Lección – Células IPUIC CENTRAL FLORENCIA
SEÑOR, ¿QUÉ QUIERES QUE YO HAGA?
Texto Base: Hechos 9:1-6
Objetivo general
Guiar a los participantes a entender la importancia de rendirse al llamado de
Dios, reconociendo que rendirse a Él no es una derrota, sino el inicio de una
vida guiada por Su propósito perfecto.
Pregunta Rompehielo:
¿Has estado en una situación donde intentaste hacer las cosas a tu
manera, pero luego descubriste que había una forma mejor?
(Permite que algunos compartan brevemente sus experiencias y conéctalo
"Hoy veremos cómo Saulo, quien confiaba en su propia fuerza y sabiduría,
encontró en su entrega a Dios un propósito mayor.")
Introducción:
Como hombres y mujeres, estamos acostumbrados a enfrentar desafíos y
demostrar que podemos vencer cualquier obstáculo. Pero ¿qué sucede cuando
Dios nos pide rendirnos? Esta palabra puede sonar contraria a nuestra
naturaleza, pero hay momentos donde rendirse a Dios no es una derrota, sino
el inicio de una vida victoriosa. Hoy aprenderemos a través de la historia de
Saulo cómo rendirnos al llamado de Dios es lo mejor que podemos hacer.
Rendirse: No es perder, es ganar
Como seres humanos, a menudo asociamos rendirnos con fracaso. Sin
embargo, en nuestra relación con Dios, rendirnos significa permitir que
Él tome el control de nuestras vidas para guiarnos a Su propósito
perfecto.
La historia de Pablo:
En la Biblia encontramos una historia muy interesante de un hombre llamado
Saulo de Tarso, era bastante respetado y su reputación lo hacía alguien
implacable, este hombre tenía una actitud desafiante y temeraria hacia el
evangelio, matando a todos aquellos que profesaban la fe. Hasta el día que
tuvo un encuentro directo con Jesucristo. En este encuentro, una de las frases
más impactantes del Señor para él fue:
“Dura cosa es dar coces contra el aguijón”.
Dando coces al aguijón: Dar coces contra el aguijón habla de la terquedad
del buey de frenarse, aunque su amo lo está chuzando con la punta del aguijón
para que avance. Este dicho se aplica a alguien que confía contra su mayor
poder, o a alguien que trata de resistir a una fuerza que no puede vencer por
sus propias fuerzas...
Esto nos muestra que Dios venía llamando desde antes a Pablo, pero él se
resistía a aceptar su llamado y quería seguir viviendo de la manera que lo
hacía. Dios a nosotros nos llama desde temprano y a través de muchas
situaciones y personas en nuestra vida. Sin embargo, por nuestra terquedad no
aceptamos el llamado de Dios.
¿Hay áreas en tu vida donde estás resistiendo el llamado de Dios, luchando
contra Su dirección?
Mientras más luchamos contra Dios, mayor es nuestra frustración. No
podemos vencer a Dios; rendirnos es la clave para encontrar paz y
propósito.
EL DÍA DETERMINANTE: Pablo se había resistido durante mucho tiempo a
aceptar el llamado de Jesucristo, sin embargo, el día del camino a Damasco fue
el día determinante para su conversión. Porque el hombre que tanto se negaba
y se resistía ahora estaba rendido ante la luz y el poder de Jesús diciendo:
“¿Qué quieres que yo haga?”. Pablo entendió que la decisión más sabia en
ese momento era rendirse.
Versículo clave: Hechos 9:6 – “Él, temblando y temeroso, dijo: Señor,
¿qué quieres que yo haga?”
Reflexión: ¿Qué áreas de tu vida estás intentando controlar, pero necesitas
entregarle a Dios?
Claves para rendirnos a Dios:
1. Reconocer su señorío: Jesús es el Señor, y nosotros somos
llamados a obedecer.
2. Preguntar con humildad: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”
3. Seguir su dirección: Permitir que Dios guíe cada aspecto de
nuestras vidas.
Reflexión: ¿Qué transformación podría ocurrir en tu vida si decides rendirte
plenamente a Dios?
Preguntas para discusión en la célula
1. ¿Por qué crees que a veces resistimos el llamado de Dios?
2. ¿Qué significa para ti rendirte al plan de Dios?
Conclusión: Como hombres en ocasiones somos impetuosos y siempre
nuestro objetivo ha sido vencer, y eso está bien porque nuestro enfoque
siempre debe ser ese; pero cuando se trata de Jesús, lo mejor que podemos
hacer es rendirnos a sus pies y hacer su voluntad. Resistirnos a su grande
poder solo nos asegura el fracaso para nuestra vida, pues nadie ha podido
hacerle frente al campeón. Jesús solo quiere que te entregues para convertirte
en hijo suyo y como su hijo heredarás su gloria. No sigas tratando de resistirte
al plan de Dios, ríndete ante Él y dile: “¿Qué quieres que haga?”