Un Loco AMOR.
Un Loco AMOR.
No sé qué coño pasa, pero sabía que no podía ser verdad. La persona que detenían y
intentaban tranquilizar era una chica. La chica tenía el pelo pelirrojo, la piel blanca, llevaba
un vestido que parecía demasiado fino de color café claro, supongo que es para las chicas
buenas ya que no mostraba nada más que sus piernas, los brazos los tenía cubiertos por
éste, y traía unas calcetas negras que llegaban hasta la rodillas, unos tipos de botas con
tacón color negro. Esta chica es toda una santa. Creo que hubo una equivocación ya que
una chica tan tierna y con una cara tan bonita no podía ser parte del círculo de lunáticos que
éramos todos nosotros. Tal vez la habían encontrado cerca de algún loco y la trajeron, pero
la chica era muy presiosa, bueno, solo la cara, ya que de cuerpo, pues, no era el más
moldeado, casi ni tenía pecho, su trasero era digno para ella.
–¡Suéltame!–gritaba la chica– ¡Suéltame , te digo!
Los guardias no la soltaban, por favor está chica no estaba loca, tal vez solo su madre
adoptiva la dejó aquí para quedarse con el dinero de su familia o que sé yo.
–Traigan el tranquilizante, está chica no se dejará controlar.
El guardia que me custodiaba se largó a buscar el tranquilizante dejándome ahí sólo. No
creía que ella fuera de este tipo de persona. No podía ver de qué color era sus ojos, pero
sabía apreciar cuándo una chica se veía hermosa y esta chica rompía todas mis
espectativas.
El guardia pasó a mi lado empujándome, la chica no dejaba de moverse como un gusano
cuando le hechan sal. No podía librarse, necesitaba ayuda, pero si la ayudaba lo más
seguro era que me llevarán al cuarto de castigo.
Le inyectaron el tranquilizante en el brazo izquierdo, haciendo que la chica gritara de dolor,
no debías de moverte cuando te inyectan ese tipo de porquería. Ya lo sabía yo, una vez me
negué a que me lo dieran y duele de a madres cuando te mueves y apenas esa cosa entra
a tu sistema. La sentaron en medio del pasillo. No creo que sea buena idea dejarla ahí sola
en medio del pasillo, si los chicos la veían se alterarían como una manada de perros. Las
desventajas de estar en una clínica mental era que no podías tener contacto con la gente
del exterior a excepción de tus familiares. Así que se podría decir que no tenemos
relaciones sexuales, aquí llegas inactivo en eso. A mí no me importa no tener con quién
acostarme, mujeres me sobran, solo era que no me atraía ninguna tanto como para
acostarme con ella.
La chica no se movía de su lugar, creo que ya se durmió. Escuché los pasos de una mujer a
mis espaldas, me giré y encontré a una señora de pelo rubio, muy vestida, se veía muy fina,
traía un vestido negro que se pegaba a su figura, la señora era bella pero muy vieja.
Supongo que es la madre de la chica.
Pasó a mí lado, se veía furiosa. Bien, esto fue un error, la chica no era de aquí, que alivió,
no quiero ni pensar en lo que le hubieran hecho en la clínica para mujeres, esas chicas eran
unas locas.
Observé cómo la madre se acercaba a su hija rápidamente, sin detenerse a ver a los
guardias. Esperaba que descargara su furia con los guardias por llevarse a su querida hija.
Lo que sí no esperaba era que la madre le soltará tremendo bofetón a su hija, aciendo que
está girará su cara al lado contrario del impacto, desde donde me encontraba podía ver la
marca roja que se le formaba en la mejilla izquierda. La chica no levanto la mirada, solo se
quedó quieta.
«Que puta vieja»
–¡Te dije que ésta sería la última vez que te ayudaba!–gritaba la mujer como una loca–
¡¿Sabés lo que acabas de hacer?!¡¿Sabés la humillación que pasé en la fiesta al saber que
te detenieron?! Claro que no lo sabes por qué eres una insensata. Deberías pensar en lo
que haces.–escupió la señora. Se veía realmente molesta.
Un hombre llegó, parándose al lado de la mujer que ahora lloraba, que gran actriz salió la
mujer. El hombre abrazó a la mujer para consolarla. La chica no levantó la mirada, solo se
quedó ahí con la vista clavada en el suelo. Pobre chica, yo sabía que se sentía que nadie
creyera en ti, que nadie intentara comprender lo que sentías o te pasaba, esta chica era tan
buena que ni siquiera negó lo que hizo. Ni siquiera intentó defenderse, fingir que era una
equivocación. Lo bueno es que ya la sacarán de aquí.
–¿No ves el sufrimiento que le haces pasar a tu madre? ¿Cuando vas a aprender que no
debes de juntarte con personas de ese tipo? —escupió con asco el señor— Ya te hemos
pasado todo, Layla. No puedes seguir así.
«Así que su nombre es, Layla»
La chica le quedaba el nombre, un nombre único para una chica tan tierna. Pero que coño
me pasa, ¿desde cuándo me importa si una chica le queda o no su maldito nombre? Esto
ya es una gilipollez.
«¿Donde diablos se metió el guardia que estaba conmigo?»
–¿Así? Yo no estoy aciendo nada malo. —dijo la chica apenas si se escuchaba su voz— No
finjas que te importa, Gallardo.
–Soy tu padre y tienes que respetarme.—exigió con furia el hombre.
La chica solo se rió del hombre, su risa era tan suave y delicada. Levantó la mirada, sus
ojos eran cafés. Tenía una mirada tan tierna y llena de felicidad. ¿Cómo podían tratarla así?
–Si te recuerdo que tú no tienes derecho a juzgar mi forma de vida, cuando tú ni sabes
cuidar de la tuya.
El hombre jaló a Layla del brazo y la levantó de un jalón. Asiendo que su cabello tapara su
cara. Gallardo la miraba con coraje.
– Si que puedo juzgar tu vida, ¿Sabés por qué? —preguntó con la cara roja— Por que yo
soy la que paga tus malditos platos rotos. Sin mi dinero tú estarías en la cárcel. Sin mi no
eres nada, Layla.
Tiró a la chica de nuevo en la silla. Esta ya no dijo nada solo se quedó quieta.
¿Acaso es una masoquista? Sí es así ya valió madres en este lugar.
–¡¿Cuántas veces te he dicho que no me trates como si fuera una puta niña?! —gritó
esta—.¡Me importa un comino el dinero que tengas!¡Yo solo quiero que me dejes vivir mi
vida a mi gusto!
–¿A tú gusto? Sabés que lo que hiciste hoy se publicará en todos los periódicos gracias a tu
indiscreción. Solo te pedimos por una maldita vez que te comportaras como un Gallego,
pero ni eso pudiste hacer.
–¡Y yo te he dicho mil veces que yo no quiero ser un Gallego! —gritó esta, parándose de su
lugar.
Gallardo le soltó una bofetada a Layla en la mejilla derecha lo que provocó que se sentará
de nuevo en la silla. Éste se arrodilló en frente de su hija, tomándola por la barbilla para que
lo viera a los ojos. El hombre era un puto cruel con su hija. No odiaba nada más en esta
vida que un hombre maltratando a su hija.
–¿Sabés cuántas chicas quisieran estar en tu lugar?¿Sabés cuántas niñas quisieran ser un
Gallego? ¿Sabés lo maldita afortunada que eres al ser perteneciente a una familia tan
prestigiosa como son los Gallego? —dijo como si todo eso importa.
–¿y tú? ¿Recuerdas lo que te dije la última vez?—dijo la chica acercando la cara a la de su
padre—¿No? ¡Bueno te dije que no me volvieras a poner una maldita mano encima si no
pagarías las malditas consecuencias!
La chica golpeó a su padre haciendo que este cayera al suelo, gritando de dolor. Su mano
cubría parte de su cara, se veía la sangre que caía a chorros en el suelo. Creo que le
rompió la nariz.
–¡¿Qué carajos te pasa, Layla?! —le gritó a la chica mirando a su marido con cara de
espantó.
–Nada, solo no entiendes que yo no soy una Gallardo.
–Ya me tienes arta de que siempre digas lo mismo. ¡¿Esto es lo que quieres?! ¿Estar en
una maldita clínica para enfermos mentales?
–Si así vas a entender que yo no pertenezco a tu mundo, entonces sí, prefiero estar aquí.
No quiero estar más con los de la clase alta.
La mujer se veía totalmente furiosa con la chica, bueno esta chica tal vez estaba loca
después de todo. Nadie en su sano juicio se quedaría en un lugar como este, ni aun que así
te pudieras librarte de tus padres. El guardia que me custodiaba se le acercó a la mujer con
un formato, la chica seria ingresada a la clínica mental para mujeres, la señora lo tomó
firmando el papel sin siquiera leer lo que decía.
