TEMA 31: ESQUELETO CARDÍACO
El corazón es un órgano hueco organizado en cuatro cavidades, las dos aurículas y los dos ventrículos. La pared
cardíaca en todas estas regiones está constituida por tres capas de diferente tejido. La capa interna constituye
la superficie interna de las cavidades cardíacas en contacto con la sangre y está formada por el endocardio. La
superficie externa del corazón posee un revestimiento seroso denominado epicardio, bajo el cual discurren los
vasos coronarios. Entre ambas capas se dispone el miocardio, que es el componente principal de las paredes
cardíacas.
El endocardio tapiza las cavidades cardíacas y entra en contacto directo con la sangre. Está formado por un
endotelio que se apoya sobre una capa subendotelial de tejido conjuntivo rico en fibras elásticas y colágenas.
Una capa subendocárdica de tejido conjuntivo laxo, rico en vasos y nervios, se dispone entre el endocardio y
el miocardio, y se entrelaza con la matriz de tejido conjuntivo que separa los haces miocárdicos.
El epicardio cubre la superficie del miocardio. Es una membrana muy delgada que pertenece a la serosa
pericárdica.
El miocardio es la capa más característica del corazón e incluye tres componentes. En primer lugar, posee
tejido muscular, denominado músculo cardíaco de trabajo, sobre el que recae la carga mecánica de la
contracción de las cavidades cardíacas. Éste es el componente mayoritario del corazón y su grosor es máximo
en el ventrículo izquierdo, intermedio en el ventrículo derecho, y muy reducido en las aurículas. El segundo
componente es una variación de tejido muscular cardíaco, denominado tejido de conducción del impulso
cardíaco, cuya función es análoga a la que ejerce el tejido nervioso en el músculo esquelético, es decir, genera
estímulos para activar la contracción de la musculatura de trabajo y conduce los estímulos para coordinar el
orden de la contracción del músculo de trabajo con el fin de conseguir la máxima eficiencia en el bombeo de
la sangre. Por último, ambos tipos de tejido muscular están incluidos en un complejo armazón de tejido
conjuntivo que se extiende hasta las zonas subendocárdica y subepicárdica. A este componente se le denomina
el estroma cardíaco, y su función es fundamental para establecer y mantener la forma del corazón, para
organizar espacialmente la dinámica cardíaca y, actuando como un aislante eléctrico, para impedir
cortocircuitos en la transmisión del estímulo bioeléctrico.
1. ARQUITECTURA DEL MIOCARDIO
A) FIBRAS AURICULARES
Las paredes auriculares poseen una capa miocárdica fina y de grosor heterogéneo. En la aurícula derecha el
mayor grosor corresponde a la cresta terminal. En la aurícula izquierda las paredes superior y posterior son
algo más gruesas que las otras. Estructuralmente, en ambas aurículas son apreciables dos capas fibrilares, una
subepicárdica y otra subendocárdica, pero entre las dos no hay límites definidos. Las fibras musculares de
ambas capas muestran orientaciones precisas, adquiriendo en algunas regiones una organización en fascículos
que se han descrito con términos específicos.
B) FIBRAS VENTRICULARES
La arquitectura de las fibras musculares en el interior de la masa ventricular es más compleja que en el caso de
las aurículas. Podemos distinguir tres capas de fibras musculares: superficial (subepicárdica), media y profunda
(subendocárdica).
Capa superficial (subepicárdica). Está constituida por fibras que pasan desde la base del corazón, a nivel de
los anillos fibrosos, hacia el vértice, extendiéndose desde un ventrículo al otro, formando una capa común. En
el vértice, las fibras superficiales se invaginan en una disposición típicamente espiroidea, para continuarse con
la capa profunda o subendocárdica. Las fibras cruzan de forma oblicua los surcos interventricular anterior y
posterior del corazón, aunque son más horizontales las fibras que se sitúan sobre el ventrículo derecho que las
que se sitúan sobre el izquierdo.
Capa media. Solamente el ventrículo izquierdo posee una capa media. Las fibras de la capa media están
orientadas más horizontalmente que las de la capa superficial. Es una capa más gruesa en el ecuador del
ventrículo y se adelgaza progresivamente a medida que nos acercamos a los extremos basal y apical. En el
extremo apical, la capa media rodea una pequeña apertura a través de la cual las fibras de la capa superficial
pasan a ser subendocárdicas. En el extremo basal, la capa media tiene una apertura mucho más extensa y en
forma circular o elíptica, debido a que sus fibras no se insertan ni en el anillo mitral ni en el aórtico.
Capa profunda (subendocárdica). La capa subendocárdica está constituida por fibras preferentemente de
orientación longitudinal, las cuales proceden de la capa superficial, que se invagina a nivel de los vértices
derecho e izquierdo de los ventrículos. Desde estos vértices se dirigen hacia los músculos papilares
ventriculares, a los orificios auriculoventriculares, a los orificios arteriales (tronco de la pulmonar y de la aorta)
y, por último, a la porción membranosa del tabique interventricular.
1.2 ARQUITECTURA DEL TEJIDO CONECTIVO INTRAMIOCÁRDICO
Desde el epicardio al endocardio, y desde los orificios de las grandes venas a las raíces de los troncos arteriales,
los espacios intercelulares entre las células contráctiles de trabajo y las especializadas del tejido de conducción
están ocupados por tejido conectivo que forma el estroma cardíaco o matriz cardíaca intersticial. Esta matriz
conectiva desempeña un papel relevante en el mantenimiento del tamaño y la forma del corazón.
Se distinguen en esta matriz dos tipos: el denominado esqueleto fibroso del corazón y las redes de matriz
extracelular, que se constituyen en el resto de las paredes miocárdicas.
Las redes de matriz extracelular se organizan jerárquicamente en tres niveles diferentes: endomisio, perimisio
y epimisio. El endomisio es una red de colágeno que reviste a cada uno de los miocitos y se extiende, además,
en forma de tractos fibrilares entre ellos o entre un miocito y un capilar sanguíneo, desapareciendo tan sólo los
discos intercalares. Grupos de miocitos o trabéculas miocárdicas o están revestidos, a su vez, por la red de
perimisio, existiendo tractos conectivos que conectan entre sí las redes de perimisio. Por último, el epimisio es
la red situada profundamente con respecto al epicardio o al endocardio del corazón, y, a su vez, está
interconectado con las redes de perimisio.
Dentro de los componentes celulares del estroma cardíaco, cabe resaltar una población celular denominada
telocitos. Estos elementos celulares, que no son exclusivos del corazón, han recibido gran atención en la última
década por su posible papel en la reparación endógena de las lesiones isquémicas del miocardio. Los telocitos,
que son liberadores de factores tróficos, forman una amplia red asociada a la matriz extracelular y conectada
con miocardiocitos inmaduros. Se supone que los telocitos regulan espacialmente la diferenciación y
crecimiento del miocardio, incluyendo la distribución por las zonas lesionadas de células madre de origen
exógeno o endógeno.
Las redes cumplen diversas funciones:
• Distribuyen y coordinan la fuerza de contracción de las fibras musculares de trabajo.
• Son un factor determinante en la relajación del miocardio, manteniendo la forma del corazón durante la
diástole cardíaca.
• Al disponerse de forma radial entre los miocitos y los capilares sanguíneos, mantienen abiertos estos últimos
durante la sístole cardíaca.
• Participan en la distribución y coordinación del estímulo eléctrico a lo largo de las paredes del miocardio,
contribuyendo a la eficaz sucesión de los distintos acontecimientos del ciclo cardíaco.