Los Imperios Coloniales y la Globalización
En el capitulo anterior se deja
entrever que el proceso de
globalización se halla comprendido
dentro de las acciones que
organizaciones e instituciones
comerciales de carácter
internacional, ya sean privadas o
estatales, ejercen sobre las
decisiones políticas y
socioeconómicas de los pueblos del
mundo, conviertiendose estas en
distintas formas de control sobre
otras naciones y estados,
sometiendolos a su campo de
influencia de forma directa o indirecta. De tal manera que, estas
generan las condiciones políticas, económicas y sociales sobre las cuales
se establecen actualmente los acuerdos y tratados de “ayuda” y
“cooperación” con los estados y naciones en vías de desarrollo 1.
Entonces, la globalización se define “como un proceso que integra a
nivel mundial el conocimiento, tiene su referente histórico en los
cambios de las formas como se abordan procesos, métodos e
información; su inicio se documenta al final del siglo XX, más allá de la
discrepancia sobre si es un producto del desarrollo tecnológico o una
evolución inevitable del capitalismo.”2
Para María Victoria Flores, la globalización “ Desde el punto de
vista económico reconfigura la forma de abordar los procesos de
producción, distribución y consumo de bienes y servicios en el mundo,
permeando de esta manera todos los actos económicos internacionales.
Desde el punto de vista político, además de la redistribución geopolítica
1
En este orden de ideas, concluida la segunda guerra mundial se hablaba de países
ricos y países pobres, sin embargo, esta clasificación se llegó a considerar inapropiado
por cuestiones propias del debate político existente en el periodo de la guerra fría, por
lo que se asumió una nueva categorización en países desarrollados y subdesarrollados.
Pero, nuevamente se produjo un nuevo debate en la comunidad internacional, lo que
condujo a la formulación de una nueva categorización, pero esta basada en criterios
mucho más depurados y medibles objetivamente. De esta cuenta hablamos en el siglo
XXI de países en vías de desarrollo.
2
FLORES, María Victoria. LA GLOBALIZACIÓN COMO FENÓMENO POLÍTICO, ECONÓMICO
Y SOCIAL, Orbis. Revista Científica Ciencias Humanas, vol. 12, núm. 34, 2016,
Fundación Miguel Unamuno y Jugo, pág.26
de bloques emergentes, establece una nueva categoría de estado, el
estado transnacional. Desde el punto de vista social, nos muestra
evidencia de los efectos negativos de la globalización al redimensionar
la categoría riesgo personal, local o regional inclusive en colectivo-
global o mundial”3 Además, la autora señala que la globalización nos
remonta la segunda mitad del siglo XX, sin embargo existe una amplia
bibliografía que referencian su etapa embrionaria en los inicios del
comercio y medios de pago internacionales abordados por los griegos,
pasando por la época renacentista cuando se fundamentó la doctrina
mercantilista, teoría que inicio la regulación del comercio internacional
y aunque “opuesta” con los principios de la globalización - en virtud de
establecer barreras de ingreso- sobre la cual se fundamenta el comercio
internacional que dio paso a la integración
económica y los bloques comerciales, que
posteriormente configuraron la eliminación
de barreras económicas y la movilidad de los
factores productivos en el mundo, como una
fase evolucionada del comercio internacional,
de tal manera de observar la globalización
que hoy invade el mundo.
En ese orden de ideas se puede considerar,
según esta autora, que “Europa se aproxima
a los vestigios de la globalización en Portugal,
país que considera que la toma de Ceuta –
ciudad prospera económica, religiosa y
militarmente- significo el inicio de la
globalización en el siglo XV, la salida al
exterior se haría por el atlántico y no por una frontera terrestre, esta
invasión transformo las relaciones comerciales en la península. En el
siglo XVI, Ceuta queda en mano de los españoles y Portugal obtiene su
independencia, otros investigadores referencian la firma del Tratado de
Tordesillas como el inicio de la globalización española y portuguesa, la
división geográfica en dos hemisferios entre ambos países.” 4 Dicho en
otras palabras, El Tratado de Tordesillas se convirtio en el primer reparto
del mundo entre dos potencias, en la que la iglesia católica sirvio de
arbitro entre las dos monarquías europeas que habián lanzado a la
busqueda de nuevas rutas comerciales que les llevaran lo más pronto
posible a las tierras y riquezas descritas por Marco Polo y otros
peregrinos que llegaron a conocer el mundo que estaba más allá de los
3
Flores, María Victoria., pág. 26
4
Flores, María Victoria., pág.29
antiguos reinos babilónicos y persas, que aparecian en las Sagradas
Escrituras.
