Post-capitalismo y realismo distópico
por Carlos Cleri1
Publicado por COHETE A LA LUNA el 8/12/2024
En noviembre de 2005 el Presidente de los Estados Unidos de (Norte) América, George W.
Bush, visitó la República Argentina. Nuestro recuerdo quizás esté anclado en el rechazo que
Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela hicieron a la propuesta norteamericana de crear un
Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) que incluyera desde Alaska a Tierra de Fuego.
En ese momento hubo un hecho que me llamó la atención y quedó grabado en mi memoria y
que los tiempos modernos me lo recordaron a los gritos.
Es costumbre protocolar que los Presidentes se intercambien obsequios. Así fue como Néstor
Kirchner le regaló un cordero patagónico y un poncho tejido en la región más austral del
planeta. El “gringo” le dio un libro, pero no cualquier libro sino “Principios de Economía
Política” de Thomas Malthus (el libro fue editado en 1820 y Busch eligió la impresa en 1836).
Hubo diversas interpretaciones porque Malthus es reconocido mundialmente por el núcleo de
su obra previa y más conocida, “Ensayo sobre los Principios de la Población” de 1798, donde
fanáticamente profetizó que el atraso de las naciones es producto del crecimiento
demográfico. porque la población crece en proporción geométrica mientras que la producción
de alimentos lo hace a una cadencia aritmética. El clérigo anglicano manifestaba esperanza
en que las guerras de todo tipo, enfermedades, miserias y el mantenimiento de los
trabajadores en el límite de la subsistencia para que no se reproduzcan contrarrestarían el
mal. Pero esa selección “natural” - “antinatural” no incluía a las clases dominantes que,
por el contrario, para sostener la fortaleza del sistema, deberían aumentar de manera
altruista su sano consumo. El mensaje era claro los que no están en el olimpo y no son dioses
modernos deben aguantarse males diversos y catástrofes con la boca cerrada, ¿fue eso lo
que quiso transmitir Bush?
El malthusianismo se sostuvo a través de los tiempos. Giovanni Sartori y Gianni Mazzoleni en
su libro “La tierra explota: superpoblación y desarrollo”2, también con fanatismo declaran que
"Si la locura humana no encuentra una píldora que la pueda curar, y si esa píldora no la
prohíben los locos que nos quieren ver multiplicándonos incesantemente, el 'reino del
hombre' llegara a duras penas al 2100... Estamos destruyendo el planeta, y parecemos no
darnos cuenta: la disminución de los recursos naturales, el auge de la contaminación y las
modificaciones en el sistema climático generadas por el hombre hacen que la superficie
habitable de la Tierra cada vez sea menor. Los datos son alarmantes: se prevé que la
población crecerá hasta llegar al doble de lo que es hoy y, para entonces, la Tierra habitable
será la mitad de lo que es actualmente”. Los autores llaman a la aplicación de políticas
globales de control de la natalidad y acusan directamente a la Iglesia Católica por impedir las
masacres. Otros autores se ocuparon el tema desde diferentes ópticas: Paul Erlich (“La
explosión demográfica” o “Population bomb”,1968), Joel Cohen (“An introduction of
demography”, incluyó el concepto de capacidad de carga, 1995), el Club de Roma (Los límites
del crecimiento, 1972), Samuel Hungtington (“El choque de las civilizaciones” y su énfasis en
la superpoblación de origen árabe, 1995). Pero por el volumen de su influencia no quiero dejar
afuera al influente “cerebro del mundo”3, el Council of Foreign Relation (CFR) que tienen el
tema en su agenda. El CFR es acusado continuamente por la promoción de políticas
malthusianas para controlar los males del planeta, con especial atención a los países en
desarrollo o pertenecientes a otras civilizaciones que pudieran poner en peligro el poder
hegemónico de los Estados Unidos y la estabilidad geopolítica (las denuncias contra el Council
incluyen el planeamiento de golpes de Estado y cambios de gobiernos en la periferia del
sistema mundial). Se acusa al CFR de promocionar políticas de control de la población,
eugenesia en países en desarrollo, planificación familiar, desarrollo de tecnologías que limiten
1
Carlos Cleri fue Jefe de Gabinete del Ministerio de Economía en el gobierno de Néstor Kirchner y
Subsecretario de Comercio Exterior en el gobierno de Raúl Alfonsín, funcionario del Servicio Económico
Exterior de la Nación, Decano de la Escuela de Economía y Negocios Internacionales de la Universidad
de Belgrano, Presidente de la Sociedad Latinoamericana de Estrategia. Actualmente coordina la Red
hacia la Soberanía Alimentaria y miembro del Movimiento Productivo 25 de Mayo (MP25M).
2
Taurus, 2003.
3
Para profundizar sobre el tema recomiendo el libro de Ariel Salbuchi “El cerebro del mundo – la cara
oculta de la globalización”, Editorial Solar, 1999.
el crecimiento de la población, esterilización y anciconcepción; como así también políticas de
desarrollo sostenible que dan prioridad al ambiente por sobre el crecimiento económico y
poblacional.
Cuales son los problemas que aborda el neomalthusianismo:
Sostenimiento del estatus quo político, económico y civilizatorio bajo el
dominio de Occidente, ya sea en su variante unipolar (“make U.S.A. great
again”) o globalizadora. El riesgo por enfrentar es que el mayor crecimiento de la
población de la periferia (esto incluye al crecimiento de otras civilizaciones: China,
India, Rusia, países árabes, patria grande latinoamericana) provoque un balanceo que
amenace el control del centro.
