La Cartografia Social Como Herramienta de Investig
La Cartografia Social Como Herramienta de Investig
net/publication/357941283
CITATIONS READS
2 35
2 authors, including:
Yolanda Perez
Universidad Rovira i Virgili
62 PUBLICATIONS 405 CITATIONS
SEE PROFILE
All content following this page was uploaded by Yolanda Perez on 16 January 2023.
[Link]
Resumen: El análisis del paisaje y su caracterización se realiza habitualmente bajo miradas cuantitativas, es
decir, su valor se establece en relación a sus características físicas y a la potencial explotación de sus recursos.
Sin embargo, la realización de diagnosis y diagnósticos desacertados y la aplicación de estrategias de gestión
poco eficaces, cuestionan estas metodologías y muestran la necesidad de generar nuevas epistemologías
y métodos de investigación cualitativos sobre la relación sujeto‑lugar. El objetivo es analizar el potencial
de la cartografía social como herramienta de investigación‑acción participativa (IAP) para representar
y caracterizar paisajes ancestrales de la Amazonia ecuatoriana. Para ello se han considerado narrativas
comunitarias que permiten registrar tanto elementos físicos del territorio como simbólicos y culturales. Se
concluye que la cartografía social es una estrategia fundamental de soberanía e instrumento político para
tomar conciencia de la realidad de las comunidades tanto desde su interior como desde el exterior.
Palabras Clave: Cartografía social; Comunidades indígenas; Paisaje; Investigación acción participativa;
Amazonía.
Social mapping as a tool for participatory research in the territory. Diagnosis of ancestral land‑
scapes in indigenous communities of the Ecuadorian Amazon.
Abstract: The analysis of the landscape and its characterization is usually carried out from quantitative
perspectives, that is, its value as established in relation to its physical characteristics and the potential use
of its resources. However, misguided diagnoses and the application of ineffective management strategies
question these methodologies and reveal the need to generate new epistemologies and qualitative research
methods for the subject‑place relationship. The objective is to analyze the potential of social cartography as
a participatory action research tool (IAP) to represent and characterize ancestral landscapes of the Ecua-
dorian Amazon. To this effect, the community narratives with respect to place have been used to register
elements in their symbolic and cultural values. It is concluded that social cartography is a fundamental
strategy of sovereignty and a political instrument to offer a true perspective of the community sense of place
from within and without.
Keywords: Social cartography; Indigenous communities; Landscape; Participatory action research; Amazon.
1. Introducción y objetivos
visibles. Si bien es cierto que esto responde a necesidades concretas, ha configurado una separación
ontológica (aparente) entre el ser humano y el entorno, superponiendo la condición del ser humano y
colocando la existencia del paisaje en un estado de subordinación del cual la humanidad se sirve, de
modo que su valor está en función de la utilidad que se le pudiera dar. Esta idea de ruptura y división
comulgada con una concepción materialista de la historia instituye el pilar fundamental de la forma en
cómo comprendemos el territorio, cómo nos relacionamos con sus elementos, cómo los representamos y
cómo los leemos. Así, en el ámbito de la administración pública se ha pretendido caracterizar el paisaje
desde la normativa y no desde el contexto y el consenso (Diez Tetamanti et al., 2012).
Las metodologías utilizadas son estándares y, si bien dentro de racionalidades objetivas y numéricas
cumplen con un papel fundamental en la efectividad funcional de su análisis y son la base de las estrategias
de su planificación ordenación y actuación, excluyen formas epistemológicas alternativas arraigadas
en la teoría social. Esta teoría social aplicada al paisaje permitiría conocerlo e interpretarlo desde su
hondura, no solo a través de dimensiones y enfoques objetivistas sino también existencialistas. Uno de
los problemas principales que existe en los procesos de desarrollo local es la falta de comprensión del
territorio por parte de las instituciones responsables, resultado de las formas en que se construyen los
acercamientos y diálogos con la población local; muchas veces estos diálogos se encuentran cargados de
intereses particulares y son estereotipados, lo que aumenta la resistencia de las comunidades, reduce
y distorsiona las subjetividades eliminando los rasgos singulares y característicos de los territorios
(Guatarri, 2000). En virtud de ello es necesario replantear recursos, incorporar métodos de exploración
social y actuaciones en escenarios participativos e interactivos, fuera de las lógicas convencionales, que
permitan equilibrar las desigualdades entre una investigación tecnocrática y mecánica del territorio
y las narrativas y dimensiones de los grupos poblacionales que en él habitan. En este contexto, este
artículo tiene como objetivo analizar la potencialidad de la cartografía social como herramienta de
investigación‑acción participativa (IAP) para representar y caracterizar paisajes ancestrales de la
Amazonia ecuatoriana. En primer lugar, se reflexiona sobre diferentes aproximaciones teóricas que
permitan poner en contexto la investigación. En segundo lugar, se exponen las características de la IAP,
de la cartografía participativa y de la propuesta metodológica diseñada. Posteriormente se presentan
los resultados que corresponden a un análisis‑diagnóstico de las áreas de intervención a partir de las
representaciones resultantes de los talleres de cartografía participativa. Finalmente se expone una
valoración del grado de participación y percepción de las comunidades en el estudio.
