Retiro Cuaresmal
Jesús en tu camino quiero estar
Itinerario
6:45 Teatro
6:50 Motivación inicial
7:00 explicación del día oración de la mañana
7:15 Animación Musical
7:45 División de grupos explicación rotación
8:00 Rotación (Lugares)
10:10 Receso
10:40 Teatro
10:45 Testimonio
11:15 Oración y Adoración
12:00 Cierre de la actividad
Motivación General:
Comenzamos de nuevo a caminar y me pongo en tu presencia Señor, te pido
que me acompañes cada día, que seas tú compañero de mi marcha, que seas
maestro en lo que ocurra, pongo mi camino en tus manos y me pregunto ¿Qué
me estará esperando? ¿dónde me saldrás al encuentro? ¿Hacia dónde me
conducirás? Ahora todo esto lo pongo en tus manos. Quiero caminar este año en
tu presencia y que “Tú seas mi camino” sentir que estás en cada paso, en cada
actividad, en cada clase, en mis amigos y profesores dando sentido a cuanto me
rodea.
Lectura del santo evangelio según san Juan (14,1-6):
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón;
creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas
estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio?
Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde
estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el
camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va
al Padre sino por mí.» Palabra del Señor
Credencial del caminante.
Les entregaremos al inicio una credencial del caminante, donde las jóvenes deberán
“sellar” las diferentes etapas del camino que vamos a realizar este curso. Cada
etapa será una de las actividades pastorales propuestas. Como se ve en la imagen,
están marcadas las diferentes etapas. Al finalizar cada actividad, tendrán que
escribir en su credencial un compromiso.
Bienaventuranzas del caminante
1. Bienaventurado eres, caminante, si descubres que el camino te abre los ojos a
lo que no se ve.
2. Bienaventurado eres, caminante, si lo que más te preocupa no es llegar, sino
llegar con los otros.
3. Bienaventurado eres, caminante, cuando contemplas el camino y lo descubres
lleno de nombres y de amaneceres.
4. Bienaventurado eres, caminante, porque has descubierto que el auténtico
camino comienza cuando se acaba.
5. Bienaventurado eres, caminante, si tu mochila se va vaciando de cosas y tu
corazón no sabe dónde colgar tantas emociones.
6. Bienaventurado eres, caminante, si descubres que un paso atrás para ayudar a
otro vale más que cien hacia delante sin mirar a tu lado.
7. Bienaventurado eres, caminante, cuando te faltan palabras para agradecer
todo lo que te sorprende en cada recodo del camino.
8. Bienaventurado eres, caminante, si buscas la verdad y haces de tu camino una
vida y de tu vida un camino, en busca de quien es el Camino, la Verdad y la
Vida.
9. Bienaventurado eres, caminante, si en el camino te encuentras contigo mismo
y te regalas un tiempo sin prisas para no descuidar la imagen de tu corazón.
10. Bienaventurado eres, caminante, si descubres que el camino tiene mucho de
silencio; y el silencio, de oración; y la oración, de encuentro con el Padre que te
espera
Actividad por grupos
1. El Desierto: En el desierto hablaré al corazón.
(Lugar: Audiovisuales)
(Entrar descalzos, oscuras, que piden cosas que se sientan raras que le ensucien
los pies)
(Se pide a las estudiantes descalzarse antes de entrar al salón)
(Se oscurece el salón y se coloca algunos plásticos con tierra, jabón, piedras,
vinilos, arena, se coloca música instrumental de fondo)
Voz in off:
Bienvenidas al desierto, un lugar de transformación.
El desierto es lugar del silencio, es el tiempo para dejar de lado todas tus
seguridades, puede causar miedo, desesperación, angustia…. En el desierto
se experimenta el silencio y la soledad, pero también es el lugar del
encuentro contigo mismo. Del desierto jamás se sale igual…
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(Soledad, Pecado, debilidad, tentación)
Relacionarlo con el pecado, que así puede quedar mi corazón cuando caigo, cuando
peco.
Esto solo sería posible a través del desierto: un proceso largo y doloroso que va en
contra de nuestra cultura y naturaleza por al menos dos razones. Primero, porque
nadie quiere sufrir. Todos buscamos la superación y evitamos el dolor. Y segundo,
porque todos perseguimos la satisfacción inmediata. Por ejemplo, cuando oramos no
solo deseamos obtener lo que pedimos, sino que lo queremos ahora.
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(Se motiva a las estudiantes a calzarse nuevamente y a lavarse de
aquello )
2. El Valle de la Misericordia.
(Lugar: Capilla)
En la capilla se presentará la siguiente imagen
Al ingresar se le lavaran los pies como signo de que la misericordia infinita de Dios
nos acoge y nos limpia de nuestras culpas. (Motivar hacia el sacramento de la
reconciliación.)
