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Desmontando Mitos Economicos

El libro 'Desmontando los mitos económicos de la derecha' de Eduardo Garzón Espinosa busca desmitificar conceptos erróneos sobre la economía, mostrando que es accesible y no exclusiva de expertos. A través de diversos capítulos, el autor aborda temas como el dinero, el déficit público, la inflación y el papel del sector público, argumentando que la economía está intrínsecamente ligada a la política y la vida cotidiana. Garzón proporciona herramientas para entender y cuestionar las narrativas económicas dominantes que favorecen a ciertos grupos sociales.
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Desmontando Mitos Economicos

El libro 'Desmontando los mitos económicos de la derecha' de Eduardo Garzón Espinosa busca desmitificar conceptos erróneos sobre la economía, mostrando que es accesible y no exclusiva de expertos. A través de diversos capítulos, el autor aborda temas como el dinero, el déficit público, la inflación y el papel del sector público, argumentando que la economía está intrínsecamente ligada a la política y la vida cotidiana. Garzón proporciona herramientas para entender y cuestionar las narrativas económicas dominantes que favorecen a ciertos grupos sociales.
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Desmontando los mitos económicos de la derecha

Book · April 2017

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Eduardo Garzón Espinosa


Universidad Autónoma de Madrid
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SELLO Ediciones península
COLECCIÓN ATALAYA
FORMATO 15 X 23
Otros títulos de la colección Atalaya RUSITCA CON SOLAPAS

SERVICIO 4-12
A pie de escaño
Este es un libro para aquellos que ven la economía como una ciencia muy
Las verdades ocultas de nuestra democracia
técnica, repleta de números e indicadores aparentemente complejos que CORRECCIÓN: PRIMERAS
representativa
solo los expertos entienden. Lo es porque demuestra que no hace falta
Alberto Garzón
tener formación académica para comprender la esencia de los fenómenos

Eduardo Garzón
DISEÑO elena 10 febrero 2017
económicos. Son mucho más sencillos de lo que parecen. Lo único que
¿De qué color llevaba Adolfo los calcetines?
hay que hacer para entenderlos es asimilar que la política y la economía REALIZACIÓN
El archivo estratégico de la Transición
son dos caras de la misma moneda, que la situación económica actual
José Luis Sanchis
beneficia a unos y perjudica a otros y que los primeros intentarán por EDICIÓN
todos los medios que así siga siendo.
No es país para coños
Sobre la necesidad de una sociedad feminista CORRECCIÓN: SEGUNDAS
Este es también un libro para aquellos progresistas que, cuando piden
Diana López Varela
más justicia social a través de una mayor redistribución de la renta y la elena 13 febrero 2017
riqueza, están hartos de oír: «Ojalá, pero no se puede». Y de no saber Eduardo Garzón (Logroño, 1988) es licen- DISEÑO
El terror entre nosotros
qué responder. Porque Eduardo Garzón impugna esa respuesta con ciado en Economía y en Administración y Di-

Desmontando los mitos


económicos de la derecha
Una historia de la yihad en Francia REALIZACIÓN
argumentos, proporciona herramientas para combatirla y explica que la rección de Empresas por la Universidad de
Gilles Kepel
mejor forma de entender la economía, para además ponerla al servicio de Málaga. Cursó el último año de la licencia-
la mayoría social, es deshacerse de las mentiras que la derecha económica tura de Administración y Dirección de Em- CARACTERÍSTICAS
El ocaso del imperio del sol
nos transmite constantemente por casi todos los poros del sistema. presas en la Universidad de Windesheim,
Abengoa, punto y final a la burbuja energética
en los Países Bajos. Es máster en Economía IMPRESIÓN CMYK
230 mm

Lalo Agustina
Internacional y Desarrollo por la Universi-
dad Complutense de Madrid y doctorando
La CIA en España
en Economía también por la Complutense.
Espionaje, intrigas y política al servicio
En la actualidad es asesor de economía en PAPEL Folding 240grs
de Washington
el Ayuntamiento de Madrid y miembro de la
Alfredo Grimaldos
Fundación por la Europa de los Ciudadanos PLASTIFÍCADO Brillo
(IU) y del Consejo Científico de ATTAC Espa-
¡Cómo puedes comer eso!
ña. Colabora además en distintos medios de UVI
Un juicio sumarísimo a la industria alimentaria
comunicación, como [Link], La Marea, El
Christophe Brusset
Jueves, Telecinco, TVE y La Sexta, y ha crea- RELIEVE
do el blog económico Saque de esquina.
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[Link] Guía para que no te la den con queso Planeta Arte & Diseño INSTRUCCIONES ESPECIALES
[Link] Ilustración de la cubierta: © Sr. García
Fotografía del autor: © Benjamín Mallo

152 mm 14 mm 152 mm
Eduardo Garzón
Desmontando
los mitos económicos
de la derecha
Guía para que no te la den con queso
© Eduardo Garzón Espinosa, 2017

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Todos los derechos reservados.

Primera edición: abril de 2017

© de esta edición: Grup Editorial 62, S.L.U., 2017


Ediciones Península,
Diagonal 662-664
08034 Barcelona
edicionespeninsula@[Link]
[Link]

papyro - fotocomposición
limpergraf - impresión
depósito legal: B-2.888-2017
isbn: 978-84-9942-593-1
ÍNDICE

Introducción 13

1. 
Combatiendo los mitos sobre los conceptos
   de economía y de mercado 19
   ¿Qué es la economía? 19
   Diferencias entre una ciencia de la naturaleza
    y una ciencia social 22
   Paradigmas científicos 27
  Distintos enfoques de teoría económica 31
   Evolución reciente de los enfoques neoclásicos 37
  El mercado es una creación de los seres humanos 41

2. 
Desmontando los mitos sobre el dinero 51
   ¿Qué es el dinero? 53
   Creadores de dinero 63
  Dinero bancario 66
   Tipos de dinero 70
   Dinero oficial 72

