Psicología de la Emoción.
TEMA 9
TEMA 9. LAS EMOCIONES AUTOCONSCIENTES:
CULPA, VERGÜENZA Y ORGULLO
1. ¿POR QUÉ HABLAMOS DE “EMOCIONES”
AUTOCONSCIENTES?
Los psicólogos tienden a agrupar la culpa, la vergüenza y el orgullo bajo la
denominación de “emociones autoconscientes”, debido a que en estas tres emociones subyace,
como rasgo fundamental, algún tipo de evaluación relativa al propio yo: estas emociones surgen
cuando se produce una valoración positiva o negativa del propio yo en relación con una serie de
criterios acerca de lo que constituye una actuación adecuada en diversos ámbitos.
Quizás fuera más apropiado llamarlas emociones autoevaluativas, ya que la
autoevaluación subyacente en dichas emociones no tiene por qué ser explícita ni consciente.
En cualquier caso, estamos ante reacciones emocionales que tienen como antecedente
algún tipo de juicio (positivo o negativo) de la persona sobre sus propias acciones.
2. OLVIDO Y PROGRESIVO INTERÉS DEL ESTUDIO DE
LAS EMOCIONES AUTOCONSCIENTES
Hasta hace muy poco tiempo, las emociones autoconscientes han estado bastante
olvidadas. La investigación sobre emoción se ha centrado más en la elaboración de una teoría
general de la emoción que en el estudio en profundidad de las distintas emociones, prestando
más atención a las emociones básicas. Las razones específicas de esta poca atención son:
1) La especial dificultad de su estudio: al no poseer índices expresivos, en especial
faciales, tan claros como el miedo, la ira, la alegría, la tristeza o el asco, no se prestan
tan bien a la observación directa. Su estudio a través de autoinformes también plantea
dificultades, ya que no se distingue muy bien entre las distintas emociones
autoevaluativas, más concretamente entre la culpa y la vergüenza.
2) La razón más importante era que estas emociones provocaban fuertes reticencias entre
los psicólogos: el orgullo, la vergüenza y la culpa resultaban demasiado etéreas para
un estudio científico serio. Por otro lado, su inmediata asociación con el psicoanálisis
generaba bastante recelo. Además, sus evidentes implicaciones en el ámbito de la
moralidad provocaban aún más reticencia.
En los últimos años el interés por estas emociones ha ido progresivamente en aumento,
aunque el volumen de investigación sobre las distintas emociones autoconscientes es muy
desigual: existe bastante investigación acerca de la culpa y la vergüenza, pero muy poca aún
sobre el orgullo.
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Psicología de la Emoción. TEMA 9
3. RASGOS GENERALES DE LAS EMOCIONES
AUTOCONSCIENTES
La culpa, la vergüenza y el orgullo, además de implicar todas ellas algún tipo de
valoración relativa al propio yo como elemento antecedente y esencial, comparten otros
importantes rasgos:
3.1. Las emociones autoconscientes son emociones “secundarias”,
“derivadas”, “complejas”
La mayor parte de los autores considera a las emociones autoconscientes emociones
“secundarias” o “derivadas”, en la medida en que dichas emociones parecen surgir como
resultado de diversas transformaciones de otras más básicas.
La mayoría de autores considera a las emociones autoconscientes emociones
“complejas”, debido a que requieren el desarrollo previo de ciertas habilidades cognitivas: para
que aparezcan estas emociones se han de dar como condición necesaria el desarrollo de una
cierta noción del yo como separado de los demás, de una cierta autoconciencia. Hasta que dicha
noción no se ha desarrollado mínimamente, no pueden aparecer este tipo de emociones.
En apoyo a este punto de vista, Lewis y cols (1989) realizaron una serie de estudios que
muestran que el desarrollo de la capacidad de sentir vergüenza, más concretamente, lo que en
inglés se denomina embarrassment (azorado o turbado), discurre paralelo al del
autorreconocimiento. Estos autores observaron que los primeros signos de embarrassment en
los niños (sonreír y al mismo tiempo evitar la mirada, tocarse la cara, etc.) aparecían entre los
15 y los 24 meses. Los niños que mostraban autorreconocimiento en una prueba eran
exactamente los mismos que mostraban signos de sentir embarrassment en una prueba
diferente.
El embarrassment parece ser la más rudimentaria de las emociones autoconscientes, al
menos de las de carácter negativo.
