NUNCA ES TARDE (De Rakel Red)
CAPÍTULO 1: REENCUENTRO.
“Ni la ausencia ni el tiempo son nada cuando se ama”.
Louis Charles Alfred de Musset (1810-1857) Poeta francés.
El sol de la mañana empezó a filtrarse por la ventana y justo en aquel momento
sonó el maldito despertador. Como siempre tan oportuno justo cuando estaba
en mitad de un sueño muy interesante en el cual yo era la absoluta
protagonista. No entraré en detalles porque no lo recuerdo bien, lo que sé a
ciencia cierta es que me lo estaba pasando en grande y eso es lo único que me
importaba.
Me llamo Emma, Emma Müller y una de las cosas que odio es tener que
madrugar. Pero como persona adulta que soy (o al menos intento parecerlo),
tengo unas obligaciones que cumplir y en este preciso momento ir a trabajar es
mi principal obligación.
Me levanté no con mucha alegría pero sin otra opción, había que ir a ganarse
las habichuelas. Mi destino era la redacción del Diario Kulturprozess.
Efectivamente es lo que estáis pensando, soy periodista.
Aunque tengo que reconocer que no soy una periodista famosa ni nada por el
estilo, solamente me encargo de una pequeña columna de este gran periódico.
Pero no por ello me siento menos orgullosa, realmente es todo un logro haber
conseguido este trabajo siendo tan joven y además la columna que redacto son
temas de arte, literatura y cultura lo cual hace que me encante este trabajo
(Aunque tenga que madrugar).
La verdad es que he sido muy afortunada, trabajo en algo que me gusta, me
pagan por ello y encima no está muy lejos de donde vivo.
Mi casa está situada cerca de la zona del Weißenseer Park y por lo tanto
también del Weiße See o el también llamado “El Lago Blanco”.
Siempre que necesito pensar o simplemente respirar aire puro me acerco hasta
el Lago y me lleno de paz hasta que recuerdo que no he tendido la ropa o que
no he sacado la basura o que no he hecho la compra (Justo como acabo de
recordar ahora mismo). A estas alturas ya os habréis dado cuenta de lo
desastre que soy para algunas cosas, pero en lo que soy lo peor de lo peor es
en el amor. Aunque ahora no voy a entrar en ese tema porque nos acabamos
de conocer y ya llegó tarde a trabajar.
Entré por la puerta de la redacción y saludé a mis compañeros. De pronto
apareció mi mejor amigo Hotte.
H – ¡Emma! ¡Emmaaaa! – dijo gritando.
E - Hotte no me grites que no estoy sorda – dije irritada.
H - Perdona, pero es que has vuelto a llegar tarde y me parece que ese
despertador tuyo no te funciona muy bien o es que estas perdiendo audición y
ya no lo escuchas.
E - Muy gracioso. Pero solo he llegado diez minutos tarde tampoco es para
tanto. – dije indignada.
H – Vale, lo que tú digas. Pero el jefe quiere tu columna para ya, así que
espero que la tengas terminada porque luego no quiero aguantar tus lloriqueos
porque te haya echado la bronca.
E – Oye, que yo no lloriqueo. Además la columna la tengo acabada, me ofende
que dudes de mi.
Me dirigí triunfal hacia el despacho del jefe a entregarle mi trabajo.
Y unas horas más tarde…
H – ¿Como ha ido? ¿Le ha gustado? ¿Que te ha dicho? ¿Te… - no le dejé
acabar con su interrogatorio.
E – ¡Hotteee! Deja de hacer preguntas, que me pones de los nervios. –
contesté algo irritada.
H – Tienes razón, pero habla no me dejes con la intriga.
E – Ha ido bien, dice que le ha gustado y lo van a publicar en el próximo
número. – comenté satisfecha.
H – ¡Bien! Esto hay que celebrarlo.
E – (Ya estamos) Tú siempre estas igual, cualquier cosa te sirve de excusa
para celebrar.
H – Si, eso es verdad. Pero además si salimos a tomar algo aprovechare para
contarte una cosa. – dijo misterioso.
E – Hotte, aunque me gusta la idea de salir contigo a charlar, hoy no va a poder
ser. Tengo que ir a hacer la compra, ya sabes cómo soy y ahora mismo tengo
la nevera vacía y como no empiece a llenarla podría volverme caníbal y tú
podrías acabar en mi próxima cena.
H – Cla....Claro Emma, todo sea por qué cuides bien tu alimentación y yo me
mantenga de una pieza. – dijo intimidado.
E – Jajaja, Hotte que haría yo sin ti.
H – ¿Morirte de hambre? Anda vete, supongo que la conversación puede
esperar a mañana.
Una vez acabada mi jornada laboral me dirigí a casa, aunque antes tendría que
hacer una parada al supermercado del barrio.
Ahí estaba yo comprando en el Super, y como siempre me ocurría me
empezaron a asaltar dudas existenciales del tipo: Coca-cola o Pepsi, Cola Cao
o Nesquik. Aunque en este preciso instante estaba entre Nocilla o Nutella. *
Y entonces apareció alguien en mi campo de visión, tuve que parpadear varias
veces y unas cuantas veces más.
¿Era ella? No podía ser…
¿Verdad que no? No, claro que no.
Mientras hablaba conmigo misma como una idiota, la visión iba acercándose
cada vez más. Hasta que…
J – ¡Hola Emma! Cuanto tiempo… - me saludó
E – Ho… (Tragué saliva e intenté calmarme) Ho… ¡Hola Jenny! – finalmente
logré decir.
J – Me alegro de verte, estas muy guapa. – dijo sonriendo.
E – Gra… Gracias, tu también (Emma, cálmate, cálmate…) – pensé.
J – No nos veíamos… Uhm… ¿Desde cuándo? – preguntó.
E – Hace unos cinco años, ya sabes desde que acabamos el instituto. (Bien
Emma, una frase entera sin tartamudear, sigue así que tú puedes) – me animé.
J – Si, eso. Cinco años. ¿Y qué hay de ti? ¿Que haces?
E – Pues comprando… eh… Nutella - (Mierda Emma, si aun no lo había
decidido) **
J – Ya… No, me refiero… ¿Qué a que te dedicas? – continuó.
E – ¡Ah! Eso. Pues a… a… escribo… quiero decir que escribo en un periódico.
– Balbuceé - ¿Y tú qué haces? Fuera de aquí quiero decir… (Con lo bien que
ibas y ya la estas fastidiando)
J – Pues soy profesora de danza en una academia de la zona. Puede que la
hayas oído se llama HZT Berlín. Así que al final te sacaste la carrera de
periodismo…
E – Si, al final me decidí por la escritura. ¡Y tú profesora de danza! Eso está
muy bien, aunque debe ser muy sacrificado… eh… ya sabes… por lo de las
dietas y eso. (Cállate Emma, cállate)
J – Si bueno no voy a negar que es una profesión dura pero también tiene sus
cosas buenas. Además yo disfruto bailando y enseñando a mis alumnos. No
puedo pedir más…
E – Esto… y desde cuando trabajas aquí. Es que pensaba que… bueno que
estabas en Colonia. Me lo comento un día Luzi. – admití.
J – Si, es verdad. Hasta hace apenas unos días he estado en Colonia. Allí
estuve estudiando y hace poco me salió esta oportunidad de trabajar aquí y no
me lo pensé dos veces. –
(Cuando sonríe se le ilumina la cara y esos ojos, esos ojos… ¡Emmaaa!
¡Céntrate!)
E - ¡Ojos! – dije en voz alta.
J – ¿Qué?
E – Eh… digo que dichosos los ojos de volver a verte (Uff, bien, ahí has estado
bien) – me consolé.
J – Lo mismo digo. Espero que nos encontremos a menudo ahora que somos
vecinas. ¡Hasta luego Emma! – se despidió.
E – ¡Hasta luego Jenny!
La vi marcharse, bueno, más bien mire su culo marcharse (luego ya analizaría
porque estaba haciendo eso, pero ahora no era el momento)
Un momento… ¿Vecinas? Ha dicho vecinas,¿ Verdad? Me pregunto que habrá
querido decir con eso.
*Nota de la autora: Si, ya sé que lo suyo hubiera sido poner marcas de
productos que se venden en Alemania por eso de hacer más creíble la historia,
pero que queréis que os diga solo me venían a la cabeza los choco fresh esos.
** Otra Nota de la autora: Aunque Emma hablé mucho consigo misma, no está
loca.
CAPÍTULO 2: RECUERDOS.
"Cuando el tiempo pase y tú me olvides, silencioso vivirás en mí; porque en la
penumbra de mis pensamientos, todos los recuerdos me hablarán de ti." —
Gustavo Adolfo Becquer
Ha ido bastante bien, en realidad ha sido interesante. Me llamo Jennifer
Hartmann y la rubia con la que acabo de hablar es el amor de mi vida.
Os preguntareis como sé que es el amor de mi vida. Pues no tengo una
respuesta lógica a esa pregunta, simplemente lo sé. He tardado cinco años en
darme cuenta pero como se suele decir nunca es tarde si la dicha es buena.
Lo que no esperaba al volver a verla, es que me descolocara tanto. Aunque yo
parezca una persona fuerte y muy segura de mi misma cuando se trata de
Emma todo eso se esfuma, ella logra derribar todas mis barreras y lo más
gracioso de todo es que no tiene ni idea del efecto que produce en mi. Me
siento tan vulnerable cuando esta delante que tengo que hacer un gran
esfuerzo para que no se me note.
Después de hablar con Emma salí rápidamente del supermercado. Me había
propuesto averiguar qué era lo que ella sentía por mí pero para ello tenía que
ser paciente, no quería volver a cometer el mismo error de hace cinco años.
Esta vez había trazado un plan y no pensaba precipitarme, lo único que tenía
claro es que Emma no iba a huir de mí por segunda vez.
Era curioso que después de tanto tiempo me siguieran invadiendo las mismas
sensaciones que cuando la conocí. Aun lo recuerdo como si fuera ayer. Se
podría decir que para mí fue amor a primera vista. Lo tuve tan claro en el
momento en que Ben nos presento y sus ojos se encontraron con los míos…
Hace seis años Escuela Pestalozzi, primer día del último curso.
Hotte, Luzi y Emma se encontraban en el patio de la escuela en medio de una
agitada conversación, algo absurda por cierto. Que como no podía ser de otra
manera había iniciado Hotte.
De repente apareció ante ellos Ben que iba acompañado de una chica morena
de ojos azules que no conocían.
Ben – ¡Hola chicos! ¿Que hacéis? – preguntó.
Hotte – Hola Ben, pues aquí intentando que estos abran los ojos ante lo
evidente.
Ben – ¿Y qué es eso tan evidente?
Hotte – Pues que el profesor Götting no es de este planeta. Es un ser
extraterrestre y nos está estudiando. – dijo convencido.
Emma - (Entornando los ojos) Claro que sí Hotte y un día de estos te
secuestrara y te llevara a su nave espacial para hacerte unos cuantos
experimentos. - (En el último momento pensó que sería mejor omitir las
palabras sonda y anal)
Hotte - Si tu ríete, pero mientras yo estaré preparado y no podrá cogerme con
la guardia baja.
Jenny - ¿Siempre son así? Son muy graciosos… - le susurro a Ben.
Ben - Si, siempre son así. Aunque están un poco locos son buena gente. – le
contestó.
Jenny – Me gustan, son muy divertidos.
Ben – (Dirigiéndose a todos) Aunque el tema es muy interesante Hotte. En
realidad me he acercado para presentaros a Jenny. Es nueva en la escuela y
aparte de mí no conoce a nadie más, así que tratarla bien.
(Dirigiéndose a Jenny) Jenny, estos son Hotte, Luzi y Emma.
Jenny – ¡Hola! Como os ha dicho Ben me llamo Jenny y soy nueva, encantada
de conoceros.
En ese momento se cruzaron sus miradas y la escena pareció congelarse en el
tiempo. ¿Pasaron segundos o minutos? Cada una se perdió en los ojos de la
otra como si ya se conocieran pero en realidad justo ahora, se hubieran
encontrado después de una larga búsqueda.
Jenny tuvo que parpadear varias veces, ¿Alguien le hablaba?
Jenny – ¿Si?... Perdona no te he oído... ¿Que decías? – dijo aturdida.
Luzi – Te preguntaba si te gusta la escuela. ¿Qué te parece el Pestalozzi?
Jenny – Está bien, aunque todavía no lo he podido recorrer todo. Pero lo que
he visto hasta ahora me ha gustado. - (Inconscientemente esta última parte la
dijo mirando a Emma)
Ben – Eso me recuerda… A que todavía no te he enseñado donde está el aula
de tu primera clase y que por cierto está a punto de comenzar.
Vamos Jenny te indico el camino… - la guió hasta el interior de la escuela.
Aunque Jenny escuchaba lo que le estaba diciendo Ben, su cabeza estaba en
otra parte.
(¿Pero qué?... ¿Que es lo que ha pasado hace un momento?)
Sí, esa fue la primera vez que la vi y aunque en aquel momento no lo
comprendí, luego entendí la conexión tan especial que compartimos en ese
instante. Fue algo mágico, solo espero que para Emma fuera igual de hermoso
que lo fue para mí.
A partir de entonces poco a poco nos fuimos haciendo amigas…
Emma entró en el aula y vio a Jenny sentada sola, así que decidió acercarse a
ella.
E – Hola Jenny, ¿Estás sola? ¿Me puedo sentar? - preguntó
J – Ah... Hola… Claro. ¿Emma verdad?
E – Si, soy Emma – afirmó.
J – Menos mal que he acertado porque soy muy mala con los nombres y he
estado a punto de llamarte Elsa, Eda o Eta…
E – Pues si menos mal... (Vaya nombrecitos, ¿Me pregunto de donde habrá
sacado los dos últimos? pensó) ¿Y qué tal llevas las clases?
J – Bien, intento adaptarme. Es mi último año y tengo que pasarlo en una
escuela nueva con profesores que no conozco pero voy a hacer lo que pueda.
E – Es cierto, vienes de otra ciudad ¿Verdad?
J – Si, mis padres se han trasladado aquí por el trabajo y aunque los cambios
siempre cuestan hay que intentar adaptarse. – explicó.
E – ¿Y de que conoces a Ben?
J – Pues a Ben lo conozco desde que éramos pequeños. Su padre y el mío
trabajan para la misma empresa y cuando era pequeña vivíamos aquí pero
luego trasladaron a mi padre a otra ciudad. Como ves los traslados no son
nada nuevo para mí. – dijo con tristeza.
Entonces apareció el profesor Götting por la puerta.
J – (Susurrando en el oído de Emma) ¿Este es el extraterrestre que decía tu
amigo? – dijo socarrona.
E – (¿Acabo de tener un escalofrío? pensó) Uhm… ¿El que?...
¿Extraterrestre?... ¡Ah!.. Si, es verdad, es quien decía Hotte. – acabó
finalmente la frase.
Götting – ¡Señorita Müller! Ya veo que ha entablado amistad con la nueva
alumna, la señorita Hartmann. ¡Pero ahora estamos en mi clase! Ya le contara
su vida luego… - gritó.
J – Yo no descartaría que venga de otro planeta – dijo mientras guiñaba un ojo.
E – Jajaja - (Tiene sentido del humor, eso me gusta...) pensó Emma.
Me fui a casa, ahora que ya estaba en marcha mi plan de conquistar a Emma
debía pensar en mi siguiente movimiento.
Qué pensaría de mí si supiera que acepté este trabajo para estar cerca de ella
y que opinara cuando sepa que he elegido mi casa precisamente en su mismo
barrio.
Gracias a Luzi y a Hotte obtenía información sobre ella, solo esperaba que no
pensara de mi que era una psicópata, si fuera el caso no dudaría en irme muy
lejos, lo que menos deseaba en esta vida era hacer daño a Emma.
CAPÍTULO 3: AQUEL BESO.
“En un beso, sabrás todo lo que he callado.”
Pablo Neruda (1904-1973) Poeta chileno.
Sonó el despertador y me levante como un resorte. Una hora después estaba
entrando por la puerta de la redacción. Estaba encaminándome a mi despacho
cuando Hotte se planto delante de mí con cara de alucinado.
H – ¡Un momento! ¿Tú quien eres y que has hecho con Emma? – dijo risueño.
E – ¿Pero qué dices Hotte? – (Es mi amigo pero a veces me vuelve loca)
H – Pues entonces, ¿Estas enferma? – continuó.
E – No, no estoy enferma – (Le seguí paciente el juego)
H – Pues algo pasa, porque la Emma que yo conozco nunca llega puntual al
trabajo.
E – Déjate de guasas, tengo que decirte algo. Nunca adivinaras a quien me
encontré ayer…
H – ¿A Jenny? – Contestó rápidamente.
E – ¿Qué? ¿Cómo?... Pero, ¿Como lo sabes? – le grité.
H – Pues porque precisamente de eso te quería hablar ayer. Pero no pensé
que te encontrarías con ella tan pronto, lleva solo unos días en la ciudad –
aclaró.
E – Un momento, me estás diciendo que tú sabías que Jenny estaba aquí hace
días y no se te ha ocurrido comentármelo – (Nota mental: Matar a Hotte más
tarde)
H – Bueno, sí. Ya sabes que soy un poco despistado, pero como tú eres tan
buena amiga me lo perdonas, ¿A que sí? – dijo poniendo cara del gato de
Shrek
E – Pfff… eres imposible
H – Jajaja, bueno Emma cuéntame que paso. ¿Qué hablasteis?
Le hice un pequeño resumen de mi encuentro con ella aunque dejando fuera el
pequeño detalle de mi repentino interés por el trasero de Jenny.
H – Vaya, pues fue una conversación corta, aunque me parecen interesantes
algunas cosas – dijo enigmático.
E – ¿A qué te refieres? – pregunté con curiosidad.
H – Pues me refiero al hecho de que trabaja en la misma ciudad y
probablemente también viva cerca, ya que te la encontraste en el
supermercado. Por lo cual mi conclusión es que seguramente la vuelvas a ver y
tarde o temprano pueda sacar a relucir el tema “estrella”.
E – ¿El tema estrella? (Hoy no tenia las neuronas al máximo rendimiento)
H – Emma hoy estas un poco lenta. Cual tema va a ser… te suena de algo
cierto día que Jenny te besó y tu saliste corriendo como si hubieras visto al
fantasma de las Navidades pasadas. ¿O era el de las Navidades futuras?
Nunca lo recuerdo bien…
Claro que lo recordaba cómo no iba a hacerlo, fue hace cinco años en el último
día del curso.
Hace cinco años Escuela Pestalozzi, último día de curso.
J - ¡Ah! Estas aquí. Te he estado buscando por todas partes... – Entró Jenny
como una exhalación.
