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Tema 6

El régimen de la Restauración en España (1874-1902) se caracterizó por el Sistema Canovista, que estableció un turno de partidos entre liberales y conservadores, aunque en la práctica fue un régimen parlamentario fraudulento que excluyó a otros grupos políticos. La Constitución de 1876 reguló este sistema, manteniendo una monarquía parlamentaria con un carácter ambiguo y limitaciones en los derechos fundamentales. A lo largo de este periodo, surgieron movimientos nacionalistas y obreros que desafiaron el equilibrio político establecido, culminando en la crisis de 1898 tras la pérdida de las últimas colonias españolas.

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Tema 6

El régimen de la Restauración en España (1874-1902) se caracterizó por el Sistema Canovista, que estableció un turno de partidos entre liberales y conservadores, aunque en la práctica fue un régimen parlamentario fraudulento que excluyó a otros grupos políticos. La Constitución de 1876 reguló este sistema, manteniendo una monarquía parlamentaria con un carácter ambiguo y limitaciones en los derechos fundamentales. A lo largo de este periodo, surgieron movimientos nacionalistas y obreros que desafiaron el equilibrio político establecido, culminando en la crisis de 1898 tras la pérdida de las últimas colonias españolas.

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Tema 6.

El régimen de la Restauración (1874-1902)


6.1. El Sistema Canovista: la Constitución de 1876 y el turno de partidos.
La oposición al sistema
a) Cánovas del Castillo y el turno de partidos.
La inestabilidad del periodo anterior (1868-74) causó el cambio de la burguesía a posiciones conservadoras
y el fracaso de la I república despertó el deseo de una restauración monárquica. Los partidarios de la
restauración trataron de lograr apoyos internacionales para Alfonso XII, candidato al trono. Su principal
defensor fue Cánovas del Castillo, que intentaba que la vuelta a la monarquía fuera fruto del deseo del
pueblo español y no de un nuevo pronunciamiento militar. Para ello Alfonso firmó el Manifiesto de
Sandhurst, donde mostraba al pueblo español sus propósitos conciliadores. Sin embargo, el 29 de
diciembre de 1874, el general Arsenio Martínez Campos proclamó rey a Alfonso XII, tras un
pronunciamiento en Sagunto, restaurando la monarquía borbónica con un golpe militar.

En enero de 1875 Alfonso XII llega a España iniciándose la Restauración, que se extendió hasta 1902
cuando su hijo, Alfonso XIII, alcanza la mayoría de edad. A su régimen político se le denomina Sistema
Canovista al ser Cánovas del Castillo su creador, inspirándose del modelo el sistema británico:
consistía en una monarquía parlamentaria en la que dos partidos se turnarían pacíficamente en el
poder. Sin embargo, este fue un falso régimen parlamentario ya que liberales y conservadores
representaban sólo los intereses burgueses, marginando a los otros grupos fuera de la política, y porque
las mayorías parlamentarias se creaban por fraude electoral.
Este sistema se basaba en el turno pacífico de partidos, el conservador y el liberal. El resto de los
partidos (republicanos, socialistas o nacionalistas) se oponían al sistema.

• El Partido Conservador- Fue creado por Cánovas. Formado por miembros del antiguo partido moderado
y de la Unión Liberal, quería una monarquía parlamentaria controlada por un sufragio restringido, con
libertades limitadas (prensa, asociación y cátedra), apoyo a la iglesia y un proteccionismo económico.
• El Partido Liberal- Lo formó Sagasta en 1880, uniendo a progresistas y radicales. Difería muy poco del
conservador, representando los intereses burgueses con una base social más amplia. Defendían la
soberanía nacional, el sufragio universal, libertades más amplias (asociación y culto), eran anticlericales y
defendían el librecambismo basado en las teorías de Adam Smith.

