0% encontró este documento útil (0 votos)
13 vistas10 páginas

La Luz de Su Palabra 260

El documento presenta la celebración de la Misa del 2 de febrero de 2025, enfocándose en la Liturgia Eucarística y la presentación del Señor. Incluye oraciones, lecturas bíblicas y cantos que guían a los asistentes en una experiencia espiritual profunda. Se destaca la importancia de la participación activa y consciente en la Celebración Eucarística.

Cargado por

Diana Tamayo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
13 vistas10 páginas

La Luz de Su Palabra 260

El documento presenta la celebración de la Misa del 2 de febrero de 2025, enfocándose en la Liturgia Eucarística y la presentación del Señor. Incluye oraciones, lecturas bíblicas y cantos que guían a los asistentes en una experiencia espiritual profunda. Se destaca la importancia de la participación activa y consciente en la Celebración Eucarística.

Cargado por

Diana Tamayo
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

260

La luz

de su Palabra

2 de febrero de 2025
LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
La luz de su Palabra
2 de febrero de 2025
LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

Hermanos: ¡Sean bienvenidos! Con el favor de Dios, continuamos


el noble proyecto “Cápsulas Litúrgicas”.

Antes de iniciar la santa Misa, ofreceremos un breve contenido


que nos ayude a vivir más piadosa, consciente y activamente
nuestra Celebración Eucarística.

III. Liturgia Eucarística (Primera Parte)

Después de hacer la oración universal, todos nos sentamos y


comienza la Liturgia Eucarística con la preparación de los dones.

Se llevan al altar las especies que se convertirán en el Cuerpo y en


la Sangre de Cristo. Acompaña a esta procesión el canto del
ofertorio, que se alarga por los menos hasta que los dones hayan
sido colocados sobre el altar, o hasta que el sacerdote purifique
sus manos.

De pie, comencemos cantando.

La luz de su Palabra
CANTO DE ENTRADA
El Señor es mi luz y mi salvación
(Alberto Taulé)

El Señor es mi luz y mi salvación,


el Señor es la defensa de mi vida,
si el Señor es mi luz, ¿a quién temeré?
¿Quién me hará temblar?

Una cosa pido al Señor:


habitar por siempre en su casa,
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo santo.

CANTO DEL GLORIA


Gloria a Dios en lo alto del cielo
(Kiko Argüello)

Gloria a Dios en lo alto del cielo,


y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.
Te alabamos y te bendecimos,
te adoramos y te damos gracias
por tu inmensa gloria.

Señor Dios, Rey del cielo, Dios Padre omnipotente,


Señor, Hijo unigénito, Jesucristo.

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre,


tú que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.

Tú que quitas el pecado del mundo, atiende a nuestra súplica,


tú que estás a la derecha del Padre, ten piedad de nosotros.

La luz de su Palabra
Porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor Altísimo,
Jesucristo, con el Espíritu Santo, en la gloria de Dios Padre.
Amén. Amén.

ORACIÓN COLECTA

El Sacerdote: Dios todopoderoso y eterno, suplicamos


humildemente a tu majestad que así como en este día fue
presentado al templo tu Unigénito en su realidad humana como la
nuestra, así nos concedas, con el espíritu purificado, ser
presentados ante ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive
y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los
siglos de los siglos.
La Asamblea: Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
Del libro del profeta Malaquías
(3, 1-4)
Esto dice el Señor: “He aquí que yo envío a mi mensajero. Él
preparará el camino delante de mí. De improviso entrará en el
santuario el Señor, a quien ustedes buscan, el mensajero de la
alianza a quien ustedes desean. Miren: Ya va entrando, dice el
Señor de los ejércitos.
¿Quién podrá soportar el día de su venida? ¿Quién quedará en pie
cuando aparezca? Será como fuego de fundición, como la lejía de
los lavanderos. Se sentará como un fundidor que refina la plata;
como a la plata y al oro, refinará a los hijos de Leví y así podrán
ellos ofrecer, como es debido, las ofrendas al Señor. Entonces
agradará al Señor la ofrenda de Judá y de Jerusalén, como en los
días pasados, como en los años antiguos’’. Palabra de Dios.

La luz de su Palabra
SALMO RESPONSORIAL
(Salmo 23)

R. El Señor es el rey de la gloria.

- ¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones


eternos, porque va a entrar el rey de la gloria! R.

- ¿Y quién es el rey de la gloria? Es el Señor, fuerte y poderoso, el


Señor, poderoso en la batalla. R.

- ¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones


eternos, porque va a entrar el rey de la gloria! R.

- ¿Y quién es el rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos, es


el rey de la gloria. R.

SEGUNDA LECTURA
De la carta a los hebreos
(2, 14-18)

Hermanos: Todos los hijos de una familia tienen la misma sangre;


por eso, Jesús quiso ser de nuestra misma sangre, para destruir
con su muerte al diablo, que, mediante la muerte, dominaba a los
hombres, y para liberar a aquellos que, por temor a la muerte,
vivían como esclavos toda su vida.
Pues como bien saben, Jesús no vino a ayudar a los ángeles, sino a
los descendientes de Abraham; por eso tuvo que hacerse
semejante a sus hermanos en todo, a fin de llegar a ser sumo
sacerdote, misericordioso con ellos y fiel en las relaciones que
median entre Dios y los hombres, y expiar así los pecados del
pueblo.

