0% encontró este documento útil (0 votos)
68 vistas5 páginas

"La Locura de Gerán: Reflexiones Teatrales"

El monólogo 'El Loco (o La Loca)' de Oscar Lalo Botheatoz presenta al personaje Gerán, quien reflexiona sobre la locura y la cordura, contrastando su vida como 'loco' con la de las personas 'cuerdas'. A través de su humor y situaciones absurdas, critica la aversión de la sociedad hacia lo diferente y el sufrimiento que provoca el aburrimiento en la vida cotidiana. Al final, se sugiere que la locura puede ser una forma de liberación y conexión con la vida, mientras que la cordura puede ser una prisión.

Cargado por

Turco Masud
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
68 vistas5 páginas

"La Locura de Gerán: Reflexiones Teatrales"

El monólogo 'El Loco (o La Loca)' de Oscar Lalo Botheatoz presenta al personaje Gerán, quien reflexiona sobre la locura y la cordura, contrastando su vida como 'loco' con la de las personas 'cuerdas'. A través de su humor y situaciones absurdas, critica la aversión de la sociedad hacia lo diferente y el sufrimiento que provoca el aburrimiento en la vida cotidiana. Al final, se sugiere que la locura puede ser una forma de liberación y conexión con la vida, mientras que la cordura puede ser una prisión.

Cargado por

Turco Masud
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

“El Loco (o La Loca)” (de Oscar Lalo Botheatoz)

(Alguien disfrazado de árbol, permanece inmóvil en medio del escenario. Se


escucha suavemente la melodía de “Balada para un loco” como fondo de piano. Aparece
en escena un personaje con la camisa prendida a la espalda. Va arrastrando un sombrero
por el suelo, atado a un cable cuyo extremo va en una mano. Le habla al sombrero
poniendo voz de tropero) .

¡Quieta zaina!... Ooooh!...

(Traza una línea recta con tiza en el borde del escenario).

Esta es la frontera con la locura. No hacen falta Pasaporte ni papeles. Sólo hace
falta estar aburrido. Es una línea finita. Como está en el suelo y todo el mundo la pisa,
ya no se distingue bien la frontera (Acerca exageradamente la cara al piso).

Yo te aviso para que tengas cuidado. No te vayas a pasar para este lado… ¿Ahora
entendés por qué yo estoy acá y vos estás ahí, sentado?

Cuando yo era normal, tenía un sobrenombre muy particular. A mi me decían


Geranio. ¿Viste esos apodos que pasan de padre a hijos y que te vienen de arriba y se
acabó? Bueno, a mi cuando era normal, me decían Geranio. Es la abreviación de Genio
y Urano. Ge-ranio… Geranio de allá, Geranio de acá…Un buen día ¿sabés lo qué hice?
Se me ocurrió volverme loco. Y entonces, también me acorté el apodo. Ahora en vez de
Geranio, me llamo Gerán. (Comienza a dar vueltas en círculo muy ligero por el
escenario, llevando a la rastra el sombrero repitiendo rápidamente sin cesar: ) El loco
Gerán, el loco Gerán, el loco Gerán… (Frena de golpe quedando nuevamente frente al
público). Decime: ¿A qué se parece esto? (Toma el sombrero e invita al público a
contestar). Tiene forma de sombrero, parece un sombrero, actúa como un sombrero…
Pero ¿qué es?... Eh?... ¿qué es? (Se ríe para adentro, como disfrutando de antemano la
gracia que va a decir. Pone una mano al costado de su boca, en señal de contar un
secreto). Es una sombrera (Mira sigilosamente a ambos lados). Se llama Juanita. Yo
siempre la saco a variar temprano. Después la monto y salgo a cabalgar. Es de mansita!
(Toma el sombrero y se lo coloca en la cabeza). Venga Juanita, venga… (Comienza a
circular levantando exageradamente las rodillas a cada paso, moviendo los brazos y se
dirige al público). Juanita es una maravilla. Nos llevamos siempre bien. Yo creo que me
aprecia mucho. Jamás discutimos. Es que entre nosotros, nunca hubo un malentendido.

