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Gracia Divina en la Historia de Ana

El documento presenta la liturgia del lunes 8 de enero de 2024, que incluye lecturas del primer libro de Samuel, el salmo 115 y el evangelio de Marcos. Se destaca la historia de Ana, una mujer estéril que simboliza la gracia de Dios en medio de la adversidad, y se menciona la vocación de los primeros discípulos de Jesús. Además, se reflexiona sobre la importancia de permanecer en Cristo para recibir vida y fecundidad espiritual.

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Gracia Divina en la Historia de Ana

El documento presenta la liturgia del lunes 8 de enero de 2024, que incluye lecturas del primer libro de Samuel, el salmo 115 y el evangelio de Marcos. Se destaca la historia de Ana, una mujer estéril que simboliza la gracia de Dios en medio de la adversidad, y se menciona la vocación de los primeros discípulos de Jesús. Además, se reflexiona sobre la importancia de permanecer en Cristo para recibir vida y fecundidad espiritual.

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me/lectiodivinadiaria

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LUNES 8 DE ENERO DE 2024. AÑO PAR

Lunes de la I semana del tiempo ordinario feria // Misa de la feria, prefacio


común.

1️ª Lectura: 1️Sm 1️,1️-8; Salmo: Sal 1️1️5; Evangelio: Mc. 1️,1️4-20.

LA GRACIA TRIUNFA SOBRE LOS MALOS AUGURIOS.

El Tiempo Ordinario del calendario litúrgico empieza con una lectura bíblica marcada
por lo que parecen ser malos augurios. El texto del primer libro de Samuel narra una
historia acerca de una mujer, Ana, que es estéril y abriga poca esperanza de tener
hijos. De hecho, el texto dice que el Señor mismo la ha hecho estéril (v. 6). Además,
esta mujer vive en una época donde se aceptaba la poligamia, es decir, cuando un
hombre frecuentemente tenía más de una mujer; en consecuencia, a la otra esposa
le gustaba humillar a Ana. Sin embargo, el texto sugiere, de manera sutil, que no
todo está perdido. El nombre Ana quiere decir «gracia» en hebreo, y sugiere que la
gracia de Dios va a trastocar la situación miserable de la mujer. En medio de
nuestros malos augurios, no olvidemos nunca confiar en la poderosa gracia de Dios.

San Pedro Tomás, Obispo OCarm: Fiesta. OCD: Memoria libre // Del Común de
pastores.

Nació hacia el año 1️305, en el Périgord meridional, en Francia. A los veintiún años
ingresó en la Orden del Carmen. Fue elegido procurador general de la Orden ante
la curia pontificia de Aviñón. Elevado al episcopado, desempeñó funciones de
legado pontificio para la pacificación de los príncipes cristianos y para promover la
unión de los ortodoxos con la Iglesia católica. Dos años antes de su muerte, fue
nombrado patriarca latino de Constantinopla. Murió en Famagusta (Chipre) en 1️366.
Se trata de una gran figura europeísta y ecuménica del siglo XIV.

LITURGIA DE LAS HORAS: TOMO III; SEMANA I DEL SALTERIO, de la feria.


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PRIMERA LECTURA

Su rival se burlaba continuamente de Ana a causa de su esterilidad.

Del primer libro de Samuel: 1️, 1️-8


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Había un hombre en Ramá, de la tribu de Efraín, llamado Elcaná, que tenía dos
mujeres, Ana y Peninná. Peninná tenía hijos y Ana no los tenía. Todos los años
Elcaná subía desde su ciudad al santuario de Siló, para adorar al Señor de los
ejércitos y ofrecerle sacrificios. Ahí vivían los dos hijos de Elí, Jofní y Pinjás,
sacerdotes del Señor. Cuando ofrecía su sacrificio, Elcaná daba a Peninná y a cada
uno de sus hijos, su parte; pero a Ana le daba una porción doble, porque la amaba
con predilección, aun cuando el Señor no le había concedido tener hijos. Peninná,
su rival, se burlaba continuamente de ella a causa de su esterilidad y esto sucedía
año tras año, cuando subían a la casa del Señor. Peninná la humillaba y mortificaba,
y Ana se ponía a llorar y no quería comer. Una vez Elcaná le dijo: “Ana, ¿por qué
lloras y no quieres comer? ¿Por qué está triste tu corazón? Acaso no valgo yo para
ti más que diez hijos?”

COMENTARIO

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Se abre el Primer libro de Samuel con la historia del nacimiento de quien será el
personaje central de la obra, y quien le da el nombre al libro. El nacimiento de
Samuel encuadra muy bien en el género literario «nacimiento de héroes»; mas la
intencionalidad del autor no es tanto subrayar las condiciones extraordinarias en
que nace el niño, de una mujer estéril, amada por su esposo, pero repudiada y
humillada por otra mujer fecunda, la otra esposa de su marido; la verdadera
intencionalidad es ilustrar el estado en que se encuentra la historia misma del
pueblo, un pueblo al que Dios ama, pero que no produce los frutos que se esperan
de ese amor, de esa relación. De entrada, pues, se comienza a percibir el sabor
profético del libro que con cierta razón en el canon hebreo figura entre los profetas.
Israel ha de sentir el rechazo y la burla de otros pueblos y debe volverse al Señor
con fe y confianza, tal vez el Señor tenga piedad y lo haga fecundo. Así como Ana
en su esterilidad ha concebido un hijo, del mismo modo, Israel, también en su
esterilidad, traducida en estancamiento y decadencia social, religiosa y política,
pueda evolucionar hacia un proyecto de pueblo más acorde con el proyecto de la
justicia y de la vida, al que ha sido llamado.
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SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 1️1️5, 1️2-1️3.1️4-1️7.1️8-1️9.

