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Ética y Deontología en Psicología

El documento aborda la deontología en psicología, enfatizando la importancia de la ética y la moral en la práctica profesional. Se exploran las diferencias entre ética y moral, destacando que la ética se origina en la reflexión personal, mientras que la moral se basa en normas sociales. Además, se discute cómo la ética guía el comportamiento humano hacia la búsqueda de la felicidad y el desarrollo personal.
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Ética y Deontología en Psicología

El documento aborda la deontología en psicología, enfatizando la importancia de la ética y la moral en la práctica profesional. Se exploran las diferencias entre ética y moral, destacando que la ética se origina en la reflexión personal, mientras que la moral se basa en normas sociales. Además, se discute cómo la ética guía el comportamiento humano hacia la búsqueda de la felicidad y el desarrollo personal.
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PSICOLOGÍA EN LÍNEA

DEONTOLOGÍA DE LA PSICOLOGÍA

3 créditos

Profesor Autor:

Mg. María Alexandra Gutiérrez

Titulaciones Semestre

• PSICOLOGÍA Séptimo

Tutorías: El profesor asignado se publicará en el entorno virtual de aprendizaje


[Link]), y sus horarios de conferencias se indicarán en la sección CAFETERÍA
VIRTUAL.

PERÍODO abril 2024 agosto 2024


Índice

Contenido
Índice ......................................................................................................................................................................... 1
Unidad 1 .................................................................................................................................................................... 2
Introducción a la ética y a la moral: la problemática de los valores. ..................................................................... 3
La ética impostada. ................................................................................................................................................... 8
Educación y desarrollo moral ................................................................................................................................. 10
Deontología Psicológica .................................................................................................................................. 17
Bibliografía ........................................................................................................................................................ 33

1
Resultado de aprendizaje de la asignatura

Evaluar la personalidad de los sujetos en la atención psicológica

Unidad 1
Ética en psicología.

Resultado de aprendizaje de la unidad: Identificar los conceptos básicos de la


deontología.

Tema 1: ETICA Y PSICOLOGIA.

En términos comunes, la ética es el conjunto de principios que definen lo que es bueno y


lo que es malo en la vida humana. Alguien es calificado de "ético" cuando su actividad es
consecuente con esos principios y realiza aquello que una determinada sociedad estipula
como bueno.
Toda profesión, en sentido amplio, supone un saber científico y técnico, tanto en el orden
teórico como en el orden práctico. Es decir, toda profesión supone un conocimiento más
o menos especializado y unas habilidades vinculadas a ese conocimiento y que permiten
actuar el saber. Se trata, por consiguiente, de un saber teórico-práctico. La profesión,
además, supone un ejercicio de ese saber a nivel público al interior de una determinada
sociedad. La ética profesional es, en un primer momento, aquel conjunto de principios que
permite distinguir lo bueno de lo malo en ese quehacer de un saber teórico-práctico en
una sociedad, es decir, cuándo ese quehacer es bueno y cuándo es malo.
Existen algunas concepciones sobre la ética profesional, muy extendidas en nuestro
medio, y que, en nuestra opinión, representan dos enfoques erróneos que acarrean
graves consecuencias: la concepción de la ética como un aditamento postizo y la
concepción de la ética como un conjunto de ideales abstractos y universales..

2
Objetivo: Conocer las consideraciones epistémicas e históricas del constructo
personológico.

Introducción a la ética y a la moral: la problemática de los valores.

Ética, moral y leyes. Estos son los tres instrumentos que las personas nos hemos dotado
para poder convivir en sociedad, equilibrando nuestras relaciones con los demás con el
logro de nuestros objetivos personales. La ética para crecer como personas, la moral para
mejorar nuestras relaciones con los demás y las leyes para garantizar una mínima
convivencia basada en la justicia. Cada uno de ellos gestiona los tres niveles de
necesidades humanas. Las leyes el nivel más básico y por eso el más habitual que
comprende los intereses, generalmente materiales. La moral trabaja las ideologías que
están formadas por las creencias, que son la base de nuestras verdades, y, finalmente, la
ética trata de la identidad de las personas que se concretan en los valores más queridos,
denominados principios. Los tres instrumentos se desarrollan de manera paralela y están
en un permanente intercambio de conceptos, intereses, creencias y verdades por lo que
es difícil delimitar claramente sus fronteras. Solamente las leyes parecen diferenciarse
claramente de los otros dos instrumentos, quizás debido a toda la parafernalia que las
acompaña en forma de jueces, fiscales y abogados y al objeto más concreto que trabaja
como son los intereses, más fáciles de definir, comparar y entender. Aún así tiene un
cierto grado de discrecionalidad ya que pocas personas reconocen su culpabilidad, en un
intento de rehuir el peso de la ley y la mayoría de las sentencias reflejan un cierto grado
de indefinición. No está tan clara la diferenciación entre la ética y la moral. Comencemos
por aclarar por qué tendemos a confundirlos. Sabemos que los conceptos de ética y moral
transitaron juntos a lo largo de muchos siglos. De hecho todavía, hoy en día, son
frecuentemente confundidos. Ahora bien, recordemos que la ética procede del pueblo
griego mientras que la “moral” procede de la antigua Roma. Cuenta Gustavo Bueno (2009)
que la confusión entre ética y moral procede de Cicerón quien en su Tratado sobre el
destino señaló “En lo que se refiere a las costumbres [mores] que los griegos llaman
ethos”,… A partir de dicho momento se produjo la confusión, al igualar su significado, la
ética de los griegos y la moral de los romanos. Confusión que hoy permanece para
muchos. Cuando, realmente, los griegos se referían al carácter mientras que los romanos

3
lo hacían a las costumbres. El castellano, que tiene madre latina, utilizó la palabra “moral”
para indicar las costumbres sociales habituales. Aquellas que llegaban a adquirir el rango
de reglas sociales comunes y que, además, formaban parte de las leyes divinas. La ética,
sin embargo, siempre se mantuvo al margen, en la sombra, y no tuvo tanto brillo ni tanto
uso. Lo cual, entre otras cuestiones, le permitió deambular sigilosa por los largos siglos
medievales, dominados por las religiones, evitando así la impregnación divina, con la que
se cubrió la “moral”. Así, diferenciaríamos la ética, orientada a la preservación y
fortalecimiento de la vida individual –“el carácter”–, de la moral, orientada a la preservación
y fortalecimiento de la vida de un determinado grupo social, “las costumbres sociales”.
Josep Castillo (2012) señala que las principales diferencias entre ética y moral se pueden
sintetizar en las siguientes: “Mientras que la moral tiene una base social, normas
establecidas en el seno de una sociedad, la ética surge como tal en la interioridad de una
persona, como resultado de su propia reflexión y su propia elección. Aunque la ética
puede coincidir en su contenido con la moral es decir las normas morales recibidas en la
educación, también puede la ética ofrecer una fuerte diferencia en alguna de sus normas,
creando así una serie de conflictos internos en la mentalidad de una persona. La segunda
diferencia entre ética y moral, ya no está en su contenido sino en el modo como actúan
en la conducta de una persona. La moral es un conjunto de normas que actúan desde el
exterior o desde el inconsciente, una motivación extrínseca a la conciencia del sujeto en
cambio la ética influye en la conducta de una persona pero desde su misma conciencia y
voluntad. No es lo mismo realizar una conducta porque es una obligación impuesta por la
sociedad que ejercer esa misma conducta por que “yo estoy convencido de la bondad de
esa acción. Ethos, como el hábito el carácter o modo de ser derivado de la costumbre.
Mores, como el conjunto de normas o reglas por las que se rige la conducta del ser
humano en relación con la sociedad, consigo mismo o con lo que le rodea. La tercera y
definitiva diferencia entre ética y moral, está en la palabra valor (como virtud). En las
normas morales impera el aspecto prescriptivo, legal, obligatorio, impositivo, coercitivo y
punitivo, Mientras que en las normas éticas destaca la presión del valor captado y
apreciado internamente como tal. El fundamento de la norma ética es el valor, mas no el
valor impuesto desde el exterior, sino el valor descubierto internamente en la reflexión de
un sujeto”. Más modernamente, una vez que la psicología estudió el comportamiento
humano y descubrió la influencia que los valores tienen en la toma de decisiones, se
visualizó la ética aplicada. Esto es, se visualizó el valor que la ética proporciona como
disciplina que ayuda a reflexionar al respecto de la manera en que cada persona interpreta

4
las normas morales, utiliza valores, y genera las actitudes para actuar. Cierto es que
todavía muchos, desde diferentes posicionamientos ideológicos, utilizan la fuerza de la
moral –no la de la ética– para la consecución de sus propios intereses. Estos incorporan
su moral a las personas por coacción o por convencimiento, ya que les permite un mejor
uso de los recursos morales para así combatir los males que, en su opinión, asolan a la
sociedad. Así, por ejemplo, algunas religiones combaten con la fuerza de “su” moral, esto
es de “su conjunto de reglas”… los llamados pecados capitales, vicios que resumen todas
las malas acciones sociales que desean erradicar: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula,
envidia y pereza. Es de esta opinión Alejandro Ocampo, (2003) quien señala a la ética
como el instrumento que aporta el equilibrio para poder controlar y manejar estas
pasiones: “La conducta humana está sujeta a una serie de afecciones, sentimientos,
pasiones y equivocaciones, que son producto de su propia Alma y del desconocimiento,
su trabajo consiste en conocerlas y saber la forma en cómo actuarán en él. La ética es el
estudio de esas afecciones, prediciendo lo que ocurrirá si... y describiendo la forma de
actuar de una persona que conciba de igual manera el mundo”. En nuestra opinión, para
desarrollar un comportamiento ético es necesario poner la mente a funcionar y trabajar el
carácter. Cuando sabemos lo que debemos y queremos conseguir (una determinada
moral), es de especial importancia reflexionar sobre qué mecanismos tenemos para
conseguirlo (la psicología). Por eso nos acercamos al mundo de la mente a buscar y
entender las variables que influyen en el carácter y así conocer los modelos psicológicos
más reconocidos y los resultados que se derivan de los mismos. Nos sumergimos en el
mundo de la psicología para buscar las raíces de la ética, las variables que podían influir
en nuestro comportamiento para encontrar el fin último de la humanidad: la felicidad. Fin
último también del comportamiento ético: el saber vivir bien. Repasamos minuciosamente
las teorías antiguas y nuevas de los modelos mentales. La importancia de comprender el
funcionamiento de nuestro cerebro. Las teorías sobre el comportamiento humano y las
variables que lo condicionan. Buscamos entre las emociones, las sensaciones, los
sentimientos, y los pensamientos. Rebuscamos en la inteligencia y llegamos a la
conciencia. Y, así, encontramos algunos tesoros. Pudimos confirmar la importancia de la
conciencia para poder actuar de una manera ética, para superar las acciones-reacciones
automáticas, rutinarias y poder llegar a generar comportamientos más inteligentes y más
éticos. Descubrimos la importancia de los valores, como herramientas que nos guían y
asesoran en la elección de nuestras decisiones y confirmamos la importancia de las
virtudes como elementos que dotan de fortaleza a nuestro carácter para afrontar la

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reflexión interior frente al desafío exterior. Finalmente, vimos que la acción ética se
concreta en los valores. Un conjunto de mecanismos mentales donde intervienen muchas
variables, algunas de ellas significativas, donde se elabora una fuerza vital (la fuerza de
los valores) que predispone a actuar de una manera determinada otorgando fortaleza al
comportamiento, al carácter. Y, por tanto, a la ética. Así concluimos que los valores deben
coordinarse con la inteligencia para producir los mejores resultados en nuestro
comportamiento ético. Opinamos que centrar el ámbito de la ética en la distinción
operativa entre el bien y el mal apenas aporta valor (en general todos discernimos
rápidamente lo que está bien y lo que está mal). Ya que reduce considerablemente la
trascendencia de la ética como procedimiento reflexivo al respecto del por qué de nuestras
acciones. E impide asignar a la ética el papel que debe jugar en la búsqueda de la
eficiencia de nuestros actos, en todos los terrenos de la actividad humana: personal,
social, económica,… La ética tiene, sobre todo, una fuerza positiva. Es el potente motor
que tenemos los seres humanos para conducirnos por los caminos correctos y así mejorar
y crecer para ser más felices. Así es, la ética nos permite mejorar como personas. No
cabe duda, la ética contribuye a mejorar el camino que vamos a transitar (la vida) y permite
mejorar el devenir y las posibilidades de desarrollo futuro de la sociedad. Visto lo anterior
pongámonos de acuerdo: ¿qué es la ética? Como ya hemos señalado muchos confunden
el significado y la utilidad de la ética con un conjunto de normas o criterios generales que
contribuyen a que nos acerquemos a un determinado modelo de comportamiento. Se
confunde así la ética con la moral aunque existen diferencias claramente apreciables entre
ellas. Por tanto, la ética no es la moral. Pero tampoco es la legalidad, ni las costumbres,
ni las modas. Ni la deontología profesional, ni los códigos de empresa, o los códigos de
conducta de una corporación. Todos esos entornos conceptuales actúan como referentes,
son normas o guías conceptuales que pueden ser más o menos influyentes. Pero que, en
modo alguno, determinan nuestro comportamiento final. El ser humano es libre. Cada
persona decide en cada momento qué desea, qué debe, o qué va a hacer en función de
los valores, ideas y principios que guían su modo de vivir la vida. Ahora bien, es preciso
que seamos conscientes de que todos nuestros actos están plagados de intenciones,
intereses, expectativas, motivaciones o deseos que, de una u otra manera, dirigen nuestro
deambular. Por cierto, en ocasiones hacia direcciones contradictorias. En nuestra opinión
la ética es la encargada de cohesionar esas corrientes de influencia, de aglutinarlas para
que tengan sentido. La ética refleja nuestro carácter, indica cómo vivimos. Y cuenta con
especial trascendencia ya que asume que somos dueños de nuestros comportamientos,

6
que somos libres de elegir qué hacemos con lo que nos pasa en la vida. Gracias a la ética,
o a su ausencia, vamos concretando, decidiendo cómo debemos actuar y qué recursos
debemos utilizar. La ética selecciona y potencia los valores sobre los que gira su eje de
actuación. Éstos, los “principios personales”, son los que organizamos de forma jerárquica
para cohesionar y estructurar nuestro modelo de comportamiento, los que configuran
nuestro “ethos”. Esto es nuestro carácter. De esta forma, vamos construyendo un
mecanismo “eficaz” (ético) o “ineficaz” (no ético) de comportamiento que nos ayuda a
responder a la motivación más vital y profunda de cada persona y que, en general, está
definida en términos de “dar sentido a la vida”. En consecuencia la ética nos ayuda a
definir nuestros fines y objetivos para encontrar un sentido a nuestra forma de actuar.

En definitiva la ética es la encargada de construir y dirigir nuestro plan de vida, definiendo


los fines y los principios y gestionando los medios (valores) para conseguir alcanzarlos.
David Álvarez y Javier de la Torre (2002) describen: “La ética nos ayuda a encontrar los
bienes de nuestra vida para saber vivir. Es una brújula para náufragos en las tempestades
y en las calmas de la vida. La ética no es un saber negativo que siempre dice “no”, sino
es positivo y afirmativo que nos ayuda a encontrar los bienes de nuestra vida, los bienes
que nos dan la vida, que nos sostienen nuestra vida”. Pero qué aspectos caracterizan a
este saber:

i. La ética es personal. Cada persona construye su ética de manera distinta,


según sus valores, su inteligencia y sus circunstancias. Por ello caben infinitos
planes de vida, tantos como personas. Y por ello, también, se dan
comportamientos éticos deficientes, o insuficientes, para lograr los fines
inicialmente marcados. Dice Martin Berkowitz (1995), que los seres humanos
vemos el mundo de forma diferente unos de otros ya que cada persona piensa
sobre los valores desde su propio nivel de desarrollo moral y que, además, cada
persona puede variar la jerarquía de sus valores.
ii. La ética es un saber práctico. La ética se va creando y modificando según la
experiencia personal y la selección de los caminos por donde transitamos. Por
eso la ética no es la ley, ni la moral, ni los códigos de conducta. Aunque se
asuma en su conceptualización y actualización muchas de esas normas
siempre de manera voluntaria y personal.
iii. La ética es muy exigente. Todos tenemos un plan de vida para buscar la
felicidad. En ocasiones dicho plan puede estar equivocado si el mecanismo

7
ético que utilizamos para andar el camino no es el adecuado. Es decir, si
tenemos un mal planteamiento ético. Básicamente la ética necesita conciencia
para poder gestionar y desarrollar los valores y mucha insistencia (auto-
exigencia) para generar los hábitos que nos permitan incorporar los valores al
carácter y a nuestro comportamiento.
iv. La ética construye el futuro. El diseño del futuro proviene de las decisiones que
tomamos hoy. La ética trabaja con la vista puesta en el medio y largo plazo,
priorizando y equilibrando los fines con los medios. Teniendo en consideración
las consecuencias próximas y futuras de nuestros actos. Buscando resultados
sostenibles, que maximicen su valor en el tiempo y puedan servir de palanca
para el desarrollo de acciones posteriores. La ética prefiere sembrar aunque
tarde en recoger. Entiende que así sus frutos serán más numerosos y se
obtendrán con el mínimo impacto en el terreno.
v. La ética se retroalimenta. El nivel ético en el tiempo siempre es creciente. Los
comportamientos éticos (buenos o malos) construyen nuestro carácter (y el de
las organizaciones) y son acumulativos. Así los buenos hábitos éticos
enriquecen a los valores y contribuyen a generan mejores comportamientos.

La ética impostada.
La ética profesional es entendida, a veces, como un aditamento, una añadidura más o
menos postiza, al cuerpo científico y técnico que una persona o una serie de personas
(como entidad personal o colectiva) ejercen públicamente en una sociedad. Para ser
profesional - médico, arquitecto, enfermera, agricultor, secretaria, psicólogo o abogado-
hay que aprender lo propio de su quehacer y cómo hay que hacerlo bien. Ese "hacer bien"
sería lo específico de una rama del saber puesta en práctica en cada profesión y no
incluiría la ética. Sólo una vez aprendido el saber científico y técnico, cabría preguntarse
cómo aplicar bien los conocimientos y habilidades adquiridos, cómo utilizar la profesión
en beneficio propio y de los demás, cómo actuar profesionalmente. La ética es entonces
algo añadido al saber científico-técnico en el momento de su aplicación práctica.

Cuando la ética se entiende como un aditamento de este tipo, se suponen tres cosas: 1)
que cada rama científico-técnica del saber tiene su propia racionalidad; 2) que esa
racionalidad es a-moral; y 3) que la ética sólo entra en juego en las aplicaciones prácticas
de la ciencia.

8
1) Se supone, ante todo, que cada rama científico-técnica tiene una racionalidad propia,
inherente a su estructura.

Por racionalidad hay que entender aquí aquel conjunto de principios que explica la
realidad o algún aspecto de la realidad desde una determinada perspectiva. Una es, por
ejemplo, la racionalidad de la psicología, que tiende a examinar los fenómenos en cuanto
dependen de las personas individuales, y otra la racionalidad de la sociología, que tiende
a contemplar los mismos fenómenos en cuanto dependen de las estructuras sociales.

2) Se supone, en segundo lugar, que la racionalidad del saber científico-técnico es amoral


(ajena a los valores) o pre-moral (previa a toda consideración axiológica). Buscar las
causas más profundas del comportamiento humano en una historia de refuerzos o en la
elaboración inconsciente de las relaciones interpersonales nada tendría que ver de por sí
con el bien o el mal de las personas concretas. O es así o no lo es; o es un supuesto
acertado, cierto, o no lo es.

De ser válido este supuesto, se estarían aceptando por lo mismo dos puntos muy
importantes:

a) Que la racionalidad científica es, de por sí, ajena a cualquier referencia humana. Lo
científico no dependería en sí de los seres humanos: el agua se compone de oxígeno e
hidrógeno independiente de las personas que lo afirmen; la contingencia de refuerzos
condiciona el aprendizaje, se sepa o no, se afirme aquí o en otro lugar. Es la referencia a
lo humano lo que fundamentalmente determina la valoración de las diversas realidades;
por consiguiente, si la ciencia es moral o premoral, quiere decir que la ciencia, su
racionalidad, es ajena a la referencia humana.

b) Al darse esta disociación entre ciencia y valores, se supone que los valores quedan
confinados al terreno de la subjetividad del científico o del que practica o aplica una
ciencia, es decir, al ámbito de la intersubjetividad, pero que los valores no entran en el
campo de la objetividad científica. De ahí se concluye que la ética tiene que ser una ética
de intenciones (subjetivas).

La suposición sobre la amoralidad de la racionalidad científica ha sido uno de los temas


más debatidos (ver, por ejemplo, el famoso estudio de Weber sobre la objetividad de la
ciencia y el juicio de valores: Weber, 1904/1973).

9
c) En tercer lugar, la amoralidad de la racionalidad científica llevaría a la conclusión de
que la consideración ética sólo comienza a tener sentido en el paso de la ciencia a sus
aplicaciones concretas a y en la sociedad. La eticidad estaría no en la ciencia, sino en el
quehacer de cada sujeto profesional en el momento de aplicar la ciencia a la realidad
social (es decir, en la mediación entre la ciencia y sus beneficiarios).

Esta visión parte de un modelo dual del quehacer científico, que divide entre ciencia pura
y ciencia aplicada, entre ciencia y aplicación técnica, presuponiendo que el quehacer puro
del científico puede aislarse idealmente de cualquier influjo y contaminación de intereses
y subjetividades.

Lo ético o no ético del quehacer profesional estaría en la manera como cada persona
utiliza la racionalidad de su ciencia-técnica y en los objetivos a los que orienta esa
utilización práctica. De ahí a la concepción de la ética profesional como un recetario de
comportamientos y finalidades más o menos subjetivas no hay más que un paso. Pero de
ahí, también, la inespecificidad de las normas éticas reclamadas a los diversos
profesionales, ya que la valoración comenzaría precisamente en el mismo punto en que
la diversificación racional de cada especialidad científica termina y comienzan los
principios formales de la convivencia social. Ser ético es lo mismo en todas las
profesiones: hay que ser bueno, hacer el bien, no aprovecharse de las personas con las
que se trata, no hacer daño, no perjudicar, etc. Lo cual no clarifica en modo alguno qué
significa "ser bueno" o "no hacer daño" en cada profesión, ni especifica cuál es el bien
concreto que hay que esperar y exigir de cada profesión en concreto.

Educación y desarrollo moral

Hacia finales de la década de los sesenta, Lawrence Kohlberg presintió que estaba en el
lugar y momento correcto. Los temas sobre justicia social dominaban las primeras planas
de todos los diarios de Estados Unidos y el trabajo de Kohlberg estaba directamente
relacionado con las preguntas que inquietaban a la población. Es más, una figura
altamente controversial, el reverendo Martin Luther King Jr., desobedecía
deliberadamente la ley al marchar, sentarse y comer en lugares prohibidos para personas

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de color. George Wallace, el entonces gobernador de Alabama, ganó atención nacional
al llamar delincuente a Martin Luther King, lo mismo que a cualquier otro criminal. Wallace
argumentaba que si Estados Unidos era un país que respetaba la ley y el orden, entonces
King debía ser tratado como cualquier persona que infringe la ley; como un ladrón de
bancos común o un carterista. Las ciencias sociales, entonces, respaldaban la idea de
una moralidad relativa, moral como forma de ajuste y conformidad a las normas grupales
y, en consecuencia, se tenían pocos argu mentos contra la afirmación de Wallace de que
King era un criminal ordinario. En contraste, la teoría e investigación de Kohlberg (1969,
1971, 1981, 1984, 1986) estaba enfocada directamente hacia esos temas. Sus novedosos
lineamientos en la investigación por etapas del juicio moral captaron gran interés.
Kohlberg planteaba que el desarrollo de juicios morales ocurría en una secuencia de tres
niveles (cada uno de dos etapas): preconvencional, convencional y posconvencional.
Cada nivel y cada etapa tenían una forma única de interpretar y comprender el orden
social/moral. Más aún, Kohlberg afirmaba que el pensamiento (nivel) posconvencional era
más avanzado y filosóficamente más fácil de defender que el convencional: mientras que
el primero era flexible y respondía a las necesidades cambiantes de la sociedad, el
segundo respaldaba el status quo. Kohlberg argumentaba que King debía ser diferenciado
de los criminales ordinarios porque representaba a la moralidad (nivel) posconvencional,
mientras que el pensamiento de George Wallace era convencional. Para muchas
personas del campo académico de la psicología, y para la sociedad en general, esta forma
de ver los temas de justicia social tenía sentido. Kohlberg formuló un argumento
convincente contra el relativismo. De hecho, Kohlberg usó cada oportunidad que tuvo para
atacar el relativismo moral. De acuerdo con Reed (1997), la experiencia de Kohlberg, que
de joven salvó a víctimas judías del holocausto, lo llevó a argumentar una moralidad
universal en lugar de una relativa. Kohlberg se preocupó de proporcionar bases para que
el individuo pudiera sustentar sus argumentos en contra de las prácticas grupales y criticar
a la autoridad, previendo aquellas condiciones que llevaron al poder a los nazis

La perspectiva neokohlbergiana ha sido formulada por un equipo de investigadores, entre


ellos, el desaparecido Jim Rest, Steve Thoma, Mickey Bebeau y quien esto escribe. La
teoría neokohlberiana está basada en 25 años de colección de datos con el Defining
issues test (DIT). Adoptamos los planteamientos de Kohlberg en la conceptualización del
juicio moral (ver Rest et al., 1999b, para información adicional), entre los cuales están los
siguientes:

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1. Adoptar su énfasis en la racionalización: al igual que Kohlberg, nuestro punto de partida
enfatiza la cognición. Kohlberg se dio cuenta de que había muchos puntos de inicio para
la investigación moral (es más, se puede iniciar enfatizando una perspectiva biosocial
evolutiva e investigar ciertas emociones, como la empatía, el altruismo, la culpa y la
vergüenza; o se puede enfocar en la adquisición del comportamiento prosocial en los
niños). Todos deben tener un punto de partida, hacer proposiciones y enfatizar algunas
cosas en lugar de otras. A pesar de la limitaciones de todo punto de partida, habiendo
empezado aquí, la pregunta crucial es: ¿a dónde me lleva esto?, ¿qué fenómenos
importantes salen a la luz?