En los cambios de gobierno pactados se acordaban el cambio de gobierno y se convocaban y amañaban


elecciones para conseguir resultados favorables al nuevo partido, esto es llamado caciquismo.
Los dos partidos se aseguraban con su propia red organizada los resultados electorales adecuados. En
Madrid estaba la oligarquía, con altos cargos políticos y personajes influyentes. En las provincias la
figura clave era el gobernador civil. Y en las comarcas, pueblos y aldeas estaban los caciques
locales, ricos e influyentes.
Al considerar un partido su turno de gobernar o de pasar a la oposición lo pactaba con el otro partido y el
rey. El rey, entonces disolvía las Cortes y convocaba elecciones. Desde Madrid los oligarcas transmitían
instrucciones a los gobernadores civiles de cada provincia, estos elaboraban la lista de los
candidatos que habían de salir elegidos en cada localidad –los encasillados- comunicándose a los
caciques locales encargados de la manipular los resultados electorales mediante amenazas, chantajes, el
pucherazo…

b) La Constitución de 1876

Este sistema fue regulado por la Constitución de 1876, manteniéndose hasta 1923, al
suspenderla Primo de Rivera. Mantiene el carácter de la constitución moderada de 1845 pero
incluyendo algunos avances de la de 1869. Destaca su carácter ambiguo, que deja la regulación de
cuestiones fundamentales a decretos posteriores, pues Cánovas quería evitar que cada cambio de
gobierno supusiera un cambio constitucional como con la época de Isabel:
El Régimen Político era una Monarquía Parlamentaria con soberanía compartida por el rey y las cortes.
-El ejecutivo lo ejerce el rey, nombrando a sus ministros al margen de las mayorías parlamentarias.
-El legislativo lo ejercen unas cortes bicamerales. El Senado contiene miembros designados por el Rey,
no había una auténtica separación de poderes. El Congreso contiene diputados elegidos por sufragio,
pasando de censitario a universal masculino en 1890 gracias a la ley electoral de Sagasta.
-El judicial lo ejercen los jueces.
-En la declaración de Derechos los derechos se regulan por decretos posteriores que los conservadores
limitan y los liberales amplían. Los derechos sociales se reconocen cuando en 1883 Sagasta elabora la ley
de asociaciones permitiendo la organización del sindicalismo.
-La libertad de expresión, opinión, imprenta, cátedra, se va a mantener con más o menos limitaciones
según los momentos.
-No se permite el culto público de los no católicos, no hay total libertad religiosa. El reinado de Alfonso
XII, interrumpido por su muerte a los 28 años, representa la consolidación del sistema canovista.
El gobierno lo ejerció básicamente el Partido Conservador, salvo de 1881 a 1884, donde el primer
gobierno liberal, inició el turnismo.
Durante el periodo se acabó con el protagonismo militar y con la práctica del pronunciamiento; se
liquidaron la guerra carlista y la guerra de Cuba e incluso hubo una buena coyuntura económica
internacional, que favoreció la consolidación del capitalismo español.
Cuando Alfonso XII enferma, carlistas y republicanos trataron de relanzar sus reivindicaciones por lo que
Cánovas del Castillo y Sagasta firmaron los Pactos del Pardo (noviembre 1885) con el objetivo de
consolidar el sistema canovista mediante un turnismo riguroso y mantener las medidas legislativas
vigentes para garantizar la estabilidad política.
Tras la muerte de Alfonso XII, María Cristina de Habsburgo asumió la regencia hasta la mayoría de edad
del futuro Alfonso XIII. Esta etapa comenzó con un gobierno del Partido liberal de Sagasta (1885-1890)
que otorgó al sistema una orientación más progresista con nuevas leyes como la ley de Asociaciones
(1887), la ley de Jurado (1888) o la ley del Sufragio Universal (1890).
A partir de 1890 Cánovas y Sagasta se turnaron en el poder. Pero en 1897 Cánovas murió víctima de
un atentado y el régimen sufrió un duro golpe. Aunque la verdadera crisis vino tras la pérdida de las últimas
colonias españolas en 1898.
El régimen político continuó siendo el ideado por Cánovas, pero desde el desastre de 1898 el aparente
equilibrio político se vio ensombrecido por la emergencia política y social de las organizaciones
obreras, el republicanismo y el ascenso del nacionalismo. En 1902 Alfonso XIII accedió al trono,
cumplidos los 16 años, sustituyendo a su madre y comenzó la segunda etapa de la Restauración.

