BORGES
BORGES
Los temas son muy variados, pero siempre giran alrededor de ciertos temas que obsesionan al autor.
Hay relatos realistas (“Emma Zunz”), glosas de otras obras literarias (“Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”), de tema
mitológico (“La casa de Asterión”), de tema histórico (“Deutsches Réquiem”), reflexiones teológicas (“Los teólogos”),
reflexiones metafísicas (“El Aleph”, “La escritura del dios”)…
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La identidad humana. Borges sigue la noción panteísta de que un hombre es todos los hombres, lo cual lleva a la
reducción de todos los individuos a una identidad general y suprema que los contiene a todos. Este tema aparece
en cuentos como “El inmortal”, donde al final descubrimos que Cartaphilus, Homero, Marco Flaminio o el
propio Borges son la misma persona; “Los teólogos”, en el que los dos protagonistas, Juan de Panonia y
Aureliano, cuando llegan al paraíso son confundidos por la divinidad que los considera la misma persona.
El libre albedrío o el destino . Borges se pregunta si somos realmente libres o estamos desempeñando un papel
escrito de antemano. El destino se presenta como algo inexorable contra lo que es imposible rebelarse. En “El
muerto”, la muerte de Benjamín Otálora simboliza la inutilidad del esfuerzo humano para decidir su futuro.
Azevedo Bandeira representa el papel de la divinidad que ya ha decidido el destino de Benjamín. Otro cuento
donde aparece este tema es “Emma Zunz”, en el que la protagonista percibe su destino mediante una revelación
instantánea que da sentido a sus vidas: la muerte por suicidio del padre de la protagonista.
El tiempo. Pasado, presente y futuro se entrelazan hasta el punto de preguntarnos si el tiempo es una ilusión.
Está presente en el libro la idea del tiempo circular. Todo lo que vivimos no es más que la repetición de
experiencias que otros hombres ya han vivido en el pasado. Este tema es fundamental en “El inmortal” en la
“Historia del guerrero y la cautiva”. En el primero de ellos Borges trata de explicar los posibles efectos que la
inmortalidad causaría en los hombres. En el otro, personajes separados en el tiempo más de cien años vuelven a
vivir las mismas experiencias.
La eternidad y el infinito . En cuentos como “El Aleph”, “El Zahir” y “La escritura del dios” aparece la imagen
microcósmica del universo a través de los símbolos de tres religiones diferentes: la Cábala judía, el Islam y la
rueda de la religión hinduista, respectivamente. A través de las visiones de los protagonistas de estos cuentos,
Borges trata de transmitirnos la idea de infinito que se puede convertir en consuelo (el sacerdote de “La escritura
del dios”) o pesadilla (el Borges de los otros dos cuentos).
El universo como laberinto inextricable. El laberinto, símbolo clave en Borges, proyecta en último término la
visión de la vida y el universo como laberinto por el que vagan los hombres perdidos, sin posibilidad de
encontrar la salida a no ser con la muerte. Aparece este tema sobre todo en “La casa de Asterión”. En este
cuento Asterión, el minotauro, condenado a vivir eternamente en su laberinto, es un ser que busca la libertad,
pero no la encuentra. Sólo puede encontrarla con la muerte. Representa la angustia humana ante la vida, al
hombre extraviado en el mundo y siempre condenado a perder. Este cuento usa como pretexto el mito del
minotauro para mostrarnos que vivimos presos de nuestro propio destino y sólo la muerte nos puede liberar.
La violencia. Es casi una constante en los cuentos de El Aleph. Asistimos a venganzas implacables (“Emma
Zunz”, “Los dos reyes y los dos laberintos”, “El hombre en el umbral”), crueles ajusticiamientos (“Los
teólogos”), violencia institucional (“Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”), vidas delictivas, (“El muerto”, “La
espera”), guerras (“Historia del guerrero y la cautiva”, “Deutsches Requiem”) y asesinatos (“Abenjacán el
Bojarí, muerto en su laberinto”, “La casa de Asterión). En el libro se examinan los extravíos de los hombres.