R/. TE OFRECERÉ, SEÑOR, UN SACRIFICIO.


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¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Levantaré el cáliz de


salvación e invocaré el nombre del Señor. R/.

Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su pueblo. Te ofreceré con gratitud un
sacrificio e invocaré tu nombre. R/.

Cumpliré mis promesas al Señor ante todo su pueblo, en medio de su templo santo,
que está en Jerusalén. R/.

COMENTARIO

Nuestra liturgia eucarística ha recogido un par de versos de este salmo: en la misa


ofrecemos al Padre el sacrificio de su Hijo, es nuestra suprema acción de gracias
que él acepta; es el cumplimiento de nuestros votos en presencia de toda la
asamblea. Después participamos de ese «cáliz de salvación», invocando el nombre
del Señor.
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EVANGELIO

Arrepiéntanse y crean en el Evangelio.

Del santo Evangelio según san Marcos: 1️, 1️4-20

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar
el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está
cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio.” Caminaba Jesús por la orilla del lago
de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el
lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores
de hombres.” Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más
adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca,
remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los
trabajadores, se fueron con Jesús.

COMENTARIO

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La vida y ministerio de Jesús es anuncio gozoso de que Dios quiere reinar como
Padre. Las curaciones de enfermos, las expulsiones de demonios, las comidas con
los pecadores... son signos «del Reino» y «del Dios» del Reino, que ejerce su
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soberanía ofreciendo misericordia y vida nueva. Lejos queda la teología de la


realeza de Dios del tiempo de Jesús, que enseñaba que Dios sería Rey cuando,
como único y poderoso Señor, ejerciera su soberanía desde el Templo en Jerusalén,
haciendo cumplir la Ley y exigiendo que todos lo adorasen (Zac 1️4). Para hacer
presente el reinado del Padre, Jesús revela su ser y experiencia de Hijo amado. El
Reino del Padre solo es posible por la aceptación de su Hijo Jesús. La fe y la
conversión de vida nos vinculan íntimamente al Hijo, para aceptar y vivir la relación
de hijos e hijas del Padre. Estas dos escenas de vocación revelan lo original de la
elección de Jesús: pide de modo inmediato abandonarlo todo para que se vayan
con él y para hacerlos pescadores de hombres. Los maestros de la Ley, en cambio,
exigían aprender la Ley y seguirla fielmente. Jesús llama exigiendo rupturas que
posibiliten la adhesión fiel a su persona y la pertenencia a su comunidad. La misión
del discípulo se indica con una metáfora: pescar hombres (Jr 1️6,1️6-1️7; Ez 47,1️-1️2),
es decir, capturarlos vivos de aquellas aguas (así el verbo griego en Lc 5,1️0) que
causan la muerte (Sal 1️8, 1️7; 1️44,7), para incorporarlos al Reino de vida y reunirlos
como familia de Dios. Ser discípulo es seguir a Jesús y participar de su comunidad
para aprender, en la convivencia con él y los demás, a ser como él, entregando la
vida por su causa. De la fecundidad y gozo de esta comunión brota el anuncio
misionero.
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MEDITACIÓN

JESUS, VID VERDADERA.

«Que me mantenga unido a ti, Señor, porque en ti está mi vida» (Dt 30, 80).

1️. Jesús es el único «mediador entre Dios y los hombres» (1️ Tm 2, 5); pero no se
ha contentado con redimir a la humanidad manteniéndose a distancia de sus
redimidos, sino que su salvación se opera en él, mediante una íntima comunión
entre él y los hombres. Es éste el gran misterio de la incorporación a Cristo, revelado
por él mismo la tarde anterior a su Pasión. «Yo soy la vid verdadera y mi Padre es
el viñador. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede llevar
fruto de sí mismo si no permaneciere en la cepa, así tampoco vosotros si no
permaneciereis en mi» (Jn 1️5, 1️. 4). Jesús afirma expresivamente que no hay
redención, ni vida sobrenatural o vida de gracia, sino para quien vive en él, injertado
en él; lo mismo que en el sarmiento no hay vida ni frutos, sino en la medida en que
está unido al tronco. Tal es la estrechísima conexión que Jesús ha querido operar
entre él y los hombres, conexión indispensable para su salvación y para su
santificación. Ni siquiera un mínimo grado de gracia puede llegar al hombre sin la
mediación de Cristo, igual que a la rama separada del árbol no le puede llegar la
más pequeña gota de savia. «La verdadera vid es Cristo, que comunica vida y
fecundidad a los sarmientos, que somos nosotros que permanecemos en él por
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medio de la Iglesia, y que sin él nada podemos hacer» (LG 6). Declara Jesús
además que, permaneciendo en él, no sólo recibe el hombre la vida sobrenatural,
sino que se hace objeto de la solicitud especial del Padre celestial que es el viñador
de esa mística vid. El Padre celestial, en efecto, reconoce a los hombres como hijos
suyos adoptivos y los ama y cuida como tales, sólo en la medida que los ve en
Cristo, su Hijo amado. La gracia de adopción abarca a los que el Padre encuentra
unidos a su Unigénito, como partes vivas de él, igual que el sarmiento, es parte viva
de la vid.

