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El documento reflexiona sobre los desafíos de enseñar y aprender durante la pandemia, destacando la falta de recursos y habilidades para la educación a distancia. Se enfatiza la importancia de reconocer las limitaciones de esta modalidad y la necesidad de mantener el contacto con los estudiantes, priorizando su bienestar. Además, se aboga por una planificación cuidadosa y un enfoque en la comunicación institucional para abordar las dificultades actuales en el ámbito educativo.

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El documento reflexiona sobre los desafíos de enseñar y aprender durante la pandemia, destacando la falta de recursos y habilidades para la educación a distancia. Se enfatiza la importancia de reconocer las limitaciones de esta modalidad y la necesidad de mantener el contacto con los estudiantes, priorizando su bienestar. Además, se aboga por una planificación cuidadosa y un enfoque en la comunicación institucional para abordar las dificultades actuales en el ámbito educativo.

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ENSEÑAR Y APRENDER EN EL CONTEXTO DE LA PANDEMIA: ALGUNAS
REFLEXIONESPor Adiungs el 30 marzo 2020 In Sin Categoría
Enseñar y aprender en el contexto de la pandemia: algunas reflexiones

Desde ADIUNGS queremos compartir algunas reflexiones sobre la situación en la que nos
encontramos, asumiendo que los impactos de esta pandemia y del aislamiento social
obligatorio nos afecta de modos diferentes, según nuestras condiciones de vida materiales y
subjetivas.

Para comenzar, debemos reconocer el carácter anormal de esta situación y la profunda


incertidumbre que nos acompaña. Si empezamos por esta “verdad de perogrullo” es para
remarcar que no podemos hacer “como si” estuviéramos en situaciones normales,
conocidas, esperables. Es en este contexto que, como trabajadoras y trabajadores
comprometidos con el derecho a la educación, estamos haciendo enormes esfuerzos para
mantener la continuidad pedagógica. Aprovechamos para agradecer los esfuerzos de les
trabajadores no docentes que también han sido imprescindibles para llevar adelante esta
tarea.

Como ya se ha dicho en una comunicación institucional de la Secretaría Académica de la


UNGS, lo que llamamos clases virtuales no reemplazan las clases presenciales. Esto se
debe a una gran cantidad de razones, de las cuales elegimos subrayar algunas, que nos
parecen las más relevantes en este contexto:

-Ni todes les docentes ni todes les estudiantes contamos con los recursos necesarios y
adecuados. Una mención aparte merecería el hecho de que se trata de recursos propios, y
si bien se trata de una situación de excepción la que nos obliga a utilizarlos, en tiempos de
expansión del teletrabajo en el mundo como forma de precarización laboral, no podemos
dejar de mencionarlo.

Aunque tengamos una computadora en nuestra casa con conexión a internet, tal vez
tenemos que compartirla con otres integrantes del hogar que deben realizar sus propias
tareas laborales o de estudio. Tal vez la conexión a internet no es la adecuada, o sólo
tenemos un celular, o sólo accedemos a internet a través de los datos. Tal vez tenemos lo
necesario pero no el espacio adecuado en la casa para concentrarnos a la hora de trabajar
o estudiar.

-No todes contamos con los conocimientos necesarios para enseñar y aprender a la
distancia. Para la gran mayoría de nosotres esta situación de virtualidad nos obliga a
aprender nuevas habilidades casi de un día para el otro, un aprendizaje que nos lleva
tiempo de trabajo y que, por lo tanto, impacta de distinta manera según el cargo que
tengamos por nivel y dedicación. Esta situación debe ser abordada en el marco del
pluriempleo que caracteriza a nuestra comunidad docente, especialmente a quienes tienen
cargos de dedicación simple.
-Nuestro trabajo en el hogar se ve afectado por las tareas domésticas, el cuidado de les
niñes (que ahora requiere, además, nuestra atención para que sigan aprendiendo elles
también por entornos virtuales), la atención de adultos mayores que pueden estar
conviviendo con nosotres o no (tareas que, en general, siguen recayendo en mayor medida
sobre las mujeres), o simplemente nuestro estado emocional. El trabajo en el hogar requiere
una organización del tiempo a la que no estamos acostumbrados, se dificulta la distinción
entre tiempo de trabajo y tiempo de descanso, días laborales y días feriados.

