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Bolívar y Girardot: Libertad en Mérida

El documento narra la campaña de Simón Bolívar hacia Mérida y la proclamación de Atanasio Girardot en Trujillo, donde se establece un nuevo gobierno y se ofrece indulto a los soldados enemigos. Bolívar enfatiza la guerra a muerte contra los españoles, justificando la brutalidad de la lucha por la independencia. Se describe el contexto de sufrimiento y opresión bajo el dominio español, así como la respuesta de los patriotas a las atrocidades cometidas por los realistas.
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Bolívar y Girardot: Libertad en Mérida

El documento narra la campaña de Simón Bolívar hacia Mérida y la proclamación de Atanasio Girardot en Trujillo, donde se establece un nuevo gobierno y se ofrece indulto a los soldados enemigos. Bolívar enfatiza la guerra a muerte contra los españoles, justificando la brutalidad de la lucha por la independencia. Se describe el contexto de sufrimiento y opresión bajo el dominio español, así como la respuesta de los patriotas a las atrocidades cometidas por los realistas.
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Atanasio Girardot

Escribe: ALV ARO SALOM BECERRA

- III -

La guerra a muerte--Un militar con toga-"Cat·ache"-


"Niquitao"-"El Desembocadero"-En un caballo tres caballeros.

Es necesario perseguir al enemig·o y darle alcance. Bolívar imparte


la orden de avanzar sob1·e Mérida. Hace un alto en San Cristóbal y dispone
que allí permanezca, al frente de 290 hombres, el sargento mayor Fran-
cisco de Paula Santander, con la misión de proteger la Provincia de Cú-
cuta e impedir que el grueso del ejército sea hostigado por guerrillas
enemigas.
Con el r esto de las tropas inicia, el 15 de mayo, la marcha sobre Mé-
rida, seguro de encontrar allí a Correa. Este, habiendo tenido noticia de
su inminente llegada, huye a P onemesa. Bolívar entra, pues, triunfal-
mente a Mérida el 31. H ombres, mujeres y niños salen jubilosos a su en-
cuentro; los aplausos hinchan las manos y los vítores enronquecen las
gargantas de la muchedumbre delirante.
Bolívar se presenta ante la municipalidad y dice:
"La gloria del Congreso y del Ejército que os ha redimido consiste en
la magnanimidad de sus designios, que no son otros que los de destruír a
vuestros verdugos y poneros en actitud de gobernaros por vuestras consti-
tuciones y por vuestros magistrados.
"Nuestras armas redentoras no han venil;lo a da1·os leyes ni menos a
perseguir al noble americano; han venido a protegeros contra vuestros
natos y crueles enemigos, los españoles de Europa, a quienes juramos una
guerra eterna y un odio implacable, porque ellos han violado el derecho
de gentes y de las naciones, infrigiendo los tratados y las capitulaciones
más solemnes, persiguiendo impíamente al inocente y al débil, reduciendo
los pueblos enteros a la indigencia y a la desolación, degradando el santo
carácter del sacerdocio y cargando de prisiones a los Ministros del altar,
a los magistrados, a los defensores de la Patria y a toda clase de ciudada-
nos por el solo delito de ser americanos.
"Aceptad, ilustres meridianos, las congratulaciones que a nombre del
Congreso de la Nueva Granada tengo el honor de haceros, reponiéndoos

- 289

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en el uso de vuestra autoridad, que sin duda será ejercida con la dignidad
que corresponde a un Gobierno independiente y yo no lisonjeo de que muy
pronto veréis en medio de vosotros a vuestros Magistrados del Poder Eje-
cutivo Provincial, que han sido invitados por mí para que vengan a llenar
las funciones de su Ministerio, en cumplimiento de las gener osas ó1·denes
del Congreso, que ha tomado a su cargo el restablecimiento de la Consti-
tución venezolana que regía en los Estados antes de la irrupción de los
bandidos que ya hemos expulsado de toda la Provincia de Mérida y arro-
jaremos más allá de los mares, si el Dios de los Ejércit<!s protege la causa
de la justicia".

