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Referentes Biología

El documento describe las diferencias entre la inmunidad innata y específica, así como los mecanismos de acción de la inmunidad humoral y celular. Se detallan las funciones de diversas células inmunitarias, las etapas de las respuestas inmunitarias y las principales patologías del sistema inmunitario, incluyendo enfermedades autoinmunitarias, inmunodeficiencias y trastornos alérgicos. Además, se aborda el concepto de inmunidad, su importancia en la salud pública y los desafíos actuales en el campo de la inmunología.
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El documento describe las diferencias entre la inmunidad innata y específica, así como los mecanismos de acción de la inmunidad humoral y celular. Se detallan las funciones de diversas células inmunitarias, las etapas de las respuestas inmunitarias y las principales patologías del sistema inmunitario, incluyendo enfermedades autoinmunitarias, inmunodeficiencias y trastornos alérgicos. Además, se aborda el concepto de inmunidad, su importancia en la salud pública y los desafíos actuales en el campo de la inmunología.
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Inmunidad innata y específica: diferencias e Inmunidad humoral y celular:

mecanismos de acción

El sistema inmunitario innato es una parte fundamental de la defensa del cuerpo humano
contra patógenos y otras amenazas externas. Proporciona una primera línea de defensa rápida
y generalizada. Entre las células clave del sistema inmunitario innato se encuentran los
monocitos, neutrófilos, basófilos y eosinófilos, cada uno con funciones específicas en la
detección y destrucción de patógenos.

Los monocitos son un tipo de glóbulo blanco que circulan en la sangre y pueden migrar a los
tejidos donde se transforman en macrófagos. Su función principal es la fagocitosis, es decir,
la ingestión y destrucción de microorganismos invasores y células muertas. Los neutrófilos
son el tipo más común de glóbulo blanco y constituyen una parte importante de la respuesta
inmune innata. Son células altamente móviles que se desplazan hacia los sitios de infección o
inflamación en respuesta a señales químicas liberadas por tejidos dañados o patógenos. Una
vez allí, llevan a cabo la fagocitosis y liberan sustancias tóxicas para destruir a los invasores.
Los basófilos y eosinófilos son glóbulos blancos menos comunes pero igualmente
importantes. Los basófilos liberan histamina y otras sustancias químicas involucradas en la
respuesta inflamatoria, mientras que los eosinófilos desempeñan un papel crucial en la
defensa contra parásitos y en la regulación de las reacciones alérgicas.

La respuesta inflamatoria local es una parte esencial de la respuesta inmune innata que se
desencadena por daño tisular, infección o irritación. Consiste en una serie de eventos
coordinados destinados a eliminar la causa del daño, limitar su extensión y promover la
curación del tejido afectado. En ella, los monocitos y neutrófilos son reclutados al sitio del
daño o la infección mediante la acción de moléculas señalizadoras como citocinas y
quimioquinas. Estas células fagocíticas realizan la eliminación de microorganismos y tejido
dañado a través de la fagocitosis. Al mismo tiempo, los basófilos liberan histamina y otras
sustancias químicas que aumentan la permeabilidad de los vasos sanguíneos locales, lo que
facilita la migración de glóbulos blancos hacia el sitio de la lesión. Esto provoca los síntomas
clásicos de la inflamación, como enrojecimiento, hinchazón, calor y dolor. Los eosinófilos
también pueden ser reclutados en ciertos tipos de respuestas inflamatorias, especialmente
aquellas causadas por parásitos, donde desempeñan un papel importante en la destrucción de
los invasores.

El sistema inmunitario adaptativo es una de las maravillas biológicas que nos protege contra
una amplia gama de agentes patógenos, como bacterias, virus, hongos y células cancerosas.
Esta respuesta inmunológica adaptativa es altamente específica y se desarrolla a medida que
el cuerpo se expone a diferentes amenazas, proporcionando una defensa personalizada y
efectiva.
En el corazón del sistema inmunitario adaptativo se encuentran los linfocitos, un tipo de
glóbulo blanco que se origina en la médula ósea y madura en los órganos linfoides primarios,
como el timo y la médula ósea misma. Hay dos tipos principales de linfocitos involucrados en
la respuesta inmune adaptativa: los linfocitos B y los linfocitos T.

