2.
EL LIBRO DE JOB
2.1 PRELIMINARES DEL LIBRO DE J O B
No conocemos el nombre del autor de este maravilloso libro sapiencial, pero sin
AUTOR
duda es un judío que conoce las leyes mosaicas, las obras de los profetas y la
enseñanza de los sabios, aunque tiene cuidado en presentar a su héroe fuera de
los límites del judaísmo.
L.
No hay indicios sobre el lugar donde fue escrito.
FECHA
Hoy generalmente los críticos creen que el libro fue redactado entre el 500 y el
400 a.C., por lo tanto, en los tiempos posteriores al exilio (586-538 a.C.).
Esta obra maestra del movimiento sapiencial es un diálogo poético-didáctico.
Lo que aquí se relata sobre la vida y pruebas de Job, ¿es una historia real o una
GÉNERO LITERARIO
ficción literaria en torno a un personaje legendario de la tradición? Las
peculiaridades literarias del drama parecen más bien insinuar que nos hallamos
ante una composición didáctica estructurada artificialmente en función de
una tesis teológica. En efecto, abundan las inverosimilitudes de muchos
hechos relatados en el libro. Es importante tener en cuenta su género literario
dialogado: muchas de las afirmaciones de los protagonistas no implican que
sean aceptadas por el hagiógrafo, ya que expresan puntos de vista
especiales que no se ajustan a la ortodoxia judía. Así, Job dice palabras
indiscretas, y sus amigos son amonestados por Dios por “no haber hablado
rectamente” de Él. Las diversas opiniones, pues, son transcritas para resaltar
después la solución del hagiógrafo sobre el problema del sufrimiento de Job.
CANONI-
CIDAD
Los apóstoles utilizan este libro como escritura inspirada, y comúnmente fue
aceptado por la Iglesia cristiana, como lo fue por la comunidad judía.
CIRCUNSTANCIAS
El pesimismo que va en aumento en los últimos escritos del AT. Se discute el
valor de la vida humana. El autor no teme poner en cuestión la existencia de la
Providencia divina. Se interroga sobre el sentido del mundo y del destino.
Esta crisis del pensamiento bíblico es sobre todo una crisis de la “sabiduría,” la
actitud práctica sobre el gobierno de la vida. Singularmente audaz, el denuncia
con aspereza el punto muerto a que había llegado la sabiduría tradicional.
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Licenciatura en Teología
Refleja las inquietudes de las escuelas de “sabios” que se preocupaban de los
problemas personales del individuo como tal, revisando las tesis conformistas
tradicionales. Gira en torno a la tragedia de un justo no israelita –que se supone
CONTENIDO
vivió en Edom, entre los hijos de Oriente – y que fue sometido a terribles
pruebas por Dios para aquilatar su virtud desinteresada. El espíritu conformista
y paciente del Job del prólogo contrasta con sus desahogos destemplados y
casi blasfemos por sufrir injustamente, tal como se relatan en los diálogos
poéticos. Consciente de su inocencia y de la injusticia de su situación, Job
reacciona contra la tesis tradicional y la autosuficiencia de sus amigos, que
le invitan al arrepentimiento.