poblacional intervenido como protagonista central de sus propias construcciones y valoraciones. Desde
una perspectiva ideológica, la IAP se convierte en un instrumento de resistencia frente a imposiciones
que van en contra de valores e intereses locales. Desde el punto de vista epistemológico la IAP trasgrede
metodologías tradicionales, en donde se manifiestan relaciones de poder ejercidas por el investigador y
posicionamientos pasivos por parte de los investigados, y compromete a los involucrados a que dirijan
su propio proceso de exploración, lo que en la práctica hace que la investigación fluctúe, de modo que
sus momentos son adaptables y configurables de acuerdo a los diferentes contextos.
En resumen, en la IAP no existen vínculos posicionales o jerárquicos entre los investigadores y los
investigados de ahí que los actores sociales no son objeto de estudio de los cuales se obtienen información,
sino que se convierte en agentes‑sujetos activos, con la capacidad de analizar, proponer y planificar
(Rocha, 2016).
En relación a la cartografía social, cabe destacar los trabajos pioneros de Guillermo Furlong (1936), las
aproximaciones conceptuales de Andrade y Santamaría (2006), las experiencias de mapeo participativo
de la United Nation Human Settlementes Programme (2010) o los trabajos con comunidades rurales
del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (2009).
La tarea de intentar caracterizar los territorios a través de metodologías participativas, incluyentes
y cooperativas que impulsen los auto‑reconocimientos y reflejen las verdaderas necesidades, intereses
y saberes de los grupos poblacionales intervenidos se ha planteado desde diferentes enfoques. Dentro
de estas metodologías se encuentra la cartografía social como un instrumento multidimensional de
conocimiento, ordenamiento y resistencia territorial (Barrera, 2009). La cartografía social ha tenido
varias calificaciones expresadas de acuerdo a sus atributos, procesos aplicativos y características
metodológicas. Algunos de los términos encontrados para identificarla son: contra cartografía, etno
‑cartografía, cartografía comunitaria o cartografía indígena. Todos basan su principio en la implicación
activa de la población del territorio investigado dentro de sistemas y procesos dialógicos (Fals Borda,
1987) posibilitando la caracterización del territorio en la comunidad; de hecho, se podría decir que el
primer objetivo de la cartografía social es el involucramiento y participación de sus actores y el segundo,
la reflexión colectiva que motive la capacidad propositiva y permita trazar nuevas rutas que respondan
tanto a transformaciones estructurales como subjetivas del territorio. Como recurso y registro testimonial
de la memoria histórica, la cartografía social se convierte en un procedimiento, un método, una máquina
de creación y recuperación de significados (Diez, Temantine. et al, 2016) muchas veces desapercibidos
o desaparecidos pero que han dado como consecuencia sistemas de valores, constructos colectivos y
códigos que condicionan cotidianamente las formas en que las comunidades se relacionan con su entorno.
Lo nuclear y significativo dentro del proceso cartográfico social imbrica dos elementos fundamentales;
por una parte, la proyección ilustrativa que corresponde a los elementos pictóricos y componentes
retóricos que se moldean dentro de la representación como resultado final del ejercicio y, por otra
parte y más importante, las intencionalidades e intereses que se desarrollan y exponen a través de las
relaciones discursivas de los participantes (Lois, 2009). En este sentido, resulta necesario subrayar
la importancia que tiene el discurso dentro de lo estructural, lo funcional y lo simbólico del ejercicio
cartográfico. Para Foucault (1988) el discurso como expresión y conjunto de enunciados históricamente
instituido es controlado organizado y seleccionado dentro de un sistema‑relación de saber y poder. Así los
hechos ocurridos en el territorio validado a través de registros o tradiciones orales, no solo son exhibidos
dentro de las dinámicas dialógicas entres los participantes y el investigador, sino que muestran en la
configuración del discurso (códigos, signos, símbolos) las formas en que las comunidades entienden y
se relacionan con el territorio y consigo mismas. Por ello la historicidad no se perfila posterior al ser,
sino más bien es la que le da origen; de esta manera el ejercicio cartográfico participativo se convierte
no solo en un catálogo de significados, sino en dispositivo “episteme” y en una herramienta didáctica.