3. 
Desmontando los mitos sobre el déficit público
  y la deuda pública 79
   Para que el Estado pueda ingresar, primero debe gastar 79
   Inyección de dinero en la economía 83
   ¿Qué es el déficit público? 87
   Deuda pública, soberanía monetaria e insolvencia 93
   La deuda pública se puede reducir
    registrando déficit público 101
   El gasto pone en marcha la actividad económica 103
   Registrar déficit público es usual y natural 107
   La absurda regla de limitación del déficit público 114
   Las reglas de déficit y deuda
    responden a un proyecto ideológico 119
   Recapitulando 124

4. 
Desmontando los mitos sobre la inflación 127
   La inflación no queda determinada
    por la cantidad de dinero que exista 134
   Los precios son establecidos por los vendedores 142
   Diferentes causas en la elevación de los precios 144
   Fuerzas que afectan a los vendedores:
    competencia y estrategia de venta 150
   Caso A: incremento del coste de producción 154
   Caso B3: nuevo dinero en circulación 158
   Caso B4: caída drástica de la producción: hiperinflación 168
  Recapitulando 172

5. 
Combatiendo los mitos sobre
   el crecimiento económico 175
   Características del sistema económico capitalista 176
   La ganancia privada es el motor del sistema capitalista 180
   El crecimiento económico no tiene por qué ser positivo 188

6. 
Desmontando los mitos de lo público y lo privado 199
   Comparación entre lo público y lo privado 202
   El sector público es clave en la innovación
    y en el emprendimiento 207
   A lo privado le molesta lo público 214
  Recapitulando 216
7. 
Desmontando los mitos sobre el trabajo 219
   Trabajo no es lo mismo que empleo 220
   El progreso tecnológico no tiene por qué destruir
   empleo 221
   Siempre habrá trabajo que hacer 224
   A los capitalistas les interesa que haya paro 229
   Lo público no «parasita» lo privado 233
   Otros factores que influyen en el nivel
    y la calidad del empleo 235
   El mito del emprendedor 238
   El problema no es de los parados:
    el problema es que no hay empleos 244
   Trabajo público garantizado para todos 246
   Críticas al trabajo garantizado 251

8. 
Desmontando los mitos sobre las pensiones 257
   Lo importante para los pensionistas
    no son las pensiones que se pagan 258
   Características del actual sistema público español
   de pensiones 261
   La austeridad es lo que dinamita
    el sistema público de pensiones 264
   Soluciones para garantizar unas pensiones dignas 267

Epílogo 271

Agradecimientos 277

Bibliografía 281
1

COMBATIENDO LOS MITOS


SOBRE LOS CONCEPTOS DE ECONOMÍA
Y DE MERCADO

El estudio de la economía no tiene por objeto la adquisición


de un conjunto de recetas preparadas para los problemas econó-
micos, sino aprender a no dejarse engañar por los economistas.
Joan Robinson

¿Qué es la economía?

Normalmente cuando alguien oye o lee la palabra «economía»


piensa de inmediato en billetes, en números, en empresas, en
la bolsa, en gráficos... Eso es lo que por lo general se asocia a
la economía porque es lo que estamos acostumbrados a ver a
nuestro alrededor cuando se habla de ella. Las películas sobre
economía suelen ser de negocios empresariales, habitualmente
de tipo financiero; en las secciones de economía de los tele-
diarios siempre nos hablan de la evolución de la bolsa (aunque
muy pocos televidentes entiendan qué es exactamente eso y en
qué les afecta); en las facultades de económicas las asignaturas

19
desmontando los mitos económicos de la derecha

suelen estar repletas de números, de gráficos y de ecuaciones;


etc. Todo ello le ha conferido a la economía un cariz frío, técni-
co, antipático y extremadamente árido. «A mí no me hables de
economía, que yo soy de letras y no de números», «Recoge el
dinero para pagar la cena tú que eres economista», «¿Eres eco-
nomista? Entonces tienes que tener pasta», son solo algunas de
las frases que inundan nuestra vida cotidiana y que reflejan la
imagen de la economía que impera en el imaginario colectivo.
Pero lo cierto es que esa es una imagen inexacta y absolu-
tamente desfigurada de lo que de verdad es la economía. Los
números, los billetes, los gráficos, las empresas y la bolsa son
elementos de la economía, es verdad, pero conforman solo una
pequeñísima parte de esta. La economía va mucho más allá: en-
globa toda aquella parte de la realidad que tiene que ver con la
producción de bienes y servicios, su distribución y su consumo,
haya o no empresas de por medio, juegue o no el dinero algún
papel. La segunda acepción del término en la Real Academia Es-
pañola ayuda a entender lo que quiero decir: «conjunto de bie-
nes y actividades que integran la riqueza de una colectividad».
Por ejemplo, cocinar y comer en casa forma parte de lo
que debemos entender por economía, independientemente
de que se cobre o no por ello, porque en ese proceso se utili-
zan y transforman recursos naturales y humanos con el obje-
tivo de satisfacer una necesidad humana. También forma par-
te de la economía el cuidado de las personas (servicio médico,
servicio educativo, servicio social, etc.), se cobre o no por esa
actividad, puesto que en ese proceso se emplea el trabajo hu-
mano para cubrir necesidades. Pero es que cuidar del medio
ambiente también es economía, porque asimismo dedicamos
tiempo y esfuerzo a realizar una actividad para satisfacer una
necesidad determinada.
El lector seguramente creerá que todo esto es, cuando me-
nos, una exageración, porque se están considerando demasiadas