En cambio, mira lo que me pasa con la gente cuerda… Hace poco, venía yo como
de costumbre por la calle, mirando las baldosas y repitiendo, también como de
costumbre por lo bajo: “Loco Gerán, Loco Gerán, Loco Gerán…”, y justo venía una
vieja acompañada por un muchachito muy delicadito, de esos que se agarran de los
postes porque el viento los fatiga. Y yo paso por al lado de los dos, repitiendo “Loco
Gerán, Loco Gerán, Loco Gerán…”. Y la vieja me zampa un carterazo gritándome:
“¡Cállese estúpido! ¿Por qué no se mete en lo suyo, más le vale?” (Lanza una nerviosa
carcajada, quedando completamente serio, en forma abrupta. Piensa).

A mi me parece que las personas cuerdas rechazan a cualquiera que vean


diferente. Vestimenta, color de piel, gustos, forma de hablar, moditos finos, modales
guasos, ideas políticas, religión…

Por ejemplo… A los locos, no nos quieren ni pintados. ¿Sabés por qué?... Porque
tienen miedo de pasar a ser de los nuestros en cualquier descuido. Le viven escapando
a su propia locura. No tienen ni la menor idea de lo que es volverse loco. Ser loco es
como cuando uno lleva puesto un pantalón o un saco blanco reluciente. Una vez que te
lo manchaste bien manchado, ya te podés apoyar tranquilo en cualquier parte. ¡Total…!
Sin embargo la gente normal depende tanto de su cordura, que la convierte en ese
inmaculado traje blanco, que por miedo a las manchas, cuidará a muerte de no rozarlo
y de no apoyarse en nada ni nadie…

Los locos andamos en cambio, con las pilchas tan salpicadas, que no necesitamos
proteger una blancura, digo… una cordura que no tenemos.
Ya que le tenés miedo a tu propia locura, no le tengas miedo a la de los otros.
Invítame un día a tu casa. Prometo no contagiarte. Un día de estos, Perdete diez minutos
con un loco como yo, que está buscando que los árboles le contesten. Yo no soy
peligroso, y Juanita tampoco. Cuando quieras charlamos. Llamame un día que te sientas
solo…

Fijate en un detalle… De los locos, nadie piensa en si no estarán solos. Porque


nosotros, los colifatos, andamos siempre con la radio y el televisor prendidos al mismo
tiempo, adentro de la cabeza.

Es que los locos somos como los borrachos, ni más ni menos. Se comenta que los
borrachos dicen siempre la verdad… La diferencia entre nosotros es que ellos se
emborrachan de alcohol, y nosotros nos emborrachamos de imaginación. Nos
agarramos unos pedos bárbaros… de imaginación!!!

Pero no creas que yo siempre fui así como ahora. Yo era, como te decía antes, un
tipo cuerdo. Yo me volví loco un buen día en que me vinieron ganas. Estuve muchos
años tratando de ser cuerdo… En serio, muchos años… Mirando a mi alrededor,
buscando. Tratando de razonar, razonar, razonar… Tratando de entender a los otros
cuerdos. Intentando dialogar con ellos.

Y cuanto más cuerdo me volvía, más sufría. Es que cuanto más normal sos, más
fácil te resulta sufrir. Si vos supieras… si adivinaras qué cosa se te va formando adentro,
por un sufrimiento continuo… Ah! ¿No sabés? Y claro!, si vos no sos loco…

¿Sabés qué es lo que te produce el sufrimiento continuo? Aburrimiento!!!

Dale!, Ponete a pensar, y decime qué cosa hay más brava que el aburrimiento. La
vida no se te pasa nunca… y si se te pasa da lo mismo.

Es peor que los dolores, peor que la amargura, que el cansancio, o el fracaso
mismo. Es peor porque los dolores la amargura, el cansancio y el fracaso, son parte de
la vida. El aburrimiento es lo contrario a la vida. Por eso es peor…
Ser cuerdo… Ser cuerdo… Las rutinas, los relojes, la falsedad, la envidia, las
úlceras, las disculpas… son de los cuerdos.