E – Hola Jenny, estaba recogiendo algunas cosas que me había dejado en la
taquilla – contestó.
J – Esta todo el mundo fuera. Vamos a ir todos a celebrar que no volveremos a
ver ni al Pestalozzi ni la cara de Götting nunca más – dijo sonriendo
E – Si claro, ahora iré yo también… - respondió sin mucho entusiasmo.
J – Venga Emma, no estés triste. Sé que ahora la mayoría de nosotros vamos
a tomar caminos distintos, seguramente estudiaremos en diferentes
universidades pero eso no quiere decir que no podamos seguir viéndonos. –
dijo intentando animarla.
E – Lo sé, no entiendo porque me siento así pero sé que tienes razón...
En aquel momento Emma parecía tan vulnerable que Jenny sintió el repentino
impulso de besarla.
Como si se tratara de una escena a cámara lenta, Emma vio como Jenny se
acercaba a ella hasta quedar a escasos centímetros de su boca, luego notó sus
labios suaves apenas rozando los suyos, el beso duro solamente unos
segundos pero fue muy tierno y delicado.
Cuando acabó y separaron sus labios, Emma abrió los parpados para
encontrarse unos ojos azules que la miraban expectantes.
En ese momento es cuando el hechizo se rompió, Emma se sentía abrumada
por lo que acababa de pasar y de repente sintió que le faltaba el aire. Salió
corriendo como si de repente se estuviera quemando.
Y esa fue la última vez que Jenny vio a Emma, hasta ahora…
Jenny creía que Emma había sentido lo mismo que ella en ese beso, solo que
no supo afrontarlo y ahora estaba decidida a conseguir una respuesta de la
manera que fuera.
CAPÍTULO 4: SEGUNDAS OPORTUNIDADES.
“Puedes borrar a una persona de tu mente. Sacarla de tu corazón es otra
historia…”
Película: ¡Olvídate de mí! (2004)
Unos ojos azules parpadearon y unas fuertes piernas se deslizaron fuera de la
cama. Jenny levanto los brazos desperezándose poco a poco, ya era fin de
semana y tenía mucho que hacer.
Se puso un chándal y decidió salir a correr un poco, no había nada mejor que
un poco de ejercicio para acabar de despertarse y empezar el día con energía.
Así que salió de su casa con destino al parque.
Mientras, no muy lejos de allí. Emma había decidido salir a dar una vuelta, era
un día demasiado hermoso para malgastarlo en casa.
Emma paseaba cerca del parque cuando se dio cuenta de que se le había
desatado el cordón de la zapatilla.
E – Siempre me pasa igual, soy un desastre atándome los cordones – pensaba
mientras se agachaba – Esta vez lo ataré lo más fuerte que pueda.
Por su parte Jenny iba corriendo por el parque mientras escuchaba música con
su iPod, de repente giro su cabeza hacia el paisaje que tenía a su derecha.
Estaba fascinada con la belleza del lago, cuando de pronto chocó con algo o
más bien con alguien…
E – ¿Pero qué? A ver si miras por donde v… - gritaba mientras levantaba la
cabeza para ver quién había chocado con ella - ¡Oh! Jenny…
J – Lo... Lo siento – dijo disculpándose, hasta que vio a quién había arrollado –
Emma…
E – Que casualidad, ¿verdad? Tenemos que dejar de encontrarnos así – dijo
sonriendo
J – Es verdad – sonrió – Y perdona, la culpa ha sido mía por no mirar hacia
delante.
E – No te preocupes, no ha sido nada.
J – Umm… (De repente se le ocurrió una idea) Ya que ha sido culpa mía,
déjame que te compensé de alguna manera
E – Eh… no… no hace falta Jenny – dijo empezando a ponerse colorada.
J – ¿Has desayunado? – preguntó de repente.
E – Pues no, todavía no… - contestó sin comprender.
J – Pues ya está, no sé hable más. ¡Te invito a desayunar!
Jenny me invitó a desayunar y al ver su cara sonriente no tuve más remedio
que aceptar.
La seguí sin entender a donde me llevaba, hasta que me di cuenta de que nos
íbamos acercando al barrio donde yo vivía.
Pasamos mi casa y dos calles después nos detuvimos delante de una puerta.
Jenny sacó una llave y abrió la cerradura.
Entonces comprendí que me había llevado a su casa y lo más desconcertante
de todo era que solo se encontraba… ¡A dos calles de la mía!
J – Bienvenida a mi casa – dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
E – Umm… Jenny, ¿Sabes que yo vivo solo dos calles atrás? – pregunté
curiosa.
J – Bueno… si, lo sé… en realidad Hotte me habló maravillas de esta zona y
me comentó que tú vivías aquí… - explicó tímidamente.
E – ¡Ah! Hotte. Claro… (Nota mental 2: Volver a matar a Hotte)
J – Si, ya sabes que seguimos en contacto y cuando le dije que iba a trabajar
aquí pensó que me gustaría esto…
E – Hotte tiene razón, esto es precioso - (Bueeeno, le dejaré vivir un poco más)
- Ya verás cómo te gusta. - (Si no la conociera pensaría que Jenny se ha
puesto nerviosa)
J – Vale, voy a preparar el desayuno – dijo indicándome con la mano donde
estaba la cocina.
Desayunamos mientras nos pusimos al día de lo que habíamos hecho durante
estos cinco años que no nos habíamos visto, y en cierto modo dio la sensación
de que no había pasado el tiempo. Había tal grado de complicidad y de
confianza que me sentía muy a gusto a su lado.
Me levante a llevar mi vaso a la fregadera, mientras ella seguía sentada y
miraba hacia el interior de la taza que sostenía entre sus manos. Aproveché la
situación para mirarla abiertamente, y sin darme cuenta mis ojos acabaron
fijándose en sus pechos. Asomaban desafiantes por la parte superior de su
camisa.
Entonces me di cuenta de que Jenny me estaba hablando.
E – ¡Melones! – exclamé de repente.
J - ¿Melones? – preguntó extrañada.
E – Si, los melones… los melones de mi vecino (¡Diosss! A ver Emma como
sales de esta)
J - ¿Cómo? – dijo con cara de no entender nada.
E – Pues que acabo de recordar que mi vecino quiere plantar melones en su
jardín… – dije con convencimiento.
J – ¿Estás segura de que te dijo melones? – dijo divertida.
E – Si, pero es que mi vecino está un poco loco, así que es mejor no hacerle
mucho caso – (creo que ha colado) – Bueno, creo que es hora de que me vaya,
tengo que hacer algunas cosas y no te quiero robar más tiempo. (Debo dejar
de hacer estas cosas, no puedo decir en voz alta todo lo que pienso) – me
castigué mentalmente.
J – Como quieras… - dijo algo desilusionada.
E – ¡Ah! Y gracias por el desayuno, estaba todo muy rico. – dije acercándome
rápidamente a la puerta.
J – De nada, ya nos veremos… - susurró suavemente - Emma…
Escuché mientras salía hacia la calle.
CAPÍTULO 5: UNA CITA SORPRESA.
“Como hablar, si cada parte de mi mente es tuya
y si no encuentro la palabra exacta, como hablar.
Como decirte que me has ganado poquito a poco
tu que llegaste por casualidad, como hablar.”
Amaral – “Cómo Hablar”
Llegó el domingo y Emma aprovechó para hacer algo tan necesario y poco
divertido como eran las tareas del hogar, aunque no era de lo más apetecible
para hacer un domingo por la mañana no podía eludir sus responsabilidades.
Después de comer y ya por la tarde, había acabado con todas las obligaciones
de casa así que se pudo permitir relajarse un poco.
Emma decidió ponerse manos a la obra con su proyecto, escribir era su gran
pasión y llevaba tiempo trabajando en una novela. Así que cogió su portátil y
empezó a teclear con dedos agiles.
Las horas pasaron sin darse cuenta y cuando miro el reloj dejó de teclear y se
dirigió a la cocina. Le apetecía mucho ver una película así que con esa idea
puso unas palomitas en el microondas. Mientras se iban haciendo, siguió
trabajando un poco más en su novela y entonces sonó el timbre de la puerta.
Está sonando el timbre de la puerta, me preguntó quién será a estas horas.
Abrí la puerta y…
E – ¡Jenny!
J – Hola Emma, espero no molestarte. Es que he salido a dar un paseo y
pensé en hacerte una visita sorpresa – saludó sonriendo.
E – Que vas a molestar, siempre eres bienvenida. Pasa, pasa… - dije un poco
nerviosa
J – Gracias – dijo entrando en la habitación – Hmm, que bien huele ¿Son
palomitas?
E – Eh, Si… Estaba haciendo palomitas porque iba a ponerme a ver una
película. ¿Quieres acompañarme?
J – Me encantaría – contestó con una gran sonrisa.
Mientras comprobaba como iban las palomitas observé como Jenny paseaba
por mi casa fijándose en todos los detalles, hasta pararse delante de mi
ordenador.
J – ¿Estabas escribiendo? – me preguntó curiosa.
E – Si, bueno… pero no es para el trabajo, es más bien como un Hobby – dije
tímidamente.
J – ¿En serio? ¿Y que estas escribiendo? – Y añadió insegura – Si quieres
decírmelo, claro.
E – Claro que te lo puedo decir, estoy escribiendo una novela o eso intento.
J – ¿De verdad? ¡Eso es fantástico! – Y continúo preguntando - ¿Y de qué va
la novela?
E – Pues es policiaca y con algo de misterio. Pero no sé qué tal saldrá… - dije
sinceramente.
J – Seguro que con tu talento harás algo fantástico – dijo entusiasmada.
De repente sentí algo de calor, ¿me estaba ruborizando? Nunca se me había
dado bien asimilar los halagos. Por eso no me sorprendí mucho cuando
imagine que mi cara estaba adquiriendo un color rojizo.
E – Gra… Gracias Jenny – dije titubeando.
Me devolvió una gran sonrisa y entonces se le marco el hoyuelo.
E – Voy a por las palomitas… (¡El hoyuelo! Mierda, el hoyuelo no. Emma,
ahora sí que estas perdida).
Mientras estaba sumida en mis pensamientos y en el fascinante hoyuelo de
Jenny. Noté que el calor que hace apenas un momento sentía en mi cara,
estaba subiendo por mis orejas.
(Perfecto, lo que me faltaba. Ahora no solo tengo la cara roja como un tomate
sino que también las orejas. Esto no puede más que mejorar…)
E - ¿Qué te apetece ver? ¿Peli de acción, comedia, terror…? – pregunté
indecisa.
J - ¿No tenías ninguna en mente? – me contestó.
E – La verdad es que no lo había pensado, tal vez puedas ayudarme a
decidirme.
J – Bueno, pues si quieres. ¡Una de acción!
E – Muy bien, marchando una de disparos y persecuciones – dije
entusiasmada.
Puse las palomitas en un bol gigante y nos acomodamos en el sofá dispuestas
a disfrutar juntas viendo la película.
Realmente lo estaba pasando en grande. Aunque no solo por la historia que
estaba siendo entretenida, sino que debía reconocer que la principal causa era
la agradable compañía. No sé porque, pero siempre me sentía muy a gusto a
su lado.
En un momento dado nuestras manos se acercaron a la vez al bol de palomitas
con lo que nuestros dedos se rozaron. En ese momento, sentí una pequeña
descarga que me recorrió todo el cuerpo. ¿Cómo podía pasarme eso con un
simple toque?
J – ¡Es mía! – dijo victoriosa refiriéndose a la única palomita que quedaba.
E - ¿Qué?... (Yo solo veía como la palomita iba en dirección a su boca) – Eh, si
claro…
Decidí que era mejor cambiar la visión de lo que estaba mirando y
repentinamente giré la cabeza para seguir con la película.
No quería girarme pero estaba segura de que en ese momento Jenny me
miraba extrañada.
Al cabo de un rato la película termino y ya empezaban a salir los títulos de
crédito.
J – Ha estado muy bien ¿verdad? – Me preguntó.
E – Si, no ha estado mal – Me volví para mirarla.
Y ahí estaba yo otra vez, hipnotizada por esos ojos azules y esa preciosa
sonrisa. De nuevo apareció en su rostro ese encantador hoyuelo.
Mis ojos tomaron vida propia (como últimamente hacían muy a menudo) y se
posaron en sus labios. Unos labios ligeramente entreabiertos que me miraban
invitadores.
Sin darme cuenta, me estaba acercando a ellos (por lo visto además de mis
ojos, mi cuerpo también me estaba traicionando) y entonces…
J – ¡Emma! Cuidad…
De repente sentí que un líquido me estaba empapando toda la camisa.
E – ¡Arghhhhh! – Grité - ¿Pero qué?....
Era el vaso de coca-cola que tenía en mis manos, parece ser que había
olvidado que lo sostenía. ¿Cómo podía ser tan torpe? No entendía porque
siempre actuaba como una completa patosa delante de ella.
E – Yo… voy a… voy a cambiarme. Ahora mismo vuelvo – dije nerviosa.
J – No te preocupes, aquí estaré – dijo muy divertida con la situación.
E – (Genial, ahora pensara que soy una completa idiota si es que ya no lo
pensaba) – iba castigándome mientras me cambiaba de camisa.
Mientras, Jenny también estaba sumida en sus pensamientos.
J – (Es un encanto. Se pone tan mona cuando está nerviosa que tengo que
hacer acopio de todas mis fuerzas para no lanzarme encima de ella. Por cierto,
eso me recuerda que debo ir poco a poco con Emma. Y eso quiere decir que
ha llegado la hora de irme, no tengo que tentar a la suerte.)
Emma salió de su habitación con una camisa nueva y se percató de que Jenny
la esperaba de pie al lado de la puerta de entrada.
E – (¿Se disponía a irse?) – Pensó Emma – ¿Te vas? – acabó preguntando.
J – Sí, ya me voy. No quiero distraerte más, que mañana es día de trabajo.
Pero me lo he pasado genial, en realidad hacía tiempo que no lo pasaba tan
bien con alguien… – confesó tímidamente.
E – Yo también lo he pasado muy bien Jenny – y añadió - Espero que lo
repitamos pronto.
J – Yo también lo espero. Buenas noches Emma – dijo saliendo por la puerta.
E – Buenas noches… Jenny – susurró Emma.
Jenny se dirigió hacia su casa muy satisfecha. Emma había estado a punto,
¿De besarla? No se lo había imaginado, ¿Verdad?
Estaba muy feliz, ahora se sentía un poco más segura.
Segura de que había tomado la decisión correcta de intentar conquistar a
Emma. Solo debía ser paciente y averiguar los verdaderos sentimientos de
Emma.
Con estos últimos pensamientos Jenny cerró los ojos soñando con cierta rubia
que le quitaba el aliento con su sola presencia.
CAPÍTULO 6: CELOS.
“Y vuelves a atrapar mi tristeza para esconderla en tu bolsillo, para alejarla de
mí. De nuevo has sembrado el jardín de mis pesadillas con nuevos sueños, con
otras esperanzas… Y yo sigo llena de amor por todo aquello que te pertenece,
llena de celos por todo lo que te roza y me quita un trocito de ti… Y tú sigues
aquí, entregándome la vida en cada suspiro, suplicando por mis besos sin
saber que ni siquiera tienes que pedirlos. Porque son tuyos, porque yo ya no
soy mía, sino tuya".
Película: Los puentes de Madison (1995)
H – ¿Queeee?... ¿Qué estuviste viendo una película con Jenny?... ¿En tu
casa?... ¿Las dos solas? – vociferó Hotte.
E – ¡Shhh! No hace falta que grites tanto – le dije indignada.
H – Vale, perdona. Es que me ha sorprendido, solo eso – intentó disculparse.
E – No sé porque le das tanta importancia, solo vimos una película como
cualquier par de amigas. – dije firmemente.
H – Ya… Bueno, sigue diciéndote eso – contestó enigmáticamente – Hablando
de otra cosa. Sabes que desde que has entrado en la oficina… ¿Peter no te ha
quitado la vista de encima?
E – ¡Hotte! Ya sabes lo que opino de Peter… (¿Tenía que volver a repetírselo?)
H – Si, ya sé que dices que solo es un compañero de trabajo y no te interesa,
bla bla bla…. Es la historia de siempre Emma, tienes que salir con gente.
Nunca se sabe, alguien podría sorprenderte y descubrir que tenéis cosas en
común… – insistió Hotte.
E – Si, si Hotte. Mira, tengo que ponerme a escribir la nueva columna.
Hablamos luego… – di por concluida la conversación.
Mientras tanto, en otro punto de la ciudad. Jenny se disponía a entrar en la
academia donde trabajaba.
Paul – Buenos días Jenny, que guapa estas hoy – le dijo coquetamente.
J – Hola Paul, tú siempre tan Casanova – contestó sonriendo.
Aunque llevaba poco tiempo trabajando en la academia de danza, enseguida
había congeniado con todos sus compañeros y en especial con Paul.
Por supuesto que este no perdía el tiempo en dedicarle todo tipo de piropos y
halagos. Pero a pesar de ello a Jenny le caía bien, creía que no era un mal
tipo.
El único inconveniente es que él aspiraba a algo más con ella. Y en algún
momento debía dejarle claro que tenía más posibilidades de liarse con el
portero del edificio que con ella. No quería alentarle con falsas esperanzas, ni
dar pie a absurdas ideas de una posible relación con ella, porque eso era
imposible.
Paul – Jenny, ¿Te apetece luego ir a comer conmigo? Incluso invitaré yo – dijo
seductoramente.
J – Lo siento Paul, pero no puedo. Ya he quedado con un amigo para comer –
dijo despidiéndose con la mano.
Jenny entró a los vestuarios para cambiarse y prepararse para una sesión de
danza con sus alumnos. Le encantaba su trabajo, sentía que había nacido para
esto. ¡Y encima le pagaban! Realmente tenía mucha suerte, ahora lo único
que faltaba en su vida para ser completamente feliz era que sus sentimientos
fueran correspondidos por cierta chica rubia que se ruborizaba fácilmente. Con
ese pensamiento entró sonriendo a la sala de baile para comenzar su clase.
Unas horas después atravesaba la puerta de la academia para ir a comer.
Entonces lo vio allí de pie esperándola, salió corriendo y lo abrazó fuertemente.
J – ¡Hola Hotte! Te he echado de menos… Ya sé que es imperdonable no
haber quedado contigo hasta ahora. Lo siento… - comentó preocupada.
H – Bah, no te preocupes. Además hemos estado en contacto por teléfono y
entiendo perfectamente que has estado ocupada. Y por lo que he oído con
cierta amiga en común – le dijo guiñándole un ojo.
