado, presente y futuro: (1) pasado: la visión
de la mujer y su niño (11:19-12:6, 13-17), con una descripción
intercalada de una guerra celestial (12:7-12); (2) presente: las
visiones de las bestias del mar y la tierra y las demandas que
éstas hacen a la humanidad (Ap. 13); y (3) futuro: Ap. 14
contiene una variedad de escenas celestiales y proclamaciones.
Entre las muchas formas literarias constitutivas del Apocalipsis
están las siete «cartas» de Ap. 2-3. No son realmente cartas,
sino proclamaciones proféticas según el modelo de los antiguos
edictos reales e imperiales. Como cada una de las siete procla-
maciones, los edictos empiezan con el nombre y título(s) del
rey o emperador, seguidos de un verbo de declaración (en latín,
dicit, en griego, legei: «dice» o «declara») seguido del resto del
edicto dirigiéndose a los destinatarios en la segunda persona de
plural. Incluso la frase estereotipada «Yo sé» hallada en cada
una de las siete proclamaciones guarda un estrecho paralelismo
con el edicto de Claudio (Josefo, Arqueología Judía, 19.280-
284):

Tiberio Claudio César Augusto Germánico, con poder tribuni-


cio, habla [legei]: «Como he sabido [ epignous] desde el principio
que los Judíos de Alejandría llamados «alejandrinos» eran co-
pobladores con los Alejandrinos ... »

Los dieciséis himnos o composiciones hímnicas del Apocalipsis


son otra forma constitutiva importante (4:8c, 11; 5:9b-10, 12b,
13b; 7:lüb, 12; ll:15b, 17-18; 12:lüb-12; 15:3b-4; 16:5b-7b;
19:lb-2, 3, 5b, 6b-9). Algunas de las unidades pueden ser mejor
descritas como doxologías o aclamaciones (5:13; 7:10, 12;
19:1). Varias unidades se combinan para formar estructuras anti-
fonales, constituyendo ocho interludios hímnicos (4:8-11; 5:9-
14; 7:9-12; 11:15-19; 12:lOb-12; 15:3b-4; 16:5-7; 19:1-4, 5-8).
Aunque contienen muchos elementos tradicionales, no se de-
rivan de la liturgia cristiana primitiva sino que son creaciones
literarias del autor. Entonados de manera uniforme por varias
figuras del celestial salón del trono, los himnos funcionan como
equivalentes al ceremonial de la corte imperial ( cf. Dión Casio
EL APOCALIPSIS DE JUAN 315

59.24.5; Tácito, Anales 14.15). En Pérgamo, lugar de una de


las siete iglesias, se fundó un coro del permanente culto imperial
compuesto por treinta y seis miembros, para cantar himnos al
divino Augusto. Los himnos del Apocalipsis,como los discursos
en las obras históricas, son recursos para avanzar en la «trama».
En los apocalipsis judíos, los himnos angélicos de alabanza a
Dios son mencionados ocasionalmente (2 Enoch 18:8-9; 19:3;
42:4; Apocalipsis de Zefanías, frag. A; 3 Enoch 24-40; Apo-
calipsis de Abraham 18.3), pero con excepción del Sanctus,
rara vez citado (3 Enoch 20.2; 39.2; cf. Apocalipsis de Abraham
17:6-21).
El autor también inserta una serie de oráculos proféticos, un
hecho que no sólo da crédito a su auto-concepción profética,
sino que también sugiere una estrecha relación entre profecía y
el género apocalíptico en el cristianismo pri·m itivo. Dieciséis de
estos oráculos están en pares, funcionando la segunda parte
como ampliación de la primera (1:7-8; 13:9; 14:13; 16:15; 19:9;
21:5-8; 22:12-15; 22:18-20). Hay varios oráculos parenéticos
de salvación-juicio (caps. 2-3; 13:9-10; 22:18-20), tres anuncios
de salvación (14:13; 19:9; 22:7), y un anuncio de juicio (18:21-
24). Un tipo muy particular es el oráculo de teofanía escatológica
en 16:15; 21:3-4; 21:6-8; y 22:12-15. Diseminadas en todo el
Apocalipsis se hallan siete bienaventuranzas (1:1; 14:3; 16:15;
19:9; 20:6; 22:7, 14).

