0% encontró este documento útil (0 votos)
189 vistas25 páginas

Cuento S

El documento presenta una serie de fábulas y parábolas que transmiten lecciones morales sobre la envidia, la sabiduría, la confianza, la importancia de vivir intensamente y la aceptación de la verdad. A través de personajes como serpientes, cangrejos, genios y ancianos, se exploran temas como el respeto, la felicidad, la familia y el aprendizaje a lo largo de la vida. Cada historia culmina en una moraleja que invita a la reflexión sobre la conducta humana y las relaciones interpersonales.

Cargado por

ccymb9gmzt
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
189 vistas25 páginas

Cuento S

El documento presenta una serie de fábulas y parábolas que transmiten lecciones morales sobre la envidia, la sabiduría, la confianza, la importancia de vivir intensamente y la aceptación de la verdad. A través de personajes como serpientes, cangrejos, genios y ancianos, se exploran temas como el respeto, la felicidad, la familia y el aprendizaje a lo largo de la vida. Cada historia culmina en una moraleja que invita a la reflexión sobre la conducta humana y las relaciones interpersonales.

Cargado por

ccymb9gmzt
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

 La envidia 

Érase una vez una serpiente que día tras día perseguía
incansable a una luciérnaga. Una cálida noche por fin la
atrapó y cuando estaba a punto de comérsela la luciérnaga
le preguntó:

- ¿Le hice algo serpiente?


- No, respondió la ansiosa culebra.
- ¿Pertenezco acaso a su cadena alimentaria?
- No, repitió la serpiente.
- Entonces, ¿por qué se empeña en comerme?,
inquirió la indefensa luciérnaga.

A lo que la serpiente respondió:

- Porque no soporto verte brillar.


 Los tres deseos 

Un genio recién liberado atravesaba un gran río


cuando se topó con un humilde pescador que trataba de
distraerse en una pequeña barca. Al verlo, el genio que
estaba exultante de alegría, se acercó al bote y le dijo al
pescador:
- Te concedo tres deseos, pídemelos y se harán
realidad.
El pescador, un tanto sorprendido, contestó:
- Me gustaría que me hicieses lo bastante inteligente
como para hacer una elección perfecta de los otros
dos deseos.
- ¡Hecho!, asintió el genio, y ahora dime cuáles son
los otros dos deseos.
- Gracias, no tengo más deseos, contestó el pescador.
 El regalo 
Un maestro estaba transmitiendo sus enseñanzas a un
grupo de discípulos cuando un hombre se le acercó y le
insultó gravemente, con intención de agraviarlo. Lejos de
responder de la misma forma, el maestro optó por la
indiferencia absoluta quedándose quieto y en silencio.

Cuando el hombre se hubo ido, uno de los discípulos


preguntó indignado al maestro:

- ¿Por qué ha dejado usted que ese hombre le insulte?

A lo que el maestro respondió sereno:

- SI yo te regalo un caballo y tú no lo aceptas, ¿de


quién es el caballo?

 Fuego, agua y confianza


Érase una vez el fuego, el agua y la confianza. Un día
salieron a pasear y entraron en un bosque inmenso y
frondoso. Al percatarse del riesgo, el fuego enseguida
advirtió a sus compañeros:

- sí por casualidad me pierdo, busquen humaredas,


porque allí donde hay humo está presente el fuego.

Al oírlo, el agua puntualizó lo siguiente:

- Está bien que lo digas. Si me pierdo yo busquen


humedad porque allí donde hay humedad hay agua.
Por último, sentenció la confianza:

- Pues si soy yo la que se pierde no me busquen en


ningún sitio porque una vez perdida la confianza no
se recupera jamás.

 El sabio y la serpiente
Cuentan que hace muchos años vivía una serpiente en
la cueva de una montaña, en una zona de la India, y tenía
atemorizada a toda la población. Y es que, nadie podía
acercarse a ella porque la serpiente no dudaba en
morderles y reaccionaba siempre con agresividad.

