INMOBILIARIO RURAL EN CÓRDOBA
RECLAMO, DESCONCIERTO Y CONFUSIÓN
EN LOS PRODUCTORES PRIMARIOS
Los productores rurales del extenso noroeste cordobés son el motor de nuestro trabajo
como dirigentes y sus reclamos nuestro objetivo. Es así que esas bases no encuentran
razón al confuso, ilógico y rebuscado argumento tras la suba del impuesto inmobiliario
rural.
A tal punto llega este desconcierto que es difícil que los funcionarios públicos expliquen
con una lógica unívoca y clara los motivos y fórmulas utilizadas en lo concerniente a las
cifras expresadas en los cedulones.
Será que el objetivo tras la virtud de lo inexplicable y la facilidad de palabras buscan que se
desvanezca el reclamo. Así, tras lo imperante de los vencimientos que caen sobre la cabeza
de los contribuyentes, para enfilarlos hacia el pago de los tributos, queriendo aparentemen-
te convencerlos de que trabajaron con bondad; los llevan al final del brete para caerles
con el mazazo.
No alcanzan las explicaciones rebuscadas entre inflación de un ítem, incremento o baja de
rentabilidad de sectores, aumentos de costos por otro.
Aunque, parece que sí convencieron a algunos encumbrados dirigentes rurales, a contra-
mano de las bases y acostumbrados a los flashes y promesas. Incluso lo llamativo es que no
“pudieron” advertir un posible diferimiento que estaría en los papeles y que podría ser más
grave aún.
La situación actual de la producción primaria no requiere más impuestos, ni siquiera igua-
larlos al año anterior. Demanda reducciones que sean un acompañamiento en la salida de
tres años se sequía, de una presión fiscal asfixiante en todos los niveles, un escenario
comercial desfavorable por el arrastre de precios relativos que destrozaron bolsillos y las
inversiones, generando un lastimoso mercado financiero paralelo que hoy explota por el
aire.
No necesitamos más fotos, ni coplas con cintura olímpica, menos aún cálculos misteriosos.
Necesitamos que hagan un palpable esfuerzo y sean eficientes al administrar nuestros
altísimos tributos. Que, por cierto, salen hasta debajo de las piedras y, por lo visto, no alcan-
zan a disimular.