El Contenido del Apocalipsis

El contenido o mensaje del Apocalipsis es inseparable de su


perspectiva escatológica. Al contrario que muchos apocalipsis
judíos, evita la especulación cosmológica para centrarse de for-
ma exclusiva en la escatología. El autor escribe durante el in-
terim entre la muerte y resurrección de Jesús y la inminente
Parusía. ¿Cuál es su mensaje? Se expresa de manera sucinta en
el discurso de Dios en Ap. 21:6-8:

Me dijo también: «Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el


principio y el fin. Al que tenga sed, yo le daré del manantial
del agua de la vida gratis. Esta será la herencia del vencedor:
316 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

Yo seré Dios para él, y él será hijo para mí. Pero los cobardes,
los incrédulos, los abominables, los asesinos, los impuros, los
hechiceros, los idólatras, y todos los embusteros tendrán su parte
en el lago que arde con fuego y azufre: que es la muerte se-
gunda». · · ·

Para Juan hay dos categorías de gente, los justos y los mal-
vados (22: 11), y los últimos predominan. Los cristianos están
en una lucha espiritual a vida o muerte ( 12: 17) en la que algunos
«vencerán» y otros fracasarán. La conquista es realmente una
metáfora marcial, quizás usada en respuesta a «victoria», un
tema importante en la propaganda imperial romana. Los cris-
tianos deben «vencer» (siete veces en caps. 2-3; 12:11; 15:2;
21 :7), al igual que el Cordero ha vencido (5:5) y vencerá (17: 14).
Jesús venció paradójicamente a través de la muerte (1:18; 2:8;
5:6, 9, 12), y los seguidores del Cordero deben hacer lo mismo
(2: 10, 13; 6:9-11; 7: 14; 14: 13; 20:4), y se les hacen promesas
salvíficas extravagantes (2:7, 11, 17, 26-28; 3:5, 12, 21). Cuan-
do se aplica a los cristianos, el verbo «vencer» es siempre in-
transitivo, ya que es una experiencia pasiva expresada por si-
nónimos como «resistencia» (2:23. 19: 13:10; 14:12) y «guar-
dar» ( «lo que se ha escrito en este libro profético», 1: 3; 22:7,
9; «mis obras», 2:10; «mi palabra», 3:8; «los mandamientos de
Dios», 12:17; 14:12, etc.). Los que no venzan son cristianos
caídos (cobardes, incrédulos, abominables) infieles, contami-
nados) y los que no tienen fe (asesinos, impuros, hechiceros,
idólatras, embusteros), según las listas de defectos (9:20-21,
21:8, 17; 22: 15) que a la larga experimentarán la segunda muerte
(2:11; 20:6; 21:4, 8).
Muchos puntos de las listas de defectos encajan en la con-
ducta estereotipada que los judíos atribuían a los paganos, lo
que indica que Juan funciona con una dicotomía «nosotros»/
«ellos» que excluye a muchos judíos (2:9; 3:9). El autor, ha-
blando sólo a través de diversos reveladores sobrenaturales,
expresa una fuerte aprobación y desaprobación de diversas con-
ductas, aunque rara vez se impone directamente la ética. La
conducta requerida está ampliamente enmarcada en términos
negativos: no comer carne de ídolos (2:14, 20); no adorar a la
bestia o recibir su marca (13:15-17; 14:9-10; 19:20); no man-
charse con mujeres (14:4). Todo esto sugiere que el tema básico
EL APOCALIPSIS DE JUAN 317