Enseñar implica, entre otras cosas, programar, tener ciertas certezas sobre el futuro de las
que hoy carecemos. Estamos aprendiendo a trabajar en el hogar, muchas veces con
recursos limitados, estamos aprendiendo a enseñar en entornos virtuales, y todo ello en un
contexto donde la vida y la salud están en juego, con los miedos e incertidumbres que ello
nos genera.

Si compartimos estas reflexiones, que seguramente muchos y muchas de ustedes ya han


hecho, es para promover que cada decisión que adoptemos (tanto a nivel institucional como
a nivel individual) hasta que las clases presenciales puedan retornar, sean definidas
teniendo en cuenta este contexto de gran anormalidad, respetando, por ejemplo, las
dedicaciones horarias. Ahora resulta más o menos evidente para todes (ya no sólo para
quienes hace años dictan cursos a distancia), que las seis horas de clase en el aula
requieren mucho más tiempo cuando se dictan en entornos virtuales. Por sólo poner un
ejemplo, pasamos horas respondiendo consultas de estudiantes sobre el uso de las
distintas plataformas y herramientas.

En síntesis, lo que supone este contexto es que aquello que hacemos les docentes
(también les estudiantes y nodocentes), lo hacemos en la medida de nuestras posibilidades.
Esas posibilidades están determinadas por los múltiples factores que ya mencionamos, que
van desde las tareas de cuidado a la limitación de recursos, pasando por las situaciones
emocionales de cada uno y cada una, también cambiantes. Es importante tener esto en
cuenta y comunicarlo a quienes sea necesario hacerlo (coordinación de materias, dirección
de carreras, etc). Entendemos, asimismo, que la prioridad durante este período es mantener
el contacto con les estudiantes, por eso resulta razonable que otras tareas como pueden ser
la entrega de informes de investigación o nuevos proyectos se prorroguen hasta que
podamos retornar a una situación de mayor normalidad.

Aunque la gran mayoría de nosotres, con distintos grados de responsabilidad (autoridades,


directores/as de carreras, coordinadores/a de materias, etc), somos conscientes de esto, es
importante decirlo y tenerlo en cuenta, incluso para no exigirnos a nosotros mismos metas
educativas que no estamos en condiciones de alcanzar, ni nosotros como docentes y
tampoco les estudiantes. La preocupación por la evaluación es extendida, y cuanto antes
podamos tener alguna decisión o previsión institucional al respecto, podremos enfocar
mejor nuestros esfuerzos y los de les estudiantes.

Comprometides con el derecho a la educación, apostamos a atravesar esta coyuntura de la


mejor manera posible, tanto para les estudiantes como para les trabajadores docentes.
Ante cualquier cuestión, pueden comunicarse con ADIUNGS por correo electrónico o a
través de les delegades.

Comisión Directiva de ADIUNGS

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¿Es la educación virtual buena o mala?

elearning

Por: Eric Fredericksen, profesor asociado de la escuela de educación Warner en la


universidad de Rochester. Publicado en Agenda del Foro Economico Mundial.

Durante los últimos veinte años, he escuchado muchas veces esta pregunta sobre la
educación virtual. Puede ser tentador para sus aficionados decir "por supuesto que es
buena" pero veo esto como una especie de "pregunta con trampa". Deberíamos considerar
esta pregunta en el contexto del aula tradicional.

¿Acaso nuestras experiencias en aulas tradicionales han sido fantásticas? Todos hemos
tenido clases estupendas en ambientes tradicionales y tal vez otras que no lo eran tanto. Yo
sugeriría que la calidad y la eficacia del aprendizaje no están vinculados a un "tipo" de
enseñanza.

De la misma manera que podemos llegar a tener buenos (y no tan buenos) cursos
presenciales en aulas de clase tradicionales, también podemos tener buenos (y no tan
buenos) cursos en línea. Además, re-conceptualizar y convertir una clase tradicional en un
curso virtual no necesariamente hace que sea mejor o peor.

¿Qué nos dice la investigación? ¿Y cuáles son las lecciones para la enseñanza -
aprendizaje en el futuro?