Por este motivo, la serpiente comenzó a quedarse muy


sola, ya que nadie se atrevía a ir a su cueva. Un día, se
encontraba tan triste que la culebra decidió pedirle consejo
a un sabio que residía muy cerca de su cueva.

- Necesito consejo, le dijo al sabio.


- ¿Qué sucede?, respondió el hombre.
- Nadie viene a verme, todos me tienen miedo porque,
hasta ahora, cuando se acercaban a mí recibían un
mordisco envenenado de mi parte.
- Claro, siendo así es normal que te tengan miedo,
contestó el sabio. Lo que debes hacer es tan simple
como dejar de morder.
- De acuerdo, no lo volveré a hacer, aseguró la
serpiente.

Y se marchó. Al cabo de unos días, el sabio quiso saber


cómo se encontraba la serpiente y se acercó a su cueva. La
encontró magullada y dolorida, temblando de miedo y llena
de golpes.

- Pero serpiente, ¿qué ha pasado?, preguntó el sabio


sorprendido y preocupado.

- Hice lo que me aconsejaste y como ya no mordía todos


se pusieron a pegarme y a insultarme, relató la serpiente.
- Claro, no entendiste bien, apuntó el sabio, te dije que
no les mordieras más, no que no les enseñaras los colmillos
y silbaras.

Moraleja: No ataques al resto, pero


gánate el respeto de los demás y
defiéndete si es necesario.

 Dos cangrejos 

Érase una vez un cangrejo que tenía un hijo con las


piernas torcidas que, en lugar de caminar hacia atrás, lo
hacía de costado. El padre, que lo amaba más que a nada
en este mundo, no paraba de repetirle una y otra vez:
- ¡No roces tu cuerpo contra las piedras mojadas! ¿No
sería mejor que echaras el cuerpo hacia atrás?
Tantas veces oía el cangrejo hijo la misma regañina de
su padre que un día se cansó y le respondió sin
miramientos.
- Padre mío, yo no hago sino lo que veo. Si tu andas de
costado, ¿cómo quieres que yo no lo haga? Debes
corregirte tú primero para yo seguir tu ejemplo,
camina tú derecho y yo podré imitarte.

Moraleja: Más enseñan buenas acciones


que amorosos sermones.

 El lobo y el
murciélago 
Volando de rama en rama, un
murciélago fue a caer sobre el
lecho de un lobo que se
encontraba durmiendo. Éste se
despertó al instante y muy
malhumorado cogió al
murciélago y a punto estuvo de
devorarlo.

Entonces el murciélago clamó


por su libertad.

- Te dejaré
lobo. – Que me digas por qué
los murciélagos estáis siempre tan alegres. Yo, en cambio,
soy un fastidio.

El murciélago aceptó la condición pero le dijo al lobo:


- Está bien, te lo diré, pero déjame libre primero. Me das
mucho miedo y estoy asustado.
El lobo lo dejó libre y el murciélago
cumplió su palabra. Le contó al lobo
la razón de su alegría, a la par que le
increpaba y se burlaba de él.

- Te fastidias, compadre, eres


malo y siempre estás de mal
humor porque tu crueldad seca
tu corazón. En cambio
nosotros, ¿sabes por qué
siempre estamos felices y
alegres? Porque nunca
tratamos de hacer daño al
prójimo.

Moraleja: Quien a nadie hace daño, vive


feliz todo el año.

 La tristeza y la furia 
En un reino encantado donde los hombres nunca
pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan
eternamente sin darse cuenta… En un reino mágico,
donde las cosas no tangibles se vuelven concretas… hubo
una vez un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde


nadaban peces de todos los colores existentes y donde
todas las tonalidades del verde se reflejaban
permanentemente...

