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Jan Karski: Testigo del Holocausto

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Jan Karski, o la dignidad humana

Si alguien tiene (o tuvo) en algún momento de la historia, la responsabilidad y


el derecho, la libertad, de hablar sobre la dignidad humana, ese fue Jan karski,
quien nació el 24 de junio 1914 y murió, el 13 julio 2000 de causas naturales;
fue un miembro de la Resistencia polaca durante la Segunda Guerra Mundial y
posteriormente académico en la Universidad de Georgetown, enseñando una
ciencia que él mismo ayudó a construir: Historia.

Entre 1942 y 1943 Karski informó al Gobierno polaco en el exilio y a los Aliados
occidentales acerca de la situación durante la Ocupación de Polonia (1939–
1945), especialmente la destrucción del Gueto de Varsovia y el secreto de los
campos de exterminio nazis.

Nació bajo el nombre de Jan Kozielewski en Lódź, donde fue educado como
católico, religión que mantuvo durante su vida, como es una tradición de los
polacos. Creció en un entorno multicultural, donde la mayoría de la población
era en aquel tiempo judía y también muchos protestantes. Además de la raza
judía, también aprendió a convivir con los arios y otros pueblos eslavos, e
incluso, balcánicos.

Tras graduarse en una Escuela local de Lódź, Karski se incorporó a la


Universidad Jan Kazimierz de Leópolis (en la actual Ucrania) y se graduó en
los Departamentos de Derecho y Diplomático en 1935.

Durante su servicio militar obligatorio sirvió como sargento en la Escuela de


Artillería Montada en Wlodzimierz Wolyński. Completó su formación como
diplomático entre 1936 y 1938 en diferentes puestos diplomáticos en Alemania,
Suiza y el Reino Unido, y se incorporó al Cuerpo Diplomático polaco.

En enero de 1939 comenzó su trabajo en el ministerio de Asuntos Exteriores de


Polonia. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Karski fue movilizado
y prestó servicios en un pequeño destacamento de Artillería en el este de
Polonia. Hecho prisionero por el Ejército Rojo, consiguió ocultar su verdadero
grado, camuflado como soldado raso, fue entregado a los alemanes durante un
intercambio de prisioneros de guerra polacos, con lo cual se salvó de la
masacre de Katyn, la cual fue un crimen de guerra y contra la humanidad
perpetrado por los soviéticos.

La masacre de katyn, al igual que el Holodomor, son grandes capítulos de la


historia que han permanecido ocultos, igual de terribles que los crímenes
perpetrados por los nazis (claro, orientados por la misma ideología: el
socialismo) pero que la izquierda ha logrado ocultar con una intensa
propaganda de negación y silencio.

Lo que ocurrió allí en katyn, un bosque que forma parte de un parque nacional
cerca de Smolensk, Rusia; fue que 22 mil oficiales, intelectuales y policías
polacos fueron ejecutados sistemáticamente de un disparo en la cabeza, en su
mayoría, con pistola. Este crimen fue una orden directa de Stalin, ejecutada por
Lavrenti Beria (jefe de la KGB, en ese momento, NKVD y que actualmente se
conoce como el FSB, la agencia de seguridad e inteligencia de Rusia) motivado
por el temor de que los polacos pudieran organizar una fuerza activista
nacional, crear un liderazgo nacional que orientara a la nación para luchar por
su libertad, sobrevivencia, independencia, dignidad… sin los soviets.

Pero eso es otra historia. De momento, la historia de Karski representa la


liberación de aquel suplicio y en noviembre de 1939, consiguió fugarse y llegar
hasta Varsovia cuando era enviado en tren a un campo de prisioneros de
guerra. Allí se incorporó al primer movimiento de resistencia en la Europa
ocupada, la Armia Krajowa.

Es cuando asume el nombre de Jan Karski, que después se convertiría en su


nombre legal. En enero de 1940 Karski empezó a organizar misiones de
inteligencia, activando una red de correos con mensajes procedentes de la
resistencia polaca al Gobierno en el exilio, entonces con base en Paris. Hizo
varios viajes secretos a Francia y Gran Bretaña.
Durante una de estas misiones, en julio de 1940 fue detenido por la Gestapo en
los montes Tatra en Eslovaquia. Tras sufrir severas torturas, fue transferido a
un hospital en Nowy Sącz, donde pudo escapar. Tras un breve periodo de
rehabilitación en la clandestinidad, regresó al servicio activo en el
Departamento de Información y Propaganda de los Cuarteles Generales del
Armia Krajowa.