Catástrofe ambiental. Se considera que el planeta se encuentra amenazado por
causas físicas (fortuitas), sociales (exceso de población) y por la acción humana sobre
el medioambiente. Esto incluye causas que forman efecto invernadero por acumulación
de gases en la atmósfera que retienen calor (combustión de combustibles fósiles que
producen dióxido de carbono y óxido nitroso), desforestación para uso productivo de la
tierra (baja de la absorción de dióxido de carbono), ganadería (creación de gas
metano), uso indiscriminado de fertilizantes (que contienen nitrógeno y producen óxido
nitroso), gases fluorados, consumo excesivo, descarte monumental de residuos no
reciclados, derroche de energía, uso abusivo de plástico, etc.
Extinción de las fuentes no renovables (baratas) de energía (petróleo, gas,
madera, carbón).
Los problemas señalados se pueden resumir en uno: la población del planeta.
¿Cómo se puede resolver el dilema del crecimiento de la población y el consumo? Hasta ahora
se ha seguido una política de educación sexual y ambiental, acompañados por el uso de
incentivos orientados en el mismo sentido (acciones y prácticas que contribuyen a la
preservación y restauración de los ecosistemas, incentivos fiscales y crediticios a la inversión
ambiental, subsidios a las actividades “verdes” como plantar árboles, ahorrar agua, separar
basura y reutilizarla/economía circular, evitar quemar basura, hojas y otras materias, utilizar
energías limpias). Pero esta estrategia se ha demostrado que es lenta y costosa.
Existe alguna otra alternativa, ¿hay alguna forma de encontrar una forma más rápida y
barata? Si, la hay, aunque sea contraria a las normas éticas, morales, religiosas, humanistas.
O sea, volver al malthusianismo en estado puro y cruel. La respuesta es hacer desaparecer
a una parte importante de los pobladores del planeta.
¿Qué pasa si se reduce la población mundial?: habrá menos consumo de alimentos que
generan efecto ambiental negativo, menos uso de energía no renovable, menos
residuos y desechos, menos riesgos de desbalance poblacional que cambie el
orden mundial (especialmente si la caída de la población se produce en la periferia
del centro occidental). Estamos frente a una alternativa rápida y barata para salvar el
planeta y resolver los problemas de quienes sobrevivan al holocausto.
¿Cuál podría ser un obstáculo para la implementación de tamaña crueldad? Que exista algún
interés por parte del poder hegemónico sobre la población que sería objeto de exterminio.
Surge claramente el valor que la economía dio a las personas en pleno auge del sistema
capitalista, su naturaleza de consumidores. El capitalismo está basado en la propiedad
privada de los medios de producción que fabrican mercancías que son negociadas en un
mercado de competencia libre y (supuestamente) autorregulado a través de una relación
entre oferentes y demandantes (consumidores). Vale agregar que el sistema se reproduce
(reproducción del capital) a partir de que los costos de producción son menores que los
precios de venta de la mercancía (plusvalía).
Ahora bien, en los tiempos actuales eso ha cambiado. La financierización y el “capital en
la nube” -constituidos por equipamiento informático conectados en red o granjas de
servidores, que se conectan a través de torres de telefonía móvil y kilómetros de cables de
fibra óptica por aire, tierra o en el fondo de océanos y mares, a lo que se suman programas,
algoritmos, inteligencia artificial- hizo que la reproducción de la riqueza sea propulsado
por la renta financiera y la renta de la nube (ambas asimilables al régimen feudal
más que al capitalismo, o sea que la producción y comercialización de bienes y
servicios (economía real), la plusvalía y la relación obrero-patronal quedaron
relegados a un triste tercer lugar. En paralelo, el poder de los consumidores, por
atomización de la demanda y concentración de la oferta, desde su nivel pedestre (carente de
poder real) ha bajado varios peldaños más por pérdida de importancia de su función
necesaria para la realización de las mercancías y servicios producidos y, por lo tanto,
podrían ser descartados a un costo sistémico bajo.
Claro que el medio rápido y barato de prolongar por largo término el poder y el dominio no
es simpático. ¿Cómo, después de tanta moralina, mejores prácticas, lo bueno y lo malo, se
puede hacer público lo tramado? ¿Es necesario comunicarlo o se puede operar a espaldas del
gran público? Justamente por preservación y aceptación necesaria no es conveniente
declamar lo que se está dispuesto a hacer. Ahora bien, es posible que, desde las sombras, los
más poderosos del universo, estén pensando en la vía rápida y barata o es sólo una
alucinación de mi mente, influenciada por lecturas de grandes anticipadores como Julio Verne,
Leonardo Da Vinci, George Orwell, H. G. Wells, Anthony Burgess, Isaac Asimov, Sandra
Newman, Hugh Howay, Sofia Rhey, Ray Bradbury y nuestro querido gran Héctor Germán
Oesterheld.
Pero ¿por dónde empezar el proceso de aniquilación? Por los que menos aportan y más gastos
generan al sistema: los enfermos, los discapacitados, los jubilados, los pensionados y los
excluidos del sistema. Y ¿cómo hacerlo? Achicando sus ingresos, quitándole remedios,
bajando las prestaciones de los sistemas de salud, eliminando apoyos (planes sociales),
quitando ayuda alimentaria y otros métodos que las mentes tenebrosas pueden crear. Por
supuesto que quienes vivimos en suelo argentino sabemos que incluso se puede hacer
crueldad a cara descubierta y que, por obra y gracias de las fuerzas del cielo (léase la
influencia de la nube), hasta puede hacerse con un mínimo de oposición popular.
Saque el lector sus conclusiones…