Hasta ese estanque mágico y transparente se


acercaron un día a bañarse haciéndose mutua compañía la
tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas


entraron al estanque. La furia, apurada, como siempre está
la furia, se bañó rápidamente y más rápidamente aún salió
del agua… Pero la furia es ciega, o por lo menos no
distingue claramente la realidad. Así que, desnuda y
apurada, se puso al salir la primera ropa que encontró… Y
sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza…
Y así vestida de tristeza la furia se fue.

Mientras, muy calmada y serena, dispuesta como


siempre a quedarse donde está, la tristeza terminó su baño
y sin ningún apuro y lentamente salió del estanque. Y en la
orilla se encontró con que su ropa ya no estaba. Como es
sabido, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al
desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al
estanque, la de la furia.

Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se


encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada,
pero si nos damos el tiempo de mirar bien encontramos que
esta furia que vemos es sólo un disfraz y que, detrás del
disfraz de la furia, en realidad… está escondida la tristeza.

 Tiempo
vivido 

Érase una vez un hombre que vagaba por el


mundo viajando y contemplando nuevos paisajes y lugares.
Un día llegó a un pueblo en el que había un gran valle.
Entró y era un cementerio.
Miró una lápida y comprobó que era de un niño de 8 años.
Se asustó, pero siguió mirando y la segunda que vio era la
de otro niño de 5 años. Después, otro de 6, uno de 7… El
hombre desolado decidió sentarse en una piedra y comenzó
a llorar, pues a simple vista, parecía que la persona con
mayor edad de aquel cementerio no superaba los 12 años.
En ese momento llegó el cuidador del cementerio
y al ver al hombre llorar se acercó y le preguntó:
- ¿Llora usted por algún familiar?
- No señor, verá usted, ¿qué maldición es la que hay
aquí para que todos los niños mueran? ¿Una plaga?
¿Alguna enfermedad?
El cuidador sonrió y le respondió: - Tranquilo,
buen hombre, aquí casi nunca mueren niños. Lo que ocurre
es que existe una tradición según la cual cuando un chico
cumple 15 años recibe una libretita donde va apuntando, a
lo largo de su vida, todas las veces que vive algo muy
intensamente y cuánto dura cada cosa. El primer beso, el
primer amor, una fiesta con amigos. Así, cuando mueren se
mira en su libreta y se suman todos los momentos
apuntados. Y, ¿sabe por qué? Porque en este pueblo
pensamos que el tiempo disfrutado intensamente es el
tiempo realmente vivido.

 Vivir
aprendiendo 

A los 5 años aprendí que a los pececitos dorados no les


gustaba la gelatina.
A los 9 aprendí que mi profesora sólo me preguntaba
cuando yo no sabía la respuesta.
A los 10 aprendí que era posible estar enamorado de 4
chicas a la vez.
A los 12 aprendí que, si tenía problemas en la escuela, los
tenía más grandes en casa.
A los 13 aprendí que, cuando mi cuarto estaba del modo
que a mi me gusta, mi madre me mandaba ordenarlo.