2. Enfatizar el constructivismo: al igual que Kohlberg, resaltamos la construcción individual


de categorías epistemológicas básicas (derechos, obligación, justicia, orden social y
reciprocidad), sin la finalidad de negar la contribución de las ideologías culturales, que se
derivan de los grupos, las herramientas y prácticas de una cultura. Sin embargo, nos
enfocamos en los intentos individuales por dar sentido a la experiencia social.

3. Enfoque en el desarrollo individual: representamos el cambio en el desarrollo a través


del tiempo. En otras palabras, es posible hablar no sólo de diferencias en la orientación
moral sino también de “avance” cognitivo, que, en un sentido filosófico y ético-normativo,
quiere decir que “mayor es mejor”.

4. Enfatizar el cambio de pensamiento convencional a pensamiento posconvencional:


caracterizamos la transformación de adolescentes en adultos en términos de
transferencia, del pensamiento moral convencional al posconvencional.

Pensamos que estas cuatro ideas son las premisas principales del enfoque del “desarrollo
cognitivo” de Kohlberg. Usamos también el mismo punto de partida de Kohlberg:
evaluamos las respuestas hacia un grupo limitado de dilemas hipotéticos con el fin de
medir sistemáticamente el desarrollo psicológico moral. Basándonos en nuestra propia
evidencia, conservamos algunas de las premisas de Kohlberg: a) las personas usan
pensamientos basados en la justicia para tomar decisiones sobre dilemas morales (a
pesar que también pueden usar otras formas de pensamiento); b) el pensamiento moral
puede afectar el comportamiento (a pesar de que también influyen otros factores); c) el
pensamiento moral se vuelve más complejo como resultado de la edad y la educación
(particularmente niveles altos de educación), y d) las etapas 5 y 6 (pensamiento
posconvencional) existen y se pueden medir.

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Esquemas de desarrollo en lugar de etapas

Usamos el término “esquemas” morales (discutido a continuación), en vez de “etapas”


morales con el fin de señalar diferencias con la idea de etapas morales “duras” de
Kohlberg. Nuestros esquemas son más concretos que las etapas de Kohlberg, pero al
mismo tiempo son más abstractos que los típicos esquemas de cognición social
(esquemas personales y de roles). Postulamos tres estructuras en el desarrollo del
pensamiento moral: el esquema de intereses primarios (Primary interests schema), que
se deriva de las etapas 2 y 3 de Kohlberg; el esquema de mantenimiento de normas
(Maintaining norms schema), derivado de la cuarta etapa de Kohlberg; y el esquema
posconvencional (Postconventional schema), derivado de las etapas 5 y 6 de Kohlberg.
Desde el punto de vista del desarrollo, se da un gran avance sociocognoscitivo en los
adolescentes (el grupo más joven que estudiamos con el DIT) con el “descubrimiento de
la sociedad”; es decir, que las personas, en la sociedad, se relacionan entre sí a través
de las instituciones, las prácticas establecidas, los sistemas de roles (“el sistema”) y no
únicamente con base en relaciones cara a cara (como con la familia, amigos y conocidos).
Otras personas, además de Kohlberg (1984) han hablado sobre este desarrollo (logrando
una perspectiva socio– centrista) en la adolescencia (Adelson, 1971; Youniss & Yates,
1997). Tomar conciencia de que la sociedad está organizada en un sistema con reglas,
roles e instituciones genera preguntas acerca de la moralidad de la sociedad y la autoridad
¿Cómo puede uno organizar un sistema de cooperación con base en la sociedad, donde
existe reciprocidad total y beneficios mutuos? ¿Cómo se distribuirían el poder, la riqueza
y las oportunidades? ¿Cuál es el uso legítimo de la fuerza? Estos son los temas de la
“macromoralidad”, distintos a los de la “micromoralidad”. Esta contempla cómo las
personas interactúan en situaciones cotidianas. Desde nuestra perspectiva, los tres
esquemas morales son formas ordenadas de responder a la “macro” pregunta, es decir,
¿cómo llevarse con personas que no son ni amigos, ni familia, ni allegados, o cómo
organizar la cooperación de toda la sociedad? Según nuestras investigaciones hay tres
respuestas o esquemas generales a esta pregunta. Esquema de interés personal. Este
esquema no contempla una perspectiva sociocentrista. Las respuestas a preguntas de
cooperación social se dan como si únicamente hubieran y se tomaran en consideración
las relaciones “micromorales”. Los individuos que usan este esquema analizan lo que
cada parte interesada tiene que ganar y perder en un dilema moral, como si no tuvieran
que preocuparse de organizar la cooperación en una sociedad. El esquema justifica una

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decisión como “moralmente correcta” al apelar al interés personal que el agente tiene de
la consecuencia de una acción. El esquema incluye preocupaciones de índole prudencial
y por aquellas personas con las que existe una relación afectiva. De esta manera se tienen
elementos descritos por Kohlberg en las etapas 2 y 3. Esquema de mantenimiento de
normas. La segunda respuesta a la pregunta de cómo debemos organizar la cooperacion
de toda la sociedad corresponde al esquema de mantenimiento de normas. Este esquema
está más desarrollado y avanzado en la obtención de una perspectiva sociocentrista (se
tiene que considerar la forma de cómo las personas que no son familia, amigos o
allegados van a cooperar). Con este esquema, el individuo puede identificar las prácticas
establecidas (las reglas y normas existentes) y quiénes son las autoridades de facto.
Funcionalmente, este esquema es la primera solución a la conceptualización de la
cooperación en toda la sociedad. Algunos ejemplos incluyen la etapa de “ley y orden” de
Kohlberg (1984), los temas de orientación “conservadora” de McClosky y Brill (1983) y los
temas de “autoritarismo» en la adolescencia de Adelson (1971). De forma común a todos
los ejemplos antes mencionados, el esquema de mantenimiento de normas tiene los
siguientes elementos: a) la necesidad percibida por las normas sociales comúnmente
aceptadas para gobernar una colectividad; b) la necesidad de que las normas se apliquen
a todo individuo en una sociedad; c) la necesidad de que las normas sean claras,
uniformes y categóricas (que exista un estado de derecho); d) las normas son vistas como
una forma de establecer reciprocidad (cada ciudadano obedece la ley y espera que otros
también lo hagan), y e) el establecimiento de una estructura jerárquica de roles, de
cadenas de mando, de autoridad y deberes. Esto quiere decir que en una sociedad
organizada existe una estructura jerárquica de roles (maestro-alumno, padre-hijo, general-
soldado, médico–paciente, etc.). Se debe obedecer a las autoridades, no por respeto a
las cualidades personales del que ejerce la autoridad, sino por respeto al sistema social.
Para el esquema de mantenimiento de normas, mantener el orden establecido define la
moralidad. En este esquema, la “ley” está conectada al “orden” en un sentido moral. El
esquema genera la expectativa de que sin ley (y deberes hacia los roles de uno mismo)
no existiría orden, las personas actuarían en función de sus intereses personales y
conduciría a la anarquía —una situación que las personas responsables buscan prevenir.
Para este esquema no se necesita de ningún otro razonamiento para definir la moralidad,
basta con afirmar que cualquier acto esta prescrito por la ley, que es la forma establecida
de hacer las cosas o que es la voluntad de Dios. El esquema es consecuente con el
“positivismo legal” (Hart 1961, pp.181-182, 253-254) en el sentido de que ninguno busca

14
apelar a criterios morales más allá de la ley misma. La adquisición de este esquema da a
los pensadores convencionales la sensatez para poder ver la necesidad de la moral en el
mantenimiento del orden social. En otras palabras, el esquema provee de una sensación
de seguridad moral (“Yo se que estoy en lo correcto para el bien de toda nuestra
sociedad”) y, de esta manera, promueve el entusiasmo tan especial de los pensadores
convencionales. Esquema posconvencional. La tercera respuesta a la pregunta de cómo
organizar la cooperacion social tiene que ver con este esquema y presenta las siguientes
características: a) petición de un ideal; b) ideales compartibles; c) la primacía de ideales
morales; d) reciprocidad completa, y e) una orientación a los derechos. Un punto esencial
en el pensamiento posconvencional es que las obligaciones morales se tienen que basar
en ideas compartidas, que son completamente recíprocas y abiertas al escrutinio (deben
estar sujetas a pruebas de consistencia lógica, a las vivencias de la comunidad y deben
guardar coherencia con las prácticas aceptadas). A lo largo de los siglos, muchos filósofos
han propuesto una serie de visiones de una sociedad basada en ideales morales (el
utilitarismo, el contrato social, virtudes, el feminismo, la casuística e ideales religiosos).
No todas las teorías morales encajan con nuestro criterio de esquemas
posconvencionales: a) las teorías emotivas de la moralidad dicen que la moral no es más
que la expresión personal de aprobación o desaprobación (Stevenson, 1937); b)
Nietzsche (1886) consideró la comparación como una mala idea y como un ardid de los
débiles para subyugar a los fuertes; c) enfoques éticos basados en perspectivas religiosas
fundamentalistas/ortodoxas niegan la versión de que la voluntad de Dios está abierta al
escrutinio (ver discusión sobre la adaptación relativa de diferentes teorías morales de
Beauchamp y Childress, 1994); sin embargo, la mayoría de los filósofos morales
modernos encajan con nuestra noción de posconvencionalismo. Se apoyan en ideales
que pueden ser compartidos.

Una ética de ideales

Otro enfoque, en nuestra opinión erróneo, de la ética profesional es el de partir de un


esquema de principios generales, presuntamente vinculados a una serie de valores
absolutos, y en postular que esos principios se cumplan siempre, en todo lugar y por
todos. Según esta concepción ética, habría unos principios que serían validos siempre y
en todo lugar, ya que estarían vinculados a la naturaleza humana como tal. Se trataría,
por tanto, de unos principios éticos que desbordarían la historia (a-históricos o meta-
históricos). Ahora bien, este tipo de ética se apoya en una concepción peculiar del ser

15
humano, que prescinde o minusvalora la dimensión histórica. Desde esta perspectiva, el
hombre a lo más cumple un proceso de desarrollo, pero no una evolución, y mucho menos
una evolución dialéctica. Si hay unos principios igualmente aplicables en todo tiempo y
lugar, es porque no hay diferencias esenciales entre el hombre del Imperio Romano, de
la Edad Media y de 1982, entre un norteamericano y un saharaui.

En psicología se encuentran con bastante frecuencia versiones ahistóricas de la


naturaleza humana. En general, tienden a incurrir en este peligro todas aquellas teorías y
modelos de la personalidad que pretenden entender la realidad humana en base a los
modos y formas, más que a los contenidos, y terminan generalizando esas formas como
principios genéricos de comprensión. Algo así ha sucedido con el "principio de la
homeóstasis" o con no pocos modelos sobre las escalas de necesidades. El formalismo
en psicología permite la generalización, pero no la comprensión de aquellas sociedades,
personas y acciones que difieren radicalmente de la sociedad, personas y acciones que
sirvieron para la generalización.

En el fondo, un análisis ideológico de estas generalizaciones ahistóricas y, en general, de


esta postura sobre la naturaleza humana acaba por descubrir tras esa naturaleza genérica
y estática una naturaleza muy concreta y determinada; una naturaleza que tipifica y
absolutiza una serie de valores (e intereses sociales) muy concretos. Se descubren
aquellos valores que expresan y justifican el orden vigente en un lugar y momento de la
historia. Y el orden vigente es, de hecho, el orden de quien, en cada caso concreto,
detenta el poder.

Aranguren pone a este respecto un ejemplo muy significativo, a propósito de la "moral


sexual". En el siglo XIX, nos dice, se instaura la moral burguesa, que "procede de una
cosmovisión individualista, es fundamentalmente moral de clase, y se presenta como
expresión de un idealismo espiritualista. Las virtudes cardinales de esta moral son, aparte
de la laboriosidad..., la previsión y el ahorro, la virtud del orden la pulcritud y limpieza, la
seriedad y "honradez" en los tratos comerciales, y el "buen nombre", es decir, la
respetabilidad" (Aranguren, 1972, pág. 38). Este código moral, obviamente expresión de
unos intereses concretos, llega a convertirse en el sentido de la moral cristiana sexual,
con lo que "las virtudes cristianas fueron así utilizadas para ser puestas al servicio de una
promoción social o de su consolidación"; de este modo "se entiende bien la conversión de
la virginidad, cuyo sentido genuino sólo puede ser la ofrenda del cuerpo -y del alma-,

16
intactos, a Dios, en ahorro de los sentimientos y los actos amorosos, para invertirlos,
cuando llegue el momento, y con el mayor rendimiento posible, en el negocio matrimonial.
La 'honradez' en el contrato... requiere la entrega de mercancía sana y no averiada"
(Aranguren, 1972, págs. 39-40).

De esta forma, los valores de una clase social se convierten en valores cristianos y,
empujados por los intereses históricos de esa clase, adquieren pretensión de
universalidad, es decir, de ser válidos para todos, siempre y en todo lugar. De esta
manera, la formulación de una ética genérica, ciega a la historia, no suele significar más
de la formulación ideologizada de unos intereses sociales bien específicos.

La ética idealista termina por desentenderse de aquellas condiciones concretas que


determinan, de hecho, la posibilidad o imposibilidad de que los valores predicados se
encarnen en la historia, lo que es la mejor demostración de su carácter falaz. La virginidad
como ahorro prescinde del motor que en la vida real necesita la persona para vivir ese
valor cristiano así como las condiciones comunitarias que lo hacen posible, con lo cual
termina por convertirse en aislamiento neurótico o en formalismo aparente, pero, en
cualquier caso, no en vivencia de la entrega a Dios predicada por el valor.

Un ejemplo característico en nuestro medio de la ética idealista lo constituye el reclamo


formal de la libertad individual, libertad de pensamiento, de trabajo, de empresa. En la
realidad, se ignoran los condicionantes específicos de la libertad, los mecanismos
concretos que la ahogan, con lo que la prédica de libertad se aplica únicamente a quienes
supuestamente la tienen porque explotan y oprimen, mientras que la libertad de la mayoría
sólo lo es para someterse o morirse de hambre (cuando no por represión directa).

Deontología Psicológica

La deontología es “Ciencia o tratado de los deberes”. La deontología psicológica es el


conjunto de principios y reglas éticas que han de inspirar y guiar la conducta profesional
del psicólogo/a. Son numerosas las profesiones que, de una forma decidida y voluntaria,
asumen un planteamiento ético en el ejercicio profesional. Entendemos que la necesidad
de un código deontológico en el ejercicio de la psicología, es una demanda social pero

17
también una demanda profesional. Un código de deontología psicológica permite
garantizar un correcto funcionamiento, desde el punto de vista ético, de los psicólogos/as.
Con ello está velando por los intereses de los clientes. Pero también protege los intereses
de los profesionales, cuando éstos se ajustan a dicho código, frente a intentos de intrusión
o manipulación de terceros. Ambos puntos de vista permiten que la psicología, como
disciplina científica y como actividad profesional, quede fortalecida, sea más sólida,
generando confianza en las personas que necesitan de ella.

Principios generales

De esta forma, se establecen como referencias básicas los siguientes principios éticos y
morales:

• Principio de autonomía: consiste en la obligación de respetar los valores y opciones


personales de cada individuo en aquellas decisiones básicas que le atañen vitalmente.
Es preciso para ello que el paciente sea adecuadamente informado del diagnóstico,
pronóstico, y alternativas de tratamiento. Y de acuerdo con este conocimiento le
corresponde tomar a él las decisiones entre las diversas alternativas. (Consentimiento
informado). La noción moderna de autonomía surge con Kant y significa la capacidad
de todo individuo humano de gobernarse por una norma que él mismo acepta como
tal sin coerción externa.
• Principio de beneficencia: se refiere a la obligación moral de actuar en beneficio de los
demás.
• Principio de justicia: consiste en el reparto equitativo de cargas y beneficios en el
ámbito del bienestar vital, evitando la discriminación en el acceso a los recursos.
También es llamado por otros como principio de equidad, por el que el profesional se
obliga a considerar por igual a todas las personas sujetos de sus servicios.
• Principio de no maleficencia. Procedente de la medicina hipocrática y formulado como
“Primum no nocere”, primero no dañar. Estrechamente relacionado con el primero de
ellos, ambos pueden ser considerados como las dos caras de una misma moneda.

Código Deontológico del Psicólogo

Código de ética de la APA 1992-2002.

El código de ética de la Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en


inglés) fue publicado en el año 1992 y actualizado en el año 2002, con el objetivo de
proporcionar orientación y reglas de conducta profesional. Se encuentra organizado, por
una parte, a partir de un preámbulo y principios generales como objetivos deseados que
conllevan a ideales elevados en la profesión, y, por otra parte, a partir de normas éticas

18
específicas como objetivos de obligatorio cumplimiento (American Psychological
Association APA, 2002)

Los principios éticos planteados son beneficencia y no maleficencia, fidelidad y


responsabilidad, integridad, justicia, y respeto por los derechos y la dignidad de las
personas El principio de beneficencia y no maleficencia hace referencia principalmente a
hacer el bien y no hacer daño; el principio de fidelidad y responsabilidad hace referencia,
principalmente, a ser conscientes de las responsabilidades con la sociedad y los clientes,
determinar sus roles, y manejar los conflictos de intereses; el principio de integridad hace
referencia principalmente a promover la exactitud, la honestidad y la veracidad en el
ejercicio de la psicología; el principio de justicia hace referencia principalmente a ser
imparciales garantizando el acceso equitativo a los servicios y, finalmente, el principio de
respeto por los derechos y la dignidad de las personas hace referencia, principalmente, a
respetar el valor y dignidad de cada individuo, y respetar la privacidad, confidencialidad y
autodeterminación (American Psychological Association, 2002)

Metacódigo de ética de la EFPA 1995

El metacódigo de la Federación Europea de Asociaciones de Psicología fue publicado en


el año 1995, y actualizado en el 2005, con el objetivo inicial de establecer un código de
ética común para los psicólogos en Europa, sin embargo, debido a que se hizo necesario
respetar las diferencias en los códigos de las diferentes asociaciones miembros, se optó
por un metacódigo, con el objetivo de establecer un marco común para estos diferentes
códigos de ética Se encuentra organizado en un preámbulo, unos principios éticos y unos
contenidos de los códigos de ética de las asociaciones (European Federation of
Psychologists Associations, 1995)

Los principios éticos planteados son respeto a los derechos y dignidad de las personas,
competencia, responsabilidad, e Integridad El principio de respeto a los derechos y
dignidad de las personas hace referencia a promover “el desarrollo de los derechos, la
dignidad y los valores fundamentales de todas las personas” y respetar “los derechos de
los individuos a la privacidad, la confidencialidad, la autodeterminación y la autonomía”;
el principio de Competencia hace referencia a reconocer los límites de su competencia y
ofrecer solo los servicios para los que se es competente; el principio de responsabilidad
hace referencia a evitar el daño, responsabilizarse de sus conductas, y no permitir el mal
uso de sus servicios; finalmente, el principio de Integridad hace referencia a ser honestos

19
justos y respetuosos en el ejercicio de la profesión, clarificando los roles (European
Federation of Psychologists Associations, 1995)

Protocolo de acuerdo marco de principios éticos para el ejercicio profesional de los


psicólogos en el Mercosur y países asociados 1997

El protocolo marco de principios éticos para el ejercicio profesional de los psicólogos del
Mercosur fue publicado en el año 1997 con el objetivo de establecer una norma rectora
del ejercicio profesional en los países miembros Se encuentra organizado en cinco
principios generales y un perfil del psicólogo (Comité Coordinador de Psicólogos del
Mercosur y Países Asociados, 1997)

Los principios planteados son respeto por los derechos y la dignidad de las personas,
competencia, compromiso profesional y científico, integridad y responsabilidad social El
principio de respeto por derechos y dignidad de las personas hace referencia al
compromiso de asumir los principios de la Declaración Universal de Derechos Humanos
y a evitar la discriminación; el principio de competencia hace referencia al compromiso de
asumir “niveles elevados de idoneidad en su trabajo”, reconocer los límites de sus
competencias y mantenerse actualizados; el principio de compromiso profesional y
científico hace referencia al compromiso de asumir y promover la psicología como ciencia;
el principio de integridad hace referencia al compromiso de no dar información falsa, ser
prudentes con rótulos o etiquetas, y reconocer el impacto de sus valores y creencias;
finalmente, el principio de responsabilidad social hace referencia al compromiso de
estudiar la realidad de la sociedad, aportar en el desarrollo de leyes y políticas y crear
condiciones que promuevan el bienestar y el desarrollo (Comité Coordinador de
Psicólogos del Mercosur y Países Asociados, 1997)

Declaración Universal de Principios Éticos para Psicólogos 2008

Finalmente, la Declaración Universal de Principios Éticos Para Psicólogas y Psicólogos


de la Unión Internacional de Psicología Científica (IUPsyS) fue publicada en el año 2008
con el objetivo de servir como guía orientadora para la revisión o creación de códigos de
ética en contextos específicos Se encuentra organizada a partir de un preámbulo, cuatro
principios generales y sus valores éticos asociados (International Union of Psychological
Science, 2008)

20
Los principios planteados son respeto por la dignidad de las personas y los pueblos,
cuidado competente por el bienestar de las personas y los pueblos, integridad y
responsabilidades profesionales y científicas hacia la sociedad El principio de respeto por
la dignidad de las personas y los pueblos es considerado el principio ético más
fundamental y universal y hace referencia principalmente a “reconocer el valor inherente
de todos los seres humanos” sin importar ninguna característica; el principio de cuidado
competente por el bienestar de las personas y los pueblos hace referencia principalmente
a procurar el bienestar y evitar el daño; el principio de Integridad hace referencia
principalmente a brindar información veraz y oportuna, así como la gestión de conflictos
de intereses; finalmente, el principio de Responsabilidades profesionales y científicas
hacia la sociedad hace referencia principalmente a contribuir al conocimiento y bienestar
de los individuos y de la sociedad desde la psicología como ciencia y profesión
(International Union of Psychological Science, 2008)

Esta declaración toma especial relevancia debido a que, en el actual modelo globalizado,
responde a la necesidad de crear códigos de ética actualizados que representen las
culturas específicas y, al mismo tiempo, representen principios morales consensuados de
carácter transcultural y universal.

Código Deontológico del Psicólogo del Ecuador

La Federación Nacional de Psicólogos Clínicos conocida también por sus iniciales


FEPSCLI, se rige, en teoría, tanto por la Ley de la Federación Ecuatoriana de Psicólogos
Clínicos para el Ejercicio, Perfeccionamiento y Defensa Profesional; como por sus
estatutos, reglamentos y un Código de Ética Profesional (Presidencia Constitucional del
Ecuador, 1979). Es decir que seguir los códigos éticos es una obligación legal para los
psicólogos clínicos a nivel nacional expresada en la ley mencionada, en su artículo 2. Por
la misma razón, el código de ética no solo debe contar con la aprobación del directorio
central y los colegios provinciales de la FEPSCLI, sino también con la del Ministerio de
Salud Pública y la Asamblea Nacional. Según la misma ley, los colegios provinciales están
llamados no solo a la formación de un Código Ético, sino a la elaboración de un Tribunal
de Honor para su control y la regulación del ejercicio en estos estándares (Presidencia
Constitucional del Ecuador, 1979). A pesar de lo escrito, y de los esfuerzos por el
Ministerio de Salud Pública de Ecuador por regular a través de sus reglamentos y código

21
ético, no se lleva una regulación específica para los profesión de psicología como marca
la ley (Guano & Costales, 2021; Caicedo, Vera, & Sornoza, 2020).

La propuesta de un Código de Ética de los Psicólogos del Ecuador tiene como propósito
proveer tantos principios generales como normas deontológicas. En tanto los principios
tienen la función de orientar la práctica; las normas son obligaciones que se deben de
cumplir en el quehacer profesional y encuentran fundamentos en dichos principios. En un
estudio realizado en agosto de 2019, por la Universidad Internacional SEK, se destaca
que en el país no existe un ente rector que regule la práctica legal y deontológica de los
psicólogos, además que no existe un código ético propio pero sí existen fundamentos que
se pueden plasmar en algo visible.

La Constitución de la República del Ecuador en el Art. 32, ubica a la salud como un


derecho que garantiza el Estado. La prestación de este servicio deberá regirse por los
principios de equidad, universalidad, solidaridad, interculturalidad, calidad, eficiencia,
eficacia, precaución y bioética, con enfoque de género y generacional. Con base a este
derecho fundamental, se hace imperioso la construcción de un código de ética que rija el
actuar de todos los psicólogos en el país, con el cual se garantice el correcto actuar del
profesional hacia sus usuarios, así como también sirva de apoyo en el actuar de los
profesionales.

Reflexiones adicionales

Frente a una ética postiza y a una ética idealista, hay que afirmar que lo ético está
intrínsecamente presente en toda actividad profesional y, para el caso, en la actividad
psicológica. Esta presencia intrínseca abarca, por tanto, la racionalidad científico-técnica
de cada profesión (aquí, de la psicología) así como las determinaciones y aplicaciones
concretas.

Actividad psicológica no significa aquí lo mismo que actividad psíquica, es decir, los
procesos psíquicos del comportamiento humano y animal. En ese sentido, toda acción
tiene un necesario carácter psíquico y, por tanto, habría que incluir en este apartado todo
tipo de actividad. Cuando se habla aquí de actividad psicológica nos referimos a todos
aquellos procesos, comportamientos y determinaciones que son objeto de la ciencia de la
psicología, tanto en su vertiente teórica como en su vertiente práctica. La actividad
psicológica incluye, por tanto, dos aspectos: a) la ciencia de la psicología, lo que
normalmente llamamos "la psicología"; y b) el trabajo del psicólogo en cuanto tal, ya sea
en la investigación ya sea en cualquier área de la profesión.

22
a) La actividad psicológica incluye, ante todo, aquellos procesos por los que se constituye
la ciencia de la psicología -suponiendo que se pueda hablar con propiedad de una ciencia
de psicología. Esta vertiente de la actividad psicológica perseguiría la comprensión, cada
vez más adecuada, de la acción humana, según una coherencia y racionalidad propias.