Con el descubrimiento de América, y la llegada a la India y
posteriormente a China y Japón estas dos monarquias alcanzaron el
climax de su poder e influencia política, económica y política, pues lo
pueblos que quedaron sometidas a la soberanias española o portuguesa
respectivamente quedaban obligados a aceptar condiciones de
subyugación y dominio que se
mantuvo a lo largo de los siglos
XVI y XVII. Los historiadores que
estudian este periodo señalan que
surge de esta cuenta el
colonialismo, que se define a
partir de considerar la existencia
de un régimen político y
económico que se caracterizó por
la conquista de poblaciones y la
imposición de la cultura y el
idioma de la nación colonizadora.
De tal manera que podemos
apreciar algunas de las
caracterísitcas que posterirmente
van a definir al proceso de
globalización para la segunda mitad del siglo XX.
Sin embargo, hay dos procesos que surgieron paralelamente y
produjeron cambios significativos al llegar el siglo XVIII. Por una parte
estas monarquías cometieron el grave error de exportar las riquezas
traidas desde sus colonias, poniendolas en manos de la burguesía de
ciudades como Flandés, Amsterdam, París, Génova, o Milán. En este
punto, se puede considerar necesario explicar que ambas monarquias se
resistieron a favorecer sus industrias nacionales, recurriendo a la
importación de nuevas mercancías que inundaron sus mercados,
haciendo casi imposible la sobrevivencia de sus propias industrias
dentro de un mercado europeo dominado por productos ingleses,
franceses, holandeses y en menor medida alemanes. Además, ambas
sostuvieron la necesidad de mantener sus economías bajo formas
económicas de relaciones feudales que no hacian más que aumentar la
crisis política en la que se hallaban para la segunda mitad del siglo XVIII.
Por otra parte, Inglaterra, Francia y Estados Unidos encabezaron
el periodo de las transformaciones polítcas, económicas y sociales
conocidas posteriormente como revoluciones burguesas: revolución
norteamericana, revolución francesa y revolución industrial
repectivamente. Esto ocurría a finales del siglo XVIII y principios del siglo
XIX, dando origen aún nuevo reparto del mundo en el que justificaban
sus “conquistas”5 alegando que tenían una misión civilizadora y una
obligación legal y religiosa. Una de sus bases era creer que el
colonialismo tenía una misión civilizadora, considerando que los únicos
civilizados eran los «países grandes», el resto era considerado
incivilizado y salvaje. Esta ideología racista generó en Europa un
sentimiento de superioridad, que lamentablemente se mantiene hasta la
actualidad y de formas a veces sutiles, otras veces más descaradas,
pero, siendo lo más irónico el hecho de que, por ejemplo, los
latinoamericanos lo aceptemos casi voluntariamente, como que si fuese
una verdad que no necesita ser cuestinada, porque simplemente deber
ser así.
En este punto resulta curioso darnos cuenta que la historia
occidental obvie la existencia de mundo oriental, es decir, historiadores
y políticos fijaron sus ojos y sus discursos acerca de los grandes eventos
ocurridos en esta parte del planeta, haciendo énfasis en los logros,
avances, desafios y retos que los nuevos imperios coloniales (Bélgica,
Francia, Reino Unido, Alemania, Italia,
Rusia, Dinamarca y Países Bajos)
enfrentaron para llevar a occidente hacia la
cúspide del desarrollo económico, político y
cultural. Sin darnos cuenta que su discuso
se apropió del conocimiento, avances,
inventos y otras muchas cosas que no
provienen de esta zona geográfica, sino del
otro lado del mundo, en el que China, por
ejemplo, ya conocia el uso de la imprenta,
la polvora, el papel, el sistema de
intercambio mercantil o el dominio y
sometimiento de otros pueblos ajenos al
suyo desde el siglo VIII d.C.
De esta cuenta, tenemos que hablar de que chinos, mongoles,
japoneses y otomanos, por citar algunos ejemplos, se resistieron al
5
Muchas de estas no fueron más que expulsar a sus antiguos rivales, españoles y
portugueses, de las zonas geográficas que pretendían someter. De esa cuenta, casi
todas las islas del caribe americano quedaron como nuevas colonias, pero, no son más
que propiedades que quedaron sujetas a mecanismos económicos de explotación de
recursos naturales.