Los linfocitos B son responsables de producir anticuerpos, proteínas especializadas diseñadas


para reconocer y neutralizar antígenos específicos. Los antígenos son moléculas extrañas,
como proteínas, carbohidratos o lípidos, que desencadenan una respuesta inmune. Los
linfocitos B tienen en su superficie receptores de anticuerpos que les permiten reconocer
antígenos específicos. Cuando un linfocito B encuentra su antígeno correspondiente, se activa
y se multiplica, produciendo clones de células B que secretan grandes cantidades de
anticuerpos. Estos anticuerpos circulan por el cuerpo, uniendo y neutralizando los antígenos,
marcándolos para la destrucción por otros componentes del sistema inmunitario.

Por otro lado, los linfocitos T se dividen en dos subtipos principales: los linfocitos T
citotóxicos (CD8+) y los linfocitos T ayudantes (CD4+). Los linfocitos T citotóxicos son
responsables de atacar directamente a las células infectadas por patógenos, mientras que los
linfocitos T ayudantes juegan un papel crucial en la coordinación y regulación de la respuesta
inmune. Estos últimos activan a los linfocitos B y T citotóxicos, mejorando su capacidad para
combatir la infección.

La respuesta inmune adaptativa se compone de dos componentes principales: la respuesta


inmune humoral, mediada por los linfocitos B y los anticuerpos, y la respuesta inmune
celular, mediada por los linfocitos T citotóxicos. Ambas respuestas trabajan en conjunto para
eliminar los patógenos invasores y proporcionar inmunidad a largo plazo.

Respuesta inmunitaria humoral: Se activa cuando los linfocitos B reconocen antígenos


específicos y se diferencian en células plasmáticas, que son responsables de producir y
secretar anticuerpos. Etapas:

a. Reconocimiento del antígeno: Los linfocitos B poseen receptores de anticuerpos en su


superficie que les permiten reconocer y unirse a antígenos específicos.

b. Activación de los linfocitos B: Una vez que un linfocito B se une a su antígeno


correspondiente, se activa y comienza a proliferar y diferenciarse en células plasmáticas.

c. Producción de anticuerpos: Las células plasmáticas secretan grandes cantidades de


anticuerpos específicos contra el antígeno, los cuales se dispersan por todo el cuerpo para
unirse y neutralizar los antígenos.
d. Memoria inmunológica: Después de la infección, algunos linfocitos B se diferencian en
células de memoria, que permanecen en el cuerpo durante mucho tiempo y proporcionan una
respuesta más rápida y eficiente en caso de una exposición futura al mismo antígeno.
Respuesta inmunitaria celular: Se desencadena cuando los linfocitos T reconocen antígenos
presentados por células infectadas o células presentadoras de antígenos. Etapas:

a. Presentación del antígeno: Las células infectadas o las células presentadoras de


antígenos muestran fragmentos del antígeno en su superficie mediante moléculas de
histocompatibilidad (MHC).

b. Reconocimiento del antígeno por los linfocitos T: Los linfocitos T CD8+ (citotóxicos)
reconocen antígenos presentados en MHC de clase I, mientras que los linfocitos T CD4+
(ayudantes) reconocen antígenos presentados en MHC de clase II.

c. Activación de los linfocitos T: Una vez que los linfocitos T reconocen el antígeno, se
activan y se diferencian en células T efectores, como los linfocitos T citotóxicos que
destruyen las células infectadas.

d. Memoria inmunológica: Al igual que en la respuesta humoral, se generan células T de


memoria que proporcionan una respuesta más rápida y eficaz en futuras exposiciones al
mismo antígeno.

Principales patologías del sistema inmunitario: causas y relevancia clínica

El sistema inmunitario es una red compleja de células, tejidos y órganos que protegen al
cuerpo contra enfermedades y patógenos. Sin embargo, en ocasiones, este sistema puede
malinterpretar las señales y atacar tejidos y células sanas del cuerpo, dando lugar a
enfermedades autoinmunitarias. Además, el sistema inmunitario puede ser deficiente, dejando
al cuerpo vulnerable a infecciones recurrentes y enfermedades. A continuación, exploraremos
algunas de las principales patologías del sistema inmunitario, sus causas y su relevancia
clínica:

1. Enfermedades autoinmunitarias: Las enfermedades autoinmunitarias son aquellas en las


que el sistema inmunitario ataca por error tejidos y células sanas del propio cuerpo. Algunos
ejemplos de estas enfermedades incluyen:

- Artritis reumatoide: En esta enfermedad, el sistema inmunitario ataca las articulaciones,


causando inflamación, dolor y eventualmente daño articular.