Ante todo, conviene insistir que aquí hablamos de acción, y no de conducta como suele
ser la norma entre los psicólogos. Hay muchas razones por ello; la principal es el peso
histórico que tiene en psicología el término de conducta, ligado como está a la orientación
de John B. Watson (1925/1972). El término "conducta" reduce el objeto de la psicología a
los aspectos más externos del hacer humano, aquellos aspectos mensurables como
cosas. Sin duda, esta es una parte importante del comportamiento humano, pero no la
más específica o clarificadora. Hablar de conducta tiene como consecuencia prescindir de
la interioridad del quehacer humano, tanto en la intencionalidad de lo que se hace como
en su contenido y, por consiguiente, en el significado de la acción y de su producto
histórico. Amar a alguien no es lo mismo que la fricción entre sus cuerpos, y la lucha por
el poder no puede reducirse a movimientos musculares más o menos coordinados.
Ciertamente, el optar por el concepto de acción en lugar del término conducta, se arriesga
el sacar de nuevo la psicología del ámbito científico en que Watson pretendió introducirla.
No es posible entender la psicología en el mismo sentido que se entiende la física, la
química o la astronomía. Si ello tiene como consecuencia el que no se pueda hablar de
ciencia de la psicología, queda abierto a debate.

En todo caso, de poco serviría convertir la psicología en una ciencia si para ello hay que
eliminar primero aquella que sería más propio del objeto de una psicología del ser
humano, es decir, el sentido de su quehacer al interior de una historia.

Se afirma que la psicología como ciencia procede de acuerdo con una coherencia y
racionalidad propias. Si se habla de racionalidad es porque puede darse también una
irracionalidad e incoherencia, y ello en el corazón mismo de la psicología como ciencia.
La irracionalidad puede darse a muchos niveles, desde el punto de partida hasta los saltos
injustificados en las conclusiones, pasando por los terrenos tan visibles de las deficiencias
metodológicas. Acabamos de mencionar una de esas irracionalidades en el punto de
partida; la irracionalidad del conductismo, que presupone que la psicología tiene que ser
como las ciencias naturales y, en consecuencia, proceda a reducir su objeto a lo que los
métodos de esas ciencias pueden abarcar.

Supuesta una racionalidad propia de la ciencia psicológica, el carácter ético de la actividad


psicológica consistirá en permanecer fiel a ella. En otras palabras, si uno mantiene una
concepción psicoanalítica, deberá utilizar su esquema de análisis y de comprensión.

Esto no es muchas veces fácil en psicología. No lo es, ante todo, por las exigencias del
medio social o institucional en que uno trabaja, que reclaman unos resultados y persiguen
unos objetivos. El director del centro escolar, por ejemplo, no quiere que se perturbe a los
padres de familia, con lo que el psicólogo tendrá que ignorar aspectos básicos en los

23
problemas escolares de los alumnos. Pero tampoco es fácil permanecer fiel a la
racionalidad psicológica porque el mismo psicólogo no es ajeno a los análisis que realiza;
en otras palabras, sus propios problemas y aspiraciones pueden jugar un papel importante
ya que constituyen la materia de su análisis. Las fantasías sexuales de una esposa cuyo
matrimonio ha entrado en crisis pueden despertar inquietud en la psicóloga acerca de su
propia situación familiar.

Hay un elemento adicional, propio de la psicología, que a veces hace difícil permanecer
fiel a su racionalidad: el hecho paradójico de que la psicología científica pretende mostrar
racionalmente la irracionalidad de comportamientos aparentemente racionales. No se
trata de un juego de palabras; se trata de que el desentrañamiento de lo que hay detrás
de comportamientos en apariencia normales y la verificación racional de estos
mecanismos resulta a menudo confusa o puede encubrir justificaciones en las que se
traduzcan los propios prejuicios. Descubrir insatisfacción tras un cuidado excesivo a los
hijos puede ser una demostración racional de los excesos en el control paterno; pero
puede amparar también los prejuicios del propio psicólogo acerca de la educación familiar.
A veces el desenmascaramiento de la irracionalidad no es tanto una coherencia con el
propio saber psicológico cuanto una manifestación de la incapacidad científica de un
determinado psicólogo. No es raro que se presente como complejidad psicológica lo que
es simple ignorancia científica. Remitir, por ejemplo, a la fisiología lo que es estrictamente
comportamental o remitir a traumas y complejos lo que no pasa de ser una deficiencia o
una lesión orgánica, son instancias típicas donde no hay racionalidad de la irracionalidad,
sino simple y pura ignorancia.

Incluso si se permanece fiel a la racionalidad propia de la psicología como ciencia, cabe


una diferenciación de carácter ético en muchos puntos del análisis. Es bien sabido que,
en la investigación, a menudo los datos dan pie para continuar por múltiples caminos, sin
que la teoría sea capaz de iluminar por dónde seguir. De manera equivalente, a menudo
hay que optar por un camino u otro en la aplicación práctica de la psicología. Esto es
característico de los procesos de orientación profesional o en las psicoterapias. Dar el
paso de un perfil de la personalidad y de las aptitudes individuales a la elección de una
determinada carrera, ocupación o trabajo supone un salto insuficientemente justificado
por los datos disponibles.

Llegados al punto de la elección, la persona puede decidir entre estudiar medicina o


abogacía, entre especializarse en la administración de empresas o dedicarse a la
investigación científica, entre seguir una carrera humanística u optar por una profesión
con horizonte más lucrativo. ¿Qué recomendar? Entran aquí, sin duda, conflictos serios
entre las necesidades y los deseos, entre el valor social de las profesiones, así como las
limitaciones de la propia estructura personal y social. El paso no está justificado por los
datos psicológicos conocidos, sino sólo por elecciones de valores de los que el psicólogo
tiene que ser muy consciente

24
b) Por actividad psicológica hemos entendido también la actividad práctica del psicólogo.
La práctica psicológica es orientada y guiada por la intencionalidad intrínseca de la ciencia
psicológica, encaminada al conocimiento, comprensión, orientación y cambio de la acción
personal e interpersonal. Por ello, lo que primariamente interesa a la ética psicológica no
es la intencionalidad propia o individual de cada psicólogo, sino la intencionalidad del
proceso mismo de la psicología.

Este es un punto crucial. Al examinar una actividad psicológica concreta, podemos


considerar por un lado lo que el psicólogo pretende realizar y conseguir, es decir, sus fines
subjetivos. El psicólogo puede proseguir, por ejemplo, ayudar a alguien y así ganar un
dinero. Para ayudar a la persona, tratará de aplicar los medios más adecuados, según su
conocimiento. Ahora bien, los medios que en concreto aplique -una terapia u otra, unos
tests u otros- tienen también su propia intencionalidad: el proceso tiende por sus propias
características hacia un horizonte. Esa intencionalidad del proceso mismo es objeto de
interés fundamental para la ética. Se puede presuponer que un psicólogo tiene una buena
intención acerca de las personas a las que sirve; el punto está en si su servicio realiza lo
que el psicólogo pretende. El bien o mal producido por la actividad psicológica puede ser,
en este sentido, independiente del bien o mal buscado por el psicólogo. No se trata por
tanto, de lo que un psicólogo concreto puede perseguir, por ejemplo, con una dinámica
de grupos, sino lo que el proceso mismo de dinámica de grupos hace posible en las
personas.

Entendemos por ética "una praxis iluminada teóricamente, que pretende la transformación
del hombre, de la sociedad y de la historia" (Ellacuría). La ética tiene así un momento
teórico, pero es fundamentalmente una actividad. Esta concepción choca, sin duda
alguna, con nuestra mentalidad más o menos explícita sobre la ética, por lo general
identificada con su momento teórico. La concepción normal hace de la ética unos
principios, independientemente de su extensión y aplicación.

La ética, ciertamente, tiene un momento teórico, ya que pretende racionalizar con sus
principios y métodos propios la actividad del hombre y de lo humano. Racionalizar significa
hacer conforme a la razón. En su momento teórico, la ética estudia esa racionalización de
toda actividad humana y los supuestos de esa racionalización. En lo que respecta a la
psicología es decir, como ética psicológica en su momento teórico estudia la
racionalización y humanización de la actividad psicológica, es decir, que esa actividad sea
conforme a razón, conforme al carácter de lo humano.

La ética, sin embargo, es fundamentalmente una actividad transformadora, una praxis de


la transformación. La ética se constituye y vive en la tensión dialéctica de lo que es y de
lo que debe ser. Precisamente esta tensión es la que se expresa en los juicios de valor
sobre lo que es bueno y lo que es malo. Por ello, la ética no sólo presupone la posibilidad
del cambio, sino que en esa posibilidad se apoya y a ella apunta.

no debe ser (malo)

25
"es" praxis transformadora

sí debe ser (bueno)

La tensión dialéctica y transformadora no se reduce a niveles de voluntad individual, sino


que alcanza el proceso social e histórico. Esto significa que la ética no es algo que
únicamente concierne a la persona individual; la ética concierne también a la sociedad y
a "lo social", es decir, a las estructuras y procesos sociales a todos los niveles, ya que
también a ellos es atribuible el juicio de bondad y maldad. Por eso no es inadecuado
hablar de una ética institucional, y que establece un juicio sobre la bondad del ser y
quehacer de las instituciones, como un hospital, una escuela o un ministerio.

No se afirma que la voluntad individual no cuente para la valoración ética o que la


voluntad individual no pueda afectar al movimiento histórico-social. No se mantiene aquí
una forma rígida de determinismo histórico. Lo que se afirma es que la ética alcanza
niveles estructurales y objetivos, que desbordan lo que constituye el ámbito del querer
personal y de las intenciones individuales.

Un análisis objetivo y empírico de la actividad psicológica muestra con evidencia la


presencia intrínseca de lo ético en lo psicológico. Ante todo, los terrenos más comunes
de trabajo de la actividad psicológica tocan puntos neurálgicos de la organización social:
la familia, la educación, la administración de justicia, las relaciones laborales, la
publicidad, etc. La importancia de estos aspectos de la vida social hace importante
cualquier actividad que pueda repercutir en ellos de forma significativa.

La psicología se introduce en todos estos campos como un intento expreso de


humanización, de crecimiento humano y cultural: se trata de comprender mejor a la
persona, de entender más a fondo todos aquellos aspectos que permiten a los seres
humanos lograr una vida mejor, de profundizar en el planteamiento más adecuado de
aquellos problemas que enfrentan los individuos y los grupos y les impiden su desarrollo
y plenitud. Cuando la psicología acierta en sus esfuerzos, produce el bien: evita el
sufrimiento, resuelve los conflictos, potencia el crecimiento y la felicidad; cuando la
psicología yerra, produce el mal: incrementa el padecimiento, agudiza los conflictos,
entorpece la madurez y bloquea la libertad y la plenitud humanas. Todo esto significa
que la dimensión ética no tiene que ser "introducida" desde fuera, que el juicio sobre la
bondad o maldad de la psicología no es ulterior a su constitución ni extrínseco a su
proceso; la dimensión ética está ya, como parte constitutiva de la psicológico, y tan sólo
es preciso dar razón explícita de esa presencia.

En un famoso simposio sobre el control de la conducta, B.F. Skinner y Carl R. Rogers, a


quienes se puede ubicar en polos muy distantes de las teorías psicológicas, coinciden
sin embargo en que la actividad psicológica pone en juego una serie de valores, se los
califique o no como tales, y se reconozca o no su naturaleza ética (Rogers y Skinner,
1972).

26
Para B. F. Skinner, la ética no es más que una técnica de control social y los valores,
una serie de refuerzos. A nivel de análisis estrictamente conductual, esto es cierto. Pero
sin duda se trata de un análisis reduccionista, donde cualquier realidad y, para el caso,
el carácter ético del quehacer humano, es reducido al nivel del esquema "estímulo-
respuesta", perdiendo en el proceso de reducción su carácter específico, su sentido más
propio. Pero incluso partiendo de un punto de vista tan estrecho como el de Skinner se
puede invertir sus conclusiones. Porque el mismo problema por él planteado tiene otra
cara. La actividad puede plantearse no desde la psicología conductista, sino desde la
ética, y entonces se puede afirmar que si la actividad pone en juego refuerzos y
controles, es que de hecho está movilizando lo que otros llaman valores; en otras
palabras, si la actividad psicológica es una forma de control que pone en juego diversos
tipos de refuerzos, ello quiere decir que es una actividad intrínsecamente ética, buena o
mala según los casos. Precisamente si algo defiende con claridad Skinner es que hay
que tomar en cuenta la realidad ineludible de esta puesta en juego de los valores o, en
sus términos, de los controles. Se quiera o no, se reconozca o no, ahí están los
controles, y la actividad psicológica trabaja con y sobre ellos (ver Skinner, “Más allá de la
libertad y de la dignidad”).

Carl R. Rogers tiene un planteamiento distinto. Según él, los valores están fuera de la
ciencia y es la elección previa y subjetiva del psicólogo la que los pone en juego. En
otras palabras, o el científico hace una opción de valores (subjetiva) que dirija su
actividad, o pondrá de hecho su ciencia al servicio de los valores de quien detenta el
poder. Eso, añade Roger, presupone que el quehacer psicológico está arrastrando de
por sí lo que se llaman valores; la ciencia adquiere un significado en tanto que persigue
objetivamente un propósito que ha sido elegido en forma subjetiva por una o varias
personas. Es decir, la misma estructura objetiva de la ciencia busca unos u otros
valores, aunque según Rogers esos valores hayan sido incorporados por la decisión de
los científicos.

Tanto Skinner como Rogers mantienen, aunque en términos muy distintos, la presencia
de lo ético en lo psicológico, presencia ineludible, ya sea como parte de su misma
estructura (Skinner) ya sea incorporada por decisión, implícita o explícita, del psicólogo.
Ambos puntos de vista resultan insuficientes e insatisfactorios, pero muestran la
afirmación básica de que lo ético está factual y necesariamente presente en la actividad
psicológica.

No se trata de hacer una psicología de la ética o de la moral

Una psicología de la ética pretende explicar, según los principios conocidos de la


psicología, el surgimiento y presencia de las valoraciones éticas en la vida de las
sociedades y de los seres humanos, y mostrar cómo esas valoraciones configuran el ser
y el quehacer de las personas.

27
Son clásicas ya en psicología las visiones de Freud y de Piaget sobre la estructura
psicológica de la moral, o el esquema evolutivo de Kohlberg, construido sobre el
planteamiento de Piaget. El mismo Skinner, como acabamos de ver, está preocupado con
el problema ético de la conducta que él reduce conceptualmente a su esquema de
controles. El hecho de que Skinner haya escrito una utopía psicotécnica ("Walden dos") y
el que, más o menos explícitamente, asuma como deseables ciertas metas en la vida
humana (la felicidad, la paz, la riqueza, la belleza), muestras que también Skinner tiene
una concepción de la ética.

En algunos casos, la comprensión lograda sobre el cómo y el porqué psicológico de los


comportamientos éticos lleva a un vaciamiento del juicio ético sobre determinadas
acciones, como si el hecho de comprender los mecanismos psíquicos que operan en el
proceder en cuanto ético eliminara o substituyera su peculiar sentido y naturaleza. El que
una persona sufra mucho debido a su cónyuge explica el porqué pueda en un momento
determinado golpearle, pero no elimina su carácter negativo ni suprime, por tanto, la
responsabilidad de la persona.

Sucede aquí algo similar a lo que ocurre en ciertos análisis psicológicos de los fenómenos
religiosos: al descubrir que el comportamiento religioso reviste o puede revestir formas
neuróticas se deduce que la religión "no es más que" un esquema de comportamiento
neurótico y, por lo mismo, se le descarta del horizonte del hombre mentalmente sano.
Este tipo de reduccionismo "arroja al tierno con el agua sucia".

El que la religión se viva a través de un comportamiento sano o neurótico no dice todavía


nada de por sí sobre la verdad o la falsedad de esa religión, en el sentido de probar la
existencia o la no existencia de un Dios y de unos vínculos entre Dios y el ser humano. El
hecho de que un objeto sea percibido alucinatoriamente nada dice de por sí sobre la
realidad e irrealidad objetiva de ese objeto. Epistemológicamente, la estructura del acto
de conocimiento no determina la realidad o irrealidad de su objeto.

El punto que aquí nos interesa afirmar es que una psicología de la ética en ninguna
manera puede pretender absorber y menos eliminar la ética. Una cosa es que los valores
constituyan de hecho unos refuerzos conductuales (lo que significa ya una interpretación
muy particular del fenómeno analizado), y otra cosa es que se pueda prescindir de esos
valores como ficciones o ladearlos por "no ser más que" refuerzos sociales. Así, aunque
la ética quedara adecuadamente explicada como una técnica de control social (que no lo
queda), la misma ciencia estaría sometida a ese control, pues la ciencia no se da en el
abstracto ni elude los determinismos históricos. La psicología no se encuentra "más allá"
del bien y del mal; por el contrario, es parte del bien y del mal histórico, precisamente
aquella parte que nos es socialmente encomendada. Al hablar de la psicología como ética
se pretende llevar a la conciencia que la psicología es, tanto o más que otras ciencias,
una tarea fundamentalmente ética

28
Al entender la actividad psicológica y la ética como las hemos definido aquí, y haciendo
por ahora abstracción de las diversas escuelas psicológicas, en nada se desvirtúa su
entidad ni su identidad propia al afirmar su profunda imbricación. Mostrar la
interdependencia entre psicología y ética es descubrir su estructuración más profunda así
como su totalización. Se afirman, por tanto, cuatro puntos:

1. que ética y psicología se relacionan;

2. que ética y psicología está imbricadas;

3. que la psicología incluye la ética; y

4. que la ética incluye lo psicológico.

Si no penetramos en el fondo de la psicología, fácilmente incurriremos en el psicologismo,


de la misma manera que si no penetramos en el fondo de la ética, caeremos en el
moralismo. En ambos casos, el "ismo" apunta a una reducción de sentido, a una
verdadera evacuación del ser propio de cada disciplina, del que se afirma que "no es más
que" una forma de otro ser. El psicologismo, en concreto, al que tan propensa es nuestra
cultura actual, consiste en "la tendencia a considerar la psicología como el centro o, por
lo menos, como la propedéutica de todo saber cuando se estima que éste es siempre
saber existente en un sujeto psicofísico y, por lo tanto, determinado por él" (Ferrater Mora,
1966, II, pág. 503).

A fin de evitar el reduccionismo en una u otra dirección, es necesario totalizar, es decir,


ver en todas sus dimensiones y ramificaciones tanto a la psicología como a la ética. En
ambos casos, se trata de procesos que, si no se totalizan, quedan falsificados. Sin
embargo, no cualquier totalización evita la falsificación, sino sólo una totalización reflexiva.
Una totalización factual, por el contrario, al reducirse a lo ocurrido (o a lo conocido
ocurrido), no tiene presentes las condiciones totales y aboca a una absolutización
deformadora. Así, se da una inadecuada totalización cuando:

a) se ignoran los propios límites y todo queda reducido a un nivel; por ejemplo, todo queda
explicado psicológicamente, con lo que se falsifican otros muchos aspectos de la realidad;

b) se ignoran las repercusiones estructurales que otras consideraciones científicas de la


realidad tienen sobre la explicación ofrecida por la propia disciplina (en nuestro caso, la
psicología); por ejemplo, se desechan las consecuencias que sobre la realidad de la
inteligencia tienen los hechos estudiados por la antropología, la economía o la historia;

c) se ignoran las consecuencias que la propia disciplina (la psicología), la propia actividad,
tiene en otras esferas de la realidad; por ejemplo, el impacto social de la psicología sobre
la estructura familiar, o el bloqueamiento que se pueda hacer a opciones humanas nuevas
y diferentes al definir de una manera la salud mental.

29
Por el contrario, la totalización reflexiva pone en claro los límites y las condiciones de la
totalización. Para el caso que nos ocupa, una totalización reflexiva nos indicará hasta
dónde sí y dónde no, en qué condiciones y bajo qué aspectos es buena o no lo es la
actividad psicológica. Sólo realizando esta interiorización y totalización de la psicología
respecto a la ética, la psicología cobrará conciencia realista sobre sí misma, sobre sus
potencialidades, sus tareas y sus limitaciones.

Concebir a la psicología como tarea ética es una consecuencia de su propio carácter, ya


que se define a sí misma como un intento "científico" por transformar los actos y
comportamientos personales y grupales, y en la transformación, en la tensión entre el ser
y el deber ser, se asienta la ética. Ahora bien, para aclarar y entender la psicología como
tarea ética hay que analizar el problema de las distintas dimensiones de lo psicológico e
indicar la esencial conexión de esas mismas dimensiones.

La psicología tiene una esencial dimensión científica y técnica, sin la cual ni siquiera cabe
hablar de dimensión ética. Ya se ha visto que, en cuanto teoría y en cuanto práctica, la
psicología tiene una racionalidad propia debida a la naturaleza de los procesos que
constituyen su objeto. Aun en el supuesto de que la psicología proceda de opciones
previas y/o de supuestos ajenos a la actividad psicológica, una vez constituida como
ámbito propio, tiene su peculiar racionalidad inmanente. Esto es lo que ocurre por ejemplo,
con la visión conductista de Watson o de Skinner, cuyos presupuestos se encuentran en
el positivismo, o con la psicología existencial de Binswanger o May, cuyas bases hay que
buscarlas en el existencialismo.

Esta racionalidad inmanente es propia tanto a la teoría como a la actividad psicológica, y


se cifra en el análisis de los procesos comportamentales. En este sentido, que se siga una
escuela u otra es un aspecto relativamente secundario; lo importante es que se esté y se
permanezca en el ámbito de lo psicológico.

El desconocimiento de esta esencial dimensión científica y técnica es la anulación de la


psicología y, por consiguiente, su negación ética. Así, pues, el primer principio de la ética
psicológica debe ser el que la psicología sea lo que debe ser como psicología. Convertir
la psicología en fisiología o en sociología o en política es alterar en forma esencial su
racionalidad y, en esa medida, su intrínseca exigencia científica.

La ética psicológica no sólo no sustituye a la psicología como tal, sino que la exige. En
otras palabras, para que un psicólogo sea éticamente bueno, primero tiene que ser un
buen psicólogo. La incapacidad o incompetencia científica es el más grave impedimento
ético.

Es claro que si una persona va al médico el bien que pretende recibir de él depende de
su calidad científica; tanto mejor podrá curarle el médico cuanto más sepa de medicina y
cuanto mejor conozca el diagnóstico y terapéutica de las diversas enfermedades. La
bondad personal del médico no suple su saber científico, y menos aún su opción

30
ideológica o política. Esto que aparece en forma tan evidente en el caso del médico, puede
y debe aplicarse al psicólogo y a la psicología.

Fuera de esta dimensión científico-técnica, la psicología tiene también una esencial


dimensión ética. En general, la dimensión ética orienta en el horizonte de lo humano todas
las tareas en las que el ser no alcanza al deber ser. Por ello, si no hay movimiento
biográfico o histórico, no hay razón para lo ético; pero, si lo hay, lo ético es necesario.
Estrictamente hablando, nada hay más absurdo que una ética estática.

La ética no sustituye a las otras dimensiones, pero establece un juicio sobre ellas, es decir,
las pone en "crisis": cada dimensión es examinada en lo que es frente a lo que debe ser.
La dimensión ética es intrínseca y esencial a la psicología. Lo es, ante todo, a la praxis
del psicólogo, ya que lo que hace puede y debe ser juzgado por criterios de bien y mal: si
el psicólogo orienta a las personas, ayuda a superar sus problemas y dificultades, si
potencia el crecimiento o la riqueza de las relaciones interpersonales e intergrupales. Pero
la dimensión ética es esencial e intrínseca también a la praxis psicológica misma, en
cuanto constituye un tratamiento técnico de lo humano. La acción hoy y la acción mañana
involucran al ser mismo del hombre en cuanto que progresa o no, en cuanto que mejora
o empeora. Es el ser humano y la sociedad las que están en juego en la praxis psicológica,
y ello con independencia incluso de la voluntad o intención de cada psicólogo en particular.

Por consiguiente, psicología y ética coinciden en el campo común de la transformación


del ser humano o por el ser humano mejor. Es interesante observar, a este respecto, cómo
gran parte de la psicología brota de un análisis y de un intento por comprender los
comportamientos y procesos patológicos, considerados como algo indeseable,
inadecuado, malo, a fin de poderlos modificar. Alfred Binet, por ejemplo, trataba de ofrecer
una respuesta al problema escolar del aprendizaje cuando diseñó sus pruebas para medir
la inteligencia; Sigmund Freud elaboró su sistema psicoanalítico al tratar de curar los
sufrimientos de sus pacientes histéricas; Kurt Lewin trataba de potenciar la eficiencia en
el quehacer de los grupos y la comprensión en las relaciones intergrupales. Todos ellos
examinaban lo defectuoso, lo malo en el ser comportamental de personas y grupos, a fin
de abrir caminos a su transformación hacia un deber-ser mejor.

Ahora bien, la transformación del comportamiento del ser humano afecta en forma
inmediata a la sociedad y a la historia, que por sí mismas tienen también su deber-ser.
Son muchos los psicólogos que reconocen en forma explícita este influjo del ser humano
sobre la sociedad. Toda teoría dialéctica de la actividad psicológica mantiene el principio
de la interacción mutuamente constitutiva entre hombre y sociedad como un postulado
fundamental. Pero incluso algunas corrientes neoconductistas, que tradicionalmente
postulaban de una manera más o menos abierta el determinismo ambiental, reconocen
hoy que "de hecho, el funcionamiento psicológico supone una interacción continua y
recíproca entre la conducta y las condiciones que la controlan", de tal manera que "las
personas, lejos de ser regidas por un ambiente impositivo, desempeñan un papel activo

31
en la construcción de sus propias contingencias de refuerzo a través de sus modalidades
características de respuesta" (Bandura, 1969, pág. 46).

Acerca de la repercusión que la psicología, en cuanto ciencia que busca la transformación


del ser humano, tiene sobre la sociedad y la historia, sería interesante recordar la tesis de
Wilhelm Reich acerca del moldeamiento del carácter a partir de los regímenes políticos y
el consiguiente efecto de ese carácter sobre posibles modificaciones posteriores del
régimen político social. Podría estudiarse también el efecto que una psicología
reduccionista ha podido tener en la formación de una generación calificada de "narcisista"
en los Estados Unidos. En todo caso, es claro que no es posible desligar el quehacer de
la psicología con la evolución de las sociedades.

La ética es precisamente el ordenamiento de esa transformación del ser humano, de la


sociedad y de la historia, realizado en una forma refleja y racional. Este ordenamiento no
es ulterior a los procesos de transformación, sino que constituye una dimensión esencial
de ellos. Cabría preguntarse si algunas de las últimas obras de Skinner no son
primordialmente un esfuerzo ético, es decir, un intento por ordenar en forma refleja y
racional la transformación del hombre, de la sociedad y de la historia.

