Facundo: Civilización y Barbarie de Sarmiento
Facundo: Civilización y Barbarie de Sarmiento
FACUNDO
O
CIVILIZACIÓN Y
BARBARIE
ISBN 978-950-691-104-1
Colección:
Pensamiento del Bicentenario
Director responsable:
Alejandro Lorenzo César Santa
ISBN 978-950-691-104-1
ÍNDICE
Prólogo 9
Introducción 35
3 Asociación - La pulpería 81
4 Revolución de 1810 89
6 La Rioja 117
8 Ensayos 149
Apéndice
Alejandra Laera1
¡Gran atracción!
El 25 de octubre de 1837 el pueblo de la ciudad de Buenos Aires asistió a un
espectáculo particular: la ejecución de los hermanos Reinafé y de Santos
Pérez, quienes habían sido declarados, respectivamente, autores intelectuales
y materiales del asesinato del caudillo riojano Facundo Quiroga cometido el
16 de febrero de 1835 en el paraje cordobés de Barranco Yaco Tras casi dos
años, el proceso criminal se había finalmente cerrado y el gobierno federal
porteño de Juan Manuel de Rosas se disponía a cumplir la condena: los
acusados fueron ahorcados públicamente en la plaza principal Para el
momento de su muerte Quiroga residía en Buenos Aires con su familia y
había sido enviado por Rosas a una misión política en el norte del país A su
regreso, mientras atravesaba la provincia de Córdoba, gobernada por otro de
los Reinafé, la galera de Quiroga fue atacada y sus ocupantes asesinados La
repercusión política y social de este crimen, los enfrentamientos que avivó
entre los mismos federales, las sospechas de los opositores y las
Si, según esta perspectiva, para escribir la historia es preciso el paso del
tiempo, cambiar de época y seguir recogiendo fuentes (entre las cuales las
estadísticas parecen ocupar aún menos lugar que la observación in situ y el
testimonio de los testigos), para escribir literatura solo sería preciso escribir
velozmente con lo que se tiene a mano, lo que estaría en consonancia con la
inspiración romántica, y reparar lo que no se tiene con la imaginación que,
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por medio de la escritura, otorga, si no exactitud, al menos el “soplo de vida”
necesario Se trataría finalmente, como diría Jacques Rancière cuando busca
deslindar la dimensión de la historia y de la literatura a propósito de la
biografía, de “fabricar lo vivido” ajustando “el nudo indisoluble entre vida y
escritura”: ¿o no ha hecho Sarmiento con la vida de Quiroga, como hemos
visto, ese mismo “cuadro vivo” que destaca en la carta a Alsina y que se nos
presenta en cada una de las anécdotas narradas con todos los recursos que
consideramos, y se consideraban, literarios? Cuando le sacamos al libro de
historia imposible todos sus rasgos específicos, ¿no queda acaso el Facundo?
Como dijimos, la biografía sirve, para los románticos, tanto a la historia
como a la literatura de imaginación En ella puede cifrarse esa “sombra
terrible” que nos revela los secretos para entender un presente que precisa
explicación, pero también las novelescas peripecias que nos atraen
irremisiblemente En su estudio sobre la historiografía decimonónica y su
pasaje del iluminismo al romanticismo, Gossman, a quien ya mencioné,
señala que “haciendo hablar al pasado y restaurando la comunicación con él,
se creía que el historiador podía mantener a raya los conflictos
potencialmente destructivos producidos por la represión y la exclusión,
revelando la continuidad entre los orígenes más remotos y el presente, entre
el Otro y Yo ()” De allí que, agrega, “la imaginación histórica del siglo XIX
se vio atraída por lo que era remoto, inaccesible o estaba escondido: los
inicios y los finales, el archivo, la tumba, la matriz” Lo mismo puede decirse
de gran parte de la literatura de imaginación en el romanticismo (de Walter
Scott a Chateaubriand a Victor Hugo a Fenimore Cooper), de allí la
volubilidad de la escritura de la vida de Facundo: la posibilidad de triunfar
en el corto y en el largo plazo, el vaivén entre la historia y el romance
Pura atracción para Sarmiento, Facundo y su vida Pura atracción que
busca reconvertirse por escrito y captar con su relato, con todas las destrezas
y herramientas que tiene a mano, no solo a sus pares sino a esa misma masa
atraída por el caudillo Pero, como dice Sandra Contreras en su lectura sobre
la “forma de la narración” en Facundo, Sarmiento se ha sentido siempre tan
atraído por las masas populares como por las expresiones de la cultura
popular, de allí que, además de apelar, como lo detectó Julio Ramos, a la
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oralidad y sus formatos populares como fuentes del relato, también apele a
“los géneros y estilos de ese nuevo modo de existencia de lo popular en las
sociedades modernas que es la cultura masiva –el folletín, el estilo
melodramático” En esos términos podrían pensarse las “exageraciones” de
las que lo acusa Valentín Alsina y también Juan Bautista Alberdi, y que
Sarmiento se arriesga en sostener Esa atracción es ante todo novelesca, en la
medida en que, como tal, supera no solo el pretendido rigor de la historia
sino la ejemplaridad primera de las biografías Más allá de la aclaración que
hiciera oportunamente Tulio Halpern Donghi acerca del equívoco que
supone asignarle taxativamente un género a Facundo ya que los géneros no
estaban instituidos como sí lo estarían promediando el siglo XIX, y debido a
la intimidad que había por entonces, y en el romanticismo, entre historia y
literatura de ficción, lo cierto es que ese tironeo ya se daba en tiempos de la
publicación del libro de Sarmiento, y justamente, agregaría, porque era
cuando estaba en plena disputa su regulación El final de la reseña que,
anónimamente, escribe Juan María Gutiérrez y pubica El Mercurio de
Valparaíso el 27 de julio de 1845, apenas salido el libro, resulta ilustrativo al
respecto:
Tenemos una idea que puede parecer contradictoria cuando acabamos de elogiar
una de sus obras por su mérito histórico Creemos que el señor Sarmiento está
señalado como el escritor de la novela nuestra, a ser para los países que conoce y
estudia lo Irving o Cooper para la América del otro lado del Ecuador
Bibliografía
Patricio Fontana, “El libro más original: Sarmiento lector y autor de biografías”,
en Adriana Amante (dir), Sarmiento, vol 4 de Noé Jitrik (dir gral),
Historia crítica de la literatura argentina, Buenos Aires, Emecé Editores,
2012, pp 421-450
1845
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On ne tue point les idées.
FORTOUL
DOMINGO F SARMIENTO
tiene todas las apariencias de una ciudad europea, a que dan mayor realce la multitud
de torres y cúpulas de sus numerosos y magníficos templos La ciudad es el centro de
la civilización argentina, española, europea; allí están los talleres de las artes, las
tiendas del comercio, las escuelas y colegios, los juzgados, todo lo que caracteriza,
en fin, a los pueblos cultos
La elegancia en los modales, las comodidades del lujo, los vestidos europeos, el
frac y la levita tiene allí su teatro y su lugar conveniente No sin objeto hago esta
enumeración trivial La ciudad capital de las provincias pastoras existe algunas veces
ella sola, sin ciudades menores, y no falta alguna en que el terreno inculto llegue
hasta ligarse con las calles El desierto las circunda a más o menos distancia: las
cerca, las oprime; la naturaleza salvaje las reduce a unos estrechos oasis de
civilización, enclavados en un llano inculto, de centenares de millas cuadradas,
apenas interrumpido por una que otra villa de consideración Buenos Aires y Córdoba
son las que mayor número de villas han podido echar sobre la campaña, como otros
tantos focos de civilización y de intereses municipales; ya esto es un hecho notable
El hombre de la ciudad viste el traje europeo, vive de la vida civilizada, tal como
la conocemos en todas partes: allí están las leyes, las ideas de progreso, los medios
de instrucción, alguna organización municipal, el gobierno regular, etc Saliendo del
recinto de la ciudad, todo cambia de aspecto: el hombre de campo lleva otro traje,
que llamaré americano, por ser común a todos los pueblos; sus hábitos de vida son
diversos; sus necesidades, peculiares y limitadas; parecen dos sociedades distintas,
dos pueblos extraños uno de otro Aún hay más: el hombre de la campaña, lejos de
aspirar a semejarse al de la ciudad, rechaza con desdén, su lujo y sus modales
corteses, y el vestido del ciudadano, el frac, la capa, la silla, ningún signo europeo
puede presentarse impunemente en la campaña Todo lo que hay de civilizado en la
ciudad, está bloqueado allí, proscripto afuera, y el que osara mostrarse con levita, por
ejemplo, y montado en silla inglesa, atraería sobre sí las burlas y las agresiones
brutales de los campesinos
Estudiemos, ahora, la fisonomía exterior de las extensas campañas que rodean las
ciudades y penetremos en la vida interior de sus habitantes Ya he dicho,que en
muchas provincias, el límite forzoso es un desierto intermedio y sin agua No sucede
así, por lo general, con la campaña de una provincia, en la que reside la mayor parte
de su población La de Córdoba, por ejemplo, que cuenta 160000 almas, apenas
veinte de éstas están dentro del recinto de la aislada ciudad; todo el grueso de la
población está en los campos, que, así como por lo común son llanos, casi por todas
partes son pastosos, ya estén cubiertos de bosques, ya desnudos de vegetación
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mayor, y en algunas, con tanta abundancia y de tan exquisita calidad, que el prado
artificial no llegaría a aventajarles Mendoza, y San Juan sobre todo, se exceptúan de
esta peculiaridad de la superficie inculta, por lo que sus habitantes viven
principalmente de los productos de la agricultura En todo lo demás, abundando los
pastos, la cría de ganados es, no la ocupación de los habitantes, sino su medio de
subsistencia Ya la vida pastoril nos vuelve, impensadamente, a traer a la imaginación
el recuerdo del Asia, cuyas llanuras nos imaginamos siempre cubiertas, aquí y allá,
de las tiendas del calmuco, del cosaco o del árabe La vida primitiva de los pueblos,
la vida eminentemente bárbara y estacionaria, la vida de Abraham, que es la del
beduino de hoy, asoma en los campos argentinos, aunque modificada por la
civilización de un modo extraño
La tribu árabe, que vaga por las soledades asiáticas, vive reunida bajo el mando
de un anciano de la tribu o un jefe guerrero; la sociedad existe, aunque no esté fija en
un punto determinado de la tierra; las creencias religiosas, las tradiciones
inmemoriales, la invariabilidad de las costumbres, el respeto a los ancianos, forman
reunidos un código de leyes, de usos y de prácticas de gobierno, que mantiene la
moral, tal como la comprenden, el orden y la asociación de la tribu Pero el progreso
está sofocado, porque no puede haber progreso sin la posesión permanente del suelo,
sin la ciudad, que es la que desenvuelve la capacidad industrial del hombre y le
permite extender sus adquisiciones
En las llanuras argentinas no existe la tribu nómade: el pastor posee el suelo con
títulos de propiedad; está fijo en un punto, que le pertenece; pero, para ocuparlo, ha
sido necesario disolver la asociación y derramar las familias sobre una inmensa
superficie Imaginaos una extensión de dos mil leguas cuadradas, cubierta toda de
población, pero colocadas las habitaciones a cuatro leguas de distancia, unas de
otras, a ocho, a veces, a dos, las más cercanas El desenvolvimiento de la propiedad
mobiliaria no es imposible; los goces del lujo no son del todo incompatibles con este
aislamiento: puede levantar la fortuna un soberbio edificio en el desierto; pero el
estímulo falta, el ejemplo desaparece, la necesidad de manifestarse con dignidad, que
se siente en las ciudades, no se hace sentir allí, en el aislamiento y la soledad Las
privaciones indispensables justifican la pereza natural, y la frugalidad en los goces
trae, enseguida, todas las exterioridades de la barbarie La sociedad ha desaparecido
completamente; queda sólo la familia feudal, aislada, reconcentrada; y, no habiendo
sociedad reunida, toda clase de gobierno se hace imposible: la municipalidad no
existe, la policía no puede ejercerse y la justicia civil no tiene medios de alcanzar a
los delincuentes
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2 El año 1826, durante una residencia de un año en la sierra de San Luis, enseñé a leer a seis jóvenes
de familias pudientes, el menor de los cuales tenía veintidós años (Nota de la 1.a edición)
candoroso e inocente me hacía vibrar todas las fibras, y me penetraba hasta la
médula de los huesos
He aquí a lo que está reducida la religión en las campañas pastoras: a la religión
natural; el cristianismo existe, como el idioma español, en clase de tradición que se
perpetúa, pero corrompido, encarnado en supersticiones groseras, sin instrucción, sin
culto y sin convicciones En casi todas las campañas apartadas de las ciudades, ocurre
que, cuando llegan comerciantes de San Juan o de Mendoza, les presentan tres o
cuatro niños de meses y de un año para que los bauticen, satisfechos de que, por su
buena educación, podrán hacerlo de un modo válido; y no es raro que a la llegada de
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mismo! ¡Para ese no se han hecho las grandes cosas! ¿Cuánto no habrá podido
contribuir a la independencia de una parte de la América, la arrogancia de estos
gauchos argentinos que nada han visto bajo el sol, mejor que ellos, ni el hombre
sabio ni el poderoso? El europeo es, para ellos, el último de todos, porque no resiste
a un par de corcovos del caballo3 Si el origen de esta vanidad nacional en las clases
inferiores es mezquino, no son por eso menos nobles las consecuencias; como no es
menos pura el agua de un río porque nazca de vertientes cenagosas e infectas Es
implacable el odio que les inspiran los hombres cultos, e invencible su disgusto por
sus vestidos, usos y maneras De esta pasta están amasados los soldados argentinos, y
es fácil imaginarse lo que hábitos de este género pueden
3 El general Mansilla decía en la Sala, durante el bloqueo francés: “¿Y qué nos han de hacer esos
europeos que no saben galoparse una noche?”; y la inmensa barra plebeya ahogó la voz del orador
con el estrépito de los aplausos (Nota a la 1.a edición)
dar en valor y sufrimiento para la guerra Añádase que, desde la infancia, están
habituados a matar las reses, y que este acto de crueldad necesaria, los familiariza
con el derramamiento de sangre, y endurece su corazón, contra los gemidos de las
víctimas
La vida del campo, pues, ha desenvuelto en el gaucho, las facultades físicas, sin
ninguna de las de la inteligencia Su carácter moral se resiente de su hábito de triunfar
de los obstáculos y del poder de la naturaleza: es fuerte, altivo, enérgico Sin ninguna
instrucción, sin necesitarla tampoco, sin medios de subsistencia, como sin
necesidades, es feliz en medio de la pobreza y de sus privaciones, que no son tales,
para el que nunca conoció mayores goces, ni extendió más altos sus deseos De
manera que si esta disolución de la sociedad radica hondamente la barbarie, por la
imposibilidad y la inutilidad de la educación moral e intelectual, no deja, por otra
parte, de tener sus atractivos El gaucho no trabaja; el alimento y el vestido lo
encuentra preparado en su casa; uno y otro se lo proporcionan sus ganados, si es
propietario; la casa del patrón o pariente, si nada posee Las atenciones que el ganado
exige, se reducen a correrías y partidas de placer La hierra, que es como la vendimia
de los agricultores, es una fiesta cuya llegada se recibe con transportes de júbilo: allí
es el punto de reunión de todos los hombres de veinte leguas a la redonda; allí, la
ostentación de la increíble destreza en el lazo El gaucho llega a la hierra al paso lento
y mesurado de su mejor parejero, que detiene a distancia apartada; y para gozar
mejor del espectáculo, cruza la pierna sobre el pescuezo del caballo Si el entusiasmo
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Pero ésta es la poesía culta, la poesía de la ciudad Hay otra que hace oír sus ecos por
los campos solitarios: la poesía popular, candorosa y desaliñada del gaucho
También nuestro pueblo es músico Ésta es una predisposición nacional que todos
los vecinos le reconocen Cuando en Chile se anuncia, por la primera vez, un
argentino en una casa, lo invitan al piano en el acto, o le pasan una vihuela y si se
excusa diciendo que no sabe pulsarla, lo extrañan y no le creen, “porque siendo
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argentino —dicen— debe ser músico” Ésta es una preocupación popular que acusa
nuestros hábitos nacionales En efecto: el joven culto de las ciudades toca el piano o
la flauta, el violín o la guitarra; los mestizos se dedican casi exclusivamente a la
música, y son muchos los hábiles compositores e instrumentistas que salen de entre
ellos En las noches de verano, se oye sin cesar la guitarra en la puerta de las tiendas,
y, tarde de la noche, el sueño es dulcemente interrumpido por las serenatas y los
conciertos ambulantes
El pueblo campesino tiene sus cantares propios
El triste, que predomina en los pueblos del Norte, es un canto frigio, plañidero,
natural al hombre en el estado primitivo de barbarie, según Rousseau
La vidalita, canto popular con coros, acompañado de la guitarra y un tamboril, a
cuyos redobles se reúne la muchedumbre y va engrosando el cortejo y el estrépito de
las voces Este canto me parece heredado de los indígenas, porque lo he oído en una
fiesta de indios en Copiapó, en celebración de la Candelaria; y como canto religioso,
debe ser antiguo, y los indios chilenos no lo han de haber adoptado de los españoles
argentinos La vidalita es el metro popular en que se cantan los asuntos del día, las
canciones guerreras: el gaucho compone el verso que canta, y lo populariza por la
asociación que su canto exige
Así, pues, en medio de la rudeza de las costumbres nacionales, estas dos artes que
embellecen la vida civilizada y dan desahogo a tantas pasiones generosas, están
honradas y favorecidas por las masas mismas, que ensayan su áspera musa en
composiciones líricas y poéticas El joven Echeverría residió algunos meses en la
campaña, en 1840, y la fama de sus versos sobre la pampa le había precedido ya: los
gauchos lo rodeaban con respeto y afición, y cuando un recién venido mostraba
señales de desdén hacia el cajetilla, alguno le insinuaba al oído: “Es poeta”, y toda
prevención hostil cesaba al oír este título privilegiado
Sabido es, por otra parte, que la guitarra es el instrumento popular de los
españoles, y que es común en América En Buenos Aires, sobre todo, está todavía
muy vivo el tipo popular español, el majo Descúbresele en el compadrito de la
ciudad y en el gaucho de la campaña El jaleo español vive en el cielito: los dedos
sirven de castañuelas Todos los movimientos del compadrito revelan al majo: el
movimiento de los hombros, los ademanes, la colocación del sombrero, hasta la
manera de escupir por entre los dientes: todo es aún andaluz genuino
Del centro de estas costumbres y gustos generales se levantan especialidades
notables, que un día embellecerán y darán un tinte original al drama y al romance
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nacional Yo quiero sólo notar aquí algunas que servirán a completar la idea de las
costumbres, para trazar enseguida el carácter, causas y efectos de la guerra civil
EL RASTREADOR
El más conspicuo de todos, el más extraordinario, es el rastreador Todos los
gauchos del interior son rastreadores En llanuras tan dilatadas, en donde las sendas y
caminos se cruzan en todas direcciones, y los campos en que pacen o transitan las
bestias son abiertos, es preciso saber seguir las huellas de un animal, y distinguirlas
de entre mil, conocer si va despacio o ligero, suelto o tirado, cargado o de vacío: ésta
es una ciencia casera y popular Una vez caía yo de un camino de encrucijada al de
Buenos Aires, y el peón que me conducía echó, como de costumbre, la vista al suelo:
“Aquí va —dijo luego— una mulita mora muy buena…; ésta es la tropa de don N
Zapata…, es de muy buena silla…, va ensillada…, ha pasado ayer…” Este hombre
venía de la Sierra de San Luis, la tropa volvía de Buenos Aires, y hacía un año que él
había visto por última vez la mulita mora, cuyo rastro estaba confundido con el de
toda una tropa en un sendero de dos pies de ancho Pues esto, que parece increíble, es,
con todo, la ciencia vulgar; éste era un peón de árrea, y no un rastreador de profesión
El rastreador es un personaje grave, circunspecto, cuyas aseveraciones hacen fe
en los tribunales inferiores La conciencia del saber que posee le da cierta dignidad
reservada y misteriosa Todos le tratan con consideración: el pobre, porque puede
hacerle mal, calumniándolo o denunciándolo; el propietario, porque su testimonio
puede fallarle Un robo se ha ejecutado durante la noche: no bien se nota, corren a
buscar una pisada del ladrón, y encontrada, se cubre con algo para que el viento no la
disipe Se llama enseguida al rastreador, que ve el rastro y lo sigue sin mirar, sino de
tarde en tarde, el suelo, como si sus ojos vieran de relieve esta pisada, que para otro
es imperceptible Sigue el curso de las calles, atraviesa los huertos, entra en una casa
y, señalando un hombre que encuentra, dice fríamente: “¡Éste es!” El delito está
probado, y raro es el delincuente que resiste a esta acusación Para él, más que para el
juez, la deposición del rastreador es la evidencia misma: negarla sería ridículo,
absurdo Se somete, pues, a este testigo, que considera como el dedo de Dios que lo
señala Yo mismo he conocido a Calíbar, que ha ejercido, en una provincia, su oficio,
durante cuarenta años consecutivos Tiene, ahora, cerca de ochenta años: encorvado
por la edad, conserva, sin embargo, un aspecto venerable y lleno de dignidad Cuando
le hablan de su reputación fabulosa, contesta: “Ya no valgo nada; ahí están los niños”
Los niños son sus hijos, que han aprendido en la escuela de tan famoso maestro Se
cuenta de él, que durante un viaje a Buenos Aires le robaron una vez, su montura de
gala Su mujer tapó el rastro con una artesa Dos meses después, Calíbar regresó, vio
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el rastro, ya borrado e inapercibible para otros ojos, y no se habló más del caso Año
y medio después, Calíbar marchaba cabizbajo por una calle de los suburbios, entra a
una casa y encuentra su montura, ennegrecida ya y casi inutilizada por el uso ¡Había
encontrado el rastro de su raptor, después de dos años! El año 1830, un reo
condenado a muerte se había escapado de la cárcel Calíbar fue encargado de buscarlo
El infeliz, previendo que sería rastreado, había tomado todas las precauciones que la
imagen del cadalso le sugirió ¡Precauciones inútiles! Acaso sólo sirvieron para
perderle, porque comprometido Calíbar en su reputación, el amor propio ofendido le
hizo desempeñar con calor, una tarea que perdía a un hombre, pero que probaba su
maravillosa vista El prófugo aprovechaba todos los accidentes del suelo para no
dejar huellas; cuadras enteras había marchado pisando con la punta del pie; trepábase
en seguida a las murallas bajas, cruzaba un sitio y volvía para atrás; Calíbar lo seguía
sin perder la pista Si le sucedía momentáneamente extraviarse, al hallarla de nuevo,
exclamaba: “¡Dónde te mi as dir!” Al fin llegó a una acequia de agua, en los
suburbios, cuya corriente había seguido aquél para burlar al rastreador… ¡Inútil!
Calíbar iba por las orillas sin inquietud, sin vacilar Al fin se detiene, examina unas
yerbas y dice: “Por aquí ha salido; no hay rastro, pero estas gotas de agua en los
pastos lo indican” Entra en una viña: Calíbar reconoció las tapias que la rodeaban, y
dijo: “Adentro está” La partida de soldados se cansó de buscar, y volvió a dar cuenta
de la inutilidad de las pesquisas “No ha salido” fue la breve respuesta que, sin
moverse, sin proceder a nuevo examen, dio el rastreador No había salido, en efecto,
y al día siguiente fue ejecutado En 1831, algunos presos políticos intentaban una
evasión: todo estaba preparado, los auxiliares de fuera, prevenidos En el momento de
efectuarla, uno dijo: “¿Y Calíbar?” —“¡Cierto!” —contestaron los otros,
anonadados, aterrados— “¡Calíbar!” Sus familias pudieron conseguir de Calíbar que
estuviese enfermo cuatro días, contados desde la evasión, y así pudo efectuarse sin
inconveniente
¿Qué misterio es éste del rastreador? ¿Qué poder microscópico se desenvuelve en
el órgano de la vista de estos hombres? ¡Cuán sublime criatura es la que Dios hizo a
su imagen y semejanza!
EL BAQUEANO
Después del rastreador, viene el baqueano, personaje eminente y que tiene en sus
manos la suerte de los particulares y de las provincias El baqueano es un gaucho
grave y reservado, que conoce a palmos, veinte mil leguas cuadradas de llanuras,
bosques y montañas Es el topógrafo más completo, es el único mapa que lleva un
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polvos y por su espesor cuenta la fuerza: “Son dos mil hombres” —dice—,
“quinientos”, “doscientos”, y el jefe obra bajo este dato, que casi siempre es infalible
Si los cóndores y cuervos revolotean en un círculo del cielo, él sabrá decir si hay
gente escondida, o es un campamento recién abandonado, o un simple animal muerto
El baqueano conoce la distancia que hay de un lugar a otro; los días y las horas
necesarias para llegar a él, y a más, una senda extraviada e ignorada, por donde se
puede llegar de sorpresa y en la mitad del tiempo; así es que las partidas de
montoneras emprenden sorpresas sobre pueblos que están a cincuenta leguas de
distancia, que casi siempre las aciertan ¿Creeráse exagerado? ¡No! El general Rivera,
de la Banda Oriental, es un simple baqueano, que conoce cada árbol que hay en toda
la extensión de la República del Uruguay No la hubieran ocupado los brasileros sin
su auxilio; no la hubieran libertado, sin él, los argentinos Oribe, apoyado por Rosas,
sucumbió después de tres años de lucha con el general baqueano, y todo el poder de
Buenos Aires, hoy, con sus numerosos ejércitos que cubren toda la campaña del
Uruguay, puede desaparecer, destruido a pedazos, por una sorpresa hoy, por una
fuerza cortada mañana, por una victoria que él sabrá convertir en su provecho, por el
conocimiento de algún caminito que cae a retaguardia del enemigo, o por otro
accidente inapercibido o insignificante
El general Rivera principió sus estudios del terreno el año de 1804: y haciendo la
guerra a las autoridades, entonces, como contrabandista; a los contrabandistas,
después, como empleado; al rey, en seguida, como patriota; a los patriotas, más
tarde, como montonero; a los argentinos, como jefe brasilero; a éstos, como general
argentino; a Lavalleja, como Presidente; al Presidente Oribe, como jefe proscripto; a
Rosas, en fin, aliado de Oribe, como general oriental, ha tenido sobrado tiempo para
aprender un poco de la ciencia del baqueano
EL GAUCHO MALO
Este es un tipo de ciertas localidades, un outlaw, un squatter, un misántropo
particular Es el “Ojo de Halcón”, el Trampero de Cooper, con toda su ciencia del
desierto, con toda su aversión a las poblaciones de los blancos, pero sin su moral
natural y sin sus conexiones con los salvajes Llámanle el Gaucho Malo, sin que este
epíteto lo desfavorezca del todo La justicia lo persigue desde muchos años; su
nombre es temido, pronunciado en voz baja, pero sin odio y casi con respeto Es un
personaje misterioso: mora en la pampa, son su albergue los cardales, vive de
perdices y mulitas; si alguna vez quiere regalarse con una lengua, enlaza una vaca, la
voltea solo, la mata, saca su bocado predilecto y abandona lo demás a las aves
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entregará un caballo tal como se le pide, sin que el anticiparle el dinero sea motivo
de faltar a la cita Tiene sobre este punto, el honor de los tahúres sobre las deudas
Viaja a veces a la campaña de Córdoba, a Santa Fe Entonces se le ve cruzar la
pampa con una tropilla de caballos por delante: si alguno lo encuentra, sigue su
camino sin acercársele, a menos que él lo solicite
EL CANTOR
Aquí tenéis la idealización de aquella vida de revueltas, de civilización, de barbarie y
de peligros El gaucho cantor es el mismo bardo, el vate, el trovador de la Edad
Media, que se mueve en la misma escena, entre las luchas de las ciudades y del
feudalismo de los campos, entre la vida que se va y la vida que se acerca El cantor
anda de pago en pago, “de tapera en galpón”, cantando sus héroes de la pampa,
perseguidos por la justicia, los llantos de la viuda a quien los indios robaron sus hijos
en un malón reciente, la derrota y la muerte del valiente Rauch, la catástrofe de
Facundo Quiroga y la suerte que cupo a Santos Pérez El cantor está haciendo,
candorosamente, el mismo trabajo de crónica, costumbres, historia, biografía que el
bardo de la Edad Media, y sus versos serían recogidos más tarde como los
documentos y datos en que habría de apoyarse el historiador futuro, si a su lado no
estuviese otra sociedad culta, con superior inteligencia de los acontecimientos, que la
que el infeliz despliega en sus rapsodias ingenuas En la República Argentina, se ven
a un tiempo dos civilizaciones distintas en un mismo suelo: una naciente, que, sin
conocimiento de lo que tiene sobre su cabeza, está remedando los esfuerzos ingenuos
y populares de la Edad Media; otra que, sin cuidarse de lo que tiene a sus pies,
intenta realizar los últimos resultados de la civilización europea El siglo XIX y el
siglo XII viven juntos: el uno, dentro de las ciudades; el otro, en las campañas
El cantor no tiene residencia fija: su morada está donde la noche lo sorprende; su
fortuna, en sus versos y en su voz Dondequiera que el cielito enreda sus parejas sin
tasa, dondequiera que se apura una copa de vino, el cantor tiene su lugar preferente,
su parte escogida en el festín El gaucho argentino no bebe, si la música y los versos
no lo excitan,4 y cada pulpería tiene su guitarra para poner en manos del cantor, a
quien el grupo de caballos estacionados a la puerta, anuncia a lo lejos, dónde se
necesita el concurso de su gaya ciencia
El cantor mezcla entre sus cantos heroicos la relación de sus propias hazañas
Desgraciadamente, el cantor, con ser el bardo argentino, no está libre de tener que
habérselas con la justicia También tiene que dar la cuenta de sendas puñaladas que
ha distribuido, una o dos desgracias (¡muertes!) que tuvo y algún caballo o una
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muchacha que robó El año 1840, entre un grupo de gauchos y a orillas del
majestuoso Paraná, estaba sentado en el suelo, y con las piernas cruzadas, un cantor
que tenía azorado y divertido a su auditorio, con la larga y animada historia de sus
trabajos y aventuras Había ya contado lo del rapto de la querida, con los trabajos que
sufrió; lo de la desgracia y la disputa que la motivó; estaba refiriendo su encuentro
con la partida, y las puñaladas que en su defensa dio, cuando el tropel y los gritos de
los soldados le avisaron que esta vez estaba cercado La partida, en efecto, se había
cerrado en forma de herradura; la abertura quedaba hacia el Paraná, que corría veinte
varas más abajo: tal era la altura de la barranca El cantor oyó la grita sin turbarse;
viósele de improviso sobre el caballo, y echando una mirada escudriñadora sobre el
círculo de soldados con las tercerolas preparadas, vuelve el caballo hacia la barranca,
le pone el poncho en los ojos y clávale las espuelas Algunos instantes después, se
veía salir de las profundidades del Paraná el caballo, sin freno, a fin de que nadase
con más libertad, y el cantor tomado de la cola, volviendo la cara quietamente, cual
si fuera en un
4 No es fuera de propósito recordar aquí las semejanzas notables que representan los argentinos con
los árabes En Argel, en Orán, en Mascara y en los aduares del desierto vi siempre a los árabes
reunidos en cafés, por estarles completamente prohibido el uso de los licores, apiñados en
derredor del cantor, generalmente dos, que se acompañan de la vihuela a dúo, recitando canciones
nacionales, plañideras como nuestros tristes La rienda de los árabes es tejida de cuero y con
azotera, como las nuestras; el freno de que usamos es el freno árabe, y muchas de nuestras
costumbres revelan el contacto de nuestros padres con los moros de la Andalucía De las
fisonomías, no se hable: algunos árabes he conocido que jurara haberlos visto en mi país (Nota de
la edición de 1851)
bote de ocho remos, hacia la escena que dejaba en la barranca Algunos balazos de la
partida no estorbaron que llegase sano y salvo al primer islote que sus ojos divisaron
Por lo demás, la poesía original del cantor es pesada, monótona, irregular,
cuando se abandona a la inspiración del momento Más narrativa que sentimental,
llena de imágenes tomadas de la vida campestre, del caballo y las escenas del
desierto, que la hacen metafórica y pomposa Cuando refiere sus proezas o las de
algún afamado malévolo, parécese al improvisador napolitano, desarreglado,
prosaico de ordinario, elevándose a la altura poética por momentos, para caer de
nuevo al recitado insípido y casi sin versificación Fuera de esto, el cantor posee su
repertorio de poesías populares: quintillas, décimas y octavas, diversos géneros de
75
versos octosílabos Entre éstas hay muchas composiciones de mérito y que descubren
inspiración y sentimiento
Aún podría añadir a estos tipos originales, muchos otros igualmente curiosos,
igualmente locales, si tuviesen, como los anteriores, la peculiaridad de revelar las
costumbres nacionales, sin lo cual es imposible comprender nuestros personajes
políticos, ni el carácter primordial y americano de la sangrienta lucha que despedaza
a la República Argentina Andando esta historia, el lector va a descubrir por sí solo
dónde se encuentra el rastreador, el baqueano, el gaucho malo o el cantor Verá en
los caudillos cuyos nombres han traspasado las fronteras argentinas, y aun en
aquellos que llenan el mundo con el horror de su nombre, el reflejo vivo de la
situación interior del país, sus costumbres y su organización
77
3 ASOCIACIÓN - LA PULPERÍA
Le Gaucho vit de privations, mais son luxe est la
liberté. Fier d’une indépendance sans bornes, ses
sentiments, sauvages comme sa vie, sont pourtant
nobles e bons.
HEAD
Aquí los hechos hablan con toda su triste y espantosa severidad Sólo la
historia de las conquistas de los mahometanos sobre la Grecia, presenta
ejemplos de una barbarización, de una destrucción tan rápida ¡Y esto sucede
en América en el siglo XIX! ¡Es la obra de sólo veinte años, sin embargo!
Lo que conviene a La Rioja es exactamente aplicable a Santa Fe, a San Luis,
93
a Santiago del Estero, esqueletos de ciudades, villorrios decrépitos y
devastados En San Luis, hace diez años que sólo hay un sacerdote, y que no
hay escuela ni una persona que lleve frac Pero vamos a juzgar en San Juan la
suerte de las ciudades que han escapado a la destrucción, pero que van
barbarizándose insensiblemente
San Juan es una provincia agrícola y comerciante, exclusivamente; el no
tener campaña la ha librado, por largo tiempo, del dominio de los caudillos
Cualquiera que fuese el partido dominante, gobernador y empleados eran
tomados de la parte educada de la población, hasta el año 1833, en que
Facundo Quiroga colocó a un hombre vulgar en el gobierno Éste, no
pudiéndose sustraer a la influencia de las costumbres civilizadas que
prevalecían a despecho en el poder, se entregó a la dirección de la parte
culta, hasta que fue vencido por Brizuela, jefe de los riojanos, sucediéndole
el general Benavides, que conserva el mando hace nueve años, no ya como
una magistratura periódica, sino como propiedad suya San Juan ha crecido
en población a causa de los progresos de la agricultura y de la emigración de
La Rioja y San Luis, que huye del hambre y de la miseria Sus edificios se
han aumentado sensiblemente; lo que prueba toda la riqueza de aquellos
países, y cuánto podrían progresar si el gobierno cuidase de fomentar la
instrucción y la cultura, únicos medios de elevar a un pueblo
El despotismo de Benavides es blando y pacífico, lo que mantiene la
quietud y la calma en los espíritus Es el único caudillo de Rosas que no se ha
hartado de sangre, pero no por eso se hace sentir menos la influencia
barbarizadora del sistema actual
En una población de cuarenta mil habitantes reunidos en una ciudad, no
hay hoy un solo abogado hijo del país ni de las otras provincias
Todos los tribunales están desempeñados por hombres que no tienen el
más leve conocimiento del Derecho, y que son, además, hombres negados en
toda la extensión de la palabra No hay establecimiento ninguno de
educación pública Un colegio de señoras fue cerrado en 1840; tres de
hombres han sido abiertos y cerrados sucesivamente de 40 al 43, por la
indiferencia y aun hostilidad del gobierno
Sólo tres jóvenes se están educando fuera de la provincia
94
Sólo hay un médico sanjuanino
No hay tres jóvenes que sepan inglés, ni cuatro que hablen francés
Uno solo hay que ha cursado matemáticas
Un solo joven hay que posee una instrucción digna de un pueblo culto: el
señor Rawson, distinguido ya por sus talentos extraordinarios
Su padre es norteamericano, y a esto ha debido recibir educación
No hay diez ciudadanos que sepan más que leer y escribir
No hay un militar que haya servido en ejércitos de línea fuera de la
República6
¿Creeráse que tanta mediocridad es natural a una ciudad del interior?
¡No! Ahí está la tradición, para probar lo contrario Veinte años atrás, San
Juan era uno de los pueblos más cultos del interior, y ¿cuál no debe ser la
decadencia y postración de una ciudad americana, para ir a buscar sus
épocas brillantes veinte años atrás del momento presente?
El año 1831 emigraron a Chile, doscientos ciudadanos, jefes de familia,
jóvenes, literatos, abogados, militares, etcétera Copiapó, Coquimbo,
Valparaíso y el resto de la República están llenos aún de estos nobles
proscriptos, capitalistas algunos, mineros inteligentes otros, comerciantes y
hacendados muchos, abogados, médicos, varios Como en la dispersión de
Babilonia, todos éstos no volvieron a ver la tierra prometida ¡Otra
emigración ha salido, para no volver, en 1840!
San Juan había sido, hasta entonces, suficientemente rico en hombres
civilizados, para dar al célebre Congreso de Tucumán, un presidente de la
capacidad y altura del doctor Laprida, que murió más tarde
6 “Desde 1845 en que se escribió este libro hasta la fecha, ha habido en la provincia de San
Juan una reacción saludable Hay hoy un colegio de hombres, otro de señoras y la
honorable Junta de Representantes acaba de declarar la educación primaria para ambos
sexos, institución pública de la provincia Más de veinte jóvenes estudian en Buenos
Aires, Córdoba y Chile, para dedicarse a las carreras de abogado o médico La música y
el dibujo se han generalizado notablemente en ambos sexos, y los artesanos y otras
clases de la sociedad gustan llevar paletó, tuin o levita, lo que indica una buena
95
educación del espíritu público a mejorar de condición Los hombres de acción han sido
anulados por el tiempo y su propia ineptitud, viéndose obligado el gobierno a poner en
los empleos personas de viso, que sin ser salvajes, tienen aversión a la violencia y el
vasallaje” (Nota de la 2.a edición)
asesinado por los Aldao; un prior a la Recoleta Dominica de Chile, en el
distinguido, sabio y patriota Oro, después obispo de San Juan; un ilustre
patriota, don Ignacio de la Roza, que preparó con San Martín la expedición a
Chile, y que derramó en su país, las semillas de la igualdad de clases,
prometida por la revolución; un ministro, al gobierno de Rivadavia; un
ministro, a la Legación argentina, en don Domingo Oro, cuyos talentos
diplomáticos no son aún debidamente apreciados; un diputado al Congreso
de 1826, en el ilustrado sacerdote Vera; un diputado a la convención de
Santa Fe, en el presbítero Oro, orador de nota; otro a la de Córdoba, en don
Rudecindo Rojo, tan eminente por sus talentos y genio industrial, como por
su grande instrucción; un militar al ejército, entre otros, en el coronel Rojo,
que ha salvado dos provincias sofocando motines con sólo su serena
audacia, y de quien el general Paz, juez competente en la materia, decía que
sería uno de los primeros generales de la República San Juan poseía,
entonces, un teatro y compañía permanente de actores
Existen aún los restos de seis o siete bibliotecas de particulares, en que
estaban reunidas las principales obras del siglo XVIII y las traducciones de
las mejores obras griegas y latinas Yo no he tenido otra instrucción hasta el
año 36, que la que esas ricas, aunque truncas bibliotecas, pudieron
proporcionarme Era tan rico San Juan en hombres de luces, el año 1825, que
la Sala de Representantes contaba con seis oradores de nota ¡Los miserables
aldeanos que hoy7 deshonran la Sala de Representantes de San Juan, —en
cuyo recinto se oyeron oraciones tan elocuentes y pensamientos tan elevados
—, que sacudan el polvo de las actas de aquellos tiempos y huyan
avergonzados de estar profanando con sus diatribas, aquel augusto santuario!
Los juzgados, el ministerio, estaban servidos por letrados, y quedaba
suficiente número para la defensa de los intereses de las partes
La cultura de los modales, el refinamiento de las costumbres, el cultivo
de las letras, las grandes empresas comerciales, el espíritu público de que
96
estaban animados los habitantes, todo anunciaba al extranjero, la existencia
de una sociedad culta, que caminaba rápidamente a ele-
INFANCIA Y JUVENTUD
MEDIA entre las ciudades de San Luis y San Juan un dilatado desierto, que,
por su falta completa de agua, recibe el nombre de travesía El aspecto de
aquellas soledades es, por lo general, triste y desamparado, y el viajero que
viene del oriente no pasa la última represa o aljibe de campo sin proveer sus
chifles, de suficiente cantidad de agua En esta travesía tuvo lugar, una vez, la
extraña escena que sigue: Las cuchilladas, tan frecuentes entre nuestros
gauchos, habían forzado, a uno de ellos, a abandonar precipitadamente la
ciudad de San Luis, y ganar la travesía a pie, con la montura al hombro, a
fin de escapar de las persecuciones de la justicia Debían alcanzarlo dos
compañeros, tan luego como pudieran robar caballos para los tres
No eran, por entonces, sólo el hambre o la sed los peligros que le
aguardaban en el desierto aquel, que un tigre cebado andaba hacía un año
siguiendo los rastros de los viajeros, y pasaban ya de ocho, los que habían
sido víctimas de su predilección por la carne humana Suele ocurrir, a veces,
en aquellos países en que la fiera y el hombre se disputan el dominio de la
naturaleza, que éste cae bajo la garra sangrienta de aquélla: entonces, el tigre
empieza a gustar de preferencia su carne, y se llama cebado cuando se ha
dado a este nuevo género de caza, la caza de hombres El juez de la campaña
inmediata al teatro de sus devastaciones convoca a los varones hábiles para
la correría, y bajo su autoridad y dirección, se hace la persecución del tigre
cebado, que rara vez escapa a la sentencia que lo pone fuera de la ley
101
Cuando nuestro prófugo había caminado cosa de seis leguas, creyó oír
bramar el tigre a lo lejos, y sus fibras se estremecieron Es el bramido del
tigre un gruñido como el del cerdo, pero agrio, prolongado, estridente, y que,
sin que haya motivo de temor, causa un sacudimiento involuntario en los
nervios, como si la carne se agitara, ella sola, al anuncio de la muerte
Algunos minutos después, el bramido se oyó más distinto y más cercano;
el tigre venía ya sobre el rastro, y sólo a la larga distancia se divisaba un
pequeño algarrobo Era preciso apretar el paso, correr, en fin, porque los
bramidos se sucedían con más frecuencia, y el último era más distinto, más
vibrante que el que le precedía
Al fin, arrojando la montura a un lado del camino, dirigióse el gaucho al
árbol que había divisado, y no obstante la debilidad de su tronco, felizmente
bastante elevado, pudo trepar a su copa y mantenerse en una continua
oscilación, medio oculto entre el ramaje Desde allí pudo observar la escena
que tenía lugar en el camino: el tigre marchaba a paso precipitado, oliendo el
suelo y bramando con más frecuencia, a medida que sentía la proximidad de
su presa Pasa adelante del punto en que ésta se había separado del camino y
pierde el rastro; el tigre se enfurece, remolinea, hasta que divisa la montura,
que desgarra de un manotón, esparciendo en el aire sus prendas Más irritado
aún con este chasco, vuelve a buscar el rastro, encuentra al fin la dirección
en que va, y levantando la vista, divisa a su presa haciendo con el peso
balancearse el algarrobillo, cual la frágil caña cuando las aves se posan en
sus puntas
Desde entonces, ya no bramó el tigre: acercábase a saltos, y en un abrir y
cerrar de ojos, sus enormes manos estaban apoyándose a dos varas del suelo,
sobre el delgado tronco, al que comunicaban un temblor convulsivo, que iba
a obrar sobre los nervios del mal seguro gaucho Intentó la fiera dar un salto,
impotente; dio vuelta en torno del árbol midiendo su altura con ojos
enrojecidos por la sed de sangre, y al fin, bramando de cólera, se acostó en el
suelo, batiendo, sin cesar, la cola, los ojos fijos en su presa, la boca
entreabierta y reseca Esta escena horrible duraba ya dos horas mortales: la
postura violenta del gaucho y la fascinación aterrante que ejercía sobre él la
mirada sanguinaria, inmóvil, del tigre, del que por una fuerza invencible de
102
atracción no podía apartar los ojos, habían empezado a debilitar sus fuerzas,
y ya veía próximo el momento en que su cuerpo extenuado iba a caer en su
ancha boca, cuando el rumor lejano de galope de caballos le dio esperanza
de salvación
En efecto, sus amigos habían visto el rastro del tigre y corrían sin
esperanza de salvarlo El desparramo de la montura les reveló el lugar de la
escena, y volar a él, desenrollar sus lazos, echarlos sobre el tigre, empacado
y ciego de furor, fue la obra de un segundo La fiera, estirada a dos lazos, no
pudo escapar a las puñaladas repetidas con que, en venganza de su
prolongada agonía, le traspasó el que iba a ser su víctima “Entonces supe lo
que era tener miedo” —decía el general don Juan Facundo Quiroga,
contando a un grupo de oficiales, este suceso
También a él le llamaron Tigre de los Llanos, y no le sentaba mal esta
denominación, a fe La frenología y la anatomía comparada han demostrado,
en efecto, las relaciones que existen en las formas exteriores y las
disposiciones morales, entre la fisonomía del hombre y de algunos animales,
a quienes se asemeja en su carácter Facundo, porque así lo llamaron largo
tiempo los pueblos del interior; el general don Facundo Quiroga, el
excelentísimo brigadier general don Juan Facundo Quiroga, todo eso vino
después, cuando la sociedad lo recibió en su seno y la victoria lo hubo
coronado de laureles: Facundo, pues, era de estatura baja y fornida; sus
anchas espaldas sostenían sobre un cuello corto, una cabeza bien formada,
cubierta de pelo espesísimo, negro y ensortijado Su cara, un poco ovalada,
estaba hundida en medio de un bosque de pelo, a que correspondía una barba
igualmente espesa, igualmente crespa y negra, que subía hasta los juanetes,
bastante pronunciados, para descubrir una voluntad firme y tenaz
Sus ojos negros, llenos de fuego y sombreados por pobladas cejas,
causaban una sensación involuntaria de terror en aquellos sobre quienes,
alguna vez, llegaban a fijarse; porque Facundo no miraba nunca de frente, y
por hábito, por arte, por deseo de hacerse siempre temible, tenía de ordinario
la cabeza inclinada y miraba por entre las cejas, como el Alí-Bajá de
Monvoisin El Caín que representa la famosa Compañía Ravel me despierta
la imagen de Quiroga, quitando las posiciones artísticas de la estatuaria, que
103
no le convienen Por lo demás, su fisonomía era regular, y el pálido moreno
de su tez sentaba bien, a las sombras espesas en que quedaba encerrada
La estructura de su cabeza revelaba, sin embargo, bajo esta cubierta
selvática, la organización privilegiada de los hombres nacidos para mandar
Quiroga poseía esas cualidades naturales que hicieron del estudiante de
Brienne, el genio de la Francia, y del mameluco obscuro que se batía con los
franceses en las Pirámides, el virrey de Egipto La sociedad en que nacen da
a estos caracteres la manera especial de manifestarse: sublimes, clásicos, por
decirlo así, van al frente de la humanidad civilizada en unas partes; terribles,
sanguinarios y malvados, son, en otras, su mancha, su oprobio
Facundo Quiroga fue hijo de un sanjuanino de humilde condición, pero
que, avecindado en los Llanos de La Rioja, había adquirido en el pastoreo,
una regular fortuna El año 1799 fue enviado Facundo a la patria de su padre,
a recibir la educación limitada que podía adquirirse en las escuelas: leer y
escribir Cuando un hombre llega a ocupar las cien trompetas de la fama con
el ruido de sus hechos, la curiosidad o el espíritu de investigación van hasta
rastrear la insignificante vida del niño, para anudarla a la biografía del héroe,
y no pocas veces, entre fábulas inventadas por la adulación, se encuentran ya
en germen, en ella, los rasgos característicos del personaje histórico
Cuéntase de Alcibíades que, jugando en la calle, se tendía a lo largo del
pavimento, para contrariar a un cochero, que le prevenía que se quitase del
paso a fin de no atropellarlo; de Napoleón, que dominaba a sus
condiscípulos y se atrincheraba en su cuarto de estudiante, para resistir a un
ultraje De Facundo se refieren, hoy, varias anécdotas, muchas de las cuales
lo revelan todo entero
En la casa de sus huéspedes, jamás se consiguió sentarlo a la mesa
común; en la escuela, era altivo, huraño y solitario; no se mezclaba con los
demás niños sino para encabezar en actos de rebelión y para darles de golpes
El magister cansado de luchar con este carácter indomable, se provee, una
vez, de un látigo nuevo y duro, y enseñándolo a los niños, aterrados, “éste es
—les dice— para estrenarlo en Facundo” Facundo, de edad de once años,
oye esta amenaza, y al día siguiente, la pone a prueba No sabe la lección,
pero pide al maestro que se la tome en persona, porque el pasante lo quiere
104
mal El maestro condesciende; Facundo comete un error, comete dos, tres,
cuatro; entonces el maestro hace uso del látigo y Facundo, que todo lo ha
calculado, hasta la debilidad de la silla en que su maestro está sentado, dale
una bofetada, vuélcalo de espaldas, y entre el alboroto que esta escena
suscita, toma la calle y va a esconderse en ciertos parrones de una viña, de
donde no se le saca sino después de tres días ¿No es ya el caudillo que va a
desafiar, más tarde, a la sociedad entera?
Cuando llega a la pubertad, su carácter toma un tinte más pronunciado
Cada vez más sombrío, más imperioso, más selvático; la pasión del juego, la
pasión de las almas rudas que necesitan fuertes sacudimientos para salir del
sopor que las adormeciera, domínalo irresistiblemente desde la edad de
quince años Por ella se hace una reputación en la ciudad; por ella se hace
intolerable en la casa en que se le hospeda; por ella, en fin, derrama, por un
balazo dado a un Jorge Peña, el primer reguero de sangre que debía entrar en
el ancho torrente que ha dejado marcado su pasaje en la tierra
Desde que llega a la edad adulta, el hilo de su vida se pierde en un
intrincado laberinto de vueltas y revueltas, por los diversos pueblos vecinos:
oculto unas veces, perseguido siempre, jugando, trabajando en clase de
peón, dominando todo lo que se le acerca y distribuyendo puñaladas En San
Juan, muéstranse hoy, en la quinta de los Godoyes, tapias pisadas por
Quiroga; en La Rioja, las hay de su mano, en Fiambalá Él enseñaba otras, en
Mendoza, en el lugar mismo en que una tarde hacía traer de sus casas,
veintiséis oficiales de los que capitularon en Chacón, para hacerlos fusilar,
en expiación de los manes de Villafañe En la campaña de Buenos Aires,
también mostraba algunos monumentos de su vida de peón errante ¿Qué
causas hacen a este hombre, criado en una casa decente, hijo de un hombre
acomodado y virtuoso, descender a la condición del gañán, y en ella escoger
el trabajo más estúpido, más brutal, en el que sólo entra la fuerza física y la
tenacidad? ¿Será que el tapiador gana doble sueldo y que se da prisa para
juntar un poco de dinero?