c) La oposición al partido
Los nacionalismos catalán y vasco y el regionalismo gallego
Con la Guerra de la Independencia aparece en España el federalismo o cantonalismo, más centrado en
el autogobierno y el desarrollo de las libertades que en el desarrollo cultural de una nacionalidad. A
mediados del siglo XIX en toda Europa comienza un sentimiento nacionalista, entendiendo la nación
como una entidad con vida propia capaz de ser y pensar, con unas manifestaciones culturales, una historia
común y unos límites territoriales opuestos a las fronteras políticas. El nacionalismo podía ser tanto
conservador como revolucionario según el modelo de estado que defendieran. Durante el final del XIX en
España aparece el movimiento nacionalista en Cataluña y el País Vasco, donde la diferenciación lingüística
impulsó el sentimiento nacionalista.

En Cataluña se inicia este movimiento. Su impulsor fue Valentí Almirall, del partido republicano federal de
Pi y Margall. Pretendía agrupar a todos aquellos que defendían la independencia catalana (Renaixença).
Este movimiento se dividió en un partido conservador, La Lliga, y otro republicano y revolucionario, el
Esquerra Republicana (fundado en 1931). En 1891 La Lliga pasa a ser Unió Catalanista, redactando las
Bases de Manresa (constitución catalana). Con esto nace el catalanismo político.
El nacionalismo vasco fue más tardío y minoritario hasta la II república. En 1895 Sabino Arana fundó el
Partido Nacionalista Vasco (PNV), muy conservador, y partía de la reivindicación foral y del catolicismo
más radical. Era independentista y buscaba el mantenimiento de la raza y la nación vasca en cuanto a
lengua, tradiciones, cultura...
El regionalismo gallego estuvo limitado por una burguesía dependiente del poder político. Con el
romanticismo aparecieron los actos como Os xogos florais (1861), y el Rexurdimento (1863), de Rosalía
de Castro, para impulsar el gallego. En el ámbito político, Murguía fundó la Asociación Regionalista
Galega (1890), pero los enfrentamientos internos la llevaron a su fin (1892).
El movimiento obrero y campesino.
En el siglo XIX se dividió a la sociedad “equitativamente” en estamentos cerrados (leyes y obligaciones
diferentes) a hacerlo en una sociedad de clases (depende del nivel de la renta).
La mayoría de la población española era campesina, pero en este siglo apareció la clase obrera
industrial. El desarrollo de la industria llevó a miles de trabajadores agrícolas en paro a las ciudades.
Como resultado, crecieron los barrios obreros, carentes de buenas condiciones higiénicas y formados por
barracas y chabolas. El trabajo en las fábricas consistía en 12 a 14 horas, con salarios bajos, paro y
explotación infantil. Además, había mucho analfabetismo.
Las primeras asociaciones obreras fueron las “sociedades de ayuda mutua”, que defendían sus salarios,
siendo prohibidas en 1844. En 1855 estalló en Barcelona una huelga general en defensa del derecho de
asociación, dos obreros fueron a Madrid quejándose a los diputados respaldados por 33.000 firmas. Pero
las leyes aprobadas por las Cortes sólo defendían los intereses patronales. Los obreros comprendieron que
ni liberales ni progresistas defenderían su causa, así que se alinearon con los partidos demócratas y
republicanos. A partir de 1863 los obreros se movilizaron de nuevo, pero ahora abiertamente politizados. La
revolución de 1868 hizo creer a obreros y campesinos que se realizaría la reforma social esperada, pero
la Restauración provocó la separación definitiva del movimiento obrero respecto a los partidos
demócratas y republicanos. A partir de la promulgación de la Ley de Asociaciones de 1887 los partidos
obreros se organizaron legalmente.
El movimiento obrero internacional estaba dividido en dos corrientes, los socialistas marxistas y los
anarquistas de Bakunin.
• En España el principal partido socialista era el PSOE, fundado en 1879 por Pablo Iglesias, seguía al
