Iconografía de la Tierra en Mesoamérica
Iconografía de la Tierra en Mesoamérica
En el presente ensayo se propone un método consistente en el análisis semiótico de los rasgos par-
ticulares que aparecen en las representaciones gráicas de deidades nahuas en manuscritos picto-
gráicos y en relieves. El rasgo analizado aquí es la llamada “postura del sapo”, que es distintivo para
las imágenes de la tierra, y cuyo signiicado remite a la fertilidad y productividad, pero también a
la lascivia. Al comprobar que el mismo signiicado se mantiene cuando el rasgo analizado llega a
aparecer en las representaciones gráicas de las deidades femeninas Tlazolteotl, Mayahuel y Xochi-
quetzal, se conirma la hipótesis expuesta.
Palabras clave
Mesoamérica, cultura nahua, códices, iconografía, diosa de la tierra, Tlazolteotl, fertilidad, lujuria.
Abstract
his essay puts forward a consistent method for the semiotic analysis of particular features which
appear in the graphical representations of nahua gods in pictographic manuscripts and on reliefs.
he feature which is analysed here is the so-called “toad posture” which is distinctive for images
of the earth, and whose meaning refers to fertility and productivity, but also to lasciviousness. As
one can see that the same meaning is maintained when the feature under analysis appears in the
graphical representations of the female deities Tlazolteotl, Mayahuel and Xochiquetzal, the hypo-
thesis made is thus conirmed.
Palabras clave
Mesoamérica, nahua culture, codices, iconography, earth goddess, Tlazolteotl, fertility, lust.
Introducción
citado interés entre distintos investigadores. El motivo de regresar a él es analizar los ele-
mentos en sus correspondientes representaciones gráicas que transmiten la noción de lo
terrestre. Es decir, utilizando la terminología semiótica, el objetivo es buscar cuáles son
las expresiones de este concepto o idea de lo terrestre, y de manera posible deinir este
concepto. Al asumir que el sistema de representar las deidades mesoamericanas es un
sistema semiótico que transmite información basándose en imágenes [Mikulska, 2003],
es lógico suponer que cada uno de sus elementos particulares – o sea los signos gráicos
que componen imágenes completas – transmitan alguna parte de la información “total”.
Mi hipótesis es que concentrándose en estos signos gráicos y buscando su signiicado
con sus correspondientes connotaciones, sería posible acercarse a comprender cómo los
mesoamericanos percibían las representaciones de sus deidades y cuál era la información
completa transmitida por ellas. Empero, vale la pena observar que no todos los signos
en cuestión tienen el mismo valor dentro de la imagen que forman. Algunos de ellos son
distintivos – es decir, son imprescindibles para el reconocimiento de las deidades; otros
son discrecionales – aparecen de manera facultativa; y otros todavía son los que tienen
función estética y/o de soporte. Por ejemplo, el maguey es el rasgo distintivo de May-
ahuel [Mikulska, 200], mientras que el caracol cortado es distintivo para Quetzalcoatl
y discrecional para Ehecatl y Xolotl. Este último ejemplo explica claramente la idea cen-
tral de nuestra hipótesis: el mismo signo gráico, al aparecer en representaciones de tres
deidades distintitas, pero en el mismo contexto – es decir, como pectoral, se reiere a la
característica o función que todas ellas tienen en común [Mikulska, 2003: 72]
Partiendo de estas ideas, en este trabajo se analiza uno de los rasgos gráicos que apa-
rece en las imágenes de la tierra y de algunas deidades terrestres en la cultura nahua. Este
rasgo es una particular postura del cuerpo, que ya Seler bautizó como mamazouhtícac
– “con los brazos y piernas abiertos” [963: v. II: 5] o “sapo terrestre” [963: v. I: 24,
47; 963: v. II:4, 42, 43, 46, 24], y la cual se puede observar tanto en formas escul-
tóricas como en códices. Las primeras son relieves que se encuentran en las bases de
esculturas tridimensionales y han llamado la atención de varios estudiosos. Algunos de
ellos han propuesto sus clasiicaciones basándose en distintos elementos gráicos de estas
En la deinición del signo, Eco habla de las expresiones de ciertos contenidos [978: 9-32], lo que, según
la nomenclatura de Peirce [986], correspondería a los tokens (traducido al castellano como ocurrencias o
representámenes) que deinen el type (en castellano concepto o idea].