J – ¡Hottee! – Dijo dándole un codazo - En realidad aunque no lo creas nada de
lo que ha pasado lo tenía planeado - le confesó.
H – Si que te creo, porque es cosa del destino. Aunque la cabeza hueca de mi
amiga no sé de cuenta, yo sé que estáis predestinadas a estar juntas – dijo
sonriendo.
J – Me alegro tanto de que seas mi amigo… – y volvió a abrazarlo.
H – Venga, vamos a comer y me vas contando todo lo que ha pasado hasta
ahora – dijo cogiéndola del brazo.
Habían terminado de comer y estaban tomando un café.
J – Y eso es todo hasta ahora… ¿Qué opinas? – preguntó expectante.
H – Pues con lo que me has contado y lo que yo ya creía, no puedo hacer otra
cosa que afirmar que estáis hechas la una para la otra.
J - ¿Eso crees? – dijo esperanzada.
H – Pues claro que sí, solo hay que veros… – Continuó - Desde que has
vuelto a entrar en la vida de Emma, esta diferente. Es como si de repente
hubieras puesto su pequeño mundo patas arriba. Por supuesto ella no lo
reconocerá… es demasiado cabezota, ni teniendo al amor de su vida delante
de sus narices se da cuenta – dijo resoplando.
J - ¿En serio?
H – En serio – Confirmó – Y ahora es cuando yo entró a escena. Voy a
ayudarte a que Emma abra los ojos de una vez por todas – concluyó
enigmático.
Emma estaba en su mesa escribiendo cuando apareció Hotte silbando.
H – Hey, hola Emma – saludó alegremente
E – Hola Hotte (Porque me da la sensación de que está tramando algo). ¿Qué
haces? – pregunté con desconfianza.
H – Nada, vengo a ver cómo vas con el artículo – dijo inocentemente.
E – ¿Y desde cuando te preocupas por mis artículos? – respondí desafiante.
H – Joo Emma como eres. Siempre me preocupo por lo que escribes. – Y
añadió – Aunque también venia a comentarte lo del viernes por la noche.
E – ¿Viernes por la noche?... ¿Qué pasa el viernes por la noche?... (Sabia que
tramaba algo).
H – ¿No lo sabes?... ¿No recuerdas que Hans se jubila y habíamos quedado
todos los de la redacción para hacerle una fiesta de despedida? – me miró
sorprendido.
E - ¿Era este viernes?... Pues ya no me acordaba. (Últimamente no sé donde
tengo la cabeza)
H – Eres un desastre Emma, si no fuera porque me tienes a mí – afirmó
victorioso.
E – Si, si, lo que tu digas. – Dije entornando los ojos – ¿Y donde lo vamos a
celebrar?
H – Pues en el “Chulos”, donde sino… Como los dueños nos conocen puede
que incluso nos inviten a alguna copa… – Continuó - Yo había pensado
contratar a alguna stripper pero puede que sea demasiado para Hans y se nos
quede pajarito antes de poder empezar su jubilación.
E – Hotte tú estás muy mal – Contesté riendo - Estás para que te encierren y
echen la llave al río…
H – Si vale, pero cuento contigo el viernes, ¿Verdad?... Además vendrá
también Peter puede que sea una oportunidad para conocerlo mejor.
E – Ufff, a veces eres tan irritante… Pero estaré allí el viernes – acabé
admitiendo.
Llegó el viernes por la noche y me dirigí al interior del “Chulos”. Mientras
buscaba a mi amigo Hotte fui encontrándome a otros compañeros del trabajo y
saludé a Hans. Le desee mucha suerte con esta nueva etapa de su vida. Me
contó todos los planes que tenía, los cuales principalmente se centraban en
viajar con su esposa y disfrutar de la vida todo lo que pudiera. Me gustó su
plan.
Había otros compañeros que clamaban por la atención de Hans, así que me
despedí y fui en busca de Hotte o de la barra (puede que con un poco de
suerte encontrara a los dos juntos).
Entonces me salió al paso Peter, empezó a decirme lo guapa que estaba y no
sé que de la música que sonaba. Solo sé que yo no lo escuchaba porque justo
detrás de él estaba Hotte en la barra (había acertado de nuevo) pero no estaba
solo. A su lado estaba Jenny hablando con él y riendo a carcajadas (seguro
que mi amigo ya le había contado alguno de sus chistes). Pero a su lado había
otro chico. No lo conocía así que de la redacción no era… ¿Iba con ella?
Hotte me vio y empezó a hacerme señales para que me acercara a ellos.
Suspiré y ande con paso decidido hasta la barra.
H – ¡Aquí está mi mejor amiga! Es un poco cascarrabias pero igualmente la
quiero – dijo orgulloso.
E – Hola… – salude tímidamente.
H – Emma, mira quien ha venido. ¡Jenny! Que sorpresa… ¿Verdad? – dijo
como si no supiera nada.
J – Hola Emma – me saludó alegremente.
E – Hola Jenny – le devolví el saludo.
J – Eh… Te presento a Paul. Es un compañero de trabajo – indicándome quien
era el chico que estaba a su lado.
E – Hola Paul – intenté no fulminarlo con la mirada pero no sé si hice un buen
trabajo.
P – Hola, encantado – dijo amablemente.
H – Ejem, bueno… ¿Y qué haces exactamente Paul? Sé que Jenny enseña
danza… ¿Y tú? – preguntó Hotte interesado.
P – Pues yo soy profesor de música…
Entonces el tal Paul (que ya odiaba profundamente sin saber muy bien porque)
comenzó a explicar en qué consistían sus clases pero yo ya estaba a años luz
de la conversación.
No podía despegar mis ojos de Jenny, hoy estaba radiante. Llevaba un vestido
rojo muy sexy pero a la vez sutil y con parte de la espalda descubierta. La
hacía parecer una diosa.
Lo cierto es que su visión me quitaba el aliento. Y además comprobé que
estaba paralizada en el sitio, no me había movido ni un milímetro desde que
había clavado los ojos en ella.
Jenny por su parte, si que estaba participando animadamente en la
conversación. Claro que no me sorprendió mucho porque conociéndola sabía
que la Danza y la Música eran su gran pasión.
Entonces Paul dijo algo de no sé qué canción y de bailar. (A estas alturas ya no
le prestaba atención). Y se llevo a Jenny de la mano hacia la pista de baile.
Hotte me observaba con una gran sonrisa en su cara. (¿Sabía algo que yo no
supiera?)
Entonces pedí la primera copa de la noche, que con toda seguridad no sería la
última.
H – Bueno Emma, esta guapa Jenny, ¿Verdad? - dijo comentando lo evidente.
E – Esta preciosa… - admití suavemente.
H – ¿Y Peter? – Dijo cambiando radicalmente de tema - ¿Esta guapo? –
preguntó con tono irónico.
E - ¿Peter?... ¿Quién es Peter? – dije prestando toda mi atención a la pareja
que estaba bailando en la pista.
H - ¿Cómo que qué Peter? – Dijo sorprendido – El Peter del trabajo, el Peter
que quiere salir contigo.
E – Ah, ese Peter. Pues no sé… - dije con indiferencia.
En aquel instante acabé mi copa y pedí una segunda.
Observé como el Pulpo Paul pasaba una de sus manos por la espalda desnuda
de Jenny.
E - ¿Pero qué hace? – Exclamé en voz alta – Creo que voy a pedirle a mi
vecino sus tijeras de podar…
H - ¿Tijeras de podar?... ¿Emma tú te estás escuchando?
E – Tienes razón, las tijeras de podar no serán suficientes… ¡Iré a pedirle su
Motosierra! –dije convencida.
H – ¡Emmaa! – Me gritó Hotte – En serio, debes analizar lo que estás diciendo.
Tú… Tú estás celosa.
E – Pero que tonterías dices Hotte, como voy a estar celosa. Si acabo de
conocer a ese tío – dije algo enfadada.
H – No Emma, tú no escuchas... Si tienes celos no es porque sientas algo por
ese chico, sino porque sientes algo… ¡Por Jenny! – afirmó mi amigo.
E – Yo… Yo no sé de que hablas… – dije titubeando.
Me gire y pedí otra copa.
CAPÍTULO 7: SUEÑOS.
“Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él.”
Paulo Coelho - Escritor brasileño.
“Emma se acercó a la pista de baile, su cuerpo tenía vida propia no podía
detenerse y tampoco quería hacerlo. Se detuvo delante de ella y en aquel
momento escuchó el comienzo de una canción lenta.
Se aproximó aun mas a Jenny dejando apenas unos centímetros de espacio
entre sus cuerpos. Notó como unas manos se agarraban a su cintura y ella
deslizó las suyas por la espalda desnuda de Jenny.
Comenzaron a balancearse al ritmo de la música, los dedos de Emma
acariciaban suavemente la piel descubierta de la espalda de Jenny. Y a su vez
está subió una de sus manos hasta una de las mejillas de Emma.
Cada una se perdió en los ojos de la otra y sus labios se acercaron hasta
tocarse suavemente. Emma escuchó un leve gemido pero no supo con certeza
si era suyo o de Jenny. Abrió los labios y sintió la cálida humedad de una
lengua que le rozaba el interior de la boca. Correspondió al juego con su propia
lengua. Y escuchó una palabra suspirada sobre su boca – Emma…”
¡Emma! ¡Emmaaaa! – Escuché abriendo los ojos desconcertada.
H - ¿Estás bien? – Dijo Hotte preocupado – Tenias los ojos cerrados. ¿Estabas
durmiendo?
E – Eh… No… claro que no… - dije sin mucha convicción.
H – Pues lo que yo creo, es que por hoy el alcohol se ha acabado para ti
señorita – dijo con seguridad.
E – Hotte eresss un gran amigooo y te kero mushooo – exclamé abrazándome
a él con claros signos de embriaguez.
H – Si, sí, yo también te quiero Emma – contestó devolviéndome el abrazo.
Me fui soltando de su abrazo y busque con la mirada a Jenny. Está me miraba
curiosa desde la otra punta de la sala.
Estaba sentada con Paul, el Pulpo. Y esté le hablaba, aunque ella le respondía
cada cierto tiempo afirmando con la cabeza, sus ojos azules seguían clavados
en mi.
E – Hotteee, no cresss que podríamos presentar a Peter y al Pulpo Paul
pokeee creo que podrían tener mushasss cosas en común…
H - ¿El Pulpo Paul? – preguntó claramente divertido.
E – Sus nombres empiezan por P…. y los dosss creen ser muy guaposss y...
y… - seguí con mi verborrea ignorando a Hotte.
H - ¿Y? – preguntó siguiéndome el juego.
E – Y… Y me caen mal… Bor eso es imporrrtante presentarlosss – concluí
triunfal.
H – Ya… - decía aguantándose la risa.
De repente me sentí algo mareada, estaba claro que el alcohol había
alcanzado su punto álgido y yo no estaba acostumbrada a beber tanto.
E – Hottee, llévame a cacha… - dije como pude.
H - ¿A cacha? – Contestó riendo – Si, creo que es una buena idea. Espérame
aquí, voy a despedirme de alguien. Ahora vuelvo – comentó mientras se
alejaba.
Se acercó hasta donde estaba Jenny, ella se levantó y me miro preocupada.
Hizo un rápido movimiento con clara intención de venir en mi busca pero Hotte
la paró posando su mano en el hombro de Jenny y diciéndole algo al oído.
La cara de Jenny se relajó un poco y asintió con la cabeza. Se despidió de
Hotte dándole un beso en la mejilla.
H – Vamos Emma, te llevó a cacha – dijo con sorna.
“Sus manos recorren mi cuerpo lentamente, sin prisa… tomándose su tiempo.
A cambio yo me estremezco y susurro su nombre una y otra vez…
Sus labios se posan sobre mi cuello y noto su cálido aliento rozando mi piel…”
Y un incesante dolor me traspasa la cabeza…
De repente me vienen a la mente las últimas palabras de mi amigo.
“Emma, mañana vas a sentir esto. Vaya que sí lo vas a sentir…”
Una vez más Hotte tiene razón. Abro los ojos despacio pero al notar la luz de la
mañana los vuelvo a cerrar otra vez.
E – ¡Ohh, mierda! Juro no volver a tocar una gota de alcohol en mi vida – dije
no muy convencida (A quien quería engañar).
Me encamine hacia la cocina con dos objetivos claros: Agua y Aspirina.
Como odio las resacas… afortunadamente no las tengo muy a menudo pero
cuando suceden quieres desaparecer del planeta y no volver a pasar por esto.
Mientras intentaba desayunar algo a pesar de que mi estomago protestara,
recordé partes de la noche anterior.
Lo que no lograba recordar era como había llegado a casa y como conseguí
acabar en mi cama. Solo había una posible respuesta. Hotte…
Qué gran amigo era y como lo quería, debía recordar decírselo más a menudo.
Con ese pensamiento acabé de desayunar y me preparé para un día de no
hacer absolutamente nada. No podía con mi cuerpo y no pensaba exigirle más
de lo necesario.
Algo más tarde, estaba en el sofá viendo o más bien hacía que veía algo en la
televisión. En lugar de eso no dejaba de pensar en lo que había ocurrido la
noche anterior y en los sueños tan extraños que había tenido.
En ese momento recordé varias frases de mi amigo Hotte.
“Debes analizar lo que estás diciendo. Tú… Tú estás celosa.”
¿Realmente había estado celosa? En mi interior comprendí que probablemente
era verdad.
“Si tienes celos no es porque sientas algo por ese chico, sino porque sientes
algo… ¡Por Jenny!”
¿Sentir algo por Jenny?... ¿Era posible?... Entonces supe con absoluta certeza
de que así era. Yo… Yo estaba perdidamente enamorada de Jenny.
Ahora que había admitido mis sentimientos por ella, me repetía sin cesar una
pregunta.
¿Y ahora qué hago?...
CAPÍTULO 8: MIEDO.
“Miedo
de volver a los infiernos,
miedo a que me tengas miedo…
a tenerte que olvidar.
Miedo
de quererte sin quererlo…
de encontrarte de repente…
de no verte nunca más.”
M-Clan – “Miedo”
E – Hotte tengo que hablar contigo… – lo agarre de la camisa arrastrándolo
hasta un despacho vacío.
H – Umm… ¿Qué pasa Emma? – dijo desconcertado.
E – Dime que no hice nada raro en la fiesta… – le interrogué ansiosa.
H – No hiciste nada raro en la fiesta – me tranquilizó rápidamente.
E – Buff… (Solté el aire que no sabía que estaba aguantando)
H – Aunque claro las miradas asesinas que le dedicaste durante toda la noche
al Pulpo Paul parecían algo sospechosas – admitió sonriendo.
E – Eh… ¿En serio? – contesté culpable.
H – Jajaja, no te preocupes… Creo que no se dio cuenta. Tu secreto está a
salvo conmigo – me dijo guiñándome un ojo.
E – Umm… Hotte. Hablando de secretos… Vas a tener que guardarme uno y
más te vale que lo hagas porque si no eres hombre muerto – dije amenazante.
H – Me ofendes Emma, desde cuando voy yo contando secretos por ahí. –
contestó dolido.
E – Es cierto. En realidad eres un buen amigo Hotte. Por eso te quiero tanto… -
le dije dulcemente.
H – Yo también a ti… Pero no me cambies de tema, dime qué es eso tan
importante que no puedo contar – preguntó intrigado.
E – Pues… Veras… Yo… Yo…
H – Dilo de una vez que me estas poniendo de los nervios.
E - ¡Estoy enamorada de Jenny! – solté de sopetón.
H - ¡Por fin! ¡Ya era hora!... Empezaba a pensar que eras un caso perdido –
dijo mientras me abrazaba fuertemente.
Me aparté del abrazo de mi amigo mirándolo interrogativa.
E - ¿Qué?... ¿Cómo?... Un momento… ¿Tu sabias que yo sentía algo por
Jenny? – pregunté perpleja.
H – Pues claro que sí. Eres mi mejor amiga y te conozco muy bien… Al parecer
te conozco incluso mejor que tú misma – añadió sonriendo.
En aquel momento me invadieron muchos sentimientos. Estaba sorprendida,
confusa, pero sobretodo me sentí aliviada.
E – Hotte… ¿Qué voy a hacer ahora?... (Me sentía tan pequeña e indefensa).
H – ¡Pues que vas a hacer! Tienes que hablar con ella. – Añadió – Y lo antes
posible.
E – No sé si puedo… Tengo miedo… - confesé con un hilo de voz.
H - ¿Miedo?... No debes tener miedo Emma. Lo que te pasa es algo
maravilloso y no debes dejarlo escapar.
E - ¿Pero, y si no me corresponde?... ¿Y Paul?... – dije insegura.
H – Si no hablas con ella no lo sabrás. Y Paul, por lo que yo sé solo es un
amigo. (Aunque seguro que a él no le importaría ser algo más) - pensó Hotte.
E – No sé qué me pasa Hotte. Tengo la misma sensación en el estomago que
hace cinco años, cuando eche a correr.
H – Eso se llama miedo, amiga mía. Pero como te he dicho antes, no debes
tenerlo… – dijo tranquilizándome.
E – Lo intentaré – contesté decidida.
H – Así me gusta, esa es la actitud – Y añadió - Si has tardado cinco años en
darte cuenta de lo que sentías por ella… Solo te pido, que no tardes otros cinco
en decírselo – dijo en tono burlón.
Sonreí, por primera vez en mucho tiempo me sentía más segura de mi misma y
con valor para afrontar lo que viniera.
En aquel momento cierta morena de ojos azules entraba a su lugar de trabajo
sumida en sus pensamientos.
Paul – Hola Jenny. ¿Qué tal ha ido el fin de semana? – dijo con su sonrisa mas
encantadora.
J – Hola Paul. Bien… (Al instante pensé que no podía aplazar más esa
conversación pendiente).
P - ¿Quieres que quedemos para comer luego? – siguió esperanzado.
J – No, no puedo… (Esto tiene que acabar). Pero me gustaría hablar contigo si
tienes un momento – dije algo cansada.
P – Ah. Claro… De acuerdo… Tú dirás – dijo sentándose en una de las sillas
cercanas.
J – Veras Paul… Tú eres una persona muy agradable… Y eres guapo… Pero,
no eres para mí – concluí sinceramente.
P – Que… ¿Que quieres decir Jenny?...
J – Pues… (Por lo visto se lo tenía que explicar con más claridad). Que no me
interesas de esa forma… Porque yo estoy enamorada de otra persona – dije
tajante.
No le dejé responder y me marché con rapidez hasta los vestuarios.
Me maldecí internamente, debí dejárselo claro desde el principio. Pero ahora
ya estaba hecho, solo esperaba que no me guardara rencor. Al fin y al cabo
nunca le di a entender que pudiera tener alguna oportunidad conmigo.