Muchos de los protagonistas son asesinos, contrabandistas, monstruos, nazis, delincuentes o contrabandistas que
se ven empujados a la muerte en cumplimiento de su destino.
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BORGES Y LA LITERATURA FANTÁSTICA EN EL ALEPH
El argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) es uno de los grandes autores de cuentos del siglo XX aunque escribió
también poemas y ensayos. Su obra es un corpus formado por fragmentos; prácticamente no hay libros orgánicos; la
vasta mayoría son recopilaciones de piezas breves y ocasionales.
La literatura fantástica se suele relacionar con lo sobrenatural, mágico o maravilloso, con personajes inexistentes o
situaciones inverosímiles. Estos relatos parten de un suceso irreal o imaginario que se manifiesta abruptamente en la vida
cotidiana. Se vincula con la realidad del mundo y del hombre, pero en sus niveles más secretos y misteriosos, lo cual
hace difícil su comprensión.
El propio Borges dice en el epílogo de El Aleph que, a excepción de “Emma Zunz” e “Historia del guerrero y la cautiva”,
todos los relatos del libro pertenecen al género fantástico. Borges elige el género fantástico, pero en sus fantasías no
aparecen monstruos, seres fantásticos como elfos o hechizos mágicos. Su gran amigo el escritor Bioy Casares calificó sus
cuentos de “fantasías metafísicas”, pues en la gran mayoría de ellos aparecen reflexiones teológicas y metafísicas a
partir de experiencias del mundo real. Temas como la eternidad, el infinito, el destino o el universo como laberinto
inextricable son temas recurrentes en sus ficciones.
En El Aleph casi todos los relatos se plantean en ambientes realistas, pero, de pronto, acontecen esas grietas por donde se
cuelan sucesos insólitos que rompen con la lógica de la realidad. Borges ya había usado estos recursos en Ficciones, pero
es en El Aleph donde se considera que él madura los temas que resaltan un lado fantástico y les dota de mayor
profundidad.
- Por ejemplo, en “El Zahir”, una reflexión sobre la obsesión, narra la historia de un objeto que inspira la
fascinación inmediata de todos aquellos que lo ven hasta consumir su atención y realidad completa.
- En “La otra muerte”, a partir de una carta y la memoria del narrador, construye una fantasía sobre el tiempo.
- En “El Inmortal”, hace un viaje inquietante a través de la Ciudad de los Inmortales, un mundo laberíntico en el
que todo, incluso los edificios y las escaleras, aparece caóticamente irregular o invertido.
- “El Aleph” condensa todos los elementos distintivos de su obra: está narrado en primera persona por un hombre
que se llama Borges (un detalle que ya anuncia cómo se desdibujan en la historia los parámetros que separan la
ficción de la realidad). Borges-protagonista regresa cada año a la casa de Beatriz Viterbo, la mujer que amó y
falleció sin corresponderle nunca. En una de sus visitas, el primo hermano de Beatriz le revela, con la inminente
demolición de la casa, que en el sótano se encuentra un objeto desde el que es posible observar todo lo que
comprende el universo: el Aleph. El narrador se enfrenta a la imposibilidad de relatar de manera total lo que
observa en el Aleph, ¿cómo describir el infinito con un instrumento tan limitado como el lenguaje humano?
Borges acude entonces a enumerar caóticamente, interminablemente, las posibilidades que encierra el todo.
Estas descripciones que comprende el prodigioso objeto permiten en el cuento contemplar al mismo tiempo,
desde todas las perspectivas posibles, todos los objetos del universo, el cosmos entero. Descripciones que se
convirtieron automáticamente en el corazón y obra maestra del relato de Borges.
Su método consiste en convertir la realidad en ficción y asumir lo fantástico como imprescindible para explicarla. Borges
parte de la idea de que el lenguaje no es suficiente para mostrar la realidad en su totalidad. Por eso se muestra contrario a
la literatura de carácter realista, llegando incluso a negarla.