–Bueno, lo obtuviste. Aquí te quedarás hasta que sepas valorar lo que tienes.—declaró
entregando los papeles al guardia.
–No me importa. Al igual que se que a ti no te importa lo que pase conmigo, solo te importa
tú reputación y solo eso.
–Ahí si le atinaste, hija. Me importa mi fama y solo eso. Tú solo eres el títere de la familia.–
dijo como si nada pasará–Pero no creas que te quedarás en la asignación para mujeres. Tú
querida hija. Te quedarás en esta clínica mental masculina, a ver si así valoras el poder que
tenemos sobre todo. Espero y no te pase nada, hija.
La chica solo se le quedó mirando con odio. No parecía afectarle el hecho de que estará
rodeada de hombres por un largo tiempo.
–Llevensela. Volveré en un mes para ver si ya entraste en razón.
Y sin más la mujer se fué, sin mirar a su hija. Su esposo detrás de ella aún cubriéndose la
nariz con un pañuelo.
«¡joder! Esto es un puto desastre, la chica será acosada por estos orangutanes. Tengo que
protejerla»
Esta niña no sobrevivirá a todos estos chicos locos por las hormonas. Sí la ven se la
querrán llevar para aprovechar. Más seguro acabará violada.
«Pero ¿Qué coño me pasa a mí?¿desde cuándo me preocupo por una niña?»
Dios, esto es un caos. No tengo tiempo para cuidar de una niña, necesito planear mi
siguiente huída.
Miré como se llevaban a la chica para ponerle el uniforme correspondiente, se veía ida. No
creo que le importe quedarse en este lugar.
El guardia que me había custodiado antes para llevarme a mi habitación, apareció y me jaló
para llevarme a mi destino.
Mientras caminaba por el pasillo, me quedé pensando en como le haría para proteger a esta
chica y poder idear mi plan de escape sin problema. La cosa era que no sabía si
funcionaría.
Esta chica debía de ocultar algo, nadie acepta quedarse en un lugar como este nada más
por qué sí. Algo debía haber detrás de todo este asunto pero por más que le daba vueltas
no sabía que era. Layla no se veía como una chica con problemas mentales, era más santa
que la virgen María o eso era lo que aparentaba. Tal vez solo estaba herida, tal vez nadie
supo quererla por quién era sí no por quién era su familia. Tal vez le rompieron el corazón
en el pasado y por eso se metía en problemas para llamar la atención. Recordé el golpe que
le soltó a su padre, era gracioso que una niña pudiera romper la nariz de un adulto sin hacer
mucho esfuerzo. Solo de recordarlo me partía de la risa.
–¿Qué es tan gracioso, Elliot?–preguntó el guardia.
–El golpe que le soltó la chica a su padre.–respondí sin poder evitar volver a reírme.
–Yo no le veo lo gracioso. El pobre hombre debe de estar sufriendo.
–Ya. Se lo merecía por golpear a su hija.–respondí poniéndome serio de repente— ¿Sabés
quienes eran?
–¿Te refieres a su familia? —asentí— Bueno solo se que son una de las familias más
importantes del pueblo. Sus padres de la chica son empresarios. Su empresa es una de las
más importantes en la industria de la moda. Creí que lo sabías, ya que tú familia es también
una de las más importantes del pueblo.–dijo mirándome fijamente.
–Nunca había escuchado de ellos. Bueno no es qué yo estuviera mucho tiempo fuera
¿Cierto?
–La familia Gallego se mudó hace más de seis meses. Abrieron otra tienda de ropa en el
pueblo.
–¿De la chica que sabes? —pregunté sin saber por qué.
–No se mucho la verdad. Solo se qué estará aquí por un tiempo. A sí, solo se que tiene
diecisiete años. Nada más eso.
–Tendrá un vigilante ¿no? —pregunté, si lo tenía ya no me preocuparía por ella.
–No lo creo. Ya que tú lastimaste a uno, será imposible encontrar otro por ahora. así que se
quedará a su suerte por unos días.
«¡¿Qué?!»
No, no, no. Está niña no sobrevivirá ni dos días. Sus padres están locos si la dejan aquí sola
y sin quien la proteja. Demonios ahora tendré que cuidarla las venticuatro horas.
–¿Por qué tanta curiosidad por la chica? ¿Piensas hacerla tu nueva conquista? —preguntó
con picardía.
Este hombre era el único que me caía bien de este lugar. Es amable, chistoso y carismático.
Casi la mayor parte de los chicos se llevaban bien con él. Nunca nos dijo su nombre, tal vez
no le gustaba que supieran todo sobre él. Es un hombre muy chismoso, te decía todo sin
necesidad de que tú se lo pidieras. Me caía muy bien por qué no me trataba como si
estuviera enfermo, si no que me trataba como a un chico normal. Este guardia era al único
de esta clínica que no he lastimado y dudo mucho que algún día lo haga. De cariño le
decíamos Gar. Él parecía gustarle el apodo y nosotros nos sentíamos cómodos con él como
guardia, no lo quería de vigilante ya que tendría que herirlo y eso no me agradaba. Llevaba
trabajando en este lugar por más de veinte años. incluso yo todavía no nacía. Este debía
ser el dueño de este lugar.
– No ¿cómo crees? Solo pienso que una chica como ella no debería estar sin protección en
una clínica llena de hombres que no han tenido sexo por más de un año.
Gar, se tapó los oídos. Otra cosa de este guardia era que no le gustaba las malas palabras.
–Ya, pero la chica estar bien. Ella es muy fuerte. Sí pudo romperle la nariz de su padre, creo
que puede con unos chicos con hormonas alborotadas.
En eso tenía razón Gar, la chica era fuerte, que gran derechazo tenía. Esta niña tal vez se
veía como una persona normal y corriente pero tal vez si estaba loca. No sé que me llama
la atención de esta niña, pero de algo si estoy seguro y es que se convertirá en mi
compañera para salir de este lugar. No la dejaría sola con esta manada de lobos. Ella se irá
conmigo lo quiera o no.
3
Layla
Que aburrido era estar entre esta gente, por donde quiera veía vestidos finos, diamantes
preciosos, vino, comida. De todo había en este lugar, los camareros pasaban de un lado a
otro con platillos esquisitos, la música de la banda retumbaba por todo el salón. Varías
personas bailaban, reían, bebían, parecía que se la estaban pasando de maravilla ¿Cómo
podían divertirse en un lugar como este? No tenía ni idea.
Todo en este lugar era aburrido, preferiría que me maten a estar aquí por más tiempo. El
vestido que llevaba era inmensamente incómodo, este tipo de ropa la odiaba, como me
gustaría estar en shorts y camiseta. El vestido no es feo, solo es que odio que me obliguen
a ponerme algo así para parecer la hija santa y perfecta. Mi familia era una de las más
importantes en la industria de la moda o eso es lo que creo que hacen. Por ende yo soy la
heredera de esa fortuna que ni me importa, odiaba ser una Gallego. Ser de esta familia
implica muchas cosas y varias de esas cosas era que no podías armar escándalos ya que si
lo hacías la empresa tendría una mala reputación. Y la cosa que más detesto de ser una
Gallego era que tenía que ser perfecta, nada de errores, nada de drogas, nada de violencia,
nada de corajes, nada de nada. Lo que significa que tenía que hacer lo que el público dijera
y no lo que yo quisiera hacer. Todo esto era una estupidez, solo tenía que modelar a la
maldita audiencia. Mostrar mi mejor sonrisa a los presentes. Cómo me moría del
aburrimiento en este sitio. Creí que mi amigo Rob vendría pero al parecer no y no lo culpo
yo tampoco quiero estar aquí.
Me encontraba en una esquina alejada de todos los invitados, desde hace algún tiempo
este rincón se convirtió en mi escondite para que así la gente no intentara establecer una
conversación conmigo. Había muchos chicos en este lugar y no puedo negar que están muy
guapos pero a mí no me importan estos niños de papi, bueno aunque en realidad yo
también soy una niña de mami pero no tanto como los son ellos. Se creían los dueños de
todo lo que tenían cuando en realidad no tenían ningún maldito centavo, todo lo que usaban
incluso sus malditos bóxers son del dinero de su papi. Eran unos inmaduros, creían que lo
podían tener todo, que nada les pasaría, que eran inmortales.
Yo no soy como ellos, aún que muchos creían que si lo era, pero todo era actuación, nada
de lo que le mostraba a la sociedad era verdad, ese no era mi verdadero yo, solo era un
cascarón, solo era una de las muchas mentiras que venían atadas a mi vida. Mi verdadero
yo, sé encuentra oculta de todos estos, yo no pertenecía a esta gente, yo pertenezco a los
barrios bajos, el dinero nunca me importo, la fama no era lo mío, solo quería tener una vida
tranquila alejada de las cámaras y de todo lo que implicara ser una Gallego. Mis padres no
eran las personas más buenas que digamos, solo me utilizaban para probar sus modelos de
ropa en mi, era como un maldito mono.
