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Ius ad Bellum: Fuerza y Derecho Internacional

El documento explora la evolución del ius ad bellum, desde sus raíces en la vendetta en sociedades primitivas hasta su regulación en el Derecho Internacional moderno bajo la Carta de la ONU. Se destaca la prohibición general del uso de la fuerza, salvo en excepciones específicas como la legítima defensa y la seguridad colectiva. La conclusión subraya la importancia de fortalecer las instituciones internacionales para garantizar la paz y la seguridad en un contexto de persistencia de conflictos armados.
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Ius ad Bellum: Fuerza y Derecho Internacional

El documento explora la evolución del ius ad bellum, desde sus raíces en la vendetta en sociedades primitivas hasta su regulación en el Derecho Internacional moderno bajo la Carta de la ONU. Se destaca la prohibición general del uso de la fuerza, salvo en excepciones específicas como la legítima defensa y la seguridad colectiva. La conclusión subraya la importancia de fortalecer las instituciones internacionales para garantizar la paz y la seguridad en un contexto de persistencia de conflictos armados.
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Benemérita Universidad Autónoma de Puebla

Complejo regional sur

Licenciatura en derecho

Materia: Derecho Internacional Público

Tema: IUS AD BELLUM

Alumno: Garnica Carrasco Dheus Anubis

Matrícula: 202127093 AD2

Profesora: Eva Hernández Avendaño

Palabras clave: Ius ad bellum – Guerra – Autodefensa – ONU – Seguridad –

Fuerza – Conflicto - Paz

Tehuacán, Puebla a 18 de noviembre de 2024


ÍNDICE

Introducción

1. El uso de la fuerza armada en las relaciones entre estados y el ius ad

bellum en el derecho internacional

1.1. El uso de la fuerza en la etapa pre-jurídica

1.2. El concepto de guerra justa en la Antigüedad

1.3. La Edad Media y la teoría de la guerra justa

1.4. El Derecho Internacional clásico y la transformación del ius ad bellum

2. La Carta de la ONU: Prohibición del uso de la fuerza

3. Uso legítimo de la fuerza bajo la Carta de la ONU

4. Capítulo VII. (Carta ONU)

Conclusión
Introducción

A lo largo de la historia, el uso de la fuerza armada ha sido un elemento central en


las relaciones internacionales, evolucionando desde formas primitivas de
represalia hasta convertirse en un concepto regulado por el Derecho Internacional.
En este contexto, el ius ad bellum, o derecho a la guerra, desempeñó un papel
crucial al legitimar el recurso a la fuerza bajo ciertos criterios. Este ensayo explora
cómo el ius ad bellum pasó de ser un mecanismo de justicia primitiva, como la
vendetta en las sociedades tribales, a un principio normativo basado en la causa
justa durante la Antigüedad y la Edad Media, hasta su transformación en el
Derecho Internacional clásico y su regulación moderna bajo la Carta de las
Naciones Unidas. En este marco contemporáneo, se destaca la prohibición del
uso de la fuerza salvo en excepciones específicas, como la seguridad colectiva y
la legítima defensa, lo que refleja el esfuerzo por equilibrar la soberanía de los
Estados con la búsqueda de la paz y la seguridad internacionales.
1. El uso de la fuerza armada en las relaciones entre estados y el ius ad
bellum en el derecho internacional

La historia de las relaciones internacionales ha estado marcada por el empleo de


la fuerza armada como un mecanismo para resolver controversias entre Estados.
Esta práctica, que encuentra raíces profundas en las estructuras jurídicas
primitivas, ha evolucionado en función de los principios y valores de cada época.
En el Derecho Internacional clásico, el concepto de ius ad bellum —el derecho a la
guerra— fue un pilar fundamental que legitimaba el uso de la fuerza bajo ciertas
condiciones. Este ensayo examina cómo esta noción se desarrolló desde sus
antecedentes primitivos hasta su regulación en el Derecho Internacional moderno,
destacando las etapas cruciales de su transformación.

1.1. El uso de la fuerza en la etapa pre-jurídica

En las sociedades primitivas, el uso de la fuerza se fundamentaba en la vendetta,


una forma de represalia organizada socialmente. Este mecanismo de justicia
primitiva, descrito por Hans Kelsen, permitía a las tribus o individuos tomar
represalias directamente contra un agresor. Así, la autoayuda se convirtió en una
herramienta para imponer sanciones, lo que, en términos de justicia organizada,
puede considerarse un precursor del concepto de guerra justa.