Él cree que a lo largo de la historia de la humanidad han sido muchos los filósofos y las religiones que han intentado
buscar sentido al Universo. Esta gran cantidad de teorías son muestra de su fracaso, pues la realidad es impenetrable y el
hombre todavía no ha encontrado el sentido a su existencia. Por eso, él, como creador, intenta buscar explicaciones a la
realidad del hombre, aunque siempre dentro del terreno de lo fantástico, pues sus teorías no dejan de ser meras conjeturas
imposibles de comprobar.
Aparece así lo fantástico, lo irreal, la visión idealista del mundo como núcleo temático de su producción. Para Borges, el
universo es un laberinto caótico por el que el hombre vaga perdido y en el que se han borrado los límites entre ficción y
realidad. Sobre ese universo/mundo absurdo el autor va a formular sus hipótesis y conjeturas. Sus cuentos no se limitan a
ser una crónica de la realidad, sino que son un intento de desentrañar los enigmas que ésta encierra.
En definitiva, los cuentos de Borges se caracterizan, salvo excepciones, porque nos ponen en contacto con lo insólito o
excepcional de la realidad. Su verdadero objetivo es proponernos sutiles juegos mentales o de imaginación y plantearnos
profundos problemas metafísicos.
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El propio Borges afirmó que “la literatura fantástica no es una evasión de la realidad, sino que nos ayuda a comprenderla
de un modo más profundo y complejo”. Cuentos como “El inmortal”, “El muerto”, “La otra muerte”, “El zahir”, “La
escritura del dios” o “El Aleph” son buena prueba de ello.
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EL ALEPH DE BORGES EN SU CONTEXTO HISTÓRICO Y LITERARIO II
El argentino Jorge Luis Borges (1899-1986) es uno de los grandes autores de cuentos del siglo XX aunque escribió
también poemas y ensayos. Su obra es un corpus formado por fragmentos; prácticamente no hay libros orgánicos; la
vasta mayoría son recopilaciones de piezas breves y ocasionales. Ya que con él alcanza una literatura muy particular,
muchos han denominado sus relatos como fantasías metafísicas, porque la acción está al servicio de las cavilaciones
filosóficas.
Aunque su tardía fama se debe principalmente a su producción cuentística, es bien sabido que Borges comenzó
escribiendo poemas y ensayos y siguió haciéndolo hasta sus últimos días.
Sus ideas eran bastante distintas al principio, cuando inicia su obra al volver de Europa a Buenos Aires trayendo en sus
maletas el ultraísmo y otras novedades vanguardistas. Había nacido en esa ciudad en 1899 y pasó su niñez en una casa
familiar donde se respiraba lo literario. En 1914 la familia viaja a Europa, poco antes de que estallase la Primera Guerra
Mundial, por lo cual, tras un breve tiempo en Londres y París, tendría que refugiarse en la neutral Ginebra. Esta estancia
será decisiva para el escritor porque siempre asociará Ginebra con su visión liberal del estado democrático, su amor por
la libertad, el pluralismo y el cosmopolitismo. En 1919, la familia se traslada a España y vive por un año entre Barcelona,
Mallorca, Madrid y Sevilla, ciudad esta última donde Borges concibe libros que nunca publicó, con poemas
expresionistas y ultraístas.
En 1921 regresa a Buenos Aires y redescubre su propia realidad: la urbe, los suburbios, la pampa. En esta primera etapa
de vida literaria, donde escribe en revistas de vanguardia y sus primeros poemas, difunde el credo ultraísta y las
vanguardias, y practica una forma moderna de “criollismo”.