- Lupus eritematoso sistémico (LES): El LES es una enfermedad autoinmunitaria que puede
afectar múltiples órganos y sistemas del cuerpo, como la piel, las articulaciones, los riñones,
el corazón y el sistema nervioso.
- Enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa: Estas son enfermedades inflamatorias del
intestino en las que el sistema inmunitario ataca el revestimiento del tracto gastrointestinal,
causando inflamación, dolor abdominal, diarrea y otros síntomas.

- Esclerosis múltiple (EM): La EM es una enfermedad autoinmunitaria que afecta al sistema


nervioso central, causando daño a la mielina que recubre las células nerviosas, lo que resulta
en problemas de movilidad, sensibilidad y función cognitiva.

La relevancia clínica de estas enfermedades radica en su capacidad para causar discapacidad


significativa y disminuir la calidad de vida de los pacientes. Además, algunas de estas
enfermedades, como el LES y la EM, pueden tener un curso clínico impredecible y requerir
un manejo a largo plazo con medicamentos inmunosupresores para controlar los síntomas y
prevenir el daño orgánico.

2. Inmunodeficiencias primarias: Son trastornos genéticos que afectan la capacidad del


sistema inmunitario para combatir infecciones. Estas condiciones pueden ser heredadas y se
caracterizan por una respuesta inmune debilitada o ausente. Algunos ejemplos incluyen:

- Inmunodeficiencia combinada grave (SCID): En SCID, los niños nacen con un sistema
inmunitario gravemente comprometido, lo que los hace extremadamente vulnerables a
infecciones recurrentes y potencialmente mortales desde una edad temprana.

- Síndrome de Wiskott-Aldrich: Esta enfermedad afecta principalmente a los hombres y se


caracteriza por una combinación de inmunodeficiencia, eczema y trombocitopenia (niveles
bajos de plaquetas en la sangre), lo que aumenta el riesgo de infecciones y hemorragias.

- Deficiencia de inmunoglobulinas: Esta condición se refiere a un grupo de trastornos en los


que el cuerpo no produce cantidades adecuadas de anticuerpos, lo que aumenta la
susceptibilidad a infecciones bacterianas recurrentes.

La relevancia clínica de las inmunodeficiencias primarias radica en la necesidad de un


diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado para prevenir infecciones graves y
complicaciones a largo plazo. Los pacientes con inmunodeficiencias primarias pueden
requerir terapias de reemplazo de inmunoglobulinas o incluso trasplantes de médula ósea para
restaurar la función inmunitaria.

Por supuesto, los trastornos alérgicos y los cánceres del sistema inmunitario son otras dos
categorías importantes de patologías que afectan al sistema inmunitario. Aquí hay una
descripción de cada uno de ellos:

3. Trastornos alérgicos: Son reacciones exageradas del sistema inmunitario a sustancias


inofensivas en el entorno, conocidas como alérgenos. Estas reacciones pueden
desencadenarse por una amplia variedad de alérgenos, que van desde alimentos y
medicamentos hasta polen, ácaros del polvo y pelo de animales. Algunas de las enfermedades
alérgicas más comunes incluyen:

- Rinitis alérgica: También conocida como fiebre del heno, es una reacción alérgica que
afecta principalmente a la nariz y los senos paranasales, causando estornudos, secreción
nasal, picazón y congestión nasal.

- Asma alérgica: Es un trastorno respiratorio crónico en el que las vías respiratorias se


inflaman y estrechan en respuesta a los alérgenos, lo que resulta en dificultad para respirar,
opresión en el pecho y tos.

- Dermatitis atópica: Es una enfermedad de la piel caracterizada por la sequedad, picazón y


enrojecimiento de la piel, que puede empeorar con la exposición a alérgenos y factores
ambientales.

