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Mujeres Predicadoras (Luis R. Scott)

El documento es un libro que aborda el rol de la mujer en el ministerio cristiano, comenzando con un reconocimiento a la influencia de su hijo en la investigación y escritura. A través de un estudio exegético de pasajes bíblicos, se argumenta que la interpretación tradicional que limita el ministerio de la mujer es incongruente con el carácter imparcial de Dios. La autora busca ofrecer respuestas a las inquietudes sobre la participación de la mujer en la iglesia, promoviendo una comprensión más profunda de su papel dentro del cuerpo de Cristo.

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Mujeres Predicadoras (Luis R. Scott)

El documento es un libro que aborda el rol de la mujer en el ministerio cristiano, comenzando con un reconocimiento a la influencia de su hijo en la investigación y escritura. A través de un estudio exegético de pasajes bíblicos, se argumenta que la interpretación tradicional que limita el ministerio de la mujer es incongruente con el carácter imparcial de Dios. La autora busca ofrecer respuestas a las inquietudes sobre la participación de la mujer en la iglesia, promoviendo una comprensión más profunda de su papel dentro del cuerpo de Cristo.

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Tabla de Contenido

Reconocimiento

Dedicación

Tabla de Contenido

Prefacio

Capítulo 1
Principios de Interpretación

Capítulo 2
Exégesis DE 1RA de Corintios 14:33-36

Capítulo 3
Exégesis de 1ra de T imoteo 2:11-13

Mujeres Líderes en la Biblia

La Imparcialidad de Dios y su Imagen

Capítulo 6
Propósito Divino Para el “Hombre”
Reconocimiento

Quiero dar mis más sinceros agradecimientos a mi hijo


Víctor, quien siempre ha estado atento para apoyarme en el
proceso de investigación y final escrito del libro, para así usar un
lenguaje adecuado, preciso y congruente. Él tiene la misma
pasión que yo tengo con respecto a conocer el carácter de Dios,
e interpretar de manera correcta la Biblia, y de conocer la Verdad
revelada en Cristo. Este libro comenzó como un ensayo en el
que pretendía aclarar algunos de mis pensamientos
relacionados al tema del rol de la mujer en el ministerio cristiano.
A medida que lo escribía, llego a ser un estudio exegético y
hermenéutico de los pasajes más pertinentes al tema.

Así fue que cuando compartí mis reflexiones con Víctor,


también comenzaron sus inquietudes con respecto al tema y de
esta manera logré aclarar los puntos más relevantes que
proponía. Tenía razón en hacer las preguntas que formuló, las
cuales me exigieron a dar respuestas más precisas, puesto que
sus expectativas me llevaron a ampliar mi estudio y ser más
exacto en mis apreciaciones, lo cual dio como resultado este
libro. En realidad, tenía un sinnúmero de dudas en el tema del
rol que la mujer debe tener en el ministerio cristiano. Mi hijo que
me motivo a escribir con más rigor merece mi reconocimiento,
es tan inquieto intelectualmente como lo era yo a su edad, pues
cuestionaba cada duda y hasta no hallar la respuesta no
quedaba satisfecho. Víctor, gracias por acompañarme en esta
causa, sin ti no hubiera sido igual.
Dedicación

Este libro está dedicado a mi esposa Iris, hemos


compartido nuestras vidas durante cuarenta años, tanto en los
buenos como en los malos momentos; he de decir que han sido
más los momentos buenos que los malos. Su entrega y amor
incondicional, han sido el cimiento de nuestro matrimonio. Dios
se manifestó en su infinita gracia y sabiduría, preparando el
camino para traerla conmigo. Estoy agradecido con el Señor por
nuestras vidas y por nuestros cuatro hijos; Víctor, Luis, Verónica
y Josué, al igual que nuestros queridos, hermosos y
maravillosos nietos, como lo son; Eliana, Addison, Ruly, Lincoln,
David, Daniel, Ester y Walker.
Prefacio

BÁLSAMO DE PAZ Y DOSIS DE ALIENTO

Como Pastora quiero expresar mi sentir y mi experiencia en


estas líneas que a continuación doy a conocer.

“Las mujeres deberían sentarse en las últimas sillas de la


iglesia.” Estas fueron las palabras pronunciadas por uno de los
pastores que enseñaba en el Instituto Bíblico, al cual asistí en el
2011 en Kansas City, en una de las clases que participaba tanto
con mujeres como con hombres. Tristemente su apreciación es
más común de lo que quisiera, aún en este siglo son muchos los
que comparten esta idea. No he sido una mujer que presuma
de un conocimiento absoluto e irrevocable, por el contrario,
busco siempre aprender de los demás. Sin embargo, esta
afirmación no me pareció en lo absoluto que fuera correcta, así
que la rechacé de plano, no pude recibirla como una verdad en
mi vida. No sentía paz porque su declaración no coincidía con el
discernimiento que había recibido de Dios años atrás.

En febrero del 2008, recibí junto con mi familia el llamado


al ministerio pastoral y desde entonces hemos estado
preparándonos para este mandato. Desafortunadamente, en
más de una ocasión me he topado con posturas similares a la
de aquel pastor, la cual pone en entredicho o cuestiona cuál
debe ser el rol de la mujer dentro de la iglesia. Y aunque esto no
me ha perturbado, reconozco que en ocasiones me llevó a
cuestionarme: “Y ¿qué tal si tienen razón? ¿Será cierto que la
mujer no debe enseñar en la iglesia?” Ahora bien, si estás
leyendo este libro es porque al igual que yo anhelas saber lo que
realmente declara la Biblia sobre este tema.

El Pastor Luis R. Scott, expone su postura sobre el rol de


la mujer en la iglesia, basado en una interpretación teológica
encontrada en varios pasajes bíblicos fundamentales en la
discusión de este tema. A través de estas páginas encontrarás
una clara y convincente respuesta a todo cuestionamiento
suscitado sobre el ministerio de la mujer en la Iglesia Cristiana,
puesto que la verdad reveladora y contundente que habla el
apóstol Pablo, dejan en tela de juicio cualquier otro argumento
contrario. El Pastor Scott, presenta una valiosa investigación la
cual te llevará a recibir revelación más allá del tema propuesto.
Esto si dispones tu corazón y tu razón al incursionar en la lectura
de un tema tan controversial.

Es mi anhelo que la lectura de este libro, dé respuesta a


tus inquietudes y aclares toda duda con respecto al lugar que
Dios le ha concedido a la mujer como parte integrante y activa
en la iglesia, conformando todos así el cuerpo de Cristo. Estoy
convencida que traerá reconciliación al corazón de la mujer y de
todo aquel que realmente quiera conocer, cuál es la verdad que
Dios nos ha revelado a través de las Escrituras y que por
muchos años ha sido tergiversada o mal interpretada. Que este
libro sea para ti, al igual que lo ha sido para mí, un bálsamo de
paz a tu corazón y una dosis de aliento para continuar tu jornada
con ímpetu y firmeza.

Que el Señor Jesucristo añada bendición a tu vida.

Pastora Maribel Rivera


Introducción

Hace varios meses atrás, consideré importante escribir


sobre el tema de teología bíblica, enfocado en el ministerio de la
mujer en la iglesia. Comencé mi trabajo anotando varias
preguntas que fueran como guía al tema, pero luego de hacerlo,
tuve un bloqueo como escritor y no logre avanzar. Así que no
continúe escribiendo porque la mayoría de las preguntas que me
formulé, me hicieron dudar sobre la interpretación tradicional
que se le ha dado al rol que la mujer puede, o debe, tener en el
ministerio y el liderazgo de la iglesia. Después de analizar la
naturaleza de los interrogantes, reconocí la necesidad de hacer
un estudio exegético de los textos pertinentes porque los
cuestionamientos, pusieron en tela de juicio lo que me parecía
eran dudas sin trascendencia.

Mis dudas eran de naturaleza teológica, las cuales


estaban principalmente relacionadas al carácter imparcial de
Dios. Necesitaba saber si la Biblia proveía alguna razón
dogmática para limitar el ministerio de la mujer en la iglesia; ya
que Nuestro Creador, no juzga a las personas o las situaciones
basándose en apariencias externas. Entonces, necesitaba
apoyarme en la teología bíblica, que me revelara esa
imparcialidad Divina, y no en alguna otra interpretación cultural
lejos de la palabra. Las acciones del Señor siempre son
congruentes con su carácter, y esto significa que la Biblia debe
tener evidencia de la justificación que Él tiene para todo lo que
hace, incluyendo la definición del rol que la mujer juega en la
iglesia. Dicho de otra forma, Dios nunca actúa en un vacío
histórico-teológico.

A medida que continué mis estudios, entendí que la


interpretación tradicional de que la mujer no puede predicar en
presencia de los hombres, es realmente incongruente y más aún
cuando lo confrontamos con la imparcialidad de Dios. Más
adelante veremos que también es improcedente con el tema de
los dones espirituales, y con la vida de la mujer como miembro
del cuerpo de Cristo. He escrito sobre el carácter de la
imparcialidad de Dios y es evidente que, por este atributo, Él no
estableció una restricción a la función de la mujer en el ministerio
de la iglesia basándose únicamente en su aspecto físico o su
género. Por lo tanto, si Dios impone una limitación de este tipo,
debe tener una razón espiritual relacionada con el diseño o su
propósito. O bien concerniente con el carácter de la mujer, que
le impide ejercer algunos de los dones espirituales.

Ahora bien, si no es lícito que la mujer predique, entonces


por obvias razones debe de haber consecuencias negativas en
el liderazgo de la iglesia, cuando se hace alguna participe.
Desde que comencé el estudio, no he identificado alguna razón
teológica que señale el por qué excluir a la mujer de ejercer el
rol en la predicación y la enseñanza en la iglesia.

Mi primera conclusión ha sido que, si vamos a establecer


un límite en el ministerio de la mujer, este debe ser sustentado
en el aspecto espiritual y no en el físico; y es ahí donde radica
el problema. En parte, la mayoría de los escritores que hablan
sobre este tema, están en contra que la mujer predique, más no
argumentan las razones te o ló g ic a s que respalden sus
opiniones. En algunos casos se refieren al hecho que los
discípulos de Jesucristo eran hombres como evidencia de la
limitación de la mujer en el ministerio pastoral, pero creo que es
un error citar la masculinidad de los discípulos para poyar esta
posición. Esta es una proposición simplista, como veremos más
adelante porque es indudable que muchas mujeres siguieron a
Jesús desde el comienzo de su ministerio, en la región de
Galilea. También aducen el hecho de que Eva comió del fruto
prohibido antes que Adán (1ra de Timoteo 2: 11-13), así fue
como el apóstol Pablo en su epístola le escribió a Timoteo. ¿Es
acaso una prelación para Adán pecar después que Eva? Siendo
el líder espiritual, entonces el haber caído también en la
tentación, lo hace incompetente para ser el líder que debió ser.

A simple vista, la discrepancia parece ser que Eva al


comer primero del fruto prohibido, la hace más vulnerable a la
tentación que el hombre, en este caso Adán; y por consiguiente
la mujer en general no es confiable para transmitir el mensaje
del evangelio. Aunque este razonamiento ha sido aceptado
como el dogma de la Iglesia Cristiana a través de los siglos,
considero que el apóstol Pablo estaba hablando de algo
diferente, por lo cual pretendo rebatirlo más adelante. Así que,
el concepto que está en contra del ministerio pastoral en la mujer
sea válido o no, lo explicare a medida que avance en el tema;
ya que una lectura fútil de los pasajes pertinentes nos puede
llevar a concluir una ligereza. Lo que quiero decir, es que cuando
consideramos la imparcialidad de Dios, estas limitaciones al rol
pastoral de la mujer en el ministerio, no coinciden con el resto
de la revelación bíblica.

Por otra parte, la mayoría de los escritores que están de


acuerdo con la participación de la mujer en el ministerio, citan
los mismos pasajes bíblicos, apelando a los principios de
igualdad y de justicia que, aunque son válidos, en muchas
ocasiones a lo que se refieren es a la equidad humana. Este
enfoque no es, del todo inexacto, pero creo que es más
apropiado hacer una defensa bíblica que una secular. Los
escritores que apoyan el ministerio de la mujer al igual que los
que se oponen, se han referido a puntos exegéticos muy válidos
que deben ser tenidos en cuenta. Por lo tanto, en este libro
quiero presentar mi interpretación de las citas bíblicas
pertinentes y una teología basada en el carácter imparcial de
Dios.
Por ello advierto que, con respecto a las tesis; pro y
contra en el ministerio pastoral de la mujer, ninguna de las dos
ha establecido argumentos teológicos que se basen en los
aspectos más relevantes del carácter de Dios, que incluyen su
imparcialidad y su diseño original para el “hombre”. Es decir,
antes de que nos ocupemos de interpretar las palabras del
apóstol Pablo, necesitamos saber cómo la imparcialidad de Dios
puede dar luz a esta discusión.

Hago una aclaración aquí; con el ánimo de dar un


concepto teológico, voy a utilizar la palabra “hombre” entre
comillas. El término “hombre” como se usa en el libro de Génesis
es una referencia a la unidad de la naturaleza humana para
designarla, es decir, para referirse a la creación tanto del
hombre como al de la mujer, se habla de manera genérica con
esta expresión. Vemos, así como Moisés el patriarca, profeta,
legislador y líder espiritual, reveló que Dios creó al “hombre”
como una esencia espiritual con dos expresiones físicas de
personalidad en la dicotomía masculina y femenina. Por lo tanto,
cuando uso la palabra “hombre” entre comillas, me refiero a la
manifestación dual de personas que incluye tanto al varón como
a la mujer. Cuando me refiera a uno de los dos únicamente, es
decir al hombre o la mujer, no usaré la palabra genérica
“hombre”, por las razones ya expuestas. El punto clave que
estoy comunicando es que el concepto teológico de “hombre” no
es exclusivamente masculino o femenino, por ello no debemos
darle una connotación sexual o hacer afirmaciones
discriminatorias.

Resolví hacer mi enfoque de esta manera con base en la


narración del libro de Génesis; el vocablo “hombre” se refiere al
varón y a la mujer (Génesis 1:27). Esto significa que ambos son
expresiones verdaderas de la imagen de Dios en el “hombre”,
así que, sólo podemos lograr unidad de la esencia espiritual
cuando ambas representaciones del “hombre” se unen entre sí.
Por lo tanto, la afirmación bíblica de que “el hombre (masculino)
dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer (femenina),
y serán una sola carne”; se estableció con ello el objetivo y el
diseño de Dios para la relación hombre-mujer. Sabemos que la
unión del hombre y la mujer no conlleva a que se pierda la
individualidad como seres humanos que somos, pero sí llegan a
ser una unidad espiritual. El hombre y la mujer, cada uno por
separado, tienen su personalidad y reflejan la imagen de Dios.
Cuando se unen, y llegan a ser una sola carne, la esencia
espiritual que ambos poseen logran ser una unidad espiritual
con propósito y destino. Por lo tanto, la expresión de que ellos
serán “una sola carne” hace mención a compartir una dirección
unificada y una finalidad conjunta.

Desde mi infancia he vivido con dos premisas


contradictorias con respecto al ministerio de la mujer en la
iglesia. En primer lugar, todos mis maestros de Escuela
Dominical eran mujeres, siendo ellas grandes líderes y
predicadoras, a pesar de que la iglesia profesaba una doctrina
legalista. En consecuencia, no había puesto en duda la idea de
que la mujer podía ser maestra en la congregación para la
edificación de los santos. Durante todos esos años viví con la
expectativa entre mi experiencia personal y lo que parecía ser la
enseñanza bíblica sobre el tema. Recuerdo algunos
predicadores hablando en contra de las mujeres evangelistas, y
al mismo tiempo ellos las invitaban a predicar en las iglesias que
lideraban. Siempre me pareció incongruente, pero siendo un
niño, por obvias razones no podía aportar o cuestionar estas
actitudes de los guías espirituales.

Algunas de mis inquietudes eran predecibles, me


preguntaba si la mujer no debía predicar y enseñar en la iglesia;
¿Cómo podíamos explicar el hecho de la participación de la
mujer en diferentes ministerios a través de la historia de la
Iglesia Cristiana? Otra pregunta que me hacía era, ¿qué
significado ha tenido el que la mujer haya estado involucrada en
el ministerio? ¿Esto era conveniente para el crecimiento de la
iglesia, o por el contrario no estaba dentro del propósito Divino?
Por consiguiente, sabemos que el tema es delicado, aunque no
tiene consecuencias directas sobre la doctrina de la salvación y
la vida eterna.
Al pasar el tiempo, y siendo ya un adulto me dispuse a
evaluar con mayor detenimiento varios pasajes de las Escrituras
que parecen indicar, sin duda, de que la mujer no debe ejercer
ningún liderazgo de enseñanza o de predicación en la iglesia
juntamente con un hombre, es decir la mujer y el hombre
presentes al mismo tiempo. Recuerdo que en mi primer día de
clases en la universidad bíblica en la cual me gradué, nos
enseñaban que la mujer no debía ejercer el ministerio público en
la iglesia, sin embargo, iniciando el curso quien lo dicto fue una
mujer. Además, en mi desempeño en el ejército serví junto con
mujeres capellanes quienes fueron ordenadas para el ministerio
pastoral, y eran tan capacitadas como lo era yo, para predicar,
enseñar, y ministrar a los soldados y sus familias.

Así que, luego de treinta y ocho años en el ministerio,


siento que tengo la autoridad moral y la experiencia para instruir
sobre el tema, que además es necesario e importante como
creyentes. Con los estudios que he realizado y mi práctica
pastoral, he concluido que la mayoría de las interpretaciones
que limitan la participación de la mujer en el ministerio público
en la iglesia han sido bien intencionadas, pero equivocadas. Es
posible que mis reflexiones aquí plasmadas, puedan despertar
susceptibilidades para un debate que ha polarizado a la iglesia
por los últimos dos mil años.

Por ello, se hace necesario cuestionarse sobre este


asunto así; ¿Son las restricciones bíblicas sobre los roles
ministeriales de la mujer tan claras como sus proponentes
afirman? ¿Son válidos los argumentos de justicia y de igualdad
en favor del ministerio de la mujer en la iglesia? ¿Puede hacerse
un argumento a favor de este ministerio con los mismos textos
que parecen prohibir que la mujer enseñe y predique? Mi
propósito es profundizar en estos pasajes para buscar una
respuesta que sea congruente entre lo que enseña la escritura
y el atributo de la imparcialidad de Dios. En otras palabras, no
creo que podamos hacer una interpretación acertada de los
pasajes bíblicos pertinentes, si ignoramos la influencia del
carácter imparcial de Dios en la interpretación de los mismos.
Podemos responder a estas preguntas afirmativamente,
dependiendo de quién las conteste. La Biblia parece indicar que
la mujer no debe hablar junto con el hombre en este ministerio
en la congregación, al igual que no debe ejercer autoridad en el
varón. Paralelamente, en otros pasajes bíblicos, se destaca la
participación de la mujer por el ministerio público ejercido con
los apóstoles, y en algunos casos algunas fueron consideradas
líderes pastorales.

Así que, también hay que reflexionar sobre la igualdad y


equidad concedida a ambos sexos desde la misma creación,
para encontrar respuestas a esta discusión. Igualmente recurro
a un enfoque diferente en la enseñanza tradicional sobre este
tema, y el lector podrá juzgar por sí mismo, si hice una apropiada
defensa de la participación de la mujer en la predicación y la
enseñanza en la iglesia.

A lo largo de mi vida cristiana tuve la grata experiencia de


ver mujeres ministrando en diferentes áreas de la iglesia como
la enseñanza, la predicación, la profecía, la alabanza, la
consejería, la evangelización, y también como misioneras en el
mundo, y aún así esto no causo que el universo se convirtiera
en un hoyo negro que se llevó todo el conocimiento. Sin
embargo, la iglesia ha vivido con esta polémica por cientos de
años y los dos puntos de vista el uno a favor y el otro en contra,
parecen estar convencidos que cada uno de sus propios
argumentos son los más acertados. Y no sólo eso, sino que este
tema ha ocasionado tanta división como ningún otro asunto
teológico, el cual ha perdurado a la iglesia a lo largo de su
historia. Desafortunadamente ha causado división entre las
diferentes congregaciones, deteriorando la comunión entre sí.

No es mi intensión tratar de resolver la discusión para


todos. Sólo quiero presentar una solución que satisfaga mis
inquietudes y las de quienes lo necesitan. Ahora bien, si en este
proceso puedo ayudar a dar claridad al tema, entonces seria
para mí una gran satisfacción y bendición. Espero no crear
aversiones, pero este es un riesgo que debo asumir ya que los
temas controversiales tienden a polarizar, inclusive aún a los
amigos más cercanos. Espero que mis amistades en medio de
las diferencias de opiniones nos respetemos y nos aceptemos.
Igual no tengo ninguna expectativa de que se vallan a acoger
mis conclusiones en todos los ámbitos.

En los últimos meses he leído varios libros que exponen


ambas posiciones doctrinales y los autores recurren a los
mismos contenidos para tratar sus puntos de vista, asegurando
que sus interpretaciones afirman sus ideas, siendo estas
preconcebidas. Parece que los que están a favor de que la mujer
participe en todas las áreas del ministerio, tienen la tendencia a
enfatizar los esquemas culturales bíblicos los cuales pudieron
haber influido en las enseñanzas de las escrituras,
especialmente los que tienen que ver con las cartas del apóstol
Pablo. Considero que ellos presentan puntos muy válidos,
aunque creo que tenemos que reflexionar sobre estos
elementos culturales, porque no podemos caer en el error de
tenerlos en cuenta únicamente.

Aquellos que reiteran en que la mujer no debe tener un


ministerio público, tienen la tendencia a enfocarse solamente en
determinados pasajes bíblicos, y sé que también hacen
argumentos válidos. De igual forma algunos textos parecen ser
bastante claros, entonces creo que antes de llegar a una
conclusión definitiva, debemos tener en cuenta el carácter
imparcial de Dios. Además, debemos evaluar las costumbres
culturales que pudieron tener influencia en el tema. Este es un
principio que aplica a las partes intervinientes en el proceso
interpretativo.

Las dos posiciones prevalecientes que describen el


ministerio de la mujer en la iglesia tienen parcialmente la razón,
en mi opinión, y ambos criterios a su vez están en parte
equivocados. Por un lado, el contexto histórico y cultural en el
que la revelación tuvo lugar juega un papel importante en la
interpretación de la intención de los autores. Por otra parte, las
palabras que los autores utilizaron también juegan un papel
importante en la comprensión de la revelación de Dios. Estos
dos elementos van de la mano, y necesitamos entender ambas
razones con el fin de tener una comprensión adecuada del
carácter de Dios.

Los que están a favor en que la mujer se desempeñe en


el ministerio, son señalados de cuestionar la autoridad y la
infalibilidad de las Escrituras; y para ser justos, algunos han
hecho precisamente eso. Ahora bien, los que están en
desacuerdo son señalados de ser legalistas y misóginos; del
mismo modo, también algunos de ellos han actuado de esa
manera. El asunto, es que estos señalamientos tienen
argumentos ciertos, aun así, creo que no ayudan a clarificar el
discurso. Así que no he tenido el convencimiento de ninguna de
las dos partes, aunque, muchos de los argumentos tienen
buenos enfoques, pero me parece que teológicamente son
deficientes. Doy un par de razones por las que no quedé
convencido de los libros que leí.

En primer lugar, no me persuadieron porque ninguno de


los argumentos tuvo en cuenta la imparcialidad de Dios, siendo
esta crucial para nuestro estudio, puesto que Dios, como lo he
expuesto antes, no toma decisiones ni hace juicios basado en
apariencias físicas. Las Escrituras declaran reiterativamente
que Dios “no hace acepción de personas” (Hechos 10:34). El
contexto de la declaración del apóstol Pedro, hace referencia al
momento en que la salvación llegó a la casa del centurión
romano Cornelio, siendo evidente esto porque fueron llenos del
Espíritu Santo; de la misma manera en que había sucedido
cuando comenzó la iglesia, tal como relata el pasaje de Hechos
capitulo dos. De modo que el principio acerca del carácter de
Dios sigue siendo vigente, Él no tiene prejuicios raciales,
sexuales, culturales, o sociales.

En segundo lugar, los libros que leí, no presentaron de


forma convincente los principios básicos para un contexto
cultural en particular y lo referente a los principios eternos que
se fundamentan en el carácter imparcial de Dios. En este
sentido, pienso que el carácter imparcial de Dios debe ser el
árbitro final en los asuntos de teología, doctrina y vida cristiana.
Esto es lo que quiero decir; cada principio bíblico debe ser
confrontado a través del carácter de Dios, que ha sido revelado
para determinar su veracidad y su adhesión a Él mismo.

Es decir, la Biblia se revela a través de hechos históricos


y prácticas culturales. Los acontecimientos históricos y las
prácticas culturales no son principios eternos en sí mismos, pero
para que la verdad de Dios pueda emanar de ellos, deben ser
históricamente certeros. Ellos son el vehículo a través del cual
Dios revela su carácter. Los sucesos históricos del nacimiento,
ministerio, muerte y resurrección de Jesucristo, son la revelación
máxima del carácter de Dios. Jesús es el estándar por el cual se
evalúa la revelación del carácter de Dios, en el Antiguo y en el
Nuevo Testamento. Por lo tanto, el autor del libro de Hebreos,
cuando habla de Jesús como la revelación de Dios dijo; Él es “el
resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia”
(Hebreos 1:3). En mi apreciación, podemos conocer a Dios
porque sabemos que Jesús vivió entre nosotros, y cuando se
dirigió al apóstol Felipe, su mensaje fue: “¿Tanto tiempo hace
que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe?” (Juan
14:9). Las palabras de Jesús indicaban que haberle visto a Él,
también habían visto al Padre (Juan 14:9). En caso de que
tengamos dudas acerca del carácter de Dios, tenemos que
conocer a Jesús. Esta es la razón por la cual planteo, que los
atributos de Dios se deben tomar como base fundamental para
la interpretación bíblica.

Reflexionando y enfocando el debate hacia el principio


básico del carácter de Dios, considero que el tema a tratar del
ministerio de la mujer en la iglesia, debe resolverse desde este
ángulo y no por los matices culturales, históricos o lingüísticos
que se encuentran en las Escrituras. Esto no quiere decir que
estoy restándole importancia a estos hechos, para entender el
contexto en el que la Biblia fue escrita. Por el contrario, estos
hechos nos ayudan a definir los acontecimientos que el Señor
usó para revelarse a sí mismo. El asunto clave es que podamos
discernir el carácter del Creador a través de ellos, sin que
lleguen a ser principios eternos, de esta manera podremos
comprender el mensaje que nos revela. Por el contrario, si sobre
calificamos estos sucesos podemos dar lugar a
malinterpretaciones teológicas.

Sabemos que los contextos históricos-culturales, son


esenciales para la revelación del carácter de Dios, ya que estas
representan los medios visibles que Él usa para facilitar nuestra
comprensión de su naturaleza espiritual. Sin embargo, estos
hechos no determinan el carácter de Dios en sí, sino que los
revelan; entiendo que sin estos acontecimientos históricos no
podemos visualizar o definir quién es Él. Dicho de manera más
simple, necesitamos un punto de referencia físico o histórico
para comprender los aspectos espirituales de la revelación de
Dios. La declaración del apóstol Pablo a los romanos nos ayuda
a definir este principio, así:

“Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y


deidad, se hacen claramente visibles desde la creación
del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas
hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).

Este pasaje indica claramente que la creación funciona


como una “ventana” que nos permite ver los atributos invisibles
de Dios. O sea, la invisibilidad de Dios es revelada en la
creación. Este es un principio fundamental para la interpretación
de la Biblia, como voy a mencionar brevemente más adelante.

Veamos así, cómo la cultura puede oscurecer la


percepción que una persona pueda tener del Creador. Cuando
la esposa de Job, le dijo al patriarca que maldijera a Dios y luego
se muriera, él le respondió con un interrogante: “¿Recibiremos
de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (Job 2:10). Su
pregunta reveló su consagración a Dios, pero también su noción
cultural de que Dios tiene el conocimiento del bien y del mal. El
autor del libro de Job, describió sus sentimientos con precisión
porque el punto de vista aceptado en ese momento era que Dios
no desconocía el bien del mal. Aunque el patriarca había errado
con sus palabras, el autor aclara en su relato que este no había
pecado (Job 1:22; 2:11). Es bien probable que Dios no lo culpó
porque sabía que estaba hablando, desde la limitación que su
cultura le imponía a su entendimiento del Creador.

Es importante que el lector sepa que, el escritor aclaró


que la calamidad que le sobrevino a este hombre, no fue de
parte de Dios, sino de Satanás. Por lo tanto, el estudioso de la
Biblia debe reconocer la distinción entre el entendimiento
cultural que Job tenía del carácter de Dios, y su revelación, aún
a través de la visión defectuosa que tenía de Dios. Además, Job
aceptaba el entendimiento fatalista que prevalecía en ese
tiempo. Pero, la realidad era que no conocía a Dios tan bien
como creía, así que esta fue una confesión que Job hizo cuando
dijo: “De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven” (Job
42:5). Por lo tanto, teológicamente hablando, es que Dios no
causó la calamidad de Job, si alguien interpreta este relato de
las Escrituras desde una perspectiva determinista, estará
usando las convicciones culturales arcaicas de esa época, las
cuales pueden llevara interpretaciones erróneas y posiblemente
a doctrinas falsas.

Mi propósito es establecer que los únicos principios


bíblicos con valor eterno, son los que definen claramente el
carácter de Dios y son derivados de los atributos de Él, así como
han sido manifestados a través del contexto histórico y cultural
en el que la revelación tuvo lugar. Cualquier principio basado en
la revelación del carácter de Dios es verdad, y es fundamental
para nuestra comprensión de la totalidad de la declaración
bíblica.

Antes de participar en los procesos exegéticos y


teológicos, extracto las preguntas que formulé inicialmente al
comenzar este escrito las cuales fueron de importancia para
continuarlo y pueden ser recopiladas en las tres siguientes.

Primera pregunta: ¿Cuál es el apoyo teológico en favor o


en contra de que la mujer ejerza ministerios pastorales en la
iglesia? En esta pregunta, estoy buscando algún principio en el
carácter de Dios o en su diseño tanto en el hombre como el de
la mujer, que me puedan dirigir a una dirección u otra.
Segunda pregunta: ¿Hay alguna razón espiritual que
indique que la mujer no debe servir en ministerios pastorales en
la iglesia? Cuando uso la palabra espiritual me refiero a alguna
carencia en el carácter de la mujer, la cual el hombre no tiene, y
que la descalifica. Es decir, en este caso estoy examinando de
alguna condición en el tema de la redención, la salvación, el
bautismo, los requisitos de fe, o los dones del Espíritu Santo,
entre otros, que le dé una prelación al hombre con respecto a la
mujer.

La tercera y última pregunta: Hay situaciones tales como;


¿tradiciones históricas, prácticas culturales, o algún tipo de
limitación que la mujer pueda tener, y que el hombre no tiene,
las cuales obstaculizan el ministerio pastoral en la mujer? En
esta última pregunta, la cuestión es si las circunstancias
atenuantes tienen valor eterno o si son de naturaleza temporal.

Ahora el lector puede apreciar, por qué tuve


inconvenientes para concluir el escrito. ¿Cómo puedo comenzar
a resolver estas preguntas a la luz del carácter imparcial de Dios,
a través de siglos de historia en los que la iglesia parece estar
en diferentes lados de la orilla? Trascurridos siete meses, sentí
que era mi deber de concluir con lo que inicié como un ensayo.

Decidí no esperar más, así que terminaré esta


investigación. La cuestión que me concierne es: ¿Debe la mujer
predicar, enseñar, profetizar, y participar del ministerio ordenado
en la iglesia? Después de muchas consideraciones, mi
respuesta a la pregunta es que las mujeres pueden, y deben,
participar en el ministerio ordenado de la iglesia. Es decir, yo
creo que Dios usa a la mujer para que sirva en todos los
ministerios de la iglesia según los dones que da el Espíritu Santo
a los hijos de Dios, es decir, depende de lo que cada creyente
haya recibido. Así mismo compartiré un estudio exegético de los
pasajes más pertinentes, y concluiré con dos reflexiones
teológicas sobre la base de la imparcialidad de Dios y el
propósito de Él, en la dicotomía hombre-mujer.
Quiero animar al lector a hacer este estudio a conciencia,
liberando paradigmas para así comprender mi análisis, ya que
cada capítulo representa una pieza esencial del rompecabezas
teológico. Así que, seguiré el esquema adecuado para tener una
secuencia lógica del tema a tratar.
Capítulo 1

PRINCIPIOS DE INTERPRETACIÓN

Creo que es necesario establecer las bases para este


estudio teológico. He estado capacitándome durante varios
años en el tema de la hermenéutica, la he denominado
hermenéutica integrada o normativa. En su esencia, el concepto
significa que toda interpretación bíblica debe tener en cuenta los
atributos de Dios, antes de establecer principios eternos. El
aspecto más importante de la hermenéutica integrada es el
carácter del Creador, tal como fue revelado a través de los
acontecimientos históricos y las interacciones humanas. Este
sistema está basado en siete principios para su interpretación,
aquí doy una breve descripción y explicación de cada uno ellos.
En mi próximo libro sobre hermenéutica integrada, tratare más
a fondo este tema.

En primer lugar: El carácter y los atributos de Dios


son la base fundamental para la interpretación bíblica. Este
principio significa que cada historia, suceso, profecía, narrativa
y escritura poética tiene la revelación del carácter de Dios como
su objetivo final. Para entender correctamente la Biblia, quien la
estudia debe poder identificar las características que definen, de
manera explícita o implícitamente, quién es Dios a través de los
acontecimientos históricos o cualquier otro método registrado,
como los libros poéticos, los salmos, y la profecía.

Los escritores bíblicos fueron precisos y persistentes, en


la importancia que tenemos de conocer al Señor nuestro Dios.
Todos los hechos evidencian que Él se manifestaba por medio
de milagros con el propósito de darse a conocer a sí mismo.
Comparto algunos casos de cómo Dios se revela a través de las
acciones de los hombres que lo siguieron.

Como es el caso de Moisés el patriarca que escribió:


“Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda
el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus
mandamientos, hasta mil generaciones” (Deuteronomio 7:9).
Así mismo, cuando el rey David estaba por enfrentarse en la
batalla con el gigante Goliat, declaró que el Señor le concedería
la victoria “para que toda la tierra sepa que hay un Dios en Israel”
(1ra de Samuel 17:46). Ahora bien, cuando el profeta Elíseo
había sanado al general sirio Naamán, este declaró, “He aquí,
hoy conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel”
(2da de Reyes 5:15). Y cuando el rey David animó a su hijo
Salomón a “conocer al Dios de sus padres” (1ra de Crónicas
28:9). Las referencias son numerosas, aquí presento algunas,
pero lo importante es que Dios se ha dado a conocer, y quiere
que le conozcamos.