En diversos estudios se ha mostrado que ya para los 2-3 años, los niños presentan
muchas manifestaciones prototípicas de orgullo (mirada triunfante, cuerpo erguido…ante el
éxito), la vergüenza (cabeza baja, cuerpo encogido…ante el fracaso en la tarea) y la culpa
(intento de reparación tras agredir a otro niño). Esto cuestiona a quienes sostienen que estas
emociones requieren el desarrollo previo de habilidades cognitivas muy sofisticadas.
3.2. Las emociones autoconscientes son emociones “sociales”,
“morales”
Las emociones autoconscientes son también designadas por algunos autores como
“emociones sociales”, por sus importantes aspectos sociales; algo sobre lo que existe un amplio
acuerdo entre los teóricos. Estas emociones tienen importantes aspectos interpersonales:
En primer lugar, dichos aspectos se hallan presentes en su desarrollo. El desarrollo en
el niño de unos criterios acerca de lo correcto y lo incorrecto es fruto de la
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Psicología de la Emoción. TEMA 9
interiorización de los valores y las normas de su cultura. Dicho desarrollo es resultado
también de la construcción del propio niño, que se asienta en las experiencias
cotidianas del niño en sus interacciones sociales.
En segundo lugar, estas emociones son también “sociales” por cuanto la mayor parte
de las veces surgen en contextos interpersonales. Esto parece bastante claro en la
vergüenza. La culpa se asocia también a problemas interpersonales. Es importante la
mirada y la valoración ajena en el surgimiento de las reacciones de orgullo.
Por último, estas emociones conllevan tendencias de acción con importantes
implicaciones interpersonales. Así, por ejemplo, la persona que se siente culpable
siente la necesidad de reparar de algún modo la falta, la necesidad de pedir disculpas
y, en la medida de lo posible, enmendar la acción. La culpa anticipada ayuda a
preservar las relaciones interpersonales, al favorecer que tales acciones u omisiones no
se produzcan.
Implicaciones en el terreno moral: junto con la empatía, estas emociones juegan un
papel fundamental como elementos motivadores y controladores de la conducta moral. La culpa
y la vergüenza actúan como un factor inhibidor de muchas conductas inmorales. El orgullo
sentido ante la buena acción, en especial si es costosa, ejerce en el reforzamiento de futuros
cursos de acción similares.
El papel de las emociones en el ámbito moral ha sido objeto de reflexión de muchos
filósofos a lo largo de la historia y ha sido destacado también por autores de nuestro campo
como Freud o Hoffman. Es en este sentido en el que algunos autores designan a estas emociones
como emociones “morales” o “sociomorales”.
4. RASGOS ESPECÍFICOS DE LAS DISTINTAS
EMOCIONES AUTOCONSCIENTES
Cada una de las emociones autoconscientes posee características específicas: surge ante
un tipo particular de eventos, supone una experiencia subjetiva diferente y conlleva unas
tendencias de acción también diferentes. Sin embargo, no resulta tarea fácil definir qué las
distingue entre sí. El orgullo se distingue nítidamente de la culpa y la vergüenza, pero la
distinción entre estas dos últimas plantea bastantes problemas.
En una primera aproximación a los rasgos específicos de cada una de estas emociones,
resulta muy útil el modelo estructural propuesto por Michael Lewis, en el cual es posible
entender las características de cada emoción a partir del cruce de dos variables básicas: la
evaluación de la propia conducta como positiva o negativa y la atribución interna global o
específica de dicha conducta.
Un primer proceso que interviene en la elicitación de estas emociones es la evaluación
de las propias acciones, pensamientos o sentimientos como éxitos o fracasos en relación con
una serie de estándares, reglas y metas. El éxito o fracaso percibido provoca la autorreflexión,
la cual da lugar a un segundo proceso fundamental en la elicitación de estas emociones: la
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evaluación de las acciones, pensamientos y sentimientos como éxitos o fallos que dependen de
uno mismo, es decir, la atribución interna de dichos éxitos y fallos. Esta atribución puede ser
global o específica, es decir, la evaluación de éxito o fallo puede referirse al yo en su conjunto o
únicamente a la acción, pensamiento o sentimiento concreto. Según la evaluación sea de éxito o
fallo, global o específica, surgirá una u otra emoción.
A partir de este modelo, Lewis distingue cuatro emociones autoconscientes: la culpa, la
vergüenza, el orgullo y una cuarta denominada hubris (arrogancia). Así:
La vergüenza es elicitada por una evaluación negativa del yo de carácter global.
La culpa surge también cuando se da una evaluación negativa, pero en este caso la
evaluación es específica, se focaliza en la acción y no se refiere al yo en su conjunto.
El orgullo surge cuando la persona realiza una evaluación positiva centrada en una
acción concreta, y por tanto, específica.
