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La estructura política del Estado Mexicano deriva de su Constitución y está
compuesta por cuatro elementos: humano, territorial, gobierno y jurídico. El
elemento humano abarca a los nacionales, extranjeros y ciudadanos. Los
nacionales incluyen a personas físicas y morales, siendo mexicanos por
nacimiento, naturalización o con doble nacionalidad. Existen restricciones para los
naturalizados y quienes tienen doble nacionalidad en cuanto a ocupar cargos
públicos y adquirir bienes en ciertas zonas. Los extranjeros pueden ser no
inmigrantes o inmigrantes, con diversas limitaciones legales. El elemento territorial
comprende el espacio geográfico bajo el control del Estado, abarcando el
subsuelo, superficie terrestre, espacio aéreo, mares y islas. Las competencias
sobre el territorio se dividen entre la federación, los estados y los municipios. El
gobierno es el órgano encargado de la creación y aplicación del orden jurídico.
México se organiza como una república representativa, democrática, laica y
federal. El poder ejecutivo está a cargo del presidente, quien es elegido por
votación directa y ejerce como jefe de Estado y de Gobierno. A nivel local, los
gobernadores, legisladores y tribunales ejercen sus competencias dentro de sus
respectivas jurisdicciones. El elemento jurídico está representado por la
Constitución, que es la ley suprema del país. Establece el marco legal para la
convivencia, define las competencias de los poderes y autoridades, y determina
los derechos y obligaciones de los ciudadanos y extranjeros. La Constitución
armoniza el conjunto de normas que rigen la vida en el país y garantiza el respeto
al orden jurídico, normas que regulan la vida en sociedad y definen el
funcionamiento del Estado. Este marco legal es lo que garantiza la organización y
la convivencia armónica en el país.