es el de un conflicto cultural irreconciliable. Los cristianos, que


son herederos de muchas tradiciones culturales y religiosas ju-
días, se ven en conflicto con la dominante cultura greco-romana
en el occidente de Asia Menor. Juan encuentra muy pocos alia-
dos cristianos totalmente entusiastas, ya que (a juzgar por Ap.
2-3) existen varias orientaciones cristianas. «Jezabel» y los ni-
colaítas representan una tendencia liberal, que adoptan un acuer-
do cultural, que está fuertemente representado en Pérgamo y
Tiatira, aunque fracasa rotundamente en Efeso. La mayoría de
los cristianos se unen a una posición centrista y son juzgados
por el Jesús de Juan como personas que se han desviado de las
obras hechas al principio (2:5), o cuyas obras son imperfectas
(3:2), o que son tibios (3: 15s.). También toleran elementos
liberales: «Jezabel» y los Nicolaítas (2: 14s., 20). Juan mismo
representa la tradición apocalíptica de la inconformidad y opo-
sición a la influencia insidiosa de la cultura extranjera domi-
nante. Tiene aliados en Éfeso, Esmima y Filadelfia; algunos
seguidores en Tiatira (2:24s.), pero pocos en Pérgamo, Sardis
y Laodicea. A Juan le apoya, lo dicen las visiones reveladoras
del Apocalipsis, el mismo Dios.

La Función del Apocalipsis

La función de los apocalipsis se entiende generalmente desde


el punto de vista del escenario social, un terna sobre el que se
sabe poco. Por ejemplo, se considera con frecuencia que el
Apocalipsis surgió en respuesta a una persecución de Domicia-
no, pero esta propuesta carece de comprobación histórica. Con
todo, las crisis son una cuestión de perspectiva, y aún es probable
que Juan escribiera para consolar y alentar a los cristianos en
una situación que él percibía corno crítica.
Los apocalipsis, corno otras obras, tienen funciones litera-
rias explícitas e implícitas, que tienen la ventaja de encontrarse
en el texto mismo. Dos funciones son relativamente explícitas.
La primera, el uso del género apocalíptico legitima o autoriza
el mensaje (1:1-2; 19:9; 21:5; 22:6, 16). La segunda, el énfasis
escatológico en la inminente vuelta de Jesús proporciona una
confirmación de la necesidad de una respuesta inmediata al
318 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

mensaje (1:7; 16:15; 22:7, 12, 20). Juan hace hincapié en estas
funciones al enmarcar de manera explícita el Apocalísis en estos
dos acentos (1:7-8; 22:12-13). Una importante tercera función
es implícita en la estructura literaria del Apocalipsis. De manera
paradójica, se piensa que las revelaciones sobrenaturales ocultan
lo que revelan, una perspectiva reflejada en la extendida creencia
en la ambigüedad oracular. La literatura reveladora, incluyendo
los apocalipsis, es potencialmente el medio para revelaciones
futuras. En el caso del Apocalipsis, esto se facilita en dos for-
mas. Primera, la obra es construida como un laberinto que oculta
el mensaje revelador central ( expresado en la forma más com-
pleta en Ap. 21:6-8). Segunda, las explicaciones de las visiones
son escasas y distantes entre sí (1:20; 7:13-17; 17:6b-18); los
oyentes deben usar su imaginación para entenderlas. Estos dos
factores juntos legitiman el Apocalipsis, ya que los oyentes
pueden experimentar por sí mismos la experiencia reveladora
narrada por Juan.

Apocalipsis Cristianos en Transición


Después del Apocalipsis de Juan, los cristianos siguieron
escribiendo apocalipsis y el género evolucionó considerable-
mente. Puesto que el cristianismo no tenía tradiciones de mo-
narquía nativa o mitos propios de renovación cósmica en los
cuales basarse, empleó los del judaísmo. La utilización que hace
. Juan de imágenes míticas arcaicas, según la tradición apocalíp-
tica judía, se basaba en la suposición de que los cristianos cons-
tituían un nuevo pueblo de Dios, sucesor del Judaísmo. La
creciente separación del judaísmo de los cristianos significó que
la escatología apocalíptica, el idioma de las naciones privadas
de un rey puesto por orden divina, fue perdiendo su significado
y función. La escatología individual (el destino de los hombres
tras la muerte) adquirió cada vez más importancia como lo
sugieren las progresivamente populares visiones y recorridos del
infierno (e.g., los Apocalipsis de Pedro y Pablo).
El Pastor de Hermas
El Pastor de Hermas es una obra compuesta que se desarrollo
en etapas desde aprox. 90 al 150 d.C., en o cerca de Roma.
Consta de tres secciones de cinco Visiones, doce Mandatos, y
EL APOCALIPSIS DE JUAN 319