En la misma década del veinte en la que Borges empieza a dejarse conocer como poeta, comienza también su obra de
ensayista cuyos primeros títulos presentan impronta ultraísta. La obra ensayística de Borges no es muy extensa; abarca
unos quince títulos, pero todos juntos no suman muchas páginas y parecen un conjunto algo heterogéneo. Como
ensayista, incorporó una cultura antigua y moderna a la que eran casi enteramente ajena nuestras letras y que, gracias a él,
pasaría a formar parte de su tradición: libros orientales, místicos y filósofos de la Antigüedad, cabalistas y gnósticos
judíos, poetas franceses olvidados, pero sobre todo autores ingleses
Hacia 1930, esa huella del ultraísmo remite plenamente y su estilo tiene la textura por la que le reconoceremos: pasmosa
precisión, capacidad de ver lo nuevo en lo viejo, sutil ironía, dominio de su propia voz cualquiera que sea el género o el
tema. La evolución poética del autor consiste en ir aliviando, sin abandonarlos nunca del todo, las marcas de la inflexión
criolla y el impresionismo visual de sus metáforas ultraístas, para irse concentrando en el puro ejercicio intelectual.
Los años treinta están marcados por el debilitamiento económico producido por el crack del 29 y por enfrentamientos
ideológicos que conducen al estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).
En cuanto a su literatura, a partir de los años 40 publica recopilaciones de su obra en verso bajo el título de Poemas, en
las que depura el contenido de sus libros anteriores, se afirma su voz y se aleja de las vanguardias.
Es en esta década cuando publica por primera vez el libro El Aleph. En realidad, la producción narrativa de Borges
tiene dos etapas. La primera es la más importante y está contenida en dos libros: Ficciones (1944) y El Aleph (1949). Los
cuentos de Borges se caracterizan, salvo excepciones, porque nos ponen en contacto con lo insólito o excepcional de la
realidad. Su verdadero objetivo es proponernos sutiles juegos mentales o de imaginación y plantearnos profundos
problemas metafísicos.
En El Aleph los motivos son muy variados, pero siempre giran alrededor de ciertos temas que obsesionan al autor como
la identidad humana, el destino del hombre, el tiempo, la eternidad y el infinito, el mundo como laberinto o la violencia.
Hay relatos realistas (“Emma Zunz”), de tema mitológico (“La casa de Asterión”), de tema histórico (“Deutsches
Réquiem”), reflexiones teológicas (“Los teólogos”), reflexiones metafísicas (“El Aleph”, “La escritura del dios”)…
Más de veinte años después de publicar El Aleph, Borges volvió a escribir cuentos; lo principal de esta breve segunda
etapa está en dos volúmenes: El informe de Brodie (1970) y El libro de Arena (1975). El primero representa una vuelta a
esa especie de “criollismo” realista y trata temas legendarios o de la historia argentina o hispanoamericana. En el
segundo, regresa, por última vez, al reino de sus fantasías, sueños y obsesiones de antes, aunque usando estructuras más
llanas y un tono más natural.
En la década de los 50 comienza el reconocimiento de Borges dentro y fuera de Argentina. En 1955 es nombrado
director de la Biblioteca Nacional (cargo que desempeñaría durante 18 años) tras un golpe militar que derrocó al
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gobierno peronista. En 1957, ganó el Premio Nacional de Letras de Argentina por su libro El Aleph y en reconocimiento
a toda su trayectoria. Poco después pierde la vista (fue consecuencia de una enfermedad congénita y fue prograsivo) y,
desde entonces, dicta sus obras, es decir, pese a su ceguera en esta etapa de madurez, sigue publicando como escritor y
ensayista y realizando conferencias como en la Universidad de Harvard.
Falleció el 14 de junio de 1986 a los 86 años.
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POEMA DE LOS DONES: “Nadie rebaje a lágrima o reproche / Esta declaración de la maestría” III
El Poema de los dones es un poema de Jorge Luis Borges publicado en el libro Poemas (edición privada) en 1959.
El poema consiste en diez cuartetos endecasílabos de rimas abrazadas, que tienen la estructura ABBA. La métrica regular
se ve alterada por una variación en la segunda estrofa, donde pasa a la fórmula ABAB.
TEMAS:
- La ceguera
- El don – de la ceguera- según él todos debemos pensar que lo que nos ocurre es un instrumento, que todo tiene
un por qué y más en el caso de los artistas. Por ello el dice “la ceguera es un don”.