¿Qué clase de hombre es este -se preguntan quienes le oyen- que


se apea de su caballo de guerrero para escalar la t ribuna parlamentaria;
que envaina su espada de soldado para empuñar la pluma del legislador;
que, con pasmosa ubicuidad, actúa en las batallas y en las salas de go-
bierno; que simultáneament e dirige los combates y provee a la organi-
zación civil de la república ?

A las palabras de Bolívar contesta el presidente de la municipalidad


de Mérida:

"Señor General: La grandeza del bien presente no puede ser estimada


ni exactamente conocida sino por quien ha sufrido los males de que nos
vemos librados. Y ¿quién podrá dibujarlos ? La ciudad destruída por un
sacudimiento de la naturaleza nunca visto; sus ruinas amasadas con la
sangre de sus hij os ; huérfanos llamando a sus padres; viudas llorando
a sus esposos, que no habían de ver ya más; ricos empobrecidos. . . Nues-
tros antiguos tiranos aprovechaban aquel momento desastroso para redo-
blar las cadenas; los h ijos de la patria o huyen esparcidos o se abandonan
a su suerte, sin ser por eso más bien tratados. Los sacerdotes del Señor,
los magistrados venerables, hasta el simple labrador, abrumados de gri-
llos, cubiertos de insultos más pesados que la muerte, se ven tendidos en
campo raso y trasportados a los· pontones y mazmorras de Maracaibo,
Puer to Rico y Puerto Cabello. ¿Cuál pues será la medida de nuestro reco-
nocimiento a la mano libertadora que aleja de nosotros tanta ignominia?
¡Bendita sea para siempre la Nación Granadina! ¡Gloria al sabio Con-
greso que la representa y dirige! ¡Y gloria a Venezuela que os dio el ser
a vos, ciudadano General! ... ".

La fascinación que Bolívar ejerce sobre las gentes, el entusiasmo que


han provocado sus últimos triunfos, la esperanza de la libertad definiti-
va, mueven a todos los meridianos en edad militar a alistarse en las fuer-
zas patriotas. La columna inicial es ahora un verdadero ejército. BoHvar
deja en Mérida a l coronel J osé Félix Rivas, al mando de 300 hombres,
con el encargo de cubrir la retaguardia y se encamina a Trujillo. Dispone
que la vanguardia, formada por el grueso de las tropas, quede a órdenes de
Girardot. Este ordena a D'Elhuyart que ataque a los realistas comanda-
dos por Correa, quienes se encuentran atrincherados en Ponemesa. P ero
Correa, que no quiere exponerse a una nueva derrota, se pone a buen re-
caudo y huye a Moporé. En consecuencia, Girardot entra pacíficamente a
Trujillo.

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El Libertador que ha justipreciado ya no solo el temple de su valor,
sino el poder de su inteligencia y la reciedumbre de su contextura moral,
entrega a Girardot el mando de la plaza.
El 10 de junio el "Teniente Coronel y Cuartel Maestre de los Ejérci-
tos de los Estados Unidos de la Nueva Granada, Comandante del 49 Ba-
tallón de Línea y J efe de las Divisiones que componen la vanguardia del
Ejército de operaciones del Norte, destinado a libertar los oprimidos pue-
blos de Venezuela y del que es General en Jefe el señor Brigadier Simón
Bolívar", Atanasio Girardot, lanza la siguiente proclama:

"Hago saber para su observancia y cumplimiento a esta ciudad ca-


pital de Trujillo y pueblos de su jurisdicción los artículos siguientes :