Tal y como se ha dicho, en la cartografía social los procesos de aprendizaje constituyen una acción
recíproca, superando cualquier tipo de posiciones jerárquicas o de subordinación. Así, el conocimiento se
produce a través de un modelo relacional genuino donde el individuo conocido que antes se consideraba
un objeto pasivo (que), ahora se transforma en un sujeto activo (quien) difuminando las fronteras o
dicotomías que pudieran existir entre el investigador o sujeto que conoce y el investigado. En otras
palabras, el investigador se implica con el sujeto conocido dentro de un sistema de acuerdos despolarizados
que incluyen coproducción y convergencia (Kastrup, 2014). Estas experiencias comunes generadas a
partir relaciones horizontales se conciben por medio de sinergias positivas que ponen de manifiesto
valores como la equidad, la solidaridad y reciprocidad pro un objetivo común. Similar al carácter del
ejercicio cartográfico social, encontramos prácticas ancestrales y tradiciones de trabajo comunitario
como la minga, o minka en kichwa que se manifiesta como un sistema‑red de apoyo que implica el
compromiso y el esfuerzo colectivo por un interés comunal. La cartografía social, al igual que la minka,
es un proceso participativo que permite a los grupos poblacionales fomentar formas de organización y
relaciones de interdependencia que influyen significativamente sobre la realidad a la que pertenecen.
El Parque Nacional Yasuní (PNY) se crea en 1979 con el objetivo de proteger el bosque húmedo tropical
(Villaverde, 2005) (Figura 1); en el año 1989 una extensión de más de 2 millones de ha, fue incorporada
a la Red Mundial de Reservas de la Biósfera (UNESCO); en 1999, una porción de aproximadamente
700.000 hectáreas fue declarada como “Zona Intangible” (ZI) con el fin de salvaguardar a los pueblos
indígenas en aislamiento voluntario. Calificado como refugio del pleistoceno, el Parque Nacional Yasuní
se convierte en Patrimonio Natural de la Humanidad y en una de las áreas protegidas más valoradas e
importantes del Ecuador albergando 2500 especies de árboles, 300 especies de mamíferos, 150 especies
de anfibios, 121 especies de reptiles, 559 especies de aves (Bass, et al. 2010). A pesar de su significado
natural y cultural, un alto porcentaje del PNY se ha concesionado a empresas mineras generando graves
impactos ambientales y sociales. La pérdida de hábitats ha tenido como consecuencia que especies
de flora y fauna se encuentren en peligro de extinción, algunas de ellas aparecen en las “listas rojas”
del Ecuador y en las “listas urgentes” de la International Union for Conservation of Nature‑ UICN.
Los procesos de extracción de crudo en la Amazonia se inician en 1970 y continúan en una segunda
etapa de expansión con la construcción del oleoducto de crudos pesados en el año 2001. A día de hoy,
la explotación de crudo no solo no ha parado, sino que ha entrado en un periodo de bonanza y apogeo,
configurándola como el principal sector de “dinamización económica” y convirtiendo al Ecuador en un
país dependiente del petróleo.
En 2007 el Gobierno Ecuatoriano lanza una propuesta denominada YASUNI ITT, derivada de la
necesidad de resolver la dicotomía entre conservar la Reserva de la Biosfera Yasuní, como el mayor
patrimonio natural que tiene el país, o explotar parte de los campos petroleros que se encuentran en
este lugar. La propuesta planteaba a la Comunidad Internacional la posibilidad de evitar la emanación
de 407 millones de toneladas de dióxido de carbono producto de la posible explotación de los campos,
a cambio de que ésta, la Comunidad Internacional, se comprometiera a solidarizarse con el 50% de
los ingresos que potencialmente se podrían obtener de los yacimientos de petróleo. La estrategia tenía
una duración de 14 años y dentro de los acuerdos de negociación se preveían dos escenarios: el primero
(positivo), la no explotación si al termino de 7 años se obtenía al menos el 40 % de la mitad del monto
esperado y el segundo escenario (obligado), la explotación a causa del fracaso del primero (Becerra,
2016). En 2014 se evaluó lo recaudado dando como resultado que el monto obtenido no superó el 0.05%
de lo previsto, por lo que el Presidente de la Republica de aquel periodo, Rafael Correa Delgado, toma
la decisión de iniciar los procesos de exploración y explotación en la Reserva. La propuesta YASUNI
ITT se presentaba como una alternativa post petrolera frente a un modelo extractivo y una estrategia
de conservación del mayor patrimonio natural de los ecuatorianos, de los territorios ancestrales y de
las culturas milenarias que habitan la zona (Vallejo, 2012) pero no tuvo el seguimiento esperado.
En febrero de 2018 se realiza en Ecuador una Consulta Popular en la cual se pregunta a la ciudadanía
‑ se cita literalmente ‑ ¿Está de acuerdo con incrementar la zona intangible1 en al menos 50.000 hectáreas
y reducir el área de explotación petrolera autorizada por la Asamblea Nacional en el Parque Nacional
Yasuní de 10.03 hectáreas a 300 hectáreas? A pesar de haber ganado el SÍ, las interpretaciones son
difusas; en la segunda parte de la pregunta se trata de una disminución del área de explotación en el
parque asumiéndose que el problema principal de la actividad extractiva es la cantidad de territorio,
omitiendo cuestiones fundamentales de impacto que muchas veces son independientes a la dimensión
del espacio explotado. Así mismo, tampoco se menciona en dónde se va a realizar la reducción del área
petrolera ni qué criterios se van a utilizar para identificar la zona. Estos y algunos otros interrogantes
muestran la ambigüedad de los planteamientos y las dudas que se generan alrededor del futuro de uno
de los lugares más biodiversos del mundo. Es incuestionable que la gestión y conservación del parque
ha estado en el centro de muchos debates y controversias; sin embargo, a pesar del interés que ha
ocasionado, las actividades extractivas siguen constituyendo la base de un conflicto social, económico,
cultural, político y ambiental. Las estrategias generadas en torno a su conservación han sido insufi-
cientes, tanto cualitativamente como cuantitativamente, y excluyentes en relación a la opinión de las
comunidades indígenas cuyos conocimientos ancestrales están relacionados con los sistemas naturales
del parque y su equilibrio ecológico.