La ética psicológica es así parte esencial de la psicología y no un añadido a una psicología


que de por sí fuera ya completa sin esa consideración (dimensión) ética. De hecho, los
mejores teóricos de las diversas escuelas de psicología terminan interrogándose, antes o
después, sobre los principios éticos en los que apoyan sus decisiones técnicas, ya que
esas decisiones afectan directamente al ser y quehacer de las personas y, por tanto, sus
opciones vitales. Por tanto, con la ética no se está tratando de hacer una crítica ideológica
desde supuestos filosóficos ajenos a la psicología, sino de realizar una crítica desde los
mismos planteamientos psicológicos.

No se puede partir del desconocimiento de la "realidad" psicológica a partir de un supuesto


conocimiento apriorístico de la "naturaleza humana", ya que no hay conocimiento real del
hombre al margen de lo que la praxis y la ciencia psicológicas dicen del hombre en una
de sus dimensiones esenciales. Así, pues, no se puede apelar a que el ser humano es de
tal o cual manera "por naturaleza", aunque la psicología no haya podido todavía captar
esa "realidad natural". Pero, a su vez, hay un peligro de absolutización ideológica de lo
psicológico, como si el hecho de que toda acción sea psicológica permitiera suprimir una
serie de consideraciones sobre el ser humano y lo humano, ajenas a la teorización
psicológica: consideraciones filosóficas, económicas, políticas u otras.

Ahora bien, supuesto el conocimiento psicológico, es necesario hacer una crítica de sus
planteamientos, sacando a la luz sus fundamentos, sus supuestos y sus opciones más o
menos explícitas. Se exige, por tanto, considerar la praxis psicológica histórica en toda su
complejidad: en lo que de verdad hace, ya sea directa ya sea indirectamente. Se exige
que esa praxis sea cuestionada desde lo que es totalmente en la realidad.

32
Psicología y moral

Además de todo lo dicho hasta aquí, un análisis de la praxis psicológica nos muestra
que existe otra esfera en la que, en forma reduplicativa, entran en relación la psicología
y la ética: la esfera de lo que podemos llamar "orientación vital". Es bien sabido que el
psicoterapeuta ha tomado en nuestra sociedad parte del papel antes encargado al
sacerdote, al consejero espiritual o al pedagogo. Esto entraña un doble peligro:

a) que la psicología pretenda convertirse en ética y que, por lo mismo, se juzgue que
aquello que puede ser técnicamente posible y aun recomendable es también, y por lo
mismo, éticamente lo mejor; b) que se pretenda reducir los problemas de valores a
problemas de integración y adaptación psicológica.

Las técnicas extremas de lavado cerebral y similares, aun cuando son mucho menos
efectivas de lo que se ha hecho creer, muestran cierto campo para la manipulación. Es
claro que un terapeuta puede jugar un papel decisivo en la opción de vida que adopte su
paciente.

Es claro, también, que la psicología se ha plegado a las exigencias más explícitas de la


sociedad de consumo (de producción capitalista) en la estimulación y exacerbación de
las ambiciones y necesidades por medio de la publicidad. Pero incluso puede haber
manipulaciones mucho más sutiles del ámbito vital de las personas, condicionando sus
relaciones interpersonales, las condiciones laborales, los ideales en la vida social, etc.
Todo ello puede constituir de esta manera una absolutización de la técnica psicológica
que significa la anulación de la esfera moral, convertida la ética en psicología y la
psicología en tecnocracia al servicio del poder establecido.

Bibliografía
ARANGUREN, J. L. (1972). Erotismo y liberación de la mujer. Barcelona: Ariel.

BANDURA, A. (1969). Principles of behavior modification. New York: Holt, Rinehart &
Winston.

CASTILLA DEL PINO, C. (1972). Introducción a la hermenéutica del lenguaje. Barcelona:


Península.

DELEULE, D. (1972). La Psicología: Mito Científico. Barcelona: Anagrama.

ELLACURÍA, I. (1975) “Hacia una fundamentación del método teológico latinoamericano”,


en Estudios centroamericanos (ECA), n° 322/323, Universidad centroamericana “José
Simeón Cañas” (UCA), San Salvador, 1975.

FERRATER MORA, J. (1966). Diccionario de filosofía. Madrid: Alianza.

33
FIORI, Ernani María: Aprender a decir su palabra. El método de alfabetización del Profesor
Paulo Freire. Prólogo a “Pedagogía del Oprimido”, de Paulo Freire, Editorial Tierra Nueva,
Montevideo, 1970.

RICOEUR, Paul: “Riposta a la ideología: una nueva estrategia del conflicto”. Conferencia
dictada durante la Semana Social de Rennes, 1972.

SKINNER, B. F. (1971/). Más allá de la libertad y la dignidad [Beyond Freedom and


Dignity]. Cambridge: Hackett Publishing Company.

SKINNER, B.F. (1948). Walden dos. Cambridge: Hackett Publishing Company.

WATSON, J.B. (1925/1972). El conductismo [Behaviorism]. Buenos Aires: Paidós.

WEBER, M. (1904/1973). La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política


social. En Ensayos sobre metodología sociológica. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Referencia principal

Martín-Baró†, J., Ética profesional; International Journal on Subjectivity, Politics and the
Arts Revista Internacional sobre Subjetividad, Política y Arte, Vol. 11, (1), abril 2015, 55-
86

34
PSICOLOGÍA EN LÍNEA
DEONTOLOGÍA

3 créditos

Profesor Autor:

Mg. María Alexandra Gutiérrez

Titulaciones Semestre

• PSICOLOGÍA Séptimo

Tutorías: El profesor asignado se publicará en el entorno virtual de aprendizaje


[Link]), y sus horarios de conferencias se indicarán en la sección CAFETERÍA
VIRTUAL.

PERÍODO abril 2024/ agosto 2024


Índice

Contenido
Índice ......................................................................................................................................................................... 1
Unidad 2 .................................................................................................................................................................... 2
Valores fundamentales y psicología ......................................................................................................................... 2
Creencias personales y terapia ................................................................................................................................. 6
Consentimiento e información ................................................................................................................................. 7
Relación fuera del setting ....................................................................................................................................... 10
Vida privada y relación terapéutica ........................................................................................................................ 12
Sentido histórico-estructural de una actividad profesional. .................................................................................................. 14
Subjetividad y objetividad en la actividad psicológica ........................................................................................... 20
Lo pretendido por uno y por la naturaleza de las cosas ...................................................................................... 20
Bibliografía ........................................................................................................................................................ 24

1
Resultado de aprendizaje de la asignatura

Evaluar la personalidad de los sujetos en la atención psicológica

Unidad 2
LOS VALORES DE LA PSICOLOGIA.

Resultado de aprendizaje de la unidad: Identificar las categorías amplias de la


personalidad.

Valores fundamentales y psicología


La axiología es el estudio y teorización acerca de la naturaleza de los valores. El concepto
popularizado por Lapie, (2018) quien estudiaba los valores del espíritu desde la moral y
ética, posteriormente autores como Von Hartmann, Humme y Kant pasaría de ser un
término a una rama de la filosofía que se ampliaría a cuestionar incluso valores en relación
a lo estético, sentimental y espiritual. La axiología profundizaba en el estudio de la ética
porque buscaba identificar la razón detrás de que un valor sea considerado positivo o
negativo, para Humme, por ejemplo, esta distinción provenía del sentimiento que, a su
vez, provenía de la naturaleza del ser humano (Jaume et al., 2019).

Nos interesa rescatar la “ética material de los valores” de Max Scheler por dos motivos:
por un lado, estudia, analiza y jerarquiza todos los valores como un aspecto relevante del
ser humano; por el otro lado, este es uno de los autores que toma Viktor Frankl como un
antecedente filosófico dentro del ámbito axiológico (Frankl, 1966). Max Scheler (1874 -
1928) utiliza el método y enfoque fenomenológico para estudiar los valores, en
controversia con la concepción de Immanuel Kant. Para él, los valores son objetivos, no
se les puede derivar de otros entes o esencias, son independientes de que se les capte o
no, y tienen el carácter de "objetos ideales". Los valores se captan en un "a priori valoral",
en una evidencia o intuición según el "primado del amor" (en la dimensión de lo volitivo,

2
no de lo cognitivo). De allí su frase tan conocida: "Las cosas son percibidas, los conceptos
son pensados, los valores son sentidos. Scheler elaboró una "ética material del valor" y
afirma que existe una evidencia intuitiva de tipo no-deductivo que se muestra en la
ordenación jerárquica de los valores. La relatividad de los valores se daría sólo en
referencia a la limitación (ceguera al valor) del sujeto. En lo humano hay valores
personales, en lo material hay valores de bienes. En tanto realidad individual esta esfera
queda fuera de la discusión estrictamente filosófica (metafísica).

Max Scheler ha intentado una clasificación de estas formas de concebir el valor o teorías
sobre el valor, pero concluye finalmente que los valores no se justifican en las teorías,
donde es posible confundir la axiología como sistema de valores con un sistema de
preferencias estimativas. Es decir, Scheler rechaza cualquier tipo de "constructivismo"
valorativo o ético y considera los valores como fenómenos "objetivos", aunque de
objetividad distinta de la de las cosas, dados al sujeto valorante de una forma a priori, pero
no en el sentido formal kantiano (vacío de contenido), sino con contenidos concretos: lo
agradable, es el valor que se realiza en el nivel de lo sensible, lo noble se realiza en la
vitalidad y la energía humana, lo bello, bueno y verdadero se cumplen en la actividad
espiritual, y lo sagrado se percibe en una especie de super-amor. Para Scheler, el bien
moral consiste en elegir el valor objetivo más elevado percibido. Esa percepción o relación
al valor la describe Scheler, retomando el concepto de Pascal sobre el "ordre de coeur"
contrapuesto al de la razón, en una síntesis de lo sensible-emocional con lo racional-
espiritual.

En esta ética del valor, la respuesta moral se dirige no a cosas, sino a otras personas ante
las que debe realizar un valor más elevado: fidelidad, sentido del sacrificio, amor. En tales
situaciones puede darse una colisión de obligaciones morales, un estado de cosas en que
no es posible afirmar definitivamente qué es lo que se debe o no debe hacer y frente a
quienes. En este planteamiento se termina entonces en una cierta aporía, que abrirá el
camino a la actitud ética existencialista.

Este autor sostiene que la vida emocional tiene tres capas:

Sentimiento puro: es la especie más característica de la intencionalidad emocional. Aquí


se abre el universo de los valores: el bien y el mal, lo sagrado y lo profano, etc. Se
experimenta el sentimiento de la belleza ante una puesta de sol, sin percibir su grado de
relación con los otros valores.

Actos de preferencia y de repugnancia: por medio de ella se intuyen los grados de cada
valor y el orden de los valores. La preferencia o repugnancia intuitiva es la que decide si
el valor de una persona es superior al valor de otra; si los valores vitales son inferiores a
los valores espirituales, etc. Para Scheler preferir lo bello a lo agradable es un acto de
preferencia pura (Scheler, 2004).

3
Actos de amor y de odio: son los actos supremos de la intencionalidad emocional. Cuando
alguien siente amor percibe valores y cualidades que no ve el que no siente amor. El acto
de amor prepara al sujeto para percibir lo que puede ser invisible, o sea que actúa como
guía.

Para Kant los valores eran subjetivos, por lo que se debía buscar orientar los valores
desde la razón hacia un ideal; para Marx, por otro lado, estaban ligados a las condiciones
socioeconómicas de la sociedad del sujeto por lo que, estableciendo su teoría de valores,
defendió un ideal; Scheler pensaba distinto e intentó jerarquizar los valores y establecer
una “ética axiológica”. Estos estudios ligados a los intereses sociales, llevaron a (Jaume,
y otros., 2019) a estudiar los valores, precisamente, desde la ciencia y no solo de forma
teórica como la mayoría de sus predecesores. (Hofstede, 2010: Schwartz, (1992)
realizaron estudios empíricos en diversos países generando información estadística
amplia usada hasta la actualidad en distintos campos empresariales como ventas, talento
humano, relaciones públicas y otros.

Desde los aportes de la psicología se puede extraer que, aunque hay valores comunes
entre personas de distintas culturas, existen diferentes percepciones generales que
cambian dependiendo el lugar; entonces, desde la evidencia empírica se puede entender
a los valores como pautas normativas que generan sesgos cognitivos que influyen
fuertemente en el juicio de valor de los individuos (González, y otros, 2007). Sin embargo,
como se ha mencionado la axiología es fundamentalmente una rama de la filosofía que
examina los valores desde la lógica y en sí misma no debe estar ligada a los estudios
empíricos. Aunque la axiología haya conducido a toda una rama de psicología moral, no
hay nada que obligue a un autor a escoger un camino de estudio u otro, desde la razón
con argumentos o desde la experiencia con datos, pese a la metodología que se elija, la
axiología hace referencia al mismo fin (Palencia, Ben, 2019).

Pero, ¿por qué es importante la ética en la psicología? Savater (2003) concluye que la
ética es el arte de saber vivir, y lo entiende así porque el interés humano en la ética es
intrínseco a su naturaleza, ya que tiene que ver con nuestra condición de seres cuasi
libres con capacidad de elegir en parte nuestra forma de vivir y de tomar decisiones
convenientes o inconvenientes que favorezcan o no, nuestra existencia. Como seres
humanos, constantemente estamos eligiendo comportamientos, detrás de los cuales hay
un motivo ético. Quizás este motivo no es del todo consciente en algunos momentos y el
saber tomar las decisiones apropiadas con frecuencia no es tarea fácil, mucho menos en
un terreno tan lleno de ambigüedades como el de las relaciones humanas. Todos
podríamos estar de acuerdo en que lo conveniente es elegir “lo bueno”; sin embargo,
¿Qué es realmente lo bueno?, ¿Quién lo define?, ¿Para quién es bueno? Históricamente,
lo bueno se ha relacionado, a veces, con las órdenes o con el deber: Esto es lo que me
han dicho que haga y si la autoridad así lo ha dicho, entonces es bueno. Lo bueno también
se ha identificado con las costumbres: Esto es lo que siempre se ha hecho, entonces debe
estar bien. Finalmente lo bueno se ha relacionado también con los gustos, los intereses y

4
los deseos. Sin embargo, sabemos que hay órdenes equivocadas, costumbres
inconvenientes y gustos, intereses o deseos incompatibles para unos y otros. Tratar de
entender qué es lo bueno no puede hacerse al margen de la axiología o ciencia que
estudia los valores (Frondizi, 1995). La ética, y como veremos más adelante, la bioética,
se fundamentan en valores y principios. “Un valor es todo aquello que las personas
percibimos con un grado de significancia” (Suazo, 2002). Es decir, los valores son los
principios, creencias, cualidades o normas que determinan nuestra conducta. Los
filósofos, sobre todo, los que se han dedicado a la Axiología, han debatido mucho si los
valores son subjetivos, o sea, si algo tiene valor o es bueno porque yo como sujeto le
confiero ese valor; o si por lo contrario, son objetivos, es decir, están ahí
independientemente de que algún sujeto los perciba. La conclusión de este amplio debate,
es que los valores son tanto subjetivos como objetivos, y que el grado de una u otra
condición dependerán de la ubicación del valor en la jerarquía axiológica de cada persona
o sociedad. Hay cosas que me interesarán y me gustarán a mí, por lo tanto, son valiosas,
pero a otros no le importarán; pero también existen cosas que son valiosas
independientemente de lo que yo considere. Los valores que generalmente se colocan en
la parte superior de la escala se refieren a aspectos fundamentales, como el valor de la
vida, la justicia o la verdad, los cuales, tienden a ser más objetivos o a depender menos
de las percepciones individuales. Los valores que se colocan en el nivel inferior, como las
preferencias personales en cuanto a comidas o manera de vestir, son más subjetivos
(Frondizi, 1995). Cada individuo forma su sistema de valores que podrá diferir del de los
otros y no por eso ser mejor ni peor. Pero existen también normas y principios generales
que conforman el sistema axiológico colectivo: los valores de la sociedad. Sin éstos
nuestra convivencia sería unes y difícilmente se podrá fijar una definitiva. Asimismo, la
cultura moldea los valores por los que se rigen las personas.

En la práctica de la psicología contrastaremos constantemente nuestros valores con los


de nuestros clientes o pacientes, por eso es tan importante poder tener claro que muchas
veces valoramos de manera diferente y que hacer valer la autonomía de los demás es
respetar su sistema de valores, aunque no coincidan con los míos, a pesar, de que con
frecuencia, nos han hecho creer que son infalibles y que es nuestro deber y
responsabilidad imponerlos. En este sentido, me parece oportuna la reflexión de Frondizi
(1995) cuando afirma “someter a examen crítico las tablas de valores que influyen nuestra
conducta es tarea irrenunciable de todo hombre culto”. Es imprescindible que todo
profesional de la conducta autoanalice su tabla de valores y los valores que sustentan su
método o modelo de ayuda.

Al llegar a este punto, quiero adentrarme en el campo de la bioética. La Enciclopedia de


Bioética (citada por Suazo, 2002) define esta disciplina como el estudio sistemático de la
conducta humana en el área de las ciencias de la vida y del cuidado de la salud, en cuanto
dicha conducta es examinada a la luz de los valores y principios morales. Por su parte,
Fernando Lolas, bioeticista chileno, refiere que la bioética es el intento de lograr
procedimientos seculares consensuados para formular, analizar, y ojalá atenuar los

5
dilemas que plantea la moderna investigación médica y biológica (Lolas, 1998). Además
explica, que esta disciplina es secular porque intenta superar dogmas y
fundamentalismos; y consensuada, porque propone el diálogo deliberativo y
multidisciplinario como proceso de toma de decisiones.

El surgimiento de la bioética constituye un cambio de paradigma en la relación profesional


de la saludpaciente o cliente, ya que la misma pasa a ser menos vertical y más horizontal,
y como dice Suazo, se pasa del arte mudo al arte hablado en el sentido de que se
reconoce el derecho del paciente a saber lo que tiene y a tomar las decisiones que crea
más conveniente. La bioética surge como una necesidad de humanizar los avances
científicos y tecnológicos presentes en las ciencias de la salud, pero se ha extendido a
todas las profesiones, y a mi entender no es sólo una disciplina, sino una forma de ver la
vida y nuestra relación con los demás.

Cuando concretizamos los principios bioéticos en la práctica clínica, consideraremos la


beneficencia y la no maleficencia cuando, por ejemplo, hagamos uso de las técnicas y
procedimientos para los que estamos entrenados, respetemos el trabajo de nuestros
colegas, no nos aprovechemos de la ignorancia o desconocimiento del paciente para
obtener beneficios económicos o de otra índole, establezcamos una relación terapéutica
fundamentada en la verdad, protejamos y defendamos los derechos de nuestros
pacientes, diferenciemos entre enfermedad y enfermo, colaboremos en alejar los riesgos
o peligros que puedan amenazar a nuestros clientes y respetemos cada ser humano sin
discriminación.

La autonomía se verá reflejada cuando veamos a las personas como seres humanos con
“recursos” para mejorar y tomar decisiones buenas, cuando respetemos sus puntos de
vista o visiones del mundo, cuando respetemos el derecho de confidencialidad, cuando
evitemos cualquier tipo de coerción que pueda estar afectando la voluntad del paciente,
cuando informemos sobre los procedimientos e intervenciones a realizar y solicitemos
consentimiento y cuando aportemos información fidedigna sobre los beneficios y los
riesgos del tratamiento. Estos dos últimos aspectos nos llevan al tema del consentimiento
informado.

El principio de justicia se verá objetivado en nuestra práctica en el momento que


promovamos el derecho a la salud mental para todos los ciudadanos, fomentemos una
distribución de recursos más equitativa y velemos porque los más desposeídos reciban
cada vez más una atención de calidad.

Creencias personales y terapia

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Consentimiento e información
La pauta deontológico-jurídica del Consentimiento Informado constituye uno de los
principales capítulos de la ética contemporánea, fundado en el principio de autonomía y
en el resguardo del derecho de las personas de someterse a un tratamiento o cualquier
otra forma de intervención psicológica sólo bajo su aceptación libre y voluntaria. Sus
orígenes se remontan al ¿nal de la segunda guerra mundial, con el enjuiciamiento a los
médicos nazis por cargos referidos a la experimentación con los detenidos en los campos
de concentración. Los juicios dieron por resultado la reÀexión y el consecuente
establecimiento en 1947 de un código de normas éticas, conocido como el Código de
Nüremberg –en razón de la ciudad alemana donde se celebraron los juicios–, para la
realización de investigaciones biomédicas con seres humanos.

El consentimiento informado en psico-terapia ha sido definido por Nesis (2003) como el


proceso a través del cual se comparte con los pacientes información destinada a ampliar
su capacidad de elección racional frente a la decisión de realizar o no algún tratamiento
interiorizándose acerca de riesgos, duración, costo, impacto social y familiar, y por
supuesto, acerca de beneficio terapéutico directo. Si se lee atentamente esta definición,
será evidente que este tema requiere de mucho análisis y mucha discusión por parte de
los difierentes modelos psicológicos. El debate no es pequeño, existen muchos puntos de
controversia. Lo que está claro es que el consentimiento informado debe ser considerado
y empleado, aunque la manera de aplicarlo en la psicoterapia varíe de su aplicación en
otras áreas de la salud o la investigación.

Con la promulgación de ese Código, la American Psychological Association se abocó en


1953, por primera vez en su historia, a la redacción de normativas éticas para la
investigación con seres humanos en Psicología, siendo el Consentimiento Informado –eje
de los debates en Nüremberg– el motor del primer código de ética para los psicólogos
(Ferrero, 2000). Posteriormente, el deber de solicitar el consentimiento, como resguardo
de la elección libre y voluntaria del sujeto de someterse a algún tipo de intervención
psicológica, fue incursionando en las diversas actividades de la práctica del psicólogo, no
solo la investigación sino también la psicoterapia, el psicodiagnóstico y otras prácticas de
evaluación (Rovaletti, 1995; Calo & Hermosilla, 2000; Leibovich de Duarte, 2000; Michel
Fariña, Benyakar, Salomone, 2003, Hermosilla et. al., 2010).

El vocablo consentir, en su primera acepción, significa “permitir algo o condescender en


que se haga”, lo cual coincide con la definición del término consentimiento: “En los
contratos, conformidad que sobre su contenido expresan las partes” (RAE, 2014). De este
modo, la noción de consentimiento supone expresar la conformidad, el acuerdo, sobre lo
que allí se llevará a cabo, incluso, la aceptación sobre lo que el otro propone –en las
locuciones permitir o condescender–. Al mismo tiempo, para la delimitación conceptual
del término interesa también la cuarta acepción de consentir, que establece la correlación
con “otorgar, obligarse”. Si bien no siempre las acepciones de una palabra se relacionan
entre sí, en este caso estos sinónimos completan el sentido general del término: brindar

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el consentimiento supone la aceptación de las condiciones que se establecen y, al mismo
tiempo, su significado incluye la propia obligación de cumplir esas condiciones.

El Código de la Federación de Psicólogos de la República Argentina (FePRA, 2013)


plantea la pauta del Consentimiento Informado en términos similares al código de ética de
los psicólogos americanos (APA, 2002) citado más arriba. Acápite 1.1: “Los psicólogos
deben obtener consentimiento informado de aquellas personas con las que trabajan en
su práctica profesional. Esta obligación se sustenta en el respeto por la autonomía,
entendiendo que es válido cuando la persona que lo brinda lo hace voluntariamente, y con
capacidad para comprender los alcances de su acto (…)”.

“La obtención del consentimiento informado implica para el profesional psicólogo, brindar
información sobre los alcances de la intervención para la cual es solicitado en relación
con: a) el propósito y naturaleza de la actividad profesional, b) responsabilidades mutuas,
c) protección de la confidencialidad y limitaciones de la misma consignadas en el presente
código, d) probables beneficios y riesgos, e) alternativas posibles, f) opción de rehusar o
retractarse en cualquier momento” (FePRA, 2013). “Los psicólogos informan a los
clientes/pacientes lo antes posible en la relación terapéutica acerca de la naturaleza y el
curso previsto de la terapia, los honorarios, el grado de participación de terceras partes y
los límites de la confidencialidad y les brindan la oportunidad de formular preguntas y
recibir respuestas” (APA, 2010: acápite 10.01).

En este punto, el Consentimiento Informado –como pauta ética– aparece como una
condición necesaria pero no suficiente. La capacidad de autonomía del sujeto, sobre la
que se fundamenta la norma, encuentra cierta relativización en su ejercicio que es preciso
considerar. Incluso, la propia norma señala este límite. En esta línea es muy interesante
la siguiente normativa del código de FePRA, en el acápite 1.3.: “La obligación y la
responsabilidad de evaluar las condiciones en las cuales el consultante da su
consentimiento, incumben al psicólogo responsable de la práctica de que se trate. Esta
obligación y esta responsabilidad no son delegables”.

Sin embargo, si se visualiza el Consentimiento Informado meramente como parte de un


proceso o protocolo administrativo pueden desarrollarse dos consecuencias diferentes.
Por un lado, desentenderse de la concepción de salud que emana de la letra de la ley,
que parte de la presunción de capacidad de todas las personas, entendiendo al sujeto del
padecimiento psíquico como un sujeto de derecho. Y por el otro, afectando la posición del
paciente con relación a su padecimiento, al cristalizarlo como objeto pasivo de prácticas
clínicas, determinado por un diagnóstico de una vez y para siempre –retomaremos este
punto a propósito de la lectura sobre la “avaluación clínica”.

Por otro lado, se puede visualizar otra arista del problema. ¿Cuándo se requiere la firma
de un tercero?:

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Sí, se lo solicita ahora, eso fue lo que estuvimos armando este año. Teníamos una
¿chita clínica horrible. Pudimos armar una nueva y junto con eso armamos también
el consentimiento informado. Es como un parra¿to que dice que va a seguir todas
las indicaciones y tratamientos que el profesional le indique, se lo hacemos ¿rmar.
Si es una persona que no está en sus cabales, digamos, se lo hacemos ¿rmar a la
persona que lo acompaña. No lo hacemos en la entrevista de admisión, si no que
cuando le decimos que va a iniciar un tratamiento, a la primera vez que viene, se
lo hacemos ¿rmar. Lo empezamos a pensar a raíz de la nueva ley, antes no se
hacía. Al ver la nueva ley, empezamos a tratar todos estos dé¿cits que nosotros ya
veíamos mal. Por eso, armamos un grupo de trabajo, para poder hacer esto.
(Protocolo 25: Institución Privada. Marco teórico: Psicoanálisis Lacaniano)

Se observa que aun pudiendo consentir el paciente (esto es, con discernimiento, intención
y libertad), el profesional sin embargo solicita la firma de un tercero. ¿Por qué debería
firmar un tercero dejando a quien recibe el tratamiento fuera de la toma de decisiones que
lo afectan? De esta manera, ¿no se estaría vulnerado el derecho de autonomía del
paciente? En principio se podrían plantear dos interrogantes. Si con la expresión “el
paciente no está en sus cabales” se entiende que existe un riesgo cierto o inminente para
él mismo o un tercero, entonces ¿por qué habría de ser aceptado en un tratamiento
ambulatorio? O en caso contrario, si está en condiciones de firmar, ¿por qué debería
firmar en su lugar un familiar? En otros casos pudimos constatar que además de la firma
del paciente, se solicitó la de un familiar, en calidad de responsable “garante” de la firma
del paciente.