A los 15 aprendí que no debía descargar mis frustraciones


en mi hermano pequeño porque mi padre tenía
frustraciones mayores y la mano más fuerte.
A los 20 aprendí que los grandes problemas siempre
empiezan siendo pequeños.
A los 25 aprendí que nunca debía elogiar la comida de mi
madre si lo que estaba comiendo había sido cocinado por
mi mujer.
A los 27 aprendí que basta un instante para hacer algo que
va a hace que te duela la cabeza el resto de tu vida.
A los 30 aprendí que con la boca cerrada se cometen
muchos menos errores.
A los 34 aprendí que siempre que estoy en casa me
gustaría estar fuera y siempre que estoy fuera me gustaría
estar en casa.
A los 39 aprendí que sabes que alguien te quiere cuando
quedan dos croquetas y elige la menor.
A los 42 aprendí que si estás llevando una vida sin fracasos
no estás corriendo los suficientes riesgos.
A los 44 aprendí que puedes alegrarle el día a una persona
con sólo enviarle una postal.
A los 47 aprendí que niños y abuelos son aliados naturales.
También aprendí a esa edad la verdadera importancia de la
familia, de la gente simple y de la vida misma.
A los 55 aprendí que es imposible irse de vacaciones y no
engordar cinco kilos.
A los 63 aprendí que es razonable disfrutar del éxito, pero
sin confiar demasiado en él. También a los 63 aprendí que
no se puede cambiar el pasado, pero sí dejarlo atrás.
A los 64 aprendí que la mayor parte de las cosas por las
que más me he preocupado en mi vida nunca han sucedido.
A los 67 aprendí que, si esperas a jubilarte para disfrutar de
la vida, has esperado demasiado tiempo.
A los 71 aprendí que nunca te debes ir a la cama sin
resolver una pelea.
A los 72 aprendí que, la paz no se logra si realmente no
estás dispuesto a perdonar.
A los 76 aprendí que envejecer es algo muy importante.
A los 90 aprendí que en mi vida amé mucho menos de lo
que debía.
A los 92 aprendí que todavía tenía mucho que aprender.
 Parábola de la parábola
Hace mucho tiempo andaba la Verdad, de pueblo en
pueblo, por las calles, tratando de acercarse a cuantas
personas se encontraba en su camino, pero lejos de
conseguirlo, la gente siempre le respondía con desprecio.
Nadie quería hablar con ella ni conocerla. La veían desnuda,
sin lujos ni pretensiones, tan sumamente simple y sencilla,
como es siempre la Verdad, que a pesar de que trataba de
ser amable y de entrar en sus hogares, la gente la
humillaba y le cerraba sus puertas.
Por todo esto, andaba un día la Verdad llorando, muy
triste, y, de repente, alguien que pasó por delante de ella,
llamó totalmente su atención. Quizá por su alegría, su
sonrisa o por la indumentaria llamativa y elegante que
portaba. Todo el mundo al verla se paraba a saludarla. Era
la Parábola.
La Parábola al ver llorar a la verdad se paró y le preguntó:
- ¿Por qué lloras Verdad?
- Porque nadie me quiere, todo el mundo me
desprecia y no me aceptan en sus casas, dijo
la Verdad. A lo que la Parábola respondió:
- Te entiendo Verdad… pero creo que te pasa
eso porque vas desnuda por la vida. Prueba a
vestirte y ponte ropa como la mía, colorida,
llamativa, elegante… Ya verás el cambio.
Parábola le prestó uno de sus vestidos a Verdad y
milagrosamente desde ese día todo el mundo quiere
y respeta a la Verdad.

Moraleja: Nadie
acepta la verdad
desnuda. Todos la prefieren disfrazada
de parábola.

 La ley del Talión 

En una familia un niño observaba como todo el mundo


trataba mal al abuelo, un anciano un poco torpe debido a la
edad, al que le recriminaban continuamente que no pudiera
hacer ciertas cosas, que derramara la comida, etc.
Dado que sus manos ya estaban temblorosas era
frecuente que el anciano rompiera la vajilla al tratar de
cogerla, motivo por el cual, el padre del
niño e hijo del anciano, había fabricado
un cuenco de madera donde cada día
le servían al abuelo la comida.
Un día el padre del niño
sorprendió a su hijo intentando
hacer un cuenco muy
similar al que usaba el abuelo.
Ante la pregunta del
padre sobre por qué estaba
haciendo eso el niño respondió:
“Lo estoy haciendo para ti papá, para cuando seas viejo”.
Desde ese día, nadie en casa volvió a tratar mal al
abuelo.
 La señal 