Estos antecedentes justifican la necesidad de una IAP, que se acerque a los territorios en conflicto a
través de una mirada contextual‑relacional y sistémica, que genere diagnósticos y propuestas participa-
tivas, y que ponga en valor los conocimientos, percepciones, impresiones y sentires de las comunidades
indígenas. Las áreas de intervención en la consecuente IAP corresponden a una sección oriental del
río Napo y del río Tiputíni dentro del Parque Nacional y Reserva de la Biosfera Yasuní, ubicada ésta
en la región amazónica del Ecuador. Se han seleccionado tres comunidades indígenas de nacionalidad
kichwa: la comunidad Chiro Isla, la comunidad Alta Florencia y la comunidad Llanchama (Figura 1).
Fuentes: Ministerio del Ambiente/Ecuador, Secretaria de Hidrocarburos del Ecuador. Cartografía base:
Raster‑ OpenStretMap.
Elaboración propia.
5. Consideraciones metodológicas
La IAP, al igual que la investigación científica, está orientada a la construcción de un objeto científico,
pero de naturaleza subjetiva y de energía colectiva (Rigal y Sirvent, 2011; Sirvent, Rigal, 2012). La energía
colectiva manifestada en el trabajo en equipo constituye el eje vertebrador del proceso investigativo
participativo. En este sentido es necesario diferenciar ciertas cualidades que caracterizan y diferencian
a la IAP de otras metodologías de investigación. Para Rocha (2016) existen algunos elementos a tomar
en cuenta para considerar una investigación como un proceso activo y participativo: (1) la subjetivación
del individuo de intervención; esto suprime las asimetrías del conocimiento y las relaciones de poder,
poniendo en equilibrio los intereses, necesidades y saberes del investigador externo y los investigados
(investigadores internos). (2) Las demandas de los sujetos; estas serán consideradas y tomadas en
cuenta como aspectos fundamentales y prioritarios en el diseño y planteamiento de la hoja de ruta a
ejecutar dentro del proceso exploratorio. (3) Unión de la reflexión a la acción; esto involucra el hecho que
los participantes dentro del sentido praxiológico de la IAP, desarrollan una conciencia crítica a medida
en que sucede su participación. (4) Comprensión de la realidad como una complejidad; presupone la
necesidad de entender que la realidad se constituye a partir de aspectos ciertos e inciertos, en permanente
mutación y cambio, por lo cual las estrategias de intervención dentro del proceso exploratorio serán
configurables de acuerdo a los contextos y sus complejidades. (5) Construcción de creatividades colectivas;
significa entender que las significaciones comunes se crean dentro de sinergias e inter‑aprendizajes. (6)
Comunicación dialógica como discurso colaborativo y cooperativo; en la IAP la comunicación entre los
participantes se caracteriza por su interacción directa. Este tipo de comunicación al ser espontánea y no
rigiéndose por ningún tipo de reglas estructuradas, elimina jerarquías, expande los niveles de confianza
y otorga libertad para los saberes. (7) Construcción de reflexividades colectivas; la reflexividad colectiva
es la capacidad de los sujetos para comprender, construir y deconstruir su propia realidad, se convierte
por lo tanto en el pilar fundamental del intercambio de reflexiones y constituye el inicio y el final de un
proceso de investigación participativa. Como resumen podemos decir que en la IAP se organizan dos
ejes, por una parte, el eje organizativo que involucra la planificación y la observación y el estratégico
que comprende la acción y la reflexión (Kemmis 1998, en Colmenares, 2012).
En virtud de lo expuesto y haciendo caso al carácter flexible que caracteriza a la IAP, esta investigación
presenta cuatro fases que participan sistemática y consecutivamente en el proceso de investigación. I
Hallazgo; II. Diseño de la hoja de ruta de intervención; III. Intervención; y IV. Valoración.
Fase I. Hallazgo
Implica la propuesta de planificación dentro de las actividades a realizar. Una vez que se han definido
participativamente los objetivos del proceso de exploración y se haya respondido a la interrogante de
que es lo que se quiere lograr, se organiza con estructura y método las tareas a ejecutar; la hoja de
ruta buscará responder dos preguntas fundamentales ¿Cómo se lograrán los objetivos propuestos? y
¿Cuándo se alcanzarán los mencionados objetivos? Para que esta herramienta sea útil se intentarán
separar las actividades en función de dos contenidos estratégicos.