¿Cuál sería la función de la firma del familiar cuando el paciente está en condiciones de
dar su consentimiento? Esta iniciativa por parte del profesional, ¿apunta a la autonomía
del paciente, o por el contrario ésta queda supeditada en última instancia a la aceptación
de un familiar? Cabe mencionar que las diferentes posiciones que presentan los
entrevistados respecto del procedimiento para solicitar el Consentimiento Informado, así
como las concepciones que subyacen a su puesta en marcha, no resultan del campo
normativo de la institución donde el profesional trabaja (ONG, hospital público,
instituciones asistenciales privadas), ni del marco teórico desde donde fundamentan su
práctica (Sistémico, Cognitivo-Conductual, Psicoanálisis, Social y Comunitario). Llegados
a este punto, nos preguntamos cómo aplicar la pauta deontológico-jurídica del
Consentimiento Informado de modo que articule con el sujeto del padecimiento psíquico
sobre el que dirigimos nuestra intervención. Cómo propiciar una respuesta del sujeto que
trascienda el mero acto reglamentario, en los términos de opción-elección. Para ello nos
servimos nuevamente de las distinciones conceptuales propuestas por Ignacio
Lewkowicz. A la diferencia entre opción y elección, suma la diferencia con el término
decisión. Mientras los dos primeros suponen poner en consideración los elementos
existentes, en el planteo de este autor, la decisión –en un sentido que enfatiza la
diferencia– se reserva para aquellos actos en los que el conocimiento disponible resulta
insuficiente para dar cuenta de la complejidad involucrada, por lo que la situación impone

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la puesta en marcha de una iniciativa. Será esa iniciativa, la que a posteriori se revele
como una singularidad, que funda, retroactivamente, un nuevo conocimiento que
reorganiza la situación misma. La decisión entonces se presenta como un acto que
involucra al sujeto y que suplementa el universo previo.

Relación fuera del setting


Para que se pueda dar el proceso terapéutico, es necesaria la existencia de algo que no
es realmente el proceso terapéutico pero, sin lo cual éste se hace muy difícil, algo que
Bleger llama un no-proceso, este no proceso es el setting o encuadre. El encuadre queda
definido como el conjunto de constantes gracias a las cuales puede desarrollarse el
proceso. El encuadre es el marco que alberga el proceso. Entre el encuadre y el proceso
se da una relación continente/contenido en términos de Bion.

Todos sabemos que este marco debe ser lo más estable posible, esto no equivale a
aplicar de forma estricta y sin matices una serie de reglas. Dicha actitud lejos de beneficiar
la estabilidad del proceso, lo entorpece y en muchos casos aboca a una relación colusiva
basada en la idealización o en la aceptación sadomasoquista que impide que el proceso
se desarrolle.

Esto nos lleva a diferenciar y considerar dos aspectos del encuadre: el aspecto formal y
la actitud mental del terapeuta.

El aspecto formal estaría constituido por lo que Zac denomina constantes absolutas, que
son las que se dan en todo proceso, y por las constantes relativas; dentro de estas hay
que diferenciar: las que dependen de cada terapeuta y las derivadas de la particular pareja
que en cada caso forman el paciente y el terapeuta. Estas constantes relativas una vez
establecidas pasan a ser fijas.

En psicoterapia hay un mayor número de constantes relativas que en psicoanálisis. La


frecuencia y el ritmo de las sesiones por ejemplo, no son una constante absoluta, ya que
el número y el ritmo de las sesiones es algo a determinar en cada caso, puede variar de
una a tres o más por semana y pueden hacerse seguidas o no. Pienso que en nuestro
ambiente, con demasiada frecuencia, se cae en el esquema rígido que una psicoterapia
psicoanalítica es todo tratamiento psicológico hecho con una frecuencia de dos sesiones
semanales y con un ritmo alterno.

En psicoterapia la frecuencia y el ritmo de las sesiones tiene que determinarse, dentro del
proceso diagnóstico, de acuerdo con las características de cada paciente.

Los aspectos formales son necesarios e imprescindibles para el desarrollo del proceso,
pero son insuficientes sin una adecuada actitud mental del terapeuta, es decir sin un
adecuado setting interno.

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Una de las principales características de la actitud mental del terapeuta consiste en
introducir el menor número de variables en el desarrollo del proceso a fin de conseguir
que las variables provengan mayoritariamente del paciente, creándose así un campo
adecuado para la observación de la relación que el paciente organiza. La explicitación al
paciente de las particularidades de esta relación constituye la esencia de la interpretación
transferencial. (Retomaré este aspecto más adelante).

Siguiendo a Bleger podemos afirmar que el mayor riesgo del encuadre es su mutismo –
término utilizado por el autor para referirse a la inmovilidad del setting–. Dicha situación
debe ser siempre considerada y atendida como la manifestación de un problema. El hecho
de que el encuadre sea estable y fijo hace que en muchas ocasiones el mutismo pase
desapercibido y en el peor de los casos considerado como una alianza y actitud
colaboradora del paciente.

El encuadre es cuestionado y modificado constantemente por la parte neurótica del


paciente, sin que dichas actitudes impliquen actuaciones destinadas a desestabilizarlo. La
parte psicótica lo inmoviliza, o lo mueve en exceso, lo desestabiliza.

El setting o encuadre es a la vez estable y dinámico.

El setting, no obstante puede desestabilizarse, sólo hablaría de ataque al setting ante


aquellas actitudes del paciente que inciden en el terapeuta de forma tan violenta o tan
solapada que llevan al terapeuta a adoptar unas actitudes que no son elaboradas dentro
de la sesión o en sesiones sucesivas. Es decir el terapeuta no consigue, después de
captar el impacto, recuperar su rol. Estas situaciones dependen tanto de las actitudes del
paciente como de las características de terapeuta.

Una experiencia que todos compartimos es que, a partir de una ruptura puntual del
encuadre, aparecen nuevos aspectos de la relación que enriquecen y amplían la
comprensión. Pero sería completamente erróneo pensar que introducir cambios en el
setting por parte del terapeuta puede beneficiar el proceso.

El encuadre terapéutico ha sido de uno de los elementos teóricos-pragmáticos que le han


proporcionado una organización al desarrollo de un proceso de la psicoterapia. De
acuerdo a los diferentes modelos los encuadres sufren variaciones, pero también la
persona del terapeuta le otorga su sesgo particular. Esto es lo que hace a la diferenciación
entre el modelo terapéutico y el estilo del terapeuta. El modelo puede ser conceptualizado
como un formato que permite el ejercicio terapéutico bajo premisas teóricas que moldean
la percepción y avalan, a su vez, a una serie de técnicas que componen el repertorio
práctico del modelo (Rossi, 2017).

En cambio, el estilo terapéutico es la particular instrumentación del modelo en manos del


terapeuta. El modelo es la lupa y el desarrollo pragmático es el estilo. El modelo pasa por
el filtrado de elementos contextuales (atención en consulta privada, hospital público,
contexto sociocultural, persona del paciente, clase social, problemática trabajar, tipos de

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terapia: grupal, individual, familiar, de pareja) y elementos personales (ideología política,
estilo de vida, ciclo vital, características personales y relacionales, historia, cultura, mitos,
valores) (Ceberio y Linares, 2005; Ceberio et al, 2003).

Cada terapeuta, desde su modelo y estilo personal, planteará el marco formal del
desarrollo de las sesiones con su paciente. El encuadre terapéutico, entonces, supone
organizar explicitando una serie de constantes, como parte de un contrato, cuya
especificación le otorga transparencia y claridad al vínculo. Esta estipulación de normas
augura una posible buena relación. De esta forma, se entiende que el encuadre
terapéutico es el mantenimiento de ciertas variables como constantes durante el proceso
terapéutico o psicodiagnóstico.

Encuadrar permite contextualizar las acciones terapéuticas bajo reglas, más o menos
rígidas de acuerdo a los criterios de cada profesional. Significa también poner límites, que
son entendidos como protección y cuidado del vínculo. El encuadre en Psicología hace
referencia a lo constante y estable, lo cual incluye la modalidad de trabajo (aunque no es
necesario mencionar qué tipo de modelo, ya que los pacientes no conocen elementos
teóricos de cada modelo, salvo excepciones), los objetivos de trabajo terapéutico, el
tiempo de duración de las sesiones, el lugar donde se desarrollan, los horarios y días, los
honorarios y la forma de pago, y el establecimiento de los roles y funciones de cada actor
del proceso (el psicólogo y su cliente/paciente) (Orozco, 1985; Berenstein, 1968; de Viñar
2002). Entonces el encuadre construye y organiza el contexto de la consulta, le otorga
significado a todas las acciones que se desarrollen (Bateson, 1976).

Entonces, se deben revisar cuáles son las premisas que el terapeuta demarca en la
relación terapéutica, para construir un vínculo claro, facilitador, que permita codificar
correctamente los mensajes y lleve a cumplir los objetivos satisfactoria y eficazmente. En
el presente trabajo nos centraremos en un aspecto del encuadre: “El lugar donde se
desarrollan las sesiones”. Cuáles son los espacios que se ocupan en las sesiones, cuáles
se creen que se deben ocupar y cuáles no.

Vida privada y relación terapéutica


La relación terapéutica consiste en la interacción de dos (o más personas), en la que una
de las partes asiste a una consulta para ser ayudada por un especialista para resolver su
problema. Como relación es asimétrica y complementaria, ya que los pacientes buscan
ser ayudados (down position) por un profesional que se supone experto en la resolución
de problemas (up position) (Ceberio y Watzlawick, 2008). Algunos terapeutas la definen
como un vínculo afectivo (Linares, 1996), y bienvenida esta definición puesto que cuando
ambos -paciente y terapeuta- aceptan y definen la relación como una relación amorosa,
el compromiso se acentúa y las intervenciones cobran más potencia, si el amor conjuga
con la teoría y la técnica. Todo se establece con mayor responsabilidad. Aunque impere

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el afecto en la relación, esto no invalida que el profesional vive de su profesión y es un
prestador de servicio, es decir, cobra por su función, pero si además la ejerce con cariño,
mejor aún. En el vínculo terapéutico, tanto paciente como terapeuta desarrollan
intervenciones en la sesión. Todo lo que diga el paciente, lo que hable o cuente, sus
apreciaciones y opiniones, tienen valor de intervención hacia el profesional, más allá de
las intervenciones técnicas avaladas por el modelo terapéutico, que éste esgrima en las
sesiones. Ambos se hacen intervenciones en la retroalimentación y actúan en
consecuencia (hablan, emocionan, reflexionan y accionan). Cuando el paciente asiste a
consulta llega con su problema y lo cuenta, a partir de ese momento el terapeuta construye
un problema a partir del relato del problema que cuenta su paciente. O sea que a partir
del problema del paciente, el terapeuta tiene el problema de ayudar a resolver el problema
de este. Cuando finalmente, el paciente resuelve su problema, el terapeuta también
resuelve su propio problema de ayudar a resolver el problema del paciente. Quiere decir
que ambos resuelven algo en ese encuentro terapéutico (Keeney, 1983).

Tradicionalmente, para el juego de la psicoterapia solo hace falta un terapeuta, pacientes


y un despacho amoblado convenientemente. En ese diálogo, solamente lo que el
terapeuta y paciente intercambian son palabras y gestos. Algunos profesionales poseen
una carameleara ofreciendo dulces, otros tienen un dispensares de agua fresca con vasos
de plástico, otros un refrigerador y el agua o la gaseosa es ofertada por el terapeuta, etc.
Los más atrevidos preparan una infusión. Atrevidos, porque preparar, por ejemplo, un
café, implica que el terapeuta se desplace a la cocina y hable desde ella o haga esperar
al paciente hasta que trae el café preparado. Esta movida simple, sugiere una transgresión
de espacios, por parte del terapeuta, aunque bien podría constituirse en el momento
propicio para comenzar a trabajar con el paciente de manera espontánea fuera del
espacio de la sesión, por ejemplo, en la cocina. Naturalmente, cuando se trabaja en
psicoterapia, a veces es imposible entrar en la problemática del paciente de manera
directa. Esto quiere decir que es importante destinar o dejar librado a la espontaneidad
cierto tiempo para merodear sobre temas superficiales hasta llegar a los centrales que
preocupan a los pacientes. Ese tiempo es el que va desde la puerta de entrada hasta que
la persona se sienta en su silla. Ocupa un rato más, el hecho de que los miembros se
acomodan y encuentran sus lugares donde sentarse. Todo transcurre en silencio o
aderezado con algún tópico superficial, o algún comentario más específico, hasta que
alguno de los integrantes de la familia, o la pareja o el mismo paciente individual, decide
entrar en el tema particularizando el porqué vino a terapia o simplemente retomando lo
trabajado en la sesión anterior, o comentando algo importante que le sucedió en la
semana, por ejemplo.

En otras ocasiones, es el terapeuta quien pone coto a toda una serie de banalidades para
ingresar curiosamente en la problemática. No hace falta que coloque abruptamente la
frontera entre lo periférico y lo central del tema a tratar, aunque a veces hace falta. Por
ejemplo, la familia redunda en banalidades y banalidades y se encuentra perdiendo tiempo
de trabajo y el terapeuta señala un corte categórico: “Bien… entonces, ¿Cómo están con

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el tema que estuvimos trabajando en la sesión pasada?… (dirigiéndose a la mamá),
¿Pudieron salir con su esposo?… A propósito, ¿Por qué no vino él?”. En otras ocasiones,
estratégicamente se va desde lo superficial al eje del motivo de consulta, en un pasaje
casi imperceptible donde la familia entra en tema sin proponérselo. El terapeuta toma una
frase o una expresión que puede ser entendida en otra semántica a la manifestada: “Si
Doctor, como siempre nos costó salir de casa, daban vueltas y vueltas y siempre se
olvidaban de algo”… y el terapeuta afirma: “A ustedes siempre les cuesta salir, hacen
esfuerzos, pero es cierto, dan muchas vueltas en vez de tomar el camino directo…” Parte
de este juego que se desarrolla en el joining inicial, puede desenvolverse mientras que se
prepara una infusión o se sirve una copa de gaseosa fresca. Por lo general, los
consultorios privados son mono ambientes o a lo sumo de dos, de los cuales una
habitación opera como sala de espera (aunque por la puntualidad de los turnos poco se
espera para la iniciar la sesión), la cocina, entonces, en cambio de ser geográficamente
un lugar apartado del despacho, puede incorporarse como un anexo. O sea, los espacios
tradicionales se ensanchan en pos de flexibilizar los encuadres clásicos, en dirección a
favorecer la introducción de información.

Entre las numerosas intervenciones y técnicas que los terapeutas desenvuelven en las
sesiones, acopladas al contenido del mensaje que se envía, está la forma en que se
expresa. Tan importante es el contenido como todo el panorama de lo paraverbal que lo
acompaña. Por ejemplo, cuando se abre la puerta de un consultorio, se inicia el juego
relacional de los pacientes con el terapeuta. Aunque podría afirmarse que ya desde el
llamado telefónico ha comenzado a cimentarse el vínculo, puesto que el pedido de
consulta en la terapia sistémica tiene visos de una conversación exploratoria –como
además de caldeamiento- con miras al desarrollo del futuro trabajo terapéutico. Todo es
sorpresa para la primera sesión, y sorpresa más cierto grado de previsibilidad cuando el
paciente y el terapeuta han transitado varias sesiones juntos. Pero también, la terminación
de la consulta, el momento cuando se abre la puerta del despacho y se despide al
paciente, se constituye en la oportunidad de realizar el último comentario que opera como
corolario de la hora de sesión. Más allá del transcurso de la consulta, el momento de la
apertura y del cierre son instantes estratégicos de intervención y son esos instantes los
que se desenvuelven en el perímetro que demarca la apertura o cierre de la puerta de
entrada. Ese cuadrilátero, es el lugar clave donde se abre o se finiquita el juego de la
psicoterapia.

Sentido histórico-estructural de una actividad profesional.

Enraizamiento histórico-político

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Toda actividad, todo hecho, todo suceso ocurre, necesariamente, en una situación muy
concreta. Esta situación puede caract4erizarse desde dos aspectos distintos, aunque
complementarios e inseparables: el aspecto socio-histórico y el aspecto socio-político.
a) El aspecto socio-histórico pone de relieve aquellas características de las acciones y
hechos que son determinadas por su concreción temporal. Puesto que todo suceso ocurre
en un tiempo concreto, esa definición temporal encuadra su posible significado. Se
pueden señalar al menos tres formas en las que la temporalidad histórica afecta el sentido
de un hecho o acción:
1. El tiempo refiere los hechos al momento en que ocurren, los de una determinada época:
algo ocurre en un siglo, y no en otro, en un año, en un determinado día y hora; los hechos
se realizan de día o de noche, etc.
2. El tiempo tiene lo que se pudiera llamar un "ritmo" que varía significativamente de una
situación a otra. Este ritmo es tanto subjetivo como objetivo. Subjetivamente, las personas
pasan por "tiempos" psicológicos, es decir, momentos de diversa calidad psíquica, de
diferente disponibilidad, de distinta capacidad para la acción.
Objetivamente, los acontecimientos entran en una cadena de sucesos, en un proceso de
cambios, cuya intensidad establece el timo de la temporalidad: cuando ocurren con mucha
rapidez numerosos acontecimientos importantes, el tiempo adquiere una peculiar
"rapidez". Es indudable que, por ejemplo, en El Salvador la velocidad con que se suceden
los acontecimientos políticamente significativos hace que el tiempo parezca correr.
3. Finalmente, los sucesos mismos alcanzan diversos grados de duración, no sólo porque
se prolonguen más o menos, sino sobre todo en la medida en que son más determinantes
de lo que es la temporalidad histórica en un momento concreto. Así por ejemplo, hay
hechos de la infancia que, aunque tengan en sí mismos una corta duración, alcanzar una
profunda dimensión temporal, en cuanto son muy determinantes de lo que es esa infancia
y de lo que será la persona en el futuro.
Estos tres factores de temporalidad hacen que ninguna acción ni ninguna actividad pueda
ser adecuadamente valorada en abstracto, sino que sea necesario apreciarla tanto con
respecto a la sucesión de acontecimientos históricos (análisis diacrónico) como con
respecto a los hechos y circunstancias que se producen al mismo tiempo (análisis
sincrónico) a fin de entender lo que es y lo que significa.
Aunque la temporalidad es un aspecto muy importante, la historicidad no se reduce a esa
dimensión. Otro constitutivo esencial de la historia es la naturaleza de aquello que se
realiza en el tiempo. En otras palabras, la historia es concreción, contenido; es desarrollo,

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sí, pero desarrollo de algo. Ese algo que surge como nuevo o ese desarrollo constituye la
continua materialización del ser humano frente a la naturaleza, el hacer y hacerse de las
personas como sujetos y objetos de la historia. De ahí la insistencia en definir la psicología
no sólo como conducta, como exterioridad de movimientos, como concatenación de
respuestas frente a estímulos, sino como acción, es decir, en cuanto obra que tiene un
producto.
b) El aspecto socio-político de una situación incluye los determinantes estructurales y
espaciales de los hechos. Todo suceso, toda acción, se realiza en una sociedad concreta,
al interior de una clase social, de un grupo y de un ambiente humano particulares, en el
marco de una cultura específica. Este conjunto de determinantes estructurales es el
resultado en un momento dado del balance en que se encuentra las fuerzas sociales en
una población humana. No es lo mismo, por ejemplo, un asesinato que se produce al
abrigo de un orden político opresor que el que se produce en un contexto de convivencia
democrática. El policía que asesina al amparo de una dictadura expoliadora o como
miembro de un "escuadrón de la muerte" tiene que ser juzgado de distinta manera que el
policía que asesina en connivencia con una banda de narcotraficantes en un sistema
democrático donde funcionan las instituciones de justicia.
Es evidente que enumerar todas las peculiaridades que caracterizan a los sucesos y
actividades llevaría a un recuento exhaustivo de la realidad, ya que la realidad es
individual, concreta, inmediata. Todo es peculiar y todo contribuye en este sentido a
precisar la significación de cualquier hecho o dato. Ahora bien, los elementos
configuradores de las acciones humanas tienen distinta importancia y diferente impacto.
A la hora de analizar un asesinato político cuenta mucho menos si se hizo con pistola o
con rifle que si se hizo vistiendo el uniforme policial o con indumentaria civil y ambos
elementos importan menos que si el asesinato se cometió por órdenes superiores o por
iniciativa de los súbditos o por connivencia con otros grupos políticos. El carácter propio
de la realidad humana pone en juego una multiplicidad de factores que se determinan
mutuamente, pero entre los cuales hay algunos que son particularmente importantes en
la determinación del todo.
Así, pues, un mismo dato en una cultura, en un medio social, es o puede ser distinto que
el "mismo" dato en otra cultura o medio social. Una actividad en el contexto de una
organización social puede tener unos condicionantes, unas determinaciones y una
trascendencia que no tiene en el contexto de otra organización social diferente. Agredir a
una persona en un contexto puede ser juzgado como un simple asesinato, aunque

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provenga de un hombre uniformado, pero en otro contexto, el mismo asesinato puede ser
convertido en un acto de "patriótica heroicidad".
El carácter estructural e histórico de las realidades y actos humanos nos aleja de todo tipo
de reflexión ética idealista que no tome ese carácter en cuenta en una forma directa e
inmediata. No se afirma aquí que no exista una naturaleza humana; lo que se presupone
es que la naturaleza humana se realiza en la concreción histórica. Y si es cierto que hay
determinantes fundamentales, ligados a lo biofísico y que son comunes, también es
verdad que esos mismos determinantes son asumidos por la historia y la cultura, cada
vez con más fuerza y profundidad.
Si aplicamos este planteamiento al sentido de una actividad profesional y, en concreto, a
la actividad del psicólogo, llegamos a la conclusión de que no podemos generalizar ni su
sentido ni su significación ni, por tanto, el valor o antivalor de un quehacer concreto a partir
de una definición abstracta. Lo que sea un psicólogo no tiene el mismo sentido en un
ámbito cultural en el que la psicología es todavía una especie de arte mágica, en una
cultura en la que ya se es el encargado de las desviaciones ("el loquero") o en una cultura
que le considera simplemente como "técnico del comportamiento". Con ello no se afirma
que lo uno sea mejor que lo otro; lo que se afirma es que se trata de actividades diferentes.
Por lo mismo, no se puede identificar el papel que desempeña o puede desempeñar el
psicólogo en una sociedad "desarrollada" que en una "subdesarrollada", en una sociedad
agraria que en una urbana, en un sistema social capitalista o en una socialista, atendiendo
a una clase social o a otra, en un régimen democrático que en una dictadura.
El cambio de marco social hace que una misma actividad tenga supuestos y
consecuencias diferentes. No es lo mismo, por ejemplo, aplicar un test de aptitudes o de
inteligencia en un medio socioeconómico relativamente homogéneo que aplicarlo en uno
heterogéneo, como sería una sociedad racista o una sociedad con profundas diferencias
de clase; un mecanismo diferenciador puede convertirse de hecho en un mecanismo
discriminador. De modo análogo, no tiene la misma significación ni produce el mismo
efecto realizar una orientación profesional o una modificación de la conducta en una
sociedad competitiva que en una sociedad competitiva que en una sociedad donde se
estimula la cooperación, en una fábrica que busca el lucro que en una comunidad
religiosa.
Todas estas consideraciones nos llevan a afirmar que ser psicólogo en nuestra sociedad
concreta, centroamericana y salvadoreña, no significa ni puede significar lo mismo que

17
serlo en Estados Unidos o Europa, ni siquiera que serlo en México o Argentina, aunque
en unos casos haya más similitudes que en otros.
Supuesto este enraizamiento situacional de cualquier actividad profesional, sería un
absurdo y una destrucción de la misma entidad propia de la ciencia y, en concreto, de la
psicología, pretender convertirla en un simple encuentro de influjos situacionales. La
psicología tiene su propia entidad, que se realiza histórica y políticamente, por supuesto,
pero que le distingue de otras ciencias y, para el caso, de otras actividades profesionales.
Por eso, conviene preguntarse por la interioridad de cada ciencia, determinada para su
actualización por todos estos factores situacionales. Llegados a este punto, tenemos que
considerar el horizonte propio de cada ciencia, como principio de totalización de su
sentido.

