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Hombre

El monólogo de un sobreviviente en un mundo desolado refleja su profunda soledad y la descomposición de la civilización. A medida que explora la Ex-Ciudad de Nova, se enfrenta a la posibilidad de ser el último ser humano, mientras recuerda un pasado vibrante que ha desaparecido. La incertidumbre sobre la existencia de otros y la lucha por la supervivencia marcan su angustiante realidad.

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El monólogo de un sobreviviente en un mundo desolado refleja su profunda soledad y la descomposición de la civilización. A medida que explora la Ex-Ciudad de Nova, se enfrenta a la posibilidad de ser el último ser humano, mientras recuerda un pasado vibrante que ha desaparecido. La incertidumbre sobre la existencia de otros y la lucha por la supervivencia marcan su angustiante realidad.

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"El Último Hombre en la Tierra"

Un monólogo de un sobreviviente que se cree el único ser humano restante, caminando por un mundo
desolado.

Fecha: 23 de Octubre, 3032

Ubicación: Ex-Ciudad de Nova, Antiguo Sector 7B

Estado: Soledad total. El silencio es casi absoluto.

Es extraño cómo la vida se adapta al vacío. Lo que antes era un bullicio de voces, un eco de pasos, de
conversaciones y de risas... ahora es solo un recuerdo lejano. No sé si soy el último, pero... creo que sí. Ya
no quedan más señales de vida, ni animales ni personas. Solo yo, y los escombros de un mundo que
parece haber olvidado su propósito.

Al principio, me decía que había esperanza. Que quizás había algo más, algún refugio en algún rincón
lejano. Pero han pasado años, y todo lo que encuentro son ruinas. Aquí, en la antigua ciudad de Nova, ya
no hay ni rastros de lo que una vez fue una metrópolis vibrante. Los edificios se desmoronan con cada
viento, y las calles, antes llenas de vehículos, ahora son solo pasadizos vacíos y olvidados.

A veces, me despierto en la madrugada y me pregunto si estoy soñando. Si todo esto es una pesadilla de
la que pronto despertaré. Pero luego miro a mi alrededor y no hay duda: estoy solo. Las máquinas, las
fábricas, las casas, todo ha quedado atrás, como un recuerdo que se desvanece con el tiempo.

Hace días, me encontré con un grupo de... bueno, lo llamo "restos". Eran sombras de lo que alguna vez
fueron seres humanos. Algo los transformó, los despojó de lo que los hacía humanos. No quiero pensar
más en eso. No sé si fueron los virus, la guerra, o algo peor, pero al final, lo único que queda soy yo. El
último hombre, si es que realmente hay algo que aún pueda llamarse humano en mí.

A veces, mientras camino por las avenidas vacías, escucho ruidos. Suenan como susurros lejanos. Me
giro, esperando encontrar a alguien, alguna señal de vida. Pero no hay nada. Nada más que el eco de mis
propios pasos, cada vez más solitarios, resonando entre las paredes rotas.
A lo lejos, veo una vez más el horizonte vacío. Las montañas que se levantan en la distancia parecen
estar observándome, como si supieran algo que yo aún no comprendo. Y aunque me niego a admitirlo,
hay algo que me inquieta: ¿y si no soy el último? ¿Y si hay otros, pero están escondidos, esperando que
algo los despierte? Pero no tengo respuesta para esa pregunta. Solo el silencio.

No sé cuánto tiempo más podré resistir este vacío. La comida y el agua se agotan, y mi cuerpo ya no
responde como antes. Quizás estoy perdiendo la cordura, o tal vez solo estoy aceptando la realidad: el
fin de la humanidad no llegó con una explosión, sino con un susurro. Y aquí estoy, esperando el último
acto de este teatro olvidado.

Fin del archivo.

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