Lo más ordenado que de esta vida obscura y errante he podido recoger,
es lo siguiente: Hacia el año 1806 vino a Chile, con un cargamento de grana,
de cuenta de sus padres Jugólo con la tropa y los troperos, que eran esclavos
105
de su casa Solía llevar a San Juan y Mendoza, arreos de ganado de la
estancia paterna, que tenían siempre la misma suerte, porque en Facundo,
era el juego una pasión feroz, ardiente, que le resacaba las entrañas Estas
adquisiciones y pérdidas sucesivas debieron cansar las larguezas paternales,
porque, al fin, interrumpió toda relación amigable con su familia Cuando era
ya el terror de la República, preguntábale uno de sus cortesanos: “¿Cuál es,
general, la parada más grande que ha hecho en su vida?” “Setenta pesos” —
contestó Quiroga con indiferencia; acababa de ganar, sin embargo, una de
doscientas onzas Era, según lo explicó después, que en su juventud, no
teniendo sino setenta pesos los había perdido juntos a una sota
Pero este hecho tiene su historia característica Trabajaba de peón en
Mendoza, en la hacienda de una señora, sita aquélla en el Plumerillo
Facundo se hacía notar, hacía un año, por su puntualidad en salir al trabajo y
por la influencia y predominio que ejercía sobre los demás peones Cuando
éstos querían hacer falla para dedicar el día a una borrachera, se entendían
con Facundo, quien lo avisaba a la señora, prometiéndole responder de la
asistencia de todos al día siguiente, la que era siempre puntual Por esta
intercesión llamábanle los peones, el Padre
Facundo, al fin de un año de trabajo asiduo, pidió su salario, que
ascendía a setenta pesos; montó en su caballo sin saber adónde iba, vio gente
en una pulpería, desmontóse y alargando la mano sobre el grupo que
rodeaba al tallador, puso sus setenta pesos en una carta: perdiólos y montó
de nuevo, marchando sin dirección fija, hasta que a poco andar, un juez
Toledo, que acertaba a pasar a la sazón, le detuvo para pedirle su papeleta de
conchavo
Facundo aproximó su caballo en ademán de entregársela, afectó buscar
algo en el bolsillo, y dejó tendido al juez de una puñalada ¿Se vengaba en el
juez, de la reciente pérdida? ¿Quería sólo saciar el encono de gaucho malo
contra la autoridad civil y añadir este nuevo hecho al brillo de su naciente
fama? Lo uno y lo otro Estas venganzas sobre el primer objeto que se
presentaba, son frecuentes en su vida Cuando se apellidaba general y tenía
coroneles a sus órdenes, hacía dar en su casa, en San Juan, doscientos azotes
a uno de ellos, por haberle ganado mal, decía Facundo; a un joven,
106
doscientos azotes, por haberse permitido una chanza en momentos en que él
no estaba para chanzas; a una mujer, en Mendoza, que le había dicho al
paso, “Adiós, mi general”, cuando él iba enfurecido porque no había
conseguido intimidar a un vecino tan pacífico, tan juicioso, como era
valiente y gaucho, doscientos azotes
Facundo reaparece después, en Buenos Aires, donde en 1810 es
enrolado, como recluta, en el regimiento de Arribeños que mandaba el
general Ocampo, su compatriota, después Presidente de Charcas La carrera
gloriosa de las armas se abría para él, con los primeros rayos del sol de
mayo; y no hay duda que con el temple de alma de que estaba dotado, con
sus instintos de destrucción y carnicería, Facundo, moralizado por la
disciplina y ennoblecido por la sublimidad del objeto de la lucha, habría
vuelto un día del Perú, Chile o Bolivia, uno de los generales de la República
Argentina, como tantos otros valientes gauchos, que principiaron su carrera
desde el humilde puesto del soldado Pero el alma rebelde de Quiroga no
podía sufrir el yugo de la disciplina, el orden del cuartel, ni la demora de los
ascensos Se sentía llamado a mandar, a surgir de un golpe, a crearse él solo,
a despecho de la sociedad civilizada y en hostilidad con ella, una carrera a su
modo, asociando el valor y el crimen, el gobierno y la desorganización Más
tarde, fue reclutado para el ejército de los Andes y enrolado en los
Granaderos a caballo; un teniente García, lo tomó de asistente, y bien
pronto, la deserción dejó un vacío en aquellas gloriosas filas Después,
Quiroga, como Rosas, como todas esas víboras que han medrado a la sombra
de los laureles de la patria, se ha hecho notar por su odio a los militares de la
Independencia, en los que uno y otro han hecho una horrible matanza
Facundo, desertando de Buenos Aires, se encamina a las provincias con
tres compañeros Una partida le da alcance: hace frente, libra una verdadera
batalla, que permanece indecisa por algún tiempo, hasta que, dando muerte a
cuatro o cinco, puede continuar su camino, abriéndose paso, todavía, a
puñaladas, por entre otras partidas que hasta San Luis le salen al paso Más
tarde, debía recorrer este mismo camino con un puñado de hombres, disolver
ejércitos en lugar de partidas e ir hasta la Ciudadela famosa de Tucumán, a
borrar los últimos restos de la República y del orden civil
107
Facundo reaparece en los Llanos, en la casa paterna A esta época se
refiere un suceso que está muy valido y del que nadie duda Sin embargo, en
uno de los manuscritos que consulto, interrogado su autor sobre este mismo
hecho, contesta: “que no sabe que Quiroga haya tratado nunca de arrancar a
sus padres dinero por la fuerza”; y contra la tradición constante, contra el
asentimiento general, quiero atenerme a este dato contradictorio ¡Lo
contrario es horrible! Cuéntase que habiéndose negado su padre a darle una
suma de dinero que le pedía, acechó el momento en que padre y madre
dormían la siesta para poner aldaba a la pieza donde estaban y prender fuego
al techo de pajas con que están cubiertas, por lo general, las habitaciones de
los Llanos9
Pero lo que hay de averiguado es que su padre pidió una vez, al Gobierno
de La Rioja, que lo prendieran para contener sus demasías, que Facundo,
antes de fugarse de los Llanos, fue a la ciudad de La Rioja, donde a la sazón
se hallaba aquél, y cayendo de improviso sobre él, le dio una bofetada,
diciéndole: “¿Usted me ha mandado prender? ¡Tome, mándeme prender
ahora!”, con lo cual montó en su caballo y partió a galope para el campo
Pasado un año, preséntase de nuevo en la casa paterna, échase a los pies del
anciano ultrajado, confunden ambos sus sollozos, y entre las protestas de
enmienda del hijo y las reconvenciones del padre, la paz queda restablecida,
aunque sobre base tan deleznable y efímera
Pero su carácter y hábitos desordenados no cambian, y las carreras, el
juego, las correrías del campo, son el teatro de nuevas violencias,
EL COMANDANTE DE CAMPAÑA
EN UN documento tan antiguo como el año de 1560, he visto consignado el
nombre de Mendoza con este aditamento: “Mendoza, del valle de La Rioja”
Pero La Rioja actual es una provincia argentina que está al norte de San
Juan, del cual la separan varias travesías, aunque interrumpidas por valles
poblados De los Andes se desprenden ramificaciones que cortan la parte
occidental en líneas paralelas, en cuyos valles están Los Pueblos y Chilecito,
así llamado por los mineros chilenos que acudieron a la fama de las ricas
minas de Famatina Más hacia el oriente, se extiende una llanura arenisca,
desierta y agostada por los ardores del sol, en cuya extremidad norte, y a las
inmediaciones de una montaña cubierta hasta su cima de lozana y alta
vegetación, yace el esqueleto de La Rioja, ciudad solitaria, sin arrabales y
marchita como Jerusalén, al pie del Monte de los Olivos Al sur, y a larga
distancia, limitan esta llanura arenisca, los Colorados, montes de greda
petrificada, cuyos cortes regulares asumen las formas más pintorescas y
fantásticas: a veces es una muralla lisa con bastiones avanzados, a veces,
créese ver torreones y castillos almenados en ruinas Últimamente, al sudeste
y rodeados de extensas travesías, están los Llanos, país quebrado y
montañoso, a despecho de su nombre, oasis de vegetación pastosa, que
alimentó en otro tiempo millares de rebaños
El aspecto del país es, por lo general, desolado; el clima, abrasador; la
tierra, seca y sin aguas corrientes El campesino hace represas para recoger
el agua de las lluvias y dar de beber a sus ganados He tenido siempre la
115
preocupación de que el aspecto de Palestina es parecido al de La Rioja, hasta
en el color rojizo u ocre de la tierra, la sequedad de algunas partes y sus
cisternas; hasta en sus naranjos, vides e higueras, de exquisitos y abultados
frutos, que se crían donde corre algún cenagoso y limitado Jordán Hay una
extraña combinación de montañas y llanuras, de fertilidad y aridez, de
montes adustos y erizados, y colinas verdinegras tapizadas de vegetación tan
colosal como los cedros del Líbano Lo que más me trae a la imaginación
estas reminiscencias orientales, es el aspecto verdaderamente patriarcal de
los campesinos de La Rioja Hoy, gracias a los caprichos de la moda, no
causa novedad el ver hombres con la barba entera, a la manera inmemorial
de los pueblos de Oriente; pero aún no dejaría de sorprender, por eso, la
vista de un pueblo que habla español y lleva y ha llevado, siempre, la barba
completa, cayendo muchas veces hasta el pecho; un pueblo de aspecto triste,
taciturno, grave y taimado; árabe, que cabalga en burros y viste a veces de
cueros de cabra, como el ermitaño de Enggaddy Lugares hay en que la
población se alimenta exclusivamente de miel silvestre y de algarroba, como
de langostas San Juan en el desierto El llanista es el único que ignora que es
el ser más desgraciado, más miserable y más bárbaro; y gracias a esto vive
contento y feliz cuando el hambre no le acosa
Dije al principio que había montañas rojizas que tenían, a lo lejos, el
aspecto de torreones y castillos feudales arruinados; pues, para que los
recuerdos de la Edad Media vengan a mezclarse a aquellos matices
orientales, La Rioja ha presentado, por más de un siglo, la lucha de dos
familias hostiles, señoriales, ilustres, ni más ni menos, que en los feudos
italianos donde figuran Ursinos, Colonnas y Médicis Las querellas de
Ocampos y Dávilas forman toda la historia culta de La Rioja Ambas
familias, antiguas, ricas, tituladas, se disputan el poder, largo tiempo,
dividen la población en bandos, como los güelfos y gibelinos, aun mucho
antes de la revolución de la Independencia De estas dos familias, ha salido
una multitud de hombres notables en las armas, en el foro y en la industria;
porque Dávilas y Ocampos trataron siempre de sobrepasarse, por todos los
medios de valer que tiene consagrados la civilización Apagar estos rencores
hereditarios entró, no pocas veces, en la política de los patriotas de Buenos
116
Aires La Logia de Lautaro llevó a las dos familias a enlazar un Ocampo con
una señorita Doria y Dávila, para reconciliarlas Todos saben que ésta era la
práctica en Italia; pero Romeo y Julieta fueron aquí más felices Hacia el año
1817, el Gobierno de Buenos Aires, a fin de poner término también a los
odios de aquellas casas, mandó un gobernador de fuera de la provincia, un
señor Barnachea, que no tardó mucho en caer bajo las influencias del partido
de los Dávilas, que contaban con el apoyo de don Prudencio Quiroga,
residente en los Llanos y muy querido de los habitantes, y que, a causa de
esto, fue llamado a la ciudad y hecho tesorero y alcalde Nótese que, aunque
de un modo legítimo y noble, con don Prudencio Quiroga, padre de
Facundo, entra ya la campaña pastora a figurar como elemento político en
los partidos civiles Los Llanos, como ya llevo dicho, son un oasis montañoso
de pasto, enclavados en el centro de una extensa travesía; sus habitantes,
pastores exclusivamente, viven en la vida patriarcal y primitiva, que aquel
aislamiento conserva toda su pureza bárbara y hostil a las ciudades La
hospitalidad es allí un deber común, y entre los deberes del peón entra el de
defender a su patrón en cualquier peligro, aun a riesgo de su vida Estas
costumbres explicarán ya un poco, los fenómenos que vamos a presenciar
Después del suceso de San Luis, Facundo se presentó en los Llanos,
revestido del prestigio de la reciente hazaña y premunido de una
recomendación del Gobierno Los partidos que dividían La Rioja no tardaron
mucho en solicitar la adhesión de un hombre que todos miraban con el
respeto y asombro que inspiran siempre las acciones arrojadas Los
Ocampos, que obtuvieron el gobierno en 1820, le dieron el título de
Sargento Mayor de las Milicias de los Llanos, con la influencia y autoridad
de Comandante de Campaña
Desde este momento, principia la vida pública de Facundo El elemento
pastoril, bárbaro de aquella provincia, aquella tercera entidad que aparece en
el sitio de Montevideo con Artigas, va a presentarse en La Rioja con
Quiroga, llamado en su apoyo por uno de los partidos de la ciudad Este es
un momento solemne y crítico en la historia de todos los pueblos pastores de
la República Argentina: hay, en todos ellos, un día en que, por necesidad de
apoyo exterior, o por el temor que ya inspira un hombre audaz, se le elige
117
comandante de campaña Es éste el caballo de los griegos, que los troyanos
se apresuran a introducir en la ciudad
Por este tiempo, ocurría en San Juan, la desgraciada sublevación del
número 1 de los Andes, que había vuelto de Chile a rehacerse Frustrados en
los objetos del motín, Francisco Aldao y Corro emprendieron una retirada
desastrosa al norte, a reunirse a Güemes, caudillo de Salta El general
Ocampo, gobernador de La Rioja, se dispone a cerrarles el paso, y al efecto
convoca todas las fuerzas de la provincia y se prepara a dar una batalla
Facundo se presenta con sus llanistas Las fuerzas vienen a las manos, y
pocos minutos bastaron al número 1 para mostrar que con la rebelión, no
había perdido nada de su antiguo brillo en los campos de batalla Corro y
Aldao se dirigieron a la ciudad, y los dispersos trataron de rehacerse,
dirigiéndose hacia los Llanos, donde podían aguardar las fuerzas que de San
Juan y Mendoza venían en persecución de los fugitivos Facundo, en tanto,
abandona el punto de reunión, cae sobre la retaguardia de los vencedores, los
tirotea, los importuna, les mata y hace prisioneros a los rezagados Facundo
es el único que está dotado de vida propia, que no espera órdenes, que obra
de su propio motu Se ha sentido llamado a la acción, y no espera que lo
empujen Más, todavía, habla con desdén del Gobierno y del general, y
anuncia su disposición de obrar, en adelante, según su dictamen y de echar
abajo al Gobierno Dícese que un Consejo de los principales del ejército
instaba al general Ocampo para que lo prendiese, juzgase y fusilase; pero el
general no consintió en ello, menos, acaso, por moderación, que por sentir
que Quiroga era ya, no tanto un súbdito, cuanto un aliado temible
Un arreglo definitivo entre Aldao y el Gobierno dejó acordado que aquél
se dirigiera a San Luis, por no querer seguir a Corro, proveyéndole el
Gobierno de medios hasta salir del territorio, por un itinerario que pasaba
por los Llanos Facundo fue encargado de la ejecución de esta parte de lo
estipulado, y regresó a los Llanos con Aldao Quiroga lleva ya la conciencia
de su fuerza, y cuando vuelve la espalda a La Rioja ha podido decirle, en
despedida: “¡Ay de ti, ciudad! En verdad os
digo que dentro de poco no quedará piedra sobre piedra”
118
Aldao llegado a los Llanos, y conocido el descontento de Quiroga, le
ofrece cien hombres de línea para apoderarse de La Rioja, a trueque de
aliarse para futuras empresas Quiroga acepta con ardor, encamínase a la
ciudad, la toma, prende a los individuos del Gobierno, les manda confesores
y orden de prepararse para morir ¿Qué objeto tiene para él esta revolución?
Ninguno; se ha sentido con fuerzas: ha estirado los brazos y ha derrocado la
ciudad ¿Es culpa suya?
Los antiguos patriotas chilenos no han olvidado, sin duda, las proezas del
sargento Araya, de Granaderos a caballo, porque entre aquellos veteranos, la
aureola de gloria solía descender hasta el simple soldado Contábame el
presbítero Meneses, cura que fue de Los Andes, que después de la derrota de
Cancha Rayada, el sargento Araya iba encaminándose a Mendoza con siete
granaderos Íbasele el alma a los patriotas al ver alejarse y repasar los Andes,
a los soldados más valientes del ejército, mientras que Las Heras tenía,
todavía, un tercio bajo sus órdenes, dispuesto a hacer frente a los españoles
Tratábase de detener al sargento Araya; pero una dificultad ocurría ¿Quién
se le acercaba? Una partida de sesenta hombres de milicias estaba a la mano;
pero todos los soldados sabían que el prófugo era el sargento Araya, y
habrían preferido mil veces atacar a los españoles que a este león de los
Granaderos Don José María Meneses, entonces, se adelanta solo y
desarmado, alcanza a Araya, le ataja el paso, le recuerda sus glorias pasadas
y la vergüenza de una fuga sin motivo; Araya se deja conmover, y no opone
resistencia a las súplicas y órdenes de un buen paisano; se entusiasma en
seguida, corre a detener otros grupos de granaderos que le precedían en la
fuga, y gracias a su diligencia y reputación, vuelve a incorporarse al ejército
con sesenta compañeros de armas, que se lavaron, en Maipú, de la mancha
momentánea que había caído sobre sus laureles
Este sargento Araya y un Lorca, también un valiente conocido en Chile,
mandaban la fuerza que Aldao había puesto a las órdenes de
Facundo Los reos de La Rioja, entre los que se hallaba el doctor don Gabriel
Ocampo, ex ministro de Gobierno, solicitaron la protección de Lorca para
que intercediese por ellos Facundo, aún no seguro de su momentánea
elevación, consintió en otorgarles la vida; pero esta restricción puesta a su
119
poder, le hizo sentir otra necesidad Era preciso poseer esa fuerza veterana,
para no encontrar contradicciones en lo sucesivo De regreso a los Llanos, se
entiende con Araya, y, poniéndose ambos de acuerdo, caen sobre el resto de
la fuerza de Aldao, la sorprenden, y Facundo se halla, en seguida, jefe de
cuatrocientos hombres de línea, de cuyas filas salieron, después, los oficiales
de sus primeros ejércitos
Facundo acordóse de que don Nicolás Dávila estaba en Tucumán,
expatriado, y le hizo venir para encargarle de las molestias del gobierno de
La Rioja, reservándose él, tan sólo, el poder real que lo seguía a los Llanos
El abismo que mediaba entre él y los Ocampos y los Dávilas era tan ancho,
tan brusca la transición, que no era posible, por entonces, hacerla de un
golpe; el espíritu de ciudad era demasiado poderoso, todavía, para
sobreponerle el de la campaña; todavía, un doctor en leyes valía más para el
gobierno que un peón cualquiera Después ha cambiado todo esto
Dávila se hizo cargo del gobierno bajo el patrocinio de Facundo, y por
entonces pareció alejado todo motivo de zozobra Las haciendas y
propiedades de los Dávila estaban situadas en las inmediaciones de
Chilecito, y allí, por tanto, en sus deudos y amigos, se hallaba reconcentrada
la fuerza física y moral que debía apoyarlo en el gobierno Habiéndose,
además, acrecentado la población de Chilecito, con la provechosa
explotación de las minas, y reunídose caudales cuantiosos, el gobierno
estableció una casa de moneda provincial, y trasladó su residencia a aquel
pueblecillo, ya fuese para llevar a cabo la empresa, ya para alejarse de los
Llanos y sustraerse de la sujeción incómoda que Quiroga quería ejercer
sobre él Dávila no tardó mucho en pasar de estas medidas puramente
defensivas, a una actitud más decidida, y aprovechando la temporaria
ausencia de Facundo, que andaba en San Juan, se concertó con el capitán
Araya para que le prendiese a su llegada Facundo tuvo aviso de las medidas
que contra él se preparaban, e introduciéndose secretamente en los Llanos,
mandó asesinar a Araya El gobierno, cuya autoridad era contenida de una
manera tan indigna, intimó a Facundo que se presentase a responder a los
cargos que se le hacían sobre el asesinato ¡Parodia ridícula! No quedaba otro
medio que apelar a las armas y encender la guerra civil entre el gobierno y
120
Quiroga, entre la ciudad y los Llanos Facundo manda a su vez, una comisión
a la Junta de Representantes, pidiéndole que depusiese a Dávila La Junta
había llamado al gobernador, con instancia, para que desde allí, y con el
apoyo de todos los ciudadanos, invadiese los Llanos y desarmase a Quiroga
Había en esto un interés local, y era hacer que la Casa de Moneda fuese
trasladada a la ciudad de La Rioja; pero como Dávila persistiese en residir
en Chilecito, la Junta, accediendo a la solicitud de Quiroga, lo declaró
depuesto El gobernador Dávila, había reunido, bajo las órdenes de don
Miguel Dávila, muchos soldados de los de Aldao; poseía un buen
armamento, muchos adictos que querían salvar la provincia del dominio del
caudillo que se estaba levantando en los Llanos y varios oficiales de línea
para poner a la cabeza de las fuerzas Los preparativos de guerra empezaron,
pues, con igual ardor en Chilecito y en los Llanos; y el rumor de los aciagos
sucesos que se preparaban llegó hasta San Juan y Mendoza, cuyos gobiernos
mandaron un comisionado para procurar un arreglo entre los beligerantes,
que ya estaban a punto de venir a las manos
Corbalán, ese mismo que hoy sirve de ordenanza a Rosas, se presentó en
el campo de Quiroga, a interponer la mediación de que venía encargado, y
que fue aceptada por el caudillo; pasó en seguida al campo enemigo, donde
obtuvo la misma cordial acogida Regresa al campo de Quiroga para arreglar
el convenio definitivo; pero éste, dejándolo allí, se puso en movimiento
sobre su enemigo, cuyas fuerzas, desapercibidas por las seguridades dadas
por el enviado, fueron fácilmente derrotadas y dispersas Don Miguel Dávila,
reuniendo algunos de los suyos, acometió denodadamente a Quiroga, a quien
alcanzó a herir en un muslo, antes que una bala le llevase a él mismo la
muñeca; en seguido fue rodeado y muerto por los soldados Hay en este
suceso, una cosa muy característica del espíritu gaucho Un soldado se
complace en enseñar sus cicatrices; el gaucho las oculta y disimula cuando
son de arma blanca, porque prueban su poca destreza, y Facundo, fiel a estas
ideas del honor, jamás recordó la herida que Dávila le había abierto antes de
morir
Aquí termina la historia de los Ocampo y de los Dávila, y la de La Rioja
también Lo que sigue es la historia de Quiroga Este día es también uno de
121
los nefastos de las ciudades pastoras, día aciago que al fin llega Este día
corresponde, en la historia de Buenos Aires, al de abril de 1835, en que su
Comandante de Campaña, su Héroe del Desierto, se apodera de la ciudad
Hay una circunstancia curiosa (1823) que no debo omitir, porque hace
honor a Quiroga En esta noche negra que vamos a atravesar, no debe
perderse la más débil lucecilla: Facundo, al entrar triunfante a La Rioja, hizo
cesar los repiques de las campanas, y después de mandar dar el pésame a la
viuda del general muerto, ordenó pomposas exequias para honrar sus cenizas
Nombró o hizo nombrar por gobernador a un español vulgar, un Blanco, y
con él principió el nuevo orden de cosas que debía realizar el bello ideal del
gobierno que había concebido Quiroga; porque Quiroga, en su larga carrera,
en los diversos pueblos que ha conquistado, jamás se ha encargado del
gobierno organizado, que abandonaba siempre a otros Momento grande y
digno de atención para los pueblos, es siempre aquél en que una mano
vigorosa se apodera de sus destinos Las instituciones se afirman, o ceden su
lugar a otras nuevas, más fecundas en resultados, o más conformes con las
ideas que predominan De aquel foco, parten muchas veces los hilos que,
entretejiéndose con el tiempo, llegan a cambiar la tela de que se compone la
Historia
No así, cuando predomina una fuerza extraña a la civilización, cuando
Atila se apodera de Roma, o Tamerlán recorre las llanuras asiáticas: los
escombros quedan, pero en vano iría, después, a removerles la mano de la
Filosofía, para buscar, debajo de ellos, las plantas vigorosas que nacieran
con el abono nutritivo de la sangre humana Facundo, genio bárbaro, se
apodera de su país; las tradiciones de gobierno desaparecen, las formas se
degradan, las leyes son un juguete en manos torpes; y en medio de esta
destrucción efectuada por las pisadas de los caballos, nada se sustituye, nada
se establece El desahogo, la desocupación y la incuria son el bien supremo
del gaucho Si La Rioja, como tenía doctores, hubiera tenido estatuas, éstas
habrían servido para amarrar los caballos
Facundo deseaba poseer, e incapaz de crear un sistema de rentas, acude a
lo que acuden siempre los gobiernos torpes e imbéciles; mas aquí el
monopolio llevará el sello de la vida pastoril, la expoliación y la violencia
122
Rematábanse los diezmos de La Rioja, en aquella época, en diez mil pesos
anuales; éste era, por lo menos, el término medio Facundo se presenta en la
mesa del remate, y ya su asistencia, hasta entonces inusitada, impone respeto
a los postores “Doy dos mil pesos —dice— y uno más sobre la mejor
postura” El escribano repite la propuesta tres veces, y nadie puja más alto
Era que todos los concurrentes se habían escurrido, uno a uno, al leer en la
mirada siniestra de Quiroga, que aquélla era la última postura Al año
siguiente, se contentó con mandar al remate una cedulilla así concebida:
“Doy dos mil pesos, y uno más, sobre la mejor postura— Facundo Quiroga”
Al tercer año se suprimió la ceremonia del remate, y el año 1831,
Quiroga mandaba, todavía, a La Rioja, dos mil pesos, valor fijado a los
diezmos
Pero le faltaba un paso que dar para hacer redituar al diezmo, un ciento
por uno, y Facundo, desde el segundo año, no quiso recibir el de animales,
sino que distribuyó su marca a todos los hacendados, a fin de que herrasen el
diezmo y se le guardase en las estancias, hasta que él lo reclamara Las crías
se aumentaban, los diezmos nuevos acrecentaban el piño de ganado, y a la
vuelta de diez años, se pudo calcular que la mitad del ganado de las
estancias de una provincia pastora, pertenecía al Comandante General de
Armas y llevaba su marca
Una costumbre inmemorial en La Rioja hacía que los ganados
mostrencos, o no marcados a cierta edad, perteneciesen de derecho al fisco,
que mandaba sus agentes a recoger estas espigas perdidas, y sacaba de la
colecta una renta no despreciable, si bien su recaudación se hacía intolerable
para los estancieros Facundo pidió que se le adjudicase este ganado, en
resarcimiento de los gastos que le había demandado la invasión a la ciudad;
gastos que se reducían a convocar las milicias, que concurren en sus caballos
y viven siempre de lo que encuentran Poseedor ya de partidas de seis mil
novillos al año, mandaba, a las ciudades, sus abastecedores, y ¡desgraciado
el que entrase a competir con él! Este negocio de abastecer los mercados de
carne lo ha practicado dondequiera que sus armas se presentaron, en San
Juan, Mendoza, Tucumán; cuidando siempre de monopolizarlo en su favor,
por algún bando o un simple anuncio Da asco y vergüenza, sin duda, tener
123
que descender a estos pormenores, indignos de ser recordados Pero ¿qué
remedio? En seguida de una batalla sangrienta que le ha abierto la entrada a
una ciudad, lo primero que el general ordena, es que nadie pueda abastecer
de carnes el mercado… En Tucumán supo que un vecino, contraviniendo la
orden, mataba reses en su casa El general del ejército de los Andes, el
vencedor de la Ciudadela, no creyó deber confiar a nadie la pesquisa de
delito tan horrendo Va él en persona, da recios golpes a la puerta de la casa,
que permanecía cerrada, y que, atónitos los de adentro, no aciertan a abrir
Una patada del ilustre general la echa abajo, y expone a su vida esta escena:
una res muerta que desollaba el dueño de la casa, que a su vez cae también
muerto ¡a la vista terrífica del general ofendido!10
No me detengo en estos pormenores a designio ¡Cuántas páginas omito!
¡Cuántas iniquidades comprobadas, y de todos sabidas, callo! Pero hago la
historia del gobierno bárbaro, y necesito hacer conocer sus resortes
Mehemet-Alí, dueño de Egipto por los mismos medios
FACUNDO posee La Rioja como árbitro y dueño absoluto: no hay más voz
que la suya, más interés que el suyo Como no hay letras, no hay opiniones, y
como no hay opiniones diversas, La Rioja es una máquina de guerra que irá
adonde la lleven Hasta aquí, Facundo nada ha hecho de nuevo, sin embargo;
esto era lo mismo que habían hecho el doctor Francia, Ibarra, López, Bustos,
lo que habían intentado Güemes y Aráoz en el norte: destruir todo derecho
para hacer valer el suyo propio Pero un mundo de ideas, de intereses
contradictorios, se agitaba fuera de La Rioja, y el rumor lejano de las
discusiones de la prensa y de los partidos llegaba hasta su residencia en los
Llanos Por otra parte, él no había podido elevarse sin que el ruido que hacía
el edificio de la civilización que destruía no se oyese a la distancia y los
pueblos vecinos no fijasen en él sus miradas Su nombre había pasado los
límites de La Rioja: Rivadavia lo invitaba a contribuir a la organización de
la República; Bustos y López, a oponerse a ella; el Gobierno de San Juan se
preciaba de contarlo entre sus amigos, y hombres desconocidos venían a los
Llanos a saludarlo y pedirle apoyo para sostener este o el otro partido
Presentaba la República Argentina, en aquella época, un cuadro animado e
interesante Todos los intereses, todas las ideas, todas las pasiones se habían
dado cita para agitarse y meter ruido Aquí, un caudillo que no quería nada
con el resto de la República; allí, un pueblo que nada más pedía que salir de
su aislamiento; allá, un Gobierno que transportaba la Europa a la América;
131
acullá, otro que odiaba hasta el nombre de civilización; en unas partes se
rehabilitaba el Santo Tribunal de la Inquisición; en otras se declaraba la
libertad de las conciencias, como el primero de los derechos del hombre;
unos gritaban: “Federación”; otros, “Gobierno central”; cada una de estas
diversas fases tenía intereses y pasiones fuertes, invencibles en su apoyo Yo
necesito aclarar un poco este caos, para mostrar el papel que tocó
desempeñar a Quiroga, y la grande obra que debió realizar Para pintar el
comandante de campaña que se apodera de la ciudad y la aniquila al fin, he
necesitado describir el suelo argentino, los hábitos que engendra, los
caracteres que desenvuelve Ahora, para mostrar a Quiroga saliendo ya de su
provincia y proclamando un principio, una idea, y llevándola a todas partes
en la punta de las lanzas, necesito también trazar la carta geográfica de las
ideas y de los intereses que se agitaban en las ciudades Para este fin,
necesito examinar dos ciudades, en cada una de las cuales predominaban las
ideas opuestas, Córdoba y Buenos Aires, tales como existían hasta 1825
CÓRDOBA
Córdoba era, no diré la ciudad más coqueta de la América, porque se
ofendería de ello su gravedad española, pero sí una de las ciudades más
bonitas del continente Sita en una hondonada que forma un terreno elevado,
llamado Los Altos, se ha visto forzada a replegarse sobre sí misma, a
estrechar y reunir sus regulares edificios El cielo es purísimo, el invierno,
seco y tónico, el verano, ardiente y tormentoso Hacia el oriente, tiene un
bellísimo paseo de formas caprichosas, de un golpe de vista mágico Consiste
en un estanque de agua encuadrado en una vereda espaciosa, que sombrean
sauces añosos y colosales Cada costado es de una cuadra de largo, encerrado
bajo una reja de fierro forjado con enormes puertas en los centros de los
cuatro costados, de manera que el paseo es una prisión encantada, en que se
da vueltas, siempre en torno de un vistoso cenador de arquitectura griega En
la plaza principal está la magnífica catedral de orden gótico, con su enorme
cúpula recortada en arabescos, único modelo que yo sepa que haya en la
132
América del Sur de la arquitectura de la Edad Media A una cuadra, está el
templo y convento de la Compañía de Jesús, en cuyo presbiterio hay una
trampa que da entrada a subterráneos que se extienden por debajo de la
ciudad, y van a parar no se sabe todavía adónde; también se han encontrado
los calabozos en que la Sociedad sepultaba vivos a sus reos Si queréis, pues,
conocer monumentos de la Edad Media y examinar el poder y las formas de
aquella célebre Orden, id a Córdoba, donde estuvo uno de sus grandes
establecimientos centrales de América
En cada cuadra de la sucinta ciudad, hay un soberbio convento, un
monasterio o una casa de beatas o de ejercicios Cada familia tenía entonces
un clérigo, un fraile, una monja o un corista; los pobres se contentaban con
poder contar entre los suyos un betlemita, un motilón, un sacristán o un
monacillo
Cada convento o monasterio tenía una ranchería contigua, en que estaban
reproduciéndose ochocientos esclavos de la Orden: negros, zambos, mulatos
y mulatillas de ojos azules, rubias, rozagantes, de pierna bruñida como el
mármol; verdaderas circasianas dotadas de todas las gracias, con más, una
dentadura de origen africano, que servía de cebo a las pasiones humanas:
todo para mayor honra y provecho del convento a que estas huríes
pertenecían
Andando un poco en la visita que hacemos, se encuentra la célebre
Universidad de Córdoba, fundada nada menos que en el año 1613, y en
cuyos claustros sombríos han pasado su juventud, ocho generaciones de
doctores en ambos derechos, ergotistas insignes, comentadores y casuistas
Oigamos al célebre Deán Funes describir la enseñanza y espíritu de esta
famosa Universidad, que ha provisto durante dos siglos de teólogos y
doctores a una gran parte de la América: “El curso teológico duraba cinco
años y medio La Teología participaba de la corrupción de los estudios
filosóficos Aplicada la filosofía de Aristóteles a la Teología, formaba una
mezcla de profano y espiritual Razonamientos puramente humanos, sutilezas
y sofismas engañosos, cuestiones frívolas e impertinentes: esto fue lo que
vino a formar el gusto dominante de estas escuelas” Si queréis penetrar un
133
poco más, en el espíritu de libertad que daría esta instrucción, oíd al Deán
Funes todavía: “Esta Universidad nació y se creó exclusivamente en manos
de los jesuitas, quienes la establecieron en su colegio llamado Máximo, de la
ciudad de Córdoba” Muy distinguidos abogados han salido de allí; pero
literatos, ninguno que no haya ido a rehacer su educación en Buenos Aires y
con los libros modernos
Esta ciudad docta no ha tenido hasta hoy teatro público, no conoció la
ópera, no tiene aún diarios, y la imprenta es una industria que no ha podido
arraigarse allí El espíritu de Córdoba hasta 1829 es monacal y escolástico; la
conversación de los estrados rueda siempre sobre las procesiones, las fiestas
de los santos, sobre exámenes universitarios, profesión de monjas, recepción
de las borlas de doctor
Hasta dónde puede esto influir en el espíritu de un pueblo ocupado de
estas ideas durante dos siglos, no puede decirse; pero algo ha debido influir,
porque ya lo veis, el habitante de Córdoba tiende los ojos en torno suyo y no
ve el espacio; el horizonte está a cuatro cuadras de la plaza; sale por las
tardes a pasearse, y en lugar de ir y venir por una calle de álamos, espaciosa
y larga como la cañada de Santiago, que ensancha el ánimo y lo vivifica, da
vueltas en torno de un lago artificial de agua sin movimiento, sin vida, en
cuyo centro está un cenador de formas majestuosas, pero inmóvil,
estacionario: la ciudad es un claustro encerrado entre barrancas; el paseo es
un claustro con verjas de fierro; cada manzana tiene un claustro de monjas o
frailes; los colegios son claustros; la legislación que se enseña, la Teología;
toda la ciencia escolástica de la Edad Media es un claustro en que se encierra
y parapeta la inteligencia, contra todo lo que salga del texto y del comentario
Córdoba no sabe que existe en la tierra otra cosa que Córdoba; ha oído, es
verdad, decir que Buenos Aires está por ahí; pero si lo cree, lo que no sucede
siempre, pregunta: “¿Tiene Universidad?, pero será de ayer; veamos:
¿Cuántos conventos tiene? ¿Tiene paseo como éste? Entonces eso no es
nada”
“—¿Por qué autor estudian ustedes legislación allá?—, preguntaba el
grave doctor Jigena a un joven de Buenos Aires— —Por Bentham —¿Por
134
quién dice usted? ¿Por Benthamcito? —señalando con el dedo el tamaño del
volumen en dozavo, en que anda la edición de Bentham — ¡Por
Benthamcito! En un escrito mío hay más doctrina que en esos mamotretos
¡Qué Universidad y qué doctorzuelos! —¿Y ustedes por quién enseñan?—
¡Hoi!, ¿el cardenal de Luca?… ¿Qué dice usted?
—¡Diecisiete volúmenes en folio!…”
En verdad que el viajero que se acerca a Córdoba, busca y no encuentra
en el horizonte, la ciudad santa, la ciudad mística, la ciudad con capelo y
borlas de doctor Al fin, el arriero le dice: “Vea ahí…, abajo, entre los
pastos…” Y, en efecto, fijando la vista en el suelo, y a corta distancia, vense
asomar una, dos, tres, diez cruces seguidas de cúpulas y torres de los muchos
templos que decoran esta Pompeya de la España de la media edad
Por lo demás, el pueblo de la ciudad, compuesto de artesanos,
participaba del espíritu de las clases altas: el maestro zapatero se daba los
aires de doctor en zapatería y os enderezaba un texto latino al tomaros
gravemente la medida; el ergo andaba por las cocinas y en boca de los
mendigos y locos de la ciudad, y toda disputa entre ganapanes tomaba el
tono y forma de las conclusiones Añádase que durante toda la revolución,
Córdoba ha sido el asilo de los españoles en todas las demás partes
maltratados ¿Qué mella haría la revolución de 1810 en un pueblo educado
por los jesuitas y enclaustrado por la naturaleza, la educación y el arte? ¿Qué
asidero encontrarían las ideas revolucionarias, hijas de Rousseau, Mably,
Raynal y Voltaire, si por fortuna atravesaban la pampa para descender a la
catacumba española, en aquellas cabezas disciplinadas por el peripato para
hacer frente a toda idea nueva; en aquellas inteligencias que, como su paseo,
tenían una idea inmóvil en el centro, rodeada de un lago de aguas muertas,
que estorbaba penetrar hasta ellas?
Hacia los años de 1816, el ilustrado y liberal Deán Funes logró introducir
en aquella antigua Universidad, los estudios hasta entonces tan despreciados:
Matemáticas, Idiomas vivos, Derecho público, Física, Dibujo y Música La
juventud cordobesa empezó, desde entonces, a encaminar sus ideas por
nuevas vías, y no tardó mucho en dejarse sentir los efectos de lo que
135
trataremos en otra parte, porque por ahora, sólo caracterizo el espíritu
maduro, tradicional, que era el que predominaba
La revolución de 1810 encontró en Córdoba un oído cerrado, al mismo
tiempo que las provincias todas respondían a un tiempo al grito de: “¡A las
armas! ¡A la libertad!” En Córdoba, empezó Liniers a levantar ejércitos para
que fuesen a Buenos Aires, a ajusticiar la revolución; a Córdoba mandó la
Junta, uno de los suyos y sus tropas, a decapitar a la España Córdoba, en fin,
ofendida del ultraje, y esperando venganza y reparación, escribió con la
mano docta de la Universidad, y en el idioma del breviario y los
comentadores, aquel célebre anagrama que señalaba al pasajero la tumba de
los primeros realistas sacrificados en los altares de la patria:
CLAMOR
oncha
iniers odríguez
llendeorenorellana
LA TABLADA
LA Presidencia ha caído, en medio de los silbos y las rechiflas de sus
adversarios Dorrego, el hábil jefe de la oposición en Buenos Aires, es el
amigo de los gobiernos del interior, sus fautores y sostenedores en la
campaña parlamentaria en que logró triunfar En el exterior, la victoria
parece haberse divorciado de la República; y aunque sus armas no sufren
desastres en el Brasil, se siente por todas partes la necesidad de la paz La
oposición de los jefes del interior había debilitado el ejército, destruyendo o
negando los contingentes que debían reforzarlo En el interior reina una
tranquilidad aparente; pero el suelo parece removerse, y rumores extraños
turban la quieta superficie La prensa de Buenos Aires brilla con resplandores
siniestros; la amenaza está en el fondo de los artículos que se lanzan
diariamente oposición y Gobierno
La administración Dorrego siente que el vacío empieza a hacerse en
torno suyo; que el partido de la ciudad, que se ha denominado federal y lo ha
elevado, no tiene elementos para sostenerse con brillo después de la
Presidencia La administración Dorrego no había resuelto ninguna de las
cuestiones que tenían dividida la República, mostrando, por el contrario,
toda la impotencia del federalismo
Dorrego era porteño antes de todo ¿Qué le importaba el interior? El
ocuparse de sus intereses habría sido manifestarse unitario, es decir,
164
nacional Dorrego había prometido a los caudillos y pueblos, todo cuanto
podía afianzar la perpetuidad de los unos y favorecer los intereses de los
otros; elevado, empero, al Gobierno, “¿qué nos importa —decía allá en sus
círculos—, que los tiranuelos despoticen a esos pueblos? ¿Qué valen para
nosotros cuatro mil pesos anuales dados a López, diez y ocho mil a Quiroga,
para nosotros, que tenemos el puerto y la aduana, que nos produce millón y
medio, que el fatuo Rivadavia quería convertir en rentas nacionales?”
Porque no olvidemos que el sistema de aislamiento se traduce por una frase
cortísima: “cada uno para sí” ¿Pudo prever Dorrego y su partido que las
provincias vendrían un día a castigar a Buenos Aires, por haberles negado su
influencia civilizadora; y que, a fuerza de despreciar su atraso y su barbarie,
ese atraso y esa barbarie habían de penetrar en las calles de Buenos Aires,
establecerse allí y sentar sus reales en el Fuerte?
Pero Dorrego podía haberlo visto, si él o los suyos hubiesen tenido
mejores ojos Las provincias estaban ahí, a las puertas de la ciudad,
esperando la ocasión de penetrar en ella Desde los tiempos de la Presidencia,
los decretos de la autoridad civil encontraban una barrera impenetrable, en
los arrabales exteriores de la ciudad Dorrego había empleado como
instrumento de oposición esta resistencia exterior, y cuando su partido
triunfó, condecoró al aliado de extramuros con el dictado de Comandante
general de la Campaña ¿Qué lógica de hierro es ésta que hace escalón
indispensable para un caudillo su elevación a comandante de campaña?
Donde no existe este andamio, como sucedía entonces en Buenos Aires, se
levanta ex profeso, como si se quisiese, antes de meter el lobo en el redil,
exponerlo a las miradas de todos y elevarlo en los escudos
Dorrego, más tarde, encontró que el Comandante de Campaña, que
había estado haciendo bambolear la Presidencia y tan poderosamente había
contribuido a derrocarla, era una palanca aplicada constantemente al
Gobierno, y que, caído Rivadavia y puesto en su lugar Dorrego, la palanca
continuaba su trabajo de desquiciamiento Dorrego y Rosas están en
presencia el uno del otro, observándose y amenazándose Todos los del
círculo de Dorrego recuerdan su frase favorita: “¡El gaucho pícaro!” “Que
siga enredando —decía—, y el día menos pensado lo fusilo” ¡Así decían
165
también los Ocampos cuando sentían sobre su hombro la robusta garra de
Quiroga!
Indiferente para los pueblos del interior, débil con su elemento federal de
la ciudad y en lucha ya con el poder de la campaña que había llamado en su
auxilio, Dorrego, que ha llegado al Gobierno por la oposición parlamentaria
y la polémica, trata de atraerse a los unitarios, a quienes ha vencido Pero los
partidos no tienen ni caridad ni previsión Los unitarios se le ríen en las
barbas; se conjuran y se pasan la palabra: “Vacila —dicen—; dejémoslo
caer” Los unitarios no comprendían que con Dorrego venían replegándose a
la ciudad, los que habían querido hacerse intermediarios entre ellos y la
campaña, y que el monstruo de que huían no buscaba a Dorrego, sino a la
ciudad, a las instituciones civiles, a ellos mismos, que eran su más alta
expresión
En este estado de cosas, concluida la paz con el Brasil, desembarca la
primera división del ejército mandada por Lavalle Dorrego conocía el
espíritu de los veteranos de la Independencia, que se veían cubiertos de
heridas, encaneciendo bajo el peso del morrión, y, sin embargo, apenas eran
coroneles, mayores, capitanes; gracias si dos o tres habían ceñido la banda
de general, mientras que en el seno de la República, y sin traspasar jamás las
fronteras, había decenas de caudillos que en cuatro años habían elevádose de
gauchos malos a comandantes, de comandantes a generales, de generales a
conquistadores de pueblos y, al fin, a soberanos absolutos de ellos ¿Para qué
buscar otro motivo al odio implacable que bullía bajo las corazas de los
veteranos? ¿Qué les aguardaba después de que el nuevo orden de cosas les
había estorbado hacer, como ellos pretendían, ondear sus penachos por las
calles de la capital del Imperio del Brasil?
El 1o de diciembre amanecieron formados en la plaza de la Victoria los
cuerpos de línea desembarcados El gobernador Dorrego había tomado la
campaña, los unitarios llenaban las avenidas, hendiendo el aire con sus vivas
y sus gritos de triunfo Algunos días después, setecientos coraceros,
mandados por oficiales generales, salían por la calle del Perú, con rumbo a
la Pampa, a encontrar algunos millares de gauchos, indios amigos y alguna
fuerza regular, acaudillados por Dorrego y Rosas Un momento después,
166
estaba el campo de Navarro lleno de cadáveres, y al día siguiente, un bizarro
oficial, que hoy está al servicio de Chile, entregaba en el Cuartel general a
Dorrego, prisionero Una hora más tarde, el cadáver de Dorrego yacía
traspasado de balazos El jefe que había ordenado su ejecución anunció el
hecho a la ciudad en estos términos de abnegación y altanería:
“Participo al Gobierno Delegado que el coronel don Manuel Dorrego
acaba de ser fusilado por mi orden, al frente de los regimientos que
componen esta división
“La Historia, Señor Ministro, juzgará imparcialmente si el señor Dorrego
ha debido o no morir, y si al sacrificarlo a la tranquilidad de un pueblo
enlutado por él, puedo haber estado poseído de otro sentimiento que el del
bien público
“Quiera el pueblo de Buenos Aires persuadirse que la muerte del coronel
Dorrego es el mayor sacrificio que puedo hacer en su obsequio
“Saluda al Sr Ministro con toda consideración,
Juan Lavalle”
¿Hizo mal Lavalle?… Tantas veces lo han dicho, que sería fastidioso añadir
un sí, en apoyo de los que después de palpadas las consecuencias, han
desempeñado la fácil tarea de incriminar los motivos de donde procedieron
“Cuando el mal existe, es porque está en las cosas, y allí solamente ha de ir a
buscársele; si un hombre lo representa, haciendo desaparecer la
personificación, se le renueva César asesinado, renació más terrible en
Octavio” Sería un anacronismo oponer este sentir de L Blanc, expresado
antes por Lerminier y otros mil, enseñado por la Historia tantas veces a
nuestros partidos hasta 1829, educados con las exageradas ideas de Mably,
Raynal, Rousseau, sobre los déspotas, la tiranía y tantas otras palabras que
aún vemos quince años después formando el fondo de las publicaciones de
la prensa
Lavalle no sabía, por entonces, que matando el cuerpo no se mata el
alma, y que los personajes políticos traen su carácter y su existencia del
fondo de ideas, intereses y fines del partido que representan Si Lavalle, en
167
lugar de Dorrego, hubiese fusilado a Rosas, habría quizá ahorrado al mundo
un espantoso escándalo; a la humanidad, un oprobio, y a la República,
mucha sangre y muchas lágrimas; pero, aun fusilando a Rosas, la campaña
no habría carecido de representantes, y no se habría hecho más que cambiar
un cuadro histórico por otro Pero lo que hoy se afecta ignorar es que, no
obstante la responsabilidad puramente personal que del acto se atribuye
Lavalle, la muerte de Dorrego era una consecuencia necesaria de las ideas
dominantes entonces, y que, dando cima a esta empresa, el soldado,
intrépido hasta desafiar el fallo de la Historia, no hacía más que realizar el
voto confesado y proclamado del ciudadano Sin duda que nadie me atribuirá
el designio de justificar al muerto, a expensas de los que sobreviven, por
haberlo hecho, salvo, quizás, las formas; lo menos sustancial, sin duda, en
caso semejante ¿Qué había estorbado la proclamación de la Constitución de
1826, sino la hostilidad contra ella de Ibarra, López, Bustos, Quiroga, Ortiz,
los Aldao, cada uno dominando una provincia y algunos de ellos influyendo
sobre las demás? Luego, ¿qué cosa debía parecer más lógica en aquel tiempo
y para aquellos hombres lógicos a priori por educación literaria, sino allanar
el único obstáculo que, según ellos, se presentaba, para la suspirada
organización de la República? Estos errores políticos, que pertenecen a una
época más bien que a un hombre, son, sin embargo, muy dignos de
consideración; porque de ellos depende la explicación de muchos fenómenos
sociales Lavalle, fusilando a Dorrego, como se proponía fusilar a Bustos,
López, Facundo y los demás caudillos, respondía a una exigencia de su
época y de su partido
Todavía en 1834, había hombres en Francia que creían que haciendo
desaparecer a Luis Felipe, la República francesa volvería a alzarse gloriosa y
grande, como en tiempos pasados Acaso, también, la muerte de Dorrego fue
uno de esos hechos fatales, predestinados, que forman el nudo del drama
histórico, y que, eliminados, lo dejan incompleto, frío, absurdo Estábase
incubando, hacía tiempo, en la República, la guerra civil: Rivadavia la había
visto venir, pálida, frenética, armada de teas y de puñales; Facundo, el
caudillo más joven y emprendedor, había paseado sus hordas por las faldas
de los Andes y encerrádose, a su pesar, en su guarida; Rosas, en Buenos
168
Aires, tenía ya su trabajo maduro y en estado de ponerlo en exhibición; era
una obra de diez años, realizada en derredor del fogón del gaucho, en la
pulpería, al lado del cantor Dorrego estaba de más para todos: para los
unitarios, que lo menospreciaban; para los caudillos, a quienes era
indiferente; para Rosas, en fin, que ya estaba cansado de aguardar y de
surgir a la sombra de los partidos de la ciudad; que quería gobernar pronto,
incontinenti; en una palabra, pugnaba por producirse aquel elemento que no
era, porque no podía serlo, federal en el sentido estricto de la palabra;
aquello que se estaba removiendo y agitando desde Artigas hasta Facundo,
tercer elemento social, lleno de vigor y de fuerza, impaciente por
manifestarse en toda su desnudez, por medirse con las ciudades y la
civilización europea Si quitáis de la Historia la muerte de Dorrego,
¿Facundo habría perdido la fuerza de expansión que sentía rebullirse en su
alma, Rosas habría interrumpido la obra de personificación de la campaña,
en que estaba atareado, sin descanso ni tregua, desde mucho antes de
manifestarse en 1820, ni todo el movimiento iniciado por Artigas e
incorporado ya en la circulación de la sangre de la República? ¡No! Lo que
Lavalle hizo, fue dar con la espada, un corte al nudo gordiano en que había
venido a enredarse toda la sociabilidad argentina; dando una sangría, quiso
evitar el cáncer lento, la estagnación; poniendo fuego a la mecha, hizo que
reventase la mina por la mano de unitarios y federales, preparada de mucho
tiempo atrás
Desde este momento, nada quedaba que hacer para los tímidos, sino
taparse los oídos y cerrar los ojos Los demás vuelan a las armas por todas
partes y el tropel de los caballos hace retemblar la pampa, y el cañón enseña
su negra boca a la entrada de las ciudades
Me es preciso dejar a Buenos Aires, para volver al fondo de las demás
provincias, a ver lo que en ellas se prepara Una cosa debo notar, de paso, y
es que López, vencido en varios encuentros, solicita, en vano, una paz
tolerable; que Rosas piensa seriamente en trasladarse al Brasil 13 Lavalle se
niega a toda transacción, y sucumbe ¿No veis al unitario entero en este
desdén del gaucho, en esta confianza en el triunfo de la ciudad? Pero ya lo
he dicho: la montonera fue siempre débil en los campos de batalla, pero
169
terrible en una larga campaña Si Lavalle hubiera adoptado otra línea de
conducta, y conservado el
13 Tengo estos hechos de don Domingo de Oro, quien estaba por entonces al lado de
López, y servía de padrino a Rosas, muy desvalido para con aquél en aquellos
momentos — Nota de la 2.a edición
puerto en poder de los hombres de la ciudad, ¿qué habría sucedido?… El
gobierno de sangre de la pampa, ¿habría tenido lugar?
Facundo estaba en su elemento Una campaña debe abrirse; los chasques
se cruzan por todas partes; el aislamiento feudal va a convertirse en
confederación guerrera; todo es puesto en requisición para la próxima
campaña, y no es que sea necesario ir hasta las orillas del Plata, para
encontrar un buen campo de batalla, no: el general Paz, con ochocientos
veteranos, ha venido a Córdoba, batido y destrozado a Bustos, y
apoderándose de la ciudad, que está a un paso de los Llanos y que ya asedian
e importunan con su algazara, las montoneras de la sierra de Córdoba
Facundo apresura sus preparativos; arde por llegar a las manos, con un
general manco, que no puede manejar una lanza ni hacer describir círculos al
sable Ha vencido a Lamadrid; ¡qué podrá hacer Paz! De Mendoza debe
reunírsele don Félix Aldao con un regimiento de auxiliares perfectamente
equipados de colorado, y disciplinados; y no estando aún en línea una fuerza
de setecientos hombres de San Juan, Facundo se dirige a Córdoba con 4000
hombres, ansiosos de medir sus armas con los coraceros del 2 y los altaneros
jefes de línea
La batalla de la Tablada es tan conocida, que sus pormenores no
interesan ya En la Revista de Ambos Mundos se encuentra brillantemente
descrita; pero hay algo que debe notarse Facundo acomete la ciudad con
todo su ejército, y es rechazado, durante un día y una noche de tentativas de
asalto, por cien jóvenes dependientes de comercio, treinta artesanos
artilleros, dieciocho soldados retirados, seis coraceros enfermos, parapetados
detrás de zanjas hechas a la ligera y defendidas por sólo cuatro piezas de
artillería Sólo cuando anuncia su designio de incendiar la hermosa ciudad,
170
puede obtener que le entreguen la plaza pública, que es lo único que no está
en su poder Sabiendo que Paz se acerca, deja como inútil la infantería y
marcha a su encuentro, con las fuerzas de caballería, que eran, sin embargo,
de triple número que el ejército enemigo Allí fue el duro batallar, allí las
repetidas cargas de caballería; pero ¡todo inútil!
Aquellas enormes masas de jinetes que van a revolcarse sobre los
ochocientos veteranos tienen que volver atrás a cada minuto y volver a
cargar para ser rechazados de nuevo En vano la terrible lanza de Quiroga
hace en la retaguardia de los suyos, tanto estrago, como el cañón y la espada
de Ituzaingó hacen al frente ¡Inútil! En vano remolinean los caballos al
frente de las bayonetas y en la boca de los cañones ¡Inútil! Son las olas de
una mar embravecida que vienen a estrellarse, en vano, contra la inmóvil y
áspera roca: a veces, queda sepultada en el torbellino que en su derredor
levanta el choque; pero un momento después, sus crestas negras, inmóviles,
tranquilas, reaparecen, burlando la rabia del agitado elemento De
cuatrocientos auxiliares, sólo quedan sesenta; de seiscientos colorados, no
sobrevive un tercio, y los demás cuerpos sin nombre se han deshecho y
convertídose en una masa informe e indisciplinada, que se disipa por los
campos Facundo vuela a la ciudad, y al amanecer del día siguiente estaba,
como el tigre en acecho, con sus cañones e infantes; todo, empero, quedó
muy en breve terminado, y mil quinientos cadáveres patentizaron la rabia de
los vencidos y la firmeza de los vencedores
Sucedieron, en estos días de sangre, dos hechos que siguen, después,
repitiéndose Las tropas de Facundo mataron en la ciudad, al mayor Tejedor,
que llevaba en la mano una bandera parlamentaria; en la batalla del segundo
día, un coronel de Paz fusiló nueve oficiales prisioneros Ya veremos las
consecuencias
En la Tablada de Córdoba se midieron las fuerzas de la campaña y de la
ciudad, bajo sus más altas inspiraciones, Facundo y Paz, dignas
personificaciones de las dos tendencias que van a disputarse el dominio de la
República Facundo, ignorante, bárbaro, que ha llevado, por largos años, una
vida errante que sólo alumbran, de vez en cuando, los reflejos siniestros del
puñal que gira en torno suyo; valiente hasta la temeridad, dotado de fuerzas
171
hercúleas, gaucho de a caballo, como el primero, dominándolo todo por la
violencia y el terror, no conoce más poder que el de la fuerza brutal, no tiene
fe sino en el caballo; todo lo espera del valor, de la lanza, del empuje terrible
de sus cargas de caballería ¿Dónde encontraréis en la República Argentina
un tipo más acabado del ideal del gaucho malo? ¿Creéis que es torpeza dejar
en la ciudad su infantería y su artillería? No; es instinto, es gala de gaucho;
la infantería deshonraría el triunfo, cuyos laureles debe coger desde a caballo
Paz es, por el contrario, el hijo legítimo de la ciudad, el representante
más cumplido del poder de los pueblos civilizados Lavalle, Lamadrid y
tantos otros, son argentinos siempre, soldados de caballería, brillantes como
Murat, si se quiere; pero el instinto gaucho se abre paso por entre la coraza y
las charreteras Paz es militar a la europea: no cree en el valor solo, si no se
subordina a la táctica, a la estrategia y a la disciplina; apenas sabe andar a
caballo; es, además, manco, y no puede manejar una lanza La ostentación de
fuerzas numerosas le incomoda; pocos soldados, pero bien instruidos
Dejadle formar un ejército, esperad que os diga: “ya está en estado”, y
concededle que escoja el terreno en que ha de dar la batalla, y podéis fiarle,
entonces, la suerte de la República Es el espíritu guerrero de la Europa, hasta
en el arma que ha servido: es artillero, y, por tanto, matemático, científico,
calculador Una batalla es un problema que resolverá por ecuaciones, hasta
daros la incógnita, que es la victoria El general Paz no es un genio, como el
artillero de Tolón, y me alegro de que no lo sea; la libertad pocas veces tiene
mucho que agradecer a los genios Es un militar hábil y un administrador
honrado, que ha sabido conservar las tradiciones europeas y civiles, y que
espera de la ciencia, lo que otros aguardan de la fuerza brutal; es, en una
palabra, el representante legítimo de las ciudades, de la civilización europea,
que estamos amenazados de ver interrumpida en nuestra patria ¡Pobre
general Paz! ¡Gloriaos en medio de vuestros repetidos contratiempos! ¡Con
vos andan los penates de la República Argentina! Todavía el destino no ha
decidido entre vos y Rosas, entre la ciudad y la pampa, entre la banda
celeste y la cinta colorada ¡Tenéis la única cualidad de espíritu que vence, al
fin, la resistencia de la materia bruta, la que hizo el poder de los mártires!
172
Tenéis fe ¡Nunca habéis dudado! ¡La fe os salvará y en vos confía la
civilización!