El único superviviente de un naufragio llegó a una isla


deshabitada y cada día pedía a Dios ser rescatado. Divisaba
el horizonte una y otra vez en busca de una ayuda que
nunca llegaba y, cansado de esperar, decidió construirse
una cabaña de madera donde protegerse de las
inclemencias del tiempo y, de paso, guardar las pocas
pertenencias que tenía.
Un día se alejó de la cabaña para buscar algo de
alimento y cuando regresó su chabola estaba envuelta en
llamas. Una gran columna de humo se elevaba hacia el
cielo y el náufrago, que lo había perdido todo por segunda
vez, se hundió en un delicado estado de desesperación y de
rabia.
- ¡Oh Dios!, ¿cómo me puede pasar esto?, se
lamentaba.
Sin embargo, al día siguiente sucedió lo inesperado. El
sonido de un barco que se acercaba a la isla despertó al
náufrago. Habían venido a salvarlo.
- ¿Cómo supieron que estaba aquí?, preguntó a sus
salvadores.
- Por sus señales de humo, contestaron ellos.

Moraleja: es muy
fácil
descorazonarse
cuando las
cosas van mal. Así que recuerda siempre
que cuando tu cabaña se vuelva humo
puede ser la señal de que la ayuda está
en camino.

 ¿Qué es el amor? 
-
- ¿Qué es el amor?, preguntó
una niña a su hermano mayor,
de camino a casa.
Él respondió:

chocolate del almuerzo y yo, aún


así, lo sigo dejando en el mismo
sitio para ti todos los días…
 Alzheimer 
Un hombre de cierta edad fue un día a una clínica para
hacerse curar una herida en la mano. Tenía bastante prisa
y, mientras le curaba, el médico le preguntó qué era eso
tan urgente que tenía que hacer.
El anciano le dijo que tenía que ir a una residencia de
ancianos para desayunar con su mujer. Padecía un
alzheimer muy avanzado y , desde hacía algún tiempo,
permanecía ingresada en ese centro al que el anciano
acudía día tras día. Mientras le acababa de vendar la
herida, el doctor le preguntó si ella se alarmaría en caso de
que él llegara tarde esa mañana.
- No -respondió el anciano- ella ya no sabe ni quien soy.
Hace más de cinco años que ni me reconoce.
- Entonces, -preguntó el médico- si ya no sabe quien es
usted, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas
las mañanas?
El anciano sonrió y dijo:
- Ella no sabe quien soy yo, pero yo todavía sé quien es

ella…

 La joya 
Cuenta una leyenda que, en uno de sus muchos viajes
por el mundo, un monje andariego se encontró una piedra
preciosa. La cogió y la guardó en su talega.
Al tiempo, se topó con otro viajero errante y al abrir
su talega para ofrecerle alguna de sus provisiones el
hombre vio la joya y se la pidió. El monje se la dio sin
ningún problema.
El viajero agradeció al monje su inesperado regalo y
siguió su camino lleno de gozo, pues el valor de la piedra
preciosa debía ser tan elevado que podría vivir el resto de
su vida rodeado de riqueza.
Pero pocos días después, el viajero volvió en busca del
monje y cuando lo encontró le devolvió su piedra y le
suplicó:
- Tenga, ya no quiero la piedra. Me gustaría que me de
algo de mucho más valor que esta joya tan valiosa…
Deme por favor lo que le permitió desprenderse de
ella tan fácilmente y dármela a mí.

 Obstáculos 

Hace mucho tiempo, un rey colocó una gran roca en


mitad de un camino obstaculizando totalmente el paso.
Después se escondió y permaneció oculto observando la
reacción de la gente que pasara por allí. Quería comprobar
si alguien era capaz de apartar la pesada roca.
Así, algunos de los comerciantes más adinerados y
cortesanos del rey que llegaron hasta allí simplemente se
dieron la vuelta al ver que el paso estaba cortado. Otros,
culparon al propio rey de no mantener los caminos
despejados. Sólo uno trató de desplazar a un lado la
tremenda piedra, un campesino que transportaba verduras
y que se vio obligado a detenerse, poner su carga en el
suelo y empujar con fuerza la roca.
Tras mucho esfuerzo, lo logró. Y mientras volvía a
cargar sus verduras observó una bolsa que había aparecido
al quitar la piedra. La cogió y para su sorpresa estaba llena
de monedas de oro. También contenía una nota firmada por
el propio rey en la que decía que el oro sería para aquella
persona que se molestara en mover la pesada roca.
El campesino aprendió ese día lo que otros nunca
entendieron.