[] Katarzyna Mikulska-Dąbrowska
La imagen de la tierra
en la base de la Vasija
de Hacmack.
Dibujo de Nadezda Kryvda.
representaciones [i.e. Nicholson, 963; Baquedano, 993; Gutiérrez Solana, 990; Matos
Moctezuma 997; entre otros]. Me voy a basar en la de Matos Moctezuma [997: 25-30,
38-40], por ser ésta la más reciente de las enumeradas, concentrándome en las imágenes
clasiicadas por este autor dentro de su Grupo C. Las características de este grupo son:
iguras zoomorfas femeninas con la cabeza monstruosa y una boca abierta dirigida hacia
arriba, el pelo ensortijado o crespo, garras
en las extremidades, rostros con dientes en
las coyunturas, una falda – a veces con el
motivo de cráneos y huesos y un trenzado
en la parte trasera. Los relieves más cono-
cidos de este grupo son los que se encuen-
tran en las bases de la Caja Hacmack (Fig.
1a), de la Vasija Bilimek (Fig. 1b), y en la
supericie del llamado Teocalli de la Gue-
rra Sagrada.
Aunque más dif íciles de notar, imáge-
nes similares se encuentran en códices,
incluso guardando las mismas variantes
de postura. Sin embargo, dado que los
La imagen de la tierra en la Vasija Bilimek.
códices de temática religiosa del Centro Dibujo de Nadezda Kryvda.
Las imágenes de la tierra… []
2 Incluiríamos aquí: el Códice Borbónico (y su cognado Tonalamatl de Aubin – TA), el Códice Telleriano-Re-
mensis (TR) y su cognado Vaticano Ríos (VR), más los códices del llamado grupo Magliabechiano (cf. Batalla
Rosado 2003, 2007). Las imágenes que me interesan aparecen, por ejemplo, como uno de los símbolos de los
días en el Borbónico, o bien en la decimosexta trecena [TR, f. 20r; VR, f. 29r; Borbónico, lám. 6 y TA, lám.
6].
3 Aunque el Códice Borgia no procede del área estrictamente mexica, tiene suicientes elementos que permiten
ver la semejanza entre él y otros códices de la región del México Central. En mi opinión es indudable que den-
tro de Mesoamérica se puede hablar de ciertos elementos del simbolismo y de ciertas concepciones que varias
culturas poseían en común. Muchos investigadores ya han proporcionado pruebas para ello, y quisiera men-
cionar a tres de ellos: López Austin habla del llamado “núcleo duro” – los mismos conceptos existentes dentro
de la cosmovisión de varios pueblos mesoamericanos [995: 430, 996: 473]; Montes de Oca recalca el uso de
los mismos conceptos metafóricos en diferentes lenguas mesoamericanas [2000: 406-40]; y Boone observa
similares elementos básicos y estructurales dentro de las convenciones aplicadas en códices procedentes de
distintas regiones, llegando a la conclusión que pertenecen a “la misma cultura visual” [994: 9; 2000].
[] Katarzyna Mikulska-Dąbrowska
que está en la posición horizontal, aunque vista desde diferentes perspectivas (de
lado, de arriba o de abajo).7
Muchos investigadores están de acuerdo que los relieves simbolizan la tierra [i.e.
Nicholson, 963; Heyden, 97: 53; Baquedano, 993; Gutiérrez Solana, 990].8 Es de
mencionar la acertada constatación de Matos Moctezuma que cada uno de los cuatro ti-
pos de estas representaciones corresponde “a un momento particular que relaciona entre
si a las deidades del agua, del sol y de la tierra” y que a eso se deben las diferencias entre
ellas [997: 30]. En su opinión, las imágenes del grupo C representan la “tierra devorado-
ra-paridora” [997: 35-36].