Investigación sobre la educación virtual.

Una gran cantidad de estudios han examinado la educación virtual. Exploran la eficacia a
través de una serie de criterios, como la satisfacción, retención y el rendimiento.

Un análisis objetivo publicado por la Asociación Americana de Investigación Educativa


(¿Cómo se compara la educación a distancia con las clases presenciales en las aulas? Un
Meta Análisis de la Literatura Empírica) examinó la información entre 1985 y 2002.

Los autores analizaron 232 estudios en todos los niveles académicos (K-12 y superior) que
examinan los logros (sobre la base de 57.019 estudiantes), actitud (en base a 35.365
estudiantes) y la retención (basada en 3.744.869 estudiantes) los resultados. Este
meta-análisis destacó que algunas aplicaciones de la educación en línea son mejores que la
enseñanza en clase y algunas eran peores.

Otro memorable análisis a cargo del Departamento de Educación de [Link]. en 2010. La


evaluación de los métodos evidenciados en el aprendizaje en línea: Un meta-análisis e
inspección de la educación virtual encontraron que, en promedio, los estudiantes de
aprendizaje en línea obtuvieron mejores logros ,modestamente mejor, a quienes recibieron
la clases cara a cara.

¿Qué deberíamos concluir de esto?


Creo que nos dice que el aprendizaje en línea puede ser eficaz - pero eso por sí solo no es
una garantía de que será eficaz. No está predeterminado que la educación en línea es
mejor (o peor) que un aula tradicional.

Quizás la pregunta más importante que debemos hacernos es: "¿Cómo puede la educación
en línea ser eficaz?"

Desarrollando un curso en línea.

Después de dos décadas de trabajo y dedicación en este campo, creo que podemos
impactar positivamente la experiencia del aprendizaje para los estudiantes de los cursos en
línea. Un aspecto vital de esto es el apoyo y la capacitación prestada a los quienes están
diseñando cursos en línea y que abiertamente discutamos las ventajas y limitaciones de
este "tipo de aula".

Los cursos en línea efectivos se desarrollan a través del diseño sistemático de la instrucción
con énfasis en el logro de los objetivos de aprendizaje del curso. El rigor de este enfoque
para el desarrollo del curso y la creación de actividades de aprendizaje (que varían por
supuesto) es fundamental para crear un ambiente de aprendizaje eficaz y potencializa el
aprendizaje de los estudiantes y su construcción de nuevos conocimientos.

Una planificación cuidadosa del curso toma las mejores prácticas (por ejemplo, la
consistencia de la interfaz del curso y una estructura similar de todos los módulos del curso)
en cuenta y debe estar completa antes del inicio del curso. En un investigación publicada
resultó muy interesante ver a los profesores pasar por el proceso de reconocer que este
enfoque de conciencia en la revisión pedagógica también tiene un impacto positivo en las
aulas tradicionales.

Es cierto que una gran ventaja de la educación virtual es que existe un mejor acceso para
los estudiantes, como eliminar constantes desplazamientos a una ubicación específica en
un momento determinado. Estudios anuales documentan que millones de estudiantes
pueden matricularse en cursos en línea. Pero ¿cuáles son las ventajas educativas del aula
en virtual?

Un error común de la educación en línea ha sido que es una experiencia de aislamiento


para los estudiantes. De hecho, los estudios que he realizado con colegas muestran todo lo
contrario.

A través de foros de discusión diacrónicos, puede aumentar la interacción, tanto en cantidad


como en calidad, con y entre los estudiantes. Estas discusiones en clase no están limitados
a una pequeña ventana de tiempo, pero pueden ocurrir más de una semana o dos. Este
entorno permite a todos los estudiantes involucrarse y participar activamente en la
discusión.

Compare esto con un aula tradicional, donde la discusión podría ser dominada por solo una
parte de los estudiantes, mientras que el resto de la clase es indiferente al tema. Cada
estudiante en línea puede tener una voz y ser escuchados. Además, la ampliación del
tiempo para la discusión le permite a los estudiantes reflexionar y explorar la información
adicional, considerar las opiniones de sus compañeros de clase cuidadosamente y luego
tomar el tiempo para construir su propia contribución, que puede conducir a respuestas de
mayor calidad.