Algo debe haber de predestinado en este hombre Desprendido del seno
de una revolución mal aconsejada como la del 1 o de diciembre, él es el único
que sabe justificarla con la victoria; arrebatado de la cabeza de su ejército,
por el poder sublime del gaucho, anda de prisión en prisión, diez años, y
Rosas mismo no se atreve a matarlo, como si un ángel tutelar velara sobre la
conservación de sus días Escapado como por milagro, en medio de una
noche tempestuosa, las olas agitadas del Plata le dejan, al fin, tocar la ribera
oriental; rechazado aquí, desairado allá, le entregan, al fin, las fuerzas
extenuadas de una provincia que ha visto sucumbir, ya, dos ejércitos De
estas migajas, que recoge con paciencia y prolijidad, forma sus medios de
resistencia, y cuando los ejércitos de Rosas han triunfado por todas partes y
llevado el terror y las matanzas a todos los confines de la República, el
general manco, el general boleado, grita desde los pantanos de Caaguazú:
“¡la República vive aún!” Despojado de sus laureles, por la mano de los
mismos a quienes ha salvado, y arrojado indignamente de la cabeza de su
ejército, se salva de entre sus enemigos en el Entre Ríos, porque el cielo
desencadena sus elementos para protegerlo, y porque el gaucho del bosque
Montiel, no se atreve a matar al buen manco que no mata a nadie Llegado a
Montevideo, sabe que Ribera ha sido derrotado, acaso porque él no estuvo
para enredar al enemigo con sus propias maniobras Toda la ciudad,
consternada, se agolpa a su humilde morada de fugitivo, a pedirle una
palabra de consuelo, una vislumbre de esperanza “Si me dieran veinte días,
no toman la plaza”, es la única respuesta que da, sin entusiasmo, pero con la
seguridad del matemático Dale Oribe lo que Paz le pide, y tres años van
corriendo desde aquel día de consternación para Montevideo
Cuando ha afirmado bien la plaza y habituado a la guarnición
improvisada a pelear diariamente, como si fuese ésta una ocupación como
cualquiera otra de la vida, vase al Brasil, se detiene en la Corte más tiempo
que el que sus parciales desearan, y cuando Rosas esperaba verlo bajo la
vigilancia de la policía imperial, sabe que está en Corrientes, disciplinando
seis mil hombres, que ha celebrado una alianza con el Paraguay, y más tarde
173
llega a sus oídos que el Brasil ha invitado a la Francia y a la Inglaterra, para
tomar parte en la lucha: de manera que la cuestión entre la campaña pastora
y las ciudades se ha convertido, al fin, en cuestión entre el manco
matemático, el científico Paz y el gaucho bárbaro Rosas; entre la pampa por
un lado, y Corrientes, el Paraguay, el Uruguay, el Brasil, la Inglaterra y la
Francia por otro
Lo que más honra a este general, es que los enemigos a quienes ha
combatido no le tienen ni rencor ni miedo La Gaceta de Rosas, tan pródiga
en calumnias y difamaciones, no acierta a injuriarlo con provecho,
descubriendo, a cada paso, el respeto que a sus detractores inspira; llámale
manco boleado, castrado, porque siempre ha de haber una brutalidad y una
torpeza mezclada con los gritos sangrientos del Caribe Si fuese a penetrarse
en lo íntimo del corazón de los que sirven a Rosas, se descubriría la afección
que todos tienen al general Paz, y los antiguos federales no han olvidado que
él era el que estaba siempre protegiéndolos, contra el encono de los antiguos
unitarios ¡Quién sabe si la Providencia, que tiene en sus manos la suerte de
los Estados, ha querido guardar este hombre, que tantas veces ha escapado a
la destrucción, para volver a reconstruir la República, bajo el imperio de las
leyes que permiten la libertad sin la licencia y que hacen inútil el terror y las
violencias que los estúpidos necesitan para mandar! Paz es provinciano, y
como tal, tiene ya una garantía de que no sacrificaría las provincias a Buenos
Aires y al puerto, como lo hace, hoy, Rosas, para tener millones con que
empobrecer y barbarizar a los pueblos del interior; como los federales de las
ciudades, acusaban al Congreso de 1826
El triunfo de la Tablada abría una nueva época para la ciudad de
Córdoba, que hasta entonces, según el mensaje pasado a la Representación
provincial por el general Paz, “había ocupado el último lugar entre los
pueblos argentinos” “Recordad que ha sido —continúa el mensaje— donde
se han cruzado las medidas y puesto obstáculos a todo lo que ha tenido
tendencia a constituir la nación o esta misma provincia, ya sea bajo el
sistema federal, ya bajo el unitario”
Córdoba, como todas las ciudades argentinas, tenía su elemento liberal,
ahogado, hasta entonces, por un gobierno absoluto y quietista, como el de
174
Bustos Desde la entrada de Paz, este elemento oprimido se manifiesta en la
superficie, mostrando cuánto se ha robustecido durante los nueve años de
aquel gobierno español
He pintado antes en Córdoba, el antagonista en ideas a Buenos Aires;
pero hay una circunstancia que la recomienda poderosamente para el
porvenir La ciencia es el mayor de los títulos para el cordobés: dos siglos de
Universidad han dejado en las conciencias, esta civilizadora preocupación
que no existe tan hondamente arraigada en las otras provincias del interior;
de manera, que no bien cambiada la dirección y materia de los estudios,
pudo Córdoba contar ya con un mayor número de sostenedores de la
civilización, que tiene, por causa y efecto, el dominio y cultivo de la
inteligencia
Ese respeto a las luces, ese valor tradicional concedido a los títulos
universitarios, desciende, en Córdoba, hasta las clases inferiores de la
sociedad, y no de otro modo puede explicarse, cómo las masas cívicas de
Córdoba abrazaron la revolución civil que traía Paz, con un ardor que no se
ha desmentido diez años después, y que ha preparado millares de víctimas
de entre las clases artesana y proletaria de la ciudad, a la ordenada y fría
rabia del mazorquero Paz traía consigo un intérprete para entenderse con las
masas cordobesas de la ciudad: Barcala, el coronel negro, que tan
gloriosamente se había ilustrado en el Brasil, y que se paseaba del brazo con
los jefes del ejército Barcala, el liberto consagrado, durante tantos años, a
mostrar a los artesanos el buen camino, y a hacerles amar una revolución
que no distinguía ni color ni clase para condecorar el mérito; Barcala fue el
encargado de popularizar el cambio de ideas y miras obrado en la ciudad, y
lo consiguió más allá de lo que se creía deber esperarse Los cívicos de
Córdoba pertenecen, desde entonces, a la ciudad, al orden civil, a la
civilización
La juventud cordobesa se ha distinguido en la actual guerra, por la
abnegación y constancia que ha desplegado, siendo infinito el número de los
que han sucumbido en los campos de batalla, en las matanzas de la mazorca,
y mayor aun, el de los que sufren los males de la expatriación En los
combates de San Juan, quedaron las calles sembradas de esos doctores
175
cordobeses, a quienes barrían los cañones que intentaban arrebatar al
enemigo
Por otra parte, el clero, que tanto había fomentado la oposición al
Congreso y a la Constitución, había tenido sobrado tiempo para medir el
abismo a que conducían la civilización, los defensores del culto exclusivo de
la clase de Facundo, López y demás, y no vaciló en prestar adhesión
decidida al general Paz
Así, pues, los doctores como los jóvenes, el clero como las masas, aparecieron,
desde luego, unidos bajo un solo sentimiento, dispuestos
a sostener los principios proclamados por el nuevo orden de cosas
177
Paz pudo contraerse, ya, a reorganizar la provincia y a anudar relaciones de amistad
con las otras Celebróse un tratado con López, de Santa Fe, a quien don Domingo de
Oro inducía a aliarse con el general Paz; Salta y Tucumán lo estaban, ya, antes de la
Tablada, quedando sólo las provincias occidentales, en estado de hostilidad
178
10 GUERRA SOCIAL
Que cherchez-vous? Si vous êtes jaloux de voir un
assemblage effrayant de maux et d’horreurs vous
l’avez trouvé.
SHAKESPEARE
ONCATIVO
¿QUÉ había sido de Facundo, entre tanto? En la Tablada lo había dejado
todo: armas, jefes, soldados, reputación; todo, excepto la rabia y el valor
Moral, gobernador de La Rioja, sorprendido por la noticia de tamaño
descalabro, se aprovecha de un ligero pretexto para salir fuera de la ciudad,
dirigiéndose hacia Los Pueblos, y desde Sañogasta dirige un oficio a
Quiroga, cuya llegada supo allí, ofreciéndole los recursos de la provincia
Antes de la expedición a Córdoba, las relaciones entre ambos jefes de la
provincia, el Gobernador nominal y el caudillo, el mayordomo y el señor,
habían aparecido resfriadas Facundo no había encontrado tanto armamento
como el que resultaba de los cómputos que podían hacerse, sumando el que
existía en la provincia en tal época, más el traído de Tucumán, de San Juan,
de Catamarca, etc Otra circunstancia singular agrava las sospechas que en el
ánimo de Quiroga pesan contra el Gobernador Sañogasta es la casa señorial
de los Doria, Dávila, enemigos de Facundo, y el gobernador, previendo las
consecuencias que el espíritu suspicaz de Facundo deducirá de la fecha y
lugar del oficio, lo data de Uanchin, punto distante cuatro leguas Sabe,
empero, Quiroga, que es de Sañogasta de donde le escribía Moral, y toda
duda queda aclarada Bárcena, un instrumento odioso de matanzas que él ha
adquirido en Córdoba, y Fontanel, salen con partidas a recorrer Los Pueblos
y prender a todos los vecinos acomodados que encuentren La batida, sin
embargo, no ha sido feliz: la caza ha husmeado a los lebreles, y huye
despavorida en todas direcciones Las partidas volvieron con sólo once
vecinos, que fueron fusilados en el acto Don Inocencio Moral, tío del
gobernador, con dos hijos, uno de catorce años de edad y el otro de veinte;
179
Ascueta, Gordillo, Cantos (chileno), Sotomayor, Barrios, otro Gordillo,
Corro, transeúnte de San Juan, y Pasos, fueron las víctimas de aquella
jornada El último, don Mariano Pasos, había experimentado ya, en otra
ocasión, el resentimiento de Quiroga Al salir para una de sus primeras
excursiones, había dicho aquél a un señor Rincón, comerciante como él, al
ver el desaliño y desorden de las tropas: “¡Qué gente para ir a pelear!”
Sabido esto por Quiroga, hace llamar a ambos aristarcos, cuelga al primero
en un pilar de las casas de Cabildo, y le hace dar doscientos azotes, mientras
que el otro permanece con los calzones quitados, para recibir su parte, de
que Quiroga le hace merced Más tarde, este agraciado fue gobernador de La
Rioja, y muy adicto al general
El gobernador Moral, sabiendo lo que le aguardaba, huyó, pues, de la
provincia; bien que más tarde recibió setecientos azotes, por ingrato; pues
este mismo Moral es el que participó de los 18000 pesos arrancados a
Dorrego
Aquel Bárcena de que hablé antes, fue el encargado de asesinar al
comisionado de la Compañía inglesa de minas Le he oído yo mismo los
horribles pormenores del asesinato, cometido en su propia casa, apartando a
la mujer y los hijos, para que dejasen paso a las balas y a los sablazos Este
mismo Bárcena era el jefe de la mazorca que acompañó a Oribe a Córdoba,
y que en un baile que se daba en celebración del triunfo sobre Lavalle, hacía
rodar por el salón, las cabezas ensangrentadas de tres jóvenes cuyas familias
estaban allí Porque debe tenerse presente, que el ejército que vino a
Córdoba, en persecución de Lavalle, traía una compañía de mazorqueros que
llevaban, al costado izquierdo, la cuchilla convexa, a manera de una pequeña
cimitarra, que Rosas mandó hacer ex profeso en las cuchillerías de Buenos
Aires, para degollar hombres
¿Qué motivo tuvo Quiroga para estas atroces ejecuciones? Dícese que en
Mendoza dijo a Oro, que su único objeto había sido aterrar Cuéntase que,
continuando las matanzas en la campaña sobre infelices campesinos, sobre
el que acertaba a pasar por Atiles, campamento general, uno de los
Villafañes le dijo, con el acento de la compasión, del temor y de la súplica:
“¿Hasta cuándo, mi general?” —“No sea usted bárbaro —contestó Quiroga
180
—; ¿cómo me rehago sin esto?” He aquí su sistema todo entero: el terror
sobre el ciudadano, para que abandone su fortuna; el terror sobre el gaucho,
para que con su brazo sostenga una causa que ya no es la suya; el terror
suple a la falta de actividad y de trabajo para administrar, suple al
entusiasmo, suple a la estrategia, suple a todo Y no hay que alucinarse: el
terror es un medio de gobierno que produce mayores resultados que el
patriotismo y la espontaneidad La Rusia lo ejercita desde los tiempos de
Iván, y ha conquistado todos los pueblos bárbaros; los bandidos de los
bosques obedecen al jefe que tiene en su mano esta coyunda que domeña las
cervices más altivas Es verdad que degrada a los hombres, los empobrece,
les quita toda elasticidad de ánimo; que en un día, en fin, arranca a los
Estados lo que habrían podido dar en diez años; pero, ¿qué importa todo esto
al Zar de las Rusias, al jefe de bandidos, o al caudillo argentino?
Un bando de Facundo ordenó que todos los habitantes de la ciudad de La
Rioja emigrasen a los Llanos, so pena de la vida, y esta orden se cumplió al
pie de la letra El enemigo implacable de la ciudad temía no tener tiempo
suficiente para irla matando poco a poco, y le da el golpe de gracia ¿Qué
motiva esta inútil emigración? ¿Temía Quiroga? ¡Oh, sí, temía en este
momento! En Mendoza levantaban un ejército los unitarios, que se habían
apoderado del Gobierno; Tucumán y Salta estaban al norte, y al oriente,
Córdoba, la Tablada y Paz; estaba, pues, cercado, y una batida general podía,
al fin, empacar al Tigre de los Llanos
Facundo había hecho alejar ganados hacia la cordillera, mientras que
Villafañe acudía a Mendoza con fuerzas en apoyo de los Aldao, y él
aglomeraba sus nuevos reclutas en Atiles Estos terroristas tienen también sus
momentos de terror: Rosas también lloraba como un chiquillo y se daba
contra las paredes cuando supo la revolución de Chascomús, y once enormes
baúles entraban en su casa para recoger sus efectos, y embarcarse una hora
antes de que le llegara la noticia del triunfo de Álvarez ¡Pero, por Dios! ¡No
asustéis nunca a los terroristas! ¡Ay de los pueblos desde que el conflicto
pasa! ¡Entonces son las matanzas de septiembre y la exposición en el
mercado de pirámides de cabezas humanas!
181
Quedaban en La Rioja, no obstante de la orden de Facundo, una niña y
un sacerdote: la Severa y el padre Colina La historia de la Severa Villafañe
es un romance lastimero, es un cuento de hadas, en que la más hermosa
princesa de sus tiempos anda errante y fugitiva, disfrazada de pastora unas
veces, mendigando un asilo y un pedazo de pan en otras, para escapar a las
asechanzas de algún gigante espantoso, de algún sanguinario Barba Azul La
Severa ha tenido la desgracia de excitar la concupiscencia del tirano, y no
hay quien la valga para librarse de sus feroces halagos No es sólo virtud lo
que la hace resistir a la seducción: es repugnancia invencible, instintos bellos
de mujer delicada, que detesta los tipos de la fuerza brutal, porque teme que
ajen su belleza Una mujer bella trocará muchas veces un poco de deshonor
propio, por un poco de la gloria que rodea a un hombre célebre; pero de esa
gloria noble y alta que para descollar sobre los hombres, no necesita de
encorvarlos ni envilecerlos, a fin de que, en medio de tanto matorral rastrero,
pueda alcanzarse a ver el arbusto espinoso y descolorido No es otra la causa
de la fragilidad de la piadosa Mme de Maintenon, la que se atribuye a Mme
Roland, y tantas otras mujeres que hacen el sacrificio de su reputación, por
asociarse a nombres esclarecidos La Severa resiste años enteros Una vez,
escapa de ser envenenada por su Tigre, en una pasa de higo; otra, el mismo
Quiroga, despechado, toma opio para quitarse la vida Un día se escapaba de
las manos de los asistentes del general, que van a extenderla de pies y manos
en una muralla, para alarmar su pudor; otro, Quiroga la sorprende en el patio
de su casa, la agarra de un brazo, la baña en sangre a bofetadas, la arroja por
tierra y con el tacón de la bota le quiebra la cabeza ¡Dios mío! ¿No hay
quien favorezca a esta pobre niña? ¿No tiene parientes? ¿No tiene amigos?
¡Sí tal! Pertenece a las primeras familias de La Rioja: el general Villafañe es
su tío; tiene hermanos, que presencian estos ultrajes; hay un cura que le
cierra la puerta cuando viene a esconder su virtud detrás del santuario La
Severa huye al fin a Catamarca y se encierra en un beaterio Dos años
después, pasaba por allí Facundo, y manda que se abra el asilo y la superiora
traiga a su presencia a las reclusas Una hubo que dio un grito al verlo y cayó
exánime ¿No es éste un lindo romance? ¡Era la Severa!
182
Pero vamos a Atiles, donde se está preparando un ejército para ir a
recobrar la reputación perdida en la Tablada; porque no se trata sino de
reputación del gaucho cargador Dos unitarios de San Juan han caído en su
poder: un joven Castro y Calvo, chileno, y un Alejandro Carril Quiroga
pregunta al uno: “¿Cuánto da por su vida?” —“Veinticinco mil pesos”—
contesta temblando —“Y usted, ¿cuánto da?” —dice al otro— “Yo sólo
puedo dar cuatro mil; soy comerciante y nada más poseo” Mandan traerse
las sumas de San Juan, y ya hay treinta mil pesos para la guerra; reunidos a
tan poca costa Mientras el dinero llega, Facundo los aloja bajo un algarrobo,
los ocupa en hacer cartuchos, pagándoles dos reales diarios por su trabajo
El Gobierno de San Juan tiene conocimiento de los esfuerzos que la
familia de Carril hace para mandar el rescate y se aprovecha del
descubrimiento Gobierno de ciudadanos, aunque federal, no se atreve a
fusilar ciudadanos y se siente impotente para arrancar dinero a los unitarios
El Gobierno intima orden de salir para Atiles, a los presos que pueblan las
cárceles; las madres y las esposas saben lo que significa Atiles, y unas
primero y otras después, logran reunir las sumas pedidas, para hacer volver a
sus deudos, del camino que conduce a la guarida del Tigre Así, Quiroga,
gobierna a San Juan con sólo su terrorífico nombre
Cuando los Aldao están fuertes en Mendoza y no ha dejado en La Rioja
un solo hombre, viejo o joven, soltero o casado, en estado de llevar armas,
Facundo se transporta a San Juan a establecer en aquella población rica,
entonces, en unitarios acaudalados, sus cuarteles generales Llega y hace dar
seiscientos azotes a un ciudadano notable por su influencia, sus talentos y su
fortuna Facundo anda en persona al lado del cañón que lleva la víctima
moribunda, por las cuatro esquinas de la plaza, porque Facundo es muy
solícito en esta parte de la administración; no es como Rosas, que desde el
fondo de su gabinete, donde está tomando mate, expide a la mazorca las
órdenes que debe ejecutar, para achacar después al entusiasmo federal del
pobre pueblo, todas las atrocidades con que ha hecho estremecer a la
humanidad No creyendo aún bastante este paso previo a toda otra medida,
Facundo hace traer un viejecito cojo, a quien se acusa o no se acusa de haber
servido de baqueano a algunos prófugos, y lo hace fusilar en el acto, sin
183
confesión, sin permitirle una palabra, porque el Enviado de Dios no se cuida
siempre de que sus víctimas se confiesen
Preparada así la opinión pública, no hay sacrificios que la ciudad de San
Juan no esté pronta a hacer en defensa de la federación; las contribuciones se
distribuyen sin réplica; salen armas de debajo de tierra; Facundo compra
fusiles, sables a quien se los presenta Los Aldao triunfan de la incapacidad
de los unitarios, por la violación de los tratados del Pilar, y entonces Quiroga
pasa a Mendoza Allí era el terror inútil: las matanzas diarias ordenadas por
el fraile, de que di detalles en su biografía, tenían helada como un cadáver a
la ciudad; pero Facundo necesitaba confirmar allí, el espanto que su nombre
infundía por todas partes Algunos jóvenes sanjuaninos han caído
prisioneros; éstos, por lo menos, le pertenecen A uno de ellos manda hacer
esta pregunta: “¿Cuántos fusiles puede entregar dentro de cuatro días?” El
joven contesta que si se le da tiempo para mandar a Chile a procurarlos y a
su casa, para recolectar fondos, verá lo que puede hacer Quiroga reitera la
pregunta, pidiendo que conteste categóricamente —“¡Ninguno!” Un minuto
después llevaban a enterrar el cadáver, y seis sanjuaninos más le seguían a
cortos intervalos La pregunta sigue haciéndose, de palabra o por escrito, a
los prisioneros mendocinos, y las respuestas son más o menos satisfactorias
Un reo de más alto carácter se presenta: el general Alvarado ha sido
aprehendido Facundo lo hace traer a su presencia —“Siéntese, general —le
dice—; ¿en cuántos días podrá entregarme seis mil pesos por su vida? —En
ninguno, señor: no tengo dinero —¡Eh!, pero tiene usted amigos, que no lo
dejarán fusilar —No tengo, señor; yo era un simple transeúnte por esta
provincia cuando, forzado por el voto público, me hice cargo del gobierno
—¿Para dónde quiere usted retirarse? —continúa después de un momento de
silencio —Para donde S E lo ordene —Diga usted, ¿adónde quiere ir? —
Repito que donde se me ordene —¿Qué le parece San Juan? — Bien, señor
—¿Cuánto dinero necesita? —Gracias, señor; no necesito” —Facundo se
dirige a un escritorio, abre dos gavetas henchidas de oro y retirándose, le
dice: “Tome, general, lo que necesite —Gracias, señor, nada” Una hora
después, el coche del general Alvarado estaba a la puerta de su casa, cargado
con su equipaje y el general Villafañe que debía acompañarlo a San Juan,
184
donde a su llegada, le entregó cien onzas de oro de parte del general
Quiroga, suplicándole que no se negase a admitirlas
Como se ve, el alma de Facundo no estaba del todo cerrada a las nobles
inspiraciones Alvarado era un antiguo soldado, un general grave y
circunspecto, y poco mal le había causado Más tarde decía de él: “Este
general Alvarado es un buen militar, pero no entiende nada de esta guerra
que hacemos nosotros”
En San Juan le trajeron un francés, Barreau, que había escrito de él, lo
que un francés puede escribir Facundo le pregunta si es el autor de los
artículos que tanto le han herido, y con la respuesta afirmativa
—“¿Qué espera usted ahora? —replica Quiroga —Señor, la muerte — Tome
usted esas onzas y váyase enhoramala”
En Tucumán estaba Quiroga tendido sobre un mostrador —“¿Dónde está
el general? —le pregunta un andaluz que se ha achispado un poco, para salir
con honor del lance —Ahí dentro; ¿qué se le ofrece? —Vengo a pagar
cuatrocientos pesos que me ha puesto de contribución… ¡Como no le cuesta
nada a ese animal! —¿Conoce, patrón, al general? —Ni quiero conocerlo,
¡forajido! —Pase adelante; tomemos un trago de caña” Más avanzado estaba
este original diálogo, cuando un ayudante se presenta, y dirigiéndose a uno
de los interlocutores: —“Mi general —le dice —¡Mi general!… —repite el
andaluz abriendo un palmo de boca —Pues qué… ¿sois vos el general? …
¡Canario! Mi general —continúa hincándose de rodillas—, soy un pobre
diablo, pulpero… ¡qué quiere V S!…; me arruina…, pero el dinero está
pronto…; vamos…, ¡no hay que enfadarse!” Facundo se echa a reír, lo
levanta, lo tranquiliza y le entrega su contribución tomando sólo doscientos
pesos prestados, que le devuelve religiosamente más tarde Dos años
después, un mendigo paralítico le gritaba en Buenos Aires: —“Adiós, mi
general; soy el andaluz de Tucumán, estoy paralítico” Facundo le dio seis
onzas
Estos rasgos prueban la teoría que el drama moderno ha explotado con
tan brillo, a saber: que aun en los caracteres históricos más negros, hay
siempre una chispa de virtud que alumbra por momentos y se oculta Por otra
185
parte, ¿por qué no ha de hacer el bien, el que no tiene freno que contenga sus
pasiones? Esta es una prerrogativa del poder como cualquiera otra
Pero volvamos a tomar el hilo de los acontecimientos públicos Después
de inaugurado el terror en Mendoza, de un modo tan solemne, Facundo se
retira al Retamo, adonde los Aldao llevan la contribución de cien mil pesos
que han arrancado a los unitarios aterrados Allí estaba la mesa de juego que
acompañaba siempre a Quiroga; allí acuden los aficionados del partido; allí,
en fin, es el trasnochar a la claridad opaca de las antorchas En medio de
tantos horrores y de tantos desastres, el oro circula allí a torrentes, y
Facundo gana, al fin de quince días, los cien mil pesos de la contribución,
los muchos miles que guardan sus amigos federales y cuanto puede
apostarse a una carta La guerra, empero, pide erogaciones, y vuelven a
trasquilar las ovejas antes trasquiladas Esta historia de las jugarretas famosas
del Retamo, en que hubo noche que ciento treinta mil pesos estaban sobre la
carpeta, es la historia de toda la vida de Quiroga “Mucho se juega, general
—le decía un vecino en su última expedición a Tucumán —¡Eh!, ¡esto es
una miseria! ¡En Mendoza y San Juan podía uno divertirse! ¡Allí sí corría
dinero! Al fraile le gané una noche cincuenta mil pesos; al clérigo Lima,
otra, veinticinco mil; ¿pero esto?…, ¡éstas son pij…!”
Un año se pasa en estos aprestos de guerra, y al fin en 1830, sale un
nuevo y formidable ejército para Córdoba, compuesto de las divisiones
reclutadas en La Rioja, San Juan, Mendoza y San Luis El general Paz,
deseoso de evitar la efusión de sangre, aunque estuviese seguro de agregar
un nuevo laurel a los que ya ceñían sus sienes, mandó al mayor Paunero,
oficial lleno de prudencia, energía y sagacidad, al encuentro de Quiroga,
proponiéndole no sólo la paz, sino una alianza Créese que Quiroga iba
dispuesto a abrazar cualquier coyuntura de transacción; pero las sugestiones
de la Comisión mediadora de Buenos Aires, que no traía otro objeto que
evitar toda transacción, y el orgullo y la presunción de Quiroga, que se veía
a la cabeza de un nuevo ejército, más poderoso y mejor disciplinado que el
primero, le hicieron rechazar las propuestas pacíficas del modesto general
Paz
186
Facundo, esta vez, había combinado algo que tenía visos de plan de
campaña Inteligencias establecidas en la Sierra de Córdoba habían
sublevado la población pastora; el general Villafañe se acercaba por el norte,
con una división de Catamarca, mientras que Facundo caía por el sur Poco
esfuerzo de penetración costó al general Paz para penetrar los designios de
Quiroga y dejarlos burlados Una noche desapareció el ejército de las
inmediaciones de Córdoba; nadie podía darse cuenta de su paradero; todos
lo habían encontrado, aunque en diversos lugares y a la misma hora Si
alguna vez se ha realizado en América, algo parecido a las complicadas
combinaciones estratégicas de las campañas de Bonaparte en Italia, es en
esta vez en que Paz hacía cruzar la Sierra de Córdoba por cuarenta
divisiones, de manera que los prófugos de un combate fuesen a caer en
manos de otro cuerpo, apostado al efecto, en lugar preciso e inevitable La
montonera, aturdida, envuelta por todas partes, con el ejército a su frente, a
sus costados, a su retaguardia, tuvo que dejarse coger en la red que se le
había tendido, y cuyos hilos se movían a reloj, desde la tienda del general
La víspera de la batalla de Oncativo aún no habían entrado en línea,
todas las divisiones de esta maravillosa campaña de quince días, en la que
habían obrado combinadamente, en un frente de cien leguas Omito dar
pormenores sobre aquella memorable batalla en que el general Paz, para dar
valor a su triunfo, publicaba en el Boletín, la muerte de setenta de los suyos,
no obstante no haber perdido sino doce hombres en un combate, en que se
encontraban ocho mil soldados y veinte piezas de artillería Una simple
maniobra había derrotado al valiente Quiroga, y tantos horrores, tantas
lágrimas derramadas para formar aquel ejército, habían terminado en dar a
Facundo una temporada de jugarretas y a Paz algunos miles de prisioneros
inútiles
188
11 GUERRA SOCIAL
Un cheval! Vite un cheval!… Mon royaume pour un
cheval!
SHAKESPEARE
CHACÓN
FACUNDO, el gaucho malo de los Llanos, no vuelve a sus pagos esta vez,
que se encamina hacia Buenos Aires y debe a esta dirección imprevista de su
fuga salvar de caer en manos de sus perseguidores Facundo ha visto que
nada le queda que hacer en el interior; no hay, esta vez, tiempo de martirizar
y estrujar a los pueblos para que den recursos sin que el vencedor llegue por
todas partes en su auxilio
Esta batalla de Oncativo, o la Laguna Larga, era muy fecunda en
resultados; por ella, Córdoba, Mendoza, San Juan, San Luis, La Rioja,
Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy quedaban libres de la dominación de
caudillos La unidad de la República, propuesta por Rivadavia por las vías
parlamentarias, empezaba a hacerse efectiva desde Córdoba, por medio de
las armas, y el general Paz, al efecto, reunió un Congreso de agentes de
aquellas provincias, para que acordasen lo que más conviniera para darse
instituciones Lavalle había sido menos afortunado en Buenos Aires, y Rosas,
que estaba destinado a hacer un papel tan sombrío y espantoso en la historia
argentina, ya empezaba a influir en los negocios públicos y gobernaba la
ciudad Quedaba, pues, la República dividida en dos fracciones: una en el
interior, que deseaba hacer capital de la Unión a Buenos Aires; otra en
Buenos Aires, que fingía no querer ser capital de la República, a no ser que
abjurase la civilización europea y el orden civil
La batalla aquella había dejado en descubierto otro grande hecho, a
saber: que la montonera había perdido su fuerza primitiva, y que los
ejércitos de las ciudades podían medirse con ella y destruirla Este es un
hecho fecundo en la historia argentina A medida que el tiempo pasa, las
bandas pastoras pierden su espontaneidad primitiva Facundo necesita ya de
189
terror para moverlas, y en batalla campal se presentan, como azoradas, en
presencia de las tropas disciplinadas y dirigidas por las máximas estratégicas
que el arte europeo ha enseñado a los militares de las ciudades En Buenos
Aires, empero, el resultado es diverso: Lavalle, no obstante su valor, que
ostenta en el Puente de Márquez y en todas partes; no obstante sus
numerosas tropas de línea, sucumbe al fin de la campaña, encerrado en el
recinto de la ciudad por los millares de gauchos que han aglomerado Rosas y
López; y por un tratado que tiene, al fin, los efectos de una capitulación, se
desnuda de la autoridad, y Rosas penetra en Buenos Aires ¿Por qué es
vencido Lavalle? No por otra razón, a mi juicio, sino porque es el más
valiente oficial de caballería que tiene la República Argentina; es el general
argentino y no el general europeo; las cargas de caballería han hecho su
fama romancesca
Cuando la derrota de Torata, o Moquegá, no recuerdo bien, Lavalle,
protegiendo la retirada del ejército, da cuarenta cargas en día y medio, hasta
que no le quedan veinte soldados para dar otra No recuerdo si la caballería
de Murat hizo jamás un prodigio igual Pero ved las consecuencias funestas
que para la República traen estos hechos Lavalle, en 1839, recordando que la
montonera lo ha vencido en 1830, abjura toda su educación guerrera a la
europea y adopta el sistema montonero Equipa cuatro mil caballos y llega
hasta las goteras de Buenos Aires con sus brillantes bandas, al mismo
tiempo que Rosas, el gaucho de la pampa, que lo ha vencido en 1830, abjura
por su parte sus instintos montoneros, anula la caballería en sus ejércitos, y
sólo confía el éxito de la campaña a la infantería reglada y al cañón
Los papeles están cambiados: el gaucho toma la casaca; el militar de la
Independencia, el poncho; el primero triunfa; el segundo va a morir
traspasado de una bala que le dispara de paso la montonera ¡Severas
lecciones, por cierto! Si Lavalle hubiera hecho la campaña de 1840 en silla
inglesa y con el paletó francés, hoy estaríamos a orillas del Plata, arreglando
la navegación por vapor de los ríos y distribuyendo terrenos a la inmigración
europea Paz es el primer general ciudadano que triunfa del elemento
pastoril, porque pone en ejercicio contra él todos los recursos del arte militar
190
europeo, dirigidos por una cabeza matemática La inteligencia vence a la
materia; el arte, al número
Tan fecunda en resultados es la obra de Paz en Córdoba y tan alta
levanta, en dos años, la influencia de las ciudades, que Facundo siente
imposible rehabilitar su poder de caudillo, no obstante que ya lo ha
extendido por todo el litoral de los Andes, y sólo la culta, la europea Buenos
Aires, puede servir de asilo a su barbarie
Los diarios de Córdoba de aquella época transcribían las noticias
europeas, las sesiones de las Cámaras francesas y los retratos de Casimiro
Périer, Lamartine, Chateaubriand, servían de modelos en las clases de
dibujo: tal era el interés que Córdoba manifestaba por el movimiento
europeo Leed la Gaceta Mercantil, y podréis juzgar del rumbo semibárbaro
que tomó, desde entonces, la prensa en Buenos Aires
Facundo fuga para Buenos Aires, no sin fusilar antes dos oficiales suyos,
para mantener el orden en los que le acompañan Su teoría del terror no se
desmiente jamás: es su talismán, su paladión, sus penates
Todo lo abandonará menos esta arma favorita
Llega a Buenos Aires, se presenta al gobierno de Rosas, encuéntrase en
los salones con el general Guido, el más cumplimentero y ceremonioso de
los generales que han hecho su carrera haciendo cortesías en las antecámaras
de palacio Le dirige una muy profunda a Quiroga: “¡Qué! me muestra los
dientes —dice éste—, como si yo fuera perro” “Ahí me han mandado
ustedes una comisión de doctores a enredarme con el general Paz (Cavia y
Cernadas) Paz me ha batido en regla” Quiroga deploró muchas veces
después, no haber dado oído a las proposiciones del mayor Paunero
Facundo desaparece en el torbellino de la gran ciudad; apenas se oye
hablar de algunas ocurrencias de juego El general Mansilla, le amenaza una
vez de darle un candelerazo, diciéndole: “Qué, ¿se ha creído que está usted
en las provincias?” Su traje de gaucho provinciano llama la atención; el
embozo del poncho, su barba entera, que ha prometido llevar hasta que se
lave la mancha de la Tablada, fija, por un momento, la atención de la
elegante y europea ciudad; mas luego, nadie se ocupa de él
191
Preparábase, entonces, una grande expedición sobre Córdoba Seis mil
hombres de Buenos Aires y Santa Fe se estaban alistando para la empresa;
López era el general en jefe; Balcarce, Enrique Martínez y otros jefes iban
bajo sus órdenes; y ya el elemento pastoril domina, pero tiene una alianza
con la ciudad, con el partido federal: todavía hay generales Facundo se
encarga de una tentativa desesperada sobre La Rioja o Mendoza; recibe para
ello, doscientos presidiarios sacados de todas las cárceles, engancha sesenta
hombres más en el Retiro, reúne algunos de sus oficiales y se dispone a
marchar
En Pavón, estaba Rosas reuniendo sus caballerías coloradas; allí estaba
también López de Santa Fe Facundo se detuvo en Pavón, a ponerse de
acuerdo con los elementos jefes Los tres más famosos caudillos están
reunidos en la pampa: López, el discípulo y sucesor inmediato de Artigas;
Facundo, el bárbaro del interior, y Rosas, el lobezno que se está criando aún,
y que ya está en vísperas de lanzarse a cazar por su propia cuenta Los
clásicos los habrían comparado con los triunviros Lépido, Marco Antonio y
Octavio, que se reparten el imperio, y la comparación sería exacta hasta en la
vileza y crueldad del Octavio argentino
Los tres caudillos hacen prueba y ostentación de su importancia personal
¿Sabéis cómo? Montan a caballo los tres y salen todas las mañanas a
gauchear por la Pampa: se bolean los caballos, los apuntan a las vizcacheras,
ruedan, pechan, corren carreras ¿Cuál es el más grande hombre? El más
jinete, Rosas, el que triunfa al fin Una mañana va a invitar a López a la
correría: “No, compañero —le contesta éste—; si de hecho, es usted muy
bárbaro” Rosas, en efecto, los castigaba todos los días, los dejaba llenos de
cardenales y contusiones Estas justas del Arroyo de Pavón han tenido una
celebridad fabulosa por toda la República, lo que no dejó de contribuir a
allanar el camino del poder al campeón de la jornada, el imperio al más de a
caballo
Quiroga atraviesa la Pampa con trescientos adictos, arrebatados, los más
de ellos, al brazo de la justicia, por el mismo camino que veinte años antes,
cuando sólo era un gaucho malo, ha huido de Buenos Aires, desertando las
filas de los Arribeños
192
En la Villa del Río 4o encuentra una resistencia tenaz, y Facundo
permanece tres días detenido por unas zanjas que sirven de parapeto a la
guarnición Se retiraba ya, cuando un jastial se le presenta y le revela que los
sitiados no tienen un cartucho ¿Quién es este traidor? El año 1818, en la
tarde del 18 de marzo, el coronel Zapiola, jefe de la caballería del ejército
chileno-argentino, quiso hacer, ante los españoles, una exhibición del poder
de la caballería de los patriotas, en una hermosa llanura que está de este lado
de Talca Eran seis mil hombres los que componían aquella brillante parada
Cargan, y como la fuerza enemiga fuese mucho menor, la línea se
reconcentra, se oprime, se embaraza y se rompe, en fin; muévense los
españoles en este momento, y la derrota se pronuncia en aquella enorme
masa de caballería Zapiola es el último en volver su caballo, que recibe a
poco trecho un balazo; y cayera en manos del enemigo si un soldado de
granaderos a caballo no se desmontara y lo pusiera como una pluma sobre su
montura, dándole a ésta con el sable, para que más a prisa dispare Un
rezagado acierta a pasar, el granadero desmontado, préndese a la cola del
caballo, lo detiene en la carrera, salta a la grupa, y coronel y soldado se
salvan
Llámanle el Boyero, y este hecho le abre la carrera de los ascensos En
1820, sacábase un hombre ensartado por ambos brazos en la hoja de su
espada, y Lavalle lo ha tenido a su lado como uno de tantos insignes
valientes Sirvió a Facundo largo tiempo, emigró a Chile y desde allí a
Montevideo, en busca de aventuras guerreras, donde murió gloriosamente
peleando en la defensa de la plaza, lavándose de la falta de Río 4 o Si el lector
se acuerda de lo que he dicho del capataz de carretas, adivinará el carácter,
valor y fuerzas del Boyero; un resentimiento con sus jefes, una venganza
personal lo impulsan a aquel feo paso, y Facundo toma la Villa del Río 4 o,
gracias a su revelación oportuna
En la Villa del Río Quinto encuentra al valiente Pringles, aquel soldado
de la guerra de la Independencia que, cercado por los españoles en un
desfiladero, se lanza al mar en su caballo, y entre el ruido de las olas que se
estrellan contra la ribera, hace resonar el formidable grito de ¡Viva la patria!
193
El inmortal Pringles, a quien el virrey Pezuela, colmándolo de presentes,
devuelve a su ejército, y para quien San Martín, en premio de tanto
heroísmo, hace batir aquella singular medalla que tenía por lema: ¡Honor y
gloria a los vencidos en Chancay!, Pringles muere en manos de los
presidiarios de Quiroga, que hace envolver el cadáver en su propia manta
Alentado con este no esperado triunfo, se avanza hacia San Luis, que
apenas le opone resistencia Pasada la travesía, el camino se divide en tres
¿Cuál de ellos tomará Quiroga? El de la derecha conduce a los Llanos, su
patria, el teatro de sus hazañas, la cuna de su poder; allí no hay fuerzas
superiores a las suyas, pero tampoco hay recursos; el del medio lleva a San
Juan, donde hay mil hombres sobre las armas, pero incapaces de resistir a
una carga de caballería en que él, Quiroga, vaya a la cabeza agitando su
terrible lanza; el de la izquierda, en fin, conduce a Mendoza, donde están las
verdaderas fuerzas de Cuyo, a las órdenes del general Videla Castillo; hay
allí un batallón de ochocientas plazas, decidido, disciplinado, al mando del
coronel Barcala; un escuadrón de coraceros en disciplina, que manda el
teniente coronel Chenaut; milicia, en fin, y piquetes del 2 o de cazadores y de
los coraceros de la Guardia ¿Cuál de estos tres caminos tomará Quiroga?
Sólo tiene a sus órdenes trescientos hombres sin disciplina, y él viene,
además, enfermo y decaído… Facundo toma el camino de Mendoza; llega,
ve y vence, porque tal es la rapidez con que los acontecimientos se suceden
¿Qué ha ocurrido? ¿Traición, cobardía? Nada de todo esto Un plagio
impertinente hecho a la estrategia europea, un error clásico por una parte, y
una preocupación argentina, un error romántico, por otra, han hecho perder
del modo más vergonzoso la batalla Ved cómo
Videla Castillo sabe oportunamente que Quiroga se acerca, y no
creyendo, como ningún general podía creer, que invadiese a Mendoza,
destaca a Las Lagunas, los piquetes que tiene de tropas veteranas, que, con
algunos otros destacamentos de San Juan, forman, al mando del mayor
Castro, una buena fuerza de observación, capaz de resistir a un ataque, y de
forzar a Quiroga, a tomar el camino de los Llanos Hasta aquí no hay error
Pero Facundo se dirige a Mendoza, y el ejército entero sale a su encuentro
194
En el lugar llamado el Chacón, hay un campo despejado que el ejército
en marcha deja a su retaguardia; mas oyéndose a pocas cuadras, el tiroteo de
una fuerza que viene batiéndose en retirada, el general Castillo manda
contramarchar a toda prisa, a ocupar el campo despejado de Chacón Doble
error: 1o, porque una retirada a la proximidad de un enemigo terrible hiela el
ánimo del soldado bisoño, que no comprende bien la causa del movimiento;
2o, y mayor todavía, porque el campo más quebrado, más impracticable es
mejor para batir a Quiroga, que no trae sino un piquete de infantería
¿Imaginaos qué haría Facundo en un terreno intransitable, contra
seiscientos infantes, una batería formidable de artillería y mil caballos por
delante? ¿No es éste el convite del zorro a la garza? Pues bien: todos los
jefes son argentinos, gente de a caballo; no hay gloria verdadera, si no se
conquista a sablazos; ante todo, es preciso campo abierto para las cargas de
caballería: he aquí el error de estrategia argentina
La línea se forma en lugar conveniente Facundo se presenta a la vista en
un caballo blanco; el Boyero se hace reconocer y amenaza desde allá a sus
antiguos compañeros de armas
Principia el combate, y se manda cargar a unos escuadrones de milicias
Error de argentinos iniciar la batalla con cargas de caballería; error que ha
hecho perder la República en cien combates, porque el espíritu de la pampa
está allí en todos los corazones; pues si solevantáis un poco las solapas del
frac con que el argentino se disfraza, hallaréis siempre el gaucho más o
menos civilizado, pero siempre el gaucho Sobre este error nacional viene un
plagio europeo En Europa, donde las grandes masas de tropas están en
columna y el campo de batalla abraza aldeas y villas diversas, las tropas de
élite quedan en las reservas, para acudir a donde la necesidad las requiera En
América, la batalla campal se da, por lo común, en campo raso, las tropas
son poco numerosas, lo recio del combate es de corta duración; de manera
que siempre interesa iniciarlo con ventaja En el caso presente, lo menos
conveniente era dar una carga de caballería, y si se quería dar, debía echarse
mano de la mejor tropa, para arrollar de una vez, los trescientos hombres que
constituían la batalla y las reservas enemigas Lejos de eso, se sigue la rutina,
mandando milicias numerosas, que avanzan al frente; empiezan a mirar a
195
Facundo; cada soldado teme encontrarse con su lanza, y cuando oye el grito
de “¡a la carga!”, se queda clavado en el suelo, retrocede, lo cargan a su vez,
retrocede y envuelve las mejores tropas Facundo pasa de largo hacia
Mendoza, sin curarse de generales, infantería y cañones que a su retaguardia
deja He aquí la batalla del Chacón, que dejó flanqueado al ejército de
Córdoba, que estaba a punto de lanzarse sobre Buenos Aires El éxito más
completo coronó la inconcebible audacia del movimiento de Quiroga
Desalojarlo de Mendoza era ya inútil: el prestigio de la victoria y el terror le
darían medios de resistencia, a la par que, por la derrota, quedaban
desmoralizados sus enemigos: se correría sobre San Juan, donde hallaría
recursos y armas, y se empeñaría una guerra interminable y sin éxito Los
jefes se marcharon a Córdoba, y la infantería, con los oficiales mendocinos,
capituló al día siguiente Los unitarios de San Juan emigraron a Coquimbo,
en número de doscientos y Quiroga quedó pacífico poseedor de Cuyo y La
Rioja Jamás habían sufrido aquellos dos pueblos catástrofe igual, no tanto
por los males que directamente hizo Quiroga, sino por el desorden de todos
los negocios que trajo aquella emigración en masa de la parte acomodada de
la sociedad
Pero el mal fue mayor bajo el aspecto del retroceso que experimentó el
espíritu de ciudad, que es lo que me interesa hacer notar Otras veces lo he
dicho, y esta vez debo repetirlo: consultada la posición mediterránea de
Mendoza, era, hasta entonces, un pueblo eminentemente civilizado, rico en
hombres ilustrados y dotado de un espíritu de empresa y de mejora que no
hay en pueblo alguno de la República Argentina: era la Barcelona del
interior Este espíritu había tomado todo su auge durante la administración de
Videla Castillo Construyéronse fuertes al sur, que, a más de alejar los límites
de la provincia, la han dejado, para siempre, asegurada contra las irrupciones
de los salvajes y emprendióse la desecación de las ciénagas inmediatas;
adornóse la ciudad; formáronse sociedades de Agricultura, Industria,
Minería y Educación pública, dirigidas y segundadas todas por hombres
inteligentes, entusiastas y emprendedores; fomentóse una fábrica de tejidos
de cáñamo y lana, que proveía de vestidos y lonas para las tropas; formóse
una Maestranza, en la que se construían espadas, sables, corazas, lanzas,
196
bayonetas y fusiles, sin que en éstos entrase más que el cañón de fabricación
extranjera; fundiéronse balas de cañón huecas y tipos de imprenta Un
francés, Charon, químico, dirigía estos últimos trabajos, como también el
ensayo de los metales de la provincia Es imposible imaginarse
desenvolvimiento más rápido ni más extenso de todas las fuerzas civilizadas
de un pueblo En Chile o en Buenos Aires, todas estas fabricaciones no
llamarían mucho la atención; pero en una provincia interior, y con sólo el
auxilio de artesanos del país, es un esfuerzo prodigioso La prensa gemía
bajo el peso del Diario y publicaciones periódicas, en las que el verso no se
hacía esperar Con las disposiciones que yo le conozco a ese pueblo, en diez
años de un sistema semejante hubiérase vuelto un coloso; pero las pisadas de
los caballos de Facundo vinieron luego a hollar estos retoños vigorosos de la
civilización, y el fraile Aldao hizo pasar el arado y sembrar de sangre el
suelo durante diez años ¡Qué había de quedar!
El movimiento impreso, entonces, a las ideas no se contuvo, aun después
de la ocupación de Quiroga: los miembros de la Sociedad de Minería
emigrados en Chile, se consagraron, desde su arribo, al estudio de la
química, la mineralogía y la metalurgia Godoy Cruz, Correa, Villanueva,
Doncel y muchos otros reunieron todos los libros que trataban de la materia,
recolectaron de toda América, colecciones de metales diversos, registraron
los archivos chilenos para informarse de la historia del mineral de Uspallata,
y, a fuerza de diligencia, lograron entablar trabajos allí, en que, con el
auxilio de la ciencia adquirida, sacaron utilidad de la escasa cantidad de
metal útil que aquellas minas contienen De esta época data la nueva
explotación de minas en Mendoza, que hoy se está haciendo con ventaja Los
mineros argentinos, no satisfechos con estos resultados, se desparramaron
por el territorio de Chile, que les ofrecía un rico anfiteatro para ensayar su
ciencia, y no es poco lo que han hecho en Copiapó y otros puntos, en la
explotación y beneficio y en la introducción de nuevas máquinas y aparatos
Godoy Cruz, desengañado de las minas, dirigió a otro rumbo sus
investigaciones, y con el cultivo de la morera creyó resolver el problema del
porvenir de las provincias de San Juan y Mendoza, que consiste en hallar
una producción que en poco volumen encierre mucho valor
197
La seda llena esta condición, impuesta a aquellos pueblos centrales, por
la inmensa distancia a que están de los puertos y el alto precio de los fletes
Godoy Cruz no se contentó con publicar en Santiago, un folleto voluminoso
y completo sobre el cultivo de la morera, la cría del gusano de seda y de la
cochinilla, sino que, distribuyéndolo gratis en aquellas provincias, ha estado
durante diez años agitando sin descanso, propagando la morera, estimulando
a todos a dedicarse a su cultivo, exagerando sus ventajas opimas mientras
que él aquí mantenía relaciones con la Europa, para instruirse de los precios
corrientes, mandando muestras de la seda que cosechaba, haciéndose
conocedor práctico de sus defectos y perfecciones, aprendiendo y enseñando
a hilar Los frutos de esta grande y patriótica obra han correspondido a las
esperanzas del noble artífice: hasta el año pasado, había ya en Mendoza
algunos millones de moreras, y la seda, recogida por quintales, había sido
hilada, torcida, teñida y vendida para Europa, en Buenos Aires y Santiago, a
cinco, seis y siete pesos libra; porque la joyante de Mendoza no cede en
brillo y finura a la más afamada de España o Italia El pobre viejo ha vuelto,
al fin, a su patria a deleitarse en el espectáculo de un pueblo entero
consagrado a realizar el más fecundo cambio de industria, prometiéndose
que la muerte no cerrará sus ojos antes de ver salir para Buenos Aires, una
caravana de carretas cargadas en el fondo de la América, con la preciosa
producción que ha hecho, por tantos siglos, la riqueza de la China y que se
disputan, hoy, las fábricas de Lyon, París, Barcelona y de toda la Italia
¡Gloria eterna del espíritu unitario, de ciudad y de civilización! ¡Mendoza, a
su impulso, se ha anticipado a toda la América española, en la explotación
en grande de esta rica industria! 14 ¡Pedidle al espíritu de Facundo y de Rosas
una sola gota de interés por el bien público, de dedicación a algún objeto de
utilidad; torcedlo y exprimidlo, y sólo destilará sangre y crímenes!
Me detengo en estos detalles porque, en medio de tantos horrores como
los que estoy condenado a escribir, es grato pararse a contemplar las
hermosas plantas que hemos visto pisoteadas del salvaje inculto de las
pampas; me detengo con placer, porque ellos probarán, a los que aún
dudaren que la resistencia a Rosas y su sistema, aunque se haya, hasta aquí,
198
mostrado débil en sus medios, sólo la defensa de la civilización europea, la
de sus resultados y formas, es la que ha
207
209
12 GUERRA SOCIAL
Les habitants de Tucuman finissent leurs journées
par des réunions champêtres, où à l’ombre de beaux
arbres ils improvisent, au son d’une guitarre
rustique, des chants alternatifs dans le genre de ceux
que Virgile et Théocrite ont embellis. Tout jusqu’aux
prénoms grecs rapelle au voyageur étonné l’antique
Arcadie.
MALTE-BRUN
CIUDADELA
LA EXPEDICIÓN salió, y los sanjuaninos federales, y mujeres y madres de
unitarios respiraron al fin, como si despertaran de una horrible pesadilla
Facundo desplegó, en esta campaña, un espíritu de orden y una rapidez en
sus marchas, que mostraban cuánto lo habían aleccionado los pasados
desastres En veinticuatro días, atravesó con su ejército, cerca de trescientas
leguas de territorio; de manera que estuvo a punto de sorprender, a pie,
algunos escuadrones del ejército enemigo, que, con la noticia inesperada de
su próximo arribo, lo vio presentarse en la Ciudadela, antiguo campamento
de los ejércitos de la patria, bajo las órdenes de Belgrano Sería inconcebible
el cómo se dejó vencer un ejército como el que mandaba Lamadrid en
Tucumán, con jefes tan valientes y soldados tan aguerridos, si causas
morales y preocupaciones antiestratégicas no viniesen a dar la solución de
tan extraño enigma
El general Lamadrid, jefe del ejército, tenía entre sus súbditos al general
López, especie de caudillo de Tucumán, que le era desafecto personalmente,
y a más de que una retirada desmoraliza las tropas, el general Lamadrid no
era el más adecuado para dominar el espíritu de los jefes subalternos El
ejército se presentaba a la batalla medio federalizado, medio montonerizado,
mientras que el de Facundo traía esa unidad que dan el terror y la obediencia
a un caudillo que no es causa, sino persona, y que, por tanto, aleja el libre
210
albedrío y ahoga toda individualidad Rosas ha triunfado de sus enemigos por
esta unidad de hierro, que hace de todos sus satélites, instrumentos pasivos,
ejecutores ciegos de su suprema voluntad La víspera de la batalla, el teniente
coronel Balmaceda pide al general en jefe, que se le permita dar la primera
carga Si así se hubiese efectuado, ya que era de regla principiar las batallas
por cargas de caballería, y ya que un subalterno se toma la libertad de
pedirlo, la batalla se hubiera ganado, porque el 2 de Coraceros no halló
jamás, ni en el Brasil ni en la República Argentina, quien resistiese a su
empuje Accedió el general a la demanda del comandante del 2; pero un
coronel halló que le quitaban el mejor cuerpo; el general López, que se
comprometían al principio, las tropas de élite que debían formar la reserva,
según todas las reglas, y el general en jefe, no teniendo suficiente autoridad
para acallar estos clamores, mandó a la reserva, al escuadrón invencible y al
insigne cargador que lo mandaba
Facundo despliega su batalla a distancia tal, que lo pone al abrigo de la
infantería que manda Barcala, y que debilita el efecto de ocho piezas de
artillería que dirige el inteligente Arengreen ¿Había previsto Facundo lo que
sus enemigos iban a hacer? Una guerrilla ha precedido, en la que la partida
de Quiroga arrolla la división tucumana: Facundo llama al jefe victorioso
—“¿Por qué se ha vuelto usted?— Porque he arrollado al enemigo hasta la
ceja del monte —¿Por qué no penetró en el monte acuchillando?— Porque
había fuerzas superiores —¡A ver, cuatro tiradores!…” Y el jefe es
ejecutado Oíase, de un extremo a otro de la línea de Quiroga, el tintín de las
espuelas y de los fusiles de los soldados, que temblaban, no de miedo del
enemigo, sino del terrible jefe que a su retaguardia andaba, recorriendo la
línea y blandiendo su lanza cabo de ébano Esperan como un alivio, un
desahogo del terror que los oprime, que se les mande echarse sobre el
enemigo: lo harán pedazos, romperán la línea de bayonetas, a trueque de
poner algo de por medio entre ellos y la imagen de Facundo, que los
persigue como un fantasma airado Como se ve, pues, campeaba de un lado
el terror; del otro, la anarquía A la primera tentativa de carga, desbándase la
caballería de Lamadrid; sigue la reserva, y cinco jefes a caballo quedan tan
sólo con la artillería, que menudeaba sus detenciones, y la infantería, que se
211
echaba a la bayoneta, sobre el enemigo ¿Para qué más pormenores? El
detalle de una batalla lo da el que triunfa
La consternación reina en Tucumán; la emigración se hace en masa,
porque en aquella ciudad los federales son contados ¡Era ésta la tercera
visita de Facundo! Al día siguiente, debe repartirse una contribución
Quiroga sabe que en un templo, hay escondidos efectos preciosos;
preséntase al sacristán, a quien interroga sobre el caso Es una especie de
imbécil, que contesta sonriéndose —“¿Te ríes? ¡A ver!… ¡Cuatro tiradores!
…”, que lo dejan en el sitio, y las listas de la contribución se llenan en una
hora Las arcas del general se rehinchan de oro Si alguno no ha comprendido
bien, no le quedará duda cuando vea pasar presos, para ser azotados, al
guardián de San Francisco y al presbítero Colombres Facundo se presenta en
seguida al depósito de prisioneros, separa los oficiales y se retira a descansar
de tanta fatiga, dejando orden de que se les fusile a todos
Es Tucumán un país tropical, en donde la naturaleza ha hecho
ostentación de sus más pomposas galas; es el Edén de América, sin rival en
toda la redondez de la tierra Imaginaos los Andes cubiertos de un manto
verdinegro de vegetación colosal, dejando escapar por debajo de la orla de
este vestido doce ríos que corren a distancias iguales en dirección paralela,
hasta que empiezan a inclinarse todos hacia un rumbo, y forman, reunidos,
un canal navegable que se aventura en el corazón de la América El país
comprendido entre los afluentes y el canal tiene, a lo más, cincuenta leguas
Los bosques que encubren la superficie del país son primitivos, pero en ellos
las pompas de la India están revestidas de las gracias de la Grecia
El nogal entreteje su anchuroso ramaje con el caoba y el ébano; el cedro
deja crecer a su lado, el clásico laurel, que a su vez resguarda bajo su follaje
el mirto consagrado a Venus, dejando todavía espacio para que alcen sus
varas el nardo balsámico y la azucena de los campos
El odorífero cedro se ha apoderado por ahí, de una cenefa de terreno que
interrumpe el bosque, y el rosal cierra el paso en otras, con sus tupidos y
espinosos mimbres
212
Los troncos añosos sirven de terreno a diversas especies de musgos
florecientes, y las lianas y moreras festonan, enredan y confunden todas
estas diversas generaciones de plantas
Sobre toda esta vegetación, que agotaría la paleta fantástica en
combinaciones y riqueza de colorido, revolotean enjambres de mariposas
doradas, de esmaltados picaflores, millones de loros color de esmeralda,
urracas azules y tucanes naranjados El estrépito de estas aves vocingleras os
aturde todo el día, cual si fuera el ruido de una canora catarata El mayor
Andrews, un viajero inglés que ha dedicado muchas páginas a la descripción
de tantas maravillas, cuenta que salía por las mañanas a extasiarse en la
contemplación de aquella soberbia y brillante vegetación; que penetraba en
los bosques aromáticos, y delirando, arrebatado por la enajenación que lo
dominaba, se internaba en donde veía que había obscuridad, espesura, hasta
que al fin regresaba a su casa, donde le hacían notar que se había desgarrado
los vestidos, rasguñado y herido la cara, de la que venía a veces, destilando
sangre, sin que él lo hubiese sentido La ciudad está cercada por un bosque
de muchas leguas, formado exclusivamente de naranjos dulces, acopados a
determinada altura, de manera de formar una bóveda sin límites, sostenida
por un millón de columnas lisas y torneadas Los rayos de aquel sol tórrido
no han podido mirar nunca las escenas que tienen lugar sobre la alfombra de
verdura que cubre la tierra bajo aquel toldo inmenso ¡Y qué escenas! Los
domingos van las beldades tucumanas a pasar el día en aquellas galerías sin
límites; cada familia escoge un lugar aparente: apártanse las naranjas que
embarazan el paso, si es el otoño, o bien, sobre la gruesa alfombra de
azahares que tapiza el suelo, se balancean las parejas de baile, y con los
perfumes de sus flores, se dilatan, debilitándose a lo lejos, los sonidos
melodiosos de los tristes cantares que acompaña la guitarra ¿Creéis, por
ventura, que esta descripción es plagiada de Las mil y una noches u otros
cuentos de hadas a la oriental? Daos prisa, más bien, a imaginaros lo que no
digo de la voluptuosidad y belleza de las mujeres que nacen bajo un cielo de
fuego, y que, desfallecidas, van, a la siesta, a reclinarse muellemente bajo la
sombra de los mirtos y laureles, a dormirse embriagadas por las esencias que
ahogan al que no está habituado a aquella atmósfera
213
Facundo había ganado una de esas enramadas sombrías, acaso para
meditar sobre lo que debía hacer con la pobre ciudad que había caído, como
una ardilla, bajo la garra del león La pobre ciudad, en tanto, estaba
preocupada con la realización de un proyecto, lleno de inocente coquetería
Una diputación de niñas rebosando juventud, candor y beldad, se dirige
hacia el lugar donde Facundo yace reclinado sobre su poncho La más
resuelta o entusiasta camina adelante; vacila, se detiene, empújanla las que
le siguen, páranse todas, sobrecogidas de miedo, vuelven las púdicas caras,
se alientan unas a otras, y, deteniéndose, avanzando tímidamente y
empujándose entre sí, llegan, al fin, a su presencia Facundo las recibe con
bondad, las hace sentar en torno suyo, las deja recobrarse e inquiere, al fin,
el objeto de aquella agradable visita Vienen a implorar por la vida de los
oficiales del ejército que van a ser fusilados Los sollozos se escapan de entre
la escogida y tímida comitiva; la sonrisa de la esperanza brilla en algunos
semblantes, y todas las seducciones delicadas de la mujer son puestas en
requisición, para lograr el piadoso fin que se han propuesto Facundo está
vivamente interesado, y por entre la espesura de su barba negra, alcanza a
discernirse, en las facciones, la complacencia y el contento Pero necesita
interrogarlas una a una, conocer sus familias, la casa donde viven, mil
pormenores que parecen entretenerlo y agradarle, y que ocupan una hora de
tiempo, mantienen la expectación y la esperanza Al fin, les dice con la
mayor bondad: “¿No oyen ustedes esas descargas?”