20
combatiendo los mitos sobre los conceptos de economía

cosas como componentes de la economía, y por esta regla de


tres casi todo en esta vida podría ser considerado como tal. Pero
es que realmente es así: la economía es transversal a casi todas
las dimensiones de nuestra vida y nos afecta a través de multi-
tud de vías y de formas diferentes. Nuestro empleo, nuestros
ingresos, nuestros impuestos, nuestra educación, nuestra salud,
nuestro ocio... todo ello es indisociable de las relaciones eco-
nómicas que tienen lugar en nuestra sociedad con el objetivo
de satisfacer necesidades. Todo está impregnado por la econo-
mía, y es inevitable que así sea cuando uno entiende el verda-
dero significado y alcance de esta disciplina.
Pero no es que yo esté descubriendo el Mediterráneo con
estas afirmaciones. Los aspectos vinculados a la producción,
distribución y consumo han estado siempre integrados dentro
de las formas de pensar la sociedad en su conjunto. Esto em-
pezó a cambiar cuando surgió la disciplina de la economía po-
lítica con Adam Smith en el siglo xviii y cuando la economía se
independizó «teóricamente» de la sociedad. Desde entonces,
la manera de entender la economía fue quedando desprovista
de todo contacto con su entorno social, limitándose práctica-
mente en exclusiva al intercambio de mercancías.
Esto es así porque la forma de entender la economía no ha
sido siempre la misma, sino que ha sufrido numerosas e impor-
tantes transformaciones a lo largo de toda la historia del ser
humano. Además, en ese curso continuo de alteraciones, los
estudiosos de la economía difícilmente han estado de acuerdo,
ya que por lo general han centrado su atención en elementos
muy diferentes y variados. La explicación de estos fenóme-
nos es que existe una gran diversidad de corrientes o formas
de abordar el estudio de las cuestiones económicas. En defi-
nitiva, los analistas no se han puesto de acuerdo en precisar
exactamente qué es lo que debe estudiar la economía y cómo
debe hacerlo.

21
desmontando los mitos económicos de la derecha

¿Y por qué ocurre esto? Básicamente porque la economía es


una ciencia social y no una ciencia de la naturaleza, a pesar de
que a menudo se la intente presentar como tal.

Diferencias entre una ciencia de la naturaleza


y una ciencia social

Las ciencias de la naturaleza son aquellas que tienen por ob-


jeto de estudio la naturaleza, como por ejemplo la física, la
astronomía, la geología, la química, la biología... En cambio,
las ciencias sociales son aquellas que tienen por objeto de es-
tudio las sociedades humanas, como por ejemplo la economía,
la politología, la historia, la psicología, el derecho... Existen
muchas diferencias entre los dos tipos de ciencias. Veamos las
más relevantes.
Los científicos de materias de la naturaleza estudian la rea-
lidad de una manera distanciada. Cuando un astrólogo, por
ejemplo, estudia los astros, sabe perfectamente que él mismo
está situado en un plano distinto de la realidad que estudia.
Se enfrenta a fenómenos que no puede modificar a su libre
voluntad y con los que no interactúa. El objeto que se analiza,
en este caso los astros, no alterará su curso por el hecho de
ser observado. En cambio, no ocurre lo mismo en el campo
de las ciencias sociales. Cuando un investigador de cualquier
rama de esta ciencia, un economista por ejemplo, se empeña
en estudiar la realidad social, se encuentra ante un complejo
haz de interinfluencias mutuas entre él y lo investigado. El
economista no es completamente ajeno a las cuestiones objeto
de su atención, porque él mismo es parte de la realidad social.
De igual manera, cuando las personas son observadas en sus
comportamientos, son influidas por la propia observación. El
clásico ejemplo lo conforman las encuestas electorales: la mera

22
combatiendo los mitos sobre los conceptos de economía

observación de la realidad —consultar a las personas cuál es su


elección preferida de voto— puede alterar esa misma realidad,
ya que en función de los resultados de la encuesta, algunos
potenciales votantes pueden replantearse su elección. Es evi-
dente que esto no pasa en las ciencias de la naturaleza; por
ejemplo: debido a la fuerza de la gravedad un cuerpo va a ten-
der siempre a caer independientemente de que ese cuerpo esté
siendo observado o analizado por una persona.
Esto se debe al simple hecho de que los seres humanos son
entes libres, con voluntad propia y con capacidad de realizar
cambios en su entorno, en contraposición con los elementos
estudiados en una ciencia natural. El comportamiento de estas
personas que son objeto de observación es influido y puede ser
alterado por los análisis de observación.
Además, las ciencias de la naturaleza cuentan con una ven-
taja indiscutible que no poseen las ciencias sociales: el de la
verificación de los resultados mediante la repetición de expe-
rimentos. El carácter fijo y no errático de los elementos de la
naturaleza permite al científico realizar experimentos y tener
la seguridad de que los resultados no van a ser modificados por
ningún componente de libre albedrío; es decir, un físico puede
soltar un cuerpo pesado y medir cuánto tiempo tarda en lle-
gar al suelo desde una determinada altura. Ese experimento
lo podrá repetir infinitas veces en las mismas condiciones de
entorno siendo plenamente consciente de que el resultado será
siempre el mismo, pues la masa del cuerpo y la ley de la gra-
vedad no van a cambiar. Repetir el experimento le servirá para
confirmar que el resultado que ha obtenido es el acertado. Sin
embargo, si un científico social quiere poner a prueba algún
resultado obtenido en un experimento, nunca podrá volver a
repetir el experimento en las mismas condiciones. Un econo-
mista, por ejemplo, podría intentar averiguar qué productos
compra un determinado consumidor con una renta determina-

23
desmontando los mitos económicos de la derecha

da. Pero si tratara de repetir el experimento, se daría cuenta de


que el resultado no tiene por qué ser siempre el mismo porque
tampoco lo son las condiciones iniciales. Lo mismo ocurre en
unas elecciones: es imposible repetir los comicios en idénticas
circunstancias y, por lo tanto, es seguro que no se obtendrá el
mismo resultado. La libertad de la que gozan las personas hace
que sus comportamientos sean erráticos y no respondan a una
ley universal e inalterable como en el caso de los elementos de
la naturaleza. Este hecho complica el estudio de las ciencias
sociales, ya que los analistas tienen más difícil confirmar la va-
lidez de los resultados que obtienen en sus experimentos.
Para solventar (relativamente) este problema, la ciencia
económica recurre a modelos teóricos que intentan simular a
pequeña escala lo que realmente ocurre en el mundo de los fe-
nómenos económicos. Los modelos son simplificaciones de la
realidad, una especie de maquetas para realizar en ellas los ex-
perimentos. Las pruebas se hacen en estos modelos o maquetas
a partir de una serie de premisas que operan como axiomas
(principios que no requieren demostración), para luego extra-
polar los resultados a la realidad y así poder realizar prediccio-
nes sobre el comportamiento de los agentes económicos. Sin
embargo, el economista debe ser muy consciente de que está
empleando un modelo que parte de unas determinadas premi-
sas (no demostradas) que determinarán en un sentido u otro los
resultados obtenidos en el mismo. Dependiendo de la natura-
leza y sentido de las premisas, el modelo ofrecerá un resultado
u otro, pudiendo llegar estos a estar muy distanciados entre
sí. No obstante, desgraciadamente, el científico no siempre es
consciente de ello o no le da la importancia que debiera y con-
funde los resultados de su modelo con los que se obtendrían
en el mundo real en el caso de realizar el mismo experimento.
La pretensión última de las ciencias sociales suele ser estu-
diar el entorno del ser humano para modificar sus condiciones

