0 TEMA 6.
- La poesía española desde 1939 a los años 70: tendencias (testimonial,
social y del conocimiento), autores y obras representativos.
La poesía española, como consecuencia de la Guerra Civil, sufre una ruptura con
respecto a la del periodo cultural anterior (asesinato de escritores como Lorca o la muerte de
Miguel Hernández). El panorama creativo español se vio condicionado por la censura y por el
exilio.
Miguel Hernández (1910-1942) Miguel Hernández pertenece a la Generación del 36, pero a
causa de sus afinidades personales y poéticas con algunos autores del 27, como Federico
García- Lorca y Vicente Aleixandre, puede ser incluido junto a ellos como hermano menor o
genial epígono (según Dámaso Alonso).
Miguel Hernández ejerció una gran influencia por su contribución a la poesía social.
Tras su primera obra, Perito en lunas (1933), alcanza su plenitud poética con El rayo que no
cesa (1936). Emplea su poesía para luchar por la causa republicana y escribe Viento del pueblo
(1937) y El hombre acecha (1938-39). En Cancionero y romancero de ausencias, compuesto en
su mayor parte en la cárcel, el poeta se duele de la ausencia de los suyos.
La poesía de los años 40.
En la poesía inmediatamente posterior a la Guerra Civil, convivieron la poesía cultivada
por los autores afines al bando vencedor (poesía “arraigada”), la poesía existencialista de los
vencidos (poesía “desarraigada”) y ciertas formas minoritarias más esteticistas (Grupo Cántico).
-Poesía “arraigada”. Sus autores son afines al régimen. Se aglutinan en torno a la
revista Garcilaso y a la revista Escorial. Abordan temas humanos, pero evitan la realidad social.
Ofrecen una visión positiva del mundo. Sus principales características son: el sentimiento
religioso, el amor, el paisaje, las formas clásicas… Los autores más destacados son: Luis
Rosales (La casa encendida), José García Nieto, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco…
-Poesía “desarraigada”. Está vinculada al existencialismo. Se agrupan en torno a la
revista Espadaña. Sus autores son contrarios a la dictadura y abordan la nueva realidad desde la
angustia y el dolor que les provoca la guerra y la derrota. Su estilo es sencillo y directo. Los
autores más representativos son: Dámaso Alonso, Hijos de la ira, (1944), Vicente Aleixandre,
Sombra del paraíso, (1944), Blas de Otero (primeros poemarios), Eugenio de Nora, Victoriano
Crémer, Carlos Bousoño o José Hierro.
Junto con estas dos formas de entender la poesía, convivieron otros grupos que
adoptaron un enfoque más esteticista.
-Grupo Cántico. Estos escritores intentan enlazar con el Grupo del 27. Utilizan un
lenguaje muy elaborado y neobarroco. Se trata de un grupo constituido en Córdoba en torno a la
revista Cántico. Los autores más representativos son: Pablo García Baena, Juan Bernier, o
Ricardo Molina.
La poesía social o comprometida
Ya entrados los años cincuenta, un grupo de poetas -en la línea de las novelas del
Realismo Social- conciben la poesía como un medio para dar testimonio de la situación política
española y protestar ante las injusticias sociales.
Para estos autores, la creación debe tomar partido, comprometerse con los problemas
del mundo porque, como afirma Gabriel Celaya en su texto más conocido, «La poesía es un
arma cargada de futuro». Así pues, entre los temas tratados destacan la meditación sobre
España, la defensa de la libertad, la solidaridad con marginados y oprimidos, la denuncia de las
injusticias o el acercamiento a las realidades menos amables de la existencia.
Por lo que respecta al estilo, estos poetas oscilan entre el estrofismo -en especial el
soneto- y el verso libre; predominan las frases breves con ocasionales hipérbatos; léxico urbano
o suburbano y búsqueda de la claridad a través de un tono coloquial y directo.
Los autores más representativos son Blas de Otero, Gabriel Celaya y José Hierro. Sus
obras Pido la paz y la palabra, Blas de Otero y Cantos iberos de Gabriel Celaya, parten de la
poesía desarraigada, pero superan la etapa existencial para situar los problemas del hombre en
un marco social.
El grupo poético de los años cincuenta o los niños de la guerra. La poesía del
conocimiento.
Bajo este rótulo, aunque también se denomina de “los 60”, se sitúan poetas que, sin
rechazar completamente el realismo ni el carácter comprometido y comunicativo de la poesía,
pretenden aportar nuevas consideraciones. Desaparece, pues, la creencia en la eficacia política
de la poesía, que pasa a ser considerada sobre todo un instrumento de conocimiento del mundo
interior y exterior del poeta, pero de forma individual, no sistemática.
Entre todos estos poetas se observan bastantes características comunes; he aquí las más
significativas:
• Procedencia social e intelectual semejante: burguesía ilustrada, con formación
universitaria.
• Valoración del supremo magisterio de Antonio Machado; influencia también de Vicente
Aleixandre.
• Actitud crítica, que se manifiesta a través del humor o la ironía.
• Meditaciones líricas en torno al paso del tiempo, la infancia…
• La exaltación de la amistad como valor supremo e intemporal.
• En el ámbito expresivo, aunque cada uno de estos poetas mantendrá un estilo personal,
pero ciertos rasgos se repiten: alejamiento de la experimentación vanguardista; ausencia de
rima; estructura narrativa del poema; reiteraciones y paralelismos; léxico urbano…
Entre los miembros de esta generación se encuentran algunos de los nombres más
apreciados en el panorama actual de nuestra lírica, como Ángel González (Palabra sobre
palabra), Jaime Gil de Biedma (Poemas póstumos), José Ángel Valente, José Agustín
Goytisolo, Francisco Brines o el también novelista José Manuel Caballero Bonald ( Manual de
infractores).
La estética novísima
En 1970 José Mª Castellet publicó una antología titulada Nueve novísimos poetas
españoles, que supuso una ruptura total con la poesía de carácter realista; desde entonces se
define con el superlativo «novísimos» a una serie de autores situados hoy en el primer plano de
las letras españolas, como Manuel Vázquez Montalbán, Félix de Azúa, Vicente Molina-Foix o
Pere Gimferrer.
Pueden establecerse unos cuantos rasgos que justifican la identidad generacional:
• Preocupación máxima por el lenguaje y por el poema, como creación que se justifica por sí
misma.
• Esteticismo que supone la revalorización de ambientaciones lujosas, exóticas y decadentes,
en la línea del Modernismo; se recupera también el carácter lúdico de la poesía, presente en
ciertos poetas del 27.
• Frecuente -y en ocasiones, excesivo- uso de la intertextualidad, de modo que el poema
aparece como un objeto metaliterario: precedido de citas de distintos autores, cargado de
referencias culturales y aportando variaciones sobre temas conocidos. De ahí que se haya
acuñado el término culturalismo para designar a esta poética, entre cuyos representantes
cabe citar también a Antonio Colinas y Luis Alberto de Cuenca.