E l problema teórico que se plantea en esta obra es el del sufrimiento del justo
en esta vida. La tesis tradicional en la sociedad israelita era que Dios premia
en esta vida la virtud y castiga el vicio. A los cumplidores de la ley divina les
están reservados toda clase de bienes temporales –longevidad de vida,
prosperidad material, numerosa posteridad–, mientras que a los pecadores les
espera la muerte en plena juventud, la pérdida de sus bienes y la esterilidad. Por
otra parte, se establecía una relación causal entre el pecado y el sufrimiento,
de forma que todo el que sufría contrariedades de orden físico o moral tenía por
causa indefectible el pecado. La historia del justo Job será la prueba irrefragable
de que esta tesis, comúnmente aceptada por la sabiduría tradicional, no
tiene validez en todos los casos y, por tanto, no se debe atribuir necesariamente
la desventura y las crueles enfermedades al pecado como causa. Los designios
DOCTRINA
de la Providencia son misteriosos, y, por tanto, no deben aventurarse juicios
temerarios sobre la culpabilidad del que sufre. Esta es la conclusión del libro,
puesta en boca de Dios. El enigma del sufrimiento del justo queda, sin
embargo, sin explicar, pues no se da la verdadera clave del misterio: que
los sufrimientos de esta vida encuentran su compensación en los premios y
gozos de la eterna. Esta perspectiva es desconocida del autor del libro de Job, y
no la encontramos en la Biblia hasta el siglo II a.C., en el libro helenístico de la
Sabiduría; pero la perspectiva del autor del libro es un avance sobre la posición
tradicional: el justo puede sufrir sin haber pecado. La lección de esta obra es
que el hombre debe persistir en la fe incluso cuando su espíritu no encuentra
sosiego. Luego aquello de que el que la hace la paga, no se sustenta
bíblicamente, pues muchos pasarán esta vida sin pagar el mal que hicieron
(rendirán cuentas hasta que mueran), mientras que otros están sufriendo sin
haber hecho ningún mal (ya recibirán su recompensa en la otra vida). La
verdadera iluminación sobre el sentido del dolor está en el marco del amor dador
de vida, vivido por Jesús hasta la cruz. Nuestros sufrimientos tienen sentido en
la medida en que los unimos al dolor salvador de Cristo.
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Licenciatura en Teología
2.2 ESTRUCTURA DEL LIBRO DE JOB
I PRÓLOGO
Job es probado 1,1-2,13
0 Job 3,1-26
1a Elifaz 4,1-5,27
Primer Ciclo
1b Job 6,1-7,21
2a Bildad 8,1-22
2b Job 9,1-10,22
3a Sofar 11,1-20
DIÁLOGOS
3b Job 12,1-14,22
1a Elifaz 15,1-35
Segundo Ciclo
1b Job 16,1-17,16
2a Bildad 18,1-21
2b Job 19,1-29
3a Sofar 20,1-29
3b Job 21,1-34
II
1a Elifaz 22,1-30
Tercer Ciclo
1b Job 23,1-24,25
2a Bildad 25,1-6
2b Job 26,1-27,12
3a Sofar 27,13-23
3b Job 29,1-31,40b
Interrupción. Elogio a la Sabiduría 28,1-28
ELIHÚ
III Discursos 32,1-36,21
Himno a la Sabiduría 36,22-37,24
YAHVÉH
1º Discurso 38,1-40,5
IV
2º Discurso 40,6-41,26
Respuesta de Job 42,1-6
EPÍLOGO
V Yahvéh censura a los Sabios 42,7-9
Yahvéh rehace la vida de Job 42,10-16
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2.3 COMENTARIO1
2.3.1 Los discursos de Yahvéh.2 c. 38 - 41
Terminado el ciclo de discursos de los tres interlocutores amigos de Job, y la “intromisión”
de Elihú, interviene Dios para dar el fallo al gran problema que trataban de dilucidar. Job
había pedido insistentemente que Dios diera su fallo público para que se manifestase su
irreprochable inocencia. En esta teofanía final, Dios pasa revista a las maravillas de la
creación para que Job reconozca su ignorancia y, por tanto, su incompetencia para
enjuiciar la Providencia divina. Las descripciones de las maravillas de la creación son
bellísimas. Dios habla a Job desde la tempestad como Yahvéh a Moisés en el Sinaí. Como
Juez supremo, no se considera obligado a dar cuentas a nadie de sus actos.
2.3.2 Intervención de Dios. c. 38
En tono inquisitorial y para confundir la arrogancia de Job, Dios pasa revista a los grandes
enigmas del universo para que aquél dé razón de ellos: la formación de la tierra, las
limitaciones de los mares, la aparición de la luz, la formación de la nieve y el granizo, la
ordenación de las constelaciones celestes y el aprovisionamiento de comida para los
animales.
La fundación de la tierra y la delimitación de los mares. 38,1-11
Job ha hablado demasiado audazmente sobre la justicia divina, poniendo en duda sus actos.