marxismo, que pretendía acabar con la sociedad capitalista mediante la revolución obrera para establecer
la dictadura del proletariado. El PSOE evolucionó hacia posiciones reformistas presentando candidatos en
las elecciones. En 1888 Pablo Iglesias fundó el sindicato UGT, que luchó por un salario mínimo, una
jornada de 8 horas, un descanso dominical y la prohibición del trabajo infantil). En este periodo el
movimiento obrero no tuvo representación en las Cortes por el fraude electoral hasta 1910 cuando el PSOE
obtuvo su primer diputado.
El Estado reaccionó con una fuerte represión. Además, la clase empresarial y la Iglesia impulsaron el
sindicalismo católico. Acusado de apoyar a los patronos, tuvo escaso apoyo salvo en áreas rurales de
campesinos propietarios.
• Los Anarquistas, rechazaban toda organización estatal posible. En España hay dos corrientes: En
Andalucía el anarquismo de Bakunin, que defendía la formación de comunidades autogestionadas. En
Cataluña el anarcosindicalismo, eran más pacíficos, optan por la acción sindical y la huelga general
como herramientas. Primero surgió la FTRE, disolviéndose en 1888 por las divisiones internas y por la
represión policial. El principal sindicato fue la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT, 1910) que
hasta la Guerra Civil contó con más afiliados que la UGT.
Surgen grupos que seguían la línea violenta denominada propaganda por el hecho. Los anarquistas se
organizaron en pequeños núcleos clandestinos que promovieron atentados terroristas contra las élites
militares (Martínez Campos), burguesía catalana (atentado del Liceo de Barcelona), Iglesia (atentado
Procesión del Corpus), magnicidios políticos (asesinato de Cánovas) y contra terratenientes (grupo La
Mano Negra). En el movimiento campesino distinguimos dos tendencias: Anarquismo: presente en los
jornaleros andaluces y el campesinado aragonés y valenciano, con insurrecciones como la toma de Jerez
(1892).
Sindicatos agrícolas católicos: movimiento cooperativista interclasista que facilitaba el abaratamiento de
abonos, maquinaría, etc. y el acceso al crédito mediante cajas rurales. Defendió los intereses terratenientes
y de pequeños propietarios.
Cuando en 1902 Alfonso XIII sube al trono, el equilibrio turnista ideado por Cánovas se ve ensombrecido
por nuevas corrientes basadas en el republicanismo, nacionalismo y el movimiento obrero.
6.2. Las guerras de Cuba, el conflicto bélico contra Estados Unidos y la
crisis de 1898
Durante el reinado de Fernando VII (1808-33) la mayor parte de las colonias españolas en América
habían obtenido la independencia formándose una serie de repúblicas independientes gobernadas por una
minoría, descendientes de españoles, los criollos. Tras el movimiento independentista España solo poseía
como colonias en América las islas de Cuba y Puerto Rico, que, junto con las Filipinas en Asia, constituían
los últimos restos del gran Imperio Español de la época de los Austrias. En 1823 el presidente
norteamericano Monroe había respaldado este movimiento de independencia en un famoso discurso
donde, mediante la frase “América para los americanos” formuló la política de su país respecto al resto de
los territorios del continente, que fueron considerados como territorios de interés para Estados Unidos.
Desde mediados del siglo XIX la economía cubana tenía mayores relaciones comerciales con EEUU que
con España, a pesar de que se mantenía el monopolio comercial tradicional. Existía en la isla un
movimiento que solicitaba una liberalización económica y una mayor autonomía en lo político. El
estallido de la Revolución de 1868 en España alentó este movimiento, pero lo único que se ofreció desde
España fueron unas medidas liberalizadoras que los independentistas cubanos, criollos y mestizos,
consideraron insuficientes y exigieron constituirse en una República independiente. Pero los españoles