La Biblia relata en sus libros, el tema de la creación y


revela la naturaleza y la personalidad de Dios. En primer lugar,
puedo señalar que la Biblia ha declarado en varias ocasiones
que Dios se ha revelado a través de la naturaleza. El salmista
escribió que “los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento
anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1). El rey David
también afirmo que “los cielos declararán su justicia porque Dios
es el juez” (Salmo 50:6). La finalidad del hombre es conocer a
Dios, el apóstol Pablo, además declaró que su principal
propósito era “conocerle [a Jesús] y el poder de su resurrección”
(Filipenses 3:10). En una ocasión Jesús se encontró con un
hombre que estaba poseído por demonios, estos hicieron la
siguiente declaración: “Yo te conozco quién eres: el Santo de
Dios” (Lucas 4:34.). El apóstol Pablo, también declaró “porque
lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo
manifestó” (Romanos 1:19). En el siguiente versículo Pablo
añadió que “las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad,
se hacen claramente visibles desde la creación del mundo”
(Romanos 1:20).

Por último, conocemos a Dios por medio de la


predicación del evangelio (1ra de Corintios 1:21). Hemos
recibido la luz “para el conocimiento de la gloria de Dios en la
faz de Jesucristo” (2da de Corintios 4:6). El apóstol Pablo
declaró que cuando conocemos el amor de Cristo podemos ser
“llenos de toda la plenitud de Dios.” (Efesios 3:19). El apóstol
también agregó que necesitamos conocer el “misterio de Dios el
Padre, y de Cristo” (Colosenses 2:2); y al final del Primer Siglo,
El Creador dio a conocer las cosas que tendrían lugar en los
últimos tiempos (Apocalipsis 1:1).

La Biblia es la revelación del carácter de Dios, por medio


de sucesos históricos como lo describe el libro del Éxodo; a
través de los diferentes milagros que han trastornado el curso
de la naturaleza, así como lo fue cuando se abrió el Mar Rojo,
también los milagros de sanidad de los enfermos, como en los
casos de dar la vista a los ciegos; y a través de la palabra
profética en el Antiguo Testamento, que habla sobre el Mesías
y el propósito de Dios para con Israel. Igualmente, las profecías
acerca de los últimos tiempos que se describen en el Nuevo
Testamento, las cuales dan testimonio de la naturaleza y el
carácter de Dios. Una vez que sabemos quién es Dios, podemos
deducir lo que Él espera de nosotros.

En segundo lugar: La condición humana establece


los parámetros para comprender las acciones de la gracia
de un Dios Santo, en contraste con el pecado humano. El
apologista evangélico, cristiano y autor de numerosos libros,
Frederick Ravi Zacharias, definió el pecado humano como una
“violación de propósito, el pecado es contrario a la definición
moral que Dios da a la vida.”1 Cuando Moisés estaba aún en el
desierto, estableció la diferencia moral entre Dios y el hombre.
Escribió que “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de
hombre para que se arrepienta” (Números 23:19). Es necesario
tener este contraste en cuenta cuando estudiamos la Biblia
porque este principio nos da la clave para separar las acciones
de los hombres, de las acciones de Dios.

Además, el principio de que la condición humana se


manifiesta en la historia bíblica significa que todas las narrativas,
sucesos, profecías, y escrituras poéticas son medios de
revelación. El pecado y la maldad humana se hacen visibles
cuando podemos contrastar el carácter de Dios con las acciones
humanas. Siendo el carácter de Dios el estándar que define los
parámetros de conducta para las interacciones entre personas.
Cuando los “hombres” actúan fuera del plan y el diseño de Dios,
malogran la comunión con Él y ponen en riesgo su salud
espiritual y emocional.

Dentro de las cualidades del ser humano también se


incluye los atributos morales de Dios, como; el amor, la gracia y
la compasión que se hacen manifiestos en las relaciones
interpersonales a través de nuestras acciones y de los hechos
descritos en la Biblia. Así que cuando una acción no se ajusta al
carácter de Dios, entonces, podemos decir que procede del
pecado, que es la manifestación de la rebelión humana contra
el diseño de Dios. Esto es, aunque todos los seres humanos
tenemos intrínsecamente una necesidad de la comunión
espiritual con Dios, y el pecado es un obstáculo en esta relación.
Por esto, Jesús declaró que Él es el agua que sacia la sed, en
la comunión espiritual e intimidad con Dios. Si no conocemos el
carácter del Creador, no podemos hacer una valoración
adecuada de lo que es la condición humana.

El apóstol Pablo, declaró que “por cuanto todos pecaron,


están destituidos de la gloria de Dios.” (Romanos 3:23).
También afirmó que “el pecado entró en el mundo por un

1Ravi Zacharias. Quote from @Ravi Zacharias Twiter account, (22 June 2014).
hombre, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte pasó a
todos los hombres, porque todos pecaron” (Romanos 5:5). Así
que esta es nuestra condición humana, y si bien estábamos bajo
condenación por el pecado de Adán, la historia no termina allí
porque el regalo de Dios es dado a todos los que creen en
Jesucristo (Romanos 5:15). Nuestra realidad es que estábamos
en tinieblas porque nos habíamos separado de Dios, quien es
nuestra fuente de vida, pero Él otorgó el perdón para indultar las
consecuencias del pecado y lo hizo a través de la obra redentora
de Cristo, ya que el sacrificio de Jesucristo nos restaura a una
nueva comunión con Él.

En tercer lugar: Por cada principio físico hay uno


espiritual que le corresponde. El apóstol Pablo declaró que
“los atributos invisibles de Él [Dios], su eterno poder y deidad,
se hacen claramente visibles desde la creación del mundo”
(Romanos 1:20). Este versículo es muy significativo porque da
a conocer la invisibilidad de Dios y la forma en que Él se ha
revelado en la naturaleza. En otras palabras, podemos conocer
la revelación de Dios a través de la creación, vemos en las
Escrituras la manera como el Señor Jesucristo usó este
principio.

Cada vez que Jesús utilizó una símil o metáfora


comparando el reino de Dios con algún elemento físico, así
como; la moneda perdida (Lucas 15:8-10), o el hijo prodigo
(Lucas 15:11-32), o la oveja perdida (Lucas 15:1-7), o el
propietario del terreno (Mateo 20:1-16), o las diez vírgenes
(Mateo 25:1-13), estaba usando elementos físicos para dar a
conocer principios espirituales. Cada una de estas
comparaciones revelan algo sobre el reino de Dios, o sobre su
deidad, por lo cual debemos entenderlas para darles el valor que
les corresponde.

Hago una observación importante aquí, para que el


elemento físico pueda revelar un principio espiritual es necesario
que ambos elementos de la comparación sean ciertos en su
práctica y aplicación. En otras palabras, Cristo utilizaba un
principio físico para dar un principio espiritual con significado
eterno. Tanto el elemento físico como el principio espiritual
tienen que ser ciertos, de lo contrario la comparación resultaría
falsa. Por lo tanto, cuando la Biblia presenta un principio
espiritual tiene que haber un principio físico correspondiente.
Este principio es cierto indudablemente porque Dios siempre se
mueve desde la perspectiva de la verdad.

En cuarto lugar: Los atributos de Dios son


normativos para la interpretación bíblica. Cuando la Biblia
dice que Dios es bueno, significa que siempre lo es y que todas
las formas de maldad están fuera de sus acciones. El apóstol
Santiago dijo: “Que nadie diga que cuando es tentado, soy
tentado por Dios, porque Dios no puede ser tentado por el mal,
ni Él tienta a nadie” (Santiago 1:13). Dado que los atributos de
Dios son verdaderos e inequívocos, cada vez que leemos la
Biblia debemos interpretarla de una manera que sea congruente
con el carácter del Creador que ya ha sido revelado en la Biblia.
Por lo tanto, cualquier interpretación bíblica que se desvía de los
atributos de Dios es probable que falle y de lugar a falsas
doctrinas.

En quinto lugar: La imparcialidad de Dios establece


los parámetros que definen cómo comparte su gracia, cómo
administra su justicia, y cómo protege la libertad moral de
los seres humanos (el libre albedrío). A pesar de que la
imparcialidad es un atributo divino que está implícito en Él; lo
expongo aquí paralelamente, pues este revela la imparcialidad
de Dios con la humanidad. Es el plan por excelencia de
Salvación que es, la razón por la cual Dios envió a su único hijo
para expiación y dar el mensaje de redención a la humanidad.
Hay diversos temas en la Biblia que son controvertibles, pero
este no es uno de ellos. La Biblia ha declarado, de manera
diáfana, que Él no hace acepción de personas, (Hechos 10:34;
Romanos 2:11; Gálatas 2:6; Efesios 6:9; Colosenses 3:25).
Además, también nos dice que el mostrar parcialidad es pecado
(Santiago 2:9).

El Antiguo Testamento hizo el mismo énfasis en cuanto a


la imparcialidad de Dios, ya que Moisés declaró que actuar con
parcialidad es lo mismo que aceptar sobornos (2da de Crónicas
19:7). Y como el lector podrá deducir, en el periodo de jueces
que habla la biblia y en los casos en que estos aceptaban
sobornos, vemos como corrompían la justicia Divina. Por esta
razón la Biblia enfatiza que la parcialidad y la arbitrariedad
siempre conducen a la injusticia. Si aceptamos que Dios es
justo, entonces, podemos decir que es indiscutible que Él no es
participe en nada relacionado con la parcialidad y la injusticia. El
principio de imparcialidad en el carácter de Dios en un mundo
donde Él actúa con equidad, necesariamente reconoce el libre
albedrío. Dicho de otra forma, si el “hombre” no tuviera libre
albedrío, no habría necesidad de que Dios revelara su
naturaleza ¡mparcial. Podemos ver este principio desde otro
punto de vista; Dios puede ser bueno en un mundo sin libertad
de voluntad, pero Él no puede ser imparcial en tal mundo porque
sin libre albedrío no hay necesidad de justicia. La existencia del
libre albedrio y de la justicia imparcial de Dios, necesariamente
excluyen el determinismo teológico en todas sus expresiones.

En sexto lugar: La interpretación teológica necesita


tomar en cuenta la totalidad de las Escrituras para poder
establecer principios eternos. Es decir, si queremos entender
la connotación histórica y el lenguaje que el autor original
deseaba trasmitir, podemos discernir estos contenidos por el
contexto inmediato y más amplio del versículo, capítulo, o libro.
Ahora bien, si queremos establecer un principio teológico con
implicaciones eternas basado en el carácter inalterable de Dios,
el estudioso de la palabra, tiene que considerar la revelación
bíblica que da un significado más profundo. En otras palabras,
los principios teológicos no pueden establecerse en un vacío
contextual, y mucho menos sin considerar este punto. Además,
para que puedan ser válidos, tienen que evidenciar que son
congruentes con el conocimiento que se tiene del tema.

Podemos considerar así, como la Ley de Moisés, o lo Ley


Mosaica tenía doscientos cuarenta y siete mandatos. Después
de la cautividad de Babilonia, el judaismo surgió como una
religión entre los exiliados que regresaron a Judá.2 El nuevo
sistema religioso añadió otros cuatrocientos preceptos que
tenían un efecto restrictivo en la vida de las comunidades de la
época. Vemos como el Señor Jesucristo se refirió a este sistema
judaizante, que funcionaba de manera legalista. Recordemos
que Jesús vino para abolir la maldición de la ley, y para liberar a
los cautivos; así que la confrontación de Cristo ante los fariseos,
fue frontal y decisiva. Casi todas eran sobre la base de la
interpretación de la Ley, y de todas las adiciones que ellos le
habían hecho. Esta perspectiva histórica es esencial para
entender la confrontación entre Jesús y los fariseos. Los
desacuerdos de Jesús con los líderes religiosos de su tiempo,
se pueden entender basándonos en la realidad histórica del
primer siglo y también a los comienzos durante el retorno del
exilio.

En séptimo lugar: El mundo como un sistema


agrícola solo se puede entender a través del ciclo de la
siembra y la cosecha. Esto significa que la exégesis bíblica
debe tomar en consideración los ciclos de siembra y cosecha
para interpretar la Biblia correctamente. Podemos también
describir este sistema diciendo que por cada acción hay una
reacción o consecuencia. La declaración del apóstol Pablo de
que “todo lo que el hombre sembrare eso también segará”
(Gálatas 6:7), es una explicación sencilla de este principio.
Jesús usó la parábola del sembrador (Mateo 13:1-10), para
ilustrar cómo el sembrar una semilla en la tierra es similar a la
forma en que la verdad del evangelio crece en el corazón
humano. En el mundo espiritual, las semillas son las palabras
de Jesús y los terrenos son los corazones de las personas.
Cuando proclamamos la palabra de Dios, las personas que
están dispuestas a creer recibirán el mensaje del evangelio con
gozo y comenzarán a mostrar el fruto de la vida que está
contenida en el mensaje del evangelio, o la semilla espiritual de
las palabras de Cristo.

2 Cynthia Baker. La aparición del judaism o. Odyssey Biblia.


[Link]
Esta presentación sobre los principios hermenéuticos
integrados es fundamental, aunque la presento de manera
somera, pero la he incluido aquí para coadyuvar al lector a
discernir la base de mis argumentos. De esta forma muestro
como he profundizado en el texto bíblico para llegar a mis
conclusiones. Así es que voy a la interpretación de los pasajes
bíblicos dentro de sus contextos, y a lo eterno, en el estudio de
los principios teológicos que los cuales tienen en cuenta el
sistema de la hermenéutica integrada.

La razón por la cual decidí tomar este enfoque, fue para


establecer el fundamento hermenéutico y de esta forma facilitar
una interpretación consistente de los pasajes pertinentes dentro
de sus contextos. Una vez hayamos determinado la
interpretación particular de estos pasajes, podemos establecer
los principios eternos que nos ayudarán a comprender la
totalidad de la revelación del carácter de Dios. En este proceso
ningún pasaje será interpretado en forma separada del resto de
las Escrituras o de los atributos del carácter de Dios.
Capítulo 2

Primera de Corintios 14:33-35


Antes de entrar en materia, tengo que hacer una
aclaración importante. El lenguaje bíblico es casi
exclusivamente masculino, el uso de los pronombres
masculinos ha hecho pensar quizás a diversas personas que
Dios tenía un lugar especial para el hombre, pero no para la
mujer. Creo que esto ha sido un error el cual ha llevado a
muchos estudiantes bíblicos a malinterpretar y, por ende, a
aplicar mal las Escrituras.

Yo sugeriría, como un principio hermenéutico básico, que


a menos que el contexto de un pasaje requiera una
interpretación específica sea al hombre o sea a la mujer, el
lenguaje masculino debe ser siempre entendido como
incluyente para ambos sexos. Es decir, por dar un ejemplo,
cuando el profeta Jeremías declaró que “engañoso es el
corazón sobre todas las cosas, y perverso” (Jeremías 17:9),
estaba refiriéndose tanto al hombre como a la mujer quienes
tienen estas inclinaciones pecaminosas, puesto que ellas
también son pecadoras y necesitan de la salvación.

Daré dos ejemplos más; cuando el profeta Isaías declaró


que la “virgen dará a luz un hijo”, sin duda alguna, estaba
hablando de una mujer virgen. O cuando el apóstol Pablo se
refirió “a los maridos”, sin duda hablaba a los hombres casados.
Por lo tanto, a menos que el contexto requiera una identificación
explícita, debemos entender el uso de los pronombres
masculinos como inclusivos del hombre y de la mujer. Dicho
esto, podemos proceder a interpretar la carta del apóstol Pablo
a los Corintios, y más específicamente el mensaje en los
capítulos siete, once, doce, y catorce.

Quiero decirles que antes nunca había hecho un estudio


profundo y exegético del mensaje del capítulo primero de
Corintios 14:33-35. Cuando comencé este proyecto, no estaba
seguro de cuál sería la conclusión a la que llegaría, y estaba
dispuesto a aceptar cualquiera de las dos posturas básicas
descritas, al igual que otro enfoque, si esto fuera el caso. Así
que mis expectativas fueron mayores que cualquier paradigma
y abrí mi entendimiento para dar una conclusión diáfana y que
nada la pudiera alterar.

Ahora que he hecho una aclaración sobre el uso de los


pronombres masculinos en la Biblia, quiero comenzar mi estudio
interpretativo. Sin lugar a duda, este es el pasaje más
controversial del Nuevo Testamento con respecto al ministerio
que la mujer pueda ejercer en la iglesia.

“Porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Al


igual que en todas las iglesias de los santos, las mujeres
deben guardar silencio en las iglesias. Porque no les es
permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la
ley dice. Si hay algo que el deseo de aprender, que
pregunten a sus maridos en casa. Porque es indecoroso
que una mujer hable en la congregación” (1ra de
Corintios 14:33-35).
Creyentes en el ministerio de la
proclamación del evangelio
El profeta Joel, dijo que en los últimos días “tus hijos y tus
hijas profetizarán” (Joel 2:28), él pudo haber hecho referencia
únicamente a “tus hijos”, pero esto hubiera creado la idea
errónea de que la profecía era solo para los hombres. El profeta,
movido por el Espíritu Santo, incluyó a las “hijas” en su
revelación. Ambos, los “hijos y las hijas” profetizarán en los
últimos días. Además, podemos deducir que cuando Joel
incluyó a las hijas en su profecía, descartó cualquier duda
acerca de la participación de las mujeres en el ministerio
profético de la iglesia.

La mayoría de los estudiosos coinciden en que esta


profecía se cumplió en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu
Santo fue derramado sobre todos los creyentes que estaban
presente en el Aposento Alto. La venida del Espíritu Santo inició
la era de la Iglesia Cristiana hasta nuestros días. A partir de ese
suceso todos los creyentes reciben el Espíritu Santo al aceptar
el mensaje del evangelio y entregarle sus vidas al Señor. Por
supuesto, tanto el hombre como la mujer son llamados a aceptar
el evangelio y a recibir el Espíritu Santo como señal de que la
salvación de Dios les ha alcanzado.

De acuerdo con Joel, vendría un tiempo en el que “tus


hijos y tus hijas” profetizarían. Esto sólo puede significar que, en
el cumplimiento de la profecía Dios usaría, tanto, al hombre
como a la mujer en el ministerio de la proclamación del
evangelio. El apóstol Pedro declaró que la venida del Espíritu
Santo confirmó “lo dicho por el profeta Joel” (Hechos 2:16). La
interpretación del apóstol es cierta en cuanto se deduce en el
pasaje de Hechos dos, que tanto el hombre como la mujer
profetizaron.

La venida del Espíritu Santo, evidenciada en este pasaje


bíblico, es entendida como el cumplimiento de la profecía de
Joel, y también como el cumplimiento de la profecía del Señor
Jesucristo de que el Espíritu Santo les sería dado a sus
seguidores. Este acontecimiento significa que la era de la Iglesia
Cristiana comenzó a partir de ese momento, tal como lo dije
anteriormente. Y la bendición fue dada al hombre y a la mujer,
es importante denotarlo para el estudio que estamos haciendo y
el avance del mismo.

Surgimiento de la polémica
Bien sabemos la controversia que hasta hoy, se ha
generado en la iglesia debido al pasaje de 1ra de Corintios
14:33-35. Algunos estudiosos han sugerido que fue una
inclusión posterior que se hizo al pasaje, ya que no aparece en
algunos de los manuscritos. Y supuestamente como resultado
de ello, estos versículos no deben ser utilizados para establecer
declaraciones doctrinales. Aunque este argumento tiene cierto
mérito, porque la evidencia indica que estos versículos no
aparecen en todos los manuscritos; sin embargo, voy a tratar
con el texto tal y como aparece en la mayoría de los
manuscritos. En mi estudio hermenéutico dilucidaré que muchos
han malinterpretado este pasaje, y como resultado, han
descalificado a creyentes para que ejerzan el ministerio pleno
en la iglesia de hoy, como cuerpo de Cristo que somos todos.

Podemos interpretar este pasaje de dos maneras. En


primer lugar; La interpretación literal admitiendo que representa
el pensamiento teológico del apóstol Pablo. Si aceptamos esta
opción, también tenemos que aceptar que este pasaje es una
contradicción directa de las enseñanzas del apóstol en el resto
del libro. Adicionalmente, la opción de que estaba enseñando
que la mujer no podía participar en el ministerio público de la
iglesia, representa un cambio radical de sus propias prácticas
eclesiásticas, como veremos más adelante.

En segundo lugar; Representa las palabras de los


profetas de Corinto que estaban contradiciendo las enseñanzas
del apóstol Pablo. Esta segunda interpretación afirma que
Pablo estaba corrigiendo una enseñanza falsa que los profetas
de Corinto estaban tratando de introducir en la iglesia, y que
supuestamente el apóstol incluyó para ilustrar como ellos
estaban extralimitándose de sus funciones y del don profético.
Lo cual llevó a que divulgaran una enseñanza equivocada
acerca del ministerio de la mujer, que era contraria a lo que el
apóstol Pablo ya había dicho inicialmente. Ahora bien, esta
segunda opción es más congruente con el contexto general de
la carta, así como veremos más adelante. Además, da una
mejor explicación a las preguntas retóricas que el apóstol hace
en los dos versículos subsiguientes, treinta y seis; treinta y siete.

Posteriormente, recurriré a otros capítulos de esta


epístola para sustentar mi interpretación del versículo que nos
atañe. Se presume que el apóstol sabía del rol que la mujer
estaba asumiendo en la asamblea pública. Si esto realmente fue
así, entonces tenemos que concluir que se estaba
contradiciendo con respecto a lo que había dicho antes, en lo
concerniente a lo que se refiere a los dones espirituales dados
a los creyentes para la edificación de la iglesia. Como la mayoría
de los estudiantes bíblicos saben, se debe interpretar los
pasajes dentro del contexto y no descontextualizarlos, es decir
sacarlo del contexto. Como bien dijo el autor Marco Núñez, “todo
texto fuera del contexto es solo un pretexto”.3

Reflexiones
La primera observación de tres que hago a continuación,
con respecto al pasaje bíblico que he expuesto es que, si lo
tomamos textualmente como una enseñanza del apóstol Pablo,
entonces, tenemos que concluir que en tres de sus capítulos
dentro de la misma epístola él presentó dos principios
discordantes, así; en 1ra de Corintios 11:5, el apóstol Pablo
había establecido que las mujeres casadas podían “orar y
profetizar” en la congregación si tenían una señal de autoridad
sobre sus cabezas. Es decir, el apóstol afirmaba que las mujeres
casadas ya estaban orando y profetizando en la iglesia de los
Corintios, y él estaba reglamentando la manera de cómo debían
participar. Él estaba afirmando el ministerio que le correspondía

3 Marco Nuñez. “Texto Fuera de Contexto.”


[Link] 1ra-parte/,
December 2013,
a las mujeres casadas en la iglesia. Por ello, es incongruente
que más adelante en esta epístola el apóstol estuviera
prohibiendo, de forma absoluta, que las mujeres en general ni
siquiera podían hablaren la iglesia.

Insisto que tenemos dos opciones básicas con respecto


a nuestro enfoque de este pasaje. O bien, el apóstol estaba
haciendo un llamado a la equivocación practicada del don
profético en la iglesia de Corinto, o él estaba estableciendo un
principio eterno que contradecía lo que había sido su práctica
eclesiástica por casi dos décadas.

Es notorio que una contradicción de esta magnitud


presentaría una dificultad para hacer una exégesis acertada del
texto. Además, pondría en tela de juicio la inspiración Divina y la
doctrina de la inerrancia de la Biblia. La posibilidad de que el
apóstol Pablo hubiera cometido un error de lógica tan evidente
no tiene precedentes en sus escritos. Es muy poco probable que
siendo un escritor tan metódico y preciso hubiese cometido tal
imprudencia.

En la segunda observación, se hace necesario recordar


que Lucas, que era un erudito en su propio derecho, que había
asistido al apóstol Pablo en escribir la mayor parte de sus cartas,
se hubiera percatado de alguna contradicción y más siendo tan
obvia. Por lo tanto, concluyo que ninguno de los dos tuvo esta
falencia, ni tampoco la iglesia consideró que el apóstol Pablo se
estaba contradiciendo. Esto solo puede significar que la iglesia
de Corinto entendió perfectamente su propósito.

Si rechazamos la posibilidad de que el apóstol Pablo se


estaba contradiciendo, entonces, es necesario presentar una
interpretación diferente de este pasaje. Podemos utilizar el
principio de Mr. Spok de la famosa serie de televisión Star Trek:
“Si eliminamos lo imposible, lo que queda, independientemente,
de cuan improbable, tiene que ser la verdad.”4 Si realmente el
apóstol se contradijo en los capítulos once y catorce, entonces,
debemos concluir que, cometió un error en el escrito del pasaje

4 Mr. Spock. Star Trek IV.


bíblico 1ra de Corintios 11:5, o la aseveración de que es una
“vergüenza que la mujer hable en la iglesia”, está equivocada.

En la tercera observación, he de decir que, si el apóstol


Pablo estaba aduciendo este argumento, entonces no es viable
que hubiera aprobado que las mujeres casadas podían “orar y
profetizar” teniendo una señal de autoridad sobre su cabeza. O,
si las mujeres podían “orar y profetizar” entonces, no es factible
que fuera una vergüenza que ellas hablaran en la iglesia. No hay
forma de concertar estos dos pasajes bíblicos, sabiendo que el
apóstol estaba dando instrucciones precisas en el capítulo que
he venido tratando.

En pocas palabras, las declaraciones del apóstol Pablo


en los capítulos de 1ra de Corintios 11:5 y 14:33-35, no son
aplicables la una con la otra puesto que se trata del mismo tema.
Así que, veamos con más detalle el contexto de la carta a los
Corintios.

Propósito de la carta a los corintios


El propósito de esta carta fue para responder a varias
inquietudes sobre temas que habían llamado la atención del
apóstol y que estaban causando divisiones y problemas en la
iglesia de la ciudad de Corinto. Los temas tratados en los
capítulos de la primera carta a los corintios incluían, entre otros;
divisiones en la iglesia (1:10-17); inmadurez espiritual (3:1-23.);
la autoridad apostólica del apóstol Pablo (4:1-21.); problemas de
inmoralidad; (5:1-13); casos de llevar hermanos en la fe a los
tribunales para resolver disputas menores o financieras; (6:1-
11); principios para el matrimonio; (7:1-16); la participación de
las mujeres casadas en la asamblea pública; (1 1 :2-16), y el uso
adecuado de los dones espirituales (12:1-14).

Así que, la razón era que el apóstol quería aclarar las


incoherencias que habían surgido o que habían sido acogidas
en la iglesia por influencias culturales o por falsas
interpretaciones de sus enseñanzas. Para el propósito que nos
concierne comenzaré el estudio en el capítulo siete de la
epístola, que habla cómo el hombre y la mujer debían
comportarse en el matrimonio. Este era un tema álgido entre
cónyuges al igual que la intervención en el ministerio de las
mujeres casadas en la iglesia. También toca el asunto de las
viudas y las solteras motivándolas a que no se casen, con el fin
de que pudieran tener más tiempo disponible para el ministerio.

Con respecto a la participación de la mujer en el


ministerio, el apóstol dijo lo siguiente:

“En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le


sería al hombre no tocar mujer; pero a causa de las
fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada
una tenga su propio marido. El marido cumpla con la
mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el
marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio
cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido
potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. No os
neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo
consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la
oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente
Satanás a causa de vuestra incontinencia” (1ra de
Corintios 7:1-5).

Con base en este capítulo, señalo varios aspectos


significativos que el apóstol Pablo tuvo que resolver cuando la
iglesia le pide claridad con respecto a varios temas que le
inquietaban a la congregación. Dice el apóstol; “En cuanto a las
cosas de que me escribisteis”, es decir, en el interior de la iglesia
habían dudas sobre las relaciones maritales. Otro aspecto que
se debe tener en cuenta es acerca de la importancia de las
relaciones sexuales dentro del matrimonio, como lo indicó el
apóstol, siendo directo cuando dice que entre cónyuges
íntimamente se deben uno al otro.

El argumento de esta afirmación apunta a que cuando los


esposos se niegan el uno al otro en su intimidad, son vulnerables
a caer en tentación sexual, o sea, se exponen a caer en
relaciones sexuales extramatrimoniales, o al adulterio. Es
fundamental señalar que en el matrimonio la unión intima los
hace una sola carne. De esta manera cada uno tiene autoridad
sobre el cuerpo de su cónyuge, tal como lo indica el pasaje
bíblico.

También les dio instrucciones a las mujeres solteras y a


las viudas, animándolas a; “qué bueno les es si se quedaran
como yo,” les dijo el apóstol Pablo (1ra de Corintios 7:8). Ahora
bien, si no tienen el don de continencia, entonces, debían
casarse para que no cayeran en tentaciones sexuales (vers.9).
Por lo tanto, sin un esposo se comprometería más con el
ministerio al no tener la responsabilidad y compromiso que
demanda el matrimonio y lo que ello conlleva, estaría
exponiendo a su esposa y a sí mismo a la tentación sexual.

Ministerio de las mujeres casadas


Encontramos otra inquietud en el capítulo once, con
respecto al rol que las mujeres casadas deberían tener en la
iglesia. Al parecer el apóstol recibió otra pregunta relacionada
con este tema, y se puede ilustrar así: ¿Cuál es la conducta
apropiada referente a la participación de la mujer casada en el
ministerio público?

En primer lugar, el apóstol estableció la relación propicia


entre esposos, aclarando que la participación de las casadas en
la iglesia pudiera afectar el vínculo conyugal. Es decir, los
miembros de la iglesia de Corinto querían saber si el orden de
sumisión mutua afectaba el rol que la mujer tomaba en el
liderazgo en la iglesia. Así que el apóstol Pablo, establece como
prioridad el orden de obediencia: “Dios es la cabeza de Cristo,
Cristo es la cabeza del marido y el marido es cabeza de la
esposa.”

Es necesario interpretar este pasaje bíblico a la luz del


capítulo siete, versículo cinco. Allí, el apóstol precisó sobre la
autoridad mutua que los cónyuges se tienen el uno al otro sobre
el cuerpo. Tenía el propósito que no se negaran el uno al otro a
no ser que convinieran por un tiempo corto, por razones de estar
dedicados a la oración y así no diera lugar a las tentaciones
sexuales. Ahora bien, la autoridad del marido con relación a la
esposa, se asemeja a la autoridad del Padre Celestial con
respecto del Hijo, que son uno solo. Así que, el liderazgo del
esposo no es un señorío sobre la esposa como si el rol de ella
fuera inferior. La sumisión del Hijo al Padre está basada en la
reciprocidad y esencia mutua como uno solo, mas no en una
relación de superior a inferior. Así mismo, la sumisión mutua en
el matrimonio debe ser entendida, y con la individualidad propia
la cual tiene intrínsecamente los dones que le han sido dados a
cada uno de manera particular.

La interpretación básica que tiene sentido en este


contexto es que la relación entre esposos, está basada en la
sujeción mutua. Por lo tanto, el marido es cabeza de la mujer y
para que lo sea debe imitar a Cristo en su carácter y entrega por
la iglesia (Efesios 5:25-28).

En segundo lugar, el apóstol Pablo declaró que cuando


los hombres oraban con la cabeza cubierta, deshonraban a
Cristo que es la cabeza. Del mismo modo, cuando las mujeres
casadas oraban y profetizaban con la cabeza descubierta,
deshonraban al marido que es la cabeza por orden jerárquico.
La respuesta del apóstol a la pregunta planteada por la iglesia
de Corinto era que mientras la esposa estuviera en sumisión con
respecto al marido, podían orar y profetizar en la congregación.
En otras palabras, él no prohibió el ministerio a la mujer por el
hecho de estar casada o por ser mujer.

En tercer lugar, siendo que la instrucción del velo era solo


para las casadas, dicha observación no aplicaba a las mujeres
solteras. En el caso de estas, puedo decir que Cristo era la
cabeza de ellas, de la misma manera que lo es para los
hombres, porque eran solteras. Dicho esto, es posible que la
iglesia, por razones prácticas, extendieran la restricción de
autoridad sobre su cabeza (el velo) a las mujeres solteras. Pero
el texto ni requiere, ni implica que este debe ser el caso porque
está limitando la discusión a la participación de la mujer casada.
El punto principal del apóstol era definir el atavío
apropiado para las mujeres casadas de Corinto cuando
hablaban en público. Si ellas estaban en una relación apropiada
con sus maridos, como Cristo está con el Padre, entonces el
apóstol Pablo no impuso ninguna otra restricción al ministerio de
las mujeres casadas. Puedo deducir que el problema no era el
ministerio de la mujer, en sí. Más bien, parece que la
controversia radicaba en decidir cuál era la vestimenta
culturalmente adecuada cuando las mujeres casadas oraban y
profetizaban en público.

No creo que estuviera discutiendo si la mujer debía o no


ministrar en la iglesia. En el capítulo once, estaba hablando del
orden de sujeción de las mujeres casadas cuando estaban
hablando en público. Su conclusión fue que las casadas deben
tener una señal de autoridad sobre su cabeza.

Basándome en el estudio, considero que la enseñanza


de la epístola es que el velo para las mujeres casadas indicaba
que tenían una unión marital. Por lo cual esta era una señal para
aquellos hombres solteros que se congregaban, de que estas
mujeres no estaban disponibles para el matrimonio.

El sacerdote, teólogo y académico anglicano inglés autor


de varios libros Antony Charles Thiselton, afirmó que, “una mujer
debe tener una señal de la autoridad sobre su cabeza [propia de
la mujer].”5 Otros comentaristas hablan del velo como un signo
de la autoridad del marido sobre la mujer. Sin embargo,
propongo que el significado del velo indicaba que la mujer era
d u e ñ a de un marido y que un marido era d u e ñ o de ella. Esta
interpretación tiene la ventaja de ser congruente con el mensaje
del apóstol. Mi conclusión es que el apóstol Pablo pretendía que
hubiera orden en el servicio de adoración, y que a su vez las
mujeres ejercieran los dones espirituales con libertad.

Creo que es necesario señalar que en la segunda parte


de este pasaje, el apóstol Pablo define la cobertura de la mujer

5 A. C. Thiselton, (2000). The F irst E pistle to the C orinthians: a com m entary on the
G reek text (Grand Rapids, MI: W.B. Eerdmans), p. 838.
como su cabello. Es una vergüenza que la mujer hable en frente
de la congregación con el cabello corto, o recogido. De la misma
manera es una vergüenza que los hombres hablen en público
con cabello largo. ¿Cuál era la preocupación del apóstol para
utilizar un lenguaje tan restricto?

