CANSANCIO ESPIRITUAL
“Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que
vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. Porque aún no habéis resistido hasta la sangre,
combatiendo contra el pecado”. Hebreos 12:3,4
¿A qué se debe que haya tantos cristianos cansados? ¿Te incluyes en esa categoría?
Quiero aquí cerrar la serie de meditaciones sobre el cansancio.
Una cosa es el cansancio físico o mental, y otra muy diferente es el cansancio espiritual que afecta
nuestra vida de comunión con Dios.
-”No me den ningún cargo en la iglesia, me tomo un año sabático porque estoy muy
cansado/a”
-“No voy al templo por ahora, necesito tomar unas vacaciones de iglesia”.
Estas frases -o algunas parecidas- las escuché varias veces, y de labios de quienes, en su
momento, fueron eficientes y activos miembros de iglesia, pero luego abandonaron el frente de
batalla para colocarse en retaguardia.
En el agitado mundo en que vivimos es facil cansarse. Las exigencias y los conflictos cada vez son
mayores en todos los rubros de labor. Es casi inevitable para la mayoría llegar al fin de semana con
las fuerzas agotadas.
¿Cómo evitarlo? Según los especialistas, hay varios tipos de fatiga que van desde la simple
necesidad de descansar, hasta llegar al desinterés por la vida, a la depresión, o a tener ideas
suicidas.
Fatiga Pasajera o general: Aparece al final del día cediendo después de una noche de
sueño.
Fatiga Aguda: Es consecuencia de un largo periodo de esfuerzo y necesita de una reducción
del horario de trabajo, es decir unos días de reposo o de vacaciones.
Agotamiento: Es el estadio extremo de la fatiga. Aparece cuando las reservas personales, se
agotan tras periodos de trabajo físico o intelectual muy intenso, o bien debido a un accidente.
Fatiga crónica: Se relaciona con una situación estresante. No cede al reposo y exige un
retorno a un ritmo de vida más equilibrado. En caso de hiperactividad suele existir un problema
subyacente del que se huye a través del trabajo.
Fatiga Psicológica: Esta unida a problemas afectivos, provenientes de la dificultad para
comunicarse o adaptarse al entorno. La ayuda médica y un adecuado apoyo psicológico son
necesarios.
Especialmente cuando llegamos a estos últimos escalones, es cuando estamos en riesgo de sufrir
del mayor de los peligros; la “fatiga espiritual”. Su consecuencia más visible es el desánimo y su
costo suele ser la pérdida de la vida eterna.
Cuando el desaliento nos invade y parece que el Señor se olvidó de nosotros; cuando todo se ve
negro por delante y ya no nos quedan fuerzas para seguir; es fácil ceder a la idea de arrojar todo por
la borda y darnos por vencidos. Muchos son los que dicen: “Desde el cabo de la tierra clamaré a ti,
cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo”. Salmos 61:2
Las citas siguientes también son muy animadoras:
“A todos nos tocan a veces momentos de intensa desilusión y profundo desaliento, días en
que nos embarga la tristeza y es difícil creer que Dios sigue siendo el bondadoso benefactor
de sus hijos terrenales; días en que las dificultades acosan al alma, en que la muerte parece
preferible a la vida. Entonces es cuando muchos pierden su confianza en Dios. . . Si en tales
momentos pudiésemos discernir con percepción espiritual el significado de las providencias
de Dios, veríamos ángeles que procuran salvarnos de nosotros mismos y luchan para asentar
nuestros pies en un fundamento más firme que las colinas eternas; y nuestro ser se
compenetraría de una nueva fe y una nueva vida “ (Profetas y Reyes, págs. 117-119).
¿Notaste que necesitamos ser salvados de nosotros mismos?
No son los problemas que nos abruman, sino nuestra propia actitud -nuestras malas decisiones, la
autocomplacencia, aquellos hábitos acariciados a los que no queremos renunciar-, la que nos lleva a
este lastimoso estado de completo abatimiento espiritual.
A continuación les presento el medicamento divino para esa triste enfermedad: “Para los
desalentados hay un remedio seguro en la fe, la oración y el trabajo. La fe y la actividad
impartirán una seguridad y una satisfacción que aumentarán de día en día. . . En los días más
sombríos, cuando en apariencia hay más peligro, no temáis. Tened fe en Dios. El conoce
vuestra necesidad. Tiene toda potestad. Su compasión y amor infinitos son incansables. . . Y
otorgará a sus fieles siervos la medida de eficiencia que su necesidad exige” (Profetas y
Reyes, págs. 117-119).