Jenny había llegado a casa después de un largo día de clases, estaba
exhausta. Así que decidió darse un baño de espuma para relajarse.
Al cabo de un rato escuchó el sonido del timbre, abrió los ojos y se preguntó
quien estaría llamando a su casa a estas horas. Todavía no conocía a mucha
gente en la ciudad, así que le pareció extraño.
Salió de la bañera y se enrollo una toalla por el cuerpo. Abrió la puerta y se
encontró con ella…
CAPÍTULO 9: LA HORA DE LA VERDAD.
“- No lo sabes. Nunca estás seguro,
pero hay que lanzarse al vacío.
La seguridad es para los que no aman
- Te reto a que me ames”.
Película: Rosas Rojas (Imagine me and you) 2005
E – Eh… Hola… Creo que he escogido un mal momento… Mejor me voy… -
dije dándome la vuelta.
J – No, no te vayas. Solo… solo me estaba dando un baño. Pasa y me pongo
algo de ropa – me indicó con la mano que pasara al salón.
(Por mí no lo hagas) Pensé.
La vi alejarse corriendo hacía su habitación y entonces me abandonó toda la
valentía que me había llevado hasta su casa.
Aunque en ese instante mi cerebro solo pensaba en dos cosas: Jenny y Baño
de espuma.
Me sorprendí al pensar en quitarle esa fastidiosa toalla y desear que toda su
ropa estuviera en la lavadora.
Y para empeorar la situación encima sentí el característico calor de mis orejas.
¡Ya estaba roja! ¡Otra vez! Esto se estaba convirtiendo en una costumbre.
Hice todo lo posible por borrar estos pensamientos que solo conseguían perder
mi concentración y precisamente la concentración era lo que más necesitaba
ahora.
Jenny apareció, esta vez sin la toalla. En su lugar llevaba ropa cómoda (Maldije
mi suerte).
J – ¿Quieres tomar algo? ¿Un refresco, agua…? – preguntó amablemente.
Iba a contestarle que Tequila o algo más fuerte, pero recordé mis últimas
aventuras con el Alcohol y lo pensé mejor.
E – Umm… Un vaso de agua, por favor (Comprobé que de repente tenia la
boca seca y necesitaba ese agua urgentemente).
Nos sentamos en su sofá mientras Jenny me acercaba el vaso de agua que me
bebí de un solo trago.
Jenny me miraba divertida.
J – Vaya, parece que tenías sed. ¿Has venido corriendo? – comentó jovial.
E – N… No. He venido andando (Me di una palmada mentalmente. Es una
broma Emma, no te lo dice en serio).
J - ¿Quieres más? – preguntó enseguida.
E – No gracias…
No sabía por dónde empezar la conversación, pero ella me salvó de la
situación.
J – ¿Cómo es trabajar con Hotte?... Debe ser muy divertido tenerlo de
compañero de trabajo – dijo sonriendo.
E – Si, es genial trabajar con él. Muchas veces pienso que no sé qué haría sino
lo tuviera cerca – admití sinceramente.
J – Te entiendo. Hotte se hace querer muy fácilmente… – dijo apareciendo ese
precioso hoyuelo.
Perdí la pista de lo que hablábamos, solo podía mirar su hoyuelo y mis ojos se
desviaron unos pocos milímetros hasta llegar a su boca.
Sé que Jenny seguía hablando porque su boca se movía pero yo no la
escuchaba. Solo podía pensar en sentir esos dulces labios.
Me moría por besarla y esta vez nada ni nadie me lo iba a impedir.
Cuando quise darme cuenta la estaba besando, creo que la cogí desprevenida
porque no deje que terminara de hablar.
El momento que tanto había ansiado y soñado, estaba ocurriendo de verdad.
“El beso comenzó tiernamente pero entonces Emma sintió la lengua de Jenny
reclamando la entrada a su boca, ella aceptó ansiosa la invitación y sus
lenguas se entrelazaron. Aumentaron el ritmo del beso hasta hacerlo más
profundo.
Emma escuchó un pequeño gemido justo igual que en su sueño pero esta vez
era real, definitivamente era muy real.
Sus labios se separaron dando por terminado el beso, se miraron con tal
intensidad que era imposible negar lo que sentían. No había nada fingido, todo
había sido absolutamente sincero”.
J – Quédate… - susurró Jenny.
Tuve que parpadear varias veces y tragar saliva para poder contestar.
E – Jenny… Y… Yo… No sé si es una buena idea… - dije tartamudeando.
Ahí estaba de nuevo mi falta de coraje.
J – Shhh… - dijo silenciándome con un dedo – Solo quiero que te quedes a
dormir…
E - Ah… (Tragué otra vez saliva).
J – Vamos a ir muy despacio… Y no vamos a hacer nada que tú no quieras…
¿De acuerdo? – me dijo tranquilizándome.
E – De acuerdo – asentí con una sonrisa.
Pasé la noche en casa de Jenny y aunque compartimos la misma cama solo
nos abrazamos. Pero para ser sincera era muchísimo mejor de lo que nunca
habría podido soñar.
Aun no había sonado el despertador y aproveché esos minutos para poder
mirarla con total libertad. Intenté memorizar cada pliegue, cada arruga, cada
poro de su rostro. Era perfecta, yo no entendía que podía haber visto en mí una
mujer como ella.
Sonó el despertador y sus parpados comenzaron a abrirse poco a poco hasta
dejar al descubierto los ojos azules más fascinantes que había visto en mi vida.
J – Mmm… - dijo dando un leve bostezo.
E – Buenos días… - le susurré.
J – ¡Buenos días! – respondió con una amplia sonrisa.
Luego me dio un pequeño beso y se levantó de la cama.
(Creo que fácilmente podría acostumbrarme a esto) - Pensé felizmente.
CAPÍTULO 10: MI MITAD.
Bésame como si el mundo se acabara después
Bésame y beso a beso pon el cielo al revés
Bésame sin razón porque quiere el corazón
Bésame...
Camila – “Bésame”.
H – Está bien... ¿Qué pasa? – preguntó Hotte tapándome la pantalla del
ordenador con su mano.
E – ¡Hey! ¿Qué haces? – Añadí - Y no me pasa nada…
H – Ya. Y por eso llevas toda la mañana con esa sonrisa en la cara… - dijo el
sabiondo.
E – Ya veo que a ti no te puedo engañar… – contesté derrotada.
H – ¡Exacto! Y ya estas tardando en contármelo… Venga, desembucha. –
ordenó insistente.
E – Ayer fui a casa de Jenny para confesarle mis sentimientos por ella y en vez
de eso acabé besándola – expliqué rápidamente.
H – Wow, eso es una gran noticia – dijo abrazándome.
E – Si... La verdad es que fue mejor de lo que esperaba y además no salí
corriendo – dije orgullosa.
H – Así me gusta, vas mejorando.
E – Además… - Continué – me quedé a pasar la noche en su casa.
H – Vaya… Ahora sí que me tienes impresionado – dijo asombrado.
E – No pienses mal Hotte, que te veo venir... Solo me quede a dormir – acabé
admitiendo.
H – Viniendo de ti eso ya es una gran hazaña… Ahora en serio, me parece
bien que te lo tomes con calma – dijo comprensivo.
E – En realidad Jenny ha estado fantástica en ese sentido. Me dijo que iríamos
tan despacio como yo quisiera, no quiere presionarme en nada.
H – Bueno, no esperaba menos de ella.
E – Solo… solo espero no decepcionarla… Todo esto es tan nuevo para mí y
no quiero que termine cansándose de mis tonterías – dije preocupada.
H – Tú y tus dudas. Emma, sabes perfectamente que Jenny no es así. Deja de
angustiarte tanto…
Sabía que mi amigo tenía razón. Todavía me quedaba un largo camino que
recorrer y borrar mis dudas y miedos era el principal objetivo.
H – Hablando de otra cosa… Tengo que comentarte algo – dijo en tono
misterioso.
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Jenny acababa de salir de la academia cuando su móvil comenzó a sonar.
Automáticamente contestó sin mirar la pantalla.
J - ¿Diga?...
Luzi – Hola Jenny, soy Luzi.
J – Hola Luzi. ¿Cómo estás?
L – Bien. ¿Y tú?
J – Mejor que nunca – fue su respuesta.
L – Me alegro mucho – Contestó sinceramente - Oye, te llamaba porque Ben y
yo vamos a ir a Berlín unos días y nos gustaría quedar con vosotros.
J – Oh, qué bien. Qué buena noticia Luzi.
L – Queremos contaros algo y debe ser en persona – continuó enigmática.
J – Claro Luzi. ¿Cuándo llegáis?
L – Mañana estaremos ahí, siento no haberos avisado antes. Pero todo ha sido
muy repentino – se excusó.
J – No te preocupes, estoy deseando veros.
L – Pues, nos vemos mañana. Un beso.
J – Igualmente, hasta mañana Luzi.
Qué extraño... Luzi y Ben se presentaban repentinamente en Berlín y para
comunicarles una noticia que debían dar en persona.
Jenny intentó imaginar cual podría ser la noticia y empezó a formarse una gran
sonrisa en su cara.
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Después de que Hotte le contara que Luzi y Ben iban a hacerles una visita.
Emma recibió una llamada de la propia Luzi explicando la repentina visita.
Los cinco amigos habían quedado en un restaurante de la ciudad para cenar
mientras charlaban.
La última en llegar fue Jenny excusándose por no sé que de una carrera en las
medias. Fue escuchar la palabra medias y fijé mis ojos en sus piernas. Noté
que me daban un codazo y comprobé que era Hotte aguantándose la risa.
(Como disfrutaba el muy mamón, pensé cariñosamente.)
Los cinco nos sentamos en una mesa y para mi suerte o desgracia, Jenny se
coloco justo a mi lado. A su vez Hotte desde enfrente nos miraba divertido.
(Realmente estaba disfrutando).
El que empezó a hablar fue Ben.
B – Bueno, os preguntareis que es eso tan misterioso que os tenemos que
contar Luzi y yo – dijo agarrando la mano de Luzi.
Justo entonces tuve el presentimiento de cual podría ser la noticia.
B – Como ya sabéis Luzi y yo llevamos algunos años saliendo. Y por fin nos
hemos decidido a dar un paso más allá. ¡Nos vamos a casar!
(¡Bingo! Pensé) Era tan evidente. Me alegraba mucho por ellos.
Jenny fue la primera en levantarse para felicitar a la pareja, seguida por Hotte y
por mí.
Nos trajeron la carta y Luzi siguió con la conversación.
L – Hace unos días estuvimos en Hamburgo dándoles la noticia a Timo y
Sophie. Como sabéis ellos se casaron hace un par de años y ahora parece que
nosotros seguimos sus pasos – dijo sonriéndole a Ben.
H – Me pregunto cuantas parejas habrán surgido del gran “Pestalozzi” – dijo
Hotte guiñándonos un ojo.
(Esperaba no acabar la velada clavándole un tenedor en alguna parte de su
anatomía) – Pensé algo molesta.
En cambio, Jenny parecía muy divertida con toda la situación. Incluso le
devolvió el guiño a Hotte.
Me puse a leer la carta. Cuando de repente sentí una mano en mi pierna,
instintivamente di un pequeño salto en la silla.
H - ¿Estás bien? – Preguntó preocupado.
E – Sí, claro… Solo estaba comprobando la resistencia de la silla, es una
manía que tengo. – contesté de la manera más convincente posible, algo que
resultaba un poco difícil con las risitas de Jenny de fondo.
H – Ya… Pues no conocía esa manía tuya, un día de estos vas a tener que
explicármela más en detalle.
E – Uhm… Voy un momento al lavabo – me excusé rápidamente.
Mientras iba al lavabo, a lo lejos pude distinguir como Hotte le dirigía una
mirada interrogativa a Jenny y esta a su vez le devolvía una inocente sonrisa.
Por suerte, Ben y Luzi no se habían enterado de nada de lo que pasaba.
Estaban demasiado ocupados el uno con el otro.
Entré en el servicio y fui hasta donde estaban los grifos. Me eche agua en la
cara y en la nuca. (No entendía porque tenía tanto calor). Entonces se abrió la
puerta y entró Jenny con paso decidido directa hacía donde yo estaba.
Parecía un animal salvaje, llevaba una mirada… ¿Hambrienta?, solo sé que
ella tenía un claro objetivo… Y ese objetivo era yo.
Me arrincono contra la pared, tenía el secamanos justo detrás de mi espalda
(aunque me lo estaba clavando no me importo demasiado)… Y me besó.
Creo que Jenny y yo entendíamos de manera diferente el concepto “Ir
despacio”. Aunque en este momento yo no pensaba llevarle la contraria.
Me besó profundamente, con necesidad. Y yo me dejé llevar…
J - Se separó y dijo – Llevo todo el día pensando en esto… – y volvió a
besarme apasionadamente.
J – Me vuelves loca… – y siguió besándome.
Mis rodillas empezaron a temblar, como no parase pronto mis piernas no iban a
aguantar más.
Entonces oí la puerta, alguien se disponía a entrar. Nos separamos
rápidamente y comprobamos que se trataba de Luzi.
L – Ho… Hola… ¿Interrumpo algo? – preguntó intrigada.
E – N… No… Que va. Yo estaba secándome las manos… (Accione
disimuladamente el botón del secamanos). Vesss… - le dije convencida.
Jenny por su parte había abierto uno de los grifos y se estaba lavando las
manos. Lo hacía con una sonrisilla en los labios que intentaba disimular sin
mucho éxito.
De vuelta a la mesa, volvimos a retomar la conversación.
H – Sí, recuerdo cuando pasó aquello. Pobre Timo… - contestó Hotte a Ben.
B – Umm… Emma, tienes las orejas coloradas – afirmó señalando.
E – Ya… Es… Es algo que me pasa a veces – intenté salir del paso como
pude.
Sentí que me cogían de la mano por debajo de la mesa (Esta vez no me moví)
y unos dedos delicados me acariciaban suavemente de manera tranquilizadora.
Lo que ella no sabía es que producían el efecto contrario…
Si creía que había llegado a la tonalidad mas roja que existía estaba muy
equivocada.
Menos mal que empezaron a traer la comida y deje de sentirme observada.
Poco a poco, volví a tener el color natural de mi piel.
La noche siguió. Y acabamos contándonos viejas historias de la escuela y
hablando de nuestros respectivos trabajos. Lo estaba pasando en grande junto
a mis amigos y sobretodo a su lado.
Hasta que llegó la hora de despedirnos y Jenny y yo nos fuimos juntas a casa.
Era lo más lógico siendo prácticamente vecinas.
Llegamos primero a su casa...
J - ¿Quieres entrar? – me pregunto vacilando.
E – Eh… la verdad es que había pensado trabajar un poco en mi novela… se
me han ocurrido algunas ideas y no quiero que se me olviden… – le expliqué
J – De acuerdo… Lo entiendo. - dijo algo decepcionada.
E – Pe… Pero si quieres… ¿Qued… ¿Quedamos mañana? – pregunté
tartamudeando.
J – Claro – Contestó abrazándome – Buenas noches Emma – susurró en mi
oído.
E – Buenas noches Jenny… – contesté mientras veía como entraba en casa.
CAPÍTULO 11: UN DIA INOLVIDABLE.
"Lo más grande que te puede ocurrir es que ames, y seas correspondido".
Película: Moulin Rouge (2001)
Entré rápidamente en casa y me apoye contra la puerta. Cerré los ojos, respiré
hondo y luego solté una gran bocanada de aire.
Como había podido perder el control de esa forma y nada más y nada menos
que en el lavabo de un restaurante. ¿Me estaba volviendo loca?... ¿Había
perdido la razón o que estaba pasando conmigo?...
Emma… (Pensé)
Había prometido ir despacio. No podía hacer este tipo de cosas o corría el
riesgo de asustarla.
Ahora que por fin estábamos juntas debía mantener la cabeza fría.
Aunque con su sola presencia consiga aflorar multitud de sentimientos de mi
interior. Tengo que ser fuerte... Lo de Hoy no puede repetirse…
Con este firme propósito me fui a dormir.
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Al día siguiente Emma me llamó para decirme que le resultaba imposible
quedar conmigo, trabajaba hasta tarde por una urgencia que había surgido a
última hora en la redacción. Pero prometió vernos aunque fueran unos minutos
para tomar un café.
Llegué a la cafetería ansiosa por verla, la busque con la mirada hasta
encontrarla sentada hacia el final de la sala mirando distraída por la ventana.
Como podía ser tan hermosa y no darse cuenta. Suspiré y me dirigí rumbo a su
mesa.
J – Hola Emma – saludé alegremente.
E – ¿Eh?... Ah… Hola Jenny – contestó titubeando.
J – (Me encantaba cuando se ponía nerviosa). ¿Llevas mucho rato esperando?
E – No, que va. Acabo de llegar… - dijo sonriendo.
Comenzamos a hablar de nuestros amigos, de la feliz noticia de Ben y Luzi. Y
entonces le pregunté algo que se me había ocurrido esa misma mañana.
J – Emma, he pensado… Que si quieres… (¿Ahora era yo la que estaba
nerviosa?)
E - ¿Si? – me preguntó atenta.
J – Pues… Como hoy casi no nos hemos podido ver… Había pensado que el
sábado podríamos pasar el día juntas. – Añadí en seguida – Si quieres…
E – Claro que sí, me encantaría. – contestó alegre.
J – Bien. – dije satisfecha.
E - ¿En que habías pensado?... ¿Qué quieres que hagamos? – preguntó
inocentemente.
(En cambio los pensamientos que me inundaron en ese momento sobre las
cosas que deseaba hacer con ella, no eran nada inocentes).
(Me recompuse mentalmente y dije…)
J – Que te parece si cada una elige un sitio para ir pero que sea una sorpresa.
Por ejemplo yo me encargo de llevarte a un lugar por la mañana y también de
la cena por la noche.
E – Umm… Eso me deja a mí la tarde y la comida. De acuerdo, trato hecho. –
dijo dándome la mano para cerrar el acuerdo.
Estreché su mano tardando más de lo necesario. (No era culpa mía, debía
aprovechar cada momento) – pensé traviesa.
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El sábado llegó y como no podía ser de otra forma yo estaba como un flan.
Recordé la conversación que mantuve por teléfono con Jenny la noche
anterior.
Había dicho que vendría a recogerme por la mañana y que me pusiera ropa
cómoda.
¿Ropa cómoda?... Estaba intrigada, ¿A qué lugar pensaba llevarme Jenny?
Estaban llamando a la puerta, eso quería decir que pronto saldría de dudas.
Abrí la puerta y allí estaba ella, con una gran sonrisa en su rostro. Y me
pregunté, por milésima vez, como conseguía dejarme sin habla cada vez que la
veía.