Otra ventaja es la posibilidad de facilitar la revisión por parte de otros compañeros - una
estrategia de enseñanza favorable para que los alumnos compartan sus puntos de vista
personales y conocimientos con sus compañeros de clase con respecto a la información o
proyectos. Esta retroalimentación beneficia al sentido crítico y redactor del estudiante. La
gestión de la revisión por parte de los compañeros es mucho más fácil en mi aula virtual (un
panel de discusión permite intercambios) en comparación con mi aula física con las
limitaciones correspondientes, donde los estudiantes tendrían que traer copias de su trabajo
para distribuir a sus compañeros de clase y luego deberán crear un evento adicional para el
intercambio y obtener de alguna manera la retroalimentación.

Énfasis en aprendizaje.

Esto no pretende ser una crítica al aula de clase tradicional. He disfrutado de la enseñanza
en los espacios físicos durante más de 25 años y la experiencia ha sido gratificante y
valiosa. Voy a seguir haciéndolo. Pero creo que tenemos que tener cuidado de no idealizar
el aula tradicional.

No todas las experiencias de aprendizaje tradicionales son iguales. Hay una diferencia
significativa entre una conferencia en un gran auditorio con cientos de estudiantes y una
pequeña sala de seminario con 15 estudiantes.

El aula física tiene una ventaja - la "espontaneidad" de la discusión que puede ocurrir. Estas
ocasiones pueden ser oportunidades maravillosas de aprendizaje. Esta falta de
espontaneidad ha sido una limitación en las aulas virtuales, debido a las limitaciones de
ancho de banda requeridas para las trasmisiones (síncrono) de las conferencias web. Sin
embargo, algunos de los retos tecnológicos recientemente se han aliviado y me siento
capaz de complementar mis cursos en línea con las discusiones de clase donde los
estudiantes pueden ver y escuchar a los demás, independientemente de su ubicación física.

Entonces, ¿cuál es el futuro de las clases en línea? Mi esperanza es que sigamos


evolucionando diferentes modelos de aprendizaje en línea. El espíritu de los cursos en línea
"mixtos" o "integrados" se esfuerza por capturar lo mejor de la virtual con la mejor de las
experiencias de aula tradicional.

En última instancia, creo que vamos a progresar y desarrollar la instrucción hasta el punto
donde estas distinciones con base histórica y términos categóricos se difuminen y logren ser
menos significativas, y simplemente nos vamos a enfocar en el aprendizaje.

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Revista de Educación Virtual | Educación Online en EspañolScroll to Top
procedente destacar que la enseñanza virtual es una de las modalidades de enseñanza que
más crece actualmente, ya que presenta muchas ventajas para los alumnos y también para
los profesores. Este tipo de enseñanza también es llamada E-learninng y se vale de la
tecnología, el Internet y todas las herramientas del mundo online para hacer la transmisión
de información necesaria para que el alumno aprenda el contenido del tema que se está
impartiendo.

Coincidimos plenamente con académicos especializados, cuando señalan como


características básicas de la educación virtual: 1. Es un sistema de enseñanza-aprendizaje,
que se operacionaliza a través de tecnología de telecomunicaciones y redes de
computadoras; 2. Facilita a los alumnos el acceso a programas académicos, ofrecidos en
cualquier lugar del mundo; 3. La cobertura de sus programas académicos es global; 4. Es
un modelo educativo que está centrado en el aprendizaje colaborativo, a través de los
servicios de las redes de computadoras; 5. El profesor es básicamente un facilitador de
ambientes de aprendizaje; 6. El estudiante aprende por sí mismo y a su propio ritmo, a
través de la red, interactuando con sus compañeros, sus profesores y con los textos; 7. Hay
flexibilidad tanto temporal como espacial; 8. Debe haber una permanente retroalimentación
sobre el desempeño del alumno, lo mismo que una respuesta inmediata a las consultas.

La tecnología utilizada en la educación virtual comprende: Word Wide Web (www), el Correo
electrónico, el Video correo, el WebPhone, la Video conferencia, los grupos de discusión,
las conferencias en línea (chat), los grupos de noticias, la transferencia de archivos
búsqueda de información.