Distintos autores han notado también que la postura en cuestión tiene un gran pa-
recido con la posición del parto de las mujeres indígenas [Nicholson, 967; Furst, 974:
95-97; Bonifaz Nuño, 988; Gutiérrez Solana, 990; Matos Moctezuma, 997; cf. Villa
Rojas, 995: 54], mientras que Seler la relacionó también con el coito [963: v. I: 20].
En cuanto a la primera aseveración, el argumento básico es que la tierra siempre es la
gran productora y paridora [Eliade, 966: 253-259]. En cambio, la sugerencia de Seler
es menos obvia y requiere más explotación, cosa que haré a continuación recurriendo a
argumentos lingüísticos. Tomando en cuenta lo que sabemos gracias a los estudios lin-
güísticos, como los de Sapir [92, 949, 992 y otros], Whorf [94, 955 y otros], Lakof
y Johnson [988], o estudios semióticos [i.e. Eco, 996, 998] que describen la relación
entre nuestra manera de percibir el mundo y la lengua que usamos, sabemos que existe
una relación mutua entre nuestra percepción del mundo y el lenguaje que utilizamos. Mi
idea es que si encontramos qué vocablo se utilizaba para describir la forma de la “postura
del sapo”, por conocer mejor su campo semántico podemos comprender mejor el con-
cepto general, transmitido mediante las expresiones lingüísticas (el vocablo) o gráicas (la
“postura del sapo”).
7 Por lo mismo, considero innecesaria la discusión empezada por Seler [963: v. I: 39] – aunque el estudioso
alemán se refería más que nada a la imagen de la Piedra de Itzpapalotl del Museo Nacional de Antropología
de la Ciudad de México –y continuada por otros estudiosos, si las imágenes representadas se encuentran en
una posición descendiente o ascendiente– en mi opinión es simplemente una postura horizontal. La única
representación diferente que conozco es la imagen de la tierra en forma de bulto – es la “mal llamada”, como
dice Siarkiewicz [982: 259], Coatlicue del Metro, que efectivamente tiene la cara dirigida hacia arriba, pero
ella misma está en forma sedente.
8 Aunque algunos de ellos diieren un poco en los detalles; por ejemplo para Klein esta imagen es una Cihua-
coatl o “diosa de la tierra” [988: 248], mientras que para Milbrath es Cihuacoatl en su aspecto terrestre, o
Cihuacoatl mezclada con el monstruo de la tierra [997: 99-200].
[] Katarzyna Mikulska-Dąbrowska
Para encontrar este vocablo lo más sencillo es buscar un topónimo que contenga el
morfema referente a la postura en cuestión. Y efectivamente, encontramos el topónimo
Amaxac, que en su forma gráica consta de dos elementos: la postura presentada en forma
reducida (dos piernas abiertas representadas de frente) y el glifo de agua en medio [MT, f.
9, Códice Mendoza, f. 39r] (Fig. 3). El nombre del pueblo, Amaxac, signiica “lugar don-
de se divide el río en mu-
chas partes, s. en arroyos o
acequias” [Campbell, 985:
83] y está compuesto por
los vocablos atl – “agua”
y maxactli – “división”. Si
quitamos el elemento que
corresponde a “agua” de
la representación gráica
y del nombre, nos queda-
maxaliui: “diuidirse el camino en encrucijadas, o el rio en arroyos, o las ramas del ar-
bol”
maxaltic: “cosa divisa como camino, o horcajadura de arbol”
maxac.no: “entre mis piernas, en la horcajadura”
Otro grupo de palabras formado con el mismo morfema maxa- se reiere a la acción
o estado de cebar:
9 Las traducciones proporcionadas en este artículo provienen del Vocabulario… de Molina [980], y la compo-
sición morfológica – de A Morphological Dictionary of Classical Náhuatl de Campbell [985].
