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La homilía del V Domingo del tiempo ordinario reflexiona sobre el evangelio de la pesca milagrosa, donde Jesús invita a los discípulos a confiar en Él y a reanudar sus esfuerzos a pesar de la frustración. Se enfatiza la importancia de la fidelidad, la entrega y el servicio en la vida cristiana, así como la necesidad de permitir que Jesús entre en nuestras vidas y nos guíe. El relato destaca que, a través de la confianza en la palabra de Jesús, se pueden experimentar transformaciones significativas en nuestras vidas.

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La homilía del V Domingo del tiempo ordinario reflexiona sobre el evangelio de la pesca milagrosa, donde Jesús invita a los discípulos a confiar en Él y a reanudar sus esfuerzos a pesar de la frustración. Se enfatiza la importancia de la fidelidad, la entrega y el servicio en la vida cristiana, así como la necesidad de permitir que Jesús entre en nuestras vidas y nos guíe. El relato destaca que, a través de la confianza en la palabra de Jesús, se pueden experimentar transformaciones significativas en nuestras vidas.

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Dom

9 Feb

Homilía de V Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2024 - 2025 - (Ciclo C)

“Rema mar adentro”

Introducción

Jesús, en este evangelio de la pesca milagrosa, nos está expresando que quiere subirse a nuestra barca, que quiere navegar con nosotros, para ayudarnos a
echar las redes, para que salgamos de nuestro mundo y podamos ir a otro mundo nuevo, donde lo que prime en nuestra vida sea la fidelidad, la entrega y el
servicio, siempre desde la palabra humilde, sentida, realista, meditada desde el corazón y siguiendo el Espíritu de Jesús que nos invita a “remad mar adentro”, e
“intentarlo otra vez”.

Fr. Luis Martín Figuero O.P.


Comunidad Virgen de la Vega. Babilafuente (Salamanca)

Lecturas

Primera lectura

Lectura del Profeta Isaías 6, 1-2a. 3-8

El año de la muerte del rey Ozías, vi al Señor sentado sobre un trono alto y excelso: la orla de su manto llenaba el templo. Junto a él estaban los serafines, y se
gritaban uno a otro diciendo: «¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria!». Temblaban las jambas y los umbrales al clamor de
su voz, y el templo estaba lleno de humo. Yo dije: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de gente de labios impuros, he
visto con mis ojos al Rey, Señor del universo». Uno de los seres de fuego voló hacia mí con un ascua en la mano, que había tomado del altar con unas tenazas;
la aplicó a mi boca y me dijo: «Al tocar esto tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado». Entonces escuché la voz del Señor, que decía:
«¿A quién enviaré? ¿Y quién irá por nosotros?». Contesté: «Aquí estoy, mándame».

Salmo

Salmo 137, 1-2a, 2bc-3. 4-5 7c-8 R/. Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor.

Te doy gracias, Señor, de todo corazón, porque escuchaste las palabras de mi boca; delante de los ángeles tañeré para ti; me postraré hacia tu santuario. R/.
Daré gracias a tu nombre: por tu misericordia y tu lealtad, porque tu promesa supera tu fama. Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en mi alma.
R/. Que te den gracias, Señor, los reyes de la tierra, al escuchar el oráculo de tu boca; canten los caminos del Señor, porque la gloria del Señor es grande. R/.
Tu derecha me salva. El Señor completará sus favores conmigo. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos. R/.

Segunda lectura

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 15, 1-11

Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié y que vosotros aceptasteis, en el que además estáis fundados, y que os está salvando, si os mantenéis en
la palabra que os anunciamos; de lo contrario, creísteis en vano. Porque yo os transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros
pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después
se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se apareció a Santiago, más tarde a todos
los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de ser llamado apóstol,
porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado
más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto yo como ellos predicamos así, y así lo creísteis vosotros.

Evangelio del día

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 5, 1-11

En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en
la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un
poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la
pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y,
puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban
en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se
echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con
él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a
Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Pautas para la homilía

En este evangelio de la pesca milagrosa Jesús llega donde sus discípulos, que habían estado pescando toda la noche y no habían cogido nada, y les exhorta a
que vuelvan a tirar las redes otra vez, y ahí es donde sucede la pesca milagrosa. Los discípulos fueron fieles a Jesús, le hicieron caso, confiaron en su palabra y
volvieron a tirar las redes.

Pero es muy fácil ser fiel cuando todo nos va bien, mucho más complicado es ser fiel sin haber pescado nada, en los momentos más duros de nuestra vida. Este
evangelio nos llama a la fidelidad, a la entrega y a la perseverancia.

Aunque nos parezca poco eso que le vamos a entregar a Dios, ofrezcámoselo y Él sabrá transformarlo. Porque ante la experiencia de la noche oscura y estéril,
del esfuerzo desgastante y sin frutos, Jesús nos propone la experiencia de navegar mar adentro, nos está pidiendo que confiemos en Él, aunque solamente sea
porque nos lo está pidiendo Él. Es lo que hizo Pedro, que asume el protagonismo en este evangelio, y eso porque, aunque todo el mundo sabe que nadie se
pone a pescar al mediodía en el lago, sobre todo sino ha pescado nada por la noche, Pedro confió totalmente en Jesús y volvió a echar las redes otra vez en el
lago porque se lo pidió Jesús.

Este relato prepara a los discípulos para seguir a Jesús, porque era frecuente en la Biblia que, antes de confiar una tarea importante a alguna persona, Dios se
revelaba a través de algún signo que manifestaba su poder. En este caso lo hizo a través de la pesca.