Hay por lo menos una explicación que debemos


considerar. Culturalmente, la ciudad de Corinto tenía la
costumbre de promover promiscuidad sexual, tanto
heterosexual como homosexual. Aparentemente, la mujer que
se cortaba el cabello, o se lo recogía para que no fuera visible,
y el hombre que se dejaba crecer el cabello, estaban enviando
el mensaje de su disponibilidad sexual. Scott McKnight,
hablando acerca de este tema escribió: “El pelo largo de los
hombres, y el pelo largo de las mujeres suelto en vez de tenerlo
recogido sobre su cabeza indicaba la disponibilidad de
envolverse [en conducta sexual inapropiada]’’.6 El problema en
Corinto no era la autoridad del hombre, ni la participación de las
mujeres en la adoración pública. El problema era el mensaje
cultural promiscuo de Corinto que se estaba infiltrando en la
iglesia.

En cuarto lugar, el apóstol Pablo declaró que una “mujer


debe tener señal de autoridad sobre su cabeza, por causa de
los ángeles” (1ra de Corintios 11:10). La pregunta obvia que
podemos hacer es, ¿qué tienen que ver los ángeles con la
participación de la mujer en la iglesia? Aquí es apropiado hacer
un par de observaciones adicionales. Con base en lo que dijo
Gerhard Emmanuel Lenski, quien fue un sociólogo
estadounidense, el apóstol Pablo “no estaba tratando de
constituir una ley perenne que estuviera en vigor en la iglesia
por todas las épocas y en todas las naciones.”7 Gerhard Lenski,
estableció que la palabra “deber” sólo desea “expresa una
obligación y nada más.”8 Su idea era que, como en Corinto las

6 Soctt McKnight. “Veils, Hair, and Women at Corinth.” Patheos, October 15, 2019.
[Link]
7 R. C. H. Lenski. (1963 ).La interpretación de P rim era de St. P aul y la segunda
carta a los C orintios. (Minneapolis, MN: Augsburg Publishing House), p. 444.
8 Lenski, p. 444.
mujeres casadas llevaban velos cuando estaban en público, así
mismo la iglesia debía observar la misma tradición cultural. La
palabra deber tenía una finalidad para que la iglesia no cambiara
esta costumbre a no ser que por transición ocurriera. Entonces
la observación del apóstol, era que la iglesia no se involucrara
en hacer cambios culturales, puesto que no era su rol.

Por ello la interpretación más adecuada de la frase “a


causa de los ángeles”, es que los ángeles celestiales que en el
contexto espiritual están alrededor de la congregación, desean
que haya un orden, ya que ellos mismos lo practican en la
presencia de Dios.

No tengo duda de que el apóstol Pablo afirmó los


ministerios proféticos y de oración de la mujer casada en Corinto
(1ra de Corintios 11:5). Es evidente que no sólo lo aceptó, sino
que también les dio instrucciones sobre cómo debían
presentarse en el servicio público para mantener el orden en la
iglesia y por ende el orden cultural de la sociedad corintia. Así lo
vimos en la profecía del profeta Joel y la afirmación del apóstol
Pedro, la cual tuvo cumplimiento en lo sucedido y descrito en el
libro de Hechos capítulo dos, como lo dije antes. Por lo tanto, no
debe haber asombro en que las mujeres participaban
plenamente en todos los aspectos del liderazgo de la iglesia.
Aunque la observación del apóstol Pablo es obvia, es necesario
acotar que, si la mujer casada podía participar en un ministerio
público en Corinto, también lo podía hacer la soltera.

Es indudable que el uso del velo como señal de autoridad


en la mujer casada estaba basado en una costumbre cultural de
la época, y no tiene relación alguna con el concepto teológico.
Este concepto del apóstol Pablo, fue similar al concepto de
comer viandas sacrificadas a ídolos (1ra de Corintios 8:4-13).
Aclaró que un ídolo no es nada, por lo tanto, el ir al mercado y
comprar viandas que habían sido sacrificadas a ídolos no era
ninguna afrenta a Dios. Sin embargo, el apóstol decidió, como
una práctica personal, el no comer viandas sacrificadas a ídolos,
si esto podía hacer caer a un hermano más débil.
Pablo hizo esta indicación para no crear contienda ni
molestia en el hermano espiritual más débil, pero de ninguna
manera estaba imponiendo una restricción como un principio
para toda la iglesia. Es decir, los hermanos en la fe inmaduros
no deben juzgar basándose en las apariencias externas.
Aunque el apóstol lo dispuso así por amor a quienes estaban
creciendo espiritualmente.

Agrego una observación adicional. La doctrina de la


iglesia no se debe establecer basándose en las debilidades de
aquellos que son niños espirituales. Por el contrario, las
personas inmaduras en la palabra necesitan del apoyo de
quienes no lo eran y no permitirles que se inmiscuyeran en
temas relevantes estableciendo principios de naturaleza
eternos. Si volvemos a considerar el asunto del velo podría
añadir que el apóstol Pablo estaba de acuerdo con el uso de
este, para aquellos que aún no tenían la madurez en Cristo, no
se escandalizaran por su no uso. Así que el uso del velo, o del
cabello largo, para las mujeres casadas en la iglesia de Corinto,
fue una solución para evitar más divisiones en la congregación
a causa de los feligreses que todavía procedían desde una
perspectiva carnal.

El apóstol recomendaba el velo, pues era una costumbre


cultural ya que en el mismo capítulo de la epístola lo asemeja al
cabello, así:

Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a


Dios sin cubrirse la cabeza? La naturaleza misma ¿no os
enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el
cabello? Por el contrario, a la mujer dejarse crecer el
cabello le es honroso; porque en lugar de velo le es dado
el cabello. Con todo eso, si alguno quiere ser
contencioso, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las
iglesias de Dios (1ra de Corintios 11:13-16).

Hago dos reflexiones con respecto a este pasaje; en


primer lugar, se denota que el cabello largo en la mujer equivalía
a usar el velo. En otras palabras, esta enseñanza era más
práctica para la iglesia, así que el mensaje es el siguiente:
Siempre y cuando las mujeres casadas mantengan su cabello
largo, ellas pueden orar y profetizar en la iglesia. Pero, ¿por qué
el apóstol Pablo hace esta recomendación?

Al hacer referencia a “la naturaleza” para explicar que


debe de haber una distinción entre hombres y mujeres, es decir
que a los hombres les es deshonroso llevar el cabello largo, pero
de acuerdo con el teólogo Thiselton, la palabra naturaleza aquí
no indica el orden creado, sino más bien es para señalar “el
estado de las convenciones aceptadas como normales en la
época, o las cualidades, propiedad, o lo que es natural para
distinguir entre varón y hembra y la aceptación de cómo las
cosas son.”9 Es probable que el apóstol Pablo estuviera
corrigiendo la práctica de señalar disponibilidad sexual con el
uso del pelo. Si las mujeres no usaban su cabello largo, era
como si se hubieran rapado, que era muy común en las mujeres
promiscuas. Similarmente, cuando los hombres se dejaban el
cabello largo estaban indicando su disponibilidad para
relaciones homosexuales.

El doctor honorario en Divinidad, profesor de estudios


bíblicos internacional, erudito en el Nuevo Testamento, Donald
Fee, acepta la frase de la Biblia Nueva Versión Internacional
(NVI) que hace referencia al “orden de cómo las cosas son.”10
Si tanto el doctor Fee, como el teólogo Thiselton están en lo
correcto, entonces podemos decir que la intención del apóstol
Pablo era el mantener las costumbres de la época como un
orden natural para distinguir los hombres de las mujeres. La
diferencia de géneros no fue creada por los seres humanos, sino
por Dios. Por lo tanto, la motivación del apóstol no fue el
establecer una teología en la que las mujeres debían cubrirse
sus cabezas cuando ministraban en la iglesia.

Es necesario notar que este pasaje no contiene ninguna


palabra griega que se pueda traducir velo o sombrero. La única
referencia que el apóstol hace acerca de cobertura es cuando

9 Thiselton, p. 844).
10 Ibid, p. 845.
habla del pelo como la cubierta de la mujer. Así que la discusión
de Pablo en este pasaje es más específicamente una referencia
a los estilos del pelo que podía crear un impresión errónea
dentro de la iglesia.

Entonces, podemos concluir que cuando el apóstol


compara el cabello largo de la mujer con el uso del velo, estaba
afirmando la distinción cultural entre hombres y mujeres en su
participación en la adoración. Esta distinción era más aplicada a
las mujeres casadas, y no a aquellas que no lo eran.

Desde sus inicios, la Iglesia Cristiana era una


congregación mixta; es decir, al servicio religioso del domingo
asistían hombres y mujeres los cuales participaban
conjuntamente de todos y cada uno de los actos propios del
culto, como adoración, oración, y la profecía. Dice la epístola,
“en el Señor la mujer no es independiente del hombre y el
hombre de la mujer” (1ra de Corintios 11:11). El sociólogo
Leinski, agrego que “todo lo que Dios dispone en la creación,
cuando hizo al hombre y por jerarquía como cabeza, pero el
estar 'en el Señor' en una referencia a que ambos son
absolutamente iguales”.11 Tanto el hombre como la mujer son
portadores de la imagen de Dios, y ambos glorifican a Dios con
sus vidas de obediencia y servicio.

Primera de Corintios 11:7 presenta otro punto de


contención. “La palabra griega d o x a es traducida comúnmente
como gloria, pero también puede tener el sentido de
reputación”.12 Si reemplazamos la palabra griega gloria con la
palabra reputación, podríamos leer el texto así: “Porque el varón
no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y la reputación
de Dios; pero la mujer es la reputación del varón”. En este
sentido, cuando el hombre se deja crecer el cabello con el
propósito de promover promiscuidad daña la reputación de Dios.
Similarmente, cuando la mujer no usa el pelo como cobertura
ella, indicando promiscuidad, daña la reputación de su marido.

11 Lesnky, p. 446.
12 Marg Mowczko. “Man and Woman as the Image and Glory of God, 1 Corinthians 11:7.”
August 2018. [Link] 1-7/
R. L. Pratt, Jr., presidente de Third Millennium Ministries,
y profesor adjunto del Antiguo Testamento del Seminario
Teológico Reformado, escribió que, “es más acorde con el
original griego el traducir el verso ‘la mujer debe tener autoridad
sobre su cabeza,’ lo que significa que las mujeres deben ejercer
autoridad sobre sus [propias] cabezas físicas.13 Esta opción
significaría que las mujeres casadas necesitan ejercer auto­
disciplina sobre sus acciones cuando estaban hablando en la
asamblea pública. O sea, que ellas no debían de actuar fuera de
control.

Considero que el apóstol Pablo estaba hablando acerca


de la sumisión mutua dentro de la relación matrimonial. La razón
por la cual no instituyo el velo como un requisito para que la
mujer ejerciera el ministerio sin importar la época, fue debido a
la diferencia de culturas y la manera particular de cada una para
denotar el vínculo matrimonial. Así como en nuestra cultura el
anillo representa el compromiso entre los contrayentes como
una alianza.

De esta manera da una solución cultural con respecto a


la actividad pública de las mujeres en Corinto, pero él no hace
ninguna prohibición a su participación en el ministerio mismo. En
otras palabras, el apóstol Pablo estaba previniendo de que la
iglesia apartar a las mujeres para que no ejercieran el ministerio,
ignorando así sus dones espirituales. Ahora bien, parece que el
velo en las mujeres era una costumbre del Oriente Medio, sin
embargo, no hay ningún requisito teológico o espiritual en los
evangelios o en el Antiguo Testamento que requiera que las
mujeres lleven el velo para la adoración o para su participación
en rituales religiosos.

El libro de Génesis, relata casos en que mujeres casadas


se cubrían la cabeza cuando el marido entraba a la tienda de
campaña (Génesis 24:64-66), pero esto era una cuestión
cultural, no religiosa. Presumo, entonces que el apóstol estaba
afirmando las diferencias de género entre los hombres y las

13 R. L. Pratt, Jr. (2000). I & II C orintios (Vol. 7, p. 185). (Nashville, TN:Broadman


y Holman Publishers), vol. 7, p. 185.
mujeres casadas de acuerdo con las costumbres culturales de
Corinto, mientras que al mismo tiempo corroboraba la
importancia de que ellas ejercieran el ministerio y el ejercicio de
sus dones espirituales.

Entonces el apóstol estaba viendo la manera del ¿ c ó m o ?


las mujeres casadas ejercían su ministerio en la iglesia de
Corinto. Es necesario enfatizar que se estaba refiriendo a las
mujeres casadas porque él utilizó la dicotomía entre marido y
mujer para dar a conocer sus instrucciones. A pesar de que no
toca el tema de las mujeres solteras y las viudas en este
contexto, se podría concluir que a ellas también se animaran a
utilizar el velo cuando oraban y profetizaban en público. Dicho
esto, podemos decir que la observación que hizo no era que la
mujer no debía ministrar en la iglesia, puesto que ya estaba
ministrando en los ministerios de la oración y de la profecía. Más
bien, lo que estaba diciendo era que cuando las mujeres
casadas hablaran en público deberían respetar las normas
culturales de Corinto. Con base en lo analizado, se concluye que
es indiscutible que la mujer ya estaba asumiendo el rol en el
ministerio público, y es por ello que el apóstol no instruye de
manera contraria, a lo que estaba pasando. Ya que, estaba
dirigiéndose a asuntos específicos que habían sido llevados a
su atención, entonces no habría sido extraño en lo absoluto que
hubiese dado una indicación práctica para la mujer en el
ministerio público.

Es evidente que la cuestión del uso del velo, o tener el


cabello largo, no tenía como propósito ser un mandado para la
iglesia en todas las épocas. Lo sabemos porque, aparte de la
advertencia que hace en la carta, no hay ninguna referencia
histórica que advierta que las mujeres llevaran velo durante su
ministerio público; aparte de algunos grupos que han aplicado
de forma incorrecta este pasaje.

Otro indicador de que el apóstol no estaba limitando la


participación de la mujer en el ministerio, es el hecho de que
estableció la práctica de los dones espirituales en la asamblea
pública, pero no hizo ninguna especificación a los dones
mismos. No prohibió que oraran y profetizaran conjuntamente
con el varón, al contrario, las animó.

Retomando el pasaje bíblico, 1ra de Corintios 14:33-35;


si allí se está declarando principios absolutos, que exigen que la
mujer se aparte de participar en el ministerio, entonces el
apóstol Pablo, dio a la iglesia un concepto contradictorio a lo que
ya había determinado en el capítulo once. Es importante insistir
en el concepto en que los principios absolutos no permiten
excepciones. Por ilustrar y aclarar sobre el tema, la prohibición
de la idolatría que habla las Escrituras, es imperativa e
inquebrantable en cualesquiera circunstancias. Así que es un
principio absoluto y, por lo tanto, es inalterable, como lo son;
robar, lo cual no importa el monto sino el acto en sí; el adulterio,
no hay una excepción en la infidelidad entre cónyuges.

Por lo tanto, en este pasaje bíblico el apóstol estableció


una norma cultural como guía para que las casadas pudieran
orar y profetizar en público. Específicamente, declaró que
cuando ellas estaban orando y profetizando tenían que llevar un
velo o tenían que tener el cabello largo como una señal de
autoridad. El apóstol estaba dando por hecho el ministerio
público de las mujeres casadas. Así que la orden de silencio
absoluto que habla el capítulo catorce, no coincide con la
aprobación del apóstol de que la mujer podía orar y profetizar,
le dio una connotación más amplia, tal como he expuesto. Hay
que recordar que la sujeción era una obligación mutua entre el
marido y la mujer (1ra de Corintios 7: 1-5; 11:11; Efesios 5:21).

Relaciones conyugales
“La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino
el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio
cuerpo sino la mujer”. Esta fue la declaración del apóstol Pablo
en la primera carta a los Corintios 7:4. Está claro que se refería
a la sumisión mutua en el contexto de las relaciones sexuales
en el matrimonio. Él no estaba refiriéndose acerca de cómo la
relación matrimonial influenciaba en la participación de las
mujeres casadas en la iglesia.
Comparto una aplicación práctica a la enseñanza dada
por el apóstol; básicamente, estaba diciendo que entre
cónyuges no se deben negar el uno al otro sino estar de común
acuerdo en la relación íntima, pues no debe haber manipulación
que vaya en detrimento en alguno de los dos. Está prohibido por
la Escritura el “privarse el uno al otro”, esto hace alusión a la
actividad sexual, porque se hace la advertencia de que, si se
privaban el uno al otro, podían ser vulnerables en caer en
“inmoralidad sexual” (1ra de Corintios 7:2). Es una aplicación
práctica para que entre esposos estén sometidos entre sí.

En el mismo contexto, el apóstol anima a las “solteras y


a las viudas a quedarse sin casar” para que pudieran dedicarse
al servicio del Señor (1ra de Corintios 7:8). En otras palabras, si
la mujer quería participar plenamente en el ministerio, sería
mejor para permanecer soltera y sin el compromiso que el
matrimonio conlleva, así como el apóstol Pablo había escogido
el celibato por amor a Cristo. Ahora bien, el matrimonio de
ninguna manera impide que la mujer participe en el ministerio en
la iglesia, quería decir que los casados tienen deberes maritales
y familiares, mientras que los solteros al no tener esta
responsabilidad tienen más tiempo para dedicarlo al ministerio.

Esta enseñanza sigue vigente, pero es necesario


reafirmar que el matrimonio no invalida el ejercicio en el
ministerio, únicamente que se tiene una disponibilidad menor de
tiempo. Por lo tanto, si la finalidad era prohibir que la mujer
participara, entonces, no hubiera afirmado que las mujeres
solteras se queden así “como yo soy” (1ra de Corintios 7:8). El
beneficio de permanecer solteras era que, al igual que el
apóstol, ellas podrían dedicarse totalmente a la iglesia sin
ningún tipo de obstáculos. De una manera muy sutil, las estaba
invitando a ser parte de esta labor.

Así mismo, el principio que describe primera de


Corintiosl 1:5, no se refiere a que las mujeres deben cubrirse
sus cabezas cuando oran y profetizan en la congregación,
puesto que, si este era el principio eterno, entonces, la iglesia
ha vivido en desobediencia a este mandamiento desde el primer
siglo. El principio que habla la carta es que debemos tener en
cuenta las culturas cuando participamos en el culto público.
Fundamentalmente, el velo significaba que la mujer que estaba
orando (verticalmente hablándole a Dios) y profetizando
(horizontalmente hablando p o r Dios) frente a la iglesia estaba
casada, y no creo que debamos interpretar ninguna otra cosa en
este tema.

Dicho esto, no hay nada malo si las mujeres casadas


optan por llevar algún tipo de velo sobre sus cabezas para orar
y profetizar. Este asunto no era, y no es, una cuestión
relacionada al pecado o a la salvación, puede ser una cuestión
cultural o incluso una preferencia personal. Es importante tener
en cuenta que cuando una práctica no es pecado, entonces,
está permitida. La Biblia hace la advertencia que “todo me es
lícito, pero no todo me conviene” (1ra de Corintios 6:12). La
mujer puede mostrar el mismo nivel de autoridad hoy en día,
simplemente con usar un anillo de bodas. El significado sería
básicamente el mismo.

Los dones espirituales


Este tema le inquietaba al apóstol Pablo en la iglesia de
Corinto. Considero que la pregunta que le hicieron fue: ¿Cuál es
el significado y el uso adecuado de los dones espirituales en la
iglesia? Su respuesta está en los capítulos doce y catorce, y en
el capítulo trece presentó al amor como el don espiritual más
anhelado. Es decir, quería que la iglesia comprendiera la
necesidad de respetarse los unos a los otros, que dejaran los
celos y la inmadurez espiritual con la que estaban procediendo
durante los servicios de adoración.

Para aclarar el enfoque del apóstol con respecto al uso


de los dones en la iglesia, hago una exégesis de primera de
Corintios doce, donde usó el lenguaje inclusivo:

“Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y


todos los miembros del cuerpo siendo muchos son un
solo cuerpo, así también es en Cristo. Porque en un solo
Espíritu hemos sido todos bautizados en un cuerpo,
judíos o griegos, esclavos o libres; ya que a todos se nos
dio a beber de un mismo Espíritu” (1ra de Corintios 12:12-
13).

Pablo también usó una alegoría similar cuando afirmó


que en Cristo no hay “esclavo o libre, judíos o griegos, no hay
varón y mujer” (Gálatas 3:28).

Es necesario acotar que, en el capítulo de la carta a los


Gálatas, no se está refiriendo al ministerio de la mujer en la
iglesia, lo he citado por presentar una similitud a la afirmación
del apóstol en la carta a los Corintios. Vemos, así como tuvo
cuidado en cómo se expresó en el pasaje bíblico.

En la primera parte hace una distinción entre los judíos y


griegos, dijo que en Cristo “no hay judíos o griegos”. Recurrió a
lo mismo al hacer la diferencia entre “esclavo o libre”, sin
embargo, en la última frase lo describe de otra manera cuando
hizo referencia a “varón y mujer”. ¿Por qué usó una expresión
diferente cuando habló del hombre y la mujer, diciendo “no hay
varón y mujer”? Creo que cuando empleó la frase no “hay varón
y mujer” estaba haciendo alusión a la unidad de la imagen de
Dios en “el hombre”, como veremos más adelante.

La diferencia, por ejemplo, entre el “esclavo o el libre” es


que estas dos condiciones existen en contraste la una con la
otra. En su relación social el esclavo es lo opuesto al libre, lo
mismo es cierto con el judío y el griego. El judío étnica y
culturalmente era diferente al griego, en este sentido ellos
representaban dos polos opuestos. Pero ese no era el caso
entre el hombre y la mujer, puesto que no son polos opuestos.
Por el contrario, el hombre y la mujer representan la imagen de
Dios que se complementan cuando se unen en matrimonio. El
apóstol Pablo estaba enfatizando que, aunque la relación
“esclavo-libre” eran polos opuestos, ese no es el caso en la
relación hombre-mujer, porque allí no hay ni contraste ni
desigualdad.
Igualmente, Pablo enseñó acerca de la unidad en el
Cuerpo de Cristo, y la manera en que los dones espirituales
fueron diseñados para la edificación de la Iglesia de Cristo. Es
decir, los dones espirituales tenían el propósito de la edificación
de la de la iglesia que incluía tanto al hombre como a la mujer.
Ya que en la iglesia de Corinto había mujeres participando
plenamente en el ministerio, y ya el apóstol se había
pronunciado sobre el tema del cómo la mujer debía participar,
entonces pongo en duda que el mensaje acerca de los dones
espirituales que habla el capítulo doce hubiese sido,
exclusivamente, dirigido a los hombres. Así que no es posible
que estuviera limitando todos los aspectos de la práctica
eclesiástica y el poder de los dones espirituales, concediéndoles
exclusivamente a los hombres el derecho de participar en el
ministerio. Indiscutiblemente no tendría sentido, en otras
palabras, la mujer tiene el mismo derecho que el hombre en
relación a los dones espirituales, ya que son miembros
integrales de la iglesia, y como tales reciben la misma
edificación que el varón.

El apóstol Pablo dijo que el “cuerpo no es un solo


miembro” (1ra de Corintios 12:14); “hay muchas partes y sin
embargo un solo cuerpo”; “ni el ojo puede decir a la mano que
no te necesito”; “los miembros deben tener el mismo cuidado
unos por otros”; y “si un miembro sufre, todos sufrieron juntos, y
si un miembro es honrado, todos se regocijan juntos” (vers. 31).
Así que no estaba enseñando que solamente el hombre era
miembro del cuerpo de Cristo y que sólo ellos tenían dones
espirituales. La instrucción del apóstol era justamente todo lo
contrario. Examine este pasaje como si se refiriera únicamente
a los hombres y determine si esto era lo que en realidad deseaba
transmitir.

El “cuerpo no es un solo miembro masculino” (vers.14);


“hay muchos miembros masculinos, pero un solo cuerpo”; “el ojo
masculino no puede decir a la mano masculina que no te
necesito”; “los miembros masculinos deben tener el mismo
cuidado para todos los miembros masculinos”; y “si un miembro
masculino sufre, todos los miembros masculinos sufrieron
juntos, y si un miembro masculino es honrado, todos los
hombres masculinos se regocijan juntamente” (1ra de Corintios
12:14-31). ¿Acaso esta enseñanza tendría sentido en la
instrucción dada por el apóstol Pablo?

En realidad, cuando limitamos el culto de la iglesia y la


unidad de los miembros del cuerpo de Cristo, excluyendo a la
mujer y dejamos únicamente al hombre, la unidad de la iglesia
se pierde. Si el apóstol Pablo estaba afirmando que el uso de
los dones era solo para los hombres, entonces, la iglesia es un
híbrido en el que no todos los miembros participan en igualdad
de condiciones. De la única forma que podemos vislumbrar la
mal interpretación es cuando entendemos que el uso de los
pronombres masculinos no significa que las mujeres quedan
excluidas de los dones espirituales, o de participar en la práctica
de la adoración. Ahora bien, recordemos que los dones
espirituales son dados “para el bien común” (1ra de Corintios
12:7). Si la mujer estaba incluida en el “bien común”, podemos
deducir que los dones que les fueron otorgados estaban
diseñados para ser usados en la congregación “para el bien
común”. Luego que el apóstol le dijo a la iglesia que deberían
tener discernimiento con respecto a los dones espirituales,
agregó:

“Ahora bien, hay diversidad de dones, pero un mismo


Espíritu; y hay diversidad de ministerios, pero un mismo
Señor; y hay diversidad de actividades, pero es el mismo
Dios el que hace todas las cosas en todos” (1ra de
Corintios 12:4-6).

Aquí se denota que estaba hablando acerca de la unidad


en la iglesia que es producida por la presencia del Espíritu Santo
en todos los creyentes, y como cuerpo de Cristo, se manifiestan
diversidad de dones, siendo un mismo Espíritu, y se usan para
servicio y bendición de unos a otros y cimentar una iglesia que
honre a Dios. Todos los miembros también participaban en una
variedad de actividades, y eran dirigidos por Dios, así que sería
malinterpretar que sólo los hombres tenían el Espíritu, al Señor,
a Dios. La Trinidad se manifiesta en los dones, y en los
ministerios de la iglesia, por lo tanto, es inexacto interpretar que
las mujeres cristianas de Corinto no participaban de las mismas
bendiciones que los varones. Una sugerencia como esta
negaría toda la enseñanza en relación con los dones
espirituales, puesto que el versículo seis dice que “Dios es el
que hace todas las cosas”.

Esta enseñanza se vislumbra así; el hombre y la mujer


participan con igualdad en la adoración de acuerdo a sus dones
y no con base en su generó o apariencia externa. El apóstol
reafirmó este concepto en primera de Corintios 12:11. Él dijo que
“todos estos [los dones] son dados por uno y el mismo Espíritu,
repartiendo a cada uno en particular como Él quiere”. Hay que
tener en cuenta dos aspectos importantes, cómo es que el
“mismo Espíritu distribuye los dones”. Es decir, el mismo Espíritu
que está tanto en el hombre como en la mujer, es el mismo
Espíritu que reparte los dones a cada uno. Por lo cual El Espíritu
no es dado al hombre con mayor liberalidad que a la mujer.

Entonces, el hombre y la mujer están en igualdad de


condiciones y dignidad como miembros del Cuerpo de Cristo. La
única distinción entre ellos está basada en los dones, viéndolo
desde ese punto de vista como un solo Cuerpo de Cristo y de
esta manera participan en la edificación de la iglesia. Por lo
tanto, hombres y mujeres han recibido la misma salvación y
ninguno no tienen la exclusividad de la presencia de Dios.

Otro aspecto es que, el Espíritu concede los dones “a


todos como Él quiere”. La frase “a todos” tiene que ser una
referencia inclusiva a todos los miembros del Cuerpo de Cristo,
y no a todos los varones solamente. En este pasaje la frase “a
todos”, por obvias razones tiene que incluir a la mujer porque
esta también es miembro del Cuerpo de Cristo. El Espíritu Santo
concede los dones para el ministerio tanto al hombre como a la
mujer. Por lo demás no debe ser difícil de entender, conociendo
que las mujeres de Corinto ya estaban orando y profetizando en
el ministerio juntamente con los hombres.
El apóstol Pablo, continuó diciendo en el versículo
catorce, “además, el cuerpo no es un solo miembro, sino
muchos”. Una vez más, ratifica sobre la unidad del Cuerpo de
Cristo, conformándolo así no sólo por los hombres. De esta
manera, establece que la iglesia tiene pluralidad para hacer ver
la diversidad de dones. También indica que “Dios ha colocado
los miembros cada uno de ellos en el cuerpo como Él quiso” (1ra
de Corintios 12:18), es así como los miembros del cuerpo
ejercen sus dones conforme a como Dios lo dispuso para el uso
y beneficio de la iglesia.

Además, presenta un argumento irrefutable, dijo; “si


todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?
(vers.19). Esta es una excelente pregunta, se puede ilustrar de
esta manera; si todos los miembros tuvieran el mismo don
espiritual, ¿dónde estaría la diversidad de un cuerpo si no
tuviera multiplicidad de miembros? Los diferentes dones son el
elemento esencial para la variedad de expresiones del Espíritu
Santo en la iglesia.

Como bien sabemos, la iglesia está conformada por


hombres y mujeres que ejercen cada uno los dones que les han
sido dados por el Espíritu Santo en su infinita soberanía para la
edificación de la misma. La imparcialidad de Dios en conceder
los dones, y en su relación non-discriminatoria con los miembros
del Cuerpo de Cristo, descarta la interpretación de que la mujer
no pueda tener un rol de liderazgo en la iglesia. De esta forma
se ha analizado e interpretado la carta de 1ra de Corintios 14:33-
35.

Una iglesia organizada


El estudio acerca del propósito del apóstol Pablo al
escribir la carta a los corintios, y el entender la soberanía de
otorgar los dones espirituales partiendo de la imparcialidad de
Dios, facilitará nuestra exégesis del capítulo catorce; ya que el
enfoque principal era el uso correcto de los dones espirituales
en la asamblea pública. Él estaba particularmente interesado en
los llamados dones carismáticos, de lenguas y de profecía, y su
uso.

Ya que presumo que el apóstol no se contradijo en las


afirmaciones hechas en los capítulos once al catorce, entonces
otro asunto debió ser el motivó para hacer sus declaraciones en
1ra de Corintios 14:33-35, que parece ser un mandamiento
absoluto. Sugiero que cuando estudiemos las cartas del apóstol,
lo mejor que podemos hacer es depender del contexto general
para hacer una interpretación más certera. También es
importante prestar especial atención al contexto inmediato de
sus argumentos, puesto que acostumbraba hacer profundas
declaraciones en las que el verbo principal podía estar al
principio, en medio o al final de sus manifestaciones. Por esto
es primordial que leamos sus epístolas teniendo en cuenta esta
apreciación para evitar confusiones innecesarias.

Considero que lo que estaba diciendo en esta carta, no


debe interpretarse en un vacío contextual haciendo caso omiso
de lo que había dicho sobre el ministerio y participación de la
mujer en la iglesia y los dones espirituales, presentados en los
capítulos siete, once y doce. Además, creo también que es un
error el pretender interpretar lo que se dice en primera de
Corintios catorce, excluyendo el tema principal; que es el de la
adecuada forma de proceder ordenadamente en el uso de los
dones espirituales. Puesto que ya se había pronunciado en el
tema en que la mujer participara plenamente orando y
profetizando en público (1ra de Corintios 11:5), y había hecho
un argumento en favor de que todos los miembros del Cuerpo
de Cristo hicieran parte fundamental en la edificación de la
iglesia (1ra de Corintios 12:1-12), por ello no es factible que en
el capítulo catorce se interprete como si la mujer estuviera
descalificada para expresar siquiera una inquietud o duda. Esto
habría sido una contradicción tan obvia que no parece probable,
y mucho menos que sea un principio teológico. Algo diferente
debe estar transmitiendo este pasaje bíblico.

La situación que lo llevo a esclarecer este asunto debió


ser contundente para los corintios, puesto que no necesitó hacer
comentarios adicionales, aunque para nuestra época quizás ha
traído confusiones en su interpretación por los hechos ocurridos
en ese momento histórico muy diferente a nuestra realidad
actual. Ahora bien, valoremos el pasaje bíblico a la luz de su
contexto para llegar a una conclusión más ecuánime.

Una observación superficial de 1ra de Corintios catorce,


indica que había un desorden en el uso de los dones espirituales
en la iglesia. El apóstol comenzó haciendo una diferencia entre
el hablaren lenguas y el uso del don profético (vers.1-5), e indicó
que el que profetiza es mayor que el que habla en lenguas por
tres razones primordiales.

En primer lugar, “el que habla en lenguas no habla a los


hombres, sino a Dios”. Las lenguas no hablan a los hombres
porque “nadie lo entiende, pero él habla misterios en el Espíritu”
(1ra de Corintios 14:2). En segundo lugar, “el que profetiza habla
a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (vers.
3). El que profetiza edifica a la iglesia porque habla en el
vernáculo de los congregados. En lo que se refiere a la iglesia,
el que profetiza tiene un impacto más grande porque su mensaje
construye. Este resultado es opuesto con respecto a los que
hablan en lenguas. La tercera razón es que “el que habla en
lenguas se edifica a sí mismo, pero el que profetiza edifica a la
iglesia” (vers. 4). Con base en el capítulo doce, los dones
espirituales son dados para la edificación de la iglesia, y no para
la edificación personal, especialmente cuando esos dones son
ejercidos en la iglesia. Por lo tanto, en el ministerio público
edifica más profetizar que hablar en lenguas.

Esta es la razón del por qué la profecía es preferente al


don de lenguas, puesto que el que habla lenguas se edifica a sí
mismo, “a menos que alguien interprete” (vers. 5), pero el que
profetiza edifica la iglesia. El apóstol agrego que el hablar en
lenguas sin interpretación era peor que el sonido de un
instrumento sin vida (vers. 6-11).

Además, parece ser que los corintios estaban ávidos de


que los demás feligreses notaran sus propios dones (vers. 12).
Así que, el apóstol Pablo les exhorto para que se esforzaran por
la edificación de la iglesia; entonces lo que discierno es que la
iglesia estaba usando los dones de manera egoísta y con un
énfasis desproporcionado en el uso del don de lenguas, quizás
para que los consideraran más espirituales.

Los corintios no deducían que el don de lenguas era una


señal para los incrédulos y por lo tanto tenía una aplicación
limitada en la iglesia. La observación del apóstol fue en el
sentido en que, si un incrédulo entraba a la iglesia, y alguien le
hablaba en su lengua nativa esto sería un testimonio poderoso
de que el Espíritu Santo estaba en medio de ellos. Pero la
profecía era una señal para los creyentes porque entendían la
palabra de Dios proclamadas en su idioma. Esto no quiere decir
que el don de lenguas deje de ser significativo en la adoración,
sino que los dones espirituales deben ser usados de acuerdo
con su finalidad principal, que es la edificación de la iglesia.