residentes en la isla, que se beneficiaban de la situación de monopolio, se negaban a aceptar cualquier
medida liberalizadora y exigían a Madrid una política más dura frente a los independentistas. El conflicto
degeneró en una guerra de diez años, la llamada Guerra Grande (1868-78) que concluyó con la Paz de
Zanjón (1878) firmada por el general Martínez Campos tras conseguir la pacificación de la isla. España,
además de conceder el indulto a los insurgentes, se comprometía a permitir cierta intervención de los
cubanos en el gobierno interior de la isla. Algunos líderes del independentismo, como Maceo, rechazaron
la Paz y siguieron trabajando por la independencia desde el exilio con el apoyo más o menos encubierto de
Estados Unidos.
Pero la paz solo fue una tregua, pues entre 1879 y 1880 surgió la segunda guerra de independencia o
Guerra Chiquita, por el incumplimiento de las condiciones de paz. La guerra fue más que una guerra un
movimiento armado que no llegó a alcanzar carácter nacional y en la práctica, constituyó la suma de varios
alzamientos en determinadas zonas.
En la isla la sociedad seguía estando dividida entre los españoles, que querían la unidad, el monopolio y el
proteccionismo; los criollos, que querían la autonomía dentro de la soberanía española y el libre cambio; y
los mestizos que querían la independencia de España. Cualquier intento de reforma en uno u otro sentido
chocaba con los intereses de algún sector de la sociedad española: así Maura, ministro de Ultramar en
1892, presentó un proyecto de autonomía de Cuba y Puerto Rico que pusiera a los criollos de parte de
España, pero el presidente del gobierno, Cánovas, presionado por los hombres del partido conservador, no
sacó adelante el proyecto.
En España a su vez, la opinión también estaba dividida:
Los partidos dinásticos van a apoyar las guerras coloniales mientras la oposición política: rechaza los
conflictos. En cuanto a la opinión popular, primero fue más entusiasta, pero a medida que las pérdidas
humanas aumentan, empiezan a desaprobar los conflictos (especialmente por el sistema de quintas: quinta
parte de los mozos deben participar en el servicio militar. Pero los ricos podían pagar su sustitución).
Ante esta situación en 1895 la guerra vuelve a estallar al Grito de Baire estará dirigida por José Martí,
ideólogo y líder del independentismo cubano, deportado en España durante el anterior conflicto, tras el cual
se había trasladado a EEUU donde fundó el Partido Revolucionario Cubano y entró en contacto con
otros líderes del independentismo cubano como Gómez y Maceo. Tras su muerte en un enfrentamiento
con los españoles ese mismo año, la guerra va a continuar dirigida por Gómez y Maceo (este último muere
en 1896 en un enfrentamiento). Estos van a optar por una táctica de guerrillas en las zonas rurales
evitando el enfrentamiento con el ejército español, muy superior. Nuevamente fue enviado Martínez
Campos a sofocar la rebelión, pero ante su fracaso fue sustituido por el General Weyler, que con un
ejército de 200.000 hombres contrarresta la guerrilla con las “reconcentraciones” (confinar a la población
rural en poblados fortificados, para que no pudieran apoyar a los guerrilleros). Provoca muchas muertes por
hambre y hacinamiento: lo que provoca el desprestigio internacional de la guerra.
Cánovas aprovecha esta mejor posición para introducir algunas reformas, pero ya insuficientes (1897).
Este mismo año Cánovas es asesinado y Sagasta asume el gobierno, el cual decide conceder la
autonomía en Cuba. Pero el clima de tensión en la isla aumentó por la oposición de los españoles
residentes en Cuba a estas medidas. Es entonces cuando EEUU decide intervenir directamente en Cuba
enviando al acorazado Maine para proteger los intereses de los residentes americanos. El acorazado
estalló de repente, perdiendo la vida en la explosión tres cuartas partes de su tripulación. Las causas de la