¡Ya no hay tiempo! ¡Los han fusilado! Un grito de horror sale de entre
aquel coro de ángeles, que se escapa como una bandada de palomas
perseguidas por el halcón ¡Los habían fusilado, en efecto! ¡Pero cómo!
Treinta y tres oficiales, de coroneles abajo, formados en la plaza, desnudos
enteramente, reciben, parados, la descarga mortal Dos hermanitos, hijos de
una distinguida familia de Buenos Aires, se abrazan para morir, y el cadáver
del uno resguarda de las balas, al otro “Yo estoy libre —grita—; me he
salvado por la ley” ¡Pobre iluso! ¡Cuánto hubiera dado por la vida! ¡Al
confesarse había sacado una sortija de la boca, donde, para que no se la
quitaran, habíala escondido, encargando al sacerdote devolverla a su linda
214
prometida, que al recibirla, dio, en cambio, la razón, que no ha recobrado
hasta hoy, la pobre loca!
Los soldados de caballería enlazan, cada uno, su cadáver y los llevan
arrastrando al cementerio, si bien algunos pedazos de cráneos, un brazo y
otros miembros quedan en la plaza de Tucumán y sirven de pasto a los
perros ¡Ah! ¡Cuántas glorias arrastradas así por el lodo! ¡Don Juan Manuel
Rosas hacía matar del mismo modo y casi al mismo tiempo, en San Nicolás
de los Arroyos, veintiocho oficiales, fuera de ciento y más que habían
perecido obscuramente! ¡Chacabuco, Maipú, Junín, Ayacucho, Ituzaingó!
¡Por qué han sido tus laureles una maldición para todos los que los llevaron!
Si al horror de estas escenas puede añadirse algo, es la suerte que cupo al
respetable coronel Arraya, padre de ocho hijos: prisionero, con tres lanzadas
en la espalda, se le hizo entrar en Tucumán, a pie, desnudo, desangrándose y
cargado con ocho fusiles Extenuado de fatiga, fue preciso concederle una
cama, en una casa particular A la hora de la ejecución en la plaza, algunos
tiradores penetran hasta su habitación, y en la cama, lo traspasan a balazos,
haciéndole morir, en medio de las llamaradas de las incendiadas sábanas
El coronel Barcala, el ilustre negro, fue el único jefe exceptuado de esta
carnicería, porque Barcala era el amo de Córdoba y de Mendoza, en donde
los cívicos lo idolatraban Era un instrumento que podía conservarse para lo
futuro ¿Quién sabe lo que más tarde podrá suceder?
Al día siguiente, principia en toda la ciudad una operación que se llama
secuestro Consiste en poner centinelas en las puertas de todas las tiendas y
almacenes, en las barracas de cueros, en las curtiembres de suelas, en los
depósitos de tabaco En todas, porque en Tucumán no hay federales, esta
planta, que no ha podido crecer sino después de tres buenos riegos de sangre
que ha dado al suelo Quiroga, y otro mayor que los tres juntos, que le otorgó
Oribe Ahora dicen que hay federales que llevan una cinta que lo acredita, en
la que está escrito:
¡Mueran los salvajes, inmundos unitarios!
¡Cómo dudarlo un momento! Todas aquellas propiedades mobiliarias y
los ganados de las campañas pertenecen, de derecho, a Facundo Doscientas
cincuenta carretas con la dotación de diez y seis bueyes cada una, se ponen
215
en marcha para Buenos Aires, llevando los productos del país Los efectos
europeos se ponen en un depósito que surte a un baratillo, en el que los
comandantes desempeñan el oficio de baratilleros Se vende todo y a vil
precio Hay más todavía: Facundo en persona vende camisas, enaguas de
mujeres, vestidos de niños; los despliega, los enseña y agita ante la
muchedumbre: un medio, un real, todo es bueno; la mercadería se despacha,
el negocio está brillante, faltan brazos, la multitud se agolpa, se ahoga en la
apretura Sólo sí empieza a notarse que, pasados algunos días, los
compradores escasean, y en vano se les ofrecen pañuelos de espumilla,
bordados, por cuatro reales; nadie compra ¿Qué ha sucedido?
¿Remordimientos de la plebe? Nada de eso Se ha agotado el dinero
circulante: las contribuciones por una parte, el secuestro por la otra, la venta
barata, han reunido el último medio que circulaba en la provincia Si alguno
queda en poder de los adictos u oficiales, la mesa de juego está ahí, para
dejar, al fin y a la postre, vacías todas las bolsas En la puerta de calle de la
casa del general, están secándose al sol, hileras de zurrones de plata,
forrados en cuero Ahí permanecen durante la noche, sin custodia, y sin que
los transeúntes se atrevan siquiera a mirar
¡Y no se crea que la ciudad ha sido abandonada al pillaje, o que el
soldado haya participado de aquel botín inmenso! No; Quiroga repetía
después, en Buenos Aires, en los círculos de sus compañeros: “Yo jamás he
consentido que el soldado robe, porque me ha parecido inmoral” Un
chacarero se queja a Facundo, en los primeros días, de que sus soldados le
han tomado algunas frutas Hácelos formar, y los culpables son reconocidos
Seiscientos azotes es la pena que cada uno sufre El vecino, espantado, pide
por las víctimas, y le amenazan con llevar la misma porción Porque así es el
gaucho argentino: mata porque le mandan sus caudillos robar, y no roba,
porque no se lo mandan Si queréis averiguar cómo no se sublevan estos
hombres y no se desencadenan contra el que no les da nada en cambio de su
sangre y de su valor, preguntadle a don Juan Manuel Rosas, todos los
prodigios que pueden hacerse con el terror ¡Él sabe mucho de eso! ¡No sólo
al miserable gaucho, sino al ínclito general, al ciudadano fastuoso y
envanecido, se le hacen obrar milagros! ¿No os decía que el terror produce
216
resultados mayores que el patriotismo? El coronel del ejército de Chile don
Manuel Gregorio Quiroga, ex gobernador federal de San Juan y jefe de
Estado Mayor del ejército de Quiroga, convencido de que aquel botín de
medio millón es sólo para el general, que acaba de dar de bofetadas a un
comandante que ha guardado para sí algunos reales de la venta de un
pañuelo, concibe el proyecto de sustraer algunas alhajas de valor, de las que
están amontonadas en el depósito general, y resarcirse con ellas de sus
sueldos Descúbresele el robo, y el general le manda amarrar contra un poste
y exponerlo a la vergüenza pública; y cuando el ejército regresa a San Juan,
el coronel del ejército de Chile, ex gobernador de San Juan, el jefe del
Estado Mayor, marcha a pie por caminos apenas practicables, acollarado con
un novillo: ¡el compañero del novillo sucumbió en Catamarca, sin que se
sepa si el novillo llegó a San Juan! En fin: sabe Facundo que un joven
Rodríguez, de lo más esclarecido de Tucumán, ha recibido carta de los
prófugos; lo hace aprehender, lo lleva él mismo a la plaza, lo cuelga y le
hace dar seiscientos azotes Pero los soldados no saben dar azotes, como los
que aquel crimen exige, y Quiroga toma las gruesas riendas que sirven para
la ejecución, batiéndolas en el aire con su brazo hercúleo, y descarga
cincuenta azotes para que sirvan de modelo Concluido el acto, él en persona
remueve la tina de salmuera, le refriega las nalgas, le arranca los pedazos
flotantes y le mete el puño en las concavidades que aquéllos han dejado
Facundo vuelve a su casa, lee las cartas interceptadas y encuentra en ellas
encargos de los maridos a sus mujeres, libranzas de los comerciantes,
recomendaciones de que no tengan cuidado por ellos, etc Una palabra no hay
que pueda interesar a la política: entonces pregunta por el joven Rodríguez y
le dicen que está expirando En seguida se pone a jugar y gana miles D
Francisco Reto y D N Lugones han murmurado, entre sí, algo sobre los
horrores que presencian Cada uno recibe trescientos azotes y la orden de
retirarse a sus casas, cruzando la ciudad desnudos completamente, las manos
puestas en la cabeza y las asentaderas chorreando sangre; soldados armados
van a la distancia, para hacer que la orden se ejecute puntualmente ¿Y
queréis saber lo que es la naturaleza humana, cuando la infamia está
entronizada y no hay a quién apelar en la tierra, contra los verdugos? D N
217
Lugones, que es de carácter travieso, se da vuelta hacia su compañero de
suplicio, y le dice con la mayor compostura: “Pásame, compañero, la
tabaquera; ¡pitemos un cigarro!” En fin: la disentería se declara en Tucumán,
y los médicos aseguran que no hay remedio, que viene de afecciones
morales, del terror, enfermedad contra la cual no se ha hallado remedio en la
República Argentina, hasta el día de hoy Facundo se presenta un día en una
casa y pregunta por la señora, a un grupo de chiquillos que juegan a las
nueces; el más atisbado contesta que no está “Dile que yo he estado aquí —
¿Y quién es usted?— Soy Facundo Quiroga…” El niño cae redondo, y sólo
el año pasado, ha empezado a dar indicios de recobrar un poco la razón; los
otros echan a correr llorando a gritos; uno se sube a un árbol, otro salta unas
tapias y se da un terrible golpe… ¿Qué quería Facundo con esta señora?…
¡Era una hermosa viuda que había atraído sus miradas y venía a solicitarla!
Porque en Tucumán, el cupido o el sátiro no estaba ocioso Agrádale una
jovencita, le habla y le propone llevarla a San Juan Imaginaos lo que la
pobre niña podría contestar a esta deshonrosa proposición hecha por un tigre
Se ruboriza, y balbuciendo, contesta que ella no puede resolver… Que su
padre… Facundo se dirige al padre, y el angustiado padre, disimulando su
horror, objeta que quién le responde de su hija; que la abandonarán Facundo
satisface todas las objeciones, y el infeliz padre, no sabiendo lo que dice y
creyendo cortar aquel mercado abominable, propone que se le haga un
documento… Facundo toma la pluma y extiende la seguridad requerida;
pasando papel y pluma al padre para que firme el convenio El padre es padre
al fin, y la naturaleza habla diciendo: “¡No firmo; mátame!” “¡Eh, viejo
cochino!”, le contesta Quiroga, y toma la puerta, ahogándose de rabia
Quiroga, el campeón de la causa que han jurado los pueblos, como se
estila decir por allá, era bárbaro avaro y lúbrico, y se entregaba a sus
pasiones sin embozo: su sucesor no saquea los pueblos, es verdad; no ultraja
el pudor de las mujeres; no tiene más que una pasión, una necesidad: la sed
de sangre humana y la del despotismo En cambio, sabe usar de las palabras
y de las formas que satisfacen a las exigencias de los indiferentes Los
salvajes, los sanguinarios, los pérfidos, inmundos unitarios, el sanguinario
duque de Abrantes, el pérfido Ministerio del Brasil, ¡la federación!, ¡el
218
sentimiento americano!, ¡el oro inmundo de Francia, las pretensiones
inicuas de la Inglaterra, la conquista europea! Palabras así, bastan para
encubrir la más espantosa y larga serie de crímenes que ha visto el siglo XIX
¡Rosas!, ¡Rosas!, ¡Rosas!, ¡me prosterno y humillo ante tu poderosa
inteligencia! ¡Sois grande como el Plata, como los Andes! ¡Sólo tú has
comprendido cuán despreciable es la especie humana, sus libertades, su
ciencia y su orgullo! ¡Pisoteadla!; ¡que todos los gobiernos del mundo
civilizado te acatarán, a medida que seas más insolente! ¡Pisoteadla!; ¡que
no te faltarán perros fieles que, recogiendo el mendrugo que les tiras, vayan
a derramar su sangre en los campos de batalla o a ostentar en el pecho
vuestra marca colorada, por todas las capitales americanas! ¡Pisoteadla!,
¡oh!, ¡sí: pisoteadla!…
En Tucumán, Salta y Jujuy quedaba, por la invasión de Quiroga,
interrumpido o debilitado un gran movimiento industrial y progresivo, en
nada inferior al que de Mendoza indicamos El doctor Colombres, a quien
Facundo cargaba de prisiones, había introducido y fomentado el cultivo de la
caña de azúcar, a que tanto se presta el clima, no dándose por satisfecho de
su obra, hasta que diez grandes ingenios estuvieron en movimiento Costear
plantas de La Habana, mandar agentes a los ingenios del Brasil, para
estudiar los procedimientos y aparejos; destilar la melaza, todo se había
realizado con ardor y suceso, cuando Facundo echó sus caballadas en los
cañaverales y desmontó gran parte de los nacientes ingenios Una sociedad
de agricultura publicaba ya, sus trabajos y se preparaba a ensayar el cultivo
del añil y de la cochinilla A Salta se habían traído, de Europa y
Norteamérica, talleres y artífices para tejidos de lana, paños abatanados,
jergones para alfombras y tafiletes, de todo lo que ya se había alcanzado
resultados satisfactorios Pero lo que más preocupaba a aquellos pueblos,
porque es lo que más vitalmente les interesa, era la navegación del Bermejo,
grande arteria comercial, que, pasando por las inmediaciones o términos de
aquellas provincias, afluye al Paraná, y abre una salida a las inmensas
riquezas que aquel cielo tropical derrama por todas partes El porvenir de
aquellas hermosas provincias depende de la habilitación, para el comercio,
de las vías acuáticas; de ciudades mediterráneas —pobres y poco populosas
219
— podrían convertirse, en diez años, en otros tantos focos de civilización y
de riqueza, si pudiesen, favorecidas por un Gobierno hábil, consagrarse a
allanar los ligeros obstáculos que se oponen a su desenvolvimiento No son
éstos, sueños quiméricos de un porvenir probable, pero lejano, no
En Norteamérica, las márgenes del Mississipí y de sus afluentes se han
cubierto, en menos de diez años, no sólo de populosas y grandes ciudades,
sino de Estados nuevos, que han entrado a formar parte de la Unión; y el
Mississipí no es más aventajado que el Paraná; ni el Ohío, el Illinois o el
Arkansas recorren territorios más feraces ni comarcas más extensas que las
del Pilcomayo, el Bermejo, el Paraguay y tantos grandes ríos que la
Providencia ha colocado entre nosotros, para marcarnos el camino que han
de seguir más tarde, las nuevas poblaciones que formarán la Unión
Argentina Rivadavia había puesto, en la carpeta de su bufete, como asunto
vital, la navegación interna de los ríos: en Salta y Buenos Aires, se había
formado una grande asociación que contaba con medio millón de pesos, y el
ilustre Soria realizado su viaje y publicado la carta del río ¡Cuánto tiempo
perdido desde 1825 hasta 1845! ¡Cuánto tiempo más aún, hasta que Dios sea
servido ahogar el monstruo de la Pampa! Porque Rosas, oponiéndose tan
tenazmente a la libre navegación de los ríos; protestando temores de
intrusión europea; hostilizando a las ciudades del interior y abandonándolas
a sus propias fuerzas, no obedece, simplemente, a las preocupaciones godas
contra los extranjeros, no cede, solamente, a las sugestiones de porteño
ignorante que posee el puerto y la aduana general de la República, sin
cuidarse de desenvolver la civilización y la riqueza de toda esta nación, para
que su puerto esté lleno de buques cargados de productos del interior y su
aduana, de mercaderías, sino que, principalmente, sigue sus instintos de
gaucho de la pampa, que mira con horror el agua, con desprecio, los buques
y que no conoce más dicha ni felicidad igual a la de montar en buen
parejero, para transportarse de un lugar a otro ¿Qué le importa la morera, el
azúcar, el añil, la navegación de los ríos, la inmigración europea y todo lo
que sale del estrecho círculo de ideas en que se ha criado? ¿Qué le va en
fomentar el interior, a él, que vive en medio de las riquezas y posee una
aduana que, sin nada de eso, le da dos millones de fuertes anuales? Salta,
220
Jujuy, Tucumán, Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos serían hoy, otras tantas
Buenos Aires, si se hubiese continuado el movimiento industrial y
civilizador, tan poderosamente iniciado por los antiguos unitarios, y del que,
sin embargo, han quedado tan fecundas semillas Tucumán tiene, hoy, una
grande explotación de azúcares y licores, que sería su riqueza, si pudiese
sacarlos a poco costo de flete, a las costas, a permutarlos por las mercaderías
en esa ingrata y torpe Buenos Aires, desde donde le viene hoy, el
movimiento barbarizador, impreso por el gaucho de la marca colorada Pero
no hay males que sean eternos, y un día abrirán los ojos esos pobres pueblos,
a quienes se les niega toda libertad de moverse y se les priva de todos los
hombres capaces e inteligentes, que podrían llevar a cabo la obra a realizar,
en pocos años, el porvenir grandioso a que están llamados por la naturaleza,
aquellos países que hoy permanecen estacionarios, empobrecidos y
devastados ¿Por qué son perseguidos en todas partes, o más bien, por qué
eran unitarios salvajes y no federales sabios, toda esa multitud de hombres
animosos y emprendedores que consagraban su tiempo a diversas mejoras
sociales: éste a fomentar la educación pública, aquél a introducir el cultivo
de la morera, este otro, al de la caña de azúcar, ese otro a seguir el curso de
los grandes ríos, sin otro interés personal, sin otra recompensa, que la gloria
de merecer bien de sus conciudadanos? ¿Por qué ha cesado este movimiento
y esta solicitud? ¿Por qué no vemos levantarse de nuevo, el genio de la
civilización europea, que brillaba antes, aunque en bosquejo, en la República
Argentina? ¿Por qué su Gobierno, unitario hoy, como no lo intentó jamás el
mismo Rivadavia, no ha dedicado una sola mirada a examinar los
inextinguibles y no tocados recursos de un suelo privilegiado? ¿Por qué no
se ha consagrado una vigésima parte de los millones que devora una guerra
fratricida y de exterminio a fomentar la educación del pueblo y promover su
ventura? ¿Qué se le ha dado, en cambio de sus sacrificios y de sus
sufrimientos? ¡Un trapo colorado! A esto ha estado reducida la solicitud del
Gobierno durante quince años; ésta es la única medida de administración
nacional, el único punto de contacto entre el amo y el siervo: ¡marcar el
ganado!
13 ¡¡¡BARRANCA - YACO!!!
221
El fuego que por tanto tiempo abrasó la Albania, se
apagó ya. Se ha limpiado toda la sangre roja, y las
lágrimas de nuestros hijos han sido enjugadas.
Ahora nos atamos con el lazo de la federación y de
la amistad.
COLDEN’S, Historia de seis naciones
15 Frase vulgar tomada del modo de lavar de la plebe golpeando la ropa; quiere decir que
todavía faltan muchas dificultades que vencer— Nota de la 1.a edición
16 Pueblos de abajo, Buenos Aires, etc, de arriba, Tucumán, etc— Nota de la 1.a edición
223
sables, lanzas y tercerolas que ha recolectado en los ocho pueblos que ha
recorrido; pasan de doce mil armas Un parque de veinte y seis piezas de
artillería queda en la ciudad, con depósitos abundantes de municiones y
fornituras; diez y seis mil caballos escogidos van a pacer en la quebrada de
Huaco, que es un inmenso valle cerrado por una estrecha garganta La Rioja
es, además de la cuna de su poder, el punto central de las provincias que
están bajo su influencia A la menor señal, el arsenal aquel proveerá de
elementos de guerra a doce mil hombres Y no se crea que lo de esconder los
fusiles en los bosques es una ficción poética Hasta el año 1841, se han
estado desenterrando depósitos de fusiles, y créese todavía, aunque sin
fundamento, que no se han exhumado todas las armas escondidas bajo de
tierra, entonces El año 1830, el general Lamadrid se apoderó de un tesoro de
treinta mil pesos pertenecientes a Quiroga, y muy luego fue denunciado otro
de quince
Quiroga le escribía, después, haciéndose cargo de noventa y tres mil
pesos que, según su dicho, contenían aquellos dos entierros, que, sin duda,
entre otros, había dejado en La Rioja, desde antes de la batalla de Oncativo,
al mismo tiempo que daba muerte y tormento a tantos ciudadanos, a fin de
arrancarles dinero para la guerra En cuanto a las verdaderas cantidades
escondidas, el general Lamadrid ha sospechado después, que la aserción de
Quiroga fuese exacta, por cuanto habiendo caído prisionero el descubridor,
ofreció diez mil pesos por su libertad, y no habiéndola obtenido, se quitó la
vida, degollándose Estos acontecimientos son demasiado ilustrativos para
que me excuse de referirlos
El interior tenía, pues, un jefe; y el derrotado de Oncativo, a quien no se
habían confiado otras tropas en Buenos Aires, que unos centenares de
presidiarios, podía ahora mirarse como el segundo, si no el primero, en
poder Para hacer más sensible la escisión de la República en dos fracciones,
las provincias litorales del Plata habían celebrado un convenio o federación,
por la cual se garantían mutuamente su independencia y libertad; verdad es
que el federalismo feudal existía allí fuertemente constituido en López, de
Santa Fe, Ferré, Rosas, jefes natos de los pueblos que dominaban; porque
Rosas empezaba ya a influir como árbitro en los negocios públicos Con el
224
vencimiento de Lavalle había sido llamado al Gobierno de Buenos Aires,
desempeñándolo hasta 1832, con la regularidad que podría haberlo hecho
otro cualquiera No debo omitir un hecho, sin embargo, que es un
antecedente necesario Rosas solicitó desde los principios, ser investido de
facultades extraordinarias, y no es posible detallar las resistencias que sus
partidarios de la ciudad le oponían Obtúvolas, empero, a fuerza de ruegos y
de seducciones, para mientras tanto durase la guerra de Córdoba; concluida
la cual, empezaron de nuevo las exigencias de hacerle desnudarse de aquel
poder ilimitado La ciudad de Buenos Aires no concebía, por entonces,
cualesquiera que fuesen las ideas de partido que dividiesen a sus políticos,
cómo podía existir un gobierno absoluto Rosas, empero, resistía
blandamente, mañosamente “No es para hacer uso de ellas —decía—, sino
porque, como dice mi secretario García Zúñiga, es preciso, como el maestro
de escuela, estar con el chicote en la mano para que respeten la autoridad”
La comparación ésta le había parecido irreprochable y la repetía sin cesar
Los ciudadanos, niños; el gobernador, el hombre, el maestro El ex
gobernador no descendía, empero, a confundirse con los ciudadanos; la obra
de tantos años de paciencia y de acción estaba a punto de terminarse; el
período legal en que había ejercido el mando le había enseñado todos los
secretos de la ciudadela; conocía sus avenidas, sus puntos mal fortificados; y
si salía del Gobierno, era sólo para poder tomarlo desde afuera por asalto,
sin restricciones constitucionales, sin trabas ni responsabilidad Dejaba el
bastón, pero se armaba de la espada, para venir con ella más tarde, y dejar
uno y otro, por el hacha y las varas, antigua insignia de los reyes romanos
Una poderosa expedición de que él se había nombrado jefe, se había
organizado durante el último período de su gobierno, para asegurar y
ensanchar los límites de la provincia hacia el sur, teatro de las frecuentes
incursiones de los salvajes Debía hacerse una batida general bajo un plan
grandioso; un ejército compuesto de tres divisiones obraría sobre un frente
de cuatrocientas leguas, desde Buenos Aires hasta Mendoza Quiroga debía
mandar las fuerzas del interior, mientras que Rosas seguiría la costa del
Atlántico con su división Lo colosal y lo útil de la empresa ocultaba, a los
ojos del vulgo, el pensamiento puramente político que bajo el velo tan
225
especioso se disimulaba Efectivamente: ¿qué cosa más bella que asegurar la
frontera de la República hacia el sur, escogiendo un gran río por límite con
los indios, y resguardándola con una cadena de fuertes, propósito en manera
alguna impracticable, y que en el Viaje de Cruz desde Concepción a Buenos
Aires había sido luminosamente desenvuelto? Pero Rosas estaba muy
distante de ocuparse de empresas que sólo al bienestar de la República
propendiesen Su ejército hizo un paseo marcial hasta el Río Colorado,
marchando con lentitud y haciendo observaciones sobre el terreno, clima y
demás circunstancias del país que recorrería Algunos toldos de indios fueron
desbaratados, alguna chusma hecha prisionera; a esto limitáronse los
resultados de aquella pomposa expedición, que dejó la frontera indefensa
como estaba antes y como se conserva hasta el día de hoy Las divisiones de
Mendoza y San Luis tuvieron resultados menos felices aun, y regresaron,
después de una estéril incursión en los desiertos del sur Rosas enarboló
entonces, por la primera vez, su bandera colorada, semejante en todo a la de
Argel o a la del Japón, y se hizo dar el título de Héroe del Desierto, que
venía en corroboración del que ya había obtenido de Ilustre Restaurador de
las Leyes, de esas mismas leyes que se proponía abrogar por su base17
17 Estancieros del sur de Buenos Aires me han asegurado, después que la expedición
aseguró la frontera, alejando a los bárbaros indómitos y sometiendo muchas tribus, que
han formado una barrera que pone a cubierto las estancias de las incursiones de aquéllos,
y que, a merced de estas ventajas obtenidas, la población ha podido extenderse hacia el
sur La geografía hizo también importantes conquistas, descubriendo territorios
desconocidos hasta entonces y aclarando muchas dudas El general Pacheco hizo un
reconocimiento del Río Negro, donde Rosas se hizo adjudicar la isla de Choelechel y la
división de Mendoza descubrió todo el curso del río Salado hasta su desagüe en la
laguna de Yauquenes Pero un gobierno inteligente habría asegurado de esta vez, para
siempre, las fronteras del sur de Buenos Aires El Río Colorado, navegable desde poco
más abajo de Cobu-Sebu, cuarenta leguas distante de Concepción, donde lo atravesó el
general Cruz, ofrece en todo su curso, desde la cordillera de los Andes hasta el
Atlántico, una frontera, a poca costa, impasable para los indios Por lo que hace a la
provincia de Buenos Aires, un fuerte establecido, en la laguna del Monte, en que
226
desagua el arroyo Guaminí, sostenido por otro, a las inmediaciones de la laguna de las
Salinas hacia el sur, otro en la sierra de la Ventana, hasta apoyarse en el Fuerte
Argentino, en
Facundo, demasiado penetrante para dejarse alucinar sobre el objeto de
la grande expedición, permaneció en San Juan, hasta el regreso de las
divisiones del interior La de Huidobro, que había entrado al desierto por
frente de San Luis, salió en derechura de Córdoba, y a su aproximación, fue
sofocada una revolución capitaneada por los Castillo, que tenía por objeto
quitar del Gobierno a los Reinafé, que obedecían a la influencia de López
Esta revolución se hacía por los intereses y bajo la inspiración de Facundo;
los primeros cabecillas fueron desde
San Juan, residencia de Quiroga y todos sus fautores, Arredondo, Ca-
Bahía Blanca, habrían permitido la población del espacio de territorio inmenso que
media entre este último punto y el Fuerte de la Independencia, en la sierra del Tandil,
límite de la población de Buenos Aires al sur Para completar este sistema de ocupación,
requeríase, además, establecer colonias agrícolas en Bahía Blanca y en la embocadura
del Río Colorado, de manera que sirviesen de mercado para la exportación de los
productos de los países circunvecinos; pues, careciendo de puertos, toda la costa
intermediaria hasta Buenos Aires, los productos de las estancias más avanzadas al sur se
pierden, no pudiendo transportarse las lanas, sebos, cueros, astas, etc, sin perder su valor
en los fletes
La navegación y población del Río Colorado adentro traería, a más de los productos que
pueden hacer nacer, la ventaja de desalojar a los salvajes, poco numerosos, que
quedarían cortados hacia el Norte, haciéndolos buscar el territorio al sur del Colorado
Lejos de haberse asegurado de una manera permanente las fronteras, los bárbaros han
invadido, desde la época desde la expedición al sur, y despoblado toda la campaña de
Córdoba y de San Luis; la primera, hasta la margen misma del Río Tercero y la segunda
hasta San José del Morro, que está en la misma latitud que la ciudad Ambas provincias
viven, desde entonces, en continua alarma, con tropas constantemente sobre las armas,
lo que, con el sistema de depredación de los gobernantes, hace una plaga más ruinosa
que las incursiones de los salvajes La cría de ganados está casi extinguida, y los
estancieros apresuran su extinción para liberarse, al fin, de las exacciones de los
227
gobernantes, por un lado de los gobernantes, por un lado, y de las depedaciones de los
indios, por otro
Por un sistema de política inexplicable, Rosas prohibe, a los gobiernos de la frontera,
emprender expedición alguna contra los indios, dejando que invadan periódicamente el
país y asolen más de doscientas leguas de frontera Eso es lo que Rosas no hizo, como
debió hacerlo, en la tan decantada expedición al sur, cuyos resultados fueron efímeros,
dejando subsistente el mal, que ha tomado, después, mayor agravación que antes— Nota
de la 1.a edición.
margo, etc, eran sus decididos partidarios Los periódicos de la época no
dijeron nada, empero, sobre las conexiones de Facundo con aquel
movimiento; y cuando Huidobro se retiró a sus acantonamientos, y
Arredondo y otros caudillos fueron fusilados, nada quedó por hacerse ni
decirse sobre aquellos movimientos; porque la guerra que debían hacerse
entre sí las dos fracciones de la República, los dos caudillos que se
disputaban sordamente el mando, debía serlo sólo de emboscadas, de lazos y
de traiciones Es un combate mudo, en que no se miden fuerzas, sino audacia
de parte del uno, y astucia y amaños por parte del otro Esta lucha entre
Quiroga y Rosas es poco conocida, no obstante que abraza un período de
cinco años Ambos se detestan, se desprecian; no se pierden de vista un
momento, porque cada uno de ellos siente que su vida y su porvenir
dependen del resultado de este juego terrible
Creo oportuno hacer sensible, por un cuadro, la geografía política de la
República desde 1832 adelante, para que el lector comprenda mejor los
movimientos que empiezan a operarse:
228
REPÚBLICA ARGENTINA
Fracción feudal
Santiago del Estero, bajo la dominación de Ibarra.
López de Santa Fe extendía su influencia sobre Entre Ríos, por medio de
Echagüe, santafecino y criatura suya, y sobre Córdoba, por los Reinafé
Ferré, hombre de espíritu independiente, provincialista, mantuvo a
Corrientes fuera de la lucha hasta 1839; bajo el gobierno de Berón de
Astrada volvió las armas de aquella provincia contra Rosas, que con su
acrecentamiento de poder había hecho ilusorio el pacto de la Liga Ese
mismo Ferré, por ese espíritu de provincialismo estrecho, declaró desertor,
en 1840, a Lavalle, por haber pasado el Paraná con el ejército correntino; y
después de la batalla de Caaguazú, quitó el general Paz el ejercicio
victorioso, haciendo, así, malograr las ventajas decisivas que pudo producir
aquel triunfo
229
Ferré, en estos procedimientos, como en la Liga Litoral que en años atrás
había promovido, estaba inspirado por el espíritu provincial de
independencia y aislamiento, que había despertado en todos los ánimos la
revolución de la Independencia Así, pues, el mismo sentimiento que había
echado a Corrientes en la oposición a la Constitución unitaria de 1826, le
hacía, desde 1838, echarse en la oposición a Rosas, que centralizaba el poder
De aquí nacen los desaciertos de aquel caudillo y los desastres que se
siguieron a la batalla de Caaguazú, estéril no sólo para la República en
general, sino para la provincia misma de Corrientes; pues, centralizado el
resto de la nación por Rosas, mal podría ella conservar su independencia
feudal y federal
Terminada la expedición al sur, o, por mejor decir, desbaratada, porque
no tenía verdadero plan ni fin real, Facundo se marchó a Buenos Aires,
acompañado de su escolta y de Barcala, y entra en la ciudad sin haberse
tomado la molestia de anunciar a nadie su llegada Estos procedimientos
subversivos de toda forma recibida podrían dar lugar a muy largos
comentarios, si no fueran sistemáticos y característicos ¿Qué objeto llevaba
a Quiroga, esta vez, a Buenos Aires? ¿Es otra invasión que, como la de
Mendoza, hace sobre el centro del poder de su rival? El espectáculo de la
civilización ¿ha dominado, al fin, su rudeza selvática, y quiere vivir en el
seno del lujo y de las comodidades? Yo creo que todas estas causas reunidas
aconsejaron a Facundo, su mal aconsejado viaje a Buenos Aires El poder
educa, y Quiroga tenía todas las altas dotes de espíritu que permiten a un
hombre corresponder siempre a su nueva posición, por encumbrada que sea
Facundo se establece en Buenos Aires, y bien pronto se ve rodeado de los
hombres más notables: compra seiscientos mil pesos de fondos públicos;
juega a la alta y baja; habla con desprecio de Rosas; declárase unitario entre
los unitarios, y la palabra Constitución no abandona sus labios Su vida
pasada, sus actos de barbarie, poco conocidos en Buenos Aires, son
explicados entonces y justificados por la necesidad de vencer, por la de su
propia conservación Su conducta es mesurada; su aire, noble e imponente,
no obstante que lleva chaqueta, el poncho terciado y la barba y el pelo
enormemente abultados
230
Quiroga, durante su residencia en Buenos Aires, hace algunos ensayos de
su poder personal Un hombre, con cuchillo en mano, no quería entregarse a
un sereno Acierta a pasar Quiroga por el lugar de la escena, embozado en su
poncho, como siempre; párase a ver, y súbitamente arroja el poncho, lo
abraza e inmoviliza Después de desarmado, él mismo lo conduce a la
Policía, sin haber querido dar su nombre al sereno, como tampoco lo dio en
la Policía, donde fue, sin embargo, reconocido por un oficial; los diarios
publicaron, al día siguiente, aquel acto de arrojo Sabe, una vez, que cierto
boticario ha hablado con desprecio de sus actos de barbarie en el interior
Facundo se dirige a su botica y lo interroga El boticario le impone y le dice
que allí no está en las provincias para atropellar a nadie impunemente Este
suceso llena de placer a toda la ciudad de Buenos Aires ¡Pobre Buenos
Aires, tan candorosa, tan engreída con sus instituciones! ¡Un año más, y
seréis tratada con más brutalidad de la que fue tratado el interior por
Quiroga! La Policía hace entrar sus satélites a la habitación misma de
Quiroga, en persecución del huésped de la casa, y Facundo, que se ve tratado
tan sin miramiento, extiende el brazo, coge el puñal, se endereza en la cama
donde está recostado, y en seguida vuelve a reclinarse y abandona
lentamente el arma homicida Siente que hay allí otro poder que el suyo, y
que pueden meterlo en la cárcel, si se hace justicia a sí mismo
Sus hijos están en los mejores colegios; jamás les permite vestir sino frac
o levita, y a uno de ellos, que intenta dejar sus estudios para abrazar la
carrera de las armas, lo pone de tambor en un batallón, hasta que se
arrepiente de su locura Cuando algún coronel le habla de enrolar en su
cuerpo, en clase de oficial, a alguno de sus hijos: “Si fuera en un regimiento
mandado por Lavalle —contesta, burlándose—, ya; ¡pero en estos cuerpos!
…” Si se habla de escritores, ninguno hay que, en su concepto, pueda
rivalizar con los Varela, que tanto mal han dicho de él Los únicos hombres
honrados que tiene la República son Rivadavia y Paz: “ambos tenían las más
sanas intenciones” A los unitarios, sólo exige un secretario como el doctor
Ocampo, un político que redacte una Constitución, y con una imprenta, se
marchará a San Luis, y desde allí, la enseñará a toda la República, en la
punta de una lanza Quiroga, pues, se presenta como el centro de una nueva
231
tentativa de reorganizar la República; y pudiera decirse que conspira
abiertamente, si todos estos propósitos, todas aquellas bravatas no careciesen
de hechos que viniesen a darles cuerpo La falta de hábitos de trabajo, la
pereza de pastor, la costumbre de esperarlo todo del terror, acaso la novedad
del teatro de acción, paralizan su pensamiento, lo mantienen en una
expectativa funesta que lo compromete últimamente y lo entrega maniatado
a su astuto rival No han quedado hechos ningunos que acrediten que
Quiroga se proponía obrar inmediatamente, si no son sus inteligencias con
los gobernadores del interior y sus indiscretas palabras repetidas por
unitarios y federales, sin que los primeros se resuelvan a fiar su suerte en
manos como las suyas, ni los federales lo rechacen como desertor de sus
filas
Y mientras tanto que se abandona, así, a una peligrosa indolencia, ve
cada día acercarse el boa que ha de sofocarlo en sus redobladas lazadas El
año 1833, Rosas se hallaba ocupado de su fantástica expedición, y tenía su
ejército obrando al sur de Buenos Aires, desde donde observaba al Gobierno
de Balcarce La provincia de Buenos Aires presentó poco después uno de los
espectáculos más singulares Me imagino lo que sucedería en la Tierra, si un
poderoso cometa se acercase a ella: al principio, el malestar general;
después, rumores sordos, vagos; en seguida, las oscilaciones del globo
atraído fuera de su órbita, hasta que, al fin, los sacudimientos convulsivos, el
desplome de las montañas, el cataclismo, traerían el caos que precede a cada
una de las creaciones sucesivas de que nuestro globo ha sido testigo
Tal era la influencia que Rosas ejercía en 1834 El Gobierno de Buenos
Aires se sentía cada vez más circunscrito, en su acción, más embarazado en
su marcha, más dependiente del Héroe del Desierto Cada comunicación de
éste era un reproche dirigido a su Gobierno, una cantidad exorbitante exigida
por el ejército, alguna demanda inusitada; luego la campaña no obedecía a la
ciudad, y era preciso poner a Rosas la queja de este desacato de sus adictos;
más tarde, la desobediencia entraba en la ciudad misma; últimamente,
hombres armados recorrían las calles, a caballo, disparando tiros que daban
muerte a algunos transeúntes Esta desorganización de la sociedad iba, de día
en día, aumentándose como un cáncer y avanzando hasta el corazón, si bien
232
podía discernirse el camino que traía desde la tienda de Rosas a la campaña;
de la campaña, a un barrio de la ciudad; de allí, a cierta clase de hombres,
los carniceros, que eran los principales instigadores El Gobierno de Balcarce
había sucumbido en 1833, al empuje de este desbordamiento de la campaña
sobre la ciudad El partido de Rosas trabajaba con ardor, para abrir un largo y
despejado camino al Héroe del Desierto, que se aproximaba a recibir la
ovación merecida: el Gobierno; pero el partido federal de la ciudad burla,
todavía, sus esfuerzos, y quiere hacer frente La Junta de Representantes se
reúne en medio del conflicto que trae la acefalía del Gobierno, y el general
Viamont, a su llamada, se presenta, con la prisa, en traje de casa y se atreve
aun a hacerse cargo del Gobierno Por un momento, parece que el orden se
restablece y la pobre ciudad respira; pero luego principia la misma agitación,
los mismos manejos, los grupos de hombres que recorren las calles, que
distribuyen latigazos a los pasantes Es indecible el estado de alarma en que
vivió un pueblo entero durante dos años, con este extraño y sistemático
desquiciamiento De repente, se veían las gentes disparando por las calles, y
el ruido de las puertas que se cerraban iba repitiéndose, de manzana en
manzana, de calle en calle ¿De qué huían? ¿Por qué se encerraban a la mitad
del día? ¡Quién sabe! Alguno había dicho que venían…, que se divisaba un
grupo…, que se había oído el tropel lejano de caballos
Una de estas veces, marchaba Facundo Quiroga por una calle, seguido de
un ayudante, y al ver a estos hombres con frac, que corren por las veredas, a
las señoras que huyen sin saber de qué, Quiroga se detiene, pasea una
mirada de desdén sobre aquellos grupos, y dice a su edecán: “¡Este pueblo se
ha enloquecido!” Facundo había llegado a Buenos Aires, poco después de la
caída de Balcarce “Otra cosa hubiera sucedido —decía— si yo hubiese
estado aquí” —“¿Y qué habría hecho, general? —le replicaba uno de los que
escuchándole había—; S E no tiene influencia sobre esta plebe de Buenos
Aires” Entonces, Quiroga, levantando la cabeza, sacudiendo su negra
melena, y despidiendo rayos de sus ojos, le dice con voz breve y seca:
“¡Mire usted! Habría salido a la calle, y al primer hombre que hubiera
encontrado, le habría dicho: ¡Sígame!, y ese hombre me habría seguido!…”
Tal era la avasalladora energía de las palabras de Quiroga, tan imponente su
233
fisonomía, que el incrédulo bajó la vista, aterrado, y por largo tiempo, nadie
se atrevió a despegar los labios
El general Viamont renuncia, al fin, porque ve que no se puede gobernar,
que hay una mano poderosa que detiene las ruedas de la administración
Búscase alguien que quiera reemplazarlo; se pide, por favor, a los más
animosos que se hagan cargo del bastón, y nadie quiere; todos se encogen de
hombros y ganan sus casas, amedrentados Al fin, se coloca a la cabeza del
Gobierno, el doctor Maza, el maestro, el mentor y amigo de Rosas, y creen
haber puesto remedio al mal que los aqueja ¡Vana esperanza! El malestar
crece, lejos de disminuir Anchorena se presenta al Gobierno, pidiendo que
reprima los desórdenes, y sabe que no hay medio alguno a su alcance; que la
fuerza de la Policía no obedece; que hay órdenes de afuera El general Guido,
el doctor Alcorta, dejan oír, todavía, en la Junta de Representantes, algunas
protestas enérgicas contra aquella agitación convulsiva en que se tiene a la
ciudad; pero el mal sigue, y, para agravarlo, Rosas reprocha al Gobierno,
desde su campamento, los desórdenes que él mismo fomenta ¿Qué es lo que
quiere este hombre? ¿Gobernar? Una Comisión de la Sala va a ofrecerle el
Gobierno: le dice que sólo él puede poner término a aquella angustia, a
aquella agonía de dos años Pero Rosas no quiere gobernar, y nuevas
comisiones, nuevos ruegos Al fin halla medio de conciliarlo todo Les hará el
favor de gobernar, si los tres años que abraza el período legal se prolongan a
cinco, y se le entrega la suma del poder público, palabra nueva, cuyo alcance
sólo él comprende
En estas transacciones se hallaba la ciudad de Buenos Aires y Rosas,
cuando llega la noticia de un desavenimiento entre los gobiernos de Salta,
Tucumán y Santiago del Estero, que podía hacer estallar la guerra Cinco
años van corridos desde que los unitarios han desaparecido de la escena
política, y dos, desde que los federales de la ciudad, los lomos negros, han
perdido toda influencia en el Gobierno; cuando más, tienen valor para exigir
algunas condiciones que hagan tolerable la capitulación Rosas, entretanto
que la ciudad se rinde a discreción, con sus instituciones, sus garantías
individuales, con sus responsabilidades impuestas al Gobierno, agita, fuera
de Buenos Aires, otra máquina no menos complicada Sus relaciones con
234
López de Santa Fe son activas, y tiene además una entrevista en que
conferencian ambos caudillos; el Gobierno de Córdoba está bajo la
influencia de López, que ha puesto, a su cabeza, a los Reinafé Invítase a
Facundo a ir a interponer su influencia, para apagar las chispas que se han
levantado en el norte de la República; nadie sino él está llamado para
desempeñar esta misión de paz Facundo resiste, vacila; pero se decide al fin
El 18 de diciembre de 1835 sale de Buenos Aires, y al subir a la galera
dirige, en presencia de varios amigos, sus adioses a la ciudad “Si salgo bien
—dice, agitando la mano—, te volveré a ver; si no, ¡adiós para siempre!”
¿Qué siniestros presentimientos vienen a asomar en aquel momento a su faz
lívida, en el ánimo de este hombre impávido? ¿No recuerda el lector algo
parecido a lo que manifestaba Napoleón al partir de las Tullerías, para la
campaña que debía terminar en Waterloo?
Apenas ha andado media jornada, encuentra un arroyo fangoso que
detiene la galera El vecino maestre de posta acude solícito a pasarla: se
ponen nuevos caballos, se apuran todos los esfuerzos, y la galera no avanza
Quiroga se enfurece, y hace uncir a las varas, al mismo maestre de posta La
brutalidad y el terror vuelven a aparecer desde que se halla en el campo, en
medio de aquella naturaleza y de aquella sociedad semibárbara Vencido
aquel primer obstáculo, la galera sigue cruzando la pampa, como una
exhalación; camina todos los días hasta las dos de la mañana, y se pone en
marcha, de nuevo, a las cuatro Acompáñanle el doctor Ortiz, su secretario, y
un joven conocido, a quien a su salida, encontró inhabilitado de ir adelante
por la fractura de las ruedas de su vehículo En cada posta a que llega, hace
preguntar inmediatamente: “¿A qué hora ha pasado un chasque de Buenos
Aires? —Hace una hora —¡Caballos sin pérdida de momento!” —grita
Quiroga Y la marcha continúa Para hacer más penosa la situación, parecía
que las cataratas del cielo se habían abierto; durante tres días, la lluvia no
cesa un momento, y el camino se ha convertido en un torrente
Al entrar en la jurisdicción de Santa Fe, la inquietud de Quiroga se
aumenta, y se torna en visible angustia cuando en la posta de Pavón sabe que
no hay caballos y que el maestre de posta está ausente El tiempo que pasa
antes de procurarse nuevos tiros es una agonía mortal para Facundo, que
235
grita a cada momento: “¡Caballos! ¡Caballos!” Sus compañeros de viaje
nada comprenden de este extraño sobresalto, asombrados de ver a este
hombre, el terror de los pueblos, asustadizo ahora y lleno de temores, al
parecer, quiméricos Cuando la galera logra ponerse en marcha, murmura en
voz baja, como si hablara consigo mismo: “Si salgo del territorio de Santa
Fe, no hay cuidado por lo demás” En el paso del Río Tercero, acuden los
gauchos de la vecindad a ver al famoso Quiroga, y pasan la galera, punto
menos que a hombros
Últimamente, llega a la ciudad de Córdoba, a las nueve y media de la
noche, y una hora después del arribo del chasque de Buenos Aires, a quien
ha venido pisando desde su salida Uno de los Reinafé acude a la posta,
donde Facundo está aún en la galera, pidiendo caballos, que no hay en aquel
momento; salúdalo con respeto y efusión; suplícale que pase la noche en la
ciudad, donde el Gobierno se prepara a hospedarlos dignamente “¡Caballos
necesito!”, es la breve respuesta que da Quiroga “¡Caballos!”, replica a cada
nueva manifestación de interés o solicitud de parte de Reinafé, que se retira,
al fin, humillado, y Facundo parte para su destino, a las doce de la noche
La ciudad de Córdoba, entretanto, estaba agitada por los más extraños
rumores: los amigos del joven que ha venido, por casualidad, en compañía
de Quiroga, y que se queda en Córdoba, su patria, van en tropel a visitarlo
Se admiran de verlo vivo, y le hablan del peligro inminente de que se ha
salvado Quiroga debía ser asesinado en tal punto; los asesinos son N y N; las
pistolas han sido compradas en tal almacén; han sido vistos N y N para
encargarse de la ejecución, y se han negado Quiroga los ha sorprendido con
la asombrosa rapidez de su marcha, pues no bien llega el chasque que
anuncia su próximo arribo, cuando se presenta él mismo y hace abortar
todos los preparativos Jamás se ha premeditado un atentado con más
descaro; toda Córdoba está instruida de los más mínimos detalles del crimen
que el Gobierno intenta, y la muerte de Quiroga es el asunto de todas las
conversaciones
Quiroga, en tanto, llega a su destino, arregla las diferencias entre los
gobernantes hostiles y regresa por Córdoba, a despecho de las reiteradas
instancias de los gobernadores de Santiago y Tucumán, que le ofrecen una
236
gruesa escolta para su custodia, aconsejándole tomar el camino de Cuyo para
regresar ¿Qué genio vengativo cierra su corazón y sus oídos y le hace
obstinarse en volver a desafiar a sus enemigos, sin escolta, sin medios
adecuados de defensa? ¿Por qué no toma el camino de Cuyo, desentierra sus
inmensos depósitos de armas a su paso por La Rioja y arma las ocho
provincias que están bajo su influencia? Quiroga lo sabe todo: aviso tras de
aviso ha recibido en Santiago del Estero; sabe el peligro de que su diligencia
lo ha salvado; sabe el nuevo y más inminente que le aguarda, porque no han
desistido sus enemigos del concebido designio “¡A Córdoba!”, grita a los
postillones, al ponerse en marcha, como si Córdoba fuese el término de su
viaje18
debo matar a Quiroga, según me lo ordenan; pues me presentan este acto como
convenido entre los gobernadores López de Santa Fe y Rosas, de Buenos Aires, único
medio de salvar la República”— Nota de la 2.a edición
criminal descuido no conservarlos; porque, si alguna vez un hombre ha
apurado todas las heces de la agonía; si alguna vez la muerte ha debido
parecer horrible, es aquella en que un triste deber, el de acompañar a un
amigo temerario, nos la impone, cuando no hay infamia ni deshonor en
evitarla19
El doctor Ortiz llama aparte al maestre de posta y lo interroga
encarecidamente sobre lo que sabe acerca de los extraños avisos que han
238
recibido, asegurándole no abusar de su confianza ¡Qué pormenores va a oír!
Santos Pérez ha estado allí, con su partida de treinta hombres, una hora antes
de su arribo; van todos armados de tercerola y sable; están ya apostados en
el lugar designado; deben morir todos los que acompañan a Quiroga; así lo
ha dicho Santos Pérez al mismo maestre de posta Esta confirmación de la
noticia recibida de antemano no altera en nada la determinación de Quiroga,
que después de tomar una taza de chocolate, según su costumbre, se duerme
profundamente El doctor Ortiz gana también la cama no para dormir, sino
para acordarse de su esposa, de sus hijos, a quienes no volverá a ver más Y
todo, ¿por qué? Por no arrostrar el enojo de un temible amigo; por no
incurrir en la tacha de desleal A medianoche, la inquietud de la agonía le
hace insoportable la cama; levántase y va a buscar a su confidente:
“¿Duerme, amigo? —le pregunta en voz baja— ¡Quién ha de dormir, señor,
con esta cosa tan horrible! —¿Conque no hay duda? ¡Qué suplicio el mío!
—¡Imagínese, señor, cómo estaré yo, que tengo que mandar dos postillones,
que deben ser muertos también! Esto me mata Aquí hay un niño que es
sobrino del sargento de la partida, y pienso mandarlo; pero el otro… ¿A
quién mandaré?, ¡a hacerlo morir inocentemente!”
El doctor Ortiz hace un último esfuerzo por salvar su vida y la del
compañero; despierta a Quiroga, y le instruye de los pavorosos detalles que
acaba de adquirir, significándole que él no le acompaña, si se obstina en
hacerse matar inútilmente Facundo, con gesto airado y pa-
19 Tuve estos detalles del malogrado doctor Piñero, muerto en 1846, en Chile, pariente del
señor Ortiz, compañero de viaje de Quiroga, desde Buenos Aires hasta Córdoba Es triste
necesidad, sin duda, no poder citar sino los muertos, en apoyo de la verdad— Nota de la
2.a edición
labras groseramente enérgicas, le hace entender que hay mayor peligro en
contrariarlo allí, que el que le aguarda en Barranca-Yaco, y fuerza es
someterse sin más réplica Quiroga manda a su asistente, que es un valiente
negro, a que limpie algunas armas de fuego que vienen en la galera y las
cargue: a esto se reducen todas sus precauciones
239
Llega el día, por fin, y la galera se pone en camino Acompáñale, a más
del postillón que va en el tiro, el niño aquel, dos correos que se han reunido
por casualidad y el negro, que va a caballo Llega al punto fatal, y dos
descargas traspasan la galera por ambos lados, pero sin herir a nadie; los
soldados se echan sobre ella, con los sables desnudos, y en un momento
inutilizan los caballos y descuartizan al postillón, correos y asistente
Quiroga entonces asoma la cabeza, y hace, por el momento, vacilar a aquella
turba Pregunta por el comandante de la partida, le manda acercarse, y a la
cuestión de Quiroga “¿Qué significa esto?”, recibe por toda contestación un
balazo en un ojo, que le deja muerto Entonces Santos Pérez atraviesa
repetidas veces con su espada al malaventurado ministro y manda, concluida
la ejecución, tirar hacia el bosque la galera llena de cadáveres, con los
caballos hechos pedazos, y el postillón, que con la cabeza abierta se
mantiene aún a caballo “¿Qué muchacho es éste? —pregunta, viendo al niño
de posta, único que queda vivo— —Éste es un sobrino mío —contesta el
sargento de la partida—; yo respondo de él con mi vida” Santos Pérez se
acerca al sargento, le atraviesa el corazón de un balazo, y en seguida,
desmontándose, toma de un brazo al niño, lo tiende en el suelo y lo degüella,
a pesar de sus gemidos de niño que se ve amenazado de un peligro Este
último gemido del niño es, sin embargo, el único suplicio que martiriza a
Santos Pérez; después, huyendo de las partidas que lo persiguen, oculto en
las breñas de las rocas, o en los bosques enmarañados, el viento le trae al
oído el gemido lastimero del niño Si a la vacilante claridad de las estrellas se
aventura a salir de su guarida, sus miradas inquietas se hunden en la
oscuridad de los árboles sombríos, para cerciorarse de que no se divisa en
ninguna parte el bultito blanquecino del niño; y cuando llega al lugar donde
hacen encrucijada dos caminos, lo arredra ver venir por el que él deja, al
niño animando su caballo
Facundo decía también que un solo remordimiento lo aquejaba: ¡la
muerte de los veintiséis oficiales fusilados en Mendoza!
¿Quién es, mientras tanto, este Santos Pérez? Es el gaucho malo de la
campaña de Córdoba, célebre en la sierra y en la ciudad por sus numerosas
muertes, por su arrojo extraordinario, por sus aventuras inauditas Mientras
240
permaneció el general Paz en Córdoba, acaudilló las montoneras más
obstinadas e intangibles de la Sierra, y por largo tiempo, el pago de Santa
Catalina fue una republiqueta, adonde los veteranos del ejército no pudieron
penetrar Con miras más elevadas, habría sido el digno rival de Quiroga; con
sus vicios, sólo alcanzó a ser su asesino Era alto de talle, hermoso de cara,
de color pálido y barba negra y rizada Largo tiempo fue después, perseguido
por la justicia, y nada menos que cuatrocientos hombres andaban en su
busca Al principio, los Reinafé lo llamaron, y en la casa de Gobierno fue
recibido amigablemente Al salir de la entrevista, empezó a sentir una extraña
descompostura de estómago, que le sugirió la idea de consultar a un médico
amigo suyo, quien informado por él, de haber tomado una copa de licor que
se le brindó, le dio un elixir que le hizo arrojar, oportunamente, el arsénico
que el licor, disimulaba Más tarde, y en lo más recio de la persecución, el
comandante Casanova, su antiguo amigo, le hizo significar que tenía algo de
importancia que comunicarle Una tarde, mientras que el escuadrón de que el
comandante Casanova era jefe hacía el ejercicio al frente de su casa, Santos
Pérez se desmonta en la puerta y le dice: “Aquí estoy; ¿qué quería decirme?
—¡Hombre! Santos Pérez, pase por acá; siéntese— ¡No! ¿Para qué me ha
hecho llamar?” El comandante, sorprendido así, vacila y no sabe qué decir
en el momento Su astuto y osado interlocutor lo comprende, y arrojándole
una mirada de desdén y volviéndole la espalda, le dice: “¡Estaba seguro de
que quería agarrarme por traición! He venido para convencerme no más”
Cuando se dio orden al escuadrón de perseguirlo, Santos había desaparecido
Al fin, una noche lo cogieron dentro de la ciudad de Córdoba, por una
venganza femenil Había dado de golpes a la querida con quien dormía: ésta,
sintiéndolo profundamente dormido, se levanta con precaución, le toma las
pistolas y el sable, sale a la calle y lo denuncia a una patrulla Cuando
despierta, rodeado de fusiles
apuntados a su pecho, echa mano a las pistolas, y no encontrándolas: “Estoy
rendido —dice con serenidad— ¡Me han quitado las pistolas!”