A menos que alguno tenga el don de interpretar lenguas,


no es posible entender el mensaje. El énfasis de la carta,
consistía en que el propósito de los dones espirituales era la
edificación de la Iglesia Cristiana. Por lo tanto, siendo las
mujeres parte del Cuerpo de Cristo, también edificaban porque
estaban ejerciendo estos dones libremente, y eran miembros
legítimos de la iglesia, ya que se refería al uso de las lenguas o
de la profecía. Durante el servicio de adoración se organizó
según instrucción del apóstol, en que únicamente dos o tres
personas eran las que deberían intervenir en la manifestación
del don de profecía y cada uno debía hablar uno a la vez y por
turno. Si alguien estaba hablando en lenguas, y no había uno
que lo interpretara, entonces, esa persona tenía que guardar
silencio y hablar para sí. Estas instrucciones fueron dadas para
evitar confusión y desorden.

La iglesia de Corinto estaba excediéndose en el uso de


este don, la gente hablaba al mismo tiempo y estaban creando
confusión. El apóstol mencionó que, si un incrédulo entraba a la
iglesia en el momento en que estaba dándose el servicio de
adoración, y veía el desorden pensaría que la iglesia estaba
“fuera de sí” (1ra de Corintios 14:23). Además, agregó diciendo
que tenía el don de hablar en lenguas, pero que, en la iglesia
prefería hablar de forma inteligible para ser comprendido y no
confundir a la congregación.

Luego afirmó; “cuando se reúnan, cada uno tiene un


salmo, tiene doctrina, una revelación, tiene lengua o
interpretación. Dejen que todo se haga para edificación” (vers.
26). La frase, “cada uno” es una referencia a toda la
congregación y está por demás decir que incluía a los hombres
y a las mujeres. Ahora bien, es muy dudoso que la frase “cada
uno”, aunque tiene una connotación masculina, estuviese
limitada a los hombres únicamente. La frase, indudablemente,
era una referencia a toda la iglesia.

Del mismo modo, también es significativo e importante


destacar esta afirmación “el espíritu del profeta está sujeto al
profeta” (vers. 32). Aquí se denotan dos interpretaciones
posibles; una apunta a que, quienes ejercían el don de profecía
debían tener autocontrol cuando estaban b a jo la in flu e n c ia d e l
E s p íritu . Es decir, cuando los profetas actúan fuera de control
crean confusión en el orden de la adoración y, en ocasiones,
también podía suceder que llevados por la “carne” e ignorando
lo delicado y peligroso que podía ser cuando por insensatez e
irresponsabilidad llegaban a usar s u s p ro fe c ía s para enseñar
doctrinas contrarias que podían ocasionar división, dejando de
lado al verdadero y único inspirador como lo es Dios.

Otra explicación posible es que cuando usó la frase “estar


sujeto al profeta”, con el artículo definido, esto es una referencia
a Jesús. Él es el Profeta. Por lo tanto, le estaba diciendo a los
profetas de Corinto que sus enseñanzas tenían que estar de
acuerdo con las enseñanzas de Jesús o “estar sujetas a l
P r o fe ta ”. Es la primera indicación de que los profetas de Corinto
estaban haciendo uso indebido de sus dones causando con ello
errores en la enseñanza que tenía que ver con el ministerio de
la mujer en la iglesia. Este pasaje bíblico deja entrever la
siguiente observación a que el apóstol se referiría. Por
consiguiente, el ímpetu del apóstol era decir que los profetas de
Corinto no estaban cumpliendo con las enseñanzas dadas en lo
concerniente a la participación de la mujer en el ministerio.

Retomando el texto en que ordena a la mujer a


permanecer en silencio en la iglesia, y de cómo esta instrucción
tiene relación con el uso ordenado en el ejercicio del don
profético, se hace necesario cuestionar lo siguiente; ¿Por qué el
apóstol Pablo involucró el tema del rol de la mujer en la iglesia
en este pasaje bíblico siendo su enfoque principal el indebido
uso del don profético?

Aparentemente, no hay una relación directa entre el tema


del capítulo y el tema del ministerio de la mujer en la iglesia.
Puesto que ya lo había aclarado, así que no había ninguna
razón para que lo hablara nuevamente, más aún si tenemos en
cuenta lo dicho por el apóstol en el capítulo doce. Este pasaje
parece estar totalmente fuera de contexto de la discusión acerca
de los dones espirituales y de las intenciones de la carta misma.

En la epístola a los corintios no se detecta una


convergencia en que el apóstol Pablo, se haya inquietado con
respecto a que la mujer ejerciera el ministerio en la iglesia.
Aparte de la cuestión del decoro mencionado en primera de
Corintios once, versículo cinco, no hay otras prohibiciones. Y
siendo así, entonces el apóstol no estaba restringiendo el
ministerio público a la mujer, por el contrario, lo estaba
promoviendo.

Incluso, si suponemos que 1ra de Corintios 14:33-35,


representa las palabras del apóstol, entonces sería extraño que
estuviera excluyendo la participación de la mujer en el ministerio
de la iglesia. De hecho, ya las mujeres estaban orando y
profetizando en la asamblea pública. Además, el apóstol había
animado a las solteras a que no se casaran para que tuvieran
más libertad en el ministerio. Es incomprensible, que quisiera
que las mujeres se quedaran solteras o las viudas no volvieran
a contraer nupcias; como era su condición, solo para
permanecer en silencio en la iglesia.
Definitivamente, la participación de la mujer en el servicio
de la iglesia no era lo que estaba tratando en sí. Supongo que
es más conveniente, en este contexto dilucir que el apóstol
estaba corrigiendo una enseñanza profética que ponía en tela
de juicio la participación de la mujer como miembro pleno del
Cuerpo de Cristo. Es posible que algunos hombres de Corinto
estaban oponiéndose a que la mujer hablara en la iglesia, y
utilizaron el don profético para confirmarlo. El teólogo y escritor
Anthony Thieselton, dijo que los versículos treinta y cuatro;
treinta y cinco, no eran paulinos, si no que representaban un
“eslogan” corintio con el que el apóstol Pablo estaba en
desacuerdo, así:

“Muchos han argumentado que los vv. 34-35 representan


un eslogan o una pieza de teología corintia que Pablo
está citando, solamente para rechazarla. Este punto de
vista no es tan inverosímil, porque Pablo había hecho
precisamente eso mismo en v. 6:12, 7:1; 10:23; y
posiblemente en otros lugares, véase 8:1-6.”14

El apóstol vio las acciones de estos profetas como una


afrenta a sus instrucciones y decidió corregir directamente estas
falsas enseñanzas sobre el tema. También creía que los
profetas de Corinto estaban promoviendo un mensaje opuesto
a las enseñanzas de Jesús, que era “el profeta”, al cual el
apóstol se estaba refiriendo. El lector debe entender que, si el
texto estaba ordenando silencio total a la mujer casada en el
servicio de la congregación junto con los hombres; entonces, la
única conclusión lógica era que él, en efecto, estaba excluyendo
la participación de la mujer como miembro del Cuerpo de Cristo.
Este es un escenario poco probable.

Algunos han explicado que este pasaje se refiere a


posibles interrupciones cuando las mujeres casadas les hacían
preguntas a sus esposos durante el servicio de adoración. Esta
interpretación presupone por lo menos dos conceptos erróneos;
como lo es el de que aceptemos que los hombres y las mujeres
estaban sentados en lados separados de la congregación,

14 Thiselton, p. 1150
presuponiendo que las iglesias del primer siglo fueron
construidas de manera similar a las actuales, es decir para
colocar diez filas de bancos a cada lado. Sabemos que este no
era el tipo de diseño que se usaba en aquel tiempo.

La mayoría de las iglesias en el siglo primero se reunían


en las casas de los líderes, cuyos salones de reunión eran muy
pequeños y el máximo número de congregantes podría llegar a
ser de veinte o treinta. Esta limitación de espacio hacía poco
factible que tuvieran bancas para las mujeres y para los
hombres en diferentes lados del salón, así que todos los
presentes estaban sentados, o de pie, en un círculo para alabar
y escuchar la enseñanza apostólica.

Otro concepto errado, es que la iglesia de Corinto no era


una congregación judía y la norma judaizante consistía en que
únicamente los hombres recibían instrucción en el Torá (la Ley),
ya que a la mujer judía no se le permitía estudiarlo. Así que
quizás tendrían muchas inquietudes y las casadas les
preguntaran a sus esposos, pero si vemos el contexto, también
sería poco probable porque los corintios eran paganos (1ra de
Corintios 12:2), y siendo ellos recién convertidos, entonces,
también ignoraban la ley tanto como las mujeres.

Posiblemente el problema en Corinto era que algunos


profetas rechazaron las enseñanzas del apóstol, acerca del
ministerio público de la mujer en la iglesia, y les exigieron
silencio absoluto. Estos profetas estaban estableciendo sus
propias reglas omitiendo las instrucciones recibidas de Pablo.
Tenga en cuenta que esta carta estaba dedicada a responder
preguntas y a corregir las dificultades propias en la
congregación la cual estaba dividida por su inmadurez. Miremos
el pasaje bíblico, y luego presentaré mis argumentos con base
en los versículos treinta y seis; treinta y siete.

“Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como


en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres
callen en las congregaciones; porque no les es permitido
hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo
dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus
maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la
congregación (1ra de Corintios 14:33-35).”

Hago esta reflexión en el contenido general pues me


parece que la práctica profética tradicional, podría haber
incurrido en error dando un mandado espiritual para conseguir
un objetivo legalista. Esto me recuerda cuando en diversas
ocasiones susodichos “profetas” en la iglesia donde me
congregaba desde mi niñez, daban mensajes afirmando que
eran de parte de Dios, los cuales demandaban piedad y vida
santa para luego arremeter contra las mujeres por usar
pantalón, joyas, maquillaje, y una cantidad de reglas legalistas.
Este pasaje bíblico, que no parece estar relacionado con el resto
del capítulo tiene la misma sensación para mí. Creo que el
apóstol Pablo estaba diciendo básicamente; basta de
despropósitos, quería corregir la confusión sobre el uso del don
profético y le estaba indicando a la iglesia que estaban usando
el don de la profecía como un pretexto para impedir que las
mujeres casadas participaran en la iglesia.

Ahora bien, si la carta prohibía el ministerio de las


mujeres casadas, entonces el apóstol se había apartado del
propósito primordial del capítulo. Este consistía en hacer una
corrección sobre el uso ordenado de los dones espirituales,
especialmente, el de la profecía. También podría ser que
hablaba de una prohibición diferente con relación de la
participación de la mujer en la adoración pública. La posibilidad
de que se estaba contradiciendo da lugar a examinar la forma
de cómo lo podemos interpretamos.

Aunque está de más decirlo, me parece inconveniente


que el apóstol Pablo hubiera tenido este enfoque inadvertido
sobre el tema. ¿Qué pudo haberlo motivado para que
direccionara esta instrucción de esa manera? ¿Qué había
cambiado entre el capítulo once y el versículo cinco, y 1ra de
Corintiosl4:33-35? ¿Por qué hizo un cambio tan radical con
respecto a la participación de la mujer en el servicio público de
adoración? Quizás había un posible problema debido al mal uso
de la práctica de los dones espirituales, pero dudo muy
seriamente que se haya encauzado de esa forma para resolver
un malentendido interno de la iglesia. Además, su carácter y
templanza hacían de un hombre que los inconvenientes los
enfrentaba con sensatez.

Estaba interesado por la pregunta que el apóstol Pablo


hizo la cual me mostro otro indicio de lo que podía estar
sucediendo en Corinto, así; “¿Acaso ha salido de vosotros la
palabra de Dios, o sólo a vosotros ha llegado?” (vers. 36). Esta
pregunta parece estar relacionada con la declaración que hizo
en el versículo treinta y dos. Lo que vislumbré en los versículos
treinta y tres; y treinta y cinco, cuando expresa que el espíritu
del profeta debe ser sometido a la autoridad de Cristo (“el
Profeta”). Básicamente, estaba inculpando a los profetas de
Corinto de sobrepasar sus límites al reclamar una autoridad que
no tenían; esto haciendo una comparación con los versículos
treinta y dos; y treinta y seis, respectivamente.

Menciono tres razones por las que considero que el


apóstol Pablo, estaba desaprobando una falsa enseñanza de los
profetas en Corinto, y por consiguiente no estaba dando una
nueva instrucción.

"Es vergonzoso que la mujer hable"


La primera razón, y más nociva declaración que los
profetas de Corinto habían hecho, y que indicaba que no era un
mandato paulino, fue su afirmación de que era “una vergüenza
que una mujer hablara en la iglesia”. Así que el apóstol Pablo,
se desconcertó ante tal aseveración hecha por parte de los
profetas que estaban tratando de prevenir la participación de la
mujer en la adoración.

Si tomamos textualmente las afirmaciones de los profetas


de Corinto, concluimos que la mujer no podía hablar en la
congregación. Sin embargo, desde el siglo primero en la iglesia
se reunían tanto hombres como mujeres, como lo hacemos hoy
en día, por lo tanto, este mandato ordenaba que la mitad de los
que conformaban el Cuerpo de Cristo quedarían totalmente
apartados de participar en la adoración.

La palabra griega que se utiliza en este contexto es


Ao Aeu ) (laleo).15 Cuando la palabra la le o está conectada a una
prohibición, como lo es en este texto, tiene la connotación de
que la mujer no solo no podía pronunciar una palabra, sino que
ni siquiera podían emitir ni un sonido.16 Por lo tanto, los profetas
no sólo estaban dictaminando que la mujer aprendiera en
silencio, como algunos han sugerido. Ellos fueron más allá y le
estaban prohibiendo que ni siquiera emitiera ninguna clase de
sonido en la iglesia.

Es indudable que este mandato es desmedido porque no


permite excepciones, el pasaje bíblico parece indicar que las
mujeres no podían expresarse. Adicionalmente, es excesivo
porque excluye la participación de la mujer en el Cuerpo de
Cristo. Pero si tomamos en cuenta lo que señala el capítulo
once, vemos que hay una discordancia con base a lo que el
apóstol ya había establecido anteriormente. Finalmente, las
preguntas citadas en el versículo treinta y seis implican que esta
enseñanza no pudo haber venido de Dios, ya que Pablo
cuestiona la autenticidad de los profetas de Corinto.

El apóstol Pablo, claramente, dijo que los profetas de


Corinto no eran los únicos que habían recibido revelación
profética. Así que sus preguntas no tendrían sentido si estaba
de acuerdo con la premisa de que la mujer tenía que estar en
silencio en la iglesia. Entonces si tomamos el texto literalmente
se deduce que se estaba impidiendo que la mujer predicara y
enseñara, puesto que dice que era “una vergüenza que una
mujer hablara en la iglesia”.

15 Joshua Dickey. The Complete koiné-Inglés Biblia de Referencia: Nuevo


Testamento, Setenta y concordancia de Strong(Kindle Localización 435.687).
Versión Kindle.
16 Dickey, (Kindle Localización 435.687).
En el griego, la palabra vergüenza (aioxpoq)17 significa
algo “sucio, bajo, o deshonroso.”18 Es muy difícil darle un
significado benigno a esta palabra. Si el apóstol estaba diciendo
que la predicación de la mujer en la iglesia era algo sucio o
vergonzoso, entonces, podemos hacer la siguiente pregunta:
¿Qué es lo que hace sucio el que la mujer hable en la iglesia?

Analice la pregunta y reflexione sobre los siguientes


pasajes bíblicos que dicen; es vergonzoso la prostituta que da a
luz a un hijo (Oseas 2:4-5); el uso de la violencia en contra de
alguien hasta el punto de quitarle la vida es un acto vergonzoso
(Mateo 22:6); el hablar en la iglesia de la depravación de los
pecadores es una vergüenza (Efesios 5:12); los que odian a
Dios serán “vestidos de vergüenza” (Job 8:22); Salomón afirmó
que “el justo aborrece la falsedad, pero los malvados traen
vergüenza y desgracia” (Proverbios 13: 5); el “cometer hechos
vergonzosos hombres con hombres” (Romanos 1:27).

Las referencias bíblicas a los temas de la vergüenza,


actos vergonzosos, y el no tener vergüenza, son numerosos por
consiguiente he mencionado solo algunos, por lo tanto, se
pueden corroborar haciendo un rápido estudio de los mismos.
Así como la Biblia declara qué son los actos vergonzosos, por lo
cual es obvio que no es lo mismo a que la Palabra compare el
adulterio, la prostitución y los actos homosexuales, con la
libertad de expresión en la mujer.

Por supuesto que, si el apóstol creía que la libertad de las


mujeres de ejercer sus dones era comparable a actos sexuales
ilegítimos, estamos frente a un problema mayor que una simple
prohibición a que la mujer instruya al varón. Puesto que no es
posible que desestimara de tal manera este ministerio; una vez
que las había mandado como misioneras, reconociendo a otras
como ministros, y de haber aceptado a una de ellas como
apóstol, lo cual tratare más adelante.

17 Dickey, (Kindle Localización 423.739).


18 Ibid, (Kindle Localización 423.741).
El asunto no es que me desagrade lo que está escrito en
la carta. Para mí, la cuestión es que la naturaleza imparcial de
Dios no permite este tipo de lenguaje en referencia a personas
que han sido redimidas por la sangre de Cristo. Además, sería
un exabrupto tal declaración a la luz de las enseñanzas del
apóstol Pablo, a sabiendas que instruye sobre el rol que los
dones espirituales tienen en la edificación de la iglesia,
conjuntamente al hombre como a la mujer. Posiblemente pueda
haber diversidad de interpretaciones de este pasaje bíblico, pero
es obvio que las mujeres de Corinto estaban siendo instruidas
para edificar en el ministerio, más no diciéndoles que el uso de
la palabra para ellas era algo sucio o vergonzoso.

Seguramente, habrá quien valide esta idea sin tener en


cuenta que el Creador es imparcial y no compara los actos
lascivos con la libre expresión en la mujer. Creo que será difícil
persuadir a alguien con el argumento de que la conversación de
la mujer en la iglesia es similar a los actos sexuales inmorales.

El significado de "ay" ("n")


La segunda razón que el apóstol Pablo estaba
corrigiendo las falsas enseñanzas de los profetas de Corinto y
no prohibiendo el ministerio de la mujer fue el uso de la letra
griega “ay” (“q”). Necesito hacer una aclaración técnica aquí con
respecto a este símbolo; la letra griega “q” (pronunciado “ay”) en
el versículo treinta y seis, tiene una connotación de contraste
negativo.19. Esto implica que estaba negando lo que acababa de
decir. En otras palabras, la palabra “ay” estaba expresando
incredulidad a las declaraciones de los versículos previos.

La English Standard Versión (ESV16a) traduce este


símbolo como la letra “o”, como si estuviera dando una opción
(“esto o aquello”). El uso de la letra “o” no da una connotación
adecuada del contraste negativo que el apóstol estaba tratando

19 Dickey, (Ubicado en Kindle 402296-402297). 19a La English Standard Versión


(ESV). La versión estándar en inglés, es una traducción al inglés de la Biblia
publicada en 2001 por Crossway.
de transmitir. Es decir, el utilizar la letra “o” da un significado
mucho más suave a las palabras de lo que el contexto requiere.
Por otro lado, la versión King James (Reina Valera Antigua),
tiene una traducción más precisa porque utiliza el interrogante
“¿qué?” para iniciar el versículo treinta y seis. La traducción más
fidedigna debería de ser así: “es vergonzoso que las mujeres
hablen en la iglesia ... “¿qué?" Así que, el apóstol Pablo,
continúo diciendo; “acaso la profecía solo vino a ustedes?”

Una expresión más acorde a nuestro entender seria:


“¿Han perdido la perspectiva? ¿Cómo pueden decir que las
mujeres no deben enseñar en la iglesia siendo que yo lo instituí?
¿Acaso la palabra profética ha llegado únicamente a ustedes?”
Con el símbolo griego “q” (ay), el apóstol estaba rechazando lo
que decían los profetas y por lo tanto, estaba reafirmando que
las mujeres podían tener participación en la adoración colectiva
del Cuerpo de Cristo.

Continuó en el versículo treinta y siete diciendo que “Si


alguno piensa que es profeta, o espiritual, reconozca que lo que
os escribo es mandamiento del Señor”. Esta palabra es un
desafío a los profetas, y va al meollo del asunto que está
relacionado con el inadecuado uso del don profético en Corinto.
El mensaje del apóstol era que, si ellos eran espirituales o
legítimos profetas, tenían que aceptar la autoridad y las
enseñanzas impartidas por él.

En este contexto, había dos asuntos que se estaban


examinado: En primer lugar, el tema de la enseñanza con
relación al ministerio público de la mujer. El apóstol Pablo sugirió
que las mujeres usaran su cabello como un velo al orar y al
profetizar en público como señal de autoridad y por causa de los
ángeles; estos temas fueron ya hablados anteriormente. En
segundo lugar, Pablo estaba corrigiendo el uso de los dones
espirituales, especialmente los dones de lenguas y profecía. En
los versículos treinta y tres; y treinta y cinco, estos temas fueron
distorsionados debido a la arrogancia de los profetas de Corinto.
Finalmente, en el versículo treinta y ocho, vemos; “si
alguno no reconoce esto, él no es reconocido”. Si seguimos la
lógica del apóstol, esta última amonestación sólo puede
significar que, si los profetas de Corinto no reconocían las
enseñanzas de que las mujeres podían orar y profetizar con una
señal de autoridad sobre sus cabezas, entonces, ellos (los
profetas de Corinto) no serían reconocidos como profetas.
Cualquier otra interpretación nos llevaría a la conclusión de que
el apóstol Pablo estaba presentando una discordancia la cual
sería perjudicial e impediría una interpretación apropiada del
texto.

Apelación a la Ley
La tercera razón que creo que el apóstol Pablo estaba
haciendo una corrección y no dando una instrucción nueva;
tiene que ver con la apelación que los profetas hicieron a la Ley.
Me parece improcedente que los profetas recurrieran a la ley
para exigir que la mujer mantuviera silencio en la iglesia.
Sabemos, que luego de su conversión a la fe cristiana, el apóstol
objetaba la Ley, así que lo más preocupante de esta apelación,
es que no tiene un sustento de base puesto que no se evidencia
que, en el Antiguo Testamento, o en los evangelios, se ordene
a la mujer a estar en obediencia a al hombre, o también a que
permanezcan en silencio en su presencia. Quien desconoce la
Ley y su interpretación puede cometer errores en sus
pretensiones, como les ocurrió a los profetas que invocaron un
mandato inexistente para apoyar su argumento.

Siendo el apóstol Pablo de Tarso, un fariseo educado a


los pies del rabino Gamaliel, quien fue un reconocido doctor de
la ley y prominente miembro del Sanedrín; es dudoso que
hubiera citado un mandato que no registra el Antiguo
Testamento, para establecerlo como doctrina en los Evangelios.
Así que, como era un erudito de la ley es evidente que no
hubiera cometido un error de esas proporciones. Además, Pablo
se apoyó en el Antiguo Testamento en numerosas ocasiones,
pero siempre usaba paralelismos existentes que se aplicaban a
la iglesia. La única explicación plausible a este error, es que los
profetas de Corinto desconocían el contexto de lo que la Ley
decía al respecto. El apóstol detecto esta malinterpretación y
pronunció enfáticamente rechazar a esta divergencia y falencia
interpretativa por parte de los profetas.

La inadecuada apelación a la Ley es una fehaciente


prueba de equivocación a aquellos que estaban recurriendo a
los preceptos del Antiguo Testamente. También indica que
hicieron este requerimiento porque sabían que los congregantes
eran ignorantes de la ley. Consideraron que si su retórica
alcanzaba el nivel espiritual podían imponer su voluntad en la
iglesia y rechazar las enseñanzas dadas en la carta. Este fue un
intento fallido el cual el apóstol de inmediato lo señaló e hizo las
correcciones apropiadas, y censuró la enseñanza de que la
mujer tenía que mantenerse en silencio, poniendo en tela de
juicio la autoridad profética de esta falsa enseñanza en Corinto.

Ahora bien ¿Cómo sabemos que el apóstol Pablo estaba


examinando la sensatez de los profetas? Recordemos que el
símbolo “q” (ay) representaba una negación de lo dicho en el
contexto inmediato. Pero cuando el apóstol preguntó que, si a
sólo ellos había venido la palabra de Dios, o si ellos eran los
únicos que habían recibido el mensaje profético; con esto les
estaba indicando que no estaba de acuerdo con las profecías
que restringían el ministerio de la mujer en la iglesia. Éstas
preguntas eran un desafío directo a las afirmaciones
pretenciosas de los profetas.

Las restricciones que los profetas querían implantar,


además de que la mujer debería permanecer en silencio en la
iglesia, era que impondrían también que su libre expresión fuera
visto como algo sucio o impuro. Esto sería una afrenta a las
instrucciones del apóstol Pablo, asimismo a las enseñanzas de
Cristo, y una indebida interpretación al carácter imparcial de
Dios.

La idea de que la mujer no pueda tener participación


integral en la vida de la iglesia es un agravio, a sabiendas que
desde sus comienzos había estado involucrada en el ministerio.
Además, ellas eran parte del Cuerpo de Cristo, por lo tanto, no
es posible que al mismo tiempo se les estuviera prohibiendo la
intervención en la vida pública de la iglesia.

Hago una reflexión al respecto con base en la


participación de la mujer en la vida pública de hoy en día;
Cuando una mujer habla en la radio y los hombres cristianos la
escuchan, tendríamos que concluir que su mensaje es de tacto
vergonzoso. Después de todo, si fuera así entonces todas las
conversaciones de las mujeres enfocadas a lo espiritual, frente
a los hombres serían ilegitimas. Si los hombres las escuchan
hablar, aunque sea por la radio estarían recibiendo instrucción
de una mujer. La lógica en una aseveración como esta, es risible
y no merece una consideración seria. Es más, ni siquiera los
más dogmáticos en esta área se atreven a hacer semejante
afirmación.

Si no es apropiado que las mujeres hablen frente a los


hombres durante el servicio de adoración, entonces, la cuestión
no es esta, ya que las mujeres conversan con los hombres en
otros contextos. El asunto debe ser que aparentemente hay algo
en la mujer que contamina al evangelio, por el hecho de ser
mujer su voz se torna en algo deshonroso. Si hay algún
proponente que lo sugiera debe de explicar qué es lo que hace
que el conversar de la mujer le traiga deshonra a la iglesia. El
argumento fuera de todo contexto seria que es un mandamiento
de Dios, bien sabemos de su imparcialidad y que es Él quien
concede los dones para la edificación de la iglesia.

Algunos profetas en Corinto estaban enseñando esta


doctrina falsa en un intento de prohibir la participación de las
mujeres casadas en la adoración pública, pero el apóstol Pablo
los amonestó a tiempo. Y como resultado de que se habían
sobrepasado a su autoridad, el apóstol cuestionó sus
intenciones. Pienso que cualquier otra interpretación de este
pasaje tendría consecuencias contraproducentes para el
ministerio de la mujer y para la unidad en el cuerpo de Cristo.
Es muy difícil defender la posición de que todos los
cristianos (hombres y mujeres) representan a un cuerpo
unificado por medio del Espíritu de Dios, y al mismo tiempo
predicar que la mitad de la iglesia deshonra y ensucia la
congregación cuando las mujeres hablan. Estas palabras son
duras, pero es muy difícil interpretar el mensaje original de otra
manera, y aún lo es más cuando en el pasaje bíblico de primera
de Corintios 14:33-35, se habla de edificar a toda la
congregación, siendo que las mujeres han sido excluidas.

¿Se puede suponer que el apóstol dijo que la mujer en la


iglesia cuando hablaba, llegaba a ser algo sucio o vergonzoso?
¿Una vez que había reconocido en el capítulo once el ministerio
profético de ellas? ¿Cómo pudo haber delegado a algunas
mujeres como ministros de la palabra (d iá c o n o s ) a predicar a
otras iglesias, si consideraba que el mensaje profético de la
mujer era deshonroso? Finalmente, ¿Cómo pudo identificar a
una mujer llamada Junia como un apóstol prominente, y
compañeros de prisiones, junto con Andrónico, si creía que el
ministerio de ella era algo vergonzoso? (Romanos 16:7) No hay
manera que el apóstol hubiera hecho tal cosa. La cuestión en
primera de Corintios 14:33-35, estaba relacionada con el orden
profético y la legitimidad de los profetas de Corinto, y no tenía
nada que ver con el ministerio de las mujeres casadas.

La idea que las mujeres tenían que ir a la iglesia y


permanecer en silencio total, luego de que el apóstol Pablo ya
había declarado que ellas estaban orando y profetizando en el
ámbito público; es realmente absurda. Si mi interpretación es
correcta, y yo creo que lo es, entonces, la mayoría de los líderes
cristianos a través de los siglos han interpretado este pasaje, de
forma contraria a lo que el apóstol estaba enseñando. Parece
que el error que estaba corrigiendo en los profetas de Corinto ha
llegado a ser el dogma oficial de la iglesia a través de la historia.
En otras palabras, la iglesia tomó el error de Corinto y lo convirtió
en la ortodoxia de la iglesia en lo relacionado al ministerio de la
mujer. Esto significa que se ha tomado la carta del apóstol donde
se evidencia la defensa del ministerio público de la mujer y se
cambió a una prohibición de tal ministerio.
Ni el contexto general del mensaje, ni lo dicho en el
capítulo catorce, apoyan la doctrina de que el apóstol Pablo
estaba prohibiendo que la mujer tuviera un ministerio público en
la iglesia.
Capítulo 3

PRIMERA DE TIMOTEO

Primera de Timoteo 2:11-14


Cronológicamente, la primera carta a Timoteo fue una de
las últimas cartas que el apóstol Pablo escribió. La carta a los
Corintios fue una de las primeras, escritas alrededor del año 53
d.C., y la carta a los Romanos fue escrita alrededor del año 57
d.C. Cuando Pablo le escribió a Timoteo, su eclesiología ya
había estado plenamente establecida por años, y tenía que
haber sido bien reconocida por sus seguidores. Por lo tanto,
cualquiera que hayan sido las intenciones de esta carta, no
estaba contradiciendo las prácticas que ya había enseñado
durante décadas. Tengamos esto en cuenta al considerar el
contexto más amplio del ministerio del apóstol al estudiar este
pasaje.

“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque


no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el

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hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado
primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que
la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión11(1ra
de Timoteo 2:11-14).

Este pasaje bíblico, parece ser más complejo que el


pasaje de 1ra de Corintios 14:33-35. Hay dos causas principales
que pueden generar confusión en cuanto al propósito de este
mensaje.

En primer lugar, el apóstol Pablo recurre al orden de la


creación para apoyar el principio de que la mujer tenía que
aprender en silencio y en sujeción. Esto es, si lo interpretamos
sin considerar las practicas eclesiológicas, lo cual implicaría que
la mujer debe tener un rol subserviente a los hombres. Es natural
que esta frase pueda crear confusión, especialmente, cuando
consideramos que ya el apóstol había determinado que la mujer
debía estar en sujeción al marido y no a los demás hombres
(Efesios 5:21). Igualmente, que el esposo, debe estar sujeto a
su esposa. Es importante anotar que cuando hay un dilema es
necesario comparar el escrito con otras citas bíblicas que
puedan ayudar a su interpretación. Lo más sensato es hacer el
análisis a la luz del contexto más amplio de los escritos del
apóstol.

En segundo lugar, recurre al argumento de que la mujer


fue engañada por la serpiente. En este caso señala que este
hecho es una razón para que la mujer no ejerza autoridad en el
hombre. Tomemos un vistazo al contexto más amplio.

La diaconisa Febe
Cuando tomamos el pasaje literalmente, y separado de
otras enseñanzas del apóstol Pablo, su exégesis tiene una
confusión similar a la de primera de Corintios catorce. Me
explico, la instrucción que Pablo le da a Timoteo no se puede
interpretar independiente de las prácticas eclesiásticas del
apóstol. Por ejemplo, no tiene sentido que enviara a la diaconisa
Febe a predicar y a enseñar a la iglesia de Céncrea (uno de los

aterial protegido
Además, ellas eran parte del Cuerpo de Cristo, por lo tanto, no
es posible que al mismo tiempo se les estuviera prohibiendo la
intervención en la vida pública de la iglesia.

Hago una reflexión al respecto con base en la


participación de la mujer en la vida pública de hoy en día;
Cuando una mujer habla en la radio y los hombres cristianos la
escuchan, tendríamos que concluir que su mensaje es de tacto
vergonzoso. Después de todo, si fuera así entonces todas las
conversaciones de las mujeres enfocadas a lo espiritual, frente
a los hombres serían ilegitimas. Si los hombres las escuchan
hablar, aunque sea por la radio estarían recibiendo instrucción
de una mujer. La lógica en una aseveración como esta, es risible
y no merece una consideración seria. Es más, ni siquiera los
más dogmáticos en esta área se atreven a hacer semejante
afirmación.

Si no es apropiado que las mujeres hablen frente a los


hombres durante el servicio de adoración, entonces, la cuestión
no es esta, ya que las mujeres conversan con los hombres en
otros contextos. El asunto debe ser que aparentemente hay algo
en la mujer que contamina al evangelio, por el hecho de ser
mujer su voz se torna en algo deshonroso. Si hay algún
proponente que lo sugiera debe de explicar qué es lo que hace
que el conversar de la mujer le traiga deshonra a la iglesia. El
argumento fuera de todo contexto seria que es un mandamiento
de Dios, bien sabemos de su imparcialidad y que es Él quien
concede los dones para la edificación de la iglesia.

Algunos profetas en Corinto estaban enseñando esta


doctrina falsa en un intento de prohibir la participación de las
mujeres casadas en la adoración pública, pero el apóstol Pablo
los amonestó a tiempo. Y como resultado de que se habían
sobrepasado a su autoridad, el apóstol cuestionó sus
intenciones. Pienso que cualquier otra interpretación de este
pasaje tendría consecuencias contraproducentes para el
ministerio de la mujer y para la unidad en el cuerpo de Cristo.
Es muy difícil defender la posición de que todos los
cristianos (hombres y mujeres) representan a un cuerpo
unificado por medio del Espíritu de Dios, y al mismo tiempo
predicar que la mitad de la iglesia deshonra y ensucia la
congregación cuando las mujeres hablan. Estas palabras son
duras, pero es muy difícil interpretar el mensaje original de otra
manera, y aún lo es más cuando en el pasaje bíblico de primera
de Corintios 14:33-35, se habla de edificar a toda la
congregación, siendo que las mujeres han sido excluidas.

¿Se puede suponer que el apóstol dijo que la mujer en la


iglesia cuando hablaba, llegaba a ser algo sucio o vergonzoso?
¿Una vez que había reconocido en el capítulo once el ministerio
profético de ellas? ¿Cómo pudo haber delegado a algunas
mujeres como ministros de la palabra (d iá c o n o s ) a predicar a
otras iglesias, si consideraba que el mensaje profético de la
mujer era deshonroso? Finalmente, ¿Cómo pudo identificar a
una mujer llamada Junia como un apóstol prominente, y
compañeros de prisiones, junto con Andrónico, si creía que el
ministerio de ella era algo vergonzoso? (Romanos 16:7) No hay
manera que el apóstol hubiera hecho tal cosa. La cuestión en
primera de Corintios 14:33-35, estaba relacionada con el orden
profético y la legitimidad de los profetas de Corinto, y no tenía
nada que ver con el ministerio de las mujeres casadas.