diez Parábolas. Las visiones 1-4, que componen el segmento


más antiguo, fueron escritas a la expectativa de una persecución
inminente. El revelador es una anciana al estilo de la Sibila (Vis.
2.4.1). De la Visión 5 a la Parábola 8 se constituye una unidad
posterior introducida por la Visión 5. Las parábolas 9 y 10, que
concluyen la obra, fueron añadidas al final de todo. El revelador
sobrenatural es ahora el Pastor, de ahí el título.
Hermas refleja una mezcla de tradiciones judías y helenís-
ticas. El tema central de la obra es la posibilidad de un segundo
(y último) arrepentimiento. Tradicionalmente, el arrepentimien-
to era considerado como un acto definitivo conectado con el
bautismo (Mand. 4.3.1), pero a Hermas le fue revelada lapo-
sibilidad de un segundo arrepentimiento (Vis. 2.2.4-5; Mand.
4.4.4). El Pastor representa al pobre victimado (el «pobre pia-
doso» de la tradición judía tiene un análogo en el pobre inocente,
frente al rico injusto, figuras comunes en las declamaciones
greco-romanas); condena a aquellos que son ricos, que andan
metidos en negocios, y socialmente ambiciosos, y llama a un
arrepentimiento nuevo y definitivo que representa el rechazo de
la «indecisión».
¿Es un apocalipsis el Pastor de Hermas? Aunque algunos
la califican de «seudoapocalipsis» al carecer de temas escato-
lógicos característicos de muchos apocalipsis judíos, encaja en
la definición del género apocalíptico arriba definido. Al igual
que el Apocalipsis de Juan, no es seudónimo y fue escrito para
ser leído ante las congregaciones (Vis. 2.4.3; 1.3.3-4; cf. App.
1:3; 22:18), al contrario que sus análogos judíos, pero como sus
equivalentes greco-romanos. Compuesto en un estilo episódico
típico· de la literatura apocalíptica, Hermas contiene dos apo-
calipsis, las Visiones 1-4 y de Visión 5 a Parábola 10. Las
Visiones 1-4 empiezan con una introducción novelística (1.1.1-
2), seguida de informes de cuatro visiones terrenales, cada una
con varios elementos: ( 1) rapto por un espíritu al lugar de la
revelación: (2) preparación para la revelación (oración, ayuno);
(3) la visión misma, consistente de un diálogo entre el revelador
y Hermas. Se destaca la estupidez de las preguntas de Hermas
en los diálogos. El mensaje de este apocalipsis se resume en
una afirmación hecha por Dios mismo en Visión 2.2.5-7, anun-
ciando una oportunidad final para el arrepentimiento a aquellos
320 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