En 1942 Karski fue elegido por Cyryl Ratajski, miembro del Gobierno Polaco,
para llevar a cabo una misión secreta ante el Primer Ministro Wladyslaw
Sikorski en Londres para informarles sobre las atrocidades nazis en la Polonia
ocupada. Para reunir pruebas, fue introducido en dos ocasiones por dirigentes
clandestinos judíos en el Guetto de Varsovia para mostrarle lo que estaba
pasando con los judíos polacos. Igualmente, disfrazado como guardia
ucraniano del campo, visitó el campo de clasificación de Izbica Lubelska,
aunque pensaba que era el campo de exterminio de Belzec.

Logró informar a los gobiernos polaco, británico y de los Estados Unidos sobre
la situación en Polonia, especialmente la destrucción del Gueto de Varsovia y
el Holocausto en Polonia. También había traído desde Polonia un microfilm con
pruebas sobre el exterminio de los judíos europeos en la Polonia ya ocupada
totalmente por los alemanes.

La investigación de Karski ayudó al gobierno en el exilio a documentar los


crímenes que estaban ocurriendo y es la base de donde se partió no sólo para
la búsqueda de justicia, sino para el estudio histórico que se ha llevado hasta la
fecha, dada la buena precisión de los datos y la sensibilidad humana impreso
en el testimonio.

Karski se reunió con políticos y gobernantes polacos en el exilio, así como con
organizaciones judías. Habló también con Anthony Eden, el Secretario
Británico de Relaciones Exteriores e incluyó una exposición detallada sobre lo
que había visto en Varsvia y Belzec.
En 1943 en Londres se vio con el entonces muy célebre periodista Arthur
Koestler. Entonces viajó a los Estados Unidos e informó al Presidente Franklin
D. Roosevelt. Su informe fue un factor importante a la hora de implicar a
Occidente. En julio de 1943 Karski informó de nuevo personalmente a
Roosevelt sobre la situación en Polonia.

Karski se reunió con muchos otros dirigentes gubernamentales y cívicos en los


Estados Unidos, a pesar de su éxito, Karski no fue tomado en serio. Felix
Frankfurter, personalidad norteamericana de la época, llegó a decir: "No dije
que él estuviera mintiendo; dije que no podía creerle. Hay una diferencia."

Karski presentó su informe a los medios de comunicación, a religiosos, a


miembros de la industria cinematográfica y artistas de Hollywood, sin éxito. En
1944 Karski publicó Courier from Poland: The Story of a Secret State, donde
relataba sus experiencias en Polonia durante la guerra. El libro iba inicialmente
a ser llevado al cine, pero esto nunca se hizo. El libro resultó ser un éxito
importante, con más de 400.000 ejemplares vendidos en los Estados Unidos
hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Tras la Guerra Karski se mudó a los Estados Unidos y comenzó sus estudios
en la Universidad de Georgetown, donde obtuvo un Doctorado en 1952. En
1954 Karski se convirtió en ciudadano norteamericano. Enseñó en la
mencionada universidad durante 40 años en las áreas de Asuntos de la Europa
del Este, cuestiones comparadas de asuntos gubernamentales e
internacionales, llegando a ser uno de los más notables y reconocidos
miembros de su Claustro. En 1985 publicó su estudio académico The Great
Powers and Poland.

Sus intentos de detener el Holocausto fueron dados a conocer en 1978, una


vez que el cineasta francés Claude Lanzmann recogió su testimonio para la
película Shoah. La película fue difundida en 1985. En 1994 E. Thomas Wood y
Stanislaw M. Jankowski publicaron Karski: How One Man Tried to Stop the
Holocaust.
Tras la caída del comunismo en Polonia en 1989 el papel de Karski en el
período de la Guerra fue reconocido oficialmente en ese país. Recibió la Orden
del Águila Blanco (la condecoración civil polaca más alta) y la Orden Virtuti
Militari (la más alta condecoración militar por el valor en combate).

La razón de esto se deriva del hecho que el gobierno comunista polaco y el


soviético no podían ni querían reconocer las actividades de los activistas
polacos, ya que eso supondría que los soviéticos y comunistas mintieron
cuando dijeron que ellos fueron quienes liberaron a Polonia y además,
otorgaría a los polacos el derecho a reclamar su libertad. Así, en la práctica
Polonia sufrió un cambio de poder, después del gobierno nazi, sufrió la
dictadura comunista.

En una entrevista con Hannah Rosen en 1995 Karski dijo sobre el fracaso a la
hora de salvar a los judíos del asesinato en masa: “Era fácil para los nazis
matar judíos, porque lo hicieron. Los Aliados consideraron imposible y
demasiado costoso acudir en rescate de los judíos, porque no lo hicieron. Los
judíos fueron abandonados por todos los Gobiernos, jerarquías eclesiásticas y
sociedades, pero miles de judíos sobrevivieron porque miles de individuos en
Polonia, Francia, Bélgica, Dinamarca y Holanda ayudaron a salvar judíos.
Ahora todos los Gobiernos e Iglesias dicen "Intentamos ayudar a los judíos",
porque están avergonzados y quieren conservar su reputación. No ayudaron,
porque seis millones perecieron, pero quienes estaban en los Gobiernos y en
las Iglesias sobrevivieron. Nadie hizo lo suficiente.”