- La biblioteca. Dirigió la Biblioteca Nacional Argentina desde 1955 unos 18 años.
El tono del poema es nostálgico, pues resulta en una descripción autobiográfica de la satírica tragedia que estaba viviendo
el poeta: un magnífico escritor, que ya no es capaz de leer, dirige la biblioteca más importante del país.
A lo largo del poema, Borges muestra su amor y pasión por los textos, haciéndonos viajar por distintos momentos de la
historia antigua: la época de César, cristianos y musulmanes. La tragedia es que el yo lírico está ciego y no puede
disfrutar de su pasión de leer y estudiar pese a que está rodeado de miles de libros. (Recordemos que el autor perdió
la visión debido a una enfermedad congénita y era director de la Biblioteca Nacional Argentina).
Más adelante se identifica con otra personalidad, Paul Groussac, quien también fuera ciego y transitara, de igual manera,
lo que estaba viviendo. Aun así, el yo lírico es capaz de sobreponerse y aceptar la ceguera como una transformación
y una ironía de los dones que Dios le dio.
El Poema los Dones consta de tres partes: la primera parte la conforman las 2 primeras estrofas y la mitad del verso 9,
los cuales refieren a la ceguera como punto de partida y al destino que fija Dios.
- En la primera estrofa, el yo poético pide que no se haga llanto ni reclamo a Dios que, con maestría e ironía, les
dio libros y la noche a sus ojos. (Recordemos que Borges para ese momento ya era ciego)
- Segunda estrofa: El yo poético muestra con metáforas lo que está sintiendo. Sus ojos no pueden ver una ciudad
de libros que lo rodea. Solo puede verlos en las bibliotecas sus sueños.
La segunda parte abarca desde el verso 9 al 20; es decir, de la tercera a la séptima estrofa; y nos habla de la biblioteca y
lo que está perdiendo el yo lírico.
- 3º Estrofa: Comenta que las mañanas derrochan luz a sus infinitos libros, comparando esta situación luminosa,
con los laboriosos manuscritos que tanto trabajo dieron para ser quemados en Alejandría. (Refiere a la biblioteca
de Alejandría ubicada en Egipto y quemada en el (331 aC.). Lo que ocasiono la desaparición total de la
biblioteca (el mayor centro de conocimiento y tradición escrita de la humanidad).
- 4º Estrofa: “De hambre y de sed (narra una historia griega)” hace referencia a la historia griega de un rey que
teniendo mucho poder no puede salvarse y muere de hambre y sed entre fuentes y jardines”. Es la manera en
que el yo poético nos muestra su drama, al sentirse ese rey que después de conocer, manipular, leer los libros,
hoy se siente rodeado de ellos, pero no puede leerlos. Pues está fatigado y sin rumbo en “esta altay honda
biblioteca ciega”.
- 5º Estrofa: Muchos son los libros y temas, tiempos y cosmogonías, que pretenden servir de contención con
muros de conocimientos, pero es inútil. El yo poético lo acepta, no puede leerlos continúa en una biblioteca
ciega.
- 6º Estrofa: El yo poético se define lento como su sombra, sumergido en una penumbra hueca, camina con un
báculo tocando, tanteando indeciso. Se presenta con la imagen de un ciego y una vara tocando a cada lento paso.
Es una imagen triste, no negativa, sino de comprensión, pues se imagina el paraíso como una biblioteca.
- 7º Estrofa: El yo lírico nos dice que no es cuestión de azar, pues otro (refiriéndose a alguien más) “ya recibió en
otras borrosas tardes los muchos libros y la sombra”. Como diciéndonos que otro ya ha transitado lo que él
está viviendo. (y es cierto como lo veremos más adelante).
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La última parte va del verso 21 al 40 y habla de la biblioteca, la ceguera de Groussac y la suya propia. Cuenta la
duplicidad que el yo poético siente. En las últimas 3 estrofas hace referencia a todo lo que ha perdido: sus libros, su
mayor pasión.