Las imágenes de la tierra… []
Sin embargo, lo más signiicativo para nosotros es que el mismo morfema forma tam-
bién palabras relacionadas con el enamoramiento, aición, traición sexual:
Además, para conirmar o más bien recalcar a qué tipo de traición se reiere la palabra
maxaloa, vale la pena decir que el mismo lugar de “entre las piernas” aparece en la gran
lista de Sahagún de diferentes partes del cuerpo: maxactli – “entrepierna” o imaxac – “su
entrepierna” [CF, X: 23; XI: 63]. Por lo tanto, en mi opinión estaba en lo correcto Seler,
sugiriendo que la postura en cuestión para los nahuas antiguos tenía también connota-
ción con el coito y no solamente con el parto [963: v. I: 20] – a lo que quisiera añadir
que lo más seguro es que esta connotación se mantenía sin importar si aparecía en el
contexto femenino o masculino. Aparte de relacionarse con el amor corporal, el mismo
grupo de palabras seguramente tenía connotación con lo lujurioso y lascivo. Hay una
adivinanza en náhuatl que lo conirma: su título en náhuatl es: “Nextepeoalli, otlamaxalli
njcnonantia, njcnotatia”, y convertido al español en el mismo Códice Florentino: “Esta le-
tra qujere decir. Es mj madre y mj padre el mutador y camjno horcaxado”. A continuación
viene la explicación: “por metáfora se dezia esto de las malas mujeres que se dauan por
ay a qujenqujera, o de hombre [sic] viciosos con muchas mugeres dezian de los tales que
eran muladar camjno horcaxado” [CF, VI: 247].
Por los argumentos expuestos, mi hipótesis es que la llamada “postura de sapo” (tal vez
se debería llamarla con algún vocablo compuesto por la raíz maxa) connotaba también
[10] Katarzyna Mikulska-Dąbrowska
lo lujurioso y libidinoso del amor corporal – lo cual desde luego no impide, sino incluso
refuerza la connotación con lo fértil y fructuoso, siendo esto último el resultado de la las-
civia. Antes de pasar a la veriicación de la interpretación presentada, voy a caracterizar
brevemente otro elemento gráico que es inherente a las imágenes del grupo C (y el cual
las distingue estas representaciones de las clasiicadas dentro de otros grupos) – el glifo
de la “boca-cueva” (fig. 4.a-b).
0 La tierra devorando a los muertos o bultos mortuorios aparece por ejemplo en los siguientes códices: Vatica-
no B [lams. 2, 23, 48], Borgia [8, 23, 90], FM [7, 37], Códice Laud [4, 3, 44], Códice Borbónico [5].
Las imágenes de la tierra… [11]
ejemplos del Postclásico, concretamente a las míticas cuevas de creación tales como
Chicomoztoc, Colhuacán, Teocolhuacán, Tamoanchan, etc., dibujados como una enor-
me boca abierta. Vale la pena mencionar también el trabajo de J. L. Furst sobre el glifo
en forma de “V” o “U” en los códices mixtecos, que representa el pasaje cósmico entre
el mundo humano y la supericie de la tierra, identiicándose también con el órgano
femenino [en: Furst, 98: 53]. La característica del concepto de la cueva-boca como
la matriz de la tierra se percibe también en ciertas expresiones lingüísticas, incluso en
el náhuatl del siglo XVI, en el cual hay vocablos que relejan la relación entre la “postura
del sapo”, la boca y el lugar productor. Me reiero al vocablo que designa algo que está
por excelencia vinculado con la boca – la “cabeza” o quaitl. El signiicado básico de este
sustantivo, según Molina, es “extremidad de algo, o la cabeça, lo alto della como es la
supericie del caxco”. Sin embargo, este vocablo tiene un campo semántico enorme y
forma un sinnúmero de otras palabras relacionadas con la cabeza, entre ellos diferen-
tes verbos (e.g. cuacayaua - “pelarsele la cabeza”), como sustantivos – vocablos que
designan varias partes de la cara y cabeza (por ejemplo quatzontli - “cabellos, pelos
de la cabeza”). Además, el vocablo quaitl contiene dentro de su campo semántico lo
referente a algo que está arriba o encima (e.g. calquatl - “techo de la casa”, ixquaitl -
“la frente”). Lo importante para nosotros es que dentro del campo semántico de quaitl
entran también los signiicados referentes a los genitales femeninos:
Viéndolo por otro lado, hay una palabra a primera vista diferente, pero que también
designa los genitales femeninos – tepilcamatl, y consta de tepilli (“vulva”) y camatl
(“boca”) y todo el conjunto, Molina lo explica como “la abertura della [sic] natura de la
mujer”. Aparte de ello, dentro del campo semántico de quaitl hay todavía más palabras
que conirman la relación entre la “cabeza” y la “natura de la mujer”. Son vocablos refe-
rentes a “parir”:
Las imágenes de la tierra… [1]
Regresando a la llamada “postura del sapo” y el signiicado que creemos que poseía, es ne-
cesario ver si efectivamente este rasgo, al aparecer en imágenes de otros seres o deidades, se
refería a la misma característica o función como en el caso de la tierra. Para comprobarlo,
necesitamos encontrar imágenes de otras deidades que pueden aparecer representadas de
la misma manera.