El término griego hubris para designar una emoción que sería del resultado de una
evaluación positiva del yo de carácter global.
4.1. Emociones provocadas por autoevaluaciones negativas:
vergüenza y culpa
La VERGÜENZA surge cuando se da una evaluación negativa del yo de carácter
global. La experiencia fenomenológica de la persona es el deseo de esconderse, de desaparecer
(tierra trágame). Es un estado desagradable, que provoca la interrupción de la acción, una cierta
confusión mental y cierta dificultad y torpeza para hablar.
Físicamente, se manifiesta en una especie de encogimiento del cuerpo. La persona que
siente vergüenza se encorva como si quisiera desaparecer de la mirada ajena. En la medida en
que supone un ataque global al yo, la persona va a intentar librarse de este estado emocional.
Pero ello no resulta tan fácil como reparar una acción concreta. La persona a fin de liberarse de
la vergüenza, acaba recurriendo a mecanismos tales como la reinterpretación de los eventos, la
disociación del yo, el olvido de la situación,...
La CULPA surge de una evaluación negativa del yo más específica, referida a una
acción concreta. Desde el punto de vista fenomenológico, las personas que sienten culpa
experimentan dolor, pero en este caso el dolor tiene que ver con el objeto del daño que se ha
hecho o con las causas de la acción realizada.
En la medida en que el proceso cognitivo-atribucional se centra en la conducta y no en
la globalidad del yo, la experiencia de culpa no es tan displacentera ni provoca tanta confusión
como la de vergüenza.
La culpa tampoco lleva a una interrupción de la acción. En cuanto a su expresión no
verbal, mientras que en la vergüenza la persona se encorva en un esfuerzo por esconderse y
desaparecer, en la culpa, la persona tendería más bien a moverse inquieta por el espacio, como
si tratara de ver qué puede hacer para reparar su acción; además, en la culpa tampoco se da el
rubor facial que aparece en muchas personas cuando experimenta vergüenza.
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Las personas pueden librarse de este estado emocional con relativa facilidad a través de
la acción correctora, aunque ésta no siempre es viable, y como consecuencia, este estado
emocional a veces puede resultar también muy displacentero.
Según Lewis, la culpa, en principio, posee una intensidad negativa menor, es menos
autodestructiva y, en la medida en que implica tendencias correctoras, se revela como una
emoción más útil que la vergüenza.
4.2. Emociones provocadas por autoevaluaciones positivas: orgullo y
hubris
El ORGULLO surge como consecuencia de la evaluación positiva de una acción
propia. La experiencia fenomenológica de la persona que siente orgullo por algo (una acción, un
pensamiento, un sentimiento) es de alegría, de satisfacción por ello: el sujeto se halla como
atrapado, absorto, en la acción que le hace sentirse orgulloso. Al ser un estado positivo,
placentero, la persona va a tratar de reproducirlo. De este modo, el orgullo conlleva una
tendencia a la reproducción de las acciones que lo suscitan.
“HUBRIS” designa una especie de orgullo exagerado. Surge como consecuencia de
una evaluación positiva del yo de carácter global. En este caso, el yo en su conjunto es objeto de
loa por parte del propio sujeto.
En casos extremos se asocia a narcisismo. La experiencia fenomenológica es muy
positiva y reforzante, en este estado, al contrario que en el de la vergüenza, la persona se siente
estupendamente, satisfecha consigo misma.
Al ser un estado tan satisfactorio, la persona va a tratar de mantenerlo. Pero ello, según
Lewis, no resulta fácil, puesto que este estado no se asocia a una acción concreta.
Sin embargo, estos sentimientos tienen algo de adictivos, por lo que la persona
provocará como sea situaciones que los susciten, alterará los criterios a partir de los cuales
evalúa sus acciones, reevaluará lo que constituye un éxito...
Las personas con hubris, en general, provocan rechazo en los demás. Ello es lógico,
pues esta emoción puede resultar conflictiva en el terreno interpersonal. Dado el sentimiento de
superioridad y el desdén hacia los demás asociados a este estado, la persona que lo experimenta
puede hacer que otras personas se sientan humilladas.
5. ¿ESTOS RASGOS CONCRETOS SON
GENERALIZABLES A TODAS LAS CULTURAS?
Debemos tener en cuenta un problema en el estudio de las emociones secundarias: el
problema de las diferencias semánticas en diversas culturas entre términos aparentemente
intercambiables. Es éste un problema real, que plantea serias dificultades para llegar a
conclusiones científicas generales acerca de la naturaleza de estas emociones.