"1 9-Que el expresado General en Jefe, como Organo del Poder Eje-
cutivo de la Unión, me ha encargado que a los pueblos de Venezuela que
fuéremos libertando se les vaya restableciendo la misma forma o estado
de gobierno en que los encontró la invasión y que le disolvieron sus bár-
baros opresores o por lo menos el Poder Ejecutivo de cada Estado de los
que componían su Confederación; pero como es notorio que el que lo ob-
tenía en este de Trujillo, ciudadano Andrés de Navarrete, fue confinado
a una prisión y de cuyo resultado y existencia no tenemos noticia; arre-
glándome a las instrucciones y órdenes de mi General, prevengo que el
día 12 del presente mes y año se tenga un Cabildo abierto en las casas
consistoriales, presidido por las personas que componen actualmente la
Municipalidad y al que concurrirán el venerable Padre Cura, prelados de
las religiones y demás eclesiásticos regulares y seculares, como asimismo
los padres de familia, los vecinos y todos los habitantes de esta ciudad,
sus cercanías y pueblos, que por su proximidad puedan asistir.
"29-Se tratará en ·el expresado Cabildo abierto del nombramiento de
una, dos o más personas en que concurran las recomendables circunstan-
cias de un decidido y acreditado patriotismo, idoneidad, dotado de energía
para escarmentar a los enemigos de la libertad americana y en la cual se
depositará provisionalmente la autoridad soberana del P oder Ejecutivo de
este Estado, para que providencie al mejor modo de atender a la admi-
nistración de justicia en los pueblos de que se compone, a la defensa del
país, a confirmar, reformar o revocar la actual Municipalidad y demás
autoridades públicas, formando cuerpos militares, si lo tuviere por con-
veniente; y por último, arbitrando medios para socorrer y auxiliar al
ejército libertador.
"39-Desde este momento quedarán en quieta y pacífica posesión de
sus propiedades todos los ciudadanos del Distrito a quienes por el Gobier-
no español se les había embargado o confiscado sus bienes muebles y raí-
ces y los administradores o depositarios de ellos quedan obligados a rendir
una cuenta formal, jurada y comprobada de sus productos e inversión,
entablándose todos los recursos que puedan ofrecerse sobre este caso ante
las autoridades civiles del Estado.
"Todos los vecinos estantes y habitantes de esta capital y pueblos de
su comprensión presentarán inmediatamente a esta Comandancia las ar-
mas de fuego y blancas que tengan, como asimismo las municiones de

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guerra, como pólvora, balas, piedras de chispa, etc., para tomar razón de
ellas, dejándolas en poder de los patriotas o r ecogiéndolas de los que no
lo sean, según convenga; apercibiendo a los contraventores de este artículo
con las severas penas a que se hacen acreedores los r ebeldes y sordos a
los clamores de la Patria.
"A nombre del General en Jefe y del Soberano Gobierno de la Nueva
Granada ofrezco indulto y garantía a todos los soldados dispersos del ya
exterminado ejército de Correa y a los que se presenten con su fusil, ba-
yoneta y fornitura, la gratificación de cuatl·o pesos.
"Dado en el cuartel principal de la vanguardia del ejército, en la
ciudad libre de Trujillo, a diez de Junio de mil ochocientos trece, tercero
de la independencia".
Si en la carta a sus padres Girardot exhibe desnuda su alma de niño
bueno, de hijo amantísimo, de creyente convencido, en esta proclama mues-
tra su conciencia de jurista, su respeto a la ley, su sentido ético de la
vida. Más que la arenga de un [Link] victorioso, es la sentencia de un
magistrado: P remisas y conclusiones~ resultandos y consideran dos. Su
subconciente de abogado lo tt"aiciona a cada paso y la dura terminología
castrense es remplazada por vocablos de inequívoco sabor judicial :
" ... quedarán en quieta y pacífica posesión de sus propiedades ... ",
" ... los administradores o depositarios de ellos quedan obligados a rendir
una cuenta formal, jurada y comprobada de sus productos e inversión".
En Trujillo no habló el bravo militar del Bajo Palacé, Ventaquemada y
La Grita, sino el estudiante de leyes del Colegio Mayor de N uestra Se-
ñora del Rosario.
Y habló también, cuando ofreció "indulto y garantía" a sus enemi-
gos, el hombre generoso y magnánimo que ignoró el rencor y desconoció
la venganza.
El 15 de junio Bolívar decreta la guerra a muerte contra España.
Aún resuenan lúgubremente las terribles palabras:
"Todo español que no conspire contra la tiranía en favor de la cau sa
justa, por los medios más activos y eficaces, será tenido por enemigo, cas-
tigado como traidor a la patria y, en consecuencia, será irremisiblement e
pasado por las armas. Españoles y canarios: contad con la muerte, aún
siendo indiferentes, si no obrais activamente en obsequio de la libertad
de Venezuela. Americanos: contad con la vida aun cuando seais culpables".
El decreto de Trujillo fue la promulgación de la Ley del Talión, la
r espuesta a las horr ipilantes atrocidades de Monteverde, Antoñanzas y
Zuazola, el acto de legítima defensa de una nación martirizada.