•• Contenido 1. Contacto Inicial: es el primer acercamiento con el territorio y los problemas a
investigar. Las tareas se inician con encuentros y diálogos con los principales agentes comunitarios
involucrados para establecer acuerdos y compromisos frente a aspectos de logística y voluntades.
•• Contenido 2. Socialización del proyecto: como proceso de interacción, la socialización del proyecto
pretende, por un lado, dar a conocer a la comunidad los componentes, objetivos, propósitos y
actividades a desarrollar en el proceso exploratorio y, por otro, generar mecanismos bidireccionales
de interiorización, que permitan ajustar las acciones consecuentes de la investigación a las per-
cepciones locales. En esta etapa se define el cronograma de actuación que se desarrollará dentro
de la fase de intervención, se establecen las funciones de cada uno de los miembros del equipo de
investigación y responsables comunitarios, se fija el lugar en donde se desarrollarán los talleres
cartográficos considerando aspectos de facilidad y proximidad con el mayor número de familias y
se establecen compromisos para el desarrollo óptimo del ejercicio.
El mapa del presente corresponderá a una representación que contenga los mismos elementos que el
mapa del pasado, pero en el momento actual; esto servirá para conocer los cambios que el paisaje pudo
haber sufrido en el tiempo y extraer conclusiones hipotéticas de las causas de dichas transformaciones.
Como complemento de análisis se procedió, dentro del trabajo de campo, a realizar recorridos guiados
por miembros de las comunidades para la toma de coordenadas geográficas de senderos y elementos
de importancia mayor del paisaje.
En cuanto a la dinámica de la cartografía participativa, se contó con un número mínimo de 15
participantes por comunidad que se distribuyeron en 3 mesas de trabajo de acuerdo a las dimensiones
temporales a representar cartográficamente (omitiendo cualquier tipo de selección por sexo, género,
edad etc.). Se consultó abiertamente al grupo universo con qué mesa se siente identificado y se divide el
conjunto de los participantes en tres grupos; una vez conformados se llevan a cabo reuniones periódicas
con cada uno para estimular la participación a través de la introducción de preguntas e indicaciones,
de manera que el ejercicio cartográfico se enfoque y el tiempo estimado no se difiera en cuestiones poco
trascendentes. Los pasos dentro de la representación cartográfica se resumen de la siguiente manera:
a) Dibujo de Croquis: sin valerse de precisiones, los participantes plasman una idea básica de acuerdo
a la imagen mental que tienen del territorio y que refleje de alguna manera su realidad. A través
de la inducción de preguntas por parte del equipo de investigación se intentará esbozar la forma
del territorio, su delimitación y algunos elementos de caracterización general.
b) Elementos del paisaje / representaciones pictóricas: como se había mencionado anteriormente, lo
fundamental dentro de la representación cartográfica no solamente son las imágenes visuales de
los elementos que componen el territorio y que pudieran graficarse en el bosquejo general, sino
los relatos que se cuentan alrededor de ellas. Las significaciones relacionadas a eventos, deseos y
sensibilidades comulgarán en una relación imagen mental‑discurso, para darles formas visibles
a los elementos que componen el medio físico. Con el objetivo de que la representación tenga
un carácter eminentemente endógeno de acuerdo a la articulación de la memoria visual con lo
simbólico, los trazos, colores, proporciones y demás, serán elección propia de los participantes
quedando al margen cualquier tipo de intervención por parte del equipo de investigación que
pudiera interferir e influenciar en el resultado final.
c) Interpretación: se abre un espacio de socialización, debate y aportes deliberativos de los mapas
obtenidos con el objetivo de validar, aprobar o rechazar la información generada. En esta etapa
del ejercicio cartográfico, los participantes deberán observar los mapas para generar sugerencias y
reflexiones en torno a los contenidos resultantes. Para ello se tendrán en cuenta algunos elementos:
a) Cada grupo designará un relator que se encargará de exponer y explicar ordenadamente el trabajo
desarrollado por el grupo, las aportaciones realizadas por los participantes, las ideas principales,
inquietudes y dificultades que se encontraron durante el ejercicio y, finalmente, socializará las
proposiciones finales de acuerdo a reflexiones grupales. b) Se instaurará y documentará un
periodo de discusión con todos los participantes en relación a las polémicas encontradas en las
exposiciones; este debate estará moderado por el equipo de investigación con el propósito de que el
intercambio de opiniones no arribe a cuestiones que no correspondan al objetivo de la práctica. c)
Se realizará un análisis participativo de la información resultante y sistematizada por el equipo
de intervención, delimitando su abordaje en antecedentes y consecuencias.
5. Resultados
Los resultados obtenidos se describen a continuación a partir de las fases de IAP y se centran en el
análisis de la cartografía del pasado y del presente, así como de su comparación.