[VR, f. 27v]. Sin embargo, posee también características de ser una deidad bastante lasciva:
en la Leyenda de los Soles ella es la que seduce a dos de los mimixcoa, Xiuhnel y Mimich,
pero al primero de ellos también lo devora [LS, 975: 23; cf. Mikulska, 2003: 6-63],
por lo que encaja dentro del concepto de
lo terrestre y lascivo –aunque amenaza-
dor– que he relacionado con la postura
de la tierra.
7 Es imprescindible notar que el representar de frente a deidades en los códices es algo excepcional – prácti-
camente siempre aparecen representadas de peril.
Las imágenes de la tierra… [1]
donde “alzaba los brazos y poníase en cruz delante de su imagen [...]. Y esto lo hacía
cuatro veces” [HG, II: 49].8 La pregunta que queda por resolver es si durante Ochpa-
niztli se festejaba a Tlazolteotl, dado que su nombre casi no aparece en relación con esta
iesta – puesto que los cronistas hablan más bien de Toci (“Nuestra Abuela”) o Teteo
innan (“Madre de los Dioses”). Sin embargo, al analizar el uso de estos títulos, resulta
que junto con el tercero, Tlalliyollo (“Corazón de la tierra”) se registran no solamente en
invocaciones a a Toci o a Teteo innan [HG, II: 40, 72, 90-9, 47; Durán, 984: v. I: 44,
275], sino también a Tlazolteotl [i.e. CF, I: 24]. Además, los rasgos f ísicos de Tlazolteotl y
de Toci-Teteo innan son muy similares [HG, I: 40,72; Durán, 984: v. I: 44].9 La deidad
festejada en Ochpaniztli también recibía los mismos títulos [HG, II: 9, 47; Durán, 984:
v. I: 44, 275; cf. Seler 963: v. I: 8]. Hay otras indicaciones de que la deidad festejada en
Ochpaniztli era Tlazolteotl – por ejemplo, siempre estaba acompañada por sus servido-
res huaxtecos [Durán, 984: v. I: 44; CF, II: 24; Códice Borbónico, lám. 30] y los mexicas
precisamente la trataban como un numen huaxteca [HG, II: 72; CF, VI: 34; cf. Seler, 963:
v. I: 22-23; Ochoa, 984: 42]; Ochoa y Gutiérrez, 996-99: 6]. Durante esta festivi-
dad la adoraban todos los médicos, médicas, parteras y hechiceros, es decir, los ticiti [HG,
II: 9,47; Durán, 984: v. I: 44], dado que era su patrona.20 Tlazolteotl con seguridad
era también una deidad del parto – aparte de estar representada como parturienta (Fig.
5b) y hacer referencia a este acto durante Ochpaniztli, se le invocaba durante este acon-
tecimiento.2 Sin embargo, tanto en el carácter como en las funciones de Tlazolteotl lo
que más resalta es su relación con el amor corporal y en general con la lascivia: antes que
8 Precisamente a esta postura se reirió Seler relacionándola con el coito en relación con la diosa Tlazolteotl/
Teteoinnan [963: v. I: 20].
9 Véase sus representaciones en los códices del grupo Magliabechiano [i.e. Códice Tudela, f. 2r; Códice Ma-
gliabechiano, f. 39].