"Las crueldades y fechorías de los jefes realistas -dice Larrazábal-


pero en especial las del feroz vizcaíno don Antonio Zuazola, no pueden
contarse. Quemar casas, talar sementeras, matar los prisioneros, eran
hechos que se repetían todos los días y que 1·evelaban la maldad y un alma
precita; pero desorejar la gente quieta y candorosa; desollar los hombres
vivos; hacer quitar el cutis de los pies y andar sobre cascos de vidrio;
despuntar las narices; coser los hombres espalda con espalda; inventar

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y variar los suplicios para saborear el dolor del moribundo y ver llegar
la muerte entre convulsiones y gestos espantables. . . Todo eso, que asom-
braría a Nerón y pondría horror a Domiciano, demuestra que Zuazola era
el más fiero, el más malo, el más atroz de los nacidos. A Cumaná mandó
muchos cajones de orejas, como dije arriba, que los catalanes recibieron
con salvas y algazaras y aún muchos se las pusieron de escarapelas. Mas
entre las atrocidades de Zuazola hay una cuya narración quebranta el
alma. Tenía entre prisioneros, para darle muerte, a un pobre hombre,
hijo de Cumaná, padre de numerosa familia y sin bienes de fortuna. Co-
mo la esposa suplicase inútilmente por la vida del esposo, se volvía deso-
lada al seno de su familia. Un niño entonces, de doce años, el mayor de
los varones de aquella desolada gente, se presentó a Zuazola ofreciendo su
vida para salvar la de su padre, apoyo de su madre y de sus hermanas
desamparadas. Nobilísima .acción, llena de generosidad y de ternura, ins-
piración de amor que hubiera ablandado el corazón de un tigre . .. Zuazola
los hizo matar a ambos, haciendo morir primero al hijo ... ".
Los hombres enviados por España para conquistarnos primero y para
reconquistarnos después, nos despreciaron como vasallos y nos subesti-
maron como enemigos; no entendieron nunca la guerra de independencia
como un conflicto armado entre naciones civilizadas, sujeto a normas de
humanidad y reglas de hidalguía, sino como la insubordinación de una
tribu salvaje o el levantamiento de una banda de forajidos, que debían
ser reprimidos sin piedad.
Bien es cierto que no todo fue nobleza, caridad cristiana y gallardía
por parte de los americanos. También estos cometieron reprobables actos
de ferocidad y sevici.a. El fusilamiento del coronel Antonio Nicolás Bri-
ceño, ocurrido exactamente el día en que Bolívar dictó el célebre decreto,
fue, por ej emplo, la retaliación ejercida por Tíscar contra quien había
hecho fusilar y decapitar, sin necesidad y sin razón, torpe y cruelmente,
a dos inofensivos ciudadanos españoles en San Cristóbal:
Cuenta, en efecto, Baralt que estando aún Bolívar en San José de
Cúcuta: " .. . el Coronel venezolano Antonio Nicolás Briceño formó con
un cuadro de oficiales y algunos elementos de guerra que había llevado a
su costa de Cartagena, así de extranjeros como de hijos del país. Pensaba
Briceño obrar independientemente en la invasión de Venezuela y aún ha-
bía formado con sus oficiales el comp1·omiso de dar muerte a todos los
españoles y canarios que cayeran en sus manos, partiendo sus bienes en-
tre ellos, la tropa y el Estado ... " . El Libertador trató de disuadirle y
Briceño simuló desistir del sanguinario proyecto, pero: " ... fuera ya del
alcance de Bolívar, la primera diligencia de Briceño, así que hubo llegado
a San Cristóbal, fue publicar un edicto declarando la guerra a muerte y
ofreciendo la libertad a los esclavos que mataran a sus amos canarios y
españoles. Y queriendo inspirar más terror con juntar la ejecución a la
amenaza, mandó pasar por las armas a dos de estos, honrados y pacíficos,
·q ue había en la villa, enviando a Castillo una de las cabezas y la otra
,
a B o11var "
....
Decir que la crueldad fue unilateral, que todos los españoles fueron
lobos y corderos todos los americanos, es no solamente falsear la verdad
histórica sino desconocer la condición humana de los criollos.