En este contexto, el Derecho inter-tribal operaba de manera descentralizada, sin


órganos institucionales que regularan los conflictos. Cada tribu o comunidad
ejercía su derecho a la fuerza para defender sus intereses, un antecedente directo
del ius ad bellum en épocas posteriores.

1.2. El concepto de guerra justa en la Antigüedad

En la Antigüedad, la guerra justa (bellum iustum) emergió como un principio rector


de las relaciones interestatales. Los antiguos griegos y romanos buscaron justificar
sus conflictos basándose en causas legales y éticas. Según Cicerón, las guerras
eran legítimas únicamente cuando se llevaban a cabo por defensa propia o para
vengar un daño injusto. En Roma, la declaración de guerra seguía rituales
formales como el ius feciale, reflejando la importancia de legitimar las hostilidades
ante los dioses y las leyes humanas.

Este periodo consolidó la idea de que la guerra no podía ser arbitraria; debía estar
fundamentada en una causa justa (iusta causa), marcando un contraste con la
vendetta primitiva. No obstante, la aplicación de este concepto era subjetiva y
dependía del criterio del Estado beligerante, lo que complicaba su implementación
universal.

1.3. La Edad Media y la teoría de la guerra justa

La teoría de la guerra justa alcanzó su máximo desarrollo en la Edad Media,


influenciada por la filosofía cristiana. Teólogos como San Agustín y Santo Tomás
de Aquino elaboraron criterios para determinar la justicia de una guerra,
subrayando que debía tener una causa justa, una intención recta y ser declarada
por una autoridad legítima. Durante este periodo, las guerras podían justificarse no
solo por autodefensa o represalias, sino también por causas religiosas, como las
cruzadas contra paganos y herejes.

Sin embargo, el dominio de esta doctrina comenzó a erosionarse con el


surgimiento de los Estados modernos. La soberanía estatal y la racionalidad
jurídica llevaron a la progresiva secularización del ius ad bellum, desvinculándolo
de consideraciones éticas o religiosas.

1.4. El Derecho Internacional clásico y la transformación del ius ad bellum

Entre los siglos XVII y XVIII, tratadistas como Hugo Grocio y Alberico Gentili
incorporaron elementos de la teoría medieval de la guerra justa, pero con un
enfoque más pragmático y centrado en la soberanía estatal. El ius ad bellum pasó
a ser una prerrogativa discrecional de los Estados, permitiéndoles recurrir a la
guerra por intereses vitales, sin necesidad de justificar éticamente sus acciones.
Esta visión pragmática alcanzó su apogeo en el siglo XIX, cuando los juristas
internacionales se enfocaron más en regular la conducción de la guerra (ius in
bello) que en restringir el derecho a declararla.
En este periodo, la guerra desempeñó dos funciones esenciales en el sistema
internacional: primero, como medio de autoprotección para garantizar derechos y
defender intereses; segundo, como un mecanismo para adaptar el Derecho
Internacional a los cambios políticos globales. Así, el recurso a la fuerza armada
no solo era un derecho, sino también una herramienta jurídica para modelar el
orden internacional.

2. La Carta de la ONU: Prohibición del uso de la fuerza

En la Carta de la ONU se menciona la prohibición general del uso de la fuerza,


incluyendo la guerra (que es solo una clase del uso de la fuerza). La norma básica
se encuentra en el art. 2, pár.4:

Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se


abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad
territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma
incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas.

Esta norma es un principio universal y regla de ius cogens.

3. Uso legítimo de la fuerza bajo la Carta de la ONU

La Carta de las Naciones Unidas de 1945 permite ciertas excepciones a la


prohibición del uso de la fuerza.

Estas excepciones se pueden clasificar en cuatro categorías del uso de la fuerza


legitimado por la Carta de la ONU. Aquí examinaremos el uso de la fuerza armada
por organizaciones internacionales (la ONU y organizaciones regionales) con fines
militares en su sentido tradicional. Las cuatro excepciones contempladas en la
Carta de la ONU son:
(l) Seguridad colectiva bajo el Consejo de Seguridad (artículos 24, 39-51, 106 ). El
capítulo VII (sobre el Uso de la Fuerza, que comprende los artículos 39-51, pero
principalmente por los artículos 40-43) establece la acción coercitiva de seguridad
colectiva ordenada por el Consejo de Seguridad.