24
combatiendo los mitos sobre los conceptos de economía

de vida. Es decir, los científicos sociales se suelen preocupar de


responder a las preguntas: ¿qué hay que hacer para vivir me-
jor? y ¿cómo lo podemos hacer? Lo que ocurre es que las res-
puestas a estas preguntas no son objetivas, sino que dependen
de las preferencias y creencias de la persona que las responda.
Unos creerán que la mejor opción es una cosa, mientras otros
creerán que lo es otra, lo que nos enlaza claramente con las
reflexiones éticas, los principios, los valores, los ideales... Por
ejemplo, en un ayuntamiento puede haber dinero para cons-
truir un colegio público o una iglesia, pero no ambas cosas. En
ese caso, ¿el problema tiene una solución única o exacta como
ocurriría en un problema de matemáticas? Evidentemente no.
La solución al problema dependerá de los principios y valores
de las personas que tengan que tomar la decisión, que siempre
será subjetiva y nunca objetiva.
Por lo tanto, es evidente que la economía, como ciencia
social que es, no puede ser objeto nunca de un método cientí-
fico riguroso, frío, objetivo, matemático y calculador —como
sí lo pueden ser las ciencias naturales— debido a la multitud de
variables y fenómenos que determinan el comportamiento del
ser humano. Por eso siempre existirán economistas con opi-
niones muy diferentes entre sí, incluso del todo opuestas.
Normalmente la economía se presenta como una ciencia
exacta (de ahí esa recurrente utilización de los números, grá-
ficos y ecuaciones, con la pretensión de otorgarle una imagen
que corresponde a las ciencias naturales), como algo que es
lo que es sin dar cabida a la discusión. Cuando un ministro de
Economía afirma «no queda más remedio que realizar recortes
en el gasto público», o cuando en un examen de economía hay
que contestar —bajo amenaza de suspenso— que «hay que mo-
derar los salarios para lograr el crecimiento económico», no se
trata de un resultado único y exacto derivado de un proceso
de estudio objetivo y riguroso, sino que está plagado de los

25
desmontando los mitos económicos de la derecha

propios principios y juicios de valor de quien emite el mensa-


je. Para cada problema económico no solo existe una solución
(como ocurre con un problema de matemáticas o de física),
sino que existen tantas soluciones como formas de concebir el
mundo tengan las personas que abordan el problema.1
Desgraciadamente, todo esto no se suele explicar en las fa-
cultades de economía, en las tertulias económicas o en los pe-
riódicos especializados en asuntos económicos porque existe
un interés implícito en presentar la ciencia económica como
una ciencia exacta. La mejor forma de evitar que se cuestio-
nen tus decisiones es presentarlas como verdades irrefutables
derivadas de un proceso de análisis frío y riguroso, y si además
puedes hacer que ese proceso sea lo más árido e inentendible
posible para todos utilizando números y ecuaciones, mejor que
mejor. La ciencia económica es utilizada como herramienta
por los poderosos para condicionar e influir en el mundo en
que vivimos, evidentemente a favor de sus intereses. Esto,
claro está, también ocurre con muchas otras ciencias sociales
como el derecho, la historia, la politología, la educación, etc.
De ahí que, cuando un estudiante entra en una facultad a
estudiar economía, en ningún momento le adviertan de que
hay muchas formas de entender y abordar los problemas eco-
nómicos. Hay asignaturas que se denominan «Teoría Econó-
mica», así, en mayúsculas, como si solo existiese una teoría
y no decenas de ellas. Si uno no se preocupa de obtener in-
formación plural y alternativa, acaba por terminar la carrera
creyendo que lo que ha aprendido es la verdad única y absoluta
y que no puede haber discusión sobre ello. Como se puede ver,
es una forma muy sutil de adoctrinamiento. Esos licenciados
economistas van luego difundiendo lo aprendido por todos los

1. A. Ramos, Sobre la actitud crítica en cualquier ciencia y especialmente en


las sociales, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2010.

26
combatiendo los mitos sobre los conceptos de economía

sitios, pasando por empresas, tertulias, organismos económicos,


reuniones familiares o de amigos, barras de bar, gobiernos, etc.,
y como gozan del reconocido estatus de «economista», pocos
ponen en duda sus palabras, especialmente si utilizan tecnicis-
mos y ecuaciones que no están al alcance de cualquiera. Y lo peor
de todo es que la mayoría de ellos no son conscientes de que
han aprendido y de que contribuyen a alimentar un enfoque
de teoría económica impulsado por los poderosos para conti-
nuar preservando el statu quo. Se convierten inocentemente en
piezas indispensables de un enorme engranaje controlado por
las élites para que su forma de concebir la economía sea la que
impere en la sociedad.
De ahí el surgimiento y el desarrollo de la Economía Críti-
ca como movimiento que denuncia las visiones únicas y hege-
mónicas de la ciencia económica y los actuales métodos eco-
nomicistas que trabajan sobre mundos ficticios con premisas
inverosímiles que nada tienen que ver con la realidad social, y
que aboga por la diversidad y la interdisciplinariedad que una
ciencia tan compleja como la económica debería tener.