Moraleja: Cada obstáculo en la vida


presenta una oportunidad para mejorar
nuestra condición.
 La llama interior 
Cuentan que en un tiempo hubo un rey muy rico en la
India, que tenía fama de ser indiferente todas las riquezas
materiales, una condición un tanto inusual para alguien de
su estatus y categoría.
Un día uno de sus súbditos, movido por la curiosidad,
quiso saber de primera mano el secreto del soberano para
no dejarse deslumbrar por el oro, las joyas y los lujos que
caracterizaban a la nobleza de su tiempo. Y con tal pretexto
se presentó ante el rey y cortésmente le preguntó:
- Majestad, ¿cómo lo hace usted para cultivar la vida
espiritual en medio de tanta riqueza?
El rey respondió:
- Te lo revelaré si recorres mi palacio para que
compruebes la magnitud de mi riqueza. Pero debes
llevar una vela encendida en la mano y tratar de que
no se apague en todo el trayecto. Si se apaga, será
decapitado.
El súbdito aceptó y terminó el paseo con la vela encendida.
Cuando el soberano quiso saber su opinión acerca de las
riquezas que albergaba su palacio, el hombre respondió:
- Lo siento, Majestad, apenas me hice cargo de nada
porque estaba centrado únicamente en que la llama
no se me apagara.
Entonces el rey descubrió su secreto. “He ahí la cuestión.
Estoy tan centrado en avivar mi llama interior que no me
interesan en absoluto las riquezas de fuera, no las
necesito”.
 Aunque se pierdan
batallas 

Un soldado destacado en la Selva recibe un día una


carta de su novia desde Lima. La carta decía lo siguiente:
“Querido Luis. Ya no puedo continuar con esta
relación. La distancia que nos separa es demasiado grande
y pesa mucho. Tengo que admitir que te he sido infiel tres
veces desde que te fuiste y creo que ni tu ni yo nos
merecemos esto. Lo siento. Por favor, devuélveme la foto
que te envié. Con amor, María”.
El soldado, muy herido, pidió a todos sus compañeros
del batallón que le regalaran fotos de sus novias, hermanas,
amigas, tías, primas, etc. Todas las que consiguió, junto con
la de María, las metió en un sobre con una nota que decía:
“María, perdóname, pero no puedo recordar quien
eres. Por favor, busca tu foto en el interior del sobre y me
devuelves las otras 88. Luis”.

Moraleja:
Aún derrotado…
hay que saber golpear al
enemigo.
 Respetar las opiniones 

Un hombre estaba poniendo flores en la tumba de su


esposa, cuando vio a otro hombre, de origen chino,
colocando un plato de arroz en la sepultura de al lado. El
hombre sorprendido se dirigió al chino y le preguntó:

- Disculpe, señor, ¿de verdad cree que el difunto va a


levantarse y se va a comer el arroz?
- Si, -respondió el hombre chino-, lo hará cuando el suyo
venga también a oler sus flores.

Moraleja: saber respetar las opiniones y


actos de los demás es una de las mayores
virtudes que un ser humano puede tener.
Igual que las personas somos diferentes,
también lo son nuestras opiniones, formas
de actuar y de pensar. No juzgues, trata
de comprender al otro, y si no puedes
comprender simplemente acepta.
 Prejuicios de vecinos 