El día que lo entraron a Buenos Aires, una muchedumbre inmensa se
240 había reunido en la puerta de la casa de Gobierno A su vista gritaba el populacho:
¡Muera Santos Pérez!, y él, meneando desdeñosamente la cabeza y paseando
sus miradas por aquella multitud, murmuraba tan sólo estas palabras:
“¡Tuviera aquí mi cuchillo!” Al bajar del carro que lo conducía a la cárcel,
gritó repetidas veces: “¡Muera el tirano!”; y al encaminarse al patíbulo, su
talla gigantesca, como la de Dantón, dominaba la muchedumbre, y sus
miradas se fijaban, de vez en cuando, en el cadalso como en un andamio de
arquitectos
El Gobierno de Buenos Aires dio un aparato solemne a la ejecución de
los asesinos de Juan Facundo Quiroga; la galera ensangrentada y acribillada
de balazos estuvo largo tiempo expuesta al examen del pueblo, y el retrato
de Quiroga, como la vista del patíbulo y de los ajusticiados, fueron
litografiados y distribuidos por millares, como también extractos del
proceso, que se dio a luz en un volumen en folio La Historia imparcial
espera, todavía, datos y relaciones para señalar con su dedo, al instigador de
los asesinos
14 GOBIERNO UNITARIO
No se sabe bien por qué es que quiere gobernar. Una sola cosa
ha podido averiguarse, y es que está poseído de una furia que
lo atormenta: ¡quiere gobernar! Es un oso que ha roto las
rejas de su jaula, y desde que tenga en sus manos su gobierno
pondrá en fuga a todo el mundo. ¡Ay de aquel que caiga en sus
manos! No lo largará hasta que expire bajo su gobierno. Es
una sanguijuela, que no se desprende hasta que está repleta de
sangre.
LAMARTINE
sostenido por la opinión Los unitarios, que en nada habían tomado parte, lo recibían,
al menos, con indiferencia; los federales, lomos negros, con desdén, pero sin
oposición; los ciudadanos pacíficos lo esperaban como una bendición y un término, a
las crueles oscilaciones de dos largos años; la campaña, en fin, como el símbolo de su
poder y la humillación de los cajetillas de la ciudad Bajo tan felices disposiciones,
principiáronse las elecciones o ratificaciones en todas las parroquias, y la votación fue
unánime, excepto tres votos que se opusieron a la delegación de la Suma del Poder
público ¿Concíbese cómo ha podido suceder, que en una provincia de cuatrocientos
mil habitantes, según lo asegura la Gaceta, sólo hubiese tres votos contrarios al
Gobierno? ¿Sería acaso que los disidentes no votaron? ¡Nada de eso! No se tiene aún
noticia de ciudadano alguno que no fuese a votar; los enfermos se levantaron de la
cama a ir a dar su asentimiento, temerosos de que sus nombres fuesen inscritos en
algún negro registro, porque así se había insinuado
El terror estaba ya en la atmósfera, y aunque el trueno no había estallado aún,
todos veían la nube negra y torva que venía cubriendo el cielo dos años hacía La
votación aquélla es única en los anales de los pueblos civilizados, y los nombres de
los tres locos, más bien que animosos opositores, se han conservado en la tradición
del pueblo de Buenos Aires
Hay un momento fatal en la historia de todos los pueblos, y es aquél en que,
cansados los partidos de luchar, piden antes de tod, el reposo de que por largos años
han carecido, aun a expensas de la libertad o de los fines que ambicionaban; éste es el
momento en que se alzan los tiranos que fundan dinastías e imperios Roma, cansada
de las luchas de Mario y de Sila, de patricios y plebeyos, se entregó con delicia a la
dulce tiranía de Augusto, el primero que encabezaba la lista execrable de los
emperadores romanos La Francia, después del Terror, después de la impotencia y
desmoralización del Directorio, se entregó a Napoleón, que, por un camino sembrado
de laureles, la sometió a los aliados que la devolvieron a los Borbones Rosas tuvo la
habilidad de acelerar aquel cansancio, de crearlo a fuerza de hacer imposible el reposo
Dueño una vez del poder absoluto, ¿quién se lo pedirá más tarde?, ¿quién se atreverá a
disputarle sus títulos a la dominación? Los romanos daban la dictadura en casos raros
y por término corto y fijo; y aun así, el uso de la dictadura temporal autorizó la
perpetua, que destruyó la República y trajo todo el desenfreno del Imperio Cuando el
término del gobierno de Rosas expira, anuncia su determinación decidida de retirarse
a la vida privada; la muerte de su cara esposa, la de su padre, han ulcerado su corazón;
necesita ir lejos del tumulto de los negocios públicos, a llorar a sus anchas pérdidas
tan amargas El lector debe recordar, al oír este lenguaje en la boca de Rosas, que no
244
veía a su padre desde su juventud, y a cuya esposa había dado días tan amargos, algo
parecido a las hipócritas protestas de Tiberio ante el Senado romano La Sala de
Buenos Aires le ruega, le suplica que continúe haciendo sacrificios por la patria;
Rosas se deja persuadir, continúa tan sólo por seis meses más; pasan los seis meses, y
se abandona la farsa de la elección Y, en efecto, ¿qué necesidad tiene de ser electo un
jefe que ha arraigado el poder en su persona? ¿Quién le pide cuenta, temblando del
terror que les ha inspirado a todos?
Cuando la aristocracia veneciana hubo sofocado la conspiración de Tiépolo, en
1300, nombró de su seno diez individuos que, investidos de facultades discrecionales,
debían perseguir y castigar a los conjurados, pero limitando la duración de su
autoridad a sólo diez días Oigamos al conde de Daru, en su célebre Historia de
Venecia, referir el suceso:
“Tan inminente se creyó el peligro, dice, que se creó una autoridad dictatorial
después de la victoria Un Consejo de diez miembros fue nombrado para velar por la
conservación del Estado Se le armó de todos los medios; librósele de todas las formas,
de todas las responsabilidades; quedáronle sometidas todas las cabezas
“Verdad es que su duración no debía pasar de diez días; fue necesario, sin
embargo, prorrogarla por diez más, después por veinte, en seguida por dos meses;
pero, al fin, fue prolongada seis veces seguidas por este último término A la vuelta de
un año de existencia, se hizo continuar por cinco Entonces se encontró demasiado
fuerte para prorrogarse a sí mismo durante diez años más, hasta que fue aquel terrible
Tribunal declarado perpetuo
“Lo que había hecho por prolongar su duración, lo hizo por extender sus
atribuciones Instituido solamente para conocer en los crímenes de Estado, este
tribunal se había apoderado de la Administración So pretexto de velar por la seguridad
de la República, se entrometió en la paz y en la guerra, dispuso de las rentas y
concluyó por arrogarse el Poder soberano”20
En la República Argentina no es un Consejo el que se ha apoderado así, de la
autoridad suprema: es un hombre, y un hombre bien indig-
20 Histoire de Venise: tomo II, libro VII, p 84— Nota de la 1.a edición
no Encargado, temporalmente, de las Relaciones Exteriores, depone, fusila, asesina a
los gobernadores de las provincias que le hicieron el encargo Revestido de la Suma
del Poder público, en 1835, por sólo cinco años, en 1845 está revestido aún de aquel
poder Y nadie sería, hoy, tan candoroso, para esperar que lo deje, ni que el pueblo se
245
Tal era el axioma de política consagrado en ella Se anuncia que va a correr sangre,
y tan sólo promete no atentar contra las propiedades ¡Ay de los que provoquen su
cólera!
Cuatro días después, la parroquia de San Francisco anuncia su intención de
celebrar una misa y Te Deum, en acción de gracias al Todopoderoso, etc, invitando al
vecindario a solemnizar, con su presencia, el acto Las calles circunvecinas están
empavesadas, alfombradas, tapizadas, decoradas Es aquello un bazar oriental en que
ostentan tejidos de damasco, púrpura, oro y pedrerías, en decoraciones caprichosas El
pueblo llena las calles, los jóvenes acuden a la novedad, las señoras hacen de la
parroquia, su paseo de la tarde El Te Deum se posterga de un día a otro, y la agitación
de la ciudad, el ir y venir, la excitación, la interrupción de todo trabajo dura cuatro,
cinco días consecutivos La Gaceta repite los más mínimos detalles de la espléndida
función Ocho días después, otra parroquia anuncia su Te Deum: los vecinos se
proponen rivalizar en entusiasmo y oscurecer la pasada fiesta ¡Qué lujo de
decoraciones, qué ostentación de riquezas y adornos! El retrato del Restaurador está
en la calle, en un dosel, en que los terciopelos colorados se mezclan con los galones y
las cordonaduras de oro Igual movimiento por más días aun; se vive en la calle, en la
Parroquia privilegiada Pocos días después, otra Parroquia, otra fiesta en otro barrio
Pero ¿hasta cuándo fiestas? ¿Qué, no se cansa este pueblo de espectáculos? ¿Qué
entusiasmo es aquél, que no se resfría en un mes? ¿Por qué no hacen todas las
Parroquias su función a un tiempo? No: es el entusiasmo sistemático, ordenado,
administrado poco a poco Un año después, todavía no han concluido las Parroquias de
dar su fiesta; el vértigo oficial pasa de la ciudad a la campaña, y es cosa de nunca
acabar La Gaceta de la época está ahí, ocupada, año y medio, en describir fiestas
federales El Retrato se mezcla en todas ellas, tirado en un carro hecho para él, por los
generales, las señoras, los federales netos “Et le peuple, enchanté d’un tel spectacle,
enthousiasmé du Te Deum, chanté moult bien a Nôtre-Dame, le peuple oublia qu’il
payait fort cher tout, et se retirait fort joyeux”21
De las fiestas sale, al fin de año y medio, el color colorado, como insignia de
adhesión a la causa; el retrato de Rosas, colocado en los altares primero, pasa después
a ser parte del equipo de cada hombre, que debe llevarlo en el pecho, en señal de
amor intenso a la persona del Restaurador Por último, de entre estas fiestas, se
desprende, al fin, la terrible Mazorca, cuerpo de policía entusiasta, federal, que tiene
por encargo y oficio echar lavativas de ají y aguarrás a los descontentos, primero, y
después, no bastando este tratamiento flogístico, degollar a aquellos que se les indique
247
de incubarla quince años, ni que haya tocado medios más variados ni más conducentes
al objeto? Podemos en esto, sin embargo, consolarnos de que la Europa haya
suministrado un modelo al genio americano La Mazorca, con los mismos caracteres,
compuesta de los mismos hombres, ha existido en la Edad Media en Francia, en
tiempo de las guerras entre los partidos de los Armagnac y del duque de Borgoña En
la Historia de París, escrita por G Fouchare La Fosse, encuentro estos singulares
detalles: “Estos instigadores del asesinato, a fin de reconocer por todas partes a los
borgoñeses, habían ya ordenado que llevasen en el vestido la cruz de San Andrés,
principal atributo del escudo de Borgoña, y para estrechar más los lazos del partido,
imaginaron en seguida formar una Hermandad bajo la invocación del mismo San
Andrés Cada cofrade debía llevar por signo distintivo, a más de la cruz, una corona de
rosas… ¡Horrible confusión! ¡El símbolo de inocencia y de ternura sobre la cabeza de
los degolladores!… ¡Rosas y sangre!… La sociedad odiosa de los Cabochiens, es
decir, la horda de carniceros y desolladores, fue soltada por la ciudad, como una tropa
de tigres hambrientos, y estos verdugos sin número se bañaron en sangre humana”22
Poned, en lugar de la cruz de San Andrés, la cinta colorada; en lugar de las rosas
coloradas, el chaleco colorado; en lugar de cabochiens, mazorqueros; en lugar de
1418, fecha de aquella Sociedad, 1835, fecha de esta otra; en lugar de París, Buenos
Aires; en lugar del duque de Borgoña, Rosas, y tendréis el plagio hecho en nuestros
días La Mazorca, como los Cabochiens, se compuso en su origen, de los carniceros y
desolladores de Buenos Aires ¡Qué instructiva es la Historia! ¡Cómo se repite a cada
rato!…
Otra creación de aquella época fue el censo de las opiniones Ésta es una
institución verdaderamente original Rosas mandó levantar en la ciudad y la campaña,
por medio de los jueces de paz, un registro, en el que se anotó el nombre de cada
vecino, clasificándolo de unitario, indiferente, federal o federal neto En los colegios,
se encargó a los rectores, y en todas partes, se hizo con la más severa escrupulosidad,
comprobándolo después y admitiendo los reclamos que la inexactitud podía originar
Estos registros, reunidos, después, en la oficina de gobierno, han servido para
suministrar gargantas a la cuchilla infatigable de la Mazorca durante siete años
Sin duda que pasma la osadía del pensamiento de formar la estadística de las
opiniones de un pueblo entero, caracterizarlas según su importancia, y con el registro
a la vista, seguir durante diez años, la tarea de desembarazarse de todas las cifras
adversas, destruyendo en la persona, el germen de la hostilidad Nada igual me
presenta la Historia, sino las clasificaciones de la Inquisición, que distinguía las
249
misma Es preciso conocer al gaucho argentino y sus propensiones innatas, sus hábitos
inveterados Si andando en la pampa le vais proponiendo darle una estancia con
ganados que lo hagan rico propietario; si corre en busca de la médica de los
alrededores, para que salve a su madre, a su esposa querida que deja agonizando, y se
atraviesa un avestruz por su paso, echará a correr detrás de él, olvidando la fortuna
que le ofrecéis, la esposa o la madre moribunda; y no es él sólo que está dominado de
este instinto: el caballo mismo relincha, sacude la cabeza y tasca el freno de
impaciencia, por volar detrás del avestruz Si a distancia de diez leguas de su
habitación, el gaucho echa de menos su cuchillo, se vuelve a tomarlo, aunque esté a
una cuadra del lugar a donde iba; porque el cuchillo es para él, lo que la respiración, la
vida misma Pues bien, Rosas ha conseguido que en sus estancias, que se unen con
diversos nombres desde los Cerrillos hasta el arroyo Cachagualefú, anduviesen las
avestruces en rebaños, y dejasen, al fin, de huir a la aproximación del gaucho: tan
seguros y tranquilos pacen en las posesiones de Rosas; y esto, mientras que han sido
ya extinguidos en todas las adyacentes campañas En cuanto al cuchillo, ninguno de
sus peones lo cargó jamás, no obstante que la mayor parte de ellos eran asesinos
perseguidos por la justicia Una vez él, por olvido, se ha puesto el puñal a la cintura y
el mayordomo se lo hace notar; Rosas se baja los calzones y manda que se le den los
doscientos azotes, que es la pena impuesta en su estancia, al que lleva cuchillo Habrá
gentes que duden de este hecho, confesado y publicado por él mismo; pero es
auténtico, como lo son las extravagancias y rarezas sangrientas que el mundo
civilizado se ha negado obstinadamente a creer durante diez años La autoridad ante
todo: el respeto a lo mandado, aunque sea ridículo o absurdo; diez años estará en
Buenos Aires y en toda la República haciendo azotar y degollar, hasta que la cinta
colorada sea una parte de la existencia del individuo, como el corazón mismo Repetirá
en presencia del mundo entero, sin contemporizar jamás, en cada comunicación
oficial: “¡Mueran los asquerosos, salvajes, inmundos unitarios!”, hasta que el mundo
entero se eduque y se habitúe a oír este grito sanguinario, sin escándalo, sin réplica, y
ya hemos visto a un magistrado de Chile tributar su homenaje y aquiescencia a este
hecho, que, al fin, a nadie interesa
¿Dónde, pues, ha estudiado este hombre el plan de innovaciones que introduce en
su gobierno, en desprecio del sentido común, de la tradición, de la conciencia y de la
práctica inmemorial de los pueblos civilizados? Dios me perdone si me equivoco,
pero esta idea me domina hace tiempo: en la Estancia de ganados en que ha pasado
toda su vida, y en la Inquisición, en cuya tradición ha sido educado Las fiestas de las
parroquias son una imitación de la hierra del ganado, a que acuden todos los vecinos;
251
la cinta colorada que clava a cada hombre, mujer o niño, es la marca con que el
propietario reconoce su ganado; el degüello, a cuchillo, erigido en medio de ejecución
pública, viene de la costumbre de degollar las reses que tiene todo hombre en la
campaña; la prisión sucesiva de centenares de ciudadanos, sin motivo conocido y por
años enteros, es el rodeo con que se dociliza el ganado, encerrándolo diariamente en el
corral; los azotes por las calles, la Mazorca, las matanzas ordenadas, son otros tantos
medios de domar a la ciudad, dejarla al fin, como el ganado más manso y ordenado
que se conoce
Esta prolijidad y arreglo ha distinguido en su vida privada a don Juan Manuel de
Rosas, cuyas estancias eran citadas como el modelo de la disciplina de los peones y la
mansedumbre del ganado Si esta explicación parece monstruosa y absurda, denme
otra; muéstrenme la razón por qué coinciden de un modo tan espantoso su manejo de
una estancia, sus prácticas y administración, con el gobierno, prácticas y
administración de Rosas; hasta su respeto de entonces, por la propiedad es efecto de
que ¡el gaucho gobernador es propietario! Facundo respetaba más la propiedad que la
vida Rosas ha perseguido a los ladrones de ganado con igual obstinación que a los
unitarios Implacable se ha mostrado su Gobierno contra los cuereadores de la
campaña, y centenares han sido degollados Esto es laudable, sin duda; yo sólo explico
el origen de la antipatía
Pero hay otra parte de la sociedad que es preciso moralizar y enseñar a obedecer, a
entusiasmarse cuando deba entusiasmarse, a aplaudir cuando deba aplaudir, a callar
cuando deba callar Con la posesión de la Suma del Poder público, la Sala de
Representantes queda inútil, puesto que la ley emana directamente de la persona del
jefe de la República Sin embargo, conserva la forma, y durante quince años son
reelectos unos treinta individuos que están al corriente de los negocios Pero la
tradición tiene asignado otro papel a la Sala; allí Alcorta, Guido y otros han hecho oír,
en tiempo de Balcarce y Viamont, acentos de libertad y reproches al instigador de los
desórdenes; necesita, pues, quebrantar esta tradición y dar una lección severa para el
porvenir El doctor don Vicente Maza, presidente de la Sala y de la Cámara de Justicia,
consejero de Rosas, y el que más ha contribuido a elevarlo, ve un día que su retrato ha
sido quitado de la sala del Tribunal por un destacamento de la Mazorca; en la noche,
rompen los vidrios de las ventanas de su casa, donde ha ido a asilarse; al día siguiente,
escribe a Rosas, en otro tiempo su protegido, su ahijado político, mostrándole la
extrañeza de aquellos procedimientos y su inocencia de todo crimen A la noche del
tercer día, se dirige a la Sala, y estaba dictando al escribiente su renuncia, cuando el
cuchillo que corta su garganta, interrumpe el dictado Los representantes empiezan a
252
llegar, la alfombra está cubierta de sangre, el cadáver del presidente yace tendido aún
El señor Irigoyen propone, que al día siguiente, se reúna el mayor número posible de
rodados para acompañar, debidamente, al cementerio a la ilustre víctima Don
Baldomero García dice: “Me parece bien; pero… no muchos coches…; ¿para qué?”
Entra el general Guido y le comunican la idea, a que contesta, clavándoles unos ojos
tamaños y mirándolos de hito en hito: “¿Coches? ¿Acompañamiento? Que traigan el
carro de la Policía y se lo lleven ahora mismo” “Eso decía yo —continúa García—
¿Para qué coches?” La Gaceta del día siguiente anunció que los impíos unitarios
habían asesinado a Maza Un gobernador del interior decía, aterrado, al saber esta
catástrofe: “¡Es imposible que sea Rosas el que lo ha hecho matar!” A lo que su
secretario añadió: “Y si él lo ha hecho, razón ha de haber tenido”; en lo que
convinieron todos los circunstantes
Efectivamente, razón tenía Su hijo el coronel Maza, tenía tramada una
conspiración en que entraba todo el ejército, y después, Rosas decía que había muerto
al anciano padre, por no darle el pesar de ver morir a su querido hijo
Pero aún me falta entrar en el vasto campo de la política general de Rosas, con
respecto a la República entera Tiene ya su gobierno; Facundo ha muerto dejando ocho
provincias huérfanas, unitarizadas bajo su influencia La República marcha
visiblemente a la unidad de Gobierno, a que su superficie llana, su puerto único, la
condena Se ha dicho que es federal, llámasele Confederación Argentina, pero todo va
encaminándose a la unidad más absoluta; desde 1831 viene fundiéndose, desde el
interior, en formas, prácticas e influencias No bien se recibe Rosas del Gobierno en
1835, cuando declara, por una proclamación, que los impíos unitarios han asesinado
alevosamente al ilustre general Quiroga, y que él se propone castigar atentado tan
espantoso, que ha privado a la Federación de su columna más poderosa “¡Qué! —
decían abriendo un palmo de boca los pobres unitarios al leer la proclama—; ¡Qué!…
¿Los Reinafé son unitarios? ¿No son hechura de López, no entraron en Córdoba,
persiguiendo el ejército de Paz, no están en activa y amigable correspondencia con
Rosas? ¿No salió de Buenos Aires Quiroga por solicitud de Rosas? ¿No iba un
chasque delante de él, que anunciaba a los Reinafé su próxima llegada? ¿No tenían los
Reinafé preparada de antemano la partida que debía asesinarlo?…” Nada; los impíos
unitarios han sido los asesinos, ¡y desgraciado el que dude de ello!… Rosas manda a
Córdoba, a pedir los preciosos restos de Quiroga, la galera en que fue muerto, y se le
hacen en Buenos Aires las exequias más suntuosas que hasta entonces se han visto; se
manda cargar luto a la ciudad entera Al mismo tiempo, dirige una circular a todos los
Gobiernos, en la que les pide que lo nombren a él, juez árbitro para seguir la causa y
253
juzgar a los impíos unitarios que han asesinado a Quiroga; les indica la forma en que
han de autorizarlo, y por cartas particulares, les encarece la importancia de la medida;
los halaga, seduce y ruega La autorización es unánime, y los Reinafé son depuestos, y
presos todos los que han tenido parte, noticia o atingencia con el crimen, y conducidos
a Buenos Aires; un Reinafé se escapa y es alcanzado en el territorio de Bolivia; otro
pasa el Paraná y más tarde, cae en manos de Rosas, después de haber escapado en
Montevideo, de ser robado por un capitán de buque Rosas y el doctor Maza siguen la
causa de noche, a puertas cerradas El doctor Gamboa, que se toma alguna libertad, en
la defensa de un reo subalterno, es declarado impío unitario por un decreto de Rosas
En fin, son ajusticiados todos los criminales que se han aprehendido, y un voluminoso
extracto de la causa ve la luz pública Dos años después, había muerto López en Santa
Fe, de enfermedad natural, si bien el médico mandado por Rosas a asistirlo, recibió
más tarde, una casa de la Municipalidad, por recompensa de sus servicios al Gobierno
Cullen, el secretario de López en la época de la muerte de Quiroga, y que a la de
López, queda de gobernador de Santa Fe, por disposición testamentaria del finado, es
despuesto por Rosas y sacado, al fin, de Santiago del Estero, donde se ha asilado, y a
cuyo gobernador, manda Rosas una talega de onzas o la declaración de guerra, si el
amigo no entrega a su amigo El gobernador prefiere las onzas; Cullen es entregado a
Rosas, y al pisar la frontera de Buenos Aires, encuentra una partida y un oficial que le
hace desmontarse del caballo y lo fusila La Gaceta de Buenos Aires publicaba
después, una carta de Cullen a Rosas, en que había indicios claros de la complicación
del Gobierno de Santa Fe en el asesinato de Quiroga, y como el finado López, decía la
Gaceta, tenía plena confianza en su secretario, ignoraba el atroz crimen que éste
estaba preparando Nadie podía replicar entonces, que si López lo ignoraba, Rosas no,
porque a él era dirigida la carta Últimamente, el doctor don Vicente Maza, el
secretario de Rosas y procesador de los reos, murió, también degollado, en la sala de
sesiones; de manera que Quiroga, sus asesinos, los jueces de los asesinos y los
instigadores del crimen, todos tuvieron en dos años la mordaza que la tumba pone a
las revelaciones indiscretas Id ahora a preguntar quién mandó matar a Quiroga
¿López? No se sabe Un mayor, Muslera, de auxiliares, decía una vez en presencia de
muchas personas, en Montevideo: “Hasta ahora he podido descubrir por qué me ha
tenido preso e incomunicado el general Rosas, durante dos años y cinco meses La
noche anterior a mi prisión estuve en su casa Su hermana y yo estábamos en un sofá,
mientras que él se paseaba a lo largo de la sala, con muestras visibles de descontento
—¿A que no adivina —me dijo la señora— por qué está así Juan Manuel? Es porque
me está viendo este ramito verde que tengo en las manos Ahora verá —añadió
254
tirándolo al suelo Efectivamente, don Juan Manuel se detuvo a poco andar, se acercó a
nosotros, y me dijo en tono familiar: —¿Y qué se dice en San Luis de la muerte de
Quiroga? —Dicen, señor, que S E es quien lo ha hecho matar —¿Sí? Así se corre…
Continuó paseándose, me despedí después, y al día siguiente, fui preso, y he
permanecido hasta el día que llegó la noticia de la victoria de Yungay, en que, con
doscientos más, fui puesto en libertad” El mayor Muslera murió, también,
combatiendo contra Rosas, lo que no ha estorbado que se continúe hasta el día de hoy,
diciendo lo mismo que había oído aquél
Pero el vulgo no ha visto en la muerte de Quiroga y el enjuiciamiento de sus
asesinos, más que un crimen horrible; la Historia verá otra cosa: en lo primero, la
fusión de la República en una unidad compacta, y en el enjuiciamiento de los Reinafé,
gobernadores de una provincia, el hecho que constituye a Rosas, jefe del Gobierno
unitario absoluto, que desde aquel día y por aquel acto, se constituye en la República
Argentina Rosas, investido del poder de juzgar a otro gobernador, establece en las
conciencias de los demás la idea de la autoridad suprema de que está investido
Juzga a los Reinafé por un crimen averiguado; pero en seguida, manda fusilar sin
juicio previo a Rodríguez, gobernador de Córdoba, que sucedió a los Reinafé, por no
haber obedecido a todas sus instrucciones; fusila en seguida a Cullen, gobernador de
Santa Fe, por razones que él solo conoce, y últimamente, expide un decreto por el cual
declara que ningún Gobierno de las demás provincias será reconocido válido, mientras
no obtenga su exequatur Si aún se duda que ha asumido el mando supremo, y que los
demás gobernadores son simples bajáes, a quienes puede mandar el cordón morado,
cada vez que no cumplan con sus órdenes, expedirá otro, en el que deroga todas las
leyes existentes de la República, desde el año 1810 en adelante, aunque hayan sido
dictadas por los Congresos generales o cualquiera otra autoridad competente,
declarando además, írrito y de ningún valor, todo lo que, a consecuencia y en
cumplimiento de esas leyes, se hubiese obrado hasta entonces Yo pregunto: ¿qué
legislador, qué Moisés o Licurgo, llevó más adelante el intento de refundir una
sociedad bajo un plan nuevo? La revolución de 1810 queda, por este decreto,
derogada: ley ni arreglo ninguno queda vigente; el campo para las innovaciones,
limpio como la palma de la mano, y la República entera sometida, sin dar una batalla
siquiera y sin consultar a los caudillos La Suma del Poder público de que se había
investido para Buenos Aires sólo, la extiende a toda la República, porque no sólo no
se dice que es el sistema unitario el que se ha establecido, del que la persona de Rosas
es el centro, sino que, con mayor tesón que nunca, se grita: ¡Viva la federación;
mueran los unitarios! El epíteto unitario deja de ser el distintivo de un partido, y pasa
255
a expresar todo lo que es execrado: los asesinos de Quiroga son unitarios; Rodríguez
es unitario; Cullen, unitario; Santa Cruz, que trata de establecer la Confederación
peruanoboliviana, unitario Es admirable la paciencia que ha mostrado Rosas en fijar
el sentido de ciertas palabras y el tesón de repetirlas En diez años, se habrá visto
escrito en la República Argentina, treinta millones de veces: ¡Viva la Confederación!
¡Viva el ilustre Restaurador! ¡Mueran los salvajes unitarios!, y nunca el cristianismo
ni el mahometismo multiplicaron tanto sus símbolos respectivos, la cruz y la
creciente, para estereotipar la creencia moral en exterioridades materiales y tangibles
Todavía era preciso afinar aquel dicterio de unitario; fue primero lisa y llanamente
unitarios; más tarde, los impíos unitarios, favoreciendo con eso, las preocupaciones
del partido ultracatólico que secundó su elevación Cuando se emancipó de ese pobre
partido, y el cuchillo alcanzó también, a la garganta de curas y canónigos, fue preciso
abandonar la denominación de impíos: la casualidad suministró una coyuntura Los
diarios de Montevideo empezaron a llamar salvaje a Rosas; un día, la Gaceta de
Buenos Aires apareció con esta agregación al tema ordinario: mueran los salvajes
unitarios; repitiólo la Mazorca, repitiéronlo todas las comunicaciones oficiales,
repitiéronlo los gobernadores del interior, y quedó consumada la adopción “Repita
usted la palabra salvaje —escribía Rosas a López— hasta la saciedad, hasta aburrir,
hasta cansar Yo sé lo que le digo, amigo” Más tarde se le agregó inmundos; más tarde,
asquerosos; más tarde, en fin, don Baldomero García decía en una comunicación al
Gobierno de Chile, que sirvió de cabeza de proceso a Bedoya, que era aquel emblema
y aquel letrero una señal de conciliación y de paz, porque todo el sistema se reduce a
burlarse del sentido común La unidad de la República se realiza a fuerza de negarla; y
desde que todos dicen federación, claro está que hay unidad Rosas se llama encargado
de las Relaciones Exteriores de la República, y sólo cuando la fusión está consumada
y ha pasado a tradición, a los diez años después, don Baldomero García, en Chile,
cambia aquel título por el de Director Supremo de los asuntos de la República
He aquí, pues, la República unitarizada, sometida toda ella al arbitrio de Rosas; la
antigua cuestión de los partidos de ciudad, desnaturalizada; cambiado el sentido de las
palabras, e introducido el régimen de la estancia de ganados, en la administración de
la República más guerrera, más entusiasta por la libertad y que más sacrificios hizo
para conseguirla La muerte de López le entregaba a Santa Fe; la de los Reinafé, a
Córdoba; la de Facundo, las ocho provincias de la falda de los Andes Para tomar
posesión de todas ellas, bastáronle algunos obsequios personales, algunas cartas
amistosas y algunas erogaciones del erario Los Auxiliares acantonados en San Luis
recibieron un magnífico vestuario, y sus sueldos empezaron a pagarse de las cajas de
256
Buenos Aires El padre Aldao, a más de una suma de dinero, empezó a recibir su
sueldo de general, de manos de Rosas, y el general Heredia, de Tucumán, que, con
motivo de la muerte de Quiroga, escribía a un amigo suyo: “¡Ay, amigo! ¡No sabe lo
que ha perdido la República con la muerte de Quiroga! ¡Qué porvenir, qué
pensamiento tan grande de hombre! ¡Quería constituir la República y llamar a todos
los emigrados, para que contribuyesen con sus luces y saber, a esta grande obra!”, el
general Heredia recibió un armamento y dinero para preparar la guerra contra el impío
unitario Santa Cruz, y se olvidó bien pronto, del cuadro grandioso que Facundo había
desenvuelto a su vista, en las conferencias que con él tuvo antes de su muerte
Una medida administrativa que influía sobre toda la nación, vino a servir de
ensayo y manifestación de esta fusión unitaria y dependencia absoluta de Rosas
Rivadavia había establecido correos que, de ocho en ocho días, llevaban y traían la
correspondencia de las provincias a Buenos Aires, y uno, mensual, a Chile y Bolivia,
que daban el nombre a las dos líneas generales de comunicación establecidas en la
República Los gobiernos civilizados del mundo ponen, hoy, toda solicitud en
aumentar, a costa de gastos inmensos, los correos no sólo de ciudad a ciudad, día por
día y hora por hora, sino en el seno mismo de las grandes ciudades, estableciendo
estafetas de barrio, y entre todos los puntos de la tierra, por medio de las líneas de
vapores que atraviesan el Atlántico o costean el Mediterráneo, porque la riqueza de
los pueblos, la seguridad de las especulaciones de comercio, todo depende de la
facilidad de adquirir noticias En Chile, vemos todos los días, o los reclamos de los
pueblos para que se aumenten los correos, o bien la solicitud del Gobierno, para
multiplicarlos por mar o por tierra En medio de este movimiento general del mundo,
para acelerar las comunicaciones de los pueblos, don Juan Manuel Rosas, para mejor
gobernar sus provincias, suprime los correos, que no existen en toda la República hace
catorce años En su lugar, establece chasques de gobierno, que despacha él cuando hay
una orden o una noticia que comunicar a sus subalternos Esta medida horrible y
ruinosa ha producido, sin embargo, para su sistema, las consecuencias más útiles La
expectación, la duda, la incertidumbre, se mantienen en el interior; los gobernadores
mismos se pasan tres y cuatro meses sin recibir un despacho, sin saber sino de oídas lo
que en Buenos Aires ocurre Cuando un conflicto ha pasado, cuando una ventaja se ha
obtenido, entonces parten los chasques al interior, conduciendo cargas de Gacetas,
partes y boletines, con una carta al amigo, al compañero y gobernador, anunciándole
que los salvajes unitarios han sido derrotados, que la Divina Providencia vela por la
conservación de la República
257
disputárselo, y acaso los hechos vengan tristemente a mostrar que sólo Rosas podía
echar a la Europa sobre la América y forzarla a intervenir en las cuestiones que de este
lado del Atlántico se agitan La triple intervención que se anuncia es la primera que ha
tenido lugar en los nuevos estados americanos
El bloqueo francés fue la vía pública por la cual llegó a manifestarse sin embozo,
el sentimiento llamado propiamente americanismo Todo lo que de bárbaros tenemos;
todo lo que nos separa de la Europa culta, se mostró desde entonces, en la República
Argentina, organizado en sistema y dispuesto a formar de nosotros, una entidad aparte
de los pueblos de procedencia europea A la par de la destrucción de todas las
instituciones que nos esforzamos por todas partes en copiar a la Europa, iba la
persecución al fraque, a la moda, a las patillas, a los peales del calzón, a la forma del
cuello del chaleco y al peinado que traía el figurín; y a estas exterioridades europeas
se sustituía el pantalón ancho y suelto, el chaleco colorado, la chaqueta corta, el
poncho, como trajes nacionales, eminentemente americanos, y este mismo don
Baldomero García que hoy nos trae a Chile, el “Mueran los salvajes, asquerosos,
inmundos unitarios”, como “signo de conciliación y de paz”, fue botado, a empujones,
del Fuerte, un día en que, como magistrado, acudía a un besamanos, por tener el
salvajismo asqueroso e inmundo de presentarse con frac
Desde entonces, la Gaceta cultiva, ensancha, agita y desenvuelve en el ánimo de
sus lectores, el odio a los europeos, el desprecio de los cuerpos que quieren
conquistarnos A los franceses, los llama titiriteros, tiñosos; a Luis Felipe, guarda
chanchos, unitario, y a la política europea, bárbara, asquerosa, brutal, sanguinaria,
cruel, inhumana El bloqueo principia y Rosas escoge medios de resistirlo dignos de
una guerra entre él y Francia Quita a los catedráticos de la Universidad sus rentas, a
las escuelas primarias de hombres y de mujeres, las dotaciones cuantiosas que
Rivadavia les había asignado; cierra todos los establecimientos filantrópicos; los locos
son arrojados a las calles, y los vecinos se encargan de encerrar en sus casas, a
aquellos peligrosos desgraciados ¿No hay una exquisita penetración en estas medidas?
¿No se hace la verdadera guerra a la Francia, que en luces está a la cabeza de la
Europa, atacándola en la educación pública? El Mensaje de Rosas anuncia todos los
años, que el celo de los ciudadanos mantiene los establecimientos públicos ¡Bárbaro!
¡Es la ciudad, que trata de salvarse, de no ser convertida en pampa, si abandona la
educación que la liga al mundo civilizado! Efectivamente: el doctor Alcorta y otros
jóvenes dan lecciones gratis en la Universidad, durante muchos años, a fin de que no
se cierren los cursos; los maestros de escuela continúan enseñando y piden, a los
padres de familia, una limosna para vivir, porque quieren
continuar dando lecciones La Sociedad de Beneficencia recorre,
secretamente, las casas, en busca de suscripciones; improvisa recursos para
mantener a las heroicas maestras, que, con tal que no se mueran de
266 hambre, han jurado no cerrar sus escuelas, y el 25 de mayo presentan sus millares
de alumnas todos los años, vestidas de blanco, a mostrar su aprovechamiento
en los exámenes públicos… ¡Ah, corazones de piedra! ¡Nos preguntaréis
todavía por qué combatimos!
Diera con lo que precede, por terminada la vida de Facundo Quiroga y
las consecuencias que de ella se han derivado, en los hechos históricos y en
la política de la República Argentina, si, por conclusión de estos apuntes,
aún no me quedara por apreciar las consecuencias morales que ha traído la
lucha de las campañas pastoras con las ciudades, y los resultados, ya
favorables, ya adversos, que ha dado para el porvenir de la República
263
15 PRESENTE Y PORVENIR
Après avoir été conquérant, après s’être déployé tout entier, il
s’épuise, il a fait son temps, il est conquis lui-même; ce jour-la
il quitte la scène du monde, parce qu’alors il est devenu inutile
à l’humanité.
COUSIN
Quedaban, es verdad, en la orilla izquierda del Plata las mujeres, los hombres
materiales, aquellos que pacen su pan bajo la férula de cualquier tirano; los hombres,
en fin, para quienes el interés de la libertad, la civilización y la dignidad de la patria es
posterior al de comer y dormir; pero toda aquella escasa porción de nuestras
sociedades y de todas las sociedades humanas, para la cual entra por algo, en los
negocios de la vida, el vivir bajo un gobierno racional y preparar sus destinos futuros,
se hallaba reunida en Montevideo, adonde, por otra parte, con el bloqueo y la falta de
seguridad individual, se había trasladado el comercio de Buenos Aires y las
principales casas extranjeras
Hallábanse, pues, en Montevideo, los antiguos unitarios, con todo el personal de la
administración de Rivadavia, sus mantenedores, diez y ocho generales de la
República, sus escritores, los ex congresales, etc; estaban ahí, además, los federales de
la ciudad, emigrados de 1833 adelante; es decir, todas las notabilidades hostiles a la
Constitución de 1826, expulsados por Rosas, con el apodo de lomos negros Venían
después, los fautores de Rosas, que no habían podido ver sin horror la obra de sus
manos, o que, sintiendo aproximarse a ellos, el cuchillo exterminador, habían, como
Talien y los termidorianos, intentado salvar sus vidas y la patria, destruyendo lo
mismo que ellos habían creado
Últimamente, había llegado a reunirse en Montevideo, un cuarto elemento que no
era ni unitario, ni federal, ni ex rosista, y que ninguna afinidad tenía con aquéllos,
compuesto de la nueva generación que había llegado a la virilidad, en medio de la
destrucción del orden antiguo y la planteación del nuevo Como Rosas ha tenido buen
cuidado y tanto tesón de hacer creer al mundo, que sus enemigos son, hoy, los
unitarios del año 26, creo oportuno entrar en algunos detalles sobre esta última faz de
las ideas que han agitado la República
La numerosa juventud que el Colegio de Ciencias Morales, fundado por
Rivadavia, había reunido de todas las provincias, la que la Universidad, el Seminario
y los muchos establecimientos de educación que pululaban en aquella ciudad, que
tuvo un día el candor de llamarse la Atenas americana, habían preparado para la vida
pública, se encontraba sin foro, sin prensa, sin tribuna, sin esa vida pública, sin teatro,
en fin, en que ensayar las fuerzas de una inteligencia juvenil y llena de actividad Por
otra parte, el contacto inmediato que, con la Europa, habían establecido la revolución
de la Independencia, el comercio y la administración de Rivadavia, tan
eminentemente europea, había echado a la juventud argentina, en el estudio del
movimiento político y literario de la Europa y de la Francia sobre todo El
romanticismo, el eclecticismo, el socialismo, todos aquellos diversos sistemas de
265
CREYENDO
CREYENDO
JURAN
“1o Concurrir con su inteligencia, sus bienes y sus brazos, a la realización de los
principios formulados en las palabras simbólicas que forman las bases del pacto de
alianza”;
“2o Juran no desistir de la empresa, sean cuales fueren los peligros que amaguen a
cada uno de los miembros sociales”;
“3o Juran sostenerlos a todo trance y usar de todos los medios que tengan en sus
manos, para difundirlos y propagarlos”;
“4o Juran fraternidad recíproca, unión estrecha y perpetuo silencio sobre lo que
pueda comprometer la existencia de la Asociación”
267
castellanos, este sentimiento ha ido hasta convertirse en una pasión brutal, capaz de
los mayores y más culpables excesos, capaz del suicidio La juventud de Buenos Aires
llevaba consigo esta idea fecunda de la fraternidad de intereses con la Francia y la
Inglaterra; llevaba el amor a los pueblos europeos, asociado al amor a la civilización,
a las instituciones y a las letras que la Europa nos había legado, y que Rosas destruía
en nombre de la América, sustituyendo otro vestido al vestido europeo, otras leyes, a
las leyes europeas, otro gobierno, al gobierno europeo Esta juventud, impregnada de
las ideas civilizadoras de la literatura europea, iba a buscar, en los europeos enemigos
de Rosas, sus antecesores, sus padres, sus modelos; apoyo contra la América, tal como
la presentaba Rosas: bárbara como el Asia, despótica y sanguinaria como la Turquía,
persiguiendo y despreciando la inteligencia como el mahometismo Si los resultados
no han correspondido a sus expectaciones, suya no fue la culpa; ni los que les afean
aquella alianza pueden, tampoco, vanagloriarse de haber acertado mejor; pues si los
franceses pactaron, al fin, con el tirano, no por eso intentaron nada contra la
Independencia argentina y si por un momento ocuparon la isla de Martín García,
llamaron, luego, un jefe argentino que se hiciese cargo de ella Los argentinos, antes de
asociarse a los franceses, habían exigido declaraciones públicas de parte de los
bloqueadores de respetar el territorio argentino, y las habían obtenido, solemnes
En tanto, la idea que tanto combatieron los unitarios al principio, y que llamaban
una traición a la Patria, se generalizó y los dominó y sometió a ellos mismos, y cunde
hoy, por toda la América y se arraiga en los ánimos
En Montevideo, pues, se asociaron la Francia y la República Argentina europea
para derrocar el monstruo del americanismo hijo de la pampa; desgraciadamente, dos
años se perdieron en debates y cuando la alianza se firmó, la cuestión de Oriente
requirió las fuerzas navales de Francia, y los aliados argentinos quedaron solos en la
brecha Por otra parte, las preocupaciones unitarias estorbaron que se adoptasen los
verdaderos medios militares y revolucionarios para obrar contra el tirano, yendo a
estrellarse, los esfuerzos intentados, contra elementos que se habían dejado ser más
poderosos M Martigny, uno de los pocos franceses que, habiendo vivido largo tiempo
entre los americanos, sabía comprender sus intereses y los de Francia en América,
francés de corazón, que deploraba todos los días los extravíos, preocupaciones y
errores de esos mismos argentinos a quienes quería salvar, decía de los antiguos
unitarios: “Son los emigrados franceses de 1789: no han olvidado nada, ni aprendido
nada” Y efectivamente: vencidos en 1829 por la montonera, creían que todavía la
montonera era un elemento de guerra, y no querían formar ejército de línea;
dominados, entonces, por las campañas pastoras, creían, ahora, inútil apoderarse de
269
Buenos Aires; con preocupaciones invencibles contra los gauchos, los miraban aún
como sus enemigos natos, parodiando, sin embargo, su táctica guerrera, sus hordas de
caballería y hasta su traje en los ejércitos
Una revolución radical, empero, se había estado operando en la República, y el
haberla comprendido a tiempo, habría bastado para salvarla Rosas, elevado por la
campaña y apenas asegurado del Gobierno, se había consagrado a quitarle todo su
poder Por el veneno, por la traición, por el cuchillo, había dado muerte a todos los
comandantes de campaña que habían ayudado a su elevación, y sustituido, en su lugar,
hombres sin capacidad, sin reputación, armados, sin embargo, del poder de matar sin
responsabilidad Las atrocidades de que era teatro sangriento Buenos Aires habían, por
otra parte, hecho huir, a la campaña a una inmensa multitud de ciudadanos, que,
mezclándose con los gauchos, iban obrando, lentamente, una fusión radical entre los
hombres del campo y los de la ciudad; la común desgracia los reunía; unos y otros
execraban aquel monstruo sediento de sangre y de crímenes, ligándolos, para siempre,
en un voto común La campaña, pues, había dejado de pertenecer a Rosas, y su poder,
faltándole aquella base y la de la opinión pública, había ido a apoyarse en una horda
de asesinos disciplinados y en un ejército de línea Rosas, más perspicaz que los
unitarios, se había apoderado del arma que ellos, gratuitamente, abandonaban: la
infantería y el cañón Desde 1835, disciplinaba rigorosamente sus soldados, y cada día
se desmontaba un escuadrón, para engrosar los batallones
No por eso Rosas contaba con el espíritu de sus tropas, como no contaba con la
campaña ni los ciudadanos Las conspiraciones cruzaban, diariamente, sus hilos que
venían de diversos focos, y la unanimidad del designio hacía, por la exuberancia
misma de los medios, casi imposible llevar nada a cabo Últimamente, la mayor parte
de sus jefes y todos los cuerpos de línea estaban implicados en una conjuración, que
encabezaba el joven coronel Maza, quien, teniendo en sus manos la suerte de Rosas
durante cuatro meses, perdía un tiempo precioso en comunicarse con Montevideo, y
revelar sus planes Al fin sucedió lo que había de suceder: la conspiración fue
descubierta, y Maza murió, llevándose consigo el secreto de la complicidad de la
mayor parte de los jefes que continúan, hoy, al servicio de Rosas Más tarde, no
obstante este contraste, estalló la sublevación en masa de la campaña, encabezada por
el coronel Cramer, Castelli y centenares de hacendados pacíficos Pero aun esta
revolución tuvo mal éxito, y setecientos gauchos pasaron por la angustia de abandonar
su pampa y su parejero y embarcarse para ir a continuar, en otra parte, la guerra Todos
estos inmensos elementos estaban en poder de los unitarios; pero sus preocupaciones
no les dejaban aprovecharlos; pedían, ante todo, que aquellas fuerzas nuevas, actuales,
270
gran movimiento deje la tierra abandonada al pillaje, y añadir esta posesión a las
concesiones necesarias para firmar un tratado, como el definitivo de Viena, en que se
hizo conceder Malta, El Cabo y otros territorios adquiridos por un golpe de mano
Porque, ¿cómo sería posible concebir de otro modo, si la ignorancia en que viven en
Europa de la situación de América no lo disculpase? ¿cómo sería posible concebir,
digo, que la Inglaterra, tan solícita en formarse mercados para sus manufacturas, haya
estado durante veinte años viendo, tranquilamente, si no coadyuvando en secreto, a la
aniquilación de todo principio civilizador en las orillas del Plata, y dando la mano
para que se levante, cada vez que le ha visto bambolearse al tiranuelo ignorante que ha
puesto una barra al río, para que la Europa no pueda penetrar hasta el corazón de la
América, a sacar las riquezas que encierra y que nuestra inhabilidad desperdicia?
¿Cómo tolerar al enemigo implacable de los extranjeros que, con su inmigración a la
sombra de un Gobierno simpático a los europeos y protector de la seguridad
individual, habrían poblado, en estos últimos veinte años, las costas de nuestros
inmensos ríos y realizado los mismos prodigios que, en menos tiempo, se han
consumado en las riberas del Mississipí? ¿Quiere la Inglaterra consumidores,
cualquiera que el Gobierno de un país sea? Pero, ¿qué han de consumir seiscientos mil
gauchos, pobres, sin industria, como sin necesidades, bajo un Gobierno que,
extinguiendo las costumbres y gustos europeos, disminuye, necesariamente, el
consumo de productos europeos? ¿Habremos de creer que la Inglaterra desconoce,
hasta este punto, sus intereses en América? ¿Ha querido poner su mano poderosa, para
que no se levante en el sur de la América, un Estado como el que ella engendró en el
norte? ¡Qué ilusión! Ese Estado se levantará, en despecho suyo, aunque sieguen sus
retoños cada año, porque la grandeza del Estado está en la pampa pastosa, en las
producciones tropicales del norte y en el gran sistema de ríos navegables cuya aorta es
el Plata Por otra parte, los españoles no somos ni navegantes ni industriosos, y la
Europa nos proveerá, por largos siglos, de sus artefactos, en cambio de nuestras
materias primeras; y ella y nosotros ganaremos en el cambio: la Europa nos pondrá el
remo en la mano y nos remolcará río arriba, hasta que hayamos adquirido el gusto de
la navegación
Se ha repetido, de orden de Rosas, en todas las prensas europeas, que él es el único
capaz de gobernar en los pueblos semibárbaros de la América No es tanto de la
América tan ultrajada que me lastimo, sino de las pobres manos que se han dejado
guiar, para estampar esas palabras Es muy curioso, que sólo sea capaz de gobernar
aquel que no ha podido obtener un día de reposo, y que después de haber destrozado,
envilecido y ensangrentado su patria, se encuentra que, cuando creía cosechar el
272
triunfo de tantos crímenes, está enredado con tres Estados americanos: con el
Uruguay, el Paraguay y el Brasil, y que aún le quedan a su retaguardia Chile y
Bolivia, con quienes tiene todas las exterioridades del Estado de guerra; porque, por
más precauciones que el Gobierno de Chile tome para no malquistarse con el
monstruo, la malquerencia está en el modo de ser íntimo de ambos pueblos, en las
instituciones que los rigen, las tendencias diversas de su política Para saber lo que
Rosas pretenderá de Chile, basta tomar la Constitución del Estado; pues bien: ahí está
la guerra; entregadle la Constitución, ya sea directa o indirectamente, y la paz vendrá
en pos, esto es, estaréis conquistados para el Gobierno americano
La Europa, que ha estado diez años alejándose del contacto con la República
Argentina, se ve llamada, hoy, por el Brasil, para que lo proteja contra el malestar que
le hace sufrir la proximidad de Rosas ¿No acudirá a este llamado? Acudirá más tarde,
no haya miedo; acudirá cuando la República misma salga del aturdimiento en que la
han dejado los millares de asesinatos con que la han amedrentado, porque los
asesinatos no constituyen un Estado; acudirá cuando el Uruguay y el Paraguay pidan
que se haga respetar el tratado hecho entre el león y el cordero; acudirá cuando la
mitad de la América del Sur se halle trastornada por el desquiciamiento que trae la
subversión de todo principio de moral y de justicia La República Argentina está
organizada, hoy, en una máquina de guerra, que no puede dejar de obrar, sin anular el
poder que ha absorbido todos los intereses sociales Concluida en el interior la guerra,
ha salido, ya, al exterior; el Uruguay no sospechaba, ahora diez años, que él tuviese
que habérselas con Rosas; el Paraguay no se lo imaginaba, ahora cinco; el Brasil no lo
temía, ahora dos; Chile no lo sospecha todavía; Bolivia lo miraría como ridículo; pero
ello vendrá por la naturaleza de las cosas, porque esto no depende de la voluntad de
los pueblos ni de los gobiernos, sino de las condiciones inherentes a toda faz social
Los que esperan que el mismo hombre ha de ser primero, el azote de su pueblo, y el
reparador de sus males, después; el destructor de las instituciones que traen la sanción
de la humanidad civilizada y el organizador de la sociedad, conocen muy poco la
Historia Dios no procede así: un hombre, una época para cada faz, para cada
revolución, para cada progreso
No es mi ánimo trazar la historia de este reinado del terror, que dura desde 1832
hasta 1845, circunstancia que lo hace único en la historia del mundo El detalle de
todos sus espantosos excesos no entra en el plan de mi trabajo La historia de las
desgracias humanas y de los extravíos a que puede entregarse un hombre, cuando
goza del poder sin freno, se engrosará en Buenos Aires de horribles y raros datos Sólo
he querido pintar el origen de este Gobierno y ligarlo a los antecedentes, caracteres,
273
hábitos y accidentes nacionales que, ya desde 1810, venían pugnando por abrirse paso
y apoderarse de la sociedad He querido, además, mostrar los resultados que ha traído
y las consecuencias de aquella espantosa subversión de todos los principios en que
reposan las sociedades humanas Hay un vacío en el gobierno de Rosas que por ahora
no me es dado sondar, pero que el vértigo que ha enloquecido a la sociedad ha
ocultado hasta aquí Rosas no administra; no gobierna, en el sentido oficial de la
palabra Encerrado meses en su casa, sin dejarse ver de nadie, él solo dirige la guerra,
las intrigas, el espionaje, la mazorca, todos los diversos resortes de su tenebrosa
política; todo lo que no es útil para la guerra, todo lo que no perjudica a sus enemigos,
no forma parte del Gobierno, no entra en la administración
Pero no se vaya a creer, que Rosas no ha conseguido hacer progresar la República
que despedaza, no; es un grande y poderoso instrumento de la Providencia, que realiza
todo lo que al porvenir de la patria interesa Ved cómo Existía antes de él y de
Quiroga, el espíritu federal en las provincias, en las ciudades, en los federales y en los
unitarios mismos; él lo extingue, y organiza en provecho suyo, el sistema unitario que
Rivadavia quería en provecho de todos Hoy, todos esos caudillejos del interior,
degradados, envilecidos, tiemblan de desagradarlo y no respiran sin su consentimiento
La idea de los unitarios está realizada; sólo está de más el tirano; el día que un buen
Gobierno se establezca, hallará las resistencias locales vencidas y todo dispuesto para
la unión
La guerra civil ha llevado a los porteños al interior, y a los provincianos, de unas
provincias a otras Los pueblos se han conocido, se han estudiado y se han acercado
más de lo que el tirano quería; de ahí viene su cuidado de quitarles los correos, de
violar las correspondencia y vigilarlos a todos La unión es íntima
Existían, antes, dos sociedades diversas: las ciudades y las campañas; echándose
las campañas sobre las ciudades se han hecho ciudadanos, los gauchos y simpatizado
con la causa de las ciudades La montonera ha desaparecido, con la despoblación de La
Rioja, San Luis, Santa Fe y Entre Ríos, sus focos antiguos, y hoy los gauchos de las
tres primeras corretean los llanos y la pampa, en sostén de los enemigos de Rosas
¿Aborrece Rosas a los extranjeros? Los extranjeros toman parte en favor de la
civilización americana, y durante tres años burlan, en Montevideo, su poder y
muestran a toda la República, que no es invencible Rosas, y que aún puede lucharse
contra él Corrientes vuelve a armarse, y bajo las órdenes del más hábil y más europeo
general que la República tiene, se está preparando, ahora, a principiar la lucha en
forma, porque todos los errores pasados son otras tantas lecciones para lo venidero Lo
274
que ha hecho Corrientes lo han de hacer, más hoy, más mañana, todas las provincias,
porque les va en ello la vida y el porvenir
¿Ha privado a sus conciudadanos de todos los derechos y desnudádolos de toda
garantía? Pues bien: no pudiendo hacer lo mismo con los extranjeros, éstos son los
únicos que se pasean con seguridad en Buenos Aires Cada contrato que un hijo del
país necesita celebrar, lo hace bajo la firma de un extranjero, y no hay Sociedad, no
hay negocio en que los extranjeros no tengan parte De manera, que el derecho y las
garantías existen en Buenos Aires, bajo el despotismo más horrible “¡Qué buen
sirviente parece este irlandés!” —decía a su patrón un transeúnte en Buenos Aires—
“Sí —contestaba aquél—; lo he tomado por eso: porque estoy seguro de no ser
espiado por mis criados y porque me presta su firma para todos mis contratos Aquí,
sólo estos sirvientes tienen segura su vida y sus propiedades”
¿Los gauchos, la plebe y los compadritos lo elevaron? Pues él los extinguirá: sus
ejércitos los devorarán Hoy no hay lechero, sirviente, panadero, peón, gañán ni
cuidador de ganado, que no sea alemán, inglés, vasco, italiano, español, porque es tal
el consumo de hombres que ha hecho en diez años, tanta carne humana necesita el
americanismo, que al cabo, la población americana se agota y va toda a
enregimentarse en los cuadros que la metralla ralea desde que el sol sale hasta que
anochece Cuerpo hay, al frente de Montevideo, que no conserva, hoy, un soldado, y
sólo dos oficiales, de los que lo compusieron al principio La población argentina
desaparece, y la extranjera ocupa su lugar, en medio de los gritos de la Mazorca y de
la Gaceta: ¡Mueran los extranjeros! Como la unidad se realiza gritando: ¡Mueran los
Unitarios! Como la federación ha muerto gritando: ¡Viva la federación!