- 8º Estrofa: Explica sentirse como otro personaje, ya muerto, que, errando por las galerías de libros, repite los
mismos pasos que él está dando “en los mismos días”. En su mente hay duplicidad e identificación con alguien
que conoció o supo que existió.
- 9º Estrofa: ¿Cuál de los dos escribe este poema de un yo plural y una sola sombra? Aquí nos ratifica que el yo
poético siente por dos personas. Luego continúa diciendo: ¿Qué importa la palabra que me nombra si es
indiviso y uno el anatema? Confirmando, que no le importa si juntos son uno, una dualidad en su mente, o lo
que está viviendo es una condenación.
- 10º Estrofa: En esta última estrofa entendemos que se trata de Borges y Paul Groussac, un poeta conocido
franco-argentino que también sufría de ceguera y con el cual se viene identificando Borges a lo largo del poema.
(Paul Groussac, fue director de la Biblioteca Nacional Argentina antes que Borges).
Luego describe cómo se deforma y apaga el mundo “en una pálida ceniza vaga que se parece al sueño y al
olvido”. Nos cuenta cómo la ceguera los transformó…Pero a la vez reconoce como en los primeros versos la
ironía de los dones que Dios le dio. Es un notable escrito y bibliotecario que ya no puede leer.
Figuras Literarias
- Ironía: “De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;” “Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche”.
- Enumeración: “Enciclopedias, atlas Oriente y el Occidente, siglos, dinastías, símbolos, cosmos y
cosmogonías”.
- Paradoja: “… miro este querido mundo que se deforma y que se apaga…”, “me dio a la vez los libros y la
noche”.
- Personalización: “…si es indiviso y uno el anatema”, “los insensatos párrafos que ceden”, “de esa alta y
honda biblioteca ciega”, “exploro con el báculo indeciso”, “Al errar por las lentas galerías”.
- Símil: “vidas repetidas”, “arduos como los arduos manuscritos”, “¿Cuál de los dos escribe este poema”, “yo,
que me figuraba el paraíso”, “que se parece al sueño y al olvido”?
- Hipérbole: “Dios, que con magnífica ironía me dio a la vez los libros y la noche.
- Homofonía: “…de una sola sombra? ¿Qué importa la palabra que me nombra…” (se le reconoce por una
musicalidad en la rima donde palabras distintas suenan casi igual).
- Encabalgamiento: “los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día”.
- Oxímoron: “un yo plural”.
- Litote: “Algo que ciertamente no se nombra / con la palabra azar, rige estas cosas”. (Se refiere a no expresar
todo lo que se quiere expresar, pero dando a comprender la intención del hablante).
- Metáfora: “La noche” (como metáfora de la ceguera). “De esta ciudad de libros hizo dueños”, “leer en las
bibliotecas de los sueños”, “las albas a su afán.”, “les prodiga sus libros infinitos”, “yo fatigo sin rumbo los
confines”, “lento en mi sombra la penumbra hueca”, “…otras borrosas tardes”, “mundo que se deforma y que
se apaga”, “en una pálida ceniza vaga”.
- Repetición: “arduos como los arduos manuscritos”, “los mismos pasos en los mismos días”.
- Hipérbaton: “De hambre y sed (narra una historia griega).
- Aliteración: “otro ya recibió en otras borrosas”.
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LUNA DE ENFRENTE: El general Quiroga va en coche al muere:“El madrejón desnudo ya sin una sed de agua / y
una luna perdida en el frío del alba”.
Luna de enfrente (1925) es el segundo libro de poemas del escritor argentino Jorge Luis Borges el poema “El general
Quiroga va en coche al muere”.
