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Etapas del Duelo y su Impacto Psicológico

El ensayo explora el proceso del duelo tras la muerte de un ser querido, destacando que cada persona vive esta experiencia de manera única y que no hay un enfoque universal para afrontarlo. Se basa en la teoría de Kübler-Ross sobre las cinco etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación, y enfatiza la importancia de contar con una red de apoyo durante este proceso. A través de experiencias personales, se reflexiona sobre cómo el duelo transforma nuestra perspectiva de la vida y el tiempo.

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Etapas del Duelo y su Impacto Psicológico

El ensayo explora el proceso del duelo tras la muerte de un ser querido, destacando que cada persona vive esta experiencia de manera única y que no hay un enfoque universal para afrontarlo. Se basa en la teoría de Kübler-Ross sobre las cinco etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación, y enfatiza la importancia de contar con una red de apoyo durante este proceso. A través de experiencias personales, se reflexiona sobre cómo el duelo transforma nuestra perspectiva de la vida y el tiempo.

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Universidad Autónoma de Baja California

Facultad de Medicina y Psicología

Licenciatura en Psicología

Desarrollo Psicológico de la Adultez

Imparte:

Alma Loreina San Martin Vilchis

Ensayo final

La vida después de una muerte: un duelo por afrontar

Presenta:

Dulce Nahomi Parra Urias


Introducción

La muerte es un tema con el que convivimos día con día, a veces sin darnos cuenta del

impacto que tendrá en nuestras vidas, pues si bien, hay ocasiones en las que es previsible el

fallecimiento de un ser querido, en otras es totalmente inesperado, interrumpiendo el flujo

de la vida de manera permanente.

A diario ocurren accidentes, se diagnostican enfermedades inesperadas y existen

situaciones que frenan nuestras actividades sin que nos demos cuenta de lo cerca que están

de nosotros, esta incertidumbre plantea la idea de que, es un futuro, ya sea cercano o lejano,

exista la posibilidad de vivir un duelo, este pensamiento puede estar en el fondo de nuestra

mente, y salir a flote en cuanto menos lo esperamos.

Es por esto que la vida después de una muerte se convierte en un duelo que aprendemos a

afrontar con el tiempo, pues las heridas que deja la partida de alguien nunca se borran, solo

empiezan a doler menos, y aprendemos a vivir con ese recuerdo. Nadie nos enseña cómo

vivir un duelo, pues este se presenta de maneras completamente diferentes entre una

persona y otra, incluso siendo de la misma familia o de un mismo círculo social.

Por lo antes mencionado es importante conocer y comprender las etapas que atravesamos

en un duelo, aquí entendemos desde que parte vivimos nuestro dolor, aprendiendo que el

camino hacia la aceptación de una muerte es difícil, pero no imposible.

En este ensayo, se busca explorar las diversas maneras de vivir un duelo, cómo esta

experiencia cambia la perspectiva que tenemos respecto al tiempo y la vida misma, cómo la

falta de una red de apoyo puede influir en el tiempo de duelo y qué otras implicaciones

dificultan este proceso.


Antecedentes

Gonzáles- Rivera y Díaz-Loving, en su obra Concepción cultural de la muerte en

mexicanos, mencionan la existencia de dos posturas sobre la muerte en México, una en la

que se sitúa a la muerte como un fenómeno trágico, doloroso y de tabú que va acompañado

de rituales relacionados con la creencia en la vida después de la muerte y con el respeto por

los difuntos. Por otro lado, existe una postura de festividad, aceptación e incluso burla

(2024, p. 4).

Un ejemplo muy marcado de esto es la celebración del Día de Muertos, la cual se extiende

desde el 27 de octubre hasta el 3 de noviembre, siendo el 1 y 2 de noviembre las fechas más

importantes y más celebradas. Durante este periodo las familias colocan altares y ofrendas

en casas y/o cementerios, algunos realizan misas y otras actividades religiosas y culturales.

Existe la creencia de que los difuntos nos visitan en estas fechas, y nosotros hacemos que se

sientan bienvenidos de vuelta. Ya sean familiares, amigos, conocidos e incluso mascotas,

cada uno llega en su respectiva fecha y nos acompañan mientras nosotros los recordamos y

honramos con cariño. Aunque la celebración concluye el 3 de noviembre, día donde se

desmontan los altares y se retiran las ofrendas, la influencia de este día perdura a lo largo

del año en la cultura y tradición mexicana.