que le han negado en el pasado. La función de la obra es pro-


porcionar legitimación sobrenatural al mensaje revelador, que
es confirmado por la inminente persecución.
El segundo apocalipsis (Vis. 5 a Par. 10) empieza con una
extensa visión en la que el Pastor se aparece a Hermas y le
ordena escribir los Mandatos y Parábolas que siguen (Vis. 5 a
Par. 1.11). Como en el Apocalipsis, el revelador se presenta a
sí mismo con una afirmación «Yo Soy» y concluye la entrevista
inicial con una bendición y maldición condicionales para aque-
llos que oigan los mandatos. Los Mandatos son ampliamente
parenéticos. Mandatos 1-2, 9 están en forma de discursos re-
veladores por el Pastor, mientras que el resto son diálogos re-
veladores. Las Parábolas contienen seis visiones (2-4, 5, 6, 7-
8, 9, 10) en las cuales el Pastor aparece de pronto a Hermas y
mediante el diálogo explica el significado alegórico de diversos
fenómenos naturales (un olmo y una parra, Par. 2; un árbol sin
hojas, Par. 3), o un relato (la parábola de la viña, Par. 5.2-7).
Como el Apocalipsis de Juan, Hermas contiene una variedad
de formas literarias constitutivas. Varios tipos de oráculos pro-
féticos, identificables desde el aspecto de crítica formal, han
sido incorporados en Hermas. Esto proporciona mayor evidencia
de la relación entre profecía y género apocalíptico en el cristia-
nismo primitivo. Cuatro oráculos de salvación-juicio se en-
cuentran el las Visiones (2.2.6-8; 2.3.4; 3.8.11-9.10; 4.2.5-6),
cada una con amenazas y promesas condicionales, y todas usan-
do la cercana persecución como confirmación. Dos oráculos de
promesa se conservan en los Mandatos (12.4.5-7; 12;6.1-3), en
tanto que seis oráculos de salvación-juicio son evidentes en las
Parábolas /6.1.4; 9.23.5; 9.24.4; 9.28.5-8; 9.31.3-32.5;
9. 33 .1). Las Parábolas ( o alegorías) se usaban en los apocalipsis
judíos (1 Enoch, 4 Esdras, 2 Baruc) y también desempeñan un
papel importante en Hermas. El término aparece más de treinta
veces. Revelan a la vez que ocultan la verdad divina (Mand.
10.1.3-6; cf. Me. 4:11-12).
Hermas también ha sido usado como cantera de ejemplos
de homilía judeo-cristiana. Algunos de los oráculos proféticos
descritos arriba han sido designados homilías, ya que están for-
mulados como alocuciones en segunda persona de plural. Entre
las formas más cortas, aparecen cuatro bienaventuranzas (Vis.
EL APOCALIPSIS DE JUAN 321

2.2.7b; 2.3.3; Par. 2.10; 9.29.3b; cf. 5.3.9; 9.30.3), y un orá-


culo de infortunio en Visión 4.2.6, y varias listas de defectos
(Mand. 5.2.4; 6.2.4-5; 8.3, 5; 12.2.1) y virtudes (Mand. 5.2.3;
6.2.3; 8.10).

El Apocalipsis de Pedro

El Apocalipsis de Pedro, compuesto hacia el 135 d.C., es


uno de los primeros «apocalipsis» cristianos seudónimos. Escrito
originalmente en griego, sobrevive sólo en una traducción etíope
y algunos fragmentos griegos menos fidedignos. La revelación
se sitúa en el Monte de los Olivos, con los discípulos pregun-
tando sobre la Parusía y el fin del mundo ( 1). Pedro pregunta
el significado de la parábola de la higuera, y recibe una tergi-
versada explicación alegórica (2). La mano derecha de Jesús
contiene una imagen del destino futuro de pecadores y justos
(3), y en respuesta a la pregunta de Pedro, describe el juicio
futuro (4-5) y la Parusía (6). Después describe las eternas tor-
turas que los pecadores experimentarán, siendo frecuentemente
los castigos en proporción de los pecados (7-12). Los justos
recibirán su recompensa en Aquerusia o los Campos Elíseos
(13-14). La obra termina con los discípulos acompañando a Jesús
a la montaña santa, donde reciben una visión de Moisés y Elías
(15-17).
Este «apocalipsis» no lo es en absoluto, sino un discurso de
Jesús que concierne al futuro con sólo dos breves preguntas
hechas por Pedro (2, 3) al principio del discurso, y tres en la
escena final (16). El escenario del discurso sigue el modelo del
Discurso del Monte de los Olivos al principio (Marcos 13 y
pars.) y el relato de la Transfiguración al final (Marcos 9 y
pars.). No es un recorrido guiado del infierno, ya que no in-
volucra ningún guía o viaje. Martha Himmelfarb ha mostrado
que el uso frecuente de las explicaciones demostrativas ( «esto
es/estos son»; el lenguaje de los guías de viaje) es un estilo
característico de algunos apocalipsis judíos de «recorridos» pero
inexistente en análogos greco-romanos (sin embargo, hay ex-
cepciones; cf. Eneida 6, de Virgilio; Cebes, Tabula, passim).
El enfoque de los pecados y castigos de los malvados refleja
322 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

una amalgama de mitologías inframundanas judías, cristianas y


particularmente greco-romanas.
Como las descripciones greco-romanas del inframundo (Dio-
doro 1.2.2), este discurso apocalíptico funciona para inculcar
'Un temor que provocará una conducta correcta en los lectores.