La idea que las mujeres tenían que ir a la iglesia y


permanecer en silencio total, luego de que el apóstol Pablo ya
había declarado que ellas estaban orando y profetizando en el
ámbito público; es realmente absurda. Si mi interpretación es
correcta, y yo creo que lo es, entonces, la mayoría de los líderes
cristianos a través de los siglos han interpretado este pasaje, de
forma contraria a lo que el apóstol estaba enseñando. Parece
que el error que estaba corrigiendo en los profetas de Corinto ha
llegado a ser el dogma oficial de la iglesia a través de la historia.
En otras palabras, la iglesia tomó el error de Corinto y lo convirtió
en la ortodoxia de la iglesia en lo relacionado al ministerio de la
mujer. Esto significa que se ha tomado la carta del apóstol donde
se evidencia la defensa del ministerio público de la mujer y se
cambió a una prohibición de tal ministerio.
Ni el contexto general del mensaje, ni lo dicho en el
capítulo catorce, apoyan la doctrina de que el apóstol Pablo
estaba prohibiendo que la mujer tuviera un ministerio público en
la iglesia.
Capítulo 3

PRIMERA DE TIMOTEO

Primera de Timoteo 2:11-14


Cronológicamente, la primera carta a Timoteo fue una de
las últimas cartas que el apóstol Pablo escribió. La carta a los
Corintios fue una de las primeras, escritas alrededor del año 53
d.C., y la carta a los Romanos fue escrita alrededor del año 57
d.C. Cuando Pablo le escribió a Timoteo, su eclesiología ya
había estado plenamente establecida por años, y tenía que
haber sido bien reconocida por sus seguidores. Por lo tanto,
cualquiera que hayan sido las intenciones de esta carta, no
estaba contradiciendo las prácticas que ya había enseñado
durante décadas. Tengamos esto en cuenta al considerar el
contexto más amplio del ministerio del apóstol al estudiar este
pasaje.

“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque


no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el
hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado
primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que
la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión11(1ra
de Timoteo 2:11-14).

Este pasaje bíblico, parece ser más complejo que el


pasaje de 1ra de Corintios 14:33-35. Hay dos causas principales
que pueden generar confusión en cuanto al propósito de este
mensaje.

En primer lugar, el apóstol Pablo recurre al orden de la


creación para apoyar el principio de que la mujer tenía que
aprender en silencio y en sujeción. Esto es, si lo interpretamos
sin considerar las practicas eclesiológicas, lo cual implicaría que
la mujer debe tener un rol subserviente a los hombres. Es natural
que esta frase pueda crear confusión, especialmente, cuando
consideramos que ya el apóstol había determinado que la mujer
debía estar en sujeción al marido y no a los demás hombres
(Efesios 5:21). Igualmente, que el esposo, debe estar sujeto a
su esposa. Es importante anotar que cuando hay un dilema es
necesario comparar el escrito con otras citas bíblicas que
puedan ayudar a su interpretación. Lo más sensato es hacer el
análisis a la luz del contexto más amplio de los escritos del
apóstol.

En segundo lugar, recurre al argumento de que la mujer


fue engañada por la serpiente. En este caso señala que este
hecho es una razón para que la mujer no ejerza autoridad en el
hombre. Tomemos un vistazo al contexto más amplio.

La diaconisa Febe
Cuando tomamos el pasaje literalmente, y separado de
otras enseñanzas del apóstol Pablo, su exégesis tiene una
confusión similar a la de primera de Corintios catorce. Me
explico, la instrucción que Pablo le da a Timoteo no se puede
interpretar independiente de las prácticas eclesiásticas del
apóstol. Por ejemplo, no tiene sentido que enviara a la diaconisa
Febe a predicar y a enseñar a la iglesia de Céncrea (uno de los
dos puertos antiguos de la ciudad de Corinto, en Grecia) y que al
mismo tiempo prohibiera que la mujer hablara en la iglesia.
Recuerden que Cencrea era un puerto de Corinto, la misma Corinto
donde encontramos la controversia anterior. Esta es la
recomendación que Pablo le hizo a Febe:

“Os recomiendo a nuestra hermana Febe, la cual es diaconisa


de la iglesia de Cencrea. Que la recibáis en el Señor de una
manera digna de los santos, y que la ayudéis en todo lo que
necesite de vosotros, porque ella ha ayudado a muchos, y aun
a mí mismo” (Romanos 16:1-2).

El apóstol Pablo corroboró que Febe era una diaconisa (διακονον)


y era como una patrona (προστάτις)20. La English Estandar Version
(ESV) traduce la palabra diácono como sirviente, pero esa no era la
definición más correcta, o más común, para el uso de esta palabra.
De acuerdo con Dickey, “la palabra diácono (διακονος) tenia el
significado principalmente de un maestro y pastor cristiano”21. La
ESV, probablemente, tradujo la palabra diácono como servidor para
proteger la opinión de que la mujer no puede ejercer roles pastorales.
Sin lugar a duda, el apóstol había enviado a Febe a darle un mensaje
a Cencrea, por lo tanto, sería ilógico que Pablo creyera que el
mensaje de las mujeres en la iglesia era deshonroso mientras que al
mismo tiempo las mandaba a predicar.

La segunda palabra que Pablo utilizó para identificar a Febe fue la


palabra patrón (προστάτις). La Biblia Reina Valera traduce la palabra
“patrón” designando a Febe que había “ayudado a muchos”, y aún al
mismo apóstol (Romanos 16:2). Ahora bien, si tomamos lo dicho por
el sacerdote y teólogo anglicano evangélico australiano Kevin Giles,
así:

_________________________
20
Dickey, Lugar Kindle 399281)
21
Ibid, (Lugar Kindle 399281)
“La palabra patrón significa literalmente “uno que está parado
delante”. Giles escribió: El significado de este término ha sido
muy debatido. Ya sea en su forma masculina o femenina
siempre significa literalmente ‘uno que está delante’. Este
significado nunca se pierde, aunque se pueda traducir como
líder, presidente, protector o patrón... Su forma verbal es
proistanai (cf. Tesalonicenses 5:12; 1ra Timoteo 5:17.), Este es
un término que se utiliza de líderes masculinos de la iglesia en
otros lugares en el Nuevo Testamento” (traducido del inglés).22

Aquí podemos ver el inconveniente de inmediato, si el apóstol


reconoció a Febe como una pastora cristiana, como una maestra y
como una líder que está de pie en frente de una congregación,
entonces, no es congruente que ordenara que la mujer no podía
enseñar en la iglesia. No sólo la envió como una pastor-maestro a la
iglesia en Cencrea, sino que también encomendó a que la iglesia le
diera todos los beneficios y atenciones de “los santos”. Esta frase sólo
puede significar que la iglesia debía recibirla como una miembro del
clero. De lo contrario las instrucciones específicas no hubieran tenido
ningún sentido, especialmente de la manera cómo la describe.
Al igual que en el pasaje de los Corintios, considero que el apóstol
Pablo estaba tratando un inconveniente el cual afectaba a la iglesia
de Éfeso y necesitaba instruir a Timoteo. De lo contrario tendríamos
que concluir que dicha enseñanza era incompatible con su decisión
de mandar a Febe a predicar a Cencrea. Aunque no sabemos cuál
era el asunto específico que ocurría; además hay varios letrados que
tienen una diversidad de opiniones, sin embargo, estamos de
acuerdo que el apóstol había encargado a algunas mujeres a predicar
en varias iglesias en el primer siglo.
El erudito británico del Nuevo Testamento y obispo anglicano
Nicholas Thomas Wright, sugirió que Timoteo estaba enfrentando
una afluencia de algunas mujeres que habían sido esclavas sexuales
en el templo de Artemisa (Diana) en Éfeso, y el apóstol Pablo quería
_________________________
22
Kevin Giles. Patterns of Ministry Among the First Christians (Sydney: Collins
Dove Publishers, 1992), p. 35.
limitar la influencia de estas mujeres en la iglesia.23 Siendo que el
culto de la Artemisa era dominado por mujeres, éstas podían estar
introduciendo sus prácticas en la iglesia y podían crear discordias y
divisiones. Así que Pablo le estaba diciendo a Timoteo, de acuerdo
con N.T. Wright, que la iglesia no es un culto dominado ni por
hombres ni por mujeres.24 La autoridad de la iglesia viene de Cristo y
el ejercicio de esa autoridad viene a través de los dones espirituales
que son ejercidos conforme a la revelación que Dios ha dado de éstos
(1ra Corintios 12; 14). Según N.T. Wright, el apóstol estaba intranquilo
de que estas mujeres pudieran traer inconvenientes a la iglesia de
Éfeso, siendo estos dos.
El primero; Artemisa era la adoración de una diosa que estaba
definida a través de la virginidad sexual. El apóstol Pablo pudo haber
estado advirtiéndole a Timoteo que no permitiera que la iglesia fuera
dominada por estas mujeres. Pues eran recién convertidas y no
habían sido debidamente instruidas en la vida de la iglesia. Tenían
que recibir discipulado para evitar los peligros de que la experiencia
de adoración fuera sexualizada. Esto es, podían imponer el tema de
la virginidad como un aspecto central de la adoración, y esto era
contrario a la enseñanza bíblica en referencia al matrimonio.
Visiblemente, este tipo de doctrina podía crear divisiones dentro de la
congregación.
El segundo; Las mujeres que llegaban del templo de Artemisa no
tenían noción en el evangelio y les tomaría un tiempo conocer de la
doctrina y el ministerio. Así que, en su discipulado debían de aprender
en silencio o con una actitud receptiva hasta que lograran presentar
el mensaje de la fe. El objetivo del apóstol era que estuvieran en
armonía durante su proceso de crecimiento espiritual. Por lo tanto,
tenían que capacitarlas en el evangelio antes de que ejercieran algún
rol en la iglesia; según criterio de N.T. Wright. Esta no es la
interpretación tradicional de este pasaje bíblico, pero la alternativa
entonces sería decir que el apóstol estaba contradiciendo tanto su
_________________________
23
NT Wright explica 1ra Timoteo 2:11-15.
[Link]
24
Ibid.
práctica como su teología.

Reconozco que N.T. Wright viene de una tendencia más liberal


con respecto a la visión teológica, pero cuando tomamos sus
palabras en el contexto apropiado, su explicación tiene más
sentido que el aspecto de la supuesta prohibición de la que habla
el apóstol de que las mujeres no podían hablar en lo absoluto en
la iglesia como un principio universal para todos los tiempos. Si
interpretamos el pasaje bíblico como una prohibición absoluta,
entonces, Pablo estaba animando a algunas mujeres en otros
contextos a desempeñar funciones pastorales que estaba
prohibiendo en la iglesia de Éfeso.

Ahora bien, para dar claridad al tema tratado, presento el


enfoque del apóstol.

La instrucción de Loida y Eunice

En su segunda carta, Pablo animó al más joven de sus


discípulos a que permaneciera fiel, diciéndole; “trayendo a la
memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en
tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro de que en
ti también” (2da Timoteo 1:5).

Podemos suponer que Timoteo llegó al cristianismo por el


testimonio de estas dos mujeres, puesto que había heredado la
fe que “habitaba primero en su abuela Loida y en su madre
Eunice.” La fe de la que el apóstol Pablo habló no era la
capacidad de la persona o del individuo de reconocer la verdad y
aceptarla como tal. Este tipo de fe es intrínseca en todos los seres
humanos. Lo que declara la carta es que la madre y la abuela lo
habían guiado a tener su fe en Cristo. Ya que la fe no se hereda
y es intransferible, así que es innegable que estas mujeres en
Éfeso, recibieron el evangelio y fueron educadas en la fe. Esto
demuestra que por los menos habían pasado quince años antes
de que el apóstol escribiera la carta a Timoteo. Sería curioso,
por no decir inconsistente, que prohibiera que las mujeres
instruyeran a los varones, mientras que al mismo tiempo le decía
a su discípulo que se aferrara a las enseñanzas que había
recibido de su abuela y de su madre.

Reflexiono de esta manera lo cual me parece pertinente:


Cómo es que Timoteo haya sido discipulado por dos mujeres, y
que trasmitiera esa enseñanza a la congregación, ¿y a su vez
prohibirle que acepte el ministerio público de la mujer en la
iglesia? Lo que hablaba en la primera carta no podía
contradecirlo en la carta siguiente. Las dos maestras más
importantes en la vida de Timoteo fueron dos mujeres; por amor
a Dios, no sólo eso, si no que el apóstol mismo debió haberlas
discipulado durante su ministerio en Éfeso en los años 49-51
d.C. Este hecho era lo que le daba confianza de que lo habían
instruido en la doctrina correcta, basándose en sus enseñanzas.
El apóstol no hubiera tenido confiabilidad en ellas si no hubiera
conocido su testimonio.

Este hecho no es algo trivial para un fariseo, puesto que


estos preferían morir antes de adoctrinar en la ley a una mujer.
Esta decisión hace ver que el apóstol estaba dispuesto a romper
con las tradiciones de la ley admitiendo mujeres como sus
discípulos, a sabiendas que era inaceptable en las escuelas
rabínicas. Él, sin embargo, había experimentado un cambio
radical, era una indicación de que el apóstol, como Jesús lo hizo,
estaba controvirtiendo las prácticas convencionales de su
cultura por el evangelio.

La instrucción de Loida y Eunice fue tan eficaz que el


apóstol Pablo le dijo a Timoteo que se aferrase a lo que le
habían enseñado. Esto me hace suponer que ellas hacían
reuniones en la casa enseñando el mensaje del apóstol y a la
iglesia de Éfeso desde el ministerio de él, alrededor de los años
49 al 51 d.C.
La carta a Timoteo fue escrita posiblemente entre el año 64
y el 67 d.C., poco antes de que el apóstol Pablo fuera
decapitado. Se calcula que quizás la muerte de Pablo sucedió
en el año 64 d.C., entonces, debió haber sido escrita cerca de
comienzos del año 64 d.C., por razones obvias. Estas fechas
confirman la idea de que la abuela y la madre de Timoteo fueron
quienes se comprometieron por discipular al joven pastor, que
debió haber sido un adolescente cuando el apóstol ministró en
la ciudad de Éfeso. La conclusión lógica es que ellas recibieron
el evangelio del apóstol, fueron sus discípulas por dos años, y a
su vez fueron maestras de Timoteo, y otros posibles miembros
de la iglesia de Éfeso. Por supuesto que este proceso de
discipulado no se hizo recurriendo al sistema braille (lectura y
escritura táctil, ideado a mediados del siglo XIX). Ellas tuvieron
que usar la comunicación oral para enseñar el evangelio al que
Timoteo debía de ser fiel.

El conflicto de Evodia y Síntique


Después del ministerio del apóstol Pablo en la iglesia de
los filipenses, surgió un conflicto que, si bien en su contexto no
está directamente relacionado con el tema, un fragmento de la
carta estaba enfocada para conciliar una discrepancia entre dos
mujeres prominentes de la iglesia. Al parecer, hubo un fuerte
desacuerdo entre Evodia y Síntique (Filipenses 4:2-3). El
problema era de tal importancia que Pablo lo inmortalizó en esta
carta, al igual que el rol que ellas desempeñaban en la iglesia.
Hay tres argumentos que demuestran que eran líderes
destacadas.

En primer lugar, el apóstol las animó a reconsiderar sus


acciones para que se reconciliaran en el nombre del Señor. Esto
significa que su desacuerdo tenia, o podría llegar a tener, un
efecto perjudicial en la congregación. Es claro que esta disputa
afectaba a la iglesia. De lo contrario, no se hubiera referido a
quienes no estaban involucradas en el ministerio público, y por
tanto no hubiera intervenido. El hecho de que lo hizo, significa
que buscaba una mediación al conflicto, lo cual implica que su
discrepancia era teológica o eclesiológica, y se necesitaba
resolver.

También animó al pastor de la iglesia para que “ayudara


a estas mujeres” a solucionar el problema para beneficio de
todos. Ahora bien, Hechos 16:40, sugiere que el apóstol Pablo
había dejado a Lucas en la ciudad de Filipo, lo que implica que
pudo haber sido el pastor de la iglesia y se percató del conflicto
a que el apóstol Pablo se refiere en la carta. Ellos estuvieron
encarcelados junto con Silas, pero después de salir de la cárcel;
“los consolaron y se fueron”. Esto implica que el médico Lucas
se quedó en la ciudad de Filipo por un tiempo. El hecho de que
el apóstol Pablo se refiere al pastor de Filipo como un
“compañero de yugo” también sugiere a Lucas como el
destinatario de esta carta.

En segundo lugar, el apóstol Pablo usó una frase


significativa en su relación con el ministerio de estas dos
mujeres en dicha ciudad. Le encomendó a Lucas, “que ayudes
a éstas que combatieron juntamente conmigo en el evangelio”
(Filipenses4:3). Puede significar que Evodia y Síntique
ministraron con el apóstol Pablo de igual forma en la predicación
del evangelio en esta región, y es posible que ellas también
habían sido encarceladas junto con él en Filipo. Ahora, en el
idioma inglés la expresión “éstas que combatieron juntamente
conmigo” indica que conllevaron la responsabilidad de predicar
el evangelio con el apóstol.

Este es un mensaje significativo porque el apóstol estaba


afirmando el ministerio público de Evodia y Síntique. El erudito
australiano del Nuevo Testamento, Peter Thomas O'Brien,
correctamente señaló que “la esfera en la que Evodia y Síntique
'contendían' fue év tco EÚayysAícü (en la proclamación del
Evangelio', la palabra £Úayy£Aícp está siendo utilizada como un
sustantivo de agencia; cf. Romanos 1:9; 1ra de Tesalonicenses
3:2), y esta frase, junto con el pronombre poi (moi), deja claro
que participaron en la misma lucha con el apóstol Pablo para el
avance del evangelio (Filipenses 1:30).25 Por lo tanto, no
podemos interpretarlo como si estas mujeres combatían en la
predicación del Evangelio, mientras que tenían que permanecer
en silencio absoluto. Esta afirmación estaría fuera de contexto.

La frase “combatiendo juntamente conmigo” señala que


el apóstol no veía a Evodia y Síntique inferiores, las veía como
colegas. La frase adicional en el texto “te pido que también” es
una referencia a la igualdad en la condición que aquellas dos
mujeres tenían en su relación con el destinatario de la carta, que
era “compañero de yugo” del apóstol. Y las animó a reconciliarse
por el bien de la congregación, pero “también” animó al
destinatario de la carta a participar como un igual con ellas en el
proceso. El apóstol quería que el pastor fuera un mediador entre
sus dos compañeras ministros.

En tercer lugar, el apóstol Pablo dijo que estas dos


mujeres eran “sus colaboradoras de trabajo”, junto con
Clemente “cuyos nombres están en el libro de la vida”. La frase
“colaboradoras” viene de la palabra griega s u n a n th le o
(auvaBAecjj)26, que tiene la connotación de “trabajo en conjunto
con” alguien para cumplir una misión o tarea.27 Hay una
constante en estos escritos; cada vez que se refería a mujeres
en sus cartas, expresaba la más alta estima por los ministerios
y también por las contribuciones que hacían. Estos son los
argumentos por las cuales la prohibición a que me he referido y
habla en 1ra de Timoteo 2:11-14, no tiene sentido a la luz de las
prácticas apostólicas del apóstol.

Sin duda alguna, tenía una alta estima por Evodia y


Síntique, y valoraba su ministerio en la predicación del evangelio
y asimismo como líderes en la iglesia. El apóstol confiaba tanto
en la fidelidad de estas mujeres que estaba convencido de que
sus nombres estaban escritos en el libro de la vida. El escritor
Max Anders, creador y editor general del Comentario Bíblico

25 P. T. O'Brien, (1991). The Epistle to the Philippians: a commentary on the Greek


text (Grand Rapids, MI: Eerdmans), pp 481-482.
26 Dickey, (Ubicaciones Kindle 443248-443249).
27 Ibíd.
Holman, expresó que ellas “habían luchado junto el apóstol
Pablo como gladiadores en la arena para difundir el mensaje del
evangelio. Dios había escrito sus nombres en el registro de los
ciudadanos del cielo junto con todos los otros a los que prometió
la vida eterna”.28 Simplemente no es creíble sugerir que estas
mujeres eran compañeras silenciosas en la predicación del
evangelio, especialmente cuando consideramos que el apóstol
las veía como combatientes y gladiadoras en la batalla por el
evangelio.

A la luz del debate en Filipenses 4:2-3, tenemos que


adoptar un enfoque diferente en 1ra de Timoteo 2:11-14, toda
vez que el apóstol no le pudo haber dado un mandato perenne
a Timoteo el cual era contradictorio a su práctica y a los
ministerios de Febe, Evodia y Síntique.

Si volvemos al texto que nos ocupa, encontramos por lo


menos una inconsistencia. La traducción de la frase, “se salvará
engendrando hijos” (1ra de Timoteo 2:15), es inexacta. El griego
incluye el artículo definido “el” antes de la palabra engendrar,
pero la versión de la Biblia Reina Valera omite esta palabra, lo
cual cambia todo el sentido de la traducción. En el original griego
debería haber sido traducido: “Sin embargo, ella se salvará a
través de el parto”.

La diferencia aquí es notoria, pero el castellano no tiene


un vocablo que adapte la palabra griega. En inglés se usa la
palabra “the childbearing” que apunta hacia un parto en
particular. Este parto tenía que ser cuando María dio a luz al niño
Jesús. Pero la traducción de la Biblia Reina Valera y de la
English Standard Versión (ESV)dan a entender que todas las
mujeres se salvan teniendo hijos, si mantienen la fe. Esta
traducción no parece loable porque el apóstol Pablo estaría
prescribiendo un método de salvación diferente para la mujer.

Sólo hay un parto que podría ser considerado como “el


parto” de todos los partos, y este es el parto de la virgen María.

28 Max Anders, (1999). Galaíians-Colossians (Nashville, TN: Broadman y Holman


Publishers), Yol. 8, p. 261.
Creo que la mujer se salva, al igual que los hombres, a través
de “el parto” o por el nacimiento de Jesús. Es necesario decir
que la Biblia nunca, aparte de este pasaje, ha sugerido que el
embarazo y el dar a luz tuvieran valor salvífico. Las mujeres no
pueden heredar la vida eterna, simplemente, por parir hijos.
Asimismo, es improcedente que el apóstol hubiera enseñado
que las mujeres podían recibir la vida eterna dando a luz, en
adición a tener la fe en Cristo. Esta sería una sugerencia
inadecuada, sobre todo si tenemos en cuenta que había
animado a la mujer soltera de Corinto a que no se casara. Si la
mujer se salva teniendo hijos, entonces, Pablo estaba limitando
que las mujeres solteras obtuvieran la salvación. Recurro a esta
descripción para señalar que no siempre podemos interpretar
los pasajes bíblicos exclusivamente usando una traducción en
particular.

El escritor G. W. Knight, profesor del Nuevo Testamento


en el Seminario Teológico Presbiteriano Greenville, declaró que
“esencialmente dos puntos de vista se han tomado con respecto
a 5iá Tq^ T£Kvoyovía^ (a través de el engendramiento): Es una
referencia a (1) el nacimiento del Mesías o (2) la maternidad en
general”.29 Como mencioné anteriormente el artículo definido
“el” indica que Pablo se refería al Mesías, y no a la procreación
en general. Knight agregó que, si la mujer se salva pariendo
hijos, “esto establecería que la salvación para la mujer estaría
condicionada a una obra, y en concreto una obra no todos
pueden realizar.”30 La mujer hubiera tenido una ventaja con
respecto al hombre ya que estos no podrían alcanzar la
salvación con este requerimiento.

Si la mujer obtiene la salvación por gracia por medio de


la fe, entonces no la puede recibir pariendo hijos. Debido a esta
irregularidad en el texto, es necesario interpretar a 1ra Timoteo
2:15 desde otra perspectiva, que es lo que he tratado de hacer
aquí. Pienso que la propuesta de que la mujer puede obtener la

29 G. W. Knight, (1992). Las Epístolas Pastorales: un comentario sobre el texto


griego, (Grand Rapids, MI; Carlisle, Inglaterra: WB Eerdmans; Paternóster Press),
p. 145.
30 Ibíd, p. 145.
vida eterna por medio diferente a la gracia de Dios es
inconsistente con la enseñanza bíblica en el resto de la Biblia.
Por lo tanto, de vemos rechazar la interpretación de que el parto
juega un papel significativo en el plan Divino de salvación. Así
mismo, no podemos limitar el ministerio de la mujer en la iglesia
utilizando una interpretación que es, claramente, inconsistente
con la teología bíblica.

Si la mujer se salva dando a luz, tendríamos que concluir


que las mujeres solteras y las estériles no podrían obtener la
vida eterna por razones obvias. El apóstol dejó una afirmación
relevante la cual constituye la prueba reina en el tema de la
salvación, como es la que afirmo que somos “salvos por medio
de la fe, y no por obras para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-
10). Significa que tanto, hombres como mujeres, reciben la
salvación exactamente de la misma manera, “por gracia por
medio de la fe.” Así que, independientemente de lo que
pensemos que el apóstol estaba tratando de decir, no podemos
concluir que la mujer tiene un método de salvación diferente a
los hombres. Entonces, Pablo estaba hablando acerca de algo
diferente.

Es evidente que, si quería decir que la mujer podía


salvarse sin profesarte, esto habría sido una contradicción a su
teología. Puesto que el Dios imparcial del universo no tiene dos
caminos para la salvación; uno para el hombre basado en gracia
mediante la fe y otro para la mujer basado en tener hijos, lo que
sería una salvación por obras. Por lo tanto, considero que Pablo
estaba declarando que el hombre y la mujer se salvarían de la
misma manera, a través de la fe en el Jesús que nació en Belén
de Judea, o “a través de el parto.”

Tenemos que tomar una decisión; o bien, el apóstol


estaba estableciendo un principio que contradecía su práctica y
teología, o con la prohibición en 1ra de Timoteo 2:11-15, estaba
tratando de resolver un problema interno en la iglesia de Éfeso.
Después de mi análisis y teniendo en cuenta las consecuencias
de una contradicción tan obvia, la posición más sensata es que
el apóstol estaba corrigiendo el problema creado por la afluencia
de las mujeres recién convertidas que habían abandonado el
templo de la diosa Diana y se habían unido a la iglesia.

El apóstol Pablo estaba interesado en mantener la


ecuanimidad de la iglesia que está basada en los dones del
Espíritu, y quería que las recién creyentes fueran instruidas
adecuadamente en el evangelio antes de enseñar, predicar, o
tomar algún rol de liderato. A mi modo de ver, él no estaba
tratando de establecer un predominio masculino. Al contrario,
creo que estaba previniendo la posibilidad de que la iglesia
llegara a ser un culto de preeminencia femenino a expensas de
los dones espirituales.

Ira de Timoteo 3:1-8


Este pasaje bíblico amerita un análisis concienzudo, ya
que el apóstol presenta los requisitos para los obispos. La
palabra obispo o supervisor proviene de la palabra griega
episcopein (E T T io K O T rq ).31 Esta palabra ha sido traducida como
obispo, anciano, y supervisor (overseer).

Por el bien de nuestro estudio, presento una breve


descripción histórica de cada palabra, y cómo sus significados
cambiaron en la primera parte del segundo siglo. La palabra
anciano llegó a ser asociada con los pastores locales,
evangelistas, y misioneros. También consideramos la palabra
presbítero que tomó el significado de un pastor que supervisaba
a otros pastores locales. Y la palabra obispo paso a ser sinónimo
de un supervisor de áreas episcopales. El obispo también
recibió la designación como el defensor de la fe, y en un sentido
real, los obispos vinieron a ser la generación nueva que tomó el
lugar de los apóstoles.

La palabra e p is c o p o s básicamente significa obispo o


supervisor. También tiene la connotación de que Dios “se ve en,
y se busca en las formas, las escrituras, y el carácter de los

31 Dickey, (Lugar Kindle 431608).


hombres con el fin de adjudicar una consecuencia.”32 Señalo
una vez más, que la palabra “hombres” en la definición anterior
debe entenderse como incluyente. Es decir, Dios “mira hacia
dentro y busca a las formas” de hombres y mujeres, y no sólo
de los hombres.

Esto no debería ser una afirmación que lleve a la


polémica en lo absoluto. Es decir, cuando la Biblia dice que “Dios
conoce los corazones de los hombres” (Lucas 16:15),
definitivamente esto significaba que discierne el corazón del
hombre y de la mujer. Sería absurdo sugerir que Dios sólo
conocía el corazón del varón.

Todas las cualificaciones que el apóstol Pablo incluyó


para los obispos pueden aplicarse fácilmente a la mujer en
posición de liderazgo, como en el caso de Febe, que era “la que
estaba frente” a una congregación. La única salvedad que sólo
aplica al hombre es la primera cualificación. El obispo debe ser
“marido de una mujer”. Les voy a compartir una interpretación
única, pero bien significativa. Yo creo que esta frase es una
referencia a la restauración de la unión matrimonial monógama
como requisito para los líderes en la iglesia. Pablo estaba
usando el lenguaje masculino normal como en todos sus
escritos, pero esta frase apunta hacia un asunto en particular, la
monogamia como un requisito del obispado. El punto que estaba
estableciendo era que no quería que los obispos tuvieran dos o
más esposas, algo que era una práctica común para los
hombres desde los tiempos de los patriarcas. Pero en la iglesia
tenemos que seguir las enseñanzas de Jesús sobre el
matrimonio, que está conformado por un hombre y una mujer.

El apóstol estaba estableciendo la monogamia como un


requisito para el liderazgo de la iglesia, el cual había sido el
diseño de Dios desde el principio. El Señor Jesucristo dijo “el
que los creo al principio varón y hembra los creo” (Mateo 19:4).
Así que el propósito de Dios para la relación matrimonial era la
unidad entre el hombre y la mujer, que sólo puede darse en una

32 Ibid, (Lugar Kindle 431612).


relación monógama. Por lo tanto, el apóstol Pablo estaba
restableciendo el plan de Dios para el liderazgo de la iglesia, y él
no estaba, necesariamente, limitando el ministerio de la mujer.
Finalmente, no usó la frase la esposa de un marido por razones
obvias, ya que la mujer nunca había practicado la poligamia.

Creo que el uso bíblico del pronombre masculino no tuvo la


intención de ser en referencia al hombre con la exclusión de la
mujer. Cuando dijo que “Dios juzga los secretos de los hombres,”
estoy seguro de que las mujeres estaban incluidas en el pasaje
(Romanos 2:16). A menos que alguien quiera argumentar que Dios
no juzga el corazón de la mujer, pienso que está incluida, al igual
que cuando declaró que “la muerte pasó a todos los hombres,
porque todos pecaron,” esto no fue solo para los hombres
(Romanos 5:12).

Hay muchas otras referencias en las que la palabra hombre u


hombres incluye tanto a hombres como a mujeres. No se ha dicho
antes, ni se ha propuesto, que sólo los hombres han pecado, o que
sólo los hombres son salvos por gracia por medio de la fe, o que
sólo los hombres son reconciliados con Dios. Dicho esto, entonces
sólo los hombres pueden ser llamados a la monogamia porque,
como regla general, sólo ellos practicaban la monogamia.

Obviamente, yo hago esta interpretación a la luz del estudio y


conclusiones anteriores, como expliqué anteriormente, siempre hay
que interpretar el uso bíblico del lenguaje masculino como inclusivo,
a menos que un pasaje haga referencia específica a hombres o a
mujeres.

Así como cuando el apóstol dijo: “maridos amen a sus esposas”


y “esposas respeten sus maridos” claramente estaba haciendo
referencia a las relaciones matrimoniales entre hombres y mujeres
(Efesios 5:25; 33). El postulado más seguro es que el uso de
pronombres masculinos en 1ra Timoteo 3:1-8, incluye hombres y
mujeres, con la excepción de la frase que se refiere a que los
hombres sean “maridos de una sola mujer”.

Vemos que el propósito para el estudio exegético que he


realizado, básicamente ha sido para plantear las posibles
consecuencias de una exclusión de la mujer en el ministerio. Sé
que los que se oponen pueden argumentar que el mensaje del
apóstol se refería a la autoridad de la mujer sobre el hombre. Sin
embargo, el lenguaje literal, de las citas bíblicas, teniendo en cuenta
el contexto, no se limita al asunto de la autoridad. En realidad, es
un mandato de silencio total que no permite la participación de la
mujer en ningún ministerio de la iglesia.

En otras palabras, limitar la interpretación al tema de autoridad


únicamente, excluyendo su contenido general puede ser una
aplicación conveniente, pero es una explicación inconsistente con
base en la eclesiología del apóstol. El contexto global y la práctica
en las iglesias en el tiempo que trascurrieron los hechos del Nuevo
Testamento presupone que la mujer tenía un ministerio más
significativo y amplio de lo que parece se deduce en estos textos.

Considero que el apóstol Pablo, escribía estas cartas cuando


estaba corrigiendo un conflicto particular o haciendo alguna
aclaración doctrinal en las iglesias locales. Si nos enfocamos en
que estaba enseñando principios perdurables los cuales excluían
una parte del ministerio que conforma la totalidad del Cuerpo de
Cristo, también habría que concluir que sólo los hombres participan
en las bendiciones del evangelio, sólo los hombres necesitan
salvación, y sólo los hombres pueden recibir los dones del Espíritu
Santo. Es claro que, si la mujer no tiene ningún rol en la iglesia,
entonces, también tendríamos que predicar que sólo se salva
teniendo hijos (1ra Timoteo 2:15). Y que las mujeres solteras o las
que son estériles por alguna causa física o genética, no serían
salvas. Alguien puede objetar mis conclusiones, pero si los pasajes
bíblicos están presentando principios perennes, entonces, ¿cómo
debemos interpretarlos? Ahora bien, veámoslos como principios
absolutos.

“Las mujeres deben guardar silencio en las iglesias” (1ra Corintios


14:33.); “[Las mujeres] no les es permitido hablar” (1ra Corintios
14:34). La palabra silencio significa la ausencia total de sonido.
Esto, me imagino, incluiría no dar los anuncios porque eso
requeriría el uso de las cuerdas vocales. “[La mujer] debe estar en
sumisión [a todos los hombres], como también lo dice la Ley” (1ra
de Corintios 14:34). Recuerde que la Ley nunca dijo tal cosa. Si las
mujeres quieren aprender algo “que les pregunten a sus maridos
en casa” (1ra Corintios 14:35). Pero los maridos en Corinto eran tan
paganos e ignorantes de la ley como las mujeres. Es impráctico que
Pablo hiciera esta sugerencia.