(2) Seguridad colectiva bajo las organizaciones regionales (capítulo VIII,


Organizaciones Regionales, artículos 52 y 53). Es la acción coercitiva ejecutada
por las organizaciones regionales con autorización previa del Consejo de
Seguridad.

(3) Autodefensa (artículo 51). La legítima defensa individual o derecho de


autodefensa de un Estado (también llamado de defensa propia). La legítima
defensa, en caso de ataque armado, "no es una potestad que se deje fuera del
sistema colectivo para el mantenimiento de la paz", como bien afirma Waldock.
Esta legítima defensa frente a un ataque puede ser individual o colectiva ([Link].
cuando es atacada una alianza militar como la OTAN). Es el único medio
coercitivo formalmente superviviente del Derecho Internacional clásico.

(4) Contra los antiguos Estados enemigos (artículos 53 y 107). Se refiere a


acciones coercitivas contra las antiguas potencias del Eje Berlín-Roma-Tokio y del
Pacto Tripartito. 3 ~ Hoy esta excepción es considerada anacrónica.

4. Capítulo VII. (Carta ONU)

El Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas establece las acciones que
puede tomar el Consejo de Seguridad ante amenazas, rupturas de la paz o actos
de agresión. Este órgano tiene la autoridad de identificar estas situaciones y
recomendar o decidir medidas para resolverlas. Antes de actuar, puede imponer
medidas provisionales para evitar la escalada del conflicto. Si es necesario, puede
aplicar sanciones no militares, como la interrupción de relaciones económicas,
comunicaciones o diplomáticas. Si estas medidas resultan insuficientes, el
Consejo puede autorizar el uso de la fuerza armada mediante operaciones aéreas,
terrestres o navales para restablecer la paz.

Los Estados Miembros deben colaborar proporcionando recursos y fuerzas


armadas bajo convenios especiales y mantener contingentes disponibles para
intervenciones urgentes. Las operaciones militares se planifican con el apoyo del
Comité de Estado Mayor, que supervisa las estrategias y regula el empleo de las
fuerzas armadas. Además, los Estados tienen la obligación de ayudarse
mutuamente para implementar las decisiones del Consejo, y si las medidas
afectan económicamente a un Estado, este puede solicitar asistencia al Consejo.
Finalmente, se reconoce el derecho a la legítima defensa en caso de ataque,
siempre que se informe al Consejo y no se interfiera con su autoridad para actuar.
Conclusión

La evolución del ius ad bellum refleja la transformación de las relaciones


internacionales desde mecanismos primitivos de justicia hasta un marco jurídico
moderno que busca equilibrar la soberanía estatal con la preservación de la paz
mundial. Desde la vendetta en las sociedades tribales, pasando por la
consolidación del concepto de guerra justa en la Antigüedad y la Edad Media,
hasta la visión pragmática del Derecho Internacional clásico, el uso de la fuerza ha
sido una herramienta central para resolver conflictos y moldear el orden
internacional.

Con la adopción de la Carta de las Naciones Unidas, el uso de la fuerza quedó


restringido bajo principios claros, como la prohibición general contenida en el
artículo 2, párrafo 4, y las excepciones limitadas a la seguridad colectiva y la
legítima defensa. Estas disposiciones reflejan un cambio fundamental en el
Derecho Internacional, pasando de un enfoque basado en prerrogativas estatales
a uno centrado en la cooperación multilateral para garantizar la paz y la seguridad.

En conclusión, el desarrollo del ius ad bellum evidencia tanto la persistencia de


conflictos armados como los esfuerzos normativos para regularlos, destacando la
importancia de fortalecer las instituciones internacionales y los mecanismos de
resolución pacífica como pilares del orden global contemporáneo.
Referencias electrónicas

HERNÁNDEZ CAMPOS, AUGUSTO, uso de la fuerza en el derecho internacional:


aplicación en conflictos internos, Dialnet, 2000, pp. 161 -173,
[Link] consultado el 18/11/2024, 19:00.

Carta de las naciones unidas, ONU, 1965, pp. 1 – 31,


[Link] consultado el
18/11/2024, 19:00.

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