MAPAS LITERARIOS
Tierras imaginarias de los escritores
EDICIÓN DE HUW LEWIS-JONES
EL BOSQUE Y MÁS ALLÁ IDEAS PRELIMINARES
Adentrarse en los bosques Clangers y Noggin
PIERS TORDAY PETER FIRMIN
132 200
REAL EN MI MENTE
Aventuras en Castle Key
HELEN MOSS CUARTA PARTE – LEER MAPAS
138
FANTASÍA EXTRANJERA
DETRÁS DE LA PUERTA AZUL Dragones y mazmorras
Rutas por Narnia LEV GROSSMAN
ABI ELPHINSTONE 208
144
MANOS FEMENINAS
Curiosidad cartográfica
SANDI TOKSVIG
TERCERA PARTE – CREAR MAPAS 214
GESTIÓN DEL CAOS EL PAISAJE DEL CUERPO
El Mapa del Merodeador Viajes interiores
MIRAPHORA MINA BRIAN SELZNICK
154 220
TERRITORIO INEXPLORADO EXPLORANDO LO DESCONOCIDO
Un cartógrafo de la Tierra Media Terra Incognita
DANIEL REEVE HUW LEWIS-JONES
158 226
CONECTANDO CURVAS DE NIVEL
Carta Marina y más
REIF LARSEN EPÍLOGO
166
NUNCA OLVIDARÉ
UN FÁRRAGO DESCABELLADO La belleza de los libros
Fantasías en tierras lejanas CHRIS RIDDELL
RUSS NICHOLSON 240
174
CICLO DE HISTORIAS colaboradores
La Tierra Temprana y el País de las Hadas 246
ISABEL GREENBERG
agradecimientos
180 247
lecturas adicionales
EL FIN DEL BOY SCOUT
248
Con Swallows and Amazons
ROLAND CHAMBERS fuentes de las citas
249
188
fuentes de las
SÍMBOLOS Y SEÑALES ilustraciones
Acerca de Robinson Crusoe y otros 250
CORALIE BICKFORD-SMITH índice
192 253
LAS PEQUEÑAS COSAS
Mapas de recuerdos
HUW LEWIS-JONES
Mi mente es un mapa. Un capitán loco lo dibujó
bajo una luna fluida hasta que lo supo;
sopla con trompetas, de mejillas infladas como jarras,
y se manifiesta con motivos brillantes como alfombras de Arabia.
«Aquí hay tigres». «Aquí enterramos a Jim».
Aquí está el estrecho donde los peces ciegos nadan
en torno a su ídolo enterrado, ahogado y frío
que llora sal y oro.
Un país como la cara oscura de la luna,
un país de sidra de manzana, duro y bendito,
un país salvaje como una cáscara de castaña,
una tierra de hechiceros hambrientos.
STEPHEN VINCENT BENÉT, 1931
LA PRIMERA VEZ QUE ME PERDÍ estaba en el zoo de Londres. Y no fue porque no tuviese
mapa, sino todo lo contrario: porque tenía uno. De hecho, en la mochila llevaba varios que
había recogido junto a la entrada. Tenía cinco años. Ahora recuerdo el mapa, sus márgenes
llenos de todo tipo de criaturas de las que nunca había oído hablar, cosas nuevas por descu-
brir y nombres impronunciables: el mejor mapa posible.
Entre la multitud, cerca de los monos, conseguí zafarme de mi padre. Él estaba dis-
traído, persiguiendo a mi hermano (que había hecho más o menos lo mismo que yo), y salí
corriendo. No recuerdo todos los animales que fui dejando atrás (un orangután peludo, tal
vez; un árbol con loros de colores vivos) en mi carrera, mapa en mano. Cuando pasé junto a
los rinocerontes empecé a pensar que debería buscar a mi padre; cuando llegué a los leones,
supe con total seguridad que prefería que mi hermano estuviese conmigo. Nunca olvidaré
la expresión de mi padre cuando finalmente me encontró: yo tenía la cabeza hundida en el
mapa y estaba sentado en el suelo, cerca de los pingüinos. Estaba muy enfadado:
—Ahora yo me encargo de eso—, vociferó mientras me arrancaba el mapa de las ma-
nos. Tampoco fue para tanto. Tenía otro mapa listo, perfectamente seguro en un bolsillo.
Sin duda, esa es la primera vez que recuerdo haberme perdido por la maravilla de
un mapa. Los mapas nos transportan: están llenos de sorpresas, posibilidades, aventuras.
Ocurre lo mismo con un buen libro. Nos permiten huir a otro lugar, a donde queramos.
Los libros, como los mapas, están repletos de magia.
Treinta años más tarde me encuentro en un barco de propulsión nuclear, atravesando
un océano de hielo, en dirección al Polo Norte. De nuevo llevo una mochila llena de mapas,
como cualquier buen explorador, pero allí a donde vamos no me servirán para nada. Los
mapas que me he llevado forman parte de los libros que estoy decidido a leer en el mes, más
16 . FANTASÍA
o menos, que durará esta expedición, desconectado del mundo. Un puña- PÁGINAS 14-15
The Land of Make Believe
do de libros procedentes de las enormes pilas que he acumulado en casa a lo
dibujada por Jaro Hess en
largo de los años. Los japoneses tienen una palabra para ese «problema»: 1930. Nacido en Praga, Hess se
tsundoku, que hace referencia a esas pilas de libros que compramos pero que trasladó a América en busca de
una vida mejor. Creó este mapa
no hemos tenido tiempo de leer, esos libros sin los que no podemos vivir y cuando trabajaba como diseñador
que acaban amontonados, un mes tras otro. de jardines en Michigan.
¿Qué había en el montón de libros que me llevé para aquel viaje al
El Zoo de Londres de
Polo Norte? De todo. Algunos volúmenes académicos, un par de guías de na- J. P. Sayer se publicó
turaleza, un manuscrito de un libro en marcha, y algunas auténticas maravi- originalmente en The Strand
Magazine, en 1949. En primer
llas: un volumen en rústica ajado de El mundo perdido de Arthur Conan Doyle; plano, Winston Churchill pasea
una reimpresión de Aterrizaje en la luna (de Tintín); La cabina mágica de Norton a un león llamado Rota mientras
fuma un puro, por supuesto.
Juster; mi querida copia de Arctic Adventure, un libro de Willard Price que
atesoraba desde pequeño; Winter Holiday, el cuarto libro de la serie Swallows PÁGINAS 18-19
and Amazons de Arthur Ransome; una nueva edición de La gran inundación, Hergé (Georges Remi) dibujó
este mapa en 1932 para la
de Tove Jansson, y una copia prestada de La caza del snark, de Lewis Carroll, revista semanal en la que
con su magnético y tentador mapa en blanco (del que hablaremos más tarde; se publicaron por primera
vez sus tiras de Tintín.
véase pág. 75).
El protagonista y su perro Milú
Aquel mapa en blanco en La caza del snark suponía un buen tótem para el navegan por el océano Índico.
lugar al que nos dirigíamos, el Polo Norte: un lugar invisible en la parte más
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