20 Sandstrom [989] y Ochoa [2000] han escrito más al respecto. Habría que notar también que mientras que
la función de la diosa se va especiicando más, aparecen otros nombres que le corresponden: Temazcalteci
– “La Abuela de los Baños” o Yoalticitl – “Médica de la Noche” [HG, I: 72, 40], sin embargo, no cambia ni
su apariencia f ísica (lo que se puede observar por ejemplo en la lámina 77 del Códice Magliabechiano), ni
las personas que rendían un culto particular a esta deidad [cf. Milbrath, 995: 55; Klein, 975: 72, Sullivan,
982:7]. En el siglo XVII se sigue invocándola con la ocasión de puriicar a los enfermos en los baños [Ruiz
de Alarcón, 953: 2; Serna, 953: 272-273].
2 Las pruebas más evidentes para ello provienen de las fuentes del siglo XVII, por ejemplo dice Serna: “Acudid
vosotros Dioses de amor. (aqui inuoca a Tlatzolteotl, y a Quato y Caxoch, que son los Dioses que inuocan
las parteras)” [953: 273; cf. Milbrath, 995: 55]. Según Ruiz de Alarcón, Quato y Catox eran dos de cuatro
nombres de Tlazolteotl [953: 4]. Sin embargo, durante el parto se le invocaba también a Cihuacoatl, no
obstante, parece que esto ocurría ya o bien en ocasión de un parto dif ícil (y también a ella se le atribuía una
eventual muerte de la parturienta) o bien ya al inal del mismo [cf. HG, VI: cap. 27 y siguientes].
[1] Katarzyna Mikulska-Dąbrowska
nada, ella era la deidad que curaba la enfermedad que era el efecto de “amores ilícitos”
o “exceso de consortes”, llamada tlatlazolmiquiliztli [Ruiz de Alarcón, 953: 2; Serna,
953: 272-273]. Esta facultad, la tenía gracias a su propia característica de patrocinar este
tipo de actitudes.22 Dice Sahagún:
…También decían que esta diosa o diosas tenían poder para provocar a la luxuria, y para
inspirar cosas carnales, y para favorecer los torpes amores. Y después de hechos los
pecados, decían que tenían también poder de perdonarlos y a limpiarlos dellos, perdo-
nándolos, si los confesaban a los sus sátrapas… [HG, I: 43-44].23
Por eso es que en las descripciones de los cronistas aparece descrita como “diosa de la
carnalidad” [HG, I: 43-44], “dios de la basura e de la suçiedad” a quien le “dedicauan los
pecados del adulterio e otros semejantes, y a éste thenían por muy suçio e muy vil demo-
nio” [Motolinía, 996: 420], o incluso “Diosa del Estiércol”, “Diosa sucia, puerca, y tiznada
[como] el acto que se le atribuie” [Torquemada, 986: v. II: 62]. Donde mejor se perciben
las funciones lujuriosas de Tlazolteotl, es en las informaciones acerca de los patronos de
los días de nacimiento:
22 Seler analiza una frase que aparece en los textos de Sahagún con relación a la diosa protagonista de Ochpa-
niztli durante este mes: Auh in iteutlacyoc motenevaya mocuexyecoaya, auh in yovaltica mitoaya mozacai-
calia necalivaya, y traduce “Al ponerse el sol se llamaba mocuexcuecoaya y de noche se decía: «ella lucha con
la escoba»” [963: v. I: 22]. El investigador traduce la palabra mocuexcuecoaya partiendo del vocablo yecoa,
oniteyeco – “hacerse a él o a ella” [Molina], sobre la cual palabra Carochi comentó: “rem turpem com aliquo
vel cum aliqua habere” – “ella se lo deja hacer por los huastecas”, “ella deja que cohabiten con ella” [en: Seler,
963: v. I: 22], lo que otra vez indica que la deidad venerada en esta festividad era la de los huaxtecos, o sea
Tlazolteotl.
