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El Círculo de Jena y su legado cultural

La obra 'Magníficos Rebeldes' de Andrea Wulf explora el florecimiento del movimiento romántico en Jena entre 1790 y 1810, destacando la influencia de figuras como Schiller y Goethe en la creación del Círculo de Jena. Wulf analiza la compleja relación entre estos pensadores, así como la llegada de Fichte y su impacto en la filosofía romántica. El libro subraya la importancia de la complicidad y el intercambio de ideas en la construcción de la cultura durante este periodo.
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El Círculo de Jena y su legado cultural

La obra 'Magníficos Rebeldes' de Andrea Wulf explora el florecimiento del movimiento romántico en Jena entre 1790 y 1810, destacando la influencia de figuras como Schiller y Goethe en la creación del Círculo de Jena. Wulf analiza la compleja relación entre estos pensadores, así como la llegada de Fichte y su impacto en la filosofía romántica. El libro subraya la importancia de la complicidad y el intercambio de ideas en la construcción de la cultura durante este periodo.
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La construcción de la cultura a través de la complicidad

Pocos momentos en la historia de la cultura han sido tan pródigos y fecundos en talento
y fuerza intelectual como lo fue la Europa de fines del siglo XVIII e inicios del XIX.
Fueron tantas las líneas de pensamiento, artísticas, científicas que se abrieron paso y
desarrollaron que enumerarlas todas ya daría no ya para un artículo, sino casi para un
libro. Fue un periodo en el que se retoma cierta lectura paracelsiana de la naturaleza,
alejándose de una concepción mecanicista de la misma, donde el yo se empieza a erigir
en el fundamento a partir del cual todo debe construirse, un contexto en el que se anhela
una armonía de todos los espacios de lo real, en el que la experiencia subjetiva y
emotiva debe conjugarse con la racionalidad que había prevalecido en el periodo
ilustrado… Todo este magma, en particular, es el que trabaja Andrea Wulf, en su última
obra Magníficos Rebeldes, donde se aproxima a la explosión del movimiento romántico
en Jena, especialmente, entre 1790 y 1810.
Conjugando la elegancia de un discurso en parte novelado, pero sin olvidarse de la
erudición y la rigurosidad, Wulf articula una obra que pretende atrapar el espíritu
romántico, centrándose, eso sí, en Jena y todo el movimiento cultural que se generó y
que dio lugar al célebre Círculo de Jena (Schiller, Schelling, Novalis, Fichte, Hegel, los
hermanos Schlegel, Tieck, Caroline Böhmer, Dorothea Veit, los hermanos von
Humboldt…). Una de las cosas más sorprendentes de la obra, eso sí, es el ninguneo de
Hölderlin. Obviamente que se hace referencia a él, pero de una manera tangencial,
marginal podría decirse, obviando su influjo y su actividad intelectual, y literaria, en
Jena.
Más allá de este hecho, el libro parte del vínculo que se establece entre Schiller y
Goethe, allá por 1794, y que será, para Wulf, el eje del que se gestará el círculo de Jena.
Amistad forjada entre dos personalidades absolutamente antagónicas (Goethe era vivaz,
activo, social, burócrata, cercano a los poderes fácticos en Weimer, pudiente, influyente,
una celebridad cultural… mientras que Schiller, por entonces, tenía una personalidad
quebradiza, frágil, cercana a la melancolía e incluso a la misantropía, no reconocido,
siempre en el límite, económicamente hablando…) pero que, precisamente por ello, y
junto su extensa erudición e inquietudes, su complementariedad de talentos opuestos se
hizo idónea. La amistad que entablaron será de las más sólidas y entrañables que se
conocen en la historia de la cultura occidental, y buena parte de los trabajos más
importantes de ambos, están materializados a partir de intercambios, interpelaciones,
correcciones… que ambos se sometían el uno al otro. Fue una relación de respeto y
amor, donde la rivalidad no tenía ningún peso.
Otro punto interesante de la obra es como retrata la llegada de Fichte a Jena y como
muy rápidamente, bajo los auspicios kantianos, se convierte en el pensador más
influyente, no sólo de Jena, sino de todo el territorio alemán. Interesante observar como
su filosofía del Ich (Yo), elaborada y relaborada continuamente en sus clases, se
convirtió en el complemento filosófico necesario para propulsar el germen de un
pensamiento romántico todavía en estado embrionario. Asimismo, Fichte fue una figura
problemática. Por un lado, profesor admirado y reconocido precozmente, con miles de
asistentes a sus clases, y, por consiguiente, con un poder de convocatoria y convicción
más que destacables, pero, por el otro, se convirtió en una figura peligrosa ya que su
reivindicación del yo, tanto en sus clases como en sus primeros escritos, más cercanos a
lo panfletario, y sus primeras elaboraciones de la Wissenschaftslehre, su gran obra
reformulada a lo largo de toda su vida, fueron siempre planteamientos incómodos,
difíciles, para el poder. La reivindicación del Yo, su espíritu revolucionario en
consecuencia, estigmatizaron su pensamiento como peligroso y, consiguientemente,
como digno de ser repudiado. Fichte, a su vez, rompió varias veces sus vínculos con el
círculo, en especial en sus confrontaciones tanto con Schiller, en primer lugar (por un
artículo que Schiller se negó a publicar en su revista die Horen, tras sugerirle diferentes
cambios de estilo y formato), como luego con Schelling, su sucesor en la cátedra de
filosofía en Jena, y nuevo tótem de la filosofía alemana en cuanto Fichte es apartado de
la Universidad de Jena.
La obra, más allá de estas cuestiones, penetra con elegancia en cómo los diferentes
autores se van influenciando entre sí, como sus propuestas se van construyendo
progresivamente a través del intercambio de ideas siempre inacabado. Eso fue el
círculo, realmente. Un lugar de flujo experiencias, conocimientos, un espacio en el que
el trabajo de August Schlegel, no habría sido posible sin la complicidad y trabajo
intelectual de su mujer Caroline, donde Goethe jamás habría acabado el reto de su vida,
Fausto, sin la implicación de Schiller, la filosofía de Schelling o los planteamientos
biológicos y científicos de Alexander von Humboldt, por citar sólo algunos ejemplos. Y
es que, si se piensan las cosas con detenimiento, cualquier propuesta intelectual, sea del
orden que sea, depende de la complicidad, tiene esencialmente una naturaleza dialógica.

Autora: Andrea Wulf. Título: Magníficos rebeldes. Editorial: Taurus. Venta:

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