Un hombre se disponía a colgar un cuadro en su casa,


cuando se dio cuenta de que tan sólo tenía el clavo. La
faltaba un martillo. Recordó entonces que su vecino tenía
uno y pensó que podía pedírselo.
En ese momento le asaltaron las dudas. “¿Y si no
quiere prestármelo? Ahora recuerdo que el otro día me
saludó algo distante. Quizá tenía prisa o iba distraído, pero
quizá es que tiene algo en mi contra o le han contado algo
falso sobre mi… Porque yo no le he hecho nada, ni he dicho
nada sobre él a nadie, Eso lo tengo muy claro. Y si a mi
alguien me pidiera prestada una herramienta, se la dejaría
encantado. ¿Por qué no va a hacerlo él también? ¿Cómo
puede uno negarse a hacerle un favor tan sencillo a otro?
Tipos como éste le amargan a uno la vida. Lo mismo se
piensa que dependo de él sólo porque tiene un martillo…
Esto ya es el colmo! Pues se va a enterar…!
Y en un ataque de impulsividad, provocado por su
desacertado bucle de pensamientos negativos, el hombre
sale corriendo hacia la casa del vecino y toca
apresuradamente el timbre. Se abre la puerta y, antes de
que el dueño del martillo abra la boca, el hombre le grita
con furia:
- ¿Sabe lo qué le digo? Que es usted un poco estúpido y
que se puede meter su martillo por donde le quepa!!!
-
Moraleja: Cuando observas a alguien
desde tus propios prejuicios e ideas
preconcebidas, o cuando tu eres visto desde
esa misma perspectiva, no existe objetividad
en la observación. Es un acto de libertad
interior y sabiduría mental el no dejarse
encasillar ni condicionar por estereotipos
desdibujados, así como evitar extraer
conclusiones anticipadas.

 Recompensas 

Una tarde, un pequeño se acercó a su madre que


estaba preparando la cena y le entregó una hoja de papel
en la que había escrito algo. Tras lavarse las manos y
quitarse el delantal, la mamá leyó la nota:
- Cortar el césped del jardín… 15 €
- Limpiar mi cuarto ………….. 5 €
- Cuidar de mi hermano……… 3 €
- Ir a comprar el pan…………. 0,5 €
- Sacar la basura todos los días….2,5 €
- Sacar buenas notas…………… 50 €
- Limpiar el patio………………… 5 €
TOTAL ADEDUDADO: 81 EUROS.

La madre miró al niño con firmeza, mientras él


aguardaba expectante, tomó un lápiz y anotó en el reverso
de la misma hoja:
- Por llevarte 9 meses en mi vientre y darte la vida….
NADA
- Por tantas noches de desvelos, por cuidarte y
mimarte… NADA
- Por la alegría y el amor de nuestra familia…. NADA
- Por las preocupaciones y el temor cuando
enfermabas…. NADA
- Por comida, ropa y educación… NADA
- Por tomar tu mano y darte apoyo… NADA
Cuando el niño terminó de leer lo que había escrito su
madre tenía los ojos llenos de lágrimas. La miró y le dijo:
“Te quiero, mamá”. Después tomó de nuevo el lápiz y
escribió con letra muy grande: “TOTALMENTE PAGADO”.

Moraleja: Así somos las personas, como los


niños, pretendiendo recompensas por
nuestras buenas acciones. Es difícil entender
que la mejor recompensa es el AMOR y que,
para nuestra suerte, es totalmente GRATIS.

Lo bueno de ser sordo. Era hace una vez


una corrida de sapos. El objetivo era llegar al
o alto de una gran torre, había en el lugar una
gran multitud,
de vibrar y evitar por ellos. Comenzó la
competencia. Pero como la multitud no creía
que pudieran alcanzar la cima de aquella
torre, lo que más escuchaba era que pena
esos sapos no lo van a conseguir, no lo van a
conseguir. Los apitos comenzaron a desistir,
pero había uno que persistía y continuaba

subiendo en busca de la cima. La multitud


continuaba agritando que pena no lo va a
conseguir y los apitos estaban dandose por
vencidos. Salvo a aquel zapito que sería y
sería tranquilo y ahora cada vez con más y
más puerta. Cuando estaban llegando al final
de la competición, todos desistieron.

[ Inaudible ]

Ya

También podría gustarte