Se reflexionará sobre el amor de Dios y ese padre misericordioso que está ahí para
recibirle.
La reconciliación ni se merece ni se consigue, sencillamente se recibe. Es un don
gratuito que cuesta entender y hasta aceptar. Es el mismo Pedro el que lo
experimenta en una escena cronológicamente previa al anterior cuadro: el
lavatorio de los pies.
(Observar una ponchera con agua sucia, se les pregunta si es posible vernos en el agua
sucia)
(Se les invita a ensuciar sus manos con tierra y tomar una hoja sin ensuciarla)
Observa
La escena está desbordada por dos manchas de color que definen a los dos
personajes: parece que no tuvieran sitio y tuvieran que superponerse uno al otro en
una postura forzada. Jesús está arrodillado a punto de lavarle los pies a Pedro,
justo antes de la última cena. (Jn 13, 1-16).
Pedro está sentado, los pies introducidos en el agua. Una mano está suavemente
posada con afecto en el hombro de Jesús, lo cual indica la relación de intimidad que
hay entre los dos. La otra se alza escandalizada como queriendo frenar a Jesús. La
cara de Pedro es de sorpresa. El pintor ha querido recoger ese momento en el que
Pedro dice “Jamás me lavarás tú a mí los pies”. Sin embargo, Jesús no puede ver el
gesto de Pedro, porque está completamente inclinado, casi humillado, sobre su
acción. A Jesús no le interesan las excusas, sino sus pies: sin duda, la parte del
cuerpo más indigna al estar constantemente en contacto con el polvo del camino.
Los pies sucios representan simbólicamente la parte pecadora del hombre. La
postura de Jesús es un escorzo exagerado, como si el pintor quisiera mostrar la
transgresión escandalosa que contiene el gesto[1]. Jesús está vestido con el “efod” o
manto, típico de los rabinos y de los sacerdotes. ¿Cómo es posible que un judío
honorable, se rebaje a hacer un trabajo de esclavos? ¿Cómo es posible que todo un
Dios, se abaje, se humille hasta lavar los pies de un pecador? Y es que la clave del
cuadro y de la escena evangélica es precisamente esta: ¿quién es este Dios que
viene a lavarnos los pies? Nunca se había pintado la “kenosis” de Dios de forma tan
evidente
“En aquel tiempo ningún judío estaba obligado a lavar los pies a sus propios amos,
para mostrar que un judío no era esclavo. Únicamente una madre o un esclavo
hubiera podido hacer lo que Jesús hizo aquella noche. La madre a sus hijos
pequeños y a nadie más. El esclavo a sus dueños y a nadie más. La madre,
contenta, por amor. El esclavo, resignado, por obediencia. Pero los doce no son ni
hijos ni amos de Jesús”.
Un rostro en el agua sucia
Ponte en el lugar de Pedro. Descálzate. Pon encima de la mesa todo aquello que te
da vergüenza. En el fondo no somos tan distintos de Pedro. Aquel que negará tres
veces a su amigo, ahora no quiere dejarse lavar los pies. ¡Cómo va a permitir que su
maestro se rebaje a limpiarle los pies sucios a él! Nosotros hacemos lo mismo.
Creemos que nuestro pecado no es digno de Dios y rechazamos la idea de que
quiera limpiarnos, como si se escandalizara de nuestra debilidad. Pero Jesús insiste:
“Si no te dejas lavar los pies, no tienes nada que ver conmigo.” Es como si dijera: si
no me dejas entrar hasta lo más oscuro de ti, aquello que rechazas profundamente
en tu interior, no descubrirás nunca quien soy. Es precisamente en el agua sucia de
nuestra debilidad donde descubrimos el verdadero rostro de Dios y nuestro
verdadero rostro. El Dios de Jesucristo solo se puede ver a través de las aguas
sucias de nuestro pecado, porque es donde él está, abajándose, humillándose,
sanándome. Es ahí donde opera la reconciliación, en la batalla perdida de nuestras
traiciones. La invocación desgarrada que surge de Pedro arrepentido, en el cuadro
de Rembrandt, aquí tiene una respuesta desconcertante en ese Dios que elige lo
más bajo de nosotros para amarnos. Y solo a través de nuestro fracaso su rostro se
desvela como aquel que ama incondicionalmente.
Contempla el cuadro en su conjunto. Déjate mirar por el rostro reflejado en el
agua sucia. Acepta la inclinación amorosa de Dios sobre tu miseria. ¡Acéptala!
Baja despacio la mano crispada de tu orgullo, y acompaña el gesto de Jesús, y
si eres capaz de articular palabra ora con el salmista: “Lávame, quedaré más
blanco que la nieve” (Sal 50).