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Pero volvamos a Girardot. Muy cerca de Trujillo se alza la pobla-
ción de Carache, cuyas gentes no ocultan su simpatía por la causa rea-
lista y su aversión por la republicana. Allí acampa, al frente de 450 hom-
bres, un marino español de apellido Cañas. Es preciso aplastar ese peli-
groso foco. Girardot se pone en marcha, descubre al enemigo, lo persigue
y le da alcance en un sitio denominado uAgua-obispos". Se traba un in-
tenso combate. Los hombres de Girardot, estimulados por el ejemplo de su
jefe que, espada en mano, avanza adelante de todos, atacan rabiosamente;
los realistas hacen desesperados esfuerzos por contenerlos, pero todo es
inútil. Se oye un toque de retirada y los realistas abandonan el campo,
dejando en poder de los patriotas cerca de un centenar de prisioneros, un
cañón y ochenta f usiles.
Un nuevo eslabón de la cadena triunfal; un nuevo gaj o de laurel para
la frente heroica. El escultor sigue infundiéndole al bronce su propia for-
ma humana.
Bolivar, ente1·ado del triunfo, exclama:
u ... Carache, el infame pueblo de Carache, ha sido libertado y cas-
tigado a la vez; sus habitantes rebeldes han muerto o son vuestros pri-
sioneros; los otros, que se han acogido a vuestra protección, gozan ya del
abrigo de las leyes republicanas que t a n gloriosamente ha beis redimido .. . ".

Los prisioner os que ya tenían noticia del decreto dictado por Bolívar,
debieron pensar que había llegado su última hora. Pero: u . . . el humano
Girardot -dice en su Estudio c1·onológico González Chaves-- no quiso
usar del reconocido derecho de las represalias : incorporó a su pequeña
columna los prisioneros, considerándolos como a hermanos extraviados a
quienes se debía tratar con la mayor ternura; su generoso corazón apartó
con frecuencia del cuello del vencido la cuchilla vengadora, mientras con-
servó la esperanza de triunfar solamente con el valor y la clemencia ... ".

"Viva el inmortal Girardot". "Viva nuestro libertador". Son los gri-


tos que atruenan las calles de Trujillo al regreso del héroe. Bolívar y los
oficiales de su Estado Mayor le dan la bienvenida y una inmensa multitud
lo sigue, vitoreándolo, hasta la casa que ha sido habilitada de cuartel.

La misión del Libertador estaba cumplida. El poder que le había


otorgado el congreso granadino terminaba allí. N o podía seguir adelante
sin cometer un grave desacato. P ero tan absurdo era volver a la Nueva
Granada, dejando a merced del enemigo el territorio conquistado con in-
gentes esfuerzos y sacrificios, como permanecer estacionario en Tru jillo
en espera de que los españoles, desconcertados por sus últimos r eveses,
recobraran la moral, aumentaran sus efectivos y cayeran sobre él para
aniquilarlo.
Solicitar la aquiescencia del congreso para proseguir la campaña era
gestión inoficiosa, pues había noventa y nueve probabilidades contra una
de que la negase, alarmado por la audacia del plan. Esperar a los comi-
sionados del Cuerpo Soberano: un abogado, un canónigo y un coronel,
quienes seguramente se opondrían a sus proyectos con toda clase de pru-
dentes razones, equivalía a perder un tiempo precioso.