Si bien en México se tiene el tabú de no hablar sobre la muerte en ambientes educativos y

familiares, pues hacerlo provoca miedo y ansiedad, hay otro sector de la población que

juega con este concepto, haciendo burla sobre la muerte, canciones y hasta festejos, pero

incluso así sigue existiendo un miedo y sobre todo gran respeto hacia ella. Al final, se busca

darle un sentido a la muerte, uno de trascendencia y permanencia en la memoria de quienes

aún vivimos y esperamos poder reencontrarnos con nuestros seres queridos que han partido.
Marco teórico

Este ensayo tiene como base la teoría del duelo de Kübler-Ross, quien propuso un modelo

de cinco etapas del duelo: la negación, la ira, la negociación, la depresión y, por último, la

aceptación. Esto no significa que todos los que atraviesen por una pérdida tengan que vivir

cada una de estas etapas, y mucho menos en el orden escrito. Si bien, estas etapas no son

lineales y han ido evolucionando desde el momento en que fueron introducidas, son

herramientas que nos ayudan a identificar lo que podemos estar sintiendo durante el duelo y

así prepararnos para vivir y afrontar estas pérdidas.

Disciplina

El presente ensayo tiene como finalidad apegarse a un enfoque psicológico, pues busca

explorar las emociones que existen al momento de vivir un duelo, y cómo estas influyen en

la manera que aprendemos a atravesar y afrontar una pérdida.

Organización del trabajo

Este ensayo se divide en tres subtemas principales, primero se analizarán y explicarán las

cinco etapas del duelo, esto para tener una base clara y que entendamos cómo pueden verse

o sentirse cada una de estas. La manera en que la falta de una red de apoyo o ayuda

profesional puede dificultar y alargar el tiempo de duración este proceso. Por último,

hablaré sobre mi propia experiencia sobre el duelo, y cómo ha influido en mi desarrollo

como persona y en mi vida diaria.


Etapas del duelo

El proceso de duelo es uno por el que todos pasamos o llegaremos a pasar en algún

momento de nuestras vidas. Algunos pueden llegar más temprano que otros, como la

pérdida de una mascota en nuestra niñez, o la pérdida de un ser querido a causa de un

accidente. La muerte y el duelo nos acompañan desde siempre, la vemos y escuchamos en

las noticias, en películas y hasta en las canciones, las cuales inmortalizan la existencia de

quien ya no nos acompaña en vida.

Es por esto que las personas no viven el duelo de la misma forma, unos lo canalizan

trabajando, otros en terapia y muchos otros con el arte. Aun así, las etapas del duelo son

importantes, pues nos ayudan a comprender de alguna manera el proceso que estamos

llevando, como identificar lo que podríamos estar sintiendo. Las etapas que se describirán a

continuación no son una guía que deba seguirse al pie de la letra, pues no todos pasamos

por cada una de estas y tampoco en el mismo orden o la misma intensidad ni duración.

Negación

Podemos entender la negación de diversos modos, en el psicoanálisis funciona como un

mecanismo de defensa primario, McWilliams lo describió como algo que “Ocurre

automáticamente en todos nosotros cuando nos enfrentamos a cualquier catástrofe” (2011,

p. 12), en el caso del duelo, para muchos su primera reacción o respuesta es negar o decir

“No” ante la noticia del fallecimiento de alguien. La negación en primera instancia es lo

que nos ayuda a sobrevivir, pues la información que recibimos puede sobrepasarnos, y

negar no significa que no entendamos que esa persona ya murió, sino que no podemos

procesar el hecho de que no volveremos a verla ni a escucharla, la negación nos ayuda a

distanciarnos momentáneamente del dolor que nos provoca la pérdida.


Ira

En esta etapa ya hemos pasado por el proceso de ir asimilando poco a poco la pérdida del

ser querido, “la ira no tiene por qué ser lógica ni válida” (Kübler, 2004, p. 17), es un

sentimiento natural en nosotros, necesitamos expresar de alguna manera lo que nos genera

la pérdida, y muchas veces la ira es tan inmensa como el amor que sentimos por quien ya

no está.

Podemos sentir esta ira y enfado hacia los médicos, pensando que no hicieron bien su

trabajo, con nuestros familiares, alegando que no estuvieron lo suficiente presentes como

para hacer algo, o con nosotros mismos, creyendo que pudimos evitarlo. La ira hacia

nosotros mismos puede verse y sentirse como culpa, culpa por no hacer más de lo que

estaba en nuestras posibilidades, pero al final no es. La ira “significa que estamos

progresando, que estamos permitiendo todos los sentimientos que antes eran simplemente

demasiado insoportables para dejarlos aflorar” (Kübler, 2004, p. 21).

Negociación

Después de la negación y la ira, llegamos a la negociación, que puede sentirse como una

tregua temporal, una donde vamos pensando en las formas de seguir adelante después de la

pérdida, aunque también existen los continuos “ojalá...” o “¿y si…?”, creemos que pudimos

haber hecho algo diferente, incluso desde antes, prometemos cambiar con la finalidad de

que esa persona se quede con nosotros, le pedimos a Dios que nos dé otra oportunidad,

negociamos la permanencia del ser querido porque tememos el futuro que nos espera sin él.