La gente pasaba a mí lado sin siquiera mirarme, sabía que la mitad de esta gente ya estaba
borracha. Yo no podía beber ni una copa de alcohol por qué era menor de edad pero en
estos momentos haría lo que sea por beber una cerveza bien fría. Un chico se detuvo en
frente de mi, bloqueando mi visión, me miraba de arriba a abajo con una ceja enarcada. Yo
solo puse los ojos en blanco. Otro chico que intentaba meterse en mis bragas, esto era lo
que más odiaba, creían que con solo tener dinero y una carita bonita yo caería a sus pies.
Espero y no tarde tanto por qué enserio necesito salir de este lugar. Sí no lo hacía pronto
terminaría matando a alguien y yo no quería eso, si no me meten a la cárcel y tiene poco
que salí de ahí.
Nadie se había enterado de que estuve presa por más de tres meses, la razón era que no
sabían quién era. Los policías se molestaron por qué había intentado matar a un tipo en
Veracruz, me encontraba tan lejos de casa por qué había escapado. No quería nada de mí
familia, me estuvieron buscando un mes después de mi desaparición pero solo lo hicieron
por que tenían asuntos en donde tenía que aparecer todos los Gallego y yo no estaba, me
encontraron en un reclusorio para jóvenes, estuve en la cárcel por dos meses hasta que las
autoridades me pasaron al reclusorio ya que según ellos yo no debía estar en la cárcel
siendo una menor de edad. El chiste es que cuando me encontraron mis padres, me fue
como en feria, ese día me golpearon y me obligaron a tomar clases de manejo de irá o algo
así, llevo fuera de los problemas por más de cuatro meses y en verdad en estos momentos
necesitaba un toque de adrenalina en mi sistema si no terminaría volviendome más loca de
lo que ya estoy.
–¡Hola, Layla! Qué gusto volver a verte —dijo el chico que se había parado en frente de mi.
–¿Que hay de nuevo, Rodríguez? —dije mirándolo a la cara, el chico es guapo pero no me
atraía los millonarios.
No me había dado cuenta que era Rodríguez. Él chico era un mujeriego, su familia era igual
de rica e importante como lo es la mía. Sus padres tienen un bufet de abogados o algo así.
Él quería algo conmigo, aunque yo le dejé claro que yo no quería nada con él y nadie más.
Mi familia me estaba buscando a mi querido esposo para volverse más ricos de lo que ya
son. Así que creían que Rodríguez era el mejor partido para mí y él así también lo creía. Yo
no quería casarme al cumplir los dieciocho y mucho menos con un tipo como Rodríguez.
Quería solo vivir mi mundo de miserias con la gente que crecí.
Solo se rió.
–Omar, mi nombre es Omar. No tienes que ser tan fría conmigo, Layla.
–Solo sé que no quiero que tomes confianza conmigo. Es mejor así. Ahora dime ¿Que
quieres?
–Tan difícil cómo me gustan —dijo sonriendo mostrándo sus dientes— No quiero nada. En
realidad lo quiero todo y ese todo es una cita contigo.
–¿Estas preguntando o afirmando? —enarqué una ceja.
–Cierto. ¿Quieres salir conmigo? —me miró esperanzado.
–No. Tengo que irme. —dije pasando a su lado. Me detuvo sosteniendo mi codo.
Lo miré con furia, odio que la gente me toque sin mi permiso.
– Estoy arto de que te hagas la importante. ¿Por qué no puedes ser como las demás
niñas?¿Por qué es tan difícil hacer que tengas una cita conmigo? — dijo agitando mi brazo.
Sabía que me estaba pasando de la raya con el chico pero no le podía dar algo que yo no
tenía. Todos los de la preparatoria sabían que yo no era la tipa con la que podías tener citas
o sexo. Siempre los chicos se me habían acercado con el fin de poder conquistar según
ellos a la chica fría y así poder verse como el chico que logró lo imposible. Que estupidez.
–Suéltame ahora. —dije con lo dientes apretados.
El solo bufó como si no me importará lo que decía, no tomaba encerio mis palabras, se
arrepentiría de ello.
Me jaló para que pudiera estar de nuevo frente a él. Puso una de sus manos en mi cintura
atrayendo mi cuerpo al suyo. Su aliento olía a vino y su cuerpo a una colonia que supongo
era muy cara. Odiaba el hecho de saber que el creía que podía hacer lo que quiera conmigo
sin que yo dijera ni pío, pues se equivocó yo no soy como las chicas de mi instituto que se
dejaban manosear por todos, yo tengo el control de mi cuerpo y nadie más me dirá que
hacer con el.
–Deja de recistir a mis encantos. Sé que me deseas.—afirmó acercando sus labios a los
míos. Sí me besaba pagaría las consecuencias.
–Es tú última oportunidad, Rodríguez. Aléjate o si no verás las consecuencias.–dije
lanzàndole una mirada fría.
Él solo sonrió, antes de pegar su boca a la mía, hizo una mueca deteniéndose de repente.
–¿Qué demo…?—dijo sorprendido, su mirada se dirigió hacia abajo.
Me miró de nuevo con una sonrisa de lado.
–¿Te gusta manosear?
Sonreí antes de responder— Claro... que no, imbécil.
Apreté el agarre en su zona mas sensible. Asiendo que este me soltara y se inclinara hacia
adelante. Apretaba los dientes por un intento de no gritar.
–Suéltame maldita.—exijió con la cara roja de dolor. Solo le sonreí apretando más mi
agarre— Demonios, suéltame Layla.
–No lo creo, Rodríguez. Me gusta verte sufrir.—apunté apretando un poco más. Aciendo
que él se doblará aún más, poniendo las manos encima de la mía para intentar alejarlas de
su amiguito— ¿Recuerdas lo que te dije si me ponías una mano encima? Pues ahora estás
pagando las consecuencias.
–Suéltalo por favor. Suéltalo. Duele mucho.—suplicó al borde de las lágrimas. Que nenaza
salió.
–No lo sé. Creo que dejare inmovilizado a tu querido amiguito. —respondí clavando un poco
las uñas en su miembro, gritó del dolor, aciendo que varios invitados voltearan a
vernos—¿No te enseñaron que cuando una chica dice no es no? Bueno, creo que lo
aprenderás a las malas, Rodríguez.
–Te lo suplico. Suéltalo. —las lágrimas caían por sus mejillas. Debe de estar sufriendo.
Mis advertencias no son una broma. No por ser una chica significa que deje que me trate a
su gusto. No volvería a ser esa niña estúpida que dejaba que todo el mundo la controlara
sin que ella dijera nada.
–No quiero volverte a ver en el resto de mi existencia, ¿Entendido?—dije aflojando un poco
mi agarre.
—Si, pero suéltame por favor.
Decidí que era mejor dejarlo ir. Al momento en que lo solté se dejó caer en el suelo de
rodillas, ahuecando a su querido amigo. Me miraba con furia. Sabía que ahora no se me
acercaría. Me incline hacia abajo y tome su mejilla izquierda apretandola como si fuera un
niño pequeño.
–Buen chico, espero que aprendierás la lección. Te veo luego, precioso. —dije regalandole
mi sonrisa más inocente.
Pasé a su lado dejandolo solo con su dolor. Sé que me pasé al haberle echo eso, pero ese
tipo ya necesitaba un estate quieto. En la escuela se la pasaba acosando a las niñas,
muchas de ellas se negaban a sus sucios juegos pero él no acepta un no por respuesta.
Alguien tenía que ponerlo en su lugar, por todas las veces que se aprovechó de las chicas y
ese alguien solo podía ser yo. Además le hice un favor, su amiguito descansará un poco, el
chico necesita un castigo y que mejor manera que dañando a su querido amigo, necesita un
descanso del sexo, para que empiece a pensar con el cerebro y no con la polla. Sonreí ante
ese pensamiento de que no podrá hacer nada por un largo tiempo.
Toda la sala estaba tranquila, varias personas me miraban fijamente. Sabía que parecía una
niña inocente que no rompía ni un plato, siempre había tenido ese encanto en las personas.
A simple vista me veía como una chica bien portada, con la cara de inocente y una mirada
que reflejaba felicidad y alegría, una voz suave que a mucha gente le encantaba. Parecía la
inocencia en persona pero como dije al inicio todo solo era un cascarón, por dentro soy un
demonio, mi mente no tenía nada de inocente, mi corazón no es cálido, no tengo alegría ni
felicidad. El único lugar que me otorgaba la felicidad era con la gente que crecí en las calles
fuera de este mundo de lujo. Muchas personas quisieran estar en mi lugar, tener dinero,
vivir en una casa enorme, poder comprar lo que sea, ser la mira de todo el mundo, pero yo
no. Eso no te garantiza que serás feliz o al menos a mi no me hace feliz. La gente con la
que crecí en las calles son felices sin tener ni un centavo. Su amor es verdadero por qué no
buscan algún beneficio si no alguien con el cual compartir una vida.