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En la tardanza estaba el peligro. Como acertadamente lo afirma Ba-
ralt: "La celeridad en las operaciones era la única cosa que podía com-
pensar la pequeñez de las fuerzas y la escasez de los recursos".
Felizmente la comisión designada por el congreso para dirigir las
operaciones militares no llega a Trujillo. No hay tiempo que perder. Bo-
lívar reúne a sus oficiales y les revela su determinación : con la autori-
zación del congreso o sin ella, con el beneplácito de la nación granadina
o contra su voluntad, es necesario seguir adelante. Alea jacta est. No
se trata ahora de cruzar el Rubicón sino de salir de Trujillo.
Barinas debe ser el próximo objetivo. La situación de las fuerzas re-
publicanas, pese a las espectaculares victorias de los últimos días, es de-
leznable y precaria. La de las tropas realistas, a pesar de sus recientes
derrotas, sigue siendo favorable.
En efecto, el ejército libertador está cercado por enemigos que lo
superan en el número, en la cantidad y calidad de las armas, en el cono-
cimiento de r ecursos tácticos y estratégicos, en los medios de aprovisio-
namiento.
Al frente está Monteverde con 5.000 veteranos bien armados; en el
flanco derecho, el brigadier Tíscar con 2.000; en el izquierdo, el briga-
dier Correa con un número no determinado de hombres, listo a lanzar la
ofensiva desde Maracaibo hasta Cúcuta y Trujillo; y en Coro, finalmen-
te, epicentro del movimiento r ealista, numerosos soldados dispuestos a
lanzarse al asalto. Puede calcularse que E spaña tiene 10.000 hombres so-
bre las armas en territorio venezolano, al paso que los soldados de Bo-
lívar no llegan al millar.
Pero hay algo que equilibra los platillos de la balanza bélica y, a la
postre, inclina el correspondiente a la causa de la libertad: la ingeniosa
audacia de Bolívar, que juega con la pericia y experiencia de los generales
españoles, desconcertándolos y confundiéndolos con toda suerte de tretas
y ardides.
Para dar la impresión de que dispone de un enorme ejército, ordena
a Rivas que marche de Mérida a Boconó por el camino de Piedras y a
Girardot que, a la cabeza de 500 hombres, embista contra el grueso del
ejército enemigo y se apodere de Guanare. En esta plaza deben reunirse
todas las fuerzas de la expedición libertadora, para avanzar juntas so-
bre Barinas.
El plan de Bolívar tuvo un tropiezo inesperado. Rivas no pudo llegar
a Guanare oportunamente, porque en el lugar llamado Niquitao tuvo un
victorioso encuentro con las tropas de don José Martí, quien, con los 800
hombres que comandaba se proponía : o marchar sobre Barinas y aumen-
tar con sus hombres los efectivos de T íscar y asestar a Bolívar el golpe
de gracia; o cortar la retaguardia patriota; o provocar combate a Rivas
solamente para aislarlo del ejército libertador. El choque entre las dos
fuerzas se inició a las 9 de la mañana y se prolongó hasta las 6 de la
tarde. A esta hora comenzaron los españoles a replegarse, dejando en
poder de los patriotas 480 prisioneros americanos que, por serlo, fueron
posteriormente incorporados a las filas.

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Girardot en su marcha sobre Guanare es interceptado por un desta-
camento español compuesto por unos 800 hombres, en el sitio de "El De-
sembocadero". Como en todos los combates en que intervino, el héroe se
coloca en la primera línea de fuego y da la orden de cargar sobre el ene-
migo. La resistencia ¡·ealista se desmorona ante el violento empuje de los
patriotas.
Las puertas de Barinas se abren, pues, para Girardot, quien, ente-
rado de que Tíscar y Yáñez, presas del pánico, han h~ído dejando caño-
nes, fusiles y municiones, resuelve perseguirlos. Y los persigue hasta Nu-
trias, a donde llega minutos después de que estos se han embarcado con
rumbo a Angostura.
Desde Guanare, con fecha 25 de julio, escribe a sus padres para su-
ministrarles un boletín informativo de los últimos acontecimientos :
"Después de la última vez que les escribí nos metimos en el centro
de todos los enemigos y después de algunos porrazos que sufrieron, to-
mamos posesión de Barinas y siguiendo yo al alcance de 600 hombres, solo
les pude tomar, sin un solo tiro, 250 fusiles y otras cosas. Al fin, después
de mil trabajos por estos llanos inundados, llegué ayer a esta plaza".

Y la carta termina con una agradecida alusión del héroe cristiano a


su Dios: " ... Y o fui hasta N u trias en medio de mil trabajos, por lo cruel
de la estación, pero estoy bueno, gracias al Todopoderoso ... ".