¿No quiere Rosas que se naveguen los ríos? Pues bien: el Paraguay toma las armas
para que se le permita navegarlos libremente; se asocia a los enemigos de Rosas, al
Uruguay, a la Inglaterra y a la Francia, que todos desean que se deje el tránsito libre,
para que se exploten las inmensas riquezas del corazón de la América Bolivia se
asociará, quiera que no, a este movimiento, y Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos,
Corrientes, Jujuy, Salta y Tucumán lo secundarán desde que comprendan que todo su
interés, todo su engrandecimiento futuro depende de que esos ríos, a cuyas riberas
duermen hoy en lugar de vivir, lleven y traigan las riquezas del comercio, que, hoy,
sólo explota Rosas con el puerto, cuya posesión le da millones para empobrecer a las
Provincias La cuestión de la libre navegación de los ríos que desembocan en el Plata
es hoy una cuestión europea, americana y argentina a la vez, y Rosas tiene en ella,
guerra interior y exterior, hasta que caiga y los ríos sean navegados libremente Así, lo
275
que no se consiguió por la importancia que los unitarios daban a la navegación de los
ríos, se consigue hoy, por la torpeza del gaucho de la pampa
¿Ha perseguido Rosas la educación pública y hostilizado y cerrado los colegios, la
Universidad y expulsado a los jesuitas?
No importa: centenares de alumnos argentinos cuentan en su seno, los colegios de
Francia, Chile, Brasil, Norteamérica, Inglaterra y aun España Ellos volverán luego a
realizar en su patria, las instituciones que ven brillar en todos esos Estados libres, y
pondrán su hombro para derrocar al tirano semibárbaro ¿Tiene una antipatía mortal a
los Poderes europeos? Pues bien, los Poderes europeos necesitan estar bien armados,
bien fuertes en el Río de la Plata, y mientras Chile y los demás Estados libres de
América no tienen sino un cónsul y un buque de guerra extranjero en sus costas,
Buenos Aires tiene que hospedar enviados de segundo orden, y escuadras extranjeras,
que están a la mira de sus intereses y para contener las demasías del potro indómito y
sin freno, que está a la cabeza del Estado
¿Degüella, castra, descuartiza a sus enemigos para acabar de un solo golpe y con
una batalla, la guerra? Pues bien: ha dado ya veinte batallas, ha muerto veinte mil
hombres, ha cubierto de sangre y de crímenes espantosos toda la República; ha
despoblado la campaña y la ciudad para engrosar sus sicarios, y al fin de diez años de
triunfo, su posición precaria es la misma Si sus ejércitos no toman a Montevideo,
sucumbe; si la toman, quédale el general Paz con ejércitos frescos; quédale el
Paraguay, virgen; quédale el Imperio del Brasil; quédanle Chile y Bolivia, que han de
estallar al fin; quédale Europa, que lo ha de enfrenar; quédanle, por último, diez años
de guerra, de despoblación y pobreza para la República, o sucumbir: no hay remedio
¿Triunfará? Pero todos sus adictos habrán perecido, y otra población y otros hombres
reemplazarán el vacío que ellos dejen Volverán los emigrados a cosechar los frutos de
su triunfo
¿Ha encadenado la Prensa y puesto una mordaza al pensamiento para que no
discuta los intereses de la patria, para que no se ilustre e instruya, para que no revele
los crímenes horrendos que ha cometido, y que nadie quiere creer, a fuerza de ser
espantosos e inauditos? ¡Insensato! ¿Qué es lo que has hecho? Los gritos que quieres
ahogar cortando la garganta, para que por la herida se escape la voz y no lleguen a los
labios, resuenan, hoy, por toda la redondez de la tierra Las prensas de Europa y
América te llaman a porfía, el execrable Nerón, el tirano brutal Todos tus crímenes
han sido contados; tus víctimas hallan partidarios y simpatías por todas partes, y gritos
vengadores llegan hasta tus oídos Toda la prensa europea discute, hoy, los intereses
argentinos, como si fueran los suyos propios, y el nombre argentino anda, en tu
276
deshonra, en boca de todos los pueblos civilizados La discusión de la prensa está, hoy,
en todas partes, y para oponer la verdad a tu infame Gaceta están cien diarios que
desde París y Londres, desde el Brasil y Chile, desde Montevideo y Bolivia, te
combaten y publican tus maldades Has logrado la fama a que aspirabas, sin duda; pero
en las miserias del destierro, en la oscuridad de la vida privada, no cambiarán tus
proscriptos, una sola hora de sus ocios, por las que te da tu celebridad espantosa; por
las punzadas que de todas partes recibes; por los reproches que te haces a ti mismo, de
haber hecho tanto mal, inútilmente El americano, el enemigo de los europeos
condenado a gritar en francés, en inglés y en castellano: ¡Mueran los extranjeros!
¡Mueran los unitarios! ¡Eh! ¿Eres tú, miserable, el que te sientes morir, y maldices en
los idiomas de esos extranjeros, y por la prensa, que es el arma de esos unitarios?
¡Qué Estado americano se ha visto condenado, como Rosas, a redactar, en tres
idiomas, sus disculpas oficiales para responder a la prensa de todas las naciones,
americanas y europeas, a un tiempo! Pero, ¿adónde llegarán tus diatribas infames, que
el execrable lema:
¡Mueran los salvajes, asquerosos, inmundos unitarios!
no esté revelando la mano sangrienta e inmortal que las escribe?
De manera que lo que habría sido una discusión obscura y sólo interesante para la
República Argentina, lo es, ahora, para la América entera y la Europa Es una cuestión
del mundo cristiano
¿Ha perseguido Rosas a los políticos, a los escritores y a los literatos? Pues ved lo
que ha sucedido Las doctrinas políticas de que los unitarios se habían alimentado,
hasta 1829, eran incompletas e insuficientes para establecer el Gobierno y la libertad;
bastó que agitase la pampa para echar por tierra su edificio, basado sobre arena Esta
inexperiencia y esta falta de ideas prácticas, remediólas Rosas en todos los espíritus,
con las lecciones crueles e instructivas que les daba su despotismo espantoso; nuevas
generaciones se han levantado, educadas en aquella escuela práctica, que sabrían tapar
las avenidas por donde un día amenazaría desbordarse de nuevo, el desenfreno de los
genios como el de Rosas; las palabras tiranía, despotismo, tan desacreditadas en la
prensa por el abuso que de ellas se hace, tienen en la República Argentina, un sentido
preciso, despiertan en el ánimo un recuerdo doloroso; harían sangrar, cuando llegasen
a pronunciarse, todas las heridas que han hecho en quince años de espantosa
recordación Día vendrá que el nombre de Rosas sea un medio de hacer callar al niño
que llora, de hacer temblar al viajero en la obscuridad de la noche Su cinta colorada,
con la que hoy ha llevado el terror y la idea de las matanzas, hasta el corazón de sus
277
vasallos, servirá, más tarde, de curiosidad nacional, que enseñaremos a los que de
países remotos visiten nuestras playas
Los jóvenes estudiosos que Rosas ha perseguido se han desparramado por toda la
América, examinando las diversas costumbres, penetrado en la vida íntima de los
pueblos, estudiado sus gobiernos y visto los resortes que en unas partes, mantienen el
orden, sin detrimento de la libertad y del progreso, notado, en otras, los obstáculos
que se oponen a una buena organización Los unos han viajado por Europa, estudiando
el derecho y el gobierno; los otros han residido en el Brasil; cuales en Bolivia, cuales
en Chile, y cuales otros, en fin, han recorrido la mitad de la Europa y la mitad de la
América, y traen un tesoro inmenso de conocimientos prácticos, de experiencia y
datos preciosos, que pondrán, un día, al servicio de la patria, que reúna en su seno,
esos millares de proscriptos que andan hoy diseminados por el mundo, esperando que
suene la hora de la caída del Gobierno absurdo e insostenible, que aún no cede al
empuje de tantas fuerzas como las que han de traer necesariamente su destrucción
Que en cuanto a literatura, la República Argentina es hoy mil veces más rica que
lo fue jamás en escritores capaces de ilustrar a un Estado americano Si quedara duda,
con todo lo que he expuesto, de que la lucha actual de la República Argentina lo es
sólo de civilización y barbarie, bastaría a probarlo el no hallarse del lado de Rosas, un
solo escritor, un solo poeta de los muchos que posee aquella joven nación Montevideo
ha presenciado, durante tres años consecutivos, las justas literarias del 25 de mayo,
día en que veintenas de poetas, inspirados por la pasión de la patria, se han disputado
un laurel ¿Por qué la poesía ha abandonado a Rosas? ¿Por qué ni rapsodias produce
hoy el suelo de Buenos Aires, en otro tiempo tan fecundo en cantares y rimas? Cuatro
o cinco asociaciones existen, en el extranjero, de escritores que han emprendido
compilar datos para escribir la historia de la República, tan llena de acontecimientos,
y es verdaderamente asombroso, el cúmulo de materiales que han reunido de todos los
puntos de América: manuscritos, impresos, documentos, crónicas antiguas, diarios,
viajes, etcétera La Europa se asombrará un día, cuando tan ricos materiales vean la luz
pública y vayan a engrosar la voluminosa colección de que
Angelis no ha publicado sino una pequeña parte
¡Cuántos resultados no van, pues, a cosechar esos pueblos argentinos desde el día,
no remoto ya, en que la sangre derramada ahogue al tirano! ¡Cuántas lecciones!
¡Cuánta experiencia adquirida! ¡Nuestra educación política está consumada! Todas las
cuestiones sociales, ventiladas: Federación, Unidad, libertad de cultos, inmigración,
navegación de los ríos, Poderes políticos, libertad, tiranía: todo se ha dicho entre
nosotros, todo nos ha costado torrentes de sangre El sentimiento de la autoridad está
278
pobre y bárbaro, como lo son los de la costa de África, o los salvajes de nuestras
pampas
Porque él ha encadenado la prensa, no permitiendo que haya otros diarios que los
que tiene destinados para vomitar sangre, amenazas y mueras, el Nuevo Gobierno
extenderá por toda la República el beneficio de la prensa, y veremos pulular libros de
instrucción y publicaciones que se consagren a la Industria, a la Literatura, a las Artes
y a todos los trabajos de la inteligencia
Porque él ha perseguido de muerte a todos los hombres ilustrados, no admitiendo
para gobernar, sino su capricho, su locura y su sed de sangre, el Nuevo Gobierno se
rodeará de todos los grandes hombres que posee la República, y que hoy andan
desparramados por toda la tierra, y con el concurso de todas las luces de todos hará el
bien de todos en general La inteligencia, el talento y el saber serán llamados, de
nuevo, a dirigir los destinos públicos, como en todos los países civilizados
Porque él ha destruido las garantías que en los pueblos cristianos aseguran la vida
y la propiedad de los ciudadanos, el Nuevo Gobierno restablecerá las formas
representativas y asegurará, para siempre, los derechos que todo hombre tiene de no
ser perturbado en el libre ejercicio de sus facultades intelectuales y de su actividad
Porque él ha hecho del crimen, del asesinato, de la castración y del degüello, un
sistema de gobierno; porque él ha desenvuelto todos los malos instintos de la
naturaleza humana, para crearse cómplices y partidarios, el Nuevo Gobierno hará de la
Justicia, de las formas recibidas en los pueblos civilizados, el medio de corregir los
delitos públicos, y trabajará por estimular las pasiones nobles y virtuosas que ha
puesto Dios en el corazón del hombre, para su dicha en la tierra, haciendo de ellas, el
escalón para elevarse e influir en los negocios públicos
Porque él ha profanado los altares, poniendo en ellos su infame retrato; porque él
ha degollado sacerdotes, vejádolos o hécholes abandonar su patria, el Nuevo
Gobierno dará, al culto, la dignidad que le corresponde, y elevará la Religión y sus
ministros a la altura que se necesita para que moralice a los pueblos
Porque él ha gritado durante quince años “Mueran los salvajes unitarios”,
haciendo creer que un Gobierno tiene derecho de matar a los que no piensen como él,
marcando a toda una nación, con un letrero y una cinta, para que se crea que el que
lleva la marca piensa, como le mandan, a azotes, pensar, el Nuevo Gobierno respetará
las opiniones diversas, porque las opiniones no son hechos ni delitos, y porque Dios
nos ha dado una razón que nos distingue de las bestias, libre para juzgar a nuestro
libre arbitrio
280
sucederse la calma, necesariamente; por lo mismo que tantos y tan horribles crímenes
se han cometido, el pueblo y el Gobierno huirán de cometer uno solo, a fin de que las
ominosas palabras ¡Mazorca!, ¡Rosas!, no vengan a zumbar en sus oídos, como otras
tantas furias vengadoras; por lo mismo que las pretensiones exageradas de libertad
que abrigaban los unitarios, han traído resultados tan calamitosos, los políticos serán,
en adelante, prudentes en sus propósitos, los partidos, medidos en sus exigencias Por
otra parte, es desconocer mucho la naturaleza humana creer que los pueblos se
vuelven criminales, y que los hombres extraviados que asesinan, cuando hay un tirano
que los impulse a ello, son, en el fondo, malvados Todo depende de las
preocupaciones que dominan en ciertos momentos, y el hombre que hoy se ceba en
sangre, por fanatismo, era ayer un devoto inocente, y será mañana un buen ciudadano,
desde que desaparezca la excitación que lo indujo al crimen Cuando la nación
francesa cayó, en 1793, en manos de aquellos implacables terroristas, más de millón y
medio de franceses se habían hartado de sangre y de delitos, y después de la caída de
Robespierre y del Terror, apenas sesenta insignes malvados fue necesario sacrificar
con él, para volver la Francia a sus hábitos de mansedumbre y moral; y esos mismos
hombres que tantos horrores habían perpetuado, fueron, después, ciudadanos útiles y
morales No digo en los partidarios de Rosas, en los mazorqueros mismos hay, bajo las
exterioridades del crimen, virtudes que un día deberían premiarse Millares de vidas
han sido salvadas por los avisos que los mazorqueros daban, secretamente, a las
víctimas que la orden recibida les mandaba inmolar
Independiente de estos motivos generales de moralidad que pertenecen a la
especie humana, en todos los tiempos, y en todos los países, la República Argentina
tiene elementos de orden, de que carecen muchos países en el mundo Uno de los
inconvenientes que estorba aquietar los ánimos, en los países convulsionados, es la
dificultad de llamar la atención pública a objetos nuevos, que la saquen del círculo
vicioso de ideas en que vive La República Argentina tiene, por fortuna, tanta riqueza
que explotar, tanta novedad con que atraer los espíritus después de un Gobierno como
el de Rosas, que sería imposible turbar la tranquilidad necesaria para ir a los nuevos
fines Cuando haya un gobierno culto y ocupado de los intereses de la nación, ¡qué de
empresas, qué de movimiento industrial! Los pueblos pastores, ocupados de propagar
los merinos que producen millones y entretienen a toda hora del día, a millares de
hombres; las provincias de San Juan y Mendoza, consagradas a la cría del gusano de
seda, que con apoyo y protección del Gobierno carecerían de brazos, en cuatro años,
para los trabajos agrícolas e industriales que requiere; las provincias del Norte,
entregadas al cultivo de la caña de azúcar, del añil que se produce espontáneamente;
282
las litorales de los ríos, con la navegación libre, que daría movimiento y vida a la
industria del interior En medio de este movimiento, ¿quién hace la guerra? ¿Para
conseguir qué? A no ser que haya un Gobierno tan estúpido como el presente, que
huelle todos estos intereses, y en lugar de dar trabajo a los hombres, los lleve a los
ejércitos a hacer la guerra al Uruguay, al Paraguay, al Brasil, a todas partes, en fin
Pero el elemento principal de orden y moralización que la República Argentina
cuenta hoy, es la inmigración europea, que de suyo, y en despecho de la falta de
seguridad que le ofrece, se agolpa, de día en día, en el Plata, y si hubiera un Gobierno
capaz de dirigir su movimiento, bastaría, por sí sola, a sanar en diez años, no más,
todas las heridas que han hecho a la patria, los bandidos, desde Facundo hasta Rosas,
que la han dominado Voy a demostrarlo De Europa emigran, anualmente, medio
millón de hombres al año, por lo menos, que, poseyendo una industria o un oficio,
salen a buscar fortuna, y se fijan donde hallan tierra para poseer Hasta el año 1840,
esta inmigración se dirigía, principalmente, a Norteamérica, que se ha cubierto de
ciudades magníficas y llenado de una inmensa población, a merced de la inmigración
Tal ha sido, a veces, la manía de emigrar, que poblaciones enteras de Alemania se han
transportado a Norteamérica, con sus alcaldes, curas, maestros de escuela, etc Pero al
fin ha sucedido, que en las ciudades de las costas, el aumento de población ha hecho
la vida tan difícil como en Europa, y los emigrados han encontrado allí, el malestar y
la miseria de que venían huyendo Desde 1840, se leen avisos en los diarios
norteamericanos, previniendo los inconvenientes que encuentran los emigrados, y los
cónsules de América hacen publicar en los diarios de Alemania, Suiza e Italia, avisos
iguales, para que no emigren más En 1843, dos buques cargados de hombres tuvieron
que regresar a Europa con su carga, y en 1844, el gobierno francés mandó a Argel,
veintiún mil suizos que iban, inútilmente, a Norteamérica
Aquella corriente de emigrados que ya no encuentran ventaja en el Norte, han
empezado a costear la América Algunos se dirigen a Tejas; otros, a México, cuyas
costas malsanas los rechazan; el inmenso litoral del Brasil no les ofrece grandes
ventajas, a causa del trabajo de los negros esclavos, que quita el valor a la producción
Tienen, pues, que recalar al Río de la Plata, cuyo clima suave, fertilidad de la tierra y
abundancia de medios de subsistir, los atrae y fija Desde 1836, empezaron a llegar a
Montevideo, millares de emigrados, y mientras Rosas dispersaba la población natural
de la República, con sus atrocidades, Montevideo se agrandaba en un año, hasta
hacerse una ciudad floreciente y rica, más bella que Buenos Aires y más llena de
movimiento y comercio Ahora que Rosas ha llevado la destrucción a Montevideo,
porque este genio maldito no nació sino para destruir, los emigrados se agolpan a
283
APÉNDICE
AGREGADO EN LA 2a EDICIÓN
PROCLAMA
Pueblos de la República: Destinado por el general que os dieron
los RR Nacionales a servir de jefe de la segunda división del
Ejército de la Nación, ningún sacrificio he omitido por desempeñar
tan alta confianza Los enemigos de las leyes, los asesinos del
encargado del Poder nacional, los insurrectos del Ejército y sus
vendidos secuaces ningún medio omiten para emponzoñar los
corazones y prevenir a los incautos que no me conocen La perfidia
289
EL GENERAL QUIROGA
A los habitantes de las Provincias Interiores de la República Argentina
PROCLAMA
El General de la Division de los Andes a todos los habitantes de las
Provincias de Cuyo
Mi estimado señor:
24 Es decir, corrigió las pruebas de la edición de 1868; pues al hacer esta reimpresión y
comparar esa edición con la de 1845, no hemos encontrado otra diferencia que la que
resulta de la mejor corrección de pruebas— Nota de Luis Montt, editor de los primeros
tomos de las Obras de Sarmiento
acaso porque necesitan más estudios de la lengua los que viven
fuera del centro que la vivifica, y están más influídos por los
elementos ex-
tranjeros y extraños a su origen, que tienden a incorporársele
302
Es lo más breve que puedo decirle para su dirección en el uso
que quiera hacer de mis escritos, agradeciéndole cordialmente su
buen deseo
Tengo con este motivo el gusto de suscribirme su afectísimo amigo,
D F SARMIENTO
NOTA 1
Pág 55 - renglón 17 - «En Corrientes, los campesinos»… etc - Puede Ud
añadir, en comprobación de los renglones anteriores, que en Corrientes,
aunque se habla castellano, todas, todas las clases, hablan también el guaraní
De ahí viene que las clases bajas, al hablar castellano, usen sólo del
pronombre tú, y no del usted, desconocido en el guaraní
NOTA 2
76 - 26 - «En aquel momento, ha recorrido en su mente, diez mil estancias
de la pampa»… etc - Ante todo, una advertencia indispensable, que servirá
como de introducción
Al tirar estas Notas, amigo mío, ha sido en el concepto de que Ud me ha
de permitir la más completa franqueza en la exposición de mis juicios, sean
ellos exactos o desacertados ¿Me engaño en aquel concepto? Pues entonces
no siga adelante, y haga pedazos desde ahora este papel ¿No me engaño?
Pues entonces le diré que en su libro, que tantas y tan admirables cosas tiene,
me parece entrever un defecto general —el de la exageración: creo que tiene
mucha poesía, sino en las ideas, al menos en los modos de locución— Ud no
se propone escribir un romance, ni una epopeya, sino una verdadera historia
social, política y hasta militar a veces, de un período interesantísimo de la
época contemporánea Siendo así, forzoso es no separarse en un ápice —en
cuanto sea posible— de la exactitud y rigidez histórica; y a esto se oponen
las exageraciones Éstas tienen que ser en Ud una necesidad: ¿sabe por qué?
porque creo —aunque puedo estar muy engañado— que es Ud propenso a
los sistemas; y éstos, en las ciencias sociales como en las naturales, no son el
mejor medio de arribar al des-
25 Publicadas por primera vez en la Revista de derecho, historia y letras, dirigida por
Estanislao S Zeballos, tomos X y XI, año 1901 Escritas en 1846 en Montevideo, según
promesa hecha a Sarmiento de señalarle los errores de su libro
296
cubrimiento de la verdad, ni al recto examen, ni a la veraz exposición de ella
Desde que el espíritu esté ocupado de una idea anterior, y se proponga
hacerla triunfar en la demostración, se expone a equivocaciones notables, sin
percibirlo Entonces el escritor, en vez de proceder analíticamente, en vez de
examinar cada hecho en sí mismo, para ver lo que de él se deduzca, y de este
conjunto de deducciones y observaciones sacar, recién a lo último, una
deducción general, o resultado; en vez de este proceder, emplea el sintético:
esto es, sentada una idea jefe, recorre cuantos hechos se le presentan, no para
examinarlos filosóficamente y en sí mismos, sino para alegarlos en prueba
de su idea favorita, para formar con ellos el edificio de su sistema De aquí
nace naturalmente que, cuando halle un hecho que apoye sus ideas, lo
exagere y amplifique; y cuando halle otro que no se encuadre bien en su
sistema, o que lo contradice, lo hace a un lado, o lo desfigura o lo interpreta:
de aquí nacen las analogías y aplicaciones forzadas; de aquí los juicios
inexactos o parciales acerca de los hombres y sucesos; de aquí las
generalizaciones con que, de un hecho individual, y tal vez casual o
insignificante en sí mismo, el escritor deduce una regla o doctrina general
Todo eso es una necesidad en los sistemas: hay que tributarles muchos
sacrificios Ud se propone mostrar la lucha activa entre la Civilización y la
Barbarie; la lucha cuyos gérmenes venían de largos años atrás, y la cual, de
largos años atrás, existía sordamente: la lucha entre las campañas y las
ciudades, y en la que, por una ley necesaria, y casi por una especie de
fatalismo, aquéllas triunfaron y debían triunfar —Creo que algo de exacto
hay en el fondo de esta idea, sin que en mi humilde opinión lo sea en todo
Más adelante, algo diré sobre esto Aquí anticiparé que tal vez ese resultado
no se ha debido tanto a un orden dado de cosas, de ideas o sentimientos en
las campañas, cuanto a mil acasos y accidentes, a hechos en sí
insignificantes, a la ignorancia e inestudio de nuestro estado social, y a
multitud de errores políticos y militares Digo esto aquí, únicamente por
explicar mi pensamiento acerca del efecto que en las inquisiciones históricas
producen las exageraciones, consecuencias necesarias de los sistemas
previos Así: lo que Ud, expone sobre el gaucho baqueano, malo, rastreador,
297
etc, aunque sea necesario al sistema de Ud, tal vez no sea exacto en la latitud
y generalidad que Ud lo presenta De ningún modo digo que esos hechos no
sean exactos, y especialmente los prodigios (no merecen otro nombre) del
rastreador; bien que yo jamás había oído cosa ni medio parecida Digo
solamente que en Europa, al leer esas páginas, y aun al leerlas en América
quien no sea argentino, creerán que esas calidades son generales, o al menos
comunes, en el gaucho argentino; en rigor, son excepciones, rarezas Ud hace
de esos caracteres excepcionales una especie de clase, y esto es lo que creo
no ser exacto; y después, en los detalles, las necesidades de su sistema le
arrastran a las exageraciones Sirvan de ejemplo las palabras que hacen el
texto de la presente Nota: «En aquel momento (vaya Ud contando las
hipérboles) ha recorrido en su mente diez mil estancias de la pampa: ha visto
y examinado todos los caballos que hay en la provincia, con sus marcas,
colores, señales particulares, y convencídose de que no hay ninguno que
tenga una estrella en la paleta»… Lo de Napoleón, que Ud añade, es tan
cuento tártaro como tantas otras cosas: no sería lo más asombroso la
memoria de Napoleón, cuanto que hubiese tenido ocasión, motivo, interés y
18 o 20 años desocupados, para oír, una a una, las historias de 200000
hombres: y con todo, más fácil sería que un general conociese a 200 y la
historia de cada uno, que el que un gaucho —a no convertirlo Ud en viento
— sepa lo que Ud dice, cuando a cada instante nacen y se marcan animales;
y en fin, aunque esto fuese humanamente posible, sería una excepción
estupenda Repito que sólo por vía de muestra me he fijado en esta pequeñez
De todos modos: en la historia, no me gustan los prodigios, aunque sean
ciertos; y yo suprimiría el mil Considere Ud que sobrado admirable sería el
gaucho que en un momento hiciera todo eso, respecto de los miles de
caballos que, al menos en la provincia de Buenos Aires, pueden contener
diez estancias: y considere también que una pampa en que hubiese 100
estancias (no las hay en la provincia) ya no sería pampa
298
NOTA 3
“Rosas aún hoy… corre sobre dos caballos, alza un peso fuerte del suelo, en
la velocidad de la carrera”… —Así será: pero yo jamás he oído de Rosas, ni
de nadie, esa gran prueba, y deseara verlo para creerlo El maximum que he
oído es alzar, en la velocidad de la carrera, un sombrero Pero sea de ello lo
que sea, no es cierto que aún hoy (en 1845, ni después) Rosas haga esas
pruebas Desde 1835, lo más que se le ha visto es galopar un poco, al ir o
volver de la quinta
NOTA 4
86 - 16 - «eran otros tantos bandidos comandantes»… —Pancho,
envenenado por Rosas, no era comandante, sino coronel de un cuerpo
veterano (blandengues, de Bahía Blanca) Celarrayán, su sucesor, ídem;
ninguno de los dos era bandido, y aun Celarrayán, que más bien era hombre
decente, murió de resultas de la conspiración en que estaba contra el tirano
— Molina manda una división de indios cuando Rosas lo hizo envenenar No
sé si Pajarito y Arbolito tenían el título de comandantes, pero no tenían
mando De todos modos, aunque esos cinco hombres hubieran sido
comandantes, bueno fuera advertir que no eran comandantes de campaña
(cosa muy distinta), como se creerá al leer eso, pues de comandantes de
campaña va Ud hablando allí Por lo demás, en tiempo de Rosas éste no ha
dado el cargo de comandante general de campaña a hombres vulgares, ni no
vulgares: no lo ha habido: lo más que ha habido, en cortos intervalos, ha sido
comandantes del sud o del norte: nunca uno general, como él
NOTA 5
«de Rivadavia, que creó el Banco Nacional, y que en su lenguaje pomposo
decía: dentro de 6 años, deberemos 60 millones: lo que no estorbó que al año
siguiente de renunciar la presidencia, estuviese a punto de morirse de
hambre en Europa»… — Desearía mucho una explicación de Ud sobre esto
No entiendo absolutamente el sentido de esas palabras de Rivadavia, que yo
ignoraba Tampoco entiendo si, con lo de lo que no estorbó, etc, ha querido
299
Ud significar que él robó —lo que sería falso— y que eso no estorbó su
ulterior pobreza En lo demás, advertiré dos cosas Una, que Rivadavia, al
año siguiente de renunciar la presidencia, esto es, en 1828, no estaba en
Europa sino en Buenos Aires, de donde salió en 1829, en mayo creo; y en
Europa, ignoro que estuviese a punto de morirse de hambre, aunque creo
que padeció apuros, por incuria, o lo que sea, de sus apoderados; era hombre
de regular fortuna heredada — La otra, que él no creó el Banco Nacional En
su primera administración, de 1821 a 24, esto es, en la del gobernador
Rodríguez, y cuando él era ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores,
don Manuel José García, de Hacienda, y el general don Francisco Cruz, de
Guerra, se creó el Banco Provincial o de Descuentos; y mucho después, en
principios de 1825, el Congreso convirtió a ese Banco o lo fundió en el
Nacional que creó: pero a esa fecha don Bernardino estaba en Europa Una
digresión, ya que toco esta ausencia — Rivadavia se fue a Europa apenas
dejó de ser ministro por el cese legal de Rodríguez, y de paso, se le dio una
misión extraordinaria cerca de los gobiernos de Inglaterra y Francia
(llevando de secretario a don Ignacio Núñez) A Rodríguez sucedió Las
Heras, con quien siguió García de ministro de Gobierno, Relaciones
Exteriores y Hacienda Rivadavia se negó obstinadamente a seguir por un
motivo, no sé si acertado, pero que le honra Estando al concluir el período
de Rodríguez, emitió la doctrina, y la hizo sostener en el Centinela, diario
oficial, que entonces daba dicho Núñez, doctrina que la oposición apoyó, de
que para consolidar las instituciones, y hacer prácticos los principios,
Rodríguez debía no ser reelecto, o renunciar si lo era, y que todo el gobierno
debía ceder su puesto a otros Por eso no quiso seguir Siento tener que añadir
que, a mi juicio, no por eso debió irse a Europa, donde ya había estado lo
bastante, de 1814 a mediados de 1821 Ese inútil viaje fue tal vez un
deplorable desacierto ¿No cree Ud que, si en vez de ir a Europa, va a
recorrer las provincias, a adquirir relaciones personales, a hacerse conocer y
amar personalmente (y lo hubiera logrado, pues, por más que Ud oiga, era
en su trato privado, franco, festivo, atractivo), y en fin, a estudiar y conocer
300
el país, que no conoció nunca, otra, y muy otra, hubiera sido la suerte de su
posterior presidencia? — Siempre, siempre lo he creído así
NOTA 6
136 - 5 - «no tiene aún diarios»… —Esto arroja la idea de que, hasta 1845,
en que Ud escribe, Córdoba no había tenido diarios todavía, y no es así
Desde 1826 tuvo la… de oposición a la presidencia, dado por el sobrino de
Bustos En 1830 y 31, bajo Paz, tuvo la Aurora A la caída de Paz, tuvo a
Córdoba Redimida, y otros, aunque fugaces ¿No sería mejor decir: no tiene
hoy, hace 15 años, diarios?
NOTA 7
«La Universidad es un claustro, en que todos llevan sotanas y manteos»…
—Si esto ha sucedido bajo los federales, nada digo Pero cuanto a lo pasado,
eso no es cierto, ni aun respecto de un tiempo (1817 adelante) En tiempos
muy antiguos, los estudiantes de afuera concurrían, me dicen, a la
Universidad con ciertas capas cortas —por lo que se les llamaba capistas—;
pero en mi tiempo, y aun creo que desde la revolución, concurrían vestidos
como les daba la gana Los colegiales, de los dos colegios, concurríamos de
opa, beca y bonete clerical: pero en el colegio —al menos los de Montserrat
— vestíamos como y del color que queríamos: para la calle el traje era
negro: mas era levita, corbata, sombrero como cualquier ciudadano, etc
Jamás vi allí tales sotanas ni manteos — Por lo demás: la Universidad no
era, ni podría ser, un claustro, ya se tome esta voz en el sentido figurado, ya
en el recto Tal vez Ud confunde a la Universidad con los Colegios (en los
cuales había ciertas instituciones realmente claustrales): pero son cosas muy
distintas
NOTA 8
137 - 8 - «cúpulas y torres de los muchos templos»… — Podría creerse que
son más de los que son Yo recuerdo 7: Catedral, San Ignacio, San Roque,
301
dos conventos de frailes y dos de monjas; y aun estos últimos, sólo eran
capillas sin torres
NOTA 9
137 - 26 - «Hacia los años de 1816»… hasta música — Confusión —
Cuando en 1809 se quitó la Universidad a los frailes, y se dio a los clérigos,
el Deán Funes fue Rector de aquélla y del Colegio de Montserrat (cargos
muy distintos) Las reformas que hizo en la Universidad, en 1810 (época en
que mi hermano estaba en Montserrat), por medio del reglamento que le
encomendó el claustro, fueron casi insignificantes: al menos no fueron las
que Ud le atribuye en sus Recuerdos de Provincia Las matemáticas se
reducían a la aritmética; y no hubo la cultura de las bellas letras, que dice el
Deán en su Ensayo En el Colegio de Montserrat, sí, las hizo muy buenas (y
de entonces data el levita) — Años después, estando él en Buenos Aires,
presentó el gobierno —no sé si por encargo de éste o espontáneamente— un
nuevo plan de estudios universitarios, que fue aprobado y que se empezó a
ejecutar en 1816 En él entraban, es cierto, matemáticas y física experimental
(la anterior siempre se había enseñado allí), que yo estudié; pero no
entraban, como Ud lo dice, los idiomas vivos, el derecho público, ni la
música (ni menos la esgrima, como Ud dice también en los Recuerdos)
Quien informó a Ud, equivocó las especies — En 1818, un francés
transeúnte dio en el Colegio de Montserrat (que siempre debe Ud no
confundir con la Universidad) unas cuantas lecciones particulares, a unos
pocos colegiales (entre ellos, a Pascual Echagüe) de esgrima, y a otros de
piano; y aun todo eso sólo duró unos pocos días Esto es cuanto hubo a este
respecto — Y añadiré una reflexión: — Ud, cuando trata de deprimir a
Córdoba, deprime a la Universidad hasta los suelos, hasta suponerla un
claustro, y vestida de sotana y manteo; y cuando trata —especialmente en
los Recuerdos— de exaltar al Deán, supone a la Universidad un
establecimiento casi europeo: ¿No hay contradicción en esto? Ni una ni otra
cosa es cierto — En fin: en la Universidad jamás se enseñó ni idiomas
vivos, ni derecho público, ni dibujo, ni esgrima, ni música, al menos hasta
302
1819: ignoro lo posterior Lo único que sé es que, años después, por 1824 o
25, se introdujo en Montserrat el gusto y estudio de la música Lo atribuyo al
Rector del Colegio, el muy respetable doctor don José María Bedoya, que es
de una familia orgánicamente música Él y su hermano Elías —concolega
mío— creo están hoy en Chile, y puede Ud informarse de ellos… Y ya que
nombro al doctor Bedoya, permítame Ud que consagre aquí un renglón en
justo honor de él En mi tiempo era vice-rector de mi colegio y catedrático de
matemáticas y física en la Universidad Es de los hombres más beneméritos
de la República, por cuanto consagró su vida a la enseñanza de la juventud
Se formó en esas ciencias por sí solo casi Hombre de talento y
estudiosísimo, había nacido para aquel destino; y su emigración es una de
las varias grandes pérdidas que el país debe al régimen actual de la barbarie
Nunca olvidaré que el doctor Bedoya me distinguió, ni tampoco el
oportunísimo regalo de un capote, que me hizo en un invierno
NOTA 10
«Córdoba que no ha tomado parte en la revolución» — Con dureza trata Ud
a esa pobre ciudad de Córdoba, e inmerecida; al menos Ud no cita hechos
que justifiquen su severo y harto general aserto Recordar el crimen posterior
de Bustos, en 1820, sería una impertinencia; ese crimen prueba otras cosas
pero no aquello — Que en 1810, Liniers y otras categorías, casi todas
españolas, obraran como tales, no es extraño; y el que entonces se
concentrasen en Córdoba, no debe imputarse a godismo del Pueblo, como
tampoco el que apareciera el acróstico, que Ud copia, y que pudo ser obra de
un solo individuo Esas pruebas son indignas de la circunspección de la
historia, para justificar una acusación, tan positiva o general Lo que Ud
refiere en sus Recuerdos, acerca de los resultados que en aquellos primeros
días obtuvo la influencia del ilustre patriota Deán Funes, está diciendo que,
aun entonces, podían allí más los patriotas que los godos Había familias
godas, como las hubo en todas las provincias, sin excluir Buenos Aires, y era
natural Después de libertada de Liniers y compañía, ¿cuál hecho ha revelado
oposición, o disidencia de Córdoba, respecto a la revolución? Lo ignoro y
303
desearía saberlo ¿Qué hizo Córdoba de menos que cualquier otra provincia
de aquellas donde no llegaron los ejércitos españoles? ¿Qué hicieron éstas
más que Córdoba? Ella recibió con decisión al primer ejército patrio, y
presentó cuanto pudo Desde 1810, dio numerosos soldados: desde 1810 dio
muchos hombres jóvenes, que llegaron a ser excelentes oficiales: dio a
Vélez, que murió heroicamente en el Desaguadero, a Leiva, a Bustos, a
Julián y José Ma Paz, a J G Echavarría (muerto por la libertad en 1831, como
lo dice Ud más adelante), a mi defendido coronel Rojas, que empezó de
soldado, a Dehesa y otros que ahora no recuerdo Córdoba envió sus
diputados a la primera Junta, y los envió después a todos los cuerpos
nacionales ¿De qué otro modo quiere Ud que una provincia tomase parte en
la revolución? ¿De qué otro modo la tomaron las demás? Creo que aquel
aserto sería inexacto aun respecto de las tres provincias del Paraná; y note
Ud una cosa en que quizás nadie se ha fijado aún, Santa Fe, Entre Ríos y
Corrientes son las que menos soldados dieron a la guerra de la libertad e
independencia: ninguna de ellas produjo tampoco un hombre sobresaliente
en los ejércitos, en las letras, ni en los congresos Y aun así, ¿osaría Ud decir
que no tomaron parte en la revolución? ¡Y lo dice de Córdoba! Crea Ud que
este aserto me habría asombrado si no viera en él el efecto de los sistemas
Era necesario en su plan deprimir a la doctoral y clerical Córdoba
NOTA 11
139 - 22 - «Robespierre y la Convención (son en Buenos Aires al principio
de la revolución) los modelos»… — Este concepto demanda la idea de que
Buenos Aires acudió al resorte del terror; y esto no es así — Jamás un
pueblo hizo una revolución tan grande con menos violencias Si las hubiera
habido entonces, quizás Rosas no se hubiese afianzado después — Me
explicaré: — La República Argentina tiene altísimas glorias militares y
especialidades que la diversifican de los demás Estados de América Ha sido
el único Estado que ha tenido tres guerras serias exteriores (inglesa,
española, brasilera), saliendo en todas con honor: el único de cuyo seno han
brotado otros Estados: el único que llevó sus armas a mil leguas de distancia
304
(pues aunque después Colombia le imitó, Colombia no era un Estado, sino
tres): el único que no ha recibido ni pedido auxilio a otros: el único que ha
sitiado por años una verdadera plaza fuerte, y tomádola: el único que ha
dado y ganado verdaderas batallas navales (contra españoles y brasileros): el
único que no ha visto a hijos suyos figurar entre las notabilidades de los
ejércitos españoles (a diferencia de Bolivia, Perú, Ecuador, Nueva Granada y
México, que han tenido primeros magistrados, que antes figuraron en
aquéllos, más o menos tiempo: v g: Santa Cruz, Gamarra, Flores, Obando,
Herrán, Mosquera, Iturbide, Santa Ana, etc): el único que no ha visto de
prisionero a ningún general en jefe suyo, aunque ha hecho prisioneros a
algunos del enemigo: el único que no ha visto su territorio subyugado, y
mucho menos a su capital ocupada por las armas españolas Esta última
circunstancia es la que hace más directamente a mi objeto actual En efecto:
si antecedentes tan gloriosos infundieron la loca presunción de que, en un
país tan patriota y belicoso, eran imposibles la tiranía y los tiranos, el
haberse visto libre siempre de venganzas españolas y de reacciones cruentas,
hizo de Buenos Aires un niño miedoso, cuando le sonó la hora de
presenciarlas y sufrirlas — Ud sabe los fusilamientos, horrores y represalias
que tenían lugar en otras partes, en los primeros años de la revolución, con
motivo de las ocupaciones y reocupaciones sucesivas del país y de las
capitales, por parte de los realistas y de los patriotas Si Buenos Aires hubiera
pasado por esa desgracia, o por la del imperio feroz de algún gobierno o
caudillo indígena, menos sensación le habrían causado los posteriores
horrores de Rosas En Buenos Aires no hubo jamás un solo día de terror: no
vio una sola ejecución verdaderamente revolucionaria, y menos horrible La
de Liniers y compañía fue muy lejana, casi en la pampa En Buenos Aires se
persiguió a los españoles con prisiones, o destierros o multas; pero no hubo
nunca persecución sanguinaria La única ejecución numerosa fue la de
Álzaga y demás conspiradores, en 1812: pero eso no era persecución, ni
sistema, y aun siéndolo, su objeto sería aterrar a españoles; mas la
Convención y Robespierre acerraban a sus compatriotas ¿Halla Ud analogía
entre una y otra cosa? A esa ejecución precedió la convicción del crimen y
305
audiencia en sumario; y Ud sabe que lo que aterra son los fusilamientos
arbitrarios, no los actos de una evidente justicia Después se fusiló a dos
españoles más (Viola y Telechea), acusados de conspiración — aunque creo
que esto no se les probó acabadamente Éstos fueron los últimos
fusilamientos de españoles De un pueblo así, no puede decirse que tenía por
modelo a Robespierre Esto hasta cuanto al punto de esta Nota: pero seguirá
en cuanto a lo que he indicado de que en Buenos Aires nunca hubo, hasta
Rosas, terror Las demás ejecuciones que hubo por efecto de nuestras
disensiones fueron, respectivamente, bien pocas En 1815 se fusiló injusta e
ilegalmente al extranjero pero patriota Payardel En 1818, se fusiló, previo
juicio, a dos franceses, Robert y Lapresse En 1823» a un conspirador y a un
revolucionario a mano armada (García y Peralta), también previo público
juicio por los tribunales ordinarios En 1828, a Dorrego, sin juicio En 1829,
al teniente coronel Mesa, tomado en armas, previo juicio — Así: en todas las
indicadas ejecuciones políticas, desde 1810, la mayor parte legales y justas,
de individuos, no de masas, la mayor parte con observancia de formas, no
amontonadas tampoco, sino diseminadas en el largo espacio de 18 años, no
había ciertamente motivos de terror ni actos feroces y brutales Muchos se
admiran de que Buenos Aires haya temblado y degradádose tanto ante el
puñal de Rosas: pero no reflexionan que, según lo que dejo indicado, ese
pueblo ni noción verdadera tenía de lo que era terrorismo: y por eso dije que
si él hubiera presenciado en la revolución escenas de sangre y de barbarie,
quizá Rosas no se hubiera afianzado; pues el terror —que ha sido gran
resorte y sostén de éste— no habría producido efectos tan intensos
NOTA 12
140 - 7 - «El año 20 se empieza a organizar la sociedad… y el movimiento
continúa hasta que Rivadavia se pone a la cabeza del gobierno»… — En
1820, y gran parte del 21, no se empezó ninguna organización, ni hubo
movimiento alguno Lo único que hubo o se obtuvo, desde octubre de 1820,
con el triunfo del gobernador Rodríguez, fue quietud y orden; pero se siguió
306
vegetando, hasta agosto de 21, en que aquél formó el indicado ministerio
Rivadavia-García-Cruz
NOTA 13
Id - 10 - «Hasta este momento, Rodríguez y Las Heras, han estado echando
los cimientos»… — ¿Hasta cuál momento? ¿Hasta el en que Rivadavia se
pone a la cabeza del gobierno, esto es, hasta el en que entró de ministro en
1821? — Ud ve, por lo que acabo de decir, que, hasta 21, no había cimientos
echados por Rodríguez, y menos por Las Heras Y si Ud aludiese con aquella
expresión al momento en que se puso, en 1826, a la cabeza del gobierno
nacional, tampoco sería exacto; pues era él mismo, y no aquellos dos
gobernadores, quien había echado los cimientos — En una palabra: la
administración Rodríguez, y su dicho ministerio, empezó la obra, en 1821
hasta 24, en que la continuó la administración Las Heras-García A fines de
25, se declaró al Brasil la guerra, cuya dirección encargó el congreso al
gobierno provincial de Las Heras, que la empezó Después, en febrero de 26,
el congreso nombró de Presidente del Estado a Rivadavia, y no pudiendo
funcionar allí dos gobiernos distintos a un tiempo, hubo que hacer cesar —
un poco ilegalmente— el provincial antes de vencer Las Heras sus tres años
— Durante la presidencia, continuaron, a pesar de la guerra, el mismo
movimiento e ideas iniciadas en 1821 Renunció Rivadavia en julio de 27, y
el congreso nombró un Presidente provisorio (el doctor Vicente López), que
sólo duró dos o tres semanas, entrando entonces el gobierno provincial de
Dorrego, del modo y por los motivos que diré en la Nota 26
NOTA 14
«Voltaire había desacreditado el cristianismo: se desacreditó también en
Buenos Aires» — Ha largos años que acerca de esto, como de ciertas
doctrinas filosóficas, enseñadas en Buenos Aires, he oído muchas absolutas,
muchas pedanterías, muchas exageraciones y muchas tonterías, proferidas
con aire de magisterio — Ud se refiere a los primeros tiempos de la
revolución, a los anteriores, a 1820 — Veamos — No creo aluda Ud a
307
opiniones individuales que hubiese en Buenos Aires como en todas partes:
eso no justificaría su aserto Precisamente ha de haber aludido o a hechos
públicos, o bien a actos gubernativos ¿Y cuáles fueron? Los ignoro
totalmente Ninguna ley, decreto, ni medida de las autoridades, podrá
invocarse en apoyo de aquel tan extraño aserto Tampoco se citará ningún
libro o publicación hecha allí, destinada a desacreditar al cristianismo —
Cuanto a la enseñanza en el Seminario, único establecimiento de ella
entonces, nos educaba más bien, para la Iglesia — Cuanto a Córdoba,
excusado es decir que, en los estudios universitarios, nada había de anti-
católico y menos aun de anti-cristiano En 1819, es verdad, el ilustrado
cordobés Lafinur dictó en Buenos Aires una ideología, afectada de
cabanismo; pero también fue acremente impugnado ¿Hay en todo esto algo
que importe descrédito del cristianismo? Tan lejos de poder decirse que en
aquellos años imperaban las de un ultra-catolicismo ¿Quién, por ejemplo,
osaba hablar entonces de libertad de cultos? ¿Sabe Ud la doctrina que en
1819 se me enseñó a mí, acerca de esta materia, al dictarse Ethica o
Filosofía Moral, del padre jesuita Jacquier, que escribió en Roma, autos
designados por el Deán Funes, en el plan de estudios de 1816? Pues oiga
esta tesis: Impiísima atque etiam humane societati perniciossima est cujus
cumque false relijionis… tolerantia ¿Creerá Ud que en 1817 o 18, a virtud
del dictamen o censura del anciano clérigo y patriota boliviano, doctor
Iriarte, el Directorio prohibió el libro Celibato de los Clérigos?…
Aunque lo dicho basta al objeto preciso de esta Nota, añadiré que
tampoco en los tiempos posteriores al año 20, hubo tal desacreditamiento En
1822, se hizo la reforma eclesiástica, que no puede mirarse como descrédito
del cristianismo, ni aun del catolicismo Ignoro las opiniones individuales de
Rivadavia: pero en sus actos públicos prestó siempre el más constante
homenaje a las ideas religiosas: lo manifestó el restablecimiento del
Seminario o Colegio de Estudios eclesiásticos, las Conferencias del clero
que decretó y otros varios actos; y ello es que jamás estuvo el culto más
extendido y atendido que después de la reforma eclesiástica En 1824, en
tiempo no de Rivadavia, sino de García, el clérigo español doctor don
308
Manuel Agüero dictó en la Universidad una ideología más audaz que la de
Lafinur, y en la que llamaba a Jesucristo el filósofo de Nazareth El gobierno
no se mezclaba en eso, porque, con razón o sin ella, entendía de ese modo la
libertad de enseñanza; y en esta libertad estaba el antídoto Así es que el
Rector de la Universidad (doctor Sáenz), que también era catedrático, y
otros, combatían a Agüero, y la discusión se entablaba ¿Cómo pudo haberse
desacreditado el cristianismo desde los primeros años de la revolución,
cuando recién en 1825 fue posible que la Sala de la provincia de Buenos
Aires sancionase, para la provincia, la libertad de cultos? ¿cuando recién en
25 también el doctor don Julián S de Agüero, en El Nacional (periódico que
él y otros y yo dábamos), pudo abogar de frente en favor de la tolerancia
religiosa en la República, por medio de artículos que el Times de Londres
aplaudió? Rivadavia y Agüero no osaron nunca, aunque lo deseaban,
promover la disminución de días festivos (hecha después por Rosas), por no
chocar ciertas ideas Juzgue Ud, pues, si en tal país pudo haberse
desacreditado desde el principio, ni de hecho ni por sistema, nada menos que
el cristianismo, al menos con actos públicos y menos gubernativos: aserto
singular, que equivale a decir que se acreditó el ateísmo o el deísmo; pues es
claro que, si Buenos Aires combatía al cristianismo, no había de ser para
sustituirle el bramismo, ni el hebraísmo, ni el islamismo
NOTA 15
«las tomó de Pradt»… — La canción fue compuesta en principios de 1813,
cuando aún no había escrito Pradt — Sus Seis Meses, su Europa y América,
fue lo primero que se conoció y tradujo en Buenos Aires en 1818, creo
NOTA 16
141 - 34 - «Rivadavia, pues, continuaba la obra de Las Heras»… — Esto
demanda una rectificación o aclaración, que Ud hará fácilmente en vista de
las Notas 12 y 13
309
NOTA 17
143 - 30 - «Un unitario no cree en tal triunfo» etc, etc — Al menos cuanto a
lo pasado de 1831 a 1841, esto es ciertísimo por lo que he observado en
otros y en mí mismo — Después creo haber curado de esa manía y estar en
guardia contra su reaparición
NOTA 18
149 - 1 - «era en 1825, cuando el gobierno de Buenos Aires invitó a las
provincias a reunirse en Congreso»… — Esa invitación no fue en 1825, sino
en 1823 — Podría limitar a esto la presente Nota: pero quiero consignar aquí
ciertas noticias correlativas — Después de la tormenta general de 1820,
todas las provincias, incluso la de Buenos Aires, que tenía la manía de que
un congreso era un sánalo todo, convinieron formarlo; y en 1821, se empezó
a reunir en Córdoba, y fueron allá los diputados de Buenos Aires (uno de
ellos Juan Cruz Varela) Entró Rivadavia de ministro; y uno de sus primeros
pasos fue proponer a la Sala de R R que Buenos Aires no concurriese a ese
congreso Su idea fundamental era que primero debía Buenos Aires, y todas
las provincias, tratar de organizarse, formar sus rentas, darse instituciones,
etc (y observe Ud, para lo que diré más adelante, que esto era apoyar el
federalismo), y después vendría por sí mismo el momento de reunirse Hubo
en la Sala larguísima discusión y grande oposición: pero al fin, ayudado
Rivadavia de la elocuencia y luces del diputado doctor don Julián S de
Agüero (que desde 1820 había empezado a distinguirse en la Sala), triunfó
— Los diputados de Buenos Aires fueron retirados, y esto trajo la dispersión
de los demás: cada provincia encargó a Buenos Aires las relaciones
exteriores, y varias de ellas procuraron arreglarse imitando a Buenos Aires
En 1823, Rivadavia despachó una misión especial (al respetable Deán,
doctor Zavaleta, llevando de secretario al doctor Francisco Jil) a fin de que
fuese por las más de las provincias a ver si querían ya congreso, cuáles eran
sus ideas de organización nacional, etc, etc: todas pidieron congreso
Después, en tiempo de Las Heras, además de decretar el pago por Buenos
Aires del viático y dietas de todos los diputados provinciales, García pasó
310
circulares a los gobiernos, de prevenciones, advertencias, consejos, etc — Se
hizo todo, en fin, para que la nueva reunión fuese debidamente hecha y
fructífera De estas resultas fue que, con la mejor cordialidad, unión e
intención, y bajo los más bellos y prometedores auspicios, se abrió el
congreso el 16 de diciembre de 1824 La invitación al efecto, pues, no pudo
ser hecha en 1825 — … Concluiré esta Nota con un recuerdo, aunque
extraño al asunto de ella, justísimo — Mi amigo el mencionado doctor Jil,
colegial conmigo en el Seminario en 1815, era uno de los mejores talentos
que Buenos Aires haya producido Después de aquella misión pasó a Europa;
y cuando Rivadavia y don Ignacio Núñez regresaron de allá y se ratificó el
tratado con la Inglaterra, él fue nombrado Encargado de Negocios y vino a
ser el primer agente público de la República reconocida, que cruzase sus
manos con el rey de la Gran Bretaña Poco después casó allí con una inglesa;
y muy joven murió en 1829, de una enfermedad hereditaria, que acabó en
Buenos Aíres con toda su numerosa familia Crea Ud que el país hizo una
gran pérdida — Para en todo tiempo, bueno es saber que entre los papeles de
mi amigo, el dicho don Ignacio Núñez (otro talento: escribió el libro Las
Provincias del Río de la Plata y ahora tres o cuatro años, murió en
Buenos Aires, de resultas del bárbaro tratamiento de Rosas y de pesadumbre
por el estado del país), se ha de hallar manuscrita, pues no se ha publicado,
la extensa Biografía que escribió del doctor Jil En 1831 me la pasó y yo le
hice varias correcciones y adiciones
NOTA 19
149 - 16 - «A esta sazón se preparaba la, república para la guerra del
Brasil»… — A esta sazón se refiere a la época de dicha invitación; y
entonces, en 1823, no se preparaba la República para esa guerra Se preparó
en fines de 1825, mucho después de constituido el congreso
NOTA 20
154 - 18 - «En 1820, aparecieron en Buenos Aires con Rosas los Colorados
de las Conchas»… — El cuerpo con que Rosas apareció, en efecto, el 5 de
311
octubre, y que existía desde muchos años antes, era el 5 o Regimiento de
milicias de campaña, compuesto de las de Cañuelas, Ranchos, Monte y
Lobos: su mando lo dio entonces Rodríguez a Rosas: vistió de colorado: de
ahí su nombre de colorados de Rosas; pero ese color era entonces
indiferente y accidental, sin significado alguno y usado por otros Los
colorados de las Conchas era otro cuerpo muy distinto: eran milicias de
Conchas, San Isidro, etc Desde muchos años antes de 1820 vestían de
colorado Fue el mejor y más valiente cuerpo de milicias de campaña que
tuvo Buenos Aires, y el único de ellos que se distinguiese en las guerras
contra Santa Fe: el único de milicias también que hiciese la campaña del
Brasil: de ahí la gran amistad de Lavalle con su coronel, y que éste fuera
también de los de 1 o de diciembre Su coronel era Vilela, el que fue después
sorprendido en San Calá, y asesinado por Oribe en Tucumán con Avellaneda
y otros
NOTA 21
154 - 24 - «Al principio fue una divisa»… etc — En los renglones siguientes
se confunden algo las épocas — Muy a principios de 1832, dio Rosas un
Decreto diciendo que, concluida ya la guerra civil en la República, se usase
la cinta como signo de uniformidad o unión, etc: ella tenía únicamente
«Viva la federación»: pero el Decreto, redactado con moderación y sin odios
ni insultos, no la imponía a todos, sino solamente a empleados y a ciertas
clases, abogados, médicos, etc Era muy chiquita; idéntica a la de la legión de
honor francesa; de ojal a ojal del fraque, y no en el sombrero En ese año
mismo, ya empezó la cinta a caer en desuso, Rosas tenía tolerancia Podría
referir a Ud un pasaje que me ocurrió con él, con quien yo, sin cinta, me
hallé súbitamente hombro con hombro Lo prudenció, y se limitó a volver a
publicar el Decreto — Concluido su gobierno, la cinta casi desapareció en
1833 y 1834 — Cuando iba a volver al gobierno en 1835, él o sus palaciegos
la renovaron y empezaron a usarlas colgantes, larguitas —así las llamaban
— y en esos mismos días en que él iba a entrar, empezaron a aparecer, por
primera vez, los chalecos colorados Durante su gobierno, la cinta, como el
312
chaleco, se hizo universal, aumentó sus dimensiones, se extendió al
sombrero, y se le añadió el retrato y los mueras… Lo de los vergajazos que
Ud dice, no sucedió entonces sino en 1839, al fin de cuyo año, también,
empezó recién a usarse la voz salvajes
NOTA 22
«Facundo… enemigo de la presidencia, que lo ha comisionado para deponer
a Madrid» — No extraño el error de Ud al atribuir esa orden a la
presidencia; pues el mismo Madrid había caído en él Madrid ha escrito sus
Memorias desde 1811 a 1847 (y en ellas impugna asertos de Ud) Yo he sido
el único que las he leído aquí; y eso ha sido una gran fortuna para él; porque
las he castigado de muchos errores, omisiones, confusión de datos, etc — Ha
oído y aceptado, con la más completa docilidad, todas mis correcciones,
observaciones y hasta reprobaciones Él también decía que la presidencia dio
aquella orden No es así: fue García, en el gobierno de Las Heras — Madrid
se quejaba mucho en sus Memorias de aquella orden; pero creo le convencí
de su justicia y de la absoluta necesidad de ella Lo envía el gobierno a
levantar el 15 de caballería de línea para la guerra al Brasil: llega a
Tucumán, y lo primero que hace, por razones buenas o malas (malas, según
sus mismas Memorias), es derribar al gobierno legal de López y entrar en su
lugar Ese atentado —que tantas complicaciones y males trajo—
comprometía altamente al gobierno de Buenos Aires, a quien desde antes, y
siempre, se acusaba de querer dominar a las provincias, y forzosamente
creerían todos que era mandado para eso El gobierno tuvo que dar una
satisfacción al país, y desvanecer esos conceptos en una Circular en que
condenó fuertemente el hecho e invitó, no a Facundo individualmente, sino a
las provincias circunvecinas a Tucumán, a contener a Madrid — Esto fue lo
que hubo Estoy ciertísimo de ello; pues con motivo de la guerra al Brasil, el
congreso acababa de establecer oficinas —además de las provinciales— del
interior y de relaciones exteriores; y yo, que desde 1821 estaba en el
Ministerio de Hacienda, pasé a la nueva y nacional del interior, y en este
carácter, redacté la Circular mencionada Ahora, bien Esto fue en fines de
313
1825, y en esa época aún no existía la presidencia… Esto, sin embargo, no
quita que después fuese Facundo enemigo de ésta, y que, habiéndose
declarado Tucumán y Madrid por ella, Facundo volviese otra vez contra
Madrid
NOTA 23
157 - 14 - «Por este tiempo, una singular cuestión… hasta y rentados los
sacerdotes» Confusión — Por este tiempo fue, no la cuestión, muy distinta y
muy posterior, de libertad de cultos, sino de supresión de los conventos:
supresión que era una parte de la reforma eclesiástica propuesta por
Rivadavia a la Sala y sancionada en 1822, época en que Facundo era cero La
reforma trajo grandes discusiones; pero apoyada, entre otros, por altas
notabilidades eclesiásticas (por el Deán Zavaleta, el canónigo don Valentín
Gómez, el cura de la Catedral, don Julián Segundo de Agüero), fue adoptada
por la Sala… Haré aquí una digresión — La reforma no trajo, en efecto,
bulla ni desorden alguno en Buenos Aires: pero después dio pretexto al
bribón de Rosas para una asonada armada contra el gobierno En la noche del
19 de marzo de 1823, Buenos Aires fue invadido por las milicias de