Fase 1. Hallazgo
En la primera fase se realizaron entrevistas y reuniones (diciembre de 2017) con personal técnico del
área de turismo del Gobierno Autónomo Descentralizado Provincial de Orellana (GADPO), de la Jefatura
del Parque Nacional Yasuní y con personal especializado de la Dirección Provincial del Ministerio de
Agricultura y Ganadería de Orellana (MAG‑ORELLANA) con el objetivo de obtener información general
del territorio y planificar la intervención. De este modo se seleccionaron las comunidades de Chiro Isla,
Llanchama y Alta Florencia como áreas de intervención considerando aspectos geográficos, culturales y
turísticos de acuerdo a las potencialidades de los paisajes de la zona. En este sentido, se identificaron
las principales problemáticas y se obtuvo toda la información disponible de carácter documental y
cartográfico. Cabe mencionar como aspecto positivo la disposición a colaborar en el proyecto de parte
de las diferentes administraciones.
Durante el contacto inicial, (febrero de 2018) se efectuaron reuniones con agentes y líderes de las tres
comunidades. El objetivo era cuádruple, en primer lugar, conocer de primera mano las problemáticas
presentes en el territorio; en segundo lugar, presentar el proyecto de cartografía participativa; en
tercer lugar, acordar la planificación de las actividades a realizar y, por último, diseñar estrategias
que garantizaran la participación y empoderamiento de los miembros de las comunidades durante el
ejercicio cartográfico.
Fase 3. Intervención
Durante la fase de intervención se obtuvo información tanto del pasado como del presente, sobre los
límites y la zonificación, los asentamientos humanos, la actividad turística, los recursos naturales, las
actividades extractivas y la cultura. Estos temas serán desarrollados en este apartado.
Uno de los aspectos interesantes que ofrece la cartografía participativa es la demarcación de fronteras
para gestionar los derechos colectivos sobre el territorio. Tener unas fronteras reconocidas ofrece
seguridad y protección y, además de permitir el reconocimiento de los derechos de la comunidad sobre
el territorio, otorga cierta autonomía y apoya el mantenimiento de sus costumbres ancestrales. Bjorn
Sietto (2009, citado en Camacho, 2017) expone la necesidad que tienen actualmente los pueblos indígenas
de construir fronteras debido a las presiones que la administración pública ejerce sobre el territorio,
como por ejemplo, la creación de nuevas unidades de ordenación con respecto a las figuras de protección
de espacios naturales, o por la regulación de los usos del suelo y de los recursos naturales mediante
la zonificación de actividades. Otra característica relacionada con las fronteras de las comunidades
indígenas es que tradicionalmente estas no son concebidas como líneas fijas e invariables en el sentido
occidental, sino como zonas o superficies porosas que eran acordadas y que fluctuaban dependiendo de
las condiciones geográficas y sociales. La cartografía participativa sirve para mostrarle a la sociedad
mayoritaria donde se encuentra el territorio que habita desde el tiempo de sus ancestros y exigir el
reconocimiento de sus derechos (Camacho, 2017).
En relación a los límites y zonificación del pasado las tres comunidades comparten las mismas
características; por una parte, las fronteras se configuraban indefiniblemente de acuerdo a condiciones
y particularidades naturales, sociales, culturales y económicas y, por otra, no existía ningún tipo de
división territorial o segregación del suelo de acuerdo a alguna función específica más allá de actividades
dispersas como la pesca, los asentamientos humanos y la agricultura. En el caso de Chiro Isla, la parte
oriental estaba delimitada por la comunidad Sinchichikta, la occidental por la comunidad Samona, al
norte, el río Pacuya y al sur, el río Tiputini (Fig. N°2:1a). Con lo que respecta a la Comunidad Llanchama
en el norte aparece el río Tiputini, en el sur el río Jandia Yaku, en el este la comunidad Boca de Tiputini
1a 1b
2a 2b
3a 3b
De esta manera, la comparación de la delimitación del pasado y del presente permite afirmar que
las comunidades en la actualidad perciben la necesidad de trazar fronteras estables y rígidas como
elemento necesario para poder reclamar sus derechos, tanto fuera como dentro de la propia comunidad.
También es interesante remarcar que los referentes utilizados como limitadores en el presente son más
numerosos, incorporándose nuevas comunidades, pero sobre todo la figura del Parque Nacional Yasuní
que es referente imprescindible en la identificación de las comunidades con respecto a su limitación
territorial.
En lo que tiene que ver a los asentamientos humanos el ejercicio mostró una clara similitud en las
tres comunidades respecto a los principales problemas presentes y sus causas: por un lado el aumento
de la población colona debido a la falta de control y regulación en la oferta de terrenos baratos, por otro,
la deficiencia de servicios básicos y el difícil acceso a la educación, consecuencia de la escasa inversión
por parte de administración pública encargada.