Importancia del horizonte ético


El horizonte de un objeto o proceso constituye el principio de totalización de su sentido.
Veo unas flores en el marco de un jardín; analizo una idea en el contexto significativo de
la totalidad de un discurso o de un pensamiento; capto un comportamiento en el marco
de la personalidad y vida de una persona. Así cada cosa es vista, cada acción es puesta
y cada idea es entendida desde algo que no es esa cosa, esa acción, esa idea. En cada
uno de esos casos, se co-aprehende algo distinto de lo directamente aprehendido, sin lo
que esto directamente aprehendido no sería posible. Ese algo más es, en cada caso, el
horizonte, que delimita el campo en que algo se constituye y orienta en la visión, en la
posición de los actos y en la intelección.
Hay distintos horizontes según lo que las cosas son y según el punto de vista desde el
que se enfoquen. En buena medida, que algo sea aprehendido como una flor depende de
si se encuentra en un jardín o en un huerto; pero es así mismo la flor la que da su calidad
de jardín a un espacio cultivado. Por ello, aunque el horizonte es principio de
determinación de las cosas, las cosas mismas determinan en algún modo el horizonte.
Es claro que el horizonte de los planteamientos teóricos no es el mismo que el de las
realizaciones prácticas: el uno apunta a la comprensión y el peso de su evidencia no tiene
la inevitabilidad factual de la realización práctica. Por eso, se puede ser un excelente
teólogo y un pésimo cristiano, como se puede ser un gran crítico de cine o un gran teórico
de la terapia y ser también un inepto directo o un pésimo terapeuta,. En ambos casos se
ve bien que la comprensión de algo apunta en un sentido distinto al de hacer eso mismo
que se comprende en teoría. Como se verá más adelante, es importante distinguir también

18
el horizonte en cuanto objeto formal de una actividad (su horizonte objetivo) del horizonte
en cuanto fin pretendido por la persona (su horizonte subjetivo).
La psicología tiene su propio horizonte que pone la actividad psicológica bajo una
determinada luz y bajo una determinada intencionalidad. Así, el horizonte de la actividad
psicológica es distinto al horizonte de otras actividades.
Lo que el horizonte hace en cada caso es totalizar el sentido. El sentido responde a la
pregunta fundamental de qué es en última instancia una cosa, tanto en sí misma como en
relación al ser del hombre. Cuando tratamos de responder a la pregunta ¿qué es esto?,
necesitamos ir más allá de lo determinado, salir de ahí para entenderlo mejor. "Es un
pájaro"; "es un síntoma histérico". El objeto ha sido puesto a la luz de un horizonte de
sentido: se trata de un animal que vuela, se trata de un comportamiento propio de quienes
padecen determinados trastornos mentales. Pero hay también otra pregunta por el sentido
que tiene lo que un determinado objeto es respecto a lo que es el ser humano. Un pájaro
es beneficioso o nocivo, bello o feo; un síntoma denota salud o enfermedad, normalidad
o anormalidad.
La totalización del sentido consiste en determinar la totalidad parcial dentro de cada
horizonte y su repercusión en un horizonte más amplio. El síntoma histérico debe ser visto
a la luz de lo que es el trastorno mental; pero el trastorno mental debe ser a su vez visto
en el horizonte más amplio de la vida social, del sentido de la "locura" en nuestra sociedad
con todas las consecuencias que arrastra para la persona y sus familiares.
Hay, además, un horizonte histórico y un horizonte regional, que ya hemos mencionado y
que por razones más vitales, condicionan incluso horizontes teóricos. Una forma
característica como ocurre este condicionamiento es en la determinación del horizonte de
preferencias y de valoraciones de los grupos y personas. Pero incluso pueden condicionar
la constitución teórica del horizonte interpretativo; así, la ideología lleva a traducir las
propias raíces sociales en principios teóricos y en presupuestos sobre la constitución de
la realidad.
Es importante, en todo caso, tomar conciencia de que el horizonte siempre se da, ya se
sea consciente de él o no; por tanto, exigencia ética es constituir el horizonte en forma
refleja y crítica.

Principios de determinación del horizonte

19
La pregunta por el horizonte no se hace aquí en relación con la psicología en cuanto saber
puramente teórico, sino en cuanto actividad transformadora y proceso de transformación
del ser humano, de la sociedad y de la historia -es decir, de la psicología en su carácter
ético. Aun así limitado el problema del horizonte psicológico, hay que tener en cuenta el
horizonte teórico de la psicología.
La pregunta se centra en el "hacia dónde" y "desde dónde" de la actividad psicológica en
cuanto tal. Así, por ejemplo, la "orientación profesional se determinaría desde principios
psicológicos -sobre la personalidad humana, sobre el trabajo, sobre las aptitudes y la
motivación- e iría dirigida hacia consecuencias de bienestar psicológico y de armonía
social.
Ahora bien, lo psicológico se determina y se dirige a donde le lleva su dinamismo total,
que se descubre en lo que de hecho realiza.
Los principios de determinación del horizonte tienden a buscar lo que es el horizonte de
por sí y según la naturaleza de aquello por lo que se pregunta -en nuestro caso, lo
psicológico. Aquí lo que nos interesa son algunas distinciones fundamentales que nos
ayuden a precisar el horizonte psicológico.
.

Subjetividad y objetividad en la actividad psicológica

Objetivo: Comprender las categorías y variables más importantes de la personalidad para


su dominio evaluativo.

Lo pretendido por uno y por la naturaleza de las cosas

En la determinación del horizonte, hay que distinguir entre lo que uno subjetivamente se
propone y lo que objetivamente corresponde a la realidad por la que se pregunta. En
otras palabras, conviene distinguir entre la finalidad subjetiva y la finalidad objetiva de
algo.

20
a) Subjetivamente uno puede tener un horizonte en forma negativa o como
determinación positiva según su propia subjetividad.

Horizonte tenido negativamente es el que se tiene de hecho, sin haberes cuestionado


nunca al respecto. Por ejemplo, adquirir prestigio profesional o lograr determinado status
social o responder a alguna expectativa familiar.

Horizonte tenido positivamente es el que se busca en forma subjetiva con una


determinada actividad, con independencia de lo que esa actividad sea. Por ejemplo,
hacer bien a la sociedad, mantener a la familia.

b) Objetivamente se pretende esclarecer cuál es el horizonte desde lo que es en sí y lo


que de hecho realiza aquello (aquella actividad) por cuyo horizonte preguntamos.

Uno puede actuar positivamente en la constitución del horizonte:

- por destrucción del actualmente imperante;

- por construcción desde lo que es, pero tal vez no está descubierto o no actúa.

Es diferente, por ejemplo, estimar que la conducta anormal es una conducta desviada o
es una conducta patológico-sintomática. Pero esta determinación etiológica de la
conducta anormal no es arbitraria, porque puede medirse desde los efectos reales que
en la actividadpsicológica produce la actualización de una u otra determinación, como
por ejemplo el tipo de terapia, los procesos y mecanismos puestos en ejecución, la
duración de la terapia, etc.

Pero lo importante es el horizonte que objetivamente corresponde a lo que es la


actividad psicológica tomada en su totalidad. No es que no dependa de los hombres el
horizonte y, sobre todo, la operatividad desde un horizonte; pero el hombre y la
psicología deben atenerse en la determinación del horizonte y en la configuración de la
operatividad desde el horizonte a lo que realmente es. En este sentido, conviene
recordar cómo lo que constituye la objetividad de algo, concretamente de una actividad,
viene determinado en parte por la propia racionalidad -surgida en función de un
horizonte- así como por el contexto histórico estructural que la determina espacial y
temporalmente. Prescindir del horizonte de la actividad misma en su totalidad es lo que
convierte en idealistas ciertos planteamientos éticos -por ejemplo, la postura esbozada
por Rogers en su discusión con Skinner.

La pregunta ética estriba en juzgar si el horizonte de una determinada psicología o el


horizonte de un determinado psicólogo se justifica como horizonte.

Hay que distinguir, por tanto, entre intencionalidad subjetiva (la intención del sujeto de la
actividad) y la intencionalidad objetiva (la intención propia de la actividad misma). Esto
no quiere decir que no haya un influjo mutuo: la subjetividad está condicionada por la
objetividad de la actividad misma, ante todo en su aparición, ya que lo que el sujeto

21
piense lograr con determinada actividad siempre dice una relación al porqué haya
elegido ésa y no otra actividad; pero, en cualquier caso, la objetividad influye en la
realización de la actividad modificando el sentido último y profundo de la subjetividad.
Este influjo es el que aparece en los procesos de ideologización de cualquier actividad o
proceso.

Al aceptar el influjo necesario de lo objetivo en lo subjetivo, nos apartamos de todo tipo


de consideración liberal-voluntarista. La voluntad no es perfectamente dueña de su
hogar, y eso lo saben tan bien el psicoanalista como el marxista. Pero existe también un
indudable influjo de quiere de la persona en la objetividad. Por un lado, en cuanto puede
modificar con su conciencia y con su acción (o con su acción consciente) la dirección de
los procesos objetivos. Por otro, en cuanto que la subjetividad es también una fuerza
objetiva que influye en la determinación de lo que los procesos mismos son y pueden
ser. Esto lo olvidan algunos científicos sociales; el hecho de que la subjetividad no sea
visible y con frecuencia resulte de difícil o cuestionable medición, no quita para que
constituya una realidad objetiva, conocida o no. Al aceptar este influjo de la subjetividad
en lo objetivo nos apartamos de un estricto determinismo materialista, en el sentido
peyorativo del término, así como de ciertos estructuralismo que eliminan en la práctica el
papel del sujeto.

Conexión de fines últimos y objetivos inmediatos

En principio, es aceptable la distinción entre objetivos inmediatos y fines últimos o


relativamente últimos. Es un hecho de cualquier medida concreta, cualquier decisión
particular, cualquier pretensión específica puede tener sus propios objetivos. Al aplicar
un sociograma a una clase, por ejemplo, se puede pretender conocer los vínculos
afectivos entre los alumnos y ayudar a tomar conciencia de ellos. Por otro lado, no se
pueden realizar fines últimos sino a través de la realización de objetivos concretos. Eso
lo saben bien todos los planificadores, que tienen que desglosar sus objetivos generales
en objetivos particulares y sumamente concretos. Por ejemplo, la formación de una
comunidad educativa en cuanto objetivo último debe ser desglosado en una serie de
objetivos inmediatos, uno de los cuales puede ser el conocimiento de los vínculos
afectivos entre los alumnos de las distintas clases que componen una escuela.

Son los fines últimos o relativamente últimos los que dan sentido a los objetivos más
inmediatos. Una misma medida, con el mismo objetivo inmediato, puede ser distinta en
lo ético según el fin objetivo a la que está orientada. Sucede aquí algo similar a lo que
afirmábamos con respecto a las determinaciones estructurales y al distinto carácter que
puede tener una misma actividad realizada en el contexto de dos sociedades diferentes.
Por ello, no se trata de que cada objetivo inmediato reciba su sentido de la intención
subjetiva que cada uno persigue. Se trata más bien de la conexión objetiva de la medida
intermediaria con los fines que realmente dirigen el sentido total de la acción.

22
El sentido al que nos referimos no es un sentido extrínseco, sino que se refiere a lo que
es y hace una determinada acción psicológica. No es lo mismo, por ejemplo, el sentido
ético de un sociograma aplicado a una clase a la que se está tratando de "disciplinar",
que aplicado a una clase en la que se está tratando de potenciar la creatividad. Es claro
que la intención inmediata del sociograma es la misma: suministrar una información
sobre las estructuras de relación afectiva que ligan a los miembros de una clase. Sin
embargo, su sentido ético lo adquiere en el contexto de un horizonte último
(relativamente), de un fin posterior, al que se encamina y con el que se enlaza esa
medida concreta: disciplinar o incrementar la creatividad.

No es lo mismo, éticamente considerado, un test sobre nivel de aspiraciones aplicado a


una sección de una industria cuando se trata de conseguir un mayor rendimiento de los
trabajadores que cuando se orienta a lograr una comunidad de trabajo más humana,
más satisfactoria. En un caso, el fin último es la ganancia económica –lograr una
plusvalía todavía mayor-, en el otro se trata de subordinar las condiciones laborales a las
necesidades más reales de los trabajadores.

Hay una conexión real entre objetivos inmediatos y fines últimos. Es claro que no se
persigue un determinado fin si es que se están poniendo medios que no tienen nada que
ver con él o que lo contradicen. Por ejemplo, es falso que se esté persiguiendo la
formación de hombres creativos si las pruebas evaluativas escolares que se usan son
de tipo repetitivo y memorístico. El fin último reclama un tipo peculiar de instrumentos o
fines intermedios. No cualquier medio u objetivo inmediato conduce a cualquier fin. Esto,
una vez más, contradice el voluntarismo subjetivista.

Cada acción o medida tomada tiene una propia lógica interna y un dinamismo propio
que no se cambian objetivamente por razón de intenciones extrínsecas. Por ejemplo, es
sabido que el castigo tiene cualidades y características propias, y una determinada
eficacia así como condiciones en las que puede ser eficaz; esto no depende de la buena
o mala intención con que por diversas razones pueda producir los efectos buscados.
Tratar de controlar la violencia interpersonal con el castigo violento produce con
frecuencia efectos contrarios, aunque por otras razones (conciencia del poder) produzca
en apariencia el efecto deseado.

El fin que realmente se está pretendiendo se deduce de aquello a lo que llevan los actos
puestos. Por ejemplo, las pruebas memorísticas, el castigo en el aprendizaje o el test de
aptitudes selectivo. Puede que, para bien o para mal, el objetivo particular pretendido
sea uno u otro. Por ejemplo, puede que con las pruebas memorísticas se esté tratando
de controlar la cantidad de material aprendido, "como base de la creatividad". Pero lo
importante es cómo funciona en la totalidad del proceso, tanto si es orientado como si se
deja a su propio curso.

23
La prueba puede ser, de hecho, un bloque a la creatividad, en cuanto que se constituye
en fin por sí mismo y no en medio de un objetivo más amplio: se trata de memorizar y no
de probar el comienzo de la actividad creativa.

Se debe, por tanto, comprobar la conexión efectiva de los objetivos inmediatos con los
fines que se están propiciando. No preguntarse a dónde llevan últimamente los objetivos
inmediatos es desconocer la responsabilidad de la propia acción. No puede salvarse un
objetivo inmediato, aunque parezca en sí bueno o indiferente, si es que en forma
positiva no conduce al fin que se debe pretender.

A manera de ejemplo, se pueden formular algunas preguntas sobre la psicología


aplicada a la escuela.

- ¿Cuál es la conexión entre el tipo de sociedad, la clase social a que pertenecen los
alumnos y el tipo de escuela? ¿Cuál es la conexión entre la escuela, los maestros, el
alumnado y el tipo de pedagogía aplicada?

- ¿Dónde empieza y dónde termina el papel del psicólogo? ¿Qué importancia estructural
y particular tienen sus acciones y medidas? ¿Cuáles son, por ejemplo, los fines
inmediatos y los objetivos últimos de un test de inteligencia, un sociograma, una prueba
evaluativa, una orientación profesional?

Otro tanto se puede hacer con respecto a la psicología aplicada a la industria.

- ¿Cuál es su conexión con la sociedad y la clase social de los trabajadores y patrones?

¿Cuál es la actividad que esta industria desarrolla de cara a la totalidad social?

- ¿Cuáles son los fines inmediatos y los objetivos últimos de las pruebas de selección
aptitudinal, de las dinámicas de grupos, de los cursillos de relaciones humanas, de las
prácticas de entrenamiento laboral?

Bibliografía
ARANGUREN, J. L. (1972). Erotismo y liberación de la mujer. Barcelona: Ariel.

BANDURA, A. (1969). Principles of behavior modification. New York: Holt, Rinehart &
Winston.

CASTILLA DEL PINO, C. (1972). Introducción a la hermenéutica del lenguaje. Barcelona:


Península.

24
DELEULE, D. (1972). La Psicología: Mito Científico. Barcelona: Anagrama.

ELLACURÍA, I. (1975) “Hacia una fundamentación del método teológico latinoamericano”,


en Estudios centroamericanos (ECA), n° 322/323, Universidad centroamericana “José
Simeón Cañas” (UCA), San Salvador, 1975.

FERRATER MORA, J. (1966). Diccionario de filosofía. Madrid: Alianza.

FIORI, Ernani María: Aprender a decir su palabra. El método de alfabetización del Profesor
Paulo Freire. Prólogo a “Pedagogía del Oprimido”, de Paulo Freire, Editorial Tierra Nueva,
Montevideo, 1970.

RICOEUR, Paul: “Riposta a la ideología: una nueva estrategia del conflicto”. Conferencia
dictada durante la Semana Social de Rennes, 1972.

SKINNER, B. F. (1971/). Más allá de la libertad y la dignidad [Beyond Freedom and


Dignity]. Cambridge: Hackett Publishing Company.

SKINNER, B.F. (1948). Walden dos. Cambridge: Hackett Publishing Company.

WATSON, J.B. (1925/1972). El conductismo [Behaviorism]. Buenos Aires: Paidós.

WEBER, M. (1904/1973). La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política


social. En Ensayos sobre metodología sociológica. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Referencia principal

Martín-Baró†, J., Ética profesional; International Journal on Subjectivity, Politics and the
Arts Revista Internacional sobre Subjetividad, Política y Arte, Vol. 11, (1), abril 2015, 55-
86

25
PSICOLOGÍA EN LÍNEA
DEONTOLOGÍA

3 créditos

Profesor Autor:

Mg. María Alexandra Gutiérrez

Titulaciones Semestre

• PSICOLOGÍA Séptimo

Tutorías: El profesor asignado se publicará en el entorno virtual de aprendizaje


[Link]), y sus horarios de conferencias se indicarán en la sección CAFETERÍA
VIRTUAL.

PERÍODO ABRIL 2024/ AGOSTO 2024


Índice

Contenido
Índice ......................................................................................................................................................................... 1
Unidad 3 .................................................................................................................................................................... 2
Tema 1: Ideologizacióndelapsicología ...................................................................................................................... 2
Tema 2. Principios fundamentales del deber-ser de la actividad psicológica ....................................................... 11
Bibliografía .............................................................................................................................................................. 16

1
Resultado de aprendizaje de la asignatura

Los estudiantes aplican y construyen un código de deontológico

Unidad 3
Ideologización de la psicología.

Resultado de aprendizaje de la unidad: Los estudiantes desarrollan elementos críticos


que les ayudan a resolver problemas de la psicodeontología.

Objetivo: Desarrollar elementos críticos que vienen de los problemas epistémicos de la


psicodeontología.

Tema 1: Peligro de ignorar la situacionalidad.

Las reflexiones antes expuestas sobre la situacionalidad histórica-política de cualquier


actividad profesional y, concretamente, de la psicológica, nos llevan a la consecuencia de
que cualquier actividad profesional, para ser auténtica, debe tomar conciencia refleja de
ello. No basta con captar la racionalidad propia de la ciencia; hay que confrontar esa
racionalidad con la realidad que la encuadra, la sitúa y le da o niega sentido.
La ignorancia de esta esencial situacionalidad de toda actividad induce a una práctica
psicológica viciada desde su raíz, ya que trabaja con esquemas ajenos, surgidos de una
comprensión concreta de determinados fenómenos, en otras culturas. Esta importación
de racionalidades viciadas es un mecanismo encubridor de intereses y un claro origen de
la enajenación de la actividad psicológica.
Puesto que hemos distinguido dos tipos de condicionamientos de una actividad
profesional, cabe afirmar la posibilidad de dos tipos también de ignorancia situacional: una
de tipo socio-histórico, la otra de tipo socio-político. Caer en ellas supone la ideologización
de la actividad psicológica.

2
Se entiende aquí por ideologización de la actividad psicológica la subordinación factual
de la psicología a intereses e internacionalidades objetivas no re-conocidas, a las que
sirve, encubre y justifica.
a) La ignorancia de la situacionalidad socio-histórica produce diversos tipos de
ideologización, que podemos encuadrar en el modelo de la ideologización tecnocrática.
b) La ignorancia de la situacionalidad socio-política produce en la actividad psicológica las
ideologizaciones aséptico-idealistas que se ejemplifican en la concepción individualista.

El tecnocratismo
"Los griegos usaban el término técne para designar una habilidad mediante la cual se
hace algo -generalmente, se transforma una realidad natural en una realidad 'artificial'. La
técne no es, sin embargo, cualquier habilidad, sino una que sigue ciertas reglas. Por eso
técne significa también 'oficio'. En general, técne es toda serie de reglas por medio de las
cuales se consigue algo" (Ferrater Mora, 1966, pág. 763).
La tecnocracia es el imperio de la técnica, que -según algunos- desbordaría como
ideología suprema incluso la división actual del mundo, penetrando en el campo del
capitalismo como en el del así llamado mundo socialista. Según Roszak (1970, pág. 19 y
ss.), la tecnocracia es "esa forma social en la cual una sociedad industrial alcanza la
cumbre de su integración organizativa"; en ella, "todo aspira a ser puramente técnico, todo
está sujeto a un tratamiento profesional". El gran secreto de la tecnocracia estaría en su
capacidad para convencernos de tres premisas relacionadas entre sí:
a) Las necesidades vitales del hombre deben ser analizadas técnicamente y satisfechas
de acuerdo a las determinaciones de quienes están capacitados para darles respuestas
técnicas -es decir, los especialistas;
b) Ya se ha conseguido un análisis casi perfecto de estas necesidades vitales;
c) Los verdaderos expertos son aquellos sobre los que existe una certificación social, un
diploma que los acredite como técnicos, y a ellos compete el nivel supremo de mando.
La aplicación del pensamiento tecnocrático a la psicología conduce a planteamientos
pseudo-asépticos, del tipo propugnado por la escuela skinneriana. Partiendo de su idea
del control social de la conducta, Skinner opina que "la función de la cultura se reduce a
un problema de ingeniería social: el logro o realización de un mundo de bondad
automática, en el que el comportamiento punible muy rara vez o nunca ocurriría". "El
problema ya no sería para Skinner un problema de educación propiamente dicha, sino de

3
condicionamiento y entrenamiento ('training' como 'domesticación' o 'doma')" (Aranguren
a propósito de "Más allá de la libertad y de la dignidad").
Según el planteamiento tecnocrático, la responsabilidad moral personal pasa a cargo de
la organización técnica. Esto supone dos cosas: 1) que las determinaciones de lo que
debe ser una sociedad viven dictadas por lo que la técnica es y/o lo que puede ser y hacer;
2) que la orientación última de la sociedad dependerá de aquellos que poseen la técnica.
Esto nos lleva a que, en última instancia, sean los valores y condicionamiento que han
determinado la aparición de la técnica (los problemas que ha tratado de responder, los
valores que se han perseguido en el horizonte de su aparición), así como los valores de
los técnicos los que van a imponer su dictamen a lo que debe ser la realidad.
La tecnocracia supone una ignorancia de la variedad de situaciones socio-históricas y, por
tanto, reduce a un solo aspecto, el técnico, la realidad. Como señala agudamente
Aranguren con respecto a la propuesta de Skinner, el problema real ya no consiste en
preguntarse cómo llegar a ser bueno, sino en cómo comportarse bien, que es algo muy
distinto.
La tecnocracia suprime de un plumazo interesado los juicios de valor y se limita a los
juicios de hecho, como si los hechos no arrastran ya las valoraciones. Como observa
Castilla del Pino (1972, págs. 149-154), "los juicios de hecho, aunque constataciones
sobre la realidad, son también, como es obvio, verificados por un sujeto... de modo que
también en el proceso de constatación hay un momento de subjetividad insoslayable". Por
tanto, "todos los juicios son operaciones del sujeto sobre la imagen del objeto de la
realidad". Un puro juicio de hecho tendría que quedar reducido a una definición ostensiva,
al uso de pronombres demostrativos, porque en la simple denominación se esconden
elementos valorativos que hacen que eso que se presenta como absolutamente objetivo
sea en buena parte subjetivo.
La tecnocracia niega ideológicamente la realidad valorativa, con lo que se vuelve peligrosa
no sólo al ignorar las diferencias, sino al ignorar que está imponiendo por sí misma una
visión diferencial y valorativa.

El individualismo psicológico
Uno de los aspectos que más daño ha hecho a la actividad psicológica es la concepción
individualista, que arranca de una ignorancia sobre la situacionalidad socio-política de la
persona humana. Ha sido bien frecuente definir la psicología como la ciencia de la
conducta individual, y de ahí se ha deducido no pocas veces que individuo se contraponía

4
a realidad social. El mito de Robinson ha tenido vigencia en la psicología, como si el
psiquismo humano tuviera sentido y aun entidad posibles abstraído de su incardinación
radical en lo social.
El individualismo metodológico suele ir ligado al individualismo hedónico, con lo que se
presupone que la verdadera dinámica del ser y quehacer humanos parte y terminan en el
placer de cada una de las personas. De ahí a la cultura del narcisismo de la que se ha
hablado recientemente no hay más que un paso lógico. Por otro lado, con el presupuesto
individualista el horizonte del psicólogo queda reducido a lo que los factores individuales
pueden explicar que, a la luz de los fenómenos sociales de cierta importancia, es poco y
discutible.

Intereses a los que ha servido históricamente la psicología


La ideologización de la psicología, bien sea a través de una tendencia tecnocrática, bien
sea de una tendencia individualista, o de ambas a la vez, indica que la psicología ha
servido de hecho a una serie de intereses materializados en su estructura. Esta es la tesis
de Didier Deleule.
Deleule parte de una cita del psicólogo francés, G. Canguilhem, que bien vale la pena
reproducir íntegramente: "Las investigaciones sobre las leyes de la adaptación y del
aprendizaje, sobre la relación del aprendizaje y las aptitudes, sobre la detección y medida
de las aptitudes, sobre las condiciones del rendimiento y la productividad (ya se trate de
individuos o de grupos), investigaciones inseparables de su aplicación a la selección o a
la orientación, admiten, todas ellas, un postulado común: la naturaleza del hombre es ser
un instrumento, su vocación ser colocado en su puesto, en su tarea".
Para Deleule, la psicología no ha sido capaz de romper el discurso dominante, lo que
permitiría su aporte científico, sino que ha aportado a la ideología dominante el apoyo de
su aparato técnico y de su armazón teórica: "la técnica psicológica responde, en realidad,
al proyecto de la sociedad industrial, a la necesidad que ésta tiene de seleccionar y
orientar a sus individuos en el medio laboral y, por tanto, en el medio escolar, de adaptar
mejor las condiciones de trabajo con vistas a un mayor rendimiento, de integrar mejor al
trabajador a su empresa y, de modo más general, al ciudadano a la sociedad" (Deleule,
1972, pág. 63).
El proceso de ideologización de la psicología en cuanto discurso se realiza en dos pasos:
la naturalización del medio ambiente y la subordinación del hombre a las necesidades del
sistema social establecido.

5
1) Watson transforma el dualismo de alma y cuerpo por el dualismo de lo biológico y lo
social, es decir, del organismo y del medio. Se produce así una transferencia de conceptos
del área biológica al área de la psicología: "el comportamiento del individuo en el medio
social debe ser el análogo del comportamiento del individuo en el medio natural". Se llega
así a considerar el medio social como un medio natural y, por tanto, organizar y orientar a
los individuos de acuerdo a las exigencias de ese medio o sistema.
2) Al aplicar este planteamiento básico a las exigencias sociales, la psicología moderna
tiende a convertirse en una ideología de recambio, es decir, a suplir otro tipo de valores y
argumentos en la justificación y encubrimiento de los intereses dominantes en la sociedad.
Deleule pone algunos ejemplos que merecen reflexión en sí mismos.
a) El concepto de aptitud. Constituye una primera forma de racionalización de la psicología
moderna, que reúne en él las ideas de una psicología individualista y clasificatoria: se trata
de clasificar a los individuos según sus aptitudes. Pero la clasificación adquiere sentido
de cara a una división social, y no simplemente a una diferenciación técnica del trabajo.
Por ello el concepto de aptitud está unido desde su comienzo a los términos de selección
y de adaptación, por un lado, y a productividad, eficacia, éxito y rendimiento, por otro. Son
estos últimos conceptos económicos los que muestran la intencionalidad de la aptitud
como concepción diferenciadora de las personas.
b) La sociometría de Moreno. La sociometría persigue por un lado el cambio del individuo
para que logre una mejor adaptación a su grupo; por otro, intenta construir las premisas
de una ideología de recambio. Lo primero lo logra mediante el psicodrama: permite la
libertad del hombre al interior de un marco escénico, consiguiendo así que la libertad no
engendre desorden social. Lo segundo lo logra mediante el sociodrama, en el cual se trata
de reconciliar a las clases sociales mediante una eliminación sistemática de lo negativo a
través de la catarsis de los individuos, esto sí, sin cambiar las raíces estructurales del
malestar.
3) La mayor parte de la psicología moderna se sirve de la noción de equilibrio tomada de
la física, lo que lleva a la consideración de la armonía como una meta socialmente
deseable -por supuesto, armonía que se identifica con el status quo social.
Este punto se pone de manifiesto en las llamadas "relaciones humanas", y que se originan
en los trabajos de Elton Mayo. Los cursillos de relaciones humanas no tratan de modificar
seriamente las relaciones sociales reales, sino de transformar el interior del individuo para
readaptarlo a esas relaciones tal como se dan. "El dogma consiste en un juicio de valor
según el cual lo necesario es la adaptación y no el cambio" (Deleule, 1972, pág. 125).