« Desearía encontrar esa felicidad. ¿Sería distinta si me enamoro de un chico de mi barrio?
¿Aceptaría lo que soy por dentro?¿Rob que va opinar al respecto?»
Choque con alguien, lo que hizo que saliera de mis pensamientos locos. Observé a la chica
con detenimiento. Genial, de todas las personas con las que pude haber chocado, tuvo que
ser Alison. Esto terminaría en un jodido drama.
–¡Fíjate por donde caminas idiota! —gritó esta captando la atención de todo el público—
¡Arruinaste un vestido de más de diez mil pesos!
Puse los ojos en blanco— Tranquilízate, Alison. Solo lo llevas a la tintorería y queda como
nuevo.—observé la mancha que tenía en la parte del frente de su vestido— Solo es un poco
de vino, no es para tanto.
«¡Oh diablos! No debí de decir eso»
–¡¿Qué no es para tanto?! Este vestido fue echo especialmente para mí, no existe otro igual
en el mundo.—dijo acercándose a mi rostro, si no se alejaba pronto, vería de lo que soy
capaz.
–¿Siempre eres así de dramática?—dije intentando pasar de largo, no tenía tiempo para
sus berrinches de niña consentida.
Me agarró del brazo, jalandome de regreso para poder verme a la cara. ¿Acaso hoy era el
día de meterse conmigo? Dios, si me ponía otra mano encima, no sé de lo que sería capaz.
– Eres una zorra. El echo de que seas una Gallego no te da el derecho de tratarme como
una pobre.— dijo apretando mi brazo.
Sus ojos color marrón se veían enfurecidos. Su pelo estaba muy bien acomodado. Parecía
una princesa, a excepción de su vestido color durazno que ahora estaba manchado de vino.
– Mira, Alison. No estoy de humor para aguantar tus berrinches. Así que déjame ir o si no
me verás enojada y no te gustará verme así.
Ella solo se me quedó mirando para después soltarme y sonreír.
Algo en su sonrisa no me da buena espina.
«oh diablos, esto acabará en un desastre. Me van a joder»
4
Layla
Alison solo sonreía y me miraba, todo pasó tan rápido que no supe que sucedió al instante,
solo escuché los gritos de asombro de los presentes, mi mirada estaba posada en el suelo,
la mejilla derecha me picaba. Con ese dolor en mi mejilla me di cuenta que Alison me había
dado una bofetada.
Giré la cabeza hasta encontrarme con su sonrisa burlona. Toqué mi mejilla sin poder creer
lo que hizo, todos los presentes empezaron a reírse y mirarme con pena. Mi mirada se posó
en el rostro de esta chica, ante la intensidad con la que la observaba retrocedió, en sus ojos
se notaba el miedo y sabía que la mía transmitía odio y rabia. Podía aguantar de que sea
una chica consentida, incluso que me grite pero lo que no soporto es que me toquen sin mi
permiso y mucho menos que me humillen en frente de todos.
—Eso te ganas por perra.—sentenció
«La mato. Juro que la mataré.»
Aunque lo jure se que no le tocaré ni un solo pelo. Yo no peleo con chicas menores que yo.
Aunque ganas no me faltan.
—Solo no te toco por qué eres menor que yo —dije acercándome a ella—. Por qué si no
ahorita estarías muerta.
La ví temblar un poco, mi voz había perdido toda la dulzura y delicadeza que tenía hace
unos minutos. Mi semblante era serio, mis ojos transmitían toda la frialdad que tenía.
—Como si pudieras ganarme.—aclaró con su cuerpo rígido— Además no te tengo miedo.
—Ella no es menor que tú —dijo un chico metiéndose en nuestra discusión—. Alison es un
año mayor solo que fue metida a un curso menor del que pertenecía.
La afirmación del chico provocó una gran sonrisa en mi rostro.
«Bueno, eso cambia las cosas.»
Me acerqué más a Alison y pronuncié las siguientes palabras con satisfacción—: Estás
acabada Montoya.
Alison palideció, temblaba y sabía que pronto correría para salvar su vida.
Sin darle tiempo para hacer ni una de las cosas que pensaba le solté una bofetada que se
escuchó en todo el salón, las personas a nuestro alrededor jadearon sorprendidos por lo
que hice. Yo nunca montaba espectáculos en las fiestas organizadas por los Gallego, pero
esta vez no podía dejar que está niña me humillara en mi propia casa, eso sí que no. Alison
gritó del dolor, su cara estaba cubierta por sus dos manos, talvez le partí el labio o que sé
yo.
Levantó la mirada, estaba furiosa, eso era bueno, conseguiría una pequeña dosis de
adrenalina si ella decidía atacarme y claro que lo hizo, me soltó otra bofetada que dolió más
que la primera.
« Aquí viene lo bueno. Estás totalmente jodida.»
Me giré lentamente observando su labio que ahora sangraba. Levanté la cabeza en alto
mostrando mi mejilla roja, le dediqué una sonrisa que solo le dedicaba a mis enemigos de
las calles en donde me crié. La tomé del pelo, provocando que chillara de dolor, sus uñas
rasguñaron parte de mi brazo y mano para que la soltara, no la soltaría hasta que se
disculpara por su estupidez. La jalé de un lado a otro como si fuera un trapo viejo, con cada
jalón de su cabello me ganaba uno de sus chillidos de dolor, que descarga de adrenalina me
provocaba lastimar a una persona. Todos a mi alrededor gritaban, sabía que pronto Laura
estaría aquí y ahí sería mi fin.
—Discúlpate y talvez me digne en soltarte. —dije jalando su cabello hacia atrás para poder
ver su rostro.
Me miró con los ojos llorosos, su labio aún sangraba y su mejilla estaba roja. Ya no se veía
como la princesa que era sí no que ahora se veía como la mierda que es por dentro. Me
escupió pero el escupitajo no llegó tan lejos como para darme en el rostro.
—Jamás me discúlpare por golpearte Gallego. —dijo sonriendo.
Esta chica me estaba poniendo a prueba. Si creía que esto era todo lo que le llegaría a
hacer esta muy pero muy equivocada.
—Perdiste tú oportunidad.—dije jalando de su cabello con más fuerza.
Empecé a caminar a la mesa que se encontraba a unos pasos lejos de nosotras. Traía a
Alison a jalones, esta me gritaba de todo menos bonito, me pateaba y me rasguñaba la
muñeca. Mi mano ya me ardía por sus rasgúños. Comencé a caminar más rápido
provocando que Alison no pudiera caminar bien. Justo cuando ya estaba cerca de la mesa
donde se encontraba los aperitivos hice lo que tanto deseaba hacer.
La aventé con todas mis fuerzas, Alison se fue hacia adelante, no pudo estabilizarse a
tiempo así que cayó encima de la mesa, chocando con un pequeño pilar de copas llenas de
vino, las copas cayeron quebrándose todos al mismo tiempo, provocando eco en todo el
salón, Alison terminó tirada al otro lado de la mesa llorando y quejándose del dolor. Toda la
sala estaba en silencio, la música se había detenido abruptamente, nadie se movía, todos
tenían la mirada fija en mi. Con pasos lentos caminé alrededor de la mesa hasta llegar en
donde Alison se encontraba tirada, tenía varios cortes en los brazos y la cara, su cuerpo
cubierto por pequeños pedazos de vidrios y sangre. Apoyé una rodilla en el suelo y la miré,
ella no se movió solo me miraba con miedo, ahora yo le provocaba terror. Tomé su barbilla
para que me mirara a los ojos, acerqué mi rostro al suyo.
—Cuando te advierto que no me toques es por algo. Ahora tienes que preocuparte por tu
estado que por tu vestido arruinado.—dije sonriendo de la manera más siniestra, lo que hizo
que Alison llorara más fuerte y temblara— No vuelvas a tocarme ¿Entendido?
No esperé a que respondiera, tenía que salir de aquí antes de que Laura me viera. Ya
bastantes problemas tengo con lo que le hice a Rodríguez y Montoya como para agregarle
a mi madre. Me levanté para salir del lugar. Ya se escuchaba los cuchicheos de las
personas que ahora rodeaban a Alison y los jadeos de sorpresa de las personas que me
miraban con horror. Al llegar a la puerta escuché a Laura gritar mi nombre pero no me
detuve, ya tuve bastantes enfrentamientos hoy. Salí y ví el auto de mi padre, un
Lamborghini color gris, que estaba en frente de la puerta de la entrada al salón. Eso es lo
que necesito para escapar de la furia de Laura.
« Tú y yo nos tomaremos unas vacaciones.»