Cañuelas, al mando de su comandante Hilarión Castro, compadre de Rosas,
por instigación de éste, el cual (el astuto bribón) se fue días antes, con
ciertos pretextos, a Santa Fe, a esperar allí el resultado El grito de los
sublevados era: ¡Viva la religión! Llegaron hasta la plaza mayor, y fueron
rechazados, muriendo algunos y prendiéndose después a algunos
complicados que fueron pública y solemnemente juzgados (y de aquí
procedió el fusilamiento de Peralta, indicado en la Nota 11) — Y ya que
toco esto, añadiré, de paso, que en tiempo de la presidencia, en 1826, Rosas
armó otra sublevación en la campaña, y también se fue antes a Santa Fe;
pero se le desgració, porque reventó desordenadamente en Lujan, y el
coronel Izquierdo la sofocó a sablazos: los cabecillas corrieron a guarecerse
en la estancia de Rosas El gobierno anduvo muy negligente, o miró esto con
desprecio… Vuelvo a mi asunto Cuanto a la libertad de cultos, ella fue
propuesta por el gobierno de Las Heras a la Sala Provincial en 1825 La
314
oposición —liberal en todo el país— fue quien la resistió, pero fue
fácilmente vencida en la discusión, y la ley se sancionó, por supuesto, para
sólo la provincia de Buenos Aires En el mismo año, el congreso aprobó el
tratado con Inglaterra, en que se otorgó a los británicos esa libertad, por
supuesto en toda la República Todo esto no trajo la menor novedad, y el
bajo pueblo vio con indiferencia la construcción del primer templo
protestante Esto es lo que hay a este respecto; y con arreglo a ello, puede Ud
rectificar los renglones que hacen el asunto de esta Nota No hay ley
nacional, que conceda en general esa libertad
NOTA 24
165 - 1 - «La Presidencia ha caído en medio de los silbos y rechiflas de sus
adversarios» — Todo lo contrario Cayó, o más propiamente, quiso
desaparecer, llenando de asombro y de respeto a sus adversarios Dejemos a
un lado el examinar si la renuncia fue o no un paso acertado: pero Rivadavia
fue movido a ella por el más puro patriotismo, tal vez mal entendido Nadie,
nadie sospechaba de tal renuncia Yo mismo me retiré ese día de la oficina, y
a la noche, en mi casa, vine a saberla No la esperaba nadie, porque el
gobierno era fuerte Tenía gobernadores enemigos; pero también los tenía
amigos, entre ellos, el respetable de Salta, general Arenales En la provincia
de Buenos Aires todo marchaba en orden, regularidad y progreso, y hasta los
recientes triunfos de Rauch sobre los indios habían consolidado más al
gobierno Contaba con la gran mayoría del congreso No sólo todos los
cuerpos de la guarnición, sino todo el ejército en campaña contra el Brasil,
lo apoyaba: la escuadra al mando de Brown, por supuesto Durante ese
gobierno, y sólo durante él, es que se habían obtenido los triunfos terrestres
y navales En este estado, rechaza con indignación y energía la Convención
de Paz que había firmado en el Janeiro el plenipotenciario argentino (el ex-
ministro García), faltando abiertamente a todas sus instrucciones: el
congreso lo apoya unánimemente; y acto continuo, dice Rivadavia: ahora es
preciso hacer nuevos esfuerzos para continuar la guerra, y que para ello
concurran los contingentes de todas las provincias; y puesto que muchas de
315
éstas se hallan en disidencia, y dicen que por mí no concurren; y puesto que
hay ciudadanos que tienen influjo en ellas, vengan a ocupar mi puesto,
sígase con rigor la guerra, y sálvese el honor nacional — Había en este
hecho, amigo mío, mucho de nuevo entre nosotros, para que no
sorprendiese: había en sus motivos mucho de noble y magnánimo, para que
pudiera excitar silbos y rechiflas
NOTA 25
«Desde los tiempos de la presidencia… los coroneles Suárez y Necochea,
mandados al Monte, a levantar sus regimientos», etc — El fondo del
pensamiento de que, desde esos tiempos, empezó a haber en el Monte otra
autoridad, etc, es ciertísimo; pero no lo es que Necochea fuese mandado
nunca allí No salió de Buenos Aires, se formó allí un cuerpo cuyo mando se
le dio; pero después, en tiempo de Dorrego —con quien no estaba conforme
—, en 1828, habiéndose dado una ley que quitaba el voto a los soldados,
pasó a la Sala una nota fuertísima: no le hicieron caso; se indignó, renunció
y se fue a Chile — En cuanto a Suárez, cierto es que se le envió al Monte
como al coronel Lavalle a Chascomús — a formar sus cuerpos: pero esto fue
no sólo mucho antes de los tiempos de la Presidencia, sino aun antes de la
guerra brasileña En los tiempos de la presidencia, estos dos jefes jamás
estuvieron en la provincia de Buenos Aires, sino en el ejército de campaña
NOTA 26
167 - 3 - «Dorrego… trata de atraerse a los unitarios a quienes ha vencido…
Los unitarios se le ríen en sus barbas» etc, etc… — Prescindo de que el
modo con que Rivadavia dejó la presidencia, y otras cosas que indicaré más
abajo, muestran que Dorrego no venció a nadie, sino que espontáneamente
se le dejó el campo — Voy a otra cosa más importante, y que me ha llamado
mucho la atención: pero tendré que tomar las cosas de bien atrás, y que tocar
muchos puntos — Esta nota, pues, no será corta: pero ella mostrará a Ud la
completa falsedad de aquel aserto en sus dos partes: la atracción y la repulsa
316
No sé si Rivadavia la acertó o no en renunciar: pero estoy convencido de
que, de renunciar, la erró en el modo de hacerlo Pudo hacerlo de modo que,
muy legalmente, y sin oposición ni aun de la oposición, habría dado
garantías al país, e impedido la exaltación de Dorrego: esa exaltación que
fue causa o al menos ocasión de todas las desgracias posteriores, y que Ud
atribuye a una victoria de él Me explicaré — Cuando Rivadavia subió a la
presidencia, su primer paso fue proponer la ley de capitalización, que, tras
prolongados debates, fue sancionada por el congreso Por ella, la ciudad de
Buenos Aires se declaró capital del Estado; y de consiguiente, al puerto, con
siete leguas a la redonda, se declararon nacionales; formándose del resto de
la provincia dos provincias, al sud y norte Cesaron, pues, en Buenos Aires la
sala provincial y el gobierno provincial El grito constante de la oposición
contra la presidencia, su gran caballo de batalla, había sido esa ley de
capitalización A las provincias les decía la oposición que la ley daba a
Buenos Aires la preponderancia: a la provincia de Buenos Aires le decía, por
el contrario, que ella había sido despedazada, muerta y enterrada; que había
desaparecido, a pesar de que una ley anterior del congreso (la cual es cierta)
había declarado que, mientras no se diese la constitución (y no estaba dada
cuando se dictó esa ley), cada provincia seguiría rigiéndose por sus propias
instituciones Bien pues Ya que esa ley era tan mala, si Rivadavia, puesto que
creyó de su deber renunciar, propone previamente el restablecimiento del
orden de cosas existentes antes de esa ley, y que, de consiguiente, se
reinstalase la misma junta provincial que había entonces, y el mismo
gobernador provincial Las Heras, u otro que aquélla eligiese, claro es que la
oposición, lejos de poder decir no, hubiera tenido, a pesar suyo, que apoyar
la proposición, y hasta aplaudirla como una victoria de ella Mas aquella
junta y aquel gobierno eran opuestos al partido de Dorrego: y de
consiguiente, por este arbitrio, tan leal y lógico, Dorrego no hubiera arribado
al gobierno Mas Rivadavia no hizo esto: renunció, sin adoptar una sola
medida preparatoria que desviase los males e inconvenientes del cambio
súbito que debió prever operaría su renuncia Siempre he creído —y buenas
polémicas he sostenido sobre esto— que ése fue uno de los errores más
317
trascendentales de aquel hombre, por otra parte tan ilustre, tan digno de ser
querido y venerado No hizo sino retirarse a la vida privada, y dejar todo
montado sobre un pie que era insostenible desde su renuncia Así es que todo
se derrumbó instantáneamente, desordenadamente y sólo de hecho El
congreso, después de admitir la renuncia, y de establecer el efímero e
insostenible gobierno presidencial provisorio del doctor López, y viendo que
su constitución era desechada por varias provincias a pesar de cuantas
concesiones y medidas decretó (entre ellas enviar, a cada provincia
disidente, miembros de su seno, respetables acreditados, conciliantes, para
explicar la constitución, persuadir, aconsejar, oír y desvanecer objeciones y
recelos, etc, etc), el congreso, repito, se disolvió, decretando la reunión de
una Convención en Santa Fe — Naturalmente hubo que procederse en la
provincia de Buenos Aires a elecciones generales para formar su Sala En
estas elecciones, los unitarios no se ingerieron [sic] en lo menor, ni
directamente, ni por la prensa; no se hallará ni un solo renglón de ellos de
entonces; porque, amigo mío, la resolución de dejar franco el campo al otro
partido, era, se lo afirmo a Ud, leal, decidida y sincera Ni era lógico tampoco
que los unitarios intentasen entonces hacer una oposición sin objeto alguno:
pues el objeto de toda oposición es desviar a sus adversarios, para ocupar el
poder; y los unitarios no podían ambicionar un poder, que en esos mismos
días habían abandonado Así es que las elecciones se hicieron muy
pacíficamente, y por supuesto, salieron electos (entre ellos, mi suegro), no
los del partido de Dorrego, que propiamente no lo tenía, sino los adversarios
de todos los matices que tenía el sistema anterior; y esta junta eligió de
gobernador (agosto 1827) a Dorrego, encargándosele después por las
provincias la dirección de las relaciones exteriores (como se había hecho con
los anteriores gobiernos provinciales), la dirección de la guerra brasileña,
etc…
Haré aquí una digresión acerca de este personaje — Dorrego era un
valiente que había peleado y derramado su sangre por la independencia, y
poseía además cualidades recomendables: pero carecía de antecedentes
políticos De resultas de los sucesos del año 20 —en los cuales, siendo
318
gobernador interino 2 o 3 meses, no hizo un papel muy lucido,
especialmente saqueando espantosamente a San Nicolás de los Arroyos —
De resultas de esos sucesos, estaba fuera del país, y regresó en virtud de la
ley de olvido, que en 1822 propuso e hizo aceptar Rivadavia En 1823, con
motivo de la asonada de 19 de marzo, de que he hablado en la Nota 23 (el
gobierno residía en esos días en los ministros, por delegación de Rodríguez,
que había salido a una expedición al sud, contra los indios), Rivadavia puso
en él su confianza, y le dio el mando de una fuerza para perseguir y capturar
en el norte de la campaña a ciertos cómplices notorios de la asonada Salió
Dorrego, y más bien favoreció la evasión de aquéllos: hecho que en un
particular es loable, pero no en un subordinado que pudo no encargarse de la
comisión, si ella no era de su agrado, en vez de aceptarla para burlarla —
Desde entonces, se echó Dorrego en la oposición, que ya empezaba a existir
como entidad Esta oposición se formó no sólo de los descontentos que hace
todo gobierno (el doctor Gamboa, por ejemplo, a virtud de una fuerte
exposición del Rector de la Universidad, contra un acto de insubordinación
escolar de él, el gobierno ordenó su expulsión —opositor desde entonces),
sino principalmente de los muy numerosos que naturalmente hicieron las
tres grandes reformas de 1821 y 22 —la civil, la eclesiástica y la militar —
Esos hombres eran favorecidos en su muy peligrosísima oposición por la
plenísima libertad y completas garantías que allí imperaban Algunos eran
opositores por amor propio, por novelería, por figurar De este número era un
excelente talento, el joven Saravia, concolega mío en el Seminario, que daba
el Teatro de la Opinión (que continuó después el apreciable don Agustín
Wright, opositor también, el mismo que, representante de Rosas en 1838,
hubo de ser degollado de resultas de la cuestión francesa) — Por sentado,
Saravia fue posteriormente federal Pero hizo un viaje a algunas provincias:
vio, palpó las cosas; regresó, y en la Academia de Jurisprudencia trabajó una
disertación para probar que la federación era imposible, ruinosa, etc Era
como gala el ser opositor, como muestra de independencia y liberalismo;
¡sentimientos que después, bajo Rosas, cuando hubieran sido oportunos,
justos y de aplicación, no han dado síntomas de vida! Esa oposición en
319
aquellos años —1821 a 25— era una ridiculez: era un partido sin doctrina,
sin un gran principio que se propusiese hacer triunfar; era oposición a
personas, y nada más Por fin, después, cuando se echó sobre la carpeta la
cuestión ¿unidad o federación? ya fue otra cosa: ya entonces pudo esa
oposición proclamar algo, dignificarse algo, señalarse un rumbo, y darse
existencia moral, diciendo federación Pero en los años anteriores la tal
oposición era un guirigai, un conjunto de aspiraciones, odios y
resentimientos personales En esos años, ni aun las voces unidad, federación,
federales, unitarios, se oían en Buenos Aires: no las hallará Ud en ningún
diario de entonces Todas las cuestiones rodaban sobre asuntos de la
provincia: ninguna se refería al resto de la república, ni a organización
nacional Los dos partidos se designaban únicamente por ministerial y de
oposición; entrando en el primero lo principal del comercio, del clero, de la
milicia, de los hombres de letras, y además, la inmensa mayoría de los
jóvenes, que siempre se entusiasma por lo nuevo y bueno Cuando después el
congreso empezó a tratar la cuestión de unidad o federación, aquella
denominación desapareció para sustituirla la que ha prevalecido hasta hoy
—la de unitarios y federales Los ministeriales dijeron unidad, y, por
consecuencia forzosa, los opositores dijeron federación; si aquéllos hubieran
proclamado federación, éstos, no lo dude Ud, habrían gritado unidad Esto es
natural: está en la esencia de los partidos y del corazón En esa oposición,
pues, de 1823, en esa oposición sin bandera ni programa —a no serlo a
oponerse a todo, todo, como constantemente lo hizo, hasta a la libertad de
cultos—, se lanzó Dorrego — Yo creo que en esto no hizo sino ceder a una
necesidad irresistible de su organismo; era vivo, activo, fogoso, inquieto y
conocido, aun como militar, por díscolo Pero sea de esto lo que sea, entró
después a la Sala, y tenía por socios al doctor Díaz Vélez, al doctor
Ugarteche, a Moreno y a otros hombres no vulgares Dorrego no tenía
instrucción para poder ser cabeza de un partido parlamentario, aunque,
gracias a un destierro en Estados Unidos, la tenía mayor que la común en
nuestros militares Tenía una elocuencia fácil e impetuosa, pero deslucida por
las chocantes muecas de una gesticulación sumamente movible, y por ese
320
hablar precipitadísimo que puede imponer al soldado, pero que en un
parlamento toma el aire de lo que llamamos charlatanería o locuacidad… No
me fijo en que esa oposición siempre fue batida: eso no es extraño, pues
estaba en gran minoría Después se fue Dorrego a Bolivia, como Ud sabe, a
intrigar con Bolívar, y en su tránsito de ida y vuelta, se puso de acuerdo con
los gobiernos de algunas provincias para oponerse al sistema o gobierno de
sus adversarios Vino al congreso, como diputado por Santiago, y su
conducta allí fue cual había sido en la Junta Pero jamás, ni en el congreso, ni
en la Junta, hizo Dorrego un discurso notable, ni presentó un proyecto, una
idea original, una alta concepción de aquellas que revelan al hombre político
o al verdadero jefe de un partido político A excepción de su verbosidad,
nunca sobresalió en nada del común de los opositores o federales del
congreso ¿Cree Ud que un hombre así pudiera vencer parlamentariamente a
la presidencia, es decir, al partido unitario? Pues nada más que ésos, amigo
mío, eran los fastos o antecedentes políticos del coronel Dorrego, cuando
subió al gobierno provincial… Cierro aquí esta digresión y continúo
El principal ministro que entonces nombró Dorrego fue Moreno, para
gobierno y relaciones exteriores; hombres de luces, pero de pasiones
profundamente rencorosas El primer paso del nuevo gobierno fue una
Circular reservada a las provincias, repitiendo contra la presidencia
vulgaridades e imputaciones que parecían artículos de diario Yo, que en esos
días hacía de oficial mayor de gobierno, por haber renunciado don Ignacio
Núñez, que lo era bajo la presidencia, al ver eso, renuncié Pero al fin esa
circular era ignorada Mas lo malo fue que, repentinamente, el 27 de
septiembre pasó el gobierno a la Sala un famoso Mensaje, reproducción
extensísima de la circular, y que no era sino una furiosa acusación del
congreso, de la presidencia y de su partido ¿Qué remedio entonces? Los
unitarios, que, con la mejor buena fe, dejaban desocupado el campo, que en
nada se ingerían, que nada trataban, que no habían escrito ni un renglón, que
ni periódico tenían, que veían rotas así las paces o armisticio, o especie de
transacción celebrada, y que se sentían súbitamente acometidos, ¿qué quería
Ud que hiciesen? ¿se dejarían calumniar? ¿No debían defenderse en la vía
321
legal? — Provocados, pues, pública y oficialmente alzaron el guante, y
armados de hechos y razones, bajaron a la arena de la polémica Empezaron
vindicándose ante el país, en una larga Refutación (obra del doctor Agüero)
del Mensaje El diario oficial, el Correo [que daba Cavia (a) Don Magnífico,
a quien Moreno había llevado de oficial mayor a su ministerio], emprendió a
refutar, con diez veces más extensión, la Refutación Estaba en su derecho;
pero ya tiene Ud renovada ahí la lucha entre ambos partidos; y como un
error trae otro, y un exceso otro exceso, esa lucha, que empezaba por la
pluma, que enconaba los ánimos y que forzaría al partido que tenía el poder
a recurrir a medidas injustas, esa lucha vendrá a acabar con la lanza y con el
entronizamiento de un Rosas ¿No ve Ud aquí la marcha constante de todos
los partidos? ¿la explicación naturalísima de los sucesos posteriores, que,
iniciados en sólo el recinto de aquel pueblo, se repercutirían después en sus
consecuencias por todos los ángulos de la República? ¿Y quién arrojó la
primer piedra? ¿Fueron acaso los unitarios? — Pero adelante
Al mismo tiempo que Dorrego rompía tan injusta e impolíticamente con
los unitarios, empezaba a malquistarse con Rosas, y con cierto partido o
círculo de éste Esta desinteligencia solapada fue creciendo, hasta el extremo
de revelarse en la prensa: y el Correo empezó a hablar fuertemente hasta
contra los Anchorenas, llamándolos de ideas antiguas, avaros, etc; al mismo
tiempo que Dorrego, con su irreflexión y violencia característica, no se
recataba de proferir amenazas contra el pícaro gaucho He ahí ya tres
partidos pugnando ¿por algún principio o teoría? No: por… por qué sé yo En
esta época ya no se trataba ni aun mencionaba la federación ni la unidad; ya
no había sobre ello cuestión alguna en la república: por odios personales, por
pasiones, por efecto de una política indiscreta Esa desinteligencia entre los
federales habría llegado —como la posterior de 1833— a rompimiento
armado si el incidente que ahora mencionaré no hubiera venido a forzarles a
unirse
Entre tanto: empeñada la batalla entre federales y unitarios (sigo usando
de estas voces sólo por brevedad y no como propios, hablándose de esta
época) por la prensa, aquéllos debían ser vencidos y lo fueron; no tenían
322
plumas comparables a las de éstos Al paso que el Tiempo (periódico serio
que entonces entabló y siguió Juan Cruz Varela) los atacaba con el
raciocinio, el Granizo los despedazaba del modo más temible para un
partido, esto es, por el ridículo El Diablo Rosado, el Hijo Mayor de él, el
Hijo Menor y una cáfila de Diablos fueron apareciendo Y sepa Ud que cada
periodiquín de éstos que los unitarios emitían contra Dorrego, era un motivo
de loco júbilo para Rosas; él mismo, estregándose las manos de gusto, me lo
dijo en marzo de 1828 — No pudiendo los federales competir por la prensa
con los unitarios, acudieron al poder que poseían Promovieron que se diese
¡y al fin la dieron! una ley restrictiva de la libertad de imprenta, y destinada
principalmente a estorbar ese ridículo que los mataba Apenas se supo o
asomó esta idea, creció la indignación de los unitarios ¿Y cómo no? Sus
contrarios habían gozado la más amplia libertad y ahora en el poder, esos
hombres que habían llamado malvados, tiranos, déspotas a todas las
liberalísimas administraciones precedentes, restringían el ejercicio de un
gran derecho, porque no podían resistir en la pugna que habían tenido la
irreflexión de abrir Una medida de éstas causaba entonces cuarenta veces
más excitación y escándalo, que causan hoy cuarenta asesinatos de Rosas:
tal era la fuerza de las ideas y hábitos de liberalidad contraídos en los ocho
años precedentes
Sin embargo, quedaba a los unitarios otra vía legal, y acudieron a ella Se
acercaban las famosas elecciones de 4 de mayo (1828), y se propusieron
trabajar Lo hacían con tal éxito, que los divididos federales se alarmaron; y
éste fue el incidente que les hizo volver a unirse, para poder contener al
enemigo común Pero a pesar de esa unión, y a pesar de los grandes recursos
y resortes que en tales casos posee la autoridad, y que fueron puestos todos
en acción, era tan numeroso y poderoso el partido unitario que la autoridad
tuvo que acudir a las más escandalosas ilegalidades y tropelías para impedir
su derrota Grandes excesos se cometieron en aquel día — Lavalle, que
casualmente había venido con licencia del ejército, y que ya era coronel
mayor o general, presenció uno de ellos en la parroquia del Colegio, y hasta
hubo de patear a un capitán de cívicos que quiso asaltar la mesa que los
323
federales habían perdido Dorrego le ordenó regresar inmediatamente al
ejército Obedeció: pero calcule Ud qué ideas se formaría él de la
administración de Dorrego; calcule cómo iría el corazón de ese joven,
entonces tan altivo; calcule los sentimientos que llevaría al ejército…
Todavía quedaba otra vía legal —el derecho de petición— y se acudió a ella
Por primera vez se vio en Buenos Aires ejercer ese derecho solemnemente,
ordenadamente, públicamente y sólo por hombres que sabían lo que hacían
Cuando el proyecto de capitalización de 1826, Rosas promovió en la
campaña, y como a escondidas, una representación al congreso contra el
proyecto, y envió comisionados a varios partidos a conquistar firmas: pero
esta representación raquítica de firmas, unas desconocidas, y otras de
hombres sin discernimiento, en nada es comparable a la de 1828…
Recordaré, con este motivo, que un juez de 1 a instancia de Chascomús
(doctor Campana, camarista después en Montevideo), creyendo
absurdamente que eso era ilegal y anárquico, prendió al comisionado de
Rosas y dio cuenta El gobierno lo levantó por las tres Marías y le hizo sentir
su atentado contra un acto perfectamente legal y lícito Y con aviso en los
diarios — Se elevó a la Sala la respectiva petición —que está en el Tiempo
— con más de quinientas firmas de sólo la ciudad; figuraba lo más
respetable de todas las clases: todas las firmas eran conocidas, y no se
admitió ningún peticionario que no supiese firmar ¡La Sala la miró con el
mayor desprecio y hasta con encono!
Poco después se ofreció una elección parcial de dos diputados en la
parroquia de la Concepción; la ganaron los unitarios; y en el acto la anuló la
Sala Se ofreció otra parcial de dos también en la campaña, en San Pedro (y
en este instante no recuerdo si fue en ésta o en la de la Concepción que los
candidatos unitarios eran el doctor Gallardo y el ilustrado presbítero don
Valentín San Martín, muerto emigrado en Montevideo, en 1843, creo) la
ganaron los unitarios; pero en la Sala, el fraile Grela sacó una carta que dijo
ser de San Pedro, y en la que se decía que se habían cometido ilegalidades, y
esto bastó para frustrar la elección
324
Después hizo la Sala en la ley electoral ciertas alteraciones que creyó
convenirle; y fue entonces que Necochea le pasó la nota indicada en la Nota
25
La indignación y exasperación habían llegado a su colmo, y se agravaron
con escenas ocurridas en las calles y cafés, que sería largo referir —
Periodista unitario hubo uno que daba El Liberal, costeado por el general
Alvear, a quien súbitamente le echaron en la calle un puñado de ají en los
ojos Extráñese, pues, que en este estado de cosas, estado que, comparado
con el actual de Rosas, sería envidiable, pero que, comparado con el de las
administraciones precedentes, como entonces se comparaba, y sólo con él
podía entonces compararse, venía a ser o a aparecer de insoportable
opresión; extráñese que, en este estado de fermentación, y cuando se
cerraban así todas las vías legales a un partido pujante, y que algunos
merecimientos tenía para el país; extráñese, digo, que regresando entonces
de la Banda Oriental el primer cuerpo del victorioso ejército nacional, al
mando de Lavalle, y esparciéndose además el rumor de que Dorrego iba a
disolverle, temeroso de él, extráñese que amaneciera el día 1 o de diciembre,
para alumbrar una revolución, destinada a derribar a Dorrego y su partido…
Así, es preciso, amigo mío, juzgar a esa revolución: no mirarla
aisladamente y sólo en relación con las leyes que violaba, sino también en
relación con los antecedentes, con los hechos, con las violaciones de ley y de
derechos que la provocaron, o que al menos le dieron pretextos muy
plausibles Por mucho menos se hace una revolución
La de 1o de diciembre era justificada; mas no por esto osaré decir que fue
conveniente Tal vez si los unitarios tienen la virtud de sufrir dos meses más
sin salir del terreno legal, Dorrego, combatido legalmente por ellos y
hostilizado sordamente por Rosas, sin apoyo ni prestigio, cae por sí mismo,
y cae para siempre, porque cae entre el desprecio y el ridículo de tener que
confesar su nulidad La revolución le dio importancia Su gobierno no la
tenía, no había echado raíces, no había contraído méritos para con el país En
su tiempo, no se proclamó ningún principio, no se planteó ni intentó ninguna
reforma, ninguna mejora, ninguna institución Glorias militares, ninguna,
325
absolutamente ninguna procuró a la república; pues todos, todos los triunfos
navales y terrestres, fueron del tiempo de la presidencia La celebración en
agosto de la paz con el Brasil, con la que tontamente se ha metido tanta
bulla, queriéndola presentar como una conquista de Dorrego, se debió a esos
triunfos anteriores y a las atenciones europeas que habían sobrevenido al
emperador Dorrego no tuvo en eso más parte que la material de nombrar los
plenipotenciarios, pues hasta la base —independencia de la Banda Oriental
— fue la misma que, a indicación de la Inglaterra, había sentado Rivadavia
en las instrucciones que meses antes había dado a García, y que éste
desatendió de un modo tan extraordinario e inaudito — La revolución,
además, vino a alarmar y adunar a todos los enemigos de los unitarios y…
Pero observo que me he distraído Basta ya de esa revolución, y torno al
objeto de esta Nota
Tal es, mi amigo, la historia oficial del gobierno de Dorrego, en su
relación con los unitarios, desde el instante de su instalación en 1827, hasta
la aurora de diciembre en 1828 — Y pregunto al buen juicio de Ud ¿ve Ud
en esa conducta, o política, o sistema, o como Ud quiera llamarle, algo que
sea tratar de atraerse a los unitarios? ¿No ve, por la inversa, la guerra más
fuerte y tenaz? ¿Se atrae así a un partido? Tan cierto es el tal atraimiento,
como la tal risa de los unitarios en sus barbas No es esto decir que los
unitarios no se le hubieran reído, ni tampoco que se le hubieran reído, si
Dorrego hubiera procurado eso, no lo sé: es decir únicamente que es falso, y
cien veces falso que lo procurase Puede ser que haya procurado atraerse a
Pedro, Juan o Diego (y aun eso lo ignoro), pero eso sería atraerse
individualidades, y aquí hablamos del partido, que es cosa muy distinta
Mi amigo: muchos años después de estos sucesos, estando aquí en
Montevideo, oí por primera vez esa singular especie de que Dorrego buscó a
los unitarios y que éstos le repelieron: me llené de sorpresa, y no he podido
atinar con el origen de semejante cuento Mucho después, hablando aquí de
cosas pasadas con nuestro común amigo el doctor don Vicente F López, me
repitió eso mismo y procuró sostenérmelo; pero no pudo La cuestión, cual
yo la siento, es sencillísima, a saber: sáqueseme un hecho público ¡uno solo!
326
que revele en Dorrego esa política, y además, concílieseme con ésta todos
los que dejo mencionados Esto dije al doctor López — Puede ser que, como
su padre fue ministro de Dorrego en los últimos meses, concibiese esa idea,
nada extraña por cierto en un hombre moderado y de luces, y que nada había
tenido de federal, y que de ahí brotase lo de que ella se llevó a ejecución A
ejecución digo, porque tampoco bastaría probar que existió ese pensamiento;
pues Ud no habla de un nuevo pensamiento o intento, sino que afirma que él
se realizó, desde que afirma que los unitarios se le rieron a Dorrego Puede
ser también que éste, u otro que no sea el doctor López, tuviese esa idea:
puede ser todo lo que se quiera a este respecto Lo que yo digo
decididamente es que esa idea, si existió, no se tradujo en hecho alguno; y
que, por el contrario, ahí están todos esos hechos numerosos, notorios,
oficiales, para deponer de la acerba y jamás interrumpida hostilidad que el
gobierno del coronel don Manuel Dorrego creyó deber declarar y sostener,
de todos modos y bajo todos aspectos, contra ese partido unitario, al que se
dice que trató de atraerse
NOTA 27
167 - 29 - «salían 700 coraceros, mandados por 14 oficiales generales»…
No es así — Ud ve que además de que quizás ni en toda la república existiría
tal número de oficiales generales, un oficial general no había de mandar
hombres — Salieron el coronel mayor Lavalle, y sus cinco o seis coroneles y
comandantes de escuadrón Iban de aficionados, pero sin mando alguno, el
brigadier Martín Rodríguez, único oficial general, y el general Madrid
NOTA 28
168 - 16 - «¿Hizo mal Lavalle?» — Desde el primer instante que yo supe
por mi suegro el fusilamiento de Dorrego, lo reproché, y he permanecido en
este juicio Por supuesto que con arreglo a la justicia común, eso no admite
cuestión: fue la justicia política lo que consultó Lavalle El publicista
Beccaria, que con tanto ardor levantó la voz contra la pena capital, sólo dos
casos exceptúa; y el primero es precisamente un caso análogo al en que se
327
halló Lavalle, a quien el grande asesino Rosas osa llamar asesino Pero la
aplicación de esa justicia, que en rigor no es sino el cálculo de la
conveniencia pública, exige esencialmente exactitud y acierto en ese cálculo:
si esto falla, falta la justicia Esto sucedió a Lavalle En este oficio modelo que
pasó —pues en laconismo, fuerza y dignidad en el decir, yo no he conocido
entre nosotros una pluma comparable a la de Lavalle—, en que echa sobre sí
solo la sangre de su víctima, a la que, muy al revés de Rosas, se guarda de
insultar, en ese oficio, apelando a la historia, no viene a hacer otra cosa que
invocar la justicia política, la conveniencia política Pero en esto se engañó
Creyó que acabando con la persona de Dorrego, desviaba el único óbice al
bien público, tal cual él lo entendía; y su cálculo falló en esto Si en vez de
fusilarle, le suelta, y le envía a reunirse en Santa Fe con Rosas, con quien
estaba malísimamente, Rosas habría quedado a un lado No sólo habría así
Lavalle neutralizado la resistencia sino imposibilitádola Dorrego,
presentándose en Santa Fe, solo, derrotado, y debiendo su libertad a la
generosidad de su enemigo, habría caído, no sólo en descrédito sino en
ridículo: y entonces hubiera sido facilísimo obtener de él, en un arreglo,
cuanto se hubiese creído conveniente en pro de esa conveniencia pública
Mas su inútil ejecución hizo de él un mártir, y casi un héroe; manchó una
revolución justificada; bonificó la causa contraria; aumentó el número de
enemigos y libró a Rosas de un rival, o al menos de un superior incómodo e
intolerable para él — En fin, acerca de ese hecho, bueno es repetir siempre
que él fue personalísimo de Lavalle, por su orden: nadie se lo aconsejó —
Cuando se publiquen las dichas Memorias en Madrid, Ud verá, entre
muchos interesantes detalles sobre este suceso, que Lavalle ni siquiera hizo
saber su intención a ninguno de los que lo rodeaban, y que, después de
muerto Dorrego, recién les dijo algo sobre ese particular
NOTA 29
169 - 15 - «allanar (con la muerte de Dorrego) el único obstáculo que, según
ellos (los unitarios), se presentaba para la suspirada organización de la
república»… — Mi convicción es que, ni al hacerse la revolución del 1 o de
328
diciembre, ni, por consiguiente, al matar a Dorrego, pensó nadie en la
organización de la república Se miró a Dorrego como a un mal gobernante
de la provincia de Buenos Aires, y de ahí únicamente nacieron aquellos dos
hechos Nadie acordó entonces de unidad ni federación: en los diarios de
aquellos días no hallará Ud esas palabras, ni lo de organizar la república: no
hubo un solo grito de ¡viva la unidad o los unitarios! Algo más tarde,
cuando la lucha empezó a formalizarse, empezaron a aparecer las voces
federales y unitarios El Manifiesto (obra, creo, del doctor Gallardo) que se
dio para justificar la revolución, y que es donde debe buscarse los motivos y
objetos de ésta, no recuerdo que dijese que ella se hacía con fines de
organización general: todo lo que en él se alegaba, concernía a intereses y
cuestiones exclusivamente de la provincia — Esto no quita, sin embargo,
que, si la revolución triunfa, se hubiese facilitado o aproximado esa
organización: mas ésta, de todos modos, sólo habría sido entonces uno de
los resultados, pero no el objeto de la revolución Ésta parecía afectada —
permítame Ud la expresión— de una especie de egoísmo provincial — Éste
es al menos el juicio que yo, partidario de ella, he formado
NOTA 30
170 - 25 - «Vencido en varios encuentros (López) solicita en vano una paz
tolerable… Rosas pide se le permita trasladarse al Brasil, Lavalle se niega a
toda transacción…» — Muchas inexactitudes hay en esto Rosas, es verdad,
estaba en Santa Fe, amilanado, acobardado y ocupado en leer comedias; y
sin los estímulos de López, a nada se hubiera movido: no osó venir, como
debió, a ponerse a la cabeza de las montoneras del Sud, y sólo regresó a la
sombra de López También es verdad que, si se le hacen proposiciones,
hubiera entrado por todo: pero entre tanto, yo ignoro que él propusiera
transacción alguna, y, por consiguiente, que Lavalle la desechase: para
trasladarse al Brasil, no necesitaba permiso de nadie — Cuanto a López, ni
en la provincia de Santa Fe, ni en la de Buenos Aires, hubo con él
encuentros ningunos, a excepción de la batalla del Puente de Márquez Antes
de esta batalla, no solicitó paz ninguna: después de ella, hizo aberturas; y
329
Lavalle no se negó a toda transacción, sino que exigió que preliminarmente
saliese del territorio de la provincia
NOTA 31
170 - 27 - «¿No veis al unitario todo entero?» — Muy cierto es que Lavalle
y demás ardientes jóvenes que estaban con él, despreciaban al gaucho como
soldado, y no dudaban del triunfo Razón tenían para creer que con aquellos
escuadrones, aunque diminutos, pero tan superiores como fieles y
entusiastas, se llevarían a todos por delante, como en efecto sucedió, y
hubieran triunfado definitivamente, a no ser por causas que más adelante
apuntaré Pero no convengo en que ese orgullo y confianza fuesen una
peculiaridad del unitario Esos sentimientos, amigo mío, en circunstancias
como las de aquellos jóvenes, eran naturalísimos: los mismos habría tenido
un federal, un monarquista, un francés o un turco: son los del militar, sea o
no unitario
NOTA 32
170 - 31 - «Si Lavalle hubiera… conservado el puerto en poder de los
hombres de la ciudad»… — No entiendo absolutamente esto Tocante al
puerto y demás, todo siguió provincialmente, como en tiempos de Dorrego,
sin la más pequeña alteración en nada Ya dije que al hacerse la revolución no
se pensó en nada nacional; ni aunque se hubiese pensado, todo eso no era
para aquellos días
NOTA 33
174 - 4 - «rechazado aquí (el general Paz), desairado allá»… —
Completamente falso El general Paz llegó escapado, a la Colonia, el 3 o 4 de
abril de 1840 Yo en mi tránsito de Montevideo al ejército de Lavalle en
Entre Ríos Salía yo de una gravísima enfermedad, que casi me llevó La
Comisión Argentina, de que yo hacía parte, y Mr Martigny me exigieron que
fuera en una comisión No me paré en sacrificios y fui Hallé a Lavalle al
frente de Echagüe, a quien había antes batido en Don Cristóbal, y a quien
tenía sitiado y acorralado entre los zanjones y asperezas del Sauce Grande
330
Llegué a la Colonia el 7 Estuve con él y me dio carta para Lavalle,
ofreciendo sus servicios Estuve con Lavalle en su tienda de campaña, del 3
al 4 de mayo, como 20 horas, y regresé a Montevideo en comisión Lavalle le
contestó inmediatamente y con efusión, y me leyó la carta, tan lacónica y
bien escrita como todo lo que escribía: «Venga Ud, mi querido amigo
(recuerdo que le decía), a ocupar el puesto que merece» Este puesto era el de
jefe de Estado Mayor A Lavalle le vino como caída del cielo la evasión de
Paz; pues, precisamente, jefe de Estado Mayor era lo que no tenía, y de ello
se me quejó mucho esa misma noche que dormí con él (durante la cual, por
esa falta, ocurrió allí un incidente) Entre tanto: el buque de vela en que yo
venía a Montevideo y que debía tocar en la Colonia, para dar la carta al
general, tuvo malos vientos: pero nos alcanzó una ballenera a remo, en que
venían del ejército para Montevideo varios individuos Era tal mi ansiedad
por hacer llegar pronto la carta al general Paz, y por que partiese pronto,
para el ejército, pues venía yo penetradísimo de la gran falta que allí hacía,
que, por ganar días, me desprendí de la carta y la recomendé a uno de
aquellos (Azcazubí) para que, tocando la ballenera en la Colonia, se la diese
— Mi buque ya no tuvo que tocar allí Llegué aquí el 17, y supe que no se
halló al general en la Colonia, pues hacía días que había ido a Mercedes, a
presentarse al Presidente Rivera; pero que su hermano, el señor don Julián,
había recibido la carta, y encargádose de remitírsela La recibió en efecto el
general (y debe conservarla) Volvió a la Colonia: le escribí yo, volviendo a
manifestarle los deseos de Lavalle, y rogándole fuese pronto: nos canjeamos
algunas cartas, que conservo Pero el general tenía algunos inconvenientes,
que su excesiva delicadeza le impedía exponer netamente (falta de fondos
para su tan trabajada y desvalida familia) Cuando penetramos esto, la
Comisión Argentina se apresuró a vencer en lo posible el inconveniente, y
no contenta con esto, otro de sus miembros, el anciano y respetable doctor
Agüero, se embarcó para la Colonia, a fin de arrancar de allí al general, y
acompañarle él mismo al ejército, y así se hizo ¡Con toda esta decisión y
sacrificios nos hemos conducido en todo aquí! La desgracia fue que en todas
estas andanzas se habían perdido dos meses; y cuando Paz y Agüero
331
llegaron a Punta Gorda (12 leguas más abajo de la Bajada), hallaron que se
acababa de dar la acción del Sauce Grande (16 de julio), y que Lavalle
estaba embarcando su ejército para caer sobre la provincia de Buenos Aires
En esta nueva situación y cuando Lavalle debía o fracasar en la intentona, o
si lograba desembarcar y hacerse de caballos, obrar rápidamente sobre
Buenos Aires (¡al menos así se creyó y debió creerse!), ya no era tiempo, ni
lugar, ni se trataba de organizar el ejército Entonces Paz, no sólo era menos
necesario en el ejército, sino que era indispensable en Corrientes Llegaba lo
más a propósito imaginable, para templar o consolar a Ferré, gobernador de
Corrientes Hacía meses que éste estaba mal con Lavalle, pues se oponía a
que en ningún caso pasase el ejército el Paraná, y hasta se había venido al
efecto (por agua) al puerto de la Bajada, y allí estaba, desde fines de marzo,
en un buque francés (de lo cual nació que se me enviase a mí en abril a
verme con ellos, por la relación que con ambos tenía, Ferré es primo
hermano carnal mío: es hijo de una hermana de mi padre) Aunque por
motivos largos de referir, Lavalle creyó inconveniente que yo pasase hasta el
puerto de la Bajada, y más útil que regresara en el acto con cierto encargo La
oposición de Ferré al tránsito del Paraná era tan fuerte, que Ud sabe que
cuando, no obstante, el tránsito se verificó, declaró desertor a Lavalle:
disparate e injusticia, que yo fui el único que impugné aquí en Montevideo
por la prensa, a pesar de mi relación con Ferré Crea Ud que sí sucedió el
milagro de que no obstante la oposición de su gobernador y su presencia allí
cerca, no quedase un correntino que, con el mayor gusto, no se embarcase en
Punta Gorda y no siguiese a Lavalle al otro lado Esto se debió únicamente al
ciego entusiasmo y pegazón a su persona, que este hombre tenía el don
especial de saber inspirar siempre a sus soldados Entre tanto: como aquella
oposición de Ferré se fundaba (y cuanto a esto no dejaba de tener razón) en
que el tránsito dejaba a Corrientes descubierta, indefensa, y a merced del
ejército de Echagüe existente en Entre Ríos (quien en efecto la invadió dos
meses después, y tuvo que retroceder ante los reclutas de Paz), es por eso
que el arribo de Paz a Punta Gorda, en las circunstancias indicadas, era una
gran fortuna: es por eso que venía a ser mucho más útil y hasta
332
indispensable en Corrientes, para organizar allí fuerzas, defenderla, como lo
hizo, y contentar o satisfacer a Ferré —que le recibió con los brazos abiertos
— y de todo esto nació que allí conviniesen ambos generales en que
mientras el uno invadía a Buenos Aires, el otro pasara a Corrientes… Hé
bien: en todo esto ¿dónde está el rechazo y los desaires? ¿cuándo? ¿cómo?
¿por quién? — Borre Ud eso, amigo mío: porque a más de ser una mentira,
es una ingratitud y una injusticia No sé contra quién se dirija ella: pero
contra alguno o algunos ha de ser; pues claro es que alguno o algunos han de
haber sido los rechazantes y desairantes
NOTA 34
174 - 6 - «que ha visto sucumbir ya dos ejércitos»… — Cuando, como
acabo de decirlo, pasó Paz a Corrientes, esta provincia no había perdido
hasta entonces sino un ejército — el de Pago Largo
NOTA 35
174 - 32 - «la cuestión… se ha convertido al fin en cuestión… entre la
Pampa por un lado, y Corrientes, el Paraguay, el Uruguay, el Brasil, la
Inglaterra y la Francia por otro: debido todo esto a un pobre proscrito, que
ha andado quince años mendigando por todas partes el permiso de ganar una
batalla»… — Mi amigo: esto ya pasa de hipérbole — El esclarecido general
Paz, a quien pocos aprecian y respetan tanto como yo, tiene en sí mismo y
en sus hechos, sobradas glorias y méritos para que sea necesario atribuirle lo
que no haya sucedido Dejemos a un lado que en 1845, época en que Ud
escribe eso, el Brasil no obraba nada contra Rosas Pero no es cierto tampoco
que la intervención de Inglaterra y Francia, que en efecto tuvo lugar ese año,
fuese debida, y debida exclusivamente, al general Paz: y eso es lo que Ud
sienta, desde que dice que todo esto fue debido a él Tal vez quiso Ud decir
que todos esos sucesos vinieron a coincidir con la nueva posición que
acababa de asumir en Corrientes el general; a combinarse del modo más
feliz, y tal que, sin los funestos errores de Madariaga, el hábil general habría
redimido al país (como, sin los de Ferré, lo habría hecho antes, en 1842)
333
Esto sería verdad: pero esto es muy distinto de aquello; pues el general no
tuvo parte en la producción de esos sucesos — No la tuvo en que se
realizase la intervención europea — Cierto es que en 1845, el Paraguay
firmó una alianza debida a Paz: pero desde años antes, y sin intervención de
éste, se contaba con el Paraguay — El Uruguay, sabe Ud que declaró la
guerra a Rosas en 1839, cuando Paz estaba aún detenido en Buenos Aires —
Si Corrientes estaba en acción en 1845, se debía a Madariaga, que triunfó y
la redimió en 1843, estando Paz en Montevideo… No es menos hiperbólico
lo de los quince años mendigando el permiso, etc — Esto es olvidar que el
general estaba en libertad sólo desde abril de 1840; y es contradecirse con lo
que Ud mismo acaba de sentar, y con razón, en la página anterior; esto es,
que anduvo diez años de prisión en prisión (desde mayo de 1831) — No
pudo, pues, escribirse en 1845, que, a esa fecha, hacía 15 años que andaba
mendigando el permiso de ganar una batalla ¿Dónde? ¿ante quién?
NOTA 36
175 - 5 - «castrado» — Castrador es como le llamaba el bestia de Rosas
Probablemente, o a él mismo le ha repugnado esta salvaje e insulsa tontería,
pues hace años que ya no la dice; o vería que la tal voz no hallaba aceptación
NOTA 37
181 - 30 - «las matanzas de septiembre», de octubre de 1840 y de abril de
1842
NOTA 38
190 - 3 - «Lavalle no obstante su valor, que ostenta en el Puente de
Márquez, y en todas partes, no obstante sus numerosas tropas»… Debo
hablar de esta batalla, que es tan común suponer perdida por Lavalle: lo cual
creo nace en las provincias 1 o Del bombástico y falso parte que López
dirigió a Santa Fe, y en que contaba, el necio, que había triunfado, y que
Lavalle se había refugiado en las quintas de Buenos Aires, etc: parte que
circuló en las provincias, donde, por la total incomunicación con Buenos
334
Aires, no había cómo ir a la otra parte Cuando después de bastante tiempo,
se conoció en Buenos Aires ese parte, Ud no puede figurarse la sorpresa que
causó la imprudencia de López — Uno de los jefes de Lavalle, el coronel
Frolé, francés, oficial científico, publicó en el acto unas observaciones,
marcando los desatinos y sandeces de López 2 o De que, como la causa se
perdió, y al enemigo le convenía atribuirse ese triunfo, siguió éste repitiendo
la expresión derrota del Puente de Márquez, que quedó consagrada, sin que
nadie pudiese o se cuidase de levantar la voz en contrario; pues después de
Frolé, nadie se ha tomado el trabajo de escribir sobre esto Lo haré yo
brevemente y sentaré hechos — Las fuerzas de Lavalle no eran numerosas:
serían 1500 hombres de las tres armas; y las de López y Rosas, 8000 La
pérdida fue la de la caballada, que dejó a retaguardia; pues aquellas nubes de
cosacos lo rodearon por todas partes, y la arrebataron, desordenando, allí, a
los Húsares, los cuales se replegaron sobre las quintas de San José de Flores,
y no tuvieron parte en la acción Se peleó todo el día: un solo escuadrón de
Lavalle no fue desordenado: cargas sobre cargas, en todas direcciones: se
llevaban todo por delante: pero las nubes se abrían, vagaban en todo, y si se
ponía a tiro, las otras dos armas las alejaban en el acto Ésa fue la batalla del
Puente de Márquez, a siete leguas de Buenos Aires: — y primer hecho:
Lavalle quedó en el campo de batalla — Segundo hecho: Lavalle no tuvo
prisioneros, ni pérdidas de hombres: al menos oficiales, creo que no murió
uno solo; lo cual no sucede en una derrota — Tercer hecho: el vencedor
López envía en seguida un parlamento (que entró de noche hasta el fuerte de
Buenos Aires, y en cuya comitiva iba el entonces muchachón, hermano de
López y después gobernador de Santa Fe), proponiendo la paz y el derrotado
le responde que, ante todo, abandone el territorio de la provincia — Cuarto
hecho: sea por esto, o porque temió que una división que se mandaba por el
Paraná le tomase la retaguardia, o cayera sobre su Santa Fe, se retira de la
provincia, quedando solo Rosas con las milicias o gauchaje de Buenos Aires
— Quinto hecho: Lavalle, que se había situado, no en las quintas, y mucho
menos en el recinto de la ciudad (donde Ud, renglones más abajo, le supone
encerrado), sino en los Tapiales, a cuatro leguas, permanece allí durante los
335
meses ulteriores, hasta que celebra la paz; sin que los tales vencedores
osaran, no digo buscarle allí y acabarle, lo cual les sería muy fácil, puesto
que lo habían derrotado en el Puente, pero ni siquiera acercarse jamás
Durante todo este tiempo y desde que Lavalle salió de Buenos Aires contra
Dorrego, en principios de diciembre de 1828, residió en Buenos Aires un
Gobierno Delegado por Lavalle, el cual era gobernador provisorio,
nombrado por la ciudad el 1 o de diciembre Los gobernantes delegados
fueron, primero, Brown, y después, Rodríguez Los principales ministros de
ellos, fueron el doctor Díaz-Vélez, el general Paz, S Carril y el general
Alvear — Sexto hecho: el americano Rosas, después de vencer en el Puente,
implora el auxilio de la marina militar francesa, para que ataque a sus
enemigos, entre el Paraná, etc, etc — Séptimo hecho: como en Buenos Aires,
sitiado y circundado por las montoneras, no había carne para el consumo,
Lavalle, por varias veces, tomaba su caballería, se internaba algunas leguas,
los vencedores le abrían cancha, juntaba ganado, especialmente de la
Estancia de Rosas, sita en el Pino, a nueve leguas de Buenos Aires Pero esto
no era saqueo ni confiscación No Esos ganados se entregaban en Buenos
Aires a una comisión (uno de sus miembros, doctor Lino Lagos, estuvo
ahora poco en Valparaíso, ido de aquí) Ésta corría con su distribución y
venta, y el dinero se entregaba a los dueños La mujer de Rosas recibió
muchas cantidades Rosas hacía así un buen negocio; pues sin trabajo, ni
costos, vendía haciendas al buen precio consiguiente al estado de sitio Así
notará Ud que a pesar de tantos insultos que posteriormente Rosas vertía
contra Lavalle, no osó decir que éste hubiera robado, saqueado, ni atacado la
propiedad de nadie Y la traía con mucha calma a Buenos Aires ¿Qué mejor
ocasión para cargar y ultimar hombres ya vencidos, en campo raso, y
enteramente separados de su infantería y artillería? Pero basta de esto: hasta
fastidio me causa hablar de semejante cuento
NOTA 39
190 - 4 - «sucumbe al fin de la campaña»… — Esto necesita largas
explicaciones; porque aquí hay verdad en el fondo de la idea, e impropiedad
336
o equívoco en la palabra Muchas ideas y sucesos se enlazan con esto; y esta
Nota será, probablemente, la más extensa de todas
Renglones antes observa Ud, con exactitud, los efectos que produjeron
en Facundo «tropas disciplinadas y dirigidas por las máximas estratégicas,
que el arte europeo ha legado a los militares de las ciudades» Bien: pues
Lavalle, en 1829, no peleó jamás gauchamente, ni montoneramente, sino
según el arte estratégico europeo, empleado en Ituzaingó, y siempre con
tropas disciplinadas El inesperado desenlace que tuvo la cuestión no debe,
pues, buscarse en nada de eso, ni, por consiguiente, en que Lavalle fuese
oficial de caballería, como conjetura Ud renglones más abajo: lo mismo
habría sucedido, aunque lo hubiese sido de otra arma Tampoco debe
buscarse en esa especie de ley oculta, que, según el sistema de Ud, debía a la
larga dar el triunfo a las campañas pastoras sobre las ciudades Yo no creo en
tal fatalismo, al menos en la generalidad en que Ud parece reconocerlo Que
a la corta o a la larga debía haber colisión entre ambas fuerzas, sí; pero no
que precisamente, ni aun probablemente, debiese vencer el gaucho Algunas
veces pueden triunfar las campañas sobre las ciudades, del mismo modo que
algunas veces, entre dos ejércitos, vence aquel que menos probabilidad tenía
de vencer; sin que de tales sucesos, explicables por causas o diferencias
accidentales, pueda deducirse una regla general Creo, por el contrario, que si
alguna regla pudiera establecerse en esto, es la de que, por lo común, deben
triunfar, tanto a la corta como a la larga, las ciudades sobre las campañas:
hablo especialmente, no de las ciudades mediterráneas, sino de las riberanas
Los grandes resultados obtenidos en 1829 y 30 por el hábil Paz en Córdoba,
a pesar de ser ciudad mediterránea, están deponiendo contra la teoría de Ud;
y si esa causa se perdió allí en 1831, esto se debió exclusivamente: 1 o A los
accidentes e ineptitud de jefes que facilitaron los triunfos de Quiroga en los
ríos 4o y 5o y en Rodeo del Medio 2o Al accidente extraordinarísimo de la
boleadura del general: y 3o A que se dirigieron sobre Paz las fuerzas, no
meramente de las campañas pastoras, sino las de las ciudades litorales,
especialmente las de la ciudad de Buenos Aires; Rosas envió tropas
veteranas y jefes veteranos Si la guerra fuera hoy lo que era en los antiguos
337
tiempos, pudiera tal vez sostenerse la teoría de Ud; mas en el estado actual
de aquel arte, lo natural es que la ciencia, la civilización, los recursos
triunfen, a la corta y a la larga, de las campañas que nada de eso tienen El
poder de las ciudades marítimas es inmenso; y una prueba ilustre de ello, es
la actual resistencia de la heroica e inimitada Montevideo; y eso que no es
gauchaje ni montonera lo que Montevideo tiene a su frente Además: para
poder sentarse la teoría de Ud como doctrina general y segura, sería preciso
que en esa lucha obrasen, de un lado, exclusivamente las campañas, y del
otro exclusivamente las ciudades: y esto ni ha sucedido, ni sucederá jamás
Siempre hubo a favor de las ciudades, hombres de las campañas o gauchos;
y a favor de las montoneras, hombres y elementos de las ciudades: la
tercerola, la lanza del montonero, son un producto de las ciudades, un
producto de las artes, de la civilización Mas si los grandes poderes de ésta
no son aprovechados, y si, por el contrario, se obra de un modo que parece
dirigido a inutilizarlos, entonces se rompe el equilibrio de las pasiones;
entonces la ciudad ya no obra como ciudad; y si cae, no por eso puede
decirse que cae a virtud de una ley necesaria, sino a virtud de su inhabilidad,
o de sus errores, o de su incuria Entre tanto: el escritor lejano, que no está, ni
puede estar, al cabo de los detalles, sólo ve el hecho en grande, sólo ve el
resultado ¿Quién triunfó? la campaña: y sobre este dato levanta el edificio de
su sistema, atribuyendo el resultado, no a las causas, que, para producirlo,
han venido encadenándose en progresión, sino a ciertas ideas, al poder de la
barbarie, y a otras No niego que éstas concurran y coadyuven; pero no son
esencialmente determinantes, ni principales
La causa del 1o de diciembre sucumbió porque no bastaba, para su
triunfo, el valor, ni aun la buena dirección meramente militar (admitiendo
que haya habido): se necesitaba, además, querer y saber aprovechar sus
inmensos recursos; se necesitaba buena dirección política y gubernativa; se
necesitaba constancia, firmeza y otras calidades que Lavalle no poseía Este
hombre, cuya memoria es para mí muy querida, tan valiente, tan
desinteresado, tan buen padre de familia, de tantos servicios, de deseos tan
puros y patrióticos, de sentimientos tan caballerosos, de buen talento, de
338
buena dicción, no tenía, sin embargo, otras varias dotes, indispensables para
constituir un hombre público, una cabeza de gobierno o de revolución, y
mucho menos en circunstancias difíciles A veces era dócil, pero
generalmente obraba por sí solo y a despecho de sus amigos: si se le hacían
observaciones, decía que se le quería trabar o dominar: se aburría o
amilanaba ante las dificultades o contrastes: sobre todo —y éste era, a mi
juicio, su más visible y más funesto defecto—, no tenía perseverancia, ni
fijeza en sus planes y resoluciones, que variaba de un día a otro, con
admirable facilidad En 1839, aquí en Montevideo, cuando se trataba de que
emprendiese el obrar contra Rosas, como al fin lo emprendió con tanto
mérito y heroísmo, y le doy este nombre porque el 2 de julio en que aquí se
embarcó, fue, a mi ver, el más meritorio y glorioso de Lavalle, más que el de
Riobamba —cuando de eso se trataba, repito, Lavalle era, poco más o
menos, el mismo hombre de 1829, con la misma versatilidad en sus
resoluciones— Tal vez nadie, aquí, estaba tan al cabo, como yo, de sus ideas
y secretos El mismo hombre encontré en Entre Ríos, cuando en 1840 fui a
conferenciar con él: y esto explicará a Ud su conducta posterior en la
provincia de Buenos Aires y en las interiores Ahora no puedo sino hacer
estas indicaciones: la prueba de todas ellas necesitaría muchos pliegos de
papel Si llego a escribir mis Apuntes Biográficos, que he prometido a Ud,
entraré probablemente en menudencias y explicaciones, sobre cosas y puntos
ignorados de Ud y de casi todos, y los cuales no le dejarán duda de la verdad
de lo que aquí siento Sólo anticiparé, respecto de la grande empresa iniciada
en 1839, que ella fue de tanta más abnegación cuanto que Lavalle la
acometió sin ninguna fe en el éxito ¡Qué había de resultar! La acometió,
como indicaré después, por compromiso de honor y patriotismo, cual el que
sabe que va al sacrificio: la acometió de súbito, sin elementos y contrariado
por la autoridad: la acometió en una volcánica erupción de los más nobles y
generosos sentimientos excitados con la noticia del asesinato de los Mazas,
que recibió el 1o de julio: noticia que le hizo llorar como no he visto jamás
llorar a un hombre… Pero me distraigo En mis apuntes biográficos, si soy
tan feliz que pueda organizados, se hallarán muchos detalles, no sólo acerca
339
de puntos y materias que ya he tocado y tocaré en las presentes Notas, sino
también acerca de muchos otros, que no pueden encuadrarse ni aun
mencionarse en éstas Esos Apuntes y estas Notas contendrían entonces
porción de noticias e informes, que explicarían muchas cosas de la historia
de los últimos treinta años Esos detalles, o son ignorados por los hombres
que hoy viven, o están olvidados o confundidos Sea por ignorancia, o por
incuria, o por lo tedioso de esta tarea, o por no renovar recuerdos penosos, el
hecho es que nadie ha cuidado ni cuida de consignarlos al papel: y entre
tanto, estoy muy penetrado de que, sin ellos, la historia se expone a formar
juicios grandemente equivocados
No era fácil, pues, que saliese avante una causa, que estaba en las manos,
exclusivamente de un hombre así Pero sigamos
Sea por no comprometer el secreto, o porque Lavalle, conociendo bien el
estado de la opinión, no dudase que el pueblo le aprobaría, o porque creyese
no necesitar de nadie para hacer una revolución, sobrándole con sus jefes y
soldados, en lo que tenía razón, si en una revolución no hubiese que buscar
sino el éxito material y del primer día, ello es que muy contados, quizá ni
una docena, estaban en el secreto: yo no supe una palabra hasta después de
hecha No apruebo ni repruebo ese modo de proceder: él tendría sus ventajas,
pero también tenía un inconveniente, que fue necesario y perjudicial En
efecto: esa famosa revolución de 1o de diciembre, amigo mío, se hizo sin
más objeto, al menos por entonces, que el vago y general ¡abajo Dorrego! Se
hizo, pero sin ninguna idea política fija —no se asombre Ud—, sin ningún
plan formado, sin haber antes combinado ni convenídose en una marcha,
principio, ni administración El naturalísimo ¿y qué hacemos en seguida?