Paradigmas científicos

Atendiendo a la Real Academia Española, un paradigma es


una «teoría o conjunto de teorías cuyo núcleo central se acep-
ta sin cuestionar y que suministra la base y modelo para resol-
ver problemas y avanzar en el conocimiento». Los paradigmas
evidentemente evolucionan con el tiempo: la comunidad cien-
tífica no piensa de la física lo mismo hoy que en la Edad Me-
dia, por ejemplo. En las ciencias de la naturaleza normalmente
un paradigma cambia cuando determinados acontecimientos
exógenos ponen en cuestión su utilidad como herramienta para
explicar la realidad. Por ejemplo, el descubrimiento de que la

27
desmontando los mitos económicos de la derecha

Tierra giraba alrededor del Sol y no al revés, como se pensaba


hasta entonces. Cuando esto ocurre, la escuela de pensamien-
to hegemónica termina siendo sustituida por otra escuela que
parece adaptarse mejor a las circunstancias, conformando fi-
nalmente con ello un nuevo paradigma.
En cambio, en el marco de las ciencias sociales la suce-
sión de paradigmas no es un proceso que necesariamente va
abandonando teorías falsas y sustituyéndolas por otras más
acertadas. No tiene por qué tratarse de una acumulación de
conocimientos que va encaminada a una mejora en la forma
de entender la realidad. Un nuevo paradigma no tiene por qué
haber solucionado para siempre el problema que no resolvían
las teorías anteriores, como se piensa normalmente (porque
suele ocurrir en las ciencias naturales); simplemente ha cen-
trado el análisis en diferentes aspectos y ha podido adaptarse
mejor a la coyuntura de la época; pero eso no implica que sea
una superación del anterior paradigma científico. Ni que
decir tiene que, en el ámbito de la economía (aunque no solo),
los poderosos maniobran para que el paradigma que le es más
favorable a sus intereses se imponga a los demás y perviva,
independientemente de que explique mejor o peor los fenó-
menos económicos. Una vía para hacerlo la hemos comentado
ya: que el paradigma dominante sea el único que se presente
y explique en los centros de enseñanza. Pero hay muchas más.
Por ejemplo, para poder ser profesor universitario es ne-
cesario ganar una serie de méritos académicos, y la forma de
hacerlo es, entre otras cosas, publicando artículos en revistas
académicas de prestigio. Las revistas económicas más impor-
tantes (y también las que no lo son tanto) suelen ser las que
comparten el paradigma o modelo teórico dominante, por lo
que la única forma de llegar a ser profesor universitario es de-
dicando tiempo y esfuerzo a realizar análisis bajo el enfoque
dominante, fortaleciéndolo así y, por lo tanto, dificultando

28
combatiendo los mitos sobre los conceptos de economía

que se pueda fortalecer otro tipo de paradigmas o marcos teó-


ricos. Además, si uno pide financiación a organismos oficiales o
entidades financieras para su investigación, solo la encontrará
si la misma adopta el enfoque teórico hegemónico; si no, difí-
cilmente lo logrará. Otro ejemplo: los encargados de conceder
los premios Nobel están adscritos al paradigma dominante, y
solo entregan premios a aquellos economistas que hayan inves-
tigado cuestiones circunscritas a ese paradigma. Y ya se sabe la
enorme influencia que tienen los economistas que han recibido
un premio de este rango. Otro más: a las tertulias económicas
de mayor difusión mediática acuden sobre todo economistas
adscritos en mayor o menor medida al paradigma dominante,
y solo de forma puntual se invita a economistas que tienen una
concepción de la materia sustancialmente diferente.
Recupero una anécdota que ejemplifica muy bien todo este
asunto. Auguste Walras, padre de uno de los economistas con
más influencia de la historia, Léon Walras, le escribió a este una
carta el 6 de febrero de 1859 en la que se podía leer: «Algo que
encuentro perfectamente satisfactorio en el plan de tu trabajo
es tu intención —que apruebo desde cualquier punto de vis-
ta— de mantenerte en los límites más inofensivos respecto a los
señores propietarios. Hay que dedicarse a la economía política
como uno se dedicaría a la acústica o a la mecánica».2 Es decir,
aplaudía que las investigaciones de su hijo no pusiesen en riesgo
los privilegios de los poderosos, consciente de que, de no ser así,
tendría muy difícil prosperar como economista.
Todo esto provoca que la tarea de los analistas esté orien-
tada no tanto a buscar novedades, sino a perfeccionar los pa-
radigmas establecidos, acoplando mejor los hechos a la teoría,
articulando mejor la teoría, etc. Esto, además de marginar al

2. Extraído de Xavier Arrizabalo, Capitalismo y economía mundial, Ins-


tituto Marxista de Economía, Madrid, 2014.

29
desmontando los mitos económicos de la derecha

resto de las escuelas de pensamiento económico, fortalece la


salud del paradigma en cuestión, y hace que su desaparición
sea siempre un proceso lento y difícil. De hecho, tal y como
sostuvo Max Planck,3 «una nueva verdad científica no triun-
fa por medio del convencimiento de sus oponentes, sino más
bien porque dichos oponentes llegan a morir y crece una nue-
va generación que se familiariza con ella». No importa que el
paradigma dominante no sirva para explicar adecuadamente
los fenómenos que ocurren en la realidad y que existan otros
marginados que lo hagan mejor; lo importante es que las éli-
tes utilizarán todos sus medios para lograr que prevalezca el
paradigma que sea más favorable a sus intereses, independien-
temente de su validez científica. Así se expresó al respecto An-
drew Mold: «Para explicar el dominio de una idea económica
concreta debemos saber más sobre cómo se forman y se dise-
minan las ideas entre los profesionales de la economía y cómo
estas ideas están vinculadas con las estructuras de poder».4
Así se entiende mejor que los investigadores de la econo-
mía suelan estudiar los problemas que más afectan a los gran-
des intereses económicos o políticos —pues son los que mar-
can y condicionan qué se va a estudiar— y dejen de lado otro
tipo de problemas económicos que conciernen a los menos
favorecidos y cuya resolución podría lograr una sociedad más
justa e igualitaria. Solo así puede entenderse, por ejemplo, que
se dediquen muchísimos más esfuerzos de investigación a los
mecanismos que posibilitan el aumento de ventas de determi-
nados productos que a resolver o mitigar la pobreza mundial,
que es el problema económico más grave del ser humano.

3. Citado en José Félix Tezanos, La explicación sociológica: una introduc-


ción a la Sociología, UNED, Madrid, 2006.
4. Citado en Ha-Joon Chang, Retirar la escalera: la estrategia del desa-
rrollo en perspectiva histórica, Catarata, Madrid, 2004.