Este auto será mi compañera hasta que sepa que hacer para tranquilizar a Laura. Me subí
al auto y saqué la llave de repuesto que había tomado de la alcoba de mi padre hace
tiempo. Sabía que la iba necesitar algún día, por esa razón siempre la llevaba conmigo.
Arranqué el motor y este rugió en respuesta. Por la ventana ví a Laura toda alterada, furiosa
y a su lado a mi padre, quién estaba igual que ella. Bajaron las escaleras apresurados por
detener mi huida. Pisé el acelerador provocando que las llantas patinaran por el asfalto, salí
disparada por la carretera dejando atrás a los invitados de los Gallego y a mis padres
furiosos.
No podrán seguirme, sabía esconderme. Cometí una gran estupidez al haber golpeado a
Montoya de esa manera pero no me arrepiento de nada, yo se lo había advertido, no sé por
qué no me escuchó. Lo que me preocupa es que Laura está bastante enojada conmigo, esa
fiesta que organizó era para poder cerrar un negocio con otra empresa de ropa para que la
marca de la familia se expandiera a europa o eso es lo que escuché decir a Laura cuando
me regañaba sin parar, lo que significaba que el escándalo que armé no les dejó una buena
impresión de la empresa Gallego y lo más seguro era que el contrato no fuera firmado.
Laura me lo había advertido, si volvía a cometer otro error lo pagaría caro, aunque sus
amenazas no me importaban mucho que digamos pero conozco a mi madre y se que está
la pagaré muy pero muy caro. Talvez ahora sí me deje en el reclusorio para jóvenes, lo cual
dudo mucho por qué a pesar de que se que nada los haría más feliz que tenerme lejos no lo
harán por la misma razón de que soy su maniquí para sus modelos de ropa. Esta noche lo
arruiné todo y para colmo me robé el auto preferido de mi padre, sí está cosa le pasaba algo
acabaría echa polvo, Gallardo no se anda con tonterías como Laura, él me haría pagar cada
maldito centavo de este auto que nunca podría pagar ni en lo que me resta de vida.
Manejé sin rumbo fijo, pero sabía que iría a ese lugar hermoso que descubrí hace mucho,
estaba cerca del bosque, es un lugar muy bello y bueno para pensar, en ese lugar podré
tranquilizarme para poder saber que haré ahora que hice perder a los Gallego millones de
pesos en una sola noche. Llegué al lugar y estacioné cerca de una cornisa, el lugar estaba
pavimentado pero no había autos cerca, lo más seguro es que se llene al amanecer, nadie
anda solo y cerca del bosque a las tantas de la madrugada a acepción de mi. Salí del auto
con una cajetilla de cigarrillos que encontré. Me recargué en el capo de este y me puse a
fumar, observé las estrellas y la luna, todas tan brillantes y hermosas, sabía que ahí arriba
estaba lo que tanto necesitaba en momentos como estos. Odiaba explotar tan rápido, tanto
tiempo que pude controlar mi furia para que en una noche terminara con la casi muerte de
una chica.
«Que estúpida soy. ¿No pude pasar por alto los insultos de Alison como lo había hecho en
el pasado?¿Por qué carajos tuve que atacarla?»
No sé cuánto tiempo me quedé ahí observando el cielo, pensando a donde iría, pero sabía
que fue mucho. Mis piernas las tenía congeladas y me había acabado la cajetilla de
cigarrillos. Aun estaba oscuro pero sabía que en una hora el cielo estaría más claro
avisando la llegada del sol. Volví al coche y me fui de ahí. Tenía que volver a casa por mi
celular y unas provisiones, si pensaba escapar mínimo debía hacerlo bien. Ya estando en el
pueblo una patrulla me hizo frenar de repente, el muy imbécil se había puesto en medio de
mi camino. El policía salió del auto con un arma y apuntó en mi dirección.
—¡Salga del vehículo ahora! —gritó el policía aún sosteniendo el arma.
«Demonios. ¡¿Gallardo no pudiste esperarte hasta que saliera del puto estado para mandar
a la policía a buscarme?!»
No dejaría que me atraparán tan fácilmente. Puse el auto en reversa para escapar del
policía, lo que no me esperaba era que otra patrulla me bloqueara la salida, este provocó
que frenara. Ahora sí me tenían atrapada. Qué desperdicio de tiempo, en vez de estar como
tonta viendo las estrellas pude idear un plan para salir del estado, pero como dijo alguien en
mi niñez: lo que no hiciste en el pasado no lo harás en el futuro.
El policía que bloqueó mi salida salió del coche con un arma, este también me apuntó.
¿Qué les dijiste Gallardo? Dios, ¿no creo que les haya dicho que me he robado el coche o
si? Genial, lo más seguro es que termine en la cárcel, bueno ahí estaré alejada de los
estándares sociales de mi familia.
—Salga del coche. Señorita Gallego, no me haga sacarla a la fuerza.—dijo el policía que
tenía en frente de mis narices, aún consideraba la idea de chocar el auto con su cuerpo y de
paso con su patrulla para poder escapar.
Solté un suspiro lentamente ya que sabía que no lo mataría. Solo este tipo hacia lo que le
decían, no podía descargar mi furia con él. Salí del auto y puse mis manos detrás de mi
nuca, el policía rápidamente se acercó para esposarme las muñecas. Solo me sonrió, la
cara del oficial me parecía muy conocida, pero no recordaba dónde lo había visto. Odiaba
sentir el metal de las esposas en mis muñecas. Él policía me llevó a su patrulla. Qué gran
desperdicio fue mi huida.
—¡Ay, Layla! ¿Metiéndote en problemas de nuevo? —dijo el policía, metiéndome en la
patrulla.
Su voz es profunda y un poco ronca y se me hacía muy familiar.
«¡Ya se quién es!»
—¡Oye, Beck! Cuánto tiempo sin verte. —dije sonriendo.
Bueno creo que está vez me dejaría arrestar, Beck es uno de los muchos oficiales que
conocí en Veracruz cuando me encerraron en el reclusorio, es un tipo muy bueno, es como
un compañero para mi. A pesar de que él y yo somos personas muy distintas nos
llevábamos muy bien, él fue la única persona que entendía la causa por las que hacía las
cosas y nunca me juzgó por ello. Pero no sabía que hacía él por estos rumbos.
—Tambien me alegro de verte mocosa.—dijo sentándose tras el volante.
—¿Que haces aquí?—cuestioné.
—La verdad es que después de que tu regresaras con tu familia, la comisaría del pueblo me
llamó para proponerme trabajar con ellos —comenzó a explicar—. Según me dijeron que en
este lugar hay muchos chicos problemáticos y pues dijeron que como yo pude controlar a
una de ellos pues decidieron que era buena idea que estuviera aquí para ayudarlos con lo
que pueda.
— Ajá. Sé que me extrañas.—dije riéndome de él, mientras conducía a la comisaría.
—No sabes cuánto.
—¿Para quien trabajas? —algo me decía que ya sabía la respuesta a esa pregunta.
En la comisaría todos los oficiales o la mayor parte de ellos eran contratados por familias de
alto nivel para que cuidaran a los hijos de estos. Todo eso con la finalidad de que a pesar de
todo lo malo que sus hijos hagan no tuvieran un castigo. Estos policías eran como la
tapadera de los millonarios y la verdad es que se les pagaba muy bien por su colaboración.
—Para él señor Gallego. —aclaró evitando mi mirada.
La plática murió ahí, ninguno de los dos era bueno teniendo pláticas muy extensas y yo no
quería saber las razones que lo llevaron a trabajar para mi padre. Solo miré por la ventana
observando el paisaje, jugueteaba con la cadenita de las esposas para no pensar en lo que
hacían mis padres en estos momentos. Tras un largo rato ví que no nos dirigiamos a la
comisaría, lo cual se me hizo extraño ya que el camino por el que vamos no me parecía
conocido, tal vez Beck se confundió de camino o se perdió.
—¿No te confundiste de camino, Beck?—pregunté con una ceja enarcada— Debemos ir a
la comisaría.
—Las órdenes que recibí de tu padre no fueron que te llevara a la comisaría.—respondió
mirándome por el retrovisor del auto.
Se veía inquieto, tal vez tenía miedo de que explotara como la última vez que nos vimos.
—Entonces ¿A donde vamos? — No se pero algo me decía que la respuesta no me gustará
para nada.
—A la clínica mental del pueblo.—respondió apenado.
—¡¿Qué?! —exclamé sorprendida.
5
Layla
No salía de mi asombro, tenía la boca ligeramente abierta y mis ojos no podrían agrandarse
más por el puro shock en el que me encontraba. De todas las formas que creía que sería
castigada por mis padres, nunca creí que me mandarían a la clínica mental del pueblo. Eso
era lo último que me pasó por la mente, pensé que me llevarían al reformatorio o algún otro
lugar, hasta en peor de los casos creí que me llevarían a un instituto religioso, pero al
parecer mis padres sabían cómo sorprenderme aún.