La negociación durante el duelo “nos permite creer que podemos restaurar el orden en el

caos que nos rodea” (Kübler, 2004, p. 23). Estas primeras etapas no son siempre lineales,
después de atravesar una podemos volver a la anterior o a la primera, al final estas son

nuestras reacciones ante los sentimientos que nos causa la partida de quienes amamos.

Depresión

Una vez concluida la negociación, volvemos nuestra atención hacia el presente. A menudo

se presenta una sensación de vacío, y el duelo se siente cada vez más profundo e infinito,

como si jamás fuera a terminar. Para Kübler es importante comprender que “esta depresión

no es un síntoma de enfermedad mental, sino la respuesta adecuada ante una gran pérdida”

(2004, p. 24), aun así, no debemos perder de vista que la falta de una red de apoyo o ayuda

profesional es un factor importante que puede influir negativamente en el proceso de duelo.

En el DSM-V encontramos el trastorno de duelo complejo persistente, sus criterios

diagnósticos incluyen: la pérdida de alguien cercano, el anhelo y preocupación persistente

por el fallecido, pena y malestar, entre otros, en un nivel clínicamente significativo y que

perdura durante al menos 12 meses en adultos en duelo y 6 meses en niños en duelo. Este

es un ejemplo de cuando la depresión que se presenta en el duelo se convierte en un

problema grave, pues afecta y dificulta el día a día de quien lo vive, es por ello que

necesitamos contar con una red de apoyo cercana, y en caso de no tener las herramientas

necesarias para afrontar el duelo, acudir con un profesional de la salud para recibir la ayuda

adecuada.

Aceptación

Esta es la última etapa del duelo, pero, no significa que estemos de acuerdo con lo ocurrido,

ni que nos sintamos completamente bien, más bien es aceptar la realidad, en la cual nuestro

ser querido ya no está presente físicamente, no volveremos a verlo, y eso será permanente.

En esta etapa aprendemos a vivir con esta realidad, aprendemos a entender que no
podíamos hacer más de lo que estaba a nuestro alcance, y debemos empezar a reintegrarnos

con los demás, retomar nuestras actividades. Sobrevivimos al duelo, a la pérdida y a la

realidad que en un principio negamos con todas nuestras fuerzas. Aunque queramos volver

a vivir como lo hacíamos antes, es imposible debido a que ahora falta alguien. Con el

tiempo, vamos curando nuestras heridas, e irónicamente nos vamos acercando más a la

persona que amamos. “La obtención de la aceptación puede ser sólo tener más días buenos

que malos. A medida que volvemos a empezar a vivir y disfrutar de la vida, muchas veces

pensamos que, al hacerlo, estamos traicionando a nuestro ser querido” (Kübler, 2004, p.

29).

Conclusión

Me gustaría terminar hablando de mi propia experiencia con el duelo por la pérdida de un

ser querido. Hace algunos meses, antes de mi cumpleaños, recibí la noticia del

fallecimiento de mi bisabuela, a quien llamábamos con cariño “Mamá Luisa”. Mi primera

reacción, como escribí al principio, fue decir “No”, pues no podía creerlo, aunque ya sabía

que su estado de salud era delicado, y que cualquier momento podría ser el último.

Han sido meses complicados, y de vez en cuando me pregunto cómo sería este duelo si

hubiera estado cerca antes de su partida, pero los “hubiera” y los “ojalá” solo son mi forma

de afrontar el no poder estar ahí al final. Durante este semestre se habló en varias clases

sobre el duelo, la negación y la depresión, y la cantidad de veces en las que me identifique

y desborde son incontables. Sigo atravesando la penúltima etapa, y regresando a viejos días

recordando lo bonita que era tenerla viva.


La vida después de una muerte se convierte en un duelo que aprendemos a afrontar un día a

la vez, pues incluso después de aceptar esta realidad, nunca seré la persona que fui hace

meses, nunca dejaré de sentir que alguien me falta. Pero aprenderé a convertir ese dolor y

tristeza en arte, en poemas y canciones, buscando encontrar consuelo y sanación en mis

letras, e inmortalizar la existencia de quien ame y me amó con todo su corazón.

Bibliografía

Diagnostico Psicoanalítico. Comprender la estructura de personalidad en el proceso

clínico (McWilliams, N.). Revista Aperturas Psicoanalíticas.

[Link]

Comprender-la-estructura-de-personalidad-en-el-proceso-clinico-McWilliams-N

González-Rivera, I., & Díaz-Loving, R. (2024). Concepción cultural de la muerte en

mexicanos. Psicologías, 7, 1–26.

[Link]

Kübler-Ross, E., & Kessler, D. (2004). Sobre el duelo y el dolor. Luciérnaga.

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