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Psicología de la Emoción. TEMA 9
Cuando se compara la clasificación de las emociones en familias y subfamilias en
distintas culturas se constata que las diferencias culturales no se dan únicamente a nivel de las
emociones más específicas.
Por ejemplo, en los chinos aparece una categoría básica más, “shame” (bochorno),
además de las nuestras (ira, tristeza, miedo, amor y felicidad). Esta categoría incluía dos
subcategorías: “guilt/regret” y “shame”. En los occidentales, “shame” no aparece como una
familia básica sino como una subcategoría de la tristeza.
Nuestra cultura se encuentra mucho más cercana a la italiana y a la norteamericana que
a la china, pero la correspondencia entre los términos emocionales ingleses y castellanos
tampoco es perfecta. Nosotros designamos como vergüenza lo que los ingleses llaman: shame
(culpa) y embarrassment (vergüenza).
Así que conviene ser prudentes a la hora de plantear conclusiones generales sobre las
emociones. La mayor parte del corpus teórico al respecto se basa en un conjunto de estudios
que, en su mayoría, se han realizado a través de autoinformes con muestras de hablantes
anglosajones, y por tanto, las conclusiones de los mismos quizás no sean totalmente válidas en
otras culturas y en concreto en la nuestra.
6. CUESTIONES A DEBATE EN LA ACTUALIDAD
6.1. Sobre la culpa y la vergüenza
Tanto entre los psicólogos como entre la gente común, los términos culpa y vergüenza a
menudo se mencionan en relación con un mismo tipo de eventos o situaciones. Ello parece
indicar que estas dos emociones se encuentran realmente muy próximas. La distinción entre
ellas no es nada fácil.
6.1.1. ¿En qué se diferencian la culpa y la vergüenza?
En torno a esta cuestión existen tres posiciones o puntos de vista fundamentales:
1) La vergüenza es una emoción pública, que surge de la desaprobación de los demás y
requiere la presencia (real o imaginada) de los otros, mientras que la culpa es una
emoción privada, que surge de la propia desaprobación y no requiere de observadores
externos. Punto de vista extendido entre los psicólogos sociales.
2) Una y otra emoción son elicitadas por distintos tipos de transgresiones o fallos: la culpa
cuando se transgreden ciertas normas o reglas, y la vergüenza cuando no se alcanzan
ciertos estándares o metas. En términos psicoanalíticos, la culpa es el resultado de un
conflicto entre el yo y el superyó o conciencia moral, mientras que la vergüenza surge
de un conflicto entre el yo y el yo ideal.
Estas dos primeras posiciones coinciden en que lo determinante es el tipo de evento
antecedente.
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3) Tangney (1999), defiende que lo que diferencia a la culpa y la vergüenza no es tanto el
tipo de evento antecedente como el modo en que la persona interpreta sus
transgresiones o fallos. Esta autora sostiene que, mientras que en la experiencia de la
vergüenza el foco de atención de la persona es el “self” (YO hice esa cosa horrible), en
la culpa lo es la conducta (Yo HICE esa COSA horrible). Esta diferencia hace que la
experiencia fenomenológica de una y otra emoción, así como sus implicaciones en el
terreno social y personal, sean muy diferentes.
Esta última postura se ha convertido hoy en el punto de vista dominante entre los
investigadores de este campo. Sin embargo, también hay datos empíricos que apoyan las otras
distinciones propuestas. La misma Tangney ha encontrado en estudios propios que si bien las
transgresiones morales tienden a provocar culpa o vergüenza más o menos por igual, los fallos
no morales tienden más bien a provocar vergüenza.
Un estudio realizado por Wallbott y Scherer (1995), revelaron las siguientes
diferencias entre culpa y vergüenza:
- Mientras que la vergüenza a menudo es provocada por factores externos, la culpa
es una experiencia emocional más interna, y
- Mientras que la vergüenza se asocia al fracaso en el logro de las metas, la culpa se
asocia a la transgresión de normas.
Los datos de este estudio sugieren que quizás las distinciones alternativas a la defendida
por Tangney, las distinciones pública/privada y fallos morales/no morales, no sean decisivas en
las culturas de influencia inglesa, pero sí lo sean en otras, y en concreto en la nuestra.
El estudio de Pascual y colaboradores (2003) permite concluir que, bajo el término
vergüenza en castellano, se engloban experiencias emocionales provocadas, al menos, por tres
tipos de situaciones:
Situaciones en las que hay un sentido de exposición. La persona queda expuesta al
juicio de otros, y se ha cometido una falta mínima, muy leve (embarrassment).
Situaciones en las que hay un sentido de exposición y se ha cometido una falta más
seria pero no moral.