La relevancia clínica de los trastornos alérgicos radica en su impacto en la calidad de vida de


los pacientes y su capacidad para interferir con las actividades diarias. El manejo de estas
condiciones generalmente implica evitar los alérgenos desencadenantes siempre que sea
posible, así como el uso de medicamentos antihistamínicos, corticosteroides y
broncodilatadores para controlar los síntomas.

4. Cánceres del sistema inmunitario: Son neoplasias que afectan a las células del sistema
inmunitario, como los linfocitos, los macrófagos y las células plasmáticas. Algunos ejemplos
de cánceres del sistema inmunitario incluyen:

- Linfoma no Hodgkin (LNH): Es un grupo diverso de cánceres que se originan en los


linfocitos, células del sistema inmunitario que se encuentran en los ganglios linfáticos y otros
tejidos linfoides.

- Linfoma de Hodgkin (LH): A diferencia del LNH, el LH se caracteriza por la presencia de


células anormales llamadas células de Reed-Sternberg en los ganglios linfáticos, lo que lo
distingue histológicamente.

- Mieloma múltiple: Es un cáncer de las células plasmáticas, que son un tipo de glóbulo
blanco responsable de producir anticuerpos. En el mieloma múltiple, las células plasmáticas
se vuelven cancerosas y se acumulan en la médula ósea, interfiriendo con la producción de
células sanguíneas normales.

La relevancia clínica de los cánceres del sistema inmunitario radica en su capacidad para
causar síntomas como fiebre, pérdida de peso, fatiga, sudoración nocturna, inflamación de los
ganglios linfáticos y otros problemas relacionados con la disfunción de los órganos afectados.
El tratamiento de estos cánceres puede implicar terapias como la quimioterapia, la
radioterapia, la inmunoterapia y, en algunos casos, el trasplante de células madre
hematopoyéticas.
Concepto de inmunidad

La inmunidad es un concepto fundamental en la biología y la medicina que abarca una


variedad de procesos biológicos complejos que protegen a los organismos vivos de
enfermedades y patógenos. Esta defensa inmunológica es esencial para mantener la salud y la
integridad del cuerpo humano, así como la de otras formas de vida en el planeta.

En su esencia, la inmunidad se refiere a la capacidad del cuerpo para reconocer y defenderse


contra agentes patógenos, como virus, bacterias, parásitos y otros elementos extraños que
pueden causar enfermedades. Esta defensa se lleva a cabo a través de un intrincado sistema
inmunológico que involucra diversos componentes, células y moléculas, trabajando en
conjunto para detectar, neutralizar y eliminar los invasores. El sistema inmunológico se
compone de dos ramas principales: la inmunidad innata y la inmunidad adaptativa (o
adquirida).

El proceso de adquirir inmunidad puede ocurrir de varias maneras:

1.​ Inmunidad activa: Se produce cuando el sistema inmunológico del cuerpo genera su
propia respuesta inmune después de ser expuesto a un patógeno, ya sea de manera
natural (por ejemplo, al contraer una enfermedad) o artificial (mediante vacunas).

2.​ Inmunidad pasiva: Implica la transferencia de anticuerpos producidos por otra persona
o animal al organismo, proporcionando una protección temporal contra ciertos
patógenos. Esta transferencia puede ocurrir de forma natural, como a través de la
placenta durante el embarazo, o artificialmente mediante la administración de sueros o
gammaglobulinas.

La inmunidad juega un papel crucial en la salud pública y la medicina, ya que la comprensión


de cómo funciona el sistema inmunológico ha permitido el desarrollo de vacunas para
prevenir enfermedades infecciosas y el tratamiento de trastornos autoinmunes, alergias y
cáncer, entre otros. Sin embargo, los desafíos continuos, como la resistencia antimicrobiana y
la evolución de nuevos patógenos, destacan la importancia de la investigación y la innovación
en el campo de la inmunología.

Además de su papel en la defensa contra patógenos, la inmunidad también puede tener


implicaciones en otras áreas, como la autoinmunidad, donde el sistema inmunológico ataca
por error a tejidos y células sanas del propio cuerpo, y la tolerancia inmunológica, que es la
capacidad del cuerpo para tolerar la presencia de sustancias extrañas sin una respuesta
inmune excesiva.
Las barreras externas: su importancia al dificultar la entrada de patógenos

El sistema inmunológico es una red compleja y altamente organizada de células, tejidos y


órganos que trabajan en conjunto para proteger al cuerpo contra enfermedades y agentes
patógenos. Este sistema se compone de varias defensas primarias, secundarias y terciarias que
actúan de manera coordinada para mantener la homeostasis y la integridad del organismo.