J - ¿Lista? – preguntó ansiosa.
E – S…Si – logré responder.
J – De acuerdo, vamos. – dijo cogiéndome de la mano.
Me deje llevar obedientemente y después de un rato andando, me encontré
enfrente del Sportforum Berlin.
¿Qué hacíamos aquí? – me pregunté internamente.
J – ¡Tachán! – dijo satisfecha.
Mi cara debía ser un poema porque enseguida continúo.
J – Emma, te he traído aquí porque tienen una pista increíble de patinaje sobre
hielo – explicó entusiasmada.
E – Ah…Claro…Umm…Vale… (Es lo único que pude decir)
Jenny estaba tan ilusionada que no se lo iba a estropear explicando que yo era
una negada para todo lo relacionado con los deportes. Y para mi desgracia
descubriría más tarde, que especialmente en el patinaje sobre hielo.
Ya en la pista de hielo pude comprobar de primera mano que Jenny sabía
patinar increíblemente bien. Aunque conociéndola debería haberlo imaginado,
ella sí que sabía lo que era el sentido del equilibrio, por mi parte yo lo había
dejado olvidado en alguna parte.
Y efectivamente en un momento dado inevitablemente acabé resbalando y
cayendo al suelo.
E - ¡Ay! ¡Mi culo! – dije sinceramente. (Muy bien Emma, grítalo por si nadie se
ha enterado) – me felicité internamente.
Jenny se acercó o debería decir se deslizó hasta mí con cara de preocupación.
J – Oh… Emma, ¿Estás bien? – dijo tendiéndome la mano.
E – Si, si. No ha sido nada – respondí haciéndome la fuerte.
J – Tal vez no ha sido buena idea traerte aquí… - comentó intranquila.
E – No, no te preocupes. Me lo estoy pasando bien – dije intentando
tranquilizarla.
J – Bueno, pero… No volverás a caerte… porque no te vas a separar de mí –
confirmó cogiéndome de la mano.
Y así fue, no volvió a separarse de mí. Incluso tengo que reconocer que lo pase
muy bien.
Se acercaba la hora de la comida y ahora me tocaba a mí sorprenderla.
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Le dije misteriosamente que me esperara en la entrada del parque y mientras
yo me fui a casa.
Había preparado una cesta para ir de picnic, no sabía si le gustaría o pensaría
que yo veía demasiadas películas empalagosas.
La cuestión es que me presente con mi cesta y un mantel de cuadros delante
de una Jenny muy sorprendida.
Repentinamente me dio un fuerte abrazo y por poco tiro la cesta y nos
quedamos sin comer.
Por suerte eso no ocurrió y cogidas de la mano la guie hasta una zona cerca
del lago bastante tranquila. Era un lugar donde a veces me acercaba para
escribir o simplemente iba a relajarme.
Extendí el mantel y empecé a colocar lo que llevaba en la canasta, era una
comida sencilla basada en sándwiches varios, embutido, galletas, frutas. Ese
tipo de cosas…
Parece que a Jenny le gustaba lo que llevaba porque me miraba embobada.
J – Eres increíble… - susurró.
La verdad es que me costó escuchar lo que había dicho pero pude leerlo en el
movimiento de sus labios.
Acto seguido sentí esos labios sobre los míos y olvidé por completo todo el
picnic…
Al final conseguimos comer algo y me preguntó si había llevado postre.
E – Por supuesto que he traído postre por quien me tomas – dije socarrona.
J – Claro… No sé porque he podido dudar de usted señorita Emma Müller –
contestó juguetona.
E – Ya… Bueno, pues he traído helado de turrón o tiramisú * - deje caer como
quien no quiere la cosa.
J – Ohhhhh, justo cuando pensaba que no podía quererte más, vas y me dices
esto – dijo emocionada.
En cambio, yo empecé a notar un poco de calor, y se iba extendiendo poco a
poco por mi cuello y cara.
Por lo visto Jenny tenía su propia visión de lo que era un postre y se decanto
por una tercera opción... ¡Yo!
Se abalanzo sobre mí y nos besamos, una y otra vez… Creo que incluso perdí
la noción del tiempo…
Hasta que apareció rodando una pelota justo a nuestro lado. Nos separamos
sorprendidas, y entonces apareció el dueño del balón, un chico de unos 14
años.
Pobre chaval, creo que en unos cinco segundos imaginé unas diez maneras
diferentes de aniquilarlo.
El chico se fue con su maldita pelota y me di cuenta de la hora que era.
Debíamos recoger ya o no llegaríamos a tiempo para mi segunda sorpresa.
Así se lo hice saber a Jenny y nos pusimos en marcha…
*Nota de la autora: Doble guiño. Para las que conozcáis un poco el universo
Jemma os habréis dado cuenta de la importancia de las palabras “Turrón” y
“Tiramisú”. En este relato el turrón se está resistiendo igual que en la serie pero
paciencia que todo llega.
CAPÍTULO 12: UNA NOCHE LLENA DE ESTRELLAS.
“Te amo para amarte y no para ser amado,
puesto que nada me place tanto como verte a ti feliz”.
George Sand (1804-1876) Escritora francesa.
Nos fuimos cada una a su casa para cambiarnos de ropa, ya que para nuestro
siguiente destino debíamos ir con un vestuario más elegante.
El mismo día que Jenny me hizo la propuesta de pasar el sábado juntas, fui sin
perder tiempo a comprar entradas para el teatro. Sabía que era una de las
cosas que más le gustaban, ya me lo había comentado alguna que otra vez en
nuestra época escolar.
Decidí ponerme un vestido negro de manga corta y a la altura de las rodillas
que rara vez usaba, pero como ésta era una ocasión especial hice una
excepción.
Llamaron al timbre. De camino a la puerta cogí el bolso y las llaves del coche,
abrí la puerta para recibir a Jenny.
Y se me cayeron las llaves al suelo…
Allí estaba ella, parecía una diosa griega y yo no podía cerrar mi boca.
J – Mmm… ¿Te gusta lo que ves? – dijo descarada.
(Dios… Jenny no me hagas esto) – pensé de repente muy acalorada.
E – Eh… Eh… si… claro… que si… - dije tartamudeando y tragando saliva dos
veces.
J – Me alegro… - contestó burlona.
E – En fin… tengo que coger el coche y… y conducir… eso conducir… (Hablar
así empezaba a ser algo habitual en mí).
En cambio ella se lo estaba pasando en grande. No paro de sonreír durante
todo el trayecto.
Mientras yo solo pensaba (Emma, si no quieres estrellarte con el coche no
hables, no la mires y sobretodo no la toques).
Todavía no os he descrito como iba vestida…
Jenny llevaba un vestido de tirantes color azul que conseguía resaltar aun más
el color de sus ojos. Si aquella noche en el “Chulos” estaba impresionante con
su vestido rojo ahora conseguía dejarme sin aliento.
J – Por cierto, no te lo he dicho. Pero estas muy guapa… – Ronroneó
(¿Ronroneó?... ¿En serio? *) Lo cierto, es que entonces me agarré más fuerte
al volante y concentré todos mis sentidos en la carretera.
* Pequeño dialogo de Emma hacía la autora del relato.
Finalmente llegamos al “Maxim Gorki Theater Berlin”, era solo un viaje de unos
15 minutos en coche desde mi casa. (Aunque a mí se me hizo eterno). Esa
tarde representaban la obra “Madame Bovary” y deseaba que Jenny disfrutara
con ella.
Al término de la obra todos aplaudimos fuertemente. Aunque yo era más
partidaria del cine, reconozco que la obra me había gustado. Y lo mejor de todo
es que a Jenny también.
E - Grrururrrr, grr, grruuuuru – sonaron mis tripas. (Malditas)
J – ¿Tienes hambre? – preguntó con interés.
E – Eh… Eso parece… – (Malditas, malditas)
J – Vale, pues ahora me toca a mí.
Me dio el nombre de una dirección y para mi suerte no tuve que conducir
mucho.
Poco después llegamos a un restaurante. Por lo visto Jenny ya había hecho la
reserva porque enseguida nos indicaron donde estaba nuestra mesa.
Nuestra mesa se encontraba en el lugar más apartado del local pero también
era el rincón con mejores vistas. Justo a nuestro lado se encontraba una
ventana por la que podíamos ver todo Berlín iluminado.
Llego el camarero con las cartas y nos pusimos a decidir nuestros platos.
Umm, vamos a ver... De primero Jenny, de segundo Jenny y de postre Jenny
de chocolate. (Eso es lo que pensé, pero en cambio pedí otras cosas que si
aparecían en la carta).
Mientras esperábamos que trajeran nuestros platos, hablamos de todo un
poco. En un momento dado noté algo que me acariciaba el interior del muslo.
¡Era el pie de Jenny!
Como no lo esperaba, di un pequeño saltó en el asiento y grité:
E - ¡Joder, Jenny! – (Realmente era curiosa mi elección con las palabras, había
incluido en la misma frase, Joder y Jenny).
Ella puso su cara más inocente. Y yo empezaba a pensar que Jenny tenía
algún extraño problema con los restaurantes, siempre conseguían sacar sus
instintos más traviesos.
El resto de la velada fue un dulce tormento para mí, todo lo que hacía o decía
Jenny me parecía de lo mas erótico. Desde verla comer algo a cuando me
acariciaba distraídamente la mano.
Estábamos con los postres cuando se acerco y me susurro al oído.
J – Cuando se te ponen coloradas las orejas… Me vuelve loca… - dijo, para
luego darme un pequeño beso cerca del lóbulo de la oreja, tardando más de lo
necesario y aspirando el olor de mi cuello.
E – Je… Jenny… - dije entrecortada.
J – Perdona Emma... Lo sé, no debería haber hecho eso. Olvídalo, por favor…
- Explicó disculpándose.
¿Olvidarlo? Eso era fácil para ella pero yo… ¡Yo estaba como una moto!
E – Sácame de aquí... – conseguí decir.
No necesite decirle nada más, me miro a los ojos y lo comprendió.
J – Vale… ¡Camarero! ¡La cuenta por favor! – le gritó.
Creo que llegué a mi casa en tiempo record, lo bueno es que no me multaron
por exceso de velocidad y lo malo es que el corazón me iba a mil por hora.
La noche era perfecta, estaba llena de estrellas y a esa hora no había ni un
alma por la calle. Finalmente conseguimos llegar a la puerta de mi casa.
Os puedo asegurar que hasta ese momento no sabía lo complicado que podía
resultar abrir una cerradura sin ver, y mientras alguien te esta besando. Pero a
la cuarta o quinta vez (También había perdido la habilidad de contar) conseguí
abrir la puerta.
Lo siguiente que ocurrió fue una lluvia de zapatos y bolsos que caían por el
pasillo, por supuesto todo esto sin dejar de besarnos.
Íbamos de camino a mi habitación…
E - ¡Ouch! – grité.
J - ¿Qué ha pasado?... ¿Estás bien? – dijo preocupada y separándose de mis
labios.
E – Si, no te preocupes. Ha sido solo una silla… - contesté recuperando esos
dulces labios.
Mi segundo descubrimiento de la noche fue comprobar lo difícil que resultaba
encontrar mi habitación a oscuras y mientras alguien te sigue besando.
Al final lo conseguimos… Y tengo que reconocer que me sorprendió ver la
habilidad que teníamos para quitarnos los vestidos a la velocidad de la luz.
Nos lanzamos en mi cama, estábamos sobreexcitadas (Esto no podía ser
normal…). Pero entonces Jenny se separó jadeando…
E - ¿Estás bien? – pregunté.
J – Si… solo que… he esperado tanto este momento. Que ahora que ha
llegado no me lo creo… - contestó sincera.
E – Pues créelo. Esto es real… lo nuestro es real…
CAPÍTULO 13: EL MOMENTO.
“Duermo en ti y en tu fuego
Muero al fin en tu mar
Mi aire son ya tus versos
Mi tierra es tu despertar”.
La Musicalité - “4 Elementos”.
*Nota de la autora: En la siguiente escena de turrón no se han utilizado
máquinas de aire ni sabanas del Ikea.
“Jenny inclinó su cabeza, juntando los labios de ambas. El beso se hizo más
profundo empujándolas dentro de un torbellino de lujuria y deseo.
Respirando profundamente, Emma se estremeció en cada lugar en que los
dedos de la morena le rozaban la piel. A su vez Jenny sonrió al observar el
rubor que comenzaba a cubrir suavemente las mejillas y orejas de la rubia.
Jenny comenzó a explorar lentamente el cuello de Emma dejando pequeños
besos a su paso y subiendo sus labios hacia una oreja que beso suavemente.
Luego respirando cerca de su oído le susurró
J – Te quiero…
En ese momento, al escuchar esas dos palabras, Emma reconoció que
pertenecía por completo a la mujer que tenía entre sus brazos.
E – Yo también te quiero… (Consiguió contestar)
Jenny sonrió y siguió depositando besos cerca de la mandíbula de Emma. A la
vez empezó a deshacerse de la ropa interior de la rubia.
Luego se incorporo un poco y mantuvo los ojos fijos en Emma mientras se
desnudaba. Al volver a bajar, sus cuerpos desnudos entraron en contacto por
primera vez.
Emma fue incapaz de sofocar un pequeño gemido que se elevó en su
garganta.
Por su parte Jenny con la ayuda de su lengua se abrió paso a través de la
suave piel de Emma, trazando cada línea y memorizando cada parte de su
cuerpo. Recreándose en las reacciones que provocaba en la mujer rubia.
Jenny volvió a besar a Emma, al tiempo que sus manos bajaban hasta sus
pechos y comenzaban a acariciar los endurecidos pezones. Luego atrapó uno
de los pezones entre sus labios lo que provoco otro profundo gemido por parte
de Emma.
Emma le devolvió las atenciones de la misma manera deslizando su lengua
desde el ombligo de Jenny subiendo lentamente hasta llegar a sus pechos,
consiguiendo pequeños temblores acompañados de diversos jadeos.
Sus manos siguieron deslizándose por sus cuerpos, envolviéndolas a ambas
en la pasión y haciendo que sus caderas comenzaran a balancearse al mismo
ritmo embriagador hasta llegar juntas al éxtasis, y temblar poco después.
Aunque acabaron agotadas. Eso no les impidió que siguieran manifestando su
amor durante mucho tiempo después, hasta que al final el sueño acabo
venciéndolas durmiendo abrazadas y exhaustas pero felices.”
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Desperté abriendo lentamente mis parpados para encontrarme con una
penetrante mirada azul que me observaba.
Me sonrió y yo le devolví la sonrisa con una propia.
J – Buenos días…
E – Buenos días…
Nos miramos a los ojos durante un rato sin decir nada, no hacían falta las
palabras. Entonces escuche un suave suspiro y me dio un tierno beso en los
labios.
Jenny se levanto desperezándose y no pude evitar deleitarme con su
desnudez.
Se giró y dijo:
J – Voy a ducharme. ¿Me acompañas? – preguntó con su voz más sensual.
No podía rechazar semejante invitación así que acepté sin dudar.
E – Claro…
Tomo mi mano y me guio hasta la ducha. Sobra decir que tardamos más de lo
necesario en ducharnos y que salimos muy limpias.
Un poco más tarde estábamos en la cocina desayunando. Y yo sentada frente
a ella no conseguía quitarme de la cabeza lo que habíamos hecho hace
apenas unos minutos en la ducha.
Recordé como las gotas de agua caían sobre nuestros cuerpos y yo no había
podido resistir succionar sus firmes pezones que me miraban invitadores…
J – ¡Emma! – gritó.
E - ¿Eh? – pregunte sorprendida.
J – Te preguntaba si luego te apetece que demos un paseo por el parque… -
repitió.
E – Eh… claro, me parece pezones – dije rápidamente.
J - ¿Pezones?
E - ¡Perfecto! Digo que me parece perfecto.
(¿Por qué siempre decía en voz alta lo que estaba pensando?) – me pregunté
una vez más.
J – Ya… - dijo sospechosa – Umm, que ricas están estas galletas de
chocolate… y ya solo queda una…
E – Si… ¡Anda Jenny!
¡Mira, Angelina Jolie enseñando la pierna! – indique en algún punto de su
espalda.
J - ¿Qué? – dijo girándose.
Cuando quiso darse cuenta de lo que estaba pasando yo ya me encontraba
felizmente comiendo la última galleta.
J – Serás… - dijo amenazadora mientras se levantaba de la silla y se dirigía
hacia donde yo estaba sentada.
Se me puso en frente y se sentó a horcajadas sobre mí.
J - …Tramposa – acabó de decir.
Entonces de pronto comenzó a hacerme cosquillas y para mi desgracia había
descubierto uno de mis puntos débiles.
E – Jajajajajaja, me rindo, jajaja, me rindo – dije desesperada.
J – Así me gusta… - pasó los brazos alrededor de mi cuello acariciándome
suavemente la nuca.
Se acercó un poco más hasta rozar mi nariz con la suya.
Y suspiré profundamente.
J – Por cierto, antes… ¿No estarías pensando en los pezones de la Jolie? –
pregunto expectante.
E - ¡No!, ¡Claro que no! – dije indignada.
J – Eso espero… Porque solo quiero que pienses en unos pezones y no son en
los de la Jolie precisamente… – dijo en tono lascivo.
Y tragué saliva. Ella me miró mientras se mordía el labio inferior.
Pensé que los planes del paseo al parque se iban a ir al garete…
Entonces se acercó aun más tocando mis labios con los suyos hasta finalmente
besarme profundamente.
J – Umm… Sabes a chocolate… – dijo sacando la punta de una lengua rosada
para a continuación lamerse el labio superior.
A continuación volvió a besarme más intensamente.
Mi último pensamiento fue (¡Madre mía!... Definitivamente no vamos a ir al
parque).
CAPÍTULO 14: LA VISITA.
“¿Has amado alguna vez a alguien hasta llegar a sentir que ya no existes?
¿Hasta el punto en el que ya no te importa lo que pase? ¿Hasta el punto en el
que estar con él ya es suficiente, cuando te mira y tu corazón se detiene por un
instante?”.
Película: El diario de Noah (2004)
Llegó el lunes y por lo tanto la rutina de la vuelta al trabajo.
Emma estaba trabajando en su mesa cuando apareció por la puerta Hotte.
H - ¿Qué ha pasado? – preguntó directamente.
E – Buenos días para ti también. Y no sé de qué hablas… - contesté
haciéndome la ingenua.
Me estaba empezando a preocupar. Como podía saber que había pasado algo.
¿Había instalado micrófonos en mi casa sin yo darme cuenta?
H – Claro que ha pasado algo. Y si no explícame porque llevas toda la mañana
con esa tonta sonrisa y esa cara de bobalicona.