Situaciones en las que hay un sentido de exposición y se ha cometido una falta seria
y de carácter moral: “vergüenza moral”.
Por otra parte, bajo el término culpa se engloban experiencias emocionales provocadas
por, al menos, dos tipos de situaciones:
1) Situaciones en las que la persona comete una falta que supone un daño para una
tercera persona: “culpa interpersonal”.
2) Situaciones en las que la persona contraviene su propio sentido de lo que “debe” ser:
“culpa intrapersonal”.
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En nuestra cultura, la culpa, en comparación con la vergüenza, depende más que del
juicio negativo de los demás, del juicio negativo del propio sujeto sobre su acción, una acción
que el sujeto percibe como controlable. A veces la culpa puede llevar también a la huida de la
situación para eludir un castigo que se intuye severo, normalmente no lo hace, y en cambio
favorece la puesta en marcha de alguna acción para solucionar la situación.
No obstante, los resultados muestran que hay un tipo de experiencia emocional, la
vergüenza moral, que presenta algunos rasgos en común con la culpa: en particular, la
tendencia a la reparación, pero también el hecho de que el acto que la provoca es percibido por
la persona no simplemente como un comportamiento no deseable, sino como malo
ética/moralmente, tal como ocurre en el caso de la “culpa interpersonal”, el tipo de culpa más
frecuente.
6.1.2. Implicaciones de la culpa y la vergüenza en el ámbito interpersonal
Un aspecto en el que las diferencias entre la culpa y la vergüenza están más claras es el
de sus tendencias de acción, y consiguientemente, sus implicaciones interpersonales.
Mientras que la vergüenza provoca el deseo de escapar de la situación, de desaparecer,
la culpa mantiene a la persona ligada a la situación interpersonal, señalándole el camino hacia la
acción reguladora. Más que respuestas de evitación, los sentimientos de culpa provocan deseos
de confesar, pedir perdón, reparar el daño hecho y actuar de otro modo en el futuro. Teniendo
esto en cuenta, suele considerarse que la culpa constituye una emoción más positiva, con un
mayor valor moral, que la vergüenza.
Dos conjuntos de datos sugieren que los sentimientos de culpa son más positivos en el
ámbito interpersonal:
En primer lugar, diversos estudios muestran que la culpa tiende a asociarse con la
empatía. Se ha constatado que las personas tendentes a sentir culpa suelen ser
personas bastante empáticas, mientras que las tendentes a la vergüenza, ante el
sufrimiento ajeno, son poco propensas a experimentar empatía centrada en el otro y,
en cambio, tienden a experimentar malestar personal.
Según Tangney, la vergüenza, al focalizarse en el yo en su conjunto, deja poco
espacio para la atención al sufrimiento ajeno, mientras que la culpa, al focalizarse en la
conducta específica, favorece, en principio, que el sujeto atienda a las consecuencias de
su conducta en los otros.
En segundo lugar, diversos estudios muestran que la vergüenza tiende a asociarse
con la ira. Se ha constatado que las personas tendentes a la vergüenza suelen ser
también tendentes a los sentimientos de ira, hostilidad, resentimiento y suspicacia,
mientras que las tendentes a la culpa no muestran tales rasgos. También se ha
confirmado que la disposición a experimentar vergüenza se asocia a una mala
regulación de la ira, mientras que la disposición a la culpa se asocia a una regulación
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Psicología de la Emoción. TEMA 9
constructiva de la misma. Las experiencias de vergüenza, en general, implican una
mayor animadversión y agresividad hacia los otros que las de culpa.
En la experiencia de vergüenza, la hostilidad que inicialmente se dirige hacia uno
mismo fácilmente puede volverse hacia el exterior en un esfuerzo por proteger al yo. Sin
embargo, bien podría ser que esta tendencia de la vergüenza a transformarse en hostilidad fuera
típica de países como los EEUU, que promueven un yo independiente, y no tanto de otras
culturas como muchas asiáticas, que promueven un yo más interdependiente.
Con todo esto se puede llegar a la conclusión de que la culpa es una emoción más
positiva que la vergüenza en el plano interpersonal.
6.1.3. Implicaciones de la culpa y la vergüenza en el ajuste psicológico
¿Ocurre lo mismo en el plano individual?, ¿la culpa es también positiva para la persona
o, por lo contrario, es una emoción que no acarrea más que sufrimiento y que puede estar en la
base de muy diversos problemas psíquicos? Básicamente, se dan dos posiciones en las
implicaciones de la culpa en el ajuste psicológico:
Según la primera posición, que hunde sus raíces en Freud, la culpa tiene un carácter
muy negativo para el individuo. Según Freud, los sentimientos de culpa, dada su
naturaleza fuertemente inhibitoria, su asociación con la necesidad de castigo y su
tendencia a desencadenar múltiples mecanismos de defensa, acaban dando lugar a
numerosos síntomas y conductas desadaptativas.