Borges se inicia en la literatura como poeta y, más precisamente, como poeta ultraísta. El ultraísmo fue un movimiento
de vanguardia orientado hacia la renovación del lenguaje poético: consideraba como elemento esencial del género lírico
la metáfora, pero valoraba en ésta, por sobre todo, lo insólito, lo novedoso, de modo que su valor era proporcional al
grado de sorpresa y de capacidad de impacto que encerraba. Borges fue al comienzo un entusiasta ultraísta
En los poemas de su primera vertiente temática, la que él mismo define como "mitología del arrabal" (como el libro Luna
de enfrente), alude a circunstancias y motivos históricos argentinos y adopta una peculiaridad idiomática: emplea
numerosos argentinismos consistentes no sólo en matices fonéticos (ciudá, sé, tapaos por ciudad, sed, tapados), sino
también construcciones típicamente porteñas, como la que aparece en el título del poema. Esto manifiesta una marcada
tendencia de la poesía de Borges al tono hablado o conversacional, que no sólo no rehúye sino que busca los giros pro-
saicos.
Este poema es, en varios sentidos, distinto al resto de los que conforman este poemario. En primer lugar, por lo ya
mencionado con relación a las alusiones que hace a personas y lugares reales de la historia argentina, aquí ficcionalizados
por medio del dispositivo de la poesía. Tanto Facundo Quiroga como Juan Manuel de Rosas son personajes que
resultarían fundamentales en la literatura de Borges en particular, y en la literatura argentina de los siglos XIX y XX en
general, así como, obviamente, en la historia argentina.
Aquí es imposible no pensar, con el "personaje" de Quiroga, en Facundo o civilización y barbarie en las pampas
argentinas, escrito por Domingo Faustino Sarmiento en 1845 durante su exilio en Chile, como un claro antecedente.
Sarmiento fue una fuerte influencia para Borges, y la sombra sarmientina está sin dudas presente en su obra, tanto en este
poema en particular como en muchísimos de sus textos posteriores.
En el poema, y para dialogar con esa sombra de Sarmiento y del Facundo..., Borges incluye argentinismos y modismos
que ya para el momento de la escritura del poemario, en 1925, eran viejos, anacrónicos, casi incomprensibles para los
lectores. Este juego formal tiene que ver también con esa Argentina que se busca retomar: la Argentina civilizada por la
que Sarmiento lucha en el Facundo... Algunas de estas palabras son "madrejón" y "estaca pampa". En general, este tipo
de recursos léxicos no está presente en el resto de los poemas.
Pero este poema se distingue del resto, además, por su voz lírica: al tratarse más bien de una narración, que cuenta sobre
todo hechos de los que es testigo, parece tratarse de una voz alejada de ese yo lírico en la primera persona del singular,
tan íntima, a la que el poemario viene acostumbrando al lector. Lo que es más: la voz poética parece, incluso, capaz de
saber qué piensa Quiroga, y de relatarlo por medio del estilo indirecto libre: "Esa cordobesada bochinchera y
ladina/ (meditaba Quiroga) ¿qué ha de poder con mi alma?" (p. 61, el énfasis es propio). Con ese "mi", la primera
persona que es, en este caso, la voz ficcionalizada de Quiroga, se entromete en la lírica.
Quizá se trate del poema más narrativo de todos, y por eso se valga de muchos de los procedimientos más comunes de la
narración. Otro elemento que aparece aquí únicamente, disruptivo, es el de la ironía: ya presente en el título, vuelve, en el
interior del poema, con su explicitación: "Ir en coche a la muerte ¡qué cosa más oronda!" (p. 61)
TEMA
El tema del poema es la evocación del asesinato de Facundo Quiroga, perpetrado por la partida que comandaba Santos
Pérez, en Barranca Yaco (provincia de Córdoba) en 1835. Quiroga había sido enviado a la ciudad de Córdoba para
mediar en ciertas diferencias que separaban a los gobernadores del norte del país y a su regreso es advertido en
numerosas oportunidades de la emboscada que le aguarda.
Pese a ello y llevado sin duda por su orgullo y por la convicción de que el solo magnetismo de su nombre y de su presen -
cia bastarían para desarmar a los hombres de Santos Pérez, se obstinó en seguir la ruta que lo conduciría a la muerte junto
con toda su escolta. Nadie logró escapar con vida a la masacre, hasta los caballos fueron destrozados, y la galera, con su
macabro contenido, arrojada a un bosque cercano. Borges logra no sólo recrear poéticamente este hecho de sangre, sino
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también hacer revivir, en toda su arrogancia y en su temeraria confianza en sí mismo, la personali dad de su protagonista
enfrentando a la situación límite de la muerte.