E – Hotteeee – intenté regañarle pero fracasé miserablemente al sonreír de
nuevo.
H – ¡Ves! Y ahora acabas de confirmármelo. Así que no pienso marcharme
hasta que no me expliques que ha pasado entre tú y cierta morena que
conocemos.
E – Lo único que me ha pasado ha sido el mejor fin de semana de mi vida…
Le hice un resumen de lo ocurrido el fin de semana con Jenny, obviando
claramente todos los momentos en los que no llevábamos ropa.
H - ¡Por fin! Cuanto me alegro por las dos – me dio un abrazo.
E – Gracias Hotte. Todavía no entiendo cómo puedo ser tan afortunada de
tener una mujer como ella a mi lado.
H – Pues seguramente ella pensara lo mismo de ti.
E – Solo espero no estropearlo – dije insegura.
H – ¡Emma! No empieces con tus inseguridades que te veo venir… - dijo
regañándome.
E – Esta bien, está bien. Tienes razón, tengo que disfrutar del momento y no
pensar tanto.
H – Eso me gusta más. Venga te dejo que sigas trabajando pero luego
seguimos la conversación. – prometió saliendo por la puerta.
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Mientras en cierta academia de Danza, se encontraba Jenny repasando
algunas cosas que pretendía enseñar a sus alumnos en las próximas clases.
Cuando empezó a sonar su móvil.
J – Hola Luzi – dijo mirando la pantalla.
L – Hey Jenny, ¿Qué tal?
J – Bien. ¿Y tu como vas con los preparativos de la boda? – preguntó a su
amiga.
L – Pues muy liada y precisamente te llamaba para saber si habías recibido la
invitación para la boda.
J – Si, me ha llegado justo esta mañana. Pero Luzi, la invitación dice que la
boda es dentro de dos semanas. ¿Es cierto?
L – Si, es dentro de dos semanas. Ya sé que ha sido todo muy repentino pero
ya sabes lo liados que estamos siempre con nuestros trabajos y a los dos nos
iba bien esa fecha. – explicó.
J – No si a mí me parece bien, me encanta que seáis tan espontáneos. Y
además seguro que la boda sale perfecta. – contestó sincera.
L – Eso espero – dijo suspirando – Bueno Jenny tengo que dejarte, aun me
quedan muchas cosas que hacer. Y recuerda que dentro de dos semanas
tienes una boda en Colonia a la que debes asistir.
J – No me lo perdería por nada.
L – Me alegro oír eso. Hasta pronto. – se despidió.
J – Hasta pronto Luzi.
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E - ¿Si? – Dije contestando el teléfono - ¿Eh?... ¿Hoy?... Si… Si claro… Claro
que no me importa… Vale, pues nos vemos ahora.
H - ¿Qué pasa Emma? De repente te has puesto blanca como el papel…
E – Eh… Hotte tengo que irme…
H - ¿Pero qué pasa? – gritó Hotte mientras me dirigía a la salida.
E – Que han venido mis padres a visitarme… - dije saliendo por la puerta.
Al cabo de un rato estando ya en casa sonó el timbre de la puerta y fui a abrir
temiendo quien podía ser.
J – ¡Hola! – dijo abrazándome.
E – Eh… Jenny…
J – Oh, cuanto necesitaba verte…
E – ¡Jenny! – dije firmemente.
De repente se oyó una voz femenina de fondo.
¿Emma?...
J - ¿Qué?... ¿Quién es? – me interrogó.
E – Ven y te lo explicaré – dije resoplando.
La guié hasta la sala de estar donde estaban mis padres tomando café.
E – Papa, Mama os presento a Jenny. Es mi… es mi… mi… - dije
balbuceando.
J – Soy su amiga. Hola señor y señora Müller, encantada de conocerles. – dijo
salvándome de la situación.
Madre de Emma – Lo mismo digo Jenny, encantada de conocerte.
Padre de Emma – Si, es un placer.
M – Jenny, porque no nos acompañas.
E – Eh… Mama, no creo que Jenny tenga tiempo… - intenté decir.
J – Me encantaría señora Müller – respondió para mi desgracia.
M – No me llames señora que me hace parecer más mayor de lo que soy.
Puedes llamarme Jane.
J – De acuerdo Jane – contestó con su mejor sonrisa.
Respiré profundamente y me resigne a pasar por toda la situación lo mejor
posible.
M - ¡Emma! No te quedes ahí de pie, quieres hacer el favor de traerle un café a
tu amiga.
E – Si mama… - observé como Jenny se aguantaba la risa.
(Tomé nota mentalmente para devolvérsela más tarde).
Comenzamos a charlar y mi madre empezó con su ataque de preguntas.
M – Bueno Jenny… ¿Y de que conoces a Emma?, es que aparte de Hotte no
conozco a sus amigos.
J – Pues la verdad es que nos conocemos hace bastante tiempo, en realidad
fuimos juntas a la Escuela Pestalozzi. – nos miramos sonriendo.
M – ¡No me digas!... ¡Emma!... ¡Nunca me has hablado de Jenny! No sé porque
a veces eres tan reservada. – me regaño.
Jenny me acaricio suavemente el brazo y me sentí mucho mejor.
La conversación siguió animadamente y Jenny le estaba explicando a mi padre
en qué consistía su trabajo en la academia de danza.
M – Emma, ayúdame a llevar estos vasos a la cocina – ordenó.
E – Claro…
Una vez en la cocina y fuera de los oídos de mi padre y Jenny.
M – Bueno… ¿Y desde cuando estáis juntas? – preguntó despreocupada.
E - ¿Qué?... ¿Qué dices?... – por poco se me cae un vaso al suelo.
M – Vamos Emma, no te hagas la tonta conmigo que soy tu madre.
E – ¿Pero como…
M - ¿Qué como lo he sabido? Pues porque a una madre no se le escapan
estas cosas, las miradas, las sonrisas cómplices. Y porque te conozco muy
bien. – dijo tajante.
E – Eh… La verdad es que hace poco que estamos juntas. – confié finalmente.
M - ¿La quieres?
E – Si. – fue mi corta respuesta.
M - ¿Y ella a ti?
E – Creo que sí.
M – Lo cierto es que me gusta Jenny. – dijo sonriendo.
E – Es muy especial…
M – Solo tengo una pregunta que hacerte.
E - ¿Cuál? – pregunté nerviosa.
M - ¿Eres feliz?
E – Mucho… – fue mi rápida respuesta.
M – De acuerdo, pues no necesito saber más.
Abrace a mi madre con lagrimas en los ojos, nunca pensé que se lo tomaría
así. Sabía que era una persona comprensiva pero nunca soñé que lo encajaría
tan bien. A veces las personas llegaban a sorprenderme y en este caso para
bien.
M – Venga, tenemos que volver. No debemos dejar más tiempo a solas a la
pobre Jenny con el aburrido de tu padre. – dijo haciéndome reír.
Acabada la visita, mis padres se despidieron. Mi madre me abrazo y me dio un
beso.
M – Bueno Jenny, ha sido un placer conocerte.
J – Igualmente señ… digo Jane. – contestó rápidamente.
M – Seguro que nos vemos pronto… – dijo dándole un abrazo y guiñándole un
ojo.
Una vez se hubieron marchado, Jenny se giró para mirarme.
J - ¿Tu madre me acaba de guiñar un ojo? – comentó sorprendida.
E – Si, probablemente lo ha hecho... Luego te lo explico. – Continué – Pero
ahora lo primero es lo primero… - dije acercándome a ella y reclamando esos
labios que llevaba horas sin probar.
CAPÍTULO 15: EN LAS NUBES.
“Yo creo que lo sabes inmediatamente, en cuanto tus ojos se cruzan con los de
esa persona. Entonces todo lo que ocurre desde ese momento, sólo prueba
que estabas en lo cierto desde el primer momento, cuando de repente te das
cuenta de que estabas incompleta y que ahora ya no lo estás”.
Película: Rosas Rojas (Imagine me and you) 2005
J - ¿Así que tu madre ha descubierto lo nuestro? – preguntó perezosamente
mientras hacía pequeños círculos alrededor de la piel desnuda de mi torso.
E – Umm… Si. Por lo visto no somos tan discretas como parece – contesté
acariciando el cabello de Jenny.
J – Bueno, lo importante es que se lo ha tomado muy bien y además creo que
le caigo bien – dijo guiñándome un ojo.
E – Claro que le caes bien, además sabe el buen gusto que tiene su hija. – dije
socarrona.
Sonrió y me dio un ligero beso en los labios.
J – Por cierto, con todo lo de tus padres no te he podido preguntar si has
recibido la invitación de boda.
E – ¿Invitación de boda? – Al decirlo en voz alta entendí a que se refería -
¿Quieres decir de la boda de Ben y Luzi?
J – Claro. ¿Tienes alguna otra boda a la que asistir?
E – No. Y menos mal, porque odio las bodas – confesé.
J – ¿No te gustan las bodas? – dijo algo sorprendida.
E – No me gustan y no sé muy bien porque. – Añadí - Y no he visto la
invitación, aunque hoy no he mirado el buzón.
J – Eres un desastre… ¿Qué voy a hacer contigo? – dijo bajando por mi
cuerpo.
E – Lo que tú quieras… - logré murmurar.
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Emma debía pasar unos días fuera de la ciudad, su jefe la había enviado a
cubrir unas entrevistas para la revista.
E – Solo serán tres días Jenny. Cuando quieras darte cuenta ya estaré de
vuelta…
J – Ya… Pero son tres días sin verte. Y no quiero pasar ni uno solo sin estar
contigo – protestó.
E – Jenny… - Suspiré - A mí tampoco me apetece nada este viaje pero es mi
trabajo.
J – Lo sé. Y sé que estoy siendo totalmente irracional. Así que no me hagas
caso… yo estaré aquí esperándote.
E – Eso espero. – me despedí con un tierno beso.
Estos tres días se me iban a hacer eternos sin ella. Me había acostumbrado
tanto a su presencia que ahora me daba cuenta de que se había convertido en
una necesidad.
En muchas ocasiones sentía que estaba en las nubes.
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A pesar de que la mayoría del tiempo tenía la cabeza en otra parte, conseguí
hacer las entrevistas con bastante éxito. Estaba satisfecha con mi trabajo y
esperaba que mi jefe también lo viera así.
El segundo día de estar en Hamburgo pasé por una calle plagada de tiendas,
pero hubo una que captó mi atención. Se trataba de una pequeña joyería. En
su escaparate había una sencilla pulsera de plata con unas piedrecitas azules
que irremediablemente me recordaban a los ojos de Jenny. No lo dudé un
instante tenía que comprarla.
Al tercer día estaba deseando volver a casa, nunca pensé que podría llegar a
tener esta dependencia por alguien. En cierta manera, llegaba a asustarme.
Pero más aun me asustaba la idea de no tenerla.
Llegué a casa y después de deshacer mi equipaje, decidí encender mi portátil.
Necesitaba escribir algunas ideas para mi novela que me habían surgido
durante mi viaje y debía hacerlo antes de ir a ver a Jenny y olvidarme por
completo de todo.
Estaba en ello cuando llamaron al timbre.
E - ¡Jenny! Ahora iba a ir a vert…
No me dejo acabar la frase, Jenny se abalanzo sobre mí besándome
desesperada. Por lo visto me había echado de menos tanto como yo a ella.
No dijo ni una sola palabra, me llevó hasta la sala de estar y me empujó encima
del sofá.
Pude ver la lujuria en sus ojos y sabía lo que pasaría a continuación.
Comenzó a desnudarse sin despegar sus ojos de mí, luego volvió a besarme y
me quitó la camiseta.
Sin dejar de besarme siguió quitándome prendas hasta quedar las dos
desnudas.
Estaba como hechizada no podía pensar en nada, ni siquiera me importaba
estar clavándome uno de los cojines del sofá en los riñones. Nada importaba…
Jenny pasaba suavemente las yemas de sus dedos por cada zona de mi piel y
a la vez me marcaba dejando pequeños besos. Me hipnotizaba, era tan
fascinante lo que me hacía sentir con un solo roce.
Introdujo sus dedos en mi interior y yo hice lo mismo, marcamos un ritmo
común que fue creciendo junto a nuestra necesidad hasta que las dos llegamos
a la vez a un explosivo orgasmo.
Cuando conseguimos calmar nuestras respiraciones y relajar el ritmo de
nuestros latidos. Jenny me miró sonriendo y dijo
J – Bienvenida a casa…
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Aunque se estaba muy a gusto en el sofá con una Jenny totalmente desnuda
sobre mí, decidí que era hora de comer algo.
E – Umm… ¿Jenny? ¿Te apetece que haga algo de cenar?...
J – Vale… Aunque estoy tan a gusto aquí que ya puede ser algo bueno… – dijo
sensual.
Por dios, Jenny nunca se cansaba, a este paso iba a matarme. Aunque
pensándolo bien era una dulce manera de morir.
Me levante antes de que Jenny cambiara de opinión y me puse una camiseta
encima. Me dirigí a la cocina a ver que podría encontrar en mi semivacía
nevera.
Mientras yo intentaba cocinar algo con lo poco que tenía pude observar como
Jenny se había puesto también su camiseta y miraba mi portátil encendido.
J - ¿Estabas trabajando en tu novela? – preguntó.
E – Bueno, solo estaba escribiendo algunas ideas…
J – ¡Ajá!… Me contaste que era una novela policiaca. ¿Quién es el
protagonista? – curioseó.
E – La protagonista… Es una chica. Inspectora de policía para ser más exacta
– esto captó toda su atención.
J – ¡Ah! ¿Sí?... ¿Y cómo es esta inspectora de policía? – me interrogó
claramente interesada.
E – Eh… Pues… Morena…
J – Morena – confirmó.
E – Y… y atlética…
J – Atlética – volvió a confirmar acercándose a mí.
E – Con… con los ojos azules…
J – Ojos azules – se acercó más.
E – Si… - instintivamente trague saliva.
J – ¿Y cómo se llama esa policía morena, atlética de ojos azules?
E – (Ahora sí que estaba en un problema) Se… se… se llama…
J - ¿Sí? – preguntó alentándome.
E – Je… Jennifer – acabé murmurando.
J – Espero que al menos el apellido lo hayas cambiado un poco – dijo divertida.
E – Es Jennifer Hofmann…
Eso fue el colofón final, Jenny estalló en carcajadas y se abrazó a mí.
Al retirarse me dio un suave beso.
J - ¿Cuándo empezaste a escribir la novela? – preguntó intrigada.
E – Pues… hace unos 4 o 5 meses…
J – Así que yo todavía no había llegado aquí y no había vuelto a entrar en tu
vida – determinó.
Solo pude confirmar con un gesto de mi cabeza.
J – Te quiero… - dijo apareciendo ese hoyuelo que tanto me gustaba.
E – Yo también te quiero… – contesté besándola.
Por un momento olvidamos la cena y todo lo que pasaba a nuestro alrededor.
Definitivamente estaba en las nubes.
CAPÍTULO 16: INSEGURIDADES.
“El amor, como ciego que es, impide a los amantes ver las divertidas tonterías
que cometen”.
William Shakespeare (1564-1616) Escritor británico.
Pasaron varios días de inmensa felicidad para las dos...
Y un día en la oficina.
E – Hola Hotte – saludé a mi amigo al entrar en la oficina.
H – Hey, ¿Cómo esta mi rubia favorita?
E – Pues sinceramente, estoy en las nubes… - contesté desconcertada.
H - ¿Pero eso es bueno, no?
E – Claro que es bueno, pero sigo pensando que es como un sueño del cual un
día despertaré… Y Hotte, no quiero despertar. – admití.
H – Pues no despiertes. Sabes que te mereces ser feliz y lo que estas sintiendo
ahora mismo no tiene porque terminar.
E – Sé que tienes razón. No entiendo porque siempre me acaban asaltando
tantas dudas.
H – Porque entonces no serias tú – dijo sonriendo.
Hotte siempre conseguía hacerme sentir mejor.
H – Por cierto esta noche tienes que dejar en casa todas esas dudas. Porque
hoy es noche de Karaoke y vamos todos los de la oficina.
E - ¿Qué? Hotte… No creo que… - no me dejó acabar.
H – No, no, no hay peros que valgan. Tú te vienes, además Jenny ya se ha
apuntado – acabó triunfante.
E - ¿Cómo dices?
H – He quedado para comer con ella y se lo he comentado. Y como ella es
mucho más divertida que tú ha aceptado enseguida – dijo burlón.
E – Veo que no tengo otra opción… – suspiré derrotada.
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Tenía que hacer algunas cosas antes de pasar por el local así que quedamos
todos dentro.
Cuando llegué ya estaba casi todo el mundo, a lo lejos vi a Jenny hablando con
Hotte y con Peter.
Peter… Aun no había podido hablar con él y dejarle claro que no me
interesaba.
Me acerqué a ellos y los saludé.
E – Peter, veo que ya te han presentado a mi amiga Jenny – creí ver un reflejo
de dolor en los ojos de Jenny al decir lo de “amiga”, pero fue tan breve que
pude haberlo imaginado.
P – Si, es encantadora…
H – Bueno, venga. Basta de tanta cháchara y vamos a buscar una mesa lo más
cerca posible del escenario. ¡Que tengo ganas de cantar ya! – nos arrastró un
Hotte muy ansioso hacia la zona de las mesas.
Algunos compañeros con ligeros síntomas de embriaguez ya estaban cantando
en el Karaoke. Finalmente conseguimos una mesa muy cerca del escenario por
lo que no nos íbamos a perder ningún detalle de las actuaciones.
Esta noche Peter estaba muy hablador. Bueno, aun más que de costumbre por
lo que no paraba de hablar conmigo. Y aunque Jenny estaba metida en una
conversación con Hotte pude sentir como nos observaba desde el otro lado de
la mesa.
Hotte y Jenny salieron a cantar juntos la canción “Be Mine” de Robyn. Los dos
lo hacían muy bien, pero yo estaba totalmente absorta en Jenny. Sentía que
estaba cantando solo para mí y no solo porque me mirara mientras lo hacía si
no por el sentimiento que transmitía al cantar.
Me pregunté por enésima vez si había algo que Jenny no hiciera bien.
Terminó la canción y me preparé para salir. Ahora era mi turno, subí junto a
Peter a cantar “Just the way you are” de Bruno Mars. Creo que no se me daba
mal cantar, seguramente en otra vida en vez de estudiar periodismo me
hubiera decantado por algo relacionado con la música.
Intenté hacerlo lo mejor posible a pesar de que ya llevaba un par de cervezas
encima. Pero sobretodo deseaba que Jenny se diera cuenta de que se la
dedicaba a ella, solo a ella.