En lo que concierne a los recursos naturales se revela en el presente la contaminación de los ríos y
fuentes hídricas resultado de los derrames de petróleo, las descargas de contaminantes del transporte
fluvial, y la generación de desechos por parte de un turismo irresponsable; así mismo se evidencia que
en los últimos años, la caza indiscriminada por parte de personas que no pertenecen a la comunidad,
la contaminación acústica generada por equipamientos para la actividad petrolera y la deforestación
masiva ocasionada por acciones extractivas y el crecimiento del cultivo de palma, ha provocado la
disminución de población de fauna y flora por lo menos en un 50%. En la Figura 2 se puede distinguir
claramente el número de ilustraciones de plantas y animales que hace 30 años existían y cohabitaban
con las comunidades en comparación con las representaciones del presente en donde se muestra una
pérdida considerable de especies de aves, reptiles, mamíferos y de flora extraordinaria.
En relación a la actividad turística, del análisis cartográfico se desprende que en el pasado no
existían ninguna actividad relacionada a este sector, sin embargo, el turismo sostenible se venía pensando
como actividad alternativa frente a la explotación petrolera. Así, en 2008 se crea la Red Solidaria de
Turismo de la Ribera del Ría Napo que agrupaba a las comunidades con el objetivo de brindar servicios
ecoturísticos a través de la revalorización de los paisajes ancestrales. No obstante, la falta de apoyo
institucional, la poca regulación y control por parte del Ministerio del Ambiente, la exclusión de la
participación comunitaria en la construcción de planes de manejo y ordenamiento del territorio y la
intervención de operadoras de turismo extranjeras, han provocado que la Red de Turismo desaparezca
y que los servicios ecoturísticos aislados que brindan las comunidades sean de baja calidad, lo que
ha ocasionado una caída importante en la dinamización económica de estos sectores. Referente a las
actividades extractivas el ejercicio muestra que hace 30 años, si bien se había iniciado las actividades
de exploración y estudios de explotación petrolera, no se registraban impactos medioambientales. Con
la concesión de grandes extensiones de territorio a empresas multinacionales se instala un oleoducto
de crudos pesados y entre los años 2000 y 2005 se registraron importantes derrames de petróleo; en
el presente la explotación continua y con ella los conflictos sociales y la degradación medio ambiental.
Finalmente en lo que se refiere a la cultura, la importancia que han mantenido las comunidades
por sus tradiciones es notable, a pesar de que ciertas prácticas como la shamaneria, el conocimiento
curativo de las plantas, el sentido de sacralidad por los elementos y sus tradiciones orales prevalecen,
los convencionalismo modernos relacionados a la migración mayormente de población joven y los
sincretismos religiosos han difuminado ciertos contenidos trascendentes dentro de la preservación de
la memoria histórica del territorio indígena.
Fase V. Valoración
De acuerdo a los criterios emitidos en el ejercicio cartográfico, la mayoría de los participantes de las
tres comunidades (media del 77%) coinciden que los contenidos propuestos en el ejercicio se desarrollaron
en su totalidad, sin embargo, existieron algunos tópicos que surgieron a partir de la actividad dialógica
que por falta de tiempo no se lograron profundizar (Tabla 2). En lo que se refiere a la utilidad de la
información generada, en los tres casos de estudio el porcentaje se sitúa entre el 85 y el 90%de manera
que se puede afirmar que los participantes consideran que los datos obtenidos servirán de forma destacada
para el reconocimiento, empoderamiento y mejor gestión de sus territorios. Desde su punto de vista
permitirán exigir a la administración competente proyectos de conservación, fomento y preservación
natural y cultural de sus comunidades. En cuanto a la dificultad que les significó realizar el ejercicio,
más de la mitad de los asistentes (media del 70%) en cada comunidad afirman que la actividad en
términos generales fue sencilla, no obstante, para algunos comunitarios de edad avanzada, el diseño de
mapas les supuso ciertas dificultades de interpretación pictográfica. Concerniente al nivel de bienestar,
en las comunidades Chiro Isla y Llanchama, la totalidad de participantes aseguran haberse sentido
a gusto y motivados en las actividades ejecutadas (100%), empero, en el caso de Alta Florencia un
10% expresaba cierto grado de incomodidad debido a la falta de convocatoria realizada por parte del
dirigente comunitario; aseveran que en este tipo de reuniones deberían haber sido convocados todos
los miembros de la comunidad. Finalmente, en relación al tiempo asignado al ejercicio, un porcentaje
mayor de participantes (40%) en las tres comunidades manifiestan que el tiempo destinado (8 horas)
para la práctica cartográfica fue insuficiente.
un espacio vivo que se construye a través de las sensibilidades con las que las personas se relacionan
con el paisaje. Estas consideraciones son fundamentales a la hora de establecer estrategias de diagnosis
en lugares en donde el significado etno‑territorial (orgánico) del paisaje permite comprender de manera
transversal su transformación y deterioro. En este sentido, es imprescindible posicionar la necesidad de
reconsiderar ontológicamente, epistemológicamente y metodológicamente la manera en cómo se analiza
el paisaje y cómo se valora aboliendo enfoques que ubican al ser humano en una posición y relación de
superioridad frente al territorio y a sus elementos.