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combatiendo los mitos sobre los conceptos de economía

Distintos enfoques de teoría económica

Sin ánimo de ser exhaustivo, voy a presentar las visiones más


destacadas de la economía que han ido apareciendo a lo largo de
la historia reciente, compartan o no el mismo paradigma cientí-
fico, centrándome sobre todo en cuáles han sido sus principales
campos de estudio. Esta presentación irremediablemente mos-
trará que el pensamiento económico ha ido vaciándose poco a
poco del contenido propio de la economía. Como ya vimos con
anterioridad, la economía es la ciencia que estudia la forma por
la cual se organiza una sociedad a través de la producción, la
distribución y el consumo de bienes y servicios. Para poder
llevar a cabo esos tres tipos de actividades es necesario que los
seres humanos se organicen para transformar recursos natura-
les que se encuentran en el medio ambiente, y para distribuir
los productos elaborados entre las distintas colectividades que
desean consumirlos. Por lo tanto, la economía opera en un
medio natural, en cuanto a que depende de los recursos de la
naturaleza y, además, requiere que sea este el espacio donde
se produzca la actividad económica; y opera en un medio so-
cial, ya que la producción, distribución y consumo no puede
llevarla a cabo una sola persona, sino que es necesario que la
gente se organice a través de todo tipo de normas, institucio-
nes y colectivos.
Tampoco la sociedad puede desentenderse del medio am-
biente, pues necesita que este cumpla las condiciones ade-
cuadas para permitir la organización de los individuos. En
consecuencia, la economía es un ámbito circunscrito al en-
torno social, mientras que este depende del entorno natural.
Sin embargo, y como veremos, las escuelas de pensamiento
más influyentes han olvidado la relación que tiene la econo-
mía con la sociedad o la que tiene con la naturaleza, o ambas
relaciones.

31
desmontando los mitos económicos de la derecha

Figura 1. Relación entre la economía, la sociedad y el medio ambiente

La primera vez que empezó a hablarse de economía fue en


la época de la Grecia clásica, aunque fuese siempre de forma
desordenada y circunscrita a la filosofía. De hecho, el término
«economía» proviene etimológicamente del griego, al hacer
referencia al arte de administrar la casa (oikos: casa; nomos: ad-
ministrador). Por aquel entonces, su principal preocupación
era el conjunto de los problemas de la vida cotidiana, como
la producción, el comercio, la moneda, los precios, la división
del trabajo... y todo ello orientado principalmente a la formu-
lación de preceptos morales y reglas prácticas de conducta,
pues los griegos sabían bien que la producción, distribución y
consumo son actividades relacionadas con las consideraciones
éticas, los valores y los principios.
Las ideas y reglas morales siguieron estando vinculadas al
estudio del ámbito económico durante todos los siglos que
separan la Grecia clásica de los primeros vestigios del siste-

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combatiendo los mitos sobre los conceptos de economía

ma capitalista, a finales del siglo xvii. Los profundos cambios


que provocaba la lenta pero progresiva instauración del sis-
tema económico capitalista inevitablemente lograron que los
pensadores dejaran de lado las consideraciones morales y se
interesaran de pleno por la nueva situación. Al mismo tiem-
po, la lógica capitalista contrastaba fuertemente con algunos
planteamientos morales que impedían ciertas prácticas muy
rentables, como por ejemplo el cobro de intereses derivados
de un préstamo, algo que durante mucho tiempo fue conside-
rado una práctica usurera5 y despreciable. Como dice el eco-
nomista José Manuel Naredo, «la antigua moral que entorpe-
cía el deseo de hacer ganancias ilimitadas dio paso a la nueva
ciencia que las justificaba como el camino idóneo de acceder
al bien común».6 Paralelamente a la consolidación del sistema
capitalista, las viejas consideraciones éticas fueron relajándose
y limitándose. En ello podemos ver los primeros indicios de
vaciamiento de la economía, ya que los pensadores de la época
fueron abandonando poco a poco la dimensión ética que ne-
cesariamente ha de tener la ciencia económica.
En 1615 se utilizó por primera vez la expresión «economía
política», de la mano de Antoine de Montchrestien. Con ella
se quiso expresar que las relaciones económicas tienen lugar
en una comunidad organizada políticamente y que la dimen-
sión económica interactúa de modo inevitable con la política.
Por lo tanto, según este enfoque, el estudio económico debe
tener en cuenta los flujos de poder existentes. Esto es algo que
ya habíamos visto cuando hablábamos de que los distintos gru-
pos sociales siempre utilizan sus capacidades para lograr que la
actividad económica (producción, distribución y consumo) les
sea favorable y cuanto más poder se tenga, mayor influencia

5. El análisis de la lógica capitalista será llevado a cabo en el capítulo 5.


6. Citado en Juan Torres, Economía política, Pirámide, Madrid, 2010.

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desmontando los mitos económicos de la derecha

en la misma se tendrá. Por eso son los más poderosos quienes


más privilegios obtienen de la configuración económica de las
sociedades. Al fin y al cabo, la política y la economía son dos
caras de la misma moneda. Aunque actualmente de eso no se
hable un ápice en las facultades de economía, en las tertulias o
en la barra del bar.
Los fisiócratas fueron una serie de pensadores que vivieron
en el siglo xviii en Francia. Para entonces en ese país, el siste-
ma capitalista ya iba cogiendo forma a través del capitalismo
mercantil y el artesanado que lo surtía con sus productos. Sin
embargo, la agricultura seguía siendo crucial en la economía
del país y, además, era considerada mucho más que una simple
ocupación: era toda una forma de vida. Incluso en cierta mane-
ra podía considerarse una forma de arte. Por lo tanto, no es de
extrañar que para los fisiócratas el tema central fuese el papel
de la agricultura como fuente de toda riqueza. Para François
Quesnay, su principal figura, la economía es una máquina ali-
mentada por materiales del seno de la naturaleza, que se limita
a elaborarlos sin aportarles ningún tipo de valor.7 Queda claro
que los fisiócratas tenían muy en cuenta la relación existente
entre la economía y la naturaleza. Pero tampoco se olvidaban
del componente social: los fisiócratas engrandecían la agricul-
tura con la intención de conservar una antigua sociedad en la
que los propietarios rurales gozaban de superioridad social y
privilegios, y al mismo tiempo pretendían rechazar las intro-
misiones del capital mercantil y las fuerzas industriales que de
él se derivaban.
La siguiente escuela de pensamiento relevante es la llamada
«clásica», que surge y se desarrolla cuando el capitalismo ya se
había instalado sólidamente en la mayoría de los países euro-

7. Ángel Martínez González-Tablas, Economía política mundial. I. Las


fuerzas estructurantes, Ariel, Barcelona, 2007.