parece que no entró en las previsiones de nadie No dude Ud de esto: le hablo
por lo que mis ojos vieron muy adentro
Advierta Ud que en la mañana del 2 de diciembre, Lavalle, a quien yo no
conocía aún, ni él a mí, me envió a llamar a mi casa, para que, mientras se
nombraban ministros, me encargase, en calidad de oficial mayor, del
despacho de todos los ministerios Me resistí muchísimo, entre otros motivos,
por mi posición especialísima (yo vivía con mi suegro, que era enteramente
340
del otro coronel, como dice Moratín): pero tanto hizo, que cedí, aunque
advirtiéndole que sólo sería por pocos días Así verá Ud en el Registro
Oficial y diarios de la época, que los primeros decretos o actos del gobierno
de Lavalle sólo llevan la firma de éste y la mía En esa misma noche del 2, ya
vi en el Fuerte una cosa (omito detalles que sólo en mis Apuntes pueden
entrar) que me volteó el alma a los pies
Al fin: se nombró de Ministro General al doctor Díaz-Vélez (el que
había figurado en la oposición) Esta elección se me debió a mí: ella fue muy
acertada y muy desacertada: tengo la firme convicción de que hice con ella
mucho mal y un gran servicio Estas paradojas, sólo en mis Apuntes pueden
tener la larguísima explicación que necesitan Anticiparé únicamente que esa
elección llegó a ser inevitable; porque —tampoco se asombre Ud— ¡no
había a quien nombrar! Esto solo ¿no le envía ya a Ud la idea de un
completo desacuerdo, de un completo desquicio, efecto de la ninguna
combinación previa? Pues esto, como digo a Ud, sucedía ya en la noche del
2 — En fin: el 4 o 5, vi en Lavalle cierta cosa que me acabó de desazonar: y
así es que el 10, apenas llegó la noticia de la victoria de Navarro, y cuando
mi retirada del Fuerte no podía ya atribuirse a temor, tomé mi sombrero, y
callado, me fui a mi casa; sin que las cartas, ruegos y promesas de Díaz-
Vélez porque no le abandonase, fuesen parte a moverme Pero ya Ud
comprenderá si en esos ocho días habría yo podido ver y observar lo
bastante para formar el juicio que he emitido
Este desconcierto y falta de plan con que se inició la nueva
administración, prosiguió sin interrupción hasta el fin, hasta el desenlace
¿Debía esperarse algo bueno? No es esto sólo Sale Lavalle a campaña,
dejando de delegado a Brown; vence en Navarro el 9; fusila a Dorrego el 13;
hace una inútil y larga correría por el sud; vuelve a Buenos Aires; se prepara
y emprende su no menos inútil campaña contra Santa Fe, dejando de
delegado a Rodríguez mientras a su espalda, en la provincia de Buenos
Aires, empiezan a pulular las montoneras (a las cuales sólo el coronel Suárez
había logrado antes darles un excelente golpe en las Palmitas); es totalmente
inútil esa campaña a Santa Fe, pues López es intangible como sombra fugaz,
341
y no se le puede pillar a tiro; las montoneras que crecen en la campaña de
Buenos Aires, y que obtienen algunas ventajas, inducen a Lavalle a
desprenderse de los Húsares de Rauch, que retrocede, y por una fatalidad, es
deshecho y muerto en Polvaredas; obliga este contraste a Lavalle a
retroceder desde Santa Fe, separándose allí de Paz, que sigue para Córdoba,
con el 2o cuerpo del ejército nacional; viene Lavalle a Buenos Aires; sale a
campaña; logra pillar en la Matanza al cuerpo principal de la montonera, al
mando de Prudencio Rosas, y en número de 4000 hombres, y en el acto la
carga y deshace, aunque ella va a reunirse por ahí; llegan después de Santa
Fe López y Rosas, que reúnen entonces bajo su mando todas las montoneras;
síguese inmediatamente la dicha acción del Puente de Márquez; y poco
después, como he dicho, retírase López a Santa Fe, quedando Rosas en la
campaña y Lavalle en los Tapiales — Hé bien: desde mediados de abril, en
que sucedió esto último, hasta el 24 de junio en que se firmó la primera
Convención, ¿qué hizo Lavalle o el gobierno delegado? ¿qué proyectaron?
¿qué plan o combinación formaron? No se hizo más que enviarse a los
Húsares por agua, no sé a qué, a San Nicolás de los Arroyos, y enviarse la
división que he mencionado en la Nota anterior, división de enganchados en
su mayor parte, y la cual, aunque debía atacar o amenazar la ciudad de Santa
Fe, no hizo más que desembarcar en un pueblo de la provincia de Buenos
Aires y saquearlo ¡Pobre causa!
Lavalle, a mi ver, estaba, o desanimado de la empresa, al mirar a toda la
campaña sublevada y cuánto había que trabajar para domarla; o estaba
fastidiado y cansado de aquel género de guerra, nuevo para él Su inacción,
de que participaba el gobierno, y que era necesariamente letal en guerras de
ese carácter, no se explica, como lo pretenden algunos, con la falta de la
caballada perdida en el Puente de Márquez No tendría caballos para hacer
una campaña: pero para alguna operación suelta, para un golpe de mano
sobre Rosas, cuyo cuartel general estaba generalmente a sólo 4 o 5 leguas de
los Tapiales, los tenía, como lo muestran las incursiones y arreos de ganados
que hacía Sobre todo: si no las tenía, ¿qué hacía él o el gobierno para
procurárselos, cuando no faltaba el dinero al efecto? Nada Si no podía
342
procurárselos en la provincia, muy fácil era hacerlo en la Banda Oriental,
mucho más cuando Lavalle tenía entonces grande amistad con Rivera
Había otro árbitro — El armamento de la mayor parte del gauchaje no
nacía de ideas, ni de pasiones, ni de sistema, ni de amor a Rosas, sino que
sucedió lo que era natural La campaña quedó entregada a sí misma; se
armaron al principio algunos centenares, que tal vez lo harían impulsados de
aquellos sentimientos; pero la mayor parte se armaron o acudieron después
porque se les ordenó, por novelería, por la regla de ¿dónde vas, Vicente?,
porque, en fin, no había entonces otra cosa en qué ocuparse en la campaña
Era la primera vez que ésta se declaraba contra la ciudad; pero entonces no
mediaba ese espíritu de venganza, esas pasiones enconosas, que después
supo criar Rosas, y que pueden suplir en el soldado la falta de paga y de todo
otro estímulo, e inducirle a sufrir con firmeza los trabajos y privaciones Así
es que, en junio, los gauchos empezaban a aburrirse de una guerra tonta,
monótona y reducida a correrías y griterías Además: sufrían ya muchas
privaciones, resultado de la interdicción del tráfico con la ciudad: estaban
bloqueados: los vicios se habían concluido en la campaña: no había trabajo
ninguno en ella: el gauchaje que vive de salarios, estaba pobrísimo Todas
estas circunstancias hacían fácil el ganarse a cualquiera de los muchos
caudillejos que rodeaban de cerca a la ciudad, y con los cuales se estaba casi
al habla: ganarlo para que proporcionase caballos, o al menos ganado ¡Pero
ni siquiera se intentó!
Un solo caudillejo que se le hubiera defeccionado a Rosas, lo habría
hecho temblar; pues la desconfianza es una de las calidades más
pronunciadas de su carácter Rosas conocía lo penoso y crítico de su
posición: no divisaba desenlace alguno favorable para él: hubiera entrado
por cualquier arreglo prudente, que salvase, con los suyos, su persona y su
amor propio: cuanto a los bienes, no había que hablar; no corrían riesgo
alguno Él vivía mártir, temiendo defecciones, temiendo sorpresas o golpes
de mano, con el alerta en la boca, y lleno de precauciones y cautelas Y tenía
razón, pues nunca pudo él esperar tan incomprensible y prolongada inacción
e incuria de sus contrarios, que tenían tantos elementos y medios de dañarle
343
Toda la ciudad estaba pronunciada, y algunos encuentros de sangre
sostuvieron los aficionados Todos estaban sobre las armas, hasta franceses y
españoles, mulatos y negros libres, compadritos, artesanos, hacendados,
propietarios, comerciantes, etc; y todos con la mejor buena fe y decisión,
dispuestos y prontos para todo En una ciudad tan populosa, fácil era haber
hecho enganchamientos para aumentar la caballería con algunos
escuadrones; más fácil aun era sacar, sin tocar a la esclavatura, dos o tres mil
infantes que no serían por entonces veteranos, pero que en breve (o si no,
véase lo hecho en Montevideo en 1843) podrían batirse, y que, sobre todo,
tales cuales entonces eran, eran muy capaces de hacer frente a montoneras
indisciplinadas y malamente armadas ¿No sacó Rosas de Buenos Aires, en
1831, a los cívicos, y los envió nada menos que hasta Córdoba? Había
entusiasmo, había hombres, había fondos, había los grandes recursos de un
Buenos Aires, estaba libre el puerto, las costas dominadas, se contaba con
una marina militar, fuerte y decidida, ¿No cree Ud que había sobrado? Pero
nada se hizo, nada se proyectó, nada se aprovechó: se vegetaba, se iba con el
día ¿Qué más? Actualmente hace dos años que el asediado Montevideo se
provee del ganado del Brasil: cien veces más fácil y pronto era proveer a
Buenos Aires de ganado de la Banda Oriental, comprándolo en la Colonia o
Vacas, sin tener para ello el gobierno que hacer otra cosa que estimular el
interés individual Pues ni en esto se pensó; y en vez de eso, tenía Ud al
gobernador y general del ejército, que debía ocuparse de batir al enemigo,
convertido en abastecedor
De este modo, ¿cómo no se había de perder la causa, amigo mío? ¿Y
cómo atribuir esa pérdida a un poder oculto, creciente, invasor y
barbarizado, inherente a las campañas pastoras, cuando se están tocando las
muy diversas causas de ella? Sin embargo: tan robusta era la vitalidad de
esta causa, que ella, aun en junio, no estaba, ni remotamente, perdida Para
perderla, era todavía preciso que Lavalle saliera de su inacción, a fin de
obrar, no por ella, sino contra ella, aunque sin preverlo ni quererlo —
Estaban en Buenos Aires don Manuel J García, don Tomás Guido, don
Mariano Sarratea y otros hombres de respeto (Rivadavia y Agüero,
344
disgustados de lo que veían, se habían ido a Europa, desde abril, creo)
Aunque la mayor parte de ellos no eran amigos de la causa por motivos que
sería largo explicar (entre ellos, ilusiones que se formaban acerca de lo que
era el buen paisano de Rosas), con todo, tampoco eran verdaderos
enemigos; y a ellos se agregaban algunos que lo eran realmente, como
Álzaga, Arana, etc Los principales componían un círculo medio, casi una
tercera entidad Quizás conociendo el estado moral de Lavalle y el de Rosas,
o quizás por sugestión de éste, con buena o con mala fe, ello es que
emitieron la idea de transacción Lavalle la adoptó, con la imprudencia de no
ocultar su ansia por ella, al punto de no querer comisionados al efecto, sino
hacerlo por sí mismo: se rodeó de esos individuos; no consultó con sus
amigos de la ciudad, ni aun con ninguno de los jefes de su ejército; tomó
sólo su escolte, y fue y se metió en el cuartel general Rosas (estancia de
Miller), donde ya habían ido los individuos dichos — Rosas sabía que
Lavalle iba: y el miedoso o suspicaz gaucho, quién sabe si no temió a
Lavalle con sólo su escolta; o si no desconfió algún lazo de aquellos mismos
individuos Ello es que no le esperó: había ido, decían, no sé a qué diligencia
— Lavalle se echó a dormir, tal vez en la misma cama de Rosas, y durmió
con la tranquilidad que en su casa — Vino Rosas; y cuentan que se paró y
estuvo contemplando en su sueño a aquel hombre singular ¡No lo haría yo!
(estaría tal vez diciendo entre sí) — Hay en ese rasgo de Lavalle, en esa
confianza, algo de característico, de noble e imponente Allí se redactó y
firmó prontamente, el 24 de junio, entre «el general don Juan Lavalle,
gobernador y capitán general provisorio de la provincia de Buenos Aires, y
el comandante general de campaña, don Juan Manuel de Rosas», esa
convención que Ud, por no estar en pormenores, dice que tenía todos los
vicios de una capitulación También Madrid había escrito en sus Memorias
que Lavalle capituló, sin otro fundamento, según me ha explicado, que el de
que así lo oyó decir en las provincias ¡Así se propagan y arraigan los falsos
testimonios históricos! Lo esencial de ese pacto fue que se harían elecciones
generales para representantes (los cuales, consiguientemente, nombrarían al
gobernador propietario); que ambas partes se someterían, con sus fuerzas, al
345
nuevo gobierno; y que nadie sería molestado por sus hechos u opiniones,
siendo inexorables en esto las autoridades, etc — Lo demás era subalterno
Vino Lavalle a Buenos Aires y vino muy creído de la buena fe de Rosas,
y muy alucinado por él, muy persuadido también de que iría él, Lavalle, a
dar una sableada a López, a quien tenía ganas Rosas posee admirablemente
el don de engañar: bien que esto es muy fácil, respecto de caracteres abiertos
y nobles, que todo lo revelan y que miden a los demás por sí mismos A las
corporaciones que fueron a felicitarle, les dijo que había hecho la paz,
porque de seguir la guerra, sería preciso que una mitad de la población
degollase a la otra, con otras hipérboles, así En su proclama dijo que había
desdeñado una victoria, que habría completado la ruina pública: que había
consentido en todo lo que se le había pedido, si ello no le alejaba del objeto
por que había peleado: que había jurado olvidarlo todo (vea Ud si puede
decirse que capituló quien así hablaba a presencia de Rosas): que, en fin, en
sus enemigos (en Rosas) sólo había encontrado porteños verdaderos ¡A fe
que el gaucho —que se reiría grandemente de aquella candidez— se ha
guardado siempre de hacer ni el más pequeño elogio de su magnánimo
enemigo!
Entre la convención y las elecciones, medió un mes En este intermedio,
Lavalle no quiso oír a sus amigos, y se aisló enteramente Hizo más Tan
creído estaba del cumplimiento de la convención por Rosas, y tan lo miraba
ya como amigo, que, antes de ver si la cumplía, le abrió el parque y le
proveyó de armamento El guachaje, con sus divisas y plumas, entraba y salía
libremente de Buenos Aires y se proveía de todo El descontento era grande,
en la ciudad y en el ejército Las clases inferiores vieron todo concluido, y
empezaron a salirse y reunirse a Rosas Éste, además, se apresuró, en ese
intermedio, a formar, con la esclavatura de la campaña (que en la ciudad
había sido tan respetada), un numeroso cuerpo de infantería de línea, al
mando de un excelente jefe —el coronel J Olazábal— Éste fue uno de los
jefes del 1o de diciembre, pero meses después excitó fuertes sospechas —no
me consta si justas o no—, le quitaron el mando del cuerpo, y se pasó a
Rosas Allí estuvo sin destino, pues Rosas no tuvo infantería hasta la época
346
de que voy hablando — Después, en 1833, fue uno de los principales
enemigos de Rosas, y murió emigrado aquí, en 1841
Aquel descontento nacía, a mi juicio: 1o De que en la persuasión que
había de que se podía vencer totalmente a Rosas, y en las exageraciones de
que siempre adolecen los partidos, toda concesión se miraba como
perjudicial e indebida: se quería mucho más de lo obtenido; 2 o De que la
mala impresión que causó el primer conocimiento que se tuvo de la
convención, y la conducta de Lavalle en ella, retraída, personal y arbitraria,
fue ásperamente agravada después con la lejanía en que se puso del partido,
y con sus demás procederes; 3 o De que no se vio, o al menos no se quería
decir, que la convención era, en sí, buena — No sé si yo fui el primero en
verlo: pero sí sé que fui el primero que tuvo el coraje de decirlo por la prensa
Era tal el disgusto y tal la manía de que todo estaba perdido, que lo de las
elecciones sólo causaba risa y desprecio; se miraban con total indiferencia, y
nadie pensaba en eso, sino en dejar el campo libre al partido de Dorrego, o
sea de Rosas, el cual, engreído, se ponía en agitación Este desaliento me
desesperaba — Escribí, pues, un largo comunicado (que publicó El Tiempo
y que conservo) Quizás hice un mal: quizás abrí algo los ojos a Rosas sobre
la importancia real de lo que había firmado, y produje o robustecí su
resolución de no cumplirlo ¿Pero qué otro medio había de sacudir los
ánimos que el de la prensa? Manifesté, sin herir en lo menor a Rosas, que en
la convención no había concesión más importante a éste que el reconocerle
el carácter de comandante general de campaña, que investía en tiempo de
Dorrego; pues lo de que él nombraría (mientras se elegía al gobernador) a
los empleados policiales en la campaña; lo de que se reconocerían los grados
de sus oficiales, y los documentos que él había firmado para el sostén de sus
fuerzas, todo eso (además de ser una confesión de que la superioridad y
legitimidad no estaban de su parte, pues en tal caso serían redundantes esas
concesiones) era, respectivamente, pequeño y subalterno: Que entre tanto:
en todo lo demás, en lo concerniente a la cuestión política, que era lo
importante, no había obtenido nada de lo que pretendía —castigar a los
decembristas, vengar la muerte de Dorrego, restablecer las cosas sobre el pie
347
antiguo, y, por consiguiente, la Junta vieja (la que había el 1o de diciembre):
Que, al contrario, reconocía la justicia de la revolución, desde que reconocía
al gobernador de la provincia, nombrado en aquel día: Que el objeto de la
revolución fue ¡abajo Dorrego! y establecer otra administración; y este
objeto estaba enteramente salvado en la convención, desde que se pactaba
que se hicieran elecciones: Que así venía a estar en nuestras manos el que
hubiese una buena Sala, la que elegiría al gobernador, y hubiese, por
consiguiente, la apetecida buena administración: Que, por lo mismo, lejos de
abandonamos a los brazos de la muerte, era entonces que debíamos huir del
mortífero ¿qué me importa? que se predicaba y ponernos todos en pie, y
trabajar ardientemente en las elecciones, etc, etc — Esto, que dije
extensamente, lo dije, no meramente por animar y estimular, sino, además,
con la misma íntima convicción en que aún hoy me hallo, de que aquella
convención, lealmente ejecutada, era honrosa y útil ¡Ni cómo adivinar que
Lavalle consentiría su infracción y pactaría otra cosa! — Pero no
anticipemos
Esta publicación fue de grande efecto Los hombres empezaron a
reflexionar y a sacudir su letargo y apatía… Hice más En mi estudio (que
tenía en sociedad con mi querido y único amigo de mi vida, el distinguido y
finado doctor Belgrano Pocos hombres han reunido más bellas calidades que
este amigo de mi corazón El apreciable doctor Aberastain puede informar a
Ud si me equivoco ¡Oh! Entre los muchos contrastes de mi vida, figura
principalmente el de su pérdida Si llego a escribir mis Apuntes, muchos
renglones consagraré a su digna memoria) con el doctor Roig, mendocino, y
con Lorenzo Torres (hoy tan federal), convoqué, y se empezaron a hacer las
reuniones previas, todas las posteriores, que se fueron aumentando Allí se
discutió, organizó y dispuso todo; los hombres fueron entrando en calor; y a
los pocos días, por medio de las comisiones subalternas o parroquiales que
instituimos, tuvimos a todo Buenos Aires en movimiento Formada nuestra
lista, enviamos a Lavalle una comisión (en que figuraba su hermano don
José, que hoy está aquí), para mostrársela y saber si podríamos contar con la
cooperación de la autoridad, por medio de la policía y demás Contestó que
348
deseaba triunfásemos; pero que él, a virtud de lo convenido con Rosas, no
podía apoyar lista alguna, y sería neutral en la lucha ¿Ha oído Ud cosa
igual? A pesar de ese abandono por parte del gobierno, y de que, llegado el
día de las elecciones, Rosas inundó con sus cosacos armados las parroquias
de los suburbios, con todo, en todas ellas, les ganamos muy lejos las
elecciones
La causa, pues, estaba así salvada, o al menos no estaba perdida Pero
Rosas, a pesar de que tenía seguro el equilibrar la Sala por medio de las
elecciones de la campaña, donde, por supuesto, se nombraría a quienes él
quisiese, sin embargo, se alarmó con aquel resultado y con todo lo que él
significaba: refunfuñó, amenazó con renovar las hostilidades y al fin, al cabo
de muchos días, declaró que no pasaba por el resultado de aquellas
elecciones Bien conocía él las disposiciones de Lavalle, y bien sabía que
tanto como él había ganado en ese intermedio, moral y materialmente, otro
tanto había perdido Lavalle — Con todo, aun así, si Lavalle sacude su sopor,
vuelve a sus amigos, forma una resolución vigorosa y, afianzado en esa
escandalosa violación de un pacto tan solemne y tan reciente, da un grito
enérgico de guerra, no dudo de que la ciudad y el ejército hubieran vuelto a
seguirle; mucho más cuando, desde julio, se había sabido la victoria de Paz
en la Tablada; la lucha habría sido entonces más difícil, pero no dudoso su
resultado, si se aprovechaban los elementos que he indicado, que siempre
existían, y que, si era necesario, podrían aumentarse con la esclavatura,
imitando a Rosas
¡Pero no era Lavalle el hombre de las circunstancias! Estaba
materialmente hastiado y rabiando por zafar a todo trance de su posición y
no tuvo dificultad en firmar el 24 de agosto una segunda convención, por la
cual, dejándose a un lado las elecciones hechas, ambos contendientes
nombraron por sí un gobernador provisorio —el general Viamont—, el cual,
al cabo de un tiempo, debía convocar a elecciones, etc…
Entonces sí que el descontento subió de punto, y se dio todo por perdido,
y empezó la emigración Los jefes del ejército pateaban de ira; y crea Ud que,
349
a no ser el poder de la disciplina y del respeto, hubieran ocurrido sucesos
bien serios
Con todo, aun había un remedio, pero no de paliativos, sino heroico:
había un gran plan —cuyas ideas supe después eran las mismas de Alvear, y
que sería largo explicar— Años después, en 1834, Quiroga oía, abriendo
tamaños ojos, la exposición de ese plan; y a Prudencio Rosas, que
interrumpió al expositor para impugnar el plan, le dijo: «Cállese Ud, só m…
Ud entiende de esto tanto como su hermano Dice bien el señor Si hacen eso
c… nos j… y jamás levantamos cabeza» Pero necesitaba una voluntad firme
Se le presentó a Lavalle por escrito, y anónimamente (de letra mía
desfigurada); no hizo sino sonreír
Instalado Viamont, que nombró de ministros a los dichos García y Guido
y al coronel Escalada, ambas partes pusieron a su disposición las respectivas
fuerzas; y ya Ud calculará la sinceridad con que lo haría Rosas El nuevo
gobierno tenía el carácter de moderado y conciliador, y además, por su
personal, era bueno: pero sea simpatía o necesidad, tenía que inclinarse algo
hacia el otro partido y que contentar al incontentable Rosas Lavalle seguía
en la ciudad al mando de los mismos cuerpos que antes; lo cual siempre era
una garantía, aunque débil: pero sea intención o no, el gobierno hacía
cositas que le iban disgustando y exasperando; hasta que, habiendo sido
estropeado uno de sus soldados por varios soldados de Rosas, pasó al
gobierno una nota de queja, en la que además renunció, y acto continuo,
abandonó el país y se vino a la Colonia, donde se fijó Los cuerpos de
caballería fueron disueltos y los jefes emigraron
Entonces concluyó todo El partido contrario, dueño del campo, empezó a
gritar (claro es que por sugestión de Rosas) ¡nada de elecciones! (como
estaba pactado) ¡junta vieja! ¡junta vieja! El gobierno quería ser fiel al pacto,
que era el título de su creación, y resistió: pero al fin, sin fuerza alguna
propia, tuvo que decir amén: y en efecto, el 1 o de diciembre, volvió a
reunirse la Junta de Dorrego, la cual, el 8, nombró gobernador a Rosas…
350
¡Así terminó por entonces, amigo mío, la vida pública de don J Lavalle!
¡Así se cerró, al año exacto, el período abierto el 1 o de diciembre de 1828!
¡Así se inició la vida gubernativa de don Juan Manuel Rosas!…
A vista de todo lo que precede, Ud dirá si es exacta y propia la expresión
Lavalle sucumbe, en el sentido militar en que Ud la emplea: y, lo que es más
importante, podría apreciar las verdaderas causas de un desenlace, tan más
allá de todas las previsiones
Excusado es decir que el nuevo poder —que proclamó que los tratados
sólo son trampas para atraer y agarrar tigres— naturalmente interpretó las
convenciones y los sucesos como le dio la gana Dijo que el olvido, pactado
respecto de todos, era un generoso perdón a los decembristas: dijo que
ganaron completamente la batalla del Puente de Márquez: dijo… ¡Qué no
dijo! esas cosas, dichas y repetidas cien veces, sin que hubiese ni pudiese
haber allí una sola voz que se alzase públicamente para protestar o
desmentirlas, miradas después con indiferencia, u olvidadas entre el cúmulo
de los eventos posteriores, pasaron al fin a figurar en el catálogo de estos
hechos históricos e irrecusables, que, juntamente con las falsas creencias que
producen, se fijan perdurablemente en la conciencia y en las tradiciones de
los pueblos
et voilà justement comme on écrit l’histoire!
NOTA 40
191 - 22 - «Me ha batido en regla» — Esto es cierto — Rosas procuró
neutralizar la profunda impresión que causó la noticia de la gran victoria de
Paz en Oncativo, diciendo que la debió a una felonía; y por eso, no sólo hizo
que su Comisión Mediadora (Cernadas y Cavia) publicase una exposición en
este sentido, sino que preparó a Quiroga fugitivo un gran recibimiento
público; cual si hubiese vencido — Quiroga extrañó y se disgustó de esa
recepción triunfal Los adulones, creyendo complacerle, le dijeron que había
sido vencido sólo por el proceder desleal de Paz A eso contestó con aquellas
palabras, y las repetía con ardor El gran defensor que tuvo Paz fue Quiroga
Esto es tan honroso al defensor como al defendido
351
NOTA 41
191 - 26 - «El general Mansilla le amenaza» — No oí jamás de tal suceso, ni
lo creo por parte de Mansilla Lo que sí hubo fue que, no entonces tampoco,
sino mucho después, en 1834, ocurrió el pasaje con el boticario (Bosch), que
usted menciona más adelante (en la página sin número, anterior a la 243) —
El boticario —que le impuso— le dijo, entre otras cosas, ¿qué se ha creído
Ud, que está en La Rioja?
NOTA 42
192 - 32 - «En la Villa de Río Cuarto…» etc, etc — En esta página está
invertido el orden cronológico y geográfico — Naturalmente, primero
sucedió la toma de esa Villa, y después la derrota de Pringles
NOTA 43
193 - 17 - «y Lavalle lo ha tenido a su lado…» — ¿Pero cómo fue que ese
traidor en 1831, vino después a estar con Lavalle en 1840, y a morir
gloriosamente en Montevideo? — Para llenar este notable vacío acerca del
coronel Prudencio Torres, bueno sería indicar que, concluida la guerra en las
provincias, vino a Buenos Aires Allí, cuando quebraron entre sí los
federales, en 1833, Torres perteneció a los de Balcarce Por supuesto que
pertenecería no por convicción, ni por opinión, pues en esto era un
dromedario, tan grandote como valiente, sino por algo personal, o porque lo
emplearían Cayó como valiente, y emigró como tantos otros Ahí me lo tiene
Ud ya enemigo de Rosas Se perdió en la obscuridad; pero cuando en 1839
trató Lavalle de atacar a Rosas, estuvo pronto Siguió con él la caravana toda,
con la mayor fidelidad y cariño; pues Lavalle tenía un no sé qué, que hacía
que sus subalternos se le pegasen Muerto Lavalle, volvió aquí Sobrevino la
invasión de Oribe; y bajo Paz, peleó aquí con admirable arrojo Murió en
1843, de un balazo en la frente
352
NOTA 44
221 - 18 - «la organización unitaria que Rivadavia había querido dar a la
República»… — Mi amigo: en éste y en otros varios asertos análogos, que
no son de Ud solo, sino de muchos, y que, aun hoy mismo, y aquí en
Montevideo, oigo usar y repetir, hay grande inexactitud: inexactitud que
produce en la mente una falsa representación de uno de los hechos más
prominentes de nuestra historia política Sea por error, o porque Rivadavia
figuró tan notablemente en el partido unitario, o porque, como Presidente,
tuvo que llenar su obligación, o sea por evitar circunloquios, ello es que
existe la costumbre de personificar a la unidad de Rivadavia, y hasta es
común el mencionar una supuesta unidad de Rivadavia Esto podría tolerarse
sólo como modismo de lenguaje, como figura retórica Yo no dudo que la
opinión individual de Rivadavia sería por la unidad, aunque casualmente
nunca le oí hablar sobre esto: pero sería la opinión de uno de tantos — Mas
cuando se dice que él quería dar una organización unitaria, ¿no se arroja con
esto el concepto de que él era el único, o al menos el principal, de los que
eso querían? ¿no se arroja el de que la idea de unidad era nueva, o que fue
importada por él, o de que él la promovió? ¿no se arroja el de que él impuso,
o pretendió imponer, su opinión a la nación? ¿no arroja el de que él era un
jefe de partido, o al menos un entusiasta, un apóstol de esa doctrina?
Indudablemente: y sin embargo no es así — Voy, según mi costumbre, a los
hechos
Si alguna idea existió siempre, y estaba arraigada en el país, era la de
unidad Ud sabe que, hasta el año 20, la República no tuvo otra clase de
gobierno Ese sistema admite modificaciones: mas la idea general — unidad
— no era nueva: lo que sí lo era, era la de federación, cuyo mecanismo —
aunque algunos gritaban federación— era desconocida de la inmensa
mayoría — Ya dije que el primer paso de Rivadavia, en 1821, fue el de
oponerse a la reunión de un congreso y predicar el aislamiento por algunos
años ¿Puede Ud conciliar este hecho con el concepto que aquellos asertos
hacen formar de Rivadavia? — Siguió gobernando; y durante los tres años
de su ministerio, jamás los diarios de Buenos Aires hablaron de unidad ni
353
federación, jamás — Despachó la misión Zavaleta, de que he hablado en la
nota 18, a informarse, a saber, a allanar tropiezos: pero el gobierno de
Buenos Aires no abrió opinión alguna sobre la forma de gobierno,
¿Procedería así un promotor de la idea? Concluye Rodríguez: y Rivadavia,
como he dicho, se va a Europa, precisamente al reunirse el congreso, y
cuando era la ocasión de trabajar para la adopción de la idea ¿Es conciliable
esto con aquello? — Reunido en congreso constituyente, a fines de 1824,
empeñó en 1825 la cuestión, con motivo de que la comisión encargada de
redactar un proyecto de constitución propuso, con mucho juicio, y el
congreso decidió, que, para no trabajar una constitución que quizás sería
inútil, si después en su discusión resultaba desechada la base sobre que ella
se hubiese levantado, era mayor que antes el congreso diera la base; esto es,
que discutiese y decidiese previamente la cuestión aislada ¿unidad o
federación? Así se hizo La discusión fue solemne, y se decidió la unidad ¿Se
hizo esto acaso por sugestión, por influencia, o al menos en virtud de
razones alegadas por Rivadavia? No: pues entonces hacía meses que él
estaba en Europa
Muy posteriormente, cuando Rivadavia ya había regresado y estaba de
Presidente, la comisión concluyó su trabajo, su proyecto de constitución
unitaria A esa fecha, el personal del congreso se había aumentado
considerablemente, casi doblado — Las Heras había propuesto y el congreso
adoptado este aumento Era el cuerpo nacional más numeroso que jamás
tuvimos: el más respetable e ilustrado Muchos diputados provinciales, que
llegaban medio retobados y como mirando de soslayo» llenos de
desconfianzas, tonterías, y preocupaciones contra Buenos Aires, se fueron
despejando, viendo, tocando y desengañando Otros (entre ellos el respetable
canónigo de Salta, Dr Gorriti), que a la abertura del congreso por novelería,
o por sistema, o por convicción, o por efecto de aquellas preocupaciones,
eran opositores, se declararon después por la unidad; como también se
declararon —y no recuerdo ahora una sola excepción— todos los de
Córdoba — Hé bien Constituido así el congreso, y presentado el
mencionado provecto de constitución, la oposición salió con que se
354
discutiese otra vez la base Esto era impropio e ilegal, desde que ya estaba
sancionada: pero la mayoría, aunque hizo esta misma observación, con todo,
no opuso dificultad, Se abrió, pues, una segunda discusión Ésta fue mucho
más encarnizada y prolongada que la primera y concluyó por la unidad
¿Qué hacía entre tanto el furibundo unitario Rivadavia, el supuesto
padre, el supuesto patriarca de la unidad? ¿Qué sostenía? Su ministro
Agüero dijo en el congreso: «Lo que más conviene a la República es el
sistema de unidad de régimen: si el congreso cree lo mismo, debe
proclamarlo así: pero si las provincias contestan ¡federación, federación!
¿qué remedio? entonces debemos repetir ¡federación, federación!» — En
estas ideas, moderadas y sensatas, ¿reconoce Ud a un entusiasta protagonista
político? ¿A un jefe de partido?
Pero más En medio de aquella ardiente discusión, he aquí que la
Presidencia aparece súbitamente presentando un proyecto de adición al de la
comisión: proyecto que, estableciendo los Consejos de Administración
provinciales y sus atribuciones, daba a los intereses locales toda la
protección que pudieran tener en un sistema federativo Él fue aceptado por
ambos lados del congreso e incorporado en la constitución, formando uno de
sus capítulos De este modo, la rigidez centralista del congreso fue moderada,
en todo lo posible y adaptada a nuestro estado de atraso, por el pensamiento
federal de Rivadavia, resultando de todo una organización templada y mixta
Ésa fue la constitución que dio el congreso, compuesto de 72 diputados,
y que fue sujeta además a la revisación y aprobación individual de las
provincias Rivadavia no hizo más acerca de ella que llenar su obligación
como poder ejecutivo, cual lo hubiera hecho sin dificultad si el congreso
hubiese votado la federación Ella fue obra del congreso, no de él; sin que
esto quite que él opinara y procurara lo que el congreso: y ella hubiese hecho
el bien de la República o al menos nos hubiese librado de las dictaduras y de
todos los desastres ulteriores, si en la oposición y en algunos gobernadores
hubiese habido buena fe y verdadero deseo de organización nacional
Pero, en fin: a vista de todo esto, ¿por qué se ha de decir que Rivadavia
quiso dar una organización unitaria, en vez de decir que lo quiso el
355
congreso, esto es, que lo quiso la nación, desde que del modo más público,
solemne, meditado y libérrimo, lo quisieron sus representantes legítimos?
¿Por qué se ha de decir que era de Rivadavia una forma de gobierno
nacional, que estaba en los hábitos, en las tradiciones, en los intereses de la
nación y en el pronunciamiento de sus representantes? ¿No es esto injuriar
de cierto modo a la nación, y amenguar y rebajar la importancia y
conveniencia de esa forma de gobierno, personificándola y reduciéndola a
los estrechos límites del saber y patriotismo de un solo individuo? Así me
parece
Ya que he hablado de esto, agregaré que otra locución, también muy
común, sobre la cual tampoco se ha reflexionado, y que igualmente arroja
una idea falsísima, es la empleada cuando, queriendo atacar a Rosas, se dice,
por ejemplo, que nadie es más unitario que él, que él ha realizado la unidad,
etc, etc, ¿Por qué principio de verdad ni de justicia se ha de decir que Rosas
es unitario (y hasta en el capítulo 9 o lo titula Ud así), en vez de sólo
proclamar que es absoluto y despótico? ¿Sería exacto ni conveniente el decir
a nuestros pueblos que en Rusia, Turquía, Marruecos, etc, impera la unidad,
y que aquellos gobiernos son unitarios? En nuestros pueblos esas voces
tienen ya una acepción determinada y concreta: ellos, al oírlas, traen al
momento a la memoria la unidad y unitarios que han conocido: viene
forzosamente a su espíritu el sistema de gobierno nacional de los unitarios
Sírvase Ud reflexionar un instante, y verá que el decir que Rosas ha
realizado la unidad de Rivadavia, o no es decir nada o es asegurar que lo que
Rivadavia, el congreso, el partido unitario, querían plantear en la República,
era ese mismo sistema que después ha planteado Rosas: no hay medio ¡Y
cuánta falsedad, injusticia e ingratitud no envuelve semejante aserción!
NOTA 45
«Facundo, después de haber derrotado a la Presidencia»… Eso mismo dijo
Ud antes, de Dorrego — Cuanto a Quiroga, sus hechos en 1827 tuvieron sin
duda grave importancia para la suerte de la República: pero creo que lo que
dejo dicho en varias Notas, y especialmente en la 24, convencerá a Ud de
que Quiroga no derrocó a la Presidencia Su triunfo sobre Madrid
356
contribuiría a la resolución de Rivadavia; pero por sí solo, eso era pequeño
para producirla
NOTA 46
224 - 1 - «desempeñándolo hasta 1832 con la regularidad» etc, etc… En toda
esta página hay muchos errores — 1 o Rosas no solicitó las extraordinarias
desde los principios, sino después de mediados de 1830, a pretexto de la
próxima guerra con Paz — 2o Sus partidarios de la ciudad, ni de la campaña
no opusieron a éstos resistencia alguna, al menos pública y sabida — 3 o No
empleó para ello ruegos, ni seducciones: no lo necesitaba: bastaban el
espíritu e interés de partido: era vivo el odio a los unitarios, y graves los
cuidados que inspiraba el victorioso Paz: se las dieron con la mejor voluntad
— 4o Concluida la campaña, nadie le exigió se desnudase de las
extraordinarias: lo que hizo la Sala fue darle el grado de brigadier — 5 o
Tampoco al vencerse los tres años, hubo tal exigencia expresa para que diese
cuenta del uso que había hecho de ellas, ni la dio nunca, ni, por consiguiente,
pudo esa supuesta cuenta satisfacer a todos — Se equivocan tal vez las
especies Pidió facultades extraordinarias en 1830, y la Sala de sus amigos se
las dio con mucho gusto: concluyó la campaña, pero nadie se acordó de
pedirle dicha cuenta, ni menos de pedir su cese: él tampoco se acordó de
devolverlas espontáneamente, mas se acordó muchísimo de procurar
continuasen por más años Así: en fines de 1832, al vencerse sus tres años,
pasó a la Sala una nota exponiendo que, para hacer las reformas y arreglos
que el país necesitaba, era necesario fortificar la acción del gobierno (no
decía la mía sino en general; pero al buen entendedor), que tuviese más
duración y fijeza, etc — Esta Nota se pasó a una comisión, la cual presentó
un osado proyecto que, en rigor, establecía por cinco años la dictadura
(Quizás sería en esa ocasión que Rosas diría lo del chicote y demás que Ud
refiere) — (la que después se estableció en 1835) — Entonces se abrió la
memorable discusión en que, por primera vez, tuvo la Sala el mérito y coraje
de hablar medio claro, y de repeler in totum el proyecto Rosas se voló pero
tuvo que tragarla Se le reeligió, y no quiso, y se fue a la expedición del Sur a
357
fin de tener siempre un ejército y ved venir: entonces se eligió a Balcarce, y
siguió lo demás que Ud sabe — Hay también otro grande error al sentar que
fue prudente y moderado el uso que hizo de la dictadura Lo fue si Ud lo
compara con lo que ha hecho en su segunda dictadura, pero no lo fue así de
un modo absoluto Prescindo de varios hechos e incidentes: pero ¿y el
bárbaro fusilamiento en San Nicolás y el Salto de tantos oficiales prisioneros
y aun ciudadanos? ¿y el fusilamiento arbitrario, sin sombra de juicio, de
Cos, en San José de Flores? ¿y la gran multitud de desterrados, presos y
empontonados, en 1831? ¿y los 19 hombres a quienes la justicia ordinaria
seguía causa, arrebatados a los jueces, conducidos a Flores y fusilados todos
juntos por su orden? ¿Y el atroz y felónico fusilamiento de Montero? Y note
Ud la agravante circunstancia de que, cuando se cometió a sangre fría este
gran crimen, recién empezaba su gobierno, fue en enero de 1830, cuando
todavía no tenía facultades extraordinarias Así es que Ud debe testar lo de
que gobernó con la regularidad que podría haberlo hecho otro cualquiera
Jamás ningún otro había hecho todo eso, ni la vigésima parte de eso; y si
alguno lo hubiera hecho, habría sido en ello tan despótico y asesino como
Rosas lo fue
NOTA 47
229 - 13 - «Facundo acierta a pasar» etc… — No fue exactamente así ese
pasaje, acaecido muy cerca de donde yo me hallaba, y el cual no me parece
que se publicó en los diarios Un hombre con cuchillo en mano no quería
entegarse a un sereno (no a cuatro celadores): pasa Quiroga, embozado,
como siempre, en su poncho, se para a oír o ver; y súbitamente arroja su
poncho, y, sin dar tiempo al hombre, se echa sobre él, lo abraza e inmoviliza
Desarmado, él mismo lo conduce a la policía, sin haber querido dar su
nombre al sereno (era de noche), como tampoco lo dio en la policía: pero un
subalterno de allí lo conoció, y por ahí se supo
358
NOTA 48
230 - 18 - «No han quedado hechos ningunos que acrediten que Quiroga»,
etc, etc — No han quedado hechos públicos o impresos, ni eso era posible ni
prudente en Buenos Aires, tratándose de algo contra Rosas: pero han
quedado muchos, privados, de los cuales unos son sabidos, y otros no Estoy
al cabo de varios: pero tal vez ni en mis Apuntes Biográficos podría yo
revelar secretos, que, además de poder comprometer a algunos, no son míos
— En la gran tertulia de juego —donde ocurrió el incidente mencionado con
Prudencio Rosas, sobre el gran plan de 1829— menos se ocupa a veces
Quiroga del juego que de política, y frecuentemente se le escapaban
expresiones contra Rosas, y contra los que habían derribado a Balcarce No
son sabidas las ideas con que fue y las con que volvió del viaje que hizo al
Sur a verse con Rosas — Pidió y se le facilitó la constitución del congreso
de 1827, que decía no conocer, aunque se había declarado contra ella; como
pidió y se le facilitaron los diarios de sesiones del congreso Sea novelería,
inquietud de carácter, antipatía o rivalidad con Rosas, convicción,
originalidad, deseo de figurar siempre, o lo que sea, ello es que se preparaba
a hacer que las provincias —que proclamarían antes una amnistía plena—
promoviesen la idea de organización nacional —a la que Rosas se le había
opuesto en 1832— resucitando la constitución de 1827, etc Pero no crea Ud
que Quiroga obraba en esto por sí solo — No En Buenos Aires había
personas que habían logrado atraerle primero y después dominarle,
fascinarle En esto no había ni podía haber engaño ni hipocresía por parte de
él; porque eso no habría tenido objeto, ni entraba en su carácter Era dirigido
y se dejaba dirigir La gran dificultad estaba en contener o remediar los
efectos de sus arranques, de sus jactancias, de sus imprudencias (no hubiese
perecido si hubiese seguido haciendo caso de lo que se le decía): pero, en
general, él oía mucho, deseaba imponerse de todo, y sobre todo, seguía los
consejos con admirable docilidad Un ejemplo El gobierno dictó acerca de
los fondos públicos —que él había comprado en gran cantidad— cierta
medida que le dañaba; y en el primer ímpetu, y sin consultar con quienes
debía, hizo escribir y envió a la Gaceta un fuerte comunicado —que se dio—
359
contra el gobierno: imprudencia que dichas personas le reprocharon, y que él
reconoció… Pero antes de seguir adelante, amigo mío, detengámonos aquí
un momento para contemplar ese fenómeno El absolutísimo Gran Señor de
las Provincias, avezado a dictar sin contradicción sus voluntades, ¡no acude
ahora a su habitual ultima ratio, sino a los medios de la razón y civilización!
¡acude, por primera vez de su vida, a la prensa, a la opinión pública, para
defender, bajo su firma, sus derechos o intereses individuales! ¿Es una
revolución que han sufrido sus ideas? ¿Es la fuerza del ejemplo y de la
civilización que le rodea? No lo sé: pero ahí está el hecho, — Sigo… El
comunicado llamó mucho la atención y alarmó al gobierno (era el de mi
suegro), tanto más cuanto que él ponía al claro lo que todos se decían en voz
baja y los rosistas negaban; es decir, que Quiroga estaba mal con ellos — El
jefe de Policía, Mansilla, se afanó por neutralizar ese efecto; rogó y suplicó a
Quiroga para que diese, al menos, cuando no una retractación de ciertos
conceptos, una explicación, etc… Lo echó a pasear: pero habiendo
informado de esto a dichas personas, éstas no sólo se lo desaprobaron
también, sino que se apresuraron a aconsejarle que lo hiciera, y pronto, y le
manifestaron las razones Él refunfuñó: pero se sometió y obedeció y lo hizo
todo ad pedem littere Vio a Mansilla, dijo que lo había pensado más en
calma, etc En fin; Mansilla redactó lo que quiso, y se publicó ¡Un Quiroga
dando satisfacción por la prensa! Ante pruebas prácticas así, ¿cómo dudar
de su buena fe? — Por lo demás: dejemos a un lado al tonto de Mansilla,
que quedó más orondo que un pavo real, creyendo que aquello era un triunfo
de su influencia o habilidad diplomática sobre el indomable Quiroga; y
preguntemos ¿qué poder es ése que ha convertido en cera a un bronce? El
tiempo lo dirá quizás Baste con esto para el objeto de la presente nota —
Sólo me resta advertir que lo dicho en ella no es, como ya Ud lo alcanzará,
para publicarse, por ahora es sólo aquí para entre los dos, y para guía de Ud
NOTA 49
«desde su campamento en la Matanza…» — En varias producciones de Ud
he visto mencionar eso de un campamento, unas veces en la estancia de
Rosas, del Pino (sita en el Partido de la Matanza, a nueve leguas de Buenos
360
Aires), y otras en Flores (a una legua) — No es cierto — A su regreso del
Sur, disolvió el ejército, esto es, los veteranos fueron a las fronteras, y las
milicias a sus casas; y él se vino solo, y se estuvo en su estancia del Pino
primero, y en Flores después, en casa de su compadre y exsocio Terreros —
y note Ud que, al decir yo esto, prescindo de lo que se me aseguró, sobre que
lo más de ese tiempo estuvo en la ciudad, oculto en su casa, en que había un
Altillo, donde tenía su mesa de escribir, y sus comunicaciones las databa del
Alto Redondo, como indicando algún punto de la campaña ¡En qué no ha
mentido, y con qué no se ha divertido este hombre! — Entre tanto: aquello
no quita que sea muy cierto y notorio lo que Ud dice sobre la anarquía que
desde el Pino fomentaba en la ciudad y sobre la obsesión y coacción que
ejercía en el gobierno Aquí para entre los dos Supe por mi suegro que ella
llegó a tal grado, que ni él mismo pudo al fin soportarla, y quebró con Rosas,
¡él! Mediaron los Anchorenas, y en breve se reconciliaron en Flores Todo
esto fue muy reservado e ignorado Yo revelé algo de ello, después de muerto
mi suegro, en una publicación que hice aquí, en principios de 1839,
probando que fue Rosas quien asesinó a Quiroga… Aprovecharé la ocasión
para decir que mi suegro y yo estuvimos siempre encontrados en opiniones
Yo le veía casi todas las noches: pero ni entonces, ni aun cuando vivimos
juntos, aunque hablábamos de política, jamás tuvimos el menor disgusto, ni
aun una simple disputa A veces —v gr: en elecciones— trabajábamos cada
cual por su aquel Vez hubo (en 1834 con motivo de la venida de Rivadavia
a Buenos Aires, y de su instantánea expulsión, arbitraria e ilegal, ordenada
por el gobierno de Viamont), en que sostuvimos una polémica por la prensa;
pero en el trato privado, nada ¿No es esto singular? Creo que no se dará otro
caso igual Quiere decir que no es imposible que sean buenos amigos dos
personas, divididas profundamente en política; pero que se conocen, se
aprecian y se respetan, con tal de que haya prudencia, y observancia de las
conveniencias Siempre hubo entre ambos no sólo excelente inteligencia,
sino mutuo y verdadero cariño, acreditado con hechos por ambos varias
veces Era un excelente hombre Lo que hay es… Dejemos eso… En los
últimos tiempos de mi residencia en Buenos Aires, ya él solía hacerme lo
361
que jamás había hecho, esto es, algunas confianzas, algunos desahogos Pero
la exactitud demanda no decir que tuviese tal campamento (voz que Ud
repite pág 232, reng 29) No lo necesitaba: bien sabía él que su campamento
era toda la campaña: no tenía más que dar una orden
Diré también aquí que fue por este tiempo que se organizó la Sociedad
Popular Restauradora Ignoro si fue invención de Rosas: lo cierto es que en
el acto se aprovechó de ella; siendo singular que en esos días (mediados de
1834), don Nicolás Anchorena la atacase y estigmatizase por la prensa Tomó
el sobrenombre de Más Horca; a cuyo respecto, lo que tengo por más
auténtico es que un joven (Ochoteco), natural de Buenos Aires, criado en
España, que acababa de llegar de allí (y que en sus gracejos, modales, y en
todo, era un verdadero andaludllo), dio la idea de tal nombre, o refirió —tal
vez de buena fe y sin intención— que, cuando la exaltación en España en
1822 o 23, cuando la época del período terrorista el Zurriago, se formó allí,
o hubo de formarse, una sociedad con ese lema; y que entonces los
restauradores de Buenos Aires se lo apropiaron Como en la pronunciación
vulgar, se confunde con mazorca, y como, además, a pocos podría ocurrirse
que hubiese la ferocidad de llamarla Más Horca, creo que de ahí nació que
tantos creyesen y escribiesen mazorca, y que, de consiguiente, hallasen la
plausible explicación de la unión No es indiferente el uso de estas voces
Nada tendría de reprobable ni horrible una sociedad cuyo emblema fuese el
inocente de la unión: ipero cuánto no dice por sí solo el grito — ¡quiero más
horca!
NOTA 50
232 - 19 - «todos se encogen de hombros…» Creo útil se advierta —pues es
circunstancia agravante— que todos se excusaban, esto es, temían a Rosas, a
pesar de ser íntimos amigos suyos Pacheco, su subalterno, que acababa de
acompañarle al Sur; su compadre Terreros, su pariente F Anchorena, etc —
Bueno es también advertir que al fin
se acudió al doctor Maza, no como a doctor Maza, sino únicamente en su
carácter de Presidente de la Sala Se encargó provisoriamente el
gobierno al Presidente 368
NOTA 51
Somos 29 de octubre de 1850 — Mi amigo: — Desgraciadas están estas
Notas — Me las pidió Ud y se las ofrecí en enero de 1846; pero poco
después sobrevino aquí una revolución, y las cosas siguieron empeorando
tanto, que jamás estuvo el espíritu en aptitud de contraerse a nada de esto En
junio de 1848, empecé con el Comercio: menos entonces — Lo que precede,
lo escribí en julio último, en que me procuré unas semi-vacaciones: pero
tuve que suspender — como ignoro cuándo podré continuarlas y concluirlas,
y se presenta hoy tan segura ocasión de enviarlas, allá van — Aún me falta
mucho
He omitido —y lo mismo haré en lo que me falta, varias pequeñeces,
pues sería nunca acabar — Espero se dignará Ud disculpar, ahora y después,
ya mi prolijidad —indispensable para rectificar ideas—, ya la rigidez con
que no he querido dejar pasar errores —al menos los reputo tales— acerca
de los hechos como acerca de los juicios Ya dije que creía que Ud no quería
escribir un romance, sino una historia; y para escribir históricamente, para
reformar su libro como Ud piensa hacerlo, es inevitable todo aquello
No conozco a nadie que quiera o pudiera escribir estas Notas; es decir,
que esté tan al cabo de tantos pormenores (y aun los expuestos, y que
expondré, son pocos respecto de los que entrarán en mis Apuntes
Biográficos), o al menos, que los tenga tan presentes
Es posible, sin embargo, que, acerca de menudencias o detalles, yo
también haya incurrido en algunos errores; pues cuanto dejo escrito, y
escriba después, lo he escrito y escribiré, sin registrar un solo papel, y fiado
únicamente en mi excelente memoria; pero juzgo que serán pocos — De
todos modos: ruego a Ud que al menos, en cuanto a mi sinceridad, a mi
buena fe, a mi intención, me haga la justicia de no abrigar género alguno de
duda
VALENTÍN ALSINA