Yo me acuerdo más o menos de esa época. Vivía corriendo. Lo que no me acuerdo


es detrás de qué… ¿A vos no te pasa? (En tono de festejo) ¿Sabés lo que hago ahora?
Voy por la calle ligero, ligero, imitando el ruido de un camión. Y llegando a la esquina,
me mando el ruido de una bruta frenada. Y me quedo inmóvil de repente. Y todos los
cuerdos se dan vuelta, curiosos, sorprendidos, que era lo que yo quería. Entonces les
grito: “¡¿Qué les pasa imbéciles? Nunca vieron a alguien frenar de golpe?!”

Un detalle que me acuerdo de cuando yo era normal, es que pensaba mientras


masticaba y masticaba mientras pensaba. ¡Que lejos está esa época!...

La ventaja de los chiflados es justamente, haberse olvidado de muchas, muchas


cosas. Creo acordarme sin embargo… de la buena letra, de las cábalas, de los méritos
hechos, de una guitarra, de los billetes chicos, de mi mascota, del amigo que se me
perdió, de cuando apoyaba un pie a veces no había lugar para poner el otro… y de que
cuando quise… de que cuando quise… no me quisieron… ¡Y no me acuerdo más…!

Un buen día, yo decidí escaparle al aburrimiento. Pero para eso necesitaba dejar
de ser cuerdo. No lo pensé más, me volví loco… Loco, loco, loco… ¡Sí…! Ahora no
me aburro más. Ahora me divierto. Tengo los bolsillos sanos porque no les meto nada
adentro… Voy por la calle cantando en voz alta… De repente chisto a alguno, y miro
para otro lado. Después que se dio vuelta de gusto, grito: (pone voz aguda)
“¡Pelotudo!”…. Imito a los perros levantando la pata (lo hace)…. Abrazo a los árboles
y los acaricio, y les pregunto por sus familias. Y les pego el oído al tronco por si me
contestan…

El otro día había gente sana mirando y comentaban: “Mira que triste. ¡Qué pena
de da ese tipo!”. (Hace un gesto como diciendo “estos no entienden”, y se emplea un
tono de ilusión o esperanza) ¿Vos sabés si un día de estos, algún árbol me contesta?
(Piensa). Ese no va a ser un árbol cuerdo… ¿A vos qué te parece? A mi no me interesa
no haber recibido hasta ahora ninguna contestación… Lo más importante para mí es
saber que al menos ellos me escuchan… (Se dirige al sombrero) ¡Vamos Juanita, vamos
a dar una vueltita! (Camina en círculos, con movimiento de ambos brazos encogidos,
hacia adelante y hacia atrás, levantando exageradamente las rodillas, como imitando el
paso de un caballo, sin soltar el cable, que maneja a semejanza de una rienda. Todo esto
mientras repite…) “El loco Gerán, El loco Gerán, El loco Gerán…” ¡Vamos Juanita!
¡Arre! El loco Gerán, El loco Gerán, El loco Gerán… (Se van apagando algunas luces
para resaltar el siguiente efecto). A ver Juanita, luz de giro para doblar. (Aprieta un
interruptor en el extremo del cable, y se prende una luz) ¡Bien Juanita!... Si nos para las
caminera, estamos reglamentarios… El loco Gerán, El loco Gerán, El loco Gerán…
(Desciende y da una vueltitas entre el público, invitándolo a corear con él) (Terminando
esto, sube nuevamente al escenario y se dirige a Juanita, digo al sombrero, quitándoselo
de la cabeza). ¿Viste Juanita? Estos vienen pisándonos los talones… ¿Qué te juego a
que cuando llegaron acá estaban aburridos?... (Con tono burlón). ¿O sea qué el único
loco acá soy yo?... ¡Anda chauchón!... Ahora cuando salgas de acá, p roba a decir por
ahí que viste un sombrero con luz de giro…

(Fondo musical de “Balada para un loco”. Se van apagando todas las luces,
mientras la melodía continúa unos instante, con el escenario a oscuras).

Telón.

(Se encienden nuevamente las luces. El Loco Gerán ya no está. Sólo se ve al árbol
con el sombrero colgado de una de sus ramas. El árbol le habla al sombrero).

- ¿Sabes Juanita?... Estaba pensando que cualquier día de estos, el Loco Gerán puede
empezar a vivir adentro de alguna de estas personas… Qué suerte!... ¿No es cierto
Juanita?

(Música de fondo. Las luces se apagan. Telón Final).

También podría gustarte