Hasta que nuestro amado Señor venga a buscarnos, mi deber y el tuyo será trabajar por su causa,
orar y confiar en su providencia.
Cuando piensas que ya luchaste bastante, recuerda el ejemplo de Caleb. Este admirable siervo de
Dios había sido de los primeros que pisó la tierra de Canaán; a pesar de su fidelidad le tocaron 40
años en el desierto como a los demás israelitas que no creyeron. Luego de entrar en la tierra
prometida, se presenta ante Josué y le dice: “Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos
cuarenta y cinco años... y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años. Todavía
estoy tan fuerte como el día que Moisés me envió; cual era mi fuerza entonces, tal es ahora mi
fuerza para la guerra, y para salir y para entrar”. Josué 14:10,11
¡Qué admirable entrega! Con sus 85 años a cuestas todavía estaba con ganas de luchar, y pedía
conquistar la parte más difícil.
Su constancia en obedecer la voluntad de Dios y cumplir con las leyes de la salud habían
conservado su cuerpo y mente sanos y fuertes, pero solamente porque estaba dispuesto a usarlos
para servir a la causa que amaba.
Pero hay un ejemplo superlativamente mayor al de Caleb.
Contémplalo subiendo la cuesta del Calvario; tan agotado que ya no era capaz de cargar su cruz,
pero todavía con ánimo para orar por aquellos que lo crucificaban, y para bendecir con la salvación a
un arrepentido ladrón.
Mira a Jesús en su agonía cuando encomendaba su madre a Juan y persistía en confiar en su Padre
aun cuando las tinieblas lo envolvían. Considera “a aquel que sufrió tal contradicción de
pecadores contra sí mismo, para que... [tu] ánimo no se canse hasta desmayar.”. Hebreos 12:3
Recuerda además el consejo inspirado: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su
tiempo segaremos, si no desmayamos”. Gálatas 6:9
Si tus fuerzas se acabaron, considera a Jesús. Siéntate tranquilo a sus pies y encontrarás allí
pleno reposo y nuevas fuerzas para hacer el bien.
Si te sientes agotado, confía en el Dios que no se cansa y que conoce la salida de cada
problema en que estás metido.
Si estás muy cansado, combate tu agotamiento sirviendo a Aquel que no se cansó de trabajar
por nosotros, sino que se esforzó al límite de sus fuerzas y sufrió hasta la más horrible muerte a fin
de salvarnos.
Promesas para los que están cansados
El cansancio es un factor debilitante que no solamente afecta nuestro físico, sino que podría
repercutir aun en el área mental, emocional y espiritual. Existen muchas personas cristianas que
padecen del cansancio, los hemos vistos en los cultos durmiendo, y también en los grupos
familiares, y ya no se diga en las vigilias. En todo el tiempo estas personas están cansadas; es
bastante preocupante porque aunque ellos tomen una siestecita de quince minutos, siguen estando
igual; se agarran un día de descanso, están siempre cansados; toman vitaminas, y están siempre
cansados. Esto es un problema grave, porque si estos creyentes no sufren del cansancio físico,
entonces de qué sufrirán. Cualquier persona que notara a alguien que sufre del cansancio, le
recomendaría probablemente reposar más su cuerpo, o tomarse unas vitaminas para el cansancio.
La recomendación es buena, pero la verdad no todos sufren del cansancio físico, hay otros
cansancio que no son físicos, y tiene que ver en lo más recóndito del alma.
El cansancio físico es algo muy natural en la vida como producto de un intenso trabajo efectuado
durante un día largo. El agotamiento resulta por haber un desgaste de energía en nuestro cuerpo;
por el esfuerzo cotidiano por sobrevivir; por tratar de hacer todas las cosas a la misma vez; por
trabajar más de la cuenta; y por no darle el reposo suficiente que necesita nuestro cuerpo. Muchos
por no tener un balance en sus vidas, están muy cansados para las actividades espirituales; abarcan
mucho y poco aprietan. El cansancio físico puede producirse también como consecuencia del
cansancio emocional; y existe más la probabilidad a que el cansancio emocional afecte lo físico a
que éste afecte lo emocional.
El cansancio emocional resulta por una excesiva preocupación al trabajo que normalmente esto
causa estrés y hasta insomnio. El afán por lo que han de comer y vestir se convierte en una
preocupación agobiante; toda preocupación desproporcionada altera nuestras emosiones. El
aburrimiento, la desilusión y la pereza son también síntomas de la fatiga emocional, y estas también
debilitan nuestro físico. Muchos creyentes no dedican tiempo a la lectura de la palabra, a la oración
porque están cansados emocionalmente.