Para honrar sus esfuerzos en favor de los judíos de Polonia, Karski fue
nombrado ciudadano de honor de Israel en 1994. El 2 de junio de 1982 el Yad
Vashem designó a Jan Karski como Justo entre las Naciones. Ese mismo año
en Jerusalén se plantó un árbol con su nombre en la Avenida de los Justos
entre las Naciones.
El Ministro de Asuntos Exteriores de Polonia Wladyslaw Bartoszewski en su
discurso en la ceremonia del 60 aniversario de la liberación del campo de
concentración de Auschwitz-Birkenau, 27 de enero de 2005, dijo: "El
movimiento polaco de Resistencia siguió informando y alertando al mundo libre
sobre la situación. En el último trimestre de 1942, gracias al emisario polaco
Jan Karski y a su misión, y también por otros medios, los Gobiernos del Reino
Unido y de los Estados Unidos estuvieron bien informados sobre lo que estaba
ocurriendo en Auschwitz-Birkenau."

Este hombre enfrentó una labor imposible e infructuosa, tal como se ve en su


testimonio y en las obras que él redactó y que se escribieron de él y su acción,
fue poco lo que pudo hacer para salvar a los judíos. Como se aprecia en su
testimonio recogido en la mencionada Shoah, entró al guetto de Varsovia y no
pudo hacer nada por aquella gente, ni siquiera por quienes le habían pedido
que entrara y le sirvieron de guía.

Entonces hay que pensar en la trascendencia de su acción. ¿Qué hay de digno


en un hombre que falló en su trabajo? ¿Qué trascendencia tiene un hombre
que no pudo cambiar el trayecto de la historia? Pues, la respuesta es el
esfuerzo mismo que realizó. Aunque su misión se sabía imposible, aunque
siempre debió ver cómo los políticos y militares no hacían más que mostrarse
impresionados o incrédulos ante su actividad, Karski no renunció. Siguió
creyendo en que su misión tenía sentido.

Él era sólo un hombre, un solo hombre. Como se ve en la mencionada película,


al contar esa historia, no puede evitar llorar… quisiera no tener que hacerlo,
pero entiende el peso y valor de su acción y que hacer algo aunque sea poco,
es mejor que nada.

Haberse salvado de lo que pasó en Katyn, haber aguantado aquellos duros


interrogatorios de la Gestapo, haber soportado el combate de la clandestinidad,
la tensión de vivir en secreto, al visita al guetto, las largas esperas para
conseguir entrevistas, el tiempo, el desánimo, ver cómo el mundo se destruye,
el no ver de nuevo a la gente que el día anterior estaba a su lado, ¿No
constituye esto la misma suma de un trabajo excepcional, trascendental,
importante para la humanidad y especialmente para los judíos? ¿No haber
cedido a la derrota o al miedo no es en sí mismo una victoria en esas y otras
circunstancias donde la humanidad está condenada?
Karski representa la dignidad humana justamente porque nunca renunció a lo
que era su obra, su trabajo. Su esencia, lo que él quería hacer y lo que quería
ser. La dignidad es algo que va más allá de los derechos humanos; es la propia
esencia, el carácter de las personas.

Karski contó cómo aceptó las imposibles y muy peligrosas misiones dentro del
guetto de Varsovia y cerca de Belzec. Nada de discursos ni promesas. “sí, lo
haré” fueron sus palabras. Y luego vino la acción. Muy independiente del
resultado, muy alejado de obtener algo a cambio: la dignidad humana que
enseñó Karski es decidir hacer que es lo correcto sin que importe nada más y
como lo mostró luego, él fue reconocido por los otros, no se hizo promoción así
mismo, sólo hizo su historia y la contó y siguió con su vida, dedicado a la
diplomacia y la academia.

Un hombre que simplemente, en el momento decisivo, decidió dar un paso


donde otros… ni siquiera se acercaron o ya estaban muertos. Se mantuvo. No
se trata de discursos y promesas políticas, se trata de la acción de un hombre,
que reconoce, entiende el peligro que sufre la humanidad y decide actuar, dar
lo mejor de sí y hacer su trabajo. No por un resultado, sino por hacer lo que le
toca. Eso es dignidad: es sólo cuestión de decidir, decidir que el hombre, la
humanidad, aún vale la pena.

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