Peter no conseguía seguir el ritmo de la canción y desee que cerrara la boca
por completo. En cambio sentí como me agarraba de la cintura, intenté ponerle
mi mirada más asesina pero no produjo el efecto deseado porque Peter no
retiro la mano.
Tomé nota mental de tener esa conversación con él lo antes posible.
Al acabar la canción noté que Jenny iba por su tercera o era la cuarta cerveza.
No estaba segura, solo sé que me agarro del brazo y me dijo:
J – La próxima la cantamos juntas – su mirada era de “Y no quiero un no por
respuesta”.
E – Vale… – contesté.
Subimos al pequeño escenario y Jenny eligió cantar “Lovefool” de The
Cardigans. Lo cierto es que me encantaba esa canción así que estuve de
acuerdo con su elección.
Empezamos a cantar y me sorprendió comprobar lo bien que lo hacíamos
juntas, daba la impresión de que lo hubiéramos hecho muchas veces.
Mientras cantaba me miraba de una forma muy intensa y penetrante. Intenté no
perder la concentración y acabar la canción dignamente.
Noté su mano en mi cadera pero solo fue durante un segundo, porque
enseguida la retiró y no volvió a tocarme hasta finalizar la canción.
Volvimos a la mesa donde se encontraba un Hotte muy contento aplaudiendo
sin parar.
H – Jo, chicas. Habéis estado estupendas… ¿Seguro que nunca habíais
cantado juntas? – nos preguntó desconfiado.
J – Seguro Hotte, nunca habíamos cantado juntas. Pero siempre hay una
primera vez para todo, ¿No? – contestó Jenny dándole otro sorbo a su cerveza.
El resto de la noche pasó entre risas y conversaciones. Aunque Jenny me tenía
algo preocupada, había estado bebiendo sin parar y eso no era algo normal en
ella.
Yo me sentía intranquila, tenía la sensación de que algo le ocurría pero no
sabía que era.
Se disponía a pedir otra copa y la detuve.
E – No Jenny. Nos vamos a casa. – dije tajante.
J - ¿Pero porque? – me cuestiono.
E – Porque ya es tarde y ya hemos bebido bastante por hoy.
J – Vale, vale... Lo que tu digas – dijo rindiéndose.
Nos despedimos de Hotte, Peter y el resto de compañeros.
Por suerte el local no se encontraba muy lejos de casa, así que nos fuimos
andando.
A Jenny le estaba costando un poco mantenerse en línea recta así que la cogí
de la mano.
Llevábamos un rato andando y nos encontrábamos cerca de casa, cuando de
repente Jenny se giró hacia mí y dijo:
J – Por favor… No me dejes… – dijo agachando la cabeza.
E - ¿Qu… ¿Qué?... ¿Por qué iba a hacer eso? – pregunté desconcertada.
J - ¿Te gusta Peter? – siguió.
E – Por supuesto que no. – contesté tajante.
Nunca había visto esta parte de Jenny, parecía tan frágil y vulnerable que me
partía el corazón.
J – Yo… Yo podría entenderlo. Sería todo tan fácil con él... No tendrías que
fingir, ni esconderte…
(Así que era eso…)- Pensé.
Me sorprendía ver a esta Jenny tan insegura. Precisamente ella, que a mis ojos
era una persona fuerte y muy segura de sí misma. Me quedé pasmada.
Lo único que quería con todas mis fuerzas era borrar sus dudas ¿Pero cómo
podía conseguirlo? Solo se me ocurría una manera. Con la sinceridad.
E – Te quiero… - dije simplemente.
Entonces empezó a sollozar y me abrazó fuertemente como si no quisiera que
yo echara a correr.
E – Shh… Está bien... Te tengo… - la consolé suavemente.
Jenny lloraba sobre mi hombro. La agarré por la barbilla y la miré
profundamente a los ojos intentando transmitir todo lo que sentía por ella.
La besé delicadamente y ella suspiró.
E – Además quien ha dicho que yo quiera algo fácil – intenté bromear.
J – Lo… lo siento Emma. No sé que me ha pasado…
E – Yo lo entiendo Jenny. Sé que no debería esconder lo nuestro a nadie, sino
orgullosa gritarlo a los cuatro vientos y te aseguro que es lo que más deseo.
Solo te pido un poco de paciencia, necesito un poco más de tiempo para
asimilar todo esto… todo lo que siento por ti. – dije limpiando las lagrimas de
sus mejillas.
J - ¿Podría quedarme a dormir en tu casa? – preguntó con esperanza.
E – Claro que sí. Además, iba a proponértelo – contesté sonriendo.
CAPÍTULO 17: DECISIONES.
“Todo el tiempo estoy pensando en ti,
en el brillo del sol en un rincón del cielo,
y todo el tiempo estoy pensando en ti,
en el eco del mar que retumba en tus ojos”.
Zoé - “Soñé”
Desperté viendo a una Jenny muy dormida a mi lado, menos mal que era
sábado y no teníamos que ir a trabajar. Seguro que se iba a levantar con un
terrible dolor de cabeza, recordé mi última experiencia con las resacas y sentí
compasión por ella.
Me levanté sin hacer apenas ruido y me encaminé hacia la cocina. Decidí darle
una sorpresa y preparar el desayuno.
Después de comprobar mis reservas de comida supe que debía salir a
comprar, calculé que me daría tiempo de ir y volver sin que Jenny se diera
cuenta.
Y así fue, cuando volví de hacer la compra comprobé que Jenny seguía
dormida.
Mientras preparaba todo en una bandeja escuché como se despertaba, y tal y
como había adivinado con dolor de cabeza incluido.
Me acerqué hacia la cama cargando con la bandeja y me recibió una Jenny
muy sorprendida.
J – ¡Emma! Eres un cielo… - dijo besándome.
E – Lo sé. – dije socarrona.
J - ¡Aquí hay de todo! ¡Hasta aspirinas! Has pensado en todo…
La verdad es que la bandeja pesaba un poco. Había comprado Croissants,
Magdalenas y varios tipos de pastas diferentes.
J – Emma… Quería disculparme por mi reacción de anoche.
E – Shh… No te preocupes por eso. No pasó nada.
En aquel momento Jenny se percató de una pequeña caja situada al lado de
una rosa que había sobre la bandeja.
J - ¿Qué es esto? – señaló temblorosa.
E – No sé. Ábrelo y lo veras.
Al abrirla descubrió que contenía una pulsera.
E – Es… es una pulsera que compré cuando estuve en Hamburgo. La vi y
pensé en ti. – aclaré rápidamente.
Jenny empezó a llorar suavemente.
E - ¿Estás bien? Estas llorando...
J – Estoy bien, estoy llorando pero de felicidad... Nunca pensé que podría
llegar a ser tan feliz. – me abrazó con fuerza.
J – Te quiero tanto… - murmuró en mi oído.
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El fin de semana pasó volando y al siguiente teníamos que asistir a una boda.
H – ¿Qué? ¿Ya has empezado con los preparativos para ir a la boda? Ya
sabes, el vestido, preparar la maleta… - explicó Hotte.
E – Si, ya tengo todo más o menos controlado.
Divisé a Peter por el rabillo del ojo.
E – Perdona Hotte, ahora vuelvo. Tengo algo que resolver – no esperé su
contestación.
Me fui directa hacia donde se encontraba Peter.
E – Peter, ¿Tienes un momento? Necesito hablar contigo.
P – Claro, dime Emma.
E – Veras… (No sabía por dónde empezar). No sé cuáles son tus intenciones
conmigo, ni si te he podido dar una idea equivocada. Pero yo ya estoy saliendo
con alguien... Y soy muy feliz.
P - ¡Ah!... ¡Ah! ¿Sí? No lo sabía. Perdona pero como nunca te he visto salir con
ningún chico. Asumí…
(Exacto, con ningún chico. Tu lo has dicho)- Pensé internamente.
E – Asumiste que no tenía ningún compromiso. Pero no es así, lo siento Peter.
– Y me fui.
Había resultado más fácil de lo que esperaba. Respiré aliviada, un problema
menos del que preocuparme.
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Transcurrieron los días sin ninguna novedad aparente, hasta llegar el momento
de nuestra partida a Colonia.
Jenny decidió encargarse del alojamiento. Me llevó a un pequeño pero
encantador hotel de Colonia.
Llegamos a la recepción del hotel y preguntó por la reserva.
Recepcionista – Un momento por favor… Aja. Si, aquí esta. Una habitación
doble con dos camas a nombre de Jennifer Hartmann. – confirmó.
Mientras la recepcionista buscaba la llave de nuestra habitación susurré.
E - ¿Dos camas? – cuestioné.
J – No quería que te sintieras incomoda. Pero tranquila, por la noche
juntaremos las camas – murmuró guiñándome un ojo.
Estas pequeñas cosas eran las que hacían que me diera cuenta como Jenny
se preocupaba por mí, lo hacía para que yo no me sintiera mal. ¿Y ella?...
¿Qué sentía ella?... Una vez más me reproche ser tan cobarde y no tener la
valentía de demostrar mi amor por ella en público.
Debía tomar una decisión cuanto antes y la única posible era dejar todos mis
miedos a un lado y gritar a los cuatro vientos cuanto la amaba.
Entramos a la habitación, era preciosa y tenía unas vistas increíbles. Seguro
que Jenny ya había estado en este hotel por eso había querido llevarme allí.
J - ¿Qué te parece? ¿Te gusta?
E – Me encanta – dije acercándome hasta ella y besándola.
Jenny puso una mano en mi pecho alejándose de mi pequeño asedio.
J – Umm… No, no me distraiga señorita Müller. Tenemos que deshacer las
maletas y hemos quedado dentro de un rato con Hotte para dar una vuelta por
Colonia. – explicó con poco convencimiento.
E – Al diablo las maletas y al diablo con Hotte… – dije volviéndome a acercar.
J – Umm, Emma no me tientes. Sabes perfectamente que no tenemos tiempo.
E – Esta bien, está bien. – Dije levantando las manos y luego añadí con cierto
aire lascivo – Pero esta noche eres mía…
La oí suspirar frustrada y yo solo pude sonreír ante su reacción.
Al final conseguimos deshacer las maletas y quedar con Hotte para dar una
vuelta por la ciudad.
Colonia era una ciudad fascinante, visitamos la Catedral (Kölner Dom),
paseamos cerca del río Rin y acabamos cenando en un bonito restaurante.
Para acabar la noche fuimos a tomar una cerveza por la zona pero nos
retiramos pronto a dormir porque al día siguiente era la boda y teníamos
muchas cosas que hacer.
Aunque me prometí volver a visitar la ciudad solo con Jenny, la llevaría al
Museo del Chocolate (Schokoladenmuseum) y a los Jardines Botánicos y
disfrutaríamos de las vistas cogidas de la mano y… (¡Para Emma! – Me grité
mentalmente - Deja de fantasear y actúa de una vez porque si no, lo de
cogidas de la mano no va a ser algo que hagas).
J - ¿Emma?
E - ¿Si?
J - ¿Estas bien? Parecías estar a miles de kilómetros de aquí… - dijo
preocupada.
E – Si, si, solo estaba pensando…
Volvimos al hotel y ayude a Jenny a juntar las camas, por nada del mundo iba a
dormir separada de ella.
La oí bostezar.
E - ¿Estas cansada?
J – Un poco, pero no tanto como para no vengarme… - dijo mirándome con
lujuria.
E – Oh… Creo que estoy en un problema… - logré decir.
J – Ya lo creo que estas en un problema… - contestó perversa.
CAPÍTULO 18: FELICIDAD.
“Y es por ti...
Que late mi corazón
Y es por ti...
Que brillan mis ojos hoy
Y es por ti...
Que he vuelto a hablar de amor
Y es por ti...
Que calma mi dolor”.
Juanes – “Es por ti”
Nos despertamos con los primeros rayos de luz y nuestros cuerpos
entrelazados no querían moverse.
E - ¿Y si no vamos a la boda? – dije lastimosamente.
J - ¡Emmaaa! No puedo creer que siquiera lo pienses… - pero lo decía
aguantándose la risa.
E – Tenia que intentarlo – dije levantando los hombros.
J – ¡Argg! A veces eres como un dolor de muelas – contestó con falsa
indignación.
Se acercó y comenzó a hacerme cosquillas, me levante de la cama de un salto.
(Mierda, ahora que conocía el truco lo utilizaría siempre que quisiera).
Malditas cosquillas iba pensando mientras abría la ducha, entonces sentí un
cuerpo pegarse a mi espalda y unos brazos rodearme la cintura. Entonces noté
el suave aliento de un suspiro rozarme la nuca.
J – He pensado que si nos duchábamos juntas ahorraríamos tiempo...
(Dudaba mucho esa afirmación). Pensé irónicamente.
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Incomprensiblemente llegamos puntuales a la ceremonia. Aun faltaban
invitados pero algunos de nuestros amigos ya se encontraban en el lugar.
Timo y Sophie se acercaron hacia donde estábamos nosotras.
S – Hola chicas, cuánto tiempo. ¿Cómo estáis?
J – Bien y vosotros. ¿Qué tal la vida de casados?
S – Muy bien, aunque a veces Timo es un desastre con las tareas del hogar,
pero que hombre no lo es. ¿Verdad?
T – Hey, que yo hago cosas en casa – dijo indignado.
S – Si cariño, claro que sí.
T - ¿No habéis venido con pareja?... ¿Pero cómo dos chicas tan guapas como
vosotras estáis todavía solteras?
Me entraron ganas de darle un puñetazo, en cambio me quede congelada en el
lugar y sin poder decir ni una sola palabra. (¿Os había comentado que odiaba
las bodas? Ahora recordaba porque).
En ese momento apareció Hotte que había escuchado la conversación.
H – Timo, deja de hacer preguntas que no te interesan. Sigues siendo un
cotilla. – dijo dándole un pequeño codazo en broma.
Le debía una a mi amigo, una más. Ya podía compensarle bien, porque se lo
merecía.
Miré a Jenny y pude observar que estaba triste y ¿decepcionada?
¿Como podía ser tan paciente? Estaba segura de que ella no hubiera dudado
en decir que estaba conmigo. Y una vez más volvía a callar por respeto a mí.
(Definitivamente esto no podía seguir así). – Concluí.
Poco a poco fueron llegando todos los invitados y finalmente aparecieron los
novios. Luzi estaba hermosa con su elegante vestido de novia y Ben la
esperaba ansioso para empezar cuanto antes con la ceremonia.
El enlace transcurrió sin ninguna sorpresa. Y una vez casados Ben y Luzi, nos
dirigimos hacia el lugar del banquete.
Seguía sin entender que le veía la gente a las bodas. En fin, una vez acabamos
de comer la orquesta empezó a tocar diversas canciones que los invitados
bailaban alegremente.
En algunas personas ya se notaban los efectos del alcohol, otra cosa típica de
las bodas.
De repente comenzó a sonar una canción lenta, los novios fueron los primeros
en salir a la pista a bailar.
Era un tema realmente bueno, aunque solo había un par de parejas más en la
pista. En aquel momento tuve un impulso, sabia con absoluta certeza que
ahora era el momento perfecto.
Cogí a Jenny de la mano y la arrastre hacia la zona de baile. Comenzamos a
bailar con nuestros cuerpos pegados y mis manos en su cintura.
Sabía que la gente nos miraba pero por asombroso que pudiera parecer no me
importaba lo más mínimo.
Ella había pasado sus brazos alrededor de mi cuello y nos mirábamos
fijamente. Y entonces como en un sueño acerqué mis labios a los suyos y la
besé. Ella me devolvió el beso y por un instante sentí que el tiempo se había
parado.
Al cabo de un rato me di cuenta de que la canción ya había terminado. Nos
separamos y para mi vergüenza todo el mundo nos miraba. Aunque
curiosamente no me arrepentía.
De repente se escucharon unos aplausos, intenté localizar de donde venían y
descubrí que era Hotte…
Acto seguido se sumaron los aplausos de Luzi y Ben, luego de Sophie y Timo y
así uno tras otro hasta escucharse en todo el recinto.
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El resto de la boda transcurrió normalmente salvo un par de familiares de Ben
que se les había ido la mano con la Ginebra.
J – Me has dejado sin palabras…
E – Lo entiendo, tendría que haberte avisado pero hasta ese momento no
sabía ni yo lo que iba a hacer.
J – No, no me importa. Al contrario, me alegro de que lo hayas hecho y como lo
has hecho. Estoy orgullosa de ti. – dijo dándome un abrazo.
E - He salido del armario a lo grande, ¿Eh?
J – Ya lo creo. – contestó sonriendo.
E – Me siento liberada. Como si todo este tiempo algo me hubiera estado
oprimiendo el pecho y por fin hubiera conseguido sacármelo. ¿Tiene sentido?
J – Claro que sí. Esto no solo lo has hecho por nosotras sino también por ti. Por
eso me siento el doble de feliz.
E – Gracias.
J - ¿Por qué? – preguntó confusa.
E – Por aguantarme... Por tener la paciencia de esperar a que yo estuviera
lista... Por ser tú.
Se limitó a sonreírme y me dio un beso en la mejilla.
J – Si nos escabullimos silenciosamente. ¿Crees que lo notarán? – dijo jovial.
E – Yo creo que no… Ves delante, yo te sigo. – aseguré rápidamente.
Y así fue como nos escapamos de la boda de Ben y Luzi, sin despedirnos y
con un claro destino: Nuestro hotel.
CAPÍTULO 19: SUS OJOS.
“Los ojos son el punto donde se mezclan alma y cuerpo”.
Friedrich Hebbel (1813-1863) Poeta y dramaturgo alemán.
H – Vaya, vaya… mira a quién tenemos aquí. – gritó Hotte nada mas verme
entrar en la oficina.
E – Hotteee…
H – Si pensabas quitarle protagonismo a los novios al menos podías haberme
avisado – dijo guasón.
E – No lo había planeado… - me defendí.
H – Ya… Y lo de escaparos en medio de la celebración… ¿Tampoco lo
planeasteis?
E – Eh… No, tampoco. ¿Se noto mucho? – pregunté preocupada.
H – Que va. Solo te estoy tomando el pelo Emma. Jajajaja.
E – Un día de estos te voy a… - le dije amenazante.
Al final acabé dándole un gran abrazo.
H – Ahora en serio, me alegro mucho de lo que hiciste. Es un gran paso el que
has dado y lo has hecho como solo tú podías hacerlo. ¡A lo grande!
E – Gracias Hotte. La verdad es que siento que me he quitado un gran peso de
encima. Me alegro de haber tomado la decisión correcta y no haber echado a
correr como hago siempre.
H – Yo sabía que al final lo harías. Eres una persona muy valiente aunque tú
no lo creas. – Y continuó - Y ahora a trabajar que has llegado tarde… Otra vez.