Ahora Dios, rodeado de majestad, le contesta desde un torbellino o nube tempestuosa, que
constituye como su pabellón regio al manifestarse a los hombres. Las cuestiones planteadas
por Dios no tienen nada que ver con el problema concreto de la justificación de los
sufrimientos de Job, sino que tienen por finalidad deslumbrarle para que reconozca su
ignorancia y falta de capacidad para enjuiciar las obras de Dios. Las afirmaciones de Job
empañan los designios de la Providencia divina (v 2), y en este sentido merece una dura
reprensión. El discurso de Yahvéh guarda una unidad literaria propia y no se relaciona con
las argumentaciones de Elihú, que le precede en el texto del libro.
1 Maximiliano García Cordero - Gabriel Pérez Rodríguez. Biblia comentada. Tomo IV Libros Sapienciales.
BAC. Morgan e-books para la edición electrónica en castellano. 2010. p 260ss.
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Considerando el tiempo asignado para este curso, no es posible comentar todo el texto de cada una de los
Libros Sapienciales, por lo que sólo se tomarán algunos textos selectos. En el caso del libro de Job, se
participará en el ejercicio de los diálogos de los sabios con Job y se hará el comentario de los discursos de
Yahvéh.
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Licenciatura en Teología
Puesto que le va a someter a un duro interrogatorio, Dios invita a Job a prepararse ciñéndose
los lomos, como el guerrero que se dispone a la lucha o el caminante que se lanza a una larga
peregrinación. Irónicamente se le invita a contestar para instruir al propio Dios (v 3). En
primer lugar, está el enigma de la fundación de la tierra: para conocerlo es preciso haber
asistido a la colocación de sus cimientos y a la determinación de sus dimensiones. Sólo así
podrá conocerse el designio misterioso que Dios tuvo sobre ella al fundarla. ¿Puede Job
gloriarse de haber asistido a tan solemne acto al principio de las cosas? La interrogación es
sangrante y humillante para el que pretendía enjuiciar los actos divinos. Dios ha actuado
cuidadosamente como un arquitecto al determinar con la regla las medidas del orbe, y sólo
son testigos de sus actos los astros matutinos y los hijos de Dios o seres angélicos que forman
su escolta de honor. La inauguración de la gran obra de la creación fue solemnizada por el
coro angélico, que con sus aplausos y aclamaciones aprobaban el acto fundacional de la tierra
(v 7).
La omnipotencia divina se refleja no sólo en el acto de establecer los fundamentos de la tierra,
sino en la delimitación de las fuerzas caóticas del mar, que amenazan anegar la tierra (v
9). De nada hubiera servido la formación de la tierra si Dios no la hubiera defendido contra
los ímpetus de las olas del mar. El poeta presenta al mar como un recién nacido al que fue
preciso envolver en mantillas, que son las nubes, que le recubren y proveen de agua (v 10).
Llegado a la edad adulta, Dios le impuso una ley y unas puertas para que no traspasara sus
legítimos límites, rompiéndose contra los acantilados la soberbia de sus olas (v 11).
La formación de la luz y el reino de las tinieblas. 38,12-21
Una de las cosas más maravillosas es la aparición de la luz pálida de la aurora, que se va
difundiendo poco a poco, venciendo a las tinieblas y extendiéndose por los extremos de la
tierra (v 12). La tierra va apareciendo paulatinamente con diversos matices de colores, como
si se estuviera modelando de nuevo como el barro bajo la acción del sello impresor (v 14).
Primero aparece asiluetada esquemáticamente, para después emerger vestida con todos los
adornos y detalles de la exuberante vegetación. Es entonces cuando en plena luz desaparecen
los malvados, que hacen sus tropelías amparados por la oscuridad, y tiene que retirar su brazo
el soberbio, que aprovecha la noche para maltratar al débil (v 15).
También la inmensidad de la tierra se escapa a la limitada percepción del hombre; en sus
extremos tiene lugar la limitación misteriosa entre la luz y las tinieblas, presentadas aquí
como dos fuerzas contrapuestas: una brillante y transparente (la luz) y otra opaca y oscura
(las tinieblas), que luchan denodadamente todos los días por el imperio de la tierra. Dios
ha señalado las horas de dominio de cada una de ellas, según el relato de la creación,
determinando así el día y la noche. Para nosotros, las tinieblas son la carencia de luz. Para
los antiguos hebreos, ambas tenían sus propias moradas o receptáculos, en las que se recluían
mientras se alejaban de la tierra (v 19). En realidad, sólo Dios conoce los senderos que llevan
a sus respectivas moradas.