—¿Layla? ¿Estás bien? — preguntó Beck, mirándome con preocupación.
Estaba como una estatua con la cara de tonta y de paso preocupando a la única persona
que le importaba mi bienestar.
— No, no estoy bien. ¡Laura piensa encerrarme en una clínica mental!—grité furiosa.
—Tranquila. Solo ella quiere lo mejor para ti y supongo que ella cree que necesitas ayuda
para eso —dijo en un susurro.
— No, creeme cuando te digo que a mí madre no le importa lo que me suceda —dije
pensando en que orillo a mi madre a tomar esta decisión—. Algo debe de tramar, si no ya
estaría en la cárcel. Algo no me cuadra en esto.
—Entonces ¿Por qué crees que te envío a este lugar? —preguntó curioso— Por que lo que
yo pienso es que si le importas y que no lo quieres ver por miedo a que aceptes que alguien
intenta ayudarte.
Solté una risa amarga, mi madre no se preocupa por mi. Es más solo se preocupa por su
reputación, pero eso no lo sabía Beck, Laura era buena fingiendo y pues Beck es la persona
más ingenua y bondadosa que conozco por esa razón no podía enojarme con él sobre lo
que el creía que es mi madre. Tenía que saber la razon por la que tomaron esta decision.
Así que me puse a pensar:
Observando todo lo que hice en el pasado y con lo que hice hoy podía llegar a la conclusión
de que antes de venir aquí los problemas que causaba eran internos, ya que mi familia era
muy cuidadosa con respecto a su aspecto frente al público, todo lo que hice en el pasado no
me pasó factura por que ellos me cubrían y nada se les escapaba de las manos para que la
prensa no se enterará, estuve en cárceles, reformatorios, casas de acogida, en las calles,
en todo lugar, pero nunca me hicieron pagar por mis errores, siempre me regañaban o me
amenazaban pero hasta ahí. Lo que me dejó algo en claro y es que lo que hice ayer fue la
gota que derramó el vaso, había montado el peor escándalo de la historia de los Gallego y
eso les afectaba por qué yo era la persona más amable y respetuosa frente a las cámaras y
eso es lo que la gente admiraba de mi familia, pero al verme caer tan bajo como en una
pelea significa problemas para los Gallego, todos vieron como ataque a Montoya hasta los
periodistas que fueron para ver la firma de la empresa con la industria de moda Española
para así poder hacer un artículo del momento, lo que decía que lo que le hice a la chica
estaría hoy en todos los periódicos, haciendo ver a mi familia como una manada de locos y
la forma de justificar mi error era fingiendo que tengo problemas mentales como cambios de
humor o bipolaridad, lo que eso ocasionaba que la gente le tuviera pena y se centrarán en
su industria para ayudarlos con su pobre hija enferma, dejando al lado el accidente. No
tenía otra conclusión a la que llegar, por qué ir a la cárcel significaba la desaparición de los
Gallego en el mundo del espectáculo y de todo a su alrededor. Esa fue su salida de escape,
encerrarme en una clínica, cargándo con toda la responsabilidad.
—Esos jodidos idiotas. Me encerraran ahí para no perder su fama por lo que le hice a la
chica.— dije gruñendo de la frustración.
—¿A quien atacaste? —preguntó.
—A una chica del colegio —dije sin mostrar arrepentimiento—. La chica se lo merecía, me
puso una mano encima y sabes que eso no se lo tolero a nadie.
—Si, lo se. No debiste actuar de esa manera, Layla —dijo un poco enojado—. Sé que te
cuesta controlar tu furia, pero las cosas no se resuelven con violencia.
Lo miré indignada, tal vez el tenía razón pero yo no soy un monstruo, además no es como si
la hubiera matado.
«Bueno, casi la mato.»
—Pero yo no tuve la culpa, Beck. Ella me había abofeteado y después me gritó de cosas,
no podía dejar que me humillara en mi propia casa —expliqué.
—Aun así, actuaste de la peor manera. Sabés que si sigues por esos rumbos terminarás
acabada —me miraba por el retrovisor, sus ojos llenos de preocupación—. Sé que es difícil
superar todo lo ocurrido en tu pasado, pero deberías intentar por lo menos dejar de pelear
con tus padres, a pesar de todo siguen siendo tu familia.
—Yo no les importo —comenté.
—Eso nunca lo sabrás sí no les das la oportunidad de acercarse a tí.
No respondí, Beck era el único ser en el planeta tierra que creía que todas las personas
eran buenas. Mi familia no lo era. Mi pecho me dolía, había tocado un punto que me dejaba
desarmada, lo ocurrido en mi pasado aún me afectaba, no había palabras para la angustia
que crecía en mi pecho con la mención de esa palabra.
"Pasado" esa maldita palabra, todos tenemos un pasado, algo de lo que nos avergoncemos,
algo que nos hizo daño, algo que no podemos olvidar. Mi pasado me seguía todo el tiempo,
a pesar de haber intentado olvidarlo, de dejarlo atrás, nunca pude hacerlo. Intenté y intenté
sin éxito alguno. Solo fingía que nunca tuve un pasado, solo quería borrar todo eso que me
perseguía pero me era imposible hacerlo, era como si estuviera en mi sangre, aúnque en
realidad si era así.
Escuché como alguien abría la puerta que estaba a mi lado, haciendo que regresara a la
realidad. No me había dado cuenta de que ya habíamos llegado a la clínica mental. Beck
me miraba recargado en la puerta, tendiendome una mano. La cual tomé para poder salir
del vehículo. Beck me miraba con unos ojos comprensivos, el sabía que estuvo rondando
en mi cabeza, él es la única persona que sabía todo de mí y ese maldito pasado que me
atormenta.
—Sabes que te adoro con toda mi alma, Layla —dijo apretando mis manos suavemente
para infundirme confianza—. Pero no puedes seguir con esta vida. No mencioné tu pasado
para herirte, lo hice para que entiendas que eso a lo que estás atada terminara
consumiendo tu ser, debes intentar dejarlo ir.
—Se que intentas ayudarme, pero yo no la necesito —dije mirándolo a los ojos para que
entendiera mi punto—. Eso que dices que me tiene atada es lo que me impulsa a seguir de
pie.
—Layla, cariño. No quiero que termines destruida —aclaró abrazándome.
—Lo se, Beck. Pero lo que no sabes es que yo estoy destruida desde hace mucho —dije
separándome de él—. Y no tengo arregló.
Estuvo a punto de protestar, pero fue interrumpido por el sonido de su celular. Lo saco y
respondió al mensaje que le habían enviado, para después volver a meter el celular en el
bolso del pantalón. Me miró y supe que estaba totalmente preocupado. Le sonreí para que
se relajara y creyera que estaba bien, pero solo lo ví fruncir los labios en señal de que no
me creía.
—Era un mensaje de tu padre. Él ya está cerca, tu madre lo acompaña —dijo llevándome a
la entrada del lugar—. Yo no debo de estar aquí cuando lleguen, así que es mejor que me
retiré. Cuídate mi niña, no mates a nadie ¿Entendido? —comentó quitándome las esposas.
Sentí alivió al ver mis manos libres, dos guardias ya estaban junto a la entrada esperando
por mi.
Le sonreí antes de responder:—No te prometo nada. Cuídate mucho, Beck.
Él se acercó y tomo mis mejillas para darme un beso en la frente antes de alejarse y
meterse en su auto. No soportaba que me tocaran pero Beck es alguien en quien podía
confiar, él nunca me haría daño. Sacudí la mano para despedirme de él mientras conducía a
la salida del patio principal de la clínica. Hasta que no pude ver más el coche me giré para
encontrarme con dos hombres de mediana edad.
—¿A quien tengo que matar para poder escapar de aquí? —pregunté, mirando a los ojos de
ambos hombres.
En este lugar ya no fingiria ser una niña educada y buena. Yo no quiero estar aquí y no
podían obligarme a quedarme.
Los dos hombres se acercaron a mi, creí que me atacarían pero no, rápidamente me
tomaron de los antebrazos para llevarme adentro. Sentí asco ante su contacto, liberé uno
de mis brazos para abofetear al hombre de piel blanca que tenía a mi izquierda, él hombre
se quejó, su compañero volvió a tomar mi brazo con más fuerza. Intenté safar mis brazos
pero me era imposible, me tenían bien agarrada, intenté patearlos pero no podía, son más
fuertes y altos que yo.
Empecé a recordar ese día tan horrible que me había cambiado por completo, en el temor
que sentí, la impotencia, las ganas de llorar, el pánico, todo. Sabía que lo que estaba
ocurriendo ahora no era lo mismo que ese día, pero no podía dejar de sentir ese miedo,
empecé a forcejear con más fuerza para ser liberada, empezaba a faltarme el aire y no
sabía si era por el esfuerzo de intentar safarme o si estaba entrando en pánico. Me agitaba
como una víbora al ser agarrada por un animal mas grande que ella.