El acceso de los patriotas a Barinas y Guanare tiene una inocultable


importancia sicológica y práctica. En primer término, porque las dos
poblaciones se reputan como baluartes del realismo y, en segundo, porque
ellas representan dos bien provistas despensas para las extenuadas tropas
de la república. Además, las que hasta entonces eran simples montoneras
armadas, comienzan a transformarse allí en ejércitos r egulares. En efec-
to, los primeros cuerpos de caballería y los primeros cuadros de infan-
tería, técnicamente organizados, nacen allí.
El 28 de julio Bolívar lanza una nueva alocución a los españoles; es
una invitación envuelta en una amenaza:
"Si queréis vivir no os queda otro recurso que pasaros a nuestros
ejércitos o conspirar directa o indirectamente contra el intruso e inicuo
gobierno español; pero si permanecéis en la indiferencia, sin tomar parte
en el restablecimiento de la República de Venezuela, seréis privados de
vuestras propiedades; y sabed que cuantos españoles lleven las armas y
sean prisioneros en el campo de batalla, serán sin remisión condenados
a muer t e ... " .
'' ... Nuestras huestes no han menester de vuestros auxilios para
triunfar; pero nuestra humanidad necesita de ejercer en favor de los
hombres, aún siendo españoles, y se resiste a derramar sangre humana,
que tan dolorosamente nos vemos obligados a verter al pie del árbol de la
libertad.
"Por última vez, españoles y canarios, oíd la voz de la justicia y de
la clemencia. Si preferís nuestra causa a la de los tiranos, seréis perdo-

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nados y disfrutaréis de vuestros bienes, vida y honor; y si persistís en ser
nuestros enemigos, alejáos de nuestro país o preparáos a morir".
Monteverde se encuentra, a la sazón, en Valencia y temiendo que
Bolívar ordene a sus fuerzas marchar sobre la ciudad, dispone que el co-
r onel Izquierdo, con 2.800 hombres a sus órdenes, avance hasta San Carlos.
Izquierdo, sin embargo, discrepa de la orden r ecibida y prefiere apostarse
en unas eminencias situadas entre Taguanes y Tinaquillo. El 30 de junio,
Bolívar , a la cabeza de 1.800 hombres, inicia su marcha sobre el enemigo.
El 31 los dos ejércitos se hallan frente a f r ente y .comienza la acción.
P ero si el arrojo de los pat r iotas es temerario, el los· .realistas no va a de
la zaga. Aquellos y estos se acometen furiosamente: cargas de caballería,
retumbar de cañones, fuego nutrido de fusilería, entrechocar de armas
blancas, voces y relinchos, avances y retrocesos. La tarde va cayendo y
la batalla continúa indecisa. De súbito, Girardot, D'Elhuyart y Urdaneta,
los Tres Mosqueteros de la Libertad, los tres bravos oficiales que han
sido .ala y motor, cerebro y brazo de la audaz campaña, se r etiran a reta-
guardia y deliberan por espacio de breves minutos. Entonces se produce
un hecho insólito, sin precedentes en los anales de la guerra : Cada raba l-
gadura es ocupada por tres o cuatro jinet es ; l os españoles que ven venir
sobre sí la caballería patriota suponen lógicamente que encima de cada
bestia viene un solo hombre. El estupor que produce el hecho de que de cada
caballo se apeen tres o cuatro, es indescriptible. L os jinetes, una vez en
tierra, se precipitan con rabia incontenible hasta el centro de las colum-
nas enemigas. Cunde el pánico, que los patriotas .aprovechan para pasar
a cuchillo a todos los hombres que se les ponen delante. La habilidosa
estratagema ha tenido pleno éxito. Izquierdo, el jefe español, cae malhe-
rido ; su cuerpo es levantado por soldados r epublicanos que lo trasladan a
San Carlos, donde fallece poco después. Decenas de muertos, incontables
heridos, muchos prisioneros, armas, municiones y baga jes, constituyen el
precio de la derrota realista. Apenas un oficial logra escaparse para lle-
var a Monteverde la terrible noticia. Bolívar , Girardot, Urdaneta, D'El-
huyart, las armas de la libertad, se han apuntado una nueva y esplén-
dida victoria.
E l Libertador, en nota de fecha 2 de agosto, destaca y encomia la
valer osa act uación de Girardot:
use ha hecho muy digno de r ecomendación y acreedor a toda s las
consideraciones del Gobierno el valor e inteligencia con que se distinguió
en esta acción el Teniente Coronel Atanasio Girardot".

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