Los Apocalipsis Gnósticos


J

Aún cuando el Gnosticismo subrayaba la escatología reali-


zada, se conservaba la noción de una consumación futura (aun-
que no inminente). Ocasionalmente aparece un esquema de dos
partes, representando la tribulación seguida de la total destruc-
ción del mundo y la reintegración del mundo divino (Sobre los
Orígenes del Mundo 125.32-127.17; Paráfrasis de Sem 43.28-
45. 31). De acuerdo con los presupuestos gnósticos, se destaca
la total destrucción del mundo físico, y no se prevé una nueva
creación. Esta ideología no puede ser convenientemente cali-
ficada de escatología apocalíptica. .
Los apocalipsis Copto-Gnósticos, parte del hallazgo en Nag
Hammadi en Egipto en 1946, presentan una gran variedad. Al-
gunos documentos se titulan apocalipsis y se ajustan al género
(Apocalipsis de Pedro; Apocalipsis de Adán; Apocalipsis de
Pablo), en tanto que otros tienen la etiqueta pero no son real-
mente apocalipsis (Primer Apocalipsis de Santiago; Segundo
Apocalipsis de Santiago). Dos documentos no se les califica
como apocalipsis, pero presentan las características genéricas
apropiadas (Concepto de Nuestro Gran Poder; Paráfrasis de
Sem). Además, existen apocalipsis no identificados como tales
(Sobre el Origen del Mundo 125.32-127.17; Asclepio 70.3-
7 4. 17) que son partes· de composiciones más extensas.

•:.~
Para un posterior Estudio
.Yr

1
General: La mejor y más reciente introducción a la apo-
calíptica judía y cristiana, con excelente bibliografía, es de Chris-
topher Rowland, El Cielo Abierto: Estudio de lo Apocalíptico
en el Judaísmo y el Cristianismo Primitivo (Crossroad Publi-
EL APOCALIPSIS DE JUAN 323

shing Co., 1982). Un estudio popular se puede conseguir en D.


S. Russell, Apocalíptica Antigua y Moderna (Fortress Press,
1978). El actual estado de la investigación sobre apocalipticismo
se refleja en la obra de David Hellholm, Apocalipticismo en el
Mundo Mediterráneo y el Cercano Oriente (Tübingen: J.C.B.
Mohr [Paul Siebeck], 1983), con treinta y cuatro ensayos de
destacados eruditos. Otra importante colección de ensayos es
de Jan Lambrecht, L' Apocalypse johannique et l' apocalyptique
dans le Nouveau Testament (Gembloux: Duculot, 1979). To-
davía de utilidad es El Método y Mensaje de la Apocalíptica
Judía, de D.S. Russell, Biblioteca del Antiguo Testamento
(Westminster Press, 1964). El más antiguo trabajo de Paul Volz,
Die Eschatologie der judischen Gemeinde im neutestamentli-
chen Zeitalter (Tübingen: J.C.B. Mohr, 1934) sigue siendo el
debate clásico de la escatología judía. La mejor introducción al
problema del género es Apocalipsis: Morfología de un Género,
Semeia 14 (1979, de John J. Collins, con artículos que identi-
fican y analizan apocalipsis judíos, cristianos, greco-romanos y.
persas.
Sobre Apocalipticismo y Milenarismo: El más extenso
estudio del milenarismo es de Bryan R. Wilson, Magia y Mi-
lenio: Estudio Sociológico de los Movimientos Religiosos de
Protesta Entre Pueblos Tribales y del Tercer Mundo (Harper &
Row, 1973). Igualmente valiosa es la obra de Sylvia Thrupp,
Sueños del Milenio en Acción: Estudios de los Movimientos
Religiosos Revolucionarios (Schocken Books, 1970). Los apo-
calipsis egipcios, persas y judíos son puestos en un contexto
histórico por Samuel K. Eddy, El Rey Ha Muerto: Estudios
sobre la Resistencia del Cercano Oriente al Helenismo 334-31
a.C. (University of Nebraska Press, 1961). Martín Hengel hace
lo mismo respecto al Judaísmo en Judaísmo y Helenismo, tr.
por John Bowden, 2 vols. (Fortress Press. 1974).
Sobre Apocalipsis Judíos: Los textos de los apocalipsis
judíos en traducciones al inglés con comentarios e introduccio-
nes competentes se encuentran en James H. Charlesworth: Los
Seudo-Epígrafes del Antiguo Testamento, vol. 1: Literatura Y
Testamentos Apocalípticos (Doubleday & Co., 1983). Un ex-
celente examen de la apocalíptica judía es La Imaginación Apo-
calíptica: Introducción a la Matriz Judía del Cristianismo, de
324 EL NUEVO TEST AMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