En el orden personal hemos venido sugiriendo que el gobierno de la República, debe asumir
como una política estratégica la dotación de Internet a nivel nacional; vale decir, en todos
los departamentos y municipios del país, lo que propiciará en cambio cualitativo no solo en
el contexto educativo, sino en todos los ámbitos del accionar humano.

Los expertos en la materia establecen una serie de requisitos básicos para implementar la
educación virtual y apoyar la actividad de los alumnos, entre ellos: 1. Programa de
capacitación para los estudiantes en el uso de la tecnología; 2. Disponer de bancos de
información bibliográfica, especialmente en formato digital y vínculos a la información
adicional; 3. Contar con un equipo, profesores de apoyo en materia informática, pedagógica
y apoyo administrativo; 4. Establecer las estrategias de retroalimentación y de seguimiento
para apoyar a los estudiantes; 5. Definir e implementar políticas de capacitación y
actualización de profesores; 6. Desarrollar contenidos básicos para cada curso y establecer
los criterios de evaluación de los alumnos.

Indiscutiblemente, ante la crisis provocada por el COVID-19 el momento es propicio para


que demos ese paso cualitativo que hoy se impulsa en el contexto educativo.

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La Odisea de la educación virtual
OPINIONES
02 mayo 2020
Para niños y adolescentes, "estar conectados" es sinónimo de socializar o divertirse. El uso
de Internet para fines educativos no constituye la motivación principal ni la inclinación
espontánea

La Odisea de la educación virtual


Deuda pendiente: en la Argentina, para niños y adolescentes, “estar conectados” es
sinónimo de socializar o divertirse.

Por Santiago Bellomo


Ulises sabía lo que hacía cuando pidió a su tripulación que lo ate al mástil de su
embarcación. No quería ser hechizado por el canto de las sirenas y arrojarse al mar, lo que
hubiera significado el fin de su regreso hacia su Ítaca natal desde las lejanas tierras de
Troya.

La decisión de Ulises revela a la vez su inteligencia y su humildad. Conocía bien el desafío


al que se enfrentaba. Al mismo tiempo era consciente de sus limitaciones y suficientemente
maduro como para aceptarlas.

Cafiero encabezó el anuncio.


Informate más
El Gobierno presentó junto a UNICEF un programa para el desarrollo infantil temprano
Aunque resulte curioso, la educación virtual me recuerda a esta epopeya. El niño o
adolescente que se embarca en la aventura de aprender a través de Internet, navega en un
océano repleto de encantos.

Hace exactamente 20 años desarrollé una investigación sobre el uso de Internet entre
adolescentes. Con conexiones incipientes y lentas, el 93% de los 500 adolescentes
encuestados mencionó el “intercambio social” como motivación principal de su navegación.
Apenas el 25% vinculó la herramienta con usos educativos.

Aunque la proporción del uso educativo pareciera haber aumentado, la situación no parece
haber variado tanto en este punto. En un país como la Argentina, que cuenta con más
líneas activas que habitantes, el 93% se define como usuario activo de Internet y el 76%,
como usuario activo de redes sociales, según la consultora We Are Social (2019).

El informe de Niños en un mundo digital publicado por Unicef en 2017 destacó que los
jóvenes de 15 a 24 años son el grupo más conectado; y que los niños y adolescentes
menores de 18 años representan aproximadamente uno de cada tres usuarios de Internet
en todo el mundo.

En el nivel local, el informe “Chicos conectados” de esta misma organización, indicaba que
8 de cada 10 adolescentes conectados son usuarios habituales de Whatsapp y 96 de cada
100, de redes sociales. Algo más austero, el informe “Los jóvenes y los consumos
culturales” (SINCA, 2017) reveló que los intercambios en redes sociales constituyen la
principal actividad para el 75% de los jóvenes.

Los datos podrán estar más o menos actualizados o alineados, pero no hacen más que
confirmar una percepción generalizada: para niños y adolescentes, “estar conectados” es
sinónimo de socializar o divertirse. El uso de Internet para fines educativos no constituye la
motivación principal ni la inclinación espontánea.