El cansancio mental surge por las demandas diarias que superan nuestra condición de rendimiento.
Cuando ha habido un trabajo o ejercicio mental por muchas horas, nuestra mente se cansa, y es
poco lo que pudiera llegar a producir. Los síntomas del cansancio mental empieza a manifestarce de
forma clara; la jaqueca y la migraña podrían ser indicios de la fatiga mental. Las preocupaciones, las
dudas, la inseguridad, el negativismo causan fatiga en nuestra mente. Pensar en los problemas de la
vida resulta preocupación, y la preocupación cansancio, y el cansancio estrés. Es evidente que la
mente del hombre está exhausta por preocuparse mucho, pero si su mente lo ocupara en las cosas
de Dios para meditar en ellas, hallaría descanso.
El cansancio espiritual es un estado peligroso en la cual muchos cristianos se encuentran, y esto
suele ocurrir por la falta de nutrición de la palabra y por el descuido de la comunión con Dios.
Cuando estos elementos esenciales se pierden, es cuando el creyente ya no siente sabor a la vida
cristiana. Muchos creyentes están cansados del camino; están cansados de llevar la cruz de Cristo,
ya se cansaron de hacer el bien, de ser pacientes; esto es síntomas del agotamiento espiritual, y no
es que sufran de fatiga crónica, no es estrés, sino es problema espiritual. Existe un montón de
gentes cristianas que andan volando abajo, han perdido fuerzas, ya no se alimentan de la palabra, y
están en peligro de ser presas del enemigo. Por tanto, el cristiano necesita urgentemente venir a la
fuente de fortaleza, en donde el Señor saciará su alma, de modo que se rejuvenezca como el águila,
y asi pueda remontarse en las alturas.
Así como hay solución para el cansancio físico, mental y emocional; también hay solución para el
cansancio espiritual, y la única solución es descansar en el Señor.
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os hare descansar. Llevad mi
yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis
descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” (Mt.11: 28-30).
“Mi presencia irá contigo, y te daré descanso” (Ex. 33: 14).
“En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará”
(Sal. 23: 2).
“Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a
Jehová tendrá nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán;
caminarán, y no se fatigarán” (Is. 40: 30,31).
7 señales de agotamiento espiritual
Continuamente me encuentro con líderes de jóvenes que quieren ideas para su ministerio pero más
y más seguido también me encuentro con líderes que están muy cansados, nerviosos, frustrados y
agotados. Lo que estos líderes necesitan es una renovación. Un refresco y un regénesis. Pero
muchas veces no se han dado cuenta que tienen este agotamiento, e incluso, muchas veces lo
niegan. Por esa razón: Aquí les va una lista de 7 señales de que un o una líder necesita un reset
espiritual.
7. Lees la Biblia solo cuando te toca predicar
Hace unos años me di cuenta que solo la estaba leyendo para preparar mi próximo sermón y me
sentí profundamente avergonzado. Leer la Biblia me renueva, me desafía, me saca filo y me corrige.
6. Falta inversión en tu crecimiento
O sea: no estás haciendo nada para especializarte, aprender más, renovarte, conocer otros líderes y
desarrollar tus capacidades, tus dones y talentos.
5. Solo oras para pedir (o quedar bien en público)
Llevo años enseñando que la oración es un dialogo y no un monólogo y probablemente alguno me
he escuchado bromear con las costumbres evangélicas y modismos a la hora de orar… Y es que si.
Siempre que descuidemos la oración estaremos alejados de la fuente de agua viva.
4. Perdiste un sentido de asombro
Mantienes una actitud de que ya sabes todo, ya hiciste todo y ya nadie te sorprende.
3. Es más importante lo que haces que a quién sirves
Uno de los valores de EJ dice que las personas son más importantes que los programas y,
justamente un líder agotado espiritualmente, invierte el orden.
2. Escuchas en tercera persona
Los líderes agotados espiritualemente escuchan con los oídos de otras personas pensando en lo que
esos principios significan en la vida de otros pero no en la propia. Y se puede agregar a esto que
algunos escuchan para compartir pero no para ingerir…Es decir, escuchan sermones y conferencias
no para crecer sino para brillar más cuando les toque hablar.
1. Tienes reacciones desproporcionadas
Se cayó internet, te quedaste sin credito del celular o llegó tarde la pizza y es como que se murió tu
mascota de toda la vida o que alguien le pegó a tu mamá. Esto es una clara indicación de cansancio.