John J. Collins (Crossroad Publishing Co., 1984). Igualmente


útil es, de Michael Stone, Escrituras, Sectas y Visiones: Perfil
del Judaísmo de Esdras a las Rebeliones ludias (Fortress Press,
1980). Para un análisis de la literatura Hekalot y el movimiento
desde lo apocalíptico al misticismo merkabah, véase de Ithamar
Gruenwald, Apocalíptica y Misticismo Merkavah (Leiden: E. J.
BriU, 1980).
Sobre Otros Apocalipsis del Cercano Oriente: El más
antiguo artículo de C.C. McCown, «La Literatura Apocalíptica
Hebrea y Egipicia», RTH 18 (1925), 357-411, ha sido reem-
plazado por el minucioso estudio de Jan Bergman, «Notas In-
troductorias sobre el Apocalipticismo en Egipto», en AMM, pp.
51-60.
Sobre Literatura Revelatoria Antigua: Una amplio aná-
lisis de material greco-romano, israelo-judío y cristiano primi-
tivo con una extensa bibliografía se encuentra en D.E. Aune,
La Profecía en el Primitivo Cristianismo y el Mundo Medite-
rráneo Antiguo (Wm. [Link] Publishing Co., 1983). Para
un estudio extenso del género testamentario con sus constitutivos
pronósticos de futuro, véase de Eckard von Nordheim, Die Lehre
der Alten: I. Das Testament als Literaturgattung im Judentum
der hellenistisch-romischen Zeit (Leiden: E.J. Brill, 1980). Phe-
me Perkins, El Diálogo Gnóstico: La Iglesia Primitiva y la
Crisis del Gnosticismo (Paulist Press, 1980), tiene un análisis
introductorio competente de los tipos de diálogo. John J. Collins,
Los Oráculos Sibilinos del Judaísmo Egipcio (Scholars Press,
1972), es básico. Para la traducción de textos relacionados con
la magia revelatoria, véase de Hans Dieter Betz, Los Papiros
Mágicos Griegos en Traducción (University of Chicago Press,
1986). El estudio más adecuado de los oráculos délficos es
Joseph Fontenrose, El Oráculo Délfico: Sus Respuestas y Ope-
raciones (University of California Press, 1978). Una edición
griega con traducción y comentario en francés sobre los oráculos
caldeos, es Oracles Chaldaiques, de Edouard des Places (Paris:
Belles Lettres, 1971). Sobre la forma de la visión greco-romana,
véase de John S. Hanson, «Sueños y Visiones en el Mundo
Greco-Romano y el Primitivo Cristianismo», ANRW II.23.2,
1395-1427.
EL APOCALIPSIS DE JUAN 325