poder de los imperios europeos, manteniendo hasta donde les fue
posible su independencia política, económica y cultural. Es importante
señalar que dadas las largas distancias geográficas entre Europa y Asia
hicieron prácticamente imposible que los imperios europeos tuvieran el
mismo impacto en oriente, por ello, estos pueblos construyeron nuevos
imperios a ese lado del planeta. Chinos y japoneses pelearon por el
control del comercio en el lejano oriente, extendiendose hasta el
suroriente del continente, es decir, su
zona de influencia pretendió llegar
hasta Tailandia, Laos y Vietnam. El
centro asiatico basicamente estuvo
controlado por ingleses debido a la
gran variedad de recursos extraidos
de la India y zonas cercanas a ésta,
mientras que el llamado cercano
oriente estuvo bajo la sombra del
imperio otomano.6
Entonces, podemos afirmar
que los imperios coloniales, desde el
siglo XVI, llevaron a cabo una política de globalización, basada en el
monopolio económico y cultural que les otorgó el control absoluto sobre
la explotación de recursos, bienes y pueblos sobre los cuales ejercieron
su condición de soberanía. Esto condujo posteriormente a guerras y
conflictos, cuyas causas oscilan entre el racismo y la discriminación
etnica, religiosa y cultural, pero sobre todo por un capitalismo al que
podemos denominar de “capitalismo salvaje” aplicado por todos estos
imperios, porque no se contuvieron en hacer uso de todo su poder para
controlar amplias zonas geográficamente estratégicas, llevando
sufriemiento, explotación y pobreza al resto de los pueblos y naciones.
Por lo tanto, el colonialismo impulsado por los imperios europeos a
través de una globalización monopólica durante los últimos tres siglos
tuvo impactos negativos como la degradación del medio ambiente, la
propagación de enfermedades y la violación de los derechos humanos.
6
Erin Blakemore señala que el Imperio otomano, uno de los más poderosos de la
historia, pasó de ser un bastión turco en Anatolia a convertirse en un estado vasto que,
en su apogeo, abarcaba hasta Viena (Austria) al norte, hasta el golfo Pérsico al este,
hasta Algeria al oeste y hasta Yemen al sur. El éxito del imperio se debió a su
estructura centralizada tanto como a su territorio: poseía riquezas gracias al control
que ejercía sobre algunas de las rutas de comercio más lucrativas del mundo y
ostentaba poder militar gracias a la impecable organización de su ejército. Pero todos
los imperios que ascienden están destinados a caer, y seis siglos después de que el
Imperio otomano surgiera en los campos de batalla de Anatolia, se desmoronó de
forma catastrófica en el escenario internacional tras la Primera Guerra Mundial.
Finalmente debemos dejar en claro que la
globalización económica aplicada desde el
siglo XVI hasta casi la primera mitad del siglo
XX estuvo basada en los monopolios de
compañias comerciales protejidas por los
reinos europeos, chinos y japoneses. En tanto
que la política de globalización practicada
desde la segunda mitad de este siglo se basa
en el control del mercado mundial por medio
de las grandes compañias multinacionales, en
las que la participación del Estado es cada vez
más reducida, es decir, posee una
participación totalmente opuesta. Otro aspecto a considerar es que el
modelo de globalización actual supone el respeto a la diversidad cultural
y etnica de los pueblos, sin embargo, esto resulta dificil de controlar
pues el fenómeno de la transculturación y aculturación son inherentes a
este modelo económico, debido
principalmente al hecho de que las
fronteras y límites geográficos
practicamente han sido derribados por la
tecnología de la que disponen estas
compañias multinacionales. La cuestión es
que de una u otra forma ha prevalecido las
condiciones de desigualdad, explotación,
pobreza y miseria; haciendo que los
beneficios económicos del sistema
económico mundial reinante queden en
muy pocas manos, aunque los discursos e
intenciones de los líderes sean opuestos a
estas condiciones y fenómenos sociales.
Referencias Bibliográficas
BLAKEMORE, Erin. (13 de diciembre de 2019) Así fue el auge y la caída del
Imperio otomano, REVISTA NAT GEO, HISTORIA,
https://www.nationalgeographic.es/historia/2019/12/imperio-otomano-auge-
caida
DUSSEL, Enrique. (sf) LA OTRA HISTORIA DEL IMPERIO AMERICANO, la
crisis del colonialismo y de la globalización excluyente
FLORES, María Victoria. (2016)LA GLOBALIZACIÓN COMO FENÓMENO POLÍTICO,
ECONÓMICO Y SOCIAL, Orbis. Revista Científica Ciencias Humanas, vol.
12, núm. 34, Fundación Miguel Unamuno y Jugo, Venezuela
HOLCOMBE, Charles, (2016) UNA HISTORIA DE ASIA ORIENTAL, de los
origenes de la civilización al siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, México