La luz de su Palabra
Como él mismo fue probado por medio del sufrimiento, puede
ahora ayudar a los que están sometidos a la prueba.
Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN ANTES DEL EVANGELIO


(Lc 2, 32)

R. Aleluya, aleluya.
Cristo es la luz que alumbra a las naciones y la gloria de tu pueblo,
Israel.
R. Aleluya.

EVANGELIO
Del santo Evangelio según san Lucas
(2, 22-40)

+ Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley


de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo
al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito
varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice
la ley, un par de tórtolas o dos pichones.

Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y


temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él
moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría
sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu,
fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús
para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos
y bendijo a Dios, diciendo: “Señor, ya puedes dejar morir en paz a
tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han
visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los
pueblos; luz que alumbra a las naciones
y gloria de tu pueblo, Israel”.
La luz de su Palabra
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes
palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le
anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de
muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para
que queden al descubierto los pensamientos de todos los
corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma”.

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de


Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años
casada, y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba
del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y
oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios
y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de
Israel.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se


volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y
fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba
con él.
Palabra del Señor.

ORACIÓN DE LOS FIELES

El Sacerdote: Invoquemos, con corazón humilde y plegaria


ferviente, a Dios Padre, fuente y origen de todo bien: Después de
cada petición responderemos, cantando: ¡Cristo, óyenos! ¡Cristo,
escúchanos!

1. Oremos por los discípulos de Jesús, para que participemos


activamente en algún servicio que nos permita compartir los
dones y talentos que cada uno tiene. Roguemos al Señor.

La luz de su Palabra
2. Encomendemos a nuestras familias, para que encuentren una
auténtica armonía y abracen la forma de ser de Jesús, capaz de
amar a Dios y a los hermanos con libertad. Roguemos al Señor.

3. Recemos por los padres de Familia y educadores, para que su


palabra vaya acompañada con actitudes y sentimientos que
formen y acompañen el caminar y ser de las nuevas generaciones,
para que éstas sean cada vez más humanas. Roguemos al Señor.

4. Encomendemos a los enfermos, a los que están lejos de casa, a


los pobres, a todos los que sufren y a quienes saben ayudar a los
demás, para que el Señor les conceda fortaleza, esperanza y
apoyo. Roguemos al Señor.

El Sacerdote: Dios nuestro, que, en Cristo, tu Hijo, nos has dado al


único maestro de sabiduría y al verdadero libertador de las fuerzas
del mal, haz que seamos fuertes en la confesión de la fe, para que
proclamemos siempre, tanto de palabra como de obra, tu verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
La Asamblea: Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA

CANTO DE OFERTORIO
Nuestra ofrenda
(Benjamín Vega)

Recibe, Señor, en ese pan, nuestro esfuerzo, con amor.


Recibe, Señor, en esa vid, la alegría de vivir. (2)

Ese pan será tu Cuerpo. Bendito seas, ¡Oh, Señor!

Ese vino será tu Sangre. Bendito seas, ¡Oh, Señor!

La luz de su Palabra
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

El Sacerdote: Que te sea grata, Señor, la ofrenda de tu Iglesia


desbordante de alegría, tú que quisiste que tu Unigénito te fuera
ofrecido, como Cordero inmaculado, para la vida del mundo. Él,
que vive y reina por los siglos de los siglos.
La Asamblea: Amén.

(Siguen todos los demás ritos hasta la Comunión)

CANTO DE COMUNIÓN
Gracias, Señor
(Ernesto Estrella Vaca)

Gracias, Señor, por el pan de tu Cuerpo.


Gracias, Señor, por el vino de tu Sangre.
Gracias, Señor, por tu amor hecho manjar.
Gracias, Señor, por tu fidelidad.

Te cantamos, ¡Oh, Cristo! Hijo amado del Padre.


Te alabamos, ¡Oh, Cristo! Palabra eterna de Dios.

Te cantamos, ¡Oh, Cristo! Pan bajado del cielo.


Te alabamos, ¡Oh, Cristo! Maná, pan verdadero.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

El Sacerdote: Señor, por este santo sacramento que acabamos de


recibir, lleva a su plenitud en nosotros la obra de tu gracia, tú, que
colmaste las esperanzas de Simeón, parta que, así como él no vio
la muerte sin que antes mereciera tener en sus brazos a Cristo, así
nosotros, al salir al encuentro del Señor, merezcamos alcanzar la
vida eterna. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
La Asamblea: Amén.

La luz de su Palabra
CANTO DE SALIDA
Ave María
(Francisco Palazón)

Dios te salve, María,


llena eres de gracia,
el Señor es contigo,
bendita tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.

Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros,
pecadores. (2)

Ahora, y en la hora
de nuestra muerte. (2)

La luz de su Palabra

También podría gustarte