UNIVERSIDAD PRIVADA ANTENOR ORREGO
FACULTAD DE MEDICINA HUMANA
ESCUELA PROFESIONAL DE MEDICINA HUMANA
INFORME DE SISTEMA REPRODUCTOR NO10
Alumno:
Pumayalla Ruesta, Luis Alonso
Asesor(a):
Regalado Vargas, Cesar
Munares Chacaltana, Fredy
Piura, Perú
2024
1. Testosterona y otras hormonas masculinas
La testosterona es la principal hormona sexual masculina, perteneciente al
grupo de los andrógenos, que también incluye otras hormonas como la
dihidrotestosterona (DHT) y la androstenediona. Su estructura química es la
de un esteroide, derivado del colesterol, con una fórmula molecular de
C₁₉H₂₈O₂. La testosterona es sintetizada principalmente en las células de
Leydig, localizadas en los testículos, bajo la regulación de la hormona
luteinizante (LH) producida por la glándula pituitaria.
El proceso comienza con la conversión del colesterol en pregnenolona, que
a través de varias reacciones enzimáticas se transforma en testosterona.
Aunque la mayoría de la testosterona circula en la sangre unida a proteínas
como la globulina transportadora de hormonas sexuales (SHBG), la fracción
libre y biodisponible es la que ejerce efectos en los tejidos.
La testosterona tiene múltiples funciones, tanto en el desarrollo como en la
vida adulta. Durante la pubertad, es responsable de la masculinización del
cuerpo, incluyendo el crecimiento de los genitales, el desarrollo del vello
facial y corporal, el engrosamiento de la voz, y el aumento de la masa
muscular y ósea. También estimula la producción de espermatozoides en los
túbulos seminíferos, en conjunto con la hormona folículo estimulante (FSH).
En la vida adulta, la testosterona regula funciones como la libido, el
mantenimiento de la densidad ósea, la producción de glóbulos rojos en la
médula ósea y la conservación de la fuerza muscular. Su metabolito más
potente, la dihidrotestosterona (DHT), se produce en ciertos tejidos (como la
piel y la próstata) por la acción de la enzima 5-alfa-reductasa, y juega un
papel crucial en el desarrollo de características sexuales secundarias, como
el crecimiento de la barba y la maduración de la próstata.
La inhibina es una hormona producida por las células de Sertoli en los
testículos, cuya función es regular los niveles de FSH en la hipófisis,
evitando su sobreproducción. Además, es un marcador de la función de las
células de Sertoli y, por lo tanto, de la espermatogénesis. Los niveles bajos
de inhibina B pueden indicar alteraciones en la producción de
espermatozoides, siendo útil como marcador en la evaluación de la fertilidad
masculina.
Aunque los estrógenos son más comunes en mujeres, los hombres también
producen pequeñas cantidades, principalmente a partir de la conversión de
testosterona mediante la enzima aromatasa en tejidos como el tejido
adiposo. Los estrógenos se ven implicados en ayudar a mantener la
densidad ósea al inhibir la reabsorción ósea, regulan el metabolismo lipídico
y la función cardiovascular. Un exceso de estrógenos en hombres puede
causar ginecomastia, disminución de la libido e infertilidad. Las condiciones
como la obesidad pueden aumentar la conversión de testosterona a
estrógenos debido a la mayor actividad de la aromatasa.
La LH es una hormona gonadotrópica producida por la hipófisis anterior. Es
esencial para la estimulación directa de la producción de testosterona en las
células de Leydig. Estimula a las células de Leydig en los testículos para que
sinteticen testosterona y regula la secreción pulsátil de testosterona,
especialmente durante la pubertad. Los niveles bajos de LH pueden indicar
disfunción del eje hipotalámico-hipofisario, mientras que niveles elevados
suelen observarse en hipogonadismo primario, donde los testículos no
responden adecuadamente.
La FSH es otra hormona gonadotrópica producida por la hipófisis anterior.
Su principal función es regular la espermatogénesis al actuar sobre las
células de Sertoli en los testículos. Estimula la producción de proteínas
necesarias para la maduración de los espermatozoides y promueve la
secreción de inhibina B, que regula los niveles de FSH mediante
retroalimentación negativa. Niveles anormales de FSH están asociados con
infertilidad masculina. Una deficiencia puede indicar problemas en la
hipófisis, mientras que niveles elevados pueden reflejar daño testicular.
2. Control hipotálamo- hipófisis
El eje hipotálamo-hipófisis es una de las principales vías de regulación
hormonal en el cuerpo humano. El hipotálamo, situado en la base del
cerebro, juega un papel crucial liberando hormonas que actúan sobre la
hipófisis, una glándula endocrina ubicada justo debajo del hipotálamo.
El hipotálamo segrega hormonas liberadoras e inhibidoras, que viajan a la
hipófisis anterior a través del sistema portal hipofisario. Este sistema regula
la secreción de diversas hormonas, como la hormona del crecimiento (GH),
la hormona adrenocorticotrópica (ACTH), la hormona estimulante de la
tiroides (TSH), y las gonadotropinas (LH y FSH).