Cómo signo se rezará la coronilla de la divina misericordia y se encenderá una vela
como señal de la luz de Jesús que debemos sostener viviendo a la manera del
señor.
3. La Montaña. Vamos a encontrarnos con el Amor.
(Comunidad, Relaciones, Personal, Familiares)
La montaña es lugar que le exige al caminante seguir adelante a pesar de las
dificultades, es un destino desafiante por que nos lleva a estar más cerca del cielo, a
contar con otros en el camino.
La montaña pide a nuestro cuerpo un movimiento interno y externo
Se pondrá una cinta en la boca y se le vendrán los ojos.
Se reflexionará sobre el callar las voces del mundo dejar de escuchar todo lo que se
nos ofrece y escuchar y comprender la voz de Dios.
Con los ojos vendados se les leerá una carta mensaje de Jesús.
¡Hola! Soy Jesús. ¡Espera! No dejes de leer....
Te pido que esta vez no voltees la página, ni cierres la puerta, ni le subas al radio y
me dejes hablarte. No me des la espalda, por favor.
Necesito hablar contigo. Nada más charlar un poco. No deseo hablar de tus
pecados, ni de tus defectos, ni sermonearte o hacerte sentir culpable. Sólo quiero
decirte lo mucho que te quiero y que lo sepas de verdad.
Quiero hacerte ver que en realidad no estás solo. No me gusta verte triste ni
enfadado con la vida. Yo deseo que seas feliz.
Te pido que esta vez no voltees la página, ni cierres la puerta, ni le subas al radio y
me dejes hablarte. No me des la espalda, por favor.
No estoy nada lejos de ti, no estoy sólo en las alturas, ni quiero que me veas tan
lejos de ti. Estoy aquí mismo a tu lado y si me pides que entre en tu corazón estaría
aún más cerca de ti. Me gusta estar en tu interior, me gusta sentir tu paz conmigo.
Sabes, te conozco como la palma de mi mano.
Sé muy bien lo que pretendes ocultar a los demás y lo que ni tú mismo quieres
reconocer. Conozco tus pesares y sufrimientos, tus preocupaciones, tus
aspiraciones y tus sueños más íntimos. Sé que has tenido decepciones y tienes
muchas inquietudes de tu futuro.
Estoy consciente de tu inseguridad y los momentos que envidias a otros o te sientes
inferior y entiendo que no siempre puedes ser lo que quisieras y haces o dices cosas
que luego te pesan.
En algunas ocasiones te preguntas: ¿habrá alguien que se preocupe por mí? Te
preguntas si existo, ¿verdad? Comprendo tu batalla interior. Sé que a veces aun
cuando te esfuerzas al máximo, las cosas no salen como deseas.
Te voy a responder algo: Yo no doy sólo porque las personas se lo ganen con
bondad y rectitud; ni obedeciendo reglas. Toda la alegría que puedes recibir está en
el amor que estés dispuesto a dar. Ese es el secreto. Ama. Eso es lo que deseo
para ti. Ama. Es sencillo. Ama. Ama. Cuando lo dejas de hacer pasa exactamente lo
que no te gusta. Así que… ama.
Yo te amo, te amo infinitamente y soy feliz y quiero que tú lo seas. Siempre estaré
aquí cuando me necesites,
atento a cualquier seña tuya. No tengas miedo ni pena. No te sientas con poca
dignidad para decírmelo.
Recuerda que estoy ansioso por estar en tu corazón y no importa si a veces me
olvidas porque Yo te amo así
como eres.
Bueno. Te dejo continuar con tu día. Nada más no te olvides que hay algo
importante que te vine a decir hoy: Ama. Tu amigo que te ama y se preocupa por ti,
Jesús.
4. El Pozo
(La hidratación de Dios, la oración)
El mundo de los pozos.
[Link]
¿Qué es orar?
Entregarles un pozo en fotocopia. ¿Cómo es tu pozo? ¿Por qué te es difícil
llegar al fondo?
¿Te sientes tú misma? ¿Te preocupas sólo por tu superficie?
La idea es hacer un pozo que será dónde ellas depositaran la hojita que se va a
motivar que escriban con sus sueños, suplicas, necesidades particulares y
familiares.
Invitándolos a que sea una oración Intima con Dios que ese papel no lo va a leer
nadie y se quemaran en la oración final de la actividad
Necesidades
18 servidores
Velas suficientes para un grupo de trabajo (80 aprox)
Vendas para los ojos (80 Aprox)
5 Poncheras
5 jarras con agua
toallas de cocina para secar
300 Media hoja carta (1 por cada niña)
300 Carticas mensaje de Jesús
Rosarios o denarios