En este caso, las viudas y las solteras no tendrían quién las


instruyera. “Porque es una vergüenza (algo sucio) que una mujer
hable en la congregación” (1ra Corintios 14:35). “La mujer aprenda
en silencio, con toda sujeción” (1ra de Timoteo 2:11). La palabra
griega para sujeción (ὑποταγή) tiene la connotación de obediencia
y estar sujeta a otro.33 “No permito que la mujer enseñe, ni ejerza
dominio sobre el hombre” (1ra Timoteo 2:12.); “Ella debe
permanecer en silencio” (1ra Timoteo 2:12).

Voy a abreviar estas afirmaciones; si estos son principios no


negociables entonces, la mujer no debe hablar en la iglesia porque
es una vergüenza que lo haga, tampoco ejercer sus dones
espirituales, porque estaría tomando autoridad sobre los hombres.
No debe predicar o enseñar porque no puede emitir ninguna clase
de sonido, es decir no puede tomar ningún rol principal de ninguna
índole. Y, obviamente, tampoco puede la mujer ofrecer palabras de
______________________________________
33
Dickey, (Lugar Kindle 445084).
bienvenida, ayudar en los programas de los jóvenes, o tener
programas de radio o televisión en el que hombres cristianos las
escuchen y puedan ser mal influenciados por sus palabras.
Pareciera que estoy exagerando, pero cómo explicar otra
interpretación a esta afirmación, “no es permitido que la mujer
hable” porque su “hablar es vergonzoso”.

El inconveniente con estos pasajes bíblicos, de la forma


en que han sido interpretados a través de los años, es que en
algunas iglesias y denominaciones prohíben que la mujer
predique basándose en estos textos. Ahora bien, las mismas
iglesias hacen excepciones porque permiten que la mujer hable
en otro tipo de actividades que requiere la congregación. Estas
dos interpretaciones pueden ser convenientes, pero no son
congruentes, porque si interpretamos textualmente la palabra
del apóstol que dice que a la mujer no le es permitido hablar,
entonces, se tendría que aplicar tal cual es. Ahora bien, si Pablo
estaba prohibiendo que la mujer predicara, debió haber
expresado directamente el mandato diciendo algo como; “no
permito que la mujer proclame el evangelio en ninguna
circunstancia”, por así decirlo.

Al analizar las citas bíblicas una seguida de otra, no hay


duda de que el asunto no es únicamente lo relacionado con el
tema de la autoridad. El inconveniente es que, si consideramos
que es un principio perdurable, entonces la mujer no podría
desempeñar ningún rol en el Cuerpo de Cristo. En mi
experiencia pastoral, ni siquiera los legalistas quienes están en
contra de que la mujer sea predicadora, creen que deben estar
en total silencio.

Soy consciente de que varios de mis amigos evangélicos


podrían no estar de acuerdo con mi interpretación, entiendo que
tienen derecho a sus puntos de vista, y no me incomodan esas
diferencias. Después de todo, antes de escribir este libro tenía
una perspectiva diferente a la que hoy tengo. Los que tienen una
opinión contraria, noten la práctica eclesiástica del apóstol Pablo
y su mensaje en los pasajes bíblicos referentes al tema.
Además, también me gustaría animar a los que se oponen a mis
conclusiones que deben practicar entonces, la letra del texto y
que no permitan que las mujeres “hagan ninguna clase de
sonido” en la iglesia, y esto incluye el cantar, el dar los anuncios,
o el dar la bienvenida a los visitantes masculinos, entre otros.

Hay otros ejemplos que podría citar, pero el propósito de


este estudio es que sea exhaustivo. Más bien, quería tratar con
las citas bíblicas de mayor controversia en este asunto para dar
una interpretación que fuera más congruente con las prácticas
ministeriales y eclesiales del apóstol. Aunque no todos estarán
de acuerdo con mi apreciación, sin embargo, mi objetivo es
presentar el tema demostrando de manera sensata de que la
mujer estaba involucrada en el ministerio público en la iglesia
del primer siglo tanto como lo estaba el hombre, y que el Señor
Jesucristo como cabeza de la Iglesia Cristiana y su apóstol
Pablo, corroboraron esta posición y al mismo tiempo previnieron
posibles arbitrariedades. Ya que también alguno de sus
discípulos fue una mujer y las comisionaron para predicar las
buenas nuevas del evangelio.
Capítulo 4

Mujeres Líderes en la Iglesia

Sorprendente como históricamente la mujer ejerció sus


dones predicando y enseñando en el Nuevo Testamento. En
una cultura que había rechazado sus roles públicos, me lleva a
enfocarme sin pretender hacer un relato exhaustivo de aquellas
que contribuyeron en el liderazgo evangélico. Así que mi
atención se centra en dos relatos para ilustrar que, a pesar de la
imposición de la época a reconocer a la mujer en su liderazgo,
la palabra enseña como Jesucristo se enfrentó a este paradigma
para dejar un mensaje que posteriormente el apóstol Pablo lo
siguió.

Una mujer discípulo


El evangelista Lucas relató un hecho en el que Jesús
entró en una aldea y “una mujer llamada Marta lo recibió en su
casa” (Lucas 10:38-42). Ella y su hermana María fueron las que
mandaron a buscarlo cuando Lázaro su hermano yacía enfermo
(Juan 11:1). María se “sentaba a los pies del Señor, escuchando
su enseñanza” (Lucas 10:39). La frase “sentarse a los pies” tiene
el significado particular de una relación maestro-discípulo. En
este sentido, María había tomado el lugar prominente de una
discípula a los pies de Jesús haciéndose igual con los otros
discípulos varones. La Biblia usa una frase similar en referencia
al discipulado del apóstol Pablo, que dijo fui “instruido a los pies
de Gamaliel” (Hechos 22:3). En el tipo de relación maestro-
estudiante, el interés era el de que el discípulo llegase a ser
como su maestro para que transmitiera sus conocimientos a
otros discípulos. Estas dos hermanas se diferenciaban porque
Marta se ocupada con los quehaceres propios de la casa y
deseaba que María le ayudara, a servir, pero Jesucristo le hizo
ver que María “había escogido la parte que no le seria quitada”
(Lucas 10:40-42).

Así que María se maravillaba escuchando a Jesús, y al


tomar esta iniciativa desafiaba todas las convenciones culturales
y sociales de su tiempo. Como es sabido, los rabinos judíos del
primer siglo no aceptaban que mujeres se sentaran a sus pies
como discípulas. Sin embargo, María estaba sentada a los pies
de Jesús, y la animó a permanecer allí como una aprendiz. Este
es uno de esos sucesos que a veces no le prestamos la atención
requerida, pero que tiene una importancia trascendental.
Sabemos que Jesús nunca hacía nada sin que tuviera un
propósito espiritual más alto, siempre tenía un mensaje de la
misión que vino a cumplir.

Este pasaje describe uno de los hechos que tiene un


significado relevante, pues María dejaba de lado lo pertinente a
los oficios propios de la casa por estar escuchando a Jesús,
mientras Marta se azoraba por las tareas propias de servir. Es
decir, la posición radical que ella había tomado como discípula
“a los pies de Jesús,” era directamente una declaración que
confrontaba el estereotipo del rol de la mujer en una cultura
legalista farisaica.

A los pies de Jesús


La difícil situación de las mujeres en el judaismo en la
época de Jesús era evidente. La única oración de acción de
gracias que los hombres judíos hacían en el siglo primero era:
“Doy gracias a Dios que no nací un gentil, un esclavo, o una mujer.”34
Un prominente educador Israelita, llamado Rabi Eliezer ben
Hurcanus, fue uno de los sabios más destacados de los siglos I y II
en Judea declaró que "era preferible quemar las palabras del Tora
antes de enseñárselas a las mujeres.”35 Era ilegal que las mujeres
participaran del estudio del Tora, ciertamente no en público, y
definitivamente no en la presencia de un rabino. Además, la mujer no
tenía vida propia, sometida solo a obedecer, trabajar y procrear.

Cuando consideramos la acción de María, en aquella cultura


avasalladora para la mujer y la aprobación de su actuar por parte de
Jesucristo, podemos tener una idea de lo significativo de que
estuviera sentada “a los pies de Jesús”. En esa época, solamente el
esposo o el padre de la mujer podían instruirla en la ley, siempre y
cuando estuvieran en desacuerdo con la tradición cultural que lo
impedía.

María estaba “sentada a los pies de Jesús” en medio de varones


que lo acompañaban y por supuesto de Marta, quien les servía.
Estaba siendo capacitada como una discípula, y sabemos que el
objetivo de esta misión era llegar a ser como el maestro, discipulando
a otros, tal como lo dijo Jesús. Nosotros entendemos que la iglesia es
el Cuerpo de Cristo unificado por la muerte y resurrección de Cristo
en el que hombres y mujeres adoran y sirven. Por esta verdad se
deduce que recibió instrucción con el propósito de que llegara a ser
una maestra de las enseñanzas del Señor. Y las palabras de que
había “tomado la mejor parte” se entiende en el contexto de que
estaba en un discipulado autentico de rabino- estudiante.

Era entonces para Jesucristo gratificante que ella actuara así,

___________________________________
34
Violeta McDaniel. A woman's place in the first century. Truth Magazine. Vol.
XLIV: 9p. 18, 4 de mayo de 2000.
Rabbi Sharon Brous. Worse than invisible: Ruminations on woman and
35

Talmud Torah. [Link]


woman-and-talmud-torah/
porque la bendijo con sus palabras cuando la reafirmo diciendo que
“escogió la mejor parte”. También debo mencionar el hecho de que,
por lo menos en este caso en particular, el autor del pasaje bíblico no
se refiere a algún caso de protesta por parte de alguno de los varones
que los acompañaba. De hecho, estaban acostumbrados a que Jesús
se saliera del prototipo de las convenciones culturales de su época.
También es posible que habían entendido el mensaje de que Dios “no
hace acepción de personas”.

Es conocida la cita bíblica cuando María ungió los pies de Jesús, y


los enjugo con sus cabellos, siendo este un perfume muy costoso.
Uno de sus discípulos reprochó tal acción reclamando el despilfarro
de dinero y de exhibición pública de afecto. (Juan 12:1-8). Al igual que
en el relato donde estaba “sentada a los pies de Jesús”, la unción de
Cristo fue una de las acciones contraculturales más radicales
tomadas en el Nuevo Testamento. En ese momento María tomó el
lugar de un sacerdote que estaba preparando a Jesús para el día de
su sepultura. ¡Imagínense eso! Una mujer ungió a Jesús para cumplir
el hecho más importante en la historia de la humanidad.

Predicadores e intérpretes de este pasaje bíblico dirigen su


atención en la humildad de esta mujer por tal acto. Siendo un
referente de su carácter, sin embargo, analizado solo de esta manera,
se estaría ignorando el trascendental hecho de que tocó los pies de
Jesús y los secó con sus cabellos en un lugar público y en presencia
de varones.

Sus acciones eran casi un sacrilegio. No se registra otro suceso en


la Biblia en el que una mujer le ungiera los pies a un rabino judio.36
Imagino la reacción de asombro de los presentes.

El aspecto más relevante de este encuentro es que Jesús no se


sorprendió, ni se ofendió al tener a María “sentada a sus pies” como
una discípula. Tampoco se alarmó que una mujer ungiera sus pies
apropiándose de un acto que sólo sacerdotes podían hacer. Con
______________________________
36
NOTA: El apóstol Mateo, también relata que una mujer de Betania ungió los
pies de Jesús (Mateo 26:6-13). Puede ser la concordancia con el libro del
apóstol Juan.
esto asume el rol de profeta porque ella estaba ungiendo a Cristo en
preparación de su muerte. Hasta ese momento los discípulos no
habían entendido que Jesús tenía que morir. De esta manera anunció
la muerte de Jesús, y Él confirmó la acción profética de María. Esta
fue una de las razones por las cuales defendió sus acciones porque
lo estaba preparando para su muerte.

Con ese suceso ella llego a ser, una discípula de Jesús, una
profetisa, y un sacerdote, que ungió los pies de Cristo alistándolo para
su sepultura. No hay duda de que aquella mujer fue de gran
importancia en el ministerio del Mesías. Supongo como la invitaban
para predicar, dar testimonio de la vivencia como discípula de Jesús.
No podemos ignorar las implicaciones que este pasaje bíblico tiene
para la mujer en el ministerio de hoy día. Cuando consideramos el
entorno (la relación rabino-discípulo) y la ubicación (el primer siglo en
Judea), es absurdo negar que Jesús estaba dándole a la mujer un
estatus en la sociedad y costumbres de la época.

Una mujer apóstol

Los cuatro evangelios incluyen la resurrección de Jesús como


parte de su narrativa. Este es un suceso de tal importancia que el
apóstol Pablo dijo que, si la resurrección no hubiera ocurrido, los
cristianos seríamos los más miserables de los hombres (1ra Corintios
15:12-20). Siendo este el tema central en la teología cristiana que, sin
ello, el cristianismo no existiría. El apóstol también declaró que, si
alguno probara que Jesucristo no resucitó de entre los muertos, el
cristianismo perdería toda credibilidad, y para todos los efectos
prácticos, el ser cristiano sería como adorar a un hombre muerto sin
esperanza de redención.

Es lógico pensar que, si los discípulos pretendían tener testigos


creíbles para dar fe de que Jesucristo había resucitado de entre los
muertos, habrían escogido a un varón creyente. Después de todo, en
aquellos días el testimonio de una mujer no era precisamente el
epitome de credibilidad. En realidad, la mayoría de los rabinos
enseñaban que la mujer era mentirosa por naturaleza. Y, sin embargo
los cuatro evangelios, especifican que los primeros testigos de la
resurrección fueron mujeres. Este hecho es importante por varias
razones.

La razón más importante es que los escritores bíblicos no tenían


temor de contar la historia tal como sucedió, puesto que estaban
inspirados por el Espíritu Santo, una vez Jesucristo asciende al cielo.
Quizás no de la forma en que hubieran preferido que sucediera. Es
decir, los escritores de los evangelios no hubieran escogido a unas
mujeres para ser los primeros testigos del hecho que dividió la historia
de la humanidad en dos (Mateo 28:1-10). De acuerdo con las
tradiciones del primer siglo el testimonio de unas mujeres hubiera
anulado la veracidad del suceso, sobre todo si tenemos en cuenta
que entre ellas había una que antes de su conversión había sido
prostituta y Jesucristo le expulsó siete demonios (Lucas 8:1-2). Lucas
escribió que los discípulos pensaron que “les parecía locura las
palabras de ellas, y no les creían” (Lucas 24:11).

El filósofo Griego Celso, del siglo segundo, quien despreciaba el


cristianismo, recurrió al hecho de que el testimonio de la resurrección
fue dado inicialmente por mujeres, era una evidencia para
desvirtuarlo, por lo cual dijo:

“Después de la muerte se levantó de nuevo y mostró las marcas


de su castigo y como sus manos habían sido perforadas. Pero
¿quién vio esto? Una mujer histérica, como se dice, y quizás
algunas otras de las que habían sido engañadas por la misma
brujería.”37

El Griego literato Strabon. escribió que “un filósofo no puede influir


en ellas [las mujeres] utilizando la razón o exhortándolas a la
reverencia, la piedad y la fe; es más, aunque hay necesidad de temor
religioso también, y aún esto no puede despertar a las mujeres sin
mitos y maravillas.”38 Estos son algunos ejemplos de lo improbable
______________________________
37
Translatíon from H. Chadwick, Origen: Contra Celsum (Cambridge:
Cambridge University Press, 2nd edition 1965), p. 109
38
M.Y. MacDonald. Early Christian Women and Pagan Opinion: The Power of
the Hysterical Woman (Cambridge: Cambridge University Press. 1996),
109,123-124
que hubiera sido para que los discípulos de Jesús hubieran
seleccionado a las mujeres como las primeras testigos de la
resurrección, y, sin embargo, el Espíritu Santo tuvo a bien que ellas
fueran las primeras testigos del Señor resucitado.

Estas fueron las mujeres que visitaron el sepulcro el domingo de


resurrección. Mateo, mencionó a María Magdalena y a la otra María.
Podemos darnos cuenta que la mención de estas mujeres como
testigos oculares de la resurrección no era lo más loable, puesto que
María Magdalena había sido una prostituta y su testimonio no era un
juicio de valor por sus antecedentes éticos y morales. El apóstol no
hace referencia de la otra María, pero en el evangelio de Marcos dice
que era “la madre de Jacobo, y Salomé” (Marcos 16:1).

Además de las mujeres mencionadas en estos evangelios, se


nombra a Juana y “las demás con ellas, quienes dijeron estas cosas
a los apóstoles” (Lucas 24:10). El apóstol Juan, menciona a María
Magdalena lo cual, fue suficiente para demostrar que era más
importante este testimonio que la reputación de la mujer (Juan 20:1).
Además, conjuntamente compartieron las enseñanzas de Cristo y
fueron sus seguidores. Ella era en realidad un testigo fiable para el
apóstol, por lo cual no requería mencionar a las demás. Los
incrédulos no iban a aceptar el testimonio de esta ni otras mujeres,
aunque muchas de ellas habían ¡do al sepulcro. Conocemos los
nombres de las que fueron, más de acuerdo con Lucas, había un
número mayor, a pesar de que no las identifica por sus nombres.

Ahora bien, ¿por qué es importante analizar la visita de las mujeres


en el sepulcro el día de la resurrección? Hago una breve ilustración;
el apóstol Pablo declaro que uno de los requisitos específicos para
ser llamado apóstol era el haber visto al Cristo resucitado. A lo cual
mencionó varios grupos cuyo apostolado fue validado por haber visto
a Jesús después de la resurrección. Defendió su propio apostolado,
sobre la misma base, a pesar de que fue el último en verlo. Considero
que tenía derecho a ser parte de los apóstoles por este hecho:

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo


recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a
las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer
día, conforme a las Escrituras: y que apareció a Cefas, y
después a los doce. Después apareció a más de quinientos
hermanos a la vez. de los cuales muchos viven aún, y otros
ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos
los apóstoles: y al último de todos, como a un abortivo, me
apareció a mí” (1ra Corintios 15:3-8).

La palabra apóstol significa “un delegado, un embajador del


Evangelio, un mensajero, o uno que es enviado”.39 De acuerdo
con el escritor Dickey, “el título de apóstol se aplicó en un sentido
más amplio a otros maestros cristianos eminentes como
Bernabé. Timoteo y Silvano.”40 A pesar de que Dickey dijo que el
término apóstol se aplicó a estos tres seguidores de Cristo,
también había otras personas contadas como apóstoles.
Sabemos que ninguna de estas tres personas había visto a Cristo
resucitado, pero ellos eran, sin embargo, considerados
apóstoles.

Entre los grupos que el apóstol Pablo incluyó en la lista de los


que vieron al Cristo resucitado estaban “Cefas y luego a los
doce”. Cefas es una referencia al apóstol Pedro y ‘los doce’ es
una referencia a los doce originales discípulos, menos Judas
Iscariote. Luego agregó que Jesús se le apareció a más de
“quinientos hermanos a la vez”. Sabemos que por lo menos había
ciento veinte hermanos cuando el Espíritu Santo vino sobre ellos
en el Aposento Alto, mencionado en el libro de Hechos capitulo
dos. Este grupo tenía que incluir algunas mujeres porque el
cumplimiento de la profecía de Joel requería que los “hijos
e hijas profetizarán”. Y la frase “ciento veinte en número” no
era una referencia exclusiva para los hombres, porque
el apóstol Lucas nos dice que “todos estos perseveraban

______________________________
39
Dickey, (Ubicación Kindle 425752-425753).
40
Ibid, (Ubicación Kindle 425752-425753).
unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la
madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos 1:15).

Finalmente, menciona que Jesús se le apareció “a todos


los apóstoles”. Está claro que estos “apóstoles” eran un grupo
diferente de los “doce” que mencionó anteriormente. ¿Quiénes
eran esos otros apóstoles? No hace referencia de todos los
nombres, pero estoy seguro que representaban un grupo
diferente de los doce, y con toda posibilidad incluía mujeres.

En la epístola de los Romanos, aparece un nombre


contado entre los apóstoles, el cual ya he expuesto antes.
Señala que una mujer ministro llamada Junia, era “muy
prominente entre los apóstoles” (Romanos 16:7). Y concluyó
diciendo que este grupo de apóstoles “fueron antes de mí en
Cristo”. Los hechos revelan que el apóstol Pablo pudo haberse
convertido alrededor del año treinta, tiempo después de la
crucifixión la cual se supone tuvo lugar en ese mismo año. Esto
significa que Junia, quizás fue una de las que vieron al Cristo
resucitado el domingo de resurrección. Aunque la Biblia no
menciona su nombre en ninguna otra parte, la cronología que
presenta el pasaje bíblico es lógica. Aquella mujer, se había
convertido en una creyente y seguidora de Cristo antes que el
apóstol. Es probable que se encontrara en el Aposento Alto,
conformando ciento y veinte en número, el cual habla el libro de
Hechos 1:15.

La redacción de la Biblia, Nueva Versión Internacional


(NVI) cometió un error al tomar los intérpretes el nombre
femenino Junia y lo pasaron a Junías, de esta manera pareciera
que es un nombre masculino. Fue una decisión equívoca por
dos razones. En primer lugar, la forma masculina del nombre
Junías no aparece en alguna parte de la literatura.41 Es poco
probable que el apóstol Pablo hubiera usado un nombre que ni
siquiera existía en el siglo primero. En segundo lugar, el apóstol
parece indicar que Andrónico y Junia estaban casados, y no
hace falta decir, que esto sería un indicio que el nombre Junia,

41 Ben Witherington, III. Women in the Bible: A Historical Perspective. (Sept. 16,
2013). [Link]
entonces seria de mujer. El error de la Biblia, Nueva Versión
Internacional (NVI) sólo puede significar que los traductores
tenían posiblemente inconvenientes con el concepto de que una
mujer pudiera formar parte de los apóstoles. Sin embargo, en la
Biblia NVI del 2011, los editores corrigieron su error y
reemplazaron el nombre de Junias otra vez a Junia.

El escritor australiano León Morris, quien fuera profesor


visitante al Seminario Evangélico Trinity, señaló que “Andrónico
y Junia también eran muy destacados entre los apóstoles, lo que
sólo podía significar que los apóstoles los tenían en gran estima
o que también lo eran, y más que eso, eran apóstoles
notables”.42 Si los traductores de la Biblia NVI, tenían el prejuicio
de que la mujer no podía ser predicadora y maestra, entonces,
es de entender que tradujeran el nombre Junia por Junias. De
esta manera sus presuposiciones se mantendrían congruentes.
Sin embargo, si Junia era una mujer, y tenía que serlo para que
estuviera casada con Andrónico, se entiende que la mujer podía
ser apóstol.

El apóstol Pablo, no tuvo ningún problema en incluir a


Junia, junto con su marido, como apóstoles prominentes y
respetados entre todos los apóstoles. No sólo eso, sino que los
llama “compañeros de prisión”. La frase que eran compañeros
de prisión fue un testimonio del impacto que estos dos apóstoles
habían tenido en la predicación del evangelio en el primer siglo.
Ya que Andrónico y Junia estaban en Roma cuando escribió la
carta a los romanos, así que debieron haber estado
encarcelados con él antes de esa fecha, posiblemente en la
ciudad de Filipo.

Morris, añadió que “es bastante claro en el Nuevo


Testamento que había un círculo más amplio de apóstoles que
los Doce, y parecería que esta pareja pertenecía a ese círculo
más amplio.”43 Algunos pueden decir que la alusión a Junia
como apóstol fue un descuido del apóstol Pablo que luego

42 L. Morris. (1988). T h e E p is tle to th e R o m a n s (Grand Rapids, MI; Leicester,


England: W.B. Eerdmans; Inter-Varsity Press), p. 534.
43 Morris, p. 534.

jpyrighted material
corrigió al prohibir que la mujer pudiera ser predicadora y maestra. Sin
embargo, esta especulación es poco probable ya que la carta a los
Romanos cronológicamente es después de la carta de 1ra Corintios, la
cual fue escrita alrededor del año 53 d. C., mientras el apóstol Pablo se
encontraba en la ciudad de Éfeso.

La carta a los romanos fue escrita durante la segunda visita del apóstol
Pablo, en la ciudad de Corinto, posiblemente, a principios del año 57 d.C.
El apóstol había fundado la iglesia de Corinto alrededor del año 50 d.C.
Por lo tanto, es poco probable que estuviera prohibiendo que la mujer
hablara en público mientras que, al mismo tiempo, estaba llamando a
Junia una apóstol prominente y muy respetada durante su segunda visita
en Corinto, precisamente, la iglesia que recibió la primera carta a la que
me réferi anteriormente. No sólo eso, sino que debió haber conocido a
Junia, mucho tiempo antes debido a que fueron compañeros de prisión.

El clérigo cristiano eminente, patriarca de Constantinopla, Juan


Crisóstomo, quien no estaba precisamente a favor de que la mujer
participara en el liderazgo de la iglesia, dijo lo siguiente con relación a
Junia: “Cuán grande tuvo que haber sido la sabiduría de esta mujer para
que fuera considerada digna de tener el título de apóstol”. 44 Ella era de tal
importancia que incluso los Padres de la Iglesia reconocieron, quién era y
que había sido una apóstol legítima. The Anchor Bible Dictionary declara
enfáticamente que “sin excepción, los Padres de la Iglesia en la
antigüedad identificaban a la socia de Andrónico en Romanos 16:7, como
una mujer.45 James Dunn, profesor de teología y erudito británico del
Nuevo Testamento, afirmo que, “por lo tanto, debemos concluir que uno
de los apóstoles de la fundación del cristianismo era una mujer”.46 Me
refiero nuevamente al evangelio de Lucas, para seguir analizando sobre
el perfil de Junia.
En lo que a nosotros respecta no había referencia de ella antes que
___________________________
44
Eldon Jay Epp. Junia: The First Woman Apostle, (Lugar Kindle 48). Versión
Kindle
45
David Noel Freedman, ed. Anchor Bible Dictionary, vol. 3 (Nueva York, Nueva
York: Doubleday, 1992), 1127.
46
Citado en James DG Dunn, Romans 9-16, Word Biblical Commentary 38B
(Dallas, TX: Word Books, 1988), 895.
el apóstol Pablo la mencionara. No sólo eso, no es viable que fuera
considerada un apóstol prominente entre los apóstoles sin haber
participado plenamente en el ministerio de la predicación y la
enseñanza, y sin haber estado presente en la muerte y resurrección
de Cristo. Hagamos una reflexión sobre esta figura de gran
importancia para el evangelio.

El pastor, erudito y profesor estadounidense del Nuevo Testamento


Ben Witherington, ha estudiado el nombre Junia, usando la
herramienta de la transliteración, que es el análisis de los caracteres
de una escritura, en este caso latina al nombre original judío, y
encontró que Junia y Juana son la misma persona.47 Puesto que el
apóstol le estaba escribiendo a los romanos, tenía sentido que usara
el nombre latino de Junia para identificarla. Por esto al enviar la carta,
pidió que se extendieran los saludos a Andrónico y Junia. En el
momento de la redacción de la carta a los romanos, Pablo se
encontraba en Corinto, como ya he mencionado, y Andrónico y Junia
estaban en Roma.

El evangelista Lucas, menciona por primera vez el nombre de


Juana, cuando Jesús fue a predicar las buenas nuevas del reino
durante el comienzo de su ministerio en Galilea.

“....y los doce con él, y también algunas mujeres que habían
sido sanadas de espíritus malignos y de enfermedades: María,
que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete
demonios, Juana, mujer de Chuza, intendente de Herodes, y
Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes” (Lucas
8:1-3).

Lo primero que observé, es que Juana era “la mujer de


Chuza, intendente de Herodes”, La importancia y
responsabilidad de este hombre como jefe superior económico,
___________________________
47
Witherington, (16 de septiembre de 2013).
era evidente, pues ocupaba la posición administrativa más
importante en el palacio y residencia real, porque preservaba las
finanzas del Rey Herodes. Así que, sus cualidades
profesionales eran muy puntuales para haber alcanzado este
cargo como un alto funcionario de conocimiento y confianza.

Además, esto sugería que Juana también debió haber


venido de una familia pudiente, y se acostumbraba que los
hombres se casaran con una mujer del mismo nivel socio­
económico y no se unían en matrimonio con una que fuera
campesina y de bajos recursos. Lucas nos dice que Juana había
seguido y apoyado a Jesús desde el principio de su ministerio,
y era una de sus seguidoras más destacadas socialmente.
Siendo la esposa del hombre que manejaba las finanzas del Rey
Herodes, y que apoyaba financieramente el ministerio de Jesús
con “sus propios medios”. Es decir, estaba usando su propio
dinero porque seguramente que su esposo Chuza no hubiera
apoyado esta decisión.

Lo segundo que observé, es que Jesús, con su gran número


de discípulos por todas partes lo integraban también mujeres
que recorrían junto con Él las aldeas de Galilea, estando estas
discípulas en un grupo selecto y conformado por lo menos con
una mujer que era casada. Para aquella época no era habitual y
además era mal visto que las mujeres estuvieran involucradas
en este tipo de actividades. Más aún, que habían seguido a
Jesús hasta Jerusalén y de acuerdo con el judaismo, era ilegal
el enseñar la Ley a las mujeres, y además que por la tradición
deberían haber estado en compañía del padre o del esposo.
Este hecho, por sí solo, hubiera sido suficiente para que los
líderes religiosos de su tiempo acusaran a Jesús, de ser un
incitador social. Sin embargo, el apóstol Lucas menciona este
hecho como si se tratara de una costumbre común de aquel
entonces. Este proceder y práctica de Jesucristo constituida un
desafío radical y frontal para la época del primer siglo en Judea.

El relato de la crucifixión incluye dos importantes


referencias. En primer lugar, “Todos sus conocidos y las mujeres
que le habían seguido desde Galilea, estaban a cierta distancia
viendo estas cosas” (Lucas 23:49). Lucas es concreto al señalar
este hecho, siendo un aspecto importante porque estas mujeres
dejaron sus hogares y familias, para seguir a Jesús hasta
Jerusalén. Ellas estaban entre los testigos que presenciaron su
muerte.

En segundo lugar, Lucas menciona otra vez a aquellas


mujeres e insiste que habían seguido a Jesús desde Galilea,
pero en esta ocasión como testigos oculares cuando lo llevaron
al sepulcro. “Y las mujeres que habían venido con él desde
Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue
puesto su cuerpo” (Lucas 23:55). Vieron a Jesús morir, luego
siguieron a José de Arimatea y a Nicodemo hasta el sepulcro
donde el cuerpo fue puesto. Sin duda, el que aquellas mujeres
habían seguido a Jesús desde Galilea era un hecho importante
para Lucas. De no ser así, ¿por qué lo indica dos veces? Fueron
parte desde el comienzo del ministerio de Jesucristo, por lo
tanto, la referencia que da es para enfatizar este hecho. Entre
ellas estaba Juana, como veremos en seguida.

“Eran María Magdalena y Juana...” (Lucas 24:10). Esta


narración tiene algunos elementos significativos. En primer
lugar, Juana siendo una de las primeras de las mujeres que se
unió al ministerio de Jesús desde sus días en Galilea, la hace
meritoria. También, es una de las últimas en abandonar el lugar
de la crucifixión, siguió la procesión como testigo donde el
cuerpo fue puesto. Y, por último, es una de las primeras en ver
al Cristo resucitado.

Los ángeles les dijeron a las mujeres en el sepulcro el


domingo por la mañana: “No está aquí, sino que ha resucitado.
Acuérdense lo que les hablo, cuando aún estaba en Galilea”
(Lucas 24:6). Los ángeles les recordaron acerca de lo que Jesús
les había dicho a ellas en Galilea, porque estuvieron allí con Él,
y “se acordaron de sus palabras” (vers. 7).

Cualquier mención al ministerio en Galilea es una


referencia de cuando Jesús comenzó a predicar y a elegir sus
primeros discípulos. Algunas de estas mujeres lo habían
seguido durante los tres años de su ministerio, ciertamente,
Juana fue una de ellas porque el apóstol hace referencia al
hecho cuando comenzó a seguir a Jesús en Galilea, siendo la
esposa de Chuza, intendente del palacio de Herodes.

Basado en la carta a los Romanos 16:7, Junia (Juana)


estaba casada con Andrónico, esto debe significar que su
esposo Chuza, le había dado carta de divorcio, es factible que
haya sido por haber estado en el ministerio y contribuyendo a
este económicamente. Desde el punto de vista histórico Juana
se asemejaba al apóstol Pedro, en el sentido de que estuvo con
Jesús desde el principio, vio la crucifixión, vio dónde estaba el
sepulcro, fue testigo del Cristo resucitado, y, por último, se unió
al apóstol Pablo a predicar por el mundo romano.

Ahora bien, aquella mujer no fue una predicadora más,


que se había unido al apóstol, si no que junto con él padecido
encarcelamiento. Es de importancia tener en cuenta que el
imperio romano no detenía a las mujeres a menos que
intervinieran en acciones de sedición o por predicar el evangelio
públicamente. Así que, Junia (Juana) fue un apóstol tan legítimo
como los demás. Asimismo, es obvio que por estar en prisión
padeció los mismos ultrajes que el apóstol.

Afortunadamente por la investigación Lucas, tenemos


conocimiento y registro de una de las líderes más importantes
de la iglesia en sus inicios. De acuerdo con el apóstol Pablo,
esta mujer, se destacó en la predicación del evangelio por
décadas. Cuando se escribió la carta a los romanos en el año
57 d. C., Junia estaba ministrando allí y había estado predicando
por todo el Imperio Romano durante más de veinticinco años.

Estos dos apóstoles documentaron la vida de la


evangelista, quien había sido conocida en el siglo primero, más
para nosotros estaba en el anonimato. No hay duda de que Dios
tiene una manera única para exaltar a sus ministros, María de
Betania y Junia no eran únicas, pero sus declaraciones tenían
sentido dentro del propósito de Jesucristo para edificar su iglesia
como una institución diferente para todos los creyentes. Vino a
establecer el reino de Dios en el mundo, tal y como era el
propósito en el Jardín del Edén.
Capítulo 5

EL PROPOSITO DE DIOS PARA EL


“HOMBRE”

Considero que el estudio teológico, sin distinción del tema


que sea, debe basarse en la palabra de Dios. Es decir, antes de
establecer principios eternos necesitamos saber qué atributo del
carácter de Dios es el más apropiado para definirlos. Se puede
ajustar los detalles de algunas situaciones y sucesos para
adaptarse al carácter de Dios, pero no se puede ajustar el
carácter de Dios para adaptarse a pasajes bíblicos o hechos
particulares. Puesto que es inalterable y, por ende, no puede
ajustarse a las circunstancias, si la interpretación de una cita
bíblica es contraria al carácter de Dios, significa posiblemente
que no se ha entendido de la manera adecuada. Esto es de gran
importancia, ya que si se tiene una interpretación histórica no
significa que esta sea teológicamente correcta. Y más aún
cuando está en contradicción directa con uno de los atributos
del carácter de Dios. Recurro a dos casos para ilustrar lo antes
dicho; uno de la Biblia y el otro de la historia.
El caso de Acab rey de Israel
Primer caso, tomado de las Escrituras; cuando Acab, rey
de Israel, convenció a Josafat, rey de Judá, para que fueran a la
guerra en contra de Siria, este advirtió que no iría a menos que
escuchara la aprobación del Señor (1ra de Reyes 22:13-28).
Acab convocó a más de cuatrocientos profetas que le dijeron
que tendría victoria contra Siria, pero Josafat no estaba
convencido de la veracidad de los profetas, y le preguntó si
había algún otro a quien pudiera consultar. Y un profeta más,
llamado Micaías, anunciaba palabra, pero al rey de Israel no le
gustaba que profetizara porque anunciaba lo que no le agradaba
escuchar.