6
Está casi de más añadir que ese juicio es implícito y se vende como objetividad y asepsia
científica.
Otro área en la que, según Deleule, se pone de manifiesto el dogma de la adaptación al
orden establecido, tomado como sistema armonioso e ideal de equilibrio, aparece en las
pruebas de personalidad. Es bien conocida la frase característica de los tests de que "no
hay respuestas buenas ni malas, sólo respuestas sinceras o insinceras"; esto no es verdad
o, por lo menos, no es toda la verdad, ya que es raro el test de personalidad que no refleja
una concepción en la cual hay rasgos considerados mejores que otros o polos de la
personalidad considerados positivos. La neutralidad de los tests de personalidad es sólo
aparente y, las más de las veces, está plagada por juicios de valor.
La bondad o maldad de las respuestas no está tanto al nivel del saber en sí, sino respecto
del grado de conformidad o inconformidad social: cuanto más se aproxime la personalidad
al perfil ideal del grupo, tantas más posibilidades hay de que se la considere una
personalidad satisfactoria para los mejores puestos, carreras u ocupaciones.
4) Para Deleule, la evolución más importante de la psicología ha conducido desde la
simple determinación de aptitudes hasta el diagnóstico de la personalidad. "El concepto
de adaptación se ha ido sustituyendo progresivamente por el de integración, es decir, una
adaptación reforzada, una adaptación total -sin error-, una adaptación de la personalidad
global a la organización... La psicología moderna, por sus mismas premisas ideológicas,
puede aparecer, así, como una solución de recambio para la supresión de los conflictos
sociales; en cierta medida, representa –independientemente de la honestidad, del
escrúpulo y de las opciones políticas de los psicólogos-, por su sentido mismo, una posible
asfixia de la conciencia política" (Deleule, 1972, pág. 149).
La conclusión de Deleule es bastante drástica: "cambiar al individuo para no cambiar el
orden social, o bien cambiar al individuo con la esperanza de cambiar el orden social:
entre estos dos polos se despliega el trabajo del psicólogo; en el interior de estos límites
se sitúa el oficio del psicólogo. Consuelo o conservadurismo por un lado, reformismo por
el otro" (págs. 150-151).

El hombre social y la sociedad humana como horizonte ético de la psicología


Nos preguntamos por el horizonte de la psicología y por el horizonte ético de la psicología.
No nos preguntamos, por tanto, por el horizonte ético en general, sino por un horizonte
determinado y parcial: el de la psicología. Este horizonte no puede estar en contradicción
con el horizonte general de la ética, pero tampoco se deduce de ese presunto horizonte

7
general. Su determinación se deduce de la naturaleza misma de la psicología y de lo que
es su efectividad propia.
Pero no nos preguntamos por el horizonte general de la psicología, sino por su horizonte
ético. Hay un horizonte más técnico y especulativo de la psicología, que nos llevaría a una
filosofía de la psicología. El horizonte ético se ciñe al carácter transformador del hombre,
de la sociedad y de la historia.
Decimos que el horizonte ético de la psicología lo constituye el hombre social y la sociedad
humana.
Entendemos por sociedad humana una sociedad en la que sea posible el pleno desarrollo
del hombre, un orden que potencie y dinamice las virtualidades históricas del ser humano.
Se parte, por tanto, de la necesidad de la sociedad para la plena humanización y
perfección del hombre, pero se parte también de la posibilidad de una sociedad
deshumanizadora. Por tanto, se postula una sociedad que de verdad humanice y no que
reduzca el carácter personal de los individuos.
Esta sociedad humana debe concebirse en una forma dinámica y global, es decir,
histórica. Lo psicológico interviene como una dimensión dialéctica, que contribuye a
configurar la sociedad humana. Esta configuración es dinámica y lleva a formas siempre
cambiantes, que son las que van haciendo la historia.
Por hombre social entendemos al hombre como sujeto de relaciones sociales. Aunque el
hombre individual suele ser el objeto inmediato de la actividad psicológica, su horizonte
ético se centra en el hombre en cuanto es miembro de la sociedad en transformación. Ya
indicamos antes cómo el individualismo es una visión ideologizada de la actividad
psicológica y, por consiguiente, no puede constituir un objetivo ético.

La personalidad como estructura humana básica de toda sociedad


Cada sociedad ofrece un ámbito, dentro del cual se configuran los hombres que la
constituyen. Cada sociedad es, en este sentido, un conjunto de posibilidades, de espacios
enmarcadores de la situación de los diversos hombres. Ahora bien, al interior de cada
sociedad, cada clase y grupo sociales, e incluso cada individuo en particular, sólo
disponen de una parte de esas posibilidades y espacios, tanto más diferenciados cuanto
el orden social más dependa del dominio de una clase social sobre otras. Las
posibilidades y espacios sociales configuran qué relaciones son posibles no en teoría,
sino en concreto. Así, pues, es la estructura de relaciones y, por consiguiente, la estructura
de interacciones la raíz y marco de lo psicológico.

8
Una estructura de relaciones se materializa históricamente en las personas. La psicología
estudia de diversas maneras y con diversos conceptos esta materialización personal:
actitudes, normas y valores, personalidad... Ahora bien, en esta confluencia de lo personal
y lo social, lo que desde la perspectiva psicológica constituye la personalidad, desde la
perspectiva ética constituye el carácter: en un caso se ven los rasgos característicos, en
el otro su significación y repercusión social.
De ahí se entiende el postulado clásico de la psicología social de que la capacidad de
supervivencia de un orden social depende de su éxito en configurar el psiquismo de las
personas que la componen de acuerdo a sus exigencias estructurales. Se puede ver, a
este respecto, cómo todos lo gobiernos tratan de "orientar" y hasta manipular la
comunicación social y los procesos educativos de acuerdos a las necesidades del status
quo.
El hecho configurador no arrastra sin más un juicio ético negativo, pero sí un necesario
juicio ético, ya que se debe preguntar qué es lo que objetiva y realmente se persigue.
Ahora bien, si lo que busca cada sociedad es la integración de todos sus miembros a su
ámbito estructural, la pregunta debe apuntar entonces al sentido de la misma sociedad,
es decir, a si esa estructuración social concreta apunta objetivamente al bien común de
todos los ciudadanos, o ante todo sirve como estructura de poder para beneficio de un
grupo privilegiado.
De ahí se sigue que el proceso de configuración social puede tener el doble sentido de
anulador de las personalidades en posibilitador de la plenitud de todos los grupos y de
todas las personas. Por supuesto, no se trata de un dilema blanco y negro, y siempre se
podrán encontrar factores positivos y negativos en cualquier orden social. El punto es
relativo, y se trata de establecer si en una determinada situación histórica el ser de una
sociedad podría y debería atender más adecuadamente a los diversos sectores que la
componen.
Hay que cuestionar, por tanto, el sentido de la estructura y orden social actuales, el
significado del presente ordenamiento establecido, a fin de captar si tiende a posibilitar el
desarrollo de la personalidad de la mayoría de sus miembros, o más bien de sólo unos
pocos.
El horizonte lo constituye, por tanto, el desarrollo integral de todos los grupos, de todos
los hombres y de todo el hombre. De ahí que lo que es un hecho -el condicionamiento y
configuración psicosocial de la personalidad- debe convertirse en horizonte ético de la
actividad psicológica a fin de que el determinismo social no sea deshumanizador sino

9
humanizador, no subordine e instrumentalice, sino potencie y dinamice. Si toda libertad
tiene un "de" (se es libre de algo o de alguien), este "de" puede ser el moldeamiento social
de la personalidad, no como inhibición o barrera, sino como trampolín.
Por tanto, una sociedad humana, no una sociedad "desarrollada" o consumista, es el
objetivo ético de la actividad psicológica.

Lo social como estructura básica de la personalidad


Si la sociedad es determinante básica de la personalidad, también los grupos y las
personas, en sus peculiaridades concretas, van determinando a su vez lo que es o va
siendo la estructura social.
No se trata de incurrir en un voluntarismo idealista, que es una de las grandes falacias
ideológicas de la sociedad actual. Pensar que las voluntades de los individuos pueden
transformar la sociedad o que los rasgos de una persona son los determinantes
fundamentales de la estructura social constituye un engañoso diagnóstico sobre lo social.
Ahora bien, ninguna sociedad puede mantenerse si no dispone de la necesaria base
humana que sustente sus esquemas. Un gobierno, cualquiera sea su carácter, necesita
un mínimo de base social para perdurar en el poder. La dependencia de nuestros países
respecto a los Estados Unidos, por ejemplo, es un problema estructural; sin embargo, esa
dependencia adquiriría una cualidad muy distinta si no hubiera en cada país una ínfima
capa social que representa en forma sucursal los intereses dominantes, los administra y
se beneficia subsidiariamente de ellos.
No cualquier personalidad sirve para cualquier orden social. Las dificultades que pueden
enfrentar países como Cuba y Nicaragua, por ejemplo pueden estar en parte vinculadas
al tipo de personalidades configuradas y con las que tienen que contar. El individualismo
basado en la jerarquización y la competencia, el tipo de personalidad cuyo crecimiento
sólo se posibilita mediante la adquisición y consumo cada vez mayores de objetos, mal
pueden servir de base a una sociedad que requiere de la cooperación y la sobriedad.
Por ello hablamos de un hombre social. Lo social en el hombre debe tender hacia la
comunidad, no hacia el individualismo. Es importante que el hombre sea psíquicamente
"social", es decir, que por su propia dinámica busque aquellas relaciones sociales e
interpersonales que benefician primordialmente a la comunidad y que la llevan al
crecimiento con los demás, y no contra los demás o sobre los demás.
También hay que afirmar aquí que esta socialización del hombre se realiza siempre,
aunque no siempre con una intencionalidad refleja. La reflexión ética debe hacer pasar lo

10
fáctico a lo optativo, cambiando la dirección que hasta ahora tiene la socialización en
nuestra sociedad. El hombre social debe ser un horizonte ético de la psicología como
necesaria complementación de una sociedad humana.
El comportamiento de cada persona abre o cierra para los demás un aspecto de su
entorno humano y, por tanto, de su posible desarrollo. Por ello, la personalidad de cada
ser humano puede colaborar a acelerar o a desacelerar los procesos de crecimiento de
cada uno, así como a fortalecer o debilitar una estructura social.

Tema 2. PINCIPIOS FUNDAMENTALES DEL DEBER-SER DE LA


ACTIVIDAD PSICOLOGICA

Objetivo: Comprender las posibilidades positivas y negativas de la personalidad.

Desarrollo armonioso de todas las personas y de toda la persona.

Hablar de desarrollo personal como objetivo supone tener ya una cierta imagen, más o
menos explícita, de lo que debe ser la persona. Una ética psicológica debe tomar
conciencia refleja de esa imagen. Desde una perspectiva psicológica, la imagen de la
persona puede organizarse alrededor del concepto de necesidad, en cuanto lo que una
persona requiere para llegar a ser aquello que debe ser. Ahora bien, dentro de la escala
de necesidades hay que distinguir: 1) lo esencial primaria y universalmente y 2) lo
optativo histórico y, por tanto, necesario sólo secundaria y personalmente. Lo primero es
ser persona, es decir, el derecho básico a la vida humana; lo segundo es ser más
adecuadamente persona, es decir, el derecho a desarrollar las potencialidades
humanas. Hay que subrayar esta distinción, pues la discusión sobre los llamados
derechos humanos suele incurrir en ambigüedades ideologizadas. No se puede
comparar una situación donde lo que está en juego es la vida de las personas, con una
situación donde lo que está en juego son varias libertades políticas, importantes, pero no
comparables a la existencia.

Quizás el esfuerzo más conocido por elaborar una escala de las necesidades humanas
desde la perspectiva psicológica sea el realizado por Abrham Maslow. Maslow (1962
[1954]) distingue entre necesidades de autoconservación y necesidades de desarrollo,

11
entre la motivación de déficit y la motivación de crecimiento. Maslow trata de fijar la
distinta significación de las necesidades para las personas con la afirmación de que
"satisfacer las carencias evita la enfermedad; las satisfacciones del crecimiento
producen la salud positiva".

El principio de distinción planteado por Maslow parece válido, aunque la concreción de


su escala no lo es tanto. Posiblemente, esta escala constituya una racionalización de la
situación histórica que a Maslow le tocó vivir: la situación de la sociedad norteamericana.
Toda la axiología implícita en esa escala de valores -correspondiente a la de
necesidades adolece del pecado original del individualismo ahistórico. Todas las
necesidades se establecen a partir del individuo como realidad primera y absoluta, como
realidad primera universal. El otro, es decir, la instancia social, sólo entra como
referencia necesaria para mi satisfacción, sin que lo comunitario o la peculiaridad
histórica de las diversas sociedades sean consideradas como principios de
determinación básicos.

De hecho, cualquier escala de necesidades que desborde el nivel de lo estrictamente


biofísicológico es una escala histórica, y lo es a menudo en la especificación de lo
biológico. La configuración de las necesidades humanas no es un dato previo del que
parta cada ser humano, sino algo que se va formado y afianzando en un proceso
histórico. En este sentido, la misma psicología no sólo descubre necesidades, que lo son
de una sociedad o grupo humano histórico, sino que también puede crearlas o fortalecer
unas y debilitar otras. La psicología interviene así activamente, y no como un mero
espejo revelador, en la determinación de las necesidades. La cultura "narcisista"
(Lasch), con su exigencia de "autorrealización", con su búsqueda desaforada del placer,
ha sido recientemente un producto a cuyo parto contribuyó la psicología.

Herbert Marcuse ha hablado de necesidades y pseudonecesidades. Una labor necesaria


como exigencia ética constituye desenmascarar la falsedad de muchas de las demandas
que plantean los sectores principalmente dominantes de la sociedad como necesidades
perentorias, demandas que son también inculcadas en los demás sectores sociales. En
otras palabras, hay "necesidades" que existen, pero que resultan nocivas para la
sociedad humana y para el hombre social.

En nuestra sociedad actual hay un conflicto, en el que optar por las necesidades de los
más significa de hecho contrariar las necesidades de los menos. Lo que hay que ver es
a dónde se inclina la práctica psicológica. Por ello, aquí entra en juego el doble concepto
de toda la persona y de todas las personas ¿Que privilegiar? ¿Lo básico de unos o lo
adicional, aunque quizá también necesario, de los otros? ¿Lo mucho de unos o lo poco
de todos?

¿Puede haber un mucho auténtico que se oponga a la autenticidad de muchos? A


responder esta pregunta apunta la condición de armonía que se señala en el principio.

12
Armonioso es aquel desarrollo, pero sólo aquel, que brota de la determinación
comunitaria y no de una organización social opresiva.

La educación social y la socialización histórica

El desarrollo armonioso propuesto como primer principio ético de la actividad psicológica


reclama el principio complementario de una educación que lo haga posible. El que todos
los hombres y todo el hombre puedan alcanzar un desarrollo adecuado requiere una
estructuración diferente de la sociedad, de las relaciones intergrupales e
interpersonales, de los mecanismos de poder y de organización social. Pero esto no se
improvisa y menos desde el punto de vista de capacitación de las personas; el camino
para ello es el de la educación.

La psicología ha enfocado la educación preferentemente desde el enfoque del


aprendizaje. Quizá el área más característica o más específica de la psicología
contemporánea haya sido por mucho tiempo el área del aprendizaje. De hecho, una de
las escuelas más importantes en la psicología reduce los principios explicativos de todo
comportamiento a los principios del aprendizaje. El aprendizaje es también una de las
áreas más técnicas de la psicología, lo que se suele identificar con una de las áreas más
asépticas y universales. Precisamente esta característica nos hace entrar en sospecha
sobre la racionalidad intrínseca de los principios del aprendizaje.

¿No traducirán, también, los principios del aprendizaje una imagen del hombre –aquella
que precisamente realizan y en forma diferenciada hacen posible? Se suele definir el
aprendizaje como aquellos cambios más o menos permanentes inducidos en la
potencialidad de la conducta a causa de la experiencia. Constituye, por tanto, el
aprendizaje la supuesta incorporación de nuevas "respuestas" o la modificación de los
esquemas de respuestas ya existentes. Es importante subrayar aquí que de los
principios del aprendizaje parece seguirse la conclusión de que cualquier cambio
personal es posible, dependiendo de los refuerzos y sus "contingencias". Sin embargo,
esto es una falacia ideológica, ya que a la mayor parte de las personas no les es posible
realizar ni siquiera aquellos aprendizajes que más podrían facilitarles una respuesta a
sus necesidades.

En cualquier caso, el hecho de que el aprendizaje suponga algún tipo de cambio arrastra
el juicio ético, ya que el deberser puede juzgar este paso de un ser a otro, de un ser así
a un ser de otra manera. En el fondo, el aprendizaje y, en general todo proceso
educativo, involucra un para qué: siempre se aprende algo para algo o por algo, lo que
no quiere decir que siempre, quizás ni siquiera la mayoría de las veces, se sea
consciente de ello. Los procesos educativos más importantes no son, con frecuencia, los
procesos formales o institucionalizados.

La psicología trata de comprender lo más adecuadamente posible los mecanismos y las


condiciones de los cambios educativos. Pero, como en el caso de las necesidades

13
humanas, la misma comprensión es activa, en el sentido de que ayuda a configurar la
realidad que pretende explicar. En el caso del aprendizaje se ve muy claro si se tiene en
cuenta que, al creer comprender cómo impulsar su labor por ese conducto.

Tras los diversos principios del aprendizaje se vislumbra una imagen del ser humano
como instrumento del progreso en el contexto ideológico de una concepción biologista
de la historia que hace del hombre un ser de adaptación. El que se haya insistido tanto
en la hipótesis de la "caja negra" no es accidental: denota una constante
minusvaloración del hombre como objetivo, degradado al hombre como medio. La visión
de la "caja negra" cosifica al ser humano y lo instrumentaliza, subordinándolo de hecho
a las exigencias del orden social establecido.

Es bien significativo el olvido de la psicología hacia los contenidos de los procesos


estudiados, como si lo fundamental para comprender el quehacer humano fueran las
formas y mecanismos de aprendizaje, y esas formas y mecanismos no tuvieran que ver
con los materiales sobre los que se construyen y constituyen. Por el contrario, existe una
unidad dialéctica de formas y contenidos, de estructuras comportamentales y carácter
de los comportamientos. En concreto, el aprender no es indiferente a lo aprendido ni al
para qué de lo que se aprende. Tan importante o más que conocer el cómo, es conocer
el qué: qué se aprende, qué produce el aprendizaje, a quién beneficia un determinado
aprendizaje.

Es necesario que la psicología tenga como uno de sus principios éticos la posiblitación
de un aprendizaje humanizador, es decir, el buscar aquellos tipos de cambio que hagan
real un hombre, una sociedad y una historia nuevas y mejores. En definitiva, la
psicología debe preocuparse por el cómo y el qué del aprendizaje, pero sobre todo por
el para qué: hacia qué realidad apunta internamente y posibilita cada aprendizaje en la
totalidad del proceso educativo. Respecto a ello, no tiene sentido la pretensión de una
postura aséptica o éticamente neutra.

Liberación de la propia palabra

La palabra tiene aquí un sentido antropológico integral, no como siempre elemento


lingüístico. "La palabra -dice Fiori, como comportamiento humano, significante del
mundo, no sólo designa a las cosas, las transforma; no es sólo pensamiento, es 'praxis'"
(1970, pág. 21). "En un régimen de dominación de conciencias, en que los que más
trabajan menos pueden decir su palabra, y en que inmensas multitudes ni siquiera
tienen condiciones para trabajar, los dominadores mantienen el monopolio de la palabra
con que mistifican, masifican y dominan. En esa situación, los dominados, para decir su
palabra, tienen que luchar para tomarla. Aprender a tomarla de los que la retienen y
niegan a los demás, es un difícil, pero imprescindible aprendizaje" (pág. 25).

La actividad psicológica debe perseguir la comprensión primero y la eliminación después


de todos los mecanismos que, a nivel psicológico, impiden, bloqueen o desfiguren esa

14
palabra comunitaria y personal. Este es el reto de la liberación de la palabra, de la
liberación de la persona como sujeto de su propia historia, de la liberación de un pueblo.
En esta lucha por la liberación de la propia palabra, se presenta siempre el peligro de la
pseudo-liberación. En última instancia, una pseudo-liberación se caracteriza por la
mitificación de un ámbito de la libertad, undimensionalizado y manipulado. Algo así ha
sucedido con una mal llamada liberación sexual, que en poco o en nada ha contribuido
al crecimiento de las personas como hombres o mujeres, y ha convertido el sexo en un
objeto de consumo más.

No parece que pueda haber una verdadera liberación psicológica si no se da una


auténtica transformación social. Lo uno y lo otro van intrínsecamente ligados. El
psiquismo está determinado por lo social, y si lo social lo encadena, es ingenuo pensar
que puede liberarse a espaldas o al margen del ámbito que le da base y posibilidad de
existencia. Por ello, la liberación personal psicológica requiere la liberación comunitaria,
y sólo en ella se va realizando plenamente. La formación de una nueva conciencia exige
la transformación del grupo social.

Sería un error, sin embargo, plantear el problema al nivel de "todo o nada". Las
coyunturas históricas revolucionarias surgen de un trabajo continuo, pero constante y
firme. Por ello, es posible que haya que ver con ojos nuevos las relaciones entre
revolución y reforma. ¿En qué medida las reformas o, por lo menos, ciertas reformas
son necesarias en determinadas situaciones como preparativo para una verdadera
revolución? ¿En qué medida las reformas son los prolegómenos que preparan el
terreno, objetivo y subjetivo, para los cambios revolucionarios? Con frecuencia el
reformismo es el antídoto de la revolución y como tal se plantea y se impone; de eso, no
cabe duda alguna. Pero no toda reforma se opone a los cambios más profundos ni
apunta a horizontes conservadores.

Terminemos con una frase de Ricoeur: "Revolución y reforma no pertenecen a los


mismos niveles de referencia. La revolución se encuentra ante todo a nivel de convicción
y motivación: es el no del gran rechazo. La reforma caracteriza el nivel de la acción y
designa los cambios de fondo impuestos a la realidad socio-política. Puede haber
momentos de ruptura violenta necesaria, pero hay que pensarlos como peripecias. La
revolución no es una peripecia, sino la continua presión de la convicción sobre la acción
responsable".

Consideraciones metodológicas para el estudio de la


personalidad

15
Bibliografía

ARANGUREN, J. L. (1972). Erotismo y liberación de la mujer. Barcelona: Ariel.

BANDURA, A. (1969). Principles of behavior modification. New York: Holt, Rinehart &
Winston.

CASTILLA DEL PINO, C. (1972). Introducción a la hermenéutica del lenguaje. Barcelona:


Península.

DELEULE, D. (1972). La Psicología: Mito Científico. Barcelona: Anagrama.

ELLACURÍA, I. (1975) “Hacia una fundamentación del método teológico latinoamericano”,


en Estudios centroamericanos (ECA), n° 322/323, Universidad centroamericana “José
Simeón Cañas” (UCA), San Salvador, 1975.

FERRATER MORA, J. (1966). Diccionario de filosofía. Madrid: Alianza.

FIORI, Ernani María: Aprender a decir su palabra. El método de alfabetización del Profesor
Paulo Freire. Prólogo a “Pedagogía del Oprimido”, de Paulo Freire, Editorial Tierra Nueva,
Montevideo, 1970.

RICOEUR, Paul: “Riposta a la ideología: una nueva estrategia del conflicto”. Conferencia
dictada durante la Semana Social de Rennes, 1972.

SKINNER, B. F. (1971/). Más allá de la libertad y la dignidad [Beyond Freedom and


Dignity]. Cambridge: Hackett Publishing Company.

SKINNER, B.F. (1948). Walden dos. Cambridge: Hackett Publishing Company.

WATSON, J.B. (1925/1972). El conductismo [Behaviorism]. Buenos Aires: Paidós.

WEBER, M. (1904/1973). La objetividad cognoscitiva de la ciencia social y de la política


social. En Ensayos sobre metodología sociológica. Buenos Aires: Amorrortu Editores.

Referencia principal

Martín-Baró†, J., Ética profesional; International Journal on Subjectivity, Politics and the
Arts Revista Internacional sobre Subjetividad, Política y Arte, Vol. 11, (1), abril 2015, 55-
86

16
PSICOLOGÍA EN LÍNEA
DEONTOLOGÍA

3 créditos

Profesor Autor:

Mg. María Alexandra Gutiérrez

Titulaciones Semestre

• PSICOLOGÍA Séptimo

Tutorías: El profesor asignado se publicará en el entorno virtual de aprendizaje


[Link]), y sus horarios de conferencias se indicarán en la sección CAFETERÍA
VIRTUAL.

PERÍODO ABRIL 2024/ AGOSTO 2024


Índice

Contenido
Índice ......................................................................................................................................................................... 1
Unidad 4 .................................................................................................................................................................... 2
Tema 1: Referentes normativos en psicología . .................................................................................................................. 2
Tema 2. Principios éticos de la psicología .............................................................................................................. 23
Tema 3: Faltas nacidas de la violación de los derechos de los usuarios de los servicios psicológicos y faltas
nacidas de la violación de los deberes en el desempeño de la profesión de psicólogo y modelos de resolución
de conflictos éticos ................................................................................................................................................. 28
Bibliografía .............................................................................................................................................................. 88

1
Resultado de aprendizaje de la asignatura

Evaluar la personalidad de los sujetos en la atención psicológica

Unidad 4
Referentes normativos en psicología.