Sobre Apocalipticismo Cristiano Primitivo: Christopher


Rowland, El Cielo Abierto: Estudio de la Apocalíptica en el
Judaísmo y el Cristianismo Primitivo (Crossroad Publishing
Co., 1982), es el estudio más completo y reciente del apoca-
lipticismo cristiano primitivo. Para un tratamiento popular, véa-
se de Paul S. Minear, Apocalíptica del Nuevo Testamento
(Abingdon Press, 1981). J. Christiaan Beker, El Evangelio Apo-
calíptico de Pablo (Fortress Press, 1982), es también de utilidad.
Elisabeth Schüssler Fiorenza toca un punto importante en «El
Fenómeno de la Apocalíptica Cristiana Primitiva», en AMM,
pp. 295-316. Lars Hartmann, Profecía Interpretada: La For-
mación de Algunos Textos Apocalípticos ludios y del Discurso
Escatológico, Marcos 13 Par. (Lund: Gleerup, 1966), analiza
secuencias de temas en apocalipsis judíos y textos selectos del
Nuevo Testamento. Varios artículos importantes se encuentran
en Adela Yarbro Collins, Apocalipticismo Cristiano Primitivo:
Género y Escenario Social, Semeia 36 (1986).
Sobre el Apocalipsis de Juan: Para estudios competentes
sobre fecha, autoría y escenario social del Apocalipsis, véase
de Adela Yarbro Collins, Crisis y Catársis: El Poder del Apo-
calipsis (Westminster Press, 1984). El problema del género es
analizado por David Hellholm, «El Problema del Género Apo-
calíptico y el Apocalipsis de Juan», en Sociedad de Literatura
Bíblica: Documentos del Seminario 1982, rev. por Kent H.
Richards (Scholars Press, 1982), pp. 157-198. Sobre la estruc-
tura, véase el primer capítulo de Adela Y. Collins, El Mito del
Combate en el Libro de la Revelación (Scholars Press, 1976),
y Elisabeth Schüssler Fiorenza, «La Composición y Estructura
del Libro de la Revelación», RTBC 39 (1977), 344-366, en
unión con Charles H. Giblin, «Estructura y Correlaciones Te-
máticas en la Teología de la Revelación 16-22», Bíblica 55
(1974), 487-504.
Sobre Apocalipsis Cristianos Posteriores: Textos no-gnós-
ticos traducidos, con detalladas introducciones se encuentran en
Edgar Hennecke, Apócrifos del Nuevo Testamento, rev. por
Wilhelm Schneemelcher, tr. por R. McL. Wilson et al., vol. 2
(Westminster Press, 1966). Se pueden encontrar traducciones
de apocalipsis copto-gnósticos en James M. Robinson, La Bi-
blioteca Nag Hammadi en Inglés (Harper & Row, 1977). Entre
326 EL NUEVO TESTAMENTO EN SU ENTORNO LITERARIO

los estudios importantes sobre el Pastor de Hermas se encuentra


el de David Hellholm, Das Visionenbuch des Hermas als Apo-
kalypse, vol. 1 (Lund: Gleerup, 1980), sobre estructura y gé-
nero, y de Carolyn Osiek, Ricos y Pobres en el Pastor de
Hermas: Investigación Exegético-Social, rev. por Bruce Vaw-
ter, Monografías RTBC, 15 (Catholic Biblical Association of
America, 1983), sobre la reciente investigación y un análisis
del mensaje del libro. Sobre el Apocalipsis de Pedro, véase de
Martha Himmelfarb, Viajes Infernales: Una Forma Apocalíptica
en la Literatura Judía y Cristiana (University of Pennsylvania
Press, 1983), que lo vincula con dieciséis apocalipsis de «viaje»
posteriores, tanto cristianos como judíos. Sobre los apocalipsis
gnósticos, véase de Martin Krause, «Die Iiterarischen Gattungen
der Apolakypsen von Nag Hammadi», en AMM, pp. 621-637,
y de George MacRae, «Escatología Apocalíptica en el Gnosti-
cismo», en AMM, pp. 317-325. Una obra importante sobre
Gnosticismo en general es la de Kurt Rudolf, Gnosis, tr. por
R. McL. Wilson (Harper & Row, 1983).

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