23 En el texto de los llamados Primeros Memoriales, manuscrito más temprano de Sahagún, se asegura que
Tlazolteotl limpiaba los pecados por medio del baño ritual:
…En su cara se decían, se enderezaban todas las obras del placer, por muy espantosas que fueran,
por muy depravadas, nada se escondía por vergüenza, todo en su cara se aclaraba, se decía [...] ella
puriicaba, aliviaba, ella lavaba, bañaba… [en: León-Portilla, 983: 420-42],
o bien por medio de la confesión, pues es delante de esta deidad donde se hacía la confesión de toda la vida
- “porque la adoraban en orden de tenerla propicia para el perdon de los pecados carnales, y deshonestos”,
asegura Torquemada [986: v. II: 62].
Las imágenes de la tierra… [1]
á el que le aplastan la cabeza con vna losa; y si era muger, la llamavan Tlazolteocihuatl
[Serna, 953: 67; subrayados míos].
Además, cuando uno le pedía, Tlazolteotl ayudaba a empezar o fomentar alguna rela-
ción amorosa – por ejemplo, la invocaban en los conjuros “para atraer a las mujeres”:
…En el cristalino seno, donde se aparecen las voluntades, busco una muger (dicelo por la
Diosa Tlaçolteotl, que la invoca), y le canto amorosas canciones [...] y traigo en mi aiuda
á mi hermana la Diosa Xochiquetzal [Serna, 953: 269].
24 Según este mito, Mayahuel fue una mujer de cuatrocientos pechos, que por causa de su fertilidad los dioses
convirtieron en la planta de maguey [VR, f. 2r].
Las imágenes de la tierra… [1]
diosa Venus del mundo clásico. Lo que nos faltaría de ver es si Mayahuel era igualmente
libidinosa – en su caso ello no está tan claro y evidente como en el caso de Tlazolteotl y
Xochiquetzal. Sin embargo, tomando en cuenta que Mayahuel era la patrona del maguey
y el pulque, resulta que gracias a las propiedades de esta bebida alcohólica (que sin duda
causaba cierto relajamiento de normas morales – acuérdese del mito de la borrachera
de Quetzalcoatl en Tula) algunas de las festividades terminaban con lo que Eliade llama-
ría “regreso al caos” [997: 230-239] o Johansson, “intimidad primordial” [994: 77-78],
como se airma en uno de los comentarios del Magliabechiano:
…borrachera de los niños por q<ue> en ella los niños bailauan con las niñas y el vno al
otro se dauan abeuer hasta emborracharse y des cometian el vno al otro sus fealdades y
fornicios [Códice Magliabechiano, f. 40v].
Conclusiones
A manera de conclusiones vale decir que en el México Central existía todo un sistema de
comunicación por medio de imágenes, aplicado no solamente a los topónimos o antro-
pónimos, sino también a imágenes complejas de deidades. Sus representaciones estaban
compuestas de varios elementos más pequeños, que formaban sus rasgos distintivos y/o
discrecionales (más también los estéticos), y poseían un signiicado particular. Al repetir-
se en imágenes de distintos númenes, hacían referencia a alguna característica o función
que aquéllos compartían. De tal suerte, la llamada “postura del sapo” hacía referencia
25 Estas deidades también poseen algo del aspecto destructor de la tierra: Xochiquetzal era considerada como
la “primera que murió en la guerra” [HMP, 985: 34]. Tlazoltéotl, en cambio, podía aparecer en otro aspecto
–como Ixcuina o como cuatro ixcuiname, que tenían el carácter eminentemente destructor [AC, 975: 3] y
estaban relacionadas con las cihuateteo [CF, I: 26].
26 Fíjese que en sus representaciones faltan los elementos gráicos que dan el aspecto espantoso a la imagen de
la tierra: los rostros con colmillos, las garras, etc.
[20] Katarzyna Mikulska-Dąbrowska
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Las imágenes de la tierra… [2]
Abreviaturas:
AC – Anales de Cuauhtitlan
CF – Códice Florentino de Sahagún
FM – Códice Feyervary-Mayer
HG – Historia General de Sahagún
HM – Histoyre du Mexique
HMP – Historia de los Mexicanos por sus Pinturas
LS – Leyenda de los Soles
MT – Matrícula de Tributos
PM – Primeros Memoriales de Sahagún
TA – Códice Tonalamatl de Aubin
TR – Códice Telleriano-Remensis
VR – Códice Vaticano Ríos