–¡Suéltame!–grité, temiendo de nunca poder salir de este lugar– ¡Suéltame , te digo!
Los guardias no me soltaban. Un tercer hombre apareció con un radio por el cual hablaba,
pidiendo un tranquilizante. Empecé a moverme más y más, gritando y quejándome,
repitiendo que me soltaran.
Mi voz hacia eco en todo el lugar, escuché como unos pasos acelerados se acercaban a mi
para después detenerse de repente.
–Traigan el tranquilizante, está chica no se dejará controlar —demandó el hombre de mi
izquierda.
Un guardia pasó a mí lado para meterse a un cuarto.
Me movía y movía, pero no me soltaban, ví que a unos metros de mi estaba un chico de
pelo castaño mirándome con los ojos ligeramente abiertos y la boca un poco abierta, con la
mirada le pedí ayuda pero al parecer no la noto. Supongo que es un retrasado mental.
Sentí como me clavaban la jeringa que tenía el tranquilizante en míl brazo izquierdo,
haciendo que gritara de dolor. Me dolió de a madres, dios, sentía como todo mi brazo se
adormecía rápidamente, empecé a sentir como mi cuerpo se sentía más ligero,
tranquilizando mi irá, sentí que no tenía ni fuerzas para mantenerme de pie. Me sentaron en
una silla en medio del pasillo.
No podía mover ninguno de mis brazos, tenía la mirada posada en el suelo, intentaba
moverme pero era imposible, era como si mi cuerpo pesará cinco veces más de lo normal.
Escuché los pasos de unos tacones que sabía que pertenecían a Laura, no podía levantar
la cabeza y tampoco era como que me apeteciera ver su rostro bien maquillado, con su
cabello rubio perfectamente peinado, su vestido negro de más de mil dolares, ni mucho
menos esos ojos de color azul celeste.
Bueno al parecer tener a mi madre aquí significa que no saldré en mucho tiempo, estás
personas consiguieron lo que tanto habían deseado en años: deshacerse de la persona que
arruinó sus vidas.
Cuando mi madre estuvo cerca sentí como impacto la palma de su mano en mi mejilla
haciendo que girará el rostro al lado contrario del impacto, dios, Laura era muy fuerte, sabía
que mi mejilla izquierda se pondría roja por el golpe pero no me importaba, no es como si
está mujer nunca me hubiera golpeado antes. Quería mostrarle lo poco que me importaba el
hecho de que me encerraría aquí pero no podía levantar ni la cabeza para poder verla a los
ojos.
–¡Te dije que ésta sería la última vez que te ayudaba!–gritó, sin importarle los presentes–
¡¿Sabés lo que acabas de hacer?!¡¿Sabés la humillación que pasé en la fiesta al saber que
te detenieron?! Claro que no lo sabes por qué eres una insensata. Deberías pensar en lo
que haces.–escupió. La escuchaba bastante molesta.
«¿Saber que te detenieron?»
Ella no sabía que mi padre había llamado a la policía para detenerme. Bueno al parecer mi
padre le tenía mucho miedo a su mujer como para decirle que él fue el que ordenó que me
detenieran.
Levanté la mirada para ver a Laura, no me había dado cuenta de que mi padre ya había
llegado, estaba a brazando a mi madre, intentando consolar sus lágrimas, lágrimas que
eran de pura vergüenza, no por qué en realidad le importará mi bienestar.
–¿No ves el sufrimiento que le haces pasar a tu madre? ¿Cuando vas a aprender que no
debes de juntarte con personas de ese tipo? —escupió con asco mi padre— Ya te hemos
pasado todo, Layla. No puedes seguir así.
«¿Enserio crees que me junto con puro delincuente? ¿Qué ya me pasaron de todo? ¡Por
favor, solo lo hiciste por ti no por mí! ¡Por tu maldita empresa de moda!»
Era lo que le quería gritar, pero si lo hacía no me llevaría a nada bueno. Sacaría ese tema a
relucir, el tema que tanto evitaba yo al igual que ellos y no me arriesgaría a eso.
–¿Así? Yo no estoy aciendo nada malo. —dije en vez de lo que pensaba— No finjas que te
importa, Gallardo.
–Soy tu padre y tienes que respetarme.—exigió enojado.
Solo me burlé de sus palabras, ¿Padre? Él no sabe que es ser un padre, desde hace
mucho que ya no era un padre, me dejó, me abandono, me destruyó, me humilló, no dejo
nada de lo que fui en el pasado.
–Si te recuerdo que tú no tienes derecho a juzgar mi forma de vida, cuando tú ni sabes
cuidar de la tuya.
Mi padre tenía una cierta tolerancia y yo había terminado con ella, con el rostro rojo por la
rabia me jaló del brazo y me levantó de un jalón. Con el jalón brusco que me dió me
provoco un dolor punzante en mi brazo, espero y no me deje moretón, mi cabello tapaba mi
rostro.
– Si que puedo juzgar tu vida, ¿Sabés por qué? —preguntó con la cara roja— Por que yo
soy la que paga tus malditos platos rotos. Sin mi dinero tú estarías en la cárcel. Sin mi no
eres nada, Layla.
Me lanzo de nuevo a la silla con brusquedad, no me moví de mi sitio, debía controlar la furia
que sentía dentro, a pesar de que el tranquilizante parecía contener mi rabia, pude reunir
toda la energía posible para gritarle lo que tanto quería le decir:–¡¿Cuántas veces te he
dicho que no me trates como si fuera una puta niña?! —sentí alivió al soltarlo de
golpe—.¡Me importa un comino el dinero que tengas!¡Yo solo quiero que me dejes vivir mi
vida a mi gusto!
Él me miró con más enojo, lo malo de ser mi padre es que tenía tanto en común con él,
éramos iguales en actitudes y destrezas, solo que físicamente y mentalmente éramos
distintos.
–¿A tú gusto? Sabés que lo que hiciste hoy se publicará en todos los periódicos gracias a tu
indiscreción. Solo te pedimos por una maldita vez que te comportaras como un Gallego,
pero ni eso pudiste hacer.
–¡Y yo te he dicho mil veces que yo no quiero ser un Gallego! —grite, parándome de mi
sitio.
Gallardo me soltó una bofetada en la mejilla derecha lo que provocó que me sentará de
nuevo en la silla.
«¿Cauntas veces más me voy a dejar abofetear? ¿Cuánto más aguantaré las ganas de
matar a todo aquel que me toca?»
Mi padre se arrodilló en frente de mí, me tomo por la barbilla para que lo viera a los ojos.
Esos putos ojos tenían tanto que esconder, el maltrato, el odio, la avaricia, esos ojos fueron
uno de los muchos par de ojos que fueron el causante de mi dolor y el destrozo de mi
estabilidad emocional. Odiaba tener que ver sus ojos color cafe como los míos. Alguna vez
este hombre me había prometido protegerme y cuidarme de todo, pero ahora era el que
causaba todo mis problemas y la mayor parte de mis traumas. ¿De verdad el amor paternal
se acaba de un día para otro dejando solo a un hombre que odia a su propia creación, su
propia hija?¿Mi padre no podía perdonarme por el error que cometí?¿Tanto me odiaba?
–¿Sabés cuántas chicas quisieran estar en tu lugar?¿Sabés cuántas niñas quisieran ser un
Gallego? ¿Sabés lo maldita afortunada que eres al ser perteneciente a una familia tan
prestigiosa como son los Gallego? —dijo recordandome mi lugar en su familia.
Años atrás eso me hubiera dolido, me hubiera echo ir a mi habitación a llorar por su
desprecio, hoy, en mi presente eso no me importaba, él término matando el poco amor que
le tenía dejando solo un frío corazón que no sentía nada más que odio y rabia.
–¿Y tú? ¿Recuerdas lo que te dije la última vez?—dije acercando mi cara a la de mi
padre—¿No? ¡Bueno te dije que no me volvieras a poner una maldita mano encima si no
pagarías las malditas consecuencias!
Golpeé a mí padre en su nariz con mi puño haciendo que este cayera al suelo, gritando de
dolor. Su mano cubría parte de su cara, se veía la sangre que caía a chorros en el suelo. No
era la primera ves que le rompía la nariz a alguien y dudo mucho que sea la última.
–¡¿Qué carajos te pasa, Layla?! —gritó Laura mirando a su marido con cara de espantó.
–Nada, solo no entiendes que yo no soy una Gallardo —dije mirando a mi padre.
Yo no soy una chica normal, eso lo acepte hace mucho tiempo, él no tiene el derecho a
decir que soy afortunada de llevar su apellido, su estatus social, nada de eso tiene sentido
si estás podrido por dentro, él y yo estamos podridos en todos los sentidos de la palabra.