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Licenciatura en Teología
Irónicamente se declara a Job que no puede conocer estos secretos por la brevedad de sus
días (κ.21). Sólo el que es eterno puede escudriñar estos misteriosos caminos de la luz y de
las tinieblas y dar la clave de los enigmas del universo.
La formación de la nieve, el granizo, la lluvia y el hielo. 38,22-30
Conforme a la mentalidad antigua, el poeta presenta a la nieve y al granizo como reservados
de antemano por Dios en especiales receptáculos para enviarlos como castigo en los
tiempos de desdicha y en el fragor de la batalla. La idea parece inspirada en los relatos de las
plagas de Egipto. El hombre es impotente contra los temporales que Dios envía, y no puede
saber dónde guarda las reservas. La formación de la niebla es también un misterio para el
antiguo oriental, así como la irrupción del viento solano, que al punto la disipa, secando la
tierra (v 24). Las tormentas e inundaciones son también la manifestación de un poder
sobrehumano, ya que el hombre no puede hacer llover sobre zonas desérticas e inhóspitas (v
26). La estepa se refresca con las aguas tormentosas, dando lugar a la aparición de hierba
verde (v 27). La formación de la lluvia y del rocío tiene un origen misterioso, pues no parecen
tener conexión directa con las fuentes y los ríos (v 28). El fenómeno de la evaporación y
del enfriamiento de la atmósfera no era fácilmente perceptible por las mentalidades de
la antigüedad. La formación del hielo y de la escarcha no era fácilmente explicable para el
hagiógrafo, que pone en boca de Dios estas interrogaciones enigmáticas para confundir al
arrogante Job (v 29).
La regulación de las constelaciones celestes. 38,31-35
La maravillosa regulación de los astros es inaccesible a la humana inteligencia. Las Pléyades
son pequeñas constelaciones, cuyas estrellas parecen atadas unas a otras; y el Orión es como
una correa formada por tres estrellas sobre una misma línea. Las constelaciones, o “corona,”
como algunos traducen, tienen especial luminosidad y se destacan, como la Osa Mayor (v
32). Todas estas estrellas arracimadas tienen su ley propia para no separarse entre sí,
ni menos chocar en sus movimientos, y tienen influjo sobre la tierra (v 33), sobre la
atmósfera y los diversos elementos de la naturaleza. El hagiógrafo no alude aquí a
concepciones astrológicas, ya que el destino de los seres humanos está dirigido
exclusivamente por Dios, y los astros son lámparas a su servicio. El hombre no tiene poder
sobre los fenómenos atmosféricos, como los relámpagos y las nubes, que dependen sólo de
la voluntad divina (v 34).
Los sabios instintos de los animales. 38,36-41
El ibis –el pájaro dedicado a Tot-Hermes, dios de la sabiduría en Egipto– anunciaba, según
la creencia popular, las crecidas del Nilo, lo que le daba reputación de sabiduría; y el gallo,
por presentir y anunciar la mañana, también parece dar muestras de inteligencia (v 36). El
21
Licenciatura en Teología
hagiógrafo, pues, se hace eco de estas concepciones folklóricas y pone en boca de Dios la
interrogación sobre la sagacidad de ambos pájaros, que es una de las maravillas de la
naturaleza.
La formación de las nubes, que se crecen e hinchan como odres para después derramarse
sobre la tierra, humedeciendo el polvo y aglutinándolo en terrones, constituye también un
hecho misterioso que no está al alcance del arrogante Job (v 37).
También es un misterio de la Providencia la provisión de alimentos para los animales
hambrientos. Los animales tienen un maravilloso instinto para buscar comida para ellos y
sus crías (v 39-41). También en esto no tiene parte el ser humano, sino que viene directamente
del Creador.
2.3.3 El poder de Dios. c. 40
Invitación a Job a callarse. 40,1-5
Estos versos dan el resultado del examen a que Yahvéh ha sometido al pretencioso Job. Los
maravillosos instintos de los animales, que han recibido su ciencia directamente de Dios, son
una lección de humildad para el que se atrevía a enjuiciar los designios misteriosos de la
Providencia. Sin abordar expresamente el problema lacerante de Job, éste comprende
que no puede contender con la sabiduría y poder divinos. Las maravillas de la creación
dan una pista sobre la insondable sabiduría del Omnipotente. Job reconoce que ha hablado
con ligereza, sin saber nada de los misterios de la Providencia. Por ello toma la decisión de
no volver a hablar para no equivocarse. La frase del v 5 es una fórmula estereotipada para
significar la irrevocable decisión de callarse.