explosión no quedaron claras en una comisión de investigación, pero la opinión pública estadounidense,
avivada por la prensa estadounidense culpó a España. (“¡Recordad el Maine, al infierno con España!”). La
causa del hundimiento del Maine aún continúa siendo objeto de especulaciones.
El presidente americano McKinley exigió a España la entrega de la isla previo pago de 300 millones de
dólares. Ante la negativa de España Estados Unidos declaró finalmente la guerra en 1898. En España
tanto la opinión pública como la mayoría de los almirantes ignoraron el hecho cierto de que la escuadra
americana era muy superior a la española, y se lanzaron a esta guerra con un optimismo inconsciente. El
gobierno, más consciente de la realidad, no podía entregar la isla, considerada por la mayoría de los
españoles como una parte de la nación, sin luchar. El Almirante Cervera, encargado de dirigir la flota,
denunció públicamente este hecho, pero atacado de cobarde y traidor, se dirigió a Cuba convencido de que
la destrucción esperaba a la flota. Así fue. La flota española era aniquilada en Santiago de Cuba,
mientras tropas estadounidenses invaden Cuba y Puerto Rico.
El otro escenario colonial fueron las Islas Filipinas, donde también habían aparecido movimientos de
carácter independentista. En 1886 empieza un movimiento insurreccional en Filipinas al que España
responde con una dura represión (fusilamiento de su líder José Rizal). [Link] también se presentará en el
conflicto como libertador y aprovecha la declaración de guerra a España para intervenir en 1898 en el
conflicto.
En Filipinas la escuadra fue destruida en una hora, aunque la ciudad de Manila resistió unos meses.
(Derrota de Cavite). Durante un año más "Los últimos de Filipinas" (un grupo de españoles) resistieron
luchando en una iglesia del apartado distrito de Baler sin conocer que la guerra ya había acabado. Fueron
aclamados como héroes a su vuelta a España.
España ante todas las pérdidas coloniales pide la paz, en 1898 firma con EEUU el Tratado o Paz de París
por el que España reconoce la independencia de Cuba y los protectorados estadounidenses sobre Filipinas
y Puerto Rico. El tratado provocará la insurrección de Filipinas contra EEUU.
En 1899 España venderá a Alemania sus últimas posesiones coloniales (Islas Carolinas y Marianas).
La pérdida de los territorios coloniales tendrá consecuencias en España a muchos niveles.
Demográficas: sobre 60.000 muertos (pertenecientes en su mayoría a las clases populares por el sistema
de quintas) además de numerosos heridos y mutilados.
Económicas:
Pérdida de materias primas baratas (azúcar y tabaco)
Se establecerán medidas proteccionistas para compensar la pérdida del monopolio (especialmente para
proteger la industria textil catalana).
Pero la repatriación de capitales supuso un impulso positivo a la banca y la industria.
Políticas:
Pérdida del escaso peso internacional que quedaba
Desgaste del ejército y del sistema turnista de la restauración (especialmente el P. Liberal). Para
compensar pérdidas: nuevo enfoque colonial hacia el norte de África.

En el ámbito ideológico el desastre supuso un terrible desencanto y levantó las voces de los
regeneracionistas, corriente política que consideraba el sistema de la Restauración como un sistema
viciado y enfermo. Existían dentro de esta ideología dos tendencias: un regeneracionismo crítico dentro del
sistema, representado por Silvela o Maura, ministros del Partido conservador, que aceptaban la validez
general del sistema, pero criticaban los aspectos más negativos y un regeneracionismo fuera del sistema
con figuras como Joaquín Costa que criticaban el sistema en su totalidad.
También el desencanto fue reflejado en la actitud pesimista de los intelectuales de la llamada generación
del 98.

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