La IAP como metodología de investigación busca trascender las costumbres pedagógicas con el propósito
de proyectar al grupo poblacional de estudio como protagonista central de sus propias construcciones
y valoraciones. Desde una perspectiva ideológica, la IAP se convierte en un instrumento de resistencia
frente a imposiciones homogeneizadoras; desde el punto de vista epistemológico la IAP transgrede
metodologías tradicionales en donde las relaciones de poder se manifiestan entre los investigadores y
el grupo que va a ser investigado, este último relegado a un comportamiento y posicionamiento pasivo.
Frente a esto, la IAP elimina los vínculos posicionales y convierte los participantes en sujetos activos
con la capacidad de analizar, proponer y planificar sobre su propia realidad.
La cartografía social indígena (CSI) como una herramienta IAP se convierte en una estrategia
fundamental de soberanía y en un instrumento político a la hora de tomar conciencia sobre la realidad
de las comunidades tanto desde su interior como desde el exterior. La CSI no solo tiene como objetivo
generar mapas sino resultados a través de los cuales se pueda prevenir y reducir los conflictos entorno
al cuidado y gestión del paisaje y el territorio. En este sentido, la CSI procura ser parte de un registro
testimonial que empodere y garantice la autodeterminación y soberanía sobre los propios proyectos de
vida de las comunidades indígenas.
Bibliografía
Barrera, S. 2009. Reflexiones sobre Sistemas de Información Geográfica Participativos (sigp) ycartografía
social. Revista Colombiana de Geografía. Volumen(18), 9‑23. Disponible en [Link]
Downloads/12798‑33711‑1‑[Link]
Balcázar, F. 2003. Investigación acción participativa (iap): Aspectos conceptuales y dificultades de
implementación. Fundamentos en Humanidades. Volumen (4),59‑77. Disponible en [Link]
[Link]/pdf/184/[Link]
Becerra, T. 2016. Porque fracaso la Iniciativa Yasuni ITT. Instituto Universitario de Desarrollo y
Cooperación IUDC‑ UCM. Madrid. Disponible en [Link]
‑04T36_Thaia_Becerra.pdf. Consultado 30 de marzo de 2018.
Carrión, P. et al. 2017. Cosmovisión indígena del paisaje: perspectiva sociocultural de preservación
medioambiental. Revista Santiago. Volumen (145), 237‑249. Disponible en [Link]
anonymous?id=GALE%7CA536533111&sid=googleScholar&v=2.1&it=r&linkaccess=abs&issn=00
489115&p=IFME&sw=w
Colmenares, AM. 2012. Investigación‑acción participativa: Una metodología integradora del conocimiento
y la acción. Voces y Silencios: Revista Latinoamericana de Educación. Volumen (3), 102‑115.
Santos, B.S. 2008. Reinventando la emancipación social. En Pensar el Estado y la sociedad: desafíos
actuales. La Paz: CLACSO, Muela del Diablo Editores y Comuna.
De Sousa Santos, B. 1991. Una cartografía simbólica de las representaciones sociales Prolegómenos
a una concepción posmoderna del derecho. Nueva Sociedad. Volumen (116), 18‑38. Disponible en
[Link]
Diez Temantine, J.M., Escudero, B., Carballeda, A., et al. 2012. Investigación e intervención desde
las ciencias sociales, métodos y experiencias de aplicación. Versión en línea disponible en: https://
[Link]/search?q=cache:V7PVlrNLs8gJ:[Link]
pdf+&cd=1&hl=es&ct=clnk&gl=ec . Consultado 28 de julio de 2019.
Fals Borda y Rodríguez Brandao C. (1987) Investigación Participativa. Montevideo: La Banda Orienta
Fals Borda, O. 2008. Orígenes universales y retos actuales de la IAP (Investigación‑ Acción Participativa.
Peripecias, Versión en línea disponible en: [Link]
[Link]. Consultado 14 de agosto de 2019
Foucault, M. 1988. El sujeto y el poder. Revista Mexicana de Sociología. Volumen 50, 3‑20.
FIDA. 2009. Buenas prácticas en cartografía participativa. Análisis preparado para el
Nota
Este trabajo se enmarca en un proyecto de cooperación de la Fundación URV Solidària, del proyecto
de investigación «El paisaje como valor colectivo. Análisis de su significado, usos y percepción social»
(CHORA), financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades (Programa Estatal de
Fomento de la Investigación Científica y Técnica de Excelencia, Subprograma Estatal de Generación
del Conocimiento. 2018‑2020. CSO2017‑82411‑P), AEI/FEDER, UE y el Departament de Recerca i
Universitats de la Generalitat de Catalunya (2017SGR22).
Notas
1
Desde 1998 se reconoce la zona intangible, como territorio designado a los pueblos en aislamiento voluntario.
Recibido: 07/07/2020
Reenviado: 03/08/2020
Aceptado: 23/11/2020
Sometido a evaluación por pares anónimos