Resultado de aprendizaje de la unidad: Diseñar...formas de evaluación variada para


atender desde distintas escuelas a los usuarios

Tema 1: Referentes normativos en psicología

A continuación, se presenta una síntesis de los principios planteados en los principales


referentes normativos en psicología, incluyendo los Códigos de Ética de la Asociación
Americana de Psicología, la Federación Europea de Asociaciones de Psicología, el
Mercosur y la Unión Internacional de Psicología Científica Al respecto observemos el
siguiente recurso.
.

Tema 1. Objetivo

Objetivo: Conocer los problemas metodológicos para construir un estudio de la


personalidad sólido.

2
El secreto profesional

El secreto profesional se presenta ya que, para el cumplimiento correcto de su labor, un


profesional necesita acceder a información personal e íntima de su usuario. El secreto
profesional, de esta manera, es parte fundamental de la relación establecida entre el
paciente y el tratante en las diferentes ciencias de la salud, siendo mencionado
directamente en el juramento hipocrático:

Todo lo que vea y oiga en el ejercicio de mi profesión, y todo lo que supiere acerca de la
vida de alguien, si es cosa que no debe ser divulgada, lo callaré y lo guardaré con secreto
inviolable.

El secreto profesional existe para garantizar que en la relación establecida entre las partes
se pueda transmitir toda la información necesaria para llevar a cabo de manera correcta
la labor. Debido a que al momento de llevar a cabo su intervención el psicólogo, así como
el abogado, médico o terapeuta, necesita acceder a información que el usuario podría
querer reservar para sí se hace necesario que existan condiciones que garanticen al
usuario que podrá hablar con libertad para que así se pueda presentar un servicio
adecuado. En la medida en que el usuario reconoce que su tratante se encuentra en la
obligación de reservar para sí mismo la información adquirida durante la consulta
información, él podrá comunicar todo aquello relevante al proceso sin temer a que sea
usado en su contra.

Es de esta manera que se presenta el secreto profesional como una defensa del derecho
a la privacidad, intimidad y buen nombre de los usuarios del servicio psicológico. Por lo
tanto, la violación del mismo consta una violación de los derechos del usuario.
Adicionalmente, en la medida que el secreto es una condición necesaria para la correcta
práctica de la profesión, al violarlo se está poniendo en riesgo la idoneidad del psicólogo
para llevar a cabo sus labores; y se está afectando indirectamente al gremio como un todo
en la medida que el público podría interpretar la falta al secreto como una conducta
adecuada de todos los profesionales si esta no es atendida. Sin embargo, se reconoce
que el profesional podrá encontrarse en situaciones límite en las cuáles proceder
estrictamente de acuerdo al secreto profesional podría considerarse como una postura

3
incompleta. Por esto el secreto profesional puede verse como una problemática ética y
como una legal.

Al enfrentarse a situaciones dilemáticas el profesional puede encotnrarse en una posición


en la que, sin importar la decisión, se estarán violando los derechos de alguna de las
partes. Estas son situaciones que se encuentran más allá de los límites contemplados por
las leyes en el momento de su formulación y corresponde al profesional tomar la decisión
sobre el proceder. En el caso del secreto profesional, una de las dudas principales se
presenta cuándo un Psicólogo recibe una solicitud judicial para declarar, lo que lo llevaría
a romper el secreto profesional. Algunas otras circunstancias que generan dudas es si el
mantener el secreto puede llevar a afectar negavitamente la beneficiencia (tanto de su
usuario como de la sociedad) o algún otro principio.

Sin embargo, se debe tener en cuenta que la violación del derecho profesional no es la
primera, única o recomendada solución a toda situación donde este se encuentre en
conflicto con otros derechos. El psicólogo deberá llevar a cabo un análisis detallado y
cuidadoso de tal situación, mediante metodologías como el Modelo de Tres Niveles o las
sugeridas en otros manuales a nivel internacional para posteriormente tomar decisiones.
En esta clase de análisis se deben tener en cuenta las diferentes soluciones alternativas,
los Principios Éticos Universales y las consecuencias de cada línea de acción. Al llevar a
cabo esta clase de decisiones el profesional podrá justificar su actuar y garantizar que,
cuando menos, se está produciendo el menor de los males posibles.

Al tomar esta clase de decisiones el profesional reconoce que su actuar puede ser
estudiado por los tribunales deontológicos de psicología.

Los límites del secreto profesional

Existe una gran diferencia entre secreto relativo y secreto absoluto. El secreto profesional
nunca es absoluto a diferencia del secreto de confesión. Hay numerosos filmes 7 que
refieren situaciones dilemáticas de sacerdotes que han recibido secretos que difícilmente
podían guardar. A partir de estos dilemas se generaban las más dramáticas situaciones,
en las que el peso de guardar ese secreto se manifiesta en los síntomas y las conductas
inexplicables de los prelados. Sin embargo, el psicólogo no está obligado a mantener un
secreto absoluto en su profesión. Rojas (1959) establece que el secreto profesional del
médico no es absoluto, es relativo por dos razones: en primer lugar, por los requerimientos

4
de orden legal, en segundo lugar, por aspectos ligados a la conciencia del profesional. En
el ámbito de la psicología estas dos razones merecen un tratamiento pormenorizado.
Vamos a comenzar por la primera cuestión: ¿cuándo establece la ley que un psicólogo
está obligado a denunciar a su paciente?

La obligación de denunciar

El Código Orgánico Integral Penal (Art. 422) establece que:

Art. 422.- Deber de denunciar.- Deberán denunciar quienes están obligados a hacerlo por
expreso mandato de la Ley, en especial:

1. La o el servidor público que, en el ejercicio de sus funciones, conozca de la comisión


de un presunto delito contra la eficiencia de la administración pública.

2. Las o los profesionales de la salud de establecimientos públicos o privados, que


conozcan de la comisión de un presunto delito.

3. Las o los directores, educadores u otras personas responsables de instituciones


educativas, por presuntos delitos cometidos en dichos centros.

En lo que concierne al secreto profesional, el Código Orgánico Integral Penal (Art. 276)
indica que:

Art. 276.- Omisión de denuncia en razón de la profesión, cargo u oficio.- La persona que,
en razón de profesión, cargo u oficio, en los ámbitos de educación, salud, recreación,
religioso, deportivo o cultural, conozca de hechos que constituyan graves violaciones a
los derechos humanos o delitos contra la integridad física, psicológica, sexual y
reproductiva o muerte violenta de una persona y no denuncie el hecho, será sancionada
con pena privativa de libertad de dos a seis meses.

Si la omisión es por parte de quien sea el propietario, responsable o representante legal


de la institución pública o particular, se aplicará el máximo de la pena.

Si la omisión se produce sobre delitos contra la integridad física, psicológica o sexual de


niños, niñas y adolescentes, se aplicará el máximo de la pena aumentada en un tercio.

No se podrá alegar secreto profesional y objeción de conciencia para justificar la


falta de denuncia.

5
Esto se ve corroborado por el Art. 179 sobre la revelación de secreto o información
personal de terceros. No obstante el Art. 424 expone que:

Art. 424.- Exoneración del deber de denunciar.- Nadie podrá ser obligado a denunciar a
su cónyuge, pareja en unión estable o parientes hasta el cuarto grado de consanguinidad
o segundo de afinidad. Tampoco existirá esta obligación cuando el conocimiento de los
hechos esté amparado por el secreto profesional.

La dimensión clínica

¿Cómo conciliar la obligación de denunciar con el secreto profesional? En realidad, la ley


no es contradictoria ya que la posibilidad de denunciar o no depende de la decisión del
profesional. La ley prioriza la decisión del profesional que en cada caso debe evaluar los
derechos en juego, la naturaleza de la revelación y el efecto en la cura del paciente. Aquí
se incorpora la segunda cuestión, a saber, la conciencia del profesional. La expresión no
es en sí misma de lo más feliz, ya que la conciencia es de orden moral y en realidad sería
más preciso sostener que la decisión debe ser tomada desde la ética del psicólogo. Si,
por ejemplo, un paciente confiesa haber cometido un asesinato, la obligación de denunciar
impuesta por el Código Penal, va en consonancia con las coordenadas simbólicas. Este
es un claro ejemplo en el que la ley social impone un castigo que tiende al restablecimiento
de lo simbólico dañado por el homicidio. La ley simbólica es apuntalada en la ley social.
El psicólogo entonces, decide levantar o no el secreto profesional ponderando los
aspectos deontológicos (leyes, códigos éticos, a los que está sujeto en tanto profesional
y los aspectos subjetivos (tal como los concibe la clínica psicoanalítica).

Por otro lado, los matices con los que se presenta en la clínica psicológica el deber de
confidencialidad hacen que sea necesario evaluar en cada caso la obligación de mantener
el secreto o de levantarlo. Situaciones de riesgo de vida del paciente o de un tercero,
situaciones en las que se hallan menores afectados como victimas de violencia familiar o
pedofilia, resultan claramente discernibles como casos en los que el profesional está
obligado a denunciar a fin de proteger no solamente a la víctima, sino también al propio
paciente del desborde pulsional que reclama los límites que contornea la ley. Si en casos
como éste el profesional privilegia lo pulsional, degrada lo simbólico atentando contra la
propia cura del paciente.

6
Privacidad, confidencialidad y derecho a la intimidad

4.01 Mantenimiento de la confidencialidad

Los psicólogos tienen como obligación primordial y toman las precauciones razonables
para proteger la información confidencial obtenida o conservada por cualquier medio,
reconociendo que los alcances y límites de la confidencialidad pueden ser regulados por
ley, o establecidos por reglas institucionales o por relaciones profesionales o científicas.
(Ver también Norma 2.05 Delegación del trabajo a otros)

4.02 Discusión de los límites de la confidencialidad

(a) Los psicólogos discuten con las personas (incluyendo, en la medida de lo posible, a
las personas legalmente incapaces de dar consentimiento y a sus representantes legales)
y organizaciones con quienes establecen una relación científica o profesional, (1) las
limitaciones relevantes en la confidencialidad y (2) los usos previsibles de la información
obtenida a través de sus actividades psicológicas. (Ver también Norma 3.10
Consentimiento informado). (b) A menos que no sea factible o esté contraindicado, la
discusión acerca de la confidencialidad tiene lugar al comienzo de la relación y de allí en
adelante según lo garanticen las circunstancias. (c) Los psicólogos que ofrecen servicios,
productos o información por vías de transmisión electrónica informarán a sus
clientes/pacientes sobre los riesgos de la privacidad y los límites de la confidencialidad.

4.03 Grabaciones

Los psicólogos obtienen el permiso de los individuos a quienes proveen servicios o de sus
representantes legales antes de grabar sus voces o imágenes. (Ver también normas 8.03,
Consentimiento informado para la grabación de voces e imágenes en investigación; 8.05,
Prescindencia del consentimiento informado en investigación y 8.07, Engaño en la
investigación) 4.04 Minimización de las intrusiones a la privacidad (a) Los psicólogos
incluyen en sus consultas e informes orales y escritos únicamente la información relativa
al propósito para el que la comunicación ha sido realizada. (b) Los psicólogos discuten la
información confidencial obtenida en su trabajo únicamente con fines científicos o
profesionales apropiados y exclusivamente con personas claramente involucradas en
tales asuntos.

4.05 Revelación de información

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(a) Los psicólogos pueden revelar la información confidencial con el apropiado
consentimiento de la empresa cliente, el cliente/paciente individual u otra persona
legalmente autorizada en nombre del cliente, excepto en los casos que esté
específicamente prohibido por ley.

(b) Los psicólogos revelan información confidencial sin el consentimiento del individuo en
los casos que indica la ley, o cuando ésta lo permita para fines legítimos, tales como (1)
proveer servicios profesionales necesarios; (2) obtener consultas profesionales
apropiadas; (3) proteger al cliente/paciente, al psicólogo o a otras personas de daño; u (4)
obtener del cliente/paciente el pago de los servicios, en cuyo caso la revelación estará
limitada al mínimo necesario para alcanzar tal propósito. (Ver también Norma 6.04e,
Honorarios y acuerdos financieros).

4.06 Consultas

Al consultar con colegas, (1) los psicólogos no revelan información confidencial que pueda
razonablemente conducir a la identificación de un cliente/paciente, participante de
investigación, u otra persona u organización con quien ellos tengan una relación
confidencial, a menos que hayan obtenido previamente el consentimiento de la persona u
organización o que la revelación no pueda ser evitada, y (2) revelan información sólo en
el grado necesario para lograr los propósitos de la consulta. (Ver también Norma 4.01,
Mantenimiento de la confidencialidad).

Faltas nacidas de la violación de los derechos de los usuarios de los


servicios psicológicos y faltas nacidas de la violación de los deberes
en el desempeño de la profesión de psicólogo y modelos de
resolución de conflictos éticos

Faltas nacidas de la violación de los derechos de los usuarios de los servicios


psicológicos

Derecho de autonomía

El derecho de autonomía hace referencia principalmente a la capacidad de


autodeterminación sobre las opciones individuales disponibles siempre que no estén
prohibidas En el ejercicio de la psicología el reconocimiento de este derecho parte de
brindar información veraz y garantizar las decisiones libres, además de proteger a
aquellos con límites en su autonomía.

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Las faltas al derecho de autonomía se presentan principalmente cuando el psicólogo no
reconoce la libertad de aceptación de los procedimientos, restringe la libertad de
terminar los procedimientos, no favorece las decisiones libres y bien informadas, y no
obtiene el consentimiento informado.

Derecho a la beneficencia y a la no maleficencia

El derecho a la beneficencia y no maleficencia hace referencia principalmente a recibir el


mayor beneficio posible y el menor daño posible evitable En el ejercicio profesional de la
psicología el reconocimiento de este derecho parte de cumplir rigurosamente las leyes y
normas, y protocolos necesarios para proteger los derechos, no infligir daño y evitar
riesgos innecesarios

Las faltas al derecho de beneficencia y no maleficencia se presentan principalmente


cuando el psicólogo no tiene en cuenta las consecuencias negativas que pueden derivarse
de su ejercicio y actúa sin tenerlas en cuenta, no analiza los dobles efectos, ante un doble
efecto no actúa bajo el menor riesgo posible Como excepciones a este derecho se
reconoce que ante un doble efecto es aceptable realizar una acción con consecuencias
negativas si la acción en sí misma es buena o indiferente, la intención está orientada al
beneficio y este no se da mediante el daño, es urgente actuar y el daño no es mayor al
beneficio, y el beneficio no puede obtenerse de otra manera

Derecho al reconocimiento de la dignidad

El derecho al reconocimiento de la dignidad hace referencia principalmente al


reconocimiento como individuo único y un fin en sí mismo; y es considerado uno de los
fundamentos del orden jurídico nacional. En el ejercicio profesional de la psicología el
reconocimiento de este derecho parte de actuar con cautela y prudencia ante nociones,
diagnósticos o etiquetas que desvaloricen o discriminen a los clientes.

Las faltas al derecho de reconocimiento de la dignidad se presentan principalmente


cuando el psicólogo no reconoce a la persona como tal, la instrumentaliza, la percibe como
rival u obstáculo, la trata como objeto de observación o estudio sin su consentimiento, o
desconoce el múltiple impacto de la relación establecida.

Derecho a la honra y al buen nombre

El derecho a la honra y buen nombre hace referencia, principalmente, a la


correspondencia entre el juicio social y la calidad de los comportamientos emitidos. Las
faltas al derecho de honra y buen nombre se presentan principalmente cuando el
psicólogo presenta información no veraz que distorsionan el prestigio social del cliente.

Derecho a la igualdad y a la equidad

El derecho a la igualdad y equidad hace referencia principalmente a ser tratado con


respeto y justicia, en condiciones de equidad e imparcialidad, y se traduce en igualdad

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ante la ley, igualdad de acceso a oportunidades, e igualdad en beneficios y protecciones
sociales que garanticen la dignidad En el ejercicio profesional de la psicología el
reconocimiento de este derecho parte de no discriminar por condición alguna, y garantizar
la equidad en la oferta de los servicios. Las faltas al derecho de igualdad y equidad se
presentan principalmente cuando el psicólogo realice alguna forma de discriminación.

Derecho a la información veraz

El derecho al hace referencia principalmente a recibir información veraz completa, y


oportuna que garantice la autonomía En el ejercicio profesional de la psicología el
reconocimiento de este derecho parte de la obligación del consentimiento informado, y
mantener la fidelidad y promesas con sus clientes.

Las faltas al derecho de información veraz se presentan principalmente cuando el


psicólogo no informa la naturaleza de los procedimientos y su rol, no da a conocer los
resultados de evaluaciones, brindar información incompleta o encubierta, no reconocer al
representante legal cuando hay limitaciones.

Derecho a la intimidad

El derecho a la intimidad hace referencia a reservar información sobre sí mismo, y está


asociado con los derechos a la vida, la libertad y la propiedad, necesarios para garantizar
la dignidad y para el logro del desarrollo personal, la creación y mantenimiento de
relaciones sociales y la expresión de la libertad individual Las faltas al derecho de
intimidad se presentan principalmente cuando el psicólogo solicita, intenta o fuerza al
cliente a dar información privada irrelevante para el ejercicio de la profesión.

Faltas nacidas de la violación de los deberes en el desempeño de la profesión de


psicólogo

Deber de estándares morales

El deber de estándares morales hace referencia principalmente a regirse por los valores
de la comunidad donde se vive, y considerar el impacto de su desviación Las faltas a este
deber se presentan principalmente cuando el psicólogo presta sus servicios cuando estos
van a ser mal usados, se sirve de la información para beneficio propio o prejuicio del
cliente, acepta presiones que limiten su objetividad, presta su nombre o firma ilegalmente,
presenta documentos falsos, participa honorarios con otros colegas, hace anuncios falsos.

Deber de colaboración con la justicia

El deber de colaboración con la justicia hace referencia principalmente a cumplir las


exigencias mínimas de la justicia social como son el seguimiento de la legislación y
normatividad

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Las faltas a este deber se presentan principalmente cuando el psicólogo no informa
violaciones a los derechos humanos, malos tratos, reclusión, riesgos para salud pública,
la salud o seguridad del cliente o terceros

Deber de competencia profesional

El deber de competencia profesional hace referencia principalmente a ejercer con los más
altos estándares posibles. Las faltas a este deber se presentan principalmente cuando el
psicólogo desconoce los límites de sus competencias y procedimientos, anuncia servicios
sin garantizar un juicio bien informado, realiza procedimientos que no corresponden con
su campo, emite conceptos infundados.

Deber de lealtad

El deber de lealtad hace referencia principalmente a respetar los compromisos


establecidos con los clientes, así como el respeto recíproco con otros profesionales Las
faltas a este deber se presentan principalmente cuando el psicólogo desacredita a otros
colegas o procedimientos que tienen credibilidad, actúa bajo competencia desleal,
interviene en casos no cerrados por otros colegas.

Deber de prudencia

El deber de prudencia hace referencia principalmente a actuar de la mejor manera posible


y prever las consecuencias, haciendo el mayor beneficio posible, y evitando el mayor daño
posible, tomando decisiones bien informadas Las faltas a este deber se presentan
principalmente cuando el psicólogo ignora condiciones de desventaja, da rótulos o
diagnósticos definitivos, no es cuidadoso al presentar la información, utiliza
procedimientos sin evidencia empírica.

Deber de responsabilidad profesional

El deber de responsabilidad hace referencia principalmente a responder y dar cuenta de


los procedimientos realizados, justificando sus decisiones y el análisis de sus
consecuencias, así como ejercer bajo la mayor exigencia científica, académica y
profesional Las faltas a este deber se presentan principalmente cuando el psicólogo no
lleva el registro de la información y los procedimientos, no protege la información, omite o
retarda el ejercicio profesional, no cumple las normas vigentes.

Deber de solidaridad

El deber de solidaridad hace referencia principalmente a reconocer el dolor o sufrimiento


ajeno y ejercer para favorecer las condiciones de sus clientes y de las personas
vulnerables de la sociedad Las faltas a este deber se presentan principalmente cuando el
psicólogo se niega a actuar ante situaciones de ayuda a personas vulnerables o en
situación de riesgo, mantener estereotipos y prejuicios.

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Modelos de resolución de conflictos éticos

De manera general un modelo puede definirse como un esquema de la realidad que, al


simplificar una realidad que es compleja, sirve para su análisis sin poder establecerse
como guía definitiva o respuesta a todas las necesidades En este sentido, un modelo de
resolución de conflictos éticos se entiende como una herramienta que permite considerar
las variables necesarias para evaluar, proponer soluciones y tomar decisiones ante una
situación dilemática y, a partir de la práctica en su aplicación, como una herramienta para
desarrollar una forma de pensar ante situaciones dilemáticas.

Existen diversos modelos para el análisis de dilemas éticos entre los que se destacan el
modelo de Anne Davis, el método de Nijmegen, el método de Diego Gracia, el método
Integral, el modelo del Centro de Ética Médica de Bochum, el modelo de Brody y Payton,
el modelo de Curtin y Flaherty, el modelo de Thompson y Thompson, la fórmula SAD, el
modelo de Javier Morata, el modelo de Elaine Congress, el modelo IFSW, el modelo de
Loewenberg y Dolgoff, el modelo de la Ley Social, el método DOER, el modelo de
Brommer, el modelo de Corey y Callanan, el modelo de Pope y Vásquez, el modelo de
Bush, Connell y Denney, el modelo de Ferrell, Gresham y Fraedrich y el modelo de Hunt
y Vitell Estos modelos presentan diferencias significativas y fueron creados en contextos
y poblaciones muy diferentes, sin embargo, se pueden evidenciar elementos comunes
que incluyen: especificar el dilema ético, describir los hechos en consideración, definir los
principios y postura ética, y la propuesta de alternativas de solución y toma de decisiones
(Ruiz et ál , 2015)

Modelo de tres niveles

El modelo de tres niveles fue elaborado por Leonardo Amaya y Gloria Berrío como una
guía adaptada al contexto colombiano para afrontar situaciones dilemáticas en el ejercicio
de la psicología (Amaya y Berrío, 2015) El modelo fue diseñado para poder ser usado
antes de que se presente la situación dilemática o después de que se ha presentado, de
acuerdo a los propósitos de quién lo use, y está organizado en tres niveles cada uno con
tres contenidos.

Nivel 1 - Sustentación de los hechos

El primer nivel hace referencia a la sustentación de los hechos, está compuesto por la
clarificación de los hechos, circunstancias y contextos; la clarificación de los conceptos
involucrados; y la descripción de las situaciones dilemáticas Tiene como objetivos
clarificar técnicamente los componentes de la situación, clarificar el sentido o significado
de términos o expresiones que puedan dar lugar a confusión, y referir los dilemas éticos
o conflictos presuntamente involucrados en el caso (Amaya y Berrío, 2015)

1. En primer lugar, en la clarificación de los hechos, circunstancias y contextos se deben


considerar las narraciones incluidas en el caso, y precisar los hechos demostrables dentro
de dichas narraciones Se deben identificar los hechos objetivos y demostrables, y las

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circunstancias y contexto de los mismos que pueden incluir: dónde y cuándo ocurrieron,
y quienes participaron; describir aspectos médicos, legales o de rol que sean pertinentes;
y características psicosociales objetivas relevantes (Amaya y Berrío, 2015)

2. En la clarificación de los conceptos involucrados se deben considerar las acepciones


que tienen estos en los diferentes campos específicos o profesiones que corresponden, y
se consideran fuentes válidas los diccionarios especializados, la bibliografía pertinente y
los expertos reconocidos Se debe tomar una postura e indicar la(s) definición (es) que se
adopta(n) para analizar la situación dilemática (Amaya y Berrío, 2015).

3. Por último, en la descripción de las situaciones dilemáticas se debe considerar primero


plantear el dilema ético y luego analizarlo, teniendo en cuenta que en la normatividad
colombiana no se jerarquizan los principios por lo que se parte de que todos están en el
mismo nivel.

Nivel 2 – Fundamentación

El segundo nivel hace referencia a la fundamentación y está compuesto por las fuentes
éticas, fuentes normativas y legales, y fuentes de referencia Tiene como objetivo clarificar
las fuentes éticas y legales desde las cuales se hace el análisis y la resolución de la
situación dilemática (Amaya y Berrío, 2015)

En primer lugar, en las fuentes éticas se deben explicitar los artículos o secciones
relevantes para el análisis de la situación dilemática, teniendo en cuenta el Código
deontológico y bioética de psicología en Colombia, y su correspondiente manual; las
doctrinas y jurisprudencias expedidas por el Tribunal Nacional (eje 2); códigos éticos
reconocidos universalmente, códigos éticos de psicología reconocidos y relevantes,
códigos éticos de otras profesiones relevantes Se debe explicitar qué artículos o
secciones son relevantes y de qué manera aportan o contribuyen al caso (Amaya y Berrío,
2015)

Nivel 3 - Analítico y propositivo

El tercer nivel hace referencia al análisis y propuesta de solución, y está compuesto por
el juicio de principios, la valoración de alternativas y el juicio fundado Tiene como objetivos
analizar los principios éticos enfrentados, o el principio único en conflicto, plantear y
analizar alternativas de solución y proponer una solución final para el caso (Amaya y
Berrío, 2015)

En primer lugar, para el juicio de principios se debe considerar el análisis de los principios
éticos enfrentados teniendo en cuenta las etapas anteriores del modelo En este punto se
debe explicitar con claridad y precisión la situación dilemática (Amaya y Berrío, 2015)

En la valoración de alternativas se debe explicitar una estrategia articulada, teniendo en


cuenta el establecimiento de cursos de acción, el análisis de los riesgos implicados en las

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alternativas, y el análisis de los principios implicados en la situación dilemática y los
nuevos implicados en las alternativas de solución Se sugiere tener en cuenta en este
punto el principio del mal menor o doble efecto, reconocer los límites de la competencia y
consultar a expertos, una vez consideradas las alternativas, reconsidere otras que no haya
incluido (Amaya y Berrío, 2015)

Por último, en el juicio fundado se debe considerar la alternativa de solución seleccionada


como definitiva para la situación dilemática, teniendo en cuenta la construcción de una
resolución que incluya las alternativas consideradas válidas y la elección argumentada de
la decisión final Debe fundamentarse la decisión suficientemente en los referentes
normativos y demás etapas previas del modelo (Amaya y Berrío, 2015)

Bibliografía
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