Según una segunda posición, más reciente, la culpa tiene un carácter bastante menos
negativo para la salud psíquica de lo que habitualmente se supone. Tangney señala
que, cuando se tiene en cuenta la distinción self/conducta entre vergüenza y culpa, los
datos empíricos revelan que, mientras que la tendencia a la vergüenza se asocia a
diversos síntomas patológicos, la tendencia a sentir culpa no se asocia a un mal ajuste
psicológico. Los efectos patológicos de la culpa se producen cuando ésta aparece
fusionada con la vergüenza. Es entonces cuando la culpa lleva a la rumiación obsesiva
y al autocastigo.
Hoy por hoy, no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre los efectos de la culpa
en el ajuste psicológico individual. En cambio, por lo que se refiere a la vergüenza, existe un
amplio consenso respecto a la asociación entre la tendencia a experimentarla y la vulnerabilidad
a los problemas psíquicos. Son numerosos los estudios empíricos que muestran su asociación
con la depresión, la ansiedad, la baja autoestima, los trastornos de la alimentación y la
sociopatía subclínica.
6.1.4. ¿Son tan positivos los sentimientos de culpa?, ¿Son tan negativos los
de vergüenza?
Los mismos autores que defienden un fuerte contraste entre las implicaciones de la
culpa (positivas) y las de la vergüenza (negativas) en el ámbito interpersonal e individual
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Psicología de la Emoción. TEMA 9
matizan su posición, señalando que ni la culpa es tan sana y tan beneficiosa ni la vergüenza es
tan negativa.
La culpa tiene también su lado negativo. Tangney reconoce que, en ocasiones, puede
ser desadaptativa cuando los sentimientos de culpa se fusionan con los de vergüenza.
La mayor parte de los autores que han profundizado en esta emoción han distinguido
varios tipos de culpa, unas más adaptativas que otras. Se pueden distinguir dos tipos de culpas:
1) Culpa freudiana: hunde sus raíces en la ansiedad asociada a la transgresión y que
incluye asimismo fuertes dosis de agresividad básicamente hacia el propio individuo,
pero que también puede dirigirse al exterior. Sus efectos son mucho más negativos.
2) Culpa más empática: en la línea de la “culpa depresiva” frente a la “culpa
persecutoria” y de la “culpa interpersonal”. Surge cuando la persona siente
empáticamente el dolor ajeno y se percibe como el agente causal de dicho dolor.
En la actualidad, entre los estudiosos de la emoción en general y de la culpa en
particular, domina una visión mucho más positiva de esta emoción, claramente influenciada por
Hoffman. Cuando se habla de la culpa, tiende a entenderse el tipo de culpa asociada a la
empatía: tendencia a la reparación de la acción, y de este modo, resulta esencial en el
restablecimiento de las relaciones interpersonales que han podido resultar dañadas a
consecuencia de la acción del sujeto. En definitiva, esta es una respuesta emocional con efectos
muy positivos en el plano interpersonal y que, más allá del malestar que su experiencia supone,
no tiene ningún efecto negativo en el individuo.
La Vergüenza: no todo en ella es desadaptativo. La vergüenza tiene también aspectos
positivos. Los sentimientos de vergüenza poseen también una importante función
autorreguladora, ya que ayudan a las personas a evitar muchas transgresiones y conductas
inapropiadas. La vergüenza protege contra la conducta inconveniente y así es adaptativa,
aunque en casos de exceso, deficiencia o pobre regulación, puede resultar desadaptativa.
Barrett (1995) señala que, si la culpa nos ayuda a tomar conciencia del poder que
tenemos de hacer daño y de la posibilidad de reparar dicho daño, la vergüenza nos ayuda a
analizar el propio yo como en un espejo. En este sentido, ambas emociones juegan un
importante papel en el desarrollo del yo.
6.2. Sobre el embarrassment
Este término se traduce al castellano, sin más, como “vergüenza”, pero una traducción
más correcta sería la de sentimiento o experiencia de “embarazo”, “bochorno”, “apuro” o
“corte”. Los anglosajones, sin embargo, distinguen shame y embarrassment cuando se habla de
vergüenza.
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6.2.1. ¿Designa el término embarrassment una emoción diferente de
shame?
La mayoría de los autores piensa que shame y embarrassment constituyen dos
emociones diferentes, pero ¿dónde están las diferencias?