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combatiendo los mitos sobre los conceptos de economía

peos. Si bien es cierto que dentro de este grupo se enmarcan


autores de muy diverso pensamiento (como Adam Smith, Da-
vid Ricardo, John Stuart Mill, Karl Marx...), no se puede negar
que todos ellos tienen una preocupación común: la interpreta-
ción de las leyes de conducta y evolución de la economía. Se
centran en el plano productivo, pues es en él donde se asientan
las relaciones sociales entre las personas. Por ejemplo, las per-
sonas que sean propietarias de los medios de producción —los
empresarios— tendrán un estatus social, unas costumbres, un
punto de vista, unos intereses y una forma de vivir muy dife-
rentes al estatus social, costumbres, punto de vista, intereses y
forma de vivir de las personas que trabajen en el mismo medio
de producción aportando su fuerza de trabajo —los trabajado-
res—. Las relaciones sociales de los individuos que componen
una comunidad vendrán determinadas por los papeles que cada
uno de ellos mantenga en la dimensión productiva de la eco-
nomía. Los clásicos entendían que la economía está imbricada
en la sociedad, al conformar dos dimensiones inseparables que
interactúan constantemente, siendo imposible analizar una sin
atender a la otra. Sin embargo, no sucede lo mismo con la na-
turaleza, la tercera dimensión que antes habíamos identificado.
Los clásicos centraron toda su atención en el ciclo productivo
(producción, distribución y consumo), dejando en un plano
muy superficial la entrada de materiales y de energía distintos
del trabajo. Para ellos era más importante lo que ocurría con
los materiales durante su elaboración en las empresas que el
hecho de que fuesen elementos extraídos de una biosfera rela-
tivamente delicada. Muy pocos clásicos abordaron el tema de
la extracción de recursos como un coste ambiental, así como la
mayoría de ellos ignoraron las consecuencias perjudiciales que
supone para el medio ambiente el vertido de residuos.
Esto fue así por muchas razones, entre las cuales destacan
tres. En primer lugar, los analistas económicos de la época

35
desmontando los mitos económicos de la derecha

se preocuparon sobre todo de las durísimas condiciones a las


que estaban sometidos en las fábricas los trabajadores que
habían emigrado desde el ámbito rural, que era lo que veían
a su alrededor todos los días. En segundo lugar, los negocios
de la Revolución industrial eran principalmente urbanos y
mantenían muy poca relación con la naturaleza. Puesto que
los problemas medioambientales no resultaban tan eviden-
tes, no acabaron captando la atención de los pensadores. En
tercer lugar, por aquella época aún no se conocían las leyes
de la termodinámica, y por tanto tampoco se conocía el com-
portamiento de la energía ni su conservación. Los clásicos
podrían haber imaginado que el planeta es un sistema cerra-
do en cuanto a materiales y abierto en cuanto a energía, pero
difícilmente podrían haber entendido que es mucho más fácil
la conversión de los materiales en energía que la conversión
de energía en materiales.
La «escuela neoclásica» supuso un nuevo y destacado
cambio en la percepción de los fenómenos económicos y en
la metodología utilizada para analizarlos. Al igual que ocurre
con los clásicos, dentro de la escuela neoclásica se encuentran
autores con enfoques muy diferentes entre sí. El denomina-
dor común de todos ellos es la perspectiva de una economía
organizada por el mercado como consecuencia del comporta-
miento de individuos racionales cuyas decisiones configuran
todo el espectro económico. El plano de la producción pierde
importancia, al igual que la sociedad, que pasa a ser en la prác-
tica la suma agregada de todos esos individuos supuestamente
racionales. Asimismo, las clases sociales pasan a un segundo
lugar y solo reaparecen en momentos puntuales. El núcleo
central de la investigación es el equilibrio de los deseos, nece-
sidades y ofertas de unos individuos racionales, y no tanto los
individuos en sí. Supone, en definitiva, el radical abandono de
la dimensión social en el análisis de los fenómenos económi-

36
combatiendo los mitos sobre los conceptos de economía

cos. Si ya los clásicos se habían olvidado del entorno natural,


los neoclásicos hacen lo propio con el entorno social.
Así las cosas, los autores adheridos a la escuela neoclásica
pasaron a centrarse casi exclusivamente en la dimensión mer-
cantil, considerando la economía como un campo indepen-
diente de cualquier otra consideración ética, social, política o
ecológica. De ahí que hoy día la gente piense en dinero, en
números, en la bolsa y en empresas al oír la palabra «econo-
mía». Pero bien sabemos ya que eso es solo una pequeña parte
de todo lo que engloba esta disciplina.
Durante la hegemonía académica de las tesis neoclásicas
fueron apareciendo otros enfoques económicos de especial im-
portancia, como el liberalismo, el keynesianismo o el mone-
tarismo. Sin embargo, y a pesar de todas las diferencias que
presentaban frente a la escuela neoclásica, lo cierto es que si-
guieron tratando a la ciencia económica como una dimensión
no relacionada con la ética, la sociedad y el medio ambiente.
Es en este contexto en el que hay que ubicar los planteamien-
tos dominantes en el pensamiento económico actual.

Evolución reciente de los enfoques neoclásicos

El «liberalismo» es una corriente que propugna la mayor li-


bertad posible para los agentes económicos, en particular las
empresas. Según esta visión, dejar hacer libremente a los em-
presarios, trabajadores y consumidores es la mejor forma de
lograr el enriquecimiento de las sociedades. Las reglas y leyes
encaminadas a poner trabas a la autonomía de los individuos
se entienden como verdaderos obstáculos al progreso econó-
mico. Cuestiones como establecer un salario mínimo legal,
imponer tributos a la gente o regular por ley los precios han
de ser minimizadas o evitadas a toda costa, según estas tesis.