El profeta Micaías, relató un acontecimiento que estaba


sucediendo en el cielo, siendo por así decirlo, sorprendente. De
acuerdo con lo descrito; “Dios sentado en su trono, y todo el
ejercito de los cielos estaba junto a Él, a su derecha y a su
izquierda. Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba
y caiga Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro
decía de otra. Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y
dijo: Yo lo induciré” (1ra de Reyes 22:19-22). Si tomamos las
palabras literalmente, esto implicaría que el Señor al preguntarle
de qué manera lo induciría (vers. 21), pareciera que hubiera
necesitado la opinión del ejercito celestial para este caso.
Realmente no es factible que el Señor necesitara de este
consejo.

En otras palabras, el profeta describió un suceso


extraordinario para que entendiéramos la manera de cómo Dios
cumple con sus propósitos. Pero no podemos interpretar que
estaba haciendo ver que el Dios Eterno requería ayuda para
ello. El ejército celestial presente, dio diferentes opiniones, y así
surgió un espíritu que persuadiría al rey Acab, a ir a la guerra
convenciéndolo a través de un espíritu de mentira dado en la
boca de los profetas. Entonces, el Señor, estuvo de acuerdo con
el espíritu mentiroso, y le dio permiso para que lo hiciera.
Este relato, narra del como el Señor usa un espíritu
mentiroso para inducir al rey Acab, a que fuera a la guerra y
muriera. Si no tenemos en cuenta el carácter de Dios,
podríamos concluir que el Señor había acordado con aquel
espíritu para lograr su propósito. Pero la Biblia dice claramente
que el Señor “no es hombre para que mienta” (Números 23:19).
Por lo tanto, este pasaje debe ser interpretado como una
alegoría que ayudó al profeta Micaías a explicar el propósito de
Dios. Sería irrisorio creer que el Señor no sabía qué hacer y que
un espíritu mentiroso, ¡un espíritu mentiroso!, le resolvió la
situación al Creador del universo.

Hay tres principios que explican esta cita bíblica los


cuales son fieles al carácter de Dios. Primero, Dios sabía que
los profetas del rey Acab eran engañadores y recurrían a la
falsedad para tener complacencia con el rey. El espíritu
mentiroso era usado por los profetas para darle confianza al rey.
Segundo, el hecho tenía como propósito el revelarle al profeta
Micaías, que estos eran falsos y por eso el rey de Israel caería
en el engaño. Finalmente, Micaías estaba ilustrando como Dios
permite que los seres humanos tomen sus decisiones
libremente, aunque estén siguiendo direcciones inequívocas o
profetas falsos.

Carácter imparcial de Dios


Segundo caso, tomado de la historia; el hecho de que la
gente haya creído algo por mucho tiempo, no significa que sea
una verdad, aunque haya sido admitida como tal por la mayoría.
Vemos como hasta el siglo diecinueve, la esclavitud no sólo era
una práctica común, sino que también había sido aprobada y
aceptada por la sociedad. La Biblia dice que “los esclavos deben
obedecer a sus amos” (Efesios 6:5), y la palabra óouAog48 ha
sido traducida con frecuencia como siervo, sin embargo, la
traducción más común de este término griego es esclavo.
Entonces, ¿acaso la esclavitud debe aceptarse por el hecho de

48 Dickey, (Lugar Kindle 428891).


que, el apóstol Pablo, ordenó a los esclavos obedecer a sus amos?
Cuando el apóstol Pablo, se refirió a este tema no estaba apoyando la
esclavitud, sino mencionando la realidad del cómo tanto la iglesia y la
sociedad vivía durante el primer siglo. Una descripción bíblica de un hecho
o unas circunstancias no implica una aprobación. Esta es la razón por la
cual el carácter de Dios determina los principios eternos, mas no los
sucesos, las circunstancias, o las personas.

Las circunstancias en el siglo primero eran muy diferentes de lo que


son hoy en día, y la gran mayoría de la gente reconoce que la esclavitud
es en realidad un mal que despoja de la dignidad al ser humano que la
padece, solo una minoría opinan lo contrario; están de acuerdo por las
tradiciones milenarias religiosas apartadas del Dios verdadero, por
tráfico humano, o actos perversos, entre otros. Debemos discernir la
diferencia entre un principio eterno y la descripción de una realidad
histórica. Los principios eternos exigen obediencia porque son
prescriptivos y están basados en el carácter de Dios. Las realidades
históricas no exigen obediencia porque solo son descriptivas y están
colmadas de injusticias y van en contravía del carácter de Dios. Esta es
la razón por la cual se registra en la historia de la humanidad la práctica
de la esclavitud por miles de años, así que no quiere decir que sea una
verdad eterna. Todo lo contrario, la esclavitud, tanto física como
espiritual, han sido una expresión de la depravación moral de la raza
humana que hace necesaria la acción divina para dar libertad a los
cautivos (Lucas 4:18).

Principios básicos

Estos principios demuestran la importancia del carácter


imparcial de Dios en la interpretación bíblica. Si vamos a hacer
un juicio acerca de cómo Él diseñó la dicotomía masculino-
femenino, tenemos que entender cómo Su imparcialidad hace
conocer las interacciones humanas. En mi libro, (Can We Trust
God's Justice?: Impartiality and the Randomness of Human
___________________________
47
Witherington, (16 de septiembre de 2013).
Life), podemos encontrar una explicación más detallada con
respecto al atributo de la imparcialidad de Dios.49

En primer lugar, el carácter de Dios es idéntico a sus


atributos porque “el Señor nuestro Dios, el Señor es Uno”
(Deuteronomio 6:4). Se ha visto, muchas veces esta palabra
como si El Creador fuese una persona singular, lo cual es un
error común, mal entendido. Si interpretamos Su existencia
desde una perspectiva humana y literal, independiente del
contexto más amplio de la revelación divina, se pueden perder
elementos significativos.

Es necesario precisar que cuando la Biblia declara que


Dios es Uno, esto indica con más precisión que todos Sus
atributos funcionan en forma congruente en todos los aspectos
de su existencia. Él no es Uno por el hecho de que es una
persona, lo es porque no hay división dentro de la revelación y
la esencia de la Divinidad. Cuando Jesús dijo que un “reino
dividido contra sí mismo no puede sobrevivir” (Marcos 3:24),
probablemente estaba usando la unidad dentro de la esencia de
Dios como el principio fundamental que se aplica a todas las
demás identidades que necesitan permanecer unificadas,
independientemente de su propósito, para poder sobrevivir.
Cuando una persona tiene congruencia entre sus creencias, su
carácter, y sus propósitos, podemos decir que ha alcanzado
unidad de espíritu.

Así que, cuando el apóstol Pablo habló de la unidad en el


Cuerpo de Cristo, no estaba diciendo que la pluralidad de los
cristianos, fueran a ser una persona singular. En esta unidad los
creyentes mantienen su propia identidad y dignidad. El mensaje
de Pablo es que “no hay griego ni judío, esclavo o libre, no hay
varón y mujer” (Gálatas 3:28). Es decir, aunque existan
diferencias físicas, eso no quiere decir que hallan diferencias en
el valor intrínseco de los que conforman esta unidad. En la
iglesia, tanto, hombres como mujeres ejercen sus dones para el
“bien común” en el que todos los miembros tienen un rol. Si

49 Luis R. Scott. Can We Trust God’s Justice?: Impartiality and the Randomness of
Human Life. (Christian Faith Publishing, Meadville, PA), 2018.
hemos de cumplir el propósito de los dones espirituales,
entonces, estos deben manifestarse en la asamblea pública. No
tengo conocimiento que se haya hecho una propuesta que diga
que el nuevo nacimiento, la justificación, el sello del Espíritu
Santo, y el proceso de santificación son unos para el hombre y
otros para la mujer, o que dejan de ser cuando una persona
alcanza algún fin espiritual.

El apóstol Pablo, no dijo que esas categorías físicas y


culturales no existían en la vida de la comunidad de fe, lo que
afirmaba era que Dios no las consideraba en la iglesia como un
obstáculo para la unidad en el Cuerpo de Cristo o como
distinciones que discriminan en el ejercicio de los dones del
Espíritu. El apóstol define esta unidad, como “un solo Dios, un
solo Señor, un solo bautismo...” (Efesios 4:5-6). Por lo tanto,
cuando declaró que el Espíritu Santo era soberano en la
repartición de los dones (1ra de Corintios 12:11), no incluyó
ninguna condición en cuanto a quienes recibirían los dones, ni
impuso restricciones para el uso de los mismos. En la iglesia los
dones son dados para la edificación de la congregación y
visiblemente, incluye tanto al hombre como a la mujer.

Las distinciones que hizo con respecto a que las


personas podrían ser los “ojos o las manos” del Cuerpo de
Cristo, (1ra de Corintios 12:16), no se trataba de condiciones
externas, más bien, eran en referencia al ejercicio de los dones
espirituales, esto es, que los diversos dones representan las
diferentes funciones espirituales del Cuerpo, no las personas
como tales. Estos dones pueden ser ejercitados a quien el
Espíritu Santo se los haya otorgado.

Lo esencial de su mensaje era que teníamos que estar


unidos en la fe, en la doctrina, en el carácter y amor cristiano,
entre otras cosas. Sin embargo, el apóstol Pablo, mantuvo
silencio en cuanto a quiénes recibirían los diferentes dones, y
sugirió que anhelaba que todos los feligreses profetizaran (1ra
de Corintios 14:5). Pero tenía claro que no todos recibirían el
don de profecía, asimismo, deseaba que los miembros del
Cuerpo de Cristo proclamaran el mensaje del evangelio.
Considero que no se estaba dirigiendo únicamente a los
varones. Sería inapropiado, interpretar que limitaba el ministerio
de la proclamación del evangelio cuando hizo alusión a “todos”.
Simplemente no es viable la idea que excluía a la mujer, y más
aún cuando se refiere a la totalidad de los creyentes.

Es necesario señalar que el Espíritu Santo, es el que


determina quién recibe los dones espirituales, y por supuesto no
es el apóstol Pablo, pues estaba interesado en que se ejerciera
de manera ordenada los dones y con legitimidad, puesto que los
profetas habían asumido una autoridad que no les correspondía
(1ra de Corintios 14). Y dejo de lado lo externo para que la gente
desde la perspectiva de los dones, los ejerciera sin tener en
cuenta la clase social. Esta es una diferencia crucial cuando se
habla de la imparcialidad de Dios, ya que Él no juzga a los seres
humanos basándose en lo superficial.

Por lo tanto, la frase de que “el Señor es Uno”, significa


que Dios, es uno, unido en carácter, esencia y propósito. Es
decir, es importante que entendamos que Él es en esencia
intrínseco en Su ser. Sus atributos funcionan en perfecta
armonía, unos con los otros, por lo tanto, no hay incoherencia
en su Divinidad. Además, esto significa que cuando Jesús dijo;
“Yo y el Padre uno somos” (Juan 10:30), no se refiere a que son
una misma persona, sino que su unidad con el Padre, es de tal
calidad, que su forma de pensar, sus caracteres, sus atributos,
y sus acciones son inherentes entre sí.

Este es un análisis fundamental debido a que la


imparcialidad de Dios, debe ser consistente a lo largo de toda la
Biblia. Es decir, todo lo que reveló sobre sí mismo y sobre la
naturaleza humana en el libro de Génesis, debe ser coherente
con lo que ha revelado en los evangelios, las epístolas y en el
Apocalipsis. El carácter de Dios no puede cambiar con los
tiempos y las épocas, Él es uno, Él no se niega a sí mismo, Él
es atemporal, Él absolutamente es.

La implicación de la unicidad de Dios en su carácter,


significa que cuando creó a Adán y Eva, tenía un propósito de
que, en la relación hombre-mujer, también fueran uno, el cual
debe ser congruente a través de la Escritura, aunque hayamos
mal entendido, mal aplicado, y mal usado la revelación de Dios.
Por consiguiente, es apropiado tratar este tema.

La creación del hombre


La Biblia narra cómo Dios creó a Adán y Eva, también
describe el propósito “del hombre” en la tierra, el cual consistía
en que tuviera dominio sobre esta. Es importante señalar que
ordenó que ejerciera dominio sobre la creación, y no entre uno
y otro. Este es el relato de Moisés:

“Entonces dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra


imagen, conforme a nuestra semejanza. Y ejerza dominio
sobre los peces del mar y en las aves de los cielos, y en
las bestias y sobre toda la tierra y sobre todo animal que
se arrastra sobre la tierra” (Génesis 1:26).

Habla que Dios creó al “hombre” (singular) a su imagen y


semejanza, esta descripción denota la creación de la humanidad
que incluía al hombre y a la mujer. Aquí el concepto de “hombre”
no es una referencia a lo masculino del “hombre”, aunque la
palabra se ha usado indistintamente entre lo masculino del
“hombre” y la creación de la humanidad junto con la mujer. Por
el contrario, la palabra “hombre”, como es usada en el Génesis,
tiene que ver con la esencia espiritual que Dios había creado y
que llamó “hombre” en su expresión física de varón y hembra.

Como no se trataba del aspecto masculino del “hombre”


porque el texto dice claramente que creó al “hombre” “a su
imagen y semejanza”, y el Creador no tiene caracterización
sexual física, ya que es Espíritu. Dio origen a una identidad
espiritual que llamó “hombre” expresado en dos géneros
sexuales para alcanzar unicidad física y espiritual, y tiene las
cualidades del carácter de una persona para que pudiera
relacionarse con Él en el reino espiritual. Puedo asegurar que
no tenía ningún interés en establecer una relación de amor con
el polvo de la tierra, este fue el elemento que utilizó para formar
el vaso de barro en el que depositó la esencia espiritual de la
personalidad que había hecho.

Dios diseñó la esencia espiritual del “hombre” como una unidad o


como una singularidad, puesto que Él es uno en esencia, y creó al
“hombre” a su imagen y semejanza, entonces, podemos decir que el
“hombre” es también uno en esencia. Pero de la misma forma que
Dios es uno con multiplicidad de personas, el “hombre” fue creado
como una unidad de múltiples personas. El escritor Anthony
Thiselton, afirmó que “la esencia del hombre es en dos sexos; la
humanidad existe en comunidad... centrado en la creación del varón
y la hembra”.50

No estoy señalando que la unicidad del “hombre” es una singularidad


de personas, es que el “hombre” es uno en creencia, carácter y propósito.
La única conclusión lógica (o teológica) a la que podemos llegar es que
tanto el varón como la mujer poseen el carácter del Creador, y tienen como
propósito final el ser uno en su relación física y espiritual. Esto significa
que creó al “hombre” con el propósito de que “él" iba a vivir en esta tierra
como una unicidad de dos personas que representa la evidencia física y
visible de la unicidad de Dios revelada en tres personas.

La dicotomía hombre-mujer es la expresión física de la unidad de Dios


en la Trinidad. Hay diferentes roles dentro de la Trinidad, pero estos se
basan en las funciones que escogió revelarnos. Del mismo modo que hay
roles en la unicidad de Dios, también existen diferentes roles en la
dicotomía varón-hembra que se basa exclusivamente en los dones que
soberanamente ha dado tanto al hombre como a la mujer. Un ejemplo
físico en relación con los dones puede ser útil.

La mayoría de la gente no tendría problemas en reconocer que el varón


promedio es más rápido y fuerte que la mujer promedio. Esta ventaja física
da a los hombres la responsabilidad de defender la familia y la comunidad.
Sin embargo, esta realidad no quiere decir que la mujer promedio

___________________________
50
Thiselton, p. 837.
sea inferior al varón en su carácter o que tenga menor valor
intrínseco que los varones. Sólo significa que los varones son
más rápidos y más fuertes que las mujeres.51 Cuando la unidad
en la dicotomía hombre-mujer funciona correctamente, los
varones usan sus talentos naturales para proteger a la familia
de todo tipo de amenazas y peligros.

Similarmente, los dones de las mujeres le dan una


ventaja en la procreación; sólo las mujeres están diseñadas para
ello, pero esto no quiere decir que sean superiores a los
varones, y genéticamente estos nunca podrán estar
embarazados. Al igual que todos los dones físicos, el ser
masculino o femenino es una cuestión de genética y biología,
esto no puede ser cambiado o alterado. Los varones y las
mujeres deben funcionar de acuerdo con los dones genéticos
que Dios les ha dado.

Lo anterior es un estudio diferente a las funciones que


cada persona tiene en el elemento espiritual del “hombre”, que
es el elemento que se comunica con Dios y que produce la
unidad espiritual en la iglesia. En el reino de Dios el “hombre”
espiritual fue creado para tener dominio sobre la naturaleza y
para comunicarse con Él, en el huerto de Edén sin mediadores
o condiciones.

Por lo tanto, ambos, Adán y Eva, eran libres para caminar


en el huerto del Edén, como para relacionarse con Dios, en sus
propios términos, sin límites. Ese es el significado de la frase de
que “estaban desnudos (transparente delante de Dios) y no se
avergonzaban”. Ellos disfrutaban una relación de intimidad
genuina, abierta y dedicada a la unicidad del uno con el otro,
esta unidad fue posiblemente la razón por la que Dios una vez,
que ambos cayeron en pecado por el fruto prohibido, pronunció
juicio porque eran uno, y no castigaría a uno sin que lo hiciera
con el otro. Como ya eran uno, al desobedecer “entro el pecado

51 Por ejemplo, el poder cardiovascular de una mujer de veinticinco años es igual al


poder cardiovascular de un hombre de cincuenta y dos años.
al mundo por un hombre” (Romanos 5:6). El “hombre” que Dios creo
era varón y hembra, no solo varón y no solo hembra.

Existe otro principio que puede pasar desapercibido, pero es de


importancia, se trata de que el hombre y la mujer desean competir
entre sí en sus desempeños, esto es debido al pecado desde la caída
de la humanidad. Es precisamente el síntoma externo de que
quebrantaron el propósito de unidad, esta no se limitó a su relación
del uno con el otro, sino que también afecto la relación personal e
íntima con Dios, como resultado, de ser unidad paso a ser una batalla
por dominar cada uno al otro. Su desobediencia trajo guerra entre
todos los seres humanos, y como consecuencia también la
separación con Dios, y vino la muerte a toda la raza humana.

Posiblemente, esta ruptura fue la razón por la cual Moisés insistió


en el propósito de Dios en su narración del Génesis. “El hombre
dejará su padre y su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola
carne” (Génesis 2:24). La unidad espiritual entre el varón y la mujer
es el mismo principio que debe guiar la unidad en la iglesia. El hombre
y la mujer deben esforzarse por ser una sola carne (una unidad de
esencia) para recuperar el plan original de Dios, en el que ambos
funcionan con base a sus dones.

Asimismo, esta afirmación tiene una importancia trascendental:


“varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). No es necesario tener
conocimiento del idioma hebreo para notar que la palabra “hombre”
en la primera parte del Génesis 1:27, es singular, pero en la segunda
parte, Dios usó la frase “varón y hembra los creó” que hace mención
a una pluralidad de personas en la creación del “hombre”. Esto
significa que representa la unidad de la imagen de Dios, compartida
en la dicotomía hombre-mujer, siendo el propósito que Su imagen
fuera en esencia en una pluralidad de personas (hombre y mujer). El
principio de la unicidad del “hombre” expresada en la dicotomía
hombre-mujer es determinante en nuestra interpretación de cómo
distribuye los dones espirituales en la iglesia.
Tesoro en vaso de barro
La creación de la esencia espiritual del “hombre” significa
que Dios, trasmitió su imagen con el ser humano, y la primera
identidad que creó fue la esencia espiritual con las cualidades
de Su personalidad. Luego diseñó el “vaso” en la que iba a
depositar su imagen, el apóstol Pablo, dijo acerca de la conexión
entre lo espiritual y lo físico: “Pero tenemos este tesoro en vasos
de barro, para mostrar que este poder extraordinario es de Dios
y no de nosotros” (2da de Corintios 4:7).

El tesoro es la imagen de Dios, y las vasijas de barro son


los cuerpos físicos que nos mantienen en contacto con el
mundo. Entonces, creó el tesoro antes de crear los “vasos de
barro,” aunque el tesoro no tuvo expresión sino hasta después
de ser depositado en el vaso de barro. Esto significa que la
imagen de Dios (los atributos de su personalidad) tomaron forma
física cuando creó los “vasos de barro” del polvo y fusionó lo
espiritual con lo físico en una sola identidad. El Creador, siempre
tuvo la intención de tener una expresión física de su imagen ya
que quería compartir su amor con alguien fuera de sí mismo.
Este proceso fue necesario para poder redimir la esencia
espiritual que había depositado en los “vasos de barro” al
separar lo físico de lo espiritual a través de la muerte.

Es decir, Dios redime nuestra esencia espiritual al


permitir que la carne, que es la expresión física del pecado,
muera. Y luego, con la resurrección de entre los muertos, redime
el cuerpo creando uno glorificado. Esta fue la causa por la que
Cristo tuvo que sufrir por amor a nosotros. La nueva creación,
entonces, es la acción de Dios para purificar, tanto, al polvo de
su inclinación en contra de Él, como de la esencia espiritual
humana renovándola a una gloria superior en esencia y
propósito. Pienso que esta fue la razón por la que el escritor del
libro de Hebreos declaró que “cuando Cristo vino al mundo, dijo,
'ni sacrificios ni ofrendas quisiste, pero me preparaste cuerpo”
(Hebreos 10:5).
De la misma manera que la esencia de Dios se manifiesta en
tres personas (Padre, Hijo, y Espíritu Santo), la esencia “del
hombre” se expresa en dos personas (hombre y mujer).
Recordemos que Moisés, escribió acerca de la dicotomía del
“hombre”: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios
lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27).

Lo anterior indica que el hombre y la mujer son


ontológicamente iguales ante Dios. No somos solamente
similares espiritualmente, sino que somos en esencia iguales
porque tenemos el mismo valor ante Él, y porque tenemos la
misma naturaleza. Por ello podemos acercarnos al Creador por
igual. Ni el hombre ni la mujer tienen una ventaja única sobre el
otro para estar en Su presencia, puesto que el Cuerpo de Cristo
es la nueva creación en la que no hay diferencia social, étnica o
sexual, las personas pueden ejercer sus dones espirituales,
como ya lo he planteado antes. El Espíritu Santo" da [los dones]
a cada uno en particular como quiere” (1ra de Corintios 12:11),
no se pueden escoger los dones porque actúa conforme a su
propósito y diseño.

Dios creó al “hombre” como una sola esencia, pero con


dos expresiones físicas de persona, por lo menos, con dos
propósitos. En primer lugar, nos creó hombre y mujer con el
propósito de procrear, ya que desde el principio deseaba poblar
la tierra, Su plan no estuvo limitado con Adán y Eva, viviendo en
el huerto del Edén.

En segundo lugar, nos creó con la esencia de su


personalidad para que experimentáramos su unicidad. Él es una
sola esencia con tres personas, y deseaba que Adán y Eva
fueran felices y tuvieran hijos para disfrutar todo lo que los
rodeaba y al procrear poblaran la tierra y por ello nos hizo con
la capacidad de reproducirnos. De esta manera Su amor tendría
una expresión eterna en las vidas de un número indeterminado
de creyentes. El Señor es Uno, sin embargo, creó al “hombre”
con sus cualidades de personalidad para que se relacionara con
su entorno. En un sentido real, nos dio su esencia se dio así
mismo a través de nosotros para expandir su divinidad
transmitiendo su gracia y bondad. Aunque no fuimos creados
como deidades, hemos sido creados con la capacidad de estar
en comunión con la esencia de Dios.

Tengo una nueva revelación; la razón por la que Dios


creó a Eva de Adán fue para que ambos pudieran compartir la
misma esencia espiritual. En otras palabras, si hubiera creado a
Eva del polvo de la misma forma que creó a Adán, y exhalado
su soplo Divino, estando separada del “hombre”, la unidad de
esencia entre ellos no habría sido posible. En este caso
hubieran tenido dos esencias distintas creadas por el poder de
Dios. Pero al crear a Eva de Adán, confirmo que ambos
compartieran Su misma imagen, la cual deposito en el “hombre”.

Por supuesto, reconozco que cuando Dios creó a Eva de


Adán, fue creada con los atributos físicos que eran compatibles
con los de Adán para la procreación, lo que significa que eran
físicamente diferentes. A igual que Adán, la mujer también
tendría las mismas cualidades de carácter espiritual.

El culto a la uniformidad sin distinciones entre el hombre


y la mujer que ha surgido en el siglo veinte y veintiuno, es
precisamente la antigua fórmula de la calamidad que se vivió en
el Jardín del Edén. Hombres y mujeres tienen el mismo valor,
pero no son idénticos en función ni atributos.

Con frecuencia, la iglesia ha confundido la diferencia en


la función física entre el hombre y la mujer con la función
espiritual. Hemos tomado la diferencia externa entre los sexos y
las hemos aplicado a la igualdad en su esencia. Así que, algunos
podrían afirmar que como el hombre es físicamente más fuerte
que la mujer, entonces quiere decir que espiritualmente es más
débil que el sexo opuesto. O podríamos decir que, dado que la
mujer tiene un rol en el cuido de los hijos, significa que no
pueden tener un liderazgo en la iglesia en el que supervisen a
el hombre. Sin embargo, estas opiniones son incongruentes.

Algunas personas demandan que la igualdad de valor y


de esencia espiritual, necesariamente, requiere uniformidad de
la función física, esto también es un “non sequitur”. Estos dos elementos
no están relacionados, y no debemos usar la dominación física
masculina como la razón para limitar el ministerio de la mujer en la
iglesia. Reitero que, en la iglesia, el liderazgo está basado en los dones
dados por el Espíritu, y estos no dependen de los atributos físicos de los
feligreses.

No debemos de usar los dones espirituales de la mujer para exigir


igualdad física. En cierto sentido, la iglesia ha cometido un error al unir
lo físico con lo espiritual sin hacer distinciones. Mientras que Dios usa
lo físico para revelar lo espiritual, no podemos decir que lo físico y lo
espiritual son idénticos. Puesto que Jesucristo que murió en la cruz es
la persona del Dios nacido hombre, pero no es idéntico al Jesús
espiritual que ha existido por toda la eternidad. En Jesús, las dos
naturalezas encontraron expresión en una persona donde el Logos
eterno y el Jesús de Nazaret llegaron a ser uno. Este es el misterio de
todos los siglos que no pretendo analizar aquí.

En pocas palabras, el Jesús que murió en la cruz era el Jesús físico,


porque el Jesús espiritual no puede morir. Esto es similar al “hombre”
espiritual que no deja de existir, aún después de la muerte física. La
muerte es la separación de nuestro ambiente natural. Cuando morimos,
nuestros cuerpos mueren, nuestra esencia espiritual es separada del
mundo físico, pero la imagen de Dios se mantiene a la espera de la
resurrección de entre los muertos donde la esencia espiritual y el cuerpo
glorificado vuelven a ser uno. Los muertos en Cristo “duermen” (1ra
Tesalonicenses 5:13), pero los que mueren sin Cristo vivirán sin Dios
por el resto de la eternidad.

Jesús tuvo que morir para que en su resurrección pudiera tomar un


cuerpo glorificado para volver a tener comunión con el Padre sin perder
su comunión con nosotros. Por esto el apóstol Juan, dijo que en la
resurrección “le veremos tal como Él es” (1ra de Juan 3:2). Ahora bien,
el apóstol Pablo declaró que Jesús es el “primogénito de entre los
muertos” (Colosenses 1:18), para decir que tenía primacía en la
resurrección y que no sería el último. Nuestra esencia espiritual no deja
de existir, pero después de haber muerto, estamos separados del
mundo en que existimos en la espera de nuestros cuerpos glorificados
para vivir eternamente en la presencia de Dios en la misma forma en
que Jesús se encuentra ahora en Su presencia.

Cuando la Biblia habla de la muerte eterna del “hombre”, esto en una


referencia más específica a una existencia sin Dios. Los seres humanos
no dejan de existir, sin embargo, Jesús tuvo que morir físicamente para
que la justicia de Dios se conociera en la humanidad, mientras que el
Jesús espiritual esperaba su resurrección de entre los muertos. En su
resurrección, llego a ser el “primogénito de entre los muertos”. El Jesús
de Nazaret era la manifestación física de su esencia espiritual, pero el
cuerpo era el “vaso de barro” que Dios le preparó para cumplir su misión
de redención. Esto quiere decir que mientras que los varones y las
mujeres son “vasos de barro” que tienen características espirituales las
cuales son complementarias, pero son muy diferentes en cómo piensan
y sienten, aunque comparten la misma imagen de Dios. La esencia
espiritual del “hombre” tiene el mismo valor espiritual en su expresión
masculina y femenina. Sabemos que Dios juzga al “hombre” en el reino
espiritual, no en el reino físico.

Los dones espirituales


En el Cuerpo de Cristo, los dones espirituales son los que determinan
la participación de ambas representaciones de la imagen de Dios en la
iglesia. La iglesia es la nueva unidad que Dios crea a partir de dos
grupos, judíos y gentiles (Efesios 2:14). Se sabe que esta nueva unidad
incluye al hombre y a la mujer, que son tanto judíos como gentiles.

Por lo tanto, los dones espirituales son los que determinan cómo el
hombre y la mujer funcionan en la iglesia, y estos dones son otorgados
según “la voluntad del Espíritu”. Si el Espíritu Santo le otorga a una mujer
el don de enseñar, entonces, ella debe de ejercerlo para la edificación de
todos los creyentes, de acuerdo con el don que recibió. No es apropiado
que los hombres digan que el Espíritu Santo, no concedería este
don a la mujer, puesto que, los dones son dados por el Espíritu
y no por la iglesia.

Es innegable que numerosas mujeres a través de la


historia de la iglesia han recibido el don de enseñar, predicar,
dirigir, y administrar. Por lo tanto, el decir que si las mujeres
tuvieran el don de enseñar no lo pueden usar en la iglesia, es
una afrenta al Espíritu Santo y al valor espiritual que la mujer
tiene, me baso en la imparcialidad de Dios y en la creación
misma de la mujer.

Ya que los dones espirituales son dados para la


edificación del Cuerpo de Cristo, cualesquiera que sean los
dones que las mujeres tengan, deben ser ejercitados para la
edificación de todos los creyentes. Y si no pueden ejercer sus
dones en la iglesia, entonces, se debería promover la idea que
tampoco debieran tener algún don espiritual.

Otro inconveniente con la idea de que la mujer está


restringida en el don que puede recibir, es que esta condición la
apartaría como miembro integrante del Cuerpo de Cristo. Y si no
puede usar sus dones en la congregación, tendríamos que
concluir que los dones espirituales de la mujer y del hombre
tienen propósitos diferentes. Los dones del hombre edifican la
iglesia y los dones de la mujer no edifican a ninguno porque no
pueden ser ejercitados en la iglesia. Esta es una posición
incongruente con las enseñanzas del apóstol Pablo a la iglesia
de los Corintios (1ra de Corintios 12:1-11). Como podemos ver,
si la mujer no puede tener el don de la enseñanza, esto deriva
en una gran dificultad porque han estado enseñando desde el
mismo comienzo de la iglesia.

Sabemos que Dios quería que el “hombre” fuera uno


porque ese fue el mandamiento en el huerto del Edén para que
seamos “fructíferos y nos multipliquemos”. “El hombre” es uno
cuando el varón y la mujer se unen en una transparencia de
intimidad física y emocional por medio de la relación sexual
entre los dos sexos. Moisés dijo: “Por lo tanto, el hombre dejará
a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola
carne” (Génesis 2:24). El “hombre” alcanza la unidad física y
espiritual cuando ambas expresiones de la personalidad de Dios
se unen a través de la relación sexual. Pero hay un error en este
tema también.

Un considerable número de personas no deducen que la


relación sexual es la expresión física del deseo espiritual de
llegar a ser uno. Los deseos sexuales son los síntomas físicos
que ponen de manifiesto la necesidad espiritual de tener
intimidad emocional y espiritual que nos lleva a ser uno. El
anhelo del ser humano es alcanzar intimidad o unidad, pero se
ha tergiversado este deseo de intimidad y lo hemos traducido en
una búsqueda de placer sexual. El deseo sexual y la necesidad
de intimidad espiritual andan cogidos de la mano, para que el
hombre y la mujer se conviertan en uno (llegar a la unicidad) las
relaciones sexuales y la intimidad espiritual son esenciales. Por
lo tanto, el deseo de intimidad espiritual se logra cuando la
pareja (hombre y mujer) son transparentes entre sí o están
“desnudos sin sentir vergüenza” como dijo Moisés. Esta
unicidad es la meta final de Dios para la relación hombre-mujer,
y para la intimidad espiritual en el Cuerpo de Cristo.

Creo que es necesario acotar que la relación sexual, no


está hecha para ser entendida, exclusivamente, como un acto
físico. Mientras que la intimidad sexual se lleva a cabo en el
ámbito físico, es más que un simple acto físico. En el acto de
intimidad sexual el “hombre” logra la unidad de la esencia
espiritual que Dios determinó desde el principio. Esta es la razón
por la que cualquier expresión de actividad sexual fuera de la
dicotomía hombre-mujer es una distorsión del propósito de Dios.
Ninguna expresión sexual fuera de la dicotomía hombre-mujer
puede producir unicidad. Sabemos que el acto sexual se debe
dar es en el matrimonio porque la frase “el hombre dejará a su
padre y a su madre y se unirá a su mujer” estableció la manera
precisa en que el “hombre” logra la unidad que Dios diseñó para
“él”.

Esta unidad física y espiritual no se logra a través de


ninguna otra manera de relación sexual, la gente se involucra en
múltiples formas de actos sexuales, la consecuencia de esto se
refleja en el vacío y soledad que sienten, debido a que no han
alcanzado la unicidad. Satanás ha distorsionado el propósito de
las relaciones sexuales y las ha degradado y rebajado a un nivel
irracional, en la búsqueda únicamente del placer que solo deja
frustraciones en el alma, insatisfacción, traiciones, dolor y
desgracia.