–Ya me tienes arta de que siempre digas lo mismo. ¡¿Esto es lo que quieres?! ¿Estar en
una maldita clínica para enfermos mentales?
–Si así vas a entender que yo no pertenezco a tu mundo, entonces sí, prefiero estar aquí.
No quiero estar más con los de la clase alta.
Laura se veía totalmente furiosa que temía que de un momento a otro explotara como una
granada. Sus ojos no transmitían más que odio y rencor hacia mi persona. Un guardia se
acercó a Laura con un formato, supongo que eran los papeles para ingresarme a la clínica,
los cuales firmó sin leer el contenido.
–Bueno, lo obtuviste. Aquí te quedarás hasta que sepas valorar lo que tienes.—declaró
entregando los papeles al guardia.
–No me importa. Al igual que se que a ti no te importa lo que pase conmigo, solo te importa
tú reputación y solo eso —aclaré.
–Ahí si le atinaste, hija. Me importa mi fama y solo eso. Tú solo eres el títere de la
familia–todo eso ya lo sabía así que no me importaba–. Pero no creas que te quedarás en la
asignación para mujeres. Tú querida hija. Te quedarás en esta clínica mental masculina, a
ver si así valoras el poder que tenemos sobre todo. Espero y no te pase nada, hija.
Intenté no mostrar el asombro por su aclaracion, ¿Pensaba dejarme con un montón de
idiotas alborotados por las hormonas? ¿Qué le pasa por la maldita cabeza? No creí que me
dejaría alrededor de más de doscientos hombres. La miré con todo el odio y coraje que
sentía en estos momentos.
«No podré pegar el ojo en las noches por miedo a que entre un pervertido en donde
duerma»
Debí escapar lo más rápido posible.
–Llevensela. Volveré en un mes para ver si ya entraste en razón.
Y sin más Laura se fué, sin mirar atrás. Gallardo detrás de ella aún cubriéndose la nariz con
un pañuelo.
No podía creer que mi nuevo hogar estaba repleto de hombres que tenía problemas
mentales.
Me levantaron de la silla para llevarme a donde supongo yo sería mi habitación. Miré al
chico de hace unos minutos que aún estaba parado en medio del pasillo con el ceño
ligeramente fruncido, su cabello tapaba parte de su frente y cejas, se veía concentrado
mirando el suelo. Supongo que era de esos chicos que su madre se avergüenza de él por
su condición y los abandonan en un lugar como este, un guardia se acercó a él y se lo llevó,
desapareciendo de mi vista. Sentí como los guardias me arrastraban por el pasillo, no
opuse resistencia, ya que aún me sentía mareada por el tranquilizante, supongo que pronto
pasara el efecto. El lugar se veía horrible, el piso era de madera llenas de manchas rojos
que supongo son de sangre, ¿Esto es en verdad una clínica o es un puto lugar donde se
asesinan a las personas que causan problemas? Sentí como los hombres me metían a un
cuarto y me sentaban en una silla que tenían correas en los brazos y piernas, al igual que
en la cabecera, me ataron y salieron sin decir nada, cerrando la puerta y dejándome sola en
esa habitación.
El lugar no tenía ninguna ventana, el piso era de azulejos blancos y pude notar varias
manchas que no quiero saber de qué son, las paredes eran grises, al frente de mí había un
escritorio con una silla tras ella, el lugar se veía lleno de polvo, supongo que no tenían
muchos personas nuevas por aquí. Ya sentía el cuerpo mejor, aún me sentía algo atontada
por el tranquilizante pero ya podía controlar mi cuerpo a mi antojo. La puerta se abrió
dejando ver a una mujer que le calculaba unos treinta años, llevaba una bata blanca, unos
lentes, una carpeta que leía, no me presto atención, solo se sentó en frente mío sin
despegar la vista de la carpeta. Me quedé esperando a que dijera algo, me desesperaba
que me ignore, ni que fuera basura, después de unos minutos no aguante más.
—¿Quien coño es usted? —pregunte algo irritada.
Levantó la vista de los papeles que estaba leyendo, me miró con un ceja arqueada y los
labios apretados.
—¿Eres Layla Gallego? —preguntó, en vez de responder mi pregunta.
—Si, lo soy.
«Dios que irritante era esto, aún no empezaba a hablar esta tipa y ya me estoy aburriendo»
—Eres una chica muy respondona ¿No crees? —dijo mirándome con el ceño fruncido.
—Eso a usted no le importa, dígame qué coño hago en este lugar. Se supone que yo
debería estar en la habitación donde dormiré desde ahora.
—Primero tengo que hacerte un examen para ver cuál es tu problema y así poder dar un
diagnóstico del tratamiento que recibiras —dijo mirándome y anotando unas cosas en un
papel— En este lugar te ayudaremos con tu enfermedad, estarás bien. Ahora dime ¿Por
qué crees que estás aquí? ¿Veniste por voluntad propia? ¿Como te sientes estando aquí?
«Aja ¿Voluntad propia? ¿Yo? Por favor, ¿Como cree que me metería yo solita a una clínica
mental?»
—Vera, mi madre no me quiere e intentado matarme más veces de las que recuerdo, siento
que mi vida no tiene sentido —dijo agachando la cabeza— Las voces en mi cabeza me
dicen que haga cosas malas y yo no quiero pero cuando me doy cuenta ya he hecho lo que
esas voces me dicen.
La doctora se quedó callada, analizando mis palabras.
— ¿Que te dicen en estos momentos esas voces?
Me acerqué a ella y la mire a los ojos, su rostro mi miraba con cierta intriga.
— Ahora se escuchan más fuerte que antes y me piden lo mismo una y otra vez, exigiendo
que haga lo que me ordenan —le confesé mirando a sus ojos, le mostré una sonrisa que
solo le dedicaba a la prensa, esas sonrisas llenas de inocencia y paz—. Están de acuerdo
en una cosa y piensan que sería satisfactorio para mí…
— ¿Que es eso que tanto te exigen? —preguntó con las pupilas dilatadas y su cuerpo
temblando, no sé si de curiosidad o temor, espero que sea lo segundo.
— No es algo que no haya hecho en el pasado —dije restándole importancia—. Quieren su
sangre, su muerte. Me piden que la mate lentamente, que use la pluma de su mano para
sacarle los ojos, que le arranque la lengua, que la torture hasta que pida piedad, arrancarle
dedo por dedo, romper sus huesos uno por uno, dejarla consiente mientras hago todo eso,
quiere que los complazca con sus gritos y sufrimiento, que arranque su piel y extremidades
de su cuerpo, dejando al final su hermoso cuello, tomando la regla que está al lado de esa
carpeta e intentar arrancar su cabeza de su cuerpo, compaciendolos con quitarle la vida.
No sabía si había logrado mi cometido de asustarla, pero lo que si sabía era que no dejaría
que esa doctora supiera como me siento y que pasa por mi mente, mis cosas no las debe
saber una estúpida mujer que finge que le importa lo que me pasa. Observé cómo la
doctora estaba tan pálida y tragaba saliva, no es que sea una asesina todo el tiempo, pero
en verdad quería ahorcar a la mujer.
—Cre… creo que es hora de que des… descanses —respondió tartamudeando, sacó su
celular y llamó a alguien.
Me levante del asiento aún observándola sin quitar la sonrisa de mi rostro. Me encanta
intimidar a los mayores.
—Claro doctora, solo una cosa antes de irme —dije cuando el guardia entro por mi—.
Cuidese mucho uno nunca sabe cuándo alguien intentará matarla.
La doctora se tenso por completo y se puso más pálida si eso pudiera ser posible. Salí con
el guardia tomándome del brazo, todo el trayecto no quite la sonrisa de mi rostro. Los
pasillos estaban pintadas de gris pero el piso era de azulejos blancos, las puertas de
madera y otra de metal. El guardia ni siquiera hablaba solo caminaba rápido hasta que nos
detuvimos en una puerta de madera que se encontraba al fondo del pasillo. Ya estando
parados en frente de esta el hombre saco unas llaves y abrió tirándole dentro del cuarto
para luego cerrar las puertas.
— El desayuno es a las diez. Debes de estar bañada y lista para ese entonces —dijo desde
el otro lado de la puerta, para después escuchar sus pasos alejándose de la puerta.
Mire a mi alrededor y el cuarto era tan simple, solo una cama y un escritorio, una ventana
tan pequeña que no entraría ni mi cabeza en ella, las paredes eran de un color crema y el
suelo de azulejos blancos, un baño en una esquina no lo tapaba nada solo era un maldito
inodoro en un cuarto con un rollo de papel en el suelo. No sé si sentirme feliz de estar lejos
de mi familia o estar frustrada por qué el lugar estaba en peores condiciones que la cárcel
en la que estuve el año pasado.