La majestad arrolladora de Yahvéh. 40,6-14
Con la fórmula introductoria, similar a la de 38,1, se invita a Job a dar respuesta a las
interrogaciones y enigmas que va a plantear Dios, que está majestuosamente hablando desde
el torbellino, en consonancia con su dignidad superior. Los juicios ligeros de Job han
pretendido empañar el fulgor de la justicia divina para buscar una justificación a su
situación (v 8). En realidad, es ridícula su pretensión, dada su insignificancia en comparación
con el Todopoderoso (v 9). El poder de Dios se manifiesta en las tormentas y teofanías en las
que cruje el trueno, que es su voz. Rodeado de majestad, habla Yahvéh desde la tempestad y
manifiesta su ira, enviando el rayo tonante contra el soberbio y engreído que se atreve a poner
en duda el poder divino (v 11). Con sólo su mirada le abate, y después de enviarles la muerte
–ocultándolos en el polvo–, los encarcela en la prisión, la región tenebrosa subterránea de los
muertos (v 13). ¿Puede Job hacer tales cosas? En ese caso podría alternar con el Omnipotente
y aun recibir sus alabanzas y parabienes, pues por su propia mano habría logrado su salvación
o justificación de su causa (v 14).
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2.3.4 La rehabilitación de Job. c. 42
Ante el despliegue de las obras portentosas de la naturaleza –obra de Dios–, Job reconoce su
insignificancia e ignorancia, al mismo tiempo que declara la omnipotencia divina. Hasta
ahora sólo había tenido referencias lejanas de ellas –Sólo de oídas te conocía– pero ahora
las ha escuchado del propio Dios, y le ha contemplado con sus ojos (v 5). El resultado de su
nueva ciencia es un profundo sentimiento de compunción y arrepentimiento (v 6).
Este capítulo final constituye el epílogo del libro y, como el prólogo, está también en prosa.
Después del desarrollo del drama, es preciso cerrarlo y volver las cosas a su punto por
exigencias convencionales de la tesis del libro. Job ha sido probado por Dios sin que hubiera
cometido culpa, y ahora debe ser reconocida su inocencia al serle restituida la salud, la familia
y la prosperidad perdida, pero todo en grado superior. Job reconoce sus juicios ligeros; Dios
amonesta a los amigos por haber insinuado falsas acusaciones contra el desventurado
varón, y les exige pública reparación con sacrificios, siendo ellos perdonados por intercesión
de Job. Este recupera su hacienda duplicada, vuelve a tener numerosa familia, y sus allegados
celebran su rehabilitación plena ante la sociedad. Así se cierra, conforme a un rígido esquema
convencional de una tesis teológica, el drama del libro de Job.
La tesis ha quedado perfectamente probada: el justo puede sufrir en esta vida sin haber
cometido pecado; el dolor es independiente del pecado. Por tanto, la tesis tradicional de
la ecuación entre la virtud y la prosperidad, el pecado y la desventura, es falsa.
LECC.
L. H.
CITAS
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ESQUEMA PARA LAS PARTICIPACIONES EN LA
ESCENIFICACIÓN DEL LIBRO DE JOOB
0 Job 3,1-26
1a Elifaz 4,1-5,27
Primer Ciclo
1b Job 6,1-7,21
2a Bildad 8,1-22
2b Job 9,1-10,22
3a Sofar 11,1-20
3b Job 12,1-14,22
DIÁLOGOS
1a Elifaz 15,1-35
1b Job 16,1-17,16
Segundo Ciclo
2a Bildad 18,1-21
2b Job 19,1-29
3a Sofar 20,1-29
II
3b Job 21,1-34
1a Elifaz 22,1-30
1b Job 23,1-24,25
Tercer Ciclo
2a Bildad 25,1-6
2b Job 26,1-27,12
3a Sofar 27,13-23
3b Job 29,1-31,40b
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