37
desmontando los mitos económicos de la derecha

En cierta manera, esta visión prevaleció con fuerza en el mun-


do académico y en el ámbito de la política económica al me-
nos hasta la década de 1930. Hasta entonces, las leyes daban
bastante margen a los empresarios para operar, estableciendo
los salarios y precios más convenientes a sus intereses. Pero
fue la mayor crisis económica que se ha vivido en la historia, la
ocasionada por el crac financiero de 1929, la que actuó como
ariete frente al liberalismo, ya que se fue extendiendo la idea
de que el crac había sido originado por haber dejado a las em-
presas —y particularmente a las financieras— hacer cualquier
cosa en sus operaciones de negocio.
La respuesta de los gobernantes de la época fue dar mar-
cha atrás en sus políticas, y comenzaron a legislar para que
los bancos y empresas productivas tuviesen importantes res-
tricciones en sus actividades, para que existiesen salarios mí-
nimos legales, para que la población más vulnerable tuviese
protección económica en forma de subsidios, pensiones y todo
tipo de prestaciones, y para que existiesen derechos como la
educación y la sanidad garantizados por las administraciones
públicas. De forma paralela, los Estados incrementaron la car-
ga fiscal y su gasto e inversión, estimulando la actividad eco-
nómica desde las herramientas estatales. Fue conformándose
así en muchos países occidentales lo que hoy día conocemos
como el Estado de bienestar de la mano de una nueva corrien-
te académica que ha sido frecuentemente denominada como
keynesianismo, por ser el economista John Maynard Keynes
uno de los principales defensores de la intervención pública en
épocas de crisis.
Este enfoque económico se impuso a los demás durante los
años cuarenta y se mantuvo dominante hasta aproximadamen-
te la década de 1980, conservando todavía hoy importantes
vestigios en los centros de enseñanza y en los de poder. No
obstante, la conocida como primera crisis del petróleo, acaeci-

38
combatiendo los mitos sobre los conceptos de economía

da en los años setenta, que provocó fuertes niveles de inflación


y de recesión económica, dinamitó las tesis keynesianas toda
vez que se consideró que resultaba incapaz de explicar los fe-
nómenos económicos en una época nueva caracterizada por la
pérdida de influencia de los Estados.
La respuesta de los opositores académicos y políticos fue
proponer una vuelta a los preceptos liberales: menor tamaño del
Estado (menores impuestos, menores gastos y menores empre-
sas públicas), más libertad para las empresas, menos protección
para los trabajadores y para la población vulnerable, etc. A todo
este nuevo movimiento se lo ha denominado «neoliberalismo»,
y fue abanderado por primera vez por la dictadura chilena de
Pinochet que tuvo lugar entre 1973 y 1999, y por Ronald Rea-
gan y Margaret Thatcher a partir de los años ochenta en Esta-
dos Unidos y el Reino Unido, respectivamente.
Con la gran crisis iniciada en el año 2008, a la que muchos
consideran consecuencia —otra vez— de haber aplicado los
principios neoliberales, cabía esperar un debilitamiento de es-
tas tesis. Y de hecho así lo pareció en los primeros meses de
crisis, cuando los gobernantes hicieron todo tipo de declara-
ciones en contra de, por ejemplo, los paraísos fiscales y a favor
de «refundar sobre bases éticas el capitalismo».8 Sin embargo,
muy pronto se olvidaron esas buenas intenciones, y la respues-
ta de la élite económica y política fue dar una nueva vuelta de
tuerca a los planteamientos neoliberales, intensificando las ac-
tuaciones legislativas para otorgar más libertad a las empresas
y menos protección a los trabajadores y a la mayoría social.
Y este es el momento histórico en el que nos encontramos.
Estas diferentes corrientes de teoría económica pueden ser
también clasificadas en función de dónde pongan el acento: si
en la «oferta» o en la «demanda». «Oferta» es el nombre que

8. Discurso de Nicolas Sarkozy en Tolón el 25 de septiembre de 2008.

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desmontando los mitos económicos de la derecha

hace referencia al espacio en el que se producen los bienes y


servicios (el que afecta a los «oferentes» de productos); es de-
cir, la producción. En cambio, «demanda» es el ámbito en el
que se encuentran los que compran esos bienes y servicios (el que
afecta a los «demandantes» de productos); es decir, el consumo.
Según los enfoques de oferta, entre los que se encuentran el
liberalismo y el neoliberalismo, tanto las virtudes como los de-
fectos de cualquier economía se explican por las circunstancias
de las empresas y entidades que producen bienes y servicios. Si
una economía funciona bien es fundamentalmente porque las
empresas están siendo capaces de crear productos útiles de una
forma eficiente, y si una economía funciona mal es sobre todo
porque algo está impidiendo que las empresas puedan hacerlo.
Los agentes económicos que compran los productos juegan así
un papel subalterno: si las empresas lo hacen bien, les compra-
rán sus bienes y servicios, y si lo hacen mal, no. Que las ventas
se realicen depende de cómo lo hagan las empresas.
En cambio, según los enfoques de demanda, entre los que se
encuentra el keynesianismo, da igual lo bien o mal que lo hagan
las empresas a la hora de producir bienes y servicios, ya que,
si los potenciales compradores no tienen suficiente capacidad
adquisitiva, las ventas no tendrán lugar. Los agentes económi-
cos que compran los productos juegan así un papel central: si
su capacidad adquisitiva es suficiente, podrán comprar bienes y
servicios, y si no es suficiente, no podrán, al margen de lo efica-
ces y eficientes que sean las empresas productoras.
Como se puede apreciar, se ha descrito el caso más ex-
tremo de cada uno de los tipos de enfoques, pero el universo
de teorías económicas es mucho más heterogéneo y comple-
jo. No todos los enfoques de oferta subestiman el papel de la
demanda, ni al contrario; aunque es cierto que normalmente
cada uno de ellos tiende a darle un papel protagonista a uno de
los dos lados en detrimento del otro.

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