El evangelio de hoy nos sugiere tres momentos.

Jesús quiere subirse a nuestra barca, es decir, entrar en nuestro mundo, en nuestras relaciones, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en lo que sabemos
hacer… Quiere entrar de lleno en nuestro mundo.

Jesús quiere que naveguemos mar adentro y echemos las redes: Jesús quiere que naveguemos mar adentro en la relación con él, en nuestro mundo, donde
estemos acostumbrados; quiere que naveguemos y profundicemos en la relación con Él para que transformemos nuestra vida.

Jesús quiere hacernos salir de nuestro mundo y llevarnos a otro mundo nuevo: “te haré pescador de hombre”. Quiere hacernos usar todas nuestras
cualidades para hacernos un gran instrumento de Él.

Pero, ¿cómo podemos llevar a cabo todo esto en la práctica, siguiendo el modelo y el ejemplo de Jesús?

Si nos fijamos bien, la escena que se describe en este evangelio cambia de escenario: a diferencia de otros evangelios donde Jesús habla en la sinagoga, este
evangelio se enclava en medio de la naturaleza. La gente escucha desde la orilla; Jesús habla desde las aguas del lago. No está sentado en una cátedra, sino
en una barca, un escenario humilde y sencillo desde donde enseñaba a la gente sencilla, que eran los únicos que estaban hambrientos por aprender de Él.

Y, a diferencia de otros predicadores, Jesús no repite lo que oye a otros, no cita a ningún maestro de la Ley, Jesús les habla desde el corazón y les pone en
comunicación con Dios, porque la gente no quiere de Él unas palabras cualesquiera, esperan unas palabras diferentes nacidas de Dios.

Y eso es probablemente lo que mucha gente espera hoy de nosotros los cristianos, una palabra humilde, sentida, realista, extraída del evangelio, meditada
personalmente en el corazón y pronunciada con el Espíritu de Jesús, como dice José Antonio Pagola y no tantos discursos, oraciones y palabras repetidas,
vacías de contenido.

Al final, Jesús nos sigue invitando a seguir confiando en Él y a que sigamos intentándolo de nuevo, volviendo a echar las redes al lago.

Cuando nos vienen las situaciones adversas y pensamos que no pescamos nada, qué nos ayuda a no perder la fe y confiar en que Dios está con nosotros y eso
nos da fuerza para poder afrontar esas adversidades. ¿En qué situaciones hemos sido capaces de superarnos o hemos podido ayudar a otros a superarse?

Fr. Luis Martín Figuero O.P.


Comunidad Virgen de la Vega. Babilafuente (Salamanca)

Evangelio para niños

V Domingo del tiempo ordinario - 9 de febrero de 2025


Pesca milagrosa
Lucas 5, 1-11

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Evangelio

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret; y vio dos barcas que estaban
junto a la orilla: los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidio que la apartara un poco de
tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: -Rema mar adentro y echad las redes para pescar. Simón contestó:
-Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes. Y puestos a la obra, hicieron una redada de
peces tan grande, que reventaba la red. Hicieron señas a lo socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las
dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús, diciendo: -Apártate de mí, Señor, que soy un pecador. Y es que el
asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos
de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: -No temas; desde ahora serás pescador de hombres. Ellos sacaron las barcas a tierra y,
dejándolo todo, lo siguieron.

Explicación

Jesús nos pide que pase lo que pase no nos rindamos aunque, a veces, no den resultado nuestros esfuerzos a la primera. Hay que ser constantes y confiados.
Si le escuchamos y aprendemos de él, seguro que nuestra vida dará buenos frutos. Todo lo que realicemos debemos hacerlo con una confianza muy grande en
su Palabra.

Evangelio dialogado

Te ofrecemos una versión del Evangelio del domingo en forma de diálogo, que puede utilizarse para una lectura dramatizada.

5º domingo ordinario-C (Lc 5,1-11)

Lucas: Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret, en el momento en que unos pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes.

Niño1: ¡Vamos, Jesús nos va a hablar!

Niño2: ¡Yo también voy con vosotros!

Lucas: Dice Simón a Jesús:

Simón: Maestro, te van a aplastar. ¿Por qué no te subes a una barca?

Lucas: Subió, pues, Jesús a la barca de Simón y mandó a éste que le apartara un poco de la orilla. Desde la barca enseñaba a la gente.

Jesús: El Padre del cielo os quiere mucho y os necesita para anunciar la Buena Noticia.

Lucas: Cuando Jesús hubo terminado, le dijo a Simón:

Jesús: Rema mar adentro y echa las redes para pescar.

Simón: Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada. Pero si tú lo dices, echaré las redes.

Lucas: Y puestos a la obra, cogieron tal cantidad de peces que se reventaba la red. Y Simón no salía de su asombro. ¡Qué susto! Parecía un milagro.

Simón: ¡Eh, vosotros, Santiago, Juan, Andrés,... Venid y echadnos una mano!. ¡Traed los aparejos con la barca, que se nos rompe la red!
Lucas: Se acercaron y llenaron las dos barcas. Tantos peces había, que las dos barcas casi se hundían por el peso. Al ver esto, Simón se arrodilló delante de
Jesús, diciendo:

Simón: ¡Apártate de mí, Señor, que soy un pecador!

Lucas: Y es que el asombro se había apoderado de él y de todos los que estaban con él, al ver la red llena de peces que habían cogido.

Jesús: No os asombréis, ni tengáis miedo: desde ahora seréis pescadores de hombres.

Lucas: Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Textos: Fr. Emilio Díez y Fr. Javier Espinosa


Dibujos: Fr. Félix Hernández

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