ESTRUCTURA
El poema consta de dos partes perfectamente definidas en cuanto a su contenido y a su función específica:
1) Primera parte
Comprende los tres primeros cuartetos.
Su función es describir el lugar en el que va a transcurrir el hecho evocado, crear el ambiente adecuado y presentar al
caudillo, cuya figura dominará el resto del poema.
Se parte del marco geográfico para llegar lentamente al protagonista, mediante un graduado movimiento descriptivo que
se detiene sucesivamente en los siguientes elementos:
- El madreján, la luna, el frío del alba, el campo miserable, conjunto de elementos que· crean desde el comienzo
la necesaria atmósfera de soledad, desamparo y tristeza.
- El coche y sus caballos, presentado como un verdadero carruaje fúnebre.
- En el último verso de la segunda estrofa: tironeaban' seis miedos y un valor desvelado.
Se alude ya a los ocupantes de la galera, contraponiendo mediante sus diversos sentimientos a Quiroga y a los
integrantes de su escolta.
La descripción se detiene fugazmente en el moreno que marcha a caballo junto a los postillones. Se completa así
el cuadro exterior: ya están presentados los protagonistas del drama que va a ocurrir -hombres y caballos-, el
Fúnebre galerón que les servirá de ataúd y el desolado paraje en el cual transcurrirá la acción. Además, mediante
una serie de recursos expresivos se ha creado una atmósfera luctuosa en la que cada elemento está orientado a
anunciar la inminencia de la muerte.
- La descripción se interrumpe de pronto ,con una súbita intervención del autor, que contiene una consideración
general acerca dl hecho evocado y una síntesis de la situación: Ir en coche a la muerte ¡qué cosa más oronda!
2) Segunda parte
Comprende los cuatro cuartetos restantes y está dominada por la figura del protagonista. Pueden distinguirse en ella tres
momentos, que difieren por su forma y por su contenido:
a) Los dos primeros cuartetos expresan las. cavilaciones del caudillo y adoptan, para hacerlo, la primera persona. Con
ello se obtiene un doble efecto: se matiza la forma del poema, interrumpiendo la monotonía de la tercera persona; se
logra plasmar la presencia de Quiroga de manera más vívida y directa, el lector invade su interioridad más profunda,
nutrida de soberbia arrogancia y de ilimitada autoconfianza. El pronombre de primera persona con que comienza el
segundo cuarteto tiene un enorme peso en la economía del poema: es como si el protagonista se erigiera en figura
indestructible e inmortal, y esto se acentúa mediante el contenido de la estrofa y a través de la tácita comparación con el
pampero y las espadas.
b) En un segundo momento (penúltima estrofa) se desencadena la tragedia. El cambio de tono está expresado por la
conjunción adversativa pero que encabeza el cuarteto, la cual establece cierta continuidad pero marca al mismo tiempo
una oposición con respecto al anterior. Se mencionan escuetamente la hora del día, las armas homicidas y una ligera
referencia al presunto culpable. Esta sobriedad de elementos acentúa la intensidad del hecho.
c) En un tercer momento Quiroga ya se ha convertido en fantasma o en legendaria presencia inmortal, y el poeta lo
acompaña hasta su destino definitivo: aun allí lo imagina comandando a su destrozada escolta.
Al igual que en su narrativa, el estilo poético de Borges se caracteriza por una extremada sencillez y' sobriedad en el uso
de los recursos expresivos. Su talento lo lleva a organizar el poema no sobre la base de una acumulación de figuras retó -
ricas, sino mediante una selección rigurosa de cada vocablo, orientada a obtener con un lenguaje simple y aun de todo
coloquial, la mayor síntesis expresiva y la mayor intensidad poética. Sus períodos oracionales son también breves y de
estructura sintáctica poco compleja.
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