Esto tiene gran impacto en el marco actual de la cuarentena y la masificación de la


educación virtual. En ciertos contextos y edades, proponer actividades de aprendizaje virtual
es como invitar a un grupo de chicos a salir al patio, darles una pelota y pedirles que
calculen su circunferencia. Se requerirá de todo el aplomo y el oficio del docente para
refrenar la tentación de hacerla rodar.

El problema sobreañadido es que, en contextos de virtualidad y en las actuales condiciones


de la tecnología, ni el docente más experimentado puede saber si un alumno está
verdaderamente atento o si ha sido “hechizado” por sirenas virtuales. Cuando estamos
conectados, las distracciones no sólo están a la mano; de hecho, nos invaden, incluso
cuando nos empeñamos en evitarlas.

En el mercado tecnológico ya existen algunos dispositivos capaces de comprobar la real


presencia física del alumno mediante parámetros biométricos. Aún son costosos y poco
funcionales pero es posible que el futuro nos sorprenda con su masificación y sofisticación
al punto de hacerlos capaces de detectar y medir niveles de atención. Dado el caso de que
así suceda, cabe preguntarse si ese es el camino más adecuado para combatir el problema
de la distracción en la enseñanza virtual.

Una mejor estrategia parece residir en la emulación: lograr que las propuestas educativas
se vuelvan tan atractivas como para rivalizar con los cantos de sirenas. Por supuesto, hay
docentes que lo logran sin otro recurso que su elocuencia y sabiduría. Son pocos y merecen
nuestra admiración. Hay otros que echan mano de la tecnología para diseñar propuestas
pedagógicas lúdicas, y lo logran con ingenio y maestría.

El camino de la emulación es positivo, pero no debe opacar un desafío más profundo e


importante. La madurez exige desarrollar capacidades de atención voluntaria. Ella es
necesaria no sólo para superar desafíos arduos, sino también para incrementar y
perfeccionar nuestra capacidad de gozo.

Por eso, desde la educación inicial se promueven hábitos de auto-regulación y


auto-motivación. Ellos resultarán indispensables para todo el resto de la escolaridad, de la
formación superior, y – por supuesto- de la vida adulta en general. Un alumno auto-regulado
sabe superar la distracción con o sin ayuda de cuerdas.

Ahora bien, si Ulises pidió que lo amarraran al mástil, lo hizo porque ansiaba un bien mucho
mayor que el que podían ofrecerle las sirenas: deseaba llegar a su hogar para echarse en
los brazos de Penélope. Fue el deseo de ese bien el que despertó su voluntad de atarse.
Cuando la autodisciplina se arraiga en motivaciones profundas, entonces su ejercicio es
enérgico y estimulante. Cuando se vuelve un fin en sí misma, suele degenerar en
voluntarismo raquítico, de escaso impacto y corta vida.

No hay mejor antídoto contra los hechizos de la virtualidad que el deseo profundo de saber
y aprender. Lo cierto es que nuestra cultura, y especialmente en el contexto argentino, esta
no parece ser la inclinación dominante. Nos interesa aprobar, no necesariamente aprender.

Hoy nuestros hijos y alumnos son como Ulises. Y nosotros, los adultos, somos parte de la
tripulación que navega con ellos en esta Odisea educativa. Si Ulises fuera un niño o un
adolescente argentino del siglo XXI y tuviera una dispositivo con conexión, ¿navegaría sin
ataduras? Y nosotros: ¿qué tipo de tripulación queremos ser?

Doctor en Filosofía de la Universidad de Navarra, Lic. en Administración y Gestión


Educativa por la UNSAM y profesor de la Universidad Austral

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La Odisea de la educación virtual
OPINIONES
02 mayo 2020
Para niños y adolescentes, "estar conectados" es sinónimo de socializar o divertirse. El uso
de Internet para fines educativos no constituye la motivación principal ni la inclinación
espontánea

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Deuda pendiente: en la Argentina, para niños y adolescentes, “estar conectados” es
sinónimo de socializar o divertirse.

Por Santiago Bellomo


Ulises sabía lo que hacía cuando pidió a su tripulación que lo ate al mástil de su
embarcación. No quería ser hechizado por el canto de las sirenas y arrojarse al mar, lo que
hubiera significado el fin de su regreso hacia su Ítaca natal desde las lejanas tierras de
Troya.