1) La mayor parte de los autores considera que shame y embarrassment son distinguibles
por la intensidad del afecto y la gravedad de la acción: shame se caracterizaría por una
mayor intensidad y además surgiría ante fallos más serios y ante transgresiones de
carácter moral; y embarrassment tiende a aparecer ante transgresiones sociales o
meteduras de pata relativamente triviales.
2) Otros autores señalan que shame se asocia a la percepción de deficiencias en el yo
esencial, mientras que el embarrassment se asocia a la percepción de deficiencias en el
yo tal como se presenta en el exterior.
3) Por último, otros plantean que, además, estas dos emociones difieren en su expresión
corporal: las personas que experimentan embarrassment no muestran expresiones de
alguien que quiera esconderse, más bien muestran movimientos corporales
ambivalentes, de aproximación y evitación respecto a los otros (miran y apartan la
mirada, sonríen, etc.).
En el terreno empírico, los estudios realizados para analizar las diferencias entre shame
y embarrassment sugieren que una y otra reacción emocional difieren bastante entre sí.
Tangney, Miller y colaboradores encontraron que las experiencias de:
shame eran más intensas, más dolorosas e implicaban una mayor sensación de
transgresión moral que las de embarrassment. Implicaban, también, una mayor
sensación de responsabilidad, mayor pesar y mayor enfado con uno mismo, así como la
creencia de que los otros estaban también disgustados con uno.
embarrassment, en cambio, resultaban, en general, más divertidas, ocurrían más de
repente e implicaban una mayor sensación de sorpresa. Además, se acompañaban de
cambios fisiológicos más intensos (rubor, sonrojo) y una mayor sensación de
exposición a los demás.
6.2.2. Rasgos fundamentales del embarrassment:
¿Qué es exactamente lo que provoca embarrassment?, ¿qué función cumple esta
reacción emocional? En cuanto al tipo de eventos que la provocan, puede decirse que el
embarrassment constituye la más social de todas las emociones autoconscientes: a diferencia
de la culpa y de shame, la experiencia de embarrassment se produce casi, sin excepción alguna,
en presencia de otros. Pero, más allá de este rasgo social, hay pocos elementos que caractericen
de forma consciente a las situaciones de embarrassment.
¿Cuál es, entonces, el proceso psicológico o dilema esencial que lleva a sentir esta
emoción? Hay diversas posturas:
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Miller: lo fundamental sería la evaluación negativa por parte de los otros. Sin
embargo, como se acaba de señalar, también se puede sentir embarrassment en
situaciones positivas, simplemente por sentirse el foco de atención de mucha gente.
Silver y cols: sostienen una visión “dramática” de esta emoción, en la cual encajan
perfectamente tales situaciones positivas. El embarrassment se produce cuando ciertos
roles y guiones sociales implícitos se ven trastocados y las interacciones sociales
resultan algo raras, torpes.
Lewis propone distinguir entre dos tipos de embarrassment: el provocado por la mera
exposición a los otros (no es shame porque no subyace ninguna evaluación negativa
del yo) y el provocado por una autoevaluación negativa (shame menos intensa por su
naturaleza menos relevante del fallo en relación con las reglas y metas del sujeto).
Aunque no existe consenso respecto a lo que produce embarrassment, existe bastante
acuerdo en cuanto a las funciones de esta emoción. Muchos autores coinciden en que esta
reacción emocional tiene una importante función social al servir como señal de apaciguamiento
a los otros: las respuestas no verbales que aparecen cuando se experimenta embarrassment
(rubor facial, sonrisa, etc.) actúan como señales que comunican a los demás que, en realidad, se
comparten las reglas sociales, aunque en ese momento hayan resultado algo trastocadas.
Esta emoción, no se halla lexicalizada en muchas lenguas. Sin embargo, ello no
significa que los hablantes de dichas lenguas no la experimenten. El análisis de la misma tal
como se da en otras culturas es fundamental para corregir posibles sesgos etnocéntricos de la
investigación previa y para una mejor comprensión del significado de esta reacción emocional.
6.3. Sobre el orgullo
El orgullo surge cuando la persona valora positivamente su conducta en relación con
unos estándares, unas normas o unas metas.
Al ser una experiencia emocional altamente reforzante, va a favorecer futuras conductas
similares, además de fortalecer la propia autoestima. El orgullo cumple una función muy
importante tanto en la orientación de la conducta como en el desarrollo psicológico de la
persona y en su bienestar subjetivo. Pese a ello, esta emoción ha sido muy poco estudiada.