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Pasaron algunas semanas de plena felicidad para las dos. A pesar de que
había días que debido al trabajo no conseguían verse lo suficiente.
Pero se acercaba una fecha especial: El cumpleaños de Emma.
Jenny llevaba días pensando que hacer para sorprender a Emma y no se le
ocurría nada.
J - ¿Hotte? Hola soy Jenny, necesito tu ayuda… - explicó por teléfono.
H – Hola Jenny, dime… ¿En qué puedo ayudarte?
J – Se trata de Emma… Como sabes dentro de unos días es su cumpleaños
¿Y no sé qué hacer? ¿Le organizo una fiesta sorpresa? ¿Tienes alguna idea?
H – Umm… No, eso se lo esperaría. A ver, déjame que piense…
J – Espero que a ti se te ocurra algo porque yo ya no s…
H - ¡Lo tengo! – gritó de golpe.
J - ¿Si? ¿El qué?
H – Algo que no se le ocurriría. Solo espero que la gente se apunte con tan
poco tiempo. – dijo enigmático.
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Jenny llevaba días muy misteriosa conmigo, seguro que tramaba algo con
Hotte. Mañana es mi cumpleaños y estoy segura de que me encontraré una
fiesta sorpresa o algo así.
E – ¡Hey Hotte! – grité al verlo entrar por la puerta.
H – Hola Emma.
E – Oye, había pensado que mañana podríamos pasarnos por la librería de
Frank. Porque quería comprar un par de libros que me interesan y seguro que
tú quieres mirar algo también.
H - ¿Mañana? Mañana es sábado… Pues no puedo Emma, lo siento. Pero he
quedado con unos amigos para jugar un partidillo de futbol.
E - ¿Tú jugando a futbol? ¿Desde cuándo? – dije entrecerrando los ojos.
H – Pues… Desde… Desde mañana. – dijo con toda la confianza que pudo y
fallando miserablemente.
E – Ya… (Ahora si lo tenía claro, estos tramaban algo)
H – Bueno, ahora tengo que irme Emma. Nos vemos el lunes… - dijo
despidiéndose con la mano.
Definitivamente mis sospechas parecían ser ciertas. Este trama algo y no
precisamente sobre las jugadas que va a hacer en el partido de futbol.
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Jenny se presentó el viernes por la noche en mi casa con dos billetes de avión
con destino a Estrasburgo. Solo se limito a decirme que era una sorpresa y que
preparara una pequeña maleta con las cosas necesarias para pasar el fin de
semana fuera.
Una vez aterrizamos en el aeropuerto se dirigió a una tienda de alquiler de
coches para recoger las llaves del automóvil que había alquilado. ¡Era
increíble! Había pensado en todo.
Ella conducía en silencio y mientras yo intentaba adivinar a donde me llevaba.
Cuando vi que nos acercábamos a la ciudad de Rust empecé a imaginar cual
podría ser nuestro destino.
¡El parque de atracciones “Europa-Park”!
Así era, Jenny dirigió el coche a la zona de aparcamiento del parque. Una vez
estacionado el vehículo se giró y me dijo:
J - ¡Sorpresaaa! – exclamó con alegría.
E – Eh… - (Había conseguido sorprenderme, hasta el punto de que no sabía
que decir)
J - ¿Te gusta la sorpresa Emma? – preguntó con cautela.
E – Claro, claro que me gusta Jenny. Solo que no me lo esperaba… Has
logrado sorprenderme.
Jenny ya más tranquila, sonrió.
E – En realidad, me encanta. – le di un gran beso de agradecimiento.
J – Umm… ¿Emma?
E - ¿Si? – conseguí decir mientras seguía besándola.
J – Siento ser aguafiestas y créeme cuando digo que no quiero que pares
pero… deberíamos salir ya del coche…
E - ¿Qué? ¿Por qué?...
De repente vi… ¿Un flash? ¿De una cámara? ¿Pero que co…
Abrí la puerta y me encontré a todos mis amigos mirando y Hotte haciendo
fotos con su cámara.
E – Hotteeeeeeeeee, te voy a matar. – salí corriendo detrás de él pero Hotte
era más rápido.
J – Hola chicos, me alegro de que hayáis podido venir.
Dijo Jenny dirigiéndose a Luzi, Ben, Sophie, Timo y Hotte.
H – Ha merecido la pena Jenny, ahora tengo con que amenazar a Emma. – dijo
guardando la cámara.
E – Te mataré por esto lenta y dolorosamente. – dije poniendo mi cara más
amenazante.
H – Claaaaro que sí. Sigue soñando…
Ben – ¡Vaya dos! Venga vamos a entrar ya al parque, que nos esperan unas
cuantas colas que hacer y este parque es enorme.
Luzi – Por cierto, felicidades Emma. – dijo Luzi acercándose para darme un
abrazo.
Todos empezaron a darme besos y a felicitarme el cumpleaños. Estaba
emocionada, hoy prometía ser un día estupendo.
El Europa-Park es el parque de atracciones más grande de Europa. Está
dividido en quince áreas diferentes, llamadas como los principales países
europeos. Sabía perfectamente que no íbamos a poder visitarlo todo en un día,
para haceros una idea de lo grande que es, el parque tiene casi 100
atracciones y 16 montañas rusas.
Jenny me comentó que había reservado habitación en uno de los hoteles del
parque, por lo que podíamos aprovechar a recorrer las instalaciones todo lo
que quisiéramos.
Estábamos haciendo cola en una de las montañas rusas.
J - ¿Emma?
E - ¿Si?
J - ¿Te he dicho que tengo miedo a las montañas rusas?
E – Umm… Pues no. ¿Prefieres no subir?
J – No, no. Quiero subir… solo te lo quería comentar.
E – Eh… ¡Vale! – contesté extrañada.
Eran asientos para dos personas así que nos subimos juntas.
El vagón empezó a moverse y de repente sentí un cuerpo pegado a mí
gritándome en el oído.
J - ¡Arghhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
E - ¡Jenny! ¡Me estas destrozando el tímpano!
J - ¡Arghhhhhhhhh! – pero ella no me escuchaba, probablemente pronto yo
también perdería esa capacidad.
¿He comentado que también me había cogido la mano, entrelazando sus
dedos con los míos?
Cuando por fin acabo la infernal atracción, intente mover mis dedos para
comprobar si Jenny me había roto algún hueso.
Al parecer todo seguía en su sitio.
J – Lo siento Emma ¿Te he hecho daño? – dijo preocupada.
E – No, tranquila. Además ya me lo advertiste. – sonreí intentando quitarle
hierro al asunto, pero prometiéndome no volver a subir en otra montaña rusa
con ella.
El día paso entre risas, andar, atracciones, andar, ver espectáculos, andar…
bueno ya os hacéis una idea ¿No?
Mientras nos bebíamos un refresco en una de esas pocas veces que
conseguimos sentarnos.
E – ¿Jenny?
J - ¿Emma? – contestó burlona.
E – Eh… Gracias.
J - ¿Por qué? – preguntó desconcertada.
E – Por este día. Por pasar el mejor cumpleaños de toda mi vida.
J – De nada…
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Ya había anochecido y estábamos todos hechos polvo, así que decidimos por
unanimidad ir al hotel a descansar.
Entramos a nuestra habitación y me tiré de cabeza en la cama. No habían
pasado ni cinco minutos cuando oí como golpeaban a la puerta.
Jenny abrió la puerta y entraron todos mis amigos cargados de regalos.
Como podía tener tanta suerte, estaba con la mujer más maravillosa del
mundo, tenía unos amigos fantásticos y además estaba pasando mi
cumpleaños en un parque de atracciones. No podía pedir más…
Comencé a abrir regalos como una loca; ropa, libros, perfume, ¿Lencería?
E – ¡Hotteeeeeee!
H – Jajajaja, espero que lo estrenes pronto con Jenny – dijo guiñándome un
ojo.
E – Tú has decidido no salir del parque de atracciones y quedarte aquí toda la
eternidad ¿Verdad? – dije colorada.
J – Jajaja, me encanta cuando te pones colorada. – dijo Jenny dándome un
beso en la roja mejilla.
De todos los regalos hubo uno que me gustó especialmente. Me lo había dado
Jenny y se trataba de una foto de nosotras dos en la boda de Ben y Luzi con un
marco plateado muy bonito.
E – No recordaba que nos hubieran hecho esta foto…
J – Eso es porque no te gustan las bodas y estabas demasiado concentrada en
la manera de sacarme a bailar y besarme delante de todos los invitados.
E – Ya… - todos me miraban riendo.
Luzi – Ejem… Creo que deberíamos irnos ya y dejaros descansar – dijo
mientras se iban despidiendo y marchando a sus respectivas habitaciones.
J – Bueno… Ahora que nos hemos quedado solas, es hora de darte otro
regalo… - dijo insinuante.
¿Qué quería entregarme a solas?
J – Emma, cierra los ojos… - siguió provocadora.
Comencé a imaginarme mi propia sesión privada de Striptease con Jenny de
protagonista, tenía que encontrar una barra, pero a estas horas y en un parque
de atracciones no se me ocurría donde buscar.
J – Ya puedes abrirlos – dijo sacándome de mis pervertidos pensamientos.
Al abrirlos contemple una pequeña cajita que sostenía en sus manos. ¿Dónde
estaba la ropa sexy? ¿Y la música sugerente? Si cerraba los ojos aun estaba a
tiempo de volver a mi último pensamiento… Pero Jenny me miraba con
impaciencia así que decidí borrar todo el tema del Striptease de mi cabeza.
J – Espero que te guste… - comentó entregándome la caja.
La abrí y en su interior había un anillo de plata, con algunas piedrecitas
incrustadas. Pero el resultado era un anillo sencillo y muy bonito. ¡Me dejo sin
palabras!
J – Tranquila, no te estoy pidiendo que te cases conmigo ni nada de eso… –
Se precipitó a decir.
Yo seguía callada, escuchándola.
J – Solo quería regalarte algo que pudieras llevar siempre contigo y te
recordara a mi… bueno, a nosotras. – finalizó nerviosa.
E – Me encanta Jenny. – logré decir.
Giré el anillo y vi que había algo grabado en su interior.
E – ¿Hay algo grabado? A ver… E y J. Y también hay una fecha. ¿Qué pasó
ese día? – pregunté intrigada.
Jenny me miró con esos ojos azules que eran más penetrantes que nunca.
J – Fue el día que mi vida volvió a comenzar. – Y añadió - El día que nos
reencontramos en el Supermercado.
Era cierto, lo recordaba... No sé porque, pero ahora me acordaba
perfectamente de la fecha.
E – Es verdad. También fue el día en que mi vida empezaba a tener sentido.
Hoy me has hecho la mujer más feliz de la Tierra. Te amo…
J – Yo también te amo Emma. – dijo sellando la afirmación con un dulce beso.
(Esto es la felicidad y lo demás son tonterías) – pensé felizmente.
J – Y ahora… ¿Estas muy cansada? – dijo seductora.
E – Eh… ¿Por qué?
J – Pues, porque Hotte no es el único que ha comprado lencería – dijo
juguetona, para acto seguido empezar a quitarse prendas de vestir.
CAPÍTULO 20: ESTOY EN CASA.
“So maybe tomorrow
I'll find my way home.
(Así que quizá mañana
Encontraré el camino a casa).”
Stereophonics – “Maybe Tomorrow”
La rutina me llegó como un jarro de agua fría.
Jefe - ¡Müller! ¡Quiero esa columna ya! – escuché los gritos, aunque
sinceramente no me importaban demasiado.
E – Si, ahora la acabo. – contesté tranquilamente.
H – Hey Emma, menudo fin de semana, ¿Eh? – dijo Hotte sonriendo.
E – Y que lo digas, ojala no hubiera acabado nunca.
H – Si, pero ya sabes, que nada es eterno.
E – ¿Desde cuándo te has vuelto tan filosófico? – pregunté burlona.
H – Yo siempre he sido así.
E – Ya…
H – Y además te conozco demasiado bien y algo me dice que hay algo en esa
cabecita tuya dando vueltas sin parar. Y seguro que no se trata de la columna.
E – La verdad es que si. (No dejaba de sorprenderme cuanto me conocía
Hotte)
H – Bueeeno… ¿Y de que se trata?
E – Pues precisamente he estado pensando en que hay que aprovechar el
tiempo al máximo y disfrutar todo lo que se pueda de las cosas buenas que te
ofrece la vida. Así que he tomado una decisión y esta noche se lo diré a Jenny.
H – Después dices que yo soy el filósofo…
Jefe - ¡Müller! ¡La columna es para hoy, no para el año que viene!
H – Umm, creo que será mejor que te deje trabajar, pero luego me cuentas lo
de la decisión esa tan trascendental…
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Mientras tanto cerca de la entrada de cierta Escuela de Danza.
No dejo de pensar en el increíble fin de semana que he pasado con Emma.
Nunca imaginé llegar a ser tan feliz.
¿Ese no es Paul?...
Paul se estaba despidiendo de una chica, la cual parecía ser su última
conquista.
P – ¡Eh! Hola Jenny – dijo mientras entraban al edificio.
J – Hola Paul. ¿Qué tal?
P – Pues la verdad es que mejor que nunca. – Siguió – Jenny, creo que por fin
he sentado la cabeza.
J – Vaya, me alegra oír eso – dije totalmente sorprendida.
P – Pues sí, quien lo iba a decir de mi. ¿Verdad? Creo que me hiciste un gran
favor Jenny, lo nuestro nunca hubiera tenido futuro.
J - ¿Lo nuestro? Siento decírtelo Paul pero nunca hubo un “Nuestro”. Solo
hubo un par de salidas como amigos y ya está. – dije algo indignada.
P – Vaaale, tienes razón. No te enfades, ya sabes cómo soy. – dijo guiñando
un ojo.
J – Esta bien. Entonces, ¿Vas en serio con esa chica?
P – Si, eso creo. Por lo menos nunca me había sentido así con nadie. ¿Y tú?
Ya sabes, me dijiste que estabas enamorada de otro.
J – Ah. Si. Pues soy muy feliz, más de lo que nunca creí que podría ser.
P – ¡Vaya! Ese chico debe ser increíble para que hables así de él.
J – Chica.
P - ¿Qué? – preguntó confuso.
J – En realidad es chica.
P - ¿Chica?... ¡Ah! Vale… - dijo con la boca abierta.
J – Paul cierra la boca que te van a entrar moscas.
P – Si, claro. Perdona Jenny, es que no me lo esperaba. Bueno, pues algún día
tendrás que presentarme a esa chica tan maravillosa.
J – Umm, en realidad… Ya la conoces.
P - ¿Si? ¿Quién es? – dijo curioso.
J – Emma. – contesté simplemente.
P - ¿Emma? ¡Ah! La chica rubita que me presentaste…
J – Exacto. – confirmé sonriendo.
P – Pues debo decir que tienes buen gusto Jenny – dijo guiñándome un ojo.
J – Jajaja, eres un caso.
Realmente me alegraba de haber tenido esta charla con Paul, sabía que no era
un mal tipo y ahora que las cosas habían quedado claras me daba cuenta de lo
mucho que necesitaba tener a un amigo como él cerca.
Sonó el móvil…
J - ¿Si?... Hola. Claro. Allí estaré. Yo también te quiero. Adiós…
P – No me lo digas. Era Emma ¿A que si? – dijo con suficiencia.
J – Pues sí. Quiere que vaya a cenar esta noche a su casa. Pero parecía
nerviosa…
P – No te preocupes, seguro que son imaginaciones tuyas. Vamos, que
tenemos una clase que dar.
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Estaba preparando la mesa mientras nuestra cena se iba haciendo en el horno.
Puse un centro de mesa con algunas flores, unas velas, una botella de
champán…
Creo que ya está todo. ¡Ah! Falta una cosa. Me dirigí hacia la cadena musical y
puse un Cd con una selección de temas románticos. Nunca pensé llegar a ser
tan estúpidamente pastelosa.
Si yo odiaba “Titanic” y las bodas, y San Valentín, y… y… Entonces me di
cuenta de que todo eso no importaba. Seguía siendo yo, la Emma despistada
de siempre. Solo que de alguna forma también había cambiado. Ella me había
hecho ser mejor persona y deseaba ser aun mejor persona por y para ella.
Llamaron al timbre y recibí a una preciosa Jenny.
J – Umm… Qué bien huele…
E – Eh… Si, es nuestra cena. Aunque aún le queda un poco para poder sacarla
del horno.
J - ¿Horno? ¡Emma Müller! ¿Tú estás usando el horno? – dijo sorprendida.
E- Bueno… si. Alguna vez lo he usado. Creo… - dije con un hilillo de voz.
J – Jajaja, por cierto ¿A qué se debe esta cena? ¿Qué celebramos?
E – Eh… Nada. ¿No puedo prepararle una cena a mi chica sin ningún motivo?
J – Pues claro que sí. Solo es que me ha sorprendido.
Nos sentamos y me contó la conversación que había tenido con Paul. Me
alegré mucho de que hubieran arreglado las cosas, se notaba que le tenía
aprecio.
E – Voy a sacar la cena.
J - ¿Quieres que te ayude?
E – No hace falta. Si esto es más simple que el mecanismo de un botijo.
Me llegaron unas risitas de una Jenny muy divertida.
E - ¿Qué pasa?
J – Nada. Solo que eres muy graciosa.
E – Ya…
Para mí horror comprobé que la cena se había quemado un poquitín. Pero
tampoco era nada que no se pudiera arreglar con la ayuda del vino que había
abierto.
En realidad no tenía mal aspecto, así que llevé la bandeja a la mesa y
empezamos a comer.
J – Esta bien. Ahora sí que me estas asustando. ¿Qué pasa? – preguntó de
repente.
E – Eh… ¿Qué? No pasa nada ¿Por qué?
J – Porque no has probado bocado y no dejas de dar vueltas a la comida con el
tenedor. – Y añadió - Además tengo que decirte que la comida está muy
buena, te felicito.
E – Gracias – y me bebí de un solo trago todo el vino de mi copa.
J – Vale. Ven aquí. – dijo llevándome de la mano hasta el sofá.
Nos sentamos y me miró.
J – Venga suéltalo. No puede ser tan difícil lo que tienes que decir, ¿No? –
preguntó preocupada.
E – Jenny. Eh… Jenny ¿Quieres venir a vivir conmigo? – Y seguí rápidamente
– Bueno, aunque he dicho en mi casa, puede ser en la tuya solo que esta es un
poco más grande, por eso…
De repente Jenny me abrazó fuertemente casi no podía respirar.
E – ¿Debo tomarlo como un sí?
J - ¡Siii! – Y susurró suavemente en mi oído – Ya estoy en casa…
FIN.