La función testicular no es autónoma, sino que está controlada por el
llamado eje hipotálamo-hipófisis-testicular. En el hipotálamo se segrega la
hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH) que estimula la producción
hormonal por el lóbulo anterior de la hipófisis (la adenohipófisis): la
hormona foliculoestimulante (FSH) y la hormona luteinizante (LH)
La secreción de la GnRH y su ritmo son modulados por numerosos
neurotransmisores. Los impulsos alfa adrenérgicos estimulan la secreción
de GnRH. La noradrenalina y las prostaglandinas aumentan la secreción
hipotalámica. Los impulsos betaadrenérgicos y dopaminérgicos poseen una
acción inhibidora de la secreción de GnRH. Las endorfinas, la testosterona,
la progesterona y la prolactina, segregada en situaciones de estrés,
disminuyen la secreción de GnRH. La GnRH es liberada por el hipotálamo
de forma pulsátil, con picos cada 90-120 minutos. Este tipo de liberación
resulta esencial para el efecto estimulador de la secreción de
gonadotropinas. Una administración continua de GnRH frenaría la
secreción hipofisaria. La amplitud y la frecuencia de los pulsos de GnRH
condicionan los niveles de FSH y LH segregados por la adenohipófisis y, a
su vez, la función gonadal. Las hormonas hipofisarias estimulan las
funciones testiculares: exocrina y endocrina. Por otra parte, y debido al
proceso de retroalimentación negativa, las hormonas producidas en el
testículo ejercen efectos inhibidores sobre la secreción de la FSH y la LH.
3. Disfunción eréctil
La disfunción eréctil (DE) es la incapacidad persistente de lograr o mantener
una erección adecuada para la actividad sexual satisfactoria. Esta condición,
aunque común, afecta profundamente la calidad de vida y la salud emocional
de quienes la padecen. Si bien su prevalencia aumenta con la edad, no es
un resultado inevitable del envejecimiento, ya que puede estar asociada con
múltiples factores físicos, psicológicos y sociales.
El proceso de la erección es complejo e involucra sistemas neurológicos,
vasculares, hormonales y psicológicos. Durante la excitación sexual, el
cerebro y los nervios desencadenan la liberación de óxido nítrico (NO), lo
que relaja los músculos lisos en los cuerpos cavernosos del pene. Esto
permite que la sangre fluya y quede atrapada, produciendo rigidez. Cualquier
alteración en este sistema puede causar DE, desde problemas vasculares
que reducen el flujo sanguíneo hasta trastornos emocionales que interfieren
con la respuesta sexual.
Las causas de la DE se dividen en físicas y psicológicas, aunque muchas
veces coexisten. Entre las causas físicas más comunes están las
enfermedades vasculares, como la aterosclerosis y la hipertensión, que
dificultan el flujo de sangre al pene. La diabetes mellitus es otra causa
importante, ya que puede dañar los nervios (neuropatía) y los vasos
sanguíneos responsables de la erección. Además, las lesiones neurológicas,
como las causadas por accidentes cerebrovasculares, esclerosis múltiple o
lesiones medulares, también contribuyen a esta condición.
El desequilibrio hormonal es otro factor relevante. Bajos niveles de
testosterona (hipogonadismo) o alteraciones como la hiperprolactinemia
pueden reducir la libido y la capacidad eréctil. Medicamentos como ciertos
antihipertensivos, antidepresivos y tratamientos para el cáncer también
pueden causar DE como efecto secundario. Finalmente, el consumo de
sustancias como el tabaco, el alcohol y las drogas recreativas agravan el
problema al afectar el sistema cardiovascular y nervioso.
Por otro lado, las causas psicológicas incluyen estrés, ansiedad, depresión y
problemas en la relación de pareja. La ansiedad por el desempeño sexual es
particularmente común y puede crear un círculo vicioso en el que el miedo al
fracaso conduce a una mayor dificultad para lograr una erección.
El diagnóstico de la disfunción eréctil requiere una evaluación detallada para
identificar su causa subyacente. Esto comienza con una historia clínica
completa, donde se examinan los antecedentes médicos, las enfermedades
asociadas y los factores emocionales. Además, el médico explora el inicio y
la duración de los síntomas, así como las circunstancias en las que ocurren.
El examen físico puede revelar signos de enfermedades sistémicas, como
alteraciones hormonales (ginecomastia o distribución anormal del vello
corporal), problemas vasculares (pulsos débiles) o anomalías en los
genitales. Las pruebas de laboratorio son esenciales y pueden incluir la
medición de testosterona, glucosa, perfil lipídico y hormonas tiroideas para
identificar posibles desequilibrios. En casos específicos, se realizan estudios
como el ultrasonido Doppler para evaluar el flujo sanguíneo en el pene o
pruebas de erección nocturna, que ayudan a diferenciar entre causas físicas
y psicológicas.
Referencias Bibliográficas
Hall JE. Guyton Y Hall. Compendio de Fisiologia Medica. 14a ed. Elsevier;
2021.
Boron WF, Boulpaep EL, editores. Boron Y Boulpaep. Manual de Fisiología
Médica. Elsevier; 2022.
Geneser F. Histología. 4ta edición. Editorial Medica Panamericana; 2014.