1. Defensas primarias:
Las defensas primarias constituyen la primera línea de defensa del cuerpo contra los agentes
patógenos y están diseñadas para prevenir la entrada y la propagación de estos invasores en el
cuerpo. Incluyen:

- Barreras físicas: La piel y las membranas mucosas son las principales barreras físicas del
cuerpo que impiden la entrada de patógenos al interior del organismo. La piel actúa como una
barrera física resistente que protege contra la invasión microbiana, mientras que las
membranas mucosas recubren las superficies internas del cuerpo y secretan moco, que atrapa
y elimina los patógenos antes de que puedan ingresar al cuerpo.

- Secreciones corporales: Además del moco, el cuerpo produce una variedad de


secreciones, como saliva, lágrimas y fluido gástrico, que contienen enzimas y sustancias
antimicrobianas que pueden matar o inhibir el crecimiento de patógenos.

- Microbiota normal: El cuerpo humano alberga una diversidad de microorganismos


benignos, conocidos como microbiota normal, que colonizan diferentes partes del cuerpo y
compiten con los patógenos por recursos y espacio, ayudando a prevenir la colonización y la
infección por organismos dañinos.

Estas defensas primarias constituyen la primera línea de defensa del cuerpo y son esenciales
para prevenir la entrada y la colonización de patógenos en el organismo.

2. Defensas secundarias:
Si los patógenos logran evadir las defensas primarias y entrar en el cuerpo, se activan las
defensas secundarias, que constituyen la respuesta inmune innata. Estas defensas son rápidas
y no específicas, y están diseñadas para detectar y eliminar patógenos de manera rápida y
eficiente. Incluyen:

- Fagocitos: Los fagocitos, como los neutrófilos y los macrófagos, son células
especializadas que pueden fagocitar (ingerir) y destruir patógenos y materiales extraños
mediante la formación de vesículas de fagocitosis.
- Sistema del complemento: El sistema del complemento es una serie de proteínas
plasmáticas que se activan en cascada para ayudar a eliminar los patógenos al promover la
fagocitosis, la lisis celular y la inflamación.

- Respuesta inflamatoria: La inflamación es una respuesta biológica localizada que se


produce en respuesta a la lesión o la infección y ayuda a reclutar células inmunes al sitio de la
infección, aumentar el flujo sanguíneo y limitar la propagación de los patógenos.

- Citocinas: Las citocinas son proteínas de señalización que regulan y coordinan la


respuesta inmune al activar y reclutar células inmunes específicas al sitio de la infección.

Estas defensas secundarias constituyen la segunda línea de defensa del cuerpo y son
esenciales para combatir la infección y prevenir su propagación a otros tejidos y órganos.

3. Defensas terciarias:
Si los patógenos logran evadir las defensas secundarias y establecer una infección persistente
en el cuerpo, se activan las defensas terciarias, que constituyen la respuesta inmune
adaptativa. Estas defensas son específicas y están diseñadas para reconocer y eliminar
patógenos específicos de manera selectiva. Incluyen:

- Respuesta inmune celular: La respuesta inmune celular involucra la activación y


proliferación de linfocitos T, que pueden reconocer y destruir células infectadas por
patógenos, así como regular la respuesta inmune coordinando la actividad de otras células
inmunes.

- Respuesta inmune humoral: La respuesta inmune humoral involucra la producción de


anticuerpos por parte de los linfocitos B, que pueden reconocer y neutralizar patógenos al
unirse a ellos y marcarlos para su destrucción por parte de los fagocitos y el sistema del
complemento.

- Memoria inmunológica: La memoria inmunológica es la capacidad del sistema inmune


para recordar encuentros previos con patógenos y montar una respuesta más rápida y efectiva
en futuros encuentros, proporcionando inmunidad duradera contra la reinfección.

Estas defensas terciarias constituyen la tercera línea de defensa del cuerpo y son esenciales
para eliminar los patógenos persistentes y proporcionar inmunidad a largo plazo contra la
reinfección.

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