2. «Permaneced en mí» (Jn 1️5, 4). No se puede permanecer sino donde ya se está.
Jesús dice: «Permaneced en mí», porque la inserción en él es un hecho ya
consumado, merecido para todos los hombres por su muerte y resurrección y
realizado para cada uno de ellos en el momento del bautismo. Cristo ha injertado la
humanidad en sí al precio de su sangre; el hombre, pues. «está en él, pero depende
de su buena voluntad el "permanecer en él» del modo más pleno y vital. Si para ser
injertados a Cristo es suficiente el bautismo y si para permanecer en él como
sarmientos vivos basta estar en gracia, el cristiano fervoroso no se contenta con
eso. Es consciente del don inmenso recibido y trabaja con empeño para que su
inserción en Cristo sea cada vez más profunda; quiere vivir intensamente su unión
con Cristo, hacer de él el centro, el sol de su vida. No ha dicho Jesús sin motivo:
«Permaneced en mí»; ha querido así indicar que la vida en él requiere la
colaboración personal del hombre; que para vivir en él y de él, es preciso poner a
contribución todas las fuerzas, mente, voluntad y corazón. Cuanto más hace el
cristiano por permanecer en Cristo, tanto más penetra en él como su pequeño
sarmiento y más abundante recibe de él la savia de la gracia.

«Permaneced en mí, y yo en vosotros» a medida que el creyente por medio de la


fe, el amor y las obras buenas se mantiene unido estrechamente a Cristo, Cristo
permanece en él comunicándole de continuo su vida divina. Así el cristiano será no
sólo sarmiento vivo, sino rico en frutos de santidad destinados a alegrar el corazón
de Dios, porque Jesús ha dicho: «En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis
fruto abundante» (Jn 1️5, 8). Y serán frutos no sólo de santidad personal, sino de
bien para los hermanos y para toda la Iglesia, como corresponde a verdaderos
discípulos de Cristo.
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ORACIÓN

¡Oh dulce y suave injerto! Tú, suma dulzura, te has dignado unirte con nuestra
amargura...: Tú, infinito, con nosotros limitados... ¿No bastaba a tu amor haber
hecho con la criatura esta unión? No; y por eso tú, Verbo eterno, regaste este árbol
con tu sangre. Esta sangre con su calor lo hace germinar, si el hombre por su libre
albedrío se injerta en ti, y une y ata a ti su corazón y su afecto, ligando y fajando
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este injerto con la faja de la caridad y la práctica de tu doctrina... Porque debemos


conformarnos a ti, oh Cristo, e injertarnos en ti por el camino de las penas, de las
cruces y de los santos deseos. De modo que, por ti, que eres la Vida, produzcamos
frutos de vida... Y así es claro que nos creaste sin nosotros, pero no nos quieres
salvar sin nosotros. Cuando estamos injertados en ti, las ramas que tú has dado a
nuestro árbol, dan sus frutos. (Santa Catalina de Sienna. Plegarias y Elevaciones).
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CONTEMPLACIÓN

Dios mío, la gloria que tiene mérito delante de ti es la gloria que glorifica no al
hombre sino a Dios, le viene la facultad de obrar el bien... pues de Dios.

Dios Padre tiene su gloria en que llevemos muchos frutos y seamos discípulos de
Cristo. Y ¿quién hace discípulos de Cristo sino aquel que por su misericordia se
llegó hasta nosotros? Somos hechura de sus manos, creados en Cristo Jesús para
obras buenas.

¡Oh Jesús! Tú dices: “Como el Padre me amó, yo os he amado a vosotros;


permaneced en mi amor.” Ahí está la razón de la bondad de nuestras obras. ¿Y de
dónde había de venir esa bondad a nuestras obras sino de la fe que obra por el
amor? ¿Cómo pudiéramos nosotros amar si antes no fuésemos amados?...

Diciendo: “como el Padre me ha amado así también os he amado yo”, te presentas


como Mediador entre Dios y los hombres, ¡oh Jesús! Porque también el Padre nos
ama a nosotros, pero nos ama en ti, ya que pone su gloria en que llevemos mucho
fruto estando unidos a la vid, o sea, al Hijo, y nos hagamos discípulos tuyos. (San
Agustín).

El tiempo se ha cumplido. Convertíos y creed en la Buena Noticia.

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