6.3.1. Existen emociones provocadas por autoevaluaciones positivas
Habitualmente sólo se habla de una emoción provocada por autoevaluaciones positivas:
el orgullo. Sin embargo, varios autores consideran que hay que distinguir alguna más:
Lewis propone distinguir entre orgullo y hubris en función de que la atribución de
éxito sea específica (referida a la conducta) o global (referida al yo en su conjunto).
Lewis describe el hubris: como una disposición o un rasgo de personalidad muy poco
adaptativo. En el plano fenomenológico es difícil diferenciar hubris como emoción del orgullo.
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Tangney sostiene un planteamiento muy similar cuando sugiere que existirían dos tipos
de orgullo, paralelos a la distinción self/conducta que se da entre vergüenza y culpa: el
orgullo relativo al self u orgullo “alpha” y el orgullo relativo la conducta u orgullo
“beta”.
La experiencia fenomenológica de la persona que siente orgullo por algo (acción,
pensamiento o sentimiento que considera loables) es de alegría y satisfacción por ello. Cuando
el yo en su conjunto es objeto de loa exagerada por parte del propio sujeto surge el “hubris”.
Hubris, como rasgo o disposición de personalidad, como tendencia a la excesiva
satisfacción con uno mismo, no se halla exento de riesgos. Ahora bien, en cuanto emoción, en
cuanto reacción emocional transitoria suscitada por una situación concreta, hubris no tendría
nada de malo y sí efectos positivos: al igual que el orgullo, puede servir para reforzar ciertos
cursos de acción positivos.
En el plano fenomenológico es difícil diferenciar hubris como emoción de orgullo. Este
último, aunque surja en relación con una acción concreta, casi siempre implica una focalización
en el yo responsable de la misma.
PRINCIPALES NÚCLEOS TEMÁTICOS (TEMA 9)
Las emociones autoconscientes comparten rasgos importantes:
- Son emociones secundarias que surgen como resultado de diversas
transformaciones de otras emociones más básicas;
- Son emociones complejas porque requieren el desarrollo previo de ciertas
habilidades cognitivas -desarrollo de la noción del yo o autoconciencia-;
- Son emociones sociales e implican importantes aspectos interpersonales
(surgen en contextos interpersonales y conllevan tendencias de acción con
importantes implicaciones interpersonales).
La culpa, la vergüenza y el orgullo son reacciones emocionales que tienen como
antecedente algún tipo de juicio –positivo o negativo- de la persona sobre sus propias acciones.
Estas emociones juegan un papel fundamental como elementos motivadores y
controladores de la conducta moral.
La vergüenza surge cuando se da una evaluación negativa del yo de carácter global.
Provoca un estado emocional desagradable, que lleva a la interrupción de la acción y a una
cierta confusión mental. La persona, con el fin de librarse de la vergüenza, recurre a
mecanismos como la reinterpretación de los eventos, la disociación del yo y el olvido de la
situación.
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Psicología de la Emoción. TEMA 9
La culpa surge de una evaluación negativa del yo más específica, referida a una acción
concreta. Se origina un proceso cognitivo-atribucional centrado en la conducta y no en la
globalidad del yo. Su efecto no es tan displacentero como el de la vergüenza. Esta emoción
conlleva a la puesta en marcha de conductas orientadas a reparar la acción negativa.
El orgullo surge como consecuencia de la evaluación positiva de una acción propia. La
experiencia fenomenológica de la persona que siente orgullo por algo (acción, pensamiento o
sentimiento que considera loables) es de alegría y satisfacción por ello. Cuando el yo en su
conjunto es objeto de loa exagerada por parte del propio sujeto surge el “hubris”.
Se reclaman claras diferencias entre la culpa y la vergüenza en cuanto a las tendencias
de acción y las implicaciones interpersonales de cada una de ellas. La vergüenza provoca el
deseo de escapar de la situación, la culpa mantiene a la persona ligada a la situación
interpersonal y señala al sujeto el camino hacia la acción reparadora.
No es posible establecer conclusiones definitivas sobre los efectos de la culpa en el
ajuste psicológico individual. En cambio, por lo que se refiere a la vergüenza, existe un amplio
consenso respecto a la asociación entre tendencia a experimentar vergüenza y vulnerabilidad a
los problemas psíquicos.
Los autores anglosajones consideran el bochorno, apuro (embarrassment) como una
emoción distinta de la vergüenza (shame). La diferencia reside en la intensidad del afecto y la
gravedad de la acción: mayor intensidad para la vergüenza, que además surge ante
transgresiones de carácter moral, lo que no ocurre en el caso del embarrassment que tiende a
aparecer ante transgresiones sociales relativamente triviales.
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