La decisión de Ulises revela a la vez su inteligencia y su humildad. Conocía bien el desafío


al que se enfrentaba. Al mismo tiempo era consciente de sus limitaciones y suficientemente
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adolescente que se embarca en la aventura de aprender a través de Internet, navega en un
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Hace exactamente 20 años desarrollé una investigación sobre el uso de Internet entre
adolescentes. Con conexiones incipientes y lentas, el 93% de los 500 adolescentes
encuestados mencionó el “intercambio social” como motivación principal de su navegación.
Apenas el 25% vinculó la herramienta con usos educativos.

Aunque la proporción del uso educativo pareciera haber aumentado, la situación no parece
haber variado tanto en este punto. En un país como la Argentina, que cuenta con más
líneas activas que habitantes, el 93% se define como usuario activo de Internet y el 76%,
como usuario activo de redes sociales, según la consultora We Are Social (2019).

El informe de Niños en un mundo digital publicado por Unicef en 2017 destacó que los
jóvenes de 15 a 24 años son el grupo más conectado; y que los niños y adolescentes
menores de 18 años representan aproximadamente uno de cada tres usuarios de Internet
en todo el mundo.

En el nivel local, el informe “Chicos conectados” de esta misma organización, indicaba que
8 de cada 10 adolescentes conectados son usuarios habituales de Whatsapp y 96 de cada
100, de redes sociales. Algo más austero, el informe “Los jóvenes y los consumos
culturales” (SINCA, 2017) reveló que los intercambios en redes sociales constituyen la
principal actividad para el 75% de los jóvenes.

Los datos podrán estar más o menos actualizados o alineados, pero no hacen más que
confirmar una percepción generalizada: para niños y adolescentes, “estar conectados” es
sinónimo de socializar o divertirse. El uso de Internet para fines educativos no constituye la
motivación principal ni la inclinación espontánea.

Esto tiene gran impacto en el marco actual de la cuarentena y la masificación de la


educación virtual. En ciertos contextos y edades, proponer actividades de aprendizaje virtual
es como invitar a un grupo de chicos a salir al patio, darles una pelota y pedirles que
calculen su circunferencia. Se requerirá de todo el aplomo y el oficio del docente para
refrenar la tentación de hacerla rodar.

El problema sobreañadido es que, en contextos de virtualidad y en las actuales condiciones


de la tecnología, ni el docente más experimentado puede saber si un alumno está
verdaderamente atento o si ha sido “hechizado” por sirenas virtuales. Cuando estamos
conectados, las distracciones no sólo están a la mano; de hecho, nos invaden, incluso
cuando nos empeñamos en evitarlas.

En el mercado tecnológico ya existen algunos dispositivos capaces de comprobar la real


presencia física del alumno mediante parámetros biométricos. Aún son costosos y poco
funcionales pero es posible que el futuro nos sorprenda con su masificación y sofisticación
al punto de hacerlos capaces de detectar y medir niveles de atención. Dado el caso de que
así suceda, cabe preguntarse si ese es el camino más adecuado para combatir el problema
de la distracción en la enseñanza virtual.

Una mejor estrategia parece residir en la emulación: lograr que las propuestas educativas
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Ahora bien, si Ulises pidió que lo amarraran al mástil, lo hizo porque ansiaba un bien mucho
mayor que el que podían ofrecerle las sirenas: deseaba llegar a su hogar para echarse en
los brazos de Penélope. Fue el deseo de ese bien el que despertó su voluntad de atarse.
Cuando la autodisciplina se arraiga en motivaciones profundas, entonces su ejercicio es
enérgico y estimulante. Cuando se vuelve un fin en sí misma, suele degenerar en
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No hay mejor antídoto contra los hechizos de la virtualidad que el deseo profundo de saber
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tripulación que navega con ellos en esta Odisea educativa. Si Ulises fuera un niño o un
adolescente argentino del siglo XXI y tuviera una dispositivo con conexión, ¿navegaría sin
ataduras? Y nosotros: ¿qué tipo de tripulación queremos ser?

Doctor en Filosofía de la Universidad de Navarra, Lic. en Administración y Gestión


Educativa por la UNSAM y profesor de la Universidad Austral

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