Concluyo de dos formas el tema así; En primer lugar, a


través de la historia de la iglesia se ha confundido la creación
del “hombre” como una identidad espiritual y se ha comparado
la imagen de Dios con el elemento masculino. Este error ha
calado en la teología y la historia hasta el punto de que el
elemento femenino del “hombre” ha sido descartado como
inferior, incompleto, y más débil. No es raro ver al elemento
femenino del “hombre” como necesario, pero como si se tratara
de una “carga”. Esta distorsión ha llevado a la teología a
equivocarse, por consiguiente, también la equivocación ha sido
en el concepto de la imagen de Dios y su manifestación en la
iglesia.

Mientras el elemento femenino del “hombre” continúe


siendo relegado a un rol inferior en la vida de la familia y de la
iglesia, no podremos lograr la unidad de la esencia del “hombre”
ni en el matrimonio ni en la iglesia. Si no hay unidad de la imagen
de Dios en el matrimonio, entonces, podemos deducir que
tampoco habrá unidad de la imagen de Dios en la iglesia. La
iglesia es un cuerpo en el que todos los miembros trabajan
juntos para su crecimiento.

Cuando limitamos la expresión del carácter de Dios en la


iglesia al elemento masculino, también estamos limitado la
posibilidad de que el “hombre” llegue a la unidad emocional y
espiritual. Pero el propósito de Dios era que el varón y la mujer
llegaran a ser uno y que gobernaran sobre la tierra. Es en la
unidad de atributos, propósitos, y funciones que la iglesia llega
a la unidad que Dios desea para nosotros. Durante años hemos
tratado de cumplir el mandamiento de Jesús de ser uno,
mientras que al mismo tiempo mantenemos a la mujer, que es
uno de los elementos esenciales de esa unidad, en un rol subordinado.

En segundo lugar, es que la iglesia ha fallado en lograr la unidad de


dones, propósitos y funciones porque se ha aceptado la estrategia del
satanás. Este ha seducido al “hombre” para que la relación entre el
hombre y la mujer sea una absurda carrera por el dominio, una guerra
por favores sexuales, y por la supremacía del uno sobre el otro. En otras
palabras, el diablo ha tenido éxito en mantenemos enfocados en los
“vasos de baño” en lugar de en el “tesoro” espiritual y eterno. Como
resultado de este énfasis falso, no se ha podido lograr la unidad de la
esencia del “hombre” que fue el diseño de Dios para la relación
masculina-femenina. En lugar de ello, se ha distorsionado el propósito
de Dios, y equivocadamente ha sido un círculo vicioso de abuso,
negligencia, y promiscuidad. La confusión ha ocasionado que no se
encuentra el camino para regresar al propósito original de la unicidad
entre el hombre y la mujer.

Cada vez que la gente abandona su pacto de unidad matrimonial en


busca del placer fuera del matrimonio, no sólo están quebrantando su
propósito de unicidad, sino que también están dejándose seducir por
satanás al mantener su enfoque en lo carnal, lo físico y lo temporal. El
Señor Jesucristo se refirió a esta unidad en la Iglesia, usando como
ejemplo la unidad que tenía con el Padre; “. . .Padre santo, a los que me
has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como
nosotros” (Juan 17:11). Cuando Jesús oró, poco antes de su crucifixión,
lo que más anhelaba era que tuviéramos la misma unidad que Él tenía
con el Padre.

Pero no podemos ser uno en nuestra esencia espiritual,


mientras el hombre y la mujer estén en competencia por obtener
supremacía y dominio en la iglesia y en la familia. Fuimos creados
como corregentes, y no para que uno esté subordinado al otro.
La esencia espiritual del “hombre” ha llegado a ser el reino
dividido contra sí mismo el cual no puede perdurar. Como
resultado, se ha vivido en sufrimiento y en consecuencia la
familia se ha dividido. Es evidente que no se ha encontrado la
manera para reconciliarla dicotomía hombre-mujer en la iglesia.

¿Dónde se originó esta división? Para responder a esta


pregunta, tenemos que volver a lo ocurrido en el huerto del
Edén. La relación subordinada y competitiva entre el hombre y
la mujer no es el resultado del diseño de Dios. Más bien, esta
lucha por el poder es la consecuencia de la maldición. Moisés
describió el resultado de la caída del “hombre” de esta manera;
“El deseo [de la mujer] será contrario a su marido, pero él te
dominará” (Génesis 3:16). Con esta frase simple, Moisés definió
la lucha de poder entre el hombre y la mujer, y desde aquel
momento, el hombre ha dominado la mujer, y a su vez la mujer
ha deseado gobernar al hombre.

En la iglesia, sin embargo, la finalidad es que el reino de


Dios sea restaurado, puesto que no debe seguir viviendo bajo
esta condenación. La maldición de la ley es la muerte, pero en
Cristo hemos sido vivificados, por lo tanto, Jesucristo la llevo a
la Cruz del Calvario por nosotros para que pudiéramos ser libres
de esta (Gálatas 3:13). La maldición de la caída del “hombre” en
el Edén, produjo una disensión a ambos sexos que impidió que
el “hombre” lograra el propósito de Dios. El mensaje del Mesías
que dice; “ ...ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios”
(Mateo 12:28), es contundente. Estas palabras tienen una
connotación de gran alcance, es decir, vino a restaurar el reino
y el gobierno de Dios en la humanidad.

La imparcialidad de Dios en la creación del “hombre” fue


revelada cuando tanto el hombre como la mujer fueron creados
a Su imagen, independiente el uno del otro, pero no pueden
lograr la unidad que el Creador diseñó mientras estén en
disensión el uno del otro, espiritual y emocionalmente. Por lo
tanto, cuando la Biblia dice que “no es bueno que el “hombre”
esté solo”, no está limitando este concepto al elemento
masculino. Todo lo contrario.

Ni el hombre ni la mujer pueden encontrar la satisfacción


de llegar a ser uno si están solos, porque la unidad que Dios
quiere no se puede lograr si viven independientes entre sí. Si
bien hay unidad en la intimidad de la relación del hombre y de la
mujer, la unidad se manifiesta cuando procrean. Un hijo es el
resultado del ADN (ácido desoxirribonucleico) de los padres
para crear una nueva vida con la imagen de Dios. En un sentido
significativo, es la expresión sublime de la unidad entre el
hombre y la mujer, y este nacimiento sólo puede ocurrir cuando
se convierten en uno.

La imparcialidad de Dios también significa que,


independientemente de cómo Él juzgue o evalúe la dicotomía
hombre-mujer, no se basa en apariencias externas porque juzga
es el corazón (1ra de Samuel 16:7). Este principio es cierto sin
denotar quién está siendo juzgado, porque Dios no hace
acepción de personas. No hay ninguna indicación en la Escritura
que la imagen de Dios en el hombre es superior al de la mujer,
ya sea, en su capacidad intelectual o en su participación en el
reino de Dios.

Cuando el velo del templo se rasgó de arriba hacia abajo


y el lugar Santísimo quedó expuesto en el templo a la vista de
todos, (Mateo 27:51), tanto el hombre como la mujer fueron
aceptados al interior del santuario de Dios. Esta es la razón por
la que el apóstol Pablo estaba continuamente hablando de la
nueva creación. La imparcialidad del Creador requiere que la
gente reconozca Su imagen en ellos, ya que esta imagen es la
que da igualdad a los seres humanos en su valor delante de Él.

Simplemente no es posible que Dios haya creado al


“hombre” con uno de los elementos llevando una imagen inferior
al otro. La imagen de Dios en el “hombre” (masculino y
femenino) no es mayor o menor en uno o en el otro. No lo puede
ser porque ellos comparten la misma imagen. Basándome en Su
imparcialidad, puedo decir que Él no ha revelado ninguna
cualidad espiritual que le imponga limitación al ministerio de la
mujer en la iglesia. Las prohibiciones que se han impuesto han
sido culturales o creadas por el hombre, por razones que no
están relacionadas a exaltar la imagen de Dios en el “hombre”,
como ha sido manifiesta en la dicotomía hombre-mujer.
Capítulo 6

EL “HOMBRE” Y EL LIDERAZGO

Antes de que Dios creara a Adán y Eva, hizo la tierra en


un medio ambiente en el que “el hombre” podría prosperar, el
relato en el pasaje bíblico vislumbra un hecho notorio. Y antes
de las plantas y de la lluvia “...ni había hombre para que labrara
la tierra” (Génesis 2:5). El Creador dijo que una de las razones
por las cuales hizo al “hombre” fue para que “trabajara la tierra”.
Analice por un momento, creó al “hombre” con el propósito que
trabajara, así que estaba lista la tierra para recibir al “hombre”.

El jardín llamado “el huerto del Edén” era un lugar


especial donde el “hombre” podía prosperar. El trabajo era la
primera prioridad del “hombre” porque mediante este,
encontraría su propósito o el don que Dios le había dado.
Cuando habla de trabajar la tierra no se refería al trabajo
manual, sino a que el “hombre” encontraría su propósito como
el mayordomo de la tierra. El “hombre” trabaja para poner en
práctica sus talentos creativos, ya que el trabajo manual se
produjo después de la caída del “hombre”, cuando el hombre (el
varón) ganaría su sustento con “el sudor de su frente”. Moisés
dijo que el “hombre” había sido creado para tener dominio sobre
la tierra, los animales del campo, y los peces en el océano.

El texto no dice que fue creado el elemento masculino del


“hombre” para tener dominio sobre el elemento femenino. Dios
creó al “hombre” (hombre y mujer) para tener dominio sobre la
tierra de la misma manera que Él tiene dominio sobre los cielos
y la tierra. En un sentido real le dio al “hombre” una autoridad
delegada; a través del “hombre” Dios gobernaría al mundo. El
trabajo es tan importante que inclusive Jesús lo definió como
que junto al Padre trabajaban los dos, dijo que “mi Padre hasta
ahora trabaja, y yo también trabajo” (Juan 5:17). Al oír esta frase
los líderes religiosos querían matarlo porque estaba haciéndose
igual a Dios.

El diseño de Dios para el “hombre” era que encontrara su


propósito gobernando el huerto que le había dado. En el
principio creó el elemento masculino y le delego el cuidado y
disfrute del jardín, así que Adán lo comenzó hacer y le dio
nombre a todos los animales y a los árboles en “el huerto del
Edén”. A medida que “conquistaba” su entorno, sintió que un
aspecto importante de la imagen de Dios estaba faltando, no
podía encontrar la unicidad que Dios quería para él sin la parte
correspondiente. Adán no podía lograr la unidad que más
anhelaba con nada de lo que encontró en el jardín, y su deseo
de tener una intimidad transparente no se podían cumplir
mientras estuviera solo, es decir faltaba un elemento para que
encontrar su unicidad.

Entonces el Señor creó a Eva para que fuera la ayuda


idónea. A veces, esta descripción ha sido mal aplicada en el
sentido de que la palabra ayuda, se interpreta como que tendría
un rol inferior o subordinado a Adán. En realidad, un ayudante
es alguien que puede llevar el mismo peso que la otra persona;
por ilustrar, al levantar un pedazo de madera, Adán cogería de
un extremo y Eva del otro. Esta sería la mejor manera de hacer
la labor por el hombre y su ayudante. Por ende, la palabra
ayudante no debe interpretarse como que alguien tenga un
rango secundario. El rey David en algunos de los salmos que
escribió, se refiere a Dios como que Él fuera su “ayuda”, estoy
seguro que no se sintió superior al Creador.

Se hace referencia a Dios como una ayuda, en varias


ocasiones; “Dios es el amparo del huérfano” (Salmo 10:14.);
“David clama al Señor para que sea su ayuda “(Salmo 30:10.);
“El Señor está conmigo y me auxilia “(Salmo 118:7), estos
pasajes bíblicos son suficientes para demostrar que la palabra
“ayuda “en la Biblia no hace referencia a una actitud sumisa, a
menos que se crea que David era superior a Dios.

Cuando ilustré con el ejemplo que se requería la fuerza


física, lo hice porque los hombres promedios son de mayor
contextura, más rápidos y más fuertes que la mujer promedio.
Sabemos que la destreza física, en el varón tiene un rol
dominante, lo que explica que la lucha por el poder se ha
entendido desde la perspectiva de esta competencia. Pero como
Dios es un Espíritu, su propósito era crear a Eva como una
ayuda en el reino espiritual para que ellos tuvieran dominio y
para que establecieran una relación de intimidad espiritual y
emocional que condujera a la unidad.

Pienso que la iglesia ha malentendido este proceso y


continúa evaluando la dicotomía entre el hombre y la mujer
desde la perspectiva de sus atributos físicos, en lugar de hacer
nuestros juicios basándonos en los dones y en la imagen de
Dios en el “hombre”. Esta actitud ha sido un error, a mi juicio,
pero todavía continúa siéndolo, la errada interpretación en
cuanto al rol del elemento femenino en la iglesia que
actualmente vivimos.

Puesto que Dios creó al “hombre” para tener dominio,


entonces, eso quiere decir que los dos elementos del “hombre”
fueron creados para ser corregentes sobre la tierra. La historia
del jardín del Edén evidencia que Eva tomó el rol principal
cuando decidió escuchar a la serpiente. Se ha interpretado este
hecho desdé diferentes perspectivas con el fin de presentar
algunas aplicaciones a la vida diaria, siendo usadas de forma
legítima en las citas bíblicas pertinentes a las cuales han
acudido. Pero tenemos que reconocer que hay otras
perspectivas donde también hay ecuanimidad con el texto. Hay
tres razones por las cuales Eva tomó el rol principal en este
suceso.

En primer lugar, no había ninguna diferencia significativa


de quién se dirigiera a la serpiente. Ambos habían estado
considerando la posibilidad de comer del árbol del conocimiento
del bien y del mal, de lo contrario, no hubieran estado allí juntos.
Esto pudo haber sido la razón por la que Adán no se opuso a la
propuesta hecha por Eva, de comer del fruto prohibido.

Había por lo menos dos riesgos para ella en su dialogo


con la serpiente, ya que cuando se acercó a la serpiente, Adán
no le había sido exacta del mandamiento que recibió del Señor.
Esta es probablemente la razón por la cual Eva no dimensiono
las palabras de Dios y en cierto sentido fue víctima de su
ignorancia.

Jamieson dijo que Eva había sido “engañada por las


mentiras halagadoras” de la serpiente.52 Adán había recibido el
mandamiento del Señor, pero parece que no le comunico de
forma adecuada. El autor Jamieson agregó que la palabra ser
e n g a ñ a d a incluye el significado, “que tiene ella tenía un amor
por sí misma, y ella tenía una ingratitud hacia su benefactor, una
desobediencia de lo mejor de su Maestro— una preferencia por
la criatura sobre el Creador”.53 En otras palabras, la serpiente
vio la oportunidad de que Eva no tenía el conocimiento claro del
mandamiento que el Señor le dio a Adán.

El Nuevo Testamento usa una palabra similar que tiene


la misma connotación de ser engañado o ser seducido por

"'2 R. Jamieson, A. R. Fausset, y D. Brown. (1997). Comentario crítico v explicativo


sobre la Biblia entera (Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, Inc.), vol. 1, p.

53 Ibid, 19.
verdades a medias cuando la persona no tiene una información
precisa, o cuando es atraída hacia la desobediencia.

En segundo lugar, creo que Eva asumió el rol más


relevante debido a sus talentos. La serpiente sabía que era más
intuitiva y sensible a sus propios sentimientos que Adán. Si la
serpiente podía cautivarla emocionalmente, tendría una mejor
oportunidad para atraerla a la desobediencia. La respuesta
emocional a la propuesta de la serpiente la sedujo a comer del
fruto prohibido, sin embargo, había otra dificultad.

Dado que la serpiente era la más astuta de todos los


animales en el jardín, recurrió al punto más fuerte en Eva para
usarlo en su contra. Siendo más sensible que Adán y, por lo
tanto, era más susceptible a responder emocionalmente a la
tentación. El punto más fuerte de Eva llego a ser su perdición.
Hay un principio para nosotros en este hecho, no podemos
ignorar los peligros de bajar la guardia dependiendo de lo que
percibimos confiándonos en nuestra fortaleza.

El apóstol Pablo, probablemente, culpó a Adán por la


tentación a que fue llevada Eva porque ella no tenía claridad del
mandamiento que el Señor le había dado. Esto también puede
explicar lo dicho por el apóstol de que “Eva fue engañada
primero” (1ra de Timoteo 13-14). Este hecho también nos ayuda
a entender por qué el apóstol pretendía que la mujer, que no
había sido instruida adecuadamente en la fe, mantuviera
silencio en la iglesia. Sugiero que no estaba prohibiendo que la
mujer hablara en la iglesia, más bien, el apóstol estaba
interesado porque la mayoría de las mujeres en el siglo primero
no habían sido enseñadas lo suficiente en el Evangelio como
para que ejercieran roles pastorales. El asunto no consistía en
que la mujer no hablara, sino lo que el apóstol quería evitar que
hablaran sin estar ilustradas de manera apropiada, como el caso
de Eva.

El apóstol Pablo advirtió de manera similar para quien


pretenda ser un obispo, dijo que este no puede ser “un nuevo
convertido” o un neófito (1ra de Timoteo 3:6). Los nuevos
convertidos son inmaduros y no tienen la suficiente formación
sobre el evangelio para defender la fe o la iglesia. Pueden ser
engañados fácilmente, puesto que pueden vanagloriarse y caer
en error, así como le sucedió a Eva que tuvo el comportamiento
de una persona recién convertida, no tenía el fundamento
preciso sobre el mandamiento del Señor y calló en la tentación.
Y estando Adán presente, no reprendió su actitud y los dos
fueron confundidos y pecaron.

En tercer lugar, la mujer tomó el rol principal porque la


serpiente sabía que, Adán no tendría una respuesta emocional
a su sujeción, sin duda la tendría con Eva. Satanás uso el
entusiasmo de Eva y su fortaleza emocional en su contra. Luego
Eva uso su irresistible encanto para seducir a Adán a que
probaran del fruto. Ella fue atraída por el deseo de tener poder,
esta persuasión la sedujo, así como la que el hombre siente por
la mujer; recordemos este dejará a su padre y a su madre para
unirse a su mujer.

Ahora bien, estas son las reflexiones finales. Cuando el


varón y la mujer actúan basados en sus pasiones y deseos, lo
hacen desde la perspectiva de la “mujer” en lugar de actuar
desde la perspectiva del “hombre”. Como bien ya sabemos con
base en lo que he tratado, el “hombre” es la esencia espiritual
que se comunica con Dios y que está representada tanto en el
varón como en la varona. En este contexto, la “mujer” no es la
varona, por el contrario, la perspectiva de la “mujer” es una
referencia al reino carnal en el que la persona no está lo
suficientemente capacitado para asumir un rol de líder en la
iglesia. En este sentido, Adán y Eva afirman lo dicho por el
apóstol Santiago de que el pecado es el resultado de cuando el
“hombre” es seducido por sus pasiones y deseos (Santiago
1:14-15). Esta seducción se aplica tanto al varón como a la
varona.

Por lo tanto, si tomamos una posición teológica sobre


este tema, podemos deducir que el mandato al silencio en la
iglesia no es específico al género, sino más bien, se trata de una
prohibición de la predicación que surge de las pasiones y los
deseos. Digo esto sin dejar de reconocer que el apóstol Pablo
estaba resolviendo dos asuntos específicos en Corinto y Éfeso.
En Corinto, estaba corrigiendo la enseñanza falsa de que la ley
prohibía a la mujer hablar en público.

En la carta a Timoteo, estaba corrigiendo la idea


equivocada de que la iglesia debía ser un culto dominado por
mujeres recién convertidas y que no habían sido educadas en la
fe el apóstol Pablo no podía permitir que las costumbres
idólatras del templo de Artemis ejercieran control en la iglesia
porque allí no hay “hombre y mujer”. Lo único común a ambos
pasajes bíblicos era la ignorancia de las personas involucradas,
siendo esta la misma ignorancia que resultó en la caída del
“hombre” por medio de Eva.

Si usamos una perspectiva teológica, en lugar de una


exégesis histórica, podemos concluir que cuando la Biblia dice
que la mujer no puede hablar en la iglesia, con toda
probabilidad, el apóstol se refería a que el “hombre” (varón y
hembra) no instruya desde la perspectiva de sus pasiones y
deseos. Cuando enseñamos desde nuestras pasiones y deseos
estamos hablando desde la ignorancia, y los líderes cristianos
no pueden ser unos neófitos para que no caigan en las redes
del diablo. Por lo tanto, la prohibición teológica acerca de que la
mujer no predique no está dirigida al elemento femenino del
“hombre”. Es más bien una limitación para que el “hombre” no
hable desde una aspecto emocional y pasional que es el
resultado de la ignorancia.

Independientemente de quién esté predicando, (el varón


o la mujer), si predican de sus pasiones y deseos, la mujer está
hablando, y no se le permite hablar porque las pasiones y
deseos sedujeron a Eva a comer del fruto prohibido, y luego las
mismas pasiones y deseos sedujeron igualmente a Adán a
hacer lo mismo. Ella (pasiones y deseos producidos por
ignorancia) se dejó seducir por la serpiente y sucumbió a la
tentación de la que nos habló el apóstol Santiago.
Necesito hacer una aclaración más; las personas actúan
desde sus pasiones y deseos cuando no están lo
suficientemente maduros para ejercer autocontrol y auto
disciplina. Por lo tanto, la advertencia del apóstol Pablo en la
ordenanza de los nuevos convertidos al obispado se trataba de
denotar si había inmadurez e ignorancia, y no por el género. Un
obispo no puede ser un neófito (1ra de Timoteo 3:6). No es
necesario decir que la ignorancia no es falta de inteligencia, por
el contrario, es la falta de conocimiento y de formación.

Al usar la frase punto de vista del “hombre”, me refiero al


tesoro de las cualidades del carácter de Dios que fue depositado
en los “vasos de barro”. Y sólo el “hombre” en su esencia
espiritual, puede comunicarse con el Espíritu de Dios. Cuando
el “hombre” es impulsado por las pasiones y los deseos su
enfoque está en las cosas de la carne, en los sentimientos, y en
las cosas temporales. Reconozco que nuestras pasiones y
deseos son esenciales para producir la unidad emocional y
espiritual que es la intención de Dios para la relación entre el
hombre y la mujer. Pero estas deben ejercitarse en el contexto
apropiado del matrimonio para evitar las tentaciones a la
fornicación (1ra de Corintios 7).

Cuando estas pasiones y deseos conducen a la intimidad


sexual fuera del diseño de Dios de alcanzar unión, actuamos
fuera de su voluntad; o podemos decir que estamos fuera del
“jardín del Edén”. Cuando el “hombre” se centra en sus pasiones
y sus deseos es movido por la carne en lugar del espíritu. Por
esto la serpiente cautivó a través de la emoción carnal de Eva
(sus deseos), y ella a su vez cautivo a Adán por una respuesta
carnal de Adán (sus pasiones), y como resultado ambos
pecaron por la misma razón, pero por motivos diferentes. Eva
fue movida por la ambición del poder: “si comes del árbol
vendrán a ser como Dios”. Adán fue movido por su pasión por
Eva: “el hombre dejará a padre y madre” por una mujer (mi
adición).

Teológicamente, el apóstol Pablo prohibió que la “mujer”


(los deseos carnales inmaduros que contienden con el Espíritu)
hable en la iglesia. Sólo el “hombre” maduro o adulto (ya sea
varón o varona) movido por el Espíritu debe hablar en la
congregación. La cuestión teológica no se trata que si la mujer
puede tener un ministerio público. El asunto teológico es que los
miembros de la iglesia que no tengan el conocimiento, o que
sean inmaduros espirituales, o que sean nuevos convertidos, no
pueden hablar en la iglesia porque pueden ser motivados por
sus pasiones y deseos.

Las mujeres que no habían recibido la instrucción debida


en Éfeso, o los nuevos convertidos en Corinto, no podían ejercer
un rol de liderazgo ni dominio sobre el “hombre” (el cristiano
maduro espiritualmente) en la iglesia. Pero no hay una razón
teológica, dentro de la naturaleza imparcial de Dios o de la
naturaleza humana creada a Su la imagen, que prohíba que la
mujer enseñe, predique, o como en el caso de Febe que fue una
patrona que “estaba parada en el frente”.

La idea de que la imagen de Dios en la mujer no pueda


enseñar a la imagen de Dios en el hombre no es teológicamente
congruente, sobre todo si tenemos en cuenta que se trata de la
misma imagen. Después de este estudio puedo decir que no hay
una razón teológica apoyada por la imparcialidad de Dios, y la
distribución de los dones por el Espíritu Santo, para prohibir a
que la mujer sea participe de los ministerios de la iglesia
basadas en sus dones, al igual que los hombres.
Conclusión

Mi propósito como bien lo dije, no era escribir un


documento exhaustivo, lo que pretendí fue presentar un estudio
loable a algunas de las controversias que se han suscitado con
la interpretación de algunos pasajes bíblicos del Nuevo
Testamento. Los temas a saber han sido el rol de la mujer en el
liderazgo de la iglesia, y el uso de sus dones espirituales.
Asimismo, lo he hecho con el respeto y reverencia a Nuestro
Señor y su palabra revelada. Diversos estudiosos de estas citas
biblias, llegaron a conclusiones similares, mientras que otros
opinan de manera contraria. En mi caso, complemento con una
interpretación teológica, específica con relación a la palabra que
se encuentra en 1ra de Timoteo 2:11-15, la cual hace que mi
enfoque difiera con otras interpretaciones, y tal vez sea
controversial. También he pretendido realizar un análisis
diferente desde la perspectiva del carácter imparcial de Dios.

Si hubiera sido el caso de haber presentado mis


pretensiones sobre este tema ante el juez competente, sugeriría
que existe una duda razonable en favor del ministerio público de
la mujer. Por muchos años, la mayoría de los líderes cristianos
han creído que la Biblia, y más concretamente que el apóstol
Pablo, enseñaba que la mujer no podía ser predicadora ni
educadora en la congregación. Las razones dadas van desde la
falencia en la interpretación del texto; al creer que Jesús sólo
tenía discípulos varones; también al extremo de creer que Eva
arruinó el plan de Dios para toda la humanidad. Como hemos
visto, la primera premisa es falsa porque hubo mujeres que
siguieron y estuvieron en el ministerio de Jesús desde el mismo
comienzo en Galilea. El apóstol Lucas dejo registrado los
nombres de aquellas mujeres que apoyaron económicamente el
ministerio del Mesías. Algunas de ellas estuvieron presentes en
la crucifixión, en el sepulcro y la resurrección de Cristo. Así que
el decir que todos los discípulos fueron hombres es
históricamente incorrecto.

La segunda premisa también es incorrecta porque,


aunque Eva pecara primero, es indudable que Adán también
ocasionó el perjuicio. Por esto considero que el apóstol Pablo no
dijo que, como un principio general la mujer, no podía hablar en
la iglesia, lo que proponía era que las que no estaban
adecuadamente instruidas en el evangelio no lo hicieran. Por
esto pienso que hizo la aclaración en el capítulo tres cuando dijo
que un obispo no puede ser un recién convertido o un neófito.
La implicación de este texto es que no estaba oponiéndose a
que la mujer predicara, sino que las mujeres que pertenecían al
templo de Artemis (Diana), las cuales se habían convertido, y
que aún no tenían ninguna instrucción espiritual, llegaran a
asumir roles de liderazgo en la iglesia.

Supongamos que un predicador estadounidense que se


opone a que la mujer sea pastora y maestra afirma que la
palabra mujer viene de la palabra hombre, que a su vez significa
que la mujer viene desde el vientre del hombre. Realmente es
una sandez y este juego de palabras sólo tiene algún significado
en el idioma inglés, debido a la similitud entre las palabras
hombre—mujer (man—wo-man). Sin embargo, el estudiante
bíblico es conocedor que en el idioma inglés no es el que la
Biblia fue escrita. Cabe mencionar que la teología basada en
juegos de palabras es, por decirlo así, no muy sabio. Es decir,
este pequeño juego de palabras no tiene ningún sentido, y no
se puede hacer en el idioma castellano, ya que no podemos
decir que “la mujer” (woman) vino de la matriz del “hombre”
(man); la palabra hombre y mujer vienen de dos raíces
diferentes. Cada vez que escucho un predicador usar palabras
en inglés que riman para apoyar una posición teológica, sé que
están construyendo una casa sobre la arena, y sabemos lo que
Jesús dijo al respecto.

Una vez que tomé la decisión de iniciar este estudio, tuve


dos perspectivas fundamentales e innegociables. Primero, es
con respecto a la imparcialidad de Dios, sé que Él no toma
decisiones, acciones, o imponer restricciones o muestra
favoritismo basado en diferencias físicas y superficiales. Este
principio fue establecido cuando el Señor le dijo al profeta
Samuel que “el hombre mira la apariencia exterior, pero el Señor
mira el corazón” (1ra de Samuel 16:7). El principio de
imparcialidad muestra un enfoque certero para entender al
Creador.

Además, también orienta de forma veraz en nuestra


interpretación de las Escrituras. Hay algunas cosas que,
basándonos en la imparcialidad de Dios, no pueden ser ciertas,
es decir, un Dios imparcial no establecerá un sistema
determinista en el que el destino de cada persona estaba
predestinado antes de que las acciones y las creencias de estos
se manifestaran. En otras palabras, no puede ser cierto que Dios
sea imparcial mientras determina el destino de la gente antes de
que hubieran actuado para bien o el mal. Básicamente, el
determinismo teológico no puede ser verdad porque es
intrínsecamente prejuicioso y parcial. Y un Dios imparcial no es
lo uno ni lo otro.

Otro punto de partida innegociable es que no se deben


establecer principios eternos haciendo exégesis de pasajes
bíblicos no concordantes entre sí. Es decir, cuando los
interpretamos de forma independiente al carácter de Dios o del
contexto general de Su revelación, puede haber una
equivocación en el verdadero propósito del pasaje. Ninguna
interpretación que contradiga el contexto general del carácter de
Dios tal como se revela en la totalidad de la Escritura, debe ser
visto con desconfianza. Dado que la biblia fue “inspirada por
Dios”, no es posible interpretar esta revelación de una manera
que cause un resultado contrario.

Podríamos encontrar inconsistencias en las narrativas


como resultado de las diferencias culturales y las percepciones
de la gente. Pero una vez se manifesté el carácter de Dios que
emerge de dentro de la narrativa, sus atributos se convierten en
la norma para la interpretación bíblica.

Es básico tener en cuenta lo siguiente: En primer lugar,


“el hombre” es tanto masculino como femenino. Esto significa
que Dios no tiene razones físicas o externas para elegir a uno
sobre el otro para su vocación, su trabajo, y su misión. En
segundo lugar, el Cuerpo de Cristo está conformado por
hombres y mujeres que son pecadores, que tienen la salvación,
el perdón, la reconciliación, y el bautismo. El Espíritu Santo da
los dones espirituales de acuerdo a su voluntad, estos dones
son dados para la edificación de la iglesia y deben ejercerse en
la iglesia. El apóstol Pablo describió que la mujer estaba incluida
en los ministerios de la profecía y la oración en la iglesia usando
los dones dados por el Espíritu Santo.

El rol del liderazgo de la iglesia no es decidir quién ejerce


qué don o cuándo. Nuestro rol como líderes es identificar los
dones que los miembros han recibido e inducir el uso de los
dones para la edificación de los santos. Por último, la mujer tiene
la misma restricción y libertad que el hombre en el uso de los
dones. Por ello debe ejercer sus dones en el orden determinado
por el apóstol Pablo para asegurar la unidad y evitar desórdenes
al interior de la congregación ya que Dios es paz y orden.

La pregunta que si la mujer puede ser ministro de la


Palabra de Dios en la predicación y la enseñanza ha sido
contestada desde mi interior. El “hombre” (masculino y
femenino) fue llamado por Dios para dar las buenas nuevas del
evangelio de acuerdo con los dones que el Espíritu Santo ha
dado. El ejercicio de los dones no puede ser excluido por
apariencias físicas o externas. Algunos lectores quizás están
preguntándose que si al permitir que la mujer predique podría
ser inconveniente y ocasionar perjuicio en la iglesia.

Con base en lo anterior, hago un análisis y deduzco; si la


Corte Constitucional aprueba el aborto en el primer trimestre de
gestación, el inconveniente y el perjuicio es que más adelante,
la interrupción voluntaria del embarazo podría ser también
inducido en el segundo trimestre o incluso hasta el tercer
trimestre. Pues bien, eso es exactamente lo que ha sucedido,
se ha propuesto que la madre pueda abortar “después del
parto”, es decir, estos insensatos, insanos, opinan que la mujer
puede matar al hijo una vez haya nacido. Eso sería un perjuicio
sin precedentes, y en el caso del aborto, hemos visto los
resultados nefastos al tratar de controlar la natalidad a través del
culto a la muerte.

La situación es diferente con respecto al tema de la mujer


en el ministerio, las que predican no son un inconveniente ni
ocasionan perjuicio en la iglesia. Dios creó al “hombre” varón y
hembra, y ambos reflejan la Su imagen. El hecho de que la
compañía estadounidense que ofrece servicios de redes
sociales en línea Facebook, incluye más de cincuenta opciones
variadas de oferta de identidades de genero distintas, no
significa que la condición biológica del ser humano sea así. Hay
dos sexos, masculino y femenino, estos son determinados
bilógicamente. Los cromosomas masculinos son XY y los
cromosomas femeninos son XX; estas designaciones, a nivel
molecular, están en el ADN (ácido desoxirribonucleico) y no se
pueden cambiar, alterar o invertir. Las personas pueden
identificarse con el género que sus fantasías desean, pero el
hecho biológico y genético es que hay dos, y sólo dos, sexos.
Dios creó una esencia singular de “hombre” que se expresa en
la dicotomía de las personas de ambos sexos. Esta discusión no
se trata de un asunto de salvación, se trata de diseño de Dios
para la unidad.

La idea de aceptar que la mujer predique y enseñe, se


cree de manera absurda por algunos que podría conllevar a
ordenar en el ministerio a los homosexuales o de otras prácticas
sexuales; esto es totalmente risible. Ahora bien, está de más
decir que la mujer no es sinónimo de pecado, mientras que los
actos homosexuales son un pecado ante los ojos de Dios. El
inconveniente, paradigma y prejuicio en relación con el tema es
el temor mal infundado e innecesario de que la iglesia falte a la
verdad y sea permisiva. El pueblo de Dios es libre de participar
en el culto público siendo guiado por el Espíritu con base en sus
dones, ya que el Espíritu Santo escoge soberanamente del
cómo los otorga. Es nuestra responsabilidad el identificar los
dones y permitir que las personas puedan ejercerlos para la
edificación de la iglesia. Amén.

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